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Julio César Boffano: “Me acosté con obispos y cardenales que de la boca para afuera eran homofóbicos”

Sábado, 25 de septiembre de 2021

1473106D-22C2-4843-95EE-796AE01980A9Un excura gay, abusado en su niñez, dice que el sexo es moneda corriente en el Vaticano, donde los homosexuales son mayoría.

09.09.2021 08:26

Por César Bianchi

Fotos: Javier Noceti

Julio César Boffano se consagró a Dios convencido de que era el camino para un mundo más justo, más igualitario, más esperanzador. Fue seminarista, se hizo sacerdote y como estudiante viajó a la capital italiana como miembro de la Compañía de Jesús. Allá en Roma, en el corazón mismo del Vaticano, descubrió mentiras, engaños, hipocresía; advirtió que la homosexualidad campeaba entre los religiosos y que él sería “un gay más”. Presenció (y sufrió) abusos de poder. Vio que el sexo y la lascivia eran moneda corriente y que los curas homosexuales eran más homofóbicos que la minoría, los hetero.

Tuvo sexo con practicantes, curas, obispos y cardenales. Hasta que uno de sus amantes, como Dios lo trajo al mundo -nunca mejor aplicado- y con una copa de champán en la mano, se burló del Todopoderoso. A Julio le empezó a caer la ficha: el importante religioso, sin la sotana (y despojado de toda prenda), se mofaba de todo en lo que él creía y en lo que el propio cardenal juraba creer. Algo no andaba bien, no cerraba.

Julio se asumió gay, y un día se lo contó a otro cura. Este le dijo que él también era gay y estaba orgulloso de serlo. Lo besó y lo invitó a la cama. Julio frecuentó saunas y boliches gays, y allí siguió cruzándose con muchos religiosos que en los pasillos del Vaticano se hacían los nunca vistos. Se unió a un grupo de curas homosexuales preocupados por la homofobia de la Iglesia Católica. Buscaban entender cómo podía ser que la Iglesia Católica promoviera la familia tradicional y despreciara la homosexualidad, si ellos, los elegidos de Dios, eran homosexuales. En esas reuniones discutían, reflexionaban, cenaban… y también tenían sexo entre ellos.

Julio César Boffano (54), ex cura devenido en político frenteamplista, hoy es concejal del municipio B de Montevideo, y trabaja como consultor en derechos humanos y comunicación integral. Acaba de lanzar su libro autobiográfico (Conocerme me hizo libre, de editorial Planeta) donde narra sus vivencias como cura en el cerno mismo de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Denuncia vidas paralelas, privilegios y abusos, como el que le tocó vivir en carne propia cuando era solo un niño y el DT del baby fútbol en Paysandú le dijo que tenía que tomarle las medidas para el short y se lo llevó al vestuario.

Boffano asegura que los depredadores sexuales en la Iglesia se sienten redimidos o exculpados. Se convencen de que no están rompiendo el celibato por tener sexo con varones (muchas veces niños), dice. Y cuando alguno es denunciado, es transferido a otro destino, dado el sentido sanador del perdón.

-¿Por qué escribir un libro con tus vivencias como excura gay?

-Hace muchos años que Claudia Garín (editora de Planeta) me venía insistiendo con que mi historia era buena para un libro. Yo le decía que no. Hubo un momento en 2017, cuando yo estaba en Roma, ella me volvió a decir. Y le dije: “Está bien, ahora sí, estoy preparado”. Lo empecé a escribir recién en 2019. Me costó porque me removió muchas cosas, tuve que volver a hacer terapia en el medio del libro, tuve pesadillas. Me costó mucho contar el tema de mi abuso, que no lo sabía nadie. Eso para mí era muy importante: contar eso, cómo se pasa de víctima a sobreviviente y lo que implica para un varón. Eso está invisibilizado para los varones, hablo de reconocer que fuiste víctima de abuso sexual, de que fuiste violado. A la editorial le interesó más lo del ex cura gay y todo lo que viví adentro de la Iglesia. Me pareció importante que se supieran muchas cosas.

-Tu libro, biográfico y catártico, denuncia abusos sexuales en la Iglesia, habla de vidas paralelas, de hipocresía y doble discurso, y de cómo la Iglesia Católica es homofóbica, pero una gran mayoría de los curas en el entorno del Vaticano son gays. Decís: “Leyendo en investigaciones y relatos de religiosos que se apartaron de la Iglesia, descubrís que en el Vaticano la gran mayoría de los obispos y cardenales son homosexuales, entre estos, muchos practicantes. En la interna se refieren a ellos como ‘los que cantan en el coro’ o ‘los de la parroquia'”. Citás al periodista francés Frederic Martel y agregás: “La homosexualidad se extiende a medida que se asciende en la jerarquía católica, la proporción de homosexuales aumenta y en el colegio cardenalicio esta es la regla, la heterosexualidad es la excepción”. ¿No es una exageración?

-Eso es lo que te hace creer la Iglesia Católica. Es lo que la gente necesita creer: que estoy exagerando. No lo podés procesar, es muy difícil, es como el tema de los abusos. Pero Martel, que hizo una investigación de 500 páginas, lo demuestra con muchos testimonios y fuentes. Y es algo que sabemos. A ver, yo lo viví de adentro, me encontré con esa Roma, y fui encontrando que la heterosexualidad era la excepción. Incluso, los heterosexuales son más gay-friendly, y los homosexuales eran los más homofóbicos. Aunque yo me estuve acostando con un cura, un obispo, un cardenal, de la boca para afuera podían ser de lo más homofóbicos. Porque lo ven como un modo de proteger, un modo que no se sospeché sobre ellos. Es hipocresía.

-Incluso, más adelante decís que llama la atención que papas como Juan Pablo II y Benedicto XVI tuvieran un discurso tan homofóbico, cuando estuvieron rodeados de gays…

La prostitución masculina gay en Roma se mantiene, y en gran parte gracias a los curas. Y es horrible, es una pena, es una tristeza. Pero funciona así. Ahora con Francisco los curas tienen mucho miedo”

-Totalmente. Casi todos los curas, y los cardenales y los obispos, y los secretarios de esos dos papas eran gays. Y muchísimos practicantes. Pero no se dice, y no existe algo que no se dice. El pecado era decirlo, no hacerlo.

-En los alrededores de la estación de trenes romana, en Termini, “curas, obispos y cardenales del Vaticano” van a buscar trabajadores sexuales inmigrantes e indocumentados para tener sexo por un puñado de euros. Supongo que iban a buscar inmigrantes indocumentados porque al estar en una situación de irregularidad, no los podían denunciar. Por eso cuando había chantajes o robos, los religiosos nunca denunciaban. ¿no?

-Claro, los curas calladitos la boca. Y eso sigue pasando, mirá que yo viajo bastante a Roma y lo compruebo cada vez que voy. La prostitución masculina gay en Roma se mantiene, y en gran parte gracias a los curas. Y es horrible, es una pena, es una tristeza. Pero funciona así. Y ahora con un gran miedo, además, porque Francisco, que también está rodeado de muchos gays (no tantos como los dos anteriores), con Francisco los curas tienen mucho miedo. Ahora soy yo el que los protejo: les digo: “che, cuídate, no me mandes tal cosa, no te hagas ver conmigo cuando estoy ahí”.

-Menuda tarea la de asumirse gay en el Vaticano, ¿no? La enorme mayoría no se asumía, no había salido del closet. Y a vos te costó mucho encontrar el momento de planteárselo a un cura que escogiste para confiárselo. Y en el momento en que te decidís, el cura te contesta: “Yo soy gay, estoy orgullo de serlo” y te besa en la boca… Supongo que te habrá descolocado.

-¡Totalmente! Mirá, hablamos mucho de salir del armario. Pero, ¿qué significa? Vos tenés que decírtelo vos mismo. Yo me lo decía: “No hay caso, me gustan los hombres”.  “Tengo que decírselo a alguien”, ese es el siguiente paso. Elegí un cura que me inspiraba confianza. Entonces le dije: “Creo, me parece, que soy homosexual”, como con miedo… Y él me dijo esas palabras: “Yo soy gay, estoy orgulloso de serlo”, y me encajó un chupón. Y sí me descolocó, pero me gustó al mismo tiempo. Y enseguida me dijo: “¿Querés hacer el amor conmigo?” Yo le dije que sí, pero no pude. Fuimos a la cama, pero no pude. Me apabulló la situación. Y eso es también un abuso, un abuso de poder. No se hace eso. Después descubrí que eso es muy común, sobre todo con los nuevos.

-¿Cómo podés ser un elegido de Dios, si la Iglesia condena la homosexualidad? ¿Te hacía ruido eso?

-Claro. Vos sentís que sos homosexual -que fue lo que me pasó a mí-, y te preguntás: “¿Cómo puedo ser homosexual y el elegido de Dios?” Te están diciendo que eso está mal, que es antinatural. Entonces, tenés que ocultarlo, tenés que negarlo, entonces se va creando esta doble vida, estas hipocresías. Yo sí tuve doble vida, pero nunca la hipocresía de salir a hablar en una homilía contra la homosexualidad o contra los divorciados. Fui muy coherente conmigo mismo.

Yo me acuerdo de mi juventud, que los curas a los que eran maricas, amanerados o lesbianas, eran discriminados. Entonces te preguntás: “Dios me eligió, pero yo siento esto… ¿Cómo es? ¿Dios se equivocó? ¿Yo me equivoqué?” Hasta que hice todo el proceso y terminé concluyendo: “Dios no tiene nada que ver con esto… O tiene todo que ver: me eligió gay, me creó gay y me quiere gay”.

-Decís, al comienzo del libro: “Ingresé en la vida religiosa y me convertí en un gay más en una gran comunidad masculina, donde el sexo es moneda corriente, y donde a partir de esos vínculos uno puede ascender y asegurarse una vida de privilegios”. ¿Qué tan moneda corriente es el sexo? ¿Quiénes son los privilegiados para ascender, y en detrimento de quiénes?

-Los curas heterosexuales no es que no tengan relaciones sexuales, lo que pasa que para ellos es más complicado porque, justamente, la mujer en determinado momento te dice: “Bueno, elegí” o “quedé embarazada”. Y ahí hay que tomar una decisión.

“Yo en el Vaticano elegía: ‘Aquel. Me quiero acostar con aquel’. Eso tenía que ver con que yo era joven, desfachatado y tenía una gran autoestima, pero después empecé a pensar: ‘Este no es el Julio con el que yo soñé'”

El sexo es moneda corriente si vos elegís que así sea. Muchos curas lo reprimen y lo canalizan por otro lado: con el poder, con un súper auto, con cargos o lujos. Es moneda corriente porque -como me pasó a mí- cuando empezás a tener sexo en Roma empezás a descubrir que es un montón de gente… que tus propios compañeros, que los curas que conocés en el Vaticano. Yo en el Vaticano elegía: “Aquel. Me quiero acostar con aquel”. Eso tenía que ver con que yo era joven, desfachatado y tenía una gran autoestima, pero después empecé a pensar: “Este no es el Julio con el que yo soñé en Paysandú, en la Pastoral Juvenil de la Iglesia. ¿Qué estoy haciendo?” ¡Sí que se puede ascender! Se puede ascender si ese es tu propósito. Si yo me acuesto con un cardenal, ahora mismo, por ejemplo, pero no sería yo… Y eso fue lo que me salvó. Fui yo que tomé la decisión de alejarme, porque no podía estar como víctima y sobreviviente de abuso en un lugar donde eso se sigue escondiendo.

-Llegaste a Roma por primera vez en 1998 para vivir y estudiar con los jesuitas, en el edificio Il Gesú. Fuiste a estudiar a la Universidad Gregoriana, fundada por Ignacio de Loyola, en el corazón del Vaticano. Vos decís que te educaban para “conocerte a tí mismo”, pero siempre cuando seas funcional al sistema. Empezaste a estudiar la teología de la liberación, que decís que es perseguida por la Iglesia Católica. ¿Por qué?

-La teología de la liberación no solo fue perseguida, fue prácticamente exterminada por la Iglesia Católica. Ahora surge de algunas otras iglesias y algunos movimientos de gente de los 70, pero fue prácticamente exterminada. ¿Por qué? Porque la teología de la liberación está vinculada con las izquierdas, en general, y porque pone en el centro a las personas con sus derechos vulnerados, y poner en el centro a las personas con los derechos vulnerados, que tienen que ver con el Jesús en el que yo creo… Eso cuestionó las estructuras de la Iglesia Católica, cuestionó las visiones teológicas, cuestionó el poder el Vaticano.

A mí me gusta hablar de muchas iglesias dentro de la Iglesia Católica, porque al mismo tiempo tengo que ser respetuoso con una cantidad de gente que conozco, que quiero y que sé que se juegan la vida, y que están convencidos y hacen trabajos maravillosos. Pero tenés que saber que hay cuestiones en las que no se puede ser cómplice, porque traicionan y crucifican al Jesucristo en el que decís creer.

-En Roma comenzaste a frecuentar los saunas y boliches gays. ¿Ahí te cruzabas con otros curas gays, obispos, y gente del entorno del Vaticano?

-Sí, sobre todo con compañeros de mi comunidad. Y al otro día hacíamos como si nada. Me acuerdo que una vez uno me dejó una cartita en m cuarto diciéndome: “Tendríamos que ver por qué nos vimos en el lugar que nos vimos”. Y yo, que soy muy de encarar, lo encaré y le dije: “Che, ¿querés que hablemos?” Se puso todo colorado, le dio vergüenza; ahí empecé a descubrir… después conocí un decano de la facultad, y cuando conocí a uno que me presentó un cardenal, ya no precisé más ir a los saunas, porque el sexo lo tenía ahí mismo, en el Vaticano. Y no tenía que estar pagando la entrada de los saunas.

