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Leonardo Boff: “El coronavirus es el perfecto desastre para el capitalismo del desastre”

Miércoles, 1 de abril de 2020

20501122-doctor-atractivo-con-los-brazos-cruzados-de-pie-en-frente-de-equipo-médico-atendiendo-a-un-paciente“Lo que nos podrá salvar ahora no son las empresas privadas sino el Estado”

“Macron ha reconocido que lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado”

“Todavía más contundente fue la periodista Naomi Klein, una de las más perspicaces críticas del sistema-mundo”

“No basta la hiperinformación ni los llamamientos por todos los medios de comunicación. No nos mueven al cambio de comportamiento exigido”

La pandemia actual del coronavirus representa una oportunidad única para que repensemos nuestro modo de habitar la Casa Común, la forma como producimos, consumimos y nos relacionamos con la naturaleza. Ha llegado la hora de cuestionar las virtudes del orden capitalista: la acumulación ilimitada, la competición, el individualismo, el consumismo, el despilfarro, la indiferencia frente a la miseria de millones de personas, la reducción del Estado y la exaltación del lema de Wallstreet: “greed is good” (la avaricia es buena). Todo esto se ha puesto en jaque ahora. Aquel ya no puede continuar.

Lo que nos podrá salvar ahora no son las empresas privadas sino el Estado con sus políticas sanitarias generales, atacado siempre por el sistema del mercado “libre”, y serán las virtudes del nuevo paradigma, defendidas por muchos y por mí, el cuidado, la solidaridad social, la corresponsabilidad y la compasión.

El primero en ver la urgencia de este cambio ha sido el presidente francés, neoliberal y proveniente del mundo de las finanzas, E. Macron. Lo dijo bien claro: “Queridos compatriotas, “Mañana tendremos tiempo de sacar lecciones del momento que atravesamos, cuestionar el modelo de desarrollo que nuestro mundo escogió hace décadas y que muestra sus fallos a la luz del día, cuestionar las debilidades de nuestras democracias. Lo que revela esta pandemia es que la salud gratuita, sin condiciones de ingresos, de historia personal o de profesión, y nuestro Estado de Bienestar Social no son costes o cargas sino bienes preciosos, unos beneficios indispensables cuando el destino llama a la puerta. Lo que esta pandemia revela es que existen bienes y servicios que deben quedar fuera de las leyes del mercado.

Aquí se muestra la plena conciencia de que una economía sólo de mercado, que mercantiliza todo, y su expresión política, el neoliberalismo, son maléficas para la sociedad y para el futuro de la vida.

Todavía más contundente fue la periodista Naomi Klein, una de las más perspicaces críticas del sistema-mundo, que sirve de título a este artículo: “El coronavirus es el perfecto desastre para el capitalismo del desastre”. Esta pandemia ha producido el colapso del mercado de valores (bolsas), el corazón de este sistema especulativo, individualista y anti-vida, como lo llama el Papa Francisco. Este sistema viola la ley más universal del cosmos, de la naturaleza y del ser humano: la interdependencia de todos con todos; que no existe ningún ser, mucho menos nosotros los humanos, como una isla desconectada de todo lo demás. Más aún: no reconoce que somos parte de la naturaleza y que la Tierra no nos pertenece para explotarla a nuestro antojo; nosotros pertenecemos a la Tierra. En la visión de los mejores cosmólogos y astronautas que ven la unidad de la Tierra y la humanidad, somos esa parte de la Tierra que siente, piensa, ama, cuida y venera. Sobreexplotando la naturaleza y la Tierra como se está haciendo en todo el mundo, nos perjudicamos a nosotros mismos y nos exponemos a las reacciones e incluso a los castigos que ella nos imponga. Es madre generosa, pero puede rebelarse y enviarnos un virus devastador.

Sostengo la tesis de que esta pandemia no puede combatirse solo con medios económicos y sanitarios, siempre indispensables. Exige otra relación con la naturaleza y la Tierra. Si después que la crisis haya pasado no hacemos los cambios necesarios, la próxima vez podrá ser la última, ya que nos convertiremos en enemigos acérrimos de la Tierra. Y puede que ella ya no nos quiera aquí.

“Cuidar a quien nos cuida para minimizar los males de este terrible asalto a la vida humana”

El informe del profesor Neil Ferguson del Imperial College de Londres declaró: “este es el virus más peligroso desde la gripe H1N1 de 1918. Si no hay respuesta, podría haber 3.2 millones de muertes en los Estados Unidos y 510,000 en el Reino Unido”. Bastó esta declaración para que Trump y Johnson cambiasen inmediatamente sus posiciones. Mientras, en Brasil al Presidente no le importa, lo trata como “histeria” y en las palabras de un periodista alemán de Deutsche Welle: “Actúa criminalmente. Brasil está dirigido por un psicópata y el país haría bien en eliminarlo tan pronto como sea posible. Habría muchas razones para ello”. Es lo que el Parlamento y la Suprema Corte por amor al pueblo, deberían hacer sin demora.

No basta la hiperinformación ni los llamamientos por todos los medios de comunicación. No nos mueven al cambio de comportamiento exigido. Tenemos que despertar la razón sensible y cordial. Superar la indiferencia y sentir con el corazón el dolor de los otros. Nadie está inmune al virus. Ricos y pobres tenemos que ser solidarios unos con otros, cuidarnos personalmente y cuidar de los otros y asumir una responsabilidad colectiva. No hay un puerto de salvación. O nos sentimos humanos, co-iguales en la misma Casa Común o nos hundiremos todos.

Las mujeres, como nunca antes en la historia, tienen una misión especial: ellas saben de la vida y del cuidado necesario. Ellas pueden ayudarnos a despertar nuestra sensibilidad hacia los otros y hacia nosotros mismos. Ellas junto con los trabajadores de la salud (cuerpo médico y de enfermería) merecen nuestro apoyo sin límites. Cuidar a quien nos cuida para minimizar los males de este terrible asalto a la vida humana.

Fuente Religión Digital

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“El capitalismo parásito del catolicismo”, por Antonio Moreno de la Fuente.

Martes, 3 de septiembre de 2019

italia_560x280A mi maestro y amigo Reyes Mate

Tenemos hoy la convicción de que estamos en un profunda “crisis global”, que afecta a lo económico, a la cultura, a lo político, a lo ecológico y a lo religioso. En lo religioso se aprecia, ante todo, una crisis general por la pérdida de credibilidad de todas las religiones, en sus doctrinas y mitos, en sus prácticas rituales, en la vida de sus dirigentes. La crítica a la Religión como opio del pueblo, de Karl Marx, es la  más conocida, al referirse a cualquier clase de religión, pero que incluye también al Cristianismo. Sin embargo, es poco conocida la crítica que realiza Walter Benjamin y que se dirige directamente al corazón mismo del Cristianismo, en un texto titulado: El capitalismo como religión (1) que, últimamente, está siendo dado muy comentado entre nosotros (2).

Dicho texto de Walter Benjamin nos permite confrontar hoy su intuición teológica- política con nuestro  presente, al interrogarnos  sobre el futuro del capitalismo  y del cristianismo. El proyecto revolucionario de futuro que Benjamin presenta siempre en sus escritos, a pesar de que el triunfo del nazismo y fascismo parecía negárselo a él en sus últimos días (3), nos interroga también hoy a nosotros (Grabriella Giudici). ¿Hay futuro para el capitalismo y el cristianismo o ambos desaparecerán o se metamorfosearán en otros sistemas y religiones?

  1. Sobre el capitalismo, Benjamin escribirá posteriormente sus Tesis sobre la Historia. En este texto anterior anuncia que para el Cristianismo no hay futuro, pues ha sido engullido o parasitado por el capitalismo, por lo que, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito. Así dice Benjamin: “El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como se evidenciará no sólo en el Calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo”. (4)

Parásito, según el Diccionario de la RAE, es el organismo animal o vegetal que vive a costa de otro de distinta especie. Ateniéndose a ello, Benjamin denuncia la transformación y la sustitución del cristianismo por la praxis capitalista. Es decir, el capitalismo es el sistema que se ha introducido dentro del cristianismo, no solo viviendo a su costa, sino chupando y suplantando totalmente su esencia, de modo que del cristianismo solo queda la apariencia, la cáscara, pues su realidad y su historia es la del capitalismo, en quien se ha transformado. Y esto lo afirma Benjamin, no solo del cristianismo calvinista, sino también de otras manifestaciones cristianas como podría ser el Catolicismo, de ahí el título del artículo.

En su exposición, Benjamin parte de la obra de Max Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo (5). Según Weber, para el calvinismo el éxito económico de las personas es una señal de elección y salvación. De aquí que la laboriosidad o el ejercicio constante en la profesión humana y la organización racional del trabajo, que busca la producción y acumulación de riquezas, es señal de predestinación y amor de Dios. En contraposición, los pobres están condenados por no responder a esos designios de Dios de trabajar, de producir riqueza, estando, por consiguiente, excluidos también de la sociedad. Según Weber este es “el espíritu del capitalismo”, que nace con el calvinismo. Capitalismo que tiene resonancias de lo que ya había dicho Marx en El Capital. El modo de producción capitalista, es decir, el racionalismo económico del trabajo productivo y del comercio capitalista produce ciertamente riqueza, pero solo para la burguesía capitalista a costa de explotar o extraer la plusvalía del proletario. Esta es la asimetría sustancial que se da en el capitalismo en cuanto a la distribución de los bienes. El burgués capitalista sigue siendo rico y el trabajador proletario es cada vez más pobre, porque la plusvalía no se reparte: se la queda y la roba el burgués. Que el sistema económico capitalista nace con el calvinismo, lo reconoce Walter Benjamin, pero él da un paso más y afirma: “El Cristianismo del tiempo de la Reforma, no (solo) propició el ascenso del capitalismo, sino que se transformó en capitalismo”. ¿Cómo  pudo ocurrir esto?

