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Magda Bennásar: Que todo sea uno III: Y la palabra se está haciendo carne.

Sábado, 20 de febrero de 2021

a_51Estaba finalizando el domingo, día de la Resurrección, y como el pueblo judío que se reunía al atardecer del viernes para celebrar su Sabbath, el pueblo de Jesús, el Ungido, nos reunimos el domingo para celebrar la Vida, entre dos luces.

Estaban presentes la antigua luz de la tradición: los textos sagrados rumiados, contemplados largamente por un grupo de mujeres y algún varón, que con sencillez, pudor y delicadeza comparten con una sonrisa envidiable (imaginad el típico celebrante sonriendo, inaudito…); y la nueva luz aún en ciernes, del trabajo imparable del Espíritu en el pueblo de Dios hoy.

¿Por qué en ciernes? Porque esa nueva luz todavía tiene que entrar en las horas de frío y oscuridad de la noche, de la crítica y persecución de parte de la cristiandad, y gracias a esa purificación el cristianismo podrá salir de las catacumbas, donde lleva tiempo gestándose, y ahora la pandemia está haciendo florecer. Gran paradoja de la evolución.

Esa nueva luz es el presente y el futuro de un cristianismo enraizado en la experiencia pascual de las discípulas y discípulos.

La cristiandad nos dice que ahora las mujeres podemos ser lectoras… hace 60 años que lo somos y proclamadoras en retiros, catequesis, acompañamientos de enfermos, catecumenados, acompañantes de procesos personales…

El cristianismo nos dice, está aquí, está ocurriendo ¿no lo ves? Es un “de facto”. Mujeres y hombres, laicos, acompañando en celebraciones de la Palabra, en procesos de crecimiento en la Fe. La cristiandad dice misas, el cristianismo invita a un seguimiento, a una participación, a ser agentes de pastoral, pero sobre todo a que seamos discípul@s.

Yo el domingo, y tantas otras veces, vi a mujeres y hombres que oran la Palabra, la rumian, se dejan interpelar por ella, y van a sus tareas con un corazón “pasado por el filtro de la Ruah”. Otro sentir, otra mirada, y mucha inquietud envuelta en paz.

Yo el domingo vi que cuando poníamos nuestras necesidades sobre la mesa de nuestra casa, donde comemos, compartimos, discutimos… salía de las entrañas la plegaria, no del libro de las preces que otro ha escrito porque nosotros no sabemos hacerlo.

Yo sentí que cuando bendecíamos nuestro pan y vino, había una fuerte sensación de silencio habitado, aun teniendo el servicio online, porque la experiencia de Dios atraviesa pantallas y países. Las hermanas de África se unieron a personas de las cuatro puntas de España.

Y cuando dábamos gracias, la sonrisa traspasaba la seriedad de la liturgia. Como decía Mabel: “para qué necesitamos más” y Pilar ¿cuándo es la próxima?, y Marisa “nos vemos pronto” y Juanjo sonreía contagiosamente y Kika que llegó tarde nos miraba como diciendo aquí pasa algo, y en efecto. Pasó el Espíritu. Y decidimos que queríamos que se quedase. Y se formó una comunidad cristiana. Otra de las que no quieren ya más cristiandad.

Y cuando dentro de otros 50 años, nuestras nietas puedan ser ordenadas, nosotras desde nuestros lugares de descanso sonreiremos y nos haremos un guiño la Ruah y todos los que ya andemos por otros caminos un poco “más allá”.

Si al final ¡tanta lucha para lo breve y rápida que es la vida! Hagámosla llevadera y cristiana. Sin necesidad de semanas de oración para la unidad, que llevan montón de años rezando y no lo consiguen, porque seguimos en la cristiandad: dogmas, doctrina, normas…

El cristianismo no tiene fronteras porque es la Palabra quien convoca e inspira y unifica. ¿Acaso no nació Jesús este año porque la misa del gallo online en que participé la celebró una mujer ordenada y además convocada obispa por su comunidad?

Ella y tantas otras fueron convocadas a un ministerio. La pregunta es ¿qué necesitamos para descubrir nuestra llamada y vivirla?

Yo no pido ser ordenada porque considero que con el Bautismo tengo plenitud de dones, y además no llego: sacerdote, profeta, compañera de camino de tantos y tantas.

¿Qué hago? Madrugar para orar largo y sin prisas, y después de escucharle tratar de vivirlo ¿cómo? Desde lo que soy y veo: escribo, organizo comunidades, preparo retiros online y presenciales, preparo cursos actualizados de discipulado desde una fe adulta, acompaño a personas en sus procesos de seguimiento, voy donde me llaman, vivo en comunidad para ser más auténtica y dejarme acompañar y mejorar. Y así veo la sinergia del día a día cuando lo compartes todo, y estás siendo guiada por la Palabra del amanecer que se va desplegando durante el día en cantidad de situaciones que las viviría diferente si no fuera por lo que he oído en el silencio.

Siento una necesidad enorme de que más personas descubran la fuerza de la Palabra escuchada en el silencio y en el barullo interior de la vida de cada uno y de la situación social. Entiendo que vivirlo en comunidad es una riqueza indescriptible que tenemos que redescubrir. Le doy gracias al carisma de mi comunidad sfcc: “que todo sea Uno” porque siento que me unifica primero a mí y me lanza a quitar cadenas y barreras sobre todo mentales y religiosas de la cristiandad para que el Cristo pueda emerger desde los inicios de todo como el gran Amor-Energía que potencia la evolución también espiritual de cada persona.

No podemos detenernos en la época de los dinosaurios porque fueron extinguidos, algo así como el modelo de jerarquía ahora, en palabras del papa Francisco, él no les llama dinosaurios pero sí clericales, corruptos… no sé, todo se está moviendo.

Por eso es casi obligatorio sustituir los maestros que idearon la cristiandad por las y los que gestan cristianismo. Quedas invitad@.

Magda Bennásar, sfcc

Fuente Fe Adulta

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Magda Bennásar: Que todo sea uno II.

Miércoles, 10 de febrero de 2021

a_51¿Cómo lograr nuestra unificación-integración como personas? ¿Cómo ir siendo yo un@ conmigo mism@?

¿Qué aspectos necesitan atención en nuestra interioridad? ¿Cómo superar la dualidad con la que nuestra mente está formateada?…

Son muchas las preguntas que se desprenden de uno de los últimos párrafos de Que todo sea Uno, recientemente publicado.

La respuesta con sentido nos la da la sabiduría de siglos de mujeres y hombres de diferentes religiones y espiritualidades: esa respuesta la tienes tú, en tu interioridad, y llegas a ella por la meditación.

Y llegamos a meditar cuando hacemos silencio, de verdad, con la ayuda de la respiración y de la palabra elegida para volver a nuestro centro.

Este ejercicio, repetido dos veces al día, con fidelidad minuciosa, con cariño y respeto, va consiguiendo que nuestra mente deje de controlar e iniciemos el descenso a nuestra realidad, a nuestra verdad, para llegar a descubrir nuestra sabiduría interior.

Jesús se iba al monte a orar. Se iba al huerto. “Se iba” porque en medio de lo que está unificado, la naturaleza, y dócil al Espíritu creador que promueve la evolución, él y nosotros encontramos la energía que nos conduce a una sanación progresiva de nuestra mente cansada por información que no puede procesar y que acumula, como un colesterol del alma.

Entra en lo secreto. Cierra la puerta. Y habla con tu Abba que está en ese espacio de vida y luz.

Respirar es lo primero que hacemos al nacer y lo último. Si dejamos de respirar todo se termina. ¿Nos damos cuenta de lo que esto significa? La clave de la unificación de todo nuestro ser: mente, corazón, cuerpo, está en esta respiración consciente que bombea la vida, y que permite que todo el laboratorio que somos, funcione. Dicen los expertos que muchas de las enfermedades que padecemos tienen su origen en una respiración deficiente.

Sencillo: si la respiración permite la vida biológica, incluyendo la mental, la respiración es también, por lógica, la clave de la espiritualidad integradora de toda la persona.

Cuando consigues entrar en esa respiración que te conduce a tu centro, dicen los expertos que gota a gota va desbloqueándose  el hielo acumulado en las frías tormentas de nuestra vida: falta de cariño, traumas y dolor por abusos,  por faltas de respeto, por ignorancia de nuestra identidad.

La pregunta que nos hacemos hoy es, y yo ¿me respeto? Somos muchos y muchas las personas que hemos sido ninguneados, pero la respuesta de si me dejo atrapar por todo ello está dentro de nosotros. La respiración es precisamente otra palabra para comprender qué hace el Espíritu. El Espíritu, Ruah en hebreo, es aire, es dinamismo, es presencia que permea todo, que mueve nuestra energía.

Cuando respiramos tomamos consciencia de que ese aire además de oxígeno que la madre naturaleza nos regala a todas horas  y segundos de nuestra existencia, es el Espíritu mismo de Dios que entra en nuestro ser y realiza la sanación y unificación que nosotros, ni con todo nuestro esfuerzo y ciencia podemos realizar.

Sí, es ella, la Ruah, la que entra, si le abro la puerta, y “cena conmigo” es decir, comparte mi vida, mi entorno, lo que me desestabiliza y en diálogo silencioso, respira conmigo, me conecta a su bomba de oxígeno para que recupere el aliento y así la vida.