-¿Cómo es eso de que concebían al celibato como tener sexo con alguien de otro sexo, y si era entre personas del mismo sexo no estaban violado el celibato? Se hacían trampas al solitario…

-Eso parece joda, pero era así, y sigue siendo así. El celibato estaba concebido para las relaciones heterosexuales. Nosotros renunciamos a un vínculo con mujeres, porque como no se asume la homosexualidad… Y la mayoría de los casos de curas abusadores lo hacen con varones usan eso como excusa: “Yo no cometo una falta contra el celibato porque tengo relaciones con varones”. Y todavía hay gente que se lo cree, yo lo agarraba para la joda. Pero la concepción del celibato es heterosexual, ¡cuando la mayoría son gays!

-Tuviste un romance con “su eminencia, el cardenal Fulano” que era tu protector. ¿Recibiste beneficios o fuiste privilegiado por estar con él? Contás que por estar con él te enterabas de cosas que no debías enterarte…

-No, salvo alguna vez que me dio plata y alguna cosa… Es muy difícil entender la estructura de la Iglesia Católica, es complejo, pero digamos que yo me enteraba de cosas que tienen que ver con la curia de los jesuitas, que sí tiene que ver con este cardenal. Y sí me enteraba de cosas que no debía haberme enterado y de algún modo me podía haber ayudado. Pero yo era tan ingenuo, tan arriesgado a la vez, que nunca utilicé esa información porque no me importaba nada.

“La mayoría de los casos de curas abusadores que lo hacen con varones usan eso como excusa: ‘Yo no cometo una falta contra el celibato porque tengo relaciones con varones’. Y todavía hay gente que se lo cree”

Una cosa es coger -yo no tenía problema con eso-, pero ya usarlo para otras cosas me hubiese hecho sentir mal conmigo mismo. Entonces, no. no lo usé, no tuve privilegios y apenas pude, lo corté. Lo podría haber usado, incluso ahora, pero eso sí hubiese sido traicionarme.

-Te sumaste al grupo Inter-nos, un grupo de curas y religiosos gays. ¿Qué era Inter-nos? ¿Para qué servía?

-La finalidad era reflexionar sobre lo que vivíamos dentro de la Iglesia como curas, como religiosos gays. Éramos gays asumidos, pero escondidos… Muchas veces nos reuníamos en casa de alguno que tenía su pareja. Reflexionábamos sobre eso, cómo vivir esto, por qué Jesús nos hizo así y la Iglesia nos dice que está mal, y sobre todo, tratar de no ser hipócritas. Hacíamos reflexiones y terminábamos comiendo juntos, y a veces…

-¿En la cama?

-También, sí. Y yo cuando escribí eso dije: “Esto no tiene nada que ver con el objetivo”, pero después lo pensé. Pero muchas veces en la intimidad (no solo el sexo) te contabas cosas que a veces no le contabas a otra persona. Eso pasa habitualmente. Y fue muy importante ese grupo porque reflexionábamos, aunque no cambió nada… por ahí nos cambió a nosotros. Fuimos juntos a la Marcha Gay, por ejemplo. Y teníamos miedo de que nos descubrieran (en la Iglesia).

-Asociás a los jesuitas con la frase “los trapitos sucios se lavan en casa”. ¿Por qué?

-Porque eso lo aprendí ahí, lo aprendí en la Compañía, te lo decían permanentemente. Pero además la actitud jesuítica es esa, el jesuita que nos comemos (dulce por fuera y salado por dentro) tiene que ver con eso, con que las cosas las tenemos que ver entre nosotros. El concepto del fundador, Ignacio de Loyola, es eso: la obediencia, lo que el superior te pide es lo que Dios te está pidiendo. Y las cosas las hablamos adentro y no salen (no deben salir) de acá adentro. Son muy buenos en eso.

-En la Compañía de Jesús empezaron a vigilarte y perseguirte, porque vos eras rebelde y desobediente. ¿En qué cosas desobedecías? ¿Qué les molestaba de vos? ¿Cómo te perseguían?

-Lo que molesta en la Compañía era que te salgas de la norma de la obediencia.  No si cogés o no cogés; me lo dijo un superior a mí: “No importa que lo hagas, lo importante es que no se sepa”. Lo que molestaba era la militancia explícita, que vos hagas una militancia explícita de la diversidad sexual. Por eso fue un escándalo en mi ordenación, en 2002 acá en Uruguay, sólo por agradecer al grupo de gays y lesbiana que me habían acompañado en Roma. ¡Se armó un escándalo y hasta salió en la prensa! No se hace explícito, no te salgas de la norma, no seas muy diferente.

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Yo, Ignacio de Loyola…

Sábado, 31 de julio de 2021

Ignacio-Loyola-61“Yo, Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros compañeros, los comienzos de esta orden.

Ya sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era «ayudar a las almas», es decir, comunicar a los hombres algo acerca de Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera nueva. ¿Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había encontrado directamente con Dios. Y debía participara los demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.

Cuando afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté a Dios, también y sobre todo, más allá de toda imaginación plástica. A El que, cuando por su propia iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Semejante convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre superior a cualquier otro nombre.

Pero, por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió así.

Una cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida.

¿Se trata de algo nuevo o de algo viejo? ¿Es algo obvio o resulta sorprendente? ¿Se trata de algo que haya que relegar a un segundo plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia para evitar tener que vérselas con Dios y su libre incomprensibilidad?

Una cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede experimentar personalmente a Dios.

El verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente esperanza al amor del prójimo

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Karl. Rahner,
Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy,
Sal Terrae, Santander 1978; pp. 4-8.

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Hoy hace falta una reforma en la iglesia del mismo talante que la del tiempo de San Ignacio

Sábado, 31 de julio de 2021

ignacioDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

  1. San Ignacio (Azpeitia, 1491- Roma, 1556) y el Padre arrupe (Bilbao, 1907 – Roma, 1991).

Allá en Roma, en la iglesia del Gesù (Jesús), están enterrados san Ignacio de Loiola y el Padre Arrupe.

         Jesuitas, y no jesuitas bien-pensantes consideran a ambos como los dos fundadores de la Compañía de Jesús: Ignacio la crea en el siglo XVI y el Padre Arrupe la reconduce en pleno siglo XX.

         Los dos partieron o volvieron al principio y fundamento de la vida a Dios.

         San Ignacio tras una primera parte más que turbulenta de su vida, vuelve a la piedra angular: al Señor. Ignacio de Loyola con su meditación fundamental que son los Ejercicios.

         El P Arrupe, (Bilbao, 1907-Roma, 1991) hombre creyente y místico a fondo perdido, encauza la Compañía de Jesús hacia los pobres, marginados, (Teología de la Liberación).

         En la ya histórica Congregación General (n 32) de la Compañía de Jesús, celebrada el 2 de diciembre de 1974, entre otras cosas los jesuitas dijeron y aprobaron:

  • o Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír “el clamor de los pobres”, si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres» (n. 5)
  • o «Es absolutamente impensable que la Compañía pueda promover eficazmente en todas partes la justicia y la dignidad humana, si la mejor parte de su apostolado se identifica con los ricos y poderosos o se funda en la seguridad de la propiedad, de la ciencia o del poder» (n. 5).
  1. Ser conscientes del momento viviendo desde el principio y fundamento tanto personal como eclesialmente. Reformas y contra-reformas.

      arrupe-thu   No es fácil ser lúcido en el momento histórico -personal y comunitario- en el que nos toca vivir a cada cual, a la sociedad y a la iglesia. Las turbulencias suelen ser grandes, uno no ve por dónde tirar en las variables históricas que requieren discernimiento personal, eclesial, social, político, etc. Pero es bueno ser lúcido, humildemente lúcidos: El Señor es mi luz y mi salvación (salmo 26). Ser consciente, vivir despiertos y con las lámparas encendidas es una actitud muy humana y cristiana.

         Allá por el siglo XVI, tiempos de Lutero, del Concilio de Trento y de San Ignacio, era necesaria una Reforma en la Iglesia que no terminaba de llegar. Finalmente vino del norte de Europa, de Alemania, promovida por Lutero, “padre” del protestantismo naciente, contra el que reaccionará Roma con su Contrarreforma tridentina.

         Como fruto de la Contrarreforma fueron surgiendo diversos movimientos e instituciones católicas con la buena finalidad de elevar un poco el nivel de una iglesia que se encontraba en una situación peor que decadente. Surgen varios movimientos sacerdotales: los jesuitas con S Ignacio, el oratorio de sacerdotes de San Felipe de Neri (1515-1595), un poco más tarde los sacerdotes vicencianos (San Vicente de Paúl, 1576-1660), la Escuela sacerdotal francesa de San Sulpice del padre Olier ya en el siglo XVII, el movimiento sacerdotal promovido por el cardenal Bérulle (1575-1629), a su vez impulsado por San Francisco de Sales.

         Fruto de esta Contrarreforma será una mejoría notable en la vida eclesial, que durará hasta mediados del siglo XIX, más o menos. A partir del s XIX surgirá un movimiento eclesiástico decadente en su teología, antimodernista a carta cabal. Esto llegará hasta nuestros tiempos con el paréntesis del Vaticano II, que supuso un paréntesis de libertad, de creatividad, modernidad.

  1. También hoy la Iglesia necesita una gran reforma.

 El obispo de Roma: Francisco.

         Es evidente que la iglesia actual necesita una Reforma del peso y talante de la del siglo XVI. Buena prueba de ello es la renuncia  de Benedicto XVI. ¿A qué se debe, si no, que Benedicto XVI se retirara? Benedicto fue muy consciente de que la Iglesia necesita una Reforma a fondo para la que ya se sentía sin fuerzas. Y dejó la puerta abierta…

Probablemente la Iglesia se enquistó en el siglo XVIII, se le atragantaron la Ilustración y la modernidad y todavía estamos pagando las consecuencias.

         Dice Joao Libanio (teólogo jesuita brasileño) que durante treinta años, desde 1978 hasta la elección del papa Francisco hemos tenido dos pontificados en los que se paralizó cualquier avance.

Ahora, el papa Francisco tiene otro modo de entender las cosas, el cristianismo y la Iglesia. Es evidente que Francisco no es Benedicto, mucho menos todavía Juan Pablo II. Podrá hacer mucho o poco, el tiempo, la historia y los contrarios a Francisco dirán. Pero el Magisterio de  y sus gestos, sus símbolos son más evangélicos: los pobres, vivir en Santa Marta y no en las estancias pontificias, reducción de protocolos litúrgicos y políticos, “menos doctrinarismo” y mayor acercamiento a los pobres, viaje a Lampedusa: puerto de las pateras, la empatía con la laicidad del Estado, una firme voluntad de cambio, de renovación y saneamiento de la Curia, de la Iglesia. No hay homilía o discurso en el que no haya una palabra del Dios de misericordia. Un hombre que no ha sacado a relucir los graves pero cansinos temas de los últimos tiempos eclesiásticos: la condena de teólogos, la homosexualidad, divorcios, bioética, etc.

         A esta voluntad de reforma de Francisco se debe el frontal enfrentamiento de un buen puñado de cardenales, obispos y curas, además de laicos.

         Hoy en día, como en tiempos de San Ignacio es necesaria una Reforma en la contrarreforma que surgió después del Concilio Vaticano II, un saneamiento a fondo de tantas cuestiones eclesiásticas que no tiene nada que ver con el Evangelio de Jesús.

  1. Motivos para la esperanza.

         El centro de la Iglesia no es el papa, ni el obispo, sino Cristo y el pueblo de Dios. No perdamos nunca de vista estas referencias. Pero es bueno que el Obispo de Roma sea un hombre que inspire esperanza y ánimo. Un hombre cercano al Evangelio y, por tanto, a los pobres, a los que sufren, etc.

Una Iglesia así es más creíble a la que hemos vivido estos últimos treinta años, más o menos.

         Con Francisco, tal vez comenzamos a asistir a una recuperación de una Iglesia más limpia, más libre y más evangélica. Como diría san Ignacio: para mayor gloria de Dios y bien de la humanidad.

En muchos momentos de la vida nos puede embargar la tristeza, la decepción, él “no saber por dónde tirar”, podemos vivir desarbolados, en un desconcierto. Calma: en tiempos de desolación no hacer mudanza, decía san Ignacio. Es bueno, hace bien volver al principio y fundamento de la vida, que no coincide siempre con las posiciones históricas que se han dado, que nos han llevado  a fundamentalismos fanáticos como los que hemos vivido y todavía conocemos y padecemos. Tanto personal como eclesialmente (incluso social y éticamente) hay que ir a los fundamentos. Ni el Derecho canónico coincide con el Evangelio ni lo eclesiástico con el Reino de Dios.

¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios? (Romanos 8)

         Cuando los vientos arrecian en el orden personal e institucional: crisis, problemas, situaciones, etc., es saludable (salud) permanecer en la roca que nos salva, tomar la mano que nos sostiene (salmo 94), cimentarnos en la piedra angular, en el principio y fundamento que decía San Ignacio.

Vivir superficialmente y huyendo hacia adelante con el peso de un supuesto pasado, no conduce a nada, los problemas siguen y nos persiguen.

         Volvamos al principio y fundamento que es Cristo.

