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“El cristianismo de María Magdalena” por Juan José Tamayo, teólogo.

Miércoles, 22 de julio de 2020

mary-magdalene-6e5a131d0dc85e1439fe556313b910251421f22f-s6-c30El Papa Francisco elevó la Memoria de María Magdalena, convirtiéndola en fiesta, que se celebrará todos los años el 22 de Julio. Por eso, para este día, recomendamos la lectura de los artículos, muchos, que hemos dedicado a la figura de la Apostolorum Apostola, y refrescamos este que leímos en la página web de Redes Cristianas

En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.

Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.

¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.

Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.

Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.

Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..

Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.

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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.

Espiritualidad , , , , , , , , ,

Juan José Tamayo: “Las condenas patriarcales a la Teología Feminista proyectaron sobre Dios una imagen misógina”

Lunes, 15 de junio de 2020

Marcha-feminista_2238386164_14673999_660x371“Con Francisco continúa la injusticia de género en todos los terrenos”

“La Teología Feminista llamaba la atención sobre la discriminación de las mujeres, que desemboca en violencia machista, feminicidio, como invariante histórica e instrumento normalizado en la sociedad y la Iglesia patriarcales”

“Cuestionaba las masculinidades sagradas como única representación divina, rechazaba la moral de esclavas que las religiones imponen a las mujeres”

“El resultado de la investigación fue la acusación a la Conferencia del Liderazgo de posturas contrarias a la fe de la Iglesia en cuestiones como el sacerdocio y la homosexualidad, de errores doctrinales y de promover un feminismo radical”

En el centenario del nacimiento de Juan Pablo II y en el quince aniversario de la elección de su sucesor, Benedicto XVI voy a reflexionar sobre una teología que no ha tenido el reconocimiento que merece, ni siquiera en los discursos religiosos críticos dentro del cristianismo y en el ámbito del feminismo, cuando se trata de una de las más creativas y metodológicamente “revolucionarias” de los últimos cincuenta años: la Teología Feminista.

En un primer momento apenas se la tuvo en consideración. Se la desdeñó y situó del lado de las teologías de genitivo por creerse que su novedad no consistía en otra cosa que en incorporar a la mujer como un tema más en el programa teológico. Por ello ni siquiera el Magisterio eclesiástico reaccionó ante su nacimiento ni reparó en su originalidad. “Cosas de mujeres”, interpreto que dijeran los defensores de la teología patriarcal y del dogma católico.

Pero la Teología Feminista era más que eso. Llevaba a cabo una verdadera revolución metodológica, un giro hermenéutico y un análisis de la realidad desde la perspectiva de género, que suponía una verdadera conmoción en el discurso teológico. En su mediación socio-analítica llamaba la atención sobre la discriminación de las mujeres, que desemboca en violencia machista, feminicidio, como invariante histórica e instrumento normalizado en la sociedad y la Iglesia patriarcales.

Violencia contra las mujeres, no como simple fenómeno marginal sino como el instrumento habitual, fundamental y más eficaz del patriarcado para someter a las mujeres. Ni siquiera la Teología de la Liberación en sus orígenes reparó en tamaña injusticia, que afectaba a más de la mitad de la humanidad, y de manera especial a las mujeres del entonces llamado “Tercer Mundo” u hoy “Sur global”.

Aplicando al ámbito religioso las categorías de análisis de la teoría de género, la Teología Feminista (feminismos, género, patriarcado, autonomía, violencia de género, masculinidades hegemónicas, masculinidades sagradas, pacto entre mujeres, fraternidad-sororidad, feminización de la pobreza, hermenéutica de la sospecha, etc.) dirigía su crítica radical a las estructuras jeráquico-piramidal-patriarcales de las iglesias, cuestionaba las masculinidades sagradas como única representación divina, rechazaba la moral de esclavas que las religiones imponen a las mujeres.

A su vez creaba sus propias organizaciones teológicas sin pedir autorización al Vaticano y sin necesidad de asesores teológicos varones, proponía alternativas comunitarias de corresponsabilidad y autoridad compartida, defendía la democracia paritaria en las instituciones religiosas, leía los textos fundantes, en este caso del cristianismo, desde la sospecha de que estaban escritos en un lenguaje androcéntrico y que era necesario despatriarcalizar.

“Al darse cuenta de la seriedad y del carácter “revolucionario” de la iniciativa, el Magisterio eclesiástico y sus teólogos asesores comenzaron a sospechar del peligro de dicha teología”

Al darse cuenta de la seriedad y del carácter “revolucionario” de la iniciativa, el Magisterio eclesiástico y sus teólogos asesores comenzaron a sospechar del peligro de dicha teología y a vigilarla de cerca. A las sospechas siguieron las censuras, que  desembocaron en condenas. Unas y otras procedían de jerarcas patriarcales y de teólogos androcéntricos –todos, o la mayoría, clérigos-, insensibles a la discriminación de las mujeres.

Las condenas recayeron sobre algunas de las más reconocidas teólogas con una excelente formación interdisciplinar desde la perspectiva feminista, una sólida fundamentación epistemológica, una gran capacidad de diálogo interdisciplinar y de interlocución con las diferentes tendencias de la Teología Feministas, especialmente con las decoloniales.

