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Un “dios intervencionista” no existe. Porque si existiera sería un monstruo.

Martes, 12 de noviembre de 2019

Voluntad_de_DiosDios_ProvidenciaDel blog de Jairo del Agua:

Basta un uso básico de la razón -don del Dios verdadero- para ver la evidencia de esta afirmación: “Un dios intervencionista NO existe, porque si existiera sería un canalla”.

¿Has visto o padecido alguna de las infamias, dolores y horrores de este mundo? Entonces no puedes creer en un “dios intervencionista”. Si existiera, evitaría todo eso y más. ¿No lo haría cualquier madre?

Dios NO puede intervenir en la administración de este mundo porque la ha confiado a nuestra inteligencia, voluntad y libertad. Lo dice claramente el Génesis: “Creced, multiplicaos, llenad la tierra y gobernadla” (Gn 1,28). No seríamos verdaderamente libres si estuviéramos “intervenidos”. Y Dios quiso crearnos libres, a su imagen, para que creciéramos conduciendo nuestra existencia.

Pero nos han metido en la “rutina errónea” de pedir y pedir que Dios intervenga, hasta en los más pequeños detalles: que el niño apruebe, que se me quite el dolor de rodilla, que se cure mi padre, que se convierta mi vecino, etc. Y ahí andamos enrolados, sin meditar en lo absurdo de nuestra actividad religiosa.

Dios no tiene más manos, ni pies que los tuyos. Eres tú el que puede y debe actuar para hacer crecer el bien en el mundo, eres tú el que tiene que buscar los remedios y las soluciones. Lo dice claramente la “parábola de la viña arrendada” (Mt 21,33): el dueño se ausentó y la dejó en manos de los viñadores. Algún día volverá y pedirá las cuentas. Lo mismo se lee en otras parábolas como “la de los talentos” (Mt 25,14).

Por cierto, una de las decisiones que no valoramos lo suficiente es el “voto democrático”. Muchísima gente vota con las tripas en vez de usar la cabeza y elige a quienes nos conducen a la ruina. En vez de votar a “los mejores, los más preparados, los que han demostrado que levantan la nación”, como ya proponían los sabios griegos. Muchos votan por ideología religiosa, política, familiar, por resentimiento, odio, egoísmo, etc.

La administración de un país hay que confiarla a quienes saben administrar este mundo y conducirnos a la prosperidad y libertad. ¡Cuánto dolor reparten los embaucadores que nos llevan a la ruina! Muchas veces envueltos en banderas de igualdad, defensa de los pobres, progreso, etc. Sin embargo “sus hechos históricos” son nefastos y totalmente contrarios a sus efímeras promesas.

¡Cuántos países hay hoy mismo que se han hundido por votar ideologías ya fracasadas, por elegir a ignorantes, mentirosos o parlanchines, por seguir a “flautistas de Hamelín” que conducen al precipicio con su magia musical!

De nada te servirá después pedir a Dios que resuelva los problemas, que nos dé paz y prosperidad, que ilumine a los gobernantes, etc. como hacemos inútilmente en la Misa. Podría responderte desde le cielo: “¿Te informaste y elegiste bien? La administración de este mundo es cosa vuestra, para eso os doté de inteligencia, voluntad y libertad”.

Si fuéramos conscientes de lo que nos jugamos a la hora de ir a votar, nos entrarían escalofríos. Un enorme porcentaje de nuestra vida depende del “entorno” en que vivimos y por tanto de quienes nos gobiernan. Esta es la verdadera “causa de la pobreza” de muchos países y no la “pecadora injusticia” que muchos magnifican.

Y es que Dios nos ha regalado un enorme jardín con todo lo necesario para vivir bien y progresar. Él nos apoya y nos ilumina desde dentro para que acertemos en el uso de nuestra libertad y nos empuja a progresar a través del íntimo “dinamismo de crecimiento”. Si interviniese en este mundo, estaría condicionando nuestra libertad que no sería plena. Cuando El nos da algo, nos lo da completo, aún a riesgo de que no lo administremos bien. ¿No has leído la “parábola del hijo pródigo” (Lc 15,11)? ¿Qué más necesitas para entender?

Y ahora viene la pregunta del millón: ¿Por qué la Iglesia camina en dirección contraria al sentido común? ¿Por qué nos han enseñado a pedir en todo momento la “intervención” de Dios? ¿Por qué la mayoría de oraciones le insisten que intervenga y cumpla sus obligaciones? ¿No debería ser a la inversa?

Somos nosotros los que tenemos que aprender a discernir nuestros deberes humanos y administrar bien nuestras vidas. Pero esta certeza apenas la promocionan los “maestros de la ley”. Prefieren inducirnos a creer en un supuesto “dios perchero”.

Por eso esa pregunta deberías hacérsela a los dirigentes de la Iglesia“venerados y ensalzados” por el instintivo “clericalismo” con que nos educaron. En mi opinión, se han distanciado del Evangelio, lo que nos lleva camino de Babilonia, es decir, al destierro. Del que solo volveremos cuando nos abracemos a Jesús de Nazaret y su Evangelio. Una vez más la historia se repite.

Te convencerás solo con ver que los sacerdotes disminuyen, que su edad media está en más de 65 años, que jóvenes y adultos huyen de una “religión irracional”, rutinaria y aburrida, que la mayoría de la gente pasa de las moralinas clericales, que los colegios católicos se han descafeinado, etc. Solo prospera la Iglesia en aquellos países que todavía viven sumergidos en la ignorancia, la magia, los mitos y las imaginadas intervenciones sobrenaturales.

Para terminar te traeré la voz de una joven mística que tuvo que bajar a lo más profundo de sí misma para sentir el abrazo de Dios y comprenderle. Hay verdades que se hacen evidentes desde el más intenso desamparo.

Etty Hillesum (1914-1943). Joven holandesa de origen judío, aunque conocía y apreciaba el Evangelio. Sus vivencias espirituales profundas quedaron recogidas en sus diarios. Fue deportada y murió en Auschwitz. A propósito del sufrimiento que le circundaba, oraba y escribía:

“Corren malos tiempos, Dios mío. Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica…

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente: que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros.

Tal vez así podamos hacer algo por resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro interior…”

No existe, pues, el “silencio de Dios”. Él está presente en nuestro interior siempre. Pero somos nosotros sus “delegados” para construir la humanidad en este mundo que nos ha entregado para que lo administremos.

Si existiera un “dios intervencionista” que hubiese permanecido inactivo ante los horrores de la Segunda Guerra, por ejemplo, sería un “dios despreciable, perverso y canalla”. Pero los cristianos tenemos la revelación del Abba de Jesús y sabemos que Dios es todo amor y ternura, como desgrana el Evangelio y nuestro interior corrobora. Somos nosotros los que tenemos que buscar, encontrar y sembrar el “reino de Dios” en este mundo.

Una última observación. Todos los dolores y horrores de aquellos años comenzaron con una “democrática votación” a favor del “nacional socialismo”.

Aquel error inicial de tanta gente, muchos buenos seguramente, fue el origen de una inmensa barbarie.

Nosotros administramos el mundo y el mundo sufrirá si no acertamos en nuestras decisiones. “Quien no aprende de sus errores está condenado a repetirlos”.

Comprendo perfectamente que a muchos asuste esa “responsabilidad” de ser conductores de sus vidas. Prefieren ser eternamente “niños” y colgarse de un supuesto “dios niñera” al que hay que “usar” para satisfacer nuestras necesidades a golpe de insistente petición. Esto es lo que nos han enseñado y a lo que nos inducen con las plegarias oficiales.

En contraposición a ese “dios externo y mágico”, está el Dios de Jesús que se ausenta discretamente de nuestras vidas (lo repite el Evangelio) para que seamos responsablemente “libres”. Pero permanece en nuestro “interior” siempre para iluminarnos, motivarnos, apoyarnos y fortalecernos como un Padre amantísimo.

Y nos ha dado una Tierra llena de recursos y regalos para que la gobernemos y consigamos todo lo que necesitamos. Es un Dios que no interviene directamente en este mundo porque ya nos ha dado toda su herencia. Pero es un “Dios siempre presente” para que consigamos humanizar el mundo, extender su Reino y ser felices.

P.D. Había terminado esta meditación cuando cayó en mis manos una homilía de un humilde y gran teólogo. Copié este luminoso párrafo:

“De manera menos lapidaria yo me atrevo a decir: Si rezamos, esperando que Dios cambie la realidad: malo. Si esperamos que cambien los demás, malo, malo. Si pedimos, esperando que el mismo Dios cambie: malo, malo, malo. Y si terminamos creyendo que Dios me ha hecho caso y me ha concedido lo que le pedía: rematadamente malo.Cualquier argucia es buena, con tal de no vernos obligados a hacer lo único que es posible: cambiar nosotros (Fr. Marcos).

Jairo del Agua

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Padre Eugenio Pizarro: “El abuso de poder, de conciencia y sexual está alejando a muchos de la Iglesia”

Lunes, 5 de agosto de 2019

pastor“Jesús es el único buen pastor en la Iglesia Católica”

La Iglesia de abuso de poder y de conciencia, de abusos sexuales, de afición al dinero – mostrándose con riquezas ante tanta pobreza – está alejando a muchos de la Iglesia

Los documentos de Puebla y Medellín que anunciaban el Evangelio no están saliendo de sus páginas ni de la Iglesia para encarnarse en la vida real y concreta de este mundo actual 

Escribo ante la experiencia que he vivido en estos días de crisis de la Iglesia, especialmente de la Iglesia chilena. Es numerosa la cantidad de personas que me han mostrado su desilusión e incluso su falta de creencia en la Iglesia. Me han dicho: “Creo en Dios pero ahora no estoy creyendo en la Iglesia”. La Iglesia de abuso de poder y de conciencia, de abusos sexuales, de afición al dinero – mostrándose con riquezas ante tanta pobreza – está alejando a muchos de la Iglesia. Se duelen que las palabras del Papa Francisco al llegar a su pontificado: “Quiero una Iglesia pobre y para los pobres” no han pasado a los hechos reales. Dicen: “Del dicho al hecho hay mucho trecho”; “Obras son amores y no buenas razones”; “La fe sin obras es fe muerta”; “Hechos y no palabras”. En fin, hay otros hechos y estructuras, que para la gente no reflejan el Espíritu de Jesús y su Evangelio en la Iglesia Católica.

En este escrito quiero expresarme positivo y con mucho amor a la Iglesia Católica.

Las palabras de Jesús en el Evangelio que les recomiendo leer son parte de su discurso del Buen Pastor. En él se nos presenta como el único pastor de los cristianos, de la Iglesia, en la cual todos los demás pastores son instrumentos y figura del único pastor que es Cristo. Se nos presenta como pastor bueno, comprometido con su gente, con los pecadores y especialmente con los más pobres y postergados de la sociedad, hasta dar la vida por ellos, y haciéndose uno de ellos; se muestra como conocedor de todos y siguiéndolos personalmente. Aquí, a reglón seguido quiero citar a la Conferencia Episcopal de Puebla en el número 681 hasta el 684 y hago estas citas diciendo con respeto, pero con verdad, que creo que este documento de Puebla como el de Medellín, de la Evangelii Nuntiandi, del Vaticano II, no están saliendo de sus páginas ni de la Iglesia para encarnarse en la vida real y concreta de este mundo actual, poco me falta, tal vez por pudor, decir que falta vivir el Evangelio y seguir al “Camino” (Jesús):

“El ministerio eclesiástico, de institución divina, es ejercido en diversos órdenes por aquellos que ya desde antiguo vienen llamándose Obispos, presbíteros y diáconos”(LG 28). Constituyen el ministerio jerárquico y se reciben mediante la “imposición de las manos”, en el Sacramento del Orden. Como lo enseña el Vaticano II, por el Sacramento del Orden – Episcopal y presbiteral- se confiere un sacerdocio ministerial, esencialmente distinto del sacerdocio común del que participan todos los fieles por el Sacramento del Bautismo (Cfr. LG 10); quienes reciben el ministerio jerárquico, quedan constituidos, “según sus funciones”, “pastores” en la Iglesia. Como el Buen Pastor (Cfr. Jn.10, 1-16), van delante de las ovejas; dan la vida por ellas para que tengan vida y la tengan en abundancia; las conocen y son conocidas por ellas (P.681).

“Ir delante de las ovejas” significa estar atentos a los caminos por los que los fieles transitan, a fin de que, unidos por el Espíritu, den testimonio de la vida, los sufrimientos, la Muerte y la Resurrección de Jesucristo, quien, pobre entre los pobres, anunció que todos somos hijos de un mismo Padre y por consiguiente hermanos(P. 682).

“Dar la vida” señala la medida del “ministerio jerárquico” y es la prueba del mayor amor; así lo vive Pablo que muere todos los días (Cfr. 2 Cor.4-11) en el cumplimiento de su ministerio (P. 683).

“Conocer las ovejas” y ser conocidos por ellas no se limita a saber de las necesidades de los fieles. Conocer es involucrar el propio ser, amar como quien vino no a ser servido sino a servir (P. 684).