  1. Según Benjamin, porque el capitalismo se ha transformado en una religión. Hay que entender al capitalismo como una religión (dice). Es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de los mismos cuidados, tormentos y desasosiegos a los que antaño solían dar una respuesta las llamadas religiones”. Según  los comentaristas, el capitalismo viene considerado como una forma religiosa puramente cultual, sin doctrina revelada por un ente trascendente. Y es un culto permanente, sin descanso, sin fiestas de guardar, que no tiene por objeto la expiación, reconciliación o el perdón (El capitalismo es, presumiblemente, el primer caso de un culto que no expía la culpa, sino que la engendra) sino, al contrario, sus fieles se encontrarán siempre en deuda y culpables (6). Y dado que la trascendencia de Dios ha caído. Pero no está muerto, está incluido en el destino humano”, es decir, al quedar la trascendencia desplazada y circunscrita a solo el horizonte humano, sus adoradores no recibirán jamás la gracia del perdón, sino que, en una espiral infinita, se encontrarán siempre endeudados y culpables, desesperados en su absoluta soledad (Grabriella Giudici). Benjamin apostilla finalmente: “Allí reside lo históricamente inaudito del capitalismo: en que la religión ya no es la reforma del ser, sino su destrucción”. El capitalismo reemplaza el ser por el tener; las cualidades humanas por la suma de partidas mercantiles, las relaciones humanas por relaciones monetarias, los valores culturales o morales por el dinero, que es el único valor que cuenta (M. Löwy, 58). Pues bien, el cristianismo, según Walter Benjamin, ha asumido totalmente este tipo de religión capitalista, no solo el calvinismo, que fue su precursor, sino también las otras confesiones ortodoxas cristianas, como el catolicismo, de modo que en Occidente el capitalismo se ha hecho parásito del cristianismo. ¿Es esto así?
  2. Es cierto que, según la doctrina social de la Iglesia católica, en el catolicismo hubo siempre una “afinidad negativa” respecto al capitalismo, como lo prueba “el ascetismo del cristianismo primitivo y todos los aspectos relativamente cristianos de la ideología económica del catolicismo medieval”, según le gustaba decir a Ernst Bloch, a quien Walter Benajmin conocía y seguía. Sin embargo, Walter Benjamin no opina lo mismo en este aspecto que su Las prácticas ascéticas de los monjes primitivos no constituyen una salida real, porque no cuestionan la dominación de la religión capitalista, lo mismo cabe decir de los aspectos económicos del catolicismo medieval, como la lucha contra la usura, pues el catolicismo terminó por admitir los préstamos con interés (Löwy, 56, 64). Igual ocurre con la sociedad moderna y liberal. La doctrina de la Iglesia condenó sus principios liberales en el Syllabus (1864), pero no se opone realmente al orden social y económico de la sociedad burguesa, como aparece en la Rerum Novarum (1891) y demás Encíclicas. Sí se condenó, en cambio, el Comunismo ateo en la Divini Redemptoris (19 marzo 1937), por Pio XI. Con lo que, se puede afirmar lo que el teólogo de Sri Lanka, Tissa Balasuriya, dice del cristianismo occidental: “El cristianismo occidental ha perdido el barniz protector de no poder ya más ocultar su verdadera  estructura religiosa y, tal vez, la verdadera raíz de la divinidad que Occidente venera -el dios del dinero y de la guerra” (7).

Esto mismo ya lo había dicho Gustavo Gutiérrez (8) de la Iglesia de Latinoamérica. Pero mucho más lo podemos decir de nuestro país, en donde esta ha sido también una práctica constante de  la institución de la Iglesia católica, el estar siempre al lado y sosteniendo a las clases conservadoras dominantes, muy especialmente durante la dictadura franquista, según lo documenta detalladamente William J. Callahan en su obra “La Iglesia católica en España” (9) y Francisco Espinosa y José M.ª Garcia (10). Recientemente, sin embargo, dos hechos pueden probarnos el parasitismo del capitalismo en la práctica del catolicismo. El primero, es el modo de proceder abusivo del obispo de Cádiz, monseñor Rafael Zornoza Boy, denunciado por más de un centenar de  laicos y clérigos y puesto en conocimiento de la Santa Sede. Los despidos del obispado, el desahucio de un matrimonio de 70 años, el cierre de un centro para atención de emigrantes y otros actos del Sr. Obispo y su ecónomo, lo enjuicia certeramente un amigo, miembro de  esa plataforma: “Con ello  se demuestra que su gestión  se basa en la rentabilidad económica, muy alejada de los principios evangélicos y en el  apoyo fraterno a las personas y familias en situación de vulnerabilidad. Para el Sr. Obispo es muy fácil jugar a empresario utilizando dinero de la diócesis, recibido de distintas fuentes, y que debe ser administrado de acuerdo a las necesidades reales, prestando especial atención   a   los   más   débiles   (personas   sin   hogar,   desahuciados,   desempleados, emigrantes, familias en extrema pobreza…). Oculta, con su práctica y dialéctica, lo que significa la Buena Noticia de liberación y salvación para el ser humano”. La subordinación de los valores evangélicos de fraternidad y apoyo a las personas más vulnerables a la rentabilidad económica, es un caso patente de parasitismo del capitalismo en la práctica de este obispo de Cádiz, aunque sea de un obispo particular y sintomático y no generalizado.

El segundo caso de parasitismo capitalista, ya general de toda la Conferencia episcopal, es el escándalo de las inmatriculaciones realizadas por la jerarquía de la Iglesia católica que, en base al artículo 206 de la Ley Hipotecaria franquista de 1946 y del art. 304 del Reglamento Hipotecario de 1947, registró a su nombre innumerables bienes inmuebles: viviendas, plazas, huertos, garajes y hasta frontones que, obviamente, no sirven a los fines religiosos, sino para uso puramente lucrativo. Posteriormente, por la reforma de la Ley Hipotecaria realizada por el Gobierno de José María Aznar en 1998 , permitió a la Iglesia católica inscribir lugares de culto que no estaban registradas hasta entonces, un total de 4.500 propiedades, entre ellas la mezquita de Córdoba, la Seo de Zaragoza, la Catedral de Sevilla, con sus “dependencias anexas”: la Giralda y el Patio de los Naranjos, etc. Según Europa laica, la jerarquía de la Iglesia católica poseería unos 60.000 edificios aproximadamente (11), Según esto, se puede considerar a la jerarquía de la Iglesia católica, como la mayor empresa inmobiliaria de España o como una Sociedad Anónima, según titula su libro Ángel Munárriz y que, además, goza del privilegio de no pagar impuestos. Esta acumulación de bienes o voraz codicia, alser una práctica generalizada de la jerarquía de la Iglesia española (12), es una prueba más del parasitismo del capitalismo en la Iglesia católica institucional, al haber elegido al dios Mammon, en vez de los valores evangélicos.

Finalmente, podríamos preguntarnos: En el proyecto revolucionario de futuro que Benjamin presenta siempre en sus escritos ¿señala alguna salida posible a la Religión de “la jaula de hierro” del capitalismo? Lo trataremos de ver en el próximo artículo

NOTAS:

  1. Existen diversas traducciones de este texto al español. Entre ellas señalamos: BENJAMIN, Walter. El Capitalismo como religión. Traducción, notas y comentario por Enrique Faffani y Juan Antonio Disponible en: http://ceiphistorica.com/wp-content/uploads/2016/05/Benjamin-Walter-El-capitalismo- como-religi%C3%B3n.pdf . La Traducción de Omar Rosas (2008), disponible en: http://fundp.academia.edu/OmarVRosas/Papers/538833/El_capitalismo_como_religion_Walter_Benjamin. Y también otra del Viejo Topo, del 26 septiembre 2017, Disponible en: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/el-capitalismo-como-religion/. (Consulta 10-06-2019)
  2. Según creo, fue Reyes Mate el primero que nos dio a conocer a Walter Benjamin, en MATE RUPÉREZ, Medianoche en la historia: Comentario a las tesis de Walter Benjamin “Sobre el concepto de historia”. Madrid: Trotta, 2006. Últimamente se han publicado dos libros sobre el texto de Benjamín. El primero en: Karl Marx. Sobre la religión. De la alienación al fetichismo de la mercancía. Edición y estudio introductorio de Reyes Mate y José Antonio Zamora. Madrid: Trotta, 2018, pp.65-85. El segundo por LÖWY, Michael. Cristianismo de liberación: Perspectivas marxistas y ecosocialistas. De Juan Vivanco y otros. Vilasar de Dalt (Barcelona): El Viejo Topo, 2019, cap. 3. Capitalismo como religión. Walter Benjamin y Max Weber. Existe también un interesante comentario en italiano de GIUDICI, Gabriella. Eleonora de Conciliis, Walter Benjamin. Capitalismo e religione. Disponible en: https://gabriellagiudici.it/eleonora-de-conciliis-walter-benjamin-capitalismo-e-religione/ (Consulta 10-06- 2019).
  3. Walter Benjamin, en su intento de huir de los nazis que le perseguían, se suicidó en PortBou (Girona) el 26 de septiembre de 1940,
  4. Seguimos la traducción hecha por Enrique Faffani y Juan Antonio Ennis, referenciada en la nota 1ª.
  5. WEBER, La ética protestante y el espíritu del capitalismo. de Luis Legaz. Madrid: Reus, 2009. La dependencia de Max Weber la expone claramente LÖWY, Michael. Ob. Cit., p. 50.
  6. Walter Benjamin utiliza la palabra alemana Schuld, que significa, al mismo tiempo, “deuda” y “culpa” y que, el mismo Benjamin comenta: “obsérvese la demoníaca ambigüedad de este concepto”
  7. BALASURIYA, “Las religiones, en especial cristianismo, ante el futuro”. En Concilium, nº.319, febrero 2007, p. 25
  8. GUTIÉRREZ, Teologia de la Liberación: Perspectivas. 16 ed. Salamanca: Sígueme, 1999, pp.304-305: “La protección que recibe de la clase social usufructuaria y defensora de la sociedad capitalista imperante en Latinoamérica ha hecho de la Iglesia institucional una pieza del sistema y del mensaje cristiano un componente de la ideología dominante”.
  9. CALLAHAN, William La Iglesia católica en España (1875-2002). Tr. de Jordi Beltrán. Barcelona: Crítica, 2002.
  10. ESPINOSA MAESTRE, Francisco, GARCÍA MARQUEZ, José ª. Por la religión y por la patria: La Iglesia y el golpe militar de julio de 1936. Edición digital Titivillus, 2014.
  11. MUNÁRRIZ, Ángel. A. Dinero y poder de la multinacional vaticana en España. 2ª ed. Madrid: Akal, 2019, p.74, detalla, entre ellos, los siguientes datos: 23.019 parroquias, 812 monasterios, 2.591 colegios, 3168 bienes de interés cultural, 69 hospitales, 54 ambulatorios, 792 casas de ancianos, 247 guarderías…
  12. Proceder muy distinto de la Conferencia episcopal italiana, que llegó a un acuerdo con el Vaticano en 2012.

