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Acercándose al Sínodo desde 30.000 pies

Lunes, 9 de octubre de 2023
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B5B594F3-3944-46C6-B096-E63A2AC7BD33Esta publicación es la primera de la serie de reflexiones teológicas de Bondings 2.0 sobre cuestiones LGBTQ+ y el Sínodo sobre la Sinodalidad, que se publicará cuando la Asamblea General del Sínodo se reúna en el Vaticano este mes. Para conocer toda la cobertura del Sínodo de Bondings 2.0, incluidos los informes de Roma, haga clic aquí.

La publicación de hoy es de Mark Guevarra (él/él). Mark es candidato a doctorado en la Graduate Theological Union en Berkeley, California, y colaborador de Bondings 2.0. Tiene interés en cómo las prácticas de justicia restaurativa son necesarias en el camino hacia una iglesia sinodal, especialmente en la restauración de las relaciones entre las personas LGBTQ+ y la iglesia católica. Su interés es personal, ya que fue despedido como asociado pastoral por tener una relación del mismo sexo. La fe de Mark, moldeada por su identidad filipino-canadiense y gay, es algo que le apasiona testificar, compartir y nutrir en un mundo de gracia y quebrantamiento.

Mientras escribo esto, estoy en pleno vuelo camino a Roma. Es más de medianoche, la cabaña está a oscuras y todos a mi alrededor están profundamente dormidos, aunque el sueño se me escapa. El sínodo será dentro de unos días y tengo en mente eso. En verdad, mi mente ha estado en el sínodo desde que comenzó hace dos años, y más en los últimos meses desde que decidí ir.

Mi mente está en la energía del sínodo, que mis contactos en Roma han descrito como palpable. Mi mente está en hacer una presentación en una conferencia de defensores de la reforma de la iglesia y en todos los presentadores y participantes que tienen anhelos sagrados por la iglesia. Mi mente está en conectarme con mis colegas de Católicos Laicos Preocupados (Canadá) mientras estamos presentes en Roma.

Mientras escribo esto, mi avión sobrevuela Iqaluit, una pequeña comunidad en el Ártico de Canadá donde hace dos veranos, el Papa Francisco se reunió con el pueblo inuit y les ofreció palabras de reconciliación y sanación. Mi mente está en ellos y en todos los pueblos indígenas de Canadá que han sobrevivido al sistema de escuelas residenciales administrado predominantemente por la Iglesia Católica. Mi mente está en lo que significará el sínodo para ellos.

Al sureste se encuentra Terranova, a la que Gemma Hickey considera su hogar. Es un sobreviviente de abuso sexual que en septiembre viajó a Roma para solicitar una política de tolerancia cero para el abuso del clero. Mi mente está en él, en todos los sobrevivientes de abusos y en lo que el sínodo significa para ellos. Mi mente está en una antigua compañera de escuela, Barb Kozee, y en las muchas mujeres que anhelan un papel más importante para las mujeres en la iglesia. A principios de esta semana, ofreció una hermosa reflexión en una liturgia dirigida por mujeres en la Basílica de Santa Práxedes en Roma, donde un antiguo mosaico representa a una mujer en el liderazgo de la iglesia. Mi mente está en lo que significará el sínodo para las mujeres.

Mi mente está en Frank DeBernardo y Bob Shine del Ministerio New Ways, quienes están informando sobre el terreno. Mi mente está en el P. James Martin, los otros delegados de apoyo LGBTQ+ y todos los delegados que entran en un período de discernimiento. El Espíritu Santo está en todas partes, pero de manera única, está en los corazones sagrados de los más de 300 delegados llamados a representar nuestra inmensa iglesia.

Claramente mi mente está en muchas cosas y como si fuera poco, mi corazón se llena de emoción. Estoy emocionado por una nueva forma de ser iglesia que está surgiendo. La iglesia sinodal emergente escuchará con empatía, especialmente a aquellos que se han desconectado de la iglesia y a aquellos en las periferias. La iglesia sinodal emergente se reconciliará activamente con aquellos a quienes ha excluido, dañado y abusado.

La iglesia sinodal emergente se mirará humildemente a sí misma para poner fin al clericalismo por el bien del Evangelio. La iglesia sinodal emergente construirá caminos de inclusión. La iglesia sinodal emergente caminará de nuevo con nuestros hermanos cristianos de otras tradiciones listos para aprender de ellos y listos para abrirles nuestras puertas. La iglesia sinodal emergente no tendrá miedo de enfrentar preguntas difíciles y responder con “Sí y…” en lugar de “no”, como desafió el padre dominico Timothy Radcliffe a los delegados sinodales en el retiro.

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Dicho todo esto, yo también tengo mis dudas. Me criaron ancianos católicos queer que llevan las cicatrices de que les cerraran las puertas de la iglesia en la cara. Me criaron mujeres sacerdotisas católicas pioneras que conocen el dolor de la excomunión automática y, sin embargo, ministran con amor radical. Conozco el dolor de los seres queridos a quienes se les ha negado la Comunión porque no son católicos.

Conozco el trauma generacional cuando tomo la mano de mi sobrino y reconozco a sus antepasados indígenas que asistieron al internado donde se encontraron restos de niños. Conozco el odio de feroces oponentes que pondrían en duda al Papa y a todo este sínodo. Conozco la apatía y el resentimiento de innumerables personas que han abandonado la iglesia. Conozco estas cosas y despiertan dudas.

Parece que nuestro viaje en la vida incluirá inevitablemente compañeros de viaje de emoción y duda. Siempre nos entusiasmarán las perspectivas que revelen lo lejos que hemos llegado y cuánto más nos queda por recorrer. Y siempre tendremos nuestras dudas sobre si lo lograremos o no. Pero las peregrinaciones no son un viaje cualquiera.

Como nos recordó el Papa Francisco hace días en su homilía de apertura del sínodo, como Jesús, debemos mantener la mirada en Dios que nos revela los misterios del reino. Como Jesús, debemos bendecir a Dios “que acoge a los cansados y oprimidos”. Para Francisco, “ésta es la tarea principal del Sínodo: volver a centrar nuestra mirada en Dios, para ser una Iglesia que mira con misericordia a la humanidad”. Con los ojos fijos en Dios, tal vez ahora pueda dormir, pero ay, veo el amanecer fuera de mi ventana. Por ahora, cerraré la ventana y usaré mi máscara para dormir. Veremos que pasa.

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Guevarra con su pareja, el reverendo Mark Chiang (derecha), ministro de la Iglesia Presbiteriana de St. Andrew en Edmonton. (Proporcionada)

—Mark Guevarra (él/él), 8 de octubre de 2023

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Obispo John Stowe: Bendecir a las parejas LGBTQ+ “casi significa la aprobación de Dios”

Al comenzar el Sínodo, los muros se derrumban

Cardenal: Dios proporcionará dirección al Sínodo sobre cuestiones LGBTQ+

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Fuente New Ways Ministry

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“Dura crítica a los dirigentes religiosos”. 27 Tiempo ordinario – A (Mateo 21,33-43)

Domingo, 8 de octubre de 2023
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vineyard parableLa parábola de los «viñadores homicidas» es, sin duda, la más dura que Jesús pronunció contra los dirigentes religiosos de su pueblo. No es fácil remontarse hasta el relato original, pero, probablemente, no era muy diferente del que podemos leer hoy en la tradición evangélica.

Los protagonistas de mayor relieve son, sin duda, los labradores encargados de trabajar la viña. Su actuación es siniestra. No se parecen en absoluto al dueño que cuida la viña con solicitud y amor para que no carezca de nada.

No aceptan al señor al que pertenece la viña. Quieren ser ellos los únicos dueños. Uno tras otro, van eliminando a los siervos que él les envía con paciencia increíble. No respetan ni a su hijo. Cuando llega, lo «echan fuera de la viña» y lo matan. Su única obsesión es «quedarse con la herencia».

¿Qué puede hacer el dueño? Terminar con estos viñadores y entregar su viña a otros «que le entreguen los frutos». La conclusión de Jesús es trágica: «Yo os aseguro que a vosotros se os quitará el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».

A partir de la destrucción de Jerusalén el año 70, la parábola fue leída como una confirmación de que la Iglesia había tomado el relevo de Israel, pero nunca fue interpretada como si en el «nuevo Israel» estuviera garantizada la fidelidad al dueño de la viña.

El reino de Dios no es de la Iglesia. No pertenece a la jerarquía. No es propiedad de estos teólogos o de aquellos. Su único dueño es el Padre. Nadie se ha de sentir propietario de su verdad ni de su espíritu. El reino de Dios está en «el pueblo que produce sus frutos» de justicia, compasión y defensa de los últimos.

La mayor tragedia que puede sucederle al cristianismo de hoy y de siempre es que mate la voz de los profetas, que los sumos sacerdotes se sientan dueños de la «viña del Señor» y que, entre todos, echemos al Hijo «fuera», ahogando su Espíritu. Si la Iglesia no responde a las esperanzas que ha puesto en ella su Señor, Dios abrirá nuevos caminos de salvación en pueblos que produzcan frutos.

José Antonio Pagola

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“Arrendará la viña a otros labradores”. Domingo 08 de octubre de 2023. 27º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 8 de octubre de 2023
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50-OrdinarioA27Leído en Koinonia:

Isaías 5,1-7: La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel
Salmo responsorial: 79 La viña del Señor es la casa de Israel.
Filipenses 4,6-9: Poned esto por obra, y el Dios de la paz estará con vosotros.
Mateo 21,33-43: Arrendará la viña a otros labradores

Algunos seguimos aferrados a un «servicio de la palabra» más apto para generaciones pasadas que para la sociedad actual. Pretendemos hacer oír una «palabra» alejada de la realidad que vivimos, expresada en un lenguaje teórico, con poco sabor de la vida y la problemática de la gente… La inculturación sigue siendo una «materia pendiente» para demasiados predicadores cristianos. Nos preguntamos cómo lograr que nuestro «servicio de la palabra» se inspire y se haga carne en compromisos concretos por la Vida, la Justicia y la Solidaridad concretas, tal como se viven en el día a día…

Miremos a los profetas, que pueden orientarnos en este sentido. Ellos siempre mantuvieron una actitud crítica frente a las instancias de poder y, simultáneamente, vivían en medio del pueblo. Isaías, por ejemplo, no duda en utilizar una vieja canción romántica, sobre una viña, para comunicar con eficacia su mensaje. No teme que lo tilden de coplero de amoríos, o que la gente piense que sus recursos didácticos no están a la altura requerida. Para Isaías lo importante era hacer captar al decadente reino de Judá los peligros evidentes de una política interna ejercida mediante el autoritarismo, la represión y el inmediatismo. Y la maestría de su «servicio de la palabra», comprometido y vital, accesible y a la vez profundo, quedó reflejado en la «Canción de la viña» que hoy escuchamos como primera lectura.

Ocurre otro tanto con la predicación de Jesús, como podemos ver en el evangelio de hoy. Jesús se vale del mismo tema de la viña para expresar su mensaje.

Muchos grupos fanáticos consideraban que la salvación de Israel era la única meta de la historia. Jesús cuestionó duramente esta manera de pensar, por superficial y excluyente. Por eso, muchos líderes sectarios, tanto de derecha como de izquierda, consideraron que Jesús era una amenaza.

Para Jesús el Reino de Dios estaba abierto a todos los seres humanos «de buena voluntad», o sea, todas las personas que tengan como valor primero de su vida el Amor y la Justicia. Porque, como dice esa maravillosa canción litúrgica (el salmo 71), el Reino es «Vida, Verdad, Justicia, Paz, Gratuidad, Amor». Por eso es por lo que no eran importantes para Jesús las diferencias raciales, de género o de cualquier otro tipo: todas las personas «de buena voluntad», todas las que estén dispuestas a vivir la solidaridad fraterna, están invitadas. Y Jesús no sólo propuso esto como un ideal, sino que lo realizó con su práctica.

Esta manera de actuar y de pensar le acarreó agudos y profundos conflictos con los grupos religiosos y políticos de la época, incluso con sus propios discípulos. Para los hombres ortodoxos, esta apertura del Reino de Dios a los extranjeros, enfermos y pecadoras era absolutamente impensable. Más aún, ellos consideraban que fuera de Israel y de su particular religión no había salvación para nadie. Se consideraban «propietarios» del Reino de Dios.

Jesús los desafía abiertamente, y por medio de esa comparación con la viña, les muestra que la ortodoxia recalcitrante no conduce a la salvación. El profeta de Galilea se burla de las pretensiones privatizadoras de los ortodoxos, y les muestra que Dios entrega el Reino a aquellas comunidades que viven el amor y la justicia. El Reino no es propiedad privada de nadie ni de ningún grupo en particular. Nadie lo tiene asegurado a título de una raza o religión concreta.

Toda la vida y ministerio de Jesús es compromiso con la vida. Sus acciones y palabras convocan a todos a compartir su vida en la nueva realidad humana y mundana que la construcción del Reino va provocando: sus obras poderosas, su acogida hacia los excluidos, el anuncio de la utopía de Dios que abre nuevos horizontes de esperanza en el corazón de los pobres. Éstos y otros signos son manifestaciones de la voluntad del Padre que envía a Jesús para que los hijos e hijas «tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10) y que, por ello, invita a celebrar el retorno del hijo «que estaba muerto y ha vuelto a la vida» (cf. Lc 15,32).

