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Entradas Etiquetadas ‘Conversión’

Voz interior

Sábado, 4 de enero de 2020

 

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¿De verdad quieres convertirte? ¿Quieres ser transformado? ¿O bien mantienes fuertemente con una mano tus viejos modos, mientras con la otra suplicas a la gente que te ayude a cambiar?

La conversión es algo que no puedes regalarte a ti mismo. No es cuestión de fuerza de voluntad. Tienes que confiar en la voz interior que te muestra el camino. Conoces esa voz. Te miras en ella a menudo.

Pero después de haber oído con claridad lo que se te pide que hagas, empiezas a poner pegas y a buscar la opinión de los demás. De esa forma te ves atrapado en una incontable variedad de opiniones, sentimientos e ¡deas contradictorios, y pierdes el contacto con Dios que está contigo. Así terminas por depender de las personas que te has buscado para que estén a tu alrededor. Sólo con una atención constante a la voz interior te convertirás a una nueva vida libre y gozosa .

*
H. J. M. Nouwen,
La voz interior del amor,
Madrid 1997, 20

***

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“Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.”

Domingo, 8 de diciembre de 2019

12

Juan Bautista

 Cual greñudo y piloso nazareno,
amigo de alimañas y de fieras,
piel de camello sobre cuerpo enjuto,
como hijo del ayuno y de la estepa,
Juan Bautista predica en el desierto,
-inhóspito desierto de Judea-
y anuncia la llegada del Mesías,
de quien es precursor y fiel profeta.
Y dice que se siente indigno siervo
de soltar sus sandalias y correas.

¡Allanad y hacer rectos los senderos;
preparad los caminos del señor,
porque a punto de llegar está el Mesías
y exige “metanoia”, conversión.
Los que esperáis ansiosos su llegada
del Mesías -Ungido del Señor-
purificad los cuerpos y las almas
en las aguas del Jordán y del perdón!

Y cuando aquel cobarde rey Herodes
mande un día te corten la cabeza,
y Salomé, danzante, se la sirva
en preciosa plateada bandeja,
todos verán, beodos y asombrados,
que tú aún sigues con la boca abierta
gritando la Verdad que nunca muere,
gritando la Verdad a boca llena.

¡Qué bien supiste, Juan, ser de Jesús
su precursor, testigo y fiel profeta!

*

José Luis Martínez

***

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:

“Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.”

Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: “Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.” Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

“¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abrahán es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.”

*

Mateo 3,1-12

***

 

Los Padres del desierto consideraron la sociedad como un barco a la deriva que hay, que abandonar lanzándose a nadar a fin de salvar la vida (…). Éstos eran hombres que creían que dejarse llevar por la corriente aceptando pasivamente los principios y valores de la sociedad era pura y simplemente un desastre.

Nuestra sociedad no es precisamente una comunidad que irradia el amor de Cristo, sino una peligrosa red de dominación y manipulación en la cual podemos quedar atrapados y perecer. La pregunta fundamental que tendremos que hacernos es si nosotros estamos ya tan modelados por los poderes seductores del mundo de las tinieblas que nos hemos vuelto ciegos para ver nuestro desgraciado estado y el de los que nos rodean y hemos perdido ya la motivación necesaria para lanzarnos a nadar y salvar así nuestras vidas.

*

H. J. M. Nouwen,
El camino del corazón,
Madrid 1986, 16-17.

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“Recorrer caminos nuevos”. 2 Adviento – A (Mateo 3,1-12)

Domingo, 8 de diciembre de 2019

02-adv-a-600x825Por los años 27 o 28 apareció en el desierto en torno al Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos». Después de veinte siglos, el papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: «Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos». No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El papa no se sorprende: «La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida». Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: «¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas que han perdido capacidad de respuesta?».

Algunos sectores de la Iglesia piden al papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: «Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia, y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes».

Me parece admirable la clarividencia evangélica del papa. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia.

Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: «Una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta».

No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: «Una Iglesia que se encierra en el pasado traiciona su propia identidad».

Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar «un cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no halla nada».

Buscar una Iglesia pobre y de los pobres. Anclar nuestra vida en la esperanza, no «en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos».

José Antonio Pagola

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“Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos”. Domingo 8 de diciembre de 2019. Domingo 2º de Adviento

Domingo, 8 de diciembre de 2019

02-advientoa2-cerezoLeído en Koinonia:

Isaías 11,1-10: Juzgará a los pobres con justicia.
Salmo responsorial: 71: Que en sus días florezca la justicia, y la paz abunde eternamente.
Romanos 15,4-9: Cristo salva a todos los hombres.
Mateo 3,1-12: Convertíos, porque está acerca el reino de los cielos.

La primera lectura es uno de esos varios preciosos textos de Isaías –y de los profetas bíblicos en general– que nos «describen» la «utopía» bíblica. Por definición, la utopía «no tiene lugar», no se la puede encontrar, todavía no se ha concretado en ningún sitio, no existe… y en ese sentido tampoco se puede describir cómo es. Pero si hablamos de la utopía -y si incluso soñamos con ella- es porque sí tiene alguna forma de existencia. No es que no exista, simplemente, sino que «no existe… todavía». Como decía Ernst Bloch, no sólo existe lo que es, sino lo-que-no-es-todavía (el “noch nicht Sein”). No es, pero puede llegar a ser, quiere ser y, como podemos comprobar de tantas maneras, lucha por llegar a ser. Y será. Como decía Ebeling, «lo más real de lo real, no es lo real mismo, sino sus posibilidades»…

El pensamiento utópico es un componente esencial del judeocristianismo. No lo es de otras religiones, incluidas las grandes religiones. No hay sólo un tipo de religiosidad. Podemos encontrar varias corrientes en las religiones «neolíticas», las de los últimos cinco mil años. Unas experimentan lo sagrado sobre todo en la conciencia (la interioridad, el pensamiento silencioso, la experiencia de la iluminación, de la no dualidad… una especie de «estado modificado» de conciencia); otras lo experimentan en la naturaleza, en la experiencia cósmica… (la experiencia de sintonía con la naturaleza, de unidad e interdependencia con ella, de su sacralidad imponente, de la Pachamama… lo que Mircea Elíade llamó la «experiencia uránica», ésa que todos los pueblos han sentido al contemplar la belleza del cosmos, del cielo estrellado…). Las religiones abrahámicas, un tercer grupo, por su parte, han experimentado lo sagrado «en la historia», por medio de la fe, la esperanza y el amor, a través del llamado de una Utopía de Amor-Justicia. Véanse los tres enfoques diferentes de las tres gamas o ramas del árbol de las religiones: la interioridad de la conciencia, la misteriosidad de la naturaleza, y el llamado utópico de la justicia en el decurso de la historia…

Este tercer foco es, concretamente, el ADN de nuestra religión. Todo lo demás (doctrina, moral, liturgia, institución eclesiástica…) añade, reviste, completa… pero la esencia de la religiosidad abrahámica es esa fuerza espiritual que experimentamos en el llamado de la Utopía del Amor-Justicia. Que, por ser “amor-justicia”, obviamente, siempre estará de parte de los pobres, de los “injusticiados”, en cualquier nivel o tipo de injusticia (económica, cultural, racial, de género…) en que se realice.

Los profetas, Isaías en el caso de la lectura de hoy, «describe» la Utopía, «cuenta el sueño» que le anima: un mundo amorizado, fraterno, sin injusticia, sin injusticiados, en armonía incluso con la naturaleza… La Utopía fue tomando en Israel el nombre de «reinado de Dios»: cuando Dios reina el mundo se transforma, la injusticia deja lugar a la justicia, el pecado al perdón, el odio al amor… las relaciones humanas descompuestas se recomponen en una red de amor y solidaridad. El conocido estribillo del canto del salmo 71 (el de la liturgia de este domingo) lo dice magistralmente: «Tu Reino es Vida, tu Reino es Verdad, tu Reino es Justicia, tu Reino es Paz, tu Reino es Gracia, tu Reino es Amor». Donde Dios está presente y «reina», es decir, donde se hacen las cosas «como Dios manda», allí hay Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gracia y Amor. Por eso hay que clamar con el estribillo cantado de ese salmo: «Venga a nosotros tu Reino, Señor». No hay sueño ni Utopía más grande, aunque esté tan lejana.

El adviento es, por antonomasia, el tiempo litúrgico de la esperanza. Y la esperanza es la «virtud» (la virtus, la fuerza) de la Utopía, la fuerza que la Utopía provoca, crea en nosotros para esperar contra toda esperanza. Adviento es por eso un tiempo adecuado para reflexionar sobre esta dimensión utópica esencial del cristianismo, y un tiempo para examinar si con el paso del tiempo nuestro cristianismo tal vez olvidó su esencia, tal vez arrincónó tanto la utopía como la esperanza.

El evangelio de Mateo nos presenta a Juan Bautista pidiendo a sus coetáneos la conversión, «porque el reinado de Dios [reinado “de los cielos” dirá Mateo, con el pudor reverencial judío que evita «tomar el nombre de Dios en vano»] está cerca». En aquellos tiempos de mentalidad precientífica y apocalíptica, la propensión a imaginar futuras irrupciones del cielo o del infierno servía para mover a las masas. Hoy, con una visión radicalmente distinta sobre la plausibilidad de tales expectativas apocalípticas, la argumentación de Juan Bautista ya no sirve, resulta increíble para la mayor parte de nuestros contemporáneos. No es que hayamos de cambiar (que hayamos de convertirnos) «porque el reino de Dios está cerca», sino exactamente al revés: el Reino de Dios puede estar cerca porque (y en la medida en que) decidimos cambiar nosotros (convertirnos), y es con ello como cambiamos este mundo… Ya no estamos en tiempos de apocalipsis (una irrupción venida de fuera y de arriba), sino de praxis histórica de transformación del mundo y de su historia (una transformación venida de abajo y desde dentro). El reinado de Dios -la Utopía, para decirlo con un lenguaje más amplio e interreligioso- no es ni puede ser objeto de «espera» (como ante algo que sucederá al margen de nosotros), sino de «esperanza» (la desinencia «anza» expresa ese matiz de actividad endógena). La esperanza es esa actitud que consiste en «desear provocando», desear ardientemente una realidad todavía «u-tópica», tratando de hacerla «tópica», presente en el «topos», en el lugar y en el tiempo, aquí y ahora, en la Tierra, no en el cielo futuro.

Insistimos: otras religiosidades discurren por otro tipo de experiencia de lo sagrado –y ello no es malo, es muy bueno, y es muestra de la pluriformidad de la religiosidad–, pero la vivencia espiritual específicamente judeocristiana es esta esperanza activa histórico-utópica comprometida. En este Adviento podríamos hacer de esto una materia de reflexión y examen.

Por cierto, la segunda lectura, de la carta a los romanos, coincide curiosamente con este mismo enfoque esencial: «Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza»… Mantener la «esperanza», mantener esa tensión de compromiso histórico-utópico es el objetivo de las Escrituras (por cierto, de «todas las Escrituras», no sólo de la Biblia…). Es decir: las Escrituras fueron escritas para eso. No para fines piadosos, para fines estrictamente transcendentes o sobrenaturales… sino «para mantenernos en la esperanza», por tanto, para comprometernos en la historia, para encontrar lo divino en lo humano, el Futuro absoluto en el futuro histórico y contingente. Cualquier utilización bíblica que nos encierre dentro de la Bíblia misma, nos separe de la vida o nos haga olvidar el compromiso histórico de construir apasionadamente la Utopía en esta tierra, será un uso malversado –o incluso perverso– de la Biblia. Leer más…

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8.12. Dom 2º Adviento. María Inmaculada y Juan Bautista

Domingo, 8 de diciembre de 2019

74155316_1367110946799427_27766357978251264_nDel blog de Xabier Pikaza:

Puerta de Adviento: Juan Bautista y María, promesa de libertad

Juicio de Dios y esperanza humana

Este año 2019, el 8 de Diciembre es Fiesta de la Inmaculada y  Domingo 2º de Adviento, dedicado a la figura y mensaje de Juan Bautista. La fiesta de la Inmaculada, como dogma de la Iglesia Católica es reciente (del año 1854), aunque la veneración de María como Llena de Gracia (Inmaculada) es muy antigua y más antigua todavía su relación con Juan Bautista, como testigos del Adviento de Jesús y portavoces más significativos de su juicio.

              Pienso que, en esa línea, sería conveniente que la fiesta de la Inmaculada se trasladara al Dom. 2º de Adviento, y se vinculara la con la fiesta y mensaje de Juan Bautista, reinterpretando así un elemento clave del dogma de la Inmaculada, en la línea del Adviento de Jesús, en unión con Juan Bautista. Desde ese fondo expondré los dos “textos” principales de esta fiesta del Adviento de Juan y de María, evocando después algunos rasgos importantes de la iconografía sobre el tema.

  1. El Adviento de Juan. Evangelio del Domingo:

7 Juan, pues, decía a las multitudes que salían para ser bautizadas por él: –¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera? 8 Producid, pues, frutos digno de arrepentimiento y no comencéis a decir dentro de vosotros mismos: “A Abraham tenemos por padre.” Porque os digo que aun de estas piedras Dios puede levantar hijos a Abraham (Lc 3, 7‒17)

9 El hacha ya está cayendo sobre la raíz de los árboles. Por lo tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego.16. Ése bautizará con Espíritu Santo y fuego.17 Tiene el bieldo está en su mano para limpiar su era y juntar el trigo en su granero, pero quemará la paja en el fuego que nunca se apagará (Mt 3,7‒12).

