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Leonardo Boff: “La idea-fuerza de la cultura moderna era y sigue siendo el poder como dominación de la naturaleza, de otros pueblos, de todas las riquezas”

Viernes, 18 de diciembre de 2020

Huellas-barro_1221487877_11887785_660x371“De pronto nos dimos cuenta de que el virus no vino del aire y no puede ser pensado en forma aislada, sino dentro de su contexto: vino de la naturaleza”

“El proceso industrialista destruyó el hábitat de cientos y cientos de virus que se encontraban en los animales e incluso en los árboles”

“El cuidado implica una relación afectuosa con las personas y con la naturaleza; es amigo de la vida, protege y da paz a todos los que están alrededor” 

En los días actuales, especialmente durante el aislamiento social, debido a la presencia peligrosa del coronavirus, la humanidad despertó de su sueño profundo: empezó a oír los gritos de la Tierra y los gritos de los pobres y la necesidad de cuidarnos unos a otros y también a la naturaleza y a la Madre Tierra. De pronto nos dimos cuenta de que el virus no vino del aire y no puede ser pensado en forma aislada, sino dentro de su contexto: vino de la naturaleza. Es la respuesta de la Madre Tierra al antropoceno y el necroceno, es decir, a la destrucción sistemática de vidas, debida a la agresión del proceso industrialista, en una palabra, al capitalismo globalizado.

Este avanzó sobre la naturaleza, deforestando miles de hectáreas en el Amazonas, en el Congo y en otros lugares donde se encuentran las selvas y bosques húmedos. Esto destruyó el hábitat de cientos y cientos de virus que se encontraban en los animales e incluso en los árboles. Saltaron a otros animales y de estos a nosotros.

Como consecuencia de nuestra voracidad incontrolada, cada año desaparecen cerca de cien mil especies de seres vivos, después de millones de años de vida en la Tierra y todavía, según datos recientes, un millón de especies vivas corren el riesgo de desaparecer.

La idea-fuerza de la cultura moderna era y sigue siendo el poder como dominación de la naturaleza, de otros pueblos, de todas las riquezas naturales, de la vida e incluso de los confines de la materia. Esta dominación ha causado las amenazas que pesan actualmente sobre nuestro destino. Esta idea-fuerza tiene que ser superada. Bien dijo Albert Einstein: “la idea que creó la crisis no puede ser la misma que nos saque de la crisis; tenemos que cambiar”.

La alternativa será esta: en lugar del poder como dominación tenemos que poner la fraternidad y el cuidado necesario. Estas son las nuevas ideas-fuerza. Como hermanos y hermanas, todos somos interdependientes y debemos amarnos y cuidarnos unos a otros. El cuidado implica una relación afectuosa con las personas y con la naturaleza; es amigo de la vida, protege y da paz a todos los que están alrededor.

Si el poder como dominación significaba el puño cerrado para someter, ahora ofrecemos la mano extendida para entrelazarla con otras manos, para cuidar y abrazar afectuosamente. Esta mano cuidadosa traduce un gesto no agresivo hacia todo lo que existe y vive.

Por lo tanto, es urgente crear la cultura de la fraternidad sin fronteras y el cuidado necesario que une todo. Cuidar todas las cosas, desde nuestro cuerpo, nuestra psique, nuestro espíritu, a los demás y más cotidianamente la basura de nuestras casas, el agua, los bosques, los suelos, los animales, a unos y otros, empezando por los más vulnerables.

Sabemos que todo lo que amamos, lo cuidamos, y todo lo que cuidamos también lo amamos. El cuidado cura las heridas del pasado e impide las futuras. En este contexto urgente cobra sentido uno de los más bellos mitos de la cultura latina: el mito del cuidado.

“Cuidar desde nuestro cuerpo, nuestra psique, nuestro espíritu, a los demás y más cotidianamente la basura de nuestras casas, el agua, los bosques, los suelos, los animales”

Cierto día, caminando a la orilla de un río, Cuidado vio un trozo de barro. Fue el primero en tener la idea de tomar algo de ese barro y darle la forma de un ser humano. Mientras contemplaba, contento consigo mismo, lo que había hecho, apareció Júpiter, el dios supremo de los griegos y romanos. Cuidado le pidió que soplara espíritu en la figura que acababa de modelar. A lo que Júpiter accedió de buen grado. Pero cuando Cuidado quiso dar un nombre a la criatura que había diseñado, Júpiter se lo prohibió. Dijo que esta prerrogativa de imponer un nombre era misión suya. Cuidado insistía en que tenía este derecho al haber pensado primero y moldeado la criatura en forma de un ser humano.

Mientras Júpiter y Cuidado discutían acaloradamente, apareció de repente la diosa Tierra. También ella quería darle un nombre a la criatura, ya que, según ella, estaba hecha de arcilla, material del cuerpo de la Tierra. Se produjo una discusión general sin llegar a un consenso.

De común acuerdo, pidieron al antiguo Saturno, llamado también Cronos, fundador de la edad de oro y de la agricultura, que actuara como árbitro. Apareció en escena y tomó la siguiente decisión que a todos les pareció justa: “Tú, Júpiter, le has dado el espíritu; por lo tanto, recibirás este espíritu de vuelta cuando esta criatura muera”. “Tú, Tierra, le has dado el cuerpo; por lo tanto, recibirás también el cuerpo de vuelta cuando esa criatura muera”. “Como, tú, Cuidado, fuiste quien dio forma a esa criatura, ella permanecerá bajo tu cuidado mientras viva”. “Y como no hay consenso entre ustedes sobre el nombre, decido yo: esta criatura se llamará Hombre (ser humano), es decir, hecho de humus, que significa tierra fértil”.

Veamos la singularidad de este mito. El cuidado es anterior a cualquier otra cosa. Es anterior al espíritu y anterior a la Tierra. En otras palabras, la concepción del ser humano como compuesto de espíritu y cuerpo no es originaria. El mito es claro al afirmar que “fue Cuidado el que primero moldeó la arcilla en forma de un ser humano”.

El cuidado aparece como el conjunto de factores sin los cuales el ser humano no existiría. El cuidado constituye esa fuerza original de la que brota y se alimenta el ser humano. Sin cuidado, el ser humano seguiría siendo sólo un muñeco de arcilla o un espíritu desencarnado y sin raíz en nuestra realidad terrestre.

