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Entradas Etiquetadas ‘Emily Dickinson’

Refugio

Sábado, 23 de noviembre de 2019

Del blog Nova Bella:

 

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Sentí que hablar contigo era un refugio

*

Emily Dickinson

ED-1

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

Hope

Jueves, 21 de noviembre de 2019

Del blog Nova Bella:

hombre-desnudo

HOPE IS THE THING WITH FEATHERS

Hope is the thing with feathers
That perches in the soul,
And sings the tune–without the words,
And never stops at all,

And sweetest in the gale is heard;
And sore must be the storm
That could abash the little bird
That kept so many warm.

I’ve heard it in the chillest land,
And on the strangest sea;
Yet, never, in extremity,
It asked a crumb of me.

***

La esperanza es esa cosa con plumas
que se posa en el alma,
y entona melodías sin palabras,
y no se detiene para nada,

y suena más dulce en el vendaval;
y feroz tendrá que ser la tormenta
que pueda abatir al pajarillo
que a tantos ha dado abrigo.

La he escuchado en la tierra más fría
y en el mar más extraño;
mas nunca en la inclemencia
de mí ha pedido una sola migaja.

*

Emily Dickinson

pajaro-japone-canta-1

Japanese style sumi-e painting
with magpie on a tree. Hieroglyph
featured means sincerity. Great
for greeting cards or texture
design

***

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Merriam-Webster, uno de los diccionarios más importantes de la lengua inglesa, oficializa el uso del pronombre «they» para referirse en singular a personas de género no binario

Miércoles, 25 de septiembre de 2019

Merriam-Webster-300x300Merriam-Webster, una de las editoriales de diccionarios más importantes de la lengua inglesa, ha decidido añadir una nueva acepción en la entrada correspondiente a «they». Reconoce así el creciente uso del pronombre que se utiliza en inglés para la tercera persona del plural, y que carece de género, para referirse también a las personas no binarias. Merriam-Webster, recordemos, fue también uno de los primeros diccionarios en incluir a las parejas del mismo sexo en la definición de matrimonio.

A partir de ahora, la cuarta acepción de «they» en el diccionario Merriam-Webster (aquí) será su uso como pronombre para referirse en singular a una persona cuya identidad de género sea no binaria («used to refer to a single person whose gender identity is nonbinary»). Según explican los editores, se trata de la expansión natural de un uso, el conocido como «they singular», que cuenta con una larga tradición en la historia de la lengua inglesa, y que de hecho ha sido utilizado por escritores clásicos. Si hasta ahora podia encontrarse «they» como pronombre personal singular para referirse, por ejemplo, a personas ya citadas en el discurso pero cuyo sexo o género era desconocido, ahora el diccionario Merriam-Webster lo reconoce también para referirse de forma expresa a personas que no se acomodan a la norma binaria en materia de género, o que simplemente no desean ser identificadas como hombre o como mujer. Su pronombre reflexivo correspondiente, según Merriam-Webster, es «themself».

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En una carta de 1881, Emily Dickinson escribió: “Casi todas las personas habrían dudado si [la carta] fuera de ellos, o de hecho si fueran ellos mismos”. Las personas han usado “ellos” en singular para describir a alguien cuyo género es desconocido durante mucho tiempo, pero el uso no binario de “ellos” es relativamente nuevo.

El uso singular de «they», palabra del año en 2015

Cabe señalar que el uso singular de «they» ya fue escogido palabra del año en 2015 por la American Dialect Society (ya entonces lo recogimos en nuestra página). Poco antes la cuestión había sido objeto de debate durante la reunión anual de la American Copy Editors Society, que agrupa a los correctores de estilo estadounidenses, y The Washington Post, uno de los periódicos más influyentes de los Estados Unidos, había decidido permitirlo en sus textos.

Aún así, la decisión de Merriam-Webster supone un paso importante desde el punto de vista semántico, al «oficializar» a «they» como el pronombre apropiado para personas no binarias. Sobre todo si se tiene en cuenta que la lengua inglesa carece de una Real Academia y su norma se establece en base a un consenso de facto en el cual los diccionarios más prestigiosos desempeñan un papel fundamental. En este sentido, Merriam-Webster es considerado por muchos el diccionario de referencia de la lengua inglesa en su variante americana.

