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He venido a traer fuego a la tierra.

domingo, 17 de agosto de 2025
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 Creo que la vida no es una aventura que debamos vivir según las modas que corren, sino con un compromiso encaminado a realizar el proyecto que Dios tiene sobre cada uno de nosotros: un proyecto de amor que transforma nuestra existencia.

Creo que la mayor alegría de un hombre es encontrar a Jesucristo, Dios hecho carne. En él, todo -miserias, pecados, historia, esperanza- asume una nueva dimensión y un nuevo significado.

Creo que cada hombre puede renacer a una vida genuina y digna en cualquier momento de su existencia. Cumpliendo hasta el final la voluntad de Dios no sólo puede hacerse libre, sino también derrotar al mal.”

*

Thomas Merton

***

 

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla!

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división.

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

*

Lucas 12, 49-53

***

 

Los apóstoles, instruidos por la palabra y por el ejemplo de Cristo, siguieron el mismo camino. Desde los primeros días de la Iglesia, los discípulos de Cristo se esforzaron en convertir a los hombres a la fe de Cristo Señor no por acción coercitiva ni por artificios indignos del Evangelio, sino ante todo por la virtud de la Palabra de Dios. Anunciaban a todos resueltamente el designio de Dios Salvador, «que quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2,4), pero, al mismo tiempo, respetaban a los débiles, aunque estuvieran en el error, manifestando de este modo cómo «cada cual dará a Dios cuenta de sí» (Rom 14,12), debiendo obedecer a su conciencia.

Al igual que Cristo, los apóstoles estuvieron siempre empeñados en dar testimonio de la verdad de Dios, atreviéndose a proclamar cada vez con mayor abundancia, ante el pueblo y las autoridades, «la Palabra de Dios con confianza» (Hch 4,31). Pues defendían con toda fidelidad que el Evangelio era verdaderamente la virtud de Dios para la salvación de todo el que cree. Despreciando, pues, todas «las armas de la carne», y siguiendo el ejemplo de la mansedumbre y de la modestia de Cristo, predicaron la Palabra de Dios confiando plenamente en la fuerza divina de esta palabra para destruir los poderes enemigos de Dios y llevar a los hombres a la fe y al acatamiento de Cristo. Los apóstoles, como el Maestro, reconocieron la legítima autoridad civil: «No hay autoridad que no venga de Dios», enseña el apóstol, que, en consecuencia, manda: «Toda persona esté sometida a las potestades superiores…, quien resiste a la autoridad resiste al orden establecido por Dios» (Rom 13,12). Y al mismo tiempo no tuvieron miedo de contradecir al poder público cuando éste se oponía a la santa voluntad de Dios: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5,29). Este camino lo siguieron innumerables mártires y fieles a través de los siglos y en todo el mundo.

La Iglesia, por consiguiente, fiel a la verdad evangélica, sigue el camino de Cristo y de los apóstoles cuando reconoce y promueve la libertad religiosa como conforme a la dignidad humana y a la revelación de Dios. Conservó y enseñó en el decurso de los tiempos la doctrina recibida del Maestro y de los apóstoles.

*

Concilio Vaticano II,
Declaración sobre la libertad religiosa Dignitatis humanae, llss.

***

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“La fe cristiana y su futuro. Perspectivas“, por José María Aguirre Oráa

sábado, 7 de junio de 2025
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Perspectivas de futuro Rikki Chan

«Todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados»

«El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado»

«Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad»

| José María Aguirre Oráa

 1. El fenómeno de la secularización

Estamos en plena vorágine de un cambio cultural de proporciones incalculables y enormemente significativas. Más allá del debate y de la discusión de si hemos abandonado la Modernidad para abrirnos a otra nueva etapa histórica, la Postmodernidad, los análisis nos permiten descubrir que tras las intuiciones descriptivas de la postmodernidad se encuentran análisis valiosos sobre nuestra actual situación. Un punto importante, que hay que destacar, es que todos los grandes relatos han entrado en crisis de alguna manera o están tocados en tanto macrorelatos: marxismo, existencialismo, cientismo, religiones… Por ello los discursos y las concepciones absolutistas y fundamentalistas están en quiebra, aunque todavía de hecho en la realidad social tengan un poder social y político importante.

En este sentido está emergiendo en el marco de Occidente un fenómeno destacado de ateísmo y de agnoscitismo de masas, que no había ocurrido en otras etapas históricas. Una visión estrictamente intramundana de la historia y de la existencia humana está ganando terreno en ambientes maduros, intelectuales, jóvenes… Las visiones de transcendencia pierden vigor y sentido. No importa el más allá de la vida humana y del mundo, interesa el más acá concreto y vivo. Se diría que Nietzsche y su crítica del platonismo cristiano han adquirido una acreditación y un impacto contundentes.

Frente a esta realidad también hay que señalar que en otras latitudes del mundo crecen o se mantienen las fes religiosas de todo tipo, por lo que el fenómeno anterior no se extiende como una marea por todo el orbe. En una gran mayoría de países el fenómeno religioso sigue vivo y muy vivo, impregnando comportamientos colectivos e individuales con mucha fuerza. Por ello mi diagnóstico señalaría la radical pluralidad de situaciones que existen respecto al fenómeno de la religión a escala del universo. Las discusiones sobre la tan cacareda tesis del necesario proceso de civilización que avanza de la etapa religiosa hasta la etapa secular sigue animando la escena intelectual sociológica y filosófíca. La última etapa del pensamiento de Jürgen Habermas lo evidencia de manera ejemplar [i].

2. Secularización y fe cristiana

Sin duda ante esta situación la pregunta se antoja inevitable: ¿Qué pensar de la secularización? Para un sector importante de la jerarquía católica, de mentalidad conservadora, y para colectivos cristianos de esa misma línea, el proceso de secularización es interpretado como un fenómeno surgido de la impronta de la modernidad que cuestiona en su íntima esencia lo religioso y atenta en consecuencia contra el desarrollo de la religión y de la fe cristianas. Por ello se sitúan en una abierta oposición de combate frente al fenómeno de la secularización. La modernidad intelectual no es vista con muy buenos ojos, para ellos se trata de un disolvente explícito o tácito de la fe o de las convicciones religiosas. El hombre se hace mayor de edad en todos los ámbitos de la existencia humana, conquista su autonomía y rechaza al Dios todopoderoso de las religiones. Cuanto más aumenta la autonomía humana, más desaparece su relación y dependencia con Dios. También se produce este fenómeno en otras confesiones cristianas y evidentemente en otras religiones.

Para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana

Sin embargo, para otras perspectivas teológicas y religiosas el juicio sobre la secularización es más matizado y consideran que la secularización no es inevitablemente antireligiosa o anticristiana. Incluso utilizan otra clave interpretativa de esta realidad. La secularización puede ser interpretada como un desenlace intelectual y práctico tremendamente enraizados en el Evangelio y en la lógica del pensamiento cristiano (y no solo cristiano moderno) de larga fecha. Si Dios aparece en la religión cristiana como Absoluto, esto significa y supone la desdivinización de lugares, tiempos, objetos, instituciones que se han considerado «sagrados». Para la fe cristiana lo único sagrado es la persona humana y su dignidad inalienable. A veces esto supone reafirmar la dialéctica entre religión y fe. La fe cristiana no presupone, como parece ser característica de la religión, una dependencia existencial y práctica de Dios. Precisamente la fe sostiene la autonomía del mundo y de la persona como la culminación del proceso de libertad humana: de la heteronomía a la autonomía. Habría que recordar aquí el lema «Etsi Deus non daretur», expresión de Dietrich Bonhöffer para señalar que Dios ha de ser pensado fuera de todo papel de tapaagujeros de la ignorancia o de la incapacidad humanas.

Parecería que el cristianismo y la modernidad fueran enemigos que libran una batalla secular, una última pugna de las «guerras de religión»: de un lado la fe, la idea aseguradora de una transcendencia; de otro lado el desencantamiento moderno que certifica y toma nota de la «muerte de Dios». ¿De un lado la tradición, la verdad, la autoridad; del otro la laicidad, el relativismo, la defensa de las libertades individuales? Lejos de oponer frontalmente estos dos campos, dos autores, René Girard y Gianni Vattimo recientemente fallecidos se esforzaron por el contrario en acercarlos.[ii] A partir de presupuestos filosóficos y de argumentos diferentes, los dos sostienen esta tesis aparentemente paradójica, pero de una profundidad intelectual y reflexiva destacable compartida por otros pensadores de perspectiva cristiana: secularización y laicidad son productos del cristianismo. El cristianismo es precisamente la religión de la salida de la religión e incluso está en el origen de los valores de nuestras sociedades occidentales, entre los que hay que incluir la democracia y la separación de la Iglesia y del Estado.

Marcel Gauchet señala igualmente que el cristianismo es la «religión de la salida de la religión». No hay que entender esta expresión «como si la gente ya no creyera en Dios. ¡Realmente no creían más en otros tiempos! […] La salida de la religión es la salida de la organización religiosa del mundo». Y sigue con su perspectiva: «Lo que es determinante en el caso cristiano es el propio Cristo. La idea de la encarnación no brilla por su racionalidad. La idea de un solo Dios parece incompatible con la idea de un Dios delegado que ejerza de intermediario. Es posible que [Dios] necesite un mensajero como Moisés en los judíos o Mahoma en el caso del islam, pero con Cristo se trata de otra cosa. Un Dios que toma la forma de hombre. Pero esta extraña idea tiene un efecto importante. La encarnación obliga a concebir una alteridad radical de Dios (del Dios extraterrestre de Yahvé y de Alá) ¿Qué (quién) es este Dios que nos habla desde el interior de nuestro mundo de los hombres y que, por lo tanto, aparece completamente exterior al Dios de Yahvé y de Alá?». «Cristo viene simplemente para testimoniar el interés del Padre por la salvación de los hombres. No nos dice inmediatamente lo que hay que hacer, sino que hay que pensar en otro mundo. La encarnación de Cristo es portadora de toda una serie de desarrollos potenciales que necesitarán siglos y siglos para expresarse, pero que permitirán, paso a paso, la emergencia de un mundo humano autónomo a partir del mundo religioso. No hay nada sorprendente, para un cristiano convencido, pensar, sin dejar de ser perfectamente cristiano, que los hombres hacen su ley, que las relaciones entre ellos son un área y que lo que conecta a cada individuo a Dios es otra».

Esta es una perspectiva que defendemos abundantes filósofos, intelectuales y teólogos de enjundia cristiana: la fe cristiana es la instauración de la autonomía humana, no de la heteronomía servil. No tenemos un Dios que nos dicta lo que hay que hacer, sino un Dios que nos impulsa a pensar y experimentar la creación de un mundo humano que sea solidario, fraternal. No tenemos un plan establecido de trabajo. Tenemos una inteligencia para pensar y una voluntad para actuar: el único norte es la fraternidad.

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio

La secularización remite a un proceso de gradual expulsión de las autoridades eclesiásticas del ámbito del dominio temporal, sobre el cual el Estado moderno […] alzaba una pretensión de monopolio. Un filósofo canadiense, Charles Taylor, extrae las consecuencias sociales de esta pérdida del monopolio religioso de lo público y señala que lo que caracteriza la «era secular» es la desaparición de la adscripción religiosa basada en la tradición y el paso a una religión de elección: «Mi propia visión de la “secularización” que, confieso libremente, ha sido conformada por mi propia perspectiva como creyente (pero que, con todo, quisiera esperar ser capaz de defender con argumentos), es que ha habido ciertamente un “declive” de la religión. La creencia religiosa existe ahora en un campo de elección que incluye varias formas de objeción y rechazo; la fe cristiana existe en un campo en el que también hay un amplio abanico de otras opciones espirituales. Pero la historia interesante no es meramente la del declive, sino también la de un nuevo lugar de lo sagrado o espiritual en relación con la vida social e individual. Este nuevo lugar es ahora la ocasión para recomposiciones de la vida espiritual en nuevas formas, y para nuevas vías de existencia dentro y fuera de la relación con Dios»[iii]. La secularización es el orden social, jurídico y político que concibe como parte inextricable de la autonomía individual la libertad de los ciudadanos para religarse a través de confesiones organizadas o mediante un «bricolaje espiritual». El ejercicio individual y colectivo de la libertad religiosa no prejuzga el tipo de decisión que se toma. Lo que se enfatiza, en cambio, es el hecho de que se trate de elecciones propiciadas por un orden legítimo que no interfiera en las creencias a las que los ciudadanos se quieran vincular. Evidentemente el fenomeno de la secularización no tiene únicamente consecuencias políticas y jurídicas, sino que implica también «el declive de la influencia pública de la iglesia y de las religiones en la determinación directa […] del saber, de las normas, de las costumbres»[iv].

Llegados a este punto convendría indicar algo que ha puesto de relieve Habermas en sus últimos escritos sobre religión y que puede ayudarnos al restablecimiento de un respeto real y creativo a todas las personas precisamente en una sociedad secular y no secularista. Según Habermas, las limitaciones impuestas por el principio de separación de poderes o de ámbitos pueden conllevar un reparto desigual de las cargas de tolerancia que creyentes e increyentes deben soportar cuando se trata de apoyar la legislación existente o de argumentar a favor de una u otra postura. Mientras, según Habermas, a los increyentes o ciudadanos secularizados les basta con utilizar un lenguaje que es el mismo que rige en su fuero interno, los creyentes tienen que traducir su cosmovisión a un lenguaje secularizado para lograr que sus aportaciones a los debates públicos cumplan con unos requisitos mínimos de imparcialidad. Es incuestionable que los esfuerzos que impone la socialización o, en este caso, la participación en debates democráticos, no son los mismos para todos los ciudadanos. Cuando la línea que divide a unos de los otros se solapa con la que separa a ciudadanos seculares y religiosos, entonces tal vez se puede decir que el mayor esfuerzo que deben hacer los creyentes va en menoscabo de la libertad religiosa e incluso atenta contra la neutralidad liberal, pues supone una discriminación de algunos ciudadanos por motivos religiosos o ideológicos

3. La triple dimensión de la fe cristiana

Yo creo que la fe cristiana tiene tres componentes esenciales que no pueden contemplarse separados ni ser separados de hecho: conocimiento, actitud, sentimiento. Evidentemente hay concepciones ideológicas que conciben la fe cristiana en un solo sentido de los descritos anteriormente, con exclusión de los otros dos, pero a mi entender mutilan la globalidad de la experiencia cristiana. Para mí la unidad de estas tres perspectivas me resulta fundamental, porque quizás esta triple dimensión de la fe cristiana es su característica fundamental.

En primer lugar la fe cristiana supone una manera de conocer, al menos en dos aspectos esenciales de la vida humana. Un aspecto sería el sentido del universo: más allá de las explicaciones científicas y en consonancia con ellas el origen y el proceso del universo sugieren el postulado de una creatividad inmanente a la obra en el universo. Difícilmente esta creatividad radical puede verse como dimensión inmanente de la propia materia, sin apelar a una creatividad originaria inscrita en su seno e impeliéndola al movimiento continuo. La figura de un Dios Creador del universo y de la vida humana aparece como una «solución» adecuada al enigma del mundo y de su dinamicidad. Pero, es que, además, en esta misma lógica de la fe el hombre no aparece como el esclavo de Dios al servicio de lo que diga el señor, sino como el creador que continúa la obra de creación, el impulsor de una creatividad inscrita en la creatividad del universo.

Otro aspecto sería el relativo al sentido de la existencia humana. La antropología y la ética de la fe cristiana nos indican con claridad un componente fundamental para conocer la existencia humana y su sentido: la dinámica de la fraternidad. La persona humana no es un individuo aislado que puede llevar su lógica por sus solos recursos. Es un individuo intersubjetivamente constituido. La intersubjetividad forma parte intrínseca de nuestra existencia. Nos nacen, nos educan, nos hacen y nos deshacen. Nadie como la fe cristiana ha insistido tanto en la individualidad humana, en su respeto absoluto, en su sagrada e inalienable realidad. Pero a la vez, ha insistido en su componente intersubjetivo, en la radical fraternidad de las personas, en la visión de que todos los humanos somos hermanos, prójimos a los que acercarnos. La fe cristiana es radicalmente solidaria y fraterna. La fe cristiana no solo es una forma de conocer, es también una forma de actuar: la praxis de la fraternidad.

Lo dicho anteriormente comporta una dimensión ética insoslayable. Nuestro comportamiento no tiene más remedio que articularse de la misma manera: en clave solidaria y fraterna. La guía de acción debe ser el respeto absoluto a cada persona y a todas las personas. Nadie queda ni puede quedar excluído de la dinámica de la fraternidad. Y además la persona humana es siempre una posibilidad de libertad que debe crecer. Si nada ni nadie de lo mundano y de lo humano es Dios, si nada ni nadie nos indican los caminos de nuestra libertad, nuestra inteligencia y nuestra voluntad deben guiarnos en el complicado camino de nuestra libertad de acción. Tenemos perspectivas, pero no leyes, tenemos unas líneas generales, pero no el GPS detallado y ordenado de nuestra acción.

La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer

Y hay una tercera dimensión de nuestra fe. La fe cristiana es también una manera de sentir y de querer. Estamos y nos sentimos amados por Dios, amados inmensamente por un Padre bueno que nos ha volcado a la vida y experimentamos un sentimiento de no sentirnos solos y abandonados en un mundo hostil y mortífero. Por consiguiente, nos inunda el sentimiento de com-pasión. Si experimentamos de alguna manera la compasión de Dios, transmitimos nuestra compasión a todos los humanos y a todo lo valioso de nuestro universo. La compasión es el rostro sentido y volitivo de la fraternidad. Nuestro sentimiento motiva nuestro querer. Queremos la compasión porque la sentimos buena para la existencia de todas las personas.

4. Perspectivas de la fe cristiana

La fe cristiana está en perfecta sintonía con la razón científica. Podríamos decir (como en aquella consigna nicaraguense tan repetida y acertada: «Entre cristianismo y revolución no hay contradicción») de manera contundente que entre ciencia y religión no hay contradicción. Ciencia y religión son complementarias. Oigamos a Max Planck: «No puede haber nunca una oposición real entre ciencia y religión, pues la una es el complemento de la otra. […] La religión y la ciencia natural luchan juntas en una incesante, indesmayable batalla contra el escepticismo y el dogmatismo, contra la increencia y la superstición. Por tanto ¡Adelante hacia Dios!»[v].

