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Ser cristiano es vivir como Cristo y quedar unido a él.

Lunes, 15 de febrero de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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El siguiente texto es un prefacio, escrito por Thomas Merton, para una edición japonesa de su libro VIDA Y SANTIDAD, uno de los más exitosos en cuanto a acogida de los lectores se refiere. En mi caso particular he leído ese libro muchas veces y me he aprovechado de él, académica y espiritualmente. A unos días de celebrar otro aniversario del natalicio del monje trapense, lo comparto acá:

El hecho de que el cristianismo se desarrollara en Occidente, y de que la cristiandad o la «cultura cristiana» se haya identificado durante tanto tiempo con la cultura europea, nos hace olvidar que el cristianismo es, desde el punto de vista europeo, «oriental» en su origen. Los rasgos culturales que el cristianismo adquirió desde que se aclimató a Europa no son necesariamente cristianos. De ahí que el cristianismo en ocasiones presente la apariencia de un sistema marcadamente activo, individualista y ético, basado en un cuerpo de verdades dogmáticas que tienden a definir a Dios objetivamente y a ofrecernos una explicación clara y definida de Su voluntad y de Sus planes para el mundo. Lo que le queda al hombre es aceptar esas descripciones y explicaciones especulativas y vivir una vida energética, progresista y productiva llena de rectitud y buenas obras.

Este concepto activo del cristianismo parece implicar que ser «cristiano» comporta también ser «moderno», «progresista» y «occidental». Para quienes son partidarios de las ideas occidentales, esa visión del cristianismo les puede resultar atractiva. Ciertamente se trata de una religión que mira hacia el futuro, pero no pone sus esperanzas meramente en el progreso humano. Del mismo modo, la esperanza del cristiano es sin duda una esperanza en el hombre, pero deposita su confianza en Dios y no en el hombre.

El Dios escondido, de cuyo ser nos damos cuenta oscuramente cuando somos conscientes de nuestra propia vida y libertad, pero al que no podemos ver, ni definir de forma adecuada o explicar con claridad, sin duda alguna se ha revelado. Pero no ha expuesto a la luz claramente el misterio interior de Su naturaleza escondida, tal y como Él es en Sí mismo. Lo que ha revelado en el Evangelio es Su amor al hombre. Este amor nos ha abierto un camino de salvación, en el que oímos Su voz llamándonos a una plenitud que al principio no podemos entender, pero que puede alcanzarse si obedecemos Su voluntad misteriosa. Esa voluntad es algo más que una ley externa. Es una vida en la que Dios mismo vive en nosotros, a través de Su Espíritu Santo.

El cristianismo es en primer lugar un modo de vida antes que una forma de pensar. Limitarse a estudiar las verdades cristianas y obtener de ese modo comprensión intelectual no basta. De hecho, el estudio, por sí solo, no nos aporta una comprensión completa de las mismas. Únicamente si vivimos la vida cristiana podemos llegar a entender el significado completo del mensaje cristiano. El sentido de ese mensaje es precisamente que Dios ha venido a morar en el hombre y a mostrar, en él, que las penas, los sufrimientos y los fracasos inherentes a la existencia humana jamás pueden privar al hombre de sentido siempre que sea capaz de decidir vivir como un hijo de Dios y que permita que Dios viva y triunfe en su corazón. Eso no es tan solo cuestión de consuelo individual sino de amor fraterno. El cristiano da testimonio del amor de Dios al mundo viviendo una vida comunitaria en la cual la presencia de Cristo se manifiesta oscuramente en el amor que los hermanos se muestran entre sí.

No se puede vivir la vida cristiana tal como se debe sin aspirar a ser santo. Para ser santo se ha de estar libre de la tiranía y de las ataduras del pecado, la lujuria, la ira, el orgullo, la ambición, la injusticia y el espíritu de violencia. Cuando se renuncia sinceramente al pecado y a la vida egoísta, se comienza a encontrar algo de la paz y de la serenidad que vienen de la conciencia de que Dios vive y obra en nosotros. Sin embargo, el «hombre viejo» y pecador todavía no ha muerto en nosotros. Pronto tiene lugar una nueva fase de lucha e incertidumbre en la que nos damos cuenta de que la santidad no es fácil, y no consiste solamente en fuerza de voluntad y en buenas intenciones. En esta lucha difícil ganamos experiencia de nuestras propias limitaciones y flaquezas. Pero también aprendemos, por experiencia, que si confiamos en el poder de Dios, y buscamos imitar a Su Hijo amado, Jesucristo, en Su pasión y en Su victoria, recibimos una fuerza misteriosa cuya fuente no es humana. Entonces comenzamos a identificarnos más con Cristo y a darnos cuenta, al menos en el silencio del corazón que ama y confía en Él, que Él mismo vive en nosotros y es nuestra fuerza. Jesucristo es nuestro nuevo y secreto yo. Nuestro verdadero camino a la vida pasa, pues, por renunciar a nuestro yo externo, con sus deseos e ilusiones egoístas a fin de que Cristo pueda vivir en nosotros. Así es como empezamos a ser auténticamente cristianos. Pues entonces la vida nueva que comenzó en nosotros sacramentalmente por el bautismo se convierte en una cuestión de experiencia cotidiana, puesto que Cristo toma posesión de nuestro ser a fin de ser Él mismo la vida, la santidad y la sabiduría en nosotros.

El camino cristiano necesariamente comienza aprendiendo a obedecer ciertas normas de conducta, pero pronto se convierte en una forma de simple obediencia a Dios en el Espíritu del amor que mora en su Iglesia, la asamblea de todos los fieles que son Uno en Cristo.

Este aspecto comunitario de la santidad cristiana es importante. La perfección cristiana no es únicamente el severo desapego ascético del individuo que se ha propuesto seguir una vía heroica de renuncia. Es ante todo una comunión en el amor jubiloso de Cristo viviente en Su Iglesia. Es una forma de compartir la alegría de la fe, una participación en la adtextosoración y en la luz espiritual, una vida común en el Espíritu Santo. De esta vida nadie queda excluido, ni el pobre, ni el despreciado, ni el pecador infortunado que consiente en ser amado y en volver a Cristo.

Ser cristiano no consiste, pues, en creer en Cristo sino en vivir como Cristo y, de una manera misteriosa, en quedar unidos a Cristo. En eso se basan al mismo tiempo la vida y la santidad cristianas.

El camino a la santidad cristiana no exige una extraordinaria virtud ni poderes milagrosos sino la fidelidad y el amor sencillos en el día a día de la vida ordinaria. El trabajo, la vida de familia, los consuelos sencillos y los sufrimientos ordinarios de los cristianos se viven con un nuevo Espíritu, y están llenos del amor y de la fe que persiguen solamente la voluntad de Dios, y no el provecho y la gratificación personales.

Este libro está escrito para cristianos que han decidido que no pueden contentarse con una práctica exclusivamente externa de su religión. No les basta con limitarse a «cumplir sus obligaciones» y con vivir vidas «correctas». Son conscientes de que se puede ser bueno exteriormente sin conocer a Cristo, pero no les satisface una vida que no Lo conozca. Creen que su vocación cristiana entraña una revolución interior en la que lo que parece ser su «yo» se destruye gradualmente y a cambio aparece otro ser más profundo, el Espíritu de Cristo. Esos cristianos son verdaderos cristianos que saben que «Dios es amor» y que no buscan sino abandonarse a ese amor. Amando a Dios es como aprenden a amar a los demás como a sí mismos. Su amor pone de manifiesto que Dios mora en ellos.

