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Entradas Etiquetadas ‘Los manantiales de la contemplación’

El trabajo también es oración

Sábado, 9 de septiembre de 2023

Del blog Amigos de Thomas Merton:

 

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“Si uno se lleva bien con su trabajo y lo hace con tranquilidad, está orando todo el tiempo. Es importante recuperar este equilibrio, y comprender que el trabajo realizado como es debido no impide orar. El trabajo hecho como es debido es oración. Como es debido: lo cual no quiere decir que tengas que regodearte con él, ni que debas empeñarte en hacerlo a la perfección; es hacerlo como instrumento de Dios. Hay en esta actitud un sustrato de profundo misticismo. No es una mística. Es misticismo, una forma de estar unido a Dios. Nuestra voluntad puede no estar en perfecta consonancia con la voluntad de Dios. Pero la idea hindú conlleva verdad: es Dios y solo Dios quien hace el trabajo a través de nosotros“.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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Solo necesitamos ser nosotros mismos

Miércoles, 27 de abril de 2022

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Examinemos… un conocido pasaje de san Pablo. Tenemos que estar a tono con lo que acontece en la historia y en nosotros mismos, y puede que tengamos que atravesar cierta crisis. Pero ¿quiénes somos nosotros? Somos simplemente nosotros, no criaturas imaginarias, sino seres de carne y hueso.Dice Pablo en 1 Corintios [1,26–2,5]:

«Recordad pues, vosotros, hermanos y hermanas, el tiempo en que fuisteis llamados». La versión antigua decía «Considerad vuestra vocación»; esta nueva es mejor. Seguimos siendo, cada uno, la misma persona que cuando Dios nos convocó. ¿Quién fue el llamado cuando Dios me llamó? Yo no soy otro ni seré nunca ningún otro. «¿Cuántos de vosotros erais sabios en lo humano? ¿Cuántos erais poderosos o nobles?». ¡No creo que tengamos ningún duque, ninguna duquesa en la sala! Y no es necesario que seamos sabios. Solo necesitamos ser nosotros mismos… La vida no es una cuestión privativa de una elite gnóstica, ni se trata tampoco de ser especialmente inteligentes o de aislarse de todos los demás. Eso no somos nosotros. Por el contrario, nosotros nos gloriamos de nuestra pobreza y nuestra nada. Somos pobres pecadores a quienes Dios ha llamado a esta particular forma de vida.

«No, fue para avergonzar a los sabios para lo que Dios escogió lo necio según el mundo, y para avergonzar a los fuertes para lo que Dios escogió lo débil según el mundo». Nosotros somos lo débil según los cánones humanos y seguiremos siéndolo. No nos volveremos criaturas milagrosas. Cometemos errores y hacemos necedades. «Y lo vil del mundo y lo menospreciado lo ha escogido Dios». No es preciso, por tanto, aparecer en los diarios y dejar de ser lo vil y lo menospreciado. Que le gustemos o no a la gente no modifica demasiado las cosas. Claro que tampoco vamos de un lado a otro buscando el menosprecio, pero si no nos admiran, ¿qué importa? No está escrito que el mundo tenga que admirarnos, no lo necesitamos.

 «A la raza humana, a aquellos a quienes el mundo considera vulgares, ha escogido Dios, y a aquellos que no son nada, para poner en evidencia a aquellos que son todo. Mas a vosotros os ha hecho Dios miembros de Cristo Jesús, y por obra de Dios se ha convertido Cristo en nuestra virtud y nuestra sabiduría, en nuestra santidad y nuestra libertad». Ninguno de los bienes que poseemos es nuestro: es de Cristo Jesús. Comprender esto es un punto clave en nuestra vida, y no debemos olvidarlo nunca. Porque la alegría y el consuelo de nuestra vida es comprender que aquello que tenemos no podemos perderlo, porque es de Dios. Podemos desprendernos de ello si queremos hacerlo, pero es de Dios y está a buen recaudo. En ello reside nuestra seguridad. No la seguridad de que yo soy una persona buena, yo soy una religiosa fiel. Es Dios quien es bueno, y su misericordia es infinita. Si hay fidelidad en mi vida, gracias a Dios. Dios es quien lo hace, a pesar de mí. No es necesario que nos preocupemos por estas cosas.

