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Entradas Etiquetadas ‘María Zambrano’

Esperanza

Martes, 19 de octubre de 2021

Del blog Nova Bella:

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Por la esperanza somos hijos de nuestros sueños

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María Zambrano

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Aurora

Martes, 2 de febrero de 2021

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“Qué inmensa soledad la del que no ha contemplado,

ni siquiera por una sola vez, la Aurora …

Qué inmensa soledad sin aurora,

qué desorientación”.

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María Zambrano

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Deseo

Martes, 30 de junio de 2020

Del blog Nova Bella:

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“Te deseo una primavera mejor

que te permita ser lo que eres.”

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Maria Zambrano a Elena Croce

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Utopía

Sábado, 5 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

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Entiendo por Utopía la belleza irrenunciable,

y aún la espada del destino de un ángel

que nos conduce hacia aquello

que sabemos imposible

*

María Zambrano

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Los retiros de los “místicos” contemporáneos

Viernes, 2 de agosto de 2019

Para muchos comienzan las vacaciones… Un bello artículo para que nos acompañe, para meditar, para respirar…

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Seleccionamos a tres figuras que podrían considerarse “místicos contemporáneos” para viajar a través de los rincones que eligieron como retiro, desde los que desarrollaron sus mejores obras

Cuantas más dificultades atravesaba (económicas o vitales, como la muerte de su primera mujer), C. Monet más intensificaba su producción al aire libre

M. Zambrano y su hermana encontraron una casa recóndita en La Pièce, en la que vivir prácticamente en aislamiento, rodeada de un bosque

Después de ser expulsado de la docencia en Harvard, Ram Dass viajaría a la India persiguiendo ideas de libertad, de heterodoxia y de espiritualidad

Ha llegado el verano y es cosa de casi todos buscar un destino liberador para escapar de la ciudad y acercarse a la naturaleza. Ella, por otra parte, siempre ha sido inspiración para aquellos que han decidido simplificar la vida y aproximarse a su esencia a través de la práctica espiritual, el pensamiento filosófico o el arte. Hemos seleccionado a tres figuras que podrían considerarse “místicos contemporáneos” para viajar a través de los rincones que eligieron como retiro, desde los que desarrollaron sus mejores obras.

Un pintor del fin de siglo: Monet en Giverny

Monet-ninfeas_2141495893_13784470_667x375Monet entre sus ‘ninfeas’

A finales del siglo XIX, el movimiento impresionista y, para muchos, la modernidad artística surgieron a partir de un cuadro del francés Claude Monet. No era ningún señorito, sino el hijo de un tendero, dispuesto a sobrevivir bajo la Torre Eiffel vendiendo caricaturas con tal de aprender a pintar lo que veía. En una época de grandes academias, Monet acabó abandonando la educación formal para dedicar más tiempo al caballete en medio de la naturaleza, en los bosques de Fontainebleau. Y cuantas más dificultades atravesaba (económicas o vitales, como la muerte de su primera mujer), más intensificaba su producción al aire libre. Como si observar y representar lo que le rodeaba de alguna manera le sanara.

En 1892, escribe en una carta, desde Ruan, a la que se había convertido en su segunda esposa: “me he podido instalar en un apartamento vacío frente a la catedral”. De ese interés por el despojamiento para trabajar concentrado, nacería su serie de las catedrales, una de las más geniales de Monet. Siguiendo esta pauta, al año siguiente (mientras por ejemplo Gaudí, otro “místico contemporáneo”, empezaba la Sagrada Familia en Barcelona) Monet se mudó a una casa en Giverny y compró un terreno contiguo, para construir lo que llamaría el “jardín del agua”.