La Iglesia es un don para los hombres; no se entiende una Iglesia sin Jesús

En las palabras evangélicas de Jesús, su rebaño, redil, es la Iglesia Católica. Es verdad que Él tiene también “otras ovejas que no están en este redil, y que Él tiene que traer” (Jn. 10.16), pero en el Evangelio citado en este escrito, Él nos habla de su relación con la Iglesia, la comunidad de sus discípulos congregada por el Espíritu Santo después de su Resurrección. Porque el fruto de la Pascua es el don de la Iglesia a los hombres.

Las palabras del Evangelio deberían fortalecer nuestra fe, nuestra confianza y nuestro compromiso con la Iglesia y no hacer nuestra desilusión y pérdida de credibilidad en la Iglesia. La Iglesia que nos da el Evangelio, nos da la Eucaristía, y sobre todo nos da a Jesucristo. No se entiende una Iglesia sin Jesús. Y aquí, creo conveniente citar nuevamente a Puebla desde el número 226-231):

El mensaje de Jesús tiene su centro en la proclamación del Reino que en Él mismo se hace presente y viene. Este Reino, sin ser una realidad desligable de la Iglesia (LG 8a), trasciende sus límites visibles (Cfr. LG 5). Porque se da en cierto modo donde quiera que Dios esté reinando mediante su gracia y amor, venciendo el pecado y ayudando a los hombres a crecer hacia la gran comunión que les ofrece Cristo. Tal acción de Dios se da también en el corazón de los hombres que viven fuera del ámbito perceptible de la Iglesia (Cfr. LG 16; GS 22e; UR 3). Lo cual no significa, en modo alguno, que la pertenencia a la Iglesia sea diferente (Cfr. Juan Pablo II, Discurso inaugural I, 8. AAS LXXI, p. 194)”. (P. 226).

De ahí que la Iglesia haya recibido la misión de anunciar e instaurar el Reino (Cfr. LG 5) en todos los pueblos. Ella es su signo. En ella se manifiesta, de modo visible, lo que Dios está llevando a cabo, silenciosamente en el mundo entero. Es el lugar donde se concentra al máximo la acción del Padre, que en la fuerza del Espíritu de Amor, busca solícito a los hombres, para compartir con ellos – en gesto de indecible ternura- su propia vida trinitaria. La Iglesia es también el instrumento que introduce el Reino entre los hombres para impulsarlos hacia su meta definitiva” (P. 227).

Ella “ya constituye en la tierra el germen y principio de ese Reino” (LG 5). Germen que deberá crecer en la historia, bajo el influjo del Espíritu, Hasta el día en que “Dios sea todo en todos” (1 Cor. 15,18). Hasta entonces, la Iglesia permanecerá perfectible bajo muchos aspectos, permanentemente necesitada de auto evangelización, de mayor conversión y purificación (Cfr. Ibid. 8c)”. (P. 228).

No obstante, el Reino ya está en ella. Su presencia en nuestro continente es una Buena Nueva. Porque ella – aunque de modo germinal – llena plenamente los anhelos y esperanzas más profundos de nuestros pueblos” (P. 229).

En esto consiste el “misterio” de la Iglesia: es una realidad humana, formada por hombres limitados y pobres, pero penetrada por la insondable presencia y fuerza del Dios Trino que en ella resplandece, convoca y salva (Cfr. LG 4b; SC 2)”. (P. 230).

La Iglesia de hoy no es todavía lo que está llamada a ser. Es importante tenerlo en cuenta, para evitar una falsa visión triunfalista. Por otro lado, no debe enfatizarse tanto lo que falta, pues en ella ya está presente y operando de modo eficaz en este mundo la fuerza que obrará el Reino definitivo”. (P. 231).

Y siguiendo con lo que decíamos antes de las citas recientes de Puebla, cuando decíamos acerca de que la Iglesia nos da el Evangelio, que nos da la Eucaristía, y sobre todo nos da a Jesucristo, diremos: Jesús nos da el verdadero sentido de nuestra vida y de nuestra muerte, y nos trasmite la ley del amor fraterno y de la libertad, y nos ayuda a vivirla en lo concreto de nuestra vida y de nuestro compromiso con los demás, preferencialmente con los pobres.

En este tiempo de crisis eclesial, nos preguntamos, no pocas veces, en medio de la crisis y de tantas fallas que se han juntado en los católicos, especialmente en los sacerdotes y representantes de la Iglesia, si será auténtico lo que esta Iglesia de hoy nos trasmite. ¿Será auténtico? Y nos preguntamos, si una Iglesia con tanta crisis, confusiones y claudicaciones de sus miembros, abusos sexuales, abusos de poder y conciencia; y tantos laicos con beligerancias en contra de jerarquía, sacerdotes e Iglesia misma, generalizando y “metiendo a todos en el mismo saco”, nos preguntamos, repito, si Iglesia puede darnos eficazmente a Jesús y a su Evangelio. Si puede ser realmente un instrumento de liberación. Si puede realmente hacer un éxodo esperanzador.

Las palabras de Jesús en el Evangelio nos dan una respuesta a nuestra angustiante interrogación, también nos ayudan a recuperar la credibilidad en la Iglesia: yo les doy la vida eterna, no perecerán para siempre y nadie los arrebatará de mi mano… Mi Padre me ha dado las ovejas… nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre…”.

La garantía de la Iglesia, de su fidelidad en conducir a los hombres a la vida de Cristo Resucitado y al Evangelio del amor y la libertad, es que no está en mano de pastores humanos. Éstos son sólo un instrumento necesario e imperfecto, del Único Pastor que guía y guiará a la Iglesia, quien además suple las fallas de los católicos (pastores y laicos) por el Espíritu Santo que nos envió y sigue enviándolo. Esto nos da la vida, nos ayuda a seguir a Cristo, y a salir del “Arca Actual” cuando pase el “Diluvio”, y salgamos haciendo una Iglesia “santa, sin mancha ni arruga ni nada semejante”. Este Espíritu enviado nos ayuda a seguir a Jesús y a ser fieles a su Evangelio para su animación interior, vital, independiente de las previsiones y fallas de los hombres de Iglesia. (Leer nuevamente Puebla 231).

La causa de nuestra fe, confianza y amor a la Iglesia es que esto está en las manos de Dios. Nadie se la puede arrebatar. Formamos parte de una comunidad de hermanos, con muchos defectos, en nosotros y en nuestra jerarquía, pero que a causa de que Jesús Resucitado es nuestro Pastor, estamos seguros de que en esta Iglesia lo seguimos a Él, y que nos conduce a la vida eterna. Entonces, con fuerza invito a amar a la Iglesia Santa y Pecadora. Esto no significa que nosotros nos quedamos de manos cruzadas, sin hacer nada, dejándolo todo sólo al único Buen Pastor: Jesús. Aquí termino con un dicho chileno: “Nadie debe esperar de la higuera la breva pelada en la boca”.

 Fuente Religión Digital

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Reconciliar con el poder del Resucitado

Sábado, 27 de abril de 2019

¿No es acaso esto lo que esperamos en la Pascua? Del blog Amigos de Thomas Merton:

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 “Ya no podemos permitirnos el lujo de atricherarnos en nuestro entorno católico y utilizarlo como una pequeña fortaleza de seguridad en un mundo de paganos. Ahora, la mayoría de nosotros estamos obligados por nuestra fe y nuestro amor a la verdad a consagrarnos humilde y enteramente, no solo al mensaje de Cristo, sino también a todo cuanto es válido en la cultura y en la civilización humanas, porque esto, también, es suyo por derecho. No es tan solo algo que debamos salvar para Cristo, sino más, no está desvinculado de nuestra propia salvación.

Si el Señor de todas las cosas se hizo carne y santificó la naturalrza toda, restituyéndola al Padre por su Resurrección, también nosotros tenemos nuestra misión que cumplir extendiendo el poder de la Resurrección al mundo entero por medio de nuestras plegarias, nuestros pensamientos, nuestros trabajo y nuestra vida toda. Y nada impedirá tan efectivamente que podamos hacerlo como la división, la discontinuidad de la vida espiritual que situa a Dios y a la oración en un compartimiento, y el trabajo y el apostolado en otro, como si trabajo y oración fuesen, de algún modo, antagónicos.

La Cruz es el signo de la contradicción, pero también y por sobre todo es el signo de la reconciliación. Nos hace ver las contradicciones dentro de nosotros mismos, y dentro de nuestra sociedad, solo con el fin de resolverlas, todas en la unidad y el amor del Salvador”

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Thomas Merton
Los manantiales de la contemplación

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Cuando el poder se hace más importante que la verdad.

Martes, 30 de octubre de 2018

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“No me cabe duda de que el mundo siente respecto a Norteamérica lo mismo que muchos monjes respecto a un abad que quiere ejercer un poder total, recibir una obediencia incuestionada a base de eslóganes en los que él mismo dejó de pensar veinticinco años antes y que, por encima de todo, quiere ser amado para no poder nunca, en ningún momento, ante sí mismo, parecer estar ejerciendo poder o amando. Nadie le niega el poder que tiene, pero pocos le dan el amor que necesita en orden a sentirse seguro y contento. Y, por lo tanto, usa su poder de vez en cuando, de modos impredecibles, arbitrarios y absurdos, defendiendo sus propios intereses y haciendo que todo el mundo se sienta desdichado”.

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Thomas Merton,
Diarios,
octubre de 1961

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“Cuando el poder se hace más importante que la verdad, cuando la afirmación de la voluntad se hace un fin en sí mismo a que se subordina todo lo demás, entonces la finalidad entera del universo creado queda subvertida y frustrada”.

“La obsesión del hombre por el poder oscurece y mancha el universo entero porque le hace volver a definir toda la verdad en términos de lucha por el poder y ver todas las cosas de un modo parcial, interesado y fragmentario”.

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Thomas Merton, Tiempos de celebración

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Chile: 44 parlamentarios y el Movilh exigen matrimonio igualitario y cumplimiento de Acuerdo de Solución Amistosa

Miércoles, 29 de agosto de 2018

oscar-820x394En carta dirigida al presidente Piñera y tras cumplirse un año de la firma del proyecto de ley por parte de la ex mandataria Michelle Bachelet. 

El Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (Movilh) se dirigió hoy al Palacio de La Moneda para dejar una carta al presidente de la República, Sebastián Piñera, donde exigió el impulso del matrimonio igualitario.

Esto, en el marco del primer aniversario de la firma del proyecto de ley de matrimonio igualitario efectuado por la ex presidenta Michelle Bachelet.

En la misiva, el Movilh precisó que “no se ha registrado ningún avance del ASA desde marzo a la fecha, y por otra parte, se han incumplido buena parte de los compromisos. Por ejemplo, el gobierno sacó de circulación dos sitios web estatales; uno sobre matrimonio igualitario y otro sobre la ley de identidad de género; que eran parte del ASA; el Ministerio de Justicia ha presentado proyectos o indicaciones de ley vinculados al Acuerdo (ley de identidad de género, reforma a ley de adopciones), sin el concurso de la sociedad civil como lo exige el compromiso asumido ante la CIDH, a lo que se suman declaraciones públicas de altos representantes del Ejecutivo que son contrarias al matrimonio igualitario, pese a que el Estado se comprometió a impulsar esta ley”.

pinera1-225x300La carta fue acompañada por otras 44 misivas firmadas por 11 senadores y 33 diputados que exigen el cumplimiento en el breve plazo del Acuerdo de Solución Amistosa (ASA) que el Estado de Chile firmó con el Movilh ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para la aprobación del matrimonio igualitario.

“Los compromisos asumidos por el Estado de Chile ante el sistema interamericano de derechos humanos son vinculantes e involucran a cada uno de sus poderes y autoridades”, señala la carta firmada por los parlamentarios.

“En el ASA el Estado se comprometió a impulsar el matrimonio igualitario, la ley de identidad de género, la adopción homoparental, reformas a la unión civil y a la ley antidiscriminatoria, así como a modificar o derogar los artículos 365 y 373 del Código Penal, a lo cual se suma la implementación de políticas públicas para prevenir y erradicar la homofobia, la transfobia o cualquier otra forma de abuso o discriminación basada en la orientación sexual, la identidad de género o la expresión de género”, señalaron los parlamentarios.

En ese sentido, los parlamentarios se comprometieron “a contribuir al fiel y total cumplimiento del ASA en el plazo más breve posible, en tanto es vinculante para Chile. Del mismo modo animamos a otros poderes del Estado y a las autoridades a dar cumplimiento al ASA.

Del PS firmaron los/as senadores/as José Miguel Insulza, Isabel Allende y Álvaro Elizalde y los/as diputados/as Daniella Cicardini, Marcelo Schilling, Leonardo Soto, Juan Luis Castro, Emilia Nuyado y Marcelo Díaz.

Del PPD, los/as senadores/as Felipe Harboe,. Ricardo Lagos y Adriana Muñoz y los/as diputados/as Loreto Carvajal, Tucapel Jiménez, Cristina Giradi y Carolina Marzán.

