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“No os toca a vosotros conocer los tiempos…”

Sábado, 19 de septiembre de 2020

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Sé que el tiempo trabaja de por sí para la eternidad. Sé que el plan de Dios se realiza de todos modos y que Cristo se ha encarnado en la historia y nadie podrá suprimir esta encarnación jamás. Sé que el mismo mal coopera al bien… Dios es superior a Satanás… Mil años son menos que un día para la eternidad. Y nadie sabe lo que puede pasar mañana. Lo que no ha pasado en veinte siglos puede suceder tal vez esta noche o dentro de otros veinte siglos. «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder» (Hch 1,7). Pero eso no nos pertenece. Esto pertenece a Dios, y nosotros debemos actuar… Yo soy de hoy. Soy responsable de esta historia, del presente en el que he sido llamado a vivir.

«No les queda vino»: éste era el objetivo de toda mi vida religiosa. Conseguir cantar las nupcias cristianas; y volver a llevar a nuestros comedores a Jesús y a su madre; y convertir las lágrimas en cálices de alegría; y proveer por su mediación a nuestras consumibles ebriedades.

*

David M. Turoldo,
extractos de una entrevista

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El antiguo tiempo del mundo

Jueves, 21 de mayo de 2020

hombre_mirando_el_relojMari Paz López Santos
Madrid

ECLESALIA, 11/05/20.- Hace poco tiempo vivíamos de otra manera. De pronto, en un instante, que también es tiempo, todo cambió.

El tiempo se dio media vuelta y lo que era cotidiano dejó de serlo. Las urgencias del día a día pasaron a segundo plano y otras, desconocidas, se instalaron en primera línea de vida y transformaron el tiempo.

Hace 57 días con sus respectivas noches, contados hacia atrás desde el momento en que empiezo a escribir para hablar del tiempo, comenzamos a vivir sin proyectarlo, lo que jamás pensamos que pudiera suceder: un bicho infinitamente pequeño nos ha confinado en casa y ha trastocado el supuesto orden de vida normal, habitual y social a nivel mundial.

En aquel tiempo, antes de los últimos 57 días, hablábamos mucho del tiempo: “¡no tengo tiempo!”, “¡no me da tiempo!”, “¡si tuviera tiempo! Parece ser que habíamos perdido el control sobre nuestro tiempo.

Quizás nos habían robado el tiempo, pero hay que reconocer que tenemos una parte de la culpa: dejamos la puerta abierta de par en par para que entrara un ladrón que mide la realidad a precio de oro, realidad que es cada segundo de vida humano.

De pronto ha sucedido lo inesperado, lo imprevisto, lo inconcebible desde el punto de vista de quienes supuestamente teníamos todo controlado: el bicho invisible y sibilino llegó y se instaló en nuestra zona de confort y campa a su aire, a sus anchas, con una capacidad de contagio infinita. Ayudado por la capacidad de movimiento que tenemos en las sociedades occidentales.

El bicho es muy democrático. Le da igual un banquero que una persona que viva en la calle; no distingue categoría sociales, políticos, pobres, ricos, jóvenes, ancianos; salta fronteras como un atleta de élite, que se han ido cerrando a base de toses y estornudos.

Lo que no es tan democrático también lo ha dejado a la intemperie el bicho: no todos podemos vivir el encierro de la misma forma, porque no es lo mismo una amplia casa con espacio suficiente, que treinta metros cuadrados para una familia con tres niños pequeños, por poner un ejemplo. Tampoco es lo mismo seguir cobrando el sueldo haciendo tele-trabajo en casa, que quedándose sin trabajo en los primeros momentos de la pandemia. La vida, el tiempo… no es igual para todos y el bicho nos lo confirma.

Toma posesión de un territorio, nuestra zona de confort, que aplicando la imaginación podemos ver como un holograma en forma de etéreos círculos concéntricos, en perfecto orden desde el interior al exterior: ego, casa, trabajo, ciudad, país, mundo…

En menos tiempo que dura un telediario nos hemos sumergido en la realidad de un cambio radical del uso del tiempo y del espacio. Esto dicho con cierta elegancia, pero a las bravas: el bicho nos ha puesto la vida patas arriba y se nos ha plantado de frente a modo de espejo, retándonos con la frívola “pregunta-escudo” de quien no le interesa lo más mínimo la respuesta: ¿Todo bien?

Y ahora lo que hacemos o no, lo que hablamos o no, lo que sufrimos o más, lo que pensamos, soñamos, tememos o dejamos de lado, lo que compartimos o guardamos para tiempos mejores, creo que es una fuerza que hemos de almacenar con exquisito cuidado. Podrá llegar a ser energía positiva para cuando este tiempo ya no sea presente, y nos dispongamos a poner en pie una normalidad que no se parezca a la de antes. También nos ayudará a no olvidar lo vivido en estos 57 días y los que queden antes de deshacernos del bicho infinitamente pequeño e invisible.

Este tiempo de confinamiento nos muestra, a modo de gran puzzle, piezas de colores en forma de solidaridad, entrega, trabajo, dolor, sufrimiento, muerte, paciencia, empatía, creatividad, cariño, profesionalidad, acompañamiento, dignidad, amor y aplausos. Pero también piezas oscuras de egoísmo, rivalidad, mentiras, enfrentamiento, bulos, manipulación, etc.

El ahora ya Antiguo Tiempo del Mundo no permitía mucho tiempo para estar en familia, quedar con los amigos, cuidar de los mayores. Los modos y maneras de la normalidad del Antiguo Tiempo del Mundo inducían al consumo con demasiada reiteración; muchos no se cuestionaban los abusos hacia la Naturaleza, el deterioro del Planeta. En el Antiguo Tiempo del Mundo si el mercado financiero tenía un tropezón, los que lo pagaban siempre eran los de abajo que no entiende de este tipo de mercadeo. También la corrupción hacía mella en el Antiguo Tiempo del Mundo empobreciendo sectores sociales como la Sanidad, la Educación, la Ciencia y las Pensiones.

