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Karine Jean-Pierre es la nueva secretaria de prensa de la Casa Blanca

Sábado, 14 de mayo de 2022

GettyImages-1233120269-1Karine Jean-Pierre . (Foto de NICHOLAS KAMM/AFP a través de Getty Images)

Soy una mujer negra, soy gay, soy madre”

“Soy todo lo que Trump odia”, dijo Karine Jean-Pierre allá por 2018.

 

Joe Biden nombró a Karine Jean-Pierre como su próxima secretaria de prensa de la Casa Blanca, convirtiéndola en la primera persona negra y abiertamente LGBTQ+ en ocupar el cargo.

Jean-Pierre asumirá el codiciado papel de Jen Psaki, quien debe dejar la Casa Blanca el 13 de mayo, dijo el presidente en un comunicado.

“Me enorgullece anunciar que Karine Jean-Pierre será la próxima secretaria de prensa de la Casa Blanca”, dijo Joe Biden. “Karine no solo aporta la experiencia, el talento y la integridad necesarios para este difícil trabajo, sino que seguirá liderando la comunicación sobre el trabajo de la administración Biden-Harris en nombre del pueblo estadounidense. Jill y yo conocemos y respetamos a Karine desde hace mucho tiempo y ella será una voz fuerte que hable por mí y por esta administración”.

Jean-Pierre se ha desempeñado como subsecretario principal de prensa y asistente adjunto del presidente desde que Joe Biden asumió el cargo en 2021.

Antes de unirse a la Casa Blanca, Jean-Pierre trabajó en asuntos públicos para MoveOn.org y fue analista político para NBC y MSNBC.

Durante la administración Obama-Biden, Jean-Pierre se desempeñó como director político regional de la oficina de asuntos políticos de la Casa Blanca. También trabajó en las campañas electorales de Obama de 2008 y 2012.

Además de su experiencia política, Jean-Pierre trabajó como directora de campaña para la Iniciativa de Libertad Reproductiva de la ACLU.

La representación es importante y dará voz a muchos, pero también hará que muchos sueñen en grande sobre lo que es realmente posible.

Psaki elogió a Jean-Pierre en Twitter poco después de que se hiciera pública la noticia y escribió: “Será la primera mujer negra y la primera persona abiertamente LGBTQ+ en servir como secretaria de prensa de la Casa Blanca. La representación es importante y dará voz a muchos, pero también hará que muchos sueñen en grande sobre lo que es realmente posible”.

El nombramiento de Karine Jean-Pierre se produce en medio de ataques “sin precedentes” contra la comunidad LGBTQ+

La noticia del nombramiento de Jean-Pierre fue bien recibida por los grupos de defensa LGBTQ+.

El LGBTQ Victory Institute, una organización que trabaja para aumentar la cantidad de personas LGBTQ+ en el gobierno, dijo que el éxito de Jean-Pierre inspirará a los jóvenes.

“Karine es una servidora pública de toda la vida y una feroz defensora de LGBTQ”, dijo Annise Parker, presidenta y directora ejecutiva del LGBTQ Victory Institute,  en un comunicado. “Estamos orgullosos de haber abogado por su nominación histórica. Como secretaria de prensa de la Casa Blanca, no solo podrá usar su podio para representar a la Administración Biden, sino también a la comunidad LGBTQ durante una época de odio y ataques anti-LGBTQ sin precedentes. Como la primera persona LGBTQ y la primera persona negra en ocupar este cargo, su nombramiento inspirará a innumerables jóvenes que buscan esperanza y motivación durante un capítulo oscuro en la historia de nuestra nación”.

Parker elogió a Jean-Pierre por romper el “techo lavanda”, y dijo que solo lo había hecho a través de “valor, poder y compromiso. Confiamos en que seguirá siendo una fuerte aliada y socia mientras trabaja en el cargo más alto del país”.

La noticia también fue bien recibida por Sarah Kate Ellis, presidenta y directora ejecutiva de GLAAD.

“Karine Jean-Pierre es una comunicadora brillante y una persona de enorme inteligencia, humor y aplomo, habilidades que le serán muy útiles a ella y a nuestro país en su nuevo cargo. Hay pocos trabajos más visibles o importantes para nuestra democracia que compartir información con el cuerpo de prensa de la Casa Blanca y responder a sus preguntas. Toda nuestra comunidad espera ver a Karine cumplir con nuestra nación y representar a todas las personas LGBTQ con orgullo. Tener a una persona de color queer hablando del presidente de los Estados Unidos dice todo sobre el talento y el corazón de Karine, y reconoce que las personas LGBTQ pueden pertenecer, contribuir y tener éxito en cada lugar”. Agregó: “Toda nuestra comunidad espera ver a Karine cumplir con nuestra nación y representar a todas las personas LGBTQ con orgullo”.

Fuente Pink News

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“Praedicate Evangelium: La estructura debe estar al servicio de lo esencial”, por Consuelo Vélez

Sábado, 30 de abril de 2022

5DB23E30-6B25-47CF-911A-E1EB5372BBCEDe su blog Fe y Vida:

“Laicado y la vida religiosa pueden ocupar los puestos de dirección que hasta ahora eran solamente para el clero”

 “Comencemos por el título: ‘Predicar el evangelio’. Es un título muy sugerente para marcar una intencionalidad: la estructura debe estar al servicio de lo esencial”

“Hay colegios, hospitales, universidades, casas de la tercera edad, guarderías y, en fin, un sin número de obras llamadas ‘apostólicas’ que ya no son signo del reino. Son una gran empresa que funciona muy bien y sirve a muchas personas, pero que no testimonian el evangelio”

“La mentalidad piramidal con base en el ministerio del orden está tan introyectada en todo el pueblo de Dios que necesitamos un ejercicio de conversión profunda para que algún día sea realidad. ¡Muy difícil cambiar el rostro clerical de la Iglesia!”

“Ojalá que este documento mueva en algo a la curia romana pero no sobraría que cada uno, en la estructura eclesial en que se encuentra, revise su organización eclesial y proponga reformas a la luz de esta intencionalidad evangelizadora”

Por fin se publicó la Constitución Apostólica Predicate Evangelium con la que el papa Francisco da directrices para la reforma de la curia. Ha sido uno de los propósitos de su pontificado y, aunque han pasado nueve años y parecía que nunca salía, al final la tenemos. Siendo sincera, conozco tan poco de la curia vaticana que al leer esta constitución no sé qué cosas cambian efectivamente. Por supuesto podría leer la anterior constitución y señalar los cambios, pero mejor dejar eso a los especialistas.

Sin embargo, a propósito de esa reforma, se pueden hacer algunos comentarios que ayuden a reflexionar sobre el servicio que ha de prestar la necesaria estructura de cualquier institución para garantizar su funcionamiento. Comencemos por el título: “Predicar el evangelio”. Es un título muy sugerente para marcar una intencionalidad: la estructura debe estar al servicio de lo esencial. En efecto, la razón de ser de la Iglesia no es ella misma, sino el ser sacramento del reino. Su tarea es anunciar la buena noticia, el amor de Dios por toda la humanidad.

¿Cómo hacerlo? Ante todo, con el testimonio -de palabra y de obra- y este testimonio ha de ser el de la “misericordia, tocando la carne sufriente de Cristo en el pueblo, estando del lado de los más débiles, más enfermos, más sufridos. Por esto, la evangelización implica la opción preferencial por los pobres y de ahí, que la Jornada Mundial de los pobres que el papa instituyó en 2016, fue encargada al Dicasterio de la Evangelización. Pero también se señala que este Dicasterio ha de discernir los signos de los tiempos y estudiar las condiciones socioeconómicas y ambientales de los destinatarios. Muy importantes estas intencionalidades porque la evangelización no es un conjunto de doctrinas a transmitir sino un discernimiento de la voz de Dios que se revela en la historia.

Todo lo anterior puede iluminar el sentido de todas las obras De la Iglesia que surgieron con esa perspectiva evangelizadora. Ellas nacen del compromiso con una realidad y van creciendo y consolidándose, garantizando así su permanencia. Pero no siempre ese crecimiento mantiene la sencillez del evangelio, la agilidad de la vida sobre la norma, la significatividad que esa obra puede tener para la realidad actual.

Hay colegios, hospitales, universidades, casas de la tercera edad, guarderías y, en fin, un sin número de obras llamadas “apostólicas” que ya no son signo del reino. Son una gran empresa que funciona muy bien y sirve a muchas personas, pero que no testimonian el evangelio porque sus costos, su prestigio, su seguridad, las hace inaccesibles para algunos, especialmente, para los más pobres. Siempre habría que hacer un discernimiento profundo sobre ellas para ser capaz de soltarlas cuando no prestan un servicio evangelizador y emprender otras que mantengan la buena noticia del reino.

Pero volvamos a la Constitución Praedicate Evangelium. Tal vez lo más interesante es lo de abrir las funciones de gobierno y de responsabilidad a todo el pueblo de Dios. Es decir, ahora el laicado y la vida religiosa pueden ocupar los puestos de dirección que hasta ahora eran solamente para el clero. Para que esto sea posible ha sido necesario aclarar que el oficio de gobierno no necesariamente está asociado al ministerio del orden, como lo ha sido hasta el presente. Será maravilloso que se introduzca ese rostro plural en la curia vaticana. Sin embargo, pasarán muchas décadas para verlo hecho realidad.

¿Será que el clero soltará el poder? No es fácil. ¿Será que el laico cuando ocupe algún puesto de responsabilidad querrá que muchos otros laicos estén allí, perdiendo el privilegio de ser de los pocos laicos en tan importantes puestos? ¿será que la jerarquía cumplirá las disposiciones que el laicado tome? Debería ser porque la iglesia es un pueblo de Dios, todos con la misma dignidad, pero ejerciendo ministerios distintos -no mejores, ni de mayor rango- sino distintos, todos ellos para la edificación del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Pero la mentalidad piramidal con base en el ministerio del orden está tan introyectada en todo el pueblo de Dios que necesitamos un ejercicio de conversión profunda para que algún día sea realidad. ¡Muy difícil cambiar el rostro clerical de la Iglesia! Pero no imposible si buscamos empujarlo.

La reforma también está en la dinámica de la descentralización para que tengan más protagonismo las Conferencias Episcopales y de mayor corresponsabilidad entre todos los Dicasterios. No tengo la menor idea cómo funcionan esas oficinas. Pero la impresión que se tiene es que son lugares casi inaccesibles y que después de que allí se pronuncie alguna decisión, revertirla será muy difícil. Conocemos el papel inquisidor de la Doctrina de la fe -que con Francisco ha cambiado bastante su cara- pero también de las dificultades para que allí se entienda la dinámica de la vida de las comunidades y contribuyan a que las normas se ajusten a la vida y no la vida a las normas preconcebidas. Conozco casos muy cercanos en los que las consultas a dichos Dicasterios han traído más complicaciones que facilidades, porque eso de que la ley es para el ser humano y no al contrario, se ha quedado en los pasajes del evangelio, pero muy poco en la praxis de la Iglesia.

Los que conocen más de cerca la intencionalidad del papa con esta Reforma de la curia, anotan que hay que leerla en la dinámica de la Exhortación Evangelii Gaudiumcon todo lo que allí se propone de una Iglesia en salida, de la dimensión social de la fe, de la opción por los pobres, del protagonismo del laicado, etc. Y también hay que leerla en la línea de la sinodalidad de la que estamos hablando en este último tiempo.

Por tanto, no podemos quedarnos en leer las normas que allí se describen para cada dicasterio sino hacerlo en ese horizonte para sacar consecuencias más relevantes. De hecho, en la Predicate Evangelium se afirma que cualquier cambio de estructuras no depende solo de disposiciones organizativas sino de los sujetos que realizan esas funciones. Verdaderamente es así, la mejor organización fracasa si los sujetos que están en ella no responden a los objetivos que se persiguen, aunque también es verdad que por muy buenas intenciones que tengan los sujetos si las estructuras no contribuyen, tampoco se pueden realizar muchas cosas.

Ojalá que este documento mueva en algo a la curia romana pero no sobraría que cada uno, en la estructura eclesial en que se encuentra, revise su organización eclesial y proponga reformas a la luz de esta intencionalidad evangelizadora. Lamentablemente, la estructura esclerotizada que tiene hoy nuestra iglesia no solo se vive en esos espacios universales sino también en espacios eclesiales más pequeños, allí donde se debería vivir la libertad del espíritu de Dios y de donde podría surgir más vida que hiciera posible la tan anhelada reforma de la Iglesia.

(Foto tomada de: Discurso a la Curia Romana: El Papa llama a “un cambio en la mentalidad pastoral” – ZENIT – Espanol)

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“ Celebremos la Pascua en femenino”, por Consuelo Vélez.

Sábado, 23 de abril de 2022

0564D532-1E72-4463-82D2-7C8CD7E2656FDe su blog Fe y Vida:

Los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron

Hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús

Lo que sucede en el triduo pascual es bastante conocido para los que celebramos la fe. Entre la historia sagrada que nos contaron de niños/as, las muchas películas que relatan los acontecimientos de estos días y la liturgia anual con la que conmemoramos el triduo pascual, logramos conocer los personajes y los hechos acontecidos. Sin embargo, hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús.

En el imaginario patriarcal es normal que las mujeres estén presentes en los acontecimientos, pero que no cuenten demasiado. Por ejemplo (aunque este texto no se refiere al misterio pascual, pero es muy conocido), en la multiplicación de los panes, el escritor sagrado dice que hubo comida para casi 5000 hombres sin contar mujeres y niños (Mt 14, 13-21). Ellas forman esa multitud que ronda la vida, pero no hace falta identificarlas con detenimiento; en ese caso sirven para mostrar que la multitud era inmensa y esto es suficiente. Es Jesús quien multiplica los panes y los discípulos los que los reparten.

En los momentos dolorosos, con más razón están presentes las mujeres porque el sufrimiento forma parte del papel que han de cumplir en la vida y que la sociedad patriarcal, refuerza. Las mujeres no le huyen al dolor, están ahí, de pie, más, si son sus seres queridos los que están sufriendo. Por eso no extraña que María, la madre de Jesús este allí, porque así son las madres, siempre acompañando a sus hijos en todas las situaciones. Y las otras mujeres, también aparecen solidarias y entre todas forman aquellos cuadros que las películas nos muestran de gritos, dolor, desgarro, haciendo muy trágicos y dolorosos esos relatos. No estoy diciendo que no hubo demasiado dolor en un hecho como la crucifixión, lo que quiero expresar es que las mujeres son las que lo encarnan ya que los discípulos, según el relato, habían huido muy asustados y preferían negar su pertenencia a ese grupo para no correr la misma suerte del maestro (curiosamente, aunque negaron a Jesús, parece que a los varones se les perdonan las cosas más fácilmente porque luego no se les recrimina demasiado…)

Ahora bien, los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron. Al acudir a las fuentes bíblicas, con los medios que hoy tenemos para interpretarlas, se rescatan sus nombres, liberándolas de ese anonimato plural de “las mujeres” que casi siempre se les aplica. Al pie de la cruz, según el evangelio de Marcos (15, 40-41) estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Según los exégetas, para referirse a ellas se usan los dos verbos que tipifican el discipulado: “le seguían y le servían”. Es decir, estas mujeres son verdaderas discípulas y no solo ellas tres sino “otras muchas”, como dice el evangelista, quienes estaban con Jesús desde Galilea hasta Jerusalén. No es un grupo de mujeres que se conmueven ante el sufrimiento de Jesús y le acompañan por el sentimentalismo propio de las mujeres en la sociedad patriarcal, sino porque son discípulas y forman parte del movimiento de Jesús.

