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“¿Figuritas de porcelana? Mejor un geyperman”, por Carlos Osma

Lunes, 7 de enero de 2019

geypermanDe su blog Homoprotestantes:

Que la ignorancia es atrevida quizás justifique afirmaciones, artículos o manifestaciones varias contra la educación sexual inclusiva en los centros educativos. O, más bien, contra lo que los grupos de (re)presión conservadores (mal)llaman ideología de género. “Estamos preocupados por la educación de nuestros hijos”, “solo aceptamos lo que dice la ciencia, que se nace hombre o mujer, que no se nace neutro”, “no queremos que miembros del lobby LGTBIQ adoctrinen a nuestros hijos en las escuelas”, etc., etc.… Estos son algunos de los comentarios que se escuchan de padres y madres que, hasta ahora, pensaban que preocuparse de la educación de sus hijos e hijas era llevarlos al colegio, que la última vez que abrieron un libro de ciencia Plutón era considerado un planeta del Sistema Solar, y que serían incapaces de explicar que significan las siglas LGTBIQ, y mucho menos poner una cara conocida a cada una de estas siglas.

Cuando era pequeño en la habitación de mis padres había unas figuras de porcelana decorando la cómoda. La verdad es que no recuerdo exactamente si fue un regalo que les hicieron en su boda, pero para mi madre eran como un tesoro. Jamás llegué a comprender esos gustos tan delicados de mis padres al decorar su habitación. “Se mira, pero no se toca” me decían, aunque en principio no se me pasaba por la cabeza tocar aquellas, para mí, espantosas porcelanas. En la mesita de noche de mi habitación yo ponía mi geyperman[1] después de haber estado jugando con él todo el día. Era mi juguete preferido. Tenía unos músculos que me encantaba tocar, una barba estupenda y, a veces, le ponía las mallas de las muñecas de mi hermana para que le estilizaran sus fibradas piernas. Mi geyperman, a diferencia de la porcelana de mis padres, soportaba cualquier contratiempo, e incluso cuando lo montaba en su coche y lo lanzaba contra la pared imaginando un accidente terrible, o lo tiraba por las escaleras pensando que se despeñaba por un precipicio, jamás se hacía un rasguño. ¿Quién quería unas delicadas figuras de porcelana en su cómoda pudiendo tener un geyperman a prueba de bomba?

Traigo esta historia a colación porque siempre he tenido la sensación de que las personas LGTBIQ nos parecemos bastante a ese juguete que tenía de pequeño. Mostrando músculo o sin tener ninguno, con corbata o mallas de muñeca, con bigote o sin él, nuestra vida ha recibido tantos golpes como los que padeció mi geyperman. Golpes que nos podrían haber destrozado para siempre: insultos, agresiones, negación, caricaturización, rechazo familiar… Y no diré que estamos nuevas, pero sí que ha quedado muy claro que nuestra identidad no hay dios que la cambie. Será que estamos hechos de plástico duro, pero toda la presión que la heteronormatividad ha intentado poner sobre nosotras, nos ha podido hacer mucho más difícil el camino, ha podido encerrarnos en un armario, enfermarnos, o a algunas lamentablemente, les ha podido llevar a la muerte; sin embargo nuestra identidad LGTBIQ se ha mantenido inalterable.

Pero cuando veo la forma con la que algunos colectivos pretenden proteger y afirmar la superioridad de la heterosexualidad o de las personas cisgénero[2] (por poner dos ejemplos) en los centros educativos, me acuerdo de las aburridísimas figuras de la cómoda de mis padres. ¿Qué tendrá la heterosexualidad o el binarismo de género para necesitar tanto cuidado? ¿Será que están hechas de porcelana a diferencia del plástico duro con el que estamos construidas las personas LGTBIQ? Si no sirvió de nada toda la presión que recibimos desde pequeñas para que nuestra identidad disidente fuera reorientada a lo que la santísima heteronormatividad consideraba divino: ¿explicar diversidad sexual y de género acabará con las personas heterosexuales y cisgénero? ¿De verdad que, si le decimos a una niña heterosexual que también existen niñas lesbianas, está se lanzará en brazos de la peligrosísima mujer que ha venido a su colegio para enseñarles diversidad sexual? ¿Alguien realmente cree que su hijo querrá ser una mujer si le explicamos que sus genitales no determinan que sea un hombre? ¿Tan sensible e inestable es la heterosexualidad? ¿Tan maleable es la identidad género? A mí tanto miedo e inseguridad me parece extraño. Y tanta utilización de menores para imponer una mirada tan estrecha de la realidad me parece obsceno.

Una tarde que mis padres no estaban, mi hermano se subió a una bicicleta, se puso una capa y empezó a dar vueltas por toda la casa mientras mi hermana y yo le perseguíamos. El último lugar al que entró montado en la bici fue la habitación de mis padres, y con la capa que llevaba tiró una de las figuras de porcelana al suelo rompiéndola en pedazos. La figura era horrible, pero quedó todavía peor cuando la recompusimos intentando pegar los trozos con harina y agua a falta de pegamento. Después me fui a mi habitación a jugar con mi geyperman y a esperar que mis padres volvieran a casa y no descubrieran el destrozo. Mi esperanza se truncó rápido, y tras el castigo (in)merecido, vi como mi madre tiraba a la basura la figura que tanto nos había costado reconstruir. Y es que, la porcelana, a diferencia de mi geyperman el día que perdió una pierna y se la pegué con un trozo de celo, o está intacta o pierde todo su valor.

Parece ser que hay gente que entiende la heterosexualidad y la identidad de género como una figura de porcelana. Pero lo que necesitan niñas y niños es poder expresarse, jugar y vivir. Y todo esto no se lleva bien con figuritas tan frágiles. La mejor forma de protegerles y evitarles sufrimientos absurdos, es permitiéndoles que se muestren tal y como son en un ambiente de respeto. Las diversas identidades son de plástico duro, resistentes a toda coacción. Pero es responsabilidad de los adultos que esas identidades puedan vivirse de forma positiva, integradora y respetuosa. Quienes quieren imponer una ideología de la exclusión en las escuelas son un peligro, una amenaza. Qué se pregunten de donde vienen sus miedos e inseguridades, en vez de intentar trasmitírsela a nuestras hijas e hijos.

Carlos Osma

Notas:

[1] Muñeco articulado muy popular en los años 70 y principios de los 80.

[2] Sexo macho-identidad de género hombre o sexo hembra-identidad de género mujer.

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“Cómo salir del armario en Navidad”, por Carlos Osma

Lunes, 24 de diciembre de 2018

pexels-photo-283778De su blog Homoprotestantes:

Es posible que ya estés algo cansada de que todo el mundo crea que eres heterosexual y te estés planteando afrontar ese rito de inicio por el que, cual circuncisión judía, tenemos que pasar las personas gais: la salida del armario. Supongo que ya sabes que no hay momentos más o menos buenos para dar este paso, y que cualquiera que escojas será visto como inoportuno por quienes te quieren como ellos quieren. Pero como me imagino que lo que más te importa es la reacción de tu familia, y estamos justamente en época navideña, pues llámame tonta, pero yo diría que si no quieres ir haciendo salidas del armario todos los días, o que tu tía María se entere de “lo tuyo” por una llamada de tu primo Moisés; una estrella del cielo puede estar mostrándote que quizás el día de la comida de Navidad, con toda tu familia reunida alrededor de una mesa, es el mejor momento para hacerlo.

Si tu estrategia se resume en presentarte en tan señalada fecha con una botella de vino y tu guapísimo novio, yo no te lo aconsejaría. Mi amiga Elisabeth lo probó, apareció con su novia Agar en casa de sus padres el día de Navidad del año pasado, y a pesar de pasarse toda la comida enganchadas como lapas, y dándose más de un beso con lengua y todo, nadie pareció percatarse. De hecho, la madre de Elisabeth le dice de vez en cuando que vuelva a invitar a casa a esa amiga que tiene, que no recuerda como se llama, pero que le pareció muy maja. Algo parecido le pasó a Pablo, que trajo al novio que había conocido la semana anterior en un bar leather, y se le olvidó comentarle que para una comida tan importante era mejor que llevase puesto algo más que unos pantalones de cuero que dejaban al aire todo su trasero, unos tirantes que apenas tapaban las estrellas que llevaba en los pezones, y un látigo. Sorprendentemente toda la familia actúo como si el novio leather llevara puesto un esmoquin, menos el tío Santiago que de vez en cuando le daba una palmadita en el culo y le decía: “Tienes que venir a nuestra iglesia, yo puedo enseñarte lo que Dios quiere para ti”.

No se trata de algo personal, tu familia se aferrará a tu heterosexualidad hasta límites inverosímiles, y no vas a conseguir que abra los ojos a la realidad simplemente porque seas gay. Así que renuncia a las soluciones fáciles, no metas a nadie en algo que debes afrontar sola, y échale valor. Piensa que eres el Josué de la diversidad y que lo único que tienes a favor son las palabras de Dios que te dicen: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo dondequiera que vayas[1]. Si lo piensas bien, este versículo puede serte de mucha ayuda, y después de que tu padre haya bendecido durante diez minutos la cena de Navidad, y antes de hincarle el diente al pollo relleno (mientras tu hermana le echa un ojo a los bíceps del novio de tu prima), puedes coger la copa de cava, darle golpecitos con una cuchara, y cuando tengas la atención de todo el mundo, lees la cita, carraspeas, y anuncias que te has armado de valor para anunciarles algo muy importante. Te aseguro que menos tu tío Jonás que nunca se entera de nada, los demás van a poner una cara de terror que flipas.

Antes de entrar en materia, yo te recomendaría haber ensayado antes en casa o en tu habitación lo que vas a decir. En el caso de que tengas las llaves de la iglesia, puedes ir cuando no haya nadie, subir al púlpito y ensayar desde allí. Si tienes alguna amiga o amigo de la iglesia que sabe “lo tuyo”, que te acompañe en los ensayos, porque nosotras tenemos cierta tendencia al melodrama. De lo que se trata es de que digas con la convicción de la samaritana (que incluso hizo cambiar de opinión al mismo Jesús) lo que quieres decir. Ni más, ni menos. Nada de momentos lacrimógenos, por mucho que quieras a tu familia, no se lo merecen. Si al menos te hubieran echado un cable cuando tenías doce años y estabas más perdido que Marco buscando a su madre, se entendería, pero si decidieron callarse “el secretito” que sospechaban, y controlar toda emoción que pudiera delatarles, pues ahora sigue su ejemplo. Tú limítate a transmitirles quién eres.

Estaría bien ponerle algo de música de fondo, como en la iglesia. De algo te tiene que haber servido pasar en ella todas las mañanas de los domingos desde que naciste. Así que si tienes un teléfono móvil con conexión a algún altavoz cercano puedes llevar preparada una canción que refuerce lo que vas a decir, te ayude a no perderte, y permita entender a tu auditorio que estamos ante un momento divino. Si tu móvil es del paleolítico o no quieres estar pendiente de la logística del momento sino del contenido, necesitarás contar con la ayuda de algún familiar que sepa de tecnología. Si tienes un hermano o hermana entre 5 o 15 años, es la persona perfecta. Con esta edad controlan la tecnología como nadie. Yo pondría la canción “Ain’t no mountain high enough”, pero eso va a gustos, lo que sí que te diría es que no pongas ninguna de Marcos Vidal, porque si tu padre o tu madre se ponen a llorar, no vas a saber si lo han hecho por lo que has dicho, por que se sienten culpables, porque tu tía Abigail ha puesto demasiada cebolla al consomé, o porque no hay ser humano que pueda escuchar a este cantautor sin que se le salten las lágrimas.

Llegados a este punto, si estás convencida de que quieres salir del armario ante tu familia en la comida de Navidad, recapitulemos y situémonos de nuevo en la mesa. Estás de pie, con la copa en la mano, el discurso ensayado, el tono decidido y la música sonando por fin de fondo. Míralos entonces a todos y diles la verdad, que los quieres pero que te has callado hasta ahora quién eres porque son la mejor familia del mundo y tenías miedo de perderles. Repíteles que los quieres, que lo vuelvan a escuchar, pero que tú no te has sentido tan querida como crees que mereces. Que sabes que no lo han tenido fácil tampoco, que seguro que no han sabido como afrontarlo, pero que tú eras la niña o el niño que necesitaba su ayuda y no la tuviste. Explícales que estas más que agradecido por la educación cristiana que te han dado, que te ha aportado muchas cosas buenas, pero que también ha sido uno de los elementos que más difícil ha hecho que te quieras y te aceptes. Diles que has tenido tus problemas con ese dios al que te enseñaron a orar y cantar en la escuela dominical, que es un dios que no se ha portado bien contigo, que estás un poco perdido con todo eso de la fe, que ahora incluso dudas, pero que si con algo te has sentido siempre identificada es con el niño Jesús que nace en un pesebre porque todas las puertas de los hostales le fueron cerradas. Toma aire, y vuelve a decirles que los quieres, pero que solo puedes hacerlo como lesbiana, como gay, que te niegas a quererlos con mentiras. Que así eres tú, que lo tomen o lo dejen, pero que te aterra y siempre te ha aterrado perderles. Diles que estás decidida a ser feliz, a querer y que te quieran, a acertar y equivocarte, a vivir en definitiva. Diles que vengan contigo, y que tú quieres ir con ellos, pero que sabes que eso no depende ahora solo de ti. Mira a tu madre, a tu padre, a tus hermanos y hermanas, míralos a todos a los ojos, diles de nuevo que los quieres, bébete por fin la copa de cava (te la mereces), explícales que es la primera vez que en este día sientes que ha irrumpido de verdad la vida y la esperanza, y antes de sentarte agotada; deséales una feliz Navidad.

  1. El discurso final es solo una propuesta, no olvides adaptarlo a tus circunstancias… ¡Y una cosa más! Dales al menos dos o tres meses para que hagan la digestión de la comida, no mucho más, que si no se acomodan y volverás a estar en las mismas. A la valentía ahora necesitarás añadir paciencia y algo de suerte. Te deseo lo mejor. Feliz Navidad.

Carlos Osma

NOTAS:

[1] Jos 1,9

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“No conozco varón”, por Carlos Osma

Viernes, 21 de diciembre de 2018

black-and-white-1283748_960_720De su blog Homoprotestantes:

Antes de que a María se le apareciese el ángel Gabriel, esta tenía un compromiso matrimonial con un varón, concretamente con José. Que no se nos escape, el dato es importante: José era un varón. Y quizás podríamos preguntarnos que significa eso de ser varón, pero no es necesario, hace unos días el portavoz de la Conferencia Episcopal Española, Luís Argüello, nos lo explicó con claridad: “de sexo varón, de género varón y al mismo tiempo que su tendencia sexual no sea la atracción por el mismo sexo, sino que sea lo que la corporalidad masculina puede llevar consigo”.

Sí, lo de explicar con claridad era una broma, porque lo de sexo varón, pues queda así muy en el aire. ¿Qué tiene un pene varón? ¿Un cerebro varón? ¿Una genética (sea esta la que sea) varón? ¿O como mi amigo Antonio que nació con una vulva muy varonil? Respecto a lo de género varón, pues tres cuartos de lo mismo, porque no tengo ni idea de cómo ha de comportarse una persona para ser un varón. ¿Caminaba José con las piernas muy abiertas y escupía cada dos por tres al suelo? ¿Solía pegar a las mujeres y estaba dispuesto a hacer lo mismo con María si le llevaba la contraria? ¿Era educado, sensible y afectuoso? Con la información ofrecida por el señor Argüello me cuesta hacerme una idea. Sí creo entenderlo cuando dice aquello de que “su tendencia sexual no sea la atracción por el mismo sexo”, a José le debía gustar lo que a la inmensa mayoría de seres humanos: el sexo de otras personas distintas. El suyo lo tenía ya muy visto. Y respecto a la última frase de sus declaraciones, pues tengo que reconocer que me he perdido con todo eso de la corporalidad, la masculinidad y no sé qué cosa que lleva consigo. ¿Unos pantalones?

Pero volviendo a la historia inicial, a María más que la “varonilidad” de José, lo que le debió dar un susto de muerte fue que el ángel la saludara con unas palabras más extrañas que las del señor Argüello. Y aún más cuando le anunció que tendría un hijo (no un varón como José) que se llamaría Jesús y que se sentaría en no sé que trono de su padre David. La respuesta de María: “¿Cómo será esto?, pues no conozco varón”, vendría a ratificar los retrógrados planteamientos de Argüello, ya que parece estar afirmando que la labor de servicio tan importante que Jesús debía hacer, necesariamente tenía su origen en un buen varón. Pero la respuesta demoledora del ángel no dejó lugar a dudas, en pocas palabras vino a decirle: “ni falta que te hace”. La construcción del reino no tiene como presupuesto lo varonil, sino la voluntad salvadora de Dios. “Aquí está la sierva del Señor, hágase conforme tu palabra”, acabó por decir María. Creo que finalmente  entendió que la elección de Dios rompe los esquemas retrógrados y opresivos en los que solemos movernos los seres humanos.

