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María…

Sábado, 12 de junio de 2021

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En la narración evangélica relativa a María hemos de señalar una circunstancia muy importante: ella fue, a buen seguro, iluminada interiormente por un carisma de luz extraordinario, como su inocencia y su misión debían asegurarle; en el evangelio se manifiesta la limpidez cognoscitiva y la intuición profética de las cosas divinas que inundaban su privilegiada alma. Y, sin embargo, la Señora tuvo fe, la cual supone no la evidencia directa del conocimiento, sino la aceptación de la verdad a causa de la palabra reveladora de Dios. «También la Bienaventurada Virgen avanzó en la peregrinación de la fe», dice el Concilio (LG 58). Es el evangelio el que indica su meritorio camino, que nosotros recordaremos y celebraremos con el único elogio de Isabel, elogio estupendo y revelador de la psicología y de la virtud de María: «¡Dichosa tú, que has creído!» (Lc 1,45).

Y podremos encontrar la confirmación de esta virtud fundamental de la Señora en todas las páginas del evangelio donde aparece lo que ella era, lo que dijo, lo que hizo, de suerte que nos sintamos obligados a sentarnos en la escuela de su ejemplo y a encontrar en las actitudes que definen la incomparable figura de María ante el misterio de Cristo, que en ella se realiza, las formas típicas para los espíritus que quieren ser religiosos según el plan divino de nuestra salvación; son formas de escucha, de exploración, de aceptación, de sacrificio; y, a continuación, también de meditación, de espera y de interrogación, de posesión interior, de seguridad calma y soberana en el juicio y en la acción, y, por último, de plenitud de oración y de comunión, propias, ciertamente, de aquella alma única llena de gracia y envuelta por el Espíritu Santo, pero formas también de re, y por eso próximas a nosotros, no sólo admirables por nosotros, sino imitables.

*

Pablo VI,
Audiencia general del 10 de mayo de 1967,

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La Virgen sube al cielo en vaqueros: así es el provocador retablo en una iglesia románica alemana

Sábado, 12 de junio de 2021

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El altar ha sido diseñado por Thomas Jessen, e inaugurado en Pentecostés

“El arte, al menos el mío, no quiere provocar. Ofrece una imagen auténtica, una persona auténtica, una escena auténtica. Simplemente está ahí y todo el mundo puede posicionarse en relación a él y decir sí o no, o esta es María y esto es un retablo”, explica el autor

El párroco, encantado con la imagen: “A pesar de todas las grandes cosas que creemos y confesamos acerca de María en nuestra fe, esto no se puede negar, ella también era una mujer como cualquier otra. Una mujer del pueblo”

La Virgen María, en vaqueros y con jersey de cuello alto. Santo Tomás, con el torso desnudo, a su lado. Al fondo, santa Verónica, también con jeans, esculpe el pañuelo en el que quedó impregnado el resto de Jesús. No es una ‘performance‘, sino un altar real, que se encuentra en la iglesia de Sant-Clemens, en la localidad alemana de Drolshagen.

El retablo, diseñado por el artista contemporáneo Thomas Jessen, muestra a la Virgen subida a una escalera, entregándole a Tomás un cinturón, como prueba de su ascensión a los cielos, sobre un fondo rojo. El diseño es absolutamente rompedor, y más aún teniendo en cuenta que se trata de un templo románico.

El pastor Markus Leber encargó el trabajo a Jessen y este ha sido el resultado. El párroco está encantado con la imagen.  “El arte, al menos el mío, no quiere provocar. Ofrece una imagen auténtica, una persona auténtica, una escena auténtica. Simplemente está ahí y todo el mundo puede posicionarse en relación a él y decir sí o no, o esta es María y esto es un retablo”, explica el autor.

Por su parte, el clérigo incide en que “a pesar de todas las grandes cosas que creemos y confesamos acerca de María en nuestra fe, esto no se puede negar, ella también era una mujer como cualquier otra. Una mujer del pueblo”El arte eclesiástico siempre se ha atrevido a hacer algo nuevo: “Tenemos que seguir intentando volver a hablar el viejo mensaje”, dijo Leber.

Fuente Religión Digital

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Juan Zapatero: Con flores a porfía.

Martes, 18 de mayo de 2021

corazonmaria“Con flores a porfía, con flores a María”. Era el canto que, llegado el mes de mayo, resonaba cada tarde, siempre al finalizar la jornada laboral, y de qué manera, en las iglesias de todas ciudades y pueblos y, cómo no, en las capillas de todos los seminarios, noviciados, centros de formación religiosa y conventos en general. Era un mes muy especial, vaya, era el mes dedicado por excelencia a cantar las alabanzas a la Virgen, figura clave en la vida cristiana en general, pero de manera muy especial en la de los futuros sacerdotes, religiosos y religiosas. Era el mes en que los campos rebosaban de vida y de belleza de manera exuberante, con sus flores por doquier y rosas, muchas rosas que adornaban todos los parques y jardines; unas rosas algunas que parecían hechas de terciopelo. Vaya, un mes en el que cantar a María resultaba fácil, muy fácil y tremendamente gratificante a nivel interior.

No se puede poner en duda el enorme entusiasmo con que en aquellos momentos se cantaba a María, porque, no en vano, como rezaba la letra del canto “madre nuestra es”.

Qué lástima que toda aquella fuerza, aquella “porfía” a ver quién cantaba más y con más vehemencia, etc., no dio como resultado un descubrimiento de María como la mujer a quien imitar como modelo de persona, de ciudadana, de madre y, sobre todo, de modelo de “confianza” en el proyecto de Jesús: “Haced lo que Él os diga”; a “Jesús por María”.

Posiblemente era debido, entre otras cosas, a que el sentimiento jugaba un papel excesivo. Y no es que el sentimiento sea malo; tampoco, por supuesto, cuando lo referimos a la religión y a la vivencia de la fe o a la expresión de lo espiritual. Sí que puede convertirse en un obstáculo para conseguir los mejores propósitos, cuando dicho sentimiento deja de ser un medio o un instrumento para quedar convertido en un fin en sí mismo: el sentimentalismo. Había demasiada sublimación en aquellos cantos; había que buscar algo, o alguien para ser más exactos, que justificara tanta afectividad reprimida o, por lo menos, mal enfocada y peor proyectada. Y qué mejor que la figura de aquella muchacha de Nazaret, en plena efervescencia de la vida, que se ofrece para ser la madre de Dios “sin conocer varón” y, por tanto, consiguiendo que su virginidad quedase “intacta”.

Era, sin embargo, una muchacha demasiado parecida a la mayoría de las que aparecen pintadas en cuadros y óleos de los mejores pintores de siempre; a las que abundan en museos, iglesias y lugares de culto. Y muy poco, en cambio, a las chicas y jóvenes mujeres que la vida nos acostumbra a mostrar por las calles de nuestros pueblos y ciudades. Y, si se me permite, nada en absoluto a esas otras jóvenes y mujeres explotadas, abusadas, violadas, maltratadas, asesinadas y un suma y sigue de ignominias a cuál más grande y peor. Era la chica ideal, “purísima doncella”, joven y guapa, tierna, que justificaba con creces todas las renuncias y más respecto no solo al goce y disfrute legítimo del sexo como parte integrante de la persona, vivido y compartido con amor; sino incluso a la relación sexual como condición necesaria en todos los seres pertenecientes a la especie animal para engendrar una nueva creatura.

Creo que lo que se ponía en juego muchas veces era una especie de urgencia y de necesidad de destacar por encima de todo la virginidad física, aunque la “virginidad de corazón” brillase por su ausencia. O, a lo mejor, se pretendía potenciar las dos, ¿por qué no?, pero con la intención de salvaguardar la primera por encima de todo. Una virginidad física, por otro lado, que apareciera como tal a la vista de todos, aunque a nivel privado pudiera estar mancillada por haberla transgredido en algún momento o estar transgrediéndola de manera habitual; eso sí, siempre de manera oculta. Era esa virginidad que concedía una especie de “estatus” superior socialmente; más aún en un país como el nuestro, en el que, por entonces, el catolicismo, y la Iglesia en concreto, gozaba de privilegios suculentos y de reconocimientos excelsos.

Qué oportunidad perdida para haber descubierto a María como verdadero modelo de fe, no precisamente como cúmulo de verdades, sino como actitud confiada en un proyecto capaz de llenar de sentido la vida “Dichosa tú, que has creído”. Como modelo de absoluta confianza en Jesús, respecto al que no tuvo el más mínimo reparo en cuanto al momento de avanzar su manifestación mesiánica. “Haced lo que Él os diga”.

Para haber descubierto, también, el valor del servicio humilde, decidido y generoso como actitud obligada y necesaria de la fe. “María se encaminó con presura hacia la montaña a visitar a su prima Isabel que estaba embarazada”.

Una María creyente en todo momento, confiada y servicial desde la actitud de mujer del pueblo; no desde una actitud de “virgen”, que más bien ha sido sinónimo durante siglos, para la mayoría de las personas cristianas, de mujer “selecta y apartada”, a quien venerar sobre todo y pedirla también intercesión para “poder sobrellevar” la vida en este “valle de lágrimas”.

Con flores a porfía, con flores a María, pues, además de madre, es, sin ningún tipo de dudas, para quienes intentamos vivir el proyecto de su hijo, nuestro mejor modelo de fe y de confianza, desde su manera de vivir como mujer, como ciudadana, como creyente.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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Ante la Cruz…

Viernes, 2 de abril de 2021

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ANTE LA CRUZ

Ante la cruz me llamas
en tu agonía.
Ante la cruz me llamas.
Y he aquí que tropiezo
con las palabras.

Porque si dices ante
¿no me pides, Señor,
sino que mire
frente a frente la cruz
y que la abrace?

Si te miro, Señor,
y Tú me miras,
es un horno de amor
lo que en ti veo,
y lo que veo en mí,
Señor, no es nada,
nada, nada, Señor,
sino silencio.

Un silencio vacío:
si Tú lo llenas
se habrá hecho la luz
en las tinieblas.

Y si en la cruz te abrazo
y Tú me abrazas,
el silencio, Señor,
es más palabra.

Ante la cruz, Señor,
aquí me tienes,
ante la cruz, Señor,
pues Tú lo quieres.

II

VÍA DOLOROSA

I

PARA DECIR LO QUE PASÓ AQUEL VIERNES…

…a Jesús, en cambio, lo hizo azotar
y lo entregó para que fuese crucificado.
(Mt.27,26)

Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén y en sus afueras
no bastan las palabras.
Por eso no hay
en las avenidas del relato
-Mateo, Marcos, Juan- sino una capa
de misericordia, un leve
y condensado recuerdo a los azotes.
Para decir lo que pasó aquel viernes
en los palacios de Jerusalén: la sangre,
los insultos, los golpes, la corona
de espinas,
los gritos, la locura, la ira desatada
contra el más bello y puro de los hombres,
contra el más inocente…
para decir lo que pasó aquel viernes
solo valen las lágrimas.

II

SIMÓN DE CIRENE SE ENCUENTRA CON LA CRUZ

Al salir encontraron a un hombre de Cirene, llamado Simón,
y le obligaron a que cargara con la cruz de Jesús.
(Mt. 27, 32)

Pesan los días y pesan los trabajos
y en las venas el cansancio es veneno
que apresura los pasos hacia el dulce
reposo del hogar;
los pasos hacia el dulce
abrazo del amor y del sueño.
Ni siquiera
hay espacio en el alma para el canto
de un pájaro. Tampoco para el sordo
rumor que empieza a arder
sobre el polvo en la plaza.
Viene Simón el de Cirene convertido
en pura sed, en pura
materia de fatiga.
Esa cruz
le sobreviene como un alud de asombro
y rebeldía.
Pero
entre la náusea de la sangre sabe
que siempre hay un dolor que añadir al dolor.
Entre la náusea de la sangre mira
y encuentra esa mirada como un pozo
encendido,
como un pozo
donde se funde el Galileo
con el dolor del mundo.
Apenas un instante y el abrazo
del corazón y la madera hasta la cima.
Vuelve Simón el de Cirene. Queda
una cruz en su piel.
Y una mirada.

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III

MUJER EN JERUSALÉN

Lo seguía muchísima gente, especialmente
mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.
(Lc. 23, 27)

Mis ojos suben por las calles de Jerusalén
bajo una lluvia de dolor,
bajo una lluvia
que va a lavar el mundo.
Mis ojos suben arrimados
a la cal de las paredes
mientras todo el fragor del sufrimiento
se hace eco en mis párpados.
Puedo sentir tu sed,
la quemazón de tus rodillas rotas
sobre los filos de la tierra.
Toma mi corazón, toma mis lágrimas,
déjalas que ellas laven tus heridas
ahora que soy
mujer en Jerusalén y que te sigo.
Mis ojos se adelantan
por los empedrados de Jerusalén
para encontrar los tuyos.
Y no hay en ellos
rebeldía.
Bajo la cruz
Tú eras una antorcha
de mansedumbre. Derramabas
una piedad universal con cada aliento.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí
(Lc.23,28)

¿Y cómo no llorar, Señor?
Déjame, al menos,
si no llorar por Ti, llorar contigo.

III

GÓLGOTA

I

EL CORAZÓN DE LAS MUJERES

Muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea
para asistirlo, contemplaban la escena desde lejos.
(Mt 27, 55)

Estirándose sobre la distancia,
el corazón de las mujeres
se hizo cruz en el Gólgota.
¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida,
oscura estancia del amor y permanente
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres,
prodigioso arroyo fiel que mana
desde el mar de Galilea hasta el Calvario!
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites
verticales y alzados,
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!
Mujeres, con vosotras he visto
la salvación del mundo,
su rostro ensangrentado, la medida
de sus brazos abiertos,
la extensión de su abrazo,
que acerca hasta nosotros
la dádiva incansable de sus manos
abiertas y horadadas para siempre.
Y he visto su corazón de par en par,
su corazón como una cueva dulce,
su corazón, abrigo
para toda intemperie.
He visto con vosotras
los pies del redentor, nunca cansados
de venir hacia mí, también heridos
de mí, por mí, también clavados
para la eternidad.
¡Oh pies de Cristo
impresos
sobre la arena de mi corazón!
¡Oh Cristo que atrajiste
hasta Ti el corazón de estas mujeres,
déjame ahora
latir en su latido:
contemplarte.

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II

STABAT MATER

Estaba la madre al pie
de la cruz. La madre estaba.
Enhiesta y crucificada,
color de nardo la piel.
En el pecho el hueco aquel
que vacío parecía.
No me lo cierres, María
que quiero encerrarme en él,
que quiero encerrarme y ver
todo lo que tú veías.
Sé tú mi madre, María,
como lo quería Él.

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III

CIERRA EL CIELO LOS OJOS …

Desde el mediodía hasta las tres de la tarde
la tierra se cubrió de tinieblas.
(Mt. 27, 45)

Cierra el cielo los ojos:
cae
la noche a plomo sobre el mediodía
de aquel viernes de abril en el Calvario.
No puede el cielo ser tan impasible
cuando en la cruz está muriendo un hombre,
ya solo sufrimiento y sangre,
cuando muere
el amado de Dios.
¿O acaso vuelve el rostro el cielo
también
y es abandono
lo que creían sombra?
Pesa, pesa, pesa…
Pesa esta oscuridad
que hace crujir los hombros
mientras el ser se vence
inexorablemente hacia el abismo.
Esta tiniebla tiene
peso, longitud, altura,
y penetra en el alma
y duele y vela
la mirada de Dios en la distancia.
¿No hay otro modo, Señor, no hay otro modo
de morir, de vivir, que hacer a ciegas
esta larga jornada de camino?
Pues si ha de ser así, Señor, te pido
que al menos en la muerte no me falte
un bordón de plegaria: que no olvide
tu nombre dulce con el que llamarte.

IV

EL GRITO

Y Jesús, dando de nuevo un fuerte grito entregó su espíritu
(Mt.27, 50)

Un grito. Luego el silencio.
Y en silencio estoy aquí
mientras resucitas Tú
y resucitan los muertos.
¡Cristo, ten piedad de mí!