El evangelista Mateo (27, 55-56) nombra a María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Como podemos ver, a diferencia de Marcos que nombra a Salomé, Mateo nombra a la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo dice que le servían. Esto podría identificarse con el servicio propio de las mujeres, con lo cual se quita fuerza al discipulado, pero convendría recordar que si algo caracteriza a los discípulos es el servicio. Según Lucas, Jesús les dice que “El está en medio de ellos como el que sirve” (22,27). Si esto es así, ¿por qué cuando relacionamos esa palabra con las mujeres se refiere al servicio ordinario y cuando es a los varones al servicio propio del discipulado? Necesitamos cambiar la mentalidad para asociar las palabras a las mujeres y recuperar todo el protagonismo que tuvieron.

Lucas no nombra a las mujeres que están al pie de la cruz porque este evangelista tiende a invisibilizarlas. Se refiere al genérico las mujeres que le habían seguido desde Galilea y que estaban lejos mirando estas cosas (Lc 23, 49). Pero al inicio del evangelio si había dado nombres concretos (8, 1-3): Algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían con sus bienes. Por supuesto esta expresión de servirle con sus bienes, las vuelve a colocar en el papel que la sociedad patriarcal les asigna de ayudar de muchas maneras. Pero lo que interesa es el conjunto de los evangelios que testimonian esa presencia discipular de las mujeres en el movimiento de Jesús.

El evangelista Juan (19, 25) es quien nos presenta a María la madre de Jesús, a la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y a María Magdalena. Pero aquí no podemos olvidar que Juan presentó a María como discípula en las bodas de Caná, cuando ella dice: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Por tanto, María no es solamente la madre que acompaña a su hijo hasta el final de sus días, es ante todo la primera discípula que estará en el acontecimiento de pentecostés, testimoniando que esta comunidad es, en verdad, un grupo de varones y mujeres que excede el clericalismo que hoy se sigue esgrimiendo como círculo dominante en la Iglesia y que nuestras liturgias siguen reforzando con la presencia de tanto clérigo en los altares.

María Magdalena llevará el día de la resurrección un protagonismo único: Jesús se le aparece y la envía a anunciar la buena noticia a los hermanos (Jn 20, 17-18; Mt 28, 8-10; Mc 16, 9-11). De ahí que hoy se le reconozca como primera testiga de la resurrección y apóstola entre los apóstoles.

Por lo tanto, recuperar los nombres de estas mujeres de los orígenes nos ayuda a pensar la pascua en femenino y esto no por una moda actual sino por justicia con el proyecto de reino, proyecto por el que Jesús entregó su vida y que consiste en esta familia de hermanas y hermanos, donde todos están llamados a ejercer los distintos ministerios para el bien de la comunidad. Dejar a las mujeres en el anonimato sigue sumergiendo a la Iglesia en esa institución anacrónica para este presente porque las mujeres ya no admiten más un segundo lugar, así, las autoridades eclesiásticas se empeñen en justificarlo como voluntad divina.

(Foto tomada de: https://salamancartvaldia.es/noticia/2015-03-18-las-mujeres-junto-a-la-cruz-salome-228294)

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¿Y si el próximo secretario de Estado fuera mujer?

Viernes, 25 de marzo de 2022

Jesus abrazo mujerUna de las novedades está en la modificación del papel de la Secretaría de Estado, que deja de ser un ‘primus inter pares’ entre los diferentes dicasterios para convertirse, en la práctica, en una ‘secretaría del Papa’

“Todos -y por lo tanto también los laicos y los fieles laicos y laicas – pueden ser nombrados en funciones de gobierno de la Curia romana, en virtud del poder vicario del Sucesor de Pedro”

“Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo misionero en la medida en que ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús. No puede ser ignorado en la actualización de la Curia, cuya reforma, por tanto, debe incluir la implicación de laicos y laicas, también en roles de gobierno y responsabilidad”

Una de las grandes novedades de ‘Praedicate Evangelium’, la histórica reforma de la Curia promulgada ayer, por sorpresa (y con bastante malestar por parte de los vaticanistas y de buena parte del episcopado mundial, que se enteró ‘por la prensa’ de su contenido), está en la modificación del papel de la Secretaría de Estado, que deja de ser un ‘primus inter pares’ entre los diferentes dicasterios para convertirse, en la práctica, en una ‘secretaría del Papa’.

Los artículos 44 y 45 de la nueva Constitución lo dejan claro: “La Secretaría de Estado, como Secretaría Papal, asiste de cerca al Romano Pontífice en el ejercicio de su suprema misión. Art. 45 § 1. Se rige por el Secretario de Estado”.  En el artículo 12, por si había dudas, se aclara que “la Curia Romana se compone de la Secretaría de Estado, los Dicasterios y los Organismos, todos jurídicamente iguales entre sí”.

El ‘perfil bajo’ de la futura Secretaría de Estado es uno de los objetivos perseguidos por el grupo de cardenales que asesora al Papa para la reforma de la Curia (el famoso C-7), que ahora nadie sabe si proseguirá o no con sus trabajos, aunque todo parece indicar que este ‘consejo de sabios’ continuará acompañando a Francisco en la implementación de ‘Praedicate Evangelium’. De hecho, ya se le había quitado el acceso directo a fondos después del ‘escándalo Becciu’. 

En busca de la igualdad

El otro gran aspecto de la Constitución Apostólica está en el hecho de que permitirá a cualquier católico laico bautizado, incluidas las mujeres, dirigir la mayoría de los departamentos del Vaticano bajo una nueva constitución para la administración central de la Santa Sede. Así se cita en el texto, que apunta a que “todos -y por lo tanto también los laicos y los fieles laicos y laicas – pueden ser nombrados en funciones de gobierno de la Curia romana, en virtud del poder vicario del Sucesor de Pedro”.  

“Todo cristiano, en virtud del Bautismo, es discípulo misionero en la medida en que ha encontrado el amor de Dios en Cristo Jesús. No puede ser ignorado en la actualización de la Curia, cuya reforma, por tanto, debe incluir la implicación de laicos y laicas, también en roles de gobierno y responsabilidad”, destaca Francisco. Esto implica que podremos ver a laicos, y a mujeres, dirigir dicasterios. ¿También la Secretaría de Estado? En puridad, también. ¿Lo veremos?

Identidad y misión de las mujeres y los hombres

La lucha por la igualdad -entendiendo que la Iglesia es una estructura jerárquica y, todavía hoy, patriarcal-, se observa en el nuevo dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vocación de la nueva Curia, que incluirá entre sus objetivos “profundizar la reflexión sobre la relación entre el hombre y la mujer en su respectiva especificidad, reciprocidad, complementariedad e igual dignidad”.

Así, ofrecerá “su contribución a la reflexión de la Iglesia sobre la identidad y la misión de las mujeres y los hombres en la Iglesia y en la sociedad, promoviendo su participación, valorando las peculiaridades de las mujeres y los hombres, y elaborando también modelos de funciones de liderazgo para las mujeres en la Iglesia”. Al menos sobre el papel, toda una revolución. Que se presenta este lunes, 21 de marzo, el día en que arranca la primavera. La primavera meteorológica, porque la de Bergoglio, pese a quien le pese, lleva nueve años floreciendo.

Fuente Religión Digital

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Consejos para la mujer fuerte

Martes, 8 de marzo de 2022

Celebremos este 8 de Marzo con un poema de una mujer fuerte… Del Blog de Gioconda Belli:

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Consejos para la mujer fuerte

Si eres una mujer fuerte
protégete de las alimañas que querrán
almorzar tu corazón.
Ellas usan todos los disfraces de los carnavales de la tierra:
se visten como culpas, como oportunidades, como precios que hay que pagar.
Te hurgan el alma; meten el barreno de sus miradas o sus llantos
hasta lo más profundo del magma de tu esencia
no para alumbrarse con tu fuego
sino para apagar la pasión
la erudición de tus fantasías.

Si eres una mujer fuerte
tienes que saber que el aire que te nutre
acarrea también parásitos, moscardones,
menudos insectos que buscarán alojarse en tu sangre
y nutrirse de cuanto es sólido y grande en ti.

No pierdas la compasión, pero témele a cuanto conduzca
a negarte la palabra, a esconder quién eres,
lo que te obligue a ablandarte
y te prometa un reino terrestre a cambio
de la sonrisa complaciente.

Si eres una mujer fuerte
prepárate para la batalla:
aprende a estar sola
a dormir en la más absoluta oscuridad sin miedo
a que nadie te tire sogas cuando ruja la tormenta
a nadar contra corriente.

Entrénate en los oficios de la reflexión y el intelecto
Lee, hazte el amor a ti misma, construye tu castillo
rodealo de fosos profundos
pero hazle anchas puertas y ventanas.

Es menester que cultives enormes amistades
que quienes te rodean y quieran sepan lo que eres
que te hagas un círculo de hogueras y enciendas en el centro de tu habitación
una estufa siempre ardiente donde se mantenga el hervor de tus sueños.

Si eres una mujer fuerte
protégete con palabras y árboles
e invoca la memoria de mujeres antiguas.

Haz de saber que eres un campo magnético
hacia el que viajarán aullando los clavos herrumbados
y el óxido mortal de todos los naufragios.
Ampara, pero ampárate primero
Guarda las distancias
Constrúyete. Cuidate
Atesora tu poder
Defiéndelo
Hazlo por ti
Te lo pido en nombre de todas nosotras.

*

Gioconda Belli

belli

***

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Hasta que la igualdad se haga costumbre

Martes, 8 de marzo de 2022

ECzNNAeWsAIkrVOEl relato de la mujer encorvada, símbolo actual, potente y liberador

“La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo”

“Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas”

“Dentro de las Iglesias cristianas hace ya tiempo que las teólogas feministas, las organizaciones feministas católicas, muchas mujeres creyentes en Jesús,  hemos levantado la voz con fuerza y energía promoviendo desde hace un par de años La revuelta de las Mujeres en la Iglesia”

“También hoy hay autoridades religiosas que, como el jefe de la sinagoga, se indignan y nos niegan tanto la realidad de injusticia como nuestro derecho a reclamar igualdad de hecho y de derecho dentro de la sociedad y de Iglesia”

Y si Dios se hubiera encarnado mujer. por Vicente L. García Corres y Paloma Pérez Munaín

¿Y si Jesús hubiese sido mujer?

Alcanzar la equidad entre hombres y mujeres, una lucha en todos los rincones del planeta

La persecución religiosa también golpea más fuerte a las mujeres

El ‘Vía Crucis’ de las mujeres católicas

Herstóricas’: Mujeres al servicio del Evangelio, en el altar de San Antón

“Imaginamos y construimos una Iglesia nueva, donde las mujeres ya somos, y nos reconocemos con autoridad y liderazgo”

¿Qué dice el texto sobre ella, y en qué medida es un símbolo actual? 

 Lucas la describe así: “una mujer a la que un espíritu tenía enferma desde hacia 18 años.”

“estaba encorvada”

“Y no podía de ningún modo enderezarse” (v.10-11)

Vamos a aproximarnos a esta narración como un modo de evidenciar e iluminar la realidad de muchas mujeres aún hoy en el mundo.

La desigualdad injusta entre hombres y mujeres muestra muy bien el mecanismo de desigualdad en el mundo. Expresa la creencia de que hay unas personas con más derechos que otras, unas personas superiores y otras inferiores, unas personas llamadas a gobernar y otras a obedecer…

El texto la describe así:

Padecía esa situación desde hacía 18 años, (desde hacía muchísimo tiempo, “siempre ha sido así”…)
 Enteramente encorvada no podía sino mirar el mundo que le rodeaba desde la perspectiva que le era impuesta por ese  “espíritu” (demonio) que la poseía
No podía enderezarse de ningún modo, y su lugar de referencia estaba restringido al suelo.
Desconocía su verdadera talla.
Estaba en silencio. No dice una sola palabra para interceder por ella misma, no pide nada, no hace nada para ser vista (silenciosa e invisible).
Está en la sinagoga, al final detrás de los varones, escuchando a Jesús.

Esta descripción de la mujer encorvada es una buena imagen simbólica para expresar la situación de millones de mujeres hoy en el mundo, como una y otra vez ponen de relieve los informes de Naciones Unidas.

   Encorvadas por “los demonios”:

Demonios del sexismo, clasismo, racismo, patriarcalismo social y eclesial. Los demonios de la violencia estructural e intra-familiar. 

Los demonios de la esclavitud y explotación sexual y económica, la prostitución forzada y la llamada “libre”, la compra-venta de sus cuerpos no solo en la prostitución sino, en todo tipo de pornografía (las mujeres son un cuerpo para usar, abusar y tirar sin problemas), compraventa de sus cuerpos, también en los vientres de alquiler, en el tráfico sexual y laboral de sus personas, de sus órganos, en la violación sistemática fuera y dentro del matrimonio o pareja. 

Los demonios de la desigualdad de oportunidades, la doble o triple jornada laboral, el peso de responsabilidades familiares no compartidas, culpabilidades y angustias.

Los demonios de la subordinación y dependencia económica y afectiva.

Los demonios de la negación de la categoría “trabajo” al trabajo doméstico, equiparando falsamente trabajo y salario, y considerando a esas mujeres trabajadoras de su propio hogar como “económicamente no activas”, cuando la economía mundial está sustentada en gran parte por el trabajo gratuito de las mujeres. Estos demonios consideran el cuerpo de las mujeres como cuerpos reproductores, no productores.

Los demonios de una concepción falsa del amor donde se vincula amor, con celos, con control, con violencia personal o vicaria, incluso con el asesinato.

Los demonios de costumbres “culturales” y/o religiosos donde se mutila el cuerpo de las mujeres para robarles el placer sexual, dónde se ocultan sus cuerpos, se niega su independencia…

Los demonios, introyectados en muchas mujeres aún, de la sumisión, pasividad, sentimiento de inferioridad, falta de autoestima y resignación.

Los demonios del mito destructivo de la belleza diseñada por los varones que lleva a muchas mujeres a someterse a operaciones varias para ser “sexualmente deseables y bellas”, a tener graves problemas con la alimentación, la anorexia y la bulimia son solo enfermedades que hablan de este mito, la anorexia es además un arma política para controlar la fuerza de las mujeres. La dieta hipocalórica deja a las mujeres sin energía vital provoca pasividad, ansiedad y debilidad afectiva.

Los demonios de unas creencias religiosas que nos han cargado con identidades falsas y destructivas: “la tentadora”, “la pecadora”,” la llorona arrepentida” (María Magdalena) , “la culpable de la muerte, el dolor…” “la mentirosa y no digna de ser creída”, “la incapacitada para revelar el ser de Dios”, para ser sujeto de los 7 sacramentos,(uno se nos ha negado por ser mujeres), inferior a los varones “el hombre es la cabeza de la mujer” ( parece que a nosotras nos toca ser un cuerpo sin cabeza)  

¿Qué otros demonios podemos reconocer?

   “Silenciadas”. Las mujeres no somos silenciosas, gustamos de la comunicación y tenemos facilidad para ella. Pero hemos sido sistemáticamente silenciadas por un lenguaje androcéntrico y patriarcal que nos ha hecho invisibles en la historia y en las Iglesias y nos  ha impedido ,durante siglos, decirnos a nosotras mismas quienes somos, mostrar nuestras capacidades y valores. El lenguaje nombra y da identidad. Lo que  no se nombra…no existe.

“En nuestro lugar”.  Sin duda no en los primeros puestos, sino al final, en lugares invisibles.

En muchas ocasiones las mujeres hemos escuchado como un gran elogio por parte de los varones  el hecho de “saber estar en nuestro lugar” .