Incluso habría que decir más: la lógica científica en el campo de la física y en el de la biología nos encauza en la lógica de un designio inteligente, que se encuentra a la obra en la realidad del universo. Consideremos este texto de Anthony Flew, primeramente ateo declarado durante largo tiempo y que ha acabado reconociendo una perspectiva teísta: «La ciencia se basa en la presunción de que el universo es totalmente racional y lógico en todos sus niveles», escribe Paul Davies, que es probablemente el divulgador más influyente de la ciencia moderna en la actualidad. “Los ateos afirman que las leyes de la naturaleza existen porque sí y que el universo es en último extremo absurdo. Como científico, me resulta difícil aceptar esto. Debe haber un fundamento racional inmutable en el cual encuentre su raíz la naturaleza lógica y ordenada del Universo“. Los científicos que apuntan hacia la Mente de Dios no avanzan simplemente una serie de argumentos o un proceso de razonamientos silogísticos. Más bien, proponen una visión de la realidad que surge del corazón conceptual de la ciencia moderna y se impone a la mente racional. Es una visión que personalmente estimo persuasiva e irrefutable»[vi].

Como ya he señalado en otro escrito, Jean Ladrière [1] [vii] defiende que la razón científica comporta en sí misma, en su propia lógica interna, la posibilidad de abrirse al sentido de la creatividad radical que opera en el cosmos y de todo lo que esta creatividad implica y de este modo abrirse al reconocimiento de la creación del Universo. El «logos» interno que anima la ciencia comporta en sí, de modo constitutivo, la posibilidad de reconocer aquello de lo que este logos es una huella. La realidad nos envía más allá de sí misma, aparece como habitada por un dinamismo constitutivo estructural que va en el sentido de una unión creciente con una subsistencia creadora.

Aquí aparece una consonancia posible, aunque no necesaria, entre la ciencia y la fe. La ciencia no proporciona por sí misma un acceso directo a la fe. La ligazón entre razón científica y fe cristiana no tiene una conexión lógicamente necesaria, ya que en este caso comportaría un carácter necesario que se impondría lógica y racionalmente. Esto no sucede así, lo sabemos muy bien. Sin embargo, la ciencia nos hace ver la creatividad que opera incesantemente en el mundo. A partir de esta visión de la ciencia, a partir de esta realidad de operatividad radical existe un relé filosófico que puede conducirnos a la idea de creatividad que permite el paso a la idea de creación y que incluso postula la idea de la creación. Las resonancias kantianas con sus postulados de la razón son clarísimas. La lógica reflexiva es similar o se asemeja a la perspectiva de Kant.

Otro aspecto importante que quisiera destacar lo constituye el horizonte de la fraternidad. La fe cristiana implica un compromiso claro, etico-político, de trabajo por la justicia en las coordenadas del mundo. El conjunto de los libros de la Biblia y sobre todo la predicación profética pone en boca de Dios la exigencia de justicia para los desamparados de la época, los pobres, los huérfanos y las viudas. Si algo señaló Jesús de Nazareth en su constante predicación es la exigencia de fraternidad universal. Y esto significa en román paladino establecer como criterio fundamental la compasión por una parte por el dolor de los pobres y por otra también  por sus esperanzas, porque son los que lo necesitan realmente, los que son asediados por la pobreza, la opresión, la esclavitud, la discriminación… Ellos son los primeros en la mente y en la preocupación de Dios, ellos son los primeros también en la nuestra.

Esto lo comprendió muy bien y lo impulsó el Concilio Vaticano II y de forma reiterada las Conferencias Episcopales Latinoamericanas. Se podría decir que no hay manera de honrar a Dios que no pase por la honra a los pobres y marginados. Las posturas que de hecho se salgan de este carril, son pura vaciedad de fe o declaraciones verbales religiosas estériles. Éste ha sido siempre el criterio fundamental de cercanía a las exigencias de Dios, de acceso a la fe en Él. Lo demás son palabras vacías y creencias sin fundamento. Esto nos lo enseñó de manera magistral y sin aspavientos un gran cristiano y un teólogo magnífico, Gustavo Gutiérrez, a quien le siguieron Leonardo Boff, Juan Luis Segundo, Ignacio Ellacuría, Jon Sobrino y muchos más que sería largo citar.

Quisiera traer a colación a Carlos Fernández Liria, un filósofo marxista y de izquierdas que tiene una perspectiva interesante sobre el cristianismo en la línea que estoy señalando. Según él, el cristianismo no es una religión como cualquier otra, porque las religiones siempre consisten en predicar un contenido cultural, decir es bueno esto o lo otro y que está prohibido esto o lo otro. Y el cristianismo es una religión muy extraña porque no defiende un contenido, sino una forma. Jesús (que por otra parte en el Evangelio de San Juan se define nada más y nada menos que como el logos hecho carne, es decir, como la razón hecha carne) no dice «tienes que hacer esto o lo otro». A Jesús le importa más bien una forma: «Hagas lo que hagas, hazlo de forma que estés seguro de que al hacerlo amas al prójimo como a ti mismo». Esto significa que te debes poner en el lugar del otro. Esto es el imperativo categórico de Kant, que hagas lo que hagas puedas querer que la decisión que estás tomando se torne ley universal. Este es el imperativo categórico kantiano y lo que dice Jesús es una formulación emotiva o mítica de lo mismo. En ese sentido, lo que predican los cristianos es la forma misma de la razón. El cristianismo en sí mismo es la religión más racional del mundo, tanto que San Juan puede decir que Jesús es la razón hecha carne.

Y en ese sentido, si el marxismo hubiera sido inteligente lo habría aprovechado. Este es el alegato de Carlos Fernández contra la tradición atea marxista y de izquierdas. Esta tradición regaló también el cristianismo al enemigo, con lo cual le regaló nada menos, como dijo Gramsci, que la organización de masas más potente que haya habido en la historia de la humanidad, la Iglesia católica. Nunca debió el marxismo regalar la Iglesia católica, debería haber luchado por conquistarla desde su interior. Fue un gravísimo error predicar el ateísmo.

Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal

En esta misma línea Carlos Fernández Liria indica (y llama mucho la atención) con énfasis que el concepto más interesante que se ha forjado en la reflexión ética y moral del siglo XX ha sido el concepto de «pecado estructural». Este concepto constituía el nervio central de la Teología de la Liberación y los que se ocuparon de pensarlo eran fundamentalmente curas, obispos, cristianos de base que estaban directamente comprometidos en cambiar un mundo injusto y criminal. Mientras ellos se jugaban la vida y daban de lleno en la diana del problema ético de nuestro tiempo, la filosofía académica de izquierdas y de derechas estaba completamente en la Luna. La verdadera cuestión moral es qué responsabilidad tenemos en que determinadas estructuras perduren y qué estaría en nuestra mano hacer para sustituirlas por otras. Es obvio que eso pasa por la acción política organizada y no por el voluntarismo moral que intenta inútilmente apartarse de la maquinaria del sistema. «No sé si se capta el mensaje: vivimos en un mundo tan inmoral que no tiene soluciones morales, aquí no valen más que soluciones políticas y económicas muy radicales. Y la única cuestión moral relevante que todavía tenemos sobre la mesa es la de qué tendríamos la obligación de estar haciendo políticamente para que el mundo dejara de jugar en este tablero económico genocida [viii]». Nuestra responsabilidad cristiana nos exige actuar con esta perspectiva de manera perentoria. No veo otra alternativa.

Un autor como Cornel West [ix] indica que el cristianismo tendría que suponer una auténtica revolución a partir de la moral que lo fundamenta. Las convicciones religiosas, además de sustentar los valores políticos, nos permiten ir más allá. Así, la aceptación de la solidaridad como valor político aunque necesaria, quizás resulte insuficiente y debería acompañarse por sentimientos como el amor a los demás y la disposición a celebrar con los desfavorecidos. Tras destacar lo que, en términos utilizados por Habermas, podemos denominar el potencial semántico de la religión, West invita a los creyentes también a tener oído para lo secular y a actuar con empatía e imaginación para adentrarse en la cosmovisión, también respetable, de los agnósticos y los ateos.

NOTAS

[1]

[i] HABERMAS, J.,  Israel o Atenas. Ensayos sobre religión, teología y racionalidad (2001) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2005) Mundo de la vida, política y religión (2012), Una historia de la filosofía. 2 vol. (2019)

[ii] René GIRARD es el autor de ensayos como La Violencia y lo Sagrado (1972), Cosas ocultas desde la fundación de mundo (1978), Acabar Clausewitz (2007).De la violencia a la divinidad (2007) ¿Verdad o fe débil? Diálogo sobre cristianismo y relativismo (2007). Filósofo y hombre político italiano, Gianni VATTIMO escribió El fin de la modernidad (1987), La sociedad transparente (1990), Después de la Cristiandad. Por un cristianismo no religioso (2004), Dios: la posibilidad buena (2012).

[iii] TAYLOR Ch.,  Una era secular, Madrid, Gedisa, 2014. El futuro del pasado religioso, Madrid, Trotta, 2021.

[iv] MARRAMAO G., Cielo y tierra. Genealogía de la secularización, Barcelona: Paidós, 1998, p. 5.

[v] Citado en FLEW A., Dios existe, Trotta, Madrid, 2012, p. 98.

[vi] FLEW A. Dios existe, op. cit., p. 101. Este autor cita un texto de DAVIES P., «What Happened Before the Big Bang», en RUSSSEL STANNARD (Ed.), God for the 21ª Century, Templeton Foundatio Press, Filadelfia, 2000, p. 12.

[vii] Ver a este respecto LADRIÈRE J.,  L’articulation du sens, 2 Tomos, Paris, Ed. du  Cerf, 1984;  L’espérance de la raison, Leuven, Peeters, 2003; Le temps du posible, Leuven, Peeters, 2004; La foi chrétienne et le destin de la raison, París, Ed. du Cerf, 2004.

[viii] FERNÁNDEZ LIRIA C., Los diez mandamientos del siglo XXI , en Rebelión, 20 de Enero de 2009.

[ix] HABERMAS J.- TAYLOR Ch.- BUTLER J.- WEST C., El poder de la religión en la esfera pública,Trotta, Madrid 2011, 145 p.

Fuente Religión Digital

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Una crisis sin precedentes en la Iglesia católica: Autopsia de un sistema

jueves, 3 de abril de 2025
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Autopsie d’un système
, disecciona una institución católica en decadencia. ¿Puede resucitar todavía?

Autopsie d’un système, disecciona una institución católica en decadencia. ¿Puede resucitar todavía?

«En la configuración de los abusos, la autora presenta seis tipologías cuyas «características propias de la Iglesia católica parecen constituir factores facilitadores de este dominio» (p. 47). Y lo que agrava la situación: la no separación de poderes permite ocultar los crímenes»

«La Iglesia católica ha pervertido poco a poco los términos que utiliza, llegando incluso a abusar de ellos hasta el punto de «elaborar una doctrina del poder como servicio»»

«Y ya es hora de recordar que en el Concilio Vaticano II se había previsto crear una sinodalia permanente, un consejo en torno al Papa formado por fieles de todo el mundo…»

(Golias).-Su libro: Autopsie d’un système, disecciona una institución católica en decadencia. ¿Puede resucitar todavía? ¡No nos engañemos! Para la autora, la Iglesia católica no está muerta. En esta obra se trata menos de ella que de su avatar institucional. Por supuesto, a lo largo de los siglos, la institución católica romana ha atravesado numerosas crisis y siempre ha mantenido el rumbo a pesar de estas provocaciones externas. Entonces, ¿deberíamos preocuparnos por lo que está sufriendo hoy en día o pensar que todo pasa y se arregla?

Christine Pedotti opta por dar la voz de alarma. No solo todos los síntomas muestran que lo peor es probable, sino que nos indican que es urgente intervenir, porque la gangrena se ha instalado. La Iglesia está siendo atacada desde dentro. Es la institución que la estructura y debería protegerla la que la aleja de las exigencias de amor y de compartir que reclama el Evangelio.

IMG_0500Autopsia de un sistema‘ denuncia un «sistema» que amenaza con sofocar la formidable asamblea del pueblo de Dios. Es esta estructura la que la autora va a diseccionar en un examen sin complacencia. Con la claridad que le es tan querida, Christine Pedotti establece primero un estado de la situación en profundidad del mal que ha salido a la luz.

Señala que la «crisis de abusos» no es la única constatación, por terrible que sea, de una comisión francesa que ella ha pedido desde la revista Témoignage chrétien que dirige. Para continuar con la metáfora médica, la autora detalla la proliferación de una crisis que resulta endémica. Ningún continente se salva. Los Estados Unidos fueron los primeros en levantar el velo que cubría los atroces abusos sexuales perpetrados por sacerdotes, ante la mirada horrorizada del público. El impacto vino de la investigación del periódico The Boston Globe en 2002, popularizada por la película Spotlight.

A partir de entonces, fue imposible ocultar los abusos cometidos por miembros de un clero pedófilo amparado por su jerarquía. Sin embargo, a pesar de los crímenes denunciados, la ocultación continuó y la curia cerró «piadosamente» los ojos. El cardenal Law, aunque se vio obligado a dimitir, permaneció bajo el amparo de Roma hasta participar en la elección de Benedicto XVI y obtener un gran funeral en San Pedro de Roma.

Una complicidad vaticana perjudicial que el tiempo no desmentirá, ni cuando se descubran las monstruosidades cometidas por Marcial Maciel, ni más tarde, como revela el ensordecedor silencio en torno a los desmanes criminales de quien ha sido llamado «el padre Pierre».

Contra estas perversiones, Témoignage Chrétien intervino en 2018 para solicitar la creación de una investigación parlamentaria sobre los abusos cometidos en Francia. La negativa de la comisión de leyes no frenó el impulso de la revista, que se unió al movimiento de víctimas de delitos sexuales La Parole libérée, hasta que la asamblea de obispos, reunida en Lourdes en noviembre de 2018, admitió la creación de una comisión independiente para evaluar el alcance de los abusos en Francia.

En 2021, el informe de esta investigación, realizada bajo la dirección de Jean-Marc Sauvé, cayó como una bomba en los oídos de un clero y una población atónitos. La CIASE acababa de revelar que, fuera del círculo familiar, la Iglesia católica es el lugar más peligroso en materia de abuso sexual. Tres veces más que los clubes deportivos u otras organizaciones que acogen a niños. La curación se encuentra sin duda en otra forma de hacer Iglesia.

Ante la magnitud de los daños, ante el horror del sufrimiento provocado por estos abusos, cuyos conmovedores testimonios prohíben cualquier relativización -por muchos esfuerzos que hayan hecho algunos defensores de un conservadurismo incorregible-, la autora analiza las causas y las localiza en el «sistema» establecido por la institución católica.

Un sistema que se concentra en una organización jerárquica exclusivamente masculina que instrumentaliza el concepto de lo sagrado. A través de estos tres ejes: jerarquía, masculinidad cerrada, desvío de lo sagrado, se tiran de todos los resortes para hacer estallar un corsé que se ha remendado a lo largo del tiempo, ocultando cada vez más sus fallas.

abusosUna vez hecha la diagnosis y analizadas las causas, ¿qué hacer? ¿Deberíamos renunciar a la universalización del mensaje que transmite el catolicismo? Desde luego que no. La curación se encuentra sin duda en otra forma de hacer Iglesia que proteja del abuso de poder, del abuso de confianza y del abuso sexual. Christine Pedotti reclama una nueva estructura capaz de renunciar «al poder sagrado y masculino, al celibato y a las formas feudales jerárquicas» (p. 201) que integre a las mujeres junto a los hombres.

Ciertamente, no se engaña. No será el fin absoluto de las situaciones de dominio. El gusto por el exceso y el poder habita en todo ser humano; pero, como ella subraya en la conclusión, si todo el Pueblo de Dios se reúne finalmente, será mucho más difícil que hombres y mujeres «perviertan el sistema cuando, hoy en día, es el sistema el que pervierte a las personas» (p. 201).

p Sylvaine Landrivon

La Iglesia católica: una crisis sin precedentes – Autopsia de un sistema

El diagnóstico de muerte del sistema clerical católico se anuncia desde el título de la obra. Da el tono dramático de la situación y exige un examen en profundidad de una organización criminógena que no solo produce las condiciones de los abusos que genera, sino que «los permite y los oculta». Por eso es importante poner de manifiesto cómo este sistema hace tambalearse todo el edificio. Se observa rápidamente que lo afecta desde tres ángulos a la vez: por los clérigos que se hacen culpables de perversiones sexuales, por sus cómplices que callan y por todo el entorno que la verdad ciega y que prefiere ver a posteriori el alcance del horror.

Sin embargo, si la crisis de abusos revelada por la Ciase en Francia merece ser reconsiderada con la perspectiva de unos años, si debe ser confrontada con lo que ha ocurrido en todo el mundo, es porque la autora no desespera de su Iglesia. Pero para salvarla, habrá que identificar las causas del mal que la carcome y proponer soluciones preguntándose qué es posible conservar de su estructura.

¿La Iglesia «ha visto otras»?

En su examen de los acontecimientos a los que se ha enfrentado la Iglesia católica desde las invasiones bárbaras hasta sus colisiones más o menos frontales con el comunismo, los otros totalitarismos, el relativismo, el consumismo, etc., Christine Pedotti nos señala que estos choques generalmente afectaban a la institución desde el exterior.

Sin embargo, en el drama que se ha puesto de manifiesto en los últimos años, el mal ha tomado otro rumbo: ahora proviene del interior del cuerpo clerical. Y se difracta en dos facetas, lamentablemente complementarias: por un lado, los delitos y crímenes propiamente dichos, y por otro, la negación y el silencio sobre ellos.

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Y en este mundo cerrado, «la cadena de mentiras y ocultaciones no perdona prácticamente a nadie » (p. 15), ni a los clérigos, ni a los religiosos, ni a los obispos, ni siquiera a los últimos papas, porque: «Siempre, el mismo primer reflejo ha sido negarse a ver y creer» (p. 18) que los depredadores se ocultaban en sus filas, fingiendo ignorar las heridas y el sufrimiento a su alrededor. La constatación es aún más grave porque, incluso geográficamente, ningún continente, ningún país, ha escapado al drama. Por lo tanto, al estar definitivamente excluida la «teoría del cordero negro», hay que tratar de comprender lo que sucedió exactamente para deducir las causas.

