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Entradas Etiquetadas ‘Silencio’

Reflejo del Cielo

Lunes, 14 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

 

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El silencio de Piero della Francesca es el de la evidencia del mundo,

susurrante de murmullos,

de tumores,

con el reflejo del cielo azul en el agua de los charcos

*

Ives Bonnefoy

***

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Silencio

Lunes, 30 de septiembre de 2019

Del blog Nova bella:

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“El sonido más fuerte es el silencio”

Lao Tse

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“Silencio

una rana se sumerge

dentro de sí”

Basho

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“Dios es silencio”

Eleazar de Worms

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***

Tú contemplas todo en silencio”

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***

La palabra es el órgano del mundo presente.

El silencio es el misterio del mundo que está por llegar.”

Isaac de Ninive

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“El silencio no es la ausencia de ruido sino la ausencia de ego”

Javier Melloni

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“Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”

Ludwig Wittgenstein

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Silencio creativo cristiano

Sábado, 7 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Imagínense a un hombre a un grupo de personas, solos o juntos en un lugar tranquilo donde no se puede oír la radio ni música de fondo, sentados simplemente una hora, o media hora, en silencio. No hablan. No rezan en voz alta. No tienen en sus manos papeles ni libros. No están escribiendo ni leyendo. No se ocupan en nada. Se limitan a penetrar en sí mismos, pero no para pensar de modo analítico, ni para examinarse, organizarse o planificar algo; simplemente para ser. Quieren estar juntos en silencio. Quieren sintetizar, integrarse a sí mismos, redescubrirse ellos mismos en una unidad de pensamiento, voluntad, entendimiento y amor que vaya más allá de las palabras, más allá del análisis, incluso más allá del pensamiento consciente. Quieren rezar, pero no con los labios sino con sus corazones silenciosos, y más allá aun, con el verdadero fundamento último de su ser. ¿Qué podría mover a la gente de nuestro tiempo a hacer una cosa así? ¿Lo hacen movidos por un sentido de humana necesidad de silencio, de reflexión, de búsqueda interna? ¿Quieren alejarse del ruido y la tensión de la vida moderna, al menos durante un rato, para relajar sus mentes y voluntades, y buscar un sentido bendito y saludable de unidad interior, reconciliación e integración?

Estos son, ciertamente, un buen número de motivos suficientes. Pero para un cristiano aún hay motivos más profundos que estos. Un cristiano puede realizarse a sí mismo, si es llamado por Dios a periodos de reflexión y silencio, de meditación reflexiva y de “escucha”. Nosotros tal vez somos demasiado habladores, demasiado activos en nuestro concepto de la vida cristiana. Nuestro servicio a Dios y a la Iglesia no consiste sólo en hablar y hacer, sino también en períodos de silencio, en los que escuchamos y esperamos. Quizá sea muy importante, en nuestra época de violencia e intranquilidad, redescubrir la meditación, el rezo intuitivo, íntimo y silencioso, el silencio creativo cristiano.

*

Thomas Merton,
Amar y Vivir

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***

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Silencio

Lunes, 1 de julio de 2019

Del blog Nova Bella:

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Mientras unos lo temen,

otros necesitan el silencio.

Para ver.

Para tocar.

Para oler.

Para saborear.

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***

El silencio nos es necesario,

desde luego,

para un acto fundamental de la humanidad:

escuchar las palabras de los otros.

También para decir las propias.

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***

 El silencio,

frontera,

sombra y ceniza de la palabra,

también es su soporte.

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***

Juan Mayorga,
Silencio,
discurso leído en su recepción pública como académico de la RAE

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Tiempo de palabras huecas.

Jueves, 9 de mayo de 2019

palabras huecas“La palabra no es nada más que la resonancia del silencio”, decía Max Picard (1888-1965, escritor y filósofo suizo). Cuando leí este pensamiento en la mañana desemboqué en el periodo electoral que vivimos, o padecemos.

Corren tiempos de palabras huecas. Más que hablar se vocifera. Escuchar perdió el sentido entre tanto ruido. Agredir verbalmente es una moda. La mentira corre de un lado para otro con libertad absoluta amparada en las redes y demás medios de comunicación al alcance de propagandistas y manipuladores sibilinos que lanzan la piedra y esconden la mano.

No necesitan saber escribir, no dan la cara; ni hablar, total lo que “vende” es el despropósito y la manipulación; hasta la calumnia que, aunque creo que es delito, resulta ser una herramienta de uso frecuente.

La palabra necesita alimentarse de silencio previo, para ser transmitida con el contenido esencial que pueda llegar con cordura al oído, al cerebro y al corazón humanos… creo que estamos en peligro.

Con tanto consumo de palabras vacías, aliñadas con ruido y agresividad en mítines, mesas redondas, espacios televisivos de debates impresentables, etc. Las conocidas fake-news, sinónimo de un montón de nuestro abundante idioma: noticias falsas, mentiras, bulos, embuste, bolas… alguno se me olvida, seguro.

En las campañas electorales no hay contrincantes sino contrarios. No olvidemos que estas dos palabras no son sinónimos. Según la Real Academia de la Lengua ‘contrincante’ es “persona o grupo con los que se compite en un enfrentamiento deportivo, juego o concurso, para acceder a un puesto, etc.”. Y ‘contrario’: es el opuesto, el completamente diferente, en desacuerdo total, etc.

La vida de nuestros representantes políticos está tan ácida que incluso se extrapola a todos los ambientes, a través de los mass media. Para entendernos: medios de comunicación que hacen el juego a la acidez, la violencia verbal, el postureo mediático de confrontación, etc. provocando un contagio colectivo que se difunde socialmente. Desaparece el ‘contrincante’ y aparece el ‘contrario’ por cada esquina.

La tensión se expande y al pueblo llano (hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos, consumidores, ciudadanos, usuarios, contribuyentes, hipotecados, parados, desahuciados, profesionales, obreros, empleados, universitarios, pensionistas, sanitarios, inmigrantes con y sin papeles, etc. etc. etc. etc. etc… etc.) y se nos alimenta, informativamente hablando, como a los patos en la Dordogne francesa: les abren la boca, les meten con un embudo comida de gran contenido en grasa, hasta que enferma el hígado; esa víscera será luego convertida en un paté delicatessen.

¡Cuidado!… con los patos no hay peligro, ellos no votan, pero nosotros sí.

Antes de que llegue la fecha de las elecciones generales, locales, autonómicas y europeas, convendría hacer silencio interior y de tecnología punta. Desintoxicarnos de palabrería chabacana.

Permanecer atentos a la palabra serena y plena de sentido común a la hora de comunicar, identificar lo que huela a mentira electoralista, y memorizar lo que en otros momentos electorales fue “palabra mojada” nada más recoger las urnas.

Y cuando llegue la fecha de ir a votar, vayamos… ¡claro que sí!, a ejercer ese derecho, tan deseado en otros momentos de la historia que estuvo prohibido, e introducir la papeleta llena de nombres y siglas… palabras fin y al cabo.

Toda mi reflexión empezó con Max Picard, su sabio pensamiento y la papeleta electoral informativa para ir a votar, que recogí ayer del buzón y tengo al lado del ordenador.

Mari Paz López Santos

Abril 2019

Espiritualidad, General ,

Sábado Santo… en silencio ante el Señor.

Sábado, 20 de abril de 2019

© Carmelo Blazquez 2013 ©

 

(Fotografía de Carmelo Blazquez)

Durante el Sábado Santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y muerte hasta que con su resurrección se inauguren los gozos de la Pascua, cuya exuberancia inundará los cincuenta días pascuales.

