Archivo

Entradas Etiquetadas ‘Padre Nuestro’

“ Padre Nuestro… ¡De todos, no de unos pocos!”, por José Mª Rojo G

martes, 19 de agosto de 2025
Comentarios desactivados en “ Padre Nuestro… ¡De todos, no de unos pocos!”, por José Mª Rojo G

«Pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad»

Ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro

«Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos

 

En la fuente “Q” (Mt y Lc) encontramos que el propio Jesús, a petición de los suyos, nos enseña una oración. Ya nos lo había dicho, que no eran necesarias fórmulas ni oraciones prefabricadas, que el mismo Padre sabía bien lo que necesitábamos, que bastaba con hacerlo en secreto, sin gritos ni alharacas, sin aspavientos para que nos vean… Pero, ante la insistencia de los que quieren “la fórmula”, Jesús se anima y nos deja ese modelo que todos aprendimos de chicos y del que no nos aburrimos, el que repetimos cada día y el que resume bien todas nuestras necesidades. Vale la pena recordarlo y repasarlo. Es el “padre nuestro”.

Eso, comenzamos por no apropiárnoslo, por llamarlo “nuestro”, de todos, también de los que nos caen mal, de los que no soportamos, de aquellos que nos friegan a diario. Y no es fácil ser hijos del mismo padre y hermanos. Pero lo repetimos a diario, para que nos lo vayamos creyendo, poco a poco: no es una comida fácil de digerir, están duros los frijoles…

Y de golpe, como quien no quiere le endosamos tres peticiones para que Él las vaya haciendo realidad: “que santifiquemos su nombre, que se haga su voluntad y que llegue su Reino”. Las tres son don y tarea, más lo primero que lo segundo. Tenemos que poner nuestra parte, pero Él pone la principal. Y sabemos es su voluntad, que el Reino llegue. Para eso se encarnó, para eso plantó su carpa en nuestro campamento. Y nos lo demostró día a día, curando toda dolencia, creando condiciones para que fuéramos felices. Quiere que el Reino llegue, esa es su voluntad y así es como se va a sentir santificado (muy pronto lo entendió S. Ireneo: “la gloria de Dios es que el hombre viva” y viva con toda dignidad).

De aquella Encarnación han pasado dos milenios y aún no queremos entenderlo, le seguimos dando vueltas los cristianos ¿Más claro tuvo que hablar y actuar? ¡Pero nos cuesta! Esa es su voluntad y no otra, así vamos a santificar su nombre, poniendo nuestra partecita para que el Reino llegue. Es la única forma que tenemos,… ¡no hay otra!

Y eso nos da derecho a pedir que “el pan de cada día nos llegue. A todos, porque Él hace llover y salir el sol para buenos y para malos, para justos y para injustos. Quiere que todos tengamos a diario nuestro pan. Y en el pan incluimos todas las condiciones para una vida digna: la salud, la educación, el trabajo, la vivienda, internet hoy… ¡Pero para todos, no para unos pocos!

Sabemos que son muchos los que en el mundo carecen de pan, de condiciones para vivir con dignidad. Comenzando por el pan físico: mas de 700 millones en el mundo pasan real y verdadero hambre (no solo en Gaza, que ya clama al cielo); Pero unos 4,000 millones de personas (la mitad de la población mundial) viven sin acceso a condiciones elementales de salud; 2,700 millones no tienen agua potable; unos 773 millones de adultos son analfabetos; son millones y millones los que malviven con sueldos de miseria… Y así podríamos seguir. Con razón en el Padre nuestro le pedimos a Dios lo que más necesitamos, lo que la mayoría necesita para vivir con un mínimo de dignidad.

Y a continuación le pedimos a nuestro Dios que nos perdone nuestras ofensas. Pero lo condicionamos fuerte: que nos perdone como nosotros estamos dispuestos a perdonar. De lo contrario que no nos perdone. Es decir, en la práctica muchos le decimos que no nos perdone (¡Cuántos repetimos aquello de “perdono, pero no olvido”! o lo que es lo mismo “no perdono”). Y todos sabemos que el perdón es un proceso, proceso por el que hacemos un largo viaje, pues no es fácil llegar al final.

Somos realistas: le pedimos que “no nos deje caer en la tentación”, no que nos libre de la tentación, no, pues aceptamos ésta como lo más normal y cotidiano (en los sinópticos se nos dice que hasta el propio Jesús fue tentado por el diablo). Le pedimos vencer, no caer en tentación, y eso sí es posible con su gracia y nuestro esfuerzo. Si es lo más cotidiano -tentaciones las tenemos de todo tipo- normal que lo incluyamos en nuestra oración de cada día.

Y remacha Jesús la oración pidiendo “que nos libre del mal”. Y son muchos los males que nos acechan a cada paso. Que sea Él quien nos libre, a pesar de las muchas ocasiones y tentaciones que tengamos.

Seguimos rezando esa oración que a muchos nos enseñaron los respectivos “joaquines y anas” y seguimos diciéndole en ella al buen “Padre Nuestro” que se haga su voluntad, que TODOS tengamos condiciones de vida dignas y que lleguemos al final, a vernos libres de todo lo malo.

José Mª Rojo G

Fuente Religión Digital

Espiritualidad , , ,

Lo que Sodoma significa para los católicos hoy.

lunes, 28 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Lo que Sodoma significa para los católicos hoy.

La reflexión de hoy es de Ryan Di Corpo, periodista y editor, cuyos artículos han aparecido en The Washington Post, America, National Catholic Reporter, la revista U.S. Catholic y otros medios. Di Corpo fue editor jefe de Outreach, un ministerio para católicos LGBTQ+ respaldado por los jesuitas.

Las lecturas litúrgicas de hoy para el 17º Domingo del Tiempo Ordinario se pueden encontrar aquí.

Los católicos LGBTQ probablemente estén exhaustos por la primera lectura litúrgica de hoy, de Génesis 18, que sienta las bases para uno de los episodios más discutidos, debatidos, analizados y citados del Antiguo Testamento: la destrucción de Sodoma y Gomorra. (Sí, esta historia otra vez). La lectura de hoy nos muestra a Dios en una especie de misión de investigación con un anciano Abraham para determinar si los pecados de Sodoma y Gomorra merecen castigo. A instancias de Abraham, el Señor le promete que perdonará las ciudades si encuentra incluso diez inocentes.

En el capítulo siguiente, Lot, el sobrino de Abraham, un inmigrante (o gēr) en las ciudades, saluda a dos ángeles, a quienes alimenta con pan sin levadura en su casa. Pronto, Lot encuentra su morada rodeada por todos los hombres del pueblo, quienes exigen que saquen a sus invitados para que los hombres los conozcan (yādha‘), lo que a menudo se interpreta en un sentido sexual. En cambio, Lot ofrece a los hombres a sus dos hijas vírgenes, pero la multitud rechaza la sugerencia y se adelanta para derribar la puerta (Génesis 19:9). Los ángeles que se encontraban en el interior cegan a los hombres para detener su avance, mientras Lot huye con su familia a la ciudad de Zoar antes de que Dios devaste Sodoma y Gomorra.

Fuente de múltiples interpretaciones, la lectura más perdurable de la narrativa bíblica ha acusado a los residentes de esas ciudades condenadas de homosexualidad, lo cual, según la explicación más repetida, enfureció tanto a Dios que quemó la tierra con fuego y azufre. Esta interpretación popular (de dudosa veracidad histórica) dio origen al término «sodomía» y a su derivado despectivo «sodomita», ahora difundido en redes sociales por anónimos renegados con diccionarios. La historia es el tema de una pintura de mediados del siglo XIX, toda fuego y azufre, del artista inglés John Martin, quien tenía un don para las imágenes infernales. E inspiró una divertida camiseta que lució el historiador católico gay Alan Bray  en 1979: “Sodoma Hoy, Gomorra, El Mundo”.

“La Destrucción de Sodoma y Gomorra” de John Martin (siglo XIX).

Bromas aparte, el relato bíblico de la ira de Dios que redujo estas antiguas ciudades a ruinas humeantes se ha citado durante mucho tiempo como prueba de que las relaciones entre personas del mismo sexo merecen una condena sin reservas y, en última instancia, incurren en el castigo divino, y de que la homosexualidad clama venganza al cielo. ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Y qué significa esta historia para todos los católicos de hoy?

En su reciente libro “Inferior a los Ángeles: Una Historia del Sexo y el Cristianismo”, el historiador inglés Diarmaid MacCulloch   afirma que, a partir del siglo II a. C., las “relaciones desiguales entre personas del mismo sexo” en el mundo grecorromano (por ejemplo, entre un patricio y un esclavo) fueron cada vez más condenadas en los escritos judíos. Y líderes intelectuales (Filón de Alejandría, Josefo) en la época de Cristo señalaron los actos homosexuales como el pecado de Sodoma.

El eticista anglicano Derrick Sherwin Bailey, en su emblemático estudio de 1955, Homosexualidad y la Tradición Cristiana Occidental, señala que los pasajes bíblicos supuestamente relacionados con actos sexuales inadmisibles, como Levítico 18:22 y Romanos 1:26, no hacen referencia alguna a Sodoma. Muchos eruditos interpretan el relato bíblico no como una advertencia sobre las relaciones homosexuales, sino como una advertencia contra la inhospitalidad.

«Dios castigó a Sodoma por una inexcusable violación de la hospitalidad que se ofrecía tradicionalmente a los viajeros en el mundo antiguo», escribe MacCulloch. Y el experto en Antiguo Testamento Richard J. Clifford, S.J., expresidente de la Asociación Bíblica Católica, coincide y profundiza en esta perspectiva. En un ensayo de 2024 para Outreach, Clifford descarta con facilidad la idea de que el pecado de Sodoma fuera la homosexualidad y señala una perspectiva que se pasa por alto. «A los ojos de Lot, los hombres de Sodoma no pretendían específicamente violar a un homosexual, sino humillar a Lot, a quien despreciaban como inmigrante, y a sus dos invitados«, escribe Clifford. Clifford hace referencia específica a las amenazas de los hombres hacia Lot:

«¡Quítate del camino!«, respondieron. «¡Este hombre vino como extranjero y ahora quiere hacerse el juez! Te trataremos peor que a ellos» (Génesis 19:9).

Si el pecado de Sodoma es la falta de hospitalidad hacia los extraños, en particular hacia los extranjeros, entonces nuestra nación está invadida por sodomitas, pero no son personas LGBTQ+. Más bien, son las voces que condenan y deshumanizan a los migrantes como una amenaza existencial para el país, las autoridades civiles que buscan expulsar a los inmigrantes de sus comunidades y desposeerlos, los funcionarios gubernamentales que encadenan, se burlan, aterrorizan, abusan y descartan a sus vecinos con el pretexto de la seguridad nacional. Son los ricos que optan por pisotear a los pobres y enriquecerse, quienes se tapan los oídos ante el clamor de los desposeídos. «Este fue el pecado de tu hermana Sodoma: ella y sus hijas eran arrogantes, saturadas y despreocupadas; no ayudaron al pobre ni al necesitado» (Ezequiel 16:49).

En resumen, la historia de Sodoma y Gomorra no nos anima a actuar con prejuicios ni falta de caridad hacia nuestros hermanos LGBTQ+, quienes desde hace mucho tiempo han enfrentado el rechazo de los líderes de la iglesia. La historia nos recuerda que mostrar hospitalidad a los desconocidos, al «Otro«, es una obligación cristiana, no una opción. Es una señal pública de fe.

—Ryan Di Corpo, 27 de julio de 2025

Fuente New Ways Ministry

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Padre nuestro…

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Padre nuestro…

Padre nuestro tu que estás
en los que aman la verdad,
haz que el reino que por Ti se dio
llegue pronto a nuestro corazón,
que el amor, que tu hijo,
nos dejó, ese amor…
habite en nosotros.

*

Padre nuestro,
que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

*

Y en el pan de la unidad,
Cristo danos Tú la paz
y olvidate de nuestro mal,
si olvidamos el de los demás,
no permitas, que caigamos
en tentación…
oh señor…
y ten piedad…
del mundo.

*

***

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

– “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.”

Él les dijo:

– “Cuando oréis decid: “Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.”

Y les dijo:

“Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.”

Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.”

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite.

Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”

*

Lucas 11, 1-13

***

Tú has venido, oh Señor, a revelar a tu Padre como Padre de todos, un Padre que no alberga resentimientos o deseos de venganza, un Padre que se preocupa por cada uno de sus hijos con un amor infinito y que no vacila en invitarlos a su casa. Sin embargo, hoy no da la impresión de que nuestro mundo conozca a tu Padre. Nuestras naciones están laceradas por el caos, por el odio, por la violencia, por la guerra. La muerte domina en muchos lugares.

Oh Señor, no olvides el mundo al que viniste a salvar a tu pueblo; no vuelvas la espalda a tus hijos, que desean vivir en armonía pero se sienten asaltados de continuo por el miedo, la rabia, la codicia, la violencia, la avidez; por la sospecha, por los celos y por la sed de poder. Trae tu paz a este mundo, una paz que no podemos conseguir nosotros solos. Despierta la conciencia de todos los pueblos y de sus jefes; haz surgir hombres y mujeres llenos de amor y generosidad, que puedan hablar y actuar en favor de la paz, y muéstranos nuevos modos para que el odio sea olvidado, para que puedan a volver a sanar las heridas y pueda ser restablecida la humanidad. Dios mío, ven en mi auxilio. Señor, date prisa en socorrerme. Amén

*

H. J. Nouwen,
Oraciones desde el silencio,
Brescia 2000, pp. 54ss

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , ,

“Necesitamos orar”. 17 Tiempo ordinario – C (Lucas 11,1-13)

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “Necesitamos orar”. 17 Tiempo ordinario – C (Lucas 11,1-13)

Quizá la tragedia más grave del hombre de hoy sea su incapacidad creciente para la oración. Se nos está olvidando lo que es orar. Las nuevas generaciones abandonan las prácticas de piedad y las fórmulas de oración que han alimentado la fe de sus padres. Hemos reducido el tiempo dedicado a la oración y a la reflexión interior. A veces la excluimos prácticamente de nuestra vida.

