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Esencia intacta

Miércoles, 16 de octubre de 2019

Del blog Nova Bella:

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No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.
No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.
No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.
Pase lo que pase nuestra esencia está intacta”

*

Walt Whitman

***

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No te detengas

Viernes, 9 de diciembre de 2016

Walt Whitman fue un maestro de la lírica de verso libre, polémico y con una intensa vida a sus espaldas en la que trabajó como poeta, enfermero voluntario, ensayista, periodista y humanista estadounidense. Además de ser considerado uno de los escritores más influyentes de Estados Unidos, el autor sufrió censura y fue criticado en su tiempo por la abierta sexualidad que desprendían los contenidos de su libro Hojas de hierba, calificado en su época como obsceno y pornográfico por contener referencias explícitas a la homosexualidad o bisexualidad del escritor.

La poesía de Whitman está encarnada por los elementos cotidianos como una expresión de lo eterno. Entre sus versos se cuelan el hombre, el cuerpo, el sexo, la religión, los animales o la geografía. La actitud predominante en su obra es de euforia y alegría. Su objetivo era dar dignidad a todas las cosas, por lo que se opuso firmemente a la pena de muerte y la esclavitud. Sin él, la poesía moderna estaría huérfana y carente de vivacidad. Por eso compartimos “No te detengas“, una bellísima obra para mejor conocer a este hombre genial:

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No te detengas
No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,
sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.
No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,
que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.
No dejes de creer que las palabras y las poesías
sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.
Somos seres llenos de pasión.
La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,
nos enseña,
nos convierte en protagonistas
de nuestra propia historia.
Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:
Tu puedes aportar una estrofa.
No dejes nunca de soñar,
porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:
el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.
No te resignes.
Huye.
“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.
Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,
pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.
Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.
Las experiencias de quienes nos precedieron
de nuestros “poetas muertos”,
te ayudan a caminar por la vida
La sociedad de hoy somos nosotros:
Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas …

*

Walt Whitman
(1819-1892)

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***

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En este momento, anhelante y pensativo

Jueves, 24 de noviembre de 2016

centros-en-el-mundoMaría teresa Sánchez Carmona
Sevilla

ECLESALIA, 11/11/16.- El problema no es Trump: irracionales potencialmente destructivos los hubo y los habrá siempre. El problema son los miles de personas que creen en los valores que él representa. Los que privilegian el capitalismo, la xenofobia, la desconfianza y sus propios intereses en detrimento del bien común. Los que apelan al brexit, el blindaje de fronteras y el separatismo. Los que se entregan a cualquier tipo de radicalismo. Los que piensan que el drama de los refugiados no va con ellos. Los que violan (en Colombia o en Pamplona) porque saben que su crimen quedará impune. Los que agreden a otros en cualquiera de las mil formas posibles (pensamos en asesinatos, pero la violencia empieza por gritar lleno de furia al que va en el coche de al lado).

El problema no es “la cabeza visible” de esa que queremos llamar “la primera potencia del mundo” (y seguimos en este juego donde sólo prima lo económico). El problema son todas las otras cabezas: las que carecen de educación y criterio propio, las que no ven/no quieren ver cómo se repite la Historia, las que lanzan la piedra en cualquier foro de internet para luego esconder la cabeza…

No sé cómo hemos llegado a esta situación. Habrá quien acalle su conciencia diciendo que vivimos/sufrimos el legado que nos dejaron nuestros padres y las generaciones anteriores. No interesa. Los que estamos ahora tenemos la ineludible misión de vivir y educar en conciencia. Vivir y educar en conciencia. A nuestros hijos. A los hijos de nuestros amigos. Al vecino. Al animal incívico que nos cruzamos por la calle.

Porque no es una cuestión de credo político: de rechazar a un candidato en virtud de otro que encarna, o no, un dechado de virtudes. El problema es avalar una serie de comportamientos que no caben en el marco de la civilización (sea en Irak, EEUU o Corea), y dejar que corran y acarreen consecuencias. Es la mediocridad de todos los días, el miedo paleolítico al otro, la precariedad material, pero también de valores y de amor, la imperdonable indiferencia ante la desdicha de los demás (que, no cabe la menor duda, acaba por ser la nuestra). Tenemos lo que tenemos: lo que ha ocurrido en las urnas es apenas el reflejo de este “pan nuestro de cada día”. Es un espejo y una bofetada a nosotros mismos. Porque ya basta de “quejarse y tragar”, o acabaremos dando este mismo alimento a quienes vengan después de nosotros. Sencillamente porque se puede dar a otros lo que no se tiene. ¿Nos acusaran las próximas generaciones de no haber hecho nada por mejorar lo recibido?

