Comentarios desactivados en “María Magdalena, hermana de las que cruzan fronteras”, por Yolanda Chávez.
Del blog Tras las huellas de Sophia:
Comentario al artículo de Juan José Tamayo: María Magdalena y Virginia Woolf: pioneras de la igualdad*
| Yolanda Chávez
El revelador artículo de Juan José Tamayo María Magdalena y Virginia Woolf: pioneras de la igualdad(*) no solo rescata a dos mujeres desfiguradas por los relatos patriarcales, sino que las hace dialogar para que juntas sigan abriendo caminos. Al leerlo, he sentido que María Magdalena se convierte en hermana espiritual de tantas mujeres que cruzan fronteras, geográficas y vitales, que buscan un lugar donde el alma descanse.
Yo también soy una mujer que ha vivido entre fronteras —la de un país y otro, la de la Iglesia y sus márgenes, la de las propias preguntas, la de la propia identidad, la de la propia existencia. Y mientras leía el artículo de Tamayo, sentí que la historia de María Magdalena se abría paso como una carta antigua, escrita para nosotras —las que todavía buscamos un lugar para nuestra voz.
La asociación con Virginia Woolf no es decorativa; es profundamente simbólica. Ambas —la una desde la mística pascual, la otra desde la lucidez literaria— representan una espiritualidad que no busca permiso para existir. Son mujeres que hablaron desde su herida, pero también desde su inteligencia, y que no aceptaron el lugar que les fue asignado. Leerlas juntas, como propone Tamayo, es comprender que la espiritualidad femenina no siempre toma forma de doctrina: a veces se manifiesta como un temblor, como un texto, como una certeza que no se puede callar. En esa línea, muchas de nosotras —teólogas, migrantes, maestras, biblistas, cuidadoras, escritoras— caminamos no detrás de ellas, sino junto a ellas, haciendo que la fe suene también en voz de mujer.
Me han resonado especialmente tres ideas que, creo, iluminan el presente:
La recuperación de la autoridad de María Magdalena. Tamayo —siguiendo la obra de Jane Schaberg(**)— la presenta no solo como “la que vio al Resucitado”, sino como maestra, consoladora y líder espiritual en igualdad de condiciones. Su voz, relegada por siglos, sigue siendo semilla de un cristianismo inclusivo que merece ser revivido. La conexión con Virginia Woolf y la frase “mi patria es el mundo entero”. Esa afirmación poderosa hace eco con el caminar de tantas mujeres migrantes de hoy —yo incluida— que vivimos entre geografías, idiomas y nostalgias, buscando una fe y una espiritualidad que nos abrace todas. La denuncia del cristianismo truncado por el patriarcado religioso y político. Más que una derrota definitiva, ese “fracaso” es una tarea pendiente: reinventar y reimaginar la Iglesia como comunidad de mujeres y hombres en igualdad, la Iglesia que los primeros siglos dejaron vislumbrar, pero que fue sofocada por las estructuras de poder.
Mientras leía el artículo, me sentí interpelada: cada una de nosotras, en su pequeño ámbito, está llamada a seguir “talando árboles y construyendo puentes” para que otras caminen. Porque eso hicieron Magdalena y Woolf, a su manera: abrir brechas para que otras pudiéramos pasar.
De esta lectura nacieron unas palabras breves —haikus— que no buscan “explicar” a María Magdalena, sino dejar que su presencia respire en versos cortos, como si fueran destellos, pausas para contemplar.
Seis haikus para María Magdalena
1 Llora la aurora, una mujer pronuncia la luz primera.
2 Voz temblorosa, levanta la noticia: La tumba vacía.
3 Los que dudaban callaron ante el paso de una mujer.
4 Patria sin bordes, ella abre los caminos que nadie abrió.
5 Cruzó el silencio, cargó con la esperanza, le dio voz nueva.
6 Nada la vence, ni tumba ni patriarca: la vida canta.
Tal vez esa sea la fuerza de María Magdalena hoy: recordarnos que la vida —y la fe— se sostienen en voces que se atreven a hablar aunque no sean escuchadas, en pasos que avanzan aunque no haya caminos trazados.
Ella sigue llamándonos a pronunciar, cada una desde su lugar, la luz primera de cada mañana.
Yolanda Chávez
Fuente Religión Digital
Nota de autora: Yolanda Chávez es teóloga pastoral, mujer migrante y acompañante de mujeres de fe. Su investigación doctoral explora la espiritualidad de mujeres migrantes, y su escritura busca tender puentes entre la teología, la poesía y la vida cotidiana.
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
+++
Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
+++
Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
Comentarios desactivados en Vox censura la obra ‘Orlando’ de Virginia Woolf en un Ayuntamiento de Madrid por un “veto ideológico”
La compañía madrileña Teatro Defondo afirma que el nuevo consistorio de Valdemorillo ha anulado la función por abordar la historia de un hombre que cambia de género
La Compañía Teatro Defondo ha denunciado en un comunicado que la Concejalía de Cultura de Valdemorillo quiere cancelar la obra porque “el protagonista pasa de ser un hombre a ser una mujer”
La Compañía Teatro Defondo ha acusado al Ayuntamiento de Valdemorillo (municipio situado al oeste de la Comunidad de Madrid) de cancelar la función de Orlando, de Virginia Woolf por “un veto ideológico por parte de la Concejalía de Cultura”, que preside Victoria Amparo Gil, miembro de Vox.
La compañía ha denunciado que la censura se ha producido porque, en la historia de la icónica escritora, “el protagonista pasa de ser un hombre a ser una mujer y denuncia las diferencias que esto significa”. El productor de la compañía, Pablo Huetos, ha denunciado la situación con un largo comunicado que ha publicado en redes sociales. “¿Creéis que han leído la novela o visto la función?”, denunciaba en un tuit.
La Asociación de Autoras y Autores de Teatro de España (AAT) ha expresado este viernes su «más indignada repulsa» por la cancelación de la obra «Orlando» en la localidad madrileña de Valdemorillo que la compañía Teatro de Fondo dice que responde a un «veto ideológico» de Vox.
La AAT, que reúne a más de 400 profesionales en España y es una sección autónoma de la Asociación Colegial de Escritores, ha manifestado «su más enérgico rechazo a la suspensión» de «Orlando» por parte de la Concejalía de Cultura y Turismo de Valdemorillo tras la asunción de dicho departamento por parte de Victoria Amparo Gil Movellán, de Vox.
La obra que se iba a representar en Valdemorillo en noviembre es una versión de la novela de Virginia Woolf escrita por la dramaturga Vanessa Martínez, espectáculo que ha recibido numerosos premios y llevado a cabo más de 100 representaciones por toda España, resalta la AAT en un comunicado. «La decisión revela, además de sus obvias connotaciones ideológicas y autoritarias, una lamentable ignorancia, pareciendo sus responsables desconocer quién es Virginia Woolf y lo que sus obras significan en la cultura universal», agrega la nota.
Portada de la primera edición de Orlando: A Biography (derecha), Virginia Woolf en 1927 (arriba a la izquierda) y Virginia Woolf en 1902 (abajo a la izquierda)
Además, la AAT resalta que este incidente parece «una indecente y grotesca resonancia de un pasado que se resiste a morir» y recuerda el caso de una Maja Desnuda retirada de un escaparate extremeño por ‘indecente’ en los años 70.
«Las Asociaciones culturales no podemos dejar pasar ni una sola prohibición, veto o agresión que afecte a la libertad de expresión de las creadoras y creadores de España«, señala la asociación, que muestra su «apoyo solidario a la compañía Teatro de Fondo por esta absurda agresión a su libertad creadora».
La compañía teatral madrileña denunció el «veto ideológico» por parte del Ayuntamiento de Valdemorillo (Madrid) al suspender una función que había sido acordada con el equipo de gobierno anterior a las elecciones del 28 de mayo.