Pero no es esto lo más grave. Parece que las personas están perdiendo capacidad de silencio interior. Ya no son capaces de encontrarse con el fondo de su ser. Distraídas por mil sensaciones, embotadas interiormente, encadenadas a un ritmo de vida agobiante, están abandonando la actitud orante ante Dios.

Por otra parte, en una sociedad en la que se acepta como criterio primero y casi único la eficacia, el rendimiento o la utilidad inmediata, la oración queda devaluada como algo inútil. Fácilmente se afirma que lo importante es «la vida», como si la oración perteneciera al mundo de «la muerte».

Sin embargo necesitamos orar. No es posible vivir con vigor la fe cristiana ni la vocación humana infra alimentados interiormente. Tarde o temprano la persona experimenta la insatisfacción que produce en el corazón humano el vacío interior, la trivialidad de lo cotidiano, el aburrimiento de la vida o la incomunicación con el Misterio.

Necesitamos orar para encontrar silencio, serenidad y descanso que nos permitan sostener el ritmo de nuestro quehacer diario. Necesitamos orar para vivir en actitud lúcida y vigilante en medio de una sociedad superficial y deshumanizadora.

Necesitamos orar para enfrentarnos a nuestra propia verdad y ser capaces de una autocrítica personal sincera. Necesitamos orar para irnos liberando de lo que nos impide ser más humanos. Necesitamos orar para vivir ante Dios en actitud más festiva, agradecida y creadora.

Felices los que también en nuestros días son capaces de experimentar en lo profundo de su ser la verdad de las palabras de Jesús: «Quien pide está recibiendo, quien busca está hallando y al que llama se le está abriendo».

José Antonio Pagola

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Pedid y se os dará”. Domingo 27 de julio de 2025. 17º domingo del Tiempo Ordinario

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “Pedid y se os dará”. Domingo 27 de julio de 2025. 17º domingo del Tiempo Ordinario

Leído en Koinonia:

Génesis 18, 20-32: No se enfade mi Señor, si sigo hablando. 
Salmo responsorial: 137: Cuando te invoqué, Señor, me escuchaste.
Colosenses 2, 12-14 Os dio vida en Cristo, perdonándoos todos los pecados.
Lucas 11, 1-13: Pedid y se os dará.

Primera lectura

Este texto, continuación del que se leía el domingo pasado, nos muestra a Abraham, padre de la fe y antepasado de Israel, como gran intercesor antes los habitantes de estas ciudades. Muestra una actitud a imitar: apertura y ayuda a los demás. La negociación entre el intercesor y Dios, recuerda el estilo oriental (y muy latinoamericano, también) del regatear. Lo que se busca es acentuar la insistencia intercesora de Abraham y la magnitud del pecado de Sodoma y Gomorra. El texto es el mejor ejemplo de oración como diálogo audaz y comprometido con Dios, en el que vemos a Abraham hablar con el Señor y tratar de convencerlo a partir de su bondad y justicia, pero, al parecer, abusando de su confianza. El estilo y modo de proceder es, obvio, de una mentalidad semítica: poner en juego el honor de Dios, su reputación de justicia pero que muestran la confianza en Dios y la proximidad de los hombres a El. Por otra parte , este texto, puede ser modelo para el tema de la hospitalidad: Al narrar como estos “tres seres” escuchan a Abraham atentamente. Esta “atención” le permite entrar en el misterio. Uno se revela como el Señor (18,10.13.20) y los otros dos como sus ángeles (19,1). La narración, que al principio hablaba tres hombres, adquiere aquí un carácter teofánico y manifiesta el sentido profundo de la hospitalidad.

Segunda lectura

A partir de este texto los cristianos consideraban la pila bautismal como un sepulcro en el que somos sepultados con Cristo; por otra parte, es también como la madre que engendra a la vida; de ahí, el expresivo ritual de la inmersión. Pero el ritual que representa esta muerte y esta resurrección sólo tiene eficacia si corresponde a la fe en Dios que resucitó a Cristo de entre los muertos. Esta expresa, pues, la vinculación entre bautismo y fe. Pecado y muerte, fe y bautismo son correlativos. La inserción al misterio de Cristo acontece en el bautismo, pero se funda en la fe. Haber resucitado significa en realidad vivir en Cristo, como consecuencia de haber obtenido el perdón de los pecados como resultado de la muerte del Señor. Siendo coherente, Pablo dice que “el perdón del pecado es liberación de la ley y de su observancia, porque existe una correspondencia entre Ley, muerte y pecado (cf. Rom 7,7-9). La mejor expresión paulina al respecto se encuentra aquí como imagen. La Ley ha sido clavada en la cruz.

Evangelio

La oración forma parte de la vida del pueblo judío. Los piadosos volvían su espíritu a Dios varias veces al día. Jesús aprende, desde el pueblo y su tradición a orar. Como buen judío, aprendió a rezar en la familia y en la sinagoga. En su ministerio, su oración toma adquiere una particularidad: su acercamiento a Dios, “su Abbá”. Lucas lo describe en oración varias ocasiones (3,21; 5,16; 6,12; 9,29). Los exegetas reconocen en Lucas la transmisión más fiel de la oración del Padrenuestro y que es la más breve. Del arameo pasó al griego y así la incluyó Lucas en su narración.

PADRE, SANTIFICADO SEA TU NOMBRE: o sea que Dios sea conocido, dado a conocer, alabado, amado, bendecido, glorificado y agradecido por todas las gentes del mundo. Que el nombre del Señor, o sea el mismo Dios, reciba estimación, amor veneración, y piadosa adoración por todos y cada vez más. Hay que volver a notar el orden de la oración en el Padrenuestro. Primero que Dios sea reverenciado y amado.

VENGA TU REINO: es una oración misionera. Lo que buscan los misioneros es hacer que Dios reine en las gentes de las tierras que ellos están misionando desde sus culturas e idiosincrasia. Y es lo que debemos desear y pedir y buscar todos en todos los tiempos: que reine Dios. Que venga su Reino. Si primero buscamos el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura. Es un deseo de que Dios reine en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro hogar, en la sociedad, en la nación y en el mundo entero. Y en cuantas naciones y personas todavía no reina!

DANOS EL PAN DE CADA DÍA. Pedimos para cada día el pan, sin afanarnos por el futuro, porque Dios estará también en el futuro y El proveerá. Como el Maná del desierto, el pan de cada día es un don maravilloso de la bondad del Señor. Con esta petición del pan diario le estamos queriendo pedir que nos libre del desempleo o de la demasiada carestía, y de las inundaciones y sequías que acaban con los cultivos, y de las guerrillas que impiden a los campesinos recoger sus cosechas, empleo para el esposo que tiene que mantener una familia, ayudas económicas para esa madre abandonada; protección para el anciano echando a un lado por la sociedad. El corporal y el espiritual. Todos los días los necesitamos, por eso tenemos que pedirlo todos los días.

PERDONANOS NUESTROS PECADOS, COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. El perdón es un arte que se consigue con infinitos ejercicios. San Agustín enseña que a algunos no les escucha Dios la oración que le hacen, porque antes no han perdonado a los que los han ofendido, o no le han pedido perdón al Señor por sus pecados. Sin pedirle excusas por los disgustos que le hemos proporcionado, ¿cómo queremos que nos conceda las gracias que le estamos suplicando?. Es un recuerdo muy oportuno para que no se nos vaya a ocurrir nunca la mentirosa idea de creernos buenos. Dios pone una condición para perdonarnos: no podemos obtener perdón del cielo, si no perdonamos en la tierra. El día del Juicio no tendrás disculpas: te juzgarán como hayas juzgado. Te condenarán si no quisiste perdonar a los demás, y te absolverán si supiste perdonar siempre (San Cripriano): El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan.

ÉL LES DARÁ EL ESPÍRITU SANTO. El objetivo final y el contenido de la oración cristiana es llegar a recibir el Espíritu que es capaz de renovar la faz de la tierra, incluidos nosotros. El Espíritu Santo es la fuerza que viene de lo alto con poder avasallador y aleja los vicios y nos trae muchos buenos pensamientos y deseos. El Espíritu Santo quiere ser nuestro Huésped, y es enviado por el Padre Celestial si se lo pedimos con fe y perseverancia. El Espíritu Santo es el que nos hace comprender las Sagrada Escrituras. El Espíritu Santo cuando viene nos ofrece: orar mejor, arrepentirnos de nuestros pecados y tener deseo de dedicarnos a agradar a Dios. Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

27.7.25. Dom 17 TO. Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá. Meditación oriental, oración cristiana (Lc 11, 1-13)

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en 27.7.25. Dom 17 TO. Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá. Meditación oriental, oración cristiana (Lc 11, 1-13)

Del blog de Xabier Pikaza:

Este es  con el Padres-Nuestro de Mt 6, la enseñanza de Jesús y el libro de los Salmos el capítulo más importante de la Biblia  sobre la oración cristiana, 

Cientos de miles de trabajos se han dedicado al tema, distinguiendo o comparando la meditación oriental, tipo Yoga, como iluminación interior (auto-conocimiento silencioso de la propia verdad) con la oración cristiana (comunicación o dialogo consigo mismo, con  otros y con Dios). 

Introducción

El evangelio de hoy insiste en las tres palabas fundamentales de la oración bíblica,, cristiana que son:

– Pedid (αἰτεῖτε), esto es, abrirse en amor y confianza a la vida como don y aprendizaje, en diálogo con Dios.

– Buscad (ζητεῖτε) la propia identidad, el camino propio, en comunión con otro. Buscadores nos han hecho Dios y la vida; búsqueda apasionada, eso es la oración, con los salmos, con el evangelio

Llamad (κρούετε), tocad a la puerta de Dios y de los hombres y mujeres con los que vivís, caminando juntos.. Hay cientos y miles de puertas cerradas en nuestra vida… Tenemos que llamar, llamarnos unos a otros y y abrir nuestr puerta, en comunión con otros. .

Lea  cada uno el evangelio  de este domingo  y saque sus propias consecuencias, con eso basta, no hace hace falta más. Por si alguien tiene tiempo suficiente y quiere entretenerse ofrezco las reflexiones que siguen, conforme a mi estilo, partiendo de mi comentario sobre los evangelios y de mi diccionario de la Biblia. Buen domingo de verano europeo a todos

Texto 

Lucas 11, 1-13 

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.» Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre, venga tu reino, danos cada día nuestro pan del mañana, perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo, y no nos dejes caer en la tentación.»»

Y les dijo: «Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: «Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.»

Y, desde dentro, el otro le responde: «No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.»

Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. Pues así os digo a vosotros:

Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.

¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?¿O si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?»

 Qué es orar

 Orar es pedir y compartir: Pedir dando y dar compartiendo, bendecir el pan da cada día, dando gracias al Dios que nos los ofrece y a los hermanos con quienes lo trabajamos, recibimos y compartimos, en comunión de vid<. Por eso he querido unir en ests reflexión que ahora realizo a partir de Lc 11, 1-13  los dos temas centrales de  la petición y el del pan compartido, trabajando y gozando, a fin de que podamos compartir la vida, haciéndonos comida (alimento vital) unos de otros y para otros [1]

El ser humano nace indigente,

y necesita de otros no sólo para pervivir y crecer biológicamente, sino también y, sobre todo, par renacer como humano, ser de palabra y voluntad. Por eso, imitando la fórmula de Hech 17, 28, podemos afirmar que, viviendo en Dios (naciendo de él), los hombres ncemos y vivimos de la palabra y amor de otros seres humanos (padres y educadores). Así nacen (nacemos) de niños)  pidiendo con nuestro llanto y necesidad no sólo cuidado físico, sino una respuesta de educación (lenguaje y amor) de otros seres humanos, de forma que en ellos y por ellos vivimos, nos movemos y somos.

            Un hombre o mujer que nace y es abandonado muere en unas horas. Un hombre o mujer que nace y es recibido biológicamente con comida y vestido, pero sin palabra/amor no madura como humano, no adquiere lenguaje, no puede relacionares, de forma que acaba muriendo.

            Si otras personas (padres, educadores) no hubieran respondido a nuestra petición recién nacidos y no nos hubieran educado en la palabra no habríamos “crecido” (nacido) como humanos. No pedimos exigiendo por ley, sino porque somos solidarios unos de los otros, hermanos en Dios. Por eso, toda petición es un acto de fe o confianza en aquellos a quienes pedimos, empezando por Dios

            Entre los elementos de la oración de Jesús, sobresale la petición como diálogo con Dios y experiencia de comunicación interpersonal. Dios abre en ella un espacio y camino de vida para el hombre, y los hombres, por su parte, pueden dialogar con Dios y así caminan y comparten vida unos en/con otros, en intimidad, de forma que pueden decir como Jesús y el Padre “nosotros, los hombres, somos uno (Jn 10, 30; 17, 21).

            No vamos a solas hacia Jesús como si Él fuera la cumbre de una inmensa montaña separada de todo, sino que Dios camina con (hacia) nosotros, en gesto de solidaridad y comunión interpersonal. Siendo transcendente (más allá de este mundo) el Dios de Jesús no se encuentra lejos, fuera, al exterior de nuestra vida, sino dentro de ella, en nosotros, con nosotros, de tal manera que en él y por él vivimos, nos movemos y somos, como existencia en compañía, también nosotros, traduciendo la comunión con Dios en forma de comunión interhumana (amor al prójimo).

A través de la encarnación (Jn 1, 14)

Dios hace a los hombres capaces de irse hacerse sí mismos (en Dios y por Dios), pero habitando al mismo tiempo unos en otros, a través de un proceso de llamada y respuesta, de petición y respuesta, en una con.-versación que se expresa no sólo en este mundo (mientras vivimos biológicamente), sino también más allá de este mundo, superando por recuerdo personal o por resurrección las fronteras de la muerte.