Dejemos simplemente que Cristo sea fiel para con nosotros. Si vivimos de acuerdo con esta idea, somos proféticos. Nos volvemos proféticos cuando vivimos de forma que nuestra vida sea una experiencia de la infalible fidelidad de Dios. Esta es la clase de profecía para la que hemos sido llamados, no la de poder husmear con diez años de anticipación lo que entonces será la última moda. Se trata, simplemente, de estar en armonía con la misericordia y la voluntad de Dios. «El que quiera gloriarse, gloríese en el Señor. En cuanto a mí, hermanos, cuando vine a vosotros, no fue con excelencia de oratoria o de filosofía, sino simplemente para anunciaros lo que está atestiguado por Dios». Esto es profético. «Y mientras estuve entre vosotros no pretendí saber de cosa alguna, sino de Jesucristo, y de él crucificado. Y, lejos de sustentarme en poder alguno, estuve entre vosotros con mucho temor y temblor. Y ni en prédicas ni sermones empleé los argumentos que pertenecen a la filosofíasino solo una demostración del poder del Espíritu». En otras palabras, si confiamos en que Dios actúa en nosotros, Dios actuará en nosotros. De este modo se vuelven proféticas nuestras vidas. La profecía no es una técnica, no consiste en decir a otros lo que deben hacer. Si estamos abiertos al Espíritu Santo, el Espíritu Santo nos guiará hacia donde Dios desea que vayamos. Si nos dejamos conducir por esa senda, nuestra vida será profética.

Es así de simple, y nunca ha sido de ninguna otra manera. La renovación consiste, sobre todo, en recobrar la verdad. Todo el resto es accidental. Una vez que comprendemos esta realidad, el resto se da por añadidura. Nos enredamos en cantidad de cuestiones periféricas porque estamos demasiado dominados por otros… Nosotros somos nosotros. Y esta ha de ser nuestra única preocupación, la de ser nosotros mismos, permitir que Dios nos ame y nos salve con su amor y su misericordia divinos. Solo eso“.

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Thomas Merton 
Los manantiales de la contemplación

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Amor y justificación.

Miércoles, 16 de febrero de 2022

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Nadie puede olvidarse de sí, trascenderse, si constantemente está tratando de justificar sus relaciones con otras personas. Esa necesidad de justificarse obedece, en realidad, al hecho de no querer creer que uno es amado. Si yo no creo que soy amado, necesitaré sentirme justificado. Y si nadie me justifica, tendré que justificarme yo mismo, por lo general tratando de dominar a todos los demás. Esto conduce inevitablemente a la ruina. Cuando uno tiene la certeza de que es amado, no necesita mostrarle a Dios ni a nadie por qué razones deberían amarlo. No necesita justificarse“.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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Personas

Jueves, 21 de octubre de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Todos, hombres y mujeres, tenemos que ser personas. Personas completas, y lo seremos cuando haya reciprocidad entre los hombres y las mujeres, como personas de la misma naturaleza. Las diferencias están ahí, y es preciso tenerlas en cuenta, pero las diferencias no son decisivas. Lo mismo ocurre con la raza. El hecho de que una persona sea blanca o negra no es decisivo. Es una diferencia, pero no es en absoluto una diferencia esencial. Lo mismo puede decirse de la diferencia entre un francés y un norteamericano; existe, sin duda, pero no es decisiva. Juzgar a las personas a partir de estas diferencias es impropio e injusto”.

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Thomas Merton
Los manantiales de la contemplación

Pareja-interracial

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Un camino de puertas abiertas

Sábado, 9 de octubre de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Nuestra vocación es esencialmente un camino abierto, nunca un callejón sin salida. La vocación es una posibilidad creativa, una apertura a cosas insospechadas. Nuestro cometido, como comunidades y como individuos, consiste en mantener siempre abiertas de par en par esas perspectivas, no cerrarnos jamás al potencial de la vida. En nuestro afán de seguridad, nuestro deseo de evitarnos problemas y de no ser perturbados por un exceso de ideas triviales, hemos tendido a cerrarnos a toda clase de ideas. Ha habido tanta cosa inútil, tanta inoperancia, que hemos acabado por cerrarnos poco más o menos a todas las posibilidades. Sin embargo, tenemos que dejar abiertas todas las puertas. Puede ser fatigoso, pero necesitamos experimentar cosas nuevas“.

