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Pederastia (y encubrimiento) en la Iglesia católica: Wojtyla, Ratzinger… ¿quién está libre de pecado?

Miércoles, 26 de enero de 2022

abusos-Iglesia_2098300203_9807727_660x371¿Podría condenar un Papa a otro por su inacción ante los abusos?

Las acusaciones contra el Papa emérito destapan las dinámicas de ocultamiento de los abusos sexuales desde tiempos de Juan Pablo II y su política de protección de depredadores como Maciel, McCarrick o Figari, o encubridores como el cardenal de Boston, Bernard Law, o el mismísimo Benedicto XVI

Francisco está decidido a acabar con el flagelo de la pederastia, pero la dinámica del encubrimiento parece mucho más difícil de erradicar en una institución acostumbrada a lavar los trapos sucios en casa, y a acusar a las víctimas, y a los medios que destapan el horror de los abusos, de “falta de prudencia”

El mayor problema de la Iglesia en este tema es… que no se libra nadie. Nadie”. Con la voz temblorosa, un funcionario vaticano admite a RD que el informe elaborado por un equipo independiente de abogados y que ha destapado la implicación del Papa emérito, Benedicto XVI, en el encubrimiento de al menos cuatro casos de abusos sexuales a menores, no ha sido recibido con sorpresa en los muros de la Santa Sede.

Y es que el “largo camino hacia el abismo”, como ha definido la Iglesia alemana los resultados del informe –uno más, frente a la enésima negativa del episcopado español– que destapa medio millar de casos de abusos en las últimas décadas en la diócesis que dirigió Joseph Ratzinger antes de ser nombrado prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es “una nueva muestra de que prácticamente todos los obispos que tuvieron responsabilidades pastorales hasta hace una década, de uno u otro modo, no hicieron lo suficiente para amparar a las víctimas, y sí para proteger al sacerdote o religioso implicado.

El ‘apóstol de la juventud’ que resultó un depredador

juan-pablo-ii-bendiciendo-a-marcial-maciel Juan Pablo II bendiciendo al siniestro depredador sexual Marcial Maciel

¿Nadie está libre de pecado? Muy pocos, sostienen fuentes vaticanas, que subrayan que el problema no viene tanto de la pederastia en sí, cuanto de la dinámica de encubrimiento que se suscitó en la institución durante décadas, y que tuvo en Juan Pablo II a su máximo exponente. Un Wojtyla que, durante años, no hizo caso a las denuncias de abusos contra algunos de los líderes de la restauración conservadora tras la apertura del Concilio Vaticano II y que amparó a pederastas tan famosos como el fundador de la Legión de Cristo, Marcial Maciel, al que llegó a llamar “apóstol de la juventud”.

Y es que, pese a que las acusaciones en su contra llegaron a Roma ya en 1988 (anteriormente, en 1954, siendo Papa Pío XII, ya habían aparecido denuncias, que finalmente cayeron en el olvido), Juan Pablo II no quiso abrir expediente alguno contra Maciel. Hoy, ambos han fallecido: el fundador de la Legión, como el mayor depredador de menores de la historia reciente de la Iglesia; el Papa polaco, como santo universal.

El caso de Maciel no fue el único. El líder del Sodalicio, Luis Figari, también campó a sus anchas durante años, como lo hizo Theodore McCarrick, uno de los cardenales más poderosos de Estados Unidos y al que Francisco arrebató la púrpura y hoy está siendo juzgado por tribunales norteamericanos.

Los Legionarios de Cristo tardaron más de tres décadas en reconocer los abusos de su fundador, protegido como en el caso de McCarrick por Juan Pablo II y su fiel secretario Estanislao Dzwisz, que hace pocos meses fue absuelto en una investigación sobre abusos en Polonia que amenazaba con implicar al propio Papa polaco.

La contrapartida, en ambos casos, era evidente: una fuerte financiación proveniente de México y Estados Unidos, y nuevas vocaciones sacerdotales para el proyecto de involución en la Iglesia católica. Roma cumplió, ninguno pisó la cárcel.

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El cardenal Law, refugiado en el Vaticano

Otros casos, como el de Fernando Karadima, uno de los formadores de buena parte del episcopado chileno, y abusador impune durante años, terminaron por juzgarse. La mayoría no corrieron con tanta suerte. Cuando en 2002 estalló el escándalo por la investigación del Boston Globe, que reveló miles de casos de pederastia y que llevó a la bancarrota a media iglesia católica de Estados Unidos, el cardenal de Boston, Bernard Law, dimitió de su cargo pero, en lugar de afrontar sus responsabilidades, viajó a Roma… y nunca regresó. La Santa Sede, primero con Juan Pablo II y después con Benedicto XVI, denegó las peticiones de extradición de la justicia norteamericana, y acabó muriendo entre los muros vaticanos.

De hecho, Law vivió a sus anchas hasta que el 14 de marzo de 2013, al día siguiente de ser elegido Papa, Francisco se lo encontró en la basílica de Santa María la Mayor, adonde había acudido a rendir pleitesía a la patrona de Roma. El cardenal tenía allí su residencia desde que Juan Pablo II lo nombrara, en 2004, arcipreste de uno de los templos más importantes (y más ricos) de la Ciudad Eterna. Al ver al cardenal Law, a Bergoglio se le desencajó la cara y se alejó inmediatamente de él.No quiero que siga frecuentando esta Basílica”, le espetó el argentino.

Fuentes vaticanas defienden que Francisco está decidido a acabar con el flagelo de la pederastia, pero la dinámica del encubrimiento parece mucho más difícil de erradicar en una institución acostumbrada a lavar los trapos sucios en casa, y a acusar a las víctimas, y a los medios que destapan el horror de los abusos, de “falta de prudencia”. No es una cosa del pasado, sino una afirmación del cardenal de Valencia, Antonio Cañizares, el viernes pasado, a cuenta del informe entregado por El País al Papa y al cardenal Omella.

¿Un Papa condenaría a otro Papa?

Pederastia2Con todo, nunca hasta la fecha una acusación, con pruebas, había llegado tan lejos. Ni más ni menos que contra Joseph Ratzinger, quien fuera Papa de 2005 hasta su renuncia, en 2013. Un Benedicto XVI que sí comenzó a investigar los abusos de Maciel, que abrió la puerta a los cambios en la legislación que Francisco está intentando culminar, pero que no supo, o no quiso, actuar con la dureza con la que ahora (por convicción o por la fuerza de los hechos) está haciéndolo el pontífice argentino.

La razón, tal vez, pudiera estar en lo ocurrido entre 1977 y 1982, cuando Ratzinger ejerció como arzobispo de Múnich. Según la investigación independiente, el hoy emérito sabía de la existencia de casos de abusos sexuales a jóvenes y menores cometidos por miembros de la Iglesia católica alemana cuando sucedían y tuvo, en al menos cuatro de ellos, una conducta reprochable. Entre ellos, el caso del sacerdote Peter H., quien en 1980 fue trasladado del obispado de Essen al de Múnich tras haber sido acusado de pedófilo y que en su nuevo destino siguió cometiendo abusos.

Aunque el secretario de Ratzinger ha negado las acusaciones, y el Papa emérito ha entregado una respuesta de 82 folios a los investigadores, éstos no dan credibilidad a la versión de Benedicto XVI. El Vaticano, que ha mostrado su “vergüenza” ante los datos presentados, se ha comprometido a dar una respuesta una vez lea el documento. Pero la siguiente pregunta se antoja imposible de responder: ¿qué hará Francisco si se demuestra, como parece, que su antecesor encubrió a curas pederastas?

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¿Se atreverá Bergoglio a condenar al Papa emérito? Una decisión así, apuntan en la Curia vaticana, sería muy difícil de tomar, pues pondría en cuestión la infalibilidad papal. “Y, sobre todo, porque parte de la Iglesia no entendería que un Papa condenara a otro”, nos cuentan. Y añaden: Si de verdad nadie se libra… ¿alguien podría sacar algún dossier similar sobre Bergoglio?”. La pregunta, otra vez, se queda sin respuesta

Fuente Religión Digital

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Ratzinger, una pieza más del sistema: ¿Debería reconocer su culpa y cerrarse las puertas de la historia y de los altares?

Martes, 25 de enero de 2022

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Del blog de José Manuel Vidal Rumores de Ángeles:

“¿Será capaz de llegar a ese extremo de entrega y de generosidad con la institución a la que tanto ama?”

 “Joseph Ratzinger fue una pieza, una pieza más en el sistema eclesiástico generalizado de inacción y encubrimiento implícito y explícito de los clérigos abusadores”

“¿Y qué hizo el joven arzobispo? Lo que tenía que hacer, lo que hacían todos sus colegas, lo que mandaban las leyes no escritas, la costumbre y la prudencia: desdeñar a las víctimas, mirar para otro lado, tapar a los pederastas (tras alguna llamada al orden) y cambiarlos de lugar”

Me alegro de tener un hermano en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los otros obispos del mundo, ha preferido la prisión antes que denunciar a su hijo sacerdote”. Porque “un padre nunca denuncia a sus propios hijos”, concluía Castrillón, jefe de todos los curas del mundo

“Los cardenales lo eligieron, tras afirmar en la misa solemne previa al cónclave que los dos grandes peligros de la Iglesia eran el relativismo y la “suciedad” de la propia institución, que conocía mejor que nadie”

“Si asumiese su culpa, podría convertirse en un ejemplo vivo y práctico para todos los demás obispos encubridores del mundo. Si no lo hace, estaría dando munición a los que siguen resistiéndose a la tolerancia cero y al resarcimiento pleno de las víctimas, que preconiza el Papa Francisco”

Joseph Ratzinger fue una pieza, una pieza más en el sistema eclesiástico generalizado de inacción y encubrimiento implícito y explícito de los clérigos abusadores. Desde su más tierna infancia de seminarista y, después, en su juventud de cura, el prometedor teólogo alemán formó siempre parte del amplio funcionariado eclesiástico, que se rige por unas normas estrictas y que sólo permite discrepantes moderados. A los radicales, los escupe fuera y los estigmatiza, llamándoles herejes.

El joven Ratzinger se alineó, durante el Concilio, con el ala más liberal de la Iglesia, llamado como perito y asesor del progresista cardenal Frings, arzobispo de Colonia. En esa época estaba a partir un piñón con su amigo el también teólogo Hans Küng. Pero, mientras éste se mantuvo toda su vida fiel a los grandes principios conciliares, Ratzinger pronto comenzó a cambiar de dirección y, por una mezcla de miedo al futuro de la iglesia ante los tumultos del mayo del 68 y de convicción personal, cambió la chaqueta y se alineó con el sector más conservador.

El premio le llegó de inmediato. Pablo VI, el Papa del Concilio, estaba asustado del devenir eclesiástico y llegó a decir que “el humo de Satanás” había entrado en la Iglesia. Por eso, a la hora de buscar un arzobispo para Munich pensó inmediatamente en Ratzinger y le nombró primero arzobispo, el 24 de marzo de 1977, y sólo unos meses después, el 27 de junio, le concedió el máximo galardón eclesiástico de la púrpura cardenalicia. El otrora teólogo rebelde entraba en las filas prietas del sistema en cuerpo y alma.

En Munich, donde sólo estuvo cuatro años y 8 meses, tuvo que pasar de las musas teológicas al teatro pastoral directo. Y allí se encontró entre otros problemas, con el fenómeno de los curas abusadores. ¿Y qué hizo el joven arzobispo? Lo que tenía que hacer, lo que hacían todos sus colegas, lo que mandaban las leyes no escritas, la costumbre y la prudencia: desdeñar a las víctimas, mirar para otro lado, tapar a los pederastas (tras alguna llamada al orden) y cambiarlos de lugar. Porque la máxima vigente era que “los trapos sucios se levan en casa” y que “hay que evitar por todos los medios el escándalo de los inocentes” (no de las víctimas, sino de que la gente se entere) y proteger la buena fama de la institución por encima de todo y de todos.

La Iglesia siempre tuvo muy claro que tenía que transigir con los pecados sexuales de su clero, disculparlos y disimularlos, siempre que se mantuviesen en secreto y, por lo tanto, no provocasen escándalo público. A las víctimas se las culpabilizaba o, en caso de que amenazasen con hacer mucho ruido, se les tapaba la boca con dinero.

¿Y los curas victimarios? Se les reprendía, lógicamente, se les hacía prometer que iban a cambiar de vida y, a lo sumo, se les trasladaba de parroquia y, en casos muy sonados, se les mandaba a misiones (especialmente a Latinoamérica). Más o menos lo mismo que se solía hacer con los que mantenían relaciones sexuales consentidas pero siempre ocultas con mujeres o con hombres.

El funcionamiento del sistema lo explica perfectamente este caso. “Le felicito por no haber denunciado a un sacerdote [pederasta] a las autoridades civiles. Ha actuado usted bien”. Eso escribía en 2001 el cardenal colombiano Darío Castrillón Hoyos, entonces prefecto de la Congregación del Clero, en una carta dirigida al obispo de la diócesis francesa de Bayeux-Lysieux, monseñor Pican, en la que le felicitaba por haberse negado a entregar a los tribunales civiles a un cura acusado de abusos sexuales a menores y haber sido condenado por ello a tres meses de cárcel.

“Me alegro de tener un hermano en el episcopado que, a los ojos de la historia y de todos los otros obispos del mundo, ha preferido la prisión antes que denunciar a su hijo sacerdote”. Porque un padre nunca denuncia a sus propios hijos”, concluía Castrillón, jefe de todos los curas del mundo.

En su época de arzobispo de Munich, Ratzinger comulga a fondo con esta misma mentalidad. Como lo hicieron todos sus predecesores y sus sucesores. De hecho, la información del Informe sobre los Abusos de Múnich se centra principalmente en los obispos diocesanos que aún viven: el Papa emérito Benedicto XVI, el cardenal Friedrich Wetter y el actual arzobispo, el cardenal Reinhard Marx. Pero el estudio se remonta a 1945 y, por lo tanto, abarca también los mandatos de los cardenales Michael von Faulhaber, Joseph Wendel y Julius Döpfner.

Pues bien, todos ellos, tanto los vivos como los difuntos, tanto los más progresistas como los más conservadores, respetaron y cumplieron a rajatabla el sistema establecido: insensibilidad total hacia las víctimas y generosidad y gracia con los victimarios.

Las cosas comienzan a cambiar para Ratzinger, cuando, el 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo II le nombra prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, es decir su mano derecha teológica, el hombre que le iba a permitir encontrar bases teológicas y doctrinales sólidas para imponer a la Iglesia mundial el llamado “modelo polaco”: cierre ideológico, involución doctrinal, congelación de los principios fundantes del Concilio Vaticano II, ostracismo para los prelados más abiertos, condena de los teólogos progresistas y conversión de la Iglesia en un poder fáctico, capaz de hacer frente al comunismo e incluso de derrumbar el Muro de Berlín.

Aunque dedicado a justificar el modelo wojtyliano, el cardenal Ratzinger comenzó a palidecer al abordar, en su nuevo puesto, sobre todo el dossier de los delicta graviora, que son, entre otros, los que cometen los clérigos, cuando abusan de menores, y que están reservados a la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es tal la podredumbre con la que se encuentra que ya manda poner al día estos delitos y recrudecer las penas.

Era la época en que llegaban a Roma denuncias contra un gran depredador: Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, protegido por Juan Pablo II, que llegó a llamarlo “apóstol de la juventud”. ¿Llegaba esa información incriminadora a Juan Pablo II o se quedaba en los despachos de los secretarios: el secretario personal Dziwisz y el Secretario de Estado, cardenal Sodano? ¿Lo sabía el entonces prefecto de Doctrina de la Fe, cardenal Ratzinger, pero no podía hacer nada?

De hecho, una vez que Ratzinger se convierte en Benedicto XVI y sucede al Papa Wojtyla, está ya convencido de que el sistema generalizado de encubrimiento es no sólo un pecado, sino un enorme perjuicio para la institución. Y, por eso, pronto se convierte en elbarrendero de Dios.

De hecho, el Papa alemán se presenta con este programa. Los cardenales lo eligieron, tras afirmar en la misa solemne previa al cónclave que los dos grandes peligros de la Iglesia eran el relativismo y la “suciedad” de la propia institución, que conocía mejor que nadie. Por sus manos de guardían de la ortodoxia pasaron durante décadas los casos más sangrantes y dolorosos del peor pecado que pueden cometer los eclesiásticos: el escándalo de los inocentes. Para ellos, el propio Cristo dice que “más les valiera atarse una piedra al cuello y arrojarse al fondo del mar” (Mt. 18,6).

El ‘policía‘ del Papa Wojtyla convertido en dueño de las llaves de Pedro se encontró con una barca en peor estado de lo que él mismo creía. La pederastia era un misil en plena línea de flotación de la credibilidad de la institución, que vive precisamente de eso: de generar confianza en la gente, que le entrega a sus hijos desde la más tierna infancia. Una confianza hecha añicos por curas sin escrúpulos, personificados en el icono de Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, uno de los nuevos grupos restauracionistas mimados por Roma, porque le aportaban vocaciones y dinero fácil.

Benedicto apartó a Maciel de la dirección de los Legionarios, lo suspendió a divinis y le impuso una vida de retiro y penitencia, pero no lo procesó ni lo llevó ante los tribunales canónicos, como exigían las normas de la Iglesia. y puso a la congregación bajo supervisión vaticana, camino de la refundación.

La limpieza no era nada fácil y, en la Curia, le pusieron todo tipo de trabas y zancadillas. El sistema de encubrimiento y de complicidad con los abusadores estaba incrustado en el alma de la institución. Benedicto tuvo que echar a obispos y mandar inspectores a varias iglesias nacionales. Pero la tarea era tan ingente que, al final, Ratzinger se vio sin fuerzas para culminar la tarea y efectuó su gesto más revolucionario: la renuncia al pontificado.

Pero, como nadie puede enterrar su pasado en vida, la memoria de los años de Munich, en los que, como todos los demás, comulgaba con el sistema del encubrimiento, le persigue. Ante las acusaciones de encubrimiento (bien documentadas) sólo le cabe reconocer sus errores, pedir perdón y resarcir a las víctimas de todas las maneras todavía posibles. ¿Lo hará o se encastillará en la negación numantina de responsabilidades? Si asumiese su culpa, podría convertirse en un ejemplo vivo y práctico para todos los demás obispos encubridores del mundo. Si no lo hace, estaría dando munición a los que siguen resistiéndose a la tolerancia cero y al resarcimiento pleno de las víctimas, que preconiza el Papa Francisco.

Eso, sí, al confesar y pedir perdón por sus actitudes, el Papa emérito mancharía su figura en la Historia y se cerraría el paso a la gloria de la santidad (como casi todos los últimos Papas). Un sacrificio máximo por el bien de la Iglesia. ¿Será capaz de llegar a ese extremo de entrega y de generosidad con la institución a la que tanto ama? Si fue capaz de renunciar, también podría asumir este último gran servicio a la Iglesia.

Lo haga o no, la repercusión del caso en el próximo cónclave es evidente: Los cardenales sólo podrán elegir como próximo Papa al que esté limpio de polvo y paja en este ámbito. Con lo cual el espectro de los eventuales candidatos se circunscribe a los cardenales curiales (sin responsabilidad directa en la pastoral) o en los purpurados elegidos en los últimos años, en los que el sistema ya está virando hacia la tolerancia cero. El próximo Papa tendrá que ser un hombre de manos limpias. Sólo así la Iglesia recuperará su credibilidad tan dañada. Pero, para eso, Benedicto XVI tiene que sacrificarse.

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Ratzinger se retracta y admite que sí estuvo en la reunión para admitir a un cura pederasta en Múnich

El Papa emérito, acusado de encubrimiento en cuatro casos de abusos.

No obstante, el Papa emérito aseguró que en aquella sesión no se habló de que el sacerdote en cuestión desempeñara labores pastorales, sino solamente de “hacer posible que contara con alojamiento en Múnich durante su tratamiento terapéutico”

Todo se debe, según Ratzinger, a “un error sin mala intención“, y asegura su “vergüenza y dolor” tras haber leído el informe

Cuatro días después de que se publicara el informe sobre los abusos en la diócesis de Múnich, que lo involucra en al menos cuatro casos de encubrimiento, el papa emérito Benedicto XVI se ha retractado de declaraciones centrales para el informe sobre el encubrimiento de abusos sexuales en la Iglesia católica en Alemania que fue presentado la semana pasada.