Las condenas patriarcales confirmaban la afirmación de Mary Daly: “Si Dios es varón, el varón es Dios” y se colocaba a Dios del lado del patriarcado religioso para condenar a las teólogas feministas proyectando sobre Él una imagen misógina y sexista, que le hacía un flaco favor a la hora de presentarlo como Dios de todos los seres humanos. ¿Quién iba a creer en un Dios misógino? En palabras de Kate Millet, autora de Política sexual, referente de la tercera ola del feminismo, “el patriarcado tiene a Dios de su parte”, y no solo de parte del patriarcado religioso, también del político, incluso en sociedades secularizadas.

Una de las teólogas sometidas a este proceso patriarcal por parte de la nueva Inquisición fue la norteamericana Elisabeth Johnson, autora de obras tan relevantes de teología feminista como La que es. El misterio de Dios en el discurso teológico feminista (Herder, 2002), Verdadera madre nuestra (Herder, 2005) y La búsqueda de Dios vivo. Trazar las fronteras de la teología de Dios (Sal Terrae, 2008). En ellas de-construye el lenguaje patriarcal de la teología, que está en el sustrato del sexismo y de la misoginia, cuestiona las imágenes androcéntricas de Dios y busca reconstruir imágenes integradoras de la divinidad, privilegiando las que surgen desde abajo a partir de las experiencias del sufrimiento y de las luchas emancipatorias de las mujeres y las tienen que ver con la vida.

La amplia difusión de su libro La búsqueda de Dios vivo provocó el malestar de los obispos estadounidenses que, a través de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, acusaron la obra de “falsedades, ambigüedades y errores”, de no concordar con la doctrina católica en sus puntos fundamentales y de llegar a conclusiones “teológicamente inaceptables”. Elisabeth Johnson expresó su malestar por la tergiversación de su pensamiento y la falta de diálogo y respondió con una réplica rigurosamente argumentada.

Después, la censura contra la Teología Feminista desembocó en una investigación durante cuatro años a la Conferencia del Liderazgo de Mujeres Religiosas de Estados Unidos, organización que agrupa a numerosas congregaciones religiosas femeninas estadounidenses, por la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida por el cardenal conservador alemán Gerhard Müller, discípulo de Benedicto XVI, quien lo nombró para dejarlo “todo atado y bien atado” en el terreno doctrinal tras su renuncia.

El resultado de la investigación fue la acusación a la Conferencia del Liderazgo de posturas contrarias a la fe de la Iglesia en cuestiones como el sacerdocio y la homosexualidad, de errores doctrinales y de promover un feminismo radical. Además, el cardenal Müller consideró “una abierta provocación contra la Santa Sede” la concesión del “Premio al Sobresaliente Liderazgo” por parte de la Conferencia de Liderazgo a la teóloga Elisabeth Johnson, que había sido condenada por el Vaticano unos años antes.

Durante el pontificado del Papa Francisco no se ha producido ninguna amonestación ni condena contra la Teología Feminista, como tampoco contra las organizaciones religiosas femeninas de orientación feminista. Sin embargo, Francisco no se ha destacado precisamente por su afinidad con el feminismo ni por devolver a las mujeres en la Iglesia católica y en la teología el protagonismo requerido por mor de justicia de género y justificado teológicamente. Más bien todo lo contrario. Continúa la injusticia de género en todos los terrenos.

Durante el encuentro de los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el mundo en el Vaticano para tratar sobre la pederastia en la Iglesia, el Papa Francisco afirmó que “el feminismo acaba siendo un feminismo con faldas. En una entrevista con Jordi Évole en el programa de La Sexta “Salvados” reconoció haberse equivocado. Corrigió tan taxativa afirmación por otra más matizada: “Todo feminismo corre el riesgo de convertirse en un machismo con pollera (= falda). La otra me equivoqué”. Autocorregirse es poco frecuente en un Papa. Por eso, haberlo hecho es algo que le honra.

Con todo, creo que, tras siete años de pontificado “franciscano”, el feminismo y la Teología Feminista siguen siendo dos de sus asignaturas pendientes y constituyen uno de los criterios para que pueda ser considerado consecuentemente renovador o no.

Fuente Religión Digital

General, Iglesia Católica , , , ,

“Entrelazar miradas y palabras. Ensayos de teología feminista”, de Carmiña Navia Velasco.

Lunes, 16 de diciembre de 2019

teologia-femnaviaEste libro sistematiza el aporte y experiencia religiosa de mujeres que a lo largo de los siglos han sido invisibilizadas en la historia. Su motivación es la búsqueda de referentes femeninos que sirvan de soporte para el trabajo con mujeres de los barrios populares. Esta obra, sin lugar a duda, será un referente importante para estudiantes y profesoras de teología feminista, que quieran explorar el papel de las mujeres dentro del cristianismo e historia eclesiástica.

La novedad de este trabajo es ir a contracorriente y socavar de los estantes empolvados de las librerías, de los intersticios de la historia, aquello que no nos han contado los manuales tradicionales de teología, quizás por omisión o simplemente porque la contribución femenina no es considerada relevante desde la perspectiva androcéntrica y patriarcal.