Diagnóstico y autopsia

La primera observación pone de manifiesto que la Iglesia es, de hecho, el lugar de las peores atrocidades, justo después del entorno familiar. Entre el 3 y el 4 % de los eclesiásticos serían depredadores sexuales, hasta el punto de que hoy en día «ya no es solo la disminución del número de sacerdotes lo que preocupa, sino también la sospecha que pesa sobre cada uno de ellos» (p. 21). Por lo tanto, el sacerdote, clave de bóveda del edificio católico, es el que atrae la desconfianza y, lo que lo hace aún más sospechoso: ninguna revelación es iniciativa de la Iglesia.

«No todos morían, pero todos eran golpeados»

A diferencia de los animales enfermos de peste a los que se refiere Jean de La Fontaine, las víctimas no son los protagonistas de los que se habla aquí. Esta peste que invade la Iglesia, probablemente activa desde hace siglos en las entrañas del cuerpo clerical, se manifestó a la luz pública a principios de la década de 2000 bajo la presión de investigaciones mediáticas ajenas a la institución. Tras las revelaciones del periódico The Boston Globe, un informe estadounidense informó de más de 10 000 víctimas en EE. UU.

«El informe John Jay, el primero de su clase, ya da las principales indicaciones del fenómeno, en particular la singularidad de la pedocriminalidad de los clérigos: en el 80 % de los casos, se dirige a niños principalmente prepúberes. » (p. 26) Por supuesto, la causa no es la homosexualidad, como algunos han pretendido vilmente, sino la oportunidad que pone a los delincuentes más a menudo en presencia de niños.

Francia, afirmándose indemne de este tipo de depredación, se contenta con proponer a los clérigos un opúsculo titulado Luchar contra la pedofilia, puntos de referencia para los educadores, y oculta eficazmente los casos que le llegan. Se silencian las conclusiones de la teóloga y médica Marie-Jo Thiel, que expuso en el año 2000 ante los obispos reunidos en Lourdes cuántas  abominaciones de este tipo destruyen a las víctimas de forma permanente. No importa cuando hay que proteger a la institución de cualquier ataque que dañe su imagen…

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Mientras tanto, en el resto del mundo, la plaga sigue avanzando con total impunidad. En Irlanda, se llevaron a cabo cuatro investigaciones entre 2005 y 2011 con un balance dramático, pero sin que los abusadores fueran molestados. «Se les protegió y simplemente se les trasladó cuando los escándalos amenazaron» (p. 31) hasta que finalmente el papa Benedicto XVI «reconoció la responsabilidad de toda la Iglesia católica en los abusos pedófilos cometidos por sacerdotes y religiosos de Irlanda y expresó su vergüenza» (p. 31). En Canadá, en Quebec, el maltrato y el abuso también son la norma. En cuanto a Australia, un informe de 2017 revelará que el 7 % de los sacerdotes cometieron abusos entre 1950 y 2010. Lo mismo ocurre en Alemania, Bélgica y Suiza: en todas partes la misma magnitud de los crímenes y los mismos reflejos de encubrimiento.

Por la importancia de las revelaciones y su difusión, este panorama ya anuncia que no se trata de un fenómeno secundario, sino que «está en juego algo más, que tiene que ver con la propia estructura de la Iglesia católica, con su organización, con la representación que tiene de sí misma» (p. 32).

El giro del caso chileno

IMG_0507Cuando el papa Francisco viajó a Chile en febrero de 2018, un sacerdote carismático, Fernando Karadima, había sido declarado culpable de agresiones a menores. Sin embargo, silencio. Otros también están acusados en un informe abrumador, pero las víctimas no son escuchadas. Para silenciar el ruido mediático que crece y retumba, el papa convoca a Roma a los 34 obispos chilenos. Todos presentaron su renuncia y siete fueron aceptadas. Karadima finalmente será destituido del estado eclesiástico en 2019.

Si se trata de un punto de inflexión en el caso de los abusos pedocriminales, es porque el papa Francisco, como gran estratega, supo revertir la situación para exculpar al Vaticano. Por fin se pone del lado de las víctimas y va más allá al señalar la causa del mal. Denuncia el clericalismo y escribe en una carta dirigida a los católicos de todo el mundo el 20 de agosto de 2018 (p. 36): «Decir no al abuso es decir no, de manera categórica, a toda forma de clericalismo.» ¡Por fin se ha hecho el diagnóstico! ¿Se vislumbra una reacción?

¿La Ciase como consecuencia lógica del análisis del Papa?

Todo sigue sucediendo en este periodo como si Francia escapara de lo que envenena a las demás iglesias, hasta que Témoignage chrétien, tras escuchar a un grupo de víctimas de Lyon, lanza una petición para que se lleve a cabo una investigación seria sobre el tema. Christine Pedotti, redactora jefe de la revista, dirigió de cerca los esfuerzos que, lamentablemente, solo lograron una negativa de la comisión de leyes, en «una forma de connivencia entre las instituciones, representada por el Senado que duda en cuestionar a la Iglesia católica» (p. 40). Gracias a la tenacidad de Christine Pedotti y a la energía de La Parole libérée, el apoyo de los medios de comunicación permitió, una vez más, la creación de una comisión para investigar los delitos y agresiones sexuales cometidos en Francia.

Así nació la Ciase, confiada al ex vicepresidente del Consejo de Estado Jean-Marc Sauvé. Un trabajo ejemplar que reunió a historiadores, sociólogos y otros expertos para escuchar a miles de víctimas. Muchos meses después, el resultado es aterrador. Se ha descubierto un sistema de una perversión inaudita que cuenta con más de 300.000 víctimas. Esta cifra alucinante señala la monstruosidad de la institución que ha silenciado tanto a los actores como a quienes los rodean, haciendo creer a los cómplices que «el escándalo ya no es la agresión, sino los gritos de la víctima» (p. 45).

En la configuración de los abusos, la autora presenta seis tipologías cuyas «características propias de la Iglesia católica parecen constituir factores facilitadores de este dominio» (p. 47). Y lo que agrava la situación: la no separación de poderes permite ocultar los crímenes.

Sin embargo, a pesar de la empatía del Papa por las víctimas, a pesar del interés del presidente de la Conferencia Episcopal, ni los miembros de la CIASE ni Jean-Marc Sauvé han sido recibidos hasta la fecha por el Papa Francisco. Esta negativa a escuchar la verdad puede deberse a la intervención de algunos intelectuales católicos franceses que querían cerrar el caso y pretendían «sustituir a los responsables de la Iglesia católica para defender finalmente a la institución a expensas de las víctimas; prueba de que el clericalismo también puede prosperar fuera del clero» (p. 56).

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Sin embargo, al explorar el alcance del mal, los ejemplos abundan, por desgracia, y las nuevas comunidades no se quedan atrás. Christine Pedotti repasa las innumerables atrocidades que han atravesado y nombra, una tras otra, estos «carismáticos» movimientos para mostrar que el horror no escatima a casi ninguno. Señala una primera causa de abuso a través de la consideración de la sexualidad dentro de estas instancias.

Para la Iglesia católica, el marco de su ejercicio está estrictamente reservado a la relación sexual entre cónyuges, con una mirada aguda sobre los medios de regulación de la natalidad. «Este corsé extremadamente normativo se considera absoluto e intangible» (p. 79). Por lo tanto, fuera de este marco, todo acto sexual se convierte, sin jerarquía de prácticas, en una ofensa al sexto mandamiento. Todo se cataloga en el mismo plano en la categoría de pecado, desde la masturbación hasta la violación. Salvo que en los miles de agresiones reveladas, «no se viola ni la castidad ni el sexto mandamiento, sino el cuerpo de las mujeres y los niños» (p. 80), como analizará la autora a continuación.

IMG_0509Juan Pablo II con el cardenal pederasta abusador Theodore McCarrick.

Las raíces del mal

Christine Pedotti, cofundadora del Comité de la Jupe (Falda), no esperó a que se revelaran los crímenes y agresiones cometidos por los miembros de la institución para denunciar la forma en que se había desviado el mensaje del Evangelio. Mientras que Cristo abogó por una horizontalidad en la transmisión de la Buena Nueva, un clero estrictamente masculino se reservó muy pronto todos los poderes y se constituyó en una sociedad jerárquica poseedora de una sacralidad usurpada.

¡El arte de elaborar una doctrina de poder como servicio!

Jesús abolió toda jerarquía, porque en su enseñanza cuestiona tanto lo sagrado (hiéros) como el poder (archè). Los primeros cristianos lo entendieron bien y la autora lo recuerda: «No existe una organización de comunidades de creyentes similar a la que conocemos hoy en día con el nombre de Iglesia católica antes de mediados del siglo III d. C.» (p. 85). (p. 85).

Además, Jesús no solo critica repetidamente la toma de poder, sino que él mismo se pone en una posición subordinada, como ilustra la escena del lavatorio de pies. Por desgracia, la Iglesia católica ha pervertido poco a poco los términos que utiliza, llegando incluso a abusar de ellos hasta el punto de «elaborar una doctrina del poder como servicio» (p. 90), llegando a transcribirla así en el § 18 de Lumen Gentium: «Los ministros que disponen de la autoridad sagrada están al servicio de sus hermanos». Curioso oxímoron el de usar el poder sobre los hermanos con el pretexto de servirles…

Ciertamente, esta estructura jerárquica ha contribuido sin duda al mantenimiento de la institución a lo largo del tiempo, imponiendo lealtad y obediencia. Sin embargo, ¿es satisfactoria esta interpretación eclesiológica de la misión encomendada por Jesús?

Las extravagancias de la sumisión clerical se hacen evidentes incluso en el comentario de un obispo cómplice de un pederasta: «¿Cómo puede un padre ir a denunciar a la policía a su hijo (p. 95). Para salvar a sus otros hijos, tal vez uno querría replicarle. Y, como respuesta a la lealtad del clero a sus superiores, se exige la obediencia de los laicos con el pretexto de que los sacerdotes «representan a Cristo». El §37 de Lumen Gentium, citado en la p. 97, especifica a este respecto que los pastores «debido a sus cargos sagrados, ocupan el lugar de Cristo» sic.

La lógica que alimenta los abusos está, por tanto, firmemente establecida. Por un lado, la solidaridad del clero está garantizada bajo juramento desde la ordenación; en cuanto al pueblo llano, considerado ignorante, se le invita a seguir la orden de obediencia. La estructura, bien asentada sobre estos cimientos, debe conservar su control englobándola en un ámbito reservado.

¡Santo cromosoma Y!

En la Iglesia católica, solo los hombres tienen acceso a los cargos «ministeriales», en los que el concepto de servicio transmitido por la expresión «ministerio» se transforma instantáneamente en poder «magisterial». Ahora sabemos que los argumentos basados en supuestos textos bíblicos para discriminar a las mujeres son todos sesgados y carecen de valor teológico o antropológico. La interpretación patriarcal y androcéntrica del Nuevo Testamento, que reservaría los cargos a los hombres, ha sido rechazada con claridad desde hace más de medio siglo por numerosas teólogas y teólogos.

Como han desarrollado recientemente varios teólogos, los pretextos de impureza, la masculinidad de Jesús o la elección de los Doce para alejar a las mujeres de los cargos eclesiásticos han fracasado y casi se consideran un error teológico «en el seno de la Iglesia, donde la relación entre hombres y mujeres debe simbolizar la capacidad de reconocer y apreciar la alteridad» (p. 107). El masculino erigido en la única expresión de las misiones encomendadas por Cristo es una de las primeras causas de los abusos. ¿Es la única?

¿El celibato es una culpa?

Marie-Jo Thiel acaba de cuestionar en profundidad este extraño imperativo de celibato impuesto a los sacerdotes católicos romanos en su libro La gracia y la pesadez 1. Christine Pedotti vuelve sobre esta restricción que, al parecer, estaría relacionada con una exigencia de pureza, como si la sexualidad estuviera indefectiblemente asociada a la culpa, ¡la libido es fundamentalmente culpable! El deseo y el placer son siempre sospechosos y «el carácter relacional de la sexualidad también se ignora», paradójicamente (p. 118). La autora hace un buen análisis de la cualidad de «eunuco para el Reino», sugiriendo que tal vez sea el gusto por la dominación de los maridos lo que se cuestiona en esta forma de considerar las relaciones.

Christine Pedotti vuelve a subrayar que la amalgama entre crimen y pecado, y el hecho de considerar como una «violación» del sexto mandamiento todos los actos relacionados con la sexualidad fuera del matrimonio, acaba borrando las diferencias entre el horror de la pedocriminalidad y la masturbación, que es un signo de buena salud. Si la culpa es la misma, y si solo se trata de culpa, la víctima no existe en el escenario que se desarrolla fuera de ella, entre un arrepentido y su dios. El crimen se borra de la historia, lo que lo facilita. Quizás por eso Benedicto XVI está consternado por los abusos del clero irlandés.

Tiene toda la razón de estarlo, porque, de hecho, «los agresores violaron a niños, y no solo la santidad del sacramento del orden sagrado» (p. 126). Sería urgente darse cuenta de que «violar» la castidad «no equivale a violar a un niño o agredir a una religiosa invocando su deber de obediencia» (p. 127). Además, señala la autora, «si bien el celibato no causa directamente los abusos y los delitos, tiene como consecuencia una forma de indiferencia hacia los demás y sin duda contribuye en gran medida a la incapacidad de los clérigos para escuchar y comprender el sufrimiento de las víctimas, para simplemente compadecerse» (p. 131).

El concepto de sacralidad tomado en un ovillo de desviaciones

IMG_0506En otro plano que se suma a los anteriores, la pretensión clerical de convertirse en «alter Christus» hace que sus miembros adopten una postura de dominio, propicia para fomentar el abuso de confianza y el abuso de poder, que abren de par en par la puerta al abuso sexual.

Sin embargo, se olvida demasiado rápido que todo cristiano se convierte en «sacerdote, profeta y rey» por la unción bautismal, independientemente de lo que piense y diga «una visión totalmente jerárquica que establece una diferencia radical entre los fieles laicos y el clero» (p. 145). Y sobre todo, recordemos: «Lo que quiero es misericordia, no sacrificio», dice Jesús en Mateo 9:13 citando al profeta Oseas. Por lo tanto, habría que volver a cuestionar el carácter sagrado de un ser «apartado» (kléros).

Es difícil desenredar estas diversas y perversas intrincaciones dentro de la estructura clerical. La complejidad de la situación ha favorecido la negación. Por ejemplo, está claro «que no existe una relación directa y evidente entre el celibato y las agresiones sexuales » (p. 153), pero esta situación induce una visión irreal de la masculinidad y la sexualidad, alimentada por la ilusión de una ordenación que serviría de «vacuna» contra los impulsos sexuales. Del mismo modo, el entre-sí masculino no es ajeno al sentimiento de superioridad e impunidad que reafirma a los clérigos en el crimen, y la invisibilización de sus fechorías se sustenta en un poder sin contrapeso dentro de una organización jerárquica basada en lo sagrado.

El balance es, por lo tanto, bastante sombrío y ciertamente no se puede atribuir a una sociedad occidental de costumbres relajadas; sobre todo porque la institución protege a sus miembros mediante largos años de aislamiento en sus seminarios.

¿Existiría algún tratamiento?

Al final, Christine Pedotti se pregunta: «¿Qué quedaría del catolicismo si se eliminara la cuestión jerárquica y sagrada del clero, y su carácter masculino y célibe?» (p. 184-185). Quizás, al abandonar un sistema pervertido, recuperaríamos el pleno sentido del mensaje del Evangelio…

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Pero, por desgracia, aunque «muchos parecen creer que el temporal pasará y que podremos volver a vivir como antes» (p. 196), nada más falso. En cambio, hay que creer en la fuerza del genio católico. Además, «renunciar al poder sagrado de los sacerdotes y obispos no significa renunciar a los sacramentos, ni al sentido, ni a la dimensión de la trascendencia» (p. 194)… Y ya es hora de recordar que en el Concilio Vaticano II se había previsto crear una sinodalia permanente, un consejo en torno al Papa formado por fieles de todo el mundo…

¿Por qué no imaginar nuevas estructuras, más universales, más «católicas», y atreverse a poner en práctica por todas y todos en toda su fuerza el versículo de Mateo 28,19: «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones»?

Sylvaine Landrivon

1. Marie-Jo Thiel, La grâce et la pesanteur. Le célibat obligatoire des prêtres en question, París, Desclée de Brouwer, 2024, 252 p.

Fuente Religión Digital

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“Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”

martes, 28 de enero de 2025
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IMG_9697La reflexión de hoy es de Yunuen Trujillo, colaboradora de Bondings 2.0.

Las lecturas litúrgicas de hoy del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario, están disponibles aquí.

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos y a predicar un año de gracia del Señor.” Lucas 4:18-19

Hoy es el primer domingo después de la toma de posesión presidencial de los Estados Unidos en 2025. Muchos de ustedes pueden sentirse confundidos, asustados, molestos o incluso desesperados. Escribo esta reflexión con mis hermanos transgénero e indocumentados especialmente en mi corazón y mente.

Las lecturas de hoy son exactamente lo que necesitamos en este momento porque nos recuerdan verdades fundamentales a las que la sociedad, y nosotros mismos, debemos aferrarnos ahora más que nunca. La primera verdad fundamental proviene de la segunda lectura de hoy. Pablo le dice a la iglesia primitiva, y a nosotros, que a pesar de nuestras diferencias, todos somos parte de un solo cuerpo. Cada uno de nosotros es importante y necesario; en nuestra diversidad radica nuestra fuerza, y todos pertenecemos unos a otros.

“Porque todos fuimos bautizados en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.” 1 Corintios 12:13

Pablo también nos recuerda que las partes del cuerpo que a menudo se consideran “más débiles o menos honorables” deben ser tratadas con mayor honor. Esto hace eco de un principio bien establecido de la doctrina católica: la opción preferencial por los pobres y vulnerables. Todos pertenecemos unos a otros, y ahora más que nunca, debemos cuidarnos unos a otros como si cuidáramos una parte de nuestro propio cuerpo. Debemos estar al lado de los más vulnerables en este momento.

Esta verdad fundamental es nuestra vocación cristiana y la misión de Jesús. En el Evangelio de hoy, Lucas nos recuerda que Jesús vino a liberar a los oprimidos y a llevar la buena noticia a los pobres. En la ley judía, el Año del Jubileo era un momento en el que se liberaba a los esclavos, se perdonaban las deudas y se devolvía la tierra a sus dueños originales, actos que simbolizaban la reconciliación y la justicia. La liberación de Jesús es doble. Es una liberación espiritual que nos recuerda que todos somos hijos de Dios, creados a imagen de Dios y dotados de dignidad inherente. También es una liberación social que nos llama a apoyarnos unos a otros en tiempos difíciles y a luchar por la justicia social, recordando a los que están en el poder que las categorías utilizadas para marginarnos y separarnos ya no nos impedirán amarnos y protegernos unos a otros.