 

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‘Ignatius 500’: la Compañía de Jesús reivindica a Ignacio de Loyola, “el hombre que, aun herido, sintió que no estaba abandonado”

Jueves, 20 de mayo de 2021

59B8D489-FA99-46C7-94EB-A2E2B30606B7«Ver nuevas todas las cosas en Cristo» es salir al camino, para ir descubriendo a ese Dios que habita y trabaja en todas las criaturas, y contemplarlo en todo lo que nos acontece.

“La conversión es un proceso constante. Estamos invitados a afrontar heridas para curarlas; a hacer un camino espiritual profundo; a una aceptación de la diversidad de la propia vida, y de la de otros; y abrirnos a un mundo que sigue sorprendiéndonos, y sigue cambiándonos”, afirma el provincial, Antonio España, sj

Ignacio conecta con toda persona que desee llevar una vida plena, y nos enseña que es necesario pararse y ver quiénes somos, qué nos gusta, qué nos llena, hacia dónde queremos orientar nuestros esfuerzos

“Hoy, la sociedad también está herida. Un virus nos tiene a todos postrados. Lo que va a vivir Ignacio es que, aún herido, se sintió que no estaba abandonado. Podemos estar heridos, pero nunca abandonados”

Deusto arranca las celebraciones del Año Ignaciano

Quinientos años de una herida, de un camino, de una conversión, de unos ejercicios espirituales. Medio milenio del momento en que el joven rico, Íñigo de Loyola, es herido en batalla contra los franceses en Pamplona. “Una herida que lo cambió todo”, señaló esta mañana el provincial de los jesuitas españoles, Antonio España, sj., durante la presentación de los actos de este Año Ignaciano.

Bajo el lema Ignatius 500’, los jesuitas no quieren recordar su fundación, ni quedarse solo en lo que significa la Compañía. Quieren ir mucho más allá, buscando las raíces, en el dolor, el sufrimiento, la soledad y la búsqueda.

B1A61EA8-6BCD-4DE6-9993-F051BE1002C6Ignacio pasó, de gentilhombre, a ser un servidor de Cristo. Vive un proceso de cambio y transformación, para ver todas las cosas nuevas en Cristo. Eso es la conversión, eso son los ejercicios espirituales”, glosó el provincial de la Compañía. Celebramos medio siglo de conversión, y de camino, de Ignacio de Loyola”. Y lo hacen con multitud de actos en el ámbito educativo, social, artístico, juvenil, turístico, religioso… Con Loyola, origen, y Manresa, destino, como ejes de unas celebraciones que arrancarán en la catedral de Pamplona el próximo 20 de marzo, y que tendrán un momento especial con la Eucaristía de celebración mundial, presidida por el Papa Francisco en Il Gesú de Roma. Muerte y vida, pasión, camino y resurrección.

Heridas cerradas, conversión y convocación

El provincial glosó las raíces de este Año Ignaciano en cuatro palabras, cuatro símbolos. En primer lugar, la herida cerrada, porque “uno no queda herido para siempre, hay sanación”. En segundo lugar, un camino espiritual, con “un maestro de un sendero espiritual en quien nos podemos ver estimulados”; una experiencia integral, “la conversión, que le lleva a florecer, y a lanzar una experiencia fundante”; y, finalmente, un ser abierto, porque “el itinerario personal de Ignacio se torna comunitario, lleno de ventanas a otras personas”. Y a la vocación se suma la ‘convocación’.

En este recorrido surge la Compañía de Jesús”, explicó Antonio España, sj., “pero la conversión no es solo para la Compañía, sino para todo el entorno jesuita, para todos los que viven el fondo y el proceso de estos ejercicios”. Y aquellos lugares, las famosas periferias de Arrupe (y de Francisco), adonde llegan los seguidores de Ignacio. Con las víctimas, los niños, los inmigrantes y refugiados, las mujeres maltratadas, la ecología, la educación, la acogida… Y es que, añadió, “la conversión es un proceso constante. Estamos invitados a afrontar heridas para curarlas; a hacer un camino espiritual profundo; a una aceptación de la diversidad de la propia vida, y de la de otros; y abrirnos a un mundo que sigue sorprendiéndonos, y sigue cambiándonos”.

Qué movió a Ignacio

DCDDBB6A-BC1F-40B9-9C81-5E6A49D51CC6-768x768Por su parte, Abel Toraño sj., coordinador de ese Año Ignaciano, recalcó cómo lo importante “no es lo que hizo Ignacio, sino “¿qué le movió?”. “¿Qué movió a Ignacio a abrir una casa para atender a mujeres en situación de abusos, a enviar a compañeros a todo tipo de misiones, a promover una red de instituciones educativas? No es el qué hizo, sino qué le movió por dentro”.

“Al comienzo siempre hay una herida”, añadió. “Hoy, la sociedad también está herida. Un virus nos tiene a todos postrados. Lo que va a vivir Ignacio es que, aun herido, se sintió que no estaba abandonado. Podemos estar heridos, pero nunca abandonados”.

Ojalá viviéramos como sociedad lo que vivió Ignacio: la herida es posibilidad de camino, y encuentro. Justo este hombre quebrado en las piernas, va a ser peregrino”. ¿Una propuesta para hoy?

Lo importante es conocer a Jesús

Sí, respondieron los jesuitas. Porque, en realidad, “que la gente conozca a Ignacio es lo de menos, lo importante es conocer a Jesús. Ignacio no va a cambiar la vida de nadie, tiene que ser el pretexto para llegar a Jesús. Lo importante es que te cambie la vida Jesús”.

Toraño destacó los actos principales en España:

  1. Misa de apertura: 20 de mayo jueves, en la catedral de Pamplona. Ese día hace 500 años cayó herido Ignacio (conmemorar una herida)
  2. Apertura de la puerta santa de Manresa: 31 de julio (Experiencia fundante, ejercicios espirituales, que aconteció en la Cova de Manresa). El padre Rupnik ha renovado toda la iglesia del santuario, las ocho capillas laterales
  3. Clausura en Loyola el 31 de julio de 2022. También Loyola está en una renovación de la santa casa, donde Ignacio, postrado en su lecho, empezó a pensar qué hacer con su vida

Otra fecha, a nivel global: el 12 de marzo de 2022. Ese día fueron canonizados Ignacio, Francisco Javier, Teresa de Jesus, Isidro Labrador y Felipe Neri, y habrá una jornada central de celebración en todo el mundo, con una Eucaristía en Il Gesú, presidida por el Papa Francisco.

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Propuesta de Ignacio, propuesta de Evangelio

Ahora que lo religioso está fuera del mapa, el foco está en Cáritas o en los misioneros. Tenemos que ver cómo lo hacemos, ser creativos”, recalcó el provincial, quien admitió que “la clave de lo que Ignacio puede ofrecer hoy es una integración personal, una experiencia que se da en el Evangelio y en la Iglesia. Esa es nuestra gran propuesta”.

¿Qué nos enseña Ignacio hoy?, cerró Toraño. “Que todos tenemos deseos de plenitud en nuestras vidas. Ignacio conecta con toda persona que desee llevar una vida plena, y nos enseña que es necesario pararse y ver quiénes somos, qué nos gusta, qué nos llena, hacia dónde queremos orientar nuestros esfuerzos”.

Todo el programa de actos, aquí:

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Fuente Religión Digital

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Treinta años sin Arrupe, el “santo” de migrantes y refugiados

Lunes, 8 de febrero de 2021

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La Compañía ya trabaja en la beatificación de quien fuera su general

“No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”

Arrupe fue, y quiso ser, el “apóstol” del quinto país del mundo: el de los desplazados, refugiados, inmigrantes. Gracias a su impulso, surgió el Servicio Jesuita para Refugiados, que hoy recuerda al religioso vasco con cariño, y trabajando

¿Cuánto de Arrupe hay hoy en Francisco, el primer Papa jesuita de la historia? Mucho. Así lo recordó Bergoglio durante su visita a Japón. Como él, el Pontífice también ha dedicado buena parte de sus esfuerzos por acabar con las armas nucleares

 Pedro Miguel Lamet: El último secreto de Pedro Arrupe

“Me espanta que podamos dar respuestas de ayer a los problemas de mañana. No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco cometer la mayor de todas: la de esperar con los brazos cruzados y no hacer nada por miedo a equivocarnos”.

“No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”. Tal día como hoy, 5 de febrero de 1991, Pedro Arrupe volvía al padre. El general de los jesuitas, que vivió sus últimos años en silencio y, casi, olvidado por una Roma que había girado al lado oscuro del Concilio, dejaba una huella imborrable en miles de personas, olvidadas por los grandes poderes. Los mismos que hoy, treinta años después, Francisco denomina ‘descartados’.

Y es que Arrupe, cuyo proceso de beatificación está siendo cuidado con esmero por el responsable de las causas de la Compañía, Pascual Cebollada, quiso ser, y lo consiguió, el “apóstol” del quinto país del mundo: el de los desplazados, refugiados, inmigrantes. Gracias a su impulso, surgió el Servicio Jesuita para Refugiados, que hoy recuerda al religioso vasco con cariño, y trabajando.

Diez años de silencio, por un derrame cerebral, con una intervención de la Compañía ordenada por Juan Pablo II, que sin embargo no lograron acabar con el legado de Arrupe, elegido general en un año que no pudo ser otra cosa que providencial para la Iglesia: 1965.

Opción por los pobres

Como Superior General de la Compañía de Jesús, trató de implementar el Concilio Vaticano II, y hacerlo fecundo entre los jesuitas, con una idea clara: la opción por los pobres. ¿Cuánto de Arrupe hay hoy en Francisco, el primer Papa jesuita de la historia? Mucho. Así lo recordó Bergoglio durante su visita a Japón. Como él, el Pontífice también ha dedicado buena parte de sus esfuerzos por acabar con las armas nucleares.

Hace justo dos años, se abría la causa de beatificación de Pedro Arrupe. El coronavirus ha impedido que, como deseaba la Compañía, el trabajo fuera más rápido, especialmente después del anuncio de la beatificación de Rutilio Grande. Antes de emprender la ardua tarea de tratar de beatificar a Ellacuría y los mártires de la UCA, los jesuitas están comprometidos en llevar a Arrupe a los altares. Aunque ya está en los de centenares de miles de descartados, olvidados, pobres.

Y, a buen seguro, en el corazón del Papa Francisco, el Pontífice que está haciendo realidad algunos de los sueños de Arrupe. “Me espanta que podamos dar respuestas de ayer a los problemas de mañana. No pretendemos defender nuestras equivocaciones, pero tampoco cometer la mayor de todas: la de esperar con los brazos cruzados y no hacer nada por miedo a equivocarnos”. Sea.

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Alaska, más tangible y cercano

Martes, 15 de diciembre de 2020

41pUc6J4jeL._SX309_BO1,204,203,200_Un precioso libro que recomiendo vivamente.

El jesuita Bert Daelemans narra sus cuatro meses en Alaska en ‘A orillas del Yukón

Daelemans vuelca en el libro su rica experiencia personal, llena de ternura y sensibilidad, y de un profundo espíritu «santo» que lo llena todo y vemos aletear como en el evangelio

En medio del gélido paisaje de Alaska, para nosotros remoto y desconocido, aparecen personajes inolvidables, situaciones insólitas y el Amor, que se hace presente como un don que cambia la persona y las circunstancias

A orillas del Yukón. Encuentros en Alaska (Fragmenta, 2020) es una verdadera joya que te deja con ganas de más. El relato va y vuelve, como las Variaciones Goldberg que Bert Daelemans —pianista también— evoca cuando se encuentra ante su instrumento en un momento importante de su vida. Los dedos recorren las teclas en una variación cada vez más dispar, para acabar encontrando el punto de inicio, el aria primera. Daelemans ha imaginado su libro en treinta variaciones. Cada una de ellas te acerca a la verdad de una rica experiencia personal, llena de ternura y sensibilidad, y de un profundo espíritu «santo», que lo llena todo y vemos aletear como en el evangelio. El mundo de Alaska, para nosotros remoto y desconocido, se hace por momentos tangible y cercano, con personajes inolvidables y situaciones insólitas. En medio del gélido paisaje, el Amor se hace presente como un don que cambia la persona y las circunstancias.

Precediendo la narración y como perlas de verdad, las frases que figuran como exergo en cada capítulo, ayudan a una mejor comprensión de cada dosis perfecta. Al principio del libro, otro exergo, de Jorge Guillén: “Feliz el río que pasando queda”, describe el río Yukon, pero sobre todo el río de la vida, que pasa sin detenerse, pero puede dejar grandes riquezas a quien sabe atesorarlas. Como no podía ser de otra manera, al final del libro, una nueva citación, en este caso de Robert Hayden cierra magníficamente: el austero amor ha sido el maestro de quien aprendemos.

Cada capítulo, una sorpresa

Alaska-tangible-cercano_2294480567_15148116_667x375El relato es imposible de resumir. Cada uno de los treinta breves capítulos narra un episodio de la aproximación a un mundo desconocido y, al mismo tiempo, la clave para aproximarse a ella. Cada capítulo es tan diferente, dentro de la unidad de estilo y de tema, que resultan verdaderas sorpresas. Finalmente, se hace presente de diversas maneras el descubrimiento humano y cristiano fundamental: cuando te parece que quieres acoger, ves bien claro que eres acogido; cuando quieres consolar, eres consulado; cuando buscas paz y encuentras dolor, en el dolor compartido crece la paz y da fruto. Cuatro meses muy productivos, tanto para el autor como para quien lo lee ahora. Ante el féretro de Moses, en la pequeña iglesia de madera, el autor solo toda la noche con el fallecido, toca durante una hora las Variaciones Goldberg, para encontrar la paz y el silencio, un silencio del que huimos tanto como podemos y que cuesta encontrar.