La denuncias de Jesús, por otra parte, nos indican que el mensajero del Dios de la Vida no puede permitir que el ser humano esté permanentemente torturado por experiencias de muerte. Queremos que nuestra vida y nuestro ministerio sean una confesión y un testimonio de nuestra fe en el Dios «que ama la vida» (Sab 11,26). Como seguidores de Jesús sabemos que esta vida se manifiesta y goza en plenitud cuando se pone totalmente al servicio del Reino (cf Mt 10,39).

Jesús, el Hijo del hombre, está dispuesto a dar su vida en rescate por todos (cf Mt 20,28). Nadie le quitó la vida; él la entregó libremente. De él hemos aprendido que ser buen pastor es desvivirse por el rebaño, dar la vida por los hermanos (cf Jn 10,11). En este momento debemos sumarnos a tantos cristianos y cristianas que en los últimos años han optado por servir a la vida, aun a riesgo de perder o complicar la suya propia. Al hacerlo, prolongamos la mejor tradición cristiana, confiados en la intercesión de nuestros hermanos y hermanas mártires. Leer más…

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8.10.23 (Dom 27 TO )La piedra que desecharon los arquitectos. Mt 21, 40-44

Domingo, 8 de octubre de 2023
Comentarios desactivados en 8.10.23 (Dom 27 TO )La piedra que desecharon los arquitectos. Mt 21, 40-44

IMG_0832Del blog de Xabier Pikaza:

El evangelio de hoy (Mt 21, 23-34) ha de verse desde el tema de domingo pasado (publicanos y prostitutas os preceden…) y desde  la oración Teresa de Lisieux (3 Octubre: Jn 17), cuando proclama, con Jesús, que todos somos sacerdotes del nuevo reino de Dios. A Teresa de Lisieux le hicieron santa y doctora para que la veneremos, pero pocos siguen su camino.

Este evangelio  retoma los motivos anteriores desde la imagen de los viñadores poderosos (sacerdotes y senadores) que para apoderarse de la viña matan al auténtico heredero: echan fuera la auténtica piedra, para hacerse ellos mismos piedra y templo. Esta es una historia plenamente actual. Sigue siendo la historia de la iglesia del mundo del siglo XXI.

Piedra angular. Que “cuadre la construcción”.

 He comentado extensamente ese motivo (viñadores homicidas) en mi Historia de Jesús y en comentarios a Marcos y Mateo Suponiendo conocido ese motivo me centro en los últimos versos del pasaje, que nos sitúan ante una de las claves del evangelio y de la vida de la iglesia: Sobre la piedra desechada por la sociedad civil y por la iglesia edifica Jesús su reino, hoy siglo XXI como entonces, siglo I.

Reunidos en Granada los políticos/arquitectos de Europa occidental se empeñaron ayer (6.10.23) en Granada en crear un “mercado”, expulsando a los de siempre (la piedra que desecharon…). Reunidos hoy (8.20.23) en Roma muchos “grandes” de la Iglesia buscan igualmente piedras buenas para edificar su “templo”. Entre los desechados, en los basureros de la humanidad triunfante,  sigue buscando Jesús las piedras vivas de du Reino.  Podría decirse quizá con más retórica, pero no con más contundencia.

Leamos la parábola. Sacerdotes y senadores han matado al hijo, heredero de la viña.   La “historia” de Dios podía haber terminado de esa manera, con la muerte del Hijo… y con la revancha/venganza del amo. Pero vengamos al texto, sigamos leyendo:

21 40 Pues bien, cuando vuelva el dueño de la viña ¿qué hará con aquellos agricultores? 41 Le contestaron: Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros agricultores, que le entreguen los frutos a sus tiempos. 42 Y Jesús les dice: ¿No habéis leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular?. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? ¿Qué hará el amor de la viña? Jesús pregunte. Le responden “lógicamente” que les mate

 La respuesta de los interlocutores de Jesús indica que ellos han entendido la parábola en clave de talión (en contra de lo que él mismo Jesús había proclamado en Mt 5, 38-48). Que les mate, que les maten. Esa sigue siendo la respuesta de la gente Mc 12, 8(¡hará morir de mala muerte…!), pero indicando con una diferencia.  Esa es la respuesta, que con tonos diversos sale hoy en los periódicos: Que maten a los rusos o a los catalanes, a los sicarios de Colombia o a los emigrantes de pateras (que los maten, que los dejen morir en campos de batalla, en parlamentos o en pateras y cárceles.

Pero Mateo indica aquí (en su evangelio) que esa no es la respuesta de Jesús, sino la de la gente. Esa es la respuesta de un tipo e democracia de muerte… Matar a los que estorban, a todos los demás… creando así una historia infinita de chivos emisarios y chivos expiatorios… Esta es la respuesta del talión de sangre,  que sigue sonando en la historia desde el tiempo de Caín (Gen 4 Esa respuesta (matará… ) nos línea se sitúa en una línea de legalidad punitiva, que sigue condenando (aplastando) a los hombres, suponiendo que un pecado sólo se resuelve y limpia con otro pecado,  conforme al dictado de una espiral de violencia infinita, porque supone que Dios mismo es violento y que, tras un tiempo de paciencia, en que ha dejado a los violentos que asesinen y maten a los justos, vendrá a manifestarse como vengador incontenible, respondiendo en su mismo plano a los asesinos, destruyendo (asesinando) de un modo implacable a los renteros asesinos, como suponen muchos libros apocalípticos e incluso una teología de línea sapiencial [1].

Conforme a esta respuesta (hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros agricultores, que le entreguen los frutos a sus tiempos…), el des-orden anterior se mantendría como estaba, porque los nuevos viñadores seguirían sometidos a la misma presión de violencia de los ajusticiados.

´Mateo ha dejado claro que esta respuesta no es de Jesús, ni de los cristianos, sino de algunos oyentes, pues ella va en contra del Sermón de la Montaña (5, 38-48) y del mensaje universal de Pascua (28, 16-20). Dios no ha querido matar a los asesinos de su Hijo, sino al contrario: les ha ofrecido la gracia del perdón a través del mismo Jesús resucitado.

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Respuesta de “masones”. Jesús el arquitecto: La piedra desechada

En este fondo introduce Mateo el pensamiento de Jesús (¿no habéis leído: la piedra que desecharon los arquitectos…?). Esa es la respuesta que Jesús presenta como clave de interpretación de la historia humana, una respuesta que  que estaba ya en el AT (Sal 118), pero que sólo ahora puede entenderse plenamente.

Según Mc 6, 4, Jesús es el tekton, un simple obrero de la construcción (albañil, cantero…). Pues bien, aquí aparece no como simple tekton sino como el arquitecto, el arquitecto de la nueva humanidad, el verdadero “masón” de las imágenes ilustradas de los masones del siglo XIX. Se trata de construir una nueva humanidad, pero no desde las “piedras” de los arquitectos oficiales (armas, dinero, superioridad, excelencia…), sino desde las piedras desechadas de la historia humana, desde los desechados del mundo. ¿No habéis leído? Así dice Jesús, como en Mc 13, 14. El sepa leer la historia que aprenda, que entiende, pues la lección viene de atrás, como dice el salmo.

Salmo de la piedra desechada:

  • 20 esta es la puerta de Jehová; ¡por ella entrarán los justos!
  • 21 Te alabaré porque me has oído y me fuiste por salvación.
  • 22 La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser la cabeza del ángulo.
  • 23 De parte de Jehová es esto y es cosa maravillosa a nuestros ojos.
  • 24 Éste es el día que hizo Jehová; ¡nos gozaremos y alegraremos en él! (cf. Sal 118, 22-23).

Éste es el canto de unos fieles judíos que, habiendo sido rechazados tras la vuelta del exilio de Babilonia, entre el V-III a.C., vinieron a presentarse ante Dios como piedra angular del nuevo edificio del templo (la comunidad restaurada). Así muestran que Dios consigue su victoria a través de personas descartadas, marginadas por los constructores oficiales  a quienes habían querido eliminar. Éste es el salmo que Jesús asume como principio de interpretación de la historia. El verdadero edificio del templo de Dios se construye con piedras desechadas.

Jesús no habla  así simplemente condenar sin más a los sacerdotes y senadora (como ellos supondrán: 21, 45), sino para que reflexionen y respondan (=cambien de actitud), y lo hace con ese salmo, que cuenta la historia de un hombre que da gracias a Dios porque le ha liberado de una gran crisis o prueba, de manera que aquellos que le acompañan en la oración proclaman “la piedra que desecharon los arquitectos…”.

Éste es el salmo/canto de los publicanos y las prostitutas, de los expulsados de todos los caminos, de los encarcelados y emigrantes, de los condenados de las cárceles de la historia humana (Mt 25, 31-46). Sólo a partir de ellos se puede  crear la historia de la nueva humanidad.

Sentencia de Jesús, piedra de escándalo (Mt 21, 43-46).

 La sentencia de 21, 43 es propia de Mateo (no se incluye en Mc 12, 1-12 ni en Lc 20, 11-18), y parece ratificar la respuesta de los primeros oyentes (hará morir a esos malvados: 21, 41)… pero lo hace en forma de inversión… Los que condenan y matan a los demás se condenan y matan a sí mismos. Al rechazar a publicanos y prostitutas, al condenar a los trabajadores de la viña, al matar a los pobres (hijos de Dios), los senadores y sacerdotes del mundo se matan a sí mismo.

21 43 Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos. (44 Y el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos; y aquel sobre el que caiga esta piedra quedará desmenuzado). 45 Y los sumos sacerdotes y los fariseos, oyendo sus parábolas, comprendieron que estaba refiriéndose a ellos.  

 Esta sentencia no dice que las autoridades de Jerusalén (sacerdotes, ancianos, fariseos…) serán ajusticiadas (que morirán en este mundo, o que se condenarán después para siempre), sino sólo que se les quitará su autoridad. Esta es la misma sentencia del Magnificar: Derriba del trono a los potentados y eleva a los humillados (Lc 1, 46.55). El mayor bien que Dios puede hacer a los grandes arquitectos (ricos, senadores, sacerdotes…) es que pierdan el poder, poder,  que bajen de sus tronos, que pierdan sus privilegios de muerte… que vivan al ras de la vida, al ras de la gente, en diálogo de respeto, de amor, como  han puesto de relieve los comentaristas de salmos (Cf. H.-J. Kraus, Los Salmos I-II, Sígueme Salamanca 1993; L. Alonso Schökel, Salmos I-II, Verbo Divino, Estella 1992), como yo mismo he destacado últimamente en mi Lectura cristiana de los salmos ( VD, Estella 2023)..

IMG_0834  Jesús condena a los agricultores y arquitectos antiguos (sacerdotes, senadores…), pero no para colocar en su lugar a otros quizá mejores, sino para ofrecer el reino, la vida a un pueblo nuevo que produzca y comparte la frutos verdaderos…

Conforme a la visión de Mateo, este nuevo pueblo es la Iglesia mesiánica, es la nueva humanidad que no se opone a Israel en cuanto tal (Mateo supone que los judíos pueden formar y forman parte de ese pueblo), sino a sus autoridades (sacerdotes, ancianos…). Esta es la gran promesa, la esperanza de la nueva humanidad.

La piedra del juicio. Una glosa de Mateo:

Y el que caiga sobre esta piedra será hecho pedazos; y aquel sobre el que caiga esta piedra quedará desmenuzado) (Mt 21, 44, cf Is. 8, 14-15; Dan 2 34-44).

            Ésta es una glosa, pero una glosa muy significativa, como explico en la nota 2 [2]. Posiblemente no viene de Jesús. Marcos no la introduce. Lucas la introduce en un contexto distinto… Aquí aparece en algunos manuscritos de Mateo, en otros no aparece. Posiblemente es un texto que solía aducirse en algunas discusiones entre cristianos y cristianos, cristianos y judíos sobre el sentido de la Piedra-Jesús,

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De canción de amor a canción de muerte. Domingo 27 Ciclo A

Domingo, 8 de octubre de 2023
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661902_1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:


El domingo pasado, Jesús denunció a las autoridades religiosas y políticas por no haber creído a Juan Bautista ni haberse dejado interpelar por el buen ejemplo de los recaudadores de impuestos y las prostitutas. Este domingo, el ataque es más duro: los acusará de ladrones y asesinos. Para comprenderlo hay que remontarse ocho siglos, hasta la época de Isaías.

Acto I: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia 735 a.C.

            El murmullo se apaga lentamente. Cuando se hace silencio, Isaías se dirige a la gente congregada: «Voy a cantar una canción de amor. Del amor de mi amigo a su viña». El público sonríe incrédulo. No imagina al profeta cantando una canción de amor. Lo más frecuente en él son denuncias y elegías.

            La canción habla del trabajo entusiasta que dedica su amigo a una hermosa viña: entrecava el terreno, lo descanta, plata buenas cepas, construye una atalaya y, esperando una magnífica cosecha, cava un lagar. Pero, al cabo del tiempo, la viña, en vez de dar uvas hermosas y dulces, da ácidos agrazones.

            Isaías aparta la cítara y mira fijamente al público: «Ahora os toca a vosotros hacer de jueces entre mi amigo y su viña. ¿Podía hacer por ella más de lo que hizo».

