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Faus: “Los fascismos aparecen no solo porque hay hombres que quieren ser dictadores sino porque hay gentes que desean ser dictadas”

Viernes, 29 de enero de 2021

tomaron-por-asalto-el-capitolio-1110399De su blog Miradas cristianas:

¿Después de Trump? Del “sueño americano” a la situación actual

Me pregunto si no hay en las mentalidades que se creen progresistas una especie de falsa seguridad ilusoria de que el futuro es infaliblemente suyo.

Las izquierdas desconocen el pecado original y las derechas se aprovechan de él

Grandes autores, creyentes y no creyentes (Dostoievski, Berdiaev, Nietzsche, Sartre…) afirman que al ser humano le pesa tanto la libertad que, en cuanto se le concede, busca cómo cambiarla por un “plato de lentejas” de seguridad.

¿Dice Ignacio de Loyola exactamente eso tan citado de “en la desolación no hacer mudanza”?

Un viejo amigo norteamericano, profesor en una gran escuela de secundaria en EEUU, ha tenido el detalle de comentar mi artículo anterior (“Por el imperio hacia dios, saludo a Trump”), diciéndome que tiene estudiantes que “confían en una monarquía” y que en 22 años que lleva de enseñanza nunca le había ocurrido eso. Son chavales de familias ricas e incluso apelan a Platón (que “la democracia no trabaja y necesitamos un caudillo”). Efectivamente, la República de Platón parece creer que la democracia solo funciona en ese mundo trascendente de “las Ideas” donde está la verdadera realidad de las cosas. Para mayor complejidad confirma mi amigo que buena parte de los votantes de Trump no son gente rica. Y concluye diciéndome que su gran preocupación es que hay personajes aún más peligrosos que Trump que pueden presentarse y ganar unas elecciones (me da nombres concretos que prefiero no citar).

 Le contesté sugiriendo la oportunidad de investigar cómo ha sido posible pasar del precioso “sueño americano” del s. XVIII a la situación actual. Luego he caído en la cuenta de que la pregunta puede generalizarse: cómo el precioso sueño de la revolución francesa (“libertad, igualdad, fraternidad”) pudo acabar en Robespierre y Napoleón… O cómo aquella preciosa revolución sandinista (que cantaba: “nuestro pueblo es el dueño de su historia” y “adelante que es nuestro el porvenir”), ha podido acabar en esa especie de trumpnica que es el señor Ortega.

Hace casi 50 años, tras la primera reunión hispana de “cristianos por el socialismo” (donde estuve presente), escribí una carta en la que aplicaba a las izquierdas la frase de Pablo de Tarso en Fil 2, 12: “realizar la salvación con temor y temblor” (recogida en La teología de cada día, pgs. 358ss). Aquello no gustó a algunos (“si nos quitas la seguridad, ya no nos comprometeremos”…) y, desde entonces, me he preguntado si no hay en las mentalidades que se creen progresistas una especie de falsa seguridad ilusoria de que el futuro es infaliblemente suyo.

En contra de lo que decía una apologética miope, el gran daño que hizo Marx a la causa revolucionaria (a pesar de lo acertado de sus análisis sociales), no fue el ser ateo sino el ser supersticioso. Hay ateísmos muy respetables aunque haya otros risibles o, como decía la ironía sutil de Homero: “no muy dignos de envidia”. Pero en la visión cristiana del mundo, la superstición es mucho más pecado que el ateísmo. Y la superstición de Marx consistió en creer que hay una ley infalible en la materia que conduce la historia hacia el paraíso. Más o menos como creer que la Virgen se aparece de vez en cuando para decirnos lo que hemos de hacer…

Esa superstición marxiana dañó a muchos cristianos haciéndoles creer que la fe consiste en “creer que este mundo tiene remedio” y no en creer que tiene un pleno sentido la lucha para que este mundo tenga remedio: porque ahí “va Dios mismo en nuestro mismo caminar”. Además, esa superstición marxiana abarató fatalmente a las izquierdas y les dio una fe de carbonero en el futuro, azuzada además por la idea de la violencia como “partera” que acelera el nacimiento del paraíso. Creo que esa ilusión ha vuelto ligeras y perezosas a muchas izquierdas, obsesionadas por paladear ya los frutos de la revolución…, mientras que las derechas (que no defienden ideales sino sus propios privilegios), acaban siendo más diligentes y más cuidadosas. Aprendí por aquel entonces que “las izquierdas desconocen el pecado original y las derechas se aprovechan de él”.

Eso explica la inevitable amenaza de degeneración que acosa a todas las revoluciones, y que sus protagonistas suelen ignorar. Para decirlo de manera bien simple y concreta, ya que antes aludí a Nicaragua: tras el triunfo de la revolución, conocí conductas de militantes sandinistas que resultaban bien poco ejemplares en el triple campo clásico de “sexo, dinero, poder”. Y oí, como justificación que “después de tantos años de sacrificio en la guerrilla y las montañas, tengo derecho a estas compensaciones”.  Es solo un ejemplo mínimo, pero bien visible, de todo lo antes dicho.

2.- Porque el sujeto de la historia es el ser humano.

Cuando me hago estas preguntas y reflexiones, tropiezo con ese dilema tan humano entre libertad y seguridad. Grandes autores, creyentes y no creyentes (Dostoievski, Berdiaev, Nietzsche, Sartre…) afirman que al ser humano le pesa tanto la libertad que, en cuanto se le concede, busca cómo cambiarla por un “plato de lentejas” de seguridad. Como el Esaú bíblico…

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Tropas nazis desfilan por una calle de Viena

La libertad de los inconscientes es la única soportable; pero acaba convirtiéndose en una esclavitud tácita y manipulada. Mientras que cargar a solas con el riesgo de una decisión libre, produce un vértigo tal que procuramos eludirlo como sea: “no hay para el hombre preocupación más grande que la de encontrar cuanto antes a quién entregar ese don de la libertad con que nace esta desgraciada criatura”, le dice a Jesús el Gran Inquisidor de Dostoievski, consciente de que el mesianismo de Jesús (como enseñó Pablo) es un regalo de libertad y que por eso fue rechazado: “al estimar tanto al hombre le exigiste demasiado; de haberlo estimado en menos le habrías exigido menos y eso habría estado más cerca del amor”, continúa el inquisidor.

Y así es como se puede llegar a la pregunta del bestseller francés (E. Carrère) de cómo es posible que “la doctrina más subversiva que ha existido jamás [que, para él es el mensaje de Jesús, aunque se confiesa no cristiano] se asocie con el conservadurismo” (en Vida Nueva, nº 2998).

La parábola citada de Dostoievski es una parábola cristiana. Pero tiene también una versión laica. Remitiría para eso al capítulo que dedican M. Horkheimer y T. Adorno (en Dialéctica de la Ilustración) a lo que ellos llaman “la personalidad autoritaria”  y que no designa al hombre que quiere mandar, sino al que quiere ser mandado, para conquistar así la tranquilidad y evitarse riesgos. De modo que, según el análisis de estos autores, los fascismos aparecen no solo porque haya hombres que quieren ser dictadores sino porque hay gentes que desean ser dictadas. Lo que parece confirmarse por los fanáticos gritos y entusiasmos delirantes que acompañan y aclaman a esos dictadores.

“La gente quiere estabilidad”, repetía don Mariano Rajoy. Y, no sé por qué, cada vez que se lo oía, recordaba un viejo canto que aún alcancé a oír en mi infancia: “si los curas y frailes supieran, la paliza que les van a dar – subirían al coro cantando: libertad, libertad, libertad”. Ahora parecía que aquella letra se ha cambiado y sugiere que si muchos progresistas supieran los jaleos que van a encontrar, votarían sin duda gritando: “seguridad, seguridad, seguridad”

3.-Y el hombre es una dialéctica que nos es imposible asumir a la vez.

Por verdadero que sea lo que acabo de escribir, hay que afirmar que no es más que una cara de la moneda y que igual de verdadera es la cara contraria: a pesar de todo lo dicho, el ser humano busca tenazmente la libertad y el progreso. La historia avanza así de una manera dialéctica y oscilante dando pasos adelante y otros pasos para atrás. Como la burrita de Pedro Infante…

Personalmente, sigo convencido de que (al menos hoy, y aunque he defendido siempre la necesidad de una izquierda y una derecha) los valores más humanos y más cristianos están del lado de la izquierda. Eso solo supone una responsabilidad histórica mucho más grande para las izquierdas de hoy, que las libere de su aburguesamiento y les ponga delante la figura de Moisés que, después de tantos sudores y sinsabores, se quedó “sin entrar en la tierra prometida”. Por ejemplo: he defendido siempre la necesidad de una despenalización legal del aborto, como mal menor. Pero hablar de un “derecho” al aborto, me parece una traición egoísta de los ideales de la izquierda. El aborto no me es un “derecho humano” sino un “derecho inhumano”, es decir: un egoísmo bien vestido.

