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¿Dónde está Dios?, por Gabriel María Otalora

Viernes, 14 de septiembre de 2018

busqueda-de-diosDe su blog Punto de Encuentro:

“Los que dicen conocer a Dios, ¿qué significa creer en Él cuando llega el fracaso?”

“Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico”

(Gabriel María Otalora).- Es patente como va en aumento el nivel de insatisfacción de esta sociedad, atrapada entre ruidos y crisis de principios a todos los niveles. Son tiempos difíciles incluso para quienes tienen resueltas las necesidades básicas y no tan básicas; qué decir de los millones de personas sin medios ni dignidad humana que malviven por la codicia violenta de sus semejantes y ahora los tenemos a muchos de ellos vagando por el Mediterráneo en busca de un mundo digno. ¿Dónde está Dios en este pandemónium?

Anthony de Mello se refería a esto en forma de parábola: “Viendo a una niña marginada, aterida y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente, me encolericé y le dije a Dios: ‘¿Por qué permites estas cosas? ¿Por qué no haces nada para solucionarlo?’ En pleno silencio, esa noche, Él me respondió: ‘Ciertamente que he hecho algo. Te he hecho a ti’.

El silencio de Dios ante tanto dolor no deja de ser una llamada para que le dejemos actuar a través de nuestras manos. ¿Dónde está Dios?, pues está manifestándose en cada gesto de amor que realizamos al próximo, a quien Él quiere que le tratemos como a un hermano. Enredarnos en otras prioridades puede resultar un escándalo para tantísimas personas que buscan al Dios de la comprensión y la misericordia.

Incluso quienes no creen en la existencia de Dios se preguntarán en más de una ocasión: los que dicen conocer de Dios, ¿dónde le ven?, ¿por qué creen?, ¿qué significa en sus vidas creer en Él cuando llega el fracaso?, ¿qué sienten o saben?, ¿por qué tienen ese tipo de convicciones? Y seguro que se escandalizarán con nuestras peores contradicciones.

Aunque el ateísmo es un fenómeno relativamente moderno, la historia de las religiones solo demuestra la existencia del sentimiento religioso a lo largo de todas las épocas y de muy distintas maneras. La experiencia de Dios ha activado conductas revolucionarias por lo que de transformadoras tienen, pero que conviven con el lado humano más oscuro y provocador de tremendas confrontaciones entre personas religiosas cuando imponen la idea de su dios (el suyo propio) a quienes sienten de diferente manera, demostrando con sus actos no ya una experiencia de fe, sino lo peor de la condición humana.

No podemos demostrar donde está Dios, pero muchas personas han dado sobradas muestras de haber tenido a Dios consigo. Los cristianos estamos ante un Dios chocante, de lo pequeño, de lo sencillo, de lo auténtico. En su pedagogía no cabe el interés calculador, como corresponde a un Dios amoroso. Es un Dios “absurdo” porque no se apoya en todo su poder sino que actúa respetando el buen o mal uso de la libertad de los hombres. No es alguien abstracto, sino a quien se siente en la humildad y en la escucha. Nuestro Dios va descubriendo, poco a poco, trocitos de su divinidad en la medida que nos abrimos a la escucha, libremente, desde la experiencia en medio de claroscuros que amenazan una fe que no se pierde jamás por buscar sin miedo la verdad.

Para salir de esta crisis existencial, es preciso amar más y dejarnos transformar desde los acontecimientos de la vida, aceptando el riesgo de una nueva manera de ver y obrar, de comprender y actuar. Solo quienes se mantienen en la voluntad de avanzar en esta dirección llegan a descubrir donde nos espera Dios: junto a tanta inocencia que sufre. Misterio y grandeza.

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“Rechazado entre los suyos”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

Domingo, 8 de julio de 2018

14-852852-300x300Jesús no es un sacerdote del Templo, ocupado en cuidar y promover la religión. Tampoco lo confunde nadie con un maestro de la Ley, dedicado a defender la Torá de Moisés. Los campesinos de Galilea ven en sus gestos curadores y en sus palabras de fuego la actuación de un profeta movido por el Espíritu de Dios.

Jesús sabe que le espera una vida difícil y conflictiva. Los dirigentes religiosos se le enfrentarán. Es el destino de todo profeta. No sospecha todavía que será rechazado precisamente entre los suyos, los que mejor lo conocen desde niño.

Al parecer, el rechazo de Jesús en su pueblo de Nazaret era muy comentado entre los primeros cristianos. Tres evangelistas recogen el episodio con todo detalle. Según Marcos, Jesús llega a Nazaret acompañado de discípulos y con fama de profeta curador. Sus vecinos no saben qué pensar.

Al llegar el sábado, Jesús entra en la pequeña sinagoga del pueblo y «empieza a enseñar». Sus vecinos y familiares apenas le escuchan. Entre ellos nacen toda clase de preguntas. Conocen a Jesús desde niño: es un vecino más. ¿Dónde ha aprendido ese mensaje sorprendente del reino de Dios? ¿De quién ha recibido esa fuerza para curar? Marcos dice que Jesús «los tenía desconcertados». ¿Por qué?

Aquellos campesinos creen que lo saben todo de Jesús. Se han hecho una idea de él desde niño. En lugar de acogerlo tal como se presenta ante ellos quedan bloqueados por la imagen que tienen de él. Esa imagen les impide abrirse al misterio que se encierra en Jesús. Se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios.

Pero hay algo más. Acogerlo como profeta significa estar dispuestos a escuchar el mensaje que les dirige en nombre de Dios. Y esto puede traerles problemas. Ellos tienen su sinagoga, sus libros sagrados y sus tradiciones. Viven con paz su religión. La presencia profética de Jesús puede romper la tranquilidad de la aldea.

Los cristianos tenemos imágenes bastante diferentes de Jesús. No todas coinciden con la que tenían los que lo conocieron de cerca y lo siguieron. Cada uno nos hacemos nuestra idea de él. Esta imagen condiciona nuestra forma de vivir la fe. Si nuestra imagen de Jesús es pobre, parcial o distorsionada, nuestra fe será pobre, parcial o distorsionada.

¿Por qué nos esforzamos tan poco en conocer a Jesús?

¿Por qué nos escandaliza recordar sus rasgos humanos?

¿Por qué nos resistimos a confesar que Dios se ha encarnado en un profeta?

¿Intuimos tal vez que su vida profética nos obligaría a transformar profundamente nuestras comunidades y nuestra vida?

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 8 de julio de 2018. Domingo 14º de tiempo ordinario

Domingo, 8 de julio de 2018

39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.
Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.
2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.
Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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Dom 8.7.18. Nazaret. Currículum de Jesús

Domingo, 8 de julio de 2018

native10Leído en Koinonia:

Dom 14. Ciclo b. Mc 6,1-6. Este evangelio presenta el “viernes santo” de Jesús en Nazaret, su patria, donde los paisanos le desprecian y rechazan.

Las biografías helenistas solían presentar primero la familia y educación del protagonista. El evangelio de Marcos, en cambio, había comenzado con una referencia a Juan Bautista, para contar después, en varios capítulos, lo que ha empezado haciendo Jesús.

Únicamente ahora, después que ha presentado básicamente el mensaje de Jesús, habla Marcos de su patria y de la relación que él tiene con sus familiares y paisanos. Sabíamos algo de su familia por una escena anterior (Mc 3, 20-35: ¿quiénes son mi madre y mis hermanos…?), pero sólo ahora recibimos una información más detallada del tema, desde una perspectiva polémica.

Con esta ocasión presenta Marcos lo que pudiéramos llamar el currículum de Jesús:

curriculum-vitae-1-728(a En la sinagoga) 1 Y salió de allí y llegó a su patria, y sus discípulos le seguían 2 y cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga

(b. Admiración y escándalo)
y muchos, escuchándole, se admiraban y decían: ¿De dónde le vienen tales cosas¿ ¿y qué sabiduría es esa que le ha sido dada? ¿y que son esos milagros hechos por sus manos?

3 ¿No es éste el artesano, el hijo de María y hermano de Jacob, de José, de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él

Imagen 1. Nazaret a principios del siglo XX, casi como en tiempos de Jesús
Imagen 2: Currículo “convencional” de Jesús.


El curriculum de Jesús

Todo el cristianismo posterior depende de algún modo de este “curriculum” de Jesús, que aparece como artesano (obrero eventual), no como maestro, y también como descendiente, al parecer “irregular”, de una mujer llamada María, dentro de una familia conocida (y de poco valor). Los datos del texto podrían emplearse para despreciar a Jesús (como ha sucedido). Pero Marcos los entiende como fuente de honor, conforme a un proceso de “inversión” muy significativo.

La patria evocada (patrida, 6, 1), es, sin duda, Nazaret (cf. Mc 1, 9). Pero ese nombre podría tener otras connotaciones, vinculadas con el nombre los “nazoreos” (quizá un grupo especial de judíos), de los que solo tenemos informaciones confusas por la tradición cristiana.

Sean quienes fueren, esos nazarenos (naz0reos o nazaretanos) rechazan el tipo de mesianismo de Jesús (que rompe con la tradición antigua y venerable de su gente) y le “expulsan” de su familia-comunidad, de manera que él ha de seguir realizando su misión como un apátrida (un expulsado), un hombre que no cuenta con el apoyo “natural” de su gente .

6, 1-2a. En la sinagoga

1 Y salió de allí y llegó a su patria, y sus discípulos le seguían 2 y cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga

Culmina aquí la sección comenzada en Mc 3, 7: Jesús viene a proclamar el Reino, y sus paisanos, vinculados a un tipo de tradición judía, no le aceptan . El mismo Jesús parece causa del enfrentamiento: ha venido de manera pública, con un grupo de discípulos que le siguen (y que, según 3, 31-35, son verdaderos sus hermanos/as y madre) para exponer en su patria (que según 1, 9 es Nazaret) el sentido y condiciones de su nueva familia mesiánica, ante los representantes de su familia carnal antigua. Así podemos hablar de dos grupos.

(a) Jesús y sus discípulos (6, 1) vienen de fuera, con otra identidad social y una nueva forma de comunicación y relaciones personales, apareciendo como un reto en Nazaret, pues su mensaje y estilo de vida pueden tomarse como subversivos, contrarios a la tradición de su pueblo.

(b) Los nazarenos, entre los que se cuenta la familia carnal de Jesús (6, 2-3), representan la identidad patriarcal de la aldea israelita (y quizá del grupo de los nazoreos) a la que ha pertenecido Jesús.