Respira y vive. Y si, como Jesús, y tantas personas, puedes salir a la naturaleza, a tu monte, a tu huerto o jardín, a tu orilla de mar…respirar y mirar el entorno, es un bálsamo que cuando quieres darte cuenta ha relajado tu tensión, ha bajado la intensidad de tus dudas y preguntas mentales y ha ido masajeando tu corazón ralentizado por una respiración pobre. También ha reducido tu dolor físico y síquico ya que, en unión con la hermana tierra, te sientes acompañada, liberada e invitada a ser uno con ella. Respira y Vive. Es algo así como cuando Jesús decía “levántate y anda”.

Próximamente uniremos a este proceso el trabajo de Dios en nosotros cuando incluimos la Palabra, al respirar en nuestro silencio. Merece la pena. Será el apartado III de Que todo sea Uno.

Magda Bennásar, sfcc

Fuente fe Adulta

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Que todo sea uno

Viernes, 5 de febrero de 2021

a_51“Padre, guárdalos unidos a tu persona-eso que me has entregado-, para que sean uno como lo somos nosotros” (Juan 17,11b)

Me atrae esta traducción, porque refleja una gran intimidad y confianza de Jesús en su Padre (Abba). Si comprendiéramos un poco el significado y las consecuencias de esa relación, tendríamos más fuerza para vivir con menos agobio y negatividad. Me descoloca que se inviertan miles de millones en todo el mundo para informarnos de cada contagiado de covid a todas horas, y lo que es vital de verdad se quede encerrado en un libro no leído en una estantería.

Me da la impresión de que teniendo la fórmula no damos en el clavo. Tal vez no hemos hecho del todo nuestra la esencia del amor incondicional y total de Dios.

Ese amor materno, cercano, al que Jesús llama Abba le permite aceptar el regalo de la persona de ese Abba en su vida porque experimenta que esa relación es tan buena que unifica todo. Y que esa unidad no es una ecuación o una exégesis complicada que hay que interpretar, esa unidad, si es tal, produce amor.

¿De qué amor estamos hablando? De la calidad de amor que toma forma en todo y en todos: desde la naturaleza al último niño o niña naciendo en estos momentos en todo el mundo.

Muchas personas temen demasiada cercanía con la divinidad, por una mala formación religiosa. Debemos de-construir los ídolos que intoxican nuestra mente y espíritu, causándonos incluso enfermedad que significa ausencia de firmeza, en nuestros cuerpos y mentes.

El amor es una experiencia inexplicable, sólo podemos poner ejemplos, espejos, de ahí el término Abba que emerge de la relación de Jesús con el Dios que va experimentando.

Casi seguro que las personas que leemos estas líneas somos madres o padres o abuelas o consagrados que deseamos una formación integral positiva y actualizada para nuestros seres queridos o alumnos.

La toma de consciencia de Jesús de que Dios es como un Abba, nos invita a entrar en una relación con ese Dios que él nos transmite y dejar que esa relación se desarrolle.

Creo poder decir que muchas personas estamos viviendo esta experiencia hace años, con sus más y sus menos, pero con fidelidad y seriedad y podemos decir hoy que ese profundo texto, nos lleva más allá de las personas a integrar al cosmos:

Que TODO sea uno, nos saca del antropomorfismo exacerbado que la cultura occidental nos ha impuesto y la institución eclesiástica ha cultivado, y nos lanza a una súper maravillosa integración de todo lo creado en labios de Jesús.

Padre que Todo sea uno. Que no rompamos esa unidad de la vida, en sus millones de formas, en ese entramado indescriptible de eco sistemas, de hábitats, de redes y conexiones que permiten que todo fluya, que la vida siga, que el oxígeno esté siempre ahí y el mar no salga de su cauce y el agua dulce se almacene en los acuíferos y pozos en el subsuelo y las flores se dispongan para que las abejas entren en su corazón y se lleven el polen que hará posible que en nuestras mesas haya fruta y verdura y carne y pescado y vino y cerveza y miel y nueces…

Todo está ahí, siguiendo unas leyes de un amor infinitamente sabio que otorga la capacidad a cada ser vivo a desarrollarse, a dejarse hacer en un ciclo fascinante de corrientes, vientos, lluvias, sequías, producción y cariño.

Que todo sea uno significa también que dejemos ser para no invadir y con esa actitud dividir, es decir, romper el ciclo de la vida, y ser incluso involuntariamente los que interrumpimos las cadenas de vida y energía que producen todo.

El bosque, como ejemplo de unión, tiene su modo de comunicarse los peligros. Si un árbol está enfermo el resto se pone en marcha y le hacen llegar nutrientes sanadores, y le protegen desde sus claves, de la mano invasora, destructora, avariciosa, consumista del que se cree el rey de la creación.

Y si eso es así, si nuestra capacidad maravillosa de ser conscientes nos conduce al egoísmo letal, ¿qué primeros pasos podemos dar para convertirnos, por lo menos, en seres tan integrados como los árboles?

Ellos, los árboles, viven la experiencia de todos ser uno, se ayudan, protegen, cuidan y saben que sólo si cada uno está bien enraizado puede estar firme y hacer bosque, vivir su identidad y cuidar de los otros.

¿Qué nos falta al ser humano para vivir algo tan básico y aparentemente tan poco común?

Me atrevo a lanzar que es la propia persona la que está dividida por dentro. Es decir, nosotros, como colectivo humano, no hemos logrado la integración de mente-espíritu-cuerpo. Mucha culpa la tiene el dualismo que nos ha valorado el espíritu por encima del cuerpo, o la mente-razón por encima de la experiencia.

Que Todo sea Uno. Que estemos integrados. Que trabajemos en la naturaleza y con ella para que nos enseñe, para que de su mano aprendamos a integrarnos en diálogo de amor con el Dios que nos da una creatividad como la suya y una oportunidad de tiempo limitada para realizarnos en comunión con todo.

Os invito a meditar como proceso hacia esa integración. A escuchar a las personas que hacemos Lectura Orante de la Palabra, porque nos conecta con el bosque que es nuestra interioridad y nos pone en comunión con Todos y Todo.

El camino es precioso y la experiencia única. Sabes que puedes ponerte en contacto si lo deseas.

Que Todo sea uno, este año 2021 nos invita y urge a ello.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

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Un solo bautismo para… Que todos sean uno.

Lunes, 18 de enero de 2021

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2021

“Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia” (cf. Jn 15, 5-9),

Esta semana se nos pide que oremos por la unidad de todos los cristianos y cristianas.

Del 18 al 25 de enero de 2021 tendrá lugar la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. El programa de esta semana consiste en celebraciones presididas por líderes y en iglesias de diferentes confesiones cristianas. El único objeto de esta semana es orar por la unidad de las distintas confesiones cristianas.

 

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“No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.

Padre, los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo, para que contemplan mi gloria, la que ma has dado, porque me has amado antes de la creación del mundo. Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te he conocido y éstos han conocido que tú me has enviado. Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos.”

*

(Juan 17, 20-26)

*

Y por eso, destacamos este párrafo del libro de Javier Melloni , “El Cristo interior”

“El Cristo total es mucho más que el cristianismo. Tal como lo conocemos actualmente, el cristianismo es el resultado de tres conjunciones: la espiritualidad hebrea, la formulación griega y, en el caso del catolicismo, la organización romana. Al salir al encuentro de otras culturas y tradiciones en un planeta irreversiblemente global, descubrimos que el cristianismo puede adquirir otras formas que no somos capaces de imaginar en este momento. Asistimos a una crisis de lo que hemos conocido hasta ahora, pero ello no implica una crisis o un acabamiento de lo crístico.”

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Además,  leíamos hace tiempo en el desaparecico blog  À Corps… À Coeur:

“¿Que es lo que, en las Tradiciones de cada Iglesia depende del Evangelio o depende sólo de los azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y a veces de los resentimientos acumulados?“

¿Cuándo pues cada Iglesia tendrá la fuerza y el coraje de volver a lo que es propio del Evangelio y a echar todo lo que depende de azares de la historia, de la política, de la cultura, las costumbres y los resentimientos acumulados?

“La unidad en la diversidad, sin fusión, sin confusión.” Hay numerosas moradas en la casa del Padre.

¡ Si la búsqueda teológica me parece importante en tanto que instrumento intelectual para el investigador de Dios que soy, puede ser un verdadero problem como instrumento para asir a Dios!

” ¿Los cristianos son capaces de reconocer que han podido equivocarse, que han podido desviarse de “La Buena Noticia”, sin quererlo y hasta sin percibírse de ello? ” Lo desearía, pero no estoy seguro de  que  tengan la voluntad, la honradez y la audacia ya que  parecen prisioneros de la historia, del poder, del tener y del orgullo.

Gustave Thibon decía:“No es la luz la que falta a nuestra mirada, sino nuestra mirada la que falta a la luz”

Así…, sueño con el día en que podré comulgar plenamente con  los sacramentos de la Iglesia Universal, Unidad de todas las iglesias particulares, protestantes, romanas, ortodoxas, orientales y occidentales, etc…, cantar sin hipocresía: “Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo “ y profesar: “Creo en la Iglesia, una santa, universal y apostólica. Reconozco un solo bautismo … “

Esto me parece tan simple … ¿Pero ciertamente soy demasiado ingenuo?