Esta liberación no es principalmente política, pero a menudo resulta en victorias sociales. Aquellos que buscan marginarnos solo tienen éxito si estamos divididos. Nuestras luchas interseccionales están interconectadas: “Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros comparten su alegría”.

Pero, ¿cómo vivimos nuestra misión cristiana en estos tiempos? La primera lectura de hoy nos da una pista:

“No estén tristes ni lloren. Vayan, coman manjares y beban bebidas dulces, y repartan porciones a los que no tenían nada preparado; porque hoy es un día santo para nuestro Señor. No os entristezcáis hoy, porque el regocijo en el Señor será vuestra fuerza”. Nehemías 8:8-10

Este no es el momento de perder la esperanza. Quienes tienen esperanza deben compartirla con los demás. Debemos resistir la tentación de caer en la desesperación, que es exactamente lo que quieren los poderes opresores. En cambio, debemos recordar quiénes somos: hijos de Dios.

Díganlo conmigo: “Soy un hijo de Dios. He heredado la misión y el sello profético de Jesús. El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Dios me ha ungido para traer buenas nuevas a los pobres. Dios me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos”. Ahora, más que nunca, debemos liberarnos unos a otros y defendernos, en nuestras propias comunidades, contextos y dentro de nuestras propias posibilidades, unos a otros, tanto dentro como fuera de la comunidad LGBTQ+. Somos un solo cuerpo. Debemos tener la valentía de líderes como la obispa episcopal Mariann Budde, quien dijo la verdad al poder y se puso de pie por la misericordia esta semana, creando un efecto dominó de esperanza en todos nosotros.

Les dejo con la oración de esta semana, traducida del español, de la serie de libros titulada Diálogos Semanales con Jesús:

Querido Jesús, qué difícil es predecir el futuro. No tengo idea de lo que sucederá ni de cómo se verán afectados mis hermanos, pero quiero seguir tus pasos. Muéstrame lo que quieres de mí en este momento. Dame tu Espíritu Santo, el mismo Espíritu que te llenó cuando comenzaste tu misión, y permíteme servir y amar como lo haces Tú. Amén.

—Yunuen Trujillo, 26 de enero de 2025

Yunuen Trujillo, miembro de la Junta Directiva del Ministerio New Ways, será panelista en un próximo evento de Zoom titulado Conversations in the Spirit: Understanding and Honoring the Lived Experience of Our LGBTQ+ Catholic Siblings, Parents, Family, Priests, and Allies,” (“Conversaciones en el Espíritu: Entendiendo y honrando la experiencia vivida de nuestros hermanos, padres, familiares, sacerdotes y aliados católicos LGBTQ+), patrocinado por la Association of U.S. Catholic Priests. (Asociación de Sacerdotes Católicos de EE. UU.).

El evento es en honor a la fallecida Alana Chen, una joven lesbiana católica que se suicidó después de recibir consejos negativos de los ministros de la iglesia.

El evento se llevará a cabo el miércoles 5 de febrero de 2025, de 3:00 a 4:30 p. m., hora del este de EE. UU.

Entre los panelistas se encuentran el padre Bryan Massingale, teólogo y sacerdote abiertamente gay; Joyce Calvo, madre de Alana Chen, y el obispo John Stowe, OFM, Conv., obispo de Lexington, Kentucky.

Para obtener más información, haga clic aquí.

Para volver a inscribirse, haga clic aquí.

Fuente New Ways Ministry

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“La primera mirada”. 3 Tiempo ordinario – C (Lucas 1,1-4; 4,14-21)

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9592La primera mirada de Jesús no se dirige al pecado de las personas, sino al sufrimiento que arruina sus vidas. Lo primero que toca su corazón no es el pecado, sino el dolor, la opresión y la humillación que padecen hombres y mujeres. Nuestro mayor pecado consiste precisamente en cerrarnos al sufrimiento de los demás para pensar solo en el propio bienestar.

Jesús se siente «ungido por el Espíritu» de un Dios que se preocupa de los que sufren. Es ese Espíritu el que lo empuja a dedicar su vida entera a liberar, aliviar, sanar, perdonar: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad y a los ciegos la vista, para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor».

Este programa de Jesús no ha sido siempre el de los cristianos. La teología cristiana ha dirigido más su atención al pecado de las criaturas que a su sufrimiento. El conocido teólogo Johann Baptist Metz ha denunciado repetidamente este grave desplazamiento: «La doctrina cristiana de la salvación ha dramatizado demasiado el problema del pecado, mientras ha relativizado el problema del sufrimiento». Es así. Muchas veces la preocupación por el dolor humano ha quedado atenuada por la atención a la redención del pecado.

Los cristianos no creemos en cualquier Dios, sino en el Dios atento al sufrimiento humano. Frente a la «mística de ojos cerrados», propia de la espiritualidad del Oriente, volcada sobre todo en la atención a lo interior, el que sigue a Jesús se siente llamado a cultivar una «mística de ojos abiertos» y una espiritualidad de responsabilidad absoluta para atender al dolor de los que sufren.

Al cristiano verdaderamente espiritual –«ungido por el Espíritu»– se le encuentra, lo mismo que a Jesús, junto a los desvalidos y humillados. Lo que le caracteriza no es tanto la comunicación íntima con el Ser supremo cuanto el amor a un Dios Padre que lo envía hacia los seres más pobres y abandonados. Como ha recordado el cardenal Martini, en estos tiempos de globalización, el cristianismo ha de globalizar la atención al sufrimiento de los pobres de la Tierra.

José Antonio Pagola

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“Hoy se cumple esta Escritura”. Domingo 26 de enero de 2025. Domingo 3º del Tiempo Ordinario

domingo, 26 de enero de 2025
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11-ordinario3 (C) cerezoLeído en Koinonia:

Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10: Leían el libro de la Ley, explicando el sentido.
Salmo responsorial: 18: Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.
1Corintios 12, 12-30:  Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.
Lucas 1, 1-4; 4, 14-21: Hoy se cumple esta Escritura.

En el libro de Nehemías se nos cuenta de una lectura pública y solemne del libro de la ley de Dios, el que nosotros los cristianos llamamos Pentateuco y en cambio los judíos designan como “Toráh”, Ley. Estamos a finales del siglo V AC, los judíos hace pocos años que han regresado del destierro en Babilonia y a duras penas han logrado reconstruir el templo, las murallas de la ciudad, sus propias casas. Les hace falta urgentemente una norma de vida, una especie de “constitución” por medio de la cual puedan regirse en todos las aspectos de la vida personal, social y religiosa. Esdras, un líder carismático, respetado por todos y considerado levita y escriba, es decir, sacerdote y maestro, les da esa ley, esa constitución que necesitan, proclamando solemnemente, ante todo el pueblo reunido, la santa Ley de Dios. Ya vimos como respondió la gente: comprometiéndose a cumplirla y guardarla, llorando sus infidelidades y, a instancias de sus líderes, celebrando una fiesta nacional: la fiesta de la promulgación de la Ley divina. Desde ese remoto día, quinientos años antes de Jesucristo, hasta hoy, los judíos ordenan sus vidas según los mandatos de la Toráh o Pentateuco.

El texto de Lc 4, 14ss era un texto sin relevancia en la vida práctica de la comunidad cristiana hasta hace sólo 50 años, un texto olvidado, como tantos otros que hoy nos parecen fundamentales. Fue la teología latinoamericana la que puso de relieve este texto como capital. Lucas lo pone al inicio de la vida pública de Jesús. Puede que no corresponda a algo que aconteciera realmente al principio (Juan, de hecho, pone otros pasajes como comienzo de su evangelio), pero lo fue en su significación. O sea, tal vez no ocurrieron las cosas así (y no es posible saberlo históricamente), pero Lucas tiene razón cuando sitúa esta escena en su evangelio como un inicio programático que contiene ya, en germen, simbólicamente, toda su misión.

Jesús, sin duda, tuvo que interpretar muchas veces su propia vida con estos textos proféticos de Isaías. Parece obvio que Jesús vio su vida como el cumplimiento, como la prolongación de aquel anuncio profético de la “Buena Noticia para los pobres”. La misión de Jesús es el anuncio de la Buena Noticia de la Liberación. La “ev-angelización” (“eu-angelo” = buena noticia) no es más que una forma de la liberación, la “liberación por la palabra”.

Las aplicaciones son muchas, y bastante directas:

-La misión cristiana hoy, continuando la misión de Jesús, tiene que ser… eso mismo, o sea: “continuación de la misión de Jesús”, en sentido literal y directo. Ser cristiano, en efecto, será «vivir y luchar por la Causa de Jesús», sentirse llamado a proclamar la Buena Noticia de la Liberación, entendiéndolo en su literalidad más material también: la “Buena Noticia” tiene que ser «buena» y tiene que ser «noticia». No se puede sustituir semánticamente por el «catecismo» o la «doctrina». Jesús no vino a enseñar “la doctrina”; la “evangelización” de Jesús no fue una «catequesis eclesiástico-pastoral»…

-La misión de Jesús no puede pretender ser neutral, “de centro”, “para todos sin distinción”, no inclinada ni para los ricos ni para los pobres… como pretenden tantas veces quienes confunden la Iglesia con una especie de anticipo piadoso de la Cruz Roja… Lo peor que podría decirse del evangelio es que fuese neutral, que no se pronuncia, que no opta por los pobres… La peor ideología sería la que ideologiza el evangelio de Jesús diciendo que es neutro e indiferente a los problemas humanos, sociales, económicos y políticos, porque se referiría sólo a “lo espiritual”…

-Puede ser bueno recordar una vez más: Jesús está lejos de la beneficencia y del asistencialismo… No se trata de “hacer caridad” a los pobres, sino de inaugurar el orden nuevo integral, el único que permite hablar de una liberación real… Es importante caer en la cuenta de que muchas veces que se habla de opción “preferencial” por los pobres se está claramente en una mentalidad asistencial, muy alejada del espíritu de Lc 4, 14ss.

-La palabra evangelizadora, o es activa y práctica en la praxis de liberación, o es anti-evangelizadora. La palabra evangelizadora no es palabra de teoría abstracta. Es una palabra que hace referencia a la realidad y la confronta con el proyecto de Dios. “Evangelizar es liberar por la palabra” (Nolan). Una palabra que no entra en la historia, que no se pronuncia, que se mantiene por encima de ella o en las nubes, que no moviliza, no sacude, no provoca solidaridad (ni suscita enemigos)… no es heredera de la «pasión» del Hijo de Dios. Leer más…

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26.1.25. Discurso de Nazaret, programa «eclesial» de Jesús ( Lc 4, 14-21, Dom 3 TO)

domingo, 26 de enero de 2025
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Jesus Unrolls the Book in the Synagogue James Tissot 1894

Jesus Unrolls the Book in the Synagogue James Tissot 1894

Del blog de Xabier Pikaza:

En el contexto de la toma de posesión y discurso inaugural del Presidente USA en el Capitolio, la liturgia nos pide hoy que escuchemos el Programa de Investidura de Jesús en Nazaret. Los contrastes con obvios. A Jesús quisieron matarle por su discurso, conforme a una «tradición»  de linchamiento, vinculada en USA con Ch. Lynch. Esta vez logró escapar. La siguiente le amarraron al madero y le crucificaron.  Buen domingo a todos.

Lucas sitúa el comienzo del mensaje y misión de Jesús en Nazaret de Galilea, su patria, retomando y transformando el anuncio que Isaías aplicaba a los oprimidos de Israel. Parecen preguntarle ¿quién eres?, y el responde «¡Dios me ha enviado…. Es como si el mundo fuera una cárcel y él hubiera venido a romperla:

  • Entró en la sinagoga, tomó el libro… y encontró el pasaje donde está escrito
  • El Espíritu del Señor esta sobre mi;
  • por eso me ha ungido para evangelizar a los pobres;
  • me ha enviado para ofrecer libertad a los presos y vista a los ciegos;
  •  para enviar en libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.
  • Enrolló el volumen y dijo: Hoy se ha cumplido esta Escritura (cf. Lc 4, 16-21).

 Jesús se presenta como Ungido de Dios (=Mesías), con palabras de Is 61, 1-3, pero introduciendo en ellas una novedad muy significativa: ha venido para «enviar en libertad a los oprimidos» (cf. Is 58, 6), pero no el año de venganza de Dios, completando y precisando de esa forma el tema de 61, 1-3.  El texto puede dividirse así:

 (a) Principio:«El Espíritu del Señor está sobre mi» (Lc 4, 18 a). No está poseído por Satán, espíritu impuro (como decían los escribas de Mc 3, 22 al acusarle), sino que está lleno del Espíritu Santo, como dice el texto paralelo de Mt 12, 28: «Si expulso a los demonios con (la fuerza de) el Espíritu de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros». Este es para Lucas el punto de partida de la obra mesiánica. Jesús ha recibido el Espíritu de Santidad (cf. Mc 1, 10) y puede presentarse como «ungido”: le llena Dios y le libera para ser liberador; le llena con su Espíritu, de forma que pueda actuar como mesías.

(b) Ampliación. «Por eso me ha ungido…, por eso me ha enviado»(Lc 4, 18-19). El Espíritu suscita y consagra a Jesús, para que proclame y realice su acción liberadora. En ese fondo se entienden las dos mitades del pasaje: – Dios le ha ungido para evangelizar a los pobres; – le ha enviado para proclamar la libertad etc. Todo el texto tiene un sentido mesiánico. Se ha venido diciendo, de forma errada, que la Biblia israelita promete y ofrece sólo bienes materiales, mientras que Jesús concede a los cristianos los bienes interiores del Espíritu. En contra de eso, aquí vemos que Jesús ofrece libertad real y completa

 Jesús es Cristo, Ungido de Dios, no porque concede simples bienes interiores, sino porque declara cumplidas, en su vida y persona, las promesas de la antigua profecía que se expresan en la liberación de los oprimidos y, en especial, de los encarcelados. Su redención  no es materialista ni espiritualista, sino humana en sentido integral, cumpliendo de esa forma la esperanza de los pobres, encarcelados, ciegos, oprimidos… Así estaban los hombres, condenados en el mundo, como en cárcel, oprimidos por el hambre y falta de libertad, sin ojos para ver, sin fiesta para celebrar y Jesús ha venido a ofrecerles los dones del Reino. De esa forma es evangelio para los marginados. Aquellos a quienes ayudaba eran israelitas oprimidos, pero el texto ira mostrando que esa ayuda y evangelio de libertad se abre a todos los oprimidos y necesitados:

Me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres. Jesús es Ungido por excelencia (=Mesías, Cristo): Dios le ha regalado su Espíritu para que exprese su don y presencia en el mundo, evangelizando a los pobres o necesitados, hambrientos de pan o carentes de otros bienes importantes. Evangelizar significa ofrecer vida, camino de esperanza.

  1. Me ha enviado para proclamar la libertad a los prisioneros (=cautivos, presos), es decir, a los hombres y mujeres a quienes la violencia de la historia ha esclavizado. Prisioneros son los derrotados, aquellos que han caído bajo el poderío de los fuertes. Prisioneros de una violencia universal son todos y en especial los últimos del mundo, vencidos y esclavos, expulsados y encadenados de la historia, víctimas de la guerra, encarcelados por la justicia.
  2. (Me ha enviado) para proclamar (=ofrecer) vista a los ciegos… Ciegos son los pobres y presos, aquellos a quienes la violencia del sistema ha reprimido. Sólo libera de verdad a los demás quien les enseña a descubrir las cosas y entenderlas, de manera que se valgan y piensen por sí mismos. Por eso, en el centro de este texto (Lc 4, 18-19) hallamos la experiencia de Jesús que ofrece a los ciegos un tipo de visión más alta, que les permite conocerse y expresarse como humanos.
  3. (Me ha enviado) para «enviar» en libertad a los oprimidos. Lo que antes era anuncio (proclamar la libertad a los encarcelados) aparece ahora como gesto ya realizado: Jesús ha venido para «enviar en libertad». Leído el texto de manera literal, deberíamos suponer que Jesús quiere romper los muros de las cárceles, abriendo de par en par sus puertas. Dios le ha enviado para lograr que los oprimidos puedan marchar en libertad, iniciando el acto final de transformación, que precede a la concordia universal.
  4. (Me ha enviado) para proclamar el año de gracia (=aceptable) del Señor. Así culmina la unción de Jesús y se completan los momentos anteriores de su obra. La plenitud humana (apertura de los ojos, libertad de la vida) se expresa como fiesta jubilar: año de gracia, tiempo de gozo que, conforme a la tradición de Israel, se vuelve celebración de fraternidad, perdón de las deudas, liberación de los esclavos, reparto de las tierras. Este era el año en que se abrían las cárceles y todo comenzaba de nuevo, repartiéndose los bienes de la tierra (cf. Lev 25).

 Jesús puede afirmar que eso se cumple en el hoy del tiempo mesiánico iniciado por su vida y mensaje (Lc 4, 21). Así se cumple la libertad mesiánica, como anuncio profético (con la esperanza israelita de Isaías 58 y 61) y como verbo performativo (que realiza aquello que proclama). Esta no es una palabra aislada, un mensaje teórico de tipo espiritualista, sino la voz creadora de Jesús que incluye en su «yo» liberador y jubilar a todos sus discípulos mesiánicos. Esa palabra introduce a los cristianos en la mejor tradición jubilar del judaísmo, haciéndoles portadores de un mensaje y camino de liberación, que se expresa por ellos, pero les desborda, haciéndoles testigos y promotores de un mensaje universal de libertad.

Controversia y crisis (Lc 4, 28-29).

 Los momentos anteriores del programa mesiánico de liberación se encuentran implicados, ofreciendo amor y curación a judíos y extranjeros, como seguirá suponiendo Jesús, cuando interpreta proféticamente sus palabras, desde la tradición del mensaje y milagros de Elías y Eliseo. Pues bien, en vez de alegrarse por ello, sus paisanos de Nazaret le expulsan de la sinagoga y quieren asesinarle, conforme a una ley de linchamiento colectivo (cf. Lc 4, 20-29). No pueden aceptar que Dios cure (trasforme) por igual a nacionales y extranjeros: no quieren libertad, ni evangelio para aquellos que no lo merecen (encarcelados y extraños).

