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El verdadero regalo de la Navidad

Lunes, 25 de diciembre de 2017

belen_volverajesus_01-600x448La carta que José Antonio Pagola ha enviado a los Grupos de Jesús que me ha gustado mucho … y se la he “robado”.

Queridos amigos y amigas:

Hoy son muchos los que ignoran la verdadera raíz de las fiestas de Navidad. La sociedad de consumo las ha convertido en las fiestas de invierno o del nuevo año. Unas fiestas en las que lo importante es comprar, gastar y disfrutar. Sin embargo, estas fiestas son diferentes. En muchos se observa todavía la nostalgia de un mundo imposible de paz, fraternidad y felicidad que los humanos somos incapaces de construir.

En los Grupos de Jesús sabéis bien el origen de estas fiestas. Nosotros celebramos la inmensa alegría de que Dios ha querido hacerse uno de nosotros. Ya no estamos solos, perdidos en medio de nuestros problemas, sufrimientos y conflictos. Dios está con nosotros.

No un dios frío, lejano y distante, sino un Dios hecho carne, hermano, amigo de todos. Ese Dios es infinitamente mejor de lo que pensamos. Un Dios más cercano, más tierno, más acogedor y comprensivo de lo que nosotros podemos imaginar.

Hoy necesitamos más que nunca detenernos a meditar lo que significa un Dios que se nos ofrece encarnado en un niño débil, vulnerable e indefenso, irradiando solo paz, ternura y cercanía. Se despertaría en nosotros una confianza nueva, nos inundaría una alegría diferente.

Queridos amigos y amigas, este Dios nacido en Belén es más grande que todas nuestras imágenes tristes y raquíticas de la divinidad. Este Dios es el mejor regalo que se nos puede ofrecer a todos. Nuestro error es creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, salud, suerte y seguridad.

Por eso celebrar la Navidad no es despertar una euforia pasajera tomando unas copas de champán, sino alimentar nuestra alegría interior y nuestra confianza en la cercanía de un Dios que está presente en lo más íntimo de nuestro ser.

Este Dios cercano y tierno es el mejor regalo que podemos hacernos unos a otros. El mejor regalo que podéis hacer a vuestros seres queridos. Los Grupos de Jesús estamos llamados a ser testigos de ese Dios nacido en Belén. Grupos que viven alentados por la alegría interior y la paz que infunde en nosotros ese Dios. Grupos que contagian una fe gozosa y atractiva en ese “Dios-con nosotros”.

Os deseo a todos los Grupos, y a cada uno de vosotros, una Navidad Feliz.

José Antonio Pagola

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 4”, por José Antonio Pagola

Sábado, 22 de octubre de 2016

lgtb_pagolaLos hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. CUARTA PARTE:

6. La necesidad de promover una mirada más humana, misericordiosa y justa sobre la experiencia homosexual

Como decía anteriormente, el Sínodo sobre la Familia ha terminado sin abordar directamente la cuestión de la homosexualidad, pero entre los temas pendientes ha quedado uno: reconocer “los elementos positivos” que se transparentan en las llamadas uniones estables de personas homosexuales”. Pues bien, creo que esa búsqueda algo se está moviendo en la Iglesia. Es posible observar que jerarcas, teólogos y pastoralistas católicos van delineando poco a poco desde diversas perspectivas un horizonte más amplio para discernir y valorar la experiencia homosexual de manera más positiva  y más evangélica.

Ya en 1999, en el Sínodo sobre Europa, el General de los dominicos, Timothy Radcliffe, bien conocido por su preocupación por las personas homosexuales, tuvo una intervención donde advirtió a los obispos europeos que “la autoridad de la Iglesia solo convencerá si es capaz de acompañar a las personas, si está atenta a sus desengaños, a sus peticiones y a sus dudas… La Iglesia no tendrá autoridad (para las personas homosexuales) si no aprende su lenguaje ni acepta sus dones [Paolo Gamberini, “Parejas homosexuales. Vivir, sentir y pensar de los creyentes”, en Selecciones de Teología (2016) 267].

Posteriormente varios jerarcas europeos se han pronunciado afirmando de diversas maneras que en el amor homosexual hemos de reconocer elementos positivos que son constitutivos de las persona humana creada a imagen de Dios. Entre los más conocidos, el cardenal Cristobal Schönborn, arzobispo de Viena en una intervención en el Sínodo Extraordinario sobre la Familia; el cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Munich, miembro del Consejo de Cardenales del Papa, o el obispo de Amberes Johanj Bonny, que considera que la Iglesia debiera reconocer en las uniones de homosexuales los valores de amor, fidelidad y compromiso.

Pero, seguramente, quien ha hablado con más claridad ha sido el cardenal Carolo Martini, arzobispo de Milán, que ha afirmado que “las uniones homosexuales… pueden testimoniar el valor de un afecto reciproco”. Por eso, si un creyente homosexual llega a madurar la elección de vivir con una pareja del mismo sexo, Martini invita “a no demonizar ni condenar al ostracismo tal elección. El criterio para juzgar tal relación será la fidelidad en la relación, la reciprocidad y el amor responsable” [Paolo Gamberini, a. c., 268 y 277].

Naturalmente es en los teólogos, moralistas y pastores donde se aprecia una voluntad más firme de repensar la actitud de la Iglesia para promover una valoración más justa y más humana. Solo señalaré tres perspectivas.

  • El teólogo moralista Pablo Romero ha recordado recientemente que la Iglesia ha de introducir la conciencia de que la orientación homosexual es “una realidad recibida” (de la vida, del azar, de la naturaleza, de Dios…). Por eso, la persona homosexual no podrá aceptarse a sí misma como don o como criatura agradecida a Dios si no puede reconocer que su orientación sexual concreta es “don de Dios” desde el que está llamada a realizarse. La persona homosexual es la primera que ha de ser educada y ayudada a pasar de una posible homofobia a una valoración positiva de su diferencia sexual o, si es creyente a una aceptación agradecida a Dios de su propio camino [Pablo Romero, “Uniones homosexuales: ¿Rechazo? ¿Misericordia? ¿Reconocimiento?”, en Selecciones de Teología (2016) 217, 28-29].
  • Por otra parte, en reacción a una moral de carácter objetivo y negativo, hay autores que insisten en que “es necesaria una moral del discernimiento sobre las relaciones para proponer al creyente homosexual un itinerario espiritual que le ayude a vivir a imagen de Dios (Paolo Gamberini). “Lo que evidencia la bondad moral de una relación viene dado por la capacidad que tiene de expresar de manera profunda, auténtica y convincente, el mundo interior de las dos personas; de crear las condiciones para un desarrollo de una verdadera interpersonalidad, la cual solo se realiza en la medida en que se abandona la tentación de tratar al otro (la otra) como objeto, y se reconoce a la vez su unicidad irrepetible y su inestimable dignidad (Gianni Piana) [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].
  • En esta misma línea, Paolo Gamberini afirma que el objetivo de la ética que se ha de proponer a las personas homosexuales consiste en favorecer el crecimiento de las relaciones más auténticas según las condiciones. El creyente homosexual deberá optar por lo que le aproxime más a lo ‘mejor’ de la relación que está viviendo: con su propio cuerpo, con los otros y con Dios”. Desde esta perspectiva el bien moral consistirá en potenciar las relaciones con los otros y el mundo, consigo mismo y con Dios [Paolo Gamberini, a. c., 275-276].

lgtb_pagola-47. Promover la acogida en las parroquias y comunidades cristianas

Es importante, sin duda, la actuación de la jerarquía y el trabajo de los teólogos y moralistas, pero si queremos dar pasos decisivos para liberar a la Iglesia y a la sociedad de la homofobia es decisivo el clima de respeto, acogida y amistad que se puede generar en las parroquias, comunidades e instituciones y grupos cristianos. Desde esas bases se puede iniciar la reacción para ir cambiando la actitud global de la Iglesia ante las personas homosexuales. Tal vez tenemos que empezar por escuchar las palabras que Jesús nos está dirigiendo a todos: “Nací homosexual y no me estáis acogiendo”.

En el sínodo extraordinario de 2014, en la Relación después de la discusión se planteaba la acogida a las personas homosexuales en un tono positivo: “Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a las comunidades cristianas: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? (Relación, n. 50). Para decepción de bastantes, estas palabras no fueron recogidas. Solo se vuelve a la orientación de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1986): “Toda persona, independiente de su propia tendencia homosexual, sea respetada en su dignidad y acogida con respeto, con la preocupación de evitar todo signo de discriminación injusta”.

Quiero comenzar con unas palabras llenas de sensatez evangélica y de realismo del papa Francisco: “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre… A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas (La alegría del evangelio 47).

Desde este horizonte hemos de trabajar para hacer que en nuestras comunidades cristianas se acoja, se escuche y se acompañe a toda persona homosexual, necesitada como todos de acogida, escucha y amistad.

  • Comunidades cristianas donde sean valoradas por su dignidad sin que su orientación sexual sea motivo de rechazo, discriminación, recelo, lenguaje ofensivo…
  • Comunidades cristianas donde puedan encontrar cauces adecuados para crecer como seguidores y seguidoras de Jesús, dando testimonio de su vida cristiana e integrándose activamente al servicio de la comunidad.
  • Comunidades cristianas en las que puedan encontrar amigos y amigas con los que poder compartir momentos difíciles de soledad, rupturas, discernimientos, toma de decisiones.
  • Comunidades cristianas que sepan solidarizarse y defender a toda persona homosexual de la estigmatización, la hostilidad, las humillaciones o burlas que pueda sufrir en nuestro entorno social o eclesial.
  • Comunidades cristianas comprometidas en concienciar a la Iglesia y a la sociedad para que se respeten los derechos de la población homosexual y se promueva todo lo que favorezca su convivencia digna y justa en medio de la mayoría heterosexual.

Dejadme terminar con un mensaje que quiero comunicar a la comunidad homosexual en nombre de Jesús. Es lo más importante que yo os puedo decir:

“Cuando os veáis rechazados en la sociedad o en la Iglesia,
sabed que Dios os está acogiendo.
Cuando os sintáis condenados por algunos sectores,
sabed que Dios os mira con ternura.
Cuando os sintáis solos, olvidados, pequeños y débiles,
escuchad vuestro corazón y sentiréis que Dios está ahí, con vosotros.
Aunque nosotros os olvidemos, Dios no os abandonará jamás.
No lo merecéis. No lo merecemos nadie,
pero Dios es así: misericordia insondable y bendición para todos”.

José A. Pagola
11/mayo/2016

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 3”, por José Antonio Pagola

Jueves, 20 de octubre de 2016

lgtb_pagolaLos hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. TERCERA PARTE:

5. Introducir el principio-misericordia en el magisterio oficial de la Iglesia sobre la homosexualidad

Antes que nada, Jesús nos está reclamando una manera nueva de relacionarnos con el sufrimiento que hay en el mundo de las personas homosexuales. Todo aquello que impide, oscurece o dificulta a las personas homosexuales captar el misterio de Dios como misericordia, ayuda, perdón o alivio de su sufrimiento, ha de desaparecer de la Iglesia de Jesús pues no encierra la Buena Noticia de Dios, proclamada por él.

Vamos a comenzar considerando que introducir en la Iglesia el principio-misericordia puede exigir revisar, actualizar y enriquecer el magisterio oficial sobre la homosexualidad.

Antes que nada, hemos de alegrarnos y agradecer que, al final del Sínodo sobre la Familia, en su Exhortación “La alegría del amor” (AL 250), el papa Francisco hace dos afirmaciones importantes:

“Toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto, procurando evitar todo signo de discriminación injusta, y particularmente cualquier forma de agresión y violencia”.

“Por lo que se refiere a las familias, se trata por su parte de asegurar un respetuoso acompañamiento con el fin de que aquellos que manifiestan una tendencia homosexual puedan contar con la ayuda necesaria para comprender y realizar plenamente la voluntad de Dios en su vida”.

Sin embargo, hemos de decir que finalmente el tema de las personas homosexuales no se ha abordado directamente en el Sínodo sobre la Familia. El Papa, en su Exhortación final, afirma que la complejidad de algunos temas planteados nos mostró la necesidad de seguir profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales (AL 2). Entre los temas que quedan pendientes se señalan dos respecto a la homosexualidad: “enfatizar la inaceptabilidad de discriminar a las personas homosexuales” y reconocer “los elementos positivos” que se transparentan en las llamadas uniones estables” (Relatio finalis).

Tal vez lo primero que se advierte en el magisterio oficial es que falta la mirada atenta y responsable al sufrimiento concreto de las personas homosexuales en su itinerario vital: en el contexto familiar junto a los seres más queridos; en su contexto social con frecuencia hostil (menosprecio, exclusión, maltrato sicológico y hasta físico…); en el contexto eclesial (incomprensión, estigmatización, marginación, condena moral.

Además, el magisterio oficial, redactado desde una actitud negativa y “globalmente condenatoria”, no permite percibir una preocupación real por responder a las verdaderas necesidades de las personas homosexuales que reclaman ser escuchadas, comprendidas y reconocidas en su condición homosexual. La Palabra de la Iglesia de Jesús ha de estar más pensada desde el sufrimiento y la situación real de las personas homosexuales y no solo desde la preocupación de elaborar la doctrina de una moral objetiva.

El mensaje de la Iglesia, movida por la misericordia insondable de Dios a todos y cada uno de sus hijos e hijas, no puede quedar reducida a una doctrina moral dictada de manera genérica a una “categoría” de personas llamadas homosexuales, sino que se debiera atender con atención lúcida, responsable y compasiva sobre todo a la necesidad de afecto, ternura, amistad, estabilidad emocional, seguridad… a la que esas personas encuentran la respuesta más adecuada y plena en individuos de su mismo sexo.

En coherencia con la actuación de Jesús hacia los sectores más despreciados y excluidos, su Iglesia ha de valorar y defender más la propia conciencia de las personas homosexuales e invitarles con confianza a hacerse ellos mismos responsables de su propia vida. En el magisterio oficial, condicionado por un enfoque “moral objetivista”, no se recoge con suficiente claridad la enseñanza del Concilio Vaticano II que afirma que toda persona “tiene una ley escrita por Dios en su corazón, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual será juzgado”. “Esa conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que este se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (GS 16).