De la DC firmaron las senadoras Yasna Provoste, Ximena Rincón y los diputados Pablo Lorenzini, Gabriel Silber, Matías Walk y, Gabriel Ascencio.

Del sector independiente firmaron los/as senadores/as Alejandro Guillier, Ximena Órdenes y los diputados/as Gonzalo Winter y René Saffirio,

De País Progresista firmó el senador Alejandro Navarro y de Evópoli el diputado Francisco Undurraga

Del PC firmaron los/as diputados/as Karol Cariola, Daniel Núñez, Hugo Gutiérrez, Camila Vallejo, Amaro Labra y Carmen Hertz; De Poder la diputada Claudia Mix; del Partido Progresista, la diputada Marisela Santibáñez; del PRSD la diputada Marcela Hernando.

En tanto por RD firmaros los diputados/as Miguel Crispi, Maite Orsini, Catalina Pérez, Pablo Vidal y Natalia Castillo y por el Partido Libera los diputados Vlado Mirosevic y Alejandro Bernales.

Fuente MOVILH

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“El deseo satisfecho y el que nunca se sacia”, por José Mª Castillo

Martes, 10 de julio de 2018

El-feminismo-ideológicoDe su blog Teología sin censura:

El último de los diez mandamientos, que Dios le impuso a su pueblo en el monte Sinaí, prohíbe el deseo de apropiarse lo ajeno: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni sus propiedades, ni su casa, ni su asno…”. El que desea lo que es de otro, si no controla ese deseo, vive en el constante peligro de hacer suyo lo que no le pertenece. El respeto a los demás empieza en el control de las apetencias que nos empujan a quedarnos con lo que es propiedad de otro o de otros.

Esto es lo que explica por qué hay gente honrada. Y por qué hay tantos sinvergüenzas. El que pone sus deseos en sí mismo (vivir bien, pasarlo lo mejor posible, disfrutar de todo, etc.), ése será inevitablemente un peligro, quizá muy grave, para quien esté cerca de él. Por el contrario, el que orienta y centra sus deseos en el bien y la felicidad de los demás, en defender los derechos de quienes están a su alcance, ése es y será siempre una buena persona, un manantial inagotable de paz, de alegría y de esperanza.

Todo esto es tan obvio, tan evidente y hasta tan elemental, que no necesita – en principio – más explicaciones. Sin embargo, con lo dicho no hemos tocado nada más que la superficie del problema. Porque hablar del “deseo” es hablar de la raíz de todas las conductas, desde las más ejemplares hasta las más indeseables. Por eso, al tratarse de una realidad tan enorme y tan diversa, me voy a fijar aquí en una cuestión, en la que casi nunca pensamos, y que sin embargo es fundamental.

Me refiero a los deseos que normalmente se satisfacen. Y a los que, por el contrario, difícilmente se logran saciar. En seguida se entenderá por qué hablo de este asunto. Y la importancia que entraña.

Los deseos, que brotan de necesidades biológicas, en condiciones normales, pueden encontrar plena satisfacción. Valgan como ejemplo la alimentación o el sexo. Encontrar en la vida personas que, en estos dos ámbitos tan elementales de la vida, se sienten y viven satisfechos, son ámbitos de la vida en los que no es extraño encontrar personas que tienen sus deseos básicamente saciados.

Otra cosa es si hablamos de los deseos que brotan de problemas que nos crea, no ya la naturaleza, sino la sociedad. Estoy pensando, por poner dos ejemplos, en la riqueza o en el honor. Nadie duda que, con la llamada “civilización” (tres mil quinientos años a. C.), nació el poder vertical, la desigualdad económica, las honores que distinguen a unos seres humanos de otros, las jerarquías (religiosas y civiles), que distinguen a unos con detrimento de otros. Y así sucesivamente.

Ahora bien, así las cosas, nos llama la atención un hecho que estamos viendo todos los días. Las religiones se suelen organizar y gestionar de manera que tienen comportamientos represivos en deseos que brotan de la naturaleza. Por ejemplo, el sexo. Al tiempo que sintonizan y asumen comportamientos permisivos en el turbio mundo del deseo que fomenta el poder, las jerarquías y los honores. Lo que asocia a las religiones y sus dirigentes con los sectores mejor situados en cuanto se refiere a la riqueza y la gestión de privilegios, dignidades y distinciones.

¿No estará todo esto en la base del rechazo que hoy siente tanta gente ante las religiones y sus jerarquías? En cualquier caso, me parece que todo esto explica el conflicto mortal que, según los evangelios, llevó a Jesús a la muerte humillante que cerró su vida en este mundo. Como también se me antoja que estas motivaciones inexplicables son las que ahora llevan a tantos “hombres de Iglesia” a rechazar y hasta odiar al Papa Francisco. Sea lo que sea, con quien no estoy de acuerdo es con el obispo de Alcalá, Mons. Reig.

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D 11. 2. 18.Maestro de Jesús, un leproso (os sanarán los enfermos)

Domingo, 11 de febrero de 2018

imagesDel blog de Xabier Pikaza:

Dom 6,tiempo ordinario, ciclo b. Mc 1, 40-45. Jesús está en el duro campo, una tierra de leprosos, expulsados, que no pueden entrar en la sinagoga, ni en los pueblos.

Seguimos en un mundo de impuros que no pueden integrarse en la sociedad, tras muros y mares de separación, pues son distintos y la sociedad dominante no quiere recibirles.

Entre los “asociales” se encuentra ese leproso, hombre de piel impura. No sabemos si su enfermedad es lo que actualmente se llama en medicina lepra (causada por el bacilo de Hansen). Sea como fuere, se trata de una afección a la piel, que suele tomar un color distinto, produciendo un tipo de escamas,una enfermedad de marginación social y sacral.

Una enfermedad del enfermo (es evidente); pero es también, y sobre todo, una enfermedad de la sociedad que no le acoge, sino que le registra entre los impuros y le mantiene separado

images-1Pues bien, Jesús se acerca donde no lo hace ninguna: viene hasta el leproso y le admite en su espacio de vida(le cura).

Todo lo que sigue es consecuencia… pero una consecuencia decisiva El leproso enseñará a Jesús un camino que Jesús él antes no sabía, ni el Hijo de Dios, un camino de evangelio, de ruptura con los sacerdotes, una nueva sociedad sin controles sanitarios (policiales) como aquello que marcaba un tipo de sociedad israelita.

Un texto inquietante, un texto poderoso, necesario en nuestro tiempo. Tomo lo que sigue de mi Comentario de Marcos (Estella 2012). Buen domingo a todos.
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Un texto en tres tiempos (Mc 1, 40-45)

1) 40 Se le acercó un leproso y le suplicó de rodillas: Si quieres, puedes limpiarme. 41 Y compadecido, extendió la mano, lo tocó y le dijo: #Quiero, queda limpio. 42 Al instante desapareció la lepra y quedó limpio.

2) 43 Entonces lo despidió, advirtiéndole severamente:44 No se lo digas a nadie; vete, muéstrate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para testimonio de ellos.

3) 45Pero él, saliendo se puso a divulgar a voces lo ocurrido, de modo que Jesús no podía ya entrar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares despoblados, y aun así seguían acudiendo a él de todas partes.

Introducción. Lepra médica,lepra social, lepra humana. Ser marginado en Israel

En el campo (fuera de la sinagoga y casa) habitan los leprosos. Con ellos inicia Jesús una serie de signos de expulsados (vendrán luego el paralítico y publicano). Según ley, ellos sufren una enfermedad social: están impuros, son fuente de peligro y mancha para la buena familia israelita.

Desde una perspectiva médica actual, se podría decir que este hombre sufre un tipo de enfermedad de escamas, como traduce e interpreta J. Milgrom, el mayor investigador bíblico sobre el tema, al hablar de una scale disease). Se trata, según eso, de una enfermedad de la pigmentación y de la estructura misma de la piel, que se puede deformar, ofreciendo manchas y zonas escamosas. Esto es lo que significa la palabra hebre sāra‛t, que los LXX han traducido en griego como lepra.

Esa traducción resulta actualmente resulta engañosa, pues sāra‛t / lepra designa una variedad de casos en los que la piel se vuelve «escamosa», pero no suele incluir lo que actualmente se llama lepra (según las investigaciones de Hansen).

Según la ciencia moderna, la lepra es una enfermedad bacteriana crónica de la piel, los nervios de las manos y los pies y de las membranas de la nariz. Por el contrario, la “lepra bíblica” (de Lev 13-14 y de los textos evangélicos) es una enfermedad más genérica, que abarca varias infecciones y afecciones, una enfermedad que se desarrolla rápidamente y que puede desaparecer también rápidamente, pues hay personas que, a veces, se curan de ella, también rápidamente.

En resumen según las investigaciones de Hansen, la lepra estrictamente dicha se desarrolla a lo largo de bastantes años y es incurable, a no ser que se apliquen algunos medios terapéuticos modernos. Por el contrario, la lepra bíblica tiene un carácter más general y se refiere a varias malformaciones de la piel, que exigen la expulsión social de quien la sufre.

Sea como fuere, el caso queda abierto. Lo que he querido destacar es que la “lepra” bíblica es una enfermedad “social” más que puramente corporal, es una enfermedad que se puede atribuir a todos los que tienen manchas en la piel, un tipo de soriasis o de pigmentación distinta, producida muchas veces por causas sociales, psicológicas y religiosas (y no sólo por el bacilo de Hansen.

Eso significa que la “lepra bíbleca” constituye una enfermedad mucho más extensa que la lepra puramente bacteriana. En ese contexto se sitúa todo lo que sigue. Por eso, cuando el sacerdote descubre la “impureza” cutánea de una persona ha de expulsarlos de la sociedad civil y religiosa, conforme a su código sagrado (Lev 13-14). La religión se utiliza así como cordón sanitario para expulsar a los “distintos”

Para mantener la pureza del conjunto social, los leprosos eran expulsados al exterior del campamento o ciudad israelita: no podían orar en el templo, ni acudir a la sinagoga, ni unirse en lecho o mesa con los familiares sanos. Su enfermedad les convertía en solitarios, como especie aparte, secta de proscritos.

1) La curación

El leproso viene y se postra de rodillas, en gesto de ruego y de adoración, pidiendo “si quieres puedes limpiarme”. Quiere “ser limpio”, vivir con dignidad, ser persona…La curación es para él la limpieza, ser “cátaro” (ser puro), ser persona, en una sociedad de personas. Leer más…

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Poder y compasión. Domingo 6º. Ciclo B

Domingo, 11 de febrero de 2018

curacion de un leprosoDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

Tras la curación de la suegra de Pedro y a otros muchos enfermos, Marcos cuenta el primer gran milagro de Jesús: la curación de un leproso. El texto sólo se comprende a fondo teniendo en cuenta los casos parecidos, y muy distintos, de Moisés y Eliseo.

La lepra en el antiguo Israel: diagnóstico y curación

“La lepra, en el sentido moderno, no fue definida hasta el año 1872 por el médico noruego A. Hansen. En tiempos antiguos se aplicaba la palabra “lepra” a otras enfermedades, por ejemplo a enferme­dades psicógenas de la piel”(J. Jeremias, Teologia del AT, 115, nota 36).

En Levítico 13 se tratan las diversas enfermedades de la piel: inflama­ciones, erupciones, manchas, afección cutánea, úlcera, quemadu­ras, afecciones en la cabeza o la barba (sarna), leucodermia, alopecia. Se examinan los diversos casos, y el sacerdote decidirá si la persona es pura o impura (caso curable o incurable). De ese capítulo está tomado el breve fragmento de la primera lectura de este domingo:

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

̶  Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: “Impuro, impuro!” Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

Dos casos de lepra: impotencia de Moisés, poder sin compasión de Eliseo

El milagro de curar a un leproso sólo se cuenta en el AT de Moisés (Números 12,10ss) y de Eliseo (2 Reyes 5). Es interesante recordar estos relatos para compararlos con el de Marcos.

María y Aarón murmuran de Moisés, no se sabe exactamente por qué motivo. En cualquier hipótesis, Dios castiga a María (no a Aarón, cosa que indigna a las feministas, con razón). “Al apartarse la nube de la tienda, María tenía toda la piel descolorida como nieve”. Aarón se da cuenta e intercede por ella ante Moisés. Pero Moisés no puede curarla. Sólo puede pedirle a Dios: “Por favor, cúrala”. El Señor accede, con la condición de que permanezca siete días fuera del campamento (Números 12).

El caso de Eliseo es más entretenido y dramático (2 Reyes 5). Naamán, un alto dignatario sirio, contrae la lepra, y una esclava israelita le aconseja que vaya a visitar al profeta Eliseo. Naamán realiza el viaje, esperando que Eliseo salga a su encuentro, toque la parte enferma y lo cure. Pero Eliseo no se molesta en salir a saludarlo. Le envía un criado con la orden de lavarse siete veces en el Jordán. Naamán se indigna, pero sus criados lo convence: obedece al profeta y se cura. A diferencia de Moisés, Eliseo puede curar, aunque sea con una receta mágica, pero no siente la menor compasión por el enfermo.