Leído así, el conjunto del pasaje (Lc 4, 16-30) cobra una inquietante y esperanzada actualidad. También a nosotros nos turba y extraña ese universalismo: queremos libertad, pero sólo para algunos paisanos de mi pueblo o mi grupo; queremos prosperidad, pero sólo para los que pertenecen   a los del propo grupo. Así añadimos que cárceles y castigos siguen siendo necesarias para los de otros grupos sociales, raciales, culturales… Pues bien, en contra de eso, este pasaje afirma que, para ser verdadera, la libertad ha de ser universal, en igualdad para todos. Desde aquí ha de entenderse la continuación del pasaje.

  •  Todos daban testimonio sobre él,
  • maravillados por las palabras de gracia que salían de su boca  y decían:
  •  ¿No es éste el hijo de José? (Lc 4, 22)

 Los nazarenos parecen admirarse por las palabras de gracia que Jesús ha proclamado, pero pronto descubrimos que esa admiración esconde una condena. Ciertamente, los oyentes de la sinagoga quieren palabras de gracia (logoi tês kharitos), pero sólo para ellos, no para los de fuera. Los oyentes nazarenos saben que las palabras de gracia de para todos son amenazadoras para ellos, pues les hacen perder sus privilegios particulares. Por eso preguntan de forma acusadora: «¿No es éste el hijo de José? 

Saben que es hijo de José (en plano legal, nacional). Por eso, su pregunta no es para que respondamos «sí, éste es el hijo de José» y de esa manera ratifiquemos su origen familiar, sino para le distingamos de José, que a los ojos de los nazarenos había sido un luchador nacional, un partidario de la separación entre los buenos israelitas y los malos extranjeros.

Los oyentes nazarenos acusan a Jesús de citar mal a Isaías, incluyendo sólo las palabras de gracia “para todo” y suprimiendo las de condena para los enemigos. Desde ese fondo se entiende refrán: «Un profeta no es bien recibido en su tierra» (Lc 4, 24). Én contra de eso, Jesús se presenta como profeta de gracia para todos, judíos y gentiles, cambiando así la profecía antigua de Isaias 61, pasando por alto (suprimiendo) las palabras de condena contra los enemigos.

– El texto de Isaías 61, 2 nos situaba en un contexto de jubileo: perdonar las deudas y liberar a los presos y cautivos. Pero los oyentes de Nazaret pensaban que ese perdón y liberación debía aplicarse sólo a los israelita, no a los de fuera, de manera que el perdón para unos debía completarse y ratificarse con la condena y opresión para otros, Como proclamaba Isaías 61, 1-2:

  •   El Espíritu del Señor está sobre mí. |
  • me ha ungido. | Me ha enviado para publicar la buena noticia a los pobres…,
  •   curar los corazones desgarrados, | anuncia la amnistía a los cautivos…
  • para proclamar un año de gracia del Señor,
  • | un día de venganza de nuestro Dios…

           Liberación de los amigos y venganza (condena) contra los enemigo formaban la cara y cruz de una misma sentencia antitética. Pues bien, Jesús rompe esa antítesis, esa oposición (evangelio para unos, opresión para otros. Así entendida, desde su original de Primer Testamento, ésta es una profecía de gracia y condena, en la línea de “amarás a tus amigos y odiarás a tus enemigos” (Lc 6, 27-35; Mt 5, 38-38). Desde esa perspectiva de doble sanción (Año de Gracia, Día de Venganza),   este pasaje  de Is 61 sigue dividiendo a los hombres, pues Dios les deja en manos de su juicio,  como en el caso de los frutos del árbol del conocimiento del bien y  el mal de Gen 2-3, marcado por la lucha entre  buenos y  malos.

                   De un modo consecuente, en su mensaje programático en su pueblo, este Jesús, nazoreo de Nazaret, ha venido a superar (condenar) el mesianismo particular de los habitantes de su patria. No es una pequeña variación, sino una transformación del primer testamento (lo mismo que Dan 7, 14. 27 en Mc 10, 45). Eso significa que cesan los antiguos privilegios de los nazarenos («buenos» judíos); las normas de la ley sacral de perdón para bien de algunos y de castigo para otros se acaban. Esta “corrección” de Jesús se inscriben dentro de la lógica del Sermón de la Montaña que supera la oposición entre amigos (a quienes debe amarse) y enemigos (a quienes se combate o rechaza) [1].

           Jesús ha roto ese esquema de elección y ventaja propia, ofreciendo perdón sin venganza, una libertad que desborda el nivel del buen sistema (de los nazarenos). Lógicamente, los partidarios (privilegiados) del sistema, representados aquí por los “buenos” nazarenos le condenan y quieren matarle porque rompe su seguridad, ofreciendo la curación y libertad a todos los (incluidos los enemigos seculares de Israel: fenicios y sirios).

Los colectivos religiosos, igual que los estados «legales», necesitan defender su identidad y para ello han expulsar a los extraños o encerrarlos en la cárcel. Lógicamente, junto al “año de gracia” (para ellos), necesitan un «día de venganza» (para los enemigos). Así ha sido y así será. Los defensores de un tipo de iglesia o nación impositiva, los partidarios de unas minorías rectoras empeñadas e defender su identidad, tendrán que seguir apelando a la venganza o cárcel del sistema. Pero Jesús insiste en lo dicho y continúa:

  • Ningún profeta es bien recibido en su tierra.
  • Muchas viudas había en Israel en los días de Elías…
  • y a ninguna  fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en Sidón.
  • Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo,
  • pero ninguno  fue limpiado, sino Naamán el sirio».
  • Y todos en la sinagoga se llenaron de ira  y levantándose,
  • le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre
  • para despeñarle… (Lc 4, 28-29).

 Para defender su actitud, Jesús apela a dos figuras venerables (Elías y Eliseo), que eligieron y ayudaron a paganos.  Es normal que los nazarenos (representantes de los buenos israelitas) se sientan defraudados, pues pierden sus ventajas anteriores. Quieren defender su privilegio; por eso se enfurecen e intentan lincharle.

-Jesús se funda en la tradición de los milagros proféticos que Elías y Eliseo realizaron con enfermos extranjeros, desbordando las fronteras de Israel (cf. 1 Rey 17, 1.7-9; 18, 1; 2 Rey 5, 1-14). De esa forma, las mismas escrituras sagradas le permiten superar el egoísmo grupal de sus oyentes.

-Los nazarenos, representantes de la “buena” ley nacional, apoyados por el orden de su religión), rechazan esa interpretación universalista de Isaías y deciden matar a Jesús, a través de un juicio popular que se expresa a través de una violencia unánime, que se ha manifestado muchas veces a lo largo de la historia [2]

Esta escena  nos sitúa en el centro del evangelio de Lucas (y de todo el Nuevo Testamento). No es un gesto casual. Los nazarenos no quieren matar a Jesús por asesino o violador, por adúltero o idólatra (como manda la ley israelita), sino por algo más profundo: porque pone en riesgo la distinción y seguridad legal del pueblo, ofreciendo el evangelio a los de fuera (a los antes rechazados), sin distinguir a nacionales y extranjeros, silenciando así la “venganza” de Dios contra estos últimos. Por eso, sus mismos paisanos intentan matar a Jesús  y lo hacen precisamente porque defienden la institución nacional, fundada en la distinción de legales e ilegales (de los que pueden vivir en libertad y de los encarcelados). Para ser verdadera, la profecía de gracia ha de extenderse a todos, por encima de los muros privilegiados de un tipo de nazarenos.

NOTAS

[1] J. Klausner, Jesús de Nazaret, Paidós, Barcelona 1991, ha mostrado la novedad de esta “anti-lógica” de Jesús.

[2] J. P. Meier, Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico I-IV, Verbo Divino, Estella 1998-2005, ha mostrado las conexiones de la historia de Jesús y la tradición profética de Elías-Eliseo,

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Jesús en Nazaret (1ª parte). Domingo 3º. Ciclo C.

domingo, 26 de enero de 2025
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Escrituras-Jesús-Sinagoga-MVCDel blog El Evangelio del Domingo, de José Luis Sicre sj:

      Después de celebrar las tres epifanías (a los magos, en el Jordán, en Caná), volvemos al evangelio de Lucas. Cuando lo escribió tomó como punto de partida el de Marcos. Incluso lo copió a veces al pie de la letra. Pero, en bastantes ocasiones, lo cambia y completa. Uno de los casos más curioso de cambio y añadido lo tenemos en el evangelio de este domingo.

            La liturgia ha complicado las cosas al unir dos textos muy distintos: la introducción de Lucas a su evangelio (1,1-4) y la actuación de Jesús en Nazaret (4,14-21). Quien pretenda tratar los dos temas en la homilía puede provocar que sus oyentes terminen con la cabeza caliente y los pies fríos. Aconsejaría limitarse al segundo. Dejo el comentario a la introducción para un apéndice.

Actuación de Jesús en Nazaret (Lc 4,14-21)

            Marcos cuenta que Jesús, cuando metieron en la cárcel a Juan Bautista, se dirigió a Galilea y proclamaba: “Se ha cumplido el plazo y está cerca el reinado de Dios. Convertíos y creed la buena noticia”.

            Lucas también dice que Jesús se dirigió a Galilea y predicaba en las sinagogas, pero no dice qué predicaba. Las primeras palabras públicas las pronunciará en la sinagoga de Nazaret, y no hablan del plazo que se ha cumplido ni de la cercanía del reinado de Dios; tampoco piden la conversión y la fe.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.»

Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles:

Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.

El reinado de Dios no está cerca, se ha hecho presente en Jesús

           Lo primero que hace Jesús es leer un texto de Isaías que pretende consolar a los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos. Son imágenes que no debemos interpretar al pie de la letra. No se trata de ciegos físicos ni de presos. Este texto, escrito probablemente en el siglo VI o V a.C., describe la triste situación en la que se encontraba por entonces el pueblo de Israel, sometido al imperio persa. Una situación bastante parecida a la de los judíos del tiempo de Jesús, sometidos al imperio romano. Los presentes en la sinagoga de Nazaret podían verse reflejados perfectamente en esas palabras del libro de Isaías. Pero lo importante es lo que Jesús añade:Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.

            Cuando se comparan las primeras palabras de Jesús en Marcos y Lucas se advierte una interesante diferencia. En Marcos, lo esencial es el reinado de Dios y la actitud que debemos adoptar ante su cercanía (conversión y fe). En Lucas, la fuerza recae en el personaje sobre quien Dios ha enviado su Espíritu: Jesús. No se trata de que el reinado de Dios esté cerca, se ha hecho ya presente en Jesús.

¿Qué se cumple hoy?

            El texto de Isaías se puede interpretar, a la ligera, como si el personaje del que habla (para nosotros, Jesús) fuese a llevar a cabo la mejora social de los pobres, la liberación de los cautivos, la curación de los ciegos, la libertad de los oprimidos. Sin embargo, el texto no pone el énfasis en la acción, sino en el anuncio. La traducción litúrgica usa tres veces el verbo “anunciar” (en griego sería una vez “evangelizar” y dos “anunciar”). Este matiz es importante, porque coincide con lo que hizo Jesús. Es cierto que curó a algún ciego, pero no liberó de los romanos ni mejoró la situación económica de los pobres. Lo que hizo fue “anunciar el año de gracia del Señor”, hablar de un Dios Padre, que nos ama incluso cuando las circunstancias de nuestra vida siguen siendo muy duras.

Un optimismo desafiante

            La liturgia ha dividido el relato de Lucas en dos domingos. Con ello, nos quedamos sin saber cómo reaccionará el auditorio a lo que ha dicho Jesús. La sabremos el próximo domingo. Lo que hoy debe quedarnos es el profundo optimismo del mensaje de Isaías, que, al mismo tiempo, supone un desafío para nuestra fe. ¿Se ha cumplido realmente esa Escritura que anuncia la mejora y la salvación a pobres, ciegos, cautivos y oprimidos? Una rápida lectura del periódico bastaría para ponerlo en duda. Cuando Lucas escribió su evangelio, cuarenta o cincuenta años después de la muerte de Jesús, también tendría motivos para dudar de esta promesa. Sin embargo, no lo hizo. Jesús había cumplido su misión de anunciar el año de gracia del Señor, había traído esperanza y consuelo. Había motivo más que suficiente para creer que esa palabra se había cumplido y se siguen cumpliendo hoy.

La 1ª lectura (Nehemías 8, 2-4a. 5-6. 8-10)

En aquellos días, el sacerdote Esdras trajo el libro de la Ley ante la asamblea, compuesta de hombres, mujeres y todos los que tenían uso de razón. Era mediados del mes séptimo. En la plaza de la Puerta del Agua, desde el amanecer hasta el mediodía, estuvo leyendo el libro a los hombres, a las mujeres y a los que tenían uso de razón. Toda la gente seguía con atención la lectura de la Ley. Esdras, el escriba, estaba de pie en el púlpito de madera que había hecho para esta ocasión. Esdras abrió el libro a la vista de todo el pueblo -pues se hallaba en un puesto elevado- y, cuando lo abrió, toda la gente se puso en pie. Esdras bendijo al Señor, Dios grande, y todo el pueblo, levantando las manos, respondió: «Amén, amén.» Después se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura. Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote y escriba, y los levitas que enseñaban al pueblo decían al pueblo entero: «Hoy es un día consagrado a nuestro Dios: No hagáis duelo ni lloréis.» Porque el pueblo entero lloraba al escuchar las palabras de la Ley. Y añadieron: «Andad, comed buenas tajadas, bebed vino dulce y enviad porciones a quien no tiene, pues es un día consagrado a nuestro Dios. No estéis tristes, pues el gozo en el Señor es vuestra fortaleza

           La escena se sitúa en la segunda mitad el siglo V a.C., en tiempos de Esdras, y representa una gran novedad. Hasta entonces, quienes hablaban en público eran los profetas. Ahora se lee el libro de la Ley de Moisés (quizá alguna parte del Deuteronomio). El texto une dos formas distintas de lectura:

                 La primera, solemne, tiene a Esdras de protagonista: se sitúa en un púlpito, la gente se pone en pie, Esdras bendice al Señor y todos adoran.

                  La segunda, más sencilla: “Los levitas leían el libro de la ley de Dios con claridad y explicando el sentido, de forma que comprendieron la lectura”. Esta segunda forma coincide con lo que hace Jesús en Nazaret

La introducción al evangelio (Lc 1,1-4)

            Ya que el ciclo C está dedicado al evangelio de Lucas, se recoge el prólogo, en el que Lucas ofrece cuatro datos esenciales: a) por qué escribe la obra; b) a quién la dedica; c) qué método usa; d) qué pretende. [La traducción litúrgica ha cambiado el orden, colocando el primer lugar al destinatario].

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo, después de informarme, he resuelto, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio; para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

 Justificación. Llama la atención la referencia a esos muchos que emprendieron la tarea de contar lo sucedido. Si Lucas escribe en la década de los años 80-90, ¿quiénes son esos muchos? Podemos citar con seguridad el evangelio de Marcos, que usará como punto de partida, y el documento con dichos de Jesús conocido como «fuente Q». También otra serie de documentos menores, fragmentarios, utilizados por Lucas en la redacción de su evangelio. Más importante es que los califica de «testigos oculares», convertidos más tarde en «servidores de la Palabra».

 Destinatario. ¿Quién es Teófilo? Normalmente se ha pensado en un pagano convertido al cristianismo, de buena posición social y económica, dispuesto a costear los gastos que suponen viajes, investigación y redacción de la obra. Otros no ven claro que se trate de un pagano convertido; podría ser un judío.

 Método. Volviendo a los precursores, Lucas no se siente satisfecho con su labor. Encuentra que no han escrito «desde el principio» (a;nwqen), «todo» (pa/sin), «exactamente»(avkribw/j) y «por orden» (kaqexh/j). Estas cuatro deficiencias son las que pretende mejorar. En un breve resumen, podemos decir que

        «desde el principio» lo lleva a comenzar por la infancia;

      «todo», a incluir en el relato de Marcos la gran aportación de los Dichos (Q) y de otras tradiciones que él ha descubierto;

       «exactamente», a situar los hechos en su contexto histórico preciso: censo de Quirino (2,1-2), actividad de Juan Bautista (3,1-2);

       «por orden», a componer la obra de forma coherente, cuidando al mismo tiempo su calidad literaria.

Finalidad. Se indica claramente: «para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido». Esto sugiere que Teófilo ha sido «catequizado» (kathch,qhj) solo oralmente. La obra de Lucas servirá para dar autoridad y solidez a esa enseñanza, confirmando y ampliando lo aprendido anteriormente. Este dato es fundamental para no extrañarse de ciertas«incongruencias» de Lucas. Por ejemplo, en 5,3 habla de Simón como si fuera conocido para el lector, aunque es la primera vez que lo nombra. De hecho, un lector que ya ha sido catequizado sabe muy bien quién es Simón Pedro.

***

Quien desee completar estas ideas puede consultar J. L. Sicre, El evangelio de Lucas. Una imagen distinta de Jesús. Verbo Divino. Estella 2021, pp. 63-67.

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26 Enero. III Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo C

domingo, 26 de enero de 2025
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TO-III

 

“En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea, con la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la comarca.”

(Lc 1, 1-4; 4, 12-14)

Volvió” y nosotros volvemos a estrenar tiempo litúrgico. Bueno, en rigor empezamos hace casi dos semanas. El tiempo de Navidad terminó con el Bautismo del Señor y desde entonces empezamos el “Tiempo Ordinario”. Es el más largo de los tiempos litúrgicos y sin embargo parece que le damos poca importancia.

El Adviento y la Cuaresma son tiempos fuertes, llenos de compromisos y anhelos. La Navidad y la Pascua son tiempos de mucha fiesta y alegría. El Tiempo Ordinario pasa más desapercibido, es silencioso, pero es aquí donde se “cuece” la vida.

Lo que decíamos, lo estamos estrenando y durante este año la liturgia nos presenta el evangelio de Lucas. Tenemos treinta y pico semanas para saborear la experiencia de Jesús que tuvo la comunidad de Lucas.

Y así, de una volada, nos hemos plantado en el capítulo 4, en la vida pública de Jesús. Los relatos del anuncio y el nacimiento los hemos recordado en Navidad. Ahora estamos de nuevo en la línea de salida. Jesús vuelve a Galilea y volverá alguna vez más, y también nos hará volver. Pero no vuelve de cualquier manera, vuelve “con la fuerza del Espíritu”. ¿Qué tal si también nosotras nos animamos a volver así, con la fuerza del Espíritu?