Marcos sabe que Jesús proviene de Nazaret de Galilea (1, 9) y en cuatro lugares fundamentales le llama el nazareno, es decir, el de Nazaret: en la “confesión” del endemoniado de la sinagoga (1, 24), en la invocación del ciego de Jericó (10, 47), en el juicio ante el consejo judío (14, 67) y, finalmente, en las palabras del joven de pascua (16, 6).

Parece claro que él no ha insistido en la importancia teológica de ese término (nazareno) y de esa procedencia (Nazaret), aunque el ciego de Jericó (10, 47) podría haber vinculado el origen nazareno de Jesús con su posible ascendencia davídica (cf. comentario a 19, 47-48; 11, 10 y 12, 35-37).

Estrictamente hablando, para Marcos (cf. 12, 35-37), Jesús no se define como Hijo de David, en sentido mesiánico-político, sino que es Mesías por ser Hijo de Dios (cf. también 1, 1); según eso, parece que su venida a Nazaret ha de entenderse desde su oposición a un mesianismo nazoreo, de carácter político/sacral, que defenderían sus paisanos y sus familiares. En ese contexto podría entenderse mejor la dureza de este pasaje, que Marcos ha redactado para recordar que Jesús es de Nazaret (nazareno, por su nacimiento), pero no nazareo o nazireo (en línea político-sacral) .

6, 2b-3. Admiración y escándalo

… 2 y muchos, escuchándole, se admiraban y decían: ¿De dónde le vienen tales cosas¿ ¿y qué sabiduría es ésa que le ha sido dada? ¿y qué son esos milagros hechos por sus manos? 3 ¿No es éste el artesano, el hijo de María y hermano de Jacob, de José, de Judas y de Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros? Y se escandalizaban de él.

Jesús había empezado a enseñar en la sinagoga (6, 2a), como lo había hecho en Cafarnaúm (1, 21-28 y 3, 1-6), suscitando admiración, pero causando también escándalo, por su mensaje y su práctica de reino. Significativamente, como dirá después el texto, en contra de lo que sucedió en la sinagoga de Cafarnaúm (donde curó al poseso y al manco), Jesús no hizo aquí ningún milagro “importante”, no sólo por la falta de fe de los nazarenos, como supone 6, 5-6, sino también porque no ha venido a “sanar” la sinagoga, sino a presentar en ella su mensaje, confrontándolo así con el de sus paisanos.

6, 2b. Cuestión de sabiduría y milagros

Pues bien, en este contexto, da la impresión de que el protagonismo de la escena no lo tiene Jesús, sino sus paisanos, que se admiran y escandalizan (6, 2-3), sin que parezcan haber cambio de un caso al otro, pues ambas actitudes se vinculan, de manera que el mismo asombro lleva en sí un tipo de rechazo.

Nos movemos, sin duda, en la línea del argumento de los escribas de 3, 21-30, que pueden “admirarse” de las cosas que hace Jesús, pero las atribuyan a Satanás, y por eso le condenan. En este contexto se plantea la pregunta por el origen de los milagros que Jesús realiza y por su sabiduría.

— Importancia de las obras de Jesús. Ellas son las que primero preocupan a los nazarenos: ¿De dónde (pothen) le vienen tales cosas (tauta)? (6, 2). Más que lo que hace interesa aquí el lugar del que proviene. La procedencia determina, según eso, el valor de las cosas que un hombre realiza. Los escribas de 3, 22 creían conocer el origen más profundo de las obras de Jesús, al llamarle endemoniado (=hijo del diablo), rechazando desde ese fondo aquello que él hacía.

De un modo semejante, sus paisanos conocen a un nivel su procedencia y piensan que con ello deberían poder conocerle, controlarle. Pero Jesús ha roto sus esquemas. Por eso preguntan: ¿pothen, de dónde? Es evidente que muchos responderían con los escribas: ¡Actúa con el poder del Príncipe de los demonios… o dirán quizá está loco, como pensaban sus familiares en Cafarnaúm! (3, 21-22).

— Un problema de conocimiento. En el contexto anterior importaban las obras (milagros). Aquí importa la “sabiduría”. Los nazarenos vinculan de esta forma las dos grandes “facultades” que Pablo había separado, al menos metodológicamente: los judíos buscan obras, los griegos sabiduría (cf. 1 Cor 1, 22. Leer más…

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

Domingo, 8 de julio de 2018

jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

      El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.

En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

                Los milagros de Jesús han re representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

               Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

              En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

         Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quién es su familia; cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús aunque lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

           Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            El evangelio de hoy termina con estas palabras: «Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.» Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel (1ª lectura), le escuchen o no le escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Lectura del Profeta Ezequiel (Ez 2,2-5).

En aquellos días, al decirme esto, el espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escuchar a aquel que me hablaba. Él me dijo: «Hijo de hombre, yo te  envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

Un remedio contra la soberbia y el narcicismo (2ª lectura).

            Aunque sin relación con el evangelio, el texto de Pablo enseña algo muy útil para todos. Él es consciente de haber recibido unas revelaciones especiales de Dios. La más importante, después de la conversión, que Jesús vino a salvarnos a todos, no solo a los judíos, y que el evangelio debe proclamarse por igual a todas las personas, sin tener en cuenta su raza, género o condición social. Una revelación totalmente revolucionaria. Esto pudo provocar en él una reacción de orgullo y soberbia. Para contrarrestarla, Dios «le clava una espina en el cuerpo», que le humilla profundamente. No sabemos a qué se refiere. Se ha pensado en su enfermedad de la vista, de la que habla en la carta a los Gálatas, que coartaba su actividad misionera. Por lo que dice a continuación, le humillaban las propias flaquezas y las persecuciones, insultos y críticas procedentes de todas partes. Sin olvidar sus arrebatos de ira, que le llevaron a pelearse con Bernabé, su mejor amigo, al que tanto debía; o que le hacían escribir cosas terribles contra los judíos, e incluso contra los cristianos que no compartían sus puntos de vista, a los que llama «falsos hermanos». En cualquier caso, avergonzado de su conducta, pide a Dios que le saque esa espina. Quiere ser bueno y sentirse bueno. Sin fallo alguno. Narcisismo puro. Y Dios le responde: «Te basta mi gracia, pues mi poder triunfa en la flaqueza».

            A ninguno de nosotros nos faltan espinas en el cuerpo y en el alma que nos gustaría arrancarnos; o, mejor, que Dios las arrancara para dejarnos vivir tranquilos, satisfechos de nosotros mismos. Pero nos dice como a Pablo: «Te basta mi gracia». Y nosotros debemos repetir como él: «Me alegro de mis flaquezas, de los insultos, de las dificultades, de las persecuciones, de todo lo que sufro por Cristo».

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Domingo XIV del Tiempo Ordinario. 08 de julio de 2018

Domingo, 8 de julio de 2018

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“La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía:

‘¿De dónde le viene esto? Y, ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada?’

(Mc 6,1-6)

El evangelio de hoy nos presenta a Jesús volviendo a Nazaret por primera vez desde el comienzo de su predicación. Debió de alegrarse de volver a encontrarse con familiares, amigos y vecinos que le han visto crecer. Sin embargo, el Jesús que llega es un hombre diferente, transformado. Y esto es lo que hace que la gente conocida lo rechace, no quiera escucharle ni crea en él. Se pensaban que lo conocían, pero solo lo hacían externamente. Jesús tiene para ellos palabras de libertad, una Buena Noticia que llene sus vidas de esperanza y de consuelo, y las manos preparadas para sanar, para restablecer, para vivificar, para fortalecer. Pero la gente de Nazaret desconfía de alguien que, siendo tan parecido a ellos, les llega con un conocimiento nuevo: “¿De dónde le viene esto?”

La sabiduría que perciben en Jesús es incomprensible porque no le ha venido de fuera, no se ha convertido en un erudito a fuerza de estudiar. La transformación que la gente ve le viene de un conocimiento interior, profundo, íntimo, de su Padre del cielo y de la humanidad.

Sorprende que, a pesar de darse cuenta de la sabiduría de Jesús, lo rechacen, no le escuchen ni confíen en él. Quizás era porque sentían que su mirada y sus palabras les travesaban. Llegaban hasta su fondo, les revelaban su verdad, les incomodaban. Porque los conocía demasiado bien, sabía qué podía pedir a cada uno, sabía los puntos débiles de cada cual.

El caso es que si quien hubiera predicado en la sinagoga de Nazaret aquel sábado hubiese sido alguien desconocido, venido de lejos, sin ninguna relación con el pueblo, que no tuviera ni idea de sus relaciones y comportamientos, el éxito habría estaba asegurado.

Todo esto hace pensar en lo que nos cuesta escuchar palabras verdaderas sobre nosotras, palabras de quien nos conoce bien, de quien no podemos engañar con victimismos ni falsas imágenes. Palabras venidas de aquellas pocas personas que nos aceptan incondicionalmente, que solo quieren nuestro bien, que crezcamos y mejoremos. Que nos traen de vuelta a nuestra realidad.

Nos resulta más fácil seguir ensoñadas con espejos distorsionados. A menudo estamos dispuestas a escuchar aquello que viene de fuera, de cuanto más lejos mejor, cuanto más exótico mejor. Nos atraen las novedades, las soluciones instantáneas, las últimas tendencias. Buscamos consuelo y compañía a través de la pantalla, no lo pensamos mucho a la hora de contar nuestra vida a alguien desconocido.

Mucho menos dispuestas estamos, en cambio, a abrir el corazón a la gente con quien nos encontramos cada día. A hablarles de nuestros dolores, alegrías, deseos, sueños, vacíos y plenitudes. De lo que vivimos con ellos, lo que nos cuesta y lo que nos da gozo. Y es esta gente, sin embargo, la que nos puede hablar de nosotras mismas. Hacernos encontrar con quien somos y con el Dios que nos habita. Compartirnos, dejarnos mirar, escuchar serenamente lo que tienen que decir quienes nos conocen bien, es transformador y nos lleva hacia una vida plena. Igualmente, las profundidades de los demás, escucharles con oídos atentos y mirada limpia, nos hace crecer en sabiduría, en comunión, en alegría, en paz, en conocimiento de Dios.

Oración

Trinidad Santa, transfórmanos desde dentro, ayúdanos a dejarnos mirar hasta el fondo y a mirar a las demás personas con ternura y respeto, y a poner ante ti lo que simplemente somos.

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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Porque le conocían, lo rechazan.

Domingo, 8 de julio de 2018

unnamedMc 6, 1-6

Las tres lecturas de hoy nos hablan de limitaciones del ser humano. Tanto Ezequiel como Pablo como Jesús se dan cuenta de lo poca cosa que son, pero terminan descubriendo que esas limitaciones no anulan las posibilidades de humanidad plena que el don absoluto de Dios hace posible en ellos. Somos humanos, tal vez ‘demasiado humanos’ como decía Nietzsche, pero la plenitud de humanidad, que podemos alcanzar, es algo increíblemente grandioso y más que suficiente para dar sentido a una vida.