Y aún queda un último episodio sobre el que reflexionar: si no me equivoco, este enero se cumplen diez años de lo que se llamó la revolución islámica. Hay cierto consenso en que esa revolución ha fracasado: “salvo en Túnez”, dicen algunos. Pero en Túnez reina un profundo descontento por los resultados de aquella revolución: hubo cambio de presidente pero no de situación. Hoy quizá se podrá criticar a Mahoma; pero el hambre, la pobreza o la vivienda mísera siguen siendo las mismas que hace diez años; y la ilusión de sus jóvenes sigue siendo emigrar a Italia. Sin negar la multitud de causas que suelen alumbrar cada episodio histórico, me parece claro que, en este fracaso, una de ellas ha sido la falta de modelos válidos. Nuestras presuntas democracias, donde caben tanto las fanfarronadas de Trump, como los pequeños holocaustos de Netanyahu, los chantajes de las multinacionales y las personas que mueren de frío por la noche en la calle, no son alicientes para una empresa tan seria.

4.- La noche oscura de la historia.

Exaltacion-fascismo-Plaza-Santiago-Madrid_1849925051_12800281_667x375Exaltación del fascismo en la Plaza de Santiago de Madrid RD

Nuestra historia atraviesa, por tanto, una hora de eso que se llama “desolación”. La globalización de la indiferencia (diagnosticada como nuestro mayor pecado) intentaba ocultarnos esa oscuridad. Hasta que la inesperada pandemia nos ha obligado a reconocer que quizás sí que estamos en una hora oscura de la historia.

Para estos casos es tópico citar la frase de Ignacio de Loyola: “en tiempo de desolación no hacer mudanza”. Pero Ignacio matiza un poco más: no hay que hacer “mudanza de los propósitos y determinación en que estábamos el día antes” (EE 318)”. Pero sí que hay que “mudarse contra la misma desolación”. ¿Cómo?: “en mucho más examinar”, en más oración y “en algún modo conveniente de hacer penitencia” (319).

Este “más examinar” me ha recordado que ya en el que casi fue mi primer libro, aludí a la afirmación de J. J. Rousseau en su Contrato social: el gobierno democrático es una fórmula solo para ángeles, no para hombres. Y añadí a esa cita otra de Graham Greene al final de El poder y la Gloria: “el comunismo sería fantástico si los hombres fueran santos” (La Humanidad Nueva p. 100 de la última edición). Y lo que pasa es que los hombres no son ángeles ni santos pero, para un creyente, son “imagen y semejanza de Dios”.

Sin mudar pues “el propósito” de la democracia, llegaríamos a la percepción de que el problema está en las personas aún más que en los sistemas, que son construidos y utilizados por las personas. Está en ese (tan mal llamado como verdadero) “pecado original”, que lastra y deforma el progreso humano.

Eso por lo que toca el primer consejo ignaciano de “más examinar”. Por lo que hace al segundo, que no habla solo de penitencia sino de una penitencia “conveniente”, creo que la misma mentalidad ignaciana de las “dos banderas” y los llamados “tres binarios” (o formas humanas de conducta) nos lleva a poner la atención en la riqueza: en aquella pasión que impide al hombre salvarse (Mc 10,23) y que “es la raíz de todos los males” (1 Tim 6,10), tanto a niveles individuales como estructurales. Un sistema montado sobre (y para) el enriquecimiento será un sistema perverso; y ello nos permite sospechar que quizá haya sido el capitalismo la causa de la actual crisis de la democracia: porque la persecución del máximo beneficio (contraria a esa civilización de la sobriedad compartida), genera desigualdades cada vez mayores entre las personas, destruyendo la intención igualitaria de la democracia, y dando al dinero  la primacía sobre el trabajo: en “el choque de intereses (que enfrenta a obreros y amos), la ventaja estará siempre de parte de estos que obligarán a aquellos a someterse… Y el legislador toma siempre como consejeros a los amos”. Estas palabras no son de K. Marx sino… ¡de Adam Smith! en su obra más clásica (La riqueza de las naciones, Madrid 1961, p. 75.). Resistir al capitalismo sí que sería una “penitencia conveniente”.

La situación actual nos deja pues la siguiente lección: no es verdad que la historia progrese siempre. Puede progresar pero también puede retroceder (como es posible ver también en la evolución de las especies). Y el progreso solo quedará garantizado cuando se dediquen a la educación las mejores energías de los gobiernos: entendiendo por educación no una mera capacitación técnica, sino el esfuerzo por sacar lo mejor de cada educando y de cada persona. Educación viene del verbo latino “educere”: sacar de dentro. No habrá hoy penitencia “más conveniente” que dedicar a una educación seria, universal y gratuita, buena parte de cuanto dedicamos al consumo, a las armas o a las mil adormideras que han convertido el deporte en mero espectáculo. Porque, como suelo decir: “democracia sin educación es dictadura de algún bribón”.

5.- Un ejemplo de hoy

1850893-2529745Esos dos consejos ignacianos se parecen mucho a lo que se propuso Etty Hillesum, la gran testigo del siglo pasado, en un momento de mayor desolación que la nuestra. Por un lado, ser “el corazón pensante de los barracones” que atentos a la urgencia de tantas necesidades no podían ni reflexionar sobre su situación: por aquí creo que llegaríamos a lo que acabamos de decir sobre el dinero.

Además de eso habla Etty de “ayudar a Dios”, expresión que escandalizó a muchos porque la entendían como si se tratara de ayudar a Dios en el gobierno del mundo. Pero Etty sabía que este mundo tiene su autonomía y no lo gobierna Dios; y que Dios trabaja en nuestros corazones y en nuestra profundidad.  Ayudar a Dios significa trabajar para que no desaparezca de esa dimensión profunda de todos los hombres, casi inasequible a veces. Lo antes dicho al hablar de la educación como el esfuerzo por sacar lo mejor de cada persona, sería una forma de ayudar a Dios.

Finalmente, Etty se propone “ser bálsamo para tantas heridas”. Sin renunciar, por supuesto al cambio del sistema cuando y como esto sea posible, queda la tarea de suavizar las heridas de todos aquellos a los que el sistema maltrata para enriquecer a otros. La palabra bálsamo me parece muy acertada porque no indica protagonismo ni superioridad ni crítica sino simplemente “cuidado”, ese tesoro tan femenino cuyo aprendizaje se nos pide hoy con toda razón a los varones.

En este tercer punto las tareas son tan múltiples y tan variadas que cada cual deberá preguntarse cuál es la que le toca a él. Pero me ha parecido que valía la pena insinuar un posible paralelismo entre los consejos que da Ignacio (a un nivel solo de desolación individual) y los propósitos de Etty (desde una óptica más comunitaria).

 

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José L. Vázquez Borau: “Dios estaba en Auschwitz en ‘los actos de caridad de Etty’ y de otros testigos como el padre Kolbe”

Martes, 17 de noviembre de 2020

Portada_Etty_Hillesum.inddJosé Luis Vázquez Borau publica ‘Etty Hillesum: una mística en el horror nazi’

Sin tradición religiosa, la mística judía llevó a Dios a los campos de concentración nazis, subraya José Luis Vázquez Borau, autor de Etty Hillesum: una mística en el horror nazi

“La escritura de Etty constituye un canto a la vida como creación de Dios”

“Para Etty los nazis son despiadados, pero no está dispuesta a odiarlos”

“Frente a las amenazas del terror, Etty se refugia en la oración. Descubre la presencia de Dios en lo más profundo de su corazón”

“Etty descubre que la existencia del mal está en nosotros. No es algo externo que se nos imponga. Está en cada uno de nosotros. Lo importante no es estar vivo a costa de lo que sea, sino cómo se vive”

Sin tradición religiosa, la mística judía llevó a Dios a los campos de concentración nazis, subraya José Luis Vázquez Borau, autor de Etty Hillesum: una mística en el horror nazi, publicado por Digital Reasons.

Afirma que la escritura de Etty constituye un canto a la vida como creación de Dios: no puede aceptar que el ser humano solo sea “un barril hueco arrastrado por la historia del mundo” o que la existencia carezca de sentido.

-Recientemente ha publicado en la editorial Digital Reasons Etty Hillesum: una mística en el horror nazi, ¿qué ha encontrado en esta mujer que le llevó a hacerlo?

