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Conversión… Saber esperar

Domingo, 20 de marzo de 2022

Sabemos que nos esperas, Señor, porque sabes que la espera es esperanza… y esperamos también que riegues nuestras vidas con tu ternura… para que nuestra  vida sea un reflejo de tu bondad y de frutos de justicia que haga mejor la de los demás…

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Saber esperar; sabiendo
que el tiempo no existe ya.

Ni el correo ni la prensa
tienen caja forestal.

El sol es de ayer, de siempre.
Y un día es un día más.

La noche, con “muriçoca”.
La tuna, no es de fiar.

Mañana será otro día,
y arroz no nos faltará…

Despertaremos cansados,
com vontade de sentar”;

pero con la espera al hombro,
¡y nos tocará esperar

otro día, todo el día,
…para aprender a esperar!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental. Ed Sígueme, 1971

***

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús contestó:

“¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.”

Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.

*

Lucas 13, 1-9

***

Todo es provisional en la vida del hombre, todo está ligado al tiempo: en este sentido, tanto justos como pecadores viven en el tiempo, tiempo que es un don de Dios para ellos, un tiempo de gracia, y por ello, un tiempo abierto a la conversión. Ni el pecador empedernido ni el justo empedernido permanecerán así para siempre. Están llamados a ser “pecadores en conversión”.

Dios nos toca de muchas maneras para llevarnos a este estado de conversión. Nosotros sólo podemos prepararnos para que Dios nos toque. Fuera de la conversión estamos fuera del amor. En este caso no le quedarían al hombre más que dos posibilidades: la satisfacción de sí y la justicia propia, o una profunda insatisfacción y la desesperación. Fuera de la conversión no podemos estar en la presencia del verdadero Dios, pues no estaríamos junto a Dios, sino ¡unto a uno de nuestros numerosos ídolos. Además, sin Dios, no podemos permanecer en la conversión, porque no es nunca el fruto de buenas resoluciones o del esfuerzo. Es el primer paso del amor, del Amor de Dios más que del nuestro. Convertirse es ceder al dominio insistente de Dios, es abandonarse a la primera señal de amor que percibimos como procedente de Él. Abandono en el sentido de capitulación. Si capitulamos ante Dios, nos entregamos a Él. Todas nuestras resistencias se funden ante el fuego consumidor de su Palabra y ante su mirada; no nos queda ya más que la oración del profeta Jeremías: “Haznos volver a ti, Señor, y volveremos” (Lam 5,21; cf. Jr 31,18).

*

André Louf,
A merced de su gracia,
Madrid 1991, 19-24, passim.

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“¿Qué hacer hasta entonces? “, por Gabriel Mª Otalora

Sábado, 12 de marzo de 2022

medio-rostro-de-jesusDe su blog Punto de Encuentro:

Después de la oportunidad de expresarnos a petición del Papa sobre nuestra realidad eclesial y sobre cómo nos vemos en ella, queda un tiempo largo sinodal hasta que Francisco cierre este especialísimo sínodo en 2023 con nuevas propuestas.

Recordemos la singularidad de esta convocatoria universal a toda persona bautizada. La sinodalidad que propone Francisco se caracteriza por caminar juntos ¡de hecho y de derecho!, en la escucha y el cuidado de las relaciones personales. Es decir, por mejorar las actitudes como algo imprescindible en el vivir cristiano. Nos hemos olvidado que por el Bautismo y la Confirmación todos -y todas- somos corresponsables activos en la evangelización. El Papa lo resume en tres grandes vectores de actuación: la misión (vivir la Buena Noticia en todo), la común unión (compartir y celebrar desde el corazón) y la participación (todos somos sujetos activos de ella, en donde no caben actitudes como el clericalismo o la pasividad.

 ¿Qué hacer hasta entonces?

Hasta conformar un modelo de Iglesia sinodal con odres nuevos propios de la Iglesia del tercer milenio, hemos de mantener viva la llama sinodal que el Papa nos ofrece para vivir mejor nuestra fe hoy y aquí. El gran cambio comenzó con el Concilio Vaticano II al definir la Iglesia como Pueblo de Dios con el laicado ya como miembro pleno de la Iglesia por la dignidad que emana el bautismo. Pero el mensaje central se ha ido desvirtuando y Francisco ha vuelto a pedirnos que lo esencial es ahora caminar juntos, de verdad, rechazado las maneras de aquella estructura de poder teocrático judío que eliminó a Cristo… y que estructuras semejantes lo volverían a hacer sin ningún remordimiento.

En primer lugar, queda pendiente, hasta marzo de 2023, la reflexión de cada persona en oración, desde el discernimiento, de lo que supone vivir la sinodalidad como sinónimo de “caminar juntos”, que no es un mero sentimiento de estar todos reunidos. Es algo más profundo que afecta a las personas, las estructuras y los procesos. Y cuya consecuencia es la conversión en las actitudes, algo muy cuaresmal que ha perdido importancia entre los cristianos.

Ante el miedo que supone salir de la zona de confort -como se dice en el mundo empresarial- todo seguidor de Cristo tiene que practicar la oración, la actitud esperanzada y la humildad. (“sin mí no podéis hacer nada”) pues tenemos pendientes transformaciones personales por una vivencia asentada en seguridades poco evangélicas.

No somos Buena Noticia para demasiada gente, los templos se vacían y no nos gusta nada la autocrítica. Pero siempre es mejor cambiar por propia voluntad, “fijos los ojos en Jesús” (J. A. Pagola) a que nos marginen desde fuera con la indiferencia propia de quienes nos ven que no tenemos nada bueno que ofrecer, escondidos tras los pliegues de la endogamia. Un ejemplo lo tenemos en una liturgia centrada en los signos más que en lo que debiera ser vivido a la luz del Evangelio.

Necesitamos acoger la voz del Espíritu que clama por un cambio que saque nuestros corazones del anquilosamiento actual para transformarse en signo creíble de Buena Noticia.

En segundo lugar, esta reflexión individual en oración para discernir lo que supone vivir la sinodalidad de “caminar juntos” me lleva a una segunda tarea pendiente, tan importante como mi trabajo personal: a la reflexión en oración y humildad también comunitaria, precisamente por la esencia sinodal que quiere Francisco, quien dejó bien claro el papel de liderazgo tractor de los obispos en el tema sinodal para animar, guiar y acompañar a sus comunidades.

¿Dónde están las iniciativas episcopales en esta dirección? Las echo en falta con lo necesarias que son para sus comunidades de feligreses -incluidos tantos curas preocupados, desnortados y desanimados- si se quiere de verdad vivir ya la apuesta sinodal del Papa, o al menos a movernos en sus claves, desde su liderazgo de servicio, es decir, con ejemplo en forma de acciones.

Señores obispos, que también es para ustedes la llamada a la conversión y a la responsabilidad que supone la sinodalidad vivida desde ya en sus diócesis hasta la primavera del año que viene.

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No es miércoles de ceniza, sino de trans-formación para la Vida (meta-noia)

Miércoles, 2 de marzo de 2022

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Del blog de Xabier Pikaza:

“Tu final no es la ceniza de un infierno penitencial, sino el gozo de la Vida por encima de la muerte”

Desde la Baja Edad Media ha crecido en la Iglesia de Occidente una piedad penitencial más opresora que evangelizadora, representada por el día inicial de la cuaresma, entendida  como preparación la Muerte de Jesús, que se celebrará el Viernes Santo

Desde la Baja Edad Media ha crecido en la Iglesia de Occidente una piedad penitencial más opresora que evangelizadora, representada por el díainicial de la cuaresma, entendida como preparación la Muerte de Jesús, que se celebrará el Viernes Santo.

El signo principal de este día ha sido por siglos la “ceniza”, que no es tierra vital (de la que nacen las plantas), sino “escoria” de muerte, madera/materia quemada, que se arroja y abandona en “basureros” o infiernos.

Así ha querido la Iglesia que celebramos año tras año la cuaresma, recibiendo en la frente la ceniza, mientras decía el sacerdote: Recuerda, hombre (memento homo…), que eres polvo y que al polvo has de volver… Del polvo venimos, al polvo tornamos. No hay otro camino.

Pero ese signo de la “ceniza” de muerte estaba introducido como un “cuña” en parte falsa, casi equivocada: Se nos ponía ceniza en la frente, pero se nos decía “eres tierra/polvo de la tierra” de la que hemos nacido, conforme a la Escritura (Gen 2). No nacemos de la ceniza, ni somos ceniza: Somos polvo/tierra amasado por el aliento húmero de Dios, polvo animado por su “espíritu” (aliento) de amor.

Se nos ponía ceniza de muerte en la frente… pero se nos decía que somos polvo/tierra de vida… Ciertamente, según el Génesis, Dios nos creó de la tierra (nos sembró en la tierra por su Espíritu), pero no para morir, sino para vivir… Sin duda podemos morir y matarnos (por guerra o por odio y pecado), pero no somos tierra para la muerte, sino para la resurrección.

Un miércoles de evangelio: ¡Conviértete y cree en la buena noticia de la vida!

Desde la reforma litúrgica, tras el Vaticano II, la palabra esencial de la Iglesia no es “recuerda que eres polvo/ceniza” y que al polvo/ceniza has de volver, sino “conviértete/transfórmate! y cree en el evangelio… es decir, empieza a vivir según la “buena noticia” de la vida.

Ciertamente, el signo de la ceniza/penitencia/muerte puede seguir…pero sólo como recordatorio de un “tiempo pasado”. La ceniza y la muerte está presente por doquier en la vida, sobre todo en este Guerra de Ucrania, y en las mil guerras-ucranias del mundo. Pero lo esencial del evangelio no es la ceniza de la muerte, sino la “con-versión” del evangelio.

La palabra de este día no es “arrepiéntete”, sino algo muy distinto: con-viértete (es la palabra de Mc 1, 14-15 y de la liturgia cuaresmal que hoy empieza. El arrepentimiento en sí no es malo (pero puede ser masoquista y destructor). Lo esencial es la con-versión (en griego meta-noia): cambiar de forma de pensar y de ser.

No quiero que me pongan ceniza, pido que me pongan “tierra”  en la frente y me digan:  recuerda que eres tierra,  que de la tierra has nacido, por el Espíritu/Vida de Dios,  y que con la tierra (y toda la humanidad) has de caminar hacia la vida.

Dios no me ha hecho ceniza de “infierno” (para el basurero o la escombrera de la muerte), sino tierra de vida. En la tierra me ha sembrado, no para morir volviéndome ceniza, sino para vivir y dar vida por encima de la muerte…  No soy ceniza muerta, sino polvo/tierra de la que Dios se ha enamorado, como sabía Quevedo, el poeta.

Sin duda tengo que arrepentirme de muchas cosas,  pero no para quedar en la ceniza del arrepentimiento masoquista, sino para “convertirme”, meta-noein, para pensar y vivir de otra manera, desde la vida de Dios, para la vida de todos los hombres.

Conclusión. Jesús no celebró el miércoles santo… Pero estuvo dispuesta a morir (y murió) para dar vida

   Jesús no fue predicando penitencia, ni celebró ningún “miércoles de ceniza”, sino que empezó diciendo “cambiar y creed en el buena nueva Evangelio, que es Reino de Dios sobre la tierra” (Mc 1, 14-15). Jesús no fue poniendo ceniza en la frente de los hombres y enfermos, de los niños y mayores, sino quitando la ceniza que otros les habían impuesto, para que descubrieran que estaban limpias, para que surgiera en sus corazones la llama de un amor que crece y salta hasta la “vida eterna”

Habló de Dios, Padre/Madre de gracia, habló del reino para todos los hombres, en especial para los pobres. Su palabra no fue preparación de muerte sino terapia de vida, entrega mutua y esperanza. Más aún, en contra de lo que fueron y dijeron hombres como Juan Bautista, él no fue un profeta de conversión, sino mensajero de la gracia de vida.

Se ha dicho a veces que la religión es “preparatio mortis”: dispone a los humanos a morir, manteniendo y cultivando la memoria de su acabamiento, como muestra una piedad cristiana (¡recuerda que eres polvo y al polvo has de tornar!: Miércoles de Ceniza). El mismo existencialismo de mediados del siglo XX cultivó una altiva conciencia de libertad y angustia ante la muerte.