Jesús: poder y compasión

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: 

̶  Si quieres, puedes limpiarme.

Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: 

̶  Quiero: queda limpio.

La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.  Él lo despidió, encargándole severamente: 

̶  No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.

Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

El relato de Marcos consta de seis elementos: petición del leproso; reacción de Jesús; resultado; advertencia; reacción del curado; consecuencias.

            Petición del leproso. Tres detalles son importantes en la actitud del leproso: 1) no se atiene a la ley que le prohíbe acercarse a otras personas; 2) se arrodilla ante Jesús, en señal de profundo respeto; 3) confía plenamente en su poder; todo depende de que quiera, no de que pueda.

    Reacción de Jesús. Podía haber respondido a la petición del leproso con las simples palabras: “Quiero, queda limpio”. Con ello, a diferencia de Moisés y de Eliseo, habría demostrado su poder: no necesita pedir la inter­vención de Dios, ni recurrir a remedios cuasi-mágicos. Sin embargo, antes de demostrar su poder muestra su compasión. Marcos habla de lo que siente (“lástima”) y de lo que hace (“extendió la mano y lo tocó”). Es lo que esperaba el sirio Naamán que hiciera Eliseo: tocar su parte enferma. Por otra parte, quien tocaba a un leproso quedaba impuro; pero a Jesús no le preocupa este tipo de impureza.

        Advertencia. Aparentemente, Jesús da dos órdenes al recién curado: 1) que no se lo diga a nadie; 2) que se presente al sacerdote. La primera (no decirlo a nadie) resulta extraña, porque Jesús no pretende pasar desapercibido. Es probable que las dos órdenes estén relacionadas entre sí, formando una sola: «no te entre­tengas en decírselo a nadie, sino ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés». ¿Qué había ordenado Moisés? Según el Levítico, el curado debe ofrecer: dos aves puras (se suponen tórtolas o pichones), dos corderos sin defecto, una cordera añal sin defecto, doce litros de flor de harina amasada con aceite y un cuarto de litro de aceite. Con todo ello el sacerdote realiza un complejo ritual que dura ocho días. Además, el curado deberá afeitarse completamente el primer día y raparse de nuevo el octavo.

Las palabras finales de Jesús parecen tener un tinte polémico: «para que les conste». Se pasa del singular (el sacerdote) al plural (les conste), como si Jesús pensase en todos sus adversa­rios que no lo aceptan.

        Reacción del curado. No obedece a ninguna de las dos órdenes de Jesús. Ni se calla ni acude al sacerdote. Según la traducción litúrgica, «empezó a divulgar el hecho con grades ponderaciones». Una traducción más literal sería: «empezó a predicar mucho y a divulgar la palabra». Como si el leproso curado, en vez de atenerse a lo mandado por Moisés prefiriese convertirse en un misionero cristiano.

     Consecuencias. Jesús no puede entrar abiertamente en ningún pueblo. Debe permanecer en descampado, y aun así acuden a él. ¿Por qué esta reacción suya? Sabiendo lo que cuenta Marcos más tarde, la respuesta sería: para no verse agobiado por la multitud de gente que acude a él.

Una lectura simbólica: el leproso es cada uno de nosotros

Los relatos evangélicos tienen siempre una gran carga simbólica. Quieren que nos identifiquemos con la situación que narran. En este caso, con el leproso. Todos llevamos dentro algo, mucho o poco, de lo que nos sentimos culpables. Podemos negarnos a admitirlo, escondiendo la cabeza bajo tierra, como el avestruz. O podemos reconocerlo, y acudir humildemente a Jesús, con la certeza de que “si quieres puedes limpiarme”. Él tiene el poder y la compasión necesarios para cambiar nuestra vida.

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Domingo VI del Tiempo Ordinario. 11 de febrero, 2018

Domingo, 11 de febrero de 2018

d6

“Pero cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entra abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aún así acudían a él de todas partes”

(Mc 1, 40-45)

Muchas traducciones dicen que Jesús sintió lástima o se compadeció del leproso cuando le dijo  “si quieres puedes sanarme”., pero quienes entienden de Biblia, y traducciones como la de la Biblia de Jerusalén, aseguran que los textos originales dicen que Jesús se “encolerizó”: encolerizado, extendió su mano le tocó y le dijo: quiero, queda limpio”.

Jesús no se enfada muchas veces, al menos no nos lo cuentan los evangelios, pero hay por lo menos tres momentos en los que se dice o se muestra que Jesús se ha enfadado: este fragmento con el leproso, con los fariseos por lo que piensan en su interior, y con los mercaderes en el Templo.

Por más que nos choque y que tratemos de maquillarlo, Jesús se enfadaba.

Pero, ¿por qué se enfada con este pobre leproso que le pide que lo sane? No parece muy en la línea de Jesús esto de enfadarse en lugar de “compadecerse” ante la enfermedad.

Bien, según quienes estudian la Biblia, lo que enfada a Jesús hasta el punto de encolerizarse es que le busquemos solo para quedar libres de una enfermedad. Le enfada que no queramos conectar con la hondura de su mensaje, de su Buena Noticia.

Jesús no quiere sanar por sanar. No vino a librarnos de la enfermedad. Tampoco del sufrimiento. Jesús no es un “solucionador de problemas”. Dios tampoco.

Jesús vino a mostrarnos quién es Dios. Ese es su mensaje. Ese es el sentido de su vida y también el motivo de su muerte violenta en una cruz.

Marcos, en su evangelio, nos dice que Jesús nos manifiesta quién es Dios cuando se deja clavar en la Cruz. Dios es el que escoge el último lugar, el que nadie quiere. Y para llegar al Dios de Jesús no hay más camino que ocupar el lugar de las últimas de nuestra sociedad, de nuestro mundo.

No se trata tanto de ir a ayudar a quienes lo pasan mal, se trata de ser una más, de ocupar su lugar para que esa persona pueda ocupar el nuestro.

Algo similar a lo que hacían los frailes trinitarios en los orígenes de la Orden, quedarse en el lugar de los cautivos.

Oración

No permitas, Trinidad Santa, que te busquemos solo para liberarnos de nuestras ataduras personales. Haznos comprender el camino exigente de tu evangelio. Amén.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Liberar a los demás es siempre arriesgarse.

Domingo, 11 de febrero de 2018

jesus-heals-leperMc 1, 40-45

Seguimos en el primer capítulo de Mc. Después de un enunciado general, que resume su habitual manera de actuar, (fue predicando por las sinagogas y expulsando demonios), nos narra la curación de un leproso. El leproso no tiene nombre. Tampoco se habla de tiempo y lugar determinados. Se advierte una falta total de lógica narrativa. Apenas ha pasado un día de la predicación de Jesús y ya le conocen hasta los leprosos que vivían en total aislamiento.

La primera lectura es suficientemente expresiva. La lepra era el motivo más radical de marginación. Lo que se entendía por lepra, en la antigüedad, no coincide con lo que es hoy esa enfermedad concreta. Más bien se llamaba lepra a toda enfermedad de la piel que se presentara con un aspecto más o menos repugnante. Tanto la lepra como las normas sobre la enfermedad, no son originales del judaísmo. Esas normas nos parecen hoy inhumanas, pero debían defenderse de una enfermedad que podía causar estragos en una población.

Se trataba de salvaguardar la vida de la comunidad ante una enfermedad contagiosa y mortal. Sin la garantía de que era Dios el que lo mandaba, no hubiera tenido ningún efecto la prohibición. Por eso todas las normas se presentaban como recibidas de Dios, aunque fueran simplemente profilácticas. En una de las losas donde se encontró escrito el Código de Hammurabi, lo primero que aparece es la figura del rey recibiendo de Dios el escrito.

Se acercó, suplicándole de rodillas: Si quieres puedes limpiarme. Esta actitud indica a la vez valentía, porque se atreve a trasgredir la Ley, pero también el temor a ser rechazado, precisamente por eso. Se puede descubrir una complicidad entre el leproso y Jesús. Los dos van más allá de la Ley. Uno por necesidad imperiosa, el otro por convicción profunda.

Sintiendo lástima. La devaluación del significado de la palabra “amor” nos obliga a buscar un concepto más adecuado para expresar esa realidad. En el NT, ‘compasivo’ se dice solo de Dios y de Jesús. La acción de Dios manifestada a través de los sentimientos humanos. La compasión era ya una de las cualidades de Dios en el AT. Jesús la hace suya en toda su trayectoria. Es una demostración de que para llegar a lo divino no hay que destruir lo humano. La compasión es la forma más humana de manifestar el amor.

Le tocó. El significado del verbo griego aptw, no es en primer lugar tocar, sino sujetar, atar, enlazar. Este significado nos acerca más a la manera de actuar de Jesús. Quiere decir que no solo le tocó un instante, sino que mantuvo esa postura durante un tiempo. Teniendo en cuenta lo que acabamos de decir de la lepra, podemos comprender el profundo significado del gesto, suficiente por sí mismo para hacer patente la actitud vital de Jesús. No solo está por encima de la Ley sino que asume el riesgo de contraer la lepra.

Quiero… La simplicidad del diálogo esconde una riqueza de significados: Confianza total del leproso, y respuesta que no defrauda. No le pide que le cure, sino que le limpie. Por tres veces se repite el verbo kadarizw limpiar, verbo que significa también, liberar. Nos está lanzando más allá de una simple curación. No solo desaparece la enfermedad, sino que le restituye en su plena condición humana: Le devuelve su condición social, y su integración religiosa. Vuelve a sentir la amistad de Dios, que era el valor supremo para todo buen judío.

Lo echó fuera… y cuando salió… La segunda parte del relato es de una gran importancia. Se supone que estaban en un lugar apartado del pueblo, sin embargo el texto griego dice literalmente: lo expulsó fuera, y del leproso dice: cuando salió. Una vez más nos está empujando a una comprensión espiritual. Jesús no quiere que continúe junto a él y lo despide inmediatamente; eso sí, con el encargo de no contarlo y de presentarse ante el sacerdote. Una vez más, manifiesta Mc el peligro de que las acciones de Jesús en favor del marginado fueran mal interpretadas.

¡Qué curioso! Jesús acaba de saltarse la Ley a la torera, pero exige al leproso que cumpla lo mandado por Moisés. Hay que estar muy atento para descubrir el significado. Jesús no está nunca contra la Ley, sino contra las injusticias y tropelías que se cometían en nombre de la Ley. Él mismo tuvo que defenderse: “no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud”. Jesús se salta la Ley cuando le impide estar a favor del hombre. Presentarse al sacerdote era el único modo que tenía el leproso de recuperar su estatus social.

El evangelio nos dice que las consecuencias de la proclamación del hecho fueron nefastas para Jesús. Si había tocado a un leproso, él mismo se había convertido en apestado. Y no podía ya entrar abiertamente en ningún pueblo. Las consecuencias de la divulgación del hecho podían también ser nefastas para el leproso. Era el sacerdote el único que podía declarar puro al contagiado. Los sacerdotes podían ponerle dificultades si tenían conocimiento de cómo se había producido la curación.

La lepra producía exclusión porque la sociedad era incapaz de protegerse de ella por otros medios. Hoy la sociedad sigue creando marginación por la misma razón, no encuentra los cauces adecuados para superar los peligros que algunas conductas sociales suponen para los instalados. No somos todavía capaces de hacer frente a esos peligros con actitudes humanas. A veces se toman medidas para aliviar la situación de los marginados pero teniendo mucho cuidado de no cambiar la situación que supondría perder privilegios.

Jesús se pone al servicio del hombre sin condiciones. Lo que tenemos que hacer es servir a los demás como hace Jesús. Dios no tiene nada que ver con la injusticia, ni siquiera cuando está amparada por la ley humana o divina. Jesús se salta a la torera la Ley, tocando al leproso. Ninguna ley humana, sea religiosa, sea civil, puede tener valor absoluto. Lo único absoluto es el bien del hombre. Pero para la mayoría de los cristianos sigue siendo más importante el cumplimiento de la ley que el acercamiento al marginado.

No creo que haya uno solo de nosotros que no se haya sentido leproso y excluido por Dios. El pecado es la lepra del espíritu, que es mucho más dañina que la del cuerpo. Es un contrasentido que, en nombre de Dios, nos hayan separado de Dios. El evangelio de Jesús, es sobre todo buena noticia. El Dios de Jesús es Padre porque es Ágape. De Él, nadie se tiene que sentir apartado. La experiencia de ser aceptado por Dios es el primer paso para no excluir a los demás. Pero si partimos de la idea de un Dios que excluye, encontraremos mil razones para excluir en su nombre. Es lo que hoy seguimos haciendo.