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Noches de blanco y negro

Viernes, 4 de marzo de 2022

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Me cobija el alma, la noche en blanco y negro transnacional…
¡Soy símbolo!
¡Soy comunidad!
Me huele la ropa a mamá
Me huelen a mujeres los caminos

En el tránsito se pintan huipiles con lágrimas
Tejen las niñas, con rimas y Cantos…
¡Noches de negro y blanco!
Se rompe el orbe donde pisan

Construyen muros de esperanza,
detrás del reflejo…
Del rayo de luz que alumbra su ojo siempre izquierdo

En el pequeño muro sobre el cual
pintan esperanzas,
Hay agua donde pisan
Mares de cometas

Lamentos de mis antepasadas de ojos marrones
De ojos azules y velos rosas
No camino sola, camino de la mano de mis
cantos, piso fuerte, dejos raíces…
Se esparcen como semillas,
que florecen en medio de los mares que paren niños al amanecer

En medio de mi pecho nace la pertenencia…
¡No tengo ciudadanía, porque soy de aquí y soy de allá!
Me niego a que me borren, aunque soy otra
¡En noches de blanco y negro!
*

Idania Mejía

Tras las huellas de Sophía

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"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

“ Masculinidad y pederastia clerical: Sin compasión”, por Juan José Tamayo.

Viernes, 4 de febrero de 2022

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“Negativa expresa a constituir una comisión externa e independiente de la jerarquía”

  “La pederastia clerical se convierte así en la mayor perversión de lo sagrado y de la divinidad. Es la confirmación del viejo adagio latino: corruptio optimi pessima”

“La estructura jerárquico-patriarcal de la iglesia católica se sustenta en la masculinidad de Dios que da lugar a la masculinidad sagrada de los clérigos. Esta constituye la base del patriarcado religioso que, a su vez, legitima el patriarcado político, social, familiar”

“El comportamiento de la jerarquía eclesiástica demuestra, hasta ahora, insensibilidad ante el dolor de las víctimas, falta de compasión al no ponerse de su lado, no curar sus heridas, no contribuir a aliviar sus sufrimientos”

“¿Qué decir de la actitud de la judicatura y la fiscalí en la ciudadaníaa en los casos de pederastia clerical? Tengo mis dudas de que en determinados sectores de ambas instituciones no exista todavía complicidad, connivencia e incluso temor reverencial hacia la jerarquía eclesiástica”

Unidas Podemos, Bildu y ERC piden al Congreso que investigue los abusos a menores en la Iglesia católica

Ante la ‘gravedad‘ de lo sucedido y la ‘inacción’ de esta institución, el PNV pide que una comisión independiente investigue los abusos en la Iglesia: “Resultará más respetuosa con las víctimas”

El Gobierno reitera su apoyo a las víctimas de abusos en la Iglesia y el PP se niega a la investigación.  El PSOE estudia la “mejor opción para abrir un espacio de investigación”

Alejandro Palomas se reunirá con Sánchez para hablar sobre abusos: “Conversamos y vi que está ‘muy por labor'”

La pederastia clerical es uno de los mayores escándalos de la iglesia católica en los últimos ochenta años, que ha destruido la dignidad y la vida de decenas de miles de personas. No se trata de “solo pequeños casos”, como afirma, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, refiriéndose a la Iglesia católica española, sino que es un problema estructural que afecta a toda la institución, está instalado en la propia organización jerárquico-patriarcal y contagia a todo el cuerpo eclesial.

Los pederastas dentro de la iglesia católica se ubican en el ámbito de lo sagrado y en los diferentes espacios del poder eclesiástico: cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes, miembros de congregaciones religiosas masculinas, párrocos, profesores de colegios religiosos, formadores de seminarios y noviciados, padres espirituales, confesores, etc. Todos ellos se consideran representantes de Dios, y sus comportamientos, por muy perversos que sean, se ven legitimados por “su” Dios. La pederastia clerical se convierte así en la mayor perversión de lo sagrado y de la divinidad. Es la confirmación del viejo adagio latino: corruptio optimi pessima.

La estructura jerárquico-patriarcal de la iglesia católica se sustenta en la masculinidad de Dios que da lugar a la masculinidad sagrada de los clérigos. Esta constituye la base del patriarcado religioso que, a su vez, legitima el patriarcado político, social, familiar, etc. “El patriarcado tiene a Dios de su lado” afirma Kate Millet en su libro Política sexual (1970), que inaugura la tercera ola del feminismo: el feminismo radical.

La alianza y complicidad entre ambos patriarcados se traduce en la naturalización de la inferioridad de las mujeres, las niñas, los niños y las personas en situación de mayor vulnerabilidad, hasta llegar a legitimar la violencia contra ellas.

Llegados aquí, se establece un pacto de silencio, ocultamiento y encubrimiento en torno a la pederastia clerical, y cuando aparecen casos probados, lejos de ponerlos en manos de la justicia, se tiende a negarlos, minusvalorar su gravedad, calificarlos de excepciones irrelevantes frente a la ejemplaridad de la mayoría del clero, mirar para otro lado y a poner el foco en otros sectores de la sociedad donde se dice que es mayor el número de casos de pederastia.

Cuando aparecen informes a partir del testimonio de las víctimas, que merecen total credibilidad porque hablan desde el sufrimiento causado por la violencia sexual de que han sido objeto, se duda de su objetividad y se les acusa de falta de rigor. Es lo que ha sucedido con la investigación del diario El País, entregada al papa Francisco y al cardenal Juan José Omella, presidente de la CEE, que ha sido descalificada y acusada de falta de pruebas, como hizo el cardenal Cañizares en la rueda de prensa tras la reunión con el papa. ¿Resultado de esta actitud? Complicidad en la pederastia.

Todo menos investigar. Lo dijo en su día el secretario general de la CEE: “No estamos por la labor de hacer investigaciones sociológicas o estadísticas, sino conocer a cada víctima (y posible ¿? agresor) con nombres y apellidos”. Parece, sin embargo, que, en los últimos días se ha producido un cambio de actitud en la Conferencia Episcopal Española, que se ha mostrado dispuesta a investigar. ¿Es realmente así? Habría que matizar. El cambio se debe a la evidencia de las investigaciones externas, a la reivindicación de las víctimas y a que el Papa lo ha exigido, no a la propia convicción de un sector importante del episcopado ante la criminalidad contra la infancia.

Aun así y todo, la investigación se limitaría a crear oficinas en cada diócesis con la negativa expresa a constituir una comisión externa e independiente de la jerarquía que analice en profundidad y de manera objetiva los hechos, sus causas y consecuencias con la obligación de reparar. Las victimas ya han expresado su escepticismo y desconfianza ante tales medidas, ya que puede significar negarse a conocer la verdad, o mejor, a reconocerla. Dicha negativa contraviene el mensaje de Jesús de Nazaret: “La verdad os hará libres” (Juan 8,32).

El comportamiento de la jerarquía eclesiástica demuestra, hasta ahora, insensibilidad ante el dolor de las víctimas, falta de compasión al no ponerse de su lado, no curar sus heridas, no contribuir a aliviar sus sufrimientos y no acompañar a las víctimas en la vivencia del “calvario oculto” al que se refería en este periódico una mujer que había sido abusada de niña por un sacerdote.

Al menos cuatro Conferencias episcopales europeas han creado agencias independientes de investigación con luz y taquígrafos y sin interferencia eclesiástica alguna: Francia, Bélgica, Alemania y, hace unos días, Portugal, tras la petición pública de 241 católicos de abrir una investigación nacional independiente en torno a los abusos sexuales producidos durante los últimos 50 años; en apenas cinco días la comisión ha recibido 102 denuncias.

Hay una pregunta que me viene rondando desde que comenzaron a ver la luz las primeras denuncias de las víctimas y los primeros casos investigados por instancias ajenas a la jerarquía de la iglesia católica española: ¿por qué no toma la iniciativa de crear esa comisión independiente interdisciplinar? He escuchado respuestas como que tienen miedo a lo que pudieran encontrarse, que no quieren llegar al fondo de la verdad y que se resisten a reconocer la magnitud del problema. De ser ciertas dichas respuestas, supondrían una gravísima irresponsabilidad por parte de la CEE y, lejos de defender la honorabilidad de la iglesia católica de España, provocarían un descrédito todavía mayor en la ciudadanía.

Por último, ¿qué decir de la actitud de la judicatura y la fiscalí en la ciudadaníaa en los casos de pederastia clerical? Tengo mis dudas de que en determinados sectores de ambas instituciones no exista todavía complicidad, connivencia e incluso temor reverencial hacia la jerarquía eclesiástica; actitudes que se superpongan indebidamente a la obligada investigación de la comisión de delitos, que les incumbe. Lo que tiene que quedar claro es que no existen dos justicias, la religiosa y la civil, sino una sola, la civil, a quien corresponde investigar los delitos, en este caso, contra la indemnidad sexual de los menores, que son las personas más desprotegidas y con frecuencia las más vulnerabilizadas.

  Juan José Tamayo es profesor emérito de la universidad Carlos III de Madrid. Entre sus últimos libros cabe citar: Hermano islam (Trotta, 2019); La compasión en un mundo injusto (Fragmenta, 2021)


Fuente Religión Digital

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“No podemos combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo”

Sábado, 15 de enero de 2022

'NSSR/Lang: Philosophy, Spinoza and Nietzsche / GPHI with professors Omri Boehm and Chiara Bottici, room U304, University Center'

Entrevista con la filósofa italiana Chiara Bottici, autora de AnarcaFeminismo

Acaba de lanzarse en español el libro manifiesto que es, además, un adelanto de un volumen de más de 300 páginas que se publicará en marzo del año próximo. Esta nueva forma de nombrar apuesta también a componer el feminismo con la filosofía anarquista, que postula un orden sin jerarquías ni gobernantes.

La filósofa italiana Chiara Bottici, profesora actualmente en la New School for Social Re-search (Nueva York), acaba de lanzar en español su libro-manifiesto AnarcaFeminismo (NED Ediciones). No es menor la “a” que corrige y altera el vocablo más tradicional de anarcofeminismo. Es una inflexión de la lengua, dice la autora, introducida “por movimientos sociales que tratan de feminizar el concepto para dar visibilidad a una faceta específicamente feminista dentro de la teoría y práctica anarquista”.

De formato breve, este manifiesto es también adelanto de un volumen de más de trescientas páginas que se publicará en marzo del año próximo. El manifiesto abrirá paso, dirá frases sintéticas, que el espesor de las páginas próximas se encargarán de sustentar y diversificar. Cada capítulo del manifiesto termina con la frase “¡ni una menos!”, conjugada cada vez en distintos idiomas.

Aun desdoblado en ambas versiones del libro, el tono “manifiesto” de la filósofa es evidente y se inscribe sin dudas en un tono de época, que es el de un ciclo de auge del movimiento feminista transnacional. Lo hace desde un lugar concreto: una interpelación desde la filosofía y la teoría política en particular a las preguntas políticas de urgencia, impregnadas de coyuntura. Por eso, es un ida y vuelta el que refulge al interior de ambos libros: las lecturas y debates filosóficos son “activados” y convocados en relación a una declinación de manifiesto que, se confiesa, está en construcción, en plena marcha.

La apuesta teórica de Bottici puede leerse en sus propias palabras: dice que entiende la filosofía “como un esfuerzo enredado con otras prácticas de creación de sentido como la literatura y el psicoanálisis”. Anarcafeminismo es una manera de enredar y, sobre todo, de componer al feminismo con la filosofía anarquista y también de hacer justicia con un término y una historia que ha sido descalificada e incluso olvidada. Para eso, la filósofa hace precisiones: el anarquismo no significa falta de organización, ni menos aún ausencia de una comunidad política. Más bien, se trata de “un orden incluso en ausencia de un ordenante”. Explica: “el anarcafeminismo significa un feminismo sin arché, esto es, un feminismo sin jerarquías ni gobernantes —ya sean jerarquías sexuales, económicas, políticas o raciales—. No podemos combatir una forma de opresión sin combatirlas todas al mismo tiempo, pues todas las formas de opresión habitan la misma casa, que es la creencia según la cual algunas personas son superiores a otras, y esta superioridad justifica su dominación”.

De quienes va citando, no todxs se autodefinen como anarcafeministas, pero ella lxs incluye, lxs acerca, lxs emparenta. Anarcafeminista se convierte casi una categoría electiva, de adscripción, más que de encuadre o de construcción de un canon. De hecho, Bottici dedica varios párrafos a explicar por qué lxs pensadorxs anarquistas se saltan el canon y, si hay uno, es casi secreto o clandestino (un anti-canon). En esa búsqueda de filamentos de composición, de textos y militancias Bottici da cuerpo a la propuesta anarcafeminista. En ese recorrido debe leerse también el desplazamiento de su propio lugar de enunciación (como autora) que empieza con el yo y se traslada al “nosotrxs”. Hay, además, una suerte de tercer género de escritura en su libro: sin puntos ni comas, autobiográfico y poético, que se inserta entre un capítulo y otro. No es la primera vez que se dedica a que sus escritos feministas sean también en cierto modo experimentales y en eso tiene mucho que ver su trabajo sobre imágenes e imaginación.

Su Manifiesto se presentó de forma virtual en el último congreso de ciencia política realizado en la Universidad de Rosario. Ahí comenzó esta conversación que la convertimos en entrevista para Las/12.

-¿Cómo describirías tu trayectoria feminista en términos biográficos? ¿Y cuándo surgió especialmente tu interés por la teoría feminista?

–En cierto modo, siempre he sido feminista porque muy pronto me di cuenta que las mujeres y las personas de género fluido eran objeto de discriminación y violencias sistemáticas. Nací en una pequeña ciudad italiana llamada Carrara, conocida por sus canteras de mármol y por sus tradiciones anarco-sindicalistas. Sin embargo, su inclinación política de izquierda no la hizo un entorno menos patriarcal. Durante mucho tiempo, la violencia de género que presencié me pareció normal: el mar chocaba contra la orilla, el sol salía todos los días en el cielo, y las mujeres y las personas LGBTQ+ eran objeto de discriminación y violencia sistemáticas. Aprendí a vivir con esa violencia del mismo modo que aprendí a nadar.

-¿Hubo una confrontación primero teórica con esa realidad?

-La teoría empezó cuando me di cuenta que las cosas no tenían por qué ser así. Primero, como adolescente, formé parte de la izquierda marxista autonomista y creí que una revolución proletaria se haría cargo de todos los problemas. En los grupos de los que formaba parte, los ideales comunistas y anarquistas iban de la mano. Fue sólo mucho después, cuando leí literatura feminista a finales de mis veinte años, que me di cuenta que incluso el anarquismo puede convertirse fácilmente en hombre-arquismo (N. de E.: se pierde el juego de palabra que sí funciona en inglés: man-archism), a menos que agreguemos un objetivo feminista específico a nuestras luchas por la libertad. El anarquismo, por definición, está llamado a luchar contra todas las formas de opresión, por tanto, tiene que ser feminista si no quiere terminar siendo contradictorio, pero los seres humanos reales están llenos de esas contradicciones.

-Es una experiencia de teoría no sólo ligada a la formación universitaria…

-La literatura y la filosofía feministas fueron una parte muy importante, pero fue en gran parte autodidacta. Fui a la escuela a los 6 años, en 1981, y recibí el título de doctora en filosofía en 1999 habiendo leído sólo a hombres: durante todos mis años en la escuela pública italiana sólo me habían enseñado ideas, libros, poesía, filosofía escritas por un solo género: varones cis. No es exagerado decir que fui educada en la “escuela de hombres” italiana. La teorización feminista comenzó cuando me di cuenta de que había también otras escuelas y otros mundos posibles.

Unidad pluralista

Anarcafeminista, dice Bottici, es un nombre para luchar contra todas las opresiones y formas de explotación y lo hace desde una aspiración pluralista: “¡O todxs somos libres o ningunx lo será!”. La unidad y pluralidad simultáneas se inscribe también como apuesta por lo que llama una “teoría crítica intersticial global”. Intersticial y global en principio parecen locaciones contrapuestas, pero en este libro no lo son. Lo global no refiere a un espacio liso ni a una mirada panorámica totalizante. Por el contrario, declara deconstruir y confrontar esa mirada colonial como la única capaz de dar cuenta de lo global (volviéndolo sinónimo de imperial). De ese modo, “lo global como marco” pone a los intersticios en los que se produce teoría y se hace política como espacios estratégicos. La interseccionalidad toma una deriva espacial-geográfica: mostrar cómo lo local se intersecta en múltiples escalas evidencia los regímenes conectados de opresión pero también la dimensión transnacional de los espacios de resistencia.