Cada vez hay una oferta más diversificada para el colectivo LGTBIQ en las ciudades de todo el mundo: bares donde cualquiera puede bailar con la música más petarda, discotecas solo para chicas, asociaciones para deportistas, para familias con hijos e hijas, para personas de la tercera edad… Todo el mundo tiene derecho a divertirse o crear entidades que respondan a las necesidades de un determinado grupo de personas. La Conferencia Episcopal Española no iba a ser menos y pide a los aspirantes al sacerdocio católico (cito a su portavoz Argüello): “que se reconozcan y sean enteramente varones, por lo tanto heterosexuales”. No voy a entrar aquí a reflexionar porqué quieren varones enteros, y qué relación tiene para ellos ese ser varón entero con la heterosexualidad. Cada uno cataloga la realidad con la capacidad que le permite el cerebro que tiene. Me resulta más doloroso el silencio de muchos varones enteros que se dedican al sacerdocio católico (y no católico), y de aquellos otros que no lo son tanto, pero que tragan con lo que les echen. Seguro que ya habrán encontrado una buena justificación a las diabólicas palabras de Argüello.

A día de hoy creo que cristianos y cristianas con un mínimo sentido común entienden que el mesías cristiano nació en un cuerpo determinado, en una cultura concreta y en un momento histórico. Pero ninguno de esos accidentes, por mucho que puedan contener un mensaje importante, son la razón de la elección divina. No creo que la sorpresa de María hubiera sido mayor si el Ángel le hubiera dicho que daría a luz una maravillosa niña lesbiana que reinaría sobre la casa de Raquel para siempre y que su reino no tendría fin. Y tampoco creo que esa maravillosa niña lo hubiese hecho mejor o peor que Jesús. La única identidad relevante cuando nos acercamos a Jesús, es si realmente reveló la voluntad de Dios, y si de verdad Dios lo exaltó después de su muerte.

Los penes pueden tener un gran valor para la Conferencia Episcopal Española, la heterosexualidad puede ser la panacea que ellos mismos no están dispuestos a consumar, los homosexuales pueden ser lo más bajo entre los varones. Pero lo que ellos piensen no tiene valor alguno si no tiene continuidad con el mensaje del evangelio, ese que con historias como las del anuncio del nacimiento de Jesús nos transmiten lo que también Pablo expresa al decir: “lo débil del mundo escogió Dios para avergonzar a lo fuerte[1]”. Así que, en esa escala cristiana que trastoca todo lo que vemos tan evidente, los que no son enteramente varones (signifique lo que signifique esta burrada) deberían ser los primeros en acceder al servicio de cualquier comunidad cristiana. Ahora bien, también deberían ser los primeros en abrir la boca para denunciar la discriminación. Los primeros que, como María (que no era varón), se atreviesen a enfrentarse a la incomprensión de su entorno y de su iglesia, si con ello colaboran en hacer presente el reino de Dios en el mundo.

Carlos Osma

Notas:

[1] 1 Co 1,27

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Anuncio del Adviento 2018

Miércoles, 5 de diciembre de 2018

velas660x650-1200x800-e1543178364218Carmen Herrero Martínez, Fraternidad Monástica de Jerusalén
Tenerife

ECLESALIA, 30/11/18.- Adviento, tiempo de gracia, tiempo privilegiado de espera. Adviento, anuncio de presencia y liberación. La espera y esperanza se visten de fiesta, de júbilo y alegría para recibir a Aquél que viene, el anunciado por los Profetas, el esperado de los pueblos y naciones, el Príncipe de la paz. ¡Maranatha, ven Señor, Jesús!

Una doncella virgen, una hija de Israel, llamada María, lleva en su seno un niño: un niño va a nacer, un niño se nos ha dado, y él nos trae una vida nueva. Él es la justicia y el derecho, el árbitro de las naciones, consejero, príncipe de la paz. En María se cumplen la Promesa de Dios a su pueblo: “Cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley” (Gal 4, 4).

Las gentes otean de lejos el horizonte, el momento de la venida del Mesías; ellas salen a su encuentro con gozo y jubilo, puesta la esperanza en ese niño que va a nacer, el Hijo de la Promesa, de la esperanza y consolación de Israel.

Grandes y chicos se visten de fiesta, ataviados como una joven doncella, con sus mejores galas; todos se pasean por las calles con hidalguía y gozo de quienes salen al encuentro de Aquel que, desde antaño esperaban. ¡Maranatha, ven Señor, Jesús!

El traje más bello y admirable que viste el cortejo es la espera paciente después de siglos; enjoyados con el collar de la esperanza. Esta joya que desde tiempos remotos los hijos de Israel la custodian y la aman, como a la hija predilecta, salida de sus entrañas.

Los trajes de gala, de este cortejo están formados por su deseo ardiente de ver a Aquel que les trae la liberación, la salvación; Aquel que ya está llegando, al horizonte se percibe la estrella iluminando el camino que lleva al pobre portal de Belén, donde el Rey de reyes, nacerá, el Enmanuel, el Dios hecho hombre. ¡Misterio insondable, misterio de amor y plenitud de entrega! “Dios hecho materia, para que la materia sea divinizada” (San Máximo, confesor).

Quienes queremos prepararnos, a la venida, de tan esperado y querido Niño, nos unimos a este gran cortejo de hombres, mujeres, ancianos, jóvenes y niños que representan toda la humanidad; dejándonos revestir de la belleza y profundidad interior que este cortejo nos transmite. “Canta de júbilo y alégrate, hija de Sión; porque voy a venir, y habitaré en medio de ti, declara el Señor” (Zacarías 2,10).

Tal vez, tu situación no sea fácil, ni tu estado de ánimo esperanzado para recibir al Enmanuel, hecho niño; con sencillez y desde tu propia realidad, ábrete y acoger en el “pesebre” de tu corazón a este Niño que viene a salvarte, a traerte la paz, la plenitud de vida. Adviento es una invitación a levantar la mirada hacia el nacimiento de la Vida, hacia Aquél que viene a liberarnos de toda esclavitud. La Navidad es la manifestación del gran amor y ternura de Dios por su criatura, por cada uno de sus hijos. Por tu parte, adora y confía y el nacimiento de Jesús se hará realidad en tu corazón. Adviento, tiempo de sentir a Dios encarnado como la plenitud de todo hombre y mujer; porque Jesús ha asumido nuestra propia naturaleza uniéndonos a la suya. Por el bautismo, somos uno con Cristo, hijos en el Hijo, herederos de la Promesa.

“Caminemos a la luz del Señor. Preparad los caminos del Señor, para que todo el mundo contemple la salvación de Dios” (Is 40,3). Desde este mensaje de esperanza nos disponemos a celebrar el Adviento. Tiempo de gracia que nos invita a la conversión, a preparar el camino, el “pesebre” de nuestro corazón, la morada de Dios; una morada digna donde Jesús pueda nacer y sentirse acogido, arrullado y tiernamente amado. “El Amor no es amado” exclamaba san Francisco. Adviento nos invita a amar, con todo el corazón, a ese niño que pronto va a nacer, nuestro Salvador.

Adviento es un encuentro con Dios que sale en busca de la persona, y la persona que va al encuentro con su Creador. Podemos decir que el Adviento es “encuentro” de Dios con su criatura y de la criatura con su Dios. El Adviento es un camino orante donde se va tejiendo la amistad entre Dios y el alma; Dios, haciéndose hombre, eleva a su criatura a la categoría de Dios. ¡Maravilla de maravilla! ¿Quién la podrá comprender?

El romance de San Juan de la Cruz, sobre la Encarnación, puede iluminarnos y ayudarnos a profundizar este inefable misterio de Amor trinitario. Juan de la Cruz, el gran místico que comprendió y vivió el misterio esponsal entre Dios y el alma, el Misterio de la encarnación.

ROMANCE SOBRE LA ENCARNACIÓN

(Poesía de San Juan de la Cruz “Romance nº 3, del nacimiento 16, 9 -Obras completas de san Juan de la Cruz-. Biblioteca Autores cristianos)

Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:

Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había.
En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
más deleite contenía;
El cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.

Mi voluntad es la tuya
justicia y sabiduría,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía.
Iré a buscar a mi esposa,
y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;

y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,
y sacándola del lago
a ti te la volvería.
Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y envíalo a una doncella
que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;
y, aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenía solo Padre,
ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;
por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía.
Y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.

*  *  *  *  *

Ante tal misterio de Amor, la acción de gracias, la adoración y la contemplación, nos adentran en él.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Populismo, política, miedo y cristianismo”, por Carlos Osma

Martes, 4 de diciembre de 2018

bolsonaroDe su blog Homoprotestantes:

A mí el concepto de políticos cristianos me da repelús, y jamás se me ocurriría votar a un partido político que pretendiese amoldar la Constitución y la democracia a su particular lectura de la Biblia. Sé que en otros lugares se vive de manera diferente, pero en Europa tenemos cierta alergia a este tipo de propuestas, ya que la experiencia histórica no ha sido buena. Por otra parte, como la mayoría de políticas cristianas están basadas en reafirmar los derechos de los hombres heterosexuales blancos, ricos y conservadores, un hombre gay como yo las vive como una amenaza. Y finalmente opino que, si la estrategia más evangélica de transmitir las buenas noticias de Jesús pasase por tener el poder político suficiente para poder imponerlas, Dios mismo hubiera hecho nacer a Jesús en casa del Emperador César Augusto.

Parece ser que el movimiento evangelical no piensa de la misma forma que yo, y ya es oficial que su estrategia pasa por llegar a los Parlamentos de los respectivos países, no para exigir respeto por sus convicciones religiosas, sino para imponer al resto de la sociedad su visión machista, heteronormativa y contra los derechos reproductivos de las mujeres. Estos son solo algunos ejemplos, aunque tampoco podría añadir muchos más, porque la hoja de ruta de las políticas evangelicales tiene que ver con decir a las personas que pueden (o sobre todo, no pueden) hacer con su vida, limitando la libertad individual. Su otro campo de batalla es la educación, en realidad preferirían que sus hijos aprendieran geografía, historia, sexualidad o biología en la iglesia, y que la Biblia fuese el único libro de texto. Pero como (todavía) no pueden imponer a todo el mundo la obligatoriedad de asistir a la iglesia, se desviven por intentar erradicar de los centros educativos, todo aquello que tenga que ver con potenciar la capacidad crítica, el respeto a la diversidad, la posibilidad de hablar de cualquier cosa… Lo hacen por salvar a sus hijos e hijas.  O eso dicen, porque es evidente que se trata de cobardía, de miedo a que sus hijas tengan la oportunidad de escoger un mundo que no es el suyo… Dicho de otra forma, quieren impedirles la elección libre del evangelio. Y sin libre elección, podemos estar hablando de Verdad (esa que conocen por saber leer al pie de la letra), pero no de evangelio.

Lo que resulta más incomprensible, o según como se mire lo que muestra la esencia del evangelicalismo, son los compañeros de viaje que ha escogido para alcanzar lo antes posible sus fines. En Estados Unidos, por ejemplo, se ha aliado con Donald Trump, del que todo el mundo conoce sus affaires con prostitutas a cambio de dinero, que llamó animales a personas inmigrantes indocumentadas, o que ha realizado tuits con insultos racistas a varias personas afroamericanas diciendo que tienen un bajo coeficiente intelectual. En Brasil ha llevado a la presidencia a Jair Bolsonaro, que se ha posicionado a favor del libre comercio de armas, de la tortura, que reconoce haber fallado con su cuarto hijo porque le salió mujer, y que piensa de las personas que viven en las quilombas (comunidades de afrodescendientes) no sirven ni para procrear. Y podríamos seguir con las bancadas evangelicales en otros países de América, pero para no alargarme acabaré con un toque humorístico (si no fuera por el patetismo que conlleva) y me fijaré en la (gracias a Dios) irrelevante comunidad evangelical española que, en su medio de comunicación por excelencia, Protestante Digital, da cobertura mediante una entrevista a un partido populista de ultraderecha, antiinmigración y antiislam como VOX.

Parece evidente que el evangelicalismo ha escogido el miedo como motor de cambio social. Hablaba con una amiga que vive en Sao Paulo y me comentaba que había sido el miedo por la inseguridad ciudadana que se vive en muchas ciudades de Brasil el que ha llevado a Bolsonaro a la presidencia. También fue el miedo a las minorías el que llevó a la América blanca a votar por Donald Trump. Miedo a quedarse sin trabajo, a que se lo quite un extranjero. Miedo de la minoría evangelical española a ser ninguneados, ignorados hasta la saciedad por los poderes políticos. Miedo a que los valores tradicionales no sean los hegemónicos. Miedo a que sus hijas se conviertan en feministas lesbianas porque se lo inculquen en el colegio. Miedo a que un cristiano no pueda verbalizar libremente sus posiciones machistas o tránsfobas. Miedo a que occidente pierda su identidad cristiana. Miedo, miedo y más miedo… Los evangelicales se sienten atacados y tienen miedo. Por eso se han revuelto y han decidido defenderse con uñas y dientes.

No comparto la idea de quienes consideran que el cristianismo debe ser apolítico… Sé que es posible vivir la fe cristiana como una evasión, como esperanza en un más allá que no tiene conexión real con el mundo, ni capacidad de trasformarlo. Pero no tengo muy claro que estas visiones cristianas de la evasión puedan sostenerse con el evangelio. El cristianismo es político porque habla de una implicación en la vida real de las personas para dignificarlas, y también de la naturaleza para protegerla. Pero me niego a creer que sea el miedo quien deba fundamentar sus políticas. Como cualquier otra dimensión, debe estar relacionada con al acontecimiento de la cruz y la resurrección de Jesús. Y allí se nos revela un Dios que sufre por la injusticia, un Dios que no es abstracción, sino que se deja entrever en un ser humano marginal e incómodo que intentó dignificar y liberar a otros seres humanos, pero que fue crucificado por un poder que se sintió amenazado por él. Frente a esta injusticia, la cruz no llama al resentimiento, a levantar muros para protegerse; tampoco a la imposición política de la fe cristiana, sino a la esperanza. Pero no a nuestra esperanza, sino a la esperanza de Dios. Porque el Espíritu de Dios que resucitó a Jesús nos abre al futuro y a la vida, a levantar de las tumbas a quienes son injustamente tratadas, a la solidaridad, a la paz y al respeto a toda la creación. Quizás estos principios nos puedan llevar a aproximarnos a diferentes posicionamientos políticos, pero son incompatibles con aquellos otros que no respetan los derechos de todos los seres humanos y son insensibles a la diversidad en la creación divina.

Las políticas que nacen del evangelio, son políticas fundamentadas en la esperanza. Y son solo estas políticas las que pueden dar respuesta a la complejidad de nuestras sociedades. Son políticas alejadas siempre de los populismos, porque son incómodas, porque a todas y todos nos hacen perder un espacio de privilegio para compartirlo con otros seres humanos. No viven de las encuestas, ni del resentimiento, ni del poder de convicción de los medios de comunicación. Tampoco del miedo, ni de la esperanza en construir un mundo que funcione bajo los principios morales que los evangelicales consideran cristianos. Viven de la esperanza concretada en cada acción de liberación y dignificación en nuestros prójimos, y en quienes consideramos que no lo son.

Nos toca ahora levantarnos contra los populismos evangelicales para desenmascararlos como populismos del miedo, no del evangelio. Me alegra saber que hay movimientos cristianos en todo el mundo que se atreven a denunciar las políticas evangelicales que se han unido a la ultraderecha, como políticas que atentan contra la dignidad de los seres humanos, contra el evangelio. Vivimos tiempos convulsos, donde muchas personas quieren creerse las recetas simplistas de los populistas, y donde los evangelicales no ven otra salida a sus propuestas trasnochadas que aliarse con líderes políticos ultraconservadores. En vez de ir hacia el precipicio, hacia la autodestrucción, debemos invitarles a que pongan de nuevo su mirada en la cruz para reorientar sus posiciones. Hay mucho dolor y sinsentido en la cruz, pero allí se nos revela de forma clara cuál es la única manera de transformar nuestro mundo: con esperanza encarnada en quienes no cuentan, para conseguir un mundo de iguales en la diversidad, que respete toda la creación.

 Carlos Osma

Espiritualidad, Iglesias Evangélicas , , ,

“Volver a Galilea e ir a casa “, por Carlos Osma.

Sábado, 10 de noviembre de 2018

paralitico-de-cafarnaum-descendo-pelo-telhadoDe su blog Homoprotestantes:

En los últimos versículos del evangelio de Marcos, el ángel le dice a María Magdalena, a María la madre de Jacobo, y a Salomé, que Jesús había resucitado y que ya no estaba en el sepulcro. Les pide además que informen a los discípulos de que han de volver a Galilea, solo allí encontrarán de nuevo a Jesús. Tiene muy claro que la buena noticia tiene poco recorrido en Jerusalén, la ciudad del Templo, que es el símbolo del poder religioso dispuesto a todo para que no cambie nada. Por eso los discípulos tienen que salir de allí y dirigirse al espacio donde reside el contrapoder del Reino: Galilea. Justo hacia ese lugar nos desplazamos en esta reflexión, y hacemos parada en los doce primeros versículos del capítulo dos del evangelio de Marcos.

Una vez allí nos situamos en Cafarnaúm, un pueblo pesquero ubicado en Galilea, y entramos con mucha dificultad en la casa de Pedro. Dicen los arqueólogos que posteriormente se convertiría en una iglesia, en un lugar tan venerado por algunos como el Templo. Pero a nosotros no nos interesa el edificio religioso que llegó a ser, sino la casa donde vive un pescador junto a su esposa, sus hijos e hijas, su hermano, su suegra, y posiblemente: junto a Jesús también. Y vemos como la casa de una familia de simples pescadores en la Galilea de los Gentiles, en la frontera permeable de la impureza, está ocupada por una multitud que quiere ver, aprender, y estar cerca del maestro.