Comentario de Gonzalo Haya Prats en Atrio (20 julio 2019)

Quizás hemos pensado que el capitalismo era una transgresión para la ética cristiana, pero la teología tiene que caer en la cuenta de que es un ataque frontal (un vaciamiento parasitario) al mensaje de Jesús: “no se puede servir a dos señores, Dios y el dinero”. No se trata del comportamiento antievangélico de algunos obispos, sino de la acomodaticia posición institucional, tanto jerárquica como de la mayoría de nosotros, “los creyentes”, salvo importantes minorías.

Estas reflexionan ahondan cada vez más la distinción entre el cristianismo y el mensaje del Reino de Dios. El capitalismo puede haber vaciado el cristianismo pero, lejos de vaciar el Mensaje de Jesús, lo ha destacado como blanco sobre negro.

Antonio Moreno de la Fuente

Fuente Atrio 

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Michael Löwy: “Superar el capitalismo es una cuestión de supervivencia para la humanidad”

Miércoles, 3 de julio de 2019

michael-lc3b6wy2El ascenso de la extrema derecha no es un fenómeno de Brasil, es un proceso planetario

Bolsonaro es homófobo, sexista, partidario de la exterminación de la izquierda y gran admirador de unos de los peores torturadores del régimen militar: el coronel Brilhante Ustra.

Entre sus víctimas, muerto bajo tortura en 1971, está mi amigo Luis Eduardo Merlino, joven militante marxista

El capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso que exige sacrificios humanos para el ídolo “Mercado”. Para el cristianismo de la liberación la perspectiva no es el desarrollo, sino la liberación, rompiendo con las estructuras opresivas del sistema dominante

Los cristianos radicales son un componente esencial de los movimientos sociales del Sur y de las asociaciones europeas de solidaridad con las luchas en los países empobrecidos. Estos cristianos aportan una contribución importante a la elaboración de una nueva cultura internacionalista

Bergoglio no es un marxista y la palabra capitalismo no aparece en la encíclica. Pero queda muy claro que para él los dramáticos problemas ecológicos de nuestra época son el resultado de “los engranajes de la actual economía globalizada”

(Éxodo).- Michael Löwy es uno de los principales intelectuales del marxismo actual a escala mundial y un destacado impulsor del ecosocialismo anticapitalista. Director de investigación emérito del Centre National de la Recherche Scientifique y profesor de la École des Hautes Études en Sciences Sociales en París. Entre sus obras, destacamos La teoría de la revolución en el joven Marx, El pensamiento del Che Guevara, Walter Benjamin: Aviso de incendio y Ecosocialismo. Hace unos meses la editorial El Viejo Topo ha publicado Cristianismo de liberación. Perspectivas marxistas y ecosocialistas.

Michael, estábamos preparando un nuevo número de ÉXODO cuando llegó a nuestras manos tu espléndido libro sobre el Cristianismo de liberación. El tema que hemos elegido para este número es la profunda crisis en que está sumida la política y la necesidad de un cambio radical de la misma. No sólo en Europa existe esta crisis. ¿Cómo se vive en Brasil?

La principal fuerza de la izquierda en Brasil, el Partido de los Trabajadores, no logró una concientización efectiva de las clases populares. Tomó algunas medidas importantes para mejorar la condición de los pobres, pero no se enfrentó a la estructura oligárquica del país, al poder de los latifundistas y del capital financiero. Además se contagió con la tradicional corrupción de los políticos brasileños. Pero la victoria de la extrema derecha fascista (Jair Bolsonaro) no se puede explicar sólo por los errores de los dirigentes del PT. Es parte de un proceso planetario de ascenso de la extrema derecha. En Brasil, la utilización masiva de fake-news, el apoyo de iglesias neopentecostales reaccionarias y la demagógica  anticorrupcion permitieron a un partidario de la dictadura militar (1964-85) ganar las elecciones. Bolsonaro es homófobo, sexista, partidario de la exterminación de la izquierda y gran admirador de unos de los peores torturadores del régimen militar: el coronel Brilhante Ustra. Entre sus víctimas, muerto bajo tortura en 1971, está mi amigo Luis Eduardo Merlino, joven militante marxista.

La resistencia a su gobierno ya ha empezado a organizarse. Tiene a su cabeza a jóvenes mujeres. Su símbolo es Marielle Franco, joven consejera municipal de Rio de Janeiro, socialista, negra, lesbiana, asesinada por sicarios hace un año. A pesar de todo, no tenemos que olvidar que el 45% de los electores votaron por Fernando Haddad (PT), el candidato común de toda la izquierda. Muchos de los que votaron a Bolsonaro ya han empezado a cambiar de opinión. Se han conocido escándalos de corrupción que le afectan a él y a su familia.

Escribes en tu libro sobre la radicalización introducida por el cristianismo de liberación. ¿Crees que nuestra situación actual necesita una radicalización anticapitalista? ¿Qué cambios implicaría para una nueva política?

La actual situación en América Latina está marcada por una terrible ofensiva de la ultraderecha que ha tomado el poder en la mayoría de los países mediante elecciones o golpes de estado pseudo-parlamentarios. Existe alineamiento con Trump y el imperialismo estadounidense, neoliberalismo sin frenos, destrucción del medio ambiente, represión de los movimientos sociales.

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En la resistencia que empieza a desarrollarse, los cristianos de liberación están teniendo un papel esencial. El objetivo inmediato es la defensa de las libertades democráticas y las conquistas populares. También la oposición a las medidas antisociales y antiecológicas de corte neoliberal. Existen en este movimiento de resistencia corrientes que se dan cuenta de que hay que combatir la raíz de estos males: el sistema capitalista. El capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso que exige sacrificios humanos para el ídolo “Mercado”. Necesitamos alternativas antisistémicas y ecosocialistas. Los cristianos de la liberación están y estarán sin duda en el corazón de esta lucha, inspirados por los escritos de Leonardo Boff, de Frei Betto y de la encíclica Laudato si’ del Papa Francisco.

¿Se dan las condiciones para esta radicalización social y política? ¿Qué obstáculos y qué posibilidades ves?

El obstáculo principal es el poder ideológico del sistema. Este se difunde a través de su control de los medios de comunicación, del papel nefasto de muchas iglesias neopentecostales, de la influencia social de la religión del mercado, de la alienación consumista y de la pasividad resignada de amplios sectores populares.

Hay que añadir como obstáculo las opciones de amplios sectores de la izquierda por políticas de conciliación de clases, de compromisos con la oligarquía, de concesiones a los terratenientes y al capital financiero en aras de la “gobernabilidad”.

Las posibilidades vienen de las luchas de las organizaciones populares que desarrollan formas de concientización y radicalización sociopolítica. Esto es muy visible en amplios sectores de la juventud.

En la relación del cristianismo de liberación con la Modernidad europea se constata una diferencia. Afirmas en tu libro que lo decisivo para este cristianismo no es la modernización, sino el cambio de sociedad y la liberación de los empobrecidos. Es “el punto de  vista de los vencidos” que reclamaba Walter Benjamin. ¿Puedes expresar el significado de esta diferencia?

La modernización se concibe como desarrollo industrial y crecimiento del PIB. Este es el pensamiento sobre la modernización imperante en las clases dominantes en América Latina, pero también en sectores de la izquierda tradicional. Desde su inicio, el cristianismo de la liberación se posiciona críticamente frente a esta ideología de la modernización, planteando una visión mucho más radical desde el punto de vista de los explotados y oprimidos, de los pobres, de los negros e indígenas, de los trabajadores del campo y de la ciudad. Su perspectiva no es el desarrollo, sino la liberación, rompiendo con las estructuras opresivas del sistema dominante. Para esos cristianos, los pobres son el sujeto histórico de esta transformación, los actores de su propia liberación.

El cristianismo de la liberación no conocía los escritos de Walter Benjamin, pero existe una evidente “afinidad electiva” entre la obra de los teólogos de la liberación y la concepción benjaminiana de la historia desde la perspectiva de los vencidos y su propuesta de una alianza de la teología con el marxismo. Sin olvidar su texto sobre “El capitalismo como religión” (1921) que tiene mucho en común con la denuncia de la idolatría del mercado realizada por los teólogos de la liberación.