Ingenuo: “Quien simplemente vuelve a trazar la verdad, la naturaleza sin artificio y sin esfuerzo ” (Émile Littré)

Para leer el  excelente artículo de Marcel Bernos

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Para saber más…

Al menos una vez al año, se invita a  los cristianos a evocar la oración de Jesús para sus discípulos: «para que todos sean uno; […]; para que el mundo crea […]» (véase Juan 17,21). Los corazones se conmueven y los cristianos se reúnen para orar por su unidad.  Las congregaciones y parroquias de todo el mundo organizan intercambios de predicadores o celebraciones y cultos ecuménicos especiales.  El evento en el que tiene su origen esta experiencia única es la Semana de oración por la unidad de los cristianos.

Esta semana de oración se celebra tradicionalmente del 18 al 25 de enero, entre las festividades de la confesión de San Pedro y la de la conversión de San Pablo.  En el hemisferio sur, en el que el mes de enero es un mes de vacaciones, las iglesias encuentran en muchas ocasiones otros momentos para celebrarla, por ejemplo en torno a Pentecostés, que también es una fecha simbólica para la unidad.

Para preparar esta celebración anual, los asociados ecuménicos de una región en particular son invitados cada año a elaborar un texto litúrgico de base sobre un tema bíblico. A continuación, un equipo internacional de editores formado por representantes del CMI y de la Iglesia católica romana pule el texto para asegurarse de que puede ser utilizado como oración en todo el mundo y de que está relacionado con la búsqueda de la unidad visible de la Iglesia.

El texto es publicado conjuntamente por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos y el CMI, a través de su Comisión de Fe y Constitución, que también acompaña todo el proceso de producción del texto. El resultado final se envía a las iglesias miembros del CMI y a las conferencias episcopales católicas romanas, a las que se invita a que traduzcan y contextualicen o adapten el texto para su propio uso.

Material para el 2021

en español

en portugués

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Creación

Sábado, 18 de julio de 2020

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“Toda criatura depende de otra,

todos los seres están unidos entre sí,

se necesitan,

se complementan y,

gracias a esto,

la creación se fortalece”

*

Hildegard von Bingen

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FELGTB se une al manifiesto “UNIDAD frente al COVID-19”

Sábado, 2 de mayo de 2020

union-y-solidaridad Más de 250 organizaciones se unen para exigir ‘UNIDAD frente al COVID-19′

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) se une al manifiesto “Para ganar al COVID-19 necesitamos UNIDAD y SOLIDARIDAD”. Más de 250 organizaciones, 160 personalidades y 10.000 personas se han sumado a este texto para pedir “unidad” frente a la crisis generada por la pandemia del coronavirus y “solidaridad” entre todos los sectores de la sociedad.

A través de la adhesión a este manifiesto, las entidades y personas firmantes exigen que las consecuencias de la crisis no recaigan en las personas más vulnerables y en los derechos laborales. Por eso, se pide que se tomen medidas para fortalecer los servicios públicos, revirtiendo los recortes en Sanidad, Pensiones, Servicios Sociales, Educación, Igualdad, Cultura y Ciencia y para reindustrializar el país con criterios ecológicos y sociales.

Además de FELGTB, entre las entidades firmantes se encuentran más de 10 organizaciones del movimiento de la España Vaciada; la Comisión de Municipios Forestales (COMOFUR); la Confederación de Centros de Desarrolllo Rural (COCEDER); la sociedad española como Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad (CEATE); la Fundación Triángulo; Chrysalis; la Fundación 26 de diciembre y las entidades federadas de FELGTB, SOMOS y LAMBDA, entre otras.

Asimismo, entre las personas que se han adherido a título individual, se encuentran Juan Mayorga; Miguel del Arco; Carlos Hipólito; Javier Fesser; Carlos Jiménez Villarejo;  Pedro Almodóvar; Cristina Almeida; Antonio Muñoz Molina; Javier Cercas; Miguel Ríos; Elvira Lindo; Rosa Montero; Javier Mariscal; Julieta Serrano; Rodrigo Sorogoyen; Antonio Resines; José Sacristán; y Juan Diego Botto, además de una gran cantidad de representantes públicos del ámbito municipal, entre otros.

Manifiesto completo

Fuente FELGTB

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Que todos sean uno

Jueves, 19 de septiembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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En su condición de sacerdote absolutamente convencido de su catolicismo pero desvinculado de las actitudes religiosas provincianas, dado que estaba viviendo fuera de su propio país, Henri se convirtió en un puente católico para la América protestante. Jamás se sintió amenazado por las actitudes protestantes y trataba a todas las personas como invitados y como buscadores. Su amistosa generosidad de espíritu le llevó hacia adelante y aprendió de todos” (Michael O´Laughlin)

Henri tenía el carisma propio de un unificador. Se decantó por minimizar la importancia de las diferencias, por dejar a un lado las contradicciones, y prefirió ir directamente al corazón de las situaciones y de las personas, descubriendo en ello una unidad más profunda” (Jean Vanier)

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Tomado de: “El amado de Dios. Biografía espiritual de Henri Nouwen” (DDB, 2006)

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En busca de la paz

Sábado, 14 de septiembre de 2019

9788415809548Pedro Zabala,
Logroño.

ECLESALIA, 02/09/19.- En la Colección Sinergia, editada por el Instituto Emmanuel Mounier, el profesor Federico Velázquez de Castro González ha publicado una obra pequeña de tamaño, mas enjundiosa de contenido. Su título: Persona y naturaleza.

En su Introducción, señala que vivimos una crisis con muchas facetas: ambiental, económica, de valores, alimentaria… Esto puede llevarnos a un colapso, si no reaccionamos ante las evidentes señales de alerta. Urge despertar, individual y colectivamente. Con tres ejes: Unidad, Espiritualidad y Compromiso.

Sigue diciendo que “la paz no es tanto un valor a conseguir, sino un fruto que procede del espíritu y de la comprensión de la realidad. En nuestra experiencia diaria observamos cómo la paz es inestable, cómo hay momentos en los que, a través de ella, nos sentimos unificados y otros en los que la perdemos, bien por agitación interior o por los estímulos externos”.

Sólo desde la serenidad, podemos conseguir paz, pues es fruto de la confianza. ¿Confianza en qué, en Quién? En que la vida -a pesar de sus sinsabores- tiene un sentido. Somos amados, por eso y para eso existimos. Enseña el profesor que  para la resolución de los problemas, el método de las tres “I”. puede servirnos de ayuda.

La primera “I” es la Impregnación: el examen de los problemas desde todos los ángulos. La siguiente es la Incubación, en ella parece que descansamos del agobio, durante ella el cerebro coloca cada pieza en su sitio. La tercera “I” es la Iluminación, el momento crucial en que nos aparece súbitamente la solución.

La meditación y la atención generan importantes cambios personales que nos sitúan en el camino hacia la paz. Pues, si no la hemos interiorizado, difícilmente podremos laborar por la paz en el mundo.

¿Cuándo somos instrumentos de la consecución de la paz?:

  • “Cada vez que ofrecemos sentido a la vida, transmitiendo valores y esperanza.
  • Cuando somos instrumentos de conversión.
  • Cada vez que intervinimos constructivamente en los conflictos de la vida.
  • Cuando no avasallamos, ni somos desconsiderados, respetamos y escuchamos.
  • Cuando sabemos absorber la violencia, frenándola, deteniéndola.
  • En el amor y en el perdón”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Ocupémonos de entender La UNIDAD”, por Yolanda Salamanca.

Sábado, 30 de marzo de 2019

cometocino 2En estos días escuche un ser humano exhortando a unos jóvenes de un consejo estudiantil lógicamente dentro del contexto actual de sociedad moderna, globalizada, con gran avance tecnológico y cada vez más individualista, a  ser líderes, servir, apoyar a su escuela y a su comunidad de forma positiva, y les daba dentro de las opciones el corazón de Jesús que era el “arca” de nuestros tiempos, y expreso es el llamado de “nos unimos o nos hundimos”, pero si se reflexiona: ustedes y yo ¡verdad que no queremos hundirnos!, nadie quiere el agua, ni el lazo al cuello.

Si se recuerda, el significado etimológico: unidad viene del latín unitas y designa la cualidad de ser uno, algo indivisible; y hundir del latín fundere, sumergir, meter en lo hondo, pero la idea no es centrarnos en esto, sino en la escritura de las palabra  unimos y  hundimos, la diferencia es la h al inicio, la majestuosa H de humanidad, humano, hijo, habitante, hermano, hogar, hombre, hora, honesto; pero también de horror, hueco, hostil o huérfano, se sabe que al hablar esa h no representa cambios, pero sin tomar en cuenta la h; si hay un letra que cambia la palabra y su significado, una famosísima y linda letra del reino de las D, esa si se supo ubicar y desplazar a la i; es como lo que pasa en el país, si se sabe ubicar determinado ser humano, desplaza y hace estragos, cambia de una vez el sentido de ser de los recursos, o hechos, esta d intermedia, que ahora puede hundir, a cambio de unir,  es la misma de Dios y demonio; de dignidad y delito; de democracia y dictadura; de decisión y duda; de dialogo o disidencia; de derecho y deber, pero también de dolor y desempleo. En este ejercicio sencillo, se caen los discursos, los gurús y cuanto imaginativo exista en el internet, procurando expresar sus teorías acerca de la humanidad y su curso; sin tanto complique cada uno de ustedes amigos lectores y yo, somos responsables y protagonistas de ubicarnos donde se pueda entender que unidad, no es querer el todo para mí solo;  es buscar la forma de equilibrar esta barca de humanidad, para no hundirnos, ni meterse en lo hondo, es entender que allí no hay piso, allí no hay firmeza que me ofrezca la seguridad de apoyo, dado que cuando el ser humano ya toca fondo, es que no tiene nada que perder  y no va a salir fácil de allí, está en el pozo más profundo de la oscuridad, donde no hay un rayo de luz que lo ilumine, si el ser humano es libre de actuar, y de optar, ¿Por qué elige hundirse y no unirse?, en realidad hundir a otro ser humano, es hundirse a sí mismo.