En vez de permanecer en París, la capital de las galerías de arte, los museos y los cafés, Monet se trasladó a Giverny como Matisse trabajó en Vence: cuando los años ya les habían dado reconocimiento, pero también apego a la sencillez. Recién instalado en la localidad de Normandía que hoy es universal por sus nenúfares, Monet confesó en su correspondencia: “No he tenido más remedio que hacerme construir a la orilla (···) un cobertizo para proteger mis barcos y guardar mis telas (···) y luego la jardinería, que me ha absorbido un poco recogiendo algunas flores para pintar los días malos”. Así pasaba la jornada y le recuerdan las fotografías: solo como un ermitaño barbudo, con el maletín de sus pinceles y paleta recorriendo el río durante días, dedicándose a perseguir la luz y prometiendo a su familia y amigos volver “con palmeras, olivos”. En otra carta, el pintor le desvela a su esposa que, mientras está fuera de casa, estos trabajos le dan plenitud: “me meto en la cama y, en éxtasis, pienso en Giverny, mirando de reojo a mis telas colgadas de las paredes”.

Los últimos veinte años de su vida los dedicó a Giverny, sin prácticamente moverse (salvo un viaje a Madrid en 1904, a ver los Velázquez). A Giverny y los efectos del agua en su jardín; a sus “ninfeas”. Esas inmensas telas que no se expusieron (en la Orangerie) hasta después de la muerte de Monet, que en vida nunca quiso separarse de ellas.

Una filósofa del siglo XX: Zambrano en La Pièce

Zambrano-Piece_2141495891_13784394_667x375Zambrano en La Pièce

Nacida en Vélez Málaga, María Zambrano pidió ser enterrada tan cerca de naranjos y limoneros como había nacido. La pensadora española hoy yace allí, en Vélez, en el cementerio de su pueblo, pese a que su vida estuvo marcada por la guerra (civil) y el doloroso exilio (republicano), con su consiguiente nostalgia del lugar de uno.

Tras su adolescencia en Segovia, Zambrano siempre recordaría la proclamación de la Segunda República en la Puerta del Sol de Madrid, de la que fue testigo junto a su padre. “¡Que viva la República!”, contaba que gritaban los obreros. “Que muera… ¡No! ¡Que no muera nadie!, atajaba la pensadora, que destacaría por su pacifismo en el activismo político tanto como por las connotaciones místicas de sus escritos, de las tesis que defendía, como la conocida “Razón poética”.

Participando en las Misiones Pedagógicas conoció, entre otros, al que sería su marido, un historiador chileno. A la filósofa malagueña y a él el estallido de la Guerra Civil les sorprendió en La Habana, pero no tardaron en volver a la Península, porque la guerra estaba perdida. Para alinearse con los intelectuales que, como ella, sabían que el fascismo es lo contrario a la libertad.

Con amigos a un lado y al otro del océano (de Luis Cernuda a José Lezama Lima), Zambrano marchó al exilio americano (México, Cuba, Puerto Rico…) pese a cruzar la frontera francesa con su madre y su hermana Araceli. Ésta última no se recuperaría de la pérdida de su marido y su madre, lo que llevó a María a dejar el Caribe y no separarse de su hermana. Reconstruyeron su vida en Roma, entre tertulias, la oficialización del divorcio de María y sus visitas en Florencia a otro trasterrado, el pintor Ramón Gaya.

En 1964, las Zambrano tuvieron que abandonar Italia junto a sus trece gatos y se instalaron en La Pièce, pequeña localidad francesa, junto a la frontera con Suiza. Encontraron una casa recóndita, en la que vivir prácticamente en aislamiento, rodeada de un bosque por donde la filósofa realizaba largas caminatas. Los paseos de La Pièce la enseñaron a crear “claros” en la conciencia: allí escribió sus magníficas obras El hombre y lo divino y, por supuesto, Claros del bosque.

‘Claros del bosque’ es un compendio de reflexiones de la pensadora ante la presencia de la naturaleza

Este libro, dedicado a su hermana Araceli, que murió en esta casita de La Pièce, es un compendio de reflexiones de la pensadora ante la presencia de la naturaleza. Influida por los presocráticos, Jung o el sufismo, Zambrano emparenta con la tradición mística por acercar pensamiento racional y mítico. En La Pièce encontró su palabra; experimentó “el despertar privilegiado”: “que ella, la vida, no tiene partes, sino lugares y rostros”. Aceptó que se muere igual que se nace y, aun exiliada, sin blanca, envejeciendo y sin su hermana, escribió en Claros del bosque sobre “esa paz que proviene de sentirse al descubierto y en sí mismo, sin ir a enfrentarse con nada y sin andar con la existencia a cuestas”.