Con este texto concluye Mc una parte de su obra. Después de este relato, que manifiesta la aceptación, por el pueblo, de las tesis de los dirigentes, no vuelve a poner a Jesús en relación con los representantes oficiales de la religión. Sigue enseñando, pero al pueblo oprimido, que quiere liberarse. Jesús ve que no hay nada que hacer con la institución, y en adelante se va a dedicar al pueblo marginado. Este episodio se encuentra en los tres sinópticos, pero relatos paralelos se pueden encontrar en Jn y en otros lugares de los mismos sinópticos.

Mc no tiene relatos de la infancia. Por eso puede narrar sin prejuicios este encuentro con los de su “pueblo”. Es un toque de alerta ante el afán de divinizar la vida humana de Jesús. Para los que mejor le conocían, era solo uno más del pueblo. Sus paisanos estaban tan seguros de que era una persona normal que no pueden aceptar otra cosa. Eran sus compañeros de niñez, habían jugado y trabajado con él, lo conocían perfectamente. Lo encuadraban en una familia, (requisito indispensable para ser alguien). Hasta ese momento no habían descubierto nada fuera de lo normal en él. Es lógico que no esperasen nada extraordinario.

El texto griego no habla de pueblo sino de “patria”. Ni hace referencia al lugar geográfico. Se refiere más bien al ambiente social en que desarrolló su vida. Llega con sus discípulos, es decir, convertido en un rabino que tiene sus seguidores. No sale nadie a recibirle. Tuvo que esperar al sábado, e ir él a la sinagoga a hablarles. No fueron a la sinagoga a escucharle, sino a cumplir con el precepto. Jesús por su cuenta, se pone a enseñarles. Mc ya había advertido de la relación de Jesús con su familia. En 3,21 dice que sus parientes vinieron a llevárselo, porque decían que estaba loco. Quedan impresionados como en Cafarnaúm.

El texto griego no dice: “desconfiaban de él” sino “se escandalizaban”, que indica una postura más radical. Ni siquiera pronuncian su nombre. Le dicen que es hijo de María; no nombran a su padre, que era la manera de considerar digna a una persona. Es curioso que Mt corrige el texto de Mc y dice: “hijo del carpintero”. Pero Lc va más lejos y dice: “el hijo de José”. Estos evangelistas, que copian de Mc, seguramente intentan quitarle al texto toda posible interpretación peyorativa. Para Mc, no era hijo de José, porque había roto con la tradición de su padre; ya no era un seguidor de las tradiciones, como era su obligación.

Ese conocimiento excesivo de Jesús, es lo que les impide creer en él. Conocen muy bien a Jesús, pero se niegan a reconocerle como lo que es. Hay que estar muy atentos al texto. En aquel tiempo, cualquiera de la asamblea podía hacer la lectura y comentarla. Si no aceptan la enseñanza de Jesús, es porque no se presentó como carpintero sino con pretensiones de maestro. Tampoco lo rechazan por enseñar como un Rabí, sino por enseñar cosas nuevas. La religión judía estaba segura de sí misma y no admitía novedad. Los jefes religiosos no permitían admitir nada distinto a lo que ellos enseñaban.

Jesús no ha estudiado con ningún rabino ni tiene títulos oficiales. Al hacer Jesús alusión al rechazo del “profeta”, está respondiendo a las cinco preguntas puramente retóricas que se habían hecho sus paisanos. Jesús no enseña nada de su cosecha, sino que habla en nombre de Dios. Esa era la primera característica de un profeta. Al no aceptarle, están rechazando a Dios mismo. La extrañeza de Jesús no es por verse rechazado, sino por verse rechazado por su pueblo. Rechazado por los sometidos a quienes intentaba liberar. El golpe psicológico que recibió Jesús fue realmente muy fuerte.

Un detalle muy interesante es que su desconfianza impide que Jesús pueda hacer milagro alguno. El domingo pasado decía Jesús a la hemorroísa: “tu fe te ha curado”; y a Jairo: “basta que tengas fe”. La fe o la falta de fe son determinantes a la hora de producirse un milagro. ¿Dónde está entonces el poder de Jesús? Tenemos que superar la idea de un Jesús que tiene la omnipotencia de Dios y que puede hace lo que quiere en cada momento. Ni Dios ni Jesús pueden hacer lo que quieren si entendemos el “hacer” como causalidad física. La idea de un Jesús con el comodín de la divinidad ha falseado el verdadero rostro de Jesús.

El relato de hoy nos habla de la humanidad de Jesús. Nos está confirmando que no tiene privilegios de ninguna clase. Por eso es tan difícil aceptarle como profeta enviado de Dios. Siempre será difícil descubrir a Dios en aquel que se muestra como muy humano. También hoy rechazamos por instinto cualquier Jesús que no esté de acuerdo con el que aprendimos de pequeños. Yo he oído más de una vez esta frase: “no nos compliques la vida. ¿Por qué no nos dices lo de siempre?” Acostumbrados a oír siempre lo mismo, si alguien se le ocurre decir algo distinto, aunque esté más de acuerdo con el evangelio, saltamos como hienas.

Todo lo que no responda a lo sabido, a lo esperado, no puede venir de Dios. Esa fue la postura de los jefes religiosos del tiempo de Jesús y esa es la postura de los jerarcas de todos los tiempos. Pero esa es también la postura de todos los que lo niegan. Como no responde a las expectativas, no existe. Aceptar a Jesús, como aceptar a Dios, implica el estar despegado de todas las imágenes que nos podemos hacer sobre él. Siempre que nos encerremos en ideas fijas sobre Jesús, estamos preparándonos para el escándalo.

Dios nunca se presenta dos veces con la misma cara. Si de verdad le buscamos lo descubriremos siempre diferente y desconcertante. Si esperamos encontrar al Dios domesticado, no engañamos a nosotros mismos aceptando al ídolo que ya nos es familiar. La consecuencia inesperada de toda religión institucionalizada, será siempre el tratar de manipular y domesticar a Dios para hacer que se acomode a nuestras expectativas.

El profeta es el que habla de un Dios desconcertante e imprevisible que puede salir en cualquier instante por peteneras. El profeta nunca estará conforme con la situación actual, ni personal ni social, porque sabe que la exigencia de Dios es la perfección a la que no podemos llegar nunca. El auténtico profeta será siempre un inconformista, un indignado. Lo más “antiprofético” y antievangélico será siempre la persona o la institución instalada.

El gran espejismo, en que hemos caído en el pasado, fue pensar que “todos” tenían la obligación de aceptar el mensaje de Jesús. Nada ha hecho más daño al cristianismo que el querer imponerlo a todos. Desde Constantino hasta hoy, hemos cometido el disparate de hacer cristianos por “decreto”. La opción por el evangelio será siempre cuestión de minorías. Nos asusta un Jesús completamente normal porque hemos puesto la grandeza en lo extraordinario. Pero resulta que lo más grande de todo ser humano no es lo que no tienen los demás, sino precisamente lo que todos tenemos por igual.

Meditación-contemplación

El demasiado conocimiento de Jesús nos impide descubrirlo.
Lo que es y significa Jesús, no se puede meter en doctrinas.
A Dios solo se llega viviendo su presencia en nosotros.
Para llegar a la vivencia tengo que superar el conocimiento.
El conocimiento de Jesús y de Dios me viene de fuera.
La experiencia de Dios y de Jesús me llegará de dentro.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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Un sabio con “autoritas”.

Domingo, 8 de julio de 2018

oggi-si-e-compiuta“Expón con sinceridad y sencillez tu sentir, y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano”  (Miguel de Unamuno)

8 de Julio. Domingo XIV del TO

Mc 6, 1-6

Y muchos comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado?

La fuerza de la autoridad de sus palabras se funda en sus acciones. Los romanos hacían una distinción entre ‘autoritas’ y la ‘potestas’, alabando la primera por encima de la segunda. La autoritas se conquista mediante la adhesión, la persuasión y la convicción del buen ejemplo dado. Jesús nos invita a sacarla, como Fray Luis de León (Oda I. Vida retirada), siguiendo en este caso la senda escondida que él, uno de “los pocos sabios que en el mundo han sido”, nos ha enseñado en su evangelio. Él hablaba con autoridad porque hablaba de lo que había encontrado dentro de él. Me ha sorprendido siempre la consideración de este dato: permaneció treinta años preparándose, y tres predicando. ¿Fue ésta, acaso, la raíz profunda de tú profunda sabiduría?

Esta fue, y también la de la relación particularmente humana que establecía con los que se relacionaba, en particular los necesitados. De dicha relación han sabido siempre mucho los médicos. Hipócrates indica como uno de los cuatro principios fundamentales el: “Estudiar más al paciente que a la enfermedad”. Para Platón el enfermo es amigo del médico a causa de su enfermedad. La relación entre médico y enfermo es de amistad y, en ella, es fundamental la confianza del enfermo en la medicina y en el médico que le trata. Con el cristianismo, las Órdenes Religiosas se hacen cargo de la asistencia sanitaria que es un acto religioso y moral. Se crean los primeros hospitales cristianos, la asistencia sanitaria es gratuita para los enfermos sin recursos y se atiende también a los enfermos incurables y moribundos. El fundamento de la relación médico-enfermo en el cristianismo es una modalidad de la amistad cristiana entre los hombres. El médico medieval le da importancia a la comunicación verbal con el enfermo con el objetivo de darle consuelo, de aliviarle. Sigmund Freud supone un cambio muy importante en la relación médico-enfermo al introducir al sujeto en medicina. Considera que en el acto clínico, la relación médico-paciente es fundamental, y la historia clínica es un instrumento imprescindible que permite al paciente contar su experiencia vital en ese momento.

Modernamente la relación que establecen el médico y el enfermo, durante el proceso de enfermedad, es de extremada importancia. Es una relación rica y compleja que influye en el curso de la enfermedad, en la eficacia del tratamiento, y que tiene por sí misma un importante valor curativo. Para Gregorio Marañón, por ejemplo, “lo más importante en medicina es la relación entre médico y enfermo”, dice. Y Pedro Laín Entralgo señala rotundamente que se trata de una la relación que vincula mutuamente a dos hombres, que está formada por dos personas, y el vínculo entre ella es la palabra”.