  1. Hijos de ira, portadores de veneno. Juan aparece aquí como testigo y portador de la Ira Venidera, vinculada al juicio de Dios (Mt 3, 7; Lc 3, 7). Conforme a una extensa experiencia israelita, la humanidad se hallaba envuelta en pecado; por eso, muchos sacrificios expiatorios del templo tenían como fin el aplacar a Dios. Para Juan, eso es inútil: va a estallar la Ira de Dios, pues la humanidad (el pueblo de Israel) está envenenado, es portador de muerte, como hijos de víbora, portadores de veneno[1].
  2. Frutos dignos de arrepentimiento. (Mt 3, 8; Lc 3, 8). De la imagen de la víbora, que no puede cambiar, pasamos a la imagen del árbol, que debe fruto. La tradición del Antiguo Testamento y del judaísmo ha comparado a Israel con un árbol o planta (higuera, viña, olivo…). El árbol de Israel debe dar frutos, a través del arrepentimiento.
  3. Hijos de Abraham las piedras… (Mt 3, 9; Lc 3, 8) Hay una confianza genealógica d Israel que se funda en la pura descendencia (hijos de Abraham). Juan, profeta escatológico tiene que ir en contra de esa confianza… La filiación de Abraham no es un seguro inmediato, sino que ella está vinculada a las buenas obras…
  4. Trae en su mano el Hacha, para cortar los árboles que no produzcan fruto (Mt 3, 10; Lc 3, 9). No es Sembrador, sino recolector y Leñador, vigilante que mira y distingue, árbol tras árbol, para separar a los buenos de los malos. No es mensajero del amor de Dios, ni de su Paternidad, sino de su justicia destructora.
  5. Bautizará a los suyos en Espíritu Santo… y fuego (3, 11: evn pneu,mati a`gi,w|,), realizando así el juicio divino. Espíritu significa aquí viento: es huracán que sopla con fuerza aterradora, desgajando y destruyendo aquello que se encuentra poco cimentado sobre el mundo; es santo (a`gi,w), en línea de separación, para destruir aquello que se opone a la pureza de Dios. Les bautizará con Fuego (3, 11: evn,… puri). Al Viento de Dios sigue su Incendio. Ambos unidos, huracán y fuego, expresan la fuerza judicial y destructora (escatológica) de Dios y se vinculan mutuamente, como indica la tradición del AT (falta el terremoto de 1 Rey 19, 11-13).
  6. Tiene en su mano el Bieldo y limpiará su era… (3, 12; Lc 17). Así culminan las imágenes anteriores: el Espíritu/Viento sirve para separar la paja del trigo, el Fuego para quemarla.  El Venidero, antes Leñador (tenía en su mano el hacha para cortar y quemar los árboles sin fruto), se vuelve así Trillador o Aventador (con la horquilla o bieldo separador en su mano).

Con su gesto profético (bautismo) y su mensaje, Juan eleva su amenaza final, anunciando el juicio de Dios, que viene como Hacha que corta (derriba los árboles sin fruto), con su gran promesa mesiánica.

Bartolomé_Esteban_Perez_Murillo_021La amenaza se centra en el huracán que barre (limpia la era), el Hacha que corta y el y Fuego que destruye (la madera corta, la paja). Ciertamente, llegará el tiempo nuevo de la salvación (con la tierra prometida), pero ella implica juicio y destrucción para todo lo perverso.

Pero con la amenaza viene la promesa de Adviento: El mismo anuncio del juicio y la espera del nuevo bautismo abre un tiempo de conversión para aquellos que se arrepienten y quieren superar la ira que se acerca, cruzando el umbral de la muerte (simbolizada por el fuego y huracán) para entrar en la Tierra Prometida, como Josué en otro tiempo (cf. Jos 1-3).

Juan descorre así un resquicio de adviento, rescatando a los hombres de la muerte que se acerca para así ofrecerles la promesa del Cristo. En ese resquicio se sitúa la llegada del Más Fuerte que bautiza en Espíritu Santo, realizando la purificación definitiva, que implica destrucción de todo lo perverso. Juan se encuentra todavía al otro lado del río, en la zona del desierto. Pero ese espacio reducido debe abrirse con la llegada del Más Fuerte, que “recoge el trigo en la era”, abriendo así un tipo de vida distinta, de pan, de justicia y banquete. Eso significa que el del mundo camina a la ruina, con su templo y sus sacerdotes, con sus reyes y sus gobiernos, pero, sobre esa ruina, se revela la gracia de la vida en Cristo.

  1. El Adviento de María, la palabra de juicio y promesa de la Inmaculada

            Hemos tendido a vincular la Inmaculada de Adviento con una imagen etérea de belleza extra‒mundana… Pues bien, el mensaje de María es el mismo de Juan Bautista. En el Adviento, la palabra de la madre de Jesús, profetisa de juicio y salvación es el mismo de María, según el evangelio de Lucas. En este contexto de Adviento nos limitamos a citar y comentar el centro de Magnificat (Lc 1, 51‒53), como profecía del gran cambio de los tiempos, en la línea en la línea del anuncio de Juan Bautista, con quien ella concuerda.

  «Ha desplegado el poder de su brazo: dispersa a los soberbios de corazón; derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; a los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos» (1,51-53).

Nivel teológico, revelación de Dios. «Dispersó a los soberbios de corazón». En la línea de los versos siguientes se podría añadir: «y acoge a los mansos». El verso anterior del Magniticat, María ha situado frente a los soberbios a los hombres que temen al Señor y aceptan su presencia (1,50). Soberbios son, en cambio, los que buscan el orgullo de su propia gloria, divinizan su poder (saber) y miran a todos los restantes hombres como seres de segundo plano, servidores.

 Pues bien, allí donde se viene a desplegar la fuerza y gloria verdadera del brazo del Señor esa grandeza soberbia de los hombres se disipa y se dispersa como el humo de la paja que arrebata el viento. Ninguna ideología humana puede llamarse salvadora. Sólo aquellos que confían en Dios y que dialogan de manera gratuita con los otros pueden encontrar su plenitud dentro del misterio.

Nivel político. «Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los oprimidos». Poderoso es quien pretende apoyarse en su poder, el que se eleva por encima de los otros y al hacerlo les oprime, les aplasta. Esta parece ser la condición de nuestra tierra: suscitamos una forma de existencia donde todo tiende a resolverse por la fuerza, interpretada como imposición; construimos un mundo donde todo es competencia, sin lugar para que vivan y desplieguen su verdad los más pequeños, los enfermos, marginados, fracasados.

Pues bien, María ha descubierto que la mano de Dios actúa de manera diferente, como gratuidad y amor abierto a los que están perdidos en el fondo de la tierra. Por eso invierte la antigua perspectiva: mira la historia desde abajo, desde los pobres, derrotados y aplastados; pero mira bien y sabe que la historia cambia, porque Dios «destrona a los que están sentados sobre el trono» y salva, en unidad de diálogo fraterno y en amor universal, a todos los humildes de la tierra.

Nivel económico. «A los hambrientos los colma de bienes, a los ricos los despide vacíos». También aquí María ha comprendido que sólo existe verdad y realidad si es que a los hombres se les mira desde abajo. Ricos son los que se asientan en los bienes de la tierra: los que buscan su seguridad en el tener, esclavizando y oprimiendo para ello a los que no pueden (no quieren) triunfar de esa manera y pasan hambre.

Pues bien, María se coloca entre esos pobres: con ellos siente, con sus ojos mira, descubriendo la presencia de un Dios transformador y justiciero que los colma de bienes. Surge desde abajo, desde el mismo fondo de la tierra, un hombre nuevo que no oprime a los demás, que no se monta ya en el trono, que no toma la riqueza como forma de dominio sino como expresión de amor y signo de encuentro, mesa compartida. Así terminan los ricos opresores y se ofrece un banquete de amor universal sobre la tierra de los viejos pobres.

Tales son, en síntesis, los rasgos primordiales de esta acción liberadora de Dios que María ha descubierto y proclamado, en apertura al conjunto de la humanidad como “inmaculada”, es decir, como signo y profeta de la salvación de Dios

 Sus palabras son profunda teología. Ellas desvelan el misterio de Dios como poder de libertad gratuita. Son palabras de humanismo creador donde comienza a realizarse la utopía (¡ahora verdad localizada!) de la tierra nueva en que no existen más imposiciones ni injusticias. Son palabras jubilosas de una mujer elevada por el gozo del misterio canta al Dios de su nueva humanidad ya liberada, por fin reconciliada. ¿Cuándo será esto? ¿Cómo lo podemos conseguir? Estas son las preguntas que nos deja María, la mujer que ha preguntado en el momento decisivo de la historia (cf. Lc 1,34)[2].

De esta forma se explicita la protesta y esperanza de María. Sigue viva entre los hombres su voz de manifiesto salvador y su llamada al cambio de la historia. Ella ha transmitido a todos el deseo de una tierra liberada donde al fin podamos realizarnos como humanos, en fraternidad universal. Por eso, el himno de María es canto de liberación revolucionaria que se funda en la vivencia de la gratuidad de Dios y en la exigencia de la entrega creadora entre los hombres.

JUAN Y MARÍA COMO TESTIGOS DE ADVIENTO

41_00373094~ikonenmalerei_deesis---icon-by-angelos---c15th            74155316_1367110946799427_27766357978251264_n   Desde tiempos antiguos la Iglesia ha vinculado a Juan Bautista y María figuras de Adviento, abriendo el camino de Jesús, anunciando su llegada, preparando y acompañando su juicio. Voy a presentar tres “imágenes”

1. Icono tradicional de las iglesias de Oriente y Occidente (desde el siglo IV.V de.C.) Representan la “deisis” o glorificación de Cristo. La Madre María y el Bautista le dan su testimonio. De un modo o de otro preside todas las iglesias antiguas de oriente y occidente. Izquierda, un icono antiguo… Derecha: puerta de “adviento”, con María y Juan a los lados de Jesús, con ángeles en la bóveda… Entrada en un monasterio del Monte Athos.

El_Juicio_Final,_Catedral_Vieja_de_SalamancaEJaLfK2WsAAUpiH2. Imagen medieval, de tipo icónico. Izquierda: Ábside de la Catedral de Salamanca. Se concentra en el “juicio final”. Se mantiene a lo largo de toda la Edad Media, hasta el siglo XV (como esta obra de N. Fiorentino, de la segunda mitad del siglo XV.  Cristo aparece juzgando, y en especial condenando a los de su izquierda. El juicio final de condena se impone sobre el anuncio mesiánico de salvación. Riesgo de un cristianismo que justifica un tipo de violencia de Dios sobre el pecado de los hombres. Derecha: cuadro flamenco del siglo XV

 3. Pintura no icónica de Miguel Ángel. Capilla Sixtina, Vaticano (siglo XVI)

capilla-desnudos-cDeja de ser un icono, pierde su sentido cristiano… Cristo juzga y condena, en una línea no evangélica, más pagana que mesiánica… Sigue estando la Virgen a su lado (vestida por mandato de un Papa), admirada, casi “espantada” del juicio de condena de su Hijo. Juan Bautista desaparece entre los santos del entorno. Posiblemente sea el segundo, a la derecha de San Andrés, que está con su cruz en aspa, tras Maria vestida… Es una figura de gigante desnudo… pero sin rasgo distintivo ni misión específica.

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Paraíso, conversión, acogida. Domingo 2º de Adviento. Ciclo A

Domingo, 8 de diciembre de 2019

brote2-960x350Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

  1. Injusticia ‒ paraíso (Isaías 11,1-10)

            La lectura de Isaías del primer domingo de Adviento hablaba de la experiencia de la guerra y la esperanza de un mundo sin conflictos militares ni carrera de armamentos. Este segundo domingo se dedica a la experiencia de la injusticia y su contrapartida de un mundo feliz, una vuelta al paraíso. Los profetas fueron quienes denunciaron la situación de injusticia con más energía. Aunque no veían fácil solución al problema, estaban convencidos de que el remedio dependía de unos jueces y monarcas justos, que implantaran la justicia en el país. El texto más claro y utópico en esta línea es el que se lee en el segundo domingo de Adviento.

            Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago.

            Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor.

            No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados.

            Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios.

            La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas.

            Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastorea.

            La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará en la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente.

            No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

            La mejor forma de entender este poema es verlo como un tríptico. La primera tabla ofrece un paisaje desolador: un bosque arrasado y quemado. Pero en medio de esa desolación, en primer plano, hay un tronco del que brota un vástago: el tronco es Jesé, el padre de David, y el vástago un rey semejante al gran rey judío.

            En la segunda tabla, como en un cuento maravilloso, el vástago vegetal adquiere forma humana y se convierte en rey. Pero lo más importante es que él vienen todos los dones del Espíritu de Dios: prudencia y sabiduría, consejo y valentía, ciencia y respeto del Señor. Y todas ellas las pone al servicio de la administración de la justicia. El enemigo no es ahora una potencia invasora. Lo que disturba al pueblo de Dios es la presencia de malvados y violentos, opresores de los pobres y desamparados. El rey dedicará todo su esfuerzo a la superación de estas injusticias.