Sin rencores, María Zambrano descansa enterrada entre sus “dos Aracelis” (madre y hermana), su naranjo y su limonero y un elocuente epitafio, tomado de El Cantar de los Cantares.

Un maestro espiritual en el siglo XXI: Ram Dass en Maui

A-793358-1240059297.jpegDisponible en Netflix, un documental de Derek Peck, Ram Dass: Going Home, se acerca al trabajo espiritual de Baba Ram Dass, un “místico contemporáneo” nacido en una familia judía de Boston que actualmente tiene 88 años. “Mi vida ha sido un baile entre el poder y el amor”, cuenta quien descubrió la plenitud, el éxtasis, a través del otro éxtasis: comiendo setas alucinógenas. Y es que, siendo profesor de Psicología en la universidad de Harvard, Ram Dass empezó a experimentar los efectos de las drogas psicodélicas en las personas. Corrían los años 60 y por ejemplo Kerouac, Burroughs y Ginsberg tomaban opiáceos al mismo tiempo que leían a Thoreau (leían su elogio de la autosubsistencia y la cabaña). Después de ser expulsado de la docencia en Harvard, Ram Dass, como alguno de ellos, viajaría a la India persiguiendo ideas de libertad, de heterodoxia y de espiritualidad. Pero lo que el profesor hizo no fue una simple escapada, sino que en India conoció al gurú Reem Karoli Baba y, admirándole, se convirtió al hinduismo.

La isla de Maui se ha convertido en el escenario del “acabamiento” de alguien que dedicó su vida a deshacerse de las normas, los nombres, las preocupaciones… y centrarse en el alma y en el momento

Casi medio siglo después de la publicación de su célebre libro Be Here Now, Ram Dass vive retirado en Maui, Hawai. El documental se titula Yendo a casa porque en él el anciano maestro espiritual reconoce estar cerca de la muerte y reflexiona sobre el amor y la conciencia. “Eso es lo que Dios es para mí”. La isla de Maui se ha convertido en el escenario del “acabamiento” de alguien que dedicó su vida a deshacerse de las normas, los nombres, las preocupaciones… y centrarse en el alma y en el momento. Unas olas muy azules acompañan, como fondo, a la exuberancia del jardín tropical de Ram Dass. “Amo el océano. Pienso adónde va”, dice desde la ventana.

En silla de ruedas desde que sufrió una apoplejía con afasia, insiste en que la interioridad no tiene límites (“ni temporales ni espaciales”) y que, por tanto, su discapacidad no es impedimento para su felicidad. “Es difícil conducir. Jugar al golf. Tocar el cello. Pero estoy aquí” y, mirando a su entrevistador, se toca el pecho y lo señala.

Los planos se suceden con gran acierto: oraciones y el canto de Sita Ram frente al altar de su gurú dentro de su casa de Maui; una escultura del dios Hanuman en su jardín; y un plano precioso y definitivo de un reloj en el que, en lugar de un número, en cada punto del círculo por el que las agujas pasan, se lee NOW (AHORA).

En el paraíso de Maui Ram Dass encontró la tranquilidad que le ayudó a “verlo todo”. El contacto íntimo con el entorno. Y también encontró y aceptó el misterio de la muerte, que para él “es un regalo precioso para nuestra conciencia” al que no debemos tratar como al enemigo. “Nos pellizcamos la piel para saber que estamos vivos, que esto no es un sueño. Pero con la conciencia podemos ir más lejos que con la carne, declara en el documental.

Con seguidores por todo el mundo, su historia es ejemplo de una mezcla de amor, compasión y meditación. Según sus palabras, amar algo es “convertirse en ese algo”. Y así termina el documental: con un plano cenital en el que se ve a Ram Dass en el agua, con ayuda de unos flotadores y de la gente que, desde la playa, se ha ido uniendo a nadar en torno a él. El gurú que confiesa estar preparado para morir porque sabe que somos  “todos nosotros, uno. Una conciencia”. Y que, a través del paso del tiempo, “I’m going nowhere”.

