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“Necrocristianismo”, por Carlos Osma

Viernes, 16 de agosto de 2019

ObeliscoLeído en su blog Homoprotestantes:

Hace solo unas horas que he llegado a Buenos Aires, Marcelo me ha recogido en el aeropuerto y me ha llevado hasta el apartamento donde pasaré una semana. Todavía tengo que repasar la presentación de mi libro que haré mañana en la Iglesia Evangélica Rio de la Plata, y además estoy cansado de casi veinte horas de viaje, pero no me resisto y salgo a la calle para conocer la ciudad. Mientras camino, voy escuchando los gritos de gente que ofrece cambiar dólares o euros por pesos argentinos, y observo también personas que viven en la calle y se tapan con mantas y cartones para soportar el frío invernal. Que vivimos en un mundo globalizado en el que nos cuesta diferenciar si estamos paseando por Barcelona o Buenos Aires, no tiene tanto que ver con el hecho de que podamos tomarnos el mismo café, en la misma taza, silla y mesa del Starbuks, sino con que tengamos incluso el mismo indigente que nos abre la puerta del establecimiento mientras nos extiende la mano para que le demos una moneda, y observemos los mismos cartones que sirven de hogar para las mismas personas a las que somos incapaces de poner cara, y mucho menos nombre.

Una señora muy amable se dirige a mí para decirme que en menos de media hora empezará la reunión en su iglesia, y que puedo asistir libremente (la expresión me lleva a preguntarme si hay alguna otra modalidad de asistencia, ¿pueden obligarme?). Le agradezo la invitación y me invento una excusa mientras observo “su iglesia” que es un edificio inmenso más parecido a una sala de multicines o un centro comercial que a cualquiera de las iglesias evangélicas que yo he conocido antes. Tras las enormes puertas de cristal veo pantallas de televisión gigantes que retransmiten celebraciones, mientras intercalan versículos e invitaciones para asistir. Hay que reconocer que en temas publicitarios están al día. Doscientos metros después un joven sonriente me explica que la reunión en la iglesia ya ha comenzado, pero que si me apuro puedo llegar a la predicación. ¿Cómo es posible que a tan poca distancia haya dos iglesias evangélicas de tal magnitud? No se lo voy a preguntar, algo me dice que su cara de incredulidad sería igual a la que puse yo cuando un amigo noruego me preguntó por qué en Barcelona había un bar en cada esquina. Y sin meditarlo demasiado me dejo llevar por la curiosidad, entro en la iglesia, y me siento en un banco.

Hay muchísima gente, cientos de personas, y el predicador está a punto de comenzar su sermón. Ya sé que comenzará diciendo que somos unos pecadores que merecemos el peor de los castigos, después dará la buena noticia de que dios nos ama y que envió a su hijo unigénito a la cruz para salvarnos, y finalmente hará un llamado para que la gente se levante y se acerque hasta donde él está para entregar su vida a Cristo y recibir la salvación (No sé si buscar la salvación en un dios capaz de torturar a su hijo de esa manera es la mejor opción). El evangelista-showman me ha parecido pretencioso, egocéntrico y poco creíble, y la manera tan burda de restregarnos su machismo y homofobia la he encontrado intolerable incluso para estar dentro de una mega iglesia evangélica. He visto vendedores de salvación que podrían hacer lo mismo con cortinas o aspiradoras desde muy joven, así que lo único que me interesaba hoy era ver si la representación-predicación era convincente y si aquí en el Cono Sur han hecho alguna innovación. Lamentablemente tengo que decir como Qohelet que “no hay nada nuevo bajo el sol”. Sin embargo, cuando ha hecho el llamado se han levantado decenas de personas, la mayoría de ellas mujeres, y con toda probabilidad (la estadística nunca falla) también personas LGTBIQ. Mientras me pregunto por qué tanta gente siente atracción por quienes les maltratan y rechazan, creo ver entre los arrodillados una cara familiar. Agudizo mi vista, y creo reconocerle: es el amable desconocido que me ha abierto la puerta del Starbuks. Me levanto de mi asiento, salgo de la iglesia, y mientras camino por la calle Lavalle no puedo dejar de pensar en la amenaza que suponen para cualquier sociedad los movimientos evangélicos fundamentalistas.

Hay que reconocer que están llegando donde sus Gobiernos son incapaces: a los más desfavorecidos. De hecho, su éxito es una clara denuncia del abandono y la exclusión que padece una parte importante de la población, ya sea en Buenos Aires, en Lima, en Bogotá, o en Barcelona. Pero también es evidente que su labor (me refiero principalmente a la de sus dirigentes) no es gratis, ni altruista, ellos quieren ahora conseguir no solo el dinero de quienes no lo tienen, sino también influencia política para imponer su visión del mundo. A quienes nos parecen patéticas las iniciativas que en este sentido realizan los insignificantes movimientos evangélicos en España, nos resulta preocupante que en otros lugares del mundo estén avanzando claramente para conseguir sus fines. Nunca como hoy dentro de esta iglesia, me había percatado del peligro real que suponen para la convivencia. Su objetivo no es crear una sociedad más libre donde también cristianos y cristianas puedan aportar al bien común, sino imponer a toda la población la sociedad que ellos consideran que dios quiere. Ni educación en la diversidad, ni derechos para las personas LGTBIQ, ni regulación de la natalidad, ni separación Estado e iglesias, ni divorcio, ni feminismo, ni ateísmo, ni seres humanos críticos, ni ciencia que no se alinee con sus convicciones… Únicamente un viaje al pasado más oscuro a ritmo de música celestial. Quienes venimos de entornos evangélicos fundamentalistas sabemos cómo se trata allí la disidencia, la diversidad y el sentido común. Por eso me resulta alarmante que estén imponiendo sus agendas a los Gobiernos de varios países.

