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“Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”, por Antonio Gil de Zúñiga,

Sábado, 5 de septiembre de 2020

diciembre03Esta reflexión tiene como punto de partida el tema del último número de Iglesia Viva, ¿“Todavía el Reino de Dios”?, y quiere ser un recuerdo de un gran testigo del Reino de Dios: Pedro Casaldáliga

      Desde una perspectiva lingüística hacer referencia al Reino de Dios parece que está fuera de lugar, puesto que para todo lo relativo al reino y a la monarquía, sobre todo en nuestro país, no corren tiempos propicios; pero desde el punto de vista bíblico tiene su significado y contenido propios, y, creo, que hoy día se puede aplicar con todo su vigor y amplitud de significado.

      Jesús de Nazaret, siguiendo la tradición veterotestamentaria, emplea el término “Reino de Dios”, pero, como explicó a Poncio Pilato, su reino no es de este mundo, es decir, no tiene la estructura de poder como los reinos del mundo, porque, aunque se trate de un reino, no hay poder, sino amor, siendo Dios el epicentro del mismo, y la relación de Dios con sus “súbditos” viene marcada por el amor, la comprensión y la misericordia y éste es el mismo principio que ha regir la relación de los miembros del reino entre sí. En este reino no impera la ley, la norma o la autoridad, sino la libertad, el amor, la comprensión y la misericordia.

      La comunidad humana que configura el Reino de Dios, y era la pretensión fundacional de Jesús de Nazaret, se integra en torno a unos valores éticos propuestos en las bienaventuranzas, en la parábola del samaritano, en el llamado “juicio final”, etc., cuyas coordenadas son el amor y la misericordia. Se trata de una vivencia tanto personal como comunitaria que se relaciona verticalmente con Dios y con los demás en su horizontalidad. No hay leyes o normas externas que marquen ce por be lo que se debe hacer en cada momento, puesto que “el sábado está hecho para el hombre” y no al revés. Así lo entendió y así lo practicó la Iglesia primitiva de Jerusalén, cuando, según el relato de los Hechos de los Apóstoles, permanecían juntos, en comunidad, unidos en la oración y en la fracción del pan y no había necesitados entre ellos, porque todo lo ponían en común.

    diciembre15  Cuando el Reino de Dios se institucionaliza sin más, se convierte en Iglesia, como dice A. Loisy: “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”. La estructura institucional es necesaria en todo quehacer organizativo humano, pero no puede ser el epicentro hasta el punto de desbancar a la vivencia personal y comunitaria, a la libertad personal y comunitaria, al estar todo controlado por la norma y la ley. Como advertía el profeta Isaías ( Is 2,1-5) la norma viene del templo, que es tanto como decir del clero, de la jerarquía. El Reino de Dios se convierte en Iglesia y ésta en “sociedad perfecta”, en un Estado; una sociedad política más, controlada por el poder y por la ley, y si es dictatorial, mejor, abandonando así las exigencias de ese Reino.

      No llegó a buen puerto el intento de san Agustín de Hipona de identificar Iglesia y Reino de Dios en su De civitate Dei, menoscabando, sobre todo, el concepto de Reino de Dios, como lo evidencia la Historia de la Iglesia y del Papado a través de los tiempos; tiempos de cismas, de cruzadas bélicas, de poder político y religioso (el papa mediante el llamado “poder de las dos espadas”, como ya reconocía a finales del s. V el papa Gelasio I en su carta al emperador Anastasio, controla el poder político y el religioso), de anatemas de herejes y de doctrinas (como ocurría en los Concilios, en el anecdotario del Vaticano II se recoge la extrañeza de los obispos españoles porque no se proponía ninguna condena de doctrina y no se declaraba ningún dogma), de Syllabus condenatorios de asuntos sociales, políticos, religiosos… Es conmovedor, a este respecto, el testimonio del teólogo francés Y. Congar (la lista de testimonios sería larguísima), que recoge en sus Diarios, y que soportó tres “exilios” impuestos por el poder vaticano y por su Orden de dominicos como consecuencia de sus reflexiones teológicas, al parecer, contrarias a las posiciones “oficiales”: “Acepto a Dios, su visita… No acepto a la Gestapo… No tengo derecho a sacrificar el servicio a la verdad”.

 enero10     Con el reduccionismo del Reino de Dios a la Iglesia, éste pierde su vitalidad y la Iglesia se transforma más en Estado, en sociedad política, que en comunidad de creyentes en el Cristo resucitado. La Iglesia, católica por supuesto, no es el Reino de Dios; éste es un concepto más amplio y comprensivo, como cuando se decía que fuera de la Iglesia, católica por supuesto, no hay salvación, doctrina que corrigió el concilio Vaticano II. Ahora bien, la Iglesia ha de asemejarse al Reino de Dios, puesto que es factor importante para que Dios reine en el mundo y para ello ha de asumir los paradigmas de dicho Reino: más amor y misericordia y menos leyes y normas; más acogida a los pobres, a los emigrantes y refugiados, a los oprimidos, a los sin techos… y menos riquezas y propiedades; más disponibilidad de servicio y menos exaltación de poder y mando, como recomendaba san Bernardo de Claraval a su amigo el papa Eugenio III: “Te dejas agobiar por toda clase de juicios sobre toda suerte de cosas exteriores y seculares; sólo te oigo hablar de juicios y leyes; todo ello, y las pretensiones de riquezas y de prestigio, proviene de Constantino, y no de Pedro.

      La Iglesia como motor imprescindible para llevar a cabo el Reino de Dios en la tierra ha de eliminar otro reduccionismo enormemente dañino y perjudicial para la propia Iglesia: considerar el Reino de Dios como algo escatológico, situarlo en el más allá. Los valores éticos y religiosos del Reino de Dios pertenecen a la historia y no se pueden aplazar al final escatológico. Es una contradicción que clama al cielo que la Iglesia pretenda transformar la realidad histórica desde el pietismo, desde la fe sin más: lo único que importa es la relación personal con Dios sin tener en cuenta la realidad que nos circunda. La fe es don, pero también es tarea, un quehacer liberador y transformador de la realidad que no se ajuste a los valores éticos del programa de la Bienaventuranzas. Como sugiere I. Ellacuría, el Reino de Dios supera la dualidad entre lo personal y lo estructural, entre ética social y ética individual, pero no es sólo cuestión de fe, sino también de obras, de praxis configurada por el evangelio de Jesús de Nazaret.

Fuente Atrio

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El silencio de Dios cuando no hay profetas

Jueves, 20 de agosto de 2020

27CDel blog de Eduardo de la Serna Un oído en el Evangelio y otro en el Pueblo:

La teología tradicional (o al menos en muchos ambientes) del Israel de tiempos neotestamentarios sostenía que Dios, enojado con su pueblo, había retirado su espíritu y se había “encerrado” en el séptimo cielo. Era por eso que ya no había “profetas” en Israel (una característica de los profetas es que hablaban movidos por el espíritu de Dios).

No existen ya profetas, ni nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo” (Sal 74,9) Tribulación tan grande no sufrió Israel desde los tiempos en que dejaron de aparecer profetas (1 Mac 9,27) Ahora, la justicia se ha convocado y los profetas duermen (Apocalipsis [sir.] de Baruc) … “ya no hubo sucesión exacta de profetas” (Flavio Josefo)

En la Biblia, los y las profetas son aquellos y aquellas que hablan de parte de Dios en un determinado momento histórico. Pero Israel ha experimentado que, en ese tiempo, nadie lo hace. Nadie muestra caminos, confronta errores, alienta esperanzas, y Dios parece callar.

Sería falso, además de infantil, pensar que los profetas fueron un grupo muy pequeño, de un tiempo muy pequeño, de un espacio geográfico muy pequeño de la humanidad.  Nuestra historia de América Latina estuvo cargada de profetas (lo cual no significa – en coherencia con los profetas bíblicos, por ejemplo – que estos fueran escuchados).

Antes de avanzar quisiera poner un ejemplo bíblico y compararlo con los tiempos actuales. En su tiempo histórico, el profeta Jeremías la pasó muy mal: fue perseguido, amenazado, combatido y vilipendiado… pero con el tiempo el pueblo supo reconocer que las palabras de Jeremías venían de Dios, mientras que no era así con las palabras oficiales que lo combatían, incluso de “falsos profetas” (ese proceso es el que teológicamente se llama “recepción”; que no es lo que determina la oficialidad, sino la asimilación creyente del pueblo de Dios de las palabras que reconoce como de su parte). Algo semejante podemos mirar en la reacción de cierta oficialidad eclesiástica de los documentos de Medellín, el conflicto en Puebla, la intervención en Santo Domingo y la manipulación de Aparecida… Es evidente que Medellín significó una primavera, Puebla supo mantenerla a pesar de algunos “frenazos”, Santo Domingo pasó al olvido sin pena ni gloria y Aparecida apenas es recordada. Y si miramos la “intervención” vaticana, ausente en Medellín, incipiente en Puebla, total en Santo Domingo y potente en Aparecida, quizás haya que sospechar que la intervención del Espíritu Santo en la comunidad eclesial es inversamente proporcional a las intervenciones vaticanas. No que el Espíritu no sople en la iglesia, sino que la iglesia debe aprender a escucharlo y no a imponerse. Que es distinto.

Y si miramos las voces, las pronunciadas y las calladas, a lo mejor también podamos ver y entender la relación entre el espíritu, los profetas y el “silencio de Dios”.

Hablamos de documentos episcopales, y debemos señalar que hemos tenido obispos profetas (aunque tal cosa parezca un oxímoron). Basta mirar los obispos gestores de Medellín, muchos todavía vigentes en Puebla, ausentes en Santo Domingo y también en Aparecida.  No estaría de más una simple pregunta: ¿podemos mencionar 10 obispos proféticos latinoamericanos de tiempos de Pablo VI? Seguramente la respuesta sea fácil y rápida. En cambio, ¿podemos nombrar 10 obispos proféticos latinoamericanos de tiempos de Juan Pablo / Benito / Francisco? Personalmente creo que se tardaría muchísimo en poder llegar siquiera a insinuar tres.

Acaba de morir uno de los últimos obispos profetas: Pedro Casaldáliga. Lo último que hizo, que yo sepa, es firmar, con otros obispos, un texto crítico contra el actual gobierno de su país, Brasil. Hasta desde el silencio de su Parkinson y postración, su voz seguía resonando. Entre tanto, tocará seguir esperando que algún “día” Dios “rasgue” su cielo, y haga soplar su espíritu con una fuerza que no pueda callarse, ni siquiera desde los muros vaticanos, y el espíritu marque caminos siempre nuevos de vida y desafíos, de creatividad y esperanza, de entusiasmo y profecía. Algunos creemos que la iglesia depende de eso.

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Festividad de La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

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ASUNCION

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe… Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”

*

Martín Lutero,
1483-1546

***

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***

María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …

Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible

Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.

Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.

Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.

Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.

Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.

*

Michel Hubaut
Oración extraída de « Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986

*

2-1

***

María, en su canto de alabanza, no engrandeció a Dios sólo de una manera abstracta por haber «levantado a los humildes» y haber «llenado de bienes a los hambrientos», sino que lo hizo indudablemente también porque conocía esta bajeza ante Dios mejor que cualquier otra criatura: Dios, el poderoso, en efecto, «ha mirado la humildad de su sierva», y por esa mirada proyectada sobre ella, no por su ensalzamiento, ella se alegra por «la grandeza del Señor». Si bien María era materialmente pobre, no se alegra por los dones materiales que le fueron concedidos […], sino por el don inaudito de una maternidad mesiánica, que no era tanto un don hecho a ella personalmente como un acto de misericordia hacia su «siervo Israel», que ha obtenido la «semilla de Abrahán»por la que había suspirado tanto tiempo. En su opción en favor de los pobres, María es perfectamente ella misma, no se ha alienado en absoluto en «otra María».

Sabe que ha llegado a ser Madre de una manera única e incomparable por pura gracia, y Madre no sólo de su único Hijo, sino, en él, de todos aquellos que mediante él y en él se han convertido en hijos e hijas de Dios en la Iglesia. (Y cuando aquí hablamos de Iglesia, sus confines permanecen indefinidos, porque la gracia de la redención de Cristo ha llegado, en efecto, a todos los hombres que nacieron antes que él y después de él.) «La mediación de María está ligada, efectivamente, a su maternidad, posee un carácter específicamente materno»(Redemptoris Mater 38) y, por eso, ella es el centro de la «comunión de los santos», «está como envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos» (Redemptoris Mater 41), de esa capacidad de ser-para-los-otros en el Reino de Dios como coronamiento sobrenatural de la estupenda posibilidad ya en el plano natural, o sea, de la capacidad de poderse apoyar y ayudar recíprocamente.

*

H. U. von Balthasar, «Comentario a la encíclica “Redemptoris Mater”», en H. U. von Balthasar – J. Ratzinger, María. El sí de Dios al hombreo. Introducción y comentario a la encíclica«Redemptoris Mater», Brescia 31988, pp. 56ss, passim)

***

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Benjamín Forcano: “Con la muerte, Diosy yo (P. Casaldaliga) vendremos definitivos”

Viernes, 14 de agosto de 2020

31576163_2021967071386875_1908126920185217024_n“Casaldáliga; ronda que te ronda”

Desde hace años, se cernía en el aire el temor a que pudiera suceder lo de hoy: la muerte de Dom Pedro Casaldáliga, obispo del Mato Grosso en Sao Félix de Aaraguaia (Brasil)

Se han hecho realidad aquellas palabras suyas, que poéticamente plasmó en soneto:

Ya la acogí, en la sombras, muchas veces / y la temí, rondándome, callada. / No era el vino nupcial, eran sus heces, / era el miedo al amor, más que la amada

En esta nuestra sociedad hoy en tantos aspectos manipulada y esclavizada, el ejemplo que nos deja Pedro Casaldáliga es señal, luz y camino para vivir con dignidad y autonomía, con libertad, con pobreza, con profecía y esperanza

Desde hace años, se cernía en el aire el temor a que pudiera suceder lo de hoy: la muerte de Dom Pedro Casaldáliga, obispo del Mato Grosso en Sao Félix de Aaraguaia (Brasil).

Ha sido una muerte anunciada, agravada por la presencia del hermano parkison por más de 20 años. Sin duda nuestro querido Pedro sabía bien cuando afirmaba que la cárcel y la enfermedad había que considerarlos como dos sacramentos más.

Se han hecho realidad aquellas palabras suyas, que poéticamente plasmó en soneto:

Ya la acogí, en la sombras, muchas veces
y la temí, rondándome, callada.
No era el vino nupcial, eran sus heces,
era el miedo al amor, más que la amada.

Pero sé que vendrá. Confío en ella,
Amada fiel de todos y maldita.
No hay modo de escapar a su querella.
Sin hora y sin lugar, ella es la cita.

Vendra. Saldrá de mí. La llevo dentro
desde que soy. Y voy hacia su encuentro
Con todo el peso de mis años vivos.

Pero vendrá… para pasar de largo.
Y en la centella de su beso amargo
Vendremos Dios y yo definitivos.

La muerte impone casi obligatorio, no ya el toque de campanas, sino la despedida o escrito que realce los méritos del fallecido.

En el caso de Casaldáliga, los méritos son superconocidos, me voy a limitar a destacar algunos principios y hechos, sin los que no se podría entender el sendero de su vida.

Este obispo POETA, con una carrera que sobrepasa los 92 años, nació en Balsareny (Cataluña) en febrero de 1928,+ de una familia católica y de derechas, la revolución del 36 le coge en zona roja. No podía ir a la escuela entre semana, por ser mixta y atea; no había misa ni catecismo los domingos; pero se confesaba en establos y galerías y ayudaba a Misa en eucaristías de catacumba. Aprendió a amparar y encubrir a los desertores; supo cómo a su tío Luis y dos compañeros más los mataron los rojos.

Pedro presumía de requeté porque sonaba a oposición. Una tarde entró en el cuarto de sus padres, se echó al cuello de su madre y, rompiendo a llorar, le dijo: “Vull ser capellá, mare”.

A sus 12 años, entra en el seminario de Vic . Allí deja bien clara su voluntad de ser “poeta” y se enciende su vocación misionera. Y de Vic a Cervera, Alagón, Barbastro, Vic, Solsona y Valls, donde culmina su carrera ordenándose sacerdote a los 24 años en el césped olímplico del Estadio de Montjuitch.

En el plazo de estos 12 años, – oscurantistas y heroicos- Pedro, dentro de una formación común a todos los demás seminarios, abriga deseos de hacer “revolución desde dentro” y se apuntaba a todo lo que oliese a inciativa comprometida.

A la poesía tuvo que despedirla definitivamente “como una amiga imposible” por aquello de que la literatura tenía muy mala prensa entre los maestros espirituales.

A los 24 años, lleno de vida e impaciencia, Pedro se dispone a afrontar la dura realidad de la sociedad, las normas y observancia, muchas veces irritantes, de la vida religiosa y el tenor libre y evangélico de su vida apostólica.

Iba a consumir 15 años hasta dar su salto a Brasil en el 1968, impregnado ya de los aires nuevos del concilio Vaticano II: innovación, libertad,compromiso. Quince años como animador, conferenciante, director espiritual, servidor de los jóvenes, los trabajadores, los inmigrantes, los más pobres en Sabadell, luego en Guinea Ecuatorial y después comprometido con las gentes de la periferia y sus problemas.

Llamado a Madrid, dirige con Mino Cerezo y Teófilo Cabestrero la revista IRIS DE PAZ, a la que rebautizan con el nombre de REVISTA DE TESTIMONIO Y ESPERANZA, impulsando desde ella iniciativas culturales y movimientos sociales. En ese tiempo, junto con seis compañeros más, escribe una carta al Superior General bajo el dilema de que la Congregación claretiana aceptaba el Vaticano II o ellos tantearían otros derroteros.

Pedro asisitió como representante de la Provincia de Aragón al Capítulo General de renovación en 1967, abanderando la tedencia más carismática y valiéndole el apodo de “Che Guevara” y el de “Sierra Maestra” por el lugar a los que con él se reunían.

Finalmente, Pedro emprende su viaje al Mato Grosso del Brasil, un viaje sin retorno, (han pasado 52 años) en el que quema las naves, sin nunca regresar a España, ni siquiera cuando murió su madre. “Había logrado por fin, escribe, lo que tanto había soñado y buscado: un clima heroico para vivir heroicamente”.

Pedro, ya en el Brasil, pasa cuatro meses en el Centro de Formación Intercultural (CENFI), para lograr una perspectiva del Brasil y de la Iglesia brasileña: “Se daba allí, escribe, toda la gama de una Iglesia en evolución… todo contribuía a hacer revisar y replantear la formación recibida, la piedad heredada, las austeras distancias del sexo, el apostolado en ristre, la fácil y convencida dicotomía con que en el viejo mundo vivíamos la misión de la Iglesia, frente a la política y la sociedad en general”.

Y del Centro de Formación, su salto al Araguaia, al “Oeste” desconocido, durante siete días de camión: julio de 1968.

Ahora, sí, la voz de Pedro, sin necesidad de describir el vaivén cotidianamente drámático de su quehacer, nos podrá alumbrar el proyecto de sus sueños, por el que él nació, vivió y murió.

Pedro Casaldáliga no fue uno antes de ir al Brasil y otro después.

Pienso que la vida de Pedro, aparece como un rio que avanza en una única dirección, más bravo o más sosegado, dependiendo de la orografía del cauce, según este coadyuve a frenarlo, desviarlo o hacerlo llegar a su puerto.

