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Orar

Miércoles, 26 de mayo de 2021

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Orándote,
me acerco
sin llegar.

La oración está presente en todos los seres
como un impulso hacia su fuente.

Mientras pido,
me exilio de Quien está en lo que es dado
y me aparto de Quien se da
en lo que vivo.

Uno sabe que será Mar
–lo es–,
pero lo que desea ahora
es contemplarlo como el Otro de sí.

Mirar y ser mirado
y ser lentamente tomado en la profundidad de su oleaje.

Cuando, adentrados en el Mar,
seamos mar,
seremos totalizados,
conjuntados todos los sentidos del cuerpo y del alma
en una plenitud-vacuidad
que aquí no tenemos palabras para describir.

Pero en este estadio del recorrido
aún hay necesidad de identificarse con un yo
de contornos separados
desde el que poder contemplar
el Tú
del Mar Infinito.

La oración es posible
porque
hay
dos.

Cuando todo sea colmado,
no habrá palabra
ni hará falta oración
porque todo estará repleto
de Presenciación.

Todavía no ha llegado el momento.
Es el tiempo del gozo que produce
el roce de la cercanía
antes de que se consume la unión.

*

Javier Melloni,
Sed de ser.

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Aliviar el sufrimiento”. 5 Tiempo Ordinario – B (Marcos 1,29-39).

Domingo, 7 de febrero de 2021

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La enfermedad es una de las experiencias más duras del ser humano. No solo padece el enfermo que siente su vida amenazada y sufre sin saber por qué, para qué y hasta cuándo. Sufre también su familia, los seres queridos y los que le atienden.

De poco sirven las palabras y explicaciones. ¿Qué hacer cuando ya la ciencia no puede detener lo inevitable? ¿Cómo afrontar de manera humana el deterioro? ¿Cómo estar junto al familiar o el amigo gravemente enfermo?

Lo primero es acercarse. Al que sufre no se le puede ayudar desde lejos. Hay que estar cerca. Sin prisas, con discreción y respeto total. Ayudarle a luchar contra el dolor. Darle fuerzas para que colabore con los que tratan de curarlo.

Esto exige acompañarlo en las diversas etapas de la enfermedad y en los diferentes estados de ánimo. Ofrecerle lo que necesita en cada momento. No incomodarnos ante su irritabilidad. Tener paciencia. Permanecer junto a él.

Es importante escucharle. Que el enfermo pueda contar y compartir lo que lleva dentro: las esperanzas frustradas, sus quejas y miedos, su angustia ante el futuro. Es un respiro para el enfermo poder desahogarse con alguien de confianza. No siempre es fácil escuchar. Requiere ponerse en el lugar del que sufre, y estar atentos a lo que nos dice con sus palabras y, sobre todo, con sus silencios, gestos y miradas.

La verdadera escucha exige acoger y comprender las reacciones del enfermo. La incomprensión hiere profundamente a quien está sufriendo y se queja. De nada sirven consejos, razones o explicaciones doctas. Solo la comprensión de quien acompaña con cariño y respeto puede aliviar.

La persona puede adoptar ante la enfermedad actitudes sanas y positivas, o puede dejarse destruir por sentimientos estériles y negativos. Muchas veces necesitará ayuda para confiar y colaborar con los que le atienden, para no encerrarse solo en su dolor, para tener paciencia consigo mismo o para ser agradecido.

El enfermo puede necesitar también reconciliarse consigo mismo, curar heridas del pasado, dar un sentido más hondo a su sufrimiento, purificar su relación con Dios. El creyente puede entonces ayudarle a orar, a vivir con paz interior, a creer en su perdón y a confiar en su amor salvador.

El evangelista Marcos nos dice que las gentes llevaban sus enfermos y poseídos hasta Jesús. Él sabía acogerlos con cariño, despertar su confianza en Dios, perdonar su pecado, aliviar su dolor y sanar su enfermedad. Su actuación ante el sufrimiento humano siempre será para los cristianos el ejemplo a seguir en el trato a los enfermos.

José Antonio Pagola

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“Curó a muchos enfermos de diversos males”. Domingo 6 de febrero de 2021. Domingo quinto del tiempo ordinario.

Domingo, 7 de febrero de 2021

14ordinarioB5 cerezoLeído en Koinonia:

Job 7,1-4.6-7: Mis días se consumen sin esperanza.
Salmo responsorial: 146: Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados.
1Corintios 9,16-19.22-23: ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
Marcos 1,29-39: Curó a muchos enfermos de diversos males

Hoy el libro de Job nos lo presenta sumido en un gran sufrimiento. Delante de sus amigos desnuda su corazón, su desilusión. Ellos, que defienden una teología alejada de la vida, no pueden comprender la queja de su amigo ni acompañarlo plenamente en su dolor. El grito de Job está presente en la vida diaria de muchos hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, que enfrentan una vida de lucha y dificultad. Job compara su existencia con la vida de un «mercenario»; mercenario es quien vende su lucha, que libra por dinero causas que no son suyas y se fatiga por empresas que no ama.

El libro de Job, como sabemos, es una joya literaria dentro de la Biblia hebrea (de la que está tomado nuestro «Primer Testamento»). Es una reflexión sapiencial sobre ese problema irresoluble, o mejor, sobre ese misterio eterno que es «el mal». El misterio del mal, su presencia injustificada en el mundo, ante la cual necesitamos justificar a quienes podrían resultar implicados por la existencia del mal. A Dios, en primer lugar. En efecto, la «teodicea» o disciplina filosófica que trata de mostrar la existencia de Dios, trata en realidad de «justificar» a Dios –como expresa la etimología misma de la palabra–.

Lo importante del libro de Job no son sus «datos históricos» (que no existen, pues no es un libro histórico), ni las respuestas de tipo explicativo que quisiera dar sobre el dolor humano (que estarían hoy absolutamente sobrepasadas), sino la sabiduría que encierra en sus reflexiones.

En efecto, la ciencia avanza cada día, y no tiene sentido hoy estudiar la óptica en la obra de Newton por ejemplo, que fue uno de sus fundadores, pues como ciencia su obra está hoy enteramente sobrepasada. En cambio, no avanzamos cada día en sabiduría –que no está en el mismo plano de la ciencia–, y hoy la humanidad sigue viviendo de la sabiduría de personajes como Confucio, Buda, Sócrates, Jesús… En realidad no hemos avanzado sobre aquella sabiduría fundamental adquirida hace ya tres mil años… Esa constatación nos permite escuchar y leer el libro de Job.

Pablo, de manera parecida a Job, se encuentra en una discusión acalorada con sus interlocutores, en la comunidad de Corinto, en la que grupos fracciones que critican y cuestionan su autoridad (v.3). Pablo responde haciendo una defensa radical de su misión y declara su absoluta libertad frente a toda manipulación o poder humano. No se declara miembro de un movimiento o representante de alguna institución, sino como un hombre “obligado a cumplir una tarea”. En el imperio Romano era común la práctica del clientelismo, en la cual el benefactor se convertía en patrón de quien recibía sus beneficios. El apóstol desea dejar en claro la pureza de su mensaje, que no está vendido a ningún “cliente”, ni moldeado por ningún interés personal (v. 17-18). Esta libertad en Cristo, le permite al apóstol ser un servidor de los demás. No teme amoldarse a las condiciones de vida de los destinatarios de su mensaje: judíos, seguidores de la ley o rebeldes a ella, débiles. Pablo anuncia así el Evangelio de la libertad que no se matricula con la rigidez, ni hace el juego a ningún interés particular o sectario, sino que es capaz de entrar en diálogo con la diferencia y de llegar a “todas” las realidades humanas, como una Buena Noticia del amor de Dios.

Esto es precisamente lo que hace Jesús en el evangelio de Marcos: entrar en la vida de las personas, ser uno de ellos en su cotidianidad. El domingo pasado, lo vimos sanando a un endemoniado. Hoy, lo acompañamos con Simón y Andrés a la casa de Pedro. La casa, el lugar íntimo done se comparte el techo, la mesa. Allí se encuentra con una anciana enferma, la suegra de Pedro, Jesús se acerca, la toma de la mano y la levanta. Un gesto tan simple como es el acercarse, y tomar de la mano hace el milagro de recuperar a esta mujer, que no sólo recupera su salud, sino su capacidad de servicio. Al atardecer muchos vinieron a buscarlos, y relata el evangelista que Jesús continuó sanando. Era común en la época de Jesús que los enfermos fueran tenidos por malditos o poseídos por espíritus malos, de manera que eran alejados, excluidos y nadie se atrevía a acercarse a ellos. Jesús, al contrario, se entrega con amor y dedicación a su cuidado, siendo su servidor.

La práctica de curación, la lucha contra el mal, es decir, la praxis liberación del ser humano… es la práctica habitual de Jesús. Tan importante como hacer el bien, es evitar el mal, y luchar contra él: dar la vida en la tarea de procurar la paz, la salud, el bienestar, la felicidad… a todos aquellos que la han perdido. Ser cristiano es, entre otras muchas cosas, luchar contra el mal, no quedarse de brazos cruzados, o ensimismado en los propios asuntos, cuando vivimos en un mundo con las cifras escalofriantes de pobreza y miseria que hoy padecemos.

«Anunciar hoy el Reino» no es cuestión de sólo palabras; exige simultáneamente construirlo. La «evangelización», la nuestra, ha de ser como la de Jesús. Su «anunciar» la buena noticia no es cuestión de simplemente transmitir información… sino de hacer, de construir, de luchar contra el mal, de sanar, curar, rehabilitar a los hermanos, ponernos a su servicio, acompañar y dignificar la vida que, en todas sus manifestaciones, es manifestación de la mano creadora de Dios. Leer más…

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Dom 7.2.21: Dura batalla es la vida. Crónica y “razón” de la in-felicidad (Job)

Domingo, 7 de febrero de 2021

William-blake-job-and-his-family-restored-to-prosperityDel blog de Xabier Pikaza:

Hay tiempo para llorar y reír; para sufrir y disfrutar; para abrazarse y despedirse (Eclesiastés 3, 4-5). Del tiempo para sufrir trata la lectura del domingo 7.2.21 (5º del TO) con un texto de  Job.

