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Soledad y solidaridad van juntas

miércoles, 30 de julio de 2025
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

 «Cuando un Padre del Desierto le habló a otro sobre sus planes de «encerrarse en su celda y rechazar la cara de los hombres, para poder perfeccionarse a sí mismo», el segundo monje respondió: «A menos que primero enmiendes tu vida yendo y viniendo entre los hombres, no servirá para enmendarla morando solo«.

Existe una correlación tangible entre el trabajo interior de la oración y el ascetismo, por un lado, y la dimensión social de la ética cristiana, por otro. La tentación de la vida contemplativa de divorciarse de la vida bajo el disfraz de perfección espiritual es manifestada por una ascesis cristiana que se mide, en última instancia, por el amor al prójimo. La soledad no es un medio para escapar de los demás, sino para solidarizarse más profundamente con ellos».

*

Vincent Pizzuto,
Contemplar a Cristo,
(DDB, 2022)

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50 personas LGBTIQ+ asesinadas en Colombia: Dos asesinatos y un atentado contra personas LGTBIQ+ en Colombia:

lunes, 28 de julio de 2025
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Es hallada muerta la jefa de bombero, una mujer trans de Dabeiba

25 de julio de 2025. En las últimas horas, se conoció el hallazgo del cuerpo sin vida de Fernanda Domicó, reconocida lideresa social, mujer indígena trans y jefa del Cuerpo de Bomberos Voluntarios del municipio de Dabeiba, en el occidente antioqueño. Las circunstancias que rodean su fallecimiento aún no han sido esclarecidas, pero ya han generado profunda conmoción tanto en el municipio como en el ámbito regional, donde Fernanda era ampliamente reconocida por su compromiso con la defensa de los derechos humanos, la protección de la vida y de las personas LGBTI en contextos comunitarios.

Este hecho, que enluta a las personas LGBTIQ+ del Urabá no puede ser tratado como un hecho aislado. Se inscribe, por el contrario, en un patrón estructural de violencia sistemática contra mujeres trans y personas que ejercen el trabajo sexual, quienes enfrentan riesgos diferenciados marcados por la exclusión social, la estigmatización, la pobreza y la ausencia de garantías institucionales para el ejercicio pleno de sus derechos.

Este asesinato se suma a una larga lista de hechos. El Observatorio de DD. HH de Caribe Afirmativo registra 50 casos en este 2025. Una cifra desalentadora que expone el crecimiento de violencia en Colombia contra personas trans, tal como se anunció en la audiencia CIDH sobre violencia en el país.

Desde Caribe Afirmativo, exigimos a la Fiscalía General de la Nación y a la Policía Metropolitana de Barranquilla adelantar una investigación exhaustiva y con enfoque diferencial, aplicando el Protocolo para la investigación de asesinatos de personas LGBTI+ y considerando la hipótesis de un crimen por prejuicio. Además, incluir protocolos específicos en la investigación que reconozcan su identidad de género, su pertenencia étnica y su rol como defensora de derechos.

Solicitamos a las entidades territoriales activar las rutas de atención, protección y acompañamiento a personas trans y trabajadoras sexuales en riesgo, garantizando el cumplimiento de los compromisos institucionales en materia de derechos humanos y no discriminación. Llamamos a los medios de comunicación a informar sobre este caso con responsabilidad, evitando enfoques revictimizantes o estigmatizantes, y a reconocer la identidad de género de la víctima de acuerdo con los principios del respeto, la dignidad y el nombre sentido.

Recordamos al Estado colombiano su obligación internacional de prevenir, investigar, sancionar y reparar las violencias basadas en prejuicio, en cumplimiento de los estándares establecidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y otros organismos internacionales de derechos humanos.

Desde Caribe Afirmativo exigimos garantías de no repetición para las personas LGBTI en los territorios rurales y étnicos, así como la implementación efectiva de medidas de protección colectiva para liderazgos diversos. Su muerte no puede quedar en la impunidad ni en el olvido.

Justicia para Fernanda. Su voz sigue encendida como llama de dignidad.

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Asesinato de mujer sexualmente diversa en Barranquilla

24 de julio de 2025. En la noche del lunes 21 de julio, Nerlis Isabel Henríquez Barraza, mujer trans, trabajadora sexual y sexualmente diversa de Barranquilla, fue asesinada en el barrio San Roque tras recibir un disparo en la cabeza. El hecho ocurrió en plena vía pública, en la intersección de la carrera 36 con calle 37, cuando un sujeto armado se acercó directamente a ella y le disparó a quemarropa. La víctima fue trasladada al Hospital General de Barranquilla, donde se confirmó su fallecimiento.

Rechazamos de manera categórica este crimen que, más allá de un hecho individual, se inscribe en un patrón reiterado de violencia hacia las mujeres en el departamento del Atlántico, y del riesgo inminente que viven trabajadoras sexuales en la ciudad. La crueldad del acto, la modalidad con la que fue ejecutado, las amenazas previas y el contexto de exclusión en que vivía Nerlis no pueden ser tratados como un simple hecho de intolerancia o riña personal. Estamos ante un homicidio que reproduce la violencia estructural que enfrentan muchas mujeres en contextos de pobreza, informalidad laboral y criminalización social.

Este asesinato se suma a una larga lista de hechos. El Observatorio de DD. HH de Caribe Afirmativo registra 49 casos a casi cumplirse 7 meses del año 2025. Una cifra desalentadora que expone el crecimiento de violencia en Colombia, tal como se anunció en la audiencia CIDH sobre violencia en el país. Es importante destacar que Nerlis había recibido amenazas recientes por parte de desconocidos y conflictos laborales con otras trabajadoras sexuales, según versiones de sus allegados. Sin embargo, no existen indicios de que se hubieran activado rutas efectivas de protección, lo que expone las graves fallas institucionales para atender y prevenir la violencia basada en prejuicio.

Caribe Afirmativo exige a las autoridades una investigación pronta y con enfoque diferencial, que contemple la hipótesis de crimen por prejuicio y active el Protocolo de investigación para homicidios de personas LGBTIQ+ tal como lo establece la Directiva 006 de 2023 de la Fiscalía General de la Nación. Además, solicitamos que se garantice la protección de las mujeres trabajadoras sexuales que puedan estar en riesgo en la zona.

Este nuevo crimen es un llamado urgente a reforzar la acción del Estado en los territorios donde la vida de las personas LGBTI+ continúa siendo desechable para quienes empuñan las armas o perpetúan la discriminación. Nerlis Isabel Henríquez, conocida cariñosamente como “La Repollito”, no era solo una víctima. Era una mujer con una historia, una vida, una identidad y unos derechos que hoy fueron arrebatados.

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Rechazamos el atentado contra el defensor Nilson de Arco en Soledad, Atlántico

22 de julio de 2025. Desde Caribe Afirmativo expresamos nuestro más profundo rechazo y preocupación por el atentado armado del que fue víctima el defensor de derechos humanos Nilson de Arco, integrante del Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP), en la tarde del 20 de julio de 2025 en el municipio de Soledad, Atlántico.

El ataque, ocurrido mientras el defensor adelantaba labores de documentación junto a otras organizaciones de derechos humanos en un espacio comunitario del barrio Los Campanos, no solo pone en riesgo su vida —actualmente se encuentra hospitalizado y recibiendo atención médica especializada—, sino que también amenaza a su familia, compañeros de trabajo y a las comunidades que acompañan.

Este hecho no es aislado. Se enmarca en un contexto de creciente violencia, hostigamiento y persecución hacia quienes defienden los derechos humanos en Colombia. Las personas que se atreven a denunciar la corrupción, los abusos del poder y las injusticias que viven las poblaciones más vulnerables enfrentan, cada vez con mayor frecuencia, amenazas, atentados y asesinatos, especialmente en los territorios históricamente atravesados por el conflicto armado y el abandono estatal.

Nilson de Arco había advertido con anterioridad sobre situaciones de riesgo y señalado presuntos actos de corrupción y administración fraudulenta por parte de particulares. Esta información debe ser considerada en el marco de las investigaciones como un posible móvil del atentado, por lo cual exigimos a las autoridades judiciales y al Estado colombiano avanzar con celeridad y diligencia en el esclarecimiento de los hechos, identificar a los responsables y garantizar la protección integral de Nilson, su familia y su equipo de trabajo.

Desde Caribe Afirmativo nos solidarizamos con el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos (CSPP), reconocemos la valentía de Nilson y reiteramos nuestro compromiso con la defensa de la vida, los derechos humanos y la justicia social en el Caribe colombiano y en todo el país.

Fuente Caribe Afirmativo 1, 2, 3

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Soledad contigo.

jueves, 24 de julio de 2025
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Del blog de Pedro Migue Lamet:

Lo incomunicable

Hay algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior

La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo”. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada

Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida

“A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia

 

El poeta Juan Bautista Bertrán, SJ, escribía Cuando atardece, quédate conmigo / le tengo miedo a mi soledad sola, no contigo. En el crepúsculo, cuando cesan los ruidos y el mundo se sumerge en la oscuridad de la noche, es frecuente que tomemos conciencia del misterio de nuestro ser: hemos sido arrojados a la vida sin saber por qué; somos frágiles, limitados e ignorantes del futuro; es más, con una certeza de que vamos a envejecer e incluso abandonar esta vida. Hay además algo incomunicable dentro de nosotros. Ni el ser más querido es capaz de penetrar plenamente en mi conciencia interior.