La crítica del capitalismo y la necesidad de superarlo es un elemento central en el cristianismo de liberación. ¿Ha perdido o ha ganado vigencia esa crítica? ¿No se ha hecho también infinitamente más complejo este quehacer?

La crítica del capitalismo como sistema intrínsecamente perverso realizada por el cristianismo de la liberación me parece más actual que nunca; entre otras razones, por la crisis ecológica y el cambio climático que amenazan directamente la supervivencia de la humanidad en este planeta.

Desde el punto de vista ecosocialista, el capitalismo no es sólo un sistema de explotación, como lo plantea tradicionalmente el pensamiento marxista, sino también de destrucción del medio ambiente y de los equilibrios ecológicos. Superar el capitalismo es un imperativo categórico por razones de justicia elemental. Es un sistema absurdo en el cual unas decenas de multibillonarios poseen más riqueza que la mitad de la humanidad. También hay que sobrepasarlo porque se trata de una cuestión de supervivencia para la humanidad: el capitalismo no puede existir sin expansión sin límites. Por eso, la destrucción de las condiciones de vida en el planeta pertenece a su lógica interna.

Acabar con el capitalismo es una tarea compleja y difícil, pero no tenemos otra salida sino llevar adelante esta lucha antisistémica. Como decía Bertolt Brecht, quien lucha puede perder; pero quien no lucha, ya ha perdido.

La crítica al capitalismo en el cristianismo de liberación se realiza también como crítica a la idolatría. ¿Se ha  asumido esa crítica en las iglesias de diversos continentes?

La crítica del cristianismo de la liberación a la idolatría del capital y del mercado es profundamente radical. Fusiona la crítica de los profetas del Antiguo Testamento a los cultos idólatras, con sus exigencias de sacrificios humanos, y la critica marxista al fetichismo de la mercancía. Marx denuncia al Capital como Baal o Moloch, ídolos a los cuales se hacen sacrificios de vidas humanas. Enrique Dussel, filósofo y teólogo de la liberación, ha analizado este tema de forma muy interesante en su libro Las metáforas teológicas de Marx.

En los años setenta del siglo XX esta crítica estuvo presente en los documentos y la enseñanza de importantes sectores de las iglesias latinoamericanas, en especial en Brasil. Aparece también, pero de forma mas limitada, en otros países del Sur (Filipinas, Corea del Sur) o de Europa (Francia). Pero con el pontificado de Juan Pablo II esta vertiente anticapitalista en las iglesias latinoamericanas fue condenada, marginada y reprimida por el Vaticano. No se puede olvidar el intento de silenciar a Leonardo Boff y la denuncia  por parte del Santo Oficio (Ratzinger) de la teología de la liberación como peligroso error. Con la elección de un Papa latinoamericano, Bergoglio, esta situación está empezando a cambiar.

Llama la atención que prestes una atención tan intensa al análisis de la religión, dada tu trayectoria marxista y trotskista. ¿Consideras que el cristianismo de liberación es una fuente importante de inspiración e impulso para la izquierda transformadora? ¿Te distancias de otros intelectuales, dirigentes y militantes de las izquierdas que no le conceden relevancia?

Tengo mucho respeto por la figura de Trotsky, pero mi principal referencia política, desde mi juventud en Brasil hasta hoy, ha sido  Rosa Luxemburgo. Esta gran pensadora y luchadora marxista, mártir del socialismo, asesinada hace cien años por sicarios paramilitares alemanes, es autora del ensayo “Iglesia y socialismo”. En él presenta un argumento original: nosotros, los socialistas, somos los verdaderos herederos de los primeros cristianos, de los Padres de la Iglesia, críticos implacables de la injusticia social y del poder corruptor del dinero. Las Iglesias que se han alineado con la burguesía en contra del movimiento obrero, han traicionado este mensaje inicial del cristianismo.

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Cardenal Marx: “Sin Karl Marx no habría doctrina social de la Iglesia”

Jueves, 17 de mayo de 2018

el-cardenal-reinhard-marx-y-karl-marxEl purpurado alaba al autor de ‘El capital‘, “uno de los primeros sociólogos serios”

Los derechos humanos están incompletos sin una participación en lo material”

(Cameron Doody).- “Fascinantes”, con una “gran energía” y con un “gran lenguaje”. Así ha calificado los escritos de Karl Marx el cardenal Reinhard Marx, con ocasión del 200 aniversario del nacimiento del padre del comunismo. “Uno solo tiene que leer a Karl Marx sin prejuicios, y su poder sorprenderá, ha asegurado el arzobispo de Múnich y Frisinga y también presidente de los obispos germanos.

El cardenal Marx -uno de los colaboradores más estrechos del Papa Francisco- comentó a RPOnline a finales del mes pasado que “hay una inspiración, un ímpetu revolucionario” en los trabajos del filósofo con quien comparte apellido. El purpurado volvió a repetir los mismos sentimientos en una entrevista con el Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, en la que reveló que el Manifiesto comunista en particular le “impresionó bastante”, sobre todo en la manera en la que los escritos del economista –“uno de los primeros sociólogos serios”“pueden ser muy útiles” a la hora de entender los conflictos actuales que hunden sus raíces en la injusticia económica. “Los derechos humanos están incompletos sin una participación en lo material”, declaró el cardenal Marx, quien ha ejercido en el pasado como profesor de ética social.

Si bien el purpurado alemán matizó que “hay [en los escritos de Marx] aquí y allá una idea totalitaria”, también aseguró no se puede poner al filósofo en una “conexión directa” con el marxismo-leninismo en el que desembocaron sus ideas, ni con el sistema de los gulags en la Unión Soviética. Más bien, la utilidad del pensador es que supo ver que “la prosperidad y el beneficio no son todo lo que debe orientar a una sociedad”, sobre todo en vista de las “enormes desigualdades sociales y daños ecológicos que son resultado de las dinámicas capitalistas”. Una advertencia que tampoco ha pasado desapercibida en la Iglesia como en la sociedad más ampliamente, ya que -según el cardenal- “sin [Marx] no habría ninguna doctrina social católica”.

“El mercado no es tan inocente como aparece en los libros de texto de los economistas. Detrás de él hay intereses poderosos”, avisó por último el cardenal Marx, precisando a la vez que la amortización de estos “intereses poderosos” no se debe al propio capitalismo, sino a “una lucha contra estos excesos”.

No es la primera vez que el arzobispo de Múnich y Frisinga alaba al autor de El capital, ya que en un texto de 2007 defendió que el filósofo y economista no fue “un mero ideólogo” que propagara sin más una “revolución anárquica”. Más bien, Marx llamó a una “participación social integral”, un deseo de plena vigencia en el siglo XXI “y también por parte de las Iglesias”.

Fuente Religión Digital

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Reflexión ética contra la corrupción.

Sábado, 17 de junio de 2017

imagesLo que estamos oyendo es bochornoso. Nos abruma moralmente lo que se ha destapado y lo que se sigue destapando. Los hechos de “supuesta” corrupción entre nosotros, con novedades casi día tras día, nos aturden. Vivimos en un ambiente indecente, escandaloso. Y luego, encima, ver que los “supuestos” corruptos son siempre gentes que están entre los que mejor viven, ver que no devuelven lo robado o lo dilapidado. Ello nos descubre hasta dónde puede llegar la desfachatez de los ladrones de lo público. No olvidemos todos los que sitúan sus caudales en paraísos fiscales, impunemente consentidos por los que tienen en sus manos el hacerlos desaparecer.

Todos ellos, los corrompidos y los que corrompen la misma sociedad, son personas que están cerca de donde hay más dinero, tanto porque están manejando las arcas públicas o porque son dueños de los grandes negocios. Sí, los hay, serán más o serán menos -a algunos nos parecen demasiados-, que van a la política para enriquecerse “como sea” o son negociantes sin escrúpulos que quieren enriquecerse a costa de lo que sea, incluso evadiendo sumas importantísimas de impuestos, necesarios para afrontar, entre otras cosas, los gastos sociales que se han visto afectados por recortes sustanciales, cuando ya antes eran insuficientes.

No es necesario poner ejemplos, pues con estar medianamente atentos a los medios de comunicación podemos estar bien informados de lo que está sucediendo. Lo importante es recordar que hay que tener siempre una actitud crítica social y una voluntad trasformadora de esta lamentable realidad político-económica-social. Todos los medios de información, incluidas las web en Internet debieran estar alertando y creando una actitud de rechazo de los responsables de esta degradada situación. La Iglesia, sobre todo sus jerarquías, está sobremanera obligada a ejercer la función profética de denuncia. Pero teniendo en cuenta que no valen mensajes sibilinos que sólo entienden unos pocos. Se necesita un lenguaje claro y directo, semejante a aquel del Papa Francisco cuando dijo que “el capitalismo mata”. Lo tienen que hacer de modo y manera que llamen la atención. Es que además, el no hacerlo, hace que parezcan cómplices al ver ir a comulgar a aquellos mismos que están llevando a prisión por robar a la sociedad. Algunos de ellos, de los supuestos y de los ya condenados, se les ve muy cercanos a la Iglesia. Si no denuncian abiertamente la corrupción, puede parecer que la situación “preferente”, algunos dirán que de privilegio, de la que goza en España la Iglesia católica es a cambio de su silencio.