Seguimos aferrados a la idea de que la impureza se contagia, pero el evangelio nos está diciendo que la pureza, el amor la libertad la salud, la alegría de vivir, también pueden contagiarse. Este paso tendríamos que dar si de verdad somos cristianos. Seguimos justificando demasiados casos de marginación bajo pretexto de permanecer puros. ¡Cuántas leyes deberíamos saltarnos hoy para ayudar a todos los marginados a reintegrarse en la sociedad y permitirles volver a sentirse seres humanos!

Meditación

El nuevo nombre del amor podría ser hoy compasión.
Todos los que encontramos en nuestro camino
esperan que sepamos hacer nuestros sus padecimientos.
Si fuésemos capaces de compadecernos, vendría el Reino.
Como seres limitados, necesitamos que los demás nos completen.
Como humanos, debemos volcarnos en los demás.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Saltándose las leyes.

Domingo, 11 de febrero de 2018

guerirNo es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, sino aquel que más se adapta a los cambios (Charles Darwin).

11 de febrero. Domingo VI del TO.

Mc 1, 40-45

Se le acercó un leproso y, arrodillándose, le suplicó: Si quieres puedes sanarme

Un leproso que, saltándose las leyes se acercó a Jesús y le suplicó que lo curara. Y Jesús lo hizo tocándole la cabeza. Una caricia brotada de la ternura de su corazón, loco de amor por los hombres.

El Dt dice en 5, 10, dice de Dios: “actúo con lealtad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos”. Mandamientos, dice la Biblia, “que el Señor pronunció con voz potente”. Luego los grabó en dos losas de piedra y se las entregó a Moisés y, entre otros, le da orden de guardar el sábado (5, 12).

En Gálatas 2, 16, dice San Pablo: “sabemos que el hombre no alcanza la justicia por observar la ley, sino por creer en Jesucristo”, pues “por cumplir la ley, nadie alcanza la justicia”.

Jesús criticó constantemente a los que tenían reglas sobre lo que se podía o no hacer en sábado, y enseñó siempre libertad de conciencia de lo que marcaban las leyes. Mt 5, 21-43 pone ejemplos de superación de leyes establecidas respecto a la ofensa, al adulterio, al divorcio, etc. Y, en los Evangelios, varias cosas que él hizo en sábado. Lucas cuenta en 6, 1 que: “Un sábado cuando atravesaba unos campos de trigo, sus discípulos arrancaban espigas, las frotaban con las manos y comían los granos”. Y avala el hecho con lo que hizo el rey David con sus compañeros cuando estaban hambrientos: “Entró en la casa de Dios, tomó los panes consagrados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió y compartió con sus compañeros” 6, 3. Jesús está diciendo a los fariseos que el amor por los hombres es más importante que la observancia de ritos“Supongamos que uno de vosotros tiene una oveja y un sábado se le cae en un hoyo: ¿no la agarraría y la sacaría?”(Mt 11, 12).

Las superpostales de libertad humana y de misericordia que nos regalan Jesús y el Papa Francisco –aquél en el Evangelio, y éste en sus atenciones a los necesitados– hay que enmarcarlas y colgarlas en los muros de nuestros museos personales. Y hasta quizás también en los de El Prado, El Louvre y El Hermitage. Para realizar su visita a Birmania y Bangladesh el pasado noviembre, el obispo de Roma puso como condición poder reunirse con refugiados rohingyas, una minoría musulmana perseguida por el ejército birmano. Se saltó la prohibición impuesta por el general Min Aung Hlaing, comandante en jefe. En su vuelo de regreso a Italia confesó a los periodistas: “con los rohingya he llorado, y ellos también”.

Charles Darwin nos insiste y anima a seguir instalados en la vida, porque: “No es el más fuerte ni el más inteligente el que sobrevive, sino aquel que más se adapta a los cambios”. El leproso que se acercó a Jesús suplicándole arrodillado que le sanara había comprendido a Darwin. ¿Les hemos comprendido también nosotros a ambos?

¿LO OYE EL VIENTO?

Suenan voces en mí mismo
pulsando aciertos y yerros.
Unos relatan amores,
otros cuentan vituperios.

Las oye el viento.
¿Las oye?
Tañen fuera, tañen dentro.
Doblan arriba y abajo
con festivos tintineos.

Son rebaños de palabras,
que pastoreo en mis feudos,
pastando voces divinas
en prados del pensamiento.

Todos son y no son, míos.
Son sobre todo del viento,
que los parte y los comparte
con todos los hemisferios. 

(SOLILOQUIOS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Me tocó.

Domingo, 11 de febrero de 2018

5df7Optimized-leproso336xc(Mc 1,40-45)

¡Me tocó!

Podría no haberlo hecho, pero ¡me tocó!

Había oído hablar de él en más de una ocasión. Fuera de la ciudad, donde nos recluimos los de nuestra condición, se nombra a Jesús con frecuencia. A menudo nos llegan historias de él. Cuentan que algunos ciegos han recobrado la vista y que más de un paralítico ha vuelto a caminar gracias a él. Comentan que acoge siempre a quien se acerca, sin hacer distinción alguna. Es más, refieren que las autoridades están escandalizadas porque Jesús se acerca y atiende especialmente a quienes ellos rechazan y desechan.

De algún modo, quienes vagamos por los arrabales, cargando con el peso de la vida, con la desesperanza, el abandono, la soledad, la culpa, el desaliento, la tristeza, el miedo… anhelamos encontrarnos con él. Porque dicen que, cuando te encuentras cara a cara con él, te cambia la vida.

¡Cara a cara! ¡Cuántas veces soñé hallarme cara a cara con él! Pero ¿cómo?

Alguna vez lo vi, sí. Allí estaba: conversando, riendo, rodeado de personas… Pero ¿cómo dirigirme a él “cara a cara”? A esa distancia nunca pude siquiera distinguir bien su rostro. Envidiaba a quienes estaban a su lado. Yo… yo no me sentía digno. Sobre mí ha pesado toda la vida lo que tanto escuché: “eres impuro”, “eres culpable de lo que te sucede”, “si te acercas a otro le contagiarás”… “nadie te quiere como eres”, “eres inferior a todos”, “no eres digno”

Nunca creí que me atrevería.

Es prácticamente imposible acercarse a la ciudad siendo leproso. Las vendas nos delatan al momento. Lo sé. El olor, el color de la piel, las lesiones… todo en un cuerpo leproso molesta. Lo diferente y fuera de orden asusta. Lo desconocido atemoriza.

Pero ese día algo me empujó. No sé si una fuerza interior o si más bien fue Jesús mismo quien me atrajo. De pronto me descubrí a mí mismo caminando, dirigiéndome hacia él todo lo rápido que me permitían mis heridas. Sin escuchar los gritos de la gente, sin atender a quienes huían de mí, llegué hasta él y me arrodillé a sus pies.

En mí estaba la certeza de que él podía liberarme de esas ataduras. No dudé en ningún momento de que, si él quería, podría limpiarme. Ahora advierto que, a su lado, experimenté algo nuevo. Por primera vez en mi vida no percibí rechazo, sino profunda compasión. Sí, sentí que Jesús padecía conmigo, que se hacía cargo de todo lo que me sucedía sin necesidad siquiera de contárselo, que acogía mi historia, mi pasado y mi presente.

Escuché sus palabras: “Quiero, queda limpio”. Pero antes de que mis oídos oyeran su voz, mi piel sintió su mano.

¡Me tocó!

Podría no haberlo hecho, pero ¡me tocó!

Sé que podía haberme sanado sólo con su palabra, pero él me tocó. Y al hacerlo, sin miedo a quedar impuro, transgredió la ley y quebrantó el orden social.

Jesús se arriesgó por mí y, al tocarme, borró mi estigma, me liberó de mi vergüenza, rompió mis ataduras… Al sentirme tocado por él me supe amado y me reconocí de nuevo persona, recobré mi dignidad de ser humano y recuperé la alegría.

Por eso estoy aquí. Él me pidió que viniera y que ofreciera lo ordenado por Moisés. Sé que me dijo que no se lo contara a nadie más, pero no he podido contenerme y he ido publicando por los caminos lo que me ha sucedido. ¡Me siento tan agradecido!

No había vuelto a entrar en el Templo desde que era un niño. Creo que él busca que recupere mi lugar en el pueblo y en la comunidad. Sé que él desea que le dé gracias a Dios y que reconozca que ha sido Él quien me ha devuelto la vida. ¡Bendito sea Dios, que me ha liberado a través de su Hijo!

Sí, no se fije en mi apariencia, en mi color, en mi lengua, en mi sexo, en mi edad, en mi condición, en mi procedencia… Soy un ser humano. Jesús me tocó.

Inma Eibe, ccv

 Fuente Fe Adulta

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Leprosos son todos los marginados por la sociedad

Domingo, 11 de febrero de 2018

28c3Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. LEPRA.

La lepra en el AT, en la mentalidad bíblica, no solamente era una enfermedad, sino que era la expresión, lo que se ve como consecuencia de un pecado interior. El leproso no era un enfermo, sino un pecador y su pecado se mostraba en la lepra exterior.

De ahí, que el leproso debía salir de la convivencia familiar, de la sociedad y tenía que vivir aislado, en las afueras de la ciudad, marginado.

Es el caso de Job:

Satán salió de la presencia de Yahveh, e hirió a Job con una llaga maligna desde la planta de los pies hasta la coronilla de la cabeza. Job tomó una tejoleta para rascarse, y fue a sentarse entre la basura. (Job 2,7-8)

Los leprosos son “basura”: ¡impuro, impuro!, por eso los marginamos. En los evangelios (en la mentalidad bíblica) los que quedan marginados: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento, lejos de la convivencia. (Lv 13).

Cuánta marginación y ninguneo produce la sociedad. Los sistemas políticos, económicos, la curia eclesiástica expulsa, causa mucha marginación.

Todos los sistemas de poder producen marginados:

o Con gusto expulsaríamos de nuestra convivencia a los inmigrantes: los marginamos por la nacionalidad o por el color de la piel.

o Hace ya muchos años que hubo una gran oposición y enfrentamiento a que Villa Betania (barrio de Loiola de San Sebastián) por iniciativa de la diócesis / Hijas de la Caridad, acogiera a los enfermos de SIDA.

o Marginaciones raciales: las pateras son simplemente “pequeños cruceros” clandestinos.

o Marginaciones eclesiásticas: hay teólogos y curas que han sido y son marginados, personas y comunidades cristianas postergados por sus superiores, por sus obispos.

o Marginación de la mujer en la iglesia.

o Marginaciones en nuestras propias familias (¿no marginamos a algún familiar?, marginaciones y desprecios en comunidades religiosas y cívicas. Personas que quedan relegadas, postergadas por su debilidad, por su origen, por su falta de cultura, etc.

o También tenemos nuestras propias “lepras”, diablos y suciedades personales.

Cuando las cosas te van bien en la vida, te conocen y tienes muchos amigos. Cuando las cosas te van mal o caes en desgracia, eres tú el que conoces quiénes son amigos, si te queda alguno.

02. JESÚS SIENTE LÁSTIMA.

imagesAnte aquel leproso y ante todos los enfermos y marginados, Jesús siente compasión, siente lástima ante la debilidad humana: debilidad física, moral, psíquica.

Jesús siempre siente bondad, es misericordioso para con el ser humano. Es el núcleo de la actividad de Jesús y del cristianismo.

DOS CONSIDERACIONES:

A. La experiencia cristiana es sentir la bondad de Dios, expresada en JesuCristo. Ser cristiano es sentirse querido por el Señor. Cristiano no consiste en cumplir con las leyes de la Iglesia, sino gozar de la amabilidad de Dios.

Hemos vivido largos años de un cristianismo tremendista, condenador. Gracias a Dios que el papa Francisco tiene otro tono y su visión del cristianismo es amable especialmente para con los más débiles de la sociedad.

Pero incluso hoy en día en no pocas diócesis vivimos una religión fanática, judiciaria, nada amable y por tanto, poco o nada cristiana.

Ser cristiano es gozar del amor del Señor.

B. Como consecuencia de esa experiencia de la bondad de Dios, ser cristiano será ser sensible y bondadoso con los que sufren, sea cual sea su forma de pensar o vivir. Según Jesús lo que nos hace cristianos no es el templo, sino la misericordia.

Por desgracia el cristianismo ha quedado enclaustrado en lo sacral y en los ritos. Por ejemplo: “legalmente” nadie le podrá decir nada a un cura porque no visita a los enfermos, o porque no da limosna, o porque no está con el pueblo. Pero como no celebre la Misa (mundo sacral) el domingo a las 12, alguien le llamará la atención.

Cristiano fue el buen samaritano, no el sacerdote y el levita que pasaron de largo pues tenían que ir al templo “a misa de 12.

De Jesús podemos esperar solamente compasión y bondad. El gran defecto de Jesús es ser bueno, libre y liberador. La misericordia es la gran virtud y actitud que nos hace bien a todos.

la-basilica-de-santaCuando somos marginados, despreciados, expulsados del Templo, de la convivencia, cuando somos considerados “personae non gratae” o malditos, no hay nada que rehabilite y dinamice tanto al ser humano como la experiencia de que alguien nos estima, nos ama y hace algo por nosotros. El amor de Dios actúa suave y profundamente en la persona. JesuCristo y la actitud cristiana nos rehabilita, nos levanta (como a la suegra de Pedro, que leíamos el domingo pasado), nos devuelve a la vida, a la convivencia.