– En contra de eso, el mensaje de Jesús ha sido “preparatio vitae”: como testigo del amor de Dios, maestro y filósofo del gozo, ha ofrecido su evangelio, buena nueva de liberación para los humanos, ensayo y principio de existencia gozosa, compartida, en esperanza de reino. No recuerda a los humanos el destino de su muerte sino la gracia de su vida como hijos de un Dios Padre/Madre.

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Sólo el amor de ese Dios, manantial de nuevo nacimiento, ha sostenido a Jesús ante la muerte. No ha caminado hacia ella como humano ya cansado, deseoso de echarse sobre el suelo y perecer en sueño eterno. Jesús no fue un es enamorado de la tumba, mensajero de penitencia y ceniza, no fue profeta victimista de desgracias o desdichas,   sino todo lo contrario, amigo de la vida, del amor del reino.

Por eso, su misma palabra radical de con-vertíos (cambiad de pensamiento, cambiar forma de actuar) ha de interpretarse como experiencia y servicio de vida: dejarse transformar por gracia. Sólo así, desde el más hondo misterio del Padre/Madre que le ha hecho portador de esperanza para todos, entendemos su actitud ante la muerte.

Sólo de esa forma se puede afirmar que Jesús integra la muerte en su proyecto de reino. No ha muerto para decir que estamos condenados a la muerte, sino para decirnos que estamos llamados a la vida, a la vida recibida, ofrecida, compartida, en amor, sobre la muerte.   Como servidor y mensajero de Reino (no como augur de cenizas) ha vivido y ha muerto.

No quería morir sino vivir y  compartir el reino, pero le han matado precisamente aquellos que no quieren la vida. Le han matado los que quieren vivir matando, porque piensan que al final sólo queda la muerte. Jesús en cambio ha muerto porque creía en la vida. No ha venido para decirte “recuerda que eres polvo y que al polvo has de volver”, sino “recuerda que eres viva de Dios encarnada en la tierra del mundo”. Vive, pues, para vivir y dar vida, pues tu final no es la ceniza de un infierno penitencial, sino el gozo de la Vida multiplicada en mil vidas de amor, por encima de la muerte.

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Conversión de San Pablo

Martes, 25 de enero de 2022

Saulo de Tarso, antes de su conversión, era un judío convencido de su religión y totalmente contrario a la nueva fe que empezaba a difundirse por Palestina y sus alrededores.

        Tuvo alguna responsabilidad también en el martirio de san Esteban, protomártir, del que se habla en los Hechos de los apóstoles. Saulo encontró a Jesús resucitado en el camino de Damasco y este acontecimiento cambió de manera radical su modo de creer y de pensar. El Señor resucitado se convirtió en el centro de su espiritualidad y de su teología. Una vez apóstol del Evangelio, Pablo estableció en Antioquía de Siria el punto de partida de sus viajes misioneros, donde aparece como testigo infatigable de la fe en Jesús resucitado. Estos viajes le incitaron a escribir diversas cartas a las distintas comunidades cristianas que había fundado. Pablo, verdadero y auténtico apóstol, siempre llevó buen cuidado en «volver» a Jerusalén, con el deseo de confrontarse con los apóstoles de Jesús a fin de no correr en vano.

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El edificio espiritual construido por san Pablo, con su profundidad profética y sus escarpadas ascensiones, emerge alto sobre el plano de nuestra apacible piedad cristiana. ¿Quién fue este grande, que obró a la sombra de Uno inmensamente más grande que él? ¿Quién fue este atrevido pionero, este «errante entre dos mundos»?

        Dos ciudades ejercieron una influencia decisiva en el ciclo de su formación: Tarso y Jerusalén. «Soy un judío de Tarso de Cilicio…»: así se calificó Pablo ante el comandante romano cuando fue encarcelado. Dos corrientes de antigua civilización afluían, pues, y se fundían en él: la educación judía en familia y la formación griega que absorbía en la capital de su provincia natal, dotada de universidad. Está escrito, ciertamente, en los designios de la Providencia que este hombre, destinado a que en su vida actuara como misionero en medio de los paganos, debería recibir su primera educación en un centro mundial del paganismo.

        Aquel para quien ya no debería existir diferencia alguna entre judíos y paganos, entre griegos y bárbaros, entre libres y esclavos [cf. Col 3,11; 1 Cor 12,13), no debía nacer entre las idílicas colinas de Galilea, sino en el tumulto de un rico emporio comercial donde afluían y se mezclaban gentes de todas las naciones sometidas al Imperio romano.

        «Soy de Tarso, una ciudad no oscura de Cilicia». Parece que se refleja en esta respuesta un sentimiento de genuino orgullo griego por su propia ciudad de nacimiento. Tarso competía, en efecto, con Alejandría y Atenas por la conquista del primado en el campo de la cultura; en ella se elegían los maestros para los príncipes imperiales de Roma, y es natural que un centro de cultura tan eminente influyera en la formación de la personalidad del futuro apóstol… En Tarso dominaban la espiritualidad y la lengua griega junto a las leyes romanas y a la austeridad de la sinagoga judía.

*

J. Holzner,
San Pablo,
Editorial Herder, Barcelona 1989.

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“Conversión al feminismo sin convenciones ni simulacros”, por Jorge Costadoat

Jueves, 25 de noviembre de 2021

Revuelta-mujeres-Iglesia_2319678023_15371191_660x371De su blog Cristianismo en construcción:

La liberación y dignificación de la mujer equivale a una salida de las cavernas

Los cristianos tendríamos que ver en el objetivo final del feminismo una nueva creación. No basta desideologizar la relación entre Adán y Eva, Es necesario tomar en serio la intuición de San Pablo, de acuerdo a la cual en Cristo “no hay hombre ni mujer”, pues en él todos son uno (Gál 3, 28)

No parece que las conversiones singulares de los sacerdotes sean suficientes para reformar estructuras fosilizadas. Lo único que parece tener futuro, según parece, es una nueva versión del cristianismo, una en que hombres y mujeres participen en su Iglesia con igual dignidad

Entiendo que el feminismo es una lucha por la igualdad. Sé que es mucho más que esto, pero, si no me equivoco, su principal objetivo es superar una desigualdad, un modo de ser diferentes que hasta ahora se ha traducido en servidumbres, menoscabos y abusos de diverso orden en perjuicio de las mujeres. Mi opinión es que se hace necesario convertirse al feminismo.

Tal igualdad, me dicen, tiene por fin último un incremento en humanidad para hombres y mujeres, lo cual sería imposible de lograr sin una colaboración entre ambos. Debiera quedar atrás un modo ideologizado de entender la diferencia (que convierte a las mujeres en objetos de manipulación). A cambio, debiese prosperar una diferencia realizadora (que consista en que las mujeres sean sujetos capaces de relacionarse en términos de igualdad en dignidad y derechos con los varones, y también entre sí).

 (Sé que hablo de un campo desconocido. Tengo pendiente leer a Judith Butler. Conozco, del tema, la teología feminista. Una amiga teóloga me obliga a citar mujeres. No lo hago por ser políticamente correcto. Estoy convencido de su enorme valor).

 ¿Dónde estamos? Hemos avanzado mucho. Tantos hombres reconocemos que la liberación de las mujeres nos ha hecho mejores. Es más, veo que hombres y mujeres en la casa y el trabajo están creando algo completamente nuevo, distinto a los productos de las relaciones asimétricas tradicionales. No es cuestión solo de cambiar pañales. Se progresa en pagar sueldos parejos, en reconocer también un valor monetario a aquello que no es posible calcular en pesos, eso que se llama amor y que hace las veces de locomotora de esta causa.

(Los cristianos tendríamos que ver en el objetivo final del feminismo una nueva creación. No basta desideologizar la relación entre Adán y Eva. Es necesario tomar en serio la intuición de San Pablo, de acuerdo a la cual en Cristo “no hay hombre ni mujer”, pues en él todos son uno (Gál 3, 28)).

Por cierto, debe reconocerse que los avances realizados son fruto de una lucha. Todos juntos tendríamos que llegar a ver que hay prácticas y actitudes que tenemos por naturales, pero que debieran dejar de serlo. Hay tironeo, obvio. Los hombres tendremos que aguantar el chaparrón. Estamos hablando de injusticias milenarias. Pero la lucha es lucha. Para que se cumpla el objetivo, los hombres no podemos tolerar demandas irracionales. Aquello de que se trata lo conseguirán los géneros juntamente y no mediante la imposición de uno sobre el otro. Ambos están obligados a un discernimiento de los mejores caminos.

(El feminismo es una actividad espiritual. Es fruto de una inspiración. El Espíritu moviliza, da fuerzas. Es una pasión animada por el mártir Jesús, dirían los cristianos).

Hablo de conversión. No se trata de cambios exteriores, de concesiones, menos aún de simulaciones. Se hace necesario un cambio que provenga del corazón. La locomotora que tire de los carros, digo, ha de ser el amor. El amor conjura miedos atávicos. Hombres y mujeres han de cambiar por dentro, dejando atrás el machismo que los barbariza y reconociendo en el otro algo sin lo cual no se llegará a ser sí mismo.

(En la Iglesia católica reina la barbarie. Cristianos y cristianas se distancian cada vez más de una institución eclesiástica masculina impermeable al Evangelio. No parece que las conversiones singulares de los sacerdotes sean suficientes para reformar estructuras fosilizadas. Lo único que parece tener futuro, según parece, es una nueva versión del cristianismo, una en que hombres y mujeres participen en su Iglesia con igual dignidad).

La liberación y dignificación de la mujer equivale a una salida de las cavernas. La lucha por esta posibilidad no es exclusiva de las mujeres. También los hombres tendrían que ser feministas. No es necesario que se vuelvan femeninos. Sería ridículo. Bastaría con que fueran los varones que están llamados a ser.

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Tarde te amé…

Sábado, 28 de agosto de 2021

En la fiesta del converso Agustín de Hipona…

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti”

San Agustín

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“¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.

Me retenían lejos de ti aquellas cosas

Que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:

Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

Exhalaste tu perfume y respiré,

Y suspiro por ti;

Gusté de ti, y siento hambre y sed;

Me tocaste y me abrasé en tu paz.”

*

San Agustín

***

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Alessandro Preziosi como Agustín en el filme Sant Agostinho

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios .

*

Confesiones X, 6,8.

 

***

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un ¡oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre… y doctor.

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano […].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos.

*

G. de Luca,
Sant’Agostino. Scrítti d’occasione e traduzioni

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Ignacio de Loyola: volver a Jesús, 500 años después, con Juan de la Cruz

Jueves, 26 de agosto de 2021

CCA77143-ED53-4519-86AA-167A2C16A04DDel blog de Xabier Pikaza:

Ignacio pensó que la Iglesia en conjunto había perdido la humanidad de Jesús… y quiso volver a ella , sabiendo que todo el resto de temas resultan accesorios para el cristianismo. Sólo Jesús, su historia pobre, su llamada al seguimiento, su persona.

El papa Francisco está siguiendo a Francisco de Asís (también centrado en la humanidad de Jesús), pero, al mismo tiempo, quiere volver a Ignacio, a su “ejercicio”  personal de encuentro con Jesús. Así lo indican estas reflexiones, dentro del “año de Ignacio” (medio milenio después de su encuentro con Jesús, entre Pamplona y Loyola: 1521). Como segunda parte presentaré una comparación entre Ignacio y Juan de la Cruz, en su forma de entender y aplicar el Amor de Jesús.

1. IGNACIO, VOLVER A LA HISTORIA DE JESÚS

 Ignacio fue un hombre de mundo: un señor de tierra vasca, guerrero, caballero, convertido, fundador universal, uno de los creadores de la Edad Moderna. Se dejó encontrar por Jesús y quiso caminar a su lado, en libertad. Por eso, sus “Ejercicios espirituales” (tras la primera semana de ajustes) son un ejercicio de encuentro radical con Jesús, a solas con el Evangelio.