Los templos de los santos no permiten cambios, se ven pero no se tocan, no vaya a ser que se vengan a bajo a la primera de cambio. Pero las estancias de quienes tienen unas normas de pureza más relajadas, pueden montarse y desmontarse a conveniencia. Por eso cuando cuatro hombres que querían entrar con un paralítico en camilla han visto que era imposible hacerlo por la puerta, han subido por la escalera lateral de la casa hasta la azotea. Una vez allí, después de separar las ramas del techo, ante nuestra sorpresa han hecho bajar al inmóvil hasta donde está Jesús. ¿Quería venir el paralítico? ¿O han sido los cuatro hombres quienes cansados de llevarlo a cuestas han decidido traerlo? Jesús ha afirmado que ha visto la fe de ellos [1]… pero en ese ellos: ¿está contenido también el paralítico?

Se atribuye a Rosa de Luxemburgo la frase: “Quien no se mueve, no siente las cadenas”. En este caso podríamos añadir que quien se mueve en camilla, tampoco las siente. Y creo que este matiz es pertinente para las personas LGTBIQ, porque es posible que consideremos que ya no estamos atados a la LGTBIQ-fobia porque no estamos quietos, porque avanzamos, porque incluso podemos descender del cielo ante la mirada atónita de todo el mundo y ponernos delante del mismo Jesús. Y lo mismo pensarán nuestros amigos que, contra lo que opinan otros cristianos y otras iglesias, se preocupan por nuestra dignidad. El problema es que en vez de animarnos a levantarnos y hacer visibles las cadenas de injusticia con las que todas colaboramos, prefieren llevarnos a cuestas. Prefieren cargar con nosotras, no sé si para hacer penitencia por lo mal que nos trataron, porque no quieren que suframos, o porque les preocupa que el mundo heteronormativo cambie demasiado si nos atrevemos a caminar. Sea lo que fuere, esta forma de resolver la situación tiene poco recorrido. Y si uno no quiere levantarse, porque le es más cómodo estar tumbado, y los amigos no quieren decirle que se levante, porque no saben cómo les afectará si esto ocurre, la solución que han encontrado es traerlo delante de Jesús para que resuelva su problema.

Fe en Jesús tienen, eso queda claro, sino no hubieran gastado tiempo y energías en traerlo hasta aquí. Fe en ellos mismos, en su capacidad para superar la situación, parece que no tanto. Pero con tanta gente de pie dentro de la casa no logro ver la expresión que se les ha quedado en la cara a los cinco cuando, en vez de una acción milagrosa, Jesús ha dicho al paralítico: “Hijo mío, tus pecados quedan perdonados”. Parece que nuestra LGTBIQ-fobia, esa que tenemos incrustada en el alma, nos es perdonada. Algunos piensan que más que perdón, lo que tenía que haber hecho Jesús es decirle que se levante de una vez y se marche para su casa. Pero yo creo que nuestro paralítico todavía no está preparado, y si se levanta ahora, corre el peligro de ir arrastrando las cadenas toda la vida. La parálisis, esa que impide la libertad de movimientos, en Galilea es considerada fruto del pecado. En el Templo el pecado es justamente lo contrario: el movimiento y la expresión libre.

Yo pensaba que en la casa solamente habíamos entrado la purria, las marginadas, los aventureros y alguna que otra constructora de sueños. Pero justo cuando Jesús hablaba con el paralítico, se ha girado y le ha dado por preguntar a los maestros de la ley (que al contrario que el resto de los presentes llevan todo el rato sentados), por qué piensan de esa manera. Y bueno, la pregunta creo que es completamente actual y pertinente: ¿qué hace tanta gente en las comunidades marginales cristianas pensando que hay que cumplir la ley? Uno se queda siempre sorprendido cuando entre los últimos se topa con esas personas que, aunque que ya no están tumbadas y paralizadas, se niegan a levantarse y mirar a Jesús a los ojos. Posiciones intermedias, posiciones de cobardes, de esos que viven en Galilea pero tienen el corazón en el Templo de Jerusalén.

Defender lecturas literalistas excluyentes, jerarquías homófobas, entidades que nos ignoran y echan sobre nosotras toda la basura de la que son capaces, comunidades que predican la discriminación e incitan a ejercer violencia sobre las personas LGTBIQ… Todo eso se hace también dentro de las casas de las suegras de Pedro, en la Galilea marginal donde el ángel nos prometió volver a encontrar a Jesús. Proteger la ley del patriarcado y la LGTBIQ-fobia, desear formar parte de la religiosidad del Templo. Y muchos y muchas no lo dicen abiertamente, pero lo piensan. Y lo que es peor, anhelan convertirse en jueces, en repetir los esquemas opresivos que los marginan. Son incapaces de ver otras posibilidades, otras formas de actuar más acordes con el Reino. Tienen la mente cauterizada. ¿Qué es más fácil perdonarles los pecados o recordarles que el ser humano está por encima de cualquier ley?

Algo ha ocurrido, parece como si al paralítico la discusión entre Jesús y los puritanos de la casa impura, le ha hecho entender cuál era el pecado que le había sido perdonado. Y no era otro que el de no haber creído que la vara con la que los templos nos miden, no tiene nada que ver con el seguimiento de Jesús. Que siempre es mejor levantarse, que es absurdo vivir moviéndose gracias a la ayuda de otras personas que nos llevarán donde ellas consideran más adecuado, pero que a lo mejor no es dónde nosotras querríamos ir. Jesús siempre nos llama al movimiento completamente libre, solo así es posible el seguimiento. Los cristianos LGTBIQ que en este momento viven más seguros dejándose transportar por las necesidades y criterios de comunidades y creyentes LGTBIQ-friendly, lo hacen porque en el fondo siguen pensando como los maestros de la ley que tienen la mente ligada al Templo. Porque no han aceptado realmente el mensaje del evangelio. Buscan religión, seguridad y ser bien vistos por los demás. Pero el evangelio va de libertad, de levantarse y caminar.

¡Nunca había visto nada igual!, dice la persona que tengo justo a mi lado. No la conozco de nada, habrá venido aquí como yo, para encontrar a Jesús tal y como el ángel había anunciado a las mujeres. Y tiene bastante razón, es difícil ver a paralíticos que se levantan obedeciendo a las palabras de Jesús. Cuesta ver curaciones tan rápidas, porque normalmente necesitamos tiempo para vernos reflejados en los maestros de la ley. No es fácil tener el coraje de decir: yo no quiero ser como ellos, ni vivir tras los barrotes de su cobardía. Pero es aquí, en aquellas que se levantan de las camillas que los buenos cristianos les construyeron para que se quedaran allí toda la vida, donde entendemos lo que la resurrección de Jesús significa.

Las personas LGTBIQ podemos levantarnos y movernos libremente, caminar hacia nuestra propia casa en Galilea. Quedarnos en la de Pedro puede servir para que quienes allí estamos demos la gloria a Dios por un tiempo. Pero no hay mayor testimonio del poder que tiene el evangelio, que ver a una persona que un día vivió paralizada, caminando determinada en busca de su propio lugar, de su propia casa. En ese camino, es donde el evangelio es predicado, donde se hace presente. Un camino sin buenas personas que nos llevan en camilla, ni maestros de la ley que nos miran sentados desde su posición de privilegio. Un camino incierto, pero un camino nuestro, que nos lleva a donde Jesús nos espera: a casa.

Carlos Osma

Notas:

[1]              Mc 2, 5

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“La amenaza de la desesperación”, por Carlos Osma

Lunes, 5 de noviembre de 2018

desesperacion1De su blog Homoprotestantes:

Iba a empezar diciendo que respeto a quienes entienden el cristianismo como desesperación. Me refiero a los que creen que la vocación que han recibido consiste en hacer que la fe se mantenga como siempre fue, sin cambio, sin transformación, sin vida. Pero estaría mintiendo, porque en el fondo tengo la certeza de que los embalsamadores del evangelio son el peligro más importante al que se enfrenta hoy el cristianismo.

Ni secularismo, ni ateísmo, o ni ningún otro ismo… La fuerza que actualmente amenaza de muerte la fe cristiana, es otra fe, que también se llama cristiana, pero que no convierte a los seres humanos en seguidores de Cristo, sino de una ideología neoconservadora que aliena a los seres humanos haciéndoles creer que poseen la verdad. Además, los transforma en una especie de robots sin empatía hacia el prójimo, cuya única finalidad reside en la conversión de los “no creyentes” a su cristianismo de la desesperación.

Pienso que la amenaza debe ser tomada en serio, porque este tipo de cristianismo no ha venido aquí para compartir espacios con otras maneras de entender la fe. Ha venido a destruirlo todo, a imponerse a toda costa, a hacer desaparecer a quienes piensan diferente. Y es difícil encontrar una respuesta certera que esté a la altura de la amenaza, porque hasta ahora se había resistido frente a otras fes cristianas que, aunque cercanas, no las reconocíamos como hermanas. Hoy son iglesias, comunidades, amistades con las que se comparten instituciones comunes, quienes a todas luces se han alejado del seguimiento de Jesús y predican otro evangelio. Un evangelio sin gracia, sin capacidad real de traer salvación. Y si al principio se creyó que lo mejor era respetar el camino que cada iglesia cristiana había tomado, y tratar de tener una convivencia lo más fraternal posible, hoy parece evidente que urge desenmascarar esta ideología pseudocristiana que confunde el evangelio con una moral decimonónica, y espiritualiza a Jesús de tal forma que cuesta encontrar alguna similitud con el que aparece en los evangelios.

Creo que la manera más honesta de actuar, es dejar de tomar una postura defensiva, intentando amoldarnos a los espacios que esta ideología deja para sobrevivir. Su voluntad real, es acabar con el evangelio, con la apertura, con la duda, pero sobre todo: con la esperanza. Hay que denunciar, aunque sean personas con las que hemos compartido una gran parte de nuestro camino cristiano. Hay que levantar la voz, decir que eso no es cristianismo, que es cobardía, ignorancia; que es miedo, inseguridad. Una huida y una renuncia total a la posibilidad de construir el Reino de Dios, un reino de iguales en libertad. Hay que llamarlos al arrepentimiento, mostrando que el cristianismo sin esperanza no es posible. Que la esperanza, esa que se implica en la transformación del mundo para mejorar la vida, a veces se pierde, pero no podemos renunciar a ella para siempre porque es ahí donde reside lo esencial de nuestra fe cristiana.

Urge recomponer un relato consistente que ponga al ser humano y su liberación como centro, porque el relato de la desesperación nos está asfixiando. Predicar la buena noticia hoy, como lo fue desde el principio, no tiene nada que ver con la verdad sino con la esperanza. Pero sin caer en el engaño de quienes la colocan en el futuro y vacían hoy la vida. La esperanza de la que habló Jesús se aferra a lo real e imperfecto del momento presente, huye despavorida de los discursos del miedo de quienes predican condenas y fuego eterno, y nos empuja hacia lo que parece imposible: la justicia, el amor, el prójimo… Hacia la felicidad y la vida. Una vida que no se somete a las interpretaciones del dios de la letra, sino que se abre para que Dios vaya reescribiendo su voluntad en ella.

Los fariseos de hoy, esos y esas que han convertido la Biblia en un código legal, hacen lo que siempre han hecho: predicar el antirreino. Situándose por encima del resto de seres humanos. Ellos son el verdadero peligro que amenaza con dar por muerto el evangelio. Pero donde hay peligro, crece también la esperanza. Solo un cristianismo aferrado a ella, a su predicación y a su realización, podrá superar el envite. La ley lleva a la muerte, la esperanza a la resurrección. Ella es sin duda, la última palabra. Aquella con la que Dios certifica que está del lado de la diversidad y de la vida.

Carlos Osma

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2018: el año con más personajes LGTB en las series de televisión

Lunes, 5 de noviembre de 2018

glaad_logoEstamos asistiendo a un momento histórico en las series de televisión norteamericanas. Nunca antes, como ahora, las series han tenido tantos personajes gays, lésbicos, bisexuales y trans.

Es la máxima representación que hemos podido disfrutar hasta ahora.

La famosa y poderosa organización LGTB de Estados Unidos, Gay and Lesbian Alliance Against Defamation (GLAAD) que en un primer momento surgió como una alianza en contra de la difamación, y hoy es un organismo no gubernamental apoyado por famosas estrellas y políticos, publicó su último estudio relativo a la representación televisiva: “Where We are on TV” de 2018.

Desde 2016 hasta ahora hemos tenido un muy gran avance. Ese año había 30 personajes LGTB en las series, en 2017 subió casi el doble. 58. Y en lo que llevamos de 2018 ya podemos contar 75 personajes fijos que son gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, queers y no binarios, en lo que representa el 8,8% de los protagonistas televisivos, y esto sin contar los 38 personajes LGBTQ + que aparecieron en participaciones especiales y no están de manera fija en la serie televisiva.

Pero no solo tenemos esta buena noticia. Los personajes LGTB comienzan a ser más variados, a ajustarse más a nuestra sociedad tan diversa.

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En los años 90, cuando comenzaron a aparecer los primeros personajes LGTB en las series, estos correspondían en su mayoría a series de médicos y series policiales, y podréis adivinar fácilmente que los personajes, además de ser siempre secundarios, eran enfermos o delincuentes.

Pero por fin las cosas han cambiado. En los personajes estudiados este año encontramos, por ejemplo, que hay casi tantos femeninos como masculinos, por fin las mujeres lesbianas, trans y bisexuales comienzan a ser más frecuentes. También la mitad de los personajes LGTB no son caucásicos, y empezamos a ver representación de otras razas. También estamos en el mundo de los superhéroes, con la transexual de Supergirl, y Ruby Rose encarnando a Batwoman.

El estudio refleja también que dentro de todas las plataformas, Netflix es la que más personajes diversos tiene.

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La presidenta de GLAAD, Sarah Kate Ellis dijo: “Con políticas anti-LGBTQ siendo debatidas nacional e internacionalmente, las historias y personajes en la televisión son más críticas que nunca para transmitir comprensión y aceptación de las personas LGBTQ. Estas series demuestran que el público está sediento por nuevas historias y perspectivas”.

Fuente Oveja Rosa

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“La mentira os dará poder”, por Carlos Osma

Viernes, 21 de septiembre de 2018

6219452d-b169-4a8d-bec4-1088c69e98f5De su blog Homoprotestantes:

Aunque uno de los textos más conocidos del evangelio afirma que “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres[1], la historia muestra una y otra vez que las iglesias han preferido el “aprenderéis a mentir, y la mentira os dará poder”. Y es que, como cualquier otra institución, las iglesias se han sentido muchas veces amenazadas por personas, ideologías o cosmovisiones; y ante esa supuesta amenaza han respondido a menudo de forma poco evangélica, poco humana. Esa es nuestra historia, esconderla sería faltar a la verdad y un impedimento para liberarnos.

Es difícil encontrar instituciones que controlaran mejor la utilización del relato con fines represivos. Antes de entrar a humillar, discriminar, someter e incluso asesinar a un grupo de personas, las iglesias sabían que era necesario crear un relato que diera legitimidad a su barbarie. Los judíos, por ejemplo, fueron los que asesinaron a Jesús; eran sucios, olían mal, eran criminales, avaros y maestros del engaño. Las mujeres que se negaron a poner su cuerpo y su capacidad reproductiva al servicio de poder, fueron denominadas brujas: depravadas sexuales capaces de asesinar a niños, o desenterrarlos de sus sepulturas, para comérselos en los banquetes de sus aquelarres. Los negros eran los descendientes de Cam, que había avergonzado a su padre Noé, y habían sido castigados con la maldición divina de ser siervos de sus hermanos[2]. Las personas negras no tenían la inteligencia del resto de seres humanos, eran sanguinarias, ladronas, supersticiosas e indignas de confianza. Los dirigentes de la Iglesia católica, eran para los protestantes, los representantes del poder del Anticristo y la Prostituta de Babilonia de la que habla el Apocalipsis. Sus seguidores, personas incultas, idólatras y supersticiosas. Los protestantes fueron, para los católicos: herejes, herramientas diabólicas contra la Iglesia, mentirosos, comunistas y masones.

Me parece evidente que las iglesias deberían ser abanderadas de la lucha por la justicia y la dignificación de las personas que son oprimidas en nombre de la heteronormatividad, el binarismo de género y el patriarcado. Sin embargo, para muchas de ellas, estas tres ideologías han sido disueltas de tal manera en sus estructuras, que las confunden con el evangelio mismo y son incapaces de extirparlas de su seno por miedo a perder su esencia. Hago aquí un inciso para indicar lo perverso que ha llegado a ser un cristianismo que entiende que estas tres ideologías son parte esencial del evangelio, y está dispuesto a pasar por encima de la vida de tanta gente para defenderlo. Ante esta visión completamente alejada del evangelio de Jesús, estas iglesias perciben a las personas LGTBIQ, a los colectivos que las apoyan, y a los poderes políticos que legislan en favor de toda la población (también LGTBIQ), como una amenaza.