Ahora que las fiestas de Navidad nos han devuelto a nuestras rutinas, a nuestra cotidianidad, volvamos con ganas. Volvamos con novedad.

Lo conocido no es menos emocionante o más pobre, las cosas buenas no solo suceden en vacaciones. Toda nuestra vida está llena de regalos por abrir. Muchas veces no llevan papel de colores ni son objetos que podamos almacenar. Quizá por ello a penas los percibimos y se quedan esperando.

¡Anímate! Y vuelve tú también a tu Galilea. Pero vuelve con la fuerza del Espíritu para que en ti se cumpla el Sueño de Dios.

Oración

Derrama, Trinidad Santa, tu Espíritu sobre nosotras para que nos acerquemos a tu Palabra y descubramos la Buena Noticia. Para que nuestras vidas sean signos de libertad. Amén.


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Fuente Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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Las expectativas de sus paisanos eran materiales.

domingo, 26 de enero de 2025
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SINAGOGADOMINGO III (C)

Lc 4,14-21

Este ciclo (C) toca leer el evangelio de Lucas, que empieza con un paralelismo de la infancia entre el Bautista y Jesús en los dos primeros capítulos. A partir de aquí, se olvida de todo lo dicho y comienza solemnemente su evangelio: “En el año quince del gobierno de Tiberio César… vino la palabra de Dios sobre Juan. Después del bautismo y las tentaciones, propone un nuevo comienzo con un resumen: Regresó a Galilea con la fuerza del Espíritu, enseñaba en las sinagogas y su fama se extendió.

No es la primera vez que entra en una sinagoga pues dice: “como era su costumbre”. Y “haz aquí lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm. El texto de Isaías es el punto de partida. Pero más importante aún que la cita es la omisión voluntaria de la última parte que decía: “… y un día de venganza para nuestro Dios” (estaba expresamente prohibido añadir o quitar un ápice del texto). Los que escuchaban se dieron cuenta de la omisión. Atreverse a rectificar la Escritura era inaceptable.

Isaías habla en metáforas, no de curación física. Jesús se niega a entrar en la dinámica que ellos esperan. Este relato es el mejor resumen de toda la vida pública de Jesús. Mientras atendía a sus necesidades materiales, grandes aplausos. Cuando intenta haceres ver que su mensaje consiste en darse a los demás, absoluto fracaso. Hace muy bien Lucas en ponerlo como principio de todo su evangelio.

No comenta un texto de la Torá, que era lo más sagrado para el judaísmo sino un texto profético. El fundamento de la predicación de Jesús se encuentra más en los profetas que en el Pentateuco. Para los primeros cristianos estaba claro que el mismo Espíritu que ha inspirado la Escritura, unge a Jesús a ir mucho más allá de ella, superando el carácter absoluto que le habían dado los rabinos. Ninguna teología, ninguna norma tiene valor absoluto. Es hombre debe estar siempre abierto al futuro.

Al aplicarse a sí mismo el texto, está declarando su condición de “Ungido”. Seguramente es esta pretensión la que provoca la reacción de sus vecinos, que le conocían de toda la vida y sabían quién era su padre y su madre. En otras muchas partes de los evangelios se apunta a la misma idea: La mayor cercanía a la persona se convierte en el mayor obstáculo para poder aceptar lo que es. Para un judío era impensable que alguien se atreviera a cambiar la idea de Dios de la Escritura.

Partiendo de Isaías, Jesús anuncia su novedoso mensaje. A las promesas de unos tiempos mesiánicos por parte de Isaías, contrapone Jesús los hechos: “hoy se cumple esta Escritura”. Toda la Biblia está basada en una promesa de liberación. No debemos entender literalmente el mensaje, y seguir esperando lo que ya nos han dado. Dios no nos libera, Dios es la liberación. Yo solamente debo tomar conciencia de ello.

La libertad es el estado natural del ser humano. La “buena noticia” de Jesús va dirigida a todos los que padecen cualquier clase de sometimiento, por eso tiene que consistir en una liberación. No debemos caer en una demagogia barata. La enumeración que hace Isaías no deja lugar a dudas. En nombre del evangelio no se puede predicar la simple liberación material, pero tampoco podemos conformarnos con una salvación espiritual, desentendiéndonos de las esclavitudes materiales.

Oprimir a alguien, o desentenderse del oprimido, es negar el Dios de Jesús. El Dios de Jesús no es el aliado de unos pocos. No es el Dios de los buenos, de los piadosos ni de los sabios; es, sobre todo, el Dios de los marginados, de los excluidos, de los enfermos y tarados, de los pecadores. Solo estaremos de parte Dios, si estamos con ellos. Una religión, compatible con cualquier clase de exclusión, es idolátrica.  “id y contarle a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan…

Hoy el ser humano busca con ahínco la liberación de las opresiones externas, pero descuida la liberación interior, que es la verdadera. Jesús habla de liberarse antes de liberar. En el evangelio de Juan, está muy claro que tan grave es oprimir como dejarse oprimir. El ser humano puede permanecer libre, a pesar de sometimientos externos, hay una parte de su ser que nadie puede doblegar. La primera obligación del hombre es no dejarse esclavizar y el primer derecho, verse libre de toda opresión.

¿Cómo conseguirlo? El evangelio nos lo acaba de decir: “Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu”. Ahí está la clave. Solo el Espíritu nos puede capacitar para cumplir la misión más importante que tenemos como seres humanos. Tanto en el AT como en el NT, ungir era capacitar para una misión. Pablo nos lo dice con claridad meridiana: Si todos hemos bebido de un mismo Espíritu, seremos capaces de superar el individualismo, y entraremos en la dinámica de pertenencia a un mismo cuerpo.

La idea de que todos formamos un solo cuerpo es genial. Ninguna explicación teológica puede decirnos más que esta imagen. La idea de que somos individuos con intereses contrapuestos es tan demencial como pensar que una parte de nuestro cuerpo pueda ir en contra de otra parte del mismo cuerpo. Cuando esto sucede le llamamos cáncer. El individualismo solo puede ser superado por la unidad del Espíritu.

Pablo nos invita a aceptarnos los unos a los otros como diferen­tes. Esa diversidad es precisamente la base de cualquier organismo. Sin ella los seres vivos superiores serían inviables. Una de las exigencias más difíciles de nuestra condición de criaturas consistiría en aceptar al otro como diferente, encontrando en esa diferencia no una amenaza, sino una riqueza. Es fácil aceptar que estamos en la dinámica opuesta. Seguimos empeñados en rechazar y aniquilar al que no es como nosotros.

Lo único que predicó Jesús fue el amor, la unidad. Eso supone la superación de todo egoísmo y toda conciencia de individuali­dad. Los conocimientos científicos adquiridos en estos dos últimos siglos vienen en nuestra ayuda. Somos parte del universo, somos parte de la vida. Si seguimos buscando el sentido de nuestra existencia en la individualidad, terminaremos todos locos. El sentido está en la totalidad, que no es algo separado de mi individualidad, sino su propio constitutivo esencial.

El Espíritu no es más que Dios presente en lo más hondo de nuestro ser. Eso que hay de divino en nosotros es nuestro verdadero ser. Todo lo demás, no solo es accidental, transitorio y caduco, sino que terminará por desaparecer. No tiene sentido que sigamos potenciando aquello de lo que tenemos que despegarnos. Querer poner el sentido a mi existencia en lo caduco es ir en contra de nuestra naturaleza más íntima.

Fray Marcos

Fuente Fe Adulta

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El sueño de Dios.

domingo, 26 de enero de 2025
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 Lc 4, 16-21

«El espíritu del Señor está sobre mí»

Todos lo ocurrido en el mundo hasta la aparición de los primeros seres humanos estuvo causado por las leyes naturales; tanto físicas como biológicas o evolutivas. Ése era un mundo netamente determinista donde todo ocurría porque inexorablemente tenía que ocurrir así; y no sólo nos referimos a los fenómenos físicos o químicos que conformaron la Tierra y configuraron a los seres vivos, sino también a la conducta de los animales que la poblaban; una conducta totalmente determinada por sus instintos. Los conceptos de bien y de mal carecían de sentido, al igual que el de libertad. Si alguien había diseñado aquel proceso fabuloso podía estar tranquilo, pues no existía ningún factor que pudiese malograr su obra.

Los primeros seres humanos seguían sometidos a los mismos instintos egoístas que habían dominado a sus ancestros, pero en ellos fue creciendo una conciencia capaz de distinguir lo bueno de lo malo y una libertad que les permitía elegir entre lo uno y lo otro. Su conducta ya no estaba determinada, pero estaba seriamente condicionada por unos instintos que hasta entonces habían sido simples mecanismos de supervivencia, pero que merced a la conciencia y la libertad que iban adquiriendo, se convirtieron en pasiones que les hacían muy difícil comportarse de acuerdo a lo que les marcaba su conciencia incipiente.

Pero Dios no les dejó inermes ante ellas, pues les infundió su Espíritu para que su fuerza les permitiese combatirlas. Y así, con ese soplo de Dios quedó configurada la condición humana; por una parte sometida a unas pasiones fruto de su herencia genética animal que le arrastran hacia abajo, hacia la tierra de la que procede, y por otra, liberada por la fuerza del espíritu de Dios que le empuja hacia arriba, hacia la plenitud, hacia su destino. La historia humana es el fruto de la lucha encarnizada y permanente entre estas dos fuerzas contrapuestas que nos solicitan en sentidos opuestos, pues es ella la que ha marcado y sigue marcando la vida de cada hombre y el rumbo de la humanidad.

 Ahora bien, si entendemos la historia como materialización del proyecto de Dios, podremos comprender dos aspectos cruciales para nuestra vida. La primera es que caminamos hacia la plenitud individual y colectiva, es decir, hacia un mundo libre por fin de las pasiones que nos deshumanizan. A esto lo llamamos el sueño de Dios. La segunda, que los protagonistas de esta última etapa del camino somos nosotros; que Dios ha confiado en nosotros, ha puesto en nuestras manos su proyecto y nos ha dotado de tal grado de inteligencia y libertad, que ahora tenemos la capacidad de culminarlo… o destruirlo.

En principio los seres humanos apenas podíamos influir en su proyecto, pero merced a la inteligencia de la que fuimos dotados, nos hemos ido haciendo cada vez más poderosos, hasta el punto en que hoy somos capaces de mandarlo al traste, bien sea borrando del mapa a la especie humana, o bien, deteriorando su hábitat hasta el punto de hacerlo inhabitable.

Y esta capacidad que sin duda poseemos nos plantea preguntas que no sabemos responder desde la razón. Por ejemplo, ¿supondría esto el fracaso de Dios, que vería naufragar su sueño? ¿está Dios dispuesto a fracasar por mantener el don precioso de la libertad que nos ha dado? ¿Dios puede fracasar?…

No, Dios no fracasa, y esta convicción nos abre la puerta a la esperanza a pesar de las negros nubarrones que ensombrecen el horizonte. Pero esta esperanza no puede ser pasiva, sino activa, militante, pues somos el único instrumento del que Dios dispone para evitar el desastre.

Jesús se sintió enviado por Dios para marcar el rumbo de la humanidad y, a su muerte, nos envió a nosotros para completar su obra: «Como Dios me envió, así os envío yo a vosotros»… La seña de identidad del cristiano es el compromiso con esta tarea apasionante y descomunal, y ninguna otra, y se espera que la llevemos a cabo al estilo de Jesús, como la semilla, como la levadura, siendo sal, siendo luz… Claro que podemos no entenderlo así y poner nuestra prioridad en otros menesteres, pero estaremos corriendo el riesgo de no servir para nada útil y acabar desapareciendo.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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La misión de Jesús y la nuestra.

domingo, 26 de enero de 2025
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FDCF6441-B5EC-42FC-9569-1040DC8B1CA5DOMINGO 3º T.O. (C)

Comentario al Evangelio del 26 de Enero, 2025

Potentes y empoderadoras palabras las que constituyen el núcleo del evangelio de hoy.

Claramente dividido en dos partes, encabezado, el texto elegido, por una introducción o prólogo que garantiza la autenticidad y el rigor de lo que se va a comunicar a continuación. Objetivo: proclamar con todo lujo de detalles la misión de Jesús y la nuestra.

El prólogo, Lucas 1, 1-4, nos introduce en un contexto de carta dirigida a Teófilo, quien hoy podría ser tú o yo, a una comunidad a la que se hizo y se nos hace depositarios de las enseñanzas con las que Teófilo fue, y nosotrxs hemos sido, instruidxs.

El autor, Lucas, nos actualiza su estudio riguroso de los textos conocidos hasta el momento, como una puesta al día y organización del material transmitido por los testigos oculares, que fueron reconocidos como depositarios auténticos del mensaje.

Testigos oculares que se convirtieron, por el impacto de la experiencia en “servidores de la Palabra”.

Aquí entra un primer reto que esta introducción nos plantea, ¿Quiénes son hoy lxs servidorxs de la Palabra? ¿Es tarea exclusiva de los ordenados? Jesús no era ordenado, lxs testigos oculares menos.

El movimiento de Jesús nace y evoluciona entre gente laica, mayormente sencilla, y sin más autoridad que la que les otorgaba esa Palabra dirigida al corazón y a la mente, tan potente en su mensaje que: sanaba y liberaba de falsas creencias y de mediocridades religiosas.

Teófilo, en su momento histórico, representa probablemente a la comunidad a la que Lucas se dirige; hoy el mensaje se dirige a nuestras comunidades cristianas extendidas a lo largo y ancho del planeta.

Me quedo, de esta primera parte, con las palabras “para que compruebes la solidez de las enseñanzas con las que has sido instruido” (Lc1, 4). Solidez enraizada en la experiencia directa y viva de Jesús, transmitida por lxs testigxs oculares.

Introduce la segunda parte, (Lucas 4, 14-21), la frase que permeará todo el texto y cuyo impacto nos llega hasta hoy: “Con la fuerza del Espíritu Santo regresó Jesús a Galilea…

Jesús, el portador del Espíritu, el que se deja mover por el Espíritu-Ruah, presente ya en el Big Bang. Jesús, aquí presentado por Lucas, preparando el ambiente para que le escuchemos en lo que se llama su discurso programático, o su misión, su tarea, su pasión.

En unas horas, el día que estoy preparando este texto, el mundo escuchará el discurso programático del nuevo presidente de USA, rodeado de las personas que menos coinciden con el discurso de Jesús. Una de sus primeras ocupaciones será, calmar a las masas sedientas de…” deportando a nuestros hermanas y hermanos, los más pobres entre los pobres, hacia un sur sin futuro para ellos y con deudas de miles de dólares que les costó la travesía para llegar al país que en nombre de unos que llegaron antes, hoy les echan.

Ahí estará la iglesia católica representada por un cardenal bendiciendo su mandato.

Jesús, desde la sencillez de una aldea, posiblemente calzando unas viejas sandalias polvorientas y una túnica gastada, se pone de pie, en la sinagoga, el mismo espacio donde se han condenado a muerte estos últimos meses, a miles de palestinos paupérrimos, y ahí, después de elegir para su lectura, que como laico podía hacer, de pie, proclama el texto de hoy.

Después, con la misma unción se sienta, postura propia e indicativa de ser maestro, y con su indiscutible autoridad interior hace suyas las palabras proclamadas.

El mensaje es diáfano:

De nuevo

El Espíritu del Señor descansa sobre mí,

porque él me ha ungido.

Me ha enviado a dar la buena noticia a los pobres,

a proclamar la libertad a los cautivos,

y la vista a los ciegos,

a poner en libertad a los oprimidos,

a proclamar el año favorable del Señor”.

Esta última frase hace alusión al año jubilar, que también nosotros estamos celebrando.

Lucas nos muestra una claridad indiscutible, posicionando a Jesús como Señor abriendo los ojos de los ciegos que tiene delante, grupo al cual muchos de nosotros pertenecemos.

Ciegos por no ver nuestra identidad, por seguir cautivos de viejas mentalidades que nos empequeñecen y desautorizan, dejando campo libre a otras fuerzas que no encuentran oposición si nosotrxs dormitamos.

No puedo evitar recordar la figura del pequeño y vulnerable pastorcillo David, frente al imponente, poderoso y fornido Goliat.

Algo así es lo que veo entre la gente comprometida hasta los dientes, por ejemplo en USA, frente a las deportaciones millonarias que empiezan ya y frente al negacionismo del cambio climático…

Miles de religiosas, mayoría mayores, junto con servicios sociales, mientras duren, junto con parroquias y familias comprometidas, juntos, preparando la piedrecita que tiene que tumbar al Goliat que desea cambiar el mundo.

Esa piedrecita, que veremos luego en el NT fue la piedra angular que rechazaron los arquitectos, pero gracias a ella, tenemos a Jesús, tenemos los evangelios, tenemos comunidades cristianas comprometidas.

La tarea, la misión es ardua. Nos sentimos pequeñxs, pero no olvidemos que “El Espíritu del Señor, descansa sobre nosotrxs”, no olvidemos que hemos sido “ungidxs”.

Sólo se nos invita a poner nuestro Bautismo en “modo activo” y como David y, sobretodo, como Jesús, hacer de nuestras vidas anuncio y tarea profética frente a lo que venga, sin olvidar a lxs pobres y a madre Tierra, ambos explotados y amenazados intensamente, y además, de cada vez más desprotegidos.

Magda Bennásar Oliver, sfcc

Fuente Fe Adulta

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Los riesgos del mesianismo.

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9584Domingo III del Tiempo Ordinario

26 enero 2025

Lc 1,1-4. 4, 14-21

De entrada, el discurso programático con el que Lucas resume la actividad de Jesús suena como “evangelio” (en griego: eu-angélion = buena nueva, buena noticia). Resuena como un mensaje de sanación, liberación y vida para los pobres y para quienes padecen cualquier tipo de opresión. Según el mismo, Jesús aparece como alguien que sale al encuentro de la persona en la situación en la que esta se encuentra, respondiendo a su necesidad concreta.

Tal como se realizó en la propia persona de Jesús, constituye una práctica modélica marcada por la compasión, entendida como poner amor donde hay dolor, y basada en una consciencia clara -aunque no conceptualizada en estos términos- de no-separación. Por decirlo brevemente: la llamada “regla de oro”, presente en todas las tradiciones sapienciales e igualmente en los textos evangélicos –“no hagas a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti” o “trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”-, más allá de cualquier formulación con la que se revista, se asienta en la certeza profunda de que todo otro es no-otro de mí.