Los cambios en una persona no ocurren al azar, ni vienen desde fuera, más bien provienen de uno mismo, por elección propia, tras discernir las circuntancias que favoren o impiden el curso elegido.

La Prelatura de Sao Félix de Araguaia, (área de 150.000 km) fue creada el 13 de mayo de 1970 por el Papa Pablo VI.

Cuando Pedro es consagrado obispo de ella en 1971, había en ella un solo hospital y faltaban toda clase de infraestructuras; existía en ella el mayor latifundio de la zona con casi 700.000 hectáreas. Y Sao Félix tenía entonces unos 600 habitantes, no había escuela, médicos ni electricidad.

La realidad entraba por los ojos: ninguna asistencia básica, hambre crónica, enfermedades, explotación, violencia, altos índices de mortalidad infantil, analfabetismo generalizado.

¿Opción del obispo Pedro?

No es ningún secreto, le venía de muy atrás y la iba a aplicar con natural contundencia. Se opuso a que lo nombraran obispo, pero amigos de verdad le persuadieron de que su aceptación sería mejor para servir al pueblo y denunciar las injusticias.

En su consagración lo dejó bien claro:

Tu mitra será un sombrero de paja.
Tu báculo será la verdad del Evangelio.
Tu anillo será la Nueva Alianza del Dios Liberador y la Fidelidad al pueblo de esta tierra.
Tu escudo la fuerza de la Esperanza y la libertad de los hijos de Dios.
Tus guantes el servicio del Amor

La claves de una opción que, ingénita por matriz y cultura, permanecería inalterable del comienzo al fin.

“A mí siempre se me ha quebrado el corazón (siempre) el ver la pobreza de cerca. Me he llevado bien con la gente excluida, quizás porque siempre he tenido cierta afinidad con el margen, con los marginales. Quizás por una vena poética. Quizás sea una cuestión de sensibilidad, porque soy incapaz (soy incapaz) de presenciar un sufrimiento sin reaccionar. Por otra parte, nunca he olvidado de que nací en una familia pobre. Me siento mal en un ambiente burgués. Siempre pregunté (siempre) si puedo vivir con tres camisas , por qué voy a necesitar tener diez en el armario. Los pobres de mi Prelatura viven con dos, de quita y pon”.

“Estoy doblemente convencido (doblemente) de que no se puede tener una sensibilidad revolucionaria y profética ni se puede ser libre sin ser pobre. La libertad está muy unida a la pobreza. No se es verdaderamente libre con mucha riqueza. Siendo pobre me siento más libre de todo y para todo. Mi lema fue: ser libre para ser pobre y se pobre para poder ser libre. Lo expresé muy claramente en aquellos versos:

No tener nada.
No llevar nada.
No poder nada.
No pedir nada.
Y, de pasada,
no matar nada, no callar nada.
Solamente el Evangelio, como una faca afilada.
Y el llanto y la risa en la mirada,
Y la mano extendida y apretada
Y la la vida, a caballo dada.
Y este sol y estos ríos y esta tierra comprada
Para testigos de la Revolución ya estallada.
¡Y mais nada!

En estos textos, aparecen esculpidos los elementos que muestran a Pedro en su talla humano-cristiana sin que ningún poder, amenaza, halago o soberbia le hicieran claudicar:

Libertad

Si me bautizas otra vez un día, …di a Dios y al mundo que me has puesto el nombre de Pedro-Libertad”.

Pedro es un hombre libre ante las instituciones, sean políticas o religiosas; libre ante las personas, grupos e ideologías; es la palabra libre, el gesto en rebeldía, la osadía que bebe en las fuentes del Espíritu, que es viento y fuego y revienta estructuras y cadenas.

Pobreza

“La actitud ante la pobres, define la actitud ante Dios. Encontrarse con el pobre es encontrarse con Dios. Quien no toma en serio al pobre, no puede encontrarse con Dios”.

Y, por eso seguramente, hay tanto no creyente que, al encontrar con Pedro, no le niega el respeto, la admiración y credibilidad.

Amor al Padre sin amor a los hermanos, imposible

“No podíamos ver esto con los brazos caídos. Quien cree en Dios, debe creer en la dignidad del hombre. Quien ama al Padre, debe amar a los hermanos.

El Evangelio es un fuego que le quema a uno la tranquilidad. No se puede ser cristiano y soportar la injusticia con la boca callada”.

“Lo que pretendemos es humanizarpracticando la projimidad”. “La ciencia, la técnica, el progreso solamente son dignos de nuestros pensamientos y de nuestras manos, si nos humanizan más. Y esto nos compromete a transformar el mundo juntos”

Dios, la pasión de Pedro

En una ocasión, periodistas de la televisión europea le preguntan:

– ¿Haría Vd. lo mismo que está haciendo si no existiera Dios?

-Pero, como existe, contestó enseguida Pedro.

Eso sería como preguntarme que haría yo si no existiera o si yo no fuera persona y cristiano. Sé que otros sin Dios a las claras, hacen más y lo dan todo, y se dan. Yo creo que Dios está siempre con ellos.

He tenido un explícito encuentro con Dios, en Jesucristo , dentro de la comunidad de fe, que es su Iglesia. Y ese es un misterio que me abruma y que me obliga a creer que Dios es mayor que nuestro corazón y nuestros dogmas y nuestra comunidad.

“Dios es para Pedro la razón mayor, o mejor, su pasión. Dios es para él una realidad ineludible, una presencia cierta, aunque libre y soberana. Una presencia nunca desvelada, remitida cada vez más al futuro total de la esperanza mayor, pero siempre operante y repentinamente aparecida e inquívoca” (Pedro Trillo)

El mensaje del poeta, místico y profeta del Mato Grosso

El mensaje queda patente en todos sus escritos; mana directamente de su identificación con los pobres y de su oposición radical al sistema imperante que los oprime.

Siempre me asombró su capacidad de hacer mística, teología y profecía, al hilo de los acontecimientos, de conflictos y progresos tecnocientificos de esta nuestra sociedad dual y pluriforme. Como si en su casita de Sao Félix do Araguaia, hubiese levantada una potente estación emisora que alcanzara a todos los rincones de la tierra.

Recuerdo muy bien cómo describía la contradicción entre el Primer y Tercer Mundo, en una entrevista que le hice:

“Mira, Benjamín, nadie libera a nadie, incluso nadie concientiza a nadie, si uno mismo no se libera y autoconcientiza. Se puede ayudar, no sustituir. 

En ese sentido, el Primer Mundo sólo podrá liberarnos en la medida en que él se libere. Sólo en la medida en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mi esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir humanamente el Tercer Mundo.

Mientras haya un Primer Mundo , habrá privilegio, exclusión, dominación , explotación,lujo y marginación. Si vosotros, en el Primer Mundo no resolvéis ser un mundo humano, nosotros no podemos serlo”.

Se trata, por tano, de implantar un proyecto humano, ético-religioso, liberador, planetario, que rompa el proyecto homicida del neoliberalismo. El neoliberalismo hoy se ha globalizado y pasa olímpicamente de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la Carta de las Naciones Unidas y de la Carta de la Tierra.

Dom Pedro sabe de qué habla, sabe de las causas de tanta invasión, explotación, dominación y guerra. Lo ha afrontado él en su propia sociedad que es eco y espejo de la sociedad universal; el aquí y el allí están relacionados, hay allí tanto retraso y miseria, tanta deuda, porque aquí, -en Europa, en el Mundo Occidental- es interminable el robo, la explotación y la dominación.

Los colonialismos e imperialismos, viejos y modernos, se atienen siempre a su lógica: ignorar y despreciar la alteridad, humillar, destruir, imponer la ley del más fuerte.

Se trata de contar con personas que se salgan de ese proyecto homicida, que le hagan frente desde la dignidad de la persona y sus derechos inalienables. Sobre ese quicio podemos reconstruir una convivencia fraterna, que erradique el egoísmo y la avaricia, la soberbia y la prepotencia, la desigualdad, la injusticia, la rivalidad, las guerras, que matan la libertad y la paz.

Nadie es menos que nadie, ni como persona ni como pueblo. Todo ser humano esta obligado a hacer el bien y evitar el mal, a hacer efectiva la regla universal “Trata a los demás como tú deseas que te traten a ti”. El hombre es para el hombre cosa sagrada, hermano, no lobo.

Llegar a eso, no es posible sin personas libres, que detesten la idolatría del dinero, del hedonismo, del consumismo, del racismo, del patriarcalismo, de todas las cadenas que aprisionan y oprimen al ser humano.

El ser persona significa ser libre; ser libre significa ser pobre; y sólo es profeta quien vive con libertad y pobreza.

En esta nuestra sociedad hoy en tantos aspectos manipulada y esclavizada, el ejemplo que nos deja Pedro Casaldáliga es señal, luz y camino para vivir con dignidad y autonomía, con libertad, con pobreza, con profecía y esperanza.

Me llamarán subversivo

Con un callo por anillo,
monseñor cortaba arroz.
Monseñor ¿”martillo
y hoz”?

Me llamarán subversivo.
Y yo les diré: lo soy.
Por mi pueblo en lucha, vivo.
Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero
y amor de revolución.
Y entre Evangelio y canción
sufro y digo lo que quiero.
Si escandalizo, primero
quemé el propio corazón
al fuego de esta Pasión,
cruz de Su mismo Madero.

Incito a la subversión
contra el Poder y el Dinero.
Quiero subvertir la Ley
que pervierte al Pueblo en grey
y al Gobierno en carnicero.
(Mi pastor se hizo Cordero.
Servidor se hizo mi Rey).
Creo en la Internacional
de las frentes levantadas,
de la voz de igual a igual
y las manos enlazadas…

Y llamo al Orden de mal,
y al Progreso de mentira.
Tengo menos Paz que ira.
Tengo más amor que paz.

…¡ Creo en la hoz y el haz
de estas espigas caídas:
una Muerte y tantas vidas!
¡ Creo en esta hoz que avanza
– bajo este sol sin disfraz
y en la común Esperanza –
tan encurvada y tenaz!

Leonardo Boff hace ya más de 10 años dijo:

“Cuando los tiempos actuales perturbados hubieren pasado, cuando las desconfianzas y mezquindades  hubieren sido engullidos por lo vorágine del tiempo, cuando miremos para atrás y consideremos los últimos decenios del  siglo XX y los comienzos del siglo XXI,  identificaremos una estrella  en el cielo de nuestra fe, rutilante, después de haber parado nubes, soportando oscuridades y encendido tempestades: es la figura simple, pobre, humilde, espiritual y santa de  un obispo que, extranjero, se hace compatriota, distante se hace prójimo y prójimo se hace hermano de todos, hermano universal: Don Pedro Casaldáliga”.

Fuente Religión Digital

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica

El epitafio de Don Pedro Casaldàliga: “Para descansar, una cruz de palo, con lluvia y sol”. Descansa en el cementerio de los olvidados.

Viernes, 14 de agosto de 2020

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Tumba de Pedro Casaldáliga – Foto Rômulo

A sus 92 años y aquejado de Parkinson, el obispo-poeta preparó su “marcha”

Quiso que se excavase su tumba en el cementerio de los excluidos, frente al río Araguaia

Era el cementerio de los sin tierra, de los que casi no tenían sitio para enterrarse. En aquella época en la que morían los niños por decenas y sus padres los enterraban en cajas de zapatos

El grito por la tierra y por la libertad recorre las estrofas de su poema-epitafio: “Para descansar / eu quero só / esta cruz de pau / com chuvia e sol / estes sete palmos / e a Ressurreiçao”

“Se hizo solidario con los que Dios se solidarizó, los abandonados, los excluidos, los esclavos”

Luis Miguel Modino: Pedro descansa donde siempre soñó, a la orilla del Araguaia, entre un peón y una prostituta

Foro ‘Curas de Madrid y Más’: “Dom Pedro dio forma a una manera nueva de sentirse Iglesia y de estar en la Iglesia”

Padre Ángel: “Casaldáliga me contó que le tuvieron que dejar una sotana para verse con Juan Pablo II”

Pedro Casaldáliga y su amor a María

“Casaldàliga vivía pobremente y vibraba con el evangelio

Pedro Pierre: “Casaldáliga, el último profeta de la Iglesia de los Pobres en América Latina”

“Para descansar / eu quero só / esta cruz de pau / com chuvia e sol / estes sete palmos / e a Ressurreiçao”. Éste es el epitafio que Don Pedro Casaldàliga quiso que se colocase sobre su tumba, en el cementerio de los excluidos de Sao Felix, mirando a la belleza sin par del río Araguaia.

El epitafio es la estrofa de un poema escrito por el propio Don Pedro, que me mostró con temor y temblor su ex vicario general, el agustino Félix Valenzuela. Escrito a máquina, en un folio, que su amigo y estrecho colaborador desde hace tanto tiempo conservaba doblado en su cartera. Como una reliquia, como un tesoro, cromo un deber doloroso, pero necesario.

Lúcido, pero con un Parkinson que ha avanzado sin cesar y ya apenas le permitía hablar, hace años que Casaldàliga, plenamente consciente de su situación, tenía todo previsto. No quería dejar problemas a sus amigos agustinos. Sólo su amor entregado a jirones, su memoria agradecida y sus recuerdos sembrados por toda la casa.

Sus últimas voluntades son sencillas, como su vida entera. Sicut vita, finis ita (morimos como vivimos). Un epitafio en forma de poema. Lo lógico en un poeta del fuste de Casaldàliga. Y una simple tumba, sin ostentación alguna, en un cementerio abandonado.

En el poema dedicado a su epitafio y titulado ‘Cementerio de sertao’ enumera los elementos esenciales de su descanso eterno

En el estribillo del poema dedicado a su epitafio y titulado ‘Cementerio de sertao’ enumera los elementos esenciales de su descanso eterno: la cruz de palo, la lluvia y el sol, los siete palmos de tierra preceptivos para enterrar en Brasil, y la Resurrección.

Pedro_descansa_a_la_orilla_del_AraguaiaPara morir solo los siete palmos, no quería ni necesitaba más. Pero, para vivir, la parte justa de tierra. Por eso, el grito por la tierra recorre de principio a fin el poema de su epitafio. A luchar por ella dedicó su vida y quiere entregar también su muerte, como ofrenda última. Por ese derecho sagrado a la tierra que no es de los latifundistas, doctores Nadie, sino de Dios.

En la segunda estrofa sigue resonando el grito de la tierra para los sin tierra en un país de enormes latifundios. El derecho a la tierra por encima de la ley de los hombres y siguiendo la ley de la propia Tierra, a la que tienen derecho también los pobres “sin voz y sin vez” y sus hijos. Porque los hijos de la gente son gente también. Personas humanas con su sacrosanta dignidad.

El grito de la tierra sigue presente en la tercera estrofa. Ese grito por el que se jugó la vida en varias ocasiones y que le costó la muerte a su compañero sacerdote Joao Bosco, asesinado por una bala que iba destinada al obispo.

Por eso proclama que ese derecho a la tierra no se podrá detener ni con dinero ni con alambradas, porque los pobres también tienen facas. Las armas de la no violencia activa, con la que defienden sus derechos. La no violencia activa que son los brazos de los pobres que rodean cielo y tierra.

Y en la última estrofa añade al grito de la tierra el de la libertad. No basta tener tierra. Los pobres exigen tierra y libertad. No hay una sin las otra ni otra sin la una. Dos derechos que se exigen. No como si se pidiese limosna ni como si los pobres tuviesen que comprar lo que les pertenece. Porque en el reino del diablo-dinero, los pobres no se venden y los ricos, por muy  podridos que estén de dinero, nunca podrán comprar a Dios.

Ese epitafio-grito por el derecho a la tierra quiso Casaldáliga que aparezca en su tumba situada en un cementerio abandonado a las afueras de la ciudad de Sao Felix. Era el cementerio de los sin tierra, de los que casi no tenían sitio para enterrarse. En aquella época en la que morían los niños por decenas y sus padres los enterraban en cajas de zapatos.

En este cementerio de los excluidos sólo quedan unas cuantas cruces y tumbas sin nombre. Muertos desconocidos, condenados en vida a la esclavitud de la falta de tierra propia y, en la muerte, al olvido. Nadie los recuerda. Nadie les lleva flores. Nadie los llora.

En la actualidad, el cementerio está totalmente abandonado y cubierto de zarzas y matojos. En el centro del otrora camposanto, todavía campea una gran cruz sobre unos cuantos peldaños de cemento. Al lado, un mango enorme. Y, delante, el río Araguaia, ancho, bello y caudaloso, que discurre casi lamiendo las paredes del cementerio de los olvidados.

Ahí, en el cementerio de los suyos, de aquellos por los que entregó su vida, quiso ser enterrado. El obispo de los excluidos, descansando eternamente con los abandonados. Y seguro que, tras su muerte, el cementerio no va a tardar en convertirse en un lugar de peregrinación. Por la carretera y por el río, que tantas veces surcó en canoa de remos, seguirán llegando los lamentos de los sin tierra, el llanto de los negros, las lágrimas de los campesinos y los sonidos de la danza de la paz de los indios karajás, que siguen habitando enfrente, en la isla fluvial más grande del mundo. Al santuario de San Pedro Casaldáliga. Ruega por nosotros.

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Cemiterio de sertao

Para descansar
eu quero só
esta cruz de pau
com chuva e sol,
este sete palmos
e a Resurreiçao!
Mas para viver
eu já quero ter
a parte que me cabe
no latifundio seu:
que a terra nao é sua,
seu doutor Ninguém!
A terra é de todos
porque é de Deus!

Para descansar…

Mas para viver,
terra eu quero ter.
Com Incra ou sem Incra,
comn lei ou sem lei.
Que outra Lei mais alta
já a Terra nos deu
a todos os probes
sem voz e sem vez;
que os filhos da gente
sao gente também!

Para descansar…

Mas para viver,
terra exijo ter.
Dinheiro e arame
nao nos vao deter.
Mil facoes zangados
cortam para valer.
Dois mil braços juntos
cercam terra e ceu.

Para descansar…

Mas para viver,
terra e liberdade
eu preciso ter.
E nao peço esmola
nem compro o que é meu.
A Sudam e o diabo
podem se vender:
gente nao se vende,
nem se compra Deus!

Para descansar…

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Fuente Religión Digital

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P. Casaldáliga (1928-2020). Todo es Gracia, todo es Cristo, todo es Pascua

Jueves, 13 de agosto de 2020

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Acaba de morir (08.08.2020)… Así me decir cuando le pedí hace poco una colaboración para un libro titulado “El Pacto de las Catacumbas”: Todo es gracia, todo es Cristo, todo es Pascua… Que el Cristo total de la gracia y de la pascua te acoja en su corazón, hermano Pedro.

Y sigo recordando lo que me decías: “Urge ahora que nuestra Iglesia se vaya haciendo cada vez más Iglesia de los Pobres, Iglesia de los Mártires. Actualizando con respuestas eficaces la inspiración del Pacto de las Catacumbas (del Concilio Vaticano II). Tenemos la gracia de la palabra y de los gestos del papa Francisco.

