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Nuestra Señora del Pilar, Patrona de Aragón y Zaragoza

Lunes, 12 de octubre de 2020

136f9095482933f8074b8befdc0fed89El origen de la devoción a la Virgen del Pilar se remonta al siglo I. Cuenta le leyenda que, desde Jerusalén, donde aún vivía la Virgen María, vino a España para confortar al apóstol Santiago el Mayor en las tareas de evangelización. La tradición afirma que lo visitó milagrosamente a las orillas del río Ebro, donde Santiago estaba reunido con los primeros hispanos convertidos al cristianismo.

Como recuerdo de aquel acontecimiento se levantó más tarde en aquel lugar una capillita en honor de Nuestra Señora, venerando su imagen en un pilar. Documentos monacales del siglo IX dan testimonio del templo dedicado en la ciudad de Zaragoza a María siempre Virgen.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles. En pocos templos de los pueblos de España falta la imagen de la Virgen del Pilar.

Su basílica, a las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

Esta devoción a la Virgen del Pilar fue llevada también en las carabelas de Colón hasta los pueblos hermanos de América. Desde el año 1908, en el interior de la gran basílica que hoy existe en Zaragoza, junto al altar de la Virgen hacen guardia de honor a nuestra Señora las banderas de los países hispanoamericanos.

El papa Inocencio XIII, en 1723, concedió oficio litúrgico propio de la Virgen del Pilar para el día 12 de octubre.

***

LECTIO

Primera lectura:

Primer libro de las Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2

David reunió en Jerusalén a todo Israel para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió a los hijos de Aarón y a los levitas.

Los levitas transportaron el arca apoyando las barras sobre sus hombros, como lo había prescrito Moisés, por orden del Señor.

David ordenó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores con todos los instrumentos musicales de acompañamiento, arpas, cítaras y címbalos, e hicieron resonar bellas melodías en señal de regocijo.

Metieron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación.

Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliación, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Estos versículos de los capítulo 15 y 16 del libro de las Crónicas, que presenta la liturgia en la fiesta de la Virgen del Pilar, hacen referencia a la gran fiesta que celebró David el día que trasladó el arca de Dios desde Baalá a Jerusalén. Dice el texto del libro de Samuel que en esa fiesta «David danzaba ante el Señor frenéticamente… entre gritos de júbilo y al son de trompetas» (2 Sm 6,14-15). Jerusalén se convierte, por la presencia del arca, en ciudad santa, ciudad bendecida por Dios. En aquella fiesta, David convocó a todo Israel: era una fiesta nacional de bombo y platillo.

En las letanías de nuestra Señora invocamos a María como Arca de la Nueva Alianza y Templo del Espíritu Santo. Aquel regocijo de David con todo su pueblo, las ofrendas y oraciones que hicieron y la bendición que recibieron eran imágenes de esta fiesta en la que el arca de la Nueva Alianza vino de Jerusalén a Zaragoza para bendecir a los nuevos cristianos y para asentar su trono en el gran templo de nuestros corazones.

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Segunda lectura:

Hechos de los apóstoles 1,12-14

Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, lo que se permitía andar en sábado.

Y así que entraron, subieron a la estancia de arriba, donde se alojaban habitualmente. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas el de Santiago.

Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

 Después de la ascensión de Jesús a los cielos, el libro de los Hechos de los apóstoles se centra en la constitución de la comunidad cristiana. Los que le habían seguido por el camino son convocados por el Espíritu para seguir con la misión de Jesús. En el grupo de los que acompañaban a Jesús en su vida pública estaban María, su madre, y otras mujeres. El evangelio de Lucas, en el capítulo 8, dice que junto con los Doce le seguían María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas.  En estos versículos que leemos en la fiesta de la Virgen del Pilar, se resalta la presencia de María en esta primera comunidad pospascual. Ella, los apóstoles y algunas mujeres perseveraban en la oración común.

Esta oración entre hombres y mujeres da un tono peculiar a la primera comunidad cristiana, muy distinto a lo que se hacía en la sinagoga judía. Jesús había roto la separación, y la primera comunidad sigue acorde con el estilo de Jesús. Podemos pensar en la importancia de María en la formación de esa primera comunidad de Jerusalén y trasladar, sin esfuerzo, esa misma importancia en el apoyo a Santiago en la formación de la primera comunidad de España.

*

Evangelio:

Lucas 11,27-28

Mientras decía esto, una mujer de entre la gente gritó:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron».

Pero él le dijo:

«Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica».

Arrebatada por la emoción del momento, una mujer del pueblo, corazón en mano, alaba a Jesús y le dice cuan orgullosa tenía que estar su madre por haberlo llevado en su seno. Las palabras de la mujer son un cumplimiento de la profecía sobre María de Lc 1,28: «Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones».

Pero Jesús, humilde y sencillo como su madre, traslada la atención de él mismo y de su madre a una insistencia más central: realmente, es más dichoso el que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. La grandeza personal de María está en haber escuchado a Dios y haber dado un «sí» incondicional.

María escuchó y puso en práctica la Palabra de Dios al responder en la anunciación: «He aquí la esclava del Señor». Es una actitud humilde, valiente, libre y auténtica.

María, que meditó en su corazón las palabras y los gestos de Jesús, hace pensar en aquellos que «escuchan la Palabra con un corazón noble y generoso» (Lc 8,15).

*

MEDITATIO

Del libro del Eclesiástico 24,3-15:

Yo salí de la boca del altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube. Sola recorrí el círculo celeste, y por las profundidades del abismo me paseé. En las olas del mar, en toda la tierra, en todo el pueblo y nación yo imperé. En todos ellos busqué el reposo, y en qué territorio instalarme. Entonces me ordenó el creador de todas las cosas, mi hacedor fijó el lugar de mi habitación, y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad».

Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón. Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. Como el cinamomo y el espliego he dado mi aroma, como mirra escogida exhalé mi perfume; como gálbano, ónix y estacte, y como perfume de incienso en el tabernáculo. Yo extendí como terebinto mis ramas, y mis ramas están llenas de gracia y de majestad. Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.

*

ORATIO

Virgen santa del Pilar:

Desde este lugar sagrado

alienta a los mensajeros del Evangelio,

conforta a sus familiares

y acompaña maternalmente

nuestro camino hacia el Padre,

con Cristo, en el Espíritu Santo. Amén.

(Oración de Juan Pablo II ante el altar de la Virgen del Pilar en Zaragoza.)

 

*

CONTEMPLATIO

La piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar -desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo- constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su oración fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y -hay que afirmarlo nuevamente- dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar «los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn 2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf. Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34; 2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc 2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor esponsal.

De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la «llena de gracia» (Le 1,28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en Él, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18).

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. (De la exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)

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ACTIO

Reunirme hoy en oración con otros, como María con otras mujeres y los apóstoles, y pedir al Espíritu Santo fortaleza para los evangelizadores que están en tierra de misión.

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PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El milagro de Calanda

Como en otros santuarios marianos, los fieles han recibido en el de nuestra Señora del Pilar favores extraordinarios que han atribuido a su intercesión ante la omnipotencia divina. Desde el siglo XIII se habla en los documentos que conserva su archivo de «los mytos et innumerabiles miraglos que Nuestro Seynor Jesucristo feitos a et cada día facer non cesa en los ovientes devoción en la gloriosa et bienaventurada Virgen María suya Santa María del Pilar».

Un manuscrito del siglo XV recogió algunos de ellos. Y en 1680 el canónigo Félix de Amada dio a la imprenta una colección de milagros obrados por intercesión de la Virgen del Pilar. Entre ellos, es universalmente conocido el llamado milagro de Calando, por su evidente superación de las fuerzas de la naturaleza y por su innegable verdad histórica. Tuvo lugar entre las diez y las once de la noche del jueves 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y en la persona del ¡oven de 23 años Miguel Juan Pellicer, al cual, debido a un accidente, hubo que amputársele la pierna derecha en octubre de 1637 en el hospital de Gracia, de Zaragoza, por el cirujano Juan Estanca, siendo enterrada por el practicante Juan Lorenzo García.

Tras su convalecencia, durante dos años, fue mendigo en la puerta del templo de nuestra Señora del Pilar, de la que era muy devoto desde su niñez, por existir una ermita de esta advocación en Calando, y a la que se había encomendado antes y después de su operación, confesando y comulgando en su santuario.

Vuelto a la casa de sus padres en Calanda a primeros de marzo de 1640, el citado día 29 de ese mes, habiéndose acostado en la misma habitación de sus padres, por haber un soldado alojado en su casa, lo encontraron éstos dormido media hora más tarde con dos piernas, notándosele en la restituida las mismas señales de un grano y unas cicatrices que tenía la amputada.

A instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, adonde acudió Miguel Juan tras su curación a dar gracias a la Virgen del Pilar, se incoó en el Arzobispado un proceso el 5 de junio de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de calificación milagrosa el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641. Se conserva íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de los 25 testigos.

El milagro se divulgó rápidamente por todas partes. El mismo papa Urbano VIII fue informado personalmente por el jesuíta aragonés F. Franco en 1642. Entre los milagros, que por definición son todos excepciones de la naturaleza, el de Calanda es a su vez excepcional; por eso las relaciones coetáneas lo calificaron de «milagro inaudito en todos los tiempos». (Por Tomás Domingo Pérez, en el Libro de la Virgen, C.B.C.)

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Virgen de la Merced, redentora de Cautivos: Derriba a los poderosos, eleva a los oprimidos

Viernes, 25 de septiembre de 2020

vicentelopezvirgendelamerced01Del blog de xabier Pikaza:

En clave de mujer. Los oprimidos, pobres y cautivos del canto de María

Ayer he definido a la madre de Jesús como Gebira, representante del rey, conforme a la historia del AT. Hoy, día de la Merced, retomo ese motivo desde el canto de liberación de las mujeres fuertes de la Biblia, Myriam (Ex 15), Débora (Jc 5) y Ana (1 Sam 2), que nos introducen con María en el Nuevo Testamento.

Según Lc 1-2, ella es la Gebira, y así proclama el mensaje y proyecto de de su hijo, la inversión (revolución) radical del evangelio (derriba de su trono a los poderosos, enaltece a los oprimidos), en contra del programa sacro/nacional de su “pariente” varón, el sacerdote Zacarías.

Éste es un tema que la exégesis en general no ha destacado, ni la iglesia ha puesto de relieve, quizá por un miedo y espiritualismo poco evangélico, pero es esencial para la Iglesia, como han proclamado mercedarios y mercedarias, a cuya fiesta, que es la mía, quiero unirme con estas reflexiones.

Benedictus y Magníficat.

Son los grandes himnos del evangelio de la infancia de Lc 1-2. (a) El Benedictus es la voz de un sacerdote de Jerusalén, con una ideología más sacral y nacional, centrada en la victoria y libertad del pueblo elegido. (b) El Magníficat es vozde una mujer que mesiánica, que pertenece al grupo de los pobres, con su esperanza y compromiso de una transformación universal, anticipándose a Jesús y ofreciéndole su compromiso de madre y mujer liberadora desde la tradición de Israel.

  imagesEl texto original del Benedictus (Lc 1, 68-69. 71-75)   ofrece la visión privilegiada de una comunidad judeocristiana, vinculada al triunfo mesiánico‒patriarcal del pueblo judío y al culto del templo, en una perspectiva dominante de varones, donde el mundo se divide en amigos (israelitas) y gentes que os/nos odian (enemigos). En este contexto, más que la liberación de pobres y excluidos, importa la salvación del pueblo santo:

‒ Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo (tô laô autou), suscitándonos una fuerza (= cuerno) de salvación, en la casa de David, su siervo; es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian.

‒ Ha realizado la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham; para concedernos que libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos en santidad y en justicia, en su presencia todos nuestros días (Lc 1,68-69.71 y Lc 1, 72-75)[1].

   Así interpreta la salvación en clave nacional, de Israel, laos santo, al que Dios quiere liberar de los enemigos (ekhthrôn: 1, 71.73) y de las manos de aquellos que nos odian (misountôn hêmas: 1, 71), a diferencia del Magníficat que habla de la liberación de los pobres como tales.

Esa visión  resulta lógica en boca de un sacerdote patriarca que ha oficiado en el templo de los levitas, poderosos sacerdotes, que entienden el nacimiento del Mesías desde la perspectiva de los elegidos del pueblo santo (que debían liberarse ante todo de sus enemigos nacionales, entendidos como aquellos que les/nos odian)[2].

59bb613b30259      En esa línea, vinculado Lc 1,32-33 con Lc 1, 68-69.71-75, podemos afirmar que en la primera comunidad judeo‒cristiana había algunos que entendieron a Jesús en términos cercanos a un tipo de celotismo militar, en la línea de Pinjás (cf. Num 25)…

(Las imágenes están tomadas de las pinturas de la Virgen de la Merced que Helios Gómez, militante/gitano andaluz, de Triana/Sevilla, amigo de los pobres, condenado por “anarquista” (en la línea de los sicarios de los que seguiré hablando) y devoto de María, pintó en una celda de la Cárcel Modelo.

Por la dureza de aquella cárcel murió Helios. Pero, enfermo como estaba, por amor de B. Lahoz, mercedario ejemplar. que le regaló una estampa de la Virgen  (pintada por Vicente López, 1772-1852,  Museo de Valencia, arriba ), pintó  una celda/capilla de la Virgen de la Merced, su madre, hermana y amiga, encarcelada como él en la Modelo de Barcelona. Iré poniendo imágenes de esa Celda/Capilla de la Virgen de la Merced, cautiva entre los los cautivos de la terrible Cárcel Modelo de Barcelona.

Estuve y ofrecí una semblanza de Helias en un Congreso que unos amigos organizaron hace algunos años en Barcelona. Busque quien quiera la referencia en Helios Gómez y Pikaza. Cf. RD 30.08.2008, https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/Helios-Virgen-Anarquista-Presos-Carcel_7_921577847.html

Magníficat, canto universal.

             A diferencia de Zacaría, María ha destacado la elevación de los oprimidos y el enriquecimiento de los pobres (anawim) que, mirados en sí mismos, carecen de fronteras religiosas y o nacionales; ella, la mujer oprimida (por mujer y por pobre, como seguirá diciendo el Magníficat) eleva su canto al servicio de la liberación de todos los hambrientos y oprimidos del mundo.

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  María pasa así del nacionalismo de David (defendido por Zacarías, en el Benedictus) al universalismo de Abraham. Ella no busca una pequeña conversión-salvación nacional de Israel, sino la transformación de la humanidad como tal, superando la oposición de poderosos y oprimidos, ricos y pobres (varones y mujeres, en una línea marcada por la tradición paulina en Gal 3, 28).

  Por eso, ella no puede vincularse a los nacionalistas celotas (como sería Zacarías), insistiendo en la sacralidad de templo y pueblo en cuanto tal (separado de otros pueblos, con un triunfo militar del “cuerno” de David, que “libera” Jerusalén de las manos de los enemigos); ella quiere abrir (compartir) un camino de inversión, revolución y transformación de la humanidad en su conjunto, desde los oprimidos y los pobres.[3].

