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“ La muerte desde la vida”, por Gabriel María Otalora

jueves, 5 de junio de 2025
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El pasado día 28 de mayo, se presentaba este nuevo libro de un buen amigo de esta página, Gabriel María Otalora. El libro ha sido prologado por Jacinto Bátiz, médico que fue Jefe del servicio de paliativos de San Juan de Dios (Santurtzi, Bizkaia), quien afirma en su perfil de X, que “El recorrido que el autor hace de la muerte en este libro me parece muy acertado y también muy atrevido. Es de agradecer que Gabriel Otalora haya abordado este tema tan rechazado por la sociedad”.

#haciaunaculturapaliativa #ParaTiPaliativos.

Para conocer más, traemos el artículo que el autor publica en su blog de Religión Digital Punto de Encuentro:

Una visión compasiva y esperanzada

| Gabriel Mª Otalora

La muerte y la vida son dos partes de la misma realidad. El problema de la finitud es que la negamos para evitar el dolor de su presencia. Esto dificulta la aceptación de nuestra realidad y asumir lo positivo de la vida, en donde se entremezclan muchas situaciones que no dependen de nosotros. Aun así, queda un amplio margen para tomar decisiones que influyen poderosamente en cada ser humano. A. Schopenhauer lo expresó muy bien cuando dijo que el azar reparte las cartas, pero nosotros las jugamos. Vivir es algo más que cumplir calendarios. Es un proceso que nos enfrenta a la vulnerabilidad, pero con herramientas para aceptarla y encararla de la manera más humana y humanizadora.

Desde luego que esto no es fácil en una sociedad que transmite la sensación de seguridad impostada para no pensar demasiado, refugiados en el materialismo que impide conectar con el fondo de cada persona y con el sentido que tiene su vida. La sociedad consumista es capaz de hacer negocio de todo, incluida la muerte, pero sin aceptarla como una parte de la existencia, algo que provoca no pocas neurosis.

Ya lo dijo el poeta mexicano Octavio Paz: una sociedad que niega la muerte, niega también la vida. En ello estamos, preocupados por las expectativas del posthumanismo cientifista que se mueve a sus anchas con los avances de la Inteligencia Artificial buscando la amortalidad sin pasar por la ética.

Sin embargo, no hay manera de que semejante dormidera aplaste el anhelo infinito de pasar por este mundo sin objetivos más profundos. Quizá por eso, durante milenios, la humanidad ha elaborado múltiples formas de mantener la memoria desde el culto a los muertos y el recuerdo para perpetuar la memoria todo lo posible. El reconocimiento póstumo acredita nuestro deseo de alargar la vida más allá de lo terrenal. Y el ansia de perdurar es una señal universal del anhelo de plenitud eterna.

Ese punto de rebelión que anhela la plenitud ha dejado muchísimas páginas escritas desde todos los ángulos posibles, especialmente desde la filosofía y la religión. Si turbación genera la muerte, al menos podemos crecer como personas hasta el final. Los humanos lo demostramos en múltiples ocasiones cuando la vida nos pone al límite, y nadie puede decidir por nosotros.

Los humanos buscamos significados a la existencia que la ciencia no puede proporcionar. Pero el hecho de que no existan respuestas en el plano científico, no significa que no haya respuestas inteligentes con plenitud de sentido, más allá del plano racional. Todos anhelamos respuestas a las preguntas más existenciales, a pesar de que vamos a morir algún día: ¿quién soy?, ¿qué hacemos aquí?, ¿qué sentido profundo tiene la vida?

Llama la atención lo capaces que somos de dialogar con la muerte a nivel colectivo a través de los medios de comunicación, cuando muestran obsesivamente guerras y accidentes mortales todos los días, pero sin que exista diálogo sobre la muerte entre familiares o amigos, si acaso de una manera superficial. Sin embargo, cuidándonos unos a otros aprendemos a vivir en verdadera humanidad, sobre todo en la fragilidad. La sanación es algo más que curación; es facilitar la paz, el consuelo y el significado en medio del sufrimiento. Los médicos no siempre pueden curar, pero sí pueden y deben cuidar. De hecho, cuidar es anterior a curar. Y los profesionales de los cuidados paliativos más que expertos en el bien morir, lo son en el bien vivir hasta el final.

