Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Desierto’

Manuel de Jesús: Desierto y paraíso.

Sábado, 6 de marzo de 2021

flores_en_el_desierto33Manuel de Jesús, ocd,
República Dominicana

La Cuaresma cristiana comienza siempre con la lectura del relato de las tentaciones de Jesús en el desierto. Coinciden los expertos bíblicos y los teólogos en el hecho de que no es un relato propiamente “histórico”, sino que quiere interpretar a Jesús, su misión, su camino, su destino. Es relevante el hecho de que se vincule la ida al desierto de Jesús con el Espíritu, y que en el relato tanto Jesús como el Diablo echen mano a la Escritura para argumentar y defender un camino. El Diablo quiere que Jesús se aproveche de su condición, de su relación con Dios, cosa que Jesús rechaza. El relato nos hablaría sobre todo de los conflictos de las primeras comunidades cristianas a la hora de interpretar y seguir el camino de Jesús.

La vida humana es DESIERTO, y aclaro, no es un desierto, sino que hay en esa vida una dimensión de desierto claramente identificable, también a nivel espiritual. Así, el camino de Israel a través del desierto del Sinaí durante 40 años se convierte en modelo de nuestro propio itinerario de fe; eso, si somos capaces de mirar más allá de lo concreto y particular, e interpretamos las claves que se esconden en el relato. El paso de la esclavitud a la libertad, la resistencia del pueblo a asumir las exigencias de esa libertad y la añoranza de la servidumbre, las dudas sobre si está Dios o no con ellos, la roca que mana el agua o el maná que calma el hambre, el cansancio, los ídolos o falsos dioses, la relación de Moisés con Dios… En fin, que hay mucha riqueza en esta historia, aprovechable para pensar en nuestra búsqueda de Dios en la vida cotidiana.

El DESIERTO es, por lo anterior, en la Biblia, un LUGAR TEOLÓGICO… ¿Qué significa esto? Que, a partir de la realidad física y geográfica del desierto, como lugar árido, apartado, lugar de paso, los creyentes descubren en él también un espacio espiritual donde Dios se manifiesta de un modo peculiar. El desierto es el lugar de la tentación, el lugar del Enemigo, pero es al mismo tiempo el lugar del encuentro con Dios: donde la Palabra se hace más clara, maduramos en la fe, hacemos amistad con Dios, y aprendemos a reconocerle. Entonces, como diría El Pequeño Príncipe, la arena del desierto resplandece, y podemos encontrar un pozo en cualquier parte. El DESIERTO es, definitivamente, el lugar de lo invisible, donde todo se oculta bajo un velo misterioso, y se revela sólo a quien busca de la mano de la confianza y del amor.

Yo me atrevo a decir por todo lo anterior que, desde el punto de vista espiritual, DESIERTO Y PARAÍSO confluyen de alguna manera en el mismo espacio. Cuando somos capaces de reconocer a Dios obrando en la vida y la historia del ser humano y de su creación, entonces lo que antes parecía puro desierto empieza a verse también como vergel, como lugar de creación, como paraíso. Volviendo a retomar las imágenes del párrafo anterior, la arena comienza a resplandecer como si el desierto revelara lo que esconde bajo la arena, y la búsqueda del agua de vida que alivia nuestra sed interior, con aquellos y aquellas que también sienten el llamado de una mayor libertad y vida plena, hace que aparezca un pozo cantor justo después del mayor momento de oscuridad.

Cuando en el segundo domingo de Cuaresma leemos el pasaje evangélico de la Transfiguración, estamos también, con los discípulos, asomándonos al paraíso. Los lugares altos son siempre espacios de epifanía, de manifestación de Dios; en la Biblia son lugares geográficos también, al mismo tiempo que lugares espirituales o simbólicos. El monte donde Jesús predicó las Bienaventuranzas no es un pico elevado, pero expresa un momento sublime, particular, epifánico también, del ministerio de Jesús. Quiero decir con esto que en medio de nuestro “desierto” cotidiano vivimos también momentos de revelación, de luz, de “paraíso”, es decir, “momentos altos” en los que recibimos lo necesario para seguir haciendo nuestro camino hacia la libertad.

El itinerario de Cuaresma está señalizado por estas y otras claves espirituales que nos preparan para tener una vivencia más honda y actualizada de la resurrección de Cristo, que acontece en nosotros aquí y ahora. Por eso esta invitación a reflexionar en lo que implica que la vida humana sea desierto y monte alto o paraíso al mismo tiempo. Estas imágenes, según mi propia experiencia, son sanadoras y transformadoras de la persona humana, y contribuyen a la maduración espiritual y a la superación de tentaciones y obstáculos para una vida plena, vivida en el amor.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia)

 

 

Biblia, Espiritualidad , , ,

“La conversión nos hace bien”. Domingo 1 Cuaresma – B (Marcos 1,12-15)

Domingo, 21 de febrero de 2021

808109-204x300La llamada a la conversión evoca casi siempre en nosotros el recuerdo del esfuerzo exigente, propio de todo trabajo de renovación y purificación. Sin embargo, las palabras de Jesús: «Convertíos y creed en la Buena Noticia», nos invitan a descubrir la conversión como paso a una vida más plena y gratificante.

El evangelio de Jesús nos viene a decir algo que nunca hemos de olvidar: «Es bueno convertirse. Nos hace bien. Nos permite experimentar un modo nuevo de vivir, más sano y gozoso. Nos dispone a entrar en el proyecto de Dios para construir un mundo más humano». Alguno se preguntará: pero ¿cómo vivir esa experiencia?, ¿qué pasos dar?

Lo primero es detenerse. No tener miedo a quedarnos a solas con nosotros mismos para hacernos las preguntas importantes de la vida: ¿quién soy yo?, ¿qué estoy haciendo con mi vida?, ¿es esto lo único que quiero vivir?

Este encuentro consigo mismo exige sinceridad. Lo importante es no seguir engañándonos por más tiempo. Buscar la verdad de lo que estamos viviendo. No empeñarnos en ocultar lo que somos y en parecer lo que no somos. Es fácil que experimentemos entonces el vacío y la mediocridad. Aparecen ante nosotros actuaciones y posturas que están arruinando nuestra vida. No es esto lo que hubiéramos querido. En el fondo deseamos vivir algo mejor y más gozoso.

Descubrir cómo estamos dañando nuestra vida no tiene por qué hundirnos en el pesimismo o la desesperanza. Esta conciencia de pecado es saludable. Nos dignifica y nos ayuda a recuperar la autoestima. No todo es malo y ruin en nosotros. Dentro de cada uno está actuando siempre una fuerza que nos atrae y empuja hacia el bien, el amor y la bondad. Es Dios, que quiere una vida más digna para todos.

La conversión nos exigirá sin duda introducir cambios concretos en nuestra manera de actuar. Pero la conversión no consiste en esos cambios. Ella misma es el cambio. Convertirse es cambiar el corazón, adoptar una postura nueva en la vida, tomar una dirección más sana. Colaborar en el proyecto de Dios.

Todos, creyentes y menos creyentes, pueden dar los pasos evocados hasta aquí. La suerte del creyente es poder vivir esta experiencia abriéndose confiadamente a Dios. Un Dios que se interesa por mí más que yo mismo, para resolver no mis problemas, sino «el problema», esa vida mía mediocre y fallida que parece no tener solución. Un Dios que me entiende, me espera, me perdona y quiere verme vivir de manera más plena, gozosa y gratificante.

Por eso el creyente vive su conversión invocando a Dios con las palabras del salmista: «Ten misericordia de mí, oh Dios, según tu bondad. Lávame a fondo de mi culpa, limpia mi pecado. Crea en mí un corazón limpio. Renuévame por dentro. Devuélveme la alegría de tu salvación» (Sal 51 [50]).

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

“Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían”. Domingo 21 de febrero de 2021. Domingo primero de cuaresma

Domingo, 21 de febrero de 2021

19-cuaresma B1 cerezoLeído en Koinonia:

Génesis 9,8-15: El pacto de Dios con Noé salvado del diluvio.
Salmo responsorial: 24:Tus sendas, Señor, son mi misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza.
1Pedro 3,18-22: Actualmente os salva el bautismo.
Marcos 1,12-15:Se dejaba tentar por Satanás, y los ángeles le servían.

La primera lectura, Génesis 9, contiene la «alianza de Dios con Noé». La alianza famosa, la más importante, tendrá lugar más tarde, la alianza con Abraham. La Alianza con Noé pertenece a un segundo plano de “la economía de la salvación”. ¡Nunca más habrá diluvio para destruir la tierra!, le asegura Dios a Noé (Gn 9,11). Y esta promesa va acompañada de un memorial: el arco iris, señal del nuevo pacto entre Dios y la humanidad.

¡El miedo al “diluvio” ha sido quebrado! Ahora tenemos una nueva alianza a partir de una alternativa de vida para todos los seres vivientes. El arca que ha abrigado a la familia se transforma en una gran casa acogedora de la vida, en donde el cuidado con los animales se destaca de una manera especial (Gn 9,1-7). Es la casa de la vida que coloca al ser humano en comunión con la tierra, con la naturaleza, con el cosmos.

El río Jordán, el desierto, y la Galilea son como un mismo “hilo conductor” de un desplazamiento fundamental que da inicio al evangelio de Marcos. Ahí percibimos el movimiento del reino de Dios que nos invita a movilizarnos en búsqueda de nuestros propios “lugares del Reino” donde se concreten y desarrollen nuestras opciones por la vida, por la dignificación de las personas y de las comunidades.

El río Jordán evoca grandes y significativos hechos de la historia de Israel. El más importante, sin duda, cuando Josué y el grupo del desierto atraviesan el río para entrar en la tierra prometida (Jos 3-4). Relato de los orígenes de aquel proyecto de vida igualitaria revelado por Dios a los esclavos fugitivos de Egipto. A partir de esta memoria primordial, Juan el Bautista convoca al pueblo alrededor de una nueva esperanza mesiánica. Allí también acude Jesús, procurando “las aguas de Juan”.

El desierto es muy frecuentemente mediación de discernimiento, formación y maduración en el proyecto de Dios. Jesús es llevado por el Espíritu al desierto, lugar por excelencia donde Israel aprendió a ser pueblo. Sujeto y proyecto anudados alrededor de la memoria del éxodo dando inicio al evangelio de Jesús.

Galilea es el lugar donde Jesús concreta su opción de humanidad y de humanización. Esta geografía es para Jesús el espacio vital del Reino. Es un mar, una tierra y un pueblo abierto a las naciones del entorno. Las fronteras se “cruzan” dando lugar a la inclusión de lo diverso en múltiples “misturas”. Favorabilidad donde madura e irrumpe el kairós del reino de Dios.

El paso del Jordán al desierto, plantea la articulación de movimientos mesiánicos proféticos que tienen en esos lugares, sus fuentes de inspiración y de organización. La confrontación con Satanás, como principio cósmico del mal que Marcos lo vincula con la enfermedad, la marginación y la muerte de los pobres, será para Jesús la definición de su vida por la ruta del reino de Dios. El desierto deja de ser lugar de prueba y penitencia según la tradición judía, para convertirse en lugar de aprendizaje definitivo en la confrontación y el desequilibrio. El Espíritu de Dios lleva a Jesús hasta la memoria fundacional de Israel, donde, venciendo a Satán, la vida se torna en fidelidad hacia Dios y hacia lo humano.