En el capítulo primero, la autora se plantea la pregunta por la autoafirmación del ser femenino en relación con una espiritualidad que va más allá de los dogmas, jerarquías o instituciones eclesiásticas. Al hacer reminiscencia de la Diosa primordial, nos recuerda el papel mediador que las mujeres tuvieron en relación a lo sagrado. Las tensiones existentes entre el liderazgo masculino y el femenino se evidencian desde los relatos de la creación del Génesis, pasando por el movimiento de Jesús, las primeras comunidades cristianas y en la patrística.

Pero la autora va más allá al presentarnos los mecanismos de resistencia utilizados por las mujeres para no ser excluidas y desterradas del ámbito religioso. Presenta un itinerario de mujeres místicas, poetas y literatas que desde el siglo XII al XIV resistieron desde el monacato a pesar de oposición masculina jerárquica y eclesiástica.  En la contemplación, la poética y las palabras se abren caminos para la vivencia del amor, la autonomía y libertad de las mujeres.

En el capítulo dos la autora nos introduce aún más por los caminos espirituales, invitándonos a recuperar la autoridad femenina a través de la mediación de la memoria y la palabra. Estas voces, al conducirnos a la autoafirmación de nuestro ser, nos ayudan en la construcción de una identidad espiritual femenina y de esta forma se introduce un nuevo paradigma de relacionalidad entre las mujeres que inspiran las prácticas sororiales actuales.

Los capítulos tres y cuatro se centran en la espiritualidad mariana, más allá de una devoción y veneración popular. La autora entiende por espiritualidad aquellos aspectos que hacen de María una mujer cercana, amiga, cuya vida se asemeja a la que viven tantas mujeres en las periferias de nuestras ciudades. Una mujer autónoma, clara y decidida puede ser vista como el lado femenino de la Divinidad. Su sacralidad, puede ayudar a las mujeres a entender que en su corporalidad también está la Divinidad.

En el capítulo cinco la autora acude a los aportes del feminismo crítico y decolonial para inducirnos al interior de los fluidos menstruales que dan sentido a su ser femenino y la ubica en el origen mismo de la vida. Ante esto surgen las siguientes preguntas ¿en qué momento el misterio del sangrado femenino se convirtió en un tabú? ¿Por qué dejó de considerarse sagrada para convertirse en sucia y contaminante? La raíz fundante se encuentra en escritos sacerdotales oriundos del período del pos-exílio babilónico y se encuentra codificada en las leyes de pureza e impureza que se encuentra principalmente en el libro del Levítico. A partir del estudio del encuentro de Jesús con la sangre de las mujeres, en espacio público, se desautoriza las leyes de impureza y la sangre vuelve a adquirir su sacralidad, por la conexión que hay entre el fluido y el útero generador de vida.

En el capítulo seis se propone un ensayo que a simple vista pareciese que rompiese con la articulación interna del libro, pues toma el tema de la paz como eje articulador. ¿Pero será que es posible la paz sin una justicia de género? La respuesta está implícita en el texto, pues el Shalom bíblico describe las buenas prácticas interpersonales que hacen de este mundo un lugar armonioso y feliz. En este sentido, se acude al pacto entre mujeres a partir de una aproximación al libro de Rut para decir que sí es posible reconstruir el tejido social desde las periferias, desde las prácticas de acogida y las redes de apoyo solidario.

En los capítulos siete y ocho, se presenta un itinerario de la irrupción de las mujeres dentro del discurso teológico de liberación, haciendo una autocrítica a nuestros postulados que en muchas ocasiones se ampararon bajo el abanico patriarcal de divinidad. El desafío es reencontrarnos con los lenguajes e imaginarios de Dios elaborados por las mujeres medievales y por místicas de diversos tiempos, esta es una apuesta política en la lucha por nuestra autonomía como mujeres.

De igual forma, destaca los principales aportes del feminismo contemporáneo en los que las categorías: corporalidad, sexualidad, interculturalidad, autonomía, indecencia, queer, violencia sexual, ideología, género, colonialidad, derecho de decidir, relacionalidad, sospecha, espiritualidad, amor, cristología, María, culpa,  diálogo, pactos, continúan desafiando el quehacer feminista, al tiempo que nos lanzan retos y caminos por construir en complicidad sorora y en el respeto por esa diversidad de feminismos que siguen desafiando nuestros contextos y señalándonos rutas.

En términos generales destaco el trabajo serio y sistemático de la autora, en especial la rica y abundante bibliografía de teólogas feministas de varios continentes. La apuesta por un feminismo crítico, propositivo e interdisciplinar y su compromiso con mujeres de las bases constituyen un puente importante, en ese diálogo de saberes entre el mundo académico y nuestras mujeres de base, que desde los diversos movimientos sociales nos impulsan a seguir en la construcción de un futuro mejor. En este sentido, el diálogo entre nuestra tradición ancestral femenina y las nuevas generaciones es importante en ese tránsito intergeneracional, para que la memoria no se esclerotice y se vislumbre un futuro mejor para las generaciones venideras.

