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“La cruz y la cama”, por Carlos Osma

Sábado, 15 de junio de 2019

cruzcamaDe su blog Homoprotestantes:

Cuentan los evangelios que mientras Jesús agonizaba en la cruz las personas que pasaban por delante de tan terrible escenario le decían: “¡Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz!”. Y es que claro, tenían razón, los Hijos de Dios tienen otros sitios más honrosos donde morir: en su cama por ejemplo. Desde entonces hasta ahora, aquellos mensajes inhumanos han cambiado mucho, y ahora los guardianes del orden nos dicen a nosotras que para ser “Hijas de Dios” hemos de descender de nuestras deshonrosas camas, y subirnos a sus maravillosas cruces de neón para que todo el mundo pueda ver lo divinas que somos. No sé, pero tengo la sensación de que para mucha gente el cristianismo es un viaje de la cruz a la cama, o de la cama a la cruz.

Es verdad que podríamos decir que, tal y como se narra en los evangelios, la vida de Jesús fue un camino de la cama a la cruz, o mejor dicho del cajón donde se daba de comer a las bestias en el que su madre lo acostó al nacer, a la cruz del Gólgota donde el poder Romano lo hizo crucificar junto a otros dos malhechores. La cama y la cruz fueron para Jesús dos lugares no escogidos en donde se hizo patente que existía un poder político, pero también religioso, que controlaba su vida de principio a fin. Fue el edicto de Julio Cesar el que motivó que sus padres tuvieran que viajar hasta Belén, y fue la condena del Gobernador Poncio Pilato la que le llevó hasta el Gólgota.

Las camas y las cruces de las personas LGTBIQ son lugares donde los poderes patriarcales y LGTBIQfóbicos nos sacan y nos meten a conveniencia. Si nos mantenemos en silencio nos crucifican, si lanzamos gritos de dolor al infinito, nos vuelven a crucificar. En ese lugar, en el Gólgota, donde nos llevan a la fuerza tras golpearnos toda la vida con sus látigos de cuero negro, nos levantan para mostrar nuestra caricatura al resto del mundo y para exponer de una forma deformada quienes somos. Allí, en cada una de las cruces que decoran sus iglesias, nos cuelgan todos los días junto a otras malhechoras. Y lo hacen mientras nos invitan a bajarnos de ellas y comportarnos como “Hijos de Dios” en alguna de sus terapias reparativas. Pero si por el contrario hemos decidido ser felices y alejarnos de sus cruces sangrientas y sus terapias diabólicas, entonces nos sitúan en la cama, y allí nos representan como depravadas sexuales que se dejan llevar por sus instintos. Ya no somos cuerpos deformes, sino puro sexo, animales salvajes y nada más. De la cama a la cruz, o de la cruz a la cama. Un círculo enfermizo nacido de mentes que no pueden estar muy sanas.

Lo interesante de Jesús es que fue consciente de la existencia de poderes que le querían condicionar, a él y al resto de seres humanos que tenía a su alrededor. Poderes que en su época se podían denominar demoníacos, pero también otros que tenían nombres propios. Y ante ellos, no optó por bajar la cabeza, no escogió ni la cruz ni la cama como lugares donde vivir ante el resto del mundo, sino los espacios en los que era necesario hacer oposición activa a cualquier poder que limitaba la libertad y la vida de las personas. Por eso me resulta tan difícil entender el cristianismo de tanta gente que no choca nunca con los poderes que pretenden condicionarlas, que les van chupando la sangre hasta dejarlas sin vida. Personas que no han escuchado a nadie merodeando en sus camas y diciendo que se puede hacer en ellas, o que jamás han visto la vida desde lo alto de una cruz hecha a su medida.

No hay otra forma para salir de la falacia que va de la cama a la cruz y de la cruz a la cama que seguir el ejemplo de Jesús, de todos aquellos momentos de su vida que él si escogió y que no le fueron impuestos de una manera absoluta. La cama y la cruz no son lugares que debamos evitar, por razones bien diversas nuestras vidas se componen también de ellos. Pero no únicamente de ellos. Lo que determina quienes somos, no está ahí, sino lo que nos lleva hasta ellos, y cómo hemos sido capaces de luchar contra esos poderes para ser más libres. Yo diría que verse a uno mismo en el prójimo, y al prójimo en uno mismo, fue el motor que sí podría definir la vida de Jesús. Ese fue el poder al que él sirvió, más allá del resto de poderes que como a cualquier mortal lo influyeron y condicionaron. Y ese, el prójimo, es el lugar que da sentido al cristianismo y que nos puede alejar de esos círculos absurdos que se construyen entre nuestras camas y nuestras cruces.

A Jesús se le expulsa de la cama, y no tanto por motivos históricos, sino porque lo que podría ocurrir en ella a la mayoría de la gente le parece poco divino, y se le sube a una cruz donde demostrar con su sufrimiento que fue fiel al mandato de su Padre. No sé lo que ocurre, o no ocurre, en la cama de estas personas para pensar de esta manera. Pero también hay veces que se le baja de la cruz a marchas forzadas porque el fracaso es demasiado desestabilizador para teologías infantiles, y se le lleva solo y envuelto en una sábana hasta la cama que será el sepulcro donde resucitará milagrosamente. Me pregunto qué vidas tan naifs tienen estas personas que son incapaces de integrar el fracaso en sus teologías.

La cama y la cruz de Jesús, y también las nuestras, son lugares vigilados por poderes que nos controlan y pretenden condicionarnos de manera absoluta. Y el mensaje de vida de Jesús es que podemos resistirnos a ellos, aunque a veces nos venzan y dejemos entrar en nuestra cama ideologías de muerte, o en nuestras cruces teologías sin experiencia. El sentido que tienen nuestras cruces y nuestras camas no se encuentran en ellas mismas, sino en lo que ocurre entre ambas. La cuna de Belén y la cruz del Gólgota solo pueden entenderse a través de la vida de Jesús, de su implicación en la vida de muchas personas que eran los daños colaterales de normas y leyes divinizadas por poderes con intereses demasiado humanos. Es en la vida compartida con el prójimo donde se puede percibir que la liberación, la salvación, es el origen y la meta de la fe cristiana. Es desde allí desde donde acabaremos con los poderes que quieren someternos. Sin prójimo, ni cama ni cruz tienen sentido.

Carlos Osma

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Jueves Santo: “Los amó hasta el extremo”

Jueves, 18 de abril de 2019
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(Robert Recker gay Passion of Christ)
***

Éxodo 12,1-8.11-14

Prescripciones sobre la cena pascual

En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

“Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: “El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones.“”

*

Salmo responsorial: 115

El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.

¿Como pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R.

*

1Corintios 11,23-26

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

– “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.”

Lo mismo hizo con él cáliz, después de cenar, diciendo:

“Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.”

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

*

Juan 13,1-15

Los amó hasta el extremo

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

“Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?”

Jesús le replicó:

“Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.”

Pedro le dijo:

“No me lavarás los pies jamás.

Jesús le contestó:

“Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.

Simón Pedro le dijo:

“Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.”

Jesús le dijo:

“Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.”

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos estáis limpios.

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

“¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.”

***

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Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (23 de marzo de 1978)

***

Queridos hermanos:

Con esta ceremonia en honor de la institución de la Eucaristía se inicia lo que litúrgicamente se llama el Solemne Triduo Pascual. Tres días para celebrar el acontecimiento religioso cristiano más grande de la historia y naturalmente, del año litúrgico. San Agustín llamaba a este triduo: la fiesta de la Pasión, la muerte y la resurrección del Señor. Esta noche, pues, es como una síntesis, como un resumen de toda la Pascua que estamos celebrando. Para comprenderlo, las lecturas de hoy nos han colocado en una historia vieja de Israel que desemboca en Cristo Nuestro Señor y que El, Cristo, la encarga a su Iglesia para que la lleve hasta la consumación de los siglos.

He aquí tres pensamientos de esta noche santísima del jueves Santo: una historia de Israel.

Un Cristo que la encarna

Y una prolongación eucarística hasta la consumación de los siglos.

1 º UNA HISTORIA DE ISRAEL

La vieja historia nos la ha contado el libro del Exodo que se acaba de leer. Los judíos celebraban en esta luna llena del mes de Nisan, un mes hebreo que coincide con nuestro marzo-abril. “Este será el primer mes del año -les había dicho- celebraréis la Pascua”. La Pascua era la celebración de dos grandes ministerios del Viejo Testamento: la liberación de Egipto y la Alianza con el Señor. Pascua y Alianza. La Pascua era aquel momento en que los israelitas esclavizados por el Faraón en Egipto no podían salir hasta en la décima plaga terrible, que consistió en que todos los primogénitos de Egipto iban a morir esa noche. Y para que se libraran las familias hebreas Dios les dijo, por medio de Moisés, que mataran un cordero y que con su sangre marcaran los dinteles de las puertas porque esa noche iba a pasar el ángel. El paso del ángel, eso quiere decir la Pascua: el paso de Dios que para los egipcios va a ser castigo y para Israel va a ser liberación. Leer más…

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Última Cena: Comida de Amor, pan para todos

Jueves, 18 de abril de 2019

The-Akshaya-Patra-Foundation-mediumCon Juan de la Cruz. Una Cena que Recrea y Enamora

En el centro de la semana central del Año de Cristo celebra la Iglesia la Última Cena. La última es la central, la definitiva:

Éste es el signo de Jesús: comida para todos, una cena de amor y de pan, para siempre.  Éste es su Dios: que todos puedan comer en esperanza de “reino”, de ojos que miran y admiran y aman, de brazos que abrazan y acogen. Éste es el “sueño” que él quiso dejarnos como herencia y presencia un “jueves santo”, el Jueves Santo de la historia humana.

Al fin, una cena… sobre el monte de la tierra, para todos los pueblos y las gentes. Caben todos, los de París en llamas y los de la estepa ardiente de la que huyen los hambrientos, pues no hay comida para ellos. Al fin una cena, en la tierra para todos, sin hambre ni guerra. Una cena del Amor enamorado, que es el amor de Dios que se enciende en la vida y amor de los hombres

Una comida-cena de fraternidad. No es necesario llevar invitación, todos estamos invitados por ser hombres y mujeres, hijos de Dios, hermanos… Más allá de las murallas de mil ciudades de puertas cerradas, de mil vallas, mil fronteras. Una cena de puertas abiertas, en la mesa donde podrán sentarse primero los más pobres, sin prisas, pues ha pasado la prisa del hambre, y Dios es comida de todos… El Dios de la fraternidad y el pan en abundancia.

En la noche sosegada, tras el duro caminar de la jornada, por mares de hambre, por puertas cerradas, por barrotes de hierro. Al fin todos en la casa de la tierra, en la noche de sosiego, sin bombas atómicas, ni bombas de ira y terror, de los más fuertes, de los más débiles… Esta es la cena que recrea y enamora, la cena del gran descanso de Jesús, que  ha venido y dado su vida en regalo para que todos puedan compartir su cena, la de Leonardo en el convento de Florencia… e incluso la de una Viridiana que al fin consigue transformar su cena en encuentro de amor.. Una cena donde ya no habrá ricos opresores ni pobres resentidos, pues no existirá ya opresión ni resentimiento

En par de los levantes de la aurora... Cuando apunta ya la luz del nuevo día de la fraternidad universal, cuando todos podamos cantar y bailar sobre la esfera de la tierra convertida en llanura de amor. Esta es la cena de la noche convertida en amanecer de pascua

Con la música callada, la soledad sonora… Una música, todas las músicas de amor, de las inmensas tribus de la tierra… Una soledad sonora, llena de todas las voces de los hombres  y mujeres, de todos los abrazos, en la soledad hacha al fin compañía universal de ojos que se miran, de manos que funden en pacto de amor, de abrazos de corazón…

La cena que recrea y enamora. Éste es el verso final de la estrofa 15 del Cántico Espiritual B de Juan de la Cruz, un hombre que venía del hambre de la historia y que buscaba la Cena de Dios, a la caída de la tarde, con Jeús… La cena que recrea, que es recreo-descanso, que es re-creación (nueva creación…), todo en amor, pues la vida, al fin, es un camino enamorado.

   Este es el tema que quiero presentar este Jueves Santo 2019,  deseando para todos los pueblos, para todos los hombres y mujeres, una cena de amor, con Jesús y sus amigos, hace casi dos mil años.

Quiero presentar esta última cena de Jesús y sus amigos, todos los hombres, comentando la estrofa 15 del Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz (=CB).

La noche sosegada

en par de los levantes del aurora,

la música callada,

la soledad sonora,

la cena que recrea y enamora

  Este es el canto de la noche sosegada, la noche de la cena como vida compartida, en el descanso y esperanza de aquello que culmina cuando va a comenzar pronto la aurora. Entre esos dos motivos del principio y fin del canto, emergen los valores centrales de la música celeste (simbolizada en el giro y armonía de los astros) y la nueva soledad llena de mensaje de presencia (es sonora).

La noche sosegada. Hay un día de mundo, lleno de ambiciones, luchas, olvidos, distracciones, como SJC (=San Juan de la Cruz) ha destacado en su obra la Subida, con las dos purificaciones activas (del sentido y del espíritu), y especialmente en Noche, centrada en la purificación u oscuridad pasiva de sentido y el espíritu. Por eso, a fin de ser en el Amado, la Amante ha de pasar del día antes descrito (montañas, valles…) a la noche del encuentro total, en el “sueño espiritual, que el alma Amante goza en el pecho del Amado” (CB 14-15, 22), “recibiendo en Dios una abisal y oscura inteligencia divina”, de manera que el mismo Dios Amado es para la Amante  noche sosegada (CB 14-15, 22), como antes se decía que era montañas y valles  en el día[2].

Sin una subida (¡un subidón!) de amor es imposible esta cena en la noche sosegada de la fraternidad lograda, con un lugar en la mesa de la vida para todos… Por eso, el día de la Cena de Jesús es día de cena y amor para todos, cena de ilusión y fiesta para los niños, cena de acogida y esperanza para los ancianos, en los cuatro ángulos del mundo, que arden en amor. Una cena a la que pueden ir todos, sin falsos mensaje de propaganda…

En par de los levantes de la aurora. Esta noche, que se abrirá ella misma (sin dejar de ser noche) a la Aurora sin fin de la nueva mañana, se eleva y expande, prometiendo un Día eterno, sin sombras ni dolores, Día en la noche de Dios, que es la más oscura, entre dos luces,

 porque así como la noche en par de los levantes ni del todo es noche, ni del todo es día,sino, como dicen, entre dos luces, así esta soledad y sosiego divino, ni con toda claridad es informada de la luz divina, ni deja de participar algo de ella (CB 14-15, 23).

Aquí se inicia el tema de la Noche, que culminará sólo al final  del Cántico  (CB 39), abierto al día eterno de amor.

La música callada. Es armonía de cielo que, siguiendo una tradición que viene de Pitágoras y los neoplatónicos, llegando a los renacentistas (como Fray Luis de León), entonan en la noche las estrellas (un tema recogido, como he dicho ya, por el mismo I. Kant al final de la Crítica de la Razón práctica). Así nuestra Amante ha sentido en esa música de estrellas el “silbo de los aires amorosos”, el concierto sagrada de los astros, que convierten la noche en melodía:

En aquel sosiego y silencio de la noche ya dicha y en aquella noticia de la luz divina,echa de ver el alma una admirable conveniencia y disposición de la Sabiduría en las diferencias de todas sus criaturas y obras, todas ellas y cada una de ellas dotadas con cierta correspondencia a Dios, en que cada una en su manera dé su voz de lo que en ella es Dios; de suerte que le parece una armonía de música subidísima, que sobrepuja todos los saraos y melodías del mundo. Y llama a esta música callada, porque… es inteligencia sosegada y quieta, sin ruido de voces; y así se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio. Y así dice que su Amado es esta música callada, porque en él conoce y gusta esta armonía de música espiritual (CB 14-15, 25)[3].

