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Testifico

Viernes, 21 de septiembre de 2018

Del blog Pays de Zabulon:

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Testifico

Testifico que no hay un Ser humano, sino  Aquél  cuyo corazón tiembla de amor por todos sus hermanos en humanidad

Alguien que anhela más para ellos que para sí mismo, libertad, paz, dignidad

El que considera que la vida es aún más sagrada que sus creencias y deidades

Testifico que no hay Ser humano, sino el que combate implacablemente el odio en él y en su entorno

Aquél que apenas abre los ojos por la mañana se hace la pregunta:

¿Qué voy a hacer hoy para no perder mi calidad y mi orgullo de ser un hombre?

*

Abdellatif Laâbi,
10 de enero de 2015

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Foto : cuenta Instagram de valtersmedenis

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¿De rodillas?

Viernes, 9 de febrero de 2018

man standing in field, looking to the sunset Calendarios. Los hay de todo estilo. Y con portadas de lo más variadas. Y no digamos nada en el terreno religioso. Cada parroquia, congregación, colegio… hace el suyo.

Ha caído en mis manos uno que dice así referido a María: “No te merezco, Madre, pero te necesito”.

Es algo que me choca mucho en nuestro mundo religioso. Nuestra indignidad. Es cierto que somos débiles. Pero yo me siento digno, no porque sea fuerte sino porque es Dios quien habita en mí y me ha hecho persona, y me ha dado su dignidad de Hijo suyo. Si me creo la encarnación, todas las personas henos quedado transformadas como la luz enciende todas las lámparas.

Me cuesta, y lo cambio cuando puedo, eso de “Señor, no soy digno de que entres en mi casa…” Ya lo creo que soy digno. Un hijo entra en la casa familiar porque tiene unos derechos y una sangre que le conceden entrar con plena confianza y con pleno derecho.

Suelo decir “sí, soy digno, porque tú me has hecho así y tu palabra me ha hecho Hijo tuyo”.

Son contradicciones como cuando decimos en la eucaristía “tomad y comed todos…” y luego seguimos “que se entrega por muchos” ¿En qué quedamos? ¿Se puede entender una eucaristía sin participar en la comunión? El Sacramento del perdón es otra cosa y lo celebraremos como don del perdón que siempre nos da Dios.

La teología del gusano no me sirve ni me ayuda. Fallo y tengo mil debilidades pero la Luz es más fuerte que la oscuridad y el gusano se convierte en mariposa. Yo me siento libre porque Dios me ha hecho así y me sigue haciendo en cada momento.

Y rezamos el Señor mío Jesucristo donde mezclamos al Padre Creador con Jesucristo.

Por eso, no me gusta la postura de rodillas. No me he puesto nunca así ante mis padres y mis amigos. Solamente recuerdo cuando de niño me castigaban mis maestros a estar de rodillas con los brazos en cruz. Difiero de lo que en otra hora dijo el poeta “nunca es más grande el hombre que de rodillas”. Pues, sí, creo que de pie. Y eso no significa soberbia, ni altivez. Significa, para mí, disposición, escucha, caminar con Jesús de Nazaret por los caminos del mundo.

En la historia hemos puesto y seguimos poniendo a muchas personas de rodillas. Esas personas que piden en la calle con su cartel expresando sus necesidades. Prefiero que levantados vayamos a su encuentro y podamos dialogar de tú a tú. Nadie es más alto que nadie porque Dios levantó del polvo a los caídos y elevó a los pobres.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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El tesoro escondido

Domingo, 30 de julio de 2017

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“Se puede definir al hombre como el que busca la verdad”

Juan Pablo II

La vida que Dios da al hombre es original y diferente de la de los demás criaturas vivientes, o que el hombre aunque proveniente del polvo de la tierra (cf Gn 2,7; 3,19; Job 34,15; Sol 103,14; 104,29), es manifestación de Dios en el mundo, signo de su presencio, resplandor de su gloria (cf Gn 1,26-27; Sol 8,6). Al hombre se le ha dado un altísima dignidad, que tiene sus raíces en el vínculo íntimo que lo une o su Creador: en el hombre se refleja la realidad misma de Dios.

En la vida del hombre, la imagen de Dios vuelve o resplandecer y se manifiesta en toda su plenitud con lo venida del Hijo de Dios en carne humana: “El es Imagen de Dios invisible” (Col 1 ,15), “resplandor de su gloria e impronta de su sustancia” (Heb 1,3). El es la imagen perfecta del Padre… La plenitud de la vida se da a cuantos aceptan seguir a Cristo. En ellos, la imagen divina es restaurada, renovada y llevada a perfección. Este es el designio de Dios sobre los seres humanos; que “reproduzcan la imagen de su Hijo” (Rom 8,29). Solo así con el esplendor de esta imagen, el hombre puede ser liberado de lo esclavitud de lo idolatría, puede reconstruir lo fraternidad rota y reencontrar su propio identidad

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Juan Pablo II,
carta encíclica Evangelium vitae, nn. 34.36.

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En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

“El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?

Ellos le contestaron:

– “Sí.”

Él les dijo:

“Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.”

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Mateo 13,44-52

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La Eutanasia, ¿un derecho humano?

Sábado, 15 de julio de 2017

eutanasia3Un debate difícil que no podemos obviar…

A. Consideraciones previas

Abordar el asunto del derecho a morir con dignidad ha sido durante décadas, y aún siglos, un tema tabú en la sociedad española. La influencia de la moral católica en esa tradición ha sido tan determinante que ha marcado la conciencia colectiva de generación en generación.

No juzgaremos aquí la mayor o menor idoneidad histórica de esa Moral. Pero habremos de reconocer que ya no vivimos en una sociedad teocrática y teocéntrica, sino altamente secularizada, aunque no suficientemente laica, en la que la cuestión de cómo enfrentarse al final de la vida, en condiciones de dignidad, es un asunto para el que la moral católica ha dejado de tener respuestas aceptables para la ciudadanía de este país.

En cambio, en la conciencia universal ha ido asentándose la convicción de que la voluntad del paciente a decidir el cómo y el cuándo de su muerte es un derecho del ser humano (SH). Incluso en nuestro país, a pesar del rechazo del Congreso de los diputados, hay ya un clamor popular en favor del mismo. Para multitud de personas, se trataría de una concreción práctica de la libertad de pensamiento y de conciencia, reconocidos por el art, 18 de la Declaración universal de los DD.HH.