Por otra parte, también se puede constatar que hay mucha gente del pueblo llano que vive en las nubes. Entre ellos la mayoría de quienes están sufriendo las consecuencias de los desfalcos. Los de abajo parece que están dormidos, atontados o distraídos. ¿Cómo es posible ese elevado porcentaje de abstención en las elecciones? Antes se decía que el opio del pueblo era la religión que “alienaba”. La gente con la religión andaba preocupada del cielo y descuidaban los asuntos de la tierra. Se predicaba la resignación ante el mal social y ello hacía que muchos invirtiesen sus esfuerzos en aguantar ante la adversidad en lugar de dirigirlos a transformar las condiciones insociales. Sí, es verdad que la religión aún sirve para entretener a algunos, cuando por el contrario todo en ella debiera ser liberador, favoreciendo el compromiso en el quehacer de un mundo mejor. Me explico.

Si por “religión” entendemos todas las formas y fórmulas litúrgicas utilizadas para expresar o vivir una fe, para nosotros los cristianos, su valor radicaría en la ayuda que nos prestase para “seguir a Cristo”, pues ese seguimiento es el contenido esencial de nuestra fe, es lo que nos hace “cristianos”. Uno no es cristiano por estar bautizado. El bautismo es un signo de la presencia en la persona de Cristo, que comienza a vivir en ella cuando decide “seguirle”. Seguir a Cristo consiste en un proceso de identificación con él, intentando conseguir cada vez más plenamente que la vida esté movida por los valores que movieron la suya, intentando tener sus mismas actitudes vitales, sus sentimientos y líneas de comportamientos fundamentales. Al acercarse a Jesús de Nazaret y conocerle el cristiano enseguida llega a saber que el núcleo de su fe, de su adhesión a Cristo, tiene que estar compactado por esa energía que llamamos “el amor-cristiano”, pues el amor ha sido el eje sobre el que giró la vida del nazareno. Esta fe en Cristo no nos apartará nunca del mundo. El peligro está en la religión.

No obstante creo que se puede decir que hoy la religión no es un peligro social, pues son, relativamente, pocos los que la practican. Y parece que cada vez menos. Ello ante la indiferencia de los jerarcas, que nada serio hacen por evitarlo. Además, entre los cristianos los hay comprometidos, inmersos en el mundo, como la levadura en la masa, para transformarlo. Pueden parecernos muchos los cristianos, pero se reduce a determinados momentos: procesiones de Semana Santa, peregrinaciones, las grandes concentraciones de jóvenes, masas en torno al Papa, etc. La religión puede distraer a algunos, pero no son muchos. Hay otras distracciones muchísimo más intensas y extensas. Algunos programas de televisión, algunas revistas, el futbol…; los entretenimientos de la era digital… También el egoísmo personal que hace que sólo nos preocupemos de lo que nos afecta. Sea lo que fuere, lo que sí es verdad es que la preocupación social, política, económica… no parece que abunde entre nosotros, más bien al contrario. Es la conclusión que hay que sacar del hecho de que a pesar de la llamativa corrupción que afecta a la clase política, todavía nos sigan gobernando los mismos en casi todas partes. España necesita una regeneración política integral que parece no son capaces de hacerla los políticos cuando tienen aún alguna cota de poder político. Necesitamos nuevos partidos políticos y nuevos políticos. De otro modo incluso pueden llegar a pensar que su conducta está refrendada por nosotros en las urnas.

Hay que insistir en la importancia tan decisiva que tienen las elecciones. Nuestro voto personal tiene un valor incalculable para posibilitar la regeneración ética de la sociedad. La abstención es una irresponsabilidad no sólo en las elecciones, sino en cada momento de la vida. Nadie responsable puede mirar para otro lado, nadie puede adoptar posturas derrotistas, porque, entre otras cosas, los más débiles de la sociedad son los que están siendo más perjudicados. Participar es clave. Desde el campo que sea hemos de luchar contra la indiferencia y poner en pie de compromiso a todos.

José Mª Álvarez

Todos en pie de lucha

Miembro del Foro Gaspar García Laviana

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Hallmark comercializa tarjetas de felicitación para personas trans

Jueves, 25 de mayo de 2017

hallmark-tarjeta-persona-transLa empresa Hallmark ha puesto a la venta tarjetas de felicitación para personas trans que comienzan su transición.

La compañía explica que quieren tener una tarjeta para cada situación “no tradicional”, como por ejemplo “los heteros que no están casados o las parejas interraciales”.

Una usuaria de Twitter  se encontró con un apartado que tenía tarjetas para dar ánimos a personas trans que estuvieran transicionando. “Te estás convirtiendo en quien siempre has sido” dice el exterior de la tarjeta; “¿No es algo maravilloso?” pone en el interior.

Renata Sancken subió las fotos a Twitter con preguntándose si “¿El capitalismo triunfa sobre el odio?” y el tweet se volvió viral. Hasta el punto de que la mismísima Patricia Arquette le contestó con un “¡Increíble!

También contestaron desde Hallmark, aclarándole que “el amor siempre gana“:

Que si el amor gana y uno se hace rico, pues mejor que mejor ¿no?

En declaraciones a PinkNews la compañía ha declarado que crean sus tarjetas “para todo tipo de relaciones y situaciones, incluyendo lo que muchos pueden definir como ‘no tradicional’” Y ojo a lo que Hallmark explica que pueden ser “situaciones no tradicionales”: “por ejemplo, parejas heterosexuales que no están casadas, aquellos que están en una relación interracial, relaciones entre personas de diferentes religiones o familias mezcladas.

Fuente Pink News, vía EstoyBailando

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El mundo ha entrado en un capitalismo senil y la única cura es volver a lo humano, por Ana Cabirta

Viernes, 10 de marzo de 2017

alejo-1Carlos Abad nació en 1951 en Buenos Aires, Argentina. Allí conoció al actual Papa Francisco, de nombre secular Jorge Mario Bergoglio, y “por las calles de Buenos Aires” fue donde ambos forjaron su amistad. Carlos Abad es un filósofo espiritual y comunicador social especializado en temas de salud y bien público. Su último libro Jesús, el primer indignado tiene como primer objetivo mostrar el camino para cambiar la indignación actual que sufre la sociedad por el amor “el mejor remedio para el alma”, según Abad.

– ¿Cómo conoció al Papa Francisco?

– Lo conocí a través de un amigo, Ernesto del Castillo, que me dijo que Francisco estaba interesado en mis consejos sobre el bien público, entonces el Papa quiso conocerme para realizar una colaboración en Buenos Aires. Fue cuando yo ingresaba en el canal de televisión Orbe 21, para hacer un programa llamado “Bien Público”, para tratar todos los temas sobre la salud y el bien común. Hace ya veinte años de esto.

– Compara durante toda la obra acciones que ha realizado el Papa Francisco con las que llevó a cabo Jesús, ¿cúal de las realizadas por el Papa cree que es la más importante?

– A mí me parece que el Papa les da visibilidad a los excluídos, inaugura un tiempo de misericordia y, sobre todo, el Papa Francisco vive como piensa, dando ejemplo.

– Usted escribe que nuestra sociedad actual “anestesia su empatía a fuerza de narcisismo patológico”. ¿Qué acontecimientos concretos se le pasan por la cabeza con esta afirmación?

Sí, hoy hay un crecimiento monumental del narcisismo, del “selfie”, del “ombliguismo” y una ausencia de proximidad al otro. Este libro se gestó cuando yo estaba viendo en el telediario a una persona que estaba siendo deshauciada, un hombre al que le estaban taladrando la cerradura para dejarle en la calle.

– Dice que estructura el libro sobre cuatro pilares: Jesús, el Maestro; el mercado; los ladrones; y la cruz. ¿Podría darme un breve significado sobre qué representan para usted el mercado y los ladrones?

– Ese me parece el escenario actual, un mercado de ladrones que potencian el capitalismo salvaje. El mercado es un todo, un grupo de personas que nos dirigen como un “lobo” económico, el fin del mercado es el lucro a cualquier precio, por eso la naturaleza sufre como si tuviese “dolores de parto” como si viese que el colapso y el fin de la humanidad están a la vista.

Los ladrones son los que nos han robado las ilusiones, los recuerdos, han obtenido su riqueza económica a costa de nuestro dolor, sufrimiento y la rapiña de los otros, sin ningún tipo de consideración. Como se explicaba en el periódico italiano Il Corriere della Sera, a veces parece que amamos a los ladrones. En las series de televisión las mafias, los narcos, los estafadores, suelen aparecer como si fuesen ejemplos virtuosos a seguir y son ejemplos de desgraciados. El ejemplo es la bondad, que es lo que hace bien de verdad.

– Afirma que los conceptos de solidaridad y ecología tienen cada vez menos importancia en nuestros días, ¿cuál cree que es la mejor solución ante un panorama tan preocupante?

– Yo creo que la respuesta es la colaboración y un respeto por el medio ambiente. Moderar la insaciabilidad y voracidad del ser humano por un concepto acotado de ansia humana.

– En su libro, las relaciones humanas son descritas como “reciclables” y con fecha de caducidad”, ¿cree entonces que está preparada la sociedad para amar?

– Bueno yo hablo siempre en términos de “ecología humana”. La sociedad no está preparada, pero se está preparando. El mundo ha entrado en un capitalismo senil y la única cura es el amor, volver a lo humano, volver a darle importancia al verbo querer, para estabilizar nuestro entorno. Parece que por lo menos nos hemos dado cuenta.

Ana Cabirta

La Razón

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El Capitalismo como religión

Domingo, 4 de septiembre de 2016

dinero-3No había leído nunca una obra completa de Walter Benjamin. Y sin embargo de tanto en tanto me llegaban ecos de su pensamiento, fragmentos de sus obras, citas de sus escritos. Siempre me iluminan.

Hace poco he leído sobre uno de sus libros tempranos, El capitalismo como religión y algunas de las reflexiones que me han suscitado son las que siguen.