La soledad sonora. El día está lleno de voces y apariciones cambiantes que encubren la Voz y ocultan la Presencia, entre mil voces y presencias que pueden acabar cegándonos. La noche, en cambio, es soledad sonora de Dios para los que aman, pues cada criatura ofrece en ella su testimonio de Dios:

Ésta es la soledad sonora… el testimonio que de Dios dan todas las cosas en sí…Y por cuanto el alma recibe esta sonora música con soledad y ajenación de todas las cosas exteriores, la llama la música callada y la soledad sonora la cual dice que es su Amado (cf. CB 14-15, 27).

 El Amado es soledad hecha comunión de Dios, canto de amor en la noche en que todas las cosas van diciendo su verdad, para ser de esa manera transparentes a la Vida. La misma vida se vuelve así palabra, testimonio de amor.

 La cena que recrea y enamora. La noche y soledad son cena, “recreación, hartura y amor” de los que aman (CB 14-15, 28) y se sacian uno en (y del) del otro. En ese contexto ha evocado SJC la promesa: “Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno me abriere, entraré yo y cenaré con él y él conmigo” (Ap 3, 20; CB 14-15 29). Así se comunican y viven los Amantes, siendo cada uno en el otro, como seguirá comentando SJC cuando en varias canciones de la tercera y cuarta parte del Cántico (c. CB 26, 37). Algunos han querido evocar en este verso el Banquete de iluminación y elevación intelectual de Platón. Sin negar esa conexión, en el fondo de esta canción late la cena de amor de los enamorados como eucaristía:

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El mismo Dios es para el Amante la cena que recrea y enamora, porque en serle largo la recrea,y en serle gracioso la enamora (CB 14-15, 30).

Dios es Cena, y ellos, Amado y Amante, se alimentan y viven, comunicando lo que son, su aliento de vida, en la noche. Ciervo y Paloma se han juntado, iniciando la fiesta de su vida en compañía y revelando su verdad más honda, en música y soledad de Amantes, siendo el uno cena para el otro[4].

Cenaré con él, y él conmigo

De día parece más fácil conocernos, acogiendo la vida del Amado en las montañas y los valles, pero siempre con el riesgo de confundir el amor con voces y experiencias que pueden acabar siendo superficiales. Pues bien, a diferencia de eso, en la noche del amor, el alma se ilumina y abre, pudiendo acoger un nuevo tipo de experiencias, “una admirable conveniencia y disposición de la Sabiduría en las diferencias de todas las creaturas y obras…” (CB 14-15, 25).

De ese modo, lo que parecía paradoja (música callada) adquiere nuevo contenido y, sin perder su carácter extraño, se convierte en signo de verdad más alta, como ha puesto de relieve fray Luis de León en varias Odas (A Salinas,A Felipe Ruiz), diciendo que la armonía del cielo está escrita en música de dulce concordancia (día y noche). Pero Fray Luis de León quiere escuchar esa música a través del arte (en una perspectiva más neoplatónica).

Por el contrario, SJC sabe que la presencia del Amado sólo puede escucharse en amor, por encima de todas las formas del arte, como música en la noche, armonía de las cosas celestes y terrestres que se entiende y expresa en la comunión del Amado y de la Amante.  Ese es el amor que se expresa en forma de comida compartida, para todos los hombres, especialmente los niños, unidos al fin por la acogida, la presencia, la comida.

El amor abre los ojos de la Amante para ver y los oídos de su corazón para escuchar a Dios en la noche, como música callada y soledad sonora, en unión con Amado, de manera que el amor se vuelve conocimiento en oscuridad, cuando callan las voces anteriores y vienen a elevarse y se descubren las luces de la vida, en cena que recrea y enamora. El mismo Dios se vuelve así Palabra y Comunión de amor, de modo que la Amante da su voz de lo que en ella es Dios (CB 14-15,25):

(Ella)… ve que cada una (de las creaturas) en su manera engrandece a Dios, teniendo en sí a Dios según su capacidad; y así, todas estas voces (de las creaturas) hacen una voz de música de grandeza de Dios y sabiduría y ciencia admirable… Y por cuanto el alma recibe esta sonora música, no sin soledad y enajenación de todas las cosas exteriores la llama música callada y soledad sonora, la cual dice que es su Amado (CB 14-15,27).

 Dios es, según eso, una experiencia de amor, de manera que allí donde dos seres humanos se encuentran y entregan en verdad (en gratuidad de muerte y nuevo nacimiento) ellos entienden ya todas las cosas,  pues sólo quienes aman saben. Ésta es la paradoja del silencio unida a la palabra más profunda (cf. “ríos sonorosos” de CB 14), la soledad abierta a la más honda compañía (cf. “valles solitarios” de CB 14). En esta línea culminará el poema (cf. CB 35-39), como canto a la cena que recrea y enamora, como cumplimiento de la vida: comer juntos, de tal forma que uno sea vida para el otro:

que eso quiere decir yo cenaré con él y él conmigo (cf. Ap 3, 20). Y así él mismo (Dios) es para ella la cena que recrea y enamora, porque en serie largo la recrea y en serie gracioso la enamora (CB 14-15,29)[5].

[1] Tres son los rasgos principales de la noche para SJC: (a) Es desnudez: abandonar la ocupación del día, superando lo sabido y desvestirnos de todo lo anteriormente valioso. Sólo así, en la noche, cuando no le ata aquello que posee (y nada le posee), la Amante puede transformarse en presencia del Amado. (b)  La noche es nada, no la de aquel que pudiera suicidarse, y de esa forma sigue buscándose a sí mismo por la muerte, sino la de aquel que se entrega en amor, superando sus proyectos para compartir los del Amado (para que el Amado sea quien le encuentre). (c) La noche es principio de resurrección,  pues la Amante ha recorrido un camino de amor para ponerse en brazos del Amado, iniciando así un proceso que culminará en las últimas canciones, como dirá CB 39, en la línea de Noche 1: “En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada, /¡oh dichosa ventura! /salí sin ser notada /estando ya mi casa sosegada”. Ésta es, sin duda, la noche de la Virgen de Agosto en que SJC se evade de la cárcel de Toledo, para iniciar su camino de resurrección con las canciones y ejercicio de amor del Cántico.

[2] Llegará al final (cuando acabe la lucha del mundo) la noche del amor infinito, tiempo gozoso de sosiego, cuando la fatiga de la marcha haya acabado y sólo quede espacio para un conocimiento gustoso de amor, para la dicha eterna y siempre nueva del Día de Dios en la Montaña, donde ya no existe ley, “el justo para sí se es ley” (imagen de la Montaña de la Perfección, cf. Introducción a Sección 4 de este libro). Pues bien, a través del ejercicio de amor, la Amante penetra en la noche infinita del Amor de Dios.

[3]Montes y valles, ínsulas o ríos parecen apagarse en la noche, y queda el cosmos en su unidad, como música de cielo, sobre todas las restantes melodías A la música de las esferas astrales ha dedicado fray Luis de León varios poemas, que he comentado en El Cántico Espiritual de San Juan de la Cruz, Paulinas, Madrid 1992, 74-93

[4] Sobre la “cena” en los terapeutas judíos, según Filón he tratado en Fiesta del pan, fiesta del vino, Verbo Divino, Estella 2000, 129-139. También el discurso del pan de vida de Jn 6 puede y debe entenderse en ese fondo, lo mismo que los grandes ritos judíos del pan y el vino, con la eucaristía cristiana. El Cántico podría terminar aquí: los amantes se han juntado y así les dejamos en la noche más larga, en silencio compartido con todos los amantes de la historia humana.

[5] El mismo amor es alimento de enamorados, y de esa forma, siendo uno en el otro, culmina la recreación cósmica de CB 14, pues la cena en la noche es principio y plenitud de amor, al final de esta noche que precede al día de Dios. Éste es el final de todos los dolores, una cena compartida. Éste es el cimiento y fuerza de todas las transformaciones de la humanidad.

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La entrega total es la meta para Jesús y para nosotros.

Jueves, 18 de abril de 2019

índiceJn 13,1-15

Considero la liturgia del Jueves Santo la más significativa de todo el año. Para mí, es la que mejor expresa lo que fue Jesús y su mensaje. Mañana recordaremos la muerte de Jesús, pero hoy se plantea el significado de esa muerte, que es mucho más importante para nosotros que la misma muerte. Ese significado lo encontramos en el relato que los evangelios hacen de la última cena. La protesta de Pedro en el relato de Jn, deja claro que, en aquel momento, no entendieron nada. No podemos reprochárselo, porque tampoco nosotros lo entendemos.

No sabemos el sentido exacto que quiso dar Jesús a aquellos gestos y palabras. El mismo Jesús le dice a Pedro que no lo puede entender “por ahora”. Sabemos que no fue un rito de purificación (antes de comer estaba mandado lavarse las manos, no los pies). No responde a una necesidad urgente (los discípulos podían seguir con los pies más o menos sucios). Tampoco podemos reducirlo a un acto de humildad. Fue, sin duda una acción profética. La Biblia está plagada de esta manera de trasmitir una verdad profunda. Esta es la razón por la que, el recuerdo de lo que Jesús hizo se convirtió muy pronto en el sacramento de nuestra fe. Y no sin razón, porque en esos gestos y palabras se encierra todo el mensaje Jesús.

El relato de Jn muestra la importancia que para aquella comunidad tenían lo recordado. Lo pone de manifiesto la grandiosa obertura con la que arranca el texto: “Consciente de que había llegado su “hora”, él, que había amado a los suyos que estaban en el mundo, les demostró su amor hasta el extremo”. Pero no es menos sorprendente el final del relato: “¿Entendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el “Maestro” y el “Señor”; y decís bien, porque lo soy. Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, sabed que también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros”. Aquí está la clave de la celebración de hoy. No importa que sea original de Jesús; es el sentir de la comunidad de Juan y eso es lo importante.

Nuestra reflexión va a comenzar por el lavatorio de los pies. No porque sea más importante que la eucaristía, sino porque espero que esta reflexión nos ayude a comprenderla mejor. En ese gesto, Cristo está tan presente como en la celebración de la eucaristía. Si entendemos esta equiparación, estaremos en condiciones de ahondar en el significado de los dos hechos. Lavar los pies era un servicio que normalmente solo hacían los esclavos. Jesús manifiesta que él está entre ellos como el que sirve. Es lo que había hecho Jesús durante su vida, pero ahora quiere hacer un signo que no deje lugar a la duda. Lo importante es lo que quiere significar.

Jn, el más espiritual de los evangelistas, el que más profundizó en el mensaje de Jesús, ni siquiera menciona la institución de la eucaristía. Esto debía hacernos pensar en la importancia del signo de lavar los pies. Sospecho que Juan quiso recuperar para la última cena el carácter de recuerdo de Jesús como servicio. “Yo estoy entre vosotros como el que sirve.” Jesús no renuncia a ninguna grandeza humana, pero denuncia la falsedad de la grandeza que se apoya en el poder. La verdadera grandeza humana está en parecerse a Dios que se da sin reservas. Todo ser humano, también Jesús, es un proyecto que tiene que ser llevado a la realización completa. Esa plenitud, a la que puede llegar, está marcada por su capacidad de darse.

Poco después del texto que hemos leído, dice Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis unos a otros como yo os he amado”. Esta es la explicación que da Jesús a lo que acaba de hacer. Cuando seguimos insistiendo en los mandamientos de Moisés o los de la Iglesia, nos quedamos a años luz del mensaje de Jesús. Para el que quiere seguir a Jesús, todo queda reducido a esto: ¡Amaos! No dijo que debíamos amar a Dios, ni siquiera que debíamos amarle a él. Tenemos que amarnos, eso sí, como Jesús amó. Una eucaristía celebrada como devoción, que comienza y termina en el templo, no es la eucaristía que celebró Jesús. Celebrar la eucaristía es aceptar el compromiso de darse totalmente. La eucaristía no es más que el signo de la entrega. Si no se da esa entrega, lo que hacemos será un puro garabato.

En el relato del lavatorio se dice lo mismo que en el partir el pan, pero evita el peligro de quedarnos en el aspecto formal y misterioso. El signifi­cado de la eucaristía lo percibiremos a la luz del lavatorio de los pies. Jesús toma un pan y, mientras lo parte y lo reparte, les dice: esto soy yo. Yo estoy aquí para partirme y repartirme, para dejarme comer, para que me asimiléis, para desaparecer dándome. Yo soy sangre, (vida) que se derrama sobre todos, que da vida a todos, que saca de la muerte a todo el que se deja empapar por esa Vida. Las palabras finales son muy importantes. Jesús dice que repitamos el gesto no para “conmemorar” el hecho, sino para que tomemos conciencia de su significado y lo vivamos.

Lo que Jesús quiso decirnos en estos gestos es que él era un ser para los demás, que el objetivo de su existencia era darse; que había venido no para ser servido, sino para servir. Manifestando de esta manera que su meta, su fin, su plenitud humana solo la alcanzaría cuando se diera totalmente, cuando llegara al sacrificio total con la muerte asumida y aceptada. De ahí la profunda relación que tienen los acontecimientos del Jueves Santo con los del Viernes. Jesús des-trozado en la cruz, puede ser asimilado e integrado en nuestro propio ser. Solo cuando muramos a todos nuestros egos, llegaremos a la plenitud del amor.

Aunque Jn no menciona la eucaristía en la última cena, no se ha desentendido de un sacramento que tuvo tanta importancia para la primera comunidad. En el c. 6 de su evangelio encontramos la verdadera explicación de lo que es la eucaristía. “Yo soy el pan de Vida”. Para explicar esto, dice a continuación: “Quien viene a mí, nunca pasará hambre; el que me presta su adhesión, nunca pasará sed”. Está muy claro que comer materialmente el pan y beber literalmente la sangre, no es más que un signo (sacramento) de la adhesión a Jesús, que es lo verdaderamente importante. Se trata de identificarse con su manera de ser hombre, resumida en el servicio a los demás hasta desvivirse por ellos.

En el mismo c. 6, dice un poco más adelante: “El Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me “come” Vivirá por mí”. Para mí, no hay en todo el NT una explicación más profunda de lo que significa este sacramento. Jesús tiene la misma Vida de Dios, y todo el que viva como él vivió, tendrá también la misma Vida, la definitiva, la trascendente, la que no se verá alterada por la muerte biológica. Para hacer nuestra esa Vida, tenemos que aceptar la “muerte”, no la física (aunque también), sino la muerte a todo lo que hay en nosotros de caduco, de individualismo, de egoísmo. Sin esa muerte, nunca podrá haber verdadera Vida. No se trata renunciar sino de elegir la posibilidad de plenitud humana.

Volviendo al lavatorio de los pies. Esta actitud de Jesús, a los pies de sus discípulos, pulveriza la idea de Dios “Señor Soberano Todopoderoso” al que hay que servir. Jesús hace presente a un Dios que no actúa como Dueño sino como servidor del hombre. Dios está a favor de cada hombre, no imponiendo su voluntad desde arriba, sino trasformando al hombre desde abajo, desde lo hondo del ser humano y levantando al hombre a su mismo nivel. Todo poder, sobre todo el ejercido en nombre de Dios, es contrario al mensaje de Jesús. Ni siquiera el deseo de hacer bien al otro puede justificar ponerse por encima de los demás para violentarles.