Un fundamentalista (o como dice un amigo, un necrocristiano) tiene todo el derecho a serlo, a vivir en el cementerio que considere más adecuado siempre y cuando no haga daño a nadie. Las sociedades plurales y abiertas deberían proteger sus derechos, al igual que el de sus hijos e hijas a recibir una educación inclusiva que les empodere. Pero las sociedades a las que aspiramos, sean estas lo imperfectas que sean, no pueden ser la evangelicocracia que estos grupos proponen. El sectarismo y la exclusión son una fuente económicamente rentable para algunos pocos, pero también un generador de violencia e inestabilidad para la mayoría. Para verificar esto no hace falta más que echar la vista al pasado, que es exactamente hacia donde están decididos a llevarnos. Financiar, aliarse, o dar cobertura al necrocristianismo es una manera de acabar con la libertad de expresión y la democracia (valores que únicamente defienden para ellos, no para toda la sociedad). Y en la denuncia del peligro que supone el movimiento fundamentalista también tiene que participar el resto del cristianismo. Se necesita oír de una manera más clara desde dentro de las iglesias, que la propuesta de estos movimientos no tiene nada que ver con el mensaje de Jesús, que sin libertad para escoger no hay fe, y por tanto no hay seguimiento ni cristianismo. Obligar a una persona de manera legal a que se comporte de la forma que consideramos cristiana, no es un comportamiento cristiano… La acción de fe, nace siempre, y aquí no hay excepción alguna, de la libertad. Negar el matrimonio a personas del mismo sexo, impedir legalmente el aborto, obligar a niños y niñas a recibir formación religiosa, etc., no hace a una sociedad más cristiana, sino menos libre. Y los cristianos y cristianas que denuncian todo esto no están siendo desleales a otros creyentes que ven el cristianismo de forma diferente a la suya, sino que denuncian su apropiación por parte de unas minorías sectarias que buscan únicamente beneficiarse económica o políticamente de las necesidades de los más desfavorecidos e imponer una agenda retrógrada e injusta.

El fundamentalismo no es cristianismo, es más bien la enfermedad más peligrosa que en este momento lo amenaza. El necrocristianismo tampoco es una propuesta política regeneradora de la sociedad, sino un totalitarismo que puede acabar con ella. Nunca hasta hoy, paseando por las calles de Buenos Aires, había sido tan consciente de esta realidad. Hasta ahora lo había relacionado con una experiencia personal opresiva de la que afortunadamente pude escapar. Pero ahora es más bien una amenaza colectiva a la que urge dar entre todos una respuesta contundente, clara, imaginativa y realmente evangélica.

Carlos Osma

Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia., Iglesias Evangélicas , , , ,

“Crítica y pluralismo”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Jueves, 24 de enero de 2019

positivonegativo-blog_imagenDe su blog Nihil Obstat:

Hay dos modos de hacer crítica: uno, en plan negativo, destructivo y hasta rencoroso. Esa crítica sólo refleja el mal corazón del crítico. Hay otra crítica, que necesitamos en esta sociedad nuestra y, por supuesto, en esta Iglesia nuestra. Es la crítica del que juzga lo bueno y lo malo, del que discrimina el grano de la paja, del que valora las cosas en su justa medida, del que distingue lo necesario de lo accesorio y hasta inútil. En la Iglesia necesitamos este tipo de crítica positiva, necesitamos claridad, luz y taquígrafos. Esto ha quedado muy claro en estos últimos tiempos, en los que se han dado a conocer determinados hechos delictivos que, en nombre de una mal entendida defensa de la institución, se habían ocultado. Si en tiempos pasados hubiera habido más luz y menos oscuridad en estos terrenos, se hubieran evitado muchos males. Aquí, como en casi todo, se cumple el Evangelio: “nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto” (Lc 8,17).

Además de una buena crítica, en esta sociedad nuestra y, por supuesto, en esta Iglesia nuestra, se necesita una aceptación serena y tranquila del pluralismo. La realidad tiene muchos matices y las personas muchas sensibilidades. En función de la sensibilidad, y en función de la información que tienen, algunos destacan más unas cosas que otras y dan más importancia a determinados matices. Eso es bueno y legítimo, siempre que sepamos respetar las posturas ajenas y, sobre todo, sepamos escuchar al que tiene otra visión de las cosas.

Respetar es un primer paso, escuchar es mejor aún. Escuchar no es oír. Se oye sin querer, pero la escucha supone atención. Al prestar atención, descubrimos aspectos de la realidad que nos habían pasado desapercibidos, y que nos permiten modular nuestra propia visión de los hechos. De esta forma, la escucha es un modo de tender puentes, de superar barreras, de acercarnos unos a otros, de descubrir que quizás estamos más de acuerdo de lo que pensábamos. En el fondo, aceptar el pluralismo y saber escuchar al que piensa distintamente, es un modo de vivir el amor cristiano.