El director de la compañía, Pablo Huetos, calificó, en un comunicado que publicó en Twitter, que la medida es un «atentado contra la libertad de expresión y contra la cultura». Y aseguró que la suspensión se debe a que el protagonista de la función pasa de ser un hombre a una mujer.
El Ayuntamiento de Valdemorillo, por su parte, ha señalado que la cancelación de la función se debe a causas económicas y niega que sea por motivos ideológicos. Según han explicado a EFE, debido a la situación de presupuesto prorrogado del Consistorio, se ha prescindido de “algunas cuestiones que se estaban barajando”, como ha sido el caso también del cine de verano.
Asimismo, niegan que hubiese cerrada una fecha para la función de Orlando, “como programación cerrada no había nada”, admiten, pero la Compañía Teatral Defondo insiste en que el espectáculo estaba programado para el 25 de noviembre.
“Es arriesgado”, por parte del productor, “afirmar severamente que no es una cuestión financiera, si no se ha dirigido a nosotros para preguntar los motivos”, ha declarado el Consistorio.
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
Comentarios desactivados en «Lilith, Clara Campoamor y Pedro Guerra», por Juan José Tamayo
Clara Campoamor
El pasado 1 de octubre se conmemoraba el 90 aniversario del reconocimiento del voto a las mujeres en España
Durante mis largos años de estudios de Filosofía, Teología y Sagrada Escritura nunca oí hablar de Lilith. Mi descubrimiento fue muy tardío. La ignorancia sobre este personaje de la mitología hebrea -antes, babilónica- es casi enciclopédica
Quien sí conocía, y muy bien, el mito de Lilith era Clara Campoamor (Madrid, 1888-Suiza, 1972). Lo citó en su memorable discurso del 1 de septiembre de 1931 en el Congreso de los Diputados, en defensa del voto de las mujeres
«Esta historia de la guerra de los dos sexos es tan vieja como el mundo. La vieja leyenda hebraica del Talmud nos dice que no fue Eva la primera mujer de Adán, sino Lilith, que se resistió a acatar la voluntad exclusiva del varón y prefirió volver a la nada. Entonces, en la esplendidez del paraíso, surgió Eva, astuta y dócil para sumisión de la carne y del espíritu»
«El 1 de octubre de 1931 se aprobaba en la Constitución de la República el artículo 36 que reconocía a las mujeres el derecho al voto con 161 votos a favor y 121 en contra. Era la primera vez que en la historia de España se lograba tamaña conquista»
Lilith, desde mi interpretación feminista, ella es hoy uno de los símbolos más luminosos de la lucha contra el patriarcado. Quebranta lo establecido y niega el orden social de las cosas
En 2003, poco más de setenta años después del discurso de Clara Campoamor, y quizá inspirándose en él, el cantautor canario Pedro Guerra dedicó una canción a Lilith en su disco “Hijas de Eva» en la que le reconocía como la primera mujer que se negó a someterse al varón, a dejarse gobernar por él, y se decidió a volar
Durante mis largos años de estudios de Filosofía, Teología y Sagrada Escritura nunca oí hablar de Lilith. Mi descubrimiento fue muy tardío. La ignorancia sobre este personaje de la mitología hebrea -antes, babilónica- es casi enciclopédica.
Cuando explicaba la asignatura de “Las mujeres en el judaísmo” en un curso de Humanidades de la Universidad Carlos III de Madrid -lo hice durante diez años con una numerosa asistencia, mayoritariamente de alumnas-, acostumbraba a preguntar el primer día de clase: “¿Quién fue la primera mujer de Adán?”. La respuesta era casi unánime: “Eva”. Pero siempre había una alumna que disentía y respondía: “Lilith”. Ella llevaba razón en contra de la mayoría, influida sin duda por la imagen de Eva como la primera mujer de Adán, muy presente en el imaginario social.
Quien sí conocía, y muy bien, el mito de Lilith era Clara Campoamor (Madrid, 1888-Suiza, 1972), abogada y política madrileña y una de las tres diputadas de las Cortes Constituyentes de la II República Española, quien lo citó en su memorable discurso del 1 de septiembre de 1931 en el Congreso de los Diputados, en defensa del voto de las mujeres.
En aquel discurso calificó de acto de profunda piedad y de profunda ternura “estatuir el divorcio en España, porque no hay matrimonios deliciosos, y es insensato querer condenar a la indisolubilidad del vínculo cuando no haya manera de que se soporten dos en la vida, arrastrando uno de los cónyuges, o tal vez los dos, el peso de esa cadena, a la manera que arrastraban antiguamente los presidiarios aquellas bolas de hierro que marcaban la perpetuidad de su pena”.
Había diputados que se oponían al divorcio alegando que supondría un ataque a las ideas y los sentimientos religiosos. Su respuesta no pudo ser más respetuosa, al tiempo que más coherente. Les reconoció de buen grado el derecho a que la sociedad respete sus creencias y a proteger el sacramento del matrimonio, pero les dijo que a lo que no tienen derecho es a imponer a todos su criterio y su voluntad.
Lilith
A su vez, a los diputados que se oponían al divorcio apelando a razones de fe cristiana es recordó que, en vez de cumplir la doctrina de Cristo, lo que hicieron fue “un pacto con el trono, y los pactos del altar con el trono…se han hecho siempre en beneficio del trono y con desdoro del altar”, y que la bandera de las causas humanitarias, “no de caridad”, que ellos no recogieron, es la que se quiere llevar al proyecto de Constitución. Les echó en cara que incumplieron su mandato de conciencia, se alistaran con los poderosos y sirvieran al trono. Y les dirigió esta pregunta: “¿cómo podéis quejaros ahora de que nosotros recojamos esa bandera olvidada y caída y tratemos de levantarla para instaurar de una vez…lo que es deber de ternura hacia los hermanos de todos los órdenes y en todas las esferas”.
Es en este momento del discurso en el que se refiere a Lilith como prueba de lo vieja que es “la lucha de los sexos” y la presenta como paradigma de mujer que se niega a acatar la voluntad del varón. En dicho mito descansa una parte fundamental de la argumentación de Clara Campoamor en favor del divorcio. Este es su razonamiento:
“Solo voy a haceros un pequeño recuerdo. Esta historia de la guerra de los dos sexos es tan vieja como el mundo. La vieja leyenda hebraica del Talmud nos dice que no fue Eva la primera mujer de Adán, sino Lilith, que se resistió a acatar la voluntad exclusiva del varón y prefirió volver a la nada, a los alvéolos de la tierra; y entonces, en la esplendidez del paraíso, surgió Eva, astuta y dócil para sumisión de la carne y del espíritu. De las diecisiete Constituciones dadas después de la guerra, solo tres niegan o aplazan el voto de la mujer. Los hombres de esos países han reconocido que Adán no ganó nada con ligarse, en vez de a la mujer independiente, de voluntad propia y de espíritu amplio, a la Eva claudicante y sumisa” (cf. Isaías Lafuente, La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino, Temas de Hoy, 2011).
El 1 de octubre de 1931 se aprobaba en la Constitución de la República el artículo 36 que reconocía a las mujeres el derecho al voto con 161 votos a favor y 121 en contra. Era la primera vez que en la historia de España se lograba tamaña conquista: “Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años, tendrán los mismos derechos electorales con forme determinen las leyes”.
Volviendo a Lilith, desde mi interpretación feminista, ella es hoy uno de los símbolos más luminosos de la lucha contra el patriarcado. Es una mujer insubordinada y rebelde. Osa afirmar su propia identidad, cuestiona el rol dominante del varón y reclama paridad con él. Abandona a su compañero desobedeciendo a Dios, que le manda someterse a él. Se atreve a invocar el nombre de Dios, algo que estaba prohibido en el judaísmo, porque invocar su nombre era conocer su esencia y se consideraba un acto de soberbia.