Para entender a fondo la unidad pluralista hay que comprender que el proyecto de Bottici, en términos filosóficos, es un feminismo spinoziano. De hecho, dentro de Anarcafeminismo (en su versión extensa) se despliega un libro sobre el filósofo Baruch Spinoza, para argumentar una ontología de lo transindividual. Diciendo que Spinoza propone una suerte de paradojal “altruísmo egoísta”, a partir del cual para mejor perseverar en nuestra potencia de existir, formamos asociaciones; Bottici aplica la misma fórmula al feminismo. No existe el feminismo como figura a secas, individual, recortada. Existe en la medida que, para perseverar, produce alianzas, asociaciones, tramas. Más que agregar adjetivos o cualificaciones como si fuesen listas de intenciones o adjetivos modificadores de un sustantivo esencial, el feminismo tiene capacidad de ser en la medida en que se expresa en alianzas. El feminismo, casi como una tecnología afectiva y política de composición, permite leerse en relación al concepto de cuerpo al que Bottici le dedica muchas reflexiones. No hay cuerpo sin proceso de afectación: por eso el cuerpo tiene una naturaleza procesual. El cuerpo no es uno, sino una red de procesos, que convierte lo individual en siempre ya transindividual. El cuerpo, dicho en singular, siempre es plural. No hay punto de partida que no sea colectivo, incluso cuando se parte del “propio” cuerpo.

 -¿Qué te permite la ontología transindividual a la hora de conceptualizar el feminismo?

-Adoptando una ontología transindividual, también podemos usar el concepto de mujer fuera de un marco cisnormativo o heteronormativo, y así emplear el término de tal modo que incluya todo tipo de mujeres: mujeres femeninas, mujeres masculinas, mujeres AFAN [mujeres a quienes fue asignado el sexo femenino en su nacimiento], mujeres AMAN [mujeres a quienes fue asignado el sexo masculino en su nacimiento], mujeres bisexuales, mujeres trans, mujeres cis, mujeres asexuales, mujeres queer y tantas otras mujeres. Sólo si los cuerpos de las mujeres son teorizados como procesos, como el lugar de un devenir que se desarrolla a diferentes niveles, sólo entonces seremos capaces de hablar de «mujeres» sin incurrir en una normatividad cis- o hetero-.

 -¿Cuál es el lugar de Anarcafeminista en tu trabajo?

-El proyecto Anarcafeminismo es una parte integral de mi compromiso de toda la vida con las políticas de la imaginación como teórica, y con los movimientos sociales como activista. Viniendo de una familia que ha sido profundamente afectada por el régimen fascista (tengo un abuelo asesinado a tiros por los nazis y otro deportado a un campo de trabajo nazi), me sentí atraída desde muy temprano a investigar cómo puede la gente llegar a construir mentiras institucionales tan gigantescas como el fascismo, creer que están haciendo el bien (porque muchos de ellos lo creen) y convertir así esas mentiras en profecías autocumplidas. Mientras la mayoría de los filósofos que me rodeaban trabajaban en las condiciones de la razón pública, a mí me impulsaba investigar las condiciones de la imaginación pública.

 -Un tema clave en estos tiempos otra vez…

-Sí, hay preguntas que no podemos dejar: ¿cómo podemos imaginar juntxs un mundo mejor y, al mismo tiempo, asegurarnos de que quienes están oprimidxs hoy no se conviertan a su vez en lxs opresorxs de mañana? Hemos visto que eso ocurre una y otra vez en el curso de la historia. Ahí es donde entra Anarcafeminismo: tenemos que luchar contra el patriarcado y la androcracia (esto significa que los hombres cisgénero constituyen el sexo soberano), al tiempo que nos aseguramos de que nuestras luchas feministas no generen más jerarquías y mecanismos de opresión en su interior. De ahí la necesidad de combinar la perspectiva anarquista que sostiene que la libertad es indivisible con el enfoque feminista sobre cómo se oprime a los segundos sexos (es decir, a las mujeres, a los dos espíritus y a las personas LGBTQI+ de todo el mundo). Creo que lo global es el problema y por lo tanto lo global tiene que ser la solución, por lo que necesitamos construir una plataforma feminista que pueda ser la base de nuevas solidaridades y luchas globales. Leer más…

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“Me llamo Araceli y, cuando sea posible, estoy disponible para ser vicaria”

Sábado, 8 de enero de 2022

18F0D224-8D5E-4D1F-92CD-7C11634E0CCB“¿Qué hace una feminista como yo en una iglesia como ésta?”

Me considero una mujer afortunada y feliz por poder compartir mi vida y mi fe con un grupo de personas que creen en una Iglesia sencilla, igualitaria y evangélica

Las mujeres católicas hemos salido a la calle, a los medios de comunicación, nos hemos rebelado y seguiremos proclamando y alzando nuestra voz “hasta que la igualdad sea una costumbre en nuestra iglesia”

Jesús de Nazaret propuso igualdad entre hombres y mujeres, los derechos humanos así lo establecen, pero en nuestra Iglesia estamos muy lejos de que esta igualdad se alcance y se respete

Tenemos una iglesia muy clerical, hecha por y para los hombres ordenados, que no nos deja espacio, es una gerontocracia fuera de época; y una Iglesia clerical no se puede soportar

Me llamo Araceli, Aratxu, y formo parte del grupo Berpiztu.

Sí, hoy quiero contaros que yo estoy disponible para ser vicaria, si fuera elegida para ello; y, como yo, muchas mujeres en nuestra diócesis. No dejo de preguntarme, tal y como están las cosas, si yo podría ser vicaria en la diócesis de Bizkaia, en el caso de que algún día —no tardando mucho— fuera posible.

Ahora estoy jubilada y si tuviera que definirme en pocas palabras diría que soy una mujer madura, cristiana y feminista. Estos han sido los tres ejes de mi vida.

La madurez: la búsqueda de la preciada madurez a través de un proyecto personal de vida que llevo haciendo, y compartiendo con mi grupo de referencia, durante más de 25 años. Siempre he querido dirigir mi propia vida, no ser como una barca a la deriva. El proyecto personal de vida, compartido en el grupo de referencia, ha sido la brújula que me ha guiado en el proceso de crecimiento personal, familiar y social.

Cristiana: me defino como cristiana porque he logrado establecer una relación personal con Jesús de Nazaret. Cultivando mi espiritualidad, mi inteligencia emocional y espiritual mediante diversas experiencias a lo largo de la vida, pero, principalmente, mediante la oración, la meditación y el compromiso con la vida y conmigo misma.

Gracias a mi comunidad cristiana de Sestao, a toda ella, a Cáritas, a mi grupo de referencia, he podido mantener y mantengo mi relación personal con Jesús. La revisión de vida, el discernimiento, las alegrías y las penas, el compromiso sindical, la oración compartida, mis relaciones personales y afectivas… Me considero una mujer afortunada y feliz por poder compartir mi vida y mi fe con un grupo de personas que creen en una Iglesia sencilla, igualitaria y evangélica.

Mi tercer eje: soy feminista. En mis años de trabajo como maestra (25) he tratado de enseñar y educar en valores: la solidaridad, la responsabilidad, el respeto, la justica y la igualdad entre todos los seres humanos, sin distinción de raza, sexo, país, religión…

En mis 16 años como sindicalista también he procurado trabajar por la igualdad y la no discriminación de la mujer en el mundo del trabajo, y más concretamente en el ámbito de la enseñanza, y creedme si os digo que queda mucho, mucho camino por recorrer.

Muchas veces me he preguntado: ¿Qué hace una feminista como tú en una iglesia como esta? Es aquí donde quiero enmarcar la reflexión que hoy nos ha convocado: vicarios/vicarias; laicos y laicas. Y para ello, tres pinceladas de la Iglesia que yo quiero y por la que apuesto con mi compromiso de vida.

¿Podemos ser las mujeres vicarias, diaconisas, sacerdotisas? Yo creo que sí ¿Qué opina la teología feminista? ¿Qué dice sobre ello?

Quiero citar ahora una frase del movimiento Revuelta de Mujeres en la Iglesia, con el que me siento muy identificada: “Limpiar y poner flores, que lo hagan los señores”. Este movimiento, y otros muchos semejantes, reivindican en nuestra iglesia la necesidad de que las laicas y laicos tengamos “voz y voto”. Las mujeres católicas hemos salido a la calle, a los medios de comunicación, nos hemos rebelado y seguiremos proclamando y alzando nuestra voz “hasta que la igualdad sea una costumbre en nuestra iglesia”.

Hago míos los enunciados del movimiento Revuelta de Mujeres y cito literalmente: “Basta ya a la profunda discriminación que vivimos”. “Queremos recuperar las prácticas liberadoras de Jesús con las mujeres, poner fin al machismo en la Iglesia” o “hasta que laicos y laicas tomen la palabra en la eucaristía, en la Iglesia”. “Queremos que el pensamiento femenino se oiga, que podamos estar en los foros de debate, que se pueda escuchar a las teólogas…” Y queremos una serie de derechos que no tenemos reconocidos, entre ellos, poder ser vicarias laicas.

Jesús de Nazaret propuso igualdad entre hombres y mujeres, los derechos humanos así lo establecen, pero en nuestra Iglesia estamos muy lejos de que esta igualdad se alcance y se respete.

No se trata únicamente de que algún día, no tardando mucho, algunas de nosotras podamos ser vicarias o sacerdotisas. Este es el momento de que la Iglesia católica empiece a tomar conciencia de que las mujeres tenemos un papel protagonista en ella, y de que no estemos subordinadas a los hombres. No podemos ser subsidiarias de lo que ellos dicen, tenemos que tomar las decisiones conjuntamente, avanzando hacia la paridad.

¿Estáis de acuerdo?

Una iglesia que no nos deja espacio

Tenemos una iglesia muy clerical, hecha por y para los hombres ordenados, que no nos deja espacio, es una gerontocracia fuera de época. “Con voto, con voz, así nos quiere Dios” “Sin mujeres no hay futuro” o “Una iglesia clerical no se puede soportar”. Hartas ya de tanta desigualdad alzamos la voz y decimos: Yo también estoy disponible para ser elegida vicaria. Y espero que sea posible cuanto antes.

Voz y voto en todos los niveles. Creemos que tienen que cambiar las estructuras, el Derecho canónico y una cultura interna de la Iglesia que, a veces, las mujeres hemos interiorizado con demasiada normalidad, en el sentido de aceptar ser siempre las segundas o las terceras. “No se trata de ser las primeras, se trata de ser iguales”, afirman los movimientos feministas en nuestra Iglesia, y yo estoy de acuerdo.

Este Papa ha nombrado mujeres en cargos importantes, se están dando pasitos, pasitos, pero hay que avanzar más y más rápido, empezando por nuestra Diócesis. Ahora es el momento. Una iglesia patriarcal ya no nos sirve. Las mujeres estamos unidas, somos Iglesia, no vamos contra ella y lo que queremos es que se nos reconozcan unos derechos que tenemos por el hecho de ser bautizadas.

Lo dicho: “Cuando sea posible, estoy disponible para ser vicaria, si soy elegida para ello. Y espero que tal posibilidad —ya existente en otras diócesis— sea real en la nuestra cuanto antes”.

 Fuente Religión Digital

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Pablo y las mujeres

Sábado, 18 de diciembre de 2021

fichero_19069_20090618101612_1720_lasmujeresy1Maite Parga,
Monforte de Lemos (Lugo).

ECLESALIA, 12/11/21.- Para muchas personas, San Pablo es un misógino, pero esas personas se olvidan de que Pablo vivió en una época determinada y que no era un marciano, es cierto que en algunas de sus cartas -o de sus discípulos- la cosa no esta clara, pudiera dar esa sensación si se leen mal, pero solo si se leen mal; claro que así es como lee La Biblia el noventa y nueve por ciento de quienes se acercana a ella. Pero ¿puede ser misógino, un hombre que en una época en la cual la mujer, mandaba menos que el perro y el gato de la casa, tenga mujeres como colaboradoras?

Pablo en sus cartas o epístolas nombra a todas las personas que colaboran con él en su misión apostólica y en estas cita a muchas mujeres: una tal María, Claudia, Trifosa, Febe diaconisa, Priscila, Loida y Eunice. En Hechos 16 11,15 se nos cuenta que Pablo y sus compañeros se encontraron en la ciudad de Tiatira con una mujer llamada Lidia, comerciante en púrpura, un producto exclusivo y muy caro. Esta mujer los recibió en su casa y allí Pablo fundó una de sus comunidades. Pablo acogió para su apostoládo a Lidia no a su esposo.

Febe era una de sus diaconisas, pero hay más, Pablo tenía una relacción de amistad, con un matrimonio que hacían tiendas de campaña lo mismo que él. El esposo se llamaba Aquila, y, la señora Priscila. Pablo los tiene como colaboradores en el apostolado, al mismo nivel el esposo que la esposa.

Es verdad que en la carta a los efesios (sobre la que algunos exegetas dicen que es de un discípulo), Pablo manda a la mujer ser sumisa al marido (eso era lo normal en su época y hasta no hace mucho), pero se pasa por alto que manda al esposo amar a la esposa como a sí mismo, como a su propia carne, como Cristo a la Iglesia. Los esposos de la época de Pablo no tenían que amar a sus esposas, el matrimonio era para hacer niños que luego fueran buenos servidores del Estado, sin embargo, Pablo incluye el amor. En la epistola a los Galatas dice algo que ayuda equilibrar lo dicho al hablar de la sumisión de la mujer y, desde luego, algo que ningún misógino diría jamás: “Ya no hay hombre ni mujer, esclavo ni libre, barbaro o escita, pues todos sois uno, en Cristo Jesús” (Ga 3, 28).

Creo que con esto, queda desmantelada la idea de un Pablo misógino.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Carmen Notario: Y si fuese tu último día…

Martes, 30 de noviembre de 2021

maxresdefault¿Cómo vivirías ese día, cómo tratarías a las personas, a la Tierra de la que vienes y a la que vuelves?

Te invito a una meditación como homenaje a la Tierra y a las mujeres que sufren violencia. Para ello, para que este momento sea orante y sincero, intentamos relajarnos no como objetivo de la meditación, sino como preludio a un importante encuentro.

Respiramos y hacemos silencio, apagamos el móvil y cerramos la puerta de la habitación y la de las ideas y ocupaciones, para acudir a una cita postergada por las urgencias. La cita es con la Presencia que nos habita. Esa Presencia es callada y respetuosa con nuestros ruidos: espera, aguanta, acoge.

…Y si hoy fuese el último día que tengo para vivir conscientemente dueña de mi ser y de mis decisiones ¿qué haría? Se me ocurre que lo primero que haría sería bajar las actitudes defensivas y reconocer mi humus, de donde vengo y a donde voy.

Todo empieza en la Tierra; mira las imágenes que ofrecemos y escucha tu reacción interior ante la naturaleza en estado puro, sin manipulación ni explotación…todo fluye, no hay violencia, hay vida.

Es la violencia la que causa bloqueos y los bloqueos originan violencia, contra una misma, o contra las personas y sobre lo apropiado de la naturaleza.

Me pregunto ¿cómo expreso mi descontento, mi inseguridad? ¿Ataco a alguien, culpo a los demás? La crítica destructiva es el refugio de los cobardes, de las que no enfrentan.

Por todo ello podemos deducir que la violencia es normalmente signo de inmadurez, de miedo a la verdad liberadora.