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“¿Figuritas de porcelana? Mejor un geyperman”, por Carlos Osma

Lunes, 7 de enero de 2019

geypermanDe su blog Homoprotestantes:

Que la ignorancia es atrevida quizás justifique afirmaciones, artículos o manifestaciones varias contra la educación sexual inclusiva en los centros educativos. O, más bien, contra lo que los grupos de (re)presión conservadores (mal)llaman ideología de género. “Estamos preocupados por la educación de nuestros hijos”, “solo aceptamos lo que dice la ciencia, que se nace hombre o mujer, que no se nace neutro”, “no queremos que miembros del lobby LGTBIQ adoctrinen a nuestros hijos en las escuelas”, etc., etc.… Estos son algunos de los comentarios que se escuchan de padres y madres que, hasta ahora, pensaban que preocuparse de la educación de sus hijos e hijas era llevarlos al colegio, que la última vez que abrieron un libro de ciencia Plutón era considerado un planeta del Sistema Solar, y que serían incapaces de explicar que significan las siglas LGTBIQ, y mucho menos poner una cara conocida a cada una de estas siglas.

Cuando era pequeño en la habitación de mis padres había unas figuras de porcelana decorando la cómoda. La verdad es que no recuerdo exactamente si fue un regalo que les hicieron en su boda, pero para mi madre eran como un tesoro. Jamás llegué a comprender esos gustos tan delicados de mis padres al decorar su habitación. “Se mira, pero no se toca” me decían, aunque en principio no se me pasaba por la cabeza tocar aquellas, para mí, espantosas porcelanas. En la mesita de noche de mi habitación yo ponía mi geyperman[1] después de haber estado jugando con él todo el día. Era mi juguete preferido. Tenía unos músculos que me encantaba tocar, una barba estupenda y, a veces, le ponía las mallas de las muñecas de mi hermana para que le estilizaran sus fibradas piernas. Mi geyperman, a diferencia de la porcelana de mis padres, soportaba cualquier contratiempo, e incluso cuando lo montaba en su coche y lo lanzaba contra la pared imaginando un accidente terrible, o lo tiraba por las escaleras pensando que se despeñaba por un precipicio, jamás se hacía un rasguño. ¿Quién quería unas delicadas figuras de porcelana en su cómoda pudiendo tener un geyperman a prueba de bomba?

Traigo esta historia a colación porque siempre he tenido la sensación de que las personas LGTBIQ nos parecemos bastante a ese juguete que tenía de pequeño. Mostrando músculo o sin tener ninguno, con corbata o mallas de muñeca, con bigote o sin él, nuestra vida ha recibido tantos golpes como los que padeció mi geyperman. Golpes que nos podrían haber destrozado para siempre: insultos, agresiones, negación, caricaturización, rechazo familiar… Y no diré que estamos nuevas, pero sí que ha quedado muy claro que nuestra identidad no hay dios que la cambie. Será que estamos hechos de plástico duro, pero toda la presión que la heteronormatividad ha intentado poner sobre nosotras, nos ha podido hacer mucho más difícil el camino, ha podido encerrarnos en un armario, enfermarnos, o a algunas lamentablemente, les ha podido llevar a la muerte; sin embargo nuestra identidad LGTBIQ se ha mantenido inalterable.

Pero cuando veo la forma con la que algunos colectivos pretenden proteger y afirmar la superioridad de la heterosexualidad o de las personas cisgénero[2] (por poner dos ejemplos) en los centros educativos, me acuerdo de las aburridísimas figuras de la cómoda de mis padres. ¿Qué tendrá la heterosexualidad o el binarismo de género para necesitar tanto cuidado? ¿Será que están hechas de porcelana a diferencia del plástico duro con el que estamos construidas las personas LGTBIQ? Si no sirvió de nada toda la presión que recibimos desde pequeñas para que nuestra identidad disidente fuera reorientada a lo que la santísima heteronormatividad consideraba divino: ¿explicar diversidad sexual y de género acabará con las personas heterosexuales y cisgénero? ¿De verdad que, si le decimos a una niña heterosexual que también existen niñas lesbianas, está se lanzará en brazos de la peligrosísima mujer que ha venido a su colegio para enseñarles diversidad sexual? ¿Alguien realmente cree que su hijo querrá ser una mujer si le explicamos que sus genitales no determinan que sea un hombre? ¿Tan sensible e inestable es la heterosexualidad? ¿Tan maleable es la identidad género? A mí tanto miedo e inseguridad me parece extraño. Y tanta utilización de menores para imponer una mirada tan estrecha de la realidad me parece obsceno.

Una tarde que mis padres no estaban, mi hermano se subió a una bicicleta, se puso una capa y empezó a dar vueltas por toda la casa mientras mi hermana y yo le perseguíamos. El último lugar al que entró montado en la bici fue la habitación de mis padres, y con la capa que llevaba tiró una de las figuras de porcelana al suelo rompiéndola en pedazos. La figura era horrible, pero quedó todavía peor cuando la recompusimos intentando pegar los trozos con harina y agua a falta de pegamento. Después me fui a mi habitación a jugar con mi geyperman y a esperar que mis padres volvieran a casa y no descubrieran el destrozo. Mi esperanza se truncó rápido, y tras el castigo (in)merecido, vi como mi madre tiraba a la basura la figura que tanto nos había costado reconstruir. Y es que, la porcelana, a diferencia de mi geyperman el día que perdió una pierna y se la pegué con un trozo de celo, o está intacta o pierde todo su valor.

Parece ser que hay gente que entiende la heterosexualidad y la identidad de género como una figura de porcelana. Pero lo que necesitan niñas y niños es poder expresarse, jugar y vivir. Y todo esto no se lleva bien con figuritas tan frágiles. La mejor forma de protegerles y evitarles sufrimientos absurdos, es permitiéndoles que se muestren tal y como son en un ambiente de respeto. Las diversas identidades son de plástico duro, resistentes a toda coacción. Pero es responsabilidad de los adultos que esas identidades puedan vivirse de forma positiva, integradora y respetuosa. Quienes quieren imponer una ideología de la exclusión en las escuelas son un peligro, una amenaza. Qué se pregunten de donde vienen sus miedos e inseguridades, en vez de intentar trasmitírsela a nuestras hijas e hijos.