En tanto la unidad, es apoyo, es aportar, es ser uno con todos; pero no para malgastar la vida, o el tiempo, como ahora, todos alienados a las redes, perdiendo en parte el tiempo, dejándose manipular y enfermar, con la destilación de odio de unos seres humanos equivocados, egoístas y malintencionados; en internet hay variedad de escritos, ideas, temas importantes y de formación; pero como dijo mi profesor “con lo único que se va a morir el ser humano virgen, es con el cerebro”, saltan del muro del rico Mac, a los desplazamientos del vecino, y sus dos presidentes, y en el país lo mismo con la diferencia es que aquí no se autoproclaman, luego la cachetada de un “burges-maestre”, después que si el puente se cae o no, que si se cae el fiscal o no, marchan los estudiantes, luego los profesores, luego plantón por eso o por aquello, que si equis jugador juega  o no, que si hay técnico para el equipo nacional, y ya van en la empanada; creo que merecemos respeto. Dediquémonos a laborar, para que no nos cueste trabajo, laboremos, seamos laboriosos, servidores, pero atentos, unámonos por la defensa de los niños desnutridos de La Guajira y todo el país, por la zonas veredales que alguien tiene que creer allí en aportar para la paz, por evitar que se siga vendiendo el país, sus recursos, para decir no a la corrupción y a la dilatación y vencimiento de términos, contra la minería ilegal, el fracking, para exigir que Hidroituango el  creador de este paredón de fuego diga la verdad al país y haga la inversión requerida para evitar la catástrofe, por el presupuesto para educación, vivienda, manejo propio de los recursos en los departamentos, para ayudar a ser veedores, por recursos para la salud, unámonos para el bien y para cumplir con los deberes y así exigir nuestros derechos, y si no, Usted es libre, siga votando por los mismos, quejándose de lo mismo y espere la subasta del país.

cordada

El reto está en aprovechar la fuerza y el poder de la sociedad civil, es decidir bien, para avanzar bien. No crea en todo lo que dicen, investigue, pregunte, lea, converse con personas que puedan ampliar su lectura de los temas, pero no se masifique, allí en la masa, no hay respeto, ni bondad, ni servicio, allí no está ninguno de los que convoca, ellos están en sus casas o “palacios” muertos de la risa, y maquinando como manipular más esas masa de la que usted fue a formar parte, en la calle, o en las redes, es lo mismo.  Y por favor, no vuelva un chiste o un meme, todas esas ridiculeces que han manipulado los medios, si usted se las cree, no la popularice y si ya está resignado, piensa en las poblaciones vulnerables, en los niños y niñas ayudémosles a que sonrían y tengan un mejor futuro. Sea un mejor ser humano y como dice Jesús “no hagas a otro, lo que no quieres que hagan contigo”. Viva y apoye la U N I D A D.

Sonríe que hay una parte espiritual de ti y de mí, que es muy inteligente, y un Dios que cree en nosotros.  ¡Avanza!- Gracias Yoly.

Yolanda Salamanca Pinilla

Abogada & Trabajadora Social -creadora de Lideres F4 (Fe-Familia-Fuerza y Fuente)

Fuente Fe Adulta

Espiritualidad

Un aro, un círculo y un árbol

Miércoles, 13 de febrero de 2019

Del blog Pays de Zabulon:

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Y mientras estaba allí, vi más de lo que podía decir y entendí más de lo que vi; porque veía de manera sagrada las formas de todas las cosas en el espíritu, y la forma de todas las formas, de modo que deben vivir juntas como un solo ser. Y vi que el aro sagrado de mi pueblo era uno de los muchos aros que formaban un círculo tan ancho como el día y la luz de las estrellas. En el centro, un poderoso árbol en flor protegíaa a todos los hijos de una madre y un padre. Y vi que era santo.

*

Black Elk (1863-1950)
Heȟáka Sápa
Holy Man of the Oglala Sioux  

Black-Elk

***

Fuente 2ª imagen: obra de Kelly Latimore

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Semana de Unidad: A la Iglesia de Roma, que preside en el amor… (1Cor 13)

Jueves, 24 de enero de 2019

50616280_1158222727688251_7165707485137862656_nDel blog de Xabier Pikaza:

Seguimos celebrando la “semana de unidad” de los cristianos, como preparación para la fiesta de la Conversión o, mejor dicho, de Vocación de Pablo, que se sintió llamado por Dios para proclamar el evangelio o buena nueva de la comunión de todos los pueblos, en el amor de Cristo, en gratuidad, en libertad, no por ley, sino por Revelación de Amor, como indicaré comentando el texto clave de 1 Cor 13.

1 Cor 13 no niega en modo algunos los problemas que había en la comunidad cristiana de Corinto, más fuertes que todos los enfrentamientos que hoy (2019) se dice que existen en la comunidad cristiana de Roma: Luchas de poder, visiones enfrentadas de la Iglesia, formas distintas de entender la organización de los creyentes…

Pues bien, como respuesta a esos problemas ofreció 1 Cor 13 un programa de amor, entendido como ágape (poder de Vida que impulsa y unifica a los creyentes). En ese contexto, como iglesia primada de la cristiandad, la Iglesia de Roma ha de ser, ante todo, un iglesia “amoroso”: Que sepa amar y ser amado

Así lo dice de forma ejemplar la primera noticia intensa que encontramos sobre el orden y sentido de la Iglesia de Roma, hacia el año 110/120 d.C. (o un poco más tarde), el “obispo” Ignacio de Antioquía de Siria (imagen 2), en una carta apasionada escrita a los Romanos cuando le llevan allí atado para “echarle a los leones” (así, al pie de la letra).

50221181_1158214307689093_2931608998232719360_nDa la impresión de que en ese momento no existía todavía un obispo (papa) en Roma, pues la Iglesia estaba regida por un Colegio de Presbíteros, es decir de hombres de cierto prestigio, como supone la la Primera Carta de Pedro (es decir, escrita por un hombre que asume la herencia de Pedro, hacia el final del siglo I d.C.). Los obispos y los papas vendrán después. Entonces no existían todavía, pero había una iglesia importante.

Pues bien, en ese contexto, Ignacio escribe a la Iglesia de Roma (no a su obispo o papa, que no existía) una carta impresionante de humanidad, de compromiso cristiano cristiano en el amor …diciendo en su encabezado unas famosas palabras:

Ignacio… a la Iglesia que,
conforme al amor de Jesucristo, nuestro Dios,
preside (=se asienta) en la región de los romanos…
que preside (=prokathêmê…) en el amor (=agapê)…

51128878_1158215051022352_978289676244746240_nConforme a estas palabras, Ignacio concede a la Iglesia de Roma un primado o presidencia en el amor. No es una presidencia de puro honor, pero tampoco de organización política, sino un tipo de “la primacía en el amor”, de forma que ella (la Iglesia de Roma está (ha de estar) a la cabeza en la caridad(agape) entre las iglesias.

Ésta es la primera y la más importante de todas las palabras que el obispo de una iglesia que era por entonces quizá la más importante del mundo (Antioquía de Siria) dirige a la comunidad de Roma, a la que reconoce y concede una primacía en el amor

No le da una primacía de jurisdicción según Derecho, ni una primacía de organización o de poder (como han pretenden todavía los obispos de Roma), sino un primado de ejemplo y testimonio en el amor.

Esto ha de ser, por tanto, el Papa, que ha sido después (desde el siglo III) el obispo de la Iglesia de Roma: Un Primado personal en el amor, no para dominar sobre las restantes iglesias, sino para ofrecerles su testimonio de amor, que nunca se impone o exige por derecho, sino que se ofrece en gesto de solidaridad.

Éste ha de ser el sentido no sólo de la Iglesia de Roma, sino de su obispo, cuando exista (hoy es Francisco): Una iglesia, un hombre, que sepa “presidir” a las iglesias, un hombre o mujer que sea ejemplo y testimonio de amor entre los Romanos.

