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“Demos gracias a Dios”, por Gabriel Mª Otalora

Sábado, 9 de enero de 2021

graciasDe su blog Punto de encuentro:

Los finales año así como los principios del siguiente son momentos propicios para dar gracias a Dios de una manera singular. Es verdad que 2020 ha sido un año especialmente negativo para casi toda la población, que hemos soportado una pandemia mucho más grave de lo que al principio se pensaba. El mundo entero ha  visto como la noticia principal era el seguimiento de contagios y muertes y los esfuerzos por minimizar la realidad. Así las cosas, no pocos cristianos ni se han parado a pensar en lo positivo que ha ocurrido en sus vidas, abrumados como estaban, por esta tragedia comunitaria que ha impactado sin tregua en la salud y la economía.

Pues bien, la primera buena noticia para dar gracias a Dios es la vacuna. No va a ser el antídoto que elimine el virus pero es un punto de inflexión radical a la hora de domeñar el coronavirus y sus efectos. Ha sido un tiempo record el que ha logrado la comunidad científica en lograrla, como nunca antes se había logrado en tan pocos meses. Y no solo una, sino varias. La segunda excelente noticia, es que vivimos en una zona del mundo donde tiene dinero para pagarla.

El Papa, siempre atento a los más desvalidos, ha dicho alto y claro que “No podemos dejar que el virus del individualismo radical nos venza y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas”. Que “las leyes del mercado y las patentes” no se antepongan a “las leyes del amor y de la salud de la humanidad” a la hora del reparto de las inyecciones para frenar el virus. Sin ningún mérito por nuestra parte, el haber nacido “aquí” en lugar de “allí” supone tener acceso a unidades especializadas en la covid-19, atención médica y vacunas. No deja de haber motivos de preocupación, pero hagamos sitio al agradecimiento y oración de petición por los que peor lo tienen, solidarizados en su realidad mucho menos favorable. Que no nos coma el veneno de la indiferencia, la falta de solidaridad y el agradecimiento por los dones recibidos sin ningún mérito por nuestra parte.

Esta realidad dolorosa del coronavirus es una buena piedra de toque para detenernos a reflexionar sobre lo que diariamente no damos gracias a Dios, sencillamente porque lo consideramos lo más normal del mundo… aunque muchos millones de personas lo perciben como una quimera. Me refiero a lo que para muchos de nosotros son pequeñas cosas de cada día y para otros muchos son estadios de bienestar inalcanzables o que hace tiempo han dejado de experimentar: un café caliente antes de ir a trabajar, una lectura gratificante, un fin de semana para descansar, una familia a la que amar, ropa, calzado, amistades, vacaciones, tres comidas al día… Como afirma David Steindl-Rast. Una vez que dejamos de darlo todo por sentado, nos sorprendemos de todo lo que nos rodea, lo cual nos lleva a ser más agradecidos. La sorpresa es el punto de partida de la gratitud. 

Para este monje benedictino nonagenario, “atrapado” por la pandemia en Argentina desde hace meses, es obvio que si queremos ser felices, hay que ser agradecidos. La idea de gratitud está en el corazón de todas las religiones pues la gratitud es una experiencia que nace en el corazón de los seres humanos cuando descubrimos que la vida es un don, que el estar vivos es un regalo. Si lo que nos toca vivir es algo de lo que no podemos estar agradecidos, como por ejemplo la pobreza humana, la violencia, una traición de un amigo, la destrucción de la naturaleza o ver la corrupción de ciertos políticos, no estaremos agradecidos por estos hechos, pero sí por la oportunidad que nos da la vida en ese momento para hacer algo. El momento presente es un regalo. Y el regalo no es la situación no deseada, sino que es la oportunidad de poder hacer algo con ella.

Demos gracias a Dios como oración recordando lo que nos parece un derecho diario al que no prestamos la mínima atención hasta que nos falta en actitud de escucha al Espíritu para ver lo que puedo hacer con todo eso que ya poseo y otros, quizá a mi alrededor, no tienen. Y desde esta reflexión, los mejores deseos para 2021, que valoremos la botella medio llena y tratemos de compartirla con el corazón agradecido.