No es un capítulo dulce de  consuelo o auto-ayuda, sino  de lucha fuerte con un Dios enigmático y esquivo, como indicaré a continuación: (a) Breve  comentario  de la lectura del domingo. (b) Discusión con Job: una crónica de la infelicidad humana

a. LECTURA DEL DOMINGO.

Texto. Job 7.

  1. Dura milicia es la vida del hombre en la tierra, y sus días son días de duro trabajo
  2. Como esclavo al sol que quiere, o jornalero que espera un salario que no llega,
  3. así he tenido meses de desengaño y me han venido noches de sufrimiento.
  4. Estando acostado, digo ¿cuándo me levantaré y romperá la aurora?
  5. Y me canso de cambiar de postura, de un sitio a otro, hasta que llegue el alba.
  6. Mi carne está llena de gusanos y costras de tierra; mi piel hendida y abierta, supura.
  7. Mis días corren más que lanzadera de tejedor, y sin esperanza pasan.
  8. Recuerda, oh Dios, que mi vida es un soplo y que mis ojos no volverán a ver prosperidad.
  9. No me verán más los ojos que me ven; me mirarán, pero ya no seré.
  10. Las nubes se disipan y pasan; así es quien desciende a la fosa y no vuelve.
  11. El que muere no retornará a su casa, ni su lugar volverá a reconocerlo.
  12. Por eso, no refrenaré mi boca, sino que hablaré en la angustia de mi espíritu…

Comentario  

Primer soliloquio: ¿No es acaso una milicia dura la vida del hombre? (7, 1‒5). El término hebreo (saba‘) está indicando como lucha militar (guerra constante), aunque esa palabra puede tener otros matices, vinculados con diversos tipos de esfuerzo o tarea. El Dios de la Biblia se define como sebaot, Señor de batallas, de los ejércitos del cielo (ángeles, astros) o también de la tierra (de los que combaten las guerras de Yahvé).

En esa línea, el hombre es luchador sin salida ni cescanso, siervo sufrido, bajo un Señor que le domina desde arriba, en una guerra sin fin, como enfermo que espera la noche para reparar cansancio del día, y nuevamente aguarda el día para alejar los terrores de la noche, sin descansar ni un momento ni otro. La vida es según eso enfermedad consciente (culpable) de sí misma (Buda). Una enfermedad de muerte, una guerras cuya única victoria y certeza es el sepulcro, cerrado, para siempre.

Segundo soliloquio: Corren mis días más que lanzadera… (7, 6‒11). Como ha destacado en un capítulo anterior, Job hubiera preferido no nacer o fallecer de inmediato. Y, sin embargo, paradójicamente, se aferra a la vida, que avanza inexorable, como vara de telar que viene y va, a gran velocidad, hasta completar la trama de la vida y detenerse, no para gozar al fin, sino para sufrir sin fin bajo la muerte. Así lo había dicho el rey Ezequías, en su canto famoso de enfermo condenado de antemano al sepulcro: “Como tejedor devanaba yo mi vida y me cortan la trama” (cf. Is 38, 12). La vida del hombre es así una experiencia radical de fragilidad, aliento/ruah que se desvanece.

            Ciertamente,el hombre es ruah fuerte, espíritu de Dios (cf. Gen 2,7); pero, al mismo tiempo, es un soplo que se apaga y desciende al Sheol, lugar/estado de opresión, en el que todo cesa, de forma que el hombre se hunde en una especie oquedad y sombra, oscuridad de muerte. Entre el espíritu de Dios que es vida y la oscuridad del Sheol que es muerte habita el ser humano: Por una parte quiere morir y descansar; por otra tiene miedo acabar por siempre.

          Conforme a la visión de Job, el hombre no es alma inmortal  y poderosa (como han dicho algunos), sino un aliento frágil, entre Dios y la nada, en la frontera que separa vida y muerte, para caer al fin siempre en la . Por un lado, morir es un descanso, como el nirvana del budismo; por otro es la mayor dureza de la vida, y por eso Job protesta en contra ella.

          Ésta es la paradoja: Por un lado, el hombre desea la muerte, acaba cansado, esperando que suene la hora. Pero, al mismo tiempo, desea que tarde, que no llegue nunca el toque de la muerte. Así vive, así muere-

b. JOB, UNA CRÓNICA DE LA INFELICIDAD HUMANA

 En el límite de la vida, al borde de la angustia, rechazado por sus familiares y  combatido por cuatro amigos que le echan la culpa de su malaventuranza, diciéndole que él mismo la ha causado y la merece por sus males,  Job no tiene más forma de vida que el sufrimiento.  (1) Antes de la prueba de Dios, Job había sido bienaventurado siendo rico y poderoso. (2) En medio de la “prueba”, enfermo y expulsado en el estercolero, él tendrá que discutir con Dios y con sus amigos sobre la razón y sentido de su malaventuranza[1].

 La felicidad de Job cuando había sido poderoso

En su apología (Job 29‒31), antes de que Dios dicte su juicio, Job se presenta a sí mismo como un hombre que había sido bienaventurado, conforme a unos principios morales y sociales de abundancia y riqueza externa, en línea de poder sobre los otros; él se presenta así como bienaventurado porque era rico, muy poderoso, respetado por todos, pero siempre en una línea de justicia y misericordia: Sostenía, ayudada y respetaba a los pobres (aunque en el fondo les tomara como infelices, e incluso como pecadores).

  Hablaban de él con admiración y gratitud (cf. 29, 11), pues ayudaba a los necesitados, ofreciéndoles su apoyo económico y social, de tal forma que podía presentarse como abogado y defensor de los excluidos y expulsados de la sociedad. Era padre de huérfanos, protector de viudas, garante de justicia para los extranjeros, signo y presencia del Dios en la tierra:

Era ojos para el ciego, pies para el cojo, padre de los necesitados. Me ocupaba de la causa de los desconocidos, y quebrantaba los colmillos del inicuo; de sus dientes le hacía soltar la presa (29, 15‒17).

 Era justo y bienaventurado (feliz), pero situándose siempre y actuando desde un plano superior, como poderoso, justo y sabio, rico bienhechor de todos, en la cumbre de los poderes de la tierra (a diferencia de los bienaventurados de Lc 6, 20‒22, que serán los pobres, hambrientos, los que lloran). Job no era bueno como ser humano sin más, pobre entre los pobres, sino como rico; no era hambriento sino un hombre bien saciado, comiendo de banquete siete días por semana, cada día en la casa de sus siete hijos ricos (en compañía sus tres hijas bellas).

De un modo significativo, este Job era rico, y así podía actuar como bienhechor de los demás, desde su lugar más alto de riqueza. Era dueño de campos de labranza, con dehesas de pastores, amo de grandes caravanas, honrado en la ciudad, poderoso en la sede los tribunales. Lo tenía todo y de esa forma podía ayudar a los demás (huérfanos, viudas, extranjeros), conforme a la ley israelita, pero siempre desde arriba, como gran protector o patrono de los necesitados, aunque sin convivir de verdad con ellos.

 Job era una clara demostración de que los ricos pueden ser también en su línea “buenos” (magnánimos), pero al servicio de sí mismos, dentro de una sociedad de clases, donde ellos, haciendo “favores” a los pobres, les tenían en el fondo someterles, obrando así para sentirse mejor a sí mismos, recibiendo el reconocimiento y la fidelidad social de aquellos a quienes favorecían En esa línea se entiende mejor la durísima diatriba que Job dirige, en 30, 1‒15, contra un tipo de pobres “desagradecidos” a quienes él antes había ayudado, como si ellos tuvieran el deber de respetarle, mostrándose sumisos por los dones recibidos.

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La utopía del Reino y la realidad de la pandemia. Domingo V. Ciclo B

Domingo, 7 de febrero de 2021

Day_SimonsMotherinLaw_710Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El evangelio del domingo pasado contaba el asombro causado por la predicación de Jesús y por su poder sobre los espíritus inmundos. Todo eso ocurrió un sábado en la sinagoga de Cafarnaúm. El evangelio de este domingo nos cuenta cómo terminó ese sábado y qué ocurrió en los días siguientes.

  En la primera parte se subraya el enorme poder de Jesús sobre las más diversas enfermedades, desde la fiebre de la suegra de Pedro hasta las manifestaciones de los endemoniados. Es una descripción maravillosa, que simboliza y anticipa el futuro Reino de Dios, cuando no habrá enfermedad, sufrimiento, llanto ni muerte.

  El contraste es enorme con lo que estamos viviendo a propósito del covid-19, con millones de víctimas y la angustia de no saber cómo evolucionará. Los breves pasajes del evangelio de este domingo nos obligan a pensar en tantos enfermos y a tenerlos presentes en nuestra oración. También nos descubren a los continuadores de la actividad de Jesús, que no son principalmente los obispos y sacerdotes, sino los miles de personas relacionadas con el ámbito de la salud: científicos, médicos, enfermeras y enfermeros, auxiliares, farmacéuticos… No tienen la facilidad de Jesús para curar. Atienden a los enfermos en circunstancias difíciles y exigentes, sufren con los que no pueden salvar. Para ellos, el Reino de Dios es algo que todavía se espera y se pide: «Venga a nosotros tu Reino». Merecen nuestro agradecimiento y nuestra oración.

Elementos de un relato de milagro

Un relato de milagro consta generalmente de los siguientes elementos:

  1. a) se presenta al enfermo, subrayando a veces la gravedad de la enfermedad;
  2. b) el interesado u otra persona pide su curación;
  3. c) Jesús lo cura, a veces con solo su palabra, a veces con algún tipo de acción;
  4. d) el enfermo demuestra que ha sido curado; p. ej., el paralítico carga con su camilla, el cojo da saltos.

Curación de la suegra de Pedro (Mc 1,29-31)

En este caso, el relato es extraordinariamente breve y todo se cuenta con rapidez.

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a la casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, e inmediatamente le hablaron de ella. Él se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.

Quien lee este relato de Marcos no presta atención al hecho de que la curación tiene lugar en sábado. Pero cuando se conocen los otros evangelios, y se sabe que una de las acusaciones más fuertes contra Jesús fue la de curar en sábado, el detalle adquiere mayor importancia.