No se trata exactamente de un libro de aventuras o de viajes, aunque se dibuja una aventura interior, que naturalmente no hay que hacer a la orilla del Yukón, y un viaje ofrecido a la persona que lee porque la adapte a su situación personal. No se lo pierdan!

Bert Daelemans

9349a56cd4f06c823ad7169a273980a3Nacido en Bélgica en 1976, es un personaje polifacético, formado en París, Madrid, Berkeley y Lovaina. Es doctor en Teología, pianista, ingeniero, filósofo y arquitecto. Las peripecias de una infancia en Camerún le condujeron a la Compañía de Jesús. Previamente al compromiso definitivo con la Compañía, hay dos requisitos: los Ejercicios de un mes y una experiencia pastoral, que en su caso fue de cuatro meses entre los esquimales Yup’ik, en Alaska, de que trata el libro que comentamos. Actualmente es profesor en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. Precisamente allí pronunció sus votos definitivos el pasado 8 de septiembre, después de casi veinte años de haber ingresado como jesuita. Tiene publicados seis libros, el último de los cuales es A orillas del Yukón, presentado simultáneamente, vía streaming, desde la Universidad de Comillas, desde el Instituto Cervantes de Moscú y desde la Cueva de San Ignacio en Manresa, en julio pasado.

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Pedro Miguel Lamet: Pedro Arrupe, profeta de los refugiados

Jueves, 3 de diciembre de 2020

711A59EC-E20D-4E5F-B1A9-61F6F56AE755Leído en su blog:

Se adelantó a su tiempo

En una reunió alguien comentó últimas dramáticas noticias llegadas del Sureste asiático y referidas a las boat people (refugiados que, hacinados en frágiles embarcaciones, vagan por los mares de aquellas zonas sin tener dónde desembarcar). En ese instante al general de la Compañía de Jesús se le iluminan los ojos y siente la primera llamada de este maltratado colectivo.

Desde entonces existe en Roma un centro, el Jesuit Refugee Service, destinado a coordinar y sostener todos estos esfuerzos, así como otros centros continentales en el Sureste asiático (Bangkok) y en África (Nairobi), etc. La iniciativa espoleó otras nuevas ideas en el nivel local y universal

¿Qué hay en sus raíces? El corazón grande de un cristiano ejemplar que ya desde joven había experimentado la injusticia de una forma dramática en el cinturón de los suburbios de Madrid, cuando estudiaba la carrera de medicina

A él no le dio tiempo de ver un mundo transformado. Pero quizás una de sus frases debería en este campo empujarnos al compromiso: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido”.

“Estamos llamados a reconocer en sus rostros –ha dicho el papa recientemente- el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido“

20.11.2020 | Pedro Miguel Lamet

Todo surgió en una tarde, en vísperas de la Navidad de 1979. Charlaba Pedro Arrupe, en el ambiente distendido de una conversación familiar, con sus asistentes. Alguien comentó el asunto de las últimas dramáticas noticias llegadas del Sureste asiático y referidas a las boat people (refugiados que, hacinados en frágiles embarcaciones, vagan por los mares de aquellas zonas sin tener dónde desembarcar). En ese instante al general de la Compañía de Jesús se le iluminan los ojos y siente la primera llamada de este maltratado colectivo.

La Compañía tiene que responder inmediatamente a este reto”, exclama. A la mañana siguiente, cursa una veintena de telegramas a otros tantos provinciales de Extremo Oriente y de la India, así como de Europa y América del Norte. Pocos meses más tarde, observará Arrupe: “La respuesta fue realmente notable. Inmediatamente llegaron ofrecimientos de ayuda en forma de personas, de material y de todo tipo de recursos. Llegaron también alimentos, medicinas y dinero. En más de un país se hicieron esfuerzos por influir, a través de los medios de comunicación, en los respectivos Gobiernos e instituciones privadas capaces de intervenir. Se ofrecieron personas tanto para el trabajo pastoral como para servicios de organización en favor de los refugiados”.

Era un punto de partida. Los jesuitas comenzaron a trabajar intensamente en campos de refugiados de Tailandia, Camboya, Indonesia, Filipinas, África negra y Centroamérica. Desde entonces existe en Roma un centro, el Jesuit Refugee Service, destinado a coordinar y sostener todos estos esfuerzos, así como otros centros continentales en el Sureste asiático (Bangkok) y en África (Nairobi), etc. La iniciativa espoleó otras nuevas ideas en el nivel local: esfuerzos por la reconciliación en Irlanda del Norte, presencia de jesuitas en la zona de los Apalaches, en Estados Unidos, así como en una comunidad terremotada de Italia meridional.

Hoy, cuarenta años después, aquella semilla es un árbol frondoso. ¿Qué hay en sus raíces? El corazón grande de un cristiano ejemplar que ya desde joven había experimentado la injusticia de una forma dramática en el cinturón de los suburbios de Madrid, cuando estudiaba la carrera de medicina, y que llevaba el futuro en las entrañas. Que denunció una Europa encerrada en sí misma, y que gritó confuerza a una sociedad que permite que “unos se mueren de hambre cuando otros lo hacen por exceso de colesterol”. Hoy las lacerantes imágenes que nos llegan de todo el mundo de familias de refugiados huyendo de la guerra, el hambre o hacinados en campos vergonzantes, son una prueba más de que Pedro Arrupe se adelantó a su tiempo, con la intuición de un profeta y la visión de un místico, porque sus acciones no brotaban de mera filantropía sino del evangelio contemplado en muchas horas de oración y un apasionado amor a Jesucristo.

A él no le dio tiempo de ver un mundo transformado. Pero quizás una de sus frases debería en este campo empujarnos al compromiso: “No me resigno a que, cuando yo muera, siga el mundo como si yo no hubiera vivido.” Sin duda en este aspecto como en otros, el papa Francisco, con su opción decidida por los marginados, refugiados e inmigrantes, sigue sus huellas. Así lo reconoció en su visita al centro de inmigrantes de Asti, que Arrupe quiso también visitar antes de morir. “Estamos llamados a reconocer en sus rostros –ha dicho el papa recientemente- el rostro de Cristo, hambriento, sediento, desnudo, enfermo, forastero y encarcelado, que nos interpela (cf. Mt 25,31-46). Si lo reconocemos, seremos nosotros quienes le agradeceremos el haberlo conocido, amado y servido“.

Publicado en https://escuela.entreculturas.org/pedro-arrupe-profeta-de-los-refugiados/

Para conocer más sobre el padre Arrupe, te recomendamos leer: Arrupe. Testigo del siglo XX, profeta del XXI
Para más obras del mismo autor: consulta esta web
Te invitamos también a visitar la página  www.pedrolamet.com

 

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Yo, Ignacio de Loyola…

Viernes, 31 de julio de 2020

Ignacio-Loyola-61“Yo, Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros compañeros, los comienzos de esta orden.

Ya sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era «ayudar a las almas», es decir, comunicar a los hombres algo acerca de Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera nueva. ¿Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había encontrado directamente con Dios. Y debía participara los demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.

Cuando afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté a Dios, también y sobre todo, más allá de toda imaginación plástica. A El que, cuando por su propia iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Semejante convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre superior a cualquier otro nombre.

Pero, por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió así.

Una cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida.

¿Se trata de algo nuevo o de algo viejo? ¿Es algo obvio o resulta sorprendente? ¿Se trata de algo que haya que relegar a un segundo plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia para evitar tener que vérselas con Dios y su libre incomprensibilidad?

Una cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede experimentar personalmente a Dios.

El verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente esperanza al amor del prójimo

*

Karl. Rahner,
Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy,
Sal Terrae, Santander 1978; pp. 4-8.

***

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¿A qué se debe que la Iglesia sea irrelevante en la sociedad?

Viernes, 31 de julio de 2020

42301465-947E-4AEF-94BA-6BE54ABEC5A6Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

Notas Biográficas de San Ignacio

         S Ignacio nace en Loyola, Azpeitia, en 1491.

Cae herido gravemente en la defensa de Pamplona en 1521 en la defensa de Pamplona. En la larga convalecencia, comienza a fraguarse su conversión, que quedará plasmada en Manresa en 1.522. De esta época data su obra “Ejercicios Espirituales”: especialmente su primera meditación: Principio y Fundamento.

Tras una peregrinación a Tierra Santa estudiará teología en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. Será en París donde se encuentre y capte un grupo de jóvenes compañeros universitarios: Pedro Fabro, Fco. Javier, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, etc.

En 1.534, el día de la Asunción, en la iglesia de Montmartre de París hacen los votos, que constituyen prácticamente el nacimiento de lo que será la Compañía de Jesús. Este grupo naciente tiene intención de marchar a Tierra Santa, pero si no pudieran hacer este viaje antes de un año, marcharían a Roma para ponerse a disposición del Papa. En 1.540 el papa Paulo III aprueba solemnemente este nuevo movimiento religioso: La Compañía de Jesús, que junto con los “Ejercicios” es la segunda gran obra de San Ignacio.

S Ignacio muere en Roma, donde está enterrado, en 1.556 (entre la segunda y tercera etapa del Concilio de Trento).

  1. Principio y fundamento

         La primera meditación de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio es probablemente la piedra angular y lo más importante de la vida de San Ignacio y de toda existencia humana.

         También esta es la cuestión radical de nuestra vida: ¿Cuál es cimiento de mi vida? ¿Por qué y para qué vivo?

         Quien sabe de dónde viene y hacia dónde va en la vida, ya sabe mucho y definitivo en la existencia.

         Como en los viajes en avión, también en la vida hay muchas turbulencias y -a veces- pasamos por situaciones difíciles: enfermedades, crisis personales, problemas familiares, económicos, noches oscuras de tipo religioso, comunitario, eclesiástico. Pero todo se sobrelleva si tenemos un principio y fundamento, una piedra angular en la que apoyarnos.

         Esto para un creyente, para un cristiano es muy importante, es decisivo.

         El principio y fundamento del ser humano es Dios no la economía, ni el poder, ni unos líderes políticos o eclesiásticos. La roca que nos salva, la piedra angular es Dios (JesuCristo).

         Vivir desde este convencimiento profundo es fuente de una gran serenidad y confianza en la vida.

  1. Europa: Pretender eliminar nuestro propio pasado es destruirnos.

         Con alguna frecuencia ocurre que un presidente o líder político de una nación o de un estado no asiste a un acto religioso (en nuestro caso cristiano) que se celebra. Y la razón que aluden es que somos un estado aconfesional o laico. Estas escenas las hemos visto en Loiola y hace pocas semanas en el funeral por las víctimas de la pandemia celebrado en Madrid.

         Esto es de una cortedad y mala educación mental y cultural infinitas.

         Por una parte, los líderes políticos, más bien los gobernantes, gobiernan un pueblo en el que una gran mayoría son creyentes o de tradición cristiana. Ese pueblo merece un respeto y una dignidad por parte de sus dirigentes.

         Probablemente el estado tiene que ser aconfesional, laico, pero ha de respetar y convivir respetuosa y educadamente con las diversas tradiciones religiosas que existan en ese estado.

Por otra parte, si a mí me invita un amigo a su boda budista, o de otra religión, yo no puedo ser tan corto y tan necio como para no asistir a la celebración y luego que “me echen de comer”. Si no somos buenos, que no lo somos, al menos seamos inteligentes y educados.

         Muy genéricamente podríamos pensar que Europa se ha construido con un “poco” de filosofía griega (pongamos Platón) hace 2500 años), otro poco de ética judía (que eso es el Sinaí), y con una lectura cristiana de la vida desde la hondura de del Evangelio de JesuCristo y desde la ciencia, el pensamiento científico que va fraguando a partir del siglo XVIII.

         Cuando se oye o se lee en los medios de comunicación los juicios que se emiten respecto de nuestro pasado cultural, filosófico, religioso europeo, no es que sea algo malo, sino que muestran una ignorancia infinita. Europa se construyó en torno a un esquema de pensamiento y de valores, que podríamos concretarlo gráficamente en el camino de Santiago. Europa se construyó antes -y mejor- “caminando hacia Santiago que con el euro (pura cuestión económica). Detrás de lo que hoy denominamos comunidad europea no hay más que una comunidad económica: dinero, euros, ahí no hay más.

         ¿De dónde ha surgido la ética, el concepto de persona, los valores como el respeto al ser humano y la libertad, justicia, etc. si no es de nuestra propia traditio cultural-cristiana?

Otra cuestión serán las interpretaciones, adaptaciones del Evangelio a cada momento de la historia. Pero sin memoria no hay futuro.

  1. ¿Momento agnóstico, increyente?

         Tradicionalmente nuestro pueblo ha sido creyente, cristiano. Nuestras gentes eran creyentes, nuestra fe, nuestras costumbres y nuestro techo cultural era cristiano.  Se solía decir que no había un lugar del mundo en el que no hubiera un misionero vasco.

         Pero hoy en día es evidente que la marea cultural en la que vivimos el estado es aconfesional, muchas personas son agnósticas, algunos -los menos- llegan a ser ateos, y la mayor parte frívolos, superficiales y consumistas, que es el modus vivendi actual. También muchas personas -cristianas o no- son serias, honradas, aman la justicia, la paz, la bondad.