Pero vivir esa vida de amor hoy en día requiere un gran valor y paciencia. El mundo está en crisis. La sociedad humana está asolada por una especie de locura que amenaza con destruirla en su totalidad. La fe, el amor y la paciencia de los santos son las únicas fuerzas que pueden salvarnos de esa destrucción. El cristiano, con profunda compasión, debe intentar ayudar a sus semejantes a escapar de las terribles consecuencias de la avaricia y el odio. Debe interesarse por la justicia social y la paz en la tierra. Sería un error grave confundir el cristianismo con la ideología del poder y la fuerza que a veces influye en las políticas de ciertas naciones que apelan al cristianismo para verse legitimadas.

Está claro que los cristianos de Asia y de África han de aprender cada vez más a crear formas auténticas de testimonio cristiano que sean propias y no estén dominadas por las ideas culturales y los prejuicios importados del mundo occidental.

Esta traducción permite al autor expresar su profundo amor hacia sus hermanos y hermanas de Corea, y asegurarles que ora por ellos, al tiempo que les pide que también ellos recen por él para que pueda ser fiel a la tarea que tiene asignada dentro de la Iglesia.

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Thomas Merton,
LA VOZ SECRETA.
Reflexiones sobre mi obra en Oriente y Occidente

(Sal Terrae, 2015)

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“La resurrección de Jesús según san Pablo”, por Gonzalo Haya.

Lunes, 25 de enero de 2021

St.Paul-Icon-700pxEl primer documento escrito sobre la resurrección de Jesús se lo debemos a Pablo, solamente 20 ó 30 años después de su crucifixión. El obispo episcopaliano J. S. Spong ( 1, 2,) hace hincapié en este dato, porque se trata de una escueta interpretación de la resurrección, sin la escenografía de apariciones que 40 ó 50 años después presentaron los evangelistas. Y esa escenografía nos ha llevado a imaginar la resurrección como vuelta a la vida del cuerpo, mientras que Pablo interpretó la resurrección como una transformación en otra dimensión.

Exponemos a continuación los textos de Pablo y un resumen de los argumentos del trabajo de Song:

Rom 1,4; que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos,

Rom 4,25; el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Rom 8,34;  ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.

Rom 14,9; Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir, para ser Señor así de los muertos como de los que viven.

1Cor, 15,3-8; Lo que os transmití fue, ante todo, lo que yo había recibido: que el Mesías murió por nuestros pecados, como lo anunciaban las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día, como lo anunciaban las Escrituras; que se apareció a Pedro y más tarde a los Doce. Después se apareció a más de quinientos hermanos a la vez: la mayor parte viven todavía, aunque algunos han muerto. Después se le apareció a Santiago, luego a los apóstoles todos. Por último se me apareció también a mí, como al nacido a destiempo.

1Cor, 15,15-17; Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan.  Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados.

· Pablo nos da las primeras referencias sobre la resurrección de Jesús, principalmente en Rom 1,4 y 1Cor 15,3-8. No conoce nada sobre signos portentosos a la muerte de Jesús ni sobre el sepulcro vacío. Para comprender lo que dice Pablo tenemos que olvidar de momento todo lo que dicen los evangelios sobre la resurrección de Jesús: discípulos de Emaús, tumba de José de Arimatea, mujeres que llevaban ungüentos a la tumba, y otras apariciones.

· Pablo concibió la resurrección según los tres modelos que encontraba en la tradición judía: Henoc “caminó con Dios y después desapareció porque Dios se lo llevó” (Gén 5,24). Moisés murió “como lo había dispuesto el Señor, y lo enterró… y hasta la fecha nadie sabe dónde está enterrado” (Dt 34,5-6) de modo que el pueblo creyó que no había muerto y estaba con el Señor. Elías fue arrebatado por un carro de fuego y transportado vivo a la presencia de Dios (2Reyes 2,11). Estos eran los modelos que tenía Pablo para comprender su experiencia de Jesús vivo a pesar de había sido crucificado y sepultado.

· La resurrección es el momento en que Dios constituye a Jesús como su Hijo, Mesías y Señor (Rom 1,3-4). Esta afirmación podría ser considerada como “adopcionista” según el concilio de Nicea.

· Según Pablo, Jesús se aparece primero a Pedro (según Juan se apareció primero a María Magdalena, según Marcos Mateo y Lucas el primer anuncio fue a un grupo de mujeres que habían seguido a Jesús). Sigue la aparición a los Doce; ahora bien, o Doce es un número simbólico, o Pablo no sabe nada de la traición de Judas, o quizás el personaje simbólico, elaborado posteriormente, sea Judas. Después a quinientos hermanos; después a Santiago, ¿el hermano del Señor? “Por último”, e igualmente,a Pablo; ¡cuya conversión sucedió entre uno o seis años después de la muerte de Jesús!

· Lucas sitúa todos los acontecimientos de Pascua, entre la resurrección y la ascensión, en 40 días. Los casi seis años de Pablo y la falta de detalles de una apariencia física -mensajes orales y contacto físico- nos indican que Pablo no entendió la resurrección como la revivificación del cuerpo físico de Jesús; esas descripciones fueron elaboradas posteriormente por las comunidades y recogidas por los evangelistas.

· Pablo solamente había experimentado que Jesús vivía y entendió que había sido constituido Señor y Mesías. La resurrección fue, más bien, la transformación en un plano diferente, a un orden de conciencia más allá de los límites del tiempo y del espacio… lo que él llamó cuerpo espiritual” 1Cor 15,44). No hubo una revivificación del cuerpo que permaneciera en la tierra durante unos días y luego fuera “elevado” a los cielos. Al morir, fue transformado; ya no es un mortal, “la muerte ya no tiene dominio sobre él” (Rom 6,9). “Esta carne y hueso no pueden heredar el reino de Dios, ni lo ya corrompido heredar la incorrupción (1Cor 15:50)

Tenemos dificultad de imaginar esta transformación porque necesitamos explicarla con los conceptos e imágenes obtenidas de este mundo material, y porque nuestro imaginario se ha nutrido con los relatos de los evangelistas que trataron de plasmar y visualizar la resurrección de Jesús. El pueblo sólo concebía una vida real en un cuerpo; un ser sin cuerpo les parecería un fantasma.

Los estudios bíblicos se concilian mejor con los estudios de la antropología actual, y nos facilitan una comprensión más actual y adulta de nuestra fe. Lo trascendente sigue siendo un misterio, pero al menos no resulta contradictorio con nuestros conocimientos científicos de lo inmanente.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Hemos de convertirnos en lo que ya somos

Miércoles, 23 de diciembre de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“En palabras de Thomas Merton: hemos de convertirnos en lo que ya somos. La venida de Cristo en nuestras vidas nos ayuda a darnos cuenta de que Él es como si dijéramos nuestro auténtico Yo, la realidad profunda dentro de todos y cada uno de nosotros. Una vez que Dios entra en la condición humana, todos nos convertimos en seres potencialmente divinos. Por medio de la encarnación de su Hijo, Dios se incorpora a la humanidad entera, pasada, presente y futura, con su propia majestad, dignidad y gracia. Cristo mora dentro de nosotros de una manera misteriosa, pero muy real. El propósito principal de toda la liturgia, de la oración y de los ritos es conducirnos a esa percepción de Su presencia y unión con nosotros”

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Thomas Keating,
El misterio de Cristo

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Mireia Rourera: El cuerpo de las mujeres también encarna a Cristo.