[Paolo Gamberini recuerda cómo el joven teólogo Joseph Ratzinger escribía como experto del Concilio que “se ha de obedecer a la propia conciencia, antes que toda otra cosa, incluso si es necesario, contra el requerimiento de la autoridad eclesiástica”. Parejas homosexuales. Vivir, sentir y pensar de los creyentes en Selecciones de Teología (2016) 216, 272-273].

Esta valoración y defensa de la propia conciencia de la persona homosexual es tanto más necesaria puesto que está expuesta permanentemente a ser juzgada, criticada, presionada o aconsejada por quienes viven desde una  condición heterosexual.

Una Palabra pronunciada por la Iglesia desde una preocupación real por no hacer todavía más dura la situación de las personas homosexuales de nuestros días, ha de eliminar ya de su lenguaje la consideración de la condición homosexual como “patología” (vitiata constitutio), atendiendo a la psiquiatría moderna más rigurosa.

Del mismo modo han de desaparecer del mensaje de una Iglesia de misericordia ambigüedades y silencios que provienen de una comprensión reduccionista e incorrecta de la sexualidad humana. No es admisible en la Iglesia de Jesús reducir la sexualidad a “genitalidad” para caer en una “moral biologicista” que olvida la importancia de la sexualidad para la autorrealización personal y como lenguaje y comunicación del amor. ¿Es justo que esta reducción lleve a presentar todo comportamiento homosexual como “intrinsecamente malo” y a considerar incluso la “misma inclinación como objetivamente desordenada”? ¿No es necesario revisar, completar y enriquecer este lenguaje desde una antropología más actualizada y desde un espíritu más evangélico?

lgtb_pagola-3-600x502Por otra parte, el magisterio oficial no puede quedar reducido a una condena objetiva sino que ha de tener una finalidad positiva. Si la Iglesia quiere anunciar la Buena Noticia de Jesús, habremos de esforzarnos mucho más en ofrecer a las personas homosexuales un proyecto humano y cristiano y unos cauces básicos para que, desde la aceptación e integración de su propia condición homosexual y orientados por su propia conciencia y un discernimiento responsable, puedan realizarse en su dimensión personal, interpersonal y social.

Así mismo en la Iglesia no podemos desatender la llamada de alerta que nos llega de hermanos y heramanas que acompañan a las personas homosexuales, comparten sus sufrimientos y las ayudan a superar sus dificultades personales y sus problemas de inadaptación social y eclesial. Esto es lo que dicen: la doctrina actual de la Iglesia, tal como es presentada, encierra el riesgo de llevar a algunas personas homosexuales a situaciones de crisis permanente, a la renuncia a toda relación humana profunda, al aislamiento, a la soledad y a la tendencia al autodesprecio. ¿Dónde, cuándo, cómo puede escuchar la Buena Noticia del Dios de la Misericordia la persona homosexual que se debate en la alternativa de iniciar una relación heterosexual forzada o de lo contrario aceptar una abstinencia de toda actividad sexual, a la que no se siente en absoluto llamada por Dios?

Por último, una cuestión decisiva. La reflexión moral sobre la homosexualidad se ha desarrollado sobre el presupuesto de que la sexualidad humana tiene como única finalidad la procreación. Desde esta concepción el comportamiento homosexual ha sido considerado contrario a la finalidad intrínseca de toda relación sexual. Sin embargo, desde hace algo más de cuarenta años, se va valorando cada vez más la aportación del Concilio Vaticano II sobre la doble finalidad del matrimonio: la procreación y la mutua comunión de amor (GS 50). Más en concreto, estos años se ha ido tomando conciencia de que la sexualidad humana no está orientada solo a la procreación ni se ha de reducir solo a la complementación genital, sino que está también orientada naturalmente a generar una relación amorosa auténtica (no de poder, dinero o sometimiento del otro…) sino de reciprocidad, responsabilidad, reconocimiento y cuidado mutuo.

Esta nueva perspectiva de la sexualidad humana, ¿no ha de tener repercusión alguna en la visión del amor homosexual? ¿No es esta una de esas cuestiones que, según el papa, la Iglesia ha de “seguir profundizando con libertad”? ¿No se está abriendo aquí una puerta más positiva y esperanzada para las personas homosexuales?

Es significativo que en la Relatio final del Sínodo Extraordinario del 2014 se decía que “sin negar las problemáticas morales relacionadas con las llamadas uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en los que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas” (Relación final n. 52). Esta puerta abierta tímidamente quedó enseguida cerrada por las corrientes más rigoristas de resistencia a Francisco. ¿Cuándo se volverá a abrir?

José Antonio Pagola
11/mayo/2016

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 2”, por José Antonio Pagola

Miércoles, 19 de octubre de 2016

lgtb_pagolaLos hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. SEGUNDA PARTE:

3. La acogida de Jesús a “pecadores” más despreciados

Los evangelios destacan que lo que provocó más escándalo y hostilidad hacia Jesús fue su amistad con un colectivo bien reconocible de personas a las que se llamaba despectivamente “pecadores”. Nunca había ocurrido nada parecido en la historia de Israel. Ningún profeta se había acercado a ellos con la actitud de respeto, amistad y simpatía de Jesús. El término de “pecador” no tenía en tiempos de Jesús el contenido preciso que tendrá luego en Pablo de Tarso. A este colectivo de “pecadores” se los consideraba excluidos de la Alianza, bien por su vida inmoral, bien por su profesión, bien por su contacto con paganos, su colaboración con Roma, etc. Forman dentro de Israel un grupo proscrito y despreciado, sobre todo, por los sectores más observantes y rigoristas que los excluyen de la convivencia (banquetes, saludos, matrimonio…). Su conversión se consideraba prácticamente imposible. Los más conocidos eran los “publicanos” y las “prostitutas”.

Lo que más escandalizaba era la costumbre de Jesús de sentarse con ellos a comer en la misma mesa. No es algo anecdótico y secundario. Es el rasgo que caracteriza su modo de actuar con los pecadores más despreciados. En medio de un clima de condena y discriminación, Jesús introduce un “signo de acogida”. La reacción fue inmediata. Los evangelios recogen fielmente, primero la sorpresa: “¿Qué? ¿Es qué come con publicanos y pecadores?” (Marcos 1,16). No guarda las debidas distancias. ¡Qué vergüenza! Luego, la hostilidad, el rechazo y los insultos. “Aquí tenéis a un comilón y bebedor de vino, amigo de pecadores” (Lucas 7,34; Mateo 11,9). El asunto era explosivo. Sentarse a la mesa con alguien siempre es una prueba de respeto, confianza y amistad. No se come con cualquiera y menos en aquella sociedad donde se cuidaba tanto la propia santidad santa. ¿Cómo podía comer con pecadores e indeseables alguien considerado por muchos como “hombre de Dios”.

Pero, además, Jesús se acercaba a comer con ellos, no como un maestro de la Ley, preocupado por examinar su vida escandalosa, sino como profeta de la misericordia de Dios, que les ofrece su amistad y comunión. El significado profundo de estas comidas con pecadores consiste en que Jesús crea con ellos “comunidad de mesa” ante Dios. Comparte con ellos el mismo pan y el mismo vino; pronuncia con ellos “la bendición a Dios” y celebra anticipadamente el banquete final que, según anuncia Jesús, el Padre está ya preparando para sus hijos e hijas. Con este gesto profético Jesús les está anunciando la Buena Noticia de Dios: “Esta discriminación que estáis sufriendo dentro del pueblo elegido no refleja el misterio último de Dios. También para vosotros el Padre es misericordia y bendición”.
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La mesa de Jesús es una mesa abierta a todos. Dios no excluye a nadie, ni siquiera a los pecadores. En el proyecto del reino de Dios todo ha de ser diferente. No hay por qué reunirse en mesas diferentes. Jesús sabe muy bien que su mesa con pecadores no es la “mesa santa” de la que se enorgullecen los fariseos  ni la “mesa pura” de los miembros de la comunidad de Qumrán. Es la “mesa acogedora” de Dios. Con su actuación, Jesús no justifica la corrupción de los publicanos ni la vida de las prostitutas. Lo que hace es romper el círculo diabólico de la discriminación y abrir un espacio nuevo donde todos son acogidos e invitados a encontrarse con el Padre de la Misericordia. Jesús pone a todos, justos y pecadores, ante el misterio insondable de Dios. Ya no hay justos con derechos y pecadores sin derechos. A todos se les ofrece la misericordia infinita de Dios. Solo quedan excluidos los que no la acogen.

4. El principio-misericordia

Después de siglos de cristianismo es necesario hoy rescatar la misericordia como principio de actuación práctica liberándola de una concepción sentimental y moralizante. El lenguaje de la misericordia puede ser peligroso y ambiguo. En concreto, puede sugerir los buenos sentimientos de un corazón compasivo, pero sin el acompañamiento de un compromiso práctico; puede quedar reducido a “hacer obras de misericordia” en algún momento, sin abordar las causas injustas de muchos sufrimientos; puede entenderse como una actitud paternalista hacia algunos individuos, sin reaccionar ante una sociedad que sigue funcionando de manera inmisericorde e injusta.

Hemos de escuchar la llamada de Jesús como un grito de indignación absoluta: el sufrimiento de los inocentes ha de ser tomado en serio; no puede ser aceptado como algo normal pues es inaceptable para Dios. Por eso el teólogo Jon Sobrino propuso hace unos años hablar del “principio-misericordia”, es decir, un principio interno que está en el origen de nuestra actuación privada y pública, que permanece siempre presente y activo, que imprime en nosotros una dirección y que va configurando nuestro estilo de vivir erradicando el sufrimiento y sus causas o, al menos aliviándolo” (Jon Sobrino, Principio-misericordia, Bajar de la cruz a los pueblos crucificados. Santander, Sal Terrae 1992, 31-45 sobre todo).

Ya Jesús, en la parábola del buen samaritano, nos ofrece de manera muy concreta la dinámica de la práctica propia de la misericordia (Lucas 10,30-36). Según el relato, un “hombre” asaltado, robado y despojado de todo, yace abandonado en la cuneta de un camino solitario. Por el camino aparecen dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Son representantes de la religión del Templo. Los dos actúan sin compasión alguna. Al llegar al lugar “ven” al herido, “dan un rodeo” y siguen su camino. Tal vez, como servidores del Templo se atienen al “principio de santidad” del Levítico: “Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios soy santo”.

Aparece en el horizonte un tercer viajero. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece al pueblo elegido. Pero este samaritano va a actuar según el “principio-misericordia”. Lucas describe su actuación con todo detalle. Al llegar al lugar “ve” al herido, “se conmueve”, “se acerca” al hombre y, movido por la compasión hace por aquel hombre todo lo que puede para restaurar su vida.

  • Primero, la “mirada compasiva”. La misericordia se despierta en nosotros, no tanto por la atención a las leyes morales o la reflexión de los derechos humanos, sino cuando sabemos mirar al que sufre de manera atenta y responsable haciendo nuestro su sufrimiento. Esa mirada es la que puede liberarnos de ideologías que bloquean nuestra compasión y de marcos morales y religiosos que nos permiten vivir con la conciencia tranquila. En la Iglesia cambiará nuestra actitud ante las personas homosexuales cuando aprendamos a mirarlos de manera diferente.
  • Segundo, “se acercó” al herido. Se aproximó. Se hizo prójimo. No se pregunta quién es aquel desconocido para ver si puede tener alguna obligación para con él por razones de raza o de parentesco. Quien vive desde el principio-misericordia se acerca a todo ser humano, cualquiera que sea su raza, su religión, su pueblo o su condición sexual. No se pregunta a quién me debo acercar sino quién me necesita cerca.
  • El compromiso de los gestos. El samaritano de la parábola no se siente obligado a cumplir un código determinado de obligaciones. Sencillamente responde a la situación del que sufre inventando toda clase de gestos para restaurar su vida y aliviar su sufrimiento.

 José Antonio Pagola
11/mayo/2016

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“Una sociedad libre de homofobia, un reto para los cristianos – 1”, por José Antonio Pagola

Martes, 18 de octubre de 2016

lgtb_pagolaGrupo Betania con José Antonio Pagola

Los hermanos y hermanas del Grupo Cristiano Betania de Aldarte, Bilbao, nos han enviado amablemente este texto que agradecemos y que publicaremos en cuatro partes sucesivas…

Ponencia de José A. Pagola impartida en la universidad de Deusto el 11 de mayo de 2016, organizada por las comunidades de Betania LGTB y otros colectivos cristianos. PRIMERA PARTE:

Quiero comenzar haciendo unas observaciones para que se comprenda mejor el contenido de mi intervención, su alcance y también sus límites. No soy un moralista ni tengo conocimientos especiales sobre la realidad de la homosexualidad. En estos momentos vivo totalmente entregado a conocer mejor a Jesús y a impulsar en el interior de la Iglesia una renovación arraigando la experiencia cristiana con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús, en su mensaje liberador y en el proyecto humanizador que Jesús llamaba el “reino de Dios”.

Por eso, mi exposición tendrá dos partes. En la primera expondré el “principio-misericordia” que inspiró y motivó toda la actuación profética de Jesús y que dejó como herencia a sus seguidores y a toda la Humanidad: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso (Lucas 6,36). En la segunda parte, trataré de mostrar cómo el “principio-misericordia” nos puede ayudar a dar pasos concretos hacia una sociedad liberada de homofobia donde la comunidad homosexual pueda convivir de manera más digna, justa y dichosa en medio de una mayoría heterosexual.

El momento actual es decisivo para abordar el problema de la homofobia. Me explico. El Papa que preside hoy la Iglesia Católica se ha pronunciado de manera clara con palabras impensables todavía hace unos años. Son dos frases breves que abren el movimiento de Jesús hacia un horizonte nuevo, aunque las fuertes resistencias a Francisco hayan obligado a “aparcar” de momento el tratamiento a fondo del tema de la homosexualidad en el último sínodo sobre la Familia. Es el momento de reaccionar desde las comunidades cristianas.

