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Juan Masiá, sj: “Dejar morir dignamente no es matar, sino ayudar a resucitar”

Sábado, 3 de agosto de 2019

vincent-lambert-pVincent lambert

De su blog Vivir y Pensar en la frontera:

“Me cuesta entender que se aduzcan razones religiosas para oponerse al dejar morir dignamente”

“Para una persona con fe religiosa -que crea en la vida eterna- tendría que ser más fácil la decisión”

“No debería extrañar que se afirme: dejar morir es dejar nacer: alumbramiento de eternidad”

Ante el caso Lambert, se agudizó el debate sobre el rechazo de recursos de prolongación vital fútiles. Ante casos semejantes se escuchan dos afirmaciones extremas. El extremo izquierda dice: lo están torturando, cese el ensañamiento y déjenlo morir, estar conectado es estar siendo torturado; el extremo derecha dice: lo van a matar, si cesan la alimentación e hidratación; desconectar, equivaldría a matar. Ambas exageraciones me parecen desproporcionadas.

Una mayoría de personas con opiniones diferentes acerca de este caso concreto podrían, sin embargo, estar de acuerdo en oponerse en términos generales a los dos extremos: el homicidio y el ensañamiento; es decir, a la aceleración irresponsable de la muerte contra la voluntad del paciente, y a la prolongación irresponsable del proceso de morir, frenado con recursos tecnológicos que solo sirven para frenar el desenlace irreversible.

Reconozco que acerca de la supresión de la alimentación e hidratación (sobre todo, en casos de duda acerca de la voluntad expresa de la persona paciente), la cuestión es controvertida y son posibles juicios y decisiones opuestas, lo cuál no impide que unas y otras puedan justificarse como éticamente responsables.

Cuando el caso es “dejarse morir dignamente”, esta decisión es más fácil de tomar que cuando se trata de decidir en lugar de otra persona para “dejarla morir dignamente”, sobre todo si no consta su voluntad expresa.

Pero lo que me cuesta entender es que se aduzcan razones religiosas para oponerse a la toma de decisión responsable acerca de dejar morir dignamente; como si una postura ética laica tuviera que estar necesariamente a favor y una postura ética religiosa tuviera que estar necesariamente en contra. Son posibles ambas opciones, tanto desde una ética laica como desde una moral católica tradicional (p.e. el clásico Vitoria).

Más aún, me atrevería a decir que, para una persona con fe religiosa – que crea en la vida eterna y fundamente la dignidad de la persona en la presencia en su interior del Soplo del Espíritu de Vida, semilla de vida eterna, destinado a vivir para siempre en la Vida de la vida- tendría que ser más fácil la decisión de dejar morir.

Cuando una persona religiosa escribe y firma su “testamento vital o declaración anticipada de voluntad”, en previsión de circunstancias como las mencionadas,  es natural que encabece el texto con la afirmación de la motivación de fe que le mueve a hacerlo. (Así lo hicieron los obispos españoles en el modelo de testamento vital de 1998 y 2001).

No se pierde la vida al morir, sino se transforma

Estoy escribiendo este apunte mientras acompaño a un grupo de personas en un día de retiro espiritual y acabamos de meditar sobre lo que significa creer en el Espíritu de Vida:

Creo en el Espíritu de Vida que infundió una semilla de vida eterna en aquella nueva vida que se fue configurando en el interior del seno de la madre al completarse el proceso de concepción mediante la interacción embrio-materna tras la implantación, durante la primera etapa de la gestación. Durante meses la madre llevó en su seno el feto de esa nueva vida. (Con razón decimos que esa criatura nació engendrada por sus progenitores y a la vez por obra y gracia de Espíritu Santo). Ese feto llevaba a su vez en su interior un soplo de vida-semilla-de-vida-eterna. Todos llevamos esa semilla de vida eterna que va madurando a lo largo de la vida, todos estamos “embarazados de divinidad” y todos podemos decir “yo no puedo morir”, soy cuerpo, alma y espíritu.

Muere el cuerpo-alma aristotélico, pero no muere el espíritu encarnado, semilla de inmortalidad. La llamada muerte es solo muerte de un cuerpo animado mortal. Pero para la semilla de cuerpo glorioso que llevamos dentro, la muerte es transformación de la crisálida en mariposa, la muerte es el nacimiento a la vida eterna del cuerpo glorioso. Vita mutatur, non tollitur. No se pierde la vida al morir, sino se transforma. En ese marco de pensamiento y de fe no debería extrañar que se afirme: dejar morir es dejar nacer: alumbramiento de eternidad.

Para dejar morir dignamente ayuda la fe en la Vida de la vida. Dejar morir dignamente no es matar, sino dejar nacer a la vida verdadera. Dejar morir dignamente al cuerpo mortal, es obra de cooperación con la Fuente de la Vida, que creó criaturas creadoras, libres y responsable de cooperar con el Creador, tanto al dar vida como al dejar morir responsablemente.