Lunes, 19 de octubre de 2020

SwNfmhnL_400x400La plataforma de mujeres creyentes ‘Alcem la Veu’ se dio a conocer en Cataluña pocos días antes del 8 de marzo pasado con una concentración ante la catedral de Barcelona. Fue una acción coordinada con otras manifestaciones parecidas que se hicieron en más de 20 ciudades del mundo bajo el paraguas del movimiento internacional de Voices of Faith, en que las mujeres que forman parte de la Iglesia reivindican su papel, su derecho a tener voz y voto, y su compromiso feminista. Una de las impulsoras de Alcem la veu (“Levantemos la voz”) es Neus Forcano.

¿Qué es Alcem la veu?

Se trata de una plataforma que se crea el julio del 2019. Nace cuando un grupo de mujeres activas en movimientos y parroquias que nos conocemos de coincidir en diferentes manifestaciones, congresos o cursos, nos decidimos a crear una entidad para reivindicar nuestros derechos y para manifestar públicamente la Iglesia en que creemos. Algunas de estas mujeres provienen del Movimiento de Profesionales Católicos de Barcelona (MPCB); otras, de la HOAC; otras participan en la Acción Católica Obrera (ACO)… y también hay mujeres del Col·lectiu de Dones en l’Església, las pioneras.

¿Quiénes son?

La reivindicación de los derechos de las mujeres dentro de la Iglesia la venía protagonizando en Cataluña, de forma muy activa y desde el 1986, el Col·lectiu: Maria Pau Trayner, Roser Soler, Sefa Amell, Maria Martinell… Algunas de nosotras hemos aprendido de ellas, hemos querido agrandar el movimiento. Con la plataforma Alcem la veu nos damos a conocer coincidiendo con el 8 de marzo, a pesar de que la concentración la convocamos unos días antes para no dividir la concentración unitaria del día 8, en la que siempre hemos participado.

¿Qué es lo que decís?

Queremos explicar que en la Iglesia católica también hay mujeres conscientes que reivindicamos la igualdad, nos sabemos dignas y no queremos renunciar a formar parte de las comunidades dónde celebramos y compartimos la fe. Queremos que la gente sepa que la Iglesia católica no es uniforme, que también existe nuestra visión, la de mujeres feministas.

¿Y escribisteis un manifiesto?

El manifiesto no pretende ser un punto de origen, recoge reivindicaciones históricas de las mujeres de Iglesia. Es un manifiesto maduro que explicita que las mujeres católicas podríamos ejercer las mismas funciones y tener acceso directo a los ministerios como los hombres, y añadimos que esto no esté pasando es una discriminación clarísima. Tenemos argumentos teológicos, argumentos racionales y los derechos humanos que nos avalan. Hemos crecido en un cristianismo que esto lo entiende y lo ve factible. Lo que nos extraña es que no haya un cambio, que no haya más eco dentro de la Iglesia para que esto pueda ser una realidad.

Bien es verdad que los cambios son lentos.

Si se observa solo el organigrama eclesiástico, todo es muy lento y no hay visibilidad de las mujeres. Ahora bien, si vas conociendo movimientos y personas que trabajan dentro de organizaciones eclesiales, las mujeres toman relevancia y tienen un papel importante. Hay mujeres en el ámbito académico, en acción social, algunas forman parte de los equipos de coordinación o de representación en movimientos y grupos eclesiales, pero no en órganos de decisión directa de la jerarquía eclesial. No hay ningún obispo o ningún jerarca que públicamente haga un alegato a favor de la participación más explícita de las mujeres en órganos de decisión de la Iglesia, prefieren callar, como si fuera algo que sólo reivindicamos nosotras, como si fuera sólo cosa nuestra. A nivel particular, pueden reconocerlo, pero no lo harán públicamente. Las mujeres ya ejercen de diáconas y, sin embargo, no pueden ser ordenadas como diáconas ni reciben la denominación de diáconas. ¿Por qué no se puede llamar diácona a una mujer que ejerce de diácona?

¿Qué lo impide?

El Código Canónico. Pero el derecho canónico es derecho, es ley que responde a la evolución de la historia de la Iglesia. No hay nada que no pueda ser cambiable. Y dentro de la Iglesia, como en todas partes, hay personas más estrictas, que se acogen a la ley, y personas de vanguardia que se atreven a nombrar lo que ya es una realidad.

En Barcelona este año sólo se habrán ordenado cinco presbíteros. La Iglesia tendrá que acabar aceptando las mujeres.

Ante la carencia de presbíteros ya se decía hace tiempo que habría que aceptar a las mujeres, como diáconas, como presbíteras…. Pero no. Han preferido confiar en varones de otros países que no conocen ni la cultura, ni las lenguas de aquí. Siguen una formación, pero acaban siendo las mujeres y los laicos de las parroquias quienes los forman y los acogen para que puedan presidir la Eucaristía a pesar de las dificultades con el idioma, el choque cultural e incluso dificultades de integración en la comunidad… ¡Todo muy artificial!

En el Sínodo de la Amazonia, Francesc admitió que a falta de presbíteros hay mujeres que hacen sus funciones: casan, bautizan, hacen misa, dan la comunión…

Por supuesto. El papa Francisco es inteligente y sabe que está en una posición en que tampoco puede ser vanguardia unilateral de muchas cosas. Como papa intentará crear espacios, encuentros y lugares donde los creyentes puedan ir hablando, donde la Iglesia pueda ir madurando, y bendecirá estos movimientos. Está haciendo una política de dejar que cada cual en su lugar intente avanzar lo máximo que pueda en esta dirección más abierta, más plural, más inclusiva… A nosotras nos está bien, pero sabemos y no esperamos que desde la Iglesia del Vaticano, desde la jerarquía, se nos abra la puerta. Lo que nosotras queremos es darlo por hecho allí donde estamos, donde compartimos nuestra fe y nuestra experiencia comunitaria.

Concentració de Alcem la Veu

Concentració de Alcem la Veu

¿Qué quiere decir?

Que nosotras, desde la base, desde los movimientos, desde nuestros lugares, lo vivamos y lo celebremos como si esta posibilidad ya existiera. Es lo que hicieron las primeras comunidades cristianas. La primera comunidad cristiana es una comunidad judía con pluralidad de voces, donde una secta mesiánica cree que el personaje llamado Jesús es ya el Mesías definitivo, el que ya ha hecho el gesto de amor total. Y a partir de ahí se lee la historia bíblica de forma diferente, y se cambian ritos. Si no hubiera habido personas que hubieran creído en esta nueva secta, no se habría separado esta sinagoga cristiana de la sinagoga judía.

¿Y vosotras, hacéis lo mismo?

Nuestra fe es imposible vivirla desde esquemas o formulaciones que no concuerdan con nuestro sentir. Participamos en nuestras comunidades, pero también organizamos plegarias y celebraciones donde nosotras somos concelebrantes. No significa que estemos haciendo una Iglesia paralela. Formamos parte de la Iglesia y lo que reivindicamos es que ésta no es uniforme, no es sólo la Iglesia jerárquica. No queremos pasar desapercibidas ni ser silenciadas, queremos tener voz. Y lo queremos hacer público para que la gente sepa que hay un cristianismo que piensa y que vive así.

¿Y cuando decís que queréis recuperar la memoria de mujeres de la Iglesia?