Los que te escuchaban, dice en 6, 2 Marcos, comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Que clase de sabiduría se le ha dado? Y yo también, Jesús maestro sabio, me asombro de tu sabiduría, y cada vez que profundizo un poco más en tu Evangelio, descubro más y mejor la increíble riqueza humana del mensaje. La del διακόνεο, al que el NT le atribuye el significado de “servir a la mesa” (L 10, 40, 17, 8; Jn 12,1) y que Marcos, si ha de ser comprendido desde la enseñanza de Jesús sobre el discipulado, presenta el sentido más amplio de “ser servicial”, “estar a disposición de”. Un servicio que implica autodonación y disponibilidad, presentado por Jesús como núcleo de su seguimiento y signo de distinción de sus discípulos, sean estos varones o mujeres. Todos ellos han de hacer lo que han visto realizar al mismo Jesús. Han de adoptar las mismas aptitudes: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir” (Mc 10, 40)

Decía en su Diario íntimo don Miguel de Unamuno, “Expón con sinceridad y sencillez tu sentir, y deja que la verdad obre por sí sobre la mente de tu hermano”, añadiendo al servir la sugerencia de respetar en el que sirve su manera personal de hacerlo.

En su obra La cuisinne retrouvée, el ilustre literato -y también sabio en su poético quehacer- Marcel Proust, gran amante de la buena cocina como buen francés, hace una loa del bon manger diciendo que “En el tiempo que sigue a una comida copiosa, existe una especie de momentos de reposo saturados de bienestar, de inteligencia y de energía donde permanecer ociosos, que nos otorgan el sentimiento de plenitud de vida”. La dimensión poética de Proust hace resaltar la trascendencia del acto de servir, en otras partes de su obra, aunque poniendo particular énfasis en el de disfrutar de los manjares servidos.

“El efecto de la sabiduría es una alegría continua”, decía Lucio Anneo Seneca en Cartas a Lucilio. Alegría por el buen servir, el buen comer, las buenas relaciones que otorgan salud, y que ponen barro frente a la hermosura, como canta nuestro Poema de hoy, le da Nueva Vida.

INSPIRA ME D0MINE

“Formavit igitur Dominus Deus hominem de limo terrae et inspiravit…”  (Génesis 1, 7)

Me formaste, Señor, del barro puro;
soplaste con amor la blanca arcilla;
dejaste eternidad de tu semilla
en la arista sin faz de un canto duro; 

color pusiste en tu pincel seguro;
le diste ardor a la letal mantilla;
llegó el aliento a la fetal papilla,
blando barrizal de humus inseguro.

Y en el resplandor de tu llama pura,
Todo se hizo amor, masa redimida.
¡Sopla, Señor, y deja tu hermosura

en el lodazal de esta carne hundida;
y poniendo el barro junto a tu hermosura,
sóplalo otra vez, dale Nueva Vida.

(José Paz. Poemas en Tiempo)

Vicente Martínez

Fuente Fe Adulta

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Profetas en nuestra tierra.

Domingo, 8 de julio de 2018

comodejarteprofeta-despreciadoMc 6,1-6

Jesús, nos dice el evangelio de Lucas, creció en “edad, sabiduría y gracia” (Lc 2,52). Sus paisanos le vieron dar sus primeros pasos, correr, jugar y trabajar, conocieron a José y a María y fueron testigos de cómo su vida transcurría como la de cualquier otra familia de Nazaret. Quienes conocieron a Jesús como niño hoy le ven convertido en un hombre que lidera un pequeño grupo, que enseña en la sinagoga y obra milagros.

El don de la vida lleva consigo la capacidad de crecer. Como seres humanos podemos ampliar nuestros conocimientos y habilidades, aprender con la experiencia y cambiar con el transcurrir de los años. No somos los mismos que éramos hace un tiempo y, con la gracia de Dios y nuestro propio trabajo personal, este continuo proceso posibilita la transformación para llegar a ser lo que estamos llamados a ser. Aquello que nos hace más felices. Aquello que, intuimos como creyentes, es la voluntad de Dios para nosotros.

Sin embargo, aunque podemos constatar esta experiencia humana en nosotros mismos, ¡qué difícil se nos hace muchas veces reconocer los cambios y el crecimiento de los demás! Resulta sencillo “poner etiquetas” a los otros, pero ¡cuánto nos cuesta quitarlas! Cuesta confiar en la posibilidad de transformación de las personas y surge con facilidad la desconfianza.

“Y desconfiaban de él”, nos dice el texto. La realidad indiscutible de lo que ven en Jesús: su sabiduría y sus milagros, no consigue vencer la sospecha y la incredulidad de quienes le conocieron como un sencillo carpintero, procedente de una humilde familia.

El evangelio de hoy cuestiona esta actitud. Podemos preguntarnos si concedemos la oportunidad de crecimiento y de cambio a quienes son compañeros de camino en la vida cotidiana, cuando nos sobreviene la sospecha antes sus logros y avances. A lo largo de la historia, personas audaces y adelantadas a su tiempo han sido cuestionadas, quizás porque sus vidas han cuestionado a los demás. Oscar Romero, Mahatma Gandhi… o Teresa de Jesús, Joaquina de Vedruna y tantas otras fundadoras y fundadores de instituciones o movimientos religiosos padecieron también la incomprensión y el rechazo de sus contemporáneos. El evangelio de hoy nos pone en alerta y nos invita a revisar nuestras actitudes hacia aquellas personas con las que compartimos trabajo o vida.

Pero también nos cuestiona nuestra propia relación con Jesús. Puede pasarnos como a sus paisanos. Lo hemos conocido tanto desde pequeños que ahora, ¿qué nos puede decir que no sepamos ya? Podemos caer en el peligro de amaestrar su Palabra y no permitir que su poder renovador atraviese nuestras vidas y las transforme.

Nos dice el evangelio que Jesús “no pudo hacer allí ningún milagro”. Porque Jesús no hace nada sin contar con nosotros, con nuestra disposición y fe, con nuestra confianza. Aprovechemos para revisar las “etiquetas” que colocamos, incluso a él, y que impide, de algún modo, que haga milagros en cada uno de nosotros, en nuestra tierra personal, familiar, comunitaria, social, mundial…

Cada día, una nueva oportunidad para creer. Cada día, una nueva oportunidad para crecer.

Inma Eibe, ccv

Fuente Fe Adulta

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¡Ay Jesús, Jesús!

Domingo, 8 de julio de 2018

14_to_bDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01 JESÚS VUELVE A SU PUEBLO.

Jesús vuelve a Nazaret, donde había vivido treinta años y era muy conocido.

Jesús tenía ya una fama importante en su pueblo y entre las gentes de Galilea, incluso en el sur, en Judea se miraba ya a Jesús con recelo y odio:

o Bien por las expectativas políticas (zelotismo) que había despertado en algunos sectores del pueblo y a las que Jesús no dio pábulo.

o Y sobre todo por su distancia de los poderosos del Templo, de la sinagoga, de la política, así como por su cercanía a los pobres y enfermos, porque hablaba de la misericordia de Dios.

02. JESÚS “NO ES UN BUEN HIJO” DE JOSÉ, DE MARÍA.

Los paisanos de Jesús veían en Jesús a un nazareno, a un paisano, al hijo de María, hermano de sus hermanos, etc. Pero ni tan siquiera Jesús respondía a las expectativas de ser hijo de José, nazareno, galileo.

Jesús, hijo de José, debía ser expresión de sus parientes, del movimiento socio-cultural-político de aquella Galilea anti-romana, zelota. Pero Jesús no siguió ese camino.
Pero Jesús va a resultar despreciado y no bien acogido porque no fue fiel a lo que se esperaba en Nazaret – Galilea en esos momentos.

Jesús curaba enfermos, hacía milagros, acogía a mujeres, trataba con publicanos y pecadores, perdonaba, levantaba de la muerte.

Jesús estaba del lado del ser humano, no de la Ley, ni de los esquemas religiosos del Templo, de la sinagoga.

“Los lugares sagrados” fueron los más peligrosos para Jesús. Tres veces intentó Jesús enseñar en las Sinagogas. En la primera le interrumpieron de mala manera (Mc 1,21), en la segunda y tercera vez decidieron e intentaron asesinarle además de decir de él que “estaba loco” (Mc 3,1; Lc 4,16-30).

La “zona roja” de máximo peligro para Jesús fue el Templo. La “casa de Dios” fue el sitio más peligroso para Jesús. De las doce veces que aparece en el evangelio de Juan la expresión “asesinar” a Jesús, seis veces se encuentran en el Templo, (Jn 7, 19.20.25; 8,22.37.40). Igualmente S Juan emplea ocho veces el término “arrestar” a Jesús, cuatro son en el Templo: (Jn 7,30.32.33; 8,20).

(J. MATEO – J, BARRETO, El Evangelio de Juan. Análisis lingüístico y comentario exegético, Madrid, Ed Cristiandad, 1979, 399-400).

03. JESÚS SIENDO PROFUNDAMENTE HUMANO, FUE HIJO DE DIOS.

catedral-de-leon-vidrierasNosotros, como los paisanos de Jesús, como los judíos creemos en el Dios de la Ley, de la prepotencia, de los ritos. Pero Jesús fue hijo de Dios en la humanidad, en la debilidad.

Siempre la cuestión es ver en la materialidad de las personas y de la vida “algo más.

En el hijo del carpintero podemos ver a Cristo y lo que él significa.

Y a Jesús, a Dios, le vemos en el pobre, en el marginado, en los más débiles y sencillos de la vida.

04. SE EXTRAÑÓ DE SU FALTA DE FE.

Para sus convecinos, Jesús era un humano y nada más que un humano: el hijo de María.

Sin terreno preparado no hay cosecha. “No pudo hacer allí ningún milagro, salvo curar a unos pocos enfermos”. La palabra de vida de Jesús es viable únicamente en un ámbito de fe, de apertura a Dios.

Lo que les pasó a los convecinos de Jesús puede pasarnos también a nosotros: encerrarnos en valoraciones puramente humanas de Jesús (maestro de sabiduría y de ética) y no descubrir el verdadero “ser” de Jesús (transparencia de Dios). Jesús es bastante más que un gran o un pobre hombre. El “ser” de Jesús no se agota en su “ser” de hombre.
Sin ninguna pretensión por nuestra parte, Dios hace milagros cuando nosotros creemos y tenemos fe en Él.

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“El fracaso humano del Capitalismo”, por Jaime Luis Brito

Lunes, 21 de septiembre de 2015

explotacion-infantilLeído en la página web de Redes Cristianas

Rebelión
Adital, 09.09.2015

Las oleadas de emigrantes sirios a toda Europa. El drama sirio, que es el drama humano, demuestra el fracaso del Capitalismo. Porque al final es el drama de los centroamericanos y mexicanos de camino a los Estados Unidos, de su padecer, de su huida de escenarios de guerra, de violencia estructural, de su falta de oportunidades de vida, es el sufrimiento de los sirios. La imagen del menor sirio ahogado en las playas turcas, es paradigmática, nos duele.