No, no hablamos de Trump ni de los Estados Unidos de Norteamérica: hablamos de la Humanidad. Y, repito, hoy más que nunca tenemos la ineludible misión de vivir y educar en conciencia. Resuenen con más fuerza que nunca los versos que escribiera el poeta Walt Whitman en su obra Hojas de hierba:

En este momento anhelante y pensativo, sentado a solas.
Me parece que en otras tierras hay otros hombres en otras tierras, anhelantes y pensativos,
me parece que puedo mirar a lo lejos y divisarlos en Alemania, Italia, Francia, España
– y más lejos aún, en China, o en Rusia, o en India – hablando otros dialectos;
y me parece que si me fuera posible conocer a estos hombres

Con ellos me uniría, como hago con los hombres de mi propia tierra,
¡oh! yo sé que seríamos hermanos y amantes,
yo sé que llegaría a ser feliz con ellos.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Escojamos la auténtica felicidad “, por José Carlos García Fajardo,

Jueves, 14 de abril de 2016

tumblr_nnjc97ygtt1sg130wo1_500Leído en la página web de Redes Cristianas

La búsqueda de la verdadera felicidad va más allá de la búsqueda de estímulos meramente placenteros. Se trata de un bienestar más completo y auténtico que procede de adentro.

Unida a todas las exigencias de nuestra época, la perspectiva de tomarse un tiempo cada día para dedicarlo a la meditación puede parecer una carga más. Pero estoy seguro, escribe Alan Wallace, de que la razón por la que mucha gente no encuentra tiempo para meditar no son las ocupaciones excesivas. El autor de tan hermosos libros como “El poder de la meditación para alcanzar el equilibrio”, del que Daniel Goleman declara que sintetiza la práctica y la convierte en un conjunto de ejercicios accesibles y atractivo, habla de “meditación” pero que no es lo que se entendía desde la Edad Media por lectio, meditatio et contemplatio, como la reflexión sobre lo leído o escuchado, sino que se trataría de estar atento a lo que haces o no haces, aquí y ahora, de respirar como conviene para caer en la cuenta de que la virtud más eminente es hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.

Como decía mi madre, “hay que estar a lo que estás”. No es cuánto más, mejor; sino cuanto mejor, más. Y mejor en el sentido de poner el corazón “y con los cinco sentidos”, añadía. Si hay  algo que hacemos todos los seres sentientes es respirar, desde el primer vagido hasta el último suspiro.

Todos estamos haciendo algo cada minuto del día, o hacer sin hacer, el wu wei de la sabiduría china. En qué ocupamos nuestros días es cuestión de prioridades. Por supuesto que es de sentido común priorizar la supervivencia, para garantizarnos suficiente comida, casa, ropa y asistencia médica, y que nuestros hijos puedan recibir una buena educación. Para utilizar una metáfora universitaria, las tareas que permiten todo eso son las “asignaturas básicas” y las demás son “optativas”. Estas dependen de nuestros valores.

Podemos creer que se trata de la búsqueda de la felicidad, de la plenitud o de una vida con sentido, porque como respondió André Malraux al General De Gaulle, “puede que la vida no tenga sentido pero tiene que tener sentido vivir”, aquí y ahora. Sea cual sea nuestro propósito vital, éste se centrará en las personas, las cosas, las circunstancias u otras cualidades más intangibles que nos proporcionan satisfacción… o que no tenemos más remedio que sacar adelante y entonces, más que nunca, no preguntarnos si nos gusta o no nos gusta lo que tenemos que hacer. Ya hace tiempo que vivimos y hemos buscado la felicidad durante décadas. Deténgase un momento, dice Wallace, y pregúntese: ¿cuánta satisfacción me ha proporcionado la vida hasta ahora?

Muchos de los grandes pensadores como san Agustín, William James, Whitman  o el Dalai Lama, han comentado que la búsqueda de la verdadera felicidad es el objetivo de la vida. Se refieren a algo más que a la búsqueda de estímulos meramente placenteros. Tratan de un bienestar más completo y auténtico que procede de adentro. Según no pocos especialistas la verdadera felicidad es síntoma de una mente equilibrada y sana, al igual que el bienestar físico es signo de un cuerpo sano. En nuestros días prevalece la idea de que el sufrimiento es inherente a la vida, de que experimentar la frustración, la depresión y la ansiedad forma parte de la naturaleza humana. Aunque la mayoría de las veces se confunde dolor, que es cosa del cuerpo, con sufrimiento, que es de la mente. Éste no conduce a nada mientras que el dolor nos alerta de una dolencia que, una vez detectada, se debe eliminar.

Es una aflicción  que no nos reporta ningún beneficio. A mis 18 años me dijo el Dr. Marañón que la misión del médico era acoger, escuchando; eliminar el dolor, una vez descubierta la causa y no interferir en el camino de la naturaleza para la curación.

En nuestra búsqueda de la felicidad, sostiene Wallace, es de vital importancia reconocer que son sólo muy pocas las cosas que controlamos en este mundo. Los demás, familia, amigos, compañeros de trabajo y extraños, se comportan como quieren, según sus ideas y objetivos. Del mismo modo, podemos hacer muy poco para controlar la economía, las relaciones internacionales o el medio ambiente en manos de intereses bastardos, oligopólicos y sectarios empeñados en ignorar lo que me empeño en denominar el arma más letal de destrucción masiva que es la explosión demográfica que, en menos de un siglo, nos llevó de unos 1.200 millones de habitantes del planeta a los casi tres mil setecientos millones de nuestros días.