Meditación

Jesús, Deshaciéndose, alcanza la plenitud.
Hoy lo descubrimos en el signo del lavatorio y la eucaristía.
Mañana, entregando su vida por amor.
Si soy capaz de morir a mi egoísmo,
alcanzaré la plenitud de Vida.
Si soy capaz de darme hasta la muerte,
permaneceré para siempre en la verdadera Vida.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Discurso de despedida de Jesús releído hoy

Jueves, 18 de abril de 2019

947954DD-F1F3-41D0-8778-CA14607CA9E2Del blog de Miguel Ángel Mesa Otro mundo es posible:

Lo primero que se me ocurrió les rompió todos los esquemas. Lavar los pies a alguien solo lo hacen los esclavos, no quienes se consideraban maestros o profetas. Yo les quería mostrar otro camino: el del servicio que deberían ofrecerse unos a otros. Pero no lo entenderían hasta bastante más tarde.

Después les comuniqué el mandamiento que consideraba más importante, el que había intentado vivir cada día de mi vida: Amaos unos a otros. Pero con un detalle importante: como yo los había amado cada día de mi vida, desde que estaba a su lado, y de forma preferencial a las mujeres y a los más débiles, oprimidos y desfavorecidos de mi mundo.

Porque el amor que yo había gustado de mi Padre y Madre, por medio de los demás, solo se puede vivir desde el servicio, desde la humildad, desde la vulnerabilidad de la vida. Nadie en la comunidad debe creerse mayor que nadie, y el que lo sabe y lo pone en práctica es feliz.

Les quería decir muchas cosas como despedida, pero sabía que me quedaba poco tiempo. Todos estaban preocupados, porque me veían triste y me preguntaban qué es lo que me pasaba. Y yo les decía: No os angustiéis, confiad en el Dios de la Vida y también en mí.

He intentado caminar humildemente por el camino que me mostrado Dios.También ser testigo de su verdad en mi vida. Conocéis ahora a Dios Padre y Madre por mí, porque está en mí y yo en Él. Igual que vosotras y vosotros ya vivís en su seno maternal. He tratado que mis obras transparentaran lo que yo intuía que era el misterio de Amor, que me subyugaba y me invitaba a hacer presente la buena noticia de la liberación.

Yo sabía que había llegado el momento decisivo de mi existencia, pero deseaba que todo lo que yo había vivido permaneciera en ellos. Les dije que la Ruah, el Espíritu de Dios, que habitaba en ellos y ellas tanto como en mí, les iría diciendo lo que tenían que vivir y hacer en cada momento de su existencia, cuando yo no estuviera.

Comenté que les dejaba mi paz, que no era como la piensa el mundo en que vivían. Porque el shalom, la paz de Dios, solo será verdadera cuando esté basada en el perdón, en la reconciliación, la fraternidad y la justicia. Les recordé el salmo en que se decía: La paz y la justicia se besan.

También les aseguré que nada ni nadie nos podría separar, aunque no estuviéramos juntos físicamente. Si permanecían unidos, intentando vivir los valores y el compromiso que yo había tenido con los más empobrecidos y desfavorecidos, para gloria del Misterio de la Vida, estaríamos unidos siempre, entre ellos y ellas y conmigo.

Con una angustia terrible en la garganta que me impedía respirar, les dije que toda mi esperanza, mi alegría, mis ilusiones quedaban latiendo en sus corazones. En el cariño que se tuvieran estarían mis palabras, mi recuerdo, mis acciones, mi vida siempre presente.

También les aseguré que no sería fácil su camino en el futuro. Tendrían que pasar por muchas dificultades, luchas, desesperanzas, frustraciones, porque todos somos humanos. Pero que podrían continuar adelante si seguían el sendero de la confianza y el recuerdo vivo del amor de Dios que siempre está presente en cada uno y cada una.

Y por otra parte, aunque no quería irme ni dejar de estar a su lado, les era conveniente que me fuera, para que emprendieran sin ninguna atadura su propio camino. Cuando fueran libres la alegría inundaría su espíritu, el de cada uno y el de toda la comunidad.

Porque eso sí que les dejé claro, no podrían ser fuertes ni vivir la buena noticia del Reinado de Dios, si no permanecían unidos, en comunidad fraterna y sororal. Y pensando en lo que se me venía encima les confié: la vida eterna no es un más allá que nadie sabe cómo será. La vida eterna es vivir cada día unido al Eterno, a la Fuente de Vida, al Misterio de Bondad en quien vivimos, sentimos, gozamos y existimos. Así lo había vivido siempre yo y así se lo dije. La vida eterna se hace presente cada día, en cada gesto de bondad, justicia, cuidado y ternura, cuando el amor es real entre todos los miembros de la comunidad de seguidores del Evangelio.

Entonces hice una pausa, tomé el pan y dando gracias a nuestro Abbá, les dije:

+ Tomad y comed de este pan, partido y compartido, es mi cuerpo que os entrego y se ha entregado por todos, en especial por los más pobres y excluidos.

Después cogí una copa de vino, pronuncié la bendición, di gracias a nuestro buen Dios y les dije:

+ Tomad y bebed, es mi sangre que se derrama por todos, la que circula ya por vuestro cuerpo, porque estamos unidos por el amor que nos tenemos. Cada vez que hagáis este gesto de agradecimiento y entrega por el reinado de Dios, hacedlo acordándoos de mí.            

Sabía muy bien cuál había sido mi apuesta y a lo que me exponía. Ahora tenía que ser consecuente con mi opción de vida. Lo que me mantenía con fuerzas era el amor de Dios, que se me hacía presente a través de ellas y ellos, mis grandes amigas y amigos. Porque la amistad es el cariño y la compañía, que te sostiene en los mejores momentos pero, sobre todo, en las situaciones más difíciles de la vida.

También les pedí que no llamaran a nadie señor, maestro, excelencia… entre ellos y ellas. Ni a mí tampoco. Yo había intentado ser uno más a su lado, porque soy el hijo de un hombre y de una mujer, como cualquier otra persona. Por lo tanto, no eran mis discípulos, sino mis amigos y mis amigas: “Quien desee ser el mayor entre vosotros y vosotras que sea el menor, el más servicial, el más comprometido, el más humano”.

Queridas amigas y amigos de las comunidades cristianas, estoy muy feliz de seguir cada día a vuestro lado, y hoy en particular, en este Jueves Santo.

Seguid cuidando y dejándoos cuidar, comprometiéndoos por construir otro mundo posible, más fraterno y sororal, más justo, libre y en paz. Que las Bienaventuranzas leídas y, sobre todo, vividas con amor, sean vuestra única norma de vida.

Mi paz ya está en vuestros corazones. Mi mirada en vuestros ojos. Mi aliento en vuestro espíritu. Sed mis manos, mis oídos, mis pies. Mi ternura. Es la única forma que tenéis de poder humanizar, es decir, divinizar, esta tierra tan dolorida y tan hermosa a la vez.

Solo así podréis resucitar, realizando gestos concretos para que otras personas, las más olvidadas y ninguneadas, tengan vida y en abundancia, que recuperen la ilusión, la esperanza, la confianza en un nuevo mañana.

Mi amor late en cada uno, en cada una de vosotras. No me olvidéis. Yo os llevo tatuados en mi corazón. Vivid alegres, con confianza.

Recibid mi bendición: Que el Dios de la Vida, el Manantial de agua viva, el Seno materno de inmensa Bondad, os ilumine, entusiasme y acompañe siempre.

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Una Iglesia de servicio, no de poder.

Jueves, 18 de abril de 2019

671DF691-AC2E-4492-8AE3-D0AD9229C170Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Una Iglesia que viva en una dialéctica de poder, no es la Iglesia de Jesús

  1. La hora del nuevo Éxodo.

         La hora llega con la nueva Pascua (no la de los judíos), que Jesús se dispone a celebrar: pasar de este mundo a Dios Padre.

Se trata del nuevo Éxodo de la libertad definitiva. El Éxodo es el camino de la libertad, de la tierra de promisión, de la vida.

         Desde el Jueves Santo, podemos entender nuestra vida como un Éxodo libertador.

         Con caídas y recaídas, ánimos y desánimos nuestra vida es un Éxodo liberador hacia la tierra de promisión.

El Éxodo y la tierra de promisión son fuente de gran esperanza. Dios pasa siempre liberando a su pueblo

  1. Eucaristía: nueva alianza.

         La Eucaristía es la Nueva Alianza que Dios sella con su pueblo, con la humanidad. Es el pacto de la amistad definitiva entre Dios y los hombres. Dios no ha retirado nunca su amistad a los seres humanos.

         La nueva alianza no es un rito que hay que cumplir escrupulosamente en la liturgia de la consagración. La nueva alianza es la amistad que Dios tiene para con la humanidad; amistad sellada por JesuCristo. En esa alianza Dios se muestra con Padre, eternamente es nuestro amigo.

         Sería un reduccionismo limitar la Eucaristía a un rito. La Eucaristía es el pan de vida en todos los sentidos: el pan material, la cultura, el pan del espíritu. La Eucaristía es la solidaridad. Repartir con compasión el pan y el servicio.[1]

  1. Jesús se reúne con los suyos para lavarles los pies: servicio.

         Jesús estaba reunido con sus discípulos. Es la Iglesia.

Jesús se levanta, se quita el manto de Señor[2], se ciñe la toalla (de esclavo) y se pone la lavar los pies de sus discípulos.

Por esas ironías que emplea el Juan, autor de este evangelio y texto, confiere una gran solemnidad a un gesto cotidiano y sencillo:

         El servicio, el lavatorio de los pies es un gesto central y fundacional del grupo de Jesús, de la Iglesia. Hay comunidad de Jesús donde hay servicio, entrega, ayuda.

         Por desgracia en muchos momentos de la historia la Iglesia se ha hecho una estructura de poder, pero esa no es la Iglesia de Jesús. Una Iglesia en la que se viva una dialéctica del poder, de grupos (lobbies) de presión o control del poder, esa no es la Iglesia de Jesús.

Consuela que el papa Francisco muestre otro estilo más cristiano, eclesial y servicial al que hemos vivido durante estos últimos cuarenta años, más o menos, y que, como consecuencia de la situación creada durante esas décadas, estamos todavía padeciendo en algunos grupos y diócesis.

La Iglesia de Jesús es donde se quitan los mantos de señor, las riquezas, los zapatos rojos papales, el poder, tantas liturgias acartonadas y fosilizadas y se respeta y se ayuda a los refugiados y emigrantes, a los pobres, a los divorciados, a los pecadores.

La Iglesia no está en el poder, sino en el servicio

  1. Jesús.

         Jesús es nuestro libertador (Éxodo), Jesús es el amigo fiel (Nueva Alianza), Jesús es nuestro hermano y nuestra ayuda (lavatorio de los pies):

Os he dado ejemplo, haced vosotros lo mismo

[1] Extrañamente en la Última Cena del evangelio de san Juan no hay Eucaristía. En este evangelio Juan la ha resuelto en el cp 6, en la multiplicación de los panes: Yo soy el pan de Vida.

[2] El manto se lo pondrán a Jesús muy pronto: en el pretorio de Pilatos.

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Reflexión de Jueves Santo

Jueves, 18 de abril de 2019

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Eres la vida que das…

“No eres el miedo que queda, eres la vida que das”

La Pascua es un tiempo para la autenticidad, para lo coherente, para la verdad de nuestra propia vida.

Es un tiempo de silencio, de escucha atenta, escucha absorbente….

“Todo comienza en el silencio, este es el primer paso para hablar de Dios, este el momento de la escucha y la oración, luego vendrá el lenguaje engendrado en esa calma”. “Del silencio del Padre viene la Palabra del Hijo”, decía Ireneo de Lyon. Desde el silencio, la oración y la contemplación se comienza a ver el mundo de un modo nuevo. Sin esto, la liberación puede terminar nublada por un frenético activismo o una enfurecida vocación por juzgar, de los cuales la gente también necesita liberación. Entrar en la tierra sagrada del Padre involucra purificación, especialmente respecto de dioses falsos y del orgullo egoísta que esclaviza. Es un llamado a elegir la vida en medio de las tinieblas de la sociedad humana, de los ídolos hechos por nosotros mismos y de las injusticias del mundo moderno.”

Muchos de vosotros estáis en un tiempo de incertidumbre, finalizando la carrera, o comenzando a trabajar, o tomando decisiones que influirán en vuestra vida de una forma tal vez definitiva, es decir, decisiones que definirán vuestra vida.

Soltemos los hilos que nos mueven desde lo exterior, desde lo inconsistente, desde la apariencia. Dejemos el afán de tener porque hoy Jesús nos pregunta: “¿quién es el mayor el que está a la mesa o el que sirve?” (Lc. 22, 27); el de hacer, seguir la corriente como autómatas porque nos pregunta: ¿Cómo es que estáis dormidos? (Lc., 22, 46); librémonos del miedo, solo genera violencia contra nosotros y contra los otros, porque Jesús nos pregunta: ¿Como a un salteador habéis venido a prenderme con palos y espadas? (Lc. 22, 52)

Y entonces ¿qué hilo nos mueve)

Muéveme mi Dios hacia Ti,

que no me muevan los hilos de este mundo. No.

Muéveme, atráeme hacia Ti, desde lo profundo.

 

Hay tres palabras que resuenen con fuerza en este día y tal vez nos ayuden realmente a encontrar una respuesta a las preguntas de Jesús: AMOR, SACRIFICIO Y ELECCIÓN

AMOR.

En este año 2019, el primer texto que proclamamos, que leímos en la Vigilia de Año Nuevo fue la carta de Pablo a la iglesia de Corinto, donde habla acerca del amor. Lo podéis encontrar en la primera carta, en el capítulo 13. (1Co. 13, 1-13)

Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada.  Aunque repartiera todos mis bienes para alimentar a los pobres y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo amor, no me sirve para nada. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece,  no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasará jamás. Las profecías acabarán, el don de lenguas terminará, la ciencia desaparecerá; porque nuestra ciencia es imperfecta y nuestras profecías, limitadas. Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto. Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño. Ahora vemos como en un espejo, confusamente; después veremos cara a cara. Ahora conozco todo imperfectamente; después conoceré como Dios me conoce a mí. En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande de todas es el amor.

Hoy, Jueves Santo, es el día del Amor Fraterno. Tal vez nos suena más aquello del 14 de febrero porque es más comercial, creo que hoy los grandes centros comerciales no venden figuritas de amigos, familias, o desconocidos abrazándose. Esto es una ventaja porque nos ayuda a sumergirnos de una forma más limpia y menos manipulada en su significado.

En el contexto de una cena de amigos hay un signo de entrega. No es una cena de empresa, ni de cumpleaños, ni una despedida de soltero…. Es  una cena de amigos creyentes, porque su vínculo es la fe. Aunque cada uno la vive de una manera, con sus torpezas, sus incoherencias y sus miedos. Pero la fe es más fuerte que todo eso. La fe en esas palabras del Maestro que resuenan hoy de forma especial: (Mt. 5, Lc. 6)

Si amáis solo a vuestros amigos….

Cuando te peguen, pon la otra mejilla…

A quien te pida, dale…

No juzguéis….

Hoy es un buen día para recapitular mi vida: ¿me creo estas palabras? ¿Dónde están, en mi cabeza, como una idea, o en mi corazón, donde nace la confianza? Es decir, ¿confío en estas palabras? ¿Son un ideal, o una realidad?

Y por el contrario ¿por qué no las pongo en práctica? ¿a qué tengo miedo?

SACRIFICIO

En nuestro lenguaje cotidiano, según los diccionarios:

  1. Ofrenda hecha a una divinidad en señal de reconocimiento u obediencia, o para pedir un favor. Seguramente comprendamos mejor aquello de hacer algo por Dios a modo comercial: yo hago tal cosa, y tú me das tal cosa. 
  1. Esfuerzo, pena, acción o trabajo que una persona se impone a sí misma por conseguir o merecer algo o para beneficiar a alguien.

En lenguaje de la Biblia, que es donde se inspira la liturgia, se refiere a una ofrenda ritual a Dios, con la intención de rendirle tributo. Con la intención de relacionarse con Él y darle gracias, o pedirle perdón, o hacerle presente en la vida. En estos casos, el sacrificio incluye dar muerte a un animal. (El pueblo hebreo realiza sacrificios de animales, nunca de seres humanos.)