Así lo quiero recordar en esta “semana de la unidad de las iglesias”, recordando la función importante de primacía de amor que Ignacio de Antioquía concedió en su tiempo a la Iglesia de Roma, en un momento en que aún no había papa en Roma… una primacía de amor que queremos que Roma siga ofreciendo en solidaridad cristiana a todas las iglesias. Leer más…

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“Dios más allá de unidad y dualidad”, por José Arregi

Miércoles, 14 de marzo de 2018

dibzddlwaauhr1eLeído en su blog:

No quiero renunciar a la palabra ‘Dios’ para decir el Misterio más hondo de todo lo real, aunque entiendo muy bien a quienes renuncian a ella por ser tan equívoca, la más equívoca de todo el diccionario. Tanto, que si alguien me pregunta: ‘¿Tú crees en Dios?’, no le respondo ni que sí ni que no, sino que depende de lo que entienda por ‘Dios’. Y lo hago por respeto al Misterio, que habita, sí, en la palabra, pero abriéndola al Infinito más allá de los significados de todas las palabras.

El ‘Dios’ que imaginas, ciertamente no existe. Aun cuando asientas al dogma de su existencia y afirmes que es el Creador del mundo y único y trino a la vez, puedes estar seguro: ese ‘Dios’ en quien piensas no existe. No digo que Dios no sea, sino que el ‘Dios’ de tu mente no existe. Lo dijo San Agustín: “Si comprendes, no es Dios”. El ‘Dios’ en quien piensas es siempre un objeto creado por tu mente.

Y si alguien me pregunta: ‘¿Dios es personal?’, le vuelvo a preguntar: ‘¿Qué significa personal para ti?’. Si ‘personal’ expresa la singularidad de cada individuo, lo que a cada uno le hace único y distinto de todo otro individuo de su especie o de otra, entonces ciertamente Dios no es personal. Si personal significa relación de alteridad hecha de amores y desamores, de heridas y perdones, de emociones positivas y negativas, predilecciones y rechazos propios del ego humano, Dios no es personal. Dios no es una persona en relación con otras personas. Es el Misterio de la Relación. Es compasión universal. No es el Tú de un yo, ni el Yo de un tú. Es Amor creador. Es respiro. Es Alma de todo.

Dios no es Alguien. No es un sujeto contrapuesto a un objeto, algo, ni a un sujeto, alguien. Dios no es un ente entre otros entes, ni el Ente Primero, causa exterior de este mundo. Si Dios fuera Alguien, se opondría a otro alguien o a otro algo, no sería la Realidad Absoluta. Pero Dios no se suma con nada, ni se contrapone a nada, ni se cuenta dentro ni fuera de ninguna serie. Dios no se añade ni se resta a nada. Es sin número ni género. ES.

Por eso escribió el joven teólogo Bonhöffer en una cárcel nazi donde fue ahorcado en 1945: “Un Dios que hay no lo hay”. Otros grandes teólogos de su época, tales como Tillich y Robinson, enseñaron lo mismo. Desgraciadamente, su camino no fue seguido por la teología, ni protestante ni católica.

Aquellos pioneros entendieron y asumieron el diagnóstico de Nietzsche, quien se había limitado a tomar nota de la muerte no del Misterio, sino del ‘Dios’ arcaico de la moral y del dogma. Aquellos teólogos declararon el fin no de Dios, sino del viejo teísmo nacido hace 5.000 años en la imaginación y en los panteones indoeuropeos y semitas. Revisaron a fondo todo el sistema religioso tradicional, y quisieron expresar su aliento liberador originario en los nuevos paradigmas espirituales, científicos y políticos. La evolución del cristianismo y de las demás religiones en Europa y en el mundo hubiese sido seguramente muy distinta, si las propuestas conceptuales y prácticas de aquellos profetas de los años 50 del siglo pasado hubieran sido adoptadas y secundadas. Pero las iglesias y las religiones se aferraron al ’Dios’ del pasado, y cerraron su futuro.

No hay, pues, ‘Dios’ como hay un sofá en el salón o una prímula o flor de San José en la orilla sombreada del camino o unos ánades reales nadando en el río. Dios no es ninguna forma, aunque no es sino en las formas. Es el Fondo y el Origen permanente de toda forma. No es nada de lo que ‘hay’, sino el Todo de cuanto es. Así lo vieron desde muy antiguo los místicos y místicas de las distintas filosofías y sabidurías, religiosas o no. Dios no es ‘otro’ de nada, ni de ti, ni de mí, ni de la prímula del camino. Dios no es Lo Otro de nada, es ‘Lo no-Otro’, escribió en el siglo XV el teólogo, filósofo y místico, además de cardenal, Nicolás de Cusa. Dios y yo no somos dos. Dios y mundo no son dos. No hay dualidad.

Claro que no-dualidad –cuidado con el malentendido– no significa unidad. Así pues, Dios y mundo tampoco son uno. Dios no es la parte de un todo ni la suma de todas las partes, sino el Todo presente en cada parte. No es un ente, sino el Ser de todo ente, el fuego creador que arde en lo profundo de todos los seres, más allá de la forma, del uno y del dos, que pertenecen a lo que se puede contar. Invócalo si quieres como Tú, pero trasciende esa imagen, trasciéndete en ti, en todo.

Una poderosa corriente espiritual de la no-dualidad, tan antigua y universal como la mística, tanto religiosa como no religiosa, recorre hoy el mundo, y creo que es su única salvación contra la imposición violenta de una única forma global y contra la lucha fratricida de las diversas particularidades. La espiritualidad de la no-dualidad también la única salvación de las tradiciones religiosas, llamadas a liberarse de sus creencias y de sus dioses hechos a imagen humana, y poder así seguir inspirando una praxis liberadora y la comunión de todos los vivientes.

La ciencia nos brinda un conocimiento dual de las partes del Todo por su método basado en el análisis, la medida y la verificación. Necesitamos la ciencia, al servicio del bienestar común. Pero necesitamos aun más la mirada o la conciencia espiritual expandida que nos permite admirar, amar y encarnar en la vida el Misterio más hondo de todos los seres, más íntimo y Real que toda identidad y diferencia.

Ese Misterio o Dios es lo que somos y es nuestra vocación. Es el Bien Común verdadero de todos los seres. Solo nos salvaremos si lo sabemos y si buscamos darle forma política, hacia un Horizonte que trasciende todas las formas.

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Todo tipo de división

Miércoles, 7 de febrero de 2018

e2c917dcac2d8694531e6a203d0fbc52-humor-snoopyJuan Zapatero Ballesteros
SANT FELIU DE LLOBREGAT (BARCELONA).

ECLESALIA, 26/01/18.- Conocemos muchas y muchos de nosotros que del 18 al 25 de enero se celebró la semana de oración por la unidad de las Iglesias Cristianas. No es una cuestión, esta de la unidad de las diferentes Iglesias, que me preocupe demasiado, lo cual no quita, sin embargo, para que considere que siempre es bienvenida cualquier ocasión para orar; y, ¿por qué no por la unidad?, como es este caso. Pero no solo de las Iglesias, que también, sino por todo lo que está dividido, truncado, partido y destrozado, en definitiva.

Me parece que es demasiado reduccionista rezar solamente por las Iglesias Cristianas, separadas y divididas como es bien sabido, cuando existen otras religiones, confesiones religiosas y también tantas y tantas realidades de la vida que con su rompimiento no hacen sino provocar un profundo dolor a muchas personas. Por ello, creo que sería muy oportuno aprovechar la ocasión, no solo para orar, sino también y de manera especial para hablar, dialogar, debatir, etc. sobre todo aquello que rompe y desgarra, dejando tantas realidades, no solamente las cristianas y las religiosas, abandonadas a su suerte.

Y ya que estos ocho días están dedicados de manera específica a la oración por la unidad del cristianismo, ¡hagámoslo!, pues no en vano el mismo Jesús dijo de manera muy clara que la unidad sería un signo de credibilidad para la gente. Pero insisto una vez más: recemos para que todo lo que desune, fruto precisamente de egoísmos, envidias y particularismos, quede superado por el amor que “todo lo disculpa y perdona”. Quisiera hacer una pregunta, antes de decir algo sobre ciertos aspectos concretos: mirado nuestro mundo de hoy de manera global, un mundo que es por encima de todo y principalmente pluricultural y plurireligioso, ¿creéis que interesa a alguien, incluso a una gran mayoría de los cristianos, eso de la unidad entre las diferentes confesiones cristianas? Me temo que no, y menos en la línea en que tengo la intuición que se había pretendido hacer hasta ahora, y que consistía en rezar para conseguir la unicidad que, por cierto, bien poco o nada tiene que ver con la unidad evangélica.

Precisamente para ello, es decir, para hacer todo lo posible de cara a conseguir que sea el amor lo que nos una de verdad a todos los hombres y mujeres, oremos quienes creemos en la fuerza de la oración, pero a la vez unamos fuerzas con quienes tienen otras creencias o, quizás ninguna según dicen ellos mismos, con el fin de conseguir un proyecto de humanidad donde no existan hendiduras que produzcan dolores innecesarios ni alturas o bajuras que conviertan el camino de la vida en una realidad tortuosa y difícil de afrontar.

Unamos esfuerzos, cuantos más, mejor, y todos los posibles, para tirar por tierra todas esas fronteras, reales unas, virtuales otras, que convierten este mundo, que debiera ser de todos, en una feria y en un mercado donde solamente los fuertes, poderosos y ricos tiene opción a vivir y a disfrutar a sus anchas, a costa siempre de que una gran mayoría tenga que malvivir y sufrir duras estrecheces.