Carlos Osma

Notas:

[1] Muñeco articulado muy popular en los años 70 y principios de los 80.

[2] Sexo macho-identidad de género hombre o sexo hembra-identidad de género mujer.

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Hilari Raguer: “Hay un franquismo vergonzante enquistado en la sociedad y en la Iglesia españolas”

Miércoles, 24 de octubre de 2018

30308834457_b1599f0dc1_zDesde luego que la caída del caballo del Franquismo al independentismo ha sido que ser durísima… Leído en su blog

“En España hemos tenido casi cuarenta años de escuela franquista, y han dejado huella”

“Menéndez-Reigada y Enrique Herrera exultarían desde sus sepulcros al ver el nuevo trono de Franco”

“Entrerrar a Franco en la Almudena sería cambiar un mausoleo por otro también solemne, oficial y más a domicilio de los fanáticos”

José Arregi ¿Franco en la catedral de La Almudena?

Antonio Aradillas: La ‘exclaustración’ de La Almudena por el ‘caso Franco’

(Hilari Raguer osb historiador).- Es un hecho, nos guste o no, que hay un franquismo vergonzante enquistado en la sociedad española, y de paso en la Iglesia española. Las condenas públicas en la constitución y la legislación no han podido exterminarlo del todo y poner de veras España en la línea de los estados plenamente democráticos que han proscrito el nazismo y el fascismo derrotados en 1945 y prohibido el enaltecimiento de sus caudillos.

Maurice Duverger, que fue mi profesor de ciencias políticas en un curso de doctorado en la Sorbona en 1960-1961 (y cuyas obras hizo editar y comentaba en Barcelona el profesor Manuel Jiménez de Parga, para que sus alumnos supieran cómo funciona una democracia, por si algún día la alcanzábamos), decía que las ideas políticas que difícilmente se cambiarán en el resto de la vida nos las inculcan en la escuela primaria hablando de la historia nacional, porque es entonces cuando se nos dice quiénes son los buenos y quiénes los malos. Esto, en Francia, donde hay una potente escuela republicana y apenas tentaciones fascistoides. En España hemos tenido casi cuarenta años de escuela franquista, y han dejado huella.

catecismo-patrioticoEjemplos contundentes del nacionalcatolicismo que imperaba en la escuela franquista son el Catecismo patriótico español de Menéndez-Reigada (1938, reeditado por Península, Barcelona 2003) y España es mi madre, de Enrique Herrera Oria S.J. (1938, reeditado también por Península, Barcelona 2008; ambos con prólogo mío).

La imposición de semejantes libros de texto iba acompañada de la campaña de depuración de maestros y profesores, iniciada por el ministro de Educación Pedro Sáinz Rodríguez, para borrar la obra educativa de la República. Menéndez-Reigada y Herrera Oria canonizan a Franco en vida e identifican el deber de amar a la patria, enseñanza tradicional de la Iglesia, con el amor a Franco y la obediencia a su régimen dictatorial.

Franco – dice Menéndez-Reigada – es “como la encarnación de la patria y ha recibido de Dios el poder de gobernarnos”. Ambos autores describen una historia de España delirante, que culmina en la cruzada. La obra de Herrera Oria es muy extensa; su libro quinto lleva el título de Mueran los traidores. ¡Arriba España!

espana-es-mi-madreEspaña – dice- es algo muy grande; si algunos extranjeros hablan mal de ella es por envidia. El castellano “habrá de ser la lengua de la civilización del futuro, porque el inglés y el francés, que podrían compartir esta función, son lenguas tan desgastadas que se encuentran al borde de su disolución completa”.

En esta cuestión ambas obras, tan patrioteras y pretendidamente españolísimas, imitan el catecismo de Napoleón, que inculcaba a los niños franceses el amor a Napoleón y la obligación en conciencia de obedecerle, pagar los impuestos y prestar el servicio militar, e imponía la celebración obligatoria de san Napoleón el 15 de agosto, suplantando nada menos que la solemnidad de la Asunción.

La Iglesia española se ha mostrado muy prudente al admitir que Franco sea exhumado del Valle, pero no lo sería tanto si lo deja enterrar en la Almudena, sobre todo si no es en un nicho corriente sino en un monumento. Sería cambiar un mausoleo por otro también solemne, oficial y más a domicilio de los fanáticos. Menéndez-Reigada y Enrique Herrera exultarían desde sus sepulcros al ver el nuevo trono de Franco.

Fuente Religión Digital

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“La mentira os dará poder”, por Carlos Osma

Viernes, 21 de septiembre de 2018

6219452d-b169-4a8d-bec4-1088c69e98f5De su blog Homoprotestantes:

Aunque uno de los textos más conocidos del evangelio afirma que “conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres[1], la historia muestra una y otra vez que las iglesias han preferido el “aprenderéis a mentir, y la mentira os dará poder”. Y es que, como cualquier otra institución, las iglesias se han sentido muchas veces amenazadas por personas, ideologías o cosmovisiones; y ante esa supuesta amenaza han respondido a menudo de forma poco evangélica, poco humana. Esa es nuestra historia, esconderla sería faltar a la verdad y un impedimento para liberarnos.