            La tercera tabla del tríptico da por supuesto que tendrá éxito, consiguiendo reimplantar en la tierra una situación paradisíaca. Y esto se describe uniendo parejas de animales fuertes y débiles (lobo-cordero, pantera-cabrito, novillo-león) en los que desaparece toda agresividad. Nos encontramos en el paraíso, y todos los animales aceptan una modesta dieta vegetariana («el león comerá paja con el buey»), como proponía el ideal de Gn 1,30. Y como ejemplo admirable de la unión y concordia entre todos, aparece un pastor infantil de lobos, panteras y leones, además de ese niño que introduce la mano en el escondite de la serpiente. El miedo, la violencia, desaparecen de la tierra. Y todo ello gracias a que «está lleno el país del conocimiento del Señor». Ya no habrá que anhelar, como en el antiguo paraíso, comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Hay una ciencia más profunda, el conocimiento de Dios, y ésa no queda recluida dentro de unos límites prohibidos, sino que inunda la tierra como las aguas inundan el mar.

            Esta esperanza del paraíso no se ha hecho todavía realidad. Pero el Adviento nos anima a mantener la esperanza y hacer lo posible por remediar la situación de injusticia.

  1. Conversión (Mateo 3,1-12)

            El evangelio del primer domingo nos invitaba a la vigilancia. El del segundo domingo exhorta a la conversión, basándose en la predicación de Juan Bautista.

            Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”».

            Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.

           

            El evangelio de Mt es muy impreciso con respecto al momento histórico en que comienza la actuación de Juan («por aquel tiempo»), y también con respecto a lugar de su predicación: «en el desierto de Judea».

            El mensaje se resume en pocas palabras: «Arrepentíos, porque el Reinado de Dios está cerca». La llamada a la conversión es típicamente profética. Al comienzo del libro de Zacarías, se dice: «Volved a mí y yo volveré a vosotros. No seáis como vuestros antepasados, a quienes predicaban los antiguos profetas: “Así dice el Señor de los ejércitos: Convertíos de vuestra mala conducta y de vuestras malas acciones”; y no me escucharon ni me hicieron caso» (Zac 1,4). Según este texto, toda la predicación profética se resume en la llamada a la conversión, que me implica dos aspectos distintos y complementarios: volver a Dios y cambiar de conducta.

            Juan aduce un motivo típicamente apocalíptico: «el reinado de Dios está cerca». A nosotros esta frase puede resultarnos exagerada y ridícula. Aunque rezamos continuamente «venga a nosotros tu reino», tendemos a reaccionar de manera escéptica cuando oímos hablar de la cercanía de ese reinado. La reacción de los judíos del siglo I, sobre todo de los que sintonizaban con la mentalidad apocalíptica, era muy distinta. A gente pobre, sencilla, oprimida por los romanos y sus colaboradores, Juan le anuncia un mundo nuevo, de justicia, paz, tranquilidad, amor, en el que Dios será el verdadero rey. Así se comprende el éxito que encuentra entre sus contemporáneos: acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán. La gente busca y encuentra en él hago algo que no encuentra entre los dirigentes religiosos.

            El evangelio del segundo domingo de Adviento no termina ahí. Continúa con un duro enfrentamiento de Juan con los fariseos y saduceos.         Las palabras que Juan dirige a este grupo constan de saludo y dos partes. El saludo no habría ganado un premio en un concurso de retórica: ¡Camada de víboras! Juan no quiere ganarse a sus oyentes sino provocarlos para que se conviertan.       La primera parte dice así:

¿Quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Abraham es nuestro padre”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

            Cuando habló al pueblo, Juan adujo como motivo para convertirse la inminencia del reinado de Dios. Aquí indica un motivo distinto: la inminencia del castigo, que se compara con un hacha dispuesta a talar los árboles. Y añade que la conversión debe ser práctica, acompañada de obras; como el árbol que da buen fruto, o de lo contrario es cortado. En medio de esta amenaza, fariseos y saduceos pueden pensar en una escapatoria: «Somos israelitas, hijos de Abrahán, y no podrá ocurrirnos nada malo, Dios no nos castigará». Lo mismo que afirmaron siglos antes los contemporáneos de los profetas Amós y Jeremías. Pero Juan, igual que los antiguos profetas, les advierte que esta falsa confianza no les servirá de nada.

            La segunda parte del discurso acentúa el tono amenazador:

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.

            Juan cumple ahora otro aspecto de su misión de precursor del Mesías: habla de este personaje, acentuando su dignidad («no merezco ni llevarle las sandalias») y su poder («yo bautizo con agua, él con fuego»). El verbo bautizar significa «lavar» (en el evangelio se dice que los fariseos «bautizan» los platos y vasos). Juan considera que su lavado es suave, con agua; el del Mesías será una purificación con fuego. Basándose en el Salmo 2, algunos textos concebían al Mesías con un cetro en la mano para triturar a los pueblos rebeldes y desmenuzarlos como cacharros de loza. Juan no lo presenta con un cetro, utiliza una imagen más campesina: lleva un bieldo, con el que separará el trigo de la paja, para quemar ésta en una hoguera inextinguible.

            Sumando los datos anteriores, tenemos dos imágenes terribles para exhortar a la conversión: la del hacha dispuesta a talar los árboles inútiles y la del bieldo echando a la hoguera a quienes son como la paja.

            ¿Está justificado este carácter tan duro del mensaje de Juan? El texto más parecido, incluso por la imagen, se encuentra al final del libro de Amós:

                        Mirad, daré órdenes de zarandear a Israel entre las naciones,

como se zarandea una criba sin que caiga un grano a tierra.

                        Pero morirán a espada todos los pecadores de mi pueblo;

los que dicen: No llega, no nos alcanza la desgracia (Am 9,9-10).

            Otro ejemplo, tomado del final del libro de Isaías:

11Pero a vosotros, que abandonasteis al Señor olvidando mi Monte Santo,

(…)

12yo os destino a la espada, y todos os encorvaréis para el degüello:

porque llamé y no respondisteis, hablé y no escuchasteis,

hicisteis lo que no me agrada,           escogisteis lo que no quiero. (Is 65,11-12)

            Esta mentalidad influirá en que algunos israelitas piadosos consideren plenamente justificado el recurso a la violencia cuando advierten un comportamiento indigno. En la conferencia cito los ejemplos de Fineés, Elías y Matatías. Conviene recordar la dureza de estos textos para valorar justamente el evangelio del próximo domingo.

  1. Acogida (Romanos 15,4-9)

            Las primeras comunidades cristianas estaban formadas por dos grupos de origen muy distinto: judíos y paganos. El judío tendía a considerarse superior. El pagano, como reacción, a rechazar al cristiano de origen judío. En este contexto escribe Pablo:

            Hermanos:

            Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, os conceda estar de acuerdo entre vosotros, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alabéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.

            En una palabra, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así, dice la Escritura: «Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre». 

            Hoy día no existe este problema, pero pueden darse otros parecidos, que dividen a los cristianos por motivos raciales, políticos o culturales.

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08 Diciembre. Segundo Domingo de Adviento

Domingo, 8 de diciembre de 2019

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Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.”

(Mt 3, 1-12)

Acudid vosotras y vosotros también…

En este segundo domingo de adviento el evangelista Mateo nos presenta a un Juan Bautista enfadado, o por lo menos, indignado y muy poco preocupado por la imagen, el márquetin o porque se le vaya la gente.

Ahí le tenemos con su curioso atuendo: vestido de piel de camello y correa de cuero, con una dieta también extraña a base de saltamontes y miel silvestre.

Que cuando se ha concentrado a su alrededor mucha gente (toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán) se pone a insultar a voz en grito a los fariseos y saduceos, les llama “raza de víboras” y manda al cuerno sus privilegios diciéndoles que Dios puede sacar hijos de Abrahán de las piedras. Y a partir de ahí ya son todo amenazas: el hacha, el fuego y el bieldo.

La verdad es que todo junto da un poco de miedo. Si lo pienso despacio no sé si iría corriendo a bautizarme o correría en sentido contrario…

Realmente el anunciante y el anunciado se parecen poco. Aunque es verdad que Jesús tampoco se quedará corto a la hora de dedicarles algunos insultos a los fariseos y escribas, incluso a Herodes.

Pero en lo que no se parecen nada de nada es en la experiencia de Dios. Juan nos habla de un Dios justiciero, que tiene ya el hacha en la mano… Jesús nos dirá que Dios tiene una paciencia y una misericordia infinitas y que no pretende ni siquiera quebrar la caña cascada, ni apagar en pábilo vacilante.

Sin embargo, también Jesús nos invitará a la conversión, pero no por temor, ni principalmente para quitarnos los pecados, no. Jesús nos invita a volver a nuestro Dios porque sabe que mientras le falte uno solo de sus hijos, una sola de sus ovejas o una sola de sus monedas, Dios no está tranquilo, no puede estarlo.

Oración

Dios nos está esperando con un abrazo inmenso y Jesús nos dice: ¡Acudid! a los brazos del Padre.

¡Acudid! Porque lo que tiene en la mano no es un hacha, es un anillo. (Cfr. Lc15, 22)

Porque solo es capaz de “amenazarnos” con cargarnos a sus hombros para llevarnos a casa. (Cfr. Lc15,5)

¡Acudid! Porque está deseando encontraros y celebrar una fiesta con sus amigas y vecinas. (Cfr. Lc 15, 9).

Gracias, Trinidad Santa, por esta segunda semana llena de abrazos.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Segundo Domingo de Adviento. María Inmaculada. 8 diciembre, 2019

Domingo, 8 de diciembre de 2019

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“Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús.”

(Lc 1, 26-38)

En mitad de nuestro tiempo de adviento irrumpe esta fiesta importante de María. Hoy celebramos la Inmaculada Concepción de María, un dogma de fe. Algo muy importante para la teología pero difícil de explicar y de entender, como sucede con la mayoría de las cosas importantes.

Pero como en este espacio no tratamos de hacer teología sino de acercarnos, de una manera orante, a la Palabra de Dios, podemos dejar el dogma y quedarnos con María.

María, una mujer sencilla de Nazaret que recibe la visita de un ángel que le pone la vida del revés. “Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo…” Y nos podemos quedar con la capacidad que tuvo María de pasar de la turbación (“Ella se turbó ante estas palabras…”) a la decisión (“…hágase…”).

María, con toda su libertad (y eso significa con miedos, con dudas y vacilaciones) acepta la misión que Dios le propone. Acoge su invitación y lo hace con todas las consecuencias.

Las representaciones artísticas del momento de la anunciación suelen ser todas ellas en lugares idílicos y nos presentan una bella escena que transmite alegría y serenidad. De hecho “La anunciación” es uno de los misterios de gozo del rosario. Y está bien que sea así, Pero no olvidemos que María con su “hágase” a los planes de Dios está dando un salto al vacío.

Eso de que una joven soltera se quedase embarazada no era en el tiempo ni en la cultura de María (ni ahora en muchas culturas) algo trivial, podía llegar a significar, en el peor de los casos, la pena de muerte de esa mujer.

Por eso, el “hágase” de María está lleno de compromiso y de confianza, de abandono en las manos de Dios.

Oración

Acompáñanos, María de Nazaret, en este itinerario de adviento. Se nuestro modelo de compromiso y fidelidad, de audacia y de coraje.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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El Profeta ve más allá de las apariencias.

Domingo, 8 de diciembre de 2019

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Hoy, los profetas Isaías y Juan tienen la palabra. La palabra de un profeta no es fácil de aceptar porque obliga a cambiar, y eso no nos gusta. El profeta es el hombre que ve un poco más allá, o más hondo, que el resto de los mortales. Esa ventaja nace de su postura escudriñadora. No le gusta lo que ve a su alrededor y busca algo nuevo. Esa novedad la encuentra entrando dentro de sí y viendo las exigencias de su verdadero ser. El profeta no es un portavoz enviado desde fuera; es siempre un explorador del espíritu humano que tiene la valentía de advertir a los demás de lo que ve.

Hoy Isaías anuncia lo que debía ser cada hombre personalmente y lo que podía ser la comunidad. Pero extiende los beneficios de una comunidad auténticamente humana a toda la creación. El causante de ese maravilloso cambio será el Espíritu. Los tiempos mesiánicos llegarán cuando las ciencias humanas no tengan la última palabra, sino que la norma última sea “la ciencia del Señor”. Sencillamente genial. Hoy sabemos que esa sabiduría de Dios está en lo hondo de nuestro ser y allí debemos descubrirla.

Lo primero que nos anuncian es que nacerá algo nuevo de lo viejo. En lo antiguo, aunque parezca decrépito y reseco, siempre permanece un germen de Vida. La Vida es más resistente de lo que normalmente imaginamos. En lo más hondo de todo ser humano siempre queda un rescoldo que puede ser avivado en cualquier instante. Ese rescoldo es el punto de partida para lo nuevo, para un verdadero cambio y conversión.