No podemos perder en el vacío la carga inmensa de estímulos que nos demanda la alegría del Evangelio: fidelidad de praxis, dialogo plural.Yo digo que hoy la consigna es esta: Todo es Gracia, Todo es Pascua, Todo es Reino, en el seguimiento de Jesús”

Casaldáliga, Pedro (1928-2020). Pensador, poeta y obispo católico de origen catalán, de la Congregación Claretiana, que ha realizado su servicio pastoral en Brasil, como obispo de Sâo Felix de Araguaia (Mato Grosso). Ha vinculado su vida al servicio de los pobres y de los indígenas y a la causa de la justicia, en la línea de la teología de la liberación.

Ha publicado una obra muy extensa, de espiritualidad, de pastoral y, sobre todo, de poesía, tanto en castellano como en brasileño (y en catalán). Por el testimonio de su vida y por sus obras teológico-literarias (traducidas a muchas lenguas), ha sido y sigue siendo una de voces más significativas de la iglesia católica del siglo XX y principios del XXI.

  Otros han destacado su figura de “pastor”, de testigo de la justicia y de los pobres, su resistencia ante la opresión. Teniendo eso en cuenta, yo quiero insistir en su vocación de poeta y místico, testigo de la gracia de Cristo y del amor/belleza de Dios en la tierra, creando comunión de en las lindes de la Amazonia: Entre sus obras:

  • Nuestra Señora del Siglo XX (Madrid 1962);
  • Clamor elemental (Salamanca 1971);
  • Tierra nuestra, libertad (Buenos Aires 1974);
  • Yo creo en la justicia y en la esperanza. El Credo que ha dado sentido a mi vida (Bilbao 1976);
  • La muerte que da sentido a mi credo. Diario 1975-1977 (Bilbao 1977);
  • Antología retirante (Río de Janeiro 1978);
  • Airada esperanza (Barcelona 1978); Cantigas menores (Goiãnia 1979);
  • Missa da terra sem males (São Paulo 1980); En rebelde fidelidad. Diario 1977-1983 (Bilbao 1983);
  • Experiencia de Dios y pasión por el pueblo. Escritos pastorales (Santander 1983);
  • Fuego y ceniza al viento. Antología espiritual (Santander 1984);
  • El tiempo y la espera (Santander 1986);
  • El vuelo del Quetzal. Espiritualidad en Centroamérica (Managua 1989);
  • Todavía estas palabras (Estella 1989);
  • Espiritualidad de la Liberación (Quito 1992); Una vida enmig del poble (Barcelona 2007).

(Texto tomado de Diccionario de Pensadores Cristiano, VD Estella, pág. 174)

Todo es Cristo, todo es Pascua:Testigos (mártires) del amor invencible de Dios 

   Pedro Casaldáliga ha sido un “soldado no violento de la paz de Cristo”, de aquellos de quienes Jesús decía: “Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” , testigo perseguido de la causa invencible de Cristo, mártir de la justicia, de los derechos humanos y de la ayuda a los pobres, la causa de Dios  que es la vida de los hombres, no matando a los demás, sino compartiendo la vida con ellos, en gesto de amor, de comunión, conforme al saludo final de la segunda carta de Pablo a los Corintios (2 Cor 13, 13:

  1. Que la Gracia (kharis) de Jesucristo. Lo primero es la gracia, es la Pascua, el amor de la vida que se entrega por los demás, por los pequeños y solos, por los derrotados… En esa gracia de Cristo vivimos, nos movemos y somos (cf. Hch 17, 28)
  2. Que el amor (agape) de Dios… Esa gracia/kharis del Señor Jesús es la presencia vida del amor de Dios,  que es don de sí, es Aquel que se vacía hasta el fin por los hombres,
  3. Que la comunión (koinônia) del Espíritu Santo… El amor no se pierde, como un agujero negro en el puro retorno a la nada, sino que culmina siendo comunión , comunicación, vida compartida.

Éste ha sido su proyecto, éste la savia de la vida de Pedro Casaldáliga. He seguido su trayectoria, he leído sus poemas, he compartido sus proyectos y ahora, al final de su vida quiero comentar de nuevo su palabra (somos soldados derrotados de la causa invencible de Dios) como expresión y sentido de su fecunda vida a la luz del mensaje y de Pablo, centrado en Flp 2, 6-11: Dios se ha “vaciado en Cristo”, para ser así nuestra riqueza, de forma que podamos decir:  La gracia de Cristo, el amor de Dios, la comunión....

Es evidente que Pedro Casaldáliga lleva en su cuerpo las huellas de muchas derrotas, pero su causa es invencible, como fue la de Pablo apóstol, tal como la expuso en 2 Cor 11-12,  y de un modo condensado en 2 Cor 4, 8:

Estamos atribulados en todo, mas no angustiados;
en apuros, mas no desesperados;
perseguidos, mas no desamparados;
derribados, pero no destruidos;
llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús,
para que también su Vida se despliegue en nuestra Vida.

Un recuerdo personal

Por las navidades los últimos años nos hemos ido escribiendo unas letras, alguna vez me ha escrito más largo, como indicará la carta al final de esta reflexión, de la que empiezo recogiendo ahora un par de frases:

 

Estimulados por el testimonio de tantos testigos que entre nosotros se han sumado a la herencia martirial de aquellos días primeros urge ahora que nuestra Iglesia se vaya haciendo cada vez más Iglesia de los Pobres, Iglesia de los Mártires. Actualizando con respuestas eficaces la inspiración del Pacto (de las Catacumbas).

No podemos perder en el vacío la carga inmensa de estímulos que nos demandan fidelidad de praxis, dialogo plural, la alegría del Evangelio.Yo digo que hoy la consigna es: Todo es Gracia, Todo es Pascua, Todo es Reino, en el seguimiento de Jesús.

Ésta ha sido y sigue siendo su consigna con 2 Cor 13, 13: Todo es gracia, todo es Cristo, todo es pascua... Recordando esas palabras (y otras que me dijo) quiero comentar en el ocaso luminoso de su vida, para mis amigos del blor, desde la Biblia, algunos elementos de ese lema: Soldados invencibles de un ejército vencido…

Vencidos por amor, precisamente porque estamos dispuestos a ser derrotados por amor, para amar, junto a los humillados y vencidos de esta tierra (éste es en el fondo el lema de Flp 2, 1-11).
Así debemos asumir con Jesús la causa de los perdedores, de aquellos que no quieren ganar pisando a los demás, sino que están dispuestos a sufrir (e incluso a morir) a favor de la verdad y la justicia, de los pobres y expulsados, como el siervo de Yahvé, el justo sufriente de Isaías, con los mártires actuales de la causa invencible de Cristo.

La iglesia del Siervo de Yahvé.

El Segundo Isaías (Is 40-55) contiene una serie de textos que suelen llamarse «cánticos del Siervo de Yahvé» (Is 42, 1-7; 49, 1-9; 50, 4-11; 52, 13 – 53, 12), que muchos exegetas consideran como centro y/o cumbre de la Biblia israelita. Éstos han sido los Cantos de Pedro Casaldáliga, cantor del misterio de la vida, de la libertad y del amor, de la dignidad de los pobres, de la justicia para los oprimidos.

Por eso quiero presentarle en este día de su muerte como Siervo de la libertad y de la paz de Dios,  como el personaje central de la Biblia de Isaías II: un representante de Dios, hombre (o mujer), quizá todo un pueblo, que sufre el rechazo y condena de otros (extranjeros, israelitas injustos) que quieren matarle.

Ese “siervo” es un “soldado derrotado” de la causa invencible de Yahvé, el Dios de la justicia, este “siervo”, que es “ministro”, representante de Dios, se ha dejado vencer por amor… Él ha podido decir, desde su antiguo o primer testamento: Todo es Cristo, todo es Pascua, todo es Gracia.

Este Siervo sabe que  Dios no está con los que ganan, que él no rechaza a los que pierden (como se pensaba de ordinario en algunos círculos de Israel), sino que aparece vinculado de manera intensa con el siervo perdedor, derrotado y expulsado. En esa línea, asumiendo y transformando viejas categorías sacerdotales, estos cantos muestran que los derrotados de Israel (exilados, fracasados, muertos) no han sido ni son los culpables, de manera que es falso decir que Dios les castiga por algún delito propio.

En la línea del Siervo de Yahvé, Pedro ha sido también siervo, testigo y amigo de Jesús en las zonas pobres del pobre Brasil,  un hombre frágil, externamente derrotado, sin más autoridad que su palabra y testimonio. Este Pedro Casaldáliga ha sido Siervo de Dios, testigo de Cristo, en medio de un pueblo rechazado y oprimido del “rico” Brasil, de un mundo rico que oprime a los pobres por serlo. 

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Esa imagen del Siervo, que podemos presentar como soldado derrotado del Dios Dios, evoca y anticipa, de algún modo, un cambio radical de la humanidad. Quizá por vez primera, superando la imagen de un “dios” que parecía signo de dominio impositivo (garante de victoria de los fuertes), ha venido a revelarse un Servidor de Dios que no vence triunfando (desde arriba), sino creando vida desde el mismo sufrimiento y la derrota.

Este Siervo de Isaías es “sacerdote”, como Pedro Casaldáliga,  pero no ha celebrado una liturgia externa de poder sobre los otros… Para él, su liturgia de obispo no ha sido otra cosa que su propia vida, al servicio de los demás. No se impuesto con violencia: no ha pedido venganza ni quiere que su muerte se inserte en ninguna espiral de violencia, sino que ha deseado que su muerte y su vida esté al servicio de todos, empezando por los perseguidos.

 Pedro Casaldáliga ha sido en pleno siglo XX y a principios del siglo XXI un personaje bíblico,   la Biblia hecha poema, testimonio de vida y ejemplo de fuerte justicia, amor y perdón transformador, protesta amorosa de paz sobre la violencia de su entorno.

Pedro Casaldáliga, Justo perseguido como en el libro de la Sabiduría de Dios

El justo sufriente es un personaje central del libro de la Sabiduría (que forma parte de la Biblia Griega, de los LXX, no de la Biblia Hebrea) y se sitúa en la línea del Siervo de Yahvé, aunque quizá ha destacado más el contraste entre la justicia del mundo (que se funda en un tipo de imposición) y el sufrimiento de los inocentes.

     En los poemas del Canto del Siervo de Isaías podría esperarse al final una intervención mundana de Dios, que respondería imponiendo su justicia al fin de la misma historia. Por el contrario, al menos en Sab 2, parece que el justo sufriente no encuentra justicia en esta tierra, dentro de esta historia. Por eso, el autor del libro apela a una vida tras la muerte o mejor dicho a una transformación de esta misma tierra, en justicia, en comunión, en tracia

Éste siervo ha sido y sigue siendo, con Pedro Casaldáliga, el “soldado derrotado” del Dios de los pobres, del Dios invencible de la vida. Estas son las palabras centrales que escucha el justo, que ha escucha Pedro Casaldáliga:

«Acechemos al justo que nos resulta incómodo. Piensa que nosotros somos moneda falsa (economía inhumana…) y se aparta de nuestras sendas como contaminadas; proclama dichoso el final de los justos y se envanece por tener a Dios por Padre» (cf. Sab 2, 10-16).

El justo no acepta las normas de un sistema opresor, ni se pliega a los dictados de un “mundo” donde reinan los injustos. Este justo es pobre, pero no por necesidad o fortuna sino por vocación propia (como Pedro), por opresión de los prepotentes: prefiere ser distinto, cultiva otros valores, despliega otros “poderes” y de esa forma viene a convertirse en objeto de envidia y rechazo para aquellos que definen el sentido oficial de la justicia.Muchas veces, cuando he comentado en mis clases y en mis libros la figura del Justo Sufriente del libro de la Sabiduría de Dios he pensado en Pedro Casaldáliga. 

Según la justicia del mundo, sólo una violencia vence a otra violencia. En contra de eso, el Justo de Sab no puede (ni quiere) responder a la violencia con violencia (según talión), sino con el testimonio de su vida, manteniendo la justicia (sin imposición ni lucha) y siendo derrotado, porque los injustos emplean la violencia .

El justo sufriente es un hombre que “padece la injusticia”, pero no responde con violencia a la violencia, sino que sigue amando, acompañando, animando a los perseguidos y expulsados,  para que mantengan su dignidad, sus justicia más honda, en un mundo de injustos

Ésta era la bienaventuranza mayor de Pedro Casaldáliga: Bienaventurados cuando os persigan (cf. Mt 5, 10-11)

Esta última bienaventuranza, común a Lucas y Mateo, proviene quizá del mismo Jesús y está profundamente vinculada a la primera (que trataba de los pobres). En un contexto de violencia (guerra familiar y social), los pobres por antonomasia son los perseguidos, tanto en un plano familiar como social, y especialmente aquellos que son perseguidos por cumplir en concreto las bienaventuranzas.

El mensaje de Jesús no ha sido sólo una “teoría”, una experiencia interior… sino que ha sido “provocativamente creador”, pues va en contra de un tipo de estructuras y comportamientos sociales y políticos que parecían esenciales en aquel tiempo y en el nuestro. Jesús fue pacífico, siendo provocador… Por eso le mataron, porque su vida y mensaje era y sigue siendo una denuncia contra los potentados, los ricos opresores.

Como podía haberse previsto, su propuesta ha encontrado opositores, no sólo entre los miembros de las clases altas (herodianos, sacerdotes, algunos escribas y, finalmente, los romanos), sino entre las mismas familias y grupos de Galilea a los que Jesús quiso ofrecer el Reino de Dios, iniciándolo con ellos.

Jesús ha sido un “mesías derrotado” (crucificado) de la Causa Invencible de Dios.No ha querido crear la paz ganando una posible guerra, sino cambiando la forma de ser y sentir, de querer y comportarse de los hombres y mujeres de su entorno, desde los más pobres, para llegar así hasta el fondo del problema y superarlo de raíz. Para eso, ha tenido que enfrentarse con las formas opresoras de solidaridad familiar y social, para crear solidaridades nuevas, gratuitas, desde los más pobres, abiertas a todos. De esa forma, al cuestionar los esquemas de vida tradicional, ha suscitado “reacciones” fuertes, persecuciones y violencias.

La paz de Jesús no es una paz triunfante de cristos vencedores, sino la paz de los cristos derrotados de la causa invencible de Dios

Las bienaventuranzas no trazan el camino de una paz impositiva que es propia de estamentos superiores, que dominaban en el mundo antiguo, tanto en Roma como en Israel o Brasil (en el mundo actual), pues esa paz es falsa y está al servicio de los intereses de unas clases sociales, que se juzgaban importantes, portadoras de un poder sagrado…

Pues bien, en contra de eso, Jesús ha comenzado su camino de pacificación desde aquellos que carecían de honor y de dinero, desde los rechazados sociales, invirtiendo los programas y proyectos de la sociedad establecida. Precisamente aquellos que no tienen nada (ni legiones militares, ni dinero, ni nobleza social…), campesinos sin tierra y excluidos de la nueva Galilea o Brasil colonizada por los antiguos romanos o los nuevos capitalistas del siglo XX-XXI,  pueden iniciar a inician (como ha hecho Pedro Casaldáliga) el camino de la paz de Dios.

Allí donde los discípulos de Jesús inician un camino de pacificación desde los campesinos pobres de Galilea, en gesto de alegría mesiánica y de misericordia, ellos tienen que decir“¡Ay de vosotros los ricos! …” (Lc 6, 24-26). Así dijo la Madre de Jesús en el Magníficat, así dijo Jesús… Así ha dicho Pedro Casaldáliga, por amor: ¡Ay de vosotros los ricos…, con voz de lamento,tristeza y aviso.

Así tienen que hablar a los ricos porque les aman. Entendidos de esa forma, los “ayes” no son una amenaza para después, sino una palabra de aviso para el tiempo presente. Son los lamentos de Jesús frente a unos hombres y mujeres que quieren fundar su falsa alegría y su paz mentirosa en la riqueza-saciedad, en el gozo de un poder y de un honor social que son propios de una sociedad clasista y violenta, que niega al Dios de la vida, de una sociedad que vive de muerte. El camino de la paz sólo es posible allí donde muestra el riesgo de un camino de victoria militar. Sólo los dispuestos a morir pueden crear la paz invencible de Dios.

Ésta es la paz de los derrotados,  de la que me habló  Pedro Casaldáliga en una carta escrita para un libro sobre el Pacto de las Catacumbas

Yo le  había escrito a primeros de noviembre del 2014, pidiéndole una palabra de ánimo como encuadre para un libro que estaba preparando sobre El Pacto de las Catacumbas (firmado el 16 de noviembre de 1965 por un grupos de obispos, que participaban el Concilio Vaticano II, comprometiéndose a buscar una Iglesia de testigos pobres, al servicio del evangelio), desde la perspectiva de las “catacumbas” (una Iglesia de mártires, de “perdedores” de Jesús).

Pedro Casaldáliba me contestó el 10 de noviembre, con un correo que reproduzco al pie de la letra

 

Querido Xabier,
gracias por toda tu teología que nos ha estimulado a muchos. Tú eres un buen teólogo teologal. Y estás en la Iglesia a servicio del Reino.
Gracias también por esta idea luminosa de traer a nuestra hora el Pacto de las Catacumbas.

El Espíritu bajó sobre el Concilio y nos abrió espacios de reflexión y de compromiso. Y bajó de un modo especial sobre estos hermanos que firmaron el Pacto y ahora nos sacuden para que acojamos su llamada desde la opción por los pobres. Desde una Iglesia que quiere ser de los pobres y para los pobres. Estimulados por el testimonio de tantos testigos que entre nosotros han sumado a la herencia martirial de aquellos días primeros cuando el martirio era acontecimiento diario.
Urge ahora que nuestra Iglesia se vaya haciendo cada vez más Iglesia de los Pobres, Iglesia de los Mártires. Actualizando con respuestas eficaces la inspiración del Pacto. Tenemos la gracia de la palabra y de los gestos del papa Francisco. No podemos perder en el vació la carga inmensa de estímulos que nos demanda fidelidad de praxis, dialogo plural, “la alegría del Evangelio”.
Yo digo que hoy la consigna es: Todo es Gracia, Todo es Pascua, Todo es Reino, en el seguimiento de Jesús (Pedro Casaldàliga).

    Así me decías, Pedro. Así quiero contestarte, desde este lado de la vida: Tú mismo, Pedro, eres ya con Cristo todo pascua, todo gracia. 

 

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica

José I. González Faus: “Casaldáliga, un Juan de la Cruz guerrillero”

Miércoles, 12 de agosto de 2020

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De su blog Miradas Cristianas:

P. Casaldáliga: “Al acecho del Reino diferente voy amando las cosas y la gente”

Casaldáliga se convirtió en uno de los obispos más famosos del mundo, y también en uno de los poetas más serios del siglo XX español

Por supuesto, ha sido un obispo muy molesto: incómodo para la curia romana (él escribió a Mons. Romero: “las curias no podían entenderte / ninguna sinagoga bien montada / puede entender a Cristo”)

Su poesía, como la de Juan de la Cruz, es expresión de su experiencia de Dios. Pero también de su compromiso social. Por eso puede servir de guión para presentarle:

“Yo pecador y obispo me confieso / de soñar con la Iglesia / vestida solamente de evangelio y sandalias” P. Casaldáliga

En Balsareny (Barcelona) de familia campesina, nació en 1928 Pere Casaldáliga i Pla. Entró en la orden de los claretianos, fue de misionero a Brasil y en 1971 fue nombrado obispo de Mato Grosso, una de las diócesis más extensas del país (casi un tercio de España) dominada por grandes terratenientes millonarios, y poblada por míseros campesinos.