Respeto a la vida, también respeto a la dignidad de la vida

Nota 1: A propósito del tema de la eutanasia, como también en el del aborto, se fundamenta a veces la oposición a las mencionadas decisiones como si fuera una señal de identidad religiosa o política “pro-vida”. Eso impide a menudo el debate ético serio y sereno sobre casos en los que con un mismo criterio pro-vida y pro-persona, principio de respeto a la vida y la dignidad de la persona, pueden concluirse varias decisiones diferentes, igualmente correctas, gracias al proceso de discernimiento responsable que ha guiado el desarrollo de la deliberación correspondiente.

Nota 2: Tomar decisiones creativas acerca del fin de la vida no tiene necesariamente que estar en contra del Dios Fuente de la Vida, porque el Creador ha creado creadores para que co-creen, es decir, cooperen con el Creador a favor de la vida (biológica, personal y espiritual).

Cuando se habla de respeto a la vida o de custodiar y proteger la vida hay que precisar: no se trata solamente de la vida biológica, ni tampoco de la vida en términos generales, sino de la dignidad de la vida personal y espiritual destinada a transformarse en vida eterna, de la que es semilla en la vida presente.

Respetamos la vida humana personal y la semilla de vida eterna que cada vida humana personal lleva en su interior; la que responde a la pregunta “¿quién soy yo?” diciendo: Soy cuerpo-espíritu inmortal encarnado en cuerpo-alma mortal. Soy un soplo inmortal de Espíritu de Vida encarnado en cuerpo y alma mortales. Soy semilla de inmortalidad encranada en un cuerpo mortal destinado a transformarse en cuerpo glorioso, espiritual e inmortal para vivir por siempre en la Vida de la vida.

(Cf. Cuidar la vida, Herder, 2012, p. 130: “Dejar morir no es matar”).

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Juan Masiá, sj.: “No llamemos homicidio o suicidio a la aceptación digna del buen morir”

Viernes, 10 de mayo de 2019

Angel-Maria-Jose-proceder-suicidio_2109998983_13493915_667x375De su blog Vivir y Pensar en la Frontera:

No debería llamarse suicidio asistido a la cooperación responsable a la aceptación justa de la muerte

No debería llamarse peyorativamente “eutanasia”, sino “buen morir dignamente (eu- thanasia)”, al asumir responsablemente el final de esta vida y aceptar la muerte

(Como tampoco llamaremos peyorativamente “aborto injusto” a los casos de  interrupción responsablemente justificada del embarazo. Los debates recientes  me incitan a volver sobre  el tema repetido en este blog).

El buen morir respetando la dignidad de la persona puede llevar a una solicitud justa de eu-thanasia. Tal eu-thanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse, sin más, suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

La opción responsable por una eu-thanasia justa no significa optar por la muerte y contra la vida, sino elegir cómo vivir cuando se muere No se debe llamar a esa opción “muerte digna”, sino respeto de la dignidad en el proceso de morir.

Convendría una legislación sobre buen morir, como título general, que incluya en determinados casos particulares las condiciones para que una solicitud de eu-thanasia justa y autónoma pueda llamarse “buen morir responsable de la persona digna hasta el final”.

En los debates sobre regularización legislativa no debería plantearse el tema del recurso a paliativos como si fuera un dilema entre paliativos y eutanasia. Hay que garantizar, ante todo, el acceso equitativo al uso de paliativos, así como el de la sedación terminal debidamente consentida y protocolizada. Pero, eso supuesto, teniendo en cuenta las  situaciones de solicitud de eu-thanasia, habrá que garantizar las condiciones para que sea justa, es decir, “buen morir responsable de la persona digna”.

Contra este punto de vista se ha argumentado:

  1. a) desde algunas instancias religiosas, diciendo que no tenemos derecho a adueñarnos de la propia vida violando una ley divina;
  2. b) desde algunas posturas humanistas no religiosas, diciendo que la autonomía personal no justifica que renunciemos voluntariamente a la vida con una elección que implicaría la destrucción de esa misma autonomía. Pero pienso que ninguna de estas dos objeciones se justifica absolutamente.

 A veces se interpreta el rechazo de la eutanasia, como si fuera una señal de identidad religiosa -concretamente, cristiana-, y se hace coincidir su aceptación necesariamente con actitudes no religiosas o, incluso, antirreligiosas. Es decir, se presenta como si el rechazo o la aceptación fuesen cuestión de fe o increencia.

Esta confusión de lo ético y lo religioso hace un flaco favor, tanto a las posturas opuestas como a las favorables a la opción eutanásica.

