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Reclamar tu corporalidad para la vida eterna.

Jueves, 2 de julio de 2020

Del blog de Henri Nouwen:

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Nunca te has sentido completamente a salvo en tu cuerpo. Pero Dios quiere amarte en todo lo que eres: espíritu y cuerpo. Cada vez más, has llegado a ver a tu cuerpo como un enemigo que hay que conquistar. Pero Dios quiere que seas amigable con tu cuerpo, de manera que pueda estar preparado para la resurrección. Cuando no eres totalmente dueño de tu cuerpo, no puedes reclamarle una vida eterna.

¿ Entonces, cómo hacer que tu cuerpo vuelva a pertenecerte? Dejándolo participar en tu deseo más profundo de recibir y ofrecer amor. Tu cuerpo necesita ser sostenido y sostener, ser tocado y tocar. Ninguna de estas necesidades es para desdeñar, negar ni reprimir. Pero tienes que seguir buscando tu necesidad corporal más profunda, la necesidad de amor genuino. Cada vez que puedes ir más allá de los deseos corporales superficiales de amor, estas haciendo que tu cuerpo te vuelva a pertenecer y te estas acercando a la integración y a la unidad.

 El Espíritu de Dios cubrió a María, y en ella toda enemistad entre el espíritu y el cuerpo fue superada. Así, el Espíritu de Dios se unió al espíritu del hombre, y el cuerpo humano se transformó en el templo destinado a elevarse hacia la intimidad de Dios a través de la resurrección. A todo cuerpo humano se le ha dado una nueva esperanza, la de pertenecer eternamente al Dios que lo creo. Gracias a la Encarnación, puedes hacer que tu cuerpo te vuelva a pertenecer.

*

Henri Nouwen

La voz interior del amor

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Espera

Lunes, 10 de febrero de 2020

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(Foto de Jim Ferringer)

A modo de imagen, voy a partir de la experiencia de ciertos monjes de los primeros tiempos de la Iglesia, allá por los siglos III y IV. De noche se mantenían de pie, en posición de espera. Se erguían allí, al aire libre, derechos como árboles, con las manos levantadas hacia el cielo, vueltos hacia el lugar del horizonte por el que debía salir el sol de la mañana. Su cuerpo, habitado por el deseo, esperaba durante toda la noche la llegada del día. Esa era su oración. No pronunciaban palabras. ¿Qué necesidad tenían de ellas? Su Palabra era su mismo cuerpo en actitud de trabajo y de espera. Este trabajo del deseo era su oración silenciosa. Estaban allí, nada más. Y cuando llegaban por la mañana los primeros rayos del sol a las palmas de sus manos, podían detenerse y reposar. Había llegado el sol.

        Esta espera, de la que es imposible decir si es más corporal o espiritual, si es más específicamente conceptual o afectiva, se encuentra en la experiencia espiritual. Siempre será para nosotros una tentación constante pretender identificar a Dios con algo de orden afectivo o bien de orden racional, de orden físico o bien de orden cerebral. La espera afecta a todo nuestro ser. Y lo que llega a nosotros es, precisamente, el rayo que, iluminando las palmas de nuestras manos y cambiando poco a poco el paisaje, nos anuncia que viene el sol, diferente a lo que la noche nos permite conocer.

*

Michel de Certeau,
Ma¡ senza l’altro
Magnano 1993

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Una vida y un cuerpo

Martes, 17 de diciembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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“La auténtica vida espiritual es una vida encarnada. Por eso creo en la encarnación, en que Dios se hace carne, en que Dios entra en la carne, en el cuerpo; de manera que si se toca el cuerpo, en cierto sentido se toca la vida divina. No hay vida divina al margen del cuerpo, porque Dios decidió revestirse de un cuerpo o convertirse en cuerpo”.

*

Henri Nouwen

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Cuerpo

Miércoles, 9 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

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“Hay un solo templo en el mundo, el cuerpo humano.

Nada es más santo que esta forma suprema

(…)

Se toca el cielo cuando se acaricia un cuerpo humano”.

*

Novalis

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Vacaciones

Jueves, 1 de agosto de 2019

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Querido hermano, queridas hermana,

Desde hoy jueves 01 de Agosto, el blog adopta, durante todo el mes, un ritmo vacacional. El Foro, como siempre, estará siempre activo.

En la portada, donde aparecen las  publicaciones diarias, se intentará seguir un ritmo regular, diario (sí se garantizará la “migaja” de espiritualidad y el artículo) pero puede que no…  sin embargo, podrás, seguro,  encontrar publicaciones aleatorias de noticias, artículos o textos inéditos.

Para estar seguro de  no perderte nada, no te olvides de visitar el blog diariamente.

Mientras tanto muchos posts, artículos, noticias y… fotografías sugerentes que quizá se te habrán escapado, están ahí esperándote.  Es el momento de ir a visitarlas.

Ver y ver de nuevo, magia de las palabras, lo imaginario de las fotos, holgazaneo, sensualidad,  ensueño …

Sin olvidar un poco de espiritualidad …

Descanso del cuerpo,  sosiego del alma …

Buenas vacaciones a  todas y  todos

Besos

Mudejarillo

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Nota: Este post quedará fijado en la página inicial aunque se vayan publicando a diario las “migajas” espirituales y el diario artículo de espiritualidad…

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El cuerpo: como un cristal de luz…

Jueves, 20 de diciembre de 2018

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“El cuerpo ha sido para la espiritualidad occidental no una disposición, no un camino, no algo que ayuda, sino al revés: ha sido un obstáculo, una carga, ha sido algo negativo que había que superarlo, que domarlo. Yo diría que en esto debemos tener una conversión de mentalidad. Creo que nos tropezamos con un nuevo prejuicio de muchos siglos, y que está ahí. Tenemos que descubrir que el cuerpo no es un obstáculo, no es un lastre, no es una cosa negativa. Tenemos que descubrir o transformar el cuerpo, de manera que sea para nosotros como un cristal de luz, un vaso de perfume, un velo transparente que exprese el espíritu. Un medio de expresión y comunicación, un espacio de expansión, un lugar de gozo. Una fuente de espontaneidad y belleza.