La gente guarda silencio e Isaías continúa: «Voy a deciros lo que hará mi amigo: derribará su valla para que sirva de pasto a ovejas y cabras, para que la pisoteen mulos y toros; la arrasará para que crezcan en ella zarzas y cardos, y prohibirá a las nubes que lluevan sobre ella».

El profeta se interrumpe y pregunta de nuevo: «¿Quién es mi amigo y cuál es su viña?» Pero no da tiempo a que nadie intervenga: «La viña del Señor sois vosotros, los hombres de Israel y de Judá. Dios ha hecho mucho por vosotros, y esperó a cambio que practicarais el derecho y la justicia, que os portarais bien con el prójimo. Pero sólo habéis producido asesinatos y provocado lamentos».

            El texto de la canción es la 1ª lectura de hoy:

Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. 

Mi amigo tenía una viña en fértil collado. 

La entrecavó, la descantó, y plantó buenas cepas;

construyó en medio una atalaya y cavó un lagar. 

Y esperó que diese uvas, pero dio agrazones. 

Pues ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,

por favor, sed jueces entre mí y mi viña. 

¿Qué más cabía hacer por mi viña que yo no lo haya hecho? 

¿Por qué, esperando que diera uvas, dio agrazones? 

Pues ahora os diré a vosotros lo que voy a hacer con mi viña:

quitar su valla para que sirva de pasto,

derruir su tapia para que la pisoteen. 

La dejaré arrasada:

no la podarán ni la escardarán, crecerán zarzas y cardos;

prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella. 

La viña del Señor de los ejércitos es la casa de Israel;

son los hombres de Judá su plantel preferido.

Esperó de ellos derecho, y ahí tenéis: asesinatos; 

esperó justicia, y ahí tenéis: lamentos.

Acto II: Explanada del templo de Jerusalén. Hacia año 29 de nuestra era.

 Jesús acaba de contar a los sacerdotes y senadores la parábola de los dos hermanos, advirtiéndoles que las prostitutas y los publicanos les llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Inmediatamente, sin darles tiempo a reaccionar ni responder, les dice:

― Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar…

― Ésa ya la sabemos, comenta uno en voz alta. Ésa no es tuya, es de Isaías.

Jesús no se inmuta. Y la parábola toma de repente un rumbo imprevisible. A diferencia de la viña de Isaías, ésta sí da fruto. El problema no radica en la viña, sino en los viñadores, que se niegan a entregar los frutos a su legítimo propietario.

El drama se desarrolla en tres etapas. En las dos primeras, el dueño envía unos criados, y los viñadores los apalean, matan o apedrean. En la tercera, envía a su propio hijo. Cuando lo matan, Jesús, igual que Isaías, se encara con los oyentes, pidiéndoles su opinión: «¿Qué hará con aquellos labrado­res?»

A diferencia de lo que ocurre en Isaías, los oyentes intervienen, emitiendo una sentencia tremendamente dura: los viñadores merecen la muerte y la viña será entregada a otros más honrados.

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

― Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo, diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo. “Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: “Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia.” Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?»

Le contestaron:

― Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.

Y Jesús les dice: 

― ¿No habéis leído nunca en la Escritura: “La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente”?  Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»

Tres grandes enseñanzas

  1. La canción de la viña de Isaías insiste en una idea que a muchos cristianos todavía les resulta extraña: el amor de Dios se paga con amor al prójimo. Dios ha hecho mucho por los israelitas, pero lo que pide de ellos no es actos de culto sino la práctica de la justicia y el derecho. Jesús dirá que el segundo mandamiento (amar al prójimo) es tan importante como el primero (amar a Dios). Y la 1ª carta de Juan afirma: «Si Dios nos ha amado tanto, también nosotros debemos amar… a nuestros hermanos».
  2. Para Jesús, a diferencia de Isaías, el pueblo no es una viña mala e improductiva. Al contra­rio, da frutos a su tiempo. El mal radica en las autoridades religiosas, que consideran la viña propiedad privada y no recono­cen a su auténtico propietario. Por eso Mateo termina con un comentario incomprensiblemente suprimido por la liturgia: «Al oír sus parábolas, los sumos sacerdotes y los fariseos se dieron cuenta de que iban por ellos» (v.45). Sería completamente equivocado utilizar la homilía de este domingo para atacar al público presente, que bastante hace con soportarnos. Quienes debemos sentirnos especialmente interpelados somos los que tenemos una responsabilidad dentro de la comunidad cristiana.
  3. En su versión final (véase “Una cuestión discutida”), la parábola subraya la importancia y triunfo de Jesús. Después de todos los profetas (los criados), él es “el hijo”, lo más valioso que Dios puede mandar. Y aunque las autoridades religiosas lo infravaloren y desprecien, él termina convertido en la piedra angular del nuevo edificio de la Iglesia.

Una cuestión discutida

Muchos comentaristas piensan que la parábola primitiva contada por Jesús hablaba sólo del envío de los criados, los profetas, a los que los viñadores apalean, matan o apedrean. Y terminaría con las palabras: «Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.» Es pueblo eran los seguidores de Jesús.

Cuando lo mataron, los primeros cristianos pensaron que este era el mayor crimen, y se habrían añadido las palabras referentes al envío y la muerte del hijo. En la misma línea de subrayar la importancia de Jesús habría añadido las palabras del Salmo 118,22: «La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente». Es un cambio fuerte de metáfora. Los viñadores se convierten en arquitectos, y el hijo en una piedra. Los constructo­res la desechan, porque no la consideran válida como piedra angular, la que soporta el peso de todo el arco. Sin embargo, Dios la coloca en un puesto de privilegio. Con este añadido, la parábola pierde en clari­dad, pero advierte a las autoridades religiosas que su crimen no ha servido de nada, y alegra a los cristianos con la certeza del triunfo de Jesús.

La paz de Dios y la forma de conseguirla (Filipenses 4,6-9)

            La lectura de Pablo comienza con las palabras: «Nada os preocupe», y repite más adelante dos promesas muy parecidas: «La paz de Dios custodiará vuestros corazones» y «el Dios de la paz estará con vosotros». La paz, siempre necesaria, lo es quizá más en este tiempo. Pablo indica a los cristianos de Filipos tres recursos para conseguirla: 1) la oración, la súplica y la acción de gracias; 2) tener en cuenta todo lo que es virtud o mérito; 3) poner por obra lo que recibieron, oyeron y vieron en él.

            Si reflexionamos sobre estos recursos y los ponemos en práctica, conseguiremos la paz de Dios.

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Domingo XXVII. 08 octubre, 2023

Domingo, 8 de octubre de 2023
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Por último, les mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto a mi hijo.”

(Mt 21, 33-43)

Hoy celebramos la Buena Noticia de un Dios inmensamente paciente, capaz de enviarnos a su hijo, es decir, capaz de enviarnos lo más valioso que tiene. Y no nos lo envía cuando somos buenos, sino aun sabiendo que no sabremos ni acogerlo ni respetarlo.

La Buena Noticia, lo veíamos también la semana pasada, es que Dios no se da por vencido. A pesar de la cizaña, la semilla de la humanidad es buena y Él sabe que al final, todo saldrá bien. La luz vencerá la oscuridad.

Lo que mueve los hilos de la Historia de la Salvación son el amor, la generosidad, el puro derroche. Dios no pone condiciones, pone amor. Jesús no nace como resultado de la buena conducta del pueblo. Y aunque el pueblo lo espera, llega de la manera más inesperada, en el lugar indicado, pero sin ser reconocido a simple vista.

Así son las cosas de Dios: imprevistas. Y nosotras, pobres criaturas, no acabamos de saber reconocerlo y aun menos sabemos acogerlo. Nos pasa muchas veces como a estos labradores que cuando leemos la parábola nos parecen tan horribles y nos sale una respuesta como la de quienes le oyeron la parábola a Jesús: “Hará morir de mala muerte a esos malvados…”

Pero no fue así, nunca es así con Dios Trinidad, su paciencia es infinita, como lo es también su bondad y su amor por cada una de nosotras, por eso nos da lo más valioso que tiene, se nos da él mismo sin medida y espera, nos da todo el tiempo que necesitamos para aprender a acoger, a amar… Nos conoce y sabe que estamos hechas de amor infinito.

Oración

Gracias, Trinidad Santa, por tu eterna confianza. Por renovarla cada mañana, muy a pesar de nuestras guerras, envidias, codicias y larga lista de debilidades. Gracias porque nos recuerdas que nuestra verdadera esencia no es todo eso. Gracias por esa semilla divina que puede crecer y desarrollarse precisamente, en el estiércol de nuestra condición humana.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Entre Dios y tú no puede haber intermediario alguno.

Domingo, 8 de octubre de 2023
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Mt 21,33-43

De las tres parábolas con que responde Jesús a los jefes religiosos (los dos hijos a la viña, los viñadores homicidas y el banquete de boda), la de hoy es la más provocadora. Al rechazo de los jefes responde Jesús con suma crudeza. Esta parábola se narra ya en el evangelio de Mc, del que copian Mt y Lc. Cuando se escriben ya se había producido la muerte de Jesús, la destrucción de Jerusalén y la separación de los cristianos de la religión judía. Era muy fácil anunciar como profecía, lo que había sucedido ya.

Aunque el relato puede verse como parábola, el mismo Mt nos la presenta como una alegoría, donde, a cada elemento del relato corresponde un elemento metafórico espiritual. El propietario es Dios. La viña es el pueblo elegido. Los labradores son los jefes religiosos. Los enviados una y otra vez son los profetas. El hijo es el mismo Jesús. Los frutos que Dios espera son derecho y justicia. El nuevo pueblo, a quien se ha entregado la viña, que tiene que producir abundantes frutos, es la comunidad cristiana.

El relato del evangelio es copia, casi literal, del texto de Isaías. Pero si nos fijamos bien, descubriremos matices que cambian sustancialmente el mensaje. En Is el protagonista es el pueblo(viña), que no ha respondido a las expectativas de Dios; en vez de dar uvas, dio agrazones. En Mt los protagonistas son los jefes religiosos (viñadores), que quieren apropiarse de los frutos e incluso de la misma viña. No quieren reconocer los derechos del propietario. Pero al final se retoma la perspectiva de Isaías porque se dice que la viña será entregada a otro pueblo, cosa que ni a Isaías ni a Jesús se le podía ocurrir.

Como los domingos anteriores, se nos habla de la viña. Una de las imágenes más utilizadas en el AT para referirse al pueblo elegido. Seguramente, Jesús recordó muchas veces el canto de Isaías a la viña; sin embargo, no es probable que la relatara tal como la encontramos en los evangelios. No solo porque en él se da por supuesto la muerte de Jesús y el total rechazo del pueblo de Israel, sino también porque a ningún judío le podía pasar por la cabeza que Dios les rechazara para elegir a otro pueblo. Por lo tanto, está reflejando una reflexión de la comunidad cristiana muy posterior a Jesús.

Se os quitará la viña y se dará a otro pueblo que produzca sus frutos. Una manera muy bíblica de justificar que los cristianos se consideraran ahora el pueblo elegido. Esto era inaceptable y un gran escándalo para los judíos que consideraban la Ley y el templo como la obra definitiva de Dios, y ellos, sus destinatarios exclusivos. El relato no sólo justifica la separación, sino que también advierte a las autoridades de la comunidad que pueden caer en la misma trampa y ser rechazada como pueblo elegido.

Recordemos que entre la Torá (Ley) y el mensaje del Jesús, existe un peldaño que a veces olvidamos, y que seguramente hizo posible que la predicación de Jesús prendiera, al menos en unos pocos. Recordad las veces que se dice en el evangelio: “para que se cumplieran las escrituras”. Ese escalón intermedio fueron los profetas, que dieron chispazos increíbles en la dirección correcta; aunque no fueron escuchados. Muchas de las enseñanzas de Jesús, y precisamente las más polémicas, ya las encontramos en ellos.

La piedra desechada es ahora la piedra angular, es ya la apreciación cristiana de la figura de Jesús. Jesús no pudo contemplar el rechazo del pueblo judío como la causa de su muerte. Jesús nunca pretendió una nueva religión, ni inventarse un nuevo Dios. Jesús fue judío por los cuatro costados, y nunca dejó de serlo. Muy a su pesar, su predicación dio lugar al nacimiento del cristianismo. El traspaso de la viña a otros, sobrepasa el pensamiento bíblico. El pueblo elegido es castigado, pero permanece como elegido.

Tendremos verdadera dificultad en aplicarnos la parábola si partimos de la idea de que aquellos jefes religiosos eran malvados y procedían por mala voluntad. Nada más lejos de la realidad. Su preocupación por el culto, por la Ley, por defender la institución, por el respeto a su Dios era sincera. Lo que les perdió fue la falta de autocrítica y confundir los derechos de Dios con sus propios intereses. De esta manera llegaron a identificar la voluntad de Dios con la suya propia y creerse dueños y señores del pueblo.