Entendemos, por tanto, que en este asunto, cuando se plantea como debate público sólo cabe un enfoque de Ética civil, sin intromisiones desde perspectivas de moral católica. Sabemos que el Catolicismo oficial prohíbe la eutanasia (Cfr. Catecismo católico, n. 2276-2279), y respetamos la opción de quienes creen que sólo Dios es el dueño de la vida y la muerte, y que las personas no pueden hacer uso de su libertad para tomar la decisión de morir, porque esa decisión solo le pertenece a Dios, que es quien determina el fin de cada SH.

Pero, desde la perspectiva universal de los derechos humanos, desde el principio democrático de la libertad de conciencia, es preciso asumir que sólo es posible la convivencia social aceptando el pluralismo antropológico y construyendo una Ética cívica, común a toda la ciudadanía.

Otra consideración: habrá quien, entre nosotros, considere que plantear este debate sobre la muerte digna en un mundo donde mueren diariamente más de 70.000 personas solo de hambre pudiera ser una frivolidad; una inquietud de quienes viven bien o muy bien, mientras que el gran problema de la mayor parte de la humanidad es cómo vivir cada día humanamente; que los pobres no se plantean cómo morir con dignidad, sino cómo vivir cada día y alcanzar un nuevo amanecer.

A lo cual, sólo cabe responder que ésta es nuestra realidad, que las cuestiones sobre el origen y fin de la existencia humana tienen sentido para todos y que, en todo caso, esa perspectiva de la desigualdad tan flagrante ayuda a relativizar el problema, y encuadrarlo en su verdadera dimensión.

B. Eutanasia y Muerte digna:

Aunque a veces se usan de modo indistinto, se trata de asuntos diferentes que conviene clarificar. Tienen un elemento común, el de afrontar el momento de la muerte con la máxima dignidad, sin sufrimiento ni traumas innecesarios. Pero, mientras el concepto de muerte digna se centra en los cuidados paliativos que han de aplicarse al enfermo para procurar el bien morir, (incluso en su propio domicilio), y evitar todo tipo de sufrimiento, si es técnicamente posible, la Eutanasia añade a eso la facultad del paciente de poder decidir cuándo poner el punto y final a su vida.

En consecuencia, se entiende por eutanasia el derecho de la persona a decidir, libre y conscientemente, el momento de su muerte, de acuerdo con su propia conciencia. Una decisión que debe ser formulada de modo claro, explícito, y hasta repetido (no puede ser la decisión de un momento de depresión o de delirio).

La mayoría de los autores convienen en que el ejercicio de ese derecho exige, al menos, los dos requisitos aludidos:

1º) Enfermedad grave que produzca graves sufrimientos en el enfermo (p.e. cáncer terminal), y riesgo mortal irreversible.

2º) Voluntad expresa del enfermo que puede ser emitida antes de llegar a la situación límite a través del llamado testamento vital.(Cf. Muñoz Conde, Derecho Penal, parte especial, Ed. Blanch, Valencia 1990,. pág. 75).

Como fácilmente se deduce, el debate no se centra hoy en lo que ha venido llamándose muerte digna, asunto en el que hay unánime consenso, sino en la apuesta por una ley de Eutanasia. Como exponente de esas diferencias, valga recordar que ya ha sido admitida a trámite en el Congreso la propuesta de una ley sobre la muerte digna, mientras que ha sido rechazada la propuesta de ley sobre eutanasia,

C. Derecho a decidir (con autonomía y libertad)

El enfoque ético de la eutanasia en el que nos apoyamos, considera la “buena muerte” (eso significa eu-tanasia) como un derecho de la persona, y se fundamenta en la idea de que la muerte debe considerarse como parte integrante de la vida. La persona, todo ser humano, expresa su dignidad a través de la libertad para decidir cómo vivir, dentro de sus circunstancias, y cómo morir, en el doble sentido de elegir el tipo de muerte que crea más conveniente, y de cuándo poner fin a la vida si entiende en conciencia que ha dejado de ser vida humana. Afirma que el SH es dueño de su vida y de su muerte.

Siendo esto así, parece obvia la demanda de sancionar este derecho de cualquier SH a morir con dignidad, reclamando que sea incluido de modo expreso en el ordenamiento jurídico de nuestro país y en la Declaración Universal de DD. HH.

Esa sanción en nada ha de interferir con la opción de quienes creen que sólo Dios es el dueño de la vida y la muerte de las personas y que, por ello, éstas no pueden hacer uso de su libertad para tomar la decisión de morir dignamente sin dolores ni sufrimientos, porque esa decisión solo le pertenece a Dios. Quienes así opinan y creen harán bien en actuar en consecuencia, pero no deberían, en base a esa concepción del mundo, impedir la misma capacidad a decidir en diferente sentido al resto de los mortales.

Como ya se ha dicho, en la base de este derecho a morir dignamente están razones puramente éticas fundadas en el principio de autonomía y libertad que, en el campo de la atención en salud implica que es el enfermo quien decide sobre su salud y/o curación (Cfr. Diego Gracia, “Fundamentos de bioética, págs. 182-187).

Aplicado a nuestro caso significa que la decisión de vivir o morir es una decisión estrictamente personal, tan personal que nadie la puede tomar en nombre del paciente. Ningún familiar, ni médico alguno, debería decidir sobre la forma de morir de nadie. Se trata del personalísimo ejercicio de la libertad,componente esencial de la dignidad de la persona, y un derecho fundamental. El SH debe ser libre para vivir y morir según sus propios principiosy valores. Es insustituible en sus decisiones.

Reconocer ese derecho implica que ninguna otra valoración de familiares o de personal sanitario puede prevalecer frente a la voluntad de la persona que toma una decisión tan trascendente. A diferencia de lo que ocurre hoy, no debería ser el médico quien decida sobre la muerte de sus pacientes. La preocupación del médico no debe ser tanto prolongar artificialmente la vida del paciente (a veces es una práctica cruel y bárbara), cuanto aliviar el sufrimiento del enfermo. Él es quien debe tomar la determinación de acabar físicamente con su vida, o de terminar su incurable enfermedad sin dolor y sin sufrimiento.

En resumen, la decisión sobre el morir pertenece al núcleo de la dignidad de las personas. Si las personas eligen cómo vivir y el sentido que le dan a su vida, también deben poder elegir su muerte, su modo de morir. Sea porque no quieren soportar una enfermedad terminal llena de dolores y sufrimientos insoportables, físicos o psicológicos, o sea porque no desean llegar al final de una vida que ya no es una vida humana, reducida a una expresión puramente biológica, una vida vegetativa.

Comisión de laicidad CCBM

Fuente Comunidades de Base de Madrid

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Dignidad

Sábado, 1 de julio de 2017

Del blog Lo que me gusta y no me gusta:

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Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad

por encima del nivel del miedo.