De ahí que si basamos la búsqueda de la felicidad en nuestra capacidad de influencia sobre otras personas y el mundo en general, estaremos abocados al más estrepitoso fracaso. Nuestro primer acto de libertad debería ser una sabia elección de nuestras prioridades porque, como afirmaba el Buda Sakiamuni, quien sabe amarse a sí mismo, no hará daño al otro; mientras que el que no sabe amarse cómo podrá amar a los demás si nadie puede dar lo que no tiene.

José Carlos García Fajardo, Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
abr

Twitter: @GarciaFajardoJC

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La hora del despliegue

Jueves, 31 de marzo de 2016

amanecerCarolina Abarca
Córdoba (Argentina).

ECLESALIA, 28/03/16.- Quien alguna vez lo haya leído, sabe que el capítulo 3 del libro del Eclesiastés reza una enorme verdad: hay un tiempo para todo. Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir, un tiempo para plantar y un tiempo para cosechar, un tiempo para guardar y otro para desechar, un tiempo para intentar y un tiempo para desistir.

Se trata de un poema más largo que intento leer seguido ya que, en su gran sabiduría, apacienta el vértigo de mis ansiedades (que nunca son pocas). Lo he tenido especialmente presente en mis últimos meses en los que el común denominador ha sido el cambio. La punta visible del iceberg es un cambio laboral que estoy transitando, pero las raíces nacen profundas. Lo cierto es que hay decisiones que exteriorizamos de un momento a otro pero son fruto de procesos interiores que, más consciente o inconscientemente, hemos despertado hace tiempo y nos han traído hasta aquí.

La pregunta que viene protagonizando mis conversaciones con amigos y colegas es ¿Y por qué cambiar? Es curioso, porque la verdad es que me gustaba mucho mi trabajo. De hecho, más de uno me increpó sorprendido: “¿Es verdad que te vas? ¡Pero si se te veía tan feliz!”. Ocurre que a veces no hay nada “malo” con lo que estamos haciendo, pero sin entender demasiado bien por qué, hay algo adentro nuestro que nos empuja a salir… Alguno podría preguntarse: “Pero si estaba bien ¿para qué meterse en el lío de empezar algo nuevo?”. La respuesta que demos no podrá nunca ser del todo racional.

El psicólogo Abraham Mashlow explica muy bien esto que acabo de enunciar. Postula que las personas tomamos decisiones de dos maneras: por seguridad o por desarrollo. Las opciones de seguridad son absolutamente necesarias pero cuando el desarrollo viene, con miedo y todo, hace falta desplegar. Si bien las opciones de seguridad tienden a relacionarse con nuestro instinto de supervivencia, las decisiones que nos llevan al desarrollo no se explican tan racionalmente ya que nos sacan de nuestra zona de confort. Es por esto que, aunque nos parezca loco, encontramos resistencias y miedos a realizar opciones que sabemos, o al menos intuimos, nos llevarán a desplegar nuestra propia luz. Porque de eso se trata, el desarrollo nos lleva a desplegar nuestra esencia, eso que somos en verdad y que clama por salir.  A este miedo Mashlow lo llamó Complejo de Jonás, en alusión al personaje bíblico.

¿Quién es Jonás?

Cuenta la historia del Antiguo Testamento que Jonás era un hombre común y silvestre que un día recibe un llamado de Dios, quien le dice algo así: “Che Jonás, hay lío en Nínive, necesito que vayas y pongas un poco de orden ahí”. Ante esto, Jonás le responde sorprendido: “¿A mí me hablás?! ¡¿Yo, profeta?! Me parece que te estás equivocando de tipo! Ni siquiera sé hablar en público. No way, sorry, búscate otro”. Y lejos de partir a Nínive, toma el sentido contrario y se raja a un puerto en donde, literalmente, se ‘toma el buque’, huye. Estando en alta mar, se desata una tormenta tremenda y la tripulación teme que el barco se hunda. Rezando cada uno a sus dioses comienzan a preguntarse quién de ellos sería el causante de ese desastre, es allí cuando Jonás confiesa que por miedo ha desoído el llamado que Dios le ha hecho. Sabiendo esto, se ponen todos de acuerdo y lo tiran por la borda. Al caer al agua, Jonás es tragado por una ballena y permanece en su vientre tres días y tres noches hasta que, al cabo de ese tiempo, es vomitado por el gran pez en tierra seca. Estando allí, vuelve a sentir el llamado de Dios. Esta vez se anima y responde. Jonás termina convirtiéndose en un gran profeta.

