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Sábado, 17 de julio de 2021

Del blog Nova Bella:

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“La belleza no se busca,

se encuentra.

Tú solo puedes crear condiciones

para que suceda”

*

Vicente Aleixandre

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***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad ,

El invitado amargo

Sábado, 30 de abril de 2016

el invitado amargo…en un libro escrito al 50% por ti y por mí: una novela de amor intenso y complicado, lleno de generosidad y egoísmo, de incertidumbres y de entregas, que sus autores contemplarían y reconstruirían por separado, sin omitir nada, desde el hoy.

Nada mejor que esta frase de una de las cartas recopiladas en la novela para describir El invitado amargo (Anagrama, 2014), de Vicente Molina Foix y Luis Cremades. La recuperación desde el presente de una historia de amor/desamor que ya no existe más pero desde el punto de vista de los dos implicados, como si de un juicio cara a cara se tratase. Una novela, un libro de memorias, fundamental para entender la trayectoria vital de dos de nuestros mejores escritores.

El invitado amargo empieza con el anuncio de la muerte del padre en una escena de cama de su hijo, y termina, al cabo de más de tres décadas, el mismo día del año y en la misma casa, donde la entrada de unos ladrones hace salir de una caja negra el pasado de dos amantes.

En el transcurso, no siempre lineal, de ese tiempo iniciado por el encuentro de un escritor de treinta y cinco años y un joven estudiante que escribe versos, el libro se despliega como una novela de la memoria, un recuento verídico tratado con los dispositivos de la ficción. Pero también como un ensayo narrativo sobre las ilusiones y los resentimientos del amor, y como un doble autorretrato con paisaje -el de la España cambiante de los años 1980- y con figuras, una rica galería de personas reales, algunas sobradamente conocidas, tratadas como personajes o testigos de una tragicomedia de la felicidad, la infidelidad, las búsquedas personales y el anhelo de lo que pudo ser.

Con la figura de Vicente Aleixandre como Dios omnipresente, El invitado amargo refleja el espíritu de una época y nos acerca a la figura de otros poetas y novelistas de finales del XX (Benet, Alas, Gimferrer, Umbral, Pombo, de Villena, Savater) con un tono que a veces puede caer en el chascarrillo (hiriente, seguro, para algunos) y cuya veracidad (como todas las veracidades) hay que cuestionar, como debería uno cuestionar cualquier recuerdo, siendo el recuerdo eso que uno se construye a sí mismo para sobrevivir.

Luis Cremades y Vicente Molina Foix han escrito de un modo singular pero separadamente este libro sin precedentes. En la libertad mutua de rememorar por separado, en la importancia dada a lo que pusieron por escrito mientras se amaban y se traicionaban, los autores reencuentran el territorio común de la palabra para mirarse desde el presente tratando de recuperar con desnuda autenticidad, sin nostalgia, lo que esos espejos contuvieron en su día y han dejado como poso.

Y lo han hecho, como ellos mismos señalan irónicamente, siguiendo el patrón del «folletín» en el sentido original del término: cada capítulo, firmado en alternancia por ambos, se escribía sin previo acuerdo y le llegaba al otro manteniendo la intriga, como en las novelas del siglo XIX. Con la diferencia de que en ese feuilleton en 64 capítulos los dos protagonistas-lectores sabían el final, pero no las sorpresas y revelaciones que su propia historia les podía deparar.

En este libro, que no dejará indiferente a ningún lector, asistimos a la demostración de la probada maestría de Molina Foix y a la revelación narrativa de un poeta, largo tiempo en silencio.