         ¿Qué nos ha pasado para que lo que “predica” la Iglesia tenga tan poco valor y vigencia en la sociedad? Las iglesias “están vacías” y tampoco la iglesia está presente en la sociedad. ¿A qué se debe, si no, la ausencia de una Palabra (logos) sensata, con sentido, de la iglesia en este gran problema en la pandemia? ¿A qué se debe que la iglesia haya pasado a ser irrelevante en la vida social, política, cultural?

         Cuando las cosas van mal, hasta los equipos de fútbol hacen “autocrítica”. La Iglesia no tolera una crítica ni se hace autocrítica ¿Qué nos ha pasado en la iglesia? O quizás, ¿qué hemos hecho del Evangelio? Es cierto que en la pandemia muchas parroquias, religiosos y religiosas, ong, etc. han prestado y prestan un gran servicio asistencial, cáritas, comedores sociales, etc. Pero la Iglesia -a excepción del papa Francisco- no sabe decir una palabra de consuelo, de esperanza, de ánimo, de bondad, de alivio sicológico, humano.   Los jerarcas siguen “erre que erre” con su doctrina y sus ritos, pero lejos del espíritu evangélico.

         Ni el mundo entra ya en la iglesia, ni la iglesia entra en el mundo.

         ¿Tal vez es que los eclesiásticos hemos dejado de lado el evangelio?

  1. el que quiera salvar su vida, la perderá.

        Esta expresión de Jesús: el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa, la salvará, estará después muy presente en la espiritualidad ignaciana.

        Es una gran verdad: cuando nos buscamos siempre a nosotros mismos, terminamos siendo unos ególatras vividores.

        Vivir -humana y cristianamente- no es vegetar, “ni pasárselo bien”, ni tan siquiera ir a Misa según el aforo que nos permitan, vivir es convivir con los demás en el mundo, en familia, trabajo, comunidad eclesial, vivir es hacer, dar vida, sanar, creatividad.

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“Aquella fatídica madrugada de noviembre”, por Juan José Tamayo.

Sábado, 13 de junio de 2020

dia-mataron-Ellacuria_2176592399_14086101_660x371Juan José Tamayo, al presunto responsable del asesinato de Ellacuría: “La historia no le absolverá”

“No tenía nada en contra de los jesuitas”: Montano se declara inocente del asesinato de Ellacuría, pero sólo responde a las preguntas de su abogado

Ildefonso Camacho: “La consigna era eliminar a Ignacio Ellacuría, pero sin dejar testigos”

En el mes de agosto, durante mi estancia en San Salvador como profesor invitado en la Universidad Don Bosco y la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), leí la novela Noviembre, del escritor salvadoreño Jorge Galán, que se inspira en el asesinato de seis jesuitas -Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Ignacio Martín-Baró, Juan Ramón Moreno. Amando López y Joaquín María López y López-, y dos mujeres -Elba Ramos, empleada doméstica, y su hija Celina, de 15 años-, por el sanguinario batallón Atlacatl, del Ejército salvadoreño. Sucedió en la UCA la fatídica madrugada del 16 de noviembre de 1989. La novela aporta luz sobre los hechos y se adentra en otros crímenes impunes contra religiosos y religiosas de El Salvador como el jesuita Rutilio Grande, monseñor Romero, arzobispo de San Salvador, y cuatro religiosas de Estados Unidos. Recoge el testimonio de Alfredo Cristiani, entonces presidente del país centroamericano, que reconoce la autoría militar de los crímenes de los jesuitas.

El novelista se vio obligado a abandonar el país por las amenazas de muerte recibidas. La obra se caracteriza por un insobornable compromiso ético, una profunda sensibilidad hacia el sufrimiento de las víctimas y la valentía para denunciar a los autores materiales y a los responsables intelectuales, a quienes pone nombre. Ha sido galardonada con el Premio de la Real Academia Española 2016 por ser “una novela y una construcción literaria llena de verdad histórica y humana”.

Leí el libro de Jorge Galán recorriendo algunos de los escenarios donde sucedió el óctuplo asesinato. Visité las aulas donde impartían clases los profesores. Conocí la residencia donde vivía la comunidad de jesuitas. Toqué el césped del Jardín de Rosas donde se encontraron los cadáveres, así llamado porque en él plantó Obdulio, esposo de Elba y papá de Celina, un círculo de rosas rojas y en el centro dos rosas amarillas en memoria de su hija y de su esposa. Entré en la capilla y me detuve ante sus tumbas. Visité el Memorial de los Mártires del Centro Monseñor Romero donde están expuestos algunos de los enseres personales de los muertos, entre ellos el libro ensangrentado El Dios crucificado, del teólogo alemán Jürgen Moltmann, que se encontraba en la estantería de la habitación de Jon Sobrino y cayó al suelo cuando fue arrastrado el cuerpo de uno de los asesinados. Es todo un símbolo en plena sintonía con Ellacuría, para quien la realidad histórica de los “pueblos crucificados” es el lugar social y hermenéutico de su teología.

Los militares entraron en la UCA con la voluntad de eliminar a su rector, Ignacio Ellacuría, una de las figuras más relevantes de la teología y de la filosofía de la liberación, y a sus compañeros jesuitas, prestigiosos intelectuales que analizaban críticamente la realidad del país centroamericano desde diferentes disciplinas: ciencias sociales, psicología social, filosofía, teología, teoría política, filosofía de los derechos humanos, etcétera. El múltiple asesinato, la autoría militar del mismo y la forma irracional como se produjo conmovieron a El Salvador, a América Latina y al mundo entero.

Mientras leía la novela y recorría los lugares de la vida y de la muerte de los mártires me rondaba una pregunta: ¿Por qué los mataron? Y encontré varias respuestas.

Para los sectores eclesiásticos salvadoreños aliados con el Ejército, la oligarquía y el poder político, el asesinato se debió a que los jesuitas se habían alejado de su misión pastoral y se habían implicado en la actividad política del lado de los guerrilleros revolucionarios. “¡Se lo tenían merecido!”, pensaban para sus adentros.

Jon Sobrino, compañero de las víctimas, que se libró de la muerte por encontrarse fuera de El Salvador, piensa de manera muy distinta: los mataron “porque analizaron la realidad y sus causas con objetividad. Dijeron la verdad del país con sus publicaciones y declaraciones públicas. Desenmascararon la mentira y practicaron la denuncia profética. Por ser conciencia crítica de una sociedad de pecado y conciencia creativa de una sociedad distinta, la utopía del reino de Dios entre los pobres. ¡Y eso no se perdona!”

No puedo compartir la respuesta de los sectores eclesiásticos conservadores, sí la de Sobrino, a la que añadiría: los mataron por haber vivido el cristianismo no como opio del pueblo, sino como liberación de los oprimidos, denunciar la triple alianza del poder político, económico y militar, trabajar por la paz y la justicia desde la no violencia y anticipar con su estilo de vida la utopía de otro mundo posible.

Juan José Tamayo

Fuente El País

Juan José Tamayo es director de la Cátedra “Ignacio Ellacuría” de la Universidad Carlos III de Madrid y codirector de Ignacio Ellacuría: utopía y teoría crítica (Tirant lo Blanch, 2014).

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Yo, Ignacio de Loyola…

Miércoles, 31 de julio de 2019

Ignacio-Loyola-61“Yo, Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros compañeros, los comienzos de esta orden.

Ya sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era «ayudar a las almas», es decir, comunicar a los hombres algo acerca de Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera nueva. ¿Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había encontrado directamente con Dios. Y debía participara los demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.

Cuando afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté a Dios, también y sobre todo, más allá de toda imaginación plástica. A El que, cuando por su propia iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Semejante convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre superior a cualquier otro nombre.

Pero, por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió así.

Una cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida.

¿Se trata de algo nuevo o de algo viejo? ¿Es algo obvio o resulta sorprendente? ¿Se trata de algo que haya que relegar a un segundo plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia para evitar tener que vérselas con Dios y su libre incomprensibilidad?

Una cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede experimentar personalmente a Dios.

El verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente esperanza al amor del prójimo

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Karl. Rahner,
Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy,
Sal Terrae, Santander 1978; pp. 4-8.

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¿Reformas en la Iglesia? ¡Ojalá! Ecclesia semper reformanda

Miércoles, 31 de julio de 2019

42301465-947E-4AEF-94BA-6BE54ABEC5A6Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

 San Ignacio y su tiempo

Allá por el siglo XVI, tiempos de Lutero, del Concilio de Trento y de San Ignacio, era necesaria una Reforma que no terminaba de llegar. Finalmente vino del norte de Europa, de Alemania, promovida por Lutero, “padre” del protestantismo naciente, contra el que reaccionará Roma con su Contrarreforma tridentina.

Como fruto de la Contrarreforma fueron surgiendo diversos movimientos e instituciones católicas con la buena finalidad de elevar un poco el nivel de una iglesia que se encontraba en una situación peor que decadente. Surgen varios movimientos sacerdotales: los jesuitas, el oratorio de sacerdotes de San Felipe de Neri (1515-1595), un poco más tarde los sacerdotes vicencianos (San Vicente de Paúl, 1576-1660), la Escuela sacerdotal francesa de San Sulpice del padre Olier ya en el siglo XVII, el movimiento sacerdotal promovido por el cardenal Bérulle (1575-1629), a su vez impulsado por San Francisco de Sales.

A finales del siglo XVI y comienzos del XVII, como fruto de la disciplina del Concilio de Trento nace la obligatoriedad de la residencia de los Obispos en sus diócesis, pues eran más señores feudales trotamundos, que pastores. Nacen los seminarios para la formación del clero. Se reestructura la vida pastoral parroquial: comienzan a inscribirse y llevar adelante los libros parroquiales. El sacerdote, es el hombre centrado en los sacramentos y, sobre todo en la Eucaristía, está presente en la parroquia (el modelo, el tipo de sacerdocio será el cura de Ars, 1786-1859).

Fruto de esta Contrarreforma será una mejoría notable en la vida eclesial, que durará hasta mediados del siglo XIX, más o menos. A partir el s XIX surgirá un movimiento eclesiástico decadente en su teología, antimodernista a carta cabal. Esto llegará hasta nuestros tiempos con el paréntesis del Vaticano II, que fueron tiempos de libertad, de creatividad, modernidad.

San ignacio y nuestro tiempo. El obispo de Roma: Francisco.

arrupe-thuSe suele decir, y creo que con buen criterio, que la Compañía de Jesús ha tenido dos fundadores: San Ignacio, lógicamente, y a mediados del siglo XX, el P. Arrupe, místico que dio un golpe de timón e introdujo la Compañía de Jesús en la modernidad, en la Teología de la Liberación (en los pobres).

Es evidente que la iglesia actual necesita una Reforma del peso y talante del siglo XVI. Buena prueba de ello es la renuncia de Benedicto XVI. ¿A qué se debe, si no, que Benedicto XVI se retirara? Benedicto fue muy consciente de que la Iglesia necesita una Reforma a fondo para la que ya se sentía sin fuerzas. Y dejó la puerta abierta…

Probablemente la Iglesia se enquistó en el siglo XVIII, se le atragantó la Ilustración y la modernidad y todavía estamos pagando las consecuencias. Con la excepción y paréntesis del Vaticano II, la Iglesia no ha asumido ni se ha adentrado en la modernidad, que por otra parte no es lo mismo que la moda zafia que esperan algunos católicos.

El papa Francisco es Jesuita y latinoamericano. Posiblemente tenga otro modo de entender las cosas y el cristianismo que nosotros, los europeos. Es evidente que Francisco no es Benedicto, menos todavía Juan Pablo II. El Magisterio de Francisco son sus gestos, sus símbolos: los pobres, vivir en Santa Marta y no en las estancias pontificas, reducción de protocolos litúrgicos y políticos, “menos doctrinarismo”, menos carrerismo eclesiástico y mayor acercamiento a los pobres, viaje a Lampedusa: puerto de las pateras, la empatía con la laicidad del Estado, una firme voluntad de cambio, de renovación y saneamiento de la Iglesia. No hay homilía o discurso en el que no haya una palabra del Dios de misericordia. Un hombre que no ha sacado a relucir los graves pero cansinos temas de los últimos tiempos eclesiásticos: homosexualidad, divorcios, bioética, etc.

Los modos pueden ser de religiosidad popular, pero la Reforma será más profunda y en serio. El Magisterio del Obispo de Roma son sus gestos, más que su teología.

Motivos para la esperanza.

El centro de la Iglesia no es el sistema eclesiástica, la curia, las disposiciones jurídicas, sino Cristo y el pueblo de Dios. No perdamos nunca de vista estas referencias.

Es bueno que el Obispo de Roma sea un hombre que inspira esperanza y ánimo. Francisco es un hombre cercano al Evangelio y, por tanto, a los pobres, a los que sufren, etc. ¿Podrá el papa Francisco llevar adelante la Reforma que hoy necesita también la Iglesia? El sector jerárquico ultraconservador que se está enfrentando a Francisco, saldrá “con la suya”?

Una Iglesia así es más creíble a la que hemos vivido estos últimos treinta años, más o menos.

Tal vez comenzamos a asistir a una recuperación de una Iglesia más limpia, más libre y más evangélica. Como diría san Ignacio: para mayor gloria de Dios y bien de la humanidad.