55346630-mente-cuerpo-alma-espiritu-circulo-nube-de-palabras-el-concepto-de-saludEn occidente al cuerpo lo hemos disociado. Hemos separado al espíritu del cuerpo, lo hemos partido en dos. Hemos disociado a la persona, hemos despreciado, desvalorado, y yo diría más, odiado al cuerpo, lo hemos cosificado, mecanizado y lo hemos desintegrado. Y de ahí vienen muchas enfermedades. Ya no es solamente que con esto hemos perdido una de las formas de la ascética oriental que nos puede disponer mejor para la contemplación en el orden espiritual. Es que incluso esto ha sido causa de tantas vidas desdichadas, empobrecidas, llenas de conflicto, de tantas vidas enfermas, y no solamente en el orden de la enfermedad psicológica, sino también en el orden de la enfermedad física.

Frente a eso, el Oriente nos aporta un concepto unificado del ser humano. Para ellos, el cuerpo es como una manifestación del espíritu, no hay en la tradición oriental india esta actitud negativa de desprecio, de odio, de disociación. Al revés, hay un valorizar el cuerpo, como forma del espíritu, como camino para encontrar el espíritu”

*

Fernando Urbina,
Teología de la contemplación.
EDE, 2009.

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El blog en Agosto…

Jueves, 9 de agosto de 2018

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Querido hermano, querida hermana,

Desde hoy, el blog adopta,  durante agosto un ritmo vacacional. El Foro, como siempre, estará  activo diariamente.

En la portada, donde aparecen las  publicaciones diarias, se intentará seguir un ritmo regular, diario,  pero puede que no… (especialmente, como hoy tras este post, sí se publicarán diariamente las “migajas de espiritualidad” y el artículo de espiritualidad, además de la cita dominical con el Evangelio)… sin embargo, podrás, seguro,  encontrar publicaciones aleatorias de noticias, artículos o textos inéditos.

Para estar seguro de  no perderte nada, no te olvides de visitar el blog diariamente.

Mientras tanto muchos posts, artículos, noticias y… fotografías sugerentes que quizá se te habrán escapado, están ahí esperándote.  Es el momento de ir a visitarlas.

Ver y ver de nuevo, magia de las palabras, lo imaginario de las fotos, holgazaneo, sensualidad,  ensueño …

Sin olvidar un poco,  mucho, de espiritualidad …

Descanso del cuerpo,  sosiego del alma …

Buenas vacaciones a  todas y  todos

Besos

Mudejarillo

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Nuestra carne, transfigurada por el Verbo encarnado…

Lunes, 30 de julio de 2018

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Nuestra carne está hecha para morar en Dios, para convertirse en templo de Dios.

La carne de Jesús es el templo de Dios. De este templo correrán ríos de agua viva para alimentar, curar, revelar el amor y la compasión.

Nuestra carne, transfigurada por el Verbo encarnado, se vuelve un instrumento para difundir el amor de Dios.

Igual que para María, también para nosotros la carne de Cristo, su humanidad, son el medio a través del cual y en el cual nos encontramos con Dios.

La llamada que hemos recibido no es a dejar la humanidad de Cristo para ir al encuentro de Dios, que trasciende la carne, sino a descubrir y a vivir la carne de Jesús como carne de Dios, su cuerpo como un sacramento que da un sentido nuevo a nuestra carne humana, que nos revela el amor eterno de la Trinidad donde el Padre y el Hijo, en la unidad del Espíritu Santo, se aman desde toda la eternidad.

Nuestros cuerpos han sido concebidos en el silencio y en el amor.

Nuestra primera relación, con nuestra madre, ha sido una relación de comunión, a través del tacto y de la fragilidad de la carne.

Hemos sido llamados a crecer, a desarrollarnos, a volvernos competentes y a luchar por la justicia y por la paz; pero, en definitiva, todo está destinado a la entrega de nosotros mismos, al reposo y a la celebración de la comunión.

Todo empieza en la comunión, todo culmina en la comunión.

Todo empieza en la fiesta de las bodas y todo se consuma en la fiesta de las bodas, en la que nos entregamos con amor.

*

Jean Vanier,
(edición catalana: Jesús, el do de l’amor,
Editorial Claret, Barcelona 1994).

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Este es mi cuerpo. Esta es mi sangre.

Domingo, 3 de junio de 2018

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Mi cuerpo es comida

Mis manos, esas manos y Tus manos
hacemos este Gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los humanos.
Comiéndote sabremos ser comida,

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

*

Pedro Casaldáliga

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El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos:

“¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?”

Él envió a dos discípulos, diciéndoles:

“Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y, en la casa en que entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?” Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arreglada con divanes. Preparadnos allí la cena.

Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían. Jesús tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio, diciendo:

– “Tomad, esto es mi cuerpo.”

Cogiendo una copa, pronunció la acción de gracias, se la dio, y todos bebieron. Y les dijo:

“Ésta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por todos. Os aseguro que no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de Dios.”

Después de cantar el salmo, salieron para el monte de los Olivos.

*

Marcos 14,12-16.22-26

***

Vivir la misa. La expresión se ha vuelto ya un lugar común. Pero nunca es suficiente: especialmente en un período como el nuestro, en el que cristianismo está sometido a un trabajo de esencialización, en el que se ve disminuida toda estructura y ayuda desde el exterior, se hace más urgente que nunca la insistencia en estas ideas «esenciales». Urge enseñar de qué modo concreto puede y debe ser introducida la eucaristía en la vida de cada día, de qué manera puede y debe convertirse verdaderamente en aquella luz que explica y da su significado a los acontecimientos humanos.