Quizás estos sean algunos motivos de la soledad radical de todo ser humano a la que tenemos miedo, como dice el poeta. La fe no elimina esa soledad de mi más íntima conciencia, pero añade algo más: el “contigo. La “soledad contigo” no deja de ser soledad, pero es una soledad iluminada.

Todo creyente tiene derecho a un pedazo de mística en su vida, momentos de silencio en que conecta con un rescoldo interior que le calienta y acompaña, una sensación de que somos chispa de un gran fuego u ola de un infinito mar. Como canta el mismo poeta: “A veces por las venas de las cosas / sube una luz azul, cual de presencia”. Mi parte resuena con el Todo, mi pequeña arpa vibra con la sinfonía del Ser, y siento, aunque sea por un instante, que Dios no solo me acompaña y me habita, sino que, como dice Pablo, “en él vivo, me muevo y existo”.

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Hermanos, sedientos de escucha y Justicia..!

jueves, 17 de julio de 2025
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Del blog de Alfonso J.Olaz El Rincón del Peregrino: 

 

| Alfonso Olaz OFS

Hermanos, sedientos de escucha y Justicia..!

Abrasados por nuestra brutal indiferencia de cada día

Quemados por nuestro salvaje egoísmo.

¿Qué esperas, alma mía,?
sino descansar
en los prados tranquilos
de la escucha y la acogida

Muchedumbres vagan
en la soledad sonora
del desierto de nuestra indiferencia.

Esperanzas rotas.
Cánticos apagados…
Son los clamores
de millones de hermanos y hermanas
que caminan bajo el peso
de una soledad que cada día hiere.
Que cada día mata.

Jóvenes
que no encuentran respuesta a su soledad
y solo saben mal sufrir
con su inquietud.

Adultos
que pagan a prostitutas
para ser escuchados.

Ancianos
que padecen el calvario
de morir cada día
por la ausencia de ser oídos.

¡Necesitamos,!
Con la urgencia de una vida
¡Qué se nos escapa entre los dedos!

¡Testigos de la escucha!
Almas que ofrezcan la sonrisa sin medida.
Que desgasten su tiempo en el otro.
Que partan el pan
y derramen el agua y la miel
de la fraternidad humana.

Sin juzgar.
Mirando al otro
Cómo nos miramos a nosotros mismos.

Porque allí —solo allí—
Se revela la verdad del otro.
La palabra sagrada.

Quien no es testigo de la escucha…
Aún no se conoce.
Ni conoce a Jesús de Nazaret.
Y nada bueno puede hacer por el Reino.

Del Evangelio a la vida.
De la vida al Evangelio.

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“Ante el suicidio de un sacerdote”, por Alejandro Fernández Barrajón

jueves, 10 de julio de 2025
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Matteo Balzano

De su blog Teselas:

«Los sacerdotes no son extraterrestes, son seres humanos con todas sus potencialidades y sus debilidades»

Nos causa una sorpresa mayor si el sujeto es un sacerdote. No porque los sacerdotes sean mejores que los demás sino porque esperamos de ellos un amor y defensa de la vida a la altura de los valores del evangelio y que la Iglesia defiende con insistencia

Hoy no se concibe que no haya un buen psicólogo acompañando la formación de los seminaristas y en algunos seminarios esto parece una intromisión en la formación sacerdotal inadmisible. Y de esos barros pueden venir estos lodos

Sienten el agobio de tener que atender tantos frentes pastorales acumulados por la escasez de sacerdotes. Cuantos menos sacerdotes más tareas pastorales para repartir y menos tiempo de descanso. Llegan momentos de tensión, de depresión y crisis

Conmoción en Italia por el suicidio de un joven sacerdote de 35 años: Realmente no sabemos qué sucedió”.

El obispo, en el funeral del cura que se suicidó a los 35 años: «No escondamos nuestros miedos»

Vuestros curas, por Toño Casado

 

De entrada, un suicidio es una drama inmenso, suceda donde suceda y a quien le suceda. Pero nos causa una sorpresa mayor si el sujeto es un sacerdote. No porque los sacerdotes sean mejores que los demás sino porque esperamos de ellos un amor y defensa de la vida a la altura de los valores del evangelio y que la Iglesia defiende con insistencia.

Pero no por tener altos ideales dejan de ser humanos. Nunca nos cansaremos de repetir que antes que sacerdote es un hombre como los demás, que puede llegar a lo más alto, como muchos laicos y a lo más bajo también. No está más cerca de Dios, como un enchufado, como algunos dicen, para espiritualizarlos.

La condición de hombre con sus grandezas y sus miserias lo va a acompañar durante toda la vida. Y como hombre participa de todas las posibilidades humanas y por eso hemos de poner ahí un acento especial, sobre todo en su formación.

Muchas veces el deseo de que sean espirituales lleva a olvidar el cuidado de su dimensión humana y entonces el drama puede estar a la vuelta de la esquina. Hoy no se concibe que no haya un buen psicólogo acompañando la formación de los seminaristas y en algunos seminarios esto parece una intromisión en la formación sacerdotal inadmisible. Y de esos barros pueden venir estos lodos.

Cuando yo terminé mi licenciatura en Psicología en Salamanca lo último que podía imaginarme, cuando comenzaba a hacer mi tesis doctoral en Psicología, es que mi Provincial me iba a nombrar formador de seminaristas (Postulantes). Pero mi Provincial de entonces era muy sabio y muy práctico y sabía que mi formación iba a ser de gran ayuda en el seguimiento formativo de aquellos jóvenes. No hizo falta montar una oficina especial para eso, mi convivencia a diario con ellos era la mejor manera de conocerlos, aconsejarlos, animarlos y, sobre todo, darles ejemplo.

Siempre tuve muy claro que era muy importante la dimensión espiritual, nuestra oración, nuestra celebración pero, sobre todo, tenía más claro aún que era más importante, si cabe, la formación humana, la sana amistad, el compartir, el desprendimiento, la solidaridad, los afectos, la educación, el respeto, la alegría porque sin la dimensión humana estaba cuidada podríamos construir sobre ella una espiritualidad consistente, pero no al revés.

Cuando asomaba en alguno de ellos una sobre espiritualidad me ponía en guardia y lo trataba con él porque era el preludio de un seguro fracaso. El comportamiento suicida es una reacción con fines liberadores de situaciones muy estresantes, angustiosas y que pretende alejarse de situaciones que no se pueden manejar con normalidad. Es una huida hacia adelante sin vuelta atrás, el culmen de un camino de soledad angustiosa que no ha podido compartirse con nadie, por razones diversas.

Solo una vida traumatizada al máximo puede llegar a ese extremo porque todas las situaciones humanas aunque sean difíciles, si se comparten a tiempo, encuentran caminos de salida y posibilidad de ayuda. No quiero ni imaginarme la tensión y estrés de un sacerdote joven como éste, que se ha suicidado tan poco tiempo después de haber hecho realidad su sueño: Ser sacerdote.

El P. Matteo Balzano, joven sacerdote italiano de tan solo 35 años, que recurrió al suicidio sin que se sepan todavía las causas reales. Considerado un “buen sacerdote” por todos los que le conocían ha dejado un profundo desasosiego entre sus familiares, sus fieles, y el obispo. Era, según dicen, apasionado con su vocación y muy amado por sus fieles.

Dedicado por entero a sus labores pastorales y, además, lo hacía lleno de ilusión porque estaba comenzando y ése es el momento que en los sacerdotes viven con más ilusión su compromiso pastoral. La muerte de un sacerdote, como la de cualquier ser humano, debe invitarnos una reflexión necesaria. Porque los sacerdotes no son extraterrestes, son seres humanos con todas sus potencialidades y sus debilidades.

Se enamoran como como todos los hombres y tienen que disimularlo porque nadie lo entendería y con muy poca gente se puede comentar. Viven con mucha fuerza la soledad, sobre todo por la noche cuando vuelven cansados de tantas tareas pastorales como se acumulan. Sienten el agobio de tener que atender tantos frentes pastorales acumulados por la escasez de sacerdotes. Cuantos menos sacerdotes más tareas pastorales para repartir y menos tiempo de descanso. Llegan momentos de tensión, de depresión y crisis, como les pasa a todas las personas y parece que el sacerdote no tiene derecho porque debe ofrecer siempre una sonrisa, una palabra amable y una capacidad de acogida exquisita.