¿Cómo traducirlo al castellano?

El uso de «they» para referirse a personas no binarias no tiene una traducción literal al castellano, dado que en nuestra lengua la tercera persona del plural mantiene la dualidad de género del singular («el, ellos»; «ella, ellas»). Posiblemente la manera más acertada de traducirlo sea recurriendo al pronombre «elle», no reconocido por las autoridades académicas, pero que cada vez es más utilizado por personas no binarias y activistas LGTBI de lengua castellana.

Un reciente ejemplo de esta dificultad han sido los titulares relacionados con Sam Smith, cantante al que hasta ahora nos referíamos en masculino pero que ha manifestado de forma expresa su deseo de que a partir de ahora nos refiramos a elle como «they»:

Se trata, además, de un debate que en el ámbito de la lengua castellana se entremezcla con el que genera el uso tradicional del masculino como «género no marcado», es decir, con la utilización del masculino para referirse de forma genérica a hombres y mujeres. Un uso que las autoridades académicas consideran el único válido, frente a circunloquios como «los alumnos y las alumnas», y que cada vez más activistas, sobre todo de las nuevas generaciones, desafían con formas pronominales como «nosotres» y «vosotres» o con la adopción generalizada de la «e» como género no marcado («les alumnes»), pese a que esta no forma parte del sistema gramatical castellano.

Fuente Dosmanzanas

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La Dama Blanca

Lunes, 26 de noviembre de 2018

Del blog Nova Bella:

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No hay ningún lugar para la muerte
ningún átomo que ella pueda aniquilar
ya que tú eres el Ser y el Aliento
y lo que eres nunca será destruido”

*

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Que personas como estas hayan muerto
nos permite morir con mayor paz

*

Emily Dickinson

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Enamorado

Viernes, 20 de enero de 2017

Del blog Nova Bella:

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Haz, Dios mío,que sea

de ti el mayor de los enamorados.

Pero si lo consigo

te echaré todavía más de menos.

*

Emily Dickinson, 1403

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***

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Quebrado

Miércoles, 11 de enero de 2017

Del blog Nova Bella:

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“Sólo se puede entrar
en un corazón roto
con el privilegio
de haber sufrido mucho”

*

Emily Dickinson, 1704

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A quiet pasion

Miércoles, 30 de noviembre de 2016

Recomendable ver la película A quiet pasion (Historia de una pasión) una aproximación acerca de esta genial poeta… muy recomendable acercarse a su obra y rumiar sus poemas…

Del blog Nova bella:

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y Dios – en cada Puerta –

*

Emily Dickinson

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El amor es lo único real

Lunes, 10 de octubre de 2016

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“Que el amor es lo único real,

 eso es cuanto sabemos del amor”,

*

Emily Dickinson

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Emily Dickinson: “Historia de una pasión”.

Lunes, 10 de octubre de 2016

9-a-quiet-passion-seacia-pavao-520x390Genial artículo que nos acerca a esta inmensa poeta…

Cynthia Nixon como Emily Dickinson.

Tras tan bobalicón y trillado título se esconde una película hermosa, dura y precisa como un láser, que corta con el frío de una noche de invierno y es contundente cual casco de la pata de un caballo. Eso sí, solo para fans. Este tipo de cine va a aburrir a las vacas del blockbuster. Por tema y por forma esta película es un rara avis que exige mucho del espectador, que le pone a prueba todo el tiempo, que no le da respiro y que, aunque por tema está alejadísima, formalmente funciona como una película gore bestia y sangrienta. Ríete tú del  sobrevalorado Michael Haneke ese de los huevos.

Pero, ¿quién era Emily Dickinson? Pues era una poeta (que no, que ya no se dice nunca poetisa; antigua, que eres una antigua) estadounidense que vivió entre los años 1830-1886. Hija de una buenísima familia de Massachusetts, fue criada a la inglesa. Era dueña de una extraordianria sensibilidad para la poesía y la literatura siendo, al mismo tiempo, una persona solitaria, de carácter vehemente, que jamás se casó ni tuvo relaciones sexuales y que nunca salió de su comunidad. A la muerte de su padre se recluyó en su casa, se vistió de blanco, no volvió a salir durante los veinte años siguientes y los muchachos del barrio le llamaban loca.