Ahora, Joseph Ratzinger reconoce que sí estuvo presente en una reunión del obispado de Múnich y Freising en enero de 1980 en la que se trató el traslado de un sacerdote acusado de abusos a menores, según informó hoy la Agencia Católica de Noticias (KNA).

No obstante, Ratzinger, a la sazón arzobispo de Múnich, aseguró que en aquella sesión no se habló de que el sacerdote en cuestión desempeñara labores pastorales, sino solamente de “hacer posible que contara con alojamiento en Múnich durante su tratamiento terapéutico”.

El sacerdote, identificado por los medios alemanes como Peter H., volvió a cometer abusos en la archidiócesis de Múnich, lo que llevó a que fuera trasladado de nuevo.

Faltó a la verdad: lo dicen las actas

Según un demoledor informe elaborado por un despacho de abogados a petición de la Iglesia católica en Alemania y que vio la luz la semana pasada, esmuy probable” que Ratzinger estuviera al corriente de ese caso y de otros tres similares y no actuase al respecto.

Además, según el informe, Ratzinger faltó a la verdad al afirmar en su posicionamiento que no estaba presente en la reunión de enero de 1980, ya que según las actas intervino en ella y no figuraba como ausente.

De acuerdo con las declaraciones del papa emérito citadas por KNA, ello se debe a un error sin mala intención” que ocurrió durante el proceso de redacción de su posicionamiento frente a las alegaciones, un texto de 82 páginas.

El secretario privado de Ratzinger, Georg Gänswein, agregó que más adelante el papa emérito presentará una reacción más elaborada ante el informe, pero que por el momento la lectura del documento le llena de “vergüenza y dolor “.

“Que asuma su responsabilidad”

En los últimos días se han sucedido las críticas al comportamiento del papa emérito, que el pasado viernes fue tildado de “desastroso” por el presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing.

El obispo de Aquisgrán, Helmut Dieser, reclamó en su sermón de este domingo que Ratzinger asuma la responsabilidad que le corresponde. No puede ser que los responsables se escabullan con referencias a que no sabían nada o a que entonces había otra situación u otros procedimientos,” afirmó. “Porque ése es el motivo por el que entonces no se detuvo a los perpetradores y se siguió abusando de niños,” agregó, según declaraciones citadas por la cadena pública ARD.

Fuente Religión Digital

 

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El presidente de los obispos alemanes critica a Ratzinger: “Los encubrimientos ya han durado bastante”

Lunes, 24 de enero de 2022

Bätzing,_Dr._Georg_2009-08-30No creo que pretendan dañar ni un poquito más de lo que él ha dañado a la Iglesia y a los cristianos LGTBI. El todopoderoso Ratzinger que conocía hasta el último movimiento de los teólogos de la Liberación para suspenderlos y condenarlos, no veía lo que pasaba a su lado… A otro perro con ese hueso.

El ultraconservador Müller defiende al emérito y asegura que “hay quienes quieren dañar” a Benedicto XVI

Bätzing habló de “comportamientos desastrosos” y mencionó explícitamente a Benedicto XVI. El obispo de Limburg llama a una auténtica purificación para generar una nueva confianza en la Iglesia, e invita a la esperanza. “No os desaniméis”

Hans Zollner: “El informe alemán empaña el legado de Benedicto XVI en relación con el tratamiento de los casos de abuso (mientras estaba en Alemania, pero) no es un juicio sobre la totalidad de su legado”

“Los encubrimientos y las ocultaciones ya han durado bastante (…). Es la hora de la verdad“. El obispo de Limburg y presidente de la Conferencia Episcopal alemana, Georg Bätzing, ha mostrado su repulsa por los resultados del informe independiente sobre los abusos en la diócesis de Múnich, que destaca la inacción de la cúpula episcopal, entre la que se incluye al hoy Papa emérito, Benedicto XVI, y al cardenal Marx.

Durante su homilía de este viernes por la noche, Bätzing admitió ante los fieles que “esta situación pesa enormemente sobre todos nosotros”. Incluso, en su entorno: “Muchos me dicen que tengo que justificar que sigo perteneciendo a esta institución (…). A veces, yo mismo me avergüenzo de que hayamos tenido un pasado así”.

Bätzing habló de comportamientos desastrosos” y mencionó explícitamente a Benedicto XVI, insistiendo en que “los encubrimientos, las ocultaciones, ya han durado bastante”. “Ahora es el momento de la verdad”, concluyó el presidente de los obispos alemanes, quien se mostró convencido de que una auténtica purificación generaría una nueva confianza en la Iglesia. No os desaniméis”, concluyó el prelado.

“No hizo nada malo deliberadamente”

Sin embargo, uno de los purpurados alemanes más críticos con Francisco, el cardenal Gerhard Müller, denunció que tras las denuncias contra Ratzinger hay personas y grupos en Alemania, y otros lugares, que quieren dañar” al Papa emérito.

“Es obvio que si hubo errores, él no los conocía”, señaló Müller a Il Corriere, subrayando que Ratzinger “no hizo nada malo deliberadamente”.

Por su parte, Hans Zollner, uno de los responsables de la comisión antipederastia del Vaticano, admitió que el informe alemán “empaña el legado de Benedicto XVI en relación con el tratamiento de los casos de abuso (mientras estaba en Alemania, pero) no es un juicio sobre la totalidad de su legado como teólogo, como jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe y como Papa”.

Finalmente, Thomas Schüller, profesor de derecho eclesiástico en la Universidad de Münster, dijo a Der Spiegel que el informe había causado un daño duradero a la reputación de Ratzinger. “Este es su Waterloo personal”.

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La Fiscalía de Múnich investiga 42 casos de encubrimiento y abusos en la Iglesia alemana.

El primer ministro de Baviera tilda el informe de “largo camino hacia el abismo”

Las diligencias se refieren a representantes eclesiásticos a los que el informe, que abarca el periodo de 1945 a 2019, atribuye conductas reprochables y que todavía continúan con vida

El documento, encargado por el cardenal arzobispo de Múnich y Freising, Reinhard Marx, acusa a los responsables de esa archidiócesis de no haber hecho lo suficiente por esclarecer los abusos cometidos contra casi 500 víctimas por parte de 235 perpetradores.

La fiscalía de la ciudad alemana de Múnich investiga 42 casos relacionados con el informe sobre el presunto encubrimiento de abusos sexuales en la Iglesia católica que fue presentado este jueves.

Según confirmó a Efe la portavoz de la fiscalía, Anne Leiding, las diligencias se refieren a representantes eclesiásticos a los que el informe, que abarca el periodo de 1945 a 2019, atribuye conductas reprochables y que todavía continúan con vida.

Qué reglas del derecho penal fueron violadas todavía es objeto de examen,” agregó Leiding, quien explicó que el despacho de abogados que elaboró el informe puso a disposición de la fiscalía las informaciones que dieron pie a las diligencias en agosto del año pasado.

El documento, encargado por el cardenal arzobispo de Múnich y Freising, Reinhard Marx, acusa a los responsables de esa archidiócesis de no haber hecho lo suficiente por esclarecer los abusos cometidos contra casi 500 víctimas por parte de 235 perpetradores.

Inacción de Benedicto XVI

juan-pablo-ii-y-ratzinger2Uno de los hallazgos que han tenido el mayor eco mediático es la inacción del papa emérito Benedicto XVI ante al menos cuatro casos en su etapa al frente de la archidiócesis en los años 80 y su falta de cooperación con los investigadores, que concluyen que es falso que no estuviera al corriente de los hechos.

El cardenal Marx se declaró “conmocionado y avergonzado” al conocer el contenido del informe, aunque la Iglesia católica en Alemania no se posicionará oficialmente hasta después de haber analizado de forma minuciosa las conclusiones, la semana que viene.

Markus Söder, el primer ministro de Baviera – el “Land” de mayoría católica al que pertenece la archidiócesis en que ocurrieron los abusos-, calificó el informe delargo camino hacia el abismo, en declaraciones citadas por la cadena regional “Bayerischer Rundfkunk”.

Además, afirmó que la Iglesia católica debe modificar sus estructuras y comprometerse claramente con una política de “tolerancia cero” para con los agresores.

Por su parte, en una rueda de prensa hoy en Berlín, la viceportavoz del Gobierno federal Christiane Hoffmann tildó al informe de paso al que deben seguir otros pasos y pidió a la Iglesia que realizara “una revisión transparente y completa”.

Fuente Religión Digital

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Benedicto XVI, en el punto de mira: ‘Informe Múnich’: Ratzinger no actuó al menos en cuatro casos de abusos siendo arzobispo de Múnich

Viernes, 21 de enero de 2022

Pederastia2El Papa emérito rebate “contundentemente” los resultados de la investigación

El informe documenta cientos de casos cometidos durante décadas, hasta prácticamente el presente, y responsabiliza a las sucesivas jerarquías eclesiásticas de no haber actuado en consecuencia, cuando menos, o incluso haberlos encubierto

En dos de los casos atribuidos al periodo en que Ratzinger estuvo al frente de esa archidiócesis, los abusos fueron presuntamente cometidos por dos clérigos que prestaban asistencia espiritual y contra los cuales no se actuó en absoluto

Los responsables del informe consideran “poco creíble” la reacción del ahora papa emérito rechazando esas inculpaciones y sostienen, en cambio, que por parte de Ratzinger no hubo “ningún interés reconocible” en actuar frente a ellos

El informe habla de 235 abusadores, 497 víctimas el 60% de ellas menores, y más de la mitad varones. La mayoría de los delitos se cometieron en las décadas de 1960 y 1970

La diócesis de Lyon retira los cuadros del ‘Picasso de las iglesias’, un sacerdote acusado de abusos sexuales

El informe sobre los presuntos abusos sexuales en la archidiócesis alemana de Múnich atribuye al entonces arzobispo y actual papa emérito Benedicto XVI no haber actuado al menos en cuatro casos conocidos ocurridos siendo arzobispo de la diócesis alemana.

El documento, encargado por la archidiócesis a un equipo de abogados y que fue presentado hoy, destaca, asimismo, que Joseph Ratzinger ha rebatido “contundentemente” estas acusaciones.

El documento contempla casos de abusos sexuales ocurridos en el seno de la Iglesia católica en esa archidiócesis desde la postguerra y hasta prácticamente la actualidad.

Arzobispo entre 1977 y 1982

Ratzinger fue arzobispo de Múnich entre 1977 y 1982, antes de convertirse en prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (antiguo Santo Oficio) en el Vaticano.


El informe documenta cientos de casos cometidos durante décadas, hasta prácticamente el presente, y responsabiliza a las sucesivas jerarquías eclesiásticas de no haber actuado en consecuencia, cuando menos, o incluso haberlos encubierto.

Los abogados que presentaron el informe denominaron en repetidas ocasiones como un balance del horror” el análisis de los casos de abusos que abordaron en su estudio.

Ratzinger, “poco creíble”

En dos de los casos atribuidos al periodo en que Ratzinger estuvo al frente de esa archidiócesis, los abusos fueron presuntamente cometidos por dos clérigos que prestaban asistencia espiritual y contra los cuales no se actuó en absoluto.

Los responsables del informe consideran “poco creíble” la reacción del ahora papa emérito rechazando esas inculpaciones y sostienen, en cambio, que por parte de Ratzinger no hubo “ningún interés reconocible” en actuar frente a ellos.

Asimismo, se muestran convencidos los investigadores de que Ratzinger tuvo conocimiento del caso del párroco identificado como Peter H., quien en 1980 fue trasladado del obispado de Essen al de Múnich tras haber sido acusado de pedófilo y que en su nuevo destino siguió cometiendo abusos.

Los abogados consideran “poco creíble” la afirmación de Ratzinger de que no estuvo presente en la reunión en la que se decidió ese traslado.

Ulrich Wastl, uno de ellos, aseguró que Ratzinger tenía “que haber conocido los acontecimientos” y que “muy probablemente” sabía qué pasaba en la archidiócesis.


Ausencia de Marx

Los autores del informe lamentaron en su presentación la ausencia en la rueda de prensa del actual cardenal de Múnich, Reinhard Marx, quien en 2008 encargó un informe psiquiátrico sobre H., aunque no abrió una investigación interna.

Marx presentó el año pasado su dimisión como gesto ante los abusos de menores cometidos en la Iglesia católica, renuncia que fue rechazada por el papa Francisco. Se espera que el cardenal se pronuncie esta tarde sobre los contenidos del informe.

235 abusadores, 497 víctimas

En su examen de los actos de abuso en la arquidiócesis, los expertos identificaron a 235 presuntos perpetradores entre 1945 y 2019. De estos, 173 eran sacerdotes, dijo Pusch. El número de víctimas fue de 497. De estas, 247 fueron hombres y 182 mujeres. No se pudo determinar el sexo de 68 personas. Esto confirma que los niños y adolescentes predominantemente varones se vieron afectados.

Casi el 60 por ciento de estos delitos se cometieron entre los 8 y los 14 años. En el caso de las mujeres afectadas, esto se aplica a un tercio de las personas. Según Pusch, la mayoría de los delitos se cometieron en las décadas de 1960 y 1970. Una cantidad sorprendente de denuncias solo fueron reportadas por los afectados a partir de 2015.

Los autores de los abusos son 235, de los que 173 son sacerdotes, nueve diáconos, cinco agentes de pastoral y 48 personas del ámbito escolar. Son estas las cifras del informe sobre los abusos del clero en la Iglesia de Múnich, elaborado por el bufete de abogados Westpfahl Spilker Wastl por encargo de la archidiócesis en febrero de 2020.

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Golpe duro, aunque esperado, para la Santa Sede, que dará “justa atención” al documento

El Vaticano habla de “vergüenza” ante el informe de Múnich y anuncia que estudiará la implicación de Ratzinger

Un golpe duro, aunque esperado. Así ha recibido la Santa Sede la publicación de informe sobre los abusos sexuales en la diócesis de Múnich, que implica al Papa emérito, Joseph Ratzinger, en al menos cuatro casos de encubrimiento o mala gestión de la pederastia clerical.

En un comunicado, el portavoz de la Santa Sede, Matteo Bruni, mostró su “vergüenza” ante el estudio independiente, al que Roma dará “justa atención” una vez lo estudie, porque “por el momento no conoce el contenido”.

 Remordimiento y cercanía a las víctimas

Y es que Roma desea “reiterar el sentimiento de vergüenza y el remordimiento por los abusos sobre menores cometidos por el clero, confirma la declaración vaticana, que insiste en que “la Santa Sede asegura su cercanía a todas las víctimas y confirma el camino que ha emprendido para tutelar a los pequeños, garantizándoles espacios seguros”.

“El Vaticano considera que debe dar la justa atención al documento (…). En los próximos días, tras su publicación, lo podrá ver y podrá oportunamente examinar los detalles”, concluyó Bruni.

El documento encargado por la archidiócesis de Múnich a un equipo de abogados, que fue presentado hoy, atribuye a Benedicto XVI no haber actuado al menos en cuatro casos conocidos ocurridos bajo su jerarquía y destaca que el pontífice alemán ha rebatido “contundentemente” estas acusaciones.

El documento contempla casos de abusos sexuales ocurridos en el seno de la Iglesia católica en esa archidiócesis desde la postguerra y hasta prácticamente la actualidad. Ratzinger fue arzobispo de Múnich entre 1977 y 1982, antes de convertirse en prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

En dos de los casos atribuidos al periodo en que Ratzinger estuvo al frente de esa archidiócesis, los abusos fueron presuntamente cometidos por dos clérigos que prestaban asistencia espiritual y contra los cuales no se actuó en absoluto.

Sin “interés reconocible” en actuar contra los abusos

Los responsables del informe consideran “poco creíble” la reacción del ahora papa emérito rechazando esas inculpaciones y sostienen, en cambio, que por parte de Ratzinger no hubo “ningún interés reconocible” en actuar frente a ellos.

Asimismo, se muestran convencidos los investigadores de que Ratzinger tuvo conocimiento del caso del párroco identificado como Peter H., quien en 1980 fue trasladado del obispado de Essen al de Múnich tras haber sido acusado de pederasta y que en su nuevo destino siguió cometiendo abusos.

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“Me siento corresponsable de lo ocurrido”: Cardenal Marx, ‘avergonzado’ por el informe sobre abusos en la archidiócesis de Múnich

El documento señala al papa emérito y al propio arzobispo

El cardenal Reinhard Marx, arzobispo de Múnich, se declaró este jueves “conmocionado y avergonzado” tras la publicación de un informe sobre el encubrimiento de abusos sexuales en esa archidiócesis alemana que también incluye al papa emérito Benedicto XVI.

Mis primeros pensamientos son para los afectados por los abusos sexuales, que han experimentado daño y sufrimiento a manos de representantes de la Iglesia, sacerdotes y otros empleados eclesiásticos,” afirmó, durante una breve comparecencia retransmitida en directo.

El informe, encargado por el propio Marx, expresidente de la Conferencia Episcopal alemana, determina que el papa emérito, responsable de la archidiócesis de Múnich y Freising entre los años 1977 y 1982, tuvo una conducta reprochable al no haber actuado ante los abusos en al menos cuatro casos. Según el despacho de abogados que elaboró el informe, de 1.700 páginas, existe una “elevada posibilidad” de que Joseph Ratzinger tuviera conocimiento de los casos, algo que el papa emérito rechaza.

El documento también señala, entre otros, al propio Marx por su comportamiento en relación con dos casos de presuntos abusos y además le atribuye no prestar suficiente atención a ese tipo de comportamientos.

El cardenal arzobispo presentó su renuncia al papa Francisco el año pasado ante las dimensiones de los abusos sexuales encubiertos por la Iglesia católica en Alemania durante décadas, pero éste la rechazó.

Marx explicó que, debido al volumen del informe, las instituciones eclesiásticas se hallan ahora analizándolo y presentarán un primer posicionamiento al respecto el jueves de la semana que viene.

“Me siento co-responsable de lo que ha ocurrido con la institución de la Iglesia en las últimas décadas,” afirmó Marx y añadió que “sabemos desde hace años que la Iglesia no tomaba en serio los abusos sexuales, que los perpetradores a menudo no fueron cuestionados y que los responsables miraron hacia otro lado”.

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Gänswein: “Benedicto XVI manifiesta su conmoción y vergüenza por los abusos a menores cometidos por clérigos”

“Benedicto XVI no ha conocido el informe del bufete Westpfahl-Spilker-Wastl, que tiene más de 1.000 páginas, hasta esta tarde”. Esta ha sido la reacción del secretario personal de Joseph Ratzinger, Georg Gänswein, ante la publicación del informe que señala el posible encubrimiento del Papa emérito en la gestión de cuatro casos de abusos mientras era arzobispo de Múnich.

“El Papa emérito, como ya ha repetido varias veces durante los años de su pontificado, manifiesta su conmoción y vergüenza por los abusos a menores cometidos por clérigos, y expresa su cercanía personal y su oración por todas las víctimas, algunas de las cuales ha conocido con ocasión de sus viajes apostólicos”, recalcó Gänswein, quien anunció que “en los próximos días (Ratzinger) examinará el texto con la atención necesaria”.

Sigue…

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¿Encubrió Joseph Ratzinger a un cura pederasta en Munich?

Miércoles, 12 de enero de 2022

124121CF-F40A-4092-B0B0-7F316C11F719El secretario del Papa emérito niega las acusaciones, publicadas por la prensa alemana

Tal y como publica ‘Die Zeit‘, un decreto de un tribunal eclesiástico de Múnich de 2016 incrimina a Benedicto XVI por su gestión de los casos de abusos. El documento muestra que en 1980, como arzobispo de Múnich y Freising, Ratzinger había aprobado la admisión de un sacerdote diocesano de Essen, aunque sabía que había acusaciones contra el clérigo

Ratzinger “se abstuvo deliberadamente de sancionar el crimen”, asegura el semanario, que añade que tanto el hoy emérito como el entonces titular de Essen y sus vicarios generales “no cumplieron con su responsabilidad hacia los niños y jóvenes confiados a su pastoral”

Georg Gänswein aseguró que las acusaciones “son falsas” en nombre de Ratzinger, señalando que el Papa “no tenía conocimiento de la historia previa (acusaciones de agresión sexual) en la decisión de admitir al sacerdote”. Ratzinger “no renunció conscientemente” a sancionar a Peter H…. quien volvió a agredir a menores en Münich

La investigación también salpica al cardenal Marx, quien en 2008 abrió una investigación y apartó al clérigo, pero sin informar a las autoridades, ni reportar al Vaticano

Bilbao se desmarca de la CEE y abre una investigación tras conocer cinco casos revelados por El País. La diócesis reconoce al diario “la labor realizada” y agradece “el esfuerzo de las víctimas”.