Que la mitra, lejos de curar es, muchas veces, origen de nuevas infecciones humanas como el arribismo, el poder y el lujo. Y no hace falta mirar muy lejos para darnos cuenta de que es así. Hay algunos obispos a los que yo no acudiría, en caso de necesidad, ni aunque estuviera en llamas

En las redes sociales se critica a la Iglesia por el escándalo de la pederastia y muchos anticlericales aprovechan la ocasión para meter en ese mismo saco a todos los sacerdotes. Generalizan sin rubor e hieren a muchos que no tienen nada que ver con esas historias tan dramáticas. Es, en el fondo, una actitud de odio y, desde luego, muy poco democrática. Sin duda, cada obispo debe prever cómo afrontar los momentos de soledad de sus sacerdotes y no sé si hay mecanismos apropiados parta ello. Sucede igual entre los religiosos que, aunque estén viviendo en comunidad, no siempre el acompañamiento está asegurado porque, a veces, la comunidad es un conjunto de personas individualistas donde cada una va a su bola y no hay una confianza suficiente para compartir los conflictos personales que van surgiendo. Vivir juntos no quiere decir vivir unidos en afecto y preocupación por los otros.

El ministerio sacerdotal, que es muy noble y muy hermoso, no es un oasis de perfección sino una realidad de lucha y perfeccionamiento constante, con la ayuda de Dios, donde no siempre conseguimos los objetivos propuestos, por eso no pueden faltar instancias a donde acudir cuando nos sentimos heridos por el fracaso, por la soledad afectiva o por el cansancio de tantos pasos realizados en solitario. Y los obispos no son, en ocasiones, las mejores instancias de acogida y comprensión porque ellos mismos pueden estar pasando por momentos semejantes. Que la mitra, lejos de curar es, muchas veces, origen de nuevas infecciones humanas como el arribismo, el poder y el lujo. Y no hace falta mirar muy lejos para darnos cuenta de que es así. Hay algunos obispos a los que yo no acudiría, en caso de necesidad, ni aunque estuviera en llamas.

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Tu amor es mi luz.

martes, 10 de junio de 2025
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Puri Mercedes Garrido, laica cisterciense del monasterio Santa María de Sobrado de los Monjes (Galicia),
ASTURIAS

ECLESALIA, 26/05/25.- Con la mirada sorprendida descubro y admiro un pequeño rayo de luz, que pasea alegremente, iluminando y transformando todos los rincones de mi salón.

Su luz saltarina me regala una mirada nueva, para admirar transformadas todas las cosas cotidianas que me rodean.

La luz a su vez, me transforma, pero no me confunde o desdibuja mis contornos, sombras y entrañas, sino que me acaricia y calienta por dentro, como un microondas mágico que desentraña mis debilidades, mi memoria enferma, mis mentiras y miedos, blanqueando les con su fuego purificador.

Inundada por Tu luz recobro toda mi verdad, mi armonía, mi pureza interior, pero distingo con claridad que Tú eres , y yo soy solo yo, como una sombra humana desdibujada a Tu imagen y semejanza.

Percibo que aunque estamos plenamente unidos, somos diferentes y distintos.

Palpo que haciéndote hueco en mi soledad, encuentro Tu solitaria soledad.

Descubro Tu luz que no se confunde con nada de lo que iluminas, es única, absoluta, silenciosa como una pluma blanca de ave elevándose en el aíre, como una estrella en el firmamento, que me guía en la noche.

Cuando Tu luz me cubre, eres mi sangre y mi carne.

Luz que siempre me iluminas toda, en silencio sonoro y música callada, bailando y riendo por todo y por nada.

En ese instante mágico, Tu luz nos envuelve, como un abrazo ardiente y prolongado, que está por encima de todo, incluso de nosotras, de nosotros.

Nada puede oscurecer nuestra luz.

Nada puede  tocarnos y hundirnos en las sombras de muerte.

Somos intocables envueltas en Tu luz purificadora.

En el secreto silencio de nuestra soledad solidaria, en ese instante, Tu luz me cubrió con su sombra y el Hijo de Dios se hizo carne.

En el silencio siempre está la luz, en la nada siempre está el amor.

Hago silencio en soledad, sin temores, porque Tu luz siempre está presente.

El silencio me enseña a desenganchar me de todo, para regresar a Tu luz abrasadora y ardiente de amor.

En el silencio me espera el Absoluto.

En el secreto silencio, se hace carne el hijo, en comunión y unión plena con  el despertar de la Maternidad Universal (Sri Mata Amritanandamayi Devi).

silencio eterno, en comunión interminable, me recuerda que soy moldeada con arcilla, hecha de silencio y barro a imagen tuya; Dios Uno y Trino.

En Ti, nuestro amor es Eterno (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedenciaPuedes aportar tu escrito enviándolo a eclesalia@gmail.com).

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Soledad de los abandonados. Sábado Santo: El Cristo de la Soledad

sábado, 19 de abril de 2025
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Del blog de Xabier Pikaza:

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Con todos los solitarios, abandonados del mundo

En esta Semana Santa se han alzado y han desfilado por iglesias y calles muchas imágenes de Cristo y de su Madre. La más impresionante acaba siendo la imagen y cofradía de la soledad, pues de ella somos todos, queramos o no, hombres y mujeres solitarios, al fin solos, ante Dios y ante la muerte, ante nosotros mismos.

   Solitarios con Jesús, ante la vida, ante el amor, ante la muerte. Eso es lo que somos. Soledad al fin, pero soledad acompañada por Jesús, el Solitario de Dios y de los hombres.

Soledad de soledades, todo es soledad 

Hay una soledad primera de impotencia o miedo,propia de personas con dificultades afectivas y/o psicológicas y familiares, soledad de los abandonados a sí mismo,  como el Cristo que grita desde la Cruz “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” y así muere solo, en el silencio de la tarde oscura.

Hay una soledad segunda, de marginados y crucificados,de aquellos que no pueden compartir la vida con los otros, porque les rechazan, por razones económicas, sociales…  (por raza, por clase social o por emigración).  Es la soledad de los que emigran por todos los caminos sin camino, pues no llevan a ninguna parte, acabando así ante muros cerrados, ante vallas encendidas de muerte, rechazados por ricos  que se encuentran todavía más solos detrás de los muros que han alzado, porque tienen miedo de sí mismos y miedo de los otros.

Hay una soledad tercera, propia de personas que se aíslan en su propio autismo, por culpa propia o por culpa de los otros, por rechazo afectivo, por envidia y egoísmo personal o por enfermedad… pues la enfermedad suprema es la de estar solos, con sus propias máquinas de miedo y diversión desnuda entre las manos, sin un trozo de pan de amor propio o de amor ajeno alimentarse…

Y está al fin, en el centro de todas, este sábado Santo, sábado de soledad, la Soledad del Cristo de Dios, que es el Cristo de todas las soledades… Hoy quedamos ante él y con en silencio. Como meditación en el silencio quiero ir desgranando unas palabras… Queden aquí los que entiendan con Jesús de soledades, y los que no entiendan, que somos la mayoría. Sigan leyendo los que a pesar de todo pueden y quieren seguir pensando.

Jesús, experto en soledades. La agonía de la soledad

La soledad de Jesús fue ante todo una soledad agónica, la agonía de un hombre que quiso ser presencia y compañía de Dios para todos, y que al fin quedó a solas en la cruz, ante su Dios y ante su amor, que era los hombres, como declara el Evangelio de Juan, cuando empieza diciendo que vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1, 11‒13).

       Fue llamando a muchas puertas, y todas al fin se cerraron ante su llamada. Y por eso le sacaron fuera de la ciudad, para condenarle a la muerte más solitaria de todas, en una cruz, con otros dos condenados… sin más compañía que una mujeres mirándole a lo lejos, desnudo, totalmente desnudo, porque habían subastado sus ropas, para que le vieran así, el hombre del amor frustrado.

Esta fue una soledad agónica, es decir, de agonía, que significa lucha, agôn, entrega de la vida por un amor más alto, pasión de amor abierto hacia todos. La soledad más profunda implica siempre un tipo de esfuerzo,  de purificación, de vencimiento radical de sí mismo, de ofrenda de la vida en manos del misterio de Dios y de los otros. Es una soledad para la compañía. Una soledad en la manos de Dios, para así compartirlo todo y morir amor con otros.

       Y en soledad de amor murió Jesús, dándolo todo, dándose del toro, en manos de Dios que son las manos de los hombres, aguardando una respuesta de amor… Pero en el trance final de la Calavera Dios quedó callado, y callados los hombres, que no respondieron a su amor, y le dejaron como nació, desnudo, pero desnudo para morir, clavado a la cruz de su propia soledad, con unas mujeres llorando a lo lejos por su amor abandonado. , brota un lugar para el encuentro de Dios como Señor que resucita, como todo en todos

Todo empezó al fin en el Huerto de la Soledad  

greco200 Tenía que haber sido huerto de amor con los suyos, bajo la sombra amorosa de los grandes olivos… Pero el huerto se convirtió en soledad, con un ángel que logró ver el Greco, pero que Jesús no veía.

En el momento clave de su despedida, en la noche de sus bodas, Jesús entró en el huerto de la prensa del olivo (Getsemaní), para ser allí prensado por el abandono de todos. Necesitaba compañía y la pide a los amigos. En unión con ellos se sitúa ante el misterio: «Abba, Padre, tú lo puedes todo; aparte de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya» (Me 14, 36 y par). Ruega con dolor, con lágrimas de sangre, como añade el evangelio de Lucas, en una glosa muy significativa (Le 22, 43-44), pero nadie le responde; sus amigos duermen, Dios está callado.