Hombre en Soledad

 Contigo vengo, Dios, porque estás solo
en soledad de soledades prieta.
Conmigo vengo a Ti, porque estoy solo,
sintiendo por el pecho un mar de pena.
Qué tristeza me das, Dios, Dios, sin nadie
que te descanse, Dios, de tu grandeza,
que te descanse de ser Dios, sin nada
que te pueda inquietar o te comprenda.
Qué tristeza me doy, perdido en todo,
y todo mudo, tan lejano y cerca,
cada vez más presente ante mis ojos
en un mutismo que no se revela,
con el corazón loco por saberte,
preguntando en la noche que se adensa.
Con voz de espadas clamo por mi sangre,
rebusco con mis manos en la tierra
y escarbo en mi cerebro con mis ansias.
Y silencio, silencio, mudez tensa.
Dios, pobre mío, todo lo conoces.
Para Ti todo ha sido: nada esperas.
Hasta lo que me duele y no me encuentro
Tú lo conoces ya, porque en mí piensas.
Yo no conozco nada, Dios, y tengo
socavones de amor llenos de inquietas,
oscuras criaturas que me gritan
palabras, no sé dónde, que me queman,
preguntas que me tuercen y retuercen,
sábana viva chorreando estrellas.
Qué compasión me tengo, Dios, pequeño
llamando siempre a la inmutable puerta
con las palmas sangrando, a la intemperie
de mis luces y dudas y tormentas.
Qué compasión te tengo, Dios, tan solo,
siempre despierto, siempre Dios, alerta,
sin un pecho bastante, Dios, Dios mío,
que ofrezca su descanso a tu cabeza.
Cómo me dueles, Dios. Cómo me dueles,
herido por la angustia que te llena,
sin poder descansarte, sin caberte
en mis entrañas ni aun en mis ideas.
No puedo más Contigo, que me rompes
creciendo por mi dentro y por mi fuera,
cercándome, estrechándome, ahogándome,
dejando, sin saberlo, en mí tu huella.
Y soy hombre, Señor. Soy todo caspa
de angustiosa esperanza contrapuesta,
arcilla informe de reseco olvido,
quizá, capricho de tu indiferencia.
Señor, qué solo estás. Cómo estoy solo,
yo con mi carga insoportable a cuestas.
Tú, con todo y sin nada —(¡todo, nada! —
más que Tú, Dios perdido en tu grandeza,
muerto de sed de amor de algo supremo,
Dios, algo que te alegre y que te encienda.
Sin nada superior a Ti creado,
mi voz alzada al límite no llega
a rumor que resbale por tus sienes,
a brisa en tus oídos, que se secan
de no oír desde nunca una palabra
que antes de estar en hombre no supieras,
pobre Creador, Dios mío sin sosiego,
preso en tu creación, en diferencia.
A Ti vengo, Señor, porque estoy solo,
a veces aun sin mí. Pero no temas,
Señor que has puesto en mí necesidades
sin darme el modo de satisfacerlas.
Perplejo, recomido de inquietudes,
de Ti tengo dolor; de mí, conciencia
de ser como no quiero: ser inútil,
vana palabra, humana ventolera
con sabor de cenizas y de ortigas
clavándome alfileres en la lengua,
y un huracán de vida por la carne
que no ha encontrado carne que florezca.
Versos, versos, mas versos, siempre versos,
¿y para qué, Dios mío? Dentro queda
una fuente de llanto sofocado
minándome la hirviente calavera,
sin encontrar salida a la congoja
cada vez más patente. Y todo niebla.
Contigo vengo, Dios, porque estoy solo;
me huyes cada vez, más te me alejas.
¿No tienes qué decirme, Dios, qué darme?
¿No ves, Señor, no ves, Dios, cómo tiembla
este vaho que se alza de mi vida,
hierbecilla perdida que se hiela?
Encallece mi alma, Dios. Haz dura
la mano y la mirada: hazme de piedra.
Quítame el sentimiento que me escuece.
Borra, Señor, con sol, mi inteligencia.
Déjame en paz, en flor, en roca, en árbol,
en muda, resignada, dulce bestia
caminante con ritmo y sin sentido
por un mundo de instintos e inocencia,
o dame con la luz aquel sosiego
original del prado que apacientas

*

Ramón de Garciasol
Hombre en soledad,

***

 

La tierra está extenuada. Todo duerme y espera. También reposa el cuerpo de Jesús. Como en el caso de Lázaro, la muerte de Jesús no es más que un sueño. Mientras su alma descendía a llevar la victoria a lo más hondo de los infiernos, su cuerpo duerme pacíficamente en la tumba, esperando las maravillas de Dios.

Y es que este Gran Sábado no es como otros. Algo ha cambiado radicalmente. El velo del Templo se rasgó hace poco, brutalmente, dejando al descubierto al Santo de los Santos. El Templo ya no está en su lugar. El sábado ya no está en el sábado. Ni la pascua en la pascua.

Todo está en otro sitio. Todo está aquí cerca, cerca del cuerpo que duerme en la tumba. Todo es espera, ahora debe suceder todo. La Iglesia, esposa de Jesús, no se desorienta. Sigue ¡unto a la tumba que encierra el cuerpo amado. El amor no flaquea, no se desespera. El amor todo lo puede, todo lo espera. Sabe ser mas fuerte que la muerte.

¿Qué no habría hecho en aquella hora de tinieblas el amor de algunos, entre ellos el de la Virgen María, para que Jesús fuera arrancado de la muerte? Sólo Dios lo sabe. ¿Alguno ha presentido la densidad de vida que colma este cadáver y esta tumba, como jardín en primavera, donde incluso la noche es un crujido de vida y de savia que fluye? Nosotros no lo sabemos. Sólo sabemos que José de Arimatea hizo rodar una gran piedra hasta la boca de la tumba antes de irse, mientras María Magdalena y la otra María estaban allí, firmes junto a la tumba. Seguramente, no saben nada todavía, pero perseveran en el amor. El vacío que se ha creado de repente entre ellas es tan grande que sólo Dios puede llenarlo. Con ellas, toda la Iglesia espera en el amor.

*
A. Louf,

Solo l’amore v¡ bastera. Commento spirituale al Vangelo di tuca,
Cásale Monf. 1985, 63s.

***

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Cristianos de base exigen “verdad, justicia y reparación” para las víctimas de abuso

Sábado, 13 de abril de 2019

Abusos-sexuales-Iglesia_2111498844_13506057_660x371Piden la creación “urgente” de una Comisión de la Verdad sobre las agresiones sexuales en la Iglesia

Para entender el porqué de este drama, la iglesia Católica debe hacer un examen sobre las causas “y no limitarse a lamentar sus consecuencias o refugiarse en actitudes defensivas”, advierten

11.04.2019 | Cristianas y cristianos de base

Los colectivos, organizaciones y entidades, creyentes y no creyentes, abajo firmantes,

ESCANDALIZADOS por la plaga de agresiones sexuales, sobre menores y sobre personas adultas, practicadas por miembros de la Iglesia Católica, cuyo número y forma poco a poco van saliendo a la luz;

DECEPCIONADOS por la falta de medidas concretas y efectivas para atajarlos, que se ha evidenciado en la reciente Cumbre Vaticana de obispos y cardenales (Feb, 2019), en ausencia clamorosa de las víctimas que debieran haber sido los principales protagonistas;

IRRITADOS por los desplantes de algunos líderes de las Conferencias Episcopales, como el presidente de los obispos españoles, Sr. Blázquez, que sigue diciendo no tener competencias para luchar contra semejante plaga de delitos, al parecer ni siquiera en su propia diócesis;

INDIGNADOS ante la política eclesiástica de la omertá, es decir del encubrimiento, para salvaguardar el buen nombre de la institución sin atender al daño causado a tantas personas inocentes…

DENUNCIAMOS

a) La coacción, las agresiones y los crímenes que tantos clérigos –sacerdotes, monjes, obispos o cardenales- han protagonizado y continúan practicando contra niños, niñas, adolescentes y jóvenes indefensos, como una epidemia de delitos, contraria a los Derechos Humanos y antagónica con los valores más básicos del Cristianismo.

b) El delictivo encubrimiento o inacción de los obispos, en sus respectivas diócesis, ante tamaño y extendido crimen. Un silencio que contrasta con su locuacidad contra el colectivo LGTBI, contra la llamada “ideología de género”, el aborto, el divorcio, el matrimonio de los sacerdotes, el sacerdocio de las mujeres, las parejas de hecho, el matrimonio igualitario, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres,… etc. La misma Cumbre Vaticana antes citada (Febrero, 2019) ha eludido cualquier medida práctica y vinculante contra la pederastia en toda la Iglesia. En palabras de una de las víctimas “han legalizado ante el mundo su intención de seguir ocultando y permitiendo los abusos en su seno”.