Virginia Woolf
Quebranta lo establecido y niega el orden social de las cosas. Aparece como mujer peligrosa por insumisa, en oposición a la mujer buena y sumisa asociada con la maternidad (Eva) y con la pureza (María). Abre la puerta a la transgresión e instiga el deseo prohibido. Es apátrida, extraña, autoexiliada. Creo que le es aplicable lo que dice Virginia Woolf de sí misma: “En mi condición de mujer, no tengo patria. Como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo entero”.
A esta afirmación la teóloga feminista Jane Schaberg añade: “Como mujer, no tengo religión. No soy judía o cristiana o musulmana o pagana. Como mujer soy judía y cristiana, musulmana y pagana”. Igualmente puede aplicarse a Lilith la descripción que hace Virgnia Woolf de su amiga Ethel Smyth, compositora inglesa y dirigente del movimiento sufragista: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
En 2003, poco más de setenta años después del discurso de Clara Campoamor, y quizá inspirándose en él, el cantautor canario Pedro Guerra dedicó una canción a Lilith en su disco “Hijas de Eva”, en la que le reconocía como la primera mujer que se negó a someterse al varón, a dejarse gobernar por él, y se decidió a volar.
“¿Quién fue la primera mujer la que se hartó de vivir para Adán y se marchó del Eden?
¿Quién fue la mujer que pasó del paraíso del bien y del mal y sin pensarlo se fue?
Ni heroina, ni princesa, ni voluble, ni perversa, crece libre y no se deja someter.
¿Quién fue la mujer que también surgió del polvo y la arcilla y no fue hueso del hueso de Adán?
¿Quién fue la mujer que creció en la subversión y no quiso entender el se*o sin libertad?
Ni heroína, ni princesa, ni voluble, ni perversa, crece libre y no se deja someter.
Lilith fue la primera mujer, Lilith fue la primera mujer, la primera mujer.
¿Quién fue la mujer que cansada de vivir infeliz y atrapada se decide a volar?
¿Quién fue la primera mujer que independiente en su forma de ser no se dejó gobernar?
Ni heroina, ni princesa, ni voluble, ni perversa, crece libre y no se deja someter.
Lilith fue la primera mujer, Lilith fue la primera mujer, la primera mujer”.
Ahora se entenderá el porqué del título de este artículo en efemérides tan significativa.
Juan José Tamayo es teólogo feminista de la liberación y autor de ‘Religión, género y violencia’ (Dykinson, 21019, 2ª ed.)
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ellaque las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
Comentarios desactivados en Descubiertas, debajo de una cama, más de 400 escenas de sexo gay ‘perdidas’ del pintor británico Duncan Grant
Duncan Grant
Más de 400 pinturas «perdidas» que representan el sexo homosexual del pintor británico Duncan Grant han sido descubiertas debajo de una cama años después de su primera desaparición.
Grant era pintor y diseñador y fue famoso como parte del Grupo de Bloomsbury, un grupo de escritores, intelectuales, filósofos y artistas ingleses de principios del siglo XX que incluía a Virginia Woolf y E. M. Forster.
Duncan James Corrowr Grant (21 de enero de 1885 – 9 de mayo de 1978) fue un pintor escocés, miembro del denominado Grupo de Bloomsbury.
Grant nació en la localidad de Rothiemurchus, cerca de Inverness (Escocia), y estudió arte en el Slade School, así como en Italia y París. Era primo de Lytton Strachey y a través de su círculo, Duncan entró a formar parte del Grupo de Bloomsbury, donde Maynard Keynes se convirtió en uno de sus amantes. Aunque era conocida la tendencia homosexual de Duncan, ello no le impidió tener más tarde una relación sentimental con Vanessa Bell, hermana de Virginia Woolf, viviendo con ella y sus dos hijos desde antes del comienzo de la Primera Guerra Mundial. En 1916 se mudaron a la localidad de Firle, en el condado de Sussex, donde pintaron y decoraron su casa con sus propias pinturas.
En 1918 Duncan y Vanessa tuvieron una hija a la que llamaron Angélica, y continuaron viviendo juntos hasta la muerte de Vanessa en 1961, permaneciendo Duncan en la casa Charleston hasta poco antes de su muerte, acaecida en 1978
Duncan Grant y John Maynard Keynes
En su obra pictórica Duncan Grant recibió la influencia de otro miembro del Grupo de Bloomsbury, Roger Fry, y al igual que este, pintó paisajes y retratos.
En sus últimos años Grant, recibió los cuidados y atenciones de su buen amigo y poeta Paul Roche, a quien conoció en 1946.
Duncan Grant está enterrado junto a Vanessa Bell en el cementerio de la iglesia de Saint Peter, en Firle, condado de Sussex.
Como decíamos, el pintor tuvo numerosas aventuras amorosas con hombres a lo largo de su vida. El economista John Maynard Keynes consideró una vez a Grant como el gran amor de su vida.
El 2 de mayo de 1959, Grant le dio a su amigo Edward Le Bas una carpeta de sus 422 pinturas eróticas, con el mensaje “Estos dibujos son muy privados”. En el interior había una increíble colección de ilustraciones eróticas que representaban el sexo gay y la fascinación de Grant con la forma masculina y la sexualidad queer.
Se pensó que los dibujos fueron destruidos por la hermana de Le Bas después de su muerte; sin embargo, fueron rescatados y pasados de una persona a otra en el transcurso de 60 años antes de que finalmente terminaran al cuidado del diseñador de teatro Norman Coates.
Coates decidió entregar la colección a Charleston Trust, que administra la casa de campo de Grant y Vanessa Bell como museo dedicado al Grupo de Bloomsbury.
Las pinturas eróticas fueron creadas en las décadas de 1940 y 1950 y fueron influenciadas por las tradiciones grecorromanas y las revistas físicas contemporáneas, según Charleston Trust.
Nathaniel Hepburn, director de Charleston, le dijo a The Guardian: “No ha habido momentos felices en 2020 para nadie que se encuentre en una organización cultural o para muchas personas en el mundo. Pero ciertamente recibir ese correo electrónico, tener esa conversación telefónica y luego ver los dibujos y darme cuenta de lo importantes que iban a ser … ciertamente fue un punto culminante del año». Y agregó: “Son, creo, un cuerpo de trabajo que habla de amor. Por supuesto que en un momento en que se hicieron, ese es un amor que fue ilegal. Nunca pudo compartir las obras. La forma en que los veamos ahora será muy diferente «.
Coates dijo que las pinturas eran «extraordinarias» y «tan en tu cara. No se pueden evitar», agregó. “Cuando ocasionalmente los he traído para mostrárselos a amigos seleccionados después de la cena, después de la exclamación inicial de ‘Dios mío’ ante estos dibujos tan explícitos, se suavizan … el elemento sexual realmente no domina. Es la pintura y la habilidad de su dibujo y la estética lo que niega la sensualidad de ellos”, dijo. “Se vuelve irrelevante que el tema sea lo que es… es un sentimiento muy extraño. Simplemente se convierte en una hermosa colección de imágenes».
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
+++
Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
Comentarios desactivados en Irene López Alonso: «El consejo de Virginia Woolf, incluso 90 años después, sigue sin entenderse del todo»
«En estos días en los que inevitablemente pasamos más tiempo en casa y pensamos más en nuestra casa, quizá muchas de nosotras nos hemos dado cuenta de que no tenemos un cuarto propio»
| Irene López Alonso
En estos días de confinamiento y cuarentena, muchas se acordarán de Virginia Woolf. Aquella escritora que, en 1929, les dijo a las mujeres jóvenes de Inglaterra que para poder escribir novelas hacía falta “un cuarto propio”.
Más de 90 años después, y especialmente en estos días en los que estamos recluidos en casa por responsabilidad, seguramente muchos de nosotros estamos siendo más conscientes de la importancia de la vivienda. De la importancia de contar con un espacio agradable y acogedor, donde estar a gusto, donde sentirnos bien.