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Violaciones grupales y abortos forzados: los horribles abusos que perpetró el cura Renato Poblete

Viernes, 3 de mayo de 2019

Captura-Mega-8-700x336 El jesuita chileno “me obligó a abortar tres veces”, denuncia Marcela Aranda

“Me llevaba donde otros hombres, con los rostros cubiertos, para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras él miraba”, denuncia la ingeniera y teóloga

“Fueron ocho años de martirio. Me fue despedazando palmo a palmo hasta que no quedara nada en mi”

Las víctimas de Karadima la elogian: “Qué mujer más impresionante y con un alma enorme”

 Ordenan fundir estatua de sacerdote denunciado por abuso sexual en Chile

Tras la denuncia de la teóloga Marcela Aranda, docente de la PUC: Los jesuitas chilenos confirman nuevas denuncias de abusos contra el cura Renato Poblete

Arropan a la denunciante del jesuita Renato Poblete: “Cuenta con nuestra oración y ayuda”: Laicas de la Iglesia chilena claman: “Ninguna mujer debe ser víctima de abuso, manipulación o violencia”

Marcela Aranda, denunciante del sacerdote Renato Poblete -expárroco del Hogar de Cristo- realizó, en una entrevista con AhoraNoticias, un descarnado relato de los abusos que cometió en su contra el fallecido sacerdote.

La mujer, ingeniera mecánica y teóloga, contó que “él comenzó a abusarme sexualmente con mucha violencia. Me llevaba donde otros hombres, con los rostros cubiertos, para que me violaran y me golpearan por turnos, mientras él miraba”. Todo ocurrió en la década del 80 y terminaron en los años 90.

Luego indicó que “fue un periodo de ocho años de abuso. Es un abuso de conciencia, poder y sexuales”. Manifiesta que decidió hablar porque “contando algo de mi historia puedo ayudar a muchas personas a salir de su dolor”.

La mujer, que en ese entonces tenía 19 años, agrega que “lo que más me hace sufrir es que él me obligó a abortar, y no solo una vez, tres veces, agregó.

Detalla que los abusos de Poblete fueron en las oficinas del Hogar de Cristo, en su casa y en distintos lugares. “Fueron ocho años de martirio. Me fue despedazando palmo a palmo hasta que no quedara nada en mi”, confidencia.

Asegura que el religioso se aprovechó de la fragilidad de su entorno familiar en el tiempo que ingresaba a la universidad. Seré tu padre de ahora en adelante y yo te voy a cuidar”, afirma que le dijo el cura. “Nunca imaginé que una bestia como Poblete podría transformarlo en un abuso”.

Más adelante indica que contó su situación al padre Juan Ochagavía, ex Provincial de los Jesuitas. Con él que conversó en varias ocasiones.  “Le conté lo que me estaba pasando, le presenté un escrito y no recibí ninguna respuesta, mientras los abusos se seguían repitiendo”.

Dice que después terminaron los abusos porque el padre Poblete se entusiasmó con otra niña. “Yo he pensado mucho en esa chica”, expresa con pena.

Tras dos intentos de suicidio, amigos y cercanos la ayudaron a salir adelante. Junto con precisar que sigue siendo católica, cuenta que ahora disfruta de su hija. “Ella me ha hecho vivir, mi hija le dio sentido a mi vida”.

Al conocer las denuncias la Compañía de Jesús inició una investigación canónica, la que ya acumula diez denuncias de abusos sexuales contra el expárroco del Hogar de Cristo, fallecido en 2010.

Por su parte, Juan Carlos Cruz, José Andrés Murillo y James Hamilton, víctimas del cura pederasta Fernando Karadima y ahora conocidos activistas anti-pedofilia, mostraron en las redes todo su “cariño, respeto y apoyo” a Marcela Aranda tras su desgarrador testimonio.

Estoy descompuesto con el relato de la valiente Marcela Aranda. Cuánto dolor y cuánta valentía. Qué mujer más impresionante y con un alma enorme. Miserable Poblete y todos los que lo encubren”, tuiteó Cruz.

“Cuando uno piensa que te has puesto más resistente, oyes a sobrevivientes y sufres con sus relatos”, agregó. “Oyes el de la gran Marcela Aranda y te descompone. Poblete acompañó a mi papá mientras moría a los 39 años, amigo de mi familia. Se merece el infierno por todo el mal que ha causado.

“Yo te creo y admiro tu valentía, Marcela Aranda”, tuiteó por su parte Murillo, tachando a Poblete de “abusador asesino de cuerpos y de almas”. Sentimientos a los que se sumó Hamilton, elogiando la “dignidad, coraje [y] ejemplo” de Aranda a la vez que denunció a la “basura” de Poblete.

“Qué valor de mujer, ¡solo gracias totales!”, finalizó Hamilton.

Fuente Religión Digital

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Pedro Arrupe, el profético General de los jesuitas, comienza su camino a los altares

Sábado, 9 de febrero de 2019

arrupe-priere2Cardenal De Donatis: “Fue un auténtico hombre de Dios y de Iglesia”

Padre Sosa, General de la Compañía: “Es un momento de gran felicidad, que esperábamos desde hace tiempo”

Pascual Cebollada, sj: “Arrupe fue un hombre de Dios y un hombre de la Iglesia”

El postulador de la causa del ex-Prepósito General elogia al “hombre del Vaticano II”

“Fue alguien guiado por el Espíritu Santo, confiado en el Padre y arraigado en Jesucristo”

Pedro Arrupe, el profético General de los jesuitas, camino de los altares

Este martes, 5 de febrero, se celebró en Roma la Apertura del proceso de Beatificación del P. Pedro Arrupe Gondra (1907-1991), 28º Superior General de la Compañía de Jesús. La sesión, presidida por el Cardenal Angelo de Donatis, Vicario General de la Diócesis de Roma, tuvo lugar en el Palacio Apostólico de San Juan de Letrán.

(José M. Vidal).- Apertura del proceso de Beatificación del padre Pedro Arrupe Gondra (1907-1991), 28º Superior General de la Compañía de Jesús, en el Aula della Conciliazione del Palacio apostólico de Letrán, presidida por el cardenal-vicario de Roma, Angelo De Donatis, que calificó al jesuita de “auténtico hombre de Dios y de Iglesia”. Por su parte, el actual Prepósito General, Arturo Sosa, reconoció que se trata de “un momento de gran felicidad para la Compañía”.

El acto, presidido por el cardenal vicario de Roma, Angelo De Donatis, comienza con la invocación del Espíritu Santo y la presentación de los miembros del jurado del proceso:  el padre Slawomir Oder como delegado legal, el padre José Alonso como promotor de Justicia, el notario adjunto Francesco Alegrini y el notario principal Marcello Terramani.

El padre Pascual Cebollada, portulador de la causa, pide permiso para que se de inicio al proceso de beatificación del padre Arrupe.

“Es la Compañía de Jesús la que pide a la Iglesia y ofrece a esta persona, a su 28º Superior General que murió en 1991, para que la Iglesia haga un discernimiento sobre sus virtudes, y pueda juzgar si esta persona es digna de ser un modelo de vida evangélica para todos, es decir, si en el fondo es santo”, con estas palabras el P. Pascual Cebollada, S.J., Postulador General de la Compañía de Jesús presenta, la causa de Beatificación del padre Arrupe.

“Nosotros – precisa el jesuita – creemos que sí, por eso lo presentamos fundamentalmente por dos razones: la primera porque es un hombre de Dios, es un hombre que en su comportamiento, en sus escritos, en su relación con las personas y en sus decisiones es alguien guiado por el Espíritu Santo, confiado en el Padre y arraigado en Jesucristo; y en segundo lugar es un hombre de la Iglesia, es un hombre que en todo está junto a esa Iglesia del Vaticano II, que es la Iglesia que le toca vivir y junto a esa tradición y esa novedad típica de cada momento de cambio, en el que el P. Arrupe es una persona central para toda la Iglesia.

La mesa presidencial pronuncia el juramento. El primero, el cardenal De Donatis, que firma el documento. Y, a cotinuación, todos los demás miembros del jurado, asi como el postulador.

Prestado el juramento, el cardenal establece que las audiencias comiencen en la sede del tribunal y aprueba la lista de testigos, para proceder a pronunciar un breve discurso sobre la vida y las obras de santidad del aspirante a beato.

El acto termina con una avemaría y un canto.

Tras el acto, el padre Sosa, actual General de los Jesuitas asegura que “es un momento de una gran felicidad para toda la Compañía”. Porque “Arrupe es una figura inspiradora, el hombre del Vaticano II y de la Iglesia de Francisco” y porque “esperábamos este día desde hace mucho tiempo”.

Y para el postulador de la causa, padre Pascual Cebollada, “Arrupe tenía un alma misionera y fue enviado a Japón, donde asistió a la explosión de la bomba atómica en Hiroshima. Se dedicó a dar vida a los que no tienen vida. Era optimista y esperanzado, pero nunca ingenuo”.

 

Algunas palabras de De Donatis: Leer más…

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Arrupe, ¿santo? Su causa de canonización arranca en Roma hoy, 5 de febrero

Martes, 5 de febrero de 2019

arrupe-thuEl religioso español, que vivió el desastre de Hiroshima, creó el Servicio Jesuita para Refugiados

Francisco: “La Iglesia necesita que aprovechéis el coraje y el ejemplo del Padre Arrupe”

(Jesús Bastante).- El padre Arrupe, ¿santo? La posibilidad, impensable en tiempos de Juan Pablo II o Benedicto XVI, comenzó a tomar forma durante el pontificado de Francisco. El Papa argentino cita constantemente a quien fuera su prepósito general, la última vez durante la JMJ de Panamá, y parece decidido a apostar por su beatificación.

Tanto es así, que la causa de canonización de Pedro Arrupe arrancará en Roma, el próximo 5 de febrero (28 aniversario de su muerte), con una ceremonia que tendrá lugar en el Palacio Laterano, junto a la basílica de San Juan de Letrán, donde el vicario general de Roma, el cardenal Angelo De Donatis, presidirá una eucaristía de acción de gracias.

Vasco, nacido en Bilbao el 14 de noviembre de 1907, el padre Arrupe estudió medicina en Madrid, ingresó al noviciado en 1927 y fue ordenado sacerdote en 1936. Su primer destino fue Estados Unidos, luego Japón, donde permaneció durante veinte años.

El 6 de agosto de 1945, vivió la experiencia catastrófica del bombardeo atómico de Hiroshima, que lo marcará para siempre, como se puede leer en uno de sus escritos:

“Tan pronto como las baldosas y las explosiones de cristal y de vigas terminaron de caer y cesó el estruendo, me levanté del suelo y vi el reloj frente a mí, todavía sujeto a la pared, pero me detuve: parecía como si el reloj hubiera permanecido clavado. Eran las 8:10. Este reloj silencioso e inmóvil era para mí un símbolo. La explosión de la primera bomba atómica puede considerarse como un evento por encima de la historia. No es un recuerdo, es una experiencia perpetua, que no se detiene con el tic-tac del reloj. Hiroshima no tiene relación con el tiempo: pertenece a la eternidad”.

Arrupe fue elegido en 1965 en la clausura del Concilio, 28º Superior General de la Compañía de Jesús, y se pone en marcha, durante casi veinte años, “un proceso profundo y delicado de cambio que provoca grietas y cierta preocupación”, según apunta la biografía oficial.

Su sucesor en 1985, Peter Hans Kolvenbach, lo define como “un innovador que ha abierto muchos caminos nuevos, ha dado un impulso a un nuevo espíritu misionero en el mundo y ha iniciado una nueva forma de vida consagrada, siguiendo el ejemplo de los apóstoles”.

Arrupe, de hecho, acentuó el servicio prestado por los jesuitas en todo el mundo, con especial atención a los más pequeños y por la justicia social. De África a Asia y a Europa, fue bajo su intuición que nació el “Servicio Jesuita a Refugiados“.

El 7 de agosto de 1981 de agosto, Arrupe sufrió una grave trombosis cerebral al regresar a Roma de un viaje a Filipinas y Tailandia. Como consecuencia, pierde buena parte de la capacidad de comunicarse y la movilidad del lado derecho. Murió el 5 de febrero de 1991, viviendo en oración esta vez de la enfermedad.

El Papa Francisco ha rendido varias veces homenaje a la “visión profética” del Superior General, recogiéndose en su tumba en la iglesia de Gésù en Roma y alentando así a los antiguos alumnos y estudiantes de escuelas o universidades jesuitas en septiembre de 2016: “La Iglesia necesita que aprovechéis el coraje y el ejemplo del Padre Arrupe”.

Dos veces en sus homilías en Santa Marta, evocó esta anécdota contada por el padre. Pedro Arrupe, invitado por un hombre rico para recibir dinero para las misiones en Japón. La entrega del sobre tuvo lugar delante de periodistas y fotógrafos. Arrupe dijo que ese día sufrió una “gran humillación” pero aceptó el dinero “para los pobres de Japón”. Cuando abrió el sobre, “había 10 dólares en él”. Y el Papa arremetió contra “esta espiritualidad de los cosméticos, donde uno quiere parecer ‘bueno, hermoso’.

Por otro lado, el Instituto Universitario de Migraciones (IUEM) de Comillas, que celebra este año su 25 aniversario, el IUEM ha creado el I Premio Padre Arrupe a los Derechos Humanos.

Con él se busca reconocer la labor de personas e instituciones en la defensa y promoción de los Derechos Humanos en el ámbito de las migraciones y el refugio. La convocatoria permanecerá abierta hasta el 30 de marzo.