Bogotá 13 de noviembre de 2019

Maricel Mena López

(Doctora en Teología, profesora de la Udad. Santo Tomás en Bogotá)

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad

“El poder del silencio en el trabajo por la justicia”

Lunes, 10 de septiembre de 2018

pic-mary-huntPonencia de Mary Hunt en el XXXVIII Congreso de Teología Juan XXIII

“El silencio no es para los tímidos”. Y mal usado “puede ser una trampa especialmente para las mujeres y otros que han sido marginados”

(Mary E. Hunt. Teóloga feminista. USA).- Por favor, únanse a mí en dos minutos de silencio comunitario. Gracias. Buenas tardes. Estoy encantada de estar con ustedes finalmente para esta conferencia. Mis más sinceras gracias a Juan José Tamayo y a Margarita Pintos por invitarme y organizar un tiempo delicioso en Madrid. Me sentí honrada de haber sido invitada en varios años, pero un compromiso con una conferencia de mujeres todos los años en esta fecha me impidió decir que sí. Estoy agradecida de estar aquí ahora. Me disculpo por mis errores en español, pero sé que el mal español es preferible al perfecto inglés.

Este fin de semana he aprendido mucho sobre las muchas formas en que la espiritualidad y la justicia se superponen. Mi contribución es mirar “El poder del silencio en el trabajo de la justicia”. Esta apreciación de la contemplación es un elemento esencial para hacer un cambio social. Lo hago desde una perspectiva feminista basada en la tradición católica y profundamente endeudada con otras formas de espiritualidad.

Comienzo con mi contexto, a saber, la comunidad progresista de los Estados Unidos. Luego, hablaré sobre la importancia de la meditación / contemplación en términos sociales amplios, ofreceré ejemplos contemporáneos de cómo funciona, y concluiré con el papel de la oración contemplativa en el sostenimiento de las energías.

Contexto:

Vengo desde los Estados Unidos, donde nos vemos envueltos en una situación política escandalosa y peligrosa. Se ve empeorado por la avaricia, la discriminación, la xenophobia, y el desprecio por el medio ambiente. El final de la administración Trump no puede llegar lo suficientemente pronto para el bien del mundo.

Mientras tanto, yo, como muchos estadounidenses, me opongo a las políticas de “Hacer que Estados Unidos sea grandioso de nuevo” (“Make America Great Again“) con cada fibra de nuestro ser. Las próximas elecciones son cruciales para cambiar el rumbo desastroso en el que nos encontramos. Las personas ricas y poderosas ganan exponencialmente más, mientras que los inmigrantes adultos en un país de inmigrantes son arrancados de sus hijos y los ciudadanos pobres no tienen cuidado de la salud, la educación y los empleos que merecen. Lo más difícil para mí es saber que un gran porcentaje de la población, lo suficiente para elegirlo, está de acuerdo con los métodos de Trump. Cambiar esas actitudes es crucial para hacer un cambio social.

Entonces, la meditación, que algunos creen que puede transformar los campos de energía, es una herramienta bienvenida, aunque de ninguna manera sustituye el trabajo duro de organizar, lobby, registrar votantes y el resto necesario para detener la marea.

También vengo del extremo progresivo del espectro religioso enraizado en la tradición católica. Como feminista, hace tiempo que rechazo lo que Elisabeth Schüssler Fiorenza útilmente definido como la iglesia ‘kyriarchal’. ‘Kyriarchy’ es las formas de opresión inter-estructuradas que crean las condiciones para la injusticia. La Iglesia católica institucional es una que literalmente “señorea” al clero sobre los laicos, a los hombres sobre las mujeres, a los religiosos sobre los seculares. Las feministas en la religión se han adscrito a este análisis durante décadas, creando abundante investigación y recursos para superarlo.

El resto del mundo nos está mostrando ahora que la institución católica se encuentra en el descrédito global y pronto en la ruina financiera. Informes recientes sobre la conducta criminal del clero católico y su encubrimiento por parte de funcionarios de la iglesia en los más altos niveles marcan el final de la Iglesia Católica Romana tal como la conocíamos en los Estados Unidos y tal vez en el resto del mundo.

Los católicos representan el 20% de la población de EE. UU., 51 millones de adultos en los EE. UU., aproximadamente 3 millones menos que en 2007. El porcentaje de católicos que asiste a misa semanal cayó un 6% del 2014 al 2017 con cifras actuales muy por debajo del 40%. Somos muy similares a muchos países europeos como España y la antigua Irlanda católica.

Los católicos de EE. UU. están disgustados y desmoralizados por un reciente informe del gran jurado que documentó más de 1.000 niños violados y abusado por más de 300 sacerdotes en un solo estado con 49 estados más donde se deben realizar investigaciones similares. Los funcionarios legales aseguran que las cifras reales de víctimas / sobrevivientes son mucho más altas de lo que se informa. El informe reveló que los obispos reasignaban rutinariamente al clero criminal en lugar de prohibirles el ministerio. Este es un problema nacional ya que los sacerdotes se mueven como si se tratara de un tablero de ajedrez gigante de una parroquia a otra dentro de una diócesis o de una diócesis a otra en todo el país.

silencio

En el caso de Theodore McCarrick, cardenal arzobispo de Washington DC, el público se enteró de que algunos obispos son delincuentes. McCarrick es acusado creíblemente no solo de pedofilia, sino también de actos sexuales con personas a su servicio, a saber, seminaristas y sacerdotes. Si bien tales infracciones en el lugar de trabajo no siempre son criminales según la legislación de EE. UU., siempre están fuera de normas éticas. Parece que el sexo con el jefe era importante para avanzar en el sistema clerical. Esto arroja dudas sobre todos los clérigos de más alto nivel. ¿Obtuvieron sus trabajos debido a su competencia o debido al cumplimiento en un sistema despreciable?