c) El desamparo de las víctimas de agresión sexual y sus familias, cuyos testimonios han sido con frecuencia desoídos, acallados a cambio de dinero, o calificados de falsos a pesar de sus reiteradas denuncias.

d) La responsabilidad que sobre estas prácticas delictivas, le corresponde al discurso teológico y moral dominante en la Iglesia institucional, que deliberadamente ignora el desarrollo de la conciencia ética universal y su plasmación en nuevos códigos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ello explica, por ejemplo, el lamentable y ofensivo comentario del propio Papa Francisco quien, tras declarar que quiere poner fin a este estado de corrupción en la Iglesia, cede a la tentación de justificar la intervención de una mujer en la Cumbre Vaticana con un argumento inasumible para el mundo moderno: ”Invitar a hablar a una mujer, no es entrar en la modalidad de un feminismo eclesiástico, porque a fin de cuentas “todo feminismo termina siendo un machismo con faldas”. Unas palabras sólo concordantes con la línea ideológica de los partidos de la extrema derecha, como VOX en España.

e) Como caso especial, porque es uno de los más silenciados, merece idéntica repulsa el de las violaciones sexuales a decenas y decenas de religiosas a manos de clérigos varones, en diferentes países.

f) Denunciamos finalmente la discriminación de que son objeto las mujeres por parte de la jerarquía católica, tanto en el seno de la Iglesia, como en la misma sociedad.  Las discriminan cuando las niegan el sacerdocio o las prohíben su participación en órganos de representación, las excomulgan cuando abortan, las agreden cuando enarbolan una batalla contra eso que llaman ‘ideología de género’, y guardan sospechoso silencio frente a tantos feminicidios y actos homofóbicos.

Para entender mínimamente el porqué de este drama, la iglesia Católica debe hacer un examen sobre las causas y mecanismos que han conducido a esta situación y no limitarse a lamentar sus consecuencias o refugiarse en actitudes defensivas. Y, como consecuencia, asumir al menos dos grandes retos hasta ahora menospreciados:

a) Cambios de raíz en la formación del clero. Es preciso reconocer, como señala E. Drewermann, que uno de los mecanismos que más influyen en los comportamientos agresores de los clérigos es “un desarrollo enfermizo de la personalidad y la sexualidad, fruto de una educación eclesiástica que reprime los sentimientos y las emociones, impidiendo la maduración personal”. Y que la causa de este perfil del clérigo radica “en los mecanismos de poder de la estructura eclesiástica, que actúan de forma autoritaria para mantener el poder de una jerarquía que exige sumisión a todos los católicos. Un autoritarismo eclesiástico edificado sobre el concepto de obediencia, entendida como sumisión incondicional a los superiores”.

b) Acabar con la impunidad de que han gozado los clérigos. La Iglesia ha de asumir definitivamente el nuevo paradigma de la sociedad democrática, según el cual la ley es única e igual para todos sus miembros, sin que quepan otro Derecho y otra Justicia que la civil. Ni el Derecho Canónico ni la Jurisdicción eclesiástica pueden sustituir, ni menos contravenir, el Estado de Derecho. Las agresiones sexuales son delitos, no sólo pecados, para la sociedad democrática.

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Para ello, la Iglesia Católica ha de poner en marcha con carácter inmediato medidas concretas como:

-la aplicación efectiva del principio de tolerancia cero para todos. Que el cura o religioso que haya sido condenado por abusar en alguna ocasión de un menor, sea expulsado del sacerdocio. Y exactamente lo mismo para cualquier obispo que haya encubierto los abusos de un sacerdote

-la obligatoriedad de trasladar a la justicia civil todos los casos de abusos de los que tienen conocimiento las diócesis y la Congregación para la Doctrina de la Fe.

-la reforma de la ley canónica para eliminar el secreto pontificio.

-la no prescripción de los delitos de pederastia,

-el libre acceso a los archivos de las distintas diócesis, -la abolición definitiva del celibato obligatorio,

Y, sobre todo, aceptar la crítica que llega desde las propias víctimas. Es a su autoridad a la que han de someterse el papa, los obispos y todo el clero.

Por todo lo cual EXIGIMOS

1. Que todos los casos de agresiones sexuales, siendo como son delitos, sean puestos por los responsables eclesiásticos, en manos de la justicia civil. (Fiscalía y Juzgados)

2. Que se cumpla íntegramente el sistema ya universalizado de “Verdad, Justicia, Reparación y garantías de no Repetición’.

3. Que el Vaticano acepte la creación urgente de una COMISIÓN DE LA VERDAD sobre Agresiones Sexuales en medios eclesiásticos, con sus secciones específicas en cada país, conformada por personas sin responsabilidades o cargos eclesiásticos, y con presencia cualificada de las víctimas de las agresiones sexuales, para que pueda llevar a cabo las indagaciones que correspondan a fin de elaborar un relato fidedigno sobre la magnitud del problema, sus causas, las responsabilidades contraídas, las adecuadas medidas de reparación a las víctimas y las recomendaciones de los cambios estructurales que corresponda implementar en la Iglesia Católica.

CONTRA LAS AGRESIONES SEXUALES EN LA IGLESIA CATÓLICA,

¡VERDAD, JUSTICIA Y REPARACION!

Madrid, abril de 2019

Colectivos firmantes:

Cristianas y Cristianos de Base de Madrid, Redes Cristianas, Mujeres y Teología, Somos Iglesia, Asociación Teólogos y Teólogas Juan XXIII, Católicas por el Derecho a Decidir, Cristianos por el Socialismo, -Comunidades Cristianas Fe y Justicia del País Vasco, Europa Laica y Asociación Proderechos Humanos de España

General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , , , , , , , , ,

Il tacere è bello

Miércoles, 3 de abril de 2019

Del blog Nova Bella:

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“Cosí andiamo infino a la lumera

parlando cose che’l tacere è bello”

*

Fuimos hacia la luz tratando cosas

que es hermoso tener aquí en silencio.

*

Dante,
Comedia,
Canto IV, 103-4

***

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“El árbol de la palabra”, por Mari Paz López Santos.

Jueves, 28 de marzo de 2019

zzbg1Tengo un amigo que cuando viene a estas tierras, deja sembrados mensajes para rumiar en el silencio.

Tengo un amigo al que no hay que oír, ese verbo se queda escaso cuando suenan sus palabras: le escucho con expectación para no perderme ni un punto ni una coma.

Cuando me acercaba a donde habíamos quedado llevaba preguntas que hacerle, quería que me contase sus impresiones del contraste entre el mundo en que vive y el que vivo , aquí en la gran ciudad, en el trastocado mundo de la Vieja Europa.

Como pasa cada vez que nos vemos, todo lo que proyecto se me olvida al instante. Porque, mi amigo, es palabra viva aún si está callado.

Inevitablemente en el rato que pudimos estar juntos compartiendo, me salió la preocupación del ambiente hostil, política y socialmente hablando, que inunda por todos lados. La palabra es utilizada arma arrojadiza, ni se oye al otro ni mucho menos se le escucha; el tono de voz sube en decibelios para solapar al contario más que por lo que haya que decir; el insulto forma parte del espectáculo y la falta de respeto, el mínimo, el que se debe a toda persona, brilla por su ausencia.

Mi amigo que viene de un país violento y casi partido en dos, aunque no interese en los medios informativos, me dijo:

“Dónde yo vivo hay un árbol que llaman “El Árbol de la Palabra”. Allí lo que se dice tiene peso. Se sientan bajo la sombra del árbol, unos frente a otros, para poder mirarse; hablan y escuchan, y la palabra no se la lleva el viento”.