Conviene no confundir tres comportamientos completamente distintos:

1) el homicidio por compasión o supresión injusta de la vida contra la voluntad de la persona (llamado impropiamente eutanasia involuntaria, obviamente rechazable tanto legal como éticamente);

2) la legalización  de la solicitud justa de eu-thanasia o cooperación responsable a la aceptación de la muerte;

3) la opción por asumir el proceso natural del morir y proteger la dignidad y autonomía de la persona moribunda: a) rechazando recursos médicos desproporcionados u onerosos para ella, b) concentrándose en los medios paliativos necesarios, y c) acompañándolos de cuidado humano apropiado

El comportamiento “1” es rechazable, tanto humana como religiosamente.

Los comportamientos “2” y “3” son ambos razonables, tanto humana como religiosamente

Al tratar este tema, en las clases de ética, como cuestión de decisión humana razonable y responsable, presento al alumnado los ejemplos de cuatro clases de personas que hacen distintas opciones. Dos de ellas (una, no religiosa; otra, religiosa) optan por la eu-thanasia. Las otras dos (una, no religiosa: otra, religiosa) rechazan la opción por la eu-thanasia.

  1. A) Es posible que una persona no religiosa, razonable y responsablemente, pida ayuda para acelerar el final del proceso de morir en circunstancias penosas amenazadoras de su dignidad.
  2. B) Es posible también que una persona religiosa, convencida en conciencia de que no contradice su fe en la Fuente de la Vida, tome la decisión personal acerca del momento de despedirse de esta vida, asuma la muerte que se aproxima como acto de confianza en la Vida de la vida. (He acompañado pastoralmente estos casos).
  3. C) Es posible también que una persona no religiosa, convencida de que concuerda con su dignidad asumir la vulnerabilidad humana tal cual es, sin forzar la prolongación ni la aceleración del proceso de morir, opte por dejarse llevar al mar del morir en que desemboca el río de su deterioro biológico y por eso no hace la opción por la eutanasia. (He acompañado humanamente estos casos)
  4. D) Es posible también que una persona religiosa se sienta llamada o invitada (pero no las cuatrodueño de la vida) a confiar en el misterio último que da sentido a su vida, dejar la determinaciónn del cuándo y el cómo de su final en manos de quien se la dio, y  encomendar su espíritu confiadamente al Misterio para “morir hacia  la Vida de la vida”. (He acompañado pastoralmente estos casos).

 Cualquiera de estos cuatro comportamientos como opciones personales, autónomas y responsables serían compatibles con una legislación social-demócrata (como la que por dos veces consecutivas ha quedado aparcada al final de una legislatura), que respete y deje cabida para las cuatro opciones mencionadas (independientemente de que su motivación sea secular o religiosa).

Espiritualidad

“No confundir eutanasia injusta con buen morir o eutanasia responsable”, por Juan Masiá Clavel, sj

Lunes, 16 de julio de 2018

Basic CMYKLeído en su blog Vivir y pensar en la frontera:

Escribir sobre este tema no apetece. Dirán: “ya está muy visto”. Pero se repiten los malentendido cada vez que se debate sobre regular el buen morir y la necesidad de legislarlo. Hay que aclarar la cuestión y divulgar la aclaración. De momento, cinco puntosas:

1. Estar en contra de la regulación no significa ser pro-vida. Estar a favor no es ser anti-vida. (Como tampoco ser católico significa votar a determinado partido, ni la opinión de dicho partido representa la ética católica).

2. El buen morir respetando la dignidad de la persona (que puede conllevar a veces una solicitud de eutanasia justa) no se debe confundir con la eutanasia irresponsable.

3. Una eutanasia justa (cumplidas las condiciones de respeto a la dignidad y libertad de la persona) no se puede equiparar con el homicidio, como tampoco puede ni debe llamarse suicidio al asumir responsable y libremente la propia muerte.

4. La opción responsable por una eutanasia justa no significa optar por la muerte y contra la vida, sino elegir cómo vivir cuando se muere (how to live while dying, R. Mc Cormick).

No se debe llamar a esa opción “muerte digna”, sino respeto de la dignidad en el proceso de morir.

Por eso sería deseable una legislación sobre buen morir, como título general, que incluyera en determinados casos particulares las condiciones para que una splicitud de eutanasia sea justa y aiutónoma y pueda llamarse buen morir responsable de la persona digna hasta el final”. (Véase el estudio Humanizar el proceso de morir. Ética de la asistencia en el morir, Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, Comisión interprovincial, Madrid, 2007).

5. En los debates sobre regularización legislativa no debería plantearse el tema del recurso a paliativos como si fuera un dilema entre paliativos y eutanasia. Hay que garantizar, ante todo, el acceso equitativo al uso de paliativos, así como el de la sedación terminal debidamente consentida y protocolizada. Pero, eso supuesto, teniendo en cuenta las situaciones de solicitud de eutanasia, habrá que garantizar las condiciones para que sea justa, es decir, “buen morir responsable de la persona digna”.