Quien no tiene nada para ofrecer-sufrir no puede «participar» en la eucaristía: Cristo sufre y se inmola; también nosotros debemos sufrir-inmolarnos con él. Y estos sentimientos de víctima constituyen el alma de la misa. ¿Cómo se puede aplicar a la vida esta doctrina? Con un método muy sencillo: a menudo nuestras ¡ornadas laborales están llenas de cruces: el frío, el calor, el cansancio; contratiempos, fracasos, incomprensiones; enfermedades, fastidios, soledades; desánimos, depresiones, angustias: todo esto constituye un material preciosísimo para ofrecer durante la misa, que -para decirlo con el Concilio de Trento asume valor en virtud de los dolores de Cristo; es ofrecido por Cristo al Padre y por amor a la pasión de Cristo es aceptado por el Padre. Saber aceptar la vida con paciencia es vivir el sacrificio de la misa.

Vivir la comunión. Se trata de otro axioma clásico que implica convertir en «mística» la unión sacramental durante la jornada laboral: ésta debe llegar a ser un continuo «permanecer en Cristo». De este modo se prolonga «místicamente» la comunión: debemos adquirir la costumbre de trabajar, hablar, pensar por-con-en Cristo; se trata de adquirir la costumbre de hacerlo todo bajo el influjo, lo más actual-continuo que sea posible, de Cristo.

Es menester que nos ejercitemos en preguntarnos con frecuencia: «¿Cómo se comportaría Cristo si estuviera en mi lugar?». Es preciso que adquiramos la costumbre de «conmesurarnos» con él.

*

A. Dagnino,
La vida cristiana o el misterio pascual del Cristo místico,
Gnisello B. 19887, pp. 509-511; 534-539, passim).

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¿Cómo estás sanando?

Domingo, 8 de abril de 2018

Del blog Pays de Zabulon:

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Amigo,
¿Cómo pues, eres tan sanador ?

Tu presencia es un bálsamo en mi vida,
abre espacios,
Desplaza fronteras,
Y todo esto sin palabras.

Toco tu cuerpo
Y eres tú quien me tocas sin gestos.
Toco tu corazón
Y mi corazón se abrasa,
se expande, crece.
Escruto tu mirada
Y tus ojos me reenvían mis profundidades.
saboreo tu sonrisa
Y todavía la aumentas para mí.

Guauu,
Esta presencia, allí, de repente,
Entre nosotros, fuera de nosotros …
Guauu,
¿ Que haces, amigo mío,
Que haces?

¿Bienamado por Dios,
Pequeño enviado del cielo,
¿Cómo pues, eres tan sanador ?

*

Zabulon

***

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Aquel mismo domingo, por la tarde, estaban reunidos los discípulos en una casa con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:

La paz esté con vosotros.

Y les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.

Jesús les dijo de nuevo:

– La paz esté con vosotros.

Y añadió:

– Como el Padre me envió a mí, así os envío yo a vosotros.

Sopló sobre ellos y les dijo:

– Recibid el Espíritu Santo.

A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará; y a quienes se los retengáis, Dios se los retendrá.

Tomás, uno del grupo de los doce, a quien llamaban «El Mellizo», no estaba con ellos cuando se les apareció Jesús.

Le dijeron, pues, los demás discípulos:

Hemos visto al Señor.

Tomás les contestó:

Si no veo las señales dejadas en sus manos por los clavos y meto mi dedo en ellas, si no meto mi mano en la herida abierta en su costado, no lo creeré.

Ocho días después, se hallaban de nuevo reunidos en casa todos los discípulos de Jesús. Estaba también Tomás. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:

– La paz esté con vosotros.

Después dijo a Tomás:

– Acerca tu dedo y comprueba mis manos; acerca tu mano y mótela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino creyente.

Tomás contestó:

– ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

– ¿Crees porque me has visto? Dichosos los que creen sin haber visto.

Jesús hizo en presencia de sus discípulos muchos más signos de los que han sido recogidos en este libro.

Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis en él vida eterna.

*

Juan 20,19-31

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El mundo tiene una ardiente sed de la paz de Dios, anhela ver resplandecer el arco iris de la divina gracia después de la tempestad, pero no consigue liberarse de la agitación y de la inquietud, puesto que es un mundo caído al que se le ha infligido el destino inexorable de no conocer la paz. Si se me preguntara en qué consiste esa paz, sólo podría sugerir la imagen de algo que sea transitorio para proporcionar la idea de lo que es imperecedero. Conocéis la paz de un niño adormecido, también sabéis algo de la paz que experimenta un hombre en sí mismo cuando encuentra a la mujer amada, algo de la paz que encuentra el amigo cuando mira a los ojos del amigo fiel; conocéis algo de la paz que experimenta un niño en brazos de su madre, de la paz que reposa en ciertos rostros maduros en la hora de la muerte; de la paz del sol vespertino, de la noche que lo cubre todo y de las estrellas perennes; conocéis algo de la paz de aquel que murió en la cruz. Pues bien, tomad todo eso como signo caduco, como símbolo pobre de lo que puede ser la paz de Dios. Estar en paz significa saberse seguro, saberse amado, saberse custodiado; significa poder estar tranquilo, tranquilo del todo; estar en paz con un hombre significa poder construir firmemente sobre la fidelidad, significa saberse una sola cosa con él, saberse perdonados por él. La paz de Dios es la fidelidad de Dios a pesar de nuestra infidelidad.

En la paz de Dios nos sentimos seguros, protegidos y amados. Es cierto que no nos quita del todo nuestras preocupaciones, nuestras responsabilidades, nuestras inquietudes; pero por detrás de todas nuestras agitaciones y de todas nuestras preocupaciones se ha levantado el arco iris de la paz divina: sabemos que es él quien lleva nuestra vida, que ésta forma unidad con la vida eterna de Dios.