“Hay que darse cuenta que “mi” palabra puede estar CONTAMINADA, por lo que estoy percibiendo, por lo que traigo de heridas y desconfianza, por la cantidad de prejuicios que me predisponen el juicio antes que a la escucha. De todo eso los que tengo enfrente no tienen culpa y puede que también vengan con su palabra CONTAMINADA. Así no se puede escuchar.

Así que habré de DESCONTAMINARME alejando todo eso de mi interior, para llegar a mirar a los demás con mirada limpia, con empatía, para tener lucidez al expresarme y escuchar con libertad”.

P1000285Callada y atónita seguí atenta.

“Bajo el Árbol de la Palabra hay un rato de DESCONTAMINACIÓN, se habla de cosas sencillas de la vida cotidiana; es un espacio de tiempo para preguntar cómo va la vida, la cosecha, las gallinas, la familia… y después se hace silencio, no más de unos segundos, que abre la puerta a la conversación: ‘Dime, te estoy escuchando’, dice el que preside la reunión, en la que todos tienen derecho a la palabra.

Aquí, le digo, la palabra está contaminada en las instituciones, en los medios de comunicación y en la calle. Todo es debate grosero y sobresaltado… ¡No pude callar! Y reconozco, con  humildad que me afecta, me contamina, y muchas veces mi palabra se convierte en arma arrojadiza o pegote de chapapote. Pero mi amigo siguió con esa calma interior que transmite en cualquier tema que se trate.

“Es necesario y muy bueno sacar las cosas los conflictos y ponernos a la vista para poder haya soluciones sino todo se enfanga”.

“Cuando la palabra está CONTAMINADA, no es posible la escucha y provoca ira; viene la agresividad y el stress. Es el momento para darse un rato de inmersión en el silencio de Dios, haciendo lo que hacen las ranas”.

Perpleja, creo que levanté las cejas en forma de interrogación sin decir palabra y permanecí curiosamente atenta a lo que me iba a explicar él y las ranas.

“Las ranas están siempre en la superficie del agua, saltando y chapoteando de un lado a otro, cazando. La superficie es ruidosa, muy activa, así que en determinado momento dan un salto y bajan al fondo a cargar las pilas. Tenemos que hacer como las ranas”.

9517f4c3-a8e7-4830-93e8-e81bfe6bf90fMi amigo es el vivo ejemplo de lo que dice el evangelio: La boca habla de lo que rebosa el corazón” (Mt 12, 34). Su corazón rebosa como aquella concha de la que hablaba Bernardo de Claraval, siempre recibiendo y compartiendo el agua fresca del Espíritu a quien se acerque y quiera beber.

A mí amigo le llamamos Juanjo, su familia y sus amigos, es misionero comboniano; pero a otros efectos se le llama Mons. Juan José Aguirre, obispo de la diócesis de Bangassou*, República Centroafricana, país en el corazón de África.  

Gracias, Juanjo, por acercarme al Árbol de la Palabra y a las técnicas de “descontaminación” tan necesarias hoy en día. Me zambulliré como las ranas en el silencio de la charca interior habitada por Quién nunca te deja solo.

Mari Paz López Santos

(*) www.fundacionbangassou.com

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad , , , ,

“San José, ¡de tapadera, nada!”, por Martín Gelabert Ballester, OP.

Martes, 19 de marzo de 2019

219554df5336330bab69c04e19e01186_f1316En la Fiesta de san José que, queremos traerlo al blog y recordar su decisivo papel… Y, cómo no, felicitar a los josés y josefas y a todos los valencianos y valencianas que celebran sus fiestas…

De su blog Nihil Obstat:

Dios dirige la historia. Para ello se sirve de personas elegidas. Cada vez que hay un acontecimiento importante en la historia de la salvación, allí aparece una mujer o un varón como mediadores de la obra de Dios o transmisores de su voluntad. El acontecimiento más importante de la historia de la salvación es el nacimiento del Hijo de Dios. Para hacerse hombre, Dios necesitaba de una familia. El nombre de José está indisociablemente ligado al misterio de Jesús. Y si el ángel es un signo de que Dios se hace presente en la vida de una persona para comunicarle alguno de sus designios o para cuidarle en una situación de necesidad, Dios mismo se hizo presente a José, por medio de su ángel. Según el evangelio de Mateo a quién primero se le revela el misterio que alberga el vientre de su esposa, es a José (Mt 1,20).

Como suele suceder con todas aquellas personas a las que se les encomiendan misiones importantes, José es un hombre discreto. Su presencia es silenciosa. En la relación de José con Jesús, cabría aplicar al primero estas palabras: “es preciso que él (o sea, Jesús) crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30). José (lo mismo que su esposa) no se entiende en función de sí mismo,  sino al servicio de Jesús y de su misterio. Saber estar en función  de otro no es fácil, pero es uno de los modos más bellos de amar. El silencio de José (lo escribí en otro post), no tiene nada de ingenuo. Es el silencio del que escucha atentamente para así poder servir mejor.

José, cabeza de familia, pone nombre al niño (Mt 1,21). Los nombres (más para los antiguos que para los modernos) denotan una identidad. El nombre de Jesús significa “Dios salva”. Además de señalar la identidad del niño, José hace algo más: entronca a su hijo con el linaje de David (Rm 1,3), haciendo así posible un elemento fundamental del mesianismo de Jesús y el cumplimiento de las profecías. La necesidad de José es estrictamente teológica (tal como señalé en otro post). No hay necesidad mayor. Etimológicamente el nombre de José proviene del verbo hebreo “añadir”.  En nuestro caso, no es un añadido “desde fuera”, como una especie de tapadera prescindible, sino un añadido necesario para entender el mesianismo de Jesús.

Espiritualidad , , , , ,

Silencio

Martes, 5 de febrero de 2019

 

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El silencio

permite al sonido

ser.

*

Eckhart Tolle

***

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Silencio

Sábado, 26 de enero de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La lengua es nuestra arma más poderosa y como tal la manejamos. Fluye de nosotros un torrente de palabras porque nos encontramos en constante proceso de ajustar nuestra imagen pública. Hablamos para rectificar la manera como otros nos juzgan porque tememos la opinión que – imaginamos – se han formado de nosotros. Si he cometido algún mal (o algún bien y pienso que tú puedas interpretarlo mal) y me entero de que ya lo sabes, me tentará el ayudarte para que comprendas mi acción. Entre todas las disciplinas del Espíritu, el silencio es una de las más profundas porque le pone coto a toda autojustificación. Uno de los frutos del silencio es la libertad de dejar que Dios sea quien nos justifique. No hace falta que nosotros corrijamos a los demás”.

*

Richard J. Foster

***

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Horas de silencio y encuentro con Thomas Merton

Lunes, 10 de diciembre de 2018

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10 de diciembre 2018 – 50º aniversario de la muerte de Thomas Merton

GUillermo Oroz; Mari Paz López Santos
Navarra; Madrid

ECLESALIA, 10/12/18.- “No son las reflexiones lo que importa, sino las horas de silencio”, escribía Thomas Merton en su Diario, el 10 de diciembre de 1960. Efectivamente, no es su reflexión ni que todo lo que dejó escrito nos haga reflexionar; es el silencio y la quietud con la que nos predisponemos al encuentro con el hombre, el monje, y ahora sabemos que también el profeta. Como tal, fue un adelantado a su tiempo y es patrimonio de la humanidad para siempre.

Merton fue escritor antes de entrar en la vida monástica y aunque su opción era dejar la palabra, incluyendo la escrita, al traspasar la puerta del monasterio cisterciense de Getsemani (Estados Unidos), fue su abad el que le puso de nuevo la pluma en la mano.

Su obra es tan extensa que podría dudarse que tal diversidad de temas sobre espiritualidad y vida monástica y, especialmente, lo referente a las luchas y controversias del mundo en que vivió, hayan salido de un monje contemplativo.