Así se presentaba, en su origen, el llamado mesianismo cristiano. Sin embargo, no hay mesianismo sin riesgos graves, que fácilmente lo hacen derivar hacia el autoritarismo, el moralismo, la imposición e incluso el narcisismo. Y eso ocurre cada vez que, desconectada de la Fuente -siempre limpia, humilde y desapropiada-, la persona lo vive en beneficio propio, sea para autoafirmarse en la creencia de poseer la verdad, sea para situarse en un plano de supuesta superioridad moral, sea para sostener una imagen idealizada de sí misma. En cualquiera de sus formas, el principio de compasión ha sido pervertido por el egocentrismo, y el mesianismo desemboca irremediablemente en el fanatismo.

Enrique Martínez Lozano

Fuente Boletín Semanal

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Según el evangelio, somos amigos de Dios (Teófilo), no clientes de la Iglesia

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9518Del blog de Tomás Muro La Verdad es libre:

01.- Ilustrísimo Teófilo (theos: Dios / Filos: amigo)

    Teófilo no es tanto un individuo, sino que hemos de entenderlo en el sentido etimológico de la palabra: “Theos” Dios / “philos”: amigo. Lucas dirige su evangelio a los amigos de Dios. Dios es amigo, amigo nuestro, amigo de todos. (S Juan dirá que Dios es amor (1 Juan 4,8).

Así pues, excelentísimos amigos de Dios.

No es cosa de poca monta saber que sois -somos- amigos y que Dios os -nos- tiene a todos por amigos (incluidas nuestras calamidades). ¡Tantas veces hemos sido denostados por pecadores, tantas predicaciones nos han llamado y nos llaman de casi todo! Ya cansa tanto pecado y tanto infierno.

Es un bálsamo escuchar a san Lucas que nos llama: excelentísimos amigos de Dios. Dios es nuestro amigo.

El evangelio de Jesús es, pues, un evangelio dirigido a los amigos de Dios. El Dios de Jesús no es un justiciero temible al que hemos de contentar y aplacar. Dios es amigo.

Mientras Dios nos quiere, muchas veces vivimos como “clientes” de lo eclesiástico.

¿Me siento querido por Dios?

02.- ¿A qué ha venido Cristo?

    El pasado domingo “asistíamos” al comienzo de la actividad de Jesús según el evangelio de Juan: las bodas de Caná: un vino nuevo de amor.

Hoy, hemos escuchado en el texto evangélico “el discurso programático”, el comienzo de la vida y actividad adulta de Jesús según el Evangelio de Lucas.

03.- Lo que caracteriza la tarea, la misión de Jesucristo.

“¿Cuál es el programa de Jesús?”

Buena noticia a los pobres Y liberación

   1cf8f3_evangelistas1 La palabra eu – angelion significa buena noticia.

    Jesús es la última y definitiva palabra de Dios.

Jesús -Él mismo- es ya buena noticia para los pobres.

    Jesús estaba y está cerca de los débiles: de los enfermos físicos y psíquicos, estaba cerca de las personas problemáticas, de los pecadores.

    Hay personas que en sí mismas son una buena noticia, un don, tienen y transmiten paz, serenidad.

04.- Liberación a los cautivos y oprimidos.

    Dos veces aparece la libertad – liberación de los cautivos / oprimidos.

    Desde Egipto y el destierro de Babilonia, cautividades y opresiones hay muchas en la vida, en la historia de los pueblos y de las personas. Opresiones económicas, sociales, eclesiásticas, políticas, raciales. Cautividades también en el orden personal, esclavitudes morales.

    Es hermoso y cristiano sentirse, ser libre y ayudar a que los demás vivan en libertad.

05.- Un tiempo y una eternidad amables: gracia.

    El texto que hemos escuchado en el evangelio lo toma Jesús del profeta Isaías. Jesús podía -¡debía!- haber continuado con el texto de Isaías: he sido enviado a anunciar el día de venganza de nuestro Dios, pero no lo hizo. Lo de JesuCristo es otra cuestión. Jesús no predica la venganza de Dios, sino que  viene a anunciar el tiempo amable de Dios, un tiempo, una historia de gracia, de amabilidad.

 06.- Y esta gracia y salvación está presente ya hoy

Hoy estamos salvados. Es el “hoy” lucano

Lc 2, 11:    Hoy Os ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor.

Lc 4, 21:    Hoy se cumple ante vosotros esta profecía”.

Lc 5, 26:    Hoy hemos visto cosas extraordinarias, dice la gente tras la curación del paralítico

Lc 19, 5.9: Hoy tengo que alojarme en tu casa le dice Jesús a Zaqueo.

                  Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

Lc 23, 43:  Hoy estarás conmigo en el paraíso le dice Jesús

Hoy, no mañana, estamos salvados los pobres, oprimidos, esclavos y pecadores.

Esto infunde una gran paz y serenidad en nuestra vida.

Amigo de Dios, la buena noticia de Jesús es que Dios es nuestro amigo y que estamos en un tiempo de gracia y salvación.

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“Jesús evangelizador de los pobres ”, por Consuelo Vélez.

domingo, 26 de enero de 2025
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Jesus-evangelizador-pobres_2740835915_17494736_660x371De su blog Fe y Vida:

Comentario al evangelio del III Domingo del TO 26-01-2025

Con este texto se explícita la misión de Jesús como evangelizador de los pobres. No son los pobres espirituales u otro tipo de pobrezas que podrían ocultar la primera y fundamental que niega la dignidad a las personas

Que el mismo Espíritu que guio a Jesús, anime nuestra evangelización posibilitando que la gracia de Dios se cumpla hoy, en la realidad concreta que vivimos

Ya que muchos emprendieron la tarea de relatar los sucesos que nos han acontecido, tal como nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales y servidores de la palabra, también yo he pensado, ilustre Teófilo, escribirte todo por orden y exactamente, comenzando desde el principio; así comprenderás con certeza las enseñanzas que has recibido. (…)

Impulsado por el Espíritu, Jesús volvió a Galilea, y su fama se extendió por toda la región.  Enseñaba en sus sinagogas, y era respetado por todos.  Fue a Nazaret, donde se había criado, y según su costumbre entró un sábado en la sinagoga y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías. Lo abrió y dio con el texto que dice: 

– El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor.

Lo cerró, se lo entregó al empleado y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Él empezó diciéndoles:

– Hoy, en presencia vuestra, se ha cumplido este pasaje de la Escritura.

(Lc 1, 1-4; 4, 14-21).

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El evangelio de hoy consta de dos partes que corresponden a capítulos diferentes del evangelio de Lucas. La primera parte se refiere a la intencionalidad de Lucas al escribir su evangelio: “relatar todos los sucesos que han acontecido. La segunda parte se referirá al inicio del ministerio público de Jesús según el relato de este evangelista.

No hemos de pensar que el evangelio de Lucas -como ningún otro texto bíblico- es un texto histórico sino un texto teológico. Es decir, con base en los hechos del Jesús de la historia que se han ido transmitiendo, el evangelista construye su evangelio para mostrar al Jesús en el que cree la comunidad cristiana. Por eso, aunque en la introducción Lucas diga que escribirá con orden y comenzando desde el principio, no podemos compararlo a un relato histórico con exactitud de datos, fechas, nombres, etc. Como ya dijimos, la sagrada escritura es, ante todo, un texto teológico. Lucas le dirige su evangelio a Teófilo, nombre que significa “amigo de Dios, con lo cual, algunos afirman que Lucas se está dirigiendo a los creyentes como amigos de Dios.

Pero será la segunda parte que constituya el mensaje más importante de este evangelio. Lucas presenta un texto programático del ministerio de Jesús, introduciéndolo con un breve sumario de la actividad de Jesús: “enseñaba en la sinagoga y era respetado por todos”. Todo esto “impulsado por el Espíritu”. El tema de un Jesús guiado por el Espíritu será fundamental en la obra lucana. De ahí que no es de extrañar que, en la sinagoga de Nazaret, en la que realiza la lectura que era habitual, el texto escogido sea el del profeta Isaías el cual comienza mostrando la centralidad del Espíritu: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para dar la buena noticia a los pobres”. El texto de Isaías es prácticamente el que se lee en este texto, pero se omite “el día de venganza y recompensa” (Is 61,2), porque la buena noticia anunciada por Jesús es solo de misericordia y gracia para todos.

Con este texto se explícita la misión de Jesús como evangelizador de los pobres. No son los pobres espirituales u otro tipo de pobrezas que podrían ocultar la primera y fundamental que niega la dignidad a las personas: la pobreza real, aquella que impide a las personas tener casa, comida, dignidad. Jesús anuncia que su mensaje transformara las situaciones: “la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos”. Y, como resumen de todo esto, se proclama el año de gracia del Señor. En realidad, la misericordia de Dios es gratis y no exige de los destinatarios ningún mérito de su parte.

El evangelio termina con las palabras de Jesús sobre la escritura que se cumple hoy. En otras palabras, la transformación de la realidad no es para después de esta vida sino para el presente y en las situaciones concretas. Como bien ha señalado el papa Francisco, la evangelización tiene una dimensión social inherente que no podemos dejar de lado. La vida en abundancia que el Señor nos promete es para vivirla aquí y ahora. Todos los de la sinagoga tenían los ojos fijos en Jesús por la radicalidad de sus palabras. Posiblemente a los discípulos de hoy nos falta esa misma contundencia para atraer a muchos a seguir este camino porque una fe que transforma la vida si es significativa para el mundo de hoy. Por tanto, que el mismo Espíritu que guio a Jesús, anime nuestra evangelización posibilitando que la gracia de Dios se cumpla hoy, en la realidad concreta que vivimos.

Para ver el comentario en video: Comentario al evangelio del 26 01 2024

(Foto tomada de: https://www.der-roemer-shop.de/Rollos-papiro-historicos)

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“El Año de Gracia es el Hoy de Dios, su don y nuestra tarea”, por Joseba Kamiruaga Mieza CMF

domingo, 26 de enero de 2025
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IMG_9591Comentario a la lectura evangélica (Lucas 1,1-4; 4,14-21) de la Misa del Tercer Domingo del Tiempo Ordinario C –26 enero 2025 –

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

– «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Estos versículos del Evangelio de Lucas representan un texto “programático”, donde el evangelista describe el inicio de la vida pública y el estilo misionero de Jesús. No hay que olvidar que Lucas es el autor del Evangelio pero también de los Hechos de los Apóstoles. Descubrimos, así, cómo hay una continuidad entre la misión de Jesús y la misión de la Iglesia, porque es el Espíritu Santo mismo el protagonista del mandato de Jesús y del don del Señor resucitado y animador de la Iglesia naciente en Pentecostés: “… recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos… hasta los confines de la tierra” (Hechos 1,8).

Jesús, al inicio de su vida pública, llega a Nazaret. Aquí participa en la oración del pueblo, proclama la Escritura en el día de reposo y, al final, hace un comentario breve pero atractivo. El pasaje de Isaías recuerda los años posteriores al exilio del pueblo en Babilonia, tiempo de crisis y de pérdida de esperanza, pero también de deseo de renovación y de reconstrucción.

Contemplemos cómo Jesús se hace obediente a la palabra profética en la escucha del Padre: el texto es su presentación, su documento de identidad, la declaración de su vocación y misión, pero también de todo apóstol y bautizado.

Lo que destaca, en primer lugar, es la relación entre el Espíritu y Jesús, entre Jesús y el Padre, el Señor que derrama el Espíritu: esta relación es el fundamento y la fuente de la misión. En la efusión del Espíritu, Jesús es ungido como el Siervo de Dios, como aquel que vino a dar su vida por cada uno de nosotros. El Espíritu, entonces, es la fuerza, la presencia viva y vivificante, el compañero fiel de toda la vida de Jesús y de la Iglesia, el verdadero protagonista de la misión de la Iglesia: no sólo es la fuente de la relación, sino que nos abre nuevos horizontes, nos pone en movimiento, nos envía a los hermanos.

El pasaje indica algunas acciones concretas, expresadas a través de cuatro verbos: llevar la buena noticia, proclamar la liberación, liberar, proclamar el año de gracia.

Todo parte del anuncio, de la evangelización: el anuncio contiene el plan de Dios, que quiere llegar a la humanidad y llevar un mensaje de alegría. El verbo indica también movimiento, la necesidad de salir para llevar el don del anuncio. Los destinatarios son los pobres, literalmente son “aquellos que se encogen de miedo”, porque están en una condición de humillación; pero también están aquellos que se reconocen no autosuficientes sino necesitados de Dios, que están en espera. El mensaje es de alegría, signo visible y perceptible del cambio y de la intervención salvífica de Dios. El anuncio de la liberación debe ser proclamado en voz alta también a los prisioneros, a los que son esclavos porque están encadenados; a los que están en la oscuridad; a los oprimidos, aplastados en su dignidad; a quienes viven en condiciones de vida alienantes y deshumanizadoras, como la ceguera, la pobreza, la marginación y todas las formas de esclavitud.

Pero sobre todo, proclama un tiempo de gracia, de benevolencia, de reconciliación, de misericordia y de voluntad salvífica y gratuita de Dios. El año de gracia era considerado el año del descanso de la tierra, del perdón y de la restitución de la libertad de los esclavos y de los bienes: por eso coincidía con la distribución gratuita de los frutos de la tierra, don del Señor, pero También con el tiempo de la hermandad y la solidaridad, para dar a otros la posibilidad de empezar de nuevo, de levantarse, de reconstruirse.

Todo parece detenerse, la gente espera en un silencio lleno de atención un signo de esperanza, se proyecta sobre Jesús, «Verbo hecho carne«, que proclama con fuerza el cumplimiento de la Escritura escuchada hoy: sorprende la brevedad de este comentario. . , probablemente intencional, para que quede preservado en la memoria.

Hoy es la primera palabra de la predicación de Jesús recogida en el Evangelio de Lucas. Pronunciado por el Señor, indica un hoy que atraviesa todos los tiempos y permanece siempre válido. La Palabra de Dios es siempre hoy. La gracia de Dios es siempre hoy. Un hoy comienza: cuando lees la Palabra de Dios, un hoy comienza cuando esa palabra se hace acogida y carne. La profecía de Isaías se remonta a siglos atrás, pero Jesús, «con la fuerza del Espíritu», la hace actual y, sobre todo, la lleva a cumplimiento e indica el camino para acoger la Palabra de Dios: hoy. No como un cuento antiguo, no: hoy.

Es el hoy del cumplimiento de la salvación, que resonará varias veces en el Evangelio de Lucas; hoyde acoger el don de la Presencia de Dios en nuestras vidas; el hoy en el que la Palabra se realiza; es el hoy en el que el Espíritu hace vida la Palabra comunicada; es hoy el anuncio de la Palabra anunciada por Jesús y confiada a los apóstoles, a cada uno de nosotros, a toda la Iglesia.

¡Cómo quisiera encontrar las palabras para alentar una etapa evangelizadora más fervorosa, alegre, generosa, audaz, llena de amor hasta el fin y de vida contagiosa! Pero sé que ninguna motivación será suficiente si no arde en los corazones el fuego del Espíritu. En definitiva, una evangelización con espíritu es una evangelización con Espíritu Santo, ya que Él es el alma de la Iglesia evangelizadora. Antes de proponeros algunas motivaciones y sugerencias espirituales, invoco una vez más al Espíritu Santo; le ruego que venga a renovar, a sacudir, a impulsar a la Iglesia en una audaz salida fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos” (Papa Francisco, Evangelii Gaudium 261).

Joseba Kamiruaga Mieza CMF

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A modo de necesaria posdata:

 El evangelista San Lucas merece un comentario deudor y agradecido. La liturgia nos hace leer, junto al episodio de la sinagoga de Nazaret, el prólogo del Evangelio (1, 1-4). Lucas es un narrador que atesora los relatos de los “testigos oculares” de la historia de Jesús. Es un narrador entusiasta y el evangelista más fascinado por el Espíritu Santo: al menos en los evangelios sinópticos es quien lo evoca más a menudo. Y eso lo hace particularmente agradable para nosotros.

 También debemos al hábil escritor y erudito San Lucas el Benedictus, el Magnificat, y el Nunc dimittis, que son la columna vertebral de la oración litúrgica común y que parecen estar animados por la misma esperanza abrumadora del pasaje de Isaías que relata en el episodio de la sinagoga de Nazaret y luego en las Bienaventuranzas.

 Por eso también debemos un poco de nuestra fe a su “cuidadosa investigación”. Tratemos de imaginar a San Lucas como persona, viajando, investigando, escuchando y escribiendo. Y sintamos una oleada de gratitud hacia él.

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“Tres detalles sobre Juan XXIII”, por Gabriel Mª Otalora

jueves, 17 de octubre de 2024
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IMG_3060De su blog Punto de Encuentro:

Cada 11 de octubre la Iglesia celebra la memoria del santo Juan XXIII. Una fecha importante para recordar a su figura extraordinaria. Bien mirado, enlaza con el liderazgo ecuménico de Francisco en torno al sínodo de la sinodalidad; y se parecen ambos, me parece, en que lo importante que para aquél era el concilio había empezado, sin importarle mucho si lo podría acabar él o su sucesor. Lo mismo que a este le ocurre con la apuesta de fondo de la sinodalidad.

Tres detalles pues, de la importancia de esta figura eclesial, un verdadero profeta de Dios. El primero, que también coincide la fecha del 11 de octubre, es la noche del llamado Discurso a la luna por parte del Papa  Juan XXIII. Al atardecer de aquél jueves, hace ahora 62 años, cien mil personas con antorchas se reunieron en la plaza de San Pedro del Vaticano. Los gritos de la gente convocada por Acción Católica llegaron hasta la habitación del Papa, ya enfermo, que impresionado se acercó a la ventana y desde allí les dirigió unas sentidas palabras a pesar de que le gustaba hablar poco.

Cuentan que aquella noche había luna llena; de ahí el nombre que ha pasado a la historia el contenido de sus palabras ahora resumidas: Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí está representado todo el mundo. Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad”.

“Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saborear previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad. En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje”.

Él no necesitaba homenajes por ese aire fresco que imprimió desde el primer minuto de su pontificado. Lo cierto es que aquél gentío bajo su ventana significaba que había acertado. Y cada 11 de octubre lo recordamos.