Las personas son oprimidas por la violencia estructural que las empobrece; por la violencia del crimen que las asesina; por la violencia social que las margina. Por eso el sur expulsa personas siempre al norte. La migración, si bien es un fenómeno humano, en estos momentos de la Historia, responde a motivaciones económicas o por la violencia, entre otras. Es consecuencia de la guerra contra la humanidad que se ha instaurado por el conflicto de interés entre grupos de poder.

Lo que ocurre en Siria, es lo mismo que pasa en México, en Centroamérica o en África. La intención es llegar a un lugar donde, al menos en la fantasía, hay mejores condiciones de vida, mejores oportunidades y la posibilidad de sobrevivir mejor.

Nos escandaliza ver al niño muerto a la orilla del mar, pero no nos escandaliza la industria de la muerte que entre los zetas y agentes de migración corrompidos han montado en las orillas de la vía del tren por donde circula la Bestia, ferrocarril que les va dotando de miles de personas migrantes para seguir alimentando sus redes de trata de personas y de esclavitud moderna. Todo, frente a la indiferencia de las autoridades que al menos por omisión están involucradas y en muchos casos por complicidad, por acción directa.

En los años 90 del siglo pasado, hubo un gran escándalo para censurar el drama de los balseros cubanos. Entonces, se dijo que esa era una señal del fracaso del socialismo en el mundo. Hoy, ninguna de esas mismas voces se levanta horrorizado para señalar que la migración por violencia o por pobreza, es una señal inequívoca del fracaso humano del Capitalismo. Porque al final, la guerra contra la humanidad es parte esencial de los objetivos del Capitalismo.

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“No despreciar al Profeta”, 14 Tiempo Ordinario – B (Marcos 6,1-6)

Domingo, 5 de julio de 2015

14-852852-300x300El relato no deja de ser sorprendente. Jesús fue rechazado precisamente en su propio pueblo, entre aquellos que creían conocerlo mejor que nadie. Llega a Nazaret, acompañado de sus discípulos, y nadie sale a su encuentro, como sucede a veces en otros lugares. Tampoco lo presentan a los enfermos de la aldea para que los cure.

Su presencia solo despierta en ellos asombro. No saben quién le ha podido enseñar un mensaje tan lleno de sabiduría. Tampoco se explican de dónde proviene la fuerza curadora de sus manos. Lo único que saben es que Jesús es un trabajador nacido en una familia de su aldea. Todo lo demás «les resulta escandaloso».

Jesús se siente «despreciado»: los suyos no le aceptan como portador del mensaje y de la salvación de Dios. Se han hecho una idea de su vecino Jesús y se resisten a abrirse al misterio que se encierra en su persona. Jesús les recuerda un refrán que, probablemente, conocen todos: «No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa».

Al mismo tiempo, Jesús «se extraña de su falta de fe». Es la primera vez que experimenta un rechazo colectivo, no de los dirigentes religiosos, sino de todo su pueblo. No se esperaba esto de los suyos. Su incredulidad llega incluso a bloquear su capacidad de curar: «no pudo hacer allí ningún milagro, solo curó a algunos enfermos».

Marcos no narra este episodio para satisfacer la curiosidad de sus lectores, sino para advertir a las comunidades cristianas que Jesús puede ser rechazado precisamente por quienes creen conocerlo mejor: los que se encierran en sus ideas preconcebidas sin abrirse ni a la novedad de su mensaje ni al misterio de su persona.

  • ¿Cómo estamos acogiendo a Jesús los que nos creemos «suyos»?
  • En medio de un mundo que se ha hecho adulto, ¿no es nuestra fe demasiado infantil y superficial?
  • ¿No vivimos demasiado indiferentes a la novedad revolucionaria de su mensaje?
  • ¿No es extraña nuestra falta de fe en su fuerza transformadora?
  • ¿No tenemos el riesgo de apagar su Espíritu y despreciar su Profecía?
  • Esta era la preocupación de Pablo de Tarso: «No apaguéis el Espíritu, no despreciéis el don de Profecía. Revisadlo todo y quedaos solo con lo bueno» (1 Tes 5,19-21). ¿No necesitamos algo de esto los cristianos de nuestros días?

José Antonio Pagola

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“No desprecian a un profeta más que en su tierra”. Domingo 5 de julio de 2015. Domingo 14º de tiempo ordinario

Domingo, 5 de julio de 2015

39-ordinarioB14 cerezoDe Koinonia:

Ezequiel 2,2-5: Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos. Salmo responsorial: 122: Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia. 2Corintios 12,7b-10: Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Marcos 6,1-6: No desprecian a un profeta más que en su tierra

Los estudiosos suelen decir que la primera parte del Evangelio de Marcos (que termina en la “Confesión de Pedro”) se divide en varias partes más pequeñas; cada una de estas partes empieza con un resumen -llamado técnicamente “sumario”- de la vida de Jesús; después de cada una de ellas viene una referencia a los apóstoles. En este esquema, el evangelio de hoy es el fin de la segunda de las tres pequeñas partes que se caracterizan por un aumento progresivo en el conflicto que Jesús provoca al encontrarse con él. El texto marca un punto clave: Jesús -que es presentado aquí como profeta- se encuentra con la absoluta falta de fe de los suyos, amigos y parientes. El “fracaso” de Jesús se va acentuando: en la tercera parte ya se empieza a presentir la “derrota” del Señor anticipada en la muerte del Bautista.

Es característico del evangelio de Marcos presentar a sus destinatarios el aparente fracaso, la soledad, el “escándalo” de la cruz de Jesús. Esa cruz es la que comparten con él todos los perseguidos a causa de su nombre, como la comunidad misma de Marcos. En toda la segunda parte de este Evangelio lo encontraremos al Señor tratando -a solas con los suyos- de revelarles el sentido de un “Mesías crucificado” que será plenamente descubierto por el centurión -en la ausencia de cualquier signo exterior que lo justifique- como el “Hijo de Dios”.

Los habitantes de Nazaret no dan crédito a sus oídos: ¿de dónde le viene esto que enseña en la sinagoga? “Si a éste lo conocemos, y a toda su parentela”. La sabiduría con la que habla, los signos del Reino que salen de su vida, no parecen coherentes con lo que ellos conocen. Allí está el problema: “con lo que ellos conocen“. Es que la novedad de Dios siempre está más allá de lo conocido, siempre más allá de lo aparentemente “sabido”; pero no un más allá “celestial”, sino un “más allá” de lo que esperábamos, pero “más acá” de lo que imaginábamos; no estamos lejos de la alegría de Jesús porque “Dios ocultó estas cosas a los sabios y prudentes y se las reveló a los sencillos”; no estamos lejos de la incomprensión de las parábolas: no por difíciles, sino precisamente por lo contrario, por sencillas. El “Dios siempre mayor” desconcierta, y esto lleva a que falte la fe si no estamos abiertos a la gratuidad y a la eterna novedad de Dios, a su cercanía. Por eso, por la falta de fe, Jesús “no podía hacer allí ningún milagro”; quienes no descubren en Él los signos del Reino no podrán crecer en su fe, y no descubrirán, entonces, que Jesús es el enviado de Dios, el profeta que viene a anunciar un Reino de Buenas Noticias. Esto es escándalo para quienes no pueden aceptar a Jesús, porque “nadie es profeta en su tierra“. Y quizás, también nos escandalice a nosotros… ¿o no?

Jesús es mirado con los ojos de los paisanos como “uno más”. No han sabido ver en él a un profeta. Un profeta es uno que habla “en nombre de Dios”, y cuesta mucho escuchar sus palabras como “palabra de Dios”; cuesta mucho reconocer en quien es visto como “uno de nosotros” a uno que Dios ha elegido y enviado. Cuesta pensar que estos tiempos que vivimos son tiempos especiales y preparados por Dios (kairós) desde siempre. Pero en ese momento específico, Dios eligió a un hombre específico, para que pronuncie su palabra de Buenas Noticias para el pueblo cansado y agobiado de malas noticias. No es fácil reconocer el paso de Dios por nuestra vida, especialmente cuando ese paso se reviste de “ropaje común”, como uno de nosotros. A veces quisiéramos que Dios se nos manifieste de maneras espectaculares ‘tipo Hollywood’, pero el enviado de Dios, su propio Hijo, come en nuestras mesas, camina nuestros pasos y viste nuestras ropas. Es uno al que conocemos aunque no lo re-conocemos. Su palabra, es una palabra que Dios pronuncia y con la que Dios mismo nos habla. Sus manos de trabajador común son manos que obran signos, pero con mucha frecuencia nuestros ojos no están preparados para ver en esos signos la presencia del paso de Dios por nuestra historia.

Muchas veces nosotros tampoco sabemos ver el paso de Dios por nuestra historia, no sabemos reconocer a nuestros profetas. Es siempre más fácil esperar o cosas extraordinarias y espectaculares, o mirar alguien de afuera. Es más “espectacular” mirar un testimonio allá en Calcuta… que uno de los cientos de miles de hermanas y hermanos cotidianos por las tierras de América Latina que trabajan, se “gastan y desgastan” trabajando por la vida, aunque les cueste la vida. Es más maravilloso mirar los milagros que nos anuncian los predicadores itinerantes y televisivos, que aceptar el signo cotidiano de la solidaridad y la fraternidad. Es más fácil esperar y escapar hacia un mañana que ‘quizá vendrá’, que ver el paso de Dios en nuestro tiempo, y sembrar la semilla de vida y esperanza en el tiempo y espacio de nuestra propia historia. Todo esto será más fácil, pero, ¿no estaríamos dejando a Jesús pasar de largo? Leer más…

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Dom 5.7.15 ¿No es éste el artesano? Jesús, un trabajador

Domingo, 5 de julio de 2015

tekton112Del blog de Xabier Pikaza:

Dom 14 tiempo ordinario, ciclo B, Marcos 6,1-6. Jesús fue un judío piadoso, atento a la palabra de Dios, pero su piedad resulta inseparable de su estado social.

Parece que sus antepasados vinieron de Belén de Judá a Nazaret de Galilea, tras la conquista de Alejandro Janeo (104 a.C.), recibiendo unas tierras, pero debieron perderlas, convirtiéndose en artesanos.

En esa línea, Marcos 6,3 le define como el artesano (ho tekton) es decir, como alguien que debía vender su trabajo, según oferta y demanda, en un mundo sin piedad, que ya no estaba ya marcado por la “providencia” del “lcielo” (lluvia) y el esfuerzo de los hombres, sino por el mercado laboral.