No se pone en duda que la viña dé frutos. Se trata de criticar a los que se aprovechan de los frutos que corresponden al Dueño. A Jesús le mataron por criticar el mal uso que  hacían los jefes de la religión. Atacó radicalmente los dos pilares sobre los que se sustentaba. No criticó el templo y la Ley en sí, sino la interpretación que hacían de ambos. También nuestros dirigentes son administradores y no dueños de la viña. La tentación de aprovechar la viña en beneficio propio es hoy la misma que en tiempo de Jesús.

La historia nos demuestra que es muy fácil caer en la trampa de identificar los intereses propios o de grupo, con la voluntad de Dios. Esta tentación es mayor cuanto más religiosa sea la comunidad. Esa posibilidad no ha disminuido un ápice en nuestro tiempo. El primer paso para llegar a esta nefasta actitud es separar el interés de Dios del interés del ser humano concreto y personal. El segundo paso es oponerlos. Dados estos pasos ya tenemos justificado que se pueda machacar impunemente al hombre en nombre de Dios.

¿Qué espera Dios de mí? Dios no puede esperar nada de mí porque nada puedo darle. Él es el que se nos da totalmente. Lo que Dios espera de nosotros no es para Él sino para nosotros. Lo que Dios quiere es que todas y cada una de sus criaturas alcance el máximo de ser. Como seres humanos, tenemos que alcanzar nuestra plenitud precisamente por nuestra humanidad. Desde que nacemos tenemos que estar en constante evolución. Jesús alcanzó esa plenitud y nos marcó el camino para que todos podamos llegar a ella.

¿De qué frutos nos habla el evangelio? Los fariseos eran los cumplidores estrictos de la Ley.  Isaías dice: “esperó de ellos derecho y ahí tenéis asesinatos; esperó justicia y ahí tenéis lamentos. La Torá hubiera dicho: esperó sacrificios, esperó un culto digno, esperó oración, esperó ayuno, esperó el cumplimiento de la Ley.  Al pedir derecho y justicia demuestra que el bien del hombre es lo más importante. Jesús da un paso más. No habla ya de “derecho y justicia” sino de amor total que es la norma suprema.

La denuncia nos afecta a todos, porque todos tenemos algún grado de autoridad y todos la utilizamos buscando muestro propio beneficio en lugar de buscar el bien de los demás. No sólo el superior autoritario que abusa de sus súbditos como esclavos a su servicio, sino también la abuela que dice al niño: si no haces esto, o dejas de hacer aquello, Jesús no te quiere. Siempre que utilizamos nuestra superioridad para domesticar a los demás, estamos apropiándonos de los frutos que no son nuestros.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Ciencia y Religión (El Cosmos)

Domingo, 8 de octubre de 2023
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Las parábolas de la reprobación están dirigidas específicamente a las autoridades judías, y su aplicación a nosotros es poco evidente. Por eso, vamos a aprovechar estos dos domingos para abordar un tema que nos incumbe: ¿Hasta qué punto el avance de la ciencia está estrechando el espacio necesario para creer en Dios?…

Einstein dijo en cierta ocasión que “el hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir”, y quizás esta historia sea una buena prueba de ello.

Allá por el año 1931, un jesuita belga (y matemático prodigioso) de nombre Georges Lemaître, lanzó por primera vez la idea de un universo en permanente expansión, y añadió que, remontándose hacia atrás en el tiempo, su dimensión inicial tuvo que haber sido ínfima. Aventuró que su origen pudo ser la explosión de una partícula de dimensiones ínfimas y densidad infinita a la que llamó “átomo primigenio”.

Esta hipótesis fue acogida con gran hostilidad por parte de la comunidad científica, aduciendo que Lemaître pretendía favorecer con ella sus ideas religiosas acerca de la Creación. Poco más tarde, Edwin Hubble demostró empíricamente que el Universo se está expandiendo, y la idea de Lemaître comenzó a ser aceptada. Sobre los años cincuenta, George Gamow, brillante físico ucraniano, desarrolló un modelo completo y convincente que hizo de la teoría de Lemaître una teoría respetable.

Así nació el “Modelo Estándar del Big Bang” que está hoy generalmente aceptado por la comunidad científica. Este modelo hace una descripción detallada y rigurosa del proceso que tuvo lugar a partir de aquella gran explosión, aunque, eso sí, renunciando a explicar las causas que la originaron. Sus fundamentos teóricos hay que buscarlos en la teoría especial de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, y su fiabilidad está avalada por las observaciones y experimentos llevados a cabo en diversos observatorios y aceleradores de partículas.

Básicamente, este modelo sostiene que en el momento del Big Bang se generó un gran flujo de radiación en todas las direcciones, y que ésta energía acabó produciendo los átomos más ligeros de la tabla periódica; hidrógeno, deuterio y helio. Añade que las fluctuaciones de densidad existentes en aquel Universo primigenio dieron lugar a estrellas y galaxias, y que en el interior de las estrellas se fabricaron los átomos más pesados —del litio al uranio—, debido a las condiciones extremas de presión y temperatura allí existentes. Arrojados al espacio por explosión de las supernovas que los contenían, dieron lugar a los meteoritos, planetas y demás cuerpos densos que pueblan el cosmos…

Un relato fascinante, sin duda, pero que no explica de dónde procedía esa partícula primitiva (o esa acumulación de energía) que desencadenó el Big Bang, y que, por tanto, no desvela el enigma del origen del universo y de nuestra propia existencia. Algunos científicos han desarrollado teorías para responder a este enigma, pero todas ellas presentan inconsistencias tan sustanciales que les impiden ser aceptadas como parte integrante del Modelo Estándar del Big Bang.

La postura más común entre los científicos de prestigio la vemos en James Peebles, Premio Nobel de física de 2019, quien, en una entrevista en la embajada sueca en Washington tras obtener el galardón, manifestó lo siguiente: «Lo que sí tenemos es una teoría de la evolución bien probada desde unos segundos después de la explosión. Sin embargo, la misteriosa fase inicial sigue siendo eso, un misterio»

Y es que, sin leyes físicas ni datos empíricos previos al Big Bang, éste se ha convertido en un muro infranqueable en el que la ciencia ha encontrado su frontera. Ello nos invita a buscar las respuestas a las preguntas límite de nuestra existencia en ámbitos distintos al ámbito científico, por ejemplo, el religioso, pues, como decía Einstein: «La ciencia sin la religión es coja, y la religión sin la ciencia es ciega».

Si recurrimos al Génesis para entender qué pasó, vemos que los cronistas de sus dos primeros capítulos nos describen a su modo la Creación, pero de su descripción se desprende que no tienen ninguna vocación científica y que les importa un bledo cómo se formó el mundo o cómo surgió el primer hombre.

El único mensaje que tratan de transmitir es que el mundo es obra de Dios, y que el hombre está alentado por el soplo de Dios; por el espíritu de Dios… Eso sí, para envolver el mensaje se inventan un relato precioso que hace tangible el suceso. No saben nada de física, ni de genética ni de evolución, y aunque hubiesen sabido, el relato científico les habría parecido totalmente irrelevante frente al mensaje central que nos trasmiten.

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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Llamad@s a cuidar la viña de Dios.

Domingo, 8 de octubre de 2023
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red-vineyards-vincent-van-gogh-12483405-723-575Mt 21, 33-43

De nuevo Mateo nos presenta a Jesús invitando a sus oyentes a imaginar una historia y reaccionar ante lo que en ella acontece. Este relato se situ en los acontecimientos que se desarrollan en Jerusalén y que terminarán con la crucifixión de Jesús.

Desde su llegada a Jerusalén (Mt 21) Jesús vive un conflicto abierto con las autoridades religiosas que cuestionan su autoridad y su mensaje. La parábola que recordamos hoy forma parte de la conversación que él tiene con los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo dentro del recinto del Templo (Mt 21, 23) y que está unida con la que escuchábamos el domingo pasado (Mt 21, 28-32) y que continuará en el capítulo siguiente (Mt 22) .

Escuchad esta otra parábola

La parábola presenta a un señor que arrienda una viña a unos campesinos y cuando envía a sus empleados a recoger la parte de la cosecha que le corresponde por el arriendo, los labradores reiteradamente se niegan a entregarle su parte y lo hace de forma violenta, matando a los emisarios. El hecho de que ricos terratenientes, que vivían en las ciudades, arredraran a campesinos sin tierras sus propiedades en el campo a cambio de parte de la cosecha era una situación frecuente en la Palestina del siglo I. Una realidad que no sería dramática para el arrendatario sino estuviese agravada por los impuestos que debían de pagar tanto en forma de diezmos a los sacerdotes como de tributos al Roma y a Herodes y que apenas les permitía quedarse con un mínimo para sus sustento y el de sus familias. Esta carga económica suponía con frecuencia un progresivo endeudamiento de los campesinos que podía llevarlos a la pobreza absoluta incluso a la esclavitud.  Esta situación generaba cada vez mayor inestabilidad social produciéndose diversos movimientos campesinos en contra de los abusos de las elites o de los romanos.

Partiendo de este contexto conocido, Jesús desafía a sus oyentes a identificarse con los viñadores homicidas revelándoles así que es consciente de que su vida está amenazada porque ellos, como líderes religiosos de Israel, están actuando como los arrendatarios de la parábola. La alusión a la viña evoca textos proféticos de Isaías y Jeremías reforzando así su denuncia de la tradición que ellos están cometiendo contra la alianza que Dios hizo con Israel:

“La viña del Señor todo poderoso es el pueblo de Israel… Esperaba de ellos derecho y no hay más que asesinatos, esperaba justicia y solo hay lamentos” (Is 5,1-7)

“Yo te había plantado como viña selecta, llena de las mejores cepas. ¿Cómo te has convertido en cepa degenerada?” (Jr 2,21).

De este modo Jesús se identifica con el Hijo de la parábola y actualiza en su propia vida la memoria profética de Israel. Su anuncio del Reino es una llamada clara a escuchar al@s pobres, a l@s oprimid@s… a buscar la justicia, a no convertir la religión en una excusa para el abuso. Dios quiere que cuiden de su viña, que la hagan fructificar desde la acogida, la bondad y el perdón.

La piedra que rechazaron los constructores

Mateo al recoger en su evangelio esta parábola le va a dar un toque personal para confirmar la fe de su comunidad que estaban experimentando el rechazo den sus hermanos judíos por su fe en Jesús.

Mateo invita a sus oyentes a reconocer en la parábola el destino de Jesús. Él era el hijo asesinado y su muerte en la cruz demostraba una vez más la infidelidad de Israel al camino que Dios le había propuesto. La pregunta puesta en boca de Jesús al final de la parábola: ¿qué hará el dueño de la viña con estos viñadores? (Mt 21, 40) tiene en el testimonio de quienes le siguen una respuesta clara: Lo habían matado, pero Dios lo había resucitado confirmando así su vida y su mensaje.

Desde esta certeza pueden recordar las palabras del salmo 118. En ellas sostienen su esperanza porque saben que los que se creían arquitectos de la fe han fracasado en su elección.  Jesús es la piedra angular desde la que construir comunidad (Sal 118, 22- 23) y por eso, pueden afrontar el rechazo, el abandono como lo había afrontado Jesús.  Ellos y ellas son ahora los llamados y llamadas a cuidar la viña de Dios y han de hacerlo desde la justicia, la bondad y el perdón. Ellos y ellas, como comunidad del Reino han de dar fruto abriendo las puertas de su casa a quien quiera escuchar su mensaje y encuentre junto a ellos y ellas un camino de vida y salvación.

Hoy, herederas y herederos de aquellas comunidades primeras como la de Mateo, seguimos estando invitadas/os a cuidar la viña de Dios, a cuidar a nuestros hermanos y hermanas, a construir espacios de sororidad y fraternidad, al estilo de Jesús que es la piedra angular de nuestra casa. La parábola nos invita al discernimiento para que no nos apropiemos del mensaje del Reino, desvirtuándolo y alejándolo del horizonte al que señaló Jesús. El horizonte de los/as pequeños/as, de los perseguidos/as, de los abandonados/as, el horizonte del amor compasivo de Dios.

Carme Soto Varela

Fuente Fe Adulta

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Frente a la decepción, consciencia.

Domingo, 8 de octubre de 2023
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desperate man crying under rain

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Domingo XXVII del Tiempo Ordinario

08 octubre 2023

Mt 21, 33-43

Parece claro que todo este texto es una construcción de aquellos primeros discípulos de Jesús, que necesitaban entender y dar razón de lo que había sucedido. En función de su propia creencia, hacen una relectura, más o menos sesgada, de la historia de su propio pueblo (judío); presentan a Jesús como el “hijo”, al que reconocen como la “piedra angular” del nuevo proyecto; y se consideran a sí mismos como el “nuevo pueblo” a quienes se entrega el proyecto del “Reino de Dios” con el compromiso de que fructifiquen.

Hasta aquí, la lectura que aquellas comunidades creyentes hicieron de la persona y la muerte de Jesús. Pero la descripción inicial que hace la parábola puede fácilmente extrapolarse a cualquier momento de la historia de nuestra humanidad. Porque no es difícil, al contemplar la situación de un mundo marcado por la desigualdad, la injusticia y el conflicto, sentir una enorme decepción. Los “labradores” -por utilizar el lenguaje de la parábola- siguen sin entregar frutos adecuados y se dedican a maltratarse entre sí.