Emily, a pesar de ser de familia millonaria y católica, fue educada con libertad y tuvo unos padres, hermana y hermano permisivos, cultos, con ideas avanzadas; por ejemplo, abogaban por la erradicación de la esclavitud. Sin embargo, Emily iba más allá: creía que la mujer debía de tener los mismos derechos que los hombres, que una chica no tenía que casarse para tener una vida digna o que la religión no era la respuesta para nada. Eso chocaba, sin embargo, con algunas ideas rancias propias de su linaje y de su clase: creía en el príncipe azul, no soportaba la idea de mantener relaciones sexuales, desaprobaba el adulterio o veía bien ser una “mantenida” por su familia.

Lo anterior es un gran acierto del director, Terence Davies (Deep Blue Sea, Sunset Song), esto es, no hacer una hagiografía del personaje sino mostrar también sus fallos y contradicciones. Además, Davies aprovecha para hacer un repaso por el modo de vida de los estadounidenses ricos del noreste americano, sus formas, sus maneras, sus movimientos… hasta cómo hablaban. Un filme hecho a la antigua. Esos planos, silencios, puesta en escena son más propios de un melodrama clásico de la RKO que de una película del siglo XXI.

Y es fascinante comprobar todo ello no como si estuvieras ante una pantalla de cine sino como si lo vivieras en tus propias carnes. No sé, es difícil de explicar. Hay que sentirlo.

La Dickinson está considerada hoy una de las diez más grandes poetas en la historia de la literatura de Estados Unidos (nos referimos tanto a poetas masculinos como femeninos, se entiende) y, sin embargo, esta mujer hermética tan solo publicó algunos poemas en un periódico local, anónimamente y siendo mutilados por el editor del diario. Y todo gracias a que su amado padre metió mano para que se editaran. En aquella época, el que una mujer escribiera y publicara estaba en contra de la moral y de las buenas costumbres y solo el tesón de Emily, y la mediación de su progenitor, hicieron que en vida pudiera ver, aun en esas condiciones, algo de su trabajo publicado. Todo ello se narra en la película más como muestra desnuda de lo que fueron esos sucesos que como denuncia de la situación de la mujer de la alta sociedad en aquella época, tratadas más como niñas que como seres adultos con entidad propia. Y es otro acierto del director, no tomar partido sino enseñarnos cómo fue la vida en esa mitad del siglo XIX en aquellas circunstancias.

La película, sin embargo, y a pasar de su desnudez y mostrarnos cosas a las claras, no ahorra escenas de emoción auténtica, verdadera: como cuando cada miembro de la familia se hace un retrato fotográfico; las veces en que la voz de la actriz principal, Cynthia Nixon, recita, en off poemas de Emily o cuando se  pone música, con voz,  a una de sus poesías. Son momentos de gran cine, del de toda la vida, de los que te aprisionan el corazón y te hacen tener un nudo en la garganta.

emily-dickinson-520x676La auténtica Emily Dickinson en un daguerrotipo de época.

Destacar las briosas interpretaciones de Cynthia Nixon (Sexo en N.Y.), como la Dickinson; Jennifer Ehle, en el papel de su hermana Vinnie y el gran Keith Carradine haciendo de padre de familia. Otro acierto del director es el mostrar tipos físicos como los de hace ciento cincuenta años, con gestos y movimientos que hoy nos parecerían forzados, como de muñeca de cera y, además, no ahorra en enseñarnos los rostros como seguramente fueron, con algún diente de menos, arrugas, verrugas muy notorias… También hemos de hacer honor a una buena música magistralmente bien empleada y administrada; se oye poca música incidental, pero en momentos clave. Igualmente, mencionar la corta participación de Emma Bell, encarnando a Emily de joven, cuya luminosa y etérea interpretación encandila al respetable los diez primeros minutos del metraje.

Lo dicho, un film alucinante y rompedor, con un ritmo al que no estamos acostumbrados y una manera de hacer las cosas completamente fuera de serie y de lo que se hace actualmente. Todo un tour de force para corazones valientes y amantes de las emociones fuertes.