Si la salida de la crisis sanitaria por causa del coronavirus (nombre que me recuerda a la rana con corona del cuento), o COVID-19 que tiene nombre de robot de la Guerra de las Galaxias, desemboca en una crisis económica que vuelvan a pagar los mismos que la anterior (dos crisis en menos de 20 años), estamos en peligro.

“¡Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sensatez en nuestra cabeza!”, recuerdo aquí lo que dice el salmo (90,2), para que se bajen los humos. ¡Qué poco somos, qué poco tiempo vivimos y cuánto nos complicamos o nos dejamos complicar la vida.

Que cuando acabe esto, la sensatez y el sentido común sean el antídoto para dejar atrás el Antiguo Tiempo del Mundo. Y salgamos por ahí a comunicar que…

El tiempo del mundo*
no te permite espacios sagrados.

La prisa del mundo
acelera el organismo
ciega, bloquea, mata.

Los valores del mundo
desintegran el sentido
quieren que olvides el origen:

Nada se compra
nada se vende
todo se tiene.

Porque se es,
todo se siente
porque se está
… el principio.

Moverse en el mundo
sin ser del mundo.

Meterse en la vorágine
sin que te succione.

Que te duela el mundo
sin que rompa tu esperanza
… y luchar por volver
cada día a la fuente
al silencio, a la intimidad
a las profundas aguas
del amor y la amistad.

*

8 de mayo de 2020

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*”Entre el sueño y el no sueño“, Mari Paz López Santos, Esepé Ediciones, págs. 66-67

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

Espiritualidad ,

“Incluso a los enemigos”. 23 de febrero de 2020. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

Domingo, 23 de febrero de 2020

enemigosEs innegable que vivimos en una situación paradójica. «Mientras más aumenta la sensibilidad ante los derechos pisoteados o injusticias violentas, más crece el sentimiento de tener que recurrir a una violencia brutal o despiadada para llevar a cabo los profundos cambios que se anhelan». Así decía hace unos años, en su documento final, la Asamblea General de los Provinciales de la Compañía de Jesús.

No parece haber otro camino para resolver los problemas que el recurso a la violencia. No es extraño que las palabras de Jesús resuenen en nuestra sociedad como un grito ingenuo además de discordante: «Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen».

Y, sin embargo, quizá es la palabra que más necesitamos escuchar en estos momentos en que, sumidos en la perplejidad, no sabemos qué hacer en concreto para ir arrancando del mundo la violencia.

Alguien ha dicho que «los problemas que solo pueden resolverse con violencia deben ser planteados de nuevo» (F. Hacker). Y es precisamente aquí donde tiene mucho que aportar también hoy el evangelio de Jesús, no para ofrecer soluciones técnicas a los conflictos, pero sí para descubrirnos en qué actitud hemos de abordarlos.

Hay una convicción profunda en Jesús. Al mal no se le puede vencer a base de odio y violencia. Al mal se le vence solo con el bien. Como decía Martin Luther King, «el último defecto de la violencia es que genera una espiral descendente que destruye todo lo que engendra. En vez de disminuir el mal, lo aumenta».

Jesús no se detiene a precisar si, en alguna circunstancia concreta, la violencia puede ser legítima. Más bien nos invita a trabajar y luchar para que no lo sea nunca. Por eso es importante buscar siempre caminos que nos lleven hacia la fraternidad y no hacia el fratricidio.

Amar a los enemigos no significa tolerar las injusticias y retirarse cómodamente de la lucha contra el mal. Lo que Jesús ha visto con claridad es que no se lucha contra el mal cuando se destruye a las personas. Hay que combatir el mal, pero sin buscar la destrucción del adversario.

Pero no olvidemos algo importante. Esta llamada a renunciar a la violencia debe dirigirse no tanto a los débiles, que apenas tienen poder ni acceso alguno a la violencia destructora, sino sobre todo a quienes manejan el poder, el dinero o las armas, y pueden por ello oprimir violentamente a los más débiles e indefensos.

José Antonio Pagola

 

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En la plenitud del tiempo

Lunes, 30 de diciembre de 2019

Del blog de Henri Nouwen:

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“Jesús vino en la plenitud de los tiempos. Volverá en la plenitud de los tiempos. Donde Jesús, el Cristo, está, el tiempo llega a su plenitud. Muchas veces experimentamos nuestro tiempo como un vacío.Esperamos que mañana, la semana que viene, el próximo año o mes sucedan las cosas reales. Pero a veces también experimentamos la plenitud del tiempo. Es cuando nos parece que el tiempo se ha detenido; que el pasado, el presente y el futuro se vuelven uno; que todo está presente donde nosotros estamos; y que Dios, nosotros, todo lo que es, estamos reunidos en una unidad total. Ésta es la experiencia del tiempo de Dios”.

*

Henri Nouwen

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El tiempo como sacramento

Sábado, 3 de agosto de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Aun siendo monje, Merton compartió las vejaciones que a todos nos ocasiona el tiempo; sus diarios están repletos de confesiones del agotamiento que le producen el ritmo y los horarios, excesivamente exigentes y a menudo absurdos, del monasterio. Pero su gradual adaptación a la liturgia de las horas, los días y las estaciones se convirtió para él en una forma de sincronizar sus propios ritmos al de la gran rueda del tiempo que gira en el círculo sin fin del calendario cristiano. El tiempo se convirtió para él en un sacramento, un medio de encuentro con la divinidad que tenía lugar en ciclos temporales capaces de abrirle a los misterios sagrados de la vida y la muerte y que se expresaba en el gran círculo de la vida cristiana. Cuanto más profunda se hacía su vida espiritual, tanto más constataba que el tiempo no era un enemigo, sino más bien la instancia en la que Dios sale a nuestro encuentro. La cronología de la vida cristiana le permitía sintonizar con los sagrados comienzos del mundo; iluminaba para él la profunda evolución espiritual que, intermitentemente, se desplegaba de manera progresiva hacia un eschaton caracterizado por la misericordia, hacia un clímax de redención representado en el drama de la historia. A través de Cristo, el hombre nuevo, Merton se integró en esa corriente del tiempo que tiene su inicio en el profundo abismo de la eternidad de Dios y aprendió a buscar refugio, como en su fuente, en el Intemporal, cargada su alma de los dones recibidos en el tiempo”.