Para más información, consulta las bases en este enlace.

premio-pedro-arrupe-a-los-derechos-humanos

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James Martin, sj: “Hay cientos, miles de sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas

Viernes, 7 de diciembre de 2018

de-financiero-deprimido-a-sacerdote-feliz-la-historia-de-james-martin“Algunos rigoristas me atacan por miedo a la propia sexualidad complicada”, sostiene el jesuita

“Tenemos que ser claros: es falso decir que los sacerdotes homosexuales no pueden vivir el celibato”

(C. Doody/J. M. Vidal).- El jesuita James Martin acaba de publicar en España su libro Tender un puente (GC Loyola). Una invitación a la Iglesia a tratar a las personas LGBT “no como leprosos“, como ha venido haciendo, “sino como hijos amados de Dios”. En esta entrevista, el religioso también tacha de “falso” el relato de que los curas gays no puedan vivir vidas célibes o que sean la raíz de la crisis de los abusos de menores en la Iglesia.

¿Qué pretende con su libro?

Espero que ‘Tender un puente’ ayude a iniciar una conversación en la Iglesia sobre cómo podemos tratar a nuestros hermanos y hermanas LGBT no como leprosos, tal y como la Iglesia ha hecho en el pasado, sino como hijos amados de Dios. El Catecismo es el que mejor lo expresa: estamos invitados a aceptarlos con “respeto, compasión y sensibilidad”.

¿Le agrada o le molesta haberse convertido en icono de la lucha de los derechos LGTBI en el seno de la Iglesia?

Bueno, no me considero así. Más bien, me veo a mí mismo como un jesuita que está haciendo lo que los jesuitas siempre han hecho, y que todos los Papas recientes les han pedido que hagan: acompañar a las personas que están en los márgenes, o en las “periferias”, como dijo el Papa Francisco. Y no hay nadie en la Iglesia católica más marginado que las personas LGBT.

¿Le duele que los rigoristas le ataquen tan duramente?

Sólo unos pocos me han atacado abiertamente. Muchos más han estado abiertos a la discusión, después de haber leído el libro o haber escuchado una de mis conferencias. De hecho, muchos de los ataques provienen de personas que no han leído el libro.

Pero la mayor parte de estos ataques provienen de sitios web supuestamente católicos que provocan odio y homofobia, cuando deberían promover el amor y el respeto. También es importante decir que Tender un puente cuenta con la aprobación oficial de mis superiores jesuitas, que ha sido respaldado por muchos cardenales, arzobispos y obispos, que se basa en los Evangelios y que no contradice en absoluto la doctrina de la Iglesia.

Así que los ataques a veces son desconcertantes. En general, el vilipendio personal y los ataques injustos solían molestarme, pero ahora ya no lo consiguen. Porque, ¿qué tipo de jesuita sería, si permitiera que algunas personas odiosas y homofóbicas online me impidieran amar a los marginados?

¿Hay homofobia en la Iglesia? ¿Más o menos que en las demás instituciones?

Lamentablemente, hay mucha. La mayor parte proviene del miedo: el miedo a las personas que son diferentes, el miedo a escuchar algo nuevo y, a menudo, el miedo a la propia sexualidad complicada.

Probablemente hay más homofobia en la Iglesia católica que otras instituciones porque algunos católicos sienten, erróneamente, que su religión lo justifica. Pero el odio nunca es justificado por el cristianismo. De hecho, Jesús amaba sobre todo a los más marginados.

Pero ese odio está disminuyendo a medida que cada vez más personas se sinceran  respeto a su sexualidad. Y a medida que cada vez más personas se abren o “salen” del armario, la gente empieza a reconocerlos como sus hermanos y hermanas, tías y tíos, sobrinas y sobrinos, y amigos y compañeros de trabajo. El encuentro disminuye el miedo.

¿Le parece justa la ley vaticana que prohibe la entrada en los seminarios de jóvenes con “arraigadas tendencias homosexuales”?

El Vaticano dice que los hombres con “tendencias homosexuales profundamente arraigadas” no deben ingresar en el seminario. Pero los obispos han interpretado esto de tres maneras. Primero, ningún hombre gay debería entrar. Segundo, ningún hombre para quien su sexualidad sea la parte más importante de su personalidad debe ingresar. En tercer lugar, ningún hombre gay que no pueda vivir el celibato debe entrar. Todo lo que puedo decir es que conozco a muchos sacerdotes homosexuales que llevan vidas santas en la Iglesia.

¿Los sacerdotes y obispos homosexuales que hay en la Iglesia (al parecer, muchos) son capaces de cumplir con sus obligaciones de mantener el celibato?

Sí, ¿por qué no lo serían? Ser gay no significa que tengas que ser sexualmente activo. Tenemos que ser claros: es simplemente falso decir que los sacerdotes homosexuales no pueden vivir el celibato. La mejor prueba de ello es el hecho de que hay cientos, si no miles, de sacerdotes gays célibes y miembros castos de órdenes religiosas que llevan vidas entregadas y de servicio a Dios y a la Iglesia.

¿Qué le parece la aseveración de que la homosexualidad es la causa principal del abuso sexual de menores en la Iglesia?

Tenemos que decir que la mayoría de los casos son hombres que se aprovechan de niños y jóvenes varones. Pero esto no significa que todos los sacerdotes gays, o incluso la mayoría, sean abusadores. Es un argumento falso. Solo porque lo sean algunos no significa que todos o la mayoría lo sean. Además, la mayoría de los abusos sexuales ocurre en las familias, y nadie dice que todos los hombres heterosexuales, todos los padres o todos los hombres casados son abusadores. Una vez más, es un estereotipo peligroso que hay que cuestionar.

¿Es verdad que una parte importante de la jerarquía de la Iglesia estadounidense no comulga con el Papa Francisco y está esperando que su pontificado pase como una tormenta de verano?

Es cierto que cierta parte de la jerarquía de los Estados Unidos no favorece las políticas del Papa Francisco. Y a veces me sorprende lo estridente que son algunos de estos obispos. La ironía es que algunos de estos mismos obispos que, durante los pontificados de Juan Pablo y Benedicto, dijeron que nunca se podría estar en desacuerdo con un Papa, ahora estén en desacuerdo constantemente. Es una triste ironía.

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Arrupe Etxea acogerá la presentación en Bilbao del libro de James Martin

Jueves, 29 de noviembre de 2018

tender-un-puente-jpgEl texto aboga por ‘Tender un puente’ entre la Iglesia Católica y la comunidad LGBTI

Para el autor “es muy importante estar fuera del “armario eclesial”

(Grupo Comunicación Loyola).- Luis Mariano González, teólogo y miembro de la asociación cristiana Crismhom (Cristianas y Cristianos de Madrid LGTBI), reflexionará sobre la propuesta del jesuita norteamericano de establecer entre ambos grupos una relación de respeto, compasión y sensibilidad.

La presentación del libro del sello editorial Mensajero, del Grupo de Comunicación Loyola, es una iniciativa de la Comunidad de Vida Cristiana CVX-Arrupe Elkartea, en colaboración con el Centro Loyola Bilbao, y se celebrará el próximo 30 de noviembre en el salón de actos del edificio de la calle Padre Lojendio 2, a las 19 h.

James Martin ha abierto el debate en el seno de la Iglesia Católica sobre la relación con la comunidad LGTBI a través de su último libro Bulding a Bridge. Una profunda reflexión donde aboga por tender un puente entre ambas abriéndose a unas nuevas relaciones de respeto, compasión y sensibilidad.

El libro publicado en Estados Unidos llega a España de la mano del Grupo de Comunicación Loyola, bajo el sello de Mensajero, con el título ‘Tender un puente‘. Cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBTI pueden entablar una relación de respeto, compasión y sensibilidad. Una propuesta “realista y factible” para la iglesia española, según defiende el teólogo y miembro de la asociación cristiana Crismhom (Cristianas y Cristianos de Madrid LGTBI), Luis Mariano González.

Para él, este libro es una invitación al diálogo y así lo compartirá durante la presentación del libro en Bilbao, el próximo 30 de noviembre en Arrupe Etxea, en el salón de actos del edificio de la calle del Padre Lojendio 2, a las 19h. Este acto, iniciativa de la Comunidad de Vida Cristiana CVX-Arrupe Elkartea en colaboración con el Centro Loyola Bilbao, es una oportunidad para continuar creciendo en torno a la propuesta eclesial planteada por James Martin.

El autor, editor de la revista América, intenta trazar con audacia y respeto los caminos que pueden acercar a las dos partes, la iglesia institucional y la comunidad LGTBI, separadas por un gran abismo. Desde la premisa de que la obra del Evangelio no puede realizarse si una parte de la iglesia está esencialmente separada de cualquier otra parte, el jesuita James Martin descubre en las propias palabras del catecismo de la Iglesia Católica los ingredientes necesarios para establecer las relaciones deseables para él: Respeto, compasión y sensibilidad.

invitacion

Su propuesta responde a su enorme inquietud suscitada por la matanza colectiva de 49 personas en una discoteca de referencia entre la comunidad gay de Orlando, Florida. Tras el suceso, en verano de 2016, millones de personas expresaron su apoyo a la comunidad LGTBI, incluidos algunos obispos católicos. Sin embargo, el silencio guardado por una mayoría de los máximos representantes eclesiales fue para él revelador.

“Ponía de manifiesto que la comunidad LGTBI seguía siendo invisible en numerosos círculos de la iglesia. Incluso en medio de la tragedia, sus miembros seguían siéndolo”, reconoce. De este modo, a lo largo del libro, Martin visibiliza a este colectivo poniendo voz a sus miembros a través de sus experiencias y sus inquietudes como creyentes reunidas a lo largo de su intensa labor pastoral y a la vez, iluminando desde el Evangelio cada paso a dar para el encuentro, “en igualdad de corazón”.

En sus argumentos toma de referencia el Evangelio, el Catecismo, el ejemplo de personalidades reconocidas y el ministerio del papa Francisco. Su voz durante una conferencia de prensa en 2016, durante el vuelo de regreso a Roma tras la visita a Georgia y Azerbaiyán, resuena de nuevo en este libro: «Las personas deben ser acompañadas, como las acompañó Jesús. Si una persona en esa situación que usted me plantea se acerca a Jesús, seguro que este no le dirá: “Márchate, porque eres homosexual“».

Para Luis Mariano este encuentro es una oportunidad grande de diálogo y oración. “Es muy importante estar fuera del “armario eclesial, de este modo, los jóvenes de la parroquia que sean LGTBI, podrán socializar y tener referencias de normalidad en las propias comunidades”, asegura. “Será un trabajo lento, pero será fructífero. La Iglesia Católica para evangelizar el mundo LGTBI, necesita de nosotras/os/es como “apóstoles del arcoíris”.

James Martin, Sj, es editor de la revista América, publicada por los jesuitas, y autor de numerosos libros, es colaborador en el Canal Historia, en la BBC y en Radio Vaticano. Se graduó en la Wharton School of Business antes de ingresar en la Compañía de Jesús en 1988.

Fuente Religión Digital

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“Tender un puente”, de James Martin, SJ, publicado en español.

Martes, 30 de octubre de 2018

tender-un-puente-jpgJames Martin es un sacerdote jesuita que ha publicado “Construyendo un puente: cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBT pueden entrar en una relación de respeto, compasión y sensibilidad”, un libro que anima a la iglesia católica a abrir sus brazos a la comunidad LGBT.

La orientación sexual de las personas ha generado mucha incomprensión dentro de la Iglesia católica. De hecho, el debate no siempre ha estado a la altura del respeto, compasión y sensibilidad cristiana hacia las personas que forman la comunidad de católicos LGBTI.

Este libro de James Martin, “Tender un puentenos sitúa ante los pilares de un puente necesario entre la comunidad LGTBI y la iglesia institucional. Un puente que todos los católicos debemos construir, porque formamos parte de una misma Iglesia.

Ni “homosexuales” ni gente “atraída por el mismo sexo”, sino personas LGBT. Llamemos a los católicos gays de una forma que afirme su orientación, y mostrémosles más respeto y compasión. Estos son los cambios que propone para la Iglesia el influyente jesuita James Martin,  colaborador habitual de la revista América, publicada semanalmente por los jesuitas estadounidenses en la que abordan temas sobre el catolicismo y la relación de la iglesia con la vida cultural y política y que son recogidos en un nuevo libro que cuenta con la bendición de los cardenales Kevin Farrell y Joseph Tobin y que anima a la Iglesia Católica a ser más compasiva y respetuosa con la comunidad LGBTQ. Construyendo un puente: cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBT pueden entrar en una relación de respeto, compasión y sensibilidad es el título del libro, que han asegurado es “Necesario”, “valiente” e “inspirador”.

Tal y como informa Religion News Service, con esas palabras recibieron los dos purpurados el tomo de Martin, Tender un Puente: cómo la Iglesia Católica y la comunidad LGBT pueden entrar en una relación de respeto, compasión y sensibilidad. A pesar de lo alentador del título del libro, lo cierto es que no apoya ningún cambio de doctrina ni cuestiones tan candentes como el matrimonio igualitario, pero emplea cuatro letras que resultan controvertidas dentro de la religión: no dice “homosexuales” ni gente “atraída por el mismo sexo”, sino personas “LGBT”.