Recuerdo una tarde en la calle Arturo Soria de Madrid, dos niños de unos 8 años golpeaban con todas sus fuerzas un árbol, con una rama caída. Su padre a poca distancia pegado literalmente al móvil ni se enteraba. Les dije a los niños, con mucha calma y cara de pena «no le peguéis al árbol, está vivo, y no os hace ningún daño». Me miraron con ojos a cuadros y bajaron su arma. Su padre se percató y acudió: es lo que querían, la atención de su padre que pegado al móvil, no estaba con sus hijos; fue la agresividad de ellos y mi presencia lo que consiguió su atención. La víctima era el árbol, agotado de limpiar contaminación, y apaleado sin sentido pero, también unos niños desatendidos, que tarde o temprano tendrán problemas de atención, de adicción, de depresión…

Esta historia real, insignificante aparentemente, llevada a diferentes aspectos de la vida, y de nuestras relaciones nos invita a preguntarnos, cuando soy violenta o agresiva ¿qué busco?, ¿de dónde arranca ese problema?

Cuantas veces el dolor se expresa con gritos contra alguien. O el maltrato reacciona con maltrato en una espiral de violencia imparable.

Como dice Chittister: En el momento que una mujer descubre que finalmente es respetada por lo que es en sí misma, más que por ser la hija o la esposa de un hombre, halla un pozo de posibilidades dentro de sí.

Hacernos respetar supone que nos respetamos a nosotras mismas y entre nosotras. Una manera muy frecuente de autoviolencia es dar cabida al sentimiento de culpabilidad que el patriarcado perpetra con total indiferencia.

No siempre el patriarcado es masculino. Conozco mujeres que pueden ser más patriarcales que la mayoría de varones y, de hecho, pueden crear violencia de todo tipo, sobre todo, utilizar sutiles herramientas para crear un vacío, una sospecha alrededor de alguna mujer porque es diferente, o porque piensa por sí misma. Si es varón, es un pionero y un creativo, si es mujer…

En 1 Juan 4,20 se nos dice «si alguno dice que ama a Dios pero odia a su hermano es un mentiroso…» me atrevo a parafrasear el texto: si no respetas a tu hermana, tampoco respetas a la tierra. Nuestras actitudes vienen dirigidas desde el interior y no somos uno con unos y otra con otros: o soy, o no soy respetuosa. Cuido o no cuido de no herir a las personas, luego puedo asegurar que también estoy intentando mimar la Tierra herida y violentada continuamente.

Hagamos silencio, silencio no cobarde que nos lleve a acoger luz sobre nuestras actitudes y revisar qué tipo de relación tengo conmigo misma, con las personas, con la Tierra y se deduce qué experiencia voy teniendo de Dios, como es su Presencia en mí.

Es más fácil hacer un listado de derechos que no se cumplen que desde una espiritualidad seria, mirar de frente las causas de mi violencia y atenderlas sin culpabilizarme ni culpabilizar.

DICHOSAS LAS QUE TRABAJAN POR LA PAZ, PORQUE A ESAS LAS VA A LLAMAR DIOS HIJAS SUYAS (Mateo 5,9)

Cerramos los ojos e interiorizamos ese eco, esa fuerza que se despliega dentro, cuando escuchamos el aletear de la verdad del Espíritu en nuestra casa interior.

Y piensa, ora, si fuese tu último día de consciencia consciente, ¿qué harías?, ¿qué defensas derribarías para salir al encuentro de la no violencia, de la paz que te hace hija de Dios?

Espiritualidad Integradora Cristiana

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Georg Bätzing: “Hay gente que quiere mantener su fe, pero no ve cómo pueden hacerlo en esta Iglesia”

Sábado, 27 de noviembre de 2021

Bätzing,_Dr._Georg_2009-08-30“El gran número de personas que abandonan la Iglesia es una señal: las estamos expulsando”

“No hay que preguntarse ‘qué será de nosotros’ como Iglesia sino ‘para quién estamos aquí’. Porque tenemos un mensaje de cuyo poder estoy muy convencido. El Evangelio despliega su poder también hoy. Los sacramentos están ahí para las personas y actúan en sus vidas”

“No soy un obispo para los demás obispos, sino para los fieles de mi diócesis. Tienen derecho a saber lo que pienso y cómo me posiciono. En este sentido, es un deber interior de conciencia si digo aquí y allá muy claramente lo que pienso”

“¿Tengo la expectativa de que el Camino Sinodal exija ahora el sacerdocio para las mujeres? Si lo exigiera, sabemos lo que Roma y el Papa tendrían que responder”

Que la Iglesia universal está en crisis, ya no hay quien lo niegue.  Y no sólo por los escándalos de abusos a menores en su seno sino también por la drástica disminución de sacerdotes y de feligreses. Lo sabe muy bien el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, Georg Bätzing, quien ha mostrado de nuevo su preocupación ante la aparente falta de soluciones reales para paliar los males que corroen la institución. “Si no cambiamos nada, cambiaremos iremos hacia el cero. Necesitamos un cambio radical de perspectiva en la Iglesia”, afirma el prelado en una entrevista a Katholish.de.

Para Bätzing, preguntarse por el futuro de la Iglesia, (“¿Qué será de nosotros?”) es inútil y sólo conduce a la frustración, a la resignación y a buscar culpables. “Durante mis visitas, suelo decir que ninguno de nosotros tiene la culpa, simplemente para crear un poco de libertad y apuntar a un cambio de perspectiva: no hay que preguntarse ‘qué será de nosotros’ sino ‘para quién estamos aquí’. Porque tenemos un mensaje de cuyo poder estoy muy convencido. El Evangelio despliega su poder también hoy. Los sacramentos están ahí para las personas y actúan en sus vidas”, advierte el prelado.

A pesar de que el pasado verano ya mostró su “profunda conmoción y dolor” ante el descenso de fieles en Alemania, Bätzing considera que el mensaje cristiano sigue interesando a la gente, si bien son necesarios nuevos puntos de contacto. “Mi experiencia es que cuando salimos a otros medios, descubrimos gente que tiene las mismas preguntas que nosotros. Es posible que no les preguntes tan alto, o que no tengas compañeros para hablar de ellos. Si te haces presente ahí, en el desinterés, entonces de repente surgen espacios de interrogación. Lo hemos aprendido de maravilla con la cultura de la acogida. Espacios de preguntas y movimientos de búsqueda. No en masa. También tenemos que decir adiós a eso. Ya no seremos un movimiento de masas”.

“El tiempo de la timidez ha terminado”

A sus 60 años de edad, el presidente de los obispos alemanes no esconde sus opiniones sobre temas espinosos como la ordenación de mujeres o el celibato. Preguntado por si no sería necesaria más moderación por su parte, el prelado apunta que el episcopado alemán conoce perfectamente cuáles son sus convicciones. “Saben que no me callo sobre ellos, pero también saben que estoy abierto a las críticas. Si a alguien no le gusta lo que digo, puede decirlo, incluso públicamente. Pero ahora no es momento para la moderación. No soy un obispo para los demás obispos, sino para los fieles de mi diócesis. Tienen derecho a saber lo que pienso y cómo me posiciono. En este sentido, es un deber interior de conciencia si digo aquí y allá muy claramente lo que pienso”, reconoce.

“A mi edad”, agrega el obispo, “el tiempo de la timidez ha terminado. Antes era diferente. Hubo momentos en los que fui más reservado. Pero hay tanto en juego en nuestro tiempo que es importante decir lo que pensamos. Si no podemos hacer eso en la Iglesia, me preguntaría realmente si esta sigue siendo mi casa, y lo es”.

Reconoce Bätzing que en el transcurso de su vida, ciertos puntos de vista se han vuelto más claros. A este respecto, considero que la cuestión de las mujeres en la Iglesia es decisiva para el futuro. “Sobre esa cuestión, he cambiado mucho, de modo que incluso antes de ser obispo ya no veía que los argumentos a favor de que el sacerdocio esté reservado a los hombres sigan siendo asumidos por el pueblo de Dios. Y eso es una cualidad teológica. Si eso ya no ocurre, tengo que preguntarme si puedo argumentar de esa manera. Esa es la pregunta que me hago mucho. ¿Podría entonces imaginarme figurativamente a una mujer asumiendo un oficio sacramental en la Iglesia? Entonces hoy digo: Sí, puedo”, afirma.

 Preguntado por si las posibles trabas a las reformas del camino sinodal alemán podrían empeorar aún más las cosas en la Iglesia, Bätzing considera que no, puesto que ya la institución está en una posición pésima a ojos de la opinión pública y, sobre todo, a ojos de los miembros de la iglesia. “El hilo de la paciencia se estira hasta el punto de ruptura, incluso entre los más comprometidos. El elevado número de personas que abandonan la iglesia son señales: os estamos expulsando. No están contentos con la forma en que la Iglesia está cambiando y con el ritmo del cambio. Les gustaría formar parte de ella. Quieren mantener su fe, pero no ven cómo pueden hacerlo en esta Iglesia. Así que el drama ya está ahí. No puede ser peor”, resume.

Con respecto al Camino Sinodal, Bätzing reconoce que se trata de gestionar las expectativas. “¿Tengo la expectativa de que el Camino Sinodal exija ahora el sacerdocio para las mujeres? Si lo exigiera, sabemos lo que Roma y el Papa tendrían que responder. No puede introducirlo en absoluto, ahora, sino sólo a través de un proceso conciliar. Por lo tanto, esta exigencia sería imprudente y, en mi opinión, no se producirá”.

Fuente Religión Digital

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“Y las mujeres siguen pidiendo lo que les pertenece ¿Cuándo se les devolverá lo que es suyo?”, por Consuelo Vélez

Viernes, 26 de noviembre de 2021

Se ha dado a conocer el “Documento para el Discernimiento comunitario de la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe que fue inaugurada el 24 de enero de 2021, seguida por una fase de escucha cuyo resultado ha sido este Documento y que tendrá su encuentro presencial y virtual en la semana del 21 al 28 de noviembre próximos en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en México. Recordemos que esta Asamblea tiene como novedad que no es sólo Episcopal sino de todo el Pueblo de Dios. El propósito de esta Primera Asamblea es hacer memoria de los aportes teológicos y pastorales de la V Conferencia de Aparecida, celebrada en 2007 y formular las orientaciones pastorales prioritarias que animarán nuestro caminar para los próximos años.

 El Documento para el Discernimiento comunitario tiene cuatro capítulos. El primero presenta el horizonte y propósito de la Asamblea recordando que desde las Conferencias de Medellín y Puebla la opción preferencial por los pobres ha sido una característica central de la Iglesia del Continente. El segundo capítulo muestra el entronque de esta Asamblea con la Conferencia de Aparecida resumiéndolo en la afirmación de “Todos somos discípulos misioneros en salida”. El capítulo tercero se refiere a los signos de nuestro tiempo que nos interpelan: la pandemia, el cuidado de la Casa Común, la creciente violencia en nuestras sociedades, el fortalecimiento de la democracia y la defensa y promoción de los derechos humanos y la educación integral y transformadora. Finalmente, el capítulo cuarto, trata los signos eclesiales que más nos interpelan: la Iglesia sinodal, el reto de anunciar el evangelio a las familias hoy, los jóvenes protagonistas de la sociedad y de la Iglesia hoy, de la pastoral en la ciudad a la pastoral urbana, un nuevo lugar para la mujer en la Iglesia y en la sociedad, el clericalismo, los casos de abuso en la Iglesia y el movimiento evangélico-pentecostal. En cada uno de estos signos se recoge lo expresado en la fase de escucha. Con seguridad no todos los participantes en esa fase expresaron las mismas inquietudes, ni las plantearon desde la misma perspectiva. Pero el Documento hace una síntesis que nos permite ver lo que preocupa, interpela, pide una respuesta.

En lo que me quiero fijar es en el signo eclesial sobre las mujeres que es uno de los temas pendientes en la Iglesia y en el que no se acaban de dar todos los pasos necesarios. Si recordamos, en el Documento final del Sínodo sobre la Amazonía (2019), documento que el papa Francisco dice que hay que tener en cuenta junto con la Exhortación Querida Amazonía (2020), se hicieron peticiones muy concretas sobre conferir ministerios a las mujeres y a los varones de forma equitativa e incluso se solicita el diaconado para las mujeres. El papa respondió en Querida Amazonía que los ministerios ordenados están reservados a los varones. De todas maneras, hay que reconocer pequeños pasos que se han dado desde entonces. Por una parte, se modificó, por petición del papa, el canon del Derecho Canónico que restringía los ministerios de lectorado y acolitado solo a varones. Ahora ya no hay excusa para que algunos presbíteros impidan que la mujer ejerza esos ministerios. Por otra parte, el papa ha nombrado a varias mujeres en algunos puestos de responsabilidad.

Pero la urgencia de una participación plena de las mujeres en la Iglesia sigue pendiente y es así como se expresa en el Documento para el Discernimiento comunitario de la Asamblea eclesial. En el numeral correspondiente a este ítem se estructura con las siguientes expresiones: lo que más duele, lo que nos da esperanza, lo más ausente, lo más presente y propuestas. Se refiere al ámbito social en el que se pide, especialmente, erradicar todas las violencias contra las mujeres y cómo la Iglesia también ha de levantar su voz para denunciar y exigir un cambio en este aspecto. Pero en el ámbito eclesialse sigue insistiendo en lo que todavía falta: que se acabe la desigualdad en razón del género, fruto del machismo, la falta de escucha y el no reconocimiento del empoderamiento de la mujer. Además, se recuerda, que la verdadera Iglesia de Jesucristo será aquella que reconozca en plenitud el trabajo de las mujeres y así contribuya también como institución social, a un mundo sin misoginia ya que, en no pocos casos, algunas autoridades son conservadoras, machistas y clericalistas dificultando el acceso de las mujeres a roles de liderazgo o dirección en una Iglesia dominada por varones, cuando ellas son la gran mayoría del pueblo de Dios. Refiriéndose a las religiosas llama la atención la conciencia, cada vez mayor, de que muchas veces se les relega al servicio doméstico de los varones, supeditadas al sacerdote o diácono permanente, ignorando o minimizando su voz. En ámbitos eclesiales la teología sigue siendo patriarcal, no liberadora, sin considerar el pensamiento de la mujer. La Iglesia no se abre seriamente a la reflexión sobre la posibilidad de recepción de ministerios ordenados para las mujeres cuando la Iglesia está poblada mayoritariamente por mujeres y duele que la mujer no pueda votar en algunas de las estructuras formales de la Iglesia.

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Como puede verse, las mujeres siguen pidiendo lo que les pertenece. En efecto, los estudios sobre la praxis de Jesús -su anuncio del reinado de Dios y el discipulado que se formó en torno suyo- y la organización de las primeras comunidades cristianas muestran la inclusión efectiva de las mujeres en roles de decisión, liderazgo y ministerial. O sea, las mujeres no están pidiendo algo inédito para ellas sino lo que les pertenece pero que la institucionalización y sacerdotalización posterior de la Iglesia fue quitándoles. Y, lamentablemente, la resistencia a hacer cambios es muy grande, expresándose en la creación de comisiones para estudiar si hubo diaconas en los orígenes de la Iglesia -vamos por la segunda comisión con el papa Francisco pero este tema ya había sido abordado antes, sin resultados positivos- y también en la resistencia de muchos cristianos, no solo clérigos sino varones y muchas mujeres, que no logran entender el sistema patriarcal en el que vivimos y se refleja en una iglesia encarnada en la historia y por eso, el documento para el discernimiento, afirma explícitamente: “falta a la mujer una mayor educación para cambiar el paradigma de sí misma y de su aporte a la sociedad y a la Iglesia”.