La fiebre de la enferma no es de escasa importancia, le obliga a guardar cama. Y el hecho de que se lo cuenten a Jesús significa que le preocupa a la familia. Él no dice una palabra, se limita a tomarla de la mano y levantarla. Para demostrar que se ha curado plenamente, se pone a servirlos.

Una feminista radical estadounidense dedujo de este detalle final que ni siquiera el evangelio libera a la mujer de su situación de esclavitud a los varones. Pero es una visión demasiado estadounidense y actual del relato. Lo que quiere decir Marcos no es que la mujer cristiana deba estar al servicio del varón, sino que la suegra se curó plenamente.

Curaciones al atardecer (Mc 1,32-34)

Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar.

Al ponerse el sol termina el descanso sabático. La gente puede caminar, comprar, etc., y aprovecha la ocasión para llevar ante Jesús a todos los enfermos y endemoniados. En este contexto dice Marcos, casi de pasada, que Jesús «expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar». Esta idea, que ya apareció en el relato del endemoniado y que se repetirá en otros momentos, la presentó Wilhelm Wrede en 1901 como «el secreto mesiánico». Jesús no quiere que la gente sepa desde el principio su verdadera identidad, tienen que irla descubriendo poco a poco, escuchándolo y viéndolo actuar.

No se dice cuánto tiempo dedicó a curar a muchos de ellos. Se supone que hasta tarde. En Israel, como en todo el Mediterráneo, la noche no cae de repente. Tampoco se dice dónde cenan Jesús y sus discípulos, ni dónde se quedan a dormir. Los evangelios no son biografías ni se detienen en detalles que consideran secundarios.

Jesús y sus colaboradores siguen proclamando el Reino (1,35-39)

Se levantó de madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron en su busca y, al encontrarlo, le dijeron:

̶ Todo el mundo te busca.

Él les responde:

̶ Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.

Así recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

La conducta de Jesús, levantándose de madrugada para rezar, trae a la mente las palabras del Salmo 63: «¡Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo!». Estamos al comienzo del evangelio, y Marcos indica algo que será una constante en la vida de Jesús: su oración, el contacto diario e intenso con el Padre, del que saca fuerzas para llevar adelante su misión.

Esta misión no se caracteriza por elegir lo cómodo y fácil. En Cafarnaúm toda la gente pregunta por él, quiere verlo y escucharlo. Sin embargo, él decide recorrer de nuevo toda Galilea. Ya lo había hecho solo, cuando metieron a Juan en la cárcel. Ahora lo hace acompañado de los cuatro discípulos. Y no solo predica, también expulsa demonios.

El demonio de la depresión (Job 7,1-4.6-7)

La primera lectura, tomada del libro de Job, ha sido elegida pensando en los enfermos a los que cura Jesús. Job pertenece al grupo de los endemoniados, pero en sentido moderno. No se trata de que esté poseído por un espíritu inmundo, sino de que se halla sumido en una profunda depresión. No le encuentra sentido a la vida, la ve como una carga insoportable, una noche que no se acaba, un futuro sin esperanza. La solución le vendrá por un duro enfrentamiento con Dios, que le obligará a salir de sí mismo, a abrir la ventana y contemplar las maravillas que lo rodean, hasta terminar reconociendo humildemente que no puede discutir con Dios ni culparlo de lo que le ocurre.

Relacionando esta lectura con el evangelio, parece sugerir al deprimido: acude a Jesús, o que alguien te lleve a él. No te hablará duramente, como Dios a Job, pero quizá te ayude a salir de ti mismo y a superar tu depresión. Porque, como dice el Salmo de hoy: «Él sana los corazones destrozados, venda sus heridas» (Sal 146,3).

Habló Job, diciendo:

«El hombre está en la tierra cumpliendo un servicio,

sus días son los de un jornalero;

como el esclavo, suspira por la sombra,

como el jornalero, aguarda el salario.

Mi herencia son meses baldíos,

me asignan noches de fatiga;

al acostarme pienso: ¿Cuándo me levantaré?

Se me hace eterna la noche y me harto de dar vueltas hasta el alba.

Mis días corren más que la lanzadera,

y se consumen sin esperanza. 

Recuerda que mi vida es un soplo,

y que mis ojos no verán más la dicha.»

«Alabad al Señor, que sana los corazones destrozados (Sal 146,1)

  En las diversas y numerosas curaciones que ha contado el evangelio, resulta extraño que nadie dé las gracias a Jesús. Ni la suegra de Simón, ni su familia, ni los que acuden al ponerse el sol, ni los enfermos de toda Galilea. Pasa haciendo el bien sin esperar recompensa.

  Por eso es bueno que el Salmo nos invite a alabar al Señor, reconociendo todo el bien que nos ha hecho. Este himno recoge motivos muy diversos para alabar a Dios: empieza por la reconstrucción de Jerusalén y la vuelta de los deportados, pero no pierde de vista a cada individuo, vendando las heridas de los que tienen el corazón destrozado y sosteniendo a los humildes.

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Domingo V del Tiempo Ordinario. 07 de febrero, 2021

Domingo, 7 de febrero de 2021

D-V-TO

“Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simeón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: -Todo el mundo te busca.”

(Mc 1, 29-39)

Seguimos como la semana pasada en Cafarnaún. Es decir, en la “Aldea del Consuelo”.

Y este domingo Jesús primero se hace consuelo en casa. En lo íntimo y con los suyos sana la fiebre de la suegra de Pedro. En el evangelio no dice que los vecinos se enterasen del suceso. Solo dice que Jesús “la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles.”

¿Cómo se enteraron los vecinos? No lo sabemos. Pero al anochecer le llevaron todos los enfermos y poseídos. Y así Jesús se hace consuelo para toda la aldea: “la población entera se agolpaba a la puerta”.

Pero estos baños de masas siempre provocan la misma reacción en Jesús: “se marchó al descampado y allí se puso a orar”. Soledad y oración. Encuentro con su Dios Abba, fuente de todo consuelo. El encuentro necesita silencio y soledad; necesita intimidad.

Todas las personas necesitamos de ese encuentro, y de manera especial cuando recibimos de Dios grandes dones o beneficios. Cuando las cosas nos van bien y saboreamos el dulce sabor del éxito. Ahí necesitamos más que nunca el Encuentro profundo con Dios pues corremos el grave peligro de quedarnos con los dones de Dios y alejarnos de Él (Cfr. Lc 15: “Dame la parte de la herencia que me corresponde…”). Corremos el dramático y original peligro de querer ocupar el lugar de Dios; podemos recordar lo que les sucede a Adán y Eva.

Por eso nos viene bien no perder de vista este ejemplo de Jesús. Esta manera de actuar tan suya. Tras el éxito se retira a orar. También lo hace en el fracaso. “Se marchó al descampado y allí se puso a orar”.

Oración

Danos, Trinidad Santa, el acierto necesario para volver siempre a Ti, tanto al oír el clamor de los aplausos como al escuchar las murmuraciones y las críticas. Amén.

*

Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Jesús se liberó y ayudó a los demás a liberarse.

Domingo, 7 de febrero de 2021

suegra-pedro-meister_des_hitda-evangeliars_002Mc 1, 29-39

Recuerda que los evangelios no son crónicas de sucesos. Son teología narrativa. No tiene ninguna importancia que las palabras de Jesús sean exactamente las que él pronunció; ni que los hechos narrados hayan acontecido así. Lo importante es el mensaje que quieren trasmitirnos y que seamos capaces de traducirlo a nuestro lenguaje, siempre relativo, de manera que lo podamos entender hoy. Para ello es imprescindible que nos coloquemos en el ambiente de aquella época y conozcamos las características de aquella cultura.

Seguimos en el primer día de la actuación de Jesús. Marcos intenta perfilar a grandes rasgos y con firmes trazos la figura de Jesús. Se trata de un montaje programático para dejar muy clara la manera habitual que tenía Jesús de desarrollar su ministerio. No podemos desligar la perícopa que hemos leído hoy de la del domingo pasado. Ambas forman un todo teológico progresivo, que empieza en la sinagoga y termina orando solo en descampado. Allí consigue reavivar la experiencia de Dios, que le permite hablar y actuar con autoridad.

El paso de la sinagoga a la casa, y después a la calle, nos dice que Jesús lleva la salvación a todos los lugares en donde se desarrolla la vida y a todas las personas que tienen necesidad de liberación. Con toda naturalidad se nos habla de la suegra de Pedro, aunque nunca se hable de la esposa. En aquella sociedad era impensable el estado de soltero y Jesús nunca cuestionó las normas existentes con relación a la sexualidad, al matrimonio o a la familia. Los cambios que después se produjeron, no se pueden vender como mensaje evangélico.

La cogió de la mano y la levantó. La palabra katekeito para decir “estaba postrada”, puede significar enfermedad o muerta, en cualquier caso, falta de vida. También para decir que la levantó, Mc emplea hgeiren, que puede significar levantar o resucitar. Está claro que Mc quiere dar un doble sentido a las dos palabras, más allá del sentido material.

Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Jesús cura para que la mujer pueda servir. En el mundo griego, el servicio (diakonía) se consideraba una deshumanización. En las primeras comunidades cristianas, era el signo de seguimiento de Jesús. El verbo que se utiliza en griego es dihkonei = servía a la mesa. Los cristianos eligieron precisamente la palabra “diakonía” para expresar el nuevo fundamento de las relaciones humanas en la comunidad. El mismo Jesús dirá que no ha venido a ser servido sino a servir.

Al anochecer… Nos está indicando que los que se admiraban de las palabras y obras de Jesús, eran judíos y no habían superado la dependencia de la Ley, que era la causa de la opresión. Al ponerse el sol terminaba el sábado y la obligación de descanso. Por lo tanto, ya podían ellos llevar a los enfermos y Jesús curarlos, sin faltar al primer precepto de la Ley.

Curó a muchos y expulsó muchos demonios. Todos buscan a Jesús para ser curados. Aquí debemos hacer una profunda reflexión. En todos los evangelios se comienza con un éxito espectacular de la predicación de Jesús. Más tarde se verá que no les interesa nada más que ese beneficio material de ser atendidos en sus necesidades. Cuando queda claro que ese no es el objetivo de Jesús, le abandonan sin ninguna consideración.