Con Cristo

*

Mercedes Marcos Sánchez,

Poeta ante la Cruz (Meditación en Mateo)

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Magnificat

Sábado, 20 de febrero de 2021

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El Magníficat se nos presenta como modelo de oración por sus contenidos y sus aspectos formales: es un cántico de acción de gracias y de alabanza; es memoria de las maravillas llevadas a cabo por Dios; expresión de concreción y de arraigo en la hora presente; mirada proyectada hacia el futuro. Es ejemplo de cómo, al dirigirnos a Dios, debemos conjugar el sentido de la trascendencia absoluta de Dios (él es el Señor, el Omnipotente, el Santo) con el de su sorprendente proximidad (dirige la mirada a los humildes, extiende su misericordia a los que le temen, se acuerda de sus promesas).

En el Magníficat, aquel a quien los teólogos llaman el «Totalmente Otro» se manifiesta muy próximo al hombre: el Dios inaccesible de la zarza ardiente se ha convertido ya en el Enmanuel, en el Dios-con-nosotros, en el seno de la virgen de Nazaret.

*

Capítulo general de los hermanos Siervos de María,
Siervos del Magníficat: el cántico de la Virgen a la vida consagrada,
Publicaciones Claretianas,
Madrid 1997.

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Ni la Virgen ni Dios “inmatricularon” una casa en Belén

Viernes, 8 de enero de 2021

ABF59562-0716-4FAD-8B9A-25FD7C5AF34EDel blog de Xabier Pikaza:

La Iglesia puede tener casas… pero sólo para “venderlas” y dar el dinero a los “pobres”

 Ahora, en cambio, en Navidad 2020, un tipo de iglesia de España y del mundo sigue inmatriculando bienes, entre ellos muchas casas, desde la Grande de Vaticano hasta otras más pequeñas.
 
El tema de fondo es complejo, y no se resuelve con ensoñaciones generales, pero exige una respuesta radical de la Iglesia de Jesús, si quiere ser coherente con el mensaje y vida de su Cristo
 
La Iglesia puede tener casas… pero sólo para “venderlas” y dar el dinero a los “pobres”, esto es, para que sean expresión de vida compartida (Mc 10). La Iglesia puede “negociar”  iglesias, casas (escuelas, universidades u hospitales… etc.), pero sólo al servicio de los pobres (Mt 25), para recibir y ofrecer espacio de vida a  exiliados, descartados…, de manera que su capital no sea para sí, sino los otros,para todos
 
En ese sentido,la Iglesia no puede matricular nada como propiedad particular (ni la Catedral de X, ni siquiera el Vaticano), pues toda propiedad cristiana es común. En esa línea, sus bienes (¡sin excepción alguna!) sólo pueden ser suyos en la medida en que ella hace que sean de todos, de forma que los da y reparte, invirtiendo el camino de inmatriculaciones y capitalizaciones que parecen estar buscando algunos.

Planteamiento inicial

          En este contexto, sabiendo que Jesús nació sin casa en Belén, quiero reflexionar sobre el tema en un plano de fondo  “cristiano” (no en línea jurídica o político…). Empiezo por el caso de las inmatriculaciones (tal como se da en España). Muchos dicen que la forma en que la Iglesia inmatricula sus pretendidos bienes no es clara, que no se sabe bien los que ella tiene, que tiene ni cómo los ha inmatriculado. Así podemos empezar reflexionando:

(a) No es que la iglesia sea muy “rica”, Ricos son los estados, las multinacionales, el gran Capital… Pero mientras ella no sea totalmente desprendida y clara en este campo  de las casas y el dinero, empezando por la cabeza (¡el mayor problema actual del Vaticano es su capital!), no podrá decir que es fiel al evangelio… ni podrá acoger  a Jesús cuando viene como vino en Belén.

(b) En un contexto de inmatriculaciones como el nuestro, la iniciativa debía partir de la Iglesia, que tendría que presentar mañana mismo, un lunes, claramente sus razones y papeles,  esté o no jurídicamente obligada, mostrando con toda claridad que todos los bienes que ella “administra” no son “suyos”,  sino de todos, mostrando con plena transparencia, que ella así lo hace, poniendo su “capital “espiritual” (que el Cristo de Dios), y también histórico, cultural, artístico, asistencial, afectivo etc. al servicio de aquellos que los necesitan.

(c) Pero el tema de la Iglesia no es inmatricular, sino  poner todas las posesiones y bienes de la Iglesia al servicio del bien común, y en especial de los oprimidos y/o excluidos,  incluso en contra (por encima) de algunas leyes (conforme a la palabra de Jesús: No podéis servir a Dios y a la Mamona.

      En sí misma, como Jesús, la iglesia en sí (no para alguna de sus obras) no necesita inmatriculaciones, pero si las tiene ha hacerlas para servicio de aquellos que, como Jesús, no tenían espacio en la “posada legal de Belén”. ¿Para qué necesita la iglesia 2020, en España y en el mundo, inmatricular a su nombre (teóricamente en el nombre de Jesús) unos bienes?

  1. Muchos piensan que la iglesia inmatricula bienes para ser rica…, para tener poder. Pues bien, para responder a su verdad más honda, la Iglesia tiene que invertir ese proceso de enriquecimiento egoísta haciendo que todos sus bienes muebles e inmuebles estén limpiamente al servicio de todos, en especial de los más pobres,  es decir, que sean de verdad de los más pobres, no en un tipo de retórica piadosista (no piadosa).
  2. ¿Puede la iglesia inmatricular para sí unos bienes, al modo en que lo hacen las empresas capitalistas, en un mundo donde miles de instituciones de poder, desde estados a corporaciones, quieren “inmatricularlo” todo, incluso el agua, como “bien” de mercado dominado por algunos?  ¿Puede sumarse la iglesia a la carrera de un capitalismo que en el fondo (e incluso en la forma) va en contra del evangelio.
  3.  La Iglesia no puede inmatricular nada para sí (como iglesia “particuar”), sino sólo para “Jesús y su gente”, es decir, para todos, y en especial para aquellos que no tienen casa, ni bienes propios, por encima naciones y estados, de multinacionales y leyes de propiedad particular…  Es absolutamente necesario (por evangelio)  que todos los bienes de la iglesia (inmatriculados o no) sean para servicio de todos, no para lucro particular, sino para comunicación gratuita entre todos y para todos.
  4. Quiero una iglesia a contra-corriente. En ese sentido “la inmatriculación eclesial” no puede ser un “acto de apropiación particular”, sino más bien de “desapropiación”. Ella puede y deber tener un capital, pero sólo un capital-servicio, un capital de “bienes verdes”,  que ella “administra” (¡no posee!) para bien de todos, siempre que la sociedad civil (el Estado) se lo permita, para servicio de los más pobres.
  5. La “administración de esos bienes inmatriculados por la Iglesia”… constituye la prueba de fe del cristianismo (o, mejor dicho, el “dogma” fundante de la iglesia). Sólo en la medida en que no capitalice para sí (no tenga nada frente a otros) la Iglesia se podrá llamar cristiano.  En ese sentido, quiero que la iglesia “tenga mucho”, pero nada para para ella, ni para enriquecimiento de su gente (su staff), sino para iniciar y recorrer un camino de total gratuidad.

Desarrollo teórico. Tres principios

                La iglesia no es una corporación económico-social (o doctrinal), sino espacio de  comunicación y gratuidad al servicio de los más pobres, para que todas las “casas de Belén, es decir, del mundo” sean posadas de acogida para los pobres y excluidos de la sociedad.   Éste es el dogma cristiano, que los hombres y mujeres puedan darse unos a otros y acogerse, escucharse y dialogar, en donación gratuita, en esperanza de vida: eso es religión para los cristianos. En esa línea, la verdad cristiana es la comunicación creyente, la estructura de comunicación y acogida de la iglesia cobra un valor teológico especial, queda integrada en la dogmática.

  1. La fe en Dios  según Jesús se identifica con el despliegue de la comunión personal gratuita, una sociedad de renacidos, donde nada “capitaliza” para uno mismo, de un modo egoísta, sino para los demás. Ese proyecto comunicativo de Jesús ha sido combatido por los poderes del sistema que le han condenado. Pero invirtiendo esa condena, Dios le resucita, haciéndole en medio de la historia humana garantía y camino de comunicación gratuita de la vida.
  2. El Dios que nació en Belén si casa (sin propiedad particular), quiere que todos los hombres compartan lo que tienen, que nadie se encuentre sin casa, porque solo se tiene de verdad aquello que se regala a los otros… En esa línea “inmatricular” algo en nombre de Jesús significa “des-matricularlo”, ponerlo por principio al servicio de todos. En esa línea, la iglesia o comunidad de “amigos de Jesús” tiene que presentarse como como la comunidad de aquellos que, creyendo en la Palabra de Jesús resucitado, la celebran con su vida y la comparten… En esa línea, los bienes de la comunidad de Jesús (edificios, locales, servicios…) no son para ella, para su staff, sino para todos los hombres.  Jesús dijo al “joven rico”: Inmatricula todo lo que quieras, para con la condición de que lo pongas inmediatamente al nombre y servicio de todos.
  3. La iglesia no puede inmatricular bienes para su staff o personal administrativo. Los ministros de la iglesia han de ser mujeres y hombres al servicio de la comunicación, hombres y mujeres cuyo bien supremo es compartir. Su “grandeza” no está en tener, sino en dar. Por eso, los ministerios cristianos son mediaciones comunicativas: no expresan el poder de un Dios rico en sí (principio superior y separado, que se goza imponiendo su dictado), sino del Dios de Jesús, que nace en Belén, entre pobres, para pobres.

La Iglesia de Jesús como anti-sistema

               No tiene intereses económicos, ni finalidades comerciales o administrativas, pues solamente busca la vida y comunión de los humanos: pretende que las cosas se resuelvan, pues en su nivel no hay cosas para resolver, sino que los creyentes dialoguen y vivan. Por eso decimos que es autogestionaria.

El sistema, en cuanto institución económico-administrativo, no deja lugar para ese tipo de gestiones: no le importa el diálogo personal, sino que las cosas funcionen y los problemas se revuelven con eficacia, en un todo donde los diversos elementos están conectados. Por el contrario, cada comunidad eclesial puede y debe ser autogestionaria, a nivel de fe y comunicación humana, pues no busca el funcionamiento legal, sino que los creyentes puedan dialogar en Cristo, acojan  y expandan la fe, celebren el amor mutuo y esperen en amor la vida eterna.

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Bendiciones.

Viernes, 1 de enero de 2021

Jesús-y-María-ft-imgEn la Biblia, “bendecir” se emplea en dos sentidos: en primer lugar, Dios bendice al ser humano dándole la vida, la fecundidad, el éxito. Después, a su vez, éste bendice a Dios por la gracia de sus dones, le da las gracias. La palabra «bendecir» procede del verbo latino bene-dicere, «decir bien».

En la primera lectura de hoy esa bendición es todavía más explícita:

Dios nos aconseja que pidamos no sólo la bendición sino también su  protección

Nada es más propio de un padre y de una madre que el proteger. Ellos, no sólo comunican la vida sino que acompañan la vida del retoño en todo momento: cuidándolo, aconsejándole, enseñándole…sobre todo con el ejemplo de sus propias vidas.

En algunos países de Latinoamérica todavía se guarda una bonita costumbre de “pedir la bendición” a uno de los progenitores, antes de salir de casa y al irse a dormir… “Padre, madre, bendición”-dicen-y se colocan a sus pies, agachan la cabeza y esperan esa  oración con la mano extendida sobre su cabeza, que es un gesto de la bendición misma de Dios.

¿Pedimos entonces una protección para que nada malo nos ocurra? ¿Y qué pasa cuando están ocurriendo tantas cosas malas como la pandemia, los desastres naturales, las guerras con todas sus consecuencias?

La imagen de un Dios “intervencionista” que todo lo ve, que todo lo juzga y a quien debemos implorar todavía está presente en algunos ambientes y si nos descuidamos nos atrapa a nosotrxs también. Dios no nos envía calamidades para que cambiemos de actitud; nosotrxs nos buscamos nuestra propia ruina cuando pisoteamos a los demás pensando sólo en nuestro propio bienestar.

El problema de entender la bendición de Dios como el éxito, la abundancia, el progreso es que quien no participa de estos bienes puede ser considerado como objeto de maldición; esa imagen que nos presentaron en el catecismo de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos.

Nuestras decisiones, nuestras opciones y también nuestras omisiones van decidiendo el curso de la historia. En este momento tan coyuntural tenemos más información de la que necesitamos para cambiar nuestros estilos de vida para proteger la vida en la Tierra y así cambiar la suerte de los más débiles y desprotegidos.

La bendición, el bien-decir de Dios es creador y protector. Su bien-decir sobre nosotrxs, sobre toda la creación, nos va convirtiendo en criaturas a su imagen y semejanza, pero sólo si nosotrxs lo queremos.

Por eso, en un día como hoy, al comienzo de un nuevo año que quisiéramos que fuera diferente al año pasado, podemos tomar algunas decisiones que nos harán cambiar la perspectiva de los acontecimientos que vayan sucediendo. Por ejemplo: puedo decidir pensar más lo que voy a decir y cómo lo voy a decir para no descalificar al otrx, escuchar más para entender su punto de vista, ben-decir con mi palabra, mis actitudes, mi compromiso; intentar construir más que destruir.

Hoy, primer día del año celebramos esa vida que se nos regala y de una manera especial a María, como madre que no solo gesta y da a luz a Cristo sino que bendice y es bendecida por Dios.

Ella, a través de lo que vive y observa va creciendo en conciencia de su papel en la historia, de la manera de actuar de Dios en su vida: “bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”…, y lo hace “conservando y meditando todas estas cosas en su corazón”. En unas pocas palabras Lucas nos describe la actitud de quien está atenta a los acontecimientos, los escucha, los rumia y actúa en consecuencia.

Una invitación a “ponderar”, a saborear para alcanzar la verdadera sabiduría que no viene de los grandes conocimientos sino de la experiencia de nutrir el misterio en nuestro interior.

Se irá revelando nuestro auténtico yo y más que luchar contra nuestro “ego”, éste irá desapareciendo para dar paso al hijx de Dios que somos.

El fruto será la paz.

Una paz que  no es sólo ausencia de conflictos interpersonales, familiares, entre países. Tampoco una paz ñoña, una sensación placentera de bienestar. SHALOM, es un deseo mucho más profundo: “que seas una persona completa, acabada” y que eso lo podamos extender a todas las áreas de nuestra vida.

Lo mismo que deseo para mí te lo deseo a ti, y me comprometo a hacer todo lo que esté en mi mano para que lo logremos.

Ese el verdadero “rostro” de Dios. Ojalá lo veamos.

Carmen Notario, SFCC

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“Llena eres de gracia”, por Carlos Osma

Viernes, 1 de enero de 2021

woman-356141_1280De su blog Homoprotestantes:

Cuando el ángel se le apareció a María para decirle que tendría un hijo, primero la saludó con la palabra “salve” o “Dios te guarde”, bueno en realidad Lucas utiliza la palabra χαῖρε, que parece ser era un saludo bastante habitual en la época en la que se escribió el evangelio. Fue después cuando añadió lo de “llena eres de gracia”, una expresión que al leerla me ha parecido tan protestante que me he preguntado si el ángel Gabriel no era amigo íntimo de Lutero.

Tendría que haber ido al griego para saber cuál es la palabra exacta que utiliza el evangelista, pero en vez de hacer eso, he cometido el error de ir a Google para intentar entender que significa lo de “llena eres de gracia”. Y en la primera entrada he encontrado la siguiente explicación: “al tener el privilegio de nacer inmune al pecado, la plenitud de gracia verifica la parte positiva de esa admirable limpieza original del alma de María”. ¡Qué maravillosa la María de esta interpretación! Pero qué poco practica para el resto de Marías que vivimos hoy en el mundo y no hemos sido bendecidas con su limpieza original. Sobre todo para las bolleras, maricas o trans, que en los entornos donde esta interpretación es mayoritaria, hemos tenido más bien la mala fortuna de ser unas desviadas alejadas de la gracia innata de María.