En ese sentido, ella se sitúa más cerca de los sicarios que de los celotas nobles y nacionalistas (como Zacarías). Su movimiento, de origen proletario o campesino, puede presentarse como una religión laical, centrada en la experiencia del señorío absoluto de Dios y de su libertad, en una línea inspirada por Abraham.

Ciertamente, en los momentos más sangrientos de la rebelión y la guerra contra Roma, muchos sicarios mostraron un aire de dura intransigencia, como portadores de la violencia de los pobres que estalla al fin contra los ricos. Pero en el fondo ellos querían ser representantes de un igualitarismo pacífico de todos los desposeídos, destruyendo los archivos oficiales con los documentos de propiedad de los ricos y, quemando los palacios de los sumos sacerdotes y los nobles herodianos, enriquecidos a costa del pueblo, a fin de que todos pudieran ser hermanos [4].

En esa línea, la parte más antigua del himno de Zacarías sacerdote puede entenderse como expresión de un celotismo sacral,nacionalista y jerárquico, partidario del “cuerno de David”, es decir, de un triunfo político‒religioso de Israel. En contra de eso, María se encuentra espiritualmente más cerca de un tipo de revolución sicaria (pero  no militar), en línea de “salvación” de los pobres, no de triunfo armado de la nación judía.

Ella no era defensora de la guerra militar contra Roma, sino partidaria y portadora de un ideal pacífico (femenino) de revolución universal, igualitaria, partiendo de los hambrientos y oprimidos, un  ideal más fuerte que todas las guerras.  Por eso cuando un tipo de piedad social ha secuestrado la figura de María para anestesiar a los pobres y servir a los ricos está traicionando al evangelio. Leer más…

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Con María junto a la Cruz

Martes, 15 de septiembre de 2020

En el día que los católicos celebran a nuestra Sra de los Dolores, recordamos a tantos hermanos y hermanas que están sufriendo…

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La devoción a la Virgen de los Dolores se remonta a los primeros años del segundo milenio, como desarrollo de la «compasión» con María iuxta crucem Jesu. Esta devoción fue formulada litúrgicamente en tierras germanas, concretamente en Colonia, el año 1423. Sixto IV insertó en el misal romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad. La atención hacia María «dolorosa» se fue desarrollando gradualmente en la forma de los Siete Dolores, representados en las siete espadas que traspasan el corazón de la madre de Cristo. La extensión a la Iglesia latina en 1727 fue favorecida por los Siervos de María, que la celebraban desde 1668. La colocación en el 15 de septiembre se remonta a Pío X (1903-1914). En el calendario litúrgico de 1969 se la denomina memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.

***

La meditación sobre los siete dolores de la bienaventurada Virgen podrá expresarse fácilmente en términos actuales, en cuanto los comparemos con los múltiples sufrimientos por los que está marcada la vida hoy…

Principalmente en virtud de nuestra identidad cristiana, aceptaremos ser nosotros mismos una existencia atravesada por la espada del dolor. Siguiendo a Jesús, tomaremos cada día nuestra cruz (Le 9,23; cf. Mc 8,34; Mt 16,24). Sensibles al drama de innumerables personas y grupos obligados a emigrar desde países pobres nada naciones más ricas, en busca de pan o de libertad, pondremos a salvo la vida de todo tipo de persecución y ofreceremos nuestra contribución activa a la acogida de los emigrantes […].

En presencia de cuantos, en medio de la incertidumbre del vivir, añoran el rostro del Señor o se encuentran angustiados por haberlo perdido, nuestras comunidades han de ser lugares que apoyen su trabajosa búsqueda. Han de convertirse en santuarios de consuelo para tantos padres y madres que, desolados, lloran la pérdida física o moral de sus hijos. Como copartícipes de un mismo itinerario de fe, acompañaremos a nuestros hermanos y hermanas por la vía de su calvario: con gestos de delicadeza, como Verónica, o llevando su peso, como el Cirineo.

*

H. M. Moons,
Con María junto a la cruz,
Roma 1992, 19ss.

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Festividad de La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

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ASUNCION

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe… Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”

*

Martín Lutero,
1483-1546

***

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***

María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …

Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible

Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.

Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.

Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.

Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.

Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.

*

Michel Hubaut
Oración extraída de « Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986

*

2-1

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María, en su canto de alabanza, no engrandeció a Dios sólo de una manera abstracta por haber «levantado a los humildes» y haber «llenado de bienes a los hambrientos», sino que lo hizo indudablemente también porque conocía esta bajeza ante Dios mejor que cualquier otra criatura: Dios, el poderoso, en efecto, «ha mirado la humildad de su sierva», y por esa mirada proyectada sobre ella, no por su ensalzamiento, ella se alegra por «la grandeza del Señor». Si bien María era materialmente pobre, no se alegra por los dones materiales que le fueron concedidos […], sino por el don inaudito de una maternidad mesiánica, que no era tanto un don hecho a ella personalmente como un acto de misericordia hacia su «siervo Israel», que ha obtenido la «semilla de Abrahán»por la que había suspirado tanto tiempo. En su opción en favor de los pobres, María es perfectamente ella misma, no se ha alienado en absoluto en «otra María».

Sabe que ha llegado a ser Madre de una manera única e incomparable por pura gracia, y Madre no sólo de su único Hijo, sino, en él, de todos aquellos que mediante él y en él se han convertido en hijos e hijas de Dios en la Iglesia. (Y cuando aquí hablamos de Iglesia, sus confines permanecen indefinidos, porque la gracia de la redención de Cristo ha llegado, en efecto, a todos los hombres que nacieron antes que él y después de él.) «La mediación de María está ligada, efectivamente, a su maternidad, posee un carácter específicamente materno»(Redemptoris Mater 38) y, por eso, ella es el centro de la «comunión de los santos», «está como envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos» (Redemptoris Mater 41), de esa capacidad de ser-para-los-otros en el Reino de Dios como coronamiento sobrenatural de la estupenda posibilidad ya en el plano natural, o sea, de la capacidad de poderse apoyar y ayudar recíprocamente.

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H. U. von Balthasar, «Comentario a la encíclica “Redemptoris Mater”», en H. U. von Balthasar – J. Ratzinger, María. El sí de Dios al hombreo. Introducción y comentario a la encíclica«Redemptoris Mater», Brescia 31988, pp. 56ss, passim)

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Miércoles 15 de Agosto de 2020. La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

SSCC DelegacioPlata7

1ª LECTURA

Apocalipsis 11, 19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

***

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

***

2ª LECTURA

1Corintios 15, 20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

***

EVANGELIO

Lucas 1, 39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

Sábado, 15 de agosto de 2020

02_Adv_A-02-MariaLos evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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15 de agosto, fiesta de la Madre de Dios: Historia de la muerte, entierro y ascensión de María.

Sábado, 15 de agosto de 2020

15_08_2016_26Después de la confesión del Nacimiento, Muerte y Pascua de Jesús, no ha existido en el Cristianismo una historia más conocida y celebrada que la del Nacimiento, Muerte/Entierro y Ascensión de su madre María.

Ella fue enterrada junto al torrente Cedrón, al comienzo del valle de Josafat, y allí se conserva su memoria más antigua, vinculada a la iglesia pobre de los pobres judeo-cristianos. Más tarde, con el triunfo de los pagano-cristianos, y el establecimiento de la iglesia imperial (313 d.C.), los nuevos cristianos “pensaron” que María había subido al cielo desde el Monte Sion, en el Alto Jerusalén, junto al Cenáculo y crearon las bellísimas narraciones de la Asunción, que han pervivido hasta hoy en la memoria de la iglesia.

Ésta es una historia de fe (muerte y entierro, ascensión y reino). No todas las iglesias interpretan del mismo modo estos “datos, pero ellos constituyen un elemento clave de la historia del cristianismo. Quien no los conoce ignora una página esencial de la confesión cristiana y de la cultura de occidente. Buena fiesta y buen recuerdo a todos, este día de la muerte y gloria de María.

13.08.2020 | X.Pikaza

La fiesta y dogma de la Asunción de Santa María, Madre de Jesús, está muy vinculada a la tradición de Jerusalén, como lo muestran los monumentos arqueológico y los apócrifos asuncionistas que no son apócrifos por falsos, sino porque no han sido recogidos en la Biblia canónica de las iglesias.

María en la Biblia

Todo nos hace pensar que era de Nazaret de Galilea y que, al principio no formó parte externa del movimiento de Jesús, como indican el evangelio de Marcos y el de Juan. Pero tras la Crucifixión de su Hijo, a quien, según Jn 19, 25‒27 (y quizá Mc 15, 40‒41) acompañó junto a la cruz, ella formó parte importante de su Iglesia.

  1. La tradición de Hch 1, 14 supone que ella formaba parte de la Iglesia de los “parientes de Jesús” (de Santiago), cuya “historia” conocemos por Pablo y por Hechos de los Apóstoles. Más aún, ella actuó en ese grupo como “gebira”, Señora, madre del Señor (cf. Lc 1, 42), como he puesto de relieve en Gran Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1015 (voz Gebira). En esa línea, el evangelio de Lucas como el de Mateo dan testimonio de la importancia de María en esa Iglesia.
  2. La tradición de Jn 19, 25‒27 insiste en que, habiendo formado parte de la comunidad de los “hermanos” de Jesús (cf. Jn 2, 12), María se integró en “casa” (iglesia) del discípulo amado. Eso parece indicar que entre la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión (vinculada a los parientes de Jesús) y la del discípulo amado, del evangelio de Juan existieron profundas relaciones profundas. Por el contrario, la tradición helenista, retomada por Pablo, no sabe nada de María, aunque conoce a los “hermanos” de Jesús, de los que se dice que eran “apóstoles” y estaban casados (cf. 1 Cor 9, 5; 15, 7).
  3. Más que el “final” (muerte/dormición, resurrección/asunción) de María a la Iglesia primitiva le ha importado su “principio”, es decir, su relación con el nacimiento de Jesús. En ese sentido se sitúan las genealogías de Mt 1, 1‒17 y de Lc 3, 23‒38, que he estudiado en Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2013). Pero ellas no van en la línea de María, sino en la de José “desposado con María, de la que nació Jesús. De todas formas, en esa línea, tanto Mt 1‒2 como Lc 1‒2 hablan de un nacimiento más alto de Jesús por obra/presencia del Espíritu de Dios en María (superando la línea genealógica de José).
  4. En esa línea, la Iglesia se ha ocupado pronto del origen y función activa de María en el nacimiento de Jesús, y de esa forma ha “recibido” (desde el II‒III d.C) el Protoevangelio, atribuido a Santiago (hermano del Señor), uno libro clave en la historia y devoción mariana de la Iglesia. Este evangelio combina y recrea tradiciones de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), en perspectiva judeocristiana, con datos de tipo teológico‒devocional más que histórico. Defiende no sólo el nacimiento virginal de Jesús por obra del Espíritu Santo, sino la virginidad perpetua de María (hija de Joaquín y de Ana), declarando que los “hermanos” de Jesús serían hijos de José, ya viudo y padre al casarse con María. Es un evangelio de tono piadoso con tendencia judeo‒cristiana doceta, y ha influido mucho en la devoción popular y en las fiestas marianas de la Iglesia. Presenta a María como expresión de la Santidad de Dios y la vincula no sólo con el Templo de Jerusalén, sino con la tradición sacerdotal y davídica del judaísmo, viendo en ella la culminación del Antiguo Testamento.

 Muerte/dormitio, tumba de María

  1. No conservamos ningún texto primitivo que interprete la muerte/dormitio (en griego kóimêsis) de María en forma pascual, es decir, como expresión de entrega personal en manos de Dios, como Jesús su Hijo, cuya “cruz” ella habría asumido. De todas formas, los evangelios transmiten dos datos muy significativos. (a) Y una espada atravesará tu alma (cf. Lc 2, 34‒35). Esta palabra supone que María ha compartido la suerte “pascual” de Jesús, pues la espada de la revelación salvadora de Dios ha atravesado su alma. Ésta es una palabra simbólico‒teológica, pero Lucas no podría haberla transmitido a no ser que supiera que María había compartido la “buena muerte” de Jesús. (b) Y él (el discípulo amado) la recibió en su casa (eis ta idia, entre sus cosas, Jn 19,27). Esta palabra vincula a la Madre de Jesús con la Iglesia o comunidad del discípulo amado (que ha tenido conexiones con la comunidad de los hermanos de Jesús, cf. Hch 1, 13‒14) y no se podría haberse transmitido a no ser que el autor del 4º Evangelio supiera que la Madre de Jesús había muerto ya (como supone que ha muerto el Discípulo Amado, Jn 21, 22‒23).
  2. La tradición primitiva de las iglesias “helenistas” (hasta el IV d.C.) no conserva referencias sobre la muerte de María, y esto puede explicarse por el hecho de que el testimonio de la muerte de María ha sido conservado y transmitido por la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión, de la que conservamos pocos testimonios. Este es un dato que hoy se puede interpretar mejor, gracias a los estudios arqueológicos y teológicos del Estudio Bíblico Franciscano de Jerusalén, y en especial del Padre C.B. Bagatti 1905‒1990. Cf. New discoveries at the tomb of Virgin Mary in Gethsemane, Franciscan Press, Jerusalén 1975; Alle origini della Chiesa 1: Le comunità giudeo-cristiane. Libreria Editrice Vaticana, 1982; La chiesa primitiva apocrifa nel II secolo, San Paolo, Milano 1982. En ese contexto han de ponerse de relieve los siguientes datos:
  3. La tradición de la dormitio/kóimêsis (tumba pascual) de María está vinculada a una iglesia‒santuario de la parte alta del Valle de Josafat, junto a Getsemaní, uno de los lugares simbólicos más importantes de Jerusalén y de toda cristiandad (hacia el principio del torrente Cedrón, donde se realizaría el Juicio Final). Los seguidores de Jesús no pudieran escoger el lugar de su tumba (junto al Calvario), pero pudieron escoger y escogieron el de su Madre (y el de dos personas que, por imaginar algo, podrían ser María Magdalena y el Discípulo amado, que le acompañaron bajo la cruz). Sea como fuere desde el siglo II d.C. hay memoria de que la Madre de Jesús había sido enterrada allí.
  4. Ese lugar (con el culto consiguiente a la memoria de María) fue propio de la comunidad judeo‒cristiana, que se mantenía en parte separada de la pagano‒cristiana (más vinculada a de Pablo), que no tuvo interés por la Madre de Jesús. No sabemos lo que en II‒III se veneró en ese lugar. Ignoramos si había una sola tumba o tres tumbas, con sus cadáveres respectivos. O si el cuerpo de María había desaparecido y sólo se conservaba y veneraba el hueco donde había sido puesto. Lo cierto es que, por el estudio que en los últimos años ha podido realizarse in situ, tras una riada (año 1972), que dejó al aire los cimientos del edificio, con la tumba se ha podido determinar aquel espacio fue un lugar esencial para el culto mariano de la iglesia judeo‒cristiana. Fue ahí, al comienzo del valle de Josafat, en vinculación directa con la tradición del juicio‒final y la resurrección de los muertos, donde se recordó a María y se incubó la tradición del “ascenso” de María a los cielos. Aquel es, a mi juicio, con la “casa” de Nazaret el lugar más sagrado de la memoria mariana de la Iglesia.
  5. Las cosas cambiaron radicalmente en el siglo IV, tras el edicto de Milan (313), con la proclamación del cristianismo helenista como religión oficial del Imperio Romano (380). Fue un tiempo de gozo y triunfo para el cristianismo imperial, que pudo extenderse por todos los dominios de Roma, con ayuda de la administración política (especialmente tras el 380). Pero ese triunfo del cristianismo político de Roma fue una desgracia para muchas comunidades judeo‒cristianas (o simplemente judías) que se vieron amenazadas e incluso perseguidos.
  6.  En ese momento, ya desde el 313 comenzó una actividad febril de “recuperación” e imposición del cristianismo en el oriente y especialmente en Palestina. Entonces comienza la construcción de las grandes basílicas de Jerusalén y de su entorno, del Calvario y de Belén, del Monte de los Olivos (Eleona) y de la colina llamada del Monte Sión (en la zona alta de la ciudad, al otro lado del Monte de los Olivos (no en el antiguo Monte Sion, junto al templo de Jerusalén).
  7. No parece que se empalmara bien con la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión, de forma que hubo como un corte en la visión de María. De varias partes llegan entonces preguntas sobre su tumba y sobre sus restos o reliquias. Al principio, las respuestas fueron siempre las mismas: Los cristianos triunfantes de la Iglesia imperial no conocían el sepulcro de la Madre de Jesús, no tenían su cuerpo, ni sabían dónde se veneraba su memoria (vinculada a los judeo‒cristianos de la iglesia casi enterrada, como catacumba en el Valle del Cedrón (aunque entones el suelo estaba mucho más bajo que en el momento actual).