Como han hecho casi siempre, ante la sensación de amenaza, han decidido contraatacar. La fórmula clásica del silencio, de no nombrar y expulsar a la marginación, ya no es suficiente para someter y humillar a las personas LGTBIQ en Occidente. Así que para hacerlo ahora con éxito, son conscientes de que necesitan un relato que haga de estas personas un peligro para la sociedad, y sobre todo para las iglesias (que se convertirían en objetivo prioritario de las personas LGTBIQ). Si hacemos un repaso a titulares de algunas páginas cristianas conservadoras observaremos como intentan construir dicho relato: ¿Podemos salvar el Encuentro Mundial de las Familias del lobby gay? (infoCatólica), El estado se está sometiendo a la ideología de género (Protestante Digital), Expertos alertan que los medios de comunicación estimulan la transexualidad de los niños (Bibliatodo Noticias), Cristiano podría ser condenado a 2 años de prisión por decir que la homosexualidad es pecado (Noticia Cristiana),  Activista reconocida LGBT abandona su estilo de vida, se rinde a Jesús (Mundo Cristiano), Condenaron a panaderos por negarse a hacer un pastel pro-homosexual (La Gaceta Cristiana), FEREDE reitera su preocupación y posicionamiento crítico por las leyes antidiscriminación “solo para gais” tras la aprobación de la ley andaluza (Actualidad Evangélica), Un pediatra augura en el futuro una “oleada de suicidios” debido a la ofensiva trans en los niños (Religión en Libertad)…. No importa que el relato de persecución del cristianismo por parte del supuesto lobby LGTBIQ sea falso, lo esencial es construirlo y hacerlo creíble para mantener el poder y la influencia en todas las facetas de la sociedad y de la vida privada del mayor número posible de personas.

Pienso que el cristianismo no está llamado a ejercer poder, sino a liberar(se), y para ello debería cambiar la mentira por la verdad. No me estoy refiriendo a una verdad absoluta, Dios me guarde, sino a conocer la realidad a la que se enfrentan las personas LGTBIQ, también las que son cristianas, antes de crear un clima de confrontación. Estaría bien que, en vez de hacer oídos sordos a las críticas de muchas personas por la experiencia sufrida dentro de las iglesias a raíz de los discursos homobófobos y tránsfobos que en ellas se realizan; se sentasen a dialogar y se dejaran interpelar por sus palabras, y por qué no, aclararan aquellas que han podido ser malinterpretadas.  La única razón por la que se niegan a hacerlo es porque son conscientes de que su discurso no tiene nada que ver con la vida y la realidad, sino con el poder, y con la incapacidad de repensar su fe de una manera que sea liberadora (¿a qué Jesús está siguiendo este cristianismo?). Es incomprensible que sigan negando la humillación que padecen los cristianos LGTBIQ que hay dentro de sus iglesias, y sean incapaces, no digo ya de empatizar, sino de escuchar, de tratarles como seres humanos. También a las personas que ya no forman parte de sus comunidades porque fueron maltratadas y expulsadas.

Que un país tenga una educación que respete las diversidades y que no trate de imponer la heteronormatividad por la fuerza, que existan leyes (que se pongan en práctica) que condenen a quienes agreden a las personas LGTBIQ, que todo el mundo tenga el mismo derecho a formar y ver reconocida su familia, que de la diversidad y la igualdad de derechos se haga bandera, que haya justicia para quienes padecieron represión por su diversidad sexual o de género, que nadie tenga que renunciar a su fe o a la comunidad de la que forma parte por ser LGTBIQ, que una persona trans y su familia sean acompañadas de manera no invasiva pero sí empoderadora, teniendo todos los recursos que necesitan a su alcance de manera ágil… Y podríamos seguir y seguir enumerando las necesidades y las luchas de las personas LGTBIQ (y de una sociedad -y pocas iglesias- que ha hecho suyas sus reivindicaciones). Y al enumerarlas, no aparece ninguna de las amenazas que el discurso cristiano fundamentalista ha generado para hacerse pasar por una víctima, en vez reconocer y arrepentirse por su colaboración y promoción de la LGTBIQfobia. Se puede seguir mintiendo, pero me parece ofensivo que se haga en nombre de Dios, y que no haya más voces cristianas que hagan una denuncia rotunda del burdo relato que se está intentando construir. Porque el evangelio, Jesús mismo, llama a la verdad, y la verdad no tiene nada que ver con el relato que pretenden imponer. La única forma de aproximarse a esa verdad, es sentarse en la misma mesa con las personas LGTBIQ para dialogar e intentar comprender sus demandas. Y después, mantenerse con el discurso del antievangelio del poder, como tantas y tantas veces, o decidirse por el evangelio de la liberación.

Carlos Osma

Notas:

[1] Mt 8,32

[2] Gn 9,18-28

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“Un pastor en apuros”, por Carlos Osma

Jueves, 13 de septiembre de 2018

secuestroDe su blog Homoprotestantes:

Imagina que vives en la maravillosa ciudad de Valencia, junto al rio Turia, y que de vez en cuando te pasas por su catedral y subes los 207 escalones del Micalet para disfrutar de las vistas y pasar un buen rato. Supón que eres un pastor evangélico y que después del culto del domingo, dejas a tu mujer e hijos en casa, y te vas a dar una vuelta por el imponente Oceanogràfic para ver los diferentes hábitats marinos y sumergirte con algún tiburón. Ponte en la piel de este pastor y visualízalo sentado en su coche, con la puerta trasera abierta, en la Avenida del Cid en pleno mes de marzo, pocos días después de que el fuego haya convertido en cenizas las monumentales fallas y las tracas y petardos todavía resuenen en su memoria. Mira por el retrovisor a través de los ojos de este pastor, que mantiene el coche en marcha mientras el nerviosismo delata que lo suyo no son los secuestros, y observa cómo los dos cutres sicarios, que ha contratado por 140 euros, intentan introducir por la fuerza en el automóvil a su musculado amante sin demasiada fortuna.

Sitúate ahora un mes antes, en febrero; estás dentro de una iglesia evangélica, justo en una asamblea en la que se está decidiendo si dicho pastor debe ser expulsado por su conducta inmoral. No es fácil dictaminar si el tema es que ha sido infiel a su mujer, o si el problema es que lo ha sido con un hombre; aunque como la esposa no aparece por ningún lado y nadie se acuerda de ella, todo parece indicar que estamos en el segundo de los casos. Ahora, por difícil que resulte, intenta descubrir que pasa por la cabeza de nuestro protagonista que está a punto de perder su trabajo y el sustento de su familia… piensa en la hipoteca, en sus hijos, en el coche… piensa en los recibos de la luz, del teléfono y del gas… y presupón que lo único que este señor de 53 años ha hecho en la vida es ser pastor, y evidentemente carece de otra formación. No es difícil deducir que está aterrado, desesperado y que se siente acabado. Y entonces escucha sus escusas y sus mentiras patéticas negándolo todo.

Vayamos hacia atrás más de cuarenta años, y pregúntate porque este señor no huyó de la iglesia evangélica en la que fue criado cuando descubrió su problema…. ese que no se podía nombrar en aquel momento. O en el peor de los casos, si no procede de una iglesia evangélica, ¿qué hizo que se decidiera a formar parte de una de ellas? Y para más inri, ¿por qué se casó?, ¿y por qué aceptó ser pastor en una iglesia homófoba? (bueno, si hablamos de Valencia, y quería ser pastor, tenía que serlo en una que fuera homófoba). No es que esté lanzando preguntas sobre el comportamiento de este ministro evangélico, lo que en realidad me interesa más, es saber qué le ofrecía la iglesia evangélica para que estuviera dispuesto a hacer tantos disparates juntos.

Supongo que mis lectoras se habrán percatado de que hasta ahora he hablado de un secuestro, de juicios sumarísimos eclesiales, de miedo, de recibos de luz, de incongruencia, de engaño… Y por mucho que estos elementos intenten hacer del artículo un texto trepidante, habrán echado en falta (sobre todo si estamos hablando de un pastor evangélico) palabras como: evangelio, amor, empatía, coherencia. ¿Por qué un pastor desesperado en vez de intentar secuestrar a su amante para grabar un mensaje en el teléfono móvil desmintiendo su relación, y así seguir engañando a su comunidad, no sube al púlpito de la iglesia y denuncia la homofobia que le ha llevado a tener una doble vida? Y si este señor no se mueve por motivaciones evangélicas, ¿por qué está dispuesto a cometer un delito pensando más en mantenerse dentro de la iglesia, que en justificarse ante su mujer? Para seguir teniendo trabajo, pensará muchos lectores, y quizás tengan gran parte de razón; pero creo que no toda.

Con esta noticia los medios de comunicación evangelicales, como de costumbre, podrían haberse dedicado a caricaturizar a las personas LGTBIQ presentándolas como poco fiables, mentirosas y peligrosas. Pero no se han hecho eco de ella. Y es que, pienso yo, la imagen real de un pastor evangélico en su coche, con el pie dispuesto a pisar el acelerador, la mano derecha en el cambio de marchas, los ojos fijos en el retrovisor, y pidiéndole a dios que su plan de secuestro saliese bien para poder seguir asistiendo a la iglesia; más que ridiculizar a las personas LGTBIQ, deja ver con claridad meridiana que el mensaje de liberación que deberían predicar en sus iglesias, ha sido sustituido por otro que solo busca la dependencia de sus fieles. Y eso solo es posible porque en algún momento perdieron la fe en el poder de transformación real sobre la vida de las personas que tiene el mensaje de Jesús, el evangelio. Es triste decirlo, pero nuestro pastor secuestrador, no pensó en ningún momento en comportarse de manera evangélica, sino en seguir formando parte de su mundo evangelical. Y con toda seguridad es eso lo que predicaba desde el púlpito de su iglesia, y lo que se predica en el resto de púlpitos evangelicales: dependencia, no evangelio.

La dependencia, que recorre el mensaje evangelical de arriba abajo, es una renuncia al evangelio y el reconocimiento implícito de la perdida de la fe. Y en esas circunstancias las personas se ponen en manos de las obras de la ley, e intentan hacer parecer que están a la altura de las exigencias de quienes les darán su visto bueno. Y cuando no pueden, y se sienten aterradas por la posibilidad de perder el mundo que les da tanta seguridad, deciden vivir una doble vida. Pero si por alguna razón sus obras de la carne salen a la luz, entonces tendremos unos seres humanos desesperados dispuestos a mentir, coaccionar y secuestrar; unos hombres y unas mujeres dispuestas a todo. La dependencia es un veneno con el que conscientemente se pretende cautivar conciencias en las comunidades evangelicales, un veneno que acaba haciendo una caricatura del evangelio. Ante esta propuesta demoníaca, hay que seguir afirmando con rotundidad que donde hay evangelio, donde hay buena noticia, allí está el espíritu de Dios, y donde está su espíritu, allí hay libertad; allí hay “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”.  Y que: “contra tales cosas no hay ley[1]”.

Carlos Osma

Notas:
[1] Gl 5,22-23

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“Los sodomitas son los políticos populistas que predican la xenofobia”. Entrevista a Luca Negro, presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas en Italia

Sábado, 4 de agosto de 2018

lucaDel blog Homoprotestantes:

Desde diciembre de 2015 es el presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas en Italia. Una Federación compuesta por varias iglesias que van desde la Iglesia Valdense – la histórica iglesia reformada de Italia, fundada en el siglo XII –, hasta el Ejército de Salvación, pasando por la Iglesia Bautista. ¿Cuáles son los pros y contras de una federación tan diversa?

En realidad la Federación no es tan diversa. Sus miembros son mayoritariamente las iglesias del protestantismo histórico, que están presentes en nuestro país desde el siglo XIX. Participan en el movimiento ecuménico, tienen una teología abierta y una lectura bíblica que no está caracterizada por el literalismo o el fundamentalismo… No forman parte de la Federación las iglesias “evangelicales” (pentecostales y otras). Claro que hay un diálogo con estas iglesias, pero un dialogo que a veces es más difícil a nivel ético que teológico.

Usted es pastor de la Unión Cristiana Evangélica Bautista de Italia, una iglesia que – junto a valdenses y metodistas – hace años empezó a trabajar la inclusión de las personas LGTBI. ¿Cómo fueron esos comienzos?

Un grupo de hermanos y hermanas bautistas, metodistas y valdenses nos reunimos informalmente en 1997 durante la Asamblea de la Federación, y decidimos crear una Red evangélica sobre Fe y Homosexualidad. Esta red – la REFO, Rete evangelica fede e omosessualità – nació en 1998. Antes y durante la Asamblea/Sínodo de las iglesias “BMV” (bautistas, metodistas y valdenses) de 1990 trabajamos para que se creara una comisión BMV sobre fe y homosexualidad. Una comisión que lleva trabajando en estos casi veinte años en la formación bíblica y teológica. En 2010 el Sínodo metodista y valdense decidió a favor de la bendición de parejas del mismo sexo, aunque en aquel momento todavía no había una ley de uniones civiles, como la que fue aprobada en 2016. Los bautistas son congregacionalistas, es decir, que cada iglesia puede decidir autónomamente sobre este tema. Aun así, en la Asamblea Bautista de 2016 se aprobó por mayoría la bendición de parejas del mismo sexo.

¿Qué avances se han conseguido hasta hoy?

Además de la bendición de parejas del mismo sexo, muchas iglesias, particularmente en las ciudades más grandes, han recibido como miembros a personas homosexuales. También se han implicado cada año, alrededor del 16 de mayo, en la organización de vigilias ecuménicas de oración contra la homofobia.

¿Qué falta todavía?

Aún hay iglesias y sectores de iglesias que no están por la inclusión; en particular, éste es el problema con congregaciones donde la mayoría de los miembros son de origen africano o latinoamericano. En la Unión Bautista hay también algunas congregaciones que han sido fundadas por misioneros de Brasil, que tienen otra posición sobre la inclusión de las personas homosexuales. Esta problemática será discutida en la próxima Asamblea de la Unión Bautista del mes de noviembre.

Las iglesias bautistas en Cataluña, España, o Sudamérica, son muy beligerantes hacia las personas LGTBI y sus derechos. ¿Qué ha podido influir en Italia para que esto sea diferente?

Los bautistas italianos tienen una tradición de cooperación con el resto de iglesias del protestantismo histórico. El movimiento bautista tiene más de 150 años de vida en Italia, y nació como expresión de un “Risorgimento” (resurgimiento) nacional a nivel religioso. Los primeros misioneros fueron ingleses y americanos del Norte (más abiertos que los del Sur de los Estados Unidos), y el liderazgo bautista siempre fue muy italiano, con raíces profunda en la cultura italiana más liberal y progresista.

En Italia no existe el matrimonio entre personas del mismo sexo, sino la unión civil. Tampoco los hijos e hijas de familias LGTBI pueden ver reconocidos a sus dos padres o madres (salvo raras excepciones tras litigios judiciales interminables). ¿A qué cree que se debe tanta resistencia a la igualdad de derechos?

La cultura católica y la influencia del Vaticano han tenido una gran importancia, por ejemplo, en el retraso con el que se ha aprobado la ley de uniones civiles. No se puede olvidar que en Italia tenemos la Santa Sede. Y también al nuevo Papa, que es muy abierto cuando se habla de ecumenismo, paz, justicia y otros temas sociales; pero que es muy tradicional cuando se trata de ética y familia. En cuanto a nuestras iglesias, desde hace años preferimos no hablar de “familia” sino de “familias”, en plural.

Actualmente mucho se habla de la inestabilidad política en su país y el aumento de los populismos. También de la posible salida del euro o incluso, de la Unión Europea. ¿Vive Italia una crisis? ¿A qué se debe?

El Gobierno actual es eminentemente populista, una extraña alianza entre un movimiento claramente de derecha y xenófobo, la Liga de Matteo Salvini, y un movimiento populista con elementos de izquierda, el Movimiento 5 Estrellas. No sé cuánto podrá durar esta alianza. El riesgo para los 5 Estrellas es convertirse completamente en subalternos de Salvini. De todas formas, esta situación tiene mucho que ver con la incapacidad del centro-izquierda de renovarse, y con el sectarismo interno y externo del Partido Democrático (interno por la falta de pluralismo del secretario saliente Matteo Renzi, y externo por no haberse arriesgado a hacer una alianza de gobierno con los 5 Estrellas).

¿Qué le ha parecido la decisión del ministro Matteo Salvini de ordenar cerrar los puertos italianos para impedir que atracara el barco Aquarius, que transportaba 630 personas rescatadas por MSF y Sos Meiterranée de las aguas del Mediterráneo?

Ha sido una decisión irresponsable. Como declaró Paolo Naso, responsable de nuestro programa para los refugiados MediterraneanHope: “Lo que nos anima es el espíritu del evangelio. El enemigo no son las ONG, sino la guerra y la violación de los derechos humanos. Tras un terremoto no se procesa a los rescatadores”.

¿No cree que la Unión Europea se comporta únicamente como una unión económica, y deja toda la responsabilidad de la crisis humanitaria que se está viviendo en el Mediterráneo a los países del sur de Europa?

Claro que sí, y la búsqueda de un “alma para Europa” es una constante preocupación de las iglesias europeas.

¿La Federación de Iglesias Evangélicas en Italia está realizando acciones o tiene algún programa para intervenir ante este drama humano en sus costas?

La Federación trabaja esta área desde hace años. Tras la tragedia del 3 de octubre de 2013, cuando cerca de la isla italiana de Lampedusa murieron casi 400 refugiados, abrimos un observatorio sobre las migraciones en la isla misma de Lampedusa, donde junto a otras organizaciones de la sociedad civil trabajamos la información y la acogida de los migrantes. En 2016 comenzamos un proyecto piloto ecuménico, los Corredores Humanitarios, que consiste en transportar – de forma legal, en este caso- refugiados “vulnerables” desde el Líbano, con un programa de integración en la sociedad italiana. En dos años hemos acogido de esta forma a más de 1200 refugiados. Y este año hemos firmado un acuerdo con la ONG española Open Arms para apoyarlos en su trabajo de “search and rescue” en el Mar Mediterráneo – aunque el éxito de este trabajo será difícil con el Gobierno actual.