En primer lugar, se trata de una mujer joven. Murió a los veintinueve años. En segundo lugar, desde que se han dado a conocer sus Diarios-Cuadernos han tenido un impacto igual o mayor que el Diario de Ana Frank. En tercer lugar, se ha hablado mucho sobre ¿Dónde estaba Dios en Auschwitz? Pues bien, gracias al testimonio explícito de Etty Hilesum podemos decir que Dios estaba en Auschwitz en “los actos de caridad de Etty” y de otros testigos como el padre Maximiliano Kolbe.

– ¿Quién era Etty?

Una judía neerlandesa, que nació el 15 de enero de 1914 en Middelgurg, ciudad de los Paises Bajos, donde su padre daba clases. Tuvo dos hermanos: Jaap (1916) y Mischa (1920). Jaap fue médico y durante la guerra trabajó en el hospital judío de Ámsterdam, pero no sobrevivió a la guerra. Micha fue un excelente pianista, pero fue internado en un centro psiquiátrico en 1939. Las diferencias de carácteres entre los padres provocaron tensiones y desencuentros, creando una atmósfera familiar confictiva. No había sido educada en la fe judía y carecía de prejuicios con el sexo. Se siente profundamente insatisfecha y decide ir a un psicólogo. Un amigo le recomienda a Julius Spier, de cincuenta y cuatro años, casado y con dos hijos. Spier le anima a leer los Salmos y los Evangelios, no para convertirse sino para tener una comprensión del mundo más exacta. Además, le dice de anotar sus vivencias en un Diario que comenzará en 1941, tres años antes de su muerte.

– ¿Cómo fue su proceso?

La escritura de Etty constituye un canto a la vida como creación de Dios. Toma la costumbre de hacer un largo tiempo de silencio por las mañanas y no puede aceptar que el ser humano solo sea “un barril hueco arrastrado por la historia del mundo” o que la existencia carezca de sentido. Atribuir todo al azar significa condenar el cosmos a la insignificancia y el caos. Etty no reniega de la vida, pese a que la ocupación crece sin cesar, imponiendo el toque de queda a los judíos y privándoles de cualquier derecho. El nazismo no propone nada. Su visión del futuro rinde culto a la muerte y la destrucción. Pese a todo, la vitalidad de Etty prosigue su curso ascendente.

– ¿Y su compromiso?

El 15 de julio de 1942 Etty encuentra trabajo como mecanógrafa en una de las secciones del Consejo Hebraico, que actuaba de puente entre los nazis y la población judía. Allí trabaja como ayudante social de las personas que están en tránsito y siente un enorme deseo de acompañarlas a todas. Para Etty los nazis son despiadados, pero no está dispuesta a odiarlos: “No creo que podamos mejorar en algo el mundo exterior, mientras no hayamos mejorado primero nuestro mundo interior”. Se ofrece voluntaria para trabajar como asistente y enfermera en el campo de concentración de Westerbork, como enviada del Consejo. Gracias a esto pudo realizar una docena de viajes a Ámsterdam actuando como miembro de la resistencia, llevando cartas y mensajes de los prisioneros, además de recoger medicinas para llevar al campo. En uno de estos permisos tiene que ir al hospital pues su salud es frágil. La inesperada muerte de Spier le produce un hondo abatimiento, pero su espíritu soporta la noticia sin resquebrajarse.

-Ud. señala que Etty no pertenecía a ninguna tradición religiosa, ¿cómo llegó a ello?

Profundizando en su interior. Frente a las amenazas del terror, Etty se refugia en la oración. Descubre la presencia de Dios en lo más profundo de su corazón. Cuando los alemanes en 1942 ya tienen los planes para la deportación de los judíos holandeses hacia su exterminio Etty escribe: “Y si Dios no me sigue ayudando, entonces tendré que ayudar yo a Dios”. Y añade: “Solo una cosa es para mí evidente: que Tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti y así nos ayudamos a nosotros mismos. es lo único que tiene importancia en estos momentos, Dios: salvar un fragmento de ti en nosotros”.

-Cómo fueron sus últimos días?

Etty poco a poco llega a la conclusión de que la prisión es inevitable y rechaza posibles escondites para no ser encontrada por la Gestapo. Etty se entregó a las SS el 6 de junio de 1943 junto a sus padres y hermano. Los padres de Etty fueron gaseados a su llegada a Auschwitz el 10 de septiembre de 1943. La muerte de Etty está registrada el 30 de noviembre de 1943. Su hermano Mischa sobrevivirá hasta el 31 de marzo de 1944. Su hermano Jaap murió el 17 de abril de 1945 en Luben cuando regresaba a los Países Bajos.

-Uno de los epígrafes del libro lo titula Ud. “¿Cómo creer en Dios en medio del horror nazi?”, una cuestión bastante extraña en esas terribles circunstancias…

Etty descubre a Dios de una manera experiencial y no por una vía confesional o doctrinal. Etty no frecuentó nunca ni la sinagoga ni la iglesia cristiana. Su despertar religioso no se lo debe a un pastor, sacerdote o rabino, ni siquiera a un laico confesional, sino a un amigo, judío como ella, Julius Spier psicólogo experto en la lectura de las manos. Etty se siente libre, no depende de nada ni de nadie; libre incluso del tiempo, no está sometida al futuro: “Merece la pena vivir la vida, y si supiera que iba a morir mañana, diría: Es una gran pena, pero tal como ha ido, está bien”.


-Subraya también el camino interior de Etty que la lleva a decir que Dios es lo más profundo del ser humano y que siempre es presencia entre nosotros.

Dios llega a ser una presencia connatural a Etty. Su vida es un continuo diálogo con él. Dios es todo en ella. Y, no es Dios quien tiene que ayudarnos a nosotros, somos nosotros los que tenemos que ayudarle. Dios necesita de nosotros para emerger. Solo viviendo y actuando desde la interioridad se aportará la solución y la novedad que la situación demanda. Solo desde la interioridad se construye el mundo y la sociedad nueva.


-En los campos de concentración, según relata Ud., Etty se afanó en la atención y dedicación con sus hermanos judíos, que sufrieron el horror nazi. Fue una auténtica luz en aquellas tinieblas.

Etty, ante su amigo muerto, confirma como quiere que su vida sea en adelante: “sacarte a la luz en los corazones de los otros, Dios mío”. Habiendo sido insensible a esta realidad durante muchos años de su vida, ahora sabe por experiencia que es real y que es profunda y que está siempre presente en todo, pese a las situaciones inhumanas que contempla. Nadie le podrá arrebatar este tesoro que quiere que otros descubran.


-En el capítulo final, desarrolla “La experiencia mística, un modo de vivir lo humano“, ¿cuáles son claves para recorrer este camino interior que llevan a ello?

Donde hay experiencia de unidad y de plenitud, la experiencia mística, el mal ya no es una amenaza en la interioridad del ser humano. Etty descubre que la existencia del mal está en nosotros. No es algo externo que se nos imponga. Está en cada uno de nosotros. Lo importante no es estar vivo a costa de lo que sea, sino cómo se vive. “Yo he muerto mil veces en mil campos de concentración. Y aun así la vida me parece hermosa y llena de sentido cada minuto de la vida”.

Fuente Religión Digital

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Coge tu cruz y sígueme…

Domingo, 28 de junio de 2020

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No te he negado

Por causa de Tú causa me destrozo
como un navío, viejo de aventura,
pero arbolando ya el joven gozo
de quien corona fiel la singladura.

Fiel, fiel…, es un decir. El tiempo dura
y el puerto todavía es un esbozo
entre las brumas de esta Edad oscura
que anega el mar en sangre y en sollozo.

Siempre esperé Tú paz. No Te he negado,
aunque negué el amor de muchos modos
y zozobré teniéndote a mi lado.

No pagaré mis deudas; no me cobres.
Si no he sabido hallarte siempre en todos,
nunca dejé de amarte en los más pobres.

*

Pedro Casaldáliga,
El Tiempo y la Espera, Sal Terrae 1986

***

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:

“El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará. El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro.”

*

Mateo 10,37-42

***

Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien   Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. […]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. ¿Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.

Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los  “horrores” y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago… Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.

Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de “resistir”. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: ¡quiero tanto a los hombres!.