El simbolismo de los “cuarenta” tiene que ver con el trauma del nuevo nacimiento. Los poderes de la historia se hallan enfrentados: Jesús como principio de la humanidad liberada desde Dios, y Satanás, que es signo y causa de la muerte en el mundo. Nos hallamos frente al relato de un nuevo origen. Marcos re-escribe la historia, llevándonos del agua del bautismo a la re-construcción de la humanidad, para decirnos que Jesús está ahí apostando por una opción de vida, dignidad y felicidad humana. Pero Jesús no asume el combate solitario. Está junto con los animales y los ángeles como evocando un nuevo paraíso. El servicio angélico comunica esperanza y porta salvación. Al retomar el “paraíso” para re-iniciar el camino de lo humano, Jesús cuenta con fuerzas naturales y angelicales (la tierra y el cielo) favorables. Jesús se encuentra entre la tentación satánica y el servicio angélico. Es el dilema que permanentemente enfrentaremos. Marcos ha evocado estos poderes como en un espejo para que podamos mirarnos en ellos. Nos ha dicho lo que es tentar y servir, nos ha arraigado en la “historia original”. Ya en la historia concreta esos actores sobrenaturales desaparecen y es cuando Jesús nos enseña a servir, sirviendo a su comunidad discipular.

Obviamente, los cuarenta días del desierto no desaparecen. Duran todo el evangelio, toda la vida. Son paradigma de la contradicción y el desequilibrio que permanentemente atraviesan la historia. En la trama de la vida humana se ha venido a introducir y decidir la trama de pecado y esperanza de todos los vivientes (incluidos los animales, los ángeles y los diablos).

En definitiva, la liturgia nos presenta este evangelio del comienzo del ministerio de Jesús, por paralelo con el comienzo de la cuaresma. La Cuaresma es la vida humana… Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Cuaresma (cuarentena) cristiana: Desierto/escuela para el amor que cura: “Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella”

Domingo, 21 de febrero de 2021

A4EFA3DA-12AA-4CF3-AD3C-C750FEE466C6Del blog de Xabier Pikaza:

Cuaresma es igual que “cuarentena” y significa cuarenta días de “separación”, vigilancia y cambio: Cuarenta años de desierto del pueblo esclavo que camina hacia su libertad, cuarenta días de camino de Elías, buscando a Dios por el desierto, cuarenta días y noches de vigilia de Jesús antes de salir a la calle para anunciar y ofrecer el amor de la Buena Nueva.

Este año 2021 estamos llenos de cuarentenas, con vacuna o sin ella, cuarenta día o algo menos (a veces más) para ver cómo responde el virus o como respondemos nosotros, imitando de esa forma a la Iglesia antigua, que en el siglo IV-V creó la cuaresma, pero no para todos los cristianos, sino para aquellos que parecían “infectados”, pero querían volver otra vez a la comunidad de los cristianos normales.

Por eso, en este tiempo de cuarentenas de virus quiero recordar el sentido de la cuaresma cristiana, que ha empezado el pasado Miércoles de Ceniza, que se instituye oficialmente el próximo domingo 21 y culmina en Vigilia de Pascua (el próximo 4 de abril).

La iglesia “inventó”la cuarentena para los “pecadores públicos” (asesinos, adúlteros, traidores, ladrones…), que debían pasar 40 días de oración, reflexión y preparación para poder integrarse de nuevo con la comunidad el día de Pascua (si la comunidad les admitía).

Era una especie de “cárcel personal” y voluntaria (un cursillo acelerado de cristianismo), aislados en casa o separados en el campo, para volver a la comunidad y pedirle. Sólo más tarde, en la Edad Media, se suprimió la cuaresma de los “pecadores mortales”, que querían “repararse” y transformar su vida…

Por un lado quedaron los “pecadores públicos” a quienes se encargó de castigar o reparar la sociedad civil, con pena de muerte, tortura, destierro o cárcel. Y por otros todos los cristianos a quienes se invitaba y se invita a celebrar esta cuaresma light en la que entramos ahora.

Desde este fondo quiero recordar tres pasajes centrales que marcaron (y siguen marcando) el sentido de la cuaresma cristiana, según el evangelio de Marcos, evangelio del año 2021

19.02.2021 Xabier Pikaza

 1.- Mc 1,9-15. La cuaresma viene después, lo primero es la experiencia de Dios (del perdón)

8E23E7AD-F6C2-4185-A12F-92841E114D69 Jesús ha venido al desierto de la vera del Jordán donde proclama penitencia Juan Bautista, para pasar con él una cuaresma de toda la vida. Se ha puesto en la cola de los penitentes, pecadores y proscritos de su pueblo, buscando con ellas la voluntad de Dios. Al salir del agua vio los cielos rasgándose y el Espíritu bajando sobre él como paloma; y se oyó un voz del cielo ¡este es mi Hijo muy querido, en él me complazco! (1,10).

   En vez de “cuaresma” de penitencia oyó la voz de perdón de Dios.  Por eso, el principio de la cuaresma cristiana no es decir “yo soy pecador, voy a hacer penitencia”, sino escuchar la voz que dice “tú eres mi hijo”, puedes cambiar de vida.

 – Tú eres mi Hijo. En el origen y principio de Dios escuchamos la voz del Padre que nos dice con Jesús (como a Jesús): eres mi Hijo, yo hago que tú seas, yo te constituyo. Sólo quien escucha esta palabra puede luego transformarse y convertirse, si hace falta. En el origen de la vida no está la convesión sino la gracia filial.

 El Querido …En ti me he complacido. Dios no se limita a querernos, dice que nos quiere, lo muestra y se goza al decirlo, haciéndonos felices. Sólo quien escucha esta puede recorrer luego la cuaresma, el camino posterior de conversión transformadora. Sólo quien se sabe amado puede luego convertirse.

  El Dios de la cuaresma cristiana empieza siendo el Padre bueno y feliz que habla a Jesús diciéndole ¡Tú eres mi Hijo! Es un Dios que sabe dar vida y gozar, diciendo que se goza, haciéndonos felices al saber que él es feliz. Por eso podemos afirmar que en el principio de toda conversión cristiana está el reconocimiento y gozo del Padre Dios que engendra y sostiene en amor exultante a su Hijo. Del amor y gozo de Dios hemos nacido. En amor y gozo podemos realizarnos, sabiendo que Dios nos ha dado en Jesús lo más grande que tiene: el misterio y fuerza de su Espíritu.

36FA2E51-7230-4115-9BEE-62CBA2F3BD00El Bautista vivía en nivel de penitencia (conversión), obsesionado por los ritos de purificación del judaísmo (¡siempre el agua!). Jesús ha superado ese nivel de servidumbre y penitencia. Por eso añade Mc, con toda precisión, que saliendo del agua (superando el nivel de servidumbre familiar y ritual del judaísmo) escuchó la voz que le decía: ¡Eres mi Hijo!. Luego sigue el texto, diciendo que Jesús impulsado por el Espíritu Jesús fué al desierto donde estuvo cuarenta días y cuarenta noches, tentado por Satanás; y los ángeles le servían (1,13). Este es el principio de toda cuaresma (=cuarenta días) cristiana:

 – Cuaresma es descubrir que somos hijos de Dios y comenzar a vivir desde su fuente de amor: nacer a la vida verdadera, en situación de absoluta desnudez, desde el desierto en que la vida empieza.

– Cuaresma es prueba. No prueba de ayunar sino de estar y mantenerse ante Satán, el Tentador, a lo largo de cuarenta días de tensión y nuevo nacimiento. Así se contraponen: Jesús como principio de amor y libertad (¡eres mi Hijo!) y Satanás, que es opresión y violencia sobre el mundo.

– Estaba entre las fieras como Adán (Gen 2-3). Es evidente que Jesús no se ha quedado en lo animal, no es un mesías ecológico al que bastan los vivientes inferiores de la estepa. Quiere a los humanos y por eso sale del desierto para proclamar la nueva vida humana, en fraternidad de reino.

– Y los ángeles le servían. Ellos aparecen como signo de transparencia y comunicación; son para Jesús animadores, compañeros de evangelio en el tiempo de la prueba. Allí donde el ser humano se dispone a realizar su tarea en gesto de total entrega, allí donde penetra en su más honda soledad, descubre la presencia de los ángeles de Dios entendidos como expresión de servicio y compañía.

 Jesús no ha ido al desierto para así evadirse. No se essconde ni separa de la sociedad por fracaso o victimismo, como muchos que se escapan de la compañía de los hombres porque les angustia su presencia. Al contrario, para penetrar más intensamente los problemas el mundo se introduce Jesús en el desierto, conducido por la fuerza del Espíritu. Evidentemente, no está solo, no se encuentra aislado: en la dureza y soledad del desierto, allí donde parece que todas las voces se apagan, escucha con más fuerza Jesús los dolores de los hombres.

El texto sigue. Juan ha cumplido su tarea y el han prendido para matarle. Jesús puede venir a Galilea, proclamando su buena noticia: Se ha cumplido el tiempo, ha llegado el reino de Dios, convertíos y creed en el evangelio (1,15). Ha superado la prueba, ha descubierto su tarea de hijo de Dios y, viniendo del desierto, como nuevo Adán, puede empezar su misión salvadora.Por eso vuelve al lugar donde habitan los hombres y mujeres de su pueblo, en Galilea para marcarles el camino de la auténtica cuaresma:

 –El tiempo se ha cumplido, llega el Reino de Dios. Reino es la forma de vida y familia que surge allí donde Jesús expande la fuerza de su Espíritu. El Reino de Dios se identifica con el surgimiento y despliegue universal de la filiación de Jesús. Se trata de que todos los humanos puedan (podamos) escuchar la palabra de Dios ¡tú eres mi hijo!, traduciéndola en un modo de vida compartida, fraterna, solidaria.

 Convertíos y creed en el evangelio. El reino de Jesús se expresa a través de una profunda meta-noia, es decir, de una con-versión interpretada como cambio de mente, de vida. Hay una vida o “mente” (noia) que está hecha de disputas de dominio y exclusiones. Pues bien, transcendiendo ese nivel (que eso significa meta-noia) se eleva ahora un extenso y gozoso continente de vida hecha de gratuidad y expresada como fe en el evangelio, es decir, en la buena noticia de Dios. De esta conversión y fe de la que brota la nueva familia mesiánica quiere tratar nuestro libro.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Tentación sin tentaciones. Primer domingo de Cuaresma. Ciclo B

Domingo, 21 de febrero de 2021

tentaciones“… y los ángeles le servían”

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Volver a empezar

 El primer domingo de Cuaresma, en cualquiera de los tres ciclos, se dedica a recordar las tentaciones de Jesús. Eso supone que debemos dar marcha atrás, olvidarnos de que ya estaba recorriendo Galilea con sus discípulos y volver a empezar. Jesús acaba de ser bautizado, ha recibido una misión de Dios. Pero, antes de lanzarse a una actividad pública, el Espíritu lo impulsa al desierto. Con este relato, muy simbólico, y que no se presta a conclusiones piadosas, Marcos quiere plantearnos desde el comienzo el misterio de la persona de Jesús.