Al comienzo de la obra Benjamin afirma: “En el capitalismo se puede contemplar una religión, es decir, el capitalismo se utiliza esencialmente para sosegar las mismas preocupaciones, tormentos, inquietudes, a las que anteriormente dieron respuesta las llamadas religiones. La prueba de esta estructura religiosa del capitalismo no sólo, como pensó Weber, como una entidad condicionada por lo religioso sino como un fenómeno esencialmente religioso, llevaría hoy a la divagación de una masiva polémica universal”.

El filósofo alemán desarrolla tres rasgos de esa religión. Puesto que consiste en producir y consumir, es una religión estrictamente cultual. Carece de una teología o una dogmática, es esencialmente un culto y un culto permanente, en el que todos los días son festivos. Finalmente, es una religión que no reconcilia sino que culpabiliza.

Puesto que en la última frase nuestro autor juega con el doble sentido de la palabra Schuld (culpa y deuda) ya no es fácil seguirle en castellano, aunque se podría recordar el uso de la palabra deudas en la antigua traducción del padrenuestro. Hasta aquí Benjamin.

Al hilo de su propuesta quiero añadir ahora algunas reflexiones. Parece cierto que el papel tradicional de las religiones era dar cuenta de toda la realidad, desde la autoridad, legitimada por la gracia de Dios, hasta el hecho de engendrar hijos, todo ello enmarcado en una promesa de salvación. Pues bien, ciertamente el capitalismo ha heredado gran parte de esas funciones.

No es ya la gracia de Dios quien da legitimidad a la autoridad sino la anuencia del capitalismo. Si alguna de suficiente relieve quiere oponerse a él perderá la partida y presumiblemente también la vida. Y si antes había que tener los hijos que Dios quisiera, ahora sólo los que quiera la situación económica.

Pero sobre todo se trata de salvación. Quien desee salvarse debe participar en el culto capitalista porque, como antaño ocurría con la Iglesia, fuera del capitalismo no hay salvación. En él encontramos los templos de Zara o de H&M, los santos Armani o Lagerfeld, los ritos de vestir tal o tal marca o comer bajo una o varias estrellas Michelin.

Por muy abierta y acogedora que sea esta religión, quien no puede, no sabe o no quiere entrar en ella será condenado a las tinieblas exterioires, donde habrá llanto y crujir de dientes. Para el capitalismo los pobres no son hermanos desgraciados sino verdaderos culpables. Si el mercado y las oportunidades están abiertas a todos, quien no las aprovecha es el único responsable de su destino.

El rico, en cambio, merece todo elogio, mayor cuanto más rico sea. Lo expresaba diáfanamente Leon Bloy con su acostumbrada acidez: “Se quiere a toda costa que el evangelio hable de un mal rico, como si pudiera haberlos buenos. El texto es sin embargo es bien claro: homo dives, un rico, sin epíteto. Un mal rico, si se quiere relacionar esas dos palabras, es como un mal funcionario o un mal obrero, Un individuo que no sabe su oficio o es infiel a su función: un mal rico es el que da y, a fuerza de dar, se convierte en un pobre”.

Como en las antiguas religiones, oportet haereses esse, conviene que haya herejes. Su función es poner más de manifiesto la gloria del verdadero camino. Sin duda que en el capitalismo habrá herejes pero su marginalidad o su desaparición dejará bien a las claras dónde está la verdadera senda. Si los amys o los de la Christiania danesa fabrican su mermelada y cuecen su propio pan, se trata sólo de un fenómeno pintoresco, Ellos se pierden la gloria y el fasto del reino del consumo, no pueden llegar a la creatividad, la belleza y la diversidad que se ofrecen en los grandes almacenes. Eso en el caso de que logren sobrevivir porque, como en una frase antigua, “al que tiene, se le dará más, y tendrá en abundancia; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará”.

Por todo esto, el autor de quien tomo la referencia de Bernjamin sostiene que el cristianismo debe dejar de ser una religión, un tema de alcance demasiado largo.

En vez de comenzar con él, se me ocurre traer una cita de Thomas Merton: “Voy a decir algo antes de que la lluvia sea un servicio público que ellos nos puedan planificar y distribuir por dinero. Con ´ellos` me refiero a los incapaces de entender que la lluvia es un festival, gente que no aprecia su gratuidad, pensando que lo que no tiene precio carece de valor y que lo que no puede venderse no es real, de tal modo que para que algo sea verdadero resulte preciso colocarlo en el mercado (Paz personal. Paz social)”. Son palabras de un monje contemplativo que, a mi modo de ver, aporta algunas claves desde las que empezar.

Carlos F. Barberá

Fuente: Atrio 

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“El fracaso humano del Capitalismo”, por Jaime Luis Brito

Lunes, 21 de septiembre de 2015

explotacion-infantilLeído en la página web de Redes Cristianas

Rebelión
Adital, 09.09.2015

Las oleadas de emigrantes sirios a toda Europa. El drama sirio, que es el drama humano, demuestra el fracaso del Capitalismo. Porque al final es el drama de los centroamericanos y mexicanos de camino a los Estados Unidos, de su padecer, de su huida de escenarios de guerra, de violencia estructural, de su falta de oportunidades de vida, es el sufrimiento de los sirios. La imagen del menor sirio ahogado en las playas turcas, es paradigmática, nos duele.

Las personas son oprimidas por la violencia estructural que las empobrece; por la violencia del crimen que las asesina; por la violencia social que las margina. Por eso el sur expulsa personas siempre al norte. La migración, si bien es un fenómeno humano, en estos momentos de la Historia, responde a motivaciones económicas o por la violencia, entre otras. Es consecuencia de la guerra contra la humanidad que se ha instaurado por el conflicto de interés entre grupos de poder.

Lo que ocurre en Siria, es lo mismo que pasa en México, en Centroamérica o en África. La intención es llegar a un lugar donde, al menos en la fantasía, hay mejores condiciones de vida, mejores oportunidades y la posibilidad de sobrevivir mejor.

Nos escandaliza ver al niño muerto a la orilla del mar, pero no nos escandaliza la industria de la muerte que entre los zetas y agentes de migración corrompidos han montado en las orillas de la vía del tren por donde circula la Bestia, ferrocarril que les va dotando de miles de personas migrantes para seguir alimentando sus redes de trata de personas y de esclavitud moderna. Todo, frente a la indiferencia de las autoridades que al menos por omisión están involucradas y en muchos casos por complicidad, por acción directa.

En los años 90 del siglo pasado, hubo un gran escándalo para censurar el drama de los balseros cubanos. Entonces, se dijo que esa era una señal del fracaso del socialismo en el mundo. Hoy, ninguna de esas mismas voces se levanta horrorizado para señalar que la migración por violencia o por pobreza, es una señal inequívoca del fracaso humano del Capitalismo. Porque al final, la guerra contra la humanidad es parte esencial de los objetivos del Capitalismo.

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“La era de las grandes trasformaciones”, por Leonardo Boff, ecólogo y escritor

Sábado, 13 de junio de 2015

hine_mechanic_0.previewLeído en la página web de Redes Cristianas

Vivimos en la era de las Grandes Trasformaciones. Entre tantas, destaco apenas dos: la primera en el campo de la economía y la segunda en el campo de la conciencia.

La primera en la economía: empezó a partir de 1834 cuando se consolidó la revolución industrial en Inglaterra. Consiste en el paso de una economía de mercado a una sociedad de mercado. El mercado ha existido siempre en la historia de la humanidad, pero nunca una sociedad solo de mercado. Esto quiere decir que la economía es lo que cuenta, todo lo demás debe servirla.

El mercado que predomina se rige por la competición y no por la cooperación. Lo que se busca es el beneficio económico individual o corporativo y no el bien común de toda una sociedad. Generalmente este beneficio se alcanza a costa de la devastación de la naturaleza y de la creación perversa de desigualdades sociales.

Se dice que el mercado debe ser libre y el estado es visto como su gran traba. La misión de este, en realidad, es ordenar con leyes y normas la sociedad, también el campo económico y coordinar la búsqueda del bien. La Gran Transformación postula un Estado mínimo, limitado prácticamente a los asuntos ligados a la infraestructura de la sociedad, al fisco y a la seguridad. Todo lo demás pertenece y es regulado por el mercado.

Todo puede ser llevado al mercado, como el agua potable, las semillas, los alimentos y hasta los órganos humanos. Esta mercantilización ha penetrado en todos los sectores de la sociedad: en la salud, la educación, el deporte, el mundo de las artes y del entretenimiento y hasta en los grupos importantes de las religiones y de las Iglesias con sus programas de TV y de radio.

Esta forma de organizar la sociedad únicamente en torno a los intereses económicos del mercado ha escindido a la humanidad de arriba abajo: se ha creado un foso enorme entre los pocos ricos y los muchos pobres. Predomina una perversa injusticia social.

Simultáneamente se ha creado también una inicua injusticia ecológica. En el afán de acumular han sido explotados de forma predatoria bienes y recursos de la naturaleza, sin ninguna limitación ni ningún respeto. Lo que se busca es un enriquecimiento cada vez mayor para consumir más intensamente.

Esta voracidad ha encontrado el límite de la propia Tierra. Esta ya no tiene todos los bienes y servicios suficientes y renovables. No es un baúl sin fondo. Tal hecho dificulta si no impide la reproducción del sistema productivista/capitalista. Es su crisis.

Esa Transformación, por su lógica interna, se está volviendo biocida, ecocida y geocida. La vida corre peligro y la Tierra puede no querernos más sobre ella, porque somos demasiado destructivos.

La segunda Gran Transformación se está dando en el campo de la conciencia. A medida que crecen los daños a la naturaleza que afectan a la calidad de vida, crece simultáneamente la conciencia de que tales daños se deben en un 90% a la actividad irresponsable e irracional de los seres humanos, más específicamente a la de aquellas élites de poder económico político, cultural y mediático que se constituyen en grandes corporaciones multilaterales y que han asumido los rumbos del mundo.