Desde este lugar ignoto y miserable, Casaldáliga se convirtió en uno de los obispos más famosos del mundo, y también en uno de los poetas más serios del siglo XX español. Cuando llegó a Sao Felix do Araguaia (su sede episcopal), el pueblo tenía unos ochocientos habitantes. Hoy cuenta más de diez mil y es mundialmente conocido por la obra de su pastor. Los indios tapirapé habían decidido extinguirse, y gracias al trabajo pa-ciente e inculturado de unas religiosas, hoy han revivido y sus barcazas surcan orgullosas el Araguaia.

Por supuesto, ha sido un obispo muy molesto: incómodo para la curia romana (él escribió a Mons. Romero: “las curias no podían entenderte / ninguna sinagoga bien montada / puede entender a Cristo”). Pero muy molesto sobre todo para los “fazendeiros” y terratenientes brasileños que, como suelen hacer, intentaron aca-bar con su vida. Por un error del sicario, la bala destinada a él fue a dar y mató a un jesuita que le acompaña-ba. Cuando el episodio se hizo público, Pablo VI tuvo el valor de decir públicamente al mundo entero: “quien toque a Pedro toca a Pablo” (quien toque a Mons. Casaldáliga toca al papa). Eso le salvó la vida.

Su poesía, como la de Juan de la Cruz, es expresión de su experiencia de Dios. Pero también de su compromi-so social. Por eso puede servir de guión para presentarle.

Él dijo de sí mismo que intenta actuar “suelta la crin y la ternura suelta”. Buena definición de la obra del Espíritu cuando el ser humano se deja llevar por ese “aire de Dios” que sopla donde quiere. La misericordia hecha libertad: eso fue Jesús y, por ello, los dos rasgos que más se señalan de Él en los evangelios son su libertad y sus entrañas conmovidas. Pues toda auténtica experiencia de Dios nos envuelve en misericordia y esa ternura nos da una libertad nueva: suelta la crin, y la ternura suelta.

Por eso:

“si no sabéis quien soy, si os desconcierta

la amalgama de amores que cultivo:

una flor para el Che, toda la huerta

para el Dios de Jesús, si me desvivo

por bendecir una alambrada abierta

y el mito de una aldea redivivo”

Si nos causan extrañeza todas las opciones que la solidaridad dio a Casaldáliga libertad para abrazar, en-tonces:

“tenedme simplemente por cristiano

si me creéis y no sabéis quién soy”.

Y con toda su huerta para el Dios de Jesús, puede Casaldáliga describir así su fe:

“Al acecho del Reino diferente

voy amando las cosas y la gente,

ciudadano de todo y extranjero.

Y me llama Tu Paz como un abismo

mientras cruzo las sobras guerrillero

del mundo, de la Iglesia y de mí mismo”.

Al hablar de las sombras, cualquier otro hubiera dicho que lo que me llama es “Tu luz”. Pero el poeta no pretende ser ningún intelectual que cree saber más que otros. Transita en la oscuridad pero llamado por una “paz” (que alude más a lo experiencial que a lo meramente intelectual) y que es el don característico de Jesús.

Esa paz le dio libertad también para encararse y resultar molesto a la institución eclesial cuando hizo falta; porque

“por este mero hecho de ser también obispo

nadie me va a pedir, así lo espero hermanos

nadie me va a pedir que ponga piedras

en esta honda cavidad del pecho”.

Y si la Iglesia se apartaba de los pobres, Don Pedro soltaba la crin y la ternura para decirle:

“Yo pecador y obispo me confieso

de soñar con la Iglesia

vestida solamente de evangelio y sandalias”.

Y para decirle claramente al papa:

“deja la curia, Pedro

desmantela el sinedrio y la muralla

ordena que se cambien

todas las filacterias impecables

en palabras de vida temblorosas”.

Él contaba que escribía sus poemas en los largos viajes de Sao Felix a Brasilia para reuniones de la conferencia episcopal brasileira. El viaje dura exactamente 24 horas de autobús. Dom Pedro nunca quiso ir en avión. Con un par de bocadillos, una Coca-Cola y una libreta, y con “toda su huerta para el Dios de Jesús” viajaba, rezaba y escribía el poeta, guerrillero de sí mismo.

Todo eso deja un par de preguntas muy importantes para nuestra fe. ¿Creo que esa libertad que brota de la misericordia es la mayor señal de identidad de Jesús y del Dios de Jesús? ¿Creo, y estoy dispuesto a aceptar, que quien se deje llevar por el Espíritu de esa libertad misericordiosa, se expone a ser crucificado o marcado con algún sambenito, o a compartir como sea el destino del Maestro?

Si lo creemos así, no queda más que rezar un poco asustados: Que Dios me sostenga.

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Sencillo funeral del activista, misionero y poeta, ‘obispo de los pobres’, en Batatais

Martes, 11 de agosto de 2020

Vista-funeral-Casaldaliga-obispo-pobres_2257584269_14826677_667x375Funeral de Casaldáliga en Batatais

Don Moacir Silva, obispo: “Las bienaventuranzas fueron la gran orientación de la vida de Pedro Casaldàliga”

Su primer funeral se ha celebrado en un polideportivo del centro claretiano de Batatais, el municipio brasileño en el que ayer falleció el obispo emérito de Sao Félix

Presidida por tres obispos y concelebrada por casi una veintena de sacerdotes, la eucaristía de exequias de Casaldàliga ha acontecido entre canciones, música de guitarra y en un altar decorado en clara representación del obispo claretiano

Un sombrero sertanejo, de campesino, que Pedro solía utilizar en reemplazo a la mitra episcopal que nunca quiso lucir; cestos de fibras en lugar de coronas de flores. Telas artesanales. Y, en el centro, el ataúd del obispo de los pobres, sobre palés de madera y una red de pescadores del Araguaia

España y países de Latinoamérica lloran la muerte del “obispo del pueblo

CELAM unido a Iglesia brasileña destaca testimonio de Monseñor Pedro Casaldáliga

Nicolás Castellanos: “Se jugó la vida con los pobres, por los pobres y como los pobres. Sus gritos hoy no se quieren oír”

Luis Miguel Modino, junto con la Secretaría Ejecutiva y toda la Red Eclesial Panamazónica – REPAM_: Pedro, alguien que nos hizo creer en la grandeza de ser Red

Josep Miquel Bausset: “Pere Casaldáliga siempre pensó que no podía haber fe cristiana sin encarnación. Apostó por el celibato opcional y una mayor presencia de las mujeres en la Iglesia”

Cuando Roma quiso cesar a Casaldáliga, alegando que no cumplía con sus obligaciones de residencia. En 1988, Juan Pablo II estuvo a punto de dimitirle

Como George Floyd, una figura más reciente de la movilización contra la violencia que sufren los negros, los pobres, los humillados… Pedro Casaldàliga tendrá más de un funeral. El de esta tarde (20 horas en España) es el primero, en un polideportivo del centro claretiano de Batatais, el municipio brasileño en el que ayer falleció el obispo emérito de Sao Félix do Araguaia.

Presidida por tres obispos y concelebrada por casi una veintena de sacerdotes, la eucaristía de exequias de Casaldàliga ha acontecido entre canciones, música de guitarra y en un altar decorado en clara representación del obispo claretiano y de su vida, entregada al contacto con las comunidades indígenas amazónicas, veterana en activismo y compromiso con los pobres. Un sombrero sertanejo, de campesino, que Pedro solía utilizar en reemplazo a la mitra episcopal que nunca quiso lucir; cestos de fibras en lugar de coronas de flores. Telas artesanales, multicolor. Y, en el centro, el ataúd del obispo de los pobres, igual de gráfico: sobre palés de madera, sin más adorno que la propia madera y una red de los pescadores del río Araguaia. Sus restos, con una cruz sobre su pecho, obra de un indio xavant y una Biblia posada sobre sus piernas, abierta por los Salmos, próxima a sus pies descalzos.

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En la homilía, el obispo que ha celebrado, Don Moacir Silva (de la diócesis de Ribeirao Preto), ha recordado “las largas horas de silencio y oración” que “fueron solidificando esta convicción: las bienaventuranzas fueron la gran orientación de su vida”. Repasando con solemnidad cada una de las dimensiones de la personalidad del misionero, originario de Cataluña, Moacir Silva ha empezado por subrayar el activismo de Casaldàliga. “Batalló por la justicia incansablemente”, ha declarado, aludiendo a las causas de los pobres “y de los más sufridores”, que asumió como suyas.

Defensor de los derechos humanos, el sacerdote español también ha sido homenajeado en su faceta de místico. “Fue un contemplador de Dios”, ha dicho el obispo oficiante. “Entró en el misterio de Dios y llevó su palabra” a los pueblos con los que vivió y junto a los que “experimentó la persecución”.

“Pedro desprendió toda su energía por el Reino de Dios”, ha continuado el prelado, apuntando, por otra parte, al vínculo de Casaldàliga con la poesía, que utilizó durante toda su vida para generar conciencia social y política y expresar sus sentimientos de proximidad a la belleza divina.

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Después de escuchar recitar un poema de Casaldàliga que celebra una paz soñada, proyectada, una paz que cuando llegue “no nos deje en paz”, el obispo ha puesto en valor, para finalizar la homilía, el trabajo de Casaldàliga como “profeta”. Su denuncia de la destrucción del medioambiente y las injusticias del sistema económico, desde su llegada a la Araguaia.

Es 9 de agosto del año del coronavirus, y las mascarillas de los fieles en el funeral de Casaldàliga desentonan frente a las cartulinas que, en el altar, simulan las grandes hojas de los nenúfares, flotando sobre el agua. Se escuchan pájaros tropicales fuera del edificio y parece que su querida Amazonía quisiera colarse en la celebración. Para aconsejarle al obispo de los abandonados que tampoco en el más allá deje de velar por los suyos. Por los habitantes de las tierras amazónicas. Por los trabajadores que no tienen las necesidades elementales cubiertas. Ya lo sabe ella, que le conoce: a Pedro le caben muchísimas causas dentro.

 Fuente Religión Digital

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Juan José Tamayo: “Ninguna causa que se jugara en la esfera local o internacional le era ajena, tampoco ninguna revolución”

Lunes, 10 de agosto de 2020

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Las manos de Casaldáliga (Joan Guerrero)

Entre la poesía, la mística y la revolución

“La noticia de su fallecimiento nos dejó sumidos en un profundo dolor, pero también en el recuerdo subversivo de su vida igualmente subversiva”

“Cantó a los revolucionarios latinoamericanos: Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, Che Guevara, Gaspar Laviana; a los obispos mártires: San Romero de América (El Salvador), Enrique Angelelli (Argentina), a los teólogos de la liberación Gustavo Gutierrez, Leonardo Boff”

“Ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales, construyó espacios de convivencia y diálogo”

“La mejor expresión de su opción por las comunidades indígenas y afrodescendientes son sus dos bellísimas cantatas: la Misa de la Tierra sin Males, donde denuncia el genocidio, el etnocidio y el biocidio del proceso colonizador y sus formas actuales; la Misa de los Quilombos, en la que muestra la originalidad de la cultura afro y su gran potencialidad de acogida, al tiempo que denuncia el sistema de esclavitud”

A las 3 de la tarde, hora española, me comunicaba mi amigo y colega el teólogo claretiano brasileño Mario Fernandes el fallecimiento de Dom Pedro Casaldáliga en la ciudad de Batatais, del Estado de Sâo Paulo. Enseguida lo comuniqué a nuestros amigos comunes. La noticia nos dejó sumidos en un profundo dolor, pero también en el recuerdo subversivo de su vida igualmente subversiva, como él mismo reconoce en uno de sus poemas:

“Me llaman./Me llamarán subversivo./ Y yo les diré: lo soy./ Por mi pueblo en lucha vivo./ Con mi pueblo en marcha voy./ Tengo fe de guerrillero/ y amor de revolución./ Y entre Evangelio y canción/ sufro y digo lo que quiero”. Una vida comprometida con las causas de liberación de los pueblos oprimidos que, según su humilde decir, “son más importantes que mi vida”.

Cataluña fue su patria, y Balsereny (Barcelona), el pueblo donde nació el 16 de febrero de 1928. Allí tenía sus raíces, su familia, sus amigos y amigas, las organizaciones solidarias con sus proyectos humanitarios y ecológicos. En 1968 su vida dio un giro copernicano: partió para Brasil y nunca más volvió a su tierra natal, ni siquiera con motivo del fallecimiento de su madre. Así lo prometió cuando se embarcó camino de América Latina y, fiel a su promesa, lo cumplió. Pero llevaba a Cataluña en el corazón y en la mente. Patria suya fue también Brasil, donde llegó como misionero y ejerció como obispo de la liberación durante más de tres décadas en la diócesis de Sâo Felix do Araguaia, en el Mato Grosso.

Durante varias décadas he mantenido una fluida comunicación epistolar con él. He leído sus textos. He seguido su itinerario vital e intelectual. He escuchado testimonios de amigos comunes. Le he enviado mis libros. En 2012 le dediqué mi Invitación a la utopía con estas palabras: “A Pedro Casaldàliga, profeta de la utopía-en-acción con la mirada puesta en Otro Mundo Posible”.

En este artículo voy a ofrecer, en catorce imágenes, algunas de las dimensiones más destacadas de su rica personalidad: la originalidad de su pensamiento, la ejemplaridad de su vida y las causas por las que luchó y que dieron sentido a su existencia.

1. Poeta. Pedro cultivó la poesía desde su juventud. Es uno de los mejores poetas hispano-latinoamericanos junto con Ernesto Cardenal. No fue un simple versificador de Corte, ni contemporizador con el Sistema, ni legitimador del orden establecido, ni se queda en palabrería vacía, sino que provocó revoluciones. Cantó a los revolucionarios latinoamericanos: Augusto César Sandino, Carlos Fonseca Amador, Che Guevara, Gaspar Laviana; a los obispos mártires: San Romero de América (El Salvador), Enrique Angelelli (Argentina), a los teólogos de la liberación Gustavo Gutierrez, Leonardo Boff.

2. Revolucionario internacionalista. “Creo en la Internacional/ de las frentes levantadas,/ de la voz de igual a igual/ y las manos entrelazadas…/ y llamo al Orden del mal/ y al Progreso de mentira”. Ninguna causa que se jugara en la esfera local o internacional le era ajena, como tampoco lo era ninguna revolución: la cubana, la sandinista, la zapatista, la guatemalteca, la salvadoreña. A todas acompañó, visitando a sus líderes, poniéndose del lado de los pueblos en lucha y celebrando con ellos la liberación.

3. Intelectual crítico. Casaldàliga no aceptaba la realidad tal como es, ni se instala cómodamente en ella, sino que se preguntaba cómo debe ser y busca su transformación a través de la praxis. Ofreció narrativas alternativas a los relatos oficiales, construyó espacios de convivencia y diálogo en vez de campos de batalla y argumenta en favor de los binomios paz y justicia, libertad e igualdad. Criticó al poder, a todos los poderes: religioso, eclesiástico, político, económico, a los poderes oscuros del Vaticano, al imperialismo, colonialismo, capitalismo, a todas las discriminaciones: étnica, de género, de clase, de etnia, de religión, de cultura… Pero no fue un iconoclasta sin más, sino que propuso alternativas.

4. Ecologista. Pedro reclamaba el derecho de los pueblos originarios –verdaderos ecologistas- a su territorio y exigía el reconocimiento de los derechos de la Madre Tierra (Pacha Mama) que esos pueblos consideran sagrada y con quien forman una comunidad eco-humana.

5. Defensor de las causas indígena y negra. Desde su llegada a Brasil abrazó ambas causas y fue objeto de persecución por ello, e incluso amenazado de muerte. La mejor expresión de su opción por las comunidades indígenas y afrodescendientes son sus dos bellísimas cantatas: la Misa de la Tierra sin Males, donde denuncia el genocidio, el etnocidio y el biocidio del proceso colonizador y sus formas actuales; la Misa de los Quilombos, en la que muestra la originalidad de la cultura afro y su gran potencialidad de acogida, al tiempo que denuncia el sistema de esclavitud de que fueron objeto los negros en Amerindia. Al proceso colonizador respondió con la lucha por descolonización de las mentes y los sentimientos, las creencias y las culturas, al tiempo que exigió el reconocimiento de los saberes y sabidurías de esos pueblos.

“Criticó al poder, a todos los poderes: religioso, eclesiástico, político, económico, a los poderes oscuros del Vaticano, al imperialismo, colonialismo, capitalismo, a todas las discriminaciones”

6. Defensor de la causa de las mujeres. Entre sus prioridades se encontraba la dignificación de las mujeres campesinas, indígenas, negras, prostitutas, etc, sometidas a las múltiples opresiones del patriarcado, el colonialismo, el capitalismo y la religión dominante. En sus escritos y oraciones huyó siempre del lenguaje patriarcal y recurre al lenguaje inclusivo, llamando a Dios Padre y Madre.

7. Opción por el diálogo intercultural, interreligioso e interético. Casaldàliga no impuso su fe a los otros, ni afirmó que su religión es la única verdadera. Nombró al Dios de todos los nombres. Puso en práctica el poema de Antonio Machado: “¿Tu verdad? No. La verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.

8. Obispo en rebelde fidelidad e insurrección evangélica. Estuvo siempre bajo sospecha del Vaticano –al menos durante los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XI- y de no pocos de sus colegas episcopales de América Latina y especialmente de Brasil, que lo denunciaron a Roma, y de España, donde antiguos compañeros y luego colegas en el episcopado le retiraron la amistad.

9. Profeta. Siguiendo las huellas de los profetas de Israel/Palestina, de Jesús de Nazaret y de Bartolomé de Las Casas, Pedro despertó las conciencias adormecidas, revolucionó las mentes instaladas, denunció las injusticias del sistema y anunció Otro Mundo Posible en la historia.

10. Místico. Encontró a Dios en los rostros de las personas y los colectivos empobrecidos y habló con él en el silencio meditativo. Vivió su experiencia religiosa no evadiéndose del mundo, sino en el corazón de la realidad. La espiritualidad fue la fuente de su compromiso socio-político y este da sentido histórico a la espiritualidad.

11. Teólogo. Pensó la fe liberadoramente, vivió esperanzadamente la practica a través de la solidaridad, que él mismo llamaba “la ternura de los pueblos”, y se puso del lado de las teólogas y los teólogos de la liberación represaliados. Junto con Rubem Alves y  Ernesto Cardenal creó la teo-poética de la liberación.

12. Misionero al servicio de la liberación. Casaldàliga no fue al Mato Grosso a convertir infieles, sino a llevar a cabo una evangelización liberadora con el Evangelio como buena noticia para los empobrecidos y pésima noticia para los causantes de la pobreza estructural.

13. Obrero de la utopía en construcción. Practicó la esperanza como principio ínsito en la realidad y como virtud del optimismo militante en dirección a la utopía. En el discurso de recepción del doctorado honoris causa que le concedió el año 2000 la Universidad de Campinas (Brasil) proclamó su “pasión por la utopía. Una pasión escandalosamente desactivada, en esta hora de pragmatismo, de productividad, de mercantilismo total, de posmodernidad escarmentada” y se declaró obrero de la utopía en construcción y a rehabilitar críticamente a contratiempo. Utopía como lugar “donde quepamos todos”, como piden los zapatistas mayas. Su mensaje fue “de esperanza en esperanza caminamos esperanzándonos”.