Nuestra inteligencia espiritual o existencial permite acceder a los significados profundos, plantearse los fines de la existencia para acceder a los significados últimos. Frente a esto, la radical autonomía personal que enarboló la Ilustración al sustituir a Dios por el Hombre como fin último de todas las acciones humanas, llevó a vivir peligrosamente en la medida que se instaló la soberbia desde la Razón convertida ésta en el supremo bien. Libertad, Igualdad… pero sin espacio para la Fraternidad.

Es decir, quedó aparcada la verdadera compasión en forma de actitud de empatía que busca aliviar a un semejante que posee la misma dignidad que yo, pero cuya vulnerabilidad la esconde. La ética exigible y la experiencia religiosa ofertable, aportan madurez humana dando sentido pleno a la existencia. Es lo que se llama liderar desde el servicio, algo revolucionario por lo que tiene de transformador, convertido en Buena Noticia para todos con el ejemplo de Jesús de Nazaret, especialmente para los más débiles, pobres, enfermos y fracasados, todos los sufridores por la precariedad en sus múltiples formas. Es decir, para todos en algún momento de nuestra vida.

Pedro Casaldáliga decía que los cristianos somos soldados derrotados… de una causa invencible. Esta es la gran noticia, que no estamos hechos para morir, sino para colmar nuestra ansia de plenitud para siempre. No fuimos creados para morir, sino para crecer hasta vivir en plenitud. Solo desde esta experiencia, el apóstol Pablo hablaba de alegría a los cristianos de Filipo mientras se encontraba encadenado, preso, y los destinatarios de su carta eran igualmente perseguidos.

Esta profundidad vital es parte de la inteligencia innata universal, llamada Inteligencia Espiritual o Existencial. Creo que el binomio miedo-esperanza resume todo lo que concita el fenómeno de la muerte como una parte de la vida. Ambas están entrelazadas entre la turbamulta de acontecimientos, pensamientos, sentimientos, dudas y creencias que apuntan a que la vida humana tiene un sentido, y a que la trascendencia es anhelo universal que se repite siglo a siglo, incluso más fuerte que la realidad mortal. Cuando apostamos por la esperanza, es cuando brota la verdadera alegría de vivir.

De todo esto reflexiona este libro que cierra con testimonios de personas en contacto cercano con la muerte.

Gabriel Mª Otalora

Autor del libro

La muerte desde la vida.

Una visión compasiva y esperanzada.

Ediciones Fe adulta. 2025

***

Del podcast en Radio Popular sabemos más acerca del libro y su autor:

Gabriel Mª Otalora explica que «es un libro un poco especial porque lo tenía escrito de un doctorado que empecé a hacer porque siempre he tenido las ganas de saber un poco qué piensa la gente cuando tiene la sensación de que está enfermo grave o de que tiene la cercanía hacia la muerte pero aquello se truncó por una circunstancia personal de salud y lo dejé. Lo he ido haciendo poco a poco, como que no escribía y lo tenía terminado. Entonces un día hablando con una persona sobre este tema que está enferma precisamente se me despertó el tema. Coincidió que hablé con la editorial FeAdulta y me lo han publicado».

Gabriel Mª Otalora señala que «la esperanza y la compasión son un poco las raíces de la humanidad. Me refiero del ser humano más estupendo, en su mejor cara. Quizá en nuestra sociedad hedonista hemos dado un poco la espalda a todo esto. Los que nos enseñan a morir aprendemos a vivir con ellos. Creo que esto es muy importante. Hay una cultura milenaria que a mí me da mucha satisfacción poder compartir en el libro en un capítulo en el cual desde siempre esto ha sido importantísimo».

«La compasión y la esperanza son dos elementos clave en un momento difícil, cuando es cuando te acercas a la muerte. O cuando alguien muy querido muere. Esto es un muy importante, sobre todo en esta época de la conspiración del silencio, que nadie habla de esto».

Gabriel Mª Otalora recuerda que «a mí me impresionó cuando trabajaba en la Asociación Contra el Cáncer. Estas asociaciones que han abierto la lata, la Asociación Contra el Cáncer, ELA, Parkinson, la gente que está discapacitada con graves lesiones medulares, esta gente que te rompe el esquema para bien».

«Cuando te das cuenta que hay gente que está feliz o que tiene una enorme fortaleza en su fragilidad y que son capaces de disfrutar y de valorar la vida mucho más que gente que a lo mejor está supersana, con edades estupendas, sin enfermedades. Quizá porque estamos demasiado orientados a la ganancia y no a la pérdida».

«No aceptamos la finitud, no hablamos de ella y a partir de ahí he hecho un pequeño desplegable sobre los cuidados paliativos versus la eutanasia. No hay esta posibilidad de cuidados paliativos en todas partes. Somos seres espirituales. Entonces, ahí la razón tiene poco que decir en este punto concreto y, sin embargo, hemos hecho de la razón un absoluto».

