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“¿Qué teología y para qué? “, por José Arregi

Viernes, 3 de julio de 2020

Teologia_2243185679_14717767_660x371Leído en su blog:

Un balance y una nueva etapa

Tras haber dedicado 40 años a estudiar y enseñar teología, tengo muchas menos certezas y creo en mi saber mucho menos que cuando empecé. He desaprendido todo lo que creía, todo menos lo esencial, así lo creo

Durante los últimos 13 años, a petición del Grupo NOTICIAS, he trababajo en esta columna, semanal primero, quincenal después

Ha sido un placer y un privilegio, y me siento profundamente agradecido a los Diarios y a las lectoras y lectores. Pero hay un tiempo de empezar y un tiempo de acabar

A los 24 años, en plena ebullición espiritual e intelectual y en medio de todas mis dudas, en aquel Arantzazu de 1976, tuve una firme certeza interior: quería estudiar y enseñar teología. No sabría distinguir con claridad lo que aquella decisión tenía de verdadera fidelidad a lo más hondo de mí o de huida de mis propios miedos y sombras. Sea como fuere, entonces creía saber mucho más que hoy sobre Dios, Jesús, la Iglesia, el pecado y la salvación, la muerte y el más allá, sobre el Credo entero.

Se me había dado una verdad que enseñar, la respuesta última de todas las preguntas sobre lo divino y lo humano, y eso deseaba ofrecer a la nueva sociedad urbana, moderna, secular de aquel tiempo. Las “dudas de fe” me asaltaban a menudo, pero a mis 18 años alguien me descubrió –¡qué liberación aquella noche en Olite!– que tal era la condición del creyente, inherente a la fragilidad humana, que bastaba decir como el hombre del evangelio, padre sufriente de un niño enfermo: “Creo, pero ayúdame a creer más”.

Me liberé de la angustia de la duda, pero no del conceptode fe. Todavía seguí pensando que la fe conllevaba la profesión de unas creencias, por extrañas que pudieran parecer. Eran los años del Postconcilio y se nos planteaba el reto de ser creyentes modernos, de profesar una fe compatiblecon la razón, aunque a menudo hubiera que hacer encaje de bolillos para hacer “creíbles” dogmas como la concepción virginal de Jesús, su muerte expiatoria, su resurrección física, la inmaculada concepción de María o la infalibilidad del papa. Justamente, la teología se había definido desde antiguo como “intelligentia fide”, inteligencia de la fe. Y esa era la misión del teólogo en la Iglesia y en el mundo: justificar –más que criticar o depurar– los dogmas, entenderlos de manera “razonable”. Esa tarea me apasionaba como vocación personal, más aun, como reto cultural.

¡Cuán cerca queda todavía todo eso, y cuán lejos ya! Y no reniego de nada, pero, ya desde finales de los años 80, estoy en otro mundo. Simplemente, hablo otra lengua, el lenguaje de la verdad estallada, del pluralismo irrenunciable, de las ciencias innovadoras, de la relatividad o relacionalidad de todo con todo, del conocimiento acelerado y de la incertidumbre creciente, la “gloriosa incdertidumbre”. Otro mundo, otra teología.

Ahí me sitúo, abierto a todas las preguntas. Hoy, tras haber dedicado 40 años a estudiar y enseñar teología, tengo muchas menos certezas y creo en mi saber mucho menos que cuando empecé. He desaprendido todo lo que creía, todo menos lo esencial, así lo creo. He aprendido que ninguna creencia es esencial ni necesaria, pues todas dependen de la visión que tenemos de la realidad en general, y de la lengua que hablemos. He aprendido que lo esencial del “creer” no es la creencia, sino la entrega del corazón”, como sugiere la propia etimología del término latino credere, que viene de kerd (corazón) y dheh (entregar). Entrega el corazón: todo lo demás son añadiduras.

He ahí también lo esencial de la teología, que viene del griego y significa “palabra o discurso sobre Dios” (theos, logos). Dediqué mucho tiempo a estudiar el griego y el latín, e incluso hebreo, y no me arrepiento, pero acabé por descubrir lo evidente: que el Dios Ente Supremo, celeste, de los hebreos, griegos y latinos no existe. Que “Dios” es lo que su etimología (deiv) evoca: luz. Simplemente Luz. Fondo de luz invisible de todas nuestras sombras. Gloria del puro Ser de cuanto es. Fuente, Alma, Corazón latiente del mundo. Hoy busco nuevas palabras para evocar el Misterio, reanimar la Llama, librarnos de tanto miedo y asfixia planetaria, respirar y vivir más humanamente. Eso es teología.

Y eso es lo que he querido hacer durante los últimos 13 años, a petición del Grupo NOTICIAS, en esta columna, semanal primero, quincenal después. Ha sido un placer y un privilegio, y me siento profundamente agradecido a los Diarios y a las lectoras y lectores. Pero hay un tiempo de empezar y un tiempo de acabar, y me ha parecido que era tiempo de poner fin a esta etapa, tan crucial para mí, y de abrir otra, llena de interrogantes: en septiembre abriré una página web, llamada Umbrales de luz, cuya portada puedes ver ya en esa dirección.

Si nos encontramos allí para seguir caminando juntos hacia los umbrales de la Luz de la que todo brota, será un placer. Te deseo paz y bien, como gustaba de decir el hermano Francisco, el Poverello de Asís.

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Félix Placer: “Se hace ahora especialmente urgente una teología con Espíritu”

Viernes, 5 de junio de 2020

10-Pintura-primitivista-de-Olga-Maradiaga“En nuestro afán de mayor velocidad productiva y consumista”

“Desde una teología holística, en diálogo, implicada en el sufrimiento, vivir se comprende como solidaridad, es compartir, dar y recibir; en última instancia, amar y ser amado”

“Es necesario comprender que lo importante no es dominar/poseer, sino relacionarse/dar; que no somos el centro de todo”

“Necesitamos otra visión del mundo, recuperar y cultivar valores de relación con los demás, de respeto y cuidado de la naturaleza”

En varias ocasiones ha insistido el Papa Francisco que una ‘Iglesia en salida’ debe estar en los lugares donde el sufrimiento se hace presente, que sea un ‘hospital de campaña’, que se le encuentre allí donde la gente sufre y pide ayuda, cercanía, apoyo. Ahora la pandemia global que ha conmocionado al mundo y ha generado una radical incertidumbre, profunda inseguridad, preocupante indefensión, plantea preguntas y pide respuestas urgentes, por supuesto, sanitarias, pero también otras que afectan a nuestra manera de vivir, a nuestras formas de relacionarnos, de comprendernos, de encontrar   sentido y orientación ante la vulnerabilidad y levedad profundas de nuestra existencia, de toda la humanidad y del sentido de la afirmación de Dios.

Estas preguntas ponen de manifiesto y exigen apremiantes respuestas. En este caso, por supuesto, la atención sanitaria es imprescindible y urgente; pero también otras y, entre ellas, las que den razón  de esta situación, parte visible de un profundo iceberg contra el que hemos chocado en nuestro afán de mayor velocidad productiva y consumista, de salvaje competitividad por conseguir beneficios incontrolados, de injusto enriquecimiento a costa de la pobreza de muchos y depredación de la naturaleza.

¿Cómo interpretar este estado de cosas? ¿Cómo responder a los dramas y sufrimiento que este proceso vírico está generando y, por supuesto, a un futuro próximo de incertidumbre? Pienso que la teología puede abrir horizontes de sentido, proponer pautas éticas que marquen caminos nuevos y fundamenten una esperanza teológica profundamente humana en el crítico momento actual. Para ello necesita encontrar su lugar teológico en esos hospitales del dolor, ser hospital de campaña.

Esta teología debe ser elaborada, por tanto, en el compromiso con la experiencia humana actual, ahora en este proceso pandémico tan complejo y doloroso, y desde ahí ofrecer  respuestas con su testimonio y ayudar a descubrir el sentido de lo que significa el ser humano, ser personas, ser humanidad en un mundo y universo donde todo es relación e interdependencia en Dios.

No es una teología nueva. Teólogos y teólogas actuales la están elaborando y ofrecen respuestas que tratan de abrir caminos de sentido, compromisos y actitudes solidarias. Su línea fue ya abierta por otros teólogos que ofrecieron con su vida y pensamiento  importantes y decisivas aportaciones para una teología comprometida. Subrayo ahora  dos inolvidables compañeros recientemente fallecidos: Johann Baptist Metz (1928-2019) y Juan de Dios Martín Velasco (1934-2020).

El conocido teólogo alemán ofreció una teología desde el holocausto de Auschwitz y desde el sufrimiento del mundo que le indujeron a elaborar un pensamiento creyente implicado en lo político para afrontar un esfuerzo colectivo hacia la justicia, la libertad y la paz; sin pretender dar respuesta a todas las preguntas que brotan del dolor humano  y que, afirmaba, aunque algunas sean incontestables, nunca pueden olvidarse. Por eso propuso una ‘mística de ojos abiertos’, es decir, una solidaridad espiritual con la justicia que conduce al compromiso concreto.

El fenomenólogo y teólogo abulense abogó por una teología del encuentro de Dios en los hombres dentro de la problemática social y cultural desarrollando el diálogo con otras religiones sin exclusivismos ni inclusivismos sino  unificadas en una mística que se vive y realiza en la vida diaria a través de cuyos acontecimientos entramos en relación con Dios.

Desde estos lúcidos planteamientos la primera constatación teológica es, a mi entender, experimentar nuestra carencia como individuos. Aunque poseamos y consumamos sin límite, no estamos llenos; somos vacío, es decir, una realidad abierta que no se satisface con tener cosas, poder, dinero, como una falsa promesa de un mundo feliz, si asumíamos sus imperativos de sometimiento y que hubiera condenado a muerte a Jesús hoy: ¿acaso el sistema global capitalista no lo está haciendo con tanta gente pobre del mundo?

Ese vacío existencial (que no es carencia de cosas) solo se realiza en la apertura  comunicativa y relación ética con los demás, con la naturaleza, con el cosmos de cuya energía vivimos; donde Dios es sentido, compasión, esperanza y fortaleza. Desde esta teología holística, en diálogo, implicada en el sufrimiento, vivir se comprende como solidaridad, es compartir, dar y recibir; en última instancia, amar y ser amado.

La respuesta auténticamente teológica nos abre entonces a soluciones solidarias y trasformadoras, también políticas, a un progreso creativo que se está realizando en el cosmos y al que contribuimos desde nuestro lugar, desde la sencillez de nuestra vida, tejiendo con nuestras relaciones una urdimbre de pluralidad y diálogo desde la diversidad, la atención y cuidado, la ternura, el amor.

Necesitamos, por tanto, una teología entendida como reflexión que parte de la vida, de la experiencia y de su implicación dialogante y comprometida con ella; que nos ayuda a contactar con los acontecimientos, a interpretarlos, a descubrir su sentido, a aprender y emprender acciones creativas y solidarias, como ahora las del  mundo sanitario, con su  entrega profesional ejemplar, y de  otras muchas personas según sus posibilidades, donde está actuando la energía liberadora de Dios.

Albert Camus concluye en su libro ‘La peste’: “Algo se aprende en medio de las llagas: que hay en los hombres más cosas dignas de admiración que de desprecio… El final de la peste no fue una victoria definitiva… Hay que seguir haciendo contra el terror y su arma infatigable a pesar de los desgarramientos personales… La alegría está siempre amenazada porque el vacilo de la peste no muere ni desaparece jamás”.

Esta constatación del premio nobel nos ayuda a comprender que hay algo profundo en el ser humano, que aparece en estas situaciones límite,  revelándonos lo que somos en el fondo, más allá de las falseadas convicciones trasmitidas por intereses egoístas. En definitiva, nos descubre la energía profunda que nos mueve, el espíritu que nos alienta y nos impulsa y motiva, desde la alteridad reconocida, a superar todo dualismo, para experimentar la unidad y la felicidad que no consiste en poseer y estar lleno, sino en la relación con todo lo que es. Nos une, por tanto, a todas las personas, a toda la tierra, al cosmos en el que vivimos y somos;  desde esta experiencia holística, desde esta espiritualidad,  podemos intuir  las razones de nuestra existencia y su inspiración latente más profunda: Dios.

Pero la pregunta inmediata permanece: ¿cómo resolver ahora, con humanidad y eficacia, la urgencia de situaciones tan urgentes y dolorosas para tantas personas? Es indudable que esta teología nos motiva a la solidaridad y sinergia, a la cooperación y ayuda   mutua, a ser hospital de campaña, al diálogo como conducta básica para encontrar respuestas comunes, a la ayuda, colaboración, solidaridad.

Aun así y de todas formas permanece una pregunta inquietante. Este episodio se superará, aunque con un elevado coste humano; pero vendrán otros, como recordaba el  autor de ‘La peste’. Además sus graves consecuencias económicas, políticas, sociales son de largo alcance. Es necesario, en consecuencia, un cambio cualitativo de mentalidad, otro modo de pensar y de vivir, de creer.

Las respuestas, por tanto, no pueden ser ocasionales. Necesitamos otra visión del mundo, recuperar y cultivar valores de relación con los demás, de respeto y cuidado de la naturaleza. La teología puede aproximarnos a orientaciones y formas nuevas de pensar, ofrecernos una hermenéutica que nos abra a nuevos sentidos; proponernos una profunda motivación, otras convicciones, una interiorización personal y colectiva  que nos lleve a afrontar lo real en toda su complejidad y totalidad, a situarnos ante la vida con responsabilidad compartida, a comprender y comprendernos en Dios. Es decir, se hace ahora especialmente urgente una  teología con Espíritu  que, junto a  las  grandes tradiciones religiosas (J.M. Velasco), nos abra a la profunda conexión de todas las cosas; que nos descubra que la persona, la tierra, el cosmos están animados por el Espíritu que les confiere unidad y conduce a experimentar una conciencia vital para  buscar la relación consigo mismo en todas sus dimensiones, con los demás, con la tierra, con Dios.

“La urgencia nos impulsa a la cooperación y al diálogo como conducta básica para encontrar respuestas comunes”

En el universo, tal como lo conocemos, la mujer y el hombre son la expresión histórica más acabada del dinamismo cósmico; con sus grandes limitaciones, ciertamente, constituyen la única existencia concreta capaz de interpretar la vida, de tomar conciencia de ella, de expresarla simbólicamente, de sentirse libres, de progresar, de trascenderse, de amar. Para ello es necesario comprender que lo importante no es dominar/poseer, sino relacionarse/dar; que no somos el centro de todo, sino parte de un todo dentro de una inmensa complejidad: que estamos dentro del cosmos, de su vida y el cosmos y su vida están en nosotros.

En esta espiritualidad la persona se siente ella misma y da razón del sentido de su existencia. En ella  expresa su conciencia relacionada que implica corporeidad,  interioridad y aliento vital. Significa los valores más profundos y vitales que nos animan a vivir, a actuar, a amar. “Es la fuerza inspiradora del pensar, del sentir y del actuar de una determinada persona o comunidad”, como la describe Marià Corbí .

Esta forma de espiritualidad nos lleva a interpretar de una nueva manera los acontecimientos positivos y negativos y a afrontarlos con un sentido diferente al que el individualismo y el egocentrismo nos han habituado; nos abre al biocentrismo que nace como energía desde lo más profundo del cosmos, superando dualismos y antropocentrismos. Nos conduce a una ética cósmica de relación con las personas y  pueblos, con la tierra y el universo, buscando y creando bien común, humanismo planetario donde cambia el sentido de la economía, de la política. Es una ecoética liberadora de solidaridad, de igualdad, de dignidad sin exclusiones.

Cuando nuestro modo de vida se ha desestabilizado profundamente, no solo por el COVID-19, sino porque nuestra civilización occidental había ya causado ese profundo desequilibrio con un desarrollo suicida, esta pandemia ha provocado un dramático shock que ha conmovido al mundo. Esta traumática y dolorosa experiencia puede ser comprendid  desde esa mística de ojos abiertos (J.B.Metz) que nos abre, nos convierte a un nuevo modo de vida y descubre un mundo de esperanza donde la seguridad anhelada no viene de la posesión y acumulación de bienes, sino de la  solidaridad; donde el bienestar no es aislamiento y egoísmo, sino relación y encuentro (J.M. Velasco); donde vivir no es consumir, sino compartir; donde la tierra no es un instrumento inanimado y explotable sin límites, sino un ser vivo, generador de vida, que debe ser cuidado y querido, porque ella nos cuida y quiere; donde la fuente de la vida no está en el dinero acumulado, en la producción ilimitada y en el consumo desenfrenado de unos pocos a costa de la pobreza de muchos, sino en la igualdad y  la justicia; donde, en definitiva, el hombre-mujer no son el centro del mundo, sino una profunda relación holística donde nadie puede prescindir de los demás en la tierra que habitamos, donde personas y pueblos debemos ser hospital de acogida y sanación para todos.

En última instancia, tanto la teología que interpreta la vida, como la espiritualidad que la vive, nos  disponen a una radical conversión hacia el ‘buen vivir’ que despliega actitudes creativas de cercanía, amistad, hospitalidad, colaboración, sinergia, confianza, solidaridad. Ahí iremos buscando con garantía de éxito las respuestas a los decisivos desafíos  a los que la situación de nuestro mundo nos  confronta, descubriéndonos su raíz más honda y abriéndonos a respuestas holísticas que laten en la energía espiritual que nos mueve, anima y  envuelve en el misterio de la Pascua cósmica.

“Nuestro modo de vida se ha desestabilizado profundamente, no solo por el COVID-19, sino porque nuestra civilización occidental había ya causado ese profundo desequilibrio con un desarrollo suicida”

Fuente Religión Digital

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Tengo sed.

Domingo, 15 de marzo de 2020

El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).

Al que tenga sed le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida.” (Ap 21, 6)

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Mientras que los teólogos discuten sobre el origen del agua,

los místicos la beben.

***

En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-“Dame de beber.”

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

-“¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.”

La mujer le dice:

“Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”

Jesús le contestó:

“El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

La mujer le dice:

“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.”

Él le dice:

-“Anda, llama a tu marido y vuelve.”

La mujer le contesta:

“No tengo marido.

Jesús le dice:

“Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.”