¿Cómo vivir y qué hacer ante ese sentimiento de decepción? Más allá de lo que cada persona sienta que ha de aportar y de la forma de compromiso que haya de adoptar, me parece que la cuestión decisiva pasa por “crecer en consciencia” de lo que somos y vivir en coherencia con ello. Solo la comprensión profunda -no me refiero al mero entender mental- tendrá el poder transformador que haga posible otro modo de ver y otro modo de vivir.

Visto desde el plano profundo, el mundo de las formas se percibe como una gran representación o teatro: “el gran teatro del mundo”, del que hablara Calderón de la Barca. Pero, inmersos en él, podemos vivirlo desde la ignorancia que nos reduce a un papel en el mismo o desde la comprensión que nos muestra la profundidad plena más allá de las formas que se mueven. Esta es la comprensión que transforma.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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No matemos al mensajero (ni a nadie)

Domingo, 8 de octubre de 2023
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12074494_mDel blog de Tomás Muro la Verdad es libre:

01.- La viña es el símbolo de la vida, de la felicidad.

    A nosotros nos pilla un poco lejano el mundo rural, agrícola. Pero -en cualquier caso- no nos resultará muy difícil imaginar que la viña es el símbolo de la felicidad del ser humano, de la fecundidad: tu mujer como parra fecunda, es el símbolo de la abundancia,  Lo mismo otros símbolos parecidos como son el olivo, el trigo, el agua.

Dios planta una viña, la cuida, la protege. Es decir, Dios crea al ser humano, a la humanidad para que sea feliz. Dios quiere el bienestar y la buena convivencia de Israel, de la humanidad, de la Iglesia.

La viña en la Biblia es el pueblo de Dios, Israel, que mataba a los profetas y, finalmente incluso al hijo, a JesuCristo.

02.- Parábola de los viñadores homicidas.

La parábola de los viñadores homicidas está dirigida a los sumos sacerdotes y senadores: a los jefes y poderosos de este mundo y del sistema religioso judío y no judío.

Es evidente la alusión a los profetas del AT: Jerusalén mata a los profetas.

También es clara la alusión a JesuCristo: Lo matamos, lo llevamos fuera de la viña, fuera de la ciudad, y nos quedamos con su herencia.

Seguramente que a los cristianos de origen judío de las comunidades de Mateo, esta parábola les causaría un cierto escalofrío pues les está recordando que la jerarquía de Israel fue la que mató al Hijo, a Jesús.

    También nosotros podemos ver al hijo en el prójimo, en los necesitados. Y también nosotros podemos matar al Hijo o les dejamos morir: hambre en el mundo, pateras, migraciones, droga, armas…

    Dios ama al ser humano, a todo ser humano: no le dejemos morir, no matemos a nadie en la vida…

03.- Siempre con el poder a vueltas.

La parábola de los viñadores homicidas está dirigida a los principales y jefes de Israel.

El poder es enormemente atractivo y quienes tienen un puñado de poder económico, político, eclesiástico, cultural, familiar, no están -no estamos dispuestos- a soltarlo. Basta con ver una sesión de investidura.

Y el  poder, -todo poder- quiere hacerse con los frutos mesiánicos, la herencia.

Como los sumos sacerdotes y ancianos, matamos a profetas y pensadores, anulamos la libertad de pensamiento; destruimos la razón, la sensatez, la bondad, el perdón, el servicio.

04.- Poder y fanatismo

El poder, también el poder religioso, lleva o puede llevar al fundamentalismo, al fanatismo. Hemos vivido, a veces padecemos en ámbitos políticos, en contextos religiosos y también eclesiásticos posturas exacerbadas y fanáticas.

Pero la religión que mata o fomenta guerras de religión en nombre de Dios, no es exactamente “religión”, no es “religación” con  Dios y mucho menos es cristianismo. Por eso esta es una parábola que hemos de leerla contra los fundamentalismos religiosos que amenazan frecuentemente a los pueblos y a las culturas.

No es cristiano bendecir guerras patrióticas (Kiril – Putin).

No se puede defender la religión ni a Dios fanáticamente con violencia o con la muerte de los otros, porque en todos esos muertos, está el Hijo y Dios mismo está muriendo.

No es religión ni cristianismo defender, bendecir y vivir con violencia, agresión  o guerra. 

Fano y profano.

    Fano (fanático) viene del latín y griego y significa: templo: sacro-sagrado. Profano es lo que “está” ante lo sacro pero no es sagrado.

    El fanático sacraliza y absolutiza una realidad: el dinero, la patria, el deporte, el consumismo, la ideología doctrinal, etc. y trata de justificarlas e imponerlas a toda costa a los demás, incluso con violencia y guerras “si hace falta”.

    Fanatismos se dan en todos los órdenes de la vida: en política, cultura, deporte, etc… Y tratan de buscar el respaldo de la religión.

    Para el cristiano absoluto es Dios. De tejas abajo, todos somos humanos.

05.- La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular.

    A Jesús le mataron porque criticó a los jefes, que se creían los dueños de la viña.

Los hombres no somos propietarios de la viña, sino trabajadores de la viña, de la mies.

    La piedra angular de la vida humana no es la fuerza, la violencia, el dinero, la doctrina, la agresión, sino que la piedra angular de la existencia es JesuCristo, el amor de Dios.

06.- JesuCristo es la piedra angular.

    La imagen de la piedra angular es muy empleada en la Biblia. JesuCristo y solamente él es la piedra angular. [1]

    En la vida necesitamos apoyarnos en alguien. ¡Cuánto se agradece -especialmente en momentos de dificultad- encontrar apoyo y comprensión en una persona amiga, en un familiar, en el médico, y en último término en Dios, etc.!

    ¡Cuántas veces nos sobreviene la dificultad: una crisis, un problema grave de salud, una mala situación psicológica, familiar, una crisis con las instituciones, etc.! En esos casos -y siempre-, necesitamos un cimiento sólido, una roca donde apoyarnos, la piedra angular.

Cristo es nuestra piedra angular

[1] En el NT aparece en seis ocasiones: (Mateo 21:42, Marcos 12:10, Lucas 20:17, Hechos 4:11, Efesios 2:20 y 1 Pedro 2:7).

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Sudar las cosas pequeñas

Lunes, 14 de agosto de 2023
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IMG_0217La publicación de hoy es de la colaboradora invitada Laurel Potter. Laurel enseña teología en la Universidad de St. Thomas en St. Paul, MN. Laurel practica el culto e investiga en colaboración con comunidades eclesiales marginales de El Salvador, donde vivió y trabajó durante varios años.

La lectura litúrgica de hoy del Libro de 1 Reyes contiene una de mis hierofanías bíblicas favoritas, o manifestaciones divinas a los seres humanos: Dios se aparece al profeta Elías, no en un “viento fuerte y pesado”, ni en un terremoto, ni en un fuego. Más bien, un “pequeño sonido de susurro” obliga a Elías a ocultar su rostro en su manto e ir a saludar a Dios a la entrada de la cueva.

Me encanta esta historia porque afirma que lo sagrado puede moverse en los murmullos silenciosos debajo de la superficie. El Espíritu no siempre sopla lenguas de fuego o derriba muros. A veces, son la caricia de una brisa, la calma después de la catástrofe, un silencio que siempre estuvo ahí bajo todo el ruido. Esta manifestación de lo divino propone que hay poder en lo lento y lo pequeño. Me recuerda a las semillas que se abren bajo tierra, al desdoblamiento del pan que crece, al oleaje de un útero preñado. Fuerzas tranquilas que sostienen la vida.

Y, sin embargo, en la lectura del evangelio de hoy, también tenemos una de las expresiones bíblicas más impactantes del poder divino: Pedro y los discípulos están en el mar en una noche oscura y ventosa, temerosos de que su bote pueda volcar. Jesús camina hacia ellos sobre el agua e incluso invita a Pedro a dar unos pasos vacilantes. Aquí vemos el poder divino sobre la tormenta, una gran yuxtaposición a la experiencia de Elías. Casi parece una jactancia, como si Jesús estuviera mostrando lo poco que le afecta la tormenta. Me recuerda otras famosas expresiones bíblicas del poder divino: abrir el Mar Rojo, derribar los muros de Jericó o salvar a Daniel de los leones. Cosas de Dios a lo grande.

En la lucha actual por las vidas queer en nuestras sociedades y nuestra iglesia, necesitamos las grandes cosas de Dios. Me encantaría que un relámpago de otro mundo acabara con las llamadas leyes de “No digas gay” en Florida, o que los baños accesibles, públicos y neutrales al género brotaran del suelo con una ola del bastón de Moses. Necesitamos que Dios esté presente a través de nuestra organización política, nuestras capacitaciones en el lugar de trabajo y nuestras acciones públicas para cambiar mentes y corazones y proteger a nuestra gente queer más vulnerable.

IMG_0216Aún así, las cosas pequeñas también son parte de este mismo movimiento por la vida. Esa línea en el boletín de la iglesia sobre el grupo ministerial LGBTQ+ es importante para alguien que acaba de mudarse a una nueva ciudad y está tratando de entender la iglesia. Poner una calcomanía de Orgullo en su puerta y capacitarse para abrir espacios seguros en su campus, en su lugar de trabajo o en su iglesia es importante para el estudiante, compañero de trabajo o miembro de la congregación que no sabe en quién confiar. Los pronombres en su firma de correo electrónico o presentación personal son importantes para sus contactos que no quieren ser siempre los primeros en compartir los suyos. Es fácil burlarse de estos pequeños pasos como performativos o vacíos, y pueden darse sin un aprendizaje y un cambio continuos. Pero más aún, son pequeños indicios de un futuro extraño divino, signos de otro mundo posible.

Por supuesto, necesitamos mucho más que estas pequeñas señales de nuestro amor y, sin embargo, son afirmaciones necesarias de vida y pertenencia queer. Entonces, esta semana, estoy pensando en la santidad de una calcomanía en la puerta o una línea revisada en un lenguaje repetitivo. Me desafío a mí mismo a apreciar la variedad de formas en que reconocemos y anunciamos la presencia de Dios en nuestro mundo, tanto las grandes cosas de Dios como los pequeños susurros.

—Laurel Potter, 13 de agosto de 2023

Fuente New Ways Ministry

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“Antes de hundirnos”. 13 de agosto de 2023. 19 Tiempo ordinario (A). Mateo 14, 22-33.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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284110_247490881939361_1333783_nEs sorprendente la actualidad que cobra en estos tiempos de crisis religiosa el relato de la tempestad en el lago de Galilea. Mateo describe con rasgos certeros la situación: los discípulos de Jesús se encuentran solos, «lejos de tierra firme», en medio de la inseguridad del mar; la barca está «sacudida por las olas», desbordada por fuerzas adversas; «el viento es contrario», todo se vuelve en contra; es «noche cerrada», las tinieblas impiden ver el horizonte.

Así viven no pocos creyentes el momento actual. No hay seguridad ni certezas religiosas; todo se ha vuelto oscuro y dudoso. La religión está sometida a toda clase de acusaciones y sospechas. Se habla del cristianismo como una «religión terminal» que pertenece al pasado; se dice que estamos entrando en una «era poscristiana» (E. Poulat). En algunos nace el interrogante: ¿no será la religión un sueño irreal, un mito ingenuo llamado a desaparecer? Este es el grito de los discípulos al atisbar a Jesús en medio de la tempestad: «Es un fantasma».

La reacción de Jesús es inmediata: «Ánimo, soy yo, no tengáis miedo». Animado por estas palabras, Pedro hace a Jesús una petición inaudita: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti andando sobre el agua». No sabe si Jesús es un fantasma o alguien real, pero quiere comprobar que se puede caminar hacia él andando, no sobre tierra firme, sino sobre el agua, no apoyándose en argumentos seguros, sino en la debilidad de la fe.

Así vive el creyente su adhesión a Cristo en momentos de crisis y oscuridad. No sabemos si Cristo es un fantasma o alguien vivo y real, resucitado por el Padre para nuestra salvación. No tenemos argumentos científicos para comprobarlo, pero sabemos por experiencia que se puede caminar por la vida sostenidos por la fe en él y en su palabra.

No es fácil vivir de esta fe desnuda. El relato evangélico nos dice que Pedro «sintió la fuerza del viento», «le entró miedo» y «empezó a hundirse». Es un proceso muy conocido: fijarnos solo en la fuerza del mal, dejarnos paralizar por el miedo y hundirnos en la desesperanza.

Pedro reacciona y, antes de hundirse del todo, grita: «Señor, sálvame». La fe es muchas veces un grito, una invocación, una llamada a Dios: «Señor, sálvame». Sin saber ni cómo ni por qué, es posible entonces percibir a Cristo como una mano tendida que sostiene nuestra fe y nos salva, al tiempo que nos dice: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudas?».

José Antonio Pagola

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“Mándame ir hacia ti andando sobre el agua”. Domingo 13 de agosto de 2023. 19º domingo de tiempo ordinario.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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42-OrdinarioA19Leído en Koinonia:

1Reyes 19,9a.11-13a: Ponte de pie en el monte ante el Señor.
Salmo responsorial: 84: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
Romanos 9,1-5: Quisiera ser un proscrito por el bien de mis hermanos.
Mateo 14,22-33: Mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Entre los primeros profetas de Israel surgen dos figuras que brillan con luz propia: Samuel y Elías. La tradición bíblica les concedió un lugar destacado no sólo por el momento crítico en el que actuaron, sino, sobre todo, por la radicalidad con la que asumieron la causa de Yavé. La teofanía del monte Horeb constituye el centro de lo que se ha llamado el “ciclo de Elías”, es decir, la colección de relatos que tienen como protagonista a este profeta (1R 17,1 – 2R 2,1-12).

