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“Carta abierta a Maxsoud Luiz”, por Carlos Osma

Viernes, 23 de julio de 2021

samuelDel Blog de Carlos Osma:

No comenzaré diciendo que como padre entiendo lo que estás pasando, sería un hipócrita, un mentiroso. No puedo, no me atrevo a imaginar cómo me sentiría si una de mis hijas fuese asesinada. Mis experiencias y reacciones ante la muerte de personas queridas no son ejemplares, y no creo que pueda decirte nada que te sirva de ayuda. De hecho, después de escuchar tu intervención en un programa de televisión, me ha impactado tu entereza y tu capacidad para ponerte en el lugar de los otros, también en el lugar de los padres y madres de quienes asesinaron a tu hijo Samuel. Nos une la misma fe, y el mismo Dios Padre/Madre, aquel que también padeció la muerte violenta de su hijo Jesús, por eso deseo que ese Padre/Madre te consuele y acompañe a ti y a tu familia en estos momentos, y el resto de vuestra vida.

Muchas entidades LGTBIQ han organizado o participado estos días en concentraciones y manifestaciones para mostrar el rechazo por el asesinato de tu hijo Samuel y pedir justicia. Y aunque has pedido expresamente que no haya banderas ni se politicen las concentraciones, las banderas LGTBIQ han estado presentes, y me gustaría explicarte el porqué. No sé si la agresión que sufrió tu hijo tuvo una motivación homofóbica, parece que varios testigos apuntan en esta dirección. Pero aunque no fuera así, lo ocurrido a Samuel ha conectado con las experiencias de muchas personas LGTBIQ, personas que observamos cómo en los últimos años los discursos de odio promocionados por la ultraderecha y los fundamentalismos religiosos se traducen en violencia física y psicológica hacia nosotras. Tu hijo Samuel, lamentablemente, ha puesto rostro a lo que muchas personas padecemos cada día, y por eso sentimos que lo que a él le ha ocurrido, nos puede pasar también a nosotras. Sabemos lo que significa que te llamen bollera o maricón, que te miren mal por cómo te expresas, que te hagan bullying en el colegio o instituto, que tengas que ocultar quién eres y quién te gusta, que te digan que te irás al infierno o que eres un enfermo, que te ridiculicen, que te den una paliza, que te maten. Las banderas no pretenden aprovecharse de lo ocurrido, siento si vuestra familia lo ha entendido así, quieren mostrar empatía con vosotros y exigir justicia.

Has descrito a tu hijo como amigo de sus amigos, como amigo de sus padres, cariñoso, amoroso, como una buena persona, un hijo maravilloso que ayudaba a la gente, y que así os gustaría a la familia que se le recordase. Y siempre debería ser así, que nuestros hijos e hijas fueran valorados por sus cualidades humanas, por ser reflejo del amor con el que Dios nos bendice a todas y todos. Pero la realidad, lamentablemente es otra, y para muchas personas que Samuel fuese gay borraba todo lo anterior. O al menos, para poder valorar todas sus cualidades, había que borrar que era gay. Sé que no os sentís cómodos con la politización del asesinato de vuestro hijo, pero el auge de los ataques LGTBIQfóbicos en los últimos años está directamente relacionado con los discursos de odio de la ultraderecha que tantos intentan blanquear. Entiendo que el tema político en este momento, a tu familia y a ti es lo último que os importa, y tenéis derecho a vivir este momento tan duro de manera privada, sin embargo también espero que la sociedad se percate de cuáles son las consecuencias de estos discursos de odio hacia la diversidad, y que comprendáis que es necesario visibilizarlos.

Me ha dado un vuelco el corazón cuando has pedido a los padres y madres de los asesinos que, si no pueden acompañar a sus hijos para entregarse a la policía y asumir su responsabilidad, que oren por vuestra familia. Y lo ha hecho porque en estos mismos valores he sido yo educado, creo que eso mismo hubiera dicho mi madre. Es con actitudes como la tuya con la que yo aprendí que significaba ser evangélico, seguidor de Jesús. He leído que Samuel también participaba activamente en la música de la iglesia. No sé si a cambio de mantener en silencio su orientación sexual, deseo que no, aunque imagino que sí porque es algo por lo que muchas y muchos hemos tenido que pasar. Es tan triste e injusto la forma con la que la mayoría de iglesias evangélicas tratan a las personas LGTBIQ, es tan incomprensible que identifiquen evangelio con discursos de odio. Es tan poco evangélica su homofobia, es un pecado tan grande que estén en el bando de quienes nos discriminan. Y lo digo con dolor, no con resentimiento, y también con esperanza, por eso te pido que reivindiques a tu hijo, sin negar nada de él, dentro de la comunidad. Que no tenga que silenciarse su homosexualidad para poder decir que era una gran persona, un gran hijo, un buen cristiano. Si se silencia, se está negando una parte de quien era. También que mires a los niños y niñas de tu comunidad como si fueran Samuel, para poder crear una comunidad cristiana acogedora y respetuosa para ellos, como ha sido siempre tu familia para tu hijo Samuel.

Espero no haberte ofendido con alguna de las cosas que he escrito en esta carta, solo pretendía que entendieras por qué el asesinato de Samuel nos moviliza a tantas personas LGTBIQ, también a las que compartimos con él la misma fe. Vuelvo a decir que no tengo, no sé palabras que puedan ni siquiera aligerar un poco vuestro dolor. Pero quiero acabar esta carta con algo que parece poco apropiado en este momento, se trata del comienzo de una canción que compuso hace muchos años una prima mía, y que me he descubierto tarareando en los momentos más complicados de mi vida, imagino que la conoces, espero que os dé fuerzas para apoyaros en el Dios Padre/Madre que sufrió por la muerte violenta de Jesús, su hijo: «Cuan profundo es tu amor, no lo puedo comprender, alto es para mí, cuan inmenso es. Cuan profundo es tu amor, Dios de los cielos, más profundo que el mar, es tu grande amor. Alto es, inmenso es, profundo es tu gran amor».

Carlos Osma

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“Dios me dio un hijo, pero no quise verlo”, por Carlos Osma

Viernes, 2 de julio de 2021

baby-864137_1920De su blog Homoprotestantes:

María es cristiana católica desde siempre, fue bautizada a los pocos días de nacer, tomó la primera comunión con diez años, se confirmó con quince, se casó en la iglesia católica de su barrio, y allí bautizó también a su primera hija: Sandra. Siempre ha formado parte de la misma comunidad católica, de la que se ha sentido muy cercana, aunque también ha sido crítica en temas como el papel que las mujeres tienen en esta iglesia, y ha sido clara en su posición a favor del aborto. Desde muy pronto se dio cuenta de que su hija era diferente a las demás, demasiado masculina pensaban ella, pero nunca se atrevió a preguntarle, cerró los ojos y rezó para que nunca viniera a confesarle que era lesbiana.

Y así ocurrió, porque lo que tenía que decirle Sandra cuando la sentó en la silla de la cocina para hablar, es que no era su hija, sino su hijo, y que ya no era Sandra, sino Pol, que en realidad era quien siempre había sido, y que no iba a cambiar nada; o que por lo menos a él, no le gustaría que cambiara nada. Pero eso ya no lo escuchó María, se quedó en shock, incapaz de articular una palabra, o incluso de mirar a los ojos a su… hijo. Sentía como Pol le cogía de las manos y se las llevaba a la boca para besarlas, también como le abrazaba, y sabía que esos besos y abrazos eran idénticos a los que Sandra le daba… Pero aquel pequeño cambio, aquel palito cuya desaparición convertía la a en o, la hija en hijo, y que luego transformaba a Sandra en Pol, podía traer otros muchos cambios que no entendía y que la aterraban. Y decidió fingir, lo hizo muy mal, pero fingió, y devolvió a… Sandra el abrazo, y le dijo que era su… hija y que siempre iba a estar con ella para ayudarla. No pudo hacer mucho más, nadie le había dicho como se enfrenta una madre a esto.

María pasó unos días encerrada en ella misma, pero pronto se dio cuenta de que necesitaba contarle lo que le estaba pasando a alguien, y así lo hizo. Fue a hablar con Joan, un capellán que conocía desde hacía muchos años. Sabía que era una persona razonable con la que se podría hablar de todo sin sentirse juzgada. No fue una conversación, fueron muchas, y durante varios meses, que ayudaron a María a desmontar todos los prejuicios que le impedían aceptar y querer a su hijo. Pero también los que no le permitían perdonarse a ella misma por haberlo abandonado, y no haberlo protegido y ayudado. Cuando se sintió preparada, María sentó a su hijo en la misma silla de la cocina donde habían tenido aquella conversación que la descolocó; le cogió las manos, y mirándole a los ojos le dijo: «Pol es un nombre muy bonito, tienes mejor gusto que yo para los nombres, te quiero y estoy a tu lado. Perdóname, Dios me dio un hijo, y no una hija, pero no supe, o no quise verlo». Pol la abrazó, y la besó, como siempre había hecho, y le dijo que no tenía nada que perdonarle, que ahora respiraba feliz después de varios meses pensando que había perdido a su madre para siempre.

Al domingo siguiente María fue a la iglesia, y Santiago, el joven sacerdote que desde hace un par de años lleva la parroquia, le preguntó por su hija Sandra. Le dijo que hacía casi un año que no la veía, y que la echaban de menos, que aportaba mucho tocando la guitarra. María le explicó que su hija Sandra ahora era su hijo Pol, y Santiago le contestó que lo sentía mucho, que imaginaba por lo que estaba pasando, que hoy los jóvenes están a merced de los discursos queer que los desestabilizan y los llevan a confundir su identidad. María le dijo que no, que ella estaba orgullosa de su hijo Pol, y que si de algo se arrepentía, era de no haberlo apoyado y ayudado antes, de no haber estado a su lado. Pero que Pol seguía tocando igual de bien la guitarra y que le diría que viniese el próximo domingo a tocarla. Santiago le dijo que no hacía falta, que esto era la casa del Señor, y que preferían seguir cantando a capela. Además le explicó con un todo angelical y amoroso, que como cristiana no debía apoyar en esto a su hija, que la única forma de ayudarla era sacarle todo aquello de la cabeza. Que había psicólogos y especialistas católicos que podrían ayudarla. María le respondió que su hijo no necesitaba psicólogos, que justamente ahora lo veía más feliz que nunca. Santiago le dijo entonces, que era un pecado que como madre apoyase la confusión en la que su hija estaba inmersa, y que por eso, era mejor que no participara de la comunión. María lo miró directamente a los ojos y le respondió: «Creo que usted al decirme que rompa la comunión con mi hijo, no entiende lo que significa tomar la comunión. Examine su conciencia, porque si no comprende lo que significa formar parte del cuerpo de Cristo, quizás no lo está sirviendo como debería». Después María, salió de la iglesia, y hasta hoy no ha vuelto. Ahora se reúne en otra, y Pol la acompaña algunos domingos para tocar la guitarra.