Cuidado, al moldear al ser humano, empeñó amor, dedicación, devoción, sentimiento y corazón. Tales cualidades pasaron a la figura que él proyectó, es decir, a nosotros, los seres humanos. Estas dimensiones entraron en nuestra constitución como un ser amoroso, sensible, afectuoso, dedicado, cordial, fraternal y lleno de sentimiento. Esto hace que el ser humano emerja realmente como humano.

Cuidado recibió de Saturno la misión de cuidar al ser humano durante toda su vida. De lo contrario, sin cuidado, no subsistiría ni viviría. Efectivamente, todos somos hijos e hijas del infinito cuidado de nuestras madres. Si no nos hubieran acogido con cariño y cuidado, no hubiéramos sabido cómo salir de la cuna a buscar nuestra comida. En poco tiempo habríamos muerto, porque no tenemos ningún órgano especializado que garantice nuestra supervivencia.

El cuidado, por lo tanto, pertenece a la esencia del ser humano. Pero no sólo eso. Es la esencia de todos los seres, especialmente de los seres vivos. Si no los cuidamos, se marchitan, poco a poco van enfermando y finalmente mueren. Lo mismo ocurre con la Madre Tierra y todo lo que existe en ella. Como bien dijo el Papa Francisco en su encíclica que tiene como subtítulo “Cuidando de la Casa Común”: “debemos alimentar la pasión por el cuidado del mundo”.

El cuidado es también una constante cosmológica. Bien dicen los cosmólogos y los astrofísicos: si las cuatro fuerzas que sostienen todo (la gravitatoria, la electromagnética, la nuclear débil y la nuclear fuerte) no se hubieran articulado con extremo cuidado, la expansión sería demasiado enrarecida y no habría densidad para originar el universo, nuestra Tierra y a nosotros mismos. O bien sería demasiado densa y todo explotaría en cadena y no existiría nada de lo que existe. Y ese cuidado preside el curso de las galaxias, las estrellas y todos los cuerpos celestes, la Luna, la Tierra y nosotros mismos.

Si vivimos la cultura y la ética del cuidado, asociado al espíritu de hermandad entre todos, también con los seres de la naturaleza, habremos colocado los fundamentos sobre los cuales se construirá un nuevo modo de relacionarnos y de vivir en la Casa Común, la Tierra. El cuidado es la gran medicina que nos puede salvar y la hermandad general nos permitirá la siempre deseada comensalidad y el amor y el afecto entre todos. Entonces continuaremos brillando y desarrollándonos en este bello planeta.

Esta consideración sobre el cuidado concierne a todos los que cuidan de la vida en su diversidad y del planeta, especialmente ahora, bajo la pandemia de la Covid-19: el cuerpo médico, los enfermeros y enfermeras y todo el personal que trabaja en los hospitales, pues el cuidado esencial cura las heridas pasadas, impide las futuras y garantiza nuestro futuro de nuestra civilización de hermanos y hermanas, juntos en la misma Casa Común.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 Fuente Religión Digital

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Artista

Sábado, 22 de agosto de 2020

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Una minúscula flor al borde de un camino  lleno de maleza,

una pequeña concha en la playa,

la pluma de un pájaro,

todo ello nos indica que el Creador

es un artista.

*

Tertuliano

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Hombre libre

Jueves, 17 de octubre de 2019

1Freedom.2001.Zenos-Frudakis.

 

“Si estoy entre hombres que no están de acuerdo en absoluto con mi naturaleza, difícilmente seré capaz de acomodarme a ellos sin cambiar notablemente yo mismo.

El hombre libre que vive entre ignorantes se esfuerza cuanto puede por evitar sus favores.

Un hombre libre actúa honestamente, no engañosamente.

Sólo los hombres libres son verdaderamente útiles los unos a los otros y pueden crear amistades auténticas.

Es abolutamente permisible, por el derecho más elevado de la Naturaleza, que cada uno haga uso de la clara razón para determinar cómo vivir de un modo que le permita florecer”

*

Spinoza

Baruch Spinoza

ברוך שפינוזה

(Ámsterdam, 24 de noviembre de 1632 – La Haya, 21 de febrero de 1677)

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Ese momento del amanecer…

Viernes, 20 de septiembre de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Los primeros gorjeos de los pájaros al despertarse: «le point vierge» (el punto virgen) de la aurora, un momento de pavor e inefable inocencia, cuando el Padre abre en silencio sus ojos y ellos le hablan, preguntando si es el momento de «existir». Él les dice: «¡Sí!». Acto seguido, los pájaros, uno a uno, despiertan y empiezan a cantar. Primero los tordos y cardenales y algunos pájaros más que yo no sabría identificar. Más tarde, los gorriones, los reyezuelos, etc. Y al final de todos, las palomas y los cuervos.

Con los pelos casi de punta y los ojos de mi alma abiertos de par en par, estoy presente, sin saberlo, en este inefable paraíso y contemplo este secreto, un secreto a voces que está a disposición de todo el mundo, gratis, y al que nadie presta atención.

¡Oh, paraíso de sencillez, de autoconciencia –y de autoolvido–, de libertad y de paz! En esto he comprendido cuán irreales y estúpidas son mi rebeldías y, a la vez, cuán inevitable es la presión y la artificialidad de ciertas situaciones que «tienen que darse» por ser oficialmente sacrosantas. A pesar de todo, no hay necesidad de rebelarse, sino únicamente de pedir misericordia. Confiar en la misericordia, que es lo que yo no he hecho”.

*

Thomas Merton
Diarios

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Naturaleza

Viernes, 21 de junio de 2019

Del blog Nova Bella:

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ellos ( las plantas y los animales) son lo que nosotros fuimos; son lo que hemos de volver a ser. Fuimos naturaleza como ellos, y nuestra cultura debe llevarnos de vuelta a la naturaleza por la vía de la razón y de la libertad. Por aquellos que son al mismo tiempo una imagen de nuestra infancia perdida, que eternamente seguirá siendo para nosotros lo más querido y por eso nos llenan de una cierta añoranza.