El evangelio del hoy, leído con las nuevas perspectivas que nos da la exégesis, nos puede abrir increíbles cauces de reflexión. Es un alimento tan condensado, que necesitaría horas de explicación (diluirle para convertirlo en digerible). El problema que tenemos es que lo hemos escuchado tantas veces, que es casi imposible que nos mueva a ningún examen serio sobre el rumbo de nuestra vida. Y sin embargo, ahí está el revulsivo. Pablo ya nos lo advierte: “La Escritura está ahí para enseñanza nuestra”

En aquellos días. Este comienzo es un intento de situar de manera realista los acontecimientos y dejarlos insertados en un tiempo y en un determinado lugar. Jesús ya tenía unos treinta años y estaba preparado para empezar una andadura única. Sin embargo, los cristianos descubren que los primeros pasos los quieren dar de la mano del único profeta que aparecía en Israel después de trescientos años de sequía absoluta.

En el desierto. La realidad nueva que se anuncia, aparece fuera de las instituciones y del templo, que sería el lugar más lógico, sobre todo sabiendo que Juan era hijo de un sacerdote. Esto se dice con toda intención. Antes incluso de hablar del contenido de la predicación de Juan, nos está diciendo que su predicación tiene muy poco que ver con la religiosidad oficial, que había desfigurado la imagen del verdadero Dios.

Convertíos, porque está cerca el Reino de Dios. Está claro que se trata de una idea cristiana, aunque se ponga en boca del Bautista. Es exactamente la frase con que, en el capítulo siguiente, comienza su predicación el mismo Jesús. Sin duda quiere resaltar la coincidencia de la predicación de ambos, aunque más adelante deja claro las diferencias. Convertirse no es renunciar a nada ni hacer penitencia por nuestros pecados. Conversión (metanoia), en lenguaje bíblico, es cambiar de rumbo en la vida.

Éste es el que anunció el profeta Isaías. Esta manera de referirse al Bautista es muy interesante, porque resume muy bien lo que pensaban los primeros cristianos de Juan. Para ellos, la figura de Juan responde a las expectativas de Isaías. Juan es Elías (correa de cuero) que vuelve a preparar los tiempos mesiánicos.

Llevaba un vestido de piel de camello. La descripción del personaje es escueta pero impresionante. Su figura es ya un reflejo de lo que será su mensaje, desnudo y sin adornos, puro espíritu, pura esencia. ¡Qué bien nos vendría hoy un poco más de coherencia entre lo que vivimos y lo que predicamos! Esa falta de coherencia es lo que denuncia a continuación en los fariseos y saduceos. Juan es un inconformista que no se amolda en nada a la manera religiosa de vivir de la gente normal.

Acudía a él toda la gente. La respuesta parece que fue masiva. Se proponen dos ofertas de salvación: la oficial, Jerusalén (templo) y la protestante en el desierto. La gente se aparta del templo y busca la salvación en el desierto junto al profeta. La religión oficial se había vuelto inútil, en vez de salvar esclavizaba. Más tarde, Mt llevará a toda esa gente a Jesús, en quien encontrará la salvación definitiva.

Dad el fruto que pide la conversión. A los fariseos y saduceos, Juan les pide autenticidad, de nada sirve engañarse o engañar a los demás. Los fariseos y los saduceos eran los dos grupos más influyentes en tiempo de Jesús. También van a bautizarse. Las instituciones opresoras tratan por todos los medios de domesticar ese movimiento inesperado, pero son desenmascarados por Juan.

Los fariseos conocedores de todas las normas, cumplían más de lo que estaba mandado, por si acaso. Los saduceos eran el alto clero y los aristócratas, los que estaban más cerca del templo y de Dios. Éstos son los que tienen que convertirse. ¿De qué? Aquí está la clave. Un cumplimiento escrupuloso de la Ley compatible con una indiferencia e incluso desprecio por los demás, es contrario a lo que Dios espera. Estar todo el día trajinando en el templo no garantiza el cumplimiento de la voluntad de Dios.

La conclusión es demoledora. Ninguna religiosidad que no valore en su justa medida al hombre puede tener sentido, ni entonces ni ahora. Los seres humanos somos muy propensos a dilucidar nuestra existencia relacionándonos directamente con Dios, pero se nos hace muy cuesta arriba el tener que abrirnos a los demás. Nos cuesta aceptar que lo que me exige Dios (mi verdadero ser) es que cuide del otro. Sin pudiéramos escamotear esta exigencia, todos seríamos buenísimos.

El Dios, con el que nos relacionamos prescindiendo del otro, es un ídolo. Convertirse no es arrepentirse de los pecados y empezar a cumplir mejor los mandamientos. No se trata de dejar de hacer esto y empezar a hacer aquello. No podemos conformarnos con ningún gesto externo. Se trata de hacerlo todo desde la nueva perspectiva del Ser profundo. Se trata de estar en todo momento dispuesto a darme a los demás.

Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Se trata de otra idea absolutamente cristiana. Juan está hablando de un bautismo distinto y superior al suyo. Toda plenitud es siempre realizada gracias al Espíritu. No está hablando propiamente del “Espíritu Santo”, sino de la fuerza de Dios que capacita a Jesús y a todo el que “se bautice en él”, para desplegar todas las posibilidades de ser humano.

Meditación

La presencia de Dios Espíritu en nosotros es la clave.
Meditar es emprender un camino hacia el hondón de mi ser.
Si de verdad quiero ser auténtico, tengo que descubrir mi ser.
El camino puede ser largo y difícil, pero no hay alternativa.
Si no lo descubro, mi vida se centrará al “ego” (falso yo).

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Actos frente a palabras

Domingo, 8 de diciembre de 2019

1Cuando escuché sonar la campana desaparecieron el “yo” y la “campana” y sólo había tañidos” (Maestro zen)

4 de diciembre, II domingo de Adviento

Mt 3, 1-12

Dad frutos válidos de arrepentimiento y no os imaginéis que os basta decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo os digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos de Abrahán

En la película Encadenados de Hitchcock, Cary Grant e Ingrid Bergman en los  papeles protagonistas de Frank y Alicia, oscilan continuamente entre el arrojarse sin trabas a los brazos de su impulso o el constreñirse en aras de intereses superiores a los que deben servir: conflicto entre el amor y el sentido del deber.

“Obras, señor, son amores, / que buenas razones no” dice Laura, en la comedia de Lope de Vega que lleva por título Obras son amores, y no buenas razones. Felisardo, rey de Ungria, le replica: “Laura, tú me has advertido: / tú me dices, Laura bella, / que las obras son amores, / hoy quiero yo que se vea / que esa sentencia es verdad”. Y posteriormente añade: “Pues, Laura, hoy quiero que veas / que las obras son amores, / y si el dar grandes riquezas, / es digna demostración, / las mayores que deseas / te traigo en aquesta caxa”Un refrán castellano lo refrenda: Obras son amores, que no buenas razones.

Ser hombre de palabra es importante, pero sería vano si no fuera acompañado de los hechos. En su Poema Noche del hombre y su demonio, Luis Cernuda hace que el hombre le replique al diablo en estos engañosos términos: “Hoy me reprochas el culto a la palabra. / ¿Quién sino tú puso en mí esa locura? / El amargo placer de transformar el gesto / en son, sustituyendo el verbo al acto. / Ha sido afán constante de mi vida / y mi voz no escuchada, o apenas escuchada”.

“Cuando escuché sonar la campana desaparecieron el “yo” y la “campana” y sólo había tañidos”, como dijo un famoso maestro zen cuando alcanzó la iluminación. No basta que las campanas tañan en sonidos que luego lleva el viento, pues una cosa es predicar y otra dar trigo: es sencillo emplear la palabrería ante una necesidad, pero lo realmente importante son los hechos.

Dad frutos válidos de arrepentimiento y no os imaginéis que os basta decir: Nuestro padre es AbrahánMateo pone el dedo en la llaga de los vendedores de viento, con sus estanterías vacías de productos. En la anteriormente citada película Encadenados de Hitchcock, Cary Grant le dice a Ingrid Bergman: “Los actos importan más que las palabras”, cuando ella le pregunta insistentemente si la quiere. Se lo está demostrando con los hechos.

Con objeto de que Juan Bautista le reconociera, Jesús le envía a sus discípulos para que le informen, no de lo que predica sino de lo que hace: “ciegos recobran vista, cojos caminan, leprosos quedan limpios, sordos oyen, muertos resucitan, pobres reciben la Buena Noticia” (Lc 11, 5).

Los gansos salvajes de nuestro Poema también son emigrantes que en otoño hacen sus travesías en punta de lanza por el cielo. Se sienten altamente solidarios y, en su vuelo hacia el sur, ayudan a los necesitados que flaquean, se cansan o caen enfermos. En el viaje común no sólo hay graznidos.

EL GANSO SALVAJE

Os he visto hacer la travesía
en punta de lanza
por el cielo.
Permanecíais unidos cogidos de la mano
y en equipo.

Remeros de los mares siderales
donde el espacio es siempre infinito
¿Quién ha sido el Gran Sabio de la vida
que os dijo: “así volando en sintonía
alcanzaréis mejor  vuestro destino?”

Todos son
capitanes del barco y son remeros.

Todos tienen su turno
en el Puente de Mando y en el remo.
Todos graznan
y dan al Capitán coraje.

Todos se sienten solidarios;
y cuando alguno flaquea, se cansa o cae enfermo,
dos aguerridos dejan la formación y le acompañan
hasta facilitarle retomar el vuelo.

Gran Sabio de la vida:
¿por qué nos amasaste hombres y no Gansos?

(Naturalia. Los sueños de las criaturas.
Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Juan Bautista, ayer y hoy.

Domingo, 8 de diciembre de 2019

rosto-de-jesus-na-multidaoMt 3, 1-12

El evangelio de este domingo nos presenta un personaje curioso. Va vestido de un modo que llama la atención y recuerda al profeta Elías; predica en el desierto de Judea  y no tiene pelos en la lengua. Predicó hace casi dos mil años, pero…

¿QUÉ NOS DIRÍA HOY?

Juan Bautista se colocó en el pasillo central de unos grandes almacenes, junto a las mejores ofertas del Black Friday, sacó su megáfono y dijo: “Que sean vuestras necesidades reales lo que os mueva a comprar. Que las ofertas no apaguen vuestra lucidez ni despierten el deseo compulsivo de consumir…”

La gente le rodeó pensando que era una atracción más y formaba parte del montaje de las rebajas, pero al oír su mensaje se fueron retirando. Por los pasillos de los grandes almacenes se oían comentarios: “Está loco”; “Que nos deje disfrutar de las rebajas.”; “Este no se ha enterado de la sociedad en la que vive”…

Juan Bautista se fue a unos estudios de televisión y se sentó entre el público. Durante un rato observó cómo un grupo de hombres y mujeres ganaban dinero fácilmente vendiendo su cuerpo y sus sentimientos. Tan pronto mentían como reconocían su mentira y se sometían al polígrafo. Lloraban, gritaban, se insultaban o se besaban apasionadamente.

De repente, Juan se puso en pie, sacó su megáfono y les dijo: “Mirad a vuestro alrededor. Muchos jóvenes  han caído, víctimas de este juego. Sois como ídolos con pies de barro. Por salir en televisión sois capaces de mezclar el amor con la mierda;  antes o después, la suciedad os salpica a vosotros mismos…”

No pudo continuar. Dos guardias de seguridad fornidos lo cogieron por los hombros y lo sacaron a la calle, cerrando las puertas tras él. Dentro, la presentadora pidió disculpas:

– Lo sentimos. De vez en cuando hay locos que intentan estropear el programa, pero no lo consiguen.

Y la grabación continuó su curso, como si no hubiera pasado nada;  la audiencia se lo merecía.

Juan Bautista entró en el edificio de un gran banco y gritó en el hall: “Raza de víboras, mirad las consecuencias de vuestra política económica.  No digáis que sois banqueros cristianos de toda la vida y dais limosna. Los tribunales están llenos de procesos y juicios contra vosotros. Os habéis enriquecido engañando a los más débiles…”

– Ya hemos oído bastante. Que lo desalojen- se oyó desde el fondo del hall.

Y lo expulsaron sin miramientos.

Juan Bautista se fue a la puerta del Congreso y fue abordando a sus señorías diciendo: “¡Basta ya de promesas de cambio! Es hora de hacer justicia y de repartir con quien no tiene. El árbol que no da fruto será talado y echado al fuego. Dad frutos propios de la conversión… “

Alguien levantó la mano e hizo un gesto. En un momento, un grupo de policías rodeó a Juan,  lo metieron en un furgón y se lo llevaron.  La persona que dio la orden era del partido de los Herodianos.

Al estar detenido no pudo ir a predicar a una iglesia del centro de la ciudad, que estaba muy concurrida los domingos.

JUAN BAUTISTA EN SU TIEMPO

Cada uno de los cuatro evangelistas nos habla de Juan, poniendo el acento en aspectos diferentes, según la finalidad de su evangelio, porque el Bautista tuvo multitud de seguidores y una importancia extraordinaria en su tiempo; hay datos extra bíblicos que lo confirman. En algunos ambientes fue más conocido que el propio Jesús.