Se marcha al descampado y allí se puso a orar. En muchos lugares de los cuatro evangelios se dice lo mismo: “Se levantó de madrugada, se fue a un descampado y allí se puso a orar”. “Pasó la noche en oración”. “Por la mañana estaba allí sólo”.  Es la clave de la vida de Jesús. Realmente necesitaba orar como verdadero ser humano que era. Descubrir lo que era su Abba para él y lo que era él para su Abba, fue la clave de su espiritualidad. Esto solo se puede hacer apartándose de bullicio de la gente y en silencio.

El domingo pasado decía el evangelio que hablaba con autoridad, no como los letrados. La clave está en este descubrimiento continuado de la presencia de Dios en él. A pesar de la absorben­te actividad, encontraba tiempo para estar a solas consigo mismo y cargar las pilas. Los evangelios nos dicen que también iba a la sinagoga y al templo, pero el verdadero encuentro con Dios lo realizaba a solas y en medio de la naturaleza.

¡Todo el mundo te busca! En el relato encontramos tres exageraciones intencionadas: ‘todo el mundo te busca’; ‘la población entera’; ‘todos los enfermos’. Los discípulos están en la misma dinámica que la gente. No quieren que su Maestro pierda la ocasión de afianzar su prestigio (poder). Jesús sabía muy bien lo que tenía que hacer: “Vámonos a otra parte”. En el principio del relato se habló por dos veces de su enseñanza (didach). Ahora dice predicar (khruxw, de donde viene kerigma, concepto clave de la primera comunidad).

Todos los evangelios empiezan constatando la euforia con que la gente sigue a Jesús. Pero pronto, se va apoderando de ellos, primero la decepción, después el abandono y finalmente la oposición total. En Jn este proceso se escenifica de manera genial en el capítulo 6, después de la multiplicación de los panes, cuando quieren hacerle rey y terminan abandonándole todos diciendo: “¿Quién puede hacerle caso?”. El por qué de esta actitud es claro: buscan ser curados, liberados, queridos, no están interesados en curar, servir y amar.

Si tomásemos conciencia del este cambio en la gente, comprenderemos donde falla nuestro cristianismo. La respuesta está en el relato de la curación de la suegra de Pedro. Jesús cura para que seamos capaces de servir. Esto es precisamente lo que no nos gusta. Cuando Jesús va dejando claro que Dios no es un tapagujeros, que su predicación lo que persigue es cambiar las actitudes fundamentales del ser humano y convertirle en libre servidor en vez de opresor, la gente empieza a sentirse incómoda y le abandona sin contemplaciones.

El evangelio no habla de resignación ante cualquier clase de dolor, sea físico, sea psíquico, sea moral. Tampoco identifica la salvación con la supresión del dolor. Todo lo contrario, afirma expresamente que la verdadera salvación puede alcanzarla todo hombre a pesar del mal que nos rodea (bienaventuranzas). Siempre que se pueda, se debe suprimir, pero la victoria contra el mal no está en suprimirlo, sino en evitar que te aniquile.

La solución al problema vital del hombre no puede venir de fuera, la tenemos que encontrar dentro. Solo un conocimiento de lo hondo del ser nos descubrirá lo que somos. El hombre tiene que aceptar sus limitaciones. Pero solo lo conseguirá descubriendo que esas limitaciones no le impiden alcanzar su plenitud. Conocerme a mí mismo es conocer a Dios como fundamento de mi propio ser. Ser fiel a sí mismo es la única manera de ser fiel a Dios.

El fallo del cristianismo fue convertir la buena noticia del evangelio en una religión. Jesús quiso liberar al ser humano de todo lo que le impide ser él mismo, incluida la religión. Jesús nos quiso enseñar cómo ser libres a pesar de los problemas y aunque no se resuelvan. Hay problemas que no tienen solución, pero una vida más humana siempre es posible. El esperar que cambien las circunstancias adversas para sentirme bien es señal de pobre hedonismo. Ninguna circunstancia futura podrá ser mejor que la situación en la que ahora te encuentras.

Meditación

No puede haber espiritualidad sin verdadera contemplación.
No se trata de “rezar”, sino de fundirse con el Abba.
Lo que te cambiará será la conexión con lo Absoluto que hay en ti.
El conseguir la conexión puede llevar hora días o años.
El quedar impregnados de Dios, es cuestión de un instante.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Curó a muchos.

Domingo, 7 de febrero de 2021

The hand of Christ is depicted by Lucas Turnbloom in an illustration for Easter. The Easter season begins with the celebration of the Resurrection, April 16 this year in the Latin Church. (CNS illustration/Lucas Turnbloom, The Southern Cross) (April 4, 2006) Necesito a Jesús y no a algo que se le parezca (C. S. Lewis).

Mc 1, 29-39 “Simón y sus compañeros le buscaron y cuando le encontraron le dijeron: Todos te están buscando” (v 36-37).

La referencia a la casa probablemente sea una alusión al lugar de encuentro de la comunidad de Marcos, pues en ella Jesús sigue actuando, como dice Schökel en la Biblia de nuestro Pueblo, y hacia ella concurre mucha gente.

La suegra de Pedro simboliza la situación de exclusión que sufrían las mujeres ancianas y enfermas; los discípulos interceden por ella como un acto de solidaridad con el necesitado.

Con tres verbos indica Jesús la mejor manera de relacionarse con el oprimido: acercarse, entrar en contacto con él y levantarle; Jesús espera que quien sea sanado, levantado o liberado, se ponga al servicio de la causa del reino, que es parte de la comunidad cristiana.

Las sanaciones se extienden a todos los que se acercan al Maestro, revelando a un Jesús solidario que pasa del discurso a la práctica liberadora, y con su ejemplo nos enseña la importancia de la oración al comenzar la jornada misionera.

El Papa Francisco nos desvela en su homilía en Santa Marta, la sorpresa que encontraremos buscando al Señor, ya que la fe cristiana no es una teoría, es el encuentro con Jesús, y según él, para encontrar verdaderamente a Jesús debemos ponernos en camino con tres actitudes: vigilancia en la oración, activos en la caridad y exultantes en la alabanza.

Debemos rezar con vigilancia, ser activos en la caridad fraterna, no solo dar limosna sino vivir este camino con la voluntad de encontrarle, ya que el hecho de buscar a Jesús no queda finalizado si no terminamos encontrándole, para lo cual no hay que estar nunca quietos.

“Yo, -afirmó el Papa Francisco-, estoy en camino para buscarle, y él está en camino para encontrarme a mí, y cuando nos encontramos, vemos que la gran sorpresa era que él me estaba buscando, antes de que yo me pusiera en marcha: es lo mismo que le sucedió al centurión, pues siempre el Señor va más allá, va primero. Nosotros damos un paso y él diez: siempre la abundancia de su gracia, de su amor, de su ternura que no se cansa de buscarnos, también a veces con cosas pequeñas, nosotros pensamos que encontrar a Jesús es una cosa magnífica, como ese hombre de Siria, Naaman, que era leproso: pero no, es sencillo… Y se llevó una sorpresa grande por el modo de obrar de Dios. Porque el nuestro es el Dios de las sorpresas, el Dios que nos está buscando, nos está esperando, y solo pide de nosotros el pequeño paso de la buena voluntad”, aseguró el Papa.

La fe no es saber todo sobre la dogmática, sino encontrar a Jesús, los doctores de la Ley sabían de todo, toda la dogmática de aquel tiempo, pero no tenían fe, porque sus corazones se habían alejado de Dios.

En este poema de Luis Gálvez de Montalvo, la pastora también busca:

Si tanto gana, pastora,
Quien mira tus ojos bellos,
¿Qué hara el mirado dellos?

Entre mirarse y mirar
la ventaja es conocida,
como de buscar la vida,
a venir ella á buscar.

No le queda que hallar
a aquel que merece vellos,
sino ser mirado dellos

Aunque en su luz sin igual
no puede haber competencia,
por oficio hay diferencia
de mas, y menos caudal;

Que si el medio principal
del deseo es conocellos,
el fin ser mirado dellos.

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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¿Quién es ella?

Domingo, 7 de febrero de 2021

6a00d8341c3e3953ef0168e65ddbae970c-600wi-1Palabras habitadas. Así suenan y resuenan en el alma las palabras de Jesús: él se acercó, la cogió de la mano y la levantó.

Palabras habitadas de cariño, de justicia, de autoridad interior. Todo lo que le faltaba a la religión oficial lo aporta este judío diferente, retador, que no funciona por las leyes canónicas memorizadas sino por un corazón y una mente integrados, a lo Dios.

¿Quién es ella? Como de costumbre para la inmensa mayoría de las mujeres de todos los tiempos, es “la suegra de”, podría ser la mujer de, la cuñada de, la hija de, la pareja de… anonimato de la mujer todavía hoy.

En nuestra “suegra de” ese anonimato con sus múltiples y severas implicaciones, se somatiza, y su “fiebre” nos indica un cierto fuego interior que le sale por los poros, una fuerza no canalizada, una energía desaprovechada, una vida anonimizada por los de antes y los de ahora, tanta injusticia, tanto dolor y frustración hace que su cuerpo arda. Ya que no puede hablar porque su palabra no está autorizada, lo comunica con su cuerpo, cuerpo de mujer, anónima e identificada con un varón: en este caso es la “suegra de Pedro” como siempre en el patriarcado.

Hace unos días en una asamblea de varias parroquias, al proponer una iniciativa, un varón laico, de los históricos, me pregunta en público, ante todo el mundo: “y tú ¿eres religiosa o “vas de por libre”? La educación y el amor incluso a los hijos de Dios que menos me gustan me hizo responder con serenidad, pero el “vas de por libre” tenía un tono habitado de rabia, dominio, necesidad de someter: demonios que se pasean por nuestra sociedad y por supuesto por nuestras iglesias, disfrazados de “servicios”.

Estos demonios bloquean iniciativas, impiden el crecimiento porque siembran la sospecha, desautorizan, ningunean… no me extraña que Jesús, que también iba “de por libre”, se acercara a aquella mujer. Tal vez le movió la empatía, porque en su yo profundo también se sentía no aceptado por “los oficiales, los correctos”.