Tal vez el asunto más difícil en el caso de McCarrick ha sido la respuesta de los miembros del clero que “todos sabían”. Si “todos sabían”, ¿cómo llegó a ser cardenal, el jefe de una de las diócesis más prestigiosas, ¿cómo ganó la confianza del Papa y llegó a ser un portavoz clave contra el abuso sexual del clero? Las acusaciones del Arzobispo Carlo Maria Viganò, el ex Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, de que incluso el Papa Francisco era consciente de que un papa anterior había sancionado a McCarrick, agrega otra capa de engaño a toda esta repugnante escena.

Obviamente, la mentira sistemática y la duplicidad caracterizan el “negocio de lo normal” (“business as usual“) en la iglesia institucional católica. Esta es la norma en una estructura que otorga un poder desproporcionado al clero sobre los laicos. Es una cultura enfermiza de sexualidad reprimida y desinformada, un caso de kyriarchy escribe grande.

Por estas y otras razones, creo que la institución católica ha seguido su curso. Pero los desafíos de la vida cotidiana: un niño se enferma, un padre muere, uno pierde su trabajo, una relación termina, continúa y la gente necesita recursos pastorales y espirituales para tratar con ellos. Millones de personas que solían ser católicas buscarán en otra parte en su búsqueda de ser religiosos.

Por supuesto, algunos dejarán de lado la religión por completo, una opción comprensible. Pero debido a que tanto trabajo de justicia social es impulsado por una ética basada en la religión, me preocupa de dónde vendrá la motivación para que la gente se mantenga comprometida. Creo que es importante mantener los contornos de los valores construidos interreligiosamente. Algunos de nosotros traemos contenido cristiano, católico y liberacionista.

Las feministas han sabido este problema por décadas: la misma tradición religiosa que nos dio nuestros valores más profundos era completamente insegura en forma institucional. Mientras que Jesús todavía podría tener alguna apelación, la institución nos repele.  Un objetivo de la Convergencia Mujer-Iglesia, por ejemplo, no ha sido reformar o reestructurar la iglesia institucional, sino dejar que las necesidades del mundo, y no las fallas de la iglesia, establezcan nuestra agenda.

Creo que esto es común en el mundo posmoderno donde las preocupaciones religiosas del pasado han sido reemplazadas por los problemas morales del futuro. Si eso es cierto, entonces nuestra audiencia es mucho más grande de lo que imaginamos. Es irónico en un momento en que una importante institución religiosa está en colapso y gran parte de sus enseñanzas y prácticas son recibidas con escepticismo y rechazo total, ¡y son los teóloga/os de la liberación y nuestra/os colegas quienes todavía están en pie! Durante mucho tiempo he predicho que los que fuimos vistos como herejes por papas y cardenales tendremos más probabilidades de ser juzgados por la historia como apologistas de los valores del Evangelio.

Décadas de trabajo de grupos católicos como Dignity, Women-Church Convergence, comunidades eucarísticas intencionales y muchos de los grupos que patrocinan esta reunión para vivir una fe que hace justicia allanan el camino para nuevas modelos en la era posmoderna. Pero la pregunta para muchas personas es por dónde empezar.
Propongo que el silencio contemplativo es un buen punto de partida. Escuchar las profundas agitaciones del universo no dará todas las respuestas. Pero el silencio contemplativo dará tiempo para que el Espíritu emerja en medio del estruendo de la injusticia.

El peor resultado posible de la debacle política de los EE. UU. sería olvidar nuestra historia como un experimento en democracia y un refugio para aquellos que huyen de la persecución. Del mismo modo, el peor resultado de la desaparición de la institución católica sería que la gente dejara de lado el poderoso mensaje de amor y justicia de la tradición, para confundir esos conceptos básicos con una institución que ha demostrado ser incapaz de llevar la carga del Evangelio. El silencio hace espacio para que todo eso surja.

Título:

El título de mi conferencia, “El poder del silencio en el trabajo de la justicia” está inspirado en la gran ética feminista Beverly Wildung Harrison. Publicó Nuestro derecho a elegir: hacia una nueva ética del aborto en 1984, que sigue siendo el tratamiento feminista cristiano definitivo del aborto. Mi título es un riff sobre la conferencia / artículo que dio titulado “El poder de la ira en el trabajo del amor.” Como defensora de la justicia social presbiteriana desde hace mucho tiempo, especialmente para las mujeres, escribió: “Mi método teológico está en consonancia con esas otras teologías de la liberación que afirman que lo que es auténtico en la historia de la fe surge únicamente del crisol de la lucha humana … debemos aprender lo que debemos saber sobre el amor de la inmersión en la lucha por la justicia.” (p. 8) “La ira no es la opuesto al amor Se entiende mejor como una señal de sentimiento de que no todo está bien en nuestra relación con otras personas o grupos o con el mundo que nos rodea. La ira es un modo de conexión con los demás y siempre es una forma vívida de cuidado … Donde la ira se eleva, allí está presente la energía para actuar “(p. 14).