*

Friedrich Schiller

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“Razón con intereses”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 4 de enero de 2019

el-pensador-auguste-rodinDe su blog Nihil Obstat:

Tomás de Aquino escribió la Suma contra los Gentiles teniendo como trasfondo de su exposición de la fe católica las dificultades y problemas que se planteaban a propósito de lo que hoy llamamos encuentro con otras religiones o, de forma más ecuménica, diálogo inter-religioso. Al comienzo de este escrito, el santo doctor expone los campos de diálogo frente a los que se encuentra: los herejes, los judíos, los musulmanes y los paganos; y señala que la base del debate no puede ser la misma con todos ellos. Para dialogar hay que encontrar una base, un punto de partida común. Con los herejes este punto de encuentro es el Nuevo Testamento; con los judíos es el Antiguo Testamento. Pero los musulmanes y los páganos no aceptan la autoridad de estas Escrituras. De ahí que para dialogar con ellos haya que “recurrir a la razón natural, que todos se ven obligados a aceptar”.

Leer este texto con mentalidad de hoy es muy interesante. Porque el santo de Aquino deja bien claro que no hay diálogo posible sin un punto de encuentro previo. Por otra parte, Tomás de Aquino considera que “la razón natural” es el mejor, por no decir el único punto de encuentro con aquellos que no aceptan la revelación cristiana. Cierto: lo natural y el razonar debería ser el buen camino en el que todos podemos encontrarnos y que todos podemos recorrer. Pero no es menos cierto que hoy no todos estamos de acuerdo en qué es “natural” y qué es “razonable”. ¿Es natural la monogamia? Durante un tiempo la poligamia fue lo normal para los creyentes del Antiguo Testamento y lo sigue siendo actualmente para algunos musulmanes. ¿Acaso podemos calificar a algunas separaciones matrimoniales de anti-naturales o anti-racionales? El concepto de “natural” es flexible. Y también el concepto de “derechos humanos”. Lo menos que se puede decir es que no todos entendemos lo mismo bajo estas expresiones.

Esto me lleva a pensar que no hay una razón neutral. Es delicado atribuirse el monopolio de lo que es racional o natural. Esto dificulta el diálogo. Hay muchos tipos de razón. Todas parecen ser interesadas, o sea, condicionadas por presupuestos o prejuicios previos. Antes de empezar el diálogo conviene ser consciente de los propios prejuicios. Sin esta conciencia cualquier diálogo es “de sordos” y no hay modo de entenderse. Eso no significa que haya que renunciar al diálogo. Todo lo contrario: este es el buen camino para que los humanos podamos entendernos. Significa que tenemos que ser humildes, autocríticos, tomar conciencia de nuestros prejuicios, escuchar atentamente al otro para conocer sus presupuestos, a veces no del todo explicitados. Y a partir de ahí tratar de entendernos.

Una buena manera de comenzar el diálogo sería preguntarnos por los “intereses” de nuestra razón: ¿estamos interesados por la justicia, por la solidaridad, por el respeto mutuo? Una razón interesada no es necesariamente mala. Depende de cuáles sean sus intereses.

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“El deseo satisfecho y el que nunca se sacia”, por José Mª Castillo

Martes, 10 de julio de 2018

El-feminismo-ideológicoDe su blog Teología sin censura:

El último de los diez mandamientos, que Dios le impuso a su pueblo en el monte Sinaí, prohíbe el deseo de apropiarse lo ajeno: “No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni sus propiedades, ni su casa, ni su asno…”. El que desea lo que es de otro, si no controla ese deseo, vive en el constante peligro de hacer suyo lo que no le pertenece. El respeto a los demás empieza en el control de las apetencias que nos empujan a quedarnos con lo que es propiedad de otro o de otros.

Esto es lo que explica por qué hay gente honrada. Y por qué hay tantos sinvergüenzas. El que pone sus deseos en sí mismo (vivir bien, pasarlo lo mejor posible, disfrutar de todo, etc.), ése será inevitablemente un peligro, quizá muy grave, para quien esté cerca de él. Por el contrario, el que orienta y centra sus deseos en el bien y la felicidad de los demás, en defender los derechos de quienes están a su alcance, ése es y será siempre una buena persona, un manantial inagotable de paz, de alegría y de esperanza.

Todo esto es tan obvio, tan evidente y hasta tan elemental, que no necesita – en principio – más explicaciones. Sin embargo, con lo dicho no hemos tocado nada más que la superficie del problema. Porque hablar del “deseo” es hablar de la raíz de todas las conductas, desde las más ejemplares hasta las más indeseables. Por eso, al tratarse de una realidad tan enorme y tan diversa, me voy a fijar aquí en una cuestión, en la que casi nunca pensamos, y que sin embargo es fundamental.

Me refiero a los deseos que normalmente se satisfacen. Y a los que, por el contrario, difícilmente se logran saciar. En seguida se entenderá por qué hablo de este asunto. Y la importancia que entraña.

Los deseos, que brotan de necesidades biológicas, en condiciones normales, pueden encontrar plena satisfacción. Valgan como ejemplo la alimentación o el sexo. Encontrar en la vida personas que, en estos dos ámbitos tan elementales de la vida, se sienten y viven satisfechos, son ámbitos de la vida en los que no es extraño encontrar personas que tienen sus deseos básicamente saciados.

Otra cosa es si hablamos de los deseos que brotan de problemas que nos crea, no ya la naturaleza, sino la sociedad. Estoy pensando, por poner dos ejemplos, en la riqueza o en el honor. Nadie duda que, con la llamada “civilización” (tres mil quinientos años a. C.), nació el poder vertical, la desigualdad económica, las honores que distinguen a unos seres humanos de otros, las jerarquías (religiosas y civiles), que distinguen a unos con detrimento de otros. Y así sucesivamente.

Ahora bien, así las cosas, nos llama la atención un hecho que estamos viendo todos los días. Las religiones se suelen organizar y gestionar de manera que tienen comportamientos represivos en deseos que brotan de la naturaleza. Por ejemplo, el sexo. Al tiempo que sintonizan y asumen comportamientos permisivos en el turbio mundo del deseo que fomenta el poder, las jerarquías y los honores. Lo que asocia a las religiones y sus dirigentes con los sectores mejor situados en cuanto se refiere a la riqueza y la gestión de privilegios, dignidades y distinciones.