Hay diferentes formas de entender la esencia del cristianismo, para algunos, lamentablemente están las normas y las doctrinas, para otros está el prójimo, desde él se ven las normas y las doctrinas con otra perspectiva. Por sus obras los conoceréis, y por los frutos que producen dichas obras. La transfobia no puede ser un fruto nacido del evangelio, la empatía y el amor, sí. Es urgente que tantas y tantas iglesias vuelvan al evangelio, vuelvan al seguimiento de Jesús, y se alejen de las ideologías del odio y la exclusión. Que se comporten como una madre o un padre, como María, dejándose guiar por el Espíritu, para volver a conectar con su hijo Pol. Para seguir siendo madre. Para seguir siendo, de verdad, Iglesia.

Carlos Osma

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“Manipulaciones literalistas de la Biblia”, por Carlos Osma

Lunes, 14 de junio de 2021

Two men sitting on a bench with bibles and praying in a garden under sunlight with a blurry background

Si me dieran un euro cada vez que alguien me dijera que la Primera Epístola a los Corintios explicita que los homosexuales no heredarán el reino de dios, sería rico. De hecho, pensaba que este era el versículo más leído de la Biblia hasta que me dijeron que no, que el más leído era: «No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia» (Is 41,10). Tampoco me extrañaría que el éxito del versículo del profeta se debiese a que los cristianos LGTBIQ del mundo, para salvaguardar su salud mental, hubiesen decidido leer dos veces a Isaías cada vez que alguien les recordase el de la Primera Epístola a los Corintios. Pero si no es esta la razón, aprovecho para recomendarles que lo hagan.

El literalismo bíblico es una estupidez, cruel y asesina, pero una estupidez. Y la verdad es que es incomprensible que se haya convertido en la manera oficial con la que las iglesias evangelicales leen la Biblia. Uno de sus puntos de partida es creer que existen los textos originales, es decir, que en algún lugar del mundo está el libro del Génesis que supuestamente escribió Moisés, o el Evangelio de Mateo que supuestamente escribió Mateo. Pero esto es falso, no tenemos los manuscritos originales de ninguno de los libros que forman la Biblia, de ninguno, ni siquiera un pequeño fragmento. No tenemos acceso a ellos, ni a las palabras textuales que contenían. Los manuscritos más antiguos que se conservan, fueron escritos cientos de años después de los originales. Los códices de Alepo y de Leningrado, del siglo noveno y décimo d.C. respectivamente, son los manuscritos más antiguos del Primer Testamento en hebreo, y los códices Vaticano y Sinaítico, ambos del siglo cuarto d.C., son los más antiguos en griego. Y respecto al Nuevo Testamento hay miles de manuscritos de diferentes partes, el más antiguo un fragmento del Evangelio de Juan datado en el año 125 d.C., aunque la mayoría son muy posteriores, a partir del siglo décimo.

Para salvar este problema, se suele decir que las personas que copiaban los textos de un códice a otro, lo hacían guiadas por el Espíritu Santo, de tal manera que no cometían errores, que las copias eran siempre exactas, por lo que se han mantenido al pie de la letra (que es lo importante) los textos originales. Y quienes lo dicen, lo hacen repitiendo lo que les han dicho, sin comprobar que la realidad es bien diferente. En una ocasión tuve que comparar diez códices hebreos de Joel 2,28-32, y todos tenían alguna diferencia respecto a los demás, habían añadido alguna letra, la habían eliminado, habían cambiado un tiempo verbal, o alguna palabra… Y esto era aún más exagerado si lo comparaba con códices griegos del mismo texto, si en el Códice de Leningrado decía «mi espíritu», en el Targum Jonathan se ampliaba a «mi espíritu de santidad». O si en el Targum de Jonathan o la traducción Siríaca-Peixita se decía «sirvientes» y «sirvientas», en los códices Vaticanus y Sinaíticus de los LXX aparecía «esclavos» y «esclavas», por poner dos ejemplos. Este mismo texto de Joel, aparece citado en Hechos de los Apóstoles 2,17-21, puesto en boca de Pedro, y las diferencias son aún más grandes, en los Códices del Nuevo Testamento se añaden palabras como «arriba», se intercambian otras como «columnas» por «vapor»… Pude comprobar que algunos manuscritos tenían más de diez diferencias respecto a otro, ¡solo en cinco versículos! Si el Espíritu guiaba a quienes hacían las copias, hay que decir que es un Espíritu que apuesta claramente por la diversidad.

Otra cosa evidente de la que no se percatan los literalistas es que, a menos que sepan hebreo y griego, están leyendo una interpretación de los manuscritos anteriores (que ya hemos visto que no son los originales), porque una traducción es una interpretación, mejor o peor, pero una interpretación al fin y al cabo. Y toda interpretación se hace bajo unos presupuestos y con una cosmovisión que en el caso que nos ocupa es profundamente homófoba. Y digo que es evidente, porque solo con coger dos Biblias diferentes, ambas en castellano por ejemplo, es suficiente para ver que cada una traduce de manera distinta. El mensaje de fondo puede ser el mismo (salvando las traducciones/interpretaciones interesadas y sesgadas), pero los textos no coinciden. Si en la versión Reina Valera 95 dice Job 9,7 «Él ordena al sol que no salga y a las estrellas que no brillen», en la versión de la Biblia de Jerusalén encontraremos: «A su veto el sol no se levanta, y pone un sello a las estrellas». Aunque, bueno, siempre queda la posibilidad de pensar que el Espíritu ha guiado mejor a quienes tradujeron la Biblia que más me gusta y peor al resto.

Ver que las traducciones de la Biblia tienen un sesgo profundamente homófobo es fácil, y lo mostraré con un ejemplo. Si cogemos la Reina Valera 95, y vamos a Jn 13,23, leeremos: «Y uno de sus discípulos, al cual Jesús amaba, estaba recostado al lado de Jesús», y en la Biblia de Jerusalén: «Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús». Pero si vamos a los códices en griego de donde han traducido ambas versiones, el discípulo amado no estaba «al lado de Jesús», sino «ἐν τῷ κόλπῳ τοῦ Ἰησοῦ», es decir, en el seno o regazo de Jesús. Supongo que para los homófobos traductores de estas traducciones, muchos de ellos paradójicamente literalistas, era algo comprometida esta muestra de amor entre dos hombres, sobre todo si uno era Jesús.

Dicho todo esto, a nadie debería sorprender que en muchas traducciones al castellano de 1ª Co 6,9 se diga que los homosexuales no heredarán el reino de los cielos. La palabra exacta de los manuscritos griegos es ἀρσενοκοῖται, y es imposible que Pablo pudiera referirse a una identidad que nació dieciocho siglos después. De hecho, ni siquiera hace treinta años la identidad homosexual se entendía exactamente de la misma forma que se hace hoy. Introducir esta palabra en la traducción es una manipulación del texto bíblico con la finalidad de producir la exclusión de millones de personas. Exclusión que promueven los literalistas que dicen divinizar y respetar el texto bíblico, cuando en realidad aceptan una manipulación para defender sus posicionamientos homófobos. El respeto a la Biblia pasa por abandonar la interpretación literalista que no se sostiene por ningún lado, y por dejar de introducir en las traducciones/interpretaciones las ideologías excluyentes, como la homofobia, de los traductores y las instituciones que los tienen a sueldo.

Carlos Osma

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“Juan Varela y la confusión de identidad”, por Carlos Osma

Sábado, 5 de junio de 2021

INFFA2De su blog Homoprotestantes:

Un cartel que recorre la red nos recuerda que Juan Varela impartirá un curso para líderes evangélicos que necesitan formación bíblica y herramientas para especializarse en la pastoral de la atracción al mismo sexo y la confusión de la identidad. Esto no ocurre en Rusia, aunque imagino que cursos similares a estos también habrá, sino en España, aunque gracias a la tecnología cualquier persona de habla hispana, de cualquier lugar del mundo, puede convertirse con dos sesiones de tres horas cada una, y gracias al maestro Varela, en Coach en orientación sexual, género e identidad sexual.

Según el Instituto de Formación Familiar, con sede también en España, y que dirige el mismo Juan Varela, cientos de personas ya han recibido la formación desde que este instituto está en activo. Y lo que pretende con este curso es que los líderes evangélicos aprendan «protocolos de intervención y etapas en el proceso de restauración y sanidad heterosexual de personas con problemas de identidad sexual» (palabras textuales). Líderes evangélicos de países como España, que después podrán destrozar la vida a cualquier joven LGTBIQ que lamentablemente haya nacido en una comunidad evangélica, y haya asumido que es un enfermo.

Esto se hace hoy, con completa impunidad, promocionándolo incluso por las redes sociales, sin que nada ocurra. Juan Varela también vende su libro publicado por la editorial evangélica CLIE afincada en Cataluña: Homosexualidad. Pastoral de la atracción al mismo sexo. Comprensión. Prevención. Intervención.  Y lo hace a sus alumnos, en sus conferencias, y en librerías evangélicas de España y del resto de países de habla hispana. Libro que con toda seguridad añadirá dificultades y dolor a la experiencia de muchos jóvenes evangélicos.

La LGTBIQfobia se mueve libremente dentro de la mayoría de iglesias evangélicas sin que las instituciones más relevantes que las representan levanten la voz contra ella. Pero la LGTBIQfobia no es cristianismo, es una deformación, es una ideología que lo desvirtúa, que le quita credibilidad y lo va destruyendo. La LGTBIQfobia no nace del amor al prójimo, sino de la incapacidad de entenderlo, y del orgullo que sitúa mi propia identidad y deseo como la única posible. Y lo que produce no es libertad y vida, sino opresión y muerte. Es lamentable ver a tantas entidades evangélicas ser cómplices de todo esto.