Quienes trabajan en tareas asistenciales: pastoral carcelaria, mundo de la droga, comedores sociales, enfermos, ancianos, etc., saben perfectamente que un gesto de bondad, un acercamiento hace mucho bien.

“Lo de Jesús” está en Aterpe y en los comedores de los pobres, en Villa Betania: en la acogida a los del SIDA, en las residencias de ancianos, en los pisos de acogida a los niños o de acogida a los que salen de la cárcel, en la ayuda a los inmigrantes y a los que duermen entre los “cartones” de algún cajero automático, en los que trabajan contra el paro, en los que acompañan y consuelan a los enfermos y ancianos, en ayudar a quien está pasándolo mal, en dar limosna en la medida en que nos sea posible, en saber escuchar, etc.

Hacer el bien, hace bien a todos. Humanizar, humaniza a todos.

SEÑOR, SI QUIERES PUEDES LIMPIARME.

JESÚS SIENTE LÁSTIMA TAMBIÉN DE NOSOTROS

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¡Qué fácil es criticar, qué difícil corregir! Domingo 23 Ciclo A.

Domingo, 10 de septiembre de 2017

med-2Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

La formación de los discípulos

A partir del primer anuncio de la pasión-resurrección y de la confesión de Pedro, Jesús se centra en la formación de sus discípulos. No sólo mediante un discurso, como en el c.18, sino a través de las diversos acontecimientos que se van presentando. Los temas podemos agruparlos en tres apartados:

1. Los peligros del discípulo:

* ambición (18,1-5)
* escándalo (18,6-9)
* despreocupación por los pequeños (18,10-14)

2. Las obligaciones del discípulo:

* corrección fraterna (18,15-20)
* perdón (18,21-35)

3. El desconcierto del discípulo:

* ante el matrimonio (19,3-12)
* ante los niños (19,13-15)
* ante la riqueza (19,16-29)
* ante la recompensa (19,30-20,16)

De estos temas, la liturgia dominical ha seleccionado el 2, corrección fraterna y perdón, que leeremos en los dos próximos domingos (23 y 24 del Tiempo Ordinario) y el último punto del 3, desconcierto ante la recompensa (domingo 25).

La corrección fraterna

Como punto de partida es muy válida la primera lectura, tomada del profeta Ezequiel. Cuando alguien se porta de forma indebida, lo normal es criticarlo, procurando que la persona no se entere de nuestra crítica. Sin embargo, Dios advierte al profeta que no puede cometer ese error. Su misión no es criticar por la espalda, sino dirigirse al malvado y animarlo a cambiar de conducta.

Así dice el Señor: A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: «¡Malvado, eres reo de muerte!», y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.

En la misma línea debemos entender el evangelio de hoy, que se dirige a los apóstoles y a los responsables posteriores de las comunidades. No pueden permanecer indiferentes, deben procurar el cambio de la persona. Pero es posible que ésta se muestre reacia y no acepte la corrección. Por eso se sugieren cuatro pasos: 1) tratar el tema entre los dos; 2) si no se atiene a razones, se llama a otro o a otros testigos; 3) si sigue sin hacer caso, se acude a toda la comunidad; 4) si ni siquie­ra entonces se atiene a razones, hay que considerarlo «como un gentil o un publicano».

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
― Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano.

Esta práctica recuerda en parte la costumbre de la comunidad de Qumrán. La Regla de la Congregación, sin expresarse de forma tan sistemática como Mateo, da por supuestos cuatro pasos: 1) corrección fraterna; 2) invocación de dos testi­gos; 3) recurso a «los grandes», los miembros más antiguos e importantes; 4) finalmente, si la persona no quiere corregirse, se le excluye de la comunidad.

La novedad del evangelio radica en que no se acude en tercera instancia a los «grandes», sino a toda la comunidad, subrayando el carácter democrático de la vivencia cristiana. Hay otra diferencia notable entre Qumrán y Jesús: en Qumrán se estipulan una serie de sanciones cuando se ofende a alguno, cosa que falta en el Nuevo Testamento. Copio algunas de ellas en el Apéndice.

Hay un punto de difícil interpretación: ¿qué signifi­ca la frase final, «considéralo como un gentil o un publicano»? Generalmente la interpretamos como un rechazo total de esa persona. Pero no es tan claro, si tenemos en cuenta que Jesús era el «amigo de publicanos» y que siempre mostró una actitud positiva ante los paganos. Por consiguiente, quizá la última frase debamos entenderla en sentido positivo: incluso cuando parece que esa persona es insalvable, sigue considerándola como alguien que en algún momento puede aceptar a Jesús y volver a él. Esta debe ser la actitud personal («considéralo»), aunque la comunidad haya debido tomar una actitud disciplinaria más dura.

¿Qué valor tiene la decisión tomada en estos casos? Un valor absoluto. Por eso, se añaden unas palabras muy parecidas a las dichas a Pedro poco antes, pero dirigidas ahora a todos los discípulos y a toda la comunidad:

Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

Relacionado con este tema están las frases finales.

Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.

Generalmente se los aplica a la oración y a la presencia de Cristo en general. Pero, dado lo anterior y lo que sigue, parece importante relacionar esta oración y esta presencia de Cristo con los temas de la corrección y del perdón.

El conjunto podríamos explicarlo del modo siguiente. La correc­ción fraterna y la decisión comunitaria sobre un individuo son algo muy delicado. Hace falta luz, hallar las palabras adecuadas, el momento justo, paciencia. Todo esto es imposible sin oración. Jesús da por supuesto -quizá supone mucho- que esta oración va a darse. Y anima a los discípulos asegurándoles la ayuda del Padre, ya que El estará presente. Esta interpretación no excluye la otra, más amplia, de la oración y la presencia de Cristo en general. Lo importante es no olvidar la oración y la presencia de Jesús en el difícil momento de la reconciliación.

Apéndice: la práctica de la comunidad de Qumrán

Nota: En el siglo II a.C., un grupo de judíos, descontentos del comportamiento del clero y de las autoridades de Jerusalén, se retiró al desierto de Judá y fundó junto al Mar Muerto una comunidad. Se ha discutido mucho sobre su influjo en Juan Bautista, en Jesús y en los primeros cristianos. El interesado puede leer J. L. Sicre, El cuadrante. Vol. II: La apuesta, cap. 15.

Los cuatro pasos en la Regla de la congregación

1) «Que se corrijan uno a otro con verdad, con tranquilidad y con amor lleno de buena voluntad y benevolencia para cada uno» (V, 23-24).

2 y 3) «Igualmente, que nadie acuse a otro en presencia de los “grandes” sin haberle avisado antes delante de dos testigos» (VI, 1).

4) «El que calumnia a los “grandes”, que sea despedido y no vuelva más. Igualmente, que sea despedido y no vuelva nunca el que murmura contra la autoridad de la asamblea. (…)

Todo el que después de haber permanecido diez años en el consejo de la comunidad se vuelva atrás, traicionando a la comunidad… que no vuelva al consejo de la comunidad. Los miembros de la comunidad que estén en contacto con él en materia de purificación y de bienes sin haber informado de esto a la comunidad serán tratados de igual manera. No se deje de expulsarlos» (VII,16-25).

Algunos castigos en Qumrán

«Si alguien habla a su prójimo con arrogancia o se dirige a él groseramente, hiriendo la dignidad del hermano, o se opone a las órdenes dadas por un colega superior a él, será castigado durante un año…»

«Si alguno habló con cólera a uno de los sacerdotes inscri­tos en el libro, que sea castigado durante un año. Durante ese tiempo no participará del baño de purificación con el resto de los gran­des.»

«El que calumnia injustamente a su prójimo, que sea castiga­do durante un año y apartado de la comunidad.»

«Si únicamente hablo de su prójimo con amargura o lo engañó conscientemente, su castigo durará seis meses.

«El que se despereza, cabecea o duerme en la reunión de los “grandes” será castigado treinta días».

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José María García Mauriño: ¿Un Dios debilidad?

Martes, 6 de junio de 2017

21) ¿Por qué un  Dios Todopoderoso?

Es imposible, ilícito, inaceptable hablar de Dios Padre desde una situación de poder. El poderoso no puede hablar de Dios Padre sin ser un cínico. El dictador no puede hablar de Dios Padre sin cinismo. Hay dictadores asesinos que hablan de Dios, invocan a Dios y se legitiman en el nombre de Dios (recordemos a Franco, a Pinochet, y tantos otros). El rico no puede hablar de la paternidad de Dios a los pobres. El vencedor no puede hablar de Dios Padre al vencido. Los excluidos son los vencidos de la vida.

¿Por qué será que la inmensa mayoría de nuestros textos litúrgicos, escritos entre el siglo IV y el siglo XVI, no dirigen la oración al Padre sino al “Señor Dios todo-poderoso”? Dicen así: “Dios todopoderoso y eterno.” Se trata de una desobediencia formal a la orden de Jesús, que mandó rezar invocando a Dios con el nombre de Padre. Jesús enseñó así: cuando recéis, decid “Padre Nuestro”. La Eucaristía es una oración comunitaria.

Es verdad que la Iglesia conservó la fórmula del “Padre nuestro”. Era imposible borrar esta página del Evangelio. Sin embargo, fuera de esta fórmula, casi siempre dice “Dios todopoderoso y eterno, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna”. Creemos en Dios padre Todopoderoso” Y así hasta 9 veces en la liturgia de la misa. Es en la Iglesia, en las parroquias, donde los textos litúrgicos hablan desde el poder, no desde la humildad, desde la debilidad, y la gente está más por creer en el Dios Poderoso de los milagros que en el  Dios, Padre bueno y amigos de l os hombres y mujeres.

¿No fue acaso porque el clero sentía que era imposible hablar al Padre desde la posición de privilegio, riqueza y poder que ocupaba? La liturgia de la cristiandad fue expresión de la inmensa riqueza del clero y de los religiosos. ¿Cómo hablar del Padre en el esplendor de las catedrales y las iglesias de las abadías de ese tiempo? ¿Cómo hablar del Padre estando revestido de ornamentos litúrgicos de precio altísimo, manipulando objetos litúrgicos de oro y plata, en un ambiente de imágenes cubiertas de piedras preciosas y perlas? Todo era (y sigue siendo) signo de poder,  riqueza, fuerza, dominación. Todo esto era atribuido a Dios, pero no dejaba de estar reservado a una clase privilegiada. En este contexto la fórmula que se impone es “Dios todopoderoso y eterno”. No había lugar para el Padre. Instintivamente los autores de los textos litúrgicos sintieron la imposibilidad de hablar de Dios Padre.

Cuando las liturgias celebraban las conquistas, las victorias en las batallas, la destrucción de pueblos considerados enemigos de Dios, ¿cómo hablar del Dios Padre? En las misas que celebraban la destrucción de los indios, la represión de las revueltas de esclavos, ¿se puede hablar del Padre? ¿Se puede agradecer al Padre, celebrar la Misa, por el exterminio de los indios, la expulsión de los judíos, la destrucción traicionera del reino musulmán de Granada? Sólo se podía invocar al “Dios todopoderoso y eterno” de quien se pensaba que había manifestado el poder de su brazo. Este título de Padre tenía que ser reprimido.  La Iglesia tenía que legitimar la conquista y la dominación, no podía invocar el amor del Padre, sino sólo la ira del Dios eterno y todopoderoso ofendido por la incredulidad de los pueblos paganos.

Los cristianos fueron instruidos por la liturgia, por la forma de hablar de los padres. No es de extrañar que son pocos los que dirigen su oración al Padre. En la vida diaria invocan al “Señor eterno y omnipotente.” Dado que este Dios es muy distante, prefieren invocar al Sagrado Corazón de Jesús o a Nuestra Señora adornada con todos sus atributos. Las devociones populares fueron el substituto de Dios Padre.

2) ¿Por qué un Dios debilidad?

El Dios de Jesús no es un Dios Todopoderoso, es un Dios débil, es un Dios misericordioso y compasivo, lejos de todo poder. Dios no es un Señor Omnipotente (como se reza en la Misa) sino el Padre bueno que sabe perdonar y abrazar a los que pecan. No es fácil compatibilizar en esa liturgia de la Misa, el rezo del Padrenuestro con esas otras afirmaciones de Dios Todopoderoso. Jesús se opuso al poder político y religioso de su tiempo. Jesús estuvo siempre al lado de los débiles y defendió a los débiles, pero no desde el poder sino desde la  humildad, la mansedumbre, desde la pobreza, desde los de abajo.  Jesús no se mostró nunca como el Mesías triunfador, militar, que iba a liberar a su pueblo de la invasión del imperio romano. Era el Hijo del Hombre que predicaba las bienaventuranzas. Él era manso y humilde de corazón. Los que creen en los milagros están aceptando a un  Dios poderoso, el Dios de los milagros, que no es el Dios de Jesús.