Que Dios haga de nosotros hombres de su paz incomparable, hombres que reposen en él, aun en medio del trastorno de las cosas del mundo, que esta paz purifique y serene nuestras almas y que algo de la pureza y de la luminosidad de la paz que Dios pone en nuestros corazones irradie en otras almas sin paz; que nos convirtamos el uno para el otro, el amigo para el amigo, el esposo para la esposa, la madre para el hijo, en portadores de esta paz que viene de Dios.

*

Dietrich Bonhoeffer, Memoria y fidelidad,
Magnano 1995, pp. 146-149, passim.

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“El cuerpo de Jesús”, por Carlos Osma

Jueves, 29 de marzo de 2018

crossDe su blog Homoprotestantes:

Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo (Mc 14,22).

El cuerpo de Jesús es un elemento central de la experiencia cristiana. De hecho, según la tradición, fue partido por todos nosotros (1 Cor 11:24). Muchos cristianos LGTBI al hablar sobre su propio cuerpo, podrían repetir aquella famosa frase que acuñó el colectivo de mujeres francés Ma Colère: “Mi cuerpo es un campo de batalla”. Por eso me propongo hacer una lectura sobre los últimos días de la vida de Jesús, desde esa experiencia tan nuestra de cuerpos que todavía están expuestos a la voluntad de poderes religiosos y políticos, para ser sometidos, transformados o eliminados.

“Entrando Jesús en el Templo comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el Templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas” (Mc 11,15).

Esta acción de Jesús al poco tiempo de entrar en Jerusalén, nos permite ver a un hombre que, a pesar de ser consciente del peligro, se mueve libremente y critica con su comportamiento un pilar fundamental de la sociedad y la religión israelita: el Templo. El cuerpo de Jesús no es un cuerpo hegemónico, es cierto que hay muchos otros “por debajo” del suyo, pero su acción no tiene un origen en el derecho de su cuerpo a actuar de una manera que a todas luces se nos presenta como violenta. Algunas personas podrían entender que el cuerpo de Jesús al ser dotado de la categoría “hombre”, tenía más libertad para reaccionar de esa forma. Pero la incomodidad que el texto ha supuesto siempre para la mayoría de intérpretes cristianos, indica que dentro del espacio sagrado, un “hombre” debía de comportarse de otra forma. De hecho, se nos avisa que para los poderes religiosos, para las buenas personas, esta acción justifica una condena a muerte.

Los cuerpos de las personas LGTBI suponen indudablemente un ataque a muchos de los presupuestos sagrados que existen en nuestras sociedades. O mejor dicho, los cuerpos de las personas LGTBI que se atreven a moverse con libertad denunciando la compra venta de dignidades e indulgencias, ponen nerviosos a quienes han divinizado construcciones culturales como hombre y mujer, han dividido a los seres humanos en machos y hembras, y han determinado cuál debe ser el objeto de deseo de cada ser humano. La voz profética de las personas LGTBI anuncia, ante el escándalo de quienes viven de los beneficios de la heteronormatividad y el patriarcalismo, que los Templos erigidos por estas ideologías, y que los cuerpos creados a su imagen y semejanza, serán destruidos por el mismo Jesús. Los ladrones que intentaron utilizar la casa de Dios en beneficio de sus intereses, se quedarán sin nada. Y aparecerá un nuevo Templo a través del cual todas las naciones, todos los cuerpos, independientemente de cualquier condicionante; podrán hacer sus oraciones a Dios. Los negocios humanos habrán acabado, y todo ser humano, tendrá libre acceso para hablar con Dios.

“Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar” (Mc 14,17).

Hay quien cree estar vendiendo el cuerpo de un amigo, para ganar unas monedas, y al cabo de unos días acaba colgando el suyo por el cuello en un árbol. Evidentemente quien no respeta el cuerpo de quien ha sido capaz de actuar con dignidad, es difícil que lo haga con el suyo. Es posible que todo tenga un precio, también los seres humanos, el de Jesús fueron 30 monedas de plata, o mejor dicho, ese fue el precio por el que Judas Iscariote se vendió. La traición siempre comienza cuando el traidor determina el valor que él mismo tiene. Estoy convencido de que los sacerdotes le hubieran dado mucho más si lo hubiera pedido, las arcas del Templo estaban a rebosar en esa época por las ofrendas que los peregrinos realizaban, pero Judas tenía interiorizado que valía muy poco. No es fácil desprenderse del autodesprecio, de la baja autoestima; hay muchas personas a las que les cuesta tener la seguridad necesaria para que no haya suficientes monedas en los templos que puedan comprarles.

La experiencia nos dice que nuestros mayores enemigos se sientan a la mesa con nosotros. Muchas de las personas a las que les gustaría enchufar cientos de cables a nuestro cuerpo para sanarlo, entregarlo a los Sumos Sacerdotes de la ortodoxia para que lo declaren impuro, o simplemente nos lanzan piedras todos los días; son personas LGTBI. Hombres y mujeres que se autodesprecian, que no son capaces de valorarse, que no saben lo que es amarse a uno mismo ni a otro ser humano. Ellos y ellas se viven a sí mismos y a los demás únicamente como cuerpos que se compran y se venden, desprendiéndoles de todo sentimiento y de toda empatía. El cuerpo es solo un objeto, y ellos han vendido el suyo para ser aceptados. El beso de Judas a Jesús puso en contacto dos cuerpos muy distintos: uno que tenía la dignidad suficiente para llegar hasta el final y mostrar su verdadera identidad, y otro invadido por el miedo y la culpa. Los dos acabaron siendo colgados, pero uno es origen de vida y redención, y el otro una muestra total de traición a uno mismo y a los demás.

“Y le golpeaban la cabeza con una vara, le escupían y, doblando la rodilla, le hacían reverencias. Después de burlarse así de él, le quitaron la capa de color rojo oscuro, le pusieron su propia ropa y lo sacaron para crucificarlo” (Mc 15,19-20).