Gabriel Mª Otalora afirma que «muestro mi agradecimiento al Dr. Jacinto Bátiz porque desde su experiencia profesional tiene una visión maravillosa de lo que estamos hablando, y a Fernando Marcos, presbítero, un sanador de la parte espiritual humana».

«Que valoremos a aquellas personas que nos encontramos en la vida y con muchas dificultades sonríen, tienen esperanza, son solidarios y escuchan», concluye Gabriel Mª Otalora.

El Dr. Jacinto Bátiz, con un amplio currículum, es un destacado profesional de la asistencia en Atención Primaria, experto en Ética y Deontología. Director durante 24 años de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi. Desde 2017 cabeza visible del Instituto para Cuidar Mejor, perteneciente al mismo centro sanitario. Y presidente de la Sección de Cuidados Paliativos de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao.

«¡Cuidadme así! Decálogo para morir bien», Dr. Jacinto Bátiz. Editorial San Pablo. Libro reciente.

Gabriel Mª Otalora es un laico de la Diócesis de Bilbao, licenciado en Derecho y asiduo colaborador en prensa escrita, en Fe adulta, redes cristianas y en su blog Punto de Encuentro de Religión Digital. En 2010 obtuvo el Premio Periodismo Solidario de Manos Unidas. Actualmente imparte conferencias sobre temas éticos y cristianos y es autor en San Pablo de varios libros entre los que destacan La revolución pendiente, 2028, La cruz, 2022, El evangelio de las actitudes. Decálogo para cristianos perplejos, 2023 y «Radiografía del amor y algunos ejemplos», 2025.

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«Cuidar bien el vivir al morir: Decálogo para vivir bien mientras se muere», por Juan Masiá sj

lunes, 26 de julio de 2021
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Eutanasia_2358974088_15648943_660x371De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Paliativos y eutanasia coinciden: pueden ser justos o injustos

«No es cuestión de un derecho a morir, sino del deber de cuidar la vida hasta el morir y en el morir, incluso en los casos en que debamos atender solicitudes de ayuda para dejar morir o dejarse morir de tal manera que no signifiquen matar o matarse»

«La persona paciente tiene derecho a que se respete su dignidad cuando pide que le ayuden a vivir dignamente mientras se muere»

«Acompañemos la decisión autónoma de quien solicita cuidado paliativo justo, incluida la sedación terminal, debidamente protocolizada y consentida»

«Acompañemos también la decisión autónoma de quien solicita ayuda personal y social (sanitaria, legal y psicológica o de acompañamiento espiritual) para llevar a cabo responsablemente la aceleración justificada del proceso de morir»

Por enésima vez, aclarémonos. Me dice un lector del blog que, a veces, parezco defender los paliativos y, a veces, estar a favor de la eutanasia. No era esa mi intención. Si produje esa impresión, hay un malentendido. Paliativos y eutanasia no son alternativas excluyentes: coinciden en el punto de poder ser justos o injustos, según se ajusten o no esas acciones al criterio para valorarlas éticamente.

 Resumiré en un decálogo (evitando usar la palabra eutanasia) un criterio para cuidar y acompañar dignamente la vida moribunda. Lo que se elige en esos casos no es el morir, sino cómo vivir bien mientras se muere. No es cuestión de un derecho a morir, sino del deber de cuidar la vida hasta el morir y en el morir, incluso en los casos en que debamos atender solicitudes de ayuda para dejar morir o dejarse morir de tal manera que no signifiquen matar o matarse.

Decálogo para cuidar el bien vivir al morir

1.- La persona paciente tiene derecho a que se respete su dignidad cuando pide que le ayuden a vivir dignamente mientras se muere.

2.- Reconozcamos el derecho a vivir dignamente durante y en el morir.

3.- Acompañemos a la persona moribunda, apoyando razonable y responsablemente sus demandas de ayuda profesional, humana y espiritual para vivir dignamente durante el proceso de morir, hasta el morir y en el morir.

4.- Acompañemos la decisión autónoma de quien solicita cuidado paliativo justo, incluida la sedación terminal, debidamente protocolizada y consentida.

5.- Acompañemos la decisión autónoma de quien rechaza recursos fútiles, desproporcionados u onerosos, que alargan el proceso de morir; y de quienes optan por limitar la prolongación del desenlace, renunciando a recursos fútiles, incluida la renuncia a (o la suspensión de) la respiración, alimentación e hidratación artificiales.