*

Kathleen Deignan
Introducción a EL LIBRO DE LAS HORAS
Thomas Merton

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Con el tiempo. Contra el tiempo

Jueves, 20 de junio de 2019

7bd8ddbe50845f21777e409614c4092aPedro Zabala
Logroño.

ECLESALIA, 07/06/19.- Resulta harto difícil definir el tiempo. Ya Agustín de Hipona decía que creía saber lo que era, pero que si se lo preguntaban lo ignoraba. Mas es un cuestión que afecta profundamente a los seres humanos. La idea que tengamos de él, determina nuestra visión de la realidad.

Puede decirse que a lo largo de la historia -al menos de la occidental- hay dos concepciones opuestas de él. Por un lado, la griega que lo ve como sin límite, de carácter circular. Implica un eterno retorno. En su mitología, estaba simbolizado en el dios Cronos, el cortador, que devoraba a su propios hijos. Uno de ellos, Zeus, acabó destronándolo y liberando a sus hermanos.

Pero existe otra concepción: la judía, heredada por el cristianismo. Es limitado, tuvo un principio con la creación y tendrá un final. Lineal e irreversible, está abierto a la redención salvadora.

En la Europa del Renacimiento y más aún con la Ilustración, resurgió la noción griega del tiempo. Se vuelve ilimitado con una idea-fuerza: el progreso. Se asienta en la arrogancia de la ciencia y en la implantación de un sistema económico, el capitalismo. Curiosamente este tiempo es masculino y patriarcal.

En su avance imparable ese desarrollo produce sus víctimas, sacrificadas fríamente en ese altar del tiempo que consagra el triunfo de los fuertes y el hundimiento de los débiles.

El progreso sin límites de esta cosmovisión se ha acentuado con el neoliberalismo y la globalización. Con el resultado de una aceleración del tiempo, cada vez más frenética. Conseguir lo que nos proponemos al instante de desearlo, nos lo presentan como el culmen de la felicidad. El instante fugaz destruye el pasado, colapsa el futuro y aniquila cualquier intento de encontrar un sentido a la vida.

En la visión judeocristiana del tiempo está muy presente la existencia del mal, no sólo el físico, sino, sobre todo, el causado por unos seres humanos contra otros. De ahí la importancia de la Memoria: el recuerdo de esas víctimas inocentes -pasadas y presentes- que claman justicia.

De esa memoria subversiva brota la ética, en sus dos vertientes, la  del cuidado y  la de la lucha por una sociedad justa. No puede haber reconciliación sin justicia (¿No deriva de ahí la trampa de la transición española y de otras similares?) Restaurar, a través de esa Memoria, la dignidad de tantas víctimas es un deber inexcusable.

Sólo así podemos rescatar el tiempo de esa urgencia devoradora, de su sometimiento al cálculo económico. Nos roban el tiempo en este sistema depredador. Hemos de reconquistarlo para nosotros y las futuras generaciones. Descubrir el placer sin prisas de la contemplación, sea de la naturaleza, del arte, de la meditación, del mirar y escuchar a las personas amadas. ¿No supone esta noción alternativa del tiempo una perspectiva femenina?

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Gonzalo Haya: Mantener el paradigma del tiempo.

Miércoles, 29 de mayo de 2019

el-camino-del-heroe-emprendedorDos paradigmas contrapuestos

Nuestra cultura se ha desarrollado con el paradigma del tiempo progresivo: la vida que avanza desde el nacimiento hasta la muerte, el mundo que se expande desde el Big Bang, la Historia que progresa desde el homo sapiens. Es un paradigma compenetrado con nuestra cultura y por eso tan imperceptible como el oxígeno que respiramos.

Sin embargo no es el único paradigma posible. La cultura oriental se ha desarrollado con el paradigma de un tiempo cíclico: la naturaleza que gira en la rueda de las cuatro estaciones, el grano de trigo que crece como espiga y vuelve a la tierra para morir y resucitar, la reencarnación.

Este monótono girar produce una actitud más estática y contemplativa que se contrapone con la actitud occidental de esfuerzo y progreso.

Actualmente nuestra cultura siente el desencanto del progreso: Auschwitz, bomba atómica, estadísticas de pobreza y malaria… Quizás este desencanto nos esté inclinando hacia un paradigma más estático y resignado.

La no-dualidad

Una muestra de esta tendencia puede ser la conocida como teoría de la no-dualidad. La realidad es una; la variedad del mundo es una creación de nuestro cerebro, del falso yo. Esta realidad única no está sometida al espacio ni al tiempo. Es inmutable y perfecta en sí misma.

Esto contradice nuestra experiencia diaria, pero hay que reconocer que los místicos de todas las religiones son los que mejor han percibido esta unión e identificación con la realidad única. Rumi, místico sufi, vivió de tal modo esta identificación de todas las cosas con dios que llegó a afirmar “Yo soy dios”. Los místicos cristianos, siempre vigilados por la ortodoxia, simbolizaron esta identificación en la unión conyugal (pero no olvidemos que la Biblia reconoce esta unión como “serán los dos una sola carne”).

Una consecuencia positiva de esta deriva más estática puede ser la superación de la angustia, la paz interior, la valoración de una plenitud humana, inmune a los impactos adversos o favorables del mundo exterior.