4F111976-CBCF-4A10-BCC2-D4705321E955Ignacio de Loyola ha ofrecido (en su libro de los Ejercicios Espirituales, en torno al 1530. el más poderoso e influyente de todos los retablos espirituales (literarios, meditativos) de la vida de Jesús para los tiempos modernos. Su tratamiento de la vida de Jesús es radicalmente bíblico y moderno…  La iglesia actual, con Francisco papa jesuita, experto en Ignacio, Papa necesita volver a la historia de Jesús, con urgencia, con radicalidad… Todo lo demás son añadiduras.

           Estos son los 51 momentos de su “historia de Jesús” a la que tenemos que volver… Es evidente que algunos de los temas de sus meditaciones se pueden y deben actualizar, ajustándolos mejor a la crítica histórica de la Biblia: Pero sería difícil hacer un esquema mejor de las tres semanas de Jesús…, es decir, de los momentos de su historia, con nacimiento, vida pública, pasión y pascua…

Nacimiento (Ejercicios 262-274): 1. Anunciación. 2. Visitación. 3. Nacimiento. 4. Pastores 5. Circuncisión  6. Magos  7. Purificación  8. Huida Egipto  9. Vuelta de Egipto 10. Vida oculta  11. Niño en templo  12. Bautismo 13. Tentación

Vida Pública (Ejercicios 275-287). 14. Llamada apóstoles 15. Caná de Galilea 16. Expulsión  Templo: Jn 2 17. Sermón Monte18. Tempestad calmada19. Andar sobre mar20. Envío apóstoles 21. Conversión Magdalena l:Lc 7 22. Multiplic. Panes 23. Transfiguración 24. Resurrección Lázaro 25. Cena Betania: (Mt 26).  26. Ramos

Pasión (Ejercicios 288-298)   27. Predica. Templo  28. Última Cena  29. Cena-Huerto 30. De Huerto a Anás  31. De Anás a Caifás 32. De Caifás a Pilato  33. Juicio Herodes 34. Vuelta a Pilato 35. De Pilato a Cruz  36. Cruz 37. De Cruz a Sepulcro

Pascua (299-312)  1. Apar. Madre (apócrifa)  2. Ángel pascua (Mc 16)  3. Apar. mujeres (Mt 28) 4. Apar. Pedro (Lc 24, 33) 5. Emaús (Lc 24) 6. Jn 20: Disc. sin Tomás  7. Jn 20: Tomás  8. Jn 21: pesca final  9. Mt 28, 16-20 Misión  10. 1Cor 15, 7: 500 hermanos 11. 1Cor 15: Santiago 12. José de Arimatea (apócrifa)  13. San Pablo  14. Ascensión (Hech 1)

He querido recordar los temas de oración y encuentro con Jesús de Ignacio de Loyola, un hombre de Dios, de uno de los creadores no sólo de la nueva iglesia católica, sino del cristianismo y del pensamiento occidental moderno. Fue un precursor del racionalismo, de la organización eficaz, de la unidad de la empresa misionera de la Iglesia.

Pero fue, al mismo tiempo, un hombre de visiones y experiencias interiores, en contacto personal con el Dios que le hablaba por dentro, sin necesidad de visiones exteriores. Este Ignacio de la experiencia sigue siendo para nosotros un guía y maestro, no para hacer sin más lo que él hizo, sino para buscar al Dios de Jesús como él le buscó. Peregrino fue ignacio, peregrinos seguimos siendo nosotros

(Los textos que cito están tomados San Ignacio de Loyola, Obras completas, BAC, Madrid 1992; hay un desarrollo más extenso de esta vertiente espiritual de Ignacio en mi libro Enquiridion Trinitatis, Sec. Trinitario, Salamanca 2005, y, sobre todo, en Diccionario de Pensadores Cristianos, Verbo Divino, Estella 2011. Imagen 1: Herido en Pamplona. 2: Llega a Loyola. Libro sobre Juan de la Cruz).

 IGNACIO Y JUAN DE LA CRUZ, TESTIGOS FUNDAMENTALES DEL DIOS DE JESÚS

             Era tiempo de recrear el cristianismo, y lo hicieron, de formas distintas y complementarias, dos hombres que habían surgido del dolor y de un impulso superior de gracia, Ignacio de Loyola y Juan de la Cruz. Ambos realizaron su misión a partir de una experiencia personal, y a partir de ella abrieron caminos que aún seguimos recorriendo muchos.

Ignacio, militar de media nobleza, herido en el sitio Pamplona (1521), quiso hacerse soldado de Jesús, aplicando con sus compañeros un proceso de iniciación apostólica llamado Ejercicios Espirituales, con el que acabó asentándose en Roma, para crear, en el centro de la iglesia (1540), una sociedad llamada Compañía de Jesús, para reforma y revitalización católica. Su impulso y estilo misionero han marcado desde entonces la vida del catolicismo.

Caminos XL_ejercicio de amor_PORTADA_5239-4.inddJuan de Yepes, llamado también de la Cruz (= SJC), pobre de solemnidad, apresado en un convento de Toledo (1577/78), descubrió al Jesús amado y salió a buscarle, formulando  su experiencia en treinta canciones, que él mismo explicó y comentó, tras fugarse de la cárcel, a discípulos y amigos, especialmente mujeres, trazando así un tipo de guía (Declaración) que tituló Ejercicio de Amor. No quiso reformar la Iglesia, sino iniciar en ella un proyecto de amor, desde una zona, en apariencia marginal, de Andalucía.

            Los Ejercicios de Ignacio, con su estrategia de seguimiento de Jesús y su organización casi militar, tuvieron un éxito fulgurante y fueron llevados desde Roma a todo el mundo, de la mano de los enviados de su Compañía (SJ), marcando hasta hoy la Contra-Reforma católica. Por el contrario, el Ejercicio de amor de Juan de Yepes, centrado en la experiencia de unión con el Amado, quedó casi oculto en comunidades de monjas, que lo copiaron y extendieron de forma generosa, aunque en privado, por miedo a inquisidores, hasta París y Flandes, donde se publicó primero  (en francés: París 1622; en castellano: Bruselas 1627).

Los Ejercicios de Ignacio se extendieron de un modo abierto, promoviendo una visión universal de Jesús Capitán, en línea de meditación de sus misterios y compromiso apostólico. Por el contrario, el Ejercicio de Juan de Yepes se centró en el misterio único de Jesús Amado, y fue comunicando de un modo silencioso, entre grupos de iniciados (sobre todo religiosas), bajo un aire de sospecha, con riesgo de ser condenado, de manera que sólo apareció como plenamente ortodoxo, en unión con otros libros, en apariencia más ascéticos (Subida, Noche, Llama), cuando SJC, fue beatificado como penitente extremo el mismo año en que M. de Molinos publicó, también en  Roma, su Guía Espiritual (1675), un libro que sería pronto condenada (y su autor encarcelado hasta su muerte, el año 1696, sin poder escaparse como hizo SJC).

A pesar de todo, el Ejercicio de Amor, que recibiría el nombre de Cántico Espiritual(edición de Madrid, 1630) se fue extendiendo a modo de guía espiritual de minorías, como obra de menor calado,  hasta que la misma hondura de su experiencia y mensaje hizo que  se entendiera y expandiera  más tarde, ya en el siglo XX, como itinerario supremo de vida, en la Iglesia y fuera de ella, situándose en el centro de la conciencia y misión cristiana, con los Ejercicios espirituales de Ignacio, los dos testimonios y métodos de vida cristiana más significativos del catolicismo. Por eso he querido volver a comentarlo, en un momento en que el ciclo jesuítico de los Ejerciciosempieza a matizarse.

Es importante unir ambos testimonios, el camino de los Ejercicios espirituales Ignacio (centrado en la vida de Jesús herido y humillado, a pesar de sus ecos marciales) y el Ejercicio de Amor del Cántico Espiritual de SJC, como experiencia y palabra base del evangelio, en este tiempo de crisis, a los quinientos años de la “conversión” de Ignacio (2021).

Ignacio había presentado a Jesús más bien como “sumo y verdadero Capitán”(Ejercicios espirituales, 139).  SJC le llama siempre Amado. Ambos títulos (Capitán y Amado) marcan la experiencia cristiana de la modernidad. Sin duda, el Amado del Ejercicio de Juan es el mismo Capitán de los Ejercicios Ignacio, pero ofrece una experiencia distinta de amor universal (¡mi Amado, las montañas…!), y puede ofrecerse hoy como ejemplo y texto  base de la reforma y recreación universal del cristianismo (año 2021), en línea de evangelio.

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‘Ignatius 500’: la Compañía de Jesús reivindica a Ignacio de Loyola, “el hombre que, aun herido, sintió que no estaba abandonado”

Jueves, 20 de mayo de 2021

59B8D489-FA99-46C7-94EB-A2E2B30606B7«Ver nuevas todas las cosas en Cristo» es salir al camino, para ir descubriendo a ese Dios que habita y trabaja en todas las criaturas, y contemplarlo en todo lo que nos acontece.

“La conversión es un proceso constante. Estamos invitados a afrontar heridas para curarlas; a hacer un camino espiritual profundo; a una aceptación de la diversidad de la propia vida, y de la de otros; y abrirnos a un mundo que sigue sorprendiéndonos, y sigue cambiándonos”, afirma el provincial, Antonio España, sj

Ignacio conecta con toda persona que desee llevar una vida plena, y nos enseña que es necesario pararse y ver quiénes somos, qué nos gusta, qué nos llena, hacia dónde queremos orientar nuestros esfuerzos

“Hoy, la sociedad también está herida. Un virus nos tiene a todos postrados. Lo que va a vivir Ignacio es que, aún herido, se sintió que no estaba abandonado. Podemos estar heridos, pero nunca abandonados”

Deusto arranca las celebraciones del Año Ignaciano

Quinientos años de una herida, de un camino, de una conversión, de unos ejercicios espirituales. Medio milenio del momento en que el joven rico, Íñigo de Loyola, es herido en batalla contra los franceses en Pamplona. “Una herida que lo cambió todo”, señaló esta mañana el provincial de los jesuitas españoles, Antonio España, sj., durante la presentación de los actos de este Año Ignaciano.

Bajo el lema Ignatius 500’, los jesuitas no quieren recordar su fundación, ni quedarse solo en lo que significa la Compañía. Quieren ir mucho más allá, buscando las raíces, en el dolor, el sufrimiento, la soledad y la búsqueda.

B1A61EA8-6BCD-4DE6-9993-F051BE1002C6Ignacio pasó, de gentilhombre, a ser un servidor de Cristo. Vive un proceso de cambio y transformación, para ver todas las cosas nuevas en Cristo. Eso es la conversión, eso son los ejercicios espirituales”, glosó el provincial de la Compañía. Celebramos medio siglo de conversión, y de camino, de Ignacio de Loyola”. Y lo hacen con multitud de actos en el ámbito educativo, social, artístico, juvenil, turístico, religioso… Con Loyola, origen, y Manresa, destino, como ejes de unas celebraciones que arrancarán en la catedral de Pamplona el próximo 20 de marzo, y que tendrán un momento especial con la Eucaristía de celebración mundial, presidida por el Papa Francisco en Il Gesú de Roma. Muerte y vida, pasión, camino y resurrección.

Heridas cerradas, conversión y convocación

El provincial glosó las raíces de este Año Ignaciano en cuatro palabras, cuatro símbolos. En primer lugar, la herida cerrada, porque “uno no queda herido para siempre, hay sanación”. En segundo lugar, un camino espiritual, con “un maestro de un sendero espiritual en quien nos podemos ver estimulados”; una experiencia integral, “la conversión, que le lleva a florecer, y a lanzar una experiencia fundante”; y, finalmente, un ser abierto, porque “el itinerario personal de Ignacio se torna comunitario, lleno de ventanas a otras personas”. Y a la vocación se suma la ‘convocación’.