14. Espiritualidad contra-hegemónica. Propuso el reino de Dios como alternativa al Imperio, a cualquier Imperio, pasado presente o futuro: “Cristianamente hablando –afirmaba-, la consigna es muy clara (y muy exigente) y Jesús de Nazaret nos la ha dado…: Contra la política opresora de cualquier imperio, la política liberadora del Reino. Ese Reino del Dios vivo, que es de los pobres y de todos aquellos y aquellas que tienen hambre y sed de justicia. Contra la ‘agenda’ del impero, la ‘agenda’ del Reino”.

La  “Oda a Reagan”, que recuerda la “Oda a Roosevelt” de Rubén Darío, comienza con la excomunión del presidente de los Estados Unidos: “Te excomulgan conmigo los poetas, los niños, los pobres de la tierra”. Y termina declarándole el último (grotesco) emperador: “Yo juro por la sangre de su Hijo,/ que otro Imperio mató/ y juro por la sangre de América Latina/ -preñada de auroras hoy- que tú serás el último (grotesco) emperador”.

Esa fue su espiritualidad: anti-imperial, contra-hegemónica, con la que, cual David contra Goliat, desnudó a los Imperios que por muy poderosos que parezcan y se crean tienen los pies de barro. Para quienes deis profundizar en la figura de Casaldáliga, en mi libro Teologías del Sur. El giro descolonizador (Trotta, 2020, 2ª ed., 198-202) dedico un capítulo a la “Teopoética de la liberación” de Pedro Casaldáliga: Poesía encarnada en la revolución” .

Fuente Religión Digital

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Los versos de Casaldáliga, el obispo revolucionario de Brasil

Lunes, 10 de agosto de 2020

CASALDALIGA

Brillan asociados a la pintura de Cerezo en los ‘Murales de la Liberación‘ Miembro de la congregación claretiana, el religioso catalán reside en Brasil desde hace más de medio siglo y en estos días es centro de atención de la opinión pública, pues se encuentra en delicado estado de salud internado en cuidados intensivos en Batatais

Los 11 murales de Cerezo fueron pintados entre 1977 y 2001 y su obra mezcla motivos religiosos y crítica social, junto a versos de Casaldàliga, el “obispo del pueblo”

Paulo Gabriel Osa: “Dom Pedro Casaldáliga es un místico con los pies en la tierra, un santo de nuestro tiempo”

Brasil llora su marcha, que ha inundado de mensajes las redes sociales

Comienza la despedida de Casaldáliga, cuya muerte lamentan Lula y Rousseff

El Gobierno español envía sus condolencias por la muerte del obispo Casaldáliga

Revolucionario, místico y también humanista, el obispo español Pere Casaldáliga, de 92 años, célebre defensor de los indígenas y de los más necesitados en Brasil, cultiva la poesía, en la que plasma el amor que profesa con versos inspirados en su testimonio pastoral.

Miembro de la congregación claretiana, el religioso catalán reside en Brasil desde hace más de medio siglo y en estos días es centro de atención de la opinión pública, pues se encuentra en delicado estado de salud internado en cuidados intensivos en Batatais, un pequeño municipio del interior de Sao Paulo.

Entre el trasiego de visitas y partes médicos, algunos allegados recuerdan la vena poética del prelado catalán, uno de los promotores de la Teología de la Liberación y conocido como el “obispo del pueblo” por su labor en favor de los derechos de los más necesitados y vulnerables, especialmente los indígenas.

Arte y poesía por la liberación

El misionero Ronaldo Mazula, claretiano que coordina la acogida de Casaldáliga en Batatais, muestra orgulloso una de las obras que dan fe de la poética del obispo español: “Murais da Libertaçao” (Murales de la Liberación).

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“Esta obra bellísima con las pinturas de Cerezo y con las poesías de Casaldáliga es un gran testimonio del servicio para el pueblo y del servicio para la humanidad”, explicó a EFE Mazula.

Se trata de una obra que mezcla arte y poesía y que fue producida junto al misionero claretiano español Maximino Cerezo Barredo, identificado como el pintor de la Teología de la Liberación, una rompedora corriente nacida a finales de los 60 en Latinoamérica que causó polémica con la Curia romana por su lectura social en favor de los pobres.

El libro contiene imágenes de los murales pintados por el religioso español en la Catedral y en varias iglesias de la Prelatura de Sao Félix do Araguaia, obras que explican los ideales defendidos por Casaldáliga donde la iglesia es una opción pastoral para los más necesitados.

Bajo la cúpula central que cubre la biblioteca de los claretianos en Batatais, Mazula desveló detalles sobre la estrecha amistad que desde la década de los años 70 une a Casaldáliga y Cerezo Barredo, los países que visitaron juntos y cómo el arte y la poesía han complementado su trabajo pastoral.

“Los dos se encuentran en Brasil, en Panamá, en Nicaragua, en Colombia, en Perú, pero será acá en Brasil donde el poeta, el místico, el misionero y el misionero pintor, el artista, van a dar esta gran obra murales de la liberación”, narró.

Los 11 murales de Cerezo fueron pintados entre 1977 y 2001 y su obra mezcla motivos religiosos y crítica social, donde ciertos temas son preponderantes. Los pies descalzos, los brazos en alto, indígenas y negros como protagonistas y la comunidad, son algunos de los rasgos inconfundibles de sus obras así como el vivo color que les da.

El canto de la liberación es una de esas obras, y este, uno de los versos del poema que lo acompaña. “Morena toda nuestra/rostro de cuenco y luna/belleza en carne viva de mujer/ niña madre de todos/ habla por esa boca que beso la primera/la carne de Dios hombre, Cristo…”.

Defensor de los más vulnerables

Casaldáliga está radicado en Brasil desde 1968 y actualmente es obispo emérito de la Prelatura de Sao Felix do Araguaia, en Mato Grosso, una remota región en el centro oeste de Brasil, donde predominan la pobreza, el analfabetismo, la injusticia social y la lucha de tierras entre hacendados e indígenas.

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En Brasil, se le reconoce por su intensa labor social y participó en la fundación de la Comisión Pastoral de la Tierra y en el Consejo Misionero Indígena, ambas organizaciones vinculadas a la Iglesia católica.

El obispo, hijo de campesinos y ordenado sacerdote en la España de la dictadura de Francisco Franco, ha llegado a sufrir amenazas de muerte en diversas ocasiones, entre ellas por su defensa de los indígenas Xavante de Marãiwatsédé en la retomada de sus tierras tras ser ocupadas por invasores.

“Placa de suburbio”,
poema de Casaldáliga

“Esta prohibido tirar basura”…
Se pueden tirar
personas

Fuente Religión Digital

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Muere Pedro Casaldáliga, con el corazón repleto de nombres

Sábado, 8 de agosto de 2020

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¡Qué profunda tristeza. Se nos van yendo todos…!

Sólo salió de la Amazonía en dos ocasiones. Una, cuando fue llamado por Juan Pablo II en 1988, en los momentos más duros para la Teología de la Liberación, y ahora, para morir lejos de su tierra, donde volverá para ser enterrado junto a los indios. En aquella ocasión, en Roma, Casaldáliga dejó al Papa bien claro que “estoy dispuesto a dar mi vida en cualquier instante por Pedro, pero por el Vaticano es otra cosa”.

Para él, lo importante eran los pobres

“Los del Primer Mundo, si no trabajáis la solidaridad, no os vais a salvar, pese lo que os pese”

El País: Muere el obispo Casaldáliga, un referente de la Teología de la Liberación y de la lucha contra la dictadura brasileña

El Diario: Muere Pere Casaldàliga, el obispo de los pobres

Cardenal Omella: “Casaldáliga es un ejemplo de hombre que quiso vivir con los pobres y que se entregó a ellos”

Josep M. Abella, obispo de Fukuoka: “Pedro era crítico, pero su crítica nacía de un amor apasionado por quienes son víctimas”

Cardenal Aquilino Bocos: “Atento al paso del acontecer, Casaldàliga fue amigo de lo esencial”

Maximino Cerezo: Pedro Casaldáliga, “un manantial a beber agua fresca”

Al final del camino me dirán: -¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres…” Pedro Casaldáliga acaba de llegar al final de ese camino que tantas veces dibujó en sus poemas. A sus 92 años, el obispo catalán, llamado por muchos el ‘profeta de la Amazonía’, ha fallecido a las 9,40 horas de Brasil, después de haber sido ingresado en una clínica de los claretianos en Batatais (Sao Paulo).

Como él siempre quiso, su cuerpo será enterrado en Sao Felix do Araguaia, en el Matto Grosso, el lugar que nunca quiso dejar. Así lo anunciaba el provincial de los claretianos en Brasil, padre Marco: “Comunico a todos hermanos de la Congregación el fallecimiento de D. Pedro Casaldaliga”.

Una muerte anunciada después de que hace cinco días el religioso, uno de los inspiradores de la Teología de la Liberación, fuese trasladado desde el Amazonas a Sao Paulo para ser tratado de una neumonía asociada a un derrame pulmonar, del que no pudo salir. Hace unos días, incluso, el presidente de la Conferencia Episcopal, Juan José Omella, publicaba un tweet, en el que subrayaba “Mi oración por el descanso eterno de Pere Casaldàliga, obispo de la prelatura territorial de São Félix do Araguaia. Mis condolencias a los familiares y amigos de este religioso catalán, hijo del Corazón de María. Descanse en paz”. Ahora, debe rescatarlo.

Casaldáliga, reconocido en Brasil por su intensa labor social y defensa de los más pobres, se le conoce como el “obispo del pueblo” por su defensa de los pueblos indígenas de la Amazonia y la lucha contra la violencia en el campo. El prelado catalán, que vivía en Brasil desde 1968, fue uno de los fundadores del Consejo Nacional Indígena del país. Su defensa de los pueblos originarios le costó en más de una ocasión sufrir amenazas de muerte. Pero Casaldáliga jamás abandonó la Amazonía.

Dar mi vida por Pedro, no por el Vaticano

Sólo, en dos ocasiones. Una, cuando fue llamado por Juan Pablo II en 1988, en los momentos más duros para la Teología de la Liberación, y ahora, para morir lejos de su tierra, donde volverá para ser enterrado junto a los indios. En aquella ocasión, en Roma, Casaldáliga dejó al Papa bien claro que “estoy dispuesto a dar mi vida en cualquier instante por Pedro, pero por el Vaticano es otra cosa”. Para él, lo importante eran los pobres.

Si Wojtyla no lo entendió, sí lo hicieron otros dos papas, Pablo VI y Francisco. El primero fue claro al recibir las primeras denuncias contra Casaldáliga: “Quien ataca a Pedro, ataca a Pablo”. El segundo, utilizando sus enseñanzas para escribir la magnífica encíclica Laudato Sí, de cuya publicación acaban de cumplirse cinco años. Sin Pedro Casaldáliga, afirman en el Vaticano, no podía haberse escrito la primera encíclica ‘verde’, en la que se alerta de los peligros de la deforestación y se defiende a los pueblos originarios. Tras Laudato Si, vino el Sínodo de la Amazonía. De hecho, Bergoglio consultó al prelado claretiano durante la redacción de texto.

“Francisco está desmantelando el aparato burocrático eclesiástico”, aseguraba en su día Pedro Casaldáliga, quien veía en Francisco una posibilidad para hacer realidad “la Iglesia de los pobres”. “Los del Primer Mundo, si no trabajáis la solidaridad, no os vais a salvar, pese lo que os pese”, decía el obispo de la Amazonía, que en los próximos días, por fin, descansará “descalzo sobre la tierra roja“, junto a los suyos, los más pobres.

Fuente El Barón Rampante

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Muere Pedro Casaldáliga, el profeta del Araguaia

Sábado, 8 de agosto de 2020

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A las 9:40 a.m. (hora de Brasilia), en la ciudad de Batatais, estado de São Paulo, Brasil

La misa fúnebre se celebrará en Batatais el 9 de agosto de 2020 a las 15.00 horas

El velatorio tendrá luhar en tres sitios: Batatais, Ribeirão Cascalheira y Sao Felix do Araguaia

La Prelatura de San Félix de Araguaia (Mato Grosso, Brasil), la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos) y la Orden de San Agustín (Agustinos) anuncian la muerte de Monseñor Pedro Casaldáliga Pla, CMF, Obispo Emérito de la Prelatura de San Félix de Araguaia (Mato Grosso) y Misionero Claretiano, que falleció en este 8 de agosto de 2020 a las 9:40 a.m. (hora de Brasilia), en la ciudad de Batatais, estado de São Paulo, Brasil.

El velatorio tendrá lugar en tres lugares:

1 – En Batatais – SP

Pedro Casaldáliga, CMF, será velado el 8 de agosto de 2020, a partir de las 3 p.m. en la capilla del Centro Universitario Claretiano – Batatais, una unidad educativa dirigida por los Misioneros Claretianos, ubicada en la calle Dom Bosco 466, Castelo, Batatais, São Paulo, Brasil. Información: 16.3660-1777.

La misa fúnebre se celebrará en Batatais el 9 de agosto de 2020 a las 15.00 horas en la dirección antes mencionada y estará abierta al público en general. También se transmitirá en directo a través del enlace https://youtu.be/spto8rbKye0. El enlace estará abierto para que otros medios de comunicación lo transmitan.

2 – En Ribeirão Cascalheira – MT

El cuerpo del obispo Pedro Casaldáliga, CMF, será velado en el Santuario de los Mártires a partir del 10 de agosto, sin que se estime el tiempo de llegada del cuerpo. Información: teléfono 66 – 98420 – 2253 Fr.

3 – En São Félix do Araguaia – MT

El cuerpo de Dom Pedro Casaldáliga, CMF, será velado en el Centro Comunitario Tia Irene. El entierro será en São Félix do Araguaia.

***

Pedro Casaldáliga, el obispo descalzo y el poeta de los que no cuentan

Este obispo descalzo y sin mitra, con el corazón lleno de nombres, nunca dejó de apoyar a todos los que hoy más le cantan, y que no dejarán que sus versos sean un futuro imposible

Nació a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsanery en 1.928, en el seno de una familia católica. La Guerra Civil española le cogió en zona republicana, por lo que desde sus ocho años y hasta los once, el tiempo que duró la guerra, se confesaba en los establos y galerías, y ayudaba en misa a eucaristías de catacumba

São Felix do Araguaia, pequeño municipio del Mato Grosso de Brasil. Llega en 1.968 desde España junto con Manuel Luzón, CMF a fundar una misión católica, cuyos 150.000 kilómetros cuadrados de pastizales, florestas, selvas y ríos habitados por indios, pobres campesinos emigrados y peones de acarreo de los interminables latifundios agropecuarios fueron hechos Prelatura Apostólica

Ha muerto un referente religioso de nuestros días. El obispo emérito de São Félix do Araguaia ha fallecido a los 92 años. Aunque ya avisaba su larga enfermedad de Párkinson, con la que convivió durante muchos años el final llegó en el hospital de Batatais. A Pedro Casaldáliga le acompañan las causas que dieron sentido a su vida: Dios, los pobres, la tierra, los indígenas, los mártires… También su amplia obra poética y sus hermanos de la congregación a la que él pertenecía, los Misioneros Claretianos.

Era un religioso de una vida de oración muy profunda, de donde nace su ofrenda apostólica con la gente marginada. Un hombre insobornable, comprometido con el Evangelio. Y los suyos, su gente, han sido siempre los que nada pueden, los que no cuentan. Los que mueren-matados tantas veces antes de tiempo. Este obispo descalzo y sin mitra, con el corazón lleno de nombres, nunca dejó de apoyar a todos los que hoy más le cantan, y que no dejarán que sus versos sean un futuro imposible.

Pedro Casaldáliga nació a orillas del Llobregat, en una lechería de Balsanery en 1.928, en el seno de una familia católica. La Guerra Civil española le cogió en zona republicana, por lo que desde sus ocho años y hasta los once, el tiempo que duró la guerra, se confesaba en los establos y galerías, y ayudaba en misa a eucaristías de catacumba. Algunas veces tuvo que encubrir ante los milicianos el paradero de las monjitas de sus primeros años de escuela, o dar escondite a los desertores. Finalizada la guerra, le hizo saber a sus padres su deseo de ser sacerdote. Al año siguiente entró al seminario de Vic y entre conversaciones con sus superiores y visitas al sepulcro de San Antonio María Claret, llega a escribir en su diario que “se me despertó la vertiente última de mi vocación sacerdotal”. Sería misionero.

De sus años de formación, “podría decir lo que ya tantos otros han dicho”, pero el joven Pedro Casaldáliga ya sentía que el celo le abrasaba. Dicho con sus propias palabras “la definición que del Misionero Claretiano nos legara el Fundador pedía eso, un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa…”.

Sus primeros 16 años de claretiano en España 

Sabadell, durante seis años y Barcelona durante los tres siguientes supusieron un contacto con la realidad social española que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su ministerio sacerdotal. Alternó el mundo obrero con los Cursillos de Cristiandad, con la vida en comunidad, con clases en la escuela y horas en el confesionario. También como director de la Juventud Claretiana, donde atendía a los ‘descartados’ -como hoy diría el papa Francisco- por culpa del vicio, del dolor, de las migraciones o de la falta de trabajo. Y en medio de todo esto, es llamado para implantar los Cursillos en Guinea, “en la parte que aún era española”. A su regreso, escribió: “Ya llevaba para siempre en el corazón, confusamente, como un feto, África, el Tercer Mundo, Los Pobres de la Tierra y esa nueva Iglesia –La Iglesia de los pobres– que diríamos a partir del Concilio”.

A los 33 años, coincidiendo con el inicio del Concilio Vaticano II, recibe destino para ir a Barbastro, para ser formador de los seminaristas claretianos –pasó allí tres años– “bajo las sombras aún presentes de los cincuenta y un mártires hermanos de 1.936”, anota en su diario. A estas alturas, le llegó un nuevo encargo: ir a Madrid, a dirigir la centenaria revista cordimariana El Iris de Paz, a la que cambió el nombre por Iris, Revista de Testimonio y Esperanza.

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Dicho con sus propias palabras “la definición que del Misionero Claretiano nos legara el Fundador pedía eso, un hombre que arde en caridad, que abrasa por donde pasa…”

En torno a esta y otras actividades de Madrid se había fraguado un grupo de compañeros claretianos con quienes compartía la vida en total comunión –“compañeros del alma, compañeros de las horas decisivas, imprescindibles en el futuro: Fernando Sebastián, Teófilo Cabestrero, Maximino Cerezo, Santiago García, Rufino Velasco, etc…”–.

Seguidamente, hubo Capítulo General de renovación de la Congregación en 1.967 y Pedro fue elegido para participar en él como representante de la antigua Provincia de Aragón. De estos días, Pedro escribe: “El anuncio de la Palabra era nuestra misión en la Iglesia. Debíamos vivir el Vaticano II”. Y fue durante este Capítulo de renovación cuando fue enviado al Mato Grosso: “Yo –apunta Pedro en sus diarios– había conseguido, por fin, lo que había soñado y pedido y buscado, rabiosamente, durante todos los días de mi vida de vocación: las Misiones”.

América Latina será mi cruz definitiva 

São Felix do Araguaia, pequeño municipio del Mato Grosso de Brasil. Llega en 1.968 desde España junto con Manuel Luzón, CMF a fundar una misión católica, cuyos 150.000 kilómetros cuadrados de pastizales, florestas, selvas y ríos habitados por indios, pobres campesinos emigrados y peones de acarreo de los interminables latifundios agropecuarios fueron hechos Prelatura Apostólica por la Santa Sede en 1.969.