En esa época había gran confusión y la fidelidad a Yavé y a sus leyes estaba en entredicho porque el rey había introducido cultos a dioses extranjeros (1R 16,31-32). Los nuevos dioses legitimaban la violencia, la intolerancia y la expropiación como medios para garantizar el poder. Elías levanta su voz en contra de estos atropellos y ve en la sequía que azota al país las consecuencias del castigo divino. Elías, entonces, en medio de persecuciones y amenazas comienza una campaña de purificación de la religión israelita. Sin embargo, sus iniciativas producen el efecto contrario y se agudiza la opresión, la violencia y la persecución.

Cansado y desanimado Elías se dirige al Horeb donde descubre que Dios no se manifiesta en los elementos telúricos –en la tormenta imponente o en el fuego abrazador–, sino en la brisa fresca y suave que le acaricia el rostro y lo invita a tomar otro camino para hacer realidad la voluntad del Señor.

Después de la masacre del monte Carmelo (1R 18,20-40), Elías, sin abandonar la denuncia de las injusticias (1R 21,1-29) y aberraciones (2R 1,1-18), opta por animar a un grupo de discípulos para que continúen su misión (2R 2,1-12). Elías descubrió así que por la vía de la violencia no se consigue nada, ni siquiera aunque sea a favor de causas justas. La fuerza de la espada puede imponer el parecer de un grupo de personas, pero no puede garantizar la paz, el respeto y la justicia.

El evangelio nos muestra otra tentación en la que pueden caer los seguidores de Jesús cuando no están seguros de los fundamentos de su propia fe. La escena de la «tormenta calmada» nos evoca la imagen de una comunidad cristiana, representada por la barca, que se adentra en medio de la noche en un mar tormentoso. La barca no está en peligro de hundirse, pero los tripulantes se abandonan a los sentimientos de pánico. Tal estado de ánimo los lleva a ver a Jesús que se acerca en medio de la tormenta, como un fantasma salido de la imaginación. Es tan grande el desconcierto que no atinan a reconocer en él al maestro que los ha orientado en el camino a Jerusalén. La voz de Jesús calma los temores, pero Pedro llevado por la temeridad se lanza a desafiar los elementos adversos. Pedro duda y se hunde, porque no cree que Jesús se pueda imponer a los «vientos contrarios», a las fuerzas adversas que se oponen a la misión de la comunidad.

Este episodio del evangelio nos muestra cómo la comunidad puede perder el horizonte cuando permite que sea el temor a los elementos adversos el que los motiva a tomar una decisión y no la fe en Jesús. La temeridad nos puede llevar a desafiar los elementos adversos, pero solamente la fe serena en el Señor nos da las fuerzas para no hundirnos en nuestros temores e inseguridades. Al igual que Elías, la comunidad descubre el auténtico rostro de Jesús en medio de la calma, cuando el impetuoso viento contrario cede y se aparece una brisa suave que empuja las velas hacia la otra orilla.

Nuestras comunidades están expuestas a la permanente acción de vientos contrarios que amenazan con destruirlas; sin embargo, el peligro mayor no está fuera, sino dentro de la comunidad. Las decisiones tomadas por miedo o pánico ante las fuerzas adversas nos pueden llevar a ver amenazadores fantasmas en los que deberíamos reconocer la presencia victoriosa del resucitado. Únicamente la serenidad de una fe puesta completamente en el Señor resucitado nos permite colocar nuestro pie desnudo sobre el mar impetuoso. El evangelio nos invita a enfrentar todas aquellas realidades que amenazan la barca animados por una fe segura y exigente que nos empuja como suave brisa hacia la orilla del Reino. Leer más…

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13.8.23. Dom 19 TO. Tras la JMJ: Echar lastre por la borda o hundirse en el agua (Mt 14, 22-33)

Domingo, 13 de agosto de 2023
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IMG_0200Del blog de Xabier Pikaza: 

Este domingo, tras alimentar a los suyos con pan multiplicado y peces de mar, Jesús hace que Pedro y su gente monten en barca, mientras él sube a la montaña para orar.  Se desata la tormenta, brama el mar, Jesús parece un fantasma y Pedro va hundiéndose entre las olas.

Este es el tema, que expongo en secciones. (a) Una exégesis breve del texto, según Comentario Mt. (b) Una lista de lastres para aligerar. Que suba Jesús a la barca.

 (a) EXÉGESIS BREVE:  IGLESIA EMBRAVECIDA, PEDRO SE HUNDE (14, 22-33).

 Acabada la “alimentación” (JMJ, Lisboa) Jesús manda a sus discípulos  que vuelvan en barca al otro lado (cf. texto paralelo de Mc 6, 45-53):

14 22 Y de pronto obligó a sus discípulos para a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. 23 Y, después de despedir a la gente, subió a la montaña a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.

24 Mientras tanto, la barca que se había alejado ya muchos estadios de la tierra, se hallaba sacudida (sufriendo mucho) por las olas, porque el viento era contrario. 24 Y a la cuarta vigilia de la noche se les acercó Jesús, andando sobre el agua. 26 Pero los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se aterrorizaron, diciendo que era un fantasma, y gritaron de miedo. 27 Pero Jesús les habló en seguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

28 Y Pedro, contestándole, le dijo: “Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.” 29 Él le dijo: “Ven”. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; 30 pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. 31 En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado? 32 En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. 33 Los de la barca se postraron ante él, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios [1].

       Éste es  un signo pascual: Los discípulos navegan por la noche sobre el lago, en medio de un mar movido por vientos contrarios, mientras Jesús ha quedado orando en la montaña (altura de Dios), para venir después tras ellos, caminando como un fantasma sobre el agua:

Una presencia en la noche (14, 22-23).Conforme a una tradición común al Nuevo Testamento (cf. Jn 17; Hebr 10), el Jesús pascual sigue orando (cf. 14, 23), sobre la montaña de su entrega y promesa mesiánica, intercediendo por los que han comido y de un modo especial por los discípulos en la noche. En ese contexto de misión eclesial arriesgada ha desplegado Mateo, partiendo del texto precedente de Mc 6, 45-52, su más alta visión de Jesús y de la Iglesia, pasando del desierto, donde amenazaba el hambre, al mar donde sigue dominando el miedo, con motivos que vienen del Éxodo (paso del Mar Rojo). En ese fondo, Jesús parece un fantasma   o aparición en la noche, sobre los terrores del mar. Así han imaginado a Jesús muchos cristianos, así le han presentado, sin duda, muchos adversarios de la iglesia.

Yo soy, palabra de Dios (14, 24-27).Los discípulos se asustan, como fuera de sí, y en ese contexto se entiende la respuesta de Jesús que dice, Yo Soy, asumiendo la más honda palabra y definición de Yahvé  Dios israelita (Ex 3, 14), a quien él representa. Éste es, sin duda, un “yo soy” pregnante, como en Mc 6, 50 (cf. 22, 32, como palabra de Dios). Este Yo soy da fuerza a sus discípulos para que sigan remando en la barca de la iglesia, en la que destaca la confianza y miedo de Pedro, que quiere caminar sobre las aguas. Esta presencia divina de Jesús, que es asistencia y acción pascual en el camino de la iglesia, hace que podamos llamarle Señor  (kyrie) adorarle con los primeros discípulos, sabiendo que él es Hijo de Dios, como terminará diciendo la escena.

‒ Atrevimiento y miedo de Pedro (14, 28-31).Mateo añade sobre Marcos, este motivo de Pedro que quiere caminar sobre las aguas. Esta “aventura” de Pedro que sale de la barca, para caminar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita, es una escena simbólica, que evoca la fe y terror de Pedro en la primera etapa de la misión cristiana, su deseo de arrojarse como Jesús y con Jesús en el duro mar del mundo (misión universal), y su falta de seguridad en algunos momentos decisivos. Conforme a este relato, Pedro ha pedido a Jesús que le mande caminar sobre las aguas, mostrando así su atrevimiento, y Jesús le ha respondido “ven”; pero Pedro tiene miedo y es incapaz de seguir, y así vacila, y corre el riesgo de perecer, pero Jesús le toma de la mano y le lleva de nuevo a la barca, con el resto de los discípulos.

‒ Una rica tradición. Esta imagen de Pedro caminando con recelo sobre el agua, con miedo de hundirse, pero ayudado por Jesús, forma parte de una intensa experiencia de la Iglesia antigua, que ha reconocido a Pedro, con los otros tres discípulos del principio (Mt 4, 18-22) como pescador de hombres, hombre experto en la tarea misionera vinculada con la “pesca milagrosa”, que tiene sin duda un sentido de apertura a la misión universal de la Iglesia, tal como han puesto de relieve, de formas distintas pero complementarias Lc 5, 1-11 y Jn 22

Realmente eres Hijo de Dios. Jesús les ha dicho “Yo soy”, no tengáis miedo (14, 37), él ha tomado a Pedro por la mano y le ha sostenido en medio de la tormenta del mar, de manera que cuando han subido ambos (Pedro y Jesús, estando ya los dos en la barca) pudo amainar y amainó el viento. Este es el momento de la confesión de los discípulos, que adoran a Jesús y dicen: “En verdad, tú eres Hijo de Dios” (theou huis ei) Éste es el principio de la confesión cristiana, proclamada ahora por todos (no sólo por Pedro, como en 16, 16), en este contexto pascual de epifanía en la gran tormenta del mar. Ésta es la confesión que el mismo Pedro retomará y proclamara en nombre de todos los discípulos en el entorno de Cesarea de Felipe, pasando del plano de una epifanía cósmica al paso del camino eclesial.

       En El mensaje del evangelio ha culminado de algún modo y se condensa en las escenas anteriores, vinculadas entre sí, desde el miedo de Herodes que confunde a Jesús con el Bautista a quien mató, hasta el gesto de los discípulos que le adoran como Señor pascual desde el mar airado.

(B) 13 LASTRES  PARA ALIGERAR LA BARCA, QUE PUEDA SUBIR ENTRAR JESÚS EN ELLA

               Jesús ora sobre la montaña (parece no ocuparse de los suyos) mientras la barca de la Iglesia corre el riesgohundirse  en el temporal del siglo XXI, a pesar de todo lo que Francisco ha dicho en Lisboa, como “calentón” o fervorín de un momento, para que estemos tranquilos, pensando que todo va bien, mientras la barca se hunde.   En ese contexto, Jesús aparece como un fantasma, caminando sobre el abismo de las aguas… y Pedro le dice que él también quiere caminar y así empieza, queriendo sostenerse en el mar, pero no puede, tiene tiene miedo, grita, grita. Jesús le agarra de la mano y le lleva de nuevo a la barca, para que se encuentre allí seguro, con el resto de la Iglesia. Esta “escapada” de Pedro que ha querido salir de la barca, para andar como el Jesús glorioso, pero que se hunde en su miedo y grita… ha sido estudiada con rigor por los exegetas de turno. La mayor parte piensa que se trata de una escena simbólica, que evoca el deseo de mando y el terror de Pedro que quiere andar solo… Pero Jesús le ha tomado de la mano y le ha llevado de nuevo a la barca de la Iglesia, con el resto de los discípulos, para retomar de esa manera la navegación del conjunto de la comunidad.

En las reflexiones que siguen he querido aplicar este pasaje a la situación del Papa, que también parece aventurarse a salir fuera de la barca, para estar a solas con Jesús sobre el mar airado, resolviendo los problemas de la Iglesia (a solas con Jesús), mientras el resto de los discípulos siguen reunidos en la Barca y se mantienen en ella con gran miedo (o la abandonan buscando a nado la orilla).

Ésta es una interpretación quizá un poco sesgada, pero sirve para destacar   los poderes de un Papa que tiene más poder que el que tuvo Jesús, un poder que tiene sus aspectos buenos pero que, en este momento, pueden convertirse en “lastre”, peso muerto que hay que arrojar por la borda, para que suba y entre Jesús, única autoridad de la Iglesia.

   Jesús puede caminar y camina entre el viejo y las olas, porque va sin lastres, ligero de equipaje, sin más autoridad que el amor, en libertad….

            Pedro ve a Jesús caminando sobre el agua  y quiere imitarle pero no puede, pues lleva en sus espaldas y en su tiara todo el peso de una iglesia hecha de pesos y cargas. Mientras no eche todo su lastre, y quede así desnudo, en amor y humanidad, como Jesús, no podrá caminar sobre las olas.  Un dicho castellano  afirma que sólo podemos caminar de verdad desnudos y con las manos en los bolsillos, bailando de amor…

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Jesús reza, los discípulos reman, Pedro se hunde. Domingo 19. Ciclo A.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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tempestad-calmadaDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj: 

¿Tienes la impresión de que la Iglesia, tu parroquia, tu comunidad religiosa, se va a pique? ¿Te apetece acercarte a Jesús, pero temes perder pie a mitad de camino? Estas experiencias las tuvieron los primeros cristianos. Mateo les dio respuesta en lo que hoy nos cuenta.