Si el legado que Thomas Merton nos ha dejado en palabras de sabiduría es tan inmenso, cuantas habrán sido las horas de silencio y oración que propiciaron tal testimonio escrito; que nació para ser compartido con quien se anime a un encuentro con este monje que permanece vivo, activo, cercano y que, con sus propias palabras, se presenta así:

“Si quieres saber quién soy yo,
no me preguntes dónde vivo,
o lo que me gusta comer, o cómo me peino;
pregúntame, más bien, por lo que vivo,
detalladamente,
y pregúntame
si lo que pienso
es dedicarme a vivir plenamente
aquello por lo que quiero vivir.”

Aquí estamos dos escribiendo junto a Thomas Merton. Dos que hicimos inmersión en sus libros y, buceando en la intensa espiritualidad que destilan, encontramos a la persona, al creyente, al monje, al escritor y, en definitiva, al buscador que nos invita, como un hito en el camino, a adentrarnos en un encuentro mayor, definitivo: Dios.

Con un atrevimiento similar al de los niños le hemos invitado a dar un “paseo” por escrito y celebrar juntos el 10 de diciembre de 2018, fecha del 50º aniversario de su muerte.

Resultaría presuntuoso por nuestra parte pretender decir algo más ni mejor de lo mucho que se ha dicho de Thomas Merton desde una óptica monástica. Su figura, inmensa, se agranda día a día con los estupendos trabajos que se vienen publicando y que iluminan detalles o aspectos de su persona que habían pasado desapercibidos hasta ahora. Nuestro humilde escrito no aspira a sumarse a esa bibliografía. Quizá pudiera catalogarse en la categoría de testimonio. Aunque sólo quizá.

Testimonio de dos personas laicas, un hombre y una mujer, con diferentes circunstancias individuales, cuyas vidas se han visto iluminadas por la experiencia y las palabras de este monje. Conscientes de todo ello, queremos centrarnos y hacer hincapié en una visión de Merton que nace desde lo laico. Laicas son nuestras circunstancias, nuestra educación, nuestra vida y nuestro punto de vista.

Sabido es que Thomas Merton inspiró a muchas personas laicas a lo largo de su vida. Podríamos traer aquí un sinfín de nombres entre los que le trataron personalmente. La inspiración que ha vertido sobre quienes no tuvimos la dicha de conocerlo es incuestionable.

Archiconocida es su “iluminación en la esquina de la calle 43”, que podríamos calificar como una “iluminación laica” por sus circunstancias.

¿Quién no desearía haberse encontrado junto a Merton en el cruce de la Cuarta y Walnut en su momento clave de iluminación? Pero nadie acompaña en ese instante mínimo y sobrecogedor que lleva a una comprensión que es don gratuito.

Si la iluminación te sorprende en pleno centro comercial, como le pasó a Merton, nadie lo nota, sólo quien vive la experiencia única e inolvidable, de la que ya no se podrá desprender y a la que siempre podrá volver con la certeza de que vuelve al camino conocido.

Para el monje Thomas Merton que tantas horas de silencio y oración llevaba en su vida debió ser un shock maravilloso comprender en un instante que, toda aquella gente que le rodeaba y a la que no conocía, estaba iluminada por una luz que emanaba de un Amor que no se contabiliza porque se da de forma tan gratuita que nadie se puede esconder de él, aunque la mayoría nunca llegue a enterarse.

Reconocerse como uno más, sin privilegios, sin la etiqueta de una identidad privilegiada e ilusoria, fue parte de la liberación de ese instante de comprensión interior. La otra parte fue sentirse un destello más sumado a cada uno de los destellos que salen de cada ser humano, sea consciente de ello o no lo sea; se encuentre donde se encuentre y siga la vocación concreta a la que Dios le ha llamado.

Si nos encontráramos en lo que él llamaba le point vierge, ese punto interior que permanece intacto; estancia de Dios en lo escondido de cada uno, efectivamente no habría ni guerras, ni violencia, ni egoísmo, ni corrupción. Si nos reconociéramos a la luz de la semilla que plantó el Sembrador en el origen y que permanece oculta a nuestra comprensión y sensibilidad por capas de miedo, rodeada de muros y alambradas, olvidada por las distracciones del exterior que nos hacen perder el norte y el centro vital, diríamos con Merton: “Ellos no son ellos, sino mi propio yo. ¡No son extraños!”

No tiene nada de ilusoria la comprensión de un yo comunitario que abarca toda la humanidad desde que Dios quiso encarnarse en lo humano.

Dios y Merton tenían una cita en la esquina de la calle 4ª con Walnut aquel 18 de marzo de 1958. Pero Merton aún no lo sabía. Se llevó una buena sorpresa. Sorpresa y batacazo.

Dios le dio un buen revolcón. Revolcón trinitario: en tres partes. Tres estacazos que fueron sólo uno: un gran instante de luz, capaz de alimentar su vida entera y cuyo resplandor aún nos alcanza a nosotros hoy.

Primero lo despojó –en realidad lo liberó, como él mismo sintió- de toda su vanagloria. Tomó su ego hinchado, como la barriga de una oveja muerta, y lo pinchó.

Nuestros egos cuando se pinchan son como el globo de un niño que se le escapa y protesta con esa pedorreta larga y absurda que da risa. Así se queja nuestro ego. “Casi me eché a reír en voz alta” dice Merton. Hay que ser muy grande para reírse del ego de uno mismo.

Pero ¿con qué aguja pinchó Dios el ego de Merton? ¿Qué fue lo primero que sintió el monje? Que “amaba a toda aquella gente” escribe casi con sorpresa. El amor fue la aguja. El amor pincha nuestro ego. En nuestro espíritu no caben los dos: o tenemos el ego o ponemos el amor. Toda la ascesis debe conducir a ir reduciendo el espacio del ego para ir dando espacio al amor. Que el amor vaya creciendo y yo menguando…

El segundo destello fue el ver la realidad del ser humano. Todo hombre y toda mujer vistos por los ojos de Dios; y desde ahí, experimentar que a los ojos de Dios, él era un hombre más, tan amado por Él como todos los demás. Y que en esa oleada de amor, él los amaba también a todos.

“La alegría de ser hombre, dice, el glorioso destino de ser de la raza humana, que Dios eligió para encarnarse, para ser uno de nosotros. Si los hombres pudieran verse como realmente son, dice. Deambulan por el mundo brillando como el sol”.

Y una incontrolable sensación de unidad con todos ellos. Desde su soledad, irrenunciable y destinada, pero unido a todos. Cuando el amor se instala –se instale- en nosotros, los egos se retiran: somos uno. Pero no lo sabemos. Merton, sí.

El desierto, su desierto, no es un lugar de otro mundo sino de éste. Sólo hay un mundo, que todos compartimos. La soledad del monje es la otra cara del espejo del bullicio del mundo.

El tercer y último resplandor: el punto de la nada, de la pura verdad; su nombre escrito en nosotros. Dios en nosotros. Tomar contacto con este punto es la clave de todo, y lo cambia todo.

Queremos destacar sus tres últimas frases que concretan la verdad de ese momento: “No tengo programa para esa visión. Se da, simplemente. Pero la puerta del cielo está en todas partes”.

Si estamos abiertos a ello, cada paso que damos en nuestra vida, conduce a Dios. Cada una de las calles de nuestro mundo conduce a Dios, si queremos. No necesitamos ir a buscarlo a ningún lugar extraño o lejano, sólo hemos de recorrer el camino a nuestro corazón.

No es patrimonio de nadie, de ningún estilo de vida. No hay programa que conduzca a él, ni método ni guía. Es un don. Es dado. Y es simple. Simplicidad, esencia de lo cisterciense. Despojo de todo, apertura a Dios. Al Dios que vive en nuestras vidas como amor. Esa única realidad con miles de rostros, que son un solo Rostro.

Da igual dónde estemos, en la oficina, en la fábrica, en el supermercado, en la parada del autobús, el próximo paso que demos puede conducirnos a Dios. Más aún: o nos conduce a Dios o nos aleja de él. Cada paso cuenta. Así de simple. Lo único que importa es la dirección que tomemos, no los paisajes por los que atravesamos.