“Las viviendas no debían ser lugares para dormir sino para vivir alegremente”, escribió Eva Perón en su autobiografía, explicando su empeño para que las casas que ponía a disposición de los pobres, en la Argentina de finales de los años 40, tuvieran flores, cortinas, vajilla de plata. “El rico, cuando piensa para el pobre, piensa en pobre”, se quejaba. No es lo mismo pasar la cuarentena en el Palacio de la Zarzuela que en un piso de 30 metros cuadrados.
Por eso en estos días, en los que los propietarios de balcones o terrazas son unos privilegiados frente a quienes viven en un bajo o en piso con ventanas al patio interior; en estos días en los que inevitablemente pasamos más tiempo en casa y pensamos más en nuestra casa, quizá muchas de nosotras nos hemos dado cuenta de que no tenemos un cuarto propio.
Vanessa Monfort, en su novela Mujeres que compran flores, recreaba una conversación entre un grupo de amigas: “¿Cuántas de vosotras cuando habéis vivido en pareja tuvisteis una habitación propia?”. Las respuestas afirmativas eran claramente minoritarias. Y la conclusión, colectiva: “Todas preocupadísimas por conquistar nuestro lugar en los despachos y donde aún no nos hemos hecho un hueco es en casa”.
Por eso el consejo de Virginia Woolf, incluso 90 años después, sigue sin entenderse del todo. Porque las mujeres llevamos siglos luchando por la conquista del espacio público, por ocupar cargos de representación, por llegar a puestos directivos, por romper el techo de cristal en la empresa, en la política, en las artes, en la universidad.
En esa misma conferencia, luego convertida en libro, Woolf cuenta cómo en un solo paseo le prohíben entrar a una biblioteca y a una iglesia, e incluso pisar el césped del campus universitario. En aquel entonces no estaba permitido a las mujeres. Y precisamente por eso, porque Woolf vivió en un tiempo en el que los espacios públicos vedados a las mujeres eran tantos, llama la atención que en cambio se preocupara especialmente por el espacio doméstico. “Una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir novelas”, repite como leitmotiv enUn cuarto propio.
Seguramente sea en estos días de reclusión en los que acabemos de entender que la habitación propia es un espacio simbólico, un lugar-tiempo de intimidad, un jardín privado que toda mujer debe reservarse a sí misma; pero al mismo tiempo es un cuarto propio en el sentido más prosaico de la palabra: un cuarto para ti, donde no te molesten, donde poder realizar una labor intelectual con la concentración necesaria, donde refugiarte si tienes la desgracia de convivir con la persona no deseada, y donde “disponer de al menos media hora que pueda llamar mía”, como escribió Woolf.
Y es que la habitación propia es para las mujeres “un espacio de su propiedad en el que poder hacer lo que quieran sin miedo, sin rendirle pleitesía a nadie”, como explica Mª Milagros Rivera en el prólogo de una de las ediciones en español de A Room of One’s Own; pero también un lugar donde no ser “constantemente interrumpidas”.
Y esto lo saben especialmente las mujeres que son madres: “En casa, por muy directiva que seas, mamá es molestable y papá no. El tiempo de papá es suyo y el de mamá es de todos”, pone Vanessa Monfort en boca de una de las mujeres de su novela.
Quizá tenga que ver, entre otras cosas, con que ellos suelen ser los propietarios de esa “habitación de sobra” en una vivienda familiar. Ellos sí suelen tener un despacho o un estudio, en mayor medida que nosotras. Ellos llevan más generaciones con cuarto propio. Nosotras, más tiempo en el espacio común.
Por eso las interrupciones son un tema de estudio feminista, y por eso Virginia Woolf hablaba también de las “amenidades”. Del ocio, del recreo, de todo aquello que nos realiza y nos cultiva, de las actividades de las que disfrutamos.
“Les dije suavemente que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia. ¿Por qué todo el esplendor y el lujo de la vida ha de ser derrochado en los Julian y los Francis y nada en las Phare y las Thomas?”, escribió en su diario cuando regresó a su casa después de haber dictado su conferencia.
Porque queremos el pan, pero también las rosas. Queremos vivienda digna para todos y todas, pero también bebernos un vino, brindar, gozar, tomar el sol, escuchar buena música, elegir nuestra compañía o decidir estar solas, divertirnos, reírnos, decorar nuestros entornos, rodearnos de belleza.
“De modo que cuando os pido que ganéis dinero y tengáis una habitación propia, os pido que viváis en presencia de la realidad, que llevéis una vida estimulante”, explica Virginia. Sin duda es un buen momento para leerla. Ojalá desde una habitación —o al menos un rincón—, donde podamos estar contentas ?
Comentarios desactivados en De Freddie Mercury a Frida Kahlo: ’50 Queers que cambiaron el mundo’
Hay libros que tanto por contenido como por estética, hay que tener sí o sí en la biblioteca personal. Ese es el caso de ‘50 Queers que cambiaron el mundo‘, un libro de Dan Jones, pequeño en tamaño pero muy grande en belleza y en los personajes que incluye. Publicado por Libros Cúpula recientemente, está ilustrado por Michele Rosenthal.
Aunque no cabe duda de que queda muchísimo por hacer hasta conseguir una igualdad y libertad real en todo el mundo, el colectivo LGTB+ disfruta actualmente de una visibilidad que hace apenas unas décadas era impensable. Una visibilidad en la que ha sido clave la aportación valiente de muchas personas anónimas y también famosas.
Este libro recoge la vida y obra de 50 de estos iconos para el colectivo, procedentes de sectores tan distintos como la literatura, la música, el cine, la televisión y, por supuesto, el activismo.
Freddie Mercury es el encargado de arrancar el libro, mientras que Frida Kahlo le pone punto final. Entre ellos, encontramos perfiles tan variados como los de Keith Haring, RuPaul, Chavela Vargas, Harvey Milk, Virginia Woolf, George Takei, Alan Turing, Madonna, Laverne Cox, Ellen DeGeneres o Marlene Dietrich, entre otros.
La recopilación es es fantástica y nos permite acercarnos y conocer un poco más a auténticos influencers que sin necesidad de redes sociales han logrado marcar una auténtica diferencia en el colectivo LGTB+.
Gracias a este libro, aún podemos seguir aprendiendo de ellos en todo lo referente a tolerancia y visibilidad. Muy recomendable.
Comentarios desactivados en «Recuperar el cristianismo de María Magdalena», por Juan José Tamayo
Leído en la página web de Redes Cristianas
Con motivo de la fiesta de María Magdalena, que se celebra el 22 de julio
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud, entendida y practicada patriarcalmente como obediencia, sumisión, recato, silencio, humildad (=humillación), servicio, abnegación, sacrificio. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento en igualdad e condiciones que los varones.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra” (Gál 3,28).
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del Reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana y que recuperó la teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal, de la teología escolástica, que entendía la Iglesia como una monarquía.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace cinco años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública.
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. Hay que reconstruir la línea de continuidad de los movimientos emancipatorios a lo largo de la historia y establecer nuevas alianzas inclusivas, creadas desde abajo y no desde el poder, en lucha contra la exclusión social, política y religiosa de las mujeres, que desemboca en violencia de género, y contra la discriminación de las mujeres, que tiene carácter interseccional: por clase social, cultura, etnia, religión, identidad afectivo-sexual, etc.
***
Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid. Entre sus obras dedicadas al feminismo cabe citar: Otra teología es posible. Interculturalidad, pluralismo religioso y feminismo (Herder, Barcelona, 2012, 2ª ed.); Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013), que ofrece un perfil intelectual de catorce mujeres pioneras de la igualdad; Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que dedica un capítulo a la utopía feminista; Religión, género y violencia (Dykinson, Madrid, 2017, 2ª ed.). Islam: sociedad, política y feminismo (Dykinson, Madrid, 2018, 1ª reimpresión).