Nuestro miedo a la luz

Nada mejor que la historia de Jonás para ver una realidad que no siempre es fácil de asumir: tenemos miedo a nuestros propios talentos. Tememos a nuestras máximas posibilidades tanto como a las más bajas. Nos asusta llegar a ser aquello que vislumbramos en nuestros mejores momentos. Estamos entrenados instintivamente para tomar decisiones por seguridad, pero cuando se trata del desarrollo a veces patinamos un poco, o peor, salimos disparados en sentido contrario, como Jonás. Esto nos conduce a donde no pertenecemos –lugares, situaciones o personas- y desata fuertes tormentas, a veces externas y otras veces interiores. Pero cuando sentimos que nos ahogamos encontramos una especie de refugio. El vientre de la ballena es justamente eso para Jonás: un lugar para reflexionar donde se siente a salvo y no corre riesgos, pero donde tampoco hay verdadera vida. En el siglo XXI al vientre del gran pez lo llamamos zona de confort.

Vuelvo entonces a la pregunta del principio. Si encontramos un lugar donde no corremos riesgos, donde nos sentimos cómodos ¿por qué cambiar? La respuesta es simple. Porque no hay otra posibilidad que la tristeza para quien se esconde de sus llamados. Esto no significa que sea fácil, pero dice Walt Whitman en uno de mis versos favoritos: “Aunque el viento sople en contra, la poderosa obra continúa: Tú puedes aportar una estrofa”. Reconocer y hacernos cargo de nuestra estrofa es también una forma de humildad. No es la obra completa, pero tampoco es solo un punto y coma. De manera simple y lúcida lo expresó Virginia Gawel en el taller en donde con generosidad me enseñó sobre esto: “No vinimos a ser un bonsái de nosotros mismos”, dijo, en referencia a la necesidad de desplegarnos y brillar con luz propia.

El punto entonces no está en no tener miedo. Hay un tiempo para todo. Aún para temer, para refugiarnos en el vientre del gran pez. Pero debemos saber que ese no es un lugar para vivir y que tarde o temprano, por decisión propia o no, seremos expulsados de allí. Cuando eso ocurra y nos encontremos todos despatarrados de nuevo en tierra seca, será tiempo de recordar que ha llegado la hora del despliegue. El llamado siempre se renueva para quien se atreve a escuchar y hay una certeza que debe llenarnos de coraje: no existe posibilidad de no-error. Será cuestión, entonces, de que cuando llegue la hora oportuna nos atrevamos a tomar la pluma y, con la libertad de quien se sabe no un gran maestro sino parte de un experimento, empezar a garabatear nuestra estrofa. Resulta que, con viento en contra y todo, no habrá otra que suene mejor.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Yo canto al cuerpo eléctrico / I sing the body electric

Jueves, 25 de febrero de 2016

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Yo canto al cuerpo eléctrico,
Me abrazan los ejércitos de quienes amo y yo los abrazo,

No han de soltarme hasta que yo vaya con ellos, hasta que les responda,
Hasta que yo los purifique y los colme con la carga de mi alma.

¿No es sabido que quienes corrompen su cuerpo están ocultándose?
¿Y quienes profanan a los vivos son tan viles como quienes profanan a los muertos?
¿Y que el cuerpo no vale menos que el alma?
¿Y si el cuerpo no fuese alma, qué es el alma?

El alma del cuerpo de un hombre o del cuerpo de una mujer no admite explicación,
El cuerpo del hombre es perfecto, y es perfecto el cuerpo de la mujer.

La expresión de la cara no admite explicación,
Pero la expresión de un hombre cabal
no sólo está en la cara,
Está también en los miembros y enlas coyunturas, está,
curiosamente, en las coyunturas
de sus caderas y de sus muñecas
Está en su andar, en el porte de su cuello,
en la flexión del talle y de las rodillas;
la ropa no la oculta;
Su fuerte y dulce identidad se abre paso a través del algodón y la lustrina,
Verlo pasar expresa tanto
como el mejor poema, y acaso más,
Os detenéis para mirar su espalda y su nuca y sus hombros.

*

Walt Whitman (1819 -1892)
Hojas de Hierba: “Yo canto al cuerpo eléctrico ”
Traducción de Jorge Luis Borges

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***

 

 

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“Para hablar de amor”, por Ramón Martínez

Sábado, 21 de febrero de 2015

romantic-gay-kissPero qué bien escribe este hombre…

Para hablar de amor es difícil encontrar palabras. Más aún para este amor nuestro, este amor distinto, de nombre tantas veces prohibido. Para poder presentarse, durante siglos, no disfrutó de otra fórmula que no fuera decir “yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre”1, y aún así muchas veces se le llamó amistad, tan injustamente, y tuvimos casi que pedir permiso, casi suplicando “deja que diga… amor. Su nombre es ése”2.