Muy interesante es la crítica de Luis Antonio de Villena:

A Vicente Molina Foix se le ocurrió la idea. Es novedosa y no siempre posible. Contar una historia de amor y desamor  a cuatro manos. O sea uno de los protagonistas escribe suversión en un capitulo y el otro en el siguiente, alternándose. Vemos los puntos de vista de los dos hombres que vivieron esa historia (1981-1983) hoy suficientemente lejana. Vicente Molina es bien conocido, el otro es el poeta alicantino también, Luis Cremades, que no ha tenido –parece- demasiada suerte en la vida. Yo soy un extraño lector para este libro sin duda interesante, porque fui la persona que presentó a los dos amantes y viví (u oí) casi todo muy de cerca. El libro es un logro en su idea básica (análisis del amor y de los celos) y también un logro –sobre todo en Molina, más experto- en las excursiones memorialísticas que ambos hacen a historias, personajes o situaciones  que, varias veces, tienen menos que ver con el meollo. Como el libro me ha gustado mucho, puedo decir mejor mis dudas. Lo mejor: el análisis y recuento del amor, de las infidelidades de ese shakespiriano “Invitado amargo” (Anagrama) que son los celos y hasta el fuerte desamor y casi rencor del mayor (Molina). Es decir, uno echa en falta aún más análisis y pese a que estén bien escritas y adornen, cree  que hubiera sido mejor adelgazar las excursiones foráneas, por ilustres o trágicas que a veces sean, de Benet a Savater, por ejemplo…

El lector comprende pronto –pero a toro pasado, lo que excusa a los protagonistas- que están en una relación imposible, claramente llamada al fracaso. Molina (maduro) busca un amor, el verdadero amor, aunque a veces sea egoísta, ¿qué enamorado no lo es? Pero Cremades  (joven) busca un maestro, alguien que le guíe y enseñe –suele aparecer como inseguro- pero con la libertad, muy de la época, de probar la fruta del cercado ajeno. Hay momentos de plenitud y muchas suspicacias que terminan rompiendo, lo que nunca se ató bien, porque era imposible. Es grato el retrato de Aleixandre –para quienes lo conocimos bien- como tenaz defensor de las parejas “epénticas”, en voz de origen lorquiano, homosexuales.  Al fin, uno diría que el tiempo ha borrado las heridas que     –en Molina especialmente- fueron amargas. Insisto, ese es el lado mejor de este libro dual: el desnudamiento de la pasión amorosa y su caída hasta la inquina. En tal camino el libro deja casi con hambre. El conjunto resulta óptimo, incluso en el menos avezado Cremades que cuenta sobriamente su enfermedad, sin autocompasión. A mí me pinta mal en una escena inicial falsa, sin duda porque lo desdeñé y se lo pasé a otro. Miente. Él se me rindió con armas y bagajes, pero las armas eran chicas y los bagajes estaban por venir. Lógico que me riña, feo que mienta, ojalá no haya otras mentiras en su parte. Pero es minucia en un libro grande, atractivo y original. Deconstruir un amor real e imposible. Gloria y daño. Belleza de la búsqueda interior, incluso airada y paseo sólo por los adornos circunstantes. En cualquier caso, una obra singular y distinta. Con garra.

Ficha técnica

Título: El invitado amargo | Autores: Vicente Molina Foix y Javier Cremades | Editorial: Anagrama | Colección: Narrativas hispánicas | Género: Novela | ISBN:  978-84-339-9770-8 | Páginas: 416 | Precio: 19,90 euros

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Los amantes gays de Vicente Aleixandre

Sábado, 2 de abril de 2016

vicente_aleixandre_gaySe publica una biografía del premio Nobel donde se detallan sus relaciones homosexuales.

 “Otro día. Otro día hacia ti. Qué impaciente estoy. Esperándote te escribo. Qué bonito estás Carlitines. Qué guapo y dulce para mi amor. Has entrado en mi cuarto; es de noche, como cuando cenaste aquí y nos vinimos a esta habitación, y yo me acosté y tú sentado en el borde de la cama reclinaste tu cabeza de niño sobre mi pecho. ¿Te acuerdas? ¡Cómo nos mirábamos! Yo creo que fue el día más feliz de mi vida, aunque el día de nuestro desposorio fue aún más por ser el más sagrado. ¡Qué verdadera mística es el amor! ¿Te acuerdas de aquellas horas, en el cuarto, mirándonos, besándote, sonriéndonos, fundiéndonos?“.