Fuente Religión Digital

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Filósofo y poeta

Lunes, 18 de marzo de 2019

Del blog Nova Bella:

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El filósofo parte despegándose en busca de su ser,

el poeta sigue quieto esperando la donación

*

Maria Zambrano

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La pregunta

Viernes, 15 de marzo de 2019

Del blog Nova Bella:

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El filósofo,

como el hijo pródigo,

debe partir de casa,

salir sin nada propio,

sin nada más que la pregunta.

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María Zambrano

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La donación

Miércoles, 13 de diciembre de 2017

Del blog Nova Bella:

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El poeta “sigue quieto esperando la donación. Para ello se mantiene vacío, en disponibilidad, siempre. Su alma viene a parecer un amplio espacio abierto, desierto. Porque hay presencias que no pueden descender en lo que está poblado por otras.

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María Zambrano

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Ética del perdón

Viernes, 25 de noviembre de 2016

el-abrazo-1976-juan-genoves-custom2No hay perdón sin misericordia, ni misericordia sin perdón y que me perdone Nietzsche, porque para él todo esto de la misericordia y el perdón, léase compasión, le suena a debilidad y a algo enfermizo, hasta el punto de que la muerte de Dios sobrevino por un exceso de compasión, ahogándose en ella. Sin embargo, Jesús de Nazaret hizo de la misericordia y el perdón la coordenada central de su programa ético-religioso. El “ojo por ojo” de la sociedad judía lo cambia radicalmente por la misericordia samaritana y por el que hay que perdonar hasta setenta veces siete (Mt. 18,21). No es el perdón una palabra al uso, escribe el papa Francisco, más bien, es una palabra que “en algunos momentos parece evaporarse… y es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más”.

Ante el inminente final del “Año de la misericordia” propuesto por el papa Francisco me atrevo a una reflexión de un tema un tanto espinoso y desacostumbrado ya sea individual, ya sea colectiva y socialmente. El “ojo por ojo” o el “homo hominis lupus” (el ser humano es un lobo para el ser humano) y la venganza está adherido en el ADN de la persona y desde esta perspectiva podemos decir con JP. Sartre que el “infierno son los otros”. Pero el imperativo ético tanto de la religiosidad como del ser antropológico de Jesús de Nazaret debe ser un factor imprescindible en nuestro día a día, en nuestra contingencia de un ser-ahí y de un ser-con de la ontología heideggeriana. Desde el punto de vista antropológico y personal es imprescindible convivir con la misericordia y el perdón, tanto el demandar perdón como el otorgarlo en situaciones de daños, sufrimientos o perjuicios que hacemos o recibimos. No es fácil esta experiencia, pues, como decía Ortega y Gasset atendiendo a la raíz de esta palabra en alemán, implica pensar con los pies, es decir, estar bien anclado en tierra, pues “el perdón es un acto propio de personas que han llegado a una auténtica madurez, pero… que tiene sus raíces en ciertas experiencias tempranas de la vida”, afirma el psicólogo suizo J. Paige, y además “la experiencia del perdón fortalece la convicción de que no estamos de más, de que podemos ser algo, de que no simplemente somos tolerados”.