¿Encubrió Joseph Ratzinger a un cura pederasta durante su etapa como arzobispo de Múnich? Una investigación de Die Zeit asegura que sí, mientras que el secretario personal de Benedicto XVI, Georg Gäenswein, niega tajantemente unas acusaciones que, de ser ciertas, pondrían en la picota al mismísimo Papa emérito.

Tal y como publica el semanario, un decreto de un tribunal eclesiástico de Múnich de 2016 incrimina a Benedicto XVI por su gestión de los casos de abusos. El documento muestra que en 1980, como arzobispo de Múnich y Freising, Ratzinger había aprobado la admisión de un sacerdote diocesano de Essen, aunque sabía que había acusaciones contra el clérigo.

Trasladado de diócesis, siguió abusando

¿Y cuál es la historia? La de Peter H. un sacerdote de Essen, trasladado a la Archidiócesis de Múnich en 1980, después de haber sido acusado de varios delitos sexuales contra menores. Un traslado que tuvo que contar con el beneplácito expreso del entonces arzobispo de la diócesis alemana, a la sazón Joseph Ratzinger. El futuro Benedicto XVI, afirma la investigación, conocía la situación del sacerdote y, aún así, lo aceptó como clérigo en su diócesis, con la condición de someterse a terapia en Baviera.

Ratzinger “se abstuvo deliberadamente de sancionar el crimen”, asegura el semanario, que añade que tanto el hoy emérito como el entonces titular de Essen y sus vicarios generales “no cumplieron con su responsabilidad hacia los niños y jóvenes confiados a su pastoral”.

Ziet‘ quiso recabar la opinión del Papa emérito. Su secretario personal, Georg Gänswein, aseguró que las acusaciones “son falsas” en nombre de Ratzinger, señalando que el Papa “no tenía conocimiento de la historia previa (acusaciones de agresión sexual) en la decisión de admitir al sacerdote”. Ratzinger “no renunció conscientemente” a sancionar a Peter H…. quien volvió a agredir a menores en Münich.

El vicario asumió la responsabilidad por Ratzinger

Otra investigación de ‘The New York Times’, fechada en 2010, ya hablaba de los abusos del sacerdote, apuntando que una treintena de personas habían podido ser agredidas por el clérigo entre Múnich y Essen. El cura fue condenado en 1986 por el tribunal de Distrito de Ebersberg, pero al término de la condena fue reintegrado en una parroquia por el cardenal Friedich Wetter, sucesor de Ratzinger en Múnich. En 2020, Ratzinger desmintió que se hubiera reunido con el cura en el año 2000.

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En 2010, Gerhard Gruber, que fue Vicario General de la Arquidiócesis de Múnich en 1980, asumió la responsabilidad exclusiva de garantizar que H. pudiera volver a trabajar como pastor, exonerando a Benedicto XVI.

Las acusaciones también salpican al hoy arzobispo de Múnich, el cardenal Reinhard Marx, por incumplir su deber en el trato con el abusador. Según denuncian dos profesores de Derecho Canónico, Norbert Lüecke y Bernhard Anuth, Marx encargó en 2008 (nada más entrar en la diócesis), una valoración psiquiátrica del párroco, trasladándolo, pero sin denunciar el caso al Vaticano. En 2010, el cura fue retirado de la pastoral, y hoy vive en la diócesis de Essen. El proceso canónico contra el clérigo, reabierto entonces, está a punto de concluir.

La publicación del informe de ‘Diez Zeit’ coincide con la próxima publicación de un informe sobre el manejo de los casos de abusos en las diócesis de Múnich, que completa otra investigación culminada en 2010 pero que sólo se publicó parcialmente. El arzobispado, por su parte, ha preferido no hacer comentarios hasta la publicación del informe, el próximo 17 de enero.

Fuente Religión Digital

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Ratzinger, contra el matrimonio homosexual: “Es una deformación de la conciencia”

Lunes, 20 de septiembre de 2021

4308ED57-36C6-4DA3-93FB-808D64766690El ex Papa Benedicto XVI criticó duramente el matrimonio igualitario como resultado de una “deformación de la conciencia” que está en “contradicción con todas las culturas de la humanidad anteriormente sucesivas“. En la introducción de una nueva antología de sus propios escritos sobre Europa, el ex Papa atacó el movimiento de las naciones europeas para expandir los derechos matrimoniales a las parejas del mismo sexo. Esa introducción se publicó en Il Foglio, una publicación italiana.

Tan cerca de tener que rendir cuentas… y sigue con su inmisericorde discurso homófobo. Recordemos que, en su momento, Ratzinger trató, hasta en tres ocasiones, de convencer a Zapatero para que no aprobara el matrimonio igualitario. Le aconsejamos cuidar  estos berrinches, sobre todo porque poco importa ya lo que diga o escriba, y menos con estos tintes milenaristas y apocalípticos. Y qué esta ensalada ultramontana, que coloca la Tradición sobre el ser humano, sea prologada por Francisco demuestra su auténtico talante.

Ya no existe criterio (…), todas las formas de sexualidad son equivalentes”

Ratzinger  publica su último libro, “La verdadera Europa: Identidad y misión, prologado por Francisco

“Con la legalización del ‘matrimonio del mismo sexo’ en 16 países europeos, el asunto del matrimonio y la familia ha tomado una nueva dimensión que no puede ignorarse“, asegura Benedicto XVI

El concepto de matrimonio homosexual es “una contradicción con todas las culturas de la humanidad que han seguido hasta ahora, y esto significa una revolución cultural que es opuesta a toda la tradición de la humanidad hasta hoy”

“La fertilidad, naturalmente, puede pensarse incluso sin sexualidad”, con un “plan de producción de humanos racionalmente”, con lo que el ser humano “ya no es concebido ni generado, sino hecho”

El siguiente paso, según Ratzinger, indica que si se puede planear hacer vida, también es verdad que se puede planear destruirla, alertando que el creciente apoyo al suicidio asistido y la eutanasia parece ser un “fin planeado para acabar con la vida de alguien como parte integral de la tendencia descrita”.

“Con la legalización del ‘matrimonio del mismo sexo’ en 16 países europeos, el asunto del matrimonio y la familia ha tomado una nueva dimensión que no puede ignorarse”. El Papa emérito, Benedicto XVI, vuelve a la carga Y lo hace con un libro, “La verdadera Europa: Identidad y misión”, prologado por Francisco, en el que califica el matrimonio homosexual de “distorsión de la conciencia“.

“Presenciamos una distorsión de la conciencia que evidentemente ha penetrado profundamente en sectores de personas católicas, escribe Ratzinger, quien cuestiona que la respuesta pueda darse “con un poco de moralismo o incluso con algunas referencias exegéticas”. “Este problema es más profundo y por lo tanto debe ser respondido en sus términos fundamentales”, precisa.

Revolución cultural opuesta a la tradición

En su introducción, Benedicto XVI sostiene que el concepto de “matrimonio del mismo sexo” es “una contradicción con todas las culturas de la humanidad que han seguido hasta ahora, y esto significa una revolución cultural que es opuesta a toda la tradición de la humanidad hasta hoy.

El Papa Emérito resalta que no hay duda de que las distintas culturas tienen diversas concepciones morales y jurídicas sobre el matrimonio y la familia, como las profundas diferencias entre monogamia y poligamia. Una cuestión, que en cambio, no ha cuestionado la procreación.

“La certeza básica de que la humanidad existe como masculina y femenina, y que la transmisión de la vida sirve a esta tarea y que, en esta, más allá de todas las diferencias, en esto consiste esencialmente el matrimonio, es una certeza original que ha sido obvia para la humanidad hasta ahora”, sostiene el Papa, quien arremete contra la píldora anticonceptiva y la separación de la fertilidad y la sexualidad.

Plan de producción de humanos”

“Esta separación significa, de hecho, que de esta manera todas las formas de sexualidad son equivalentes. Ya no existe un criterio fundamental”. Y es que, añade, desde la separación de sexualidad de la fertilidad, continúa, llega lo contrario: “La fertilidad, naturalmente, puede pensarse incluso sin sexualidad”, con un “plan de producción de humanos racionalmente”, con lo que el ser humano “ya no es concebido ni generado, sino hecho”.

El siguiente paso, según Ratzinger, indica que si se puede planear hacer vida, también es verdad que se puede planear destruirla, alertando que el creciente apoyo al suicidio asistido y la eutanasia parece ser un “fin planeado para acabar con la vida de alguien como parte integral de la tendencia descrita”.

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El último y sentido llamamiento de Benedicto XVI para que Europa redescubra y reafirme su verdadero origen e identidad que la han hecho grande y modelo de belleza y humanidad. No se trata de imponer las verdades de la fe como fundamento de Europa, sino de hacer una elección razonable que reconozca que es más natural y justo vivir “como si Dios existiera” que “como si Dios no existiera”. Así como en un tiempo no muy lejano el Papa Juan XXIII hizo un llamado a las grandes naciones de Europa y Occidente para evitar una guerra nuclear devastadora, así hoy el Papa Emérito Benedicto XVI se dirige a toda Europa y a Occidente por última vez porque, solo redescubriendo su propia alma, pueden salvarse a sí mismos y al mundo de la autodestrucción. “Con la claridad, la accesibilidad inmediata y al mismo tiempo la profundidad que le son propias, el Papa emérito aquí perfila magníficamente esa” idea de Europa “que sin duda inspiró a sus padres fundadores y que está en la base de su grandeza. y cuya ofuscación definitiva sancionaría su decadencia general e irreversible ”. (De la introducción del Papa Francisco)

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La presentación del ex Papa es desafortunada en dos niveles. Primero, simplemente está el asunto de que Benedicto continúe publicando en la era del Papa Francisco. Esta cuestión de cómo debe comportarse el Papa emérito, una cuestión que no se aborda desde el siglo XII, se está resolviendo en tiempo real, por lo que seguramente habrá dificultades. Pero cuando los nuevos escritos ocasionales de Benedicto son tan disonantes del énfasis del Papa actual en ser personas pastorales y acompañantes, es un problema.

En segundo lugar, cuando escribe o habla, Benedict parece obsesionado con las personas LGBTQ. El año pasado, llamó al matrimonio igualitario “absurdo” y lo vinculó con el Anticristo. En 2019, vinculó el abuso sexual en la iglesia con una “camarilla homosexual”. Una vez más, tal lenguaje y pensamiento contrasta fuertemente con el Papa Francisco, quien esta semana dejó en claro su apoyo a las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Tanto como Joseph Ratzinger como como Papa, Benedicto XVI ha sido un teólogo notable en el siglo XX, incluso si gran parte de su último trabajo es lamentable para las personas LGBTQ, defensores de la libertad académica y otros. Pero con su continua insistencia en denigrar a algunos del pueblo de Dios, asegura que el trabajo anti-LGBTQ será una parte definitoria de ese legado. En momentos como este, Benedicto XVI debería recordar su promesa sobre la elección del Papa Francisco de alejarse de la atención pública y optar por no decir nada en absoluto.

Fuente Religión Digital/Edizioni Cantagalli/NewWays Ministry

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Benedicto XVI comparó al matrimonio entre personas del mismo sexo con el “anticristo” y denunció que sus detractores buscan silenciarlo

Jueves, 7 de mayo de 2020

benedikt_xviJoseph Ratzinger, de 93 años, ha sido acusado de intentar sabotear la modernización planteada por su sucesor, el papa Francisco.

Según asegura en una nueva biografía autorizada, tiene una buena amistad con el actual líder católico

El papa emérito Benedicto XVI, conocido por sus posiciones tradicionalistas, afirma que sus detractores quieren “hacerlo callar” y compara al matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto con el “anticristo”, en una biografía autorizada publicada este lunes en Alemania.

Joseph Ratzinger, de 93 años, dice ser víctima de una “deformación malintencionada” de la realidad. El espectáculo de las reacciones de la teología alemana es tan aberrante y malintencionado que prefiero no hablar de ello, afirma en las entrevistas publicadas en el libro “Benedicto XVI – Una vida”.

“Prefiero no analizar las razones reales por las que simplemente quieren hacerme callar”, añade. En Alemania, donde la Iglesia católica está dirigida por prelados considerados reformistas, Ratzinger ha sido criticado con frecuencia por sus opiniones sobre el islam o cuestiones sociales.

El que fue papa entre 2005 y 2013 está acusado de intentar sabotear los esfuerzos de modernización de la iglesia de su sucesor, el papa Francisco. En el libro, Ratzinger asegura, sin embargo, que tiene buenas relaciones con el papa actual. “Como usted sabe, mi amistad personal con el papa Francisco no solo se mantuvo, sino que se desarrolló”, afirma.

En febrero, Benedicto XVI se vio inmerso en una polémica en el Vaticano cuando su secretario particular fue apartado del entorno del papa Francisco.

La decisión fue tomada tras la publicación de un libro firmado por el papa emérito y el cardenal guineano ultraconservador Robert Sarah en el que defendían el celibato de los sacerdotes, un tema muy polémico dentro de la Iglesia.

Algunos consideraron el libro como una intromisión en el pontificado del papa Francisco e incluso como un manifiesto de la franja tradicionalista de la Iglesia. Tras 48 horas de polémica, Benedicto XVI pidió que retiraran su nombre de la portada del libro, de la introducción y de las conclusiones.

En la biografía publicada este lunes, Benedicto XVI reitera su oposición al matrimonio igualitario, afirmando que ve en él la obra del “Anticristo”, una fuerza maléfica que busca reemplazar a Jesucristo. “Hace cien años se habría considerado absurdo hablar de matrimonio homosexual, hoy nos excomulgan cuando nos oponemos a él, afirma.

Pasa lo mismo con el aborto o la creación de humanos en el laboratorio”, añade.

“La sociedad moderna está formulando un credo al anticristo que supone la excomunión de la sociedad cuando uno se opone”, insistió.

Según el papa emérito, “la verdadera amenaza para la iglesia” es “la dictadura mundial de ideologías que se pretenden humanistas”.

Seewald es autor de varios libros de entrevistas con el papa emérito y la biografía que aparece este lunes, en la editorial Droemer-Knaur, es la culminación de varios años de trabajo dedicados a la figura de Benedicto XVI.

El autor de la biografía es un defensor de Benedicto XVI y sostiene que la imagen que se tiene de él como un papa ultraconservador y reaccionario se debe en buena parte a las “calumnias” de uno de sus principales críticos, el teólogo ecuménico alemán Hans Küng.

La biografía, según un comunicado de la editorial, aparecerá también en inglés, español, francés y polaco.

El 16 de abril, el papa emérito celebró su cumpleaños 93 en el Vaticano, rodeado por un estricto cordón sanitario para protegerlo del coronavirus, anunció su secretario privado. Joseph Ratzinger, el primer papa de la era moderna que renunció a su cargo, en 2013, se encuentra ‘confinado’ en el monasterio Mater Ecclesiae, en los jardines vaticanos, donde no podrá recibir visitas por precaución.

“Como vivimos bajo ‘arresto domiciliario’, como tantos otros en Italia, por supuesto no habrá visitas”, explicó a Radio Vaticana su secretario privado, el arzobispo alemán Georg Gänswein.

Fuente:  AFP/EFE

 

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Aradillas: “Benedicto pasará a la historia como ‘decapitador’ de quienes no pensaron como él”

Viernes, 6 de septiembre de 2019

view‘Papa’ y ’emérito’ es terminología incorrecta. También lo son su oficio y ministerio”

“La determinación de permanecer, ya “emérito”, en el Vaticano, no fue acertada”

“Los eméritos –además de ser y ejercer de emeritenses,- se han de limitar por definición, a ceder sus derechos y competencias que tuvieran cuando estaban en activo”

Estudiada la historia, pasada y presente, de la Iglesia y, por tanto, del papa,  reconozco que la figura del Romano Pontífice, Vicario de Cristo, Vice-Dios de la Humanidad, Rey de Reyes,  Máximo y Soberano del Mundo, infalible, canonizado o canonizable por definición, no llegó a satisfacerme como cristiano en multitud de ocasiones. Lo de “emérito”, tal vez por su novedad y por lo inédito, encarnado en el papa  Benedicto XVI, ni me satisfizo, y tal y como se desarrollan los últimos acontecimientos, con el convencimiento de que crece el desánimo en proporciones impensables para la grey, “pastoreada” hoy por el papa Francisco.

Invoco, y me fío, de la sabiduría, buen quehacer teológico, bíblico y pastoral  de los expertos en estos temas tan sagrados, colaboradores de RD. y otros, y con humildad y respeto  me animo a exponer aquí y ahora , algunas de las preguntas que se formulan “el hombre de la calle” y quienes dicen ser, y se profesan, de verdad cristianos.

¿Qué sentido tuvo, o pensó tener, la confesión “dimisionaria” del papa Benedicto XVI, al justificarla, manifestando que respondía a la necesidad urgente que tenía  de buscar y encontrar silencio, dedicándose al estudio, a la oración y contemplación a favor de la Iglesia, de la que poseía sobrada, documentada y escalofriante documentación  y constancia, de que estaba –está- tan necesitada de profundas reformas?

Algunos pueden creer que su juramento o  promesa la cumplió y la cumple con rigor piadoso. Otros  -los más- creerán lo contrario, con mención especial para  sus penúltimas declaraciones públicas, además en abierta contradicción  con el papa hoy en activo, con el riesgo más que probable de que sea y actúe el “emérito” como punto de referencia  de añoranzas pretéritas.

El “emérito” Benedicto XVI no es merecedor   de manipulaciones –“manejos propios, aunque ellos sean   espirituales”– . Es posible que su ubicación personal- residencia habitual en el Vaticano no le facilite el deseado retiro tanto como pudiera hacerlo en un convento en su Alemania natal, alejado de los recuerdos  y personajes de la Curia romana que contribuyeran – y todavía siguen contribuyendo- a que la Iglesia no lo sea de verdad, tal y como él mismo pudo comprobar, lo que en definitiva motivó su decisión histórica.

La determinación de permanecer, ya “emérito”, en el Vaticano, no fue acertada. Los eméritos –además de ser y ejercer de emeritenses,- se han de limitar  por definición, a ceder sus derechos y competencias que tuvieran cuando estaban en activo, en las guerras contra los bárbaros, sean cántabros o astures, o estén avecindados y al servicio  de los organismos oficiales de la Curia romana.

¿Que fue y es un buen teólogo, por lo que sus consejos  pudieran seguir siendo de provecho para la Iglesia?. Benedicto XVI pasará a la historia  no solamente como teólogo, sino también como “decapitador” –perdonen el barbarismo literario-  de quienes no pensaron como él, pese al concilio Vaticano II, a las demandas del pueblo y a la experiencias vividas por él mismo, con su sello y firma,  dentro de los infranqueables muros del palacio del Santo Oficio (¡¡), del que fue regidor, antes de ser papa, y siéndolo…

A quienes  no hayan padecido de alguna manera  en sus propias carnes, espiritualidad religiosa, y aún en sus bolsillos  para llenar la cesta de la compra, hay que informarles acerca de las consecuencias canónicas y pastorales de las decisiones “ratzingerianas” y de sus adláteres, en unos tiempos  post-inquisitoriales, con medidas que apenas si admitían parangón con las civiles y las penales.

Con todas las garantías profesionales, me limito a transcribir  el siguiente párrafo informativo:

“Ante la magnitud  del problema de la pederastia clerical, el jefe del Gobierno Irlandés, Enda Kenny, acaba de calificar de “vergonzosa”  la actuación del Vaticano y auguró una nueva y distinta relación de su país con la autoridad católica. Sin nombrarlo, apunta a Ratzinger, obligado conocedor  de delitos clericales. Él era cabeza del Santo Oficio, el órgano competente en la materia. “Es absolutamente vergonzoso que el Vaticano se posicione de la manera  que lo hizo sobre algo tan delicado y personal. Algo que deja marcado de por vida a la persona afectada. La ley de este país no se va a detener ante una sotana o un alzacuellos”. Y tilda  a la autoridad católica de totalitaria, regresiva y narcisista”.

“Papa” y “emérito” es terminología incorrecta. También lo son su acción, profesión y oficio y su ministerio. Y así, y hasta que Dios quiera, sin descartar la posibilidad  de la apertura del ritualizado proceso de beatificación, y canonización, en su día… Y así se escribe la historia…

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Drewermann: “El problema del abuso radica en el silencio, el traslado y el no acceso a la justicia del Estado”

Viernes, 26 de julio de 2019

148558_1_gallerydetailportrait_img_00566573El ‘profeta’ Drewermann sobre los abusos clericales a menores

“Sólo la Iglesia Católica piensa que todavía puede permitirse el lujo de mantener sus impulsos e inclinaciones bajo control. Toda sensación de placer es declarada pecado mortal y debe ser reprimida. Entonces, ¿cómo puede un sacerdote desarrollar una sexualidad saludable?”