Trabajemos todo lo posible de cara a conseguir que el color de la piel, la cultura, la posición geográfica, el credo, etc., no sean factores que nos enfrenten los unos contra los otros, sino elementos de riqueza que nos ayuden a crecer juntos y a hacer el mismo camino cogidos de la mano, intentando que nunca el más débil quede rezagado, debido a que cada uno mira exclusivamente por su bien propio, sino que empujemos con todas nuestras fuerzas, porque nos hemos convencido de que el bien común es la gran meta a conseguir.

Hagamos todo lo posible para que dejemos de degradar a nuestro planeta al ritmo que lo venimos haciendo, intentando más bien lo contrario, es decir, no solo respetarlo, sino también mimarlo con el máximo cariño para que abandone la degradación en la que le hemos introducido, dejando de ser un estercolero para volver a ser casa y jardín para toda criatura.

Pensarán muchas y muchos que es demasiado laica la oración por la unidad, tal y como yo en este escrito la planteo. Pues bien; si así fuere, ya me doy plenamente por satisfecho, pues he conseguido el fin que pretendía que no era otro que hacer de lo humano el motivo más profundo de religiosidad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Fin de año: “gracias” y “sí”, por Enrique Martínez Lozano.

Martes, 6 de febrero de 2018

young man and sunset El cambio de año suele ser época de balances y de propósitos: analizar y evaluar lo acontecido para programar el futuro o proponerse metas a alcanzar. En este sentido, podría hablarse de balances económicos, informativos, psicológicos, de imagen…

Sin negar la validez de cada uno de ellos en el campo en que se realice, la comprensión sabia de lo que somos –la “mirada espiritual” – otorga una visión de la realidad caracterizada por dos palabras: “Gracias” y “Sí”.

Son las palabras con las que terminaba el diario de un amigo, quien me lo entregó para que lo leyera días antes de que él mismo falleciera en un accidente de tráfico.

Tras hacer un recorrido por lo que consideraba más significativo de su existencia, este hombre joven cerraba su relato en esa fecha con estas palabras: “Por todo lo que ha sido, gracias; a todo lo que venga, sí”.

Esas expresiones revelan, a mi parecer, la comprensión de la que hablaba. El pasado ha sido exactamente como tenía que ser; del mismo modo, el futuro será como tenga que ser. De ahí que la actitud sabia no pueda ser otra que la aceptación profunda, que consiste en alinearse con lo que es. De esa actitud brotará siempre gratitud y aceptación.

Ahora bien, esto no es accesible para el yo ni para la lectura que la mente hace de los acontecimientos. La mente alberga siempre la pretensión de que las cosas sean como ella desea y el yo se afirma justamente en la resistencia a lo que es.

Y parece que, aun siendo conscientes de que aquella pretensión –“las cosas deberían ser diferentes de lo que son”– y aquella resistencia, generan siempre sufrimiento inútil, nos cuesta reconocer el error sobre el que se basan y seguimos manteniéndolas activas.

Una y otra se apoyan, en realidad, en una doble creencia errónea: que somos “algo” separado o desgajado de la vida (lo Real), y que llevamos las riendas de lo que sucede. Sin embargo –las mismas ciencias modernas apuntan en esta dirección– parece que no es cierto ni lo uno ni lo otro. No somos el yo separado que nuestra mente piensa, sino la Vida misma que se expresa en esta forma concreta que llamamos “yo” o “personalidad”. Y tampoco somos, por tanto, portadores de una supuesta libertad individual o libre albedrío, capaz de modificar la realidad a nuestro antojo.

Si nuestra verdadera identidad es una con la totalidad, es claro que somos libertad. Pero el sujeto de la misma no es el yo que, erróneamente, se cree libre, sino la misma totalidad que somos. Ni hay separación ni hay libre albedrío, aunque nuestra mente nos haga tener la sensación subjetiva de que es así.

Cuando comprendes que eres uno con la totalidad –la totalidad misma que se despliega en todas las formas y en lo que percibimos como secuencia espacio-temporal–, desde esa profunda unidad radical, y en la certeza de que aquello que eres está más allá de todas las formas y siempre a salvo de toda circunstancia, de tu interior solo pueden brotar dos palabras: por todo lo que ha sido, gracias; a todo lo que ha de venir, sí.

Enrique Martínez Lozano

Boletín Semanal

Fuente Fe Adulta

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Pasión de Barcelona, pasión del mundo.

Sábado, 26 de agosto de 2017

224ecd64e32a4e946af1264e946adbDel blog de José Ignacio González Faus:

Me permito plagiar un conocido título de Leonardo Boff: “Pasión de Cristo, pasión del mundo”. Al día siguiente del atentado barcelonés, de mañanita, me llega un whatsapp desde México con una foto titulada: “Todos somos Barcelona”. Reconozco que me emocioné, aunque no soy de Barcelona. Más tarde me surgió la pregunta: ¿qué hacer para que esa bella frase no resulte estéril, meramente retórica como aquel famoso: “Ich bin ein Berliner” de J. Kennedy? ¿Qué hacer para poder decir con verdad: todos somos Barcelona, todos somos Manchester, todos somos Lesbos, todos somos inmigrantes, todos viajamos en pateras, todos somos precarios y vivimos con un sueldo inferior incluso al vergonzoso salario mínimo de España; todos somos mujeres maltratadas por aquellos que decían amarlas?… Todos.

Entonces me pareció que no vale esa respuesta bravucona de “no tenemos miedo”. Quiero tener miedo: no ya por mí, pero sí por mis seres queridos: por los hermanos, por los hijos, por los amigos. Tengo miedo por aquella madre que el jueves, a las cuatro, aún no sabía que pronto dejaría de ver para siempre a su pequeño; por los chavales que están ahora en el hospital tragándose lágrimas y esperando a saber qué pronóstico hay para su padre, herido grave. También por los familiares y amigos que los acompañan ahora, mientras piensan que igual les podía haber pasado a ellos, y no saben si les pasará otro día. Y por los musulmanes que fueron entre los primeros a dar sangre para las víctimas, pero temen que el atentado les va a crear dificultades y ganar algunos odios, sólo por lo que son. Por todos ellos, yo sí que tengo miedo. Y quiero tenerlo.

También tengo miedo a que germine el odio: porque al día siguiente de los atentados recibo, por tres veces, otro whatsapp donde un señor se dirige a los terroristas diciendo “mahometanos, sois unos hijos de puta, mamones de mierda…” y otras -según él- “verdades del barquero”. Temo que, al calentamiento climático que ya soportamos, le siga otro calentamiento afectivo: el del odio. Ojalá en algún momento nos reunamos también para gritar: “no tenemos odio”.

Esos miedos me llevan a dirigirme a vosotros, hermanos míos a pesar de todo, pero insensatos, descerebrados y criminales miembros del Daesh: ¿Podemos un momento intentar hablar como hermanos? ¿Qué pretendéis con vuestras inhumanas atrocidades? Si me decís (cosa que no creo) que dar gloria a Allah, ¿no comprendéis que en vez de proclamar que Allah es el más grande, estáis diciéndole al mundo que Allah es el más criminal, y que sois vosotros los que queréis ser los más grandes? ¿No comprendéis que, aunque la justicia de Dios fuese violenta y castigadora (cosa que yo no creo), nunca será una violencia que se dirige arbitrariamente a personas inocentes, que no tenían más crimen que el de estar por allí en aquella hora? Jesús de Nazaret, a quien vosotros veneráis como profeta (y que algo sabe de muertes violentas) dijo una vez: “llega la hora en que quienes os maten creerán hacer un servicio a Dios. Y esto será porque no han conocido a Dios” (Jn 16,3). Por favor, hermanos, pensad esto muy en serio “¿habéis conocido de veras a Dios?” Ciertamente NO. Pues no sólo matáis a quienes consideráis enemigos sin haberlos visto nunca, sino a todos esos jóvenes vuestros, sin norte y sin experiencia, a quienes engañáis y lleváis al suicidio temprano para conseguir vuestros fines; y que también tendrán una madre que quizás ahora está llorando por ellos.

Si por el contrario, como sospecho, os mueven otros afanes de venganza o de grandeza, vamos a seguir dialogando un poco más: porque me niego a creer que haya desaparecido de vosotros toda huella de humanidad. También vosotros algún día cruzaríais una sonrisa de ternura con vuestras madres, y habréis tenido hermanos y amigos con quienes jugabais. También vosotros habréis llorado alguna vez, quién sabe si por culpa nuestra. Pues entonces, vamos a ver si conseguimos que se encuentren nuestras lágrimas en vez de nuestras palabras.

Creo saber lo que puede haberos hecho llorar algunas veces. Es significativo que, en todos los atentados salvajes de los últimos tiempos, lo que menos me ha gustado han sido las palabras de los gobernantes: seguramente no por ser quienes son, sino por estar donde están. Todos daban la sensación de no decir nada propio sino sólo lo que les tocaba decir. En cualquier caso, no acabo de compartir ese tópico repetido por todos ellos, de que vuestros salvajes atentados son “un ataque a nuestros valores”.