Desde esta perspectiva de la madurez humana la capacidad de perdonar y de recibir perdón, ese hacerse cargo de la ofensa o el sufrimiento infligido o recibido, debe ampliarse a nuestro camino existencial, individual y social. Nuestro ámbito social y político está escaso de perdón, y por ende de reconciliación, pues con demasiada frecuencia se actúa desde un querer imponer la propia verdad (habría que recordar el verso machadiano: “¿Tu verdad? No, la verdad y ven conmigo a buscarla”) y hasta la propia justicia, y así del adversario político o grupal se pasa al enemigo en toda regla, al ojo por ojo, y aquí el perdón y la reconciliación se convierten en la enfermiza debilidad nietzscheana. La política española, al menos de ahora, está falta de alguna dosis de perdón y de reconciliación; la convivencia social necesita un buen tratamiento vitamínico a base de perdón. Otro tanto habría que señalar en instituciones eclesiales, donde la ausencia de misericordia y de perdón es manifiestamente llamativa al referirse, sobre todo, a homosexuales, lesbianas o a la ideología de género, que se ha comparado con el nazismo, el marxismo o el ISIS yihadista. En estos días el arzobispo de Oviedo, con motivo de la beatificación de cuatro “mártires asturianos” de la guerra civil, ha arremetido despiadadamente contra la ley de Memoria histórica, un intento legal de perdón y de reconciliación; hubiera sido más acorde con ese acto entonar un mea culpa, entre otras cosas, por las implicaciones de la jerarquía católica en el golpe de Estado del general Franco, que tanto sufrimiento causó a la sociedad española, y en el apoyo incondicional a la posterior dictadura franquista.

Habría que decir que el perdón es un factor muy saludable tanto en el ámbito personal como social. Suma más que resta. El perdón hace que se recomponga el hilo umbilical por cualquier desavenencia con el otro; no hay que olvidar que, conforme a la definición aristotélica, el ser humano es un ser relacional. Y es saludable y positivo por varias razones:

Genera diálogo, es decir, cuando la palabra va fluida del uno al otro y del otro al uno sin recovecos, como una “razón con entrañas” en expresión de María Zambrano, se allana fácilmente el terreno y se facilita el encuentro, la reconciliación. El diálogo potencia la cultura del corazón, que habla desde la igualdad, desde la simetría, y no desde el fanatismo del que está convencido sin fisuras de su verdad y de sus posiciones estancas. El perdón rompe con esa estructura de incomunicación.

Hace posible la reconciliación, una vez establecido el diálogo, que no es otra cosa que, según la etimología, volver a la asamblea, a la reunión, al encuentro con el otro. Al aceptar ese encuentro se establece una relación de projimidad, como señala P. Laín Entralgo, de reconocimiento mutuo entre el yo y el otro. El abrazo viene a ser la puesta en escena del perdón. Nelson Mandela se quejaba de que su gente le tachase de cobarde por tender la mano a sus verdugos, y llevó hasta el final su reconciliación sentando a su carcelero blanco en la tribuna de honor en su investidura como presidente de Sudáfrica.

Restablece o inicia la amistad, un valor muy estimable, hasta el punto de que “sin amigos nadie querría vivir, aun cuando tuviera todos los otros bienes”, escribe Aristóteles en Ética a Nicómaco. A partir del perdón se recupera la empatía perdida, si es alguien cercano; y si es lejano, se acortan las distancias, se hace prójimo a nuestra realidad histórica. Se comparte así un nuevo caminar juntos, donde yo me hago responsable del otro y el otro se responsabiliza de mí. La amistad hace posible la solidaridad humana ante el sufrimiento tan variado como injusto.

Refuerza la “Si Dios se detuviera en la justicia, escribe el papa Francisco en la Misericordiae vultus, dejaría de ser Dios, sería como todos los hombres que invocan respeto por la ley. La justicia por sí misma no basta, y la experiencia enseña que apelando solamente a ella se corre el riesgo de destruirla”. No es fácil para las víctimas, directas o indirectas, escoger entre justicia y perdón, o perdonar cuando uno no es la víctima directa. Es lo que plantea Dostoievski en Los hermanos Karamázov en el intenso diálogo entre los hermanos Iván y Aliosha. Iván no puede entender que el “sufrimiento de los niños” sea un factor necesario en la creación divina y que tengan que “contribuir con sus sufrimientos al logro de la armonía”. Por eso Iván remata su densa y larga exposición: “¡No quiero, en fin, que la madre abrace al verdugo que ha hecho despedazar a su hijo por los perros! ¡Que no se atreva a perdonarle! Si quiere, que perdone al torturador su infinito dolor de madre; pero no tiene ningún derecho a perdonar los sufrimientos de su hijo despedazado”. A mi modo de ver el perdón refuerza la justicia, porque el verdugo, aquí en un sentido amplio, al ser perdonado reconoce el sufrimiento causado y acepta plenamente que se haga justicia. A este respecto hay que resaltar el increíble testimonio de algunas víctimas directas o indirectas de ETA y de los GAL que han perdonado a sus verdugos y éstos se hacen cargo del dolor causado. Todo esto sin esperar, como en el diálogo de los hermanos Karamázov, a que “cuando cielo y tierra se unan en un solo grito”, la madre, el niño y el verdugo “que ha hecho despedazar a su hijo por los perros” proclamen los tres con lágrimas en los ojos: “Tienes razón, Señor”. En definitiva, “si Dios se detuviera en la justicia, dejaría de ser Dios”, otro tanto ocurriría en el ser humano, que dejaría de serlo, si no perdona. De nuevo Aristóteles viene en nuestra ayuda: “Cuando los seres humanos son amigos, ninguna necesidad hay de justicia; pero, incluso siendo justos, necesitan de la amistad, y parece que los justos son los más capaces de amistad”; amistad que tiene su manantial en el perdón.