Éste es, a mi juicio, el gran secreto (quizá el mayor secreto) de la Mariología. La iglesia triunfante de los emperadores no reconoció la importancia de los humildes grupos judeo‒cristianos, que seguían viviendo en forma semi‒clandestina, conservando, casi en secreto, la memoria de la Madre de Jesús, en el lugar donde fue sepultada. Para aquellos judeo‒cristianos la conversión del cristianismo greco‒romano en religión oficial del imperio fue (¡y sigue siendo hasta el día de hoy!)  una mala noticia.

La nueva tradición mariana, de tipo más helenista, que desembocará en la declaración de María como Madre de Dios o Theotokos (Éfeso 431) ha tenido necesidad de “recrear” la figura de la Madre de Jesús, insistiendo en su carácter “pascual” (casi más bien “celeste”) y significativamente el lugar privilegiado de su “memoria” no será la pequeña iglesia del Cedrán, sino la nueva basílica construida sobre el Monte Sión (en la parte elevada de Jerusalén, junto al Cenáculo). Allí puede presentarse a María como auténtico Sion (Hija de Sión), con el alto carácter sagrado que ello implica. En ese fondo se entienden los relatos asuncionista, que constituyen el texto básico del triunfo pascual (muerte, resurrección, asunción) de María.

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Arquetipo básico de los relatos asuncionistas

Precisamente ahora, en el momento del “gran triunfo” del cristianismo oficial (imperio romano‒bizantino),   sienten más amenazadas y empiezan a desaparecer las comunidades judeo‒cristianas (de la circuncisión), depositarias de las más antiguas tradiciones marianas que, como indican Jerónimo y otros Padres de la Iglesia, siguieron existiendo hasta el siglo V‒VII d.C. y aún más tarde, siendo al fin en gran parte absorbidas por el Islam).

            En ese contexto surgieron los textos asuncionistas, un género literario y una teología que ha seguido copiándose y recreándose en varias lenguas (griego y latín, sirio y etíope etc.), como destacó  M. Jugie, La mort et l Assomption de la Sainte Vierge, Vaticano, 1994. Surgió así un “género teológico‒literario”, centrado en la muerte y resurrección/ascensión de María, como recogen M. Erbetta, Apocrifi del NT, 1/2, Vangeli, Marietti Casale M. 1982, 406‒650; A. Santos, Evangelios apócrifos, BAC, Madrid 1956, 607‒700; A. Piñero y G. del Cerro, Actos apócrifos de los apóstoles I‒III, BAC, Madrid  2012.

            En ese gran “corpus” de apócrifos de la Asunción, fijados por escrito entre el siglo IV/V y el VIII (aunque se siguen escribiendo y representando textos asuncionistas hasta el siglo XV/XVI), hay bastante continuidad. Entre los textos más antiguos podemos citar los relatos del Ps. Juan, del Ps. Melitón, de Juan de Tesalónica y del Ps. José de Arimatea, con la Leyenda Armenia de la Asunción, la Leyenda Árabe, la Leyenda Siríaca… Para una visión básica, cf. B Bagatti, OFM, Ricerche sulle tradizioni della morte della VergineSacra Doctrina, 69–70 (1973), 186–94. Entre los elementos fundantes de esa tradición, que aparecen desde el mismo siglo IV, se encuentran los siguientes:

María recibe la revelación de que va a morir, y obtiene de Jesús la certeza de que resucitará, y así lo transmite a sus acompañantes, que avisan a los doce apóstoles, extendidos por todas las partes del mundo, y ellos vienen para acompañar a la madre de Jesús en su tránsito.

El tránsito de María aparece así como una copia de la muerte/pascua de Jesús, pero con una gran diferencia: Ella morirá acompañada de los Doce Discípulos de su Hijo, que le transmiten el testimonio de gratitud de toda la Iglesia, aunque, como en el caso de Jn 20, puede faltar a la citar por retraso el apóstol Tomás que llegará tarde, aunque a tiempo para dar testimonio de la muerte (domitio, transitus) de la madre de Jesús.

‒ La muerte/asunción de María aparece así como ratificación del ministerio apostólico de los Doce (¡no de los judeo‒cristianos!) y como gran “Concilio constituyente” de la Gran Iglesia universal (no de la Iglesia de la circuncisión). En ese contexto pueden hallarse “tonos de fondo antijudío”, con hostilidad del judaísmo hacia la Gran Iglesia (y de la Gran Iglesia hacia el judaísmo”.

Este un esquema en los iconos de oriente y de los retablos medievales de occidente, que comienzan con la Anunciación‒Nacimiento de María (según el Protoevangelio de Santiago) culminación con su Muerte‒Elevación‒Coronación. De esa manera. la historia de Jesús queda integrada en la gran historia de María, su Madre, empezando en Jerusalén (“encuentro” de Joaquín y Ana en la Puerta Hermosa del Templo) y culminando en Jerusalén “dormitio y elevación”.

Último “apócrifo” asuncionista. El “misteri” de Elx/Elche

             Conforme a lo anterior, los apócrifos asuncionistas, con su doctrina general de la Subida de María en cuerpo y alma a los cielos, provienen de las iglesias de oriente, y han sido escritos en griego, siríaco, copto o árabe… Pero después, sobre todo a partir de las cruzadas (siglo XII) se han extendido y representado por el occidente latino. No han sido sólo textos para leer (legenda/leyenda), sino para representar, tanto en las iglesias como en las plazas adyacentes, escenificando el misterio de Dios en María-. Leer más…

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La evolución es posible gracias a una involución

Sábado, 15 de agosto de 2020

Maria+-+IsabelLc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios, sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María, se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos mezclarlas.

De María real, con garantías de historici­dad no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los once o doce primeros años de su vida. El padre en la sociedad judía del aquel tiempo, se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres; hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios, que solo a través de las categorías femeninas podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús, ni María, ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubieran entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

En la más clásica filosofía occidental encontramos tres conceptos que se han calificado como trascendentales: “unum”, “verum”, “bonum” (unidad, verdad y bondad). Pero la más simple lógica nos dice que, si esos conceptos se pueden aplicar a todos los seres, no hay lugar para sus contrarios: multiplicidad, falsedad y maldad. Esta contundente conclusión nos lleva a desestimar estas cualidades contrarias y negativas, como realidades realmente existentes. Este aparente callejón sin salida nos obliga a considerar estas tres últimas realidades como apariencias sin consistencia verdadera.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir la hondura de todo ser: la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todos y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende, es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice también la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también Dios.

Lo que queremos expresar en la celebración de una fiesta de la Asunción de María, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Todas las apariencias han sido superadas. Esa meta es la misma para todos. En lenguaje bíblico, “cielos” significa el ámbito de lo divino, por tanto María está ya en “los cielos”.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá, como si fuera continuación del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se encuentran muy a gusto en él. Del más allá no podemos saber nada. Lo único que podemos descartar es que sea prolongación de la vida de aquí.

Meditación-contemplación

El Magníficat es un excelente cántico de alabanza,
resumen de las aspiraciones de todo un pueblo,
que confía plenamente en Dios
y en la salvación que había prometido a los antepasados.
……………………

Este poema pone en boca de María estos sentimientos
y nos invita a desarrollarlos interiormente,
teniendo en cuenta que las obras de Dios
nunca se manifiestan en fenómenos espectaculares.
……………………

La obra la desplegó Dios en María.
Fue posible porque fue capaz de decir “Fiat”.
La seguirá desplegando en cada uno de nosotros,
en la medida en que sepamos estar, como ella, disponibles.
…………………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Mari Paz López Santos: ¿Qué nos aconsejas, María?

Sábado, 15 de agosto de 2020

Dorothy Webster Hawksley, (1884-1970) Visitación de María a su prima IsabelLc 1, 39-56

Por aquí andamos, María, otro 15 de agosto, tu fiesta; aunque este año tiene connotaciones especiales en forma de mascarilla, gel, distancia, precaución y el reconocimiento de nuestra fragilidad después de lo vivido en los últimos meses.

Tú te levantas de nuevo y te pones en camino deprisa. Dejas tu hogar, tu seguridad, te desinstalas…  ¿Por qué?

Subes la montaña para llegar al sitio que quieres. No pierdes el tiempo mirando el esfuerzo que pueda suponerte… ¿Por qué?

Entras, saludas… se produce el encuentro y el reconocimiento. La Visita.

Y a este lado, quedo pensando: “Ellas se miran y ellos se mueven”. Hay vida a raudales.

Queda bien claro en las palabras de una y otra.

Queda bien dicho en el Magníficat, como proyecto y programa de los sencillos, de los ninguneados, de los indefensos, de los que se saben cargando el peso de los abusos de los que no quieren que cambie nada.

Te quedas tres meses en la casa. ¿Por qué?

En esa casa se practica la hospitalidad, la acogida entrañable y el cuidado.

Eres huésped y al mismo tiempo hospedas en tu interior un Misterio.

Me amplía la visión el hno. Christophe, monje de Tibhirine (*): “En el episodio de la Visitación, María no sólo reconoce a Isabel sino que es reconocida por ella. Un doble reconocimiento, que los pintores han sabido expresar maravillosamente presentando a las dos mujeres poniéndose su mano sobre el vientre la una a la otra… El RECONOCIMIENTO… ¿No será acaso el secreto de toda esta alegría y de toda esta luz que dimana de esta Visitación? Reconocimiento que consiste en el hecho de tocar, constatar… pero reconocimiento es también la gratitud, la acción de gracias, este agradecimiento que nos invade ante el Don de Dios… ¡Magníficat! ¡Magníficat! (Lc 1,46). Y hay otra cosa: en el “reconocimiento” está el “nacimiento”, y vivir el reconocimiento es entonces nacer a una nueva relación al otro por una comunión profunda”.

Desde el silencio surge una pregunta: ¿Qué nos aconsejas, María, en este tiempo de incertidumbre mundial?

Vuelvo al silencio. Sólo desde ahí se puede escuchar si hay respuesta. La hay.

¡Cuidaos!… cuidaos unos a otros. Ayudaros a levantar, a poneros en marcha. Entrad en relación, reconoceros unidos y juntos en la vida.

¡Cuidaos!… no os lo van a dar hecho. El camino que habréis de recorrer exige otra forma de vivir. Cuando el cuidado, la hospitalidad y la acogida superen al individualismo, el poder del dinero y el miedo a quienes no entiendan, empezareis a sentir que algo nuevo está surgiendo.

¡Cuidaos!

Gracias, María, teóloga del cuidado, la hospitalidad, la acogida… de la palabra justa y de la infinita escucha.

Mari Paz López Santos

Para FEDULTA 15 agosto 2020

 

(*) “LA CASA EN EL PUENTE – Christophe Lebreton: Huésped sin fronteras”, Cecilia Avenatti de Palumbo, Alejandro Bertolini, págs. 136-137, AGAPE LIBROS 2017-Argentina, Grupo Editorial FONTE-Monte Carmelo 2019.

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“No fiestas”, pero una gran celebración: La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

im22090asuncion-maria-02jpgDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. nota previa: el dogma de la asunción.

        La tradición de venerar a la Virgen proviene desde el comienzo de la Iglesia. El Concilio de Éfeso (año 431) proclamó que María era theo-tokos: madre de Dios (la que ha dado a luz a Dios).

Sin embargo la definición del dogma de la Asunción es muy reciente. Fue el papa Pío XII, quien proclamó el 1 de noviembre de 1950, que María, la madre del Señor fue llevada a los cielos en cuerpo y alma. María, la persona de María está en Dios.

        ¡Cómo no vamos a creer que María terminó con su Hijo, Jesús, en la casa del Padre, en el cielo!

  1. “no fiestas”

        Debido a la pandemia que nos asola y, por desgracia, parece que rebrota, este año no se celebran fiestas en nuestros pueblos y ciudades. De ahí que los medios de comunicación e instituciones repitan como un “sonsonete”: “no fiestas”. Probablemente sea una buena medida sanitaria, pero la Asunción es una fiesta llena de vida, de gozo y esperanza.

Celebremos con gozo la Asunción.

        El relato evangélico de hoy está lleno de vida: la Asunción está llena de gozo y esperanza.

        Dos mujeres que están creando vida, de qué van a hablar si no es de la misma vida, llenas de alegría, esperanza y, quizás, algo de preocupación.

  •  El encuentro de dos familias, dos mujeres que están gestando dos nuevas vidas: María e Isabel, Jesús y Juan.
  •  Bendita entre las mujeres
  •  La criatura salta de alegría en el seno materno de Isabel
  •  María canta a Dios: Proclama mi alma
  •  Se alegra mi espíritu en Dios.
  •  Le felicitarán todas las generaciones.

Sabemos que la vida tiene dificultades, pero la existencia humana es encuentro, es crear vida, es bendición, es alegría, es felicitarse por las pequeñas -y las grandes- cosas que el ser humano hace.

  1. FIESTA DE ESPERANZA.

La fiesta de la Asunción, como todo el cristianismo es esperanza. Nuestro futuro absoluto está “allá”, en el cielo.

Pensando en voz alta: nuestra civilización ha sustituido la esperanza por el progreso y la ciencia. Confiamos en el progreso pero no tenemos esperanza. Los más interesados confían en la vida política. Sin embargo ni el progreso, ni la ciencia, ni la política terminan de dar razón a nuestras vidas, ni a nuestro horizonte y, menos, a nuestra muerte. El progreso es lo que es y da lo que da de sí. Pero no se puede decir que, porque un caníbal o el hombre de la cueva de Santimamiñe utilice microondas, plato, cuchillo, tenedor y servilleta, haya progresado mucho la humanidad.