En el Antiguo Testamento hay una evolución en cuanto a los sacrificios, porque el Antiguo Testamento relata la historia de relación del pueblo hebreo con su Dios, una larga historia que evoluciona. Igual que nosotros no nos relacionamos igual con nuestros padres, por ejemplo, cuando teníamos cinco años que ahora.

Se pasa de la sencillez original, rudimentaria, según las costumbres nómadas (erección de altares, invocación del nombre, ofrenda de animales o productos de la tierra), sin lugar fijo; a una complejidad mayor, con más variedad, y especialización, más importancia del sacerdote, de forma más sedentaria.

La Biblia atestigua desde los comienzos la coexistencia de diferentes tipos de sacrificios. Por un lado el holocausto, donde se quemaba enteramente una víctima (toro, cordero, cabrito, pájaro); y por otro, sacrificios que consistían en comidas sagradas, se llamaban banquetes, sacrificios, de comunión. Una parte de la víctima correspondía a Dios, señor de la vida, y por eso para Él es la sangre, símbolo de la vida, y las grasas. La carne correspondía a los invitados.

Hay un libro de la Biblia, el Levítico, donde se especifica y se concreta con lenguaje técnico los dones ofrecidos a Dios.

Hay una corriente que va atravesando estas acciones, el pecado y la necesidad de expiación. Ante la grandeza de Dios el ser humano se siente pecador, digamos sucio, pequeño, y necesita ser limpiado, y a esto se le llama expiación.

Un matiz importante. El Dios del que habla la Biblia no saca provecho de los sacrificios, no se considera a Yahveh como un deudor del ser humano (el ser humano me debe algo). Es el ser humano quien se gira hacia Dios. Los sacrificios son un rito que expresa algo más, un signo. Si no es así es pura hipocresía, y Dios se enfada con la falsedad. El sacrificio interior no es un sucedáneo sino lo esencial.

Junto a las leyes del libro del Levítico tan concretas, la Biblia ofrece otra manera a través del profeta Isaías (Is. 53). El siervo de Dios, que se ofrece a sí mismo como sacrificio.

Para expresar mi amor, mi reconocimiento a Dios, ofrezco un animal, el mejor que tengo, y se lo entrego a Dios. En el Génesis leemos cómo Abraham quiere hacer algo similar con su hijo, el único que tiene. Pero Isaías está hablando no de ofrecer la vida de otro ser humano, del vecino, sino de ofrecer la propia vida.

Jesús como buen judío conoce perfectamente la Torá, los cinco primeros libros de la biblia. También el resto. Habla en un lenguaje conocido por el profeta Isaías: “vine para servir”, “dar la vida”

La última cena, que celebramos hoy está inmersa en el marco de una fiesta que celebraba, y celebra hoy día también, el pueblo judío: la Pascua judía. Una fiesta que rememora la liberación del pueblo de la esclavitud de Egipto. Es la fiesta de la libertad, cuando Dios saca al pueblo y lo guía por el desierto, y en el desierto hace una alianza, un pacto, un compromiso. Para celebrar esta fiesta el pueblo judío realiza un sacrificio, la víctima es un cordero, es un sacrificio de comunión, de banquete.

Los cristianos entendemos que la profecía de Isaías se cumple en Jesús, que con su entrega, inaugura un pueblo nuevo, un pueblo unido por la fe, no por la raza, por la manera de tratar a los demás, no por la manera de rezar. “No el que diga Señor, Señor, es el que entrará en el Reino de mi Padre, sino quien escucha y hace su voluntad” “Dichosos los uqe escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica”. Quien se fía, quien confía….

ELECCIÓN

Y aquí enlazamos con la tercera palabra de hoy: la elección.

Toda la vida de Jesús fue una elección.
Nadie me quita la vida;

yo la entrego voluntariamente”         (Jn 10,18)

Toda nuestra vida, la vida de cada uno de nosotros, está realizada a base de elecciones, más o menos conscientemente, pero elecciones.

Y aquí también la Biblia es maestra:
Elige la vida y vivirás, elige la muerte y morirás. (Dt. 30)

Parece sencillo, ¿no?

Hoy se pone de manifiesto la verdad de Jesús, y también la nuestra. La confianza de Jesús, que, al menos, cuestiona la nuestra.

La palabra confianza tiene más que ver con las relaciones humanas. No hablaríamos en los mismos términos si nos referimos a ideas. Las ideas son buenas, pueden ayudar a caminar hacia un horizonte. Y pueden implicar todo una vida: creer en la libertad en un país bajo una dictadura implica toda la vida. Dan un sentido a la vida, y a la muerte. Mucha gente admirable ha muerto fiel a sus ideas.

A veces metemos la fe, me refiero a Dios, en el mismo saco que las ideas. De hecho utilizamos la palabra creer para referirnos a Dios, igual que una idea.  Para muchas personas es lo mismo decir creo en el amor que creo en Dios, porque ponen a Dios en la estantería de las ideas. Y no saben que eso ahí colocado no es Dios. El amor, la libertad son términos abstractos, inertes, que podemos definir. Pero Dios no entra en esas categorías humanas, va más allá, no se le puede simplemente definir.

Porque hay un matiz más allá, un matiz que lo transfigura todo; se da cuando conozco, sé, experimento, que Dios no es “algo”, es “Alguien”. Alguien que se relaciona conmigo, no forma parte del decorado de mi vida sino que empieza a tomar protagonismo.

Para intentar definir a Dios nos podemos acercar con las palabras Padre, o Madre, Amigo, Amante, Hermano… y aún así no llegamos, se nos quedan pequeñas las palabras.

Mejor que utilizar un sustantivo, utilicemos un verbo: confiar, que es de la familia de entregar, acoger, soltar, recibir, esperar, comprender, donar y perdonar….

Jesús elige confiar en Abba, no dejarse llevar por el miedo, por la angustia, que están, y muy presentes, pero no mueven su  vida, porque se sabe acompañado. No está solo, como no lo estamos ninguno de nosotros.

El Señor omnipotente me ha concedido
tener una lengua instruida,
para sostener con mi palabra al fatigado.
Todas las mañanas me despierta,
y también me despierta el oído,
para que escuche como los discípulos.
El Señor omnipotente me ha abierto los oídos,
y no he sido rebelde ni me he vuelto atrás.
Ofrecí mi espalda a los que me golpeaban,
mis mejillas a los que me arrancaban la barba;
ante las burlas y los escupitajos
no escondí mi rostro.
 Por cuanto el Señor omnipotente me ayuda,
no seré humillado.
Por eso endurecí mi rostro como el pedernal,
y sé que no seré avergonzado. (Is. 50, 4-7)

Para llegar a la celebración de esta tarde tenemos que dar unos cuanto pasos. Igual que Jesús había caminado muchos caminos antes de sentarse a la mesa con sus discípulos. Son imperfectos, fanfarrones, miedosos… Sólo el Maestro es consciente de lo que sucede y va a suceder. Los discípulos, no. Mientras Jesús dirige los ojos a la cruz, unos discuten y disputan, cegados por la ambición y el orgullo, por los primeros puestos en el Reino que el Maestro promete; otros se entregan nerviosos a la preparación de la cena; Judas ha urdido ya la traición.

Hoy Jesús recoge estas tres palabras en su mesa, elige entregar todo su amor fiado en su Padre, nuestro Padre.

“El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se da por vosotros”

Así mismo también el cáliz después de cenar diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre” (1Cor 11,24-25)

No temamos permanecer inmóviles, en silencio,

contemplando la acción de Dios en nuestros pies y

en nuestras manos manchadas;

dejemos que Él actúe,

que derrame el agua que purifica

y da VIDA.

*

Fuente: Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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El delantal

Jueves, 18 de abril de 2019

os_he_dado_ejemploTodos los cuadros que nos recuerdan la última cena de Jesús, lo ponen a Él en el centro. Y los apóstoles alrededor.

Pero quiero recordar aquellas palabras del evangelio de Lucas: “no es así con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, entre vosotros yo soy como el que sirve. Vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas”.

Es cierto que Él se levanta y se pone un delantal para lavarles los pies. Luego se sienta a la mesa. Jesús vive en actitud de servicio, con el delantal puesto en toda su vida sirviendo a las personas.

En casi todas las misas de Jueves Santo, se hace el lavatorio de pies. Claro que previamente las personas se han lavado y ya van preparadas. Entiendo que eso es poco gesto. Es preciso recordar y revivir el gesto de Jesús: lavar los pies sucios y cansados de andar; Y a veces, llenos de heridas.

Si queremos acercarnos de verdad a los empobrecidos, es preciso hacernos como ellos, vestir austeramente, y sobre todo tener la postura y el sentimiento de servidores. Con un traje o con un vestido de boda es difícil ponerse a lavar los pies. Parece un tanto extraño ese cambio. ¿Así era Jesús en la última cena?

Me choca mucho que a los pocos minutos del lavatorio colocamos la Eucaristía en un trono de luces y flores, en una custodia de oro, bajo un palio. Sacamos en procesión unas magníficas imágenes… Lo de Jesús ¿fue un hecho aislado o era así su vida?…

Tanto es así su vida que Él mismo nos invita a servir constantemente “Felices vosotros si practicáis estas cosas” (Juan 13, 17).

Me duele que la Pasión de Jesús se vive como un acto de interés turístico. A veces hasta pienso que si Jesús lo llega a saber, nos hubiese preparado para que la vivencia de estos acontecimientos de su muerte y resurrección, los celebrásemos con total sencillez y austeridad. Como lo fueron en su realidad dura y traspasada de amor.

Bonito compromiso al ponerme este día mi delantal para que sea un recuerdo vivo y una actitud de vida.

Gerardo Villar

Fuente Fe Adulta

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“Judas Iscariote: ¿mito o realidad?”, por John Shelby Spong

Jueves, 18 de abril de 2019

pelicula sobre judas 2004Entre los caracteres más conocidos del Nuevo Testamento está aquel a veces llamado “el anticristo”. Siempre es presentado en tonos oscuros, como agazapado en las esquinas, ocultando su rostro. Se dijo de él que “haría cualquier cosa por dinero”. En el cine, obras como “El Rey de Reyes”, y en el teatro – “Jesucristo super estrella”, entre otras, este carácter es siempre el segundo protagonista, la contraparte del héroe. Su nombre es Judas, pero en el Nuevo Testamento, típicamente se le da un título identificador, de modo que su nombre casi nunca es mencionado sin ese título. Se le llama Iscariote. Judas Iscariote.

¿Qué significa esta palabra? Antes, los eruditos pensaban que guardaba relación con su lugar de origen y señalaban que debería ser el poblado de Kerioth, en Judea. De ser cierto, esto haría de Judas el único discípulo no galileo. A partir de ahí, surgió la especulación de que su acto de traición se explicaba por el hecho de ser “forastero”. La especulación bíblica suele lanzarse a toda carrera con escasos datos reales.

Luego, alguien notó que en el primer siglo la gente no inventaba títulos para designar el lugar de origen. En esos tiempos decían “Jesús de Nazaret”, “Pablo de Tarso” o incluso “Pedro de Betsaida”. Hay sólo dos personas en el Nuevo Testamento que llevan este título descriptivo acompañando sus nombres: Judas Iscariote y María Magdalena. Hoy, el pensamiento común de los estudiosos es que esos títulos no se refieren al origen geográfico sino al carácter. “Magdalena” parece derivar de la palabra “migdal” (escrito “mgdl”, en hebreo), que parece hacer referencia al estatus de María. Migdal, que originalmente significaba “torre”, devino en “grande”, “alto”, “enorme”. De ser así, María Magdalena significaría “María la Grande” o “Gran María”, una idea que abre la puerta a todo tipo de nuevas posibilidades a desarrollar. De “Iscariote”, por su parte, hoy se piensa que procede de la palabra “sicarius”, que literalmente significa “asesino”. “Judas el asesino” sería probablemente la mejor traducción del término. Para el tiempo en que este personaje aparece por primera vez en el Nuevo Testamento, su nombre ya ha sido conectado con la definición de “asesino”. Desde su primera mención, el recuerdo de este hombre no ha sido favorable.

Extrañamente, sin embargo, con todo lo central que fue el rol de este hombre en la historia de Jesús, no hay mención de él en ninguna fuente cristiana escrita hasta el s. VIII de nuestra era. Este hecho con frecuencia causa sorpresa en muchos, pero es verdad. Judas Iscariote hace su primera aparición en el tercer capítulo de Marcos, escrito en el año 72 e.c., unos 42 años después de la crucifixión. Esta referencia inicial está en Marcos 3:19. Marcos está describiendo los inicios del movimiento cristiano. Empieza con Juan Bautista preparando el camino, recibiendo y bautizando a Jesús y dando testimonio de su futura grandeza. Luego Marcos relata la historia del arresto de Juan y señala que, a partir de ese hecho, Jesús asume el liderazgo del movimiento. Luego describe el comienzo del movimiento de Jesús con el llamado a los discípulos y la ejecución de “actos de poder” o milagros que muestran su poderío. Finalmente, de entre un grupo de seguidores, dice que Jesús eligió a doce “para estar con él y ser enviados a predicar y contar con autoridad para expulsar demonios” (Mc. 3:14-15). Luego, Marcos hace una lista de los doce apóstoles, iniciándola con Pedro y dejando para el final a Judas Iscariote, “quien también lo traicionó”. El rol de Judas se expandirá con otros detalles que serán agregados a su vida cuando los demás evangelios fueron escritos – Mateo, en el año 85; Lucas, a comienzos de los 90; Juan, al final del primer siglo. No hay, sin embargo, mención alguna de Judas antes de Marcos. Hay referencias de Pedro y los 12 anteriores a Marcos, las que se encuentran en los escritos de Pablo, quien redactó sus epístolas entre los años 51 y 64, sin que se encuentre en ellas referencia alguna a Judas. ¿Acaso este hecho levanta sospechas acerca de la historicidad de Judas? Puede ser, pero no debemos apresurar conclusiones hasta que tengamos a la vista toda la evidencia disponible.

Hay quienes afirman que el hecho que Pablo no mencione a Judas es un argumento desde la omisión, lo cual nunca es un argumento poderoso. Pablo, sin embargo, no es tan silencioso como parece. Veamos qué dice Pablo que puede ser apropiado para este análisis.

Pablo es el primer escritor cristiano en usar la palabra “traición” en relación con Jesús. Lo hace en la primera carta a los Corintios (11:23-26), que fue escrita alrededor del año 54 e.c., un poco menos de una década antes de la aparición de Marcos. Este texto es uno de los dos, ambos en la misma epístola, en los que Pablo usa palabras similares para introducir lo que dice y reclamar autoridad especial para ello. He aquí, dice, “Yo recibí del Señor lo que también os he entregado” palabras que aseguran la atención de su audiencia. El contenido de ese material era: “que el Señor Jesús, la noche que fue traicionado (la palabra griega es “isparedideto”, que literalmente significa “entregado”), tomó pan y, habiendo dado gracias, lo partió”. Luego, Pablo sigue con la institución de la eucaristía cristiana. Es interesante notar que Pablo no dice quién lo “traicionó” o “entregó”. Por cierto, no hay nada en esta epístola que sugiera que la traición de Jesús fuera obra de uno de “los doce”.

Para fortalecer la idea de que éste no es un argumento basado en el silencio, nos movemos cuatro capítulos más adelante en esta misma carta, 1 Corintios, a la segunda y última vez que Pablo declara estar entregando material autoritativo de importancia original. Esta vez, en 1Corintios 15:3, Pablo escribe: “Os he enseñado como de gran importancia lo que previamente recibí”, y a continuación relata la primera versión de los eventos finales en la vida de Jesús. Describe la crucifixión en una frase: “Murió por nuestros pecados, de acuerdo a las escrituras”. Luego, describe el funeral de Jesús en sólo dos palabras: “fue sepultado”. Y de ahí salta a la experiencia pascual.