¿No estará todo esto en la base del rechazo que hoy siente tanta gente ante las religiones y sus jerarquías? En cualquier caso, me parece que todo esto explica el conflicto mortal que, según los evangelios, llevó a Jesús a la muerte humillante que cerró su vida en este mundo. Como también se me antoja que estas motivaciones inexplicables son las que ahora llevan a tantos “hombres de Iglesia” a rechazar y hasta odiar al Papa Francisco. Sea lo que sea, con quien no estoy de acuerdo es con el obispo de Alcalá, Mons. Reig.

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“Resucitar”, por Manuel Vicent

Miércoles, 16 de mayo de 2018

a_33Cristo y los espárragos, los virus y las bacterias, los ajos tiernos y las habas, todo resucita esta mañana de gloria. Las golondrinas vuelven, las torcaces pasan, el caracolillo se pega a la carena de los barcos, el pulgón de los rosales realiza la primera escalada hacia la belleza, la flor de los cerezos desafía a la nieve en el deshielo, los insectos hierven en las charcas, las semillas después de pudrirse germinan, el trigo ensaya el primer verde oleaje.

Toda la naturaleza celebra la fiesta de la resurrección, de modo que sal del sepulcro de todos los días, levántate y anda. O más bien, huye, porque hoy la huida es la única forma de salvación.

Creer que mientras vives no estás muerto es solo una bella suposición, puesto que mucha gente muere antes de morir y no se da cuenta. He aquí algunas pruebas inapelables.

Si de madrugada, despierto en la cama, estiras una pierna hacia el lado fresco de la sábana y no sientes placer, es que estás muerto.

Si al abrir los ojos descubres que está el sol en la ventana y no concibes que ese es un milagro que se repite cada mañana exclusivamente en tu honor, es que estás muerto.

Si no agradeces que la brisa de primavera infle los visillos y llene tu habitación de un aroma de mar, es que estás muerto.

Si pese a todo, persistes en enterarte de las noticias que llenan de basura moral el mundo y las prefieres al aroma de café que te llega de la cocina, es que estás muerto.

Bosteza, ráscate la espalda por debajo del pijama y prepárate para el examen ante el espejo del cuarto de baño. Si ese espejo, que lo sabe todo de ti, no te absuelve, es que estás muerto.

En la forma de partir el pan reconocieron al Maestro resucitado sus discípulos en el camino de Emaús. Prueba a compartir una agradable sobremesa con los amigos y si ignoras que la inmortalidad está en el fondo de ese placer, vuelve al sepulcro.

Manuel Vicent

Fuente El País

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“La naturaleza del pensamiento “, por Jean Klein.

Martes, 13 de marzo de 2018

_98281437_gettyimages-531862950Nuestra verdadera naturaleza es quietud. Es presencia sin devenir. En la ausencia de devenir hay integridad y absoluta tranquilidad. Esta tranquilidad es el terreno propio de toda actividad. La actividad de pensar, como toda actividad, está fundada en la totalidad. La tranquilidad es el continuo en el que el pensar aparece y desaparece. Lo que aparece y desaparece está en movimiento. Es energía extendida en el espacio y el tiempo. El pensar, la energía, se representa a sí mismo en discontinuidad pero, dado que surge y muere en la quietud, fundamentalmente no es otra cosa que esta presencia más allá del pasado, presente y futuro.

Lo que generalmente llamamos “pensar” es un proceso de la memoria. Es proyección construida sobre lo ya conocido. Todo cuanto existe, todo cuanto se percibe, es representación para la mente. El pensar secuencial, el pensar racional o científico, por tanto, comienza con una fracción, una representación. Este pensar fraccionario nace de la idea condicionada de que somos entidades independientes, “yos”, “personas”. La noción de ser alguien condiciona todo otro pensar porque la persona solo puede existir en la repetición de la representación, en la confirmación de lo ya conocido. El cerebro tiende aquí hacia la constante representación. La memoria es la originadora de la idea de ser una entidad continua. En última instancia, pensar es defensa contra la muerte del ego. ¿Quién eres tú cuando no piensas? ¿Dónde estás cuando apartas tu mirada del pensar? Pensar es generalmente un modo de escapar de tu totalidad, en la que no hay ningún sujeto pensador.

Cuando la profundamente arraigada idea de una entidad personal, un pensador, alguien que intenta o hace, está ausente, el pensar tiene lugar todavía, como antes, en sucesión utilizando la memoria, pero ahora este funcionamiento está firmemente arraigado en el fondo global: totalidad, esencia, no dualidad. En la ausencia de un pensador, el pensar se libera de todo lo que es personal. No hay objetivo, ni motivo, ni anticipación, ni intención, ni voluntad, ni deseo de concluir, etc. No hay interferencia psicológica alguna ni referencia a un centro. El pensar liberado de esta memoria surge del momento mismo; es siempre nuevo, siempre original. El pensar aquí no provoca la situación; la situación provoca el pensar y aporta su propia conclusión. Todo movimiento intencional, fragmentario, debe cesar antes de que el todo pueda operar. En tanto que haya movimiento en una dirección, la totalidad no podrá encontrar su propio camino. Cuando el pensamiento científico o racional está fundado en la presencia, tiene un resultado completamente distinto. Nunca puede ser monstruoso.

El pensamiento liberado de la memoria es verdaderamente creativo. Todo pensamiento es una explosión que se manifiesta y una implosión que es reabsorbida en el silencio. El deseo de ser revelado y de ser ocultado es la Danza Cósmica, juego sin motivo por el placer de jugar. El verdadero deseo no es otra cosa que esto. Cualquier otro deseo es sólo una deformación, y un anhelo inconsciente, de este deseo fundamental. La esencia del pensar es este divino juego. El pensamiento creativo jamás empieza con lo ya conocido, con una representación. Nace y muere en apertura y utiliza la mera memoria funcional para su expresión. Allí donde no hay ningún pensador, solamente hay un canal para la función de pensar. En este funcionamiento, toda representación está conscientemente fundada. Cuando la presencia se mantiene en el pensar, el nombre no está divorciado de la forma como sucede en el pensamiento mecánico, que es conceptual y abstracto. El “pensamiento” creativo es un júbilo de ser.