*

E. Hillesum,
Diario 1941-1943,
Milán 5i 992, 232ss.

*

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La casa de Etty Hillesum en Amsterdam, en peligro

Martes, 21 de abril de 2020

9788476588154-esPodría ser demolida para construir apartamentos de lujo

Esta casa, ubicada en de la calle Gabriel Metsu, es parte importante del tejido histórico de Etty Hillesum y del judaísmo europeo, al que pertenecen también el lugar de nacimiento de la escritora en Middelburg y su domicilio en Deventer, ambos cuidadosamente conservados

Los miembros del EHOC (Etty Hillesum Onderzoekscentrum) intentan proteger esta casa que ha sido considerada el lugar desde el cual se ha escrito uno de los más importantes testimonios de la Segunda Guerra Mundial

Hace unos días, los académicos que nos hemos acercado al pensamiento de Etty Hillesum nos despertamos con una triste noticia: la casa de Ámsterdam en la que vivió esta joven neerlandesa, desde marzo de 1937 hasta junio de 1943, pronto podría ser demolida para dar lugar al deseo capitalista de generar nuevas ganancias económicas con la construcción de seis apartamentos de lujo.

Esta casa, ubicada en de la calle Gabriel Metsu, es parte importante del tejido histórico de Etty Hillesum y del judaísmo europeo, al que pertenecen también el lugar de nacimiento de la escritora en Middelburg y su domicilio en Deventer, ambos cuidadosamente conservados. Es bien conocida la fotografía de Etty en el escritorio de su apartamento de Ámsterdam, lugar que ella consideraba ‘el mejor lugar del mundo’ y sitio desde el cual se gestó la mayor parte de sus diarios.

En este lugar, la joven neerlandesa escribió su itinerario interior, visibilizando entre sus anotaciones cómo su vida, que en un principio se definía como  ‘caos interior’ y ‘constipación espiritual’ fue deviniendo en una morada en la que Dios habitaba como huésped. En su pequeña habitación, aprendió a orar, arrodillándose en su baño sobre una tosca alfombra de coco; desde allí, resistió a los horrores de una de las épocas más oscuras de la humanidad. En sus reflexiones nocturnas manifestó, además, la transformación de un amor erótico y posesivo en amor agápico y entregado, proclamando con esto que el amor era y sigue siendo la única solución.

“En su pequeña habitación, aprendió a orar, arrodillándose en su baño sobre una tosca alfombra de coco; desde allí, resistió a los horrores de una de las épocas más oscuras de la humanidad”

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Frente a esta devastadora noticia, fuerzas suaves se han alzado contra el poder y la codicia de las grandes sumas de dinero, pues ante la voz de residentes locales, guardianes del patrimonio histórico y tesoreros del pensamiento de Etty se encuentra la solicitud de demolición presentada al distrito sur de Ámsterdam por el magnate inmobiliario Ronald Egger. ¡Pero la decisión aún no ha sido tomada! Así que, con objeciones y cartas bien justificadas, los miembros del EHOC (Etty Hillesum Onderzoekscentrum) intentan proteger esta casa que ha sido considerada el lugar desde el cual se ha escrito uno de los más importantes testimonios de la Segunda Guerra Mundial.

En este orden de ideas, afirmamos que demoler el patrimonio es silenciar la historia, demoler el patrimonio general para privilegiar la economía de unos pocos es un proceder inhumano. Si se derriba una casa en la cual se levantó  un proyecto en favor de la dignidad humana y de la reconstrucción de la interioridad sería claro, una vez más, que a hay una propensión hacia la destrucción de ‘lo humano’. La casa de Etty es un monumento en memoria de todos aquellos hombres y mujeres que fueron asesinados por la intolerancia religiosa y por las violentas consecuencias de un régimen totalitario. Sin embargo, sí sigue habiendo algo que erradicar: el hambre, el sufrimiento humano, la desigualdad, la división, la corrupción, la violencia y la guerra.

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¡Es tiempo de ayudar a Etty! Si desea unirse a la solicitud que se enviará al  Ministerio de Educación, Cultura y Ciencia, puede firmar esta petición ingresando en este enlace.

Fuente Religión Digital

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Jesús Martínez Gordo: “Ante estos dramas, es normal que se asista al derrumbe del imaginario de un Dios todopoderoso”

Martes, 7 de abril de 2020

31444Etty Hillesum

“Tenemos, nos guste o no, fecha de caducidad”  

 “La muerte, prematura e injusta, y la que se ceba en los más débiles, nos afecta a todos: seamos deístas y teístas, ateos o agnósticos-ateos”

“Es más sensato reconocer que el cristianismo, no teniendo la respuesta racional a este problema, habilita, sin embargo, para afrontarlo de manera coherente y lúcida”

“Por qué lo hemos mirado como algo ajeno a nosotros mientras campaba por China y otros países y por qué es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros”

“Ahora que nos hemos dado cuenta de que Dios y rezar no sirven para nada, sería la ocasión para dar el presupuesto de la Iglesia a la sanidad”. Así se leía en uno de los whatsapps que he recibido estos días. Más allá de que siempre haya quien, aprovechando que San José era carpintero, quiera hablar de la confesión, me interesa reflexionar en voz alta sobre una vieja cuestión que, formulada hace más de dos milenios por Epicuro, reaparece en estos tiempos con particular fuerza y que se puede reformular en estos términos: “¿Quiere Dios evitar el coronavirus, pero no puede? Entonces es impotente. ¿Puede, pero no quiere? Entonces es malévolo. ¿Sí puede y quiere? Entonces, ¿por qué existe el coronavirus?”.

Cuando hay que enfrentarse con semejante drama (y con la contradicción –existencial y racional– que funda), es normal que se asista no solo al derrumbe del imaginario de un Dios todopoderoso e incluso bondadoso, sino también a la defensa de la mayor consistencia racional del ateísmo o del agnosticismo-ateo frente a las explicaciones deístas o teístas. Uno de los ejemplos, probablemente el que me ha resultado más llamativo estos últimos años, es el testimonio del pastor estadounidense Bart D. Ehrman sobre su tránsito de la fe cristiana a la increencia por no haber podido soportar esta contradicción entre un Dios omnipotente y bueno con la existencia, en su caso, del mal, en general.

 Pero tengo que recordar, como necesario e ineludible contrapunto, no solo la existencia de personas (en el caso de Etty Hillesum) que descubrieron la fe en plena Shoah o exterminio nazi, sino que tampoco faltan en nuestros días las que sostienen que éste -el problema del mal o del Coronavirus y Dios- ha de afrontarse en términos estrictamente racionales. Y así ha de ser porque la muerte, prematura e injusta, y la que se ceba en los más débiles, nos afecta a todos: seamos deístas y teístas, ateos o agnósticos-ateos e incluso antiteístas e indiferentes. Ya no vale, apuntan, criticando a estos últimos, creer haber alcanzado una explicación racional más consistente que la teísta negando la existencia de Dios y quedarse, según los casos, plácida, tranquila o angustiosamente sumidos en el silencio o en el mutismo. Semejante respuesta o ensayo de explicación alternativa –que no acaba de eludir la perplejidad que atenaza a todos, teístas o ateos– no es, cuando se dé, una explicación racionalmente más firme que la creyente. De ninguna manera.

Quizá, por ello, en los últimos años los teólogos han seguido reflexionando sobre la cuestión. En concreto, he encontrado tres ensayos de explicación que merecen la pena ser tenidos en cuenta estos días. Me tomo la libertad de indicar lo que considero más sustancial de sus respectivas aportaciones en estas circunstancias: la de J. A. Estrada; la de J.-B. Metz y la de A. Torres Queiruga.

Juan Antonio Estrada declara “imposible” el intento de armonizar racionalmente el mal con un Dios bueno y omnipotente. No se puede exculpar a Dios. Cuando se intenta, se acaba favoreciendo el imaginario de un ser malvado a costa del sacrificio de las personas. Es más sensato reconocer que el cristianismo, no teniendo la respuesta racional a este problema, habilita, sin embargo, para afrontarlo de manera coherente y lúcida, muy lejos de la indiferencia o la desesperanza: quien, como es su caso, se autocomprende como un cristiano, sabe que el problema le sobrepasa racionalmente pero, a la vez, que también tiene motivos más que sobrados para combatir el mal, en particular, el injusto y antes de tiempo, como lo hizo Jesús de Nazaret, estando al lado de los que lo padecen, curando, acompañando, alentando.