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Eduardo Chillida

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“Su majestad escoja: humor negro y dignidad”, por Ramón Martínez

Martes, 13 de junio de 2017

ISABELBORBON16447a3Isabel de Borbón, mujer de Felipe IV, Rodrigo de Villadrando y Francisco de Quevedo

Cuenta la tradición que andábase un día Francisco de Quevedo con cierto amigo con quien apostó a que sería capaz de llamar “coja” a Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, y así se presentó en palacio con dos flores, ofreciéndoselas a la reina pero pidiéndole que eligiera entre ellas: “entre el clavel y la rosa su majestad es coja”. Con este calambur, el más célebre de la historia del anecdotario literario español, quiero reflexionar hoy sobre los límites del humor negro, ahora que ciertos comentarios en redes sociales ha provocado la dimisión parcial de un concejal del Ayuntamiento de Madrid.

Hubo un tiempo, aquel en que “los cuerpos retozaban”, decía Foucault, que se reía de manera universal: todo y todos podían ser objetos de burla. Aquella cultura del Carnaval, época de esparcimiento que se oponía en el calendario al período de recogimiento, permitía que cualquier tema o persona fuera potencialmente risible, prestando gran atención a todo lo relacionado con lo corporal. Así cualquier diversidad relativa al cuerpo, concebido entonces como una entidad abierta, pública y vinculada a lo natural, podía convertirse en tema central de un chiste: bromas sobre personas con sobrepeso, diversidad funcional, sexual, de género, étnica, etc. servían como elemento transgresor de la realidad seria, perfectamente medida y jerarquizada.

Son conocidos varios poemas satíricos del propio Quevedo, insultando a Góngora por activa y sobre todo por pasiva, metiéndose con su celebérrima nariz una y otra vez; pero es menos famoso el entremés de El marión, que hoy llamaríamos maricón, en que presenta en dos partes la historia de un hombre que desempeña tareas socialmente consideradas como femeninas, primero cortejado por una mujer masculinizada y luego realizando labores del hogar bajo sus estrictas órdenes. Y resulta curioso que este homófobo don Francisco, con esta obrita, abriera todo un subgénero, los entremeses de mariones, que se desarrollan a lo largo del siglo XVII, al mismo tiempo que otros importantes cambios: tal como ofrece Rafael Carrasco en su Sodomía e Inquisición en Valencia, los tribunales que perseguían a las personas que mantenían relaciones sexuales con otras de su mismo sexo dejaron de condenarlas a la hoguera y, por otra parte, un replanteamiento de lo cómico produjo que este humor centrado en lo corporal, en los supuestos defectos, empezara a dejar de ser considerado apropiado. Llegaba despacio y de manera imperceptible la revolución de la burguesía que, centrada en perpetuar sus posesiones y, para disfrutarlas, su propio cuerpo, trasladó el foco de la risa hacia otras cuestiones, convirtiendo en tabúes los temas habituales para el chiste: las cualidades diversas, los comportamientos fuera de la norma, siguieron siendo motivo de chascarrillo y ridiculización, claro está, pero era ya necesario afrontarlos de otra manera. Y, aunque sea sólo una hipótesis, esa transformación del objeto de la risa consecuente con la privatización del cuerpo, ese cambio de paradigma, propició junto a otras muchas razones que las personas que no somos heterosexuales dejáramos de morir en la hoguera.

Llegamos a nuestra época y encontramos que ese proceso de la privacidad ha llegado a tal punto que el único humor posible es el más blanco que existir pueda. Los chistes sobre personas que profesan la fe judía o pertenecen a este pueblo, vinculados al Holocausto, y los chistes de mariquitas se condenan fuertemente porque, queramos o no, nuestro contexto cultural considera inapropiado el humor que atenta contra la dignidad de las personas. Bien es cierto que puede reivindicarse aquella risa carnavalesca, incluso como un medio de subvertir el orden –antes nobiliario, ahora burgués–, tal como se empleaba durante la Edad Media y el Renacimiento; pero la realidad en que nos desenvolvemos considera primordial –o al menos eso afirma en las encuestas– el compromiso con la no discriminación. Aunque podamos disfrutar del humor negro en la privacidad, paradójicamente, nuestras manifestaciones públicas deben corresponderse con el sistema de valores que compartimos, el que hemos forjado a partir de aquel cambio de paradigma que hizo a Occidente empezar a centrarse no ya sólo en el uso de la Razón, sino también en el respeto hacia las personas.

Todos hemos entendido que “maricón” era algo sobre lo que era necesario reírse mucho antes de saber realmente qué significaba ser maricón.

Y siguiendo con los planteamientos que hoy defendemos, es preciso considerar una ética colectiva, gracias a la que entendamos de una vez por todas que las acciones de una sola persona pueden afectar a todo un grupo. Quizá sea ése el siguiente paso en la evolución de nuestro pensamiento: aceptar que si bien nuestra libertad puede permitirnos determinadas actuaciones, no serán correctas si comprometen la libertad de otras personas. De este modo puede parecernos lícita la risa privada que menoscaba la dignidad de los otros, pero riéndonos así en público colaboramos con los discursos que fomentan la discriminación. Un chiste sobre el Holocausto refuerza algunas ideas inaceptables que cuestionan ese terrible acontecimiento histórico, además de convertir la cualidad de la judeidad en un motivo de risa y, por tanto, despreciarla. Un chiste de mariquitas puede considerarse el súmmum de la graciosidad, pero consolida la idea de que las personas que no somos heterosexuales somos risibles y, por tanto, despreciables; además de que si es escuchado por oídos infantiles introduce en su sistema de valores que la cualidad de no ser heterosexual es risible y, por tanto, despreciable. Todos hemos entendido que “maricón” era algo desdeñable, malo y sobre lo que era necesario reírse mucho antes de saber realmente qué significaba ser maricón.

Por consiguiente, nuestro compromiso con la defensa de los derechos de la Diversidad nos obliga a una ética que tenga en consideración las consecuencias últimas de nuestras acciones, y es preciso condenar tanto la violencia física que aparece en cualquiera de las muchas agresiones que padecemos como la violencia simbólica que se encierra en un chiste y que acaba trascendiendo y sosteniendo el discurso de odio. Bien es cierto que suele defenderse que la reapropiación del insulto, que las personas diversas nos llamemos a nosotras mismas con los adjetivos que se emplean habitualmente para menospreciarnos, desactiva la palabra ofensiva y la convierte en un arma; pero es necesario que consideremos más en profundidad si el uso de ese corpus de términos hirientes no legitima de algún modo que sigan siendo utilizados como agravios. Se dice que Isabel de Borbón respondió a Quevedo con un tajante “que soy coja ya lo sé, y el clavel escogeré” y, siguiendo con esta tradición literaria, comprendemos que don Francisco entendió que había sido comprendido en su ánimo ofensivo, pero que la palabra empleada no era censurable, pues la propia ofendida la utilizaba, y así le era permitido seguir empleándola.