La mujer le dice:

“Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.”

Jesús le dice:

“Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.”

La mujer le dice:

“Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.

Jesús le dice:

“Soy yo, el que habla contigo.”

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:

-“¿Qué le preguntas o de qué le hablas?”

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

“Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?”

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

-“Maestro, come.”

Él les dijo:

“Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.”

Los discípulos comentaban entre ellos:

“¿Le habrá traído alguien de comer?”

Jesús les dice:

“Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.”

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer:

-“Me ha dicho todo lo que he hecho.

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

-“Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.”

*

Juan 4, 5-42

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La encarnación y la pasión son la locura de amor de Dios para que el pecador pueda acogerlo. Desde esta locura se comprende cómo el mayor pecado es no creer en el amor de Dios por nosotros. No podemos olvidarnos de Dios: él no nos olvida; no podemos alejarnos de Dios, él no se aleja.

Dios nos espera en todos los caminos de nuestro destierro, en cualquier brocal de no sé qué pozo al pie de cualquier higuera […]. Nos espera no para reprocharnos, ni siquiera para decirnos: “Mira que te lo había dicho”, sino para cubrirnos con su amor, que nos salva incluso del mirar atrás con demasiada pena. DostoievsKi pone en labios de la mujer culpable: “Dios te ama a causa de tus pecados”. No es exacto: Dios nos ama como somos para hacernos como él quiere que seamos. ¡Gracias, Señor! Si me hubiese contentado con el deseo de ti, que me llevaba a buscarte sin saber dónde te podría encontrar, todavía estaría errando por los caminos, con la angustia de mi deseo insatisfecho o con la ilusión de haber encontrado algo. Te he encontrado de verdad porque has salido a mi encuentro en mis caminos de pecado: hombre entre los hombres, cuerpo bendito que yo mismo ayudé a despojar, a flagelar; rostro bendito besado por mis labios, como Judas; corazón que atravesé…

Ninguna sed creó jamás las fuentes, ni hizo brotar agua en las arenas. Tu sed, sin embargo, ha apagado mi sed porque si no hubieses seguido mis huellas, si no te hubieses dejado crucificar por mí quizás te hubiera buscado, pero nunca te habría encontrado. Señor, gracias por haberte dejado clavar en la cruz, por dejarte encontrar por el que te crucificó. Amén

*

P. Mazzolari,
La piü bella aventura,
Brescia 1974, 218.223.

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , , ,

¿Puede la Biblia legitimar la homosexualidad?

Jueves, 26 de diciembre de 2019

FF40F7D5-030E-48EA-9015-0355B654E23BLos biblistas van varios lustros por delante de los teólogos”, resaltan los expertos

Distintos expertos analizan para eldiario.es los aspectos más polémicos del documento de la Comisión Bíblica, que ofrece una relectura de la homosexualidad

“La Iglesia católica necesita estudiar la Biblia; así evitaremos errores como dar credibilidad histórica a Adán y Eva o dogmatizar la homosexualidad”, opina el director de ‘Reseña Bíblica’, Jaime Vázquez

El amor homosexual no es invitación a la promiscuidad, sino una llamada a la creatividad personal, en un plano de comunión libre de seres que han nacido para el amor y que se aman”, sostiene el biblista Xabier Pikaza

¿Tiene la Biblia respuestas para todo? ¿Y la Tradición? ¿Se puede juzgar hoy con la mirada de hace seis mil años? En la Iglesia, todo el posible. Se ha visto esta semana, con la filtración del nuevo documento encargado por el Papa Francisco a la Comisión Bíblica Internacional, y en el que a través de 330 páginas se intenta abrir el debate sobre la interpretación que las Escrituras hacen del celibato, la igualdad hombre-mujer, el divorcio, el matrimonio o las relaciones homosexuales.

Éste último punto ha abierto la polémica entre los sectores más conservadores de la Iglesia, que consideran que los biblistas se han extralimitado en sus funciones al abrir el debate sobre “la homosexualidad y las uniones homosexuales como expresión legítima y digna del ser humano”.

“La relación erótica homosexual no debe ser condenada”, se lee en el texto encargado por el Papa, que aunque admite que no existen “ejemplos de unión legalmente reconocida entre personas del mismo sexo” en la tradición bíblica sí invita a “aceptar la homosexualidad y las uniones homosexuales como expresión legítima y digna del ser humano” frente a las “reservas” de las tesis más rigoristas.

No a las condenas

“La Biblia poco o nada dice acerca de este tipo de relación erótica, que por lo tanto no debe ser condenada, también porque a menudo indebidamente se confunde con otros comportamientos sexuales aberrantes”, se lee en el documento, que subraya cómo “ciertas formulaciones de los autores bíblicos, como las directivas disciplinarias del Levítico, requieren una interpretación inteligente que salvaguarde los valores que el texto sagrado intenta promover evitando, por lo tanto, repetir literalmente aquello que también trae consigo rasgos culturales de aquel tiempo. Será requerida una atención pastoral, en particular frente a las personas individuales, para llevar a cabo aquel servicio de bien que la Iglesia debe asumir en su misión para los hombres”.

Sin embargo, casi de inmediato el secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Giacomo Morandi, emitía una declaración en la que sostiene que “no existe ninguna apertura a las uniones de personas del mismo sexo” y calificaba el documento de la Comisión Bíblica de favorecer “una visión distorsionada e instrumentalizada” de estas cuestiones. Obviando, a propósito, que ha sido el propio Papa el que ha solicitado el estudio.

Xabier Pikaza y los rigoristas

¿Por qué esta diferencia de criterio? El biblista Xabier Pikaza, uno de los mayores expertos de nuestro país en esta temática, asegura tajante que “los biblistas vamos tres o cuatro lustros por delante de los teólogos”. El problema, insisten los expertos consultados por RD, es que el peso de la Tradición y de la normativa eclesiástica llevan siglos ganando preso frente a un análisis sin prejuicios de los textos sagrados.

El propio secretario de la Comisión Bíblica, Pierto Bovati, afirmaba que “hay preguntas que la gente se hace hoy que no encuentran una respuesta inmediata y precisa en la Biblia”. Lo cual no quiere decir que no se sigan buscando, con los ojos de hoy.

Esta es la opinión de Jaime Vázquez, director de Reseña Bíblica, la principal publicación en castellano de esta temática. Para Vázquez “Este texto tiene mucho mérito”, sostiene Vázquez quien admite que “muchas de las narraciones de la Biblia están contextualizadas en un momento concreto. Hoy, o no nos hacemos esas preguntas, o las respuestas han cambiado muchísimo”.

Interpretar la Biblia en el siglo XXI

El objetivo del documento de la Comisión Bíblica, en opinión del experto es “intentar que releamos la Biblia en el siglo XXI, y que la interpretemos”, porque “si no, terminamos haciendo lecturas literales y fundamentalistas, que llevan al prejuicio y a la condena”.

En lo tocante a la homosexualidad, el director de Reseña Bíblica señala cómo “hay textos del Antiguo Testamento, como el Levítico, que condenan expresamente la homosexualidad, pero otros que reflejan escenas aparentemente homosexuales”, como el libro de Samuel, con la ‘amistad entre David y Jonatán’. “Lo mismo en el Nuevo Testamento, con un san Pablo condenando a la homosexualidad, y unos Evangelios en los que Jesús, en ningún momento, condena”. ¿Hay contradicción? “No, lo que hay que hacer es interpretar y actualizar. Ése es nuestro trabajo”, sostiene Vázquez.

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Leyes impuestas, debates reabiertos

“Hay una línea sacerdotal que ha querido fijar la realidad del hombre y la mujer en un contexto de leyes sagradas impuestas, pero el mismo Antiguo Testamento ha rechazado una y otra vez estos esquemas”, explica Pikaza, citando cómo la Ley del Talión fue superada por el Jesús del sermón de la montaña. “Durante muchos siglos, volvió a dominar un tipo de derecho eclesiástico”, más centrado en la prohibición y el pecado. Sólo desde el Concilio Vaticano II y, muy especialmente, con el Papa Francisco, se está volviendo a abrir debates ya cerrados sólo con la doctrina más férrea.

“Por eso, Francisco ha querido acudir a los biblistas”, señala Pikaza, quien ve “notoria la oposición que han en Roma entre la dogmática y la teología bíblica” que busca “escuchar la Palabra y estudiarla en el mundo de hoy”. “el Papa no ha acudido a los dogmáticos, com habrían hecho algunos papas anteriores, que pensaban que la norma había dejado los temas sexuales atados y bien atados”.

Frente a eso, añade el biblista, “Francisco parece dispuesto a desatar esos nudos pre‒dogmáticos, no para establecer una nueva dogmática, sino para poner de nuevo a los hombres y mujeres en el camino de la revelación y presencia de Dios en Cristo”. ¿Le dejarán hacerlo? Esa es otra historia.

Apertura a la comunicación

Para Pikaza, el estudio de la Comisión Bíblica apunta a que “el amor homosexual no es invitación a la promiscuidad, sino una llamada muy honda a la creatividad personal, en un plano de comunión libre y gratuita de seres que han nacido para el amor y que se aman”. En esa línea, “el sexo no es desahogo de la naturaleza, ni “descanso del guerrero macho”, ni “consolamento” de mujeres sumisas, sino apertura a la comunicación más alta del amor personal y de la vida, en libertad y comunión gratuita, en responsabilidad creadora, en camino de resurrección, como insinúa ya este documento”, concluye.

“La Iglesia católica necesita, como han hecho otras iglesias, estudiar la Biblia, algo que hasta hace poco los católicos teníamos prohibido. Y si la conocemos, evitaremos errores como otorgar credibilidad histórica a Adán y Eva, o dogmatizar con temas como la homosexualidad”, sostiene Jaime Vázquez. “Eso es lo que ha pedido el Papa Francisco. Y después de los biblistas, más tarde, que vengan los teólogos. Estoy seguro de que este documento dará lugar a un interesante debate en la Iglesia”.

Fuente Religión Digital

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“La Divinidad y las Mujeres. Recorrido genealógico urgente”, por Carolina Narváez

Miércoles, 18 de diciembre de 2019

abundanciaCarolina Narváez M.*

Y es tanto lo que me abrasa mi alma en su divino amor que me saca de mí,
y quisiera y le pido rompa mi pecho y se entre en lo más íntimo de mi alma y mi corazón.
Y con la fuerza del incendio me propaso atrevida a darle tantos ósculos que no me satisfago,
porque el amor me ase querer asta comerme a su Magestad…
Isabel Manuela de Santa María,
De Conciencia
[c.1720, México]

El libro presentado por la teóloga y escritora feminista colombiana Carmiña Navia Velasco, Entrelazar miradas y palabras. Ensayos de teología feminista, me llega como viento fresco en medio de una relampagueante tormenta que habla de vida y movimiento. Si bien, la vivencia de Dios está estructurada a partir de las reglas y los acuerdos de las grandes instituciones eclesiales, es claro que ningún principio jerárquico ha llegado hasta el punto de la colonización total de la espiritualidad.

El recorrido genealógico que desarrolla de manera erudita y entrañable Carmiña Navia permite un acercamiento inesperado a la historia de las mujeres y la relación con la divinidad. De manera sincera, la autora se descubre en los primeros párrafos dando a conocer la forma desde donde ha escrito, pensado y sentido cada una de las reflexiones que componen el libro; para ella, la experiencia y el contacto con diversas comunidades de mujeres le ha ofrecido parte de su inspiración como también lo ha sido su propio recorrido espiritual, místico y teológico.

Carmiña Navia ha dedicado gran parte de su vida como investigadora y teóloga a pensar de forma crítica la fe y las mediaciones patriarcales que han edificado los varones de la iglesia. El libro se presenta como un relato que cruza perspectivas históricas, sociológicas, teológicas y feministas en aras de ofrecer rutas o señuelos para la desaparición de la mediación de la palabra masculina como única y universal.

La reflexión que acompaña transversalmente el libro hace parte de una tradición de pensadoras, especialmente teólogas feministas y filósofas, que han luchado para que al interior y fuera de la iglesia se nombre y se dé la importancia que merece la experiencia espiritual de las mujeres; deja claro que tal experiencia está, material y psíquicamente, construida por la diferencia sexual. Esto implica reconsiderar al Hombre como el modelo universal y por tanto desmontar la figura de Dios como varón. Muchas mujeres a lo largo y ancho de este sur nos hemos nombrado como no creyentes; tal vez como respuesta a la imposición de una mediación masculina, y también a la ausencia del compromiso de la iglesia hacia el bienestar total de las mujeres en la sociedad. El desorden simbólico construido desde la institución eclesial ha reverberado hacía la fe y la vivencia de la espiritualidad de las mujeres, afectándola hasta el punto de producir rechazo, y negación. El resultado ha sido para algunas el vaciamiento total del deseo genuino de una comunicación con el misterio.

Entrelazar miradas y palabras… Es un texto severo en tanto que describe y caracteriza la derrota religiosa de lo femenino, el enfrentamiento cruel al que se han visto expuestas las mujeres de fe que han conducido su espiritualidad bajo el principio de lo intangible, del lenguaje impreciso del amor y de la inexactitud de las experiencias de la fe. Carmiña Navia muestra con relatos claros y bien documentados cómo occidente, y especialmente la iglesia católica, ha descreído y desacreditado los legados espirituales y místicos de las mujeres. Remontándose a la antigüedad y pasando por la edad media, la autora revela la riqueza de la experiencia trascendente recordando a María de Magdala, Hildegarda de Bingen, Teresa de Ávila, Margarita Porete, Juana Inés de la Cruz, entre otras, esto con el ánimo de entenderlas como fuentes de conocimiento para la historia de la espiritualidad femenina, pero también como tipos de sensibilidad que han impulsado la asociación entre la libertad y lo sagrado.

Caminar de la mano de Carmiña Navia es un placer y lo es porque aquellos senderos que parecen infranqueables se despliegan en este libro para transitar del pasado hacía el presente y viceversa. La autora logra con exactitud mostrar a través del Speculum a manera de Lucy Irigaray, un reflejo que es solo posible a través de nosotras mismas. Es ahí cuando expone de manera tan reveladora que los sentimientos místicos y/o espirituales son muchas veces contradictorios, ambivalentes y a veces indescifrables. Tomada de su mano comprendí, a lo largo de la lectura, que la relación de las mujeres con la Divinidad no tiene por qué marcarse necesariamente bajo la sensación de la extrañeza, idea alimentada por la forma como los varones de la iglesia han estipulado la relación con Dios enmarañada de jerarquía y lejanía. Por el contrario, la tradición de la mística femenina demuestra cómo lo activo, lo juguetón, lo impreciso o lo inenarrable son condiciones necesarias para el gran complejo tejido de la vivencia espiritual.

En definitiva usted se encontrará con un libro que le ofrece elementos analíticos y críticos para formular una opinión o una idea del convulsionante tema de la divinidad y las mujeres. No me cabe la menor duda que se topará también con la energía trascendente. Hallará en sus páginas un sendero dibujado para la vivencia espiritual de una mujer como yo en el siglo XXI. He de resaltar que el libro ofrece un recorrido por la historia de la teología de la liberación, movimiento espiritual que logró desde América Latina la inclusión de otros sujetos y que aun así, no alcanzó a las mujeres y al problema de la invisibilización de sus prácticas y experiencias al interior de la tradición cristiana.

“Caminos espirituales” decide llamar la autora a los apartados que se muestran como mapas para el laberinto; es aquí donde Carmiña Navia mezcla extraordinariamente el pensamiento y la práctica política feminista con la teología y la filosofía. Retoma conceptos como el de affidamento, autoridad en lengua materna, mediación y orden simbólico en aras de mostrar la composición de la espiritualidad femenina.

El feminismo de la diferencia sexual plantea que el patriarcado no lo ha ocupado todo. Por eso las experiencias de grupos de mujeres en el pasado, asociadas entorno a una vivencia de la espiritualidad y de la práctica de la fe, como es el caso de las Beguinas, y también el de las comunidades de mujeres creyentes actualmente, muestran que la creación de nuevas relaciones y vínculos potencian realidades y personas libres.

El libro de la profesora Carmiña se convierte para mí en un intento de imaginar nuevas relaciones con el pasado, con nosotras mismas y con otras. Esa otra puede ser María de Nazareth, importante figura que ha sido mitificada y a la que paulatinamente se le han borrado las intersecciones con la mujer autónoma e independiente, para dejarla solo inmovilizada y vestida de un manto inmaculado usado como pretexto para demarcar las reglas de género impuestas a las mujeres en occidente.

La cultura patriarcal ha enfermado a las mujeres. Las ha conducido a cárceles de las que aparentemente no pueden escapar. La colonización de lo simbólico ha llevado a un sentimiento de confusión y extravío profundo en donde las mujeres hemos aprendido a percibirnos como intrusas o extranjeras de esta cultura; los resultados han sido casi mortales: la escisión, el rechazo al amor desnudo y crudo por sentir que aquella experiencia fragiliza y asfixia, la inhibición de la creatividad, la amargura y la enemistad entre nosotras mismas.

Nada es igual después de la lectura de este libro, las palabras de Carmiña Navia Velasco deben ser leídas porque nos permiten una sanación genealógica, esa que tanto necesitamos creyentes y no creyentes, feministas y no feministas. Sanación reclamada y requerida después de la ancestral herida dejada por la separación impuesta entre naturaleza, cuerpo y espíritu. Luisa Muraro, en el libro El Dios de las mujeres, refiriéndose a las místicas lo dice con más claridad que yo: “Leyendo sus textos se nota que, en su libertad de pensamiento, o sea en el pensamiento con el que interpretaban libremente su experiencia, la naturaleza humana no está separada de la divinidad, ni el cuerpo del alma. En su pensamiento libre, el amor transforma el cuerpo y el alma en Dios, anulando la diferencia entre la naturaleza humana y la naturaleza divina…”[1] Lo anterior explica parte de nuestra tradición espiritual, esa misma tradición que la Profe Carmiña ha decidido compactar en este escrito agradable y sencillo de leer, no por eso superficial o simple sino más bien, clave para comprender que los discursos lógicos en nuestras genealogías espirituales se componen de lo imprevisto y lo impensable.