 Un relato sin tentaciones (Marcos 1,12-13)

Si se hiciera una encuesta a los cristianos sobre las tentaciones de Jesús (suponiendo que hayan oído hablar de Jesús y de las tentaciones) algunos mencionarían la de convertir una piedra en pan; otros, que Satanás le ofreció toda la gloria y riqueza si lo adoraba; los más listos incluso recordarían lo de tirarse desde el pináculo del templo. Con eso, demostrarían conocer los relatos de las tentaciones que cuentan Mateo y Lucas. Pero Marcos no dice nada de eso.

En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás; vivía con las fieras y los ángeles lo servían.

Más que un relato parece un guion con seis datos que el catequista deberá desarrollar.

El Espíritu. En la tradición bíblica, el Espíritu es el que impulsa a los Jueces y a los profetas a realizar la misión que Dios les encomienda: salvar al pueblo de sus enemigos o transmitir su palabra. En este caso, con notable diferencia, el Espíritu impulsa a Jesús al desierto.

El desierto es el lugar de la prueba, como lo fue para el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, camino de la Tierra Prometida. Allí fue tentado para ver si era fiel. Y la inmensa mayoría sucumbió en la prueba, mostrándose un pueblo de corazón duro y obstinado. Jesús, en cambio, superará en el desierto la tentación.

Los cuarenta días equivalen a los cuarenta años que, según la tradición bíblica, pasó Israel en el desierto. Es número de plenitud, de tiempo redondo (recuérdense los cuarenta días del diluvio, los cuarenta días de Moisés en el Sinaí, los cuarenta días entre la resurrección de Jesús y la Ascensión, etc.).

Satanás. Nosotros hemos adornado este personaje con tantos elementos (incluidos cuernos y rabo) que conviene dejar claro cómo lo concibe Mc. El evangelista usa el nombre de Satanás en cinco ocasiones (1,13; 3,23.26; 4,15; 8,33), y desaparece en la segunda parte del evangelio (cc.9-16); curiosamente, la última vez que se menciona a Satanás no se refiere al demonio sino el apóstol Pedro, que quiere apartar a Jesús de la pasión y la cruz. Por consiguiente, Satanás es el símbolo de la oposición al plan de Dios. Satanás quiere apartar a Jesús del camino que Dios le ha trazado en el bautismo: hacer que se olvide de pobres y afligidos, dejar de consolar a los tristes, de anunciar la buena noticia. O, como hará Pedro más adelante, pedirle que cumpla su misión, pero sin pensar en cruz ni sufrimientos.

Fieras y ángeles. Esta curiosa mención está cargada de simbolismo. Los animales del desierto no son los que ve cualquier campesino galileo a su alrededor: mulos, vacas, ovejas… Son escorpiones, alacranes, etc. Y esto nos recuerda el Salmo 91,11-13, donde aparecen mencionados junto con los ángeles:

  «A sus ángeles ha dado órdenes
para que te guarden en todos tus caminos;
te llevarán en sus palmas
para que tu pie no tropiece en la piedra;
caminarás sobre chacales y víboras,
pisotearás leones y dragones».

Jesús, en el desierto, sufre la tentación de Satanás. Pero Dios está a su lado, lo protege mediante sus ángeles, y hace que triunfe en todos los peligros.

Estos elementos (tentación, vivir con los animales, servicio de los ángeles) recuerdan al relato de Adán en el paraíso, tal como se contaba en las tradiciones rabínicas. De este modo, Mc presenta a Jesús como el nuevo Adán, que, a diferencia del primero, no sucumbe a la tentación, sino que la supera.

Primera actividad de Jesús y síntesis de su predicación (Marcos 1,14-15)

El relato de las tentaciones en Mc es tan breve que la liturgia ha añadido las frases siguientes. Aunque tratan un tema muy distinto (el comienzo de la actividad de Jesús), la invitación a la conversión encaja muy bien al comienzo de la Cuaresma.

Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.»

Esas palabras ya las leímos el domingo 3º del Tiempo Ordinario. Recuerdo lo que comenté a propósito de ellas. Marcos ofrece tres datos: 1) momento en el que Jesús comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. Cuando encarcelan a Juan Bautista. Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío.

Lugar de actividad. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma el libro tercero de la Guerra Judía de Flavio Josefo (BJ III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio («Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios») y una invitación («convertíos y creed en el Evangelio»).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado de Dios y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que «está cerca».

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.

Pero Jesús invita también a «creer en la buena noticia» del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

El recuerdo del bautismo (dos primeras lecturas)

Desde antiguo, la celebración de la Pascua quedó vinculada con el bautismo de los catecúmenos el Sábado Santo, y eso ha influido en la selección de las lecturas. Ya la primera carta de Pedro ve en la salvación de ocho personas del diluvio atravesando el agua un símbolo del bautismo que ahora nos salva. Este texto se recoge en la segunda lectura. La primera, como es lógico, recuerda el relato del Génesis.

Génesis 9.8-15

Dios dijo a Noé y a sus hijos:

Yo establezco mi alianza con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañan, aves, ganados y fieras, con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra. Establezco, pues, mi alianza con vosotros: el diluvio no volverá a destruir criatura alguna ni habrá otro diluvio que devaste la tierra.

Y Dios añadió: Esta es la señal de la alianza que establezco con vosotros y con todo lo que vive con vosotros, para todas las generaciones: pondré mi arco en el cielo, como señal de mi alianza con la tierra. Cuando traiga nubes sobre la tierra, aparecerá en las nubes el arco y recordaré mi alianza con vosotros y con todos los animales, y el diluvio no volverá a destruir a los vivientes.

La carta de Pedro (llamada así, aunque no la escribió san Pedro) ve en el diluvio un simbolismo del bautismo: Noé y sus hijos se salvaron cruzando las aguas del diluvio, el cristiano se salva sumergiéndose en el agua bautismal.

  1 Pedro 3, 18-22

Queridos hermanos: Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conduciros a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu; en el Espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a qué se construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho personas, se salvaran por medio del agua. Aquello era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando, que no es purificación de una mancha física, sino petición a Dios de una buena conciencia, por la resurrección de Jesucristo, el cual fue al cielo, está sentado a la derecha de Dios y tiene a su disposición ángeles, potestades y poderes.

Jesús y nuestro bautismo

La presentación de Jesús como nuevo Adán está estrechamente relacionada con la nueva vida que comienza en el cristiano con el bautismo. La Cuaresma es el mejor momento para profundizar en este sacramento que, en la mayoría de los casos, recibimos sin ser conscientes de lo que recibíamos.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Primer Domingo de Cuaresma. Ciclo B. 21 de febrero, 2021

Domingo, 21 de febrero de 2021

D4DFFA02-5D05-49DD-B5E5-8E0F57782464

El Espíritu impulsó a Jesús al desierto”.

(Mc 1, 12-15)

Parece que al leer esto, lo primero que nos sale es: «¡Ay, ay, Jesús no vayas! ¡Ten cuidado! Van a intentar liarte y hacerte mal… «. Pero se nos olvida, o no prestamos atención, al sujeto de la frase: el Espíritu. Es Dios quien le empuja… No va a estar solo… Además, el evangelista Marcos nos lo presenta justo después del Bautismo donde Jesús escuchó: “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco”.

Nos olvidamos de la acción del Espíritu de Dios en nuestro día a día. Nos podemos preguntar: ¿qué pasaría si fuésemos consciente de la acción de Dios en cada momento, en este mismo instante? ¿Cómo sería si nos dejásemos empujar libremente por su Espíritu? Nuestra vida cambiaría, ¿verdad? Seríamos personas llenas de agradecimiento, de confianza, de esperanza.

El desierto… ese lugar que nos atrae y nos da miedo al mismo tiempo… Silencio y soledad. Escucha atenta. Mirada profunda. Encuentro con nuestras sombras, con aquello que tratamos de esconder en nuestra vida porque duele… Dios está aquí, con nosotras, siempre.

Jesús fue puesto a prueba, y no solo en el desierto. Dios decidió hacerse persona, y eso incluía las pruebas, los miedos y el dolor. Conoce nuestra fragilidad, nuestros límites. Y, con toda nuestra realidad, nos llama a amar, a servir y a anunciar su Reino.

Se nos invita hoy también a convertirnos, a volver el corazón a Dios, a creer en el Evangelio. ¿Creemos en la Buena Noticia de Jesús? ¿Nos habla la Palabra de Dios? ¿Nos interpela y nos mueve a hacerla vida?

Tenemos tarea para esta Cuaresma (y para toda nuestra vida): volver nuestro corazón a Dios, creer en la Buena Noticia de Jesús y ponerla en práctica, y dejarnos impulsar por el Espíritu. ¡Ánimo, que promete salir bien!

Oración

Trinidad Santa, vuelve nuestro corazón a ti. Haz que nos dejemos impulsar por tu Espíritu en cada momento de nuestra existencia.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Jesús no fue al desierto a hacer penitencia sino a meditar.

Domingo, 21 de febrero de 2021

20130418-jesus_tentacion_en_el_desierto_pinturaMc 1, 12-15

Durante siglos, hemos puesto en el perdón de Dios la meta de nuestras relaciones con Él. Esta idea de Dios está en las antípodas del evangelio. Jesús nos dice que el perdón es el punto de partida. Nuestro concepto de pecado se basa en el mito de la ruptura. A partir de ahí, la religiosidad consistirá en una recuperación de lo perdido. Hoy tenemos datos para intentar otras explicaciones. Somos fruto de la evolución y seguimos avanzando.

El pecado es una de las experiencias más dolorosas y humillantes del ser humano. Lo que tenemos que superar es una explicación demasiado primitiva de fallo y descubrir un modo de afrontarlo que pueda ser útil para superarlo eficazmente. El mal no tiene nada de misterio. Es consecuencia inevitable de nuestra condición de criaturas limitadas. Una inercia de tres mil millones de años de evolución, que nos empuja hacia el individualismo, no puede ser contrarrestada por unos cientos de miles de años de trayectoria humana.

El primer objetivo de todo ser vivo fue mantener esa vida contra todas las agresiones externas e internas. Esta experiencia se va almacenando en el ADN. Gracias a él, la vida no solo se conservó sino que fue alcanzando cotas más altas de perfección, hasta llegar al “homo sapiens”. Su relativa perfección permite al hombre unas relaciones completamente distintas; ahora fundadas en la armonía. Pero permanece el instinto de conservación que le lleva al individualismo. La visión miope tiene que ser superada por un nuevo conocimiento.

Fijaos bien que los tres temas clásicos de la cuaresma son: Oración, ayuno, limosna. En ellos quedan resumidas todas las posibles relaciones humanas: con Dios, con uno mismo, con los demás, con las cosas. La calidad humana del hombre depende de la calidad de sus relaciones. Si no sobrepasan lo puramente instintivo, esas relaciones estarán basadas en un individualismo feroz, buscando el provecho biológico inmediato. Si esas relaciones están basadas en el conocimiento de tu auténtico ser, te llevarán a la armonía con todos los seres.

El hecho de que Marcos sea tan breve, siendo el primero que escribió, nos está diciendo que en Mateo y Lucas, se trata de una elaboración progresiva, y no de un olvido de los detalles por parte del primero. También pudiera ser que Mateo y Lucas encontraran ya el relato ampliado en la fuente Q, anterior a Marcos. En todo caso, esas diferencias nos estarían demostrando el carácter simbólico del relato, más allá de las limitaciones de tiempo y lugar. Mc está planteando en tres líneas toda la trayectoria humana de Jesús.