En este punto también tenemos que romper el tópico de que, en la Iglesia, las mujeres no han tenido nunca voz. No sería justo decirlo así porque, precisamente en el cristianismo europeo y en todos los siglos, las mujeres han podido hacer cosas que quizás los códigos civiles o las normas y costumbres de las sociedades del momento no les permitían hacerlo con la misma libertad. El papel que ellas tuvieron en la Iglesia fue también una apertura a poder hacer más en el ámbito público, de cara a la comunidad, con un valor y una dignidad de la que tal vez no gozaban en la sociedad civil del momento.

Por Corpus Christi, este pasado junio, hicisteis una plegaria muy especial.

Partimos de las palabras de Pablo cuando dice “todos sois uno”, un solo cuerpo, y todos formamos parte de este cuerpo, que es el Cristo. Nosotras, que nos sentimos plenas y formando parte de este cuerpo, quisimos celebrar el día del Cuerpo de Cristo siguiendo las propuestas de la teóloga Emma Martínez Ocaña, que habla de la palabra encarnada en el cuerpo de las mujeres. Valorar las diferentes partes de nuestro cuerpo nos hace conscientes para conocernos y animarnos a movernos, a saber dónde queremos ir, qué queremos construir…Hicimos la plegaria celebrando el cuerpo de las mujeres, porque el cuerpo de las mujeres es digno y encarna también a Jesús, el Cristo. Así, todo aquello que hacemos desde la fe en Cristo forma parte del hacer Iglesia, del hacer camino.

¿Una plegaria con sororidad?

La palabra sororidad, como defiende la antropóloga mexicana Marcela Lagarde, se usa en el feminismo para indicar la unión o el vínculo que hay entre mujeres por un objetivo político, o para reivindicar algo justo. Esto es lo que le da miedo a la Iglesia. Las mujeres somos mayoría pero no tenemos acceso a la acción ministerial. Queremos conseguirlo cómo lo han hecho las anglicanas o cómo lo disfrutan las protestantes. El catolicismo está a la cola de ponerse al día, pero no lo decimos con rabia, porque desde hace tiempo, cuando conviene, nosotras también celebramos. En Europa hay movimientos fuertes a favor de la ordenación de católicas y también hay mujeres que voluntariamente han querido ser presbíteras y han buscado quién las pudiera ordenar…

Pensaba que solo estaba la polaca Ludmila Javorova…

Hay más. En el Estado hay una gallega, Christina Moreira, que es presbítera y forma parte también de este movimiento. Su comunidad le da un apoyo total. Son realidades que ya existen pero que la gente no las conoce… ni la jerarquía deja que se vean.

Desde vuestra entidad estáis apoyando a una teóloga francesa que quiere ser arzobispo de Lyon.

Sí, a Anne Soupa. El cardenal Philippe Barbarin tuvo que renunciar el mes de marzo al arzobispado de Lyon por haber encubierto un caso de abusos sexuales, y Anne escribió al nuncio del papa pidiendo poder ocupar el cargo de obispo. Tiene 73 años, es teóloga y tiene claro que está capacitada para ocupar este lugar y que una mujer tiene que tener la oportunidad para ocuparlo. Argumenta que las mujeres pueden ocupar lugares funcionales de la Iglesia sin necesidad de tener el ministerio ordenado. No sólo la apoyamos sino que creemos que, si más mujeres estuvieran dirigiendo la Iglesia y participaran en la política, en general, podrían cambiar cosas.

¿De cara al año que viene estáis trabajando para poder hacer una peregrinación a Roma?

Sí. Uno de los objetivos del año que viene es participar en la convocatoria internacional para ir a Roma el noviembre del 2021. Ya veremos si se podrá hacer, pero lo más importante no es la meta sino el camino… así que cada grupo y cada comunidad está trabajando en diferentes acciones para dar visibilidad al pensar de las mujeres, al hacer de las mujeres y a la voz de las mujeres dentro de la Iglesia. Por eso pretendemos hablar con todas las mujeres que están implicadas en movimientos de la Iglesia catalana, que son activas en parroquias o que son teólogas. Queremos saber qué piensan de su papel dentro de la Iglesia, y en función de lo que expresen, organizaremos diferentes acciones o encuentros. Otros grupos españoles también se suman a esta iniciativa. Todas las contribuciones, reflexiones, las compartiremos en la plataforma internacional Voices of Faith, desde donde se organiza este peregrinaje mundial para el reconocimiento del pensar y el querer de las mujeres de Iglesia.

Mireia Rourera

Fuente Atrio

Neus Forcano es licenciada en filología y da clases de lengua y literatura de bachillerato en una escuela concertada de Barcelona. Hizo un máster de historia de las mujeres y ha estudiado ciencias religiosas en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona (ISCREB). Siempre interesada en la teología, ha formado parte del Col·lectiu de Dones en l’Església y ahora es una de las impulsoras de la plataforma de mujeres creyentes Alcem la veu. Entre los temas que más ha estudiado y por los cuales se ha interesado hay las primeras comunidades cristianas y también recuperar y dar a conocer las voces de las mujeres que han hecho Iglesia, muchas de las cuales han sido silenciadas. Es miembro de la Asociación Europea de Mujeres para la Investigación Teológica (ESWTR), miembro del Consejo de Dirección de Iglesia Viva y colaboradora de Cristianisme i Justícia.

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Que todos sean uno.

Domingo, 6 de septiembre de 2020

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Que la oración divina de Cristo obtenga satisfacción y realización en esta esperanza y con estos deseos :

” Padre santo, cuida en tu nombre a aquellos a los que  tú me has dado
para que sean uno como nosotros comos uno…
Santifícalos en la verdad: tu palabra es la verdad…
No ruego sólamente por ellos, sino también por los que,
gracias a su palabra, creerán en mí…;
para que perfectamente sean uno…

Ven.

De esta armonía tan deseada y de esta unidad que la caridad fraterna

debe alimentar y mantener nacerá una gran paz que sobrepasa

todo sentimiento porque viene del cielo.

*

 Juan XXIII

***

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En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

*

Mateo 18,15-20

***

Hay un significado clásico de la corrección fraterna, en perfecta consonancia con el mandato evangélico de Mt 18, que entiende este servicio fraterno, en la línea de recuperación de quien se ha equivocado, como un modo evangélico de situarse ante el pecado ajeno. La corrección fraterna “es un gesto purísimo de caridad, realizado con discreción y humildad, en relación con quien ha errado; es comprensión caritativa y disponibilidad sincera hacia el hermano para ayudarle a llevar el fardo de sus defectos, de sus miserias y debilidades a lo largo de los arduos senderos de la vida; es una mano tendida hacia quien ha caído para ayudarle o levantarse y reemprender el camino…; es una práctica y eficaz catequesis que hace creíbles el amor y la verdad; es uno solícita intervención fraterna que quiere curar las heridas del alma sin causar sufrimientos ni humillaciones”.

Pero hay también otro significado que está abriéndose camino progresivamente en la interpretación de la corrección fraterna. “A lo largo  de los últimos años, la corrección fraterna se ha desplazado desde la esfera penitencial hacia la Espiritual”, es decir, ha pasado gradualmente de la finalidad exclusivamente negativa (el reproche por un error) a una positiva “propositiva”, que se articula “en una pluralidad de intervenciones graduales, no fácilmente definibles a priori, que van desde la ayuda que se presta al hermano para que no se extravíe, el apoyo que se ofrece a los débiles o el estímulo dirigido a los pusilánimes, la exhortación, la llamada de atención y la corrección, hasta la drástica medida de la excomunión, en el caso de que se revele como útil “.