Pero bueno, en vez de tirar la toalla y cerrar mi Biblia, he decidido seguir leyendo el relato para ver que puede aportar esta María llena de gracia a pecadoras como nosotras, y me he topado con que, al escuchar lo que el ángel le decía, se “turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta”. O como lo dirían algunas de mis alumnas adolescentes que tienen aproximadamente la misma edad que ella en el relato: “se quedó rayada con lo que le había dicho”. A María le asustó escuchar que era llena de gracia, que había sido favorecida por dios. Y es importante este matiz, porque creo que esa gracia de la que nos habla el relato, no pertenece a ninguna María, sino que tiene su único origen en dios. Además no hace perfecta a nadie, sino que nos muestra el amor de dios por todas las Marías, aquellas que no poseemos ninguna limpieza original. Ese es uno de los elementos más relevantes que encuentro en el texto, que en palabras de Pablo se expresaría de la siguiente forma: lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es”. [1] Por eso la vil María del evangelio de Lucas, sobre la que dios puso su gracia, tiene algo que decirnos a quienes no llegamos a los estándares religiosos, sociales o familiares que se nos imponen.

La gracia que recibió María fue una gracia cara, no como las gracias baratas y sensibleras que regalan muchos iluminados, porque la gracia divina no le ha salido gratis a nadie que se deja invadir por ella. “Has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús” [2]. Si aceptaba la gracia, se haría evidente, no habría forma de esconderla ante los demás. Y esa gracia no la situaría encima de ningún altar, sino en un lugar marginal que no solo ponía en peligro su matrimonio, sino su propia vida. Y he dicho conscientemente “si la aceptaba” porque aunque el texto parece dar por hecho que aquello ocurriría, María podía decir sí o no, podía escoger llevar adelante el embarazo o rechazarlo. El dios de Lucas no escogió una vasija, sino una mujer, y le reconoció el derecho a decir sí o no. Y siempre funciona así cuando hablamos de la gracia de dios, de la gracia cara de dios, que podemos aceptarla o rechazarla libremente. Hay personas, instituciones y legislaciones que coartan el derecho de las mujeres sobre su cuerpo, su ministerio, su responsabilidad… pero el dios de María lo respetó. De la misma forma, también creo que dios respeta el derecho de las personas LGTBIQ a mostrar, o a no mostrar, la identidad con la que dios nos ha dado su gracia. De decir sí o no a trabajar para que el reino de dios se haga presente en nuestras vidas, visibilizando la riqueza de la diversidad con la que nos ha bendecido, aunque eso nos sitúe en los márgenes de nuestras familias, iglesias o amistades. Cuando no hay decisión, cuando no hay libertad de elección, no hay presencia de Dios, sino dogma e imposición, porque “Dios respeta absolutamente la libertad del hombre. Él la crea, y no para petrificarla o violarla. Por eso Dios no grita ni se impone nunca”. [3]

María aceptó, le dijo que sí a dios, “hágase conmigo conforme a tu palabra”. Estos días recordamos y celebramos lo que la valentía de María ha supuesto para la vida de cristianas y cristianos de todos los tiempos: la irrupción de la salvación, la llegada de la vida de dios para todos los seres humanos. Sabemos también por el evangelista, que esa salvación no fue como ella esperaba, que pareció fracasar en más de una ocasión, pero la gracia de dios no se alejó nunca más de ella. A veces confundimos la gracia con la alienación, con la dependencia ciega respecto a un dogma o una institución, y muchas machorras, mariconas y travelos cristianas creemos que hemos perdido la gracia porque hemos sido expulsadas de nuestras comunidades. Pero lo que hemos perdido ha sido solo la gracia barata, la gracia cara de la que nos habla Lucas tiene que ver con asumir el riesgo que supone poder respirar, gritar, vivir, tal y como Dios nos ha pensado y amado. Y es un riesgo que, aunque no lo percibamos, no tiene solo que ver con nuestra vida, ya que en cada una de nuestras acciones por vivir de verdad, ayudamos a que muchas otras personas se atrevan también a hacerlo. En cada pluma gay que dejamos caer al movernos, la salvación de dios se hace presente para quienes están a nuestro alrededor.

Dietrich Bonhoeffer escribió que “la gracia barata es la negación de la palabra viva de Dios, es la negación de la encarnación del Verbo de Dios” [4], y me permito añadir yo a esto: la negación de la encarnación por medio de una mujer que libremente aceptó la gracia cara de dios. Porque María representa otra gracia, una que no puede ser entregada a los perros, una que va indisolublemente unida al seguimiento, a la valentía, aunque quede a la intemperie de las teologías de la gracia barata. Y las personas LGTBIQ estos días de Navidad somos interpeladas por esta María, y por la gracia que recibió. Y debemos responder como ella, sí o no a la vida que dios pone dentro de nosotros, si o no a la gracia cara. Porque “la gracia cara es la encarnación de Dios”. [5]

 Carlos Osma

 Notas:

[1] 1 Cor 1,28.

[2] Lc 1,30-31.

[3] Paul Lebeau, Etty Hillesum. Un itinerario espiritual. Ámsterdam 1941- Auschwitz 1943, Santander: Sal Terrae 2000, 113.

[4] Dietrich Bonhoeffer, El precio de la gracia, Salamanca: Ediciones Sígueme 1995, 15.

[5] Ibid.17.

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Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”  

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En el pórtico de la Navidad: Historia, símbolo de fe, mito

Miércoles, 23 de diciembre de 2020

Navidad1Del blog de Xabier Pikaza:

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como “encarnación” de Dios era inseparable de su origen. Ellos supieron así que no hay cristianismo sin Pascua, pero tampoco sin Navidad.

Pero la Navidad del Hijo de Dios,  y en especial la función de su madre,  ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse por su forma de entender la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

(Belén del Vaticano 2020. ¿Nacerá un Jesús marciano, venido de o dirigido hacia otros planetas o estrellas? Jesús se encuentra todavía envuelto en rojo).

 En el principio, Historia de María 

Fue una mujer galilea: mediterránea y judía de comienzos de nuestra era. Todo lo que ha vivido y sentido ha de entenderse en ese fondo. Quizá debemos añadir que ella ha expresado los rasgos primordiales de lo humano, en clave de mujer. Sólo de esa forma puede iluminar y motivar nuestra existencia.

Esposa de José y madre de Jesús, un pretendiente mesiánico judío. Sus relaciones con José forman parte de una historia humana y religiosa que se adentra en el misterio de toda vida y relación profunda entre dos seres humanos.  Parece que estaba viuda cuando Jesús inició su vida pública. De manera sorprendente, Mc 6, 3 llama a Jesús el hijo de María.

Mantuvo relaciones complejas con Jesús y parece que al principio no aceptó su mensaje y camino mesiánico, como supone Mc 3, 31-35 y 6, 1-6 y el conjunto del evangelio de Juan. Pero Hch 1, 12-14 Testamento añade que ella se integró en la iglesia o comunidad de los discípulos de su hijo, entre los que jugó un papel significativo , viniendo a convertirse en figura simbólica o paradigmática de la fe, sea en sentido crítico (no pudo imponer sus derechos sobre Jesús: cf Mc 3, 31-35) sea en sentido ejemplar y edificante, de tal forma Lc 1-2 y en algún sentido Jn 19, 25-27 la presentan como modelo de cristiana.

Ha sido “creída” dentro de la iglesia. Por razones que algunos suponen evidentes y otros deben precisar y justificar, ella vino a convertirse pronto en lugar de referencia o modelo para la comunidad cristiana, como testifica en perspectivas diferentes el conjunto del NT.

Navidad abierta,Historia de Jesús 

1.  Nació, en torno al 6 a.C. probablemente en Nazaret de Galilea, aunque los evangelios hablen de Belén de Judá, para entroncarle  con el Rey David… al menos de un modo simbólico.  Fue un hombre significativo, que planteóproblemas y abrió caminos de importancia en la sociedad de su entorno judío y romano, aunque (¡por eso!) las autoridades oficiales no le aceptaron y el gobernados romano le condenó a morir en una cruz (hacia el año 30 d.C.).

2.Se conoce bastante bien su vida, aunque sigue habiendo en ella huecos fascinantes (¿por qué hizo lo que hacía, por qué se dejó matar?), de manera que algunos han dicho que no pudo existir, que fue sólo un mito condensado como historia: Un faraón judaizado, un héroe griego incardinado en Galilea, la avatara palestina de un Dios hindú…. Pero tras veinte siglos su vida real resulta sorprendente y sigue dando mucho que pensar y que vivir

3. Los que primero escribieron su vida exaltaron mucho su figura sagrada, olvidando casi su base humana, como hizo San Pablo (que escribió sobre Jesús a los veinte años de su muerte), que casi sólo se ocupó de la muerte de Jesús y de su resurrección entendida en línea de misterio. Por el contrario los que vinieron después, es decir, los cuatro evangelistas tuvieron que esforzarse por recuperar su historia humana para que no se perdiera, pues pensaron que sólo siendo un hombre podía ser modelo y «salvador» para los que creían en él.

4. Los historiadores judíos y romanos del siglo I d. C. apenas le citaron, pensando que no merecía la pena recordarle, porque su figura les parecía margina… o peligrosa Pero Flavio Josefo estuvo más atento y en su libro sobre las Antigüedades Judía (Ant)  le presentó como taumaturgo, y profeta escatológico…  Algunos historiadores greco-romanos del siglo II (Tácito, Suetonio o Plinio el Joven) le recuerdan como un revoltoso, ajusticiado por la autoridad romana, pero su figura les sigue pareciendo carente de importancia.

4. Los discípulos de Jesús crearon «iglesias», o grupos de «creyentes mesiánicos», apoyándose para ello en la certeza de que él estaba vivo (=había resucitado), impulsándoles a recrear su misión, no sólo en Israel, sino entre todos los pueblos. Ciertamente, se puede discutir la «realidad» y/o sentido de esa resurrección, pero es indudable que los primeros cristianos creyeron en ella y así continuaron y recrearon la obra de Jesús (entre el 30 y 60 d.C.) y fueron uniéndose hasta crear entre el 100 y 120 d.C. la Gran Iglesia (la comunidad unitaria de los creyentes de Jesús).

La celebración de la Navidad forma parte de las interpretaciones de la vida de Jesús

Al principio, los cristianos (Pablo, Marcos…) no se ocuparon del nacimiento de Jesús, pues pensaron que sólo importaba su vida y especialmente su muerte… Pero después (a partir de los año 70), empezando por el evangelio de Mateo y siguiendo por los de Lucas y Juan, ellos descubrieron que la vida de Jesús como “encarnación” de Dios era inseparable de su nacimiento. Ellos supieron así que no hay Jesús “cristiano” sin cruz, pero tampoco sin nacimiento.

Esa interpretación creyente  del  nacimiento de Jesús, y en especial de su madre, María,, ha sido discutida, de tal forma que los cristianos han venido a dividirse y distinguirse por su forma de entender el símbolo mariano de la Navidad, no sólo en tiempo antiguo (entre los grupos enfrentados en el concilio de Éfeso, 381), sino en la actualidad,de forma que algunos han llegado a decir que todo lo referente a María (excepto su nombre y que era Madre de Jesús) no es más que puro mito.

Finalmente, esa interpretación (símbolo creyente) se sitúa en un campo que puede y debe compararse con los “mitos” de nacimiento de diversas religiones y culturas. Por eso, la historia y símbolo de la Navidad (aunque sin verdadera Encarnación) puede celebrarse y se celebra fuera del cristianismo.

María entre la confesión de fe  y el mito.

– Muchos creyenteshan recreado simbólicamente la figura de María, descubriendo y/o expresando en ella elementos  fuertes de la confesión cristiana.  Los evangelios  (Mt, Lc y Jn)  no elaboran su recuerdo para saciar una curiosidad, sino para expresar mejor el origen y la novedad de Cristo, de forma que ellos presentan casi a María como un catalizador simbólico del mesianismo  de su hijo.

– Pero la figura de María se sitúa también desde tiempo  antiguo (desde el Nuevo Testamento, cf. Ap 12) en el principio de un camino de apertura tendencial al mito. Llamo mito a un  símbolo de tipo intemporal que se desliga de la historia y expresa en forma imaginaria aquello que parece haber sido y será siempre, el eterno y divino retorno de las cosas. l mito unifica lo divino con lo humano en un tipo de simbiosis suprahistórica, al proyectar hacia lo eterno (lo divino) los elementos fundamentales de la vida histórica: el nacer y el morir, lo masculino y femenino, la guerra y la concordia etc.

– En ese fondo María podría convertirse al fin en diosa y la Navidad en una expresión de la unidad originaria de lo divino y lo humano. De manera muy normal, al situarla en el lugar donde el hombre y Dios se unen, la mariología coloca a la madre de Jesús, al menos de manera tendencial, en una línea abierta al mito; ella termina asumiendo (sin negar la historia) temas que el mito había desarrollado en plano transhistórico al hablar de la madre divina o la mujer sagrada[2].

 Mariología y teología de la Navidad

– La mariología cristiana constituye el descubrimiento y cultivo creyente (consecuente) de la hondura simbólica de la historia de María… y de la “revelación natal” de Dios en Jesús.  Por medio de María (no de un modo excluyente, sino inclusivo: María como verdadero Israel, María con José, en un contexto de familia ampliada) Dios se hace carne de un modo “natal”, siendo concebido, naciendo y viviendo como un ser humano concreto, llamado Jesús.

– Al situar a María cerca del espacio donde se reciben o/y elaboran mitos religiosos casi universales (hierogamia, madre divina, feminidad sagrada…), la mariología asume como propia la tarea crítica de superar (negar y recuperar en forma nueva) lo que esos mitos han descubierto o inventado. Quizá podamos decir que la mariología es una disciplina abierta por esencia al diálogo cultural interreligioso con sus valores (nos sitúa en el lugar donde el ser humano ha buscado, sufrido y soñado con más intensidad) y sus riesgos (el evangelio de la historia de Jesús y de la iglesia puede diluirse con María y por María en los pretendidos valores eternos de los dioses y diosas del entorno mediterráneo y del oriente antiguo).

TRASFONDO MÍTICO DE LOS RELATOS DE LA NAVIDAD

   Estudié extensamente el tema en un libro titulado Los Orígenes de Jesús  donde podrán verse datos, tendencias e interpretaciones.  Aquí me limito a recoger algunos datos de U. Luz, Evangelio de Mateo, Sígueme, Salamanca  2010.  Dejo para mañana la interpretación cristiana de Lc 1, 26-38 (evangelio del dom.  4º de Adviento). Prescindo de las notas e interpretaciones eruditas. Quien quiera fijarlas  deberá acudir al libro de U. Luz. Aquí recojo sólo el esquema básico de su planteamiento:

Moisés . Jos, Ant. 2; PsFilón; Tg Ex; ExR; Mekh Ex

  1. Sueño del faraón (Tg Ex 1, 15); sueño de Amrán (Jos); profecía de Miriam (=Apocalipsis).
  2.  Interpretación por letrados (Jos), magos  (Tg Ex), por astrólogos (ExR 1, 22)
  3. Sobresalto del faraón. Reacción: matanza de niños
  4. Salvación: sueño de Amrán; ocultamiento de la cesta en el río. Hija del Faraón
  5. Sacrificio supletorio: matanza de niños.

Abrahán.  Bill. I, 77s

  1. Visión de la estrella.
  2. Interpretación por sabios y astrólogos.
  3. Angustia de Nimrod.
  4. Reacción: Nimrod quiere matar al hijo de Teraj.
  5. Salvación: ocultación de Abrahán.
  6. Sacrificio supletorio: matanza de muchos niños.

Rómulo/Remo  Livio 1, 3-6

  1. Rea embarazada de Marte; sueño de Rea.
  2. Exterminio de los descendientes de Numitor: los niños en el Tíber.
  3. Salvación por la loba.

Augusto (Suetonio, Aug. 94, 3; Dión C., 45, 1ss.

  1. Sueño de la madre y del padre (Dión C.); relámpago (Suet.), sueño de Atia (¿nacimiento virginal?).
  2. El Astrólogo Nigidio Fígulo interpreta.
  3. Sobresalto del Senado.
  4. Reacción: decreto del Senado: no educar a ningún niño (Suetonio).
  5. Salvación: se anula la decisión anterior.

Gilgamés

  1. El. Var. Hist., 12, 21.
  2. (¿Nacimiento virginal?).
  3. Los caldeos advierten del riesgo a Sokharos.
  4. Reacción: el niño es arrojado por la torre.
  5. Salvación por medio del Águila. Un campesino educa a Gilgamés.