6.- Acompañemos también la decisión autónoma de quien solicita ayuda personal y social (sanitaria, legal y psicológica o de acompañamiento espiritual) para llevar a cabo responsablemente la aceleración justificada del proceso de morir. Hay que proteger la dignidad y autonomía de la persona paciente en estos casos.

7.- Las opciones mencionadas pueden calificarse como ayuda para vivir bien hasta el morir o durante el morir. Todas ellas son calificables como buen vivir al morir y en el morir.

(Si se insiste en querer hablar de eutanasia, habrá que decir que todas esas opciones se pueden llamar eutanásicas; solo habría dos clases de eutanasia: la justa y responsable o la injusta e irresponsable. De todos modos prefiero evitar la palabra eutanasia y llamarlas «ayuda para vivir dignamente el proceso de morir». En efecto, en tales casos no se está optando por morir, sino por cómo vivir bien mientras se muere. Y, desde luego, no se trata de elegir entre paliativos o eutanasia como si fueran dos productos alineados simétricamente en el mostrador de ventas a disposición de consumidores).

8.- Acompañar así el proceso de morir no es acción homicida, sino acción en favor del bien vivir mientras se muere, en favor de la vida digna de la persona respetable. Acompañar así el proceso de morir es acción salvífica para ayudar a vivir dignamente mientras se muere. Esto se aplica tanto a los «paliativos» como a la «eutanasia» (en el uso simple de los términos), porque tanto paliativos como eutanasia conllevan la doble posibilidad de ser opciones justas o injustas, según cumplan o no los requisitos de valoración ética, es decir, del respeto a la voluntad y dignidad de la persona moribunda.

9.- Ética cívica y legislación democrática han de garantizar la seguridad jurídica para la protección del vivir durante el proceso de morir:

A) Ante las solicitudes de ayuda en el proceso de morir: Hay que proteger la gradualidad en el uso de los recursos paliativos, así como el acceso justo a ellos. Hay que proteger la práctica de la moderación del esfuerzo terapéutico (incluida la retirada de alimentación e hidratación artificiales y la sedación terminal)

B) Ante las solicitudes de ayuda para adelantar el modo y tiempo del morir: Hay que proteger las decisiones autónomas y responsables de aceleración del proceso de cese vital, asegurando que no se viole la dignidad y derechos de las personas pacientes que opten por solicitar la administración médica legalizada de la acción clínica que desencadena el desenlace o que soliciten la prestación de ayuda médica legalizada para llevar a cabo por sí mismas dicha acción. (Pero sin confundir la primera con una eutanasia homicida ni la segunda con una ayuda irresponsable a un suicidio injustificado)

10.- Tanto los dos casos mencionados en el punto 9 A (el rechazo de terapias desproporcionadas y el uso de recursos paliativos) como los dos casos mencionados en el punto 9 B (administración de acción clínica para adelantar el desenlace o prestación de ayuda para realizarla), los cuatro casos conllevan el riesgo de convertirse en acción éticamente injusta e irresponsable, si no se cumplen las debidas condiciones de respeto a la dignidad, voluntad y autonomía de las personas. Las cuatro acciones mencionadas se pueden convertir en ayuda irresponsable para una opción irresponsable por el morir.

En cambio, si se cumplen las condiciones mencionadas, las cuatro acciones no son opciones por la muerte, sino por cómo vivir bien al morir y en el morir; no se está eligiendo el morir, ni se está propugnando un derecho a morir, sino se está eligiendo cómo cuidar al máximo el vivir hasta el momento y en el momento y modo de morir. Son opciones por el cuidado y acompañamiento responsable de la vida mortal y moribunda.

Por estas razones he preferido siempre que la regularización de estos procesos de cuidado de la vida no se entienda ni como mera regularización de los paliativos, ni como mera  regularización de la eutanasia o el suicidio asistido, sino como control social y protección jurídica del buen vivir al morir y en el morir, incluso en aquellas situaciones en que se opta justificada y responsablemente por un dejar morir o dejarse morir que no sea matar o matarse, sino asumir consciente, libre y responsablemente la llegada del final de la vida presente

(En el caso de personas con creencia religiosa, se esperaría que estas decisiones fueran más fáciles de tomar, por presuponer que dicho final de la vida presente es puerta de entrada para una vida definitiva. Uno se queda perplejo ante las afirmaciones de instancias episcopales que se pronuncian sobre este tema absolutizando la prolongación de la vida presente… ¡como si no creyesen en la vida eterna!).