“El miedo es un consejero terrible, dice Drewermann: “Es una tragedia, cómo el miedo puede cambiar a la gente. En mi opinión, esto también le ocurrió a Ratzinger. Ciertamente pensó que lo estaba haciendo bien”

“En cuanto al abuso, el problema está dado por el “silencio, el traslado, el no acceso a la justicia del Estado”

“El Papa Juan Pablo II ya había ordenado silencio sobre el abuso sexual. Su sucesor también continuó en esta línea, para protegers de daños a la Iglesia. No fue un error de obispos individuales, sino el estilo de la Iglesia”

(iviva).- De Alemania llegan las mejores ideas y actitudes ante la crisis de los abusos a menores por el clero. Un obispo alemán y un extraordinario teólogo psiquiatra, condenado por la CDF de Ratzinger en 1991, se relacionan en un artículo de Adista que presentamos, adjuntando otros documentos para encuadrar mejor el artículo. IV.

Drewermann es un “profeta”: lo dijo el obispo alemán Heine Wilmer del ex sacerdote y teólogo castigado por Ratzinger (Por Ludovica Eugenio en Noticias Adista n° 5 de 09/02/2019)

3982 BERLIN-ADISTA: “Creo que el abuso de poder está en el ADN de la Iglesia”, dijo el pasado mes de diciembre el Obispo de Hildesheim, Alemania, Mons. Heiner Wilmer, ex Superior General de los Dehonianos, hablando de la crisis de abuso sexual en la Iglesia en una entrevista concedida al periódico Kölner Stadt-Anzeiger (13/12).

A la cabeza de la diócesis alemana durante algunos meses, pero ya muy implicado en la lucha contra el abuso sexual, Wilmer señaló con el dedo una supuesta “pureza” de la Iglesia como tal, que sabe pedir perdón sólo por las acciones de los individuos, pero nunca como institución; en su opinión, una de las principales disfunciones eclesiásticas es que está regida por un poder absoluto que no conoce ningún control.

Esta disfunción sólo puede ser superada por una separación de poderes. Y, al hablar de estos temas, se refirió, llamándolo “profeta”, a la gran figura de Eugen Drewermann: sacerdote, teólogo y psicoanalista, ahora de 79 años, privado, en 1991, por el Obispo de Paderborn y el Vaticano de enseñar en el seminario de Paderborn y luego de predicar. En sus libros había puesto al desnudo los mecanismos de poder de la jerarquía eclesiástica, la creciente clericalización de la figura del sacerdote –que había venido a hacer de él un “funcionario de Dios” (expresión que se convirtió en el título de uno de sus libros: Funcionarios de Dios: Psicograma de un Ideal; Clérigos en español, edición Trotta. Ver sobre él en nº 181 (1996) de IV)– y por haber desafiado la ley sobre el celibato obligatorio de los sacerdotes (ver Adista nos. 33, 36/90 y 70/91; 5/92); dejó el sacerdocio (ver Adista n. 24/92) y la Iglesia Católica (ver Adista n. 89/2005).

“Eugen Drewermann –dijo el obispo de Hildesheim– es un profeta de nuestro tiempo reconocido por la Iglesia“, como profético fue su trabajo en tres partes Las estructuras del mal; como profeta es el jesuita Padre. Klaus Mertes, profesor y periodista, de 2000 a 2011 rector del Canisius College de Berlín, de septiembre de 2011 rector del College of St. Blasien, entre los protagonistas de la lucha contra los abusos sexuales en Alemania, quien señaló con el dedo los mecanismos de eliminación de la homofobia en la Iglesia(ver Adista nº 45/16. También Conversación con Teresa Forcades, en nº 245 (2011) de IV).

“Los profetas bíblicos eran personas que decían la verdad desnudas y crudas”, dijo Wilmer; también hoy necesitamos hombres y mujeres así, “que pisen los pies de nuestros obispos”.

“Me parece un concepto exagerado”, fue el tímido comentario del propio Drewermann, entrevistado sobre las declaraciones de Wilmer y sobre su opinión contra el clericalismo, por ser una condición privilegiada para el abuso, expresada en la web católica alemana katholisch.de, el pasado 14 de enero. (la traducción castellana aqui). “Conozco gente que ha ido a la muerte por decir la verdad. No sé si lo haría yo. De todos modos, no me veo a mí mismo como un profeta”. “Los sacerdotes deben ser un puente entre el cielo y la tierra, pero cometen crímenes horrendos”, dijo. “El discurso autoritario, de arriba abajo, ya no funciona en la Iglesia. La santidad del estado clerical ha terminado. Si un obispo toma en serio estas reflexiones, las consecuencias son enormes.

El Obispo Wilmer no tendrá una vida fácil si las aplica a las estructuras eclesiales. Algunos de sus hermanos ya están sobre él. Pero podrá mantenerse en pie”, continuó Drewermann, animando a Wilmer, “que es un luchador y un hombre creíble, todavía joven”, a “seguir diciendo claramente lo que piensa y lo que ve”, sin “dejarse disuadir o intimidar por otros obispos”.

En cuanto a la formación de los sacerdotes, que siempre ha sido el caballo de batalla del teólogo y del psicoterapeuta, muchas cosas deben cambiar: “Los sacerdotes disminuyen y, por tanto, también lo que se exige a los ordenados. La Iglesia exige al clero la continencia sexual como ideal. Los protestantes han sido muy críticos con este ideal. Sólo la Iglesia Católica piensa que todavía puede permitirse el lujo de mantener sus impulsos e inclinaciones bajo control. Toda sensación de placer es declarada pecado mortal y debe ser reprimida. Entonces, ¿cómo puede un sacerdote desarrollar una sexualidad saludable?

La fijación neurótica resultante se define incluso como una elección particular para el presbítero. La mayoría de los delitos sexuales se cometen contra los niños, lo que es bastante alarmante. La dinámica del desarrollo de la pedofilia derivaría del hecho, explica, de que “para los sacerdotes y para aquellos que quieren ser sacerdotes, el contacto con mujeres o niñas está prohibido, pero no con niños. Esto desencadena un desarrollo deformado que puede dar lugar a profundos sentimientos de culpa.

Pocos sacerdotes al principio de su formación cometerían abusos contra los niños”. Es un deslizamiento lento que empeora a tal punto que escapa a todo control: “Las personas que viven estos impulsos neuróticos no pueden ser desviadas moviéndolas a otra parroquia. ¡Están enfermos!

Si, por otro lado, un sacerdote desarrolla una sexualidad normal y siente algo por una mujer o un hombre, y lo reconoce, entonces es expulsado. Esto es doblemente anómalo para mí.” Por esta razón, Drewermann está convencido de la necesidad absoluta y urgente de abolir el celibato obligatorio: “Conozco hombres maravillosos que podrían ser excelentes sanadores de almas porque están casados. La Iglesia debe tener esto en el corazón”.

Actualmente, Drewermann está trabajando en una perspectiva cristiana sobre el derecho penal: “¿Cómo tratar a las personas que han sido culpables de graves faltas de conducta sin haberlo querido? Esto también se aplica a muchos sacerdotes. Ellos mismos son víctimas de una tragedia. No hay delincuentes que no se hayan convertido en víctimas. ¿Cómo hay que tratarlos? Este es un asunto importante para mí. Jesús dice: No juzguéis. Pero si es así, ¿por qué necesitaríamos el derecho penal?

Incluso los obispos, como el de Paderborn, Mons. Johannes Degenhardt, que en los años 90 lo privó de la enseñanza y lo suspendió a divinis, continúa Drewermann, “son para mí sólo personas constrigidas, forzadas, limitadas. No me gustaría estar en su lugar por un día. No le guardo ningún rencor al difunto arzobispo Degenhardt. Nunca tuve problemas con él. Fue presionado por el entonces Cardenal Joseph Ratzinger y por eso tuvo que condenarme. Puedo entenderlo. Pero su comportamiento me muestra cuánto miedo debe haber tenido entonces. Nunca leyó mis libros, de eso estoy seguro.”

Y el miedo es un consejero terrible, dice Drewermann: “Es una tragedia, cómo el miedo puede cambiar a la gente. En mi opinión, esto también le ocurrió a Ratzinger. Ciertamente pensó que lo estaba haciendo bien. Es muy culto, escribe muchos libros, pero habría necesitado urgentemente experiencias reales con la gente. El problema es que este pensamiento nunca se cuestiona desde la psicología. Todo el inconsciente es suprimido unilateralmente por la razón”.

De Francisco piensa que es “una persona honrada y honesta. Pero cuando dijo en una conferencia de prensa en un avión: ¿Quién soy yo para juzgar a los demás? Fue claramente advertido por la Congregación de la Fe: ‘Usted no es una persona cualquiera, Sr. Bergoglio, no tiene una opinión privada, usted es el Papa. La homosexualidad es un pecado mortal y eso es lo debe enseñar y nada más’.

Encuentro que su humanidad es conmovedora. Espero que la conserve. Pero también necesita urgentemente buenos consejeros”. Asesores en el campo de la teología, porque ella es la que necesita una más profunda revisión: “Toda la teología sobre los grandes temas debe cambiar. He estado tratando hacer esto durante 40 años. Desde un punto de vista psicoterapéutico, no se puede aconsejar a nadie que no decida por sí mismo y que se deje aconseje. Y se necesita una buena razón para hacerlo”. Pero en cuanto al abuso, el problema está dado por el “silencio, el traslado, el no acceso a la justicia del Estado”.

Los obispos locales son quienes, actuando de esta manera, han permitido la repetición de comportamientos criminales. El Papa Juan Pablo II ya había ordenado silencio sobre el abuso sexual. Su sucesor también continuó en esta línea, para protegers de daños a la Iglesia. No fue un error de obispos individuales, sino el estilo de la Iglesia. El Papa Francisco lo ha reconocido y se ha comprometido a oponerse a ello. En esto intentaría apoyarlo”.

Fuente Religión Digital

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La Teología de la Liberación.

Martes, 24 de octubre de 2017

00 jesus_choco_cerezoPerspectivas futuro – La Iglesia ante la Teología de la Liberación. Con algunos casos excepcionales y pasados los años es más fácil de entender las “advertencias vaticanas” a algunos teólogos de la liberación, como es el caso de Juan Pablo II cuando en 1979 declaró que “una concepción de Cristo como político, revolucionario, como el subversivo de Nazaret no corresponde a la catequesis de la Iglesia”.

Se entiende también la del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe cardenal Joseph Ratzinger, futuro Benedicto XVI, que llamó al orden a algunos teólogos, a quienes reprochó que aprobaran la “lucha de clases y la violencia revolucionaria”, concepciones que hoy han desaparecido tras el final de la “Guerra fría” y la caída del comunismo. El papa Francisco, defensor de una Iglesia de los pobres -clave de la TdL- siempre ha sido crítico con la tendencia revolucionaria o violenta por las mismas razones pero no con la más normal.

Esa nota fundamental en la TdL relacionando cristianismo y compromiso con los más pobres no es nuevo porque ha sido fundamental para la historia y la difusión del cristianismo en todos los tiempos. Apoyada en unas ocasiones y criticada en otras, la TdL se ha dedicado a difundir este mensaje evangélico tanto en países más desarrollados como aquellos menos favorecidos afirmando “la necesidad de conversión de toda la Iglesia para una opción preferencial por los pobres, con miras a su liberación integral”. Aspira a convertir en “praxis” la “palabra de Dios” encarnada en la realidad que es Jesucristo en los Evangelios. El iniciador de la TdL, Gustavo Gutiérrez, ha vuelto a repetir recientemente “La pobreza es el punto de partida de la teología de la liberación“.

Algunos sectores de la iglesia católica han mantenido una postura reticente frente a la TdL y en alguna ocasión hasta beligerante. Juan Pablo II, encargó al entonces prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe cardenal Ratzinger (que después sería el papa Benedicto XVI) la redacción y publicación de dos documentos: Libertatis nuntius y Libertatis conscientia en los que avisaba del “peligro de un uso de elementos de tipo no compatibles con el Evangelio” pero posteriormente el propio Juan Pablo II se dirigía en una carta al episcopado brasileño (9 abril 1986) señalando que “la teología de la liberación es, no sólo oportuna, sino útil y necesaria”.

Un futuro esperanzador para la TdL

Los teólogos observados ayer con recelo reconocen hoy el resurgimiento de la TdL -que en realidad nunca desapareció- en buen parte gracias a la pastoral y magisterio el papa Francisco. Por eso, los propios teólogos han llegado a decir: “Todo ha cambiado con Francisco” (Jon Sobrino); “El mayor milagro es la aparición del papa Francisco, que está haciendo una revolución en el Vaticano” (Ernesto Cardenal); Leonardo Boff saludaba su llegada con la esperanza de que inaugure “una dinastía de papas del Tercer Mundo”… “una presencia fuerte y profética de la Iglesia latinoamericana en toda la Iglesia”.

Hoy, la postura oficial ante la TdL no es sólo tolerante sino favorecedora como lo demuestran bastantes obispos como es el caso de Rubén Salazar (1942) cardenal-arzobispo de Bogotá, Primado de Colombia y presidente del CELAM que también fue Presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, decía recientemente: “Las intuiciones fundamentales de la TdL están apareciendo de nuevo como verdaderas y válidas”. El nuevo superior general de los jesuitas, padre Arturo Sosa Abascal (1948) venezolano, decía recientemente en un viaje a Perú: “Se etiquetó la Teología de la Liberación cuando la verdad fue una bocanada de aire fresco para la Iglesia. Es una manera de hacer teología desde la experiencia de fe compartida con la gente”.

La actitud frente a la teología de la liberación parece haber cambiado notablemente a partir del pontificado del papa Francisco en 2013, quien ha mostrado un fuerte influjo en su pensamiento de la TdL en su vertiente de la teología del pueblo, como lo han hecho notar sus iniciadores: el jesuita Juan Carlos Scannone y Carlos María Galli. Una señal de este cambio de postura del Vaticano ante la TdL fue la reedición en 2014, del libro “Iglesia pobre y para los pobres” del cardenal Müller y G. Gutiérrez conjuntamente, con prólogo del papa Francisco, presentado en un auditorio del Vaticano.

Harvey Cox estadounidense ministro de la Iglesia Bautista es uno de los teólogos más renombrados cuyos libros en los años junto a otros católicos coincidían en muchos presupuestos de la naciente TdL. Es clásico su libro “La ciudad secular. Secularización y Urbanización en Perspectiva Teológica”(1965). En uno de los recientes encuentros de Tdl al que asistió decía: “El único futuro de la teología es la teología del futuro”… Y refiriéndose a G. Gutierrez: “creo que “a teología del futuro deberá ser necesariamente una lectura crítica de la praxis histórica”; o con su clásica definición de la TdL: “la teología es reflexión crítica de la praxis histórica a la luz de la Palabra”. Si la teología no tiene que ver con la vida de los hombres y mujeres, si no les ayuda a una lectura liberadora/salvífica/ iluminadora de la vida de cada día, sobre todo a los más pobres, es una teología inútil, un puro “flactus vocis”. Famoso también en 1985 su libro “Religión en la ciudad secular“.

10 – Antecedentes de la TdL (años 1950) –

Una Iglesia en renovación

Al comienzo de esta presentación en el capítulo titulado “Génesis” adelantábamos dos hechos que fueron los antecedentes más inmediatos que influirían en la TdL : el Concilio Vaticano II y su concreción para América Latina que fue la II Conferencia del Episcopado Latinoamericano inaugurado por el papa Pablo VI en Medellín (Colombia) en el primer viaje de un Papa al continente americano y los Movimientos seglares en torno al Concilio. Pero hay otros hechos y figuras que pueden considerarse como antecedentes, comenzando por algunos muy remotos y distantes en el tiempo. Dos pioneros como Gustavo Gutierrez y Enrique Dusell encuentran en los primeros momentos de la evangelización en el s.XV importantes “elementos fundantes de la TdL”.

Los primeros evangelizadores

Retrotrayéndonos a ese siglo XV y situados en el contexto de la evangelización en el continente americano hay que destacar a dos religiosos: Antonio de Montesinos (1475-1549) y Bartolomé de las Casas (1474-1566) ambos dominicos españoles o a los jesuitas también españoles misioneros en Cartagena de Indias como san Pedro Claver (1580-1654) y Alonso de Sandoval (1576-1652) o los dos primeros obispos de Popayán Juan del Valle (1548-1653) y su sucesor Agustín de la Coruña (1508-1589) ambos defensores decididos de los indios y marginados.

A ellos podríamos añadir otros misioneros que lograron convencer a los monarcas de que debía de tratarse a los indígenas como personas e incluso que cambiaran las leyes de los países colonizadores. Diríamos que era la tónica general de los misioneros y evangelizadores: Vasco de Quiroga, obispo (14670-1565) Toribio de Benavente o “Motolinia” franciscano (1482-1569), Francisco de Vitoria dominico catedrático Salamanca (1480), José Acosta (1540) jesuita.
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Se cumplen treinta años del documento que de una forma más negativa ha marcado la discriminación de las personas LGTB en la Iglesia católica

Martes, 8 de noviembre de 2016

beso-gay-vaticanoUn despropósito que Francisco no ha eliminado aún…

Se acaban de cumplir treinta años de la “Carta a los obispos sobre la atención pastoral a las personas homosexuales”, sin duda el documento más importante emitido en materia expresamente LGTB por la Iglesia católica. Un texto que frenó en seco numerosas iniciativas entonces en marcha y que aún hoy parecen audaces. Hacemos memoria de esta carta, de sus circunstancias y su repercusión.

El 31 de octubre de 1986 el Vaticano publicaba la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales. Juan Pablo II era papa, y Joseph Ratzinger, luego papa Benedicto XVI, era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Un documento que es conocido también como Homosexualitatis problema, sus dos primeras palabras en latín. En Estados Unidos algunos la llamaron también “la Carta de Halloween”, por la fecha en que fue publicada.

El documento pretendía salir al paso del debate en torno a la integración de gais y lesbianas en la Iglesia católica suscitado por la mínima apertura que había significado un documento anterior, la Declaración acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, de 1975, bajo el pontificado de Pablo VI. Un texto que había reconocido por primera vez que la inclinación homosexual en sí misma no era pecado. Esta mínima concesión fue suficiente para que en ciertos lugares se iniciara un acercamiento a la comunidad LGTB (al principio centrada casi exclusivamente en gais y lesbianas), lo que causó inquietud en el Vaticano y motivó la publicación de este segundo documento.

Como era de esperar, la Carta a los obispos de la Iglesia católica sobre la atención pastoral a las personas homosexuales supuso un cerrojazo a todas las esperanzas de cambio. Pero no solo eso: en ese documento se incluyeron además observaciones sobre las motivaciones de los activistas LGTB católicos y seculares notablemente duras, se marcó con el sello de la desconfianza el apoyo a leyes antidiscriminatorias y se hicieron unas anotaciones “sociológicas” que motivaron que incluso algunos miembros de la jerarquía se vieran posteriormente obligados a relativizarlas en su valor. Fue un cierre de filas doctrinal y una negativa a todo diálogo. En cualquier caso, aunque sea para mal, la Carta sigue siendo el documento doctrinal más importante sobre homosexualidad, y sus consecuencias siguen sintiéndose hoy. Por ello, merece la pena recordarla en algunas de sus tesis, así como el contexto en que se produjo.

El trasfondo: una década de debates e iniciativas audaces (1975-1985)

juan-pablo-ii-y-ratzinger2Entre los últimos años 70 y primeros 80 se habían adelantado propuestas teóricas e iniciativas muy interesantes sobre la inclusión de gais y lesbianas en la iglesia católica, sobre todo en los Estados Unidos. Desde el punto de vista teórico, destacan especialmente dos textos: el libro La sexualidad humana, de la Asociación Católica de América, y La iglesia ante la homosexualidad, del entonces jesuita padre John J. McNeill (a quien en su momento dedicamos un obituario en esta página). En ambos casos se defendía la posibilidad de relaciones físicas homosexuales moralmente buenas desde un punto de vista cristiano.