       Vuelve pidiendo ayuda a los suyos y los encuentra más dormidos que antes, por el peso de la tristeza y la impotencia, quizá por miedo, cada uno con su sueño baldío, a la sombre de noche de los viejos olivos. Y Jesús de nuevo en la oración, absoluta­mente solo, sin ningún apoyo humano, sin recuerdo ni belleza en que fundarse. Pide compañía y no la obtiene, quiere llenar su soledad de amor y no le atienden. El Dios a quien invoca como Padre no le saca de la prueba, sino que le introduce más profundamente en ella, como sosteniéndole en la marcha de la muerte. En ese contexto se entiende la palabra clave de la Cruz: «¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Me 15, 34).

No podemos comprender esta soledad abandonada de Jesús, a quien todos condenan, a excepción de unas mujeres que miran de lejos, y así le acompañan en el alma, pero en soledad… mientras destruyen su vida los que hacen guardia de muerte ante su cruz de moribundo. Pues bien, en un sentido, debemos añadir que tampoco Jesús, Hijo de Dios, entiende en un primer nivel su soledad y por eso pregunta a Dios: ¿Por qué me has abandonado?

Evidentemente, en un sentido, Dios le ha dejado sólo, pues parece que no cumple su promesa de Reino, de tal forma que él (Jesús) tiene que morir sin haber logrado (en un sentido externo) aquello que Dios le había prometido en el bautismo, al decirle “tú eres mi Hijo el predilecto”. Y así, como predilecto de Dios muere, abandonado al parecer del mismo Dios, gritando desde la cruz (¿por qué me has abandonado?), abandonado de todos, con la pura mirada de unas queridas mujeres… que son el amor de Dios que le mira y acompaña.

En ese camino de soledades, mientras pregunta a Dios, en la Vía Dolorosa que va del Huerto de la Prensa de los los Olivos a la Cruz del Calvario, sobre el monte de la “calavera desnuda” (que eso significa Calvario, una “calva” de Dios en la tierra), Jesús va descubriendo que ese abandono y soledad pertenece al camino que Dios le ha encomendado, para al anunciar el Reino a los pobres y expulsados, a todos los solitarios y crucificados de la historia. Jesús ha muerto al fin como él mismo lo había buscado en el fondo, como mueren los rechazados de la tierra.

Soledad de abandonado: «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?»

          Detalle La tradición de Mc 15, 37 y Mt 27, 46 dice que Jesús murió así, dando un gran grito de soledad final y de protesta‒llamada de amor, que los evangelistas interpretaron con las palabras de Sal 22, 2 como invocación y pregunta dirigida a Dios (¿por qué me has abandonado?). Ésta es la cuestión final de la Semana Santa: ¿A quién llamó Jesús cuando moría? ¿Con quién dialogó, presentándole su angustia?

Muchos exegetas han supuesto que el grito de fondo de Jesús y las interpretaciones posteriores han sido una creación de la iglesia (pues los crucificados mueren por asfixia y no pueden gritar), añadiendo que todo el pasaje ha sido una construcción simbólica para vincular la muerte de Jesús con el fin del mundo (así escuchamos voces en Ap 4, 1; 5, 2; 8, 13 etc.; cf. también Mc 1, 11).

En contra de eso, debemos afirmar que el recuerdo de ese grito evoca un hecho histórico, es decir, la última gran voz de Jesús, pidiendo amor a Dios y a los hombres, porque al decir Dios mío Jesús está diciendo: Mis amigos todos ¿por qué me habéis abandonado?

‒ Jesús llama a Elías, es decir, nos llama a nosotros desde su soledad. La pregunta clave es a quién llama Jesús desde su soledad, a Dios o a sus amigos, simbolizados todos por Elías. Esta empieza siendo una pregunta filológica. Jesús dice algo así como Elohi,   (que sería mi Dios, en arameo) o como Eli (mi Dios, en hebreo o en arameo hebraizado). Significativamente, ambas palabras pueden entenderse como Elías (Eliya), que significa Dios, que significa todos mis amigos…

    A todos sus amigos llama Jesús desde la cruz, nos llama a todos, preguntando por qué le hemos abandonamos, por qué abandonamos en manos de la muerte (o matamos) a todos los condenados de  Auschwitz o de los campos de concentración y cruz de la tierra entera, a los niños hambrientos, a los encerrados tras los muros de la tierra entera.

– Pero, llamando a sus amigos, a todos nosotros, Jesús llama a Dios,que es el Dios de todos, gritándole desde el Calvario. Está culminando el tiempo de su vida, y ahora parece que Dios ha desviado el rostro, dejando así en abandono y dolor al Cristo agonizante que le invoca. El pretendido Cristo” que así grita no podía ser Hijo de Dios (como habían dicho los sacerdotes de Mt 27, 40). Ciertamente, no ese ese Hijo de Dios en potencia de muerte, sino el Hijo de Dios verdadero, el que hace suyo el camino de muerte de la historia de los pobres, gritando desde la Cruz a Dios, es decir, a todos los hombres.

‒ ¿Por qué me has abandonado? (Mt 27, 46) El grito de Jesús es una llamada al Dios que puede liberarle de la muerte o, mejor dicho, explicarle el “por qué” de esa muerte. Entendido así, ese grito constituye una confesión de fe, en la línea del Sal 22, 2, que Jesús está citado. La palabra “por qué” (con,, lemá,  transcripción griega del arameo lema’,   que el texto griego traduce por  inatí,  puede tener dos sentidos: (a) Esa palabra puede insistir en el abandono en cuanto tal, sin más razones: ¿cómo puede Dios abandonar a su enviado? (b) Pero ella puede preguntar, más bien, por la razón del abandono: ¿por qué causa, con qué fin le ha desamparado Dios?

historia jesús 45Esta pregunta ha de entenderse a la luz de la acusación y condena de los transeúntes, sacerdotes y bandidos de Mt 27, 38-44, que no preguntaban “por qué”, ni razonaban, sino que simplemente condenaban a Jesús, sin ningún tipo de justificación. Ahora, Jesús recoge la acusación de sus enemigos y, de esa forma, desde su situación de mesías externamente fracasado, pregunta a Dios: ¿Por qué?

       Sin duda, la “culpa” inmediata la tienen los sacerdotes que le han acusado, y Pilato que le ha condenado a muerte. Pero la “causa” o razón última de su muerte en cruz es Dios. Por eso le pregunta en arameo transliterado en griego ¿por qué  sabakhthani, en  hebreo ‘azabtani,  me has abandonado? No rechaza ni condena a Dios (pero tampoco se condena a sí mismo, diciendo ¡he pecado!), sino que pregunta… elevando su pregunta a todos los que abandonan a los otros. 

       En un contexto como el suyo, un tipo de hombre “normal” no preguntaría, sino que protestaría contra Dios, es decir, le acusaría, o (más bien) confesaría su pecado. Pero Jesús no protesta, ni se confiesa pecador, sino que pregunta, como si fuera necesario superar un plano de razonamientos y causas para descubrir a Dios en su abandono y muerte… y descubrir al mismo tiempo el “abandono” de los hombres: ¿Por qué se abandonan y matan unos a  los otros? Leer más…

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“El suicidio tiene mucho de soledad”, por Gabriel Mª Otalora.

martes, 25 de febrero de 2025
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29397_acoso-escolar-bullyingDe su blog Punto de Encuentro:

Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, el suicidio es la primera causa de muerte violenta en el mundo. El problema añadido es que muchos suicidios pasan por accidentes fortuitos para ocultar la verdadera causa de la muerte por el estigma asociado que empuja a algunos familiares a ocultar la verdadera causa de la muerte. El gran problema es que el suicidio sigue siendo socialmente invisible. No se habla de ello, luego “no existe”.

Estamos ante una realidad tan antigua, al menos como el Imperio Medio egipcio, del que conocemos un poema escrito hace 4000 años referido al suicidio. Es difícil asimilar el final de una persona cercana como un acto deliberado de autodestrucción. Estamos ante una opción extrema que deja a las personas cercanas un poso de culpa pensando en lo que se podría haber hecho para evitar el suicidio. Por tanto, el duelo se hace más difícil ante un hecho violento voluntario e inesperado.

Probablemente el aislamiento, la soledad y la falta de motivos para levantarse cada día, abrazar y ser abrazados, o carecer la vida de sentido, expliquen este fenómeno. Sin olvidarnos de las personas relacionadas socialmente que se sienten mortalmente solas. Y todo este colapso interior se vive generalmente en secreto. Algunos consideran el suicidio un acto de valentía, pero ningún experto entiende que deba plantearse como una solución racional o inteligente. Lo natural es querer vivir. Incluso existe un día mundial para la prevención del suicidio para visibilizar este escape del sufrimiento, al menos en muchos casos.

¿Es que antaño no había razones dolorosas suficientes para quitarse de en medio? ¿Tenemos menos defensas? Entre los motivos que, según los demandantes de ayuda, provocaban grandes sufrimientos, destacaba sobremanera las crisis de angustia provocadas por la soledad. El miedo, la vergüenza, la culpa a la hora de afrontar el problema, deben dejar paso a verbalizar los sentimientos como medio de liberación y prevención eficaz.