El evangelista san Mateo da un salto cronológico, desde la infancia de Jesús a la aparición del Bautista. Lo hace magistralmente gracias a la frase “por aquel tiempo”. Con este recurso literario quedaba claro en su tiempo que la historia de la salvación continuaba. A continuación nos ofrece rasgos para que podamos reconocer a Juan Bautista como un profeta.

Isaías había dicho: “Una voz grita: preparad en el desierto un camino para Yahvé, enderezad en la estepa una senda para nuestro Dios” (40, 3). Hay otros textos similares: “Yo enviaré un ángel delante de ti para que te guíe por el camino…” (Éxodo 23,20) y “He aquí que yo enviaré a mi mensajero a preparar el camino delante de mi…” (Malaquías 3, 1).

De este modo, extraño para la mentalidad actual, los judíos comprendían que tanto el mensaje de Juan como la persona de Jesús quedaban insertos en la tradición profética.

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. En tiempos de Jesús el modo de vestir era expresión de la identidad de la persona con más claridad que ahora. Actualmente una persona muy rica puede ir con pantalones vaqueros rotos y se considera moda; nos equivocaríamos al juzgar su estatus social a través de la ropa.

San Mateo nos describe las vestiduras de Juan de modo que a la gente de su tiempo le evocara al profeta Elías, hasta el punto de que llegaron a preguntarse si Elías había vuelto de nuevo, como puntualiza el evangelista Marcos.

Tenía sentido que se hicieran esa pregunta. En el segundo libro de los Reyes, Elías es descrito como “un hombre velludo con una correa de cuero ceñida a la cintura” (II Reyes 1, 8); este profeta había sido muy querido por el pueblo y creían que no había muerto, sino que había sido arrebatado al cielo y volvería de nuevo a la tierra, para seguir profetizando.

Esta creencia se corroboraba con un texto del profeta Malaquías: “He aquí que yo os enviaré al profeta Elías antes de que llegue el día grande y terrible de Yahvé” (3,23).

Ser o reconocerse “hijo de Abraham” era la meta, el sueño de cualquier varón judío. Para las mujeres no existía esa posibilidad. Pero el Bautista pide coherencia. No es un título, porque Dios podría dárselo a cualquier, incluso sacarlos de las piedras. Su mensaje es claro, confrontador e incómodo.

Al ver acercarse a fariseos y saduceos para bautizarse los llama “raza de víboras”. Podemos imaginar las amistades que se granjeó con eso. Y si añadimos la urgencia que pide en la conversión, porque el hacha está en la base de los árboles, podemos comprender que fuera un personaje controvertido.

San Lucas añadió algo más que no dice Mateo: cuando le preguntaban ¿qué tengo que hacer? El Bautista les respondía: “El que tenga dos túnicas que reparta con el que no tiene ninguna y el que tenga alimentos que haga igual”. No se puede decir más claro.

El evangelio de hoy nos presenta a un hombre valiente, coherente, que denunció lo que estaba mal y fue ganándose su sentencia de muerte. Herodes hizo el resto.

Bautizar con Espíritu Santo y fuego era una expresión de las primeras comunidades que indicaba la misión. Es Jesús, y no Juan Bautista, quien envía a la misión.

Marifé Ramos González

http://mariferamos.com

Fuente Fe Adulta

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¿Manchados o inmaculados?

Domingo, 8 de diciembre de 2019

captura-de-pantalla-2017-04-03-a-las-17-06-23Fiesta de la Inmaculada Concepción

8 diciembre 2019

Lc 1, 26-38

Habitualmente se ha entendido el “pecado” como una “mancha”, refiriéndose incluso al llamado “pecado original”, por el que todo ser humano nacería ya “manchado” con aquella culpa primera. Se confundió lo que era un mito con un supuesto hecho histórico, acaecido en un tiempo y lugar determinados.

De aquella “mancha” primera quedaría excluida, según la definición dogmática de 1854, María la madre de Jesús, razón por la cual se la empezó a designar bajo la advocación de “Inmaculada Concepción”. Es decir, al revés de lo que sucedería en el resto de los humanos, María fue “concebida sin pecado original”.

Más allá de los mitos y los dogmas, la comprensión transpersonal nos hace ver que todos somos “inmaculados” en nuestra identidad última, aunque luego nuestro funcionamiento cotidiano esté lleno de “manchas” o de actitudes y comportamientos inadecuados. Pero una cosa no niega la otra.

Y eso nos lleva a replantear el tema del “pecado”, tal como también habitualmente se ha entendido. En la enseñanza religiosa, el pecado era (es) considerado como una “mancha” que rompe la comunión con Dios y hunde a quien lo comete en la culpa.

Sin embargo, el sentido del término que aparece en el evangelio no es ese. El término griego que aparece en el Nuevo Testamento es hamartia, que significa “errar el tiro”, es decir, equivocarse. Con ello, más que “mancha”el pecado es ignorancia. Y ahí aparece una convergencia entre todas las grandes tradiciones sapienciales: el mal es fruto de la ignorancia, es decir, del desconocimiento de lo que realmente somos. Debido a esa ignorancia –al tomarnos por lo que no somos–, “erramos el tiro”, sosteniendo actitudes y comportamientos que hacen daño.

No se niega nuestra capacidad de hacer daño, pero tampoco se olvida que, en todo momento, cada persona hace lo mejor que sabe y puede. Por ello, puede comprenderse todo comportamiento, si bien comprender no equivale en absoluto a justificar.

En el plano de las formas, cada persona será “responsable” de lo que hace. Pero, en el nivel profundo, todos somos “inmaculados”. Lo que somos es Verdad, Bondad y Belleza –por nombrarlo con los “transcendentales” de la filosofía escolástica–, Plenitud de Presencia, puro Ser.

Desde esta comprensión, celebrar a “María Inmaculada” es celebrar nuestra identidad profunda. Aunque nuestro pequeño yo –personalidad– funcione en la limitación y la ignorancia, apareciendo incluso “manchado” en algunas ocasiones, nuestra identidad es pura luz. La sabiduría consiste en hacer posible que la Luz que somos ilumine toda nuestra existencia.

¿Me veo “manchado/a” o “inmaculado/a”?

 

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No hay seminaristas

Domingo, 8 de diciembre de 2019

Del blog de Tomás Muro La Verdad es Libre:

  1. Cursos_Seminarios 2Día del Seminario.

         En nuestras diócesis vascas celebramos hoy el día del seminario. En San Sebastián durante el pasado curso (2017-2018) había 12 seminaristas, que extrañamente residían y residen y estudian en el seminario de Pamplona.

         La escasez de seminaristas y de curas es evidente. El asunto tiene mucha trastienda. La primera cuestión es ¿Por qué no hay seminaristas?

         Guipúzcoa ha perdido 600 curas en 40 años. En 1970 nuestra diócesis contaba con 840 sacerdotes diocesanos. Hoy apenas pasamos de 225 y con una media de edad de más de 74 años. (Dada la estadística, nuestra Diócesis contará con menos de 100 sacerdotes en edad de trabajo (75 años) a no ser que la importación de sacerdotes de otras latitudes, aumenten los números.

Tal y como están las cosas: la profunda descristianización, el laicismo, además de la línea ideológica que ha tomado nuestra (y otras) diócesis, previsiblemente no aumentará el número de seminaristas en un futuro inmediato, por lo que, para las próximas décadas, se presenta un vacío enorme de seminaristas y de sacerdotes.

         Una empresa que “se queda sin mandos intermedios”, se lo piensa. Me da la impresión de que en la Iglesia se piensa poco en este sentido. Quiera Dios que Francisco abra caminos y cauces a los ministerios en la vida eclesial.

¿Qué nos dice la caja negra del hundimiento?

Seguramente no hay seminaristas, ni curas porque no hay cristianos. En nuestra diócesis se bautizan menos del 50% de los que nacen. Los matrimonios canónicos han bajado muchísimo. En los años 1990’ se confirmaban en Guipúzcoa alrededor de 3000 chicos al año, hoy escasamente llega a confirmarse algún centenar también por año; cada vez son más los que mueren sin sacramentos y va aumentando el número de quienes no tienen -no desean- un funeral cristiano. Si no hay cristianos haríamos bien en preguntarnos ¿por qué?, ¿qué ha pasado en esta Europa nuestra en los últimos 150 años, y qué ha pasado en la Iglesia y en nuestro pueblo? Cabe también reconocer con amplia libertad y serenidad que estamos en situación de descristianización, de increencia, de nihilismo y vacío. Una primera conclusión es que, si no hay curas es porque no hay creyentes Sin embargo la pastoral sigue funcionando como “si, sí”, “aquí no pasa nada”. Más simple y malintencionada es la versión que dan algunos obispos y curas: “fue el concilio Vaticano II y los curas que siguieron aquel espíritu” los que dinamitaron la iglesia”. Por otra parte, habríamos de reconocer que el régimen de cristiandad hace tiempo que concluyó. Hace décadas que no es cierta la España católica, así como tampoco es cierto el euskaldun fededun ¿No deberíamos de caminar en una evangelización humilde, creativa, ya no con red barredera sino con anzuelo? Porque no estamos ya en tiempos de redes de cristiandad masiva, estamos en un momento de una pastoral personal: de Nicodemo, la samaritana, Zaqueo, etc. y no en tiempos de masas y grandes concentraciones. Por otra parte volver a recorrer los caminos bíblicos, históricos, teológico-pastorales y pensar en una diversidad y amplitud del ministerio, abriría puertas y caminos para comprender lo que es el servicio eclesial.

En el NT, en los primeros siglos de la vida iglesia, la ministerialidad fue mucho más amplia y se vivió con otra concepción del ministerio, otros estilos y otras tareas. El ministerio es más sencillo y servicial que la clericalización que proviene de la época constantiniana (siglo IV) o del modelo sacerdotal tridentino. Son posibles y deseables otros tipos de ministerios ¿No habrá que pensar, y potenciar después otras formas y modelos de ministerios en la Iglesia? En el NT, era imposible – impensable una “crisis de vocaciones” en la vida de las comunidades cristianas, porque “alguien” era designado o se ofrecía para atender las necesidades de la asamblea eclesial. ¿No es pensable hoy ese modo de proceder? Cada comunidad debía “abastecerse” de las personas que pudieran atender las necesidades de tal comunidad: predicación, enfermos, Eucaristía y sacramentos, etc. El sínodo de la Amazonía celebrado hace un par de meses intentó, está intentando abrir cauces y caminos hacia una ministerialidad más abierta: ordenar como sacerdotes a hombres honrados. Hace unos cuatro o cinco años el papa Francisco creó una comisión que estudiara la cuestión de las mujeres diaconisas en la historia. (Si bien son pasos y apuntes a los que se opone el sector ultra del episcopado, del clero y del laicado).

  1. No perdamos la calma.

No perdáis la calma nos dice también hoy Jesús. Confiad. Hay una virtud que se llama humildad. Si fuimos potentes, una cristiandad por todo el mundo, hoy nos podemos aplicar lo que decía el profeta Daniel

En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocaustos, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde. (Dn 3,37-39)

         Seamos humildes y no nos angustiemos, ni caigamos en un voluntarismo ultramontano No somos más, no podemos más: esta es nuestra debilidad, nuestra fe, nuestro testimonio. Ser anciano no es ningún delito ni fuente de culpabilidad; ser pobre, tampoco; ser sencillo, menos; ser pocos tampoco es malo. Estamos en el centro del evangelio, no perdamos la calma.

Confiemos.

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Tarde te amé…

Miércoles, 28 de agosto de 2019

En la fiesta del converso Agustín de Hipona…

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está
inquieto hasta que descanse en ti”

San Agustín

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“¡Tarde te amé,

hermosura tan antigua y tan nueva,

tarde te amé!

Y ves que tú estabas dentro de mí y yo fuera,

Y por fuera te buscaba;

Y deforme como era,

Me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste.

Tú estabas conmigo mas yo no lo estaba contigo.

Me retenían lejos de ti aquellas cosas

Que, si no estuviesen en ti, no serían.

Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera:

Brillaste y resplandeciste, y fugaste mi ceguera;

Exhalaste tu perfume y respiré,

Y suspiro por ti;

Gusté de ti, y siento hambre y sed;

Me tocaste y me abrasé en tu paz.”

*

San Agustín

***

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Alessandro Preziosi como Agustín en el filme Sant Agostinho

No con conciencia dudosa, sino cierta, Señor, te amo yo. Heriste mi corazón con tu palabra y te amé. Mas también el cielo y la tierra y todo cuanto en ellos se contiene he aquí que me dicen de todas partes que te ame; ni cesan de decírselo a todos, a fin de que sean inexcusables.

Sin embargo, tú te compadecerás más altamente de quien te compadecieres y prestarás más tu misericordia con quien fueses misericordioso: de otro modo, el cielo y la tierra cantarían tus alabanzas a sordos.