En cuanto a las iniciativas, algunas resultarían innovadoras y atrevidas incluso hoy (1). En 1981, la archidiócesis de Baltimore estableció uno de los primeros ministerios diocesanos para gais y lesbianas católicos. En 1983, la archidiócesis de San Francisco emitió el primer plan global de pastoral para personas homosexuales. También en 1983, la Conferencia Católica del Estado de Washington, formada por los obispos de tres diócesis del estado, publicó un documento titulado El prejuicio contra los homosexuales y el ministerio de la Iglesia, donde se llegaba a decir que la enseñanza sobre la homosexualidad requería “repensarse y desarrollarse”, y se urgía a la Iglesia a llevar a cabo una “investigación teológica sostenida respecto de su propia tradición teológica sobre la homosexualidad, de la cual nada es enseñanza infalible”. Por último, en 1985, los encargados del acercamiento pastoral a gais y lesbianas de la archidiócesis de Baltimore publicaron Homosexualidad: una perspectiva católica positiva. Aunque no cuestionaba el magisterio oficial, su enfoque positivo despertó recelos en algunos sectores de la iglesia.

Por otra parte, las asociaciones LGTB cristianas proliferaban, en Estados Unidos y fuera. Dignity era la organización más veterana, pero también estaba la Conferencia de Católicas Lesbianas. Había organizaciones dedicadas a religiosos y sacerdotes LGTB, como Communications Ministry, Christian Community Association, Rest, Renewal o Re-Creation. Por último otras organizaciones se dedicaban a la comunicación entre la comunidad LGTB y la iglesia, como New Ways Ministry (aún existente), SIGMA (Sisters in Gay Ministry Associated) y la Consultation on Homosexuality, Social Justice and Roman Catholic Theology.

Condena de toda relación sexual y descalificación de cualquier cambio doctrinal

imagen-9106720-2-pngTodas estas iniciativas preocuparon sin duda al Vaticano, que quiso emitir un comunicado a los obispos para “aclarar” en qué podía consistir y en qué no la pastoral con homosexuales. El resultado fue la Carta que comentamos. En primer lugar, prohibía toda pastoral que implicara aprobación de las relaciones homosexuales. Con ser esto ya un freno a las iniciativas que se estaban dando, la Carta fue más lejos, realizando afirmaciones recibidas por muchos como hirientes.

En primer lugar, estaba la calificación de la misma orientación sexual. Aunque mantenía que en sí misma la homosexualidad no era pecado, sí que le otorgaba un valor negativo en sí mismo:

En la discusión que siguió a la publicación de la Declaración [acerca de ciertas cuestiones de ética sexual, de 1975], se propusieron unas interpretaciones excesivamente benévolas de la condición homosexual misma, hasta el punto que alguno se atrevió incluso a definirla indiferente o, sin más, buena. Es necesario precisar, por el contrario, que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye sin embargo una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada como objetivamente desordenada”.

Por ello, la atención pastoral debía realizarse “para que no lleguen a creer que la realización concreta de tal tendencia en las relaciones homosexuales es una opción moralmente aceptable”.

Pero el texto iba aún más allá, haciendo una serie de observaciones sobre los colectivos LGTB y sobre los activistas católicos a favor de las personas LGTB en la iglesia que muchos recibieron como hirientes. Así, las personas que trabajaban para un cambio en la iglesia eran descritas con tonos exclusivamente negativos:

Dentro de la Iglesia se ha formado también una tendencia, constituida por grupos de presión con diversos nombres y diversa amplitud, que intenta acreditarse como representante de todas las personas homosexuales que son católicas. Pero el hecho es que sus seguidores, generalmente, son personas que, o ignoran la enseñanza de la Iglesia, o buscan subvertirla de alguna manera”.

Por ello, el que estuvieran bajo el paraguas de la institución significaba: “mantener bajo el amparo del catolicismo a personas homosexuales que no tienen intención alguna de abandonar su comportamiento homosexual”. Igualmente, la Carta identificaba toda protesta con una “táctica”:

Una de las tácticas utilizadas es la de afirmar, en tono de protesta, que cualquier crítica, o reserva en relación con las personas homosexuales, con su actividad y con su estilo de vida, constituye simplemente una forma de injusta discriminación”.

Contra el apoyo a políticas antidiscriminatorias y referencias muy cuestionables al sida y la violencia homófoba

No era lo único, Sin embargo. También se rechazaba que se buscara apoyo en los católicos a leyes antidiscriminatorias a favor de las personas LGTB, en asuntos laborales o para el alquiler de casas (recuérdese la urgencia de estos temas en los peores años de la la crisis del sida). En este sentido, la Carta consideraba que cuando se buscaba el apoyo a estas leyes, en realidad se estaba buscando la aceptación de la conducta homosexual:

En algunas naciones se realiza, por consiguiente, un verdadero y propio tentativo de manipular a la Iglesia conquistando el apoyo de sus pastores, frecuentemente de buena fe, en el esfuerzo de cambiar las normas de la legislación civil. El fin de tal acción consiste en conformar esta legislación con la concepción propia de estos grupos de presión, para quienes la homosexualidad es, si no totalmente buena, al menos una realidad perfectamente inocua”.

Más aún, para apoyar este rechazo a apoyar leyes discriminatorias porque significaba apoyar la homosexualidad, la Carta realizó una de sus afirmaciones peor recibidas. En ella, se insinuaba la relación entre homosexualidad y sida, con un texto que roza la culpabilización de los activistas LGTB por la difusión de la enfermedad:

Aunque la práctica de la homosexualidad amenace seriamente la vida y el bienestar de un gran número de personas, los partidarios de esta tendencia no desisten de sus acciones y se niegan a tomar en consideración las proporciones del riesgo allí implicado”.

La Carta contenía otro pasaje muy discutible sobre la violencia contra las personas LGTB, que por un lado rechazaba:

“Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia, dondequiera que se verifiquen (…) La dignidad propia de toda persona siempre debe ser respetada en las palabras, en las acciones y en las legislaciones”.

Para a continuación decir lo siguiente:

Sin embargo, la justa reacción a las injusticias cometidas contra las personas homosexuales de ningún modo puede llevar a la afirmación de que la condición homosexual no sea desordenada. Cuando tal afirmación es acogida y, por consiguiente, la actividad homosexual es aceptada como buena, o también cuando se introduce una legislación civil para proteger un comportamiento al cual ninguno puede reivindicar derecho alguno, ni la Iglesia, ni la sociedad en su conjunto deberían luego sorprenderse si también ganan terreno otras opiniones y prácticas torcidas y si aumentan los comportamientos irracionales y violentos”.

Se entiende fácilmente que esta declaración causara estupor muchos activistas LGTB, personas de la sociedad civil y hasta no pocos católicos, incluidos clérigos. No en vano, el que entonces era arzobispo de San Francisco, John R. Quinn, en su comentario a la Carta, se vio en la necesidad de exhortar a distinguir entre sus afirmaciones “doctrinales” y sus “observaciones sociológicas”.

Un documento que ha marcado las tres décadas posteriores

Homofobia religiosaA pesar de estar dirigida en principio a los obispos, la Carta causó un fuerte impacto entre los católicos, al menos de Norteamérica y Europa occidental. En primer lugar, fue un golpe muy duro para los activistas LGTB católicos y sus aliados, acusados genéricamente de tener intereses espurios. Lo fue también para quienes manejaban una visión más abierta de la Iglesia católica, al ver cómo se cerraban filas en todos los aspectos doctrinales (el texto debe enmarcarse en un contexto de reafirmación de la doctrina en moral sexual y personal en todos los niveles: anticoncepción, técnicas de reproducción asistida, etc.). En un nivel más práctico, supuso que las asociaciones LGTB católicas que no aceptaron la doctrina que marcaba fueron expulsadas en casi todas las diócesis de los espacios propiedad de la Iglesia.

Es cierto que este cerrojazo no supuso el final del activismo LGTB católico y cristiano. En medio de muchas dificultades, agravadas por la crisis del sida (recuérdese que la Carta fue publicada en octubre de 1986), Dignity y otros colectivos mantuvieron su actividad. En este contexto, merece la pena recordar que la Carta permitió que el movimiento LGTB católico recuperara para el activismo a John J. McNeill, quien decidió romper su silencio impuesto para protestar contra este documento.

Igualmente, otros grupos fueron surgiendo en Estados Unidos y otros países. El movimiento LGTB católico y “revisionista” siguió vivo a pesar de la Carta. En un primer momento logró el mérito nada desdeñable de sobrevivir. Posteriormente ganó en peso y organización. Y lo ha hecho hasta el punto de que 30 años después, cuando parece haber signos de un mínimo deshielo, algunos en la Iglesia católica vuelven a pensar que va siendo hora de darles espacio.

El hecho de que la Carta siga en vigor como doctrina oficial de la iglesia (conviene recordarlo) impide todo optimismo fácil. Pero también es cierto que tres décadas de vigencia no han logrado acallar esas voces a favor de las personas LGTB, que tan duros calificativos recibieron entonces.

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(1) Las informaciones sobre el contexto previo, así como las declaraciones del arzobispo de San Francisco, están tomadas de un libro de Jeaninne Gramick y Pat Furey, The Vatican and Homosexuality. Reactions to the Letter to the Bishops of the Catholic Church on the Pastoral Care of Homosexual Persons, Nueva York, Crossroad, 1988.

Fuente Dosmanzanas

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“Fe y ciencia, más allá de la apariencia “, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 29 de septiembre de 2016

1008circuloDe su blog Nihil Obstat:

La fe tiene una pretensión realista, pero no se limita a la apariencia, a aquello que se puede ver y tocar. La fe busca la verdad más allá de la apariencia y descubre en lo real indicios que permiten abrirlo a posibilidades nuevas, que van más allá de lo que aparece. Por este motivo, los creyentes suelen ser objeto de burla por parte de aquellos que piensan que más allá de los datos empíricamente verificables no hay nada. Pero si lo pensamos bien, resulta que también las ciencias avanzan porque buscan más allá de la apariencia. En este sentido el proceder la ciencia no es muy distinto del de la fe.

La percepción sensorial e inmediata, por la que vemos cómo se pone y sale el sol, se mueven los automóviles, o distinguimos distintos colores, es acrítica. Sin duda, este tipo de experiencia es el punto de arranque de todo conocimiento pero, en sí mismo, es superficial e impreciso. Aquí radica también su peligro: en virtud de su certeza inmediata, puede impedir un conocimiento más profundo. “La impresión superficial de una percepción aparentemente inequívoca puede inducir a error cuando se afirma que esta impresión es el conocimiento último y definitivo”, escribió hace ya muchos años un joven teólogo llamado Joseph Ratzinger.

Dicho de otra forma: en el punto de partida de la ciencia se encuentra la idea de que es necesario ir más allá de las impresiones de los sentidos. Si los detractores de Galileo lo hubieran tenido en cuenta, seguramente no le hubieran condenado. Porque la apariencia es que quién se mueve alrededor de la tierra es el sol. Lo que decía Galileo contradecía algo que todo el mundo podía ver con sus propios ojos. Aunque, por otra parte, no es menos cierto que los cardenales que le condenaron no veían nada de tanto mirar al sol. La lección que podemos sacar del “asunto Galileo” es que hay una primacía de la inteligencia sobre la experiencia sensible.

Concluyo con unas palabras del teólogo ya citado: “No se limita al ámbito de la fe, sino que tiene validez general la tesis de que, aunque es cierto que la ‘experiencia empírica’ es el punto de partida necesario de todo conocimiento humano, esta experiencia llevaría a conclusiones falsas si no admitiera ser criticada desde el conocimiento, abriendo así la puerta a nuevas experiencias”. En otras palabras: no es solo la fe la que va más allá de lo sensorial; también la ciencia procede de la misma forma. Criticar la fe en nombre del empirismo es no entender el proceder general del espíritu humano cuando busca la verdad.

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El Papa Francisco considera que los transexuales son la aniquilación del ser humano como imagen de Dios y relaciona la crisis de los refugiados con la “ideología de género”

Viernes, 5 de agosto de 2016

francisco-de-espaldasOs aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.”
(Mt 25, 31-46)

Definitivamente este papa no es el nuestro…

El Papa Francisco: es terrible que los niños puedan elegir su género

Hay escuelas en las que enseñan a los niños que pueden escoger su género, según el Papa

Ha vuelto a suceder. Una vez más, el papa Francisco ha mostrado su peor cara, la que fomenta y promueve el odio tránsfobo. Ha sido en un encuentro con un grupo de obispos polacos durante su estancia en Cracovia con ocasión de las Jornadas Mundiales de la Juventud, tras el cual el propio Vaticano ha hecho pública una transcripción del diálogo que mantuvieron. Francisco, motu proprio y sin que nadie le preguntara por ello (respondía, en realidad, a una pregunta sobre la crisis de los refugiados), aseguró que vivimos un momento de “aniquilación del hombre como imagen de Dios”, momento que relacionó con el hecho de que a los niños “se les enseñara en las escuelas” que cada uno puede “elegir su sexo”. Unas declaraciones que algunos han tildado de peligrosas

Desde el 25 hasta el 31 de julio se celebraban en Cracovia las Jornadas Mundiales de la Juventud, no teniendo el Papa Francisco palabras de consuelo para las familias de los homosexuales que le pidieron una lanza en contra de la homofobia, pero sin embargo, sí tuvo palabras en contra de los transexuales en un encuentro privado con obispos polacos. «Hoy, están enseñando esto a los niños en las escuelas —¡a los niños— que todo el mundo puede escoger su género (…). Estamos viviendo un momento de aniquilación del hombre como imagen de Dios», dijo Jorge Mario Bergoglio a puerta cerrada, según una transcripción difundida el martes, 2 de agosto, por el Vaticano.

Las declaraciones se produjeron durante su visita al arzobispado de Polonia y fueron posteriormente transcritas por el Vaticano. Reproducimos a continuación las palabras de Francisco, que tienen lugar, aunque no lo parezca, durante una respuesta a una pregunta sobre la crisis de los refugiados. Utilizamos, pese a que su calidad no es demasiado buena, la traducción al castellano que el propio Vaticano muestra en su página web:

(…) Pero el problema es mundial. La explotación de la creación, y la explotación de las personas. Estamos viviendo un momento de aniquilación del hombre como imagen de Dios.

Quisiera concluir aquí con este aspecto, porque detrás de esto hay ideologías. En Europa, América, América Latina, África, en algunos países de Asia, hay verdaderas colonizaciones ideológicas. Y una de estas —lo digo claramente con «nombre y apellido»— es el gender*. Hoy a los niños —a los niños— en la escuela se enseña esto: que cada uno puede elegir el sexo. ¿Por qué enseñan esto? Porque los libros son los de las personas y de las instituciones que dan el dinero. Son las colonizaciones ideológicas, sostenidas también por países muy influyentes. Y esto es terrible. Hablando con Papa Benedicto, que está bien y tiene un pensamiento claro, me decía: «Santidad, esta es la época del pecado contra Dios creador». Es inteligente. Dios ha creado al hombre y a la mujer; Dios ha creado al mundo así, así, y nosotros estamos haciendo lo contrario. Dios nos dio un estado «inculto» para que nosotros lo transformáramos en cultura; y después, con esta cultura, hacemos cosas que nos devuelven al estado «inculto». Lo que ha dicho el Papa Benedicto tenemos que pensarlo: «Es la época del pecado contra Dios creador». Esto nos ayudará.

Pero tú, Krzysztof, me dirás: «¿Qué tiene que ver esto con los emigrantes?». Está un poco en el contexto. Sobre los emigrantes diré: el problema está allí, en su tierra. Pero, ¿cómo los acogemos? Cada uno debe ver cómo. Pero todos podemos tener el corazón abierto y pensar en hacer una hora en las parroquias, una hora a la semana, de adoración y de oración por los emigrantes. La oración mueve montañas.

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* Nota de dosmanzanas: Gender o “ideología de género” es la expresión que el ámbito más conservador utiliza para denigrar tanto al feminismo como a buena parte de las reivindicaciones del colectivo LGTB, muy especialmente en los últimos tiempos la lucha en favor de los derechos trans.

Con estas declaraciones, el Papa Francisco sigue la estela de su predecesor Benedicto XVI, que catalogó esta época como la de los pecados contra Dios, creador de todo, y que como ser inteligente, Dios creó el mundo de una forma y no de otra, creando hombres y mujeres, y que la sociedad estaba haciendo lo opuesto a la creación con su comportamiento.

Sin especificar el país ni las escuelas en el que se está aplicando este tipo de pedagogía actualmente, el Sumo Pontífice culpa a las «personas e instituciones que donan dinero» en lo que llamó una «colonización ideológica» respaldada por «países muy influyentes». Según su punto de vista esta «colonización» de la que habla no es otra que la del «género», un tema del que ya había hablado durante su visita a Asia, en 2015, un tema que incluso habría llegado a debatir con su predecesor en el puesto, Benedicto, y que había mencionado ya en su discurso en la ONU.

Mientras las familias del mundo entero deben estar en estos momentos preguntándose si la escuela a la que llevan a sus hijos tiene patrocinadores que promueven el cambio de sexo, activistas y miembros del colectivo LGTB no han tardado en mostrar su decepción por los comentarios del Papa Francisco, como Sarah McBride, que se convirtió en la primera persona transexual en participar en la Convención Nacional del Partido demócrata, la semana pasada. «Los comentarios del Papa sobre la gente transexual son increíblemente decepcionantes y traicionan el mensaje de amor e inclusión que predica», declaraba en su cuenta de Twitter.

Unas palabras que han causado un especial malestar entre colectivos LGTB católicos, como Dignity USA, cuya directora ejecutiva, Marianne Duddy-Burke, ha asegurado que los comentarios del papa «ponen vidas en riesgo» porque, de alguna manera, alientan el acoso y la violencia hacia personas transexuales en muchos países y demuestran una “peligrosa ignorancia” sobre la identidad de género, “un tema que es, literalmente, un problema de vida y muerte para muchas personas, sostiene Marianne Dubby-Burke, explicando que «lo que muchos, incluyendo Francisco, todavía no entienden es que la gente no ‘elige’ su género. Un género es asignado al nacer, y algunas personas descubren que fueron clasificadas incorrectamente,  no es una elección, como no lo es la altura o el color del pelo”. “Es muy preocupante que el papa diga algo así. Y demuestra además que el papa no entiende el peligro que sus palabras pueden tender para las personas que no se acomodan a un género, especialmente aquellas que viven en países con leyes o con presiones culturales que ponen a estas personas en riesgo de sufrir violencia”, ha añadido.

Hubo un momento en que algunos miembros de la comunidad LGTB miraban al Papa Francisco con esperanza cunado dijera aquello de «¿Quién soy yo para juzgar?», al referirse a los curas homosexuales. Desde entonces, pocas son las ocasiones en las que ha lanzado, ya no una lanza, sino una mísera cerilla en favor de homosexuales, bisexuales y transexuales, mostrando particular inquina contra estos últimos a quienes ha llegado a comparar con armas nucleares. «No hay absolutamente ninguna razón suficiente para considerar las uniones homosexuales a ser en ninguna manera similares o remotamente análogas al plan de Dios para el matrimonio y la familia», llegó a decir sobre el matrimonio igualitario. ¿Dónde quedan ahora aquellas palabras en las que aseguraba que la Iglesia debería pedir perdón por la homofobia y la discriminación? ¿Seguirá pensado Elton John que «el Papa Francisco es maravilloso»?

La obsesión de la Iglesia católica con la transexualidad

Las opiniones de Francisco, conviene aclarar, no son nuevas. Y es que el argentino, a diferencia de sus predecesores, para haber escogido a las personas transgénero como objeto primordial de sus ataques en materia LGTB. En su ya famosa encíclica Laudato si’, Francisco vertió el que posiblemente ha sido el más importante ataque a las personas transexuales surgido del ámbito católico en los últimos años. La encíclica sobre el medio ambiente, que tantas alabanzas ha recibido incluso desde círculos progresistas, contiene un claro mensaje tránsfobo. Es, en concreto, en el punto 155 de la encíclica, donde el papa aprovechaba para considerar que el respeto a la ecología incluye “la aceptación del propio cuerpo como don de Dios” y su “valoración en su femineidad o masculinidad” para “reconocerse a sí mismo en el encuentro con el diferente”. Según aseguraba el papa, “cancelar la diferencia sexual” no es una actitud sana.

No era, de todas formas, el primer aviso de Francisco. “Pensemos en las armas nucleares, en su capacidad de aniquilar en unos pocos instantes un alto número de vidas humanas. Pensemos en la manipulación genética, en la manipulación de la vida, o en la teoría de género, que no reconocen el orden de la creación. Con esta actitud, el hombre comete un nuevo pecado contra Dios el Creador”, expresaba el papa solo unos meses antes de su encíclica.