***

FICHA.
A quiet passion. A QUIET PASSION. (Reino Unido, 2016).
DIRECCIÓN: Terence Davies.
REPARTO: Cynthia Nixon, Jennifer Ehle, Emma Bell, Keith Carradine, Duncan Duff.

Fuente Estoy Bailando

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Del pensamiento a la atención: Vivir amando

Domingo, 9 de octubre de 2016

eyes_blue-960x623La primera vez que lo vi -coincidimos en unas jornadas sobre la aplicación de la no-dualidad a la vida cotidiana- no había leído nada suyo; sin embargo, me bastó con eso, con verlo ser y estar, y partirse de la risa porque sí, para entender cuál era toda su doctrina. Gratitud, confianza, con qué poca cosa tiene uno de sobra para pasárselo en grande en esta vida. Enrique no es un hombre cordial, es la cordialidad misma tomando forma humana, respondiendo en carne y hueso. Lo escuché luego hablar, compartir, ofrecerse. Hay quienes dan explicaciones, y los hay que funcionan por contagio. No es que le falte a Enrique claridad expositiva, pues argumenta con contundencia meridiana; es que sus argumentos verdean de júbilo, resultan infecciosos, ya que son pronunciados desde la vivencia de la gratitud sin causa. ¿Quién no sabe -así sea en ese fondo donde nunca se atrevió a mirar- que no hay nada de lo que preocuparse en realidad, que nada se gana ni se pierde realmente, y que todo viene dado? La palabra certera de Enrique Martínez -pero aún más su manera de decir, de celebrar, su continua acción de gracias- no cesa de recordarnos esa verdad de Perogrullo. En cuanto vemos claramente lo obvio: que el saco está roto, que no hay manera de sacar tajada ni en la tierra ni en el cielo, solo entonces la duración se extingue en la profundidad y, desde lo más profundo de la vida, surge un vivirse en el ser y no en el tiempo, en el amor y no en los intereses, que es como hemos aprendido a llamarles a nuestros demonios. Enrique, que nos quiere bien, lleva años sugiriéndonos que hallemos oído franco, que echemos un vistazo a ese fondo donde todo es nada, donde el yugo es suave y la carga ligera.

Este libro que tienes entre las manos, querido lector, expone la falacia implícita en el uso de la razón cuando ésta -pretendiéndose razonable y alzándose, sin embargo, como último criterio de verdad- niega todo aquello que queda fuera de su dominio. El asunto no es baladí, pues llevamos ya demasiados siglos padeciendo ese secuestro del corazón, que es donde reside el único entendimiento posible. La modernidad, al decretar la muerte de Dios -y por tanto de cualquier Dios conocido, creado por la razón propia de grupo-, estaba abriéndole la puerta -tras muchos siglos de dogmatismo y autoritarismo- al auténtico misterio del ser; pero en esa apertura venía agazapada una nueva cerrazón, una nueva creencia, que podríamos resumir de este modo: “todo aquello que no pueda reducirse a palabra y pensamiento es pura fantasía y resulta inoperante”. Se produjo así, inadvertidamente, el endiosamiento de la razón, y con él, no solo el paulatino olvido de la realidad, sino el olvido de ese olvido, como advirtió Heidegger. No es posible desde ahí entrar en contacto con lo real, puesto que, obviamente, las palabras y pensamientos no conducen sino a más y más de lo mismo. Y esto, aunque parezca mentira, es lo que hemos preterido por entero en cuanto intentamos discutir acerca de lo real. Lo real está aquí para ser encarnado, no para prestarse a vanas discusiones. El que no da con ello de inmediato, puesto que se trata de lo único que no está separado de nada ni de nadie, es porque ni siquiera se toma la molestia de mirar lo que tiene delante -y detrás- de los ojos, pues ha sido convencido de que ver consiste en percibir las cosas tal y como las presentan los hábitos y patrones heredados de pensamiento. No será el pensamiento, sino la atención, la que nos revele la naturaleza original de todo lo manifestado; este es el punto sobre el que Enrique insiste de muy varias maneras a lo largo de estas páginas. Así pues, hecho el diagnóstico: una hipertrofia ya secular de la razón en su torpe afán de encoger la realidad para meterla en la estrechez que caracteriza a todo lo inteligible, se nos receta la cura, que pasa por invertir el foco de la atención, de modo que se desplace desde su apego hacia los diversos objetos y contenidos psíquicos a un auténtico interés por sí misma, es decir, por la naturaleza del principio que entiende, que sabe que sabe, y que, por tanto, es uno y el mismo en todos, ya que esa capacidad simple de entendernos precede a todo lo inteligible como condición de base, como piedra angular.