Es difícil encontrar instituciones que controlaran mejor la utilización del relato con fines represivos. Antes de entrar a humillar, discriminar, someter e incluso asesinar a un grupo de personas, las iglesias sabían que era necesario crear un relato que diera legitimidad a su barbarie. Los judíos, por ejemplo, fueron los que asesinaron a Jesús; eran sucios, olían mal, eran criminales, avaros y maestros del engaño. Las mujeres que se negaron a poner su cuerpo y su capacidad reproductiva al servicio de poder, fueron denominadas brujas: depravadas sexuales capaces de asesinar a niños, o desenterrarlos de sus sepulturas, para comérselos en los banquetes de sus aquelarres. Los negros eran los descendientes de Cam, que había avergonzado a su padre Noé, y habían sido castigados con la maldición divina de ser siervos de sus hermanos[2]. Las personas negras no tenían la inteligencia del resto de seres humanos, eran sanguinarias, ladronas, supersticiosas e indignas de confianza. Los dirigentes de la Iglesia católica, eran para los protestantes, los representantes del poder del Anticristo y la Prostituta de Babilonia de la que habla el Apocalipsis. Sus seguidores, personas incultas, idólatras y supersticiosas. Los protestantes fueron, para los católicos: herejes, herramientas diabólicas contra la Iglesia, mentirosos, comunistas y masones.

Me parece evidente que las iglesias deberían ser abanderadas de la lucha por la justicia y la dignificación de las personas que son oprimidas en nombre de la heteronormatividad, el binarismo de género y el patriarcado. Sin embargo, para muchas de ellas, estas tres ideologías han sido disueltas de tal manera en sus estructuras, que las confunden con el evangelio mismo y son incapaces de extirparlas de su seno por miedo a perder su esencia. Hago aquí un inciso para indicar lo perverso que ha llegado a ser un cristianismo que entiende que estas tres ideologías son parte esencial del evangelio, y está dispuesto a pasar por encima de la vida de tanta gente para defenderlo. Ante esta visión completamente alejada del evangelio de Jesús, estas iglesias perciben a las personas LGTBIQ, a los colectivos que las apoyan, y a los poderes políticos que legislan en favor de toda la población (también LGTBIQ), como una amenaza.

Como han hecho casi siempre, ante la sensación de amenaza, han decidido contraatacar. La fórmula clásica del silencio, de no nombrar y expulsar a la marginación, ya no es suficiente para someter y humillar a las personas LGTBIQ en Occidente. Así que para hacerlo ahora con éxito, son conscientes de que necesitan un relato que haga de estas personas un peligro para la sociedad, y sobre todo para las iglesias (que se convertirían en objetivo prioritario de las personas LGTBIQ). Si hacemos un repaso a titulares de algunas páginas cristianas conservadoras observaremos como intentan construir dicho relato: ¿Podemos salvar el Encuentro Mundial de las Familias del lobby gay? (infoCatólica), El estado se está sometiendo a la ideología de género (Protestante Digital), Expertos alertan que los medios de comunicación estimulan la transexualidad de los niños (Bibliatodo Noticias), Cristiano podría ser condenado a 2 años de prisión por decir que la homosexualidad es pecado (Noticia Cristiana),  Activista reconocida LGBT abandona su estilo de vida, se rinde a Jesús (Mundo Cristiano), Condenaron a panaderos por negarse a hacer un pastel pro-homosexual (La Gaceta Cristiana), FEREDE reitera su preocupación y posicionamiento crítico por las leyes antidiscriminación “solo para gais” tras la aprobación de la ley andaluza (Actualidad Evangélica), Un pediatra augura en el futuro una “oleada de suicidios” debido a la ofensiva trans en los niños (Religión en Libertad)…. No importa que el relato de persecución del cristianismo por parte del supuesto lobby LGTBIQ sea falso, lo esencial es construirlo y hacerlo creíble para mantener el poder y la influencia en todas las facetas de la sociedad y de la vida privada del mayor número posible de personas.

Pienso que el cristianismo no está llamado a ejercer poder, sino a liberar(se), y para ello debería cambiar la mentira por la verdad. No me estoy refiriendo a una verdad absoluta, Dios me guarde, sino a conocer la realidad a la que se enfrentan las personas LGTBIQ, también las que son cristianas, antes de crear un clima de confrontación. Estaría bien que, en vez de hacer oídos sordos a las críticas de muchas personas por la experiencia sufrida dentro de las iglesias a raíz de los discursos homobófobos y tránsfobos que en ellas se realizan; se sentasen a dialogar y se dejaran interpelar por sus palabras, y por qué no, aclararan aquellas que han podido ser malinterpretadas.  La única razón por la que se niegan a hacerlo es porque son conscientes de que su discurso no tiene nada que ver con la vida y la realidad, sino con el poder, y con la incapacidad de repensar su fe de una manera que sea liberadora (¿a qué Jesús está siguiendo este cristianismo?). Es incomprensible que sigan negando la humillación que padecen los cristianos LGTBIQ que hay dentro de sus iglesias, y sean incapaces, no digo ya de empatizar, sino de escuchar, de tratarles como seres humanos. También a las personas que ya no forman parte de sus comunidades porque fueron maltratadas y expulsadas.