            Orar es no sólo dialogar con Dos, sino dialogar unos con otros (traduciendo el amor a Dios en forma de amor mutuo), en alianza/comunión de vida. Algunos aliados temporales se vinculan para realizar una obra (con un fin determinado), de manera que acabada la obra acaba la alianza. Los aliados de por vida se vinculan no sólo para obrar, sino para convivir y enriquecerse mutuamente (como en un matrimonio), siendo uno en el otro y sabiendo ambos que sólo así pueden realizar la tarea más honda (que puede ser especial la educación de los hijos).

En esta línea hablamos de alianza entre el hombre y Dios, no sólo para co-operaren la acción  sino para con-vivir, ser y actuar unos en otros: Dios en los hombres, los hombres en Dios y unos hombres con otros. Dios no es sólo aliado estratégico, sino amigo personal, y así podemos fiarnos de él como él tiene fe en nosotros. Él nos ha dado libertad para ser y actuar en su mundo (tierra). Nosotros confiamos en él para realizar su tarea, sabiendo que el principio de todo conocimiento es la fe mutua (confiar en él y él en nosotros). De un modo semejante podemos hablar de una fe y conversación inter-humana: Los seres humanos vivimos en Cristo, unos en otros y con otros, como ha puesto de relieve San Pablo y su escuela teológica.

Creer no es aceptar cosas no vistas sino confiar unos en otros (hombres en Dios, unos hombres con otros). En el principio de todo conocimiento (y de toda colaboración con Dios) hay un gesto de confianza mutua, que es el sentido y fundamento de toda oración: Creer en Dios (vivir en alianza con él) es saberse en sus manos, y dejar que él realice su acción más alta en y con nosotros. Creer en Dios significa comprometernos a realizar con él su Reino, esto es, a ser en él “reino de vida” divina encarnada.

            Este motivo fue analizado y discutido de manera intensa por pensadores hispanos del siglo XVI. Éstá fue quizá la mayor discusión de la teología católica y cristiana de los últimos siglos, animada por Domingo Báñez OP (1528-1604: sistema de la pre-moción) y Luis de Molina SJ (1535-1600: sistema del con-curso). Dejando a un ladootros matices, me atrevo a decir que más que un tipode pre-moción (lo que Dios hace en nosotros), lo que en el fondo se discute es el conocimiento mutuo, es decir, el hecho de convivir unos en otro, Dios en los hombres por encarnación y los hombres en Dios y entre sí por in-habitación. De forma lógica, las tradiciones bíblicas han interpretado la presencia e influjo de Dios como «palabra» de conocimiento, es decir, como diálogo personal en amor.

            Las tradiciones bíblica saben que Dios y el hombre comparten la vida, se conocen y vinculan mutuamente, de manera que se puede hablar de un ser y obrar común (de Dios en el hombre, del hombre en Dios) que expresa y define (decide) nuestra identidad humana (en una perspectiva que bíblicamente puede interpretarse desde el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas: Hch 17).

            Lo que se discutía era una la mayor de las cuestiones religiosas y sociales de la historia cristiana: Qué quiere hacer Dios en (con) nosotros, y qué queremos y podemos y hacer nosotros en (con) Dios, no sólo en un nivel de intimidad personal sino de actuación física y biológica. Se trata de «hacer» o, mejor dicho, de hacernos humanos, de convivir unos hombres y mujeres en otros, en el interior de la acción de Dios, trazando así una historia que nos define y desborda, desde el presente y futuro de Dios, que ha de ser nuestro espacio de futuro.

            No se trata sólo de conocer aquello que podemos hacer, sino de decidirnos y hacerlo (apostando por la vida de Dios, que es en el fondo la clave y raíz de nuestra vida) pues de ello depende nuestra forma de seguir habitando en este mundo enigmático, abierto a grandes posibilidades, todavía sin explorar, pero también a grandes riesgos conforme a la alternativa de vida o muerte que plantea Dt 30, 15. En ese sentido, la historia es un riesgo y tarea de Dios, como han descubierto sorprendidos los cristianos sabiendo que el Cristo de Dios ha sido crucificado por ser fiel al camino del Reino.

            Hay un mundo externo, sin interioridad (al menos conocida), un mundo que parece pasivo frente de Dios, como si Dios lo fuera todo, por sí mismo, sin nadie real a su lado o frente a él. Pero Dios ha querido crear (implantar) en ese mundo seres libres, capaces de escucharle (acoger su voluntad) y responderle, de forma que el sentido y futuro de la creación depende de ellos (de nosotros).

 El hombre es indigente y abundante,

ser que necesita de otros, ser que desborda de sí mismo hacia otros. Nace como niño que no puede sostenerse sobre el mundo, y así empieza mendigando con su propia pequeñez y llanto la respuesta de padres o educadores;por eso, un niño a solas, abandonado, que no pide y no recibe, es inviable, no puede realizarse como humano. Una persona que pretenda ser autónoma y renuncie a pedir la ayuda o presencia de otros se vuelve anti-persona. Así dice Jesús:

  1. Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá;
  2. porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra
  3. y a quien llama se le abre (Mt 7, 7-8)

             No pedimos humillados, temblorosos, como siervo que mendiga ante su amo. No pedimos tampoco desde arriba, como el amo que se impone al siervo. Ni pedimos exigiendo, con la ley en la mano. Pedimos porque somos solidarios, en un clima de confianza y mutua ayuda, pedimos porque amamos y sabemos que nos aman. Por eso, toda petición comienza siendo un acto de fe: al pedir a Dios su ayuda, le decimos que este mundo es suyo, confesamos su presencia creadora en nuestra vida y realizamos en el mundo la obra que él nos ha confiado

            Dicen algunos que Dios tiene un plan preestablecido, de manera que nosotros no podemos cambiar sus intenciones. Si es así, ¿por qué pedir? Resultaría preferible conocer y aceptar su voluntad y no hacer ya peticiones. Esta observación tiene un momento de verdad: Dios no es aprendiz de creador, ser vacilante que no sabe qué hacer y que cambia a capricho su acción y voluntad conforme a lo que nosotros le pidamos. Pero después que eso ha quedado firme, debemos añadir: Dios es amigo que dialoga con los hombres, por el Cristo, de manera que comparte con nosotros la tarea de su reino. Eso significa que, en misterio superior, sin dejarse manejar desde fuera, pero en amor Dios nos habla y nos responde.

Dios no ha trazado nuestro itinerario (los caminos de su reino) de una forma solitaria, sin contar nadie (con nosotros). Al contrario, él ha creado el mundo para colaborar con los hombres, y de esa forma va trazando un camino que nosotros, a la vez, vamos trazando con él. La historia no está escrita, la vamos escribiendo en Dios  y con Dios, en un camino dirigido hacia la plena salvación por Cristo. De esa forma, al pedirle que venga y nos ayude (en cada caso de la vida), estamos influyendo en su venida.

            Misteriosamente, trascendiendo las posibles leyes necesarias del mundo, desde el fondo de su gratuidad, Dios nos atiende, alienta en nuestra vida, cumple nuestras peticiones… La manera de expresar y concretar esta oración es siempre misteriosa. En realidad, nunca sabemos pedir como conviene (cf. Rom 8, 26), pero al hacerlo, aunque lo hagamos como ante un espejo borroso (1 Cor 13, 12) vamos explorando en el camino que conduce a la morada del Dios en quien vivimos y somos. Por eso es necesario que el Espíritu venga en nuestra ayuda y que nosotros aprendamos, viviendo en el Espíritu. Por eso, él ha querido hacernos libres, de manera que su voluntad o acción viene a quedar «influenciada» por la nuestra. En esta perspectiva han de entenderse nuestras peticiones.

– Dios actúa en y por el hombre, y en un sentido lo hace todo (se hace siempre lo que él quiere, pues élsiembra en el amor y corazón del hombre una respuesta que el hombre viene a darle después libremente). Un creador limitado sería incapaz de suscitar vivientes que se vuelvan libres y que puedan responderle. Su actividad avanzaría en una sola dirección, del hacedor hacia su hechura, del constructor hacia la cosa construida; sólo Dios sería responsable de todo lo que existe. Pero si el creador es omnipotente (como Dios) él puede suscitar seres vivientes que asuman su libertad y se realicen como libres, de manera que acojan su llamada y le respondan libremente, de forma que Dios mismo haga aquello que quieren los hombres.

– El hombre influye en la acción de Dios, colaborando libremente con él, pues Dios le ha dado libertad para realizarse y libremente debe escucharle y responderle, colaborando con él (como hace Dios con Jesucristo). Si no fuera así no habría encarnación. Si Dios obligara a Jesús desde fuera, imponiéndole a la fuerza su voluntad, no se podría hablar de encarnación. El hombre no influye sobre Dios por su poder autónomo o grandeza, por sus obras entendidas en un plano legalista, sino por amor, en libertad, porque Dios ha decidido respetar en amor, dejando que las voces de Jesús (que son voces de historia) influyan en su propia voluntad eterna, que no es intemporal, sino que está encarnada en el tiempo.

Por eso, Dios quiere (=Dios debe) venir y suplicarnos,

 pidiendo que le respondamos. Creándonos libres en amor, Dios omnipotente ha venido a convertirse en dependiente de nosotros, de forma que debe escuchar lo que pidamos, para respondernos. Toda la Escritura es testimonio de esa doble petición (de ese doble influjo). Los pedimos a Dios bienes de la tierra: pan, salud… Por su parte, Dios nos pide amor y debe atender cuando le amamos.

            En un momento supremo de amor, cuando los hombres se vuelven transparentes a su gracia, el mismo Dios viene a mostrarse suplicante, como padre ante el hijo, como esposo ante la esposa… o viceversa. Nosotros, creaturas libres, podemos darle a Dios algo que el mismo Dios, siendo infinito, no tiene: Amor de creaturas, personas de la tierra. Si no nos escuchara y respondiera no sería Dios, ni nosotros seríamos creatura libre en sus manos.

            Dicen algunos que Dios tiene un plan preestablecido, de manera que nosotros no podemos cambiar sus intenciones. Si es así, como he dicho ya ¿por qué pedir? Resultaría preferible conocer su voluntad, dejar que él haga y no hacer ya peticiones. Esta observación tiene un momento de verdad. Ciertamente, Dios no es aprendiz de creador, ser vacilante que no sabe qué hacer o qué pedir y que cambia a capricho su acción y voluntad conforme a lo que nosotros le pidamos. Pero, quedando eso firme, debemos añadir que Dios es amigo que dialoga con los hombres, por el Cristo, de manera que comparte con nosotros la tarea de su reino, despertando nuestra conciencia en amor, y dándonos aquello que pedimos.

            El Dios de Cristo no tiene un plan cerrado de antemano, sino que va modulando su plan en diálogo de amor y vida con los hombres. Eso significa que Dios nos atiende, acompaña nuestra vida, nos espera, escucha y cumple nuestras peticiones… La manera de expresar y concretar esta oración es el secreto mayor de nuestra vida. En principio, no sabemos pedir como conviene (cf. Rom 8, 26), pues Dios aparece ante nosotros como en un espejo borroso (1 Cor 13, 12). Pero después, dejando que el Espíritu venga en nuestra ayuda, vamos descubriendo a Dios y aprendemos a pedir, viviendo en él y compartiendo su vida en la nuestra.

Dios nos necesita (Etty Hillesum,1914-1943).

 Dios ha querido hacernos libres, haciéndose dependiente de nosotros. En esta perspectiva han de entenderse nuestras peticiones.

– Dios actúa y en un sentido lo hace todo, sembrando en el amor y corazón del hombre una respuesta que éste debe darle libremente. Un creador limitado sería incapaz de suscitar vivientes que se vuelvan libres y que puedan responderle.

– El hombre influye en la vida de Dios, pues Dios le ha dado espacio libre para realizarse y libremente debe respetarle y responderle. El hombre no influye en Dios por ley, sino por amor, en gratuidad, en oración.

En esa línea añadimos que Dios quiere venir y suplicarnos, pidiéndonos que respondamos a su petición con nuestras peticiones. Toda la Escritura es testimonio de ese cruce de peticiones. Los hombres comenzamos suplicando a Dios los bienes de la tierra: pan, salud… Por su parte, Dios nos pide y ofrece amor y fe.  En un momento determinado, cuando los hombres se vuelven transparentes ante el gozo de Dios y ante su gracia, el mismo Dios viene a mostrarse suplicante, como padre que ante al hijo, como los esposos entre sí. Nosotros, creaturas libres, podemos darle a Dios algo que el mismo Dios, siendo infinito, no tiene: amor de creaturas, presencia personal sobre de la tierra.De esa formaayudamos a Dios, haciéndole presente (divino) en el mundo. Más que imponerse sobre nosotros, Dios nos pide amor, que colaboremos con él, como indica E. Hillesum, desde un campo de concentración nazi:

Te ayudaré, Dios mío, para que no me abandones,

  • pero no puedo asegurarte nada por anticipado.
  • Sólo una cosa es para mí cada vez más evidente:
  • Que tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti,
  • y así nos ayudaremos a nosotros mismos [2]

                     Así se expresa E. Hillesum, judía amiga de Jesús, condenada a morir en un Lager nazi, por la “justicia” de imperio de falsa tradición cristiana. Conforme al shemajudía (Dt 6, 6-9), en la línea del evangelio de Mateo, ella supo creer en Dios (aceptarle), apostando por él, con los pobres y condenados de la historia, a los que responde libremente con amor, como ha respondido a Israel y a Jesús.

Los hombres no podemos darnos totalmente la vida unos a otros

 en sentido radical, pero podemos negarla, negándonos a nosotros mismos. No podemos salvarnos, es decir, culminar nuestro camino en Dios (por nosotros mismos), superando la violencia desencadenada actualmente sobre el mundo, pero podemos acompañar y ayudar a Dios para ´que él nos sostenga, para que transforme por dentro nuestros corazones, de manera que no luchemos unos contra otros, hasta matarnos todos, sino que compartamos la vida de Dios sobre la tierra.