El objetivo del relato es muy distinto en cada uno de los sinópticos. Marcos no pretende ponernos en guardia sobre las clases de tentaciones que podemos experimentar. En él no hay tres tentaciones, porque plantea toda su vida como una constante lucha contra el mal. En el evangelio de Marcos no vuelve a aparecer Satanás. Su lugar lo van a ocupar instituciones y personas de carne y hueso, que a través de toda la obra intentarán apartar a Jesús de su misión liberadora. La tentación está siempre a nuestro alrededor.

Inmediatamente. Comienza la lectura de hoy con la anodina frase de siempre “en aquel tiempo”. Es interesante saber que en el versículo anterior nos habló de la bajada del Espíritu sobre Jesús en el bautismo. Es muy significativo que el Espíritu se ponga a trabajar, de inmediato. Toda la actuación de Jesús se realiza bajo la fuerza del Espíritu. Este Espíritu, no es todavía el “Espíritu Santo” según la idea que se desarrolló en los siglos VI y V; se trata de la fuerza de Dios que le capacita para actuar.

El Espíritu le empujó. El verbo griego empleado es “ekballo” = Empujar, echar fuera. No se trata de una amable invitación, sino de una acción que supone una cierta violencia. El Espíritu no abandona a Jesús, pero le arrastra a otro lugar: el desierto. Al recibir el Espíritu en el bautismo, Jesús no queda inmunizado y apartado de la lucha contra el maligno. Como todo hijo de vecino (hijo de hombre), Jesús tiene que debatirse en la vida para alcanzar su plenitud. Precisamente por haber alcanzado la meta como ser humano, está capacitado para marcarnos el camino a nosotros.

Al desierto. El desierto es el lugar teológico de la lucha, de la prueba; y, superada la prueba, es lugar del encuentro con Dios. Es imposible comprender todo el simbolismo del desierto para el pueblo judío. La clave de su historia religiosa se encuentra en el desierto. Jesús sufre las mismas tentaciones que Israel, pero las supera. No se trata del desierto físico, sino del símbolo de la lucha. Es muy significativo que todos los evangelios nos hagan ver cómo Jesús encontrará a Satanás en su mismo pueblo.

Se quedó en el desierto cuarenta días. El número cuarenta es otra clave simbólica para entender el relato: 40 días duró el diluvio, 40 años pasó el pueblo judío en el desierto. 40 días estuvo Moisés en el Sinaí. 40 días fueron necesarios para que se convirtieran los ninivitas. 40 días caminó Elías por el desierto. No se trata de señalar un tiempo cronológico, sino de evocar una serie de acontecimientos salvíficos en la historia del pueblo judío, que quedarán superados por la experiencia de Jesús.

Tentado por Satanás. “Peireo” indica más bien una prueba que hay que superar. No puede haber un aprobado si no hay examen. ‘Satán’ significa el que acusa en el juicio, exactamente lo contrario que ‘paráclito’, el que defiende en un juicio. En Mateo y Lucas las tentaciones tienen lugar al final de los cuarenta días de ayuno. En Marcos no aparece el ayuno por ninguna parte, y la tentación abarca todo el tiempo que duró el retiro en el desierto. Marcos no nos habla de penitencia, sino de lucha por comprenderse en Dios.

Estaba entre las fieras. La traducción oficial de “alimañas” condiciona la interpretación. El texto griego y el latino dice: animales salvajes concretos, conocidos por todos. Puede entenderse como que Jesús está en la vida en medio de todas las fuerzas que condicionan al hombre, unas buenas (Espíritu, ángeles), otras malas (Satanás, fieras). Pero también podría aludir a los tiempos idílicos del paraíso, donde la armonía entre seres humanos y la naturaleza entera será total. Recordemos que el tiempo mesiánico se había anunciado como una etapa de armonía entre hombres, naturaleza y fieras.

Y los ángeles le servían. El verbo que emplea es “diakoneô” que significa servir, pero con un matiz de afecto personal en el servicio. En el NT “diaconía” es un término técnico que expresa la actitud vital de servicio de los seguidores de Jesús. Su primer significado era “servir a la mesa”. Pero aquí este significado iría en contra de todo el sentido del relato, porque indicaría que en vez de ayunar era alimentado por los ángeles. Podría significar las fuerzas del bien, o expresar que Dios estaba de su parte.

Nadie ni nada puede malearnos sustancialmente, ni el pecado de Adán ni nuestros propios pecados. Nuestra tarea consiste en ir descubriendo lo que nos deteriora como seres humanos y lo que nos va construyendo como personas.

Meditación

La tentación fundamental es hacer un dios a mi medida,
dejándome llevar por una cómoda idolatría.
El antídoto es el Dios de Jesús,
El Abbá que me hace vivir su misma Vida.
Si descubro mi verdadero ser,
surgirá dentro de mí la armonía y la capacidad de amar.

 
Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Proclamar la Buena Nueva.

Domingo, 21 de febrero de 2021

003-jesus-waterSi un accidente ha parado en seco tu vida, sigue soñando (María Villota)

Domingo 21 febrero DOMINGO I DE CUARESMA

Mc 1, 12-15

La frase de Proclamar la Buena Nueva concluye la introducción del Evangelio y da comienzo a una nueva etapa de intensa actividad de Jesús en Galilea.

Proclamar y predicar es la tarea principal e intensa de Jesús; “Se ha cumplido el plazo” indica el comienzo de una nueva etapa de la historia de la salvación.

El reinado de dios no es un lugar sino una experiencia de vida bajo los parámetros del proyecto divino (vida, justicia, solidaridad, fraternidad, paz).

La presencia de Jesús hace cercano ese reinado; como decía el Bautista “Arrepentíos”. Significaba cambiar de rumbo, encontrar un nuevo camino diferente, volver a Dios, en este caso, creer en la Buena Noticia de Jesús.

“Si un accidente ha parado en seco tu vida, sigue soñando”, nos aconsejaba la piloto de fórmula I, que en una ocasión tuvo un accidente, María Villota.

 

No importaban las dificultades y resistencias que iba a encontrar en su nueva tarea. Jesús soñaba un proyecto, un reinado de Dios y se puso a predicar la Buena Nueva por todas las aldeas de Galilea, diciéndolo con tanta fuerza que aquellos galileos creían cuanto él les decía.

De mi libro Soliloquios este Poema:

 

HAY TORMENTAS EN MI MAR

Se levantan tempestades
en los caminos del mar.

(¡De mi mar y mi camino!)

Cansado estoy de remar.
Señor del trueno y del viento:
¡No me dejes naufragar!

Apacigua mis tormentas
que tanto encrespan mi mar.

En tu andar de peregrino…
¡¡calma mi peregrinar!!

Un perenne recorrido,
un constante caminar

Un enseñar a los otros
Buenas Nuevas sin parar

 

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Las tentaciones en tiempos de pandemia.

Domingo, 21 de febrero de 2021

hombre_rezando_en_el_desiertoMc 1, 12-15

En aquellos tiempos, se extendió una peste por Israel. Jesús reunió al grupo de discípul@s y los envió de dos en dos, diciéndoles:

– He oído que en esta pandemia la gente experimenta grandes tentaciones. Id por los caminos, con los ojos y los oídos bien abiertos. Dentro de unos días, cuando nos reunamos de nuevo, compartiremos el sufrimiento de nuestro pueblo.

Se pusieron en camino. Observaron. Dialogaron. Tocaron de muchas formas el dolor ajeno. A la vuelta, compartieron lo que habían visto y oído.

– Maestro, unos sabios han preparado un ungüento que evita la peste, pero hay gente poderosa que lo está comprando en grandes cantidades y no llega a los pueblos más pobres. Incluso algunas familias del sanedrín se han saltado las normas para poder recibir el ungüento, antes que los ancianos y los enfermos.

– Hay mercaderes que se están enriqueciendo de manera escandalosa. Traen productos de primera necesidad de otros países, sirviéndose de esclavos; la peste ha traído nuevas formas de esclavitud.

– Las meretrices están abandonadas a su suerte. Los clientes las han rechazado, como si fueran animales contagiosos. Ellos están confortablemente en sus casas y ellas están a las afueras de las ciudades, intentando sobrevivir.

– Los políticos de Roma y los de Jerusalén se enfrentan continuamente, porque quieren atribuirse los logros en el control de la peste. Les ahoga la vanagloria y olvidan el bien común.

– Hay jóvenes que siguen organizando bacanales. No hacen caso de las leyes, solo piensan en divertirse y honrar al dios Baco y están extendiendo la peste, incluso entre su propia familia.

– Muchos paganos, extranjeros y proscritos se han movilizado para atender a los apestados. Pero hay gente que no valora su trabajo porque dice que “no son de los nuestros”.

– Algunos que cantaban salmos en la sinagoga cada sábado, parece que han olvidado lo que cantaban y rezaban y se comportan como si no tuvieran esperanza, como si Yahvé se hubiera alejado de nosotros.

Y así, de dos en dos, fueron compartiendo estas y muchas otras tentaciones que habían descubierto en la pandemia.

Jesús les dijo…

*****************************

Han pasado 2.000 años y seguimos experimentando las mismas tentaciones, las mismas pruebas que tuvo Jesús en el desierto, antes de comenzar la vida púbica. Nuestro ego reclama: ser l@s primer@s (incluso para recibir la vacuna); que nuestra gloria se expanda (aunque sea vana-gloria y nos ahogue); que las piedras del camino desaparezcan por obra de los enchufes, el amiguismo o la traición…

Cada uno, cada una, y cada comunidad podemos nombrar las tentaciones, especialmente las que han cobrado fuerza en la pandemia.  Además:

a) El evangelio nos pone sobre aviso de que tenemos “fieras” y “ángeles”, en nuestro interior y alrededor, que forman parte de esta lucha.

b) El telediario nos muestra a quienes vencen y a quienes sucumben.

c) Nuestra conciencia nos recuerda las oportunidades de crecimiento que nos ha brindado cada prueba/tentación. Tenemos una valiosa experiencia acumulada.

El evangelista Marcos nos ofrece una vacuna, que no nos impide tener tentaciones, pero nos inocula anticuerpos para enfrentarnos a ellas y vencer: “¡Convertíos y creed en el Evangelio!”

¿Qué llamadas a la conversión estamos descubriendo en plena pandemia?

Marifé Ramos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Impermanencia y plenitud.

Domingo, 21 de febrero de 2021

41283DD2-2944-4700-BAEB-E90E9436B942Domingo I de Cuaresma

21 febrero 2021

Mc 1, 12-15

   En este breve relato, cargado de simbolismo, resaltan los contrastes: Espíritu-Satanás, alimañas-ángeles, huida-buena noticia. La polaridad es una característica del mundo fenoménico o de las formas y, por tanto, de nuestra propia realidad cotidiana.

  La polaridad, a su vez, va de la mano de la impermanencia: los dos polos de la realidad manifiesta se hallan en cambio constante. Y donde hay impermanencia son inevitables los altibajos y el dolor. Porque el cambio significa que, para que algo nazca, algo tiene que morir. El constante nacimiento/muerte parece ser la ley que rige nuestro mundo.