Que un país tenga una educación que respete las diversidades y que no trate de imponer la heteronormatividad por la fuerza, que existan leyes (que se pongan en práctica) que condenen a quienes agreden a las personas LGTBIQ, que todo el mundo tenga el mismo derecho a formar y ver reconocida su familia, que de la diversidad y la igualdad de derechos se haga bandera, que haya justicia para quienes padecieron represión por su diversidad sexual o de género, que nadie tenga que renunciar a su fe o a la comunidad de la que forma parte por ser LGTBIQ, que una persona trans y su familia sean acompañadas de manera no invasiva pero sí empoderadora, teniendo todos los recursos que necesitan a su alcance de manera ágil… Y podríamos seguir y seguir enumerando las necesidades y las luchas de las personas LGTBIQ (y de una sociedad -y pocas iglesias- que ha hecho suyas sus reivindicaciones). Y al enumerarlas, no aparece ninguna de las amenazas que el discurso cristiano fundamentalista ha generado para hacerse pasar por una víctima, en vez reconocer y arrepentirse por su colaboración y promoción de la LGTBIQfobia. Se puede seguir mintiendo, pero me parece ofensivo que se haga en nombre de Dios, y que no haya más voces cristianas que hagan una denuncia rotunda del burdo relato que se está intentando construir. Porque el evangelio, Jesús mismo, llama a la verdad, y la verdad no tiene nada que ver con el relato que pretenden imponer. La única forma de aproximarse a esa verdad, es sentarse en la misma mesa con las personas LGTBIQ para dialogar e intentar comprender sus demandas. Y después, mantenerse con el discurso del antievangelio del poder, como tantas y tantas veces, o decidirse por el evangelio de la liberación.

Carlos Osma

Notas:

[1] Mt 8,32

[2] Gn 9,18-28

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La soledad no querida.

Viernes, 16 de febrero de 2018

shutterstock_321921797Leo que Theresa May se toma en serio la soledad de los suyos. Y no es para menos, ante las escalofriantes cifras de personas que están solas y se sienten solas; las dos cosas a la vez, que no solo las sufren en Gran Bretaña sino en todos los países llamados “civilizados”, incluido el nuestro. Son muchos los millones de personas que se sienten mortalmente solos sin tener a nadie con quien compartir si no es robando conversación a jirones mientras compran el pan o mendigando palabras al vecino coincidente en el ascensor. Y lo peor no es la soledad sino el no saber qué hacer para salir de esa situación ominosa que preside cada minuto de cada día.

Es un agujero negro de nuestro tiempo que corroe y destruye por dentro y que no gusta de ser aireado: depresión, una pena muy grande, una mala temporada… solo los viejos que se han quedado solos no temen las palabras y proclaman su dolor sin ambages en cuanto se les presenta la ocasión. Son muchos los miedos que nos acechan y el de la soledad no querida es uno de los más grandes. Quien pasa por ello sabe bien el mordisco que deja en el alma. A veces es coyuntural, otras  veces son razones de temperamento o predisposición al decaimiento; en ocasiones viene dado por acontecimientos desdichados de la vida que fabrican enfermos crónicos sociales. El estilo de vida que llevamos en el primer mundo contribuye a que el ser humano se sienta solo, esté solo, entre desasosiegos e incertidumbres.

El gran silencio universal es el miedo, acertadas palabras del poeta Luis Rosales. Lo verdaderamente temible, por lo peligroso, es el miedo a la soledad no querida. El desvalimiento y la incomunicación producen temor y resistencia que al final desemboca en angustia. Ignacio Larrañaga repetía a menudo: “el mal del fracaso no es el fracaso en sí, sino el miedo al fracaso. El mal de la muerte no es la muerte, sino el miedo a la muerte”.

El daño que hace esta soledad llega a producir marginados; es la enfermedad del momento capaz de romper el espíritu a cualquiera ante el debilitamiento del consuelo y la fortaleza de la fe en Dios. La caridad (ahora la llaman solidaridad) necesita más que nunca de nuestro tiempo para perder las horas con aquellos que claman compartir con un igual que pide sentirse entre sus semejantes, no sólo estar entre ellos. Qué soledades tuvo que pasar Sartre para decir que “el infierno son los otros”; o Kafka, al escribir que los humanos somos extranjeros sin pasaporte en un mundo glacial.

Sé muy bien de lo que estoy escribiendo pues me tocó experimentar el agujero negro de la soledad como el mayor zarpazo que he recibido de la vida, hasta ahora. Me suenan cercanos los versos de José Luis Martín Descalzo: “Estamos solos, flores, frutas, cosas /  Estamos solos en el infinito / Yo sé muy bien que si en esta noche grito / Continuarán impávidas las rosas”. No son tiempos para huir de uno mismo ni para vivir esperando que otros arreglen mi felicidad derrochando grandes energías. Sentir la soledad no querida es una forma de dolor que obliga a afrontar los hechos con capacidad de espera; y mientras no podamos cambiar el aislamiento que nos machaca, adaptemos los ojos a la oscuridad para seguir viendo, aunque se haya hecho de noche…

El tiempo pasa y solo quedan las cicatrices que duelen como la rotura lejana de un hueso, “cuando hay cambio de tiempo”. También quedan los recuerdos de la pelea por salir adelante y lo que has conseguido crear durante ese tiempo negro con la ayuda de Dios y de algunas personas estratégicamente diseminadas por Él en ese período doloroso de la vida. Martín Descalzo hizo de faro cuando sentenció: “En la manera de sufrir es donde verdaderamente se retrata un ser humano”.