Es ahora el cuerpo de Jesús el que habla a través de varios gestos potentes y evocadores: no le suelta una perorata desde arriba y ella abajo, yaciendo sin fuerza, no, se acerca: acorta la distancia histórica que separa a las personas por su género, religión, raza, orientación sexual… ¡qué poco nos acercamos unos a otros para interesarnos por la persona! y es que acercarse significa tener resueltos temas como el de la igualdad, el del respeto por encima de la explotación, el de la humildad por encima del dominio y autoritarismo. Acercarse significa también quitarte la máscara, dejar que te vean como eres, sin maquillajes. No siempre es fácil.

La cogió de la mano, hoy nos parece normal, pero no lo era. ¿Cuántas manos has cogido para acariciarlas, besarlas, empoderarlas, desde la semana pasada, por decir algo? Coger a alguien de la mano supone estar muy cerca: es una conexión directa con el corazón. La mano alarga la presencia, coger la mano significa aceptar y aprobar lo que la persona es y hace. En el texto, queda reflejada la osadía de Jesús, ya que no se podía tocar a una mujer que no fuera la propia. Jesús rompe de nuevo la distancia y además todo ocurre en Sábado. No podía hacer esas cosas.

La levantó, porque cogerle la mano para dejarla en el lecho tirada no es propio del amor, como no lo es una pastoral mediocre… Jesús la levanta de una situación mortífera y le ayuda a ponerse de pie, de nuevo firme en la vida y sin fiebre porque la causa de la fiebre había desaparecido; ¿cómo? ahora es tratada con respeto, con igualdad, mirada a los ojos, no de arriba abajo, como a alguien a quien hay que ayudar, sino tratada de tú a tú. Suena a resurrección, a una vida profunda y digna desde otras claves.

Y se pone a servirles, de nuevo, depende de la tendencia del exégeta significa una cosa u otra. Yo me decanto por los y las que nos dicen que este servicio era el servicio de la Palabra en la casa-comunidad que “ella” ofreció al Maestro. Ella fue la primera discípula que sepamos, también en lenguaje posterior la primera diaconisa.

También nos cuentan que posiblemente era la dueña de la casa por estudios realizados sobre las costumbres de la época. Y si era la dueña de la casa y servía a los varones significa que posiblemente bendecía la mesa, lo que luego en las casas-comunidad seguirá haciéndose y que se llamará Eucaristía o acción de gracias de la comunidad de discípulos y discípulas.

Servir la palabra habitada del Maestro a todos los hambrientos y hambrientas de dignidad. Ella supera el sábado judío, rompe con ese rito y comienza a realizar la obra de Jesús. La ha experimentado en su propio cuerpo, en su propia vida. Ella se convierte en una extensión de sus manos, de su palabra habitada de presencia y vida.

¡Cómo me gustaría conocerla! Como dicen los jóvenes debía ser un “crac de señora”. Me encantan esas, y hacen mucha falta en nuestras asambleas y comunidades. Pero todavía hoy muchas mujeres están tumbadas por la fiebre. Me imagino que nuestra amiga, “la suegra de”, de nuestro texto debió dedicarse a “levantar” a vecinas y amigas. “Hagamos lo mismo” pero no vayamos sin haber sido “cogidas de la mano y levantadas nosotras primero, por el amor”.

Tal vez personas de Latino América que lean esto piensen que en sus países sí lo hacen, y tienen razón. Pero aquí hermanas, lo hacemos poquito. Una pena. Es cuestión de “cercanía” con el que quita fiebres y miedos, parálisis y mudeces.

El texto pasa de la sinagoga a la casa. ¿Y nosotros? Desde la casa-comunidad la Palabra está más habitada de hogar, de apoyo, de compromiso, de todo lo que le falta muchas veces a los espacios más oficialmente religiosos. Maravilloso reto.

Magdalena Bennásar Oliver

www.espiritualidadintegradoracristiana.es

Fuente Fe Adulta

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Somos silencio consciente.

Domingo, 7 de febrero de 2021

Meditando-en-la-playa_2560x1440Domingo V del Tiempo Ordinario

7 febrero 2021

Mc 1, 29-39

En medio de una actividad incesante –“era tanta la gente que iba y venía que no encontraban tiempo ni para comer” (Mc 6,31)–, Jesús amaba y buscaba espacios de silencio, aunque tuviera que levantarse “de madrugada”.

          El silencio no es huida ni evasión, sino la otra cara de la acción adecuada y eficaz. De entrada, puede verse como “entrenamiento” para afrontar con lucidez y serenidad la vida cotidiana. Y esto es así porque, al situarnos en nuestro “centro”, nos apacigua y nos fortalece, nos ajusta y nos dinamiza. Pero hay más.

          El silencio de la mente –que es también silencio del ego– nos permite saborear lo que somos en profundidad –Jesús diría: entrar en contacto con el “Padre”– y vivirnos como presencia consciente. Porque el silencio no es una práctica, una actividad o un medio para lograr otra meta. Bien entendido, el silencio es un estado de ser, que transciende el estado mental y nuestra identificación con el yo.

          Decía Pascal que “toda la desdicha de los hombres se debe a una sola cosa: no saber permanecer en reposo en una habitación”. Si entendemos bien el significado del silencio, tenía toda la razón. Toda nuestra desdicha es hija de la brecha espiritual –alienación– que vivimos con nosotros mismos, del alejamiento –consciente o no– de nuestra verdad profunda. Mientras permanecemos en la superficie, en el mundo de nuestras construcciones mentales, por más que nos creamos autónomos e incluso autosuficientes, no pasamos de ser marionetas movidas por los hilos de los movimientos mentales y emocionales que se producen en nuestro interior.

          El silencio es la puerta que nos conduce a casa porque, al observar la mente –al situarnos en el testigo ecuánime que observa a distancia todo lo que se mueve en nosotros–, nos libera de su hechizo. Dejamos de ser manejados por la mente pensante y podemos empezar a utilizarla como herramienta a nuestro servicio. Ha cesado nuestra identificación con ella porque el silencio nos ha mostrado nuestra verdadera identidad.

          Tal vez empezamos en su momento viendo el silencio como una práctica o un tiempo que nos permitía descansar y encontrarnos a nosotros mismos en un nivel más profundo. Ahí pudimos fuimos testigos de cómo esa práctica nos apaciguaba y serenaba interiormente. La propia práctica nos permitió experimentar que el silencio era mucho más: un estado de ser, que modificaba radicalmente nuestra perspectiva. Finalmente, hemos venido a experimentar que, en nuestra identidad más profunda, somos silencio consciente.

          Podemos saborearlo descansadamente en tiempos específicos en que tomamos distancia de nuestra actividad, pero lo somos de manera permanente. En él nos reconocemos en todo momento y toda nuestra acción nace de él. En nosotros hay pensamientos, sentimientos, acciones…, pero nada de eso nos define. Todo ello ocurre, aparece y desaparece, en el campo abierto y pleno del silencio que somos. No vivimos ya en la mente, sino en el no-pensamiento, en una espaciosidad luminosa, en el Testigo que todo lo observa.

       Probablemente, ello es lo que explica un hecho fácilmente constatable: el silencio enamora a quien empieza a practicarlo. No es extraño: si el silencio es nuestra identidad, ¿cómo no habría de enamorarnos?

           ¿Qué lugar ocupa en mi vida el silencio? ¿Cómo lo vivo?

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Cuidado con la fiebre de poder. (Suegra de Pedro e Iglesia)

Domingo, 7 de febrero de 2021

jesus_sana_suegra_pedroDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. De la sinagoga a casa de Pedro.

         La curación de la suegra de Pedo es un relato insignificante, pero que tiene un gran contenido eclesial.

         No se trata de una mera cuestión geográfica. Jesús está en la sinagoga y va a casa de Pedro…

Como todo en los evangelios, también la geografía, tiene un sentido teológico. Jesús sale, se marcha del viejo sistema del AT, de la ley, Jesús sale de la sinagoga y “va” a casa de Pedro, que es la Iglesia naciente… (La casa en el evangelio de Marcos es símbolo de la Iglesia).

         Del AT al NT, de la ley a la libertad, del poder al servicio.

  1. Peor el remedio que la enfermedad.

         La familia de Pedro es la comunidad cristiana naciente, la Iglesia. Jesús se encuentra entre los suyos, con los más íntimos: Pedro, Santiago y Juan. Pero resulta que los suyos, la suegra de Pedro, tiene fiebre, en griego: fuego: (piresousa: pirotecnia, pirómano, pirograbado).

El fuego, la fiebre es de poder. El zelotismo (zelotas) quería expulsar la ocupación de los romanos incluso con la fuerza de las armas. Algunos del grupo de Jesús, incluido Pedro y su familia, tenían ansiedad violenta de poder, de expulsar a los romanos como fuere, pretendían ocupar las primeras carteras del futuro e inmediato Reino o gobierno que Jesús iba a instaurar.

Pero lo de Jesús no es el poder, ni instaurar un sistema religioso de “ordeno y mando y hago saber”. Tampoco es un asunto racial, nacional, mi Reino no es como los de este mundo: a golpe de talonario o de escaños parlamentarios, o de traiciones, ni mucho menos de poder eclesiástico.

  1. “Extrañamente” dos mujeres son modelo de iglesia.

         El primer signo del evangelio de Marcos es la curación de la suegra de Pedro. Y este mismo evangelio termina con aquella pobre viuda que da como limosna los “cincuenta céntimos” que necesitaba para comer. (Mc 12,37-.44). (Después vendrá la pasión y muerte del Señor). Es muy raro que Marcos comience y termine su evangelio con dos mujeres, pobres, la de suegra de Pedro quizás anciana, la otra, viuda; las dos sin valor ni relevancia en la vida pública, ni tan siquiera valían para ser testigos.

         Sin embargo, la curación de la suegra de Pedro de la fiebre de poder, (de la Iglesia) constituye el modelo de vida eclesial. Podríamos evocar el lavatorio de los pies de Juan 13: la actitud de servicio como modo de ser cristiano e iglesia.

Resulta chocante cómo la mujer ha quedado tan relegada en la historia de la Iglesia. En realidad en el sistema eclesiástico ha quedado relegado todo aquel que no sea clero, es decir, todo el laicado. El “poder sacro”, incluidas sus intromisiones en el sutil dominio en las conciencias, se parece más a la sinagoga, al “estado febril” de la casa de Pedro, que a la suegra ya curada de sus deseos de poder.