Leer más…

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Aprendiendo a rezar”. Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “Aprendiendo a rezar”. Domingo 17 del Tiempo Ordinario. Ciclo C

Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre:

El domingo pasado, el evangelio nos animaba a escuchar a Jesús, como María. Hoy nos anima a hablarle a Dios. Ante una persona importante es fácil quedarse sin palabras, no saber qué decir. Mucho más ante Dios. Quizá por eso, los discípulos no rezan. Pero les suscita curiosidad ver a Jesús rezando. ¿Qué dice? ¿Por qué no les enseña a hablarle a Dios? Este será el tema del evangelio, que recoge dos cuestiones muy distintas: la oración típica del cristiano y la importancia de ser insistentes y pesados en nuestra oración, hasta conseguir que Dios se harte y nos conceda… ¿Qué nos concederá Dios? Dada la importancia del tema, comentaré la primera lectura al final.

Aprendiendo a rezar (Lucas 11, 1-4)


            Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

            ‒ Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos. 

            Él les dijo:

            ‒ Cuando oréis decid:

            “Padre,

            santificado sea tu nombre,

            venga tu reino,

            danos cada día nuestro pan del mañana,

            perdónanos nuestros pecados,

            porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo,

            y no nos dejes caer en la tentación.”

Nota a la traducción

            En Lucas faltan dos peticiones que conocemos por Mateo: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, y “líbranos del mal”.

            La liturgia traduce “nuestro pan del mañana”; debería traducir, como en la misa, “nuestro pan de cada día”, ya que la fórmula griega es la misma en Mateo y Lucas. Pero existe una discusión muy antigua sobre si epiousion se debe interpretar del alimento cotidiano o como referencia a la eucaristía. Parece que la liturgia se ha inclinado en este caso por la interpretación eucarística.

Breve comentario al Padre nuestro

            El “Padre nuestro” es la síntesis de todo lo que Jesús vivió y sintió a propósito de Dios, del mundo y de sus discípulos. En torno a estos temas giran las peticiones (sean siete como en Mateo o cinco como en Lucas).

            Frente a un mundo que prescinde de Dios, lo ignora o incluso lo ofende, Jesús propone como primera petición, como ideal supremo del discípulo, el deseo de la gloria de Dios: “santificado sea tu Nombre”; dicho con palabras más claras: “proclámese que Tú eres santo”. Es la vuelta a la experiencia originaria de Isaías en el momento de su vocación, cuando escucha a los serafines proclamar: “Santo, santo, santo, el Señor, Dios del universo” (Is 6). La primera petición se orienta en esa línea profética que sitúa a Dios por encima de todo, exalta su majestad y desea que se proclame su gloria.

            Ante un mundo donde con frecuencia predominan el odio, la violencia, la crueldad, que a menudo nos desencanta con sus injusticias, Jesús pide que se instaure el Reinado de Dios, el Reino de la justicia, el amor y la paz. Recoge en esta petición el tema clave de su mensaje (“está cerca el Reinado de Dios”), en el que tantos contemporáneos concentraban la suma felicidad y todas sus esperanzas.

            Como tercer centro de interés aparece la comunidad. Ese pequeño grupo de seguidores de Jesús, que necesita día tras día el pan, el perdón, la ayuda de Dios para mantenerse firme. Peticiones que podemos hacer con sentido individual, pero que están concebidas por Jesús de forma comunitaria, y así es como adquieren toda su riqueza.

            Cuando uno imagina a ese pequeño grupo en torno a Jesús recorriendo zonas poco pobladas y pobres, comprende sin dificultad esa petición al Padre de que le dé “el pan nuestro de cada día”.

            Cuando se recuerdan los fallos de los discípulos, su incapacidad de comprender a Jesús, sus envidias y recelos, adquiere todo sentido la petición: “perdona nuestras ofensas”.

            Y pensando en ese grupo que debió soportar el gran escándalo de la muerte y el rechazo del Mesías, la oposición de las autoridades religiosas, se entiende que pida “no caer en la tentación”.

            El Padre nuestro nos enseña que la oración cristiana debe ser:

            Amplia, porque no podemos limitarnos a nuestros proble­mas; el primer centro de interés debe ser el triunfo de Dios;

            Profunda, porque al presentar nuestros problemas no podemos quedarnos en lo superficial y urgente: el pan es importante, pero también el perdón, la fuerza para vivir cristianamente, el vernos libres de toda esclavitud.

            Íntima, en un ambiente confiado y filial, ya que nos dirigimos a Dios como “Padre”.

            Comunitaria. Padre nuestro«, danos, perdónanos, etc.

            En disposición de perdón.

Necesidad de ser insistentes en la oración (Lucas 11,5-13)

            Y les dijo:

            ‒ Si alguno de vosotros tiene un amigo, y viene durante la medianoche para decirle: “Amigo, préstame tres panes, pues uno de mis amigos ha venido de viaje y no tengo nada que ofrecerle.” Y, desde dentro, el otro le responde: “No me molestes; la puerta está cerrada; mis niños y yo estamos acostados; no puedo levantarme para dártelos.” Si el otro insiste llamando, yo os digo que, si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por la importunidad se levantará y le dará cuanto necesite. 

            Pues así os digo a vosotros:

            Pedid y se os dará,

            buscad y hallaréis,

            llamad y se os abrirá;

            porque quien pide recibe,

            quien busca halla,

            y al que llama se le abre. 

            ¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra?

            ¿O si le pide un pez, le dará una serpiente?

            ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?

            Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?

El ejemplo del amigo importuno

            En las casas del tiempo de Jesús los niños no duermen en su habitación. De la entrada de la casa a la cocina no se va por un pasillo. No existe luz eléctrica ni linterna. Un solo espacio sirve de todo: cocina y comedor durante el día, dormitorio por la noche. Moverse en la oscuridad supone correr el riesgo de pisar a más de uno y tener que soportar sus quejas y maldiciones.

            El “amigo” trae a la memoria un simpático proverbio bíblico: “El que saluda al vecino a voces y de madrugada es como si lo maldijera”. Este amigo no saluda, pide. Y consigue lo que quiere.

            Este individuo merecería que le dirigiesen toda la rica gama de improperios que reserva la lengua castellana para personas como él. Sin embargo, Jesús lo pone como modelo. Igual que más tarde, también en el evangelio de Lucas, pondrá como modelo a una viuda que insiste para que un juez inicuo le haga justicia.

La bondad paternal de Dios y un regalo inesperado

            En realidad, no haría falta ser tan insistentes, porque Dios, como padre, está siempre dispuesto a dar cosas buenas a sus hijos.

            Aquí es donde Lucas introduce un detalle esencial. Las palabras tan conocidas “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá” se prestan a ser mal entendidas. Como si Dios estuviera dispuesto a dar cualquier cosa que se le pida, desde un puesto de trabajo hasta la salud, pasando por aprobar un examen. Esta interpretación ha provocada muchas crisis de fe y la conciencia diluida de que la oración no sirve para nada.

            El evangelio de Mateo, que recoge las mismas palabras, termina diciendo que Dios “dará cosas buenas a los que se las pidan”. La oración de Jesús en el huerto de los olivos demuestra que Dios tiene una idea muy distinta de nosotros, incluso de Jesús, de lo que es bueno y lo que más nos conviene.

            Pero las palabras del evangelio de Mateo a Lucas le resultan poco claras y ofrece una versión distinta: “vuestro Padre celestial dará Espíritu Santo a los que se lo piden”. Para Lucas, tanto en el evangelio como en el libro de los Hechos, el Espíritu Santo es el gran motor de la vida de la iglesia. En medio de las dificultades, incluso en los momentos más duros de la vida, la oración insistente conseguirá que Dios nos dé la fuerza, la luz y la alegría de su Espíritu.

Un regateo inútil (Génesis 18, 20-32)

En la primera lectura Abrahán es como el amigo inoportuno de la parábola, aunque, en este caso, su insistencia no sirve de nada. Sodoma y Gomorra desaparecerán de la historia porque no se encontraron en ella ni siquiera diez personas buenas. Prescindiendo de lo que pueda haber de histórico a propósito de esas dos ciudades, el episodio está contado pensando en Jerusalén, que también ha sido devastada por los babilonios en el año 586 a.C. ¿Cómo es posible que Dios no la haya perdonado? El autor de este pasaje del Génesis lo tiene claro: la culpa no es de Dios, que está dispuesto a perdonar a todos si encuentra un número mínimo de inocentes. La culpa es de la ausencia total de inocentes.

            En aquellos días, el Señor dijo:

            ‒ La acusación contra Sodoma y Gomorra es fuerte, y su pecado es grave; voy a bajar, a ver si realmente sus acciones responden a la acusación; y si no, lo sabré.

            Los hombres se volvieron y se dirigieron a Sodoma, mientras el Señor seguía en compañía de Abrahán.

            Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios:

            ‒ ¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable, de modo que la suerte del inocente sea como la del culpable; ¡lejos de ti! El juez de todo el mundo, ¿no hará justicia?

            El Señor contestó:

            ‒ Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.

            Abrahán respondió:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza. Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?

            Respondió el Señor:

            ‒ No la destruiré, si es que encuentro allí cuarenta y cinco.

            Abrahán insistió:

            ‒ Quizá no se encuentren más que cuarenta.

            Le respondió:

            ‒ En atención a los cuarenta, no lo haré.

            Abrahán siguió:

            ‒ Que no se enfade mi Señor, si sigo hablando. ¿Y si se encuentran treinta?

            Él respondió:

            ‒ No lo haré, si encuentro allí treinta.

            Insistió Abrahán:

            ‒ Me he atrevido a hablar a mi Señor. ¿Y si se encuentran sólo veinte?

            Respondió el Señor:

            ‒ En atención a los veinte, no la destruiré.

            Abrahán continuó:

            ‒ Que no se enfade mi Señor si hablo una vez más. ¿Y si se encuentran diez?

            Contestó el Señor:

            ‒ En atención a los diez, no la destruiré.

El lector moderno no está de acuerdo con esta mentalidad. En las ciudades de Ucrania, de Siria, en Gaza, en Hiroshima y Nagasaki había sin duda más de diez justos. Dios no es el responsable de invasiones, bombardeos, destrucciones y deportaciones. De eso nos encargamos los hombres, que sabemos hacerlo muy bien. Pero Abrahán nos sirve de modelo. No se alegra al enterarse de que esas ciudades van a ser destruidas, intercede por ellas, intenta que no les sobrevenga la desgracia. Algo que muchas personas buenas siguen haciendo con procedimientos muy distintos y acudiendo a instancias de otro tipo. ¡Ojalá tengan más éxito que Abrahán!

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 27 julio, 2025

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Domingo XVII del Tiempo Ordinario. 27 julio, 2025

Una vez que estaba Jesús orando en cierto lugar, cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos.»

(Lc 11,1- 13)

Lo habitual en la vida de Jesús es orar,  los textos hacen referencia a su oración muchas veces. En esta ocasión Jesús no está solo, cerca de él están sus discípulos, que oran con él. Jesús ora con frecuencia, y se deja ver orando. No se esconde el testimonio creíble del poder de la oración. Y despierta el deseo de Dios en los corazones que lo ven: «Enséñanos a orar».

Son ellos, sus discípulos, quienes toman la iniciativa, de donde sale la propuesta… Esto no deja de ser un reto para nosotras y para todas las personas que llevan en el corazón la Buena Noticia y desean contarla a quienes están a su lado. A veces, nos perdemos en fórmulas y teorías que no despiertan ningún deseo en quienes nos miran; y eso que los textos de nuestra tradición ya nos dicen que «la letra mata y el Espíritu da vida». (2 Cor. 3,6).

Estamos viviendo tiempos convulsos, violentos, agresivos. Duele vernos tan perdidas, tan rapaces…. Indigna verse tan manipulada por las noticias, donde nos presentan buenos buenísimos y malos malísimos, como en las películas de indios y vaqueros. Como si no existieran las personas que trabajan por la paz, que oran por la paz, que encuentran en la religión la consistencia de la vida. Como si no fueran muchos más quienes mueren fieles a Dios que quienes matan por un pseudodios. Y en este tsunami la gente busca, y busca con deseo de algo más profundo, y aparecen los guías espirituales, gurús, chamanes…

¿Y en la Iglesia? ¿Dónde están los maestros de oración que tanto estamos necesitando? Esos que despiertan el deseo de Dios, como lo hace Jesús.

El Papa escribe a las monjas: «Vivid (….) contribuyendo a que Cristo nazca y crezca en el corazón de las gentes sedientas, aunque a menudo de manera inconsciente, de Aquel que es camino, verdad y vida.» (cfr. Vultum Dei nº.37). El reto está en mostrarnos, en dejarnos ver orando, con hondura, sencillamente, sin fórmulas vacías, con espontaneidad y sobre todo, sobre todo, con profunda confianza. Y Cristo nacerá en los corazones sedientos, nacerá y crecerá con raíces hondas, libres, fuertes.

¿Cómo, dónde, cuándo? No tenemos respuestas, ni teorías, solo deseo, un profundo deseo de relacionarnos con Dios, Abba, como Jesús lo hace. Deseo de sumergirnos en la relación amorosa de la Trinidad. Para ello ya nos lo dice Jesús, ¡pidamos el Espíritu a nuestro Padre!

Oración

Enséñanos a orar, también a nosotras, como hiciste aquellos primeros discípulos.

 

*

Fuente:  Monasterio Monjas Trinitarias de Suesa

***

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Enséñanos a orar.

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Enséñanos a orar.

DOMINGO 17 (C)

Lc 11,1-13

Si Jesús hubiera dado una oración concreta a sus discípulos para que la repitieran, ¿se les habría olvidado con tanta facilidad? Solo dos evangelistas la narran y, además, de manera diferente. No, la oración no se enseña, nace de una actitud vital que tiene que ir más allá de cualquier deseo o preocupación por agradar a un dios que está más allá de las nubes.

¿Alguien se puede creer que lo que hacía Jesús cuando se retiraba a ‘orar’ era repetir oraciones prefabricadas? Los discípulos estaban intrigados por lo que Jesús hacía cuando se quedaba solo. La oración es algo vivo que tiene que salir de lo más hondo del ser.