Al tomarnos a nosotros mismos por entidades separadas hemos olvidado nuestro propio terreno y nos hemos identificado con una idea, una proyección de individualidad. No son las infinitas expresiones de silencio las que constituyen el problema o causan complicaciones, sino nuestro olvido de la fuente de toda expresión. Esta separación de nuestra verdadera naturaleza nos lleva a un falso vivir. No permitimos que la expresión se disuelva sino que la cristalizamos y, después, nos identificamos con ―y nos perdemos en― esta cristalización. A través de esta objetivización se crea lo que nosotros llamamos “el mundo”. Tomamos la existencia por la vida misma. Pero la vida no tiene principio ni fin. El verdadero vivir es juego, gozo sin objeto.

Jean Klein (¿Quién soy yo? La búsqueda sagrada).

Fuente Boletín Semanal Enrique Martínez Lozano, vía Fe Adulta

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Naturaleza

Sábado, 3 de junio de 2017

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“La naturaleza no hace nada en vano”.

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Aristóteles

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Un nuevo estilo de vida

Sábado, 31 de diciembre de 2016

aa_15A propósito de unas fiestas típicamente consumistas: Navidad y Fin de Año.

Ser ciudadanos ecológicos

En la encíclica LAUDATO SÌ el Papa Francisco hace una dramática invitación a la sociedad consumista a cambiar de estilo de vida. Nos pide que abramos los ojos y veamos el futuro catastrófico al que estamos abocados, si no ponemos coto a nuestros irracionales comportamientos que están produciendo heridas profundas a la Madre Tierra. Nuestro estilo de vida es insostenible: producimos demasiados desperdicios (algunos excesivamente peligrosos), estamos contaminando la atmósfera alterando el medio ambiente más allá de lo sostenible, lo que tiene como consecuencia el aumento de los desiertos, la subida del nivel del mar, catástrofes naturales más frecuentes producidas por lluvias y vientos, etc. Nos advierte la encíclica de que los males que se avecinan no serán sólo naturales sino también sociales debido a que el estilo de vida consumista, para que sea sostenible, sólo será posible para unos pocos, habiendo de quedar la mayoría descartada.

LAUDATO SÌ señala cuál es la causa que está en la raíz de nuestro aberrante estilo de vida consumista: “Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir… (nº 204). Así pues, tenemos que llenar la vaciedad de nuestro corazónpara que no busquemos en el tener y en el consumir el sentido de nuestra vida. Llenarlo de otros valores: de responsabilidad, de solidaridad, de respeto, etc., en definitiva, de amor hacia todo lo que existe y vive ahora y en el futuro.

Hay muchos que admiran y aplauden al Papa Francisco, están entusiasmados con él, pero le oyen y no le escuchan, ven cómo es, pero no le siguen. También él ha hecho sonar la alarma ecologista: El estilo de vida actual es insostenible, nos conducirá al desastre. Es necesario decidirnos por un nuevo modo de vivir. Nos pide dejar de ser ciudadanos consumistas para convertirnos en ciudadanos ecológicos.

Uno de los grandes aciertos de esta encíclica, y creo que novedoso no sólo en la doctrina de la Iglesia, ha sido considerar a los seres humanos como parte del Ecosistema TerrestreEs verdad queno podemos considerar al hombre como “rey de la creación”, pero sí formamos parte de ella. Los problemas de los vivientes humanos son también ecológicos. Cuando vemos gente que vive en una chabola, sin agua, sin luz, sin suficiente espacio…, estamos ante un problema ecológico, pues estamos ante unos seres vivos que están malviviendo en un medio evidentemente inadecuado. Si la causa de ello es que son trabajadores explotados, sometidos a salarios de miseria…, hay que concluir que esa explotación es un problema ecológico. Que todos los humanos tengan vivienda y que sea digna es también una exigencia ecológica. La ecología tiene que preocuparse por la vida de todos los vivientes del planeta. Si nos duele ver peces muertos en un río contaminado, mucho más nos han de hacer sufrir los muertos por las guerras, por el hambre, por las malas condiciones de trabajo… El Mediterráneo, convertido en Mar de Muertos, es un escándalo ecológico. El ser humano es Naturaleza: de ella y en ella ha nacido y en ella tiene que vivir.

Cuando oímos hablar de cómo se está deteriorando el medio ambiente y de las consecuencias tan perjudiciales para todo lo que es y vive en la Madre Tierra, posiblemente estemos pensando en los que dirigen las empresas que contaminan, que talan, que incitan al consumo… O en los dirigentes políticos en cuyas manos están las leyes que podrían protegernos de la barbarie productiva. Nosotros nos sentimos tan pequeños que pensamos que no podemos incidir ni positiva ni negativamente sobre el bienestar de la Madre Tierra. Y por eso nos exculpamos y no nos sentimos responsables de los males que la aquejan. Pero quizás estemos equivocados. Somos piezas que formamos parte del importante conjunto humano, que como tal sí puede influir, y mucho, tanto para bien como para mal en el Ecosistema Terrestre. Será para bien, si somos ciudadanos ecológicos.

El primer paso que ha de dar el ciudadano ecológico ha de ser reflexionar sobre su propia conducta y ver hasta qué punto está más o menos implicado en el maltrato de la Madre Tierra. Tenemos que pensar si estamos o no dentro de la vorágine consumista que en conjunto es francamente perniciosa, no sólo por la ingente cantidad de desperdicios que generamos, desechando lo que aún podría servirnos (ropa, comida, utensilios…), sino también, porque una demanda desorbitada de bienes provoca una enorme producción, lo que hace que día a día se esté esquilmando la Tierra.

El ciudadano ecológico está obligado a un consumo responsable, que implica unos determinados comportamientos, entre los cuales está la costumbre de reciclar tanto como nos sea posible, rehuir los utensilios de usar y tirar. El consumo responsable nos obliga también a devolver selectivamente a la sociedad lo que ya no utilizamos para que ella lo pueda reciclar. Estamos obligados a conocer los puntos limpios para nuestros residuos especiales y a seleccionar rigurosamente nuestra basura para depositarla separadamente donde corresponda.

El consumo responsable también nos obliga a comprar productos ecológicos. No sólo porque sean más saludables, sino porque con ello favorecemos la producción ecológica, que está bajo unas leyes que la obligan a respetar la tierra, librándola de abonos o pesticidas perjudiciales, tratamientos genéticos para hacerlos más atractivos, agradables, inmunes a las plangas… Es verdad que los productos ecológicos tienen el inconveniente de ser más caros, pero esta dificultad se puede contrarrestar siendo más austeros en el consumo, que muchas veces va más allá de lo que realmente necesitamos.