Sargón 1 Pritchard, The Ancient Near East, London 1958, 85ss.

  1. Reacción: lo arrojan en un cesta al Éufrates.
  2. Salvación a través del Akki, creador del agua.

Ciro. Herodoto I, 107-122; Justino, Epítome,1, 4; Binder*, 17-28.

  1. Sueño de Mandane, sueño de Astiages.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Astiages horrorizado.
  4. Reacción. Astiages quiere matar al niño.
  5. Salvación: desobediencia y salvación a través de unos pastores (ofrenda).
  6. Ofenda sustitutoria, de un niño muerto.

Frêdun, Sha-Name (Fridausi), 5, 6; Binder *, 176-179.

  1. Sueño de Sohak, rey de los dragones.
  2. Interpretación de los magos.
  3. Impotencia de Sohak.
  4. Reacción: persecución de Frêdun.
  5. Salvación por medio de los pastores y de la vaca Birmaje.

Krishna

  1. Harivansa (Mahabarata), 56-59; BaghavataPurana, 10, 3; Binder*, 207s.
  2. Kansa es advertida por Narada.
  3. Inquietud.
  4. Reacción: asesinato de todos los descendientes de Devagnis.
  5. Salvación: trueque de niños; desaparecen las insignias divinas de Krishna.
  6. Ofrenda sustitutoria: muerte de los niños falsos.

Otros paralelismos lejanos:

  1. Perseo (Binder*, 132s; Saintyves*, 239).
  2. Heracles (R.v. Ranke-Graves, Griechische Mythologie II, Reinbek 1960, 81-90).
  3. Apolo (Ranke-Graves I, Reinbeck 1960, 46ss).
  4. Neleo/Peleo (Saintyves*, 236s; Binder*, 148s).
  5. Agatocles (Diodoro de Sicilia 19, 2, 2-7).
  6. Dionisos (Schwarzenau*, 81-100).
  7. Hija de Dorketo (Saintyves*, 236).
  8. Leyenda árabe de Nimrod (Binder*, 260s).
  9. Seth-Horus (Plutarco, Isis y Osiris, 13).
  10. Ardaschir (Binder*, 184-189).
  11. Schapur (Binder*, 189-191).
  12. Ormuzd (Binder*, 191-193).
  13.  Gen Gis Kan (Saintyves*, 242).
  14. Leyenda de Buda (Saintyves*, 256; Schwarzenau*, 42-50).
  15. Candrahâsa (Binder*, 199-201).
  16. Elakamara Yataka (Binder*, 203s).
  17. Trakhan de Gilgit (Binder*, 211-213).
  18. Vanaraja (Binder*, 211-213).

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Madre del Mundo Nuevo

Martes, 8 de diciembre de 2020

El 8 de diciembre de 1854, Pío IX definió este dogma con las siguientes palabras: «Para honor de la santa e indivisa Trinidad…, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles». Antes, la Orden Franciscana, en su Capítulo celebrado en Toledo el año 1645, «escogió a la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en cuanto la confesamos y celebramos inmune de la culpa original en su misma Concepción, como Patrona singular de toda la Orden de los Frailes Menores». Y aquello no fue una novedad rara en la historia de la familia franciscana, que desde sus primeros tiempos se distinguió como defensora acérrima de este privilegio sin par de María. El beato Juan Duns Escoto fue su adalid, y la campaña por él iniciada la prosiguió la Orden, sin desmayos, a lo largo de los siglos. Así celebramos hoy el “gran momento de la historia cuando cielos y tierra, la creación entera enmudeció esperando escuchar el «FIAT» de nuestra Señora”

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MADRE DEL MUNDO NUEVO

Estamos otra vez en el Principio.
Dios quiere hablar y el aire se acrisola.
Como un niño, en la sangre, nace el mundo;
y del caos emerge la Esperanza, con sus flores salvadas de la muerte.
(Este ramo de olivo que crece en tus pisadas, paloma de Sus Ojos,
tendrá toda la Tierra penitente para echar las raíces…).

Aún no mugía el mar, ni tendía sus lonas el cielo por los montes,
y tú jugabas ya -la consentida- en la plaza infinita de Sus Manos:
primera siempre al mimo de Su Gozo…
Si estamos otra vez en el Principio, tendrás que amanecer: el Mundo Nuevo
necesita la puerta de tu seno para llegar incólume,
(Belén se apuesta siempre detrás de tus espaldas).

Mientras los hombres buscan sus tesoros piratas -¡los bajeles perdidos de sus rutas sin norte!-,
un día, inesperado, tú surges de las simas del Paranagua, viva,
como un tesoro tierno a la memoria,
antigua de ternura y de favores, coronada de espuma de sorpresas,
con el Niño en los brazos, ofrecido…
La Tierra está en mantillas, dormida en tu regazo.

La Europa verdadera, como un cruzado loco que vuelve escarmentado
de tantas aventuras,
espera tu venida junto a Chartres y en la umbría sagrada de Einsiedeln.
Los almendros latinos aún tienen primavera para acoger tus plantas.
Todavía hay pastores y un buey manso en la cumbre.
¡Todo el cuerpo de Europa se ha hecho gruta, en la herida,
para enmascarar la luz de tu presencia!

América sacude sus pañales, con un grito rebelde, contra el mar transitado,
pero en su boca niña balbucea, cantando, tu nombre, Guadalupe,
y late la manigua como un puerto que siente tu llegada:
-¡Vendrá Santa María, libre de carabelas!
Como una diosa estéril y fecunda, empapada en la lluvia de la Espera,
como una cruz cansada de martirio,
Asia cruje, sangrando por sus lotos…
¡Pero el bambú ya ensaya cañas de profecía detrás de las Comunas;
la Luna sabia sigue tus pies para calzarte,
y en la liturgia hindú llama a tu Hijo el arpa de Tagore y de los parias!

Mientras llegan los sueños en cayuco inestable,
y acosada por todos los pájaros secretos que hierven en la selva con la noche,
Africa arrulla, alborotadamente, sus veinte cunas nuevas.
Se quiebran sus tambores en parches de alegría
y las lanzas preguntan por la aurora:
¡porque el mar no termina en la mirada!
Y danzan sus miningas, con las anillas rotas,
enarbolando el sol entre las risas,
¡porque hay una Mujer sobre las chozas, detrás de las estrellas,
con el sol en los hombros, como un clote!
Con los sueños que llegan en cayuco inestable, arriba el Evangelio mecido por tus manos;
llegan tus manos fieles, con la Paz en la proa.

Neófitas de sal y de promesas, las Islas balbucientes acuden al marfil de tu garganta,
con un abrazo tenso de siglos de impaciencia, seguras del Encuentro.

¡Todos los meridianos se enhebran en la rosa de tu Nombre…!

Estamos otra vez en el Principio
y nace el mundo, nuevo, del seno de tu Gracia,
hermosamente grande y sin fronteras.
¡Que callen los profetas fatídicos! Cabemos
todos juntos, hermanos, en la mesa que el Padre ha abastecido.
¡Que calle todo miedo, para siempre!

Los átomos dispersos se engarzarán, sumisos, en tu manto;
y el cielo, descubierto en mil caminos,
se hará pista a tus viajes de ¡da y vuelta -de Dios hasta los hombres-,
¡nostalgia nuestra, Asunta!

…Dios llega al aeropuerto de la Historia;
a tiempo en todo Tiempo, el heredado pulso de tu sangre.

Los sellos del Concilio acuñan tu figura sobre la piel lavada de la Iglesia,
y llega una corona de voces alejadas, en pleamar dichosa,
al pie de tu Misterio…

Estamos otra vez en el Principio y ha empezado tu era:
¡por derecho de Madre tú patentas la luz amanecida!

*

Pedro Casaldáliga
“Llena de dios, y tan nuestra”.
Antología mariana

***

pieta-kim-ki-duk

Pieta,
de Kim Ki-duk.

La aurora es un momento fabuloso: el que precede inmediatamente al salir el sol. Antes sólo eran tentativas. Un leve palidecer el cielo por oriente, apenas visible en la noche. Sigue un clarear creciente, lentamente al comienzo, luego más rápidamente, siempre más rápidamente. Finalmente un instante en el que el surgir de la luz es tan victorioso y ardiente, el esplendor tan cegador a los ojos habituados a la noche, que nos podríamos creer ante el mismo sol: apenas un instante después, como una llamarada, su luz arde en el hilo del horizonte. Y finalmente el sol. Hasta ese momento, nos podíamos haber engañado, pues ya se transparentaba en lo que sólo era la aurora. Lo mismo la Inmaculada concepción. Primero, a lo largo de los siglos precedentes, se trataba del alba de Cristo, de los comienzos de su pureza y santidad, ya maravillosos considerando que se realizaban en la naturaleza humana, pero aún oscuros respecto a El. María es el culmen de la aurora, el surgir del día. Pero su luz ilumina a todos. La Inmaculada concepción distingue a María de los demás humanos sólo para unirla más a Cristo, que pertenece a todos (…).

Tras el decreto que estableció la venida de Cristo, se da esta larga preparación que ya la realiza inicialmente y que llena toda la historia antigua de la humanidad. Ahora bien, toda esta preparación lleva a María, porque ella (…) es portadora de Cristo. La preparación es inmensa: es la única obra de Dios mismo en este mundo; se compromete con todo su amor: haciendo confluir, en virtud de su gracia, todo lo que en nuestros esfuerzos humanos hay de verdaderamente bueno: se plasma una naturaleza humana que será la suya.

Llega un día en que todo está preparado. En la Virgen todo se reúne para pasar de ella al Hijo (…). María es la figura absoluta y total, y lo es para siempre, porque, siendo Madre de Dios, es la que une el Hombre-Dios con la humanidad.

*

É. Mersch,
La théologie du Corps mystique,
I
, Tournai 1944, 219-221.

***

La misión maternal de María hacia los hombres no oscurece ni disminuye de ninguna manera la única mediación de Cristo, sino más bien muestra su eficacia.

Porque todo el influjo salvífico de la bienaventurada Virgen en favor de los hombres nace del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo, se apoya en su mediación, depende totalmente de ella y de la misma saca toda su virtud; y lejos de impedirla, fomenta la unión inmediata de los creyentes con Cristo.

La bienaventurada Virgen, predestinada, junto con la Encarnación del Verbo, desde toda la eternidad, cual Madre de Dios, por designio de la divina providencia,  fue en la tierra la esclarecida Madre del Divino Redentor y, de forma singular, la generosa colaboradora entre todas las criaturas y la humilde esclava del Señor.

Y esta maternidad de María perdura sin cesar en la economía de la gracia, desde el momento en que prestó fiel asentimiento en la Anunciación y lo mantuvo sin vacilación al pie de la cruz, hasta la consumación perfecta de todos los elegidos. Pues una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación.

Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que peregrinan y se debaten entre peligros y angustias y luchan contra el pecado hasta que sean llevados a la patria feliz. Por eso, la bienaventurada Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de abogada, auxiliadora, socorro, mediadora.

La Iglesia no duda en atribuir a María ese oficio subordinado: lo experimenta continuamente y lo recomienda al corazón de los fieles para que, apoyados en esta protección maternal, se unan más íntimamente al Mediador y Salvador .

*

Del Concilio Vaticano II,
Lumen gentium, 60-62.

***.

Espiritualidad ,

En María descubrimos la Perla.

Martes, 8 de diciembre de 2020

3750880Lc 1,26-38

Comprendo muy bien lo difícil que es superar prejuicios que durante siglos han moldeado nuestra religiosidad. Me anima a intentarlo el recordar que desde pequeño he visto en el escudo de nuestra orden una sola palabra: veritas. No es que los dominicos nos sintamos en posesión de la verdad, pero nos han enseñado a tenerla como el horizonte hacia el que tiene que caminar el ser humano para poder ser libre, como nos dice el mismo evangelio. La única manera de acercarnos a la verdad es superando los errores.

Toda fiesta de María es siempre un motivo de alegría, incluso de euforia diría yo. Ésta de la Inmaculada es para mí la más hermosa y la más profunda. Pero el motivo de esa alegría está más allá de la figura histórica o mítica de María. Si descubrimos en cada uno de nosotros lo que estamos celebrando en María, nos daremos cuenta de la verdadera proyección de esta fiesta. Merece la pena que hagamos un esfuerzo por superar todos los prejuicios que arrastramos durante siglos.

De la historia real de María no sabemos nada. Los evangelios apenas dicen nada. De una cosa estamos seguros: Jesús tuvo que tener una madre. Lo más grande que podemos decir de esa madre es que fue una mujer absolutamente normal. En esa normalidad debemos descubrir la grandeza de su figura. Si fundamentamos su grandeza en los abalorios y capisayos que le hemos añadido durante siglos, estamos minimizando su verdadero ser y dando a entender que, en sí, no es suficientemente importante.

En el mismo título de la fiesta (inmaculada), enseña la oreja el maniqueísmo que, desde S. Agustín, ha infectado los más recónditos entresijos de nuestro cristianismo. Fijaos bien en lo que sigue. En el evangelio de Lc, el ángel llama a María “kejaritomene” = gratia plena = llena de gracia. Pues bien, los cristianos hemos terminado hablando de la “sin pecado”. Ejemplo de cómo la ideología de turno puede tergiversar el evangelio.

Es maniqueísmo el dar por supuesto que lo normal para todo ser humano es un estado de pecado y que para ser un verdadero ser humano, alguien tiene que liberarnos de esa lacra. Es insostenible el mantener hoy que todo ser humano nace deshumanizado. Ridiculizamos la idea de Dios cuando aceptamos que el mal está en el inicio de toda andadura humana. Dios es el fundamento de todo ser, también de todo ser humano. La plenitud nunca puede consistir en quitar algo, aunque se trate de un pecado. La plenitud está en el origen de todo ser, no se debe al esfuerzo personal a través de una vida.

Pablo nos dice: “Él nos eligió, en la persona de Cristo para que fuésemos santos e inmaculados ante él por el amor”. Esta sería la traducción exacta y no ‘irreprochables’, como dicen la mayoría de las traducciones. La Vulgata dice: “inmaculati”. Nada parecido se dice de María en todo el NT y sin embargo la llamamos Inmaculada. ¿Por qué nos da pánico reconocer nuestro verdadero ser? Sería la clave para una interpretación actualizada de la fiesta. No debemos conformarnos con mirar a María para quedarnos extasiados ante tanta belleza. Si hemos descubierto en ella toda esa sublime belleza, es porque hemos podido imaginarla gracias a la revelación de lo que Dios es en nosotros.

Lo que decimos de María, debemos descubrirlo en cada uno de nosotros. Es ridículo seguir discutiendo si fue concebida sin pecado desde el primer instante o fue pura e inmaculada un instante después. Lo que debe importarnos es que en María y en todo ser humano, hay un núcleo intocable que nadie ni nada puede manchar. Lo que hay de divino en nosotros será siempre inmaculado. Tomar conciencia de esta realidad sería el comienzo de una nueva manera de entendernos a nosotros mismos y de entender a los demás. Podemos decir que María es inmaculada porque vivió esa realidad de Dios en ella.

Dios no puede hacer excepciones ni puede tener privilegios con nadie. María no es una excepción, sino la norma. En María descubrimos la verdadera vocación de todo ser humano. Ser como María no es la meta del hombre, sino que partimos de la misma realidad de la que ella partió. Lo que estamos celebrando en esta fiesta de María nos indica el punto de partida de nuestra trayectoria, aunque también el punto de llegada.

Sobre la figura de María hemos montado durante casi dos mil años un tinglado tal, que no sé cuanto tiempo necesitaremos para volver a la sencillez y pureza originales. María no necesita ni adornos ni capisayos. Es grande en su simplicidad, no porque la hayan adornado. Ni Dios ni los hombres tienen nada que añadir a lo que María era desde el principio. Basta mirar a su verdadero ser para descubrir lo que hay de Dios en ella, eso que siempre será limpísimo, purísimo, inmaculado. Si lo hemos descubierto en ella, será más fácil tomar conciencia de que también está en cada uno de nosotros.