Hubo un tiempo en que di mucha importancia al Padrenuestro, hasta me lo aprendí en arameo y lo recé muchas veces en la lengua que utilizó Jesús. Pero hoy no lo veo de la misma manera. No deja de ser un rezo más que hay que superar para llegar a contemplar.

Para comprender lo que acabo de decir, debemos distinguir entre rezar o pedir, meditar y contemplar. Nos han enseñado, incluso obligado a rezar, pero nadie se ha preocupado de que aprendamos a contemplar. Se trata de una forma de vida y a vivir no se puede aprender.

El Padrenuestro intenta trasmitirnos, en el lenguaje religioso de la época, toda la novedad de la experiencia de Jesús. Esto quiere decir que no se sacaron el Padrenuestro de la manga. Cada una de las expresiones que encontramos en él, se encuentra también en el AT.

Entendido literalmente, el Padrenuestro no tiene sentido. Ni Dios es padre en sentido literal; ni está en ningún lugar; ni podemos santificar su nombre, porque no lo tiene; ni tiene que venir su Reino de ninguna parte, porque está siempre en todos y en todo; Ni su voluntad tiene que cumplirse, porque no tiene voluntad alguna. Ni tiene nada que perdonar, mucho menos, puede tomar ejemplo de nosotros para hacerlo; ni podemos imaginar que sea Él el que nos induzca a pecar; ni puede librarnos del mal, porque eso depende solo de nosotros.

No pretendo enseñaros a orar, pero intentaré daros alguna pista. La oración de contemplación surge espontáneamente de lo hondo del ser. Lo difícil es alcanzar las condiciones que la mente necesita para que esto ocurra. Surge con la misma facilidad con que mana el agua de una fuente una vez que se le quitan los estorbos que le impedían salir.

La preparación comienza por el cuerpo. No es nada fácil conseguir que el cuerpo esté relajado, en armonía, sin interferencias de los sentidos ni de la mente racional que dispersan nuestra atención. Las técnicas orientales de relajación pueden ser muy útiles para preparar el terreno, siempre que no las confundamos con la verdadera contemplación.

Centrar toda nuestra atención en una llama, repetir un mantra con total atención, o simplemente observar con atención nuestra propia respiración nos puede llevar a una imprescindible concentración. Si soy capaz de concentrarme absolutamente en un solo objeto, será muy fácil dar el paso a no pensar en nada. Ahí comienza la contemplación.

Dejar de pensar no es quedar dormidos. Se trata de acallar nuestra capacidad de razonar. Nuestra imaginación está siempre saltando de un pensamiento a otro sin poder evitarlo. Meditar es poner en marcha una facultad que hemos olvidado, la intuición. Sería quedar absolutamente pasivos pero atentos a lo que pasa en lo más hondo de nuestro ser.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Venga a nosotros tu Reino.

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Venga a nosotros tu Reino.

Lc 11, 1-13

«Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.»

Por Jesús sabemos que la voluntad de Dios es que vivamos compartiendo, perdonando, consolando, ayudando, sirviendo y trabajando por la justicia. Y lo sabemos porque él vivió así; porque pasó por la vida haciendo la voluntad del Padre. Como dijo su amigo Pedro: «Pasó haciendo el bien y ayudando a los oprimidos por el mal…», es decir, creando humanidad a su alrededor, y ésa debe de ser nuestra mejor guía y nuestra mejor oración.

Ahora bien, también sabemos que Jesús se retiraba con frecuencia a orar; que precisaba de la oración para afrontar la descomunal tarea que se había propuesto. Podemos imaginarle, allá en la soledad de la montaña, dirigiéndose a Abbá para compartir con Él sus anhelos, sus desvelos, sus fracasos y tentaciones; como lo hacen los hijos con su padre; porque Jesús había asumido íntimamente la condición de hijo y se confortaba de tanto desvelo y tantos sinsabores hablando con su Padre.

Así lo hizo en Getsemaní y salió confortado. Su Padre no le relevó de apurar el cáliz, pero Jesús se llenó de su Espíritu y afrontó la pasión con coraje inusitado. En la cruz se sintió abandonado y posiblemente fracasado «Dios mío, Dios mío…», pero tras esta oración afrontó la muerte dando una gran voz y saltando confiado en brazos de Abbá: «En tus manos encomiendo mi espíritu».

Un día, tiempo atrás, a orillas del lago, se alzó una voz entre la multitud que gritó: «Enséñanos a orar», y como siempre ocurría, la respuesta de Jesús sobrepasó toda expectativa, porque en ella nos hizo entrega de su Dios, Abbá, y partícipes de su propia relación con Él. Cuando oréis, nos dijo, no debéis dirigiros al Dios todopoderoso y eterno, sino a Abbá, vuestro padre, vuestra madre, porque no sois esclavos o asalariados, sino hijos amados. Y pedid lo importante; el Reino, el alimento, el perdón y la liberación de la esclavitud a que nos somete el mal.

«Así pues debéis orar vosotros: Padre nuestro, santificado tu nombre, venga tu Reino, hágase tu voluntad, danos el pan de cada día, perdónanos como nosotros perdonamos, y líbranos del mal».

Lo que se pide en el Padrenuestro es que venga tu Reino, que se haga tu voluntad”, lo que equivale a una renuncia a todas las pequeñas peticiones que suelen poblar nuestras oraciones en favor de una aspiración de verdaderos hijos.

Como decía Ruiz de Galarreta: «El Padrenuestro es por tanto la oración de los hijos y constituye una profesión de fe, una confesión pública de nuestra relación con Dios y con los demás. Para rezar el Padrenuestro necesitamos elevarnos por encima de la mediocridad y hacer un acto consciente de que somos hijos constructores del Reino. Recitar el Padrenuestro es un fuerte desafío, y lo profesamos avalados por invitación de Jesús; porque nos dijo que orásemos así; por eso, sólo por eso nos atrevemos a decir…».

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Para leer un artículo de José E. Galarreta sobre un tema similar, pinche aquí

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Cuando oréis decid: Padre:.

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Cuando oréis decid: Padre:.

Señor, enséñanos a orar” Lc 11, 1b., le pidió a Jesús uno de los discípulos cuando Jesús hubo terminado de orar. Aunque se pueden dar algunas indicaciones como hizo Jesús con ellos, a orar se aprende solo. Ya nos decía Santa Teresa de Ávila: “Orar es tratar muchas veces, a solas, de amistad, con quien sabemos nos ama”. Y se hace en soledad porque el trato es personal, parte de cada individuo, y aunque aprendemos mucho unos de otros cuando compartimos, al final, la amistad entre Dios y yo, como cualquier amistad, depende de las dos personas.   ¿Se puede tener una amistad con Dios?

Cuando oréis decid: Padre…” 11,2b. Eso no es lo que Jesús aprendió de los maestros de la Ley de su tiempo. “Abba” es una de las palabras que los eruditos en Sagradas Escrituras nos dicen que estamos seguros que Jesús pronunció. Una novedad que no fue bien acogida porque, aunque en el AT se afirme que Dios es Padre, nunca se le invoca como tal.

La palabra aramea Abba, la usaban los hijos (no solo los niños sino también los adultos), con sus padres. Era una forma de tratar con respeto. Jesús es el primero que la usa para dirigirse a Dios. Expresa la nueva relación de amor y confianza en Dios. Por eso nos atrevemos a hablar de amistad porque está basada en el amor y la confianza.

Los discípulos invocan a Dios como Padre y entonces aprenden que lo que hace hijos-as es el amor universal. El hijo/a, en la cultura semítica demuestra que lo es, no por la existencia dada-recibida, sino en la identidad de conducta; el hijo-a demuestra serlo con su actividad igual a la del padre.

Seguro que Jesús no nos quiso proponer una oración más, como las tantas que rezaban Él y sus contemporáneos, sino más bien que la oración siempre ha de tener dos componentes fundamentales: Dios y su proyecto, el reino.

Muchos se han quedado en el rezar, el Padrenuestro y muchas otras oraciones hechas, y no han pasado a ese nivel de amor y confianza al que estamos llamados desde el principio de nuestra vida.

Lo mismo que para muchos es inconcebible una amistad con Dios, y siempre hablan de Él como si fuera una tercera persona, parece que se les ha quedado fijado que la relación con Dios es sobre todo para “pedir” porque Dios es Omnipotente y eso que aprendimos en el catecismo está grabado a fuego y, es imposible de borrar.

Claro, si alguien intenta convencernos de que Dios no es Dios porque lo puede todo, y ese no es su máximo atributo ¿qué nos queda de la imagen de la infancia de que Dios es omnipotente, omnipresente, lo ve y lo juzga todo y puede cambiar en un segundo el rumbo de la historia?

Llamar a Dios “Padre” es una manera de interpretar a “Dios creador” que al crear a la persona humana no se queda solo en la imagen, sino que termina en la de “hijo/a”.

Venga tu reino” es la preocupación de Jesús, un reino donde no es esencial la relación con Dios sino un nuevo modelo de sociedad para un mundo roto por la división y la lucha entre hermanos, un reino que, aunque le pedimos que venga sabemos muy bien que está en nuestras manos ir haciéndolo realidad.

Pedimos perdón porque, aunque nos llamamos cristianos, su proyecto no es lo que nos desvela, lo que nos quita el sueño, sino más bien que yo y los míos estemos bien. Eso es lo que le pedimos insistentemente y la fe se nos tambalea cuando no nos salen las cosas como quisiéramos.

Así no es posible construir una verdadera amistad porque para lograr ese amor tan desinteresado como lo es el de la amistad, lo que preocupa al otro se tiene que convertir en mi preocupación y tarea.

Para acabar Jesús pone un ejemplo de alguien que necesita que un amigo le eche una mano para ayudar a otro. Por eso dice: “Pedid y se os dará, buscad y hallaréis llamad y se os abrirá”, es decir, manteneos en una actitud despierta, activa y encontraréis lo que necesitáis, quizá no tanto para vosotros como para los demás.

Pedir, buscar, llamar, es propio del amigo que tiene la confianza suficiente para hacerlo y sabe que tarde o temprano hallará lo que necesita.

Orar, tratar muchas veces a solas de amistad con quien sabemos nos ama, es el mejor tiempo “perdido”; nos habla de Dios y de nosotros, nos da luz para el camino, nos pone en nuestro lugar, nos regala el Espíritu, que hace posible que sigamos caminando con todo y a pesar de todo.

Carmen Notario

Fuente Fe Adulta

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Quien busca, encuentra.

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Quien busca, encuentra.

Comentario al evangelio del domingo 27 julio 2025

Lc 11, 1-13

Existe un dicho oriental, según el cual, “cuando el alumno está preparado, el maestro aparece”, que podría retraducirse de esta manera: Quien vive apertura y docilidad a la vida, sabe leer lo que le ocurre como oportunidad de aprendizaje y crecimiento.

En realidad, aquel dicho equivale al aforismo que el evangelio pone en boca de Jesús: “Quien busca, encuentra”, que podría expresarse también de este otro modo: el Anhelo no defrauda.

Alguien podría pensar que la experiencia humana parece indicar justo lo contrario: la frustración constituye un elemento habitual en nuestra existencia, hasta el punto de que hay personas que terminan cayendo en la decepción, en la tristeza, en la resignación fatalista o incluso en el hundimiento. Se dan, sin duda, experiencias dolorosas, más o menos traumáticas, que, unidas a otros factores, pueden conducir a ese estado.

No niego la realidad de la frustración, pero tampoco equiparo el deseo con el Anhelo, ni lo que me gusta con lo que necesito.

El deseo nace del yo y busca, prioritariamente, el bien del propio yo (tiene la forma de una flecha curva, que vuelve sobre sí misma). Se halla íntimamente emparentado con la expectativa. Y la expectativa es la madre de la frustración. Por el contrario, el Anhelo -así, con mayúscula- no nace de la mente ni del yo -por más que, luego, nos hagamos conscientes de él-, sino de la misma vida que somos. Se trata de un dinamismo caracterizado por la desapropiación y la gratuidad (tiene forma de flecha recta), que nos impulsa desde dentro. No busca, de entrada, algún bien particular para el yo; tampoco busca que se satisfagan sus deseos. Solo busca favorecer que la vida fluya a través de nuestra persona. Por eso, en la medida en que nos encuentra motivados -preparados, buscando…, por utilizar los términos de los dichos anteriores-, disponibles, dóciles y rendidos a su empuje, nunca defrauda. Es cierto que implica la “muerte” del yo, pero regala la vida.

Enrique Martínez Lozano

Fuente

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

Somos familia de Dios: Padre nuestro.

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en Somos familia de Dios: Padre nuestro.

Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Invitación a la oración.

La primera lectura (Génesis – Abrahán) y el evangelio nos convocan a orar.

Jesús oraba siempre. A lo largo de su vida le podemos ver frecuentemente orando; confrontaba sus cosas, su vida, sus problemas y los ponía en manos de Dios Padre. Pasaba largas noches en oración.

Los discípulos -los cristianos de la iglesia naciente- sienten la necesidad de orar y le piden a Jesús que les enseñe a orar.

Existen muchos métodos de oración, incluso a veces adoptamos formas y sistemas de oración de otras culturas y religiones.

Si vamos al evangelio la oración es algo muy sencillo y ya está en el evangelio: métete en tu habitación, cierra la puerta y ponte en brazos de Dios Padre. Guarda silencio y escucha a Dios Padre: Padre nuestro…

Con gran respeto para otras religiones y formas de oración, nuestra oración es ponernos en brazos de Dios Padre.

02.- Orar en silencio, en paz, en Dios.

        Orar es sentir necesidad de pensar las cosas, la vida, los problemas y ponerlos en Dios. Y tal vez ante Dios y con Dios nuestra mejor palabra sea el silencio. Nuestro silencio habla por sí mismo.

Más que hablar, orar es escuchar a Dios en el silencio y la profundidad de nuestra alma.