Pero es lamentable también, que las leyes que deberían proteger a las minorías de los discursos de odio no se implementen realmente. Que personas como Juan Varela se sientan totalmente libres de poner una cara sonriente en un cartel que verá todo el mundo en las redes, donde se dice que te pueden formar para restaurar y curar a personas con problemas de identidad sexual. Nos queda todavía mucho para conseguir una sociedad respetuosa con la diversidad, y este tipo de cosas, más que desanimarnos, debería reafirmarnos en nuestra voluntad de seguir trabajando para poder alcanzarla. Con las leyes que tenemos no hay suficiente, o por lo menos con su aplicación. Con la educación tampoco, y menos con la teología rebosante de LGTBIQfobia que se impone como verdad absoluta. Queda mucho por delante, no nos podemos permitir el lujo de parar ahora. Si lo hacemos, nunca se acabará el dolor que generan las formaciones como las de Juan Varela en la vida de tantas familias.

Carlos Osma

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“Llevar la muerte de un lado a otro”, por Carlos Osma

Viernes, 30 de abril de 2021

jerusalem-1762467_1920De su blog Homoprotestantes:

En el Evangelio de Juan fueron José de Arimatea y Nicodemo quienes tras la crucifixión pidieron a Pilato el cuerpo de Jesús, lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas y lo pusieron dentro de un sepulcro vacío. No eran dos personas cualquiera, José de Arimatea era miembro del Sanedrín, una asamblea o consejo de ancianos que administraba justicia interpretando la Torá, y Nicodemo un fariseo y líder religioso respetable. Ambos habían creído en Jesús, pero no se atrevieron a seguirlo públicamente, la razón nos la explicita claramente el evangelio: tenían miedo de los judíos, por eso lo seguían en secreto. [1]

No me sorprende que el evangelista utilice a estos dos personajes para transportar el cuerpo sin vida de Jesús de la cruz al sepulcro, y que finalmente no sean testigos de su resurrección. Su papel se circunscribe a llevar la muerte de un lugar a otro, en tratar de dar dignidad a un cadáver para que no acabe en una fosa común, y en mostrar respeto por el cuerpo traspasado del maestro. El miedo se lleva muy bien con la muerte, es el espacio en el que se envuelve con más seguridad, los cobardes siempre saben lo que hay que hacer con quienes otros han crucificado, y se sienten interpelados para esconder a los ajusticiados en sepulcros donde nadie pueda recordar su humillación. No es fácil para los cobardes mirar a quienes han llevado la dignidad hasta sus últimas consecuencias.

Uno aprende con el tiempo a reconocer a los Josés de Arimatea y los Nicodemos que se va encontrando por el camino, a esos respetables cristianos que encuentras al final de todas las injusticias recogiendo amorosamente los cadáveres, pero que nunca los has visto denunciarlas antes. Esos que hablan con palabras tan bonitas, profundas y bíblicas, pero son incapaces de hablar con su propia vida, reconociendo quienes son, qué piensan, a quienes aman, o qué desean. Religiosos con responsabilidades, respetados, que creen en la vida, pero que tienen demasiado miedo como para escapar de la muerte en la que se han instalado. Josés de Arimatea y Nicodemos que no han entendido qué significa ser seguidores de Jesús, a los que solo les preocupa no ser expulsados de sus congregaciones, que predican el Reino de Dios, pero son incapaces de comprometerse para que se haga presente.

La primera vez que Nicodemo había ido a encontrarse con Jesús, era de noche, buscó el momento propicio para no ser descubierto por el resto de fariseos, y cuando estuvo con él le reconoció como maestro, como enviado de Dios. Pero Jesús le advirtió que si quería ver el Reino de Dios, debía nacer de nuevo. [2] Lo que Nicodemo tenía no era vida, era otra cosa, Jesús se lo dijo claramente, pero Nicodemo no pudo o no quiso entenderlo, para él tener que estar escondido era la única vida que conocía, y la única por la que estaba dispuesto a luchar, el Reino le quedaba demasiado lejos. ¿Cómo puede un hombre nacer cuando es viejo?, [3] le preguntó a Jesús, ¿cómo puede un cristiano hablar de vida cuándo solo conoce la muerte?, podríamos preguntar hoy nosotros a tantos respetables cristianos que viven escondidos por temor a lo que puedan pensar de ellos.

José de Arimatea y Nicodemo no denunciaron la cruz de Jesús, únicamente se limitaron a tratar con humanidad y respeto a un muerto al que habían creído, y al que consideraban venido de Dios. Se apiadaron de la víctima, pero después de haberla negado públicamente. Y la pusieron dentro de un sepulcro, porque allí es donde acaba el único reino que son capaces de construir los cobardes. Pero el Reino de Dios no es un sepulcro, y eso lo olvidan los religiosos que no han nacido de nuevo. El Dios de Jesús es un Dios de vida, de luz, de verdad, de compromiso y valentía, que se pone al lado de las víctimas desde el primer momento, y que al final no las deja en un sepulcro, sino que las llama de nuevo a la vida.

No pueden ser testigos de la resurrección quienes tienen como motor de sus vidas el miedo, y lo que los demás puedan pensar de ellos; su final es un sepulcro al lado de la cruz. No hay vida para quienes se aferran a la muerte con tanta determinación. La resurrección se fundamenta en la esperanza, y la esperanza en el seguimiento, no existe cristianismo sin seguimiento ni esperanza. Abandonar una vida de muerte no es fácil, pero es posible nacer de nuevo, es posible arriesgarlo todo, dejarlo todo, para seguir la vida que Jesús representa. El miedo nunca es el camino, el Evangelio de Juan lo afirma con rotundidad: el camino, la verdad y la vida es Jesús[4].

Carlos Osma

 Notas:

[1] Jn 19,38

[2] Jn 3,3

[3] Jn 3, 4.

[4] Jn 14,6

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Tiempo de fragilidades: ‘Nomadland’ hace historia en los premios Oscar de la pandemia

Martes, 27 de abril de 2021

NOMADLAND-de-Searchlight-PicturesLa Academia de Hollywood ha abogado este domingo por el futuro del cine y de la diversidad en la industria cuando las salas de cine son solo un recuerdo vago para millones de personas.

2020 fue el año del coronavirus y, la temporada de butacas vacías y exhibidores al borde de la quiebra, provocada por el virus a la economía global. Quizá por eso los miembros de la Academia han dado como ganadora de la noche del Oscar a una película sobre los estragos de la crisis y la búsqueda del norte de la gente común. Nomadland, de la cineasta china Chloé Zhao, se ha llevado tres premios ―película, dirección y actriz― en la edición 93ª de los galardones, que será recordada como los atípicos Oscar de la pandemia.

Zhao se ha convertido en la segunda mujer en llevarse el premio de dirección. “Esto es para cualquiera con fe y que se aferre a la bondad que tiene en su interior”, dijo la directora, quien llevó a la gala a algunas de las personas nómadas que hablan sobre su vida en la ficción.  La cineasta es la primera asiática y no caucásica que triunfa en la categoría. El 32% de las nominadas esta noche eran mujeres, un incremento, aún pequeño, si se lo compara con años anteriores. Esta edición registró nuevamente un récord de mujeres ganadoras: 15 ganaron 17 premios (Zhao y Frances McDormand se llevaron dos cada una), empatando un hito de 2018. Esta fue la primera ocasión que dos directoras aspiraban al Oscar. La otra candidata era Emerald Fennell, quien conquistó el primer Oscar de la noche, a mejor guion original por Una joven prometedora, una película que filmó en solo 23 días.

El mejor actor protagonista fue Anthony Hopkins por su interpretación de un anciano aquejado por la demencia en El padre, dirigida por el dramaturgo francés Florian Zeller.

 Chadwick Boseman, fallecido a los 43 años en agosto del año pasado por un cáncer de colon cerró su carrera encarnando a Levee, un ambicioso trompetista de la banda de Ma Rainey, una volcánica cantante en La madre del blues. La película de Netflix se llevó los premios de vestuario y el de maquillaje y peluquería, que tenía entre los ganadores al español Sergio López-Rivera, maquillador personal de Viola Davis, protagonista del drama. Sergio López-Rivera,  Mia Neal y Jamika Wilsona subieron a recoger su Oscar: “Gracias a nuestros antecesores que no tiraron la toalla, que siguieron luchando”, dijo Neal, “aquí estamos rompiendo el techo de cristal, abriendo un futuro mejor para todos. Porque en esta industria trabajan personas negras, trans, indígenas y sé que un día no será extraño: será lo normal” También hubo otros ganadores latinos, los responsables del sonido de Sound of Metal: la venezolana Carolina Santana, y los mexicanos Carlos Cortés, Michelle Couttolenc y Jamie Baksh.

La surcoreana Youn Yuh-Jung, la abuela de Minari, se ha convertido en la segunda asiática en ganar un premio de actuación desde 1957, cuando fue premiada Miyoshi Umeki por Sayonara. La ganadora afirmaba: “Nos categorizan como negros, blancos, amarillos, cafés. No está bien que nos dividan así, ¿saben? Si ponemos todos los colores juntos es mejor. Hasta el arcoíris tiene colores. Los colores realmente no importan”, dijo Youn.

Regina King recordaba los disturbios en Minneapolis por el juicio por el asesinato de George Floyd. “Como madre de un niño negro sé el miedo que se vive en las calles y el miedo que padecen muchas familias en casa. Solo queremos que nuestros hijos lleguen bien a su hogar. Esperemos que esta sentencia marque un punto y aparte en nuestra historia”, defendió la actriz.

También tuvo palabras sobre la cuestión el ganador del Oscar a Mejor Actor de Reparto, Daniel Kaluuya, por un papel en una película ciertamente militante como Judas y el mesías negro. “Gracias al movimiento de los Panteras Negras aprendí a amarme tal como era. A respetar a mi comunidad y todo lo que ella significaba”, afirmó.

También se acordaron los realizadores del cortometraje Two Distant Strangers, ganadores del Oscar a Mejor Cortometraje de Ficción. Travon Free dijo: “Hoy han muerto tres personas a manos de la policía. También lo harán mañana, porque de media tres personas al día mueren a manos de las fuerzas de seguridad, y la mayoría son personas negras. No podemos ser indiferentes al dolor ajeno”.

Thomas Vinterberg,  Oscar por mejor película internacional por Otra ronda, recordó a su hija mayor, Ida, fallecida en accidente de coche cuatro días antes de que empezara el rodaje. “Es un milagro lo que ha pasado y ella es parte de él. Este Oscar es un monumento para ella”, dijo el director sobre el escenario.

Tan solo Frances McDormand tuvo palabras para los cines, que en Estados Unidos han estado cerrados durante meses y acumulan pérdidas que han abierto una profunda herida en el tejido de la industria. “Lleven a ver a sus amigos y familiares, cuando sea seguro, a ver Nomadland en la pantalla más grande posible”, dijo la oscarizada actriz que anoche se llevó su tercera estatuilla.