México, Noviembre de 2019

Carolina Narváez, es doctora en Historia, especialista en estudios de género, profesora de la UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MÉXICO

[1] Luisa Muraro, El Dios de las mujeres, trad. María Milagros Rivera Garretas, Horas y Horas, Madrid, pág. 136, 2006.

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Fallece Johann Baptist Metz, padre de la “teología política” y uno de los grandes del postconcilio

Jueves, 5 de diciembre de 2019

8209Metz, el hombre que colocó a las víctimas en el centro

Su trabajo sobre la ‘nueva teología política’ fue la semilla que sirvió a Gustavo Gutiérrez para crear la Teología de la Liberación

Metz fue uno de los cofundadores de la revista Concilium, junto a personalidades de la talla de Antonie van den Boogaard, Paul Brand, Yves Congar, Hans Küng, Karl Rahner o Edward Schillebeeckx.

No hacer teología de espaldas al atónito sufrimiento de los pobres y oprimidos del mundo”

“Ha sido uno de los teólogos que más ha influido en mi manera de vivir y de entender el cristianismo”

“La fe no es puramente contemplativa, sino operativa; no se orienta al pasado en actitud añorante, sino al futuro en busca de alternativas. La esperanza cristiana es creadora. La caridad se verifica en la acción transformadora tanto de las estructuras como de las conciencias”

“En su metodología incorpora el grito de los pobres, de los marginados, de los excluidos, de las mayorías populares que viven en situación de extrema pobreza”

Es esa “mística de los ojos abiertos”, unida de forma indisoluble a la política, que ve (mira) y acoge solidariamente todas estas asimetrías, sufrimientos y muerte que padecen las víctimas, esa pasión de los pueblos crucificados por el mal e injusticia.

90 años de Johann Baptist Metz, padre de la “teología política”

Juan José Tamayo Johann Baptist Metz: la voz de las víctimas en la teología

Xabier Pikaza: J. B. Metz (1928-2019). Teología política, memoria de las víctimas

Mariano Delgado: “Como ‘correctivo judío’, la teología de Metz es una de las aportaciones más importantes de la teología postconciliar”

El legado del pensamiento de J. B. Metz y la teología política

El teólogo alemán Johan Baptist Metz, considerado por muchos fundador de la Nueva Teología Política’, germen de lo que posteriormente fue la Teología de la Liberación, falleció ayer Münster, tal y como confirmó la Universidad de esta localidad. Uno de los grandes, el teólogo que se preguntó si se puede hablar de Dios después de Auschwitz.

Metz nació el 5 de agosto de 1928 en Welluck. Coetáneo de Ratzinger, fue profesor de Teología fundamental en la Universidad de Münster entre 1963 y 1993 en cuyas aulas defendió el paradigma de la teología política, y el protagonismo de los sufrientes anónimos. La experiencia del exterminio nazi fue clave para entender su teología, y también el Concilio Vaticano II.

Así, Metz fue uno de los cofundadores de la revista Concilium, junto a personalidades de la talla de Antonie van den Boogaard, Paul Brand, Yves Congar, Hans Küng, Karl Rahner o Edward Schillebeeckx.

Ordenado sacerdote en 1954, su obra teológica da una importancia fundamental a la política, desde la experiencia de la Shoah y el recuerdo de los ‘anónimos sufrientes’. “¿Cómo se puede hablar de Dios después de Auschwitz?”, se preguntó Metz, rebatiendo la ‘teología de los triunfadores’.

Cristo en AuschwitzCristo en Auschwitz

Tal y como señala Saturnino Rodríguez, “el análisis y la crítica de la teología política contemporánea de Europa, presenta puntos de convergencia con la teología de la liberación de América Latina, que aporta como ingredientes fundamentales para una nueva sociedad y una nueva cultura, la larga historia de resistencias y luchas de las clases explotadas, las razas despreciadas y las culturas discriminadas, resultado de la modernidad. Lo que no tiene nada que ver con los actuales movimientos reaccionarios de centralización, subordinación, sometimiento y estandarización, dentro y fuera de la Iglesia”.

Fuente Religión Digital

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90 años de José María Castillo, el ‘padre’ de la Teología Popular

Sábado, 17 de agosto de 2019

jose-maria-castilloDesde Cristianos Gays, que seguimos diariamente sus comentarios, nos sumamos a este momento de Gracia. Felicidades José María. Una vida fecunda de seguimiento de Jesús.

“¡Que el Dios del Evangelio de los pobres, al que dedicaste toda la vida, te siga bendiciendo!”

Larga vida y fecunda labor, amigo José María Castillo

“Un teólogo, un profeta, una partera de la primavera y un articulista consumado, que escribe fácil y divulgativo (de los pocos teólogos capaces de hacer algo así) y que, además, tiene vis periodística”

“Que es un gran teólogo, no lo discute nadie. Tiene obra y obra consolidada. Quizás sea uno de los mejores especialistas mundiales en sacramentos”

“Ésa fue siempre la gran virtud de Castillo: saber divulgar. Saber colocar los grandes conceptos teológicos al alcance de la gente sencilla. Todo un don y una virtud que sólo está al alcance de los más sabios y de los más grandes”

“Tuve la oportunidad, además, de estar a su lado el año pasado, cuando el Papa nos recibió en Santa Marta, y ser testigo directo de la rehabilitación en toda regla de su persona y de su obra

Agradecimiento público de un jesuita a José María Castillo en su 90 cumpleaños Enhorabuena, Pepe. Y mil gracias a ti, y a Dios, por ser quien eres, por Esteban Velázquez Guerra S.J

90 años, como 90 soles, los que hoy cumple mi amigo, el teólogo José María Castillo. Un buen momento para reconocer su impagable servicio de tantos años a la reflexión teológica y al ‘santo pueblo de Dios‘.

Como periodista y director de RD he conocido a decenas de teólogos españoles y extranjeros. Pero con pocos he conectado tan en profundidad como con Castillo. Tanto a nivel personal como profesional. Porque Pepe es una persona especial, que llama la atención y que se hace querer.

Un hombre que mezcla sus humildes orígenes en Puebla de Don Fadrique con un brillante recorrido eclesiástico y, sobre todo, teológico, modelado por su ser y hacer jesuítico.

Un recorrido largo y apretado, que le permite ser memoria viva de la Iglesia española del postconcilio, una etapa que vivió a fondo, en la misma Roma, como perito del cardenal Tarancón. Allí se codeó con los grandes teólogos centroeuropeos de la época y ayudó a la jerarquía española más abierta a desmontar su teología preconciliar y acompasar su tarea pastoral a los nuevos vientos conciliares.

Esa misma jerarquía que, en los 80, cuando cambian los aires de Roma y el Concilio se congela por mor de la involución, a Castillo (y a otros muchos, como Juan Antonio Estrada o Benjamín Forcano) le retira la venia docendi y le destituye como profesor de la Facultad de Teología de Granada. Sin juicio, sin posibilidad de defensa, sin que nadie le dijese jamás cuál fue el motivo exacto de su destitución.

Represaliado y marginado oficialmente, Castillo sigue en la brecha teológica. La investigación no se la pueden prohibir y la docencia que le quitan en España se la dan en la Universidad Centroamericana de San Salvador, junto a su amigo y compañero Ignacio Ellacuría, y en contacto con los pobres de Latinoamérica. La Compañía de Jesús, entonces en el punto de mira de la Curia romana, maniobra con su clásica astucia y circunvala la prohibición docente de Castillo en España, trasladándolo a Centroamérica.

Al final, pasados los años, la rectitud moral de Castillo no le permitía seguir jugando a dos aguas. Es consciente de que su Compañía no podía ir más allá en el pulso con Roma y sabedor de que sus libros, charlas, conferencias y entrevistas podían ser utilizadas por los enemigos para atacar a los jesuitas (que, con Arrupe al frente, estaban pasando su particular calvario romano). De hecho, en 1980, Castillo es apartado de la docencia y, en 1981, el Prepósito General, Pedro Arrupe, sufre una trombosis y unos días después Juan Pablo II interviene la Compañía y nombra interventor de la misma al padre Paolo Dezza.

Eran tiempos de invierno eclesiástico y Castillo decide salir de la Compañía físicamente, sin dejar nunca de pertenecer afectiva y realmente a ella. Otro jesuita sin papales, en la estela de José María Díez Alegría.

Jose-Maria-Castillo-Margarita_2149595028_13842449_667x375José María Castillo y Margarita

El teólogo se queda sin el respaldo de su congregación, pero, al fin, vuela totalmente libre, acompañado de sus innumerables seguidores y, además, con la suerte de encontrar a Margarita, la mujer que, a partir de entonces, comparte su vida, le enseña a amar en lo concreto, le cuida y le mima, para que pueda seguir volando.

Que es un gran teólogo, no lo discute nadie. Tiene obra y obra consolidada. Quizás sea uno de los mejores especialistas mundiales en sacramentos. Pero, a mi juicio, su mayor virtud es la de no haberse quedado, como otros muchos de sus compañeros, en ser un mero teólogo de gabinete.

José María Castillo es, desde siempre, el teólogo del pueblo, la referencia de las Comunidades Cristianas Populares, que se alimentaron con sus libros, charlas y conferencias. ¿Quién no utilizó, desde los años 60 en adelante, sus famosos ‘Cuadernos de Teología Popular? Esos cuadernillos, fotocopiados o ciclostilados, en los que en tres o cuatro páginas resumía los conceptos teológicos más complicados? Con unas preguntas finales, que no dejaban indiferente a nadie y aterrizaban en la vida la doctrina teológica, y con unos dibujillos manifiestamente mejorables, pero también interpeladores.

Tengo que preguntarle quién le hacía los dibujos de aquellos cuadernos, que utilizábamos tanto los curas como los laicos y que igual servían para dar clases en la Universidad o para una catequesis parroquial.

9788433026064Porque ésa fue siempre la gran virtud de Castillo: saber divulgar. Saber colocar los grandes conceptos teológicos al alcance de la gente sencilla. Todo un don y una virtud que sólo está al alcance de los más sabios y de los más grandes. De esos pájaros libres, los que saben tanto y vuelan tan libres y tan alto que son capaces de entregar la comida teológica masticada a sus polluelos pequeños o ya creciditos.

Y, a sus 90 años, ahí sigue, sin desviarse un ápice de su trayectoria, escribiendo un artículo semanal por lo menos en su blog de Religión Digital. Cortos, directos, claros y enjundiosos. Desde la vida y para la vida. Y, precisamente por eso, siempre conectados con la actualidad.

Todo un lujo tenerlo con nosotros y alimentarnos semanalmente de su sabiduría enraizada en la vida diaria, en los signos de los tiempos, en las reformas de Francisco y en la cultura actual.

Un teólogo, un profeta, una partera de la primavera y un articulista consumado, que escribe fácil y divulgativo (de los pocos teólogos capaces de hacer algo así) y que, además, tiene vis periodística, para buscar las perchas de actualidad y ceñirse a ellas. Y un cielo de persona. Expulsado a los márgenes durante muchos años, hoy puede presumir (aunque no lo hace) de haber recibido llamadas y cartas del mismísimo Papa. “Te perdí en los ochenta y ahora te vuelvo a encontrar”, le dijo en una ocasión.

Tuve la oportunidad, además, de estar a su lado el año pasado, cuando el Papa nos recibió en Santa Marta, y ser testigo directo de la rehabilitación en toda regla de su persona y de su obra. «Leo con mucho gusto sus libros, que hacen mucho bien a la gente». Con esta frase, Francisco ‘bendijo’ Francisco al teólogo español en el Vaticano, donde hace dos décadas le retiraron la ‘venia docendi’.

Castillo, emocionado hasta las lágrimas, agradecía el gesto del Papa, mientras le entregaba a Francisco dos de sus últimas obras: ‘La humanización de Dios’ y ‘La humanidad de Jesús’ (Trotta).

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Primero asistimos a la misa de Santa Marta. Sencilla, austera, auténtica. Es su misa, la que Francisco celebra con unción e intimismo. Como susurrando. Como un párroco que celebra en su pequeña capilla.

 Eramos una treinta de personas. Un obispo italiano, acompañado de 8 de sus curas, otro par de curas sueltos, entre ellos el párroco de San Esteban de Sevilla, el secretario del Papa, padre Yoannis, y una veintena de fieles de diversos países y procedencias.

Con su habitual capacidad seductora y didáctica, Francisco expuso, en la homilía, un tratado sobre la forma de evangelizar hoy, en no más de cinco minutos. Con la ayuda del Espíritu y tres verbos: levantarse, acercarse y partir de las preguntas de la gente. Tres actitudes necesarias de la evangelización, pero que sin ponerse en manos del Espíritu, tampoco conducen a nada. Tres actitudes que encarnó siempre el teólogo Castillo.

Tras la misa, el Papa se sentó en una silla en medio de la gente y estuvo dando gracias un rato largo. Después, como cualquier párroco, se fue a la salida de la capilla y se puso a saludarnos a los asistentes, uno a uno.

El Papa aprecia mucho a José María Castillo y, de hecho durante estos años de pontificado, primero le mandó una carta y, después, le hizo una llamada telefónica. Aquel 18 de abril del año pasado, se vieron frente a frente, se saludaron efusivamente y el teólogo le dijo: «Santidad, somos dos jesuitas sin papeles”.

El Papa se sonrió y agradeció la ocurrencia. Y, mirándole a los ojos, recibió sus libros y ‘bendijo’ su teología: «Leo con mucho gusto sus libros, que hacen mucho bien a la gente», dijo Francisco a Castillo.

Más tarde, José María explicaba: «De la Compañía se sale por arriba, como en el caso del Papa, o por abajo, como en el mío, pero, en ambos casos somos y seremos siempre jesuitas…ahora sin papeles».

Y el Papa se fue a desayunar, mientras Castillo, su mujer Margarita y yo nos fundíamos en un abrazo, no sin antes darle las gracias al padre Yoannis, que había posibilitado nuestro encuentro con Francisco.

Al salir de Santa Marta, en la explanada que da a la parte trasera de la Basílica de San Pedro, Castillo, todavía emocionado, decía: «Tenemos que disfrutar de este Papa, que es una bendición de Dios para su Iglesia y apoyarlo con todo nuestro ser. Porque, al hacerlo, estamos apoyando la Iglesia del Vaticano II y, lo que es más importante, el Reino De Dios».

Así lo estamos haciendo, maestro. Y lo seguiremos haciendo. Remando juntos con Francisco, son su primavera y, sobre todo, con el Evangelio de los pobres al que has dedicado toda tu vida. Y lo que te queda. ¡Que Dios te bendiga y te guarde, amigo!

Fuente Religión Digital

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Carlos Mendoza: “La homosexualidad es otra condición humana y no una enfermedad”

Lunes, 8 de julio de 2019

carlos_mendoza_alvarez“Los apuntes del Papa emérito sobre los abusos me parecen una visión sesgada, falta de rigor histórico y desafortunada”

“La Iglesia tiene que rehacer su teología y su vivencia de la sexualidad y del cuerpo”

“La esperanza está en los movimientos eclesiales. En la gente que camina con la gente”

“Falta mucha radicalidad profética y evangélica en nuestros pastores”

“Trump quiere construir su muro y lo hará. Y los traficantes de drogas y de personas harán túneles. Es decir, no puede parar la migración masiva”

“Creo que la Iglesia necesita reformarse para volver a sus fuentes evangélicas”

“Habría que pensar en cómo desmantelar estas estructuras que generan abusos y que se sitúan, en el fondo, no solo en lo sexual sino en el poder: el poder clerical”

“Me parece relevante es que el Papa abra un foro en el Vaticano para escuchar a los pueblos amazónicos y ayudarles a que su voz se escuche en el mundo. Porque de eso se trata el Sínodo Panamazónico: no solo es la cuestión religiosa, sino más bien geopolítica y de territorios”

Carlos Mendoza Álvarez OP es teólogo, investigador y miembro del grupo de teólogos y pastoralistas que desde 2017 forman parte del proyecto iberolatinoamericano, para profundizar sobre las líneas básicas de las reformas de Francisco. Hablamos con él en el marco del tercer encuentro iberoamericano de Teología, titulado “La Sinodalidad en la vida de la Iglesia. Aportes para avanzar en la reforma de la Iglesia”. Verbo claro e incisivo, el teólogo diminico apunta a lo esencial y,colocando a las víctimas en el centro de su reflexión teológica, está abriendo una de las vías más novedosas y atractivas de la teología actual.

Dice, por ejemplo que la Iglesia tiene que revisar “su teologías y su vivencia de la sexualidad”; denuncia la “basurización” de las víctimas y apoya los cambios que Francisco está implementando en la Iglesia, para que “vuelva a sus fuentes evangélicas”.

Asegura, asimismo, que la “homosexualidad no es una enfermedad” y que los abusos sexuales del clero se explican en clave de poder. Por eso, los apuntes del Papa emérito sobre el tema le parecen “una visión sesgada, falta de rigor histórico y desafortunada”.

Hablamos también de otros temas que preocupan a la Iglesia que camina con el pueblo como son los migrantes, los muros y la basurización de la vida de las personas provocada por la sociedad extractivista en la que estamos sumergidos.

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¿Se consolida el grupo de estos congresos iberolatinoamericanos, tras tres convocatorias?

Parece que es un proceso todavía en ciernes. Hemos avanzado. Primero fue Boston, luego Bogotá y ahora, Puebla. Hay un grupo base, que somos treinta teólogas y teólogos de todo el continente y algunos de la península ibérica. Me parece que en la metodología aún nos falta afinar, para escuchar mejor la diversidad de voces y de tradiciones teológicas y encontrar los puntos de amarre.

Distingo que hay, al menos, tres grupos importantes que conforman este grupo americano, latinoamericano e ibérico. La Teología de la liberación como corriente fundante, de recepción del Vaticano II, en América Latina. La Teología del pueblo, más situada en el Cono Sur, con su metodología propia. Y los teólogos y teólogas latinos de los EE.UU. Tres tradiciones teológicas muy del continente americano, que han tenido buena recepción en España y Portugal.