Comentarios desactivados en We can be heroes, una reivindicación sobre el papel del colectivo LGTB en la cultura
We can be heroes es una enciclopedia ilustrada, creada por la artista española Roberta Marrero, sobre la gran aportación del colectivo LGTB a la cultura. A lo largo de sus páginas realiza un recorrido desde la Edad Media hasta nuestros días analizando la represión franquista, la androginia, el travestismo, la pornografía o lo Queer.
El libro, editado por Lunwerg, apela al orgullo de ser uno mismo y reivindica una sociedad diversa, plural y auténticamente igualitaria, más allá de las diferencias de género.
En el prólogo, escrito por el activista Paul B. Preciado, se indica que esta antología reivindica el papel del colectivo LGTBQ+ en la cultura de las últimas cinco décadas: un movimiento complejo y vanguardista cuya huella en nuestra historia colectiva se ha mantenido oculta durante demasiado tiempo.
We can be heroeses un homenaje a todas esas personas que durante años han enseñado a la sociedad que hay otras vidas posibles. Una colección de historias de dioses y diosas antiguos y de algunos nuevos; deidades paganas a las que encomendarse, sobre las que aprender, modelos de conducta, pioneros y pioneras que abrieron el camino a todos los que vinieron después.
En el libro, Roberta Marrero nos acerca a personajes tan dispares como Juana de Arco, Marlene Dietrich, David Bowie, Virginia Woolf, John Waters, Rocío Jurado o Andy Warhol. Todos ellos ayudan a construir un mapa del movimiento LGTBQ+ mediante su gran aportación al mundo del cine, la música, el arte o la cultura popular.
Una reflexión sobre el poder de la cultura para cambiar el mundo, de la necesidad del conocimiento para empoderar a todos aquellos colectivos que se sigan sintiendo oprimidos. Un manifiesto a la diversidad como única forma de libertad.
En su obra La Ciudad de las Damas, de principios del siglo XV, la escritora francesa Christine de Pisan constataba la disparidad entre la imagen negativa de los varones sobre las mujeres y el conocimiento que tenía de sí misma y de otras mujeres. Los varones afirmaban que el comportamiento femenino estaba colmado de todo vicio; juicio que en opinión de Christine demostraba bajeza de espíritu y falta de honradez. Ella, por el contrario, tras hablar con muchas mujeres de su tiempo que le relataron sus pensamientos más íntimos y estudiar la vida de prestigiosas mujeres del pasado, les reconoce el don de la palabra y una inteligencia especial para el estudio del derecho, la filosofía y el gobierno.
La situación de entonces se repite hoy en la mayoría de las religiones, que se configuran patriarcalmente y nunca se han llevado bien con las mujeres. Estas no suelen ser consideradas sujetos religiosos ni morales, por eso se las pone bajo la guía de un varón que las lleve por la senda de la virtud. Se les niega el derecho a la libertad dando por supuesto que hacen mal uso de ella. Se les veta a la hora de asumir responsabilidades directivas por entender que son irresponsables por naturaleza. Son excluidas del espacio sagrado por impuras. Se las silencia por creer que son lenguaraces y dicen inconveniencias. Son objeto de todo tipo de violencia: moral, religiosa, simbólica, cultural, física, etc.
Sin embargo, las religiones difícilmente hubieran podido nacer y pervivir sin ellas. Sin las mujeres es posible que no hubiera surgido el cristianismo y quizá no se hubiera expandido como lo hizo. Ellas acompañaron a su fundador Jesús de Nazaret desde el comienzo en Galilea hasta el final en el Gólgota. Recorrieron con él ciudades y aldeas anunciando el Evangelio (=Buena Noticia), le ayudaron con sus bienes y formaron parte de su movimiento.
La teóloga feminista Elisabeth Schüssler Fiorenza ha demostrado en su libro En memoria de ella que las primeras seguidoras de Jesús eran mujeres galileas liberadas de toda dependencia patriarcal, con autonomía económica, que se identificaban como mujeres en solidaridad con otras mujeres y se reunían para celebrar comidas en común, vivir experiencias de curaciones y reflexionar en grupo.
El movimiento de Jesús era un colectivo igualitario de seguidores y seguidoras, sin discriminaciones por razones de género. No identificaba a las mujeres con la maternidad. Se oponía a las leyes judías que las discriminaban, como el libelo de repudio y la lapidación, y cuestionaba el modelo de familia patriarcal. En él se compaginaban armónicamente la opción por los pobres y la emancipación de las estructuras patriarcales. Las mujeres eran amigas de Jesús, personas de confianza y discípulas que estuvieron con él hasta el trance más dramático de la crucifixión, cuando los seguidores varones lo abandonaron.
En el movimiento de Jesús las mujeres recuperaron la dignidad, la ciudadanía, la autoridad moral y la libertad que les negaban tanto el Imperio Romano como la religión judía. Eran reconocidas como sujetos religiosos y morales sin necesidad de la mediación o dependencia patriarcal. Un ejemplo es María Magdalena, figura para el mito, la leyenda y la historia, e icono en la lucha por la emancipación de las mujeres.
A ella apelan tanto los movimientos feministas laicos como las teologías desde la perspectiva de género, que la consideran un eslabón fundamental en la construcción de una sociedad igualitaria y respetuosa de la diferencia. María Magdalena responde, creo, al perfil que Virginia Woolf traza de Ethel Smyth: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
Las mujeres fueron las primeras personas que vivieron la experiencia de la resurrección, mientras que los discípulos varones se mostraron incrédulos al principio. Es esta experiencia la que dio origen a la Iglesia cristiana. Razón de más para afirmar que sin ellas no existiría el cristianismo. No pocas de las dirigentes de las comunidades fundadas por Pablo de Tarso eran mujeres, conforme al principio que él mismo estableció en la Carta a los Gálatas: “ya no hay más judío ni griego, esclavo ni libre, varón o hembra”.
Sin embargo, pronto cambiaron las cosas. Pedro, los apóstoles y sus sucesores, el papa y los obispos, se apropiaron de las llaves del reino, se hicieron con el bastón de mando, que nada tenía que ver con el cayado del pastor para apacentar las ovejas, mientras que a las mujeres les impusieron el velo, el silencio y la clausura monacal o doméstica. Eso sucedió cuando las iglesias dejaron de ser comunidades domésticas y se convirtieron en instituciones políticas e Iglesia.
¿Cuándo se reparará tamaña injusticia para con las mujeres en el cristianismo? Habría que volver a los orígenes, más en sintonía con los movimientos de emancipación que con las Iglesias cristianas de hoy. Es necesario cuestionar la primacía –el primado- de Pedro, que implica la concentración del poder en una sola persona e impide el acceso de las mujeres a las responsabilidades directivas compartidas.
Hay que recuperar el discipulado de María Magdalena, “Apóstol de los Apóstoles”, como la llama Elisabeth Schüssler en un artículo del mismo título pionero en las investigaciones feministas sobre el Testamento cristiano, en referencia al reconocimiento que se le daba en la Antigüedad cristiana. Es necesario revivir, refundar el cristianismo de María Magdalena, inclusivo de hombres y de mujeres, en continuidad con los profetas y las profetisas de Israel y con el profeta Jesús de Nazaret, pero no con la sucesión apostólica, de marcado acento jerárquico-patriarcal.
Un cristianismo olvidado entre las ruinas valladas de la ciudad de Magdala, lugar de nacimiento de María Magdalena, que visité hace tres años, a siete kilómetros de Cafarnaún, donde tuvo su residencia Jesús de Nazaret durante el tiempo que duró su actividad pública. En las excavaciones que se llevan a cabo en Magdala se descubrió en 2009 una importante sinagoga Ahí se encuentra la memoria subversiva del cristianismo originario liderado por Jesús y María Magdalena, que fue derrotado por el cristianismo oficial.
Pero de aquel cristianismo sepultado bajo esas ruinas emerge un cristianismo liberador vigoroso, desafiante, y empoderado a través de los movimientos igualitarios que surgen en los márgenes de las grandes iglesias cristianas, como surgió en los márgenes el primer movimiento de Jesús, de María Magdalena y de otras mujeres que le acompañaron durante los pocos meses que duró su actividad pública..