A Brasil llegó, cuenta él, “sin saber muy bien a dónde ni cómo, pero sintiendo que veníamos en misión. Y llegamos en pleno recrudecimiento de la dictadura militar y nos encontramos con una Iglesia de catacumbas con sus espléndidas minorías proféticas y la sangre corriendo”.

Pronto le salpicaría en su misión esa sangre que corría, y pronto le consagrarían obispo, el 24 de octubre de 1.971, día de San Antonio María Claret. Y ese mismo día publicó la carta pastoral Una Iglesia en la Amazonía en conflicto con el latifundio y la marginación social. Junto a la Doctrina de la Iglesia que incluía denunciar las injusticias en la evangelización, daba 80 páginas de testimonios con nombres, apellidos, lugares, haciendas y firmas.

Y comenzó a ser misionero-obispo bajo amenazas de muerte, hasta el punto de ver cómo moría asesinado el P. João Bosco Penido, SJ, vicario de la Prelatura. Amenazado, pues, por su fidelidad a la misión profética de vivir y anunciar testimonialmente el evangelio liberador de los excluidos y esclavizados por el inhumano sistema de vida y de poder vigentes “bajo la Ley suprema del revólver del 38”.

Nunca volvió a España, ni siquiera para el entierro de su madre. No abandonó la Misión porque no podía correr el riesgo de salir de Brasil. Es más, a los pocos meses de ser ordenado obispo, ya escribía: “esta es mi tierra en la Tierra. Este es mi pueblo. Por ella, con él, caminaré hacia la Patria”. El Gobierno había intentado expulsarlo del país en diversas ocasiones; en concreto, le incoaron cinco procesos de expulsión, pero la intercesión directa del Papa Pablo VI lo impidió. “Quien toca a Pedro, toca a Pablo”, tuvo que subrayar el Pontífice. Años más tarde, tras la visita ad limina con el Papa Juan Pablo II, el 21 de junio de 1.988, Casaldáliga afirmó: “creo en Pedro y su primado y estoy dispuesto a dar la vida por él”. Hablaron, entre otras cosas, de la injusticia que se da en Brasil, y su problemática social.

El trabajo pastoral de Casaldáliga y de su equipo se centró en las siguientes áreas: catequesis y celebraciones de la fe; educación; atención a la salud; y las reivindicaciones mayores como la defensa de los derechos humanos, la lucha por la tierra y la causa indígena.

En torno a 1.984 se le diagnostica la Enfermedad de Párkinson“el hermano Párkinson”, como él mismo se refiriera a ella–. Una enfermedad neurológica que afecta a los movimientos de la persona, causa lentitud de movimientos, rigidez muscular, y alteraciones en el habla y al escribir. Comienza a cumplir disciplinalmente los consejos médicos, lo que de alguna manera retarda, pero no detiene el avance de la enfermedad.

En el año 2.003 le llegó a Pedro el tiempo de renunciar al cargo de obispo. Su preocupación era la de la continuación de la caminhada pastoral. Esto le fue angustiando, sobre todo con la demora de la nunciatura, afectándole a su salud, cada vez más frágil. Finalmente, el 2 de febrero del 2.005 el Vaticano le aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la Prefectura por mayoría de edad, nombrando obispo de São Felix do Araguaia a monseñor Leonardo Ulrich Steiner, de la Orden Franciscana. Dom Pedro continuó viviendo en la prelatura a partir de entonces, ya jubilado. Ex-mérito, como le definió un periodista poco familiarizado con el lenguaje eclesiástico, y que él siempre citaba como una broma.

Al final de sus años, muchos medios de comunicación estuvieron interesados en acercarse a Pedro, pero él se resistía a conceder entrevistas que hablaran de sí mismo: “Olvídense de mí y ocúpense de las causas que dan sentido a mi vida. Ellas permanecen”, argumentaba. La gente pasa. Las causas continúan y los días siguen dando que pensar.

Algunos Títulos y Premios otorgados a Mons.Pedro Casaldáliga, CMF.  

El escritor argentino, Adolfo Pérez Esquivel propuso para premio Nobel de la Paz de 1.989 al obispo claretiano Pedro Casaldáliga. “El motivo principal para lanzar la candidatura de Pedro –dice el escritor– es el trabajo realizado durante veinte años por este obispo en pro de la integración latinoamericana en defensa de los derechos de los indios pobres y de los trabajadores de la Amazonía brasileña”. Fue nuevamente propuesto en 1.991 y 1.992.

La fundación española Alfonso Comín le concedía el 28 de septiembre de 1.992 el Premio Internacional por “compartir desde 1.968 la vida de los indígenas y campesinos de esta parte del Amazonas defendiendo sus derechos y haciendo sentir su voz frente a la agresión que padecen contra su vida, su tierra y su cultura y por la solidaridad que mantiene con toda América Latina”.

En 1.993 fue propuesto candidato al Premio Príncipe de Asturias de la Concordia. Al año siguiente, el actual Rey de España, Felipe VI, mencionó uno de sus poemas en el discurso de estos galardones. En 1.995, repite candidatura al Premio Príncipe de Asturias, esta vez optando al área de Comunicación y Humanidades.

En 1.999 la Fundación León Felipe, de España, le otorga el “Premio por los derechos humanos” con la siguiente argumentación: “Ante la globalización económica, que gratifica siempre a los más ricos y acaudalados, Pedro Casaldáliga ha universalizado el grito de los pobres por su liberación. Con su palabra profética y su presencia permanente entre los indígenas del Mato Grosso, Casaldáliga está siendo un acicate insobornable contra la injusticia y una llamada a la conciencia humana y cristiana sobre el valor y dignidad de la persona humana”.

En 2.006 recibe el Premio Internacional de Cataluña. Los miembros del jurado y el Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, viajan a Brasil para entregárselo. Es nombrado Hijo Predilecto de su Ciudad Natal en 1.985 y Doctor Honoris Causa por la Universidad Federal del Mato Grosso en 2.003 y por la Universidad de São Felix do Araguaia en el 2.006.

 Fuente Oficina de Prensa de los Claretianos

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“Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida”. Domingo 14 de junio de 2020. Cuerpo y Sangre de Cristo.

Domingo, 14 de junio de 2020

34-CorpuschristiALeído en Koinonia:

Deuteronomio 8,2-3.14b-16a: Te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres
Salmo responsorial: 147:
Glorifica al Señor, Jerusalén.
1Corintios 10,16-17:
El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo
Juan 6,51-58:
Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida

El Deuteronomio pone en boca de Moisés tres grandes y solemnes discursos ante el pueblo, antes de entrar en la tierra prometida. Algunos han catalogado el Deuteronomio como el “testamento de Moisés”, refiriéndose a sus últimas palabras, llenas de unción y de una honda espiritualidad. Moisés hace memoria del pasado, para dar sentido al hoy de cada generación. La primera palabra de nuestro texto es “recuerda”. Recordar, hacer memoria, conectar con el pasado glorioso, es parte de la historia de fe, o de la salvación. Dios no sólo ha irrumpido en un momento dado en la historia de este pueblo, sino que ha estado presente en todos los momentos alegres y tristes. Nunca le ha abandonado. Más aún las pruebas sufridas en el desierto, fueron necesarias para madurar, para confiar, para vivir exclusivamente de Yahvé, sin apoyos humanos. El desierto es símbolo de la fe pura. El hambre, necesidad básica y urgente se convirtió en prueba para medir la fe-confianza en el Dios que sacia plenamente. Más tarde en una sociedad próspera y consumista el pueblo se olvidó de Yahveh. Fue entonces cuando estos discursos de Moisés adquirieron plena actualidad. Se les recuerda que: “no sólo de pan vive el ser humano sino de cuanto sale de la boca de Dios“. Desde esta perspectiva el ayuno adquiere su sentido profundo. Recuérdese que Mateo retomará este verso para enfrentar las tentaciones de Jesús. En la fiesta de hoy proclamamos a Jesús, Pan de vida, ante las hambres de nuestros desiertos. El es el verdadero maná que Dios da a la humanidad. Todos los demás panes (el dinero, el sexo, el consumismo, la fama, el poder…) no logran saciar plenamente las ansias de hambre del corazón humano, más aún dejan un hambre mayor… Viene entonces Jesús con su palabra y sus gestos, con su propuesta de Reino y Alianza y hace posible un mundo lleno de posibilidades en donde todo se comparte y nadie pasa necesidad.

Pablo orienta a una comunidad de los peligros de división. Aprovecha el contexto comunitario de la Eucaristía para hacer algunas aplicaciones prácticas a este respecto. La palabra clave es: el Cáliz, el Pan… ¿no nos “une” a todos, en la sangre, en el cuerpo de Cristo?. El tema es: La unión de todos en el cuerpo y la sangre de Cristo. De este modo revela el grave compromiso de unidad (común – unión) entre todos. Beber el Cáliz, comer el Pan…expresan el hondo sentido de una fe comprometida por la unidad, la fraternidad, el amor, la solidaridad, la entrega, a los hermanos en Cristo. Si esto no está claro, nuestras Eucaristías están vacías de sentido, o son un mero rito religioso intimista, muy lejos de lo que lo que Pablo quiso inculcar a su comunidad. Acto seguido el Apóstol de los gentiles remacha el tema con la comparación “el Pan es uno… nosotros somos muchos”… para concluir que al comulgar “formamos un solo cuerpo”. La unidad en la universalidad, es un tema de gran actualidad. Pero también “el cuerpo” expresa la dimensión sacramental de la Iglesia que en la diversidad de razas y culturas visibiliza al Cristo total.

El capítulo 6 del evangelio según San Juan está consagrado al llamado “discurso eucarístico”. Los versos del 51-59 revelan una unidad en la expresión: “vivirá para siempre“, con la que comienza y termina nuestro texto. Jesús mediante una fórmula de auto revelación se declara: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo“. Los judíos no entendían. Sucede lo mismo en nuestros días. Sin fe es imposible entender este gran misterio. Aunque lo explique el mismo Jesús, sin fe es imposible captar el sentido que encierran estas palabras y su alcance en la vida. Partiendo entonces de la fe, podemos afirmar con propiedad que Jesús es el Pan de Vida. Es decir, es aquel que ha venido, no de este mundo limitado e insaciable, sino de arriba, de Dios, para saciar definitivamente las hambrunas enraizadas en el corazón humano. Las profundas insatisfacciones, que son muchas, el cansancio de la vida, el sin sentido, los anhelos del corazón… encuentran en este Pan de vida un remedio saludable. La terrible soledad se transforma en habitación de comunión de vida. El creyente ya no vive para sí, es un consagrado, un poseído por una presencia transformadora que le eterniza y da pleno sentido a su existencia. Un dato interesante de este Evangelio es la relación que hace de esta comida (única y sin precedentes), con el sacrificio de Jesús: se trata de comer su cuerpo, beber su sangre. Al comulgar el cuerpo y la sangre de Cristo el creyente no solo recibe, se identifica, se une a… sino que es capacitado para dar, ofrecer, entregar una vida digna… a semejanza de aquel a quien comulga.

 Mi Cuerpo es Comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

(Pedro CASALDÁLIGA)

El evangelio de hoy es dramatizado en el capítulo 058 de la serie «Un tal Jesús» (http://radialistas.net/category/un-tal-jesus/), de los hermanos LÓPEZ VIGIL, titulado «El gemido del viento». Leer más…

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Hacia una mística de ojos abiertos, corazón solidario y amor eficaz (I)

Jueves, 4 de junio de 2020

Monsenor-Agrelo-junto-migrantes-africanos_2113598686_13528262_660x371Leído en su blog:

2020 es un año para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones

Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o no será nada”

Hace cerca de 40 años, Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión

Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios y de fundamentalismos religiosos?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas imágenes que vemos a diario en televisión

Estamos celebrando este año el décimo aniversario del fallecimiento de Raimon Panikkar, místico itinerante, que supo aunar en su vida y su pensamiento ambas dimensiones –mística e itinerancia- con una extraordinaria coherencia y fue capaz de conciliar en su persona experiencias místicas de diferentes religiones: judía, cristiana, hinduista, budista, y la mística secular.

2020 es también un año de para recordar a teólogas y teólogos nonagenarios que brillan con luz propia y viven –o vivieron- la mística no como evasión y huida del mundo, sino en el corazón de la realidad con todas sus contradicciones, al ritmo de la historia, en el horizonte de la liberación, en busca de nuevos valores humanistas y ecológicos y desde el compromiso por la transformación personal, comunitaria y estructural.

Me refiero a Gustavo Gutiérrez, para quien el método de la teología de la liberación es la espiritualidad; a Johan Baptist Metz, fallecido el año pasado, que propone una “mística de ojos abiertos”, que lleva a con-sufrir, a sufrir con el dolor de los demás; a Pedro Casaldàliga, que vive la mística en el bien decir estético de su poesía, en el compromiso con los pobres de la tierra y en defensa de los derechos de las comunidades indígenas y afrodescendientes; a Hans Küng, ejemplo de mística interreligiosa que conduce al diálogo simétrico de religiones, espiritualidades y saberes; a Dorothee Sölle, fallecida en 2003, que supo compaginar en su vida y su teología armónicamente mística y feminismo desde la resistencia.

Celebramos el ochenta y dos aniversario del nacimiento Leonardo Boff, que definió a los cristianos y cristianas como “contemplativos en la liberación” y de Jon Sobrino, testigo de la mística vivida en torno al martirio y de la “liberación con espíritu”, convencido como está de que “sin práctica, el espíritu permanece vago, indiferenciado, muchas veces alienante”; el ochenta y cinco aniversario de Juan Martín Velasco, fallecido en abril pasado, místico en tiempos de ausencia de Dios, y el ochenta aniversario del nacimiento de la carmelita Cristina Kauffmann, fallecida en 2006, cuya vida fue, en palabras suyas “un correr hacia Dios”.

Ellas y ellos han hecho realidad la conocida afirmación de Karl Rahner: “El piadoso de mañana o bien será un ‘místico’, una persona que ha ‘experimentado’ algo, o no será nada”.

Preguntas

Pero llegados aquí me surgen no pocas preguntas. Hace cerca de 40 años, Gustavo Gutiérrez se preguntaba en su libro La fuerza histórica de los pobres si tenía sentido seguir haciendo teología en un mundo de miseria y opresión, si la tarea más urgente no era más de orden social y político que teológica, si se justificaba dedicarle tiempo y energía a la teología en las condiciones de urgencia que vivía América Latina y si los teólogos no estarían dejándose llevar más por la inercia de una formación teológica que por las necesidades reales de un pueblo que lucha por su liberación.

Yo me planteo y os planteo similares preguntas, en este caso en relación con la mística. ¿Tiene sentido hablar de mística en tiempos de secularización, de crisis de Dios y de fundamentalismos religiosos? ¿Se trata de la búsqueda de una “nueva espiritualidad” o, más bien, de una especie de “tapa-agujeros” en una época post-religiosa y de una manera de evadirse de la realidad? ¿No puede parecer una distracción ociosa hablar de mística en medio de la pandemia provocada por el coronavirus con cerca de cuatro millones de personas contagiadas en el mundo y doscientas setenta mil fallecidas y con una postpandemia de incalculables consecuencias para el futuro de la humanidad?

A la vista de las grandes brechas abiertas en el mundo entre ricos y pobres, hombres y mujeres, personas “nativas” y “extranjeras”, pueblos colonizados y potencias colonizadoras, de tamañas situaciones de injusticia estructural, del crecimiento de la desigualdad, de las agresiones contra la tierra, contra los pueblos originarios, contra las mujeres, contra la memoria histórica y a favor del olvido: feminicidios, ecocidios, epistemicidios, genocidios, biocidios, memoricidios, ¿se puede seguir hablando de mística con un discurso que no sea alienante y unas prácticas religiosas que no sean estériles?

Las preguntas se tornan más urgentes y radicales todavía tras las dramáticas imágenes que vemos a diario en televisión de personas migrantes, refugiadas y desplazadas que quieren llegan a nuestras costas surcando el Mediterráneo o saltar las vallas con concertinas y mueren en el intento por la insolidaridad de la “bárbara” Europa llamada “cristiana” o que, procedentes de los países centroamericanos empobrecidos por el voraz y salvaje capitalismo, son detenidas en la frontera de Estados Unidos y separados los niños y niñas de sus padres y madres. O en los campos de refugiados donde viven hacinadas decenas de miles personas en condiciones infrzhumanas, las mujeres son abusadas, muchos niños y niñas deambulan solos y desnutridos y a todos se les ha robado la esperanza y el futuro, muy difíciles de recuperar.

Son preguntas que me golpearon durante la visita que hice hace un par de años a la Casa Museo de la Memoria de Medellín (Colombia), donde vi las estremecedoras imágenes que representaban a las 8.731.000 víctimas (oficiales, las reales son muchas más) del conflicto colombiano. Son víctimas de masacres, desapariciones forzosas, violencia sexual, amenazas múltiples, homicidios, reclutamientos forzosos, desplazamientos forzosos, torturas, despojo de bienes, separaciones familiares, etc.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto y el Mal Absoluto que fue el nazismo, el filósofo de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno, afirmó en su libro Notas sobre literatura: “No querría yo quitar fuerza a la frase de que es de bárbaros seguir escribiendo poesía lírica después de Auschwitz”. ¿Podemos hacer la misma afirmación hoy en relación con la mística?

Aquí dejo planteados los interrogantes. Mi respuesta, en el siguiente artículo. Dejo tiempo suficiente para que los lectores y lectoras puedan responder a partir de las preguntas que vayan plantándose.

[1] Tomo la cita de Johann Baptist Metz, Por una mística de ojos abiertos. Cuando irrumpe la espiritualidad, Herder, Barcelona, 2013, p. 182.

[2] Gustavo Gutiérrez, La fuerza histórica de los pobres, CEP, Lima, 1979 (Sígueme, Salamanca, 1982).

[3] Theodor W, Adorno, Notas sobre literatura. Obra completa. Edición de Rolf Tiedemann, con la colaboración de Gretel Adorno, Susan Buck-Morss y Klaus Schultz, traducción de Alfredo Brotons Muñoz, t. 11, Akal, Madrid, 2003, p. 406.

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Conocer su voz… No nos faltará su silbo

Domingo, 3 de mayo de 2020

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SALMO 23

El Señor es mi Pastor…

Los pastores de mi casa
me enseñaron a sentirLo.
La «chivita» deportada
por la guerra fratricida
me ayudó a reconocerme
vigilado por sus Ojos,
añorado por sus Manos.

Yo sería un pastor
¿bueno?

Tu Palabra me alimenta, cada día,
como un valle.
Me convida tu Misterio, como un monte.
Como un río me penetra,
perdonado,
tu Ternura.

Pirineo y sus pastores,
por las rocas,
en la nieve,

por el Ésera desnudo tierra abajo,
por las noches estrelladas cielo arriba.

Los balidos impotentes me acosaban, siendo niño.
Los balidos de los pobres, degollados, me traspasan.
¿No bastaba con tu sangre, Pascua nuestra?

Si atardece en mis majadas,
Tú serás su paz caliente.
No les faltará tu silbo
cuando rompa el día nuevo.

Los mayores desencantos
puedo atravesar seguro.
¡Tú me llevas como un hombro,
Pastor bueno!

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras, 1994

***

jesus

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús:

“Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.”

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

“Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante.”