Para entendernos, tres tradiciones inscritas en el ala “progresista” de la teología católica

Por supuesto. Yo diría que con sus especificidades, pero sí una teología más liberal, en diálogo con el mundo moderno, con las grandes metrópolis latinoamericanas y los cambios sociales, políticos y culturales. Cada una de esas tres ramas hace más énfasis en distintos contextos. En el sociopolítico y económico, la Teología de la liberación. En el cultural y popular, la Teología del pueblo. En la migración y los mestizajes culturales en los EE. UU., la Teología hispana en USA, por decir tres grandes rasgos.

Pero sí, efectivamente hay otras corrientes teológicas latinoamericanas que han sido, más bien, apologéticas. Y están todavía muy activas en algunas en algunas instituciones.

¿Qué consistencia tenéis en cuanto a número e incidencia en la teología global eclesiástica, en estos momentos?

Primero una consistencia en las facultades teológicas desde Buenos Aires hasta Boston College, pasando por diferentes universidades en todo el continente. Algunas, como Comillas, en España. Quiero decir que hay una consistencia académica que creo que le da autoridad científica, por llamarlo así.

También una consistencia pastoral, porque hay vínculos con movimientos eclesiales y con movimientos sociales, como, por ejemplo, las comunidades de base o Amerindia que, en la visión de la Teología de la liberación, están en acompañamiento con el pueblo y, en particular, con el pueblo pobre y marginado.

Está siendo una teología desde las bases. Con una consistencia pastoral en nuevos campos de la misma pastoral, en relación con mujeres, con pueblos originarios, con la comunidad LGTB. Creo que eso nos da cierta consistencia, tanto académica como pastoral.

¿Y en un ámbito más internacional?

En los contextos más internacionales, es decir, fuera del continente americano y la Península ibérica, hay contactos con facultades teológicas europeas, con revistas internacionales como, por ejemplo ‘Concilium’, con la que trabajamos algunos de los que estamos en este grupo. Y con otras publicaciones, digamos más científicas, de diferentes disciplinas.

Es un grupo que, predominantemente, está centrado en un tema que yo calificaría como eclesiológico-pastoral. Están la Teología moral, la Teología dogmática y la Teología fundamental, pero como disciplinas que apoyan esta reflexión de la actualidad en la urgencia de una teología para tiempos de globalización.

Vuestra relación con el papa Francisco es de un “do ut des”: él os anima y os impulsa y vosotros le apoyáis en sus reformas

De eso se trata, según entiendo. En particular el liderazgo del Boston College y, en concreto, los profesores que vienen de allá, como Rafael Luciani, Félix Palazzi y otros. Las autoridades del Boston College han tenido una claridad meridiana en la necesidad de apoyar esta renovación eclesial del papa Francisco, en desarrollar esas intuiciones teológicas fundamentales de su magisterio pontificio y, desde el contexto de la tradición teológica plural Latinoamericana y en los EE.UU., poder aportar un desarrollo de esta teología.

¿La sinodalidad, que fue el tema del Congreso de Puebla, es una asignatura pendiente?

Claro, derivada de la conciliaridad. Es decir, de la gran experiencia de colegialidad del Concilio Vaticano II, su recepción en Medellín y Puebla, hasta llegar a Aparecida. Pero, la sinodalidad la estamos viendo aquí como una contraparte que está por desarrollarse y que es la vida del Pueblo de Dios. Un camino de sínodo, de discipulado, de seguimiento de Cristo y de su diversidad de carismas, de ministerios con sus diferentes instancias, también de gobierno.

Pero hay que reinterpretar esa gobernanza, no solo frente a la crisis social que vivimos. Ayer fue magníficamente expuesto un ángulo de esa crisis por Carlos Schickendantz: el tema de la perderastia y cómo hay una exigencia de la cultura contemporánea a la Iglesia, para que revise a fondo sus estructuras de gobierno que, a veces, favorecen un clima, de homofobia, por ejemplo, o de disfuncionamiento de la homosexualidad. Es un asunto de justicia para con las víctimas -y esto viene de voces externas a la Iglesia- la necesidad de que el cristianismo revise procesos internos: cómo respeta la dignidad humana, cómo promueve prácticas de buen gobierno y los fundamentos teológicos en los que muchas veces este modelo clerical y patriarcal dominó durante siglos a la Iglesia.

¿Estás de acuerdo en que las reformas pueden, y deben, ayudar a la solución del problema de los abusos sexuales en el clero? ¿Crees que si hay reformas de los ministerios, se puede conseguir erradicar esa lacra?

Es un elemento estratégico importante. Para analizarlo, me parece fundamental echar mano de un libro de Christian Duquoc que ya tiene 30 años, “Precariedad institucional y Reino de Dios”. Duquoc hablaba de tres disfuncionamientos de la Iglesia moderna: en su relación al cuerpo y la sexualidad, al trabajo y los bienes, y al poder.

Creo que la Iglesia necesita reformarse para volver a sus fuentes evangélicas. Y tenemos que tratar esos tres ámbitos: Respecto a la sexualidad humana (porque no es solo la sexualidad de los clérigos), preguntarnos cuál es la moralidad oficial de la Iglesia en la vida matrimonial, en la vida de los jóvenes, etc. Cuál es nuestra relación al cuerpo para hacer una reinterpretación de nuestra condición humana sexual. Pero también de nuestros cuerpos vulnerados. Las teólogas feministas han sido las más creativas en ver que los cuerpos son territorios de autonomía pero, también, de compasión y de cuidado.

¿Cómo rehacer una teología del cuerpo?

Eso se está haciendo. Lo hacen las mujeres, en particular. Y la Iglesia tiene que rehacer su teología y su vivencia de esta sexualidad/cuerpo.

Pero también hay que tratar el tema del trabajo y los bienes: la cuestión de la riqueza en la Iglesia, del trabajo, de los derechos de las personas que colaboran en nuestras instituciones. Y la cuestión del poder. Este coloquio, hablando del sínodo de acá, ha centrado sus análisis en la cuestión del poder eclesiástico y clerical que, yo creo, es uno, pero no el único que hay que debatir.

¿Qué te han parecido los apuntes del Papa emérito sobre el tema de los abusos?

Me parece una visión sesgada, falta de rigor histórico y que es desafortunada en el momento presente de la crisis de la Iglesia, porque creo que no abona a una reflexión de las causas de fondo sobre el problema: no es un asunto, simplemente, de un libertinaje sexual respecto de una revolución sexual que se vivió en los años 60 y que, después, una parte de la Iglesia la asumió como bandera. Yo creo que el problema de la pederastia es un problema multifacético, que hay que analizarlo con sus bases psiquiátricas y jurídicas, porque es un delito, pero también hay un problema psiquiátrico. Es un problema que no está vinculado a la homosexualidad, que es otra condición humana y no es una enfermedad.

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Hans Küng, teólogo en la frontera con lealtad crítica

Martes, 8 de enero de 2019

HansKung01“Su teología busca la identidad cristiana en diálogo con otras identidades religiosas”

“Una de las figuras más relevantes de la teología cristiana del siglo XX”

(Juan José Tamayo).- El año que termina ha sido fecundo en efemérides de colegas y entrañables amigos teólogos. Hemos celebrado el centenario del nacimiento de Raimon Panikkar, los 90 años de Gustavo Gutiérrez, de Hans Küng, de Pedro Casaldàliga y de Johan Baptist Metz, y los 80 años de Jon Sobrino y de Leonardo Boff. En mi blog amerindiaenlared.org he dedicado varios artículos a Panikkar, Casaldàliga, Sobrino y Boff.

Ahora publico el primero de los artículos dedicados a Hans Küng, una de las figuras más relevantes de la teología cristiana del siglo XX, que, con su extensa y rigurosa obra elaborada ininterrumpidamente durante más de sesenta años de actividad docente e investigadora, ha ejercido una significativa influencia en el panorama religioso mundial. Es la expresión de mi reconocimiento, sintonía y amistad.

La teología de Hans Küng es, sin duda, una de las más sólidas y creativas de la segunda mitad del siglo XX y del siglo XXI. Se caracteriza por la búsqueda de la identidad cristiana en diálogo con otras identidades religiosas y culturales a la luz de la conciencia crítica de la Modernidad, por el cuestionamiento de las instituciones eclesiásticas desde una rigurosa fundamentación histórica, filosófica y teológico-bíblica.

Por la crítica de los dogmatismos y fundamentalismos religiosos, por el trabajo ecuménico a favor de la reconciliación entre las iglesias cristianas en el seguimiento de Jesús de Nazaret y la fidelidad evangélica, por el diálogo entre las religiones como contribución necesaria a la paz en el mundo, por la construcción de una ética mundial en tiempos de globalización.

Por la sensibilidad hacia las inquietudes de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y por su ubicación en la frontera con lealtad crítica a la Iglesia católica .

Convergencias entre catolicismo y protestantismo

Su tesis doctoral sobre la doctrina de la justificación en la obra de su compatriota el teólogo evangélico suizo Karl Barth (La justificación. Doctrina de Karl Barth y una interpretación católica, Editorial Estela, Barcelona, 1967) constituye el horizonte ecuménico en el que va a moverse su trabajo teológico y marca un hito en la teología ecuménica.

vida

En ella intenta demostrar la coincidencia entre la doctrina de la justificación de Barth y la católica en sus elementos fundamentales.

El propio teólogo suizo reconocía que la exposición de Küng respondía en lo esencial a su reflexión sobre la justificación y que le había interpretado correctamente: “Usted me hace decir lo que yo digo y yo pienso como usted me hace hablar”, comenta Barh en “Una carta al autor”, fechada el 31 de enero de 1957, cuando Küng tenía 28 años. (La diferencia de edad entre ambos es de 42 años: Barth nació en 1886; Küng, en 1928).

Tras leer el libro de Küng -yo lo hice en 1970 y sigo leyéndolo casi cincuenta años después-, uno no puede menos que preguntarse con R. Muñoz Palacios si todas las guerras de religión, las luchas teológicas, los enfrentamientos y las divisiones entre católicos y protestantes no habían sido un inmenso error. La respuesta tiene que ser afirmativa. El problema es que las guerras religiosas siguen produciéndose.

El papa, ¿infalible?

En la década de los sesenta y principios de los setenta, Küng se centró en temas eclesiológicos como el ecumenismo, el Concilio Vaticano II, la Iglesia y la infalibilidad, siempre en clave ecuménica, que adquirió carácter académico con la creación del Instituto de Investigaciones Ecuménicas en la universidad de Tubinga, del que fue director.

Tres son las principales obras de este período: Estructuras de la Iglesia, La Iglesia -fue el tratado de eclesiología que yo estudié- e ¿Infalible? Una pregunta.

Elabora una eclesiología crítica a partir del Evangelio y bajo la inspiración del Concilio Vaticano II. Aborda la “esencia” de la Iglesia en su forma histórica mutable. Parte de la Iglesia real encarnada en el mundo, y no de una Iglesia ideal que se encuentre en las abstractas esferas de la teoría teológica.

Con honestidad teológica y lucidez intelectual se pregunta si la Iglesia puede apelar razonablemente a Jesús de Nazaret y si está fundada en su Evangelio. Su respuesta es que entre Cristo y la Iglesia no se da una compenetración física y necesaria, sino una unidad peculiar: unidad en la dualidad y dualidad en la unidad; unidad como dinamismo histórico y no como estatismo ontológico.

La Iglesia no se encuentra al mismo nivel que el reino de Dios, sino bajo el reino de Dios y a su servicio. La índole carismática no es algo accidental en la Iglesia, sino que forma parte de su estructura fundamental.

En su obra La Iglesia católica Küng avanza algunas líneas de futuro por las que habrán de caminar las iglesias cristianas. Deben enraizarse en el Evangelio, en el movimiento de Jesús de Nazaret y en los orígenes cristianos, que es donde se encuentra su inspiración más auténtica.

No pueden depender de modelos organizativos jerárquico-patriarcales del pasado, que excluyen a las mujeres de los ministerios y de las funciones directivas en las iglesias en razón de su sexo.

En continuidad con Küng, creo que las iglesias deben reconocer a las mujeres como sujetos morales, eclesiales y teológicas, y a partir de ahí desarrollar una reflexión teológica desde la perspectiva de género, que no justifica la lucha de las mujeres contra los varones ni la de éstos contra aquéllas, sino que es inclusiva de hombres y mujeres.

La unidad de las iglesias cristianas no se logra con el retorno de una iglesia a otra o con la salida de una hacia la otra, y menos aún con la sumisión de una iglesia a la otra, sino a través del retorno por ambas partes, la mutua aceptación, la comunión en un dar y recibir recíprocos, y, en definitiva, de la conversión de todas a Cristo y su mensaje.

Una de las cuestiones más problemáticas y conflictivas de las tratadas por Küng es la infalibilidad del Papa, que divide a la cristiandad -incluso dentro de la Iglesia católica-y que, desde que se produjo la Reforma protestante, espera una respuesta de la teología católica.

Küng aborda esta cuestión de manera sistemática, con profundidad teológica, rigor histórico y fundamentación exegética, pero sin hablar ex cátedra. Lo que Küng se pregunta es si “la infalibilidad de la Iglesia necesita proposiciones infalibles”.

Ateniéndose a la filosofía del lenguaje establece una serie de principios que deben aplicarse también a las distintas proposiciones de fe, cuales son las fórmulas de fe, los símbolos de la fe y las definiciones de fe. Ninguna de ellas está exenta de seguir las leyes que rigen todo tipo de proposiciones y todas ellas participan del carácter problemático de las proposiciones humanas.

Las proposiciones van a la zaga de la realidad; son equívocas; sólo pueden traducirse condicionalmente; están en movimiento; propenden a las ideologías. La teología debe tomar en serio la dialéctica de verdad y error, si no quiere caer en el dogmatismo, el juridicismo, el autoritarismo, el formalismo, el objetivismo y el positivismo.

para confirmarlo apela a la historia, siguiendo las investigaciones del teólogo francés Yves Marie Congar (1904-1995) -con quien coincidió como asesor en el concilio Vaticano II (1962-1965)- sobre la Iglesia en la Edad Media, marcada como estuvo por el absolutismo papal.

Durante esa época se admite en general que el Papa puede errar y caer en la herejía. Lo que se enseña es la indefectibilidad de la Iglesia, no la infalibilidad del Papa.

Durante las épocas oscuras del cristianismo la indefectibilidad de la Iglesia no se manifestó precisamente en la jerarquía, ni siquiera en la teología, tampoco entre los poderosos, sino entre los humildes, entre numerosos cristianos la mayoría de las veces desconocidos que escucharon el mensaje del Evangelio y vivieron conforme a él.

¿Hans Küng contra el papado? No exactamente. Escribe en su libro La Iglesia católica: “Defiendo el papado para la Iglesia católica, pero al mismo tiempo reclamo infatigablemente una reforma radical de acuerdo con los criterios del Evangelio” (Mondadori, Barcelona, 2002, p. 14).

Fuente Religión Digital

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo ,

Misericordia y justicia ante la desigualdad global.

Lunes, 17 de diciembre de 2018

dibujo grises18Comunicado de la XIX Semana Andaluza de Teología.

ECLESALIA, 03/12/18.-

La producción de “residuos humanos” -es decir, las poblaciones “superfluas” de migrantes, refugiados y demás parias empobrecidos- es una consecuencia del proceso globalizador a nivel mundial y su ensalzado progreso económico. Dicha globalización provoca un número cada vez más elevado de personas privadas de medios adecuados de subsistencia, al mismo tiempo que el planeta se está quedando sin lugares habitables para ellas y tal vez algún día también para todos los humanos en un desastre ecológico global.

La Unión Europea carece de respuestas ante los desafíos que plantea nuestro entorno geoeconómico y geopolítico. No tiene visión estratégica ni a largo ni a medio plazo. Deja al Mercado gestionar “automáticamente” la demanda migratoria y no quiere asumir su responsabilidad política y moral para con refugiados y migrantes. Su falta de visión y decisión, de previsión y de gestión de las migraciones beneficia directamente a los movimientos y partidos políticos xenófobos y a los traficantes de personas. Podemos decir que la crisis de las migraciones es la crisis de la propia Europa como proyecto humanizador y civilizatorio que pretendía ser un verdadero espacio de libertad, justicia y seguridad al servicio del reconocimiento e igual garantía de los derechos humanos.

Las migraciones interpelan: o apostamos por ser humanos en una sola humanidad, o se agudizarán las diferencias practicando la cultura del “descarte” que dice el Papa Francisco. Leyes de extranjería cada vez más severas y criminalizadoras, crueles medidas de control de fronteras, políticas de extrema dureza contra los “fugitivos” (migrantes o refugiados), miles de ahogados en el mar, gobiernos que no quieren ver ni hacer justicia, trabajadores extranjeros a explotar y sin derechos, auge de la xenofobia y de populismos que propagan el odio étnico, el temor y el rechazo a quienes llegan hasta aquí: personas con la muerte a su espalda y un muro ante su rostro. Vivimos enredados en una dinámica de rechazo de “los otros”, víctimas silenciadas, olvidando que en ellas nos jugamos nuestro propio ser, personal y colectivo.

Discriminar, invisibilizar, ignorar, minusvalorar, marginar, explotar son prácticas cada vez más extendidas en nuestras sociedades y forman parte de la experiencia cotidiana de las personas y colectivos que las sufren: mendigos, los sin techo, migrantes y refugiados, desempleados y parados, mujeres víctimas de trata, pensionistas empobrecidos, desahuciados, barrios marginales y marginados, minorías de todo tipo, etc.

La discriminación femenina es un hecho evidente en toda sociedad y en todo el mundo. Aunque es verdad que la desigualdad no se presenta con la misma intensidad en todas partes y culturas, lo cierto es que dicha desigualdad está presente en todas ellas y siempre obedece a la misma causa: el patriarcado como sistema simbólico y social creado y organizado por los varones. Un sistema que vive en los discursos ideológicos y se concreta en las estructuras sociales que priorizan el ejercicio del poder masculino con instituciones y normas opresoras para las mujeres.

El duro recorrido histórico del feminismo por lograr la igualdad de género tiene aún muchos retos hasta alcanzar la autonomía personal y el reconocimiento social de las mujeres. Frente al patriarcado dominador y dominante ya no hay marcha atrás en lo conseguido por las mujeres, que apuestan por rozar lo increíble y tener su lugar en un mundo no pensado para ni por ellas. Vivir como diferentes y a la vez como iguales y construir una sociedad igualitaria es un largo camino siempre por hacer.