¿Qué diferencia a un laico de un monje? No es su mundo interior, sino las circunstancias externas en que vive. A grossomodo, uno vive apartado del mundo y el otro en medio del mismo. La misión del monje pasa por encontrar a Dios y vivirlo desde el apartamiento y la soledad. La misión del laico implica encontrar a Dios y vivirlo en medio del mundo, de la sociedad, de sus prójimos. Esta diferencia es sólo cuantitativa, no cualitativa.

La única forma que tiene el laico de poner a Dios en medio del mundo, no es una manera litúrgica, sacramental o sacerdotal, sino llevarlo allí, porque antes lo haya puesto en el centro de su corazón y a flor de piel de sus manos. Es decir, en el amor.

El monje vive en un mundo regulado, homogéneo, entre hermanos con los que comparte no sólo lugar, sino un mundo cultural, conceptual y vital. El monje vive en comunidad.

El laico, por el contrario, vive en un mundo diverso, entre gentes que unas veces comparten sus valores y otras no. Y a todos ha de amar. Gentes que unas veces aceptarán su presencia y otras la rechazarán y perseguirán. Entre gentes que, a través de las leyes injustas que a menudo rigen el mundo, la sociedad y los trabajos, por ejemplo, se aprovecharán de él y lo explotarán. Entre gentes de otros cultos a los que respetar.

Vive en una realidad cuyas implicaciones sociales, laborales, políticas, económicas, etc. lo interpelan y a las que ha de responder, con una palabra y desde el amor. Es un compromiso ineludible con la realidad. Un contemplativo no puede cerrar los ojos o mirar para otro lado. Ve a Dios en todo y ve todo en Dios.

Desde lo más abstracto a lo más concreto, un laico ha de crear su mundo: horarios, ropas, comidas, aficiones, uso del tiempo… En un monasterio, todo ello viene dado y al monje le queda la ardua tarea de amoldarse a ello. Pero un laico tiene todo eso por hacer. Y cada uno lo ha de hacer a su modo, según sus posibilidades. Otra de las características de lo laico: no hay recetas fijas.

Un monje quizá sea un experto en estabilidad, en firmeza de vida. Un laico es experto en fluir con las circunstancias que la vida le va poniendo: crianza de hijos, primero pequeños, luego adolescentes, mayores, los nietos, etc.; responsabilidades laborales crecientes o menguantes, solidaridades más comprometidas, verdadera entrega a una causa u otra. Si el monje es una montaña, el laico quizá sea regato, viento o… ¿será el valle?

Hoy vienes, hno. Thomas Merton, a preguntarnos sobre lo que vivimos o intentamos vivir en este tiempo, cincuenta años después de tu muerte. Y te contestamos tomando algunas de tus palabras pero puestas en plural: “Por aquí vamos decididos a “dedicarnos a vivir plenamente aquello por lo que queremos vivir” junto a otros, monjes, monjas, laicos y laicas, haciendo el camino del corazón, al encuentro con Dios.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Escucha

Jueves, 11 de octubre de 2018

Del blog Nova Bella:

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No hace falta que salgas de la habitación. Quédate sentado a la mesa y escucha. Ni siquiera escuches, simplemente espera. Ni siquiera esperes. Quédate en silencio, en quietud y en solitario. El mundo se ofrecerá libremente a ti. Será desenmascarado, no tiene elección. Se desplegará en éxtasis a tus pies.

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Franz Kafka

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Silencio

Martes, 2 de octubre de 2018

Del blog Nova Bella:

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Necesitamos silencio para ser humanos y para reconocernos en los otros. En este sentido, es cierto que lo contrario del silencio sería ese ruido infinito. A veces digo que, precisamente, la misión del arte y, en particular, la del teatro, es estar a la escucha del mundo, pero no devolver al mundo su ruido, sino su poesía

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Juan Mayorga

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Sin palabras

Sábado, 29 de septiembre de 2018

Del blog Nova Bella:

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A uno le dejan sin palabras el dolor propio y de los otros,

pero también la belleza de los otros;

la belleza de un ser humano puede dejarnos sin palabras

o podemos sentir que no debemos acompañarla de palabras.

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Juan Mayorga

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Recuperar lo invisible, lo esencial

Jueves, 13 de septiembre de 2018

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Sí, lo invisible, lo que no se ve con los “ojos de la carne” (cuando los levantamos de la pantalla del móvil), lo que en muchas ocasiones, si no todas, es lo verdaderamente esencial, que decía el Pequeño Príncipe.

Y digo recuperar porque se nos ha perdido entre el bullicio de la vida, que es preciosa, sí, pero no perfecta, ni tan siquiera plena.

Para recuperar lo invisible, lo esencial, necesitamos silenciar nuestra mente, también nuestra alma, y por supuesto callar la boca.

No hace mucho escuchaba a alguien decir que necesita el silencio para vivir, que en cuanto puede apaga radios, teléfonos, televisores y todo aquello que pueda impedirle tener un mínimo de silencio. “Estamos hechos pra el silencio, es nuestro medio natural”, decía.

Pues sí, yo también lo creo, y si al silencio le añades unas raciones de soledad… el menú está bastante equilibrado.

Muchas veces caminamos en la oscuridad del ruido, y sabemos qué es lo que tenemos que hacer para encontrar la claridad del silencio pero… nos da cierto temor. Porque el silencio nos calma la vida en un primer momento pero es lo bastante ruidoso como para despertar a los demonios internos y entonces, ya sí, liarla parda.

Lo bueno de los demonios es que son bastante cobardes, y existen remedios eficaces contra ellos, solo hay que tener cierta disciplina en ls dosis, y querer echarlos.

Porque el silencio también es escurridizo y si percibe que no es muy bien recibido escurre el bulto y se va a otra vida a recuperar lo invisible, lo esencial.

El silencio es lo presente, lo real, lo que tienes y vives. Es la no huida, la acogida y la humildad.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“El poder del silencio en el trabajo por la justicia”

Lunes, 10 de septiembre de 2018

pic-mary-huntPonencia de Mary Hunt en el XXXVIII Congreso de Teología Juan XXIII

“El silencio no es para los tímidos”. Y mal usado “puede ser una trampa especialmente para las mujeres y otros que han sido marginados”

(Mary E. Hunt. Teóloga feminista. USA).- Por favor, únanse a mí en dos minutos de silencio comunitario. Gracias. Buenas tardes. Estoy encantada de estar con ustedes finalmente para esta conferencia. Mis más sinceras gracias a Juan José Tamayo y a Margarita Pintos por invitarme y organizar un tiempo delicioso en Madrid. Me sentí honrada de haber sido invitada en varios años, pero un compromiso con una conferencia de mujeres todos los años en esta fecha me impidió decir que sí. Estoy agradecida de estar aquí ahora. Me disculpo por mis errores en español, pero sé que el mal español es preferible al perfecto inglés.

Este fin de semana he aprendido mucho sobre las muchas formas en que la espiritualidad y la justicia se superponen. Mi contribución es mirar “El poder del silencio en el trabajo de la justicia”. Esta apreciación de la contemplación es un elemento esencial para hacer un cambio social. Lo hago desde una perspectiva feminista basada en la tradición católica y profundamente endeudada con otras formas de espiritualidad.

Comienzo con mi contexto, a saber, la comunidad progresista de los Estados Unidos. Luego, hablaré sobre la importancia de la meditación / contemplación en términos sociales amplios, ofreceré ejemplos contemporáneos de cómo funciona, y concluiré con el papel de la oración contemplativa en el sostenimiento de las energías.

Contexto:

Vengo desde los Estados Unidos, donde nos vemos envueltos en una situación política escandalosa y peligrosa. Se ve empeorado por la avaricia, la discriminación, la xenophobia, y el desprecio por el medio ambiente. El final de la administración Trump no puede llegar lo suficientemente pronto para el bien del mundo.

Mientras tanto, yo, como muchos estadounidenses, me opongo a las políticas de “Hacer que Estados Unidos sea grandioso de nuevo” (“Make America Great Again“) con cada fibra de nuestro ser. Las próximas elecciones son cruciales para cambiar el rumbo desastroso en el que nos encontramos. Las personas ricas y poderosas ganan exponencialmente más, mientras que los inmigrantes adultos en un país de inmigrantes son arrancados de sus hijos y los ciudadanos pobres no tienen cuidado de la salud, la educación y los empleos que merecen. Lo más difícil para mí es saber que un gran porcentaje de la población, lo suficiente para elegirlo, está de acuerdo con los métodos de Trump. Cambiar esas actitudes es crucial para hacer un cambio social.