        El futuro y la plenitud absolutas está en el “más allá”, o si no, no hay un futuro dotado de sentido.

La existencia llena de esperanza absoluta vive no fácil, pero sí serenamente las cuestiones de la vida: la libertad, la culpa, la gratuidad, la familia, el sufrimiento, el pueblo, el futuro.

        Nuestra meta está en el cielo de la Ascensión de Cristo y de la Asunción de María.

  1. vacaciones.

        Este año la cosa está más difícil, pero el mes de agosto, el verano suele ser el tiempo clásico de vacaciones.[1]

Cuando las cosas están “en su sitio”, es bueno celebrar los contenidos de la vida: el cumpleaños, un aniversario, un nacimiento en la familia, un éxito, etc. Se celebran contenidos

        Hoy en día celebrar, lo que se dice celebrar, celebramos poco o nada. Tenemos más vacaciones y más días libres que nunca, pero celebramos poco. El “botellón” de San Fermín es lo mismo que la zafiedad de los carnavales o del turismo sexual, pero eso no es celebrar, eso es una explosión de dionisios.

Y lo que es más grave, hoy podríamos aplicarnos aquello de que: para qué queremos canciones, si no tenemos nada que cantar

        La fiesta de la Asunción es el contenido del día de hoy. Los cristianos disfrutamos de la vida y de la fiesta con el gozo profundo de que nuestra esperanza y nuestro futuro están en Dios.

  1. La Asunción.

        La Virgen María, Jesús completaron su existencia en Dios. Algo de eso es lo que significan las fiestas de la Ascensión (Jesús) y la Asunción (María). Habremos de acallar nuestra curiosidad de cómo sea ese final, el cielo. Podemos tener dificultades sobre el cómo será, dónde, cuándo, etc., pero mantengamos firme la esperanza de que “será”. Confiemos en que será.

        Nuestro final es el mismo de Jesús y de María: el cielo. También para nosotros se abrió en el cielo la casa de Dios. (Apocalipsis).

[1] La palabra vacaciones bien del latín: vacuo: vacío.

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30-31 de mayo del 2020 Pentecostés con los once, las mujeres, María y los hermanos de Jesús: Eclosión de vida, ocultamiento de mujeres

Sábado, 30 de mayo de 2020

Pentecostes_0c883f5a325ae5bb91169650abffa9d9Del blog de Xabier Pikaza:

Hech 1, 13-14: Vigilia por excelencia, la Gran Noche de espera de creación de los cristianos

Expuse hace dos días la promesa de Jesús, según el Evangelio de Juan: Conviene que  me vaya, para que venga el Espíritu. Esta noche, 30-31 de Mayo, en el contexto de Pentecostés, celebramos  el cumplimiento de esa promesa:

«Subieron a la sala superior donde se alojaban. Eran Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo y Simón el celota y Judas el de Santiago. Todos estos perseveraban con un mismo interés en la oración, junto con algunas mujeres y María, la madre de Jesús, y sus hermanos» (Hch 1,13-14).

¡Un lujo, un robo/ocultamiento de mujeres!

 Un lujo de mujeres: Ciertamente, están once (Doce menos uno), lo que queda del proyecto  fracasado de los Doces de Jesús… Pero todo lo demás son casi sólo mujeres: las mujeres sin más, es decir, las compañeras de Jesús, a las que se añade  María, su madre, y un un grupo de hermanos/familiares de Jesús, entre los que puede haber varones (Santiago, Cleofás…), pero entre los que hay sobre todo mujeres.  Éste es un campo poco estudiado de la historia primitiva de la Iglesia, en la que intervienen, sobre todo, mujeres de la familia de Jesús.

16.4.1.El-Descenso-del-Espiritu-Santo_Evangelio-de-Rabula_siglo VIUn robo de mujeres. Basta fijarse en las “imágenes” canónicas, es decir, oficiales de Pentecostés. Sistemáticamente se han borrado las mujeres “amigas” de Jesús (con Magdalena, Salomé…) y las mujeres de la familia (entre ellas varias marías). Este es un “robo inocente”, es decir, no intencionado… y por eso peor, más delictivo. Es el robo no leer los textos, de respetar los orígenes… En el Pentecostés del libro de los Hechos la mayoría son mujeres… Pero todas han sido borradas,  para quedar sólo con Doce Varones (¡olvidando que son once fracasados)… y una mujer de honor en medio.

    Muy piadoso el icono de los Doce Obispos con la Madre en el centro… olvidando la función de la Madre de Jesús… con el sentido de los once primeros. Hay mucho camino recorrido, pero mucho que tiene que ser desandado, para retomar la marcha en la buena dirección.

Esta representación oficial de Pentecostés en la Iglesia ha sido un robo de mujeres. Ha servido para exaltar a Once varones santos (todos los clérigos de la iglesia posterior), con una mujer  única, que es muy-muy importante, pero que no es la única, ni está cumpliendo aquí (en estos iconos de los doce con ella) su verdadera función evangélica.

 El 95% de las representaciones de Pentecostés ponen a 11/12 varones que se han “apoderado” del Espíritu de Jesús, con una mujer en medio (que es la Madre, muy importante como signo, pero sin autoridad real). Haced un esfuerzo, buscad en google: Pentecostés, imágenes o iconos. Tendréis que sudar para encontrar un pentecostés de mujeres (1):

Quién es quién en Pentecostés de Hechos

Primero están los once varones, cuyos nombres se citan expresamente (cf. también Lc 6,14-16, pero con judas).Son un grupo importante, pero no son los “Doce para siempre”. Ellos garantizan la continuidad entre la vida-mensaje de Jesús y el comienzo de la Iglesia. Pero no están todos… Son once, número siempre imperfecto… El Espíritu Santo no viene sobre el “colegio apostólico”, porque el colegio se ha roto en la muerte de Jesús y todos los esfuerzos por recrearlo han sido vanos. Son importantísimos, son esenciales….

Pero son el grupo fracasado de Jesús, y sólo desde ese fracaso pueden volver a empezar… Hecho los pone al principio, pero no son el principio del principio de la Iglesia, donde aparecen con igual o más importancia las mujeres de la cruz, de la tumba vacía y de la pascua. Los iconos de Pentecostés les  ponen sin embargo sólo a ellos, con la madre. Menos mal que hay algunos clásicos como El Greco que meten alguna mujer más junto a la Madre.

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Junto a los once están las mujeres. El texto (syn gynaixin) resulta indeterminado y podría referirse a diferentes tipos de personas (por ejemplo a las esposas de los apóstoles). Pero es evidente que en el fondo de Lc-Hch ellas son, al menos, las mujeres que acompañaron a Jesús desde el principio: María Magdalena, Juana, la mujer del funcionario Cuza, Susana y muchas otras (cf Lc 8,3). Han servido a Jesús, le han visto morir (Lc 23,49); son testigos de su entierro (Lc 23,55-56) y, sobre todo, testifican el misterio de su tumba abierta (Lc 23,56-24,11)14.

Sin su presencia en la primera comunidad la Iglesia hubiera perdido un elemento fundante de la historia y plenitud del Cristo. Todo nos lleva a pensar que el Pentecostés de la Iglesia empezó con ellas. Ellas fueron las primeras que recibieron el Espíritu de Jesús, en un lugar familiar, llamado el “cenáculo”, que es algo así como el lugar donde ellas recrean la comunidad de Jesús… Sin estas mujeres no había habido Pentecostés. Éste es su lugar, el Cenáculo de la Iglesia, la Cámara del Espíritu Santo, según la tradición: 

2574802Están, al mismo tiempo, los hermanos/as de Jesúsque forman un grupo bien determinado, como en 1 Cor 9,5 (tois adelphois autou). Pertenecen a la familia del Señor, interpretada en un sentido extenso, como entonces se entendía en el oriente 15: Ellos ofrecen el testimonio de la humanidad de Jesús, de su familia, tan insignificante, perdida y poco culta, en Nazaret de Galilea (cf. Mc 6,1-6). Han sido en un principio adversarios de Jesús y han rechazado su camino mesiánico (cf. Mc 3,20-21.31-35; Jn 7,3.5.10). Pues bien, en un momento determinado, quizá a partir de la experiencia pascual de Santiago (cf. 1 Cor 15,7), que aparece como portavoz , estos familiares han aceptado a Jesús (cf. 1 Cor 9,5; Gál 1,19), formando con los once  y mujeres amigas el principio de la nueva Iglesia.

   Lo más sorprendente de estos hermanos/as de Jesús de los que nos habla con toda precisión Mc 3 y M 6, están representados básicamente por mujeres.  En contra de la visión que ofrece Pablo de los “hermanos-varones” de Jesús, el evangelio de Marcos (con los otros tres) ofrece una auténtica saga de las hermanas/familiares de Jesús. Ellas forman con las mujeres/amigas el principio de Pentecostés.

mujeres-1080x627Ellos aportan la prueba de los orígenes de Jesús, el recuerdo de su familia concreta entre los hombres. Un Jesús sin hermanos, sin crecimiento compartido, sin tradición asumida crítica-mente no sería verdaderamente humano.

En medio, entre las mujeres y los  hermanos de Jesús, está su madre, a la que se llama con su nombre,  María. Literariamente (si el kai, es decir “y” que le une a las mujeres ) se podría suponer que ella está integrada en el grupo de mujeres. Habría, según esto, tres grandes componentes de la Iglesia: apóstoles, mujeres y parientes. Sin embargo, es mucho más probable que ese kai (y) que le vincula a mujeres-parientes sea disyuntivo, de modo que ella forme grupo aparte. María tiene su propia personalidad, aporta una experiencia irrepetible y diferente en el conjunto de la Iglesia17. Así lo suponemos en las notas que ahora siguen.

Qué hace cada grupo

Para entender lo que implica el surgimiento de esta primera comunidad donde se encuentra María como miembro distinguido, es conveniente que tracemos, al menos de manera hipotética, el transcurso de los hechos que van de la pascua a Pentecostés

Los once, impactados por el juicio-cruz, se han dispersado, volviendo a Galilea, donde el mismo Jesús vuelve a su encuentro (cf. Mc 16,7; Mt 28,7.10). Parece seguro que en esta conversión pascual ha intervenido poderosamente Simón (cf. Lc 22,32; 24,34; 1 Cor 15,5), que ahora confirma su nombre de Cefas-Pedro, fundamento de la Iglesia 19. Evidentemente, la experiencia pascual les lleva a Jerusalén, donde esperan la revelación definitiva de Jesús, Mesías de Israel, Hijo de Hombre escatológico. Pero ea conversión de Simón está vinculada de manera radical a las mujeres amigas de Jesús, según Mc 16, 1-8. Sin ellas no habría podido haber Pentecostés en la Iglesia.

PentecostesLas mujeres han quedado desde el principio en Jerusalén, donde han encontrado el sepulcro abierto. No sabemos cómo han seguido actuando después. ¿Han corrido a Galilea para comunicar su experiencia a los apóstoles? (cf. Mc 16,7; Mt 28,10). No podemos precisarlo. Lo cierto es que han hecho lo que han hecho: Unas mujeres nos han sobresaltado, dicen los de Emmaús (Lc 23). Sin este sobresalto de las mujeres no habría existido Pentecostés. Lo cierto es que las hallamos luego en Jerusalén, formando la primera Iglesia, con los apóstoles.

Estas mujeres forman el sobresalto fundante de la Iglesia…, ellas han sido y siguen siendo Pentecostés… por más que una y otra vez, pintores de cuadros y jerarcas varones de la Iglesia las hayan expulsado fuera del lugar oficial del Espíritu Santo…  Sin ellas no puede hablarse hoy de Pentecostés de la Iglesia

Sobre la integración de los parientes/hermanos de Jesús  sabemos poco, quizá porque estudiamos poco las cosas profundas.   Podemos suponer que ellos hicieron un  fuerte por Jesús, un duelo transformado en experiencia pascual de resurrección y de Pentecostés. Según la costumbre judía, la madre y hermanos se habrían reunido una semana y luego un mes en llanto riguroso y luto por Jesús, el muerto. En un momento determinado, quizá por el testimonio de las mujeres, quizá por eclosión interior, su llanto se hizo fiesta, la ausencia de Jesús se volvió Pentecostés(2).

   Este Pentecostés de los “hermanos/hermanas” de Jesús fracaso en un sentido… Triunfaron los pagano-cristianos, con Pablo. Quedó asfixiada la Iglesia judeo-cristiana de los hermanos/hermanas de Jesús, “cogidos” como entre un pinza, entre los cristianos gentiles y los judíos rabínicos… Estos hermanos/hermanas de Jesús tienen que ofrecernos todavía su versión de Pentecostés, para que la iglesia renazca de verdad. 

María, la madre. En este espacio pascual, que ha de entenderse como nuevo nacimiento, encontramos a María. Ella, que había recorrido un largo camino de fidelidad fundado en la presencia maternal y engendradora del Espíritu (cf. Lc 1,26-38), debe caminar de nuevo, muriendo con Jesús y renaciendo en el conjunto de la Iglesia. Pues bien, ahora no se encuentra sola, no tiene una palabra propia, aislada, irrepetible (como en Lc 1,38). Su palabra se ha vuelto universal y su experiencia es experiencia de todos los creyentes que, en torno a ella, esperan la plenitud de Jesús resucitado.

¿Qué hacen los diversos miembros Iglesia reunidos? Quizá al principio lloraban por el hijo, hermano, amigo asesinado. Pero el llanto se convierte en gozo (cf. Jn 20.11-18), el dolor en nuevo nacimiento (cf. Jn 16,19-21). Enriquecidos por la nueva presencia de Jesús, sus fieles se han juntado porque esperan ya el fin de este mundo. El mismo Señor había anunciado la llegada de su Reino

Unión y oración

¿Esperaban la llegada del Reino de Dios?  Así lo supone la pregunta del “día” de la Ascensión: «¿Es este el tiempo en que vas a establecer el reino de Israel?» (Hch 1,6). Jn 20,19 nos dice que los fieles de Jesús se hallaban reunidos con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. En una actitud semejante, de gozo desbordado y de temor, parecen encontrarse los grupos de que trata Hch 1,13-14. Dos son las palabras que describen su experiencia: unanimidad y plegaria. 23

Los fieles se mantenían unánimes (homothymadon), en gesto que recuerda y anticipa la actitud posterior de la Iglesia ya constituida (Hch 2,44-47; 4,32-35). Pues bien, en nuestro caso, la nueva comunión no es todavía consecuencia del Espíritu, que debe revelarse. La comunión deriva de Jesús y es principio de manifestación definitiva de su Espíritu. Hasta ahora los diversos grupos se encontraban separados: apóstoles, hermanos, mujeres… La misma madre de Jesús había hecho su camino aislada. De ahora en adelante todos ellos forman como un cuerpo, van constituyendo y realizando esa nueva personalidad comunitaria que es la misma verdad personal del Espíritu de Dios que se explicita sobre el mundo.