En definitiva, la Asamblea ya está a puertas de realizarse y esperemos dé frutos abundantes de renovación no solo para esta deuda pendiente con las mujeres sino para todos los otros signos sociales y eclesiales que interpelan y exigen una respuesta desde la fe. No me cabe la mejor duda de todo el esfuerzo, dedicación y compromiso que han puesto los organizadores. Pero mirando la dinámica de lo propuesto para su realización ya se ven ciertas ausencias del protagonismo laical: los saludos de bienvenida y discursos iniciales serán hechos por el clero. Las tres charlas sobre temas de reflexión están a cargo de presbíteros. La secretaria general la encabezan los clérigos. Sólo en algunos paneles y en ayudas para las síntesis y discernimiento aparecen algunos laicos/as y religiosas. Por supuesto los grupos de discusión contarán con la presencia fuerte del laicado, pero sigue la pregunta: ¿Cuándo la estructura de la Iglesia y la de los eventos eclesiales comenzará a reflejar una Iglesia sinodal? Esperemos que algo se avance aquí y el Sínodo sobre la sinodalidad continúe trabajando hacia ello.

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“Conversión al feminismo sin convenciones ni simulacros”, por Jorge Costadoat

Jueves, 25 de noviembre de 2021

Revuelta-mujeres-Iglesia_2319678023_15371191_660x371De su blog Cristianismo en construcción:

La liberación y dignificación de la mujer equivale a una salida de las cavernas

Los cristianos tendríamos que ver en el objetivo final del feminismo una nueva creación. No basta desideologizar la relación entre Adán y Eva, Es necesario tomar en serio la intuición de San Pablo, de acuerdo a la cual en Cristo “no hay hombre ni mujer”, pues en él todos son uno (Gál 3, 28)

No parece que las conversiones singulares de los sacerdotes sean suficientes para reformar estructuras fosilizadas. Lo único que parece tener futuro, según parece, es una nueva versión del cristianismo, una en que hombres y mujeres participen en su Iglesia con igual dignidad

Entiendo que el feminismo es una lucha por la igualdad. Sé que es mucho más que esto, pero, si no me equivoco, su principal objetivo es superar una desigualdad, un modo de ser diferentes que hasta ahora se ha traducido en servidumbres, menoscabos y abusos de diverso orden en perjuicio de las mujeres. Mi opinión es que se hace necesario convertirse al feminismo.

Tal igualdad, me dicen, tiene por fin último un incremento en humanidad para hombres y mujeres, lo cual sería imposible de lograr sin una colaboración entre ambos. Debiera quedar atrás un modo ideologizado de entender la diferencia (que convierte a las mujeres en objetos de manipulación). A cambio, debiese prosperar una diferencia realizadora (que consista en que las mujeres sean sujetos capaces de relacionarse en términos de igualdad en dignidad y derechos con los varones, y también entre sí).

 (Sé que hablo de un campo desconocido. Tengo pendiente leer a Judith Butler. Conozco, del tema, la teología feminista. Una amiga teóloga me obliga a citar mujeres. No lo hago por ser políticamente correcto. Estoy convencido de su enorme valor).

 ¿Dónde estamos? Hemos avanzado mucho. Tantos hombres reconocemos que la liberación de las mujeres nos ha hecho mejores. Es más, veo que hombres y mujeres en la casa y el trabajo están creando algo completamente nuevo, distinto a los productos de las relaciones asimétricas tradicionales. No es cuestión solo de cambiar pañales. Se progresa en pagar sueldos parejos, en reconocer también un valor monetario a aquello que no es posible calcular en pesos, eso que se llama amor y que hace las veces de locomotora de esta causa.

(Los cristianos tendríamos que ver en el objetivo final del feminismo una nueva creación. No basta desideologizar la relación entre Adán y Eva. Es necesario tomar en serio la intuición de San Pablo, de acuerdo a la cual en Cristo “no hay hombre ni mujer”, pues en él todos son uno (Gál 3, 28)).

Por cierto, debe reconocerse que los avances realizados son fruto de una lucha. Todos juntos tendríamos que llegar a ver que hay prácticas y actitudes que tenemos por naturales, pero que debieran dejar de serlo. Hay tironeo, obvio. Los hombres tendremos que aguantar el chaparrón. Estamos hablando de injusticias milenarias. Pero la lucha es lucha. Para que se cumpla el objetivo, los hombres no podemos tolerar demandas irracionales. Aquello de que se trata lo conseguirán los géneros juntamente y no mediante la imposición de uno sobre el otro. Ambos están obligados a un discernimiento de los mejores caminos.

(El feminismo es una actividad espiritual. Es fruto de una inspiración. El Espíritu moviliza, da fuerzas. Es una pasión animada por el mártir Jesús, dirían los cristianos).

Hablo de conversión. No se trata de cambios exteriores, de concesiones, menos aún de simulaciones. Se hace necesario un cambio que provenga del corazón. La locomotora que tire de los carros, digo, ha de ser el amor. El amor conjura miedos atávicos. Hombres y mujeres han de cambiar por dentro, dejando atrás el machismo que los barbariza y reconociendo en el otro algo sin lo cual no se llegará a ser sí mismo.

(En la Iglesia católica reina la barbarie. Cristianos y cristianas se distancian cada vez más de una institución eclesiástica masculina impermeable al Evangelio. No parece que las conversiones singulares de los sacerdotes sean suficientes para reformar estructuras fosilizadas. Lo único que parece tener futuro, según parece, es una nueva versión del cristianismo, una en que hombres y mujeres participen en su Iglesia con igual dignidad).

La liberación y dignificación de la mujer equivale a una salida de las cavernas. La lucha por esta posibilidad no es exclusiva de las mujeres. También los hombres tendrían que ser feministas. No es necesario que se vuelvan femeninos. Sería ridículo. Bastaría con que fueran los varones que están llamados a ser.

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Anna Seguí ocd : “No reconocer y aceptar la llamada vocacional de las mujeres al sacerdocio es un pecado contra el Espíritu Santo”

Miércoles, 10 de noviembre de 2021

Sueno-Iglesia_2390170977_15769557_660x371“Las rejas no fueron iniciativa de las monjas, sino una imposición de la jerarquía eclesiástica”

“El sí a Jesús, ser y hacer Iglesia, son realidades claras en mí, pero la controversia con el sistema eclesial también es patente y no pocas veces disidente, no soy una ortodoxa”

“Creo que estas dos realidades – Mujer y Evangelio – están profundamente conectadas, porque, si hay alguien que no abandonó nunca a Jesús fueron las mujeres. Ellas, desde el nacimiento hasta la cruz y resurrección, son las que intuyeron con más agudeza la novedad de vida que Él ofrecía”

“Para muestra de la fuerza de imposición y dominio por parte de la jerarquía sobre las mujeres, es la clausura de las monjas de vida monástica-contemplativa. Las rejas no fue iniciativa de las monjas, fue imposición de la jerarquía eclesiástica”

“No reconocer y aceptar la llamada vocacional de las mujeres al sacerdocio en favor de las gentes, es un pecado contra las inspiraciones del Espíritu Santo, que es quien llama y envía. Esto ya no tiene justificación ni espera”

Introducción

Hermanos y hermanas: En primer lugar, deciros un amplio gracias, por vuestra invitación y confianza puesta en mí. Creedme, he aceptado porque yo, esta confianza, la tengo también puesta en vosotros, me siento parte integrante del grupo, en comunión, comunicación y oración plena con todos.

 El tema que se me ha pedido, Mujer y Evangelio, me ha sido de mucho agrado, porque vivo de lleno una vida para el Evangelio, como el mejor modo de vivir y de ser mujer. Como puedo, y puedo poco, intento hacer de Jesús el centro de mi vida y todo lo vivo referido a Él. Su humanidad alienta la mía, su modo de “pasar haciendo el bien” (Hch 10,38) da sentido a mi hacer y proceder, su libertad, mi libertad, su amor, mi amor, su perdón, mi reconciliación y fiesta. Al fin, como dice Juan de la Cruz.  “Amada en el Amado transformada”.  Dios nos lleva en un proceso transformador hasta el fin.

No podré dejar de reflejar que, como mujer adherida a Jesús y de Iglesia, muchas cosas las vivo en conflicto. El sí a Jesús, ser y hacer Iglesia, son realidades claras en mí, pero la controversia con el sistema eclesial también es patente y no pocas veces disidente, no soy una ortodoxa. Pero miro a Jesús y me descansa ver que Él tampoco fue un ortodoxo, también mantuvo una actitud controvertida ante el poder del sanedrín y las autoridades judías, chocó frontalmente con lo establecido y le valió la muerte en cruz. Sigo a Jesús porque su vida me convence, porque abrió un camino de libertad, amor y confianza que me pone seguridad. Porque me ha sostenido en mis muertes y me ha resucitado. Por esto y mucho más, yo quiero ser testigo de Jesús, viviendo con Él y con los hermanos una vida para el Evangelio. Y con este preámbulo comienzo el tema.

 DegustarElAntiguoTestamento

 

Mujer y Evangelio 

Creo que estas dos realidades – Mujer y Evangelio – están profundamente conectadas, porque, si hay alguien que no abandonó nunca a Jesús fueron las mujeres. Ellas, desde el nacimiento hasta la cruz y resurrección, son las que intuyeron con más agudeza la novedad de vida que Él ofrecía. Junto a Jesús se sintieron acogidas, curadas, perdonadas, amadas, interpeladas, hasta hacerse seguidoras incondicionales de un hombre que no las condenaba ni las discriminaba, a su lado se hallaron amadas, respetadas y favorecidas por Él.

Pero no quiero incidir mucho en lo de “la mujer”, prefiero englobar el término humanidad, junto con seguidores y seguidoras de Jesús, como inclusión de todos y todas, porque en Jesús, todos y todas, recibimos la plena justicia del Reino. La exclusión no viene por Él, sino de los varones del sistema patriarcal que, más que atender al Evangelio, comienzan a mirar más los intereses de poder, dominio y control, que la posibilidad de expansión del Reino por medio de las mujeres.

Cuando comienza la institucionalización de la Iglesia, para los hombres pronto se hace intolerable que la mujer tenga la misma posibilidad de palabra, puesto y acción que ellos. Así, durante el siglo segundo, se inicia una nueva discriminación y exclusión. Hay una frase concreta en 1Co 14,34 que dice: “Las mujeres deben guardar silencio en las reuniones de la iglesia, porque no les está permitido hablar. Deben estar sometidas a sus esposos, como manda la ley de Dios. Si quieren saber algo, que se lo pregunten a ellos en casa, porque no está bien que una mujer hable en las reuniones de la iglesia”. Esto es determinante para ver lo pronto que la mujer queda excluida del sistema que se iba formando. Aunque los expertos dicen que esta frase no es de Pablo, sino una interpolación tardía de los “paulinistas”, para reforzar sus teorías patriarcales con la autoridad del apóstol. Pablo se valió de las mujeres para crear comunidades, lo hacía con amplia libertad, no las excluye. Aunque también fue cediendo a causa de los conflictos que empezaba a causar el protagonismo femenino.

Añado también que no debemos medir el seguimiento y los servicios en la comunidad eclesial desde el sexo, hombre o mujer, sino desde la disponibilidad a ejercer los diferentes carismas que el Espíritu Santo inspira en las personas, sea hombre o mujer, para el servicio. Lo importante es la atención a las gentes e implantar la verdad, bondad y belleza de una vida para el Evangelio. Lo decisivo es que todos puedan conocer a Jesús y la vida que nos ofrece. “Ya no tiene importancia el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos sois uno solo” (Gal 3,28). Hombre y mujer somos humanidad de Cristo. Y llevamos siglos y milenios, sometidas las mujeres a esta discriminación mantenida por las leyes y jerarquía eclesiástica. Esto no es de Jesús, no del Evangelio, no es de Dios. Ser humanidad nueva, es fomentar la integración de todos, no ser excluyentes. La vida del Reino que Jesús ha venido a implantar es misericordia y justicia Dios.

Hemos de tener la valentía de eliminar toda forma de dominación sobre las demás personas. Sobre las mujeres en la Iglesia, esto es una tarea que la jerarquía eclesiástica debe afrontar con inmediatez. Y ya no lo vamos a callar. Es un pecado que todavía no han reconocido. Las mujeres deben, como los hombres, no solo ocupar puestos de responsabilidad, sino también acceder a la posibilidad de diaconado y presbiterado, ya que se ha demostrado que no hay razones teológicas para no ejercer este servicio, como uno más dentro de la Iglesia.

magdalena-jesus-640x480En la sociedad del tiempo de Jesús, la mujer era un ser relegado a la custodia de los padres y, una vez casada, quedaba sometida al marido. La vida pública no les estaba permitida y su sometimiento estaba reglado hasta en la forma de vestir. Era obligatorio el velo en la cabeza y la cara cubierta para no ser vista. A los doce años era considerada mayor y casadera. El marido podía tener otras mujeres y pedir el divorcio, ella era mujer de un solo marido y sin derecho a pedir divorcio. Si no tenía hijos, el marido podía divorciarse y tomar otra mujer. Según la Ley, todo judío tenía que subir a Jerusalén, para las mujeres no era necesario. Los evangelios relatan que Jesús subió a Jerusalén acompañado por las mujeres y discípulos varones juntos. Los niños aprendían a leer la Torá, las niñas no.

En el Templo había un lugar reservado solo para las mujeres y solo escuchaban la liturgia sin participación. Y para colmo, estaban etiquetadas de chismosas y mentirosas. Sin embargo, Jesús no hizo caso de estas normas y se dejó acompañar por las mujeres. Su relación con ellas fue de abierta naturalidad, dialogaba con ellas, las curaba, las perdonaba, entraba en sus casas a hospedarse. Recriminó a los hombres su actitud sobre al divorcio y dejó claro que el peor adulterio es la perversión del corazón. Todas estas cosas ponían a las autoridades judías y hombres de la ley en guardia contra Jesús por su atrevimiento y por cuestionar las tradiciones y leyes.

Es muy significativa la amistad de Jesús con María Magdalena. Su relación con ella refleja un particular afecto, delicadeza y finura de trato. Ella será la que inicie la vida nueva del Jesús resucitado. Mientras los discípulos huyeron tras el arresto por miedo a los judíos, las mujeres siguieron los acontecimientos de cerca, no le dejaron solo. El amor hace capaz a las mujeres de permanecer al pie de la cruz. El amor las tiene en vilo para ir temprano al sepulcro y hallarlo vacío. Surge el espanto, ¿qué han hecho con el cuerpo?, ¿dónde lo han puesto? A la entrada del sepulcro hay oscuridad, vacío y desconcierto. María llora, busca y espera. Cuando cree ver al hortelano le pregunta si se lo ha llevado él. Jesús la llama: “¡María!”, ella se llena de asombro, le reconoce y exclama: “¡Rabboni!, Maestro”.

A los pies del Resucitado lo quiere apresar, pero Jesús le dice: “Suéltame”, para poder ser el amor humano-divino, para que el amor dilate lo poco que has alcanzado y vislumbrado de mí. Las migajas que has saboreado quieren ser pan que abastece la necesidad. “Suéltame”, para que puedas contemplar a Dios y puedas así transformar el mundo conmigo. No huyas del mundo, no le temas, no me busques fuera de él. Yo vivo inmerso en él, yo amo este mundo, yo he venido por amor a redimirlo, hállame en él, lo harás cuando me halles en ti y en los hermanos, cuando aprendas a hallarme en todo.

Llamar Jesús por su nombre a una mujer es darle identidad, dignidad, reconocimiento. Y en la pronunciación del nombre, la humanidad entera queda llamada a reconocer a su Señor, cada uno adivina y oye su nombre porque, en el nombre de “María” está inscrito nuestro nombre, los nombres de toda la humanidad. Los hijos e hijas de Dios hemos sido llamados a hacer expansivo el mensaje de la salvación hasta los confines de la tierra. Ha nacido la misión. Hemos visto al Resucitado y hemos creído en Él. No se trata de un tocar y palpar físicamente. La vida de fe tiene ojos interiores, otra mirada, otra luz, otra manera de ver y entender. El Resucitado es la vida nueva que todo lo ilumina. Todo va a ser diferente, la humanidad irá de liberación en liberación, una libertad imparable que a todos pone alas.