   De acuerdo con esa ley inexorable, la sabiduría consiste en aprender a vivir, de manera consciente y lúcida, esa dinámica, reconociendo que en nuestra existencia todo es una permanente impermanencia: nosotros mismos estamos naciendo/muriendo de manera constante.

   Con lo cual, la cuestión que marca la diferencia es el modo como asumimos y vivimos tal proceso. Sin embargo, con frecuencia, nos situamos como si la vida “debiera” acomodarse a nuestras expectativas, tuviera que ser “justa” con nosotros o responder a nuestras demandas. Y cuando eso no ocurre, quedamos atrapados en la frustración, el enfado o el resentimiento.

   Sin embargo, la vida no es lo que se supone que debe ser. Es lo que es.

 La comprensión es lo que hace la diferencia. La comprensión nos regala un doble fruto: por un lado, nos hace alinearnos con la vida –no con la “idea” que nos habíamos hecho de ella–; por otro, nos libera de nuestra reducción a la impermanencia.

  La ignorancia consiste en identificarse con el mundo de las formas o de los objetos y, por tanto, en reducirse a lo impermanente. La comprensión nos muestra que, más allá de la forma (persona) en la que nos estamos experimentando, somos “Aquello” que está más allá de las formas, Aquello –dijera José Saramago– “que no tiene nombre”, pero que saboreamos en cuanto salimos de la hipnosis generada por el hecho de habernos identificado con la mente.

  De la comprensión brotan dos actitudes fundamentales: confianza –somos plenitud– y aceptación: dejamos de estar en lucha con la vida y vivimos diciendo sí a lo que es. Y es entonces cuando, de manera admirable, se nos hace patente que el resultado no es la resignación ni la indiferencia, sino la acción adecuada y creativa que, brotando de la misma vida, fluye a través de nosotros. Esta es la “Buena Noticia” y la realización del “Reino de Dios”.

¿Cómo vivo las frustraciones?

Enrique martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

¿Tentaciones o corazón inquieto?

Domingo, 21 de febrero de 2021

1er-domingoDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. A continuación, el Espíritu empujó a Jesús al desierto…

No pensemos que las tentaciones de Jesús se produjeron materialmente en el desierto y de la noche a la mañana. Tampoco pensemos que, una vez vencidas las tentaciones, Jesús quedó libre de todo peligro. Por tanto hemos de pensar que Jesús fue tentado, como todos nosotros, a lo largo de toda su existencia.

La película La última tentación de Cristo”, (Martín Scorsese), refleja cómo Jesús tuvo tentaciones hasta el Calvario.

La escena del evangelio de hoy se sitúa “a continuación” del bautismo de Jesús en el Jordán, donde el Espíritu desciende sobre Jesús: este es mi Hijo.

“Cuarenta días” son los cuarenta años de camino de los israelitas por el desierto de la vida hacia la libertad y tierra de promisión. Por otra parte, “cuarenta años” significaba toda la vida. Jesús atravesó el desierto de la vida, y durante toda su vida tuvo sus tentaciones, como todos.

Marcos no especifica las tentaciones que sufrió Jesús. Pero hemos de pensar que sufrió las mismas tentaciones que padecemos todos en la vida, pues Jesús se hizo hombre semejante en todo a nosotros, menos en el pecado.

  1. ¿La gran tentación (intento) no será el deseo de absoluto?

            En lo más hondo de nuestro ser, todos tenemos una nostalgia infinita de vida y bienestar, de plenitud. Somos un eterno deseo incumplido, hoy por hoy. Nuestra esperanza es como un deseo absoluto, pero con el conocimiento de que nosotros no nos podemos dar a nosotros mismos la plenitud, la felicidad completa. Somos una pasión infinita.

            Todo ser humano es una búsqueda infinita. Esta eterna búsqueda no es una cuestión religiosa. La llamada de la felicidad no depende de que uno sea creyente o no. Todos, creyentes y no creyentes, tenemos “hambre y sed de todo y del Todo. “El gozo quiere ser eterno; todo placer y felicidad reclaman eternidad”, decía ya Nietzsche, que fue irreligioso terminal.

Somos siempre para nosotros mismos una asignatura pendiente. Somos una diferencia entre lo que somos y lo que quisiéramos ser y vivir.

Seamos creyentes o ateos, ninguna realidad humana llena nuestro corazón. Nunca el placer es bastante, nunca el dinero colma el corazón de ser humano. El hombre se supera a sí mismo infinitamente porque siempre está en camino hacia la plenitud infinita.

Intentamos sobrepasamos el mundo de la naturaleza, pero nuestro corazón no se aquieta con la simple satisfacción de nuestras pulsiones e instintos.

San Agustín escribía aquello de: Nos hiciste para Ti y nuestro corazón está inquieto, pues solamente descansará cuando te encuentre.

            Un salmo expresa muy bien estas cosas:

Mi alma tiene sed de ti, mi vida ti ansia de Ti,

como tierra reseca, agostada, sin agua, (Salmo 63,2)

  1. ¿tentaciones, intentos, pecado, equivocaciones o desequilibrios?

            No creo que las tentaciones provengan del diablo, de un señor al que Dios le da permiso para zascandilear al personal, de modo que la gente “caiga”, y así tiene un cliente más en el infierno. Seamos cristianos adultos.[1]

Eso como lenguaje mítico, puede servir si se entiende y se explica bien, pero las cosas no son tan simples. Podíamos pensar que las tentaciones más bien son intentos de ser felices en la vida.

            La misma expresión: “tentación”, viene de “intentar”. Intentamos hacernos con la plenitud, “ser como dioses”. La tentación es la continua tentativa de “tocar”, de llegar al absoluto. Las tentaciones son expresiones de ese deseo “irremediable” de felicidad que todos llevamos dentro.

Lo que pasa es que en ocasiones nos equivocamos.

            Por eso, muchas opciones en la vida más que pecado, son desequilibrios, errores, viejos problemas psíquicos, adicciones, costumbres inveteradas que tienen que ver más con la psicología, cuando no con la patología. Un drogadicto, un ludópata, un alcohólico no tienen tentaciones.

Probablemente las adicciones son salidas (compulsivas) a grandes sufrimientos y ansiedades. Es un intentar aliviar esos sufrimientos profundos con una “huida definitiva”

La libertad humana, -¡débil y pobre libertad humana!- se las tiene que haber con esos intentos-tentaciones, que tienen que afrontar las diversas crisis con las que nos debatimos en la vida: la desesperación, la desconfianza, las amarguras, la angustia, el miedo, que pueden terminar por llevarnos a una pérdida de la fe, de la esperanza, del amor.

Hay casos límite como puede ser el suicidio, las adicciones a la droga, al erotismo, cleptomanías, ludopatías, etc. En el fondo se busca calmar y salir de un gran dolor existencial: el dolor del rechazo, de la soledad, el dolor del desafecto, de los fracasos, de la ansiedad, del mal trato de la infancia, de las culpabilidades morales, el dolor de “muchas asignaturas pendientes en la vida” o cualquier otro tipo de dolor.

Eso no son tentaciones, ni pecado y no sería cristiano culpabilizar (nunca es cristiano culpabilizar). En estas cosas de tentaciones y tendencias del ser humano, se entremezclan y funcionan mecanismos psicológicos, subconscientes e inconscientes, “viejas historias”, etc., que pueden requerir atención médica, psiquiátrica, también espiritual.

  1. Voluntarismo.

(Viene de voluntad, fuerza de voluntad), que a su vez, deriva del latín: querer.

Pero no siempre las tentaciones, los desequilibrios, adicciones, etc., se resuelven desde la voluntad. No siempre es cierto el refrán castellano: querer es poder. Todos tenemos conciencia de que muchas veces, querer no es poder.

Hay búsquedas y tentaciones que han de ser tratadas desde la medicina, psicología, logoterapia, desde la apertura a la misión, a los demás.

Los voluntarismos pueden terminar siendo patológicos.

Quizás la tentación humana, nuestra tentación, nuestro intento de ser feliz es descansar en el Señor, en la gracia, en la gratuidad.

Cuando una persona dice en su interior: no puedo con mi alma, está ya descansando en el Señor y -en lenguaje demasiado voluntarista-: está venciendo la tentación. (La tentación no es cuestión de guerra, vencer, derrotar al enemigo, etc., sino que es cuestión de paz interior. Nuestra plenitud, nuestro ser están en Dios: Sólo en Dios descansa mi vida, Salmo 61).

  1. La Cuaresma y la vida son tiempo de gracia y evangelio

La cuaresma y la vida son siempre desierto y dureza y no es fácil caminar a trompicones, con hambre y con sed.

Pero, sobre todo, la cuaresma (y la vida) no es tiempo de culpabilidades y de fanáticas penitencias y castigos. La cuaresma es tiempo de gracia, de caminar sereno y de evangelio.

Que el espíritu, la fuerza de Dios nos atraiga y nos impulse en la vida, de modo que no nos cansemos de caminar, que, tal vez sea la gran tentación

Tentaciones no nos van a faltar, probablemente el pecado estará presente en nuestra vida, pero con toda seguridad quien estará siempre con nosotros es Dios, como la nube que cubría al pueblo por el desierto.

La conversión no equivale a evocar culpabilidades y remordimientos, a repetir y repetir confesiones y más confesiones, sino que convertirse es poner nuestra mirada en Dios. No significa mirar atrás con amargura, sino mirar hacia adelante con esperanza.

Los cristianos vivimos aquello que dice el salmo 31,1.

Dichoso aquel a quien Dios no le tiene en cuenta su culpa,

a quien le han sepultado su culpa.

            Con este espíritu vivamos la cuaresma desde el Evangelio: confiad en el evangelio.

[1] Es hora ya de acoger e interpretar los simbolismos de un cristianismo pre-moderno.

 

Biblia, Espiritualidad , , , , , , ,

Crecer en la amistad

Miércoles, 17 de febrero de 2021

F486DB25-50CB-4B3A-836D-83DEBC1B1959Pregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , , , , , ,

Soy la voz del que grita en el desierto

Domingo, 13 de diciembre de 2020

Del blog Pays de Zabulon:

ftr-pari-00057849-001.jpg

Éste fue el testimonio de Juan,
cuando los judíos enviaron desde Jerusalén
sacerdotes y levitas a Juan,
a que le preguntaran:

– «¿Tú quién eres?»

Él confesó sin reservas:

– «Yo no soy el Mesías.»

Le preguntaron:

«¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?»

El dijo:

– «No lo soy.»

– «¿Eres tú el Profeta?»

Respondió:

«No.»

Y le dijeron:

«¿Quién eres?
Para que podamos dar una respuesta
a los que nos han enviado,
¿qué dices de ti mismo?»

Él contestó:

«Yo soy la voz que grita en el desierto:
“Allanad el camino del Señor”,
como dijo el profeta Isaías.»

*

Juan 1, 19-23
***

Atribuyamos enseguida importancia a esta venida de Cristo al mundo; se trata de un hecho trascendental, colocado como clave normativa e interpretativa de todo el mundo religioso que de ahí se sigue.