En el avión de regreso de su viaje a Brasil, a preguntas de periodistas, decía así: “Si una persona gay busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?”. No es una encíclica, no es un documento magisterial, pero, tal vez, es mucho más. Es la convicción profunda del papa Francisco donde, por fin, resuenan las palabras de Jesús: “No juzguéis y no seréis juzgados” (Mateo 7,1).

En respuesta a Yayo Grassí, antiguo alumno de Jorge Bergoglio, homosexual que vive en pareja en EE.UU., que pedía a Francisco una aclaración en torno a un episodio en que se había visto envuelto el papa. Francisco termina su carta con estas palabras: “Quiero asegurarte que en mi trabajo pastoral no hay lugar para la homofobia”.

1. La condición homosexual

Desde el inicio es importante que utilicemos un lenguaje adecuado y preciso para evitar expresiones cargadas de connotaciones peyorativas. Desde hace algunos años, el término “homosexualidad” ha pasado a significar la realidad humana total de las personas cuya pulsión sexual está orientada hacia personas de su propio sexo. El término proviene del griego “homoios”=igual y “sexus”=sexo (el término fue introducido por Fereneczi, médico húngaro en el siglo XIX; bastantes organizaciones homosexuales lo rechazan por su origen clínico y prefieren designarse como “gais” y “lesbianas”).

Con la palabra “homosexualidad” queremos referirnos a la condición humana de una persona que, en su dimensión de sexualidad se caracteriza por estar constitutivamente movida por una pulsión sexual orientada hacia personas del mismo sexo.

Con esto se quiere decir:

  • El homosexual es, ante todo, un ser humano con su dignidad personal, con un destino y una vocación a crecer y realizarse como persona humana, lo mismo que el heterosexual. Su peculiaridad tiene su raíz y manifestación más clara en que su pulsión sexual está orientada hacia personas del mismo sexo. Por eso, al hablar de las personas homosexuales, hemos de tener siempre presente toda su realidad humana y su dignidad personal sin centrar la atención de manera reduccionista y por lo tanto falsa solo en lo sexual o genital.
  • No hemos de confundir la condición homosexual con una enfermedad. La homosexualidad no lleva consigo, de por sí, ningún rasgo de patología somática o psíquica. En 1973, la American Psichiatric Association concluyó su estudio afirmando que la homosexualidad no puede ser catalogada como enfermedad. En 1990, la Organización Mundial de la Salud la eliminó definitivamente de la lista de enfermedades.
  • Tampoco hemos de confundir la condición homosexual con actuaciones anómalas o desviadas como por ejemplo: la pederastia, el sadismo, la prostitución, promiscuidad, violación…; lo mismo que no confundimos la condición heterosexual con ese tipo de actuaciones. No hemos de admitir que se hable de los homosexuales en clave de “perversión”, “desviación”, “inversión”.

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Si me he detenido en todo esto es porque pienso que, para caminar hacia una sociedad libre de homofobia, hemos de aprender a mirar, respetar y amar al diferente en su propia realidad, sin falsearla.

2. Sed misericordiosos como vuestro Padre

Lo primero que hemos de grabar bien es que Jesús capta y vive la realidad insondable de Dios como un misterio de misericordia. Lo que define a Dios no es el poder o la fuerza como a las divinidades paganas del Imperio. Por otra parte, Jesús no habla nunca de un Dios indiferente o lejano, olvidado de sus hijos. Menos aún, de un Dios interesado por su honor, sus derechos, su templo, su sábado… Dios es un misterio de compasión. Es “rahum”, misericordioso, tiene “entrañas de misericordia” (“rahamin”).

(Empleo indistintamente los términos “misericordia” y “compasión”. De ordinario, prefiero hablar de “compasión” para sugerir la cercanía al que sufre –padecer con él– y de “misericordia” para sugerir la atención al que sufre –poner el corazón en el que está en la miseria).

Dios no vive de espaldas al sufrimiento de sus hijos. Por decirlo de alguna manera, la compasión es su modo de ser, su manera de mirar el mundo y de reaccionar ante sus criaturas. Jesús no le vive ni le experimenta a Dios al margen del sufrimiento humano. Por eso no separa nunca a Dios de su proyecto de construir un mundo más digno, más justo, más dichoso para todos, empezando por los que más sufren.

(Las parábolas más importantes de Jesús son las que narra para comunicar su experiencia de un Dios misericordiosos que solo busca el bien de sus hijos: El padre bueno, Lucas 15,11-32; El dueño de la viña, Mateo 20,1-15; El fariseo y el recaudador, Lucas 18,9-14).

Toda la actuación profética de Jesús arranca y está motivada y dirigida por la misericordia de Dios. Su pasión por Dios se traduce en compasión por el ser humano. Es la compasión de Dios lo que atrae a Jesús hacia los maltratados por la vida o por los abusos e injusticias. Lo que lo hace tan sensible al sufrimiento y la humillación de la gente. Pero, sobre todo, es la compasión lo que empuja a Jesús a vivir y a morir “buscando el reino de Dios y su justicia: ese mundo más digno y dichoso para todos, empezando por los que más sufren.

Movido por la misericordia del Padre, “la primera mirada de Jesús no se dirige propiamente al pecado de los otros sino a su sufrimiento” (J. B. Metz). El contraste con Juan el Bautista es esclarecedor. Toda la actividad del Bautista gira en torno al pecado: denuncia los pecados del pueblo, llama a los pecadores a penitencia y les ofrece un Bautismo de conversión y purificación. El Bautista no se acerca a aliviar el sufrimiento de los enfermos, no limpia a los leprosos liberándolos de la exclusión, no acoge a las prostitutas, no abraza a los niños de la calle, no se sienta a comer con “pecadores” excluidos de la Alianza. No hace gestos de bondad. Su actuación es estrictamente religiosa.

Para Jesús, por el contrario, la primera preocupación es el sufrimiento de las gentes enfermas y desnutridas de Galilea, la defensa de los campesinos explotados por los poderosos terratenientes, la acogida a pecadores y prostitutas, los más despreciados y olvidados por la religión. Por decirlo de alguna manera, en la actuación de Jesús es más determinante suprimir el sufrimiento y humanizar la vida que denunciar los pecados y llamar a los pecadores a la penitencia. No es que no le preocupe el pecado, sino que para el Profeta de la compasión, el mayor pecado contra el proyecto humanizador de Dios consiste en introducir en la vida sufrimiento injusto o tolerarlo con indiferencia desentendiéndonos de las personas que sufren.

Jesús vivió en una sociedad profundamente religiosa donde el ideal supremo estaba formulado así en el Levítico: Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” (Levítico 19,2). El pueblo ha de ser santo, como el Dios que habita en el Templo: un Dios que ama a su pueblo elegido pero rechaza a los pueblos paganos, bendice a quienes observan la Ley pero maldice a los pecadores, acoge a los puros pero separa a los impuros. Paradójicamente, esta imitación de la santidad de Dios, entendida como separación de lo pagano, lo no-santo, lo impuro y contaminante, que estaba pensada para defender la identidad de Israel, fue generando de hecho una sociedad discriminatoria y excluyente donde había: israelitas elegidos y paganos rechazados; sacerdotes de un rango superior de pureza y pueblo ordinario; varones con un nivel superior de pureza y mujeres siempre sospechosas de impureza por su menstruación y los partos; sanos que gozan de la bendición de Dios y leprosos, ciegos, tullidos… excluidos incluso del acceso al Templo. Esta religión generaba barreras y discriminación; no promovía la mutua acogida, la fraternidad y la comunión.

Jesús lo captó enseguida. Y con una lucidez y una audacia sorprendente introdujo para siempre en la historia humana un principio que lo transforma todo: “Sed misericordiosos como vuestro Dios es misericordioso” (Lucas 6,36). Es la misericordia y no la santidad el principio que ha de inspirar la conducta humana. Dios es grande y santo no porque rechaza y excluye a paganos, pecadores e impuros, sino porque ama a todos sin excluir a nadie de su misericordia. Dios no es propiedad de los buenos. Su amor está abierto a todos, también a los malos. Dios es de todos. En su corazón hay un proyecto integrador. Dios no separa ni excomulga, sino que acoge y abraza. No bendice la discriminación. Busca un mundo acogedor y solidario donde los santos no condenen a los pecadores, los ricos no exploten a los pobre, los poderosos no abusen de los débiles, los varones no dominen con su prepotencia a las mujeres.

“Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso”. Hemos de grabar bien estas palabras de Jesús en el corazón de la Iglesia. Estas palabras no son propiamente una ley o un precepto más. Se trata de reproducir en la tierra la misericordia del Padre. Esta llamada a la misericordia es la clave del Evangelio, la gran herencia de Jesús a la Humanidad. El único camino para construir un mundo más justo y fraterno. El único modo de hacer entre todos una Iglesia más humana y más creíble.

José Antonio Pagola
11/mayo/2016

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La primera urgencia de hoy es volver a Jesús (2)

Miércoles, 17 de agosto de 2016

volver-a-jesusSegunda parte de una entrevista realizada por la Revista ADSIS a José Antonio Pagola sobre la necesidad de “volver a Jesús”.

P: La polémica generada en torno a tu libro Jesús, una aproximación histórica dejó desconcertados a muchos. ¿Qué fue lo que ocurrió y cómo están las cosas ahora?

R: Jesús siempre provocará interrogantes y desafíos. No es tampoco extraño que surjan polémicas y disensiones. Pero pienso que alimentar polémicas como la que se ha provocado con mi libro, nos distraen de lo esencial y no nos conducen a la conversión a Jesucristo… Yo estoy contento porque la polémica ha logrado que muchas personas se hayan planteado la necesidad de conocer y de seguir mejor a Jesús.

P: En todo caso, son más los que han oído hablar de tu libro que los que lo han leído. ¿Cuál crees que es su aporte principal, entre tantos otros que ya se habían escrito?

R: He recibido miles de testimonios de personas que, al leer el libro, se han sentido «tocadas» por Jesús. En muchos momentos he sentido que Jesús está vivo, que su Espíritu sigue actuando en los corazones, que su Evangelio tiene fuerza transformadora… El testimonio de estas personas ha reforzado mi fe, me ha hecho sentir la presencia viva de Jesús. Ha sido una gozada. Lo que más impacta a los lectores es encontrarse con un Jesús tan humano, cercano y accesible. En contra de lo que se ha dicho, el libro no hace daño. Es exactamente lo contrario. La reacción generalizada es esta: Jesús es tan humano que no es como nosotros. Algún misterio debe encerrarse en él. Solo Dios encarnado puede ser tan humano, tan compasivo, tan sincero y auténtico, tan fiel, tan interesado por el ser humano. Muchos me escriben diciendo que ahora creen más en el Dios encarnado en Jesús.

P: Según nos decías en el encuentro que compartimos, «conocer a Jesús nos tendría que llevar a hacer nuestra su espiritualidad». Según tu parecer, ¿cuáles son las claves de la espiritualidad de Jesús?

R: Lo primero que diría es que el centro de la espiritualidad de Jesús no lo ocupa propiamente Dios, sino «el reino de Dios». Jesús no separa nunca a Dios de su proyecto de transformar el mundo. No invita a la gente a «buscar» a Dios, sino a «buscar el reino de Dios y su justicia». No pide simplemente «convertirse» a Dios sino «entrar» en la dinámica del reino de Dios.

En segundo lugar diría que su experiencia de Dios como Padre lleva a Jesús a vivir dos actitudes fundamentales: la confianza total y absoluta en Dios, que le hace vivir de manera innovadora, creativa y audaz al servicio del reino de Dios; y la docilidad incondicional para cumplir su voluntad que consiste en trabajar por una vida más digna y dichosa para todos, empezando por los últimos.

Por eso, según Lucas. Jesús, ungido por el Espíritu de Dios, se siente «enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia». Vivir ungidos por el Espíritu de Jesús es vivir cambiando la vida, haciéndola mejor y más humana. Es estar siempre a favor de las personas y en contra del sufrimiento, del mal y de la injusticia. Vivir la espiritualidad de Jesús es vivir curando heridas, haciendo el bien, potenciando la vida. Dejarse conducir por su Espíritu es vivir defendiendo a los débiles, acogiendo a los excluidos, creando siempre comunión, igualdad, acogida y fraternidad. Nunca separación, exclusión o excomunión.

P: Aterrizando en el contexto de crisis múltiples que vivimos hoy, hay una pregunta inevitable: ¿cómo se mira el futuro «como Jesús» cuando parece que no hay futuro?

R: Con una confianza absoluta en la acción de Dios que sigue trabajando con amor infinito el corazón y la conciencia de todos sus hijos e hijas. Dios no está bloqueado por ninguna crisis. Sigue buscando caminos que solo él conoce para encontrarse con cada persona, esté donde esté. Nadie vive olvidado o abandonado por Dios. Este es el dato decisivo, no nuestros proyectos o planes pastorales.

P: En concreto, ¿cómo crees que podríamos alentar, en nuestro entorno social y eclesial, la esperanza que brota de Jesús?

R: Hemos de abandonar ya una lectura del momento actual en términos casi exclusivos de crisis, secularización, desaparición de la fe, etc. Cristo resucitado tiene fuerza para engendrar una fe nueva. No sabemos qué nacerá ni cómo será. El cristianismo es mucho más que lo que ha podido dar en veinte siglos. Jesucristo no ha dado todavía lo mejor. Puede ser una verdadera sorpresa en la sociedad que está emergiendo.

P: También nos has animado a preguntarnos «por qué caminos quiere encontrarse Dios con las personas que se alejan de la Iglesia hoy». ¿Desde tu experiencia y tu reflexión, qué intuiciones nos puedes compartir?