Estas palabras se las dedica el premio Nobel Vicente Aleixandre a su amante, el poeta asturiano Carlos Bousoño, en un libro de reciente publicación titulado “Vicente Aleixandre. La memoria de un hombre está en sus besos”, de Emilio Calderón, primera biografía del escritor andaluz de la generación del 27, donde se habla de su homosexualidad sin tapujos.

En el libro, galardonado con el II Premio Stella Maris de biografías y memorias, se dan detalles de distintos amantes de Aleixandre a lo largo de su vida, como Andrés Acero, José Manuel García Briz y su mecanógrafo Jesús Bocanegra. Pero sin duda la relación que más marcó al premio Nobel fue la de Carlos Bousoño, con el que inició un romance en 1948 a pesar de estar casado este con una alumna puertorriqueña.

Las cartas de amor

vicente_Aleixandre_Carlos_BousonoVicente Aleixandre y Carlos Bousoño

Aleixandre amaba con toda el alma como dejan claro las misivas que escribió a Bousoño. Esta es del 24 de marzo de 1948: «Carlitines: qué gusto, voy a escribirte como me de la gana. Libertad: diosa mía. Acabo de recibir tu carta hermosa: dulce, alegre, fresca. Una pura delicia. Ah malísimo: lo que me has dicho [y cantado con tus versos]. Qué chispeante eres, chiquillo. [Borro eso, que era un piropo]. Da gusto decir eso: “piropo”. Me da la gana de decirlo. A Carlitos le digo eso, y mucho más. Porque es guapísimo [¡mentira!] y porque le adoro, y porque es mío y me lo como a amor. A AMOR, qué gusto escribirlo con todas sus letras, y no llamarlo filosofía ni eufemístico circunloquio que le estrujan a uno el alma y le hacen a uno polvo. Pues sí: Te Amo ¿Ves? Lo he dicho y no se ha hundido el firmamento. Soy feliz. Estoy como el nadador por el agua, por el cielo. Carlitos: vente conmigo y vámonos… “a Sevilla por amor”. A donde sea». En la misma carta, el poeta apunta «ay, cómo me desencadeno cuando te amo [que quiere decir a toda hora]».

Este es otro pasaje de una carta de 1948: «El amante, el amado [qué graciosa palabra] es entonces eso: pedazo de cielo arrojado a los brazos de su amor para su con-fusión y su gloria. [¿Quién sabe lo que es gloria, divinidad [sí, divinidad], si no sabe lo que es estar enamorado y tener para él al ser entero que nos enloquece? Yo sé que mi capacidad de amor es inmensa y toda se desencadena para mi Carlitos. Para mi chiquillo. Chiquillo mío, te amo. Te amo: qué hermoso decirlo así, libre, feraz, reidor, latidor. Agresor también […]».

«Oye, Carlitines [qué precioso nombre, Carlitos, niño mío, mi amor, mi dicha, mi locura, mi único destino]. Te querré hasta la muerte. Tú, español mío, chiquillo mío, no te irás nunca. ¿Verdad que nunca? ¿Verdad que no nos separaremos jamás?»

Poema inédito de Vicente Aleixandre

Este poema inédito se lo dedicó Aleixandre a Bousoño:

Bésame en la boca, me dijo el faraón
y yo le di mi cuerpo de varón
Ah, malo,
es un palo,
me dije después.
Qué talle más duro:
es un puro
ciprés.
Un detalle: el beso
era tan mojado
que había que pedir un paraguas.
“¿Me quieres?”, me dijo.
“Hombre, como a un hijo
no hay inconveniente”.
“Pero entonces, fijo,
quiéreme Vicente.
Pero no le quise. Sólo le di por…
fin amablemente
gracias por su amor.

Fuente Cáscara amarga

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“Para hablar de amor”, por Ramón Martínez

Sábado, 21 de febrero de 2015

romantic-gay-kissPero qué bien escribe este hombre…

Para hablar de amor es difícil encontrar palabras. Más aún para este amor nuestro, este amor distinto, de nombre tantas veces prohibido. Para poder presentarse, durante siglos, no disfrutó de otra fórmula que no fuera decir “yo soy el Amor que no se atreve a pronunciar su nombre”1, y aún así muchas veces se le llamó amistad, tan injustamente, y tuvimos casi que pedir permiso, casi suplicando “deja que diga… amor. Su nombre es ése”2.