Hace ya años que, con la guía de pioneros de la bioética católica en nuestro país (como Javier Gafo SJ y Francesc Abel SJ), se venían debatiendo y estudiando profesionalmente estas cuestiones con la colaboración de la Cátedra de Bioética de la U.P. Comillas, en Madrid, y en el Instituto Borja de Bioética, en Cataluña. Me permito remitir a mi ensayo de divulgación Cuidar la vida. Debates bioéticos, Herder, Barcelona 2012, del que tomo la cita siguiente del Informe del Instituto Borja (que fue un hito significativo en el giro del debate desde el doble punto de vista de una ética civil y religiosa :

“Presupuesta la apuesta por la vida de toda persona, con la debida atención sociosanitaria y la exigencia de asumirla responsablemente como un don, pero teniendo en cuenta aquellas situaciones en que la vida se percibe solo como carga en la espera dolorosa y agónica de la muerte, hay que reflexionar sobre las condiciones médicas, legales y éticas para la protección del buen recorrido del proceso de morir en los diversos casos, incluidos aquellos de solicitud de eutanasia justa. Dice así el citado Informe:

‘ Lucidez y responsabilidad en el :ultimo acto de la vida pueden significar una firme decisión de anticipar la muerte ante su irremediable proximidad y la pérdida extrema y significativa de calidad de vida. En estas situavciones se debe plantear la posibilidad de prestar ayuda sanitaria para el bien morir, especialmente si ello significa apoyar una actitud madura que concierne al sentido global de la vida y de la muerte ‘.

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La Eutanasia, ¿un derecho humano?

Sábado, 15 de julio de 2017

eutanasia3Un debate difícil que no podemos obviar…

A. Consideraciones previas

Abordar el asunto del derecho a morir con dignidad ha sido durante décadas, y aún siglos, un tema tabú en la sociedad española. La influencia de la moral católica en esa tradición ha sido tan determinante que ha marcado la conciencia colectiva de generación en generación.

No juzgaremos aquí la mayor o menor idoneidad histórica de esa Moral. Pero habremos de reconocer que ya no vivimos en una sociedad teocrática y teocéntrica, sino altamente secularizada, aunque no suficientemente laica, en la que la cuestión de cómo enfrentarse al final de la vida, en condiciones de dignidad, es un asunto para el que la moral católica ha dejado de tener respuestas aceptables para la ciudadanía de este país.

En cambio, en la conciencia universal ha ido asentándose la convicción de que la voluntad del paciente a decidir el cómo y el cuándo de su muerte es un derecho del ser humano (SH). Incluso en nuestro país, a pesar del rechazo del Congreso de los diputados, hay ya un clamor popular en favor del mismo. Para multitud de personas, se trataría de una concreción práctica de la libertad de pensamiento y de conciencia, reconocidos por el art, 18 de la Declaración universal de los DD.HH.

Entendemos, por tanto, que en este asunto, cuando se plantea como debate público sólo cabe un enfoque de Ética civil, sin intromisiones desde perspectivas de moral católica. Sabemos que el Catolicismo oficial prohíbe la eutanasia (Cfr. Catecismo católico, n. 2276-2279), y respetamos la opción de quienes creen que sólo Dios es el dueño de la vida y la muerte, y que las personas no pueden hacer uso de su libertad para tomar la decisión de morir, porque esa decisión solo le pertenece a Dios, que es quien determina el fin de cada SH.

Pero, desde la perspectiva universal de los derechos humanos, desde el principio democrático de la libertad de conciencia, es preciso asumir que sólo es posible la convivencia social aceptando el pluralismo antropológico y construyendo una Ética cívica, común a toda la ciudadanía.

Otra consideración: habrá quien, entre nosotros, considere que plantear este debate sobre la muerte digna en un mundo donde mueren diariamente más de 70.000 personas solo de hambre pudiera ser una frivolidad; una inquietud de quienes viven bien o muy bien, mientras que el gran problema de la mayor parte de la humanidad es cómo vivir cada día humanamente; que los pobres no se plantean cómo morir con dignidad, sino cómo vivir cada día y alcanzar un nuevo amanecer.

A lo cual, sólo cabe responder que ésta es nuestra realidad, que las cuestiones sobre el origen y fin de la existencia humana tienen sentido para todos y que, en todo caso, esa perspectiva de la desigualdad tan flagrante ayuda a relativizar el problema, y encuadrarlo en su verdadera dimensión.