Gabriel Mª Otalora

Fuente Fe Adulta

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En el Zoco

Martes, 13 de febrero de 2018

Del blog Nova Bella:

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En otras palabras el sufí ve a Dios en todo y todo en Dios, sin que ello implique apartarse del mundo, puesto que el sufismo es una tradición espiritual con un fuerte sentido comunitario, que no aboga en ningún caso por el aislamiento. La soledad, la santa soledad del sufí, se vive en comunidad, Para el sabio sufí, vivir en y con dio significa vivir con y entre los hombres. Ser un contemplativo y vivir en sociedad no son, a ojos islámicos, realidades antitéticas, sino todo lo contrario. El hombre nace y muere solo, pero vive en compañía. Un viejo proverbio árabe dice que quien no va al zoco una vez por semana se le muere el corazón.

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Halil Bárcena

zoco

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Roma, cittá aperta.

Lunes, 23 de octubre de 2017

Del blog Nova Bella:

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“El corazón de una sociedad es la ley,

el de una comunidad es el amor.”

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Roberto Rossellini

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“Menores transexuales, libertad e inquisición”, por Carlos Osma

Miércoles, 15 de marzo de 2017

ninasconpene

De su blog Homoprotestantes:

A principios de año en las marquesinas de ciento cincuenta paradas de autobús de Bilbao, San Sebastián, Vitoria y Pamplona, se colgaron unos carteles en los que, debajo del dibujo de dos niñas y dos niños desnudos y cogidos de la mano, se podía leer: “Hay niñas con pene y niños con vulva”. La iniciativa formaba parte de una campaña con la que Chrysallis Euskal Herria1, una asociación de familias de menores transexuales, pretendía concienciar sobre la realidad de estos niños y niñas, y sobre las dificultades con las que se encuentran en su día a día. En pocas horas algunas de esas marquesinas sufrieron diferentes actos vandálicos. Además, la asociación católica Centro Jurídico Tomas Moro, muy bien relacionada con la organización ultraconservadora Hazte Oír, remitió un escrito al fiscal de menores del País Vasco para que iniciara acciones por un acto que consideraba criminal y contra la inocencia de los niños. Chrysallis se defendió de las críticas recibidas justificando su derecho a luchar por la felicidad de sus hijos e hijas, y apeló a los derechos de todas las personas y a la libertad de expresión.

Hace sólo unos días Hazte Oír iniciaba otra campaña con la que pretendía recorrer varias ciudades españolas con un autobús en cuyo lateral se podía leer: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si eres mujer, seguirás siéndolo”.Una iniciativa que inmediatamente recibió el rechazo social, político e institucional en todo el país, y que en pocas horas fué prohibida por un juzgado madrileño por dirigirse a “personas con una orientación sexual distinta para lesionar su dignidad”. Inmediatamente Hazte Oír denunció que “la inquisición gay” había impuesto su dictadura, y que se estaba produciendo un adoctrinamiento de los menores en la “ideología de género” y un atentado contra la libertad de expresión. A pesar de eso, afirmaban que no les amedrentarían y que continuarían con la campaña.

Que la Iglesia Católica, y el actual papa, se hayan posicionado en multitud de ocasiones contra lo que denominan “adoctrinamiento en la ideología de género”, hacía esperar que dieran algún tipo de cobertura a la iniciativa de la organización católica Hazte Oír, ya que de alguna manera dicen apoyarse en la posición oficial de esta iglesia. Sin embargo parece evidente que defender una acción que la mayoría de la población ha entendido como una agresión gratuita y absurda a unos menores, no era la mejor opción. Tampoco el situarse al lado de una organización de la que, según elplural.com, una sentencia judicial afirma que algunos de sus dirigentes mantinen vínculos con la sociedad secreta y paramilitar El Yunque: “Movimiento de extrema derecha que busca el reinado de Dios en la tierra y lucha contra homosexuales, ateos, inmigrantes o judíos2”. De hecho en 2015 el obispo de Getafe afirmó que no prestarían apoyo a las iniciativas de Hazte Oír ya que no compartía con ella “ni el sentido de pertenencia eclesial, ni los medios que emplean”. De esta manera queda claro que Hazte Oír no sólo es percibida como una amenaza a la convivencia por la mayoría de la sociedad española, sino también por la Iglesia Católica.

Sin embargo gran parte del movimiento evangelical en España si ha salido en defensa de Hazte Oír enarbolando la bandera de la libertad de expresión, y denunciando “la inquisición gay”. Que este movimiento mayoritario e influyente en la Iglesia Evangélica tenga poco que ver con los movimientos de reforma protestante que se dieron en el país a partir del siglo XVI, quizás justifica que olviden que la única Inquisición que ha habido en España ha sido católica, y que desde 1478 a 1834 ejecutó a miles de personas por ser protestantes, homosexuales, moriscos, judaizantes; por ser distintos. Sin embargo comparar esta barbarie con la defensa que los colectivos lgtbi, junto a la mayoría de la población, han intentado hacer de niños y niñas transexuales, es como poco, una aberración. Y lo que delata, es que el movimiento evangelical no conecta con la sociedad española, que es una ideología que viene de otros lugares y a la que le falta empatía con quienes están en una situación de vulnerabilidad. Una ideología que sólo es capaz de sentirse cómoda con las posiciones más extremistas e intolerantes, y a la que la libertad de expresión sólo le importa cuando tiene que ver con la suya. De hecho todas las entidades e iniciativas evangelicales dejan fuera a quienes piensan de forma diferente, lo que las hace ser endogámicas y tener poca capacidad de reforma para hacer comprensible e historicamente relevante el evangelio.