Qué diferente es hoy, cuando por fin es posible que aun siendo lesbiana, gay, transexual o bisexual cualquiera pueda “levantar su amor por el cielo / como una nube en la luz”3; ahora que en muchas partes del mundo ya no es preciso temer “la dulce boca que a gustar convida / un humor entre perlas destilado”4. Ya no hace falta que ante la insinuación gritemos “amor amor detén tu planta impura”5, y que tengamos como siempre que recurrir a escondernos “en el oscuro desván del lirio6. Hoy hasta El Corte Inglés, aunque haya sido denunciado en Cataluña por contravenir la Ley contra la LGTBfobia vendiendo en sus librerías el libro Cómo prevenir la homosexualidad, nos hace aparecer en sus cortos para promocionar la compra y venta del amor en San Valentín.

Pero qué triste amor es ése, porque no es el nuestro. Ése es el buen amor de Bécquer y de Garcilaso, no el que nace de “un corazón infiel, desnudo de cintura para abajo”7; es el amor canónico, el que nos enseñaron, “el tierno amor para dormir al lado”8. Tal vez por eso no se nos ajusta, porque aunque tú y yo entendamos “que tu cuerpo de hombre con mi cuerpo de hombre / construyen un lugar necesario en el mundo”9 sabemos que tarde o temprano “el deseo girará locamente en pos de los hermosos / cuerpos que vivifican el mundo un solo instante”10. Este amor aprendido, tan ajeno a veces, no encaja con nuestros deseos ni nuestros intereses. Y lo sabemos, pero es difícil no recaer en sus brazos: igual que los ateos claman a Dios ante cualquier suceso, nosotros y nosotras volvemos a caer en la trampa de ese “mar que traga adolescentes rebeldes”11, ese amor con formas heterosexuales que vimos en nuestros padres, que sólo conoce un camino y que siempre, en algún momento, nos devolverá el dolor. Entonces “será preciso no olvidar la lección”12 y afirmar que, “si odiar da dolor, y amar es también doloroso, de los dos males / escojo el de herida más suave y ligera”13. Trata de construir una forma de amor propia, tuya específicamente, que no imite a nadie. Busca tus propias palabras, que se ajusten a tu propio amor, y ante todo, “no te resignes”14 porque, aunque tenemos derecho a equivocarnos una y mil veces, aunque “nuestras imperfecciones nos hacen merecedores de amor”15, “el amor no tiene esta o aquella forma, / no puede detenerse en criatura alguna”16.

Yo también, como todos, “amé ardientemente a cierta persona no siendo correspondido”17, y “a veces me pregunto que habrá sido de ti”18, tan heterosexualmente. Para mí, por como soy, equivocadamente. En su momento “como el ciervo huiste, / habiéndome herido, / salí tras ti, clamando, y eras ido”19, y aunque ahora “ya sólo me interesa / ser igual que Walt Whitman”20, y “ya puedes ver que he escapado de ti”21, recuerdo que fuiste “un bello niño de junco”22, y que, antes que decirte ahora un demasiado clásico y cortés “yo te he querido como nunca”23, sólo “celebro la presencia de tu cuerpo en mi vida”24. Nuestra brevísima historia se resume al recordarte que “eres fácil si rehuyo, y difícil si lo intento”25, más que seguro por mis propios errores al comportarme como quien no soy. Y aunque ahora me digas de nuevo “suéltame y sigue tu camino”26, “más allá de la vida, / quiero decírtelo con la muerte; / más allá del amor, / quiero decírtelo con el olvido”27. Pero no que te quise, eso quizá sea cosa sólo para heteros. Quiero decirte “únicamente esto. / Que en los actos sociales pienso en ti”28. Y al mismo tiempo contradecirme, recaer un momento, y hacerte llegar el último mal poema que no llegaste a leer. Porque, de momento, sólo las formas heterosexuales nos sirven para hablar de amor. Sigamos buscando nuestras propias formas, de camino hacia Ítaca, y entre tanto honremos “a aquellos que en sus vidas / custodian y defienden las Termópilas”29 mientras “aramos libres surcos por ola y por espuma”30.