Ante la irracionalidad, silenciamiento e indiferencia de cuanto sucede en el mundo y en nuestros entornos más próximos, no podemos olvidar nuestra misión como ciudadanos/as y como cristianos/as: ACOGER. La acogida debe prevalecer sobre leyes, normas y protocolos. Hemos de cuidarnos mutuamente. Porque la acogida no es algo unidireccional. Acojo si me dejo acoger. Me acogen si soy capaz de disponerme a la acogida. Esos cuidados recíprocos son los que nos constituyen como personas y como comunidad cristiana. Acogida, cuidados, comunidad, solidaridad, gratuidad, etc. son obligación de justicia y son adjetivos necesarios que pueden hacer de la vida colectiva y personal algo completamente diferente y más feliz. He aquí la tarea que nos queda: salvar lo que nos salva y contar con los que no cuentan.

Sabemos que el compromiso del seguimiento evangélico conlleva un decidido combate contra la idolatría del dinero, del poder, del consumo, de la violencia. En otras palabras, un combate a favor de la justicia que se desborda en la solidaridad como plenitud de aquella. Misericordia y justicia son los criterios para discernir, probar y comprobar que nuestra adhesión a Jesús de Nazaret es creíble y nos aproxima a la propuesta de que otro mundo es posible y necesario.

23, 24, 25 noviembre 2018.Torrox (Málaga)

Comunicado de la XIX Semana Andaluza de Teología.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Reformular a la iglesia: un camino urgente y necesario

Viernes, 23 de noviembre de 2018

jeans-patch-13202589“Nadie usa un pedazo de género nuevo para remendar un vestido viejo, porque el pedazo añadido tira del vestido viejo y la rotura se hace más grande. Tampoco se pone vino nuevo en odres viejos, porque hará reventar los odres, y ya no servirán más ni el vino ni los odres. ¡A vino nuevo, odres nuevos!” (Mc 2, 21-22).

“¡A vino nuevo, odres nuevos!” (Mc 2, 22)

Stefano Cartabia, Oblato,
Uruguay

ECLESALIA, 08/06/18.- Es este el icono evangélico que, a mi manera de ver, mejor muestra la situación actual de la iglesia y del cristianismo. Por todos lados se pide renovación y desde muchos lugares surgen experiencias renovadoras o intentos de renovación. Es la frescura de la espiritualidad que se abre camino entre los senderos casi desiertos de una religión en agonía: ¡Es el vino nuevo que se hace presente para regalarnos el amor y celebrar la vida! Pero insistimos en poner este vino nuevo en odres viejos. Ese es el drama de la iglesia: aferrada a los odres de la doctrina y sus obsoletas estructuras no sabe aprovechar ni disfrutar del vino nuevo. A menudo no sabe que hacer con este vino nuevo y se desperdicia.

Necesitamos odres nuevos para este vino espumante y gracioso, un vino lleno de vida y de burbujas, un vino de buen cuerpo y robusto. Un vino con tanta fuerza que va rompiendo sin piedad los odres desgastados y rajados. Es el vino nuevo que pide reformular al cristianismo y a la iglesia.

Reformular a la iglesia”: propuesta un tanto atrevida y arriesgada. Fiel a mi sentir y mi conciencia siento también que es un camino necesario, urgente e imprescindible. También porque, por un lado, ya se está dando. Se está dando naturalmente, a partir de la base, de la gente común, de los laicos. Y también por algunos que otros gestos del Papa Francisco. Pero, en general, la jerarquía parece “no saber” o hacer la vista gorda. Así, también, la teología “oficial” y el magisterio.

Acompaño a muchas personas y grupos que ya no se sienten reflejados en esta iglesia. Muchos se alejan paulatinamente buscando otras fuentes de agua viva y no cisternas agrietadas (Jer 2, 13). Otros resisten e intentan el cambio desde dentro.

En fin: algo se mueve y se está moviendo, que la jerarquía lo sepa o no, lo quiera o no. Quiero dar mi aporte en este sentido. ¿Por qué reformular? Me pareció el termino más correcto: respetuoso del pasado y audaz con el futuro. Hubiera podido usar “renovar”: pero hablar de renovación en muchos casos no tiene toda la profundidad necesaria. A menudo el “renovar” se esfuma y diluye como una simple mano de pintura sobre un revoque en ruina. Reformular es más contundente: mantiene la esencia y a la vez permite enterrar definitivamente algunos aspectos y dar cabida a otros.

Unas premisas que me parecen importantes:

  • Escribo desde el amor a la iglesia. La iglesia me dio vida y me ayudó a crecer y a madurar. En la historia de la iglesia y del cristianismo hay una riqueza infinita que también contribuyó a alimentar grandes valores humanos: arte, literatura, poesía, educación, espiritualidad, arquitectura… Estoy muy agradecido por todo eso. Eso mismo me empuja a ser transparente, directo, incisivo en mis apuntes y mi compartir. Mis “criticas” (en realidad no quieres ser tales) – a veces contundentes – están formuladas con la intención de construir y aportar para que la iglesia sea realmente signo e instrumento del Reino de Dios en el mundo de hoy y vehículo de autentica espiritualidad.
  • Uno de los ejes de mis criticas será la jerarquía y el nivel institucional de la iglesia. No tengo nada personal con ningún representante oficial de la jerarquía, más allá de no compartir a menudo posturas y modelos de iglesia; y a veces no puedo evitar esbozar una sonrisa frente a evidentes signos de búsqueda de poder y privilegios, incoherencias y apariencias. Nada personal con nadie, más allá de sentirme marginado y excluido no raras veces. Más aún: hacia la gran mayoría de sacerdotes y obispos que conozco tengo un profundo afecto y estima. Todas personas entregadas a sus ministerios, generosas, autenticas. El blanco de mis criticas es el “sistema” jerárquico e institucional. “Sistema” – dígase lo mismo por la sociedad civil – tanto más difícil de descifrar y desmantelar cuanto más invisible, oculto e impersonal es. “Sistema” difícil de quebrar cuanto más se ampara en una supuesta autoridad divina: nada más peligroso que el fanatismo religioso. La historia enseñó y enseña. Cada “sistema” está obviamente hecho y sostenido por personas concretas, pero va también más allá y se pierde en algo indefinido e intocable. Es la experiencia común cuando para un tramite civil te derivan de ventanilla en ventanilla sin que nadie pueda dar con un responsable y un rostro concreto. Experiencia común cuando en la iglesia te dicen “que siempre se hizo así” y nadie sabe fundamentar y dar respuestas coherentes.
  • Este compartir no deja de ser una reflexión abierta, sin ninguna pretensión ni intentos polémicos. Estoy feliz con mi silencio, feliz con mi gente amada y amante. Feliz con el Dios de la Vida que me sonríe en cada cosa. Sereno y en paz desde el Silencio que me habita. No busco aprobación ni aplausos. Simple y sencillamente comparto desde el Amor que es y que somos. Me gustaría que mi escrito fuera tomado así y que se pudiera leer sin prejuicios. Sin duda habrá varias cosas que a muchos les rechinarán: no hay problema. Solo invito a una simple operación, que vale por este escrito, como por todo: no tiren todo por uno o más puntos que no comparten. Sepan rescatar lo que si comparten. Tal vez empiecen por ahí, con actitud positiva y abierta. Anoten con humildad y sencillez los puntos que comparten y los que no.
  • Tal vez a algunos pueda surgir impetuosa la rebelde pregunta: ¿quién es este que se atreve a “reformular a la iglesia”? Pregunta lícita, tal vez. Respondo: nadie. Por eso me atrevo a hacerlo. Es la suprema libertad de la nada.

Mi propuesta para reformular a la iglesia pasa por siete caminos. Siete. Número no casual. Número de la plenitud que ya somos y a las cual estamos llamados.

  • Camino jurídico-institucional
  • Camino teológico-doctrinal
  • Camino interior-espiritual
  • Camino artístico-poético
  • Camino realista-antropológico
  • Camino ecuménico-dialógico
  • Camino pastoral-misionero

Camino jurídico-institucional

La iglesia institución es uno de los grandes obstáculos para el hombre moderno y, a menudo, también para el creyente. Las instituciones en general están en crisis y están mal vistas. Muchas veces con razón: toda institución con el pasar del tiempo pierde el espíritu originario que la suscitó y se enreda en una sinfín de incoherencias: “hacer carrera”, corrupción, fanatismo, exterioridad, legalismo. No es necesario poner ejemplos para la iglesia, me parece.

La institución iglesia va repensada y reformulada. Muchas veces se tiene la impresión que la iglesia sigue más el derecho canónico que el evangelio, se preocupa más de cumplir con sus reglas y normas que de atender al Espíritu, defender doctrinas que acompañar al ser humano en su búsqueda y dolor.

Con todo esto no se quiere negar que cierto nivel institucional y jurídico sea necesario, al contrario. Lo necesitamos por nuestra existencia concreta y frágil, marcada muchas veces por el egoísmo. Pero no podemos permitir que lo institucional sofoque al genuino Espíritu –hecho muy recurrente lamentablemente–.

Repensar lo jurídico-institucional en la iglesia significa reformular sus propios fundamentos a partir de la evolución de la humanidad y de los logros de estos siglos en el campo de los derechos humanos, la antropología, la psicología, la sociología, la espiritualidad.

La iglesia institución funciona casi como una monarquía. El Papa, amparado por el derecho, puede hacer prácticamente cualquier cosa. Así los obispos en sus diócesis. Todo organismo eclesial es simplemente “consultivo”. En un mundo que, después de tanto sufrir, logró en su mayoría el modelo democrático y participativo, una visión de iglesia monárquica o casi es inaceptable. Y esto, más allá de las fallas de los sistemas democráticos y su – sin duda – posible y necesaria mejoría.

Obviamente en la iglesia se habla de comunión. Hasta existe una propia eclesiología de comunión. Hay experiencias muy lindas y positivas en este sentido: pero casi siempre a partir de la base. Comunión sí, pero si decide la jerarquía y como decide: ¡Qué extraña comunión!

¿Dónde fundamenta la iglesia esta proceder muy poco evangélico?

En una lectura parcial, interesada y superficial de los evangelios y en un criterio tautológico, es decir, que se explica en sí mismo.

Simplificando, el razonamiento es el siguiente: la iglesia afirma que su autoridad le viene de la Palabra de Dios. ¿Y quién afirma lo que es Palabra de Dios y la interpreta? La iglesia.

Algo así no es transparente y no resiste a la critica de la razón y a la autonomía del ser humano que es uno de los grandes logros de la modernidad. No reconocer la autonomía del ser humano y de las leyes del universo supondría relegar a “Dios” en un cuarto aislado e inaccesible y quedarse en un oscurantismo, esclavos de creencias.

Hay aún más: muchas leyes eclesiásticas se fundamentan en interpretaciones de pasajes evangélicos. En dichas interpretaciones muchas veces no hay coherencia ni igual criterio.

Las doctrinas del Papado, del pecado original y de la indisolubilidad del matrimonio por ejemplo se fundamentan en muy pocos versículos e interpretados literalmente o casi.

Las preguntas se hacen solas: ¿Por qué algunos versículos se toman al pie de la letra o se interpretan rígidamente y otros no? ¿El criterio de interpretar el mensaje evangélico en su conjunto no vale para estos versículos? Parece que hay distintos criterios de interpretación, según convengan o menos al poder establecido o a la necesidad o menos de confirmar tesis teológicas y doctrinales. Un camino hacia una mayor coherencia y autenticidad es necesario.

La iglesia, si quiere ofrecer al mundo una palabra autentica, debe poder abrirse a un dialogo a 360 grados con sus críticos y con todo el mundo. Tiene que poder ofrecer argumentos validos anclados en la experiencia y en la razón, no en una supuesta autoridad recibida de Dios (fideísmo) y de la cual es imposible un comprobante.

Otros ejemplos pueden esclarecer: la elección del Papa y los obispos y el magisterio. La elección del Papa es sumamente anti-democrática y no tiene en cuenta la eclesialidad. El Papa elige los cardenales que, a su vez, elegirán al Papa sucesivo. No hay ninguna forma de participación del pueblo. Y ni que decir, que los cardenales son todos varones. Obviamente se fundamenta todo esto bíblicamente. Fundamento que no existe por supuesto y que se intenta crear estirando y manipulando los textos.

La elección de los obispos es sumamente autoritaria y falta total de transparencia. El rol de los nuncios es fundamental y muchas veces el Nuncio de turno no conoce fehacientemente la realidad. Las consultas son parciales y envueltas en un oscuro misterio. Los informes que llegan a Roma no se conocen y también están rodeados de misterio. Por no decir que también acá juegan simpatías, acuerdos, etcétera…

El pueblo cristiano, la enorme mayoría de los cristianos, prácticamente no tiene ninguna voz en la elección de sus pastores. Lo mismo se puede decir, tal vez matizando un poco, de los párrocos.

El magisterio está también envuelto en una sacralidad que no tiene. Con Francisco – sus palabras, gestos y pedidos de perdón– quedó claro, por ejemplo, que la doctrina de la infalibilidad papal no se puede sostener. La jerarquía exige obediencia al magisterio: no se puede pensar ni opinar distinto. Por lo menos “oficialmente”. Se crea así una brecha hipócrita terrible. Varios obispos y sacerdotes (y , mucho más, catequistas y laicos) no concuerdan con las posturas “oficiales” de la iglesia pero no se atreven a expresarlo y,  menos, a ponerlas arriba del tapete. Sería muchos más honesto, humanizador y evangélico que el magisterio pierda su carácter absoluto y dogmático para volverse abierto, dialogante y orientativo.

En la práctica concreta en definitiva, lo que se vive en la iglesia, es autoritarismo y no autoridad. La autoridad, bien lo sabemos, no se impone, sino que se reconoce. Y la jerarquía sigue exigiendo obediencia y fidelidad en detrimento de la libertad de conciencia. El evangelio es también testigo clarividente de todo eso, pero la jerarquía hace oídos sordos. A Jesús se le reconoce autoridad, él no la exige en ningún momento. La gente misma le reconoce a Jesús cierta autoridad por su coherencia de vida. El “principio autoridad” de la iglesia tiene que dejar lugar al “principio autenticidad”, como afirma el teólogo italiano Vito Mancuso.

La autenticidad de una vida es reconocida por la gente sin necesidad de imponer ningún tipo de autoridad. Todo esto conduce al respeto de la conciencia, cosa afirmada por el catecismo pero muy poco practicada por la jerarquía. “La conciencia es el nucleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (1795. El texto reenvía al documento conciliar Gaudium et Spes 16). Sigue –de manera menos violenta pero más oculta y perniciosa– cierta inquisición: la libertad de pensamiento que también la iglesia reconoce en sus documentos, en la práctica no es reconocida. Roma controla los obispos, los obispos se sienten controlados y controlan a los sacerdotes, los sacerdotes se sienten controlados y controlan a los laicos… ¡terrible circulo vicioso y tan poco evangélico!

¿Se puede ser cristiano así? Ya di mi respuesta, como podrán imaginar. Obviamente todo este planteamiento – supongo – no le gustará mucho a la jerarquía: su poder está amenazado. Y siempre buscarán respaldo en la tradición y en la subjetiva suposición de que su autoridad viene de Dios. Hasta que se escudan en este argumento todo sincero dialogo es imposible. También porque este “dios” del cual vendría su autoridad, ha muerto. O, tal vez, nunca ha existido. Todo esto está profundamente unido al segundo camino.

Camino teológico-doctrinal

Desde la teología surge la doctrina y desde la doctrina se exigen maneras de vivir, de entender la vida, de comportarse. Después de los primeros concilios ecuménicos la doctrina fue marcando el camino del cristianismo y la vida concreta de muchas personas.

La teología y la doctrina de la iglesia, después de los primeros siglos de frescura y mística, fueron empapando la vida del cristiano. La iglesia, unida al poder político, fue desarrollando la teología y la doctrina a partir del imperio y se fue estableciendo con las características propias de un imperio/estato: poder legislativo, ejecutivo, judicial. La liturgia misma tiene una importante derivación imperial… ¿y tiene que ver con el evangelio?

Ahora bien: al leer el evangelio uno no se ve apabullado por disquisiciones teológicas ni oprimido por pesadas doctrinas. Al contrario: trasluce en cada pagina libertad y frescura. Notamos a un Jesús amante de la vida, hombre libre, preocupado por hacer el bien y revelar el rostro misericordioso del Padre.

Todo esto obviamente –no soy tan ingenuo– no significa que teología y doctrina no tengan su lugar y no sean también importantes. La teología… ¡hasta me gusta! Significa volver a priorizar la experiencia y la vida por encima de la teología y la doctrina: criterio clave en todo camino espiritual y criterio usado por el mismo Jesús. Sin duda la teología y la doctrina católica marcaron una época y tuvieron sus logros y sus importantes aportes. Leer más…

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , , , , ,

“Nueva ola teológica evangelical hispana”, por Carlos Osma.

Miércoles, 20 de junio de 2018

leerSarcasmo del bueno en este post de su blog Homoprotestantes:

Según el profesor de Antíguo Testamento de la Facultad de Teología Evangélica de la Cruz Chispeante, Natanael Baleia, a Jonás se lo tragó un pez. Anna Whitemind, conocida especialista y licenciada en el gélido Seminario de Fair Bannks, pero que trabaja como misionera en un pueblecito soleado de la costa de Cádiz, afirma que hay pruebas bíblicas concluyentes de que Dios creó el mundo en siete días. Por su parte, el teólogo (por aclamación popular, aunque no pudo asistir a ninguna de las clases del Seminario Unido del Cristo Exaltado) Paco Gata, ha escrito un libro explicando que Moisés redactó el Pentateuco porque la Biblia lo dice. El profeta Juan Patmos, que recibe directamente los títulos teológicos gracias al Espíritu Santo, demostró en el pasado encuentro de hombres heterosexuales con Biblia negra y corbata azul, que sin lugar a dudas estamos viviendo los últimos tiempos tal y como claramente relata el libro del Apocalipsis. Éstas son solo cuatro muestras del alto nivel teológico del evangelicalismo “made in Spain” que tiene como máxima: “Si sabes leer… eres un gran teólogo”.