El creyente ora en las diversas circunstancias de la vida: en la enfermedad, en el sufrimiento, en el pecado, en los peligros, en el trabajo, en un nacimiento en la familia, ante la muerte, etc. Una persona creyente que ora, es muy consciente, ve y vive las realidades desde Dios y ante Dios.

Orar es algo muy sencillo y, al mismo tiempo, muy profundo.

Orar es demorarse en Dios.

Quien ora ha aprendido a vivir.

03.- La oración es ser consciente: “estar en sí”.

La oración es un “momento” consciente ante Dios y también en la asamblea eclesial.

Orar es “estar en sí”, ser consciente de la vida ante el Señor.

La oración supone un abrirse a la ultimidad de Dios. Orar es la actitud del ser humano que se abre a Dios y se pone en sus manos En la oración vemos y ponemos nuestra vida, nuestros criterios, nuestros caminos, nuestros problemas y nuestras esperanzas a la luz y el amor de Dios. Una persona creyente ora, es decir, ve esas realidades desde Dios y ante Dios.

La oración es un acto de confianza en Dios Padre.

En la oración abrimos nuestra vida y la ponemos en manos de Dios.

04.- ¿Confrontar la vida ante qué tipo de Dios? Padre.

Lo primero que Jesús nos dice a la hora de orar es que nos dirigimos a un Dios que es Padre: Padre nuestro

Si he de presentarme ante un Dios del Derecho Canónico o ante el Dios del Santo Oficio o del juicio final de Miguel Ángel de la capilla Sixtina o ante el Dios que condena al infierno, “mejor es morirse”.

Ante un Dios judicial y justiciero uno no puede orar. Con un Dios que se parece a Hacienda o a la Inquisición, es mejor no hablar.

Hay personas que tienen siempre una actitud de prepotencia y juicio: en el orden clerical, familiar, laboral, en la vida normal, en el mundo episcopal y clerical: sistemáticamente su actitud es de juicio, de culpabilización. Es muy distinto orar, charlar y confrontar la vida con el padre del hijo pródigo, a tener que rendir cuentas a un Dios justiciero de cierta moral o del derecho canónico, o del mundo episcopal – clerical.

La experiencia que Jesús tiene de Dios y lo que nos ha dicho es que Dios es Padre. Padre nuestro: Padrenuestro…

Uno puede pedirle consejo, dejarse iluminar por su Padre. Con el Dios y Padre de Jesús se puede tratar y charlar, orar. Con el Dios de ciertos entramados e instituciones católicas, no es posible orar.

Con el Dios de Jesús “se puede hablar” porque la palabra que nos dirige es de bondad, de un padre bueno. Lo que Dios dice es siempre misericordia. El poder y la justicia de Dios son misericordia.

05. Conclusión. No somos extraños para Dios.

Tal vez, la lección más importante del evangelio de hoy acerca de la oración es que:

  • No somos extraños para Dios, somos hijos de Dios, familia de Dios.
  • El Dios de Jesús es Padre. Con el Dios de Jesús, Padre, se puede tratar: es bueno hablar y tratar.
  • Jesús nos dice: No eres un extraño para Dios: somos sus hijos. Dios es mi, -nuestra- familia. Por eso, cuando os dirijáis a Dios decidle:

Padre nuestro.

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Pedir a Dios Padre lo fundamental: ‘que venga su Reino’”, por Consuelo Vélez

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “Pedir a Dios Padre lo fundamental: ‘que venga su Reino’”, por Consuelo Vélez

De su blog Fe y Vida:

XVII Domingo del Tiempo Ordinario – 27-07-2025

El evangelio de Lucas presenta varias veces a Jesús orando y en esta ocasión al terminar uno de sus discípulos le pido que les enseñe a orar.

Jesús nos enseña una manera de concebir a Dios y de dirigirnos a él: como «Padre/Madre«

Jesús nos enseña lo que hemos de pedir: el reino

La oración de petición es, por tanto, la fuerza y la confianza en el Padre del cielo que nos fortalece para realizar en este mundo, todo lo que necesitamos hacer, respondiendo así, a las necesidades de todos.

Consuelo Vélez

Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo:

– «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».

Él les dijo entonces:

+ «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».

Jesús agregó:

+ «Supongamos que algunos de ustedes tienen un amigo y recurre a él a medianoche, para decirle: «Amigo, préstame tres panes, porque uno de mis amigos llegó de viaje y no tengo nada que ofrecerle», y desde adentro él le responde: «No me fastidies; ahora la puerta está cerrada, y mis hijos y yo estamos acostados. No puedo levantarme para dártelos».

Yo les aseguro que, aunque él no se levante para dárselos por ser su amigo, se levantará al menos a causa de su insistencia y le dará todo lo necesario.

También les aseguro: pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abre.

¿Hay entre ustedes algún padre que da a su hijo una piedra cuando le pide pan? ¿Y si le pide un pescado, le dará en su lugar una serpiente? ¿Y si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan»

(Lucas 11, 1-13).

El evangelio de Lucas presenta varias veces a Jesús orando y en esta ocasión al terminar uno de sus discípulos le pido que les enseñe a orar. Las palabras que dice Jesús son más o menos las que tenemos en el Padre Nuestro que hoy rezamos, de ahí que podemos reconocer en esa sencilla oración una conexión profunda con el Jesús de los evangelios, una manera apropiada de hacer nuestra propia oración.

Un aspecto a comentar de esta oración es la manera de llamar a Dios. Jesús se dirige a él como “Padre” pero recordemos que en otras ocasiones los evangelistas ponen en boca de Jesús la palabra “Abba”, una expresión mucho más cercana, prácticamente de la confianza que un niño tiene en su padre. Jesús entonces nos enseña una manera de concebir a Dios y de dirigirnos a él. Nuestro Dios es el padre misericordioso, el padre todo amor, el padre todo confianza. Tenemos que seguir trabajando por quitarnos las imágenes de Dios que no corresponden al Padre del que nos habla Jesús. Dios no es castigador o vigilante. Dios no tiene nada que ver con la exigencia legal, ni con la compra de sus favores. Dios, es amor y solo amor. O, como lo decimos ahora, Dios es Madre, con el amor entregado y generoso que han encarnado tantas mujeres de la tierra.

En esta oración Jesús añade lo que hemos de pedir: el reino, el pan de cada día, y perdonar a los que nos ofrenden como Dios perdona nuestras ofensas.

Jesús continúa diciendo una parábola para explicar mejor lo que quiere enseñarles. Se refiere al amigo que va a pedir prestados tres panes porque no tiene nada para darle al otro amigo que llegó a su casa y, como otras veces hemos comentado, el valor de la hospitalidad es muy importante para el pueblo judío. El relato continúa diciendo que es tarde y el amigo no parece dispuesto a ayudarlo. Pero, Jesús le asegura que, al final, el amigo le dará los panes, al menos para no ser importunado. Y hace la pregunta obvia, ya no con respecto al amigo, sino a la relación filial. ¿Podrá un padre negarle algo a su propio hijo? Y añade: seguramente le dará lo que le pide porque es su hijo. Por lo tanto, con más razón, el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quien se lo pida.

Podríamos decir que la conclusión del pasaje es la invitación que Jesús hace a los suyos: “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá”. Todo esto nos lleva a decir una palabra sobre la oración de petición. Es verdad que tenemos muchas necesidades y, atendiendo a las mismas palabras de Jesús, el Padre del cielo no dejará de ayudarnos. Pero hemos de prestar atención a lo que nos dice que pidamos: “venga tu reino”. El reino de Dios es de justicia y paz, es de fraternidad/sororidad. El reino es don de Dios y tarea nuestra. Por tanto, pedir el reino es comprometernos con hacerlo posible en el aquí y ahora y, de esa manera, todas aquellas realidades materiales que tanto necesitamos, podrán llegar a todas las personas.

La oración de petición es, por tanto, la fuerza y la confianza en el Padre del cielo que nos fortalece para realizar en este mundo, todo lo que necesitamos hacer, respondiendo así, a las necesidades de todos. Esta es la actitud adecuada para nuestras oraciones de petición. No hemos de desfigurar la imagen de nuestro Dios, haciéndolo parecer a un Dios mago o a un Dios que nos exige muchas oraciones para concedernos lo que necesitamos. La imagen del Dios de Jesús es al que le pedimos fuerzas para hacer todo como si solo dependiera de nosotros, confiados en que todo depende de Él.

(Foto tomada de: https://radiomaria.org.ar/programacion/jesus-maestro-de-oracion/)

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“De las oraciones a la oración – San Lucas 11, 1-13 -”, por Joseba Kamiruaga Meza CMF

domingo, 27 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “De las oraciones a la oración – San Lucas 11, 1-13 -”, por Joseba Kamiruaga Meza CMF

De su blog Kristau Alternatiba (Alternativa cristiana):

Damos el salto cuando descubrimos que tenemos alma. Y al seguir a nuestra alma aprendemos a dialogar con Dios. Un Dios desconocido, al principio (y nos parece un poco tonto hablar con alguien que aún no sabes si existe), hasta que poco a poco descubrimos que ese diálogo nos lleva a otro lugar, a un mundo desconocido.

Nos acercamos a la fe por lo que hemos oído, y luego, paso a paso, experimentamos al Dios de Jesús y nos descubrimos amados y capaces de amar.

Nos descubrimos amados.

Es una mirada suave, sutil, libre, pura, la que descubrimos en nosotros mismos.

Eres engendrado a una nueva vida.

Tú sigues siendo el mismo y tu vida también, pero tu corazón y tu mirada cambian, se hacen profundos, ves más allá del horizonte.

Más allá del caos, los miedos, las angustias, los lugares comunes. Ves el diseño oculto a lo largo de los siglos.

Cuando, finalmente, dejamos de lado los muchos prejuicios, las cosas que creemos creer, nos abrimos a escuchar verdaderamente el mensaje evangélico. Y, después de haber seguido al Señor, después de habernos sentado también nosotros a escuchar su Palabra, llega un momento en el que pedimos, como hacen los discípulos: Maestro, enséñanos a orar.

No piden: enséñanos oraciones.

Esas ya las saben, como nosotros, fórmulas breves memorizadas. Pero lo que hace Jesús es otra cosa.

Algo nuevo. Intenso. Verdadero.

Un verdadero encuentro.

 ¡Por favor!

No sabemos rezar, no bromeemos.

Tratamos a Dios como a un poderoso al que hay que convencer. Para que nos haga felices, para que nos conceda alguna gracia, al fin y al cabo.

La oración, por desgracia, goza de muy mala fama entre los católicos.

Como algo inútil, que debe dejar espacio, en cambio, a la acción.

Detrás de esta idea hay siglos de invitaciones a la devoción, a la recitación de fórmulas que nacieron espléndidas y murieron distraídas, de rosarios rezados pensando en otra cosa.

La oración concebida como un agotamiento para convencer a Dios. Un agotamiento que lleva al agotamiento, el nuestro y el de Dios. El término mismo, «oración», se ha convertido en sinónimo de «recitación», de cantinela, de insistencia para convencer a alguien de nuestras buenas intenciones.

 ¡Por favor, hazme un favor!

Se ha convertido en el estribillo de nuestra petición, de nuestra oración cotidiana.

Antes de hablar de oración, debemos hacer el enorme esfuerzo de borrar todas estas ideas falsas y ponernos a escuchar.

 Escuchar

Como María, la oración es, ante todo, sentarse a escuchar.

Escuchar a alguien a quien se ama, se estima, se admira.

Ese Jesús que rezaba como nadie había rezado jamás, que sorprendía y fascinaba a los Apóstoles cuando, en plena noche, se levantaba para hablar en su corazón con el Padre. Un estilo nuevo, diferente de la oración colectiva, en el templo, en la sinagoga. Una oración íntima que los apóstoles intuyen como origen de la serenidad y la fuerza del Señor, del Maestro.

Por eso le piden que les enseñe a rezar.

Y Jesús lo hace, entregándoles la oración por excelencia, el Padrenuestro, que en la versión de Lucas es aún más esencial. Y que ya nos dice lo que es la oración: diálogo con el Padre, para pedir, sí, pero también para actuar, para cambiar de actitud ante la vida.

La oración es confianza

Jesús nos revela el rostro del Padre: es a Él a quien dirigimos nuestra oración. No a un déspota caprichoso, ni a un poderoso al que hay que convencer. Nos hemos convertido en hijos, nos dice San Pablo, Dios nos trata como trata a su hijo amado. Un buen padre sabe lo que necesita su hijo, no le deja sufrir. Muchas de nuestras oraciones no son escuchadas porque se dirigen al destinatario equivocado: no se dirigen a un padre, sino a un padrastro o a un tutor antipático al que pedir algo que, en realidad, creemos que nos corresponde.

Tantas veces confieso algo que he descubierto en mi pobre vida: pedí y no me fue dado. Entonces, en esos momentos, me desanimé. Hoy, años después, sé que obtuve todo lo que necesitaba y que, a menudo, no era lo que pedía.

La oración es amistad y constancia

Como aquel que va a pedir pan en plena noche.

Cuando rezamos, nos dirigimos a un amigo. Y lo hacemos para pedirle algo con lo que alimentar a los huéspedes de nuestra vida, no para ganar la lotería.

Amistad recíproca, como leemos en la hermosa página del Génesis: la relación con Abraham se consolida y Dios decide hablarle de su proyecto de abandonar Sodoma a su maldad. Abraham siente un vuelco en el corazón: en Sodoma vive Lot, su sobrino, y comienza una dura negociación. Al final, Abraham se sale con la suya: si Dios encuentra en Sodoma tan solo diez justos, salvará toda la ciudad, dando la vuelta a la teoría de la solidaridad según la cual todos pagan por la culpa de uno. En este caso, todos serán salvados por los méritos de diez.

La oración es una conversación íntima, un intercambio de opiniones, un entendimiento mutuo.

No es una lista de la compra, ni un intento de corrupción, ni una letanía para dar suerte.

Concebimos la oración como una serie de fórmulas de buenos deseos, pero la oración es ante todo escuchar, escuchar a Dios, e interceder, interceder por el mundo, no por mis necesidades.