La tempestad calmada y el viento en contra

            Hay dos episodios en los evangelios bastante parecidos, aunque muy diferentes. Se parecen en el escenario (una barca en medio del lago de Galilea en circunstancias adversas) y en los protagonistas (Jesús y los discípulos). Se diferencian en que, en el primer caso, la barca está a punto de zozobrar y los discípulos corren peligro de muerte; en el segundo, sólo se enfrentan a un fuerte viento en contra que hace inútiles todos sus esfuerzos.

            Traducido a la experiencia de nuestros días, la tempestad calmada recuerda a numerosas comunidades cristianas, sobre todo de África y Oriente Medio, que se ven amenazadas de muerte y gritan a Jesús: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». El viento en contra hace pensar en tantas otras comunidades, especialmente de occidente, que luchan contra viento y marea, cada vez con menos fuerzas, y sin ver resultados tangibles.

            El primer episodio, la tempestad calmada, tiene un claro paralelo en el Salmo 107 (106), 23-32, donde los navegantes gritan a Dios en el peligro y él los salva; en el evangelio, los discípulos gritan a Jesús y es este quien los salva.

            El segundo episodio, el de la barca con viento en contra y Jesús caminando sobre el agua, no me recuerda ningún episodio del Antiguo Testamento. Sin embargo, está tan anclado en la primitiva tradición cristiana que no sólo lo cuentan Marcos y Mateo, sino incluso Juan, que generalmente va por sus caminos. Es muy curioso que Lucas omita esta escena: probablemente pensó que presentar a Jesús caminando sobre el agua y confundido con un fantasma iba a plantear a sus cristianos más problemas que beneficios.

El relato de Mateo 14,22-33

            Se inspira en el de Marcos, pero introduciendo cambios muy significativos. Podemos dividirlo en cuatro escenas.

Primera escena: Jesús se separa de los discípulos

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario.

            Hablando en términos cinematográficos, es un montaje en paralelo. Inmediatamente después de la comida, Jesús obliga a sus discípulos a embarcarse, mientras él despide a la gente. Pero, cuando la despide, no va en busca de sus discípulos, sube «solo» a rezar. Mateo acentúa que Jesús desea verse libre de todos para ponerse en contacto con el Padre. Esa oración será muy larga, desde el anochecer hasta la cuarta vigilia (entre las 3 y las 6 de la noche). Sin embargo, no sabemos qué dice, cómo reza. Lo importante para Mateo no es conocer el misterio sino proponernos un ejemplo que imitar. Mientras, los discípulos navegan con grandes dificultades durante todas esas horas hasta quedar «a muchos estadios de tierra» (Juan dice que a unos 25-30 estadios, 5-6 km, lo que supone en mitad del lago). A nivel simbólico, se contraponen dos mundos: el de la intimidad con Dios (Jesús orando) y el de la dura realidad (los discípulos remando). Ha sido Jesús el que los ha abandonado a su destino.

Segunda escena: Jesús se acerca a los discípulos

De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida:  

― ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

            Mateo cuenta con asombrosa naturalidad y sencillez algo inaudito: el hecho de que Jesús se acerque caminando sobre el lago. En la cultura del Antiguo Oriente, donde el mar simboliza las fuerzas del caos (como el tsunami), caminar sobre el agua demuestra su poder sorprendente. Pero los discípulos no reaccionan con la misma naturalidad: se asustan, porque piensan que es un fantasma, tienen miedo, gritan. Es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento el término “fantasma”, que en griego clásico se aplica a los espíritus que se aparecen, o a «las visiones fantasmagóricas de mis ensueños» (Esquilo, Los siete contra Tebas, 710). Es la única vez que Jesús provoca en sus discípulos un pánico que los hace gritar de miedo. Es la única vez que les dice «¡animaos!». Una escena peculiar sobre la que volveremos más adelante.

Tercera escena: Jesús y Pedro

             Pedro le contestó:

― Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

Él le dijo:

― Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: 

― Señor, sálvame.

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:

― ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

            Quien conoce los relatos de Marcos y Juan advierte aquí una gran diferencia. En esos dos evangelios, Jesús sube a la barca y el viento se calma. En cambio, Mateo introduce una escena exclusivamente suya, que subraya la relación especial entre Jesús y Pedro. Igual que en otros pasajes de su evangelio, Mateo aporta rasgos de la personalidad de Pedro que justifican su importancia posterior dentro del grupo de los Doce. Pero no ofrece una imagen idealizada, sino real, con virtudes y defectos. Su decisión de ir hacia Jesús caminando sobre el agua lo pone por encima de los demás, igual que ocurrirá más adelante en Cesarea de Filipo. Pero Pedro muestra también su falta de fe y su temor. Incluso entonces, es salvado por la intervención de Jesús. Dentro de la sobriedad de Mateo, esta escena llama la atención por la abundancia de detalles expresivos, que adquieren su punto culminante en la imagen de Jesús alargando la mano y agarrando a Pedro.

Cuarta escena: confesión de los discípulos (32-33)

En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres hijo de Dios.»

Marcos termina su relato diciendo que los discípulos «no cabían en sí de estupor, pues no habían entendido lo de los panes, ya que tenían la mente obcecada» (Mc 6,51-52). Mateo introduce un cambio radical: los discípulos no se asombran, sino que se postran ante Jesús y confiesan: «realmente eres hijo de Dios». Esta actitud y estas palabras significan un gran avance. Anteriormente, en el relato de la tempestad calmada (Mt 8,23-27), los discípulos terminan preguntándose: «¿Quién será éste que hasta el viento y el agua le obedecen?». Desde entonces, el conocimiento más profundo de Jesús ha provocado un cambio en ellos. Ya no se preguntan quién es; confiesan abiertamente que es «hijo de Dios», y lo adoran. Este título se lo han aplicado ya el Padre durante el bautismo, el diablo en las tentaciones, y los endemoniados gadarenos (8,29). No podemos interpretarlo con toda la carga teológica que le dio más tarde el Concilio de Calcedonia (año 451). También el centurión que está junto a Jesús en la cruz reconoce que «este hombre era hijo de Dios». Lo que quiere expresar este título es la estrecha vinculación de Jesús con Dios, que lo sitúa a un nivel muy superior al de cualquier otro hombre. De aquí a confesar la filiación divina de Jesús sólo queda un paso.

Anticipando la gloria de Jesús resucitado.

            Este relato, tal como lo cuenta Mateo, ofrece tres datos curiosos: 1) el cuerpo de Jesús desafía las leyes físicas; 2) los discípulos no reconocen a Jesús, lo confunden con un fantasma; 3) Jesús, a pesar del poder que manifiesta, trata a los apóstoles con toda naturalidad.

            Estos tres detalles son típicos de los relatos de apariciones de Jesús resucitado: 1) su cuerpo aparece y desaparece, atraviesa muros, etc.; 2) ni la Magdalena, ni los dos de Emaús, ni los siete a los que se aparece en el lago, reconocen a Jesús; 3) Jesús resucitado nunca hace manifestaciones extraordinarias de poder, habla y actúa con toda naturalidad.

            Por consiguiente, lo que tenemos en Mateo (no en Marcos) es algo muy parecido a un relato de aparición de Jesús resucitado. ¿Qué sentido tiene en este momento del evangelio? Anticipar su gloria. Igual que el relato de la muerte de Juan Bautista, contado poco antes, anticipa su pasión, su maravilloso caminar sobre el agua anticipa su resurrección.

Sentido eclesial y personal

            Desde antiguo, se ha visto en la barca una imagen de la Iglesia, metida por Jesús en una difícil aventura y, aparentemente, abandonada por él en medio de la tormenta. Este sentido, que estaba ya en Marcos, lo completa Mateo con un aspecto más personal, al añadir la escena de Pedro: el discípulo que, confiando en Jesús, se lanza a una aventura humanamente imposible y siente que fracasa, pero es rescatado por el Señor. En la imagen de Pedro podían reconocerse muchos apóstoles y misioneros de la Iglesia primitiva, y podemos vernos también a nosotros mismos en algunos instantes de nuestra vida: cuando parece que todos nuestros esfuerzos son inútiles, cuando nos sentimos empujados y abandonados por Dios, cuando nosotros mismos, con algo de buena voluntad y un mucho de presunción, queremos caminar sobre el agua, emprender tareas que nos superan. Ellos vivenciaron que Jesús los agarraba de la mano y los salvaba. La misma confianza debemos tener nosotros.

La primera lectura

            Ha sido elegida porque en ella Dios se revela en la brisa suave, después del viento huracanado, el fuego y el terremoto. En el evangelio, después de la tormenta, cuando Jesús sube a la barca, el viento amaina. Este paralelismo no impide que la lectura resulte algo traída por los pelos.

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Domingo XIX del Tiempo Ordinario. 13 Agosto, 2023

Domingo, 13 de agosto de 2023
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TO-D-XIX


“Jesús les dijo en seguida: -¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó: -Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.”

(Mt 14, 22-33)

Jesús siempre resuelve “marchándose a orar”. Ora ante las adversidades pero ora también después de los éxitos y los aplausos. El evangelio de hoy es la escena que sigue a la multiplicación de los panes y los peces.

Jesús se había marchado a un lugar apartado, pero la gente le había seguido. Al ver a la gente Jesús se conmueve, se olvida de su cansancio y preocupaciones. Se olvida también de su tristeza (se había retirado al enterarse de la muerte de Juan Bautista). Y se pone a curar y cuidar a la gente.

Ve la debilidad de la gente y no se desentiende. Les da de comer. Aquella multitud estaría encantada y agradecida. Pero Jesús no se deja “atrapar” por la euforia de la gente. Ahora que han comido despide a la gente y él se retira a orar.

Ni el cansancio, ni el éxito, ni las preocupaciones le despistan. Después de un día tenso, triste y de afanoso trabajo curando y atendiendo a la gente, pasa buena parte de la noche orando.

Lo bueno y lo malo, todo lo pasa por la oración. El encuentro con Abba es imprescindible. Vital. No hay excusas.

¿Qué sucedería con el cristianismo si los cristianos sintiéramos una necesidad de la oración como la que tenía Jesús? ¿Cómo sería nuestra vida si tuviéramos una relación con Dios como la que tenía Jesús?

Es una pena que hayamos opuesto acción y contemplación, como si fueran dos cosas diferentes. La oración y la acción son los dos pies que nos permiten caminar tras la huellas de Jesús.

Si la oración no te moviliza ante el dolor humano no es encuentro con Dios Trinidad. Y si las actividades sociales no te llevan directamente a los brazos del Dios tampoco harás presente el Reino, el Rostro de Dios.

No podemos andar sobre las aguas tempestuosas de nuestra historia sin haber hecho crecer nuestra confianza en la intimidad de la oración. Y no venceremos nuestros miedos si nuestra oración no se convierte en un lugar ancho y dilatado en el que quepan todos los sufrimientos y las alegrías humanas.

Oración

Trinidad Santa, ¡mándanos ir hacia ti! Desde nuestra oración y desde nuestra acción.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Buscar seguridades externas es arruinar la fe-confianza.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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walkonwaterDOMINGO 19 (A)

Mt 14, 22-33

Este relato se parece más a los relatos de apariciones pascuales. Algunos exégetas sugieren que puede tratarse de un relato de Jesús resucitado, que han colocado más tarde en el contexto de la vida real. La primera lectura nos empuja a una interpretación espiritual. Tanto Elías como Pedro reciben una lección. Los dos habían hecho un Dios a su imagen y semejanza. La experiencia les dice que Dios no se puede meter en conceptos y que es siempre más de lo que creemos. Nunca se identifica con lo que pensamos de Él.

Además de Mt, lo narra Mc y Jn. Los tres lo sitúan después de la multiplicación de los panes. En Mc y Mt, Jesús manda a los discípulos embarcar y marchar a la otra orilla; pero el verbo griego deja entrever cierta imposición. En Jn, la iniciativa es de los discípulos. Los tres presentan a Jesús subiendo a la montaña para orar. En los tres relatos, Jesús camina sobre el agua. También coinciden en señalar el miedo de los discípulos; Mt y Mc dicen que gritaron. La respuesta de Jesús es la misma: Soy yo, no tengáis miedo.

El monte es el lugar de la divinidad. Como Moisés la segunda vez que sube al Sinaí, va solo. Nadie le sigue a la esfera de lo divino. La multitud solo piensa en comer. Los apóstoles piensan en medrar. Para superar esa tentación, Jesús se pone a orar. Orar es darse cuenta de lo que hay de Dios en él para poder vivirlo. Es muy interesante descubrir que Jesús necesita de la oración, desbaratando así la idea simplista que tenemos de que él era Dios sin más. Jesús tiene necesidad de momentos de auténtica contemplación.

Jesús sube a lo más alto. Los discípulos bajan hasta el nivel más bajo. Esperan encontrar allí las seguridades que Jesús les niega al no aceptar ser rey. En realidad, encuentran la oscuridad, la zozobra, el miedo. Las aguas turbulentas representan las fuerzas del mal. Son el signo del caos, de la destrucción, de la muerte. Jesús camina sobre todo esto. En el AT se dice que solo Dios puede caminar sobre el dorso del océano. Al caminar Jesús sobre las aguas, manifiesta que domina sobre las fuerzas del mal.