Entonces, la meditación, que algunos creen que puede transformar los campos de energía, es una herramienta bienvenida, aunque de ninguna manera sustituye el trabajo duro de organizar, lobby, registrar votantes y el resto necesario para detener la marea.

También vengo del extremo progresivo del espectro religioso enraizado en la tradición católica. Como feminista, hace tiempo que rechazo lo que Elisabeth Schüssler Fiorenza útilmente definido como la iglesia ‘kyriarchal’. ‘Kyriarchy’ es las formas de opresión inter-estructuradas que crean las condiciones para la injusticia. La Iglesia católica institucional es una que literalmente “señorea” al clero sobre los laicos, a los hombres sobre las mujeres, a los religiosos sobre los seculares. Las feministas en la religión se han adscrito a este análisis durante décadas, creando abundante investigación y recursos para superarlo.

El resto del mundo nos está mostrando ahora que la institución católica se encuentra en el descrédito global y pronto en la ruina financiera. Informes recientes sobre la conducta criminal del clero católico y su encubrimiento por parte de funcionarios de la iglesia en los más altos niveles marcan el final de la Iglesia Católica Romana tal como la conocíamos en los Estados Unidos y tal vez en el resto del mundo.

Los católicos representan el 20% de la población de EE. UU., 51 millones de adultos en los EE. UU., aproximadamente 3 millones menos que en 2007. El porcentaje de católicos que asiste a misa semanal cayó un 6% del 2014 al 2017 con cifras actuales muy por debajo del 40%. Somos muy similares a muchos países europeos como España y la antigua Irlanda católica.

Los católicos de EE. UU. están disgustados y desmoralizados por un reciente informe del gran jurado que documentó más de 1.000 niños violados y abusado por más de 300 sacerdotes en un solo estado con 49 estados más donde se deben realizar investigaciones similares. Los funcionarios legales aseguran que las cifras reales de víctimas / sobrevivientes son mucho más altas de lo que se informa. El informe reveló que los obispos reasignaban rutinariamente al clero criminal en lugar de prohibirles el ministerio. Este es un problema nacional ya que los sacerdotes se mueven como si se tratara de un tablero de ajedrez gigante de una parroquia a otra dentro de una diócesis o de una diócesis a otra en todo el país.

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En el caso de Theodore McCarrick, cardenal arzobispo de Washington DC, el público se enteró de que algunos obispos son delincuentes. McCarrick es acusado creíblemente no solo de pedofilia, sino también de actos sexuales con personas a su servicio, a saber, seminaristas y sacerdotes. Si bien tales infracciones en el lugar de trabajo no siempre son criminales según la legislación de EE. UU., siempre están fuera de normas éticas. Parece que el sexo con el jefe era importante para avanzar en el sistema clerical. Esto arroja dudas sobre todos los clérigos de más alto nivel. ¿Obtuvieron sus trabajos debido a su competencia o debido al cumplimiento en un sistema despreciable?

Tal vez el asunto más difícil en el caso de McCarrick ha sido la respuesta de los miembros del clero que “todos sabían”. Si “todos sabían”, ¿cómo llegó a ser cardenal, el jefe de una de las diócesis más prestigiosas, ¿cómo ganó la confianza del Papa y llegó a ser un portavoz clave contra el abuso sexual del clero? Las acusaciones del Arzobispo Carlo Maria Viganò, el ex Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, de que incluso el Papa Francisco era consciente de que un papa anterior había sancionado a McCarrick, agrega otra capa de engaño a toda esta repugnante escena.

Obviamente, la mentira sistemática y la duplicidad caracterizan el “negocio de lo normal” (“business as usual“) en la iglesia institucional católica. Esta es la norma en una estructura que otorga un poder desproporcionado al clero sobre los laicos. Es una cultura enfermiza de sexualidad reprimida y desinformada, un caso de kyriarchy escribe grande.

Por estas y otras razones, creo que la institución católica ha seguido su curso. Pero los desafíos de la vida cotidiana: un niño se enferma, un padre muere, uno pierde su trabajo, una relación termina, continúa y la gente necesita recursos pastorales y espirituales para tratar con ellos. Millones de personas que solían ser católicas buscarán en otra parte en su búsqueda de ser religiosos.

Por supuesto, algunos dejarán de lado la religión por completo, una opción comprensible. Pero debido a que tanto trabajo de justicia social es impulsado por una ética basada en la religión, me preocupa de dónde vendrá la motivación para que la gente se mantenga comprometida. Creo que es importante mantener los contornos de los valores construidos interreligiosamente. Algunos de nosotros traemos contenido cristiano, católico y liberacionista.

Las feministas han sabido este problema por décadas: la misma tradición religiosa que nos dio nuestros valores más profundos era completamente insegura en forma institucional. Mientras que Jesús todavía podría tener alguna apelación, la institución nos repele.  Un objetivo de la Convergencia Mujer-Iglesia, por ejemplo, no ha sido reformar o reestructurar la iglesia institucional, sino dejar que las necesidades del mundo, y no las fallas de la iglesia, establezcan nuestra agenda.

Creo que esto es común en el mundo posmoderno donde las preocupaciones religiosas del pasado han sido reemplazadas por los problemas morales del futuro. Si eso es cierto, entonces nuestra audiencia es mucho más grande de lo que imaginamos. Es irónico en un momento en que una importante institución religiosa está en colapso y gran parte de sus enseñanzas y prácticas son recibidas con escepticismo y rechazo total, ¡y son los teóloga/os de la liberación y nuestra/os colegas quienes todavía están en pie! Durante mucho tiempo he predicho que los que fuimos vistos como herejes por papas y cardenales tendremos más probabilidades de ser juzgados por la historia como apologistas de los valores del Evangelio.

Décadas de trabajo de grupos católicos como Dignity, Women-Church Convergence, comunidades eucarísticas intencionales y muchos de los grupos que patrocinan esta reunión para vivir una fe que hace justicia allanan el camino para nuevas modelos en la era posmoderna. Pero la pregunta para muchas personas es por dónde empezar.
Propongo que el silencio contemplativo es un buen punto de partida. Escuchar las profundas agitaciones del universo no dará todas las respuestas. Pero el silencio contemplativo dará tiempo para que el Espíritu emerja en medio del estruendo de la injusticia.

El peor resultado posible de la debacle política de los EE. UU. sería olvidar nuestra historia como un experimento en democracia y un refugio para aquellos que huyen de la persecución. Del mismo modo, el peor resultado de la desaparición de la institución católica sería que la gente dejara de lado el poderoso mensaje de amor y justicia de la tradición, para confundir esos conceptos básicos con una institución que ha demostrado ser incapaz de llevar la carga del Evangelio. El silencio hace espacio para que todo eso surja.

Título:

El título de mi conferencia, “El poder del silencio en el trabajo de la justicia” está inspirado en la gran ética feminista Beverly Wildung Harrison. Publicó Nuestro derecho a elegir: hacia una nueva ética del aborto en 1984, que sigue siendo el tratamiento feminista cristiano definitivo del aborto. Mi título es un riff sobre la conferencia / artículo que dio titulado “El poder de la ira en el trabajo del amor.” Como defensora de la justicia social presbiteriana desde hace mucho tiempo, especialmente para las mujeres, escribió: “Mi método teológico está en consonancia con esas otras teologías de la liberación que afirman que lo que es auténtico en la historia de la fe surge únicamente del crisol de la lucha humana … debemos aprender lo que debemos saber sobre el amor de la inmersión en la lucha por la justicia.” (p. 8) “La ira no es la opuesto al amor Se entiende mejor como una señal de sentimiento de que no todo está bien en nuestra relación con otras personas o grupos o con el mundo que nos rodea. La ira es un modo de conexión con los demás y siempre es una forma vívida de cuidado … Donde la ira se eleva, allí está presente la energía para actuar “(p. 14).