Sin dejar de reconocer el silencio (racional) en el que habitualmente nos adentra la petición de una respuesta congruente por parte de Epicuro, no hay que descuidar los gritos y las demandas de justicia que, a pesar de todo, siguen dirigiendo a Dios las víctimas. He aquí el punto de partida de la explicación ofrecida por J.-B. Metz. La atención a tales demandas le lleva a erigir dichos gritos y lamentos en el principio cognoscitivo de todo y, a la par, a entender la fe cristiana como “memoria de la pasión”, es decir, como memoria de un Crucificado cuyo drama se actualiza en el clamor de todas las víctimas. En nuestro caso, en primer lugar, como principio cognoscitivo: preguntarse por qué irrumpe el Coronavirus; por qué se ceba en los más débiles del mundo y de nuestra sociedad; porqué lo hemos mirado como algo ajeno a nosotros mientras campaba por China y otros países y por qué es capaz de sacar lo mejor y lo peor de nosotros. Y, en segundo lugar, como actualización en el tiempo presente de la tragedia acontecida hace dos mil años en el Calvario y, por ello, en quienes, como así sucede estas últimas semanas, mueren, porque son ancianos, enfermos, débiles o profesionales de la medicina o trabajadores en servicios imprescindibles para la ciudadanía; y, además, sin poder despedirse de sus seres queridos.

“Entender la fe cristiana como “memoria de la pasión”, es decir, como memoria de un Crucificado cuyo drama se actualiza en el clamor de todas las víctimas”

Andrés Torres Queiruga, prolongando la vía abierta en su día por G. Leibniz, sale críticamente al paso de las explicaciones que subrayan la oscuridad, el silencio o el retraimiento –el “zimzum”– de Dios y sitúa la clave explicativa del mal en la fragilidad en cuanto tal; por tanto, no en Dios mismo: tenemos, nos guste o no, fecha de caducidad, habida cuenta de nuestra constitutiva finitud. Nos somos dioses. La suya es una propuesta dispuesta a mostrar la articulación existente, y sin estridencias de ninguna clase, entre la insuperable idoneidad del amor divino –que caracteriza no tanto como el todopoderoso, sino como el Antimal– y el mal (en nuestro caso, el Coronavirus) que se aloja en la constituyente limitación de lo finito y, sobre todo, en el perecimiento prematuro e injusto. Éste, recuerda, es un problema, ante todo y, sobre todo, racional, propio de la condición humana en cuanto tal; no solo de los creyentes. Por eso, nos atañe a todos y requiere una explicación por parte de todos, más allá de nuestra fe o ausencia de ella, aunque los creyentes tengamos sobrados motivos y razones para no desesperar e implicarnos en su erradicación.

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Finalmente, creo que no está de más traer a colación lo sostenido por Paolo Flores d’Arcais en su debate con J. Ratzinger el año 2008, pocos meses antes de que fuera elegido papa: En lo que toca al “apoyo a los marginados, a los últimos, respecto al deber de la solidaridad”, los creyentes –sostuvo– sacaban a los no creyentes bastantes puntos de ventaja. Y, probablemente, carecer de fe hacía “mucho más difícil la capacidad de renunciar al egoísmo, de sacrificarse por los demás”.

Eso no quería decir, matizó, que lo hiciera imposible. Evidentemente, prosiguió, también se daba entrega y generosidad entre los ateos e increyentes; sobre todo en los momentos más trágicos de la historia de la humanidad. Pero era una entrega que, sin saber muy bien por qué, se mostraba intermitente cuando había que afrontar el compromiso –discreto y paciente– del día a día: “Ni qué decir tiene –indicó– que un ateo puede sacrificar su vida. No obstante –balbució–, tengo la impresión de que resulta más fácil…, o sea, más fácil…, menos difícil, sacrificarla en momentos excepcionales que hacer sacrificios menores, pero cotidianos (para quien no cree que para quien cree o, por lo menos, que para algunos que no creen)”. En síntesis, concluyó, “la piedra donde tropezar es para el ateo la incapacidad de caridad”.

Se agradece poder escuchar (y recordar) un testimonio como el reseñado. Y más, en estos tiempos en los que creyentes e increyentes compartimos la tarea de erradicar algo de tanta desolación en este tiempo de coronavirus; resabios anticlericalistas al margen.

Fuente Religión Digital

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Dar a manos llenas

Lunes, 25 de noviembre de 2019

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         Dios mío, tú, que me has enriquecido tanto, permíteme también dar a manos llenas. Mi vida se ha convertido en un diálogo ininterrumpido contigo, Dios mío, en un largo diálogo. Cuando me encuentro en un rincón del campo, con los pies plantados en tu tierra y los ojos elevados hacia tu cielo, tengo a menudo el rostro inundado de lágrimas, único exutorio de mi emoción interior y de mi gratitud. También por la noche, cuando, acostada en mi litera, me recojo en ti, Dios mío, lágrimas de gratitud inundan a veces mi rostro, y ésa es mi oración.

        Estoy muy cansada desde hace algunos días, pero es una cosa que pasará como todo lo demás. Todo progresa siguiendo un ritmo profundo, un ritmo propio en cada uno de nosotros.

        Debería enseñarse a la gente a escuchar y a respetar ese ritmo: es lo más importante que un ser humano puede aprender en esta vida. No lucho contigo, Dios mío. Mi vida no es más que un largo diálogo contigo. Es posible que no llegue a ser nunca la gran artista que quisiera ser, pues estoy demasiado bien resguardada en ti, Dios mío. En ocasiones, quisiera grabar con un buril pequeños aforismos y pequeñas historias vibrantes de emoción. Mas la primera palabra que me viene a la mente, siempre la misma, es: Dios. Contiene todo y hace inútil todo lo demás. Toda mi energía creadora se convierte en diálogos interiores contigo. El oleaje de mi corazón se ha vuelto más ancho desde que estoy aquí, más animado y más apacible a la vez, y tengo la impresión de que mi riqueza interior se incrementa sin cesar.

*

Etty Hillesum,
Diario: 1941-1943,
Milán 1996, pp. 253ss
[tomado de Paul Lebeau, Etty Hillesum. Un itinerario espiritual. Amsterdam, 1941 – Auschwitz, 1943, Sal Terrae, Santander 2000, pp. 200-201].

9788476588154-es

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‘La vida es bella a pesar de todo’, de Fernando Arriero Perantón

Miércoles, 16 de octubre de 2019

la-vida-es-bella-a-pesar-de-todoEl próximo viernes 18 de octubre a las 19,00h en la parroquia Nuestra Señora del Carmen (Simón Bolívar 4, Indautxu), D. Fernando Arriero Perantón presentará el libro La vida es bella a pesar de todo: claves de la espiritualidad de Etty Hillesum

El autor es, además, presidente de la Fundación Etty Hillesum-España, la cual brinda espacios de crecimiento integral a las personas y comunidades más vulnerables

El próximo viernes 18 de octubre a las 19,00h en la parroquia Nuestra Señora del Carmen (Simón Bolívar 4, Indautxu), D. Fernando Arriero Perantón presentará el libro La vida es bella a pesar de todo: claves de la espiritualidad de Etty Hillesum.

Esta obra surge del deseo de dar a conocer los diarios de esta joven judía asesinada en Auschwitz, cuyo itinerario madurativo inspira el objetivo de la Fundación que el autor preside a nivel nacional: provocar procesos de crecimiento integral en personas y comunidades vulnerables.

El libro

Después de que sus diarios hubieran permanecido olvidados más de 40 años, en 1981 salieron a la luz los primeros extractos de los manuscritos de la jovenEtty Hillesum que reflejaban una evolución espiritual muy singular: en tan solo dos años y medio pasó de pensar en el suicidio un diálogo ininterrumpido con Dios.

Gracias a su amigo y amante Julius Spier, la literatura y la escucha atenta, Etty conectó con sus fuentes más profundas y con el corazón de tantos que acudían a ella en los dramáticos sucesos de la ocupación nazi. Etty optó por la no violencia en medio del campo de Westerbork, donde testimonió con su vida y con sus escritos la verdad desde la que vivía: la vida es bella a pesar de todo.

Este libro va desgranando cada uno de los diez cuadernos y las cartas que se conservan de Etty Hillesum y, al mismo tiempo, busca identificar las claves espirituales de su itinerario para que nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI, podamos vivir con mayor sentido y compasión.

Las claves de la espiritualidad de Etty Hillesum

La joven holandesa descubre la escucha profunda en el silencio como el campo de batalla en la que van a ir madurando las señas de su identidad espiritual:

Etty pasa de intentar controlar la realidad con la razón a conectar con la realidad a nivel existencial: quiere ser el corazón pensante de los barracones del campo de Westerbork.

Etty pasa de un escepticismo racionalista y ateo a establecer un diálogo ininterrumpido con Dios, a quien no le pide cuentas de la guerra sino que intenta ayudar y desenterrar en el corazón de los demás.

Etty pasa de una actitud seductora a ofrecerse gratuitamente como mediadora entre Dios y el ser humano, haciéndose bálsamo de las heridas del mundo y partiéndose como pan para los hambrientos.