Aunque pretendas mantener el muro,
la almena que levantas contra el miedo,
sabes muy bien que, si me empeño, puedo
hacer más blando un corazón tan duro.
Porque aunque quieras parecerme oscuro,
altivo y desdeñoso, yo me quedo
con tus momentos buenos, cuando accedo
al otro tú que escondes inseguro.
Yo quiero ser tu campo de batalla,
columpio y parque para tantos juegos,
la piel que llenes siempre de arañazos.
Tú baja algunas veces la muralla
y déjate de tanto cortafuegos,
que contra tu temor bastan mis brazos.


1Lord Alfred Douglas, 2Jacinto Benavente, 3Luis Cernuda, 4Luis de Góngora, 5Vicente Aleixandre, 6Federico García Lorca, 7Jaime Gil de Biedma, 8Jaime Gil de Biedma, 9Juan Antonio González Iglesias, 10Luis Cernuda, 11Luis Cernuda, 12Jaime Gil de Biedma, 13Eveno, 14Walt Whitman, 15Juan Antonio González Iglesias, 16Luis Cernuda, 17Walt Whitman, 18Jaime Gil de Biedma, 19Juan de la Cruz, 20Juan Antonio González Iglesias, 21Walt Whitman, 22Federico García Lorca, 23Vicente Aleixandre, 24Juan Antonio González Iglesias, 25Estratón, 26Walt Whitman, 27Luis Cernuda, 28Juan Antonio González Iglesias, 29Konstantin Kavafis, 30Oscar Wilde,

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Los novios de Federico

Martes, 16 de diciembre de 2014

14088982844585Última imagen que se conserva de Federico y Rafael (en el centro, con la mano de Lorca sobre su frente), tomada el 28 de junio de 1936 en la verbena de San Pedro y San Pablo, en Madrid.
Archivo de la familia Rodríguez Rapún

Lorca no tuvo problemas con su propia homosexualidad, muy vivida, sino con el amor único, el verdadero amor, que se resistía entre cordiales amigos bisexuales

Luis Antonio de Villena

Tuve la suerte de tener mucha y buena amistad con dos personas que fueron amigos íntimos de García Lorca: Vicente Aleixandre y Rafael Martínez Nadal. Puedo decir que tanto yo como otros muy contados amigos, sabemos hasta intimidades de la sexualidad lorquiana, de la sexualidad gay de Federico, porque ellos nunca le llamaron de otro modo.

Ambos (que no se llevaban bien entre sí) coincidían en esto: el gran amor imposible de Federico fue Emilio Aladrén. Un chico guapo, de vagos rasgos orientales, que fue escultor de alguna notoriedad antes de morir en los años 40.

Aladrén era bisexual y tuvo relaciones físicas con Federico, pero el “amor” (ese amor que a Lorca se le resistió tanto) no llegó o no llegaba. Para huir de ese duro desamor, Lorca se fue a Nueva York -lo de aprender inglés era secundario- y allí tuvo muchos amoríos, con negros entre otros. Aleixandre desaprobaba amistosamente esa veta de Federico, pero la hubo: los amores venales, no escasos. El “amor de los marineros” en La Habana o en Buenos Aires (una vez lo acompañó al puerto Manuel Mujica Láinez) o con maletillas y similares en España. Federico fue más bien promiscuo en esa venalidad, pero él -siempre con temor a la familia- buscaba otra cosa…

El gran escritor gallego Eduardo Blanco-Amor me contó que hubo un muchacho gallego en La Barraca, para el que Federico (ayudado por Blanco-Amor) escribió los curiosos ‘Seis poemas galegos’.

Parece que también hubo allí mucha pasión y una idea de futuro que se truncó. Según Martínez Nadal, el drama básico de Federico en lo amoroso, es que le gustaban chicos bisexuales, que accedían a la cama (ocasionalmente, a veces) pero no iban más lejos.

1338923005473Emilio Aladrén y Lorca en 1928.