B. Eutanasia y Muerte digna:

Aunque a veces se usan de modo indistinto, se trata de asuntos diferentes que conviene clarificar. Tienen un elemento común, el de afrontar el momento de la muerte con la máxima dignidad, sin sufrimiento ni traumas innecesarios. Pero, mientras el concepto de muerte digna se centra en los cuidados paliativos que han de aplicarse al enfermo para procurar el bien morir, (incluso en su propio domicilio), y evitar todo tipo de sufrimiento, si es técnicamente posible, la Eutanasia añade a eso la facultad del paciente de poder decidir cuándo poner el punto y final a su vida.

En consecuencia, se entiende por eutanasia el derecho de la persona a decidir, libre y conscientemente, el momento de su muerte, de acuerdo con su propia conciencia. Una decisión que debe ser formulada de modo claro, explícito, y hasta repetido (no puede ser la decisión de un momento de depresión o de delirio).

La mayoría de los autores convienen en que el ejercicio de ese derecho exige, al menos, los dos requisitos aludidos:

1º) Enfermedad grave que produzca graves sufrimientos en el enfermo (p.e. cáncer terminal), y riesgo mortal irreversible.

2º) Voluntad expresa del enfermo que puede ser emitida antes de llegar a la situación límite a través del llamado testamento vital.(Cf. Muñoz Conde, Derecho Penal, parte especial, Ed. Blanch, Valencia 1990,. pág. 75).

Como fácilmente se deduce, el debate no se centra hoy en lo que ha venido llamándose muerte digna, asunto en el que hay unánime consenso, sino en la apuesta por una ley de Eutanasia. Como exponente de esas diferencias, valga recordar que ya ha sido admitida a trámite en el Congreso la propuesta de una ley sobre la muerte digna, mientras que ha sido rechazada la propuesta de ley sobre eutanasia,

C. Derecho a decidir (con autonomía y libertad)

El enfoque ético de la eutanasia en el que nos apoyamos, considera la “buena muerte” (eso significa eu-tanasia) como un derecho de la persona, y se fundamenta en la idea de que la muerte debe considerarse como parte integrante de la vida. La persona, todo ser humano, expresa su dignidad a través de la libertad para decidir cómo vivir, dentro de sus circunstancias, y cómo morir, en el doble sentido de elegir el tipo de muerte que crea más conveniente, y de cuándo poner fin a la vida si entiende en conciencia que ha dejado de ser vida humana. Afirma que el SH es dueño de su vida y de su muerte.

Siendo esto así, parece obvia la demanda de sancionar este derecho de cualquier SH a morir con dignidad, reclamando que sea incluido de modo expreso en el ordenamiento jurídico de nuestro país y en la Declaración Universal de DD. HH.

Esa sanción en nada ha de interferir con la opción de quienes creen que sólo Dios es el dueño de la vida y la muerte de las personas y que, por ello, éstas no pueden hacer uso de su libertad para tomar la decisión de morir dignamente sin dolores ni sufrimientos, porque esa decisión solo le pertenece a Dios. Quienes así opinan y creen harán bien en actuar en consecuencia, pero no deberían, en base a esa concepción del mundo, impedir la misma capacidad a decidir en diferente sentido al resto de los mortales.

Como ya se ha dicho, en la base de este derecho a morir dignamente están razones puramente éticas fundadas en el principio de autonomía y libertad que, en el campo de la atención en salud implica que es el enfermo quien decide sobre su salud y/o curación (Cfr. Diego Gracia, “Fundamentos de bioética, págs. 182-187).

Aplicado a nuestro caso significa que la decisión de vivir o morir es una decisión estrictamente personal, tan personal que nadie la puede tomar en nombre del paciente. Ningún familiar, ni médico alguno, debería decidir sobre la forma de morir de nadie. Se trata del personalísimo ejercicio de la libertad,componente esencial de la dignidad de la persona, y un derecho fundamental. El SH debe ser libre para vivir y morir según sus propios principiosy valores. Es insustituible en sus decisiones.

Reconocer ese derecho implica que ninguna otra valoración de familiares o de personal sanitario puede prevalecer frente a la voluntad de la persona que toma una decisión tan trascendente. A diferencia de lo que ocurre hoy, no debería ser el médico quien decida sobre la muerte de sus pacientes. La preocupación del médico no debe ser tanto prolongar artificialmente la vida del paciente (a veces es una práctica cruel y bárbara), cuanto aliviar el sufrimiento del enfermo. Él es quien debe tomar la determinación de acabar físicamente con su vida, o de terminar su incurable enfermedad sin dolor y sin sufrimiento.

En resumen, la decisión sobre el morir pertenece al núcleo de la dignidad de las personas. Si las personas eligen cómo vivir y el sentido que le dan a su vida, también deben poder elegir su muerte, su modo de morir. Sea porque no quieren soportar una enfermedad terminal llena de dolores y sufrimientos insoportables, físicos o psicológicos, o sea porque no desean llegar al final de una vida que ya no es una vida humana, reducida a una expresión puramente biológica, una vida vegetativa.