Qué diferente es hoy, cuando por fin es posible que aun siendo lesbiana, gay, transexual o bisexual cualquiera pueda “levantar su amor por el cielo / como una nube en la luz”3; ahora que en muchas partes del mundo ya no es preciso temer “la dulce boca que a gustar convida / un humor entre perlas destilado”4. Ya no hace falta que ante la insinuación gritemos “amor amor detén tu planta impura”5, y que tengamos como siempre que recurrir a escondernos “en el oscuro desván del lirio6. Hoy hasta El Corte Inglés, aunque haya sido denunciado en Cataluña por contravenir la Ley contra la LGTBfobia vendiendo en sus librerías el libro Cómo prevenir la homosexualidad, nos hace aparecer en sus cortos para promocionar la compra y venta del amor en San Valentín.

Pero qué triste amor es ése, porque no es el nuestro. Ése es el buen amor de Bécquer y de Garcilaso, no el que nace de “un corazón infiel, desnudo de cintura para abajo”7; es el amor canónico, el que nos enseñaron, “el tierno amor para dormir al lado”8. Tal vez por eso no se nos ajusta, porque aunque tú y yo entendamos “que tu cuerpo de hombre con mi cuerpo de hombre / construyen un lugar necesario en el mundo”9 sabemos que tarde o temprano “el deseo girará locamente en pos de los hermosos / cuerpos que vivifican el mundo un solo instante”10. Este amor aprendido, tan ajeno a veces, no encaja con nuestros deseos ni nuestros intereses. Y lo sabemos, pero es difícil no recaer en sus brazos: igual que los ateos claman a Dios ante cualquier suceso, nosotros y nosotras volvemos a caer en la trampa de ese “mar que traga adolescentes rebeldes”11, ese amor con formas heterosexuales que vimos en nuestros padres, que sólo conoce un camino y que siempre, en algún momento, nos devolverá el dolor. Entonces “será preciso no olvidar la lección”12 y afirmar que, “si odiar da dolor, y amar es también doloroso, de los dos males / escojo el de herida más suave y ligera”13. Trata de construir una forma de amor propia, tuya específicamente, que no imite a nadie. Busca tus propias palabras, que se ajusten a tu propio amor, y ante todo, “no te resignes”14 porque, aunque tenemos derecho a equivocarnos una y mil veces, aunque “nuestras imperfecciones nos hacen merecedores de amor”15, “el amor no tiene esta o aquella forma, / no puede detenerse en criatura alguna”16.

Yo también, como todos, “amé ardientemente a cierta persona no siendo correspondido”17, y “a veces me pregunto que habrá sido de ti”18, tan heterosexualmente. Para mí, por como soy, equivocadamente. En su momento “como el ciervo huiste, / habiéndome herido, / salí tras ti, clamando, y eras ido”19, y aunque ahora “ya sólo me interesa / ser igual que Walt Whitman”20, y “ya puedes ver que he escapado de ti”21, recuerdo que fuiste “un bello niño de junco”22, y que, antes que decirte ahora un demasiado clásico y cortés “yo te he querido como nunca”23, sólo “celebro la presencia de tu cuerpo en mi vida”24. Nuestra brevísima historia se resume al recordarte que “eres fácil si rehuyo, y difícil si lo intento”25, más que seguro por mis propios errores al comportarme como quien no soy. Y aunque ahora me digas de nuevo “suéltame y sigue tu camino”26, “más allá de la vida, / quiero decírtelo con la muerte; / más allá del amor, / quiero decírtelo con el olvido”27. Pero no que te quise, eso quizá sea cosa sólo para heteros. Quiero decirte “únicamente esto. / Que en los actos sociales pienso en ti”28. Y al mismo tiempo contradecirme, recaer un momento, y hacerte llegar el último mal poema que no llegaste a leer. Porque, de momento, sólo las formas heterosexuales nos sirven para hablar de amor. Sigamos buscando nuestras propias formas, de camino hacia Ítaca, y entre tanto honremos “a aquellos que en sus vidas / custodian y defienden las Termópilas”29 mientras “aramos libres surcos por ola y por espuma”30.

Aunque pretendas mantener el muro,
la almena que levantas contra el miedo,
sabes muy bien que, si me empeño, puedo
hacer más blando un corazón tan duro.
Porque aunque quieras parecerme oscuro,
altivo y desdeñoso, yo me quedo
con tus momentos buenos, cuando accedo
al otro tú que escondes inseguro.
Yo quiero ser tu campo de batalla,
columpio y parque para tantos juegos,
la piel que llenes siempre de arañazos.
Tú baja algunas veces la muralla
y déjate de tanto cortafuegos,
que contra tu temor bastan mis brazos.


1Lord Alfred Douglas, 2Jacinto Benavente, 3Luis Cernuda, 4Luis de Góngora, 5Vicente Aleixandre, 6Federico García Lorca, 7Jaime Gil de Biedma, 8Jaime Gil de Biedma, 9Juan Antonio González Iglesias, 10Luis Cernuda, 11Luis Cernuda, 12Jaime Gil de Biedma, 13Eveno, 14Walt Whitman, 15Juan Antonio González Iglesias, 16Luis Cernuda, 17Walt Whitman, 18Jaime Gil de Biedma, 19Juan de la Cruz, 20Juan Antonio González Iglesias, 21Walt Whitman, 22Federico García Lorca, 23Vicente Aleixandre, 24Juan Antonio González Iglesias, 25Estratón, 26Walt Whitman, 27Luis Cernuda, 28Juan Antonio González Iglesias, 29Konstantin Kavafis, 30Oscar Wilde,

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Me celebro y me canto

Miércoles, 21 de enero de 2015

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1

Me celebro y me canto,
Y aquello que yo me apropio habrás de apropiarte,
Porque todos los átomos que
me pertenecen también
te pertenecen.