Me habéis oído muchas veces decir que Dios no puede darnos nada, porque ya nos lo ha dado todo. Todo lo que tenemos de Dios, lo tenemos desde siempre. Nuestra plenitud en Dios es de nacimiento, es nuestra denominación de origen, no una elaboración añadida a través de nuestra existencia. Lo que hay en nosotros de divino no es consecuencia de un esfuerzo personal, sino la causa de todo lo que puedo llegar a ser. Aquí está la buena noticia que quiso trasmitirnos Jesús, tan desconcertante que seguimos sin creerla.

Si en Jesús hemos descubierto lo divino, ¿qué necesidad tenemos de María? Aquí está una de las claves de la fiesta. Hay una enorme diferencia entre la manera de llegar a descubrir en Jesús la presencia de lo divino y la manera de encontrar en María esa misma presencia. Nos hacemos una imagen de Dios partiendo de los conceptos que manejamos los humanos. Esos conceptos son muy limitados y al aplicarlos a lo trascendente se quedan siempre cortos. El concepto de Dios al que llegamos a través de Jesús nos lleva a una idea exclusivamente masculina de Dios. Ese Dios masculino queda privado de toda la riqueza conceptual que puede encerrarse en una idea femenina de Dios.

Ésta es la aportación genial que ha hecho el pueblo creyente atribuyendo, a la figura de María, todo lo que la teología oficial le impedía aplicar directamente a Dios. En María se puede desplegar lo femenino de Dios que es tan importante o más que lo masculino. Todo el machismo que destila nuestra religión quedaría superado si nos atreviésemos a pensar un Dios absolutamente femenino. Hay en lo femenino riquísimos contenidos que pueden ayudarnos a tomar conciencia de lo que es Dios como madre para cada uno de nosotros.

Tuvieron que pasar varios siglos para que los cristianos empezasen a interesarse por la figura de María. Esto no invalida todo lo que se ha dicho sobre María, pero nos obliga a darle una valoración muy distinta. No podemos seguir interpretando como hechos históricos lo que son solo símbolos femeninos. No, María fue una mujer normal que llevó una vida normal. Nadie se fijó en ella. Cumplió siempre con sus obligaciones de madre y esposa. Eso que a nosotros nos parece una ordinariez, es lo más grande y digno de imitar.

Meditación

Mira a María como si fuera un espejo,
que te está recordando lo que eres.
Si esa visión te asusta,
es que no has descubierto tu interior.
Eres la perla y tienes que tallarte.
Pero tienes un modelo en quién fijarte.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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María, la gran figura del adviento

Martes, 8 de diciembre de 2020

isabel1_zps741982fbCarmen Herrero Martínez, Fraternidad Monástica de Jerusalén,
Estrasburgo (Francia).

ECLESALIA, 27/11/20.- Adviento, tiempo de espera y esperanza, porque en el seno de María crece el germen de una vida nueva. El Hijo de Dios se encarna en su seno y toma nuestra propia humanidad. “Dios se hace hombre para que el hombre se convierta en Dios” (San Irineo).

María vivió el Adviento más profundo y real: en espera esperanzada de una madre encinta que aguardacon júbilo el momento del parto, el momento de dar a luz al esperado de los pueblos, al anunciado por los profetas, al Emmanuel, a Dios hecho hombre.He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo que se llamará Emmanuel” (Isaías 7,14).

En María culmina la espera de Israel porque en ella se encarna el anunciado de parte de Dios por los profetas. María abrió su corazón y sus entrañas a la acción del Espíritu Santo. María fue la llena de gracia. “El Señor está contigo”, le dirá el ángel Gabriel (Lc 1,28). Dios está en ella y con ella. María, siendo una criatura, está ungida, tan unida a su Creador que es una misma cosa con él. Antes que Pablo pudo exclamar: “No soy yo es Cristo quien vive en mí”(Gal 2,20). Cristo vive en María y María vive sumergida en Dios. Si los místicos hablan del matrimonio espiritual, la primera creatura en vivirlo en su plenitud fue María. María es la mística por excelencia, el arquetipo de la vida contemplativa. Ella no solamente fue madre de Jesús en la carne, sino que es la esposa amada del Verbo.

María nos enseña a vivir el Adviento desde la sencillez, el asombro y la gratitud. Desde el silencio y la adoraciónal niño que lleva en su seno. Aquel que viene, que ya está a la puerta y llama, queriendo nacer en tu corazón y en el corazón de la humanidad. San Agustín afirma: “María concibió a Dios en su corazón antes que en su cuerpo”.

María acoge con todo su ser la Palabra hecha carne. Su propia sangre fue la sangre de Cristo. Por las venas de Cristo corre la sangre de María; Jesús se encarna, por obra del Espíritu Santo, en el seno de una doncella virgen. María hizo posible la primera Navidad. María, la joven mamá, fue la primera en acoger el llanto del recién nacido, junto con su esposo José, la primera en sentir el latido de su tierno corazón y de estrecharlo en su regazo maternal con entrañas de madre y virgen.

Años después, María será quien también acoja el último suspiro de su Hijo muriendo en una cruz como un malhechor. Ella estará al pie de la cruz con la misma fe, firmeza, fortaleza y amor que cuando el ángel Gabriel le anunció: “No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de su padre David” (Lc 1,30-32). Ante la evidencia de la muerte de su hijo, ¿cómo seguir creyendo en las promesas del ángel? ¡Profunda fe la de María!

La cruz se presentaba como el final de toda esperanza, pero María ve en ella el árbol de la vida. El cumplimiento del plan salvífico de parte de Dios. En la cruz es donde realmente este niño nacido en Belén, llamado Emmanuel, se manifiesta como el Mesías y el Salvador. En la bajeza de un malhechor, Jesús manifiesta su poder salvífico para toda la humanidad.

María nos enseña el camino para que Jesús nazca en nuestro propio interior: fe incondicional en las promesas de Dios, confianza, entrega y fidelidad al plan de Dios. Pues, Dios para cada uno de sus hijos tiene un plan, un proyecto. María nos enseña a hacer la voluntad del Padre y a ser fieles al plan de Dios. “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1,38). Esta podía ser una oración de Adviento. Una oración repetida continuamente para que se encarne en nuestro corazón y anide en él.

Vivir el Adviento a la luz de María conlleva ser personas generosas, interiorizadas, silenciosas y orantes, dándose del todo al TODO, para que él pueda encarnarse en nuestro interior y vivir en su intimidad, en comunión con nuestros hermanos y hermanas en humanidad; para que seamos hombres y mujeres de paz y concordia. Si así vivimos el Adviento, la Navidad será una realidad en nuestro corazón, en las familias y en nuestra sociedad.

En Navidad nace el Emmanuel, el Dios-con-nosotros: un niño, pobre, pequeño y necesitado de cuidados, como todo niño. Numerosos son los hombres y mujeres con los que nos encontramos diariamente, necesitados de pan y de hogar, de cariño y amistad, viviendo sintecho ni esperanza, para quienes el Adviento no tiene ningún sentido,ni tampocola Navidad.Y en este Adviento 2020, todavía esta realidad se hace más cruda, más real y generalizada, a causa de esta pandemia que a todos nos tiene tan afectados, tocados de una u otra manera. El mundo está en llanto, sufriendo dolores como de parto, dirá san Pablo; desesperanzado, con gran dificultad para seguir esperando en la promesa. Y, sin embargo, Dios sigue visitando a la humanidad, a cada persona, en esta tragedia personal y colectiva, pues el Adviento es una realidad mucho más fuerte que el Covid-19.Este virus un día será vencido y podremos volver a celebrar el Adviento y la Navidad con gozo y júbilo. ¡Abrámonos a la esperanza! Tal vez en adelanteseamos más conscientes de lo que significa el Adviento y la Navidad y, desde un corazón purificado,acogeremos la VIDA, a Cristo entre nosotros.

Los cristianos estamos llamados a ser hombres y mujeres de fe y confianza que transmiten al mundo el júbilo del nacimiento de Jesús, el Mesías, el Salvador. Porque solamente él puede erradicar tantas y tantas carencias, injusticias y necesidades como hay en el mundo. Él puede curarnos de esta pandemia y consolarnos de tanto y tanto llanto y sufrimiento que muchas otras pandemias nos causan. Ante la realidad concreta de la sociedaden la que vivimoshemos de sembrarsemillas de solidaridad, esperanzay amor para que la Navidad sea una realidad en todos los corazones, pese a que este año,externamente, sea diferente.

Y con María digamos a Dios: nuestra humanidad “no tiene vino”, es decir, “no tiene esperanza”,“no tiene alegría”. Dios encarnado, sé tú mismo nuestra esperanza y nuestro gozo, acógenos en tu regazo y arrópanos con la ternura de tu amor compasivo.Ya ejemplo de María y con su ayuda sepamos acoger a tantos hermanos nuestros, necesitados de los cuidados de un niño, y arroparlos con nuestra comprensión y amor fraterno.

Que María, la llena de gracia, la elegida del Padre para que se cumpla la promesa, la encarnación del Verbo, nos ayude a vivir el Adviento con los ojos y el corazón puestos en AQUEL que llega y nos trae la salud, paz, la justicia y la unidad entre todas las razas y naciones. Nuestra Señora del Adviento, ruega por tus hijos e hijas,que caminan en este valle de lágrimas, con la esperanza de celebrar con gozo la Navidad.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Nuestra Señora del Pilar, Patrona de Aragón y Zaragoza

Lunes, 12 de octubre de 2020

136f9095482933f8074b8befdc0fed89El origen de la devoción a la Virgen del Pilar se remonta al siglo I. Cuenta le leyenda que, desde Jerusalén, donde aún vivía la Virgen María, vino a España para confortar al apóstol Santiago el Mayor en las tareas de evangelización. La tradición afirma que lo visitó milagrosamente a las orillas del río Ebro, donde Santiago estaba reunido con los primeros hispanos convertidos al cristianismo.

Como recuerdo de aquel acontecimiento se levantó más tarde en aquel lugar una capillita en honor de Nuestra Señora, venerando su imagen en un pilar. Documentos monacales del siglo IX dan testimonio del templo dedicado en la ciudad de Zaragoza a María siempre Virgen.

La advocación de nuestra Señora del Pilar ha sido objeto de un especial culto por parte de los españoles. En pocos templos de los pueblos de España falta la imagen de la Virgen del Pilar.

Su basílica, a las orillas del Ebro a su paso por Zaragoza, es un lugar privilegiado de oración, donde sopla con fuerza el Espíritu.

Esta devoción a la Virgen del Pilar fue llevada también en las carabelas de Colón hasta los pueblos hermanos de América. Desde el año 1908, en el interior de la gran basílica que hoy existe en Zaragoza, junto al altar de la Virgen hacen guardia de honor a nuestra Señora las banderas de los países hispanoamericanos.

El papa Inocencio XIII, en 1723, concedió oficio litúrgico propio de la Virgen del Pilar para el día 12 de octubre.

***

LECTIO

Primera lectura:

Primer libro de las Crónicas 15,3-4.15-16; 16,1-2

David reunió en Jerusalén a todo Israel para trasladar el arca del Señor al lugar que le había preparado. Reunió a los hijos de Aarón y a los levitas.

Los levitas transportaron el arca apoyando las barras sobre sus hombros, como lo había prescrito Moisés, por orden del Señor.

David ordenó a los jefes de los levitas que dispusieran a sus hermanos los cantores con todos los instrumentos musicales de acompañamiento, arpas, cítaras y címbalos, e hicieron resonar bellas melodías en señal de regocijo.

Metieron el arca de Dios y la colocaron en medio de la tienda que David había levantado para ella. Ofrecieron luego al Señor holocaustos y sacrificios de reconciliación.

Cuando David terminó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de reconciliación, bendijo al pueblo en nombre del Señor.

Estos versículos de los capítulo 15 y 16 del libro de las Crónicas, que presenta la liturgia en la fiesta de la Virgen del Pilar, hacen referencia a la gran fiesta que celebró David el día que trasladó el arca de Dios desde Baalá a Jerusalén. Dice el texto del libro de Samuel que en esa fiesta «David danzaba ante el Señor frenéticamente… entre gritos de júbilo y al son de trompetas» (2 Sm 6,14-15). Jerusalén se convierte, por la presencia del arca, en ciudad santa, ciudad bendecida por Dios. En aquella fiesta, David convocó a todo Israel: era una fiesta nacional de bombo y platillo.

En las letanías de nuestra Señora invocamos a María como Arca de la Nueva Alianza y Templo del Espíritu Santo. Aquel regocijo de David con todo su pueblo, las ofrendas y oraciones que hicieron y la bendición que recibieron eran imágenes de esta fiesta en la que el arca de la Nueva Alianza vino de Jerusalén a Zaragoza para bendecir a los nuevos cristianos y para asentar su trono en el gran templo de nuestros corazones.

***

Segunda lectura:

Hechos de los apóstoles 1,12-14

Entonces regresaron a Jerusalén desde el monte de los Olivos, que dista poco de Jerusalén, lo que se permitía andar en sábado.

Y así que entraron, subieron a la estancia de arriba, donde se alojaban habitualmente. Eran Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago el de Alfeo, Simón el Zelota y Judas el de Santiago.

Todos ellos hacían constantemente oración en común con las mujeres, con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos.

 Después de la ascensión de Jesús a los cielos, el libro de los Hechos de los apóstoles se centra en la constitución de la comunidad cristiana. Los que le habían seguido por el camino son convocados por el Espíritu para seguir con la misión de Jesús. En el grupo de los que acompañaban a Jesús en su vida pública estaban María, su madre, y otras mujeres. El evangelio de Lucas, en el capítulo 8, dice que junto con los Doce le seguían María Magdalena, Juana, Susana y otras muchas.  En estos versículos que leemos en la fiesta de la Virgen del Pilar, se resalta la presencia de María en esta primera comunidad pospascual. Ella, los apóstoles y algunas mujeres perseveraban en la oración común.

Esta oración entre hombres y mujeres da un tono peculiar a la primera comunidad cristiana, muy distinto a lo que se hacía en la sinagoga judía. Jesús había roto la separación, y la primera comunidad sigue acorde con el estilo de Jesús. Podemos pensar en la importancia de María en la formación de esa primera comunidad de Jerusalén y trasladar, sin esfuerzo, esa misma importancia en el apoyo a Santiago en la formación de la primera comunidad de España.

*

Evangelio:

Lucas 11,27-28

Mientras decía esto, una mujer de entre la gente gritó:

– «Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te amamantaron».

Pero él le dijo:

«Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica».

Arrebatada por la emoción del momento, una mujer del pueblo, corazón en mano, alaba a Jesús y le dice cuan orgullosa tenía que estar su madre por haberlo llevado en su seno. Las palabras de la mujer son un cumplimiento de la profecía sobre María de Lc 1,28: «Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones».

Pero Jesús, humilde y sencillo como su madre, traslada la atención de él mismo y de su madre a una insistencia más central: realmente, es más dichoso el que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica. La grandeza personal de María está en haber escuchado a Dios y haber dado un «sí» incondicional.

María escuchó y puso en práctica la Palabra de Dios al responder en la anunciación: «He aquí la esclava del Señor». Es una actitud humilde, valiente, libre y auténtica.

María, que meditó en su corazón las palabras y los gestos de Jesús, hace pensar en aquellos que «escuchan la Palabra con un corazón noble y generoso» (Lc 8,15).

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MEDITATIO

Del libro del Eclesiástico 24,3-15:

Yo salí de la boca del altísimo y cubrí la tierra como una niebla. Habité en las alturas, y mi trono fue columna de nube. Sola recorrí el círculo celeste, y por las profundidades del abismo me paseé. En las olas del mar, en toda la tierra, en todo el pueblo y nación yo imperé. En todos ellos busqué el reposo, y en qué territorio instalarme. Entonces me ordenó el creador de todas las cosas, mi hacedor fijó el lugar de mi habitación, y me dijo: «Pon tu tienda en Jacob, y en Israel ten tu heredad».