Tenemos que hacer con urgencia alguna cosa que interrumpa esta trayectoria hacia el precipicio. El primer estudio global sobre el estado de la Tierra se hizo en 1972 y reveló que la Tierra está enferma. La causa principal es el tipo de desarrollo que las sociedades han asumido, que acaba sobrepasando los límites de soportabilidad de la naturaleza y de la Tierra. Tenemos que producir, sí, para alimentar a la humanidad, pero de otra manera, respetando los ritmos de la naturaleza y sus límites, permitiendo que ella descanse y se rehaga. A eso se lo llamó desarrollo humano sostenible y no solamente crecimiento material, medido por el PIB.

En nombre de esta conciencia y de esta urgencia, surgió el principio responsabilidad (Hans Jonas), el principio cuidado (Boff y otros), el principio sostenibilidad (Informe Brundland), el principio cooperación (Heisenberg/Wilson/Swimme), el principio prevención/precaución (Carta de Río de Janeiro de 1992 de la ONU), el principio compasión (Schoppenhauer/Dalai Lama) y el principio Tierra (Lovelock y Evo Morales), entendida ésta como un superorganismo vivo, siempre apto para producir vida.

La reflexión ecológica se ha vuelto compleja. No se puede reducir solamente a la preservación del medio ambiente. La totalidad del sistema mundo está en juego. Así ha surgido una ecología ambiental que tiene como meta la calidad de vida; una ecología social que busca un modo de vida sostenible (producción, distribución, consumo y tratamiento de los residuos); una ecología mental que se propone criticar prejuicios y visiones del mundo hostiles a la vida y formular un nuevo diseño de civilización, a base de principios y valores para una nueva forma de habitar la Casa Común; y finalmente una ecología integral que se da cuenta de que la Tierra es parte de un universo en evolución y que debemos vivir en armonía con el Todo, uno, complejo y cargado de propósito. De esto resulta la paz.

Entonces se vuelve claro que la ecología más que una técnica de administración de bienes y servicios escasos es un arte, una nueva forma de relación con la naturaleza y con la Tierra.

Por todas partes del mundo han surgido movimientos, instituciones, organismos, ONGs, centros de investigación que se proponen cuidar la Tierra, especialmente los seres vivos.

Si la conciencia del cuidado y de nuestra responsabilidad colectiva por la Tierra y por nuestra civilización triunfa, seguramente tendremos futuro todavía.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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“La cultura capitalista es anti-vida y anti-felicidad”, por Leonardo Boff, teólogo y filósofo

Sábado, 25 de abril de 2015

consumismo-y-capitalismoLeído en la página web de Redes Cristianas

La demolición teórica del capitalismo como modo de producción comenzó con Karl Marx y fue creciendo a lo largo de todo el siglo XX con el surgimiento del socialismo. Para realizar su propósito principal de acumular riqueza de forma ilimitada, el capitalismo agilizó todas las fuerzas productivas disponibles. Pero, desde el principio, tuvo como consecuencia un alto costo: una perversa desigualdad social. En términos ético-políticos, significa injusticia social y producción sistemática de pobreza.

En los últimos decenios, la sociedad se ha ido dando cuenta también de que no solamente existe una injusticia social, sino también una injusticia ecológica: devastación de ecosistemas enteros, agotamiento de los bienes naturales , y, en último término, una crisis general del sistema-vida y del sistema-Tierra. Las fuerzas productivas se han transformado en fuerzas destructivas. Lo que se busca directamente es dinero. Como advirtió el Papa Francisco en pasajes ya conocidos de la Exhortación Apostólica sobre la Ecología: «en el capitalismo quien manda ya no es el hombre, sino el dinero y el dinero vivo. La motivación es la ganancia… ganancia… Un sistema económico centrado en el dios-dinero necesita saquear la naturaleza para mantener el ritmo frenético de consumo que le es inherente».

Ahora el capitalismo ha mostrado su verdadera cara: estamos tratando con un sistema anti-vida humana y anti-vida natural. Y se nos plantea este dilema: o cambiamos o corremos el peligro de nuestra propia destrucción, como alerta la Carta de la Tierra.

Sin embargo, el capitalismo persiste como el sistema dominante en todo el globo bajo el nombre de macroeconomía neoliberal de mercado. ¿En qué reside su permanencia y persistencia? A mi modo de ver, reside en la cultura del capital. Eso es más que un modo de producción. Como cultura encarna un modo de vivir, de producir, de consumir, de relacionarse con la naturaleza y con los seres humanos, constituyendo un sistema que consigue reproducirse continuamente, poco importa en qué cultura venga a instalarse. Ha creado una mentalidad, una forma de ejercer el poder y un código ético. Como enfatizó Fábio Konder Comparato en un libro que merece ser estudiado A civlização capitalista (Saraiva, 2014): «el capitalismo es la primera civilización mundial de la historia» (p.19). El capitalismo orgullosamente afirma: «no hay otra alternativa».

Veamos rápidamente algunas de sus características: la finalidad de la vida es acumular bienes materiales mediante un crecimiento ilimitado producido por la explotación sin límites de todos los bienes naturales, por la mercantilización de todas las cosas y por la especulación financiera, realizado todo con la menor inversión posible, buscando obtener mediante la eficacia el mayor lucro posible dentro del más corto tiempo posible; el motor es la competencia impulsada por la propaganda comercial; el beneficiario final es el individuo; la promesa es la felicidad en un contexto de materialismo raso.

Para este propósito se apropia de todo el tiempo de vida del ser humano, no dejando espacio a la gratuidad, a la convivencia fraternal entre las personas y con la naturaleza, al amor, a la solidaridad y al simple vivir como alegría de vivir. Como tales realidades no importan en la cultura del capital, pero son ellas las que producen la felicidad posible, el capitalismo destruye las condiciones de aquello que se proponía: la felicidad. Y así no es sólo anti-vida sino también anti-felicidad.

Como se deduce, estos ideales no son propiamente los más dignos para el efímero y único paso de nuestra vida por este pequeño planeta. El ser humano no posee solamente hambre de pan y afán de riqueza; es portador de otras hambres como hambre de comunicación, de encantamiento, de pasión amorosa, de belleza y arte, y de trascendencia, entre muchas otras.

¿Pero por qué la cultura del capital se muestra así tan persistente? Sin mayores mediaciones diría: porque ella realiza una de las dimensiones esenciales de la existencia humana, aunque la elabora de forma distorsionada: la necesidad de autoafirmarse, de reforzar su yo, de lo contrario no subsiste y es absorbido por los otros o desaparece.

Biólogos e incluso cosmólogos (citemos apenas a uno de los mayores: Brian Swimme) nos enseñan que en todos los seres del universo, especialmente en el ser humano, prevalecen dos fuerzas que coexisten y se tensionan: la voluntad del individuo de ser, de persistir y de continuar dentro del proceso de la vida; para eso tiene que autoafirmarse y fortalecer su identidad, su “yo”. La otra fuerza es la de integración en un todo mayor, en la especie, de la cual el individuo es un representante, constituyendo redes y sistemas de relaciones fuera de las cuales nadie subsiste.

La primera fuerza gira alrededor del yo y del individuo y origina el individualismo. La segunda se articula alrededor de la especie, del nosotros y da origen a lo comunitario y a lo societario. Lo primero está en la base del capitalismo, lo segundo, en la del socialismo.

¿Dónde reside el genio del capitalismo? En la exacerbación del yo hasta el máximo posible, del individuo y de la autoafirmación, desdeñando el todo mayor, la integración y el nosotros. De esta forma ha desequilibrado toda la existencia humana, por el exceso de una de las fuerzas, ignorando la otra.

En este dato natural reside la fuerza de perpetuación de la cultura del capital, pues se funda en algo verdadero pero concretizado de forma desmesuradamente unilateral y patológica.

¿Cómo superar esta situación que viene desde hace siglos? Fundamentalmente recuperando el equilibrio de estas dos fuerzas naturales que componen nuestra realidad. Tal vez la democracia sin fin sea la institución que hace justicia simultáneamente al individuo (al yo) pero insertado dentro de un todo mayor (nosotros, la sociedad) del cual es parte. Volveremos sobre el tema.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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“El dinero como Dios”, por Jose Ignacio González Faus sj.

Miércoles, 11 de febrero de 2015

money_560x280Leído en su blog Miradas Cristianas:

“Todas las funciones que antaño desempeñaba Dios las desempeña hoy el dinero”

“El capitalismo es una religión sólo de culto: sin dogmas ni moral”

“Nuestro sistema es incapaz de crear empleo y reparte injustamente la riqueza y los ingresos”

“Según Lutero, la comunidad cristiana debería ser un ámbito donde no rigen las leyes de la economía monetaria”

Hace casi cien años, Walter Benjamin redactó una nota titulada “Capitalismo como religión”: el capitalismo funge religiosamente porque se presenta como “experiencia de la totalidad”. Pero es una religión sólo de culto: sin dogmas ni moral. Ese culto se lleva a cabo mediante el consumo, empalmando con la tesis marxiana de la mercancía convertida en fetiche mientras al trabajador se le convierte en mercancía. Es además una religión de culto continuo en la que todos los días son “de precepto”. Y de un culto culpabilizador (en alemán Schuld significa a la vez deuda y culpa: por eso, según Benjamin, vivir con una deuda equivale a vivir con una culpa. Curiosamente en el arameo de Jesús sucedía algo parecido: la palabra schabq significa a la vez el perdón de los pecados y la remisión de las deudas).

dios-dinero2.- Toda religión tiene un dios. Hacia 1936, Keynes, en su Teoría general del empleo, el interés y el dinero, habló del dinero como dios: todas las funciones que antaño desempeñaba Dios las desempeña hoy el dinero. Keynes subraya que no habla simplemente de la riqueza sino del dinero contante y sonante (la liquidez), que permite la disponibilidad inmediata y la especulación. Ese dinero: a) da seguridad y garantiza el futuro: valen de él aquellas palabras del salmista: “te amo, Señor, tú eres mi roca, mi fortaleza”. b) Da seguridad porque es todopoderoso y omnipresente: no hay nada que no pueda conseguirse sin él Finalmente c) el dinero es fecundo: en el capitalismo financiero el dinero ya no se usa como medio para crear riqueza sino que él mismo produce más dinero: “especular resulta entonces más lucrativo que invertir” (por eso los Bancos ya no dan créditos). A todo ello podríamos añadir d) que hoy que el dinero también es invisible, como Dios, a pesar de su poder y su omnipresencia. Resumiendo: si el dinero es el último punto de referencia, bien se puede hablar de él como “el ser necesario” (clásico término metafísico para designar a Dios).