¿A qué se debe -si no- el poder de la Curia que se ha instalado, como el muro de Trump en la frontera con Méjico, entre las iglesias locales y Francisco?

        También nosotros necesitamos ser liberados de la enfermedad mortal del poder.

  1. la suegra de pedro.

         La suegra de Pedro, el grupo eclesial, la suegra de Pedro, pasan de tener fiebre, ansia de poder, aservir. Y el poder es algo con lo que Jesús no puede:

Los príncipes de este mundo tiranizan y oprimen a los suyos, entre vosotros no ha de ser así, sino que quiere quiera ser el primero, que se haga servidor de todos / pues el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida. (Mc 10,45; 9,33).

         Una mujer, judía (de cultura judía), ya mayor y suegra es la primera persona que encarna y da testimonio del Espíritu de Jesús: el servicio. La suegra de Pedro una vez curada de la fiebre de poder, se pone a servir en la comunidad eclesial. Lo que constituye la Iglesia es la actitud de servicio: el lavatorio de los pies (Jn 13), el servicio de la suegra de Pedro.

         Una iglesia que viva en una dialéctica de poder, no es la comunidad de Jesús. Podrá ser una agencia de servicios religiosos, pero no será la iglesia en la que todos vosotros sois hermanos¸ (Mt 23,8) y os servís unos a otros. (Por desgracia y, a pesar de todo lo que está luchando Francisco, la dialéctica del poder está muy presente en la iglesia de hoy, en el carrerismo eclesiástico, en las diócesis de “primera y de segunda”, en las parroquias “término”, en los cargos curiales, etc.

  1. Levantar: resucitar.

El pobre Job (1ª lectura) se encuentra desesperado porque Dios le ha abandonado, por la enfermedad y la marginación. Job se angustia: la noche se alarga ¿cuándo me levantaré?

La suegra de Pedro estaba también postrada por el fuego del poder. Jesús la cura y la levanta. La expresión griega para hablar de esta curación (y de otras) es: levantar, que es una de las dos palabras que usa el NT para hablar de resurrección.

El verbo griego “egeiro” significa despertar, levantar, resucitar. En muchos momentos, cuando los evangelios hablan de la resurrección de JesuCristo emplean este verbo: Dios lo levantó (egeiro), lo resucitó.

Cuando Jesús cura-resucita a la hija de Jairo, la levanta, (Mc 5,41)

Jesús “levanta” a un niño endemoniado (Mc 9,36).

Dios levantó (resucitó) a Jesús de la muerte (Rom 10,9)

Con toda normalidad, Jesús va a casa de Pedro, se acercó, cogió de la mano a la suegra de Pedro y la levantó, …. Todos son gestos familiares, espontáneos. Jesús no hace ningún rito, ningún exorcismo, no se reviste de capa pluvial, roquete, etc. Simplemente Jesús la toma de la mano y aquella mujer “resucita”, se levanta. La que estaba postrada por la fiebre, el ansia de poder, queda totalmente curada está en condiciones de servir la comida festiva del sábado.Se puso a servirles: señal evidente de su total curación.

         Cuando uno se encuentra con Cristo (con Dios) recupera la dignidad, la vida personal, uno “resucita”. Los paralíticos, los ciegos, etc. dicen que levantándose le seguían por el camino.

         ¿No es una resurrección cuando una persona se levanta de su depresión, de su drogadicción, o cuando se cura de raíz de un viejo odio o de una lejana ruptura familiar o personal? ¿No fue una resurrección la del hijo perdido cuando se levantó y volvió a casa? Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida. Lázaro resucitó, se levantó.

Cuando nos encontramos postrados, abatidos, muertos como el hijo menor, Cristo nos devuelve a la vida. Este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida.

En estos momentos de sufrimiento humano, levantemos nuestra mirada y nuestra esperanza. Resucitemos

  1. (La suegra de Pedro) se levantó y se puso a servirles.

Los del Obispado piensan que con un nuevo y lujoso obispado, con marketing pastoral, con estructuras, reuniones y demás, ya está constituida la Iglesia.

Para hacer Iglesia, comunidad cristiana no hace falta poder, sino servicio. La Iglesia es valiosa no por lo que manda y organiza, sino por lo que sirve: servicio, Jesús salió de la sinagoga… La iglesia debiera -debiéramos-salir de la sinagoga, del sistema sinagogal, ritual, legal que se ha construido y “perderse” en las periferias de los pobres y sencillos. La pobre viuda, el buen samaritano, los pecadores y publicanos, el lavatorio de los pies son las pautas eclesiales.

  1. ¿Jesús es un líder?

         Tras curar a otros muchos endemoniados (epilépticos, problemas psicológicos, etc.) la gente le sigue, pero le sigue como se le sigue al líder en un mitin político o como los fans le siguen a Messi. Todo el mundo te busca…

         Ni Jesús, ni las personas que “sirven”, interpretan las cosas como un seguimiento idolátrico.

         El cristiano no busca el éxito, ni los números eclesiásticos o diocesanos. El cristiano trabaja por el Reino, por el mérito (valor), no por el éxito o el brillo social.

  1. se marchó a despoblado a orar.

         Es una actitud constante de Jesús: vivir siempre mirando a Dios, vivir en una interioridad constante, en oración

Necesitamos una vida interior, un clima de reflexión constante, un diálogo con Dios, confrontar nuestras vidas con Dios.

         Y necesitamos marchar a “despoblado”, lejos de la tv, de la algarabía y palabrería de los mítines, de tanto ruido social, eclesiástico y político.

         En esta pandemia parece que van aumentando las enfermedades psiquiátricas, las depresiones y las adicciones. Quizás es que se nos ha olvidado el silencio, la calma, la serenidad, la oración. Si no estamos viajando, bebiendo, “zascandileando” parece que no vivimos…

         Hay cosas que solamente se entienden en silencio y en la oración.

Se levantó y se puso a servirles.

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Pensar y vivir en su presencia

Viernes, 22 de enero de 2021

Del blog de Henri Nouwen:

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En mi concepto, orar no significa pensar en Dios en vez de pensar en otras cosas, ni dedicarle tiempo a Dios con otras personas. Más bien, la oración significa pensar y vivir en presencia de Dios. Tan pronto como comenzamos a separar nuestros pensamientos acerca de Dios de los pensamientos acerca de diversas personas y situaciones, retiramos a Dios de nuestra vida diaria y lo colocamos en un pequeño nicho de santidad, en donde pensamos cosas santas y experimentamos sentimientos también santos. Aunque es importante, e incluso indispensable, para la vida espiritual dedicar tiempo exclusivamente para Dios, la oración sólo puede convertirse en un ejercicio incesante cuando todos nuestros pensamientos -hermosos o feos, elevados o bajos, enaltecedores o vergonzosos, tristes o felices- pueden estar en la presencia de Dios. Así, convirtiendo nuestro incesante pensar en una oración para Dios, pasamos de propiciar un monólogo, centrado en nosotros mismos, a generar un diálogo, centrado en Dios.

*

Henri Nouwen,
Momentos de paz…

***

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La Cruz Gloriosa

Lunes, 14 de septiembre de 2020

Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

***

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Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

***

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“¿Tiene sentido seguir rezando el “Padre Nuestro” hoy?”, por Stefano Cartabia

Martes, 18 de febrero de 2020

cruz-recordatorio-padre-nuestro-1-153El Padre Nuestro es sin duda la oración cristiana más conocida y utilizada. La encontramos en Mateo 6, 9-14 y Lucas 11, 2-4.

Encuentra sus raíces en el mismo Jesús, aunque, es muy probable, con adaptaciones de los evangelistas.

De toda forma el “Padre Nuestro” entró en la tradición cristiana y es la oración vocal por excelencia del cristianismo.

Sin duda refleja la experiencia de Jesús y por eso tuvo tanto éxito y sigue siendo importante.

Pero, como todo el evangelio, necesita una revisión y una reinterpretación a la luz de la evolución de la conciencia humana y, con ella, de la espiritualidad. Un paradigma nuevo está emergiendo y querer resistirnos – con todas las escusas que somos hábiles en encontrar – simplemente nos generará sufrimiento y nos situará al margen de la historia y de la vida concreta de la gente.

Esta reinterpretación en realidad va al centro de la cuestión:

¿Cuál es el mensaje eterno contenido en esta oración?

¿Cuáles son las cosas que podemos dejar de lado?

Reinterpretar no significa anular o borrar, sino profunda y simplemente, convertirlo en algo actual, vivo, presente. Significa también re-significar y captar el mensaje perenne.

Analizamos frase por frase.

“Padre Nuestro”

Jesús se refiere a Dios como “Padre”. Jesús es un judío y se inserta en la fe y la tradición de su pueblo. Hay que tomarse en serio la humanidad de Jesús y la encarnación.

Jesús utiliza la palabra “Padre” porque tal vez era la única palabra más o menos comprensible y aceptable en su cultura con la cual transmitir su experiencia. Aunque, por el otro lado, la misma palabra “Padre” es bastante revolucionaria y novedosa porque sugiere toda una cercanía con la divinidad que no era característica de la fe judía. En Mc 14, 36 encontramos el único testimonio del uso de la palabra Abbá (papá) que, según los expertos, podemos atribuir al mismo Jesús. En el Nuevo Testamento tenemos otros dos lugares que trasmiten la palabra Abbá: Rom 8, 15 y Gal 4, 6.

Hoy en día sabemos que todo lenguaje sobre lo divino tiene que ser necesariamente simbólico. El Misterio que llamamos “Dios” está siempre más allá de nuestras palabras y definiciones. Por eso también la palabra “Padre” hay que tomarla en sentido simbólico.

“Padre” nos dice algo sobre el Misterio, pero es mucho más lo que no dice. Por eso podemos utilizar otras metáforas o símbolos: Madre, Espíritu, Vida, Amor, Conciencia, Fuente, Origen, Ser, Luz, Vacío.

Cuando utilizamos la palabra “Padre” hay que estar atentos a no caer en un absolutismo o antropomorfismo. Es simplemente una posible manera – relativa y parcial – de dirigirnos al Misterio.