Etty pasa de comprender su cuerpo y los soldados alemanes como enemigos a batir a comprender que ni el cuerpo ni los otros son enemigos sino creado a imagen y semejanza de Dios.

Etty pasa de vivir con obsesión su vocación de escritora o comprender que su vida misma puede ser un legado para las siguientes generaciones.

Etty pasa de querer poseer todo lo bello a comprender que solo en la contemplación gratuita se hace posible vivir desde la verdad más honda: que la vida es bella a pesar de todo… y con todo.

El autor

Fernando Arriero Perantón (Talavera de la Reina, 1979), Doctor en Teología por la Facultad del Norte de España (sede Vitoria) y Licenciado en Ciencias Religiosas por la Universidad de Navarra y en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia de Salamanca, es el presidente de la Fundación Etty Hillesum-España, la cual brinda espacios de crecimiento integral a las personas y comunidades más vulnerables.

Esta Fundación colabora con la Pastoral Penitenciaria de Logroño, atiende a enfermos en situación de soledad en una clínica de la misma ciudad riojana, ofrece acompañamiento espiritual y cursos de desarrollo personal y humanización de la salud. Asimismo atiende a los niños y mujeres del barrio “El Codito” en Bogotá (Colombia).

Fernando dedica la mayor parte de su tiempo a dar clase de Religión, Psicología y Filosofía a alumnos de Bachillerato, así como a animar la Pastoral Juvenil en el colegio Santa María de Logroño.

Convencido de la necesidad de acompañar a los jóvenes en su crecimiento – para el que la espiritualidad es un pilar esencial- invierte muchas horas cada semana a escucharles. De hecho, ha sido nombrado recientemente Director del Secretariado de Pastoral Juvenil de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño por D. Carlos Escribano. Desde esta responsabilidad desea poner su granito de arena en saciar la profunda sed de sentido de tantos jóvenes.

Para conocer más sobre la Fundación Etty Hillesum

Fuente Religión Digital

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Mariola L. Villanueva, teóloga: “A través de la compasión nos vamos haciendo aquello que acogemos”

Miércoles, 11 de septiembre de 2019

teologa-Villanueva-Congreso-Juan-XXIII_2156794325_13893290_660x236Testimonios de Etty Hillesum, Madeleine Delbrêl y Dorothy Day en el Congreso de Teología

“A través de la compasión nos vamos haciendo aquello que acogemos”, ha remarcado

Mujeres como Hillesum, Delbrêl o Day hoy estarían en Lampedusa, haciéndose presentes en la crisis de refugiados, que es una crisis humanitaria porque “todo ser humano merece ser recibido”

Como parte de la clausura del “39 Congreso de Teología. Justicia y Compasión en un mundo desigual”, celebrado en la sede de CCOO de Madrid, la teóloga Mariola López Villanueva ha ofrecido esta mañana una ponencia sobre la experiencia de la ternura y la justicia en tres mujeres del siglo XX: Etty Hillesum (1914-1943), Madeleine Delbrêl (1904-1964) y Dorothy Day (1897-1933).

Con una voz dulce y entusiasmada, la periodista y profesora de Teología Bíblica en la Facultad de Granada ha ido entretejiendo las experiencias vitales de las tres “místicas” contemporáneas a través de sus semejanzas: los riesgos que corrieron por ayudar a los demás y esa actitud de “proximidad” y “compasión” con la que atravesaron los problemas de su época.

López Villanueva, también religiosa del Sagrado Corazón, ha afirmado que mujeres como Hillesum, Delbrêl o Day hoy estarían en Lampedusa, haciéndose presentes en la crisis de refugiados, que es una crisis humanitaria porque “todo ser humano merece ser recibido”. Citando al filósofo J. Maria Esquirol y al teólogo Leonardo Boff, ha defendido la acogida y la piedad como únicas herramientas contra el viejo miedo al extraño (xenofobia), invitando a los participantes del congreso a ser conscientes del sufrimiento ajeno.

Hacia una hospitalidad despojada

La teóloga ha introducido al auditorio en los itinerarios de las tres mujeres situándolas en la dureza y el dolor de sus coordenadas. El barrio comunista de París en el que Delbrêl trabajó como asistente social laica en comunidades de obreros. La casa de acogida en la que Day (religiosa, anarquista, activista social) ofrecía café y sopa a la población vulnerable de las barriadas de Nueva York y el campo de exterminio nazi en el que Hillesum fue encerrada en su juventud, por ser judía.

Después de reflexionar sobre la potencia con la que las tres figuras fueron capaces de cuidar de los demás, López Villanueva ha destacado otro de sus valores: la bondad. Aquella a través de la que Delbrêl identificaba a las personas a las que procuraba apoyo como personas, y no como “usuarios”. Aquella que Hillesum irradiaba en Auschwitz, por imposible que parezca, plasmando en el diario que escribía una mirada auténticamente libre de odio: He aprendido que cargando el propio peso uno puede convertirlo en bien“.

Reencontrar un amor personal

Para vivir en una actitud agradecida (“Supe que esa noche rezaría también por ese soldado alemán”, escribió Etty Hillesum), la teóloga ha recomendado a los asistentes al congreso reapropiarse de su ternura y “reconocer que el otro es como yo”. Empatía y ternura, que “es lo que no amenaza”, sino que nos aproxima realmente y, en palabras de Delbrêl, “desplaza algo en nosotros”. “A través de la compasión nos vamos haciendo aquello que acogemos”, ha remarcado López Villanueva.

Delbrêl sufría viendo cómo los que se decían católicos eran los que peor pagaban a los trabajadores de sus fábricas. Day, que estuvo presa en tres ocasiones por luchar contra el racismo, el patriarcado y otras desigualdades del mundo contemporáneo, sufría pensando en los dos lados de una tragedia: en el sufrimiento de la madre de una mujer que ha sido violada, pero también en el de la madre del violador. Y Hillesum sufría contemplando las caras de los otros judíos, que acabarían como ella, que murió en la cámara de gas con solo 29 años. ¿Cómo lograron sonreír frente a tanta barbaridad? Gracias a que leyeron poesía, abrazaron a los demás y, sobre todo, les miraron como a un igual. “Somos miembros unos de otros”, escribió Day, la que más vivió de las tres.

Mariola López ha finalizado su intervención invitando a los participantes a no retener los perfumes que guardan nuestras manos”. A ofrecer nuestros cuidados a los demás sin miedo, tanto en las alegrías como en las penas. Y a dar besos de los que “también se dan con la memoria”.

Fuente Religión Digital

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La santidad de Etty Hillesum.

Jueves, 23 de agosto de 2018

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Abundan los santos que, pese a su canonización por la Iglesia y a la extraordinaria veneración que les dispensa la religiosidad popular, fueron personajes excéntricos y nada convencionales. Junto a figuras de santos edificantes, que llevaron vidas ejemplares, siempre ha habido santos anómalos, rompedores de moldes”.

Etty Hillesum, joven judía holandesa, muerta en Auschwitz en 1943, a la edad de 29 años, tuvo desde el punto de vista de la moral convencional, una vida inquieta y escandalosa. A partir de la edad de 27 años mantuvo una relación con dos hombres a la vez. Ella sabe que la moral común puede juzgar escandaloso su comportamiento, pero eso no la incomoda: siente que es fiel a los dos hombres a los que ama, pero sobre todo esta irregularidad afectiva no le impide emprender un camino extraordinario que la lleva a descubrir a Dios dentro de sí y a cultivar una religiosidad muy particular, ajena a iglesias, sinagogas y dogmas.

Ni siquiera representa para ella un obstáculo en su camino místico-espiritual el aborto voluntario al que recurre para interrumpir un embarazo no deseado; no se siente capaz de traer al mundo un niño en las circunstancias históricas en las que vive: persecución, deportación, exterminio de judíos. También la empuja al aborto el temor a los varios casos de locura que hay en su familia y que ella considera con mucha probabilidad hereditarios.

Tras el aborto, se confía a Dios pidiéndole que la acepte tal como ella es, con sus limitaciones y sus contradicciones, y prosigue conversando con él en su oración. Ni su libertad ni el aborto son obstáculos para su relación con Dios, la cual continua y se intensifica a pesar de todo.

El suyo puede definirse, por tanto, como un camino nuevo de santidad. Del descubrimiento de Dios dentro de sí, Etty llega a la extraordinaria intuición de que es ella la que tiene que ayudar a Dios a no ausentarse del todo en un mundo envenenado por la violencia, el odio y el resentimiento: “Se me hace cada vez más evidente que tú no puedes ayudarnos a nosotros, sino que somos nosotros los que debemos ayudarte a Ti, y de ese modo ayudarnos a nosotros mismos. Lo único que podemos salvar de estos tiempos, y también lo único que cuenta verdaderamente, es un pedacito de ti en nosotros, Dios mío”.