Antes de (y para) ser el Cristo, Jesús ha sido un artesano/obrero, sometido al trabajo de otros. Sin duda, él tenía un conocimiento básico de la Escritura y, como nazoreo, asumía la tradición socio-religiosa del judaísmo, pero se hallaba a merced de las duras ofertas laborales del entorno, con indicaré en esta postal (situándole dentro del organigrama de trabajos de su tiempo).

El texto que sigue está tomado básicamente de Historia de Jesús, VD, Estella 2013 (y en parte de Comentario de Marcos, VD, Estella 2012). Buen domingo a todos.

Texto. Marcos 6,1-6

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: ¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el artesano, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?…

Marginado activo y pasivo.

11403121_463093287201202_1527799514246838764_nLos años de Jesús en Galilea corresponden básicamente al reinado de Antipas en Galilea (4 aC–39 dC) y estuvieron marcados por una profunda crisis económica, de forma que muchas tierras pasaron a manos de unos pocos y gran parte de los galileos engrosaron el proletariado (y clientelismo) urbano de las nuevas capitales (Séforis, Tiberíades), o siguieron en el campo en situación de dependencia (de renteros o artesanos eventuales).

Jesús ha sido campesino sin tierra; no formaba parte de una estirpe sacerdotal probablemente acomodada, como la de Juan Bautista (cf. Lc 1) o F. Josefo (según su Autobiografía), sino que era pobre efectivo, un marginal, un marginado . No se enfrentó a los poderes dominantes desde arriba, ni pidió limosna, ni se limitó a mejorar con pequeños retoques lo que había, desde el interior del sistema, pero inició una mutación social (por revelación de Dios), precisamente desde aquellos que, como él, carecían de poder y tierra, desde la escuela de pobreza y trabajo alienado de millones de personas, que dependían de aquello que otros quieran ofrecerles.

‒- Era marginado pasivo, pues los cambios de los últimos decenios, en un mundo controlado por escribas, sacerdotes oficiales y nuevos aristócratas dirigidos por H. Antipas (en pacto con Roma), le habían arrojado al margen de la sociedad, sin más medios que su trabajo eventual de artesano. Fue víctima de la nueva globalización comercial romana, y no podía cumplir la Ley como aquellos que tenían tiempo para ello (muchos fariseos).

‒ Era marginado activo. La misma situación que le había vinculado con otros expulsados, le permitió entender (en otra línea) la Escritura de Dios y la tarea de su pueblo. Era un expulsado de la vida, pero no resentido (no propugnó la violencia reactiva en contra de los ricos), sino un hombre con un inmenso potencial de creatividad. Desde ese fondo se entiende su respuesta a los retos de la realidad israelita, tal como se expresa en su contacto y Juan Bautista y luego con su mensaje de Reino en Galilea .

2. Marginado dependiente.

No fue un carpinteros rico y acreditado, con trabajo seguro y tiempo libre para argumentar sobre temas de Ley, sino un artesano-dependiente, sin acceso a tierra propia, ni pensador de tiempo libre, dispuesto a mejorar en lo posible lo que existe, sino un profeta en tiempo de opresión, teniendo que buscar y descubrir a Dios desde unas circunstancias sociales marcadas por la comercialización herodiana (romana) de los campos, que empezaban a depender de las ciudades y los nuevos ricos. Todo nos permite pensar que su mismo trabajo marcó su experiencia humana y religiosa:

‒ El trabajo en casa y campo propio arraiga al hombre (familia) en una tierra que puede entenderse como don trasmitido por generaciones (de padres a hijos). El antiguo Dios israelita tendía a revelarse así a través de la propiedad sagrada y la continuidad del grupo, sancionando unos valores de justicia y solidaridad que duran por generaciones, expresándose en la heencia de los propietarios. Pues bien, ese Dios antiguo ya no respondía a las necesidades de los obreros sin tierra, entre los que hallamos a Jesús.

‒ Campesinos y artesanos galileos se parecían a los hebreos en Egipto. Muchos estaban perdiendo su herencia, y no podían creer en el Dios de los «buenos» propietarios. No tenían patrimonio (en línea patriarcal), ni herencia para dejarla a los hijos, de manera que. Eran itinerantes obligados a “pedir” trabajo en aldeas y pueblos, sin estructuras familiares fijas, ni casas vinculadas a la tierra. Ciertamente, algunos pudieron enriquecerse, pero les faltaba la tierra/heredad que se transmite y mantiene en familia, por generaciones. La mayoría eran pobres. Para ellos proclamó Jesús ante todo el Reino .

((Jesús debió trabajar como artesano desde los 12 años. Así, cuando más tarde recorra Galilea como itinerante del Reino, volverá a los pueblos que había conocido de artesano, con otros oprimidos de Israel, en albergues y caminos. Sobre la situación de Galilea, cf. R. Aguirre, Los estudios actuales sobre Galilea y la exégesis de los evangelios en: A. Borrell (ed.), La Bíblia i el Mediterrani, Associació Bíblica, Barcelona 1997, 249-262; E. M. Meyers (ed.), Galilee through the centuries. Confluence of cultures (Duke Judaic Studies), Eisenbrauns, Winona Lake IN 1999; K. H. Ostmeyer, Armenhaus und Räuberhöhle?: Galiläa zur Zeit Jesu, 147-170; J. L. Reed, Population Numbers, Urbanization, and Economics: Galilean Archaeology and the Historical Jesus, ZNT 96 (2005), 203- 219; El Jesús de Galilea. Aportaciones desde la arqueología, Sígueme, Salamanca 2006; J. D. Crossan y J. L. Reed, Jesús desenterrado, Crítica, Barcelona 2003; S. Freyne, Jesús, un galileo judío, Verbo Divino, Estella 2007)).

Los rasgos anteriores trazan una fuerte disonancia. (1) Como israelita (nazoreo), Jesús era portador de una promesa de posesión o heredad. (2) Pero formaba parte de aquellos que habían perdido la tierra, expulsados de la promesa de Dios, a quienes él quiso anunciar el Reino. Esta experiencia plantea un problema, y para precisarlo debo analizar la división de clases que había por entonces en Galilea (Palestina) .

1. Clase gobernante, funcionarios.

En la cúpula se hallaban los altos oficiales romanos (Procurador…) y los reyes vasallos herodianos (Antipas o Filipo) bajo Roma (unas pocas decenas de personas). Tenían muchas tierras y recibían grandes impuestos, para disfrute personal y para financiar edificaciones y empresas militares y sociales. Se apoyaban en una subclase militar, sacerdotal e intelectual (un 5% de la población):

Jesús no luchó directamente contra los gobernantes y soldados de Roma, pero su visión de Dios y de su Reino se oponía a la estructura sagrada del imperio, y al orden superior de los sacerdotes, que decidieron su muerte, unidos a Roma. Por otra parte, el proyecto de Jesús se oponía a la clase intelectual de los escribas oficiales, que tenían una visión distinta de la Ley (Escritura) y de su incidencia en la vida del pueblo.

‒ Subclase militar. No había entre los judíos una clase militar estricta, pues el gran ejército estaba en manos de Roma y de su gobernador (Poncio Pilato), de manera que en conjunto ellos se hallaban bajo el mando de una milicia exterior (que se juzgaba sagrada), aunque Antipas, rey vasallo de Galilea-Perea, mantenía un pequeño ejército, que podía considerarse israelita, aunque integrado en la milicia romana. Ciertamente, en tiempo de Jesús no existía un ejército celota (anti-romano) estricto, que sólo surgirá en los años anteriores a la guerra (67-73 dC), pero había un conflicto militar latente, pues muchos judíos veían el ejército de Roma como signo demoníaco. Jesús no reclutará soldados, ni planeará un levantamiento militar, pero morirá condenado por el comandante del ejército romano (Poncio Pilato). Leer más…

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El misterio de la incredulidad. Domingo 14. Ciclo B.

Domingo, 5 de julio de 2015

jesussinagoga1Del blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

El domingo pasado nos recordaba el evangelio de Marcos dos ejemplos de fe: el de la mujer con flujo de sangre y el de Jairo. Hoy nos ofrece la postura opuesta de los nazarenos, que sorprenden a Jesús con su falta de fe.

En aquel tiempo Jesús fue a su tierra acompañado de sus discípulos. El sábado se puso a enseñar en la sinagoga, y la gente, al oírlo, decía asombrada: «¿De dónde le viene a éste todo esto? ¿Cómo tiene tal sabiduría y hace tantos milagros? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y el hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven con nosotros?». Y se escandalizaban de él. Jesús les dijo: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta». Y no pudo hacer allí ningún milagro, aparte de curar a algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se quedó sorprendido de su falta de fe. Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.

Éxito en Cafarnaúm

            Resulta interesante comparar lo ocurrido en Nazaret con lo ocurrido al comienzo del evangelio: también un sábado, en Cafarnaúm, Jesús actúa en la sinagoga y la gente se pregunta, llena de estupor: «¿Qué significa esto? Es una enseñanza nueva, con autoridad. Hasta a los espíritus inmundos les da órdenes y le obedecen.» Enseñanza y milagros despiertan admiración y confianza en Jesús, que realiza esa misma tarde numerosos milagros (Mc 1,21-34).

Fracaso en Nazaret

            Otro sábado, en la sinagoga de Nazaret, la gente también se asombra. Pero la enseñanza de Jesús y sus milagros no suscitan fe, sino incredulidad. La apologética cristiana ha considerado muchas veces los milagros de Jesús como prueba de su divinidad. Este episodio demuestra que los milagros no sirven de nada cuando la gente se niega a creer. Al contrario, los lleva a la incredulidad.

Los milagros de Jesús han re representado un enigma para las autoridades teológicas de la época, los escribas, y ellos han concluido que: «Lleva dentro a Belcebú y expulsa los demonios por arte del jefe de los demonios» (Mc 3,22).

Los nazarenos no llegan a tanto. Adoptan una extraña postura que no sabríamos cómo calificar hoy día: no niegan la sabiduría y los milagros de Jesús, pero, dado que lo conocen desde pequeño y conocen a su familia, no les encuentran explicación y se escandalizan de él.

Jesús, motivo de escándalo

En griego, la palabra escándalo designa la trampa, lazo o cepo que se coloca para cazar animales. Metafóricamente, en el evangelio se refiere a veces a lo que obstaculiza el seguimiento de Jesús, algo que debe ser eliminado radicalmente («si tu mano, tu pie, tu ojo, te escandaliza… córtatelo, sácatelo»).