Una consecuencia negativa, ética y humanamente, de esa satisfacción con nuestra plenitud interior puede ser el egoísmo del aislamiento respecto al prójimo, y muy en particular una negligencia respecto a nuestra responsabilidad por el masivo sufrimiento humano.

En el plano teórico, quizás vivimos un replanteamento del viejo problema filosófico del  uno y lo múltiple -”no puedes bañarte dos veces en el mismo río”– de la idea platónica y las sombras de la caverna. ¿Platón o Aristóteles? ¿La plenitud de la Idea que se diversifica en la multiplicidad de sus imágenes? ¿O las realidades materiales de las que abstraemos conceptos universales como naturaleza, justicia o amor?

Racionalmente no podemos coordinar estas dos interpretaciones de nuestro mundo, unidad y pluralidad, pero vitalmente ambas son auténticas. Nuestra mente racional, al menos en su estadio evolutivo actual, es incapaz de coordinar estas dos interpretaciones extremas; pero nuestro conocimiento sensitivo, al menos en sus estadios más avanzados, sí es capaz de coordinarlos. Lo propuso expresamente Nicolás de Cusa en su “Concordantia oppositorum”, y lo han confirmado los místicos de todos los tiempos y lugares.

El Budismo también ha sabido combinar estos dos conceptos. Para evitar el sufrimiento, recomienda suprimir todo deseo, pero al final se caracteriza por la compasión, por compartir el sufrimiento ajeno. No hay consecuencia lógica entre la propuesta inicial y el resultado final, que tanto lo honra; más parece una contradicción. La consecuencia no está en la lógica sino en la naturaleza de la realidad última: al suprimir los egoísmos, renace espontáneamente la solidaridad humana.

Conclusión

Me vienen a la mente los versos de Machado: “Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre el mar”. La intuición poética de Machado ha sabido coordinar dos afirmaciones contrarias: Es verdad que “todo pasa” –todo es efímero- pero también es verdad que “todo queda”, todo es plenitud permanente.

“Pero lo nuestro es pasar”, lo que nosotros vivimos y sentimos es “pasar”, es lo efímero, ya sean momentos de plenitud o períodos de opresiva esclavitud. Adoptemos en buena hora nuestra identificación esencial con el-la-lo trascendente; pero “lo nuestro”, nuestro cometido no es recrearnos en esa plenitud sino mantener la sensibilidad con la multiplicidad progresiva de lo temporal.

Gocemos “ya” de nuestra plenitud; “pero todavía no” podemos aflojar en nuestro compromiso temporal por un mundo más justo.

Gonzalo Haya

Fuente Fe Adulta

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Adviento 2018: Busca tiempo para Dios.

Miércoles, 5 de diciembre de 2018

Del blog de Amigos de Thomas Merton:

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“¡Arriba, tú, hombrezuelo! ¡Huye un poco de tus ocupaciones! Entra un instante en ti mismo, apartándote del tumulto de tus pensamientos. Arroja lejos de ti las preocupaciones que te agobian y aparta de ti las inquietudes que te oprimen. Búscate tiempo para Dios y descansa. Habla con Dios y dile con todas tus fuerzas: “Quiero, oh Señor, buscar tu rostro” (salmo 27,8). Señor mío y Dios mío, enseña a mi corazón dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo puedo encontrarte”.

*

San Anselmo

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El tiempo, tribunal de la Historia

Sábado, 3 de marzo de 2018

9788498797299Del blog de José Mª Castillo Teología sin censura:

El libro más reciente de Reyes Mate
José M. Castillo

Editado con el garantizado nivel y distinción, que le caracteriza, Edit. Trotta ha publicado el excelente estudio del profesor de investigación emérito del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Manuel Reyes Mate, El Tiempo, Tribunal de la Historia.

Un libro que da que pensar. Y que obliga a pensar. Cuando la Informática nos está maleducando a casi todos, a “copiar” y “pegar”, liberándonos así de la incómoda tarea de “pensar” y “producir”, desde la propia originalidad y creatividad, Reyes Mate nos enfrenta, una vez más, al problema de la víctimas, al que no podemos ni mirar desde lejos, si es que nos empeñamos en mantenernos impasibles, firmes siempre en la más segura ortodoxia dogmática, que lleva derechamente a “la teología fascinada por la intemporalidad” (Johann B. Metz). Sin darnos cuenta nunca que así podemos quedar anclados en la verdad más incuestionable. Pero una verdad que, a fin de cuentas, no cambia nada, ni a nadie, en este mundo tan desbocado como canalla.

Tan no ha cambiado nada y tan intocable verdad dogmática se mantiene tan inamovible, que una clase magistral de teología o un sencillo sermón de aldea pueden ser, en su contenido, exactamente iguales si se enseñaron o predicaron en el siglo XIX que si se enseñan o predican en el siglo XXI. La ortodoxia se mantiene tan intacta, como ausente se mantiene el interés de los oyentes por poner en práctica lo que pacientemente están escuchando. Lo que importa es la verdad, el dogma, la norma. Lo que le haya pasado a la gente o lo estén soportando los más desgraciados de este mundo, eso no afecta a la ortodoxia o al dogma. Lo que fue verdad en el concilio de Nicea, sigue siendo verdad (la misma verdad) en este momento. Lo demás, pasa a un segundo plano. El “Tribunal de la Historia” no tiene nada que decir. Podemos estar tranquilos.