En este recorrido surge la Compañía de Jesús”, explicó Antonio España, sj., “pero la conversión no es solo para la Compañía, sino para todo el entorno jesuita, para todos los que viven el fondo y el proceso de estos ejercicios”. Y aquellos lugares, las famosas periferias de Arrupe (y de Francisco), adonde llegan los seguidores de Ignacio. Con las víctimas, los niños, los inmigrantes y refugiados, las mujeres maltratadas, la ecología, la educación, la acogida… Y es que, añadió, “la conversión es un proceso constante. Estamos invitados a afrontar heridas para curarlas; a hacer un camino espiritual profundo; a una aceptación de la diversidad de la propia vida, y de la de otros; y abrirnos a un mundo que sigue sorprendiéndonos, y sigue cambiándonos”.

Qué movió a Ignacio

DCDDBB6A-BC1F-40B9-9C81-5E6A49D51CC6-768x768Por su parte, Abel Toraño sj., coordinador de ese Año Ignaciano, recalcó cómo lo importante “no es lo que hizo Ignacio, sino “¿qué le movió?”. “¿Qué movió a Ignacio a abrir una casa para atender a mujeres en situación de abusos, a enviar a compañeros a todo tipo de misiones, a promover una red de instituciones educativas? No es el qué hizo, sino qué le movió por dentro”.

“Al comienzo siempre hay una herida”, añadió. “Hoy, la sociedad también está herida. Un virus nos tiene a todos postrados. Lo que va a vivir Ignacio es que, aun herido, se sintió que no estaba abandonado. Podemos estar heridos, pero nunca abandonados”.

Ojalá viviéramos como sociedad lo que vivió Ignacio: la herida es posibilidad de camino, y encuentro. Justo este hombre quebrado en las piernas, va a ser peregrino”. ¿Una propuesta para hoy?

Lo importante es conocer a Jesús

Sí, respondieron los jesuitas. Porque, en realidad, “que la gente conozca a Ignacio es lo de menos, lo importante es conocer a Jesús. Ignacio no va a cambiar la vida de nadie, tiene que ser el pretexto para llegar a Jesús. Lo importante es que te cambie la vida Jesús”.

Toraño destacó los actos principales en España:

  1. Misa de apertura: 20 de mayo jueves, en la catedral de Pamplona. Ese día hace 500 años cayó herido Ignacio (conmemorar una herida)
  2. Apertura de la puerta santa de Manresa: 31 de julio (Experiencia fundante, ejercicios espirituales, que aconteció en la Cova de Manresa). El padre Rupnik ha renovado toda la iglesia del santuario, las ocho capillas laterales
  3. Clausura en Loyola el 31 de julio de 2022. También Loyola está en una renovación de la santa casa, donde Ignacio, postrado en su lecho, empezó a pensar qué hacer con su vida

Otra fecha, a nivel global: el 12 de marzo de 2022. Ese día fueron canonizados Ignacio, Francisco Javier, Teresa de Jesus, Isidro Labrador y Felipe Neri, y habrá una jornada central de celebración en todo el mundo, con una Eucaristía en Il Gesú, presidida por el Papa Francisco.

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Propuesta de Ignacio, propuesta de Evangelio

Ahora que lo religioso está fuera del mapa, el foco está en Cáritas o en los misioneros. Tenemos que ver cómo lo hacemos, ser creativos”, recalcó el provincial, quien admitió que “la clave de lo que Ignacio puede ofrecer hoy es una integración personal, una experiencia que se da en el Evangelio y en la Iglesia. Esa es nuestra gran propuesta”.

¿Qué nos enseña Ignacio hoy?, cerró Toraño. “Que todos tenemos deseos de plenitud en nuestras vidas. Ignacio conecta con toda persona que desee llevar una vida plena, y nos enseña que es necesario pararse y ver quiénes somos, qué nos gusta, qué nos llena, hacia dónde queremos orientar nuestros esfuerzos”.

Todo el programa de actos, aquí:

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Fuente Religión Digital

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Un árbol con raíces, tronco y ramas.

Lunes, 19 de abril de 2021

arbolManuel de Jesús
República Dominicana

ECLESALIA, 26/03/21.- Me gustan las historias de conversos, porque soy uno de ellos, pero también reconozco que algunas veces se dramatiza un poco esa experiencia, que no es tan súbita ni definitiva, sino que cuesta, una vez pasada la experiencia fuerte de encuentro con Dios, esfuerzo y tiempo.

Un amigo me hizo llegar el testimonio de un filósofo español que narra su acercamiento a Dios y su entrada en una vida nueva a partir de su lectura de la vida de santa Teresa. No me cabe la menor duda del efecto transformador de los escritos de la fundadora a cuya familia espiritual pertenezco, porque yo mismo lo experimenté hace ya unos cuantos años. Lo que cuestiono en sí es cierta afirmación que aparece en el relato; dice el filósofo: “En realidad, yo perdí la moral y al perder la moral se pierde la fe”. No estoy de acuerdo con esta afirmación. Creo que él no tenía fe, sino moral recibida, aprendida por tradición, pero faltaba su experiencia personal de Dios.

La fe, la experiencia, el encuentro transformante, es lo que sustenta la postura ética, el estilo de vida; sin embargo, es frecuente encontrar personas que en una sociedad de cultura católica o cristiana asumen unas normas morales que tienen por buenas, sin que hayan tenido por sí mismos esa experiencia transformante, ese encuentro personal con lo Divino. Benedicto XVI lo expresó así: “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”.

Dándole vueltas al tema, acabé imaginandolo así: como un árbol. La fe (experiencia fundante) son sus raíces; el tronco es la religión (ritos, costumbres, normas morales, organización), indudablemente necesarios; la espiritualidad son sus ramas, la dimensión creativa de toda experiencia religiosa que cuenta con raíces profundas. Digamos entonces que las flores y los frutos son las obras y servicios del amor.

Mucha gente tiene grandes troncos, pero sin raíces y sin ramas. Troncos que no se sostienen por sí mismos, y que una ráfaga de aire puede fácilmente tumbar. Pensemos en las grandes masas creyentes que, ante ciertas transformaciones sociales (por ejemplo, revoluciones), asumen posturas violentas contra lo religioso, o simplemente abandonan sus prácticas religiosas y caen en la indiferencia.

Comentando este ejemplo del árbol, le pregunté a uno de nuestros estudiantes: ¿Para qué sirve un tronco sin raíces y sin ramas? Y me contestó: para sentarse. Me resultó una imagen muy significativa; efectivamente, le dije, sirve para sentarse, instalarse, acomodarse, sentirse seguro. Sólo cuando el árbol está completo puede invitarnos entonces a caminar y a buscar, a la aventura de ser realmente libres. Para mí este es el verdadero “camino religioso”. Por aquí iría la verdadera “conversión”.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

Domingo, 21 de febrero de 2021

En oración

Pregón para empezar la Cuaresma.

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,

…¡y a la aventura, cada día!

*

Florentino Ulibarri

***

El Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás;

vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios.

Decía: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.”

*

(Marcos 1, 12-15)

***

Hacerse hombre significa hacerse “pobre”, no tener nada con que presentarme fuerte frente a Dios, ningún apoyo, ninguna fuerza o seguridad fuera del compromiso y el sacrificio del propio corazón. El llegar a ser hombre viene a ser como la confesión de la pobreza del espíritu humano frente a la reivindicación total de la inaccesible trascendencia de Dios. Con la valentía de esta pobreza comenzó la aventura divina de nuestra salvación. Jesús no se tuvo por nada ni se defendía con nada, ni siquiera con su origen. Satanás, por el contrario, trata de impedir esta pobreza radical. Quiere hacer a Jesús fuerte, porque sólo teme una cosa: la impotencia de Dios en la naturaleza humana que asumió, Dios en un corazón humano destinado al sacrificio, que desde la fidelidad incondicional a su innata pobreza sufre desde dentro – y por lo tanto salva la necesidad y perdición del hombre.

Por eso la tentación de Satanás es un atentado contra el  autoaniquilamiento de Dios, una tentación contra la seguridad y “riqueza de espíritu”, contra la divinidad de Jesús, un sondeo a la seriedad y grandeza de su humanidad. Desde los comienzos hizo y hace lo mismo, y siempre le reconoceremos por las palabras: “Seréis como dioses”. Esta es la tentación de las tentaciones, con mil variaciones: la tentación contra la verdad de la naturaleza asignada al hombre. El pretende que la tierra sea exclusivamente suya, y con la tierra también el hombre: el hombre, en torno al cual se combatía antes de despertarse al alba de su libertad de suerte que ya nunca se le podía pedir e invitar a tomar una decisión libre por sí mismo de manera desinteresada, pero siempre o cortejado amigablemente o astutamente atacado.

*

J. B. Metz,
Pobreza en el Espíritu. Meditaciones teológicas,
Brescia 1968, 105.

***

***

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Hipocresía espiritual

Jueves, 18 de febrero de 2021

Del blog Pays de Zabulon:

Reflexiones de Rev. David Eck Asheville de Caroline del Norte, extraído del blog I’ m christian, I’ m gay, Del Let talk,  19 de noviembre de 2009.

“He escrito este poema que se inspira en Jn 13, 34-35. ¡Espero que te ponga en crisis tanto como a mí me ha puesto!

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Amaos los unos otros como yo os he amado.
Esto parece tan simple, tan lineal.
Pero … ¿ Querer al liberal de “corazón lleno de compasión “?
¿Amar al conservador de “valores familiares “?
¿Querer al musulmán? ¿Al judío? ¿Al budista? ¿Al hinduista?
¿Amar al inmigrante en situación irregular? ¿Amar el que tiene todos los privilegios?
¿Amar al gay? ¿La lesbiana? ¿Al transgénero?
¿Amar a los manifestantes por la paz? ¿Amar a los hacedores de guerra?
¿Amar al iraquí? ¿Al palestino? ¡Al norcoreano?
¿Amar al republicano y al demócrata?
Amar al sin techo? ¿Al mendigo?
¿Al enfermo de sida? ¿Al detenido condenado a muerte?
Tendemos a amar con los dedos cruzados en busca de una escapatoria,
Buscando la manera de limitar a aquellos a los que elegimos amar.
Así como el escriba que, una vez, le preguntaba a Jesús: “¿quién es mi prójimo?”
Tendemos a amar de modo selectivo, poniendo condiciones.
Amamos a los que se nos parecen, piensan como nosotros, creen como nosotros.
¿Quién sería odiado por Jesús? ¡Nadie!
La única cosa que enfurecía a Jesús era la hipocresía espiritual,
Los que proclamaban amar a Dios pero no conseguían decidirse a amar a sus prójimos,
Los que creían que ellos eran los elegidos de Dios mientras que trataban a otros como si fueran el mal personificado.
Amaos los unos a los otros como yo os he amado.
Posiblemente no sea tan simple, después de todo.
Pero es el signo por el cual otros reconocerán que somos discípulos de Jesús.

*
Citado por Loquito en anotherdaylight – 2 mayo 2012

***

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40 días…

Miércoles, 17 de febrero de 2021

Hoy, miércoles de Ceniza, que marca la entrada en la Cuaresma se nos invita a volvernos totalmente a Dios y tomar el camino que nos llevará a la Pascua, para revestir con Cristo la posesión del Resucitado. Y cuando se nos imponga sobre nuestra frente la ceniza penitencial, pensemos en qué es en realidad cumplir el mandato de “Conviértete y cree en el Evangelio”… Conversión no es sino retomar el rumbo, encontrar el camino, hacer realidad el mandato de Jesús, único mandato en realidad:  “Amaos los unos a los otros como yo os he amado” que nos pide Jesús…

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40 días que se nos dan para seguir un camino:

Ruta de conversión

Camino de fe

Ruta de confianza

Camino de Resurrección.

Es en la oración, el ayuno y el compartir con discreción y humildad a imagen de nuestra comunidad que Dios nos llama a tomar nuestro bastón de peregrino.

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¿Y si en el camino me dejo buscar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo mirar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejo amar por Cristo?

¿Y si en el camino me dejé servir por Cristo?

Entonces podría amar como Él.

Podría servir como Él.

Muéstrame Señor el camino del Amor para que la mañana de Pascua, en la alegría del encuentro yo reconozca al Resucitado.

*

Anne-Marie,
hermana de la Communion Béthanie.