La vocación cristiana es una vocación al gozo esencial para quien lo acepta. El cristianismo es fortuna, es plenitud, es felicidad. Podemos decir más: es una felicidad que no se contradice; el cristiano ha sido elegido para una felicidad que no tiene otra fuente más auténtica. El evangelio es una «buena nueva», es un reino en el que no puede faltar la alegría. Un cristiano irremediablemente triste no es auténticamente cristiano. Hemos sido llamados a vivir y a dar testimonio de este clima de vida nueva, alimentado por un gozo trascendente, que el dolor y los sufrimientos de todo orden de nuestra presente existencia no pueden sofocar y sí provocar a una expresión simultánea y victoriosa.

*

Pablo VI,
Discurso a la audiencia general del 4 de enero de 1978.

***.

*

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Felisa Elizondo: “Charles de Foucauld o la bondad desarmada”

Martes, 10 de noviembre de 2020

Papa-canonizara-Charles-Foucauld-desierto_2235386478_14644892_660x371“A la puerta de su refugio de adobes, quedó el cuerpo del que quiso ser hermano de todos atravesado por un disparo”

“Charles contó hasta el final de sus días con el apoyo – también material – y el consejo de esta mujer, a la que confió en sus muchas cartas, con la mayor sinceridad, sus búsquedas y oscuridades”

“La que hoy es reconocida como una forma de vida típicamente suya: oculta, hecha de contemplación y de trabajo manual”

Este otoño, con motivo de su canonización, redescubriremos en la fachada de la Basílica de San Pedro la mirada del hermano Carlos, la que en las últimas fotografías trasparenta la ternura con que contempló a sus vecinos touareg  y el desierto pedregoso que rodea Tamanrasset, su también último paisaje. Allí, a la puerta de su refugio de adobes, quedo el cuerpo del que quiso ser hermano de todos atravesado por un disparo. Y semienterrado en la arena el ostensorio simple ante el que había pasado noches enteras. Era el 1 de diciembre de 1916.

Hemos empezado por hablar de su muerte a los 58 años en una soledad difícil de imaginar (que hoy por hoy los reportajes nos ayudan a sospechar) y es inevitable advertir el contraste entre la figura blanca de un ermitaño pobre, prematuramente envejecido, como es la del hermano Carlos, con el porte de un joven oficial del ejército francés con que aparece en retratos de juventud. Un militar al que los informes no siempre se referían con tonos elogiosos, dado que su conducta no fue siempre la esperada en un “hombre de honor”. Entre unas y otras imágenes median decisiones que siguen llamando la atención cuando se lee alguna de las excelentes biografías accesibles.

Porque en la vida de este explorador nato, subyugado por la inmensidad del desierto, no faltaron irregularidades al tiempo que realizaba auténticas proezas y se adentraba  en viajes aventurados por un Marruecos poco conocido, y una tormentosa Argelia, por entonces bajo dominio francés. Pero es inevitable también asombrarse ante lo radical de su conversión y su búsqueda sin descanso de lo que entendía requerido por el amor de Alguien cuyo nombre ha dejado escrito con trazos típicos: “Jesús-Cáritas”.

Nacido en Estrasburgo en 1858, Eugène-Charles de Foucauld, en una familia de nobleza antigua, perdió muy pronto a sus padres y quedó al cuidado de su abuelo que tuvo que trasladarse por causa de la guerra franco-prusiana pero se ocupó de que quien iba a heredar el título y las propiedades tuviera una educación adecuada a su rango, además de una cierta iniciación cristiana al estilo de su siglo. Secundando los deseos de su abuelo, ingresó en 1876 en la prestigiosa Academia de Saint Cyr. Era el comienzo de una carrera prometedora, aunque las calificaciones obtenidas en los años sucesivos no lo muestran precisamente como un alumno brillante sino más bien dado a formas de diversión en las que gastaba despreocupadamente con sus compañeros los bienes heredados a la muerte de su abuelo, por quien había sentido un gran afecto.

En su expediente han quedado registradas algunas dificultades que tuvo con la disciplina militar. Así, sabemos que, enviado como oficial en 1880 a Sétif (Argelia) fue despedido pronto por “notoria mala conducta”, aunque poco después reincorporado para participar en la guerra contra el jeque Bouamama. Pero también hay constancia de que el joven vizconde de Foucauld, de carácter inquieto, en 1882 se embarcó en la empresa de explorar el entonces poco conocido Marruecos haciéndose pasar por judío y no despertar la hostilidad de los nativos. Pero la calidad de su trabajo de reconocimiento de aquel territorio africano le valió nada menos que la medalla de oro de la Sociedad de Geografía de París y la publicación de su libro Reconnaissance au Maroc (1883-1884) que le valió un nombre entre los estudiosos.

Una conversión no tan repentina

En Marruecos quedó impactado por la fe de los musulmanes: “el Islam me produjo una impresión profunda. La vista de aquella fe, de aquellas almas que vivía en la presencia continua de Dios, me hizo entrever algo más grande y más verdadero que la ocupaciones mundanas: ad maiora nati sumus”, escribe al recordarlo.

De vuelta a París, reapareció en él la inquietud, que era un rasgo saliente de su espíritu aventurero y, sobre todo, le asaltó  la pregunta por el sentido de su vida: “Mi corazón y mi espíritu – anota en 1886– seguían lejos de vos (…) pero…vos habíais roto los obstáculos, reblandecido el alma y preparado la tierra, quemando las espinas y la maleza”. La soledad de un apartamento en aquella ciudad que ahora le resultaba “extraña”, y el reencuentro con su prima Marie de Bondy, una de las personas más apreciadas y admiradas por él desde que era un niño, fueron factores decisivos en su acercamiento a la iglesia. Sentía que, en contacto con ella, la fe de la infancia asomaba de algún modo, y empezó a repetir a modo de súplica espontánea: «Dios mío, si existís, haced  que yo os conozca», mientras entraba y salía de alguna iglesia. Charles contó hasta el final de sus días con el  apoyo – también material –  y el consejo de esta mujer, a la que confió en sus muchas cartas, con la mayor sinceridad, sus búsquedas y oscuridades. Fue Marie quien le presentó al abate Huvelin.

Entre los relatos de conversiones de finales del XIX y la primera mitad del siglo XX se suele colocar el encuentro en la iglesia de Saint-Augustin y la confesión de Charles de Foucauld con este sacerdote, que le dio también la comunión y fue en adelante un verdadero guía en su camino de fe. Era el 29 o 30 de octubre de 1886. El pasado quedó muy atrás cuando entendió que, “una vez conocida la existencia de Dios, ya no podría vivir sino para Él”, según sus propias palabras.

Oyó decir también al P. Huvelin una frase que se le grabó a fuego y marcó sus decisiones ulteriores: “Nuestro Señor tomo el último lugar, que nadie pudo arrebatárselo”. Así, desde el principio, conversión y vocación se sueldan. El desordenado lector de autores ajenos a la fe comenzó a dedicar toda su atención a la lectura y meditación de los Evangelios y a algunos  tratados de vida cristiana conocidos en la Francia de su tiempo.

Nazaret: punto de partida

En 1888 (el mismo año en que Teresa de Lisieux ingresa en el Carmelo) peregrinó a Tierra Santa para rastrear allí las huellas de Jesús de Nazaret. Hizo cesión del título y los bienes a favor de su hermana y, tras una dolorosa despedida de los suyos de la que en sus cartas habla como de un sacrificio terrible –”sacrificio que, a lo que parece, me costó todas mis lágrimas, pues desde entonces, desde aquel día ya no lloro…” –  entró en la Trapa de Notre-Dame des Neiges. De esta pasó, siempre en el intento de seguir al Nazareno en la mayor pobreza,  a la de Akbès, en Siria, entonces bajo el Imperio otomano, en la que vivió varios años.

Allí encontró la ayuda de buenos maestros de la vida monástica y leyó las obra de Santa Teresa, de las que ha dejado copiados cuidadosamente, con su letra diminuta, unos cuantos textos, Hasta el punto que  J. F. Six, uno de los que has estudiado con dedicación su itinerario, habla a este propósito de “una influencia directa y absolutamente predominante que envuelve toda la vida de espiritual de Charles de Foucauld”. Porque una y otro se muestran fuertemente atraídos por la presencia amiga de Jesucristo.

Pero estando en Akbés, a distancia de su país de origen y “bajo otro cielo”, la visión de la pobreza de las gentes que rodeaban a la ya de por sí austera Trapa, le lleva a soñar con otras posibilidades de seguir más radicalmente a Jesús, y compone incluso una Regla para una fundación que querría fuera de veras “socialmente pobre. Un sueño éste de imitar más de  cerca al Maestro  que duró tanto como su vida.

Así, sin cesar en una búsqueda que no parece cesar en su trayectoria, abandona su pertenencia a la Trapa, aunque la despedida le resultó nuevamente algo muy costoso. Y en 1897 vuelve a Tierra Santa donde, acogido al monasterio de clarisas de Nazaret, ensaya una forma de vida eremítica en la que era posible realizar su ideal de pobreza, que reúne el trabajo humilde y la adoración eucarística: la que hoy es reconocida como una forma de vida típicamente suya: oculta, hecha de contemplación y de trabajo manual. Una vida silenciosa que irradia con su testimonio.

En Nazaret redacta la Regla que desea para los que llamará “ermitaños del Sagrado Corazón” y él mismo se firma como “fray Carlos de Jesús”, consciente de lo que implica ese nuevo nombre. En el rincón que le ceden las religiosas, adora y medita largamente los pasajes bíblicos, y se detiene en los de la vida de Jesús. Lee autores de la tradición como el Crisóstomo y, sobre todo, los místicos. Allí, entre 1897 y 1900, escribió  muchas páginas con meditaciones que se consideran fundamentales para conocer su vivencia espiritual, como la reflexión en la que se inscribe la conocida Oración de abandono.

Padre me pongo en tus manos…

A propósito de esta oración, una de las más bellas del siglo XX y ampliamente divulgada, a veces en forma más breve, sabemos que  se encuadra en las meditaciones de los Evangelios que Carlos de Foucauld escribió en la Trapa de Akbés (Siria) (1890-1896).  Al comentar las últimas palabras de Jesús: “Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46), escribe: “Esta es la última oración de nuestro Maestro, de nuestro Bienamado… Pueda ser la nuestra… Y que ella sea, no solamente la de nuestro último instante, sino la de todos nuestros momentos”.

Y a continuación:

‘Padre mío, me entrego en vuestras manos;

Padre mío, me abandono a Vos;

Padre, Padre mío, haz de mí lo que os plazca;

sea lo que hagáis de mí, os lo agradezco;

gracias de todo, estoy dispuesto a todo;

lo acepto todo; os agradezco todo;

con tal que vuestra Voluntad se haga en mí, Dios mío;

con tal que vuestra Voluntad se haga en todas vuestras criaturas,

en todos vuestros hijos, en todos aquellos que vuestro Corazón ama,

no deseo nada más Dios mío;

en vuestras manos entrego mi alma;

os la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón,

porque os amo y porque esto es para mí una necesidad de amor:

darme, entregarme en vuestras manos sin medida;

me entrego en vuestras manos con infinita confianza,

pues Vos sois mi Padre…”

(Escritos espirituales, Ed. Studium, Madrid 1958, 32).