Para finalizar, y agradeciendo su amabilidad al conceder esta entrevista, le quería preguntar qué ha significado en su larga experiencia como pastor evangélico, pero también como cristiano, la palabra, o mejor dicho, la acción de acoger.

Acoger es uno de los conceptos básicos de una teología bíblica. Recién me invitaron a tener un estudio bíblico sobre el tema de la acogida en la Asamblea de la Conferencia de Iglesias Europeas (KEK) en Novi Sad, sobre el texto de Génesis 18 –Abraham acogiendo tres viajeros-. Lo que traté de explicar es que este episodio es antitético a Génesis 19, la destrucción de Sodoma. Génesis 18 nos ensena la importancia de acoger, y Génesis 19 nos muestra el pecado de la no-acogida. Porque este es en realidad el pecado de Sodoma. Los “sodomitas” de hoy no son los LGBTI, sino todos los que predican la xenofobia, y particularmente los políticos populistas. El Nuevo Testamento (Hebreos 13,2) habla de la acogida como “filoxenia”, amistad para el extranjero. La “filoxenia” es precisamente lo contrario a la “xenofobia”.

Entrevista realizada a Luca Negro por Carlos Osma

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“Querida Eva”, por Carlos Osma

Jueves, 2 de agosto de 2018

beautiful-1867093_1280De su blog Homoprotestantes:

Tienes toda la razón, la primera vez que te escribí fue para comentarte que había algo en tu discurso evangélico que era diferente al resto. No era un discurso fundamentalista, ni paternalista, tampoco liberal; era una aproximación muy humana a la homosexualidad. Y eso lo hace quien en algún momento de su vida ha sido consciente de que no cabe en alguna etiqueta que la mayoría entiende como natural o divina. Es cierto que el envoltorio de tu discurso era ortodoxo, pero las mujeres como tú, siempre logran en algún momento de su vida desbordar los límites que les limitan o, mejor dicho, les asfixian. La ortodoxia evangelical es como una cámara de gas para todas las personas LGTBIQ que, por desgracia, hemos nacido en ese entorno.

Supongo que cuando he utilizado la palabra “desgracia” habrás sentido cierta incomodidad, a mí también me pasa. La razón es que en ese entorno hemos recibido cosas muy valiosas que nos han construido como personas y a las que no estamos dispuestos a renunciar; pero por otro lado, y por eso utilizo la palabra, nos ha generado un disonancia entre quienes somos, y quienes nos dicen que debemos ser. Entiendo el conflicto por el que has pasado, imagino que no te ayudará saber que hay millones de personas que han tenido que pasar por lo mismo… Algunas de ellas, no han sido tan fuertes como tú; unas no han podido, muchas no se han atrevido, y otras, se han acostumbrado a vivir una doble vida. Estaría bien que te preguntaras qué ha hecho que tú te decidieras por el camino de la dignidad, de la autenticidad, y de la verdad. Quizás te des cuenta que, además de la homofobia, hay personas de tu entorno que te han transmitido que el evangelio no es la aceptación de unos dogmas, sino una forma de vivir que produce liberación en quienes lo siguen.

Siento lo que estás pasando ahora, es sin lugar a dudas el momento más doloroso; cuando encuentras la incomprensión de tu familia e iglesia. Cuando te sientes sola, y además engañada, pero te aferras a la fe. Es difícil encajar que tu familia te vea de otra manera por haberles dicho que eres lesbiana, cuando en realidad tú sigues siendo la misma persona de siempre; y que estén dispuestos a perderte, o incluso a echarte de casa, si no aceptas sus principios homófobos. No te voy a mentir, no sé qué ocurrirá en el futuro, si acabarán por aceptarte o si preferirán alejarse de ti… Quizás unos hagan una cosa y otros otra. Necesitan tiempo para encajar lo que ha ocurrido, aun así, te recomiendo una cosa: no les esperes. Todo el mundo tiende a vivir en su zona de confort, y no se moverán de allí, si tú te quedas a su lado. Tienes que moverte, tienes que vivir tu vida, y ellos decidirán si quieren esforzarse por estar a tú lado. Les va a costar, hay que reconocer que también ellos padecerán a partir de ahora la homofobia de su entorno evangélical… Pero tendrán que decidir si quieren o no estar contigo. Esa decisión no es tuya, tú puedes decidir darles tiempo, ser comprensiva, dialogante… pero no puedes obligarles a que te quieran como eres. Es duro, lo sé… Pero las cosas son así.

Respecto a tu iglesia, te lo voy a decir de una manera romántica: creo que los besos de la mujer a la que amas te han hecho despertar del sueño en el que vivías inmersa. Los evangélicos no somos “el remanente fiel”, ni “los escogidos”, tampoco “los verdaderos seguidores de Jesús”. En la mayoría de ocasiones (siempre hay excepciones) su discurso de amor hacia los seres humanos, es únicamente un gancho para hacer proselitismo. Actualmente el trato que las iglesias evangelicales nos dan a las personas LGTBIQ, es la prueba irrefutable de que se han alejado del evangelio, del seguimiento de Jesús. Sé que es difícil, muy difícil, romper con personas con las que has compartido juegos, enseñanzas, experiencias, sueños… desde que eras una niña. Sé que descubrir la contradicción profunda que hay entres sus palabras y sus actos, te puede llevar a una crisis de fe. Pero es mejor poner tierra de por medio… No tienes nada que hacer, necesitarán que seas un chivo expiatorio para poder seguir aferrándose a su manera de interpretar la Biblia. Si quieres tener alguna posibilidad de tener una fe evangélica sana, escapa, no mires atrás. No te rindas, sigue buscando y compartiendo tu fe con quienes tengan una visión más acorde con las enseñanzas de Jesús. Espero que vivas cerca de las pocas comunidades inclusivas que existen en el país, pero si no es así, siempre hay personas con las que quedar un día para dialogar, leer la Biblia, u orar juntas, en un ambiente en el que todo el mundo pueda mostrarse tal como es.

Me comentas que no puedes orar, que estás rota y que no puedes permitirte en este momento abrirte de esa manera. A mí me ayudó en aquel momento escribir… expresar como me sentía. Sacar la irá, el enfado, la rabia, y expresar el dolor que tenía dentro de mí. No sé si tú puedes hacer lo mismo, y si te puede también ayudar… no pierdes nada por intentarlo. Creo que fue C.S. Lewis quien dijo que la oración no cambia a Dios, sino que nos cambia a nosotros. Y esto es lo más importante: cambiarte por dentro, volver a repensar todo lo que has aprendido desde que eras una niña, quedarte con las muchísimas cosas buenas por las que deberías estar agradecida, y desechar las que te restan y te hacen daño… Las que no te permiten vivir de la forma que Dios ha pensado para ti.

Tengo que decirte también que eres una mujer afortunada, no todo el mundo se ha enamorado. Me explicas que las cosas en este momento son difíciles para las dos. Si tienes claros tus sentimientos, yo no me rendiría… En Cataluña celebramos el día de Sant Jordi, el caballero que según la leyenda salvó a la princesa del dragón. A mis hijas les he enseñado desde pequeñas que nadie tiene que venir a salvarlas, que ellas pueden tomar la iniciativa. Así que si yo fuera tú, me iría directamente a por ella, a sacarla de esa cueva oscura donde está metida y que seguro le hace ser infeliz. Si lo logras y ella acepta, pues disfrutad todo lo que podáis de vuestro amor… Si no, pasa página y mira hacia el futuro. Eres una gran mujer, y las grandes mujeres no se rinden fácilmente.

Sé que en este momento te sientes frágil, tengo que decirte que yo no te veo así… Has tenido mucho valor para decir sencillamente quien eres. Ya me gustaría ver a todas esas personas que ahora te dan la espalda, saber qué hubieran hecho ellas en tu situación. Me decías en tu última carta que te habías dado cuenta de que antes no permanecías callada para intentar someterte a lo que Dios quería, sino por miedo a romper tu reputación y perder el mundo en el que vivías. Ya ves que tenías razón, pero a pesar de eso has actuado con determinación… Ahora eres más libre, no pierdas la oportunidad de avanzar en ese camino que tú misma vas a tener que trazar. No es tan fácil como el camino ya marcado por el que muchas personas transitan, pero sin duda es mucho más auténtico y apasionante. No te dejes engañar por espejismos, ni te rindas a la aceptación de nadie… Sigue adelante, el Señor está contigo, Él es tu pastor.

Carlos Osma

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“Releyendo la historia yahvista de la creación”, por Carlos Osma

Sábado, 30 de junio de 2018

buckled-book-2180047_1280De su blog Homoprotestantes:

En el libro del Génesis encontramos dos historias diferentes que explican la creación del ser humano. La primera la encontramos en el capítulo uno[1], y forma parte de lo que se denomina tradición sacerdotal[2] (fuente P); mientras que la segunda aparece en los capítulos dos y tres, y proviene de la tradición yahvista[3] (fuente J). Muchas personas hacen una lectura literal de estas historias, o al menos eso es lo que dicen, porque releyendo esta tarde la segunda, que relata lo ocurrido en el jardín del Edén, a mí me asaltaban un mar de dudas y preguntas.

Para empezar, me ha resultado irónico que, si para muchas personas el Edén es un lugar paradisíaco donde el ser humano vivía sin responsabilidad alguna, el texto lo que más bien dice es que el hombre fue creado con la intención de que lo labrara y lo cuidara. Después me he sentido un poco incómodo al leer que la mujer fue creada por Dios con la única intención de que su creación primera, el hombre, no estuviera solo. Pero en seguida me he dicho a mí mismo… A ver, a ver… Es evidente que los autores de esta historia tienen una idea clara de qué y quiénes eran Adán y Eva… Pero: ¿Cómo se comprendían a sí mismos Eva y Adán según el texto yahvista?

“Entonces Dios formó al hombre con polvo del suelo[4]”… ¿Qué significaba para Adán ser un hombre si era el primero y nunca había visto uno? ¿Ser algo diferente a la tierra? ¿No ser Dios? ¿Ser el jardinero del Edén? ¿Estar aburrido? ¿Cómo debe comportarse un ser humano para ser un hombre si nadie le ha enseñado a serlo? ¿Imitaba Adán a Dios? ¿Es Dios un hombre? Y si lo que hacía un hombre a Adán era algo físico… ¿Cómo sabía que el trozo de carne que tenía entre las piernas era más determinante que su oreja para clasificarlo dentro de la categoría humana como un hombre? Y si era su orientación sexual… Si no había más seres humanos, cuando fue creado: ¿Adán se sabía heterosexual? … ¿Por qué? ¿Quizás porque no tenía ningún tipo de atracción por los animales a los que después puso nombre? ¿Tenía algún tipo de atracción sexual?

“De la costilla que Dios había tomado del hombre formó una mujer…[5]”. Ser creada a partir de un hueso y no del barro: ¿La convirtió en mujer? ¿O fue no saberse única en el mundo? Ser mujer para Eva: ¿Era no recibir el nombre directamente de Dios sino de otro ser humano? ¿Somos por tanto todos mujeres después de Adán? Y si la categoría mujer tenía que ver con su cuerpo… ¿Ser mujer significaba no ser hombre? ¿Se podía ser las dos cosas al mismo tiempo? ¿La única diferencia entre su cuerpo y el de Adán eran los genitales? ¿Por qué ser más alta o más baja, más gorda o más delgada, importaba menos que tener más pechos que Adán para ser nombrada “mujer”? Y si ser mujer es sentirse exclusivamente atraída sexualmente por un hombre… ¿A Eva le atraía Adán? ¿Cómo podía saber que no le atraían también (o exclusivamente) otras mujeres, si no había visto ninguna? ¿O es que ser heterosexual es lo que les ocurre a millones de mujeres en el mundo que no pueden escoger ellas mismas quién les atrae? Pensando un poco, si yo hubiera sido el segundo ser humano y me hubieran llamado “mujer”, creo que pensaría que ser mujer significaba ser compañera de otro ser humano, formar comunidad (únicamente a partir de Eva existe la comunidad humana), ser capaz de ver, convivir, ayudar y ser ayudada por otro ser humano…

Después de detallarnos la creación del hombre y la mujer, el yahvista nos dice aquellas palabras tan conocidas: “Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y se harán una sola carne[6]”. Sorprende, leído miles de años después, que la historia contada anteriormente se utilice como la justificación del matrimonio heteronormativo. De hecho, ni Adán ni Eva abandonaron padres o madres, más aún, en el pueblo Israelita los hombres no abandonaban la casa familiar para casarse (¿no serían hombres?), sino las mujeres. Pero la historia no acaba aquí… si no que continúa explicándonos cómo Adán y Eva desobedecieron a Dios y comieron del fruto prohibido. Y de pronto, tras este hecho: “se les abrieron a ambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos[7]”. Y yo me pregunto, si Adán y Eva no se habían dado cuenta de cómo era su cuerpo o el de su pareja: ¿Cómo pueden ser la justificación del matrimonio heteronormativo? Según el libro del Génesis, a Adán no le importaban los genitales de Eva para unirse en “una sola carne”, y a ésta tampoco los de Adán. Es evidente que a quienes les importan sus genitales son a los lectores homófobos de esta leyenda, pero a Adán y Eva, no.

Si leemos literalmente la historia yahvista de la creación, es difícil ver en ella hombres y mujeres, o machos y hembras. Al menos si estos conceptos son los que utilizamos actualmente. Por otra parte, mucho han debatido los literalistas sobre si hubo o no hubo sexo en el paraíso, pero lo que está claro es que sexo heterosexual solo ha habido en sus mentes, porque sería difícil catalogar de esa manera una relación sexual entre dos seres humanos que son incapaces de percibirse como hombres o mujeres, y que no pueden ver el cuerpo desnudo del otro. Si Adán y Eva fueron una sola carne en el Edén del literalismo, lo hicieron sin que esa carne tuviera necesariamente una forma determinada. De hecho, la primera confirmación clara de sexo en la Biblia, la encontramos fuera del Edén: “Conoció el hombre a Eva, su mujer, la cual concibió y dio a luz a Caín[8]… Forzando un poco algunos conceptos podríamos catalogar esta práctica sexual como heterosexual… Pero es imposible hacerlo dentro del Edén. Solo después del pecado, de la caída, hay heterosexualidad.  Antes, en todo caso, hubo dos seres humanos que se relacionaban libremente sin ningún tipo de tabú ni condicionante. No había categorías, ni identidades. Solo dos seres humanos que se encontraban y se complementaban mutuamente. Todo lo demás vendrá después, tras la caída, tras el pecado, tras la expulsión del Edén.

La heteronormatividad y el binarismo de género, intentan volver a entrar todos los días en aquel paraíso lejano para apoderarse del conocimiento del bien y del mal… Ellos dicen que aquel lugar les pertenece. Que aquel es su sitio, y de nadie más. Pero no hay que hacerles demasiado caso, aquel jardín no es de nadie, y quienes intenten apropiárselo se encontrarán a la entrada querubines y la llama de una espada zigzagueante que les impedirán entrar. Mejor les sería a ellos y ellas, pero también a nosotras y nosotros, dirigirnos hacia la cruz en vez de al Edén. Allí está realmente la medida de cualquier identidad que pretenda ser verdaderamente humana, y esencialmente cristiana.

Carlos Osma

NOTAS:
[1] Concretamente hasta el capítulo 2 y versículo 3.

[2] Sus autores serían los sacerdotes. Compuesta en el exilio de Babilonia alrededor del 450 a.C.

[3] Proviene del Reino de Judá. Es la más antigua y fue compuesta sobre el 950 a.C.

[4] Gn 2,7

[5] 2,22

[6] 2,24

[7] 3,7

[8] 4,1

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“Nueva ola teológica evangelical hispana”, por Carlos Osma.

Miércoles, 20 de junio de 2018

leerSarcasmo del bueno en este post de su blog Homoprotestantes:

Según el profesor de Antíguo Testamento de la Facultad de Teología Evangélica de la Cruz Chispeante, Natanael Baleia, a Jonás se lo tragó un pez. Anna Whitemind, conocida especialista y licenciada en el gélido Seminario de Fair Bannks, pero que trabaja como misionera en un pueblecito soleado de la costa de Cádiz, afirma que hay pruebas bíblicas concluyentes de que Dios creó el mundo en siete días. Por su parte, el teólogo (por aclamación popular, aunque no pudo asistir a ninguna de las clases del Seminario Unido del Cristo Exaltado) Paco Gata, ha escrito un libro explicando que Moisés redactó el Pentateuco porque la Biblia lo dice. El profeta Juan Patmos, que recibe directamente los títulos teológicos gracias al Espíritu Santo, demostró en el pasado encuentro de hombres heterosexuales con Biblia negra y corbata azul, que sin lugar a dudas estamos viviendo los últimos tiempos tal y como claramente relata el libro del Apocalipsis. Éstas son solo cuatro muestras del alto nivel teológico del evangelicalismo “made in Spain” que tiene como máxima: “Si sabes leer… eres un gran teólogo”.