¿Por qué no?

¿Por qué no aprender a rezar?

La oración te necesita a ti, ante todo: tal como eres, devoto o ateo, santo o pecador. Pero un «tú» verdadero, no falso, no aparente. La oración necesita tiempo: cinco minutos, para empezar, el tiempo en el que no estás completamente atontado o distraído, apagando el móvil y aislándote. La oración necesita un lugar: tu habitación, el metro, la pausa para comer. La oración necesita una palabra que escuchar: mejor si es el Evangelio del día, para leerlo con calma y saborearlo. La oración necesita una palabra que decir: las personas con las que te encuentras, las cosas que te angustian, un «gracias» dicho a Dios. La oración necesita una palabra que vivir: ¿qué cambia ahora que retomas tu actividad cotidiana?

Venga el Espíritu prometido por el Señor, amigos, el Espíritu que nos permite ver con una mirada diferente incluso las cosas que nos parecen indispensables para nuestra felicidad, comprendiendo, finalmente, que lo que consideramos un obstáculo insuperable no es tan importante resolverlo y, tal vez, ni siquiera es un obstáculo.

Porque, en la oración, descubriremos que nada nos puede impedir decir con verdad: Padre.

P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

***

Comentarios Evangélicos y Reflexiones para el Domingo 27 de julio de 2025

1.- Si rezamos, haremos circular el pan del amor.

2.- Dios siempre cumple sus promesas.

3.- Para rezar bien hay que tener hambre de vida.

4.- En el «Padre nuestro», Jesús nos enseña la gramática de Dios.

5.- Padre Nuestro, la oración que une la tierra y el cielo.

6.- El Padrenuestro, gramática de Dios.

7.- La oración según Jesús.

8.- De las oraciones a la oración – San Lucas 11, 1-13 –.

 P. Joseba Kamiruaga Mieza CMF

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Padre Nuestro”, por Josep Miquel Bausset

jueves, 24 de julio de 2025
Comentarios desactivados en “Padre Nuestro”, por Josep Miquel Bausset

Así comienza la oración que Jesús enseñó a los apóstoles (Lc 11:1-4), cuando éstos le pidieron que les enseñara a rezar, como el Bautista lo hizo con sus discípulos.

Jesús comienza su oración llamando a Dios: Padre nuestro. No, Padre mío. Y es que el Padrenuestro es esencialmente una oración comunitaria, nunca una oración individual. Por eso decimos Padre nuestro. De aquí que de la paternidad de Dios, nace, necesariamente, la fraternidad de los unos con los otros. Porque no es posible rezar a un mismo Padre, sin que nos reconozcamos hermanos todos los que nos dirigimos al mismo Dios.

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente Putin, cuando en Ucrania está masacrando a sus hermanos, hijos de un mismo Padre? Cuando está asesinando a los hijos del Padre, al cual él reza.

¿Cómo rezará el Padrenuestro (porque seguro que lo reza), el presidente Trump, cuando, por una parte juró su cargo sobre la Biblia y por la otra, está criminalizando y persiguiendo a los inmigrantes, intentado hacer deportaciones masivas de las personas que llama “ilegales” y que son hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que, a través de las redes sociales, incitan a la violencia contra los inmigrantes, hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los dirigentes de la derecha española, que desprecian y señalan a los inmigrantes “irregulares” y de una manera especial a los menores no acompañados?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los grupos violentos que agreden a sus hermanos en Torre Pacheco, haciendo daño a los hijos de un mismo Padre?

¿Cómo rezarán el Padrenuestro los que han incendiado mezquitas (como la de Piera) o lugares de culto de los musulmanes, haciéndolo, seguramente, invocando el nombre de Dios y la “defensa” de España?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el presidente del País Valenciano y sus consellers, que con su acción negligente durante la Dana del pasado 29 de octubre, no evitaron la muerte de 228 hermanos suyos, valencianos también, ahogados por la desidia y la parálisis de un gobierno que, de haber avisado a tiempo, habría evitado la  muerte 228 personas, hijas de un mismo Padre?

¿Cómo rezará el Padrenuestro el concejal del PP de mi pueblo, que escribió en las redes sociales: “Cada día entran ilegalmente a nuestro país personas que no vienen a sumar, vienen a hacer daño”? (Levante, 1 de julio de 2025).

Cuando rezamos el Padrenuestro estamos invocando a un mismo Padre y por eso mismo, estamos reconociendo a los demás, como a hermanos. De aquí que el Padrenuestro nos urge a la fraternidad, a descubrir en los demás a unos hermanos. No a unos enemigos, ni a unos que vienen a “hacer daño”, como dicen de sus hermanos inmigrantes, los que después “devotamente”, e hipócritamente rezan el Padrenuestro.

Decía Plauto (254-184 aC), que “el hombre es un lobo para el hombre”. Y los filósofos de la sospecha decían: “El otro es el infierno”. Los cristianos Putin, Trump, los políticos que criminalizan a los que llaman “inmigrantes irregulares”, los salvajes que incendian mezquitas o agreden a las personas “sin papeles que vienen de otros países, ¿ven a estas personas como enemigas? ¿Cómo pueden rezar el Padrenuestro, con sinceridad, despreciando y criminalizando a sus propios hermanos?

En su competición con VOX, para ver quién es más racista, el señor Feijóo ha pedido la deportación “inmediata” de cualquier inmigrante irregular que delinca. “Debemos ser contundentes”, ha expresado el señor Feijóo. (El Mundo, 16 de julio de 2025). El presidente del PP habría de empezar a ser contundente con los políticos de su partido condenados recientemente por la Audiencia de València, por fraude, prevaricación y malversación, como lo han sido dos exalcaldes del PP, uno de Enguera y otro de Requena (La Veu del País Valencià, 16 de julio de 2025). Pero claro, estos exalcaldes no eran inmigrantes y por eso el señor Feijóo no será contundente con ellos.

San Juan, en su primera carta, nos dice: “El que dice que está en la luz y odia a su hermano, todavía está en la tiniebla” (1Jn 2:9). Y también: “Nosotros sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos” ya que “todo aquel que odia a su hermano, es un homicida” (1Jn 3:14-15).

El Padrenuestro nos evita que caigamos en la aporofobia, que como la definió la profesora Adela Cortina, es “el rechazo, la aversión, el miedo y el desprecio hacia el pobre”. Simplemente por el hecho de ser pobre, ya que el racismo (normalmente), no se manifiesta en los futbolistas que llegan de Latinoamérica o de África, que no solamente no sufren ningún rechazo, sino que son aplaudidos y admirados. Tampoco hay ningún problema con el color de la piel, con los turistas que llegan con las carteras llenas de dinero. El único problema que encuentran los racistas es con los inmigrantes pobres.

Aquellos que, llenos de odio, quieren expulsar a los inmigrantes “ilegales”, criminalizándolos, los que incendian mezquitas o los que incitan al odio y agreden a los extranjeros, demuestran su hipocresía cuando rezan el Padrenuestro, porque rezan esta oración sin reconocer como hermanos a todos los hijos de Dios. A todos éstos, más les valdría no rezar el Padrenuestro, porque odiando a sus hermanos inmigrantes, rezan hipócritamente la oración del Señor, ya que no reconocen como a hermanos a los inmigrantes que vienen a nuestro país, no a hacer daño (como dicen algunos), sino a buscar una vida más digna.

Josep Miquel Bausset

Fuente Religión Digital

Biblia, Espiritualidad , , , , , , , , ,

Nosotros… Nuestro… Solemnidad de san Pedro y san Pablo

domingo, 29 de junio de 2025
Comentarios desactivados en Nosotros… Nuestro… Solemnidad de san Pedro y san Pablo

 

Pedro y Pablo, dos columnas de la Iglesia, maestros inseparables de fe y de inspiración cristiana por su autoridad, son sinónimo de todo el colegio apostólico. A Simón Pedro, pescador de Betsaida (cf. Le 5,3; Jn 1,44), Jesús le llamó Kefas- Piedra y le dio el encargo de guiar y confirmar a los hermanos, a pesar de su frágil temperamento. Su característica distintiva es la confesión de la fe. Es uno de los primeros testigos del Jesús resucitado y, como testigo del Evangelio, toma conciencia de la necesidad de abrir la Iglesia a los gentiles (Hch 10-11).

Pablo de Tarso, perseguidor de la Iglesia y convertido en el camino de Damasco, es un hombre de espíritu vivaz y brillante formación, que recibió de los mejores maestros. Animado por una gran pasión por Cristo, recorrió con su dinamismo el Mediterráneo anunciando el Evangelio de la salvación.

Ambos recibieron en Roma la palma del martirio y la unidad en la caridad, convirtiéndose en ejemplo de diálogo entre institución y carisma.

***

A ti te entrego las llaves:
en tus manos pongo la creación entera,
también mi Reino, mis ilusiones,
y mi confianza y palabra de Padre.
Te hago portero de esperanzas y proyectos
para que te sientas libre y responsable.

Llaves para abrir las puertas cerradas,
los corazones duros e insolidarios
y todos los secretos fabricados.
Llaves para repartir los bienes de la tierra,
todo lo que puse y produce,
sin que te sientas ladrón de haciendas.

Llaves para mostrar todos los tesoros
de arcas, baúles y bibliotecas,
y poder sacar las cosas buenas.
Llaves para dar a conocer
los misterios de la ciencia
y desenredar conciencias.

Llaves para abrir lo que otros cierran
–bancos, fábricas, fronteras e Iglesias–,
quizá tu casa, tu patio, tu cuenta.
Llaves para entrar en cárceles,
quitar trabas, soltar cadenas,
anular grilletes, conocer mazmorras.

Llaves para perdonar barbaridades,
quitar miedos y culpabilidades
y andar erguido y sin genuflexiones.
Llaves para que nadie encuentre
las puertas de su camino cerradas
aunque sea noche oscura.

Llaves para desatar leyes,
mandatos, edictos y normas
de señores, jefes y prepotentes.
Llaves para liberar a los que sienten
que tienen las puertas cerradas
y la vida hecha y planificada.

Llaves para poder salir al mundo
a que te dé sol y brisa
y te quite la costra que llevas encima.
Llaves para que nadie se atrinchere
y busque refugio en tus rincones
cuando ha herido a los más pobres.

Llaves para que los insensatos
no pierdan el tiempo quejándose,
y puedan entrar aunque lleguen tarde.
Llaves para que siempre puedas,
a quien llega a tiempo o deshora,
enseñar tus entrañas y acogerle.

Llaves para abrir heridas
–en el cuerpo, en el alma, en las estructuras–
y así poder curarlas.
Llaves para cuidar y mostrar
la buena noticia, mi casa,
mis tesoros de Padre y Madre.

A ti te entrego las llaves;
pero mira los rostros setenta veces siete
antes de creerte juez, clérigo o jefe.

*

Florentino Ulibarri

***

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesárea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

+ «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron:

«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

+ «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

– «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

+ «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora yo te digo: tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

*

Mateo 16, 13-19

***

 Y en la solemnidad de San Pedro y San Pablo, un texto que habla de Comunidad, de Palabra, de Compromiso… Del blog Amigos de Thomas Merton:

…”el Doctor de la paz y Maestro de la unidad no quiso que hiciéramos una oración individual y privada, de modo que cada cual rogara sólo por sí mismo. No decimos: «Padre mío, que estás en el cielo», ni: «Dame hoy mi pan de cada día», ni pedimos el perdón de las ofensas sólo para cada uno de nosotros, ni pedimos para cada uno en particular que no caigamos en tentación y que nos libre del mal. Nuestra oración es pública y común, y cuando oramos lo hacemos no por uno solo, sino por todo el pueblo, ya que todo el pueblo somos como uno solo.

El Dios de la paz y el Maestro de la concordia, que nos enseñó la unidad, quiso que orásemos cada uno por todos, del mismo modo que él incluyó a todos los hombres en su persona. Aquellos tres jóvenes encerrados en el horno de fuego observaron esta norma en su oración, pues oraron al unísono y en unidad de espíritu y de corazón; así lo atestigua la sagrada Escritura que, al enseñarnos cómo oraron ellos, nos los pone como ejemplo que debemos imitar en nuestra oración: Entonces -dice- los tres, a una sola voz, se pusieron a cantar, glorificando y bendiciendo a Dios. Oraban los tres a una sola voz, y eso que Cristo aún no les había enseñado a orar.

Por eso fue eficaz su oración, porque agradó al Señor aquella plegaria hecha en paz y sencillez de espíritu. Del mismo modo vemos que oraron también los apóstoles, junto con los discípulos, después de la ascensión del Señor. Todos ellos -dice la Escritura- perseveraban en la oración, con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres y de María, la madre de Jesús, y de los hermanos de éste. Perseveraban unánimes en la oración, manifestando con esta asiduidad y concordia de su oración que Dios, que hace habitar unánimes en la casa, sólo admite en la casa divina y eterna a los que oran unidos en un mismo espíritu.”

*

San Cipriano

***

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , , ,

“El Padrenuestro y la oración”, por Gabriel María Otalora

viernes, 28 de marzo de 2025
Comentarios desactivados en “El Padrenuestro y la oración”, por Gabriel María Otalora

123a1e1cd1f20ed130070a69cc206178De su blog Punto de Encuentro:

No es fácil orar. La prueba es que los amigos de Jesús le pidieron que les enseñara a orar (Lc 11, 1). Y Él les enseño lo que hoy llamamos el Padrenuestro (no dice Padre mío), una llamada a sentirnos hermanados al dirigirnos al Padre, sintiéndonos comunidad universal. Resulta significativa la importancia de orar con actitud de mejorar y desde la confianza absoluta en Dios. Mucho se ha escrito sobre el Padrenuestro, pero de tanto repetirlo, corremos el riesgo de desvalorizar su contenido. Veamos:

Padre nuestro que estás en los cielos. Comienza como una oración de adoración, de reconocimiento humilde y agradecido a Dios, al que Jesús llama Padre de manera cariñosa, y nos pide que nosotros hagamos lo mismo.