Acerca de la resurrección, Pablo dice: “Que fue levantado al tercer día, de acuerdo a las escrituras, y que se apareció a Cefas y luego a los doce” (1Cor. 15:4-5). Noten la palabra en cursiva. Los “doce” incluye a Judas. Pablo está diciendo que tres días después de la crucifixión, los discípulos – los doce – estaban aún intactos. Cuando Mateo escribía a mediados de la novena década, luego de que la historia de Judas Iscariote había ingresado en la tradición, los discípulos eran mencionados como “los once” (Mt. 28:16). Obviamente, parece lógico concluir que Pablo nunca había oído la idea de que uno de los doce había traicionado a Jesús. ¿Significa ésto que la historia de Judas Iscariote fue una adición posterior, quizás mitológica, en la tradición de los evangelios? Ciertamente tal posibilidad queda abierta, pero aún se necesitan más datos antes que esa conclusión empiece a parecer probable. Así que profundicemos la investigación. ¿Es significativo que el nombre del traidor sea Judas? Judas es simplemente la versión griega de Judá, que es el nombre de toda la nación judía. A través de los evangelios hay un intento evidente de trasladar la culpa por la muerte de Jesús de los romanos a los judíos. Esto se ve más claramente en Mateo, cuando Pilatos, el rostro oficial de Roma en Judea, aparece lavándose las manos públicamente y proclamándose “inocente de la sangre de este hombre justo”, sólo para recibir en respuesta el clamor de la multitud judía gritándole “su sangre sea sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Hacer el nombre del traidor idéntico al nombre de la nación también serviría al propósito de transferir la culpa ¿Verdad? Así es como la sospecha sobre la historicidad de Judas Iscariote entra en nuestras mentes y empieza a crecer.

Ahora veamos detalles de la historia de Judas. Marcos, Mateo y Lucas identifican unánimemente a Judas como “uno de los doce”. Marcos dice que las autoridades judías le prometieron un pago pero no especifica su monto. Sólo Mateo lo hace, con las famosas “treinta piezas de plata”. En la Última Cena, Jesús anuncia que “uno de los doce me traicionará”. Todos preguntaron “¿Seré yo?” Marcos no identifica a Judas. Mateo, sin embargo, nos muestra a Jesús respondiendo la pregunta de Judas con las palabras “tú lo has dicho”. Juan hace decir a Jesús: “a quien yo le de el pan mojado, ese es”. Luego mete el pan en la fuente y se lo ofrece a Judas. En Juan, Judas se hunde inmediatamente en la noche. Todos los evangelios coinciden en que el acto de la traición es un beso. Sólo Mateo, sin embargo, cuenta la historia del arrepentimiento de Judas y su intento por devolver el dinero. Ante el rechazo recibido, Judas arroja las monedas al interior del templo. También sólo Mateo cuenta la historia de Judas saliendo y colgándose. Lucas, en el Libro de los Hechos, insinúa una muerte bien diferente para Judas. En su relato, un Judas nada arrepentido va a inspeccionar el campo comprado con el dinero recibido, dice Lucas: “cayó de cabeza y se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron” (Hch. 1:18). Eso no es el resultado de un colgamiento. Cada evangelio predice un terrible fin para el traidor e incluso es llamado ladrón en el cuarto evangelio. A medida que pasan los años, Judas se torna más y más malo.

De modo que los detalles bíblicos concernientes a Judas revelan que la historia de uno de los doce traicionando a Jesús es una tradición desarrollada posteriormente. Y le dieron al traidor el nombre de la nación sobre la que quieren poner la culpa por la muerte de Jesús. Y lo pintan con colores oscuros mientras buscan blanquear o exonerar a Pilatos. ¿Hay aquí algo que va más allá de la historia recordada?

¿Será posible que la historia de Judas Iscariote sea parte de una mitología en desarrollo? ¿Es Judas una persona real o es un carácter literario desarrollado posteriormente? Conservemos estas preguntas en la mente. Seguiremos en este tema con más evidencia bíblica en la próxima columna.

John Shelby Spong

© www.progressivechristianity.com, vía Fuente Adulta

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Jueves Santo

Jueves, 18 de abril de 2019

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Hermanos y hermanas, para Jesús la entrega de la vida no es un acto heroico o de consumo personal, sino un humilde y fraterno servicio. El sentido de su gesto debe de ser una pauta de comportamiento para nosotros, sus seguidores. Oremos.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

• Padre bueno, que el mensaje y el testimonio de tu Iglesia no busque asegurar privilegios sino servir a los más necesitados sin excluir a nadie.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

• Padre bueno, que los creyentes redescubramos el don incomparable de celebrar la Eucaristía: el amor de tu hijo Jesús hecho entrega por cada uno de nosotros y nostras.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

• Padre bueno, que nuestra dinámica de vida sea servirnos mutuamente con sencillez, de igual a igual, únicamente movidos y alentados por el amor gratuito que de ti recibimos cada día.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

• Padre bueno, que todos los hombres y mujeres que entregan su vida día a día en el servicio a los más desfavorecidos se sientan sostenidos por tu amor y reciban nuestro reconocimiento y agradecimiento.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

• Padre bueno, danos la paz, el don de la fraternidad, que seamos capaces de convivir sin dominar unos sobre otros, acogiendo a todos como hermanos, en igualdad.

Jesús, queremos sentirnos y vivirnos como hermanos y hermanas.

Padre bueno, en éste día que te celebramos como servidor de todos, concédenos la gracia de vivir con humildad, gastando nuestra vida en favor de los más pobres. Te damos las gracias por tu hijo Jesús, nuestro Señor y Maestro.

Vicky Irigaray

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“La Semana Santa. ¿Es turismo, es vacaciones, es procesiones, es política turística o es fe?”, por Faustino Vilabrille

Jueves, 18 de abril de 2019

pintadaLeído en su blog:

El arzobispo de Oviedo permite que Vox arranque su campaña en la Santina de Covadonga (Reli.Digital 11/04/19)

Sin conciencia crítica ante la realidad concreta de cada situación histórica, es imposible una fe adulta y madura coherente con el Evangelio

Todos sabemos muy bien que la fe sin compromiso no es fe aunque se vista de ropajes, capuchones, películas, imágenes, procesiones, tambores y teatros.Todos los años vemos a muchas personas participar en las celebraciones de la llamada Semana Santa, cada vez más en procesiones de siempre e incluso inventando otras nuevas, pero lamentablemente cada vez menos en las celebraciones que le deberían dar verdadero sentido. La gente no es culpable de actuar así, es víctima de lo que le hemos enseñado desde la oficialidad de la religión.

Lo que le sucedió a Jesús en los acontecimientos que celebramos en Semana Santa tenemos que traducirlo y aplicarlo a la realidad de nuestro tiempo, incluso hasta la muerte por las mismas causas por las que El fue asesinado.

Las procesiones de Semana Santa en los países desarrollados apenas hacen otra cosa que alimentar sentimentalismos, exhibiciones, turismo y presunciones, con gastos cuantiosos en imágenes, ropajes, músicas, viajes, etc. mientras Jesucristo está lleno de hambre, de enfermedad, de frío y miseria en millones de personas concretas: todo esto es completamente contrario al mensaje de Jesús. Esto no tiene nada que ver con lo que fue la realidad de la vida de Jesús desde el Domingo de Ramos al Domingo de Pascua. Todo ese gasto y esfuerzo es absurdo y debería dedicarse todo a los empobrecidos de Africa, Suramérica, la India, Bangladés, etc., así como a denunciar las causas y los causantes de los mismos.

1.-DOMINGO DE RAMOS: Manifestación a favor de Jesús

 Jesús recibe un homenaje popular de gente que lo aclama, pero no de todos.

1.-Lo recibe de los pobres en quienes despertó la esperanza de una vida más digna.

2.-Lo recibe de los muchos enfermos a quienes devolvió la salud.

3.-Lo recibe de los muchos hambrientos a quienes dio de comer.

4.-Lo recibe de las mujeres más marginadas y despreciadas a quienes devolvió autoestima, dignidad y sentido de la vida.

5.-Lo recibe de quienes tenían hambre y sed de justicia, que fueron capaces de dejarlo todo para seguirlo.

6.-Lo recibe de los niños que se sienten atraídos por El porque los defendía, los bendecía y abrazaba.

Pero a este homenaje se oponían furiosos todos aquellos a los que Jesús había denunciado: los fariseos, los sumos sacerdotes, los escribas y los letrados. Eran todos aquellos que vivían a costa de los demás, que se atreven a decirle a Jesús: “mándales callar”. Todos estos fueron los que lo llevaron a ser condenado a muerte de cruz, la más dolorosa y cruel de aquellos tiempos.

¿A quiénes debemos denunciar hoy? ¿Quiénes son los que hoy rechazan a Jesús?  ¿Quiénes son y dónde están?:

1.-Los grandes Bancos y Banqueros con sus Multinacionales, explotadoras del Hombre y la Madre-Tierra.

2.-Los paraísos fiscales, que solo son para los ricos, donde guardan el dinero robado a los pobres.

3.-Los que gestionan sus dineros a través de las SICAV en España, que solo tributan al 1 %. y acumulan 31.000 millones de €.

4-Los parlamentarios que aprueban leyes injustas a favor de si mismos y de los de arriba con grave detrimento para los de abajo.

5.-Los políticos que lejos de concebirla como servicio al pueblo, buscan en ella  una profesión para vivir.

6.-Los ricos de los países ricos que son ricos a costa de los pobres, porque ninguna riqueza es inocente.

7.-Los ricos de los países pobres, como pasa con algunos gobernantes africanos, inmensamente ricos en medio de millones de pobres:

-Eduardo Dos Santos, Angola: 20.000 millones de $, y su hija Isabelita 3400 millones de $. IDH de 0,533, muy bajo.

Mahamed VI, Marruecos: 2800 millones de $. IDH 0,630 notablemente bajo.

-Bongo Ondimba, Gabón: 2000 millones de $. 0,IDH 684 notablemente bajo.

-Teodoro Obiang , Guinea Ecuatorial: 600 millones de $. IDH 0,591 muy bajo.

8.-Los propios países ricos que lo somos a costa de explotar las tierras y las materias primas de los países pobres, pues la riqueza de los ricos es la miseria de los pobres.

9.-Los gobiernos corruptos de los países pobres que, confabulados y corrompidos por las Multinacionales corruptoras, les quitan las tierras a sus propios campesinos, obligándolos a huir de ellas o emigrar, incluso apoyadas por los ejércitos, la policía o los sicarios de los países pobres. En los últimos años han pasado a manos de las multinacionales más de 227 millones de hectáreas, principalmente en Africa y Suramérica, solo en fincas mayores de 1000 hectáreas, con el agravante de ser dedicadas a monocultivos, con el consiguiente daño grave también para el medioambiente. Los africanos viven cada vez más   en un continente propiedad de Europeos, Chinos, Japoneses, y  norteamericanos, mediante el soborno de gobiernos y políticos africanos.

 10.-Los jueces que a veces suavizan al máximo las sentencias para los de arriba y las endurecen sin contemplaciones para los de abajo.

11.-Los Cardenales, Obispos y asimilados, que siempre los vemos en procesiones pero nunca con el pueblo en manifestaciones en la calle contra los desahucios, los paraísos fiscales, los empresarios y políticos corruptos, la privatización de lo público, los recortes en sanidad y los servicios sociales, el fraude fiscal, los salarios de pobreza, la defensa de los inmigrantes, la violencia de género, los ataques cada vez más masivos al medioambiente,  los gastos sanguinarios militares y el nefando comercio mundial de armas, el espolio de las materias primas de los países pobres, la desigualdad cada vez más grande entre ricos y pobres, el comercio criminal de la droga, la trata infame de seres humanos, etc. Jesucristo  optó preferencialmente por los más pobres e indefensos. Sin conciencia crítica ante la realidad concreta de cada situación histórica, es imposible una fe adulta y madura coherente con el Evangelio: la fe de esos señores ¿es coherente con el Evangelio?

Suelen decir que no entran en política y que son neutrales, pero en esta campaña que está empezando el Arzobispo de Oviedo autoriza a Vox a presentar su campaña delante de la Santina de Covadonga, “una formación política ultraconservadora, y que ya ha manifestado, en varias ocasiones, su desacuerdo con la pastoral del Papa Francisco en lo tocante a la acogida, los inmigrantes o la defensa de valores compartidos” (Ver Religión Digital 11/04/2019). 

El mensaje de Jesucristo: Hay un hecho muy importante en el mensaje y en las palabras de Jesús que los Evangelios destacan sobremanera: la sensibilidad y el compromiso extraordinario de Jesús ante los sufrimientos, el dolor, el desamparo y necesidades de los demás, y muy especialmente si estos son pobres e indefensos, hasta el punto de haber sentenciado: “dichosos los perseguidos por causa de la justicia, dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”.

Esta es la tarea más importante a la que debería dedicarse toda la Iglesia, no con asistencialismo sedante a los empobrecidos, sino con compromiso liberador y transformador de tal manera que no haya ni opresores, ni oprimidos, ni ricos ni pobres, ni empobrecedores ni empobrecidos, ni amos ni esclavos, ni verdugos ni víctimas, para que se acaben de una vez los infiernos de este mundo, y “haya vida y vida en abundancia para todos, pues para esto yo he venido”, dice Jesús.

Un cordial abrazo a tod@s.-Faustino

faustino.vilabrille@gmail.com

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Gabriel Mª Otalora: “Algo falla en las procesiones de Semana Santa”

Jueves, 18 de abril de 2019

Cristo-Legionarios_2112698737_13518162_660x371“Las procesiones se quedan en el hecho mismo del dolorismo de Jesús y de María”

“La Semana Santa no termina el Viernes Santo como puede parecer a la vista del contexto procesional”

“Todo está centrado en los días más trágicos y amargos de Jesús cuando nuestra fe lo que celebra es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la segunda, no tienen sentido la primera”

Fui cofrade en mis tiempos mozos y soy una persona que disfruta de la imaginería religiosa, como arte que es y que evoca a la mejor inteligencia espiritual del ser humano, en unas fechas de honda significación cristiana. Las procesiones pueden tener varias connotaciones -religiosa, turística, cultural, las tres a la vez- pero es innegable el sustrato básico religioso. Ojalá que la impresión que dejan cada año en cientos de miles de personas, sea más evangélica que artística o cultural.

Dicho lo preliminar, traigo a la consideración de los lectores una reflexión que lleva tiempo rondando por mi cabeza. Se trata del contexto procesional, precisamente a la luz de la Buena Noticia que vive en el mensaje evangélico. Si observamos la dinámica que siguen todas las cofradías, sin excepción, recrean de alguna manera la pasión y muerte de nuestro Señor Jesús. Pero yo me pregunto ahora cuál es el sentido de la Semana Santa procesional que se remonta al judaísmo anterior a Cristo en Pascua, Pentecostés y las Fiestas de los Tabernáculos. Más recientemente, tuvo un motivo penitencial de los penitentes que desfilan para limpiar sus pecados y mostrar su arrepentimiento.

Lo importante de verdad es enmarcar las procesiones en el contexto de la Semana Santa evangélica. Por una parte, nuestra sociedad sigue reproduciendo, en grado y condiciones diversas, la misa trama que en tiempo de Jesús y que hoy lo llevaría de nuevo a ser crucificado. La muerte violenta de Jesús, su crucifixión, es una consecuencia de su modo de vivir y quienes le asesinaron -nunca se utiliza esta palabra, ¿por qué?- lo hicieron calumniosamente bajo una capa hipócrita de piedad y respeto a la ley de Dios.