Comisión de laicidad CCBM

Fuente Comunidades de Base de Madrid

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Pide la eutanasia porque no puede soportar ser gay

Lunes, 14 de noviembre de 2016

autoodioLo terrible de la homofobia internalizada provocada por el prejuicio social y religioso…

Un hombre belga de treinta y nueve años ha solicitado a su médico su propia eutanasia – que en el país centroeuropeo es legal desde 2002 – porque no puede aceptar su homosexualidad, la cual considera una enfermedad incurable que le genera un gran sufrimiento psicológico. De momento, su solicitud sigue adelante al haber sido aceptada, si bien tendrá que atravesar una serie de pruebas en la que se determine si su sufrimiento es motivo suficiente para que finalmente le sea concedida.

Sólo en 2013 hubo en Bélgica 1.807 casos de eutanasias realizadas. Eso sí, la inmensa mayoría de ellos provienen de ancianos con enfermedades terminales y sólo un 4% por patologías mentales.

Habiendo crecido en una familia fuertemente católica, Sebastien pasó su infancia con una madre que padecía demencia. Ya a los 15 años descubrió que era gay y desde entonces ha intentado infructuosamente curar o tratar su orientación sexual. Él mismo cuenta su triste historia en un reportaje realizado por la BBC:

Toda mi vida me ha inducido a esto. Crecí con una madre enferma, todo era hostil, estaba tan solo y abandonado… tan inhibido físicamente. Con miedo a salir a la calle, ser visto. Pero crecí y con 15 años conocí a un chico del que me enamoré locamente. Pero era insoportable. No quería ser gay.

El momento en el que pongan la aguja en mi brazo no me preocupa… para mí es sólo una especie de anestesia.

Ahora Sebastien deberá demostrar que padece un sufrimiento constante e insoportable mental y/o físico.

La ley belga de la eutanasia requiere que dos médicos firmen la petición para que salga adelante. Sin embargo, en casos psiquiátricos se considera que son tres los doctores que deben firmar. Y por supuesto, el paciente debe ser legalmente apto, consciente y con sus facultades en pleno orden para requerirla.

Esperemos que alguien ayude a Sebastien, no a acabar con su vida, sino a mejorar su salud mental y su autoestima.

Vía | BBC, vía AmbienteG

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“Muerte feliz”, por José Arregi

Martes, 23 de febrero de 2016

51f6a44130d9eEstos días he releído el último libro de H. Küng, aún no traducido al español, un texto breve del año 2014 con el que a sus 86 años, aquejado por un Párkinson progresivo, quiso coronar su vida y toda su obra. El título constituye más que un mero testamento vital, un programa de vida: “Muerte feliz”.

¿Contradicción? Más bien, paradoja de la vida, que solo puede ser feliz dándose. Paradoja de la muerte que se hace donación y se vuelve decisión, expresión, culminación de la vida. La muerte puede ser feliz, pues la vida que se da no muere. ¿Te parece un juego de palabras vacío? Para H. Küng es el horizonte que ilumina su vida entera incluida la muerte. Sabe de lo que habla, pues a ello ha consagrado sus inagotables energías físicas, emocionales, intelectuales, espirituales.

Muerte feliz: eso significa “eutanasia” en su origen y etimología, aunque los nazis degradaron su sentido al utilizarlo para designar sus prácticas de exterminio, de muerte infeliz. Muerte feliz o eutanasia significa morir sin tristeza y sin dolor, o con el mínimo de tristeza y de dolor inevitable. Morir en plena conciencia. Despedirse serenamente de los seres queridos. Asumir sin angustia la pena de la separación; en la pena hay consuelo, en la angustia no; la pena no impide la felicidad, la angustia sí.

Morir en profundo asentimiento a toda la vida, aceptándolo todo, diciendo sí a todo, también a las heridas sufridas y, lo que es mucho más difícil, a las heridas infligidas: no he sido perfecto, lo siento, pero a esto he llegado, y así está bien; me gustaría que muchas cosas hubieran sido mejores, pero está bien como está; digo sí a todo, sin justificar nada. Decir: “Mi obra está acabada: ahí os la dejo”. Y no hace falta que sea una “gran obra”, como la de Hans Küng, ni nadie puede medir la grandeza de la obra por el tamaño o el número o la calidad de los libros escritos, ni por el éxito logrado, o el influjo ejercido. Coronar la vida humildemente. Morir en paz.