De forma paralela, afirmo que el silencio no es lo opuesto a la acción o las palabras. Más bien, entrar en silencio es entrar más profundamente, indefenso en las realidades del mundo. No se trata de aislarse de las luchas del mundo, sino de abrazarlas al nivel más profundo incluso cuando el abrazo ocasiona desesperación, incluso cuando las soluciones humanas parecen imposibles.

El silencio no es para los tímidos. No es un aliado de la inacción. El silencio es una fuente de poder, perspicacia y perspectiva. El silencio afina y mejora las ideas; ayuda a hacer que el Espíritu y no el Ego sean primarios. El silencio no es fácil. Pero es esencial para el proceso de hacer justicia en la medida en que brinda al buscador de justicia un ancla confiable, algo de protección en las aguas agitadas de la vida cotidiana.

La filósofa mística del siglo XII Hildegard de Bingen lo expresó de esta manera: “No está lejos de las orillas del silencio hasta los límites del habla. El camino no es largo, pero el camino es profundo. No solo debes caminar allí, debes estar preparado para saltar.” Con Hildegard, afirmo esta conexión íntima entre el silencio y el habla y nos urge a dar un salto juntos.

Tomemos otros dos minutos para saltar al silencio comunitario antes de continuar. Gracias.

1. La importancia de la meditación / contemplación en términos sociales amplios

Es fascinante observar que a medida que la hegemonía cristiana pierde terreno en el Occidente, crecen los anhelos del espíritu humano por el significado y el valor, por la conexión y la comunidad, por la justicia y la paz. Así que no es sorprendente ver la maravillosa proliferación de muchas formas de práctica contemplativa, desde las formas budistas de sentarse hasta el yoga, incluido el yoga caliente que es bastante popular. Es común que los jóvenes incluyan alguna forma de estas prácticas en sus rutinas habituales, no necesariamente atribuyéndoles ningún valor religioso, sino entendiendo la salud y el bienestar general involucrados. Después de todo, se supone que la meditación es útil para el control de la presión arterial, la reducción del estrés y para la integración personal básica y el equilibrio.

Nada de esto es trivial para quienes trabajan en el cambio social. Conocemos el estrés de dictadores opuestos, autócratas, racistas e incluso jerarcas eclesiásticos. Aún así, soy profundamente escéptica de la comercialización de la espiritualidad. Encuentro pernicioso que proveedores poco escrupulosos de soluciones espirituales vendan virtualmente cualquier cosa a personas que buscan significado y valor. Creo que las personas que buscan son particularmente susceptibles a esos vendedores ambulantes. El silencio no está a la venta.

Lo que está ampliamente disponible es la persistente sabiduría religiosa sobre la contemplación que me lleva a definirla como “la parte más profunda de mí tocando en la parte más profunda de la creación y la parte más profunda de la creación tocando en lo más profundo de mí.” Aprendo de los hindúes y budistas, por no mencionar los primeros contemplativos cristianos de los Padres del Desierto a Mechtild de Magdeburgo, Juliana de Norwich e Hildegard de Bingen. A la luz de nuestra emergencia ecológica planetaria, el mío es un enfoque práctico que refleja tantos otros esfuerzos religiosos y refracta como un prisma la razón concreta y decidida para unir nuestras energías en la contemplación comunitaria con la expectativa razonable de que cambiará las cosas.

2. Ejemplos contemporáneos

Como una defensora feminista de la justicia social ocupada con las injusticias de la Iglesia y el Estado, debo decir que, a pesar de todo mi trabajo como teólogo de la liberación, casi siempre di la liturgia, el ritual y la oración al último lugar. Pero hace unos veinte años, pasé varias semanas viviendo en una yurta en las montañas de Nuevo México como parte de un retiro para activistas sociales con el objetivo de evitar que nos quemáramos. Fue una inmersión en el silencio y la meditación budista que resultó muy útil para alejarme de un cinismo bien desarrollado, creado por una relación demasiado estrecha con las cosas católicas. Leer más…

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“El cristianismo de María Magdalena” por Juan José Tamayo, teólogo.

Sábado, 22 de julio de 2017

mary-magdalene-6e5a131d0dc85e1439fe556313b910251421f22f-s6-c30El Papa Francisco elevó la Memoria de María Magdalena, convirtiéndola en fiesta, que se celebrará todos los años el 22 de Julio. Por eso, para este día, recomendamos la lectura de los artículos, muchos, que hemos dedicado a la figura de la Apostolorum Apostola, y refrescamos este que leímos en la página web de Redes Cristianas

En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.

Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.

¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.

Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.

Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.

Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..

Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.

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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Mercedes Navarro, Premio Herbert Haag 2017 a la libertad en la Iglesia

Sábado, 10 de septiembre de 2016

MN.2015Reconocimiento para una mujer vapuleada en España

Al servicio de la libertad y la igualdad en la Iglesia

(Xabier Pikaza, Isabel Gómez Acebo).- Una noticia esperanza y refrescante. La fundación Herbert Haag (Luzerna, Suiza), uno de los observatorios más importantes de la vida y libertad cristiana de la Iglesia Católica, acaba de conceder su premio 20017 a dos investigadoras y religiosas católicas, que han aportado su mejor contribución personal e intelectual al tema, debiendo sufrir “ciertas” dificultades para realizar su Magisterio en el contexto oficial de la Iglesia Católica.