Las procesiones no tocan para nada este tema y se quedan en el hecho mismo del dolorismo de Jesús y de María. Por otra parte, la Semana Santa no termina el Viernes Santo como puede parecer a la vista del contexto procesional. Existen algunas procesiones minoritarias en la madrugada del Sábado Santo y desde hace poco tiempo se procesiona en algunos lugares el domingo de Resurrección. Pero todo está centrado en los días más trágicos y amargos de Jesús cuando nuestra fe lo que celebra es la Pasión y Resurrección de Cristo. Sin la segunda, no tienen sentido la primera.

Una Semana Santa de cofradías y pasos penitenciales que no remarcan nuestro compromiso por la unidad, la justicia, la fraternidad, el amor, el cuidado por los más pobres. Y, como digo, tampoco le dan la importancia troncal debida a lo más importante de la Santa Semana: la victoria de Cristo sobre la muerte, del amor sobre la maldad, de lo bueno frente a lo malo. Una Semana Santa procesional debiera equilibrar y compensar la importancia de la Resurrección respecto al resto de días previos; aquella da luz a estos. El sufrimiento y el fracaso de la cruz, como un apestado, tiene pleno sentido a la luz del Resucitado. Pero quienes asisten a los desfiles procesionales, sacarán una imagen muy poco en consonancia con la Buena Notica ni con el compromiso personas que ella encierra.

Qué oportunidad desperdiciada ante los miles de turistas y cristianos de bien que asisten cada año a la representación de los pasos de la Pasión para enfocar estas manifestaciones hacia la reflexión completa del misterio de la Muerte y la Resurrección de Cristo, el llamado Triduo Pascual, que mantiene en las procesiones el sábado como un día de luto y se conmemora también la Soledad de María después de llevar a Cristo al sepulcro, cuando la noche de Pascua de Resurrección –o el Domingo de Gloria- debiera ser la manifestación más importante del año cristiano. Sin embargo, en la Iglesia Ortodoxa, por ejemplo, se trata del Gran Sábado, conmemorando el descanso de Cristo.

Tanto esfuerzo y movilización para quedarnos con lo esencial en el tintero. Ciertamente que algo falta, algo esencial que desfigura el verdadero sentido de nuestra fe, esperanza y amor en un acontecimiento de masas que mostrará, otro año más, a la Semana Santa desenfocada en lo esencial.

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Una semana diferente

Lunes, 15 de abril de 2019

BlackJesus

Para algunos será una semana de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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“Otra lectura de la semana santa”, por José Sánchez Luque

Lunes, 15 de abril de 2019

1950784A Jesús de Nazaret lo hemos cubierto con títulos de gloria tan aparatosos que casi lo hemos sepultado de nuevo. Quizá lo hemos condenado al honor de los altares. Al canonizar al carpintero de Galilea hasta la más última potencia, al hacerlo subir a lo más alto de los cielos, de coronarlo rey de reyes y señor de los señores, al hacerlo Hijo de Dios y segunda Persona de la Santísima Trinidad… casi hemos logrado silenciar por completo al Jesús de los pobres, de las muchedumbres hambrientas, de los marginados, al Jesús rodeado de malas compañías y de pecadores. La misma Iglesia y la teología católica han olvidado algo crucial: en Jesús, Dios se hace hombre, pero hombre pobre. Nace en un establo, no tiene donde reclinar la cabeza y muere desnudo en una cruz, el suplicio de los últimos, de los más pobres de aquella sociedad. No lo olvidemos: Dios se hace hombre pobre. Ya lo dijo el filósofo alemán: casi siempre el adjetivo es más relevante que el sustantivo.

¿No habremos enterrado al Jesús anticonformista, al que opta por la pobreza, al profeta contracultural, al antisistema, al que no se somete a la autoridad religiosa de Israel ni a los dictados del imperio romano? ¿No nos habremos olvidado del Jesús muy humilde pero desobediente, rebelde y aún provocador, del Jesús libre y liberador, del que, al rodearse de mujeres y de personas marginadas, es criticado por la sociedad híper machista y puritana de su tiempo? Ese Jesús concreto y real, tal como nos lo pintan los evangelios, queda en la mente de muchos eclipsado por el Jesús de los catecismos, del gran poder y de la gloria.

Pienso que no se menciona lo bastante en los triduos, quinarios y vía crucis de la cuaresma, ni en los sermones de la Semana Santa, que Jesús fue rechazado por no ser obediente con lo establecido o por no ser santo según las normas de la religión oficial. Muy al contrario, nos hemos empeñado durante siglos en hacer de él el modelo por excelencia de la docilidad, el sufrimiento y la sumisión… Pero Jesús, aún colgado en la cruz, no se retracta ni se arrepiente de nada. Es más, desde la cruz Jesús sigue obedeciendo al Dios de la vida y de la libertad, al Dios profundamente enamorado de los que no tienen a nadie que les quiera.

No cabe duda de que si no lo hubiéramos momificado y encerrado en el sarcófago del poder y de la divinidad, ese mismo Jesús seguiría hoy interpelándonos y provocándonos. Pero al seguir enterrándolo bajo oropeles y palios tan lejanos a lo que él fue en realidad, lo reducimos a una entidad casi mítica que solo puede interesar a personas esotéricas, supersticiosas y nostálgicas del pasado.

Después del terrible trauma sufrido tras la muerte de Jesús, sus discípulos empezaron a reivindicarlo con sorprendente coraje. Clamaban que Jesús era inocente de todo cuanto lo habían acusado. Para ellos, nadie había sido más hombre de Dios que ese Jesús. Había sido vilmente clavado en la cruz de los esclavos por gente de su pueblo. Y al principio les costó mucho aceptar que Dios les hablara a través de aquel hombre tan humillado. Después, descubrieron que a ese pobre inocente, muerto como un esclavo, Dios –al resucitarlo– lo hizo Señor y el único camino de la verdad y de la vida.

A partir de ahí la máquina se embaló. Todo lo que había de bello, grande, prestigioso y glorioso fue atribuido a Jesús, quien se convirtió con toda razón en héroe, estrella e icono supremo. No hubo títulos, ni palabras suficientes para expresar todo lo que Jesús había llegado a ser. Los escritos del Nuevo Testamento y de los primeros pensadores cristianos están empedrados de maravillosos títulos cristológicos. Pero lo habían pintado tan arriba en el cielo y tan lleno de la deslumbrante luz divina, que nosotros casi no somos capaces de ver a Jesús en los caminos polvorientos de Galilea, en medio de los mendigos, de los apestados y de las moscas, en la lucha por hacer presente el sueño de Dios para este mundo.

Olvidaron, en una palabra, que el Resucitado es el mismo judío marginal que fue crucificado. Y le construimos espléndidas basílicas, catedrales, estandartes, tronos majestuosos y custodias repujadas de ricos metales y piedras preciosas. Nos legaron que, para estar seguros de encontrarlo, había que dejar el mundo polvoriento y hostil, las críticas a la injusticia establecida, la lucha por la trasformación de la sociedad, e introducirse en las evasivas ceremonias y procesiones nunca suficientemente espléndidas para agasajar a tan altísimo Señor.

Y el humilde obrero de Nazaret se encuentra aplastado bajo tanta ostentación. Tan oculto con tanto esplendor que se nos hace muy difícil llegar a reconocerlo. Termino con una luminosa frase del teólogo holandés Erik Borgman que resume todo mi pensamiento: “Si el Salvador y el Hijo de Dios que la Iglesia confiesa no tuviera nada que ver con el Jesús que anduvo sobre la tierra, junto a los empobrecidos y marginados, el cristianismo no pasaría de ser un “mito” ahistórico que ha perdido su significado específico y crítico”. Ojalá en esta Semana Santa del 2019 seamos capaces de desenterrar y seguir más de cerca al obrero de Nazaret.

Hay recuerdos que son olvidos.
Si recordamos lo que hizo Jesús,
¿por qué olvidamos
lo que tenemos que hacer?

José Sánchez Luque

Consiliario de la HOAC de Málaga

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¿Quién es este que viene?

Domingo, 14 de abril de 2019

Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Hubo demasiadas conciencias alumbradas,
hubo demasiados privilegios trastornados,
hubo demasiadas palabras mal recibidas,
hubo demasiada mala fe:
detrás de esta puerta
con los dinteles elevados, todo va a jugarse,
lo sabe.
Posiblemente tiene miedo,
da el paso.
Entra.

Es aquí dónde se le espera.
¡Es ahora
cuando se va a verificar el perdón dado
hasta el múltiplo de setenta y siete,
la vida dada como único signo de amor,
el cuerpo y la sangre dados hasta el desgarro,
el Espíritu dado como un soplo de vida!

Ha llegado la hora.
Es ahora cuando su verdad saldrá a la luz.
Lo sabe;
da el paso.
Entra.

La semana comienza.

*

Charles Singer

***

¿Quién es este que viene,
recién atardecido,
cubierto por su sangre
como varón que pisa los racimos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

¿Quién es este que vuelve,
glorioso y malherido,
y, a precio de su muerte,
compra la paz y libra a los cautivos?

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Se durmió con los muertos,
y reina entre los vivos;
no le venció la fosa,
porque el Señor sostuvo a su elegido.

Éste es Cristo, el Señor,
convocado a la muerte,
glorificado en la resurrección.

Anunciad a los pueblos
qué habéis visto y oído;
aclamad al que viene
como la paz, bajo un clamor de olivos. Amén.

***

El pueblo que fue cautivo
y que tu mano libera
no encuentra mayor palmera
ni abunda en mejor olivo.
Viene con aire festivo
para enramar tu victoria,
y no te ha visto en su historia,
Dios de Israel, más cercano:
Ni tu poder más a mano
ni más humilde tu gloria.

¡Gloria, alabanza y honor!
Gritad: “¡Hosanna!”, y haceos,
como los niños hebreos
al paso del Redentor.
¡Gloria y honor
al que viene en el nombre del Señor! Amén.

*

(Himnos de las Primeras Vísperas y de los Laudes de la Liturgia de las Horas del Domingo de Ramos, )

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Evangelio: Lucas 22,14-23,56

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No conocíamos la medida del sufrimiento de Dios hasta que tomó cuerpo ante nuestros ojos en la pasión de Cristo. La pasión de Cristo no es más que la manifestación histórica y visible del sufrimiento del Padre por el hombre. Es la suprema manifestación de la debilidad de Dios: Cristo -dice san Pablo- fue crucificado por su debilidad (2 Cor 1 3,4). Los hombres han vencido a Dios, el Pecado ha vencido y se yergue triunfante ante la cruz de Cristo; la luz se ha cubierto de tinieblas… Pero sólo por un instante: Cristo fue crucificado por su debilidad, pero vive por la fuerza de Dios, añade el apóstol. ¡Vive, vive! El mismo lo repite ahora a su Iglesia: “Estuve muerto, pero ahora vivo para siempre y tengo poder sobre la muerte y los infiernos” (Ap 1,18) […].

Dios ha vencido sin dejar su debilidad, sino llevándola al extremo; no se ha dejado arrastrar al terreno del enemigo: “Injuriado, no respondía con injurias, sufría sin amenazar” (1 Pe 2,23). A la voluntad del hombre que pretendía aniquilarlo, no ha respondido con deseos de destrucción, sino con voluntad de salvarlo: “Yo soy el Viviente -dice el Señor-; no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva” (cf. Ez 33,11). Dios manifiesta su omnipotencia con la misericordia y el perdón [parcendo et miserando), como reza la oración de la Iglesia. Al grito Crucifige!, respondió con este grito: “Padre, perdónalos” (Le 23,34).

No hay palabras en el mundo como estas breves palabras: “Padre, perdónalos”. Toda la potencia y santidad de Dios están ahí resumidas; son palabras indomables, que no pueden ser superadas por ningún crimen, porque fueron pronunciadas en el más grande de los crímenes, en el momento en que el mal ha hecho su esfuerzo supremo y ya no puede más porque ha perdido su aguijón.

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R. Cantalamessa,
El mistero pascual, Valencia 1996).

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“Ante el crucificado?” Domingo de Ramos – C (Lucas 22,14-23,56). 14 de abril 2019.

Domingo, 14 de abril de 2019

06-RAMOS-C-600x400Detenido por las fuerzas de seguridad del Templo, Jesús no tiene ya duda alguna; el Padre no ha escuchado sus deseos de seguir viviendo; sus discípulos huyen buscando su propia seguridad. Está solo. Sus proyectos se desvanecen. Le espera la ejecución.

El silencio de Jesús durante sus últimas horas es sobrecogedor. Sin embargo, los evangelistas han recogido algunas palabras suyas en la cruz. Son muy breves, pero a las primeras generaciones cristianas les ayudaban a recordar con amor y agradecimiento a Jesús crucificado.

Lucas ha recogido las que dice mientras está siendo crucificado. Entre estremecimientos y gritos de dolor, logra pronunciar unas palabras que descubren lo que hay en su corazón: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Así es Jesús. Ha pedido a los suyos «amar a sus enemigos» y «rogar por sus perseguidores». Ahora es él mismo quien muere perdonando. Convierte su crucifixión en perdón.

Esta petición al Padre por los que lo están crucificando lo hemos de escuchar como el gesto sublime que nos revela la misericordia y el perdón insondable de Dios. Esta es la gran herencia de Jesús a la Humanidad: No desconfiéis nunca de Dios. Su misericordia no tiene fin.

Marcos recoge un grito dramático del crucificado: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?». Estas palabras pronunciadas en medio de la soledad y el abandono más total son de una sinceridad abrumadora. Jesús siente que su Padre querido lo está abandonando. ¿Por qué? Jesús se queja de su silencio. ¿Dónde está? ¿Por qué se calla?

Este grito de Jesús, identificado con todas las víctimas de la historia, pidiendo a Dios alguna explicación a tanta injusticia, abandono y sufrimiento, queda en labios del crucificado reclamando una respuesta de Dios más allá de la muerte: Dios nuestro, ¿por qué nos abandonas? ¿No vas a responder nunca a los gritos y quejidos de los inocentes?

Lucas recoge una última palabra de Jesús. A pesar de su angustia mortal, Jesús mantiene hasta el final su confianza en el Padre. Sus palabras son ahora casi un susurro: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Nada ni nadie lo ha podido separar de él. El Padre ha estado animando con su Espíritu toda su vida. Terminada su misión, Jesús lo deja todo en sus manos. El Padre romperá su silencio y lo resucitará.

Esta semana santa, vamos a celebrar en nuestras comunidades cristianas la pasión y la muerte del Señor. También podremos meditar en silencio ante Jesús crucificado ahondando en las palabras que él mismo pronunció durante su agonía.

José Antonio Pagola

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“He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer”. Domingo 14 de abril de 2019. Domingo de Ramos

Domingo, 14 de abril de 2019

22-ramosC cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 50, 4-7: No me tapé el rostro ante los ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado.
Salmo responsorial: 21: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
Filipenses 2, 6-11: Se rebajó, por eso Dios lo levantó sobre todo.
Lucas 22, 14-23. 56: He deseado enormemente comer esta comida pascual con vosotros, antes de padecer.

El tema central de las lecturas del Domingo de Ramos, como bien puede verse, es el del Mesianismo. Éste tiene varias etapas en la Biblia. «Mesías» significa ungido, siervo, enviado, pero en sí, la idea más profunda de «Mesías» que el pueblo de Israel asumió es la espera de la aparición salvífica de un líder carismático descendiente de David que habría de instaurar definitivamente en la tierra «el derecho y la justicia».

En el Primer Testamento es Isaías el profeta quien más profetiza y anuncia la llegada del Mesías de Dios. Mesías que él entiende como el Siervo de Yavé que llega. El Mesías es para el profeta la gran realidad de Dios viviendo con nosotros, la realidad del gran restaurador que libera de la esclavitud, de la gran violencia (violencia estructural diríamos hoy), de la gran miseria (pobreza extrema y masiva diríamos actualmente) a la que ha sido condenado el pueblo de Dios (los muchos pueblos de Dios). El Mesías, en su calidad de Ungido de Yavé, no es sino su enviado, su representante, el encargado de promulgar sus designios.