Recompone y afianza la paz. Una paz que se hace trizas por la ofensa dada o recibida. El poeta bíblico nos dice que la “justicia y la paz se besan” (Sam 84,11); si la justicia se refuerza por el perdón, otro tanto ocurre con la paz, esa “brisa malva/de armonía/; un astro luminoso/ para la senda de la esperanza/; un pan compartido/ sin hambre/… una exigencia existencial/ de la finitud y de la contingencia/” (Palabras para este tiempo).Todo ello es posible porque el perdón genera diálogo y amistad y contribuye a que las relaciones humanas sean justas, igualitarias, el verdadero humus de la paz. Aliosha inquiere a su hermano Iván: “Me has preguntado hace un momento: ¿existe en todo el mundo un ser que pueda perdonar y tenga derecho a hacerlo? Pues bien, ese ser existe, y puede perdonarlo todo, puede perdonarlo todo a todos y por todo, porque Él mismo ha dado su sangre inocente por todos y por todo”. Jesús de Nazaret ha señalado el camino y ha dado ejemplo claro y meridiano y, por eso, hizo de la misericordia y el perdón la coordenada central de su programa ético-religioso, donde los que luchan por la paz, han sido misericordioso y han perdonado, son bienaventurados, dichosos, han encontrado la felicidad.

El perdón es, en definitiva, “una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar el futuro con esperanza” (Misericordiae vultus).

Antonio Gil de Zúñiga

Atrio

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Antonietta Potente: “Desde el exilio a la inclusión, desde la espera a la participación: … y nos quedaremos voluntariamente en el exilio”

Lunes, 17 de noviembre de 2014

cristo9i9u867uyIntervención de la teóloga y hermana dominica Antonietta Potente* en la Conferencia internacional Los caminos del Amor”, para una pastoral con las personas homosexuales y transexuales (Roma, Italia, 3 de Octubre de 2014)
, traducido del italiano por Carola y Carmen del grupo Ichthys (Espana)

Releamos la larga historia de exclusión; recojamos las narraciones individuales de quien ha atravesado con sus sueños los muros culturales y religiosos construidos por el imaginario colectivo sobre el género.

Hoy, sin embargo, participamos en un camino de rescate y dignidad, pero no obstante todo, continuaremos recorriendo los caminos del exilio, si esto significa parresía evangélica y vida según el Espíritu, en el ámbito político-social donde se juega nuestra fe.

Quisiera empezar dando algunos flashes que más que ser luces que brillen a nuestros ojos, quisiera fueran de verdad sonidos fuertes para nuestros oídos, o bien inquietudes apremiantes para nuestra reflexión y para nuestras conciencias.

De hecho, todas y todos sabemos que hay palabras que no solo emiten sonidos, sino que permiten la visión de algo totalmente nuevo; palabras que despiertan la vista y hechos que despiertan la audición.

Además, debiendo elegir un lenguaje para comunicar algo que de verdad me importa y llevo en el corazón, elijo el lenguaje místico-poético, el que cada uno conoce, porque no pertenece a los sabios, a los dogmáticos, a los letrados, sino al alma-animus y a la esencia de la naturaleza.