Con razón, Reyes Mate nos hace caer en la cuenta de que hemos conseguido institucionalizar la memoria del Holocausto, hay museos que lo conservan, monumentos que lo eternizan, películas y obras de teatro que lo tematizan. Y hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas tiene fijado un día, el 27 de enero de cada año, para conmemorar a las víctimas del Holocausto. Está en el calendario y en los libros de historia, pero no ha conformado nuestro tiempo. Seguimos viviendo como si nada hubiera ocurrido porque no se nos pasa por la imaginación que aquello sea una línea divisoria, ni que haya un antes y un después. A nadie se le ocurre decir que habría que leer hoy a Aristóteles o Kant de una manera diferente a como se les leía antes. Es verdad que algo de eso dijeron en el campo de muerte algunos, como Tadeusz Borowski o Etty Hillesum, pero eran exageraciones debido a lo excepcional de su experiencia. Para que eso hubiera sido posible, tendríamos que haber tomado en serio el nuevo imperativo categórico, a saber, pensar de otra forma todo lo que nos constituye como sujetos y como comunidad; pensar de otra manera la política, la ética, el derecho, la religión, el arte… ¿Es eso posible? Siendo los mismos ¿podemos pensar diferente?”

El tiempo que ha ido transcurriendo, desde los primeros escritos del apóstol Pablo, en los años 40 del siglo primero, hasta los documentos y predicaciones del actual papa Francisco, ya en pleno siglo XXI, han transcurrido casi dos mil años. Demasiados años, marcados por demasiadas crueldades inhumanas. Después de tantos sufrimientos y de tantas víctimas, en gran medida y efectivamente seguimos “siendo los mismos”. Pero, siendo los mismos, “¿podemos pensar diferente?”. Que es tanto como preguntarse ¿podemos ser distintos?

Si realmente “el tiempo” es el “tribunal de la historia”, no cabe duda que los pensadores más cualificados de casi dos mil años han sido componentes determinantes de esta larga historia. Tiene razón Reyes Mate cuando nos informa de la importante aportación de pensadores decisivos, como han sido los testigos cualificados del más primitivo “tiempo apocalíptico”, pasando por las marcas, que dejaron en la historia de Occidente, quienes contagiaron nuestra cultura con las inconfundibles señales del “tiempo gnóstico”, esté o no esté presente en las cartas de Pablo (o quizá desde Marción). Con la marca decisiva que dejó san Agustín, en el libro de Reyes Mate llamada queda destacada la aportación que dejó a la modernidad, más que la Ilustración como tal, el pensamiento fuerte de algunos de los representantes más cualificados de la llamada escuela de Frankfurt, desde Walter Benjamin hasta Habermas.

Esto supuesto, cabe preguntarse ¿tenemos con lo dicho el veredicto del “tribunal de la historia” que el tiempo pasado nos ha dejado, para hacernos una idea de lo que está ocurriendo ahora mismo en el mundo? El libro que estoy presentando nos recuerda, al final, lo que el viejo revolucionario, Herbert Marcuse, en el lecho de muerte, le susurró al joven Habermas: “¿Sabes? Ya sé dónde se originan nuestros juicios de valor más básicos: en la compasión, en nuestro sentido del sufrimiento de los demás”. No le faltaba razón a Bonhoeffer “para quien solo viviendo a fondo esta vida, podemos asomarnos al más allá de la muerte”. El “tiempo”, el “tribunal de la historia”, “dixit”.

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El Evangelio, roca firme y refugio.

Domingo, 26 de febrero de 2017

solidaridad3La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo” (Sófocles)

26 febrero, VIII domingo de TO

Mt 6, 24-34

¿Por qué os angustiáis por el vestido? Mirad cómo crecen los lirios silvestres, sin trabajar ni hilar. Os aseguro que ni Salomón con todo su fasto, se vistió como uno de ellos

El Papa Francisco celebró el pasado 17 de diciembre su 80 cumpleaños. Uno de sus actos más significativos fue la invitación a desayunar a ocho mendigos de diversas nacionalidades –dos mujeres y seis hombres- en su residencia vaticana, la Casa Santa Marta. Luego charló con ellos y les ofreció dulces argentinos. Y en la homilía de la misa del gallo quiso poner énfasis en este otro acto de sensibilidad humana hacia los más necesitados: “Dejémonos interpelar por los niños a los que no se les deja nacer, a los que lloran porque nadie les sacia su hambre, por los que no tienen en sus manos juguetes, sino armas”.

Como Jesús hace veinte siglos y como el Papa hoy, Ana Villanueva Velasco, hija de un personal amigo que, igual que tantos otros, dedica su vida a abrir esperanzas y cumplir deseos de mejor fortuna. Ana constituyó una ONGD en Calcuta (2009), donde Teresa consumió y consumó su proyecto vital. El estado indio de Bengala Occidental se ha hecho cargo recientemente de esta Asociación: una escuela para 130 niños a los que proporcionaba educación, sanidad y alimentación y apoyo diverso a las familias. En abril de 2016 trasladó su obra a Nepal, donde trabaja en la reconstrucción de una escuela en el pueblo de Nala que quedó derruida tras los seísmos de 2015. Apoya a esta escuela mes a mes y ofrece un plato de comida diario a los 170 niños que acuden a ella. Entre sus valores destaca el siguiente: “Creemos en el amor como motor que mueve el mundo en que todos podemos poner nuestro granito de arena para hacer de él un lugar mejor y más equilibrado”.

Con motivo de la guerra de Siria hemos recibido esta otra muestra de Los Hermanos Azules de Alepo: “Las cestas de alimentos se distribuyen sin interrupción todos los meses. Con ocasión de las diferentes fiestas (Al Adha y Nöel), también hemos distribuido zapatos y ropas a todos los adultos y a todos los niños de los que nos ocupamos. Nuestro proyecto “gota de leche”: consiste en distribuir a todos los niños menores de 10 años leche en polvo o leche para lactantes. Respondemos positivamente a cualquier petición de ayuda para un alquiler. Nuestro proyecto abarca, en su totalidad, a más de cien familias desplazadas”.