Desde el principio y antes de los siglos me creó, y existiré eternamente. En su santa tienda, en su presencia, ejercí el ministerio, y así en Sión me instalé. En la ciudad amada establecí mi residencia, y en Jerusalén tuve la sede de mi imperio. En el pueblo glorioso eché raíces, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como el cedro en el Líbano, como el ciprés en las montañas del Hermón. Crecí como palmera en Engadí, cual brote de rosa en Jericó; como magnífico olivo en la llanura, crecí como el plátano. Como el cinamomo y el espliego he dado mi aroma, como mirra escogida exhalé mi perfume; como gálbano, ónix y estacte, y como perfume de incienso en el tabernáculo. Yo extendí como terebinto mis ramas, y mis ramas están llenas de gracia y de majestad. Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores dan frutos de gloria y de riqueza. Venid a mí los que me deseáis, y saciaos de mis frutos.

*

ORATIO

Virgen santa del Pilar:

Desde este lugar sagrado

alienta a los mensajeros del Evangelio,

conforta a sus familiares

y acompaña maternalmente

nuestro camino hacia el Padre,

con Cristo, en el Espíritu Santo. Amén.

(Oración de Juan Pablo II ante el altar de la Virgen del Pilar en Zaragoza.)

 

*

CONTEMPLATIO

La piedad de la Iglesia a la santísima Virgen María es un elemento intrínseco del culto cristiano. La veneración que la Iglesia ha dado a la Madre del Señor en todo tiempo y lugar -desde el saludo y la bendición de Isabel hasta las expresiones de alabanza y súplica en nuestro tiempo- constituye un sólido testimonio de que la lex orandi de la Iglesia es una invitación a reavivar en las conciencias su lex credendi. Y viceversa: la fe viva de la Iglesia requiere que por todas partes florezca lozana su oración fervorosa a la Madre de Cristo. Culto a la Virgen de raíces profundas en la palabra revelada y de sólidos fundamentos dogmáticos.

La misión maternal de la Virgen empuja al pueblo de Dios a dirigirse con filial confianza a aquella que está siempre dispuesta a acogerlo con afecto de madre y con eficaz ayuda de auxiliadora; por eso el pueblo de Dios la invoca como consoladora de los afligidos, salud de los enfermos, refugio de los pecadores, para obtener consuelo en la tribulación, alivio en la enfermedad, fuerza liberadora en el pecado; porque ella, la libre de todo pecado, conduce a sus hijos a esto: a vencer con enérgica determinación el pecado. Y -hay que afirmarlo nuevamente- dicha liberación del pecado es la condición necesaria para toda renovación de las costumbres cristianas.

La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar «los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de los elegidos». Virtudes sólidas, evangélicas: la fe y la dócil aceptación de la Palabra de Dios (cf. Lc 1,26-38; 1,45; 11,27-28; Jn 2,5); la obediencia generosa (cf. Lc 1,38); la humildad sencilla (cf. Lc 1,48); la caridad solícita (cf. Lc 1,39-56); la sabiduría reflexiva (cf. Lc 1,29.34; 2,19.33.51); la piedad hacia Dios, pronta al cumplimiento de los deberes religiosos (cf. Lc 2,21.22-40.41), agradecida por los bienes recibidos (Lc 1,46-49); la fortaleza en el destierro (cf. Mt 2,13-23), en el dolor (cf. Lc 2,34-35.49; Jn 19,25); la pobreza llevada con dignidad y confianza en el Señor (cf. Lc 1,48; 2,24); el vigilante cuidado hacia el Hijo desde la humildad de la cuna hasta la ignominia de la cruz (cf. Lc 2,1-7; Jn 19,25-27); la delicadeza provisoria (cf. Jn 2,1-11); la pureza virginal (cf. Mt 1,18-25; Lc 1,26-38); el fuerte y casto amor esponsal.

De estas virtudes de la Madre se adornarán los hijos que con tenaz propósito contemplan sus ejemplos para reproducirlos en la propia vida. Y tal progreso en la virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto tributado a la Virgen.

La piedad hacia la Madre del Señor se convierte para el fiel en ocasión de crecimiento en la gracia divina: finalidad última de toda acción pastoral. Porque es imposible honrar a la «llena de gracia» (Le 1,28) sin honrar en sí mismo el estado de gracia, es decir, la amistad con Dios, la comunión en Él, la inhabitación del Espíritu. Esta gracia divina alcanza a todo el hombre y lo hace conforme a la imagen del Hijo (cf. Rom 2,29; Col 1,18).

La Iglesia católica, basándose en su experiencia secular, reconoce en la devoción a la Virgen una poderosa ayuda para el hombre hacia la conquista de su plenitud. (De la exhortación del papa Pablo VI Marialis cultus.)

*

ACTIO

Reunirme hoy en oración con otros, como María con otras mujeres y los apóstoles, y pedir al Espíritu Santo fortaleza para los evangelizadores que están en tierra de misión.

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PARA LA LECTURA ESPIRITUAL

El milagro de Calanda

Como en otros santuarios marianos, los fieles han recibido en el de nuestra Señora del Pilar favores extraordinarios que han atribuido a su intercesión ante la omnipotencia divina. Desde el siglo XIII se habla en los documentos que conserva su archivo de «los mytos et innumerabiles miraglos que Nuestro Seynor Jesucristo feitos a et cada día facer non cesa en los ovientes devoción en la gloriosa et bienaventurada Virgen María suya Santa María del Pilar».

Un manuscrito del siglo XV recogió algunos de ellos. Y en 1680 el canónigo Félix de Amada dio a la imprenta una colección de milagros obrados por intercesión de la Virgen del Pilar. Entre ellos, es universalmente conocido el llamado milagro de Calando, por su evidente superación de las fuerzas de la naturaleza y por su innegable verdad histórica. Tuvo lugar entre las diez y las once de la noche del jueves 29 de marzo de 1640, en la villa aragonesa de Calanda y en la persona del ¡oven de 23 años Miguel Juan Pellicer, al cual, debido a un accidente, hubo que amputársele la pierna derecha en octubre de 1637 en el hospital de Gracia, de Zaragoza, por el cirujano Juan Estanca, siendo enterrada por el practicante Juan Lorenzo García.

Tras su convalecencia, durante dos años, fue mendigo en la puerta del templo de nuestra Señora del Pilar, de la que era muy devoto desde su niñez, por existir una ermita de esta advocación en Calando, y a la que se había encomendado antes y después de su operación, confesando y comulgando en su santuario.

Vuelto a la casa de sus padres en Calanda a primeros de marzo de 1640, el citado día 29 de ese mes, habiéndose acostado en la misma habitación de sus padres, por haber un soldado alojado en su casa, lo encontraron éstos dormido media hora más tarde con dos piernas, notándosele en la restituida las mismas señales de un grano y unas cicatrices que tenía la amputada.

A instancias del Ayuntamiento de Zaragoza, adonde acudió Miguel Juan tras su curación a dar gracias a la Virgen del Pilar, se incoó en el Arzobispado un proceso el 5 de junio de 1640, pronunciando sentencia afirmativa de calificación milagrosa el arzobispo Pedro Apaolaza, asesorado por nueve teólogos y canonistas, el 27 de abril de 1641. Se conserva íntegro el texto de este proceso con las declaraciones de los 25 testigos.

El milagro se divulgó rápidamente por todas partes. El mismo papa Urbano VIII fue informado personalmente por el jesuíta aragonés F. Franco en 1642. Entre los milagros, que por definición son todos excepciones de la naturaleza, el de Calanda es a su vez excepcional; por eso las relaciones coetáneas lo calificaron de «milagro inaudito en todos los tiempos». (Por Tomás Domingo Pérez, en el Libro de la Virgen, C.B.C.)

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Virgen de la Merced, redentora de Cautivos: Derriba a los poderosos, eleva a los oprimidos

Viernes, 25 de septiembre de 2020

vicentelopezvirgendelamerced01Del blog de xabier Pikaza:

En clave de mujer. Los oprimidos, pobres y cautivos del canto de María

Ayer he definido a la madre de Jesús como Gebira, representante del rey, conforme a la historia del AT. Hoy, día de la Merced, retomo ese motivo desde el canto de liberación de las mujeres fuertes de la Biblia, Myriam (Ex 15), Débora (Jc 5) y Ana (1 Sam 2), que nos introducen con María en el Nuevo Testamento.

Según Lc 1-2, ella es la Gebira, y así proclama el mensaje y proyecto de de su hijo, la inversión (revolución) radical del evangelio (derriba de su trono a los poderosos, enaltece a los oprimidos), en contra del programa sacro/nacional de su “pariente” varón, el sacerdote Zacarías.

Éste es un tema que la exégesis en general no ha destacado, ni la iglesia ha puesto de relieve, quizá por un miedo y espiritualismo poco evangélico, pero es esencial para la Iglesia, como han proclamado mercedarios y mercedarias, a cuya fiesta, que es la mía, quiero unirme con estas reflexiones.

Benedictus y Magníficat.

Son los grandes himnos del evangelio de la infancia de Lc 1-2. (a) El Benedictus es la voz de un sacerdote de Jerusalén, con una ideología más sacral y nacional, centrada en la victoria y libertad del pueblo elegido. (b) El Magníficat es vozde una mujer que mesiánica, que pertenece al grupo de los pobres, con su esperanza y compromiso de una transformación universal, anticipándose a Jesús y ofreciéndole su compromiso de madre y mujer liberadora desde la tradición de Israel.

  imagesEl texto original del Benedictus (Lc 1, 68-69. 71-75)   ofrece la visión privilegiada de una comunidad judeocristiana, vinculada al triunfo mesiánico‒patriarcal del pueblo judío y al culto del templo, en una perspectiva dominante de varones, donde el mundo se divide en amigos (israelitas) y gentes que os/nos odian (enemigos). En este contexto, más que la liberación de pobres y excluidos, importa la salvación del pueblo santo:

‒ Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo (tô laô autou), suscitándonos una fuerza (= cuerno) de salvación, en la casa de David, su siervo; es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian.

‒ Ha realizado la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham; para concedernos que libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos en santidad y en justicia, en su presencia todos nuestros días (Lc 1,68-69.71 y Lc 1, 72-75)[1].

   Así interpreta la salvación en clave nacional, de Israel, laos santo, al que Dios quiere liberar de los enemigos (ekhthrôn: 1, 71.73) y de las manos de aquellos que nos odian (misountôn hêmas: 1, 71), a diferencia del Magníficat que habla de la liberación de los pobres como tales.

Esa visión  resulta lógica en boca de un sacerdote patriarca que ha oficiado en el templo de los levitas, poderosos sacerdotes, que entienden el nacimiento del Mesías desde la perspectiva de los elegidos del pueblo santo (que debían liberarse ante todo de sus enemigos nacionales, entendidos como aquellos que les/nos odian)[2].

59bb613b30259      En esa línea, vinculado Lc 1,32-33 con Lc 1, 68-69.71-75, podemos afirmar que en la primera comunidad judeo‒cristiana había algunos que entendieron a Jesús en términos cercanos a un tipo de celotismo militar, en la línea de Pinjás (cf. Num 25)…

(Las imágenes están tomadas de las pinturas de la Virgen de la Merced que Helios Gómez, militante/gitano andaluz, de Triana/Sevilla, amigo de los pobres, condenado por “anarquista” (en la línea de los sicarios de los que seguiré hablando) y devoto de María, pintó en una celda de la Cárcel Modelo.

Por la dureza de aquella cárcel murió Helios. Pero, enfermo como estaba, por amor de B. Lahoz, mercedario ejemplar. que le regaló una estampa de la Virgen  (pintada por Vicente López, 1772-1852,  Museo de Valencia, arriba ), pintó  una celda/capilla de la Virgen de la Merced, su madre, hermana y amiga, encarcelada como él en la Modelo de Barcelona. Iré poniendo imágenes de esa Celda/Capilla de la Virgen de la Merced, cautiva entre los los cautivos de la terrible Cárcel Modelo de Barcelona.

Estuve y ofrecí una semblanza de Helias en un Congreso que unos amigos organizaron hace algunos años en Barcelona. Busque quien quiera la referencia en Helios Gómez y Pikaza. Cf. RD 30.08.2008, https://www.religiondigital.org/el_blog_de_x-_pikaza/Helios-Virgen-Anarquista-Presos-Carcel_7_921577847.html

Magníficat, canto universal.

             A diferencia de Zacaría, María ha destacado la elevación de los oprimidos y el enriquecimiento de los pobres (anawim) que, mirados en sí mismos, carecen de fronteras religiosas y o nacionales; ella, la mujer oprimida (por mujer y por pobre, como seguirá diciendo el Magníficat) eleva su canto al servicio de la liberación de todos los hambrientos y oprimidos del mundo.

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  María pasa así del nacionalismo de David (defendido por Zacarías, en el Benedictus) al universalismo de Abraham. Ella no busca una pequeña conversión-salvación nacional de Israel, sino la transformación de la humanidad como tal, superando la oposición de poderosos y oprimidos, ricos y pobres (varones y mujeres, en una línea marcada por la tradición paulina en Gal 3, 28).

  Por eso, ella no puede vincularse a los nacionalistas celotas (como sería Zacarías), insistiendo en la sacralidad de templo y pueblo en cuanto tal (separado de otros pueblos, con un triunfo militar del “cuerno” de David, que “libera” Jerusalén de las manos de los enemigos); ella quiere abrir (compartir) un camino de inversión, revolución y transformación de la humanidad en su conjunto, desde los oprimidos y los pobres.[3].

En ese sentido, ella se sitúa más cerca de los sicarios que de los celotas nobles y nacionalistas (como Zacarías). Su movimiento, de origen proletario o campesino, puede presentarse como una religión laical, centrada en la experiencia del señorío absoluto de Dios y de su libertad, en una línea inspirada por Abraham.

Ciertamente, en los momentos más sangrientos de la rebelión y la guerra contra Roma, muchos sicarios mostraron un aire de dura intransigencia, como portadores de la violencia de los pobres que estalla al fin contra los ricos. Pero en el fondo ellos querían ser representantes de un igualitarismo pacífico de todos los desposeídos, destruyendo los archivos oficiales con los documentos de propiedad de los ricos y, quemando los palacios de los sumos sacerdotes y los nobles herodianos, enriquecidos a costa del pueblo, a fin de que todos pudieran ser hermanos [4].

En esa línea, la parte más antigua del himno de Zacarías sacerdote puede entenderse como expresión de un celotismo sacral,nacionalista y jerárquico, partidario del “cuerno de David”, es decir, de un triunfo político‒religioso de Israel. En contra de eso, María se encuentra espiritualmente más cerca de un tipo de revolución sicaria (pero  no militar), en línea de “salvación” de los pobres, no de triunfo armado de la nación judía.

Ella no era defensora de la guerra militar contra Roma, sino partidaria y portadora de un ideal pacífico (femenino) de revolución universal, igualitaria, partiendo de los hambrientos y oprimidos, un  ideal más fuerte que todas las guerras.  Por eso cuando un tipo de piedad social ha secuestrado la figura de María para anestesiar a los pobres y servir a los ricos está traicionando al evangelio. Leer más…

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Con María junto a la Cruz

Martes, 15 de septiembre de 2020

En el día que los católicos celebran a nuestra Sra de los Dolores, recordamos a tantos hermanos y hermanas que están sufriendo…

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La devoción a la Virgen de los Dolores se remonta a los primeros años del segundo milenio, como desarrollo de la «compasión» con María iuxta crucem Jesu. Esta devoción fue formulada litúrgicamente en tierras germanas, concretamente en Colonia, el año 1423. Sixto IV insertó en el misal romano la memoria de Nuestra Señora de la Piedad. La atención hacia María «dolorosa» se fue desarrollando gradualmente en la forma de los Siete Dolores, representados en las siete espadas que traspasan el corazón de la madre de Cristo. La extensión a la Iglesia latina en 1727 fue favorecida por los Siervos de María, que la celebraban desde 1668. La colocación en el 15 de septiembre se remonta a Pío X (1903-1914). En el calendario litúrgico de 1969 se la denomina memoria de Nuestra Señora la Virgen de los Dolores.

***

La meditación sobre los siete dolores de la bienaventurada Virgen podrá expresarse fácilmente en términos actuales, en cuanto los comparemos con los múltiples sufrimientos por los que está marcada la vida hoy…

Principalmente en virtud de nuestra identidad cristiana, aceptaremos ser nosotros mismos una existencia atravesada por la espada del dolor. Siguiendo a Jesús, tomaremos cada día nuestra cruz (Le 9,23; cf. Mc 8,34; Mt 16,24). Sensibles al drama de innumerables personas y grupos obligados a emigrar desde países pobres nada naciones más ricas, en busca de pan o de libertad, pondremos a salvo la vida de todo tipo de persecución y ofreceremos nuestra contribución activa a la acogida de los emigrantes […].