Walter BenjaminWalter Benjamin

3.- Todo eso pone de relieve la no-neutralidad del dinero que ya no es un mero instrumento práctico de intercambio, como pretenden los teóricos neoliberales. Plantea además una pregunta muy seria sobre la legitimidad del préstamo a interés, cuya historia tiene tres etapas: a) Tanto en la Biblia como en el mundo grecolatino era considerado inmoral: Aristóteles calificaba la usura como el más bajo de los vicios, comparándola al proxenetismo que aprovecha la necesidad del otro para el enriquecimiento propio. Si pido prestado un kilo de patatas no es lícito que me obliguen a devolver kilo y medio. ¿Por qué habría de ser lícito si pido dinero en vez de patatas?

b) En los albores del capitalismo, el dinero se convierte en una ocasión para crear riqueza: si te presto un dinero evito comprarme con él un campo que podría cultivar, o montar una pequeña industria. En ese sentido el préstamo me priva de un beneficio y parece legítimo que, al devolverlo, se me dé alguna compensación por esa ganancia perdida.

John-Maynard-Keynes-007John Maynard Keynes

c) Con la economía especulativa financiera, la cosa vuelve a cambiar: el dinero ya no es una oportunidad para que yo cree riqueza, sino que él mismo es fecundo: con menos riesgos y con porcentajes de ganancia más altos. Eso será una gran mentira, pero “funciona” hasta que estalle la crisis. Pues bien: así como, en los comienzos del primer capitalismo no se vio que el préstamo a interés cambiaba de significado y siguieron prohibiendo, así ahora tampoco se ve que, en el capitalismo financiero, el interés vuelve a cambiar de significado, y se lo sigue permitiendo. Según la tesis de Benjamin del capitalismo como religión de culpa, ahora el interés viene a ser respecto del préstamo lo que es la penitencia respecto de la culpa.

Dejemos ese problema para el futuro y volvamos a Keynes. De lo antedicho deduce él que nuestro sistema tiene dos grandes defectos: es incapaz de crear empleo y reparte injustamente la riqueza y los ingresos. ¿Dos defectos o dos desautorizaciones totales?.

3.Lucas Granach. Retrato de Martin Lutero.10cmLucas Granach. Retrato de Martin Lutero.

4.- Todo lo antedicho nadie lo percibió con tanta claridad como Lutero, cuando ya iba amaneciendo el capitalismo. Creer en Dios es confiar en Él, pero nosotros hemos sustituido la confianza por el culto: confiamos nuestro futuro al dinero, y a Dios le hacemos procesiones y templos que “no llegan hasta el cielo”. Por eso, en su Gran Catecismo, Lutero trata del dinero al comentar no el séptimo mandamiento sino el primero: porque el dinero es “el ídolo más común en la tierra”. Según Lutero, la comunidad cristiana debería ser un ámbito donde no rigen las leyes de la economía monetaria. Los cristianos deberían manifestar al Dios verdadero con su conducta en cuestiones económicas. Por eso añade: “siempre he dicho que los cristianos somos gente rara en la tierra”. Pero esa rareza permite comprender que la frase de Jesús (“no podéis servir a Dios y al dinero”) tiene una traducción laica bien clara: no podéis servir al hombre y al dinero.

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“Corrupción y religión”, por José María Castillo, teólogo

Lunes, 29 de diciembre de 2014

corrupcion5Leído en su blog Teología sin Censura:

El reciente informe de la Unión Europea sobre la percepción que se tiene, en ciudadanos y empresas, sobre la corrupción en los distintos países de Europa, sitúa a la cabeza de los países corruptos a Italia y España, mientras que, por el contrario, los países menos corruptos, en cuanto se refiere a la gestión de la economía, son los países del norte de Europa.

En cuanto, hace pocos días, leí los resultados de este Informe, me vino a la memoria el conocido estudio de Max Weber, La Ética Protestante y el espíritu del capitalismo. Como es sabido, Weber defiende en este libro que “el afán de lucro” y la “tendencia a enriquecerse” nada tienen que ver con el capitalismo. Weber estaba convencido, hace un siglo, de que la “mentalidad económica” y el “ethos” [talante] económico son convicciones y pautas de conducta que están determinadas sobre todo por “la ética racional del protestantismo ascético”. Y destacaba las conexiones que las religiones más importantes tienen con la economía y la estructura social del medio en el que viven.

Yo estoy persuadido de que Max Weber no escribiría hoy este libro tal como lo escribió en su tiempo. Entre otras razones, porque el capitalismo de ahora no es como el que Weber conoció. Ni la religión que se practica ahora es como la que se practicaba a finales del s. XIX.

Sin embargo, hay un hecho patente que está a la vista de todos. Exactamente lo mismo, a comienzos del siglo XXI que a finales del XIX, los países de tradición católica son los más corruptos y los más castigados por la crisis económica (países del Sur), al tiempo que los países de matriz protestante (países del Norte) son los más desarrollados y los que han superado la crisis más rápidamente y mejor. Como es lógico, estas cosas no ocurren por casualidad. Alguna relación tiene que haber entre “economía” y “religión”. Lo que, en este momento, equivale a preguntarse: ¿tendrá algo que ver la religión con la corrupción económica?

No voy a ponerme a indagar – una vez más – en qué consiste exactamente el espíritu de la “ética protestante”. Sobre eso se han escrito bibliotecas enteras. Y ya sabemos lo que da de sí este asunto. Por eso yo me he puesto a darle vueltas a esta cuestión, repensando este enorme problema desde otro punto de vista. Hay un hecho que, por otra parte, no deja de llamar la atención. Me refiero a una cosa que ve cualquiera. “Gente religiosa”, “gente de derechas” y “gente capitalista” son expresiones que, con relativa frecuencia, suelen coincidir en las mismas personas y hasta en las mismas instituciones o grupos humanos. Pero coinciden solamente cuando la religión apoya el capitalismo y se pone de parte de la gente de derechas. Si se trata de una religión que, por lo que sea, no es incondicionalmente aceptada por los ricos, ese tipo de religión no tarda en caer en desgracia. Lo que ha pasado con la teología de la liberación es el ejemplo más claro que tenemos, en la Iglesia, de que las relaciones entre “religión” y “economía” son buenas y fluidas cuando, en definitiva, la religión se pliega a las exigencias del capitalismo financiero, con las consiguientes condiciones que impone la banca, etc, etc.

¿Qué hay detrás de todo esto? Por lo que yo he podido averiguar, hasta este momento, el factor determinante en este oscuro asunto es la profunda y extraña conexión que existe entre los “rituales” y la “ética”. Una conexión que se comprende en cuanto uno se da cuenta de que el comportamiento de una persona religiosa está más determinado por el “rito” que por el “ethos” (W. Burkert, B. Lang, G. Theissen). Es decir, la gente religiosa se aferra más a la observancia de los rituales sagrados que a la honradez sin fisuras de la conducta de un buen ciudadano. ¿Cómo se explica que haya tantos ricos capitalistas que se quedan tranquilos con su misa y sus rezos, cuando ellos son los primeros que saben que no pagan los jornales que tendrían que pagar? ¿Qué explicación tiene que haya obispos con palacios y coches de lujo, que se quedan tan tranquilos sabiendo que en su diócesis hay miles de criaturas que se acuestan sin cenar? ¿Cómo es posible que la Jerarquía eclesiástica (con sus clérigos, frailes y monaguillos) siga aferrada a sus exenciones fiscales y privilegios económicos, en una sociedad en la que cada día echan de sus casas a tantas familias que no han hecho otro mal que quedarse sin trabajo?

La observancia ritual es un asunto peligroso
. Porque el rito fielmente observado tiene el efecto diabólico de tranquilizar la conciencia. Por eso hay tanta gente a la que le va divinamente con los bautizos, las bodas (de iglesia), los funerales con misa, la cofradía, la romería, la promesa, el escapulario y la estampa. De manera que todo eso, sin saber cómo ni por qué, se condimenta admirablemente con la tacañería a la hora de pagar el sueldo o el jornal, hacer la declaración de la renta, tener a “la muchacha” de la limpieza apuntada en el “seguro” y, si se trata de gente de poder y gobierno, no tienen empacho en defender y aprobar leyes que hunden a tantas criaturas en la miseria y la desesperación.

¿Se puede asegurar que existe una misteriosa y tremenda conexión entre religión y corrupción? Ahí están los hechos. Y que cada cual responda, no asegurando “yo tengo la conciencia tranquila”, sino preguntando a quienes conviven a tu lado qué piensan de todo esto.

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Recordatorio

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