Y ¿qué es lo que amo cuando yo te amo? No belleza de cuerpo ni hermosura de tiempo, no blancura de luz, tan amable a estos ojos terrenos; no dulces melodías de toda clase de cantilenas, no fragancia de flores, de ungüentos y de aromas; no manas ni mieles, no miembros gratos a los amplexos de la carne: nada de esto amo cuando amo a mi Dios. Y, sin embargo, amo cierta luz, y cierta voz, y cierta fragancia, y cierto alimento, y cierto amplexo, cuando amo a mi Dios, luz, voz, fragancia, alimento y amplexo del hombre mío interior, donde resplandece a mi alma lo que no se consume comiendo, y se adhiere lo que la saciedad no separa. Esto es lo que amo cuando amo a mi Dios .

*

Confesiones X, 6,8.

 

***

Agustín nació en Tagaste el 13 de noviembre del año 354. Fue educado siguiendo los hábitos cristianos de su madre, Mónica, y, como se reveló enseguida como un ¡oven de prometedoras cualidades, fue encaminado a la carrera de retórica. Ya desde los tiempos de estudio en Cartago estuvo marcado por una incomodidad interior que le llevaría lejos. La primera respuesta a esta sed de totalidad fue una vida mundana tejida por varios vínculos, más o menos límpidos. Ahora bien, la inquietud es también sed y búsqueda de la verdad: se apasiona con la lectura del Ortensio de Cicerón, lee la Sagrada Escritura, pero no se entusiasma con ella y acaba por adherirse al racionalismo y al materialismo de la secta de los maniqueos. Tras haber enseñado en Tagaste y en Cartago, se traslada primero a Roma (383) y después a Milán (384). Aauí su viaje espiritual da un viraje decisivo: conoce y escucha al obispo Ambrosio, revisa sus posiciones sobre la Iglesia católica, vuelve a leer la Sagrada Escritura y, en medio de la lucha entre sus antiguos hábitos de vida y los nuevos impulsos interiores, al final se abre a la luz y a la riqueza de Cristo.

Fue bautizado el año 387 por Ambrosio. Decidido a volver a África, se establece en Tagaste y funda allí su primera comunidad monástica, siguiendo el modelo de la comunidad cristiana de Jerusalén. En el año 391 fue ordenado sacerdote por el obispo Valerio, a quien en el 395 le sucede en la guía de la diócesis de Hipona. Desde entonces se dedicó por completo a la vida de la Iglesia -ministerio de la Palabra, defensa de la fe-, aunque prosigue con la experiencia de vida común con un grupo de hermanos monjes, a los que traslada al episcopio. Escribió más de doscientos libros y casi un millar de documentos, entre sermones y cartas. Murió el 28 de agosto del año 430. Hasta tal punto fue hijo de la Iglesia que se convirtió en padre… y doctor.

*

En Agustín no vivió un solo hombre: vivió en él la criatura de carne y hueso, de nervios y sangre, con su desarrollo misterioso, múltiple; vivió el escritor, conjuntamente sumo escritor, sumo filósofo, sumo teólogo, y sobre cualquier otra cosa poeta sumo de los afectos y de las verdades; vivió el cristiano y el monje, el sacerdote y el obispo, el santo. Recibió de Dios toaos los clones más altos: una juventud tempestuosa, la palabra creadora, el silencio inenarrable de la oración, la fuerza necesaria para gobernar su ánimo en la navegación ultraterrena y en el aura de lo divino. Experiencia de hijo y de padre, de pecador desbandado y de obispo muy rígido, de escolar y profesor y, por tanto, de maestro de su pueblo y de todo el Occidente; de mundano y de monje, de escritor y de filósofo, de polemista y de amigo, de pensador y de contradictor y orador.

En todos esos pasajes no perdáis nada de su riquísima y potentísima humanidad: todo lo llevó consigo y lo fundió en el ardor y en la luz única de su santidad doloroso y extática. Amó, y de su experiencia de amor surgirá un amor a Dios, tal vez el más elevado que jamás haya salido de corazón humano […].

Cuando moría Agustín en su ciudad asediada, no moría nada: nacía, para él, en los cielos amados sin paz y deseados sin tregua; nacía, para nosotros, en nuestra historia y en nuestra alma. Desde aquel día hay algo de agustiniano tanto en la historia de todos los hombres como en la historia de cada uno de ellos.

*

G. de Luca,
Sant’Agostino. Scrítti d’occasione e traduzioni

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Cada mañana me digo: hoy empiezo.

Viernes, 12 de julio de 2019

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*

Siempre resulta ilusorio creerse convertido de una vez por todas. No, no somos más que simples pecadores, aunque pecadores perdonados, pecadores-en-perdón, pecadores-en-conversión.

No se nos da otra santidad aquí abajo […]. Convertirse significa comenzar siempre de nuevo este cambio radical interior mediante el cual nuestra pobreza humana se vuelve hacia la arada de Dios. De la Ley de la letra pasa a la Ley del Espíritu y de la libertad, de la ira a la gracia. Este vuelco no acaba nunca, porque no hace otra cosa que volver a comenzar constantemente. Antonio el Grande, patriarca y padre de todos los monjes, lo decía de una manera lapidaria: «Cada mañana me digo: hoy empiezo».

La conversión, efectivamente, es siempre una cuestión de tiempo: el hombre necesita tiempo, y también Dios quiere tener necesidad de tiempo con nosotros. Nos haríamos una imagen del hombre absolutamente errada si pensáramos que las cosas importantes en la vida de un hombre se pueden llevar a cabo de inmediato y de una vez por todas. El hombre ha sido hecho de tal modo que necesita tiempo para crecer, madurar y desarrollar todas sus propias capacidades. Dios lo sabe mejor que nosotros, y por eso espera, no desiste, es indulgente, longánimo: «La bondad de Dios te empuja a la conversión» (Rom 2,4). Benito, en el prólogo de su Regla, nos brinda un comentario de una gran riqueza: Dios sale cada día a la busca de su obrero, y el tiempo que nos da es una dilación, un don, un tiempo de gracia que se nos otorga de una manera gratuita. Es un tiempo que podemos emplear para encontrar a Dios una vez más, para encontrarle cada vez mejor en su estupenda misericordia.

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André Louf,
Bajo la guía del Espíritu,
1990, pp. 11-13, passim

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Conversión

Jueves, 11 de julio de 2019

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Quien ha encontrado a Cristo ha escuchado su llamada a la conversión del corazón y de la vida. No es posible encontrar a Cristo y seguir como antes: si lo encuentras de verdad, él no te deja indiferente y no se cansa de llamarte a que salgas de ti para ir allí a donde su amor te preceda. En el rondo del corazón del creyente resuena sin parar la invitación a acoger al Dios que viene y hace nuevas todas las cosas, dejando que nos reconciliemos con él.

La reconciliación es el sacramento en el que Cristo viene en socorro de la debilidad del hombre, del hombre que había traicionado o rechazado la alianza con Dios, y lo reconcilia con el Padre y con la Iglesia, lo vuelve a crear como criatura nueva con la fuerza del Espíritu Santo. La reconciliación también recibe el nombre de penitencia, porque es el sacramento de la conversión del hombre; además del sacramento del perdón de Dios, es el encuentro del corazón que se arrepiente con el Señor que le acoge en la fiesta de la reconciliación. Este encuentro con Cristo, Salvador del mundo, que abrió las puertas del paraíso al buen ladrón, se lleva a cabo por medio de la confesión: toda la vida del pecador se ofrece a la bondad del Señor para que la sane de la angustia, para que la libere del peso de la culpa, para que la confirme en los dones de Dios y para que la renueve con el poder de su amor. A la confesión le responde el perdón divino, obtenido mediante la aplicación de los méritos del sacrificio de Cristo, que se hace presente él mismo en el acontecimiento sacramental con su obra de reconciliación y de paz, y viene a unir al pecador perdonado con el Padre del amor. El Señor, que quiso ser llamado amigo de los pecadores, no desprecia las debilidades ni las resistencias del hombre, sino que las toma en serio hasta el fondo, haciéndose cargo de ellas y ofreciendo, a quien se la pida, la ayuda necesaria para vivir una existencia reconciliada y ser así instrumento de reconciliación entre los hombres .

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Bruno Forte,
Piccola introduzione ai sacramenti,
Cinisello B. 1994, pp. 67-72, passim

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El obispo auxiliar de Morelia (México) Juan Espinoza, invita a las personas LGBT+ a convertirse

Miércoles, 10 de julio de 2019

Hola 739C3F56-DB1A-4AE8-A094-718FBCFAFA81De acuerdo con el obispo auxiliar de Morelia, Juan Espinoza Jiménez, la iglesia católica está dispuesta a ofrecer ‘conversiones’ a la comunidad LGBT+. Esta aseveración la hizo después de la presentación que el exconductor Mauricio Clark realizó en la Parroquia de la Inmaculada Concepción, el pasado sábado 6 de julio de 2019.

Pero ¿por qué Clark se presentó en una iglesia? Ese día, el ‘exhomosexual’ se presentaría en un auditorio de la ciudad, sin embargo, diversos colectivos LGBT+ se opusieron a la conferencia; motivo por el que la parroquia ofreció sus instalaciones para que se realizara dicha presentación.

Durante una conferencia de prensa, el religioso afirmó que no asistió a la presentación de Mauricio Clark, aunque le hubiera agradado asistir. Además, aseguró que la iglesia siempre estará abierta a cualquier evento que sea para beneficio de la sociedad.

«Hubo la apertura de que la Inmaculada [la parroquia] pudiera tener esa conferencia y la iglesia lo pone a la disposición de cualquier persona, siempre y cuando vayan las cosas para bien de la comunidad. No tenemos por qué excluir ni por qué etiquetar».

En una oportunidad, el representante de la iglesia aseguró que esta institución siempre ha invitado a la población, especialmente a los LGBT+, a acercarse para tener un cambio en sus vidas; una manera muy sutil de referirse a las peligrosas «terapias» de conversión.

«La iglesia tiene una atención pastoral para las personas que viven esas situaciones, los invita al ‘cambio’, los invita a la ‘conversión’ […] Si hay un ‘cambio’ y una ‘conversión’, bendito sea Dios».

Estas declaraciones del obispo auxiliar de Michoacán contradicen lo señalado por el arzobispo Carlos Garfias Merlos, quien en un artículo del periódico Comunidad Cristiana aseguró que se deben respetar los derechos de la comunidad LGBT+. También recalcó que la iglesia católica está para servir a la comunidad y no para ser servida.

«Somos portadores del Evangelio, que es un Evangelio que invita a la ‘conversión’. Es un Evangelio que no marca a las personas y no las etiqueta».

No” rotundo de los especialistas a las “terapias” reparadoras.

“Terapias” reparadoras: no solo inútiles, también peligrosas

La comunidad médica mundial en su inmensa mayoría condena estas prácticas y lucha para que los gobiernos las prohíban. Precisamente en marzo de 2016 tenía lugar un histórico pronunciamiento de la Asociación Mundial de Psiquiatría en contra de las “terapias” reparadoras, intervenciones que no solo se han mostrado ineficaces para cambiar la orientación sexual de una persona, sino que resultan muy peligrosas. Prácticas contra las que ya antes se habían pronunciado numerosas organizaciones profesionales. La Asociación Americana de Psicología, por ejemplo, hizo ya en 2009 un llamamiento a los psicólogos para que las abandonasen definitivamente tras revisar la evidencia científica disponible y concluir que ya no resulta posible sostener que un paciente puede cambiar su orientación sexual a través de terapia, mientras que los daños potenciales de tales intervenciones pueden ser graves, incluyendo depresión y tendencias suicidas. Otras organizaciones que han alertado contra los riesgos de estas intervenciones son la Asociación Médica Británica, las más importantes organizaciones de psicoterapeutas del Reino Unido o, en España, el Colegio de Psicólogos de Madrid. Los testimonios de algunas de las personas atrapadas por las redes que promueven este tipo de prácticas (“ex-gais”) y que años después han conseguido liberarse son un buen ejemplo del daño que pueden llegar a sufrir.

En definitiva, la aplicación o recomendación de este tipo de prácticas van, hoy en día, en contra del conocimiento médico actual y de la lex artis que obliga a todo profesional sanitario.

Respecto al reto que suponen aquellas personas adultas que movidas por su fe religiosa conservadora acuden por voluntad propia a las consultas para cambiar su orientación sexual, ya desde hace años la Asociación Americana de Psicología recomienda ser “honestos” con ellos respecto a su eficacia, considerando que el objetivo en estos casos debe ser favorecer, sin imposiciones, la aceptación de la propia realidad. Posibles estrategias que sugería Judith Glasshold, la presidenta del comité que en 2009 revisó la evidencia disponible hasta esa fecha, eran insistir en determinados aspectos de la fe religiosa, como la esperanza y el perdón, frente a la condena de la homosexualidad, sugerir el acercamiento a confesiones religiosas que sí aceptan la realidad LGTB o, los casos más recalcitrantes, valorar la adopción del celibato como estilo de vida sin pretender cambiar la orientación.

Fuente La Voz de Michoacán/Primera Plana/Cristianos Gays, vía SoyHomosensual

 

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Una Iglesia que fabrica ateos necesita conversión urgente.

Sábado, 11 de mayo de 2019

Puppeteers pulls cords as they animate giant puppets of a boy and a deep-sea diver as they are paraded through the streets of Le Havre, northwestern France, on July 7, 2017, during a performance by French mechanical marionette street theatre company Royal de Luxe. / AFP PHOTO / CHARLY TRIBALLEAU Foto Charly Triballeau

Del blog de Jairo del Agua:

¿Nuestro Dios es Dios? ¿Es ACTIVO, autónomo y libre? ¿O es un ser PASIVO al que manejamos con los hilos de la oración insistente para moverle a cumplir sus deberes?