En presencia de cuantos, en medio de la incertidumbre del vivir, añoran el rostro del Señor o se encuentran angustiados por haberlo perdido, nuestras comunidades han de ser lugares que apoyen su trabajosa búsqueda. Han de convertirse en santuarios de consuelo para tantos padres y madres que, desolados, lloran la pérdida física o moral de sus hijos. Como copartícipes de un mismo itinerario de fe, acompañaremos a nuestros hermanos y hermanas por la vía de su calvario: con gestos de delicadeza, como Verónica, o llevando su peso, como el Cirineo.

*

H. M. Moons,
Con María junto a la cruz,
Roma 1992, 19ss.

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Festividad de La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

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ASUNCION

Plenitud de agosto,
vuelo de Asunción.
Bodega con mosto
de tu Corazón.

Rutas de Araguaia,
con mi pueblo en cruz.
Mi «seca» y tu playa:
la Paz de Jesús.

Lograda María,
llegada Asunción,
que reclama y guía
nuestra romería
de Liberación.

*

Pedro Casaldáliga

***

No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe… Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”

*

Martín Lutero,
1483-1546

***

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***

María de todos nuestros deseos
y de todas nuestras esperanzas …

Te saludo María,
madre de todos nuestros deseos de ser felices.
Eres la tierra que dice sí a la vida.
Eres la humanidad que consiente en Dios.
Eres la fruta de las promesas del pasado
y el futuro de nuestro presente.
Eres la fe que acoge lo imprevisible,
eres la fe que acoge lo invisible

Te saludo María,
madre de todas nuestras búsquedas
de este Dios imprevisto.
Del Templo donde lo pierdes,
al Calvario donde es colgado
su camino te parece una locura.
Eres cada uno de nosotros que busca a Jesús,
sin comprender bien su vida y sus palabras.
Eres la madre de las oscuridades de la fe,
tú quien observas todos los acontecimientos en tu corazón,
profundizas y meditas todos nuestros ” ¿por qué? ”
Y quien confía en el futuro de Dios, tu Señor.

Te saludo María,
madre de todos nuestros sufrimientos.
Eres la mujer de pie
al pie del hombre crucificado,
eres la madre de todos los que lloran
la inocencia masacrada y el preso torturado.

Te saludo María,
madre de Jesús y del discípulo que creyó.
Eres la madre de los Hombres y de la Iglesia,
estás en la encrucijada de la historia de la salvación
que Dios inventa desde Abraham y Moisés.

Te saludo María,
madre de todos nuestros pentecostés.
Eres, con los apóstoles,
la Iglesia que ruega y acoge los dones del Espíritu Santo.

Te saludo María,
madre de todas nuestras esperanzas.
Eres la estrella radiante de pueblo en marcha hacia Dios.
Eres el anuncio de la humanidad transfigurada,
eres el éxito de la creación
que Dios hizo para su eternidad.

*

Michel Hubaut
Oración extraída de « Cristo nuestra felicidad, aprender a orar con san Francisco de Asís y Santa Clara de Asís», Éditions Fayard, 1986

*

2-1

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María, en su canto de alabanza, no engrandeció a Dios sólo de una manera abstracta por haber «levantado a los humildes» y haber «llenado de bienes a los hambrientos», sino que lo hizo indudablemente también porque conocía esta bajeza ante Dios mejor que cualquier otra criatura: Dios, el poderoso, en efecto, «ha mirado la humildad de su sierva», y por esa mirada proyectada sobre ella, no por su ensalzamiento, ella se alegra por «la grandeza del Señor». Si bien María era materialmente pobre, no se alegra por los dones materiales que le fueron concedidos […], sino por el don inaudito de una maternidad mesiánica, que no era tanto un don hecho a ella personalmente como un acto de misericordia hacia su «siervo Israel», que ha obtenido la «semilla de Abrahán»por la que había suspirado tanto tiempo. En su opción en favor de los pobres, María es perfectamente ella misma, no se ha alienado en absoluto en «otra María».

Sabe que ha llegado a ser Madre de una manera única e incomparable por pura gracia, y Madre no sólo de su único Hijo, sino, en él, de todos aquellos que mediante él y en él se han convertido en hijos e hijas de Dios en la Iglesia. (Y cuando aquí hablamos de Iglesia, sus confines permanecen indefinidos, porque la gracia de la redención de Cristo ha llegado, en efecto, a todos los hombres que nacieron antes que él y después de él.) «La mediación de María está ligada, efectivamente, a su maternidad, posee un carácter específicamente materno»(Redemptoris Mater 38) y, por eso, ella es el centro de la «comunión de los santos», «está como envuelta por toda la realidad de la comunión de los santos» (Redemptoris Mater 41), de esa capacidad de ser-para-los-otros en el Reino de Dios como coronamiento sobrenatural de la estupenda posibilidad ya en el plano natural, o sea, de la capacidad de poderse apoyar y ayudar recíprocamente.

*

H. U. von Balthasar, «Comentario a la encíclica “Redemptoris Mater”», en H. U. von Balthasar – J. Ratzinger, María. El sí de Dios al hombreo. Introducción y comentario a la encíclica«Redemptoris Mater», Brescia 31988, pp. 56ss, passim)

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Miércoles 15 de Agosto de 2020. La Asunción

Sábado, 15 de agosto de 2020

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1ª LECTURA

Apocalipsis 11, 19a;12,1.3-6a.10ab

Una mujer vestida del sol, la luna por pedestal

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de la alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo:

“Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.

***

Salmo responsorial: 44

De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.

Hijas de reyes salen a tu encuentro,

de pie a tu derecha está la reina,

enjoyada con oro de Ofir. R.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,

olvida tu pueblo y la casa paterna;

prendado está el rey de tu belleza:

póstrate ante él, que él es tu Señor. R.

Las traen entre alegría y algazara,

van entrando en el palacio real. R.

***

2ª LECTURA

1Corintios 15, 20-27a

Primero Cristo como primicia; después todos los que son de Cristo

Hermanos:

Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza.

Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

***

EVANGELIO

Lucas 1, 39-56

El Poderoso ha hecho obras grandes por mí; enaltece a los humildes

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludo a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

“¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

María dijo:

“Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como lo había prometido a nuestros padres- en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.”

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

*

Homilía de Monseñor Romero sobre los textos litúrgicos de hoy (15 de Agosto de 1977)

***

SU CUMPLEAÑOS

… todo este gesto tan amable de su presencia y sobre todo de su oración, por este servidor de ustedes, a quien abruma este cariño del pueblo y por el cual estoy dispuesto a seguir dando los años que el Señor me conceda. Y considero como un bello regalo de cumpleaños, que la Iglesia misma se hace, este nuevo diácono que vamos a ordenar.

LA ASUNCIÓN DE MARIA

Y en el ambiente del misterio que celebramos hoy, cómo recobra encanto toda esa fiesta de la Arquidiócesis en su Catedral. La asunción en cuerpo y alma de la Virgen al cielo no es una opinión piadosa. Es un dogma de fe, el dogma diríamos, de moda, el más reciente. Fue al clausurar el año de 1950 aquel gran Año Santo, que llevaba a Roma muchedumbres y que recibía aquel gran Pontífice que fue Pío XII. Durante esos años, se hizo una consulta muy interesante a todos los obispos del Mundo: ¿Cómo estaba en el pueblo la creencia de esta verdad, de que María ha sido llevada en cuerpo y alma al cielo? Al mismo tiempo que recogía la tradición de la liturgia, de la teología, y todo lo profundo que la Iglesia tiene en sus estudios, pudo tener la seguridad, el 1º de noviembre de aquél Año Santo, de proclamar como dogma de fe, y que por tanto es obligatorio creerlo todos los católicos, que María, después de terminar su curso mortal en la tierra, fue asunta, como recogida por Dios, en cuerpo y alma. Podemos decir, hermanos, porque una verdad que corresponde a los orígenes de nuestro cristianismo, a los orígenes del mismo Cristo, apenas en nuestro tiempo se proclama dogma de fe, no es que el Papa Pío XII inventó que María ha sido llevada en cuerpo y alma, como si hubiera inventado esa verdad hoy en 1950. Los dogmas no los hace el Papa. El Papa lo que hace es poner el sello de su autoridad, de su magisterio, para darle seguridad al pueblo de que esa verdad está contenida en la divina revelación. Y lo creemos no sólo porque lo dice el Santo Padre, sino sobre todo porque lo ha dicho Dios y lo ha revelado en la Sagrada Biblia y en la tradición viviente de la Iglesia. Leer más…

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“Seguidora fiel de Jesús”. Asunción de María – C (Lucas 1,39-56)

Sábado, 15 de agosto de 2020

02_Adv_A-02-MariaLos evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.

María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.

Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.

María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.

María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.

María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.

María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión, trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.

José Antonio Pagola

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15 de agosto, fiesta de la Madre de Dios: Historia de la muerte, entierro y ascensión de María.

Sábado, 15 de agosto de 2020

15_08_2016_26Después de la confesión del Nacimiento, Muerte y Pascua de Jesús, no ha existido en el Cristianismo una historia más conocida y celebrada que la del Nacimiento, Muerte/Entierro y Ascensión de su madre María.

Ella fue enterrada junto al torrente Cedrón, al comienzo del valle de Josafat, y allí se conserva su memoria más antigua, vinculada a la iglesia pobre de los pobres judeo-cristianos. Más tarde, con el triunfo de los pagano-cristianos, y el establecimiento de la iglesia imperial (313 d.C.), los nuevos cristianos “pensaron” que María había subido al cielo desde el Monte Sion, en el Alto Jerusalén, junto al Cenáculo y crearon las bellísimas narraciones de la Asunción, que han pervivido hasta hoy en la memoria de la iglesia.

Ésta es una historia de fe (muerte y entierro, ascensión y reino). No todas las iglesias interpretan del mismo modo estos “datos, pero ellos constituyen un elemento clave de la historia del cristianismo. Quien no los conoce ignora una página esencial de la confesión cristiana y de la cultura de occidente. Buena fiesta y buen recuerdo a todos, este día de la muerte y gloria de María.

13.08.2020 | X.Pikaza

La fiesta y dogma de la Asunción de Santa María, Madre de Jesús, está muy vinculada a la tradición de Jerusalén, como lo muestran los monumentos arqueológico y los apócrifos asuncionistas que no son apócrifos por falsos, sino porque no han sido recogidos en la Biblia canónica de las iglesias.

María en la Biblia

Todo nos hace pensar que era de Nazaret de Galilea y que, al principio no formó parte externa del movimiento de Jesús, como indican el evangelio de Marcos y el de Juan. Pero tras la Crucifixión de su Hijo, a quien, según Jn 19, 25‒27 (y quizá Mc 15, 40‒41) acompañó junto a la cruz, ella formó parte importante de su Iglesia.

  1. La tradición de Hch 1, 14 supone que ella formaba parte de la Iglesia de los “parientes de Jesús” (de Santiago), cuya “historia” conocemos por Pablo y por Hechos de los Apóstoles. Más aún, ella actuó en ese grupo como “gebira”, Señora, madre del Señor (cf. Lc 1, 42), como he puesto de relieve en Gran Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 1015 (voz Gebira). En esa línea, el evangelio de Lucas como el de Mateo dan testimonio de la importancia de María en esa Iglesia.
  2. La tradición de Jn 19, 25‒27 insiste en que, habiendo formado parte de la comunidad de los “hermanos” de Jesús (cf. Jn 2, 12), María se integró en “casa” (iglesia) del discípulo amado. Eso parece indicar que entre la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión (vinculada a los parientes de Jesús) y la del discípulo amado, del evangelio de Juan existieron profundas relaciones profundas. Por el contrario, la tradición helenista, retomada por Pablo, no sabe nada de María, aunque conoce a los “hermanos” de Jesús, de los que se dice que eran “apóstoles” y estaban casados (cf. 1 Cor 9, 5; 15, 7).
  3. Más que el “final” (muerte/dormición, resurrección/asunción) de María a la Iglesia primitiva le ha importado su “principio”, es decir, su relación con el nacimiento de Jesús. En ese sentido se sitúan las genealogías de Mt 1, 1‒17 y de Lc 3, 23‒38, que he estudiado en Historia de Jesús (Verbo Divino, Estella 2013). Pero ellas no van en la línea de María, sino en la de José “desposado con María, de la que nació Jesús. De todas formas, en esa línea, tanto Mt 1‒2 como Lc 1‒2 hablan de un nacimiento más alto de Jesús por obra/presencia del Espíritu de Dios en María (superando la línea genealógica de José).
  4. En esa línea, la Iglesia se ha ocupado pronto del origen y función activa de María en el nacimiento de Jesús, y de esa forma ha “recibido” (desde el II‒III d.C) el Protoevangelio, atribuido a Santiago (hermano del Señor), uno libro clave en la historia y devoción mariana de la Iglesia. Este evangelio combina y recrea tradiciones de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2), en perspectiva judeocristiana, con datos de tipo teológico‒devocional más que histórico. Defiende no sólo el nacimiento virginal de Jesús por obra del Espíritu Santo, sino la virginidad perpetua de María (hija de Joaquín y de Ana), declarando que los “hermanos” de Jesús serían hijos de José, ya viudo y padre al casarse con María. Es un evangelio de tono piadoso con tendencia judeo‒cristiana doceta, y ha influido mucho en la devoción popular y en las fiestas marianas de la Iglesia. Presenta a María como expresión de la Santidad de Dios y la vincula no sólo con el Templo de Jerusalén, sino con la tradición sacerdotal y davídica del judaísmo, viendo en ella la culminación del Antiguo Testamento.