Un Jesús que se movía libremente por un espacio, y en un momento, que debían controlar los poderes religiosos y políticos, era demasiado peligroso. En los márgenes, allí donde sus palabras eran solo incómodas, pero que no pasaban de ser las de un charlatán; su riesgo era mucho menor. Se pueden aceptar ciertos cuerpos incómodos, siempre que estos acepten formar parte de la marginalidad, de la insignificancia que no trastoca nada. Pero Jesús al no reconocer esta división espacial y temporal de los cuerpos, permite hacernos ver que ningún poder, por grande que sea, puede hacer lo que quiera. Por eso los sacerdotes, por miedo a las revueltas, tienen que buscar el momento y el lugar necesario para apresar a Jesús. Sus acciones inhumanas también tienen lugar en los márgenes, en la oscuridad de la noche y fuera de la ciudad. Y después de allí, una vez aislado el cuerpo de Jesús del resto de cuerpos, es juzgado. La ley, no es quien salvaguarda la convivencia, sino que es una herramienta que el poder utiliza en beneficio propio. No hace falta forzarla, leerla literalmente es suficiente para condenar a quien no rige con ella su vida. Y entonces, aquel cuerpo que se movió libremente anunciando la salvación y un mundo nuevo, se convierte en un mensaje claro del poder opresor y piramidal que pueden leer el resto de seres humanos. Los latigazos, los golpes, la corona de espinas, el camino obligado arrastrando una cruz, deforman el cuerpo de Jesús convirtiéndolo simplemente en una caricatura de quien realmente era. Esos cuerpos maltratados solo tienen una posibilidad, la crucifixión y la muerte; en ellos escribe el poder su violencia. Esa es la forma de asegurar la paz, de hacer cumplir la ley, y de ser fieles a la voluntad divina.

Las personas LGTBI en realidad no somos ningún problema para nadie siempre y cuando nos mantengamos en la periferia. Llenas están las iglesias y las sociedades de este tipo de personas que utilizan su libertad para sobrevivir intentando pasar desapercibidas, y levantando su voz solo cuando saben que no habrá ninguna consecuencia. Y tienen todo el derecho a hacerlo, seguir el camino de Jesús no es una obligación para nadie, y nadie debería seguirlo sin saber cuáles pueden ser sus consecuencias. No es cierto que no podamos cambiar las cosas, que no podamos hacer caer el sistema heteronormativo y patriarcal que nos rodea, de eso nos percatamos cuando vemos las reacciones de los poderes opresores cuando ocupamos con nuestros cuerpos los lugares que ellos consideran de su propiedad. Los cuerpos de lesbianas, gais, trans, intersexuales, bisexuales, queer… que se atreven a pedir leyes, normas, acciones, lecturas que les integren; son rápidamente interpretados como una amenaza por los cuerpos dominantes. Y es entonces cuando se revela la verdadera naturaleza de estos poderes dispuestos a todo por defender sus privilegios. Su forma de actuar siempre es la misma, separarnos del resto de cuerpos, asilarnos y juzgarnos con unas leyes que no son las nuestras para declararnos culpables. Después comienza el proceso de degradar y destrozar nuestros cuerpos, mostrándolos al resto del mundo como no son, para justificar que son dignos de ser crucificados; y para advertirles que no se permitirán disidencias, que habrá que pagar un precio muy alto. La cruz de Jesús es el lugar por el que las personas LGTBI no queremos pasar, pero paradójicamente sabemos que la liberación de nuestros cuerpos transita necesariamente por ella. A unos nos lo dice la experiencia, a otras la evidencia.

“Después se apareció Jesús, bajo otra forma, a dos de ellos que caminaban dirigiéndose al campo” (Mc 16,12).

Decía Pablo que “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también nuestra fe” (1Cor 15,14). En el evangelio de Marcos se nos explica que el cuerpo traspasado de Jesús fue bajado de la cruz y depositado inerte dentro de un sepulcro. Pero se afirma también que el silencio no fue la última palabra que Dios pronunció sobre ese cuerpo, sino que él mismo lo llamó de nuevo a la vida y lo resucitó. El Dios creador dignificó el cuerpo que el poder religioso y político pretendió humillar. Y no lo hizo borrando las huellas de las heridas recibidas, sino manteniéndolas, para mostrar que el nuevo cuerpo no es una aniquilación del anterior, sino una recreación suya. El cuerpo golpeado, azotado y traspasado de Jesús, no es el que Dios deseaba para él, ni tampoco para ningún otro ser humano; pero fue ese cuerpo desechado por todos, el que Dios levantó de la muerte para hablarnos de esperanza. La esperanza no es la ausencia de corporeidad, ni el olvido, ni la negación de lo ocurrido; la esperanza es la transformación de cuerpos que yacen muertos en la oscuridad de algún sepulcro, en cuerpos llenos de vida que se mueven con libertad en un mundo más justo. No se trata de una nueva creación estrictamente, sino de una recreación. No se trata de la revelación de un Dios todopoderoso que es capaz de volver a crear tantas veces como sea necesario, sino de anunciar a un Dios que se pone del lado de los que han padecido la humillación en sus propios cuerpos, para dignificarlos y llamarles hijas e hijos.

La última palabra para las personas LGTBI no es la cruz y la muerte, sino la resurrección y la vida. Aquí reside verdaderamente la esencia de la fe cristiana para nosotras, no en la repetición de unos versículos sacados de contexto o en la sumisión a una jerarquía determinada. El daño que lesbianas, queer, intersexuales, bisexuales, gais… hemos sufrido, las crucifixiones que padecidas en nombre de la seguridad, la tradición o la voluntad divina; han generado un impacto imborrable en nuestra vida y en nuestro cuerpo. Pero si nos quedamos atrapados en este paso, y nos resistimos a bajar de la cruz y a salir después del sepulcro; no habrá resurrección para nosotros. El mensaje cristiano no es el abrazo del dolor y los padecimientos, sino la esperanza de que a pesar de nuestras heridas podemos tener una vida plena. No ganarán los verdugos, ganará la voluntad de Dios, del Dios de Jesús, ese que siempre está al lado de los que son negados. Y ese Dios no quiere nuestros cuerpos colgando de un madero, allí lo han puesto quienes ven amenazado su poder por ellos; los quiere vivos, dando testimonio de que el Reino irrumpe irremediablemente. Esa es la comisión que se nos ha encomendado: “Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia” (Mc 16,15) de que al final, gana la vida.