Los fieles se mantienen en plegaria, se reúnen para orar (en proseukhé).El texto posterior dice que «estaban sentados» (Hch 2,2), quizá en actitud litúrgica de celebración del pentecostés judío. Ciertamente, su plegaria se halla abierta hacia el futuro de Jesús a quien esperan como el gran libertador, que ha de venir a transformar su vida antigua, inaugurando el Reino sobre el mundo.

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Hágase

Sábado, 11 de abril de 2020

SÁBADO SANTO: ¡HÁGASE!

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Mujer de pocas palabras y gran silencio sonoro. María, no dijo simplemente “sí”. Dijo ¡hágase!, porque su silencio, su confianza y su espera son activas. Al pie de la Cruz, en la entrada del sepulcro o llorando su dolor en privado, María, como también lo hizo Jesús,  sigue diciendo en su interior a Dios, ¡hágase!. Sigue esperando, aún sin comprender, confiada en el plan de amor de Dios. No cierra el corazón. Mantiene la esperanza y el amor, a pesar de lo que la realidad parece decir.

¡Hágase!…hágase en mí, hágase en mí según tu voluntad
eres la Vida, el Amor, eres Verdad
¡hágase! Hágase en mí según tu voluntad

Quiero creer que tu Palabra hará brotar
cada semilla que mi alma quiere dar
te doy las gracias, sienta o no sienta que estás
pues desde siempre me llenaste de tu paz

¡Hágase!…hágase en mí, hágase en mí según tu voluntad
eres la Vida, el Amor, eres Verdad
¡hágase! Hágase en mí según tu voluntad

Sé que no puedes otra cosa más que amar
y resucitas lo que no quiero mirar
sé mi esperanza y fuerza en la debilidad
hoy quiero en Ti estar dispuesta y confiar

¡Hágase!…hágase en mí, hágase en mí según tu voluntad
eres la Vida, el Amor, eres Verdad
hágase en mí según tu voluntad
Hágase en mí
Hágase en mí según tu voluntad
Hágase en mí
Hágase en mí

  *

Salomé Arricibita

***

Fuente Fe Adulta

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Ante la Cruz…

Viernes, 10 de abril de 2020

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ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

***

Hoy la Iglesia nos invita a un gesto que quizás para los gustos modernos resulte un tanto superado: la adoración y beso de la cruz. Pero se trata de un gesto excepcional. El rito prevé que se vaya desvelando lentamente la cruz, exclamando tres veces: “Mirad el árbol de la cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo”. Y el pueblo responde: “Venid a adorarlo.

El motivo de esta triple aclamación está claro. No se puede descubrir de una vez la escena del Crucificado que la Iglesia proclama como la suprema revelación de Dios. Y cuando lentamente se desvela la cruz, mirando esta escena de sufrimiento y martirio con una actitud de adoración, podemos reconocer al Salvador en ella. Ver al Omnipotente en la escena de la debilidad, de la fragilidad, del desfallecimiento, de la derrota, es el misterio del Viernes Santo al que los fieles nos acercamos por medio de la adoración.

La respuesta “Venid a adorarlo” significa ir hacia él y besar. El beso de un hombre lo entregó a la muerte; cuando fue objeto de nuestra violencia es cuando fue salvada la humanidad, descubriendo el verdadero rostro de Dios, al que nos podemos volver para tener vida, ya que sólo vive quien está con el Señor. Besando a Cristo, se besan todas las heridas del mundo, las heridas de la humanidad, las recibidas y las inferidas, las que los otros nos han infligido y las que hemos hecho nosotros. Aun más: besando a Cristo besamos nuestras heridas, las que tenemos abiertas por no ser amados.

Pero hoy, experimentando que uno se ha puesto en nuestras manos y ha asumido el mal del mundo, nuestras heridas han sido amadas. En él podemos amar nuestras heridas transfiguradas. Este beso que la Iglesia nos invita a dar hoy es el beso del cambio de vida.

Cristo, desde la cruz, ha derramado la vida, y nosotros, besándolo, acogemos su beso, es decir, su expirar amor, que nos hace respirar, revivir. Sólo en el interior del amor de Dios se puede participar en el sufrimiento, en la cruz de Cristo, que, en el Espíritu Santo, nos hace gustar del poder de la resurrección y del sentido salvífico del dolor.

*

M. I. Rupnik,
Omelie di pascua. Venerdi santo,
Roma 1998, 47-53

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Viernes Santo. Proceso a Jesús: las diez razones de su muerte

Viernes, 10 de abril de 2020

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Del blog de Xabier Pikaza:

¿Quiénes y por qué mataron a Jesús? ¿Qué hacía Dios mientras le juzgaron?

Diez tesis para un Viernes Santo de la Pandemia

“La “no violencia” de Jesús no puede entenderse de forma intimista (huida a la interioridad), sino de transformación social, que algunos pudieron interpretar en línea de alzamiento militar, ahogado en sangre por Roma”

Introducción

Hoy es el día del Sermón de las Siete Palabras de Jesús en la Cruz, pero es también día de las Diez Razones de su condena a muerte, y así las quiero exponer sobriamente en las reflexiones que siguen.

047_1No buscó la muerte, sino  la llegada del Reino (que es vida en libertad‒sanación, desde los más pobres); pero su forma de entender el Reino le opuso (y le sigue oponiendo) a un tipo de poderes, que le condenaron a muerte, elevándose así la pregunta clave del cristianismo y quizá de toda la historia humana: ¿Quiénes y por qué mataron a Jesús? ¿Qué hacía Dios mientras le juzgaron?

  Los estudios históricos y teológicos sobre la muerte de Jesús son innumerables. Yo mismo he dedicado gran parte de mi obra a la reflexión sobre tema. Pero hasta hoy,  no me había atrevido a condensar mi estudio y respuesta en 10 tesis centrales y breves y breves como las que siguen.

Aprovecho la ocasión para hacerlo en este Viernes Santo de la Pandemia, pensando que puedo ofrecer alguna ayuda o motivo de  reflexión (¡y evidentemente de discusión o  crítica) a los lectores de este blog. Presento las 10 tesis  de forma expositiva, sin discutir sobre ellas, aunque las notas finales pueden ir en esa línea [1].

Quizá desarrolle este decálogo en otro lugar; aquí lo ofrezco sólo como principio de un mejor conocimiento y de una más honda reflexión en un día de Viernes Santo. Mañana ofreceré, Dios mediante, algunas razones ulteriores.

Imágenes. (1) Visión de Rembrandt  (2) Colina de las Cruces de Vilnius, Lituania. (3)cruz de Kurutziaga, de Durango (anverso y reverso). (4) Cristo de Velázquez.(2)”Historia de Jesús”, donde desarrollo temáticamente estas tesis.

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Diez tesis

  1. La muerte de Jesús fue un hecho histórico, y así lo ha entendido no sólo el NT, sino la Iglesia posterior (hasta el día de hoy), en contra de un tipo de gnosis que tiende a interpretarla de puramente imaginativa. Otras religiones como el hinduismo o el budismo pueden ser “verdaderas” aunque no haya existido Krisna o Buda, pues son símbolos del hombre liberado o perfecto, más que hombres reales. Por el contrario, la verdad del cristianismo, conforme al testimonio y teología del NT, está vinculada a la muerte real de Jesús, asesinado (ajusticiado) de hecho por hombres concretos, no por espíritus celestes o demonios, como se podría afirmar en una línea gnóstica, a partir de 1 Cor 2, 8, donde parece indicarse que los culpables de la muerte de Jesús fueron “espíritus cósmicos”, que ignoraban su verdadera identidad.
  2. Fue condenado y murió a causa de aquello que había proclamado y realizado. No le mataron por casualidad, ni por ignorancia, sino a sabiendas, de forma que la palabra “perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 24) no puede entenderse en sentido histórico sino teológico, pues históricamente aquellos que dictaron, ejecutaron o avalaran su condena (el gobernador romano y en otro sentido los “sumos” sacerdotes) sabían lo que hacían (o permitían), pues tenían datos suficientes para juzgarle culpable de alterar el orden público, poniendo en riesgo el “sistema” de poder en Palestina (Jerusalén), en días de pascua[2].
  3. Fue ajusticiado por el gobernador romano, Poncio Pilato, que en un sentido político cumplió su deber como funcionario del Imperio. Él fue por tanto el responsable de la condena y muerte, y le mandó crucificar, porque descubrió (desde su nivel de jerarca imperial) que era un rebelde político, provocador y peligroso para la “pax romana”, fundada en el “orden” de las armas y en la superioridad económico‒política del imperio (cf. Mc 10, 41‒45). Todo intento de disculparle resulta equivocado y falso. Pilato hizo lo que hacen los imperios, en la línea de lo que han mostrado los capítulos anteriores de esta teología[3].
  4. Pero, en otra línea, los cristianos pusieron de relieve la responsabilidad de los “sumos sacerdotes”, diciendo que “colaboraron” en la condena, al menos por “dejación” de autoridad. A la “provocación” de Jesús, que he detallado en los capítulos anteriores, respondió el rechazo de los sacerdotes, que eran (bajo supervisión de Roma) responsables de un tipo de paz socio‒religiosa en Jerusalén. Ciertamente, ellos no le mataron, pero la tradición cristiana les ha considerado responsables, por no haber acogido el mensaje de Jesús, ni defenderle ante Pilato (aunque más responsables han sido, en línea cristiana, los mismos discípulos, que le abandonaron en la muerte). En ese sentido, la condena de Jesús forma un eslabón (quizá el más importante) de la cadena de enfrentamientos intra‒judíos que jalonan la historia y teología de la Biblia, y su muerte se sitúa en el contexto de la lucha del auténtico Israel frente a las potencias imperiales (¡le ha condenado Roma, tomando así el lugar de la antigua “Babilonia”, cf 1 Ped 5, 13 y Ap 17‒18), siendo, al mismo tiempo, un capítulo clave del “enfrentamiento” de unos judíos con otros, como en la crisis de los macabeos (cf. cap. 12).
  5.  Jesús promovió un movimiento de paz, pero su proyecto estuvo “rodeado” (amenazado) de brotes violencia, en un contexto donde los intereses y motivos se entrecruzan con frecuencia. Él había sido discípulo de Juan Bautista, que esperaba la llegada del juicio de Dios junto al Jordán, sin provocar un tipo de revolución armada, siendo a pesar de ello asesinado por el tetrarca Herodes Antipas, por miedo a que su mensaje levantara en armas al pueblo. Pues bien, Jesús era más peligroso que el Bautista, porque realizó su misión en Galilea, y comenzó a realizar allí sus signos de reino (los ciegos ven, los hambrientos comen, los pobres son evangelizados…), en contra del mismo Antipas, para plantear su alternativa en Jerusalén. Ciertamente, él no promovió un alzamiento militar, y su proyecto de Reino implicaba un programa radical de no violencia activa, partiendo de los pobres y enfermos; pero muchos “israelitas” se irritaron ante su Evangelio, porque se centraba en la acogida a los proscritos, la renuncia al dinero y la superación de un orden sagrado de la nación[4].
  6. Posiblemente, los crucificados, a la izquierda y derecha de Jesús, formaban parte de su movimiento, pues los textos les presentan como como lêstai o bandidos, palabra que entonces se aplicaba a los miembros de la resistencia militar judía contra Roma. Por su parte, la comparación con Barrabás, que era también un “lêstes, aunque pueda ser más simbólica que histórica, sitúa a Jesús en un contexto de “tensión” anti‒romana. Finalmente, el hecho de que los dos lêstai fueran crucificados a su derecha e izquierda supone que, a los ojos de Roma, ellos eran o se tomaban como miembros de su movimiento[5].
  7. El conjunto del NT supone que los discípulos de Jesús le abandonaron y escaparon, aunque no resulta claro que lo hicieran todos, pues el gesto ha sido interpretado a la luz de Zac 13, 7 (“heriré al pastor y se dispersarán las ovejas…”, cf. Mc 14, 27‒28 par.) y de la historia posterior de la Iglesia, como retorno a Jesús tras la traición. Ciertamente, no parece que Pilatos ordenara una persecución sistemática contra los discípulos de Jesús, sino que debió pensar que la muerte del “maestro” y de algunos compañeros bastaría para que se detuviera el movimiento. De todas formas, según la tradición de fondo de los evangelios, es muy probable que buena parte de seguidores directos de Jesús tuvieron miedo y escaparon[6].
  8. El Imperio (Roma) mandó matar a Jesús, pero cierta tradición cristiana ha tendido a exculpar a los romanos y acusar a “los judíos”, aunque sabe y dice siempre que fue el gobernador quien le condenó de hecho, mandando que le ejecutaran, como judío rebelde contra Roma, poniendo en el letrero de la condena “rey de los judíos”. La muerte de Jesús forma parte de la lógica de Roma, era un elemento del orden de su imperio, y no hacía falta resaltarlo (como dice el credo cristiano: Murió bajo Poncio Pilato). A Jesús no le mataron los judíos, sino el Imperio de los césares, ejecutándole precisamente como “rey de los judíos” (es decir, como representante de los judíos, a pesar de la protesta histórica o simbólica de los sacerdotes, que no querían que él apareciera como “rey de los judíos”: Jn 19, 22). Los primeros cristianos no tuvieron duda de la responsabilidad de Roma, pues sabían bien cómo respondía Roma en casos de posible rebelión[7].
  9. De un modo comprensible, la tradición cristiana, a partir de los evangelios, ha insistido en la culpa de las autoridades judías, no por simple resentimiento, sino por exigencia teológica, pues Jesús había presentado su mensaje como sentido y culminación del judaísmo (es decir, del A). La cuestión de fondo de los primeros cristianos se relacionaba con el judaísmo en su conjunto, más que con Roma (aunque Roma esté en el fondo) como vengo indicando en esta Teología. En ese sentido, el primera problema de los cristianos no era que Roma hubiera condenado a muerte a Jesús, sino que las autoridades de Israel (en especial las del templo) no le hubieran creído y acogido, inhibiéndose en el fondo ante su condena[8].
  10. En general, los apocalípticos del AT habían condenado a los imperios como responsables de la muerte de los justos.Pero ya los profetas (con el Pentateuco) habían echado la culpa también (y sobre todo) a los israelitas. Pues bien, en esa línea radicalmente bíblica se sitúan los evangelios que, razonando desde el interior de la tradición judía, insisten en su responsabilidad judía. De un modo consecuente, tanto los sinópticos como Juan, de manera muy bíblica, en perspectiva teológica, insisten en la responsabilidad de un tipo de judaísmo, y lo hacen recogiendo la tradición de Isaías y de Jeremías, de Amós, Oseas y Ezequiel: La muerte de Jesús forma parte de la historia de pecado y gracia del pueblo de Israel, de forma que puede y debe interpretarse desde un tipo de “fuerte conflicto” interior al mismo AT. En esa línea, los evangelios afirman que la clave “teológica” (no simplemente histórica) de la muerte de Jesús ha sido la “traición” (=entrega) de los sacerdotes de Jerusalén, que no le han aceptado, dejándole de hecho en manos de la autoridad romana, que le ha crucificado sin miramiento alguno (por rutina). En esa misma “entrega” incluyen los evangelios la “traición” de los (=de la mayoría de los) discípulos de Jesús[9].