El segundo detalle es recordar su implicación salvando judíos de la persecución nazi. Cuando estuvo destinado en Sofía (Bulgaria) representando a la Santa Sede, y en su destino posterior en Estambul (Turquía, miles de judíos salvaron la vida gracias a su mediación en lo que se llamó Operación Bautismo. Este plan para bautizar a judíos evitó que fueran enviados a los campos de concentración. Además, el que sería Juan XXIII emitía certificados de inmigración a través del correo diplomático del Vaticano. Según las investigaciones, alrededor de 24.000 judíos pudieron refugiarse en territorios neutrales como Turquía salvándose del Holocausto; algo similar logró con decenas de judíos en Grecia utilizando entonces visados de tránsito de la Delegación Apostólica vaticana.

El tercer detalle bien conocido, fue la convocatoria inesperada del Concilio Ecuménico del Vaticano II. El objetivo era reflexionar, a fondo, sobre la doctrina y adaptar la evangelización a la las exigencias de ese tiempo. Proporcionó una apertura dialogante con la modernidad ya postrera, con un nuevo lenguaje que se echaba en falta. El Concilio dejó muy claro que  autoridad es un servicio y el obispo, un pastor más que un jerarca. Se abrió al ecumenismo, a la libertad religiosa, a vivir la Iglesia en común unión (comunión), sin olvidar el espinoso tema del papel del laicado que hasta entonces había sido secundario sin valorar su misión específica dentro y fiera de la Iglesia. Y así en otras muchas cuestiones capitales.

Espero y deseo que el tiempo nos muestre la hilazón profunda que entreveo entre el llamado Papa bueno y Francisco, líderes de servicio y verdaderos revolucionarios en el sentido de agentes transformadores de tantas inconsecuencias institucionales que apartan la Buena Noticia de millones de personas.

Posdata: mi recuerdo para la Iglesia de Bizkaia en el día de nuestra querida patrona, la amatxu de Begoña, que es también el 11 de octubre.

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Pedro Trigo, SJ.: «Todos somos Pueblo de Dios”.

viernes, 20 de septiembre de 2024
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El sacerdote jesuita de origen español y radicado en Venezuela, Pedro Trigo, estuvo presente en el Panel 1: Panorama de la teología latinoamericana actual, correspondiente al primer día del Congreso de teología sinodal, que inició este 9 de agosto en la sede del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam).

En su disertación, el padre Trigo ha compartido tres retos que todo teólogo debe considerar a la luz de “los signos de los tiempos de hoy”. Entre estos: recepcionar el Concilio Vaticano II, vivir con autenticidad la fe y comprender la época actual para fomentar “lo humanizador”.

Actualmente el jesuita es profesor ordinario de Teología y director del Departamento de Investigaciones en el ITER (Instituto de Teología para Religiosos), asociado a la Universidad Pontificia Salesiana de Roma y a la Facultad de Teología de la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas.

Una misma vocación y esperanza

Sobre la recepción del Concilio Vaticano II, ha comentado que es urgente reconfigurar la Iglesia para responder a “con fidelidad creativa” a las apuestas de este hito eclesiástico significó desde Medellín (1968) hasta la actualidad: Todos somos pueblo de Dios.

Sobre todo entender que la Iglesia “no únicamente la institución eclesiástica, como sostenía el esquema sobre la Iglesia que preparó la curia y fue desechado”.

Por eso, – apuntó el sacerdote – en la constitución sobre “la Iglesia (Lumen Gentium), después de haberse referido en el capítulo primero al misterio de salvación que es la Iglesia, en el segundo se refiere al portador de ese misterio que es el pueblo de Dios y los tres siguientes a las tres vocaciones que lo integran”, entiéndase, laicado, clero y vida religiosa.

Claro está, solo en el entendido de que “la única función de ellas es que el pueblo de Dios dé de sí al máximo y por eso no son escatológicas, es decir, “en el seno de Dios sólo habrá hijas e hijos de Dios y hermanas y hermanos en Cristo”.

“Todos compartimos la misma vocación y esperanza y a todos nos une la caridad, el amor fraterno. Así pues, el lazo de unión es Jesús de Nazaret y su Espíritu”, sostuvo.

Actuar cristocéntrico

Para seguir recepcionando el Concilio, explica Trigo, otro de los retos es vivir con autenticidad nuestra fe, porque “a diferencia de esa época, ya no se transmite ambientalmente el cristianismo, enfoquemos nuestra misión en que se viva lo más personalizada y comunitariamente posible y que este cristianismo vivo irradie en nuestros ambientes”.

Trigo aseguró que “debemos ser coherentes con los evangelios, con el Jesús de los evangelios y con su misión”, porque lo que “se anuncia es la encarnación del Hijo de Dios para que los que reciben esa historia concreta y viva puedan ver, oír y palpar y proseguir así su historia desde dentro, con su mismo Espíritu”.

Es en la Cena del Señor donde está presente Jesús de Nazaret, quien debe ser “el alma de la teología, de la predicación, singularmente de las homilías, y de toda la espiritualidad y pastoral”.

Sobre todo, ha recordado que “si comulgamos o adoramos al Santísimo y desconocemos los evangelios, no sabemos conscientemente con quien nos relacionamos. Podemos relacionarnos realmente con él si seguimos la moción de su Espíritu, pero no será tan fácil discernirlo, si no conocemos lo que dijo e hizo Jesús de Nazaret”.

Encarnarse en la realidad

El tercer reto para el padre Trigo trata sobre “hacernos cargo de los contenidos fundamentales y de la dinámica de la época actual” para “discernirla desde dentro, asumiendo y transmitiendo lo humanizador”.

Ha invitado a desechar todo aquello que atenta contra la dignidad humana. Esto es posible mediante el aggiornamento (ponerse al día) como encarnación.

Comentó que antes del Concilio Vaticano II el punto de partida era “la condenación del mundo moderno y la pastoral concebida como apartar de él a los más posibles y llevarlos al ámbito de la salvación que era la Iglesia”.

Esto llevó, a partir del propio Concilio, a la comunidad divina a que uno de la Trinidad se hiciera uno de la humanidad. Citando al teólogo Victor Codina explicó que la Trinidad “nos ofrece la última inspiración y clave de lectura de la acción social y de la presencia cristiana en la historia”.

El mismo Juan XXIII lo expuso en su testamento: “No es el Evangelio el que cambia: somos nosotros los que comenzamos a entenderlo mejor… Ha llegado el momento de reconocer los signos de los tiempos, de captar su oportunidad y de mirar lejos” .

Para Trigo “la encarnación era también la fuente de una constante exigencia: La de comprender, de hacer justicia a la realidad, de ser verdadero, de ser honrado con las personas y situaciones y con uno mismo”.

Esta exigencia invita a todos los creyentes a “desechar lo que no construye, lo que no humaniza, y apegarse a lo que lleva adelante la vida, a lo que es más justo, a lo que lleva a la participación y la comunión y a que uno y otros podamos ser más”.

Ángel Morillo, ADN Celam

Fuente Fe Adulta

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“¿Errores del Espíritu Santo?”, por Felice Scalia, SJ

lunes, 16 de septiembre de 2024
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IMG_7012Jacques Gaillot era un ‘obispo del Evangelio’, en la Iglesia, pero no ‘de la Iglesia’

Felice Scalia, SJ, sobre el libro de Lorenzo Tommaselli , Jacques Gaillot – Un obispo para el Evangelio , Il Pozzo di Jacobe, Trapani 2024

Será el obispo que esté decididamente del lado de los pobres, que esté en profunda comunión con los amados de Dios, los “pobres”, los desafortunados, los inmigrantes, los musulmanes despreciados, los sin techo, los presos, los sin papeles

(Reflexión y Liberación).- No se ha escrito una historia de las reacciones clericales y laicas ante el Concilio Vaticano II y luego ante los 50años de anticoncilio. Pero una cosa es cierta: entre 1962 y 1965, personas desconocidas para el gran público se reunieron en Roma y dieron una impronta de creatividad evangélica a la iglesia que se repensaba a sí misma y su relación con el mundo.

Posteriormente vimos en en el mundo obispos “incómodos” que, por su excentricidad, no fueron escuchados en absoluto, incluso fueron despedidos con desdén. “Habla de ese error del Espíritu Santo, adelante, ¿quién lo puede tomar en serio?”.

Esto no sucedió por malicia o mala fe, sino sólo porque, con el Concilio cerrado, las voces de la restauración en un sentido institucional habían prevalecido sobre la carismática y profética. De estos errores del Espíritu Santo” sólo recuerdo algunos nombres: Anastasio Ballestrero, Luigi Bettazzi, Tonino Bello, Raffaele Nogaro, Oscar Romero y Jacques Gaillot, de quienes nos ocupamos. Por no hablar de la oposición sorda y tenaz a dos “errores” del lujo: Juan XXIII y Francisco.

En realidad no se trata de errores del Espíritu” sino de la iglesia-institución que dejó escapar de sus redes aquellas células locas, la alegría de la gente sencilla sedienta y hambrienta de justicia, una monstruosidad y un molesto aguijón de la iglesia en en el que prevalecía más el aparato legalista-culto, empresarial, diplomático que el Evangelio.

En 1982, Jacques Gaillot fue ordenado obispo de Évreux (Normandía), un sacerdote ordinario, “clásico” diríamos, pero marcado por 28 meses de servicio militar en Argelia, suficientes para darle la profunda convicción de que el hombre no está hecho para la violencia, sino amar, y que el Reino sea predicado sobre todo a los “rechazados”, a los “derrotados”.

Será el obispo que esté decididamente del lado de los pobres, que esté en profunda comunión con los amados de Dios, los “pobres”, los desafortunados, los inmigrantes, los musulmanes despreciados, los sin techo, los presos, los sin papeles.  Una cuestión de gustos – habrá pensado algún hermano en el episcopado – ¡dejémoslo en sus manos! Quizás no comprendió hasta qué punto la elección de ser pastor de los “desperdicios” moduló su servicio a toda la diócesis, su catequesis, su liturgia, su estilo de vida.

IMG_7014Gaillot era un “obispo del Evangelio”, en la Iglesia, pero no “de la Iglesia, un obispo para servir a sus hermanos, como su Señor, no para sobresalir sobre los demás. Pero en cierto momento el potencial subversivo de esta centralidad del evangelio como norma de la iglesia explota ante los ojos de la opinión pública.

Gaillot no espera hasta la vejez para ser fiel a su Cristo. Escribe: “Me tomo la libertad de pensar, de expresarme, de debatir, de criticar sin miedo al cuchillo, sostenido, mantenido en pie, no por el aparato eclesiástico sino por el Evangelio que él anuncia, y por su gente”

En 1994 Gaillot hizo dos gestos “subversivos”: ocupó la histórica basílica del Sagrado Corazón de Montmartre con los “Sans Papiers” y publicó un libro donde explicaba su posición como francés, como cristiano y como obispo de cada hombre, a quién se le encomendó: grito contra la exclusión. El año de todos los peligros. 

Quedaron muchas cosas para enfurecer al gobierno de la época y reavivar las viejas relaciones césar-papistas con la Iglesia católica. Se recurrió a la Santa Sede (fue el Papa Juan Pablo II) que silenció a la Conferencia Episcopal Francesa y al gobierno de la “nación primogénita de la Iglesia”, con la destitución de Gaillot – en 1995 – de obispo de Évreux a obispo titular de Partenia, diócesis inexistente durante siglos.

Las fantasías clericales son infinitas, como inventar “pastores” sin rebaños… El cuchillo ha caído, comenta Gaillot. Pero quienes creen haber puesto una mordaza al obispo que siempre se había sentido “hecho a la medida del Evangelio” se engañan a sí mismos.

Monseñor viaja por el mundo, con Greenpeace, visita a prisioneros en todo el mundo (también los busca en Messina durante una de sus visitas, exigiendo hablar con sus “hermanos”), está del lado de cada que sufre, de cada víctima del sistema inhumano que llamamos civilización occidental, sin importar religión, color de piel, cultura, nacionalidad.

IMG_7013Un célebre teólogo de la época, Eugen Drewermann, señala que Gaillot es un hombre pobre abandonado en su labor pastoral, perseguido por la ceguera clerical. Y se ubica a su lado, lo sostiene, le habla, fraternalmente.

Gaillot no espera hasta la vejez para ser fiel a su Cristo. Escribe: Me tomo la libertad de pensar, de expresarme, de debatir, de criticar sin miedo al cuchillo, sostenido, mantenido en pie, no por el aparato eclesiástico sino por el Evangelio que él anuncia, y por su gente”.

La muerte sorprende a esta criatura generosa y profética el 23 de abril de 2023. En la muerte -nos parece- todavía “grita“ la necesidad de volver al Evangelio, a todo el Evangelio. Y estamos agradecidos al profesor Tommaselli por ponerlo ante nuestros ojos como cristianos confundidos.

 Fuente Religión Digital

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«Vamos a la otra orilla del lago…»

martes, 9 de julio de 2024
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IMG_5734Del blog de Oswaldo Gallo Serrato, Concordia:

«Pese a la homofobia y transfobia de algunos»

«En los veinte siglos de existencia de la Iglesia, sus relaciones con la comunidad judía han sido muy tortuosas»

«Fue necesario mucho tiempo para que el Concilio Vaticano II publicara Nostra Ætate, la declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y las religiones no cristianas, en la que por vez primera se habla de las personas judías con dignidad y se reconoce la riqueza de la tradición judía en el catolicismo»

«Pienso en la motivación interna de ‘ir a la otra orilla del lago’, en las tormentas que enfrentaron por parte de grupos furibundamente antijudíos»

«Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países»

En los veinte siglos de existencia de la Iglesia, sus relaciones con la comunidad judíahan sido muy tortuosas. Tanto en las Escrituras como en la Tradición encontramos al respecto una retórica incenciaria: a los judíos se les acusa de deicidas, y un celo obsesivo por su conversión dio pie a una serie de políticas discriminatorias que pretendían apartarlos de su perfidia.

San Juan Crisóstomo lanzó contra los judíos un aluvión de insultos en Adversus Iudæos(ca. 386-387); san Agustín propuso como solución al “problema” judío una cierta tolerancia que no implicaba aceptación ni igualdad de condiciones de vida respecto de los cristianos; el IV Concilio de Letrán (1215) prohibió las relaciones entre judíos y cristianos, el ejercicio de cargos públicos y profesiones como la medicina, y la obligación de vivir en guetos, separados del resto de la población y con una prenda que los distinguiera. Alfonso X y san Luis IX, reyes de Castilla y de Francia, dispusieron en sus territorios que los judíos acataran las disposiciones que la Iglesia había determinado contra ellos. Se popularizó entonces el antijudaísmo típico del Medioevo. Miles de judíos fueron masacrados acusados de crímenes fantasiosos, hasta llegar a los horrores del Holocausto en el siglo XX: “El antisemitismo cristiano había preparado el terreno hasta cierto grado, es innegable […]. De hecho es un motivo para un constante examen de conciencia”, afirmó con justa razón el entonces cardenal Ratzinger en esa obra valiosísima que es La sal de la tierra (1997).

Hubo, sin embargo, en las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial, movimientos católicos que propugnaban la revisión de la enseñanza de la Iglesia sobre las personas judías. El más importante de ellos, encabezado por Jules Isaac y Jacques Maritain, publicó en 1947 una suerte de manifiesto judeocristiano que encontró una fuerte oposición en muchos sectores del catolicismo preconciliar.

Fue necesario mucho tiempo de oración, de relaciones cordiales, de estudio y un examen de conciencia colectivo para que el Concilio Vaticano II publicara Nostra Ætate, la declaración sobre las relaciones entre la Iglesia y las religiones no cristianas, en la que por vez primera se habla de las personas judías con dignidad y se reconoce la riqueza de la tradición judía en el catolicismo, al tiempo que se promueven relaciones basadas en el diálogo y la mutua oración: “La Iglesia no puede olvidar que ha recibido la Revelación del Antiguo Testamento por medio de aquel pueblo, con quien Dios, por su inefable misericordia se dignó establecer la Antigua Alianza, ni puede olvidar que se nutre de la raíz del buen olivo en que se han injertado las ramas del olivo silvestre que son los gentiles. Cree, pues, la Iglesia que Cristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles y que de ambos hizo una sola cosa en sí mismo” (§4).

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Traigo a colación lo anterior a propósito del Evangelio del domingo pasado, en el que Jesús pide a sus discípulos que vayan a la otra orilla del lago para llevar la Buena Nueva a la región de Gerasa. Pienso en los miles de católicos que se embarcaron en la tarea de crear mejores relaciones con la comunidad judía. Pienso en su manera de reconocer, detrás de la enseñanza de la Iglesia, un tratamiento injusto hacia las personas judías que gestó por siglos el antisemitismo nazi. Pienso en su perplejidad al escuchar en la liturgia del Viernes Santo una oración “por los pérfidos judíos” (pro perfidis judæis, expresión omitida por san Juan XXIII en el misal de 1959). Pienso en la motivación interna de “ir a la otra orilla del lago”, en las tormentas que enfrentaron por parte de grupos furibundamente antijudíos, en la sensación de aparente abandono que exclamaron los discípulos en la barca: “¡Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?!”. Pienso en los años aciagos de encuentros a escondidas, de oraciones compartidas y de las muchas relaciones de amistad que maduraron entre católicos y judíos antes de la publicación de Nostra Ætate.

Si algo nos enseña el Evangelio de este domingo es que navegar junto con el Señor para cumplir su obra de salvación no nos exime de peligros, como la tormenta que narra el evangelista Marcos. Cuando las olas crujen contra la barca, el miedo se apodera de los discípulos. ¡Cuántas tormentas enfrentaron quienes antepusieron su ser discípulos al antijudaísmo cultural de tantos siglos! Y sin embargo, la voz poderosa del Señor fue mayor que las de aquellas tormentas, porque el Amor siempre se impone.

«Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países»

Nostra Ætate supuso un desarrollo sano de la enseñanza de la Iglesia sobre las personas judías. Guardada toda proporción con el Holocausto, pensemos ahora en las millones de personas transexuales, homosexuales, no binarias, que sufren discriminación, persecución, violencia e incluso la muerte en no pocos países; pensemos en la manera como ciertas enseñanzas de la Iglesia abonan el terreno para tales actos de crueldad, aun sin suscribirlas intencionadamente.

Pensemos, por último, en nuevas formas de relacionarnos, más acordes a nuestro bautismo, a pesar de la hostilidad y la socarronería de quienes abiertamente profesan su homofobia y transfobia, sobre todo en el mes de junio. Ir a esa otra orilla es atravesar montones de tormentas, pero en compañía del Señor.

Espiritualidad, Iglesia Católica , , , , , ,

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