También el ciudadano ecologista tiene que considerar el modo humano de producción de los bienes que consume. Debe evitar que sean bienes producidos por trabajadores sometidos a esclavitud o a condiciones simplemente abusivas o a salarios injustos. Para ello debe procurar comprar todo lo que pueda en el comercio justo, garantía de que en el proceso productivo se han respetado los derechos de los trabajadores y la sostenibilidad del ecosistema.

El ciudadano ecológico también ha de participar en la defensa de las agresiones a la Madre Tierra. Lo puede hacer a través de Internet donde frecuentemente se encuentran peticiones de firmas que tienen por objeto la denuncia de estos comportamientos dañinos. Hay asociaciones de ecologistas de todo tipo en las que uno puede participar. A veces se hacen manifestaciones para denunciar la violencia a la naturaleza o a los seres humanos. Nunca ha de olvidar que las agresiones a las personas son agresiones ecológicas. Cuando sufre una persona está sufriendo la Madre Tierra. Aunque no seamos el centro del Universo, ni los dueños de la Tierra, como en otro tiempo se pensaba, sí somos una parte muy importante del Ecosistema Terrestre.

José Mª Álvarez Rodríguez

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Fuente Fe Adulta

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Fiel a tu Naturaleza

Sábado, 26 de noviembre de 2016

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“Mantenerse fiel a tu naturaleza

– en un mundo que trata de hacer de tí otra persona -.

es el más grande de los éxitos”

*

Ralph Waldo Emerson,
ensayista y filósofo del siglo XIX.

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“Decir creación es más que decir naturaleza”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 30 de enero de 2016

a_1¡6De su blog Nihil Obstat:

El mundo puede considerarse como naturaleza: se trata del conjunto de todas las cosas materiales existentes, objeto de estudio de las ciencias y de reflexión de la filosofía. También el ser humano puede entenderse como naturaleza: un mamífero bimano, con capacidad de reproducción, dotado de inteligencia y de lenguaje articulado, con un cuerpo compuesto de billones de células, que se mueve por medio de los músculos, dotado de órganos sensoriales que le ponen en comunicación con el mundo exterior.

Pero el mundo puede entenderse como creación y ser humano como criatura. La creación remite a un Creador. Considerar al mundo como creación y al ser humano como criatura es un dato de fe, pero de una fe que puede explicarse y justificarse. Según la fe, el origen último de todo lo existente es un Dios bueno que ha creado un mundo para que el ser humano pueda vivir y, sobre todo, ha hecho al ser humano el regalo de sí mismo: el hombre es un regalo para el hombre.

De la consideración del mundo como creación y del ser humano como creatura se ocupa, y muy bien, la ciencia, que nos explica como la evolución ha hecho posible este universo y la aparición de la vida sobre la tierra. De la consideración del mundo y del ser humano como creación, como realidades que tienen su razón de ser y su origen último en la voluntad buena de Dios, que crea por amor, se ocupa la teología. Mientras la ciencia nos habla de cuando comenzaron las cosas y de cómo se desarrollaron, la teología se ocupa del origen, de lo que hace posible que haya comienzo, que haya evolución y que la realidad siga estando ahí, sustentada por una fuerza misteriosa que la mantiene en el ser después de habérselo dado.

Esta distinción entre naturaleza y creación ha sido formulada así por el Papa Francisco: “para la tradición judío-cristiana, decir ‘creación’ es más que decir naturaleza, porque tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado. La naturaleza suele entenderse como un sistema que se analiza, comprende y gestiona, pero la creación sólo puede ser entendida como un don que surge de la mano abierta del Padre de todos, como una realidad iluminada por el amor que nos convoca a una comunión universal” (Laudato si’, n. 76). Estamos convocados a una comunión universal: en efecto, si el mundo es un don y si cada ser humano es un regalo de Dios para mi, debo cuidarlos y valorarlos, porque despreciar el regalo sería despreciar al dador del regalo.

Espiritualidad ,

Huír o adaptarse

Jueves, 7 de enero de 2016

Del blog Pays de Zabulon:

adaptation

“Frente a la agresión, existen dos estrategias en la naturaleza: el animal huye, mientras que el vegetal se adapta porque tiene tiempo para él. El árbol representa para mí la permanencia, la tradición, la solidaridad y la generosidad, que son unos valores vegetales. No olvidemos que un grano de maíz posee un ADN diez veces más complejo que el del primate. Su riqueza genética le permite mantenerse contra viento y marea. “

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Olivier BLEYS,
autor de “Discurso de un árbol sobre la fragilidad de los hombres” .

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Sencillez, Naturalidad

Jueves, 26 de noviembre de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

a_12

“Algunos, al parecer, piensan que un santo no puede en modo alguno sentir un interés natural por ninguna de las cosas creadas. Se imaginan que toda forma de espontaneidad o disfrute es el gozo pecaminoso de una “naturaleza caída”. Que ser “sobrenatural” significa ahogar toda espontaneidad con tópicos y referencias arbitrarias a Dios. El propósito de tales tópicos es, por decirlo así, mantener todo a distancia, impedir las reacciones espontáneas, exorcizar los sentimientos de culpa o, quizá, ¡cultivar tales sentimientos! A veces nos preguntamos si esta moralidad no es, después de todo, amor a la culpa. Algunos suponen que la vida de un santo solo puede ser un perpetuo duelo con la culpa y que un santo no puede ni siquiera beber un vaso de agua fresca sin hacer un acto de contrición por apagar su sed, como si esto fuera un pecado mortal. Como si los santos ofendieran a Dios cada vez que estiman la belleza, la bondad, las cosas agradables. Como si los santos no pudieran sentir más agrado que el que les procuran sus oraciones y sus actos de piedad interiores.