Es necesario heredar la autoridad moral y espiritual de María de Magdala como amiga, discípula, sucesora de Jesús y pionera de la igualdad. En definitiva, Jesús Nazaret, María Magdalena, Cristina de Pisan, Virginia Woolf, los movimientos feministas, las comunidades de base y la teología feminista de las religiones caminan en dirección similar. Por ahí han de ir las nuevas alianzas, creadas desde abajo y no desde el poder, en la lucha contra la violencia de género y la exclusión social de las mujeres.
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Juan José Tamayo es miembro del Comité Científico del Instituto Universitario de Estudios de Género de la Universidad Carlos III de Madrid y autor de Cincuenta intelectuales para una conciencia crítica (Fragmenta, Barcelona, 2013) y de Invitación a la utopía. Ensayo histórico para tiempos de crisis (Trotta, Madrid, 2012), que tiene un capítulo dedicado a la utopía feminista.
Comentarios desactivados en ‘A Virginia le gustaba Vita’: Un amor lésbico con sabor a alta literatura
«Mi amor por ti es absolutamente verdadero, vívido e inalterable», le escribió Vita Sackville-West a Virginia Woolf en una de las muchas cartas que se intercambiaron.
La editorial Dos Bigotes publica la nueva novela de Pilar Bellver. Un juego literario en el que se mezclan la ficción, la valentía y la documentación para proyectar la historia de amor que vivieron, saborearon, sufrieron y disfrutaron Virginia Woolf y Vita Sackville-West.
Si el amor se va construyendo con el tiempo, nuestra relación con la editorial Dos Bigotes ha dejado el terreno de la amistad para convertirse en un romance eterno.
La editorial se ha especializado en publicar novelas que no sólo tienen calidad sino que tienen la impagable virtud de sorprendernos. De este modo, podemos viajar a los rincones más oscuros del amor con ‘El sonido de los cuerpos‘, disfrutar del sexo en los tiempos del Grindr con ‘Una barba para dos‘ o disfrtuar del pasar del tiempo y la independencia femenina con ‘La tierra de los abetos puntiagudos‘.
Ahora, la editorial ha sellado una alianza con Pilar Bellver que gravita sobre una de las figuras más influyentes de la literatura del siglo XX: Virginia Woolf. Un pacto condimentado con unas gotas de diversidad, un chorrito de inclusión y unas cucharadas de amor lésbico.
¿De qué va?
Mi amor por ti es absolutamente verdadero, vívido e inalterable», le escribió Vita Sackville-West a Virginia Wolf en una de las muchas cartas que se intercambiaron.
Tomando como punto de partida una de esas cartas íntimas y los datos biográficos de los que se disponen, Pilar Bellver ha construido una novela extraordinaria en todos los sentidos: por su deslumbrante calidad literaria, por su raro y perfecto mestizaje entre ficción y documentación y por la osadía del reto creativo al que se enfrenta como autora.
Todo para atreverse a dar cuerpo y voz tanto a Virginia Woolf, una de las escritoras más influyentes del siglo XX, como a su amante, Vita Sackville-West, también escritora y quizá una de las aristócratas más influyentes de la Inglaterra de su época.
Una mujer con una personalidad arrolladora capaz de enamorar a Virginia y de inspirar en ella un personaje tan carismático y poliédrico como Orlando.
‘A Virginia le gustaba Vita’ es una historia de amor real y a la vez magistralmente recreada en la imaginación de Bellver, que logra que admiremos el apasionado sentido de la libertad que llevó a Vita a tratar de conseguir el amor de Virginia saltándose todos los convencionalismos y, lo que es más difícil, que podamos colarnos dentro de la compleja mente de Virginia para entender mejor la lucha que mantuvo con sus fantasmas -físicos y mentales- a los que tuvo que vencer antes de aceptar el abrazo de Vita.
Y todo dentro del rico marco histórico del periodo de entreguerras, dentro del ambiente transgresor que unió a los miembros del grupo de Bloomsbury y sin olvidar los especiales lazos que se establecieron entre ellas y sus maridos, Harold Nicolson y Leonard Woolf.
A Virginia le gustaba Vita, en palabras de su autora
En vida de Virginia Woolf, Vita Sackville-West, también escritora, quiso conocerla a toda costa porque ya la admiraba, ya la había intuido, ya la amaba… así que sólo le faltaba eso, conocerla. Se empeñó y lo consiguió. Aunque no le costó mucho porque Vita era una de las nobles con más rango de Inglaterra, tenía 30 años y era especialmente atractiva: había pocas puertas que no se le abrieran. Sin contar que, además, como escritora, era mucho más conocida, sus libros se vendían bastante más que los de Virginia en aquel momento.
«Le he dado forma de cartas porque al leer a lo largo del tiempo las biografías que han ido saliendo sobre Vita y Virginia, lo que más me ha impactado personalmente ha sido su epistolario, tener acceso a él. Porque representa la parte más íntima que conocemos de las dos, la más sincera, la ajena a la vigilancia que establecemos las escritoras cuando sentimos la amenaza de que un texto pueda ser publicado; y la más equilibrada (otra vez ese concepto), ya que en las cartas hablan las dos en igualdad de condiciones», afirma la autora.
Virgina Woolf, Granada… y una actriz llamada María Tubau
«Habíamos llegado ante un cuadro que ahora estaba ya en penumbra, tuve que encender todas las luces eléctricas de la habitación para verlo bien porque las que hay fijas por toda la casa apenas sirven solo para transitar sin tropezones. Representaba a una mujer muy atractiva; era un retrato de pie, de cuerpo entero, a tamaño natural. A pesar de ser un cuadro tan grande, y bastante bueno, me pareció, tuve que confesarle que verlo-verlo, lo que se dice verlo, era la primera vez que lo veía. Me temí que fuera obra de algún pintor extraordinario y que ella me tomara por una inculta, por una bárbara indigna de poseer una maravilla. Me acerqué a leer en voz alta la chapa que había en el marco: María Tubau como La dama de las camelias. Luis Taberner y Montalvo, 1878».
En este fragmento de A Virginia le gustaba Vita, la aristócrata británica detalla en una misiva dirigida a Harold Nicolson, su esposo, el momento en el que Virgina Woolf descubre la existencia del retrato de María Tubau en una de las cientos de habitaciones del castillo de Knole. Un hallazgo que dará pie al relato del encuentro en Granada entre la autora de Orlando y la actriz española.
Comentarios desactivados en «Virginia Woolf y María Magdalena», por Juan José Tamayo
A las filósofas, teólogas, escritoras y artistas feministas, mis maestras
En su magnífico libro La resurrección de María Magdalena. Leyendas, Apócrifos y Testamento cristiano (EVD, Estella, 2008), la teóloga Jane Schaberg relaciona hermenéuticamente a María Magdalena y a Virginia Woolf. La peculiar mística escéptica y subversiva de la escritora británica le sirve de modelo interpretativo para reconstruir la emblemática figura de La Magdalena en clave feminista. ¿Es ésta una alianza espuria? Las diferencias entre ambas mujeres son ciertamente notables, pero también lo son las similitudes, constata Shaberg, al menos en el imaginario colectivo. Las dos son tenidas por “trastornadas” o “enfermas”: la una, “maniaco-depresiva, la otra, posesa; ambas están exorcizadas o autoexorcizadas y confiesan momentos de visión. Las dos resultan extrañas para el círculo patriarcal y ninguna de ellas es miembro del selecto grupo de los “Apóstoles”, o al menos han sido excluidas de dicho grupo por el poder patriarcal. Coinciden hasta en la vida póstuma: Woolf y la Magdalena son figuras para el mito y la leyenda e iconos en la lucha por la emancipación.