Santificado sea tu nombre. Lo santo entendido como una realidad poderosa y salvadora diferenciada de lo profano, del “del único santo” al que pedimos que se nos manifieste en su bondad y en su misericordia, en su santidad. Él da a conocer su gloria, y sus hijos dan testimonio y alabanza de ella.

Venga tu reino. Jesús nos invita a entender el reino de Dios -amor, misericordia, gratuidad, compasión, alegría…- como un regalo, y a la vez como invitación a anhelar el Reino en nuestras vidas, a abrirnos a su presencia sanadora. Es una petición y a la vez una actitud de poner de nuestra parte para que el Reino se haga presente por nosotros que somos las manos de Dios; se llama también evangelizar.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. Aceptamos que nuestros planes son menos importantes que los de Dios. Y que así como en el cielo se realiza la voluntad de Dios, le pedimos que también en la Tierra, se haga sólo su voluntad. Que confiamos en Él y en su infinita sabiduría y, por lo tanto, implica la humildad de hacer su voluntad poniendo en práctica sus enseñanzas, preferentemente con los más necesitados.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Para evitar la tentación de acaparar, de tener el pan material y espiritual asegurado siempre, al tiempo que hemos de pedir y preocuparnos por el pan de cada día de los demás, el suficiente para vivir dignamente. La oración confiada al Padre es la única manera de superar la ansiedad.

Perdónanos nuestras ofensas. Es importante que reconozcamos nuestras faltas y las pongamos delante de Dios, y pidamos perdón de corazón a la persona ofendida “antes de presentar nuestras ofrendas en el Templo”. Es una parte esencial en el camino de la conversión… Perdonar siempre, no hasta 3 veces, como se acostumbraba en el judaísmo.

Así como también nosotros perdonamos a todos los que nos ofenden. El perdón de Dios no es la respuesta al perdón del ser humano, sino la condición que lo hace posible (Matteo Crimella): del perdón gratuito de Dios a nuestra responsabilidad de perdonar a los hermanos. Porque si Dios nos ha perdonado a nosotros todas nuestras ofensas, quienes somos nosotros para no hacer lo mismo con los demás.

Y ayúdanos a no caer en la tentación. Que la tentación no sea más fuerte que nosotros, no nos abandones en ella. Dios no tienta, al contrario, Jesús también fue tentado. No confundir que Dios nos tienta con que Dios nos pone a prueba a veces para que nos reconozcamos en nuestras verdaderas y más profundas intenciones.

Más líbranos del mal. Dios es todo poderoso y le pedimos su abrigo y su socorro para evitar que el mal se apodere de nuestras vidas. El mal en el sentido más amplio posible cuya manifestación nos aleja del bien, hechos como estamos a imagen y semejanza de Dios.

PADRE NUESTRO QUE ESTÁ EN NUESTROS CORAZONES

Grande entre nosotros sea tu nombre

Hazte próximo a nosotros y a nuestras vidas

Que seamos a tu imagen y semejanza

Ante los avatares de la vida.

Procúranos el alimento necesario cada día

No tengas en cuenta nuestros olvidos y malas acciones

Y haz que tratemos por igual a nuestros semejantes.

No permitas que seamos soberbios y altaneros

Y ayúdanos a levantarnos cada vez que caigamos. Amén.

*

Iñaki Herrero Lekue

***

Biblia, Espiritualidad ,

«Cómo rezar el Padre nuestro», por José Ignacio González Faus

martes, 11 de marzo de 2025
Comentarios desactivados en «Cómo rezar el Padre nuestro», por José Ignacio González Faus

cruz-recordatorio-padre-nuestro-1-153De su blog Miradas Cristianas:

Comprendiendo lo que significa cada petición

NB.-Como enseñaba Jesús (Mt 6,7) las palabras en la oración no son necesarias para dirigirnos a Dios. Pero lo son para crear comunidad entre nosotros y para dirigírnoslas a nosotros mismos y comprometernos. Sigue aquí una propuesta para rezarasí la oración que nos dejó Jesús y evitar convertirla en una fórmula mágica o en una recitación vacía.

Abbá, Padre: como los niños bien conscientes de la total superioridad de sus padres, pero que acuden a ellos con absoluta confianza llamándole papa o papi, nos atrevemos a pedir:

Que resplandezca y no sea profanado tu Nombre de Padre. Es decir: que desaparezcan todas las armas que nos configuran como enemigos y nos impiden ser hijos de un mismo Padre; y que tantas veces las hemos defendido apelando a Ti.

Que venga tu Reino: el reinado de la libertad de hijos y la igualdad de hermanos. Es decir: que no construyamos un progreso montado sobre víctimas [1]; que desaparezcan las riquezas que destruyen la igualdad, y las dictaduras que niegan la libertad. Y que ricos y dictadores recuperen su humanidad perdida, para que en tu mundo no haya hambre, ni miseria ni esclavitud.

Que se cumpla Tu voluntad en esta tierra como se cumple en tu cieloEs decir: que no idolatremos el derecho secundario de propiedad y sepamos que cuando alguien tiene dignamente y sobriamente cubiertas sus necesidades, todo lo demás que posee pertenece a quienes lo necesitan y él lo está robando [2]. Que desaparezcan las “patrias” que nos vuelven idólatras, las infidelidades de cualquier género, el tráfico de personas, el rechazo a los inmigrantes y las diferencias por razones de origen, raza, cultura o sexo (machismos y violencias).

Danos hoy a todos nuestro pan de cada día.

Y eso quiere decir: que construyamos una civilización de la sobriedad compartida y, para ello, que los salarios legales sean además justos: porque “quien no paga el salario justo derrama sangre[3]; que se acabe el consumismo de unos que impide comer a otros, y que desaparezca ese 1% de personas con tanta fortuna como más del 50% de la humanidad.

Perdona nuestras culpas como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Es decir: que sepamos reconocer nuestro pecado antes que el de los demás. Y que se acabe la usura de las instituciones prestatarias y la necesidad de endeudarse para sobrevivir [4]. Y que desaparezca esa deuda “eterna” del tercer mundo.

No nos dejes caer en la tentaciónQue no caigamos en esa seducción de las necesidades falsas y de la publicidad convertida en propaganda embustera, que apela a nuestros más bajos instintos. Y que sepamos sobreponernos a los malos ejemplos de tantos “triunfadores”.

Y líbranos del malLíbranos de nuestro ego que tanto nos esclaviza y del pecado estructural que nos envuelve. Amén.

[1] “La historia se ha construido s0bre víctimas. Ya lo dice Hegel en su Introducción a la filosofía de la historia” (Reyes Mate).

[2]La tierra ha sido dada para todo el mundo y no solamente para los ricos. La propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supera la propia necesidad cuando a los demás les falta lo necesario (Pablo VI, Populorum progressio 22).

[3] Libro bíblico del Eclesiástico, 34,22.

[4]Quien presta con usura y acumula intereses, no merece vivir por haber cometido esas abominaciones” (Ezequiel, 18.13). “Señor, ¿quién puede vivir contigo? El que no presta dinero a usura, ese nunca fallará” (salmo 15, 1.5.6).

Espiritualidad ,

¡Ten mucho cuidado cuando hablen bien de ti, seguro que algo mal habre hecho!

sábado, 31 de agosto de 2024
Comentarios desactivados en ¡Ten mucho cuidado cuando hablen bien de ti, seguro que algo mal habre hecho!

Del blog de Alfonso J. Olaz El Rincón del Peregrino:

IMG_6487

Qué extraño es el ser humano!

En la noche ama, en el día duerme

¡Se da golpes de pecho y luego golpea a su propio hermano!

¡Qué me importa la vida si no la hago tuya!
Y sin entregarla dejo de vivirla

Sin rubor y convencido,

se atreve a rezar al Padre Nuestro, «Venga a nosotros tu Reino«

¡De verdad que me importa tu Reino!
Si no lo hago tuyo y solo vivo para vivirlo como quiero,

entregándolo en un Reino que no es Tuyo

¿De lo relativo, qué me importa que lo hago superlativo?
¡Y nada de lo Absoluto me importa para Vivir en lo absoluto!

¿Hasta cuándo me esperarás en el cruce de tus caminos?

Y así vamos peleando todos los días,

hasta hacernos polvo y desaparecer por el viento,
disolviéndonos en las corrientes de las cloacas de nuestro submundo

¡Este es el Reino nuestro de cada día!

¡Qué paciencia tienes con todos nosotros!
¡Ni un millar de madres tendrían la paciencia con solo uno de los nuestros!

Y por uno solo de los nuestros que rezara bien:» Venga a nosotros tu Reino»
Tu misericordia volvería a todos nosotros, a cada uno

Quién dice que amarte es fácil!

Para luego desatenderte y ser cómplice

Dejarte tirado y malherido en las cunetas de nuestra vida
Ser testigo a fondo perdido
De todas las causas perdidas
Cuando muy pocos llegan hasta las cunetas de los caminos

y sanan a los desconocidos

Sí amamos sin contar contigo
Somos guerrilleros de la desesperanza,

francotiradores de los buenos sueños de nuestros hermanos

Pasamos por las cunetas ardientes de nuestras vidas,

donde viven los parias sin casta y malheridos

Y ahí, aplastando las flores de tu camino, nos atrevemos a decir.
¡Padre,» Venga a nosotros tu Reino!

¿De qué me vale amar si no amo contigo?
Si no amo solo contigo y con el pobre malherido,

no me hago pobre encontradizo del camino

¿De qué me vale soñar si lo hago cuando estoy dormido

y cuando despierto nada hago nada, por hacerlo mío,

con el pobre que llevo en mi interior conmigo?

¡De qué me vale esta vida,

si no la vivo con tu pan y vino de cada día!

¡Vivir con tu pan para ser hombre libre de por vida!
Hacer de tu vino esperanza que embriaga para el pobre,
para hacerlo divino

¡Que no hablen bien de mí por tener una cuna,

sino un sitio para compartirla con mi hermano el pobre!

Que tomando partido por tu vida,

me atreva ya a vivir una vida que ya no es mía

Que no me queje a partirme por lo que no es tuyo,

para ser medio hombre, media vida
hombre disminuido de pan y vino

¡Padre,»Venga a nosotros tu Reino!Que me alegre por todo lo tuyo,

para mí lo has preparado para compartirlo con tus pobres

Haz que clame de alegría por ser tuyo todos los días
Alabarte y bendecirte en la noche oscura
Aceptarme como soy, que nada soy,

ya que tú así lo quieres, y tú así lo amas
Pues me amas como soy
Que no mire al hermano como necesitado,
que no es un apestado, si no es el mismo Jesús,

despojado de todos sus derechos.

Que todo, todo lo que he recibido; lo de del Todo, Todo
Que nada tengo, nada es mío, todo lo he recibido para darlo y compartirlo

Que del mismo pobre hermano al que acojo,

al mismo Jesús recibo
Y de mi hermano verdadero sin cuna,
de Él todo recibo
Todo, todo lo que me falta,

para ser completamente hermano

Seré cuna que me falta
Para ser hospitalero del peregrino hermano
Y ahí veré acunada toda mi vida con mi hermano Jesús

Hermano pobre
Nada entrego, pues nada tengo mío
Solo te devuelvo lo que de Él he recibido
Para compartirlo contigo hermano mío

Pues del maestro es todo
Al Él solo le doy gracias.

Y Sí del Espíritu Recibo
Atento estaré a su demanda
Para que Él no me demande por lo que de Él recibo
Y con nadie lo comparta

Y así compartiré con todos
El pan y el vino,

para hacerlo cada día más llevadero:

con su pan, recibir su fuerza y con su vino ser alegría

Ahora empezaremos a vivir  «Venga a nosotros tu Reino«

Del Evangelio a la Vida
De la Vida al Evangelio

*

Alfonso Olaz
31.07.2024

IMG_6488

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , , , ,

Recordatorio

Cristianos Gays es un blog sin fines comerciales ni empresariales. Todos los contenidos tienen la finalidad de compartir, noticias, reflexiones y experiencias respecto a diversos temas que busquen la unión de Espiritualidad y Orientación o identidad sexual. Los administradores no se hacen responsables de las conclusiones extraídas personalmente por los usuarios a partir de los textos incluidos en cada una de las entradas de este blog.

Las imágenes, fotografías y artículos presentadas en este blog son propiedad de sus respectivos autores o titulares de derechos de autor y se reproducen solamente para efectos informativos, ilustrativos y sin fines de lucro. Por supuesto, a petición de los autores, se eliminará el contenido en cuestión inmediatamente o se añadirá un enlace. Este sitio no tiene fines comerciales ni empresariales, es gratuito y no genera ingresos de ningún tipo.

El propietario del blog no garantiza la solidez y la fiabilidad de su contenido. Este blog es un espacio de información y encuentro. La información puede contener errores e imprecisiones.

Los comentarios del blog estarán sujetos a moderación y aparecerán publicados una vez que los responsables del blog los haya aprobado, reservándose el derecho de suprimirlos en caso de incluir contenidos difamatorios, que contengan insultos, que se consideren racistas o discriminatorios, que resulten obscenos u ofensivos, en particular comentarios que puedan vulnerar derechos fundamentales y libertades públicas o que atenten contra el derecho al honor. Asimismo, se suprimirá aquellos comentarios que contengan “spam” o publicidad, así como cualquier comentario que no guarde relación con el tema de la entrada publicada. no se hace responsable de los contenidos, enlaces, comentarios, expresiones y opiniones vertidas por los usuarios del blog y publicados en el mismo, ni garantiza la veracidad de los mismos. El usuario es siempre el responsable de los comentarios publicados.

Cualquier usuario del blog puede ejercitar el derecho a rectificación o eliminación de un comentario hecho por él mismo, para lo cual basta con enviar la solicitud respectiva por correo electrónico al autor de este blog, quien accederá a sus deseos a la brevedad posible.

Este blog no tiene ningún control sobre el contenido de los sitios a los que se proporciona un vínculo. Su dueño no puede ser considerado responsable.