Puede que en ocasiones generemos desde el discurso más activista mecanismos que parezcan muy efectivos pero que refuercen los patrones de pensamiento propios de nuestro contexto cultural, pues cuando el mensaje es autófago, de exclusivo consumo propio, tiene ciertamente un muy limitado potencial de transformación: el gigante de la discriminación sólo es combatible si conseguimos hacerle entender que es tan pequeño como somos nosotros, no danzando nuestra pequeña danza a su alrededor mientras él, desde sus alturas de privilegio o sus redes sociales, observa nuestros movimientos y, con una mueca aterradora, se ríe.

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Fuente Cáscara Amarga

General, Homofobia/ Transfobia. ,

“A favor del diálogo y el respeto”, comunicado de la Comisión Permanente de la Iglesia Evangélica Española, que sigue recibiendo apoyos…

Lunes, 20 de marzo de 2017

ieeLa decisión del Consejo Evangélico de Madrid de expulsar a la Iglesia Evangélica Española por sus posturas inclusivas hacia las personas LGTB ha causado “estupor” y “sorpresa” entre los cristianos LGTB, un colectivo de personas que trabajan activamente por conciliar su condición de creyentes con la de gais, lesbianas, bisexuales y/o transexuales.

Cristianos Gays, La Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas, la Comunidad Anawin y Crismhom mostraron su solidaridad y siguen llegando muestras de apoyo. También la FELGTB ha lamentado la decisión.

Comunicado de la Comisión Permanente de la Iglesia Evangélica Española

La Iglesia Evangélica Española trabaja desde sus orígenes a favor del diálogo y del respeto entre las diferentes confesiones y particularmente en la familia protestante. Como herederos de la Reforma protestante del siglo XVI, de la que este año se celebra su 500 aniversario, tenemos la vocación de trabajar a favor de la unidad defendiendo la libertad de conciencia, unidad en la diversidad como principio ecuménico inspirado en el Evangelio: solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos. Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. (Efesios 4, 3-7)

Junto a las Iglesias de nuestra familia confesional, reformada y metodista, hemos considerado un privilegio participar de la causa de la dignidad humana. El carácter inclusivo de nuestra iglesia y la defensa del principio de no discriminación son partes inherentes de nuestro seguimiento de Jesús. Como iglesias surgidas de la Reforma no reconocemos otra autoridad en materia de fe más que la Biblia. Para nosotros son más importantes las personas que dejaríamos de cuidar que las instituciones que nos imponen renegar de esos principios.

Las decisiones tomadas por el Consejo Evangélico de Madrid estableciendo en su reglamento una interpretación de la Biblia y juzgando a nuestras iglesias en Madrid en función de esa doctrina preestablecida son contrarias al espíritu de la Reforma y, por tanto, del Evangelio. No podemos aceptar una imposición doctrinal y consideramos que esa vía es equívoca y perjudicial para el testimonio de las iglesias. Hemos expresado nuestra discrepancia y alegado que la actuación es contraria a derecho, no obstante hemos renunciado a ahondar en el conflicto y continuaremos nuestro camino y nuestro testimonio según nuestros principios inspirados en el Evangelio.

Confiamos en que esta discrepancia nos haga reflexionar a todos sobre lo que contribuye a la unidad. Dicho todo esto, solo nos resta decir que nos reafirmamos en la defensa de la unidad en la diversidad, de la pluralidad frente a la uniformidad y de la dignidad de las personas sin discriminación, según las enseñanzas de Jesús de Nazaret.

La Comunión Mundial de Iglesias Reformadas ha publicado un escrito en solidaridad con nuestra IEE. A continuación publicamos su traducción al español:

cmrHemos recibido la noticia de que la Iglesia Evangélica Española ha sido “dada de baja como miembro de pleno derecho” del Consejo Evangélico de Madrid, una organización ecuménica protestante, por asuntos que conciernen a la sexualidad humana. Puedes leer más sobre las circunstancias -y la respuesta de la iglesia- mediante este enlace.

Lamentamos las continuas divisiones de la iglesia y ofrecemos esta oración en respuesta:

Dios de todas las criaturas vivientes, te damos gracias por los dones que has dado a tu Creación, la belleza de tu asombroso mundo, la diversidad del género humano y la forma como a través de Cristo nos haces conscientes de cuánto nos amas a cada uno de nosotros.

Ponemos ahora ante ti a tu Iglesia alrededor del mundo. Nuestros esfuerzos por ser fieles al anuncio de la Buena Noticia para todos, nuestros desafíos tratando de reflejar tu misericordia, tu amor, tu compromiso con los excluidos, los que luchan por abrirse camino desde los márgenes, a los que Jesús llamó “los pequeños”.

Oramos por nuestras iglesias miembro en la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, en preparación de nuestra Asamblea General. Queremos llegar a esta reunión con nuestras esperanzas y miedos, confiando los unos en las fuerzas de los otros y apoyándonos mutuamente en nuestras debilidades. Te pedimos tu guía y tu sabiduría ya que no somos capaces de conseguir nada sin ti.

Te pedimos valor y audacia para llegar a ser una auténtica familia mundial, una comunión comprometida con la justicia, porque es lo que esperas que seamos.

Te damos gracias por las iglesias que están dispuestas a correr el riesgo de ser proféticas en sus propios contextos y, haciendo esto, a ayudar a construir la senda para otras.

Te pedimos fuerza y valor para realizar nuestra misión en un mundo donde la injusticia, la violencia, la codicia y el fundamentalismo crecen día tras día. Confiamos en que el poder de tu Espíritu nos guíe y nos fortalezca para amar y cuidar sin importar las consecuencias.

En el nombre de Jesús oramos. Amén.

(Traducción realizada por Luis Pelegrín)

La sección de espiritualidad de COGAM da la bienvenida a la IEE al colectivo LGTB

cogamLa sección de espiritualidad del colectivo madrileño COGAM, por su parte, ha querido saludar a la Iglesia Evangélica Española como “miembro de pleno derecho del colectivo LGTB”, en un texto en el que explica el trabajo que viene realizando conjuntamente. “La Iglesia Evangélica Española, una de las iglesias protestantes más veteranas y arraigadas en el territorio español, comenzó hace años a trabajar teológicamente sobre la realidad LGTB, la necesidad de inclusión y la aceptación de la diversidad. Y, desde la declaración de Mamré de mayo de 2015, afirma: ‘En consecuencia, como Iglesia Evangélica Española, somos exhortados a una pastoral de la acogida de las personas homosexuales y sus familias, evitando la invisibilidad y trabajando en el acompañamiento de la diversidad’”. Una declaración, la de Mamré, que como apuntábamos hace pocos días, fue precisamente el desencadenante de la expulsión.