6
Me preguntó un niño: ¿Qué es la hierba?,
trayéndomela a manos llenas;
¿Cómo podía responderle? Tampoco sé yo qué es la
hierba.
Sospecho que es el emblema de mi temperamento,
tejido con la verdura de la esperanza.
O imagino que es el pañuelo de Dios

21
Soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma,
Y digo que tan admirable es ser mujer como ser
hombre,
Los placeres del cielo están conmigo y los dolores del
infierno están conmigo,
injerto y multiplico los placeres en mi ser, traduzco
los dolores a una lengua nueva.

24
¡Arrancad los cerrojos de las puertas!
¡Arrancad las puertas mismas de sus quicios!
Quien degrada a otro me degrada a mí,
Y todo lo que se dice o se hace vuelve al fin a mí.
A través de mi ser la inspiración divina se agita y se
agita, a través de mi ser la corriente y el índice.
Pronuncio la palabra prístina, hago el signo de la
democracia.
¡Por Dios!, yo no aceptaré sino aquello cuyo
duplicado acepten todos en las mismas
condiciones.

43
No os desprecio, sacerdotes de todas las épocas y de
todos los países,
Mi fe es al mismo tiempo
la fe más grande y la fe
más insignificante,
Comprende el culto antiguo
y el moderno, y todos
los cultos que hay entre ellos,
Creo que vendré otra vez a la tierra dentro de cinco
mil años,
Espero las respuestas de los oráculos, honro a los
dioses, saludo al sol,
Mis fetiches son una roca o un tronco de árbol, soy
el powwow que conjura con varillas dentro del
círculo de obis,
Ayudo al lama y al bracmán a despabilar las
lámparas de los ídolos,
Bailo por las calles con la procesión del falo;
enajenado y austero, soy un gimnosofista de los
bosques,
Bebo hidromel en cráneos, admiro los Sastras y los
Vedas, obedezco el Corán,
Recorro el teucalí manchado con la sangre que
chorrea de la piedra y del cuchillo, redoblo en el
tambor de piel de serpiente,
Acepto los Evangelios, acepto a Aquel que fue
crucificado, sé que es divino,
Me arrodillo en la misa, me pongo de pie en las
plegarias de los puritanos, o me siento
pacientemente en el banco de la iglesia,
Declamo con extravagancia y echo espumarajos en
mis crisis de locura, o espero, rígido como un
muerto, el despertar de mi espíritu,
Lanzo una mirada inquisitiva en la ciudad o en el
campo, o lejos de la ciudad y del campo,
Pertenezco a los que giran
eternamente en derredor
del círculo infinito.
Formo parte de la banda centrípeta y centrífuga, me
vuelvo y hablo como un hombre que deja
encargos antes de emprender un viaje.
Escépticos abatidos, pesados, despreciados,
Frívolos, sombríos, tristes,
coléricos, afectados,
desalentados, ateos,
Os conozco a todos, conozco vuestro océano de
tormento, de duda, de desesperación y de
incredulidad.

*

Walt Whitman

Canto a mí mismo (Hojas de Hierba)

Flamboyant Whitman

***

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Walt Whitman y sus ‘Hojas de hierba’ para el siglo XXI

Sábado, 29 de noviembre de 2014

1416511469_945725_1416511762_noticia_normalEl poeta Walt Whitman (1819 – 1892). / Stock Montage (Getty Images)

Una excelente noticia que hemos leído en El País:

La obra maestra del poeta estadounidense se edita íntegra en una nueva traducción, en edición bilingüe y junto a una selección de su prosa y de sus diarios de guerra

Pongámonos de pie. Por JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS

Un poeta histórico. Por ANTONIO GAMONEDA

Winston Manrique Sabogal

“Yo me celebro, 

y cuanto hago mío será tuyo también,

porque no hay átomo en mí que no te pertenezca”.

Y un nuevo mundo se abrió con estos versos de Canto de mí mismo. Ciento cincuenta y nueve años separan este comienzo del libro Hojas de hierba, que Walt Whitman terminaría en 1892, tras nueve ediciones y un total de 389 poemas, de esta época que no cesa de ser polinizada por su voz y sus ideas sublimes. Una obra maestra que ahora se puede leer íntegra en un lenguaje actualizado, en edición bilingüe y traducida, por primera vez, por un autor español (las conocidas son de latinoamericanos), que incluye los prólogos o textos introductorios que escribiera Whitman en todas sus ediciones, más una selección de sus prosas y del diario que llevaba como enfermero de campaña durante la Guerra Civil de Estados Unidos. Todo ello presidido por un texto que funde la biografía del poeta estadounidense con su clásico universal y con la de este mismo volumen. El encargado de este trabajo monumental ha sido del poeta y filólogo Eduardo Moga (Barcelona, 1962), bajo el sello de Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

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Walt Whitman y su pareja Peter Doyle

Treinta y tres años tardó Whitman (1819-1892) en completar la “autobiografía de todo el mundo”, como dijera Gertrude Stein. Una epopeya norteamericana y de la vida, íntima, soñada y pública, que resuena llena de realidad y promesa.