Estos son los lirios silvestres con los que estos héroes y heroínas trabajan e hilan para que los menesterosos, a los que tan generosa y desinteresadamente asisten, puedan vestir mejor que el fastuoso Salomón. Es la película musical La ciudad de los sueños dirigida por Damien Chacelle (USA 2016), en la que, contrariamente a lo que hacen sus dos jóvenes soñadores, luchan por perseguir sus sueños en una ciudad conocida por “construir” esperanzas “sin” romper corazones.

Sin romperlos, pero permitiendo que el Señor ilumine lo oculto en las tinieblas y descubra las intenciones del corazón, como dice San Pablo en su primera a los Corintios 4, 5. El Salmista nos lo garantiza cuando le pide a Dios que le lleve a una roca inaccesible y siga siendo su refugio, su bastión frente al enemigo (Sal 61).

Sófocles (498-406 aC), poeta trágico griego, nos señaló nuestro mejor propósito en la vida: “La obra humana más bella es la de ser útil al prójimo.

LOS DESATRES DE LA GUERRA

Hoy lloran los luceros

amargas lágrimas

que dan

lugar a un río.

Arrasados los campos.

La ciudad está muerta

para siempre.

Sus habitantes, desaparecidos.

La vida es un desierto.

Sólo el dolor florece.

Y la brillante Cruz del Sur

hace la vela a tanto muerto.

¿Por qué, porqué y porqué?

¿Alguien sensato me puede dar respuesta?

(………………….)

Mis manos son raíces

ajetreadas en dar reposo al árbol

que yace mutilado

en el lindero.

Tu eres sangre cuajada del camino.

Y yo… el sepulturero.

(EN HIERRO Y EN PALABRAS. Ediciones Feadulta)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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“Una llamada escandalosa”. 23 de febrero de 2014. 7 Tiempo ordinario (A). Mateo 5, 38-48.

Domingo, 19 de febrero de 2017

enemigosLa llamada al amor es siempre seductora. Seguramente, muchos acogían con agrado la llamada de Jesús a amar a Dios y al prójimo. Era la mejor síntesis de la Ley. Pero lo que no podían imaginar es que un día les hablara de amar a los enemigos.

Sin embargo, Jesús lo hizo. Sin respaldo alguno de la tradición bíblica, distanciándose de los salmos de venganza que alimentaban la oración de su pueblo, enfrentándose al clima general de odio que se respiraba en su entorno, proclamó con claridad absoluta su llamada: “Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os aborrecen y rezad por los que os calumnian”.

Su lenguaje es escandaloso y sorprendente, pero totalmente coherente con su experiencia de Dios. El Padre no es violento: ama incluso a sus enemigos, no busca la destrucción de nadie. Su grandeza no consiste en vengarse sino en amar incondicionalmente a todos. Quien se sienta hijo de ese Dios, no introducirá en el mundo odio ni destrucción de nadie.

El amor al enemigo no es una enseñanza secundaria de Jesús, dirigida a personas llamadas a una perfección heroica. Su llamada quiere introducir en la historia una actitud nueva ante el enemigo porque quiere eliminar en el mundo el odio y la violencia destructora. Quien se parezca a Dios no alimentará el odio contra nadie, buscará el bien de todos incluso de sus enemigos.

Cuando Jesús habla del amor al enemigo, no está pidiendo que alimentemos en nosotros sentimientos de afecto, simpatía o cariño hacia quien nos hace mal. El enemigo sigue siendo alguien del que podemos esperar daño, y difícilmente pueden cambiar los sentimientos de nuestro corazón.

Amar al enemigo significa, antes que nada, no hacerle mal, no buscar ni desear hacerle daño. No hemos de extrañarnos si no sentimos amor alguno hacia él. Es natural que nos sintamos heridos o humillados. Nos hemos de preocupar cuando seguimos alimentando el odio y la sed de venganza.

Pero no se trata solo de no hacerle mal. Podemos dar más pasos hasta estar incluso dispuestos a hacerle el bien si lo encontramos necesitado. No hemos de olvidar que somos más humanos cuando perdonamos que cuando nos vengamos alegrándonos de su desgracia.

El perdón sincero al enemigo no es fácil. En algunas circunstancias a la persona se le puede hacer en aquel momento prácticamente imposible liberarse del rechazo, el odio o la sed de venganza. No hemos de juzgar a nadie desde fuera. Solo Dios nos comprende y perdona de manera incondicional, incluso cuando no somos capaces de perdonar.

José Antonio Pagola

Audición del comentario

Marina Ibarlucea

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Tiempo de giro

Jueves, 15 de diciembre de 2016

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Pienso que lo que debo aprender es una tolerancia y una comprensión casi infinitas, porque el pensamiento negativo no lleva a ninguna parte.

Estoy empezando a pensar que en nuestro tiempo no vamos a rectificar casi nada ni vamos a llegar a ningún sitio.

Pero si podemos preparar realmente un suelo compasivo y receptivo para el futuro, habremos hecho un gran trabajo.

Siento que al menos este es el giro que debería tomar mi vida.”

*

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Thomas Merton

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¿Tiempo ordinario?

Viernes, 24 de junio de 2016

Del blog Amigos de Thomas Merton:a_5

“Mi padre murió con veintitrés años de edad, cuando yo no tenía más que tres. Mi pequeña persona sólo heredó una pequeña cosa de él: un librito de oraciones que guardaba en su interior una estampa con un poema impreso ribeteado en negro. Lo memoricé en cuanto aprendí a leer. Decía:

No tengo más que un minuto,
sólo sesenta segundos
me veo obligado
no puedo rechazarlo,
no lo he buscado,
no lo he elegido,
pero sufriré si lo pierdo…

A medida que pasaban los años, aquellos versos se me iban yendo de la memoria; su filosofía perdía su encanto. Entonces me hice mayor, maduré y descubrí unas cuantas cosas:

El tiempo es la base, el eje, el elemento de cohesión y la gloria de la vida. Pero no es simple. El tiempo ordinario es el período litúrgico más largo de todos. Es un tiempo en el que la vida transcurre a su lento y monótono modo, predecible hasta en lo más mínimo. Más de lo mismo. Misma rutina y misma rutina. Semana tras semana, mes tras mes. Los trayectos entre la casa y el trabajo, el papeleo, las tareas domésticas y el llevar a los niños al colegio nos devoran día tras día con entumecedora regularidad. Y, sin embargo, es en el tiempo «ordinario» en el que ocurren las cosas verdaderamente importantes: nuestros hijos crecen, nuestro matrimonio y nuestras relaciones maduran, nuestro sentido de la vida cambia, nuestra visión se amplía, y nuestra alma llega a su sazón.