Dos argumentos:

a) Del Evangelio de Juan: “El verbo de Dios se hizo carne”. Y “carne” en griego se dice sarx y sarx se traduce por debilidad, fragilidad. Entonces se puede decir con toda claridad que “El verbo de Dios se hizo debilidad”.

b) Del Evangelio de Mateo: Tuve Hambre, tuve sed estaba enfermo, etc. Todo lo que hagáis por estos hermanos míos más débiles, lo hacéis conmigo. Jesús se identifica con los más débiles de la sociedad.

José María García Mauriño

20 de Mayo de 2017

Fuente Fe Adulta

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El poder de Dios en nuestras manos

Martes, 3 de enero de 2017

proxyRealmente suena fuerte lo que nos ha puesto a escribir, sintetizado en el título de este artículo. Quizás abrume, quizás escandalice, pero la libertad que nos ha sido dada puede llegar al límite de lo absurdo: frustrar el plan de Dios para con nosotros y con todo lo que nos rodea, que es puro don.

Todo empezó leyendo el episodio de los dos ciegos suplicantes que seguían a Jesús (Mt 9, 27-31). No actuó de inmediato, les implicó en su propia sanación, aunque el poder de sanar procediera de él -“¿Creéis que puedo hacerlo?”-; un contundente “Sí” salió de las entrañas de los dos hombres y aún así, no les liberó de su propia responsabilidad en la sanación – “Que os suceda según vuestra fe”-. Su fe debía ser grande pues “se les abrieron los ojos”.

¿Qué significa creer que Dios todo lo puede? ¿Lo creo? ¿Estamos convencidas hasta el extremo de pasar evaluación de nuestra propia fe?

Lo primero será adentrarnos en la contaminación que sufrimos referente a la idea del Poder. Esa palabra nos lleva instantáneamente a pensar en varios tipos de poderes, que a veces hasta se confunden: el poder de Dios y los poderes del mundo, el poder del dinero, etc…

El poder de Dios, generalmente se identifica con algo sobrenatural, incluso mágico. Un poder ejercido por alguien fuera del mundo, que por voluntad propia o movido por los pedidos, ruegos y súplicas de las personas intervendría para cambiar situaciones. Este poder sería capaz por sí solo de hacer milagros y otros signos de manera antojadiza, ya que en algunas ocasiones cambiaría el rumbo de las circunstancias y en otras no.

Los poderes del mundo, con los esquemas de opresión, discriminación, avaricia, corrupción, etc. manipulan, aplastan y difunden el miedo como mecanismo de sumisión, anestesiando la capacidad de libertad de la gente. Esto mismo sucede muchas veces dentro de las religiones, que en nombre de Dios cometen todo tipo de atropellos.

El poder del dinero como espejismo que doblega la cultura, la creatividad, la capacidad intelectual, transformando la vida en una cadena de producción y de consumo. Cada instante del tiempo se mercantiliza y se valora según la rentabilidad que produce. Ahí caen los más débiles: los niños, los ancianos, los enfermos, lo que huyen de conflictos sangrientos… Así ejerce el mitológico Rey Midas actualizando las formas y maneras a estos tiempos. Desgraciadamente también por este poder, las religiones son tentadas.

Nuestro modo de entender el poder está influido por el modo en que lo ejercen quienes dominan las naciones, pero, sorprendentemente, al detenernos con seriedad frente a la figura de Jesús entregándose hasta la cruz por solidaridad con quienes estaban llenos de miedo y atormentados por la injusticia, nos llega un modo distinto de entender el poder de Dios. Es el poder de lo humilde, de lo chiquito, de lo escondido que irrumpe como la levadura en la masa transformándolo todo. Así el poder de Dios en nuestras manos tiene una fuerza arrolladora. Y con ese nuevo modo de entenderlo nos llegan nuevas palabras. Solidaridad, la primera palabra, solidaridad hasta la muerte, y esta solidaridad es una que nace desde la impotencia que nos lleva a reinterpretar la vida desde Dios. Otra palabra que nos llega es responsabilidad, al darnos cuenta de que es a través de nosotros como se manifiesta el poder solidario de Dios.

La solidaridad se hará realidad mirando el sufrimiento del mundo, dejando que la empatía y la compasión se hagan presentes en los espacios donde la violencia destruye sin ton ni son; pero también en el epicentro del poder del mundo, en donde se toman las decisiones de matar o no matar, de acoger o repatriar, de fabricar armas o vacunas.

Tenemos responsabilidad activa en la administración de ese poder infinito que Dios tiene y que ha querido poner en nuestras manos, implicándonos en su acción salvífica. Y cada día nos pregunta: “¿Creéis que puedo hacerlo?”. ¿Qué respondemos?

Si el silencio y la cabeza agachada son la respuesta, seguirán sufriendo tantos inocentes.

“¡Qué suceda según vuestra fe?… ¿Será nuestra fe capaz de mover montañas? Seremos capaces de ser luz y sal o dejaremos escondido el poder que Dios nos ha dado para transformar el mundo?

Viviendo ya el tiempo de Navidad,  revisemos que para Dios todo empieza siempre en pequeño, incluso de restos. A veces suspendemos en solidaridad y en responsabilidad, pero la esperanza sale al paso. “Ven, Señor, Jesús…” y aquí llega, es Navidad.

Yolanda Chavez (Los Ángeles)

Mari Paz López Santos (Madrid)

Patricia Paz (Buenos Aires)

Fuente Fe Adulta

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Los poderosos cultivan fundamentalismos

Sábado, 17 de diciembre de 2016

061217-las-tres-religiones-culturas-alianza-de-civilizaciones-laicista-fundamentalismo“Fundamentalismo es la corriente religiosa o ideológica que promueve la interpretación literal de sus textos sagrados fundacionales, o la aplicación intransigente y estricta de una doctrina o práctica establecida” (Wikipedia). Se trata de una actitud vital contraria a cualquier cambio en las doctrinas y las prácticas que se consideran esenciales e inamovibles en un sistema ideológico, especialmente religioso.

Los fundamentalistas interpretan sus textos fundacionales (Biblia, Corán…) al pie de la letra, sin tener para nada en cuenta la cultura de las épocas en las que se escribieron los textos, su marco histórico, las evoluciones progresivas de los mensajes, ni los desafíos actuales de las ciencias.

Exigen ser gobernados por líderes infalibles y leyes inamovibles. Sólo así se sienten seguros. Los cambios les aterrorizan. Su verdad es la única y, por consiguiente, su militancia se concreta en amargos desprecios y crueles violencias.

Las grandes religiones monoteístas con mucha frecuencia han mantenido actitudes fundamentalistas. Todas en su historia están manchadas de despreciada sangre inocente. Y todos los dictadores se han aupado sobre ideologías fundamentalistas.

El fundamentalismo mantiene al pueblo idiotizado, sin posibilidad de construir nada nuevo. Es como una religión universal, intercultural, que permite y fomenta el mantenimiento de gobiernos religiosos y políticos dictatoriales, para que se mantenga todo fijo y único, sin posibilidad de cambios.

Las intuiciones de Rockefeller

En cuanto un sector del pueblo comienza a desprenderse de sus enfoques fundamentalistas, los grandes de la tierra se ponen muy nerviosos. El Concilio Vaticano II (1962-65) y su aterrizaje en Latinoamérica con los documentos Justicia y Paz de Medellín (1968) fomentaron un poderoso despertar del pueblo. La Biblia, por primera vez en manos de este pueblo creyente y oprimido, superados básicamente los fundamentalismos, potencializó fuertemente la concientización y organización popular.

En esta misma época, en 1968, el magnate Nelson Rockefeller, vicepresidente entonces de Estados Unidos, después de una gira por Latinoamérica informaba que la Iglesia Católica no era ya “un aliado seguro para Estados Unidos”. Cincuenta años antes el presidente Roosevelt había alertado que: “Será larga y difícil la absorción de estos países por Estados Unidos, mientras sean países católicos”.

Entre los campesinos paraguayos, y de algunos otros países, este despertar se concretó en las Ligas Agrarias Cristianas. En Latinoamérica en general fue cuajando en diversos tipos de Comunidades Eclesiales de Base. Y ello les asustó a Rockefeller y compañía. Según su visión este tipo de catolicismo era “un centro peligroso de revolución potencial”. No les agrada ver que la Iglesia Católica de entonces “educa a los pueblos, les da cultura, les hace pensar y les anuncia la inalienable dignidad de los hombres”. Por ello planificaron cómo reemplazar a los católicos latinoamericanos por “otro tipo de cristianos”.

Los documentos de Santa Fe

Son documentos de la CIA redactados en la ciudad de Santa Fe, capital del Estado de Nuevo México, entre los años 1980 y 2000, que planifican la proyección del poder global de Estados Unidos. Cada Documento venía a tener una vigencia de  4 ó 6 años. En mayo de 1980 se hizo “Santa Fe I” dirigido a Ronald Reagan. A finales de 2000 vio la luz “Santa Fe IV”.

Analizan concienzudamente la realidad económica, política y cultural de Latinoamérica, amenazada, según ellos, por una influencia creciente del comunismo, enmascarado en los nuevos tipos de católicos.

A pesar de que su contenido es esencialmente económico-político, les preocupa el factor religioso, especialmente las nuevas vivencias de la Iglesia Católica.

El documento de 1980 advierte que la presencia de determinadas tendencias en la Iglesia Católica y algunos textos de las conferencias episcopales latinoamericanas eran peligrosos para la política exterior de Estados Unidos.

El cuarto, en el 2000, pide “combatir por todos los medios a la Teología de la Liberación y controlar los medios de comunicación de masas…”

Para ello, recomiendan la promoción de sectas fundamentalistas desencarnadas de la realidad: neo-pentecostales, mormones, Testigos de Jehová y aun la secta Moon. El presidente Nixon apoyó el proyecto totalmente. Y el Congreso financia un creciente envío de misioneros fundamentalistas, especialmente mormones, que han llenado el continente de capillas de línea espiritualista, enemigas de todo tipo de compromiso socio-político.

Reacciones vaticanas

Los medios de comunicación –los de los poderosos- desarrollaron una fuerte campaña de desprestigio y demonización de la Teología de la Liberación, y de los teólogos y obispos que la desarrollaban. Y, por supuesto, de las organizaciones populares que la vivían. Se les acusaba de infiltración marxista, de ingenuos idiotas útiles o directamente de comunistas infiltrados en la Iglesia… La insidiosa campaña, bien orquestada, fue produciendo desconfianzas, recelos, distanciamientos de las autoridades eclesiásticas… Y dolorosos desconciertos entre el pueblo.
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Uno. El número necesario para cambiar el mundo

Domingo, 11 de diciembre de 2016

maria_jovenfamiliaAsí interpela el cartel de una ONG a los viandantes de los pasillos del metro de Madrid, arañando las posibilidades del lenguaje y, con ello, el trasiego monótono de las idas y venidas en las estaciones de las mil razones en las que cómodamente nos movemos sin que nada cambie.

A desinstalarnos y a estimular nuestra audacia contribuye la bocanada de aire fresco del evangelio de Lucas que, como aquel cartel, incide en la fuerza de un “sí” para trastocar nuestro viejo y lánguido mundo y preñarlo de novedad. Pero no de esa novedad que, disimulando el olor a rancio, en el fondo recicla un saber igual a sí mismo, sino de aquella novedad llena de vehemencia, sinceridad e intensidad.

Lucas nos propone una escena que engrandece el nacimiento de Jesús pero también realza la figura de la Madre. Ella, María, lejos de interpretar el típico papel de la mujer meliflua y huidiza de los focos, da un paso al frente y asume con autenticidad y arrojo la responsabilidad de tomar la decisión más importante de su vida. Como aquella levadura que se confunde en la masa, su cuerpo acogerá el germen que, al mismo tiempo que imperceptible, será imparable y fermentará todo produciendo un crecimiento exponencial.

De hecho, en boca de Gabriel se pone una palabra griega que generalmente traducimos por llena de gracia y que puede llevar al equívoco de pensar que ella es tan solo un sujeto pasivo.

Una apreciación que evoca aquella espontánea exclamación que desde el fondo de la escena lanza atrevidamente una mujer —Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron (Lc 11,17)— y que Jesús rápidamente puntualiza: Dichosos más bien los que oyen la Palabra de Dios y la guardan (Lc 11,12).  Y es que la “dicha” o la “gracia” no reside tanto en el seno o en los pechos (esto es, aquello que representa la maternidad física) como en la capacidad de creer. En este sentido, Jesús matiza ante la posible minusvaloración del papel de ella: no es tan solo la grandeza de Él lo que le hace grande y única a ella (El será grande, será llamado Hijo del Altísimo), sino que ella es dichosa porque ha creído que se cumplirá en ella la Palabra de Dios. María, vocacionalmente activa, asume el riesgo de ser creyente y la aventura de seguir a Dios.