Carlos Osma

Biblia, Espiritualidad , , , , ,

El cuerpo de Cristo, nuestro cuerpo

Miércoles, 21 de marzo de 2018
Del blog de Henri Nouwen:

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“Al reunirnos para la eucaristía nos reunimos en el nombre de Jesús que nos convoca para recordar juntos su muerte y resurrección en la partición del pan. En ella Él está verdaderamente entre nosotros. ‘Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos‘. (Mateo 18,20).

La presencia de Jesús entre nosotros, y bajo las especies de pan y vino, son la misma presencia. Así como le reconocemos en la partición del pan, le reconocemos también en nuestros hermanos. Cuando nos damos el pan los unos a los otros diciendo ‘Este es el cuerpo de Cristo’. nos damos también los unos a los otros diciendo ‘Nosotros somos el cuerpo de Cristo’. Es uno y el mismo acto de dar, es uno y el mismo cuerpo y uno y el mismo Cristo. “

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Henri Nouwen

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La belleza de un cuerpo desnudo

Martes, 3 de octubre de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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La belleza de un cuerpo desnudo

es sensible sólo a las razas que van vestidas.

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Fernando Pessoa,
El libro del desasosiego.

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Fotografía: un sadhu en Varanasi, India, tomada de unseenrajasthan.blogspot.fr

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En cuerpo y alma.

Sábado, 12 de agosto de 2017

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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 “Como el cuerpo está envuelto en la ropa y la carne en la piel y los huesos en la carne y el corazón en el cuerpo entero, así nosotros estamos revestidos en cuerpo y alma en la bondad de Dios, y envueltos en ella.

Nuestro Amante desea que nuestra alma se adhiera a Él con todas sus fuerzas y que nos aferremos a su bondad sin soltarnos jamás. Pues esto, por encima de todo, agrada a Dios y fortalece el alma.”

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Juliana de Norwich.
Revelaciones del amor divino.
Inglaterra, siglo XIV.

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“Juliana de Norwich: una de las voces más maravillosas entre todas las voces cristianas”.

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Thomas Merton

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La Cuaresma como tiempo para honrar el cuerpo

Miércoles, 15 de marzo de 2017

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La Cuaresma puede sentirse como una temporada litúrgica deprimente y castigadora, con todo el énfasis en dar cosas y en la penitencia. O puede sentirse como un segundo intento de las resoluciones de Año Nuevo: algo desprovisto de significado religioso o espiritual.

Para aquellos de nosotros queer y / o trans, y que hemos luchado para aprender a amar a nuestros cuerpos, Cuaresma toma un matiz aún más oscuro.

Durante muchos años negué mi cuerpo. Yo negaba que tuviera un cuerpo. Y cuando fui obligado a confrontar mi cuerpo, estaba lleno de odio y vergüenza. Me enseñaron que mis deseos eran pecaminosos y vergonzosos y debían ser negados. Puesto que pasé tanto tiempo en esa oscuridad, me resisto a volver a él, incluso durante una tiempo litúrgico tan importante.

¿Puede la Cuaresma ser reivindicada como una temporada amorosa para gente queer y trans?

Hay algo santo en este tiempo de Cuaresma. Es un tiempo de caminar en el desierto con Jesús. Es un tiempo de viajar con él a Jerusalén y a la crucifixión. Para muchas personas queer y trans * conocemos bien la sensación de estar en el desierto. Entendemos, íntimamente, el dolor de la crucifixión. En vez de entrar en la oscuridad,mirala esta vez como un recuerdo de las cosas pasadas.

Si todavía estás en la oscuridad, ten presente que tienes compañeros en tu viaje, y no estás solo.

La razón por la que recordamos la crucifixión es porque somos un pueblo que cree en la resurrección. Creemos que la muerte no es la respuesta final. Creemos que volveremos a vivir. Experimentar la resurrección no hace que nuestras cicatrices desaparezcan, sino que las hace santas. Y así en este tiempo de Cuaresma nos detenemos a abrazar nuestras cicatrices.

¿Qué pasa si, en lugar de dar algo que te gusta, te das algo que te hace sentir mal? ¿Qué pasa si, en lugar de renunciar a Twitter o Facebook, utiliza esas herramientas para conectarse con personas que te hacen sentir que tienes comunidad? ¿Qué pasa si, en lugar de reprender a sí mismo por lo que necesita cambiar, se centran en las cosas que hacen bien y se concentran en hacerlo aún mejor?

¿Qué pasaría si disminuyes la velocidad, tomas tiempo, vas más a fondo? Practica el autocuidado, conoce y ama tu cuerpo, vive en la resurrección.

Hay un tiempo para enfrentarnos a nuestras fallas. Hay un tiempo para esforzarse más.

Pero esos tiempos deben venir de un lugar de la autoestima y del amor para ser significativos. Si no has hecho el trabajo de amarte a ti mismo, esas acciones simplemente te enviarán a una espiral de vergüenza.

Así que en esta Cuaresma honra tu cuerpo. Honra tus deseos y tus amores. Míralos como santos y buenos. Ve más a fondo. Ama más fuerte. Contempla la belleza.

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Fuente Queer Theology

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Cuerpo y alma

Sábado, 5 de noviembre de 2016

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Los que ven alguna diferencia entre el cuerpo y el alma

es que carecen de ambos.