En el Sahara y con los tuareg

Sólo después de superar una resistencia al cambio de estatus que implicaría ser sacerdote, aceptó realizar estudios de teología en Roma y ser ordenado sacerdote en la diócesis de Viviers (Francia) en junio de 1901. La voluntad de servir fue factor decisivo en la aceptación. Y comenzó esa tarea en Béni Abbès, un enclave del ejército francés en pleno Sahara argelino, donde pudo advertir y denunciar aspectos deplorables de la colonización como la que llamó “la monstruosidad de la esclavitud”. Semejante constatación le indujo a seguir nuevamente la llamada a estar entre “los últimos” y ocupar “el último lugar”. Sin contar con seguidores – su sueño de crear alguna forma de unión que compartiera su ideal misionero era persistente – desarrolló con los bereberes una forma de evangelización silenciosa, basado en el compartir su vida, en el despliegue de bondad y en el ejemplo de una vida humilde y desinteresa.

Si al entrar en la Trapa había hecho cesión de sus bienes, también presentó su cese en el ejército francés y en la Sociedad Geográfica que le había dado fama entre los especialistas. Despojado de todo y sin llegar a encontrar compañeros para sus proyectos, acometió una última travesía hasta alcanzar en 1906 las montañas de el Hoggar en donde encontró juntas la soledad del desierto y la posibilidad de “hacerse hermano” sirviendo a gentes endurecidas y difícilmente abordables como eran los tuaregs.

En medio de parajes desérticos, de una aridez extrema y asolados por un viento también extremo, estudió la cultura y la lengua targuí, la de aquellas tribus nómadas, durante más de doce años y compuso el primer diccionario tuareg-francés. Un obra de investigador que constituye hasta ahora mismo una referencia fundamental.

Sin otro éxito que el recuento de nombres franceses que simpatizan con su propuesta de una Unión que sostuviera una presencia misionera como la que él vive, atraviesa momentos de debilidad extrema, que se compensan con el poder celebrar alguna vez la eucaristía en Asekrem o Tamanrasset. Aunque para Foucauld, la presencia eucarística que irradia realmente si es llevada hasta lugares a donde casi nadie llega para percibirla, es inseparable de la de algunos cristianos que, también realmente, testimonien una amistad y una bondad a toda prueba que roturen el terreno del anuncio. Su forma de entender la tarea es la de abrir caminos, una preparación que seguramente requerirá de tiempos largos antes de que el evangelio pueda ser escuchado. Una presencia humilde en la que el respeto y el diálogo sean garantes de la buena noticia de Jesús que se ofrece en libertad.

Los estatutos de la Unión redactados por él pormenorizan esa forma de misión. En un pequeño cuaderno el hermano Carlos la resume en unas líneas: “Mi apostolado ha de ser el apostolado de la bondad… Si se me pregunta por qué soy dulce y bueno, tengo que responder que porque soy servidor de uno mucho mejor que yo”.

En 1915, por causa de la guerra, no pudo viajar a Francia donde había hallado entre otras adhesiones la acogida de un conocido arabista como Massignon, que mantuvo vivo su recuerdo tras su muerte. Y como adelantábamos, el 1 de diciembre de 1916, el hermano Carlos fue asesinado por un muchacho atemorizado ante un grupo de rebeldes que irrumpieron en la ermita levantada en pleno Sahara argelino.

Tenía 58 años y su nombre aparece encabezando los trabajos que realizó en campos como la geografía, la geología y la lexicografía. Pero, a distancia de un siglo de su muerte, le son reconocidas universalmente, sobre todo, una radical adhesión al evangelio, su búsqueda de los últimos y su sensibilidad para encuentro con el islam.

Y aquel final aparentemente sin sentido y en una soledad extrema se puede leer también hoy, a la vista de los numerosos grupos y los miles de seguidores de la espiritualidad del desierto que forman su Familia, como una ratificación de la verdad evangélica del grano de trigo que muere.

Fuente Religión Digital

Espiritualidad , ,

El Papa canonizará a Charles de Foucauld, el “padre del desierto”

Viernes, 29 de mayo de 2020

Papa-canonizara-Charles-Foucauld-desierto_2235386478_14644892_660x371

El amigo de los Tuaregs, y mártir, fue el inspirador de una corriente de pensamiento y reflexión que llega a nuestros días

Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes

“Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres”

Santiago Agrelo: “Con Charles de Foucauld, soñar un mundo apellidado ‘de Jesús'”

J. L. Vázquez Borau: ¿Cómo fue el camino a los altares de Carlos de Foucauld?

Cristóbal López: “Carlos de Foucauld nos enseñó a trabajar por la fraternidad universal”

Charles de Foucauld será santo… si es que alguno pensaba que ya no lo era. El maestro del desierto, de la predicación con la propia vida (hasta darla, en Tamanrasset, en 1916), de quien sus críticos afirmaban que jamás convirtió a nadie, será canonizado después de que el Papa aprobara el milagro atribuido a su intercesión. Sólo falta la fecha del milagro.

cq5dam.thumbnail.cropped.750.422El “hermano universal” nació en Estrasburgo, el 15 de septiembre 1858. Huérfano a los 6 años, creció con su hermana Maria, bajo los cuidados de su abuelo, orientándose hacia la carrera militar.

Adolescente, pierde la fe. Conocido por su gusto de la vida fácil él revela, no obstante una voluntad fuerte y constante en las dificultades. Emprende una peligrosa exploración a Marruecos (1883- 1884). El testimonio de fe de los Musulmanes despierta en él un cuestionamiento sobre Dios: «Dios mío, si existes, haz que te conozca».

Regresando a Francia, le emociona mucho la acogida discreta y cariñosa de su familia profundamente cristiana, y comienza una búsqueda. Guiado por un sacerdote, el Padre Huvelin, él encuentra a Dios en octubre 1886.Tiene 28 años. «Enseguida que comprendí que existía un Dios, comprendí que no podía hacer otra cosa que de vivir sólo para El».

Durante una peregrinación a Tierra Santa descubre su vocación: seguir a Jesús en su vida de Nazareth. Pasa 7 años en la Trapa, primero N.S. de las Nieves, después Akbes, en Syria. Enseguida después, él vive solo en la oración y adoración cerca de las Clarisas de Nazareth.

s38-e1383736824813Ordenado sacerdote a los 43 años (1901) parte al Sahara, primero Beni-Abbes, después Tamanrasset en medio de los Tuaregs del Hoggar. Quiere ir al encuentro de los más alejados, «los más olvidados y abandonados».

Quiere que cada uno de los que lo visiten lo consideren como un hermano, «el hermano universal». El quiere «gritar el evangelio con toda su vida» en un gran respeto de la cultura y la fe de aquellos en medio de los cuales vive. «Yo quisiera ser lo bastante bueno para que ellos digan: “Si tal es el servidor, como entonces será el Maestro…”?».

En el atardecer del 1° de Diciembre 1916, fue asesinado por una banda que rodeó la casa.

Siempre soñó compartir su vocación con otros: después de haber escrito varias reglas religiosas; pensó que esta «vida de Nazareth» podía ser vivida en todas partes y por todos. Actualmente la «familia espiritual de Charles de Foucauld» comprende varias asociaciones de fieles, comunidades religiosas e institutos seculares de laicos y sacerdotes.

Fue beatificado por Benedicto XVI el 13 de Noviembre de 2005 en la Basílica de San Pedro en Roma.

ÁMAME TAL COMO ERES

Conozco tu miseria, las luchas y tribulaciones de tu alma, la debilidad y las dolencias de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus pecados y tus flaquezas. A pesar de todo te digo: dame tu corazón, ámame tal como eres.

Fuente Religión Digital

General, Iglesia Católica , , ,

Amor incondicional (II).

Martes, 24 de marzo de 2020

dos-mujeres-virtuosas_560x280Iniciar este tiempo litúrgico potente y hermoso que llamamos tiempo de desierto, de espacios largos de reflexión y silencio, de la mano del Amor Incondicional, es un lujo.

El número cuarenta, en el Antiguo y Nuevo Testamento, aparece en innumerables ocasiones, cuyas citas y significado puedes consultar en Google, por facilidad y por no extenderme. El denominador común es que siempre indica un tiempo especial, de crisis-crecimiento, hoy diríamos de discernimiento.

Y ¿qué se discierne? ¿Qué crecimiento-maduración interior se nos propone?

En el texto bíblico  de Mc 1, 9-13, se nos dice:

“Juan lo bautizó en el Jordán. Inmediatamente, mientras salía del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar como paloma hasta él. Hubo una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, en ti he puesto mi favor.

Inmediatamente el Espíritu lo empujó al desierto. Estuvo en el desierto cuarenta días, tentado por Satanás; estaba entre las fieras y los ángeles le prestaban servicio”.

Nos dicen los y las exégetas que el Bautismo de Jesús no significa una muerte al pasado, en línea de la conversión que predicaba el Bautista, ya que no hay confesión de pecados, sino un compromiso de entrega, hasta dar la vida: un compromiso de amor incondicional.

El cielo responde con esa potente imagen de desgarro: ya no se cerrará más el cielo, habrá plena y permanente comunicación de Dios a Jesús; Dios le comunica la plenitud de su vida y fuerza: el Espíritu.

La paloma remite a la primera creación (Gn1, 2). El Espíritu termina la creación llevando a Jesús a la plenitud humana.

La voz del cielo declara a Jesús, amado, objeto del favor divino.

Y ese Espíritu, fuerza de vida y amor, lo empuja al desierto, que representa la sociedad con sus diferentes ansias de poder, con los enemigos mortales porque lentamente envenenan la Vida, nuestra vida, con envidias, sumisiones, controles, compromisos gratificantes, poderíos enfermizos que adormilan la conciencia libre, guiada por el Espíritu.

Para ello, para desintoxicarnos de un cristianismo mezclado con otros vinos, no nuevos, sino rancios por haber sido objeto de intereses personales, eclesiales…tenemos que ir al desierto, al lugar de encuentro con la Voz y la Fuerza.

Este es el discernimiento que se nos propone. Alto y claro. Para ello se nos dice: desintoxica tus fuentes, aquello de lo que te nutres, especialmente lo que sale de dentro, por heridas mal curadas, por experiencias de oprobio: familiares, personales, eclesiales… dejemos de lamentarnos por lo que no funciona y pongámonos a la Escucha. Ella, la Escucha al Espíritu, te llevará a tomar decisiones con sabor a Reino. A dar pasos de amor incondicional.

Observaremos a lo largo de este tiempo importante, los diferentes procesos de personas, de ambos testamentos, que nos llevarán a ir comprendiendo la seriedad del tema.

Y la otra mano materna que nos guía, la Tierra, nuestro planeta, con la sabiduría del Amor Creador en continua evolución. También ella, la tierra, nos habla de su discernimiento. Hoy herida de muerte por esos dioses no sacados de muchas conciencias laxas y egoístas que sólo buscan el poder…son las fieras del texto del desierto.

Ellas están ahí, pero Jesús aguanta, no se intimida. Procesa el silencio y la ausencia de apoyos rápidos, fáciles… Jesús ora, dialoga con el Abba, cuya voz alguna vez experimentó. El resto de días, también para él, fueron una lucha y una fidelidad tantas veces a ciegas.