Dios cambia las cosas a su manera, con gente pequeña, insignificante, pero convencida y, por eso, con gente que no se arredra ante las dificultades de la vida y es capaz de soñar.

Ciertamente podría haberlo hecho de otra manera, podría haber venido Él mismo, o hacerlo sin nuestra colaboración. Podría haberlo hecho según el modelo superhéroe que se enfrenta a este mundo solo y con sus “súper-poderes” y que, al puro estilo de hada madrina, va transformando las cosas feas en bonitas, interviniendo de una manera prodigiosa en la realidad.  

Tal vez, esta es nuestra idea de potencia, de cómo se cambia el mundo, e incluso nuestra forma de comprender cómo Dios debería usar su “poder” para construir un mundo mejor. Sin embargo, se trata de nuestras proyecciones, legítimas pero también de “película” y, sobre todo, sin ninguna implicación personal. Dios no cambia la historia sin nosotros. La vida de María es una llamada a quitarnos la carcasa de la desesperanza y a creer que nada es imposible para Dios, que Dios hace cosas grandes, que actúa a lo grande, que “uno es el número necesario para cambiar el mundo.

Marta García Fernández

Fuente Fe Adulta

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“Corrupción”: relación entre el poder y el lucro, por José María Castillo

Martes, 19 de julio de 2016

27998137491_d5c6e3aa18_nDe su blog Teología sin Censura:

Ya he dicho, en este blog, que el espinoso asunto de la “corrupción” es un problema no solamente político, sino además religioso. Ahora doy un paso más. Y digo que la “corrupción” es el ataque más directo y más grave que podemos hacer al sistema político, económico, social, cultural y religioso en que vivimos. Quiero decir, por lo tanto, que si no se controla y se suprime el virus de la “corrupción”, ese virus acabará liquidando el sistema de sociedad, de convivencia y de creencias en el que vivimos. O sea, si este problema no se ataja de raíz, lo más probable es que la sociedad en que vivimos no tendrá futuro. Y conste que no sería la primera vez que esto ocurre. Ya tendríamos que haber aprendido, de los antiguos imperios, que se hundieron precisamente cuando menos lo esperaban sus tranquilos ciudadanos, los “corruptos” de entonces.

Me explico. El conocido historiador irlandés (profesor en Oxford) Peter Heather, en su voluminoso estudio sobre “La caída del Imperio Romano”, nos informa de que, en el siglo IV, no se percibía ningún signo de que aquel imperio estaba “a punto de derrumbarse”. Y, sin embargo, el derrumbe, cuando nadie lo esperaba, no tardó en producirse. Por supuesto, y como es sabido, los ejecutores del derrumbe fueron los “bárbaros”, que vinieron de fuera del imperio. Pero la verdadera causa de aquel derrumbe estuvo dentro, en el imperio mismo, cuando en aquel imperio de siglos se traspasaron con creces “los límites de la gobernanza”.

Sencillamente, se produjo lo que se ha denominado “la corrupción del sistema romano”. Que no fue otra cosa que el destrozo de la relación normal (y honesta) entre el poder y el lucro. Quienes eran designados para ocupar cargos de poder, utilizaban aquel poder, no para servir al imperio y sus ciudadanos, sino para robar a la gente indefensa. Esto ocurrió cuando el nepotismo resultó ser un componente del sistema. La cosa era tan simple como destructiva. Por lo general “el nombramiento para un cargo se aceptaba como una oportunidad para hacer el agosto, y se daba poco menos que por descontado que se produciría un moderado grado de malversación” (P. Heather). Lo cual, dicho de forma más clara y contundente, significa que, si para algo se inventó el Derecho romano fue para defender y asegurar la propiedad, al tiempo que, si para algo se ejercía el poder y los cargos públicos, era para robar esa propiedad a quienes les correspondía.

Como es lógico, en un imperio en el que se había instalado semejante contradicción, tal imperio se veía minado en sus cimientos y en sus raíces. Y así fue. Es verdad que hubo emperadores, como fue el caso de Valentiniano (364-375), que tomaron enérgicas medidas contra la “corrupción”, pero ni siquiera Valentiniano trató de cambiar el sistema. Porque lo decisivo no era castigar determinados casos de corrupción, sino atajar la raíz de tales comportamientos en todo cuanto se movía utilizando el poder y sus privilegios, no para servir a los ciudadanos, sino para robar a tales ciudadanos. Pero eso no se podía evitar desde el momento en que los cargos públicos en aquella sociedad no eran ocupados por las personas más competentes y honestas, sino por quienes gozaban de la desmedida preferencia que el emperador (y sus más allegados) daban a sus parientes, amigos o personas del propio partido, que eso – ni más ni menos – viene a ser el nepotismo. Pero, es claro, un sistema que funciona así, termina por destrozar sus propios cimientos. En el caso del antiguo Imperio, porque allí ya no mandaban los más competentes, sino los más ladrones. Allí, ya no funcionaba la correcta relación “poder – derecho”, sino la incorrecta relación “poder – lucro”. Y de sobra sabemos que, tal como funciona la condición humana, cuando el poder se emplea a fondo, no para defender el derecho de todos, sino el lucro de algunos, no ya los defraudados, sino el sistema entero se destroza a sí mismo.

¿Es esto lo que tenemos ahora entre nosotros y con nosotros? Mucho me temo que efectivamente es así. No ya sólo por lo que ha ocurrido en los últimos años y en las últimas elecciones generales. La cosa viene desde mucho antes. No sabría fijar desde cuándo. En cualquier caso, es evidente que llevamos ya varias décadas en las que hemos ido viendo y viviendo cómo hemos pasado del hambre a la opulencia. Pero este cambio, tan deslumbrante (a primera vista), se ha hecho y se mantiene a base de ocultar y camuflar una realidad de la que nos tienen que dar cuenta y explicación todos los que, desde el poder, han gestionado con más eficacia el “lucro” de ellos mismos que la “igualdad y la dignidad” de todos. Y si esto ha sucedido así, es porque los cargos públicos han sido ocupados, no por los más honestos y competentes, los que se habían currado el cargo en unas pruebas exigentes y en unas oposiciones, sino por los más allegados y amiguetes de quien ha gestionado el poder mayor, sea cual sea su nombre o su color. En una sociedad gestionada así, se hace trizas la relación “poder – lucro”. Con esto quiero decir que el problema capital, que tenemos que afrontar en nuestro país en este momento, no está en acertar si debe mandar la derecha, el centro o la izquierda, si lo mejor es que nos gobierne este partido político o el otro. Eso es importante, por supuesto. Pero hay algo previo, que es lo que más urge resolver. Reducir al máximo posible la designación “a dedo” de cargos públicos. Solamente así podremos estar seguros de que quienes nos gobiernan ejercerán el poder, no para enriquecerse, sino para gestionar una sociedad más igualitaria, más humana y más justa.

Y todavía – si se me permite -, una observación. Cuando escribo algo, no puedo olvidar que he dedicado, y sigo dedicando, mi vida a la religión, a la Iglesia, a la teología. Por eso, no puedo dejar de preguntarme: ¿qué papel ha desempeñado en todo este asunto la Iglesia? No quiero despachar esta pregunta tan grave lanzando las diatribas de siempre contra el clero y sus representantes. El problema es mucho más complicado. Si la Iglesia tiene alguna razón de ser, es porque prolonga en el tiempo y hace presente en cada lugar el Evangelio, la forma de vivir y las convicciones que nos dejó aquel modesto galileo, que fue Jesús de Nazaret. Pues bien, si la Iglesia es eso y para eso, la pregunta que hay que hacerse (me parece a mí) es ésta: ¿Qué presencia ha tenido y tiene en España el Evangelio de Jesús? Si lo de Jesús significa algo para nosotros, es evidente que el Evangelio fue sumamente crítico con el uso que se hace del poder y del dinero. Pero de sobra sabemos que la Iglesia, en España, ha dado muestras, en demasiadas situaciones, de vivir más interesada en asegurar su dinero y su poder, que en identificar sus intereses con los intereses de los que carecen de poder y de dinero. La consecuencia ha sido que muchos ciudadanos de este país ven en la Iglesia religión y poder. Pero, ¿ven Evangelio? ¿sienten a Jesús presente entre nosotros? El día que esta pregunta tenga respuesta, ese día empezaremos seguramente a ver muchas cosas de otra manera.

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La revolución del servicio

Miércoles, 13 de enero de 2016

imdosocs-700x382A quince años del inicio del siglo XXI podemos mirar el principio del milenio con cierta perspectiva. Dirijamos los ojos a la situación del mundo actual, global, doliente y sufriente. Adentrémonos e intentemos comprender el camino que ha tomado la humanidad aplastada y manipulada por el peso de poderes que se mueven ajenos a principios éticos básicos.

Ya no se puede hablar país a país, navegamos todos en el mismo barco amenazados por la misma tempestad. Política e ingeniería financiera constituyen, en lo que nos vendieron poéticamente como aldea global, un gran fiasco que está llevando a la pérdida de derechos (repasemos paso a paso la Declaración de los Derechos Humanos, uno de los principales logros del siglo pasado) y de gran parte de la humanidad que queda arrojada a los márgenes como residuos. Decía Rousseau: «El verdadero fin de la política es hacer cómoda la existencia y felices a los pueblos». Nada más alejado de la realidad. La percepción de Nelson Mandela sobre lo que sería un buen político nos deja perplejos: «Los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la libertad de su pueblo». Si la corrupción sustituye a la ética; si los Estados están sometidos a los vaivenes del mundo financiero; si el planeta está expuesto a la inmediatez del beneficio económico; si masas de seres humanos son excluidas de las fronteras del Estado del bienestar como daños colaterales; si el beneficio económico prevalece sobre la dignidad humana; si el rey Midas campa a sus anchas y su influencia, manipulación y violencia se hacen notar en cada rincón donde hay injusticia, engaño, guerra, represión, discriminación y mucho sufrimiento… estamos en peligro.

Ya es tiempo de una revolución. Ha de ser una revolución peculiar y no violenta. Una revolución de gente buena, sencilla, inteligente, sabia, culta, que practica la empatía, la ética y el sentido común; que le gusta el silencio y la palabra, que no le importa si tú eres blanco y yo negro, si eres mujer u hombre. Tampoco si eres sacerdote, religioso, monje o laico. Gente con autoestima y sin complejos, que sabe decir “no” a la injusticia, cree en la solidaridad, detesta la manipulación, rechaza las armas, los paraísos fiscales, cuida la naturaleza y ama a su prójimo.

Hablamos de la revolución del servicio. Cambiar poder por servicio es la clave. Desde el servicio, la hipocresía y la corrupción del poder se estrellan contra el suelo; el servicio nos pone a todos al mismo nivel, el horizontal: ya nadie es más que nadie. Aclarando que servicio no es servilismo, que es de lo que se vale cualquier poder.

En el Evangelio (Mc 10, 35-45), Santiago y Juan piden a Jesús privilegios, y los otros diez se indignan contra ellos. Muy propio del ser humano el gusto por sobresalir y ser privilegiado. Ellos esperaban espacio político y Jesús le dio la vuelta a la tortilla: «Sabéis que los que figuran como jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que sus magnates las oprimen». Hoy diríamos: «sabéis que nos llaman a las urnas cada cierto tiempo pero no cumplen lo que prometen en sus campañas electorales; bancos, multinacionales y lobbies manejan los hilos para hacerse con los medios de producción, de comunicación, de energía, etc. anteponiendo los beneficios a la vida de las personas y sus derechos». Siguió Jesús diciendo que «el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor». Propone el servicio como una verdadera revolución y es Él quien da el primer paso rompiendo esquemas, indicando que el camino no es el poder sino el servicio.

El Papa Francisco, en la exhortación apostólica La alegría del Evangelio (58), apoya la causa diciendo: «¡El dinero debe servir y no gobernar (…) Os exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética a favor del ser humano». S. Benito, en su Regla a los monjes, desde el inicio expresa claramente su intención de instituir una escuela del servicio del Señor, indicando que «el servicio que los hermanos tienen que ofrecerse mutuamente ha de ser con caridad (…) Es aquí en el terreno del servicio de los hermanos donde se reconocerá al verdadero servidor del Señor».

A la revolución del servicio estamos llamados todos, creyentes y no creyentes, de todas las religiones y culturas. No nos perdamos en disquisiciones. Pongamos al servicio de los demás los dones particulares, las habilidades, la profesión, los estudios, la sabiduría heredada de nuestros antepasados, la capacidad de denuncia ante los abusos, la lucha contra la corrupción y la hipocresía, etc. Así estaremos ayudando a construir un mundo mejor, donde la unidad y la paz sean una realidad por encima de la globalización económica excluyente.

Rabindranath Tagore decía: «Quien no vive para servir, no sirve para vivir». No nos dejemos quitar la vida por los que ni sirven, ni viven, ni dejan vivir. Pongámoselo difícil y animémosles a que se unan a la pacífica revolución del servicio.

*Pintora, escritora y laica de espiritualidad cisterciense. St

Mari Paz López Santos*en la revista “Signo de los tiempos“.

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