El cardenal Farrell, recientemente elegido por el Papa Francisco para dirigir la oficina del Vaticano en asuntos de familia y vida, elogió la escritura de Martin: “Es un libro bienvenido y muy necesario, que ayudará a los obispos, sacerdotes y líderes de la iglesia a acompañar más compasivamente a la comunidad LGBT. También ayudará a que los católicos LGBT se sientan más a gusto en lo que es, después de todo, su Iglesia. En demasiadas partes de nuestra Iglesia, las personas LGBT han sido forzadas a sentirse mal recibidas, excluidas e incluso avergonzadas”, agregó el cardenal de Newark, Joseph Tobin. El religioso aseguró que “el valiente, profético e inspirador libro del padre Martin marca un paso esencial para invitar a los líderes de la iglesia a ejercer el ministerio con más compasión y a recordar a los católicos LGBT que forman parte de nuestra iglesia como cualquier otro católico”.

El obispo Robert McElory de San Diego, una figura en ascenso en la jerarquía eclesiástica estadounidense, va todavía un poco más lejos al afirmar que los católicos homosexuales también deben ser amados de manera genuina: “El Evangelio exige que los católicos LGBT sean genuinamente amados y atesorados en la vida de la iglesia. Pero no lo son”. McElroy dijo que Martin “nos proporciona el lenguaje, la perspectiva y el sentido de urgencia para reemplazar una cultura de alienación con una cultura de inclusión misericordiosa”.

El propio Francisco provocó una polémica cuando utilizó el término “gay” el año pasado al decir que la Iglesia Católica debería pedir disculpas a las personas LGBT, entre otras, por haberlas “ofendido”. Unas declaraciones que parecían adelantar cambios de actitud en la iglesia, pero que finalmente no se han llegado a materializar realmente.

Los comentarios del Papa se produjeron después de la masacre en un club nocturno gay en Orlando, Florida, el pasado junio, donde resultaron 49 personas muertas. También el libro de Martin surgió de esa tragedia. A James Martin le sorprende la falta de compasión de los obispos estadounidenses con las personas homosexuales, lo que le lleva a profundizar sobre el tema que desarrolla en el libro.

Martin, cuyos libros sobre Jesús, la espiritualidad católica y temas relacionados han estado en las listas de best-seller, ha escrito a menudo sobre el papel de gays y lesbianas en la iglesia, y sobre la necesidad de darles la bienvenida, por lo que no sorprende que el libro de Martin se haya convertido en un best-seller, puesto que no es la primera vez que logra buenas ventas con libros sobre Jesús, la espiritualidad católica y otros temas relacionados con la religión, como ya sucediera con The Jesus guide to (almost) everything. A menudo escribe también sobre el papel de los homosexuales en la iglesia y la necesidad de que la iglesia les abra sus brazos definitiva y sinceramente.

“Estaba encantado de que el cardenal Farrell y el cardenal Tobin encontraran el libro útil”, dijo Martin. “Para mí es un recordatorio de que muchos en la jerarquía apoyan un acercamiento más compasivo a los católicos LGBT”.

El autor de Construyendo puentes apoyó que los líderes de la iglesia se dirijan a las personas LGBT por el término que ellos prefieren, y pidió el fin de los despidos indiscriminados de los empleados de la iglesia que son descubiertos como homosexuales o que hacen pública su orientación sexual, y al mismo tiempo pidió a gays y lesbianas que sean considerados y respetuosos con la jerarquía de la Iglesia: ambas partes pueden escuchar y aprender unos de otros.

El pasado 26 de Octubre fue presentado el libro en el Centro Arrupe de Sevilla por el grupo Ichthys Cristianxs lgtbh de Sevilla. Juan V. Fernández, buen amigo de James Martin, se encargó de presentarlo y un vídeo grabado especialmente para la ocasión por el propio Martin, sirvió para introducir el libro y reflexionar sobre su contenido. Os dejamos con el video:

Fuente Loyola Grupo de Comunicación/Ichthys Cristianxs lgtbh de Sevilla/Cristianos Gays

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Yo, Ignacio de Loyola…

Martes, 31 de julio de 2018

Ignacio-Loyola-61“Yo, Ignacio de Loyola, pretendo en estas líneas decir algo acerca de mí y de la tarea de los jesuitas de hoy, supuesto que aún hoy sigan sintiéndose comprometidos con aquel espíritu que en otro tiempo determinó, en mí y en mis primeros compañeros, los comienzos de esta orden.

Ya sabes que, tal como entonces lo expresaba, mi deseo era «ayudar a las almas», es decir, comunicar a los hombres algo acerca de Dios y de su gracia, de Jesucristo crucificado y resucitado, que les hiciera recuperar su libertad integrándola dentro de la libertad de Dios. Yo deseaba expresarlo tal como siempre se había expresado en la Iglesia, y realmente creía (y era una creencia cierta) que eso tan antiguo podía yo decirlo de una manera nueva. ¿Por qué? Porque estaba convencido de que, primero de un modo incipiente durante mi enfermedad de Loyola y luego de manera decisiva durante mis días de soledad en Manresa, me había encontrado directamente con Dios. Y debía participara los demás, en la medida de lo posible, dicha experiencia.

Cuando afirmo haber tenido una experiencia inmediata de Dios, lo único que digo es que experimenté a Dios, al innombrable e insondable, al silencioso y, sin embargo, cercano. Experimenté a Dios, también y sobre todo, más allá de toda imaginación plástica. A El que, cuando por su propia iniciativa se aproxima por la gracia, no puede ser confundido con ninguna otra cosa.

Semejante convicción puede sonar como algo muy ingenuo, pero en el fondo se trato de algo tremendo. Yo había encontrado realmente a Dios, al Dios vivo y verdadero, al Dios que merece ese nombre superior a cualquier otro nombre.

Pero, por de pronto, repito que me he encontrado con Dios, que he experimentado al mismo Dios. Dios mismo. Era Dios mismo a quien yo experimenté; no palabras humanas sobre El. Dios y la sorprendente libertad que le caracteriza. Lo que digo es que sucedió así.

Una cosa sigue en pie: que Dios puede y quiere tratar de modo directo con su criatura; que el ser humano puede realmente experimentar cómo tal cosa sucede; que puede captar el soberano designio de la libertad de Dios sobre su vida.

¿Se trata de algo nuevo o de algo viejo? ¿Es algo obvio o resulta sorprendente? ¿Se trata de algo que haya que relegar a un segundo plano en la Iglesia de hoy y de mañana, debido a que el hombre ya casi no soporta la callada soledad ante Dios y trata de refugiarse en una especie de colectividad eclesial, cuando en realidad dicha colectividad ha de edificarse sobre la base de hombres y mujeres espirituales que hayan tenido un encuentro directo con Dios, y no sobre la base de quienes, a fin de cuentas, utilizan a la Iglesia para evitar tener que vérselas con Dios y su libre incomprensibilidad?

Una cosa, sin embargo, sigue siendo cierta: que el ser humano puede experimentar personalmente a Dios.

El verdadero precio que hay que pagar por la experiencia a la que me refiero es el precio del corazón que se entrega con creyente esperanza al amor del prójimo

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Karl. Rahner,
Palabras de Ignacio de Loyola a un jesuíta de hoy,
Sal Terrae, Santander 1978; pp. 4-8.

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Ignacio de Loyola: El vasco más universal.

Martes, 31 de julio de 2018

ignacioDel blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01. ALGUNOS DATOS BIOGRÁFICOS DE SAN IGNACIO

Celebramos hoy la fiesta de nuestro patrono y paisano: San Ignacio de Loyola.

San Ignacio nace en Loyola, Azpeitia, en 1491. Inicialmente es militar y tras el accidente en 1521 en Pamplona del que queda herido y cojo para toda su vida, comienza a fraguarse su conversión en la larga convalecencia de Azpeitia, que quedaría plasmada en Manresa en 1.522. De esta época data su obra “Ejercicios Espirituales“: especialmente su primera meditación: Principio y Fundamento.

Tras una peregrinación a Tierra Santa estudia teología en Barcelona, Alcalá, Salamanca y París. Será en París donde se encuentre con un grupo de jóvenes compañeros universitarios: Pedro Fabro, Fco. Javier, Diego Laínez, Alfonso Salmerón, Nicolás Bobadilla, etc. y en 1.534, el día de la Asunción en una capilla de Montmartre de París hacen los votos ya con la intención de marchar a Tierra Santa, pero si no podía hacer este viaje antes de un año, marcharían a Roma para ponerse a disposición del Papa. En 1.540 el papa Paulo III aprueba solemnemente este nuevo movimiento religioso: La Compañía de Jesús, que junto con los “Ejercicios”, es la segunda gran obra de San Ignacio.
Finalmente S Ignacio muere en Roma, donde está enterrado, en 1.556 (entre la segunda y tercera etapa del Concilio de Trento).

Cuando muere S. Ignacio, la Compañía de Jesús estaba ya bien cimentada: En 1.550 S Ignacio había terminado las Constituciones de la Compañía de Jesús y ésta contaba ya con más de mil miembros. Tras doce años de misionero principalmente en India, Fco Javier había muerto hacía unos pocos años, en 1.552 en Zancón, frente a China. Laínez y Salmerón eran grandes teólogos en aquellos difíciles tiempos. S Fco de Borja fundaba la universidad de Gandía.

01. SAN IGNACIO (AZPEITIA, 1491- ROMA, 1556) Y EL PADRE ARRUPE (BILBAO, 1907 – ROMA, 1991).

arrupe-thuAllá en Roma, en la iglesia del Gesù (Jesús), están enterrados san Ignacio de Loiola y el Padre Arrupe.

Jesuitas, y no jesuitas, bien-pensantes consideran a ambos como los dos fundadores de la Compañía de Jesús: Ignacio la crea en el siglo XVI y el Padre Arrupe la reconduce en pleno siglo XX.

Los dos partieron o volvieron al principio y fundamento de la vida a Dios.

SAN IGNACIO tras una primera parte más que turbulenta de su vida, vuelve a la piedra angular de la vida: al Señor. Ignacio de Loiola con su meditación fundamental que son los Ejercicios.

El P ARRUPE, (Bilbao, 1907-Roma, 1991) hombre creyente y místico a fondo perdido, encauza la Compañía de Jesús hacia los pobres, marginados, (Teología de la Liberación).
En la ya histórica Congregación General (n 32) de la Compañía de Jesús, celebrada el 2 de diciembre de 1974, entre otras cosas dijeron y aprobaron:

o Nuestra Compañía no puede responder a las graves urgencias del apostolado de nuestro tiempo si no modifica su práctica de la pobreza. Los compañeros de Jesús no podrán oír “el clamor de los pobres”, si no adquieren una experiencia personal más directa de las miserias y estrecheces de los pobres» (n. 5)

o «Es absolutamente impensable que la Compañía pueda promover eficazmente en todas partes la justicia y la dignidad humana, si la mejor parte de su apostolado se identifica con los ricos y poderosos o se funda en la seguridad de la propiedad, de la ciencia o del poder» (n. 5).

o Sentimos inquietud a causa de las diferencias en la pobreza efectiva de personas, comunidades y obras (n. 6)

o En este mundo en que tantos mueren de hambre, no podemos apropiarnos con ligereza el título de pobres. Debemos hacer un serio esfuerzo por reducir el consumismo; sentir efectos reales de la pobreza, tener un tenor de vida como el de las familias de condición modesta… examinar capítulos de comidas, bebidas, vestuario, habitación, viajes, vacaciones… (n. 7)

02. SER CONSCIENTES DEL MOMENTO VIVIENDO DESDE EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO TANTO PERSONAL COMO ECLESIALMENTE.

No es fácil ser lúcido en el momento histórico -personal y comunitario- en el que nos toca vivir a cada cual y ala iglesia. Las turbulencias suelen ser grandes, uno no ve por dónde tirar en las variables históricas que requieren discernimiento personal, eclesial, social, político, etc. Pero es bueno ser lúcido, humildemente lúcidos: El Señor es mi luz y mi salvación (salmo 26). Ser consciente, vivir despiertos y con las lámparas encendidas es una actitud muy humana y cristiana.

En muchos momentos de la vida nos puede embargar la tristeza, la decepción, él “no saber por dónde tirar”, podemos vivir desarbolados, en un desconcierto. Calma: en tiempos de desolación no hacer mundanza, decía san Ignacio. Es bueno, hace bien volver al principio y fundamento de la vida, que no coincide siempre con las posiciones históricas que se han dado, que pueden conducir a fundamentalismos fanáticos como los que hemos vivido y todavía conocemos. Tanto personal como eclesialmente (incluso social y éticamente) hay que ir a los fundamentos: ni el Derecho canónico coincide con el Evangelio ni lo eclesiástico con el Reino de Dios.

¿Quién podrá apartarnos del amor de Dios? (Romanos 8)

Cuando los vientos arrecian en el orden personal: crisis, problemas, situaciones, etc., es saludable (salud) permanecer en la roca que nos salva, tomar la mano que nos sostiene (salmo 94), cimentarnos en la piedra angular. Vivir superficialmente y huyendo hacia adelante con el peso de un supuesto pasado, no conduce a nada, los problemas siguen y nos persiguen.

Por otra parte, volver al principio y fundamento no consiste mantener o recuperar numantinamente unas formas, sino descansar en el Señor: solamente en Dios descansa mi alma, (salmo 61). San Ignacio y el P Arrupe coinciden plenamente en el principio y fundamento, no tanto en las variables históricas. Las circunstancias históricas del siglo XVI, del siglo XX o del siglo XXI son muy diferentes, el principio y fundamento sigue siendo el mismo, pero el puente, la religación (religión) entre Dios y el hombre necesariamente cambia, las modalidades, expresiones, formas culturales cambian, a no ser que nos convirtamos en ultramontanos fanáticos.

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