Soledad íntima que conocemos bien y va en aumento, de tantas personas que sufren este problema, incluso con gente con la que relacionarse mientras encubren una incomunicación en sus relaciones. No es suficiente tener alguien al lado. El desafío de cuidarnos bien supone responder también a las necesidades de relación, tanto a nivel familiar como social. Las redes sociales maquillan el problema al conseguir que estemos intercomunicados pero mal comunicados, sin la necesaria relación presencial.

En los casos de suicidio, la OMS y las asociaciones de quienes han vivido cerca la trágica experiencia, apuestan por no refugiarse en el silencio informativo. Lo adecuado desde el mundo de la prevención es la divulgación de la máxima información sobre el riesgo que queremos prevenir. La información constante sobre los accidentes de tráfico, el cáncer y ahora con la violencia de género logra la conciencia social del problema, lo mismo debiera ocurrir con las muertes suicidas.Es una obviedad que lo que no se publica no existe. Aun así, y pesar del acuerdo generalizado de que hay que hablar más del suicidio, apenas se habla salvo que estemos ante el caso de una persona famosa, en cuyo caso la información tiene que ver más con el sensacionalismo. Y con personas famosas mediante, el peligro es la conducta imitativa o “efecto Werther”.

Ni silencio ni sensacionalismo. Hacerlo bien puede salvar muchos sentimientos heridos que de lo contrario podrían ser dañados profundamente en las personas cercanas al suicida. Y seguir los consejos de los expertos. El problema de la autolisis no mejora con el empeño por esforzarnos en dar la sensación de buen balance, sino compartiendo lo que nos machaca el ánimo. Escuchar salva. José Carlos Bermejo afirma que la escucha es la herramienta con la que se puede evitar la muerte social, la soledad.

Los cristianos nos olvidamos que la oración es una forma de comunicación. La soledad de tantos excluidos como acogió Jesús, marca el camino a estar atentos en nuestro entorno y, sobre todo, a a escuchar mejor, sin ceder jamás a la tentación de no pararnos a escuchar a quien nos parece un incordio o nos enerva su carácter. Paciencia es amor, en este caso. Me gustaría saber cuánto se reducirían las listas de suicidas si se sintieran escuchados con la debida atención sin sentirse juzgados…

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“Soledad fecunda”, por Miguel Ángel Mesa.

sábado, 1 de febrero de 2025
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De su blog Otro Mundo es posible:

«En soledad vivía, / y en soledad ha puesto ya su nido, / y en soledad la guía / a solas su querido, / también en soledad de amor herido» (Juan de la Cruz).

Nadie desea estar solo. Los seres humanos nos caracterizamos por nuestra sociabilidad, por la necesidad de unirnos a los demás, de mantener relaciones cordiales, cariñosas, amorosas. Cuando una persona no desea, ni está a gusto en contacto con los demás (si no es por algún tipo de opción personal, profesional o vocacional), sabemos que sufre algún tipo de patología psicológica.

Las nuevas redes sociales también favorecen el contacto con los demás, por la puesta en común de distintos tipos de afinidades musicales, culturales, espirituales, solidarias… Aunque también pueden conducir al aislamiento, o a otro tipo de patologías, cuando el mundo virtual que proyectan las nuevas tecnologías se confunde con el real y se prefiere estar solo viajando por ese espacio, al margen de los problemas y sufrimientos presentes en la realidad concreta de la vida.

Tanto las personas mayores como los jóvenes necesitamos unirnos en grupos, para que nos ayuden a encontrarnos a nosotros mismos, a relacionarnos, a salir de nuestro propio mundo. Este tipo de relaciones ayudan al equilibrio mental y a la realización personal en múltiples aspectos.

Pero también es necesario encontrarnos a solas con nosotros mismos. Nuestra salud interior, que se refleja también en la vitalidad física, precisa de la soledad para reflexionar, para serenarnos, para hallar nuestro ser más íntimo, al Otro que nos habita y nos da plena identidad, para tomar las decisiones importantes que solo nosotros podemos dar.

En la soledad resuenan las voces, los anhelos, los rostros de quienes nos acompañan por los senderos de la vida. La soledad nos ayuda a estar a gusto con nosotros mismos y a sentirnos dichosos en compañía con los demás; a conocernos con autenticidad: con nuestras incongruencias y aciertos, con nuestros pesares y alegrías; a relacionarnos personalmente con el Misterio, con el Dios de la vida y del universo… Todo ello va llenando de riqueza, poco a poco, nuestro mundo interior y nos ayuda a entrar en él cada vez con más asiduidad, con más ganas, sin ningún tipo de temor.

Adán se sintió en plenitud como persona cuando descubrió y se relacionó con Eva;pues no somos sino con el otro. «Somos el sueño de alguien y estamos llamados a engendrar a alguien con nuestro mejor sueño» (José Arregi). Por lo tanto, una soledad o es fecunda o no es una soledad sana, pues no nos aísla en lo profundo del yo egoísta e insociable, sino que nos abre, nos ayuda a dilatar nuestra experiencia existencial junto a los demás, repleta de nombres y de presencias gozosas que nos invitan a vivir una existencia feliz.

Muchas veces nos sentiremos dichosos por estar compartiendo, en medio de una multitud, distintas experiencias: un concierto de música, una película, un homenaje, una reclamación justa. Junto a los demás nos sentiremos unidos a tanta bondad, a tantas esperanzas e ilusiones como compartimos con los otros. O también solidarios, con el dolor, la derrota, la desilusión, la merma de los derechos, la pobreza o la injusticia. Y, a la vez, nos encontraremos solos, gozando de «la música callada, la soledad sonora… que recrea y enamora» (San Juan de la Cruz).

«Felices quienes reciben el don de la soledad en donde resuenan todos los ecos, desde el inicio del universo».

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Soledad

martes, 17 de septiembre de 2024
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«La peor soledad es no estar cómodo contigo mismo».

*

Mark Twain

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Soledad y Sociedad

miércoles, 29 de mayo de 2024
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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 «Para Thomas Merton, un hombre que no acepta su condición básica de soledad, esto es, que no se cuestiona su identidad última, es un hombre atrapado en las ficciones colectivas de la sociedad, alguien que responde mecánicamente a dictados ajenos, sobre los que no tiene conciencia ni sobre los que puede ejercer su libertad, en suma, un individuo «alienado«, en el sentido que confieren a ese calificativo los filósofos existencialistas…. Es en el ámbito del amor, sostiene Merton, donde se resuelve la elección paradójica entre soledad y sociedad. La soledad interior es el requisito básico para el encuentro con Dios, y Dios es Amor«.

*

Fernando Beltrán Llavador

La encendida memoria: aproximación a Thomas Merton

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Racimos

jueves, 21 de marzo de 2024
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Del blog Nova Bella:

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La vida nos viene en pequeños racimos: un racimo de soledad, y luego otro racimo que apenas nos deja tiempo para respirar.

*

May Sarton

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Mentiras

martes, 18 de julio de 2023
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Del blog Nova Bella:

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Más tarde estoy solo. Queda

la dulce compañía

de las luminosas e ingenuas mentiras.

*

Sandro Penna

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«Soledad que hiere, soledad que sana», por José Arregi

jueves, 18 de mayo de 2023
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desiertoDe su blog Umbrales de Luz:

Cuando los compañeros organizadores de este ciclo sobre “espiritualidad y sufrimiento” me propusieron hablar sobre soledad y sufrimiento, lo primero que pensé–como me ocurre con frecuencia– fue en la ambigüedad de los términos, del término soledad en este caso, y en la necesidad de aclararlos. Por ahí empezaré.

Hay una soledad que nos hiere de muerte.“Vae soli!”, “Ay del solo”, dice el adagio latino, extraído de un versículo del sabio bíblico Kohelet: “Ay del solo si cae: no tiene quien lo levante” (Kohelet 4,10). Es verdad: pobre del que camina solo por el monte y cae. Pero ¿no es aun más pobre el que, yendo en compañía, es derribado y abandonado por sus propios compañeros? ¿Y no es también más pobre quien, por la razón que fuere, se va apartando de toda compañía y se va hundiendo hasta la muerte? En definitiva, la “soledad que hiere” es siempre la soledad del aislamiento.

El término soledad expresa también, sin embargo, justo lo contrario del aislamiento, a saber: la absoluta solidaridad que nos constituye, la plena comunión que somos en lo más profundo. A eso llamo “la soledad que sana” y hace vivir. No sé si es muy oportuno que designemos con el mismo término –soledad– cosas tan opuestas y a la vez tan fundamentales, pero así es nuestro lenguaje.

Así nos sucede igualmente con el término “espiritualidad”, que todavía sigue sonando a introspección insolidaria, a interioridad solipsista y apolítica. En estas reflexiones, quiero reivindicar, por el contrario, la espiritualidad como experiencia vital profunda, inseparablemente individual y política, sanadora de las soledades que nos hieren. Y voy a señalar algunos elementos fundamentales de la espiritualidad como soledad-solidaridad sanadora, algunos hitos del camino de la soledad-solidaridad que lleva a la sanación de la soledad-aislamiento.

  1. Mirar con compasión a las caídas en soledad

Junto con la guerra y el hambre y sus terribles secuelas, en este mundo hiperconectado y globalizado, en este mundo de redes y metaversos, la soledad es una de las grandes causas del sufrimiento de los seres humanos.