Opiniones estas que han servido para rearmar al sector más conservador de la Iglesia católica, que en los últimos tiempos parece haber redirigido específicamente sus cañones hacia las personas transgénero. Es el caso, por mencionar un ejemplo reciente, de los tres obispos madrileños que utilizaron las palabras de Francisco para cargar contra la Asamblea de Madrid por aprobar una avanzada ley integral de transexualidad.

Para Cristina Traina, profesora de Estudios Religiosos en la prestigiosa Northwestern University (Illinois, Estados Unidos), la diferente sensibilidad que Francisco está demostrando hacia las personas homosexuales, hacia las que se muestra compresivo en las formas (aunque no en lo doctrinal) en comparación con sus palabras despectivas hacia la realidad trans puede deberse a su herencia cultural. Según Traina, el papa “tiene un entendimiento del género muy latinoamericano, como binario y natural”.

No sabemos si es así, pero lo cierto es que pese a algún gesto hacia personas concretas, como Diego Neria, el hombre transexual español al que Francisco recibió privadamente en 2015 (sin que trascendiera declaración alguna) tras conseguir este hacerle llegar una carta, el papa que tantos gestos está mostrando en otros aspectos se muestra especialmente falto de la más mínima empatía hacia el grupo más vulnerable del colectivo LGTB. Lo que fue considerado como “un nuevo gesto” hacia el colectivo LGBT, parece ahora estar arrepentido, a juzgar por las fuertes declaraciones realizadas.

Además, cartas como las publicadas por algunos obispos o las últimas negativas a permitir que personas transexuales puedan ser padrinos o madrinas en los bautizos de sus propios familiares refuerzan la idea a la que ya hemos hecho mención en anteriores entradas: a la enfermiza fijación contra las relaciones entre personas del mismo sexo, la jerarquía católica añade ahora la condena a las personas trans, tradicionalmente ignoradas por la institución. El propio obispo de Alcalá de Henares no ha dudado en incluirlas en sus diversas diatribas, como la que lanzó en diciembre de 2014, cuando incluyó a la “despatologización de la así llamada transexualidad” en la lista de supuestos objetivos de una perversa agenda LGTB.

Otro ejemplo es el del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, que en enero de 2013 difundía su mensaje tránsfobo en una carta pastoral en la que criticaba la “ideología de género” que “sitúa al hombre por encima de Dios”. “La ideología de género es una filosofía, según la cual el sexo ya no es un dato originario de la naturaleza, que el hombre debe aceptar y llenar personalmente de sentido, sino un papel social del que se decide autónomamente”, añadía.  “Ya no valdrían las ecografías que detectan el sexo de la persona antes de nacer. Esperamos un bebé. ¿Es niño o niña? La ecografía nos dice claramente que es niña. No. Lo que vale es lo que el sujeto decida. Si quiere ser varón, puede serlo, aunque haya nacido mujer. Y si quiere ser mujer puede serlo, aunque haya nacido varón. No se nace, se hace. Al servicio de esta ideología existen una serie de programas formativos, médicos, escolares, etc. que tratan de hacer ‘tragar’ esta ideología a todo el mundo, haciendo un daño tremendo en la conciencia de los niños, adolescentes y jóvenes”, aseguraba enonces el obispo de Córdoba.

Fuente Usa Today/Universogay/Dosmanzanas, Cristianos Gays

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Trinidad (2), la primera teología cristiana (J. Ratzinger)

Viernes, 5 de junio de 2015

9788430106714Del blog de Xabier Pikaza:

El estudio de la Trinidad ha sido y sigue siendo la primera “teología” cristiana, elaborada partiendo de la Biblia y de la experiencia de la Iglesia en los primeros siglos de nuestra era (del II al V d.C.).

He desarrollado con cierta extensión esa historia en mi Enquiridion Trinitatis (Salamanca 2005), libro que sigo ofreciendo a mis lectores, para que puedan disfrutar, como yo he disfrutado, pensando y viviendo en el Dios/Trinidad durante muchos años. He vuelto a sistematizar el tema en Trinidad, itinerario de Dios (Sígueme, Salamanca otoño 2015).

Pero en vez de exponer una vez más mi pensamiento he querido presentar el de J. Ratzinger en su primera gran obra, Introducción al Cristianismo (Sígueme, Salamana 1968). Ésta sigue siendo una de las obras teológicas más influyentes del siglo XX. Quiero recordar con ella al Teólogo-Papa Benedicto XVI por su luminoso pensamiento antiguo, tan actual en nuestro tiempo


(Trinidad, manifestación de Dios).

Dios es como se manifiesta. Dios no se manifiesta como no es. En esta expresión radica la relación cristiana con Dios; en ella está incluida la doctrina trinitaria, más aún, es esa misma doctrina. ¿Cómo se llegó a esa decisión? Fundamentalmente, por tres caminos.

(1) La inmediatez divina del hombre. Es decir, quien se encuentra con Cristo en la co-humanidad de Jesús, accesible a él como co-hombre, encuentra también a Dios mismo, no a una esencia bastarda que se metería de por medio.

(2) La inamovible permanencia en la decisión fuertemente monoteísta, en la profesión de que sólo existe un Dios.

(3) La preocupación por tomar en serio la historia de Dios con el hombre. Esto quiere decir que Dios, al presentarse como Hijo que dice «tú« al Padre, no representa ante los hombres una obra de teatro ni se pone una máscara para salir al escenario de la historia humana; todo esto es, por el contrario, expresión de la realidad.

(Contra monarquianismo y modalismo). Los monarquianos de la primitiva Iglesia dieron expresión a la idea de una representación teatral por parte de Dios, donde las tres Personas serían los tres papeles en los que Dios ha aparecido en el curso de la historia. Observemos que la palabra «persona» y su correspondiente griega prosopon están tomadas del lenguaje teatral; así se llamaba la máscara que se ponía el actor para encarnar su personaje. La palabra pasó pronto al lenguaje de la fe y así inició por sí misma una lucha tan dura que dio origen a la idea de persona, extraña a los antiguos. Pero otros, los modalistas, afirmaban que las tres figuras eran modi, modos en los que nuestra conciencia aprehende a Dios y se explica a sí misma. Leer más…

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El Vaticano se muestra reticente al nombramiento de un embajador francés abiertamente gay

Sábado, 11 de abril de 2015

laurent-stefanini_560x280Laurent Stefanini, en el Vaticano

Estamos hartos de los gestos y “buenismos”… sigue la homofobia vaticana… Y lo que queremos son hechos, cambios, aplicar el Evangelio. Francisco, lo de “reparar la Iglesia” se trataba de darle una mano de pintura sobre las manchas de humedad? ¿no sabías que al final, siempre salen? Como la homofobia, entérate…

En facebook se ha creado una página de apoyo al embajador, “Je Suis Laurent Stefanini”.

Embajador gay en el Vaticano, no“. Así era el titular que el dominical francés Journal du Dimanche publicaba el pasado fin de semana que afirma que el Papa Franciso se niega a validar la designación de Laurent Stefanini como Embajador de Francia ante la Santa Sede, quien iba a sustituir a Bruno Jouber. Y eso que se le describe como un católico y practicante, soltero y sin hijos. Y en el Vaticano, el silencio como respuesta. Es la reacción de la curia vaticana a la designación, por parte del presidente francés François Hollande, del diplomático Laurent Stéfanini para el puesto de embajador ante la Santa Sede. El motivo: que el elegido es abiertamente gay.

Desde que el pasado 5 de enero el Consejo de Ministros francés aprobara la decisión de Hollande, ninguna respuesta ha traspasado los muros de San Pedro, desde donde tendría que haber llegado el visto bueno al nombramiento de Stéfanini. Un silencio que, en Francia, se interpreta como un rechazo implícito a un embajador abiertamente homosexual. El hecho de que la plaza esté vacante desde el pasado 1 de marzo, al expirar el mandato del anterior embajador sin que la curia romana haya confirmado al nuevo, vendría a confirmar esta sospecha.

El Papa no quiere un embajador gay en el Vaticano, sostiene el semanario francés Le Nouvel Observateur. Y es el análisis que se impone en París. Tres meses han pasado de la nominación de Laurent Stefanini, jefe de protocolo de la presidencia francesa, al puesto vacante de embajador ante la Santa Sede. El plazo de tres meses es inusualmente largo, cuando en realidad la respuesta en estos casos no suele superar el mes y medio de espera. En caso de rechazo, el Vaticano jamás hace explícita su decisión.

Y ello a pesar de que el candidato parece reunir todos los requisitos: católico practicante, formado en la elitista Escuela Normal de Administración (ENA), es un experto en la iglesia católica. Fue el número 2 de la embajada francesa ante el Vaticano entre 2001 y 2005. Posteriormente fichó como asesor para asuntos religiosos del Ministerio de Exteriores. “Laurent Stefanini es uno de nuestros mejores diplomáticos, es por eso que lo nominamos. Esperamos la respuesta al pedido de aceptación”, indicó una fuente de la Presidencia francesa a la agencia de noticias AFP. Cuenta además con el apoyo de los principales prelados francesa, entre ellos el arzobispo de París, André Vingt-Trois. Incluso el cardenal arzobispo de París André Vingt-Trois, conocido por su virulencia contra la ley de matrimonio igualitario, reconoce los méritos de Stéfanini para el cargo. Así se lo hizo saber en una carta a Jorge Bergoglio el pasado mes de febrero en la que le pedía que aceptara la decisión de Hollande.

El gobierno de François Hollande no quiere de momento proponer a otro candidato, ya que estima que Laurent Stefanini es la persona idónea para el cargo. Pero el silencio elocuente del Vaticano y la existencia de un precedente similar (Joseph Ratzinger ya rechazó a un candidato a embajador por haber contraído una unión civil), ya hace pensar a las autoridades francesas en posibles recambios para el puesto: la exembajadora en Irlanda, el embajador en Arabia Saudí o el representante en Suiza. De hecho, ya se estaría barajando un nuevo destino para Stéfanini en el norte de Europa. El presidente francés no parece querer entrar en un conflicto diplomático con el papa, cuyo apoyo para una cumbre del clima en París, entre otros asuntos, quiere mantener.

No es el primer entuerto diplomático entre París y el Vaticano por estas razones. En 2007, la candidatura de un diplomático conocido por su homosexualidad había sido nominado al mismo puesto de embajador ante la Santa Sede. En esa ocasión, el pedido de acuerdo jamás tuvo respuesta.

Las reacciones internacionales ya están llegando al respecto. Esteban Paulón, Presidente de la FALGBT, expresó vía comunicado que “nuevamente Francisco demuestra que es Bergoglio. Que el odio que promovió hacia nuestro colectivo en ocasión del debate por la ley de Matrimonio Igualitario está profundamente enraizado en su forma de ver el mundo y que nada ha cambiado, a pesar de los gestos”. Asimismo agregó “la decisión de privilegiar el rechazo de la orientación sexual del diplomático galo por sobre sus credenciales y enorme trayectoria, demuestran cuán lejos está el Vaticano, y su líder el Papa Francisco, de promover un cambio profundo más allá del marketing y los sloganes vacíos de contenido”.

Por su parte Analía Mas, Secretaria de Género y Laicismo de la FALGBT concluyó “estamos impactados por este nuevo caso de flagrante discriminación por parte del Vaticano. Pero más nos impacta esta decisión que significa una intromisión de un Estado (el Vaticano) por sobre otro (el Francés) que soberanamente ha aprobado la ley de Matrimonio Igualitario y consagrado la igualdad legal de todas y todos sus habitantes.”

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El Vaticano reconoce que hubo una campaña para denigrar a monseñor Romero

Martes, 24 de marzo de 2015

SALVADOREÑOS CONMEMORARÁN MAÑANA EL 32 ANIVERSARIO DEL ASESINATO DE ROMEROEste martes se cumplen 35 años de su martirio, en vísperas de su beatificación

Se le tildó de “desequilibrado”, “marxista” o “títere manipulado por la teología de la liberación”

Treinta y cinco años después del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, el Vaticano reconoció que hubo una campaña para denigrar al religioso centroamericano, cuya beatificación estuvo bloqueada en la época de Juan Pablo II y reivindicada en la nueva era de Francisco, que lo considera un modelo para América Latina.

Asesinado en San Salvador cuando oficiaba misa el 24 de marzo de 1980 por un francotirador contratado por la ultraderecha, monseñor Romero fue tildado tanto en los últimos años de su vida como después de muerto de ser un desequilibrado”, “un marxista”, un “títere manipulado por curas de la teología de la liberación que le escribían sus encendidos sermones” contra la oligarquía, las injusticias sociales y la represión en su país.

Acusaciones, denuncias y críticas lanzadas por diplomáticos, políticos, religiosos y hasta cardenales.

Intrigas y presiones que frenaron el proceso de canonización de monseñor Romero, quien será finalmente beatificado el próximo 23 de mayo en su ciudad, 19 años después de que el proceso fuera abierto oficialmente por el Vaticano en 1997.

El arzobispo italiano Vincenzo Paglia, actual presidente del Consejo Pontificio de la Familia y postulador de la causa de beatificación de monseñor Romero, reconoció en febrero pasado las numerosas trabas que el proceso sufrió.

De no haber sido por el papa latinoamericano Francisco Romero no hubiera sido beatificado, confesó.

Entre los enemigos de Romero dentro del Vaticano figuran dos influyentes cardenales, los colombianos Alfonso López Trujillo, ya fallecido y conocido por sus posiciones ultraconservadoras y Darío Castrillón Hoyos, jubilado, los cuales ocupaban en la década del 90 importantes cargos en la Curia Romana.

“López Trujillo temía que la beatificación de Romero se transformara en la canonización de la Teología de la Liberación”, recordó Andrea Riccardi, fundador de la comunidad de San Egidio, el movimiento católico que apoyó y financió la causa de Romero.

Los enemigos de la canonización del prelado centroamericano arremetieron aún antes de que la causa fuera abierta formalmente y lo criticaban por su cercanía al teólogo jesuita Jon Sobrino, censurado por años por el Vaticano como uno de los grandes exponentes de la Teología de la Liberación, quien sobrevivió a la matanza perpetrada en 1989 por militares salvadoreños contra seis compañeros jesuitas.

Los problemas doctrinales, el extenuante análisis de sus homilías, el temor de una instrumentalización ideológica por parte de la izquierda de su beatificación fueron algunos de los argumentos para obstruir la causa.

“Por 15 años la causa estuvo en un estado de parálisis burocrático”, explicaron fuentes religiosas, que acusan a la Congregación para la Doctrina de la Fe, liderada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy en día el papa emérito Benedicto XVI, de frenar el proceso.

Juan Pablo II estaba convencido de que Romero era un mártir, no sé lo que pensaba Benedicto XVI. Creo que para él era más un asunto de oportunidad. Ninguno de los dos conocían la situación en la región como la conoce el papa Francisco”, comentó en Roma monseñor Jesús Delgado, su exsecretario personal.

Delgado acaba de lanzar en italiano un libro con las cartas inéditas de Romero entre 1977 y 1980 con el título “La iglesia no puede callar”.

Tras haber sido un obispo conservador muy cercano al poder, Romero asumió el arzobispado de San Salvador en febrero de 1977, pero su conversión y cercanía con la Teología de la Liberación comenzó 15 días después de su asunción horrorizado por la represión y la pobreza.

Si bien el papa polaco incluyó personalmente el nombre de Romero en la lista de los “testigos de fe” del siglo XX durante el Jubileo del año 2000 y rezó ante su tumba cuando visitó El Salvador, algunos no olvidan “la humillación” a la que lo sometió en vida cuando lo recibió tras muchas dificultades en 1979 en el Vaticano.

“Buscaba respaldo y terminó sintiéndose solo, decepcionado, frustrado, humillado”, escribió en un testimonio María López, quien conversó con Romero pocos días después de ese encuentro.

El anuncio pocos días después de su elección en marzo del 2013 de Jorge Mario Bergoglio de que quería “una Iglesia pobre y para los pobres“, desbloqueaba de hecho el proceso.

Francisco empleaba casi las mismas palabras que hace más de tres décadas monseñor Romero: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres”.

Cuando en agosto pasado Francisco reconoció que “no hay más impedimentos” para su beatificación, quería decir que se había encontrado el camino para elevarlo a los altares.

En efecto la beatificación, sin necesidad de probar un milagro tras ser proclamado un mártir por su fe, resulta coherente con su papado y respalda la lucha por la justicia social en América Latina.

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Reig Pla relaciona los abusos sexuales a menores en la Iglesia con la aceptación de sacerdotes homosexuales

Martes, 17 de marzo de 2015

ateismo cristianismo dios jesus homosexualidad libro reig pla obispo vaticano dios biblia jesus.Ya hemos informado del nuevo ataque del obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, a las personas LGTB, en este caso a los varones homosexuales, a los que responsabiliza en parte de los abusos sexuales a menores por parte de clérigos católicos, y a los que que por ello insiste en vetar el acceso al sacerdocio, pero requiere profundizar más en la enfermiza obsesión de este señor. Son lasopiniones contenidas en la pastoral “En defensa de la vida: sobre los abusos sexuales a menores y adultos vulnerables”, en la que este homófobo reincidente vuelve a usar de nuevo términos como “Nuevo Orden Mundial” (en referencia al supuesto poder global en la sombra “que en nombre de la libertad, consigue crear adictos y esclavos del consumo también sexual”) 0 “Atracción sexual hacia el mismo sexo (AMS)”, la forma que Reig Pla, en un tosco intento de repatologizar la homosexualidad a través del lenguaje, utiliza para referirse a gays, lesbianas y bisexuales.

En su texto (que se puede leer íntegramente aquí, pero que avisamos puede herir la sensibilidad de muchos) Reig Pla señala, al referirse a estos abusos, que según el Vaticano solo hay “un 10% de casos de pederastia en sentido estricto” y “un 90% de casos a definir como efebofilia (es decir contra los adolescentes), de los cuales cerca el 60% referido a individuos del mismo sexo y el 30% de carácter heterosexual”. Pero Pla va más allá, al referirse a los abusos  sexuales a mayores de edad. “De entre estos abusos y acosos, una parte son los perpetrados por redes infiltradas en la Iglesia que captan y abusan de varones vulnerables”, afirma el obispo de Alcalá.

Pla enuncia luego a existencia de un plan para promover la aceptación de las relaciones entre personas del mismo sexo por parte de estas “redes” dentro de la Iglesia católica:

Como obispo condeno toda discriminación injusta. Nuestra diócesis quiere continuar prestando ayuda a todos, con verdaderas entrañas de misericordia, con escrupuloso respeto, sin juzgar a las personas (Cf. Papa Francisco, 28-7-2013), y todo desde la verdad; dicho lo cual es necesario hacer un apunte final referido específicamente a las estructuras o redes infiltradas en la Iglesia que abusan de varones vulnerables. Insisto, que nadie manipule mis palabras generalizando mis afirmaciones; esta carta se refiere exclusivamente a algunas cosas que acontecen, en algunas ocasiones, en la Iglesia. En 1987 una revista norteamericana publicaba un artículo en el que se anunciaba, en tono satírico, toda una estrategia en orden a promover el trato sexual entre personas del mismo sexo, también en el interior de la Iglesia. Lo cierto es que, lamentablemente, lo que parecía un simple anuncio o proyecto se ha convertido – con todas las precisiones que procedan – en una dramática realidad (…) Conviene recordar aquí que la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la firma del entonces Cardenal Ratzinger y la aprobación expresa del Papa San Juan Pablo II, ya nos advertía en 1986 sobre el debate que ahora se ha desatado con gran publicidad en algunos ámbitos y que tiene que ver con esta infiltración: en la actualidad un número cada vez más grande de personas, aun dentro de la Iglesia, ejercen una fortísima presión para llevarla a aceptar conductas intrínsecamente desordenadas; lo que pretenden es subvertir la enseñanza de la Iglesia. (Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales, nn. 8-9).

Expuesta esta tesis, el obispo de Alcalá insiste en que la Iglesia debe esforzarse en impedir la ordenación de homosexuales:

No solo por lo expuesto, pero también por ello, es muy importante impedir, como exige la Iglesia, la ordenación de candidatos con atracción sexual hacia el mismo sexo (AMS); de hecho la Iglesia Católica enseña: La ordenación al diaconado o al presbiterado de varones con AMS es absolutamente desaconsejable e imprudente y, desde el punto de vista pastoral, muy arriesgada. Una persona con AMS no es, por lo tanto, idónea para recibir el sacramento del Orden sagrado (Cf. Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Carta de 16 de mayo de 2002). Sería gravemente deshonesto que el candidato ocultara su AMS para acceder, a pesar de todo, a la Ordenación. Disposición tan falta de rectitud no corresponde al espíritu de verdad, de lealtad y de disponibilidad que debe caracterizar la personalidad de quien cree que ha sido llamado a servir a Cristo y a su Iglesia en el ministerio sacerdotal (Cf. Congregación para la Educación Católica, Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las Órdenes sagradas, n. 3).