*

Juan 10, 1-10

***

¿Quién es Jesús? Jesús es el buen pastor. Es el mismo Señor quien nos invita a que lo pensemos así: como una figura extremadamente amable, dulce, próxima. Sólo podemos atribuir al Señor expresarse con una bondad infinita. Presentándose con este aspecto, repite la invitación del pastor: establece una relación que sabe de ternuras y de prodigios. Conoce a sus ovejitas y las llama por su nombre. Como nosotros somos de su rebaño, resulta fácil la posibilidad de corresponder que antecede a la misma petición que le presentamos. Él nos conoce y nos llama por nuestro nombre; se acerca a cada uno de nosotros y desea hacernos llegar a una relación afectuosa, filial, con él. La bondad del Señor se manifiesta aquí de una manera sublime, inefable […].

El Cristo que llevamos a la humanidad es el «Hijo del nombre», como él mismo se llamó. Es el primogénito, el prototipo de la nueva humanidad, es el Hermano, el Compañero, el Amigo por excelencia. Sólo de él puede decirse, con toda verdad, que «conocía todo ¡o que hay en el hombre» (Jn 2,25). Es el enviado por Dios no para condenar al mundo, sino para salvarlo. Es el buen pastor de la humanidad. No hay valor humano que no haya respetado, ensalzado y rescatado. No hay sufrimiento humano que no haya comprendido, compartido y valorado. No hay necesidad humana -con excepción de las imperfecciones humanas- que no asumiera y probara en sí mismo y propusiera a la inventiva y a la generosidad de los otros hombres como objeto de su solicitud y de su amor, por así decirlo, como condición de su salvación.

*

Pablo VI,
Discurso del 28 de abril de 1968.

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1º de Mayo, San José Obrero

Viernes, 1 de mayo de 2020

En la fiesta del 1º de Mayo, no podemos olvidarnos de que Jesús de Nazaret era un obrero, de estirpe de obreros, encallecidas sus manos con el trabajo diario, solidario con los que sufrían las injusticias y el desprecio, hermano de los “anawim“…

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Vivías del trabajo cotidiano,
fuiste un trabajador, un simple obrero;
¿tu fidelidad?: –“es José el carpintero”-,
un humilde currante, un artesano.

Trabajo en el que fuiste nuestro hermano;
un trabajo de honrado jornalero
que en todo cuanto hace pone esmero,
porque sabe que Dios usa su mano.

Patrono del trabajo y su salmista,
-manos callosas y dedo vendado-
enseña al hombre de hoy, tan derrotista,
a vivir su trabajo ilusionado,
más alegre, cristiano y optimista,
más solidario y más humanizado.

*

JESÚS ADOLESCENTE EN EL TALLER DE JOSÉ.-John Everett Millais

Y EL VERBO SE HIZO CARNE

En el vientre de María

Dios se hizo hombre.

Y en el taller de José

Dios se hizo también clase.

*

Pedro Casaldáliga,
“Fuego y ceniza al viento. Antología espiritual”,
Sal Terrae, 1984,

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15

Dios creó al hombre no para vivir aisladamente, sino para formar sociedad. De la misma manera, Dios «ha querido santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo que le confesara en verdad y le sirviera santamente».

Desde el comienzo de la historia de la salvación, Dios ha elegido a los hombres no solamente en cuanto individuos, sino también en cuanto miembros de una determinada comunidad. A los que eligió Dios manifestando su propósito, denominó pueblo suyo (Ex 3,7-12), con el que además estableció un pacto en el monte Sinaí.

Esta índole comunitaria se perfecciona y se consuma en la obra de Jesucristo. El propio Verbo encarnado quiso participar de la vida social humana.

Asistió a las bodas de Caná, bajó a la casa de Zaqueo, comió con publicanos y pecadores. Reveló el amor del Padre y la excelsa vocación del hombre evocando las relaciones más comunes de la vida social y sirviéndose del lenguaje y de las imágenes de la vida diaria corriente.

Sometiéndose voluntariamente a las leyes de su patria, santificó los vínculos humanos, sobre todo los de la familia, fuente de la vida social. Eligió la vida propia de un trabajador de su tiempo y de su tierra […].

Sabemos que, con la oblación de su trabajo a Dios, los hombres se asocian a la propia obra redentora de Jesucristo, quien dio al trabajo una dignidad sobreeminente laborando con sus propias manos en Nazaret.

De aquí se deriva para todo hombre el deber de trabajar fielmente, así como también ei derecho al trabajo. Y es deber de la sociedad, por su parte, ayudar, según sus propias circunstancias, a los ciudadanos para que puedan encontrar la oportunidad de un trabajo suficiente.

Por último, la remuneración del trabajo debe ser tal que permita al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo presentes el puesto de trabajo y la productividad de cada uno, así como las condiciones de la empresa y el bien común.

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Gaudium et spes, 32 y 67

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“Creer en el Resucitado”. 12 de abril de 2020. Pascua de Resurrección (A). Mateo 28, 1- 10.

Domingo, 12 de abril de 2020

5610_159130280184_684985184_3801385_7704869_nLos cristianos no hemos de olvidar que la fe en Jesucristo resucitado es mucho más que el asentimiento a una fórmula del credo. Mucho más incluso que la afirmación de algo extraordinario que le aconteció al muerto Jesús hace aproximadamente dos mil años. 

Creer en el Resucitado es creer que ahora Cristo está vivo, lleno de fuerza y creatividad, impulsando la vida hacia su último destino y liberando a la humanidad de caer en el caos definitivo.  

Creer en el Resucitado es creer que Jesús se hace presente en medio de los creyentes. Es tomar parte activa en los encuentros y las tareas de la comunidad cristiana, sabiendo con gozo que, cuando dos o tres nos reunimos en su nombre, allí está él poniendo esperanza en nuestras vidas. 

Creer en el Resucitado es descubrir que nuestra oración a Cristo no es un monólogo vacío, sin interlocutor que escuche nuestra invocación, sino diálogo con alguien vivo que está junto a nosotros en la misma raíz de la vida.  

Creer en el Resucitado es dejarnos interpelar por su palabra viva recogida en los evangelios, e ir descubriendo prácticamente que sus palabras son «espíritu y vida» para el que sabe alimentarse de ellas.  

Creer en el Resucitado es vivir la experiencia personal de que Jesús tiene fuerza para cambiar nuestras vidas, resucitar lo bueno que hay en nosotros e irnos liberando de lo que mata nuestra libertad.  

Creer en el Resucitado es saber descubrirlo vivo en el último y más pequeño de los hermanos, llamándonos a la compasión y la solidaridad.  

Creer en el Resucitado es creer que él es «el primogénito de entre los muertos», en el que se inicia ya nuestra resurrección y en el que se nos abre ya la posibilidad de vivir eternamente.  

Creer en el Resucitado es creer que ni el sufrimiento, ni la injusticia, ni el cáncer, ni el infarto, ni la metralleta, ni la opresión, ni la muerte tienen la última palabra. Solo el Resucitado es Señor de la vida y de la muerte. 

José Antonio Pagola

 

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“Él había de resucitar de entre los muertos”. Domingo 12 de abril de 2020. Domingo de Pascua.

Domingo, 12 de abril de 2020

23-PascuaA1Leído en Koinonia:

Hch 10,34-43: Nosotros hemos comido y bebido con él después de su resurrección
Salmo responsorial 117: Este es el día en que actuó el Señor sea nuestra alegría y nuestro gozo
Col 3,1-4: Busquen los bienes de allá arriba, donde está Cristo
Jn 20,1-9:  Él había de resucitar de entre los muertos

A) Primer comentario

Para este domingo de Pascua nos ofrece la liturgia como primera lectura uno de los discursos de Pedro una vez transformado por la fuerza de Pentecostés: aquél que pronunció en casa del centurión Cornelio, a propósito del consumo de alimentos puros e impuros, lo que estaba en íntima relación con el tema del anuncio del Evangelio a los no judíos y de su ingreso a la naciente comunidad cristiana. El discurso de Pedro es un resumen de la proclamación típica del Evangelio que contiene los elementos esenciales de la historia de la salvación y de las promesas de Dios cumplidas en Jesús. Pedro y los demás apóstoles predican la muerte de Jesús a manos de los judíos, pero también su resurrección por obra del Padre, porque “Dios estaba con él”. De modo que la muerte y resurrección de Jesús son la vía de acceso de todos los hombres y mujeres, judíos y no judíos, a la gran familia surgida de la fe en su persona como Hijo y Enviado de Dios, y como Salvador universal; una familia donde no hay exclusiones de ningún tipo. Ese es uno de los principales signos de la resurrección de Jesús y el medio más efectivo para comprobar al mundo que él se mantiene vivo en la comunidad.

Una comunidad, un pueblo, una sociedad donde hay excluidos o marginados, donde el rigor de las leyes divide y aparta a unos de otros, es la antítesis del efecto primordial de la Resurrección; y en mucho mayor medida si se trata de una comunidad o de un pueblo que dice llamarse cristiano.

El evangelio de Juan nos presenta a María Magdalena madrugando para ir al sepulcro de Jesús. “Todavía estaba oscuro”, subraya el evangelista. Es preciso tener en cuenta ese detalle, porque a Juan le gusta jugar con esos símbolos en contraste: luz-tinieblas, mundo-espíritu, verdad-falsedad, etc. María, pues, permanece todavía a oscuras; no ha experimentado aún la realidad de la Resurrección. Al ver que la piedra con que habían tapado el sepulcro se halla corrida, no entra, como lo hacen las mujeres en el relato lucano, sino que se devuelve para buscar a Pedro y al “otro discípulo”. Ella permanece sometida todavía a la figura masculina; su reacción natural es dejar que sean ellos quienes vean y comprueben, y que luego digan ellos mismos qué fue lo que vieron. Este es otro contraste con el relato lucano. Pero incluso entre Pedro y el otro discípulo al que el Señor “quería mucho”, existe en el relato de Juan un cierto rezago de relación jerárquica: pese a que el “otro discípulo” corrió más, debía ser Pedro, el de mayor edad, quien entrase primero a mirar. Y en efecto, en la tumba sólo están las vendas y el sudario; el cuerpo de Jesús ha desaparecido. Viendo esto creyeron, entendieron que la Escritura decía que él tenía que resucitar, y partieron a comunicar tan trascendental noticia a los demás discípulos. La estructura simbólica del relato queda perfectamente construida.

La acción transformadora más palpable de la resurrección de Jesús fue a partir de entonces su capacidad de transformar el interior de los discípulos -antes disgregados, egoístas, divididos y atemorizados- para volver a convocarlos o reunirlos en torno a la causa del Evangelio y llenarlos de su espíritu de perdón.

La pequeña comunidad de los discípulos no sólo había sido disuelta por el «ajusticiamiento» de Jesús, sino también por el miedo a sus enemigos y por la inseguridad que deja en un grupo la traición de uno de sus integrantes.

Los corazones de todos estaban heridos. A la hora de la verdad, todos eran dignos de reproche: nadie había entendido correctamente la propuesta del Maestro. Por eso, quien no lo había traicionado lo había abandonado a su suerte. Y si todos eran dignos de reproche, todos estaban necesitados de perdón. Volver a dar cohesión a la comunidad de seguidores, darles unidad interna en el perdón mutuo, en la solidaridad, en la fraternidad y en la igualdad, era humanamente un imposible. Sin embargo, la presencia y la fuerza interior del «Resucitado» lo logró.

Cuando los discípulos de esta primera comunidad sienten interiormente esta presencia transformadora de Jesús, y cuando la comunican, es cuando realmente experimentan su resurrección. Y es entonces cuando ya les sobran todas las pruebas exteriores de la misma. El contenido simbólico de los relatos del Resucitado actuante que presentan a la comunidad, revela el proceso renovador que opera el Resucitado en el interior de las personas y del grupo.

Magnífico ejemplo de lo que el efecto de la Resurrección puede producir también hoy entre nosotros, en el ámbito personal y comunitario. La capacidad del perdón; de la reconciliación con nosotros mismos, con Dios y con los demás; la capacidad de reunificación; la de transformarse en proclamadores eficientes de la presencia viva del Resucitado, puede operarse también entre nosotros como en aquel puñado de hombres tristes, cobardes y desperdigados a quienes transformó el milagro de la Resurrección.

El evangelio de hoy está recogido en la serie «Un tal Jesús» de los hermanos López Vigil, en el capítulo 125 ó 126, Sus audios, así como los guiones de literarios de los episodios y sus correspondientes comentarios teológicos se pueden encontrar y tomar en http://www.untaljesus.net

B) Segundo comentario: «El Resucitado es el Crucificado»

Como otros años, incluimos aquí un segundo guión de homilía, netamente en la línea de la espiritualidad latinoamericana de la liberación, que titulamos con ese conocido lema de la cristología de la liberación que encabeza este apartado.

Lo que no es la resurrección de Jesús

Se suele decir en teología que la resurrección de Jesús no es un hecho “histórico”, con lo cual se quiere decir no que sea un hecho irreal, sino que su realidad está más allá de lo físico. La resurrección de Jesús no es un hecho realmente registrable en la historia; nadie hubiera podido fotografiar aquella resurrección. La resurrección de Jesús objeto de nuestra fe es más que un fenómeno físico. De hecho, los evangelios no nos narran la resurrección: nadie la vio. Los testimonios que nos aportan son de experiencias de creyentes que, después, “sienten vivo” al resucitado, pero no son testimonios del hecho mismo de la resurrección.

La resurrección de Jesús no tiene parecido alguno con la “reviviscencia” de Lázaro. La de Jesús no consistió en la vuelta a esta vida, ni en la reanimación de un cadáver (de hecho, en teoría, no repugnaría creer en la resurrección de Jesús aunque hubiera quedado su cadáver entre nosotros, porque el cuerpo resucitado no es, sin más, el cadáver). La resurrección (tanto la de Jesús como la nuestra) no es una vuelta hacia atrás, sino un paso adelante, un paso hacia otra forma de vida, la de Dios.

Importa recalcar este aspecto para darnos cuenta de que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un “mito”, como ocurre en tantas religiones, que tienen mitos de resurrección. Nuestra afirmación de la resurrección no tiene por objeto un hecho físico sino una verdad de fe con un sentido muy profundo, que es el que queremos desentrañar.

La “buena noticia” de la resurrección fue conflictiva

Una primera lectura de los Hechos de los Apóstoles suscita una cierta extrañeza: ¿por qué la noticia de la resurrección suscitó la ira y la persecución por parte de los judíos? Noticias de resurrecciones eran en aquel mundo religioso menos infrecuentes y extrañas que entre nosotros. A nadie hubiera tenido que ofender en principio la noticia de que alguien hubiera tenido la suerte de ser resucitado por Dios. Sin embargo, la resurrección de Jesús fue recibida con una agresividad extrema por parte de las autoridades judías. Hace pensar el fuerte contraste con la situación actual: hoy día nadie se irrita al escuchar esa noticia. ¿La resurrección de Jesús ahora suscita indiferencia? ¿Por qué esa diferencia? ¿Será que no anunciamos la misma resurrección, o que no anunciamos lo mismo en el anuncio de la resurrección de Jesús?

Leyendo más atentamente los Hechos de los Apóstoles ya se da uno cuenta de que el anuncio mismo que hacían los apóstoles tenía un aire polémico: anunciaban la resurrección “de ese Jesús a quien ustedes crucificaron”. Es decir, no anunciaban la resurrección en abstracto, como si la resurrección de Jesús fuese simplemente la afirmación de la prolongación de la vida humana tras la muerte. Tampoco estaban anunciando la resurrección de un alguien cualquiera, como si lo que importara fuera simplemente que un ser humano, cualquiera que fuese, había traspasado las puertas de la muerte.

El crucificado es el resucitado

Los apóstoles no anunciaban una resurrección muy concreta: la de aquel hombre llamado Jesús, a quien las autoridades civiles y religiosas habían rechazado, excomulgado y condenado.

Cuando Jesús fue atacado por las autoridades, se encontró solo. Sus discípulos lo abandonaron, y Dios mismo guardó silencio, como si estuviera de acuerdo. Todo pareció concluir con su crucifixión. Todos se dispersaron y quisieron olvidar.

Pero ahí ocurrió algo. Una experiencia nueva y poderosa se les impuso: sintieron que estaba vivo. Les invadió una certeza extraña: que Dios sacaba la cara por Jesús, y se empeñaba en reivindicar su nombre y su honra. “Jesús está vivo, no pudieron hundirlo en la muerte. Dios lo ha resucitado, lo ha sentado a su derecha misma, confirmando la veracidad y el valor de su vida, de su palabra, de su Causa. Jesús tenía razón, y no la tenían los que lo expulsaron de este mundo y despreciaron su Causa. Dios está de parte de Jesús, Dios respalda la Causa del Crucificado. El Crucificado ha resucitado, !vive!

Y esto era lo que verdaderamente irritó a las autoridades judías: Jesús les irritó estando vivo, y les irritó igualmente estando resucitado. También a ellas, lo que les irritaba no era el hecho físico mismo de una resurrección, que un ser humano muera o resucite; lo que no podían tolerar era pensar que la Causa de Jesús, su proyecto, su utopía, que tan peligrosa habían considerado en vida de Jesús y que ya creían enterrada, volviera a ponerse en pie, resucitara. Y no podían aceptar que Dios estuviera sacando la cara por aquel crucificado condenado y excomulgado. Ellos creían en otro Dios.

Creer con la fe de Jesús

Pero los discípulos, que redescubrieron en Jesús el rostro de Dios (como Dios de Jesús) comprendieron que Jesús era el Hijo, el Señor, la Verdad, el Camino, la Vida, el Alfa, la Omega. La muerte no tenía ningún poder sobre él. Estaba vivo. Había resucitado. Y no podían sino confesarlo y “seguirlo”, “persiguiendo su Causa”, obedeciendo a Dios antes que a los hombres, aunque costase la muerte. Leer más…

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Resucitó el Señor. Un mapa de experiencias pascuales

Domingo, 12 de abril de 2020

Del blog de Xabier Pikaza:

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Ha resucitado Cristo, Aneste Khristós. Ésta es la experiencia central del evangelio, el centro de la vida cristiana. Todo el Nuevo Testamento es un testimonio de ella. Felicidades a todos.

   Muchos de nosotros estamos encerrados, en cuarentena forzosa, este año 2020. Pero la Palabra no está en cuarentena. Por eso la debemos escuchar, proclamar, compartir, desde nuestras casas convertidas en “catacumbas pascuales”. En este contexto de gozo sereno y gran esperanza quiero ofrecer a mis lectores lo mejor que yo puedo hacer: Un mapa o tabla de experiencias pascuales, según el Nuevo Testamento.

    Es una “tabla” para revivir la Pascua, para pasar de cuadro a cuadro y completarlos todos… Sería hermoso recrear con esta tabla una “Ciudad‒Pascua”, en la línea de “Ciudad‒Biblia”. Pero eso lo podrá hacer cada lector. Que tome su Biblia y me siga. Buen día de Pascua a todos, felicidades.

  1. SEPULCRO VACÍO. HISTORIA PASCUAL DE MUJERES

586465fe9d612af0bd4b5c6e8e859defEmpezando con el evangelio de Marcos, que nos lleva a la sepultura de Jesús, con unas mujeres temblorosas, azoradas, exultantes. Ellas son el principio de la pascua. En este relato del “principio pascual” sobresale la figura de María Magdalena… Falta el testimonio de María, la Madre, que se sitúa en otro plano, que debemos completar desde nuestra propia experiencia, conforme al testimonio de conjunto del Nuevo Testamento y de la tradición cristiana.