R: A mi juicio, es un grave error «volver hacia atrás», hacia una cultura pasada, para vivir la fe desde formas, concepciones y sensibilidades nacidas, pensadas y configuradas en otras épocas y para otras épocas que no son la nuestra. Para acoger y comunicar hoy el Evangelio de Jesús hemos de aprender a creer desde la sensibilidad, la inteligencia y la libertad de esta nueva cultura; poner el Evangelio de Jesús en contacto con las preguntas, miedos, aspiraciones, sufrimientos y gozos de nuestros tiempos. La fe nueva que necesita la cultura moderna no nacerá como «clonación» de la fe pasada. Brotará de la fuerza que tiene el Evangelio para engendrar «vida evangélica» en medio de esta sociedad. La fe renace constantemente cuando hay fidelidad al Espíritu de Jesús.

P: Te agradecemos por el tiempo que nos has dedicado, José Antonio. Después de este encuentro y desde lo que nos conoces, ¿qué mensaje nos dejarías a los que buscamos a Jesús desde las comunidades Adsis?

R: No me siento con autoridad para dejaros mensaje alguno. Solo desearos que viváis vuestro carisma de manera creativa y audaz. Leed el Evangelio de Jesús en vuestras comunidades como una llamada que os invita cada día al gozo de la conversión a él. Vuestra vida se decidirá en los próximos años en vuestra capacidad para «volver a Jesús» con más radicalidad y más gozo.

Fuente: Revista ADSIS, Entrevista a José Antonio Pagola (Junio 200

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La primera urgencia de hoy es volver a Jesús (1)

Martes, 16 de agosto de 2016

volver-a-jesusPrimera parte de una entrevista realizada por la Revista ADSIS a José Antonio Pagola sobre la necesidad de “volver a Jesús”.

P: José Antonio, en el encuentro que compartimos contigo fue una gozada escucharte hablar de Jesús con tanta hondura y esperanza… Tú nos insistes en «no seguir lamentándonos, sino a pasar una a nueva fase de nuestro seguir a Jesús». ¿Qué quieres decir con eso?

R: Están creciendo entre nosotros algunos hechos y actitudes que, a mi juicio, no nos van a conducir a la renovación que la Iglesia necesita para promover hoy el proyecto de Jesús en la sociedad contemporánea. Pienso en el desencanto y la pasividad de muchos cristianos buenos y sencillos que viven este momento con desconcierto y pena; el clima creciente de enfrentamientos y descalificaciones mutuas entre colectivos de sensibilidades opuestas; la asfixia de vivir envueltos en lamentaciones y críticas estériles que no abren caminos hacia el evangelio; el miedo a la creatividad a la que nos llama el Espíritu de Jesús, que siempre es creador de vida nueva; el restauracionismo hacia el que parece tender de manera cada vez más firme la jerarquía…

A mi juicio, el giro que necesita el cristianismo actual consiste sencillamente en volver a Jesucristo. Necesitamos que la Iglesia se centre con más verdad y fidelidad en la persona de Jesús y en su proyecto del reino de Dios. No es exagerado afirmar que esta conversión radical a Jesús, el Cristo, es lo más importante que puede ocurrir en la Iglesia en los próximos años. Muchas cosas habrá que hacer en estos momentos, pero ninguna más importante que esta conversión.

P: Varias veces expresas que «la primera urgencia de hoy en la Iglesia es volver a Jesús». ¿Qué es para ti volver a Jesús?

R: «Volver a Jesús» no es simplemente impulsar un «aggiornammento», una adaptación pastoral a los tiempos de hoy. Es volver al que es el origen y la razón de ser de la Iglesia. El único que justifica su presencia en el mundo y en la historia. Dejar al Dios encarnado en Jesús ser el único Dios de la Iglesia, el Dios amigo de la vida y del ser humano.

Volver a Jesús es mucho más que introducir unos cambios en la celebración ritual de la liturgia o algunas innovaciones en la organización pastoral. Naturalmente, todo esto es necesario y no se debería retrasar más, pero lo que necesitamos es una conversión a Jesús a un nivel más profundo. Volver a las raíces, a lo esencial, a lo que Jesús vivió y contagió.

Esta conversión a Jesucristo es mucho más que una adhesión doctrinal o cultual a Jesucristo. No basta con adherirnos a una doctrina, cristología, o profesar nuestra fe en Jesús como Mesías e Hijo de Dios en la liturgia. En esta conversión es determinante el seguimiento vital a Jesús, la comunión mística con su persona, y el servicio a su proyecto del reino de Dios.

P: Desde tu visión, ¿qué trazos esenciales identifican a Jesús y su mensaje?

R: Yo destacaría sobre todo lo siguiente:

En el centro del mensaje y de la actuación de Jesús está lo que él llamaba «reino de Dios». Esto es decisivo. Jesús no expone propiamente una doctrina sobre Dios sino que anuncia un acontecimiento: «Dios está llegando. Solo quiere una vida más digna, más sana, más dichosa y justa para todos, empezando por los últimos. Hemos de cambiar».

Dios es Amigo de la vida. Lo dice Jesús en sus parábolas, en sus curaciones y en toda su trayectoria al servicio de la vida. Jesús es el impulsor de una fe curadora. Podemos decir que puso en marcha un proceso sanador de las personas y de la sociedad entera. Su crítica a las patologías religiosas (legalismo, hipocresía cultual, liturgia vacía de amor, etc.), su acogida a los últimos, su ofrecimiento gratuito del perdón de Dios, su empeño en liberar a las personas del miedo, su afán por generar fe y confianza en un Dios Amigo… son actuaciones que responden a su voluntad de curar la vida y hacerla más humana. Las «curaciones» de los enfermos son el mejor símbolo de su trayectoria. Esto es lo nuevo y decisivo: Jesús anuncia la «salvación» de Dios poniendo «salud» entre los hombres y mujeres.

Jesús le vive a Dios como un misterio de compasión. Dios es compasión. Su primera reacción, lo primero que le brota en el corazón ante sus criaturas es la ternura, la comprensión, la compasión, el perdón… Por eso la compasión no es una virtud más, sino la única manera de parecernos al Padre. «Sed compasivos como es vuestro Padre del cielo».

En el centro de toda la actuación de Jesús están los últimos, los desvalidos, los indefensos, los olvidados por la religión… Él ha venido para los enfermos, no para los sanos; se ha acercado a los pecadores e indeseables, no a los santos.

Jesús ha imaginado su movimiento de discípulos y discípulas como un espacio sin dominación masculina del varón sobre la mujer. En su seguimiento nadie está sobre nadie; el que quiera ser importante se ha de poner a servir. Solo desde esta actitud es posible ser signo del reinado de Dios y abrir caminos a una sociedad tal como es querida por él.

P: Y asumiendo que hay que «volver a Jesús», ¿qué actitudes de conversión a él serían más necesarias para los que somos cristianos en este momento histórico?

R: Es necesario, antes que nada, una calidad nueva de nuestra relación vital con Jesús. Una Iglesia formada por cristianos que se relacionan con un Jesús mal conocido, confesado doctrinalmente de manera abstracta, un Jesús apagado, que no enamora ni seduce, que no llama ni toca los corazones, es una Iglesia sin futuro.

Necesitamos, además, poner más verdad en nuestro cristianismo. Discernir qué hay de verdad y de mentira en nuestros templos y curias, en nuestras actividades pastorales y nuestras celebraciones. ¿Hasta cuándo podremos seguir sin hacer un examen de conciencia colectivo en la Iglesia, a todos los niveles? No hemos de aceptar vivir estos tiempos en la pasividad. No podemos resignarnos a vivir un cristianismo sin conversión. Hay que cambiar.

Hemos de recuperar el seguimiento a Jesucristo como el factor esencial del cristianismo. Hemos de «hacernos discípulos» de Jesús, vivir aprendiendo de él, entender la vida como la entendía él, mirar y tratar al ser humano como él lo hacía. Sin seguimiento fiel a Jesús, no hay Iglesia de Jesús.

Fuente: Revista ADSIS, Entrevista a José Antonio Pagola (Junio 2009)

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Comunidad Betania de Bilbao: Una sociedad libre de homofobia, un reto para lxs cristianxs

Martes, 3 de mayo de 2016

Información que nos envían desde la Comunidad Betania de Bilbao y que publicamos gustosamente:

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UNA SOCIEDAD LIBRE DE HOMOFOBIA UN RETO PARA LXS CRISTIANXS

Este año comunidades cristianas de Bilbao nos hemos unido por el día internacional contra la homofobia, organizando unas jornadas que hemos titulado “Una sociedad libre de homofobia, un reto para lxs cristianxs“.

Las comunidades de Betania LGTB, comunidades ADSIS de Bilbao, Salesianos Cooperadores de Bilbao, Asociación de comunidades cristianas Fe y Justicia y Comunidades de Vida Cristiana (CVX Arrupe Elkartea), queremos extenderos la invitación a estas jornadas que contarán con una conferencia de José Antonio Pagola y un Concierto-Oración con el grupo musical Ruah.

En la foto tenéis toda la información. Cualquier consulta podéis escribirnos. Tenéis nuestra puerta abierta. La entrada será libre hasta completar el aforo.

Un fuerte abrazo

Cristianismo (Iglesias), General, Homofobia/ Transfobia., Iglesia Inclusiva , , , , , , , ,

Compasivos como el Padre es compasivo – 5

Viernes, 18 de marzo de 2016

compasivos-1Del blog de los Grupos de Jesús:

Con ocasión del año jubilar, proponemos reflexionar durante la Cuaresma sobre la “compasión” con un artículo de José A. Pagola: “Compasivos como el Padre es compasivo”.

El compromiso de los gestos

El samaritano de la parábola no se siente obligado a cumplir un determinado código moral. Sencillamente, responde a la situación del herido inventando toda clase de gestos orientados a aliviar su sufrimiento y restaurar su vida. Nuestra respuesta a los que sufren es siempre insuficiente e inadecuada, pero lo decisivo es romper la indiferencia y vivir sembrando gestos de bondad, y promoviendo respuestas al sufrimiento.

Así es Jesús, el profeta de la compasión, que “pasó su vida entera haciendo el bien” (Hechos de los Apóstoles 10,38). No tiene poder político ni potestad religiosa. No puede resolver las injusticias que se cometen en Galilea, pero vive sembrando gestos de bondad orientados a cambiar aquella sociedad. Abraza a los niños y niñas de la calle porque no quiere que los seres más frágiles de Galilea vivan como huérfanos; bendice a los enfermos y enfermas para que no se sientan rechazados por Dios al no poder recibir la bendición de los sacerdotes en el templo; toca la piel a los leprosos para que nadie los excluya de la convivencia; cura rompiendo el sábado para que todos sepan que ni la ley más sagrada está por encima de la atención a los que sufren; acoge a los indeseables y come con pecadores despreciados por todos porque, a la hora de practicar la compasión, el malo y el indigno tienen tanto derecho como el bueno y el piadoso a ser acogidos con misericordia.

Estos gestos no son convencionales. Le nacen a Jesús de su voluntad de hacer un mundo más amable y solidario en el que las personas se ayuden y se cuiden mutuamente. No importa que, con frecuencia, sean gestos pequeños. El Padre tiene en cuenta hasta el vaso de agua que damos a quien tiene sed. Son gestos orientados a afirmar la vida y la dignidad de los seres humanos. Recuerdan que siempre es posible intervenir para sacar bien del mal que existe en el mundo.

Vete y haz tú lo mismo

Jesús concluye la parábola del buen samaritano con esta pregunta: “¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los saboteadores?”. El escriba le responde: “El que tuvo compasión de él”. Jesús le dice: “Vete y haz tú lo mismo”. Ahora sabemos lo que hemos de hacer: no “dar rodeos” ante nadie que esté sufriendo, abrir los ojos, mirar atentamente a tantos hombres y mujeres asaltados, robados, golpeados, abandonados en los mil caminos de la vida. Acercarnos a la cuneta, levantar a los heridos, vivir curando a los que sufren.

Hemos de entender bien a Jesús. La compasión no ha de quedar reducida a un sentimiento de nuestro corazón. No consiste en hacer de vez en cuando una “obra de misericordia”. Para evitar malentendidos y reduccionismos falsos hemos de entender la compasión como un principio que está en el origen de toda nuestra actuación, que imprime una dirección a todo nuestro ser y que va configurando nuestro estilo de vivir al servicio de los que sufren (Ver J. Sobrino, El principio-misericordia. Bajar de la cruz a los pueblos crucificados, Sal Terrae, Santander 1992, 31-45).

Para comprender bien la compasión de Jesús hemos de diferenciar tres elementos. En un primer momento, por decirlo así, Jesús interioriza el sufrimiento ajeno, deje que penetre en sus entrañas: lo hace suyo, deja que le duela a él. En un segundo momento, ese sufrimiento interiorizado provoca en él una reacción, se convierte en un punto de partida de un comportamiento activo y responsable; viene a ser un principio de acción, un estilo de vivir. Por último, ese estilo de vida se va concretando en compromisos y gestos, orientados a erradicar el sufrimiento o, al menos, a aliviarlo.

Este estilo de vivir es lo primero en un seguidor de Jesús. Nada hay más importante. Tendremos que hacer muchas cosas en la vida, pero la compasión ha de estar en el trasfondo de todo. Nada puede justificar nuestra indiferencia ante el sufrimiento ajeno. La compasión ha de configurar nuestro estilo de vivir: nuestra manera de entender los acontecimientos y de mirar a las personas; nuestra manera de relacionarnos y de convivir con los demás; nuestra forma de seguir radicalmente a Jesús.

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Compasivos como el Padre es compasivo – 4

Jueves, 17 de marzo de 2016

compasivos-1De la web de los Grupos de Jesús:

Con ocasión del año jubilar, proponemos reflexionar durante la Cuaresma sobre la “compasión” con un artículo de José A. Pagola: “Compasivos como el Padre es compasivo”.