Este propósito de ayudar a Dios para hacer que sobreviva al holocausto, como un niño inerme custodiado en su seno, se traduce luego en su empeño por ayudar al prójimo, los muchos judíos desesperados que llenaban el campo, a que desenterraran a Dios dentro de ellos, liberándolos del odio y el comprensible deseo de venganza.

Esta extraordinaria intuición, nace de la terrible experiencia de la Shoa: que, en ese mundo dominado por la violencia y el odio, necesitamos “ayudar a Dios” para que no desaparezca del todo del corazón de los hombres. Frente a esa tarea, poca cosa representan su desorden sentimental y su aborto; no se dejó turbar en exceso y se mostró capaz de ayudar a Dios y al prójimo en un tiempo histórico que estaba tan necesitado de ello.

La “santidad” de Etty tiene además la peculiaridad de no estar encerrada en un recinto confesional determinado: ella no pertenece del todo al judaísmo, ni al cristianismo, a pesar de que judíos y cristianos se hayan disputado su herencia. Ella también toma elementos, para su espiritualidad, de la tradición islámica, dado que sus lecturas, además del Antiguo Testamento y el Evangelio, incluyen el Corán y la sabiduría oriental. La suya es una santidad libre, interreligiosa, que supera los límites que separan las diversas confesiones religiosas. Etty utiliza con frecuencia la imagen de Dios como la parte más recóndita de si, como el soplo divino que alienta en cada uno de nosotros.

Otro aspecto de su singular “santidad” es su rechazo al odio; en una época de ánimos envenenados por la violencia, el resentimiento y el deseo de venganza, ella practica el amor al prójimo y rechaza el odio indiscriminado, dirigido a una categoría de personas, fueran alemanes o nazis. “Aunque no quedase más que un solo alemán decente, este único merecería ser defendido contra esa banda de bárbaros, y gracias a él no se tendría el derecho a derramar el propio odio sobre un pueblo entero”. Esta posición suya, de amor al prójimo, incluso al enemigo, y de rechazo del odio indiferenciado se inscribe en una práctica de no-violencia radical pero extremadamente eficaz por su capacidad de sustraerse a la humillación que les es infringida a los judíos.

De hecho, lejos de dejarse doblegar por las innumerables y crecientes restricciones y discriminaciones de los nazis contra los judíos en la Holanda ocupada, Etty Hillesum mantiene siempre firme su sentido de la dignidad, aunque sin reaccionar agresivamente a las provocaciones: “Para humillar a alguien tiene que haber dos: el que humilla y el que es humillado y, sobre todo, que se deja humillar”. Si este último es inmune a la humillación, tendrá que soportar disposiciones desagradables, pero su dignidad no queda menoscabada. Lo anterior refleja un orgullo indómito.

Algunos le reprochan no haber huido cuando pudo hacerlo, o que se entregase voluntariamente a los nazis, pero ello no implica, como han dicho algunos, resignación o pasividad, sino responsabilidad moral, la conciencia de que, si ella se iba, otra persona ocuparía su lugar. Etty sintió una profunda responsabilidad con respecto a otros judíos, y no quiso salvar su vida al precio de otra. En el campo de concentración Etty encontró a Dios en sus hermanos de cautiverio, y supo testimoniar su fe, comunicándola a otros, comprensiblemente desesperados, e incluso a los que no eran creyentes o habían perdido la fe.

Por todo lo anterior, esta mujer habla hoy a quienes pertenecen a otras confesiones religiosas, y también al que no cree, al que duda, enseñándonos que, en cualquier tiempo y lugar, por desesperada que pueda ser la situación que estemos atravesando, aun podemos estar alegres y alabar a Dios por una comida compartida y por el hecho de tener dos manos que poder unir en oración. Nos enseña que nos pueden quitar muchas cosas, pero nunca el trozo de cielo sobre nuestra cabeza, ni la belleza de la creación.

Así fue la santidad de Etty Hillesum: excéntrica, anómala, despreocupada de la moral convencional; con una gran libertad religiosa y espiritual. Y ella fue fiel a la vocación descubierta hasta el final. Conocer su historia, su testimonio vital en una hora oscura de la humanidad, nos recuerda que nuestra época necesita un tipo nuevo de santidad, una santidad distinta, encarnada en personas que comparten el mundo con otros, que sufren y se alegran en medio de la vida, y que no se quiebran ni en las pruebas más extremas, porque es allí donde encentran la belleza y la luz de Dios.

*

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Lo anterior es un resumen del artículo: “La libertad de Espíritu: Etty Hillesum, una santidad nueva”, de Wanda Tommasi, publicado en CONCILIUM 351 (junio 2013).

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Pausa

Viernes, 25 de mayo de 2018

Del blog Nova Bella:

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“A veces,

lo más importante a lo largo de un día

es el descanso que me tomo

entre dos respiraciones profundas,

o el volverme para adentro en oración

durante cinco minutos”

*

Etty Hillesum
en medio del campo de concentración de Westerbork

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La fuente

Lunes, 30 de abril de 2018

Del blog Nova Bella:

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Dentro de mí hay una fuente muy profunda. Y en esa fuente está Dios. A veces consigo llegar a ella; a menudo está cubierta de piedras y de arena: entonces Dios está sepultado. Es necesario, pues, desenterrarlo de nuevo. Me imagino que algunas personas rezan con los ojos dirigidos al cielo: buscan a Dios fuera de ellas. Hay otras personas que inclinan la cabeza profundamente, ocultándola entre sus manos. Creo que buscan a Dios dentro de sí.

*

Etty Hillesum

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Dos miradas a lo sencillo

Viernes, 6 de abril de 2018

Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“Hay que olvidarse de palabras como Dios o muerte,

sufrimiento y eternidad;

hay que ser de nuevo sencillo y sin palabras,

como el grano que crece o la lluvia que cae.

Sólo hay que ser”.

*

Etty Hillesum

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“Este es el verdadero corazón del misterio,

tan obvio y sencillo:

la presencia de la misericordia de Dios

en medio de nosotros,

en Cristo “

“La fidelidad a la gracia en mi vida,

es fidelidad a la sencillez

*

Thomas Merton

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El tiempo, tribunal de la Historia

Sábado, 3 de marzo de 2018

9788498797299Del blog de José Mª Castillo Teología sin censura:

El libro más reciente de Reyes Mate
José M. Castillo

Editado con el garantizado nivel y distinción, que le caracteriza, Edit. Trotta ha publicado el excelente estudio del profesor de investigación emérito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Manuel Reyes Mate, El Tiempo, Tribunal de la Historia.

Un libro que da que pensar. Y que obliga a pensar. Cuando la Informática nos está maleducando a casi todos, a “copiar” y “pegar”, liberándonos así de la incómoda tarea de “pensar” y “producir”, desde la propia originalidad y creatividad, Reyes Mate nos enfrenta, una vez más, al problema de la víctimas, al que no podemos ni mirar desde lejos, si es que nos empeñamos en mantenernos impasibles, firmes siempre en la más segura ortodoxia dogmática, que lleva derechamente a “la teología fascinada por la intemporalidad” (Johann B. Metz). Sin darnos cuenta nunca que así podemos quedar anclados en la verdad más incuestionable. Pero una verdad que, a fin de cuentas, no cambia nada, ni a nadie, en este mundo tan desbocado como canalla.

Tan no ha cambiado nada y tan intocable verdad dogmática se mantiene tan inamovible, que una clase magistral de teología o un sencillo sermón de aldea pueden ser, en su contenido, exactamente iguales si se enseñaron o predicaron en el siglo XIX que si se enseñan o predican en el siglo XXI. La ortodoxia se mantiene tan intacta, como ausente se mantiene el interés de los oyentes por poner en práctica lo que pacientemente están escuchando. Lo que importa es la verdad, el dogma, la norma. Lo que le haya pasado a la gente o lo estén soportando los más desgraciados de este mundo, eso no afecta a la ortodoxia o al dogma. Lo que fue verdad en el concilio de Nicea, sigue siendo verdad (la misma verdad) en este momento. Lo demás, pasa a un segundo plano. El “Tribunal de la Historia” no tiene nada que decir. Podemos estar tranquilos.