El panorama es planetario y terrible, y más presente y evidente que nunca en esta era de la digitalización y de la globalización planetaria: la soledad del niño mal querido o abandonado, la soledad de la adolescente que necesita romper su dependencia y no acaba de encontrarse a sí misma, la soledad de quien no llega a querer ni a sentirse querido, la soledad de la familia desahuciada de su casa, la soledad de quien pierde su trabajo y con el trabajo pierde el pan de hoy y de mañana para sí y las suyas, la soledad de las expulsadas de su tierra y de su pueblo por el hambre o por la guerra, la soledad de los enfermos olvidados, la soledad de los deprimidos, la soledad de las ancianas, la soledad de los prisioneros, la terrible soledad de una patera abarrotada y abandonada a su desgracia en medio del mar… La soledad, la soledad, la soledad. Multitudes sin un lugar para vivir en un mundo común.

La soledad hiere hoy más que nunca. Hace unos días, Nuria Larari publicaba un artículo titulado “Me siento más sola que nunca (en la historia de la humanidad)”. Decía, por ejemplo: “Las relaciones se han vuelto más líquidas entre nosotros y más difusas. La ciudad primero e Internet después se convirtieron en auténticas trituradoras de los lazos que nos unían a los demás” (Diario EL PAÍS, 25 de marzo de 2023).

No podemos desviar la mirada y pasar de largo, con toda clase de excusas, como el sacerdote y el levita de la parábola del Buen Samaritano, uno de los relatos más interpelantes, provocadores y conmovedores de la literatura universal. El caminante solitario asaltado y abandonado al borde del camino desmantela todos los argumentos justificadores de este desorden planetario creciente. La soledad y el desamparo de la abandonada grita a nuestros oídos: Quien no se hace prójimo se hace cómplice, y el cómplice pierde su aliento vital.

La primera expresión de la espiritualidad, religiosa o no, consiste en abrirnos con todos nuestros sentidos a esas soledades que hieren: mirar, escuchar, tocar, oler, sentir el sabor de su amargura. Padecer como propia esa soledad hiriente, que las entrañas del ser se remuevan ante el grito de la humanidad caída y de la Tierra amenazada: somos esa humanidad caída, somos esa Tierra desgarrada, somos la madre parturienta y el niño recién nacido de la barca de madera abandonada entre el oleaje.

Esa mirada-sensibilidad integral hecha de compasión es el primer criterio de la espiritualidad: su signo inconfundible y su medida más certera. Nuestra especie humana, y toda esta comunidad viviente de la que formamos parte en nuestro planeta común Tierra, solo tendrá salvación si desarrollamos la sensibilidad espiritual, personal y política, si nos dejamos convocar todos juntos a formar una ola de relaciones globales sanadoras, un tsunami salvador.

  1. Discernir las causas de la soledad que hiere

Quien mira con compasión espiritual no puede sino preguntarse por qué sufre esa persona o ese colectivo al que ve sufrir. “El amor consiste en preguntarle a otro: ¿qué te duele?”, escribió Simone Weil. ¿Por qué sufre la persona que está sola? ¿Por qué la soledad es una de las grandes causas del sufrimiento humano? ¿Sufre acaso por estar físicamente solo? ¿O solo por pensar distinto? ¿O por ser diferente (en su cuerpo, su psicología, su orientación sexual, su opción política, su origen étnico, su creencia o su pertenencia religiosa)?

La mirada espiritual es mirada compasiva, pero la auténtica compasión es lúcida, crítica y activa. La mirada espiritual se pregunta por qué la soledad hiere, por qué tanta gente cae sola y no puede levantarse, por qué se dan todas esas situaciones de sufrimiento mortal en soledad.

Al igual que no por tener más relaciones vivimos más acompañados, tampoco por vivir físicamente solos tenemos por qué sufrir: un 10,4 % de los ciudadanos del Estado Español viven solos, y un 25 % de las casas están habitadas por una sola persona, pero eso a veces es un lujo que para sí quisiera mucha gente que vive sin casa donde estar a solas. Y la peor de las desgracias, peor aun que vivir solo en la calle, puede ser vivir en una casa siendo humillada y maltratada por el compañero. Lo mismo se podría aplicar a tantas otras situaciones de soledad aparente.

Si miramos bien, descubrimos que el sufrimiento de la soledad, la soledad que hiere, no se da por la mera soledad (física, psicológica, política, étnica, religiosa, etc., sino más bien por el aislamiento. Las situaciones de soledad no hieren por la soledad sin más, sino por el aislamiento que las provoca. Y el aislamiento puede deberse a que un individuo o un colectivo se aísla a sí mismo, o a que es aislado por otro o por otros, por la sociedad, el partido, o la institución eclesial, o el Estado o la Comunidad internacional.

El ser humano no es un ser aislado. Cuando Buda dijo que “el ser humano nace solo, vive solo y, muere solo” se refería a la soledad psíquica ilusoria del ego ilusorio. Tiene razón Buda en que la mente humana se engaña cuando fabrica su ego aislado y su autoaislamiento, pero tal vez descuida demasiado la dimensión estructural y política del aislamiento. Ambos (el autoaislamiento mental individual y el aislamiento estructural socio-político) están siempre, sin excepción, inseparablemente relacionados entre sí. Me aíslo porque me aíslan y me aíslan porque me aíslo. Y, sin duda, el factor más palmario y determinante es el aislamiento estructural socio-político. Lo que hunde a un emigrante no es tanto que se encuentre solo, sino que no encuentre a quien le acoja, le socorra, le ayude a integrarse en una nueva sociedad. La desgracia de una persona LGTBIQ+ no es ser como es, sino ser marginado, humillado, abandonado.

La soledad hiere cuando a alguien se le rompen sus relaciones fundantes, cuando se van disolviendo los vínculos que le construyen en su ser profundo, cuando se ve privado de las relaciones que le constituyen. En esa disolución de las relaciones constitutivas consiste el aislamiento. Y esa es la soledad que hiere y duele. El aislamiento destruye la relación, y nos lleva a morir en lo más vivo de nosotros, pues para ser nosotros necesitamos esencialmente el reconocimiento, la aceptación, el afecto de otros. La soledad del aislamiento nos destruye en nuestras raíces, nuestros vínculos nutritivos, nuestra estima y dignidad, nuestra fe y amor de nosotros mismos, nuestro aliento vital, nuestro respiro y esperanza. El aislamiento nos enferma, porque no hay salud física ni psíquica sin relaciones sanas, armoniosas. El aislamiento nos impide respirar, nos hace experimentar la muerte espiritual, porque el espíritu es relación, como la respiración. El aislamiento puede llevar a morirnos físicamente, porque la vida – desde su forma más elemental a la más compleja– se deriva de la relación, de una estructura de relaciones armoniosas.

Hay soledades que hieren, del mismo modo que hay compañías o comunidades que destruyen. De modo que el aislamiento se da tanto en forma de soledad como en forma de compañía. Y puede mucho más doloroso sentirse aislado viviendo en compañía que viviendo solo.

Nadie se siente herido en su soledad si no es aislado ni se aísla. Nadie sufre sin más por ser distinto o hallarse solo, sino por ser separado, abandonado, condenado. En realidad, como luego insistiré, nada está constitutivamente “solo”. Todos los seres son, sí, formas con identidad propia, pero cada forma se constituye a partir de la relación con el universo entero. Así es también entre nosotros, los seres humanos. Nadie está o debería sentirse de por sí aislado, por solo que se halle, pues somos individuos convivientes en comunión profunda con todo. Sin embargo, tanto la relación misma como la armonía entre identidad y relación son, en nuestra especie, más compleja y conflictiva que en ninguna de las otras especies animales conocidas.

¿Qué le pasa a esta especie humana que es capaz de tanta ternura, compasión y empatía, pero capaz también de tanto autoaislamiento suicida y de tanto aislamiento cruel de los demás? No puedo pensar que sea por maldad: nadie aísla a nadie por libre voluntad consciente, sino por falta de verdadera voluntad y de verdadera libertad. Ni podemos pensar, obviamente, como tantas culturas y religiones antiguas pensaron y muchos siguen aún pensando: que nos aislamos y matamos unos a otros por la caída de unos primeros padres de la humanidad que habrían transmitido a toda su descendencia su culpa con sus consecuencias. Y menos podemos pensar que estas consecuencias sean debidas a que habríamos sido expulsados de un paraíso originario por un “Dios” supremo castigador. Vivimos aislados y nos aislamos mutuamente porque estamos inacabados, porque estamos insuficientemente evolucionados, porque aún no hemos llegado a ser lo que somos en el fondo o podemos ser. Pero está en nuestras manos. “Tú puedes”, dice Dios a Caín en el mito bíblico. Tú puedes ser más plenamente tú siendo más plenamente hermano, hermana, de tu hermano.

  1. Acompañar a las personas aisladas

Vuelvo a la parábola del Buen Samaritano, una parábola de la violencia que hiere al mundo y de la projimidad que lo sana, un relato inspirado por el espíritu universal de la compasión subversiva: un samaritano, tachado de hereje o pagano por la religión dominante, “que iba de viaje”, llega junto al herido abandonado, lo ve, siente compasión, se acerca y le venda las heridas después de habérselas curado con aceite y y vino, lo monta en su cabalgadura, lo lleva a un mesón y cuida de él (cf. Evangelio de Lucas 10,33-34).