¡Qué haríamos sin personas tan formadas como éstas que conocen tan bien la Biblia y que nos transmiten sus enseñanzas de manera pura y sin mancha! Gracias a ellas el evangelicalismo está manteniéndose como el último remanente fiel que hace frente a la poderosísima ideología de género. Allí están ellos, y algunas de ellas, expulsando a diestro y siniestro a quienes se atrevan a poner en entredicho la autoridad de la Biblia. Su guerra es sin cuartel, y además de hacer manifestaciones, intentan llegar a lugares de influencia política para imponer la Santa Palabra de Dios (que sin duda se equivoco haciendo nacer a su Hijo en casa de unos donnadies, cuando podría haberlo hecho en la cuna del Emperador Julio César, y así le hubiera sido mucho más sencillo imponer políticamente el Reino de Dios). Lo más destacable de las puntas de lanza de la teología patria es que no se han dejado llevar por los discursos ideológicos de la izquierda más radical, y se mantienen a lo suyo, luchando contra degenerados peligrosos que quieren destruir el orden, la familia y la Iglesia; en vez de (por ejemplo) perder sus energías en denunciar la corrupción política, o el empobrecimiento de la población. No, ellos no van a caer en el engaño, saben que su enemigo más importante no es la incoherencia, sino dos personas del mismo sexo retozando felizmente una encima (o detrás) de la otra a la hora de la siesta.

La próxima semana El Concordato Evangélico Hispano de la Biblia Totalmente Abierta, entregará un premio al Doctor en Teología por la Universitat Evangèlica de Castelldefels Pau Llest, por haber demostrado que a Daniel no se lo comieron los leones porque, además de en un dibujo que tuvo que colorear en la escuela dominical cuando era pequeño, lo pone en la Biblia. Me he enterado de este importantísimo premio, porque mis amigos Chencho y Dimas, a los que conocí en un encuentro de Cristianos Exploradores cuando teníamos cinco años, pero con los que no volví a coincidir hasta que el año pasado los reconocí bailando en el pódium de la discoteca Furor Gay; me lo dijeron la semana pasada. Me llamaron para explicarme que han dejado lo del pódium, lo de las discotecas, y también lo de ser gais. Lo de acostarse juntos todavía no lo han dejado del todo, pero están seguros que con oración, un poco de tiempo, y la ayuda de la profetisa Elisa Mg Boses (que estudió en la Facultad Pentecostal Filipina de Torremolinos especializada en profetismo y curaciones divinas); dejarán de hacerlo. Y cuando les pregunté por qué querían dejar de acostarse juntos, me respondieron que porque la Biblia lo dice. Además, me invitaron a la entrega de premios en Castelldefels para que conozca a Pau Llest, Elisa Mg Boses, y a Marcelo Atraente; que es un exgay brasileño guapísimo con el que han creado un trío para cantar, bailar y adorar a Dios. Se supone que ese tal Marcelo ha hecho también un posgrado en la Universidad Rey Juan Carlos (milagrosamente no hacía falta asistir a las clases ni hacer exámenes), demostrando que Satanás existe, porque lo dice la Biblia, y además es gay. Esto último, aunque no lo diga explícitamente la Biblia, lo deduce por lo peligroso que es su tridente para todos los hombres de bien.

Nada, que no me ha hecho falta esperar hasta la próxima semana para conocer a tan ilustres personajes de la teología hispana, que ya me he decidido a estudiar teología en alguno de los reputadísimos centros superiores de teología evangelical del Estado. Y aunque me niego a hacerme heterosexual (al menos por el momento), si me lo preguntan, pondré en sus formularios de inscripción que sí lo soy. Quiero formar parte de la nueva ola teológica hispana que bucea en las profundidades bíblicas para extraer todas sus enseñanzas. De hecho, esta misma tarde he empezado a leer la Biblia y he descubierto cosas increíbles, yo que siempre he sido un amante de la naturaleza, me he quedado anonadado al saber que Dios salvó de una gran inundación a todos los animales de la Tierra haciéndoles entrar en un arca… En realidad a todos no, solo a una pareja de cada, al resto incluyendo a los seres humanos, los fulminó. Pero bueno, parece ser que se lo merecían. Dios siempre sabe lo que hace. No sé si este descubrimiento me permitirá entrar en segundo o tercer curso directamente en alguna facultad que tenga denominación de origen evangelical, pero por si acaso voy a pedir que me hagan un examen que valore mi nivel inicial.  En tres años me veo Doctor en Teología… y de ahí a escribir en las mejores revistas evangelicales y ser invitado a dar grandes conferencias, hay solo un paso. Quiero servir al Señor… y estoy dispuesto a leer y leer la Biblia, a aprenderme sus versículos de memoria, y el nombre de cada uno de los personajes que intervienen. Quiero ganar todos los esgrimas bíblicos, y dejar boquiabierto al personal. Después montaré una iglesia, y llamaré a Chencho, Dimas y a Marcelo Atraente, para que amenicen con su música y sus bailes el tiempo de alabanza, antes de que yo suba al púlpito y predique la verdad que pone en la Biblia a todo el mundo que quiera escucharme.

Carlos Osma

Espiritualidad, Iglesias Evangélicas , , , , , , ,

Lutero: V centenario de la Reforma Protestante (y III)

Viernes, 3 de noviembre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaDesde el cisma hacia la unidad cristiana

“Tenaz en su carácter y obsesivo en sus ideas, Lutero las vivió apasionadamente”

(Saturnino Rodríguez).- Martín Lutero es una figura crucial de la Edad Moderna en Europa, la influencia del conjunto de sus teorías y doctrinas (que suele denominarse luteranismo) se extendió, más allá de la religión, a la política, la economía, la educación, la filosofía, el lenguaje, la música y otros espacios de la cultura. Martin Lutero obtuvo gran popularidad entre el pueblo, y también su considerable influencia en el clero. La contribución de Lutero a la civilización occidental se consideran más allá del ámbito religioso. Sus traducciones de la Biblia ayudaron a desarrollar una versión estándar de la lengua alemana y se convirtieron en un modelo en el arte de la traducción y el desarrollo de la lengua.

La obra escrita

Las obras escritas por Lutero desde 1517 a 1530 suman 50, siendo más abundantes de 1524 a 1528. Algunas de las cuales fueron al menos esbozadas por algunos de sus amigos, como Melanchthon. Lutero también escribió sobre la administración civil y eclesiástica y sobre el hogar cristiano. El estilo literario de Lutero era polémico, llegando incluso a insultar a sus oponentes cuando el tema le apasionaba. Al igual que otros reformadores era muy intolerante con otras creencias y con los puntos de vista opuestos al suyo, lo cual pudo contribuir a exacerbar la Reforma protestante en Alemania.

Las obras más destacadas

Por su traducción de la Biblia, Lutero es considerado además uno de los fundadores de la literatura en alemán. Hasta la publicación definitiva de la Biblia completa traducida en 1534 Lutero iba trabajando en ello, escribiendo y publicando partes dela misma desde el año 1521 que comenzó en su destierro del castillo de Warbuirg hasta 1530. Tanto la Reforma protestante como la consecuente reacción católica, la Contrarreforma, supusieron un importante desarrollo intelectual en Europa, por ejemplo: mediante el pensamiento escolástico de los jesuitas en el caso del catolicismo.

Martín Lutero articuló su doctrina básica en sus primeros escritos: “De la libertad cristiana “(1519), “A la nobleza cristiana de la nación alemana” (1520), “El cautiverio babilónico de la Iglesia” (1520), “De la esclavitud del arbitrio” (1525)- y sus publicaciones más conocidas y populares “Catecismo Mayor” “Pequeño catecismo” (1529) donde expone la teología de la Reforma evangélica comentando brevemente, en forma de preguntas y respuestas: los Diez andamientos, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el Bautismo y la Eucaristía.

Las secuelas de la doctrina de la Reforma protestante tendría sus secuelas inmediatas en Alemania y en los países europeos donde se extendió. En los territorios luteranos disminuyó grandemente el poder absoluto de los reyes. Católicos y protestantes sostuvieron entre sí terribles guerras religiosas. Un siglo después de las “protestas” de Lutero, una revuelta en Bohemia provocó la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), un conflicto entre católicos y protestantes que arrasó gran parte de Alemania e implicó a CASI TODA Europa hasta la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos.

Lutero fue la primera persona que imprimió un libro: la Biblia alemana, traduciendo de un manuscrito sagrado a la lengua materna de Alemania. Cuando la mayoría de la sociedad era analfabeta y adquiría sus conocimientos a través de la transmisión oral, la memorización y la repetición de los textos bíblicos, la Iglesia tenía el control del conocimiento y sus miembros eran estudiosos y educados. Lutero hizo posible el acceso al conocimiento, la información y la educación, desmitificando la Biblia con el fin de lograr la búsqueda de la verdad.

Cabe destacar que Lutero, personalmente, no fundó la iglesia luterana como institución, ni planeaba llegar a una nueva “denominación cristiana”. Por el contrario, expresó que eso no ocurriera: “Ruego por que dejen mi nombre en paz. No se llamen así mismos ‘luteranos’, sino Cristianos. ¿Quién es Lutero?, mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie…Dejen, mis queridos amigos, de aferrarse a estos nombres de partidos y distinciones; fuera a todos ellos, y dejen que nos llamemos a nosotros mismos solamente cristianos, según aquel de quien nuestra doctrina viene”.

A pesar de ello, en la historicidad de la reforma protestante, se fue designando el apelativo “luterano” y “luteranismo” para referirse a la doctrina interpretativa y enseñanzas que Lutero hizo acerca del cristianismo.

Lutero es reconocido en el calendario litúrgico de la Iglesia Luterana que celebra la festividad de la Reforma el 31 de octubre (fecha en que clavó las 95 tesis). La iglesia Episcopal de Estados Unidos celebra la fiesta el 18 de febrero como su día litúrgico.

La “justificación” tema clave en la obra de Lutero

Dicho en cuatro palabras la doctrina de la “justificación” ( o” justicia de Dios”) supondría, conforme confesaba la Iglesia, que el hombre se hiciera justo. Pero ese supuesto – pensaba Lutero- era imposible porque al hombre le separa un abismo infinito de Dios que también con infinito amor le “justifica” a través de Jesucristo, con lo que el hombre no necesita para ello de las “mediaciones” de la Iglesia. Y es en este punto central en el que se ha dado un acercamiento casi total entre la iglesia católica y la reformada en el camino del ecumenismo, como veremos en la 4ª parte de esta serie al hablar sobre el camino del Ecumenismo. Buena parte de las otras “diferencias” derivan de ésta fundamental.

Desligado de la obediencia romana, Martín Lutero emprendió la reforma de los sectores eclesiásticos que le siguieron y que conformaron la primera Iglesia protestante, a la que dotó de una base teológica. El luteranismo se basa en la doctrina de la “justificación” (inspirada en escritos de San Pablo y de San Agustín de Hipona) de que el hombre puede salvarse sólo por su fe y por la gracia de Dios, sin que las buenas obras sean necesarias ni mucho menos suficientes para alcanzar la salvación del alma; en consecuencia, expedientes como las bulas de indulgencias que vendía la Iglesia no sólo eran inmorales, sino también inútiles e incluso la mediación y poder jerárquicos de la Iglesia.

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Cuadro de Lucas Cranach explicando la doctrina clave de Lutero de “la justificación por la fe”

Este retablo del pintor Lucas Carnach- el gran pintor de Lutero refleja el pensamiento de Lutero de que la salvación sólo se adquiere con la fe personal y la lectura directa de la Sagradas Escrituras.Las imágenes llevan un número que aclaramos aquí:

1. Lutero con una Biblia en la mano señalando un pasaje de la II epístola de San Juan “La sangre de su hijo Jesús nos purifica de todo pecado”

2. Un chorro de sangre de Jesús crucificado cae sobre la figura del pintor Lucas Cranach padre

3. Personificación de los verdaderos creyentes que reciben sin ningunas mediación por parte de la jerarquía católica

4. A su lado San Juan Bautista señalando a Cristo, y al pie de la Cruz vemos a Jesús como el “cordero de Dios” que quita el pecado del mundo

5. A la izda. de la Cruz aparece Cristo resucitado…

6. Clavando el asta de su bandera al demonio. Al fondo, a la izquierda muestra la escena de la expulsión del hombre del Paraíso…

7. Fuente del pecado original y a su derecha Moisés maldice a los que no cumplen los mandamientos

Como consecuencia de esta primera fundamentación Lutero negaría otras prácticas asumidas por la Iglesia católica a lo largo de la Edad Media, como la existencia del Purgatorio o la necesidad de que los clérigos permanecieran célibes y para dar ejemplo él mismo contrajo matrimonio con una antigua monja con la que tuve cuatro hijos. De los sacramentos católicos, Lutero sólo consideró válidos los dos que halló reflejados en los Evangelios: En su obra “Sobre el Cautiverio Babilonico de la Iglesia” (1520), rechaza el “sacramentalismo de la Iglesia”, diciendo que en las Sagradas Escrituras solo se distinguen dos sacramentos: ll Bautismo y la Eucaristia (la “cena del Señor”), rechazando los demás como tales “sacramentos”. Leer más…

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Lutero: V centario de la Reforma protestante (II)

Viernes, 27 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaSu biografía y las dietas de Carlos V

“Lutero no fundó la iglesia luterana como una institución, ni planeaba una nueva denominación cristiana”

(Saturnino Rodríguez).- Continuamos con la figura de Lutero y la Reforma protestante cuyo V Centenario (31 octubre 1517) celebran por primera vez unidas las iglesias cristianas Católica, Ortodoxa y Reformada (Evangélica o protestante), en esta 2ª parte continuando la 1ª parte de la Biografía las “Dietas” del emperador Carlos V y un breve Resúmen de la Teología y pensamiento de Lutero,que seguirá en la 3ª parte para acabar con una 4ª sobre “Ecumenismo camino de la Unión”.

El Edicto de Worms -del que hablamos- no respetaba el acuerdo del salvoconducto entregado a Lutero para acudir a la Dieta de Worms garantizándole un regreso seguro sino que en contra de ello ordenaba que Lutero fuese “prestamente arrestado y condenado”. Por ello y con el fin de protegerle, el príncipe Federico de Sajonia III “el Sabio” – que era un “humanista” católico aunque fuese su protector – organizó un secuestro simulado cuando Lutero regresaba a Wittemberg en el camino a casa y le escondió en el castillo de Wartburg en Eisenach. En su «desierto» o «Patmos» del castillo de Wartburg (como le llamaba Lutero en sus cartas), perteneciente al príncipe Federico III de Sajonia, Martin Lutero estuvo recluído cerca de 10 meses. Fue el comienzo de un periodo constructivo de su carrera como reformador durante el cual comenzó con el Nuevo Testamento la traducción de la Biblia al alemán que sería publicada en 1522. La Biblia completa sería impresa en 1534.

La argumentación de Martín Lutero en su escrito “La libertad cristiana” (1520) encontrarían eco en Ulrico Zuinglio en Zúrich (Suiza) y Thomas Müntzer en Allstedt (Sajonia, Alemania) que difundieron las tesis de que todos los hombres podían encontrar, sin necesidad de intermediarios el camino hacia Dios y lograr la salvación de sus almas. Y con ello el movimiento luterano se iba extendiendo por Alemania y también en el exterior.

En 1522 aparecía en Zurich y se extendía por toda Suiza una nueva corriente reformadora liderada por el clérigo, doctor en teología y profesor alemán Ulrico Zuinglio (1484-1531) aque fundaría la Iglesia Reformada Suiza, de la cual se desprendía a su vez otra corriente más radical como lo era laanabaptista fundada por el también clérigo y teólogo alemán Thomas Müntzer. (Allsted, Sajonia, en Alemania).

El fundador del anabaptismo, escisión del luteranismo Tomás Munzer, (1489-1525) también clérigo y teólogo alemán, fue contemporáneo de Lutero e inicialmente su seguidor. Mantuvo con él una extremada polémica política y teológica, aunque basaba sus demandas en los escritos de Lutero que aunque apoyaba sus aspiraciones políticas consideraba falsos sus argumentos teológicos. Fue el líder revolucionario de la “Guerra de los campesinos alemanes” que se propuso lograr el advenimiento del “Reino de Dios” impulsando una vigorosa reforma social como veremos.

Erasmo de Roterdam no conoció personalmente a Martín Lutero, ni se adhirió a la Reforma protestante, sin embargo, Lutero dijo en muchas ocasiones que una de sus fuentes de inspiración era la traducción que Erasmo había hecho del Nuevo Testamento. Erasmo pasó los últimos años de su vida acosado por católicos y reformadores que querían hacerle militar de su parte, cosa que él nunca admitió. El protector de Lutero Federico III elector de Sajonia conocido como “El sabio”, era también católico y un destacado “humanista” que había fundado en 1502 la Universidad de Witemberg hoy Univ. Martin Lutero donde estudió y fue profesor y decano Martín Lutero.

Merece una atención especial por su tesón en la “causa ecuménica” Philipp Melanchthon (1497-1560) reformador religioso, humanista y erudito alemán. Cursó estudios en las universidades de Heidelberg y Tubinga y catedrático en Witemberg.

Filósofo, teólogo, astrónomo, gran humanista y hombre pacífico y piadosos es el primer teólogo que sistematizó las ideas de Lutero, las defendió en público y las convirtió en la base de la teología luterana de quien era su gran amigo.

Su discurso de ingreso en la cátedra de griego en Witemberg llamó la atención de Lutero que ya era catedrático de Teología Bíblica desde 1512 y le remplazó como líder de esta causa en Wittenberg cuando su mentor fue confinado en el castillo de Wartburg. Participó, con otros 27 delegados, en la unificación de las constituciones de las iglesias reformadas de Alemania.

Fue myu destacada su participación en la Liga de Espira en 1529 en que acompañó al príncipe Juan de Sajonia siendo uno de los principales firmantes de la “Protesta de Espira”.