En 2020, la taquilla global ingresó solo 12.000 millones de dólares, una caída de 72% que responde al cierre de los cines. En el mismo tiempo el mercado del streaming creció un 33% en Estados Unidos y un 30% en el resto del mundo. Los suscriptores para estos servicios en línea crecieron un 26% en 2020 en todo el mundo rebasando por primera vez los 1.000 millones de personas en plataformas como Netflix, quien lideró en nominaciones este año con 36. Este gigante de Hollywood obtuvo siete premios, pero ninguno en las categorías de interpretación y de los grandes, Mank, de David Fincher, ganó mejor dirección de fotografía y diseño de producción.

Consulta aquí la lista de todos los ganadores y ganadoras de la 93 edición de los Premios Oscar

Premios Oscar 2021. Tiempo de fragilidades

“Soul” como cabía esperar ha arrasado en animación. La película más escatológica de la maquinaria Pixar-Disney nos asombró a pesar de su parquedad en el tratamiento de Dios, propia de quien quiere garantizarse a todos los públicos y toda la recaudación

Como si fuera un impulso escondido el cine se detiene ante las fragilidades. Las películas premiadas en este año de la pandemia global, con los cines arrasados y las plataformas digitales haciendo el agosto, tienen en común este rasgo característico: los seres humanos habitamos la debilidad.

Normadland era nuestra apuesta. Y esta vez el cine de perdedores ha logrado vencer. La mejor película de este año es una historia sobre los descartados, una mujer que forma parte de los trabajadores ambulantes del que era considerado el país más rico del mundo. Con la directora novel de origen chino Chloé Zhao también premiada y con una inmensa Frances McDormand que se supera cada actuación desde Fargo pasando por Tres anuncios en las afueras hasta recalar nuevamente en el Oscar a la mejor actriz. Este wéstern con la cabalgadura de una vieja caravana pero que toca las fibras de la existencia, rozando la melancolía, pero apuntando a la esperanza. Donde se muestra que en medio de las cenizas nacen las flores, que el amor es posible y que hay una misteriosa presencia que acompaña como las notas de un villancico.

Anthony Hopkins es “El padre”. Con 83 años este Oscar reincidente y testamental premia a un enorme actor que es aupado por el dramaturgo francés Florian Heller que se estrena por la puerta grande. También premiado el guion adaptado basada en la obra “Le Père” del mismo director, que cuenta la historia de la fragilidad de un anciano que pierde la memoria-cordura acompañado por el amor impotente de Anne, su hija, en este caso interpretada por Olivia Colman, que también era nuestra “Fauvorite” como actriz secundaria. La muerte y la memoria forman parte de la entraña de los contadores de historias, ahora es narrada en forma de thriller donde el espectador queda apresado en la mente que se desvanece del anciano que todos seremos. Con la vejez de Hopkins nos asomamos a la fragilidad que seremos donde se nos concede el regalo de ser amados.

“Soul” como cabía esperar ha arrasado en animación. La película más escatológica de la maquinaria Pixar-Disney nos asombró a pesar de su parquedad en el tratamiento de Dios, propia de quien quiere garantizarse a todos los públicos y toda la recaudación. Sin embargo, su mirada al más allá está rebosante de sentido y optimismo en la medida en que reconoce la dimensión espiritual de los seres humanos que enfrentamos la vulnerabilidad pudiendo caer en cualquier alcantarilla, como hace el Joe Gardner el pianista de jazz. Un poco de “¡Qué bello es vivir!”, unos gramos de “El cielo puede esperar” y bastante de inspiración cristiana entreverada de las religiones del alma a solas.

“Lo que el pulpo me enseñó” ha arrebatado a “El agente topo” el Oscar al mejor documental. No es frecuente la calidad en Netflix-Dólar, pero la excepción confirma la estrategia empresarial. Craig Foster es un documentalista sudafricano que demás de buzo está en una fuere crisis personal y antes que tratar su fragilidad personal en el diván se sumerge en la naturaleza oceánica. Y allí asombrosamente se hará “amigo” de un pulpo durante más de cien inmersiones. La conexión con la naturaleza se convierte en una fuente espiritual de resistencia y la capacidad de rehacer los tentáculos perdidos en la dura pelea vital. Una forma de superar las pérdidas y nacer de nuevo. Una metáfora significativa para los tiempos que corren donde lo humano se trasciende.

El minari es el perejil oriental con un sabor entre amargo y fresco que salva a una familia. Aunque aspiraba “Minari. Historia de mi familia” a los Oscar a mejor película, mejor dirección y mejor actor, se ha quedado con la consolación del Oscar a la mejor actriz de reparto para Youn Yuh-jung, que hace de una abuela incombustible. Esta película de tintes autobiográficos nos coloca en un lugar entre el fracaso y el sueño americano para una familia coreana. Aquí la resiliencia procede de los viejos que enfrentan las pruebas y las limitaciones con una sabiduría que procede de lo más profundo. Nada es fácil, nada es simple pero las oportunidades pueden estar en lo más pequeño. Y nuevamente una alianza de los niños y los viejos.

Para una industria en plena convulsión de transformaciones en las ventanas de visionado, el que Hollywood premie a relatos existenciales de corte espiritual donde las fragilidades emergen y los invisibles se hacen visibles es de agradecer. La pandemia necesita relatos porque la humanidad busca contarse. Esperemos que este aprendizaje venga para quedarse y no arrase el cine-series basura que han adormecido tantos confinamientos.

Fuente El País/El Diario/Religión Digital

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“Teologías del papel de aluminio”, por Carlos Osma

Lunes, 26 de abril de 2021

papelaluminioDe su blog Homoprotestantes:

La máxima de cualquier teología del papel de aluminio es la conservación, y su meta, envolver cualquier reflexión, principio, idea, institución, o identidad cristiana, en una finísima capa de este material para asegurar la inmutabilidad. En ocasiones se les va un poco de las manos y lo que envuelven en tan elástico papel plateado es el cerebro de los cristianos y cristianas que asumen como verdad revelada dichas teologías. Hay que reconocer su éxito, no hay más que mirar los principales medios de comunicación cristianos en castellano, pero de la misma manera deberíamos indicar lo contaminantes y cancerígenas que pueden llegar a ser. Después, proponer teologías más respetuosas con el medio ambiente, con nuestros cuerpos, con nuestras identidades. Teologías que nazcan, crezcan, mueran y se pudran, para dar lugar a otras nuevas y más significativas en los lugares donde logren renacer.

En muchas teologías hay una fiebre que no entiendo por la conservación, porque todo sea como siempre fue, cuando lo que yo leo en el evangelio es una llamada a hombres y mujeres para que cambien su identidad, su manera de ver el mundo, al prójimo y a dios. No existe el mensaje de la resignación, del “te aguantas”, del “asume lo que te ha tocado”, o del “toda la vida ha sido así”, sino el “déjalo todo y sígueme”. El cristianismo es una propuesta de cambio y transformación, de construir otros mundos posibles, otras personas diferentes. Es la relativización de cualquier identidad, lo más alejado del esencialismo, de las ideologías que dicen quiénes somos y cómo se espera que nos comportemos por el lugar donde hemos nacido, la clase social, el género que se nos ha impuesto, o los deseos que nos son permitidos. “Déjalo todo”, todo, no te quedes con nada, “y sígueme”.

Es evidente que no podemos dejarlo todo, ¡ya nos gustaría a veces!, que el seguimiento de Jesús solo es posible desde lo que somos, y eso son un montón de identidades que nos configuran a todas. Pero en el momento en el que nos ponemos en camino, estamos diciendo que esas identidades no son inmutables, que en el seguimiento nos abrimos al cambio, a la transformación. El cristianismo es esencialmente trans, sin lo trans, no hay cristianismo. Y quienes pretenden envolvernos con sus teologías del papel de aluminio, lo que pretenden es que no nos movamos, que no respondamos a la llamada de Jesús. Por eso no son teologías cristianas, por muy bendecidas que estén por quienes manejan el cotarro de lo religioso. El evangelio, la buena noticia, es que podemos ser cambiadas, que no tenemos que asumir ninguna esencia, biología, naturaleza, o ley de dios. Asumir ser cristiana, es lanzar todo eso por el retrete, y abrirse a la transformación, dejándose guiar por el evangelio de Jesús.

Todo esto tiene también otra consecuencia para quienes reivindicamos los derechos de todas las identidades, y es que no podemos hacer fotos fijas de una identidad, no podemos caer en el error de envolver lo trans, lo gay, lo bi, lo queer, lo lesbico, lo +, en nuestro propio papel de aluminio, aunque sea de colores. No hay una meta de la identidad donde alguien nos espera para decirnos que lo hemos logrado, que eso es lo que somos, que ya nos hemos encontrado por fin… En el seguimiento de Jesús no hay papel de aluminio que valga, habrá veces que seremos más conscientes de los cambios, y otras menos, pero el seguimiento de Jesús, con la transformación que necesariamente trae consigo, es nuestra identidad fundamental.

No lo lograremos completamente, vamos a fracasar, si esa convicción es demasiado perturbadora para nosotros, mejor abandonarse a las teologías del papel de aluminio, porque con ellas al final si se vencerá y se alcanzará la meta deseada. Pero si optamos por no engañarnos, mejor aceptar que siempre habrá un sueño no realizado, una justicia no alcanzada, una caricia que nos gustaría volver a hacer, un abrazo pendiente. Siempre quedará algo que nos hubiera gustado ser, una mirada que nos hubiera gustado recibir, un perdón que no dimos, una forma de ser hombre o mujer que jamás nos atrevimos a explorar. Lo importante del seguimiento, es el camino y su compañía, aquello que sí hicimos, las identidades de las que logramos escapar, y aquellas otras que asumimos como nuestras porque nos hacían felices. Lo esencial es lo que vivimos, quienes amamos y nos amaron, pero también lo que logramos amarnos y perdonarnos. Ojalá que lo último que nos robe la muerte no sea el recuerdo de un versículo sobre cómo deberíamos haber sido, ni un suspiro, sino la voluntad de seguir viviendo, de seguir transformándonos mientras caminamos con el maestro. Y ojalá también, que la muerte no sea el último paso que demos junto a él.