¡Qué haríamos sin personas tan formadas como éstas que conocen tan bien la Biblia y que nos transmiten sus enseñanzas de manera pura y sin mancha! Gracias a ellas el evangelicalismo está manteniéndose como el último remanente fiel que hace frente a la poderosísima ideología de género. Allí están ellos, y algunas de ellas, expulsando a diestro y siniestro a quienes se atrevan a poner en entredicho la autoridad de la Biblia. Su guerra es sin cuartel, y además de hacer manifestaciones, intentan llegar a lugares de influencia política para imponer la Santa Palabra de Dios (que sin duda se equivoco haciendo nacer a su Hijo en casa de unos donnadies, cuando podría haberlo hecho en la cuna del Emperador Julio César, y así le hubiera sido mucho más sencillo imponer políticamente el Reino de Dios). Lo más destacable de las puntas de lanza de la teología patria es que no se han dejado llevar por los discursos ideológicos de la izquierda más radical, y se mantienen a lo suyo, luchando contra degenerados peligrosos que quieren destruir el orden, la familia y la Iglesia; en vez de (por ejemplo) perder sus energías en denunciar la corrupción política, o el empobrecimiento de la población. No, ellos no van a caer en el engaño, saben que su enemigo más importante no es la incoherencia, sino dos personas del mismo sexo retozando felizmente una encima (o detrás) de la otra a la hora de la siesta.

La próxima semana El Concordato Evangélico Hispano de la Biblia Totalmente Abierta, entregará un premio al Doctor en Teología por la Universitat Evangèlica de Castelldefels Pau Llest, por haber demostrado que a Daniel no se lo comieron los leones porque, además de en un dibujo que tuvo que colorear en la escuela dominical cuando era pequeño, lo pone en la Biblia. Me he enterado de este importantísimo premio, porque mis amigos Chencho y Dimas, a los que conocí en un encuentro de Cristianos Exploradores cuando teníamos cinco años, pero con los que no volví a coincidir hasta que el año pasado los reconocí bailando en el pódium de la discoteca Furor Gay; me lo dijeron la semana pasada. Me llamaron para explicarme que han dejado lo del pódium, lo de las discotecas, y también lo de ser gais. Lo de acostarse juntos todavía no lo han dejado del todo, pero están seguros que con oración, un poco de tiempo, y la ayuda de la profetisa Elisa Mg Boses (que estudió en la Facultad Pentecostal Filipina de Torremolinos especializada en profetismo y curaciones divinas); dejarán de hacerlo. Y cuando les pregunté por qué querían dejar de acostarse juntos, me respondieron que porque la Biblia lo dice. Además, me invitaron a la entrega de premios en Castelldefels para que conozca a Pau Llest, Elisa Mg Boses, y a Marcelo Atraente; que es un exgay brasileño guapísimo con el que han creado un trío para cantar, bailar y adorar a Dios. Se supone que ese tal Marcelo ha hecho también un posgrado en la Universidad Rey Juan Carlos (milagrosamente no hacía falta asistir a las clases ni hacer exámenes), demostrando que Satanás existe, porque lo dice la Biblia, y además es gay. Esto último, aunque no lo diga explícitamente la Biblia, lo deduce por lo peligroso que es su tridente para todos los hombres de bien.

Nada, que no me ha hecho falta esperar hasta la próxima semana para conocer a tan ilustres personajes de la teología hispana, que ya me he decidido a estudiar teología en alguno de los reputadísimos centros superiores de teología evangelical del Estado. Y aunque me niego a hacerme heterosexual (al menos por el momento), si me lo preguntan, pondré en sus formularios de inscripción que sí lo soy. Quiero formar parte de la nueva ola teológica hispana que bucea en las profundidades bíblicas para extraer todas sus enseñanzas. De hecho, esta misma tarde he empezado a leer la Biblia y he descubierto cosas increíbles, yo que siempre he sido un amante de la naturaleza, me he quedado anonadado al saber que Dios salvó de una gran inundación a todos los animales de la Tierra haciéndoles entrar en un arca… En realidad a todos no, solo a una pareja de cada, al resto incluyendo a los seres humanos, los fulminó. Pero bueno, parece ser que se lo merecían. Dios siempre sabe lo que hace. No sé si este descubrimiento me permitirá entrar en segundo o tercer curso directamente en alguna facultad que tenga denominación de origen evangelical, pero por si acaso voy a pedir que me hagan un examen que valore mi nivel inicial.  En tres años me veo Doctor en Teología… y de ahí a escribir en las mejores revistas evangelicales y ser invitado a dar grandes conferencias, hay solo un paso. Quiero servir al Señor… y estoy dispuesto a leer y leer la Biblia, a aprenderme sus versículos de memoria, y el nombre de cada uno de los personajes que intervienen. Quiero ganar todos los esgrimas bíblicos, y dejar boquiabierto al personal. Después montaré una iglesia, y llamaré a Chencho, Dimas y a Marcelo Atraente, para que amenicen con su música y sus bailes el tiempo de alabanza, antes de que yo suba al púlpito y predique la verdad que pone en la Biblia a todo el mundo que quiera escucharme.

Carlos Osma

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“Recuerdo y olvido”, por Carlos Osma

Martes, 15 de mayo de 2018

balletmenDe su blog Homoprotestantes:

Es difícil para las personas LGTBI tenérnoslas que ver con el recuerdo y el olvido de las experiencias opresivas que un día sufrimos, sobre todo en nuestro entorno más cercano, cuando sentíamos que no había otra forma de sobrevivir que comportarnos como heterosexuales. O también todo aquel rechazo del que fuimos objeto por parte de personas a las que queríamos, y a las que siempre habíamos estado dispuestos a apoyar, cuando les dijimos que éramos LGTBI. Pero es difícil hablar de todo esto generalizando, pensando que todas y todos hemos pasado por los mismos lugares, y que hay una única manera de sobrevivir al daño que la heteronormatividad nos ha infringido. Por eso esta reflexión, aunque creo que puede ser compartida por otras personas LGTBI, es ante todo una reflexión personal sobre la dicotomía entre recordar y olvidar, a la que he tenido que enfrentarme para poder vivir libremente como un hombre gay.

La primera posibilidad es el olvido, siguiendo el consejo de Isaías: “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a la memoria las cosas antiguas. He aquí yo hago cosa nueva; pronto saldrá a la luz, ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto y ríos en la tierra estéril[1]”. Escapar del infierno evitando por todos los medios mirar hacia atrás, tratar de impedir que todo aquello nos limite, que nos haga plantear nuestra existencia simplemente como una reacción a la opresión, sin liberación real, sin vida nueva. Se trataría de abandonar lo aprendido, las instituciones y los entornos que nos harían estar dando vueltas constantemente sobre lo mismo, impidiéndonos avanzar. Se trataría de romper la dinámica de la repetición, y salir en busca de algo nuevo… Rechazando instituciones como la familia o la religión, y buscando nuevos lugares y nuevas instituciones como la amistad, el asociacionismo, los grupos de autoayuda o espiritualidades alternativas para llenar nuestra vida de algo completamente distinto. Si pudiéramos olvidarlo todo, si fuéramos capaces de no actuar meramente de forma reactiva, si todo fuera nuevo, también nosotras y nosotros… Si pudiéramos padecer una amnesia selectiva, lograríamos ser quien realmente somos, y no lo que tanta opresión ha querido hacer con nosotras.

En el otro extremo nos encontramos con el recuerdo, haciendo lo que el Deuteronomio aconsejó al pueblo israelita: “te acordarás de que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios[2]”. Tener siempre presente de donde salimos es la mejor manera de saber dónde no queremos volver a estar, es la vacuna infalible para que la nostalgia no nos juegue una mala pasada. El recuerdo puede ser una denuncia de las estructuras opresoras, una exigencia para implicarse en la realidad y transformarla. Nos ayuda a poner las cosas en su sitio, nombrando las acciones que tantas personas a las que queríamos quieren negar. El recuerdo es el espejo que ponemos delante de nuestra familia, iglesia y sociedad; para que vean reflejada su verdadera naturaleza homófoba. Pero es también un intento de dar coherencia a nuestra vida, sin renunciar a nada, otorgándonos un relato de continuidad, y evidenciando que somos unos supervivientes, que logramos escapar de la opresión que, en algún momento gracias a Dios y a nuestra determinación por vivir en libertad, vencimos. Y si vencimos una vez, eso significa que la heteronormatividad no es todopoderosa, que tiene pies de barro, y que la podremos volver vencer si intenta otra vez someternos.

La línea que va del recuerdo al olvido es larga, y cada persona transita entre ambos extremos. El olvido total es imposible, por mucho que lo pretendamos no podemos huir de nosotros mismos, porque somos en parte lo que anteriormente hemos sido. Hay tantas veces que saltan como resortes experiencias que pensábamos ya superadas, que no podemos negar las huellas que nos ha dejado la heteronormatividad y que siguen latentes debajo de nuestra piel, de nuestras emociones y comportamientos. Pero, por otro lado, sobre todo cuando hablamos con personas que actualmente están pasando por experiencias que nosotros hemos superado, nos percatamos de que el recuerdo tiene sus límites. Es difícil volver a tener el mismo miedo, la misma sensación de estar atrapado, que cuando vivíamos oprimidos por la heteronormatividad. El tiempo nos ha ayudado a olvidar parte de aquel infierno, y aunque las heridas pueden no haber cicatrizado del todo, es evidente que ya no están abiertas como antes. Huir de la opresión, solo es posible con la colaboración del olvido. Nuestra psicología es sabia, no podemos negarlo.

Cada cual podrá situarse hoy en un punto entre el olvido y el recuerdo, y mañana probablemente estará en otro. Sin embargo, me gustaría hacer dos breves observaciones sobre la manera de conjugar ambas dimensiones, teniendo en cuenta los dos textos bíblicos que he citado anteriormente. En el texto de Isaías sobre el olvido, en realidad está implícito el recuerdo; puesto que lo que el profeta quiere decir es que la liberación de las personas cautivas de Babilonia será mucho mayor que la que conocían por el relato de la salida de Egipto. Dicho de otra forma, no se debían limitar a lo ya vivido, a lo que habían recibido por tradición, porque siempre es posible una liberación mayor que no somos capaces de imaginar. El olvido por tanto en este texto, no es tanto la negación o el abandono del pasado, sino la denuncia de que ese pasado puede ser limitante. Es la llamada a la apertura, a la esperanza que siempre supera todo lo que anteriormente hemos vivido, al abandono de cualquier límite. Por otro lado, el texto del Deuteronomio habla del recuerdo poniéndolo en relación directa con el prójimo. Lo que pretende es un comportamiento ético justo hacia otras personas desfavorecidas como los extranjeros, huérfanos y viudas. No se trata de recordar para autoflagelarse, para vengarse, para victimizarse; sino que se hace una sociedad mejor cuando quienes hemos vivido oprimidos, al liberarnos, somos sensibles a otras opresiones con las que quizás estamos colaborando.

No olvidar el pasado, pero sin dejarse atrapar por él. No recordar lo vivido sin ponerlo en conexión con el presente, y con quienes tenemos cerca. Olvido y recuerdo tienen un difícil equilibrio para las personas LGTBI, pero estamos abocados a intentar encontrarlo. Siempre está latente la tentación de decantarse por uno u otro, pero es una tentación engañosa, no es posible tal cosa. La única posibilidad real es compatibilizarlos, y lo más inteligente, es hacerlo de manera que siempre estemos abiertos a nuevas liberaciones personales, pero también colectivas. Olvidar y recordar; en realidad tratar de ser felices y hacer felices a quienes tenemos cerca.

Carlos Osma

[1] Is 43, 18-19

[2] Dt 24, 18

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“Caminos torcidos “, por Carlos Osma

Miércoles, 9 de mayo de 2018

caminos-torcidosDe su blog Homoprotestantes:

“Jesús le dijo: Sígueme. Mateo se levantó y le siguió[1]

Recuerdo que cuando era pequeño algunas tardes mi madre iba a tomar café a casa de unos amigos y nos llevaba con ella a mis hermanos y a mí. La tarde por lo general se hacía interminable, escuchando sus conversaciones sobre Dios, y teniendo que merendar unas galletas que me parecían venenosas. Por eso, a menudo me levantaba con la excusa de ir al baño y tiraba las galletas por el váter. En el pasillo que separaba el comedor del baño había un cuadro donde se representaban dos caminos: uno amplio que recorría la mayoría de la gente con sonrisas y tranquilidad, pero que llevaba al infierno, y otro estrecho por el que caminaba con cuidado y esfuerzo muy poca gente hasta llegar al cielo. Al volver al comedor, y sabiendo que acababa de recorrer un tramo de ese “camino amplio”, ponía una cara sonriente y me volvía a sentar en la silla a la espera de que la visita terminara lo antes posible para poder ir a jugar con mis amigos.

Con el tiempo me he dado cuenta de que aquel “camino estrecho” lo toman algunas personas libremente, pero otras hemos nacido dentro de él. Y si fuéramos nosotras las que lo tuviésemos que pintar, quizás añadiríamos alguna que otra policía con porra para que no nos desviemos, alambradas electrificadas para hacer imposible la huida, y varios francotiradores sonrientes y buenos cristianos, dispuestos a darnos un tiro en la frente si finalmente decidimos abandonar el “camino estrecho” para siempre. Afortunadamente hemos logrado escapar de aquel tortuoso caminillo y ahora nos encontramos, parafraseando a Machado, sin camino… pero haciendo camino al andar.

Supongo que antes de que Jesús lo llamara, Mateo también tenía un buen “camino estrecho” que lo llevaba a algún cielo. Imagino que su religión, su familia, la sociedad en la que vivía, le marcaba cuál era el comportamiento que de él se esperaba. Es muy probable que aquello de ser un cobrador de impuestos para Herodes Antipas no debía de generarle muy buena prensa entre algunas personas, pero indudablemente muchas otras verían que ocupaba un lugar importante y necesario para la economía y la estabilidad de su país. También Jesús tenía trazado desde su nacimiento el “camino estrecho” que debía recorrer: ser un buen judío, un buen artesano como su padre José, o ocuparse de la casa familiar y de su madre María cuando ésta enviudó. Y podríamos decir algo similar de todas las personas que aparecen en el Nuevo Testamento y que en algún momento de su vida decidieron seguir a Jesús: María Magdalena, Marcos, Pedro, Priscila, Pablo, Febe… Seguro que para ellas, también había un “camino estrecho” trazado por las buenas costumbres y la buena voluntad de las personas que las rodeaban y las querían.

Pero si algo deja claro el Nuevo Testamento, es que todos esos hombres y mujeres que decidieron seguir a Jesús, torcieron su “camino estrecho” en busca de otra vida y de otro cielo. Y si decidieron torcerlo no puede haber otra razón que la insatisfacción, la vacuidad, o el sufrimiento que aquel buen camino les producía. Vivían atrapados en senderos que no eran los suyos, o al menos que no les proporcionaban el suficiente sentido a sus vidas. Al salirse de lo preestablecido, se convirtieron en discípulas y discípulos de Jesús, pero también en personas con una forma de vida torcida, desviada y queer. Todas ellas y todos ellos no eran respetables, ni ejemplares. No se ajustaban a lo que se esperaba de un hombre y una mujer de la sociedad de su tiempo, más bien se las consideraba una amenaza y un peligro. Por eso se las persiguió, y por eso se las asesinó.

Sigue habiendo muchos cristianos y cristianas LGTBI que gastan toda su energía en intentar seguir el “camino estrecho” para demostrar que son buenos cristianos, para pedir que les perdonen, o simplemente porque creen que son merecedores del sufrimiento que le produce seguir un camino que es de otros. Pero olvidan que el cristianismo, y el seguimiento de Jesús, comienzan siempre abandonando el “camino estrecho” en busca de otro que desconocemos, pero que se va trazando en el seguimiento, tras errores, tras fracasos, tras aciertos y victorias. El seguimiento de Jesús siempre tuerce el camino del ser humano, y lo lleva hasta un lugar nuevo donde se encuentra con otras personas que también han torcido el suyo. Buscar la bendición y el reconocimiento de otros cristianos, es una actitud comprensible, muy humana por otra parte, pero no es aquí donde nos convertimos en cristianos, sino cuando somos capaces de transformarnos en “pecadores y sodomitas” a ojos de los demás, torciendo el “camino estrecho” en busca de una vida real y plena.

Algunas tradiciones dicen que Mateo, aquel hombre que se levantó y dejó su vida atrás para seguir al maestro, fue martirizado en Etiopía. El cuadro de los dos caminos, que siempre me paraba a observar cuando era niño, me advertía que quien se sale del “camino estrecho” al final paga por ello. Supongo que eso fue lo que pensó también la familia de Mateo cuando se enteró de su muerte, y la de Jesús al verlo colgado de la cruz. Y la de cada uno y cada una de las personas que aparecen en el Nuevo Testamento y que murieron quemadas, crucificadas, traspasadas con espadas, o lanzadas a los leones. Ninguno de los seguidores de Jesús vio satisfecha su esperanza de ver la vuelta de su Mesías. Aunque murieran ancianos y en su propia cama, su final no fue el que esperaban. A ojos de todo el mundo, mejor les hubiese ido si hubiesen seguido la senda que desde el principio estaba marcada para ellas y ellos. Su final hubiera sido más feliz si se hubiesen resignado a seguir el “camino estrecho”.