La idea del Mesías y de los tiempos mesiánicos estaba fundada en la esperanza de que Dios cumpliera plenamente las promesas hechas al pueblo elegido, a la nación que se creía a sí misma la elegida por Dios. La llegada del «Mesías» es la instauración del reinado de Dios en la historia y en el tiempo, y es allí donde, según la concepción judía (según, pues, un pensamiento muy humano, no según una revelación divina), Israel se vengaría de los «paganos» (la mayor parte de ellos tan religiosos como los propios israelitas), de los no judíos.

La idea mesiánica del Primer Testamento está basada en la fuerza político-militar de un enviado del Dios de Israel para dominar a todas las naciones de la tierra y hacer que Israel se convierta en una nación fuerte y poderosa capaz de someter a todos los pueblos que no tienen a Yavé por Dios. Como se ve, un mesianismo muy humanamente comprensible…

El Mesianismo es una de las herencias que el Segundo Testamento recibe de la tradición veterotestamentaria. En tiempo del Nuevo Testamento, gobernado el mundo de entonces por Roma con toda su fuerza, riqueza y pretensiones, también hay grupos mayoritarios que esperan la llegada definitiva del Mesías que los liberará del domino explotador romano. Todos esperaban entonces la intervención de Dios en la historia a través de un líder que fuera capaz de derrocar el poder imperial y hacer de Jerusalén la gran capital de Israel.

En el ciclo C de la liturgia leemos el relato de la Pasión del Señor según Lucas. Consideremos las características teológicas que nos presenta este relato.

Lucas, como es sabido, es considerado como el evangelista de la misericordia, o lo que es lo mismo, como el evangelista que ha marcado toda la tradición que nos entrega, con el pensamiento del amor infinito de Dios que se ha manifestado en Jesucristo. Ninguno de los evangelistas ha percibido como él la sensibilidad del amor del Padre, que se deja sentir de manera especial entre los pobres, entre los que sufren, entre los marginados. No es difícil constatar en el evangelio de Lucas la preocupación de Jesús por los débiles, por las viudas, por los huérfanos, por los pecadores, por las mujeres.

Este mismo interés se manifiesta en la narración de los acontecimientos de la Pasión del Señor. En primer lugar, porque todo este relato está sustentado por un conocimiento del alma de Jesús, cuya intimidad nos es desvelada por el evangelista cuando nos deja ver su estrecha relación con el Abba misericordioso, en los momentos de oración (Lc 22,42); o cuando su Padre le da valor en medio del sufrimiento (Lc 22,43).

En segundo lugar, la cruz aparece en este relato de la Pasión como un verdadero sacramento del amor divino: la revelación de la misericordia en medio del sufrimiento. Lucas no pone la atención en los aspectos negativos y crueles de esta situación. En su narración se omiten recuerdos o referencias que aparecen en los otros evangelistas como la flagelación o la coronación de espinas que sirven para inculpar a los que llevaron a Jesús a la muerte. Lucas nos quiere hacer descubrir el amor del Padre hacia su Hijo y hacia todos los hombres, aún en esta situación de dolor. Jesús no aparece abandonado en el Calvario (no se cita a Zac 13,6 sobre la dispersión del rebaño): está acompañado de amigos y conocidos (Lc 23,49 en contraposición con Mt 27,55-56 y Mc 15,40-41). Y reemplaza el grito del Salmo 21 (22) que cita Mateo por la manifestación ilimitada de confianza del Salmo 30,6 (31,6): “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

A la luz de todo esto es comprensible el papel que desempeña en este relato de la Pasión la actitud del perdón, sólo explicable desde el misterio de la misericordia. En definitiva todo el mundo queda limpio y se insiste en hechos positivos, sólo explicables desde la virtud reconciliadora del sufrimiento de Jesús o desde su actitud de perdón: el caso de Pilato (Lc 23,4.13-15.20-22); el del agresor a quien Pedro cercenó una oreja y que es sanado por Jesús (Lc 22,51); el de Pedro (Lc 22,61); el de todos los judíos (Lc 23,34); el del malhechor bueno (Lc 23,39-43); el del centurión (Lc 23,47); el de la reconciliación entre Herodes y Pilato (Lc 23,6-12).

Jesús aparece claramente como el inocente, el justo perseguido. Aun en el proceso de los romanos, Pilato proclama la inocencia de Jesús. El centurión también reconoce su inocencia.

Sólo en Lucas Jesús se dirige con palabras consoladoras a las mujeres que de lejos los siguen. Realmente, Lucas ha sido llamado el evangelio de las mujeres y de la misericordia con los más pobres e ignorados, y las mujeres hacían parte de la clase marginada en Israel. Pero para Jesús, en todo el evangelio de Lucas, las mujeres hacen parte del discipulado y merecen un trato respetuoso. Ahora, camino del Calvario, la fidelidad de las mujeres a su maestro es reconocida por el Señor.

La Pasión y la muerte de Jesús son una verdadera revelación: la manifestación de la misericordia del Padre. Sólo quien ha comprendido una actitud tan conmovedora, como la que nos trae este evangelio en la parábola del padre misericordioso, podrá entender por qué el evangelista ha mirado así el misterio del sufrimiento y de la muerte de Jesús.

Lucas concibió el relato de la Pasión como una contemplación de Jesús. Por eso este relato es una invitación al lector-oyente a aproximarse al Señor, a seguirlo, a llevar con él la cruz de cada día (9,23). En la palabra que dirige en la cruz al malhechor arrepentido, ese ‘hoy’ nos remonta a Lc 4,21 cuando en la sinagoga de Nazaret, Jesús declara que “hoy se ha cumplido” el pasaje de Is 61,1-2 que acababa de leer. El tiempo se ha cumplido y él, que ha venido para anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos y para proclamar el año de gracia del Señor” ha cumplido su misión, porque va a morir colgado de la cruz pero seguirá viviendo en medio de nosotros.

Nota para lectores críticos

El evangelio de hoy es más largo que de ordinario: toda la Pasión de Jesús, por lo que muchas homilías hoy serán más breves. Por otra parte, la homilía debería enfocarse pues hacia el conjunto de la Pasión y su significado. También el viernes santo se leerá la Pasión, según san Juan. Y durante toda la semana, el trasfondo litúrgico-espiritual es ése: la pasión y muerte de Jesús. Es pues un momento apropiado para plantearse algunos criterios críticos respecto a la interpretación de la pasión de Jesús en su significado de conjunto.

Si somos cristianos, y si el cristianismo profesa la convicción de la significación salvadora de Jesús, necesitamos tener un «modelo soteriológico» («sotería» = salvación), o sea, una explicación de cómo Jesús salva a la humanidad y en qué consiste esa salvación. Es claro que esto es el corazón de la fe cristiana.

Pues bien, en la historia ha habido varios «modelos soteriológicos».

El modelo que nos ha llegado a nosotros es, fundamentalmente, el que elaboró san Anselmo de Cartebury en el siglo XI sobre la tradición jurídica del derecho romano. En este sentido. El ser humano ofendió a Dios con el pecado original, y con ello se rompieron las relaciones de Dios y la humanidad. Dios fue ofendido en su dignidad, y el ser humano, por su parte, quedó privado de la gracia de la relación con Dios y no tenía capacidad para superar esta situación, pues aunque había ofendido a Dios, no tenía capacidad para reparar una ofensa de carácter infinito. En su obra Cur Deus homo? (¿Por qué Dios se hizo hombre?) Anselmo elabora la teoría de la «satisfacción penal sustitutoria»: Jesús muere en sustitución de la humanidad pecadora culpable, para satisfacer con ello la dignidad ofendida de Dios, y restablecer así las relaciones de Dios con la humanidad.

Por una parte, hay que hacer notar que esta explicación, que nos ha llegado a todos nosotros en una tradición tan longeva, no deja de ser «una» explicación, la del siglo XI en concreto; es decir: no es «la» explicación, no es la única. Además, no está en el Nuevo Testamento: es una elaboración teológica, muy posterior, que asume las categorías y la lógica del derecho romano «recepcionado» en el mundo feudal europeo de la alta Edad Media: el derecho inapelable y absoluto de los señores, la servidumbre de los siervos, las obligaciones jurídicas relativas a la ofensa y a la satisfacción o reparación. Es la teología de la «redención», del redimir («re-d-emere»), re-comprar al esclavo para liberarlo de su antiguo dueño.

Esta teología, hoy ya insostenible, es, sin embargo, la que la mayor parte de los cristianos y cristianas, incluyendo a muchos agentes de pastoral tienen todavía en su conciencia, en su comprensión del cristianismo, o en su subconsciente al menos. Y es para muchos de ellos «la» explicación mayor del misterio cristiano, el misterio de la «redención».

Hay que recordar que los modelos soteriológicos, como todo el resto de la teología, no dejan de ser un lenguaje metafórico, y que la metáfora nunca debe ser tomada al pie de la letra, tanto sea en n sentido directo como en un sentido metafísico, sobre todo en el segundo término al que traslada el sentido (“meta-fora” = cambio, traslado de sentido). Las teologías y los modelos soteriológicos se apoyan sobre las lógicas y los símbolos de las culturas en las que son creados. Por eso, cuando la evolución cultural cambia de lógica y de símbolos, esos modelos soteriológicos, y en general, esas teologías, aparecen crecientemente desfasadas, se hacen incluso ininteligibles, y finalmente quedan obsoletas. La visión de Dios como «Señor» feudal irritado por una ofensa de la primera pareja humana… para cuyo aplacamiento habría sido necesaria la reparación de la ofensa por medio de la muerte cruel y cruenta de su Hijo, es una imagen de Dios hoy sencillamente insostenible, e inaceptable. La sola idea de que un mítico pecado de Adán y Eva hubiera torcido los planes de Dios, y hubiera sumido en las tinieblas del pecado y del alejamiento de Dios a toda la humanidad desde la primera pareja, durante miles y miles de años –hoy la ciencia nos dice que habrían sido millones de años-, hasta la aparición de Jesús, es absolutamente inaceptable para la mentalidad actual. La misma fórmula jurídica de la «satisfacción sustitutoria» resulta hoy día inviable desde los mínimos éticos de nuestra época. Un Dios así resulta increíble, provoca ateísmo, con razón.

Si este modelo nos parece hoy día sobrepasado, no debemos dejar de considerar que ha habido otros modelos todavía más inadecuados. En el primer milenio la teología dominante, en efecto, no fue la de la «satisfacción sustitutoria», sino la del «rescate»: por el pecado de Adán la humanidad había quedado «prisionera del demonio», literalmente bajo su poder (sic). Según san Ireneo de Lyon (+ 202) y Orígenes (+ 254) el Diablo tendría un «derecho» sobre la humanidad, debido al pecado de Adán. Jurídicamente, la humanidad estaba bajo su dominio, le pertenecía, y Dios «quiso actuar con justicia incluso frente al diablo» (Ireneo, Adversus Haereses, V, 1,1), al anular tal derecho sólo mediante el pago de un rescate adecuado. Para ello, entregó a su Hijo a la muerte, a fin de liberar a la humanidad del dominio «legítimo» del diablo. San Agustín lo dice aún más explícitamente: Dios decretó «vencer al Diablo no mediante el poder, sino mediante la justicia» (De Trinitate XIII, 17 y 18).

Este modelo del «rescate pagado al Diablo» para rescatar a la humanidad, aún resuena en las personas que tuvieron una formación cristiana. Pero hoy nos resulta no sólo inaceptable, sino inimaginable, y hasta grotesco: no podemos aceptar un Diablo, concebido como un contra-poder cuasi-divino, que está apostado frente a Dios y que retiene a la humanidad bajo su poder, durante milenios, hasta que es «justamente resarcido» por Dios, nada menos que con la muerte del Hijo de Dios, un Diablo que sólo así sería «derrotado por la victoria de Cristo»…

¿Qué queremos decir con todo esto? Muchas cosas:

-que las teologías son metafóricas, no narraciones históricas ni descripciones metafísicas;

-que las teologías son muchas, variadas, no sólo una… y que cuando adoptamos una de ellas no debemos nunca perder de vista que se trata sólo de «una» teología, no de «la» teología;

-que las teologías son contingentes, no necesarias;

-que son elaboraciones humanas, no revelaciones divinas bajadas en directo del cielo, y que están construidas con elementos culturales de la sociedad en la que han sido concebidas;

-que son también transitorias, no eternas, y que con el tiempo y los correspondientes cambios culturales pierden plausibilidad y hasta inteligibilidad y pueden acabar resultando inaceptables y hasta desechadas;

-que los agentes de pastoral que atienden al Pueblo de Dios han de estar atentos a no prolongar la vida de una teología sobrepasada, superada, que ya no habla de un modo adecuado a las personas de hoy;

-que pueden (y deben) tratar de encontrar nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas respuestas interpretativas de parte de nuestra generación actual a las preguntas de siempre.

La Semana Santa no es el único momento en el que debemos referirnos a la significación de la salvación operada por Cristo, pues ésta es una referencia central de la fe cristiana; pero sí es una ocasión privilegiada para plantearnos la conveniencia de la revisión de nuestros esquemas teológicos al respecto. Leer más…

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14.4.19. Ramos 1, una fiesta de bodas

Domingo, 14 de abril de 2019

21D44775-DF3A-4377-BEB6-28F697CC142FDel blog de Xabier Pikaza:

La entrada de Jesús en Jerusalén, montado sobre un asno, ha marcado hasta hoy la conciencia cristiana, de forma que en todas las iglesias del mundo se lee la escena, y se interpreta de forma mesiánica, política y social: Como mensajero mesiánico de Dios, Jesús entra en su ciudad en un asno de paz, no en caballo de guerra etc.

              Pero hay una interpretación antigua,  que han destacado de forma paralela el evangelio de Mateo 21, 4‒7 y el Juan 12, 14‒15, que interpreta la escena en forma de entrada del novio a la fiesta de bodas, con la novia que se alegra y baila,conforme a las palabras de Zacarías 9, 9‒10. Ésta es pues una escena de bodas, y todo el resto de la pasión de Jesús, hasta su pascua de resurrección ha de entenderse como celebración de las bodas de Dios, que son bodas de la humanidad que sale como novia al encuentro del Cristo del Asno.

La escena repite el motivo de las bodasde oriente (que se han seguido celebrando hasta el día de hoy en ciertas zonas de Siria), en las que el novio viene sobre un asno, y la novia le espera bailando. Lógicamente, las palabras del texto se dirigen a la novia, invitándole a que baile ante su Cristo. Así lo han sabido y lo han dicho Mateo y Juan, los evangelios más judíos del Nuevo Testamento.

El texto de Zac 9 que citan Mateo y Juan forma parte de la tradición de la Hija‒Sión, es decir, de la Novia‒Sion, humanidad hecha mujer, ciudad de Sion, todo el pueblo de Israel, que espera a su mesías.  Por eso, empezaré citando y comentando ese pasaje, situándolo después en la tradición citada de la Hija Sion, representada por Sofonías y el Proto‒Zacarías.

Mañana comentaré el texto desde los evangelios. Buen día a todos.

A comienzos del III a.C., asumiendo temas y signos anteriores de la tradición de la Hija de Sión y de sus bodas, un autor a quien llamamos Zacarías II amplía e interpreta la primera parte del libro (Zac 1‒8), vinculando a la Hija‒Sion con el Mesías davídico, montado en un asno:

Danza con fuerza, Hija-Sion; grita aclamando, Hija-Jerusalén; he aquí que tu rey viene a ti; justo y vencedor es él; humilde, montado sobre un asno, sobre un pollino, cría de borrica.  Destruirá el carro de Efraím y el caballo de Jerusalén. Y destruirá el arco de guerra y anunciará la paz a las naciones; y su dominio será de mar a mar, del torrente a las extremidades de la tierra (Zac 9,9-10).