Sin lugar a dudas, la oración de la estampa tenía razón: perder la gloria de la vida ordinaria es sufrir la pérdida de la mayor parte de la vida.

Sólo cuenta realmente lo que aprendemos mientras hacemos lo que parece ser pura rutina: cómo resistir, cómo producir, cómo hacer rica la vida en sus momentos más mudos. «Hay más verdades en veinticuatro horas -decía Raoul Vaneigem- que en todas las filosofías».

Únicamente lo ordinario hace especial lo especial. Atiborrarse de especialidad es perder todo sentido de lo excepcional de la vida.

El tiempo ordinario es el mentor de todos nosotros. «Un oficinista de correos -decía Camus- es comparable a un conquistador, si ambos tienen en común la consciencia». Quienes, allí donde están, miran y pueden ver lo que están mirando,son los que hacen extraordinario el tiempo ordinario.

Lo ordinario es lo que nos revela, poco a poco, milímetro a milímetro, «la santidad de la vida, ante la cual -como dijo Dag Hammarskjóld- nos inclinamos en reverente adoración».

Espera pacientemente esas interrupciones de lo ordinario que nos revelan el verdadero núcleo de la condición humana: vida, muerte, cambio.

Es importante entender la diferencia entre estabilidad e intransigencia. La estabilidad nos enraíza en un pasado que, como la buena tierra, nutre lo que está creciendo. La intransigencia, en cambio, nos enraíza en un pasado que se ha petrificado para no tener que crecer en absoluto.

«El despotismo de la costumbre -decía el filósofo John Stuart Mill- es en todas partes una barrera estática contra el avance humano». Considera, pues, como una mala señal cuando te sorprendas a ti mismo arguyendo que ‘siempre se ha hecho así’

Nunca confundas lo ordinario con lo simple, lo estático o lo aburrido. Vivir una vida ordinaria puede perfectamente ser algo muy complicado. Se requiere un gran talento para hacer una gran vida de una vida rutinaria.

Queremos que la vida sea apasionante cuando, de hecho, la vida no es más que vida. Deseamos que lo espiritual sea místico, en lugar de ser real. Para el verdadero místico, el paso de las estaciones nunca es una banalidad. Es la repetición lo que, por fin, abre nuestros ojos a Dios donde Dios ha estado siempre: justamente delante de nuestros ojos.

«Vivir -decía Antoine de Saint-Exupéry- es nacer lentamente». El hecho es que llegar a estar plenamente vivo lleva toda una vida. Hay en todos nosotros tanto que nunca hemos tocado, tanta belleza en la que estamos inmersos y que pasamos por alto… La consciencia es lo que eleva lo ordinario al nivel de lo sublime.

La vida, por definición, es cálida y palpitante. La vida, por definición, habla de Dios.”

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Joan Chittister.
Escuchar con el corazón.

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El tiempo eterno de Dios

Miércoles, 2 de diciembre de 2015

Del blog de Henry Nouwen:

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“Después de la muerte no hay otro ‘después‘. Palabras como después o antes pertenecen a nuestra condición mortal, a nuestra vida temporal y espacial. La muerte nos libera de las limitaciones cronológicas y nos transporta al ‘tiempo‘ de Dios, que es eterno. Las especulaciones sobre la vida después de la muerte no son por tanto más que eso, especulaciones. Después de la muerte no hay ‘primeramente’ ni ‘más tarde’, no hay ‘aquí’o ‘allá, ni pasado, presente o futuro. Dios lo es todo en todos. El fin de los tiempos, la resurrección y la nueva venida gloriosa de Jesús no están separados en el tiempo para aquellos que no están ya en el tiempo.

Para nosotros, que vivimos aún en el tiempo, resulta importante que no actuemos como si la nueva vida en Cristo fuera algo que podemos comprender o explicar. La mente y el corazón de Dios son infinitamente superiores a los nuestros.

Cuanto se nos pide es confianza.”

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Henry Nouwen

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Ayudarse a sí mismo

Miércoles, 11 de noviembre de 2015

Del blog Pays de Zabulon:

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Ayudarse a sí mismo

Cómo detener el tiempo: abrazar.

Cómo viajar en el tiempo: leer.

Cómo escapar del tiempo: la música.

Cómo sentir el tiempo: escribir.

Cómo liberar del tiempo: respirar.

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Matt Haig, Reasons to Stay Alive (Razones para estar vivo)

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Fuente fotografías : unrealray13 y fineartamerica
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¿Cómo cura el tiempo?

Miércoles, 19 de agosto de 2015

Del blog de Henri Nouwen:

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“La gente dice ‘el tiempo todo lo cura’ lo cual no es cierto en el sentido de que algún día nos olvidaremos de las heridas que nos infligieron y que seguiremos viviendo como si nada hubiera pasado. Esto no es realmente curar, sino simplemente ignorar la realidad. Pero cuando la expresión ‘el tiempo todo lo cura’ significa que la fidelidad en una relación difícil puede llevarnos a comprender más profundamente que nos hemos causado mutuas heridas, entonces es muy cierta.