También para mucha gente que nos mira a lo lejos desde esa vereda tan fina en la que cada vez caben menos personas, el final de las personas LGTBI hace patente su fracaso. Y lo creen porque son conscientes de que no alcanzamos la esperanza que teníamos depositada en Jesús cuando decidimos torcer nuestro camino para seguirle. No logramos cambiar toda la injusticia que nos rodea con una sola vida, con nuestra vida. Y no vemos el Reino de Justicia que perseguíamos y que nos dio la fuerza necesaria para apartarnos del “camino estrecho”. Pero no saben que ese camino torcido que hemos seguido durante años en busca de vida plena, ya justifica toda una eternidad lejos de su infierno imaginario. Que solo el instante en que nos atrevimos a comenzar a caminar sobre la nada, tras las huellas del maestro, vale más que toda una vida sobre un camino perfectamente trazado sobre nuestra negación y sufrimiento. No lo conseguiremos solos, no lo conseguiremos en una sola vida, hará falta mucha gente junto a nosotros, y después de nosotras, que se atreva a trazar nuevas sendas. Pero al final, si Dios quiere, caminar fuera del “camino estrecho” siguiendo a Jesús nos llevará hacia un mundo más justo y más humano, donde el valor de cada una y de cada uno no resida en su capacidad de ceñirse a una ley, a una letra, o una norma… sino al amor que ha sido capaz de compartir.

Carlos Osma

[1] Mt 9,9

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“El cuerpo de Jesús”, por Carlos Osma

Jueves, 29 de marzo de 2018

crossDe su blog Homoprotestantes:

Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y les dio, diciendo: Tomad, esto es mi cuerpo (Mc 14,22).

El cuerpo de Jesús es un elemento central de la experiencia cristiana. De hecho, según la tradición, fue partido por todos nosotros (1 Cor 11:24). Muchos cristianos LGTBI al hablar sobre su propio cuerpo, podrían repetir aquella famosa frase que acuñó el colectivo de mujeres francés Ma Colère: “Mi cuerpo es un campo de batalla”. Por eso me propongo hacer una lectura sobre los últimos días de la vida de Jesús, desde esa experiencia tan nuestra de cuerpos que todavía están expuestos a la voluntad de poderes religiosos y políticos, para ser sometidos, transformados o eliminados.

“Entrando Jesús en el Templo comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el Templo. Volcó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas” (Mc 11,15).

Esta acción de Jesús al poco tiempo de entrar en Jerusalén, nos permite ver a un hombre que, a pesar de ser consciente del peligro, se mueve libremente y critica con su comportamiento un pilar fundamental de la sociedad y la religión israelita: el Templo. El cuerpo de Jesús no es un cuerpo hegemónico, es cierto que hay muchos otros “por debajo” del suyo, pero su acción no tiene un origen en el derecho de su cuerpo a actuar de una manera que a todas luces se nos presenta como violenta. Algunas personas podrían entender que el cuerpo de Jesús al ser dotado de la categoría “hombre”, tenía más libertad para reaccionar de esa forma. Pero la incomodidad que el texto ha supuesto siempre para la mayoría de intérpretes cristianos, indica que dentro del espacio sagrado, un “hombre” debía de comportarse de otra forma. De hecho, se nos avisa que para los poderes religiosos, para las buenas personas, esta acción justifica una condena a muerte.

Los cuerpos de las personas LGTBI suponen indudablemente un ataque a muchos de los presupuestos sagrados que existen en nuestras sociedades. O mejor dicho, los cuerpos de las personas LGTBI que se atreven a moverse con libertad denunciando la compra venta de dignidades e indulgencias, ponen nerviosos a quienes han divinizado construcciones culturales como hombre y mujer, han dividido a los seres humanos en machos y hembras, y han determinado cuál debe ser el objeto de deseo de cada ser humano. La voz profética de las personas LGTBI anuncia, ante el escándalo de quienes viven de los beneficios de la heteronormatividad y el patriarcalismo, que los Templos erigidos por estas ideologías, y que los cuerpos creados a su imagen y semejanza, serán destruidos por el mismo Jesús. Los ladrones que intentaron utilizar la casa de Dios en beneficio de sus intereses, se quedarán sin nada. Y aparecerá un nuevo Templo a través del cual todas las naciones, todos los cuerpos, independientemente de cualquier condicionante; podrán hacer sus oraciones a Dios. Los negocios humanos habrán acabado, y todo ser humano, tendrá libre acceso para hablar con Dios.

“Y cuando se sentaron a la mesa, mientras comían, dijo Jesús: De cierto os digo que uno de vosotros, que come conmigo, me va a entregar” (Mc 14,17).

Hay quien cree estar vendiendo el cuerpo de un amigo, para ganar unas monedas, y al cabo de unos días acaba colgando el suyo por el cuello en un árbol. Evidentemente quien no respeta el cuerpo de quien ha sido capaz de actuar con dignidad, es difícil que lo haga con el suyo. Es posible que todo tenga un precio, también los seres humanos, el de Jesús fueron 30 monedas de plata, o mejor dicho, ese fue el precio por el que Judas Iscariote se vendió. La traición siempre comienza cuando el traidor determina el valor que él mismo tiene. Estoy convencido de que los sacerdotes le hubieran dado mucho más si lo hubiera pedido, las arcas del Templo estaban a rebosar en esa época por las ofrendas que los peregrinos realizaban, pero Judas tenía interiorizado que valía muy poco. No es fácil desprenderse del autodesprecio, de la baja autoestima; hay muchas personas a las que les cuesta tener la seguridad necesaria para que no haya suficientes monedas en los templos que puedan comprarles.

La experiencia nos dice que nuestros mayores enemigos se sientan a la mesa con nosotros. Muchas de las personas a las que les gustaría enchufar cientos de cables a nuestro cuerpo para sanarlo, entregarlo a los Sumos Sacerdotes de la ortodoxia para que lo declaren impuro, o simplemente nos lanzan piedras todos los días; son personas LGTBI. Hombres y mujeres que se autodesprecian, que no son capaces de valorarse, que no saben lo que es amarse a uno mismo ni a otro ser humano. Ellos y ellas se viven a sí mismos y a los demás únicamente como cuerpos que se compran y se venden, desprendiéndoles de todo sentimiento y de toda empatía. El cuerpo es solo un objeto, y ellos han vendido el suyo para ser aceptados. El beso de Judas a Jesús puso en contacto dos cuerpos muy distintos: uno que tenía la dignidad suficiente para llegar hasta el final y mostrar su verdadera identidad, y otro invadido por el miedo y la culpa. Los dos acabaron siendo colgados, pero uno es origen de vida y redención, y el otro una muestra total de traición a uno mismo y a los demás.

“Y le golpeaban la cabeza con una vara, le escupían y, doblando la rodilla, le hacían reverencias. Después de burlarse así de él, le quitaron la capa de color rojo oscuro, le pusieron su propia ropa y lo sacaron para crucificarlo” (Mc 15,19-20).

Un Jesús que se movía libremente por un espacio, y en un momento, que debían controlar los poderes religiosos y políticos, era demasiado peligroso. En los márgenes, allí donde sus palabras eran solo incómodas, pero que no pasaban de ser las de un charlatán; su riesgo era mucho menor. Se pueden aceptar ciertos cuerpos incómodos, siempre que estos acepten formar parte de la marginalidad, de la insignificancia que no trastoca nada. Pero Jesús al no reconocer esta división espacial y temporal de los cuerpos, permite hacernos ver que ningún poder, por grande que sea, puede hacer lo que quiera. Por eso los sacerdotes, por miedo a las revueltas, tienen que buscar el momento y el lugar necesario para apresar a Jesús. Sus acciones inhumanas también tienen lugar en los márgenes, en la oscuridad de la noche y fuera de la ciudad. Y después de allí, una vez aislado el cuerpo de Jesús del resto de cuerpos, es juzgado. La ley, no es quien salvaguarda la convivencia, sino que es una herramienta que el poder utiliza en beneficio propio. No hace falta forzarla, leerla literalmente es suficiente para condenar a quien no rige con ella su vida. Y entonces, aquel cuerpo que se movió libremente anunciando la salvación y un mundo nuevo, se convierte en un mensaje claro del poder opresor y piramidal que pueden leer el resto de seres humanos. Los latigazos, los golpes, la corona de espinas, el camino obligado arrastrando una cruz, deforman el cuerpo de Jesús convirtiéndolo simplemente en una caricatura de quien realmente era. Esos cuerpos maltratados solo tienen una posibilidad, la crucifixión y la muerte; en ellos escribe el poder su violencia. Esa es la forma de asegurar la paz, de hacer cumplir la ley, y de ser fieles a la voluntad divina.

Las personas LGTBI en realidad no somos ningún problema para nadie siempre y cuando nos mantengamos en la periferia. Llenas están las iglesias y las sociedades de este tipo de personas que utilizan su libertad para sobrevivir intentando pasar desapercibidas, y levantando su voz solo cuando saben que no habrá ninguna consecuencia. Y tienen todo el derecho a hacerlo, seguir el camino de Jesús no es una obligación para nadie, y nadie debería seguirlo sin saber cuáles pueden ser sus consecuencias. No es cierto que no podamos cambiar las cosas, que no podamos hacer caer el sistema heteronormativo y patriarcal que nos rodea, de eso nos percatamos cuando vemos las reacciones de los poderes opresores cuando ocupamos con nuestros cuerpos los lugares que ellos consideran de su propiedad. Los cuerpos de lesbianas, gais, trans, intersexuales, bisexuales, queer… que se atreven a pedir leyes, normas, acciones, lecturas que les integren; son rápidamente interpretados como una amenaza por los cuerpos dominantes. Y es entonces cuando se revela la verdadera naturaleza de estos poderes dispuestos a todo por defender sus privilegios. Su forma de actuar siempre es la misma, separarnos del resto de cuerpos, asilarnos y juzgarnos con unas leyes que no son las nuestras para declararnos culpables. Después comienza el proceso de degradar y destrozar nuestros cuerpos, mostrándolos al resto del mundo como no son, para justificar que son dignos de ser crucificados; y para advertirles que no se permitirán disidencias, que habrá que pagar un precio muy alto. La cruz de Jesús es el lugar por el que las personas LGTBI no queremos pasar, pero paradójicamente sabemos que la liberación de nuestros cuerpos transita necesariamente por ella. A unos nos lo dice la experiencia, a otras la evidencia.

“Después se apareció Jesús, bajo otra forma, a dos de ellos que caminaban dirigiéndose al campo” (Mc 16,12).

Decía Pablo que “Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación y vana es también nuestra fe” (1Cor 15,14). En el evangelio de Marcos se nos explica que el cuerpo traspasado de Jesús fue bajado de la cruz y depositado inerte dentro de un sepulcro. Pero se afirma también que el silencio no fue la última palabra que Dios pronunció sobre ese cuerpo, sino que él mismo lo llamó de nuevo a la vida y lo resucitó. El Dios creador dignificó el cuerpo que el poder religioso y político pretendió humillar. Y no lo hizo borrando las huellas de las heridas recibidas, sino manteniéndolas, para mostrar que el nuevo cuerpo no es una aniquilación del anterior, sino una recreación suya. El cuerpo golpeado, azotado y traspasado de Jesús, no es el que Dios deseaba para él, ni tampoco para ningún otro ser humano; pero fue ese cuerpo desechado por todos, el que Dios levantó de la muerte para hablarnos de esperanza. La esperanza no es la ausencia de corporeidad, ni el olvido, ni la negación de lo ocurrido; la esperanza es la transformación de cuerpos que yacen muertos en la oscuridad de algún sepulcro, en cuerpos llenos de vida que se mueven con libertad en un mundo más justo. No se trata de una nueva creación estrictamente, sino de una recreación. No se trata de la revelación de un Dios todopoderoso que es capaz de volver a crear tantas veces como sea necesario, sino de anunciar a un Dios que se pone del lado de los que han padecido la humillación en sus propios cuerpos, para dignificarlos y llamarles hijas e hijos.

La última palabra para las personas LGTBI no es la cruz y la muerte, sino la resurrección y la vida. Aquí reside verdaderamente la esencia de la fe cristiana para nosotras, no en la repetición de unos versículos sacados de contexto o en la sumisión a una jerarquía determinada. El daño que lesbianas, queer, intersexuales, bisexuales, gais… hemos sufrido, las crucifixiones que padecidas en nombre de la seguridad, la tradición o la voluntad divina; han generado un impacto imborrable en nuestra vida y en nuestro cuerpo. Pero si nos quedamos atrapados en este paso, y nos resistimos a bajar de la cruz y a salir después del sepulcro; no habrá resurrección para nosotros. El mensaje cristiano no es el abrazo del dolor y los padecimientos, sino la esperanza de que a pesar de nuestras heridas podemos tener una vida plena. No ganarán los verdugos, ganará la voluntad de Dios, del Dios de Jesús, ese que siempre está al lado de los que son negados. Y ese Dios no quiere nuestros cuerpos colgando de un madero, allí lo han puesto quienes ven amenazado su poder por ellos; los quiere vivos, dando testimonio de que el Reino irrumpe irremediablemente. Esa es la comisión que se nos ha encomendado: “Id por todo el mundo y anunciad a todos la buena noticia” (Mc 16,15) de que al final, gana la vida.

Carlos Osma

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“Del pecado y la gracia al amor y la empatía”, por Carlos Osma

Lunes, 26 de marzo de 2018

empatiaDe su blog Homoprotestantes:

Hay veces que de pronto, no sabes muy bien porqué, percibes cosas que hasta ese momento te pasaban inadvertidas. Me ocurrió ayer, sentado en el banco de la iglesia, después de cantar una canción que se proyectaba sobre la pantalla que hay en la pared central de la iglesia. Una canción nueva, si la comparamos con los himnos del siglo XVII y XVIII que aparecen en el himnario que en aquel momento tenía entre las manos, y que hablaba de un Dios de amor que se preocupa por mí y expresaba también el agradecimiento y amor que siento por él.

Al abrir el himnario intenté buscar himnos que mostraran de la mima forma ese amor, y me di cuenta de que la inmensa mayoría hablaban de otra cosa. Pensé que el ser humano ha cambiado mucho en los últimos siglos, y que por tanto la manera en la que se aproxima a Dios ha sufrido también un cambio. Si hay un tema que destacaba sobre todos los demás en el himnario, era el pecado, el reconocerse o sentirse pecador. Pero no por haber cometido un error, por haber fallado en algo, sino por algo más esencial: por ser un ser humano. Y ante este callejón que parece sin salida, los himnos hablaban también de la gracia de un Dios que quiso salvarnos. Me sorprendió que incluso aquí, no se expresará con más rotundidad lo que a algunos de nosotros nos puede parecer una obviedad: que quiso salvarnos por amor. Pero no, lo que se dejaba meridianamente claro es que esa gracia no dependía de nuestras buenas o malas acciones, sino de la voluntad divina.

Imagino que, en una sociedad marcada por el control sobre la vida de las personas, la visión de la divinidad no podía ser muy diferente a la de un juez, que por mucho que haga todo lo posible por salvarnos, su función principal es juzgar y encontrar culpables. Una vez identificados, entra en juego el tema del sacrificio sustitutorio, y Jesús como cordero que lleva sobre él los pecados del mundo. No digo nada nuevo al afirmar que una gran parte del cristianismo sigue moviéndose dentro de este binomio: el del pecado y la gracia. Y lo hacen predicando a una sociedad que ya no existe, o intentando hacer retroceder a cristianos y cristianas un par de siglos como mínimo para que sus teologías puedan tener algún sentido. Es por eso que el diálogo con ellos es muy complicado.

No soy objetivo cuando reflexiono sobre esta forma de entender el cristianismo ya que, en su voluntad por el control social, las personas LGTBI somos pecadoras en esencia, e incluso me atrevería a decir que ni Dios puede sacarnos de esta categoría. La gracia divina solo nos alcanzará cuando ya no seamos quienes somos, en otras palabras: para las personas LGTBI el sacrificio de Jesús en la cruz fue insuficiente. Estoy convencido que es un error pretender mantenernos dentro de este esquema mental que ya no es el nuestro, y que intentar pensar como lo hacían nuestras bisabuelas, o los bisabuelos de nuestras bisabuelas, es una clara estupidez. Aunque también me resisto a desecharlo completamente como si no pudiera aportarnos nada. No me gusta la palabra pecado porque la asocio con no haber cumplido alguna de las leyes que aparecen en el listado de acciones que alguien ha decidido como prohibidas. Pero alguna palabra debería haber para indicar que se está actuando de forma injusta contra el prójimo, contra la naturaleza, contra la vida. Y otra para indicar que es posible pasar página, y deshacer los caminos equivocados sin sentirnos siempre culpables. Alguna manera habrá de seguir a un Dios que nos mueve a la justicia, pero que no sea un juez.

Tengo que reconocer que aunque mi fe cristiana está fundada en la afirmación de que Dios es amor, es decir, en el Dios que Jesús reveló; la canción que se proyectaba sobre la pared, tampoco muestra en mi opinión lo esencial del cristianismo. Quizás esté equivocado, o éste reaccionando exageradamente ante el excesivo individualismo cristiano con el que me he encontrado a lo largo de los años. Ese que habla de yo y Dios, de mi amado Jesús, de mi salvador, de mi maestro; y que en realidad no es más que un hacerse a Dios a mi imagen y semejanza. La canción era preciosa, y seguro que a otras personas les habrá traído otras reflexiones mucho más positivas que la mía, pero ayer me pregunté si el Dios de amor de nuestra generación y nuestro mundo, que ha sustituido al anterior Dios juez, está inevitablemente condenado a ser un producto del individualismo, o incluso del consumismo. ¿Cómo poder vivir la radicalidad del evangelio sin hacer trampas para domesticarlo? ¿Cómo liberarnos de un Dios juez sin caer en los brazos de un Dios de amor que no es más que mi opinión sobre lo que es bueno o malo?