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Julio Puente: “Para el cristiano es esencial dar culto a Dios cuidando a su prójimo, no las doctrinas y ritos”

Jueves, 18 de junio de 2020

eucaristia-720_270x250“Dar Misa”. Creo que no es una manera de hablar que haya surgido ahora, debido a la actual situación, sino que ya viene de bastante lejos. Me refiero a un tipo de lenguaje referente a cuestiones religiosas, relacionado fundamentalmente con el cumplimiento de ciertos ritos y preceptos. Referido de una manera muy especial al precepto de la misa dominical, sobre el que la jerarquía eclesiástica insiste siempre que encuentra la mínima ocasión. De hecho, nada más decretarse el “Estado de alarma”, los obispos se apresuraron a informar a sus fieles que, durante el tiempo que durase dicho estado, quedaban dispensados de cumplir con el mencionado precepto.

La “nueva normalidad” afecta también a todas las confesiones religiosas y, por ende, a la Iglesia católica; quizás de manera especial, por ser la más numerosa, sociológicamente hablando; y la más visible a nivel exterior.

“A partir de tal día se puede comenzar a ´dar` misa”, oíamos decir a los informadores o leíamos en los medios de comunicación social, cuando referían lo que se podía hacer dependiendo de la fase en qué nos encontrásemos en un momento dado a nivel de desescalada. Efectivamente: “dar” misa. Para nada se decía ni se insinuaba el concepto “celebrar”; entre otras razones, porque la cultura religiosa es la gran ausente en general en nuestra sociedad y, por ende, aunque resulte lamentable, en las personas que debieran ser más exactas y precisas, por razón de su profesión. No es extraño oír de decir a algunas personas “para el caso es lo mismo”, cuando alguien ha intentado puntualizar o aclarar ambos conceptos: dar y celebrar.

No pretendo con esto acusar a dichos medios y a sus profesionales, aunque me resulta bastante triste constatar cómo a veces utilizan conceptos sin el más mínimo rigor, desinformando a la audiencia o por lo menos no informándola con el rigor que se les debiera exigir.

Y, ¿por qué este ajuste desinformativo referente a estos conceptos? Seguramente que se podrían aducir causas diversas. Pero se me ocurre aplicar en esta ocasión el dicho “De aquellos polvos, estos lodos”. Sí, señores responsables de la Liturgia y obispos en general, por ser ustedes los encargados de aplicar y ayudar a cumplir las normas que dimanan del Dicasterio romano sobre la citada disciplina. Quiero decirles que ustedes han hecho muy poco o, para ser más exactos, han contribuido muy mucho, a que los sacramentos en general, y la misa de manera particular, se hayan convertido en “objetos” de “consumo” (perdonen la expresión; a lo mejor no es muy acertada que digamos). Es decir, la impresión de la inmensa mayoría, profana y versada, cuando se refieren a la misa no dicen, por ejemplo, “voy a celebrar la misa y, menos aún, voy a la celebración de la Eucaristía”, sino sencillamente “voy a misa”. Un “ir” a un lugar, a una iglesia o a un centro de culto.

Considero que es oportuno mencionar, al hilo de lo que estoy refiriendo, la campaña que se lanzó por parte de grupos católicos “integristas” de varios países, que se dirigían a sus respectivos obispos diciéndoles “Devolvednos la misa”. Dicha campaña se desató cuando el tiempo de confinamiento se alargaba más de lo previsto y los templos continuaban cerrados, sin posibilidad de celebraciones ni de ningún tipo de culto. Creo que sobran comentarios.

Quiero matizar en mi caso como “asistente” (quizás como “participante” a la vez; al menos en algunas ocasiones; eso creo yo) ciertos aspectos que, bajo mi punto de vista, sitúan a la misa mucho más cerca del “dar” que del “celebrar”.

Asumo que se me acuse de superficial y de falto de fe en los misterios divinos. ¡Qué le vamos a hacer! Me esforzaré por profundizar en ellos; lo prometo. Pero, mientras tanto, no puedo dejar de manifestar esa especie de devoción que la misa supone para la inmensa mayoría de personas. Sobre todo, en el momento en que el sacerdote pronuncia las palabras de la Consagración. Es entonces cuando para las personas allí congregadas, según les enseñaron y en su mayoría continúan enseñándoles, Jesús se hace presente de manera “real”. Ante misterio tan grande y venerable, solamente les queda la adoración “personal” como la mejor de las respuestas. Claro que, si hacemos un breve repaso, no deja de ser, por lo menos un tanto sospechoso, que la Palabra de Dios y de Jesús “leída” o “proclamada” (vete tú a saber) momentos antes haya pasado muy o totalmente desapercibida y muy poco o nada venerada, al menos por parte de la mayoría de los allí presentes.