Philipp Mellanchthon. En 1530 presentó las “Confesiones de Augsburgo”, 28 artículos de fe redactados en colaboración con Lutero. El tono de este credo era tan conciliador, que sorprendió incluso a los católicos. Debido a su intención de lograr un entendimiento entre protestantes y católicos o, al menos, entre las distintas facciones protestantes, los seguidores más estrictos del luteranismo consideraron heréticas sus opiniones. Murió orando por la unión de las Iglesias “en Cristo” y quejándose por “la rabia de los teólogos” de su propio campo. Su nombre figura entre las celebraciones del Calendario de Santos Luterano. Su carácter “humanista” fue muy criticado por los teólogos luteranos ortodoxos, veteranos de las primeras batallas. Así y todo, logró reunir gran cantidad de discípulos que mantuvieron, propagaron e incluso perfeccionaron sus propuestas.

Otro personaje importante y muy cercano a Lutero, aunque menos conocido popularmente, es Johannes Bugenhagen (1485-1558), a quien Lutero llamaba Dr. Pomeranus porque introdujo la reforma en Pomerania, Dinamarca.

Fue un sacerdote católico que tras conocer a Lutero se convirtió en su consejero. Fue un teólogo luterano alemán profesor de Teología de la Universidad de Witenberg, en 1539. Como magnífico organizador que era fue nombrado superintendente de la Iglesia de Sajonia. Después de la muerte de Lutero, se hizo cargo de la viuda y sus hijos. Su nombre figura en el Calendario de Santos Luterano.

Felipe I de Hesse, apodado “El Magnánimo”, que creó la Universidad de Marburg fue uno de los Príncipes más destacados del Renacimiento prestando su apoyo a la Reforma luterana. Convocó con fines políticos personales junto a en 1531 la Liga de Esmalcalda contra Carlos V que ordenó apresarle pasando cuatro años en la cárcel. Las consecuencias socio-políticas de la teología reformada irían conduciendo a las “Guerras de Religión”.

Así como el luteranismo era una escisión del catolicismo romano, a su vez se dividió en múltiples corrientes, al aparecer disidentes radicales en la propia Alemania (como Thomas Münzer) y al extenderse el protestantismo a otros países europeos aparecieron reformadores locales que crearon sus propias Iglesias con doctrinas teológicas diferenciadas como en Suiza Ulrico Zuinglio (1484-1531), en Francia Juan Calvino (1509-1564) o en Inglaterra Enrique VIII(1509-1547).

El 5 de mayo de 1525 muere Federico de Sajonia . El 13 de junio de ese mismo año 1525 Lutero se casa con Catalina von Bora, una exreligiosa proveniente de la nobleza alemana que se convierte en su colaboradora en la reforma. Lutero tuvo con ella tres hijas y tres hijos nacidos en Witemberg entre 1526 y 1534.

En Alemania, el enfrentamiento entre príncipes católicos y protestantes terminó en un conflicto militar abierto: la Guerra de Esmalcalda; mientras que previamente habían estallado movimientos sociales como la “Guerra de los campesinos alemanes” o los anabaptistas, perseguidos sangrientamente por ambos bandos, con la aceptación expresa tanto del Papa como de Lutero.

Aunque la nueva idea de Iglesia que proponía la Reforma opuesta a la Iglesia jerárquica y mundanizada de Roma era una iglesia espiritual compuesta por todos los integrantes de la verdadera fe, sin intermediarios ni vicarios, con una relación directa entre los hombres y Dios, las consecuencias también fueros otras eran otras.

Las proposiciones derivadas de la doctrina de Lutero resultaban atractivas tanto a los príncipes y nobles como a los burgueses, porque ponía en sus manos el destino y la administración del país, sin intervenciones foráneas de la Iglesia. Proposiciones por tanto encontradas con la idea de “cristiandad” perseguidas por el Emperador del Sacro Imperio Carlos V.

La extensión de la doctrina luterana y especialmente de sus derivaciones sectarias daría lugar a la «Guerra de los campesinos alemanes” o “Revolución del hombre común” (en alemán) que enfrentaron a católicos y protestantes entre los años 1524 y 1525. Guerras en las que si bien es cierto que las que diferencias eran religiosas también fueron el pretexto para canalizar luchas de poder entre los Príncipes y los intereses políticos, económicos y estratégicos que impedían la unidad del Sacro Imperio como deseaba y buscaba el Emperador Carlos V.

La “libertad cristiana” escrito por Lutero en 1522 , que es un hito en el paso de la Edad Media a la Moderna, plantea una revolución en la tradicional relación entre religión y libertad que tuvo repercusión en la “Guerra de los campesinos alemanes” porque lo que Lutero empleaba en lenguaje teológico era entendido por los campesinos como su liberación del vasallaje y rechazo de los privilegios que aducían los Príncipes como decían en postularon en la publicación “Los 12 artículos”. También es cierto que Lutero se distanciaría de las revueltas campesinas con su escrito de 1525 titulado “Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos”.

El empeño de Lutero por reformar el cristianismo, desafiando al papado y al Imperio, no perseguía en absoluto lo mismo que sus seguidores más radicales alimentando la revolución social. Lutero no sólo no lo admitió sino que lo reprobó tajantemente en sus prédicas y en sus escritos. La “Guerra de los campesinos” recordaba la “Guerra de los Husitas” un siglo antes en Bohemia de las ” (1420-1434), movimiento creado por Juan Huss, sacerdote, teólogo y filósofo checo, rector de la Universidad Carolina de Praga.

Los desórdenes provocados en Wittenberg por los seguidores radicales de Lutero le obligaron a volver a la ciudad en marzo de 1521. Lutero sin pretenderlo se vio implicado en la “Guerra de los campesinos” desatadas en el Sacro Imperio Romano Germánico en los años 1524 y 1525 alentada por teólogos y predicadores luteranos radicales y anabaptistas.

Guerras que desencadenaron sangrientas revueltas tanto económicas como religiosas que se han considerado como la mayor revolución hasta la Revolución Francesa en 1789. Guerra que fue duramente reprimida con el resultado de decenas de miles de muertos.

No confundir las “Guerras de los campesinos alemanes” -que aunque también de alguna forma eran religiosas – eran distintas de las Guerras de religión de Francia que fueron una serie de enfrentamientos civiles que se desarrollaron entre los años 1652-1598 (hasta ocho guerras), si bien la violencia fue constante durante todo el período. El detonante de las Guerras de Religión fueron las disputas religiosas entre católicos protestantes calvinistas, conocidos como hugonotes. Juan Calvino (1509-1564) teólogo francés, hombre muy religioso, considerado como uno de los padres de la Reforma Protestante, la rama “calvinista”.

Las Dietas del Sacro Imperio Romano Germánico – El Emperador Carlos V ante el luteranismo

Inspirado en Hutten, caballero y humanista- imbuído de una especie de protonacionalismo alemán, Martín Lutero escribe el “Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana” (1520), donde se incita a la rebeldía de la nación contra el papado expoliador. Convierte de esta forma a los príncipes, el poder y la fuerza políticos, en defensores de la “libertad cristiana”. También afirmaba que todos los cristianos eran el estado eclesiástico, que las diferencias solo son de función, y que el bautismo hace a todos los cristianos sacerdotes.

El Águila Quaternio es una de las composiciones heráldicas del Sacro Imperio más conocidas creación de David de Negker en Augsburgo hacia 1510. Sobre las alas del águila bicéfala se muestran 56 blasones de Estados imperiales, rodeando la figura de Cristo crucificado. En la primera fila figuran los escudos de los siete príncipes electores. Los blasones de los principados eclesiásticos – Tréveris, Colonia y Maguncia – están situados en la derecha (la izquierda para el espectador y los seculares – Bohemia, Palatinado, Sajonia y Brandeburgo – en la izquierda

La Dieta y “La Protesta de Espira” (1529)

El Sacro Imperio Romano Germánico se veía amenazado por el Imperio Otomano, dirigido por Suleiman Kanuni, que había conquistado Hungría y se preparaba para atacar Austria (octubre 1529), le llevó al emperador Carlos V a abandonar temporalmente el conflicto religioso interno. Leer más…

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Lutero: V centenario de la Reforma protestante (I)

Jueves, 26 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaBIOGRAFÍA Y PENSAMIENTO TEOLÓGICO”

Su contribución a la civilización occidental se considera más allá del ámbito religioso

“No quiero ni puedo retractarme, porque es penoso y peligroso ir contra la conciencia. ¡Dios me ayude! Amén”

(Saturnino Rodríguez).-Este año por primera vez las iglesias católicas, ortodoxas y protestantes, como fruto de los esfuerzos ecuménicos por alcanzar la Unidad de las iglesias cristianas, celebran conjuntamente el V Centenario de la “Reforma” protestanteque nació tras el 31 de octubre de 1517 en que el sacerdote agustino Martín Luteroclavaba en la Iglesia de Todos los Santos del castillo de Witemberg las 95 tesis contra “las indulgencias” decretadas por el papa León X a favor de quienes contribuyesen con sus donativos a la construcción de la basílica de San Pedro en Roma.

El V centenario del nacimiento de Lutero se celebró ya el año 1983. En esta presentación comenzamos con la biografía y pensamiento teológico de Lutero para continuar en otras dos más con lo que fue la Reforma protestante y la llamada “contrareforma” de la Iglesia católica y Avances del Ecumenismo cara a la unidad con lo que fue la “reforma” así como en los avances del movimiento ecuménico de las iglesias católica, ortodoxa y protestante o “reformada”.

Biografía de Martín Lutero

Martín Lutero, o Martin Luder, después cambiado a Martin Luther, como es conocido en alemán, nació en Eisleben, (Turingia,,Alemania) el 10 de noviembre de 1483 y falleció en la misma localidad el 18 de febrero de 1546. Fue un teólogo y monje católico agustino que lideró una reforma religiosa en Alemania, y en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma Protestante en general y la doctrina teológica y cultural denominada luteranismo de la que derivarían otras denominaciones “protestantes”.

Sus padres Hans y Margarita preocupados por su formación intelectual le llevaron a las escuelas den Mansfeld en 1484, Magdeburgo en 1497 y Eisenach en 1498. En 1501, a los 18 años, Lutero ingresó en la Universidad de Erfurt licenciándose el 7 de enero 1501. Quiso estudiar Derecho, como su padre deseaba, pero en el verano de 1505 abandonó de pronto sus estudios e ingresó en el Monasterio de los Agustinos de Erfurt el 17 julio 1505 contrariando a sus padres.

En 1506 profesa sus votos y el 3 de abril de 1507 es ordenado sacerdote agustino conciliándose con su padre. En 1508 estudia Teología y Biblia y da clases de Biblia y en el curso siguiente en el convento de Erfurt.

La vida de Lutero era de un cumplimiento conventual estricto, de oración y de reflexión profunda, lo que le llevó al Vicario General de los agustinos von Stanpitz a destinarle a una vida más activa y también a un formación académica superior comenzando en 1510 a estudiar en la Universidad de Wittenberg (fundada en 1502 por Federico III der Sajonia en 1502, que sería su protector).

En 1511 regresa a Witemberg y en octubre de 1512 se doctora en Teología y asumiendo la cátedra de Teología Bíblica siendo recibido como miembro del Senado de la Facultad de Teología que conservaría hasta su muerte. En 1515 fue nombrado por un trienio Vicario de su orden agustiniana quedando a su cargo once monasterios y Decano de la Facultad de Teología, explicando las Cartas de san Pablo a los romanos y a los gálatas.

En noviembre de 1510 para resolver una disputa monástica surgida en la orden agustiniana entre uno corriente más “observante” y reformista y otra más “conventual” y conservadora liderada por Johannes von Staupitz el prior de Erfurt, el Vicario General de la Orden de los Agustinos le encargo la misión de viajar a Roma en representación de siete monasterios agustinos y como hombre piadoso y cumplidor como lo era de sus deberes religiosos, invitase al Prior General de la orden agustiniana, Egidio de Viterbo para que anulara las reformas.

En su viaje a Roma en 1510 Lutero quedó impactado por la “mundanidad” en la que vivía gran parte del clero (especialmente las altas como se sabe por sus escritos a su regreso de Roma) y aunque su fe católica se mantuvo inquebrantable, fue este aspecto el que en realidad le llevó a Lutero a sus críticas decisiones posteriores cuyo detonante sería especialmente que se concretarían en el conocido asunto de la bula de las Indulgencias que vamos a detallar.

De la mano de los escritos de san Agustín de Hipona y de san Pablo en la Epístola a los Romanos encontró respuesta a sus angustias sobre la salvación en esta doctrina de la “justificación por la fe” enseñando que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios, dado por la gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. Y ese salvación gratuita no necesita las mediaciones del poder eclesiástico, que pasó a constituir el eje fundamental de su teología y enseñanzas.

Las ansias de obtener la verdad le llevaron a Martín Lutero a estudiar las Sagradas Escrituras en profundidad. Por otro lado su vocación humanista de “ir a las fuentes”, le sumergieron en el estudio de la Biblia y de la Iglesia primitiva llegando a la convicción de que la Iglesia había perdido la visión de varias verdades centrales que el cristianismo enseñaba en las Escrituras, siendo una de las más importantes de ellas la doctrina de “la justificación por la fe” .

Siendo ya profesor comenzó a criticar la situación en la que se encontraba la Iglesia católica. En 1515 fue nombrado vicario de su orden, quedando a su cargo once monasterios. El año 1516, se convirtió en párroco de la Iglesia de Wittenberg, destacando como predicador popular, oponiéndose a la venta de las Indulgencias sobre lo que hablaremos a continuación.

La venta de “indulgencias” fue el detonante

El Papa había convertido al Príncipe Alberto de Brandeburgo, de 23 años de edad en arzobispo de Magdeburgo y administrador de la diócesis de Halberstadt y nombrándole después arzobispo de Maguncia y primado de Alemania, lo que llevaba anejos unos beneficios políticos y económicos extraordinarios. Para obtener las dispensas necesarias para tal acumulación de cargos, debió pagar al Papa la elevada suma de 24 000 ducados que le fue adelantada por la banca Fugger. Para facilitarle el pago de la deuda, el Papa le autorizó la venta de indulgencias en sus territorios, tarea que el Príncipe encomendó al fraile dominico Johann Tetzel.

Estas bulas eclesiásticas eran una concesión del Papa que teóricamente concedían indulgencias a los creyentes por los pecados cometidos y que se convirtieron en objeto de un tráfico puramente mercantil. Donativos que iban con destino a la construcción de la Basílica de S. Pedro en el Vaticano, obra de los papas Julio II y León X. Con esa venta de indulgencias el príncipe Alberto de Maguncia devolvía al Papa los 24.000 ducados adelantados por la banca Fugger por la concesión de los nombramientos que había recibido. Esto provocó la indignación de Martín Lutero, que publicó a raíz de estos sucesos las 95 tesis que iniciaron la llamada “reforma” protestante.

Johann Tetzel fue el fraile dominico a quien Alberto de Branderburg arzobispo de Maguncia subcomisario para la venta de indulgencias en la provincia eclesiástica de Magdeburgo. Su actuación se cuenta entre los factores que decidieron a Martín Lutero para iniciar su “Reforma”. Con el dinero obtenido por dicho medio, se esperaba financiar la edificación de la basílica de San Pedro en Roma, Italia, y comprar un obispado para Alberto de Hohenzollern.

Todo ello confirmaba al fraile agustino Martín Lutero en la idea de que la Iglesia había abandonado sus principios hasta el extremo de que el 31 oxtubre 1517, víspera de la fiesta de Todos los Santos, clavó 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos de Wittenberg como una invitación abierta a debatirlas. Tesis enviadas antes al arzobispo Albertio de Maguncia y que se divulgaron rápidamente por Alemania y Europa gracias a la imprenta recién descubierta y que pronto serían impresas bajo el título “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias” convirtiéndose en el inicio de la llamada Reforma protestante.

Las críticas de Lutero reflejaban un clima bastante extendido de descontento por la degradación de la Iglesia, expresado desde la Baja Edad Media por otros reformadores que se pueden considerar predecesores del luteranismo, como el inglés John Wycliffe (siglo XIV) o el bohemio Jan Hus (siglo XV).

Las 95 tesis de Lutero causaron una gran conmoción y que traducidas al alemán lograron una amplísima difusión. La prédica de indulgencias fue denunciada ya anteriormente por el teólogo inglés John Wiclef (1320-1384) y también por el teólogo y filósofo checo Jan Hus (1369-1415) que cuestionaron los abusos que su práctica originaba.

El conocido humanista, filósofo, filólogo y (1466-1536) próximo a la “Devotio moderna” y ordenado sacerdote de los Canónigos Regulares de San Agustín en 1490 envió una carta a Lutero en la que le decía, entre otras cosas: “No puedo describir la emoción, la verdadera y dramática sensación que provocan”.

Y cuando, un poco más tarde el elector de Sajonia Federico le preguntó a Erasmo su opinión sobre Lutero, le respondió con una sonrisa: “Nada me extraña que haya causado tanto ruido, porque ha cometido dos faltas imperdonables: haber atacado la tiara del papa y el vientre de los frailes“.

Católicos y luteranos intentaron traer a su causa al humanista Erasmo de Rotterdam pero él no cayó nunca en la trampa. La Iglesia lo acusó con una frase célebre: “Usted puso el huevo y Lutero lo empolló”, a lo que el teólogo respondió con la no menos conocida ironía: “Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”. Los seguidores de Erasmo pretendían renovar la vida espiritual ejercieron notable influencia en la primera mitad del siglo XVI. En España concretamente el avance del erasmismo se frenó cuando la Inquisición interrogó en 1533 a Juan de Vergara, amigo personal de Erasmo y experto en lenguas clásicas.

Aún en la misma Roma las tesis de Lutero no fueron recibidas tan mal como pudiera pensarse. Cuando el censor del Vaticano, Silvestre Prierias, aconsejó al papa León X (1513 a 1521) que le declarase un hereje, el Papa replicó: “Este hermano, Martín Lutero, tiene un grande ingenio, y todo lo que se dice contra él no es más que envidia de frailes”.