“Desde inicio de año la sección de espiritualidad de nuestro colectivo realiza actividades en conjunto con la Iglesia Evangélica Española en el seno de una de sus iglesias, siendo acogidos con todo el respeto y acompañamiento que emana de la Declaración de Manré. Creemos que esta decisión es un mal trago pero no una mala noticia ya que el testimonio inclusivo que la Iglesia Evangélica Española ha defendido ‘con garra’ es más cercano al mensaje de Jesús de Nazaret”, explica el texto, en el que desde COGAM han querido hacer público todo su apoyo a los pastores y pastoras de la Iglesia Evangélica Española y “acercarles nuestro agradecimiento profundo”.  Una Iglesia a la que la sección de espiritualidad de COGAM considera que, desde la expulsión como “miembro de pleno derecho” del Consejo Evangélico de Madrid se ha convertido en “miembro de pleno derecho” del colectivo LGTB.

La FELGTB lamenta la decisión

897_felgtb-jpg_bigLa Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB), de la que son miembros tanto CRISMHOM como COGAM pero también otras muchas entidades al margen del hecho religioso, se ha expresado también:

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB) lamentamos hoy que el Consejo Evangélico de Madrid haya decidido expulsar a la Iglesia Evangélica Española de su seno por haber tomado un claro partido por la inclusión de las personas LGTB y la defensa de sus derechos.

 La Iglesia Evangélica Española, una de las iglesias protestantes más veteranas y arraigadas en el Estado español, comenzó hace años a trabajar teológicamente sobre la realidad LGTB la necesidad de inclusión y la aceptación de la diversidad. En la Declaración de Mamré de mayo de 2015 recoge, entre otros aspectos, que “como Iglesia Evangélica Española, somos exhortados a una pastoral de la acogida de las personas homosexuales y sus familias, evitando la invisibilidad y trabajando en el acompañamiento de la diversidad.

 “Gais, lesbianas, transexuales y bisexuales no elegimos nuestra condición; nacemos con unos dones y características que nos hacen únicas y únicos. Entre esas características está nuestra orientación afectivo-sexual y nuestra identidad de género, aparte de otras muchas dimensiones diversas y enriquecedoras que forman parte de la naturaleza humana” ha recordado Alejandro Medel, dinamizador del grupo de Fe y Espiritualidad de FELGTB.

FELGTB confía en que el Consejo Evangélico de Madrid reconsidere su decisión e insta a este órgano a no lanzar mensajes de odio hacia ningún colectivo. “Nos encantaría que las personas responsables de esta decisión se tomasen la molestia de conocer la realidad de las personas LGTB creyentes”, ha manifestado Jesús Generelo, presidente de FELGTB.

FELGTB reconoce el empeño de la Iglesia Evangélica Española en su labor por transmitir un mensaje de inclusión y de respeto a la dignidad de las personas LGTB.

Fuente Iglesis Evangélica Española/Cristianos Gays/Dosmanzanas/FELGTB

 

General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Inclusiva, Iglesias Evangélicas , , , , , , , , , , , , , ,

“Dignidad”, por José Ignacio González Faus, sj

Martes, 10 de enero de 2017

mafaldaDe su blog Miradas cristianas:

Otra de nuestras grandes palabras. Y quizá una de las que más podrían enfrentar al cristianismo con la cultura moderna: pues, aunque coinciden ambos en que el ser humano tiene una dignidad absoluta, pueden diferir en el sentido de esa dignidad.

Hace pocos años apareció una organización pro eutanasia titulada “derecho a morir dignamente”. Es innegable que se debe evitar toda obstinación terapéutica que cause al enfermo sufrimientos inútiles, que la medicina a veces no alarga la vida sino que retarda la muerte. Llegan momentos en que ya no se debe luchar contra la muerte sino contra el dolor aunque, al menos a mí, me gustaría morir entregando mi vida de una manera activa. Pero no vamos a hablar de eutanasia.

Jesús de Nazaret murió de la manera más “indigna” que se conocía entonces. Un cristiano ve en aquella muerte el acto más supremo de dignidad: esa es, por ejemplo, una de las tesis del cuarto evangelio. A niveles más sencillos he comprobado a veces la ternura y delicadeza con que algunas cuidadoras atienden a enfermos y ancianos de esos que preferiríamos no ver nunca. Un día, viéndolas, se me ocurrió pensar estremecido: “¡están haciendo poesía con el sinsentido” y dando una nueva dignidad al enfermo!. Pero tampoco es momento de temas sanitarios, sino de buscar el contenido de la dignidad humana.

De pequeños nos enseñaban que determinadas vulgaridades, vg. en vestido y vivienda, pueden ser tolerables en quienes no son nadie, pero son “indignas” de gentes cultivadas y de clases altas; de hecho, la tendencia anti-corbata ha brotado muchas veces como protesta contra ese modo de pensar. “Las mujeres de verdad tienen curvas”, se tituló una película que polemizaba contra esa presunción de que la persona mejor vestida, más esbelta y mejor maquillada posee más dignidad que la que se ensucia o se deforma o se estropea las manos lavando y cuidando. La película mostraba que la dignidad es fundamento de un respeto que los demás me deben, pero no necesariamente título de un derecho a mejor apariencia material y más comodidad.

Desde una óptica cristiana, el horizonte y fundamento último de la dignidad está en eso que llamamos Dios. Se crea o no se crea en Dios, si algún contenido daríamos todos a esa palabra es el de la máxima Dignidad concebible. La blasfemia, nos decían de niños, es una ofensa a “la dignidad de Dios”: por eso es tan grave. Y en aquellos días de dictadura en que no había ley de reforma laboral, leíamos en avisos públicos: “la blasfemia se castiga con el despido” Pero, cristianamente hablando, a Dios le dolía más aquel despido que la supuesta blasfemia: pues la mayoría de ese tipo de blasfemias no le llegan a Dios, o le entran por un oído y le salen por el otro.

Dejemos estar también lo que hubiera de estupidez o de falsa educación en aquellos contextos de mi infancia. Lo importante es contraponer esa mentalidad descrita con la forma como los cristianos creemos que Dios se reveló en Jesucristo: no exhibiendo su dignidad, sino desnudándose de ella por amor a nosotros. Y creemos además que ahí se puso en juego la mayor dignidad de Dios: no la dignidad del poder sino la del Amor.