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Juan Masiá: «Sería deseable prescindir de las palabras ‘eutanasia’ y ‘suicidio'», por Juan Masiá

sábado, 17 de octubre de 2020
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tomados-mano-paciente-hospital-ayuda-familiar-cerca-apoyo_116317-1595De su blog Vivir y pensar en la frontera:

Asentir y disentir ante ‘Samaritanus bonus‘, la carta de Doctrina de la Fe»

La Carta de la CDF, solamente placet iuxta modum»

«No puedo complacer a los extremos, porque no tengo vocación para incensar ni para incendiar»

«Tengo que manifestar un 60 por ciento de asentimiento agradecido por el tratamiento del tema del cuidado y un 40 por ciento de disentimiento preocupado en torno los aspectos controvertidos de la eutanasia directa activa y el suicidio asistido, libremente solicitados y legalmente controlados»

«Sería preferible y deseable, en mi opinión, prescindir de las palabras “eutanasia” y “suicidio”; en su lugar sería más exacta la expresión “adelantar responsable y dignamente un final inevitable, pero de modo legal y médicamente controlado, a la vez que garantizadas las condiciones para evitar toda manipulación y discriminación, así como cualquier violación disimulada de la defensa de la vida”»

«Como sacerdote y desde la práctica pastoral, me resulta incomprensible la teología sacramental que parece presuponer la Carta SB al impedir el acompañamiento espiritual y sacramental de personas que opten por la eutanasia responsable»

Dos instancias mediáticas de color opuesto (ultraderecha y ultraizquierda respectivamente) me piden que comente la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe (CDF), Samaritanus bonus (abreviada, SB)quizásbuscando apoyos para ensalzarla los unos o para denostarla los otros. No puedo complacer a los extremos, porque no tengo vocación para incensar ni para incendiar.

Pero RD me pregunta por la “recepción” de la SB por parte de quien se sitúa, como es mi caso, en la doble perspectiva de una teología moral revisionista y una ética cívica laica.

(Gracias, apreciado amigo José Manuel Vidal, por tu familiaridad con el término técnico “receptio”, que usamos al hablar de la acogida intraeclesial, religiosamente respetuosa y a la vez honestamente crítica, de documentos relacionados con el magisterio eclesiástico ordinario, no infaliblemente vinculante; por tanto, con margen para el disentimiento , sobre el que a menudo tuvo que tratar RD en aquellos días de las tertulias de bioética…[1]. Se comprende que hagas la pregunta sorprendido por el contraste entre la dureza de la carta en el tema doctrinal -aunque solamente es «Carta» y no «Declaracion», oh sutileza vaticana!- y, por otra parte, la amplitud de miras y apertura en el tema del cuidado; me parece muy razonable esa perplejidad, dado el contexto de apertura reformadora del presente pontificado).

Pues bien, a preguntas conspicuas, respuestas responsables. Contestaré la pregunta exponiendo mi acogida o recepción positiva, pero muy crítica, de la Carta SB ante la que sinceramente tengo que manifestar un 60 por ciento de asentimiento agradecido por el tratamiento del tema del cuidado y un 40 por ciento de disentimiento preocupado  en torno los aspectos controvertidos de la eutanasia directa activa y el suicidio asistido, libremente solicitados y legalmente controlados.

Usando el lenguaje latino de las votaciones conciliares, le daría un placet iuxta modum, es decir, una acogida favorable y respetuosa, acompañada de la propuesta de importantes enmiendas. (En lenguaje escolar, un aprobado alto o un notable bajo, como explicaré más adelante). Digo esto desde la doble perspectiva, que conoce y presupone RD al preguntarme por la «recepción» de la carta SB desde un perspectiva teológica y bioética.

Tanto desde una perspectiva de ética de inspiración cristiana (“católica, actual y revisionista”) como desde una perspectiva de ética laica, estimo que es posible asentir a cuatro puntos (tres síes y un no) de la Carta SB, en los que ambas éticas, a mi juicio, podrían converger generalmente; al mismo tiempo, ambas éticas podrían coincidir en el disentimiento ante el “no” de la Carta SB acerca de un quinto punto delicado y controvertido, que la Carta rechaza sin lugar para excepciones: la eutanasia directa y suicidio asistido, con el correspondiente control y acompañamiento médico, legal, social y espiritual.