Así pues, siempre se trata de una intervención motivada por la presencia del mal, de lo limitación, de la debilidad, de la incertidumbre, pero con la intención de superar todas estas realidades en virtud de la fuerza positiva siempre presente en el sujeto; la corrección fraterna quiere poner de manifiesto este bien para hacerlo fructificar. Se trata de corregir “promoviendo” y de “promover” corrigiendo. Precisamente, gracias a esta apertura o a esta mirada prospectiva tiene lugar la integración del mal.

        En este sentido, la corrección fraterna es “un conjunto de comportamientos de iluminación, consejo, estimulo, reproche, amonestación y súplica que hay que cultivar pacientemente para adquirirlos como estilo propio y para hacerlos practicables cada día”, por medio de los cuales se trata de ayudar al hermano a desistir del mal y hacer el bien. “La corrección fraterna es entrar en la intimidad y del culpable, pero éste alberga en su interior quién sabe cuántos valiosos elementos positivos: hay que reservar un elogio para ellos”.

Supone una notable ampliación de significado y, de todos modos, en línea con ese sentido de fraternidad responsable que es la clave de la  lectura de Mateo 18, 15-17. En efecto, el verbo reprender traduce un término hebreo cuya raíz significa también “exhortar y educar”, no solo “corregir y castigar”. Existe, además, una interpretación etimológica realmente sugestiva (aunque no sé en qué medida esta fundada), según la cual “corregir” vendría del verbo cumregere, esto es, literalmente significaría “llevar juntos”, llevar juntos el peso de un problema, de una debilidad, de un pecado, en definitiva, de una situación complicada del hermano, para no dejarlo solo y ayudarle a salir de sus problemas. En cierto modo, como aquellos hombres del evangelio de Lucas que cargaron sobre sus espaldas al paralítico y lo llevaron ante Jesús para que lo curara: Jesús lo curó, como ya sabemos, al ver su fe (cf Lc 5,7-26). Corrección fraterna es también esto: cargar con el peso de alguien que es débil y que solo con sus fuerzas nunca podría llegar a resolver sus problemas, teniendo bien presente que, en otras ocasiones, nosotros mismos hemos sido llevados por otro. Entonces se realiza realmente la integración del mal.

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A. Cencini,
Como ungüento precioso,
San Pablo, Madrid 2000, 11—213.

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Cristo es la Transparencia

Jueves, 6 de agosto de 2020

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Dios mismo vino sobre la tierra como un pobre,
como un humilde.
Vino a través de Cristo Jesús.
Dios permanecería lejos de nosotros si
Cristo no fuera la transparencia.
Desde el comienzo Cristo estaba en Dios.
Desde el nacimiento de la humanidad,
era palabra viva.
Vino sobre la tierra para hacer accesible
la confianza de la fe.
Resucitado, hace su morada en nosotros,
nos habita por el Espíritu Santo.
Y descubrimos que el amor de Cristo se expresa ante todo
por su perdón y por su presencia continua dentro de nosotros.

*

“15 días con el Hermano Roger de Taizé “
escrito por Sofía Laplane
Editorial Ciudad Nueva

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***

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús:

“Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.” Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía:

“Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.”

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo:

“Levantaos, no temáis.”

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

“No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.”

*

Mateo 17,1-9

***

***

Si supiéramos reconocer el don de Dios, si supiéramos experimentar estupor, como el pastor Moisés, ante todas las zarzas que arden en los bordes de nuestros caminos, comprenderíamos entonces que la transfiguración del Señor -la nuestra- empieza con un cierto cambio de nuestra mirada. Fue la mirada de los apóstoles la que fue transfigurada; el Señor permanece el mismo.

La cotidianidad de nuestra vida, trivial y extraordinaria, debería revelar entonces su deslumbrante profundidad. El mundo entero es una zarza ardiente, todo ser humano -sea cual sea la impresión que suscita en nosotros- es esta profundidad de Dios.

Todo acontecimiento lleva en él un rayo de su luz. Nosotros, que hemos aprendido a mirar hoy tantas cosas, ¿hemos aprendido los datos elementales de nuestro oficio de hombres? Se vive, en efecto, a la medida del amor, pero se ama a la medida de lo que se ve. Ahora, en la transfiguración, nuestra visión participa en el misterio, de ahí que el amor esté en condiciones de brotar de nuestros corazones como fuego que arde sin consumir, y así puede enseñarnos a vivir.

Debemos pasar de la somnolencia de la que habla el evangelio a la auténtica vela, a la vigilancia del corazón. Cuando despertemos se nos dará la alegría inagotable de la cruz. Al ver, por fin, en la fe, al hombre en Dios y a Dios en el hombre -Cristo- nos volveremos capaces de amar y el amor saldrá victorioso sobre toda muerte.

El Señor se transfiguró orando; también nosotros seremos transfigurados únicamente en la oración. Sin una oración continua, nuestra vida queda desfigurada. Ser transfigurados es aprender a ver la realidad, es decir, a nuestro Dios, a Cristo, con los ojos abiertos de par en par. Ciertamente, en este mundo de locos, siempre tendremos necesidad de cerrar los ojos y los oídos para recuperar un cierto silencio. Es necesario, es como una especie de ejercicio para la vida espiritual. Sin embargo, la vida, la que brota, la vida del Dios vivo, es contemplarlo con los ojos abiertos. Él está en el hombre, nosotros estamos en él. Toda la creación es la zarza ardiente de su parusía. Si nosotros «esperásemos con amor su venida» (2 Tim 4,8), daríamos un impulso muy diferente a nuestro servicio en este mundo .

*

J. Corbon,
La alegría del Padre, Magnano 1997

***

Durante el verano, vuestras hermanas y hermanos de Cristianos Gays rezan contigo y por tí. De hecho, nuestro deseo es vivir nuestra vida cotidiana, iluminados interiomente por medio de Jesucristo. Queremos estar cerca de los que pasan las pruebas.

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Vida contemplativa

Jueves, 28 de mayo de 2020

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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La Vida Contemplativa pertenece a donde haya vida. Donde esté el hombre, y su sociedad; donde haya esperanzas, ideales, aspiraciones de un futuro mejor; donde haya amor –donde haya dolor a la vez que alegría–, también allí tiene su lugar la Vida Contemplativa. Porque la vida, la alegría, el dolor, los ideales, las aspiraciones, el trabajo, el arte y todo lo demás tienen un significado. Si no tienen significado, entonces, ¿por qué perder tiempo en ellos? Pero si lo tienen, entonces el significado independiente de cada cosa debe converger de algún modo en un significado central y universal que ilumine desde el interior de sus más íntimas esencias. Esta realidad central tiene que ser una realidad «católica», una realidad «divina». Este significado central de la vida es la Vida misma, la Vida en Dios. Y este es el objeto del contemplativo.

En mi caso, la palabra de salvación, el Evangelio de Jesucristo, me ha llevado a la soledad y al silencio. Mi vocación es rara, quizás. Pero la contemplación no solo florece dentro de los muros del claustro. Todo hombre llamado a vivir una vida plena de significado es llamado, solo por eso, a conocer el significado interior de la vida y a hallar ese íntimo significado en su propia existencia inescrutable, por encima de sí mismo, por encima del mundo de las apariencias, en el Dios Vivo. Todo hombre nacido en esta tierra está llamado a hallarse y a realizarse en Cristo y, por ello, a comprender su unidad en Cristo con todos los demás hombres, de modo que los ame como se ama a sí mismo, y sea uno con ellos casi como es uno consigo mismo: pues el Espíritu de Cristo es Uno en los que le aman.