Llevó a la gente a reencontrarse consigo misma. Y se convirtió en un guía que abriría insospechadas rutas literarias.

Autoproclamado “Soy poeta del Cuerpo y soy poeta del Alma”, su obra empezó a ser conocida en 1855 con doce poemas sin título, y terminó en 1892, con 389, pocos meses antes de su muerte. “Un crecimiento orgánico, mediante oleadas sucesivas o estratos superpuestos, que era coherente con el crecimiento personal del autor y con el histórico de la nación, y que condecía con la naturaleza dispersa, orbicular, del proyecto whitmaniano”, escribe Eduardo Moga en el volumen.

1416511469_945725_1416512947_sumario_normalPortada de la nueva edición de ‘Hojas de hierba’.

Dos años y medio tardó el escritor español en traducir este clásico. Las anteriores ediciones completas son de escritores latinoamericanos, y otras parciales entre las que brilla la de Jorge Luis Borges. Enfrentarse a Whitman y a ilustres traductores, reconoce Mogan, ha sido un proyecto colosal y arriesgado, “un trabajo muy duro por la complejidad del pensamiento del poeta, su sintaxis y que genera unos poemas, no todos, extensos”.

Un poeta que crea un nuevo vocabulario, que se inventa cosas, neologismos, ideas filosóficas o religiosas, cuya correspondencia para dar en español no es fácil, confiesa Moga. “Por otra parte”, agrega el traductor, “es un poeta oratorio y enumerativo que, a menudo, entra en sucesiones de imágenes que se van engarzando, y esas cláusulas, a su vez, se ramifican y se subdividen. Todo ese trabajo hay que traducirlo sin que se pierda el sentido y mantener la coherencia global y sintáctica”.

La originalidad de Walt Whitman, escribió Harold Bloom en El canon occidental, “tiene menos que ver con su verso supuestamente libre que con su inventiva mitológica y su dominio de las figuras retóricas. Sus metáforas y sus razonamientos rítmicos abren un nuevo camino de una manera aún más eficaz que sus innovaciones métricas”.

Poeta del Yo y del Nosotros. Poeta que invoca y recuerda la dualidad, el binomio del ser humano: hombre y Dios; cielo y tierra; inmortalidad y mortalidad; ternura y erotismo; alegría y tristeza; realidad y sueño; pasión y serenidad; rostro y máscara; prosaico y sublime; dionisíaco y apolíneo; luz y oscuridad; difícil y sutil; carnal y platónico; antiguo y presente; milagro y naturaleza…

Una voz que no ha dejado de sonar. Una voz que renació cuando el 5 de marzo de 1842 asistió como periodista de la revista Aurora a una conferencia de Ralph Waldo Emerson en Nueva York titulada El poeta, donde, palabras más, ideas menos, venía a decir que los poetas son quienes dicen, nombran y representan la belleza como “dioses liberadores”, y que él ha buscado en vano en su país.

1416511469_945725_1416513343_sumario_normalPrimera edición de ‘Hojas de hierba’, de 1855.

Ese primer soplo inspirador quedó en Whitman dando vueltas, creciendo, hasta que en 1850 empezaría a escribir sus poemas bajo la búsqueda de ese nuevo edén, cuyo primer libro financió él mismo, cinco años después.

Poeta que canta a la democracia, que crece con su país, que canta a las necesidades del nuevo mundo. Su voz corrió como el viento que lo removió todo. Reflexivo y cautivador. Que cantó a la libertad, a lo íntimo, a los deseos, a la desgracia de la guerra, a los hombres y a las mujeres, aunque, escribe Bloom en su famoso libro del canon, “su impulso más profundo fue el homoerótico“. Pero su poesía, “rehúsa reconocer cualquier demarcación sexual, al igual que rehúsa aceptar cualquier línea fortificada que divida lo humano y lo divino”.

Whitman dijo que era un libro eminentemente religioso pero no entendido como propio de los credos cristianos sino por la relación que espera establecer por la divinidad, recuerda su traductor: “Esa figura del dios supremo que no se identifica pero representa el espíritu del universo, su viaje a la naturaleza, al ánima de la naturaleza es a lo que pretende llegar”.