La traducción del texto es fácil, aunque al principio del verso 10 el TM utiliza la primera persona (y yo destruiré…), como si el mismo Dios y no el rey mesiánico fuera el encargado de que­brar la fuerza guerrera de Efraím y Jerusalén, pues ese rey no viene como guerrero a caballo, sino en asno de paz. Sea como fuere, el sentido de fondo es el mismo y así conservamos la traducción más usual, en tercera persona: el anunciador profético sigue invitando a la Hija-Sion al canto de gozo, en la línea Sof 3,14-18 y Zac 2,14-17, pero ahora vincula su danza a la llegada del Mesías montado en un asno.

Este pasaje resalta el gozo de la Hija-Sion, que ha de danzar en gesto de fiesta solemne, grita de gozo porque llega su rey como esposo. El texto nos sitúa una liturgia de entronización: avanza el rey, se forma el cortejo y, mientras va llegando, se acerca la Hija-Sion (la ciudad mesiánica) que recibe a su Rey Mesías. Estas son las bodas finales de Dios y de su pueblo. Sof 3,14-18 evocaba ya una danza nupcial; Zac 2,14-17 invi­taba al baile mesiánico; pues bien, ahora, Zac 9,9-10 nos introduce en la gran ceremonia de coronación mesiánica, con la Hija‒Sión que recibe emocionado a su rey esposo‒salvador.

El rey que llega y la mujer que sale a reci­birle danzando forman el misterio final, el último acto de la historia. Desaparecen o pasan a segundo plano los restantes ofi­cios y figuras: sacerdotes, soldados, potentados… Toda la humanidad se ha condensado en esta Hija-Sion, ciudad­-mujer, muchacha, que inicia la danza triunfal de su rey, sin más oficio que cantar y alegrarse. En los casos anteriores (Sof y Zac I) el rey parecía un personaje excelso. Por eso, la Hija-Sion significaba la humanidad entera, varones y mujeres incluidos en esa figura femenina. Sin negar esos rasgos, el rey es ahora una figura humilde, montado en un asno, y la Hija-Sion es el signo de la humanidad salvado (del pueblo redimido). Leer más…

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Ramos 2. Por Jerusalén lloró Jesús, por Roma lloramos

Domingo, 14 de abril de 2019

images2Del blog de Xabier Pikaza:

Dominus Flevit, cuando Dios sólo puede llorar

Llanto por el templo vaticano

Presenté el otro día   la escena de Ramos (entrada de Jesús en la ciudad‒Iglesia) desde la perspectiva de la Hija de Sion, Iglesia‒Novia que se alegra y canta, baila y exulta, por la llegada de su Novio, conforme a la cita de Zacarías, utilizada por el evangelio de Mateo y el de Juan.

Después he comentado la carta‒documento del expapa Benedicto XVI y de su entorno vaticano sobre la situación de la Iglesia, desde la perspectiva de la pederastia y problemática sexual de una parte del clero, carta dura, documento estremecedor de un expapa que llora y acusa, pidiendo conversión para la Iglesia, desde una perspectiva de “estado” vaticano, es decir, de poder de Iglesia.

Pues bien, en ese contexto, al entrar en la Semana de la Pasión del Señor, quiero ofrecer una reflexión sobre el llanto mesiánico del Cristo ante Jerusalén que es signo de la Iglesia. Voy a suponer que Jesús lloraba no tanto por la vieja ciudad, que sería destruida muy pronto (a los 40 años), sino por la Iglesia actual, con la estructura de “Estado” (un estado de poder),que va a caer, quizá en menos de 40 años.

dominus_flevit_by_ipott(Imagen 2: Vista de Jerusalén desde el lugar del llanto de Jesús, Dominus Flevit)

 Como todas las grandes comparaciones, ésta que voy a establecer a continuación no puede tomarse tampoco al pie de la letra; las cosas no se repiten sin más. Pero pienso que es adecuada y conveniente. Suponed que Jesús entra con asno y su látigo en la Ciudad Estado del Vaticano, ante los lamentos del expapa Benedicto VI, ante el dolor de Francisco. ¿Qué haría? Seguid leyendo, si queréis pensar conmigo. Pienso que al final del texto sólo quedarán claras dos cosas:
  1. Lo que Jesús haga para destruir un tipo de templo vaticano servirá para que los niños canten. Todo ha de ser para alegría y vida de los niños, por encima de un tipo de opresión o pederastia que les tiene atenazados.
  2. Lo que Jesús haga será para alegría y bodas de la Hija‒Sión, es decir, de una humanidad llamada al amor.

 Buen día a todos con este Ramos 2.

Jesús perseguido, ya no andaba en público.

Jesús ha preparado su misión de manera programada, para culminar su tarea en Jerusalén; en ella son claves los textos sobre la entrada en la ciudad y el signo sobre el templo.  Pero al principio de todo está la escena de Jesús perseguido. En un pasaje sorprendente, Jn presenta a Jesús fugitivo, perseguido por los sacerdotes que buscan su muerte:

Ya no andaba en público por Judea;se retiro a una ciudad llamada Efrom,junto al desierto y se quedó allí con sus discípulos (Jn 11, 54).

Como prófugo y bandido que calcula su momento y se defiende, evitando todo riesgo innecesario, Jesús permanece se­mi-oculto, en Efrom, aldea de proscritos. Pero llega el momento y se decide, subiendo a Jerusalén como profeta mesiánico que llama a las puertas de su pueblo. Sin ingenuidad, pero en gesto de arrojo y confianza, ­cuando los presagios eran adversos, ha comenzado la subida, acompañado de algunos discípulos como Tomás que dicen: vayamos también nosotros, y muramos con él (Jn 1 1, 16). La Escritura les presenta atenazados por el miedo, admirados y llenos de asombro (cf. Mc 10, 32). No estamos ante el ruralismo galileo de unos pobres aldeanos que se acercan ingenuamente a la ciudad, sino ante la decisión de ­un profeta mesiánico que viene a realizar sus signos: entra como rey, declara el fin del viejo templo.

Entrada pacífica, una paz más dura que la guerra, pero paz sanadora

Pocos años después tomaron la ciudad violentamente los rebeldes‒insurgentes contra Roma; muchos judíos habían soñado conquistar­la y liberarla para siempre; pues bien, Jesús ha decidido entrar en ella de un modo pacífico, pero muy provocativo. No necesita soldados: no viene a declarar la guerra, pero junta a sus seguidores y con ellos “toma” la ciudad:

Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, junto al monte de los Olivos, Jesús mandó a dos discípulos, diciéndoles:

– Id a esa aldea de enfrente y encontraréis en seguida una borrica atada, con un pollino; desatadlos y traédmelos. Y si alguien os dice algo, contes­tadle que el Señor los necesita. 

[Esto ocurrió para que se cumpliese lo que dijo el profeta:Decid a la ciudad de Sión:Mira a tu rey que llega, humilde, montado en un asno,en un pollino, hijo de acémila (Is 62, 11; Zac 9, 9)]. 

Fueron los discípulos e hicieron lo que Jesús les había mandado: trajeron la borrica y el pollino, les pusieron encima los mantos y Jesús montó. La mayoría de la gente se puso a alfombrar la calzada con sus mantos. Otros la alfombraron con ramas que cortaban de los árboles. Y los grupos que iban delante y detrás gritaban:

– Hosanna al Hijo de David!      Bendito el que viene en nombre del Señor!    

Hosanna al que está en las alturas!Al entrar en Jerusalén, la ciudad entera preguntaba alborotada: ¿Quién es éste?La gente contestaba: Este es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea (Mt 21, 1-11).

  He presentado el texto de Mateo, que elabora el relato de fondo de Mc 11, 1-11, conservando su extrañeza y fuerza. No es asunto de teoría o catequesis, sino historia mesiánica que sólo se puede narrar si se ha vivido. Jesús la ha preparado y realizado, como profeta que cuida sus gestos: en el momento decisivo de su vida quiere mostrar a su ciudad que es rey y como rey penetra triunfador en ella. Recordando a Zac 9, 9, viene sobre un asno, mansamente, rechazando el mesianismo de la guerra:

Destruirá los carros de Efraín y los caballos de Jerusalén,destruirá los arcos de la guerra y dictará paz a las naciones,dominará de mar a mar, del gran mar al confín de la tierra (Zac 9, l0). 

No quiere superar la vieja guerra con otra más justa, sino con el don de su vida, a cuerpo de amor. Por eso se presenta inerme, como rey de paz. Alguna gente le comprende y como a rey le acogen, extendiendo ante su paso vestidos y ramos. Como a rey le aclaman, proclamando: ¡Viva (hosanna) al Hijo de David!

La escena resulta sobriamente intensa y sobrecogedora. No podía haber mostrado con más fuerza su pretensión y tarea: sus seguidores cantan el salmo de la fiesta escatológica: ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! (Mt 21, 9; cf. Sal 118, 26). Se acerca el reino de David (cf. Mc 11, 10). Jesús viene sin duda como pretendiente mesiánico.

Jesús derrotado de antemano, Dios que llora

 Esta es una escena para ser imaginada. Ha empezado a bajar la colina del monte de los Olivos. Ante sus ojos se extiende, entera y dura, la hiriente Jerusalén. ¡Cuántos con­quistadores han soñado tomar la ciudad y realizar en ella las promesas! Pero todos los guerreros de violencia acaban destruyendo aquello que conquistan. Jesús lo sabe y llora. Llora por su ciudad, se lamenta por su iglesia vaticana:

Al acercarse y ver la ciudad dijo llorando:¡Si al menos tú supieras en este día lo que lleva hacia la paz!Pero no, quieres que se oculte ante tus ojos.Pues bien, vendrán los días en que tus enemigos te rodearán de trincheras,te sitiarán, apretarán el cerco y te arrasarán, a ti y a tus hijos,no dejando piedra sobre piedra,porque no reconociste el tiempo en que Dios te visitaba (Lc 19, 42-44).

 Sigamos imaginando. Jesús ha “tomado” mesiánicamente la ciudad sin violencia exterior. Humildemente ha entrado, sobre un asno, no en caballo o con carros de combate; abiertamente ha entrado, ofreciendo lugar en su proyecto a los marginados y excluidos de la tierra; no ha traído soldados sino amigos que le cantan y cantan al Dios de fraternidad, reino prometido.

Pues bien, la ciudad no ha querido recibirle: es contraria a su mesianismo y propone su muerte, sin saber que al hacerlo se está condenando a sí misma. Jesús, responde llorando, no por sí mismo, sino por la ciudad que, al rechazar su paz, termina entregándose en las manos de los profesionales de la muerte, la desnuda violencia interhumana.

Jesús mismo “destruye” su templo, la casa “vaticana” de la Iglesia.

Fuerte ha sido el signo mesiánico de la conquista de la ciudad. Más fuerte es aún el signo mesiánico y anti-sacerdotal que Jesús realiza sobre el templo, corazón de la ciudad. La casa de Dios ha venido a convertirse por lucro y ambición de sus jerarcas en objeto de disputa y luchas económicas, con sus vendedores y cambistas, profesio­nales del dinero que comercian con el culto. Pues bien, Jesús se acerca: como ha tomado la ciudad quiere tomar el templo, pero no para cambiar sus estructuras de injusticia, sino para indicar que el mismo tiempo del templo ha terminado porque llega el reino.

No quiere purificar el templo en el sentido técnico del término, pues eso implicaría introducir un tipo distinto de pureza en el lugar de la impureza. Jesús no quiere limpiar, sino que se destruya. Leer más…

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La Pasión según Lucas. Domingo de Ramos. Ciclo C.

Domingo, 14 de abril de 2019

Titian_-_Christ_and_the_Good_Thief_-_WGA22832Tiziano, Jesús y el buen ladrón

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Resulta imposible comentar en pocas líneas el relato de la Pasión en el evangelio de Lucas. De los diversos episodios exclusivos suyos, considero de especial interés las tres palabras que pone en boca de Jesús en la cruz. Como es sabido, ninguno de los evangelios trae las siete famosas palabras de Cristo en la cruz. Mateo y Marcos, solo una; Juan, tres; Lucas, otras tres. Sumándolas tenemos siete. Las tres de Lucas pueden servir de reflexión y oración.

  1. Morir perdonando

            Jesús y los dos malhechores acaban de llegar al Calvario. Crucificar a tres personas es un trabajo más lento y cruel de lo que puede imaginarse, pero Lucas no entra en detalles. Se limita a indicar lo que decía Jesús en este momento: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”.

            El tema de los enemigos y del perdón ha aparecido en este evangelio desde el comienzo. Zacarías, el padre de Juan Bautista, alaba a Dios porque ha suscitado a un descendiente de David “para que, libres de temor, arrancados de las manos de nuestros enemigos, le sirvamos con santidad y justicia toda nuestra vida”. Su esperanza no se cumplirá como él espera. A su hijo lo decapitará Herodes. Y Jesús no habla de verse libres de los enemigos. Lo que manda a sus discípulos es: “amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, rezad por los que os injurian”. Ahora, en el momento decisivo, Jesús va más adelante. No solo reza por los enemigos, sino que intenta comprenderlos y justificarlos: “no saben lo que hacen”.

  1. Nunca es tarde para convertirse

            Que Jesús fue crucificado entre dos malhechores lo dicen también Mateo y Marcos (aunque estos los llaman “ladrones”, que equivale a “terroristas”, cosa más lógica porque a los ladrones no los crucificaban, sino que los vendían como esclavos). Pero la mayor diferencia consiste en que en Mateo y Marcos los dos insultan a Jesús. Lucas cuenta algo muy distinto: mientras uno anima irónicamente a Jesús a salvarse y salvarlos, el otro lo defiende, reconoce su inocencia y le pide que se acuerde de él cuando llegue a su reino. Todos sabemos la respuesta de Jesús: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

            Algún escéptico podría decir que Lucas ha inventado esta conversión tan inesperada del buen ladrón. Él respondería: “Si no fue así, pudo serlo”. Porque lo que intenta enseñarnos es que nunca es tarde para convertirse. En una parábola que comentamos hace tres domingos, el labrador pedía un año de plazo para la higuera estéril. Zaqueo tuvo el resto de su vida para demostrar su conversión. El buen ladrón solo dispone de unas horas antes de morir, aprovecha la ocasión de inmediato, y esas pocas palabras le sirven para salvarse. Al mismo tiempo, las palabras de Jesús suponen un consuelo para todos nosotros cuando se acerque la muerte: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

  1. Morir en manos de Dios

            Lo último que dijo Jesús antes de morir también varía según los evangelios. Marcos y Mateo ponen en su boca el comienzo del Salmo 22: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué he has desamparado?”. Parece un grito de abandono, sin esperanza. Quien sigue leyendo el salmo advierte que el olvido de Dios y el sufrimiento dan paso a la victoria final. Aunque esto sea cierto, Lucas piensa que sus lectores no van a entenderlo y se pueden quedar con la sensación de que Jesús murió desesperado. Por eso, las últimas palabras que pone en su boca son: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. De este modo, el final de la vida terrena de Jesús empalma con el comienzo de actividad apostólica. En el bautismo escuchó la voz del cielo: “Tú eres mi hijo amado”. Ahora, en el momento del dolor y la muerte, cuando parece que Dios lo ha abandonado, Jesús lo sigue viendo como “Padre”, un padre bueno al que puede entregarse por completo.

El relato de la pasión es una historia de dolor, injusticia, sufrimiento físico y moral para Jesús. Pero Lucas ha querido que sus últimas palabras nos sirvan de enseñanza y consuelo para vivir y morir como él.

 

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