*

Oscar Wilde

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Riesgo

Sábado, 8 de octubre de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

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¡Señor Jesús, para revelar el misterio del Reino de Dios
tomaste muchos riesgos!
Arriesgaste la eternidad en el tiempo,
arriesgaste lo invisible en un rostro de hombre,
arriesgaste lo divino en un cuerpo humano.

Arriesgaste la palabra en la fragilidad de nuestras palabras,
arriesgaste la Bondad de Dios en la trivialidad de los gestos cotidianos.
Hasta aceptaste el riesgo de ser recuperado, mal interpretado, desfigurado.

Señor, desde tu Encarnación,
¿cómo seguirte sin arriesgarse?

Dame el amor por el riesgo
y el valor de aceptarlo con toda lucidez.
Concédeme arriesgar mi corazón,
mi inteligencia y mi razón,
arriesgar mis bienes, mi futuro y mi reputación.

¡Pero, tantos riesgos, lo comprendes bien, piden reflexión,
tantos riesgos merecen que me tome un tiempo para sentarme
para acoger, en el silencio de la oración, tu Espíritu,
fuente y fuerza de mis elecciones, para verificar las fundaciones!

Concédeme la gracia de edificar mi vida en la Roca de tu Palabra,
de permanecer en tu Presencia, de comenzar y de terminar la obra de mi vida Contigo.

*

Michel Hubaut.

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Nuestra carne

Sábado, 30 de julio de 2016

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Nuestra carne está hecha para morar en Dios,
para convertirse en templo de Dios.
La carne de Jesús es el templo de Dios.
De este templo
correrán ríos de agua viva
para alimentar, curar, revelar el amor y la compasión.
Nuestra carne,
transfigurada por el Verbo encarnado,
se vuelve un instrumento
para difundir el amor de Dios.
Igual que para María, también para nosotros
la carne de Cristo, su humanidad,
son el medio a través del cual y en el cual
nos encontramos con Dios.
La llamada que hemos recibido no es a dejar la humanidad de Cristo
para ir al encuentro de Dios, que trasciende la carne,
sino a descubrir y a vivir
la carne de Jesús como carne de Dios,
su cuerpo como un sacramento
que da un sentido nuevo a nuestra carne humana,
que nos revela el amor eterno de la Trinidad
donde el Padre y el Hijo, en la unidad del Espíritu Santo,
se aman desde toda la eternidad.
Nuestros cuerpos han sido concebidos en el silencio y en el amor.
Nuestra primera relación, con nuestra madre,
ha sido una relación de comunión,
a través del tacto y de la fragilidad de la carne.
Hemos sido llamados a crecer, a desarrollarnos,
a volvernos competentes
y a luchar por la justicia y por la paz;
pero, en definitiva, todo está destinado a la entrega de nosotros mismos,
al reposo y a la celebración de la comunión.
Todo empieza en la comunión,
todo culmina en la comunión.
Todo empieza en la fiesta de las bodas
y todo se consuma en la fiesta de las bodas,
en la que nos entregamos con amor.

*

Jean Vanier,
Jesús, el don del Amor
[edición catalana: Jesús, el do de l’amor, Editorial Claret, Barcelona 1994].

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“Cuerpo de Dios”, por José Arregi

Sábado, 11 de junio de 2016

Cortesd18febrero2011Día del Corpus en la Iglesia católica, tan popular en Europa y América. Fiesta del cuerpo de Jesús y de todos los cuerpos. Del pan y del vino, fruto de la tierra y de la comunión de todos los seres. La Tierra es un gran organismo viviente. El universo, con sus estrellas y galaxias, sus agujeros negros y sus vacíos, es un cuerpo inmenso.

Mira más cerca. Cada átomo es un cuerpo en que se despliega el universo de inmensamente pequeño. Nuestras imágenes y conceptos se desvanecen: lo que imaginamos como partícula o corpúsculo puede comportarse como onda incorpórea y, a la inversa, la onda incorpórea puede adoptar la forma de partícula. ¿Qué es qué?

Yo me pierdo, pero me alegro de perderme, me lleno de asombro ante el enigma de esa configuración “material” que es cada cuerpo. Nuestros esquemas y fronteras de materia-espíritu, espacio-tiempo, pasado-futuro, lejano-cercano, parecen diluirse. Todo cuerpo está “animado”, y toda “alma” está siempre “incorporada”: emerge de un sustrato “corporal” y se manifiesta en una forma “corporal”. La vida emerge de una aglomeración de materia y se manifiesta en la bacteria o en la flor. La conciencia emerge del cerebro y se manifiesta en la mirada.

Somos cuerpo en relación con todo lo que es. Somos nube, agua, aire. Somos larva y mariposa. Y morera, y pájaro que comió su semilla, o el hombre o la mujer que la plantó, y toda la humanidad. Somos átomos que se preparaban en aquel Big Bang o en otros desde siempre. Somos neuronas formadas de cientos de miles de millones de átomos en relación. Somos partículas de materia abierta, fuente inagotable de posibilidades. Somos espíritu. Somos milagro.

La vida está hecha de materia “inerte”, pero es como si la materia inerte estuviera hecha de aliento vital eterno. Como si la materia fuera espíritu y el espíritu fuera materia, madre de todo lo que es, santa ruah o aliento o espíritu, alma de todos los seres: del aire y del agua que corren, del geranio en flor, del pájaro carbonero que canta, de estos pobres y maravillosos seres humanos en camino que somos, savia, fruto y semilla de la evolución universal. Me postro en el templo del mundo, en el umbral del Misterio que envuelve y anima al universo y a cada cuerpo.