Todo está dicho. El “hombre que bajaba de Jerusalén a Jericó”, que “cayó en manos de los salteadores”, “que, después de desnudarlo y golpearlo sin piedad, se alejaron dejándolo medio muerto”, ese hombre solo es muchedumbre, eres también tú, soy también yo. El sacerdote y el levita del templo que, al verlo, no lo miran ni se acercan, sino que “se desvían y pasan de largo”, ese sacerdote y ese levita son los poderosos, los poderes fácticos, y tanta gente normal que hace su vida y se inhibe porque no sabe o porque no quiere, ese sacerdote y ese levita también eres tú, soy también yo. Apartamos la mirada, damos mil rodeos, pasamos de largo.

Y el samaritano que ve y siente compasión, que se acerca, se hace próximo, prójimo, hermano, que se hace cargo, se encarga del herido y carga con él, esa samaritana puedes ser, eres también tú, y yo, y todas, todos. Todas somos caminantes, vamos de viaje como él, y en el camino nos encontramos con personas heridas, aisladas, abandonadas por personas o por sistemas, por personas y sistemas a la vez.

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No estoy yo solo.

miércoles, 21 de diciembre de 2022
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Tras el temblor opaco de las lágrimas,
no estoy yo solo.
Tras el profundo velo de mi sangre,
no estoy yo solo.

Tras la primera música del día,
no estoy yo solo.
Tras la postrera luz de las montañas,
no estoy yo solo.

Tras el estéril gozo de las horas,
no estoy yo solo.
Tras el augurio helado del espejo,
no estoy yo solo.

No estoy yo solo; me acompaña, en vela,
la pura eternidad de cuanto amo.
Vivimos junto a Dios eternamente.

*

Vísperas, Jueves de la II semana del Tiempo Ordinario

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Soledad

martes, 11 de octubre de 2022
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Del blog Nova Bella:

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Yo no sé de pájaros,

no conozco la historia del fuego,

pero creo que mi soledad debería tener alas.

*

Alexandra Pizarnick

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De soledades

miércoles, 3 de agosto de 2022
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La soledad es bella si guardas en tu bolsillo la llave de salida, si hay una mano, un oído, un corazón cercanos cuando comienza a pesar. La soledad es bella, cuando se busca, cuando constituye paréntesis, estación de tránsito, no determinación de por vida.

La soledad espiritual es sencillamente un imposible, pues siempre podemos sentirnos acompañados, la física es otro cantar. La soledad física es bella cuando hay que alumbrar una novela, componer una sinfonía o reproducir un paisaje sublime. La soledad es buena para buscar a Dios Creador/a, para tú también crear en tu limitada esfera. Puede ser buena para comer despacio, meditar tranquilo y caminar prudente, para reír y para llorar sin que nadie se deba enterar.

Nada escapa a la ley divina. Sólo recogemos lo que sembramos. La soledad forzada, la que no se busca expresamente, la va amurallando el egoísmo, el recurrente pensar en exceso en nosotros mismos. Un día resulta que los muros están ya levantados y habrá que pensar quién los cementó.

A Dios gracias, hay nuevas oportunidades para no buscar, si es caso arrinconar, los tristes ladrillos del individualismo; para cultivar con afán e ilusión el encuentro, la mutua ayuda, la cooperación, el compartir. He ahí los valores garantes de compañía y por ende de la felicidad.

*

Koldo Aldai Agirretxe

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Soledad de los abandonados. Sábado Santo: El Cristo de la Soledad

sábado, 16 de abril de 2022
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Del blog de Xabier Pikaza:

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Con todos los solitarios, abandonados del mundo

En esta Semana Santa se han alzado y han desfilado por iglesias y calles muchas imágenes de Cristo y de su Madre. La más impresionante acaba siendo la imagen y cofradía de la soledad, pues de ella somos todos, queramos o no, hombres y mujeres solitarios, al fin solos, ante Dios y ante la muerte, ante nosotros mismos.

   Solitarios con Jesús, ante la vida, ante el amor, ante la muerte. Eso es lo que somos. Soledad al fin, pero soledad acompañada por Jesús, el Solitario de Dios y de los hombres.

Soledad de soledades, todo es soledad 

Hay una soledad primera de impotencia o miedo,propia de personas con dificultades afectivas y/o psicológicas y familiares, soledad de los abandonados a sí mismo,  como el Cristo que grita desde la Cruz “Dios mío ¿por qué me has abandonado?” y así muere solo, en el silencio de la tarde oscura.

Hay una soledad segunda, de marginados y crucificados,de aquellos que no pueden compartir la vida con los otros, porque les rechazan, por razones económicas, sociales…  (por raza, por clase social o por emigración).  Es la soledad de los que emigran por todos los caminos sin camino, pues no llevan a ninguna parte, acabando así ante muros cerrados, ante vallas encendidas de muerte, rechazados por ricos  que se encuentran todavía más solos detrás de los muros que han alzado, porque tienen miedo de sí mismos y miedo de los otros.

Hay una soledad tercera, propia de personas que se aíslan en su propio autismo, por culpa propia o por culpa de los otros, por rechazo afectivo, por envidia y egoísmo personal o por enfermedad… pues la enfermedad suprema es la de estar solos, con sus propias máquinas de miedo y diversión desnuda entre las manos, sin un trozo de pan de amor propio o de amor ajeno alimentarse…

Y está al fin, en el centro de todas, este sábado Santo, sábado de soledad, la Soledad del Cristo de Dios, que es el Cristo de todas las soledades… Hoy quedamos ante él y con en silencio. Como meditación en el silencio quiero ir desgranando unas palabras… Queden aquí los que entiendan con Jesús de soledades, y los que no entiendan, que somos la mayoría. Sigan leyendo los que a pesar de todo pueden y quieren seguir pensando.

Jesús, experto en soledades. La agonía de la soledad

La soledad de Jesús fue ante todo una soledad agónica, la agonía de un hombre que quiso ser presencia y compañía de Dios para todos, y que al fin quedó a solas en la cruz, ante su Dios y ante su amor, que era los hombres, como declara el Evangelio de Juan, cuando empieza diciendo que vino a los suyos y los suyos no le recibieron (Jn 1, 11‒13).

       Fue llamando a muchas puertas, y todas al fin se cerraron ante su llamada. Y por eso le sacaron fuera de la ciudad, para condenarle a la muerte más solitaria de todas, en una cruz, con otros dos condenados… sin más compañía que una mujeres mirándole a lo lejos, desnudo, totalmente desnudo, porque habían subastado sus ropas, para que le vieran así, el hombre del amor frustrado.

Esta fue una soledad agónica, es decir, de agonía, que significa lucha, agôn, entrega de la vida por un amor más alto, pasión de amor abierto hacia todos. La soledad más profunda implica siempre un tipo de esfuerzo,  de purificación, de vencimiento radical de sí mismo, de ofrenda de la vida en manos del misterio de Dios y de los otros. Es una soledad para la compañía. Una soledad en la manos de Dios, para así compartirlo todo y morir amor con otros.

       Y en soledad de amor murió Jesús, dándolo todo, dándose del toro, en manos de Dios que son las manos de los hombres, aguardando una respuesta de amor… Pero en el trance final de la Calavera Dios quedó callado, y callados los hombres, que no respondieron a su amor, y le dejaron como nació, desnudo, pero desnudo para morir, clavado a la cruz de su propia soledad, con unas mujeres llorando a lo lejos por su amor abandonado. , brota un lugar para el encuentro de Dios como Señor que resucita, como todo en todos

Todo empezó al fin en el Huerto de la Soledad  

greco200 Tenía que haber sido huerto de amor con los suyos, bajo la sombra amorosa de los grandes olivos… Pero el huerto se convirtió en soledad, con un ángel que logró ver el Greco, pero que Jesús no veía.

En el momento clave de su despedida, en la noche de sus bodas, Jesús entró en el huerto de la prensa del olivo (Getsemaní), para ser allí prensado por el abandono de todos. Necesitaba compañía y la pide a los amigos. En unión con ellos se sitúa ante el misterio: «Abba, Padre, tú lo puedes todo; aparte de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya» (Me 14, 36 y par). Ruega con dolor, con lágrimas de sangre, como añade el evangelio de Lucas, en una glosa muy significativa (Le 22, 43-44), pero nadie le responde; sus amigos duermen, Dios está callado.

       Vuelve pidiendo ayuda a los suyos y los encuentra más dormidos que antes, por el peso de la tristeza y la impotencia, quizá por miedo, cada uno con su sueño baldío, a la sombre de noche de los viejos olivos. Y Jesús de nuevo en la oración, absoluta­mente solo, sin ningún apoyo humano, sin recuerdo ni belleza en que fundarse. Pide compañía y no la obtiene, quiere llenar su soledad de amor y no le atienden. El Dios a quien invoca como Padre no le saca de la prueba, sino que le introduce más profundamente en ella, como sosteniéndole en la marcha de la muerte. En ese contexto se entiende la palabra clave de la Cruz: «¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?» (Me 15, 34).