Pero siempre que subimos hasta Dios en nuestro lenguaje, es para bajar después al ser humano. También para nosotros cabe más dignidad en el amor y el servicio, que en el poder y la distancia. El gobernante o el monarca no serán más dignos porque lleven coronas o mantos imperiales, o cambien de traje cada día, sino por mancharse la piel en servicio de los suyos. Un papa no será más digno por vivir en un palacio de 600 metros cuadrados ni por vestirse en la mejor sastrería de Roma, sino por entregarse más totalmente a las víctimas de este mundo doliente e injusto. Y un cura tampoco irá más acorde con su dignidad si se viste en Armani (me consta de alguno que apela para eso a su “dignidad sacerdotal”) sino más bien cuando no tenga reparo en “oler a oveja”. Tampoco damos a Dios un culto más digno celebrando la eucaristía con vasos de oro y perlas, sino haciéndolo con un corazón limpio, desprendido y dispuesto a compartir.

En resumen: la dignidad, una de las palabras más ambiciosas de nuestro lenguaje es, sobre todo, un valor o una cualidad espiritual, no meramente material. A veces, en situaciones de igualdad casi perfecta, será muy lógico que eso espiritual se exprese y se visibilice en algo material. Pero repito: en situaciones de justa igualdad material. Cuando ésta no se dé (como pasa hoy en nuestro mundo) más coherente con la dignidad serán la mera pulcritud y la cercanía que la distancia, la ostentación y la distinción. Éstas últimas, en esos casos, tendrán más de hipocresía que de dignidad.

Si esto es así, debemos temer que algunas apelaciones a nuestra dignidad sólo sean en verdad excusas camufladas para una mayor comodidad material. Y pensar que, por ejemplo, Amnistía Internacional o Médicos Sin Fronteras responden mejor a la dignidad humana que muchas de nuestras cómodas suntuosidades.

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Adela Cortina: “El ser humano no tiene precio, pero sí tiene dignidad”

Lunes, 24 de octubre de 2016

corti2La filósofa valenciana se convierte en la primera mujer Doctora Honoris Causa en Deusto

“Me da mucho miedo que con la palabra sostenibilidad se estén ocultando actuaciones injustas”

(Jesús Bastante).- Este jueves, la catedrática de Ética y Filosofía Política Adela Cortina será investida Doctora Honoris Causa por la Universidad de Deusto. Se convertirá en la primera mujer distinguida con el título honorífico en la universidad de los jesuitas. En una entrevista con la revista “Bihotzez”, de Cáritas Bikzaia, la filósofa valenciana defiende la dignidad del ser humano y la urgencia de una nueva ética social.

El ser humano no tiene precio, porque no tiene un equivalente, y sí dignidad”, subrayó Cortina, quien, preguntada por la responsabilidad del mundo empresarial denunció que hay empresas inmorales, pero las hay mucho más morales y gente que trabaja en serio. Y que trabaja bien“.

A mí me da mucho miedo cuando se abandonan palabras tan claras como justicia y nos vamos a sostenibilidad, que me parece muy bien pero es mucho más difusa”, apunta la filósofa, que se pregunta “¿Qué quiere decir que una empresa es sostenible? ¿Qué quiere decir que una Sanidad es sostenible? ¿Qué quiere decir que una Economía es sostenible?.

“Hay que aclararlo muy bien para que no consista en decir que hay que recortar en lo que es necesario para las generaciones presentes y dejarlo a las generaciones futuras o a quien sea. Siempre me da mucho miedo que con la palabra sostenibilidad se estén ocultando actuaciones injustas”, constata.

Sobre el trabajo de Cáritas, Adela Cortina asegura tener “una opinión óptima”. “Una cosa que me alegra es poder decir que todo el mundo con que me encuentro tiene la misma que yo. Creo que Cáritas es una de las organizaciones solidarias más valoradas.

Es una organización solidaria enormemente valorada por la gente porque en tiempos como los que están corriendo hace todas estas tareas que son por una parte la asistencial, cuando no lo hacen los poderes públicos que deberían hacerlo; la tarea de empoderamiento de la gente, para que la gente pueda llevar adelante sus planes de vida; y la tarea de tratar con mucha lucidez indagar en el futuro; qué nuevas pobrezas hay, qué nuevas vulnerabilidades hay para intentar ayudar, acompañar y poner remedio“, culmina Adela Cortina.

¿Cómo le gustaría ver a Cáritas, por ejemplo, a 15 años vista? “Me gustaría verla siguiendo en esta tarea, junto a la denuncia, realizando todas estas tareas y habiendo descubierto que hay otras gentes vulnerables que se nos habían escapado, gentes en otra situación y que sin embargo necesitan ayuda y acompañamiento. Me gustará ver a Cáritas en esas tareas de asistencia, denuncia, empoderamiento, y esa creatividad y ese ingenio para ver el futuro y para saber crear aliados, muy importantes en la sociedad, porque hay que animar a empresa y poder político a meterse en estas tareas para que no haya excluidos, que creo que es la tarea de Cáritas”.

Fuente Religión Digital

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 4”, por José Antonio Pagola

Sábado, 22 de octubre de 2016

lgtb_pagolaLos hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. CUARTA PARTE:

6. La necesidad de promover una mirada más humana, misericordiosa y justa sobre la experiencia homosexual

Como decía anteriormente, el Sínodo sobre la Familia ha terminado sin abordar directamente la cuestión de la homosexualidad, pero entre los temas pendientes ha quedado uno: reconocer “los elementos positivos” que se transparentan en las llamadas uniones estables de personas homosexuales”. Pues bien, creo que esa búsqueda algo se está moviendo en la Iglesia. Es posible observar que jerarcas, teólogos y pastoralistas católicos van delineando poco a poco desde diversas perspectivas un horizonte más amplio para discernir y valorar la experiencia homosexual de manera más positiva  y más evangélica.

Ya en 1999, en el Sínodo sobre Europa, el General de los dominicos, Timothy Radcliffe, bien conocido por su preocupación por las personas homosexuales, tuvo una intervención donde advirtió a los obispos europeos que “la autoridad de la Iglesia solo convencerá si es capaz de acompañar a las personas, si está atenta a sus desengaños, a sus peticiones y a sus dudas… La Iglesia no tendrá autoridad (para las personas homosexuales) si no aprende su lenguaje ni acepta sus dones [Paolo Gamberini, “Parejas homosexuales. Vivir, sentir y pensar de los creyentes”, en Selecciones de Teología (2016) 267].