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Lecturas para hoy

***

Arrepentimiento no equivale a autocompasión o remordimiento, sino a conversión, a volver a centrar nuestra vida en la Trinidad. No significa mirar atrás disgustado, sino hacia adelante esperanzado. Ni es mirar hacia abajo a nuestros fallos, sino a lo alto, al amor de Dios. Significa mirar no aquello que no hemos logrado ser, sino a lo que con la gracia divina podemos llegar a ser […].

El arrepentimiento, o cambio de mentalidad, lleva a la vigilancia, que significa, entre otras cosas, estar presentes donde estamos, en este punto específico del espacio, en este particular momento de tiempo. Creciendo en vigilancia y en conocimiento de uno mismo, el hombre comienza a adquirir capacidad de juicio y discernimiento: aprende a ver la diferencia entre el bien y el mal, entre lo superfluo y lo esencial; aprende, por tanto, a guardar el propio corazón, cerrando la puerta a las tentaciones o provocaciones del enemigo. Un aspecto esencial de la guarda del corazón es la lucha contra las pasiones: deben purificarse, no matarse; educarse, no erradicarse. A nivel del alma, las pasiones se purifican con la oración, la práctica regular de los sacramentos, la lectura cotidiana de la Escritura; alimentando la mente pensando en lo que es bueno y con actos concretos de servicio amoroso a los demás. A nivel corporal, las pasiones se purifican sobre todo con el ayuno y la abstinencia.

La purificación de las pasiones lleva a su fin, por gracia de Dios, a la “ausencia de pasiones”, un estado positivo de libertad espiritual en el que no cedemos a las tentaciones, en el que se pasa de una inmadurez de miedo y sospecha a una madurez de inocencia y confianza. Ausencia de pasiones significa que no somos dominados por el egoísmo o los deseos incontrolados y que así llegamos a ser capaces de un verdadero amor.

*

K. Ware,
Diré Dio ogg’i. Il cammino del cristiano,
Magnano 1998, 182-185 passim.

***

 

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“Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.”

Domingo, 24 de enero de 2021

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 Jesús les dijo:

 “Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios:
convertíos y creed en el Evangelio
.”

 “Venid conmigo y os haré pescadores de hombres.”

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron…

y se marcharon con él.

*

Marcos 1, 14-20

***

Aprendiendo a ser discípulo

Paseando por la orilla del lago,
o recorriendo pueblos y ciudades,
o adentrándote en el silencio del desierto,
o deteniéndote en las plazas públicas,
o contemplando las muchedumbres derrengadas,
o invitándote a comer en nuestra casa,
o haciéndote presente en las sendas y encrucijadas
que frecuentamos, y en las que nos perdemos…
nos ves tan atrapados
en las redes del ayer y del presente
-en el trabajo, en la familia,
en el ocio o en el negocio,
en el paro o en el confort,

en los viajes y en las soledades,
en internet y facebook,
en los msn, twitter y skype,
en las drogas con nombre o sin él,
en las migajas de placer….

Pero Tú nos invitas y llamas a seguirte,
dejando lo que nos ata libremente,
y ofreciéndonos un nuevo horizonte
si creemos y acogemos el reino que traes.

Y nosotros te escuchamos,
y dejando todas las redes,
nos convertimos
y nos vamos contigo,
y gustamos tu buena noticia al instante.

Mas al poco tiempo,
como casi siempre,
viene la crisis,
se nos nubla el horizonte,
nos hacemos reticentes
y nos olvidamos de que nos enamoraste.

Pero Tú, que eres fiel,
vuelves a llamarnos por nuestro nombre
y a susurrarnos tus quereres
invitándonos a ser tus seguidores
para que vivamos felices.

*

Florentino Ulibarri

***

 

Ser cristiano significa prestar atención al kairós, a este «momento especial» de la manifestación de Dios en nuestro aquí y ahora. En él se desarrolla la dimensión auténticamente profética de toda vida cristiana, en la atención […] a todos los signos de la presencia del Reino en nuestra historia. Acoger el Reino de Dios implica una conducta: «Convertíos», precepto urgente, «el tiempo se acaba» (1 Cor 7,29), que acompaña al don del Reino y engendra una nueva actitud respecto a Dios y respecto a los hermanos. Jonás recibió la misión de llamar a la conversión a Nínive, la capital del imperio enemigo de Israel. El profeta, un judío amante de su patria, se niega a realizar esta tarea, pero al final acepta la voluntad de perdón del Señor, que carece de límites raciales o religiosos. El Reino es gracia, aunque para nosotros es también un deber.

Los primeros discípulos escucharon la «Buena Noticia» y fueron llamados a asociarse a la misión de Jesús (Mc 1,16-20). El Evangelio marcó profundamente sus vidas. Así debe marcar también la nuestra.

*

Gustavo Gutiérrez,
Condividere la Parola, Brescia 1996, pp. 170ss

***

***

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“El proyecto del Reino de Dios”. 3º Tiempo Ordinario – B (Marcos 1,14-20)

Domingo, 24 de enero de 2021

793781-300x201Se han escrito obras muy importantes para definir dónde está la «esencia del cristianismo». Sin embargo, para conocer el centro de la fe cristiana no hay que acudir a ninguna teoría teológica. Lo primero es captar qué fue para Jesús su objetivo, el centro de su vida, la causa a la que se dedicó en cuerpo y alma.

Nadie duda hoy de que el evangelio de Marcos lo ha resumido acertadamente con estas palabras: «El reino de Dios está cerca. Convertíos y creed esta Buena Noticia». El objetivo de Jesús fue introducir en el mundo lo que él llamaba «el reino de Dios»: una sociedad estructurada de manera justa y digna para todos, tal como la quiere Dios.

Cuando Dios reina en el mundo, la humanidad progresa en justicia, solidaridad, compasión, fraternidad y paz. A esto se dedicó Jesús con verdadera pasión. Por ello fue perseguido, torturado y ejecutado. «El reino de Dios» fue lo absoluto para él.

La conclusión es evidente: la fuerza, el motor, el objetivo, la razón y el sentido último del cristianismo es «el reino de Dios», no otra cosa. El criterio para medir la identidad de los cristianos, la verdad de una espiritualidad o la autenticidad de lo que hace la Iglesia es siempre «el reino de Dios». Un reino que comienza aquí y alcanza su plenitud en la vida eterna.

La única manera de mirar la vida como la miraba Jesús, la única forma de sentir las cosas como las sentía él, el único modo de actuar como él actuaba, es orientar la vida a construir un mundo más humano. Sin embargo, muchos cristianos no han oído hablar así del «reino de Dios». Y no pocos teólogos lo hemos tenido que ir descubriendo poco a poco a lo largo de nuestra vida.

Una de las «herejías» más graves que se ha ido introduciendo en el cristianismo es hacer de la Iglesia lo absoluto. Pensar que la Iglesia es lo central, la realidad ante la cual todo lo demás ha de quedar subordinado; hacer de la Iglesia el «sustitutivo» del reino de Dios; trabajar por la Iglesia y preocuparnos de sus problemas, olvidando el sufrimiento que hay en el mundo y la lucha por una organización más justa de la vida.

No es fácil mantener un cristianismo orientado según el reino de Dios, pero, cuando se trabaja en esa dirección, la fe se transforma, se hace más creativa y, sobre todo, más evangélica y humana.

José Antonio Pagola

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“Convertíos y creed en el Evangelio”. Domingo 24 de enero de 2021. Domingo tercero del tiempo ordinario

Domingo, 24 de enero de 2021

12-ordinarioB3 cerezoLeído en Koinonia:

Jonás 3,1-5.10: Los ninivitas se convirtieron de su mala vida.
Salmo responsorial: 24: Señor, enséñame tus caminos.
1Corintios 7,29-31: La representación de este mundo se termina.
Marcos 1,14-20: Convertíos y creced en el Evangelio

Como es sabido, en las lecturas de la liturgia de los domingos, la primera y la tercera están siempre unidas temáticamente, mientras que la segunda suele ir por caminos independientes. Hoy la pareja de lecturas principales son la de la predicación de Jonás sobre la ciudad Nínive, y la predicación de Jesús al comenzar su ministerio, precisamente «cuando arrestaron a Juan», o sea, al faltar el profeta.

La lectura sobre Jonás hoy presenta un contenido positivo: el profeta atiende el mandato de Dios que le envía a predicar, va, predica, y además tiene éxito su predicación, pues la ciudad se arrepiente.

El comentario más simple a este texto puede ir por la línea de la importancia de la predicación profética para la conversión de los que están alejados de Dios. Es un tema conocido. Y, como decíamos, hace un paralelismo con el texto del evangelio: Jesús es un nuevo profeta, que empalma con la línea de los profetas clásicos, que también se lanza por los caminos para predicar un mensaje de conversión.

Para unos oyentes más críticos, esta segunda lectura es preocupante. Porque el conjunto entero de lo que en ella se expresa pertenece a un marco de comprensión hoy insostenible: un Dios arriba, directamente imaginado como un gran rey, que envía su mensajero para predicar un mensaje de conversión, mensaje que antes no pudo surtir efecto porque el profeta no quiso ir a predicar, pero que ahora es atendido y obedecido por los ninivitas. «Y vio Dios sus obras, su conversión de la mala vida; se compadeció, y se arrepintió Dios de la catástrofe con que había amenazado a Nínive, y no la ejecutó». Esta imagen de un Dios arriba, que toma decisiones, envía mensajeros, les insiste, se comunica con los seres humanos por medio de esos mensajeros profetas, y que «al ver» las obras de penitencia «se compadece y se arrepiente de la catástrofe con que había amenazado a la ciudad»… es, obviamente, humana, muy humana, demasiado humana, sin duda. Es, claramente, un «antropomorfismo». Dios no es un Señor que esté ahí «arriba, ahí afuera», ni que esté enviando mensajeros, ni es alguien que pueda amenazar, ni que se pueda arrepentir… Hoy sabemos que Dios no es así, que lo que llamamos «Dios» es en realidad un misterio que no puede ser reducido a una imagen o una imaginación antropomórfica semejante.

Sería bueno, incluso necesario, referirse a esta calidad de antropomorfismo que tiene esta lectura –como tantísimas otras–, y hacer caer en la cuenta a los oyentes que no los estamos tomando por niños, sino que, simplemente, estamos utilizando un texto compuesto hace más de veinticinco siglos, y que la imagen de Dios que aparece en él nos resulta hoy inviable. Es importante decirlo, y no es bueno darlo por sobreentendido, porque puede haber –con razón- personas que se sientan mal al escuchar estas imágenes, como si se sintieran retrotraídas al tiempo de la catequesis infantil. Y, desde luego, es recomendable abordar –en esta u otra ocasión– el tema de las imágenes de Dios, y aclarar que si somos personas de hoy, lo más probable es que no nos encaje bien el lenguaje clásico (o ancestral) sobre Dios, y que tenemos todo el derecho a ser críticos y a utilizar otro.

Éste podría ser, sin más, el buen tema de reflexión central para la homilía de hoy. Es más que suficientemente importante. Recomendamos el libro del obispo anglicano John Shelby SPONG, Un cristianismo nuevo para un mundo nuevo, colección «Tiempo axial», Abya Yala, Quito 2011, tiempoaxial.org).

La lectura de la 1ª carta de Pablo a los corintios también puede iluminarse hoy con la del evangelio de Marcos: ante el reinado de Dios que ha sido instaurado por la actuación de Jesús -su predicación, sus milagros, sus controversias, especialmente su muerte y resurrección-, todas las realidades humanas adquieren un nuevo sentido: comprar, vender, llorar, reírse, casarse o permanecer célibe, todo es diferente y su valor distinto. Lo absolutamente definitivo es el ejercicio de la voluntad salvífica de Dios que Jesús vino a poner en marcha. Por eso Pablo puede afirmar que “la presentación de este mundo se termina”, es decir, que Dios hace nuevas todas las cosas realizando la utopía de su Reino en donde pobres y tristes, enfermos y condenados, excluidos y ofendidos de la tierra son rescatados y acogidos, y en donde los ricos y los poderosos son llamados urgentemente a la conversión.