Carlos Osma

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“Señor, tú sabes que te quiero”, por Carlos Osma

Miércoles, 17 de marzo de 2021

fotoplayaDe su blog Homoprotestantes:

Si tuviéramos que elegir el personaje más queer del Evangelio de Juan muchos se decantarían por Lázaro, un joven inseparable de sus hermanas María y Marta que hizo una salida del sepulcro por todo lo alto después de que su íntimo amigo Jesús llorara ante su tumba. Otros lo harían por el ya entrado en años Nicodemo, que se acercó a Jesús de noche por miedo a que alguien pudiera descubrirlo, y fue incapaz de entender qué era lo que le atraía de Jesús, ni la invitación que este le hizo para que naciera de nuevo y se desprendiera del legalismo y la religiosidad que lo paralizaban y le impedían ver el reino de dios.

Pero a mi hoy, y esto reconozco que va a días, al leer la última conversación entre Jesús y Simón Pedro que encontramos en el capítulo 21, creo que este discípulo merece ser reconocido como el más queer de todos. Y la razón no tiene nada que ver con su expresión de género, ni con su identidad sexual, sino más bien con su convicción de que no encajaba en el estereotipo, en el molde de lo que es un verdadero discípulo. Y percibo que esa identidad queer la vivía con culpa, al igual que muchas cristianas y cristianos LGTBIQ, impidiéndole sentirse amado por Jesús.

Después de haber comido en la playa con el resto de discípulos, Jesús y Simón Pedro se quedaron solos y el maestro le preguntó: «¿me amas más que estos?». La respuesta del discípulo tenía un matiz que lo delataba: «tú sabes que te quiero». Jesús volvió a preguntarle por segunda vez: «¿me amas?», y Simón Pedro le repitió: «tú sabes que te quiero». La diferencia entre amar, que es lo que Jesús le preguntó, y querer, que es lo que Simón Pedro respondió, puede parecer baladí, pero considero que no lo es tanto, y en ese pequeño matiz, es donde creo que el discípulo explicitó que después de haber negado a Jesús tres veces antes de que lo crucificaran, él no sentía que encajara en la imagen del discípulo que podía responder tranquilamente que amaba a Jesús sin sentirse un poco hipócrita. Es verdad que podría haber mentido, pero aquella vez el sentimiento de culpa que arrastraba le obligó a reconocer que la palabra amor le quedaba grande, que no era digno de utilizarla, y por eso (quizás) prefirió responder con otra más pequeña.

En la playa, cerca de donde Jesús y Simón Pedro dialogaban sobre sus amores y sus quereres, se encontraba un discípulo que hubiera confesado a Jesús con rotundidad: «pues claro que te amo». Era el discípulo amado, el perfecto, el discípulo por excelencia, el valiente que no huyó y acompañó hasta la cruz a su maestro, el discípulo al que Jesús encomendó su propia madre, el primero que creyó en la resurrección, el que no dudó en ningún momento, el que no falló, el que siempre estuvo en el lugar adecuado en el momento exacto, el discípulo con una fe inquebrantable, el único que descansó su cabeza sobre el pecho de Jesús. Frente al discípulo amado, Simón Pedro se debió sentir acomplejado, incómodo, porque cualquier comparación con él lo dejaba en mal lugar. Él era mucho más humano y contradictorio, más cobarde y mentiroso. Supongo que, por eso, no se atrevió a responder a Jesús: «tú sabes que te amo».

Por mucho que se diga que todos somos pecadores, que no hay nadie perfecto, la realidad es que existe una imagen idealizada, como la del discípulo amado en el evangelio de Juan, sobre cómo es el discípulo que puede responder tranquilamente que ama a Jesús más que el resto de los mortales. Evidentemente nosotras no estamos incluidas en ese imaginario, claro, nuestra identidad es terrenal, humana, contradictoria y efímera, como la de Simón Pedro, somos demasiado queer para poder ser integradas en idealizaciones sin nombre, en proyecciones como la de los discípulos perfectos. Y por eso, nos sentimos toleradas, aceptadas, respetadas, queridas, pero no amadas. Para poder serlo, deberíamos ser distintas, mucho más heterosexuales, jóvenes, fundamentalistas, cisgénero, rubias, fieles, masculinas, espirituales, delgadas, musculosas, ricas, perfectas, sumisas… Deberíamos ser algo totalmente inalcanzable para  nosotras, deberíamos ser de mentira, puro humo, un holograma en 3D como los discípulos amados que nos rodean.

La verdad es que siempre nos queda mentir, afirmar que le amamos como se supone que deberíamos hacerlo, parecer humildes y respetables, tener cara de no haber roto nunca un plato, incrustarnos dentro de su holograma en 3D y dejar que esa imagen nos destroce la vida. Podemos convertirnos en personas reconocidas como piedras sobre las que su comunidad se sostiene, mientras nuestra vida se tambalea. O podemos, como Simón Pedro, agachar la cabeza y responder únicamente que le queremos, que somos queer, que no somos como sus discípulos amados, esos a los que todo el mundo alaba y no necesitan justificar que son cristianos.  Y estoy convencido, por mi experiencia, que si hacemos eso, nos encontraremos con un Jesús más humano y más próximo que se pone a nuestro nivel y se dirige a nuestras contradicciones e incongruencias, porque así somos todas, para preguntarnos por tercera y última vez: «¿me quieres?». Y al escuchar que, a  pesar de todo, está a nuestro lado, que sabe que tenemos mucho que avanzar, pero que no va a abandonarnos, quizás nos atrevamos a levantar la cabeza y mirarle a los ojos para decirle como Simón Pedro: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero». Si eso ocurre, si nos armamos de valor para hacerlo, descubriremos que el discípulo amado no es nuestra meta, que nuestra meta es Jesús. Y es entonces cuando entenderemos de verdad de qué se trata eso de ser cristianas, que más que imitar una imagen idealizada, lo que se nos pide es responder a la llamada de quien nos dice: «Sígueme».

Carlos Osma

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Elecciones en Perú: cuatro candidates LGBT+ buscan llegar al Congreso

Sábado, 13 de marzo de 2021

WhatsApp-Image-2021-02-26-at-07.40.22-832x416De izda a dcha, Gabriela Salvador, Susel Paredes, Gahela Tseneg Cari Contreras y Alejandro Cavero

Por Verónica Ferrari

Las elecciones de Perú se realizarán el domingo 11 de abril de este año en medio de crisis políticas constantes. Hay un presidente interino, Francisco Sagasti, luego de que se vacara a Martín Vizcarra (que a su vez reemplazaba a Pedro Pablo Kuczynski) y en su lugar se pusiera Manuel Merino. Merino tuvo que renunicar debido a las marchas multitudinarias en su contra. Estas marchas fueron reprimidas violentamente por la policía y que dejaron el saldo de dos jóvenes muertos, situación que aún está en espera de justicia.

Este nuevo Congreso que se elegirá en abril sustituirá al Congreso elegido hace un año, luego de que Vizcarra decidiera cerrarlo por obstaculizar continuamente la lucha anticorrupción.

Después del cierre, las elecciones colocaron a dos congresistas abiertamente gays, Alberto de Belaunde y Miguel Gonzales, ambos del Partido Morado. Quedaron fuera de juego las candidatas de la izquierda Gabriela Salvador (Frente Amplio) y Gahela Tseneg Cari (Juntos por el Perú). Ambas, de identidades lésbica y trans, respectivamente, vuelven a candidatear en esas elecciones.

Gabriela Salvador: visibilizar las violencias

Gabriela Salvador (36) es abogada, especialista en medioambiente, y en estas elecciones dio un salto ideológico pues del Frente Amplio se pasó al Partido Morado. El motivo fue la denuncia de acoso laboral del congresista Lenin Checco, con quien trabajaba como asesora.

 Sus propuestas respecto a la población LGTBIQ+ son las mismas con las que postuló en enero del 2020: ley de matrimonio igualitario y ley de identidad de género, que siguen estancadas en las diversas legislaturas. También la fiscalización y control en materia de género con prioridad en establecer indicadores que visibilicen la discriminación y la violencia.

Gahela Tseneg Cari Contreras: transfeminista y campesina por una nueva Constitución

Gahela Tseneg Cari Contreras tiene 28 años y es bachiller en Derecho, originaria de la provincia de Ica y postula por Lima por segunda vez con Juntos por el Perú, el partido liderado por la candidata Verónika Mendoza. Es reconocida como una importante activista trans que también lleva la identidad afrodescendiente e indígena. Sus propuestas son las mismas que las de las candidatas del Partido Morado (matrimonio igualitario, ley de identidad de género, crímenes de odio, políticas dirigidas a la comunidad LGTBIQ+), con la diferencia de que su partido, a diferencia del Morado, busca el cambio del modelo económico neoliberal presente en Perú desde hace al menos dos décadas.  Este modelo privatizó los servicios básicos y encareció el acceso a educación y salud, las dos áreas más golpeadas por la pandemia, que ha convertido al país en uno con la mayor cantidad de muertes por covid-19. Este cambio de modelo implica una nueva Constitución que deje atrás la Constitución fujimorista de 1993.

Susel Paredes: una política de larga data

Susel Paredes es una experimentada política, abogada y activista lesbiana que ha tenido diversos cargos en partidos políticos, de izquierda y de derecha.  Fue secretaria general del Partido Socialista hasta congresista n° 1 del Partido Morado, pasando por Fuerza Social, liderado por la hoy presa exalcaldesa Susana Villarán, de la que fue su gerenta de Fiscalización en Lima Metropolitana. También fue asesora del Ministerio del Interior, gerenta de Fiscalización y Seguridad Ciudadana del distrito de La Victoria (con el ahora candidato a la presidencia George Forsyth) y del distrito de Magdalena del Mar. Ha postulado al Congreso con el Partido Socialista, con Fuerza Social, tuvo acercamientos con el Frente Amplio y Somos Perú, y ahora postula por el Partido Morado, con grandes posibilidades de ocupar una curul por el número que ostenta. Paredes y su esposa Graciela Aljovín mantienen un proceso judicial con el Estado peruano para que se reconozca su matrimonio realizado en Estados Unidos en 2016.

Alejandro Cavero: sin grandes propuestas para la comunidad LGBT+

Alejandro Cavero (28), joven abogado que se ha dedicado al periodismo político y como asesor en la Presidencia del Consejo de Ministros y el Congreso. Postula por el partido de derecha Avanza País, liderado por el economista Hernando de Soto.  Cavero defiende el modelo económico vigente: está en contra de gravar con más impuestos a las empresas que ganan más y aunque en su página web reconoce abiertamente ser parte de la población LGTBIQ+, pocas han sido sus propuestas para su comunidad. En un debate con la candidata Gabriela Salvador, mientras ésta señaló que apuesta por el matrimonio igualitario, él remarcó que apoya la unión civil, sin mencionar el matrimonio.

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Fuente Agencia Presentes

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Miguel Ángel Mesa: Cuaresma 2021.