Con  “nuestro” se subraya el carácter de comunión del Misterio. Indica el Misterio de la Unidad y de lo Uno. La Fuente es Una y todo participa de la misma Fuente.

En este sentido “nuestro” hay que ampliarlo a toda la creación y no solo a los seres humanos. Es un “nuestro” con el cual resuena el fuerte llamado ecológico de nuestro tiempo. “Todo es de ustedes, pero ustedes son de Cristo y Cristo es de Dios” (1 Cor 3, 22-23); “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti” (Jn 17, 21).

Es un “nuestro” universal y totalmente inclusivo.

Lo esencial es salir del dualismo: del lenguaje y existencial. Cuando decimos “Padre” (o cualquier otra palabra con la cual nos referimos al Misterio último) no nos estamos dirigiendo a un Ser Todopoderoso “afuera”, existente en un mundo aparte. ¡No hay nadie “ahí afuera”!

Nos estamos refiriendo al Espíritu que es uno con todo, que todo sostiene en el ser y que está más allá de todo; el Espíritu de interconexión que nos constituye y en el cual y desde el cual somos. Ni uno, ni dos: como el bailarín y el baile.

El viejo paradigma se está lentamente extinguiendo. El teísmo ha caducado. Nos dimos cuenta de que no existe un “Dios Todopoderoso” como Algo independiente, separado y externo. Este supuesto “Dios” era una creación mental.

El fin del teísmo supone el fin del dualismo y la toma de conciencia del Misterio divino desde otro nivel de conciencia y otro paradigma.

Esta lectura mística o no-dual de “Padre” hay que tenerla siempre muy presente porque es la piedra angular de todo lo que sigue. Cuando el lector se encuentra confundido con lo que sigue, tendrá que volver a este primer párrafo. La visión no-dual o mística es la que sostiene todo y si no estamos anclados en este punto no podremos comprender lo que sigue.

Desde esta comprensión se deriva naturalmente que cada pedido del “Padre Nuestro” no está dirigido “afuera” (¡no hay nadie afuera!): está dirigido adentro, al Misterio que nos hace ser, aquí y ahora. Hay que mantener viva la paradoja: nos dirigimos al Misterio que nos constituye y nos trasciende y con el cual no somos ni uno, ni dos. Por eso que, de cierta manera, los pedidos del Padre Nuestro son dirigidos a nosotros mismos.

“que estás en el cielo”

A partir de lo que dijimos antes queda claro que “cielo” es una metáfora. Es una metáfora de la trascendencia: Dios es totalmente otro, es el Misterio inalcanzable. “Cielo” no indica un lugar, sino un no-lugar. Tampoco indica lejanía. Expresa simple y profundamente que el Misterio último de lo real (lo que en términos cristianos llamamos “Dios”) no es accesible a nuestras mentes, no es manipulable, es indefinible e innombrable.

“santificado sea tu nombre”

El nombre en la tradición judía expresa a la persona, a su identidad y su misión. Tiene mucha importancia. Santificar el nombre es llevar a plenitud lo que el nombre expresa y significa. Podemos expresarlo así: que el Misterio de Vida y de Amor – lo que somos y del cual participamos – se manifieste y resplandezca en el Universo entero.

“venga a nosotros tu reino”

Pedimos que la Presencia de Dios – Misterio de Amor y Vida – impregne nuestras existencias. Pedimos apertura de mente y corazón para recibirlo. Nos disponemos a estar abiertos y receptivo. El Reino es un regalo y en el fondo expresa lo que somos. Cuando conectamos con el Reino que vive en nosotros podemos co-crear para que este Reino tome forma socialmente y tomará las formas del Amor que es: justicia, fraternidad, solidaridad, igualdad. Es el mundo nuevo que surge de la gratuidad y de la conexión con nuestra verdadera identidad. El mundo nuevo no se construye desde la lucha y la voluntad, sino desde el reconocimiento agradecido del Amor que somos y como expansión espontanea de ese mismo Amor. Ser receptivos: no podemos dar lo que no tenemos.

“hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”

Desde la comprensión mística y silenciosa del Misterio podemos captar fácilmente que la “Voluntad de Dios” no es algo externo e impuesto. En el anterior paradigma mítico-racional hemos aplicado a Dios – sin más – nuestras experiencias humanas y duales. En este caso, a partir de nuestra experiencia de tener una “voluntad”, hemos aplicado a Dios una “voluntad divina”. Detrás de la creencia de “la voluntad de Dios” está siempre una concepción teísta de lo divino (volver al primer punto); Dios sería un Ser superior separado con tanto de cualidades humanas elevadas a lo infinito: voluntad, pensamientos, sentimientos, etcétera.

La visión mística nos hace ver las cosas de otra manera. Si el Misterio que llamamos “Dios” es la raíz vital de todo lo que existe, la Vida de toda vida, el Espíritu de interconexión y la esencia de todo lo que es y existe, podemos comprender la “voluntad de Dios” como lo que es, aquí y ahora. Si Dios es, lo que ocurre (lo que está siendo) es expresión de lo que es. Entonces no hay una “voluntad de Dios” afuera o independiente de la realidad concreta del momento presente. Por cuanto nuestra mente se rebele y juzgue, lo que es es lo que es. Y si algo está siendo, Dios está ahí, siendo también. No podría ser de otra manera. Dicho esto podemos dar un paso más. Hay situaciones en la existencia de mucha personas que son muy dolorosas y hay situaciones de violencia, odio, opresión. ¿Está también Dios ahí? ¿Es también esto “voluntad de Dios”?

Sin duda Dios está ahí, porque “también en el infierno floreces las violetas”, como dijo el poeta (Domenico Ciardi). O, como dice Maestro Echkart, “Dios se manifiesta tanto en el bien, como en el mal”. También puede ayudarnos a comprender lo que dice Simone Weil: “No ejercer todo el poder de que se dispone significa soportar el vacío. Esto va en contra de todas las leyes de la naturaleza: sólo la gracia puede conseguirlo. La gracia colma, pero sólo puede entrar allí donde hay un vacío para recibirla, y ella es quien hace ese vacío.

¿No será la experiencia del dolor y del mal este vacío necesario para que la gracia lo llene?

Dios está ahí porque la situación de dolor es, está siendo. Solo en Dios y desde Dios algo puede ser. Podemos decir que, paradójicamente, Dios está Presente como Ausencia y como grito de que solo el Amor es real. El dolor entonces se convierte en el gran maestro. Como afirma el místico sufí Hafiz: “El dolor es maestro, que va buscando a los que huyen del Amor”. El sufrimiento que experimentamos – tanto a nivel individual, como colectivo – es perfecto y necesario para nuestro aprendizaje y despertar al Amor que somos.

Cielo y tierra expresan la dualidad de la existencia. En el paradigma teísta indicaban dos mundos separados: “cielo” el lugar de lo divino y “tierra” el lugar de los humanos (y, debajo de la tierra, el lugar de los muertos). Leer más…

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Orar la vida

Lunes, 23 de septiembre de 2019

Orar-vida_2157394247_13897634_660x371Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

Una amiga me dijo hace unos días -en broma- que me iba a cobrar ‘derechos de autor’ porque una de las reflexiones hechas en este espacio, correspondía a un hecho vivido por ella. Tiene razón porque siempre escribo sobre algo que me ha impactado de mi vida o de la vida de los otros. En efecto, todo lo que vivimos, cuando lo reflexionamos, nos da muchas enseñanzas. En realidad, eso era lo que hacía Jesús, tomaba ejemplos de la vida cotidiana y, a partir de ahí, hablaba de Dios a sus contemporáneos. En eso consisten las parábolas: la oveja perdida, la semilla que crece, el tesoro que se encuentra, la red repleta de peces, el grano de mostaza, el trigo y la hierba mala, etc., no son más que ejemplos sencillos a través de los cuales Jesús enseñaba que Dios es misericordioso, que él siempre está presente, que su acción puede pasar desapercibida pero que es actuante, que él busca vencer el mal a fuerza de bien, etc. Ninguna imagen dice todo lo que Dios “es”, pero cualquier imagen nos enseña mucho sobre Dios.

Pues bien, los hechos de nuestra vida han de ser materia de nuestra oración. Muchas veces en ella pedimos por nosotros, por las situaciones que vivimos, por los problemas de los amigos, etc., y todo eso está muy bien. Sin embargo, la oración es ante todo, un diálogo, es decir, un hablar y un escuchar, un pedir y un recibir, un acoger y un entregar.

¿Cómo no sólo pedir sino también escuchar a Dios? La Palabra de Dios, sin duda, es un medio privilegiado para el encuentro con él pero también son igualmente importantes, los acontecimientos que pasan en nuestra vida y en la de los otros.

En la oración podemos recordar lo vivido durante el día y simplemente preguntarle al Señor: ¿Cómo te hiciste presente en este acontecimiento? ¿Qué me quisiste decir con esto? Estas son preguntas que tal vez ya las hacemos pero que podríamos hacerlas en la oración de cada día y descubrir así la manera real y fuerte como Dios actúa y está presente en todo lo que vivimos.

La experiencia cristiana nos lleva a ver todo con los ojos de la fe, es decir, a buscar y descubrir la presencia de Dios en todo y a dejarnos enseñar, dejarnos conducir y, sobretodo, abrirnos a los nuevos horizontes que la vida nos trae. La oración es diálogo que nos puede cambiar por dentro, cuando encontramos el sentido de las situaciones que vivimos. Pero se necesita volver sobre nuestra vida, meditarla, reflexionarla, no para darnos la razón o para justificar nuestras acciones, porque ¡atención! ese peligro también existe, sino para preguntarle al Señor qué podemos aprender de cada situación y cómo él hubiera actuado en ella. En fin, las enseñanzas son innumerables y la vida es siempre una parábola capaz de enseñarnos cosas nuevas.

Acostumbrémonos a tomar como materia de oración nuestra vida. Con seguridad nos entenderemos más a nosotros mismos, entenderemos a los otros y encontraremos alguna “salida” a todas las situaciones. En este horizonte, la Palabra de Dios dará mucho fruto porque essemilla que cae en tierra buena (Mt 13,8) y no haremos dicotomías entre la oración y la vida, entre pedirle a Dios solución a nuestros problemas y no hacer nada de nuestra parte para cambiar actitudes, posturas, sentimientos y decisiones.