Nosotros, occidentales, debemos preguntaros si no serán más bién un ataque a la hipocresía con que ponemos nuestros grandes valores al servicio del propio enriquecimiento (igual que vosotros ponéis a Dios al servicio de vuestra maldad). Se nos llena la boca con grandes palabras como democracia e igualdad o libertad. Pero ¿qué democracia hay en la actual UE? Las multinacionales (que son nuestros verdaderos gobernantes) han pisoteado la libertad para enriquecerse creando opresión y ahora vemos recortada nuestra libertad por razones de seguridad; ellas no serán la causa última pero sí la primera de nuestras pérdidas de libertad. En mi país presumimos de crecimiento económico, pero ocultamos que ese crecimiento se está consiguiendo a base de crear desigualdades, precariedad, salarios de hambre y “ricos cada vez más ricos a costa de pobres cada vez más pobres”.

Hablamos de globalización para que nuestros capitales circulen de Singapur a New York pero no para que un africano sin horizonte pueda venir a Europa a ganarse sencillamente la vida. Y olvidamos así lo que un conocido sociólogo llamó “África pecado de Europa”, aludiendo al reparto de África que hicimos durante el siglo XIX… Invadimos Irak, o Afganistán y luego nos retiramos “respetuosamente”, dejando el país convertido en un caos que ya no queremos arreglar. Nos arrogamos el derecho a tener armas nucleares nosotros, porque somos “los buenos”; pero se lo negamos a Irán porque es “de los malos”. Y somos nosotros quien determina quiénes son los buenos y quiénes los malos… Una vez más, aquellos polvos han traído estos lodos. En la historia, las atrocidades nunca nacen de golpe: se van gestando poco a poco, silenciosamente.

Creo que no puedo ser más claro. Pero hay que añadir algo: la historia muestra que todas las revoluciones violentas acabaron instalando unas violencias semejantes a las que habían querido combatir. Quizás porque, como explica el gran Paulo Freire (a quien vosotros ni habréis oído nombrar), el oprimido tiene siempre introyectado en su inconsciente la imagen del opresor como su modelo de hombre, porque no ha conocido otro. Un inmigrante africano instalado en España hace ya años, publica un libro donde se pregunta si escribe “desde el edén”, aclarando que de ningún modo quisiera para África un modelo de desarrollo como el que hemos tenido en Europa: porque “esos grandes conceptos nacidos en Occidente, que resultan particularmente atractivos para la humanidad entera y que podrían ser la verdadera medicina que esta humanidad necesita, son en la práctica falseados, suplantados y pervertidos”. Así pues, amigos, vuestra tragedia está en que, en el fondo, nos tenéis envidia; pero envidiáis no lo mejor sino lo peor de nosotros. Infelices.

Creo, pues, que algo de aquellos valores sigue vivo entre nosotros (aunque no sé si tendríamos que llevarlos ya a la UCI) y que, por eso, Europa conserva, además de un atractivo económico, un atractivo moral que ojalá no acabemos enterrando, y que aún produce envidia en todos aquellos que quisieran acabar con nosotros…

Si nuestras lágrimas se encuentran así, quizá acabe encontrándose también nuestro dolor por el daño que nos hemos causado mutuamente, unos en nombre de una supuesta crueldad de Dios y otros en nombre de una real crueldad del Capital. Entonces, en lugar de asesinatos tan absurdos, quizá acabemos encontrándonos todos en la lucha por construir una civilización de la sobriedad compartida que (no me cansaré de repetirlo) es la única salida que le queda a nuestro mundo tan amenazado.

P.D. Sé que estas reflexiones van a ser duramente rechazadas por muchos. A mí mismo, que las veo claras con la cabeza, me cuesta bajarlas al corazón. Por eso pido a todos los que las compartan, cristianos o no, que procuren darles toda la vigencia posible. Porque si no, como ya dije, temo que al cambio climático que ya soportamos, le siga otro cambio afectivo que haga subir las temperaturas del odio.

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“Unidad de los cristianos ¿Qué unidad?”, por José Arregi

Lunes, 30 de enero de 2017

ecumenismo1Como cada año desde 1966, las diferentes iglesias cristianas del mundo celebramos estos días –del 18 al 25 de enero– la semana de oración por la unidad de los cristianos. Este año bajo el lema: “El amor de Cristo nos apremia”. El amor de Cristo, es decir: el amor de Jesús de Nazaret, de su profecía libre, de su sueño de un mundo justo y fraterno, el amor de la Vida bondadosa y feliz, más allá de toda confesión y religión.

Quien oiga o lea “semana de oración por la unidad de los cristianos” seguramente entenderá que pedimos a un Dios omnipotente que nos una a los separados, que haga lo que nosotros no podemos o quizás no queremos lo suficiente para poder. Si orar fuera eso, sería alienante, no deberíamos orar. Ni deberíamos creer en una divinidad que escucha y atiende o deja de atender nuestras oraciones.

Pero orar no es eso. No es rezar ni pedir ni rogar, sino dejar que nuestro ser, hecho de tierra humilde y de espíritu creador, se abra y se exprese desde lo más profundo. Orar es ser, y ser es abrirse a ser más, pues el poder ser más constituye nuestra finitud. Orar es realizar posibilidades latentes en nosotros, pues el barro o la materia que somos es matriz inagotable, capaz de desear, ser y hacer más. Orar es obrar. Orar es abrirse al fondo de sí y del otro, al Fondo de todo o a Dios. Orar por la unidad de los cristianos sería, pues, obrarla, hacerla real, efectiva y siempre más profunda.

Pero no creo en cualquier unidad. Casi diría que no creo en la unidad por la que se nos invita a orar en esta semana. En efecto, quien oye o lee “semana de oración por la unidad de los cristianos” entiende que los cristianos aspiramos a que no haya tantas iglesias diferentes: católicos, ortodoxos, protestantes y anglicanos; ni tantas iglesias diversas en el interior de cada una de ellas: iglesias ortodoxas independientes, anglicanos y episcopalianos, protestantes luteranos, calvinistas o presbiterianos, metodistas, menonitas y bautistas… Que todos debiéramos confesar los mismos dogmas e interpretarlos de la misma manera, y practicar los mismos sacramentos y entenderlos igual, hasta formar entre todos un solo rebaño bajo un solo pastor, un solo papa, como si la Iglesia debiera ser un partido político amarrado y fuerte bajo un secretario general.

No creo en una sola Iglesia bajo un solo papa. Hoy no solo sería imposible sino además indeseable que dejen de existir diversas iglesias, con teologías, ritos y organizaciones diversas. Hace unos meses, en su alocución de la catedral luterana de Lund (Suecia) con ocasión de la apertura del año de Lutero, el papa Francisco pidió perdón porque “nos hemos encerrado en nosotros mismos por temor o prejuicios a la fe que los demás profesan con un acento y un lenguaje diferente”. Eso es. Nos une, sí, la misma fe, pero la profesamos –vivimos– en distintos lenguajes. Todos los dogmas e interpretaciones, no son sino eso: fórmulas y expresiones lingüísticas. La fe es otra cosa.

Y los lenguajes o las teologías no nos dividen sino cuando olvidamos que son constructos humanos, y cuando creemos que el nuestro es el único o el mejor, cuando nos negamos a entender o a aprender o al menos a respetar el lenguaje del otro. No nos dividen las diferencias, por grandes que sean, sino los temores y los prejuicios, por pequeños que sean. Las diferencias solo nos confunden y dividen cuando nos empeñamos en construir una gran torre de poder para conquistar el cielo: Babel. Los católicos no estamos separados de los luteranos porque éstos no entiendan la eucaristía como transustanciación o sacrificio, sino porque los excluimos de nuestra misa y ellos nos excluyen de su cena de Jesús. El día que abramos la mesa, nos sentiremos unidos.

Y como se ha visto en los diálogos inter-eclesiales de los últimos 50 años, hay un escollo último que impide la comunión de todos los cristianos: es la doctrina que afirma al obispo de Roma como autoridad absoluta sobre todas las iglesias. El papa es, como dijo Pablo VI, el gran obstáculo de la comunión. No el papa, sino el papado.

¿Y en qué consiste la fe que nos une? Consiste en el “amor de Cristo”, que es como los cristianos, en la memoria y el seguimiento de Jesús, designamos el amor y el cuidado de la vida. El día que unas iglesias reconozcamos a las otras como son se habrán acabado las divisiones. Entonces, de verdad, oraremos y obraremos la unidad.

José Arregi

Fuente DEIA

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“El silencio me sostiene y me libera”, por Enrique Martínez Lozano

Miércoles, 18 de enero de 2017

silencio-es-sinonimo-500x334Desde siempre sentí una atracción especial por el silencio, antes incluso de saber lo que era. Desde niño, sentía la necesidad de quedarme a solas; siendo joven, empecé a buscar espacios de silencio en monasterios cartujos y cistercienses. Y percibía que el silencio me “recomponía”, aquietándome por dentro y armonizando toda mi existencia.

Sin embargo, la innegable atracción se daba la mano con la dificultad que experimentaba. Buscaba el silencio, pero rara vez lograba acallar el oleaje mental y emocional. Había demasiado ruido –miedo y soledad– y demasiado ego en mi interior. Y me faltaba mucho para comprender que el silencio no tiene que ver tanto con lo exterior, cuanto con la mente y el yo. Me faltaba mucho trabajo interior –trabajo psicológico y práctica meditativa adecuada– para ir aprendiendo a aquietar la mente y silenciar el ego.