De ahí el drama erótico que se percibe en tantas obras de Lorca, empezando por la ‘Oda a Walt Whitman‘ que se publicó en una ‘plaquette’ en 1935, antes que el libro al que pertenecía. Rafael Rodríguez Rapún (“las tres Erres“) fue, según todos, el último amor de Federico y para quien empezó a escribir -según Aleixandre era una obra sin terminar- los ‘Sonetos del amor oscuro‘.

Oscuro no por homosexual, sino por doliente, por difícil. A él le leyó esos sonetos y Vicente no echó de menos ninguno, cuando al fin salieron. Pero es que tampoco en esta relación (que rompió la guerra) dejó de haber problemas.

La piedra oscura‘ -aparte de la obra de Conejero- es un drama que Federico pensó escribir para su amigo. Según Aleixandre de nuevo, era costumbre de Federico hablar como de conclusos de libros que estaba apenas iniciando. Rasgo de optimismo. Puede haberse perdido o pudo -más fácil- no haber llegado a existir nunca.

Hubo mucho silencio sobre la privacidad de Lorca. Lo fomentaron sus hermanos primero y luego esos amigos íntimos que hablaron en intimidad, pero jamás en público.

Yo he tenido en la mano una carta de Federico a Martínez Nadal, desde Nueva York, donde hablaba de una orgía con negros, la noche antes. Al final decía: “Cuando la leas, rómpela“. Pero -en 1981- Rafael no la había roto.

¿Y ahora, ya muerto él? Su mujer Jacinta Castillejos y sus hijos, ¿qué habrán hecho? Lo ignoro.

Queda mucho por hacer fuera de la ficción, bienvenida cuando no falsea lo esencial. Federico (coincidían sus amigos) no tuvo problemas con su propia homosexualidad, muy vivida, sino con el amor único, el verdadero amor, diríamos, que se resistía entre cordiales amigos bisexuales.

Eso es lo que me contaron (con muchos detalles) y yo lo repito. Porque no hay de qué ocultarse. ¿Es tarde ya? Se habrá perdido mucho, pero conviene comentarlo.

Fuente El Mundo

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Homenaje a Vicente Aleixandre en su casa por el 30 aniversario de su muerte

Viernes, 13 de junio de 2014

cartel_velada_homenaje_aleixandre-212x300Son escasas las oportunidades en las que se abre el recinto al público

“Aleixandre era muy pudoroso de su condición homosexual por el daño que pudiera hacer a su familia, sobre todo a su hermana, pero a mí me dijo que cuando muriese no le importaba que se supiera la verdad; consideraba que no era ningún desdoro”, son palabras de Vicente Molina Foix, uno de los poetas presente en el homenaje que se celebrará el próximo viernes con ocasión del 30 aniversario de la muerte del poeta.

La Asociación de Amigos de Vicente Aleixandre y la Fundación Gerardo Diego abrirán excepcionalmente la casa de Vicente Aleixandre, en la calle Vicente Aleixandre 3 de Madrid, para la presentación del libro en homenaje a Vicente Aleixandre, Entre dos oscuridades, un relámpago, en edición de Alejandro Sanz y publicado con motivo del 30.º aniversario del fallecimiento del poeta.

En esta singular velada poética leerán algunos de sus poemas y textos los autores que colaboran en el volumen, entre los que se encuentran José Manuel Caballero Bonald, Antonio Colinas, Javier Marías, Luis Eduardo Aute, Clara Janés, Pere Gimferrer, Vicente Molina Foix, Javier Lostalé, Guillermo Carnero, Jaime Siles, Fernando Delgado y muchos otros. Contaremos, además, con la actuación especial de Luis Eduardo Aute.

Desde la muerte de Vicente Aleixandre, el 13 de diciembre de 1984, la histórica casa de Velintonia 3 sólo se ha abierto a la poesía en contadas ocasiones: para conmemorar el 25.º aniversario del fallecimiento de Aleixandre; para recordar a José Luis Cano en el centenario de su nacimiento; con motivo del 25.º aniversario del fallecimiento del poeta Gerardo Diego, y el año pasado en una lectura completa de La casa encendida de Luis Rosales.

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