La parábola del buen samaritano

Esta parábola es la que mejor sugiere la revolución introducida por Jesús desde su experiencia de la compasión de Dios. Según el relato (Lucas 10,30-36), un hombre asaltado yace abandonado en la cuneta de un camino solitario. Afortunadamente, aparecen por el camino dos viajeros: primero un sacerdote, luego un levita. Son representantes del Dios santo del templo. Seguramente, tendrán compasión de él. No es así. Los dos dan un rodeo y pasan de largo.

Aparece en el horizonte un tercer viajero. No es sacerdote ni levita. Ni siquiera pertenece al pueblo elegido. Sin embargo al llegar, ve al herido, se conmueve y se acerca. Luego, movido por su compasión hace por aquel hombre todo lo que puede: cura sus heridas, lo venda, lo monta sobre su propia cabalgadura, lo lleva a una posada, cuida de él y paga todo lo que haga falta. La actuación de este samaritano nos descubre la dinámica de la verdadera compasión.

La mirada compasiva

El samaritano sabe mirar al herido con compasión. Es lo primero. La compasión no brota de la atención a la ley o de la reflexión sobre los derechos humanos. Se despierta en nosotros desde la mirada atenta y responsable al que sufre.

Los evangelios han conservado el recuerdo de la mirada compasiva de Jesús. Al entrar en Nain, se encuentra con una viuda que lleva a enterrar a su hijo único; según Lucas, «el Señor, la vio, se conmovió y le dijo: No llores» (Lucas 7,13). Así es Jesús. No puede ver a nadie llorando sin intervenir. Pero los evangelios recuerdan, sobre todo la mirada compasiva de Jesús a las gentes: «Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos» (Mateo 14,14. Ver también Mateo 9,36).

El discípulo de Jesús no cierra los ojos ante el sufrimiento de las personas. Aprende a mirar el rostro de los que sufren como Jesús: con ojos compasivos. Esta mirada nos libera del egoísmo que bloquea nuestra compasión y de la indiferencia que nos permite vivir con la conciencia tranquila. Como se ha dicho con razón, la mística cristiana no es una «mística de ojos cerrados», volcada exclusivamente en la atención a lo interior. Es una «mística de ojos abiertos» (J. B. Metz) al sufrimiento que nos rodea.

¿Quién está necesitado de mí?

El escriba había preguntado a Jesús: «¿Quién es mi prójimo?». Al final de la parábola, Jesús pregunta al escriba: «¿Quién de los tres viajeros se ha hecho prójimo del herido?».

La pregunta que hemos de hacernos no es: ¿quién es mi prójimo?, ¿hasta dónde llegan mis obligaciones? Quien mira a las personas con compasión se pregunta: ¿quién está necesitado de que yo me acerque y me haga su prójimo?

Cuando el discípulo de Jesús vive desde la compasión de Dios se acerca a todo ser humano que sufre, cualquiera que sea su raza, su pueblo o ideología. No se pregunta a quién debo amar sino quién me necesita cerca. Esta pregunta orienta su actuación ante el sufrimiento que va encontrando en su camino.

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Compasivos como el Padre es compasivo – 3

Miércoles, 16 de marzo de 2016

compasivos-1De la web de los Grupos de Jesús:

Con ocasión del año jubilar, proponemos reflexionar durante la Cuaresma sobre la “compasión” con un artículo de José A. Pagola: “Compasivos como el Padre es compasivo”.

Jesús, profeta de la compasión

Jesús fue el primero en vivir totalmente desde la compasión de Dios, desafiando claramente el sistema de santidad y pureza que predominaba en la sociedad de su tiempo. La actividad profética de Jesús, se caracteriza por tres rasgos inconfundibles. Jesús es…

  • un profeta curador dedicado a aliviar el sufrimiento de los enfermos;
  • un profeta defensor de los pobres, excluidos del imperio de Roma y olvidados por la religión del templo;
  • un profeta amigo de pecadores que acoge a gentes indeseables que viven al margen de la Alianza.

Son tres rasgos que han de caracterizar a quien sigue radicalmente sus pasos.

Un profeta curador

Jesús se acerca, antes que nada, a los enfermos de las aldeas. Son los que más sufren.

Su tarea siempre es la misma: alivia su dolor, acaricia la piel de los leprosos, libera a los poseídos por espíritus impuros, los rescata de la marginación en que viven y los devuelve a la convivencia.

Los evangelios señalan repetidamente que Jesús curaba «movido por la compasión». Se dice literalmente que a Jesús «le temblaban las entrañas» al ver sufrir a los enfermos.

Jesús sufre al ver la distancia que hay entre el sufrimiento de estos hombres y mujeres, enfermos y desnutridos, y la vida sana que Dios quiere para todos ellos. No los cura para probar su condición divina o la veracidad de su mensaje. Lo que le mueve a Jesús es la compasión.

Un profeta defensor de los pobres

Esta compasión mueve a Jesús también a defender a los que viven hundidos en la miseria. Los pobres que lo rodean son un grupo fácilmente reconocible. No saben lo que es comer carne ni pan de trigo. Entre ellos hay mendigos que andan de pueblo en pueblo. Hay jornaleros sin trabajo fijo y campesinos huidos de sus acreedores. Muchas son mujeres. Entre ellas, viudas que no han podido casarse de nuevo, esposas estériles repudiadas por sus maridos.

Todos estos hombres y mujeres tienen un rasgo común: viven en un estado de miseria del que ya no podrán escapar. Jesús se une a ellos como un mendigo más. Los acoge y los defiende: «Dichosos vosotros, los que no tenéis nada porque de vosotros es el reino de Dios; dichosos los que ahora pasáis hambre porque seréis saciados; dichosos los que ahora lloráis porque reiréis» (Lucas 6,20-21).

Aquella miseria que los condena al hambre, la enfermedad y el llanto no tiene su origen en Dios. El sufrimiento de estos pobres inocentes ha de ser tomado en serio. No puede ser aceptado como algo normal, pues es inaceptable para Dios. Todos han de saber que son los hijos e hijas predilectos de Dios. Nunca en ninguna parte se construirá la vida tal como la quiere Dios si no es liberando a los pobres de su miseria.

Un profeta amigo de pecadores

Pero lo que más sorprendía de Jesús no era verlo curar enfermos en sábado o defender a los últimos de aquella sociedad. Lo que más escandalizaba era ver cómo acogía amistosamente a los pecadores y cómo se sentaba a la mesa con publicanos y prostitutas: «¿Qué? ¿Es que come con publicanos y pecadores?» (Marcos 2,16); «Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de pecadores» (Mateo 11,19 y Lucas 7,34).

¿Cómo puede actuar así un hombre de Dios? Jesús no parece oír las críticas e insiste en acoger a todos. No excluye a nadie. Él conoce bien el corazón del Padre. Todos pueden contar con su amistad. Hasta los pecadores que viven lejos de Dios.

Aquellos amigos y amigas que acoge a su mesa son hijos “perdidos” que no aciertan a volver a Dios por el camino de la Ley. Pero Dios los está buscando como un pastor busca a su oveja perdida (Lucas 15,4-7). Por eso Jesús les ofrece la amistad y el perdón de Dios antes de que se conviertan. Lo hace confiando totalmente en la compasión de Dios. No merecen el perdón. No lo merece nadie. Pero Dios es así: misericordia, amor y perdón gratuito. Nadie ha realizado en esta tierra un signo más cargado de compasión y de perdón en nombre de Dios.

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Compasivos como el Padre es compasivo – 2

Martes, 15 de marzo de 2016

compasivos-1De la web de los Grupos de Jesús:

Con ocasión del año jubilar, proponemos reflexionar durante la Cuaresma sobre la “compasión” con un artículo de José A. Pagola: “Compasivos como el Padre es compasivo”.

Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo

Movido por su experiencia de la compasión de Dios, Jesús va a introducir en la historia un nuevo principio de actuación. La fuerza que ha de impregnar la marcha del mundo es la compasión.

La ordenación religiosa y política del pueblo judío arrancaba de una exigencia básica aceptada por todos. El viejo libro del Levítico lo formulaba así: «Sed santos porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo» (Levítico 19,2). El pueblo ha de imitar la santidad del Dios del templo: un Dios que elige a su pueblo y rechaza a los paganos, que bendice a los justos y maldice a los pecadores, que acoge a los puros y separa a los impuros. La santidad es la cualidad del ser de Dios, el principio que ha de orientar la conducta del pueblo elegido. El ideal es ser santos como Dios.

Sin embargo, esta imitación de la santidad de Dios, entendida como separación de lo “no-santo”, lo impuro, lo contaminante, fue generando a lo largo de los siglos una sociedad discriminatoria y excluyente. El pueblo judío busca su propia identidad santa y pura excluyendo a las naciones paganas e impuras.

Pero, además, dentro del pueblo elegido, los sacerdotes gozan de un rango de pureza superior al resto del pueblo, pues están al servicio del pueblo donde habita el Santo de Israel. Los varones pertenecen a un nivel superior de pureza ritual sobre las mujeres, sospechosas siempre de impureza por su menstruación y por los partos. Los que gozan de salud están más cerca de Dios que los leprosos, ciegos o tullidos, excluidos del acceso al templo. Esta búsqueda de santidad generaba barreras y discriminaciones. No promovía la acogida mutua, la fraternidad y la comunión.

Jesús lo captó pronto. Esta imitación de un Dios santo no responde a su experiencia de un Dios acogedor y compasivo. Entonces, con una audacia y lucidez sorprendentes, introduce un nuevo principio que lo transforma todo: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo» (Lucas 6,36).

Es la compasión de Dios y no su santidad el principio que ha de inspirar la conducta de sus hijos e hijas. Jesús no niega la “santidad” de Dios, pero lo que cualifica esa santidad no es la separación de lo impuro o el rechazo de lo no-santo. Dios es grande y santo, no porque rechaza y excluye a los paganos, pecadores o impuros, sino porque ama a todos sin excluir a nadie de su compasión.

Por eso, para Jesús la compasión no es una virtud más, sino la única manera de parecernos a Dios. El único modo de mirar el mundo como lo mira Dios, la única forma de acoger a las personas como las acoge él, la manera de acercarnos a los que sufren como se acerca el Padre. Esta es la gran herencia de Jesús a toda la Humanidad.

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Compasivos como el Padre es compasivo – 1

Lunes, 14 de marzo de 2016

compasivos-1De la web de los Grupos de Jesús:

Con ocasión del año jubilar, proponemos reflexionar durante la Cuaresma sobre la “compasión” con un artículo de José A. Pagola: “Compasivos como el Padre es compasivo”.

La pasión de Jesús: el Reino de Dios

Jesús no es un escriba ni un sacerdote del templo de Jerusalén. No se dedica a enseñar doctrina religiosa ni a explicar la Ley de Moisés. Jesús es un profeta itinerante, oriundo de Galilea, que anuncia un acontecimiento que pide ser escuchado y atendido pues puede cambiar la historia del ser humano.

Así resume Marcos su actividad. Jesús recorría Galilea anunciando la Buena Noticia de Dios y decía así: «El reino de Dios está cerca. Cambiad de manera de pensar y de actuar, y creed en esta Buena Noticia» (Marcos 1,15). Esto que Jesús llama reino de Dios es el corazón de su mensaje y la pasión que animó toda su vida.

Lo sorprendente es que Jesús nunca explica qué es el reino de Dios. Lo que hace es sugerir con su vida y con sus parábolas cómo actúa Dios y cómo sería el mundo si sus hijos e hijas actuaran como el Padre del cielo. Podemos decir que Jesús solo buscaba una cosa: que hubiera en la tierra hombres y mujeres que comenzaran a actuar como actúa Dios. Esta era su obsesión: ¿cómo sería la vida si la gente se pareciera más a Dios?

Esto nos obliga a hacernos no pocas preguntas:

  • ¿Cómo actúa Dios?
  • ¿Cómo actuaba su Hijo Jesús?
  • ¿Qué era lo importante para él?
  • ¿Qué significa actuar como el Padre del cielo siguiendo los pasos de Jesús?

Dios es compasivo

Jesús no habla nunca de un Dios indiferente o lejano, olvidado del sufrimiento de sus hijos e hijas o interesado solo por su honor, su gloria o sus derechos. En el centro de su experiencia religiosa no nos encontramos con un Dios “legislador” que trata de gobernar el mundo por medio de leyes, ni con un Dios “justiciero” que interviene airado para castigar el pecado de sus hijos e hijas.

Para Jesús, Dios es compasión. Tiene entrañas maternales (rahamim). La compasión es el modo de ser de Dios, su primera reacción ante sus criaturas, su manera de mirar al mundo y de tratar a las personas. Dios actúa movido por su compasión. Dios siente hacia sus criaturas lo que una madre siente hacia el hijo que lleva en sus entrañas. Las parábolas más bellas que salieron de labios de Jesús y, sin duda, las que más trabajó en su corazón, fueron las que narró para hacer intuir a todos la compasión sorprendente de Dios hacia sus hijos e hijas. Solo recordaremos dos.

La más cautivadora es, tal vez, la del padre bueno (Lucas 15,11-32). Dios se parece a un padre que no se guarda para sí su herencia, no vive obsesionado por la moralidad de sus hijos, espera siempre a los perdidos. «Estando todavía lejos» ve llegar al hijo que lo había abandonado y se le «conmueven las entrañas»: echa a correr, lo abraza y lo besa efusivamente como una madre, interrumpe su confesión para ahorrarle más humillaciones y le restaura como hijo. Para Jesús, esta es la mejor metáfora de Dios: un padre conmovido hasta sus entrañas que acoge a sus hijos perdidos y suplica a sus hermanos que los acojan con el mismo cariño y comprensión. ¿Será esto el reino de Dios?

Jesús pronunció también otra parábola sorprendente y provocativa (Mateo 20,1-15). Dios se parece al propietario bueno de una viña que contrató obreros para trabajarla, a diferentes horas del día. Sin embargo, al final de la jornada, no les pagó según el trabajo realizado. A todos les dio un denario, es decir, lo que necesitaba una familia de Galilea para vivir un día. Ante las protestas de los que se sienten perjudicados, el señor de la viña responde con estas sorprendentes palabras: «¿Tenéis que ver con malos ojos que yo sea bueno?». Según Jesús, Dios no juzga la vida de las personas con los criterios que nosotros empleamos. El Padre del cielo es bueno y compasivo. ¿Será verdad que, desde sus entrañas de misericordia, Dios, más que fijarse en nuestros méritos, está siempre mirando cómo responder a nuestras necesidades?