Un santo es capaz de amar las cosas creadas y gozar usándolas y tratando con ellas de una manera perfectamente sencilla y natural, sin hacer referencias formales a Dios, sin atraer la atención sobre su piedad y actuando sin ninguna forma de rigidez artificial. Su amabilidad y su dulzura no les son impuestas por la presión abrumadora de una camisa de fuerza espiritual, sino que proceden de su docilidad directa a la luz de la verdad y a la voluntad de Dios. Por eso el santo es capaz de hablar sobre el mundo sin hacer ninguna referencia explícita a Dios, de tal manera que lo que dice da mas gloria a Dios y despierta un amor mayor a El que las observaciones de una persona menos santa, que tiene que forzarse para establecer una conexión arbitraria entre las criaturas y Dios por medio de metáforas y analogías gastadas, tan débiles que nos hacen pensar que la religión es problemática.”

*

Thomas Merton.
Nuevas semillas de contemplación.

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¡Más allá de la belleza, su Autor!

Miércoles, 18 de noviembre de 2015

Del blog Pays de Zabulon:

A Worthy Consideration - Nature Au Natural

A Worthy Consideration – Naturaleza al Natural

¡Más allá de la belleza, su Autor!

Eran naturalmente vanos
todos los hombres que ignoraban a Dios,
y fueron incapaces de conocer al que es
partiendo de las cosas buenas que están a la vista,
y no reconocieron al artífice fijándose en sus obras,
sino que tuvieron por dioses al fuego, al viento, al aire leve,
a las órbitas astrales, al agua impetuosa,
a las lumbreras celestes, regidoras del mundo.
Si, fascinados por su hermosura, los creyeron dioses,
sepan cuánto los aventaja su Señor,
pues los creó el autor de la belleza;
y si los asombró su poder y actividad,
calculen cuánto más poderoso es quien los hizo;
pues, por la magnitud y belleza de las criaturas,
se descubre por analogía al que les dio el ser.
Con todo, a éstos poco se les puede echar en cara,
pues tal vez andan extraviados
buscando a Dios y queriéndolo encontrar;
en efecto, dan vueltas a sus obras, las exploran,
y su apariencia los subyuga, porque es bello lo que ven.
Sin embargo, no tienen excusa,
porque si lograron saber tanto
que fueron capaces de averiguar el principio del cosmos,
¿cómo no encontraron antes a su Señor?

*

Del  Libro de la Sabiduría
(Sab 13, 1-9)

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Fuente foto : www.nude-soul.com
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“Desafío permanente: cuidar de sí mismo”, por Leonardo Boff

Sábado, 29 de agosto de 2015

a_11Leído en Adital:

Al asumir la categoría “cuidado” en nuestra relación con la Madre Tierra y con todos los seres, el Papa Francisco reforzó no sólo una virtud sino un verdadero paradigma que representa una alternativa al paradigma de la modernidad, que es el de la voluntad de poder que tantos daños ha producido.

Debemos cuidar de todo, también de nosotros mismos, pues somos el más próximo de nuestros próximos y, al mismo tiempo, el más complejo y más indescifrable de los seres.

¿Sabemos quiénes somos? ¿Para qué existimos? ¿Hacia dónde vamos? Reflexionando sobre estas preguntas ineludibles vale recordar la consideración de Blas Pascal (+1662) tal vez la más verdadera.

¿Qué es el ser humano en la naturaleza? Una nada delante del infinito, y un todo delante de la nada, un eslabón entre la nada y el todo, pero incapaz de ver la nada de donde proviene y el infinito hacia donde va (Pensées § 72).

Verdaderamente, no sabemos quiénes somos. Solamente desconfiamos, como diría Guimarães Rosa. En la medida en que vamos viviendo y sufriendo, vamos descubriendo lentamente quien somos. En último término somos expresiones de aquella Energía de fondo (¿imagen de Dios?) que sustenta todo y dirige todo.

Junto con lo que de realmente somos, existe también aquello que potencialmente podemos ser. Lo potencial pertenece también a lo real, tal vez, a nuestra mejor parte. A partir de este trasfondo, cabe elaborar claves de lectura que nos orienten en la búsqueda de aquello que queremos y podemos ser.

En esta búsqueda el cuidado de sí mismo desempeña una función decisiva. No se trata, primeramente, de un mirar narcisista sobre el propio yo, que lleva generalmente a no conocerse a sí mismo sino a identificarse con una imagen proyectada de sí mismo y, por eso, falsa y alienante.

Michel Foucault con su minuciosa investigación Hermenéutica del sujeto (2004) intentó rescatar la tradición occidental del cuidado del sujeto, especialmente en los sabios del siglo II/III como Séneca, Marco Aurelio, Epicteto y otros. El gran motto era el famoso ghôti seautón, conócete a ti mismo. Ese conocimiento no es algo abstracto sino muy concreto: reconócete en aquello que eres, procura profundizar en ti mismo para descubrir tus potencialidades; intenta realizar aquello que realmente puedes.

En este contexto se abordaban las distintas virtudes, tan bien discutidas por Sócrates. Él advertía evitar el peor de los vicios, que para nosotros se ha vuelto común: la hybris. Hybris es sobrepasar los límites y buscar ser especial, por encima de los otros. Tal vez el mayor impasse de la cultura occidental, de la cultura cristiana, especialmente de la cultura estadounidense con su imaginado Destino Manifiesto (sentirse el nuevo pueblo elegido por Dios) sea la hybris: el sentimiento de superioridad y de excepcionalidad, imponiendo a los otros nuestros valores, sancionados por Dios.

Lo primero que hay que afirmar es que el ser humano es un sujeto y no una cosa. No es una sustancia, constituida de una vez por todas, sino un nudo de relaciones siempre activo que mediante la cadena de relaciones está construyéndose continuamente, como lo hace el universo. Todos los seres del universo, según la nueva cosmología, son portadores de cierta subjetividad porque tienen historia, viven en interacción e interdependencia de todos con todos, aprenden intercambiando y acumulando informaciones. Este es un principio cosmológico universal. Pero el ser humano realiza una modalidad propia de este principio que es el hecho de ser un sujeto consciente y reflejo. Sabe que sabe y sabe que no sabe y, para ser completos, no sabe que no sabe.

Este nudo de relaciones se articula a partir de un Centro alrededor del cual organiza las relaciones con todos los demás. Ese yo profundo nunca está sólo. Su soledad es para la comunión. Reclama un tú. O mejor, según Martin Buber, es a partir del tú que el yo despierta y se forma. Del yo y del tú nace el nosotros.