¿Será un Padre volcado siempre por sus criaturas? ¿O será una “marioneta sagrada” a la que damos “bondadosas instrucciones” a través de los hilos de la oración?

Os invito a prestar atención a las oraciones litúrgicas y comprobar que la gran mayoría pretenden MOVER a Dios. Le tratan como a una Gran Marioneta omnipotente que, gracias a nuestros tirones, se moverá y actuará.

Ese es el mayor error de los creyentes. No nos han enseñado a identificar quién es y cómo es el Padre. Ni nos han motivado a buscarle en el interior, ni a ser fieles al Abba revelado por Cristo. Se conforman con que seamos fieles “al pie de la letra” a lo que manda el Clero. Y nos tienen sumidos en una “Iglesia infantil” que cree en los Reyes Magos, en los Santos milagreros o en las Vírgenes curanderas, etc.

Lo importante es que tengamos “fe”, cuanto más irracional más grande es la “fe”, no importa en qué o en quién. Todavía se exigen dos milagritos para canonizar a un santo. ¿Esa tacañería es la gran prueba de santidad? A los que nos atrevemos a pensar nos llaman “racionalistas”, “incrédulos”, “herejes”… Cuando el uso de la inteligencia es la mayor prueba de fidelidad al Espíritu Santo.

Me propongo demostrar en esta meditación -continuación de la anterior- que gran parte de nuestro CREER y nuestro ORAR son absurdos, es decir, irracionales. Son contrarios a la “inteligencia”, que es un don del Espíritu Santo y nuestra principal herramienta humana.

En estos tiempos tan pragmáticos y racionales querer mantener una “fe mítica y sometida” es un gravísimo error. La existencia de Dios es evidente para cualquiera que sepa utilizar la cabeza y palparse la ropa. De la NADA no sale NADA.

Lo absurdo es seguir creyendo e imponiendo una “imagen de Dios” judía, bárbara, humanoide y contraria a la razón. La religión es para “religare”, volver a unir a la criatura con su Fuente límpida, positiva, inagotable… Se les pedirá cuentas a los que la han reducido a un “método breve y ritual” de conseguir prebendas y anestesiar conciencias. Tendrán que convertirse, es decir, rectificar para no conducirnos a una religión momificada, inútil y residual.

Sin embargo la religión es esencial para el ser humano y forma parte de su ADN sicológico. Quien no ratifique esta afirmación que observe un poquito la Naturaleza o analice su fragilidad personal o se deje sentir sus profundas aspiraciones humanas.

Tenía razón san Agustín: “Nos hiciste Señor para ser tuyos y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti”. Por eso siempre he predicado una “religión humanizadora, positiva, luminosa y alegre”. En “humanizadora” está incluido el “racional”. Cada día estoy más convencido.

Meditemos un ratito. No tengas prisa. Es un tema muy importante. A los rígidos y tenedores de la “verdad absoluta” no les recomiendo que sigan leyendo.

A un Dios ACTIVO le hemos convertido en un dios pasivo y falso.

A un Dios Misericordia infinita le hemos transformado en un “dios distraído y cicatero”. Prestad atención a las preces de la misa, por ejemplo. O comprobad con atención los “grandes logros” que conseguimos con rimbombantes preces en millones de misas diarias.

A un Dios infinitamente bueno le tratamos como a uno “malo y cruel” (iracundo, tacaño, vengativo, impositivo, celoso, amenazante, castigador, olvidadizo, ausente…). No hay más que oír bien los salmos de cada día, si la rutina nos permite estar atentos…

Un “dios incoherente” es rechazado espontáneamente por cualquier ser humano que piense un poco. Somos nosotros los que expulsamos de nuestra Iglesia a las personas, no es que ellas sean peores que nosotros.

Empecemos por escuchar los argumentos de los ateos frente a nuestra “fe irracional”. Ellos ven los enormes males del mundo y dicen: “Si existiera un Dios bueno, no permitiría estos desmanes”. Miran las catástrofes naturales y concluyen: “Imposible que exista un Dios mínimamente piadoso que no evite estos dramas”.

Los que han suprimido a Dios de sus vidas o han abandonado toda religión lo han hecho con sentimientos y argumentos muy sólidos. No son tontos. Muchos son inteligencias eminentes. Los irracionales somos, a lo peor, muchos de los creyentes.

Además nos han observado. Y a la mayoría de los católicos nos han visto sometidos a una “clase clerical”, que se atribuye una autoridad divina, cuando ellos -los ateos- defienden la “libertad humana” como parte de nuestra esencia. Y tienen razón.

No digo nada si han tenido ocasión de experimentar, directa o indirectamente, los muchos casos de prepotencia clerical, de mala educación, de contradicciones doctrinales y hasta la ausencia de moralidad natural y cívica

Para rematar el espectáculo, nos ven de rodillas pidiendo favores y milagros, que raramente llegan. Deben de creer -dicen- en un “dios indiferente, cicatero, avaro, rácano y malhumorado”. Y el colmo les llega cuando nos ven tan complacidos con algún supuesto milagrito conseguido por una virgen o un santo que, por fin, han arrancado alguna dádiva a ese “dios tacañón”.

Si la consecución del favor ha sido porque tenían una tía monja, un hermano fraile o algún otro enchufe, entonces las cosas se complican. El “dios tacañón” en que creen éstos -siguen diciendo- no solo es “roñoso” sino que es “manipulable” y solo atiende a los enchufados.

Luego no es Dios porque no es absoluto e inmutable, como se supone en simple lógica, que debe ser un posible Dios eterno y verdadero. Se trata de un “dios” relativizado, condicionado, influenciado y manipulado por sus criaturas.

Es pues un “dios imaginario y absurdo” -sucesor de los dioses del Olimpo- que no puede existir más que en la fantasía de esos creyentes ignorantes o fanatizados. En este mundo todo es consecuencia, confluencia y complejidad de las fuerzas de la naturaleza y su evolución -terminan diciendo-.

Henos aquí a los cristianos en general -no conozco otras religiones-, con sus Jefes al frente, convertidos en la mayor fábrica de ateos, agnósticos, indiferentes y contrarios a toda religión.

Un médico famoso, ateo y muy humano, me decía con total sinceridad: ¿Si yo pudiera hacer alguno de esos “milagros” que atribuyen a la oración o a la influencia de algún santo, tú crees que me limitaría a hacer “un solo milagro”? ¡Dejaría el Hospital más vacío que el desierto!

No puedo creer, es imposible creer, en ese “dios mezquino y manipulable”, al que vosotros pedís continuamente sin resultado. Yo soy médico y busco el bienestar de las personas con total determinación. Es más, te aseguro que si yo pudiera hacer “milagros” o “curaciones inmediatas” no solo me volcaría por mis enfermos, curaría a todos, hasta el último rincón del mundo.

Es imposible que un Dios Todopoderoso sea menos misericordioso que yo. Por eso no creo en vuestro “dios” y SÍ en la capacidad, que tenemos todos los seres humanos, de evolucionar, de superarnos y de hacer el bien.

Amigo mío, estoy de acuerdo contigo -le contesté-. Pero NO es ese “dios” en el que yo creo. Por razones que desconozco, en parte por no haberse despegado del arcaico judaísmo, nuestros Jefes religiosos mantienen una imagen de Dios falseada:

Un “dios sordo, distraído, manipulable y pasivo”, al que hay que MOVER con nuestras oraciones, al que hay que ARRANCAR los favores con continuas súplicas y sacrificios, al que hay que CONVENCER continuamente para que nos ayude.

Para mí es inexplicable que sigan formando a los fieles, conduciendolos y rezando con presupuestos absurdos y rígidos. Con tantos años de estudio, con tantas facultades, con tantas estructuras eclesiales, con tantas personas dedicadas al cuidado de los fieles, no puedo entender que sigan anclados -no todos- en unas tradiciones religiosas, ya denunciadas en el Evangelio.

Han olvidado el “principio de evolución” del ser humano -que se cita en el Evangelio- y me temo que no han dado la misma importancia a la oración personal y a la meditación como al estudio teórico o la mera erudición. Han olvidado aquella conclusión a la que llegó el gran teólogo Tomás de Aquino cuando, al final de una vida de estudio, confesó que “había aprendido más en la oración que en los libros”.

Yo creo en un Dios ACTIVO y NO en el “dios pasivo, sordo y olvidadizo” (escúchanos, acuérdate, escucha y ten piedad) al que dedicamos la mayor parte de nuestros ritos y oraciones. Realmente le rebajamos a todo lo que tú dices.

Tampoco creo en un “dios intervencionista” que tiene que curarnos, alimentarnos, dirigirnos, castigarnos, conseguirnos metas, darnos regalos, etc.

Creo en un Dios Torrente, volcado sobre sus criaturas, que nos lo dio TODO desde el principio y que nos acompaña siempre. Pero que no interviene en el mundo directamente, ni hace milagritos, para lucirse de vez en cuando.

Nos dio la libertad con todas sus consecuencias y nos ha confiado la administración del mundo y de nuestra vida personal. Ese Dios no nos ha abandonado, NO, está presente en nuestro interior, en nuestra inteligencia, en nuestra voluntad, en toda nuestra vida.

No hace falta llamarle para que baje. Está aquí, con nosotros. Lo que necesitamos es abrirnos a todas las capacidades que nos ha dado, cultivarlas, rentabilizarlas y administrarlas bien.

Nosotros somos los administradores de este mundo, Él permanece oculto tras la Creación, pero muy activo en nuestro interior, respetando siempre a sus hijos y sus decisiones.

Somos nosotros los que tenemos que discernir, decidir y actuar en el mundo, dirigidos por esa “inteligencia, energía y amor” que llevamos dentro y que es parte de la mismísima esencia de Dios. Somos “pequeños dioses” con los mismos genes de Dios.

Nosotros somos sus manos cuando actuamos desde ese “íntimo” de la persona en el que portamos todos sus dones, sus capacidades, sus luces, las que nos insertó al crearnos “a su imagen y semejanza”. Y que van creciendo a medida que las cultivamos.

Ese es el “tesoro de los humanos”, el “reino de Dios” del que habla el Evangelio. Somos nosotros lo que podemos y debemos hacerlo patente y actuante en este mundo.

No existe un Dios al que haya que “pedir piedad”. No existe un Dios al que haya que “pedir la paz”. La piedad y la paz ya residen en tu interior. Eres tú el que debe acrecentarlas y manifestarlas.

Por eso yo rezo en la Misa: “Señor Tú tienes piedad”, “Señor Tú nos das la Paz”. Eso me recuerda que ya me lo dio y lo llevo dentro. Y estoy llamado a acrecentarlo y manifestarlo, a parecerme a mi Padre, a vivir desde esa “central de energía” interior, a derramar por el mundo ese caudal.

Ese es un Dios muy racional, muy comprensible, muy admirable y deseable. Te ha creado con “sus poderes” dentro (lo puedes comprobar y lo puedes sentir si te sumerges). Te motiva continuamente a que los ejerzas, los manifiestes y los siembres a través del “dinamismo de crecimiento” que todos llevamos dentro (lo dice claramente el Evangelio, recuerda por ejemplo la “mostaza” o el “sembrador”). Vamos a la iglesia a fortalecer ese interior, a motivarnos, a salir iluminados, fortalecidos y crecidos. (Pero nos obligan a “pedir” a Dios que recuerde sus deberes, actúe, resuelva y nos saque las castañas del fuego).

En ese Dios ACTIVO y PRESENTE sí podrías creer amigo ateo y sí podrías confiar. Un Dios que te crea con “inteligencia, libertad y voluntad” (a su imagen) y te respeta, te deja conducir y te deja elegir tu destino. De lo contrario NO serías libre.

Fíjate lo que decía, ya al principio, nuestro apóstol Pablo: “Ya que lo que se puede conocer de Dios, ellos lo tienen a la vista, pues Dios mismo se lo ha manifestado. Desde la creación del mundo, lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad, se pueden descubrir a través de la inteligencia. Hasta el punto que no tienen excusa porque, conociendo a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias; por el contrario, su mente se dedicó a razonamientos vanos y su insensato corazón se llenó de oscuridad” (Rom 1,19).

Y lo enseña el Evangelio. Lee, por ejemplo, lo que dice de la Luz el primer capítulo de Juan. Pero lo hemos olvidado. Y nos lo han cambiado por un “ídolo manipulable”, que nosotros hacemos bailar al son de influencias. E “inmisericorde” puesto que no se prodiga.

El amor y todo lo que llevas dentro crece cuando lo manifiestas y entregas. Eres tú el “enviado de Dios” para construir un mundo nuevo y feliz.

Me llamarán “enemigo de la Iglesia” por decir todo esto. Si esta misma mañana un periodista, muy católico, decía del Papa Francisco que “cabalga a lomos de un caballo cismático”, qué puedo yo esperar…

Solo sé que el Espíritu Santo actúa e ilumina a todos los católicos de buena voluntad que buscan sinceramente. A esos pretendo ayudar. Los demás que me tiren a la papelera.