Estoy convencido de que esta pregunta tiene multitud de respuestas, pero mientras sostenía un himnario en la mano, y cantaba la canción que se proyectaba en la pared, pensé que el Dios de amor de Jesús no es un Dios que se preocupa especialmente por mí, sino que lo hace por cada uno de los seres humanos. Y que no lo hace con discursos políticamente correctos, o esos que aplauden los convencidos, sino con acciones que liberan a las personas oprimidas. El Dios de Jesús no es el Dios padre que me ama para que me sienta bien, sino el Dios de amor que aboga por un mundo más justo, y es en la medida que hacemos más justo el mundo, que su amor irrumpe de manera más clara. El amor cristiano no busca que yo me sienta querido, o amado, que me sienta un niño protegido por mi padre/madre celestial… El amor cristiano busca hacer nacer en nosotras y en nosotros la empatía por el prójimo. Por eso donde no hay empatía por quienes sufren, donde no existe la capacidad de ponerse en la piel del otro o de la otra, puede haber mucho sentimiento de amor divino, pero ni una pizca del amor del Dios que nos reveló Jesús. Nuestra generación no sólo debería leer la Gracia de Dios como una muestra de su amor, sino entender que ese amor tiene una dirección inequívoca hacia el prójimo.

Se que queda muy bonito hablar de amor y de prójimo, pero si soy sincero, más allá de los discursos políticamente correctos, pienso que éste es el verdadero lugar donde la fe cristiana pasa su control de calidad. Es tan fácil dejarnos cegar por nuestros prejuicios y eliminar la palabra prójimo de tantos seres humanos. Las personas LGTBI lo sabemos, los discursos cristianos homófobos niegan nuestra existencia, y nos reducen a simples acciones pecaminosas, de esa manera ya no somos prójimos, y podemos no ser merecedoras del amor divino. Ante esto, creo que estamos llamadas a reivindicar nuestra existencia, a defender la dignidad que Dios nos ha dado; pero por otro lado somos interpeladas también a no caer en el mismo error, a escapar de nuestro ego, de nuestra moral, y a ser capaces de entender que cualquier ser humano es nuestro prójimo, sobre todo los más desfavorecidos, y que el amor de Dios no tiene su fin en nosotras, sino en ellas.

Carlos Osma

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Momentos histó(é)ricos para el movimiento LGTBI (y las iglesias evangélicas), por Carlos Osma

Sábado, 17 de marzo de 2018

histeriaDe su blog Homoprotestantes:

Creo que no exagero al decir que en el Estado Español volvemos a vivir unos momentos históricos ante la más que probable aprobación en el Congreso de los Diputados de una ley integral para la igualdad de las personas LGTBI y en contra de la discriminación por orientación sexual o identidad de género. En realidad, todavía existe la posibilidad de realizar enmiendas, y es probable que algún que otro punto sea retocado. Aunque esto sea así, y se tenga que continuar trabajando por leyes totalmente igualitarias, es evidente que la lucha del colectivo LGTBI ha conseguido sensibilizar a la sociedad española y ha logrado que sus demandas sean asumidas por la mayoría de la población. Por esa razón, más pronto que tarde, las leyes que protegen la diversidad de los mensajes de odio y las agresiones, acabarán por implementarse completamente.

Las personas LGTBI han sido uno de los colectivos que más han sufrido la discriminación, sobre todo durante la dictadura franquista. Sin embargo, cuando ésta acabó supieron integrarse o colaborar con aquellos otros movimientos que buscaban construir un país más libre. Otro de sus logros es haber sabido conjugar la diversidad y la unidad dentro de su colectivo. Diversidad yo diría que en la mayoría de aspectos, pero unidad a la hora de defender derechos que después cada cual puede utilizar como considere más oportuno. Y finalmente sus campañas para que la gente saliera del armario, han permitido visibilizar lo que la homofobia quería esconder: que hay muchas personas que no encajan dentro de los postulados heteronormativos, y que la homofobia es una fuente de sufrimiento. No era verdad que las personas LGTBI son un pequeño grupo que padece un trastorno y que puede llegar a ser peligroso. Sino que es un porcentaje significativo de la población al que puede pertenecer mi hija, mi mejor amigo, mi madre o mi compañero de trabajo.

Las iglesias evangélicas por su parte, más que un momento histórico, lo que están viviendo es un momento histérico. Para entender las razones que sorprendentemente les han traído hasta aquí, estaría bien intentar hacer un análisis partiendo de la evidencia de que también fueron un colectivo oprimido por la dictadura franquista; además la Jerarquía católica tuvo mucho que ver con toda aquella violencia que las personas y las iglesias evangélicas padecieron durante décadas. Sin embargo, salvo algunas excepciones, el movimiento evangélico en la transición no se situó del lado de quienes pretendían hacer del Estado Español un lugar más libre para todos y todas, sino que se centró únicamente en exigir y en alcanzar sus propios derechos legítimos. No supieron en aquel momento crear alianzas con otros colectivos, quizás por una visión demasiado espiritual de su fe, por no ser capaces de ver como prójimos a quienes no son evangélicos, o porqué los movimientos evangélicos que empezaron a aterrizar en aquel momento en el país, lo hacían con una intención únicamente proselitista.

El hecho es que la mayoría del movimiento evangélico creó un pedestal apilando sus biblias, y se subió a él para mirar al resto por encima del hombro. Quizás fue eso lo que les impidió estudiarla profundamente e introducir los debates teológicos que tenían lugar en otros lugares del mundo. Se situaron por encima del bien y del mal y se autodesignaron poseedores de la verdad. A partir de aquí fueron expulsando de sus iglesias a las personas que tenían otros puntos de vista, e impidieron por todos los medios cualquier debate que no fuera absolutamente inevitable (lugar de la mujer en la iglesia, divorcio, etc). En consecuencia, no solo quienes se situaron al frente de sus entidades fueron personas con un perfil conservador, sino que en muchos casos tampoco eran los más capacitados. La realidad es que la mayoría de iglesias se han ido vaciando, y su crecimiento exponencial en los últimos años, se debe exclusivamente a la población inmigrante que llega para buscar una vida mejor. Estos dos factores son clave para entender a día de hoy la desconexión entre la sociedad española y sus iglesias evangélicas. Parten de visiones del mundo y del ser humano diferentes, y no porque una sea cristiana y la otra no, sino porque la gran mayoría de iglesias evangélicas no están integradas en la sociedad, sino que viven de espaldas a ella. En unas ocasiones por que una iglesia de Madrid actúa como si estuviera en Carolina del Sur, y puede pasarse días lamentando la muerte de Billy Graham mientras que no sabría decir más de dos nombres de evangélicos españoles que lucharon contra la dictadura franquista; y en otras, porque una iglesia de Barcelona es idéntica a otra de Pekín y, a pesar de pertenecer al Consell Evangèlic de Catalunya, su interacción con la población autóctona es escasa. Sorprende ver que los dirigentes de las entidades más importantes del país, sean casi exclusivamente personas de origen español, cuando la composición de sus iglesias es otra.

Si unimos conservadurismo y procedencia de lugares con otras visiones de la sexualidad, la masculinidad o la familia, entendemos que las leyes LGTBI sean todo un problema para las iglesias evangélicas. Hay un choque real y frontal entre las dos visiones, una que basa su legitimidad en la voluntad divina que dicen conocer, y otra en el bienestar y los derechos de una parte de la población que está siendo discriminada. Pero las iglesias evangélicas como han hecho durante siglos en este país, se defienden sin entrar en diálogo y cerrándose sobre sus postulados, esperando resistir la embestida de millones de personas que luchan por sus derechos. Algo absurdo, pero que tiene su lado dramático, puesto que para resistir han decidido antes depurarse y expulsar de dentro de sus entidades a quienes consideran traidoras; en este caso a la  Iglesia Evangélica Española (IEE) por su posición inclusiva. Sin embargo es una medida sin duda triste para la historia de las iglesias evangélicas en España, que profundiza en su sectarismo, pero que no impedirá que éstas en algún momento acaben por sumarse a la defensa de los derechos de todas las personas, también las LGTBI. Para empezar porque no es cierto que solo la IEE está por una postura inclusiva, existe un porcentaje minoritario todavía, pero en ascenso en todas las iglesias, que están por la inclusión. Y en otra porque el cambio generacional es irremediable, y los jóvenes evangélicos de este país, no perciben las cosas de la misma manera.

La histeria actual dentro del movimiento evangélico español está sacando a la luz sus carencias, y estas están basadas en una falta de formación teológica, una falta de integración en la sociedad, y una alarmante falta de empatía con el prójimo discriminado. Por tanto puede ser una oportunidad inmejorable para ella para intentar suplir sus carencias. Es triste ver como en vez de alinearse con las entidades que trabajan por los derechos humanos, en este caso han acabado alineándose con una Jerarquía católica que no hace mucho tiempo atrás, colaboró en su discriminación. Han decidido tristemente, alinearse con el opresor, en vez de con los oprimidos. Estaría bien que más de uno y de una se parase a pensar porqué esto es así. Y como se ha perdido una oportunidad de oro para mostrar que los evangélicos y las evangélicas estamos por los derechos humanos, por hacer de nuestro entorno un lugar más justo. Se ha perdido la oportunidad de evangelizar, de dar buenas noticias. Pero no es tarde todavía.

Ahora se preparan para los envites que inevitablemente llegarán, porque cuando por fin se aprueben las leyes LGTBI, es lógico que las personas busquen defender sus derechos y el de sus hijos e hijas. Ojalá sea con Ley de igualdad LGTBI, pero si no es así, será en la próxima que no tardará en llegar, o en la siguiente, el final es inevitable. Es lógico que las familias LGTBI quieran que sus hijos e hijas reciban una educación inclusiva, también las familias que tienen hijos o hijas LGTBI… y así en todos los ámbitos de la sociedad. Es comprensible  que no se admitan discursos de odio, insultos, o todas aquellas acciones que hagan sufrir a una persona por ser LGTBI. Quienes promuevan el odio tendrán que asumir las consecuencias, como en cualquier otro aspecto que tiene que ver con la convivencia. No habrá vuelta atrás, el poder que tienen las iglesias evangélicas para presionar a los partidos políticos en otros países contra las leyes que protegen a las personas LGTBI, no es el mismo en España. Además nuestra sociedad está vacunada contra la injerencia de la religión en la política.

Las iglesias evangélicas pueden escoger volver a las catacumbas para resistir, pero en este caso les vendría mejor volver al evangelio, a ser portadoras de buenas noticias. Repensar sus postulados a la luz del mensaje de Jesús, valorar como han tratado dentro de ellas a las personas LGTBI y si ha sido un trato evangélico, sentarse con familias y entidades LGTBI para entender cuales son sus peticiones y porqué… y ponerse a estudiar la Biblia a fondo para buscar una respuesta diferente a la que han dado hasta hoy, dejándose guiar por el Espíritu y por el prójimo. Escuchar a las iglesias que ya han dado pasos en esta dirección. Quizás así, salen airosas en este momento para ellas histérico, pero que para nosotras, las personas LGTBI, es sin ninguna duda histórico.

Carlos Osma

Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas ,

“FEREDE y la problemática LGTBI”, por Carlos Osma

Viernes, 2 de marzo de 2018

violencia-homosexuales-lgtbi_De su blog Homoprotestantes:

El próximo siete de marzo se celebrará la Comisión Plenaria de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), y entre los dieciséis puntos del día, exactamente en el punto once, se abordará cuál debe ser (y cito textualmente) la “Actuación de los cargos y órganos de FEREDE ante la problemática actual LGTBI”. Si cuando se autodenomina como evangélica, la FEREDE pretende identificarse con los valores del evangelio, imagino que se habrá informado de cuáles son esas problemáticas que sufren las personas LGTBI (escuchar al prójimo), para después valorar cuáles serían las actuaciones que puede realizar (sentirse interpelada) con el fin de trabajar junto a ellas para erradicarlas (construir el Reino defendiendo la dignidad de todos los seres humanos).

No, no me he vuelto loco, la E de Evangélica en el acrónimo de FEREDE ya sé que no tiene nada que ver con el evangelio, y que la podríamos sustituir perfectamente por Extremista para ser más fieles a la “problemática actual”. Pero como clamar en el desierto, es condición sinecuanum para la llegada del evangelio, he pensado que podría explicarles (he dicho que clamo en el desierto) cuáles son esas problemáticas, por las que un evangelio anclado en Jesús de Nazaret (y no en cinco versículos descontextualizados) no dudaría en buscar soluciones. Y lo voy ha hacer apelando a la empatía, a ver si hay suerte y también introducen en sus dogmas un versículo que parece han eliminado del Canon… ¿Cómo era? Ah, sí… “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Las terribles y degeneradas personas LGTBI, también han sido niños y niñas LGTBI. ¿Qué sorpresa verdad? Imagínatelas con cinco o seis años en un aula donde son las raritas del grupo. Los hijos y las hijas de las familias LGTBI también van a la escuela, pues visualízalas buscando en la biblioteca algún cuento donde aparezca su realidad familiar. Ponte en la piel de un adolescente trans que decide vivir de acuerdo con su sexo sentido cuando entra en una clase donde nadie la entiende. O pregúntate porqué tantas y tantos adolescentes LGTBI normalizan la discriminación y la violencia sin denunciarla a nadie. Y todo esto en lugares públicos donde las familias creen que sus hijos e hijas reciben protección… olvidando ingenuamente que dos de las condiciones para ser merecedores de dicha protección son: ser cisgénero y heterosexuales (o al menos parecerlo).

Ponte ahora en la piel de uno de esos adolescentes que tiene el valor de ir a un médico y que éste le diga que lo que le ocurre es que tiene una enfermedad psíquica y que debe medicarse, o seguir una terapia para curarse. O siéntate en la silla de la consulta del médico para decirle que quieres seguir un tratamiento para tener un hijo, y que éste te pregunte qué problema de fertilidad padeces… Intenta tener acceso a un proceso de subrogación para ser padre, y descubrirás que es imposible en nuestro país, y que en las embajadas donde se registra el nacimiento de españoles en el extranjero, te exigirán antes el nombre de la mujer que lo ha traído al mundo; cuando a la pareja heterosexual que lo ha registrado tres minutos antes, no le han preguntado nada de eso. Dile a tu médico de cabecera que eres gay, y verás cómo te pregunta por relaciones sexuales sin protección. Y si el médico de cabecera no sabe que eres lesbiana, observa la cara de tu hijo de tres años que lleva varios días vomitando con un virus intestinal, cuando te pregunta el nombre del padre porque no le aparece en la ficha. Acompaña a tu marido al hospital para ser operado, e intenta disimular cuando, tras estar toda la noche cogiéndole de la mano y dándole besos y caricias (y poniéndole la cuña para mear), la doctora pregunta: “¿Quién es el acompañante?” Respóndele: “Soy yo, su marido”. Y verás como remata: “Ah, pues si es usted su pareja…”. Pide en la farmacia un bote de PreEp, para reducir el riesgo de infección por VIH, y te responderán que todavía no está comercializado en nuestro país, cuando los estudios demuestran que tiene una efectividad del 90%. Para la población LGTBI la sanidad parece que no responde tan bien como para quienes son heterosexuales, a pesar de que todas y todos la pagamos con nuestros impuestos.

Sal del ámbito de la sanidad y sumérgete ahora en el mundo laboral. Preséntate toda mona a una entrevista con ese vestido que te hace sentir tan segura de ti misma, y dime cuantas posibilidades tienes de que te den el puesto si al darle el DNI al entrevistador, éste se percata de que tu nombre es Francisco (o al menos el nombre que te pusieron tus padres, porque tú en realidad te llamas Rosa). Pregúntate porqué la mayoría de personas lesbianas y gais no visibilizan su orientación sexual en su puesto de trabajo como hacen todos los heterosexuales. Incluso ahora, y antes de que vayas a esa Comisión Plenaria de FEREDE, cuestiónate porqué las personas LGTBI que asistirán lo harán haciéndose pasar por heterosexuales… e imagínate como deben sentirse por ello.

Ahora piensa en ti dentro de veinte, treinta o cuarenta años, cuando llegues a la vejez y hayas tenido que pasar por la experiencia del rechazo familiar por ser LGTBI, imagínate la situación de vulnerabilidad en la que puedes encontrarte. O vuelve a la actualidad, vete a dar un paseo con tu pareja de la mano, y dime como te sientes si te insultan o te agreden. Y que después se minimice lo que te ha ocurrido porque en el fondo lo que hacías era provocar. Aunque, más que imaginar todas esas cosas, si tú eres uno de esos delegados que envían las iglesias a la Comisión Plenaria de la FEREDE, te propongo una cosa que seguro es más efectiva: este domingo comparte con los hermanos y hermanas de la iglesia que eres gay… No importa que no lo seas. Esta acción mantenida en el tiempo hasta el día siete de marzo, te permitirá, si antes no te han prohibido ser el representante de la iglesia en dicha comisión, hablar con cierta aproximación y conocimiento de causa de la problemática actual LGTBI.  Además, seguro que aprovechas para exigir que FEREDE retire su petición contra la Proposición de Ley que ha presentado el Grupo Parlamentario Confederal de Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea en el Congreso, para intentar evitar las verdaderas problemáticas que viven muchos ciudadanos por ser LGTBI.  ¿Te imaginas? Estarías poniendo tu granito de arena para que FEREDE se pusiera del lado de quienes quieren construir un país más justo, y además quién sabe, lograrías solucionar la problemática de FEREDE, ya que la E de Extremista se podrá sustituir por la de Evangélica.

Carlos Osma

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