Martes, 2 de marzo de 2021

1-misericordia-fanoDe su blog Otro mundo es posible:

El papa Francisco nos invita a celebrar la Cuaresma de este año, ofreciéndonos tres consejos para vivirla en profundidad: fe, esperanza y caridad, las tres virtudes teologales que hay que actualizar desde el mundo de hoy y su realidad compleja y sufriente, para no quedarnos en meras definiciones vacías de contenido.

La fe sirve, entre otras cosas, para “dejarnos alcanzar por la Palabra de Dios, que es Cristo, que nos lleva a la plenitud de la Vida”. Es decir, cualquier palabra que no nos conduzca a dejarnos interpelar por la vida, a descubrir la vida que se oculta en tantos sepulcros de nuestro mundo, a sembrar semillas de vida donde todo aparece como un desierto, a devolver vida en abundancia para quienes están desahuciados de la vida… no es la palabra auténtica del Dios de la Vida. Para las personas cristianas, este camino solo se recorre desde el seguimiento de Jesús, mediante la forma de ser felices que propuso en las bienaventuranzas, para concretar el ideal de ese otro mundo posible, donde la fraternidad y la justicia se hagan realidad en nuestra sociedad y nuestro mundo.

La esperanza “como agua viva que nos permite continuar nuestro camino, estando más atentos a decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan; la esperanza como inspiración y luz interior, porque somos testigos del tiempo nuevo, en el que Dios hace nuevas todas las cosas”. Esa esperanza que nace de una promesa que hay que renovar día a día, porque debemos pintar cada amanecer con los colores de la ilusión y la sonrisa, porque tenemos que comprometernos para que la esperanza no sea un van anhelo, porque una vida sin esperanza es como una rosa sin agua, que se va marchitando hasta que se seca y sus pétalos caen a tierra agostados. La esperanza es una mirada limpia, un abrazo sincero, un horizonte al que se llega juntos, paso a paso.

La caridad “es el impulso del corazón que nos hace salir de nosotros mismos y que suscita el vínculo de la cooperación y de la comunión. A partir del amor social es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados. La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, cuidando a quienes se encuentran en condiciones de sufrimiento, abandono o angustia”. La solidaridad, la acogida, la com-pasión, la miseri-cordia profunda, la fraternidad… serían algunos de los viejos y nuevos nombres para denominar a la caridad. Porque no hay amor verdadero si no se concreta en la realidad que nos rodea, si no se celebra y se brinda la alegría de los demás, si no se acompaña y se comparten las lágrimas del otro en silencio para enjugarlas, si no nos comprometemos para evitar tanto sufrimiento, soledad impuesta, opresión e injusticias… Si no es así, el amor, la caridad bien entendida, será una falsedad y un autoengaño.

Por lo tanto, siguen vigentes la fe, la esperanza y la caridad. Pero entendidas al modo que Jesús las vivió. Como estamos llamados a vivirlas nosotros y nosotras en esta Cuaresma, en la que debemos, en estos tiempos de cruel pandemia, contagiar los virus sanadores de la confianza, la ilusión, la ternura, la empatía y la resiliencia, por un mundo más humano, fraterno, mejor.

Miguel Ángel MesaReligión Digital

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“Aunque lo ponga en la Biblia”, por Carlos Osma

Viernes, 19 de febrero de 2021

A closeup shot of a surprised child holding the bible with a black background Leído en su blog Homoprotestantes:

El teólogo Manuel Villalobos en una entrevista que le realicé hace unos meses dejó caer una frase que me descolocó: «La Biblia no dice nada». Para quienes hemos sido educados en entornos donde se enseñaba que la Biblia lo dice todo, el axioma de Villalobos podría ser demoledor. Tengo que reconocer que en mi caso no lo fue, hace años que siento cierta predilección por personas cuyas acciones y opiniones me invitan a replantearme los fundamentos sobre los que se sustenta mi fe. Así que, después del primer aturdimiento tras leer las palabras de Villalobos, me pregunté qué lugar ocupa la Biblia en mi forma de entender y vivir la fe cristiana.

Si soy sincero diré, que cuando escucho a alguien afirmar que cree en algo porque lo pone en la Biblia, pienso que está mintiendo. Nadie puede creer que Jesús es el camino, la verdad y la vida, porque lo ponga en el Evangelio de Juan. O condenar las relaciones homosexuales porque supuestamente así lo prescribe el libro del Levítico. No, no me trago a quienes gritan a los cuatro vientos que se sienten amadas por dios porque los evangelios así lo enseñan, ni a los que se oponen al aborto porque lo condena un versículo de no sé que capítulo de la Biblia. Decidir sin razón alguna, que un conjunto de libros escritos hace milenios son la norma bajo la que guiarás tu comportamiento, y juzgarás el de los demás, me parece tan absurdo como creer que las personas nacidas el treinta de marzo tienen una energía envidiable porque son Aries. Detrás de la importancia, del valor que tiene para nosotros la Biblia, siempre hay una historia y unas motivaciones previas que influyen en cómo la interpretamos y la utilizamos para justificar nuestros posicionamientos.

Lo cierto es que, aunque en los evangelios encontramos a Jesús apelando en varias ocasiones a las Escrituras, no recuerdo que ninguno de sus discípulos y discípulas lo siguieran, dejaran a sus familias, le rogaran un milagro, o reconocieran en él al Mesías, porque lo ponía en la Biblia. Tampoco creo que las parábolas de Jesús, que revelaban como era su Padre celestial, fueran menos importantes que otras de sus enseñanzas porque no las habían citado los Profetas, o no se encontraban en los Escritos ni en el Pentateuco. A decir verdad, quienes más usaban las Escrituras eran los fariseos y maestros de la ley, y lo hacían para tratar de desacreditar a Jesús y proteger sus tradiciones y estructuras socio-religiosas. Las seguidoras y seguidores de Jesús, quienes vieron en él la Palabra de Dios que les interpelaba, eran personas que por diferentes motivos sufrían una opresión y pusieron en él sus esperanzas para liberarse. Así que, si nos ceñimos a lo que encontramos en los evangelios, hay personas que se apropian de la letra de la Biblia para defender sus privilegios, y otras que tratan de seguir la Palabra de Dios para alcanzar la liberación. Para unas la Biblia dice una cosa, y para otras, algo totalmente diferente.

Puede que la hayamos leído por primera vez siendo ya adultos, o por el contrario, que en el babero que nos ponía nuestra madre para darnos la papilla hubiese un corazón enorme alrededor del versículo: Dios es amor. Sea como fuere, no estaría mal que nos planteáramos cuál es el motivo que nos lleva a utilizar la Biblia como guía en nuestra vida. Podría ser por ejemplo, la voluntad de ser fiel a una tradición que nos han trasmitido personas a las que queremos, y pensamos que si las cuestionamos podemos estar traicionándolas. También puede ser, que estemos cómodos con nuestra vida y nuestro entorno, que nos sintamos protegidos en el mundo que conocemos con la interpretación de la Biblia que nos han enseñado, y que tengamos miedo de hacernos preguntas que lo pongan todo patas arriba y nos dejen a la intemperie. O por el contrario, que hayamos sufrido carencias afectivas en la infancia y necesitemos una comunidad que nos dé el calor que nos ha faltado, por lo que estamos dispuestos a creernos lo que haga falta para seguir formando parte de ella. Quizás tuvimos algún tipo de adicción cuándo éramos jóvenes, o llegamos a sentirnos perdidos en algún momento, y ahora buscamos personas que nos guíen y límites que nos digan lo que debemos hacer. Podría añadir aquí mil motivos más que en mayor o menor medida condicionan nuestras lecturas, le dejo a cada lectora y lector que reflexione sobre los suyos -puede compartirlos en los comentarios, si quiere-; pero para acabar indicaré uno que me parece el más peligroso, y es el de aquellas personas que por alguna razón se han sentido ninguneadas, maltratadas, humilladas, y ahora sienten la necesidad de conseguir algún tipo de poder para controlar a otras personas, escondiéndose tras absolutos que nadie pueda rebatir. Y no hay mayor absoluto que lo que dios pueda decir, ni mayor poder que ser su humilde mensajero.

La Biblia no dice nada, y permite cualquier tipo de interpretación a partir de las motivaciones y experiencias previas de quien la interpreta. Además, a la gente es fácil conocerla por las lecturas que de ella hace, y cuanto más esconden sus condicionamientos tratando de imponerlas como verdaderas, más hacen el ridículo. Mi interpretación de los textos bíblicos nace -sobre todo- de una experiencia que va de la opresión a la liberación. Y la Biblia, o más bien, las interpretaciones que de ella se hacen, me resultan significativas, me interpelan, me cuestionan, me invitan a modificar la forma en la que vivo y me relaciono con los demás, si son liberadoras. El resto de lecturas y visiones que se apoyan en los textos bíblicos para oprimir a la gente, para controlarla, para hacerla sufrir en nombre de dios, para humillarla, para decirle lo que debe hacer… pues no me interesan, porque están basadas en las experiencias opresivas de quienes las hacen, no en la convicción de que el mensaje de Jesús es liberador. O mejor dicho, en la experiencia real y tangible de que el mensaje de Jesús se traduce en vida. Por eso, tampoco las impecables disquisiciones, las hermosas construcciones teológicas que generan debates infinitos, pero no tienen ninguna conexión con la realidad palpable, me aportan gran cosa.

Todas las lecturas tienen los límites propios que le imponen las motivaciones que las generan, no hay interpretaciones perfectas ni definitivas, y desde esa convicción nace el diálogo, el intercambio de perspectivas que a todas y todos nos pueden enriquecer y ayudar en nuestro día a día, que de eso se trata. Pero de las interpretaciones que lo que persiguen es deshumanizarnos hay que alejarse, no importa si son las ortodoxas, si son las que más venden, las verdaderas, o las que más seguidores tienen. Por respeto a la Biblia, o lo que es más importante, por respeto a los demás y a nosotros mismos, si de verdad creemos que dios puede decirnos algo a través de ella, hay que crear, imaginar, soñar interpretaciones que puedan ser llevadas a la práctica para que el dios liberador se haga presente entre nosotras. En mi opinión, solo ese tipo de interpretaciones son fieles al mensaje de Jesús, el resto son rehenes de otros intereses: aunque lo ponga en la Biblia.