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“Rasgos del hombre nuevo “, por Ramón Hernández

Miércoles, 24 de abril de 2019

ninogNiño geopolítico mirando el nacimiento del hombre nuevo (1943), por Salvador Dalí

Audaz relectura del cristianismo. Por una forma de vida mejor. De su blog Esperanza radical:

Partiendo de que, quién más, quién menos, todos renegamos de las duras condiciones de la vida que nos toca vivir y aspiramos a mejorarla de alguna manera, solo como botón de muestra ofrezco hoy a los seguidores de este blog unas pinceladas con textos de fray Eladio Chávarri, O.P. para mostrarles la densidad y la frescura de un pensamiento, tan original e iluminador como seguro, para progresar en tan noble empeño. Es algo así como invitarlos a un exquisito menú de degustación para que saboreen de antemano lo que realmente encontrarían de asimilar ese fecundo pensamiento. De entrada, les ruego presten atención a la espléndida proclama que él mismo escribió, hace ya muchos años, en Perfiles de nueva humanidad sobre los esfuerzos reales, fácilmente constatables, que se realizan en nuestro tiempo en esa dirección.

“Ninguna forma de vida, ni siquiera la del HPC (hombre productor consumidor), absorbe como una gigantesca esponja todas las potencialidades y energías de la persona. Hay varones y mujeres, sin duda bastantes más de los que conocemos, que no viven de la experiencia básica de la explotación. Aunque aprecian en su justa medida los bienes biopsíquicos y económicos, sin embargo, fraguan fundamentalmente su existencia sobre otros valores. Prende sencillamente en ellos una nueva humanidad. La gran mayoría la van desplegando a nivel personal; tal vez en el seno familiar o en comunidades privilegiadas. Sintonizan fácilmente con los que demandan más humanidad. Creo que la experiencia básica de discernimiento y de reconocimiento palpita también con timidez a nivel social. En todas las formas de vida hay fermentos sociales, y quienes aspiran a un hombre nuevo han de estar muy atentos a su evolución. ¿No resuena acaso la experiencia del reconocimiento en las reivindicaciones ecologistas? ¿No hay finos discernimientos en la defensa de la identidad y de la dignidad relativas a edades, pueblos, culturas, sexos, lenguas y religiones? ¡Es magnífica la lucha por el pleno reconocimiento de la mujer! Tal vez resulten de ahí formas de vida menos bestiales”.

Espíritu de conversión

La fuerza que agita los comportamientos del nuevo hombre en gestación, como ya hemos dicho y repetido, es el espíritu de conversión: “la conversión entraña, sin más, mutaciones profundas. El apóstol Juan tachó de conversión el cambio del agua en vino en las bodas de Caná. Jesús protestó, blandiendo el látigo, contra los que trataban de convertir la Casa de su Padre en una cueva de ladrones. Nuestro punto de referencia no es el agua o el templo, sino la humanidad que habita en el HPC. ¿Qué mutación profunda ha de operarse en este viejo hombre para transformarse en nuevo?”.

“El nuevo espíritu fermenta todos los valores; da un inmenso salto cualitativo axiológico respecto del espíritu de lucro. El espíritu de conversión no abandona los valores biopsíquicos y económicos. Le interesa hondamente la calidad de la comida o de la salud, de las lavadoras y de las cazadoras. No se preocupa menos, sin embargo, de la pureza del saber, de la crítica, de la arquitectura, de la justicia, de la fraternidad, de las leyes, de la solidaridad y de las funciones públicas del poder político. Al agitar todo el ámbito de lo humano e inhumano, no es fácil que favorezca el desorden universal agresivo, un fenómeno inherente al espíritu de lucro”.

“El espacio interior posee la fuerza dinámica del principio de trascendencia, que lo he identificado sin más con el espíritu. Este principio, el espíritu, cobra las más variadas modalidades… En el HPC aparece como espíritu de lucro; en el hombre nuevo, bajo la figura de conversión, de la que he insinuado el salto cualitativo axiológico, sus cauces, su expresión profética y el impacto que produce en la vida. Todo ello implica que el espíritu de conversión es condición fundamental del hombre nuevo. La liberación de las potencialidades de esta nueva forma de vida depende de la conversión. Solo ella puede afectar de raíz a las perturbaciones producidas en las cuatro grandes trascendencias por el espíritu del HPC” (el espíritu de lucro).

Discernir y reconocer

Las experiencias básicas del hombre nuevo se rigen, frente a la experiencia de la explotación del HPC, por el discernimiento y el reconocimiento.  “Ordinariamente, pensamos en atributos absolutos, como opuestos a relaciones, que observamos en los entes. Esto comporta fácilmente la idea de individualidad aislada y de personalidad intocable, sobre todo cuando se le une el concepto de respeto. Pero, tal vez, las diferencias más interesantes son las específicas relaciones que un ser mantiene con los demás. La experiencia básica del discernimiento hace hincapié en ambas diferencias… El discernimiento pone sobre el tapete el abanico de las diferencias; el reconocimiento penetra en ellas. Ya no se trata simplemente de percibir con finura las características absolutas y relacionales de cada ser, sino que se experimenta la situación de cada uno en el concierto de todos. El reconocimiento a nadie margina… Si el discernimiento elimina la cosificación del ser, el reconocimiento invita a superar la posesión, el dominio y el desorden universal agresivo, generados por la experiencia básica de la explotación. Si para ello es necesario reprimir las diferencias agresivas, se afrontará la tarea con toda energía. No tolerará que ningún ente, ni siquiera bajo la figura de dioses, de héroes o de santos, avasalle a los demás, distorsionando la sinfonía del ser. El reconocimiento no acata la emancipación que fomenta linchamientos en cadena. En Europa se han experimentado demasiadas emancipaciones de este género”.

El clamor del Tercer Mundo

“La experiencia básica del hombre nuevo, por otro lado, dinamiza los movimientos pacifistas. Otro tanto ocurre con esos humildes gérmenes de producción alternativa, tendentes a cambiar la gran tecnología de la explotación. A las dimensiones individual y social de los que viven en el mismo interior del HPC, hay que añadir el clamor desesperado del Tercer Mundo. Hasta ahora, ha despertado en muchos la mala conciencia de estar inmersos en el HPC, conciencia que procuran acallar con crecientes dádivas. Pero, ante ningún Dios sensible al mal que subyuga al hombre se han podido borrar los pecados solo a base de ofrendas y sacrificios, al margen del compromiso y de la acción”.

Reflejo de una Iglesia ostentosa

Nuestras iglesias

El Evangelio es claramente el legado de Jesús de Nazaret, la figura primigenia de un cristianismo que, de suyo, tiene entablada una lucha a muerte en pro de la humanidad del hombre y en contra de su inhumanidad. El cristianismo está obligado a mirarse siempre en ese espejo. De ahí que Chávarri se pregunte: ¿Qué decir al respecto de las iglesias cristianas? ¿No se creen todas ellas engendradas e injertadas en la experiencia primigenia de Jesús de Nazaret? ¿Palpita efervescente en sus comunidades la llama viva del discernimiento y del reconocimiento? Estas iglesias se extienden por todo el mundo. Un juicio global sobre ellas resultará siempre erróneo e injusto, sobre todo con los que han caído en la lucha por la nueva humanidad. Pero, ¿no se dicen cristianos la mayoría de los gestores del HPC en la Europa rica y en los Estados Unidos? ¿Acaso piensan que la experiencia básica del discernimiento y del reconocimiento nada tiene que ver con el Gran Profeta? ¿Opinan otro tanto los cristianos adscritos a las infinitas comunidades parroquiales? ¿Con qué tipo de hombre están comprometidos? ¿Se ha colmado la esperanza cristiana intrahistórica en el HPC? Obviamente, la respuesta honesta a estos interrogantes nos lleva a descubrir con pesar que muchas veces esas iglesias no solo no se han esforzado por mejorar la humanidad inserta en el hombre productor consumidor de nuestro tiempo, sino también han fomentado los ramalazos de su tremenda inhumanidad.

Preparándose para trabajar como voluntarios

Comunidad, democracia y gratuidad

En los capítulos 3 y 4 de Perfiles de nueva humanidad, Chávarri hace una exposición magistral, muy rica en contenidos, sobre cómo el hombre nuevo de nuestro afán se va insertando lentamente en la historia y en la naturaleza, cosa que va consiguiendo a base de contrarrestar los efectos nocivos de los muchos contravalores del HPC, de mejorar sus incuestionables valores y de recuperar el equilibrio esencial en el desarrollo de todas las vitalidades humanas. Recordemos que uno de los cometidos es respetar la necesaria autonomía de las ocho dimensiones humanas, liberando los valores de cada una del yugo a que los tienen sometidos los valores biosíquicos y económicos que dominan y vician nuestra vida actual.

A este respecto, son muy jugosas y reveladoras las exposiciones de Chávarri sobre la comunidad, la libertad (democracia), la autenticidad y la gratuidad (poder, justicia, fraternidad). Naturalmente, lo hace confrontando los comportamientos del HPC y con los que serían los propios de nuestro deseado hombre nuevo. En el primero predomina la experiencia de explotación y en el segundo debe imponerse la de discernimiento y reconocimiento;  al primero lo domina el espíritus de lucro  y al segundo debe removerlo el espíritu de conversión; la sensibilidad del primero es acuñada (cerrada y atrincherada) y la del segundo ha de ser abierta; la sabiduría del primero se ciñe al estado de bienestar  y la del segundo es axiológica, y, finalmente,  la razón soberana del primero es desarrollista y la del segundo debe regir el comportamiento del hombre nuevo,  un hombre muy diferente del actual pero que, cuando cuaje en la historia, desencadenará afortunadamente a su vez nuevos procesos de mejora.

Oasis

Quedémonos hoy con la satisfacción de descubrir un manantial de aguas frescas para aliviar la sed del atolondrado hombre de nuestro tiempo, empecinado en caminar descalzo por las ardientes arenas del desierto artificial fabricado por el afán de lucro del hombre productor consumidor.  El hombre nuevo en ciernes nos dirige, con una paciencia en la que no caben espejismo, hacia un hermoso oasis donde aliviar tantas penurias como padecemos. No necesito subrayar que, en lo referente a nuestra vertiente vital epistémica, el sistema de pensamiento de Chávarri es realmente un oasis en medio del barullo y del desconcierto del pensamiento actual, un camino de esperanza para cuantos están cansados y hastiados de los desmanes de todo orden producidos por el tipo de vida que llevamos.

Ramón Hernández Martín

Religión Digital

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Conversión… Saber esperar

Domingo, 24 de marzo de 2019

Sabemos que nos esperas, Señor, porque sabes que la espera es esperanza… y esperamos también que riegues nuestras vidas con tu ternura… para que nuestra  vida sea un reflejo de tu bondad y de frutos de justicia que haga mejor la de los demás…

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Saber esperar; sabiendo
que el tiempo no existe ya.

Ni el correo ni la prensa
tienen caja forestal.

El sol es de ayer, de siempre.
Y un día es un día más.

La noche, con “muriçoca”.
La tuna, no es de fiar.

Mañana será otro día,
y arroz no nos faltará…

Despertaremos cansados,
com vontade de sentar”;

pero con la espera al hombro,
¡y nos tocará esperar

otro día, todo el día,
…para aprender a esperar!

*

Pedro Casaldáliga
Clamor elemental. Ed Sígueme, 1971

***

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús contestó:

“¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.”

Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador: “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó: “Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.

*

Lucas 13, 1-9

***

Todo es provisional en la vida del hombre, todo está ligado al tiempo: en este sentido, tanto justos como pecadores viven en el tiempo, tiempo que es un don de Dios para ellos, un tiempo de gracia, y por ello, un tiempo abierto a la conversión. Ni el pecador empedernido ni el justo empedernido permanecerán así para siempre. Están llamados a ser “pecadores en conversión”.

Dios nos toca de muchas maneras para llevarnos a este estado de conversión. Nosotros sólo podemos prepararnos para que Dios nos toque. Fuera de la conversión estamos fuera del amor. En este caso no le quedarían al hombre más que dos posibilidades: la satisfacción de sí y la justicia propia, o una profunda insatisfacción y la desesperación. Fuera de la conversión no podemos estar en la presencia del verdadero Dios, pues no estaríamos junto a Dios, sino ¡unto a uno de nuestros numerosos ídolos. Además, sin Dios, no podemos permanecer en la conversión, porque no es nunca el fruto de buenas resoluciones o del esfuerzo. Es el primer paso del amor, del Amor de Dios más que del nuestro. Convertirse es ceder al dominio insistente de Dios, es abandonarse a la primera señal de amor que percibimos como procedente de Él. Abandono en el sentido de capitulación. Si capitulamos ante Dios, nos entregamos a Él. Todas nuestras resistencias se funden ante el fuego consumidor de su Palabra y ante su mirada; no nos queda ya más que la oración del profeta Jeremías: “Haznos volver a ti, Señor, y volveremos” (Lam 5,21; cf. Jr 31,18).

*

André Louf,
A merced de su gracia,
Madrid 1991, 19-24, passim.

***

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Recordatorio

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