 Muerte/dormitio, tumba de María

  1. No conservamos ningún texto primitivo que interprete la muerte/dormitio (en griego kóimêsis) de María en forma pascual, es decir, como expresión de entrega personal en manos de Dios, como Jesús su Hijo, cuya “cruz” ella habría asumido. De todas formas, los evangelios transmiten dos datos muy significativos. (a) Y una espada atravesará tu alma (cf. Lc 2, 34‒35). Esta palabra supone que María ha compartido la suerte “pascual” de Jesús, pues la espada de la revelación salvadora de Dios ha atravesado su alma. Ésta es una palabra simbólico‒teológica, pero Lucas no podría haberla transmitido a no ser que supiera que María había compartido la “buena muerte” de Jesús. (b) Y él (el discípulo amado) la recibió en su casa (eis ta idia, entre sus cosas, Jn 19,27). Esta palabra vincula a la Madre de Jesús con la Iglesia o comunidad del discípulo amado (que ha tenido conexiones con la comunidad de los hermanos de Jesús, cf. Hch 1, 13‒14) y no se podría haberse transmitido a no ser que el autor del 4º Evangelio supiera que la Madre de Jesús había muerto ya (como supone que ha muerto el Discípulo Amado, Jn 21, 22‒23).
  2. La tradición primitiva de las iglesias “helenistas” (hasta el IV d.C.) no conserva referencias sobre la muerte de María, y esto puede explicarse por el hecho de que el testimonio de la muerte de María ha sido conservado y transmitido por la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión, de la que conservamos pocos testimonios. Este es un dato que hoy se puede interpretar mejor, gracias a los estudios arqueológicos y teológicos del Estudio Bíblico Franciscano de Jerusalén, y en especial del Padre C.B. Bagatti 1905‒1990. Cf. New discoveries at the tomb of Virgin Mary in Gethsemane, Franciscan Press, Jerusalén 1975; Alle origini della Chiesa 1: Le comunità giudeo-cristiane. Libreria Editrice Vaticana, 1982; La chiesa primitiva apocrifa nel II secolo, San Paolo, Milano 1982. En ese contexto han de ponerse de relieve los siguientes datos:
  3. La tradición de la dormitio/kóimêsis (tumba pascual) de María está vinculada a una iglesia‒santuario de la parte alta del Valle de Josafat, junto a Getsemaní, uno de los lugares simbólicos más importantes de Jerusalén y de toda cristiandad (hacia el principio del torrente Cedrón, donde se realizaría el Juicio Final). Los seguidores de Jesús no pudieran escoger el lugar de su tumba (junto al Calvario), pero pudieron escoger y escogieron el de su Madre (y el de dos personas que, por imaginar algo, podrían ser María Magdalena y el Discípulo amado, que le acompañaron bajo la cruz). Sea como fuere desde el siglo II d.C. hay memoria de que la Madre de Jesús había sido enterrada allí.
  4. Ese lugar (con el culto consiguiente a la memoria de María) fue propio de la comunidad judeo‒cristiana, que se mantenía en parte separada de la pagano‒cristiana (más vinculada a de Pablo), que no tuvo interés por la Madre de Jesús. No sabemos lo que en II‒III se veneró en ese lugar. Ignoramos si había una sola tumba o tres tumbas, con sus cadáveres respectivos. O si el cuerpo de María había desaparecido y sólo se conservaba y veneraba el hueco donde había sido puesto. Lo cierto es que, por el estudio que en los últimos años ha podido realizarse in situ, tras una riada (año 1972), que dejó al aire los cimientos del edificio, con la tumba se ha podido determinar aquel espacio fue un lugar esencial para el culto mariano de la iglesia judeo‒cristiana. Fue ahí, al comienzo del valle de Josafat, en vinculación directa con la tradición del juicio‒final y la resurrección de los muertos, donde se recordó a María y se incubó la tradición del “ascenso” de María a los cielos. Aquel es, a mi juicio, con la “casa” de Nazaret el lugar más sagrado de la memoria mariana de la Iglesia.
  5. Las cosas cambiaron radicalmente en el siglo IV, tras el edicto de Milan (313), con la proclamación del cristianismo helenista como religión oficial del Imperio Romano (380). Fue un tiempo de gozo y triunfo para el cristianismo imperial, que pudo extenderse por todos los dominios de Roma, con ayuda de la administración política (especialmente tras el 380). Pero ese triunfo del cristianismo político de Roma fue una desgracia para muchas comunidades judeo‒cristianas (o simplemente judías) que se vieron amenazadas e incluso perseguidos.
  6.  En ese momento, ya desde el 313 comenzó una actividad febril de “recuperación” e imposición del cristianismo en el oriente y especialmente en Palestina. Entonces comienza la construcción de las grandes basílicas de Jerusalén y de su entorno, del Calvario y de Belén, del Monte de los Olivos (Eleona) y de la colina llamada del Monte Sión (en la zona alta de la ciudad, al otro lado del Monte de los Olivos (no en el antiguo Monte Sion, junto al templo de Jerusalén).
  7. No parece que se empalmara bien con la iglesia judeo‒cristiana de la circuncisión, de forma que hubo como un corte en la visión de María. De varias partes llegan entonces preguntas sobre su tumba y sobre sus restos o reliquias. Al principio, las respuestas fueron siempre las mismas: Los cristianos triunfantes de la Iglesia imperial no conocían el sepulcro de la Madre de Jesús, no tenían su cuerpo, ni sabían dónde se veneraba su memoria (vinculada a los judeo‒cristianos de la iglesia casi enterrada, como catacumba en el Valle del Cedrón (aunque entones el suelo estaba mucho más bajo que en el momento actual).

Éste es, a mi juicio, el gran secreto (quizá el mayor secreto) de la Mariología. La iglesia triunfante de los emperadores no reconoció la importancia de los humildes grupos judeo‒cristianos, que seguían viviendo en forma semi‒clandestina, conservando, casi en secreto, la memoria de la Madre de Jesús, en el lugar donde fue sepultada. Para aquellos judeo‒cristianos la conversión del cristianismo greco‒romano en religión oficial del imperio fue (¡y sigue siendo hasta el día de hoy!)  una mala noticia.

La nueva tradición mariana, de tipo más helenista, que desembocará en la declaración de María como Madre de Dios o Theotokos (Éfeso 431) ha tenido necesidad de “recrear” la figura de la Madre de Jesús, insistiendo en su carácter “pascual” (casi más bien “celeste”) y significativamente el lugar privilegiado de su “memoria” no será la pequeña iglesia del Cedrán, sino la nueva basílica construida sobre el Monte Sión (en la parte elevada de Jerusalén, junto al Cenáculo). Allí puede presentarse a María como auténtico Sion (Hija de Sión), con el alto carácter sagrado que ello implica. En ese fondo se entienden los relatos asuncionista, que constituyen el texto básico del triunfo pascual (muerte, resurrección, asunción) de María.

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Arquetipo básico de los relatos asuncionistas

Precisamente ahora, en el momento del “gran triunfo” del cristianismo oficial (imperio romano‒bizantino),   sienten más amenazadas y empiezan a desaparecer las comunidades judeo‒cristianas (de la circuncisión), depositarias de las más antiguas tradiciones marianas que, como indican Jerónimo y otros Padres de la Iglesia, siguieron existiendo hasta el siglo V‒VII d.C. y aún más tarde, siendo al fin en gran parte absorbidas por el Islam).

            En ese contexto surgieron los textos asuncionistas, un género literario y una teología que ha seguido copiándose y recreándose en varias lenguas (griego y latín, sirio y etíope etc.), como destacó  M. Jugie, La mort et l Assomption de la Sainte Vierge, Vaticano, 1994. Surgió así un “género teológico‒literario”, centrado en la muerte y resurrección/ascensión de María, como recogen M. Erbetta, Apocrifi del NT, 1/2, Vangeli, Marietti Casale M. 1982, 406‒650; A. Santos, Evangelios apócrifos, BAC, Madrid 1956, 607‒700; A. Piñero y G. del Cerro, Actos apócrifos de los apóstoles I‒III, BAC, Madrid  2012.

            En ese gran “corpus” de apócrifos de la Asunción, fijados por escrito entre el siglo IV/V y el VIII (aunque se siguen escribiendo y representando textos asuncionistas hasta el siglo XV/XVI), hay bastante continuidad. Entre los textos más antiguos podemos citar los relatos del Ps. Juan, del Ps. Melitón, de Juan de Tesalónica y del Ps. José de Arimatea, con la Leyenda Armenia de la Asunción, la Leyenda Árabe, la Leyenda Siríaca… Para una visión básica, cf. B Bagatti, OFM, Ricerche sulle tradizioni della morte della VergineSacra Doctrina, 69–70 (1973), 186–94. Entre los elementos fundantes de esa tradición, que aparecen desde el mismo siglo IV, se encuentran los siguientes:

María recibe la revelación de que va a morir, y obtiene de Jesús la certeza de que resucitará, y así lo transmite a sus acompañantes, que avisan a los doce apóstoles, extendidos por todas las partes del mundo, y ellos vienen para acompañar a la madre de Jesús en su tránsito.

El tránsito de María aparece así como una copia de la muerte/pascua de Jesús, pero con una gran diferencia: Ella morirá acompañada de los Doce Discípulos de su Hijo, que le transmiten el testimonio de gratitud de toda la Iglesia, aunque, como en el caso de Jn 20, puede faltar a la citar por retraso el apóstol Tomás que llegará tarde, aunque a tiempo para dar testimonio de la muerte (domitio, transitus) de la madre de Jesús.

‒ La muerte/asunción de María aparece así como ratificación del ministerio apostólico de los Doce (¡no de los judeo‒cristianos!) y como gran “Concilio constituyente” de la Gran Iglesia universal (no de la Iglesia de la circuncisión). En ese contexto pueden hallarse “tonos de fondo antijudío”, con hostilidad del judaísmo hacia la Gran Iglesia (y de la Gran Iglesia hacia el judaísmo”.

Este un esquema en los iconos de oriente y de los retablos medievales de occidente, que comienzan con la Anunciación‒Nacimiento de María (según el Protoevangelio de Santiago) culminación con su Muerte‒Elevación‒Coronación. De esa manera. la historia de Jesús queda integrada en la gran historia de María, su Madre, empezando en Jerusalén (“encuentro” de Joaquín y Ana en la Puerta Hermosa del Templo) y culminando en Jerusalén “dormitio y elevación”.

Último “apócrifo” asuncionista. El “misteri” de Elx/Elche

             Conforme a lo anterior, los apócrifos asuncionistas, con su doctrina general de la Subida de María en cuerpo y alma a los cielos, provienen de las iglesias de oriente, y han sido escritos en griego, siríaco, copto o árabe… Pero después, sobre todo a partir de las cruzadas (siglo XII) se han extendido y representado por el occidente latino. No han sido sólo textos para leer (legenda/leyenda), sino para representar, tanto en las iglesias como en las plazas adyacentes, escenificando el misterio de Dios en María-. Leer más…

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La evolución es posible gracias a una involución

Sábado, 15 de agosto de 2020

Maria+-+IsabelLc 1, 39-56

No debemos caer en el error de considerar a María como una entidad paralela a Dios, sino como un escalón que nos facilita el acceso a Él. El cacao mental que tenemos sobre María, se debe a que no hemos sido capaces de distinguir en ella dos aspectos: uno la figura histórica, la mujer que vivió en un lugar y tiempo determinado y que fue la madre de Jesús; otro la figura simbólica que hemos ido creando a través de los siglos, siguiendo los mitos ancestrales de la Diosa Madre y la Madre Virgen. Las dos figuras han sido y siguen siendo muy importantes para nosotros, pero no debemos mezclarlas.

De María real, con garantías de historici­dad no podemos decir casi nada. Los mismos evangelios son extremadamente parcos en hablar de ella. Una vez más debemos recordar que para aquella sociedad la mujer no contaba. Podemos estar completamente seguros de que Jesús tuvo una madre y además, de ella dependió totalmente su educación durante los once o doce primeros años de su vida. El padre en la sociedad judía del aquel tiempo, se desentendía totalmente de los niños. Solo a los 12 ó 13 años, los tomaban por su cuenta para enseñarles a ser hombres; hasta entonces se consideraban un estorbo.

De lo que el subconsciente colectivo ha proyectado sobre María, podíamos estar hablando semanas. Solemos caer en la trampa de equiparar mito con mentira. Los mitos son maneras de expresar verdades a las que no podemos llegar por vía racional. Suelen ser intuiciones que están más allá de la lógica y son percibidas desde lo hondo del ser. Los mitos han sido utilizados en todos los tiempos, y son formas muy valiosas de aproximarse a las realidades más misteriosas y profundas que afectan a los seres humanos. Mientras existan realidades que no podemos comprender, existirán los mitos.

En una sociedad machista, en la que Dios es signo de poder y autoridad, el subconsciente ha encontrado la manera de hablar de lo femenino de Dios a través de una figura humana, María. No se puede prescindir de la imagen de lo femenino si queremos llegar a los entresijos de la divini­dad. Hay aspectos de Dios, que solo a través de las categorías femeninas podemos expresar. Claro que llamar a Dios Padre o Madre son solo metáforas para poder expresarnos. Usando solo una de las dos, la idea de Dios queda falsificada porque podemos quedar atrapados en una de las categorías masculinas o femeninas.

El hecho de que la Asunción sea una de las fiestas más populares de nuestra religión es muy significativo, pero no garantiza que se haya entendido correctamente el mensaje. Todo lo que se refiere a María tiene que ser tamizado por un poco de sentido común que ha faltado a la hora de colocarle toda clase de capisayos que la desfiguran hasta incapacitarla para ser auténtica expresión de lo divino. La mitología sobre María puede ser muy positiva, siempre que no se distorsione su figura, alejándola tanto de la realidad que la convierte en una figura inservible para un acercamiento a la divinidad.

La Asunción de María fue durante muchos años una verdad de fe aceptada por el pueblo sencillo. Solo a mediados del siglo pasado, se proclamó como dogma de fe. Es curioso que, como todos los dogmas, se defina en momentos de dificultad para la Iglesia, con el ánimo de apuntalar privilegios que la sociedad le estaba arrebatando.

Hay que tener en cuenta que una cosa es la verdad que se quiere definir y otra muy distinta la formulación en que se mete esa verdad. Ni Jesús, ni María, ni ninguno de los que vivieron en su tiempo, hubieran entendido nada de esa definición dogmática. Sencillamente porque está hecha desde una filosofía completamente ajena a su manera de pensar. Para ellos el ser humano no es un compuesto de cuerpo y alma, sino una única realidad que se puede percibir bajo diversos aspectos, pero sin perder nunca su unidad.

La fiesta de la Asunción de María nos brinda la ocasión de profundizar en el misterio de toda vida humana. A todos nos preocupa cuál será la meta de nuestra existencia. Se trata de la aplicación a María de toda una filosofía de la vida, que puede llevarnos mucho más allá de consideraciones piadosas.

En la más clásica filosofía occidental encontramos tres conceptos que se han calificado como trascendentales: “unum”, “verum”, “bonum” (unidad, verdad y bondad). Pero la más simple lógica nos dice que, si esos conceptos se pueden aplicar a todos los seres, no hay lugar para sus contrarios: multiplicidad, falsedad y maldad. Esta contundente conclusión nos lleva a desestimar estas cualidades contrarias y negativas, como realidades realmente existentes. Este aparente callejón sin salida nos obliga a considerar estas tres últimas realidades como apariencias sin consistencia verdadera.

Allí donde encontramos multiplicidad, falsedad, maldad, debemos profundizar hasta descubrir la hondura de todo ser: la unidad, la verdad y la bondad. Toda apariencia debe ser superada para encontrarnos con la auténtica realidad. Esa REALIDAD está en el origen de todos y está escondida en todo. En el momento que desaparezcan las apariencias, se manifestará toda realidad como una, verdadera y buena. Es decir que la meta de todo ser se identificará con el origen de toda realidad.

La creación entera está en un proceso de evolución, pero aquella realidad hacia la que tiende, es la realidad que le ha dado origen. Ninguna evolución sería posible si esa meta no estuviera ya en la realidad que va a evolucionar. Ex nihilo nihil fit, (de la nada, nada puede surgir) dice también la filosofía. Si como principio de todo lo que existe ponemos a Dios, resultaría que la meta de toda evolución sería también Dios.

Lo que queremos expresar en la celebración de una fiesta de la Asunción de María, es precisamente esto. No podemos entender literalmente el dogma. Pensar que un ser físico, María, que se encuentra en un lugar, la tierra, es trasladado localmente a otro lugar, el cielo, no tiene ni pies ni cabeza. Hace unos años se le ocurrió decir al Papa Juan Pablo II que el cielo no era un lugar, sino un estado. Pero me temo que la inmensa mayoría de los cristianos no ha aceptado la explicación, aunque nunca la doctrina oficial había dicho otra cosa.

El dogma es un intento de proponer que la salvación de María fue absoluta y total, es decir, que alcanzó su plenitud. Esa plenitud solo puede consistir en una identificación con Dios. Como en el caso de la ascensión, se trata de un cambio de estado. María ha terminado el ciclo de su vida terrena y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos sino por un proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades. Todas las apariencias han sido superadas. Esa meta es la misma para todos. En lenguaje bíblico, “cielos” significa el ámbito de lo divino, por tanto María está ya en “los cielos”.

Cuando nos dicen que fue un privilegio, porque los demás serán llevados de la misma manera al cielo, pero después del juicio final, ¿de qué están hablando? Para los que han terminado el curso de esta vida, no hay tiempo. Todos los que han muerto están en la eternidad, que no es tiempo acumulado, sino un instante. Concebir el más allá, como si fuera continuación del más acá, nos ha metido en un callejón sin salida; y parece que muchos se encuentran muy a gusto en él. Del más allá no podemos saber nada. Lo único que podemos descartar es que sea prolongación de la vida de aquí.

Meditación-contemplación

El Magníficat es un excelente cántico de alabanza,
resumen de las aspiraciones de todo un pueblo,
que confía plenamente en Dios
y en la salvación que había prometido a los antepasados.
……………………

Este poema pone en boca de María estos sentimientos
y nos invita a desarrollarlos interiormente,
teniendo en cuenta que las obras de Dios
nunca se manifiestan en fenómenos espectaculares.
……………………

La obra la desplegó Dios en María.
Fue posible porque fue capaz de decir “Fiat”.
La seguirá desplegando en cada uno de nosotros,
en la medida en que sepamos estar, como ella, disponibles.
…………………

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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