La fe de la Iglesia nace del Jesús resucitado que se ha aparecido a sus discípulos. La fe en el Resucitado es afirmación de nuestra propia resurrección. Hemos resucitado con Él, la fosa ha quedado vacía para siempre, Jesús nos ha sacado de nuestros sepulcros de muerte, por delante es la luz del Resucitado. Ya nadie va a morir. Somos los hijos e hijas de la Luz y la vida, y Jesús nos ha sentado con Él junto al Padre, toso está cumplido. Estas verdades de fe son ya realidad aquí y ahora. El cielo ha comenzado en este suelo. Somos los libertados, nadie está por encima de nadie. Todos recibimos el hálito del Espíritu Santo, que nos llena de Dios mismo. Ha comenzado el tiempo de la comunidad y la fraternidad que nos iguala a todos.

Las mujeres a lo largo de la historia de la Iglesia

A vista de pájaro vemos que Jesús, además del grupo de los Doce, se deja acompañar por las mujeres. Tras la resurrección, comienza la misión y con los apóstoles, las mujeres son testigo principal del anuncio. En Hechos de los apóstoles vemos la presencia de mujeres como Prisca y Áquila, Lidia Trifena, Trifosa, Pérside. Febe y Junia, como diaconisas, al frente de comunidades. Se reunían en sus casas, rezaban y comían la cena del Señor. Pablo cita también a Lidia, Ninfa Evodia y Síntique. Consta que hubo entre ellas diaconisas y profetas.

A lo largo de la historia, las mujeres serán presencia principal en la transmisión de la fe a las generaciones nuevas, en el hogar con los hijos, amigos y vecinos. Practican las obras de caridad asistiendo a los necesitados. Sin embargo, dentro de la Iglesia, tanto las mujeres como el pueblo de Dios, quedaron relegados a una simple asistencia de cumplimientos sacramentales, ritos, catequesis, sin implicación en puestos de gobierno, porque todo fue pasando a manos del clero que, entre religiosos, curas y monjes, lo clerical creció como un gran ejército, quedando las mujeres y el laicado al margen de todo. Bajo un imperio cada vez más poderoso y controlador.

1 hxYO978sX2equgPFuVYYIwDurante la Edad Media fue impresionante la gran obra de las beguinas. Estas mujeres seglares fueron capaces de organizarse y adquirir una autonomía propia que se expandió por toda Europa, llegando a ser más de un millón. Esa autonomía era un reclamo para las jóvenes de su tiempo, porque les permitía una libertad de la que no gozaban en sus casas ni en la sociedad. Tanto los edificios como la labor humanitaria emprendida, fue todo iniciativa de ellas. Asistían a enfermos y a los pobres, enseñaban a leer y escribir a los niños. Su actividad era una auténtica caridad cristiana. Era también lugar de encuentro de algunos clérigos que se acogían a su formación intelectual y a la comunicación y acompañamiento de almas. Trabajaban para mantenerse, cultivaban la formación y la vida de oración. Las hubo muy cultas. Admirable fue la obra de Margarita Porete, con su libro El espejo de las almas simples, un auténtico libro de mística, que le valió ser llevada a la hoguera, condenada por las autoridades eclesiásticas.

Y como siempre ha sucedido a lo largo de la historia con toda obra emprendida por mujeres, pronto fue controlada por la jerarquía eclesial, que no miraba con buenos ojos aquella propagación y autonomía que tenían y que iba en aumento. Finalmente fueron sometidas por las autoridades que las dispersaron encerrándolas en conventos. En la vida monástica y contemplativa, muchas fueron las que destacaron en la promoción de las mujeres cultivando lo intelectual, lo artístico, la vida común, el trabajo. Gran ejemplo fue Hildegarda de Bigen, escritora de libros de medicina y de mística. Clara de Asís, destaca por ser la primera mujer que escribió una Regla para conservar la obra de su hermano y amigo Francisco de Asís. Los escritos de Santa Teresa de Jesús, primera mujer que fundó una orden de religiosos.

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Con ella se estabiliza el eje

Sábado, 6 de noviembre de 2021

ECzNNAeWsAIkrVOCuando la mujer encorvada (Lucas 13, 11-13) se enderezó, no fue un milagro. Simplemente acogió la energía de liberación integral, sobre todo religiosa, que Jesús le aplicó con su tacto. La carga la mantenía doblada ¡placer patriarcal!

Ella, responde a su identidad que tiene arrinconada, porque así se lo han comunicado, en nombre de un dios que ha apoyado una continuidad de abusos que nos escalofrían y estremecen. Y no sabemos de la misa la media.

Desde nuestra página y blog apoyamos totalmente el Manifiesto del VII Encuentro Estatal de Redes Cristianas (https://eclesalia.wordpress.com/2021/10/25/maniviesto-del-vii-encuentro-estatal-de-redes-cristianas/); sólo un matiz a objetar queridxs hermanxas: el orden de las prioridades en vuestras declaraciones: en 6º lugar, al fin aparece, vuestro posicionamiento respecto al papel de la mujer.

Nosotras, desde una posición de libertad y de haber sido enderezadas, no una vez, sino casi a diario, porque casi todo está intoxicado de patriarcado, sugerimos que si la mujer enderezada tuviera el 50% compartido con el varón, de voz y voto en todo, el resto no sería necesario. Es decir:

-la situación del Planeta no habría llegado a este extremo gravísimo, casi irreversible, porque también en el resto de decisiones políticas, económicas…habría personas enderezadas por su conciencia de saber quiénes son. No sólo por el hecho de ser mujeres, sino personas integradas en su complejidad masculina y femenina, sin negar ningún aspecto, e integrando el equilibrio que equilibra.

Más que dedicarnos a enderezar, que también, intentamos trabajar para evitar el doblamiento del eje de la vida de personas. No podemos salir del mundo que tenemos pero podemos elegir si caminar con botas aplastando lo pequeño con nuestro paso urgente para apagar fuegos o ir descalzas, pisando tierra sagrada, y dejando la mínima huella ecológica posible. Y conservando el agua para la vida, no para apagar los fuegos patriarcales.

¿Qué hizo la encorvada el día después? Sólo puedo interpretar entre líneas, desde lo que hice yo.

Tenía 16 años, rebeldilla e inquieta. Me acababan de decir en lo más recóndito de mi ser que era hija de Dios, y me fue calando, hasta hoy. Ese descubrimiento me condujo a una relación, aprendida de labios de Jesús, con un Dios cercano, el Abba de quien Jesús habla y con quien habla.

El día después estás como llena de una vida que no sabes explicar pero que te va cambiando, y aunque vas dejando cosas, algunas personas… no te duele, porque el cambio supera a la pérdida.

Es en esa experiencia de amor, donde, día a día, el eje se va equilibrando. ¿Qué haría la encorvada ahora enderezada? Sin lugar a dudas, lo primero mirar a los ojos, al Maestro, a las personas. ¡Wow! Eso tiene que ser impresionante. De tanto mirar el suelo, al polvo y tragarlo, se le había olvidado la mirada que la mantendrá ya recta y segura de por vida.

Con ella me atrevo a decir, nos pueden quitar espacio, pero no libertad. Nos pueden ningunear pero no callar, nos pueden invisibilizar, silenciar, pero sólo en sus lugares, la mayoría usurpados e inmatriculados, de los que disponen en nombre de su dios.

He aprendido, a fuerza de desprecios, a sospechar que cuando hay arrogancia hay doble vida. Y no falla casi en ningún caso: el vecino religioso que se pasea abrazado de su querida, durante sus vacaciones anuales, hace 30 años que les veo. El todopoderoso director diocesano que te trata como a una sirvienta y hoy está acusado de abusos a niños y retirado del ministerio sacerdotal. El rígido que cuando, para pagarnos estudios, limpiábamos sus habitaciones, salían revistas porno al mover algún mueble. El gran párroco predicador de éxito que vivía con su pareja en una subvivienda construida con toda clase de lujo desde la sacristía… ¿sigo? La religiosa que tuvo que empujar con fuerza al cura que la quería abusar, porque decía que era la única de la comunidad que se le resistía, en África.

Modos de saludar de algunos ordenados, incluidos diáconos “pero vosotras, ¿quiénes sois?, ¿qué queréis?, ¿ya habéis ido al obispo?”, “no vais a quitarnos a la gente”

Todo empieza en nuestra experiencia. Si alguien valora tanto el poder y el dinero es porque no ha descubierto el valor de su vida y tiene que buscar afuera lo que no descubre dentro.

La tarea es descomunal, todo empieza en la experiencia. Si Hitler hubiera experimentado el Amor, la historia sería diferente. Si los obispos y cardenales, experimentaran el Amor, no se darían esos escándalos y abusos que con arrogancia nos han ocultado, y a las mujeres nos siguen tratando como a seres inferiores y no tienen idea del descalabro causado y que siguen causando.

El tema de la mujer no es un tema. Estamos hartas de que nos traten como a temas a debatir, como hasta donde pueden “ellos” dejarnos hacer. Es tan ridículo como habitual, y así seguimos. Como las mujeres maltratadas que tan pronto denuncian al maltratador como retiran la denuncia…cada vez que apoyamos el sistema injusto, de abuso y explotación en que se ha convertido la institución, es como retirar la denuncia.

“Dominar” es la tentación del débil. Deriva en un controlar y que no me controlen; decir y que no me digan…y no va con género. Repetimos esquemas, fuí dominada, reproduzco el esquema…o no.

Aquí entra Jesús “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”, parafraseando diría, “que lo femenino sea liberado en ti, porque eres hijx de Abrahán” y así, poco a poco, el dolor se integra, la humillación se perdona, pero no se permite.

La encorvada hoy enderezada, camina tranquila con su Dios y con las comunidades que, lentamente van surgiendo del humus de la vida y del evangelio, con sencillez y realismo, el eje se recoloca.

Algo así como volver a nacer. Así es la experiencia de ser enderezada. Deseo esta experiencia a cada ser humano. Y si así ocurriera, todo, absolutamente todo sería diferente y las prioridades estarían en orden.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

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“Santa Teresa de Jesús: inquieta, andariega, desobediente y mucho más…” , por Consuelo Vélez

Miércoles, 27 de octubre de 2021

TERESA LA GRANDE BDe su blog Fe y Vida:

Pero lo que más me encanta de Teresa es lo que un nuncio del Papa, afirmó de ella: “…fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra, contra lo que San Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen”

Personas como Teresa son las que necesitamos en este tiempo en que el Papa Francisco ha convocado al sínodo sobre sinodalidad: un tiempo para escucharnos, encontrarnos y discernir sobre los desafíos que vivimos

El 15 de octubre se celebra la fiesta de Santa Teresa de Jesús. Su vida y su obra mantienen actualidad porque ella fue una mujer que supo vivir en “su tiempo” y “adelantada a este”. Vivió en su tiempo y afrontó las circunstancias que su momento le deparaban, con naturalidad, confianza, intrepidez. Pero también vivió adelantada a su tiempo porque rompió moldes y estereotipos de su época, ganándose así enemigos y contradictores. Muchas cosas podríamos decir de ella para mostrar la actualidad de su legado. Recordemos algunas para celebrarla en su fiesta.

Fue una mujer a la que le importaba lo que pasaba y sentía la necesidad de implicarse en ello para dar alguna respuesta. Así lo expresa: “Está ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo, como dicen, pues le levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo, ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que, por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No, hermanas mías, no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia”. O, como también lo expresó: “Veo los tiempos de manera que no es razón desechar ánimos virtuosos y fuertes, aunque sean de mujeres”. Por supuesto esta expresión refleja la comprensión sobre las mujeres de aquella época -y de aún hoy en ciertos sectores-. Pero para ella, aquellas que tildan de “débiles”, en realidad tienen “ánimos virtuosos y fuertes”.

 Su mayor legado fue la experiencia de oración que supo vivir y enseñar, especialmente, a sus monjas. En tiempos donde no estaba permitida la oración mental para las mujeres, ella no duda en instar a sus hermanas que emprendan el camino de oración y que ante las críticas que puedan recibir de parte de los clérigos por tener la osadía de seguir ese camino, no les hagan caso porque, según ella, esas críticas –“son opiniones del vulgo”-; y también les recomienda que cuando les digan que dejen la oración, apelen a la regla que “manda a orar sin cesar”.

Dos cosas son centrales para ella en la oración: (1) la importancia del amor y (2) la humanidad de Cristo. Lo primero es muy significativo porque no es la oración por la oración, no la propone como una técnica, un ascetismo -como a veces se enseña hoy- porque lo que interesa es el amor: “no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho, y así lo que más os despertare a amar, eso haced”. Lo segundo es definitivo: la humanidad de Cristo es el medio para la más subida contemplación, aunque sus contemporáneos lo negaban: “Y veo yo claro (…) para contentar a Dios y que nos haga grandes mercedes, quiere sea por manos de esta Humanidad sacratísima, en quien dijo Su Majestad se deleita (…) He visto claro que por esta puerta hemos de entrar (…) Así que vuestra merced, señor (el P. García de Toledo) no quiera otro camino, aunque esté en la cumbre de la contemplación, por aquí va seguro (…) y en tiempo de sequedades, es muy buen amigo Cristo, porque le miramos Hombre y lo vemos con flaquezas y trabajos y es compañía”. Busca orientaciones sobre su propio proceso de oración, pero lo hace con personas “letradas” –porque sabe lo fácil que es caer en cualquier tipo de explicaciones falsas- pero, al mismo tiempo, para ella la oración es fuente de sabiduría porque la verdad de Dios se nos entrega en la oración, en el trato amistoso con Él”. Por eso puede contradecir a quienes le dicen que no tiene razón.

Algo sorprendente son las fundaciones que hace. No hay dificultad humana que se lo impida porque su confianza es absoluta en Dios y sabe que, si ella pone todo de su parte, Dios no dejará la obra inconclusa. Sabemos que no solo funda conventos de mujeres sino también de varones. Y parece que no le tema a nada. Es capaz de enfrentarlo todo y no cesa de buscar soluciones a las dificultades que se le presentan. Actúa con astucia para conseguir lo que persigue y sabe ocultar sus intenciones para no ser reprobada por los superiores hasta que se realiza la obra: “Y así me determiné de hablar al gobernador, y me fui a una iglesia que está junto con su casa y le envié a suplicar que tuviese por bien de hablarme. Había ya más de dos meses que se andaba en procurarlo y cada día era peor. Como me vi con él, le dije que era recia cosa que hubiese mujeres que querían vivir en tanto rigor y perfección y encerramiento, y que los que no pasaban nada de esto, sino que se estaban en regalos, quisiesen estorbar obras de tanto servicio de nuestro Señor. Estas y otras hartas cosas le dije con una determinación grande que me daba el Señor; de manera le movió el corazón, que antes de que me quitase de con él, me dio la licencia.”

Gracias a sus escritos podemos hoy seguir profundizando en su legado. Una y otra vez se estudian, se meditan, se oran, se reflexionan sus obras y siempre se saca mucho provecho de ellas. En sus escritos también muestra su osadía y su estar adelantada a su tiempo. Más de una obra fue cuestionada y retirada, pero la fuerza de su experiencia permitió que se recuperaran y podamos seguir aprendiendo hoy de su inmensa hondura espiritual.

Pero lo que más me encanta de Teresa es lo que un nuncio del Papa, afirmó de ella: “…fémina inquieta, andariega, desobediente y contumaz, que a título de devoción inventaba malas doctrinas, andando fuera de la clausura, contra el orden del Concilio Tridentino y Prelados: enseñando como maestra, contra lo que San Pablo enseñó, mandando que las mujeres no enseñasen. Precisamente esas palabras muestran todo lo que ella fue en su tiempo, saliéndose de los moldes establecidos porque en realidad amaba a la Iglesia y no se resignaba a que en ella no se viviera la radicalidad del evangelio.