A todo esto, podríamos añadir la intención o intenciones que muchas personas llevan o llevamos, cuando vamos a misa. Que está bien y es bueno tener esa especie de recuerdo/rememoración, de hecho la Liturgia también lo prevé, de “mi” vida, de lo “mío” y de los “míos”. Pero, claro, deja de estarlo a partir del momento en que el “mi”, lo “mío” y los “míos” se convierten en centrales, únicos y exclusivos. Dejando prácticamente olvidado y al margen lo “tuyo”, lo del “otro”, los “vuestros”, lo de la “comunidad”, etc.

Todo ello contribuye a que el ambiente que en general se respira en las misas es, como acabo de decir, muy o demasiado individual y poco o nada comunitario. Por ello, pido que se me perdone el símil, tiene mucho de comercio y poco de fiesta celebrada. El primer caso nos recuerda un lugar donde a una persona la da, frente al segundo en el que las personas se juntan para compartir. Este es el sentido que nos sitúa en el “dar” frente al “celebrar”.

Y, si se me permite como anécdota, recordar que, si bajamos al terreno del vulgo no versado (no hablo del versado, aunque a lo mejor nos llevaríamos unas sorpresas mayúsculas), no resulta extraño oír a alguien que ha asistido a una misa por razón de “compromiso”, decir expresiones como, por ejemplo: el cura que “daba” la misa era tal o cual. “Daba la misa”. Quiero interpretar su expresión y su pensamiento como una persona que daba (no sé qué) y el resto de las allí presentes lo recibían.

Ya sé que muchas personas pueden pensar que el tema de “dar” frente a “celebrar” puede pertenecer al campo de lo curioso o poco más; posiblemente sí. Pero tengo la plena convicción de que en el fondo de ello hay una especie de enjundia muy suculenta que los responsables deberían apresurarse cuanto antes a esclarecer. Pero ¡por favor!, en vez de acusar, reñir o yo qué sé a la gente, que bajen y se lo expliquen desde la vida, en vez de hacerlo desde la Liturgia y desde el Dogma.

Juan Zapatero Ballesteros

Fuente Fe Adulta

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Dar amor

Lunes, 20 de mayo de 2019

Del blog Nova Bella:

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Nada de ustedes retengan para ustedes,

a fin de que los reciba todo enteros

el que se les ofrece todo entero.

*

San Francisco de Asís,
Carta a toda la orden, 29

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Regalo

Sábado, 12 de enero de 2019

Del blog Nova Bella:

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“Todo regalo verdadero es recíproco.

El que da no se priva de lo que da.

Dar y recibir es lo mismo”

*

Jorge Luis Borges

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Dar

Jueves, 1 de marzo de 2018

 

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La felicidad es un artículo maravilloso:

cuanto más se da,

más le queda a uno.

*

Blaise Pascal

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Dame tus manos

Viernes, 2 de junio de 2017

Del blog Pays de Zabulon:

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“Dame tus manos para que en ellas  mi corazón se forme

se calle el mundo en ellas por lo menos un momento

Dame tus manos para que mi alma duerma en ellas

Para que mi alma duerma en ellas eternamente … “

*

Louis Aragon

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By Loquito via Fred Ô Plaisir

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“Cultura del ser y del dar”, por Vicente Martínez

Lunes, 1 de agosto de 2016

teresa_de_calcuta_2“La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tu y yo cuando no compartimos lo que tenemos” 
(Teresa de Calcuta)

31 de Julio, domingo XXIII del TO

Lc 12, 13-21

Uno de lagente dijo: Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo

Una demanda, a modo de ruego, con la que aquel “uno de la gente” se acoge el amparo de Jesús en sus necesidades. En proyección evangélica, lo que se nos demanda es un pasar de la cultura del saber y tener a la cultura del ser y dar. Un presupuesto clave y fundamental para generar la convivencia y la vivencia de relaciones justas entre todos los seres humanos. El ser sin el dar, por otro lado, carece de sentido.

La Iglesia así lo ha interpretado. Ya las primeras comunidades cristianas entendían el dar como expresión de su ser, compartiendo bienes con los necesitados. Una melodía gregoriana medieval de autor desconocido y muy utilizada en la liturgia de Semana Santa -lavatorio de pies e institución de la Eucaristía-, lo expresaba en esta antífona: “Ubi caritas et amor Deus ibi est”.