¿Por qué no sincerarse, ceñirse los lomos y atenerse al principio consciente, allí donde todos somos uno en el ser y el comprender? ¿Por qué no contentarnos con “ser uno más”, en definitiva, pues no existe verdadera alegría fuera de esa humildad que, por otro lado, no es un logro de nadie, sino la naturaleza original de la conciencia? Esta es la invitación que encontraremos en la penúltima sección del libro, porque solo el “hombre verdadero sin ubicación ni rango” del que habla el maestro Lin-chi -que habita en cada uno de nosotros sin perder su identidad- es garantía de toda bienaventuranza. La mente, que padece la atávica ansiedad de darse forma -es decir, de afirmarse en la distinción y pasar por alto que ninguna acumulación de caracteres implica una diferencia esencial en el ser de todas las cosas- no querrá oír una sola palabra acerca de “ser uno más”, porque cree ver una limitación, una merma de sus capacidades expansivas, donde justamente se hace presente la total ausencia de límites. Mientras uno no es capaz de sentir el derroche de plenitud y piedad de este eterno instante, es fácil que sucumba una y otra vez a la tentación de perseguir metas: la realización personal, el prestigio, el yate, el placer, la consideración social, la paparrucha, en fin. Ahora bien, lo que tiene de bueno cualquier persecución es que pone muy pronto de manifiesto la futilidad de los objetivos que la ponen en marcha y alimentan, pues no existe logro capaz de saciar la sed que produce vivir entre falsedades. “Ser uno más”, parece sencillo, y lo es, tanto que no hay manera de serlo mientras ese uno siga empeñado en ser alguien en particular.

Enrique habla en este libro de lo único concreto, que no es nunca lo visto y oído -ya que ahí nos condenamos a movernos en círculo sobre el terreno de la abstracción, el condicionamiento y las conjeturas-, sino el ver y el oír. Por poner un ejemplo, cuando hablamos acerca de una persona en concreto, ¿a quién nos referimos?, puesto que no hay manera de fabularla sin recurrir a un cúmulo de abstracciones. Pero, para hallar en nosotros lo concreto, ese principio uno que ve y oye -en una palabra, que entiende y es aquí y ahora-, es preciso “soltar” -como nos recuerda el autor constantemente-, soltar todo aquello de lo que nos hemos ido apropiando como parte de nosotros llevados por la inercia, por la credulidad, que equivale siempre a una falta de auténtica indagación. El que mira con profundidad en lo profundo ya no puede convivir con ninguna creencia; de la misma manera, aquel que ha cavado su propio pozo y ha probado el agua se negará a beber vinagre, aunque todos le aseguren que se trata de un vinagre muy aguado.

Amigo, si sientes la necesidad de cavar tu propio pozo, de sincerarte, en este libro encontrarás las herramientas que te están haciendo falta. Lástima que no podamos meter en él a Enrique con su cordialidad arrasadora, o al menos una de esas carcajadas suyas que, respetando a todo el mundo, hacen temblar los moños del más crecido en sus engaños. Aquel que no está dispuesto a reírse de sí mismo y de sus cosillas en toda circunstancia es porque no ama de veras, ni siquiera a sí mismo, ya que se empeña en procurarse tan malos ratos. Todo esto, en realidad, es muy sencillo, nos está recordando Enrique bajo la apariencia filosófica de su discurso: en cuanto uno se siente amado por la vida que él mismo es, en cuanto llega a amar sin condiciones, todo queda resuelto antes de plantearse. “Que el amor es lo único real, / eso es cuanto sabemos del amor”, cantaba Emily Dickinson. He aquí, pues, el principio y el fin de toda doctrina.

Vicente Gallego

Boletín Semanal de Enrique Martínez Lozano

Biblioteca, Espiritualidad ,

Hablar contigo

Sábado, 10 de enero de 2015

21717

“Encuentro refugio en hablar contigo”

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Emily Dickinson

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