De forma paralela, afirmo que el silencio no es lo opuesto a la acción o las palabras. Más bien, entrar en silencio es entrar más profundamente, indefenso en las realidades del mundo. No se trata de aislarse de las luchas del mundo, sino de abrazarlas al nivel más profundo incluso cuando el abrazo ocasiona desesperación, incluso cuando las soluciones humanas parecen imposibles.

El silencio no es para los tímidos. No es un aliado de la inacción. El silencio es una fuente de poder, perspicacia y perspectiva. El silencio afina y mejora las ideas; ayuda a hacer que el Espíritu y no el Ego sean primarios. El silencio no es fácil. Pero es esencial para el proceso de hacer justicia en la medida en que brinda al buscador de justicia un ancla confiable, algo de protección en las aguas agitadas de la vida cotidiana.

La filósofa mística del siglo XII Hildegard de Bingen lo expresó de esta manera: “No está lejos de las orillas del silencio hasta los límites del habla. El camino no es largo, pero el camino es profundo. No solo debes caminar allí, debes estar preparado para saltar.” Con Hildegard, afirmo esta conexión íntima entre el silencio y el habla y nos urge a dar un salto juntos.

Tomemos otros dos minutos para saltar al silencio comunitario antes de continuar. Gracias.

1. La importancia de la meditación / contemplación en términos sociales amplios

Es fascinante observar que a medida que la hegemonía cristiana pierde terreno en el Occidente, crecen los anhelos del espíritu humano por el significado y el valor, por la conexión y la comunidad, por la justicia y la paz. Así que no es sorprendente ver la maravillosa proliferación de muchas formas de práctica contemplativa, desde las formas budistas de sentarse hasta el yoga, incluido el yoga caliente que es bastante popular. Es común que los jóvenes incluyan alguna forma de estas prácticas en sus rutinas habituales, no necesariamente atribuyéndoles ningún valor religioso, sino entendiendo la salud y el bienestar general involucrados. Después de todo, se supone que la meditación es útil para el control de la presión arterial, la reducción del estrés y para la integración personal básica y el equilibrio.

Nada de esto es trivial para quienes trabajan en el cambio social. Conocemos el estrés de dictadores opuestos, autócratas, racistas e incluso jerarcas eclesiásticos. Aún así, soy profundamente escéptica de la comercialización de la espiritualidad. Encuentro pernicioso que proveedores poco escrupulosos de soluciones espirituales vendan virtualmente cualquier cosa a personas que buscan significado y valor. Creo que las personas que buscan son particularmente susceptibles a esos vendedores ambulantes. El silencio no está a la venta.

Lo que está ampliamente disponible es la persistente sabiduría religiosa sobre la contemplación que me lleva a definirla como “la parte más profunda de mí tocando en la parte más profunda de la creación y la parte más profunda de la creación tocando en lo más profundo de mí.” Aprendo de los hindúes y budistas, por no mencionar los primeros contemplativos cristianos de los Padres del Desierto a Mechtild de Magdeburgo, Juliana de Norwich e Hildegard de Bingen. A la luz de nuestra emergencia ecológica planetaria, el mío es un enfoque práctico que refleja tantos otros esfuerzos religiosos y refracta como un prisma la razón concreta y decidida para unir nuestras energías en la contemplación comunitaria con la expectativa razonable de que cambiará las cosas.

2. Ejemplos contemporáneos

Como una defensora feminista de la justicia social ocupada con las injusticias de la Iglesia y el Estado, debo decir que, a pesar de todo mi trabajo como teólogo de la liberación, casi siempre di la liturgia, el ritual y la oración al último lugar. Pero hace unos veinte años, pasé varias semanas viviendo en una yurta en las montañas de Nuevo México como parte de un retiro para activistas sociales con el objetivo de evitar que nos quemáramos. Fue una inmersión en el silencio y la meditación budista que resultó muy útil para alejarme de un cinismo bien desarrollado, creado por una relación demasiado estrecha con las cosas católicas. Leer más…

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Decir algo nuevo.

Viernes, 31 de agosto de 2018

hombre-y-tierra-seca-fondoDice Amos Oz en su estupendo libro Queridos fanáticos que “cuando un joven se acerca a la Torá el día de su baz mitzvá, no le preguntan: ‘mi dulce niño, ¿qué has aprendido hoy en el colegio?’, no le piden que recite lo que ha oído decir a los maestros ni lo que ha leído en los libros. Al contrario, le piden: ‘di algo novedoso’. Es decir, danos algo original. Tuyo. Aunque tenga un significado pequeño, secundario, marginal, pero que sea algo que exprese una reflexión a la que tú mismo hayas llegado con los textos que has estudiado. También al novio en el día de su boda en la sinagoga se le pide ‘decir algo novedoso’. Este es, al parecer, el núcleo creativo de la cultura judía, que pasa de generación en generación excepto en los periodos en que esa cultura tiende a petrificarse” (p.70).

Es que decir algo novedoso en ámbitos de fe cristiana está llegando a ser urgente, de tan rutinario y petrificado que se encuentra el lenguaje religioso. El cansancio es enorme; los fieles se saben de memoria lo tantas veces repetido; los religiosos y religiosas se duermen, literalmente, ante una exposición de la fe, del Evangelio, que se la saben de memoria antes de que el predicador despegue los labios. Un cansancio de proporciones gigantescas envuelve la propuesta religiosa. Incluso más, hay quien dice que ese discurso archirrepetido es “la sana doctrina”, lo que hay que decir, aunque el bostezo llegue a ser de proporciones cósmicas.

¿Tan difícil resulta decir algo nuevo? No nos referimos a nuevas doctrinas que se sumen al cúmulo del cansancio ya citado. Tampoco nos referimos a novedades esnobistas que saltan de rama en rama sin terminar de poner el huevo en ningún lugar, ni de dar bibliografías inacabables que nadie lee. Se trata de decir algo “tuyo”, elaborado por ti, pensado por ti, cocido en el horno de tu interior y propuesto con el brillo en los ojos de quien ha visto lo que nace y con la modestia de quien cree que, tal vez, no sirva para mucho.

Es necesario decir algo nuevo sobre este viejo cosmos en el que viajamos a velocidades increíbles. El Papa Francisco habla de una “mirada nueva” sobre lo creado, porque nuestra mirada se ha hecho vieja sin siquiera mirar con amor a lo que nos rodea. Algunos, como Francisco de Asís, lograron ver desde ese lado distinto. Por eso, su candidez sigue todavía cautivando a tantos

Se precisa decir algo nuevo sobre una sociedad envejecida no solamente en años sino en el corazón, que sucumbe a los costrones de una rutina consagrada por toda clase de protocolos. Cuando ocurre que alguien apunta a lo nuevo, por más que termine en los caminos de siempre, hay miles de cuellos y de orejas que se levantan intuyendo ahí el viento que puede hacer respirables nuestros cansinos pasos por nuestras ciudades.

Sería también buenísimo decir algo nuevo a la Iglesia, tan vieja que hay que hacer esfuerzos gigantescos para que el tinglado no se venga abajo. Algo nuevo desde una visión extrasistémica, desde una libertad que está oculta en el polvo de los siglos, desde un anhelo que, con paz, viene a decir que hay muy poco que hacer por los caminos de siempre y que los esfuerzos de tantos creyentes de buena voluntad serían más fecundos en otros horizontes, y que estos horizontes soñados no vienen de los ya conocidos, porque los de siempre no saben sino repetir y repetir lo de siempre.

Quizá el silencio puede ser algo nuevo cuando no se tiene una palabra distinta que decir. Pero es cierto que si llegas a decir algo nuevo, algo tuyo, hay una tierra sedienta que espera ansiosa esa lluvia.

Fidel Aizpurúa Donazar

 Fuente Fe Adulta

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Percusión

Martes, 7 de agosto de 2018

Del blog Nova Bella:

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“En lo hondo del silencio me haces percusión”

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