Después de narrarnos los comienzos del evangelio con Juan Bautista, con la unción mesiánica de Jesús en el río Jordán y con sus tentaciones en el desierto, Marcos nos relata, en unas frases muy condensadas, los comienzos de la actividad pública de Jesús: es el humilde carpintero de Nazaret que ahora recorre su región, la próspera pero mal–afamada Galilea, predicando en las aldeas y ciudades, en los cruces de los caminos, en las sinagogas y en las plazas. Su voz llega a quien quiera oírlo, sin excluir a nadie, sin exigir nada a cambio. Una voz desnuda y vibrante como la de los antiguos profetas. Marcos resume el entero contenido de la predicación de Jesús en estos dos momentos: el reinado de Dios ha comenzado –es que se ha cumplido el plazo de su espera– y ante el reinado de Dios sólo cabe convertirse, acogerlo, aceptarlo con fe.

Muchos reinados recordaban los judíos que escuchaban a Jesús: el muy reciente reinado de Herodes el Grande, sanguinario y ambicioso; el reinado de los asmoneos, descendientes de los libertadores Macabeos, reyes que habían ejercido simultáneamente el sumo sacerdocio y habían oprimido al pueblo, tanto o más que los ocupadores griegos, los seléucidas. Recordaban también a los viejos reyes del remoto pasado, convertidos en figuras de leyendas doradas, David y su hijo Salomón, y la lista tan larga de sus descendientes que por casi 500 años habían ejercido sobre el pueblo un poder totalitario, casi siempre tiránico y explotador. ¿De qué rey hablaba ahora Jesús? Del anunciado por los profetas y anhelado por los justos. Un rey divino que garantizaría a los pobres y a los humildes la justicia y el derecho y excluiría de su vista a los violentos y a los opresores. Un rey universal que anularía las fronteras entre los pueblos y haría confluir a su monte santo a todas las naciones, incluso a las más bárbaras y sanguinarias, para instaurar en el mundo una era de paz y fraternidad, sólo comparable a la era paradisíaca de antes del pecado.

Este «reinado de Dios» que Jesús anunciaba hace 2000 años por Galilea, sigue siendo la esperanza de todos los pobres de la tierra. Ese reino que ya está en marcha desde que Jesús lo proclamara, porque lo siguen anunciando sus discípulos, los que Él llamó en su seguimiento para confiarles la tarea de pescar en las redes del Reino a los seres humanos de buena voluntad. Es el Reino que proclama la Iglesia y que todos los cristianos del mundo se afanan por construir de mil maneras, todas ellas reflejo de la voluntad amorosa de Dios: curando a los enfermos, dando pan a los hambrientos, calmando la sed de los sedientos, enseñando al que no sabe, perdonando a los pecadores y acogiéndolos en la mesa fraterna; denunciando, con palabras y actitudes, a los violentos, opresores e injustos.

A nosotros corresponde, como a Jonás, a Pablo y al mismo Jesús, retomar las banderas del reinado de Dios y anunciarlo en nuestros tiempos y en nuestras sociedades: a todos los que sufren y a todos los que oprimen y deben convertirse, para que la voluntad amorosa de Dios se cumpla para todos los seres del universo. Leer más…

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24.01.21: Día de la Palabra. Fiesta de la comunicación universal

Domingo, 24 de enero de 2021

hombre-sentado-biblia-campoDel blog de Xabier Pikaza:

El Papa Francisco instituyó el 30.09.2019 (Motu proprio “Aperuit illis”)la Fiesta de la Palabra,para el tercer domingo del tiempo ordinario, como día  de celebración, reflexión y difusión de la Palabra de Dios. En ese contexto, quiero recordar las tras biblias, y el compromiso y tarea de comunicación (Palabra) que se encuentra al fondo de ellas.

Los cristianos confesamos que la Palabra de Dios (Jesús) se ha encarnado y que su testimonio ha sido recogido en la Biblia del Antiguo y Nuevo Testamento,  como presencia y tarea universal de salvación. Pero la Palabra de Dios no es Jesús por aislado, sino en la historia de la vida humana, expresada en los “tres biblias”: Naturaleza, interioridad e historia.

Partiendo de esas biblias presentaré el sentido de la Palabra humana como revelación de Dios y principio de comunicación entre los hombres, desarrollando así el sentido de esta Fiesta de la Palabra, que celebramos el domingo, 24.01.2021.

Por mi vocación y “oficio” de teólogo he escrito diversos estudios sobre Dios-Palabra y su revelación en la historia de los hombres, como verá quien siga leyendo.  

Aprovecho esta Fiesta de la Palabra para felicitar a mis amigos y editores del Verbo Divino (Palabra de Dios), agradeciéndoles en nombre de miles y miles de lectores la obra cultural y religiosa que realizan al servicio de la Palabra de Dios.

1 Biblia de la Naturaleza: Creación, Palabra para todos

  Los cristianos aceptamos la biblia de la naturaleza, entendida como Palabra de Dios, que habla por ella, como saben los que afirman que hay dos “revelaciones”, una natural (por el mundo) y otra sobrenatural (en la historia de la salvación culminada en Cristo). Desde nuestra perspectiva, esa revelación “natural” ha de entenderse también como “sobrenatural”, es decir, como expresión de la gracia universal de Dios, que actúa a través del mundo. En ese sentido, los cristianos seguimos siendo de alguna forma paganos: vemos a Dios y oímos su voz en el hermano sol, en la hermana luna, en la madre tierra y en la hermana muerte, que forman parte del libro universal de Dios.

Como puso de relieve Francisco en Lodato si (2015)  y como ha destacado el Sínodo de la Amazonia (2019), el primer libro de Dios es el mundo entero, el despliegue de la vida de la que formamos parte. Esta primera Biblia de la naturaleza nos permite entender mejor la Biblia escrita más tarde, desde la perspectiva de Israel y de la Iglesia primitiva; y por su parte la Biblia del Antiguo y Nuevo Testamento, tiene que ayudarnos a reconocer el valor sagrado de la naturaleza y a dialogar con las religiones cósmicas no cristianas. En ese sentido, tenemos que hablar de una Biblia Ecológica, Biblia abierta al sentido de la creación, de toda la creación; por eso, ella empieza con el Dios creador (Gen 1‒3) y culmina con la nueva creación. Una Biblia que lo olvide no es Biblia.

De un modo consecuente, la Biblia cristiana no quiere destruir el valor de las religiones cósmicas (paganas), sino abrir con ellas un camino de humanidad, en una línea de respeto mayor hacia la naturaleza sagrada, como han puesto de relieve algunos movimientos ecológicos. En esa perspectiva debemos recuperar el carácter religioso del mundo y de la misma vida humana, el valor del varón y la mujer, en igualdad y complementariedad, el valor sagrado de la tierra, del agua, de la atmósfera, al servicio de la vida humana y de la justicia.

Sólo un Jesús que recupere y potencia la Palabra cómica y vital de Dios podrá ser inspirador y fuente de una Biblia abierta a todos los seres humanos. De un modo convergente, debemos recuperar por Jesús el valor de todos los pueblos y culturas de la tierra (con su biblia cósmica y vital), superando el exclusivismo de algunos grupos judíos que se consideraban depositarios privilegiados (y a veces únicos) de la revelación de Dios, como si ellos solos fueran dueños de la Palabra de Dios.

La Biblia de los seguidores de Jesús sólo será Palabra de Dios en la medida en que nos permita recuperar, por tanto, el valor sagrado de la naturaleza, la igualdad entre varones y mujeres y la apertura a todos los pueblos y culturas de la tierra. No será una Biblia para algunos, en contra de otros, sino Libro abierto a todos, desde el mundo (en fidelidad al cosmos), en una historia dirigida al encuentro universal. Sólo leída en esa línea puede entenderse de verdad.

2. Biblia de la interioridad: Palabra de todos

Hay una Biblia de la interioridad, como ha sabido San Pablo cuando dice que la Escritura o Carta de Dios está escrita en nuestros propios corazones (cf. 2 Cor 3-4). Sin esa voz interior, sin la Palabra/Dios que resuena en la intimidad de cada ser humano, no se puede hablar después de una Biblia de Jesús. La primera Palabra de Dios no es un libro exterior (que puede escribirse con tinta o grabarse en un soporte electrónico), sino aquella Voz que se graba de una forma viva en cada corazón de hombre o mujer que la escucha o responde.

Según eso, el libro exterior del mundo está al servicio de ese “libro interior de la vida humana”, que es la verdadera Biblia de Dios, escrita en la conciencia y corazón, en la libertad y tarea personal cada uno de los hombres y mujeres. De esa Biblia interior (del Dios que inscribe su vida en aquellos que le acogen) han hablado no sólo las religiones orientales (budismo, hinduismo…), sino también los judíos y los musulmanes, que saben que existen un “libro celeste” que es la Voz del único Dios en la altura que se expresa en la vida y palabra de los hombres y mujeres que le escuchan y dialogan con él. Ésta es la Biblia de la Libertad de los pueblos y los individuos, la Biblia del diálogo con las religiones orientales y con la modernidad…, pero sin olvidar que ella es, al mismo tiempo, Biblia de la naturaleza y de la justicia social, Biblia de la resurrección de todas las cosas (Ap 21, 5).

Ésta es la biblia del Tao y de las Analectas de Confucio, lo mismo que el canon Pali del budismo, con los Vedas, las Upanshadas o la Vagavad Gita del hinduísmo…En muchos libros y formas se expresado la Palabra de Dios en los miles y millones de palabras de los hombres, que son distintas para iluminarse mutuamente y dialogar. Por eso, este domingo de la Palabra es, al mismo tiempo, el Domingo del Diálogo de todos los que escuchan y comparten la Palabra de Dios en la historia.

No tiene sentido hablar de un libro externo (de una Biblia multiplicada en miles y miles de letras hebreas o arameas, griegas o árabes, castellanas o inglesas…) si es que no hablamos primero del libro o Biblia interior, universal, que se expresa y se despliega en cada ser humano en la medida en que es capaz de escuchar la gran “Voz” y de dejarse llenar por la presencia sagrada. Al servicio de esa Biblia interior está la Toráh de los judíos, lo mismo que el Nuevo Testamento de los cristianos y el Corán de los musulmanes. Por eso, antes que hablar de disputa entre libros, debemos hablar de la unidad del Libro de Dios que se expresa en aquellos que le acogen en su interior, en una línea que vincula a todos los pueblos de oriente y occidente. Sólo leída así se entiende y aplica de verdad la Biblia cristiana.

 3. Biblia profética:  Palabra hecha historia (carne de todos)

               Las tres religiones “proféticas” (judaísmo, cristianismo, Islam) condensan su experiencia la revelación o  Palabra de Dios hecha “libro sagrado”,testimonio de la verdad definitiva (biblia judía, biblia cristiana, Corán). Pero a pesar de tener una revelación histórica (o, mejor dicho, por tenerla)  o pueden negar ni rechazar las biblias anteriores, sino que suponen su existencia, pues su Dios se manifiesta también por la naturaleza (como saben las religiones cósmica) y por la vida interior de cada ser humano (como saben las religiones de la interioridad, Tao, budismo, hinduísmo).

  A veces se ha pensado que este “revelación especial” inutiliza (o condena) las revelaciones, como si fueran menores, imperfectas o perversas. Así, los magos y sacerdotes paganos, que conciben a Dios como poder del cosmos, serían impostores, puros idólatras a quienes se debe “convertir” por la fuerza o exterminar. Por su parte, los místicos de la interioridad, que buscan a Dios dentro de sí mismos, estarían al fin equivocados, pues Dios no habla en el interior de cada uno, sino que lo ha hecho sólo a través de un profeta especial (Moisés, Cristo, Mahoma).

Pues bien, en contra de eso, los auténticos cristianos (y judíos y musulmanes) saben que sus profetas y sus “biblias” no van en contra de los libros de la naturaleza y de la interioridad, sino que nos ayudan a entenderlos, descubriendo y desarrollando mejor su sentido. Los profetas (autores de los libros sagrados de las religiones monoteístas) no son puros sacerdotes cósmicos, ni expertos en mística interior, sino hombres y mujeres que se atreven a escuchar y recoger la palabra de Dios en la historia, asumiendo así un camino y tarea de revelación que se expresa en la liberación de los oprimidos (judaísmo), de los pobres (Jesús) y de los marginados de su tiempo (Mahoma).