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“Esperanza Pascual”, por Carlos Ayala

Miércoles, 15 de abril de 2015
cssr325Y en la bendición “Urbi et orbi“,  papa tras papa, siguen olvidándose de las víctimas de la Homofobia/Transfobia que siguen siendo invisibles para esta jerarquía poco misericordiosa, lo que no nos extraña porque habría que comenzar a exigir ecplicaciones en la propia casa…  Leído en Adital :
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¿Qué significa la resurrección de Jesús? Ofrecemos tres reflexiones que nos ponen en el camino de la respuesta: la primera, tomada de los estudios teológicos de José Antonio Pagola; la segunda, sacada del pensamiento de nuestro pastor mártir monseñor Romero; y la tercera, escogida del mensaje “urbi et orbi” del papa Francisco, en ocasión de la pascua 2015. Veamos.

Según Pagola, la ejecución de Jesús ponía en cuestión todo su mensaje y actuación. Aquel final trágico planteaba un grave interrogante incluso a sus seguidores más fieles: ¿tenía razón Jesús o estaban en lo cierto sus ejecutores? ¿Con quién estaba Dios? En la cruz no habían matado solo a Jesús. Con el él habían matado también su mensaje, su proyecto del reino de Dios y sus pretensiones de un mundo nuevo. En ese contexto, la resurrección es una respuesta contundente de Dios ante aquel hecho ignominioso. Es la reacción de Dios que confirma a su querido hijo Jesús desautorizando a quienes lo han condenado.

Esto es lo primero que predican los discípulos una y otra vez: “ustedes lo hicieron morir, clavándolo en la cruz por medio de gente sin ley, pero Dios lo resucitó de entre los muertos; el Dios de nuestros padres ha resucitado a Jesús, al que ustedes hicieron morir suspendiéndole del patíbulo” (Hc 2, 23-24). Por tanto, con su acción resucitadora, Dios ha confirmado la vida y el mensaje de Jesús, su proyecto del Reino de Dios y su actuación entera. Es decir, la resurrección es algo que se ha producido en el crucificado, no en la imaginación de sus seguidores. Esta es la convicción de todos. La resurrección de Jesús es un hecho real, no producto de su fantasía ni resultado de su reflexión. No es tampoco una manera de decir que de nuevo se ha despertado su fe en Jesús.

Para los primeros cristianos, por encima de cualquier otra representación o esquema mental, la resurrección de Jesús es una actuación de Dios que, con su fuerza creadora, lo rescata de la muerte para introducirlo en la plenitud de su propia vida. Así lo repiten una y otra vez las primeras confesiones cristianas y los primeros predicadores. En el mismo momento en que Jesús siente que todo su ser se pierde definitivamente siguiendo el triste destino de todos los humanos, Dios interviene para regalarle su propia vida. Allí donde todo se acaba para Jesús, Dios empieza algo radicalmente nuevo. Cuando todo parece hundirse sin remedio en el absurdo de la muerte, Dios comienza una nueva creación. Ahora bien, con esta intervención de Dios se inicia la resurrección final, la plenitud de la salvación. Jesús es solo el primogénito de entre los muertos, el primero que ha nacido a la vida definitiva de Dios. Él se nos ha anticipado a disfrutar de esa plenitud que nos espera también a nosotros. Su resurrección no es algo privado, que le afecta solo a él; es el fundamento y la garantía de la resurrección de la humanidad y de la creación entera. Jesús es primicia, primer fruto de una cosecha universal.

Por otra parte, monseñor Romero en un contexto litúrgico de pascua y en medio de una realidad social dominada por la pobreza y la represión contra los que buscaban cambios, señalaba que le daba gusto pensar que la Iglesia en la que predicaba “no era una Iglesia abstracta, por las nubes, sino una Iglesia que peregrinaba con los pies en la tierra”. Y desde ese espíritu proclamaba: “El gran inspirador de la liberación de nuestra patria y de los hombres es (…) Cristo resucitado, el que esta mañana canta la verdadera victoria sobre todas las opresiones de la tierra. Cristo que ahora colocado en la gloria del Padre, puede desafiar los poderes de Poncio Pilato y del Imperio Romano; y el fanatismo de los dirigentes espirituales de Israel, de sacerdotes y de una religión que había pervertido sus sentidos”.

Luego el arzobispo mártir planteaba una exhortación y un desafío. Su llamado: “Ojalá, los fanáticos de la violencia y el terrorismo; ojalá, los que creen que con la represión y la fuerza se van a arreglar las cosas, aprendieran que no son esos los caminos del Señor, sino éstos: los humildes caminos de Cristo por la obediencia a la ley del Señor, por el respeto y el amor, y el que ahora entrega a los hombres la verdadera liberación para que el que la quiera aprovechar”.

Y al modo de los profetas de Israel dejaba un reto a los creyentes: “¿Por qué tan poca inventiva, cristianos? ¿Por qué, poseyendo el proyecto del reino de los cielos, con la fe en Cristo Rey resucitado, se hacen esclavos de ideologías de la tierra? ¿Por qué creen que lo cristiano vale menos que lo político? ¿Por qué no tienen ustedes la audacia de dar un sentido cristiano también a la organización donde ustedes pertenecen? ¿Por qué han de ser esclavos de los otros? ¿Por qué han de perder ustedes el liderazgo que Cristo lleva por delante? ¿Por qué han de someterse a los yugos? ¡No se humillen! ¡Dicen que son liberadores y son esclavos! ¡Dicen que trabajan por reivindicaciones y se dejan subyugar! El cristiano es el más rebelde que existe, porque no se somete a ninguna ideología de la tierra, porque posee la gran libertad del liberador Jesucristo” (abril 1979).

Finalmente, el anuncio de la Buena Nueva de la resurrección de Jesús nos lleva a la solidaridad con los crucificados de nuestra historia. Así lo ha expresado el papa Francisco en su mensaje pascual “urbi er orbi”. A modo de peticiones el papa ha tenido presente a muchas de las víctimas del mundo actual. Ha pedido al Cristo resucitado la gracia de no ceder al orgullo que fomenta la violencia y las guerras, sino tener el valor humilde del perdón y de la paz. Pedimos – dijo el papa – a Jesús victorioso que alivie el sufrimiento de tantos hermanos nuestros perseguidos a causa de su nombre, así como de todos los que padecen injustamente las consecuencias de los conflictos y las violencias que se están produciendo

Ha pedido paz y libertad para tantos hombres y mujeres sometidos a nuevas y antiguas formas de esclavitud por parte de personas y organizaciones criminales. Paz y libertad para las víctimas de los traficantes de droga, muchas veces aliados con los poderes que deberían defender la paz y la armonía en la familia humana. Ha implorado la paz para este mundo sometido a los traficantes de armas que ganan con la sangre de los hombres y las mujeres. Y para los marginados, los presos, los pobres, los emigrantes, los enfermos, los niños sometidos a la violencia y cuanto hoy están de luto; el papa ha rogado para que llegue la voz consoladora del Señor Jesús: «La paz esté con ustedes» (Lc 24,36). «No teman, he resucitado y siempre estaré con ustedes».

 Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA

 

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“Jesús, mártir del Reino de Dios”, por Carlos Ayala

Domingo, 5 de abril de 2015

a_6Cristo ha sido resucitado… precisamente por ser fiel al Reino de Dios.

Leído en Adital:

En Semana Santa debemos recordar, es decir, debemos pasar por el corazón y la memoria, la pasión, muerte y resurrección de Jesús como realidades esenciales de la fe cristiana. La Semana Santa, entendida y vivida no solo como actos litúrgicos, sino, sobre todo, como memoria de una vida (la de Jesús), nos remite a una historia de total disponibilidad a Dios y de un radical amor hasta el final, hasta dar la vida, en un mundo que reacciona con fuerza irracional cuando se le descubre su pecado.

El papa Francisco ha resumido el drama de estos hechos así: “Veremos [en Semana Santa] el desprecio de los jefes del pueblo y sus engaños para acabar con él. Asistiremos a la traición de Judas, uno de los doce, que lo venderá por treinta monedas. Veremos al Señor apresado y tratado como un malhechor; abandonado por sus discípulos; llevado al Sanedrín, condenado a muerte, azotado y ultrajado. Escucharemos cómo Pedro, la ‘roca’ de los discípulos, lo negará tres veces. Oiremos los gritos de la muchedumbre, soliviantada por los jefes, pidiendo que Barrabás quede libre y que a él lo crucifiquen. Veremos cómo los soldados se burlarán de él, vestido con un manto color púrpura y coronado de espinas. Y después, a lo largo de la vía dolorosa y a los pies de la cruz, sentiremos los insultos de la gente y de los jefes, que se ríen de su condición de Rey e Hijo de Dios”.

El Evangelio de Marcos nos presenta de forma progresiva esta realidad. La Buena Nueva del Reino de Dios tiene como primer objetivo congregar a las personas en torno a Jesús, y formar así comunidad (1, 16-20); hace surgir en el pueblo conciencia crítica frente a los escribas (1, 21-22); combate y expulsa el poder del mal que destruye la vida humana y aliena a las personas de sí mismas (1, 23-28); invita a permanecer unido a su raíz, que es el Padre (1, 35); exige que el discípulo mantenga la conciencia de su misión y no descanse en los resultados obtenidos (1, 36-39); acoge a los marginados y trata de reintegrarlos a la convivencia humana de la comunidad (1, 40-45); provoca resistencia y conflictos: Jesús fue perseguido porque declaró el bien de la persona por encima de cualquier ley (2, 27; 3, 1-6), porque se puso del lado de los más pobres, pequeños y marginados (2, 16-17), anunció y realizó el proyecto del Padre como algo totalmente diferente al sistema del templo, de la sinagoga, al sistema de Herodes y del Imperio romano (1, 14-15).

En consecuencia, este modo de ser de Jesús provoca en el pueblo una creciente atracción y admiración, mientras que genera rechazo y condena en los líderes políticos y religiosos. El Evangelio de Marcos registra muy bien estas reacciones: a la gente del pueblo le atrae que Jesús enseñe con autoridad y mande incluso a los demonios; que toque a las personas impuras, como al leproso, curándolo y contraviniendo las leyes antiguas; que cure a un paralítico y perdone sus pecados ; que intencionalmente ponga en entredicho y contraríe las leyes, curando en día sábado; que expulse los demonios y dé de comer al pueblo compartiendo y multiplicando la comida; que interprete con libertad y con tanta autoridad las leyes y la palabra de Dios. La reacción de parte de los dirigentes del pueblo es totalmente distinta. Ante el modo de ser de Jesús, los doctores de la ley decían que blasfema contra Dios; anda con pecadores y cobradores de impuestos; está poseído por el demonio; quebranta la observancia del sábado; no guarda el precepto del ayuno; no tiene autoridad. En suma, mientras el pueblo en general admiraba mucho a Jesús, los jefes del pueblo, los sumos sacerdotes y los escribas buscaban prenderlo y eliminarlo.

La interpretación teológica de estos hechos realizada por José Antonio Pagola, en su libro Jesús aproximación histórica, plantea que Cristo puede ser considerado por excelencia un mártir del Reino de Dios. Los argumentos explicativos dados por el autor recogen la tradición apostólica. Un dato seguro de los últimos días de Jesús es que fue condenado a muerte durante el reinado de Tiberio por el gobernador Poncio Pilato. Tácito, el historiador romano, lo describe así: “Jesús atrajo a muchos judíos y a muchos de origen griego y cuando Pilato, a causa de una acusación hecha por los hombres principales de entre nosotros, lo condenó a la cruz, los que antes los habían amado no dejaron de hacerlo”. Estos datos coinciden con las fuentes cristianas que afirman que Jesús fu ejecutado en una cruz; la sentencia fue dictada por el emperador romano; hubo una acusación previa por parte de las autoridades judías; y nadie se preocupó por eliminar a sus seguidores. Esto significa que Jesús fue considerado peligroso porque, con su actuación y mensaje, denunciaba de raíz el sistema vigente.

Sin embargo, las autoridades estimaron que bastaba con eliminar al líder de aquel movimiento, pero había que hacerlo aterrorizando a sus seguidores y simpatizantes. En este sentido, nada podía ser más eficaz que su crucifixión pública ante las muchedumbres que llenaban la ciudad.

Históricamente hablando, los motivos de fondo por los que sentencian a Jesús a la muerte son los siguientes: el Reino de Dios anunciado y defendido por él pone en cuestión el entramado de Roma y el sistema del templo; las autoridades judías, fieles al Dios del templo, se ven obligadas a reaccionar: Jesús estorba, invoca a Dios para defender la vida de los últimos, mientras que Caifás y los suyos lo invocan para defender los intereses del templo. Condenan a Jesús en nombre de Dios, pero, al hacerlo, están condenando al Dios del reino, el único Dios vivo en el que cree Jesús.

Lo mismo sucede con el Imperio de Roma. Jesús no ve en aquel sistema defendido por Pilato un mundo organizado según el corazón de Dios. El defiende a los más olvidados del Imperio; Pilato protege los intereses de Roma. El Dios de Jesús piensa en los últimos; los dioses del Imperio protegen la pax romana. Por tanto, Jesús es crucificado porque su actuación y su mensaje sacuden de raíz ese sistema organizado al servicio de los más poderosos del Imperio y de la religión del templo. Es Pilato quien pronuncia la sentencia (“Irás a la cruz”), pero esa pena de muerte está firmada por todos aquellos que, por razones diversas, se han resistido a la llamada a entrar en el reino de Dios.