Con razón, Reyes Mate nos hace caer en la cuenta de que hemos conseguido institucionalizar la memoria del Holocausto, hay museos que lo conservan, monumentos que lo eternizan, películas y obras de teatro que lo tematizan. Y hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas tiene fijado un día, el 27 de enero de cada año, para conmemorar a las víctimas del Holocausto. Está en el calendario y en los libros de historia, pero no ha conformado nuestro tiempo. Seguimos viviendo como si nada hubiera ocurrido porque no se nos pasa por la imaginación que aquello sea una línea divisoria, ni que haya un antes y un después. A nadie se le ocurre decir que habría que leer hoy a Aristóteles o Kant de una manera diferente a como se les leía antes. Es verdad que algo de eso dijeron en el campo de muerte algunos, como Tadeusz Borowski o Etty Hillesum, pero eran exageraciones debido a lo excepcional de su experiencia. Para que eso hubiera sido posible, tendríamos que haber tomado en serio el nuevo imperativo categórico, a saber, pensar de otra forma todo lo que nos constituye como sujetos y como comunidad; pensar de otra manera la política, la ética, el derecho, la religión, el arte… ¿Es eso posible? Siendo los mismos ¿podemos pensar diferente?”

El tiempo que ha ido transcurriendo, desde los primeros escritos del apóstol Pablo, en los años 40 del siglo primero, hasta los documentos y predicaciones del actual papa Francisco, ya en pleno siglo XXI, han transcurrido casi dos mil años. Demasiados años, marcados por demasiadas crueldades inhumanas. Después de tantos sufrimientos y de tantas víctimas, en gran medida y efectivamente seguimos “siendo los mismos”. Pero, siendo los mismos, “¿podemos pensar diferente?”. Que es tanto como preguntarse ¿podemos ser distintos?

Si realmente “el tiempo” es el “tribunal de la historia”, no cabe duda que los pensadores más cualificados de casi dos mil años han sido componentes determinantes de esta larga historia. Tiene razón Reyes Mate cuando nos informa de la importante aportación de pensadores decisivos, como han sido los testigos cualificados del más primitivo “tiempo apocalíptico”, pasando por las marcas, que dejaron en la historia de Occidente, quienes contagiaron nuestra cultura con las inconfundibles señales del “tiempo gnóstico”, esté o no esté presente en las cartas de Pablo (o quizá desde Marción). Con la marca decisiva que dejó san Agustín, en el libro de Reyes Mate llamada queda destacada la aportación que dejó a la modernidad, más que la Ilustración como tal, el pensamiento fuerte de algunos de los representantes más cualificados de la llamada escuela de Frankfurt, desde Walter Benjamin hasta Habermas.

Esto supuesto, cabe preguntarse ¿tenemos con lo dicho el veredicto del “tribunal de la historia” que el tiempo pasado nos ha dejado, para hacernos una idea de lo que está ocurriendo ahora mismo en el mundo? El libro que estoy presentando nos recuerda, al final, lo que el viejo revolucionario, Herbert Marcuse, en el lecho de muerte, le susurró al joven Habermas: “¿Sabes? Ya sé dónde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentido del sufrimiento de los demás”. No le faltaba razón a Bonhoeffer “para quien solo viviendo a fondo esta vida, podemos asomarnos al más allá de la muerte”. El “tiempo”, el “tribunal de la historia”, “dixit”.

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Sensible y capaz de resistir…

Jueves, 13 de julio de 2017

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Dios, que me entrega tesoros para que los guarde, me permite que los custodie y los administre bien   Me agrada relacionarme con los demás. Mi intensa participación, me parece, irradia lo mejor y más sincero de mí; las personas se muestran sinceras conmigo, cada uno es una historia, y todos me cuentan su vida. Y mis ojos encantados no tienen que leer. […]. Soy un enfermo, no puedo hacer nada. Mas tarde enjugaré lágrimas y replegaré miedos, allá abajo. En el fondo, ya lo hago en esta cama. ¿Quizá sea por esto que tengo fiebre y mareos?. No quiero ser cronista de horrores. Ni tampoco de sucesos sensacionales.

Esta mañana le he dicho a Jopie: siempre llego a la misma conclusión, la vida es bella. Y creo en Dios. Quiero estar entre los  “horrores” y decir igualmente que la vida es bella. Ahora, con fiebre y mareos, acostado en un rincón, no puedo hacer nada. Hace poco me he despertado con la garganta seca, he aferrado mi vaso y he agradecido los sorbos de agua; he pensado: si pudiese andar entre los millares de hombres amontonadas por ahí y pudiese ofrecerles un trago… Me digo: no es nada, tranquilo, no es nada, tranquilo.

Cuando una mujer o un niño hambriento se ponía a llorar detrás de nuestras mesas de grabación, me arrimaba, le abrazaba sobre mi pecho, le apretaba, le sonreía y suavemente le decía a quien se encontraba acurrucado y aturdido: no es nada, no es nada. Me quedaba allí y, si podía, hacía algo. A veces me sentaba cerca de alguien, le ponía el brazo encima del hombro, guardaba silencio y le miraba a la cara. Nada resultaba nuevo, ninguna de aquellas expresiones de dolor humano. Todo me parecía familiar; como si ya hubiera vivido cada casa. Algunos me decían: tienes nervios de acero para resistir. No creo que tenga nervios de acero; mas bien, nervios sensibles, capaces de “resistir”. Tengo el coraje de mirar de frente al dolor. Al final de coda día me decía: ¡quiero tanto a los hombres!

*

E. Hillesum,
Diario 1941-1943, Milán 1992, 232ss).

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La vida es bella y plena de sentido

Martes, 26 de julio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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” La vida es bella y plena de sentido en su absurdidad, por poco que se sepa acondicionar allí un sitio para todo y llevarlo por completo en sí en su unidad; entonces la vida, de una manera u otra,  forma un conjunto perfecto.

Tan pronto como se niega o se quiere eliminar ciertos elementos, tan pronto como sigue su voluntad y su capricho para admitir tal aspecto de la vida y rechazar tal otro, entonces la vida se vuelve en efecto absurda: desde que el conjunto está perdido, todo se vuelve arbitrario.”

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Etty Hillesum
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Fuente Fotografía Sven Serkis,  www.svenserkis.com

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Aprendiendo

Martes, 19 de julio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comete sus más negras fechorías durante la Segunda Guerra Mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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“Aprendiendo a conocer tus fuerzas

y tus debilidades

y a aceptarlos,

  se aumenta tu fuerza.”

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Etty Hillesum
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La fina camisa de su humanidad…

Martes, 12 de julio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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“Hablando del campo: “y tiene que dejarte sin respiración – encontramos allí todas las facetas, las clases, los ‘ismos’ “, las oposiciones y las capillas que dividen a la sociedad. (…) Se encuentran de aquí en adelante en un espacio vacío, solamente delimitado por el cielo y la tierra y que deberán amueblar con sus propios recursos interiores. (…) La sólida armadura que les había forjado posición social, notoriedad y fortuna ha caído a pedazos, dejándoles por toda vestidura la fina camisa de su humanidad. “

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Etty Hillesum
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A veces…

Martes, 5 de julio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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“A veces cuando paseo en bicicleta, pedaleando muy despacio, totalmente absorbida, por lo que se desarrolla en mí, me siento en posesión de posibilidades de expresión tan imperiosas, tan seguras, (…) Toda mi ternura, la intensidad de mis emociones, el oleaje de este lago, de este mar, de este océano del alma, querría verterlos en catarata en un único pequeño poema.”

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Etty Hillesum
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Pinceladas

Miércoles, 29 de junio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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“Se necesitan pocas palabras para decir algunas grandes cosas que importan en la vida. Si escribo algún día, querría trazar así algunas palabras a pinceladas sobre un gran fondo de silencio.”

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Etty Hillesum
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Confianza

Miércoles, 22 de junio de 2016

Del blog de la Communion Béthanie:

Tras las huellas vivas de Etty Hillesum

Mientras que nuestro mundo contemporáneo atraviese una crisis de sentido, una joven mujer judía puede ayudarnos a atravesar la prueba y a guardar la esperanza.

Del 1941 al 1943, en Amsterdam, Etty Hillesum mantiene un diario de una densidad excepcional. Consigna en 11 cuadernos las últimas experiencias de su vida. Este extraordinario documento es un verdadero testamento espiritual. Descubrimos allí su fe inquebrantable en el hombre al mismo tiempo que éste comte sus más negras fechorías durante la segunda guerra mundial. Etty Hillesum murió en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943 después de haber pasado los últimos meses de su vida en el campo de tránsito de Westerbork al servicio de sus hermanos judíos.

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“ Tengo en mí una confianza inmensa. No la certeza de ver la vida exterior marchar bien para mí, sino la de continuar aceptando la vida y encontrándola buena, hasta en los peores momentos.”

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Etty Hillesum
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