En caso que alguien lo encuentre difícil o piense que no sirva para nada, que no se vaya sino, ascéticamente, se quede y luego se tome un poco de tiempo para reflexionar. Él o ella, descubrirá que aquel lenguaje que a primera vista parece difícil, es en realidad familiar. Pero lo mismo hagan también los que piensan pillarlo todo al vuelo: permanezcan en silencio.

Puerta de entrada

Empiezo entonces e intento hacer brillar y resonar estos flashes. Estos sonidos y estas imágenes simbólicos, no los inventé yo sino que los tomé de una antigua tradición que forma también parte de la tradición cristiana y, pienso yo, no cristiana sino  simplemente humana.
Son extraídas del texto profético de la historia del profeta Ezequiel. El texto escrito al que hago referencia, sin leerlo todo es: Ez 12, 1-12. Sólo recojo algunos elementos de esta dulcísima y a la vez laboriosa composición místico-poética que relata la experiencia del profeta.

La palabra de Iahveh me fue dirigida en estos términos: hijo del hombre, tú vives en medio de una casa de rebeldes: tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa de rebeldes…Ahora, pues, hijo del hombre, prepárate un equipaje de deportado y sal deportado en pleno día, ante sus propios ojos… Saldrás del lugar en que te encuentras hacia otro lugar, ante sus ojos. Acaso vean que son una casa de rebeldes. Arreglarás tu equipaje como un equipaje de deportado, de día, ante sus ojos. Y saldrás por la tarde, ante sus ojos, como salen los deportados.

Haz a vista de ellos un agujero en la pared, por donde saldrás. Ante sus ojos, cargarás con tu equipaje a la espalda y saldrás en la oscuridad; te cubrirás el rostro para no ver la tierra, porque yo he hecho de ti un símbolo para la casa de Israel.

Yo hice como se me había ordenado; preparé de día mi equipaje, como un equipaje de deportado, y por la tarde hice un agujero en la pared con la mano. Y salí en la oscuridad, cargando con el equipaje a mis espaldas, ante sus ojos.

Por la mañana la palabra de Iahveh me fue dirigida en estos términos: Hijo del hombre, ¿no te ha preguntado la casa de Israel, esta casa de rebeldes: «Qué es lo que haces»? …Diles: Yo soy un símbolo para vosotros… Ahora intentaré retraducir lo que significa para mí esta narración, pero dejemos por un instante, allí, estas palabras o flashes.

A lo largo de toda la historia, parece que haya un movimiento como el del mar que podemos observar cuando estamos en la orilla. Un movimiento de ir y venir; la historia de hecho está llena de intentos, de búsqueda, de proyectos realizados y de otros que no.

Creo que en este momento histórico sean muchas las personas que quisieran decir que sus historias han pasado de la exclusión a la inclusión; otras que quisieran contarnos cómo lo consiguieron, cuántos mártires han tenido en estos recorridos; cuántos hijos e hijas desaparecidos, cuántas casas abandonadas, cuántos desiertos atravesados. Asimismo cuántas “ocupaciones” de plazas; cuántas marchas, cuántos cortes de calles, huelgas de hambre, etc. etc.

Esos procesos parecerían concluidos hoy en día, sin embargo no lo están, porqué todavía hay olas que traspasan la orilla, como si tuvieran que recordarnos que todavía hay que “atreverse”.

La exclusión es de hecho como una sombra que amenaza la posibilidad de una vida juntos; junto con otras y otros, junto con sus propios pueblos y con pueblos distintos; junto con el ambiente; junto con nosotros mismos, con nuestra conciencia y responsabilidad, dos aspectos no vendibles, porque no chantajeables.

Aún son demasiadas las personas, los grupos humanos, las realidades sociales, que continúan padeciendo procesos de exclusión, y es que la exclusión genera cada vez más ausentes: millones y millones de mujeres y de hombres excluidos, es como si no existieran más, aunque todos los días veamos sus rostros en los periódicos, en el mundo virtual de internet y en los monótonos telediarios. La exclusión sólo genera ausencia. Leer más…

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