Posteriormente varios jerarcas europeos se han pronunciado afirmando de diversas maneras que en el amor homosexual hemos de reconocer elementos positivos que son constitutivos de las persona humana creada a imagen de Dios. Entre los más conocidos, el cardenal Cristobal Schönborn, arzobispo de Viena en una intervención en el Sínodo Extraordinario sobre la Familia; el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich, miembro del Consejo de Cardenales del Papa, o el obispo de Amberes Johanj Bonny, que considera que la Iglesia debiera reconocer en las uniones de homosexuales los valores de amor, fidelidad y compromiso.

Pero, seguramente, quien ha hablado con más claridad ha sido el cardenal Carolo Martini, arzobispo de Milán, que ha afirmado que “las uniones homosexuales… pueden testimoniar el valor de un afecto reciproco”. Por eso, si un creyente homosexual llega a madurar la elección de vivir con una pareja del mismo sexo, Martini invita “a no demonizar ni condenar al ostracismo tal elección. El criterio para juzgar tal relación será la fidelidad en la relación, la reciprocidad y el amor responsable” [Paolo Gamberini, a. c., 268 y 277].

Naturalmente es en los teólogos, moralistas y pastores donde se aprecia una voluntad más firme de repensar la actitud de la Iglesia para promover una valoración más justa y más humana. Solo señalaré tres perspectivas.

  • El teólogo moralista Pablo Romero ha recordado recientemente que la Iglesia ha de introducir la conciencia de que la orientación homosexual es “una realidad recibida” (de la vida, del azar, de la naturaleza, de Dios…). Por eso, la persona homosexual no podrá aceptarse a sí misma como don o como criatura agradecida a Dios si no puede reconocer que su orientación sexual concreta es “don de Dios” desde el que está llamada a realizarse. La persona homosexual es la primera que ha de ser educada y ayudada a pasar de una posible homofobia a una valoración positiva de su diferencia sexual o, si es creyente a una aceptación agradecida a Dios de su propio camino [Pablo Romero, “Uniones homosexuales: ¿Rechazo? ¿Misericordia? ¿Reconocimiento?”, en Selecciones de Teología (2016) 217, 28-29].
  • Por otra parte, en reacción a una moral de carácter objetivo y negativo, hay autores que insisten en que “es necesaria una moral del discernimiento sobre las relaciones para proponer al creyente homosexual un itinerario espiritual que le ayude a vivir a imagen de Dios (Paolo Gamberini). “Lo que evidencia la bondad moral de una relación viene dado por la capacidad que tiene de expresar de manera profunda, auténtica y convincente, el mundo interior de las dos personas; de crear las condiciones para un desarrollo de una verdadera interpersonalidad, la cual solo se realiza en la medida en que se abandona la tentación de tratar al otro (la otra) como objeto, y se reconoce a la vez su unicidad irrepetible y su inestimable dignidad (Gianni Piana) [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].
  • En esta misma línea, Paolo Gamberini afirma que el objetivo de la ética que se ha de proponer a las personas homosexuales consiste en favorecer el crecimiento de las relaciones más auténticas según las condiciones. El creyente homosexual deberá optar por lo que le aproxime más a lo ‘mejor’ de la relación que está viviendo: con su propio cuerpo, con los otros y con Dios”. Desde esta perspectiva el bien moral consistirá en potenciar las relaciones con los otros y el mundo, consigo mismo y con Dios [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].

lgtb_pagola-47. Promover la acogida en las parroquias y comunidades cristianas

Es importante, sin duda, la actuación de la jerarquía y el trabajo de los teólogos y moralistas, pero si queremos dar pasos decisivos para liberar a la Iglesia y a la sociedad de la homofobia es decisivo el clima de respeto, acogida y amistad que se puede generar en las parroquias, comunidades e instituciones y grupos cristianos. Desde esas bases se puede iniciar la reacción para ir cambiando la actitud global de la Iglesia ante las personas homosexuales. Tal vez tenemos que empezar por escuchar las palabras que Jesús nos está dirigiendo a todos: “Nací homosexual y no me estáis acogiendo”.

En el sínodo extraordinario de 2014, en la Relación después de la discusión se planteaba la acogida a las personas homosexuales en un tono positivo: “Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a las comunidades cristianas: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? (Relación, n. 50). Para decepción de bastantes, estas palabras no fueron recogidas. Solo se vuelve a la orientación de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1986): “Toda persona, independiente de su propia tendencia homosexual, sea respetada en su dignidad y acogida con respeto, con la preocupación de evitar todo signo de discriminación injusta”.

Quiero comenzar con unas palabras llenas de sensatez evangélica y de realismo del papa Francisco: “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre… A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas (La alegría del evangelio 47).

Desde este horizonte hemos de trabajar para hacer que en nuestras comunidades cristianas se acoja, se escuche y se acompañe a toda persona homosexual, necesitada como todos de acogida, escucha y amistad.

  • Comunidades cristianas donde sean valoradas por su dignidad sin que su orientación sexual sea motivo de rechazo, discriminación, recelo, lenguaje ofensivo…
  • Comunidades cristianas donde puedan encontrar cauces adecuados para crecer como seguidores y seguidoras de Jesús, dando testimonio de su vida cristiana e integrándose activamente al servicio de la comunidad.
  • Comunidades cristianas en las que puedan encontrar amigos y amigas con los que poder compartir momentos difíciles de soledad, rupturas, discernimientos, toma de decisiones.
  • Comunidades cristianas que sepan solidarizarse y defender a toda persona homosexual de la estigmatización, la hostilidad, las humillaciones o burlas que pueda sufrir en nuestro entorno social o eclesial.
  • Comunidades cristianas comprometidas en concienciar a la Iglesia y a la sociedad para que se respeten los derechos de la población homosexual y se promueva todo lo que favorezca su convivencia digna y justa en medio de la mayoría heterosexual.

Dejadme terminar con un mensaje que quiero comunicar a la comunidad homosexual en nombre de Jesús. Es lo más importante que yo os puedo decir:

“Cuando os veáis rechazados en la sociedad o en la Iglesia,
sabed que Dios os está acogiendo.
Cuando os sintáis condenados por algunos sectores,
sabed que Dios os mira con ternura.
Cuando os sintáis solos, olvidados, pequeños y débiles,
escuchad vuestro corazón y sentiréis que Dios está ahí, con vosotros.
Aunque nosotros os olvidemos, Dios no os abandonará jamás.
No lo merecéis. No lo merecemos nadie,
pero Dios es así: misericordia insondable y bendición para todos”.