Hoy sigo experimentando dificultades y mi ego se sigue desbocando. Sin embargo, se me ha regalado una certeza impagable: que el silencio no es “algo” que vaya buscando porque me hace bien, sino que es otro nombre de la Realidad que me sostiene y, en último término, me constituye. Y ahora entiendo, finalmente, por qué me atraía con tanta intensidad: el Silencio es la “casa”, nuestra verdadera identidad. Lo contiene todo –también los ruidos, los pensamientos y las emociones con sus vaivenes–, pero no se reduce a nada de ello.

Tras ese regalo, vivo el Silencio, no como algo bienhechor, ni tampoco como una práctica beneficiosa, sino como un estado de consciencia que me permite reencontrarme conmigo mismo en profundidad y con todos los seres.

Ahora sé también que no hay nada que lo pueda romper. Y por eso vuelvo a él en medio de cualquier actividad e incluso de cualquier alteración. Volver a él es venir a casa y encontrarme con lo que soy, con lo que somos: Aquello que está siempre a salvo y no puede ser dañado. He descubierto así el Silencio como fuente de liberación.

Y no se trata de ningún esfuerzo por “construir” o “producir” ese silencio sanador. Es mucho más sencillo: se trata simplemente de dejarse atraer y aprender a descansar en él. El resto viene dado. No implica tanto esforzarse en poner atención cuanto descansar en la atención que somos.

Descansar, vivir en el Silencio significa poner consciencia en todo aquello que hago y vivo: en la tarea que estoy realizando, en la relación que mantengo, en la preocupación que aparece, en la inquietud que altera, en el dolor que desasosiega…, e incluso en la oscuridad que parece cegarme. Sea lo que sea, simplemente, pongo consciencia en aquello que está sucediendo –me introduzco en el estado de consciencia que es el Silencio– y permanezco en la Presencia que soy. Y compruebo, una y mil veces, que lo que brota de ese estado no tiene nada que ver con lo que aparece en el estado mental. El Silencio me unifica y me libera, me mantiene en casa, me otorga una capacidad cada vez más fácil de resituarme cuando mi ego ha tomado el mando y me regala el gozo de experimentar que soy uno con la Vida.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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¡Eres tú, es nosotros!

Viernes, 8 de abril de 2016

Del blog Pays de Zabulon:

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Este amigo espiritual llamó a mi puerta anoche.
¿Quien esta ahí? “. Pregunté.
Él respondió: “Abre la puerta. ¡Eres tú!
“¿Cómo puedes tú ser yo?“. Pregunté.
Él respondió:
“Somos uno,
Pero el velo de la dualidad nos ha ocultado la verdad. “

Nosotros y yo, él y tú,  todos nos hemos convertido en el velo
¡Y cuánto te ha velado a tí mismo!
Si deseas saber cómo nosotros y él y todos somos sólo uno,
Entonces, ve más allá de este “yo”, de este “nosotros”, y  de este “tú“.

*

Muhammad Shirin Maghribi,
poeta persa, siglo XIV.

***

Fuente foto: Jean-Baptiste Huong, photographe

 

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¡Oh Dios! Somos uno contigo

Viernes, 22 de enero de 2016

En la semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, traemos este texto de Thomas Merton, monje cisterciense (1915-1968) del diálogo interreligioso. Es una oración pronunciada en la primera conferencia espiritual e interreligiosa reunida en Calcuta, India, en 1968.

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“¡Oh Dios! somos uno contigo.
Tú nos has hecho uno contigo.
Tú nos has enseñado que si permanecemos abiertos unos a otros,
Tú moras en nosotros.
Ayúdanos a mantener esta apertura
y a luchar por ella con todo nuestro corazón.
Ayúdanos a comprender que no puede haber entendimiento mutuo si hay rechazo.
¡Oh Dios!
Aceptándonos unos a otros de todo corazón, plenamente, totalmente,
te aceptamos a Ti y te damos gracias,
te adoramos y te amamos con todo nuestro ser,
porque nuestro ser es tu ser,
nuestro espíritu está enraizado en tu Espíritu.
Llénanos, pues, de amor
y únenos en el amor
conforme seguimos nuestros propios caminos,
unidos en este único Espíritu
que se hace presente en el mundo,
y que te hace testigo
de la suprema realidad que es el amor.
El amor ha vencido.
El amor es victorioso.
Amén”.

*

Thomas Merton,
“Diario de Asia”

ecumenismo1

***

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“Peregrinación ecuménica alentada por el Espíritu”, por Juan Masiá sj

Jueves, 21 de enero de 2016

ecumenismo1De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

Celebramos esta semana, como desde hace ya más de un siglo, el octavario de oración por la unión de las iglesias (entre las fiestas litúrgicas petrina y paulina del 18 y 25 de enero). Pero hoy la vivimos con el talante ecuménico postconciliar de “peregrinar juntos hacia la unidad” (Evangelii gaudium, n. 244), en vez del exclusivismo contrarreformista de la época de Pío X.

Hoy ya no presume la iglesia católica de ser el tronco del árbol en el que únicamente “subsista la iglesia de Jesucristo”, del que se habrían desgajado, según la teología contrarreformista, las “ramas separadas”. Para aquella mentalidad preconciliar, rezar por la unidad significaba pedir que las ramas separadas se reunieran de nuevo y reinsertaran en el tronco.

Cuando el 25 de enero de 1959 anunció el Papa Juan XXIII la convocatoria del Concilio Vaticano II dijo que, con esa ocasión, rogaba por “una amistosa y renovada invitación a nuestros hermanos separados de las Iglesias cristianas a participar con nosotros del banquete de gracia y hermandad, al que aspiran tantas almas en tantos rincones del mundo” (G. Zizola, L’Utopia di Papa Giovanni, p. 322).

Estas palabras del Papa le parecieron sospechosas a los funcionarios de la Curia que las “re-escribieron” en los términos siguientes en el comunicado de prensa oficial dado por el Secretario de Estado, Cardenal Tardini: “invitación a las comunidades separadas para buscar la unidad”. Habían suprimido la calificación de “iglesias” y “hermanos”. También había desaparecido la expresión que invitaba a “participar del banquete de gracia y hermandad”, por miedo a que se viese en ella una invitación a la mesa eucarística (P. Hdebblethwaite, Juan XXIII. El Papa del Concilio, PPC, 2000, p.386-88).

Durante los años siguientes de preparación del Concilio y durante la primera sesión de este, prosiguió la tensión entre la propuesta ecuménica y la oposición contrarreformista. Deo gratias, al fin triunfó el ecumenismo en el Decreto Unitatis redintegratio, de 21 de noviembre de 1964.

Ahora la imagen ya no es la de una reunión de “ellos, las ramas” con “nosotros, el tronco”. Ahora todos somos ramas separadas del tronco: Cristo. No se trata de que “ellos-ellas” vuelvan a “nuestro redil”, sino de que todos “nosotros/nosotras, ellos/ellas, todos ramas” nos renovemos y reformemos continuamente: “todos examinan su fidelidad a la voluntad de Cristo y emprenden la renovación y reforma” (Concilio Vat. II, Unitatis redintegratio, n. 4).

Sin embargo, es conocida la marcha atrás que se fue dando en los últimos años de Juan Pablo II. Después de la publicación por el card. Ratzinger de Dominus Jesus (Congregación para la Doctrina de la Fe, 6-VIII-2000), los escritos teológicos que se referían a las confesionalidades protestantes como “iglesias hermanas” eran amonestados por las correspondientes instancias inquisitoriales.

Por eso resultan tan positivas y esperanzadoras las palabras del Papa Francisco cuando repite que el anuncio de paz de Jesucristo “no es el de una paz negociada, sino la convicción de que la unidad del Espíritu armoniza todas las diversidades(EG 230). Francisco ve la marcha hacia la unidad deseada por Jesús: “que todos sean uno” (Jn 17, 21) como el camino hacia una meta: “siempre somos peregrinos y peregrinamos juntos” (EG 244).

Ocurre con la “unidad de las iglesias” un equívoco semejante al que se produce con la mal llamada (canónicamente) “indisolubilidad del matrimonio”. Ni la una ni la otra son una propiedad o característica ya dada desde el principio, ni un punto de partida, sino una meta a la que se está llamado, se promete caminar y se camina, pero… La unión de las familias, comno la unión de los esposos y la unión de la familia humana, de la que aspiran a ser signo las iglesias son, como la paz, algo que hay que construir; son un don y una tarea, como suele repetir Francisco y ha repetido el Sínodo de los obispos.

No somos nosotros el tronco, con el monopolio de la verdad. Somos todos ramas separadas que peregrinan hacia el tronco de Cristo, sin tener ninguna el monopolio de la meta.

Pero, al mismo tiempo, tenemos también el optimismo esperanzador de saber que, aunque nos desviemos o separemos del tronco de Cristo por el camino, Él no se separa, sino que sigue estando con, en y junto a cada rama y “subsiste”, es decir, está presente, animando y vivificando con su Espíritu, a cada una.

También en la rama que a veces ha presumido de ser tronco, también en ella “susbsiste” la Iglesia de Cristo (C.Vaticano II, Lumen gentium n. 8). Como dirían nuestros hermanos budistas: “hasta los buenos se salvan”. O como diría Jesús: “Hasta los que se creen justos se salvan, porque no he venido por los justos, sino por los pecadores… pero, como pecadores son todos…, pues resulta que por todos he venido para salvarlos a todos” (cf Lc 5, 32 y Mt 9, 13).

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