Lo curioso del pasaje de hoy es que quien se convierte en obstáculo para seguir a Jesús es el mismo Jesús, no por lo que hace, sino por su origen. Cuando uno pretende conocer a Jesús, saber «de dónde viene», quién es su familia; cuando lo interpreta de forma puramente humana, Jesús se convierte en un obstáculo para la fe. Desde el punto de vista de Marcos, los nazarenos son más lógicos que quienes dicen creer en Jesús aunque lo consideran un profeta como otro cualquiera.

Asombro e impotencia de Jesús

            A Marcos le gusta presentar a Jesús como Hijo de Dios, pero dejando muy clara su humanidad. Por eso no oculta su asombro ni su incapacidad de realizar en Nazaret grandes milagros a causa de la falta de fe. Adviértase la diferencia entre la formulación de Marcos: «no pudo hacer allí ningún milagro» y la de Mateo: «Por su incredulidad, no hizo allí muchos milagros».

Nazaret como símbolo

Los tres evangelios sinópticos conceden mucha importancia al episodio de Nazaret, insistiendo en el fracaso de Jesús (la versión más dura es la de Lucas, en la que los nazarenos intentan despeñarlo). Se debe a que consideran lo ocurrido allí como un símbolo de lo que ocurrirá a Jesús con la mayor parte de los israelitas: «Sólo en su tierra, entre sus parientes y en su casa desprecian al profeta».

El fracaso no lo desanima

            El evangelio de hoy termina con estas palabras: «Recorrió después las aldeas del contorno enseñando.» Jesús ha fracasado en Nazaret, pero esto no le lleva al desánimo ni a interrumpir su actividad. Igual que Ezequiel (1ª lectura), le escuchen o no le escuchen, dejará claro testimonio de que en medio de Israel se encuentra un profeta.

Lectura del Profeta Ezequiel (Ez 2,2-5).

En aquellos días, al decirme esto, el espíritu entró en mí, me hizo tenerme en pie y pude escuchar a aquel que me hablaba. Él me dijo: «Hijo de hombre, yo te  envío a los israelitas, a un pueblo de rebeldes, que se han rebelado contra mí, ellos y sus padres, hasta este mismo día. Hijos de cara dura y corazón de piedra son aquellos a quienes yo te envío. Les dirás: Esto dice el Señor Dios. Escuchen o no escuchen -puesto que son una raza de rebeldes-, sabrán que en medio de ellos se encuentra un profeta.

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“El Sínodo sobre la familia, freno a la reforma de Francisco”, por Juan José Tamayo, teólogo

Viernes, 7 de noviembre de 2014

familia tradicionalEl arzobispo norteamericano Chaput se suma a Burke y acusa al Papa de convertir la Iglesia “en un barco sin timón” y denuncia que Bergoglio “está dejando a los creyentes un poco mareados”

Leído en la página web de Redes Cristianas

La reforma de Francisco parece haber naufragado o, al menos, encallado en el Sínodo celebrado en Roma del 5 al 19 de octubre, que ha reunido a cerca de 200 obispos de todo el mundo para reflexionar sobre la concepción, la actitud y la práctica pastoral de la Iglesia católica en torno a diferentes orientaciones sexuales, a los diferentes modelos de familia y otras cuestiones vinculadas con ella. Éramos muchas las personas de fuera y de dentro de la Iglesia católica que esperábamos un cambio de mentalidad, de orientación y de rumbo en un tema que se caracteriza por planteamientos anclados en el pasado sin apertura alguna a los cambios producidos en las últimas décadas en la sociedad. Pero éramos también conscientes de los obstáculos que se interponían y del peligro de que se produjera un estancamiento

El primer obstáculo lo constituían los propios protagonistas del Sínodo: los obispos. ¿Qué aportaciones podían hacer unas personas que no son especialistas en el tema, ni siguen de cerca los estudios especializados en las diferentes disciplinas que se ocupan del fenómeno de la familia en toda su complejidad? Personas que, además, han renunciado a formar una familia para dedicarse en exclusiva al servicio de la Iglesia. Es verdad que fueron invitados expertos y matrimonios, pero sin apenas influencia en los debates y sin voto a la hora de aprobar las proposiciones finales.

El segundo era la herencia de los papas anteriores. Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI se mantuvieron instalados rígidamente en el paradigma tradicional de la familia y de la doctrina sobre la sexualidad y condenaron los modelos de familia que no se atuvieran a la imagen conservadora del matrimonio “cristiano”. Pablo VI, beatificado el pasado domingo por Francisco, condenó los métodos anticonceptivos en 1968 en la encíclica Humanae vitae, en clara oposición a las orientaciones del concilio Vaticano II, que defendía la paternidad responsable, y en contra de la mayoría de la Comisión de científicos y de teólogos que le asesoraba y que era partidaria del uso de dichos métodos para poner en práctica el principio conciliar de la referida paternidad responsable. La encíclica provocó una de las más graves rupturas de los teólogos, las teólogas y de los movimientos cristianos críticos con el Vaticano y generó un clima de malestar profundo dentro de la Iglesia, que desembocó en una actitud de justificada desobediencia colectiva a las orientaciones papales tanto en la teoría como en la práctica.

En la encíclica Familiaris consortio Juan Pablo II ya alertaba sobre los signos más preocupantes en torno al tema que ha discutido el Sínodo reciente, entre los cuales citaba “la facilidad del divorcio y del recurso a una nueva unión por parte de los mismos fieles; la aceptación del matrimonio puramente civil, en contradicción con la vocación de los bautizados a “desposarse en el Señor”; la celebración del matrimonio sacramento no movidos por una fe viva, sino por otros motivos; el rechazo de las normas morales que guían y promueven el ejercicio humano y cristiano de la sexualidad dentro del matrimonio”.

El cardenal Ratzinger, siendo presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigió en 1986 una durísima carta a los obispos norteamericanos en la que afirmaba que la particular inclinación de la persona homosexual, aunque en sí no sea pecado, constituye, sin embargo, una tendencia, más o menos fuerte, hacia un comportamiento intrínsecamente malo desde el punto de vista moral. Por este motivo la inclinación misma debe ser considerada objetivamente desordenada. El documento reaccionaba ante quienes creíamos –y seguimos creyendo- que oponerse a la actividad homosexual y a su estilo de vida constituye una forma de discriminación injusta, y osaba aseverar, negando la evidencia, que la actitud de la Iglesia contra la homosexualidad no comporta discriminación alguna, sino que busca la defensa de la libertad y de la dignidad de la persona.

En coherencia con este planteamiento, Ratzinger pedía a los obispos que no incluyeran en ningún programa pastoral a organizaciones de personas homosexuales sin antes dejar claro que toda actividad homosexual es inmoral, ordenaba retirar todo apoyo a organizaciones que pretendieran subvertir la enseñanza de la Iglesia en esta materia, prohibía el uso de locales “propiedad de la Iglesia” para actos de grupos homosexuales e instaba a defender los valores del matrimonio frente a proyectos legislativos que defiendan las reivindicaciones de los colectivos homosexuales.

Por esas fechas, la Congregación romana para la Educación Católica publicaba la Instrucción sobre los criterios de discernimiento vocacional de las personas con tendencias homosexuales con vistas a su admisión en el seminario y a las órdenes sagradas, que prohibía a los homosexuales ingresar en los seminarios y acceder al sacerdocio. Prohibición que sigue manteniéndose hoy a rajatabla.

No resultaba fácil romper en el Sínodo con esa tendencia excluyente de las personas homosexuales y de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar, ya que en ella fueron educados –mejor instruidos- muchos de los padres sinodales.

Un tercer obstáculo fue la creación, desde el comienzo de la preparación del Sínodo, de un “frente” de oposición a cualquier cambio, liderado por el cardenal Gerhard Ludwig Müller, presidente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nombrado por Benedicto XVI para mantener la ortodoxia y evitar cualquier desviación en materia doctrinal y moral. Se apresuró a escribir un libro sobre la familia recordando la doctrina tradicional, que considera inamovible, y firmó un documento junto con otros cardenales en contra de la reforma que en este tema pretendía introducir Francisco.

Pero no todas eran inercias, obstáculos y problemas. Había también síntomas de apertura. Fue el propio papa Francisco quien, al poco de ser elegido, propició un nuevo clima y abrió el debate sobre la actitud de la Iglesia hacia los homosexuales y el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar a los sacramentos. En el propio Sínodo reinó un clima de libertad y los participantes en el mismo pudieron expresar sin ningún tipo de restricciones en lo referencia a la expresión de sus ideas. Dicho clima fue favorecido por Francisco, quien asistió a las sesiones en actitud de escucha y sin interferirse en las discusiones.

Ya en el viaje de vuelta de Brasil en julio de 2013, preguntado a bordo del avión por su actitud hacia los homosexuales, respondió de esta guida: “Si alguien es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarle? No debemos marginar a la gente por esto, deben ser integrados a la sociedad”.

En otra ocasión insinuó la posibilidad de revisar la actual prohibición del acceso de los divorciados que han vuelto a casarse y adoptar una actitud menos excluyente que la actual. Hubo cardenales que remaron en la dirección del papa y mostraron una actitud más abierta y favorable al cambio, entre ellos el cardenal Kasper que, en respuesta a los cardenales firmantes del documento conservador, respondió que “la verdad católica no es un sistema cerrado” y defendió el acceso de las personas divorciadas vueltas a casar a la eucaristía, si bien imponiendo unas condiciones muy severas:

“Si un divorciado vuelto a casar: 1. Se arrepiente de su fracaso en el primer matrimonio 2. Se han esclarecido las obligaciones del primer matrimonio, y se ha definitivamente excluido que regrese atrás. 3. Si no puede abandonar sin otras culpas las responsabilidades asumidas con el matrimonio civil. 4. Si, sin embargo, se esfuerza por vivir del mejor modo según sus posibilidades el segundo matrimonio a partir de la fe y de educar a los propios hijos en la fe. 5. Si tiene el deseo de los sacramentos como fuente de fuerza para su situación, ¿debemos o podemos negar, después de un tiempo de nueva orientación (metanoia), los sacramentos de la penitencia y después de la comunión?”.

Su respuesta es afirmativa, pero con importantes matices y precisiones: “Este posible camino no sería una solución general. No es el camino ancho de la gran masa, sino más bien el estrecho camino de la parte probablemente más pequeña de los divorciados vueltos a casar, sinceramente interesados en los sacramentos. ¿No es necesario tal vez evitar aquí la peor parte? (o sea la pérdida de los hijos con la pérdida de toda una segunda generación)… Un matrimonio civil como el que fue descrito con criterios claros debe distinguirse de otras formas de convivencia irregular, como los matrimonios clandestinos, las parejas de hecho, sobre todo la fornicación, de los así llamados matrimonios salvajes. La vida no es solo blanco y negro. De hecho, hay muchos matices”.