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Conclusión (pinchar las imágenes para agrandarlas)

Durango_-_Museo_Kurutzesantu_(antigua_Ernita_de_la_Vera_Cruz)_y_Cruz_de_Kurutziaga_14zatiak 109 copia_500Conforme a lo anterior, al presentar la muerte de Jesús como lo hicieron, los judeo‒cristianos se enfrentan, desde el fondo de su propia tradición (como judíos radicales), con la autoridad del templo a la que acusan (de forma retórico‒teológica) de haber abandonado a Jesús, y en el fondo de haberle entregado (dejado en manos) de los romanos. Leídos así, paradójicamente, como interpretación de la muerte de Jesús, los relatos de la pasión y muerte de Jesús definen el sentido de la teología bíblica, separando las dos ramas en la que se divide y culmina la teología bíblica judía: la rabínica y la cristiana.

 ‒ Por un lado, la interpretación rabínica (que se ha impuesto desde el siglo II‒III en el judaísmo nacional) puede entender la muerte de Jesús como un acontecimiento muy doloroso de la historia martirial de Israel, pero no como revelación definitiva de Dios y cumplimiento de la misión y teología israelita. En esa línea, el cristianismo ha sido una “desviación” fecunda, pero dolorosa y parcial (=no verdadera) del auténtico y eterno Israel, representado todavía hoy (año 2020) por el pueblo de la alianza.

‒ Por otro lado, los cristianos han interpretado esa muerte como cumplimiento y verdad de la teología de Israel, en la línea de otros acontecimientos, como la destrucción del reino y del templo (año 587 a.C.), que obligan a re‒interpretar toda la teología bíblica. En esa línea, ellos se consideran el auténtico Israel, como saben tanto Pablo como el evangelio de Mateo. De esa manera, desde ese fondo, se dividen y distinguen hasta hoy la interpretación rabínica y la interpretación cristiana de la Teología Bíblica de Israel[10].

NOTAS

[1] Cf. E. Bammel, (ed.), The Trial of Jesus, SCM, London 1970; F. Bermejo, La invención de Jesús, Siglo XXI, Madrid 2018, J. Blinzer, El proceso de Jesús, Litúrgica, Barcelona 1958; S. G. F. Brandon, The Trial of Jesus, Stein and Day, New York 1968; R. E. Brown, La muerte del Mesías I-II, Verbo Divino, Estella 2004/2006; J. Carmichael, The Death of Jesus, Dell, New York 1962; H. Cohn, The Trial and Death of Jesus, KTAV, New York 1977; Der Prozeß und Tod Jesu aus jüdischer Sicht, Insel V., Frankfurt/Main 2001; J. D. Crossan, Who Killed Jesus?, Harper, San Francisco 1996; El nacimiento del cristianismo, Sal Terrae, Santander 2002; A. J. Dewey, The death of Jesus: the fact of fiction and the fiction of fact, Berghaus, Mülheim/Ruhr 2002, 71-82; P. Egger, “Crucifixus sub Pontio Pilato“, NTA, Münster 1997; J. B. Green, The Death of Jesus, WUNT 33, Tübingen 1988; G. D. Kilpatrick, The Trial of Jesus, Oxford UP 1953, S. Legasse, El proceso de Jesús, I-II, Desclée de Brouwer, Bilbao 1995/6; E. Lohse, Märtyrer und Gottesknecht, Vandenhoeck, Göttingen 1963; S. J. Patterson, Beyond the Passion. Rethinking the Death and Life of Jesus, Fortress, Minneapolis 2004; R. Pesch, The Trial of Jesus Continues, Pickwic, Allison Park 1996; X. Pikaza, Historia de Jesús, Verbo Divino, Estella 2015; W. Popkes, Christus, Zwingli V., Zürich 1967; H. Schürmann, ¿Cómo entendió y vivió Jesús su muerte?, Sígueme, Salamanca 1982; O. H. Steck, Israel und das gewaltsame Geschick der Propheten, WMANT 23, Tübingen 1967; P. Winter, El proceso a Jesús, Muchnik, Barcelona 1983.

Editorial Verbo Divino :: Historia de Jesús

[2] La declaración “no saben lo que hacen”, se sitúa en la línea de 1 Cor 2, 8 (ninguno de los “príncipes” de este mundo lo conocieron), pero ha de entenderse en un sentido radical cristiano, como ignorancia del misterio de Dios y de su revelación: Ni los “ángeles cósmicos”, ni los gobernantes del mundo pudieron captar el sentido del mensaje de Jesús, ni lo que Dios estaba realizando en él; no entendieron la verdad (condena y salvación) de su muerte, tal como se expresa en la confesión del NT. Pues bien, en contra de eso, la Teología Bíblica Cristiana (preparada en los capítulos anteriores, y ratificada en los que siguen) es un intento de comprender y de aceptar el sentido radical de la muerte de Jesús.

a20-cristo-crucificado-1631-32[3] No se puede afirmar que le mataron los judíos ni en general ni en particular (no le condenó y ejecutó Caifás, sino Poncio Pilato, como sigue diciendo el credo cristiano). Los sacerdotes del templo y otros grupos de Jerusalén pudieron colaborar, más por omisión que por “comisión directa”, pues ellos no le mataron (no le apedrearon, según ley judía), sino que él fue crucificado por el Imperio (Roma), con una muerte propia de esclavos y rebeldes políticos, como un “lestês”, bandido y jefe de bandidos (no como “hereje” judío). De todas formas, la muerte de Jesús, siendo expresión de su fidelidad mesiánica, fue y sigue siendo un momento clave de una “lucha intraisraelita” que hemos ido descubriendo en el AT, desde el surgimiento de los grupos judíos en torno a la caída de los reinos y el comienzo del exilio, pasando por la restauración del s V‒IV a.C., hasta las disputas intra‒israelitas del tiempo de los macabeos y Daniel (cf. cap. 6 y 12).

[4] El mensaje de Jesús alimentaba, en el contexto social y militar de Palestina, una esperanza de transformación, de manera que parecen haberse alistado en su movimiento partidarios de un tipo de rebelión armada, como deja traslucir la propuesta de Pedro en Cesárea de Felipe (cf. Mc 8, 8, 27‒30) y la de los zebedeos (Mc 10, 35‒40), lo mismo que el gesto de aquellos que quisieron apelar a la espada en el Huerto de los Olivos (Mc 14, 32‒42), con la escena inquietante de los discípulos que dicen “aquí hay dos espadas”, a lo que Jesús responde “basta” (cf. Lc 22, 38). La entrada y proyecto de Jesús en Jerusalén podía desembocar en un enfrentamiento entre sus partidarios y los soldados romanos (con los paramilitares del templo), como temió Poncio Pilato y como supieron Caifás y los sumos sacerdotes (cf. Jn 11, 50). Jesús actuó de un modo pacífico, buscando la llegada del Reino al margen de los imperios (en especial del de Roma), pues él buscaba la transformación del “judaísmo” en línea de comunión y amor a los enemigos (sin apoyarse en la sacralidad del templo); pero su gesto podía suscitar sospechas de diverso tipo, y quizá no todos sus seguidores fueron sin más “pacifistas”.

[5] Según Lucas, uno de los crucificados le acusa de haber “fracasado” (¿No eres el Cristo? ¡Sálvate y sálvanos!), como indicando que él (Jesús) debería haber triunfado, para liberarse y liberarlos de la muerte (a ellos y a sus seguidores o simpatizantes; cf. Lc 23,39). La acusación supone (al menos en la mente del evangelista) que ese crucificado podría haber sido un seguidor de Jesús, que se sintió engañado, acusándole de habeer sido incapaz de vencer. Ése es un tema latente en la huida de los seguidores de Emaús en Lc 24, 13‒32 y en la pregunta de los discípulos de Hch 1, 6). Por su parte, el otro crucificado, que pide a Jesús “que le recuerdo cuando llegue a su Reino”, parece indicar que creído en él, como si hubiera participado de alguna forma en su movimiento (Lc 39, 40‒43). No es seguro que los crucificados con Jesús hubieran sido partidarios de su movimiento, condenados por ello con él (¡como dos seguidores o soldados, uno a su derecha, otro a su izquierda), pero es al menos probable y nos lleva a suponer que algunos de sus partidarios entendieron su propuesta en forma de alzamiento y lucha contra Roma. Según eso, la “no violencia” de Jesús no puede entenderse de forma intimista (huida a la interioridad), sino de transformación social, que algunos pudieron interpretar en línea de alzamiento militar, ahogado en sangre por Roma.

historia jesús 45[6] Pero el tema no es que escaparan, sino “por qué se escaparon”. ¿Porque Jesús se dejó prender? ¿Porque su fracaso era signo de falso mesianismo? Estas preguntas nos sitúan en el centro de la teología bíblica cristiana, que se centra en el paso y continuidad de la propuesta mesiánica de Jesús (mesianismo davídico), a la nueva fe en el Cristo, Hijo de Dios resucitado (Rom 1, 3‒4). Entre un mesianismo como el de Jesús, no armado pero abierto al triunfo de Israel, en línea político‒social, y el fracaso de su muerte, con su nueva presencia pascual, abre la novedad del evangelio.

[7] Sin duda, es posible que, en momentos posteriores, cuando buscaban un lugar donde integrarse en paz en el Imperio, los seguidores de Jesús tendieran a suavizar la culpa de Roma, afirmando que Pilatos no quería matarle, pero que se vio impulsado (casi obligado) por la acusación de los sacerdotes judíos. De todas formas, el mismo hecho de que Pilato le ejecutara, pudiendo no hacerlo, constituye la prueba de su responsabilidad, y muestra que el mensaje‒camino de Jesús (con su muerte) ha de entenderse a la luz de la teología profética de Israel, centrada en la oposición entre el verdadero Israel y los imperios del mundo, desde Egipto y Babel hasta los siro/helenistas de Daniel. En esa línea se puede y debe decir que Jesús murió condenado (vencido) por la “bestia” de Roma, en contra de lo que habían “previsto” Daniel y Zacarías II al afirmar que, en el último momento, la “bestia enemiga” Israel sería derrotada ante Jerusalén (cf. cap. 12).

[8] Para los judeocristianos, el tema no era la violencia de Roma, algo que se daba por sabido, sino la “incredulidad de una parte de Israel” (en especial de los sacerdotes), como Pablo formulará 25 años después de la crucifixión de Jesús, en Rom 8‒11. El argumento central de los evangelios no es “Jesús proclamó su palabra a los romanos, y los romanos no le obedecieron”, sino “vino a los suyos y ellos no le recibieron” (Jn 1, 11‒12). En esa línea, en sentido teológico (no puramente historiográfico), los evangelios han interpretado y narrado la muerte de Jesús no sólo como resultado de su conflicto con la “bestia” de Roma, sino también y sobre todo como expresión de un conflicto intrajudío entre Jesús y los sacerdotes de Jerusalén, a los que presentan como “responsables” (bíblicos) de su condena, pues no le aceptaron como mesías de Israel, dejándole así en manos de la violencia implacable de Roma. Los evangelios han narrado así la muerte de Jesús, como resultado de un “conflicto bíblico”, al interior del judaísmo. A Jesús le mataron, ciertamente, los romanos; pero ése era un “dato” previsto y sabido; los cristianos contaban con él. Pero, al mismo tiempo, su muerte fue consecuencia de un tipo de “dejación” (o incredulidad) de los sacerdotes del templo de Jerusalén. Éste fue para ellos el heco más “sangrante”, desde la perspectiva del AT. La muerte de Jesús nos sitúa, según eso, en el centro de un tipo de “ruptura israelita”, que el NT ha querido interpretar y ha interpretado, de forma dolorosa (y a veces retóricamente exagerada e incluso “falsa”), acudiendo a la rica tradición del AT, con citas y referencias de Isaías y Jeremías, de Zacarías y los Salmos.

[9] Los relatos de la pasión (Mc 14‒15 par.) forman parte de la tradición profética (teológica) de Israel, que ha tendido a culpar al pueblo judío (israelita), más que a los imperios que han sido ciertamente (pero en otro plano) responsables de ella. En otro sentido, esos mismos relatos ofrecen un ejemplo sorprendente de “austeridad” teológica, sin intervención de ángeles y demonios, pues todo sucede como expresión de un conflicto histórico donde actúan intereses y poderes básicamente humanos, vinculados con la autoridad oficial del templo de Jerusalén, que ha dejado morir a Jesús. De esa forma, en la línea de los profetas de Israel, los evangelios han acusado de la muerte a las autoridades de Jerusalén, reinterpretando así toda la Biblia.

[10] La teología bíblica cristiana es una interpretación de la muerte de Jesús, como obra (presencia) de Dios, en una línea comparable al nacimiento del Pentateuco y de la Biblia israelita, como recreación de la historia e identidad de Israel tras la caída del reino y el exilio. En esa línea, los cristianos han debido apelar a una serie de textos y figuras del AT, desde Isaías II (siervo de Yahvé), hasta Sabiduría (justo sufriente), con pasajes de Salmos, Zacarías, Malaquías y el libro de Daniel. Por su parte, Pablo ha vinculado la muerte de Jesús con el “pecado original” de Gen 2‒6 (cf. cap. 2), de manera que la Iglesia cristiana se ha atrevido a decir que ese pecado (y su superación) han culminado y han sido superados en la muerte y resurrección de Jesús.

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“San José, ¡de tapadera, nada!”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 19 de marzo de 2020

219554df5336330bab69c04e19e01186_f1316En la Fiesta de san José que, queremos traerlo al blog y recordar su decisivo papel… Y, cómo no, felicitar a los josés y josefas y a todos los valencianos y valencianas que celebran sus fiestas…

De su blog Nihil Obstat:

Dios dirige la historia. Para ello se sirve de personas elegidas. Cada vez que hay un acontecimiento importante en la historia de la salvación, allí aparece una mujer o un varón como mediadores de la obra de Dios o transmisores de su voluntad. El acontecimiento más importante de la historia de la salvación es el nacimiento del Hijo de Dios. Para hacerse hombre, Dios necesitaba de una familia. El nombre de José está indisociablemente ligado al misterio de Jesús. Y si el ángel es un signo de que Dios se hace presente en la vida de una persona para comunicarle alguno de sus designios o para cuidarle en una situación de necesidad, Dios mismo se hizo presente a José, por medio de su ángel. Según el evangelio de Mateo a quién primero se le revela el misterio que alberga el vientre de su esposa, es a José (Mt 1,20).

Como suele suceder con todas aquellas personas a las que se les encomiendan misiones importantes, José es un hombre discreto. Su presencia es silenciosa. En la relación de José con Jesús, cabría aplicar al primero estas palabras: “es preciso que él (o sea, Jesús) crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30). José (lo mismo que su esposa) no se entiende en función de sí mismo,  sino al servicio de Jesús y de su misterio. Saber estar en función  de otro no es fácil, pero es uno de los modos más bellos de amar. El silencio de José (lo escribí en otro post), no tiene nada de ingenuo. Es el silencio del que escucha atentamente para así poder servir mejor.