Desde una lectura feminista, Schaberg reconstruye las figuras de Woolf y Magdalena, hasta identificarse con ellas para crear, con su ayuda, una espiritualidad propia no excluyente conforme al ideal woolffiano: “En mi condición de mujer, no tengo patria. Como mujer no quiero patria. Como mujer, mi patria es el mundo entero”. Y Schaberg añade: “Como mujer, no tengo religión. No soy judía o cristiana o musulmana o pagana. Como mujer soy judía y cristiana, musulmana y pagana”. El deseo confesado de la teóloga feminista es haber “encontrado” a una María Magdalena tan valiente y arrojada como Virginia Woolf o como Ethel Smyth, personaje de una de sus novelas que la escritora inglesa describe de esta guisa: “Pertenece a la raza de las pioneras, de las que van abriendo camino. Ha ido por delante, y talado árboles, y barrenado rocas, y construido puentes, y así ha ido abriendo camino para las que van llegando tras ella”.
A través de una rigurosa investigación interdisciplinar de las fuentes cristianas canónicas de la Biblia hebrea y del Testamento cristiano, de los escritos gnósticos y de la arqueología, del arte y de las leyendas, Schabert imagina y recupera la figura de María Magdalena liberada de las imágenes negativas que sobre ella ha construido la ideología patriarcal desde los propios textos canónicos hasta la exégesis actual.
Schaber ve en los textos analizados indicios fragmentados de María Magdalena como continuadora del profetismo hebreo, iniciadora de la creencia cristiana en la resurrección, sucesora de Jesús de Nazaret y heredera de su autoridad espiritual. Los evangelios apócrifos de carácter gnóstico ofrecen elementos importantes para reconstruir la figura de María Magdalena, si bien de manera tentativa y provisional:
– Existe como personaje y como memoria en un mundo cuyos textos acusan un lenguaje androcéntrico y patriarcal.
– Se expresa con atrevimiento y osadía en un mundo real y simbólico dominado por varones, lo que le da un relieve especial.
– Es una persona preeminente entre los seguidores y las seguidoras de Jesús, ya que posee autoridad espiritual y ejerce un liderazgo en igualdad de condiciones con los discípulos varones.
– Es presentada como compañera íntima de Jesús.
– Entra en conflicto con algunos discípulos varones por la fiabilidad de su testimonio.
– Aparece como consoladora y maestra de los demás discípulos.
– Es elogiada por su inteligencia superior.
La teología feminista cristiana recurre a María Magdalena como fuente de autoridad para llevar a cabo las transformaciones necesarias en el terreno eclesiástico y como pionera de la igualdad para generar cambios culturales y sociales que eliminen en la sociedad las discriminaciones de todo tipo: étnicas, sociales, culturales, religiosas y de género. Discriminaciones estas últimas que o suelen pasar desapercibidas o no cuentan como prioridad para su superación.
El libro dibuja un sugerente cristianismo en torno a la figura de María Magdalena, vigente durante los dos primeros siglos en algunas iglesias y olvidado por la Iglesia patriarcal hasta hoy: un cristianismo inclusivo de hombres y mujeres bajo el signo de la continuidad profética más que bajo la sucesión apostólica; un cristianismo como posibilidad desconcertante, terriblemente vulnerable, que intentó alcanzar lo imposible y fracasó, pero que es necesario reinventar -quizás sin llamarse cristianismo- para contribuir a la lucha por la emancipación y la igualdad.
Juan José Tamayo
Director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones. Universidad Carlos III de Madrid
Comentarios desactivados en Vita & Virginia: La película sobre la relación lésbica de Virginia Woolf
Virginia Woolf es uno de los personajes femeninos más interesantes de la historia y como tal, largo y tendido se ha hablado de su vida, muerte y legado; como por ejemplo la película Las Horas. De Woolf, al margen de su estupenda obra – de la que recomendamos encarecidamente que leáis, si no lo habéis hecho ya, Una habitación propia– diremos que era una persona atormentada, no obstante padecía bastantes depresiones, que tristemente le condujeron al suicidio. Aunque estaba casada con Leonard Woolf, mantenía una relación bastante estable con la también escritora Vita Sackville-West, ya que Virginia Woolf era una mujer bisexual y feminista. Sobre este hecho ha querido incidir la directora británica Chanya Button, llevándolo a la gran pantalla bajo el nombre de Vita & Virginia.
Basada en la obra de Dame Eileen Atkins, la película se centrará en el romance y la amistad que estas dos mujeres mantuvieron a lo largo del tiempo, a pesar de estar ambas casadas y tener otros amantes. La relación con Vita fue tremendamente inspiradora para Virginia, que escribió Orlando tras pasar una temporada con Vita Sackville-West.
Sobre la relación entre Vita y Virginia pudimos ver algo similar en Portrait of a Marriage, la miniserie de la BBC emitida en 1992, si bien estaba más centrada en la vida de Vita Sackville-West, su matrimonio con Harold Nicolson y otros amantes de Vita, como Violet Trefusis.
Comentarios desactivados en La bisexualidad de Keynes, en el 70 aniversario de su muerte
«Las palabras han de ser un poco salvajes, pues son el asalto de los pensamientos a lo impensado»
John Maynard Keynes
El colectivo Arcópoli ha aprovechado el 70 aniversario del fallecimiento de John Maynard Keynes, sin duda uno de los más influyentes economistas del siglo XX, para reivindicar su condición bisexual y denunciar su invisibilización. A Arcópoli, en concreto, le llama la atención que esta circunstancia no sea más visible en nuestro país incluso en artículos dedicados específicamente a la efeméride. Precisamente hace un par de años nos hacíamos eco de la polémica desencadenada en medios anglosajones por el historiador Niall Ferguson al asegurar en una conferencia que el pensamiento de Keynes estaba influido por el hecho de no tener descendencia debido a su condición sexual.
Arcópoli, dentro del Año de Reivindicación de la Bisexualidad, quiere aprovechar el 70 aniversario de la muerte del economista Keynes, para mostrar que era bisexual sin tabúes ya en la primera mitad del s.XX, unos años después de la condena del escritor Oscar Wilde por «sodomía» que le llevó a la muerte y unas décadas antes de que Alan Turing fuera acusado y condenado también por sodomía y que del mismo modo, le llevó a la muerte tras ser héroe de guerra.
El joven John Maynard Keynes
John Maynard Keynes nació en en 1883 en Cambridge. Estudió en Eton y Cambridge y revolucionó la economía con sus teorías que dieron los fundamentos a la socialdemocracia que perviven en la actualidad. Sus propuestas son la base del Estado del Bienestar de la mayoría de las Naciones democráticas de la actualidad.
Durante su época de estudiante se introdujo en el círculo de Blomsbury, que se revelaban contra la sociedad conservadora de principios del s.XX y la moral victoriana imperante. En él coincidió con la escritora lesbiana Virginia Woolf entre otros. En 1908 conoció al guapo pintor Duncan Grant con quien vivió una tórrida y larga relación, pública. Al terminar su relación, fueron amigos para siempre y Keynes hizo una recopilación de las personas con las que había mantenido relaciones sexuales en su vida. Aparecían más de 25 hombres y mujeres. Guardaba el registro incluso de las prácticas sexuales mantenidas con todos. Estos datos fueron una destacable anticipación de las publicaciones estadísticas de Alfred Kinsey en 1940.
También se obsesionó con Sergéi Diághilev y persiguiéndole conoció a la bailarina de su compañía Lydia Lokopova, con la que se casó y a la que dejó embarazada aunque finalmente no pudo tener el niño, compartieron el resto de su vida juntos. Incluso en 1940 el matrimonio visitó la Residencia de Estudiantes de Madrid donde dio una conferencia.