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“El anuncio del Reino y los primeros colaboradores”. Domingo 3º del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Domingo, 24 de enero de 2021

2f847-pesca_milagrosa_2bDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado, el evangelio de Juan nos contó cómo Jesús entró en contacto con algunos de los que más tarde serían sus discípulos. Este domingo volvemos al evangelio de Marcos, que será el usado básicamente durante el Ciclo B. En tres escenas, las dos últimas estrechamente relacionadas, nos cuenta la forma sorprendente como comienza a actuar Jesús.

1ª escena: Anuncio del Reino y la conversión (Mc 1,14-15).

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

̶ Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio.

Marcos ofrece tres datos: 1) momento en el que Jesús comienza a actuar; 2) lugar de su actividad; 3) contenido de su predicación.

Momento. «Cuando detuvieron a Juan». Como si ese acontecimiento despertase en él la conciencia de que debe continuar la obra de Juan. Nosotros estamos acostumbrados a ver a Jesús de manera demasiado divina, como si supiese perfectamente lo que debe hacer en cada instante. Pero es muy probable que Dios Padre le hablase igual que a nosotros, a través de los acontecimientos. En este caso, la desaparición de Juan Bautista y la necesidad de llenar su vacío. Mc no se detiene en contar las causas de esta prisión (lo dirá más adelante), y parece dar por conocidos los hechos. ¿Qué hizo Jesús desde la estancia en el desierto hasta entonces? ¿Cuánto tiempo transcurrió? Mc no informa de ello. Lo único que sugiere es que el “precursor“, el mensajero, tiene que desaparecer de la escena antes de que Jesús comience su actividad.

Lugar de actividad. Galilea. A diferencia de Juan, Jesús no se instala en un sitio concreto, esperando que la gente venga a su encuentro. Como el pastor que busca la oveja perdida, se dedica a recorrer los pueblecillos y aldeas de Galilea, 204 según Flavio Josefo. Galilea era una región de 70 km de largo por 40 de ancho, con desniveles que van de los 300 a los 1200 ms. En tiempos de Jesús era una zona rica, importante y famosa, como afirma Flavio Josefo (Guerra III, 41-43), aunque su riqueza estaba muy mal repartida, igual que en todo el Imperio romano. Zona también conflictiva y politizada. En ella se moverá Jesús. Podemos imaginarlo solo (siempre lo imaginamos acompañado de sus discípulos), subiendo cuestas, bajando al lago, recorriendo las aldeas de la orilla, deteniéndose a hablar con la gente.

Los judíos de Judá y Jerusalén no estimaban mucho a los galileos: «Si alguien quiere enriquecerse, que vaya al norte; si desea adquirir sabiduría, que venga al sur», comentaba un rabino orgulloso. Y el evangelio de Juan recoge una idea parecida, cuando los sumos sacerdotes y los fariseos dicen a Nicodemo: «Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta» (Jn 7,52).

Mensaje. ¿Qué dice Jesús a esa pobre gente, campesinos de las montañas y pescadores del lago? Su mensaje lo resume Marcos en un anuncio («Se ha cumplido el plazo, el reinado de Dios está cerca») y una invitación («convertíos y creed en la buena noticia»).

El anuncio encaja en la mentalidad apocalíptica, bastante difundida por entonces en algunos grupos religiosos judíos. Ante las desgracias que ocurren en el mundo, y a las que no encuentran solución, esperan un mundo nuevo, maravilloso: el reino de Dios. Para estos autores era fundamental calcular el momento en el que irrumpiría ese reinado y qué señales lo anunciarían. Jesús no cae en esa trampa: no habla del momento concreto ni de las señales. Se limita a decir que «está cerca».

Pero lo más importante es que vincula ese anuncio con una invitación a convertirse y a creer en la buena noticia.

Convertirse implica dos cosas: volver a Dios y mejorar la conducta. La imagen que mejor lo explica es la del hijo pródigo: abandonó la casa paterna y terminó dilapidando su fortuna; debe volver a su padre y cambiar de vida. Esta llamada a la conversión es típica de los profetas y no extrañaría a ninguno de los oyentes de Jesús.

Jesús invita también a «creer en la buena noticia» del reinado de Dios, aunque los romanos les cobren toda clase de tributos, aunque la situación económica y política sea muy dura, aunque se sientan marginados y despreciados. Esa buena noticia se concretará pronto en la curación de enfermos, que devuelve la salud física, y el perdón de los pecados, que devuelve la paz y la alegría interior.

Cualquier persona de buena voluntad aceptaría la invitación a convertirse. Pero las personas de buena voluntad pueden ser también muy escépticas. Ante la idea de que «se ha cumplido el plazo» podrían sonreír, como nosotros cuando diversas sectas nos anuncian el inminente fin del mundo.

Para comprender bien el evangelio es importante que adoptemos ante Jesús una postura de distanciamiento. Sería bueno rebelarnos ante este aspecto de su mensaje y resistirnos a creer. Así entenderemos mejor lo que él quiere transmitir realmente y captaremos que no habla de un cataclismo, del fin del mundo, sino de la aparición de algo nuevo.

2ª escena: llamamiento de Simón y Andrés

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo:

̶ Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres.

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 

Este acto fundamental de la vida de Jesús lo cuenta Marcos como la cosa más normal del mundo. Pasando por la orilla ve a dos muchachos. Se supone que no es una mirada rápida y superficial, como solemos ver a la gente que nos cruzamos por la calle. Es la visión de uno que busca seguidores e intuye lo profundo de la persona, lo que puede llegar a ser más que lo que es.

Marcos dice que son hermanos y cómo se llaman: Simón y Andrés. Queda claro quién es el primer discípulo llamado por Jesús: Pedro, que terminará siendo el más importante [1]. Están en la orilla, tirando el esparavel (avmfi,blhstron), una red pequeña que se lanza con la mano. (En Internet hay videos sobre este sistema de pesca, que sigue practicándose en nuestros días).

Jesús no los invita a seguirlo, se lo ordena: «Venid conmigo», y les promete una nueva profesión: «pescadores de hombres». La orden de seguirlo carece de paralelo en los grandes profetas. Isaías, Jeremías, Ezequiel, tuvieron discípulos; pero, que sepamos, a ninguno de ellos le ordenaron: «Vente conmigo». A lo sumo se podría citar el caso de Elías, que echa su manto sobre Eliseo, dándole a entender que quiere que lo siga (1 Re 19). Pero hay una diferencia esencial entre Elías y Jesús. Elías llama a Eliseo porque Dios se lo ha ordenado (1 Re 19,15). Jesús actúa por propia iniciativa y poder. También existe diferencia entre Jesús y los rabinos. Los rabinos tenían discípulos, y era típico de ellos seguir al maestro. Pero el rabino no los llamaba ni les daba la orden de seguirlo.

En cuanto a la promesa de convertirlos en «pescadores de hombres», lo más probable es que Simón y Andrés la interpretaran de forma muy sencilla, sin las complicaciones que pretenden algunos comentaristas.

En cualquier caso, «inmediatamente dejaron las redes (di,ktua) y lo siguieron». El cambio de sustantivo parece sugerir que, además del esparavel, tenían otras redes, y las dejaron todas.

3ª escena: llamamiento de Santiago y Juan

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.

A Santiago y Juan los encuentra también en la orilla, dentro de la barca con su padre Zebedeo, remendando o preparando sus redes (di,ktua). En este caso se trataría de la red de trasmallo, para la que se requiere un bote de unos cinco o seis metros y, al menos, cuatro o cinco personas. A ellos no les habla de convertirse en pescadores de hombres, pero lo siguen «abandonando a su padre en la barca con los jornaleros». Quien conoce la historia de Elías y Eliseo advierte enseguida la diferencia: cuando Elías llama a Eliseo, este pide permiso para despedirse de sus padres y organiza un gran banquete. Elías se lo permite, con tal de que vuelva. No hay prisa. Cuando es Jesús quien llama no cabe dilación ni despedida. Se deja todo de inmediato.

Marcos parece sugerir que el sacrificio de estos dos hermanos es mayor: no dejan solo unas redes, sino a su padre y una barca. La presencia del padre, pescador, es normal. En cambio, la barca sugiere una diferencia social entre las dos parejas de hermanos. Basándose en este texto, Santiago Guijarro distingue entre los pescadores tres grupos bien diferenciados: «el de aquellos que tenían barca y redes, el de los que solo poseían redes, y el de quienes no poseían ninguna de las dos cosas y tenían que trabajar como jornaleros». Al primer grupo pertenecen Santiago y Juan; al segundo, Pedro y Andrés. En los dos casos, independientemente de la posición económica, es clara la radicalidad en el seguimiento de Jesús.

Unos protagonistas desconcertantes y misteriosos

Estos dos relatos de vocación, aparentemente tan fáciles de entender, están plagados de misterios cuando se piensa en los principales protagonistas.

Empezando por Jesús, ¿quién contrataría a cuatro pescadores para fundar y dirigir una multinacional? Solo un loco. No necesitan un título de las universidades de Jerusalén o Babilonia. No es preciso que hayan estudiado con los mejores rabinos ni que se sepan la Torá de memoria. Basta que quieran seguirlo renunciando a todo. Pero, ¿qué pretende Jesús? En este momento del evangelio, sin disponer de más datos, solo podemos decir que Jesús busca unas personas que lo acompañen, con intención de que le ayuden a aumentar el números de sus seguidores. ¿Con qué finalidad? No lo sabemos.

Si misteriosa resulta la conducta de Jesús, también lo es la de los cuatro llamados. ¿Qué los mueve a dejarlo todo, incluso al padre (de Simón no sabemos todavía que está casado) y seguir a Jesús sin conocerlo previamente? Aquí hay dos cuestiones distintas: el conocimiento previo y el seguimiento radical.

Que ya conocían a Jesús lo dan por seguro algunos aludiendo al cuarto evangelio, donde se dice que Jesús entró en contacto con ellos cuando el bautismo (Jn 1,35-51). O afirmando que el verdadero orden de los acontecimientos es el que se ha conservado en el evangelio de Lucas (4,31-5,11): después de curar a un hombre con espíritu inmundo, a la suegra de Pedro, después de otras muchas curaciones y expulsiones de demonios, cuando Jesús es ya de sobras conocido, es cuando llama a los cuatro primeros discípulos y estos lo siguen.

Pero este conocimiento previo no resuelve el problema del seguimiento radical, renunciando a todo. ¿Qué les movió a ello? Marcos no lo dice en este momento. Más adelante indicará que Santiago y Juan lo hicieron, al menos en parte, por ambición política: estaban convencidos de que Jesús llegaría a reinar en Jerusalén y ellos pretendían los dos primeros puestos en su corte (Mc 10,35-37). También Simón, al confesar a Jesús como Mesías, rechazando el sufrimiento y la muerte, demuestra una preocupación política. Sin embargo, esta explicación, aunque sea válida, supone adelantar datos. En este momento nos quedamos sin saber qué movió a los cuatro a seguir a Jesús.

Lo que no admite duda es que lo siguieron. Y esto debía provocar en los primeros lectores del evangelio de Marcos un profundo asombro ante el poder de atracción de Jesús y la disponibilidad absoluta de los discípulos. Algo en lo que se verían reflejados, porque también ellos y ellas habían sentido la llamada de Jesús y, a pesar de todas las dificultades y críticas, lo habían seguido.

Estos cuatro discípulos representan el primer fruto de la predicación de Jesús: creen en la buena noticia del Reinado de Dios, lo siguen y cambian radicalmente de vida.

La conversión de los ninivitas (Jonás 3,1-5.10)

La primera lectura ha sido elegida porque los ninivitas, los nazis de aquella época, al convertirse gracias a la predicación de Jonás, nos sirven de modelo. Mucho más motivo tenemos nosotros para convertirnos al escuchar la predicación de Jesús. Sin embargo, los motivos que aducen Jesús y Jonás son muy distintos: Jesús anima anunciando la cercanía del reinado de Dios; Jonás asusta anunciando que «dentro de cuarenta días Nínive será arrasada».