“No digan muchas palabras como hacen los paganos (Mt 6, 7) nos dice Jesús al hablarnos de la oración. Por el contrario, “cierra la puerta y reza a tu Padre que comparte tus secretos” (Mt 6,6). Ese contemplar la vida con lo que conlleva y que Dios conoce, nos revelará su presencia en nuestra propia existencia.

La oración es diálogo transformador. Con humildad pidámosle al Señor que nos enseñe a orar la vida para que cambiemos y crezcamos cada día. Nuestra realidad necesita ser transformada y nuestra vida es un “necesario” punto de partida.

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Lo que da gloria a Dios

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“La oración no es lo único que le da gloria a Dios, también el trabajo. Golpear un yunque, serrar un madero, pintar una pared, manejar caballos, barrer, fregar, todo le da gloria a Dios si, estando en su gracia, lo haces como tu deber. Comulgar dignamente glorifica a Dios de gran manera; pero comer con agradecimiento y templanza también. Levantar las manos en oración glorifica a Dios. Pero el hombre con la horquilla llena de estiércol y la mujer con un cubo lleno de comida para los cerdos también le glorifican. Tan grande es Dios que todo le glorifica si se hace con esa intención. Vive así, pues, hermano mío”.

*

Gerard Manley Hopkins

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La Cruz Gloriosa

Sábado, 14 de septiembre de 2019

Celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz significa tomar conciencia en nuestra vida del amor de Dios Padre, que no ha dudado en enviarnos a Cristo Jesús: el Hijo que, despojado de su esplendor divino y hecho semejante a nosotros los hombres, dio su vida en la cruz por cada ser humano, creyente o incrédulo (cf. Flp 2,6-11). La cruz se vuelve el espejo en el que, reflejando nuestra imagen, podemos volver a encontrar el verdadero significado de la vida, las puertas de la esperanza, el lugar de la comunión renovada con Dios.

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Estaríamos enajenados hasta el punto de permitirnos el lujo de buscar a Dios, en las horas cómodas del ocio, en templos lujosos, en liturgias pomposas y a menudo vacías, y de no verle, oírle y servirle allí dónde está, y nos espera, y exige nuestra presencia: en la humanidad, en el pobre, en el oprimido, en la víctima de la injusticia de la que somos, muy a menudo,  cómplices?

 

*

Don Helder Camara,
Un pensamiento para cada día”,
Médiaspaul, 2010

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Jesus in Love

***

Orar, es penetrar despacio, tranquilamente,
En el silencio de Dios,
Dejar a Dios darse y darme su silencio,
Para que pueda dejar mi corazón
latir al unísono del suyo,
dejar mi respiración entrar
En la respiración de Dios,
Dejarme penetrar por Su presencia,
Darme cuenta cada vez más
de que Dios está dentro de mí,
No, evidentemente, para evitar a mis hermanos
Sino para llevarles más,
Porque es verdaderamente imposible acercarse al crucificado
Sin acercarse a los crucificados del mundo entero.

*

Jean Vannier

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Jesús conquista a los hombres por la cruz, que se convierte en el centro de atracción, de salvación para toda la humanidad.

Quien no se rinde a Cristo crucificado y no cree en él no puede obtener la salvación. El hombre es redimido en el signo bendito de la cruz de Cristo: en ese signo es bautizado, confirmado, absuelto.

El primer signo que la Iglesia traza sobre el recién nacido y el último con el que conforta y bendice al moribundo es siempre el santo signo de la cruz. No se trata de un gesto simbólico, sino de una gran realidad.

La vida cristiana nace de la cruz de su Señor, el cristiano es engendrado por el Crucificado, y sólo adhiriéndose a la cruz de su Señor, confiando en los méritos de su pasión, puede salvarse.

Ahora bien, la fe en Cristo crucificado debe hacernos dar otro paso. El cristiano, redimido por la cruz, debe convencerse de que su misma vida debe estar marcada – y no sólo de una manera simbólica- por la cruz del Señor, o sea, que debe llevar su impronta viva. Si Jesús ha llevado la cruz y en ella se inmoló, quien quiera ser discípulo suyo no puede elegir otro camino: es el único que conduce a la salvación porque es el único que nos configura con Cristo muerto y resucitado.

La consideración de la cruz nunca debe ser separada de la consideración de la resurrección, que es su consecuencia y su epílogo supremo. El cristiano no ha sido redimido por un muerto, sino por un Resucitado de la muerte en la cruz; por eso, el hecho de que Jesús llevara la cruz debe ser confortado siempre con el pensamiento del Cristo crucificado y por el del Cristo resucitado .

*

G. di S. M. Maddalena,
Infinita divina, Roma 1980, pp. 342ss

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Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 28 julio, 2016

Domingo, 28 de julio de 2019

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Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

(Lc 11,1- 13)

Lo habitual en la vida de Jesús es orar,  los textos hacen referencia a su oración muchas veces. En esta ocasión Jesús no está solo, cerca de él están sus discípulos, que oran con él. Jesús ora con frecuencia, y se deja ver orando. No se esconde el testimonio creíble del poder de la oración. Y despierta el deseo de Dios en los corazones que lo ven: «Enséñanos a orar».

Son ellos, sus discípulos, quienes toman la iniciativa, de donde sale la propuesta… Esto no deja de ser un reto para nosotras y para todas las personas que llevan en el corazón la Buena Noticia y desean contarla a quienes están a su lado. A veces, nos perdemos en fórmulas y teorías que no despiertan ningún deseo en quienes nos miran; y eso que los textos de nuestra tradición ya nos dicen que «la letra mata y el Espíritu da vida». (2 Cor. 3,6).

Estamos viviendo tiempos convulsos, violentos, agresivos. Duele vernos tan perdidas, tan rapaces…. Indigna verse tan manipulada por las noticias, donde nos presentan buenos buenísimos y malos malísimos, como en las películas de indios y vaqueros. Como si no existieran las personas que trabajan por la paz, que oran por la paz, que encuentran en la religión la consistencia de la vida. Como si no fueran muchos más quienes mueren fieles a Dios que quienes matan por un pseudodios. Y en este tsunami la gente busca, y busca con deseo de algo más profundo, y aparecen los guías espirituales, gurús, chamanes…

¿Y en la Iglesia? ¿Dónde están los maestros de oración que tanto estamos necesitando? Esos que despiertan el deseo de Dios, como lo hace Jesús.

El Papa escribe a las monjas: «Vivid (….) contribuyendo a que Cristo nazca y crezca en el corazón de las gentes sedientas, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es camino, verdad y vida.» (cfr. Vultum Dei nº.37). El reto está en mostrarnos, en dejarnos ver orando, con hondura, sencillamente, sin fórmulas vacías, con espontaneidad y sobre todo, sobre todo, con profunda confianza. Y Cristo nacerá en los corazones sedientos, nacerá y crecerá con raíces hondas, libres, fuertes.

¿Cómo, dónde, cuándo? No tenemos respuestas, ni teorías, solo deseo, un profundo deseo de relacionarnos con Dios, Abba, como Jesús lo hace. Deseo de sumergirnos en la relación amorosa de la Trinidad. Para ello ya nos lo dice Jesús, ¡pidamos el Espíritu a nuestro Padre!

Oración

Enséñanos a orar, también a nosotras, como hiciste aquellos primeros discípulos.

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

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Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

Domingo, 17 de marzo de 2019

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DEUS ABSCÓNDITUS

Eres un Dios escondido,
pero en la carne de un hombre.
Eres un Dios escondido
en cada rostro de pobre.
Más tu Amor se nos revela
cuanto más se nos esconde.

Siempre entre Tú y yo,
un puente.
Es imposible el vado.

Tanto me llamas Tú
como Te busco yo.
Los dos somos encuentro.
Haciéndome el que soy
-anhelo y búsqueda-
Tú eres el que eres
-don y abrazo-.

*

Pedro Casaldáliga
Todavía estas palabras
1994

*

Así dice el Señor:

“Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”

 (Lucas 3, 22)

***

 

En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña, para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

“Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

“Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.”

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto.

*

Lucas 9, 28b-36

***

El Evangelio nos dice que su rostro apareció totalmente transfigurado. Sabes muy bien que el rostro revela el corazón, revela la interioridad de un ser. Con los ojos de tu corazón contempla ese rostro, pero a través del rostro encuentra el corazón de Cristo. El rostro de Cristo expresa y revela la ternura infinita de su corazón. Cuando sientes una gran alegría, tu rostro se ilumina y refleja tu felicidad.

Es un poco lo que le ha pasado a Jesús en la transfiguración. Si escrutas el corazón de Cristo en la oración, descubrirás que la vida divina, en fuego de la zarza ardiente, estaba escondido en el fondo del mismo ser de Jesús. Por su encarnación, ha “humanizado” la vida divina para comunicártela sin que te destruya, pues nadie puede ver a Dios sin morir. En la transfiguración, esta vida resplandece con plena claridad de una manera fugaz e irradia el rostro y los vestidos de Jesús. Sobre el rostro de Cristo contemplas la gloria de Dios.

En la transfiguración, todo el peso de la gloria del Señor -es decir, la intensidad de su vida- irradia de Jesús. Las figuras de Moisés y Elías convergen hacia él. No hay que engañarse en esto: el ser mismo de Cristo hace presente al Dios tres veces santo de la zarza ardiente y al Dios íntimo y cercano del Horeb. Sin embargo, hay que aprehender toda la dimensión de la gloria de Jesús, que brilla de una manera misteriosa en su éxodo a Jerusalén, es decir, en su Pasión. En el centro mismo de su muerte gloriosa es donde Jesús libera esta intensidad de vida divina escondida en él.

La contemplación de la transfiguración te hace penetrar en el corazón del misterio trinitario, del cual la nube es el símbolo más brillante. Si aceptas en Jesús el entregar tu vida al Padre por amor, participas del beso de amor que ef Padre da al Hijo.

*

Jean Lafrance,
Ora a tu Padre,
Editorial Narcea
Madrid 1.981, 104-105.

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Orar

Jueves, 14 de febrero de 2019

Del blog Nova Bella:

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Orar es,

en último término,

“estar amando al amado”

*

San Juan de la Cruz

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