‘El tiempo todo lo cura’ no implica esperar pasivamente, sino más bien trabajar con nuestro dolor y confiar en la posibilidad del perdón y la reconciliación.”

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Henri Nouwen

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Consejo…

Miércoles, 5 de agosto de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“¡Tiempo de sobra!

¡Tiempo de sobra!

No te desnuques para hacer cosas

antes de que la próxima cosa ocurra.”

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Thomas Merton

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(Fotografía en color de Jim Ferringer)

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“Tiempo para todo”, por Gema Juan, OCD

Miércoles, 5 de agosto de 2015

20124888145_cf884c4699_mDe su blog Juntos Andemos:

La sabia palabra del libro del Eclesiastés dice: «Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol». Como si se hiciera eco de esa palabra, Teresa de Jesús escribía a su gran amigo Antonio Gaytán diciéndole: «Sepa que como en este mundo hay tiempos diferentes, así en el interior, y no es posible menos… y vaya mirando a lo que le inclina más su espíritu». Hay tiempos diferentes… y tiempo para todo.

Teresa había experimentado la prisa y la calma, los agobios de los mil asuntos de la vida y el descanso de la amistad, tanto la divina como la humana. Conocía los humores que zarandean a los seres humanos y lo que el cansancio puede hacer en un buen espíritu, agostándolo y haciéndolo tambalear.

También había disfrutado el regalo de la naturaleza y en el Libro de la Vida decía: «Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me despertaban y recogían y servían de libro».

No solo le acercaban a Dios todas esas cosas, sino que entendía que son un descanso para el cuerpo y el alma. Por eso, ponía mucho interés en que las casas que iba fundando tuvieran huerta y buenas vistas, porque –decía– «para nuestra manera de vivir es gran negocio». Y así, tratando de la casa en la que convenía estar en Sevilla, escribía a su querida María de San José: «Siempre advierta que es menester vistas más que estar en buen puesto, y huerta si pudieren».

Inclinada a la discreción y enemiga de los excesos, dirá a Gracián, su descalzo más protegido, en un momento en que se le iba la mano en esfuerzos y penitencias: «Yo digo, mi padre, que será bien que vuestra paternidad duerma. Mire que tiene mucho trabajo, y no se siente la flaqueza hasta estar de manera la cabeza que no se puede remediar, y ya ve lo que importa su salud». Así de sabia y humana era.

En la misma línea, decía a su hermano Lorenzo: «No piense le hace Dios poca merced en dormir tan bien, que sepa es muy grande; y torno a decir que no procure que se le quite el sueño, que ya no es tiempo de eso».

Teresa era poco amiga de las ñoñerías y le disgustaba que había quienes pensaban que «todo nos ha de matar y quitar la salud» y con esa excusa dejaban de esforzase en el amor y el servicio. Por eso avisaba de la necesidad de «vencer estos corpezuelos» para que no lleven las riendas de la vida.

Pero sabía que muchas dificultades venían, sencillamente, de «indisposición corporal (y de) las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores». Por eso, era contraria a forzar a las personas, porque eso solo provoca desazón, un «afligimiento –decía– que no sirve de más de inquietar el alma».

Invitaba a la creatividad, a la amplitud de miras y a buscar modos de estar con Dios, cuando no se puede orar, por cansancio u otros motivos: «Sirva entonces al cuerpo por amor de Dios, porque otras veces muchas sirva él al alma, y tome algunos pasatiempos santos de conversaciones que lo sean, o irse al campo».

Teresa animaba a descubrir la propia disposición y lo necesario en cada ocasión, y a comprender que «en todo se sirve Dios», cuando se entra en el camino del amor. Por eso, añadía: «Suave es su yugo, y es gran negocio no traer el alma arrastrada, como dicen, sino llevarla con suavidad para su mayor aprovechamiento».

Dar descanso al cuerpo y al alma, porque el corazón también necesita solaz. A la misma María de San José, por ejemplo le decía: «Para descansar de otras ocupaciones cansosas sería bien vuestra merced no dejase de escribirme alguna vez, que cierto cuando veo su letra me es gran merced y alivio».

«Hay tiempos diferentes» y ya que –como decía a su hermano Lorenzo– «siempre suele Dios traer tiempos para cumplir los buenos deseos», hay que saber vivir el descanso.

Recrearse con la naturaleza y en soledad, como le escribía en otra carta, desde Toledo: «Tengo una celdilla muy linda, que cae al huerto una ventana, y muy apartada». Y recrearse con los buenos amigos que, a veces, cuidan mejor que uno mismo, como decía a Gracián: «Dios me libre de mí, que tan poco caso hago de mi descanso. Plega al Señor me dé alguno en que pueda yo descansar mi alma, muy despacio con vuestra paternidad».

Todavía, por si acaso no hay ventanas con vistas, ni espacios más amables ni tiempos largos de descanso, Teresa invitará a descansar en lo profundo, donde habita Dios, y dirá: «Os será consuelo deleitaros en este castillo interior… podéis entrar y pasearos por él a cualquier hora».

Y en una de sus Cuentas de Conciencia, describe el mejor descanso: «Me vino un recogimiento con una luz tan grande interior que me parece estaba en otro mundo, y hallóse el espíritu dentro de sí en una floresta y huerto muy deleitoso tanto, que me hizo acordar de lo que se dice en los Cantares: Veniat dilectus meus in hortum suum».

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Ser uno mismo

Sábado, 1 de agosto de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Tómese un poco más de tiempo

para ser usted misma

y encontrará sigilosamente,

oscuramente,

a Cristo”.

*

Thomas Merton

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Serás feliz si…

Viernes, 17 de abril de 2015

Tiempo

“No pretendas que las cosas ocurran como tu quieres.

Desea, más bien,

que se produzcan tal como se producen,

y serás feliz.”

*

Epicteto de Frigia

(Del blog Lo que me gusta y no me gusta)

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