Esa desintoxicación de estilos de vida que hieren a la tierra y a los hermanos y hermanas, va desde la cesta de compra, a las opciones más comprometidas. Estas no sirven de mucho, si, como dice Pablo “aunque entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no soy nada”. Si no tengo amor.

¿De qué amor estamos hablando? ¿Cuál es el núcleo de este modo de amor? ¿Dónde radica su fuente/eje?

 Interesante observar en la Escritura y también en la naturaleza, que todo busca la luz y el agua, símbolos por excelencia de la Pascua. Las plantas, los animales por diminutos que sean se dirigen a la luz y en función de esta luz sus cuerpos se van formando.

El agua determina casi todos los movimientos de los seres vivos. Donde hay agua hay vida. En función de encontrar el agua los animales pueden recorrer miles de kms, también las personas lo hacemos si hace falta, para encontrar el agua de la vida.

Piensa cuantos kms recorridos y textos leídos y reuniones y… para saciar tu sed. Para esto es la Cuaresma; es como un atajo que nos conduce al amor y éste incondicional, porque sólo éste está libre de pesticidas y conservantes.

El amor, tipo el de Jesús, es incondicional. No hablamos aquí de celibato o castidad, la eterna pugna… el término amor incondicional es tal vez sinónimo de “respeto incondicional”.

Nos sumergimos todos en este tiempo de Dios, en una actitud de apertura al Espíritu. Es el que empuja inmediatamente a Jesús, y a quien se lo toma en serio, al desierto. Lugar de encuentro.

Deseamos dedicar esta Cuaresma y Pascua a ahondar en esta realidad de Amor Incondicional. Os invitamos a reflexionar, despacio, a orar con corazón humilde para comprender nuestra grandeza y no menospreciarla. Para ello necesitamos la cuaresma. Jesús no sale debilitado de su desierto. Sale tan empoderado que sus actos consecuentes, fruto de su relación directa con el Abba, transforman la historia en un antes y un después.

A nosotr@s también se nos empuja inmediatamente al desierto. ¿No lo notas?

Magda Bennásar,SFCC

espiritualidadcym@gmail.com

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , , ,

Crecer en la amistad

Miércoles, 26 de febrero de 2020

jesus-abraza-a-joven-fotoPregón de Cuaresma

Carmen Herrero Martínez,
Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Tenerife

ECLESALIA, 27/02/17.- Con la celebración del Miércoles de Ceniza, comenzamos una nueva Cuaresma. Tiempo de gracia, de conversión y de misericordia, por parte del Padre bueno que constantemente invita a sus hijos al banquete de la Pascua. Pues, Cuaresma es un caminar con alegría y jubilo hacia Pascua, la resurrección de Cristo y nuestra propia resurrección.

Pero, ¿cómo conducirse por este camino que durante cuarenta días nos lleva a la Pascua? Y, ¿qué provisiones tomar para llegar a resucitar con Cristo y vivir en plenitud la vivencia pascual?

Debemos conducirnos con dignidad, esa dignidad que nos viene de ser lo que somos: hijos e hijas de Dios, amados del Padre desde toda la eternidad, salvados en su Hijo. Desde esta convicción y certeza caminaremos con gozo y los obstáculos y dificultades del camino podrán ser superados; porque no caminos solos, sino con Aquel que es nuestro Camino: Jesús. En él pongo toda mi esperanza, él es mi fortaleza, mi energía y dinamismo que me lleva a caminar con paso firme y ligero a su lado; siempre mirando hacia adelante, sin volver la vista atrás, apoyando mis pasos sobre sus pasos.

¿Qué provisiones poner en mi mochila para este camino de cuarenta días?

La primera condición es que mi mochila tiene que estar muy ligera de peso para que no sea un obstáculo al caminar. Entonces mi primera disposición es la sobriedad.

De qué sobriedad se trata: sobriedad en tus deseos, pensamientos, sueños y fantasías. La sobriedad te lleva a revenir a tu propia realidad concreta, y esto pasa por la conversión. ¡Déjate convertir! Evangelizar las zonas más profundas de tu corazón; es decir, deja que la gracia de la cuaresma entre en ti y te reconstruya desde el interior. Seguro que, si logras hacer esta experiencia, tu caminar será más ligero y rápido, tu alegría mayor y tu esperanza infinita.

La sobriedad te lleva a la verdad. Vivir en verdad, hacer la verdad en tu vida. “la verdad os harás libres” (Jn 8, 32). Y, ¿qué es la verdad? La verdad es Cristo, conocer a Cristo nos lleva a hacer la verdad en nuestra vida, pues no podemos conocer a Cristo y vivir en la mentira, en el pecado, el desorden, la esclavitud de tantos ídolos como nos acechan. La cuaresma, ante todo, tiene que llevarte a un mayor conocimiento de Jesucristo, a rechazar con energía todo ídolo que se te presente y se anteponga al amor a Jesús y a vivir en verdad y libertad.

El conocimiento de Jesús te lleva al amor y el amor a la identificación. La cuaresma tienen que ayudarnos, a nosotros los cristianos, a identificarnos cada vez más con Cristo, y a partir de esta identificación podremos vivir esta muerte y resurrección que nos conduce a la Pascua.

Desde este conocimiento, amor e identificación con Jesús; las cuatro características propias de cuaresma serán la necesidad del: desierto, la oración, el ayuno y la limosna; en nuestro lenguaje actual, el compartir, el ayudar a nuestros hermanos necesitados, manifestada de mil maneras….

150402_2856667_La_Biblia__Escena_del_dia_6__Jesus_resucita_

– Desierto: Vivir el desierto no como una ascesis sin alma, sino como una necesidad para estar asolas con Aquel que se me ama y quiere entablar una relación de amor conmigo: “La llevaré al desierto y le hablaré al corazón” (Oseas 2,4). Retirarse al desierto como necesidad de escucha amorosa y de estar a solas con Dios. Descubrir la mística del desierto, no quedarse solamente en la austeridad que implica el desierto, ésta es real, pero la mística es superior.

– Oración: La oración es el fruto del desierto, “acostumbrarse a soledad es gran cosa para la oración” dirá Teresa de Jesús. El desierto nos conduce a la escucha, la escucha al amor y el fruto del amor es la oración que transforma y une con el ser Amado. La oración que le agrada al Señor, es la oración de un corazón sosegado, acallado, unificado; abierto a acoger su Presencia y a vivir en su intimidad. No todos podemos retirarnos al desierto como lugar geográfico para orar; pero si podemos retirarnos, y debemos retirarnos, al desierto de nuestro propio interior. Pues el desierto no es la ausencia de las personas, sino la presencia de Dios. Y orar es vivir en su presencia.

– Ayuno: El ayuno es esencial en el seguimiento de Jesús, y también para vivir una relación, justa y armoniosa entre mi yo y las cosas. No dejándome poseer por ellas ni tampoco quererlas poseer. La justa relación con las cosas, y los alimentos, consiste en reconocer con gratitud su valor, su necesidad, y como dice san Ignacio de Loyola. “Las cosas se usan tanto en cuanto me ayudan al fin perseguido”. El saber privarse, sentir la necesidad y hasta el hambre material, nos lleva a la libertad y a valorar las cosas que Dios ha creado para nuestra necesidades; y a pensar en tantos hermanos nuestros como carecen de lo más esencial, en parte por el mal uso que hacemos de los recursos de la naturaleza; del acaparamiento y la posesión desmesurada. Ahí tendría que ir orientado nuestro ayuno.

Y siendo muy importante esta orientación del ayuno material, él debe de conducirnos mucho más lejos, a ese otro ayuno del yo que es el que realmente nos quita la libertad, nos esclaviza y nos impide ver al hermano con amor. Como le pasó al rico de la parábola de Lázaro (Lc 16, 19-31). Su pecado no está en que fuese rico, sino en que ignoró a su hermano en necesidad. Vivía al margen de Dios y como consecuencia no reconoció a su hermano. El papa Francisco en su mensaje de Cuaresma dice: “toda persona es un don”. El ayuno de mi yo me lleva a reconocer el de mi hermano, y juntos caminar hacia la Pascua.

– Compartir: el compartir nos lleva al despojo, a la generosidad, a la pobreza evangélica; y, sobre todo, a tener en cuenta al hermano más necesitado. Quien sabe compartir nunca se empobrece, antes bien, se enriquece con creces. La sagrada Escritura nos lo certifica; pero también la vida misma. “El que siembra escasamente, escasamente cosechará; y el que siembra abundantemente, abundantemente cosechará. Cada uno dé según el dictamen de su corazón, no de mala gana ni forzado, porque Dios ama al  que da con alegría” (2 Cor 9,6-7).

Quiero terminar con las palabras del papa Francisco en su mensaje de Cuaresma: “El cristiano está llamado a volver a Dios «de todo corazón» (Jl 2,12), a no contentarse con una vida mediocre, sino a crecer en la amistad con el Señor”. Y si crezco en la amistad con el Señor, creceré también en el amor ami mi hermano, y unidos celebraremos la Pascua, la plenitud de la vida cristiana-

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad , , , , , , ,

VII Jornadas de desierto con Carlos de Foucauld

Lunes, 18 de noviembre de 2019

Del blog de  José L. Vázquez Borau CaféDiálogo:

Espiritualidad evangélica con Carlos de Foucauld

charles-de-foucauld-public-domainjornadas-desierto-online

***

Espiritualidad, Tablón de Anuncios , , ,

Desierto, tiempo de Gracia.

Sábado, 24 de agosto de 2019

hombre_rezando_en_el_desierto

Es preciso pasar a través del desierto y morar en él para recibir la gracia de Dios; es allí donde nos vaciamos, donde expulsamos de nosotros todo lo que no es Dios y donde se vacía esta pequeña casa de nuestra alma para dejarle todo el sitio a Dios.

Los judíos atravesaron el desierto. Moisés vivió en él antes de recibir su misión. San Pablo, cuando salió de Damasco, fue a pasar tres años en Arabia. También san Jerónimo y san Juan Crisóstomo se prepararon en el desierto. Es indispensable […].

Es un tiempo de gracia. Es un período a través del que debe pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto […]. Le hacen falta este silencio, este recogimiento y este olvido de todo lo creado en medio de los cuales pone Dios en el alma su Reino y forma en ella el espíritu interior: la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios a través de la fe, de la esperanza, de la caridad […]. Los frutos que pueda producir el alma más tarde serán exactamente proporcionales a la medida en que se haya formado en ella el hombre interior.

*

Charles de Foucauld
Obras espirituales,
Ediciones San Pablo, Madrid 1998

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

Mar Saba

Lunes, 15 de julio de 2019

Del Blog Nova Bella:

C942F53D-BF46-45C4-A761-FAC0D5694722

Dame palabras fáciles y claras
para explicar la sencillez del alma
antes de ser rozada por las cosas,
cuando el alma no amaba equivocarse.
Pues al desierto voy, dame lo extraño,
que es ver por vez primera lo sencillo.
la tiniebla y la luz se separaron;
la noche vino y vino la mañana

*
Julio Martinez Mesanza

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Recordatorio

Las imágenes y fotografías presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Yo, por supuesto, a petición de los autores, eliminaré el contenido en cuestión inmediatamente o añadiré un enlace. Este sitio es gratuito y no genera ingresos.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un lugar de entretenimiento. La información puede contener errores e imprecisiones.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.