La propia metodología seguida en la preparación del Sínodo permitía albergar esperanzas de cambio. El Vaticano envió una encuesta a todos los cristianos y cristianas en torno a las cuestiones que se iban a abordar en la asamblea episcopal para conocer la opinión de las diferentes comunidades católicas del mundo sobre el tema. La mayoría de las respuestas eran favorables a una mayor apertura y a una actualización de la doctrina sobre la familia más acorde con los cambios producidos en las últimas décadas.

Pero ese clima de apertura enseguida se encontró con la réplica del cardenal Müller, que apelaba a argumentos de carácter dogmático y jurídico para oponerse incluso a la posibilidad de discutir sobre el tema: “Si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era válido, en ninguna circunstancia su nueva unión puede considerarse conforme a derecho; por tanto, es imposible que reciban los sacramentos”.

En el Sínodo se han producido, es verdad, cambios importantes en el análisis de la situación de la familia y en las críticas hacia sus patologías, en las actitudes y en el lenguaje empleado. La proposición 8 hace un buen análisis de las situaciones más graves por las que pasa hoy la familia: discriminación de las mujeres y creciente violencia de género contra ellas, con demasiada frecuencia dentro de la familia; abusos sexuales de los niños y de las niñas; penalización de la maternidad en vez de su consideración como valor; mutilación genital en algunas culturas; efectos negativos de las guerras, el terrorismo y el crimen organizado en las familias; crecimiento del fenómeno de los niños de la calle en las grandes metrópolis y en sus periferias.

La actitud ante los matrimonios civiles y las parejas de hecho es más comprensiva y acogedora, ya que, se dice, en ellos deben descubrirse elementos positivos, y en la actitud hacia los homosexuales. Muestra la necesidad de acoger las personas en situaciones difíciles como el divorcio y de buscar nuevos caminos pastorales para las familias heridas, no basadas en “soluciones únicas”

Pero en las cuestiones de fondo no se ha producido cambio alguno. Dos ejemplos. La proposición 52 describe las dos tendencias de los padres sinodales en torno a la posibilidad –solo la posibilidad- de que los divorciados vueltos a casar puedan acceder a los sacramentos de la penitencia y de la eucaristía: la que se muestra partidaria de mantener las actuales normas prohibitivas en vigor, y la partidaria de permitir el acceso a los sacramentos, pero con muchas restricciones: no de manera generalizada, sino en algunas situaciones especiales y con condiciones muy precisas. Además, el eventual acceso a los sacramentos debe ir precedido de un “caminar penitencial” bajo la responsabilidad del obispo diocesano. Aun con todas estas restricciones, esta proposición contó con el rechazo de 74 padres sinodales y no logró los 2/3 tercios.

Otro ejemplo es la proposición 55 sobre los homosexuales. Defiende la necesidad de una acogida respetuosa y de un trato no discriminatorio hacia ellos, pero es contundente en el rechazo de los matrimonios homosexuales, hasta el punto de excluirlos del plan de Dios sobre la familia y el matrimonio. Con todo, la proposición fue rechazada por 62 padres sinodales y tampoco logró los 2/3.

Para frenar la lógica sensación pesimista que deja el Sínodo en quienes esperaban que la apertura fuera real ya, se afirma, como consuelo, que en este Sínodo no se ha dicho la última palabra y que hay que esperar al de octubre de 2015, que elaborará las conclusiones definitivas sobre la familia. Yo pregunto: ¿Cambiará entonces el panorama y se reconocerá sin trabas, prejuicios y prevenciones el acceso de las personas católicas divorciadas y vueltas a casar el matrimonio a los sacramentos de la eucaristía y de la penitencia y el reconocimiento del matrimonio homosexual como lo hace la Iglesia Anglicana, o volverán a emplearse fórmulas ambiguas del “sí, pero no”, tan propias del lenguaje eclesiástica ¿O se dejará la respuesta ad kalendas graecas?

¿Se seguirá pensando con categorías jurídicas o se hará al ritmo de la vida y atendiendo a los problemas reales de la familia? ¿Se buscarán las respuestas apelando al Código de Derecho Canónico o a la racionalidad dialógica? ¿Se seguirá expulsando de la comunidad eclesial y de la eucaristía que, según el Vaticano II, es el centro de la vida cristiana, a quienes se considera pecadores por el hecho de haber iniciado un nuevo proyecto de vida común y de haber formado una nueva familia?

¿Se respetarán y reconocerán en la Iglesia católica las diferentes identidades sexuales: gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, que de hecho existen entre los cristianos y las cristianas como existen en la sociedad? ¿Caminará la Iglesia oficial al ritmo de la sociedad y será sensible, como pedía Juan XXIII, a los signos de los tiempos, entre los cuales se encuentra el reconocimiento explícito de los diferentes modelos de familia, o perderá de nuevo el tren de la historia?

Y una reflexión final en clave de realismo. Yo creo que considerar un problema el acceso a la eucaristía a personas divorciadas vueltas a casar y a los matrimonios homosexuales solo existe en las mentes de los jerarcas, no en la práctica. Y negar dicho acceso se encuentra en el Código de Derecho Canónico, no en la vida de las comunidades cristianas. Son muchas las comunidades eclesiales de todo el mundo (parroquias, comunidades de base, grupos de matrimonios, etc.) que ni siquiera se plantean el problema. Las cristianas y los cristianos divorciados que han vuelto a casarse y las parejas homosexuales son acogidos sin ningún tipo de reserva en dichas comunidades, de las que forman parte, y participan en los sacramentos como el resto de los creyentes. Y lo hacen con toda naturalidad, sin ningún complejo de culpa, sin consultar ni pedir permiso a los clérigos y obispos, ni preguntarse si actúan conforme a la disciplina de la Iglesia, sin someterse a ningún “camino de penitencia”. Bastante penitencia ha tenido y sigue teniendo su vida como para añadirle todavía otra más.

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Fracasa el acto de conciliación entre el obispo de Málaga y la familia del menor transexual

Miércoles, 30 de abril de 2014

jesus-catalaEsperemos que esta vejación no quede impune como hasta ahora…

Jesús Catalá, quien no acudió, se enfrentará a una querella

La madre de la niña transexual de Málaga se querella contra el obispo por “injurias y calumnias”

Le acusan de afirmar que la madre “forzó” al menor a sentirse mujer

El acto de conciliación previsto para este lunes en el Juzgado de Primera Instancia número 13 de Málaga solicitado por la representación legal de la madre del menor transexual que se siente niña, a raíz de unas declaraciones del obispo de Málaga, Jesús Catalá, sobre este caso, ha terminado sin acuerdo o avenencia, según ha informado el letrado de la familia de Gaby, quien ha indicado que el próximo paso será presentar una querella.

En la demanda de conciliación presentada en su día se pedía que reconociera que en un desayuno informativo hizo declaraciones relativas a la actuación de la madre, que esta parte considera que “atentan contra el honor de mi representada”, al ser “ofensivas a su dignidad, imagen pública y buen nombre como madre de la menor”, instando a que se retractase de las mismas, a través de una nota de prensa, manifestando expresamente que “no se atienen a la realidad”.

Según ha explicado el abogado Oliver Roales, la representación del obispo “ha venido a manifestar que no hizo tales declaraciones, sin embargo no ha querido pronunciarse sobre si esas manifestaciones las suscribe o no”. “Se dice por una parte que se le ha malinterpretado y por otra no llega a desautorizar esas declaraciones, con lo cual lo que se pretende en realidad es volver a reproducir lo que ha sido objeto de ese procedimiento y del daño”, ha dicho.

El letrado ha explicado en declaraciones a los periodistas que a partir de que en el acto de conciliación, al que no ha asistido el obispo sino su representación legal, no ha habido avenencia “tenemos vía libre para interponer la querella” por delito de injurias y calumnias con publicidad “y lo vamos a hacer“.

“Hemos sido muy flexibles en cuanto a la redacción y los posibles términos de esa nota por parte del obispo, pero por lo que no pasábamos era en que quedara duda o ambigüedad acerca de si el obispo suscribía o no esas declaraciones y él en ningún momento ha querido pronunciarse a ese respecto”, ha indicado Roales, insistiendo en que “estamos en un lugar y en un momento en el que ya sí que tiene que pronunciarse porque el daño ya se ha producido”.

Por parte del Obispado no han querido hacer manifestaciones al respecto. En la demanda de conciliación presentada se pedía que reconociera que el obispo dijo que desde la Fundación Diocesana de Enseñanza Santa María de la Victoria, del Obispado y de quien depende el colegio en el que entonces estaba el escolar, “defienden al niño en sus derechos como ser humano, le respetan en su identidad en contra del abuso de la Junta y de su madre“.

Asimismo, se señalaba que el obispo también afirmó quehay informes que insisten en que no se debe intervenir o dirigir la sexualidad del menor”, así como que “forzada por la madre, la Administración andaluza obliga a un tratamiento que puede perjudicar al menor”.

Así, se instaba a que “reconozca expresamente que es incierto que mi representada haya realizado conducta alguna de abuso sobre la niña o que la haya sometido a tratamiento dañino de cualquier tipo, no la respete en su identidad sexual o haya realizado conducta alguna de manipulación sobre su sexualidad” y, por tanto, que admita que las declaraciones “atentan contra el honor de mi representada”.

Se apuntaba que el mayor interés es “el restablecimiento del honor y la imagen pública” mediante una reparación pública, por lo que no se ha pedido aún indemnización “por el daño moral causado, pese a la gravedad del mismo“, aunque se añade que esta parte se reserva el derecho a dicha reclamación económica.

(Rd/Ep)

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“Porque, cuando soy débil, es entonces cuando soy fuerte” (1 Cor 12, 10)

Jueves, 3 de abril de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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El culto al resultado reviste en nuestros días un carácter despiadado. Un divorcio, la pérdida de un empleo son sentidos como fracasos personales graves. (…) Se impone una conversión de la mirada. Ya es hora de admitir que, no sólo el fracaso no es un drama, sino que puede hacerse muy a menudo un acontecimiento positivo. Su primera ventaja, que está lejos de ser despreciable, consiste en disponernos en una actitud de humildad frente a la vida. Nos fuerza a aceptar la vida tal como es y no tal como la queremos o la soñamos. El verdadero sufrimiento nace de nuestra resistencia al cambio, al movimiento de la vida, a su flujo. Entonces regocijemonos cuando estemos en lo alto; y cuando los bajos se presenten, aceptemoslos y procuremos que nos sirvan de trampolines.

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Frédéric Lenoir

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