En el silencio de los campos y de los bosques, en la enclaustrada soledad de mi monasterio, he venido a descubrir el hemisferio occidental entero. Aquí es donde he podido, por la gracia de Dios, explorar el Nuevo Mundo; no viajando de ciudad en ciudad, no volando sobre los Andes y el Amazonas para detenerse un día aquí, dos allí, y luego seguir adelante. Quizás si hubiera viajado de esta manera por el hemisferio, no habría visto nada; pues generalmente los que viajan más, ven menos.

Pero me parece, por el contrario, que en el silencio de mi monasterio he oído la voz de todo el hemisferio que habla desde las profundidades de mi ser con una claridad a la vez magnífica y terrible… Me parece como si la inagotable belleza de todo el Nuevo Mundo, y sus casi infinitas posibilidades, se movieran dentro de mí como un gigante dormido, ante cuya presencia no puedo quedarme indiferente. En realidad casi me parece a veces que esta presencia que hay dentro de mí habla con la voz del mismo Dios: y yo lucho en vano por captar y entender alguna palabra, alguna sílaba del gran destino del Nuevo Mundo… ese destino que está aún oculto en el misterio de la Providencia.

*

Thomas Merton
Prefacio a la edición argentina de sus OBRAS COMPLETAS

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Anunciar a Cristo juntos

Viernes, 22 de mayo de 2020

Del blog de Henri Nouwen:

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Robert Carter, derecha, con Dan McCarthy, izquierda, Bernard Lynch y John McNeill , segundo desde la derecha, lideran Dignity en la marcha del orgullo gay de Nueva York a principios de la década de 1980. (Crédito Carlos Chiarelli )

*

“Cuando Jesús habla sobre pastorear, no quiere que pensemos en un pastor valiente, solitario, que cuida de un gran rebaño de ovejas obedientes. Da a entender de muchas maneras que el ministerio es una experiencia comunitaria y mutua. Hemos sido llamados a proclamar el Evangelio juntos, en comunidad. Necesito a mis hermanas y mis hermanos para que recen conmigo, para que hablen conmigo sobre la misión espiritual que llevamos entre manos, y para exigirme permanecer limpio de mente, de corazón y de cuerpo. No solamente debemos vivir en comunidad, sino ejercer nuestro ministerio en comunidad.

*

Henri Nouwen

En el nombre de Jesús

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Ojos de Pascua

Martes, 14 de abril de 2020

De Eclesalia:

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A propósito de Juan 20, 1-9

Está amaneciendo cuando María Magdalena llega al sepulcro donde reposaba el cuerpo del maestro, del amigo, del amado.

Reposaba en su corazón el cuerpo amado, como semilla viva de resurrección.

Sepulcro abierto al amanecer. Sepulcro vacío.

Amanece esta Pascua 2020, amanece sobre nuestra historia personal y sobre la humanidad herida.

Se lame las heridas esta humanidad, no solo aquellas dejadas por el virus, también las heridas que siguen supurando: violencia, guerras, pobreza, odio, fanatismo, discriminación.

Amanece la Pascua sobre estas heridas y desde estas heridas.

Amanece y el sepulcro está vacío.

Nunca hubo nadie en el sepulcro y siempre estuvo abierto.

El cuerpo del Cristo, semilla de resurrección, fecundó la tierra con la sangre de la cruz y de nuestras heridas.

La Pascua aconteció desde dentro de la cruz, no después.

Nunca hay un después para el Amor. Siempre es, aquí y ahora.

Amanece la Pascua desde el otro lado de la cruz.

Nuestras heridas no son impedimento a la Vida: ¡al contrario!

Son el vacío por el cual la Pascua se cuela y los sepulcros se abren. Son rendijas por donde la luz fluye serena y siembra resurrección.

Es Pascua, y el Amor amanece sobre nuestras existencias personales, sobre la humanidad entera y la madre tierra.

Siempre el Amor está amaneciendo y siempre encuentra los sepulcros abiertos.

Si encontramos sepulcros cerrados es porque no estamos amando y hemos arrinconado al Amor en un lugar oscuro de nuestro corazón.

La Pascua es tremendamente viva y actual con su único y eterno mensaje: solo el Amor es real.

Es ahora el momento oportuno y siempre fue ahora.

Es el momento de amanecer sobre la humanidad herida con la linterna del Amor y mirar así.

Pascua es mirar con los ojos amanecidos del Amor.

Ojos frescos y nuevos.

Tú que me lees: ¡mírate así y así, ama tus heridas y las de tus hermanos!

Mirar a la gente y a las cosas con estos ojos.

No tenemos que esperar un mundo nuevo, ilusión de los ciegos que se escapan del presente y huyen de la Vida.

¡No hay esperanza futura que no tenga raíz en el presente!

El mundo nuevo ya está y late en el fondo de tu mirada que amanece en el Amor.

Palpita el mundo nuevo en las profundidades, donde solo ojos de Pascua alcanzan a ver.

Amanecen ojos de Pascua que transforman las heridas en perlas y la sangre en fértil abono, a punto de florecer.

Esta es Pascua: otros ojos que solo ven sepulcros abiertos y manos extendidas.

Otros ojos que descubren posibilidades y senderos de bellezas.

Ojos amaneciendo en el Amor, ojos del Cristo vivo y viviente, que todo lo llena.

Ojos desparramando por doquier la paz que nos habita.

¡Feliz Pascua de Resurrección!

*

Stefano Cartabia,
Oblato
Uruguay

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(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Jesucristo Verdaderamente Vive”

Domingo, 12 de abril de 2020

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Cristo, resucitado y glorioso
es la fuente profunda de nuestra esperanza.
Su resurrección no es algo del pasado;
Entraña una fuerza de vida
que ha penetrado el mundo.

Donde parece que todo ha muerto,
por todas partes vuelven a aparecer
Brotes de la resurrección.
Es una fuerza imparable.

Verdad que muchas veces
parece que Dios no existiera:
Vemos injusticias, maldades, indiferencias
y crueldades que no ceden.

Pero también es cierto
que en medio de la oscuridad
siempre comienza a brotar algo nuevo,
que tarde o temprano produce un fruto.

En un campo arrasado
Vuelve a aparecer la vida,
tozuda e invencible.
Habrá muchas cosas negras,
Pero el bien siempre tiende
A volver a brotar y difundirse.

Cada día en el mundo renace la belleza,
Que resucita transformada
A través de los tormentos de la historia…
esta es la fuerza de la resurrección
y cada evangelizador
es un instrumento de este dinamismo.

*

Papa Francisco

 Exhortación Apostólica  “La alegría del Evangelio” n.276.

Fuente: Red Mundial de Comunidades Eclesiales

***

¡Cristo verdaderamente ha resucitado!

¡Feliz Pascua!

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***

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús, y le dijo:

– “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.”

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro. Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte.

Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no había entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

*

Juan 20, 1-9

***

En el fluir confuso de los acontecimientos hemos descubierto un centro, hemos descubierto un punto de apoyo: ¡Cristo ha resucitado!

Existe una sola verdad: ¡Cristo ha resucitado! Existe una sola verdad dirigida a todos: ¡Cristo ha resucitado!

Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, entonces todo el mundo se habría vuelto completamente absurdo y Pilato hubiera tenido razón cuando preguntó con desdén: «¿Qué es la verdad?». Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, todas las cosas más preciosas se habrían vuelto indefectiblemente cenizas, la belleza se habría marchitado de manera irrevocable. Si el Dios-Hombre no hubiera resucitado, el puente entre la tierra y el cielo se habría hundido para siempre. Y nosotros habríamos perdido la una y el otro, porque no habríamos conocido el cielo, ni habríamos podido defendernos de la aniquilación de la tierra. Pero ha resucitado aquel ante el que somos eternamente culpables, y Pilato y Caifas se han visto cubiertos de infamia.

Un estremecimiento de júbilo desconcierta a la criatura, que exulta de pura alegría porque Cristo ha resucitado y llama junto a él a su Esposa: «¡Levántate, amiga mía, hermosa mía, y ven!».

Llega a su cumplimiento el gran misterio de la salvación. Crece la semilla de la vida y renueva de manera misteriosa el corazón de la criatura. La Esposa y el Espíritu dicen al Cordero: «¡Ven!». La Esposa, gloriosa y esplendente de su belleza primordial, encontrará al Cordero.

*

Pavel Florenskij,
Il cuore cherubico,
Cásale Monferrato 1999, pp. 172-174, passim

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Un dios murió …

Sábado, 11 de abril de 2020

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Un dios ha venido esta mañana para
Cumplir sus deberes hacia los de abajo.
Se excusó, lloró,
miró una vez a los humanos.
Los miró, los comprendió
Todos ellos, transformados, diferentes.

(…)

Esta mañana un dios ha muerto:
Y nadie en el mundo se sorprende.

Un dios ha venido esta mañana para
Cumplir sus deberes hacia los de abajo.
Se excusó, lloró,
miró una vez a los humanos.
Los miró, los comprendió
Todos ellos, transformados, diferentes.

Un dios puso pie en tierra
Para mirar alrededor de él.
La sangre del universo se pierde,
Un dios hace frente al estado de hombre.
Ya ha comprendido:
el esqueleto del mundo muerto se corroe
Condenado a romperse,
En el interior, en sí mismo
Debido al peso de todo este tiempo perdido
Hasta ahora,
Por aportar nada más que palabras.
Un dios se ha negado,
Como un hombre encerrado en un mundo moribundo.

***

Fuente traducción : almanito

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Una semana diferente…

Lunes, 6 de abril de 2020

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En este tiempo de Coronavirus, en tiempos de homofobia asesina en muchas partes del mundo, como vemos casi a diario en esta página Cristianos Gays,  esta Semana será muy, muy diferente… Para algunos será una semana de confinamiento, para alguno, quizá, de vacación y ocio. Para otros, semana de fe y de oración, de Cristos yacientes y Dolorosas con lágrimas en los ojos y espadas en el corazón.

Pero si el pueblo recuerda a Jesús no es porque sufrió y murió, sino porque resucitó. Nadie evoca ni celebra la muerte de un fracasado. Ni se entiende el dolor del Viernes Santo, sin la apoteosis del Domingo de Resurrección. Por eso, la Semana Santa, no puede considerarse como una enfermiza y caduca forma de recrearse en el dolor, sino como afirmación rotunda y gozosa de que, a través de la Cruz, se llega a la Pascua.  Que es Luz, Vida y Esperanza para los creyentes. Es la base de nuestra fe cristiana.

Hay algo que los cristianos debemos evitar en Semana Santa: convertirnos en meros espectadores de la Pasión. A este Dios sólo se le entiende cuando sabemos amar a los que sufren, acercarnos a ellos y compartir su Pasión. Como la Verónica y el Cirineo del Evangelio. La Semana Santa es buena ocasión para mirar a nuestro derredor, porque  son muchos los cristos anónimos que cargan con su cruz y suben al Calvario. Arrimar el hombro al dolor de este mundo es el mejor modo de resucitar con Él.

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Espiritualidad benedictina

Martes, 31 de marzo de 2020

Del blog Nova Bella:

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Hay que intentar afrontar la enfermedad y la muerte como dos necesidades integradas en la propia vida, no tanto como una excepción que no debería haber ocurrido, ni mucho menos como un castigo o un destino fatalista. Se trata de vivirlas como una oportunidad única para profundizar en la configuración con Cristo.

*

Ignasi Fossas, osb

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La pregunta fundamental

Viernes, 28 de febrero de 2020

Del blog de Henri Nouwen:

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“Vivimos nuestras vidas de tal manera que parecen anticipar preguntas que nunca se harán. Como preparándonos para la pregunta: «¿Cuánto ganaste durante toda tu vida?» o «¿Cuántos amigos tuviste?» o «¿Cuánto progreso hiciste en tu carrera?» o «¿Cuánta influencia tenías sobre otras personas?» o «¿Cuántas personas te convertiste?» Si cualquiera de estas fuese la pregunta que Cristo hará cuando regrese en su gloria, muchos de nosotros podremos acercarnos al Día del Juicio con mucha seguridad. Pero nadie va a oír ninguna de estas preguntas. Para la pregunta a la que nos vamos a enfrentar, no estaremos preparados: ¿Qué has hecho por alguno de mis hermanos más pequeños? Mientras haya desconocidos; personas hambrientas, desnudas o enfermas; prisioneros, refugiados o esclavos; personas con discapacidades físicas, mentales y emocionales; personas sin trabajo, hogar o tierra, estará ahí, siempre desde el trono del juicio, la inolvidable pregunta: ¿Qué has hecho por alguno de mis hermanos más pequeños?”

*

Henri Nouwen

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«Dios está presente en todo amor auténtico»

Miércoles, 12 de febrero de 2020

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Cristo, enviado por el Padre, concede al hombre -de manera individual o en grupos, por categorías de edades, según las distintas épocas, etc.- citas de amor. Ahora bien, para estas citas, es éí quien elige, por medio del Espíritu Santo, lugares y momentos diferentes. Es preciso respetarlos. No le corresponde al hombre elegir, ni siquiera a los teólogos. Si bien es preciso querer con todas nuestras fuerzas encontrar al Cristo total, para llegar a una vida de fe equilibrada y firme, también es preciso respetar los itinerarios de cada uno. […]

        Desde hace varias decenas de años estamos admirando a muchos jóvenes y adultos que se han ido poniendo, de manera progresiva, al servicio de sus hermanos, en especial al de los más pobres. Comprometidos en su ambiente social, en su profesión, en su barrio, en los grupos humanos en que estaban insertos de una manera natural, han descubierto poco a poco en el curso de su vida militante al Cristo vivo. Aunque han empleado mucho tiempo en identificarlo, los que han sido testigos de su lucha generosa y de su ascenso espiritual no han tenido la menor duda de que, desde el principio de su actividad y en el corazón de la misma, estaba Cristo misteriosamente presente. Hace falta tener mala fe para no admitirlo, para no arrodillarse delante de ciertas vidas militantes que arden de amor por sus hermanos.

        «Ahora bien, ¿se trata de verdadera caridad?», se preguntan inquietos algunos, desconcertados al ver florecer rosas fuera de los parterres bien rastrillados. Es cierto que hemos encontrado militantes que no «practicaban» de una manera regular o no practicaban en absoluto al comienzo de su vida militante. ¿Por qué sorprenderse? ¿Debemos cortar el amor a rebanadas? No hay más que un solo amor. Amar es siempre abandonarse, olvidarse, por el otro, por los otros, «Dios está presente en todo amor auténtico» (1 Jn 4).