En la línea que ya marcó Ratzinger

Este empeño por impedir la ordenación de homosexuales no es nuevo ni exclusivo del obispo de Alcalá. Era también una de las obsesiones sobre las que Joseph Ratzinger insistió durante su pontificado. Ya en 2006 el ahora papa emérito daba vía libre a la instrucción “sobre los criterios de discernimiento vocacional concernientes a las personas con tendencias homosexuales en vistas a su admisión al seminario y a las Órdenes Sagradas” en el que se negaba el acceso al sacerdocio a “aquellos que practican la homosexualidad, presentan tendencias homosexuales profundamente arraigadas o apoyan la así llamada cultura gay”.

Dos años más tarde, un nuevo documento en el mismo sentido, titulado “Orientaciones para el uso de las competencias de la psicología en la admisión y en la formación de los candidatos al sacerdocio” reincidía en este tema, al establecer que quienes tengan un identidad sexual “incierta, tendencias homosexuales fuertemente radicadas o dificultad para vivir la castidad en el celibato no podrán ser sacerdotes”.  Como novedad, este documento señalaba que los rectores de los seminarios pueden recurrir a exámenes psicológicos para detectar “tendencias homosexuales fuertemente radicadas” así como que el camino formativo “deberá ser interrumpido” en el caso en el que el candidato a pesar de “su esfuerzo, el apoyo del psicólogo o de la psicoterapia continuase manifestando incapacidad para afrontar sus graves problemas de inmadurez”.

Este último documento establecía además que los sacerdotes tienen que tener un “sentido positivo y estable de la propia identidad viril”.

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“Teología de la liberación: ayer maldita y perseguida, hoy bendita y elogiada”, por Benjamín Forcano

Sábado, 17 de enero de 2015

pag10_iglesia_web-15-aa01bLeído en Cristianismo y justicia:

Voces. Benjamín Forcano. [Cuarto poder] No me interesaría la Teología de la Liberación si no fuera por tres razones: primera, porque hubo muchísima gente que, sin informarse, desconfiaron de  ella y la condenaron  siguiendo el dictamen de la jerarquía eclesiástica;  segunda, porque esa gente no llegó a conocer la novedad de la Teología de la Liberación y lo que supuso  de represión y sufrimiento  para muchos teólogos; y tercera, porque sin ella se privó  a la Iglesia de un nuevo modo de anunciar el Evangelio, que le hizo perder credibilidad y la distanció aún más del mundo moderno.

Nunca en la historia de la Iglesia se suscitó  tanta preocupación sobre un tema que, a primera vista, parecía  irrelevante. Algo inesperado saltó a la sociedad con la Teología de la Liberación, pues puso en alarma a los centros más sensibles del Poder civil y religioso. Estamos en los años  posteriores al concilio Vaticano II y al primer Encuentro del Episcopado Latinoamericano en Medellín año 1968, y ya pudimos leer: “Si la Iglesia latinoamericana  cumple los acuerdos de Medellín , los intereses de Estados Unidos están en peligro en América latina” (Rockefeller). La política exterior de Estados Unidos debe comenzar a enfrentar (y no simplemente a reaccionar con posterioridad) la Teología de la Liberación tal como es utilizada en América latina  por el clero de la Teología de la Liberación” (Documento de Santa Fe, siendo presidente Reagan).

Vieja novedad de la Teología de la Liberación: recuperar a Jesús

La Teología de la Liberación traía a primer plano la vida de Jesús de Nazaret, con todo el escenario sociocultural y político de su tiempo. Era imposible comprender al Jesús de la fe, al Jesús resucitado, si se lo desposeía de su condición humana histórica. La suerte de Jesús, su calvario y crucifixión, no habían sido efecto del azar, del fatalismo o de la voluntad divina, sino del hecho de haber vivido una opción radical por la verdad, por  la justicia y por la liberación de los oprimidos. Su proyecto, –el anuncio del reino de Dios–, era incompatible con el proyecto imperial romano y con  el  proyecto religioso de Jerusalén. Y por ello ambos –imperio y sinagoga- se unirían para eliminar a Jesús y su proyecto.

La Teología de la Liberación no buscaba sino aplicar a nuestro tiempo lo que Jesús hizo en el suyo: denunciar la opresión que, en nombre del emperador y de Dios, se sigue ejerciendo sobre las personas y los pueblos. Era, así, la Teología de la Liberación una teología nueva, que reivindicaba la dignidad y derechos de toda persona, sacudía la alianza de la religión con el poder dominante, devolvía dignidad y esperanza a los despreciados y excluidos, soliviantaba a quienes veían en ella una amenaza para su seguridad e intereses y todo ello porque bebía de la fuente del Evangelio.

Sonaron falsas las alarmas, pero fue calumniada y perseguida

Comenzando por el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez (iniciador y llamado “padre” de la teología de la liberación) han sido luego centenares los teólogos que la cultivaron y defendieron, miles  los libros y artículos que sobre ella se han escrito, miles las iniciativas y actividades  pastorales que en ella se han inspirado, miles las comunidades de base que en ella se han fraguado y miles y aun millones los cristianos (políticos, sindicalistas, maestros, catequistas, sacerdotes, religiosos y religiosas, etc.) que la generaron y recibieron de ella luz y fuerza para su caminar comprometido.

Pero surgieron pronto las alarmas que la  señalaban como heterodoxa y reclamaban para ella controles y sanciones. Había  grupos eclesiales donde mencionar la Teología de la Liberación era tabú. Aún recuerdo el comentario que un amigo hacía de otra persona al enterarse que un teólogo iba a hablar de este tema,  – Es la peste, dijo.  Y ayudé a una joven que, interesada por el tema, escuchó de su directora estas palabras: – ¡Pero si los teólogos de la liberación son como los masones dentro de la Iglesia!

Y los prejuicios y la hostilidad se hicieron irreversibles después que el mismo cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la fe, expresara que los grandes males de la Iglesia actual se deben sobre todo al pos concilio, pero también al Concilio mismo. Y, refiriéndose a la Teología de la liberación, sentenció  ver en ella “un error sobre un núcleo de verdad”, elaborada por teólogos que “han hecho  propia la opción  fundamental marxista” y que “se ha dejado sugestionar por el punto de vista inmanentista, meramente terrenal, de los programas  de liberación secularizados”.

Ratzinger fue recibiendo contestación adecuada a sus infundadas  afirmaciones. Cito por lúcida y contundente la dada por el obispo Pedro Casaldáliga: “Siempre lo hemos dicho, la Teología de la Liberación es teología y es de liberación no porque optó por Marx sino por el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, por su Reino y sus pobres. Nuestro Dios quiere la liberación de toda esclavitud. La situación de los 2/3  de la humanidad es contraria a la voluntad de Dios y la Teología de la Liberación asume el compromiso de transformar esa situación. Sólo a los enemigos del pueblo irrita la Teología de la Liberación. Y por eso la han calumniado y la han  perseguido”.

Se entenderá fácilmente que, a partir de esta posición oficial, fueran creciendo las falsedades sobre la Teología de la Liberación y  sus teólogos:

– Los teólogos de la liberación hacen suya la filosofía marxista.

– Reducen el Cristo del Evangelio  al Cristo de la “sola liberación temporal”.

– La Buena Noticia del Evangelio es sólo para los pobres, pero entendidos  “como una opción de clase” y según criterios puramente políticos e ideológicos y con sentimientos de odio y lucha  entre hermanos.

– Presentan una  “iglesia popular” en contra de “una iglesia burguesa” reintroduciendo de esta manera los conflictos de clase en el interior  mismo de la Iglesia.

– Se someten a  ideologías extrañas y olvida la “doctrina social de la Iglesia” por  considerarla inviable.

Estas calumnias, que no se encuentran en ningún teólogo de la liberación, fueron difundidas desde muchas plataformas de la Iglesia oficial.

La novedad de la teología de Liberación 

Es ahora cuando, después de lo mucho que se la difamó, considero esencial señalar lo más básico de la Teología de la Liberación.

– La Teología de la Liberación surge de las necesidades de un mundo mayoritariamente pobre y oprimido y al que quiere liberar desde la fe. Incluye negativamente una liberación del pecado, de la esclavitud y de la muerte y positivamente una liberación centrada en el Reino de Dios, en la creación de un hombre nuevo y en la consumación de la historia. Liberar es la finalidad última de la teología de la Liberación, con lo que deslegitima el  ataque que la Ilustración siempre lanzó contra la teología de ser esclavizadora de la subjetividad y libertad humanas y legitimadora de la opresión histórica. La Teología de la Liberación se mueve sobre la necesidad absoluta de liberar a la realidad oprimida, a los pueblos que mueren lentamente o son crucificados, a las personas y pueblos que  son oprimidos. Y tiene como destinatario a esa gran mayoría en cuanto no-hombres y en cuanto no-pueblos.

– La Teología de la Liberación hace hincapié en la liberación del otro y de lo otro, a diferencia de la teología europea que se centra en el propio sujeto creyente; habla del Reino de Dios como referente y medida de la transformación que hay que realizar en este mundo y afirma además que tal Reino es para implantarlo ya en este mundo y lograr así que la vida de los pobres llegue a ser realidad.

– La Teología de la Liberación tiene como fuente de conocimiento la revelación de Dios en la  Escritura, la Tradición eclesial y el Magisterio de la Iglesia. Pero, también y  previo a la revelación de Dios en los textos, existe la real revelación de Dios en la historia, del pasado y del presente. Dios sigue manifestándose en los llamados signos de los tiempos: “La miseria colectiva que clama al cielo y el anhelo de liberación de todas la esclavitudes”,  fue sancionado por el Episcopado Latinoamericano (Medellín 1968) como uno de esos signos.

– En esta línea, la revelación de Dios se halla sobre todo en la respuesta que los fieles, con su praxis , dan a esa revelación a través del seguimiento de Jesús, de la misericordia, la defensa de la vida, etc. Hacer todo esto, “Significa asumir dentro del conocimiento la dialéctica del mismo Dios  en cuanto encarnado en la historia, privilegiadamente en Jesucristo; significa que Dios no es puramente alteridad trascendente con respeto a la historia sino que se da él mismo a la historia” (J. Sobrino).

 La Teología de la Liberación no se contenta con que la inteligencia se reduzca a la captación del sentido del ser:  “La inteligencia en este quehacer teológico tienen una triple dimensión: el hacerse cargo de la realidad, el cargar con la realidad y el encargarse de la realidad” (Ignacio Ellacuría).

Conocer es estar en la verdad de las cosas y para estar en la verdad de las cosas hay que encarnarse en la verdad de la realidad, dejar que hable y dejarse afectar por ella, lo cual lleva a utilizar los conocimientos necesarios: científicos, filosóficos, ético-sociales, etc.

Pero,  y además, encarnarse en la realidad es encarnarse en el  mundo de los pobres, lo que exige ser parcial. Y si  es cierto que ningún lugar parcial es la totalidad,  cada vez se demuestra con mayor claridad que desde los pobres, desde el Tercer Mundo, se conoce mejor la totalidad que desde su contrario: “Desde el Tercer Mundo se conoce la verdad de éste y se descubre mejor la verdad del primero; lo cual no acaece a la inversa” (J. Sobrino). Convéncete, me decía Casáldaliga en una entrevista: “Sólo en la medida  en que el Primer Mundo deje de ser Primer Mundo podrá ayudar al Tercer Mundo. Para mí esto es dogma de fe. Si el Primer Mundo no se suicida como Primer Mundo, no puede existir “humanamente” el Tercer Mundo. Mientras haya un Primer Mundo habrá privilegio, exclusión, dominación, lujo y marginación. Si vosotros en el Primer Mundo no resolvéis ser un Mundo humano, nosotros no podemos serlo”.

– La Teología de la Liberación confiere un determinado talante a quienes se guían por ella y no debiera faltar en ningún otro tipo de teología. Este tipo de teología está siempre dispuesta a verificar si se hace con fidelidad a lo revelado por Dios y si produce en el pueblo de Dios lucidez y ánimo para la construcción de su Reino. Si una teología produce desinterés por el Evangelio y se hace incomprensible a las mayorías debe cambiar. Nunca un método del quehacer teológico puede absolutizarse, sino que debe estar abierto al cambio.

La Teología de la Liberación debe ser servicio para la liberación histórica y transcendente, y esto le hace convertirse en práctica de amor, como debe serlo todo quehacer cristiano. La teología debe ser compasiva y desde la compasión descubrir las causas que a tantos empobrecen y los hace sufrir, y buscar creativamente soluciones, por lo que, introducida en los conflictos de la historia, se enfrentará a las falsas divinidades y difícilmente podrá escapar a la persecución de los poderes de este mundo.

Esta teología debe hacerse dentro del pueblo de Dios, en relación y solidaridad con todos sus estamentos, de él recibirá ayuda y con él, y en medio de él, podrá  responder a los problemas reales. Si la Iglesia es Pueblo de Dios y es una Iglesia de los pobres debe ejercer su responsabilidad en medio de ella.

La teología de la Liberación, poseída por el espíritu de las Bienaventuranzas, será profundamente espiritual, misericordiosa, limpia de corazón, creativa, motivadora de oración, de confianza y disponibilidad, hasta adentrarse en el misterio de Dios.

Y, finalmente, junto al rigor de su método, avanza con esos ojos nuevos, que recibe del compartir con los pobres. Sólo así puede tocar lo más sagrado que es experimentar a Dios, su Reino y a Jesús como buenos, buenos para el hombre y la historia, buenos porque humanizan  y salvan, buenos sobre todo para los pobres y su liberación.

La Teología de la Liberación de la Periferia, contra la Teología del Centro.

Se había establecido un Orden socioeconómico y político mundial de acuerdo a las leyes del más fuerte, consagrado éticamente y bendecido  por la voluntad de Dios. De esa manera, ese Orden quedaba consolidado en países tradicionalmente cristianos y obtenía legitimidad de la teología oficial. Cualquier intento de cambio era considerado sacrílego.

Externamente los centros financieros y políticos no dudaban en apropiarse de esta Teología que en nada los cuestionaba, fomentaba la resignación y mostraba  las desigualdades sociales y los males como pruebas mandadas por Dios para santificarse y acumular méritos para el cielo. Una teología ésta, indiferente, que enaltecía la gloria de  Dios y, a la par, justificaba la conculcación de los derechos humanos y en especial de los más pobres.

En 1984, 32 teólogos de la revista europea Concilium, escribieron: “La Teología de la Liberación busca afrontar el problema de los oprimidos a la luz de la fe y promover su liberación integral. Sabemos que existen grupos integristas o neoconservadores que al rechazar un cambio social y pregonar una religión que pretende ser apolítica, luchan contra los movimientos de liberación y defienden una línea que es, de hecho, una ofensa contra los pobres y oprimidos. Un signo de fecundidad del Evangelio es hoy el hecho de que  el mensaje cristiano sea vivido en contextos diferentes y de diversas maneras. Nuestra revista Concilium se manifiesta solidaria con los teólogos de la liberación no sólo en cuanto a su pensamiento teológico sino en cuanto a sus compromisos concretos. Creemos que en los movimientos y teólogos de la liberación se decide de alguna manera el futuro de la Iglesia, la llegada del Reino de Dios y el juicio de Dios sobre el mundo.

En el mismo año 1984, 40 teólogos españoles de la Asociación Juan XXIII escribían: “Compartimos con los teólogos de la liberación la tarea de elaborar en la “óptica del pobre” una reflexión cristiana rigurosa, una espiritualidad del seguimiento de Jesús , una Iglesia comunitaria y una acción pastoral solidaria con los desheredados de la tierra en el interior de un pluralismo de opciones que no rompe con la comunión eclesial”.

Por supuesto, de estos movimientos de liberación y de sus comunidades de base surgía un nuevo impulso de reforma y una nueva teología que ponía en cuestión el quehacer teológico tradicional. “La teología que se forma dentro de este impulso y que los sustenta no se presenta en contra de la autoridad de la Iglesia, sino bajo la autoridad del Espíritu… En el seguimiento al Hijo del Hombre, aquellos que han vivido hasta ahora  “como si fueran hijos de nadie” se convierten en sujetos en el resplandor de Dios” (Johann Baptist Metz).

El ensimismamiento de la Iglesia en sí misma, acompañado de una teología indiferente ante el dolor y esclavitud de mayorías, desarrollaba continuas y pomposas ceremonias religiosas, orientadas a asegurar el negocio de la propia salvación; enarbolaba preceptos, doctrinas, leyes y dogmas que se habían de saber de memoria; promovía rezos y misas interminables, pero todo a la postre quedaba como obras piadosas, sin plantear para nada lo que la vida de Jesús pedía denunciar y hacer en cada lugar y momento de la sociedad.

Esperamos que cuantos por ignorancia u otras causas abominaron de la teología de la liberación, se abran a ella y se dejen convertir como lo hizo el actual Prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, Gerhard Müller: “La teología de la liberación está unida para mí al rostro de Gustavo Gutiérrez, a su enseñanza y al encuentro vivo con los pobres; con él experimenté un giro decisivo en mi enfoque teológico. El nos enseñó que aquí se trata de teología y no de política, de un programa práctico y teórico que pretende comprender el mundo, la historia y la sociedad y transformarlos a la luz de la propia revelación sobrenatural de Dios como salvador y liberador del Hombre. La teología de Gustavo Gutiérrez, independiente del ángulo desde el que se mire, es ortodoxa porque es ortopráctica y nos enseña el adecuado actuar cristiano porque procede de la verdadera fe”.

Imagen extraída de: alandar

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“El perverso juego de la pederastia”, por Juan José Tamayo

Domingo, 21 de diciembre de 2014

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Poder sobre las almas, poder sobre las conciencias, poder sobre los cuerpos

No todas las llamadas telefónicas son ociosas e ineficaces. Hay algunas que logran sus objetivos y tienen efectos inmediatos. Los han tenido las que el papa Francisco hizo al joven profesor granadino que le escribió una carta informándole de los abusos sexuales que él y otras personas menores de edad sufrieron desde la infancia por parte de algunos sacerdotes y seglares. Francisco le llamó en dos ocasiones para pedirle perdón, mostrarle su apoyo, comprometerse a investigar el caso y decirle que lo pusiera en conocimiento del arzobispo de Granada, quien, a decir verdad, no mostró la misma diligencia que el papa, ya que tardó en responder a las llamadas del joven agredido sexualmente.

El arzobispo solo tomó medidas sancionadoras bajo la presión del papa, más solícito en la solidaridad con la persona herida y en el castigo del delito que el propio pastor diocesano. Es algo que viene repitiéndose últimamente. Los obispos encubren las agresiones sexuales de los clérigos y llegan a comprar el silencio de las víctimas y de sus familias con dinero. El papa, empero, toma la iniciativa de la denuncia y sanciona a los propios obispos retirándolos de sus funciones pastorales por la indignidad de su inmoral comportamiento.

Las llamadas de Francisco contrastan con el largo silencio de Juan Pablo II y del cardenal Ratzinger, durante su presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ante situaciones similares. Fue un silencio cómplice con los abusos sexuales producidos contra víctimas indefensas en numerosas instituciones eclesiásticas: parroquias, seminarios, noviciados, colegios, cometidos por cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, formadores religiosos, educadores, padres espirituales, y conocidos por la citada Congregación por las numerosas denuncias que llegaban hasta ella.

Esta, lejos de tramitar e investigar los casos denunciados y ponerlos en manos de la justicia, imponía silencio a las víctimas para que no trascendiera el escándalo de tamaña agresión, y, para disuadirlos de que revelaran o denunciaran las agresiones sexuales, los amenazaba con penas temporales y eternas, que generaban total indefensión e incluso culpabilidad en la persona objeto de los abusos. ¿Sanción para el pederasta? Hasta hace poco tiempo, ninguna. A lo sumo, el obispo ordenaba el cambio de destino pastoral al religioso pederasta sin informar a la nueva feligresía de la razón de dicho traslado. Así, el pederasta podía seguir cometiendo las agresiones sexuales con total impunidad.