José, cabeza de familia, pone nombre al niño (Mt 1,21). Los nombres (más para los antiguos que para los modernos) denotan una identidad. El nombre de Jesús significa “Dios salva”. Además de señalar la identidad del niño, José hace algo más: entronca a su hijo con el linaje de David (Rm 1,3), haciendo así posible un elemento fundamental del mesianismo de Jesús y el cumplimiento de las profecías. La necesidad de José es estrictamente teológica (tal como señalé en otro post). No hay necesidad mayor. Etimológicamente el nombre de José proviene del verbo hebreo “añadir”.  En nuestro caso, no es un añadido “desde fuera”, como una especie de tapadera prescindible, sino un añadido necesario para entender el mesianismo de Jesús.

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“La madre”. Santa María, Madre de Dios – A (Lucas 2,16-21)

Miércoles, 1 de enero de 2020

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A muchos puede extrañar que la Iglesia haga coincidir el primer día del nuevo año civil con la fiesta de Santa María Madre de Dios. Y, sin embargo, es significativo que, desde el siglo IV, la Iglesia, después de celebrar solemnemente el nacimiento del Salvador, desee comenzar el año nuevo bajo la protección maternal de María, Madre del Salvador y Madre nuestra.

Los cristianos de hoy nos tenemos que preguntar qué hemos hecho de María estos últimos años, pues probablemente hemos empobrecido nuestra fe eliminándola demasiado de nuestra vida.

Movidos, sin duda, por una voluntad sincera de purificar nuestra vivencia religiosa y encontrar una fe más sólida, hemos abandonado excesos piadosos, devociones exageradas, costumbres superficiales y extraviadas.

Hemos tratado de superar una falsa mariolatría en la que, tal vez, sustituíamos a Cristo por María y veíamos en ella la salvación, el perdón y la redención que, en realidad, hemos de acoger desde su Hijo.

Si todo ha sido corregir desviaciones y colocar a María en el lugar auténtico que le corresponde como Madre de Jesucristo y Madre de la Iglesia, nos tendríamos que alegrar y reafirmar en nuestra postura.

Pero ¿ha sido exactamente así? ¿No la hemos olvidado excesivamente? ¿No la hemos arrinconado en algún lugar oscuro del alma junto a las cosas que nos parecen de poca utilidad?

Un abandono de María, sin ahondar más en su misión y en el lugar que ha de ocupar en nuestra vida, no enriquecerá jamás nuestra vivencia cristiana, sino que la empobrecerá. Probablemente hemos cometido excesos de mariolatría en el pasado, pero ahora corremos el riesgo de empobrecemos con su ausencia casi total en nuestras vidas.

María es la Madre de Cristo. Pero aquel Cristo que nació de su seno estaba destinado a crecer e incorporar a sí numerosos hermanos, hombres y mujeres que vivirían un día de su Palabra y de su gracia. Hoy María no es solo Madre de Jesús. Es la Madre del Cristo total. Es la Madre de todos los creyentes.

Es bueno que, al comenzar un año nuevo, lo hagamos elevando nuestros ojos hacia María. Ella nos acompañará a lo largo de los días con cuidado y ternura de madre. Ella cuidará nuestra fe y nuestra esperanza. No la olvidemos a lo largo del año.

José Antonio Pagola

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“Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús”. Miércoles 1 de enero de 2020. Santa María Madre De Dios, Jornada Mundial de la Paz

Miércoles, 1 de enero de 2020

07-navidada3-cerezoDe Koinonia:

Números 6,22-27: Invocarán mi nombre sobre los israelitas, y yo los bendeciré.
Salmo responsorial: 66: El Señor tenga piedad y nos bendiga.
Gálatas 4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer.
Lucas 2,16-21: Encontraron a María y a José, y al niño. A los ocho días, le pusieron por nombre Jesús.

Litúrgicamente, hoy es la fiesta de «Santa María Madre de Dios»; es también la «octava de Navidad», y por tanto el recuerdo de «la circuncisión de Jesús», celebración judía que se celebraba al octavo día del nacimiento de los niños, y en la que se les imponía el nombre. Para nosotros, hombres y mujeres de hoy, esos tres componentes de la festividad litúrgica de hoy nos aparecen como muy lejanos, extraños, tal vez irrelevantes para nuestra vida… tanto por el lenguaje que en que son expresados, como por el «imaginario religioso» al que pertenecen…

Pero, por otra parte, hoy es también el primer día del año civil, «¡Año Nuevo!», y la Jornada Mundial por la Paz, celebración esta que, aunque originalmente procede una iniciativa eclesiástica católica, ha alcanzado una notable aceptación en la sociedad, gozando ya de un cierto estatuto civil.

Como se puede ver, pues, hay una buena distancia entre la conmemoración litúrgica y los motivos «modernos» de celebración. Esta distancia, que se repite en otras fechas, con bastante frecuencia, habla por sí misma de la necesidad de «actualizar» el calendario litúrgico, y, mientras esa tarea no sea acometida oficialmente por quien corresponde, será preciso que los agentes de pastoral tengan creatividad y audacia para reinterpretar el pasado, abandonar lo que está muerto, y recrear el espíritu y a veces la letra misma y los símbolos de las celebraciones.

Pero veamos en primer lugar los textos bíblicos que la ordenación litúrgica posconciliar nos deparó.

Nm 2,22-27 es la llamada bendición aaronítica (de Aarón), porque se afirma que Dios la reveló a Moisés para que éste a su vez la enseñara a Aarón y a sus hijos, los sacerdotes de Israel, para que con ella bendijeran al pueblo. Seguramente fue usada ampliamente en el antiguo Israel. Incluso se ha encontrado grabada en plaquetas metálicas para llevar al cuello, o atada de algún modo al cuerpo, como una especie de amuleto. Arqueológicamente dichas plaquetas datan de la época del 2º templo, es decir, del año 538 AC en adelante. Bien nos viene una bendición de parte de Dios al comenzar el año: que su rostro amoroso brille sobre todos nosotros como prenda de paz. La paz tan anhelada por la humanidad entera, y lamentablemente tan esquiva. Pero es que no basta con que Dios nos bendiga por medio de sus sacerdotes. No basta que él nos muestre su rostro. Aquí no se trata de bendiciones mágicas sino de un llamado a empeñarnos también nosotros en la consecución y construcción de la paz: con nosotros mismos, en nuestro entorno familiar, con los cercanos y los lejanos, con la naturaleza tan maltratada por nuestras codicias; paz con Dios, Paz de Dios.

Buen comienzo del año éste de la bendición. El refrán popular ha consagrado ese deseo de “volver a comenzar” que sentimos todos al llegar esta fecha: “Año nuevo, vida nueva”. Uno quisiera olvidar los errores, limpiarse de las culpas que molestan en la propia conciencia, estrenar una página nueva del libro de su vida, y empezarla con buen pie, dando rienda suelta a los mejores deseos de nuestro corazón… Por eso es bueno comenzar el año con una bendición en los labios, después de escuchar la bendición de Dios en su Palabra.

Bendigamos al Señor por todo lo que hemos vivido hasta ahora, y por el nuevo año que pone ante nuestros ojos: nuevos días por delante, nuevas oportunidades, tiempo a nuestra disposición… Alabemos al Señor por la misericordia que ha tenido con nosotros hasta ahora. Y también porque nos va a permitir ser también nosotros una bendición en este nuevo año que comienza: bendición para los hermanos y bendición para Dios mismo. Año nuevo, vida nueva, bendición de Dios.

Gál 4,4-7 es una apretada síntesis de lo que Pablo nos enseña en tantos otros pasajes de sus cartas. En primer lugar, nos dice que el tiempo que vivimos es de plenitud, porque en él Dios ha enviado a su Hijo, no de cualquier manera, sino «nacido de mujer y nacido bajo la ley», es decir, semejante en todo a nosotros, en nuestra humanidad y en nuestros condicionamientos históricos. Pero este abajamiento del Hijo de Dios, nos ha alcanzado la más grande de las gracias: la de llegar a ser, todos nosotros los seres humanos, sin exclusión alguna, hijos de Dios, capaces de llamarlo «Abba», es decir, Padre. Nuestra condición filial fundamenta una nueva dignidad de seres humanos libres, herederos del amor de Dios. Parecerían hermosas palabras, nada más, frente a tantos sufrimientos y miserias que todavía experimentamos, pero se trata de que pongamos de nuestra parte para que la obra de Jesucristo se haga realidad. Se trata de que nos apropiemos de nuestra dignidad de hijos libres, rechazando los males personales y sociales que nos agobian, luchando juntos contra ellos. Esto implica una tarea y una misión: la de hacernos verdaderos hijos de Dios, a nosotros y a nuestros hermanos que desconocen su dignidad.

Nacido de mujer, nacido bajo la ley, nos recuerda Pablo (Gál 4,4). Nació en la debilidad, en la pobreza, fuera de la ciudad, en la cueva, porque no hubo para ellos lugar en la posada… Nace en la misma situación que el conjunto del pueblo, los sencillos, los humildes, los sin poder.

Este nacimiento real y concreto es asumido por Dios para abrazar en el amor a todos los que la tradición había dejado fuera. Es la visita real de aquel que, por simple misericordia, nos da la gracia de poder llamar a Dios con la familiaridad de Abba -“papito”- y la posibilidad de considerar a todos los hombres y mujeres hermanos muy amados.

En Jesús, nacido de María -la mujer que aceptó ser instrumento en las manos de Dios para iniciar la nueva historia- todos los seres humanos hemos sido declarados hijos y no esclavos, hemos sido declarados coherederos, por voluntad del Padre. La bendición o benevolencia de Dios para los seres humanos da un gran paso: Dios ya no bendice con palabras, ahora bendice a todos los seres humanos y aun a toda la creación, con la misma persona de su Hijo, que se hace hermano de todos. Y nadie queda marginado de su amor.

“Ha aparecido la bondad de Dios” en Jesús, y es hora de alegría estremecida, para hacer saber al mundo -y a la creación misma- que Dios ha florecido en nuestra tierra y todos somos depositarios de esa herencia de felicidad.

Lc 2,16-21, en el lenguaje «intencionado» que por ser un género literario (“evangelio de la infancia”) utiliza con sus signos, Jesús no nace entre los grandes y poderosos del mundo sino, muy en la línea de Lucas, entre los pequeños y los humildes; como los pastores de Belén, que no son meras figuras decorativas de nuestros «belenes», pesebres o nacimientos, sino que eran, en los tiempos de Jesús, personas mal vistas, con fama de ladrones, de ignorantes y de incapaces de cumplir la ley religiosa judía. A ellos en primer lugar llaman los «ángeles» a saludar y a adorar al Salvador recién nacido. Ellos se convierten en pregoneros de las maravillas de Dios que habían podido ver y oír por sí mismos. Algo similar pasa con María y José: no eran una pareja de nobles ni de potentados, eran apenas un humilde matrimonio de artesanos, sin poder ni prestigio alguno. Pero María, la madre, «guardaba y meditaba estos acontecimientos en su corazón», y seguramente se alegraba y daba gracias a Dios por ellos, y estaba dispuesta a testimoniarlo delante de los demás, como lo hizo delante de Isabel, entonando el Magníficat.

Todo ello dentro de una composición teológica más elaborada de lo que su aparente ingenuidad pudiera insinuar. En todo caso, la simplicidad, la pobreza, la llaneza del relato y de lo relatado casan perfectamente con el espíritu de la Navidad.

La «maternidad divina de María», motivo oficial de la celebración litúrgica de hoy, y uno de los tres «dogmas» marianos -si se puede hablar así-, es una formulación que hace tiempo «chirría» en los oídos de quien la escucha desde una imagen de Dios adulta y crítica. Como ocurre con tantos otros «dogmas» y tradiciones tenidas como tales, el pueblo cristiano las ha amalgamado fantásticamente con los evangelios, llegando a pensar que provienen directamente del evangelio.

Pablo no conoció a Jesús, ni tampoco se encontró con María. El versículo Gál 4,4 que hoy leemos, es «todo lo que Pablo dice de María». Ni siquiera cita su nombre. En el cristianismo, la maternidad divina de María es, claramente, una construcción eclesial: ni los evangelios ni Pablo saben nada de ella, y no será formulada ni «declarada» hasta el siglo V.

En este contexto, es importante desempolvar y recordar la historia de tal «dogma», con la conocida «manipulación» del concilio de Éfeso, en el año 431, cuando Cirilo de Alejandría forzó y consiguió la votación antes de que llegaran los padres antioqueños, que representaban en el Concilio la opinión contraria. Se dice que el Pueblo cristiano acogió con entusiasmo esta declaración mariana, pero hay que añadir que se trata de los habitantes de Éfeso, la ciudad de la antigua «Gran Diosa Madre», la originaria diosa-virgen Artemisa, Diana… La fórmula de Éfeso, en cualquier caso, ha sido siempre tenida como sospechosa de concebir la filiación divina y la encarnación en términos «monofisitas», que hasta cosifican a Dios, como si se pudiera procrear a Dios y no más bien a un hombre en el que, en cuanto Hijo de Dios, Dios mismo se nos hace patente a la fe… (Nos estamos refiriendo a lo que dice Hans Küng, en Ser cristiano, Cristiandad, Madrid 1977, pág. 584ss).

El título «madre de Dios» no es bíblico, como es sabido. Para el evangelio María es siempre, nada más y nada menos que «la madre de Jesús», un título tan entrañable, real e histórico, que acabará sepultado y abandonado en la historia bajo un montón de otros títulos y advocaciones construidos eclesiásticamente. San Agustín (siglos IV y V) todavía no conoce himnos ni oraciones ni festividades marianas. El primer ejemplo de una invocación directa a María lo encontramos en el siglo V, en el himno latino Salve Sancta Parens.

La Edad Media europea dará rienda suelta a su imaginario teológico y devocional respecto de María. Mientras los primitivos Padres de la Iglesia todavía hablan de las posibles imperfecciones morales de María, en el siglo XII aparece la opinión de su exención del pecado, tanto del personal como del «original». En el mismo siglo XII aparece el Avemaría. El ángelus en el XIII. El rosario en el XIII-XIV. El mes de María y el mes del rosario en el XIX-XX. Los puntos culminantes de esta evolución serán la definición de la «inmaculada concepción de María» (1854, por Pío IX) y la definición de la «asunción de María en cuerpo y alma al cielo» (1950, por Pío XII). Momentos finales de este apogeo mariano son la «consagración del mundo al Corazón de María» en 1942 y 1954, por Pío XII.

Pero todo este marianismo remitió con sorprendente rapidez con el Concilio Vaticano II, que renunció a nuevos «dogmas» y desechó la anterior mariología «cristotípica» (característica de la escuela mariológica española preconciliar), dando paso a una comprensión mariológica mucho más sobria, bíblica e histórica, en la línea «eclesiotípica» (de la escuela alemana principalmente). Aunque la veneración a María (hyper-dulía), superior a la tributada a los santos (dulía), siempre fue distinguida teóricamente de la dada a Dios (latría), lo cierto es que en la religiosidad popular muchas veces María fungió como un verdadero «correlato femenino de la divinidad», y su condición de criatura, de discípula de Jesús y miembro de la Iglesia casi fueron olvidadas (en forma paralela a lo que ocurrió con Jesús respecto de su humanidad).