Carlos Osma

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“Prosigo hacia la meta”

Martes, 2 de febrero de 2021

hombre-mascarilla-bosque-corriendo_23-2148776298De su blog Homoprotestantes:

El capítulo tres de la carta de Pablo a los Filipenses comienza con una invitación: «Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor», pero para lograr ese estado de alegría y felicidad al que el apóstol llama a los cristianos de esa ciudad, les recomienda algo que creo, nos puede venir muy bien también a nosotros: «Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los que mutilan el cuerpo». Además explica de una forma muy clara cual es la forma en la que él entiende el seguimiento de Jesús: «Olvidándome ciertamente de lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta». Una receta que, quizás, veinte siglos después, sigue siendo igual de efectiva.

Sí, a veces parece que estamos rodeados de perros para los que somos únicamente presas que cazar, sobre todo si no hemos seguido el principio básico de supervivencia que conoce hasta el más elemental de los animalillos: que de los que nos quieren mal, hay que vivir alejados. Otras veces, la mayoría, no es exactamente así, sino que nos sentimos como zurdos del género, o de la orientación sexual, en un mundo diseñado para diestros. Y nos cansamos, porque estar todo el tiempo teniendo que escribir nuestros afectos, nuestros gustos y disgustos, en renglones pensados para otras, es agotador. Tanto es así que, algunos días, nos preguntamos si en algún momento de nuestra vida podremos dibujar, pintar o escribir, como lo hubiéramos hecho nosotras mismas si hubiésemos sido siempre libres, siempre zurdas, en un mundo a la izquierda. No perdamos la esperanza.

Hoy me he levantado, y he vuelto a mirar a los ojos a varios malos obreros, esos que en vez de edificar, ponen todas sus energías en destruir, en destruirnos la vida a ti, a mí, y a quienes pillen por delante. También he intentado recordar los ojos de quienes ya no me acompañan, porque es mejor así, porque el amor no puede siempre con el odio. Y tengo mil razones para querer cambiar el mundo, para desear que el Reino llegue ya, para construir justicias temporales, esas de carne y hueso que nos hacen la vida más fácil. Dicen que existen justicias eternas, pero a mí esas justicias me ponen en guardia, no he conocido ninguna que me haga la vida más fácil. Yo prefiero la justicia que señala con el dedo a quien nos odia, la que nos permite darnos el sí quiero, la que condena a quienes nos golpean por cogernos de la mano por la calle, la que nos ayuda a tener hijos, la que nos visibiliza, la que enseña a respetar nuestra diversidad en la escuela, la que nos reconoce el derecho a ser llamados por nuestro nombre… Quienes tienen todo esto dado, supongo que se pueden permitir el lujo de preocuparse por las justicias eternas, pero a nosotras las justicias eternas nos despistan de lo importante, de lo urgente, de la vida.

Quienes nos quieren mutilar el cuerpo, pretenden que nos dejemos arrancar todo aquello que no cabe en su camisa de fuerza, y que lo hagamos sin rechistar, sin ni siquiera quejarnos. Porque los carniceros de dios solo cumplen la voluntad divina. Ser ateo de este dios, no ha impedido que nos dejaran más de una cicatriz en el cuerpo, pero nos ha ayudado a mantener el cerebro y el corazón. Podemos lamernos cada día las heridas, estamos en todo nuestro derecho, o esconderlas para que no se regocijen los carroñeros de Baal. Pero sería estúpido que, después de todo, fuésemos nosotras quienes les regalásemos lo que querían. Lo que de verdad deseamos no es llorar, ni denunciar, ni gritar, ni mantenernos callados. Nuestro objetivo real no es acabar con la LGTBIQfobia, el fundamentalismo y la intransigencia, esos son únicamente los Goliats con los que estamos obligadas a lidiar para conseguir algo más terrenal, egoísta quizás, o incluso naif: queremos ser felices, al menos todo lo que se puede ser en un mundo imperfecto. Y mirando únicamente nuestras cicatrices no lo vamos a conseguir, si queremos tener alguna posibilidad de lograrlo, hay que echar también mano de la inteligencia y el amor, del cerebro y el corazón.

Pablo era un campeón, tenía la capacidad de olvidar «lo que queda atrás», o a lo mejor se autoengañaba, no lo sé. Para algunos de nosotros esto no está a nuestro alcance, al menos todavía, pero lo que sí que lo está es lo que comparte después: «extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta». Y es que hay que moverse hacia esa meta que quizás no se concreta de la misma forma para todos, porque cada uno tiene sus expectativas, sus necesidades. Pero las metas nunca vienen a nosotros, es imposible alcanzarlas si nos quedamos inmóviles en el punto de partida. Hay que levantar la cabeza que antes teníamos agachada, poner la mirada en donde queremos llegar, no en las heridas o en quienes nos las hicieron, y comenzar a caminar en esa dirección. Para los seguidores de Jesús, la meta es la salvación, la vida en plenitud, pero no entendida de forma teórica, sino concreta, práctica y real. Y si en algún momento caemos o nos desesperamos, no quedaremos para siempre postrados, porque el Señor nos sostendrá con su mano (Sal 37,24).

Carlos Osma

Consulta dónde encontrar “Solo un Jesús marica puede salvarnos”

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“Quien no ama a su hermano, no es de Dios”, por Carlos Osma

Lunes, 18 de enero de 2021

brothers-2098860_1280De su blog Homoprotestantes:

Cristianos y cristianas LGTBIQ tenemos que vérnoslas a menudo con discursos de odio contra nosotros y nuestras familias. Muchos de ellos proceden de personas que se autodenominan cristianas y utilizan a Dios para justificar sus prejuicios. Sí a Dios, un Dios en mayúsculas que se ha dejado enjaular en sus teologías LGTBIQfóbicas, y ante el que nadie puede decir ni opinar nada distinto a lo que ha establecido por y para siempre. Y a veces los creemos, y pensamos que solo podemos agachar la cabeza aceptando sus condenas, o salir corriendo dejando atrás el evangelio. Pero no es cierto, y no hace falta tener un máster en teología bíblica para desenmascararlos. Sabiendo leer, y teniendo claros los elementos más básicos del mensaje de Jesús, hay suficiente: «Todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios» (1 Jn 3,10).

Nuestra diosa queer, a esa que seguimos por fe cargados con un montón de dudas y contradicciones, está relacionada con tres conceptos que aparecen en el versículo que acabo de citar: justicia, amor y hermano. Y debemos tener cuidado, porque los profetas del odio se ponen muy nerviosos y a la defensiva cuando hablan de estos conceptos, y tratan de desdibujarlos, de adulterarlos, para ponernos a los pies de su Dios heteronormativo. A ellos no les gusta nuestra diosa queer y su mensaje de justicia, amor y fraternidad, porque les parece sensiblero, superficial y demasiado femenino para un Dios que, o es macho, o no es Dios.

Para empezar, dicen que la justicia de Dios está relacionada con la Ley, la justicia del Dios macho tiene que ver con cumplir los mandamientos, sus mandamientos, y para ello nos repetirán miles de versículos sacados de contexto. Si bien no podemos dejar de escucharlos, tampoco deberíamos obviar, porque ya los conocemos, que los mensajeros del infierno son personas que necesitan reglas y normas inamovibles para situarse en el mundo, y que la incertidumbre de nuestra diosa queer les crea ansiedad. Los evangelios están repletos de encuentros entre este tipo de mensajeros y nuestro Jesús marica, encuentros en los que le recordaban que era lo que la Ley decía, a la vez que le condenaban por no cumplirla. Y es que para nuestra diosa queer, esa que envió al Jesús marica a nuestro mundo, la palabra justicia tiene otro significado. No es un nombre o un adjetivo, sino un verbo, nuestra diosa queer no habla exactamente de justicia, sino de hacer justicia. Por eso el Jesús marica vivía tratando de devolver la dignidad a todas aquellas personas a las que el sistema político, social y religioso se la había usurpado. Esta justicia evangélica es diabólica para los profetas del odio, porque lo último que quieren es que las personas LGTBIQ (y todas aquellas otras que se les han puesto entre ojo y ojo) nos sintamos dignas cuando nos miramos al espejo. Pero nosotras tenemos que decidir con cuál de las dos formas de entender la justicia nos quedamos, cuál es más próxima al evangelio, la del Dios de la Ley o la del Jesús marica que trae dignidad.

Si el concepto de justicia se les atraganta a los profetas del papel, la palabra amor les pone de los nervios, no la soportan. La razón es que los desnuda, dejando al aire sus vergüenzas, algo que por otra parte no los deja en muy buen lugar. Anhelan el poder del falo, lo anteponen al del amor, por eso se desviven por limitarlo: «Dios nos ama, pero», es la frase con la que siempre comienzan sus discursos de odio, después viene toda una serie de reflexiones diversas cuyo denominador común es tratar de vaciar el contenido de la palabra amor, para finalmente coger el falo y acabar diciendo «Dios al que ama disciplina. Y azota a todo el que recibe por hijo» (Heb 12,6). Así que las personas LGTBIQ que también siguen al Dios del falo, no pueden hacer otra cosa que abandonar sus depravados deseos e identidades para dejarse llevar por un ritual sadomasoquista en el que ese Dios fálico les azota. Dicho de otro modo, los voceros de Baal quieren que nos engañemos, que nos reconozcamos como enfermos para que su Dios nos dé por todos los lados, mientras ellos mantienen su LGTBIQfobia y resto de ignorancias intactas. Pero es que nuestro Jesús marica nos enamora cuando habla de amor de una forma mucho más libre, con menos miedos y complejos. Su dios impotente, el que ha renunciado al falo, nos ama tal como somos, sí tal como somos, aunque seamos terriblemente imperfectos. Y lo sabemos porque nos encontró medio muertos por las heridas que unos ladrones de la fe nos infligieron, se movió a misericordia, a diferencia de todos aquellos religiosos y sabelotodo que pasaron por nuestro lado y no hicieron nada por ayudarnos, vendó nuestras heridas, nos subió hasta su caballo, nos llevó al mesón y cuidó de nosotros. Por eso cuando nos dice que nosotras hemos de hacer lo mismo con nuestros prójimos, sentimos que es un mandamiento difícil de cumplir, pero por otro lado, estamos convencidos de que para cambiar nuestro mundo, no aspiramos a mucho más, es necesario devolver al menos parte del amor que Él nos dio primero. Así que hemos de decidirnos entre el Dios del falo, que nos quiere reprimidos, o el dios que nos reveló un Jesús marica, que nos hace sentir amados y nos llama a ser portadores de un amor queer que no pide nada a cambio.