Whitman es poeta de todos los tiempos y tradiciones. Para la colombiana María Gómez Lara, reciente ganadora del Premio Loewe de Poesía Joven, el trabajo de Whitman “ha construido paradigmas de innovación y expresión poética en todas partes del mundo, ha abierto múltiples caminos dentro de un espectro muy amplio, similares y también muy distintos de su propia búsqueda, de su voz han salido tantas voces. Whitman intuía en sus versos que su yo contenía multitudes, tenía una visión cósmica, abarcadora, una identidad que viajaba del universo a la tierra en los zapatos. Y entre los muchos Whitmans a mí me arrastró ese yo que se encontraba en la tierra: pensé en la materialidad que la poesía podía lograr. Tal vez, justamente en la era de la imagen, sea cuando más valga la pena recordar que el lenguaje llega todavía más allá, hasta la piel. Pensé en lo táctiles que son a veces las palabras, casi pude tocar esa voz de largo aliento, sensorial, consciente de su respiración. Como lectora quise perseguir ese tacto“.

Hasta ella, y a millones de personas, llegó 159 años después de ser escrito aquel canto con el que Whitman cierra su primer gran poema:

“Si no das conmigo al principio, no te desanimes.

Si no me encuentras en un lugar, busca en otro. 

En algún sitio te estaré esperando”.

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Ciudad de orgías

Jueves, 3 de julio de 2014

Del blog  À Corps… À Coeur:

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 Ciudad de orgías, de paseos y alegrías,
Ciudad, algún día ilustre porque yo he vivido y cantado
en tu seno,
No son tus pompas, tus cambiantes cuadros ni tus espectáculos,
los que me recompensarán
Ni las interminables hileras de tus edificios, ni las naves de tus muelles,
Ni los desfiles en tus avenidas, ni los  brillantes escaparates llenos
de mercancías,
Ni el conversar con personas instruídas, ni asistir a veladas
y fiestas.
No. Nada de eso. Sino sólamente cuando paso, ¡oh Manhattan!
el frecuente y rápido destello de tus ojos
que me ofrecen amor,
Que responden a los míos – Eso -me recompensa.
Amigos, un perpetuo cortejo de amigos, basta para que
me sienta retribuido, pagado.

*

Walt Whitman

***

 

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Oh, muchacho de la pradera, de rostro curtido.

Viernes, 13 de junio de 2014

Del blog À Corps… À Coeur:

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Oh, muchacho de la pradera, de rostro curtido,

Antes de que vinieras al campamento,

llegaron muchos regalos gratos,

Llegaron elogios y presentes, y alimento fortificante,

hasta que, por fín, entre los reclutas,

Llegaste tú, taciturno, sin nada que dar

-pero nos miramos, y en esta mirada,

¡oh sí!  me diste más

que todos los regalos del mundo.

*

Walt Whitman

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A uno que fue crucificado

Sábado, 31 de mayo de 2014

Hoy 31 de mayo, se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Walt Whitman. Su nombre, su obra aparecen registrados en una larga y extensa bibliografía que da cuenta de sus trabajos, su vida, su poética. Sin embargo, casi doscientos años después, su mensaje esencial, su visión y rescate del hombre común, su clara conciencia de la función de la poesía, no como un mero ejercicio retórico sino como un don de todo ser humano que se ejerce, no al escribir sino al vivir, ha sido poco menos que ignorado. En esta nueva fecha, invitamos a volver sobre la lectura de sus obras, al aire libre, como él quería, para que puedan nutrirse de sus contenidos y multiplicarlos como la hierba, en medio de este planeta cada vez más desértico.

Del blog À Corps… À Coeur:

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Querido hermano, mi espíritu se une al tuyo,
No te apenes si muchos de los que te cantan hosannas
no te comprenden,
Yo que no te canto ni te adoro, te comprendo;
Con verdadera alegría te recuerdo ¡oh compañero! y al
recordarte te saludo lo propio que a los que aparecieron antes
que tú, y a los que vendrán después de mí,
Para todos laboremos el mismo surco, transmitiendo la
misma heredad y la misma cosecha,
Nosotros, la pequeña falange de los iguales, indiferente a
los países y a las edades;
Nosotros, que abarcamos todos los continentes, todas las
castas, todas las teologías;
Nosotros, los humanitarios, los discernidores, el fiel de la
balanza de los hombres comunes;
Nosotros, los que avanzamos en silencio en medio de las
disputas y de las afirmaciones, sin rechazar las personas ni
las ideas;
Escuchamos sus vocinglerías y sus tumultos, asaltados por
sus divisiones, sus celos, sus diatribas,
Envueltos, por momentos, en los círculos voraginosos de
sus comparsas.
No obstante, rebeldes á todo yugo, avanzamos libremente
por toda la tierra, la recorremos de Norte á Sur, de Este a
Oeste, hasta imprimir nuestro imborrable sello en el tiempo
y en todas las épocas,
Hasta que saturemos de nosotros el tiempo y las edades,
a fin de que los hombres y las mujeres de las futuras razas se
sientan y se confiesen hermanos y amigos como nosotros lo
somos.

*

Walt Whitman,

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***

 

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Recordatorio

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