Pues bien, como creyente, pensador y humanista, afirma Küng: en el momento en que mi vida ya no posee para mí calidad humana suficiente, puedo y debo elegir esa “muerte feliz”, digna, bella, buena. Muerte hermana, no enemiga. Hay un tiempo para vivir y un tiempo para morir. Y yo puedo, debo decidirlo responsablemente. “El ser humano tiene el derecho a morir cuando no tiene ninguna esperanza de seguir llevando lo que según su entender es una existencia humana”. Rehusar, prolongar indefinidamente la vida temporal forma parte del arte de vivir y de la fe en la vida eterna. Ya se había pronunciado en el mismo sentido hace 20 años, en 1995, en otro libro (Morir dignamente, Trotta 1997) escrito en colaboración con su amigo y colega Walter Jens.

Asistimos a un cambio radical de paradigma. La legislación social de los diversos países –con contadas excepciones como Holanda o Suiza– adolece todavía de un gran retraso respecto de la opinión social. Y el retraso es más grande en el caso de la jerarquía eclesial. Sostener, como sostiene, que solo es lícita la “ayuda pasiva” (desconectar un aparato de alimentación o de respiración, por ejemplo) no deja de ser una ficción. ¿Hay tanta diferencia entre desconectar un aparato y proporcionar una dosis mayor de morfina que me llevará a la muerte o al descanso final? La jerarquía eclesiástica corre el riesgo de volver a equivocarse, como se equivocó a propósito de los métodos de contracepción o de fecundación llamados “artificiales”.

Elegir la muerte de manera humana es la forma final de elegir la vida de manera humana. Y la humanidad no está definida ni dictada por una divinidad exterior ni representada por ninguna religión. El creyente debiera una muerte feliz como definitiva donación confiada de sí a la Realidad primera y última, como tránsito a la Realidad profunda, a la Realidad Fontal, a la Vida sin origen ni fin. Decir que no podemos elegir la muerte porque no somos dueños de la vida es una máxima tramposa.

No somos dueños de la vida ni de la muerte, pero somos responsables de la vida y, por lo tanto, también de la muerte, y aquí no es decisiva la distinción entre creyente e increyente. No solo podemos, sino que debemos elegir responsablemente –digo responsablemente– cuándo y cómo morir, sin otro límite que nuestro bienestar y el bienestar común, empezando por el de las personas más allegadas. Y los médicos y las personas más próximas debieran poder atender la demanda de quien libremente les pide –o de quien libremente hubiera dejado expresada esa demanda– una ayuda para bien morir.

Es una exigencia del cuidado de la vida, y no hay otro mandato divino ni otra divinidad que la Vida, el Cuidado, la Bondad y el Buen Vivir.

José Arregi

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El arzobispo de Concepción, Mons. Fernando Chomalí: “Un católico no puede ser homofóbico, pero el matrimonio se da sólo entre hombre y mujer”

Miércoles, 12 de noviembre de 2014

20112505161658_11.10.06“Han mostrado el rostro misericordioso de Jesús”

Y sin embargo, el arzobispo de Concepción, Mons. Fernando Chomalí, ha salido en defensa de los sacerdotes Felipe Berríos S.J., José Aldunate S.J. y Mariano Puga, que se han manifestado a favor del matrimonio igualitario. El prelado, en una entrevista concedida a La Tercera, ha alabado la labor social de los presbíteros, y llega incluso a decir que han afirmado la doctrina católica sobre la homofobia. Además asegura que en la Iglesia siempre ha habido controversias teológicas.

El 24 de Junio, el P. Felipe Berríos, en el programa de televisión El Informante, se manifestó abiertamente partidario del matrimonio igualitario, señalando incluso que la homosexualidad le ha ayudado «a ampliar su concepción de la sexualidad». El mismo mensaje lo ha reiterado en entrevistas sucesivas, además de relativizar la postura de la Iglesia sobre el aborto y criticar acerbamente la figura de San Juan Pablo II.

El P. José Aldunate, por su parte, antiguo profesor de teología moral, entrevistado por el semanario The Clinic, el 24 de agosto, se mostró partidario del aborto terapéutico y en caso de violación. Y también avaló el matrimonio igualitario. Incluso apoyó la posibilidad de «papisas» en la Iglesia.

Y el P. Mariano Puga, finalmente, el 6 de junio, en entrevista a La Segunda, también señaló que en los llamados casos límites, el aborto debe ser «una decisión de la mamá».

A pesar de esos hechos, Mons. Chomalí responde de la manera siguiente en una entrevista concecida a La Tercera:

También se ha debatido en torno al Acuerdo de Vida en Pareja (AVP).

Creo que el AVP es un eslabón más en el empobrecimiento de la familia, entendida como la vida en común y de por vida, de un hombre con una mujer, para ayudarse, amarse, dar vida y cuidar a los hijos. La Iglesia enseñará siempre que ése es el camino que responde de mejor manera a lo que son el hombre y la mujer, al deseo de los hijos, y, para los creyentes, al querer de Dios.

¿Se debe reconocer como familias a las parejas homosexuales.?