Hace 3 años, el historiador británico Niall Ferguson desató la polémica al afirmar que «como Keynes era homosexual y no podría tener hijos, no se había preocupado de las consecuencias de sus teorías económicas a largo plazo». A raíz de la acusación de homófobo (y bífobo) y la polémica surgida, pidió disculpas. Aunque lo cierto es que ya Schumpeter en su obituario apuntó a su posible hedonismo. Niall Ferguson se refería entonces a una famosa frase de Keynes, “en el largo plazo, todos estamos muertos”.Frase que suele utilizarse para expresar la idea keynesiana de que, dado que el libre mercado por sí solo no es capaz de alcanzar el equilibrio económico, en momentos de crisis son necesarios estímulos ambiciosos a corto plazo aunque puedan generar otros problemas en el largo plazo. Ferguson, un académico muy crítico con el keynesianismo, interpretó la frase como muestra de la indiferencia de Keynes hacia el futuro por el hecho de ser homosexual (según Ferguson) y no tener descendencia. Bien es cierto que el propio Ferguson se disculpó posteriormente en una entrada publicada en su blog y reconoció que su comentario había sido “estúpido e insensible”.
El comentario de Ferguson, en cualquier caso, sirvió para recordar un hecho que mucha gente desconocía hasta entonces: la rica vida afectivo-sexual de John Maynard Keynes (1883-1946), que durante buena parte de su vida mantuvo numerosas relaciones homosexuales, que además no ocultó. Ya en la cuarentena Keynes acabó sin embargo contrayendo matrimonio con una mujer, la bailarina rusa Lydia Lopokova, después por cierto de mantener durante una larga temporada dos relaciones en paralelo: una con la propia Lopokova, otra con el psicólogo y escritor Sebastian Sprott.
Una circunstancia, la de la bisexualidad de Keynes, que el colectivo Arcópoli ha querido destacar especialmente con motivo de el 70 aniversario de su muerte, que se conmemoraba este 21 de abril. “Personajes tan relevantes como Keynes deben ser reivindicados como orgullosos bisexuales. La bisexualidad está claramente invisibilizada en la sociedad y por ello, debemos hacer especial especial hincapié en reivindicar aquellas personalidades que hicieron pública su bisexualidad, para tener referentes positivos que nos permitan luchar contra la bifobia”, ha declarado Álvaro de la Serna, vocal de bisexualidad de Arcópoli.
Keynes con su esposa Lydia Lopokova,
Desde este colectivo también se ha criticado que el artículo que el diario El País dedicaba a Keynes este jueves (escrito por el catedrático de Historia Económica de la Universidad de Alcalá de Henares, Pablo Martín-Aceña) no haga referencia a la bisexualidad de Keynes. En pleno s.XXI, El País, el diario de información general más leído de España, hoy en el aniversario de su muerte, invisibiliza su realidad al publicar un artículo biográfico celebrando los 70 años de su muerte y donde selectivamente habla de que estuvo casado con una mujer, pero oculta su visible bisexualidad. Lo cierto es que, al menos en la versión que ahora muestra El País, esta condición sí que se insinúa, cuando Martín-Aceña asegura que Keynes fue “afortunado en amores”: “primero dentro del círculo de Bloomsbury, con cambio frecuente de parejas y sin atención excesiva a las diferencias de sexo; después, en su matrimonio con Lydia Lopokova”.
Coincidimos en cualquier caso con Arcópoli en que ya es hora de visibilizar como se merece la orientación no estrictamente heterosexual de personajes de la historia, recientes o antiguos. La realidad LGTB no es nueva, aunque solo se haga visible desde hace unas pocas décadas. Es tan antigua como el género humano. Y ya está bien de pasar de puntillas sobre ello.
Comentarios desactivados en SiempreViva, la primera editorial de la diversidad sexual en Chile
La editorial será dirigida por el periodista activista Víctor Hugo Robles, busca recopilar, publicar, editar y difundir obras gays, lésbicas, trans de Chile y de América Latina, y que además integra la abogada y académica Pamela Sánchez Nieto.
Siempre Viva Ediciones, la primera editorial de la diversidad sexual en Chile, debutará el próximo viernes 28 de agosto a las 18:00 horas con el lanzamiento de su primera obra, el libro “El diario del Che Gay en Chile”, del periodista y activista Víctor Hugo Robles, en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (República 475, Metro República).
Robles es además director de la editorial, que busca recopilar, publicar, editar y difundir obras gays, lésbicas, trans de Chile y de América Latina, y que además integra la abogada y académica Pamela Sánchez Nieto. El texto, cuyo título es un guiño al “Diario del Che en Bolivia”, reúne columnas de opinión, entrevistas, textos críticos, archivos de prensa, documentos e imágenes de performances del activista.
La obra incluye textos de la periodista chilena Rita Ferrer, la crítica puertorriqueña Carmen Oquendo Villar, el escritor argentino Alejandro Modarelli, la activista lesbiana feminista de Chile Anatolia Hérnandez, el escritor chileno Juan Pablo Sutherland, uno de los nietos del presidente Salvador Allende,Alejandro Salvador Fernández Allende, además de la periodista Faride Zerán, que escribió el prólogo de la obra. Zerán será parte del lanzamiento junto a la diputada Maya Fernández y la dirigente estudiantil Eloísa González.
La portada es una pintura que cruza la imagen de Ernesto “Che” Guevara con “El Che de los Gays” y es obra del artista plástico Francisco Tapia, alias “Papas Fritas”. Además Álvaro Hoppe, Kena Lorenzini, Cristóbal Olivares y Juan Pedro Catepillán participan desde el registro fotográfico.
“El Diario del Che Gay en Chile” se presentará al cumplirse 18 años de la creación del conocido personaje político-cultural. También hay programadas presentaciones en Madrid y Barcelona.
La editorial
Robles también se refiere orgulloso a este nuevo proyecto editorial que dirige.
“Busca dar visibilidad a un cuerpo político-escritural de la diversidad sexual loca-local que se encuentra disperso y sin ‘cuarto propio’, como diría Virginia Woolf”, señala. Una editorial que, en palabras de Robles, reconoce el trabajo “valiente y señero” que realiza la editora Marisol Vera con la feminista Editorial Cuarto Propio, que publicó los primeros libros de Pedro Lemebel, Francisco Casas y el propio Robles (“Bandera Hueca. Historia del Movimiento Homosexual en Chile”).
“Se trata de una loca aventura que emerge en este primer título marica-guerrillero, una aventura que poco a poco se irá haciendo caminando al andar, camino al escribir”, indica.
Sánchez Nieto complementa que el objetivo es publicar obras de artistas consagrados y emergentes de todos los estilos literarios: novela, teatro, ficción, historia, ensayos, poesía, discursos, reportajes, entrevistas, biografías, así como obras de las artes visuales como fotografía, pintura, escultura, comics y registros performáticos, entre otros.
“También como editorial acogeremos a las y los escritores, que abran debate en torno a los avances legales en el tema, y con ello dejar un registro para los historiadores e investigadores”, remata. Entre los futuros proyectos está publicar una antología de teatro homosexual que recopila Ramón Griffero.
La académica apunta a que, si bien en Chile la experiencia es inédita, en otros países ya existen experiencias similares: en España están las colecciones “La llave la tengo yo”, “Horas y Horas” y “Editorial Egales”, mientras que en México la editorialVoces en Tintatoca temas relacionados con la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero, travesti e intersexual.
A pesar de las diferencias existentes al interior de la comunidad homosexual, Robles asegura que SiempreViva Ediciones “estará siempre viva y abierta a dar cuenta de esas necesarias y bienvenidas miradas diversas, siempre desde un lugar crítico y libertario”. “’El Diario del Che Gay en Chile’ es una invitación a escribir nuestras propias historias, usando nuestro lenguaje, nuestra estética y nuestro marica mirar”, dice.
Será “un espacio abierto, no excluyente, que permitirá debatir desde sus obras el tema de la diversidad sexual”, concluye Sánchez Nieto. “Es una editorial que no discrimina, que acoge la diversidad de opiniones y con ello hacer un aporte a esta sociedad”.
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