El cuidado de sí mimo implica, en primerísimo lugar, acogerse a uno mismo, tal como se es con sus aptitudes y sus límites. No con amargura, como quien quiere modificar su situación existencial, sino con jovialidad. Acoger el propio rostro, cabello, piernas, senos, la apariencia y modo de estar en el mundo, en fin su cuerpo (Vea Corbin y otros, O corpo, 3 vol. 2008). Cuanto más nos aceptemos menos clínicas de cirugías plásticas existirán. Con las características físicas que tenemos, debemos elaborar nuestro modo de ser en el mundo.

Nada más ridículo que la construcción artificial de una belleza moldeada en disonancia con la belleza interior. Es el intento vano de hacer un “photoshop” de la propia imagen.

El cuidado de sí mismo exige saber combinar las aptitudes con las motivaciones. No basta tener aptitud para la música si no sentimos motivación para ser músico. De la misma forma, no nos ayudan las motivaciones para ser músico si no tenemos aptitud para ello. Desperdiciamos energías y recogemos frustraciones. Quedamos siendo mediocres, lo que no engrandece.

Otro componente del cuidado para consigo mismo es saber y aprender a convivir con la dimensión de sombra que acompaña a la dimensión de luz. Amamos y odiamos. Estamos hechos con esas contradicciones. Antropológicamente se dice que somos al mismo tiempo sapiens y demens, gente de inteligencia y junto con ello gente de rudeza. Somos el encuentro de esas oposiciones.

Cuidar de sí mismo es poder crear una síntesis donde las contradicciones no se anulan, pero predomina el lado luminoso.

Cuidar de sí mismo es amarse, acogerse, reconocer nuestra vulnerabilidad, poder llorar, saber perdonarse y desarrollar la resiliencia, que es la capacidad de dar la vuelta por encima y aprender de los errores y contradicciones. Entonces escribimos derecho a pesar de las líneas torcidas.

columnista del Jornal do Brasil y filósofo

Traducción de Mª José Gavito Milano

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Hermanos de la Naturaleza.

Jueves, 16 de julio de 2015

Del blog de Henri Nouwen:

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“Cuando pensamos en océanos y montañas, bosques y desiertos, árboles, plantas y animales, el sol y la luna, las estrellas y todas las galaxias como creación de Dios, esperando impacientemente ‘ser liberada de la corrupción para participar en la libertad de la gloria de los hijos de Dios’ (Romanos 8,21), no podemos sino admirar la majestad divina y su plan de salvación que todo lo abarca. No solo somos nosotros, seres humanos, los que esperamos la salvación en medio de nuestro sufrimiento; todo lo creado gime y suspira con nosotros, anheloso de alcanzar su pena libertad.

De esta manera somos, efectivamente, hermanos no solo del resto de los hombres y mujeres del mundo, sino también de todo cuanto nos rodea. Sí, hemos de amar los campos llenos de trigo, las montañas con sus cumbres nevadas, los mares rugientes, los animales salvajes y los domésticos, las enormes secuoyas y las pequeñas margaritas. Todo en la creación forma parte, junto con nosotros, de la inmensa familia de Dios”.

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Henri Nouwen

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“El que se busca, se pierde”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Viernes, 3 de julio de 2015

tumblr_msylx0wu8y1s3px5po1_1280De su blog Nihil Obstat:

Hay una palabra de Jesús que bien pudiera ser una de las más importantes claves de toda existencia humana: el que se busca a sí mismo, se pierde; pero el que entrega la vida, ese la gana. Para entender esta paradoja es bueno recordar que el ser humano no tiene su origen en sí mismo; la vida es un regalo, nos hemos encontrado con ella. ¿Quién nos la ha regalado? La naturaleza, dicen algunos; Dios, dicen los creyentes. Sea quién sea el dador, la vida es un don. La condición de posibilidad de vivir y de ser autónomo, la condición de ser, es dejar de pertenecer al dador, bien emergiendo de la naturaleza, bien saliendo de Dios. Si no salgo de Dios, si me quedo en el seno divino, no puedo ser autónomo, no puedo ser independiente. Ahora bien, dejar de estar en Dios, dejar la mente o el seno divino, tiene un precio: ser finito, limitado, precario. Dígase lo mismo si nos referimos a la naturaleza. Dejar de ser “natural” tiene un precio: la naturaleza puede acosarme, convertirse en mi oponente. Más aún, el ser libre e independiente tiene un precio: la posibilidad de utilizar mal la libertad y de renegar de mi finitud.

El hombre, desde que nace, muestra una tendencia a ordenarlo todo alrededor de sí mismo. Cree que todo le pertenece, que todo está a su servicio, empezando por su madre. El hombre comienza por pensar sólo en sí mismo, porque entiende que ahí está la felicidad. El hombre está curvado sobre sí mismo, no ve más que a sí mismo. Todo lo demás está en función de sí mismo. Y ahí es donde comienza a equivocarse. Ahí está también la permanente posibilidad del pecado. Porque cuando sólo nos vemos a nosotros mismos, nos perdemos. Cuando queremos ser únicos, nos desligamos de la fuente de la vida; olvidamos de que la vida viene de otros y se sostiene gracias a otros. Nos encontramos, cuando salimos de nosotros mismos. Solo cuando nos abrimos el otro, cuando amamos y acogemos, nos encontramos. Al abrirnos ensanchamos nuestro yo. Pero este ensanchamiento es una consecuencia de una realidad más profunda: al abrirnos nos unimos, y al unirnos vivimos.

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Escucha las manzanas caer

Martes, 26 de mayo de 2015

Del blog Pays de Zabulon:

ecoute-les-pommes-tomber

La vida te romperá. Nadie puede protegerte de eso, y vivir solo no ayudará, porque la soledad también te quebrantará con su nostalgia. Necesitas amar. Debes sentir. Es por esto que estás en la tierra. Estás aquí para arriesgar tu corazón. Estás aquí para ser engullido. Y cuando seas roto, o traicionado, o abandonado, o herido o rozado por la muerte, siéntate bajo un manzano y escucha las manzanas caer y amontonarse alrededor de ti, derrochando su dulzura.

Di que lo has probado tanto como has podido.

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Louise Erdrich, novelista americana

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Fuente Fotos : Sage-nudien por Julien Wolga y le jardin d’Olivier.

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