La permisividad del delito, el silencio, la falta de castigo, el encubrimiento, la complicidad y la negativa a colaborar con la justicia convertían la pederastia no solo en una agresión sexual individual, sino en una práctica legitimada estructural e institucionalmente –al menos de manera indirecta- por la jerarquía eclesiástica en todos sus niveles en una cadena de ocultamiento que iban desde la más alta autoridad eclesiástica hasta el pederasta, pasando por los eslabones intermedios del poder religioso.

La raíz de tan abominable práctica se encuentra, a mi juicio, en la estructura patriarcal de la Iglesia católica y en la masculinidad hegemónica que convierte al varón en dueño y señor en todos los campos del ser y del quehacer de la institución eclesiástica: organizativo, doctrinal, moral, religioso-sacramental, sexual, etc. Y no cualquier varón, sino el clérigo -en sus diferentes grados: diácono, sacerdote, obispo, arzobispo, papa-, que es elevado a la categoría de persona sagrada.

La masculinidad sagrada se torna condición necesaria para ejercer el poder, todo el poder, todos los poderes. Lo domina y controla todo, absolutamente todo: el acceso a lo sagrado, la elaboración de la doctrina, la moral sexual, los puestos directivos, la representación institucional, la presencia en la esfera pública, el poder sagrado de perdonar los pecados, el milagro de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, el triple poder de enseñar, de santificar y de gobernar.

Este poder empieza por el control de las almas, sigue con la manipulación de las conciencias y llega hasta la apropiación de los cuerpos en un juego perverso que, como demuestran los numerosos casos de pederastia, termina con frecuencia en las agresiones sexuales más degradantes para los que las cometen y más humillantes para quienes los que sufren. Se trata de un comportamiento diabólico programado con premeditación y alevosía, practicado con personas indefensas, a quienes se intimida, y ejercido desde una pretendida autoridad sagrada sobre las víctimas que se utiliza para cometer los delitos impunemente.

El poder sobre las almas es una de las principales funciones de los sacerdotes, si no la principal, como reflejan las expresiones “cura de almas”, pastor de almas”, etc., cuyo objetivo es conducir a las almas al cielo y garantizar su salvación, conforme a una concepción dualista del ser humano, que considera el alma la verdadera identidad del ser humano e inmortal. El poder sobre las almas lleva derechamente al control de las conciencias. Solo una conciencia limpia, pura, no contaminada con lo material, garantizaba la salvación. Por eso la misión del sacerdote es formar a sus feligreses en la recta conciencia que exige renunciar a la propia conciencia y someterse a los dictámenes morales de la Iglesia. Se llega así al grado máximo de alienación y de manipulación de la conciencia.

Pero aquí no termina todo. El final de este juego de controles es el poder sobre los cuerpos, que da lugar a los delitos de pederastia cometidos por clérigos y personas que se mueven en el entorno clérico-eclesiástico, que son el objeto de este artículo. Quienes ejercen el poder sobre las almas y sobre las conciencias se creen en el derecho de apropiarse también de los cuerpos y de usar y abusar de ellos. Es, es sin duda, la consecuencia más diabólica de la masculinidad sagrada hegemónica. Cuanto mayor es el poder de las almas y más tiránico el control de las conciencias, mayor es la tendencia a abusar de los cuerpos de las personas más vulnerables que caen bajo su influencia: personas crédulas, niños, niñas, adolescentes, jóvenes, personas discapacitadas, etc.

Y un efecto perverso más para intranquilizar las conciencias de las personas creyentes, e incluso de quienes no lo son, y para impedir el disfrute gozoso de la sexualidad: la masculinidad hegemónica se presenta como hetero-normativa y construye la homosexualidad: a) desde el punto de vista religioso, como pecado que debe ser condenado; b) desde el punto de vista jurídico como delito que debe ser castigado –y de hecho lo es en numerosos países hasta con la pena de muerte; c) y, desde el punto de vista médico-sanitario, como una enfermedad que hay que curar.

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¿Por qué los católicos deben condenar la violencia contra los homosexuales?

Viernes, 5 de diciembre de 2014

papa-francisco-homosexuali2-defaultEn nombre de la dignidad de la persona

“Las leyes todavía criminalizan determinadas expresiones de sexualidad y género”

“Los líderes eclesiásticos deben distinguir entre la condena moral de determinados actos y relaciones, y la aprobación, de manera implícita o explícita, de la violencia”

(Celso Pérez, en America).- La reciente asamblea del Sínodo de Obispos sobre la Familia ha vuelto a suscitar interés sobre la posición católica con respecto a personas homosexuales y lesbianas. Durante el sínodo, líderes eclesiásticos discutieron sobre las perspectivas pastorales y teológicas relativas al lugar que ocupan las personas homosexuales en la Iglesia, y las enseñanzas de la Iglesia en materia de homosexualidad. A raíz del texto del informe intermedio y el informe final, denominado Relatio, buena parte del debate se centró en discutir en qué medida las personas homosexuales son bienvenidas en la Iglesia y en las feligresías locales.

Aunque hubo un diálogo notablemente abierto, los debates del sínodo incluyeron menciones relativamente escasas a la violencia que enfrentan habitualmente las minorías sexuales y de género en todo el mundo. (En este ensayo, empleo la expresión abreviada minorías sexuales y de género para referirme a todas las personas que se identifican como algo distinto de heterosexuales o cisgénero). Lamentablemente, la violencia es a menudo una realidad concreta para católicos y no católicos que no se ajustan ciertas expresiones de sexualidad o género. Organismos internacionales como la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han advertido sobre los alarmantes índices de agresiones físicas contra estas personas.

Asimismo, en al menos 76 países, las leyes todavía criminalizan determinadas expresiones de sexualidad y género. A menudo estas leyes exponen a las personas a la persecución penal por parte del Estado, y a ataques y persecuciones por parte de miembros de la sociedad civil. Con frecuencia, algunos gobiernos usan a las minorías sexuales y de género como convenientes chivos expiatorios de problemas sociales, políticos y económicos, lo cual agrava su vulnerabilidad.

La creciente concientización sobre estas prácticas discriminatorias enfatiza la importancia de que los católicos, al debatir temas de sexualidad y género, reiteren un mensaje en contra de la violencia dirigida a estas personas. Como ha sido señalado por líderes eclesiásticos, estos llamados son consistentes con la doctrina católica sobre la dignidad de todos los seres humanos. El Catecismo de la Iglesia Católica insta a los católicos a acoger a las “personas homosexuales” con “respeto, compasión y delicadeza“.

La carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe “Sobre la Atención Pastoral a las Personas Homosexuales” (1986) exhorta a respetar la dignidad intrínseca de cada persona en las palabras, en las acciones y en la legislación, y condena la violencia contra las personas homosexuales. Si bien algunos líderes eclesiásticos y comunidades religiosas han enfatizado un mensaje de dignidad y respeto, muchos otros no lo han hecho. En los últimos años, católicos tanto religiosos como laicos, a través de sus actos y sus palabras, han promovido políticas y prácticas que parecen propiciar un clima de indiferencia o incluso hostilidad, en el cual se pueden producir actos de violencia contra miembros de minorías sexuales y de género.

Cambios positivos

Desde su elección en marzo de 2013, el Papa Francisco ha manifestado reiteradamente su preocupación por las personas más vulnerables de la sociedad. En su primera exhortación apostólica, “El Gozo del Evangelio”, el papa destacó la necesidad de “estar cerca de nuevas formas de pobreza y fragilidad, donde estamos llamados a reconocer a Cristo sufriente“. El Papa citó el ejemplo de Jesús en Mateo 25, que explica la necesidad de identificarse con los más oprimidos. En declaraciones públicas menos formales, el papa Francisco ha reiterado con frecuencia este mensaje como parte central de la vida cristiana.

El papa Francisco parece haber aplicado este interés en los vulnerables al modo en que trata a las minorías sexuales y de género. En el verano de 2013, cuando se le preguntó por la existencia de curas homosexuales en la Iglesia, el Papa respondió con las siguientes palabras, que luego cobrarían gran resonancia: “Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarla?“. En una entrevista posterior publicada en la revista estadounidense America, amplió estos comentarios y destacó la necesidad de amar y acompañar a personas homosexuales, en lugar de rechazarlas y condenarlas de manera categórica.

Otros líderes eclesiásticos han repudiado de manera más explícita los actos de violencia física y hostigamiento contra minorías sexuales y de género. El verano pasado, por ejemplo, el Nuncio Apostólico en Kenia, Arzobispo Charles Daniel Balvo, enfatizó que si bien la Iglesia no aprueba la conducta homosexual, reconoce y respeta la dignidad individual de todas las personas. Ante la escalada de denuncias sobre violencia contra personas homosexuales en algunas regiones de África, el arzobispo señaló que los “homosexuales deberían ser defendidos frente a violaciones de su dignidad y sus derechos humanos; son seres humanos como cualquiera de nosotros“. En Brasil, la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de San Pablo, un grupo integrado por laicos y miembros del clero, repudió enérgicamente el número alarmante de ataques contra minorías sexuales y de género denunciados en el país.

Otros se han manifestado en contra de las leyes que criminalizan actos sexuales. El cardenal Oswald Gracias, arzobispo de Mumbai, ha criticado abiertamente la ley contra la sodomía. Luego de que el Tribunal Supremo de dicho país restableciera la ley, el arzobispo señaló que la Iglesia “se opone a la legalización del matrimonio gay, pero enseña que los homosexuales tienen la misma dignidad que cualquier otro ser humano, y condena cualquier forma de discriminación injusta, hostigamiento o abuso”. Según el arzobispo, esto incluye la criminalización de las relaciones sexuales practicadas con consentimiento entre personas del mismo sexo, ya que la Iglesia “nunca ha considerado que las personas homosexuales sean criminales”.

El obispo Gabriel Malzaire de Roseau, de Dominica, y el cardenal Peter Turkson, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz, han expresado comentarios similares sobre la criminalización de la sodomía en Dominica y Uganda, respectivamente. Obispos de Sudáfrica, Botsuana, Suazilandia y Ghana han instado este año a los católicos a ponerse del lado de los vulnerables ante las leyes draconianas que están siendo sancionadas en el continente africano.

Numerosas comunidades católicas también han acogido a minorías sexuales y de género, generado así un espacio seguro para ellas en la Iglesia y en la sociedad en general. En Estados Unidos, por ejemplo, una encuesta extraoficial llevada a cabo por organizaciones católicas determinó que hay más de 200 parroquias en el país donde las personas gay son bienvenidas. Curas estadounidenses han observado la creciente aceptación de personas que se identifican como lesbianas, homosexuales, bisexuales y transgénero (que a menudo se agrupan colectivamente bajo la sigla LGBT), especialmente entre los feligreses más jóvenes.

Incluso líderes eclesiásticos que se han manifestado públicamente en contra de las relaciones entre personas del mismo sexo por razones morales han llamado al respeto y la compasión hacia las personas LGBT. En Nueva York, el cardenal Timothy Dolan consideró positiva la decisión de permitir que grupos de personas LGBT marcharan durante el desfile de San Patricio en la Ciudad de Nueva York. El cardenal Dolan, que se ha opuesto públicamente al matrimonio entre personas del mismo sexo, participará en el desfile del próximo año en calidad de Gran Mariscal.

También en Europa se han observado tendencias similares. Este año, las conferencias episcopales en Alemania y Suiza publicaron informes sobre las creencias y prácticas de feligreses. Los informes se elaboraron sobre la base de extensas encuestas en parroquias de Alemania y Suiza, y a modo de preparación para el Sínodo de Obispos sobre la Familia. En ambos casos, los feligreses manifestaron un apoyo considerable a los homosexuales. El Cardenal Reinhard Marx, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, expresó que la Iglesia “no siempre ha adoptado el tono correcto” respecto de los homosexuales, y promovió un enfoque de mayor apertura.

Manteniendo la coherencia

El significado y el alcance de la discriminación injusta en contra de personas homosexuales aún es objeto de debate en círculos católicos. Sin embargo, las enseñanzas que imparte la Iglesia sugieren que, como mínimo, esto incluye la necesidad de abstenerse de ejercer la violencia contra personas por su orientación sexual o expresión de género, percibidas o reales, y de condenar dicha violencia. Tal como lo han señalado líderes católicos, esto incluye la criminalización de las relaciones sexuales consentidas entre adultos.

En 1986, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger escribió: “Es deplorable que las personas homosexuales hayan sido y sean objeto de actos maliciosos de violencia, tanto en las palabras como en los hechos. Ese tratamiento merece la condena de los pastores de la Iglesia, en cualquier lugar donde se manifieste”. Las enseñanzas posteriores de conferencias episcopales locales, incluso una carta de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, reiteraron este mensaje de repudio a la violencia.

Si bien este mensaje no constituye una enseñanza oficial, también la Santa Sede se ha opuesto públicamente a la aplicación injusta de sanciones penales a personas homosexuales. En 2008, en la Asamblea General de las Naciones Unidas, el representante del Vaticano declaró públicamente que el Vaticano “sigue defendiendo la idea de que se deben evitar todos los signos de discriminación injusta hacia personas homosexuales e insta a los Estados a eliminar las sanciones penales contra estas personas. Los gobiernos deben eliminar las sanciones penales injustas”.

Si bien en la declaración no se proporcionaron ejemplos de cuáles serían estas sanciones penales injustas, el vocero del Vaticano señaló que incluyen “no sólo la pena de muerte, sino toda la legislación penal que implique violencia o discriminación respecto de los homosexuales”. En un evento paralelo de las Naciones Unidas realizado en Nueva York en 2009, la Santa Sede reiteró su oposición a todas las formas de violencia y discriminación injusta contra personas homosexuales, incluida la legislación penal discriminatoria que menoscaba la dignidad inherente de la persona humana.

Fracasos de la Iglesia

A pesar de estos ejemplos positivos, muchas comunidades y líderes católicos han ignorado o aparentemente contradicho la posición de la Iglesia respecto de las minorías sexuales y de género. En lugar de defender las enseñanzas de la Iglesia sobre ética sexual y, al mismo tiempo, condenar la violencia y promover el respeto por la dignidad humana, muchos han guardado silencio ante terribles atrocidades cometidas contra minorías vulnerables.

En Camerún, por ejemplo, organizaciones de derechos humanos informaron en reiteradas oportunidades sobre casos de ciudadanos que son detenidos y perseguidos penalmente simplemente por “ser homosexuales“, lo cual supuestamente se deduce del modo en que se visten, su gesticulación o sus gustos personales. Organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos de las minorías sexuales y de género son objeto de espantosos ataques. El año pasado, un reconocido defensor de derechos humanos, Eric Lembembe, fue torturado y asesinado brutalmente.

El arzobispo Samuel Kléda de Camerún no sólo no ha denunciado estos tipos de actos deplorables, sino que además ha contribuido activamente a un clima de hostilidad hacia las minorías sexuales y de género. En febrero de 2013, el arzobispo Kléda se sumó a un grupo católico de profesionales del derecho para apoyar públicamente la criminalización de la homosexualidad propuesta por el gobierno. En un panel de debate con juristas, el arzobispo citó el pasaje de Levítico 20:13 que insta a aplicar la pena de muerte para las relaciones sexuales entre dos hombres. El Código Penal de Camerún ya dispone que la persona que mantenga “relaciones sexuales con otra persona del mismo sexo” puede enfrentar una pena de prisión de hasta cinco años.

Desde 2006 los políticos en Nigeria han debatido una serie de medidas legislativas que criminalizarían el matrimonio entre personas del mismo sexo, aplicarían penas severas a parejas del mismo sexo e incluso penalizarían la participación en un grupo que promueva los derechos de minorías sexuales y de género. Este año, en una carta enviada al presidente Goodluck Jonathan en representación de la Iglesia Católica de Nigeria, miembros del clero de ese país reivindicaron como “valiente y sabia” una nueva ley que prevé fuertes sanciones penales para las exhibiciones públicas de afecto entre personas del mismo sexo. Los líderes eclesiásticos de Nigeria no han realizado ningún esfuerzo por condenar los ataques violentos contra minorías sexuales y de género ocurridos luego de que la ley fuera sancionada este año.

En Uganda, la Iglesia católica ha vacilado en su posición con respecto a un proyecto legislativo similar. En diciembre de 2009, el arzobispo Cyprian Lwanga se opuso al Proyecto de Ley contra la Homosexualidad, que inicialmente proponía sancionar actos sexuales entre personas del mismo sexo con la pena de muerte. El arzobispo Lwanga manifestó que el proyecto “era incompatible con los valores cristianos” como “el respeto, las compasión y la sensibilidad“. En ese momento la Santa Sede también condenó el proyecto por considerar que constituía una discriminación injusta. Sin embargo, en junio de 2012, una coalición de iglesias anglicanas, católicas y ortodoxas pidió al parlamento de Uganda que agilizara el proceso de sanción de una de las versiones preliminares del proyecto de ley.

La ley de Uganda fue aprobada a principios de 2014. Esta incluía disposiciones que establecían sanciones más rigurosas para personas que participaran en actos homosexuales, incluso la prisión perpetua. La ley también penalizaba delitos relacionados como la promoción de la homosexualidad y la “tentativa a cometer actos de homosexualidad”. Organizaciones de derechos humanos informaron un aumento en los casos de desalojos, violencia y discriminación contra minorías sexuales y de género a partir de la aprobación de la ley.

En lugar de condenar estos ataques, varios obispos de Uganda apoyaron de manera categórica la ley durante las homilías pronunciadas en Pascuas. Algunos prácticamente avalaron de forma tácita o, al menos parecieron justificar, los actos de violencia. Más recientemente, el Arzobispo Lwanga publicó un manuscrito en el cual subrayó la necesidad de respetar y proteger a las personas homosexuales. No obstante, hasta este momento, la Iglesia de Uganda en general no ha adoptado medidas significativas para condenar los abusos de los cuales son las objeto minorías sexuales y de género. Si bien la ley de 2014 fue derogada por el Tribunal Constitucional de Uganda en agosto, legisladores de Uganda presentaron un proyecto de ley similar, que pretenden aprobar antes de fin de año.

En el Caribe, el arzobispo de Kingston, Jamaica, Charles Dufour, también se ha rehusado a repudiar tanto la violencia endémica que enfrentan allí minorías sexuales y de género, como la criminalización por parte del gobierno de ese país de actos sexuales privados practicados con consentimiento entre adultos. En los últimos años, organizaciones de derechos humanos, la Organización de los Estados Americanos, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y otros gobiernos y organizaciones han criticado estos casos de violencia. Abundan los casos de miembros de minorías sexuales y de género que son víctimas de golpizas, brutalidad policial, tortura y homicidio.

Al igual que en otras partes del Caribe, algunos grupos locales cuestionan las leyes de Jamaica contra la sodomía. Cuando fue interrogado por activistas que le pidieron que aclarara cuál era la postura de la Iglesia católica con respecto a la criminalización de actos realizados con consentimiento entre parejas del mismo sexo, el arzobispo Dufour indicó que no “sentía la necesidad de efectuar ninguna declaración en particular” sobre el debate en Jamaica. No obstante, el arzobispo Dufour sí alertó sobre el vilipendio y la persecución de grupos religiosos que se oponen a reconocer los derechos de las minorías sexuales y de género. Estas declaraciones son profundamente desalentadoras. El arzobispo Dufour y otros líderes de la Iglesia de Jamaica han desaprovechado una oportunidad importante para poner en práctica la postura de la Santa Sede.

Las declaraciones y acciones de los líderes eclesiásticos tienen un profundo impacto sobre el entorno social en el cual viven las personas que pertenecen a minorías sexuales y de género. Los líderes eclesiásticos deben distinguir entre la condena moral de determinados actos y relaciones, y la aprobación, de manera implícita o explícita, de la violencia y la persecución. De lo contrario, no sólo se oponen a las enseñanzas de la Iglesia, sino que contribuyen a un clima de hostilidad que pone en peligro vidas humanas. El año próximo, el Sínodo de Obispos seguirá analizando las prácticas de la pastoral familiar de la Iglesia. Mientras los líderes eclesiásticos continúan debatiendo sobre la moralidad de las uniones de personas del mismo sexo y acerca de si los homosexuales deben ser acogidos en la Iglesia, también harían bien en condenar, de manera clara y categórica, la violencia que enfrentan minorías sexuales y de género en comunidades alrededor del mundo.

Celso Perez es becario Gruber en Human Rights Watch. Se graduó en derecho (J.D.) en Yale Law School y obtuvo una maestría (M.A.) y una licenciatura (B.A.) en ética teológica en Boston College.

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