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Thomas Merton
Los manantiales de la contemplación

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Extender el poder de la Resurrección

Martes, 6 de abril de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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No hay nada más positivo, más positivo que la fe por la cual el Creador de todas las cosas mora y actúa en nuestros corazones. No obstante sabemos por nuestra historia pasada, que el ideal de “preservar la fe” puede a veces menguar hasta convertirse en algo muy negativo, enconado y obtuso: un mero “no” a todo aquello con lo que no estamos de acuerdo. Ya no podemos permitirnos el lujo de atrincherarnos en nuestro entorno católico y utilizarlo como una pequeña fortaleza de seguridad en un mundo de paganos. Ahora, la mayoría de nosotros estamos obligados por nuestra fe y nuestro amor a la verdad a consagrarnos humilde y enteramente, no solo al mensaje de Cristo, sino también a todo cuanto es válido en la cultura y en la civilización humanas, porque esto, también es suyo, por derecho. No es tan sólo algo que debamos salvar para Cristo, sino más, no está desvinculado de nuestra propia salvación. Si el Señor de todas las cosas se hizo carne y santificó a la naturaleza toda, restituyéndola al Padre por Su Resurrección, también nosotros tenemos nuestra misión que cumplir extendiendo el poder de la Resurrección al mundo entero por medio de nuestras plegarias, nuestros pensamientos, nuestro trabajo y nuestra vida total. Y nada impedirá tan efectivamente que podamos hacerlo como la división, la discontinuidad de la vida espiritual que sitúa a Dios y a la oración en un compartimiento, y el trabajo y el apostolado en otro, como si trabajo y oración fuesen, de algún modo, antagónicos”.

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Thomas Merton.

Los Manantiales de la contemplación“.

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Nuestra vocación profética

Lunes, 1 de marzo de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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Para vivir proféticamente, tenemos que escrutar e indagar los factores que están detrás de los hechos. Tenemos que ser conscientes de que hay contradicciones. En cierto sentido, en ello consiste nuestra vocación profética: en registrar y sufrir las contradicciones de la sociedad. Esta es la cruz que hoy en día nos toca llevar. Porque nosotros mismos somos en parte responsables. Una cruz más pesada aún es, para muchos de nosotros, la de las contradicciones en el seno de la Iglesia. Y las contradicciones de nuestro pasado y nuestras vidas cristianas, contradicciones de las que no somos totalmente responsables, pero que tenemos que aceptar, afrontándolas constantemente. Tenemos que trabajar con ellas y resistir la tentación de culpar a otros de nuestros errores.

Leamos a los profetas del Antiguo Testamento. Su mayor problema consistía en eso, en que eran profetas. Jeremías no quería ser profeta. Y, en cierto sentido, nosotros estamos en el mismo brete. Dios nos impone la carga de sufrir las contradicciones de nuestro mundo y de la Iglesia, y la de revelarlas en la medida en que somos honestamente capaces de hacerlo“.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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De la cabeza al corazón

Viernes, 26 de febrero de 2021

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Nosotros racionalizamos y verbalizamos en exceso. Estamos acostumbrados a hacerlo por el tipo de educación que hemos recibido. Tarde o temprano, en la vida que llevamos, cada uno de nosotros comprende que debe explorar a fondo, más allá de la superficie de las cosas. Pero hay quienes nunca lo hacen, quienes se quedan estancados en el nivel de lo racional. Se aferran a esa forma de meditación racional y no se sueltan de ella porque de otro modo no se sienten seguros.

 Las cosas tienen necesariamente que descender «de la cabeza al corazón». Esta es una expresión más o menos consagrada. Si para ti una cosa no se convierte realmente en una segunda naturaleza, esa cosa sigue siendo solo una idea. Esto es aplicable también a las cosas que vienen del exterior. Adoptar las normas sociales, o las normas ajenas, o las normas de la autoridad, es alienante. Se puede hacer y está bien. Pero no nace del corazón. Es el caso de muchos buenos religiosos que observan todas las reglas, pero esta observancia nunca tiene demasiado valor. Ellos están convencidos y son sinceros. Sin embargo, dales una oportunidad, y harán algo completamente contrario, siempre y cuando no esté previsto por una regla particular.

Es como tocar el piano. Cuando nace de lo profundo del ser, la persona se sienta y toca. Otros se preocuparán por el estilo y la técnica y lo que pueda opinar el maestro. También en esto se trata, simplemente, de hacer lo que se está haciendo“.

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Thomas Merton

Los manantiales de la contemplación

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