Cuando se instituyó la Fiesta del Corpus Christi hace casi 800 años, no existían todavía las ciencias modernas, ni en la Iglesia católica se toleraba la libertad de opinión. Pensaban que Dios era un Ente Supremo, otro y distinto de todos los entes del Cosmos, y que el cuerpo de Jesús de Nazaret era, en todos los tiempos de todo el universo, el único cuerpo o la única encarnación verdadera de Dios. Y creían que “el cuerpo y la sangre” de Jesús se hacían milagrosamente presentes en el pan y el vino transustanciados gracias a las palabras de consagración pronunciadas en la misa por el sacerdote. Y se contaban leyendas de hostias consagradas de las que brotaba sangre. Honraban el cuerpo de Jesús, pero despreciaban el cuerpo humano, su “carne pecadora”. Condenaban sus pobres placeres, sobre todo los de la gente más pobre.

Celebremos el Corpus de otra forma. Celebremos nuestro cuerpo, tan maravilloso y vulnerable. Cuidemos el cuerpo, sin torturarlo con nuestras obsesiones, sin someterlo a la esclavitud de nuestras modas y miedos. Respetemos como sagrado el cuerpo del otro, sin apropiarnos de él. Sintamos como propio el cuerpo del hambriento, del torturado, del refugiado enfangado o repatriado o ahogado en el mar, de la mujer violada, maltratada, asesinada. Es nuestro cuerpo. Es el cuerpo de Jesús. Es el cuerpo de Dios.

Sí, cuerpo de Dios. Dios no es un ser incorpóreo separado del mundo. No es mundo, pero no es sin mundo. Dios es como el latido íntimo, la energía originaria, la creatividad inagotable, la posibilidad infinita, la luz de la conciencia, el poder del bien, la comunión universal, la Presencia plena en cada parte en un mundo en eterna evolución. Dios es como el Alma o la Conciencia o el Todo o el Infinito emergente, que es infinitamente “más” que la suma de todas las partes que forman el mundo.

Pero no fue primero Dios y luego el mundo, como no es primero la conciencia y luego el cerebro. Son y crecen juntos. ¿Crece Dios? Es una forma de decir. El mundo es realidad abierta a posibilidades infinitas. Y Dios es la apertura del Infinito en un mundo abierto. O el Futuro Infinito presente más allá de nuestras categorías espaciales y temporales. Es. Son metáforas de Dios. Dios es como el alma del mundo y todo el mundo es como cuerpo de Dios. No hay Dios sin cuerpo, ni cuerpo sin Dios. Somos en El/Ella. Es en nosotras/os, infinitamente más que un Tú separado. Toma cuerpo en el trigo que espiga o en la viña que florece en los campos de Olite, en la promesa de amor o en la oración del peregrino en la ermita de Eunate.

Y en ti, amiga, amigo, en tu cuerpo que eres tú, tan efímero pero habitado por el Infinito, el Eterno. Tú también, como Jesús, en comunión con todo el universo en movimiento y evolución, eres cuerpo de Dios. El Infinito se manifiesta y emerge de ti. Acoge su misterio, déjate acoger por el Infinito en ti, deja que suba desde el fondo de ti la voz que te dice: “Te amo”. Haz que Dios sea y entonces serás. Sé cuerpo, metáfora de Dios. Celebra, cuida, sé cuerpo de Dios, epifanía carnal de la Ternura infinita.

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“Cuerpo y sangre de María”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 2 de abril de 2016

2006_the_nativity_story_0045De su blog Nihil Obstat:

Tuve la oportunidad de participar en un Congreso (en una ciudad americana) con un marcado talante ecuménico. Uno de los participantes fue un Obispo ortodoxo que recalcó con fuerza que no podía comprenderse a Cristo sin María. Efectivamente, si el Hijo de Dios no nace de una mujer (Gal 4,4) se vacía de contenido la verdad de la Encarnación. Desde esta perspectiva el Obispo ortodoxo afirmaba que María era el criterio de la verdad o falsedad de la fe cristiana, pues allí donde estaba Cristo estaba María, hasta el punto de que en el sacramento de la Eucaristía los fieles recibían también el cuerpo y la sangre de María. Al llegar a este punto confieso que me quedé perplejo.

A mi modo de ver lo que separa a la Iglesia católica romana de la Iglesia ortodoxa no es la fe, sino la teología. Ahora bien, la comprensión teológica de los misterios de la fe influye en la vivencia de la fe. Por eso, lo que decía el representante de la ortodoxia sólo puede sustentarse en una peculiar (no sé si también insuficiente) teología de los sacramentos. A propósito de esta relación entre el cuerpo y la sangre de Cristo con el cuerpo y la sangre de María me gustaría hacer dos reflexiones. Una, cuando se habla de “cuerpo y sangre” presentes en el sacramento eucarístico no se pueden entender como si fueran dos realidades separables, por una parte el cuerpo y por otra la sangre. Pues en cada una de las especies sacramentales se contiene la totalidad de Cristo. “Cuerpo y sangre” es un binomio que indica totalidad, como suele ocurrir con otro tipo de binomios. Para designar a todos los seres humanos se habla de altos y bajos, hombres y mujeres, blancos y negros.

En la eucaristía, cuerpo y sangre no puedan tomarse de forma independiente precisamente porque no son realidades materiales, sino sacramentales. El pan y el vino son materiales. Pero la presencia de Cristo en el pan y el vino eucarísticos es una presencia en virtud del Espíritu Santo, que hace a Cristo presente en la apariencia del pan y del vino. Por eso, la teología distingue la realidad invisible (con los ojos corporales) contenida en el sacramento, de la materia (visible) que hace posible el sacramento. La realidad contenida es Cristo resucitado; la materia es el pan y el vino. Un sacramento es una materia de este mundo, que por una parte significa, señala, una realidad divina; y, por otra, realiza aquello que significa, o sea, en la materia (elemento accidental) se hace realmente presente Cristo (elemento sustancial), con una presencia sacramental. Por eso se habla de transustanciación. De modo que al manipular el sacramento no dañamos su sustancia, aunque sí realizamos una ofensa y una profanación, porque destrozamos una materia en la que Dios se hace presente.

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