En el relato se aprecia la visión que de Jesús tenía aquella primera comunidad. Era verdadero hombre y como tal, tenía necesidad de la oración para descubrir lo que era y superar la tentación de quedarse en lo material. Al caminar sobre el mar, está demostrando que era también verdadero Dios. La confesión final es la confirmación de esta experiencia. Esta confesión apunta también a un relato pascual, porque solo después de la experiencia de resurrección, confesaron los apóstoles la divinidad de Jesús.

La barca es símbolo de la nueva comunidad. Las dificultades que atraviesan los apóstoles son consecuencia del alejamiento de Jesús. Esto se aprecia mejor en el evangelio de Jn, que deja muy claro que fueron ellos los que decidieron marcharse sin esperar a Jesús. Se alejan malhumorados porque Jesús no aceptó las aclamaciones de la gente. Pero Jesús no les abandona y va en su busca. Para ellos Jesús es un “fantasma”; está en las nubes y no pisa tierra. No responde a sus intereses y es incompatible con sus pretensiones. Su cercanía y muestra de cariño les hacen descubrir el verdadero Jesús.

El miedo es el primer efecto de toda teofanía. El ser humano no se encuentra a gusto en presencia de lo divino. Hay algo en esa presencia de Dios que le inquieta. La presencia del Dios auténtico no da seguridades, sino zozobra; seguramente porque el verdadero Dios no se deja manipular, es incontrolable y nos desborda. La respuesta de Jesús a los gritos es una clara alusión al episodio de Moisés ante la zarza. El “ego eimi” (yo soy) en boca de Jesús es una clara alusión a su divinidad. Juan lo utiliza con mucha frecuencia.

El episodio de Pedro merece una mención especial ya que tiene mucha miga. Pedro siente una curiosidad inmensa al descubrir que su amigo Jesús se presenta con poderes divinos, y quiere participar de ese mismo privilegio. “Mándame ir hacia ti, andando sobre el agua”; que es lo mismo que decir: haz que yo participe del poder divino como tú. Pero Pedro quiere lograrlo por arte de magia, no por una transformación personal. Jesús le invita a entrar en la esfera de lo divino y participar de ese verdadero ser: ¡ven!

En todas las épocas ha habido hombres que han descubierto esa presencia de Dios. Pedro representa aquí, a cada uno de los discípulos que no han comprendido las claves del seguimiento. Jesús no revindica para sí esa presencia divina, sino que da a entender que todos estamos invitados a esa participación. Pedro camina sobre el agua mientras está mirando a Jesús; se empieza a hundir cuando mira a las olas. No está preparado para acceder a la esfera de lo divino porque no es capaz de prescindir de las seguridades.

El verdadero Dios no puede llegar a nosotros desde fuera ni a través de los sentidos. No podemos verlo ni oírlo ni tocarlo, ni olerlo ni gustarle. Tampoco llegará a través de la especulación y los razonamientos. Dios no tiene más que un camino para llegar a nosotros: nuestro propio ser. Su acción no se puede “sentir”. Esa presencia de Dios, solo puede ser vivida. El budismo tiene una frase, a primera vista tremenda: “si te encuentras con el Buda, mátalo”. Podíamos decir si te encuentras con dios, mátalo. Ese dios es falso, es una creación tuya. Si lo buscas fuera de ti, estas persiguiendo un fantasma.

También hoy, el viento es contrario, las olas son inmensas, las cosas no salen bien y encima, es de noche y Jesús nos está presente. Todo apunta a la desesperanza. Pero resulta que Dios está donde menos lo esperamos: en medio de las dificultades, en medio del caos y de las olas, aunque nos cueste tanto reconocerlo. La gran tentación ha sido siempre que se manifestará de forma precisa. Seguimos esperando de Dios el milagro. Dios no está en el huracán, ni en el terremoto, ni en el fuego. Es apenas un susurro.

Hoy tenemos que afrontar la misma disyuntiva. O mantener a toda costa nuestro ídolo, o atrevernos a buscar el verdadero Dios. La tentación sigue siendo la misma, mantener el ídolo que hemos pulido y alicatado desde la prehistoria. La consecuencia es clara: nunca encontraremos al Dios verdadero. Esta es la causa de que se alejen de las instituciones los que mejor dispuestos están. Los que no aceptan los falsos dioses que nos empeñamos en venderles. Se encuentran muy a gusto con ese “dios” los que no quieren perder las falsas seguridades que les dan los ídolos fabricados a nuestra medida.

El ser humano ha buscado siempre el Dios todopoderoso que hace y deshace a capricho, que empleará esa omnipotencia en favor suyo, si cumplo determinadas condiciones. Si en la religión buscamos seguridades, estamos tergiversando la verdadera fe-confianza. Dios no puede darme ni prometerme nada que no sea Él mismo. Ni como Iglesia ni como individuos debemos poner nuestra meta en las seguridades externas. Las seguridades, que con tanto ahínco busca nuestro yo, son el mayor peligro para llegar a Dios.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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En torno a los milagros.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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Mt 14, 22-33

«¡Animo!, que soy yo; no temáis»

A algunos creyentes del siglo XXI, los milagros nos desconciertan e incluso nos contrarían. Nos parece que introducen en los evangelios elementos mágicos que les quitan credibilidad, y en muchas ocasiones preferiríamos que no estuvieran allí. Sin embargo, están ahí, y si los quitamos hacemos otros evangelios y, por tanto, otro Jesús.

El recelo que sentimos está justificado, porque sabemos que los evangelistas no dudan en violentar la historia para comunicar mejor su fe. Sabemos también que en su época los hechos milagrosos eran muy bien admitidos, y que con ellos se vestía la actividad de los personajes extraordinarios. Y nos preguntamos: ¿Habrán inventado los evangelistas estos relatos, o bien su fama de sanador se remonta al Jesús histórico?…

Hasta bien entrada la Ilustración los milagros afianzaban la fe de los creyentes, pues no osaban poner en duda su autenticidad. También contribuía a esta aceptación la cristología “descendente” habitual en esa época, pues si Jesús era “Dios encarnado”, no tenía nada de particular que efectuase hechos milagrosos.

Pero en el siglo XVIII —el siglo de las luces— los milagros fueron rechazados de plano por grandes filósofos de la ilustración como Spinoza, Hume y Voltaire, lo cual es un hecho lógico, porque desde una mentalidad ilustrada, los milagros repugnan a la razón humana; son meros vestigios de una época en que se atribuía lo desconocido a poderes ocultos o a la misma divinidad. En ese ambiente escéptico nació un “dogma” de gran aceptación que ha llegado hasta nosotros: “El hombre moderno no puede creer en los milagros”.

Quizá su formulación más conocida sea la de Rudolf Bultmann: «Es imposible utilizar la luz eléctrica y la radiofonía y servirse de los modernos avances médicos y quirúrgicos, y al mismo tiempo creer las palabras del Nuevo Testamento sobre los milagros» … Pero según una encuesta de opinión publicada en 1989 por el prestigioso instituto Gallup, el 82% de los americanos cree que “incluso hoy, los milagros son realizados por el poder de Dios”, y sólo el 6% rechaza por completo la idea de que todavía hoy Dios realiza milagros. Y claro, esto nos hace sospechar que una cosa es lo que se piensa en ambientes académicos o círculos intelectuales, y otra, lo que piensa la gente (¿los sabios y los sencillos?) …

En cualquier caso, y a la vista de los datos que hoy poseemos, parece lógico admitir que los evangelios narran hechos de Jesús que sus contemporáneos calificaron de milagros. Jesús arrastraba multitudes no sólo por su predicación, sino por sus curaciones, y a ellas debió buena parte de su fama. Parece, también, que esta misma fama creó en torno suyo una leyenda que multiplicó sus hechos milagrosos, y que los evangelistas recogieron por igual las tradiciones de hechos sucedidos y las leyendas que nacieron de estos hechos (como multiplicar los panes, andar sobre las aguas o calmar tempestades).

Pero lo más importante para nosotros es el significado de los milagros, y en este punto nos vamos a remitir una vez más a Ruiz de Galarreta: «Jesús cura ante todo porque es compasivo; porque le importa el sufrimiento de la gente. Sus acciones muestran su corazón, y a través de él vemos “los sentimientos de Dios”. Será un aspecto fundamental de nuestra fe: conocer el amor de Dios en el corazón de Jesús».

 

Miguel Ángel Munárriz Casajús 

Para leer el comentario que José E. Galarreta hizo sobre este evangelio, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

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¡Ánimo! soy yo, no temáis.

Domingo, 13 de agosto de 2023
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jesus-camina-sobre-las-aguas-4Mt 14, 22-33

Todos compartimos –más allá del tiempo y del espacio en el que nos hallemos- la misma bella y frágil naturaleza humana. Por eso, aunque las circunstancias que  nos rodean son diferentes y ciertamente éstas pueden favorecernos o dificultar nuestro seguimiento a Jesús, a poco que ahondemos en nosotros mismos, reconoceremos que los verdaderos obstáculos para vivir centrados en Dios y comprometidos con su Reino no nos vienen de fuera sino que brotan de nuestro propio interior.

Los miedos acompañan nuestra vida cotidiana. Quien se pregunta honestamente ¿qué temo? reconoce sin duda una pequeña o gran lista de miedos que le habitan. Tenemos miedo al mañana y a veces al hoy. Miedo a lo desconocido. Miedo a lo diferente. Miedo a los otros e incluso miedo a nosotros mismos…

Ahora bien, lo relevante para un creyente no son los miedos. La cuestión es ser capaces de acogerlos, reconocer de dónde vienen y afrontarlos para que no paralicen nuestro seguimiento a Jesús y nuestra pasión por su causa.

En el evangelio de hoy Mateo describe con detalle la escena. Los discípulos acaban de vivir junto a Jesús uno de los acontecimientos más señalados en los evangelios: la multiplicación de los peces y los panes (cf. 14, 13-21). Han descubierto que organizarse desde las claves de Jesús (la compasión ante el sufrimiento de los demás; la acogida y atención a todos, incluidos quienes no cuentan en la sociedad; la solidaridad y el compartir; el trabajo en equipo…) favorece la vida, sacia el hambre y alegra el corazón de todos. Esta experiencia les ha fortalecido y animado después de un momento de duda en el que llegaron a solicitar a Jesús que despidiera a la gente, temerosos de encontrarse con una situación que desbordara sus posibilidades.

Quizás por eso, cuando el Maestro les envía por delante hacia la otra orilla, todos obedecen sin poner objeción. Pero la ausencia de Jesús se les hace insostenible. Mateo muestra con claridad que este tiempo de ausencia es muy significativo. Jesús les insta a “adelantarse” mientras despide a la gente, pero la realidad es que luego sube al monte para orar a solas y que al llegar la noche aún estaba allí. También indica que la barca ya estaba muy lejos de la orilla y que no es hasta el final de la noche cuando regresa junto a ellos.

Seguramente las primeras comunidades cristianas, al igual que nosotros hoy, se identificarían fácilmente con ese grupo de discípulos embarcados en medio de una tormenta que sacude con fuerza su barca. Vivir con Jesús ausente requiere confianza absoluta, esperanza firme y capacidad para descubrirle presente en su ausencia. En el envío que recibimos de Él a ir hacia la otra orilla es fácil que nuestra barca se tambalee por los oleajes de los miedos y que estos nos hagan ver fantasmas que nos impidan reconocerle resucitado y caminando a nuestro lado.

La palabra de Jesús resuena con autoridad en medio de la crisis: ¡Ánimo, soy yo, no temáis!Son sus palabras la que sacan a Pedro de la situación de parálisis en la que se halla. El texto no señala que las aguas se calmen en ningún momento. Lo que nos dice es que Pedro suplica poder ir hacia Él a pesar y en medio del fuerte oleaje y del viento contrario. La fe y el estar encaminado hacia el Señor (el texto nos indica que Pedro iba hacia Jesús) lo sostienen con tanta fuerza que le es posible caminar sobre las aguas. Sobre esas mismas aguas que poco antes habían tambaleado sus certezas y le habían hecho confundir a su Maestro con un fantasma.

Todavía hay algo más. Pedro comienza a hundirse de nuevo cuando vuelve a dudar y a dejarse llevar por los miedos. “Pero al ver la violencia del viento se asustó”…  Mateo indica claramente el por qué: el miedo crece en intensidad cuando Pedro desvía su mirada, cuando deja de tener sus ojos fijos en Jesús y mira al viento contrario.

Hoy la Palabra nos da la oportunidad de reconocer nuestros propios miedos para acogerlos desde la confianza absoluta de que Jesús, el Señor, camina a nuestro lado hasta en las situaciones más límites y dolorosas. En el encuentro sereno con Él podemos experimentar que nos tiende su brazo para que no nos hundamos en nuestros temores y dificultades. Él nos dará la fuerza necesaria para arriesgarnos por aquellos caminos que nos parecen intransitables.

Sigamos adelante con los ojos fijos no en nosotros mismos, ni siquiera en nuestra pequeña o gran barca, sino en el Señor que conduce la Historia y nuestros pasos, en el Hijo de Diosque nos hace estar siempre de travesía con el fin de anunciar su Buena Noticia y sanar a los enfermos (cf. 14, 34-36).

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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