Convergencia para asentir a cuatro puntos

Las dos perspectivas citadas, religiosa y laica, podráan converger en:

 1) el «sí» enfatizado al cuidado de personas y situaciones críticas y terminales: un cuidado humano y espiritual, compasivo y respetuoso, misericorde, familiar y profesional, personal y social.

 2) el «sí» al cuidado terapéutico adecuado, sin ninguna discriminación, pero proporcionado y regulado de acuerdo con la dignidad, derechos y consentimiento de la persona paciente (véase: la llamada tradicional y ambiguamente “eutanasia indirecta”; aunque no me gusta el nombre, que se puede confundir con omisiones o acciones homicidas).

 3) el «sí» al cuidado paliativo integral (incluidas las sedaciones terminales responsablemente aplicadas); también este cuidado deberá ser adecuado, proporcionado y protocolizado de acuerdo con la dignidad, derechos y consentimiento de la persona paciente (véase: la llamada tradicional y ambiguamente “eutanasia indirecta”; aunque no me gusta el nombre, que se presta a confusión con acciones u omisiones homicidas).

4) el “no” al homicidio por compasión, impropiamente llamado “eutanasia involuntaria”.

Coincidencia para disentir sobre el «quinto punto» delicado

Por contraste con estos cuatro puntos de convergencia, hay un quinto tema que será, sin duda, cuestionado y controvertido, tanto desde dentro como desde fuera de la reflexión moral cristiana: es el tema delicado del «no» a la llamada eutanasia voluntaria directa, legalizada y médicamente asistida, así como el del llamado suicidio legal y médicamente asistido.

Sería preferible y deseable, en mi opinión, prescindir de las palabras “eutanasia” y “suicidio”; en su lugar sería más exacta la expresión “adelantar responsable y dignamente un final inevitable, pero de modo legal y médicamente controlado, a la vez que garantizadas las condiciones para evitar toda manipulación y discriminación, así como cualquier violación disimulada de la defensa de la vida”. (Lo mismo que hemos aprendido a distinguir entre un aborto irresponsable y una interrupción justa del embarazo).

Reconozco que el tema es muy delicado y la preocupación de la SB por evitar las consecuencias de la cultura del descarte y la exclusión tendrá que tenerse muy en cuenta. Pero creo que los redactores de la Carta, al editarla y presentarla al Cardenal para su firma y al Papa para obtener su aprobación, se han pasado mas de dos pueblos en retórica y estilo, porque identifican este quinto punto con presuntas “leyes injustas”, “acciones homicidas”, etc, y al autodefinir el posicionamiento eclesiástico de la carta SB como “doctrina definida” o rechazo de “maldad intrínseca” etc., o al presionar incorrectamente al parlamentario católico cuya votación de dichas leyes sería, según la Carta SB, culpable de «cooperación injusta al mal», etc… Esta manera de hablar no es propia de la excelente antropologia del teólogo Cardenal Ladaria y esta en contradicción con la pastoral de la misericordia del Papa Francisco, quiero suponer que a ambos les mete un gol en casa propia alguno de sus ayudantes curiales…).

Reitero que este quinto punto tendrá que ser objeto de disentimiento cuestionador tanto desde fuera como desde dentro de la iglesia. Para este punto, mi disentimiento preocupado, porque veo en él una vuelta a la manera de hacer teología moral en gran parte de la Veritatis splendor de Juan Pablo II y en gran parte del Catecismo del 92, en su día objeto de crítica por parte de la teología moral renovada.

Y, a propósito del disentimiento intraeclesial, no puedo dejar de añadir que, como sacerdote y desde la práctica pastoral, me resulta incomprensible la teología sacramental que parece presuponer la Carta SB al impedir el acompañamiento espiritual y sacramental de personas que opten por la eutanasia responsable mencionada en el quinto punto. Para toda esa parte de la Carta SB, que me resulta totalmente inasumible desde la teología, asi como en contradiccion con la pastoral de la misericordia, mi disentimiento, dolido y pesaroso, pero necesario.

[1] Tertulias de Bioética, Trotta, 2005-6;  Cuidar la vida, Herder, 2012; Animal  vulnerable, Trotta, 2015; vease el numero monografico sobre eutanasia, de la revista Exodo, febrero 2020, n.152.

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Paliativo

lunes, 5 de marzo de 2018
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Del blog Nova Bella:

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El principal arrepentimiento de mucha gente es

‘ojalá hubiera tenido el coraje de vivir la vida que realmente quería

y no la que los otros esperaban de mí’.

*

Bronnie Ware,
experta en cuidados paliativos

paliativos

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

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