        Los teólogos discuten también y estudian la naturaleza de esta presencia: es tarea suya. Pero que se abstengan ellos, y también nosotros, de asignar o negar a sus hermanos carnets de identidad cristiana. El Evangelio nos enseña que es preciso desconfiar de las categorías demasiado definidas. El Amor no sabe qué hacer con ellas.

*

Michel Quoist,
Cristo é vivo,
Turín 91980, pp. 155-157

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Verdaderamente libres

Miércoles, 18 de diciembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Vivamos en Cristo, totalmente abiertos a su Espíritu, sin preocuparnos de la seguridad institucional, libres de toda preocupación por estructuras ideales que nunca serán construidas, y conformémonos con la Noche Oscura de la fe, la única en la que realmente estamos seguros, porque somos verdaderamente libres”.

*

Thomas Merton

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El camino de la santidad es lucha, constancia y confianza.

Viernes, 8 de noviembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Es verdad que la santidad cristiana es la santidad de Cristo en nosotros, pero ello no significa que el Espíritu Santo vaya a hacer su obra en nosotros si nosotros nos mantenemos absolutamente pasivos e inertes. No hay vida espiritual sin lucha constante y sin conflicto interior. Un conflicto que es tanto más difícil de afrontar cuanto que es oculto, misterioso y a veces casi imposible de comprender”.

“No nos convertimos una única vez en nuestra vida, sino muchas veces, y esta interminable serie de grandes y pequeñas conversiones, de revoluciones interiores, desemboca finalmente en nuestra transformación en Cristo”.

“Paradójicamente, aunque el propio Cristo lleva a término la obra de nuestra santificación, cuanto más lo hace, tanto más costosa tiende a resultarnos. Cuanto más avanzamos, tanto más tiende Él a privarnos de nuestras fuerzas y a desposeernos de nuestros recursos humanos y naturales, de modo que al final nos vemos en la más absoluta pobreza y oscuridad”.

“El tramo final en el camino hacia la santidad de Cristo consiste, pues, en abandonarse por entero, confiada y gozosamente, a la aparente locura de la cruz

*

Thomas Merton
Vida y santidad

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Agujero en la flauta

Miércoles, 30 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

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Soy un agujero en una flauta

por el que se mueve

el aliento del Cristo.

Escucha esta música”

*

Hafiz

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Saber que Cristo soy yo

Lunes, 9 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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En Adán está toda la humanidad, y también toda la humanidad está en Cristo. Cada ser humano, hombre o mujer, es Adán y es Cristo al mismo tiempo. Es consolador saber que Cristo vino para mí, pero aún más liberador saber que Cristo soy yo. Aquí se da el paso de una religión consoladora a una espiritualidad que transforma y libera. Esto complementa lo que he pensado antes: que Cristo es Señor, pero primero es maestro; no vino simplemente para que le recemos, sino para que aprendamos de él, para que nos descubramos en él. La religión tradicional nos ensena a rezar, siempre Cristo allá y yo aquí, pero no a descubrirme Cristo, a encontrarme a mí mismo en su camino con el Padre. Esa es la verdadera conversión: no un mero cambio de conducta, sino de esencia y de sentido; va más allá del arrepentimiento por lo mal hecho. Es un renacer, un descubrirse nuevo, un despertar de lo divino que hay en nosotros.

*

Fr. Manuel de Jesús, 2017

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Cristo es la Transparencia

Martes, 6 de agosto de 2019

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Dios mismo vino sobre la tierra como un pobre,
como un humilde.
Vino a través de Cristo Jesús.
Dios permanecería lejos de nosotros si
Cristo no fuera la transparencia.
Desde el comienzo Cristo estaba en Dios.
Desde el nacimiento de la humanidad,
era palabra viva.
Vino sobre la tierra para hacer accesible
la confianza de la fe.
Resucitado, hace su morada en nosotros,
nos habita por el Espíritu Santo.
Y descubrimos que el amor de Cristo se expresa ante todo
por su perdón y por su presencia continua dentro de nosotros.

*

“15 días con el Hermano Roger de Taizé “
escrito por Sofía Laplane
Editorial Ciudad Nueva

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En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Santiago y subió al monte para orar.

Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente.

En esto aparecieron conversando con él dos hombres. Eran Moisés y Elías,  que, resplandecientes de gloria, hablaban del éxodo que Jesús había de consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros, aunque estaban cargados de sueño, se mantuvieron despiertos y vieron la gloria de Jesús y a los dos que estaban con él.

Cuando éstos se retiraban, Pedro dijo a Jesús:

Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Vamos a hacer tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

Pedro no sabía lo que decía. Mientras estaba hablando, vino una nube y los cubrió, y se asustaron al entrar en la nube. De la nube salió una voz que decía:

Este es mi Hijo elegido; escuchadlo.

Mientras sonaba la voz, Jesús se quedó solo. Ellos guardaron silencio y no contaron a nadie por entonces nada de lo que habían visto.

*

Lucas 9,28b-36

***

Si supiéramos reconocer el don de Dios, si supiéramos experimentar estupor, como el pastor Moisés, ante todas las zarzas que arden en los bordes de nuestros caminos, comprenderíamos entonces que la transfiguración del Señor -la nuestra- empieza con un cierto cambio de nuestra mirada. Fue la mirada de los apóstoles la que fue transfigurada; el Señor permanece el mismo.

La cotidianidad de nuestra vida, trivial y extraordinaria, debería revelar entonces su deslumbrante profundidad. El mundo entero es una zarza ardiente, todo ser humano -sea cual sea la impresión que suscita en nosotros- es esta profundidad de Dios.

Todo acontecimiento lleva en él un rayo de su luz. Nosotros, que hemos aprendido a mirar hoy tantas cosas, ¿hemos aprendido los datos elementales de nuestro oficio de hombres? Se vive, en efecto, a la medida del amor, pero se ama a la medida de lo que se ve. Ahora, en la transfiguración, nuestra visión participa en el misterio, de ahí que el amor esté en condiciones de brotar de nuestros corazones como fuego que arde sin consumir, y así puede enseñarnos a vivir.

Debemos pasar de la somnolencia de la que habla el evangelio a la auténtica vela, a la vigilancia del corazón. Cuando despertemos se nos dará la alegría inagotable de la cruz. Al ver, por fin, en la fe, al hombre en Dios y a Dios en el hombre -Cristo- nos volveremos capaces de amar y el amor saldrá victorioso sobre toda muerte.

El Señor se transfiguró orando; también nosotros seremos transfigurados únicamente en la oración. Sin una oración continua, nuestra vida queda desfigurada. Ser transfigurados es aprender a ver la realidad, es decir, a nuestro Dios, a Cristo, con los ojos abiertos de par en par. Ciertamente, en este mundo de locos, siempre tendremos necesidad de cerrar los ojos y los oídos para recuperar un cierto silencio. Es necesario, es como una especie de ejercicio para la vida espiritual. Sin embargo, la vida, la que brota, la vida del Dios vivo, es contemplarlo con los ojos abiertos. Él está en el hombre, nosotros estamos en él. Toda la creación es la zarza ardiente de su parusía. Si nosotros «esperásemos con amor su venida» (2 Tim 4,8), daríamos un impulso muy diferente a nuestro servicio en este mundo .

*

J. Corbon,
La alegría del Padre, Magnano 1997

***

Durante el verano, vuestras hermanas y hermanos de Cristianos Gays rezan contigo y por tí. De hecho, nuestro deseo es vivir nuestra vida cotidiana, iluminados interiomente por medio de Jesucristo. Queremos estar cerca de los que pasan las pruebas.

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