  1. Mujeres ante el sepulcro. No está en la tumba (Mt 28, 1-3; Mc 16,1-3; Lc 24,1; Jn 20,1). Éste es motivo pascual más importante en el principio origen de la Iglesia: Unas mujeres amigas van a llorar al sepulcro de Jesús, con el deseo de ungir su cadáver. Pero el “ángel” de Dios le dice que no está allí, que no es un muerto en un sepulcro. Que está vivo, que vayan a decirlo a sus amigos, que le busquen y le hallarán en Galilea, donde había vivido y amado, donde habría preparado la llagada del Reino de Dios. Toda el cristianismo posterior depende de esta experiencia de las mujeres. Especialmente centrada en María Magdalena, como ratifica la tradición de fondo de Mc 16,9.
  2. Unas mujeresazoradas… ¿Han cumplido el encargo pascual? ¿Están, estamos todavía en camino? Varios textos desarrollan el motivo anterior. Las mujeres llegan al sepulcro, viendo que está abierto y dentro a un joven (ángel) que les dice que Jesús ha resucitado, mandándoles que vayan y lo anuncien a los discípulos y a Pedro en Galilea (cf. Mc 16,4-7; Lc 24,2; Jn 20,1-2). Ese motivo se enriquece y complica después, pues el evangelio Marcos dice que ellas no fueron donde Pedro y los discípulos (16, 8), que no lograron ir, que es difícil transmitir la experiencia del encuentro pascual… Los demás evangelios dicen que fueron. Ésta es nuestra experiencia el año 2020: Todos nosotros somos aquellas mujeres: ¿Hemos ido de verdad, hemos dicho al mundo que ha resucitado? ¿Estamos todavía en camino?
  3. Las mujeres han visto a Jesús resucitado. Ellas son las primeras, son la llave de la pascua. Ésta es la versión que ofrece Mt 28, 8-10, en contra de Mc 16, 7-8. Mateo afirma que las mujeres han ido, están siempre en camino para anunciar la pascua… Que ellas saben algo que nos demás no sabemos. Ellas siguen estando en camino y mientras avanzan han visto a Jesús. Este evangelio supone y dice que las mujeres han y saben algo que los demás no sabemos. Han “tocado” a Jesús, han escuchado su palabra… y mientras el conjunto de la Iglesia parece estar muda en un inmenso silencio… ellas dicen, proclaman la Palabra, son el principio de la nueva Iglesia.
  4. Versión del evangelio de Juan: La primera es Magdalena; los varones no ven, van y vienen. Ella queda en el “huerto de la pascua”. María ve. Pedro y el Discípulo amado, avisados por Magdalena, llegan al sepulcro, lo ven abierto, con las vendas y sudario en el suelo; el Discípulo Amado cree que Jesús ha resucitado, sin necesidad de verle (Jn 20, 3-10); pero el evangelio no dice cómo le ve y cree… Pedro va y viene. Sólo María Magdalena ve y dialoga con Jesús en el huerto, como sabe Mc 16, 9. Ella es en el principio toda la iglesia.
  5. La pascua, una experiencia de mujeres. María Magdalena “ve” a Jesús. Es la primera que tiene un experiencia pascual, conforme al Evangelio de Juan: Ella vuelve al huerto del sepulcro, ve primero a un ángel y luego a Jesús (Jn 20, 11-16; Mc 16,9). Hay más mujeres que “ven” al Cristo pascual y cuentan sus experiencias a los discípulos pero ellos no les creen (Mc 16,10-11; Lc 24,9-11). Las mujeres aparecen así como un grupo de testigos que han “visto” a Jesús, pero no han sido creídas `por los discípulos.
  6. De las mujeres a Pedro… el principio de la Iglesia. Aparición a Simón, llamado Cefas/Pedro (Lc 24,34; 1 Cor 15, 5; cf. Jn 20, 8). La tradición posterior de la Iglesia interpreta esta “aparición” o experiencia pascual de Pedro como origen del movimiento cristiano. Pero es el “primero de los apóstoles” porque ha tenido la primera experiencia de Jesús y ha puesto en movimiento el movimiento cristiano.

2. LISTA DE APARICIONES

   icono16 Pasamos así de Marcos y las mujeres de la tumba y del principio de la Iglesia a los tres siguientes evangelio, por orden (Mateo, Lucas, Juan). Ellos nos ofrecen una tabla espléndida, variadas, luminosa de experiencias pascuales (apariciones), que pueden y deben ser las nuestras:

MATEO  

  1. Mateo 1. Principio cósmico. El ángel de Dios corrió la losa del Sepulcro… Transformación cósmica. Gran testimonio divino en Mt 28, 1‒6. La resurrección de Jesús aparece como una especie de “cosmogénesis”, la nueva creación. El ángel de Dios (Dios mismo) abre el sepulcro: tema simbólico de Mt 28,2-4, ha sido desarrollado de forma espléndida por el por Ev. apócrifo de Pedro. No se puede tomar en sentido literal externo, pero muestra la gran novedad de la pascua como despertar cósmico
  2. Mateo 2. Aparición de los resucitados antiguos en Jerusalén, en el momento de la muerte Jesús, Mt 27,52‒53. Este evangelio retoma y reformula un motivo apocalíptico de la resurrección de los justos en el tiempo mesiánico, conforme e a la más antigua experiencia judía: Jesús muere y resucita en Jerusalén… allí ha comenzado ya, junto al valle de Josafat, al otro lado de la ciudad, la gran resurrección de los muertos. Ésa es nuestra historia.
  3. Mateo 3. Jesús empezó a resucitar en Jerusalén…Pero la Iglesia no se expande desde allí, junto al valle de Josafat, sino desde la montaña de Galilea. Esta es la aparición final y en ellas seguimos inmersos nosotros… en una montaña desconocida, quizá en el Tabor, allí nos espera Jesús y desde allí nos envía a todo el mundo. De Galilea venimos, hacia el mundo entero vamos como testigos de la Pascua: “Id a todos los pueblos… y yo estaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”  (Mt 28, 16-20).

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  1. Lucas 1. Aparición a los dos discípulos fugitivos: Camino de Emaús. Aparición en forma de catequesis, de interpretación de la escritura. Estos dos discípulos (¿dos varones? ¿un varón y una mujer?) fueron quizá dos personas históricas. El evangelio quiere decir que somos todos nosotros, que hemos tenido miedo de Jesús, que nos marchamos de Jerusalén para no volver… Pero Jesús nos sale al encuentro y nos muestra su vida, su presencia, en el recuerdo de lo que Jesús ha sido, en la fracción del pan. Por eso regresan a Jerusalén (Lc 24, 13-35; Mc 16, 13-35), donde encuentra a la comunidad reunida y diciendo que la aparición pascual de Jesús es verdadera, está atestiguada por Pedro, en forma de catequesis bíblica, como un encuentro progresivo con el Señor
  2. Lucas 2. Aparición a la iglesia primera, en la casa de la Iglesia de en Jerusalén, Cenáculo (Lc 24, 36-49); Lucas la presenta como “aparición” (experiencia pascual de todos los discípulos).Jesús se manifiesta en la vida entera de la Iglesia, formada por testigos pascuales de Jesús… La aparición se concreta en dos signos: Recibiréis el Espíritu Santo y llevaréis el perdón a todos los pueblos. La presencia pascual es nuevo nacimiento, en forma de perdón y comunión que se ofrece entre todos los pueblos.
  3. Lucas 3. Última experiencia: Monte de los Olivos, Ascensión (Lc 24, 50‒51; Hechos 1). Según Lucas, el tiempo pascual culmina a los 40 días… Cuaresma (cuarenta días) de pasión sigue la Cuaresma pascual, que culmina en el Monte de los Olivos. Allí lleva Jesús a los suyos, a la cumbre, sobre el Huerto de los Olivos… donde había experimentado la Pasión… Allí se eleva, en el lugar donde, según la tradición de Zacarías 14, tendrá que volver Jesús‒Mesías, glorioso, triunfal, para iniciar la nueva Jerusalén
  4. Lucas 4. Experiencia de Pentecostés (Hch 2). Lucas supone que la última aparición de Jesús no se centra en él como persona individual, sino del Espíritu Santo, que se revela como “persona comunitaria, principio de la iglesia”, principio de transformación pascual a los discípulos reunidos en Pentecostés. De esa forma pasamos de loa “cuarenta días” de las apariciones pascuales a la experiencia del Espíritu Santo a los “cincuenta días” de la pascua entera, en el principio de la Iglesia.

aparicion de jesus a tomasJUAN

  1. Juan 1.Aparición a todos los discípulos sin Tomás; el texto supone que algunos “ven a Jesús y no creen…”, como si fueran por libre. Tomás tiene que estar con los demás discípulos para que su experiencia de Jesús pueda ser ratificada por toda la Iglesia. (Jn 20, 19-25; cf. Mc 16,14; Lc 24,36-43).
  2. Juan 2.Aparición a todos los discípulos con Tomás (Jn 20, 24-29). Sólo el hecho de que Tomás tenga una experiencia de Jesús unido a la comunidad indica el valor que tiene ella. Jesús resucitado es el mismo Cristo de la Pasión, con las heridas de la muerte, en las manos y los pies, en el costado. Ésta es “nuestra aparición”, la de Tomás… que vuelve, que viene a la comunidad de los que recuerdan a Jesús, que insiste de nuevo el “cuerpo herido” de Jesús, de todos los que mueren…
  3. Juan 3. Aparición en Galilea (Jn 21). Ésta es en el evangelio de Juan la aparición misionera de Jesús por excelencia, en el contexto de la pesca, en la barca de Pedro. Hay que volver de nuevo a Galilea, dialogar con Jesús, seguirle por los caminos, subir en su barca (la de Pedro, la de todos, la nuestra…). En esta escena está toda la Iglesia pascual, los siete discípulos (caca uno somos uno de ellos, con Pedro, con el Discípulo amado), pescando y sufriendo toda la noche, para ser reanimados en la mañana, enviados…

3.EXPERIENCIA Y TESTIMONIO DE SAN PABLO (1 Cor 15, 3‒9)

Paul2    Pablo no ha escrito un evangelio, pero nos ha ofrecido eso que pudiéramos llamar la tabla oficial de las apariciones… Es una “tabla oficial”, para iglesias que insisten en el testimonio de los varones, fundadores de iglesias oficiales. Pero eso prescinde del testimonio de las mujeres. Su testimonio es muy importante, pero debe ser completado por todo lo anterior:

  1. Se apareció a Cefas, iglesia petrina. Se le llamó Cefas, Pedro, Piedra de la Iglesia, porque había visto y anunciado la pascua de Jesús. Esta aparición a Cefas (nombre arameo de Pedro) está al fondo de Mc 16, 7 y de Jn 21, 15, 17, pero sólo se cita aquí (1 Cor 15, 5) de un modo expreso (y en Lc 24, 34): «Ha resucitado verdaderamente el Señor y se ha aparecido a Simón». Ésta es para Pablo (y Lucas) la primera de las experiencias pascuales, fundamento de la confesión creyente de la Iglesia. Debió ser una “experiencia de conversión”, el principio de una tarea especial de servicio en la Iglesia, como atestigua Lc 22, 29 y de un modo especial el texto de las “llaves” (Mt 16, 17-19), que puede interpretarse en forma de experiencia pascual
  2. Luego se apareció a los Doce, iglesia apostólica. Son los testigos colegiados de la pascua, signo del Israel definitivo que nace con Cristo. Esta experiencia pascual de los Doce sólo ha sido atestiguada en este pasaje del NT, pues en otros textos paralelos los destinatarios de la resurrección no son ya los Doce, sino un grupo indeterminado y quizá más grande de discípulos (cf. Jn 20, 19), reunidos con los Once (Doce menos Judas Iscariote: cf. Lc 24, 33); ella fundamenta y simboliza la misión universal de la Iglesia en el monte de Galilea (Mt 28, 16). Estos Doce aparecen como signo de Israel, con una función propia en la vida de Jesús y al comienzo de la Iglesia “apostólica”,  fundada en los primeros discípulos/apóstoles  de Jesús.
  3. Luego a más de 500 hermanos, iglesia universal. Esos 500 hermanos pueden ser todos los hombres y mujeres de la primera iglesia (en la línea de Lc 24 y Jn 20), aunque el número puede resultar excesivo (pues Hch 1, 15 habla de 120 hermanos). Ellos pueden ser también los congregados de Pentecostés en Jerusalén (cf. Hch 2), o quizá mejor los representantes de las comunidades cristianas de Galilea, que no sólo habían escuchado al Jesús de la historia, sino que habían celebrado su presencia pascual, como muestra la tradición de las multiplicaciones, donde él ofrece y comparte pan a sus seguidores (cf. Mc 6, 30-44; 8, 1-10), aunque en estos casos sea habla de un número más grande (de cinco mil y cuatro mil, según los casos). Sea como fuere, estos quinientos hermanos   son un signo fuerte del primer impacto de la resurrección en el comienzo de la iglesia, pues están situados antes de las experiencias pascuales de Santiago y de los apóstoles, que marcan el comienzo de la iglesia de los hebreos y helenistas, antes de la “conversión” del mismo Pablo.
  4. Luego se apareció a Santiago. No había creído en Jesús durante el tiempo de su vida (cf. Mc 3, 31-35). Pero, en un momento dado, tras su muerte, le descubre y le confiesa como Cristo. Su experiencia y su incorporación a la Iglesia, con los hermanos de Jesús, atestiguada bien por Pablo (cf. Gal 1, 19;  2, 9-12), constituye un elemento esencial del cristianismo. Si no pudiéramos apelar a Santiago y a los «hermanos» (con su madre), si no hubiera una iglesia judeocristiana, correríamos el riesgo de tomar a Jesús  como un mito y separarle de su origen. Al perseguir a los judíos, cierta iglesia posterior ha tendido a olvidar este origen y rasgo judío. De todas formas, esta experiencia no se encuentra al principio del principio, sino que viene después de los Doce y los quinientos, indicando que en el momento de la conversión de Santiago había ya muchos creyentes.
  5. Después a todos los apóstoles. Parecen ser los cristianos los helenistas de Jerusalén (cf. Hch 6-7), los primeros que anunciaron el evangelio a los gentiles, iniciando así una Iglesia universal. Pablo alude aquí a «todos», sin precisar el número, y en ese sentido puede incluir entre ellos a varones y mujeres que han «visto» a Jesús y han actuado como fundadores de iglesias. Posiblemente, algunos le conocieron en Jerusalén, antes de ser crucificado. Sea como fuere, ellos descubrieron el alcance universal del mensaje y de la entrega de Jesús al servicio del Reino. Sin ellos no se hubiera mantenido la memoria distintiva de Jesús, ni Pablo se hubiera “convertido, ni se hubiera mantenido la iglesia.

Para saber más 

  1. J. Bartolomé, La resurrección de Jesús, CCS, Madrid 1994
  2. Benoit, Pasión y Resurrección del Señor, FAX, Madrid 1971
  3. Caba, Resucitó Cristo, mi esperanza, BAC, Madrid 1986
  4. E. Brown, La muerte del Mesías II, Verbo Divino, Estella 2006
  5. D. Crossan, Los orígenes del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2002
  6. Müller, El origen de la fe en la resurrección de Jesús, Verbo Divino, Estella 2003
  7. Pikaza, Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2015
  8. Vidal, La resurrección de los muertos, Sal Terrae, Santander 2025
  9. Wilckens, La resurrección de Jesús, Sígueme, Salamanca 1981 .
  10. N.T. Wright, La resurrección del Hijo de Dios, Verbo Divino, Estella  2008

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Tres reacciones ante la resurrección de Jesús. Domingo de Pascua

Domingo, 12 de abril de 2020

Pedro Y Juan ante la resurrecciónDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Una elección extraña

            Las dos frases más repetidas por la iglesia en este domingo son: “Cristo ha resucitado” y “Dios ha resucitado a Jesús”. Resumen las afirmaciones más frecuentes del Nuevo Testamento sobre este tema.

            Sin embargo, como evangelio para este domingo se ha elegido uno que no tiene como protagonistas ni a Dios, ni a Cristo, ni confiesa su resurrección. Los tres protagonistas que menciona son puramente humanos: María Magdalena, Simón Pedro y el discípulo amado. Ni siquiera hay un ángel. El relato del evangelio de Juan se centra en las reacciones de estos personajes, muy distintas.

EL primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos. 

María reacciona de forma precipitada: le basta ver que han quitado la losa del sepulcro para concluir que alguien se ha llevado el cadáver; la resurrección ni siquiera se le pasa por la cabeza.

Simón Pedro actúa como un inspector de policía diligente: corre al sepulcro y no se limita, como María, a ver la losa corrida; entra, advierte que las vendas están en el suelo y que el sudario, en cambio, está enrollado en sitio aparte. Algo muy extraño. Pero no saca ninguna conclusión.

El discípulo amado también corre, más incluso que Simón Pedro, pero luego lo espera pacientemente. Y ve lo mismo que Pedro, pero concluye que Jesús ha resucitado.

El evangelio de san Juan, que tanto nos hace sufrir a lo largo del año con sus enrevesados discursos, ofrece hoy un mensaje espléndido: ante la resurrección de Jesús podemos pensar que es un fraude (María), no saber qué pensar (Pedro) o dar el salto misterioso de la fe (discípulo amado).

¿Por qué espera el discípulo amado a Pedro?

Es frecuente interpretar este hecho de la siguiente manera. El discípulo amado (sea Juan o quien fuere) fundó una comunidad cristiana bastante peculiar, que corría el peligro de considerarse superior a las demás iglesias y terminar separada de ellas. De hecho, el cuarto evangelio deja clara la enorme intuición religiosa del fundador, superior a la de Pedro: le basta ver para creer, igual que más adelante, cuando Jesús se aparezca en el lago de Galilea, inmediatamente sabe que “es el Señor”. Sin embargo, su intuición especial no lo sitúa por encima de Pedro, al que espera a la entrada de la tumba en señal de respeto. La comunidad del discípulo amado, imitando a su fundador, debe sentirse unida a la iglesia total, de la que Pedro es responsable.

Las otras dos lecturas: beneficios y compromisos.

A diferencia del evangelio, las otras dos lecturas de este domingo (Hechos y Colosenses) afirman rotundamente la resurrección de Jesús. Aunque son muy distintas, hay algo que las une:

  1. a) las dos mencionan los beneficios de la resurrección de Jesús para nosotros: el perdón de los pecados (Hechos) y la gloria futura (Colosenses);
  2. b) las dos afirman que la resurrección de Jesús implica un compromiso para los cristianos: predicar y dar testimonio, como los Apóstoles (Hechos), y aspirar a los bienes de arriba, donde está Cristo, no a los de la tierra (Colosenses).

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 10, 34a. 37-43

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo: 

            «Vosotros conocéis lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después del bautismo que predicó Juan. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.

Nosotros somos testigos de todo lo que hizo en la tierra de los judíos y en Jerusalén. A este lo mataron, colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y le concedió la gracia de manifestarse, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados por Dios: a nosotros, que hemos comido y bebido con él después de su resurrección de entre los muertos.

Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos. De él dan testimonio todos los profetas: que todos los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados».

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1-4

HERMANOS:

Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.

Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos, juntamente con él.

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