El Señor dirigió la palabra a Jonás: «Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí le anunciarás el mensaje que yo te comunicaré.

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:

– Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada.

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron el ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

Vio Dios su comportamiento, como habían abandonado el mal camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.

«Señor, enséñame tus caminos» (Salmo 24)

  El salmo encaja mucho más con el evangelio que con la primera lectura. Porque Jonás no enseña nada, solo amenaza. En cambio, Jesús, proclamando el evangelio de Dios, nos enseña a caminar por el camino que Dios quiere y nos recuerda que «el Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores». Aparte de agradecérselo, debemos pedirle: «haz que camine con lealtad»

   [1] El cuarto evangelio, como vimos el domingo pasado, ofrece una tradición distinta: el primero en entrar en contacto con Jesús es Andrés, junto con otro muchacho anónimo (¿Juan?); y Andrés le habla a su hermano Simón Pedro de Jesús.

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Domingo III del Tiempo Ordinario. 24 de enero, 2021

Domingo, 24 de enero de 2021

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Pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a Simón y a su hermano Andrés.”

Mc 1, 16-20

Te invito a ponerte en situación. Vas por la calle, un viernes por la tarde, por ejemplo; es una calle céntrica de tu ciudad, llena de tiendas, de cafeterías, de tráfico… y está repleta de gente. Caminas sola, e inevitablemente inmersa en tus pensamientos. Da igual cuáles sean, si son sobre tus preocupaciones o tus alegrías, incluso tus quehaceres; lo que sea, vas enfrascada. De pronto alguien te llama al mismo tiempo que te coge del brazo:  “¡Lolaaa!». Contestas un poco alterada: “¡Ay!, perdona Marta, no te había visto”.

No la habías visto. Por un momento puedes pensar en la razón de ese no ver. Había mucha gente, está claro, o tal vez por el ruido, o porque te distraen las luces de la calle, los carteles, los escaparates, los bocinazos del tráfico… bla, bla, bla, todas son razones externas a ti.

Si quieres ponte en esta otra situación. Un atardecer de invierno vas caminando sola por el paseo de la playa, del faro o del puerto, con la vista y la mente perdidas a ratos en el horizonte, a ratos en las olas. La pobre Marta aquí también te tiene que hacer parar para oírte decir lo mismo: “¡no te había visto!”.

Ahora no vale que busques echar la culpa de tu distracción a los escaparates y a los bocinazos. Piensa, más bien, en tu mirar. ¿Cómo miras para no ver?

Jesús pasa junto al lago y ve a Simón y a Andrés, a Santiago y a Juan. Ve lo que son, no su apariencia o su vestimenta. Ve lo profundo de su ser, porque él mira el corazón.

Y cuando sientes su mirada, tu corazón desnudo ante él, haces lo mismo que Simón, Andrés y tantos hombres y mujeres a lo largo de los siglos que se han encontrado con la mirada del Maestro… lo dejas todo y le sigues.

Oración

Trinidad Santa, ayúdanos a mirar con amor. Ayúdanos a mirar como tú. Amén.

 

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Rectifica tu manera de ver y todo cambiará.

Domingo, 24 de enero de 2021

fishermenMc 1, 14-20

Seguimos con el evangelio de Marcos que vamos a leer durante todo este año. Es el primero que se escribió y tiene aún la frescura de los comienzos. Es el más conciso. No tiene grandes discursos de Jesús ni cuenta muchas parábolas. Le interesa sobre todo la vida cotidiana de Jesús. Su actitud vital para con los pobres y oprimidos es la verdadera salvación. Las curaciones y la expulsión de demonios, entendidos como liberación, son la clave para comprender el verdadero mensaje de salvación de este evangelio.

Cuando arrestaron a Juan. Quiere resaltar el evangelista que Jesús va a continuar la tarea del Bautista, pero a la vez deja clara la diferencia. ¡Recordad!: Los datos cronológicos no tienen importancia en la elaboración de un “evangelio”. En el evangelio de Juan, después de haber narrado el seguimiento de los primeros discípulos, después de contarnos la boda en Caná, la purificación del templo y el encuentro con Nicodemo, nos dice que Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea y bautizaba allí, a la vez que Juan estaba bautizando en otro lugar y dice: “esto ocurrió antes de arrestar a Juan”.

Llegó Jesús a Galilea. Está claro que el evangelista quiere desligar la predicación de Jesús de toda connotación oficial. Lejos de las autoridades religiosas, lejos del templo y de todo lo que significaban ambas instituciones. Galilea era tierra fronteriza y en gran parte habitada por gentiles. Esto para un judío era, de entrada, una descalificación, pero tenía la ventaja de menor control oficial y mayores posibilidades de que la gente le entendiese.

Se puso a proclamar la “buena noticia” de parte de Dios. Había empezado él su evangelio diciendo que se trataba de exponer los orígenes de la “buena noticia de Jesús”. Estos textos son los que dieron origen a la palabra “evangelio”, cuyo género literario se inaugura con el escrito atribuido a Marcos. No debemos confundir el concepto de buena noticia con el que hoy tenemos de evangelio (género literario muy concreto). Por extraño que parezca, “euangelio” no significa “evangelio”. Hemos caído en un monumental fraude. Hemos confundido el estuche con la joya que debía contener. Aquí “euangelio” significa esa estupenda noticia que Jesús descubrió y nos comunicó de parte de Dios.

Se ha cumplido (colmado) el kairos. En la fiesta de Año Nuevo, hablamos del significado de “Cronos” y “Kairos”. Aquí el texto dice kairos, es decir, se trata del tiempo oportuno para hacer algo definitivo. No es que algún cronos sea especial. Cualquier cronos lo podemos convertir en kairos si nuestra actitud vital es adecuada. El texto nos está recordando que todos los kairos se han concentrado en el que ahora está presente.

Está despuntando el Reino de Dios. Esta expresión es la clave. No se trata de que Dios reine. Se trata de que Dios se haga presente entre nosotros, gracias a las actitudes de los seres humanos. Jesús hace presente ese Reino, que es Dios, porque sus relaciones con los demás, basadas en el amor y la entrega, hacen surgir en cada instante a Dios. Dios es amor, de modo que está allí donde exista una verdadera empatía y compasión. Ese Reino está ya presente en Jesús porque fue capaz de eliminar toda injusticia.

¡Cambiad de mentalidad!Convertíos”, no expresa bien el sentido del texto griego. ‘metanoeite’ no significa hacer penitencia ni arrepentirse sino cambiar de mentalidad, pensar de otra manera y afrontar la vida desde otra perspectiva. Lo que pide Jesús es una manera nueva de ver la realidad que no tiene por qué partir de una situación depravada. El cambio se exige como actitud que no de debe abandonarse nunca.

La llamada de los discípulos a continuación les obliga a hacer su personal cambio de rumbo (metanoya): “Dejan la barca y a su padre y le siguieron”. Aquí debemos hacer todos un serio examen de conciencia. ¿Cuántas veces hemos descubierto nuestros fallos y nos hemos conformado con ir a confesarlos, pero no hemos cambiado el rumbo? ¿De qué puede servir toda esa parafernalia si continuamos con la misma actitud?

Tened confianza en la buena noticia. La traducción oficial del griego “pisteuete” nos puede llevar a engaño. No se trata de creer la noticia sino de confiar en que es buena noticia para nosotros. Tanto en el AT como en el nuevo, la fe no es el asentimiento a unas verdades, sino la confianza en una persona. Si la buena noticia que Jesús predica viene de parte de Dios, podemos tener confianza plena en que es buena.

A la llamada de Jesús que acabamos de comentar, corresponden las primeras respuestas personales, de parte de unos simples pescadores sin preparación alguna, que se fiaron y fueron detrás de Jesús. Es muy significativo que el primer instante de su andadura pública, Jesús cuenta con personas que le siguen de cerca y están dispuestas a compartir con él su manera de entender la vida. La comunidad, por muy reducida que sea, es clave para poder emprender una vida cristiana.

Darse cuenta de que hemos emprendi­do un camino equivocado es la única manera de evitarlo. Cada vez que rechazamos un camino falso, nos estamos acercando al verdadero. Convertirse es rectificar la dirección para apuntar mejor a la meta. Pecado en el AT era errar el blanco. Da por supuesto que intentas dar en el blanco, pero te has desviado. Somos flechas disparadas que tienden a desviase del blanco y que constantemente tienen que estar contrarrestando esas fuerzas que nos distorsionan.

Convertirse no es abandonar el mal por el bien, porque el mal y el bien en el ser humano no se pueden separar nunca del todo. Para el maniqueísmo está todo demasiado claro: Son realidades distintas que deben estar separadas. Nunca hemos superado esa tentación. La realidad es muy distinta: ni el bien ni el mal se pueden dar químicamente puros. Siempre que trazamos una línea divisoria entre el bien y el mal, nos estamos equivocando. Lo que llamamos mal no tiene entidad propia, es solo ausencia de bien.

El mal (ausencia de perfección) no es un accidente, sino que pertenece a la misma estructura del hombre. Sin esa limitación, que hace posible el error, pero que también hace posible el crecimiento, no habría persona humana. La hondura del misterio del mal está precisamente ahí. Del mismo mal surge el bien y el mal acompaña siempre al bien. El afán maniqueo de eliminar el mal a toda costa no tiene nada de evangélico. Dice un proverbio oriental: si te empeñas en eliminar todos los errores dejarás fuera la verdad.

Con frecuencia necesitamos la advertencia de alguien que nos saque del error en el que estamos. Aún con la mejor voluntad podemos estar equivocados. Las mayores barbaridades de la historia de la humanidad se hicieron en nombre de Dios. Aún con la mejor intención de caminar hacia la meta, siempre estaremos necesitados de rectificar. Tenemos que aprender de los errores. Los humanos no tenemos otra manera de crecer.

Meditación

Lo que Jesús nos ha dicho es increíble, pero cierto.
Dios es amor, don total, absoluto y eterno.
Jesús me invita a experimentar esta realidad.
Seguirle es entrar en su misma relación con Dios.
Esa relación hará cambiar mi existencia
y empezaré al verlo todo de otra manera.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Venid conmigo.

Domingo, 24 de enero de 2021

pescatoridiuominiNo hay lugar adonde ir salvo a cualquier parte, así que sigue caminando. (Jack Kerouac)

24 de enero. DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO

MC 1, 14-20 Venid conmigo y yo os aliviaré (V17)

Acompañar a los demás en el camino de la vida es un servicio que nos demanda la existencia, pues la soledad no es buena compañera de viaje.

Jesús nos acompaña cada día bajo los parámetros de un proyecto de fraternidad, depositada en la memoria del recuerdo: una sucesión de lecciones que ben ser vividas con otros para ser mejor comprendidas.

Él era un caminante infatigable -y sigue siéndolo- que siempre nos acompaña a cuantas partes vayamos.

Por otra parte, basta un paseo por las estanterías destinadas a temas de acompañamiento para percatarnos de lo importante que es esta materia tan humana.

Y el evangelista Marcos dice en 11, 28: “Venid a mí los que andáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”.

 

“No temas, que contigo estoy yo te acompañaré, desde oriente traeré a tu estirpe; desde oriente te reuniré”, dijo el Señor a Isaías” (Is. 43, 5)

“No hay lugar adonde ir salvo a cualquier parte, así que sigue caminando” Jack Kerouac

Poema Serafín de Sarob (monje ruso del siglo XVIII-XIX)

Cuando ores, sé como el océano:
calmado en lo profundo,
aunque sus olas suban y bajen.

Mantén la calma en tu corazón
y los malos pensamientos
desaparecerán por sí solos.

Cuando ores, recuerda que el aliento
que nos convirtió́
en vivientes de Dios procede y a Él regresa.

Une la palabra y la oración
con la corriente de esta vida
y nada se interpondrá entre ti y
el Dador de todo don.

Cuando ores, sé como el pájaro
que canta sin cesar ante el Creador,
elevando como incienso su melodía.

Ora como la tórtola
con la alegría de la libertad confiada
y Dios hará nido en ti.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Recordatorio

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