Finalmente nos topamos con la palabra hermano, ¿quién es nuestra hermana y nuestro hermano? Los mensajeros de la Verdad no nos consideran hermanos y hermanas a las personas LGTBIQ, para ellos somos más bien enviados del diablo que tratan de engañar a los más pequeños y débiles que hay proteger. Esto último es muy importante, porque es la forma con la que justificarán después su violencia. Decir que no se puede ser cristiano y transexual, o cristiana y lesbiana, es lo mismo que decir que no podemos ser a la vez LGTBIQ y hermanos o hermanas. El evangelio de la Verdad no reconoce lazo fraternal con todos los seres humanos, únicamente con quienes forman parte de su grupo, de su forma de entender la fe. En cuanto alguien piensa de otra forma, pasa de ser hermano a ser enemigo. De ser hermana, a ser un peligro. Y a partir de aquí cualquier ataque contra nosotras estará justificado por su fidelidad a la Verdad. Nuestro Jesús marica, como nos tiene acostumbrados, nos propone un camino totalmente diferente y mucho más complicado. Él llamó hermano incluso a quien le entregó para ser crucificado. Y esto nos obliga a actuar de una forma fuera de toda lógica, pero es que a nuestro Jesús marica no le va eso de lo normal y razonable. Y aunque nadie en su sano juicio nos recriminaría nada si pidiésemos a nuestra diosa que lanzase un rayo destructor directamente a la cabeza de los profetas del odio, nuestro dios marica no está por la labor, y nos recuerda que debemos reconocerlos como hermanos y hermanas. No es fácil seguir a un dios así, pero es el que nos entiende, así que es mejor que hagamos todo lo que podamos por aproximarnos a sus peticiones, aunque con esta sea mucho mas queer de lo que algunos podemos soportar. Yo en esto le hago caso, aunque también sigo una máxima de mi abuela, que no era queer, pero era muy lista: «a los hermanos hay que quererlos, pero a algunos es mejor tenerlos lejos».

Carlos Osma

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Juan Zapatero Ballesteros: Feliz 2021 en un mundo al revés.

Sábado, 2 de enero de 2021

mundo_revesCon sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra”.  (Isaías 2,4).

Érase una vez un lobito bueno, al que maltrataban todos los corderos. Y había también un príncipe malo, una bruja hermosa y un pirata honrado. Todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un mundo al revés” (José Agustín Goytisolo).

Por deseos que no quede; y, además por mi parte, los más abundantes y mejores: ¡Feliz año 2021! No hace falta ser muy avisado para darse cuenta de que, en ningún principio de año como este, nos hemos deseado tanta felicidad y con tanta fuerza. Es verdad que razones no nos faltan después de lo vivido durante prácticamente todo el año que acaba de finalizar. ¡Y lo que nos queda, a pesar de la llegada de los tan ansiados remedios farmacéuticos! Sí; porque los males “epidérmicos” tienen solución de manera rápida, una vez descubierta la “pócima milagrosa”. Pero en este caso el mal que nos acecha es de muy profundo calado. Hemos llegado tan lejos que ya no sirven ni valen los paños calientes ni los apaños.

El deseo de felicidad personal y mutua, sobre todo para las personas más allegadas, es algo que el ser humano ha tenido desde siempre, pero de manera especial cuando la situación se ha convertido en crítica o rayando con ello debido a que las cosas parece que no funcionaban ni funcionan como fuera o es de esperar. Dos ejemplos muy claros separados por veintiocho siglos en el tiempo son el profeta Isaías y el escritor José Agustín Goytisolo. ¡Qué mejor y mayor deseo que transformar armas destructoras en instrumentos capaces de producir alimentos! O, ¿se puede soñar algo más inverosímil que la maldad más cruel convertida en bondad e inocencia? ¿O la fealdad más horrenda en la hermosura más bella? ¿Y qué decir de quien habiendo hecho del atropello el objetivo de su vida decide convertirse en una persona pulcra y decente?

Como podemos ver, tanto Isaías como Goytisolo lo dejan muy claro: no valen los remiendos ni los barnices que adornan y lo dejan aparentemente muy bonito, pero que siguen procrastinando la verdadera solución del problema. Las medias tintas, según puede deducirse de sus palabras, deben ser descartadas de manera definitiva. Aunque pueda sonar duro, cabe decir que hace falta ese cambio radical y profundo que tan bien expresado y definido viene dado por las palabras “metamorfosis” y “metanoia”. “El mundo al revés” de Goytisolo y la gran utopía de Isaías “No levantará la espada una nación contra otra ni se adiestrarán más para la guerra” son el claro paradigma de lo que nuestro planeta y nuestra sociedad están esperando con una urgencia inaplazable.

Esperar, esperar… Claro que sí; esperar con fuerza y entusiasmo hasta pulir esta virtud de toda actitud pasiva o conformista ante los retos con los que podemos ir encontrándonos. Pues, si es verdad que la esperanza exige siempre compromiso y apuesta sin condiciones, lo es mucho más y de manera radical al comenzar un nuevo año, cuando parece que los buenos propósitos, los mejores deseos y los óptimos augurios solamente van a continuar haciendo imposible que se convierta en realidad la utopía más inverosímil. El planeta, el mundo y todas y cada una de las personas no podemos seguir esperando a que todo se vaya sucediendo a nivel de pequeños cambios; necesitamos un “mundo al revés”; de ello debemos convencernos a pie juntillas, porque en ello, valga la redundancia, nos va todo al planeta, a la sociedad y a cada uno de nosotros. Hablar, pues, de esperanza en estos momentos es hablar del pleno convencimiento por nuestra parte, desde el que únicamente será posible pensar en una transformación profunda y radical. Convencidos de mente, por supuesto; pero además y sobre todo apostando de manera decidida desde la voluntad.

Pero ¡ojo!, porque no es cuestión de salir en tromba y comenzar a dar sin más, a diestro y siniestro. Pues, si es verdad que nada de lo que nos rodea nos puede ni nos debe ser ajeno, no lo es menos el hecho de tomar conciencia de que la primera y gran proximidad comienza por cada una de nuestras propias vidas. Intentando evitar con ello “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la biga en el propio”, llegando a convertirnos en prácticamente ciegos a nosotros o, como mínimo, distorsionando la realidad que consideramos que debe ser transformada de manera urgente. Esto nos está indicando que la radicalidad del compromiso debe comenzar por el yo, el tú y el nosotros a la hora de provocar esa transformación profunda que tan urgente nos parece y que, sin duda, debe ser realizada cuanto antes respecto a nuestro entorno. Coherencia, esa palabra vieja y bastante en desuso, sería la que mejor definiría esa actitud inaplazable por nuestra parte. No pensemos, pues, en pequeños retoques, en pequeños cambios de vida o algo por el estilo. Pienso que se hace necesario encentar un nuevo paradigma en cuanto a valores; o, a lo mejor, vivir los que en su momento tuvimos, pero que, por vete tú a saber qué intereses o caprichos, quedaron guardados entonces a buen recaudo.

¡Feliz 2021, pues, en un mundo al revés!

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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Cristianos Gays os desea un Feliz Año Nuevo 2021

Viernes, 1 de enero de 2021

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“Cuidado hemos de tener, no sea que por confiados
en los auxilios humanos, perdamos algo de
la confianza que debemos tener en Dios.

(San Fco. Javier)

Al comenzar el 2021 queremos felicitaros este año nuevo con la alegría propia de los hijos de Dios y con la confianza de que las vacunas contra el COVID-19 puedan llegar a todos los confines de este mundo sufriente…

Tenemos 365 días por delante para llevar a cabo esos propósitos nacidos a la luz de Navidad y que, con el impulso del Espíritu, nos ayudara a madurar en nuestra vida cristiana.

Estamos llamados a llevar la alegría del Evangelio a tantos y tantos hermanos y hermanas nuestros que sienten la soledad espiritual y física de estar escuchando constantemente que la forma de amar que Dios hizo nacer en nuestro corazón, por pura gracia, es pecado abominable. Debemos llevar la alegría de quien se sabe querido por Dios, se sabe hijo de Dios, a todos nuestros rincones cotidianos. No seamos nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo. Nunca nos dejemos vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con Él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, ¡y hay tantos!… Sigamos a Jesús en este año nuevo. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que Él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar a todos en este mundo nuestro. Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.

Ojalá los pastores de todas las confesiones, de todas, sean capaces de transmitir esa esperanza y alegría propia de Dios, solo de Dios.

Desde Cristianos Gays os deseamos a todos un feliz año nuevo 2021 lleno de momentos preciosos e íntimos con el Señor.

***

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Feliz Año Nuevo, Urte berri on, Bon any nou, Feliz aninovo, Bon añu nuevu, Bon annada

***

Felix sit annus novus

Y en casi todos los idiomas del Mundo: Leer más…

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2021, bajo el signo de la confianza

Viernes, 1 de enero de 2021

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El Señor es mi pastor,
nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas,
me conduce a las aguas tranquilas
y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero,
por amor de su Nombre.
Aunque cruce por oscuras quebradas,
no temeré ningún mal,
porque tú estás conmigo:
tu vara y tu bastón me infunden confianza.
Tú preparas ante mí una mesa,
frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza
y mi copa rebosa.
Tu bondad y tu gracia me acompañan
a lo largo de mi vida;
y habitaré en la Casa del Señor,
por muy largo tiempo.

*

Salmo 22 (23)

***

numeros-6-24-26

Que al comenzar este año sintamos, una vez más,
cómo Dios nos mira con ternura
y nos envía con gozo y amor a la vida.

Que nos veamos envueltas en su manto
y seguras bajo sus alas protectoras.

Que alumbre nuestros días monótonos y grises
y sea nuestra fuerza en las horas débiles.

Que nos dé tiempo y sabiduría
para conocerlo, saborearlo y vivirlo sin rutina.

Que nos llene de sensibilidad y silencio
para leer los susurros de los corazones.

Que nos colme de paz y alegría
para vivir entregadas a todas las personas.

Que cure y sane nuestras heridas,
sobre todo, las que nos encierran en nosotras mismas.

Que sea en todo momento nuestro horizonte y fuente
para que nosotras podamos ser signos de vida nueva.

Que nos empape de su amor, como rocío mañanero,
para que destilemos esperanza por todos los senderos.

Que nos limpie del barro y costra, el cuerpo y el espíritu,
para que brillemos como estrellas en el firmamento.

Que nos tienda su mano protectora y amiga
para que el cansancio no detenga nuestros pasos.

Que a lo largo de este año
nuestros deseos se hagan realidad,
pues duermen y despiertan en el regazo de Dios,

Padre-Madre, que nos quiere y bendice.

*

Florentino Ulibarri

***

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