Jon Sobrino sostiene que ante el martirio de Jesús hay dos exigencias que se hacen a todo ser humano y a todo cristiano en términos de vida o muerte. La primera, elegir entre aborrecer al hermano o amarlo, aunque en ello le vaya a uno la vida. La segunda, apostar por la esperanza o en contra de ella; aceptar el sentido último de la historia y mantenerse en el amor, o pactar con las limitaciones y absurdos de la historia. Hacer memoria de Jesús, mártir del reino de Dios, pues, nos pone en el camino del compromiso con la justicia para los crucificados de la historia, de la misericordia como reacción ante el sufrimiento humano, y la esperanza de una nueva humanidad por fin conciliada consigo misma y con la creación.

Carlos Ayala Ramírez
Director de Radio YSUCA

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¡GRACIAS A TODOS! José Antonio Pagola se despide

Domingo, 23 de noviembre de 2014

jose-antonio-pagolaPor estos días se cumplen 34 años desde que comencé a escribir mi comentario semanal al evangelio de cada domingo. Primeramente, a través de la prensa y la radio de mi ciudad de San Sebastián (España). Luego, a través de internet por medio de la Red evangelizadora Buena Noticias. Siento que me ha llegado el momento de cerrar este ciclo, tan estimulante y enriquecedor para mí.

No me retiro de mi actividad evangelizadora ni de mi oficio de escritor, pero, a mi edad, necesito más tiempo y sosiego para poder trabajar con otro ritmo en proyectos que todavía puedo llevar adelante. Mientras tenga fuerzas, quiero vivir mis últimos años contribuyendo al impulso de esa renovación de la Iglesia a la que nos está llamando el papa Francisco. En concreto, quiero seguir promoviendo de diversas maneras la conversión a Jesús, a su Evangelio y a su proyecto humanizador del reino de Dios.

Este será pues mi último envío. Sin embargo, también en el futuro seguiréis recibiendo, desde grupos de Jesus, comentarios míos de cada domingo, seleccionados de los muchos que he escrito. También los podréis encontrar en la Web buenanoticia.net. Por otra parte, sabed que una selección muy completa de mis comentarios están ya publicados en cuatro pequeños volúmenes: en español (Ed. PPC); en catalán (Ed. Claret); en italiano (Ed. Borla); en brasileiro (Ed. Vozes). Y se están publicando los primeros volúmenes en inglés y en euskara.

En estos momentos solo siento un agradecimiento grande a todos. En primer lugar, a la querida comunidad del Carmelo de Hondarribia, que con tanta entrega y generosidad os habéis encargado de enviar el comentario de cada semana, superando a veces no pocas dificultades. Luego, a los traductores/as que, con vuestro trabajo oculto y gratuito, habéis hecho posible la difusión del Evangelio en diferentes lenguas.

Quiero también agradecer a quienes a través de páginas Web, servicios y periódicos digitales, radios, revistas, multicopias… habéis hecho llegar mi comentario evangélico hasta los lugares más insospechados de la Tierra. Siento un agradecimiento especial a tantos cientos de personas que, desde vuestro ordenador personal lo habéis enviado a misioneros, a personas mayores o enfermas, a gentes alejadas…

Esta red evangelizadora que hemos formado entre todos a lo largo de estos años no debe romperse. Vamos a utilizar los comentarios que nos irán llegando o los textos que tenemos en nuestros ordenadores para seguir difundiendo cada semana la Buena Noticia de Jesús. No perdamos nunca la confianza en él. Jesús renovará nuestra fe y salvará a su Iglesia de esta crisis.

José Antonio Pagola

Enlaces de internet donde encontrareis los nuevos servicios:

buenanoticia.net

http://www.buenanoticia.net

Grupos de Jesús

http://www.gruposdejesus.com/buenanoticia

Correo de contacto  coordinador para los  grupos de Jesús y buenanoticia.net

coordinador@gruposdejesus.com

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Grupos de Jesús: Una experiencia de conversión

Lunes, 22 de septiembre de 2014

20130220cnsbr14035-300x199Ideados por José Antonio Pagola, buscan volver a Él recuperando la frescura del Evangelio

Miguel Ángel Malavia.

Lo dijo el propio Jesús: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Y lo recuerda constantemente el papa Francisco, siendo muy clarificador este párrafo de su exhortación La alegría del Evangelio:

Necesitamos lugares donde regenerar la propia fe en Jesús crucificado y resucitado, donde compartir las propias preguntas más profundas y las preocupaciones cotidianas, donde discernir en profundidad con criterios evangélicos sobre la propia existencia y experiencia, con la finalidad de orientar al bien y a la belleza las propias elecciones individuales y sociales.Banner-jose-antonio-Pagola-Grupos-Jesus

Respondiendo a esta necesidad, comienzan a surgir diversas iniciativas y procesos de conversión y renovación. Entre ellos, con una presencia significativa tanto en España como en América Latina, están naciendo los llamados Grupos de Jesús.

Su impulsor es José Antonio Pagola, reconocido biblista y teólogo, autor de numerosos libros. En el último, titulado precisamente Grupos de Jesús (publicado ahora por PPC), ofrece los materiales básicos para nutrir los encuentros de los miembros de estas comunidades. Como explica Pagola:

El objetivo principal es vivir juntos un proceso de conversión individual y grupal a Jesucristo, ahondando de manera sencilla en lo esencial del Evangelio. Queremos poner a Jesucristo en el centro de nuestras vidas y de nuestras comunidades. Esto es lo primero y decisivo: hacer juntos un recorrido que nos lleve a conocer mejor a Jesús, a reavivar nuestra adhesión total a su persona y a seguirlo colaborando con Él en el proyecto humanizador del Reino de Dios.

Con esta intuición, el sacerdote vasco ha ideado una dinámica basada en la sencillez. Se trata simplemente de grupos abiertos (que pueden ir desde creyentes practicantes más o menos maduros en su fe hasta no creyentes que, sin embargo, se sienten atraídos por la figura de Jesús) que, en un proceso que puede ir de cuatro a cinco años, se reúnen periódicamente para orar y reflexionar sobre unos materiales que constan de un total de 40 temas (los mismos que ahora se recogen articulados en el libro). Como apunta Pagola, no se trata de lo que entendemos por catequesis, sino de otra cosa:

Estamos en otro plano: es un proceso de conversión a Jesús, directamente, de vuelta a Él. Con todos y entre todos, en un camino comunitario, directo, vivo.

Siempre articulado en torno al Evangelio, a cada tema se le dedican dos reuniones, aunque puede haber más de considerarse necesario:

La mayoría de los miembros son laicos.

  • En la primera, el fin principal es ahondar en el propio texto evangélico, buscando captar la totalidad de su mensaje, por lo que lo leen en un clima de silencio, escucha atenta y reflexión.
  • En la segunda cita, a través de la conversación pausada, participativa y constructiva, tratan de seguir avanzando en un camino que lleve a la conversión personal de cada uno y a fortalecer el compromiso de todo el grupo en el proyecto de Jesús.

Igualmente, tal y como empiezan todo encuentro escuchando la Palabra, lo concluyen orando el Padrenuestro, de pie y con las manos unidas, formando un círculo. Antes de terminar, todos se dan un abrazo de paz.

Fruto de su experiencia en dinámicas de trabajo con laicos y jóvenes, Pagola se muestra convencido de que los Grupos de Jesús pueden ser un camino eficaz para que, en un futuro próximo, haya cada vez más comunidades enraizadas en la persona de Jesucristo, con más verdad y más fidelidad”. La clave, por tanto, está en que todos los miembros sean participativos y aporten sus principales cualidades, progresando así todos a través del enriquecimiento común. Especifica:

En esta situación crítica, dada la ausencia vocacional, es normal que los laicos lleven el protagonismo principal en el impulso de estos grupos.

El ejemplo malagueño

El espíritu de conversión marca a todos los Grupos de Jesús de manera muy variada, como se ejemplifica en los dos que se desarrollan en Málaga. Uno cuenta con seis miembros y el otro con ocho, siendo en su mayoría mujeres y seglares. Fede Pinto, que recuerda que los pusieron en marcha hace dos años tras un encuentro con Pagola en Granada, cuenta que se reúnen en una casa particular una hora y media los lunes y en un colegio, dos horas, los sábados.

Gracias a la implicación de todos, los escasos esquemas previos acaban olvidados:

Comenzamos con la oración del Espíritu Santo y compartimos experiencias personales que hayan sucedido desde la última reunión. Aunque empezamos hablando sobre las preguntas que hemos preparado antes en casa, siempre acaba saliendo todo lo inesperado, ya que, al ser un grupo muy vivo y comprometido en la parroquia y en distintas obras sociales, las experiencias son muy nutritivas para todos. Hay días en que las reuniones están tan llenas de sentimientos que lo preparado brilla por su ausencia. Así son nuestros Grupos de Jesús, cuyos encuentros definiríamos como muy esperados, sencillos, alegres, profundos, emocionantes y participativos.

Pese a su, por ahora, corto camino (el primer grupo surgió hace dos años y el segundo apenas hace uno), esta laica malagueña asegura con emoción que es mucho lo que todos han recibido ya:

Estamos descubriendo una nueva forma de ver, sentir y vivir el mensaje de Jesús de Nazaret en lo pequeño y sencillo de la vida. Es algo que no puedo comunicar con palabras, pero sí digo que todos los días doy gracias a Dios por permitirme compartir estos momentos con el grupo, que convive en un proceso fuerte y verdadero de sencillez y comprensión.

Albacete

Ese mismo espíritu es el que se vive en otros dos Grupos de Jesús que, también desde hace dos años, celebran sus encuentros en Albacete. Paco Gil, sacerdote y misionero, trabaja con ambos, que son algo diferentes en su modo de acción respecto a los de Málaga: compuestos por 16 y 11 personas, respectivamente, se juntan una vez cada quince días, como mínimo durante una hora, y dedican a cada tema normalmente tres reuniones. Como manifiesta Paco, se trata de un tiempo de trabajo más pausado al tratarse de “personas de diferente cultura y formación”, pero eso es, precisamente, lo que hace más rica a la comunidad:

No deja de llamarme la atención que personas no acostumbradas a hablar en público lleguen a contar su propia experiencia vital, y lo hagan sin miedo, con total confianza y creando un ambiente entrañable. Al final, resulta gozoso ver cómo el texto evangélico, pasado por el tamiz de la experiencia personal de los diferentes miembros, se convierte en un mensaje lleno de Buena Noticia, de noticia que es motivo de alegría y esperanza.

Una fraternidad y una fe que expresan, una vez al mes, con la celebración de una Eucaristía compartida, “que hace que el encuentro con Jesús sea también sacramental”.

Con el fin de que los distintos Grupos de Jesús que hay repartidos en distintos países puedan conectar entre sí y enriquecerse compartiendo sus particulares experiencias, se ha creado la web www.gruposdejesus.com. Sería un paso más en un camino que aún está empezando, pero que ya infunde mucha esperanza.

Una reacción necesaria

José Antonio Pagola está convencido de que el futuro de la Iglesia pasa por el impulso de pequeñas comunidades vivas, que “serán las que construirán una Iglesia renovada”. Y no es una forma de hablar, sino que ve realmente “urgente” actuar, pues tiene la certidumbre de que estamos ante un cambio de paradigma histórico:

Vivimos en un presente de gran crisis religiosa, pero parece que todavía no estamos aprendiendo apenas nada de ella y no vemos aún urgente la necesidad de volver a Jesús, y de hacerlo con más verdad y fidelidad, de un modo radical. Por lo general, hoy no estamos trabajando con perspectiva de futuro, pero, probablemente, dentro de unos años, en la Iglesia ya sí se sentirá con fuerza esta necesidad de Jesús. Será cuando la crisis nos vaya despojando de poderes, privilegios, costumbres, tradiciones, lenguajes… Cosas que nos distancian del Evangelio. Pero hay que tener esperanza. Creo firmemente que Jesús salvará a su Iglesia de esta crisis, pues solo Él posee la fuerza renovadora que atrae a las personas. Ahí es donde entran en juego comunidades y proyectos como los Grupos de Jesús, que, desde su modesta contribución, pueden impulsar en el interior de la Iglesia un clima de conversión a Jesucristo. Todavía Jesús puede dar verdaderas sorpresas en la historia de la Iglesia. Tenemos que tener esperanza”.

Fuente: En el nº 2.909 de Vida Nueva

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José Antonio Pagola publica “Grupos de Jesús” en PPC

Jueves, 18 de septiembre de 2014

Hemos añadido el enlace a los Grupos de Jesús entre los nuestros por si se sdesea participar en ellos.

pagol2_560x280Invitación a participar en un itinerario de conversión individual y grupal al Evangelio

A la venta simultáneamente en España, Argentina, Colombia y México y en formato eBook

(PPC).- Grupos de Jesús es mucho más que un libro; es la invitación a participar en un itinerario de conversión individual y grupal a la alegría del Evangelio de Jesús y al proyecto humanizador de Dios. Un proceso que se está gestando en numerosos grupos en España y en América Latina desde hace tres años.

El recorrido ayudará a conocer mejor a Jesús y a arraigar en nuestra vida su mensaje. A través de 40 temas expuestos en 7 etapas, el libro ahonda de manera sencilla en lo esencial del Evangelio.

José Antonio Pagola ha ido sembrando este proyecto a través de numerosas charlas, cursos y encuentros con grupos y comunidades. Las experiencias, inquietudes, preguntas y comentarios que se suscitan en este itinerario podrán compartirse a través de la web www.gruposdejesus.com, una iniciativa novedosa en el ámbito del libro religioso en español y que abre las puertas a la comunicación entre grupos y el autor.

Tanto el libro, que ahora se pone a la venta simultáneamente en España, Argentina, Colombia y México y que está disponible en formato eBook, como el proceso ya están siendo noticia. El semanario Vida Nueva publica esta semana un reportaje sobre esta experiencia de conversión con la que los grupos de Jesús buscan volver a Él recuperando la frescura del Evangelio.

 En este vídeo, Pagola presenta un libro “muy importante para mí” -dice el autor- y la “propuesta de hacer un proceso personal y grupal ahondando en lo más sencillo del Evangelio”.