No podemos comprender esta soledad abandonada de Jesús, a quien todos condenan, a excepción de unas mujeres que miran de lejos, y así le acompañan en el alma, pero en soledad… mientras destruyen su vida los que hacen guardia de muerte ante su cruz de moribundo. Pues bien, en un sentido, debemos añadir que tampoco Jesús, Hijo de Dios, entiende en un primer nivel su soledad y por eso pregunta a Dios: ¿Por qué me has abandonado?

Evidentemente, en un sentido, Dios le ha dejado sólo, pues parece que no cumple su promesa de Reino, de tal forma que él (Jesús) tiene que morir sin haber logrado (en un sentido externo) aquello que Dios le había prometido en el bautismo, al decirle “tú eres mi Hijo el predilecto”. Y así, como predilecto de Dios muere, abandonado al parecer del mismo Dios, gritando desde la cruz (¿por qué me has abandonado?), abandonado de todos, con la pura mirada de unas queridas mujeres… que son el amor de Dios que le mira y acompaña.

En ese camino de soledades, mientras pregunta a Dios, en la Vía Dolorosa que va del Huerto de la Prensa de los los Olivos a la Cruz del Calvario, sobre el monte de la “calavera desnuda” (que eso significa Calvario, una “calva” de Dios en la tierra), Jesús va descubriendo que ese abandono y soledad pertenece al camino que Dios le ha encomendado, para al anunciar el Reino a los pobres y expulsados, a todos los solitarios y crucificados de la historia. Jesús ha muerto al fin como él mismo lo había buscado en el fondo, como mueren los rechazados de la tierra.

Soledad de abandonado: «Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?»

          Detalle La tradición de Mc 15, 37 y Mt 27, 46 dice que Jesús murió así, dando un gran grito de soledad final y de protesta‒llamada de amor, que los evangelistas interpretaron con las palabras de Sal 22, 2 como invocación y pregunta dirigida a Dios (¿por qué me has abandonado?). Ésta es la cuestión final de la Semana Santa: ¿A quién llamó Jesús cuando moría? ¿Con quién dialogó, presentándole su angustia?

Muchos exegetas han supuesto que el grito de fondo de Jesús y las interpretaciones posteriores han sido una creación de la iglesia (pues los crucificados mueren por asfixia y no pueden gritar), añadiendo que todo el pasaje ha sido una construcción simbólica para vincular la muerte de Jesús con el fin del mundo (así escuchamos voces en Ap 4, 1; 5, 2; 8, 13 etc.; cf. también Mc 1, 11).

En contra de eso, debemos afirmar que el recuerdo de ese grito evoca un hecho histórico, es decir, la última gran voz de Jesús, pidiendo amor a Dios y a los hombres, porque al decir Dios mío Jesús está diciendo: Mis amigos todos ¿por qué me habéis abandonado?

‒ Jesús llama a Elías, es decir, nos llama a nosotros desde su soledad. La pregunta clave es a quién llama Jesús desde su soledad, a Dios o a sus amigos, simbolizados todos por Elías. Esta empieza siendo una pregunta filológica. Jesús dice algo así como Elohi,   (que sería mi Dios, en arameo) o como Eli (mi Dios, en hebreo o en arameo hebraizado). Significativamente, ambas palabras pueden entenderse como Elías (Eliya), que significa Dios, que significa todos mis amigos…

 historia jesús 45   A todos sus amigos llama Jesús desde la cruz, nos llama a todos, preguntando por qué le hemos abandonamos, por qué abandonamos en manos de la muerte (o matamos) a todos los condenados de  Auschwitz o de los campos de concentración y cruz de la tierra entera, a los niños hambrientos, a los encerrados tras los muros de la tierra entera.

– Pero, llamando a sus amigos, a todos nosotros, Jesús llama a Dios,que es el Dios de todos, gritándole desde el Calvario. Está culminando el tiempo de su vida, y ahora parece que Dios ha desviado el rostro, dejando así en abandono y dolor al Cristo agonizante que le invoca. El pretendido Cristo” que así grita no podía ser Hijo de Dios (como habían dicho los sacerdotes de Mt 27, 40). Ciertamente, no ese ese Hijo de Dios en potencia de muerte, sino el Hijo de Dios verdadero, el que hace suyo el camino de muerte de la historia de los pobres, gritando desde la Cruz a Dios, es decir, a todos los hombres.

‒ ¿Por qué me has abandonado? (Mt 27, 46) El grito de Jesús es una llamada al Dios que puede liberarle de la muerte o, mejor dicho, explicarle el “por qué” de esa muerte. Entendido así, ese grito constituye una confesión de fe, en la línea del Sal 22, 2, que Jesús está citado. La palabra “por qué” (con,, lemá,  transcripción griega del arameo lema’,   que el texto griego traduce por  inatí,  puede tener dos sentidos: (a) Esa palabra puede insistir en el abandono en cuanto tal, sin más razones: ¿cómo puede Dios abandonar a su enviado? (b) Pero ella puede preguntar, más bien, por la razón del abandono: ¿por qué causa, con qué fin le ha desamparado Dios?

Esta pregunta ha de entenderse a la luz de la acusación y condena de los transeúntes, sacerdotes y bandidos de Mt 27, 38-44, que no preguntaban “por qué”, ni razonaban, sino que simplemente condenaban a Jesús, sin ningún tipo de justificación. Ahora, Jesús recoge la acusación de sus enemigos y, de esa forma, desde su situación de mesías externamente fracasado, pregunta a Dios: ¿Por qué?

       Sin duda, la “culpa” inmediata la tienen los sacerdotes que le han acusado, y Pilato que le ha condenado a muerte. Pero la “causa” o razón última de su muerte en cruz es Dios. Por eso le pregunta en arameo transliterado en griego ¿por qué  sabakhthani, en  hebreo ‘azabtani,  me has abandonado? No rechaza ni condena a Dios (pero tampoco se condena a sí mismo, diciendo ¡he pecado!), sino que pregunta… elevando su pregunta a todos los que abandonan a los otros. 

       En un contexto como el suyo, un tipo de hombre “normal” no preguntaría, sino que protestaría contra Dios, es decir, le acusaría, o (más bien) confesaría su pecado. Pero Jesús no protesta, ni se confiesa pecador, sino que pregunta, como si fuera necesario superar un plano de razonamientos y causas para descubrir a Dios en su abandono y muerte… y descubrir al mismo tiempo el “abandono” de los hombres: ¿Por qué se abandonan y matan unos a  los otros? Leer más…

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La soledad es una madre severa

sábado, 12 de marzo de 2022
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Del blog Amigos de Thomas Merton:

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 «Cada vez veo más claramente que con la soledad no se juega: es extremadamente seria. Y pese a lo mucho que la he deseado, no he sido lo bastante serio. No basta con que «guste la soledad«, ni siquiera con amarla. Incluso aunque te «guste«, puede destrozarte, creo yo, si la deseas únicamente por tu propio bien. De manera que sigo adelante… pero con miedo y temblando, y frecuentemente con una sensación de estar perdido, y tratando de tener cuidado con lo que hago, porque estoy empezando a darme cuenta de que cada paso en falso se paga muy caro. Por ello vuelvo a la oración, o intento hacerlo. Sin embargo, no importa, porque hay gran belleza y paz en esta vida de silencio y vacío. Pero perder el tiempo tontamente provoca una terrible desolación. Cuando se pierde el tiempo, incluso la belleza de la vida solitaria se vuelve implacable. La soledad es una madre severa que no tolera tonterías. Surge esta pregunta: ¿estoy tan lleno de tonterías como para que me arroje fuera? Ruego que no, y creo que ello va a necesitar mucha oración».

*

Thomas Merton,
Diarios

(26 de febrero de 1965)

***

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Soledad

miércoles, 17 de noviembre de 2021
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Del blog Otro Mundo es posible:

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Camino por este mundo nuestro,
con la soledad a cuestas, sintiéndola
profundamente mía, intransferible,
como una segunda piel.

Soledad trenzada por finos hilos
en la paciente red del silencio,
soledad en medio de las masas,
soledad colmada de misterios.

Soledades que abrasan
llegan hasta mi más íntimo centro,
soledad poblada de vientos,
soledad habitada por cientos.

Soledad deseada, irresistible,
a veces dolorosa, impasible,
soledad para crecer desde dentro,
soledad en busca del tesoro encubierto.

Soledad del ser vulnerable y eterno,
que muestra sus manos vacías,
soledad agradecida por el don de la vida,
soledad dichosa tras sus aciertos.

Soledad como una cálida morada,
luz dentro de otra luz mayor en su seno.
Soledad de ausencias, distancias,
soledad como antesala de su infierno.

Soledad abierta a la silente palabra,
al sonido de la brisa, al viento.
Soledad repleta de clamores,
soledad para el callado sosiego.

Soledad que se deja acompañar
por la soledad de la sombra amada,
soledad inflamada por la pasión y su secreto,
soledad que será, al fin, nuestro más íntimo desvelo.

*

Miguel Ángel Mesa

Religión Digital, 04.11.2021

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