Personas como Teresa son las que necesitamos en este tiempo en que el Papa Francisco ha convocado al sínodo sobre sinodalidad: un tiempo para escucharnos, encontrarnos y discernir sobre los desafíos que vivimos. Pero esto solo dará buen fruto si en estos diálogos afrontamos lo que en verdad va mal en la iglesia y con la creatividad y audacia evangélica proponemos nuevos caminos que rompan moldes y se arriesguen a estrenar horizontes distintos e inéditos.

(Foto tomada de: http://recursoscarmisar.blogspot.com/2009/10/triduo-santa-teresa-de-jesus.html)

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“Dos mujeres de octubre”, por Juan Zapatero.

Martes, 26 de octubre de 2021

D8053EC7-6823-4780-8D33-117ADE95E27DDos Teresas, la una con diminutivo, Teresita, la otra con el nombre tal y como suena, Teresa, ocupan, en el santoral de la Iglesia, el inicio y el medio del mes de octubre. La primera es Teresa de Lisieux (Francia), por el lugar donde falleció el 1897; su festividad se celebra el 1 de octubre y es conocida con el nombre completo de Teresita del Niño Jesús. La segunda es Teresa de Ávila, por el lugar donde nació el 1515; su festividad tiene lugar el 15 del mismo mes y su nombre completo es Teresa de Jesús; nombre este que se aplicaba ella misma y que pudo considerar ratificado en su interior, según cuentan, por la supuesta respuesta que recibió de un niño con quien se topó, mientras bajaba las escaleras del convento de la Encarnación “¿Cómo te llamas, niño hermoso?”, le preguntó esta. A lo cual Él contestó “Y tú, ¿cómo te llamas?”. “Yo soy Teresa de Jesús”, dijo ella. A lo cual Él respondió “Pues yo soy Jesús de Teresa”.

Si nos retrotraemos al momento de su muerte, tres siglos y un poco más les separan a ambas. Dos vidas diferentes en muchos aspectos; en la duración concretamente: 67 años en el caso de Teresa frente a los 24 de Teresita; pero, además, y, sobre todo, en la forma de vida que ambas llevaron: andariega y fundadora, en el caso de Teresa de Ávila; recluida en el monasterio y dada de manera exclusiva a la mística y la oración, en el caso de Teresita de Lisieux. Vidas en absoluto contrapuestas, más bien idénticas, pues para ambas el amor era el único motivo y la única razón de todo su ser y su quehacer. “Solo el amor es el que da valor a todas las cosas”, solía decir Santa Teresa de Jesús. “Comprendí que, sin amor, todas obras son nada, aún las más brillantes” repetía con insistencia Santa Teresita del Niño Jesús.

El gran dilema de la mayoría de las religiones, yo diría que siempre de manera implícita, es la apuesta por “creer” frente a “confiar”; conceptos aparentemente iguales, pero que, en la práctica, marcan actitudes profundas, más que diferencias, frente a la vida de las personas que se dicen creyentes. Es verdad que, en el caso de algunas, se trataría más bien de sectas o de grupos sectarios, incluso dentro de las propias religiones, las creencias es su objetivo último; entendido el concepto creencia como el cúmulo de verdades, afirmaciones, dogmas, etc., que conformarían el contenido de fe de dichas religiones o grupos. No debemos olvidar, por otro lado, que las afirmaciones éticas o los consejos morales hacia el buen comportamiento ya son válidos por sí mismos; pero lo son aún más cuando unas y otros llegan acompañados por el testimonio de quien lo afirma o aconseja, quizás por aquello de que “las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”; o porque son afirmaciones o consejos referidos de alguien que se implicó por ellas y ellos hasta las últimas consecuencias. El caso del Evangelio y la apuesta de Jesús por poner en práctica todo lo que decía y enseñaba es, sin ningún género de dudas, el más claro y evidente, al menos para quienes se consideran o nos consideramos seguidores suyos, más que creyentes en Él. Pero no es este un peligro reciente o de tiempos no demasiado pretéritos; ya en los primeros momentos de la Iglesia apostólica, el peligro de quedarse en la fe (creencia) fue tal que el propio apóstol Santiago se vio obligado a decir que la “la fe sin obras es una fe muerta” (Sant. 2,17). Debe ser, quizá, por aquello de que los dogmas comprometen muy poco o nada, frente a la exigencia profunda y constante de quien apuesta y confía en la persona que dijo y se implicó hasta el final con aquello que dijo.

Teresa y Teresita vivieron momentos en que la fe y sus verdades ocupaban o debían ocupar el centro de la vida de toda persona cristiana. Teresa experimentó, por su parte, algunas de las incomprensiones, advertencias y vicisitudes por parte de los tribunales de la “Santa” Inquisición, aunque en menor medida que su confesor y director espiritual, Juan de la Cruz; pero no por ello menos dolorosas interiormente. La razón no fue otra que poner la experiencia personal del amor de Dios por delante de cualquier otra verdad, por muy sagrada que dicha verdad fuera tenida; y es que no corrían buenos tiempos para la mística que conllevaba el peligro de desplazar al dogma y las “santas verdades”. No era lícito que una “mujer” se atribuyera la experiencia de un Dios próximo y cercano que por entonces quedaba reservada de manera exclusiva a quienes ostentaban el cargo de custodiar, y a buen recaudo, las verdades sagradas del compendio de la fe: varones todos ellos.

Los tiempos que le tocaron vivir a Teresita no fueron tan convulsos como los de Teresa; entre otras cosas, porque la virulencia doctrinal y dogmática de la Reforma y la Contrarreforma había amainado o, para ser más exactos, se había hecho menos visible; aunque, no por ello, menos dolorosa. Teresita pasó una gran parte de su corta vida, excepto los años de infancia y adolescencia, recluida en la clausura del Carmelo. El poco “aire” que llegaba de fuera a las monjas no era precisamente de libertad y de presencia de un Dios próximo y cercano. Pocos años antes de nacer ella, 1864, el Papa Pío IX había publicado el Syllabus, donde se exponían todos los errores de la sociedad moderna que la Iglesia condenaba. Otra vez el dogma y la verdad de la Iglesia, por boca del Papa, se imponían por encima de cualquier otra manera de vivir la experiencia de Dios y de la fe. Bien es verdad que Teresita no recibió ninguna advertencia del exterior, como sí que fue el caso de Teresa, pues su vida pasó desapercibida sobre todo para los de “fuera”; sin embargo, sí que fue reprendida en diversas ocasiones por sus superioras; a pesar de lo cual, ello no le impidió vivir siempre abandonada al buen Dios por el que se sentía locamente amada.

Dos mujeres, Teresa y Teresita, de un Dios próximo y lleno de vida frente a “verdades” de fe que muchas veces alejan y solo ofrecen indiferencia.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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“Lilith, Clara Campoamor y Pedro Guerra”, por Juan José Tamayo

Miércoles, 6 de octubre de 2021

156689-clara-campoamorClara Campoamor

El pasado 1 de octubre se conmemoraba el 90 aniversario del reconocimiento del voto a las mujeres en España  

 Durante mis largos años de estudios de Filosofía, Teología y Sagrada Escritura nunca oí hablar de Lilith. Mi descubrimiento fue muy tardío. La ignorancia sobre este personaje de la mitología hebrea -antes, babilónica- es casi enciclopédica

Quien sí conocía, y muy bien, el mito de Lilith era Clara Campoamor (Madrid, 1888-Suiza, 1972). Lo citó en su memorable discurso del 1 de septiembre de 1931 en el Congreso de los Diputados, en defensa del voto de las mujeres

“Esta historia de la guerra de los dos sexos es tan vieja como el mundo. La vieja leyenda hebraica del Talmud nos dice que no fue Eva la primera mujer de Adán, sino Lilith, que se resistió a acatar la voluntad exclusiva del varón y prefirió volver a la nada. Entonces, en la esplendidez del paraíso, surgió Eva, astuta y dócil para sumisión de la carne y del espíritu”

“El 1 de octubre de 1931 se aprobaba en la Constitución de la República el artículo 36 que reconocía a las mujeres el derecho al voto con 161 votos a favor y 121 en contra. Era la primera vez que en la historia de España se lograba tamaña conquista”

Lilith, desde mi interpretación feminista, ella es hoy uno de los símbolos más luminosos de la lucha contra el patriarcado. Quebranta lo establecido y niega el orden social de las cosas

En 2003, poco más de setenta años después del discurso de Clara Campoamor, y quizá inspirándose en él, el cantautor canario Pedro Guerra dedicó una canción a Lilith en su disco “Hijas de Eva” en la que le reconocía como la primera mujer que se negó a someterse al varón, a dejarse gobernar por él, y se decidió a volar

Durante mis largos años de estudios de Filosofía, Teología y Sagrada Escritura nunca oí hablar de Lilith. Mi descubrimiento fue muy tardío. La ignorancia sobre este personaje de la mitología hebrea -antes, babilónica- es casi enciclopédica.

Cuando explicaba la asignatura de “Las mujeres en el judaísmo en un curso de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid -lo hice durante diez años con una numerosa asistencia, mayoritariamente de alumnas-, acostumbraba a preguntar el primer día de clase: “¿Quién fue la primera mujer de Adán?”. La respuesta era casi unánime: “Eva”. Pero siempre había una alumna que disentía y respondía: “Lilith”. Ella llevaba razón en contra de la mayoría, influida sin duda por la imagen de Eva como la primera mujer de Adán, muy presente en el imaginario social.

Quien sí conocía, y muy bien, el mito de Lilith era Clara Campoamor (Madrid, 1888-Suiza, 1972), abogada y política madrileña y una de las tres diputadas de las Cortes Constituyentes de la II República Española, quien lo citó en su memorable discurso del 1 de septiembre de 1931 en el Congreso de los Diputados, en defensa del voto de las mujeres.

En aquel discurso calificó de acto de profunda piedad y de profunda ternura “estatuir el divorcio en España, porque no hay matrimonios deliciosos, y es insensato querer condenar a la indisolubilidad del vínculo cuando no haya manera de que se soporten dos en la vida, arrastrando uno de los cónyuges, o tal vez los dos, el peso de esa cadena, a la manera que arrastraban antiguamente los presidiarios aquellas bolas de hierro que marcaban la perpetuidad de su pena”.

Había diputados que se oponían al divorcio alegando que supondría un ataque a las ideas y los sentimientos religiosos. Su respuesta no pudo ser más respetuosa, al tiempo que más coherente. Les reconoció de buen grado el derecho a que la sociedad respete sus creencias y a proteger el sacramento del matrimonio, pero les dijo que a lo que no tienen derecho es a imponer a todos su criterio y su voluntad.

lilithLilith

A su vez, a los diputados que se oponían al divorcio apelando a razones de fe cristiana es recordó que, en vez de cumplir la doctrina de Cristo, lo que hicieron fue “un pacto con el trono, y los pactos del altar con el trono…se han hecho siempre en beneficio del trono y con desdoro del altar”, y que la bandera de las causas humanitarias, “no de caridad”, que ellos no recogieron, es la que se quiere llevar al proyecto de Constitución. Les echó en cara que incumplieron su mandato de conciencia, se alistaran con los poderosos y sirvieran al trono. Y les dirigió esta pregunta: “¿cómo podéis quejaros ahora de que nosotros recojamos esa bandera olvidada y caída y tratemos de levantarla para instaurar de una vez…lo que es deber de ternura hacia los hermanos de todos los órdenes y en todas las esferas”.

Es en este momento del discurso en el que se refiere a Lilith como prueba de lo vieja que es “la lucha de los sexos” y la presenta como paradigma de mujer que se niega a acatar la voluntad del varón. En dicho mito descansa una parte fundamental de la argumentación de Clara Campoamor en favor del divorcio. Este es su razonamiento:

“Solo voy a haceros un pequeño recuerdo. Esta historia de la guerra de los dos sexos es tan vieja como el mundo. La vieja leyenda hebraica del Talmud nos dice que no fue Eva la primera mujer de Adán, sino Lilith, que se resistió a acatar la voluntad exclusiva del varón y prefirió volver a la nada, a los alvéolos de la tierra; y entonces, en la esplendidez del paraíso, surgió Eva, astuta y dócil para sumisión de la carne y del espíritu.  De las diecisiete Constituciones dadas después de la guerra, solo tres niegan o aplazan el voto de la mujer. Los hombres de esos países han reconocido que Adán no ganó nada con ligarse, en vez de a la mujer independiente, de voluntad propia y de espíritu amplio, a la Eva claudicante y sumisa  (cf. Isaías Lafuente, La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino, Temas de Hoy, 2011).

El 1 de octubre de 1931 se aprobaba en la Constitución de la República el artículo 36 que reconocía a las mujeres el derecho al voto con 161 votos a favor y 121 en contra. Era la primera vez que en la historia de España se lograba tamaña conquista: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales con forme determinen las leyes”.

Volviendo a Lilith, desde mi interpretación feminista, ella es hoy uno de los símbolos más luminosos de la lucha contra el patriarcado. Es una mujer insubordinada y rebelde. Osa afirmar su propia identidad, cuestiona el rol dominante del varón y reclama paridad con él. Abandona a su compañero desobedeciendo a Dios, que le manda someterse a él. Se atreve a invocar el nombre de Dios, algo que estaba prohibido en el judaísmo, porque invocar su nombre era conocer su esencia y se consideraba un acto de soberbia.

526px-Virginia_Woolf_1927Virginia Woolf

Quebranta lo establecido y niega el orden social de las cosas. Aparece como mujer peligrosa por insumisa, en oposición a la mujer buena y sumisa asociada con la maternidad (Eva) y con la pureza (María). Abre la puerta a la transgresión e instiga el deseo prohibido. Es apátrida, extraña, autoexiliada. Creo que le es aplicable lo que dice Virginia Woolf de sí misma: “En mi condición de mujer, no tengo patria. Como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo entero”.

A esta afirmación la teóloga feminista Jane Schaberg añade: “Como mujer, no tengo religión. No soy judía o cristiana o musulmana o pagana. Como mujer soy judía y cristiana, musulmana y pagana”. Igualmente puede aplicarse a Lilith la descripción que hace Virgnia Woolf de su amiga Ethel Smyth, compositora inglesa y dirigente del movimiento sufragista: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

En 2003, poco más de setenta años después del discurso de Clara Campoamor, y quizá inspirándose en él, el cantautor canario Pedro Guerra dedicó una canción a Lilith en su disco “Hijas de Eva”, en la que le reconocía como la primera mujer que se negó a someterse al varón, a dejarse gobernar por él, y se decidió a volar.

“¿Quién fue la primera mujer
la que se hartó de vivir para Adán
y se marchó del Eden?

¿Quién fue la mujer que pasó
del paraíso del bien y del mal
y sin pensarlo se fue?

Ni heroina, ni princesa,
ni voluble, ni perversa,
crece libre y no se deja
someter.

¿Quién fue la mujer que también
surgió del polvo y la arcilla y no fue
hueso del hueso de Adán?

¿Quién fue la mujer que creció
en la subversión y no quiso entender
el se*o sin libertad?

Ni heroína, ni princesa,
ni voluble, ni perversa,
crece libre y no se deja
someter.

Lilith fue la primera mujer,
Lilith fue la primera mujer,
la primera mujer.

¿Quién fue la mujer que cansada
de vivir infeliz y atrapada
se decide a volar?

¿Quién fue la primera mujer
que independiente en su forma de ser
no se dejó gobernar?

Ni heroina, ni princesa,
ni voluble, ni perversa,
crece libre y no se deja
someter.

Lilith fue la primera mujer,
Lilith fue la primera mujer,
la primera mujer”.

Ahora se entenderá el porqué del título de este artículo en efemérides tan significativa.

Juan José Tamayo es teólogo feminista de la liberación y autor de ‘Religión, género y violencia’ (Dykinson, 21019, 2ª ed.)

Fuente Religión Digital

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