21 a 26 abril 1518. Así las cosas, el Papa León X envió una carta a Gabriel de la Volta, general de los Agustinos en Alemania, pidiéndole que pusiese fin a esta controversia y que reprendiese a Lutero. Se propuso entonces una reunión en la Universidad de Heildelberg (la más antigua de Alemania). Allí se le dio la oportunidad de presentar una defensa de sus tesis, para cuyo fin Lutero preparó 28 propuestas que llamó “Paradojas”, apoyándose en la Biblia y en las enseñanzas de Agustín de Hipona. En vez de condenar a Lutero, la impresión que causó en Heidelberg fue muy favorable.

Martin Bucer, representante de la Orden de los Dominicos (OP), escribió: “Lutero posee una gracia muy especial para responder a las preguntas que se le hacen, y también una inalterable paciencia para escuchar… y como ya dijo Erasmo, habla con libertad y sin pretenciones”. revoltoso. Bucer era un teólogo dominico que tras conocer a Martín Lutero en 1518 anuló sus votos monásticos y comenzó a trabajar en favor de la Reforma siendo excomulgado. Poco a poco Lutero fue ganando simpatizantes que vieron en él un estudioso de las Escrituras y no simplemente un rebelde.

Pero sería Silvester Mazzolini dominico italiano confesor del Papa, el primer teólogo “campeón” del Romano Pontífice que en sus escritos atacó públicamente las doctrinas de Martín Lutero, apoyando la condena de Joham Maier Eck contra el monje agustino. Lutero respondió a los argumentos de Mazzolini y ambos publicaron réplicas manteniendo una controversia regular entre ellos. Leer más…

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“Teología samaritana”, por Juan Pablo Espinosa.

Jueves, 7 de septiembre de 2017

buensamaritano1La figura del buen samaritano del Evangelio de Lucas (Lc 10, 25-37) representa una de las claves más interesantes para comprender cuál ha de ser la acción del cristiano en relación con los sufrientes cualesquiera sean. El texto nos evoca una gramática de la compasión, de la cercanía y de la proximidad. Son los sentimientos del que sabe que el otro que ha caído necesita su presencia. Son varios autores que reconocen la urgencia de volver sobre la figura del samaritano para pensar y construir la Iglesia, la teología, la pastoral y también el lugar del cristiano en el espacio público (Bennássar 1988; Muñoz 1990; Muñoz 1994). A partir de ello, es que queremos reflexionar en torno a qué significa hacer una teología samaritana. Dicha teología responde a una “epistemología del Buen Samaritano”[1], la cual no es ingenua con la realidad, al contrario, se aproxima críticamente a ella. En palabras de Bennássar, “la realidad debe ser conocida, escuchada y responsablemente acogida, es decir, respondida. La realidad exige encarnación, realización. De la realidad sólo se puede hablar estando en ella, siendo parte de la misma”[2]. Entonces, si estamos pensando una teología samaritana, el principio básico de la misma debe comprenderse cómo una inteligencia de la fe que ha reconocido a Dios en el locus mismo de la realidad. Es, por tanto, una teología histórica y con sentido de historia que no comprende la realidad de manera ingenua.

La teología samaritana está cruzada por una responsabilidad ética, de justicia y de esperanza en la vida. Es una reflexión creyente que apuesta por la vida del que está a la orilla del camino. El teólogo chileno Ronaldo Muñoz sostiene que la Iglesia posee cinco dimensiones prácticas, entre ellas la Iglesia samaritana. En esta interpretación eclesial, Muñoz parte del hecho concreto de que el pueblo tiene necesidades, pero que a pesar de dicha carencia, el pueblo sabe recrear e imaginar situaciones que fundan una cultura de la solidaridad. En palabras de Muñoz, “en su conciencia popular y cristiana reflexionada con el Evangelio, la comunidad sabe que debe actuar así, que debe comportarse como ‘Iglesia samaritana’, que no puede seguir de largo – como el sacerdote y el levita de la parábola – junto al malherido botado a la orilla del camino”[3]. Con ello, la teología samaritana, la teología encarnada en la realidad histórica, no abandona el testimonio evangélico, al contrario, desde él proyecta su reflexión. No hay teología sin Evangelio. Ello fue recordado con fuerza en el Vaticano II cuando en Dei Verbum 22 se dice que la Sagrada Escritura es el alma de la teología.

En esta apuesta por la vida, reconocemos que la teología conlleva una responsabilidad como base de la lógica del don. En este sentido, J. Domingo Moratalla recuerda “la condición samaritana de la vida moral”[4]. La donación que el samaritano realiza, tanto de su tiempo como de su dinero, constituye el nacimiento de un orden nuevo en clave de sobreabundancia. Con ello, creemos que la teología debe continuamente estar repensando sus dinámicas del don, de la ética y la responsabilidad. La teo-logía creyente debe ir en sintonía con la experiencia de no dominar al otro, sino de permitirle ser. Es necesario dejar que el otro también experimente un lugar de importancia en el gran relato social y cultural. Domingo Moratalla recuerda que en la parábola “el samaritano se sintió tocado, tuvo compasión, fue capaz de reconocerse en un herido que podría haber sido él mismo. En la parábola se invita al lector a encontrar la salvación dejándose amar por la figura del samaritano, es decir, viviendo de un don que se da sin tener que ser devuelto”[5]. Con esto, creemos que la teología debe ser capaz de afectarse por tantos rostros, historias, relatos y experiencias que permiten configurar una nueva forma de discurso creyente. Este discurso no sólo se entiende como teoría, sino que también como praxis. Dicho discurso debe buscar el término medio, lo que se denomina el círculo hermenéutico, es decir, lograr un diálogo efectivo entre teoría y práctica, diálogo que permita una continua retroalimentación entre ambas.

La praxis y la responsabilidad del samaritano la entendemos como una ruptura, como una infracción a una teología que no se acerca al otro, la cual se representa en los gestos y movimientos del sacerdote y del levita que dan un rodeo y pasan de largo. Con Johann Baptist Metz apostamos por una teología impura, es decir, por una inteligencia de la fe que es capaz de hacer síntesis entre la Escritura, los principios dogmáticos y la experiencia concreta de la realidad sufriente. Hacer teología samaritana, teología encarnada, teología no ingenua, va de la mano por una ampliación de la visión y de la audición, de eso que se denomina una mística de los ojos abiertos. Mantenerse vigilante, con los ojos abiertos, con los oídos atentos como el discípulo (Cf. Is 50,4), debe constituir el fundamento de una auténtica teología cristiana, de una experiencia eclesial que recupera la experiencia del pasado y la manifiesta creativamente en el presente.

La lógica samaritana es capaz de caminar con otros y otras, con sentido de comunidad, responsabilidad y de búsqueda de nuevas opciones de vida. Es una teología esperanzada y humanizadora. Por ello, como sentencia Bennássar, “una teología desligada de la vida práctica y real contradice, de hecho, el sentido realista de la encarnación de nuestro Dios, pues un Jesús sin milagros, sin obras históricas de misericordia y justicia, no sería un mesías salvador ni un mensajero de una nueva humanidad. Un cristiano despreocupado del hombre real, desencarnado, desrealizado, es inmoral”[6]. Con ello, la teología samaritana debe recuperar continuamente el principio de la Encarnación, del Dios que en Jesús tuvo sentimientos de compasión, justicia y de celebración de la vida. La teología debe estar al servicio de la historia, del mundo, de la Iglesia. Hemos de reestructurar continuamente nuestros discursos creyentes y nuestras prácticas efectivas de misericordia.

Juan Pablo Espinosa Arce

Profesor de Religión y Filosofía (UC del Maule)

Magíster en Teología Fundamental (PUC)

 


[1] Bartomeu Bennássar, Pensar y vivir moralmente: la actitud samaritana del Pueblo de Dios, (Sal Terrae, Santander 1988), 24.

[2] Bartomeu Bennássar, Pensar y vivir moralmente, 24.

[3] Ronaldo Muñoz, Pueblo, comunidad, evangelio, (Rehue, Santiago de Chile 1990), 14.

[4] José Domingo Moratalla, Democracia y caridad. Horizontes éticos para la donación y la responsabilidad (Sal Terrae, Santander 2014), 26.

[5] José Domingo Moratalla, Democracia y caridad, 27.

[6] Bartomeu Bennássar, Pensar y vivir moralmente, 24-25.

Fuente Fe Adulta

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“El empobrecimiento de la teología”, por José Mª Castillo

Martes, 30 de mayo de 2017

peres-de-egliseDe su blog Teología sin censura:

Por ley de vida, la gran generación de teólogos, que hicieron posible la renovación teológica que llevó a cabo el concilio Vaticano II, está a punto de extinguirse del todo. Y en las décadas siguientes, por desgracia, no ha surgido una generación nueva que haya podido continuar la labor que los grandes teólogos del s. XX iniciaron.

Los estudios bíblicos, algunos trabajos históricos y algo también en lo que se refiere a la espiritualidad, son ámbitos del quehacer teológico que se han mantenido dignamente. Pero incluso movimientos importantes, como ha ocurrido con la teología de la liberación, dan la impresión de que se están viniendo abajo. Ojalá me equivoque.

¿Qué ha sucedido en la Iglesia? ¿Qué nos está pasando? Lo primero, que deberíamos tener en cuenta, es que es muy grave lo que estamos viviendo en este orden de cosas. Los demás ámbitos del saber no paran de crecer: las ciencias, los estudios históricos y sociales, las más diversas tecnologías sobre todo, nos sorprenden cada día con nuevos descubrimientos. Mientras que la teología (hablo en concreto de la católica) sigue firme, inasequible al desaliento, interesando cada día a menos gente, incapaz de dar respuesta a las preguntas que se hacen tantas personas y, sobre todo, empeñada en mantener, como intocables, presuntas “verdades” que yo no sé cómo se pueden seguir defendiendo a estas alturas.

Por poner algunos ejemplos: ¿Cómo podemos seguir hablando de Dios, con la seguridad con que decimos lo que piensa y lo que quiere, sabiendo que Dios es el Trascendente, que – por tanto – no está a nuestro alcance? ¿Cómo es posible hablar de Dios sin saber exactamente o que decimos? ¿Cómo se puede asegurar que “por un hombre entró el pecado en el mundo”? ¿Es que vamos a presentar como verdades centrales de nuestra fe lo que en realidad son mitos que tienen más de cuatro mil años de antigüedad? ¿Con qué argumentos se puede asegurar que el pecado de Adán y la redención de ese pecado son verdades centrales de nuestra fe? ¿Cómo es posible defender que la muerte de Cristo fue un “sacrificio ritual” que Dios necesitó para perdonarnos nuestras maldades y salvarnos para el cielo? ¿Cómo se le puede decir a la gente que el sufrimiento, la desgracia, el dolor y la muerte son “bendiciones” que Dios nos manda? ¿Por qué seguimos manteniendo rituales litúrgicos que tienen más de 1.500 años de antigüedad y que ya nadie entiende, ni sabe por qué se le siguen imponiendo a la gente? ¿De verdad nos creemos lo que se nos dice en algunos sermones sobre la muerte, el purgatorio y el infierno?

En fin, la lista de preguntas extrañas, increíbles, contradictorias, se nos haría interminable. Y mientras tanto, las iglesias vacías o con algunas personas mayores, que acuden a la misa por inercia o por costumbre. Al tiempo que nuestros obispos ponen el grito en el cielo por asuntos de sexo, mientras que se callan (o hacen afirmaciones tan genéricas que equivalen a silencios cómplices) ante la cantidad de abusos de menores cometidos por clérigos, abusos de poder que hacen quienes manejan ese poder para abusar de unos, robarles a otros y humillar a los que tienen a su alcance.

Insisto en que, a mi modesta manera de ver, el problema está en la pobre, pobrísima, teología que tenemos. Una teología que no toma en serio lo más importante de la teología cristiana, que es la “encarnación” de Dios en Jesús. El llamamiento de Jesús a “seguirle”. La ejemplaridad de la vida y del proyecto de vida de Jesús. Y la gran pregunta que los creyentes tendríamos que afrontar: ¿Cómo hacemos presente el Evangelio de Jesús en este tiempo y en esta sociedad que nos ha tocado vivir?

Termino insistiendo en que el control de Roma sobre la teología ha sido muy fuerte, desde el final del pontificado de Pablo VI hasta la renuncia al papado de Benedicto XVI. El resultado ha sido tremendo: en la Iglesia, en los seminarios, en los centros de estudios teológicos, hay miedo, mucho miedo. Y bien sabemos que el miedo bloquea el pensamiento y paraliza la creatividad.

La organización de la Iglesia, en este orden de cosas, no puede seguir como ha estado tantos años. El papa Francisco quiere una “Iglesia en salida”, abierta, tolerante, creativa. Pero, ¿seguiremos adelante con este proyecto? Por desgracia, en la Iglesia hay muchos hombres, con bastones de mando, que no están dispuestos a soltar el poder, tal como ellos lo ejercen. Pues, si es así, ¡adelante! Que pronto habremos liquidado lo poco que nos queda.

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Jesús, ¿Hijo de Dios, humano y divino? Una relectura del dogma

Martes, 11 de abril de 2017

En esta ocasión os traigo la interesante conferencia de José Arregui Jesús, ¿Hijo de Dios, humano y divino? Una relectura del dogma.

Los dogmas no son algo fijo, con el mismo significado a lo largo de los siglos. Cada cultura tiene su propia cosmología y tiene derecho a interpretar lo indecible con sus propias palabras. ¿Qué querían decir en la cultura semita del tiempo de Jesús con la expresión de Hijo de Dios? ¿Qué realidad hay más allá de las palabras?

Fuente Blog de la Comunidad Anawin

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La sexualidad como vía de crecimiento espiritual

Viernes, 24 de marzo de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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La comprensión cristiana del desarrollo espiritual está basada en la Encarnación. Esto significa que la libertad, el éxtasis, la apertura se hacen en la carne, no escapándose de ella. Por venido de Dios como ser humano, todo el ser, la historia y la naturaleza, están potencialmente transformada. Toda realidad se vuelve mediadora del misterio, por lo tanto sacramental, para los que pueden verlo. Toda la naturaleza es honrada.

… La visión sacramental de la realidad es una visión inclusiva; incluye el Misterio de Dios tal, como se manifiesta en la realidad “natural”, es decir experimentada con los sentidos. Además, una visión sacramental reconoce la presencia de Dios no sólo por la mediación del Cuerpo (de la Iglesia), sino también por la del cuerpo (del ser humano), lo que quiere decir que es comunitaria sin abandonar nada de su dimensión personal, íntima y física.

… El escándalo de la encarnación… es también el “escándalo” de la sexualidad como vía de crecimiento espiritual. Para que estas ideas puedan ser tomadas en consideración, es necesario abandonar la mentalidad dualista. De hecho, una buena comprensión teológica de la sacramentalidad une las polaridades sin suprimir la tensión entre ellas. Afirma que la presencia de Dios no es inventada por una gimnasia mental, sino que es verdaderamente real: la divinidad del Cristo en la humanidad es su certificación. Por el Espíritu, la Encarnación se extiende y está realmente presente entre nosotros.

Esta presencia no se comunica automáticamente porque como toda interacción personal, no tiene ninguna existencia objetiva; tiene una existencia intersubjetiva. Como un beso, ella no existe objetivamente, esperando en una habitación para ser distribuida automáticamente cuando la gente entra. Es una forma de don de sí, de presencia, dependiendo para su eficacia no sólo de la acción del donante sino también del receptor. Es, según las palabras de Rilke, una “transformación del mundo visible  fuera de nosotros en un mundo invisible en el interior“. Sería por lo tanto falso, porque la mayoría afirma que la verdad no puede soportar, el decir que Dios está “presente” en la vida sexual. Si la comprensión sacramental está ausente o mal representada, la gracia de Dios no se encontrará presente.

… Una visión sacramental de la sexualidad exige la inclusión reflejada de la dimensión espiritual que ya está allí; una teología sacramental debe incluir la sexualidad. El potencial sacramental de la sexualidad no significa que deba haber salido de este mundo en un tipo de culto especialmente “religioso”. Karl Rahner percibió el acontecimiento sacramental, no como el movimiento de la Iglesia hacia el mundo “para salvarlo”, sino como el movimiento del Espíritu que nos conduce desde el mundo, es decir del centro personal más profundo de aquellos que son sus sujetos pensantes, llevando la vida secular normal del hombre hacia su plenitud en Dios.

Más concretamente  en lo que concierne a la sexualidad, esto quiere decir que el dinamismo mismo de la sexualidad revela la santidad de los seres humanos y del mundo en su aspecto profano.

84-300x96Una historieta de Peanuts (por Charles Schultz) muestra a Linus al piano. Mientras que está interpretando, las notas fluyen. Snoopy, acostado sobre el nicho, no percibe notas sino huesos para perro. Eso es, el sacramentalidad. La manifestación de Dios se da en nuestra dimensión en un modo que podemos reconocer… como el deseo de nuestros corazones, cualquiera que sea la forma que adopte.

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Joan Timmerman
« Sexuality and Spiritual Growth » (Crossroads, New York, 1992).

Fuente texto: citado por thewildreed

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Tengo sed.

Domingo, 19 de marzo de 2017

 

El que beba del agua que yo le daré, jamás volverá a tener sed (Juan 4:14).

Al que tenga sed le daré a beber gratis del manantial del agua de la vida.” (Ap 21, 6)

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Mientras que los teólogos discuten sobre el origen del agua,

los místicos la beben.

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En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía. Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-“Dame de beber.”

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice:

-“¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?”

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos. Jesús le contestó:

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.”

La mujer le dice:

“Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”

Jesús le contestó:

“El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

La mujer le dice:

“Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.”

Él le dice:

-“Anda, llama a tu marido y vuelve.”

La mujer le contesta:

“No tengo marido.

Jesús le dice:

“Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.”

La mujer le dice:

“Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.”

Jesús le dice:

“Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.”

La mujer le dice:

“Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.

Jesús le dice:

“Soy yo, el que habla contigo.”

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo:

-“¿Qué le preguntas o de qué le hablas?”

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

“Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que ha hecho; ¿será éste el Mesías?”

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

-“Maestro, come.”

Él les dijo:

“Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.”

Los discípulos comentaban entre ellos:

“¿Le habrá traído alguien de comer?”

Jesús les dice:

“Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.”

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer:

-“Me ha dicho todo lo que he hecho.

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

-“Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.”

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Juan 4,5-42

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