Una es Mercedes Navarro, cuya semblanza publico en la segunda parte de este blog. La otra es Jadranka Rebeka Anic, croata (de Spilt). Como dice el texto la concesión del premio, ellas:

se han ocupado en su trabajo científico “de la subordinación de las mujeres en la familia, la sociedad, la política y la Iglesia”, así como por demostrar “que una equívoca interpretación de la Biblia e incorrecta praxis de la Iglesia han contribuido a la discriminación de la mujer

No conozco a la profesora J. R. Anik, conozco y valoro desde hace muchos años el trabajo excepcional de M. Navarro, al servicio de la libertad e igualdad en la Iglesia, con espíritu fraterno, guiado por el estudio del ser humano (psicología) y del mensaje de la Biblia. Desde aquí le sigo ofreciendo de nuevo mi admiración y amistad.

Que el hondo espíritu de Herbert Haag, que nos ayudó a todos a vivir en libertad evangélico, les impulso a las dos premiadas (Navarro y Anik) a continuar trabajando sin pausa en su tarea de humanidad y evangelio (Para seguir leyendo el artículo de Pikaza hay que pinchar al final de este pos donde pone “leer más).

Los motivos que tiene la teóloga española se reflejan en la carta en la que le notifican su elección y de la que extraigo unos párrafos. “Honramos con el premio su gran contribución a la enseñanza, investigación y publicación. Vd. abre nuevos accesos y perspectivas a partir de la ciencia bíblica y psicológica, asimismo de la teología y la antropología y, de manera especial, desde la relación con Dios y las mujeres. Sus aportes a la visión de la biblia griega y hebrea ofrecen una visión amplia y fascinante. Sus actividades en la investigación feminista se estiman a nivel nacional e internacional…. Con el premio queremos animarle y expresar a su comunidad religiosa nuestra solidaridad. Estamos convencidos de que la fe verdadera solo se desarrolla con la palabra libre y que la Iglesia tiene futuro con las mujeres… Le agradezco de antemano su compromiso en aras de la credibilidad de una iglesia abierta y hábil para el futuro”.

Es gratificante este reconocimiento para una mujer vapuleada en España por sus aperturas feministas – sólo la palabra ya tiene mala prensa en nuestro país – y por su declaración en un diario de que, a su parecer, la iglesia debía cambiar la prohibición al sacerdocio femenino.

La Congregación para la Doctrina de la Fe la obligó a desdecirse públicamente a riesgo de que la echaran de la congregación de religiosas a la que había entregado su vida. Y eso que el malestar público por el protagonismo de las mujeres en la iglesia había crecido exponencialmente en España y Mercedes no era la única que pedía un cambio. Recuerdo que un grupo de sacerdotes gerundenses por la misma época publicó, bajo el nombre de Joan Alsina, un comunicado en la prensa defendiendo el sacerdocio femenino. Como eran 40 no se les exigió el arrepentimiento público de sus palabras pues no se podía dejar a los fieles sin pastores. Mercedes por razones que nunca se le comunicaron, fue apartada de la docencia en teología y en psicología, y desde entonces no ha podido enseñar en ninguna universidad católica ni en centros superiores de enseñanza de la iglesia en España.

Se preguntarán, los que no conocen a la fundación Herbert Haag, por su interés fundacional que no es otro que promover la libertad en la Iglesia. Su fundador el teólogo Haag consideraba que, ante una silenciosa deserción en masa, la Iglesia no podía permitirse el lujo de desgarrarse en polémicas sobre fórmulas dogmáticas. Decía que en la iglesia se habla de investigación libre pero ¿Cómo se puede hablar de investigación libre cuando están fijadas de antemano las conclusiones y cuando es castigado como extraviado quien llega a conclusiones diferentes en el marco de una clara confesión de fe en Jesucristo y en su Iglesia?

Avisaba del peligro de que sólo se pudieran enseñar en las aulas de las universidades, santuarios de la libertad de investigación, lo que los obispos y la curia querían escuchar. El mensaje cristiano corría así el riesgo de anquilosarse en una fe literal y formulista.

Creo que esta política oscurantista con el papa Francisco se ha terminado. Ahora queda que a los teólogos silenciados se les reconozca el valor que tuvieron de abrir brechas en una iglesia que, como decía el cardenal Martini, se había quedado en Trento. A Mercedes ya la han dado un buen empujón de estima teológica los suizos y alemanes ¿Imitarán su ejemplo los españoles? Leer más…

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Las mujeres en el diálogo interreligioso

Viernes, 23 de enero de 2015

pag13_cantarentierra_web-3-a10dcVoces. Victorino Pérez Prieto. [alandar] Como es bien sabido, desde el neolítico, a todo lo largo de la historia y hasta hoy mismo, el sexismo patriarcal ha marginado a las mujeres de todo protagonismo social. Afortunadamente, desde hace más de 30 años se ha estado haciendo una excelente reflexión al respecto, que busca recuperar su presencia para hacerla visible en la Iglesia y la sociedad y recuperar su riquísima aportación, particularmente en la teología, el pensamiento y la espiritualidad. Pero hay aún un aspecto en el que esta discriminación de la mujer sigue siendo muy palpable: su ausencia en el diálogo interreligioso; un punto muy sensible y una triste constante en todas las religiones, que no ha sido tratada hasta recientemente… y muy poco. Las teólogas feministas han dicho, con razón, que el programa de diálogo interreligioso ha adolecido de una naturaleza patriarcal, que ha llevado a una participación insuficiente de las mujeres y a la ausencia de sus intereses en las publicaciones al respecto.