José A. Pagola
11/mayo/2016

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Todo rostro es único

Sábado, 14 de marzo de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

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Por último, debes saber que cada rostro es un milagro. Es único.
Jamás encontrarás dos caras absolutamente idénticas.
Qué importa la belleza o la fealdad.
Son cosas relativas.
Cada rostro es el símbolo de la vida.
Toda vida merece el respeto.
Nadie tiene el derecho a humillar a otra persona.
Cada uno tiene derecho a su dignidad.
Respetando a un ser,
rendimos homenaje, a través de él,
a la vida en todo lo que tiene de bello,
de maravilloso, de diferente, de inesperado.
Se muestra el respeto a uno mismo
tratando los demás dignamente.

*
Tahar Ben Jelloun

 ¿Iguales?

***

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“¡Hambre!”, por José María Castillo, teólogo

Domingo, 5 de octubre de 2014

hambre_canariasLeído en su blog Teología sin censura:

El último informe de Cáritas afirma que en España hay ahora mismo dos millones y medio de ciudadanos “en riesgo de exclusión social”. Es decir, hay dos millones y medio de personas que pasan hambre. O se ven abocados a pasarla. Y lo peor de todo es que esta situación dramática se va agravando de día en día. Digan lo que digan los políticos, el crecimiento económico, que ellos anuncian a bombo y platillo, estará beneficiando a banqueros, empresarios importantes y propietarios de grandes fortunas. Pero, lo que es a la clase media y de ahí para abajo, realmente lo que está ocurriendo da miedo. Mucho miedo. Sobre todo, lo que están teniendo que soportar los que se ven más castigados por esta maldita crisis: las familias numerosas y las madres que solas, ellas solas, tienen que sacar una casa adelante. Así lo dice Cáritas, que sin duda sabe de esto más que el ministro de economía. Y bastante más que el de hacienda.

De hambre saben los que la padecen
. Los que nunca hemos vivido en la miseria, no tenemos ni idea de lo que es eso. Porque pasar hambre debe ser, tiene que ser, la crueldad más canalla que hay en la vida. El hambre es la fuerza apremiante que brota del instinto más básico que tenemos todos los vivientes en las entrañas mismas de la vida y para la vida. Pero el hambre no es sólo carencia. Además de eso, es también amenaza. El hambriento – sin necesidad de ponerse a pensarlo – se tiene que sentir amenazado. Amenazado por la falta de fuerzas, por la depresión y la tristeza, la desgana de todo lo que no sea quitarse el hambre. Amenazado por el peligro de las no pocas enfermedades que sobrevienen a quienes carecen de lo indispensable para seguir viviendo. Y amenazado, además, por la vergüenza. Es demasiado humillante no tener ni para comer o tener que vivir de limosna. Eso le roba la dignidad a cualquiera. Y el que se ve forzado a convivir en esas condiciones, pierde la poca autoridad que pueda tener hasta en su propia casa y ante su familia. Incluso llegará a ser un “don nadie”. O más simplemente, un “nadie”, como bien dijo Eduardo Galeano. Los incontables “hijos de nadie, los dueños de nada. Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos”. Los “que no son, aunque sean. Los que no son seres humanos, sino recursos humanos. Los que no tienen cara, sino brazos. Los que no tienen nombre, sino número”. Los que no figuran en ninguna parte, a no ser en la página de sucesos de la prensa local. “Los nadies, los que cuestan menos que la bala que los mata”. Y ahora también, los que representan menos que la patera en la que mueren ahogados, huyendo del hambre y de la muerte.

El hambre es un sufrimiento físico. Y además es también una humillación social. Hay familias que nunca pasaron hambre. Y ahora, por no decir que la están pasando, prefieren quedarse en casa, para que nadie se entere que se ven obligados a vivir de la caridad. Por eso yo estoy seguro de que el número de personas que pasan necesidad es, en este momento, bastante mayor del que nos dicen las estadísticas oficiales. Y es que, en los tiempos que corren, las cosas se han puesto de forma que, en las familias educadas en la “cultura del orden y de la religión”, la presión que ejerce en ellas la “cultura de la vergüenza” puede llegar a ser más determinante que la “cultura de la culpa”. Y prefieren morirse de hambre en un rincón de su casa, antes que ir a ponerse en la cola de Cáritas para que la ayuda de los necesitados les alcance.

Muchas veces he pensado que Jesús debió pasar hambre. Tuvo que pasarla y sufrirla. Y verse humillado, como uno más entre los muchos “lázaros” de todos los tiempos. Si no, ¿cómo se explica que el tema del hambre y la escasez esté tan presente en los evangelios (Lc 15, 14. 17; 4, 25; Mc 13, 8 par; Mt 24, 7; Lc 21, 11)?. ¿Por qué a Jesús se le conmovían las entrañas cuando veía a la gente hambrienta (Mc 8, 3 par; Mt 15, 32)? ¿A qué viene que el verbo griego peinaô, “sentir hambre”, se repita tantas veces en el Evangelio, hasta el extremo de que, para Jesús, saciar el hambre es más importante que cumplir con la religión (Mc 2, 25; Mt 12, 3; Lc 6, 3)? En la parábola del llamado “hijo pródigo, el muchacho aquél, que tiró una fortuna “viviendo como un perdido”, volvió a la casa de su padre porque se moría de hambre (Lc 15, 14 ss). Y en el juicio final, el criterio de Dios será premiar, no al que fue fiel observante de ritos sagrados y ceremonias santas, sino al que dio de comer a los que pasan hambre, dio de beber a los que tienen sed, se puso de parte de los que están enfermos, acogió a los extranjeros…. (Mt 25, 31-46).

En este momento tenemos en España, y en Europa entera, muchos problemas apremiantes. Los políticos tienen demasiadas cosas que les urgen antes de que se les echen encima las próximas elecciones (las que sean). Pero, ¡por lo que más quieran!, como dijo el Nobel de Economía, Paul Krugman, “Acabad ya con esta CRISIS”. Que se podría terminar, si es que hubiera voluntad política de acabar con ella. Cosa que se puede hacer. Sencillamente, repartiendo mejor lo que tenemos. Los derechos fundamentales son los mismos para todos. Y el derecho más fundamental de todos es el derecho a comer. Y comer con dignidad. Teniendo muy presente que cuando los gobernantes no gestionan las cosas de forma que este derecho quede garantizado y satisfecho, tales gobernantes no pueden tener derecho a gobernarnos, por muchas mayorías absolutas que les amparen. El derecho a vivir tiene que estar siempre por encima del derecho a mandar. La vida está antes que el poder. No sé cómo se puede resolver este dilema. Pero, al menos, que me dejen decir lo que siento cuando veo que el poder se ha superpuesto al hambre y a la dignidad. Y, por tanto, ya vemos como la cosa más natural del mundo que el derecho a mandar esté por encima del derecho a vivir como personas que merecen un respeto.

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