Gérard Lairesse (1640-1711), artista holandés polifacético y de amplia cultura, escribió refiriéndose a la institución eucarística:“La Iglesia no es una colección de edificios de gran belleza; es una fuerza viva y activa que realiza obras admirables a lo largo y ancho de nuestro paías: cuando la gente carece de hogar allí está la Iglesia porporcioando alimentos calientes y cobijo; cuando la gente es aplastada por la adicción o está deshauciada; cuando la gente sufre o está desolada, ahí está la Iglesia”.

El Papa Francisco hizo su versión propia de esta vivencia eclesial en la Sala Regia del Vaticano ante jefes de estado y de gobierno de diversos países con motivo del 66 aniversario de su fundación de Europa: “Sueño con una Europa donde ser emigrante no sea un delito, sino la llamada a un mayor compromiso a favor de la dignidad de cada ser humano”.

El Evangelio está jalonado de joyas de este compromiso. “Jesús vivió por nosotros”, reza el título de uno de los libros de Fray Marcos. Es decir, vino a enseñarnos una manera de vivir. Un vivir plenamente volcados en la atención a las necesidades del prójimo. Y joyas son el “deja la ofrenda delante del altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 24), “da a todo el que te pide, al que te quite algo no se lo reclames” (Lc 6, 30), “dijo al hombre: Extiende la mano. El hombre la extendió y su mano quedó sanada” (Mc 3, 5).

Nuestra sociedad padece egotitis aguda, y no parece hoy preocupada por encontrarle eficaz remedio. Un deplorable ejemplo de lo que ya Epicuro de Samos (341-270 aC) predicaba: “Comamos y bebamos que mañana moriremos”. San Pablo recuerda en (1 Cor 15, 32) sus palabras.

La pobreza no la hizo Dios, la hacemos tu y yo cuando no compartimos lo que tenemos”dijoTeresa de Calcuta. Y Verdi recordaba a los poderosos en el Acto I de Un ballo in maschera que “Es indigno del poder el que no enjuga las lágrimas de sus súbditos”.

PRIMERO ESTÁ LA TIERRA

Primero está la Tierra,
luego el Cielo.
Lo del Infierno… un mito,
infierno de conciencias.

La Tierra está en el Cielo
y en el Cielo la Tierra.

-“¡De Potosí y las minas
prudente habla a los mendigos!”,
aconseja el poeta.

La Tierra está en el Cielo
y en el Cielo la Tierra,

pero…el estómago del pobre
urge terrenal respuesta.

¡Cielo¡ ¡Infierno!

Granizo en primavera
sobre el pobre.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS.
Ediciones Feadulta)

 

Vicente Martínez

Fuente Fe adulta

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Dar y Recibir

Sábado, 25 de julio de 2015

Del blog de Henri Nouwen:

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“Es importante saber cuándo prestar atención y cuándo la necesitamos. Frecuentemente nos sentimos inclinados a dar y a dar, sin pedir nada a cambio. Podemos pensar que eso es un signo de generosidad o incluso heroísmo. Pero es muy posible que no sea más que una actitud orgullosa que dice ‘No necesito ayuda de nadie. Lo único que quiero es dar‘.

Cuando damos sin recibir, enseguida nos quemamos. Tan sólo cuando prestamos una cuidadosa atención a nuestras propias necesidades físicas, emocionales, mentales y espirituales podemos ser, y seguir siendo, donantes gozosos.

Hay un tiempo para dar y un tiempo para recibir. Necesitamos el mismo tiempo para ambas cosas, si lo que queremos es llevar una vida sana.”

*

Henri Nouwen

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Generosidad

Martes, 2 de junio de 2015

Del blog de la Communion Béthanie:

2014 con Dios llama y Vivir por el Espíritu +

En 1932, dos mujeres entregan su existencia a Dios y reciben en su oración, día día, palabras de Vida. Dos libros van a nacer de este compañerismo con Cristo, que te proponemos descubrir a lo largo de este año.

Generosidad

Para experimentar a fondo mi Generosidad,

hace falta ser uno mismo generoso.

No es mezquinamente como dan

los que Me quieren. ”

*

El 28 de mayo, Vivir por el Espíritu.

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