Hoy, la imagen conciliar de María que la Iglesia tiene es la de «la madre de Jesús», desmitificada, despojada de tantas adherencias fantásticas como se le habían puesto encima a lo largo de la historia: María es una cristiana, muy cercana a Jesús, una «discípula» suya, un destacado miembro de la Iglesia: la «madre de Jesús», en un título insustituible que le da el mismo evangelio, y a cuyo uso muchos creyentes vuelven en la actualidad, prefiriéndolo al creado en el siglo V. La Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en su capítulo octavo (nn. 52-69) ofrece todavía la mejor síntesis de la mariología para nuestros tiempos. El Concilio Vaticano II nos sigue marcando el camino, también en mariología. A la hora de predicar sobre María, debemos remitirnos, necesariamente, a ese capítulo octavo de la Lumen Gentium.

Concluimos. Seguimos estando en tiempo de Navidad, tiempo en el que la ternura, el amor, la fraternidad, el cariño familiar… se nos hacen más palpables que nunca. La ternura de Dios hacia nosotros, que se expresó en el niño de Belén, inunda nuestra vida, en las luces de colores, los adornos navideños, los villancicos y las reuniones familiares. Todo ayuda a ello en este tiempo todavía de Navidad. Dejemos recalar estos sentimientos en nuestro corazón, para que perduren a lo largo de todo el año.

Al comenzar el año, al poner el pie por primera vez en este nuevo regalo que el Señor nos hace en nuestra vida, vamos a agradecerle con todo el corazón la alegría de vivir, la oportunidad maravillosa que nos da de seguir amando y siendo amados, y la capacidad que nos ha dado para cambiar y rectificar.

Otro enfoque válido y provechoso de la homilía podría orientarse hacia el tema de la Jornada Mundial de la Paz… así como hacia el hecho del Año Nuevo, que si bien es algo simplemente convencional, astronómicamente insignificante, tiene el valor simbólico inevitable y profundo de recordarnos el inexorable paso del tiempo… Leer más…

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1.1.20. Año Nuevo: María, Madre de Dios; Dios de la Carne de María (1)

Miércoles, 1 de enero de 2020

A0AC767F-3026-46E1-A255-A52F08BBD168Del blog de Xabier Pikaza:

Caro cardo salutis 2020
La humanidad: historia carnal de Dios

Celebra hoy (1.1.20) el conjunto de la humanidad la fiesta del comienzo del año del Sol. La iglesia celebra, al mismo tiempo, la fiesta de María, Madre del Dios/Sol encarnado, que es Jesús.  Felicidades a todos, los que de un modo y/u otro, la celebran.

    En ese contexto quiero presentar (en tres o cuatro postales/aportaciones) el sentido cristiano de María, que no es sólo una figura intra-eclesial, vinculada a la experiencia de los fieles que la evocan e invocan, la sientan cercana y la exaltan como signo de presencia amorosa y salvadora de Dios, sino también, sino también un signo central de la historia de occidente, que ha influido en el arte (pintura, escultura, literatura, música),  en la imaginación y en la vida más honda de millones y millones de personas que la han tomado como expresión y garantía de la “carne de Dios”,encarnada por ella en Jesús.

39F83C2A-28EB-4575-8B3F-25D4E4B8360CAsí dicen los cristianos que ella es Virgen (la Virgen), pero virgen de carne y hueso, de humanidad gozosa y doliente, es decir, de encarnación.  Si hoy podemos afirmar que Dios se hace carne en la carne de la historia (enfermos y encarcelados, hambrientos y exiliados, desnudos y explotados, y todas las mujeres y los hombres) es porque Dios ha hecho carne en (por) la Carne de María, en contra de todo escapismo espiritualista y de todo posible sistema de imposición de los poderosos.

Por eso, lo que celebramos este Año Nuevo no es la fiesta del Espíritu contra la carne, sino la fiesta de la  carne espiritualizada, elevada, salvada (siendo precisamente carne, no espíritu inmaterial) como dice la Iglesia desde antiguo, con una frase famosa de Tertuliano, en contra de los  místicos‒espiritualistas, que se evadían de la “carne”, para refugiarse en un Dios y Cristo de fantasía  imaginaria, afirmaba: Caro, cardo salutis, el cardo o quicio, la puerta y la vía de salvación es la “carne”, , la misma vida humana, espiritualizada y transformada como carne (¡sin dejar la encarnación, sino por ella!), la Virgen‒Carne de María.

DDC9582E-64F2-46A1-92FB-EAA8F36B1CAB¿Por qué se habla de carne de mujer y no de varón? Por algo muy simple: Porque la “carne de mujer” se ha visto desde antiguo (al menos en un contexto semita y bíblico) como signo de impureza, de sangre peligrosa (menstrual, puerperal…), como carne para ser violada por varones de carne poderosa, como recuerda de forma lapidaria el libro de Job, en la gran queja de 14, 1: El hombre (varón),nacido de mujer… corto de días, harto de inquietudes, como flor que se abre y marchita

En ese contexto, la maldición concreta del hombre (varón fuerte) no ha sido la de “haber nacido” (como dice Calderón de la Barca), sino la de haber nacido de mujer.Pues bien, en contra de eso,  la “inversión” mayor del cristianismo es la certeza de que el el Verbo de Dios (Dios mismo) se ha hecho carne, y no de un modo general, por un milagro “extra‒carnal” de encarnación en el Espíritu, sino por el milagro más grande de la Carne Espiritualizada de María, como sabe. la mario‒logía cristiana, que trata del “logos” o palabra carnal de Santa María de la Encarnación, como indica esta fiesta del 1 de Enero, Año Nuevo, Fiesta de la Puerta de Carne (carne‒persona, humanidad concreta, para bien de hombres y mujeres), que es la Puerta (Ianua Coeli), puerta del cielo, de María,  como seguiré indicando, hoy y en los dos días siguientes. Feliz Año Nuevo, con María, carne de Dios, Dios encarnado, a todos los amigos y lectores.

Mariologías de la Biblia. Punto de partida

CFFB8A2C-2148-4408-BB1F-256DC362EDBC  María ha sido una persona concreta, en un contexto cultural, social y familiar muy definido. No es un puro símbolo, una idea general (eterno femenino), ni una diosa. Ella ha sido y sigue siendo una mujer histórica bien determinada, mujer de carne y hueso, de Nazaret de Galilea, madre y seguidora de un pretendiente mesiánico judío. Así debemos recordarla, por su tarea única e irrepetible, vinculada a Jesús, su hijo, y al cristianismo primitivo.

Hay otros hombres y mujeres importantes en la historia humana y religiosa (Moisés y Mahoma, Buda o Confucio, Sócrates o Mani), pero ninguno ha desarrollado una tarea mesiánica como la de Jesús, ni ha muerto como él, ni le han visto como resucitado, ni ha sido declarado hijo de Dios por sus creyentes. Pues bien, a su lado, los cristianos han recordado la figura de María por su función de madre y por su tarea particular como persona y miembro de la iglesia. Ningunas de las otras madres o mujeres de los profetas y fundadores citados ha tenido su importancia. Los seguidores de Jesús no sólo han seguido recordando a su Madre, sino que han recreado su figura creyentes, de manear que podemos hablar de una mariología de la historia y de varias mariologías de la fe.

− Historia: mujer concreta.No son muchas las cosas que de ella sabemos en un nivel de puros hecho, pero son muy importantes y significativas. 1) Era una mujer judía, de una familia creyente, significativa, de Nazaret de Galilea; se llamaba María y estaba desposada con José. 2) Fue madre de Jesús, con quien se relacionó de forma dramática; pero tuvo también una familia más extensa, compuesta por varones y mujeres que el Nuevo Testamento llama normalmente hermanos de Jesús y que parecen ser hijos de María. 3) Tras la muerte de Jesús, ella perteneció a la comunidad de seguidores de su hijo y ejerció un papel importante dentro de la iglesia, que la ha recordado.

− Varias mariologías: María, figura de fe.El Nuevo Testamento ha recordado a María porque ella forma parte del misterio de Jesús, su hijo, y ha expresado de diversas formas su sentido, desde su experiencia radical de “encarnación” es decir de “carne histórica”. En ese sentido, la única fe mariana de la Iglesia se expresa en diversas formas de mariología, que se diversifican según los lugares y estilos de las comunidades, reflejándose así en la teología de los diversos escritos del Nuevo Testamento. Este es un fenómeno poco valorado, perodefine el pasado y futuro de las mariologías, que pueden vincularse y se vinculan desde los credos que afirman que Jesús fue “concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María”.

Partiendo de Jesús. Dos mariologías básicas[1]

09E6BB0A-374A-4227-BFA3-D2E13D091BF9 Con ocasión de las fiestas de Pascua, Jesús, hijo de una mujer llamada María, subió a Jerusalén, para ofrecer su proyecto de Reino. Le siguieron los Doce, algunas mujeres y otros simpatizantes. Pero fue rechazado por los representantes del Templo, que se sintieron amenazados por las consecuencias sociales y sacrales de su mensaje. Todo nos permite suponer que su mensaje fue discutido y en parte aceptado, de manera que las autoridades del Templo actuaron por miedo (cf. Mc 11, 15-15; 14, 1-2.57). Algunos discípulos le traicionaron y negaron (cf. 14, 43-50.66-72). Los jerarcas romanos le crucificaron. De esa forma surgieron varios grupos convergentes de “cristianos”, seguidores del Cristo Jesús judío, hijo de María:

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01 Enero. Solemnidad de Santa María Madre de Dios. Ciclo A

Miércoles, 1 de enero de 2020

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Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas esas cosas, meditándolas en su corazón.”

(Lc2, 16-21)

Celebramos hoy la Solemnidad de María, Madre de Dios y con ella estrenamos este nuevo año, con toda la ilusión y con toda la resaca de ayer.

Si la noche de ayer estaba llena de propósitos y bueno deseos el día de hoy es un reclamo para “ponernos en marcha”. Para hacer realidad todas esas ilusiones.

María tiene en sus brazos al hijo que acaba de nacer. La realidad de un bebé frágil y necesitado que depende en gran medida de ella. Pero recibe la visita de los pastores que hablan de ilusiones, de cosas que sucederán, de lo que llegará a ser ese niño… Y ella escucha.

Como buena israelita escucha. Escucha con atención y medita en su corazón lo que oye y lo que vive. Une, con esfuerzo y empeño, la fragilidad del bebé que sostiene en sus brazos, con las ilusiones que despierta en los pastores. El presente con la promesa de futuro.

De nuevo confía y se compromete. Aunque sus ojos ven fragilidad (acaba de dar a luz en un establo fuera de la ciudad porque no había sitio para ellos…) confía en las promesas de Dios.

Sabe escuchar, en la voz de los pastores, el acento de la voz de Dios y también sabe ver más allá de las apariencias. Porque seguro que tampoco ella había imaginado que el Mesías esperando nacería en un establo.

Confía, piensa, espera y actúa. Tiene entre los brazos al Hijo de Dios, a su hijo. Y mientras espera a ver cómo se las arregla Dios para que ese bebé sea el Mesías Salvador, ella lo cuida.

Lo mira, lo contempla mientras resuenan en sus oídos las palabras de los pastores. Mientras vuelven a su corazón las palabras del ángel: “-El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso, el que va a nacer será santo y se llamará Hijo de Dios.”

Y mira a Jesús dormido en su regazo. “Será santo”, ahora solo es un bebé. Ahora es mi hijo pequeño que ha nacido en un establo y todo ha ido bien.

Oración

María, Madre de Dios y madre de un niño nacido en un establo, enséñanos a descubrir las promesas de Dios presentes en nuestra realidad. Pide para nosotras una visión larga y profunda como la tuya. ¡Amén!

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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A nuestra imagen y semejanza

Miércoles, 1 de enero de 2020

cristo-en-casa-de-sus-padres-millais-1¿Un Dios nacido en las cadenas de producción y montaje de la Factoría Humanidad?  (Klaas Hendrikse)

1 de enero Octava de la Navidad

Gál 4, 4-7 Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer

Lc 2, 16-21

Al verlo, les contaron lo que les habían dicho del niño. Y todos los que lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores

Los Reyes Magos saben de Jesús, según el relato evangélico de Lucas, lo que los demás les habían dicho. Y cuantos lo oyeron se asombraban de lo que contaban los pastores. Las Biblias de todas las religiones son escritos de pluma y pensamiento humano. En su libro Croire en un Dieu qui n’existe pas, Klaas Hendrikse (1947) afirma que Todo lo que se dice de Dios procede del hombre. De ahí términos como todopoderoso, eterno, omnipresente, creador. Un camino que no parece adecuado: partir de Dios para llegar al hombre. Lo idóneo es lo contrario: partir del hombre para llegar  a Dios. De nosotros, de la vida, de las experiencias de la gente. De la necesidad de la mente humana batallando por configurarle a nuestra imagen y semejanza y no al contrario, como se afirma en el Génesis 1, 26.

Este pastor protestante de la parroquia holandesa de Middelburg y que subtitula su obra Manifeste d’un pasteur athée, añade en su obra esta frase: ¿Un Dios nacido en las cadenas de producción y montaje de la Factoría Humanidad? La Reverenda Kirsten Slattennar, líder de la misma iglesia (la Iglesia del Éxodo) piensa igual que Klass cuando, refiriéndose a Jesús, rechaza la idea central para el Cristianismo de que era divino y humano a la vez. Y manifiesta: “Creo que ‘Hijo de Dios’ es una especie de título. No creo que fuera un dios o mitad dios. Yo creo que era un hombre, pero era un hombre especial”. Posición doctrinal defendida ya por el arrianismo en el siglo IV.

Conocido es el texto del poeta y filósofo griego Jenófanes (570-475 a.C.) sobre cuestiones teológicas: “Chatos, negros: así ven los etíopes a sus dioses. De ojos azules y rubios: así ven a sus dioses los tracios. Pero si los bueyes, caballos y leones tuvieran manos, manos como las personas para dibujar, para pintar, para crear una obra de arte, entonces los caballos pintarían a los dioses semejantes a los caballos, los bueyes semejantes a los bueyes, y a partir de sus figuras crearían las formas de los cuerpos divinos según su propia imagen: cada uno según la suya”.

¿Cuándo se cambiará el rimbombante “Palabra de Dios” del final de la lectura del evangelio dominical, por un sencillo y respetuoso silencio?

Pedro Casaldáliga (1928), pensador, poeta y obispo de Sao Félix de Araguala, Brasil,  nos señala en sus versos que lo importante es vivir en esta tierra nuestra.

POEMAS (Fragmentos)

“¿Por dónde iréis hasta el cielo
si por la tierra no vais?
¿Para quién vais al Carmelo
si subís y no bajáis?”

(Salmos de vigilia)

“Esta es la tierra nuestra
…la tierra de los hombres
que caminan por ella
a pie desnudo y pobre.
Que en ella crecen, de ella,
para crecer con ella,
como troncos de espíritu y de carne.”

(Tierra nuestra, libertad)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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