Creo que estas personas, en cuanto ciudadanos, tienen derechos como todo chileno. Sin embargo, me parece que el derecho del hijo a ser concebido en el contexto del matrimonio, ser educado por sus padres, es un derecho anterior al deseo que puede tener una persona con tendencia homosexual. Al niño se le exige de sobremanera en una relación de este tipo y ello no cuida el mejor interés del niño. Es por eso que no estoy de acuerdo. Aunque también soy enfático en afirmar que en Chile debemos terminar con una mentalidad homofóbica muy difundida y que es muy injusta respecto de estas personas, que merecen respeto y ser tratados con dignidad como todo ser humano.

En cuanto al examen en el Vaticano de los dichos de tres sacerdotes, ¿Ha dividido esto a los católicos?

El cardenal Ezzati ya aclaró el tema. Lo que sí le puedo decir es que estos sacerdotes han estado siempre cerca de los pobres, los perseguidos, los oprimidos y han mostrado el rostro misericordioso de Jesús en lugares donde ha habido mucho dolor. Han estado muy presentes en situaciones dolorosas de la vida del país, junto al sufriente. Ellos han afirmado la doctrina de la Iglesia en el sentido de que no se puede discriminar a una persona por su condición sexual ni menos hacer mofa de ello. Un católico no puede ser homofóbico, pero también hay que afirmar que el matrimonio se da sólo entre un hombre y una mujer, y que no se puede homologar a otro tipo de relaciones afectivas. No obstante, en la Iglesia siempre ha habido controversias teológicas. Lo importante es que somos una familia muy unida.

En el resto de la entrevista, el arzobispo se muestra contrario precisamente al aborto y el matrimonio igualitario, defendido por esos sacerdotes, así como a la eutanasia.

Fuente La Tercera

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La amplia aceptación social de la adopción por parejas del mismo sexo se consolida entre los jóvenes españoles

Viernes, 5 de septiembre de 2014

encuesta-valores-jóvenesInteresante estudio sobre “jóvenes y valores” el publicado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, cuyo resumen ejecutivo (de 26 páginas) puedes descargar aquí. Desde el punto de vista LGTB, nos quedamos con un dato importante: se consolida entre los jóvenes españoles la aceptación plena de la adopción homoparental.

Las conclusiones del estudio, basado en una encuesta a 1.003 jóvenes de entre 15 y 24 años, son claras por lo que a este aspecto se refiere. En el apartado “Valores morales asociados a comportamientos”, la adopción de hijos “por homosexuales/lesbianas [sic]” es el que es admitido con mayor naturalidad, alcanzado un 6,98 de media (siendo 1 el comportamiento “totalmente inadmisible” y el 10 el “totalmente inadmisible”).

Por detrás queda la “libertad total para abortar”, que alcanza un 6,95 de media, y “que se ayuda a morir a los enfermos graves que lo pidan”, con el 6,48:

Aparte de estos tres, de los “comportamientos” ligados a los valores morales por los que se pregunta en la encuesta solo dos más superan el aprobado: el pirateo de discos, películas y videojuegos (6,20) y -sorprendentemente para muchos, a tenor de lo leído en medios generalistas- la pena de muerte para “delitos muy graves” (5,05). Esta última, sin embargo, es la que genera una mayor polarización: el 38,7 % de los encuestados la considera de “alta admisibilidad (7 a 10)” pero el 43,9 % la considera de “baja admisibilidad (1 a 4)”.

Volviendo a la adopción homoparental, el 66,4 % de los encuestados la consideran de “alta admisibilidad (7 a 10)”, el 16,5 % de “admisibilidad media (5-6)” y el 17,5 % de “baja admisibilidad (1 a 4)”.

Un aspecto muy relevante es que la “admisibilidad” media de la adopción homoparental ha crecido casi un punto desde el año 2006, última vez que se preguntó por este aspecto en una edición anterior de esta misma encuesta. Entonces ya alcanzaba un valor elevado (6,15) pero tanto la libertad para abortar como la eutanasia y el pirateo digital la superaban entonces (con el 6,41, el 6,62 y el 6,68, respectivamente).

El estudio, que os invitamos a explorar, ofrece muchos más datos de interés sociológico, aunque de forma muy genérica parece indicar que en cualquier caso los jóvenes españoles son mucho más liberales (en el sentido verdadero de este término) en los asuntos que se refieren a la “moral privada” que en los que se refieren a las cuestiones públicas, en las que se observa algún aspecto inquietante. La frase “es importante tener gobiernos fuertes que garanticen el orden y la autoridad” consigue por ejemplo un respaldo medio del 7,41, muy elevado. Aunque también es cierto que “es fundamental que se garantice igualdad de trato y oportunidades para todas las personas” consigue el 8,28…

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