Más en www.gruposdejesus.com

Y en www.ppc-editorial.com/Pagola.html

Fuente Religión Digital

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Cristianos homosexuales: “Los obispos que dicen barbaridades son cuatro y están enfermos”

Lunes, 7 de julio de 2014

n-GAYS-large570“Los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados”, “contrarios a la ley natural” y “no pueden recibir aprobación en ningún caso”. Por eso, “las personas homosexuales deben ser acogidas con respeto” pero “están llamadas a la castidad”. Todo eso (y más) está escrito en el Catecismo de la Iglesia Católica y resume la postura de la institución al respecto.

“Es un mensaje muy sibilino: ‘Aceptamos, no llegamos a condenar, pero… Pues mira, nosotros no lo aceptamos. Porque es una visión negativa, muy juzgadora y no es lo que dice el Evangelio”.

Elena habla en representación de sus compañeros de Betania, un grupo creado hace 15 años y del que forman parte unos 12 cristianos LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) de entre 28 y 61 años de Bilbao. Apenas 48 horas antes de la marcha del Orgullo Gay de Madrid, todos ellos están reunidos analizando textos del teólogo y sacerdote progresista José Antonio Pagola.

Se juntan cada 15 días para reflexionar sobre el Evangelio y poner en común sus pensamientos. En fechas puntuales realizan oraciones en grupo. Por ejemplo, en Navidad, en el día contra la homofobia o en semana santa. Así, explican, generan un espacio donde pueden sentirse “cómodos” compartiendo dos pilares de su vida: la orientación sexual y su fe.

CADA VEZ MENOS HOSTILIDAD

Como el suyo, hay grupos de cristianos LGTB en varias ciudades españolas. Jordi Valls es el portavoz de la Asociación Cristiana de Gays y Lesbianas de Cataluña, que aglutina a 15 socios que llegan a 200 personas. Asegura que cada vez sienten menos hostilidad contra ellos.

“Cada vez hay más comunidades cristianas menos fundamentalistas y por tanto más abiertas a la diversidad. Entre la comunidad LGTB también se ha redescubierto la dimensión espiritual, que todo no termina en el cuerpo, sino que hay algo más. Y empiezan a aceptar la realidad cristiana”, asegura.

Todos admiten, en cualquier caso, que ni es fácil ni les agrada escuchar las declaraciones homófobas que miembros de la jerarquía eclesiástica realizan de vez en cuando. El obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Plá, es uno de los más combativos contra los gays y las lesbianas. En 2012, por ejemplo, dijo quela revolución sexual está produciendo muertos”.

Más muestras de la postura de la jerarquía: el cardenal Fernando Sebastián aseguró este mismo año que “señalar a un homosexual una deficiencia no es un ofensa, es una ayuda, porque muchos casos de homosexualidad se pueden recuperar, se pueden normalizar con un tratamiento adecuado“.

SON CUATRO ENFERMOS

¿Qué piensan los homosexuales cristianos cuando escuchan declaraciones como estas? En general, afirman, se lo toman con calma. “Esos obispos… se trata de personas enfermas que necesitan acudir a un buen especialista para que les cure de su homofobia”, dice, con mucha tranquilidad, Valls.

“Sabemos que los que dicen barbaridades no han tenido una vida fácil, que han tenido problemas. Y expresan su malestar diciendo estas barbaridades. Lo que tienen que hacer es ponerse en manos de un buen profesional y no vamos a contestarles porque se trata de personas enfermas, con un problema. Nos consta que alguno es un homosexual de armario”, avisa.

Valls subraya que los “obispos que dicen barbaridades” son “cuatro contados” y que son personas con “problemas” que no van “a la cuerda del papa”. “La gente mínimamente sana no ve absolutamente ningún problema. Las jerarquías están muy equivocadas”, asegura. Y añade que su grupo tiene contacto con la Iglesia de base y que siempre los han acogido bien. “Sólo hemos tenido problemas con parroquias o comunidades que están dominadas por alguien que quiere hacer carrera eclesiástica”.

Desde el grupo de cristianos gays de Bilbao matizan que “es tanto o más triste que no haya nadie dentro de la jerarquía que no se posicione claramente en contra de las declaraciones salidas de tono”.

“Van en contra del Evangelio, que no dice nada de eso, sino todo lo contrario. El mensaje del Evangelio es de amor, de respeto, de aceptación y de acogida a todo el mundo. Las palabras de Jesús nunca dan lugar al rechazo, ni a la expulsión, ni a los ‘peros’, ni a juzgar a nadie“, afirman.

TAMBIÉN SE PROHÍBE COMER MARISCO

Antonio C., del grupo Ichthys de Sevilla, que aglutina a 30 personas, también resta importancia a las declaraciones homófobas de los obispos y se remite al contenido del Evangelio.

“Desde la Iglesia no puede surgir el odio”, advierte. Recuerda, además, que en el Levítico, un libro del Antiguo Testamento, se dice que “se condenará” quien yazca con otro hombre. “Pero en el mismo libro dice que te condenarás si comes marisco y hoy por hoy ni está prohibido ni es un pecado. ¿Si una cosa no es pecado por qué lo otro sí lo es?”, se pregunta.

También resta importancia al contenido del Catecismo y subraya la contradicción de que se condenen los actos homosexuales porque “son actos de amor”. “No pensamos que una conducta desordenada pueda serlo si surge del amor. No entendemos que se nos prohíba desarrollar nuestra afectividad”, lamenta.

Al mismo tiempo, recuerda: “Dios nos ha hecho para ser felices y si nos ha creado el instinto del hambre, o de la sed, o el sexual, ha sido para dar placer bien entendido. El catecismo no es una ley, es una serie de normas. Incumplirlo no es pecado”.

¿Y EL PAPA?

A la vez, Antonio C. celebra el cambio de registro del papa Francisco, pero reconoce que no tienen esperanzas en que la Iglesia vaya a cambiar “de la noche a la mañana, ni de que esté próximo el día en que los homosexuales puedan casarse por la Iglesia”.

En el grupo de Bilbao apoyan esa tesis y llaman a dar tiempo al pontífice. Advierten de que, por el momento, hay “signos positivos” pero ahora hay que ver “si las palabras pasan a los hechos”.

Uno de esos hechos, por ejemplo, sería acabar con la discriminación dentro de la Iglesia. “Nos llegan casos de chicos o chicas que son homosexuales y cuando el cura de turno se ha enterado les ha echado del grupo con malas formas. Profesores y profesoras de centros religiosos que tienen que llevar su pertenencia en secreto porque pueden perder su trabajo…“, critica Jordi Valls. Mientras, ellos y ellas siguen esperando.

Fuente El  Huffington Post

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“La fuerza del Espíritu”, por Carlos Ayala Ramírez

Martes, 24 de junio de 2014
3129380-vidrieras-composici-n-que-muestra-una-paloma-blanca-volando-sobre-un-arco-iris-y-un-brillante-sol-ilLeído en Adital:

Puede parecer un sinsentido hablar del Espíritu en la cultura predominante, en la cual, como ha señalado el papa Francisco, lo que prima es lo exterior, lo inmediato, lo visible, lo superficial, lo provisorio. En otras palabras, donde lo real cede el lugar a la apariencia. Pues bien, la liturgia de la Iglesia católica nos ha recordado recientemente —en la solemnidad de Pentecostés— la necesidad de capacitarnos en el Espíritu. Y esta necesidad se plantea no solo para los creyentes, sino para cada hombre y mujer que busca su plena humanización.

El teólogo José María Castillo cita al menos cuatro dificultades para hablar con cierta seriedad del don del Espíritu. La primera consiste en creer que el Espíritu de Dios está en el cielo, no en la tierra.Para muchos cristianos, el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad. Eso y nada más. El peligro es que se termina separando al Espíritu Santo de la historia. La segunda dificultad consiste en pensar que el Espíritu secontrapone a lamateria (al cuerpo, a lo sensible, lo espiritual a lo material); de ahí que algunos asumen que para ser espirituales tienen que renunciar a lo material, a lo sensible, a lo humano. La tercera es imaginar que el Espíritu actúa en la tierra, pero solo en el ámbito eclesiástico-jerárquico, es decir, que solo está en la Iglesia y que solo actúa a través de ella. Y la cuarta, reducir la presencia y acción del Espíritu a lo contemplativo y a lo extraordinario, eludiendo los desafíos de la realidad.

Ahora bien, Pentecostés es un tiempo litúrgico que pretende que florezca en nosotros la plenitud de la vida. “Cincuenta” es el número de la consumación. Ese día se redondea en nosotros todo lo que era anguloso y abultado. “Cincuenta” es también el número de la libertad. Los judíos decretaban el año jubilar, el cual consistía en la recuperación de las tierras propias cada cincuenta años. De este modo, cada jubileo significaba empezar un nuevo ciclo de oportunidades. Pentecostés, por tanto, recuerda y celebra la promesa de que hemos sido liberados verdaderamente por el Espíritu de Dios.

En el Antiguo Testamento, el Espíritu es fuerza de vida, capaz de resucitar aun a los muertos. Durante el exilio (uno de los tiempos de crisis del pueblo israelita), el profeta Ezequiel proclama: “¡Huesos secos, escuchen la palabra de Yahvé! Esto dice Yahvé a estos huesos: haré que entre en ustedes un espíritu, y vivirán”. En el Nuevo Testamento, se entiende por Espíritu la donación y la entrega de Dios a los seres humanos y la acción constante de Dios,presente en todos nosotros. Por tanto, cuando los cristianos hablamos del Espíritu, nos referimos a la acción de Dios en la historia, en el mundo, en la sociedad. Acción que lleva a más amor, más libertad, más justicia, más y mejor humanidad. El Espíritu no tiene, ni puede tener, limitación alguna. El Nuevo Testamento enseña que existe una relación profunda entre el Espíritu de Dios y el espíritu del ser humano. Y la caridad es el primer fruto del Espíritu, el carisma más excelso de todos.

En Jesús de Nazaret, el poder del Espíritu se advierte muy pronto en la fuerza profética de su palabra, aplicándose a sí mismo lo que dijo Isaías: “El Espíritu del Señor Yahvé está sobre mí. ¡Sí, Yahvé me ha ungido! Me ha enviado con un buen mensaje para los humildes, para sanar los corazones heridos, para anunciar a los desterrados su liberación, y a los presos su vuelta a la luz. Para publicar el año de la gracia de Yahvé, y el día del desquite de nuestro Dios, para consolar a los que lloran y darles una corona en vez de ceniza, el aceite de los días alegres en lugar de ropa de luto, cantos de felicidad en vez de duelo”.

En suma, la palabra “Espíritu”, en la mentalidad hebrea, significa viento, hálito, soplo de vida, fuerza interior que nos transforma desde dentro. Para la mentalidad cristiana, el seguimiento de Jesús es considerado como una vida según el Espíritu, una vida que tiene como fundamento e inspiración el modo de ser y actuar de Jesús de Nazaret. Hoy, necesitamos esta fuerza del Espíritu en las personas, los pueblos, las instituciones y la historia.

Es fundamental, por ejemplo, si consideramos la realidad de la fe católica, cuya mayor amenaza, según el documento de Aparecida, “es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad”. Consideramos, por otra parte, la crítica que hace el teólogo José Antonio Pagola a la sociedad moderna, que, a su juicio, ha apostado por lo exterior. En este sentido, explica que “todo nos aprisiona para movernos con prisa, sin apenas detenernos en nada ni en nadie”, que vivimos casi siempre en la corteza de la vida” y “se nos está olvidando lo que es saborear la vida desde dentro”. Para ser humana, dice, “a nuestra vida le falta una dimensión esencial: la interioridad”.

Esta fuerza es también indispensable para trabajar con empeño en lo que Jon Sobrino ha denominado una buena “ecología del espíritu”, que define con estos rasgos: recuperar la utopía frente al desencanto, aunque esa utopía sea tan sencilla como el que la vida sea posible; promover el espíritu de comunidad frente al individualismo aislacionista, que fácilmente degenera en egoísmo; impulsar la celebración frente a la pura diversión; cultivar la apertura al otro frente al etnocentrismo cruel; apoyar la creatividad frente al mimetismo; impulsar el compromiso frente a la mera tolerancia; apoyar la justicia frente a la pura beneficencia, o al menos que las actividades de beneficencia que se hagan tengan un horizonte que favorezca a la justicia; fomentar la solidaridad frente al independentismo de quien no necesita de nadie, aunque termine en soledad; promover el espíritu de verdad frente a la mentira, el encubrimiento y la propaganda; mantener la memoria histórica y el recuerdo frente al olvido que degenera en impunidad e ingratitud hacia las víctimas; y, por último, inspirar la fe frente al pragmatismo, bien sea la fe religiosa o la fe antropológica, es decir, no eludir la pregunta por el sentido de la vida.

Todo esto sin olvidar, como la ha apuntado recientemente Leonardo Boff, que una vida espiritual que se vuelve insensible a la pasión de los pobres es falsa y se hace sorda a las apelaciones del Espíritu. Y añade que “por más que los fieles en los grandes espectáculos televisivos carismáticos, católicos y evangélicos recen, canten, dancen y celebren, sin una atención al Espíritu ‘Padre de los pobres’, como se canta en el himno de la misa de Pentecostés, su oración solo produce autosatisfacción, pero no llega a Dios. En ella no está el Espíritu con sus dones”.

Tres símbolos representan al Espíritu en la Biblia: el viento, el fuego y el agua. No obstante, estos son ambivalentes: el viento es brisa o es tempestad; el fuego ilumina y calienta, pero también consume; el agua purifica y fecunda, pero también devasta. Son las paradojas del Espíritu que, según se sabe, expresan las inevitables tensiones de toda vida cristiana, la dificultad para delimitar los desconcertantes caminos del Espíritu y la impotencia en que nos encontramos cuando queremos abarcar a Dios con nuestras palabras. En todo caso, la fuerza del Espíritu es una fuerza humanizadora, liberadora y salvadora.

Carlos Ayala Ramírez

Director de Radio YSUCA

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