Maura O’Neill, una de las mujeres que se ha acercado a esta cuestión con una publicación de referencia, ha escrito con mucha razón: La voz de las mujeres ha sido tradicionalmente excluida del diálogo entre los representantes de las religiones mundiales. Esta exclusión oscurece la diversidad misma de la perspectiva de la mujer dentro de cada tradición” (Mending a Torn World: Women in Interreligious Dialogue). Y la conocida teóloga feminista R. Radford Ruether escribe: “El feminismo llama a un nuevo contexto para situar las necesidades de lo divino. No sólo respecto del Judaismo y el Cristianismo, el Islam y el Budismo, sino también respecto a las antiguas religiones tribales, que no han permitido la experiencia de lo divino por los caminos apuntados por las mujeres” (Feminist and Jewish-Christian Dialogue, en The Myth of Christian Uniqueness, de J.Hick-P.Knitter).

Ciertamente, la ausencia de las mujeres en el diálogo religioso empobrece el diálogo mismo, privándolo de la riqueza que estas aportan; tanto de sus particulares talentos como de sus diferentes puntos de vista. Contrariamente, el feminismo es una de las principales revoluciones del siglo XX y la teología feminista representa una nueva manera de vivir y pensar la fe religiosa desde las mujeres en las diferentes religiones: parte de las experiencias de sufrimiento y resistencia de estas contra el patriarcado; recupera la memoria de las antepasadas que trabajaron por avanzar hacia la libertad y la emancipación de las mujeres; reescribe la historia de las religiones desde la perspectiva de género, utilizando sus categorías para analizar las estructuras patriarcales y discursos androcéntricos de las religiones y proponer una teología alternativa.

Esta teología feminista y la hermenéutica feminista se han ido generalizando en las últimas décadas en el mundo de las religiones, tanto en la lectura y reinterpretación de los textos sagrados como en la reflexión teológica hecha desde esa reinterpretación. Como escribe Cady Stanton, una de las primeras teólogas feministas, en su Biblia de la mujer, un libro de referencia escrito junto con otras mujeres: “La Biblia es un libro escrito por hombres que nunca han visto a Dios ni han hablado con él” (The Women’s Bible); pero es necesario tener también en cuenta que decir “la Biblia” es semejante a decir textos sagrados de las otras grandes religiones.

Hablar de religión y mujer a lo largo de la historia es hablar de tristezas y alegrías, de opresión/sumisión y también de liberación; es hablar de invisibilidad y también de visibilidad y empoderamiento… Hay que reconocer que su discriminación histórica tiene una importante base en prejuicios religiosos que se van solventando lentamente. A pesar de que -según muchos antropólogos- el matriarcado precedió al patriarcado y la madre aparece como el signo más antiguo que emerge del espacio de sacralidad indiferenciada en el neolítico, cuando las madres representaban a la Gran Diosa o Diosa Madre. Pronto los varones acabaron por imponerse… y llegó la violencia: animus -ley de la fuerza- frente a anima -ley del cuidado y el cariño incondicional, la maternidad. Los varones dominaron a las mujeres y divinizaron la paternidad: Dios Padre, engendrador, dominador y todopoderoso.

La integración de las mujeres en el diálogo interreligioso significa escuchar su perspectiva y participar con ellas en su lucha pacífica por unas religiones igualitarias y no patriarcales. Sin duda, ellas entienden mejor que los varones lo que es trabajar en grupo, en un auténtico diálogo no jerarquizado, más allá de las etiquetas religiosas que dividen religiones y pueblos. Esta integración de las mujeres en el diálogo interreligioso generará más tolerancia interreligiosa frente a estereotipos negativos, como afirma otra teóloga feminista: “La perspectiva feminista sugiere la afirmación radical del pluralismo religioso, pero no sin dejar de tener presente un conocimiento crítico del bienestar en la comunidad humana al lado del diálogo interreligioso e intrarreligioso” (M. Hewitt Suchocki, Religious Pluralism from a Feminist Perspective, en J. Hick-P. Knitter).

La armonía cosmoteándrica que expresó genialmente Raimon Panikkar exige también una mutualidad andrógina que él no llegó a elaborar, pero que nosotros y nosotras podemos y debemos elaborar ahora.

Imagen extraída de: alandar

Fuente Cristianismo y Justicia

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Islam, Judaísmo , , , , , ,

“El cristianismo de María Magdalena” por Juan José Tamayo, teólogo.

Jueves, 8 de mayo de 2014

 

mary-magdalene-6e5a131d0dc85e1439fe556313b910251421f22f-s6-c30Leído en la página web de Redes Cristianas

En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.

La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.

Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.

La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.

El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.

En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.

A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.

Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.

Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.

¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.

Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.

Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.

Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..

Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.

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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.

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