De todo lo ocurrido quizás lo más sorprendente ha sido que una sociedad que practica diariamente la transfobia haya sentido empatía por la agresión que suponía para niños y niñas transexuales la campaña de Hazte Oír. Que un juez afirme que la campaña atenta contra “personas con una orientación sexual distinta”, deja bien claro que al menos terminológicamente no sabía de lo que estaba hablando. De la misma forma, que padres y madres de todo el país pongan el grito en el cielo porque alguien niegue que existen niños con vulva y niñas con pene, no deja de ser sorprendente, ya que es lo que aparece en los libros de texto de sus hijos e hijas, y no parece que se hayan quejado antes. Aunque quizás lo que denotan todas estas contradicciones es que hemos llegado a un punto en el que la población es capaz de empatizar con las injusticias que genera el discurso tradiconal sobre sexo, género y orientación sexual. Y por esta razón, la petición de entidaes como Chrysallis, de una eduación donde se entienda, valore y respete la diversidad, sea verdaderamente urgente. No se trata de adoctrinar para manipular identidades u orientaciones, eso es lo que algunos pretenden seguir haciendo; sino informar, ayudar a entenderse a uno mismo y a los demás. Se trata de hacer a la gente más libre, y para eso es necesaria la educación, por eso nuestro sistema educativo necesita reflexionar sobre qué cosas deben ser cambiadas. Que un niño con vulva o una niña con pene, sea feliz, hace mejor nuestra sociedad. Y para los que somos cristianos la hace más evangélica.

Si yo fuera transexual no me gustaría nacer en alguna de las familias de Hazte Oír, preferiría hacerlo en cualquiera de las de Chrysallis, familias que son capaces de reaprender, de dejarse cuestionar y de enfrentarse a todo para entender y defender a sus hijos e hijas. Por eso prefiero sus marquesinas, aunque sean rotas por algún intransigente, que el autobús tránsfobo. En ellas veo presente al Dios en el que creo, ellas son reflejo de un amor incondicional que ha sido puesto a prueba, pero que ha salido reforzado.

Carlos Osma

Notas:

1 https://chrysallis.org.es/chrysallis-euskal-herria/

2http://www.elplural.com/comunicacion/2017/02/03/el-yunque-la-sociedad-paramilitar-vinculada-con-hazteoir-cada-vez-menos

Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , ,

¿Qué puede aportar hoy el mensaje del Evangelio en nuestra cultura y sociedad?

Viernes, 3 de febrero de 2017

jesus_jovenesRESUMEN

La sociedad y la cultura actuales están determinadas por el avance tecnocientífico y la tensión entre el mercantilismo y los valores democráticos. La insólita propuesta de Jesús no se orienta tanto a una salvación religiosa y específica cuanto a un proyecto supra ético universal basado en una civilidad de amor desbordante que empieza por los más débiles. Esa es su trascendencia y su divinidad enterrada.

INTRODUCCIÓN

Si preguntamos hoy a una persona cualquiera qué quiere hacer de su vida no responderá evidentemente que “ha sido creada para alabar hacer reverencia y servir a Dios nuestro Señor y mediante esto salvar su ánima” ni tampoco “cambiar el sistema mediante la propiedad colectiva de los medios de producción…” sino que a lo mejor dirá “vivir feliz, no hacer daño a nadie y sentirse protegido, creyendo que “hay algo” superior que explica todo.

A la par, si para nosotros Jesús de Nazaret representa el mejor valor para una vida digna, hemos de interpretar los relatos que nos hablan de él no al modo judío de la Palestina del siglo I, ni tampoco al modo de las religiones que ya nos dicen poco, tampoco al modo revolucionario ya bastante decaído y mucho menos al modo instrumental de esta sociedad. Debemos responder a la tercera respuesta: El evangelio hay que leerlo desde lo universal mejor de esa persona común y que es también el mismo fondo de Jesús de Nazaret y que todo el mundo intuye desde una mirada sincera.

En los últimos años muchos “católicos” nos hemos caído del guindo de la religión. La Biblia como Palabra de Dios absoluta y exclusiva, el Misterio de la Salvación, esa secuencia temporal: creación-pecado-encarnación-redención-resurrección-vida eterna no nos dicen nada si no es como una gran metáfora. Hemos “deconstruído” nuestras creencias, experimentamos un terremoto devastador que nos ha provocado primero desconcierto, luego alivio y finalmente renacido ánimo

Este artículo no tiene espacio más que para unos rasgos intuitivos de este tránsito de la religión a un supraética del amor. No pretendemos demostrar ni argumentar una nueva teología. Queremos de verdad y deseamos vuestra corrección para remontarnos a ese significado más auténtico de Jesús de Nazaret.

Y ahora, dos observaciones previas. La primera que la sociedad y la cultura actual, a pesar de su globalidad y acelerada uniformidad, no son homogéneas. Nosotros nos situamos  en el contexto occidental postmoderno. La segunda es que en los mensajes concretos de Jesús no cabe una única interpretación. Nosotros prescindimos de la lectura literal y exclusiva de la Biblia, asumimos las voces de las ciencias y las filosofías críticas y desmontamos muchas teologías a la búsqueda del “paradigma evangélico”

1. LA SOCIEDAD Y LA CULTURA ACTUAL

El mundo es un pañuelo, decíamos ayer, y hoy más bien lo comparamos con una manta de inmigrante, extendida en las calles de moda y cogida por cuatro cuerdas para salir corriendo. Vivimos en una manta global llena de opresiones, en un mundo desigual, fragmentado, contradictorio, líquido y gaseoso, posesivo y evasivo en paraísos fiscales y telemáticos, ansioso y carroñero, post religioso y fundamentalista, “low-cost“, “desigual” e “Inditex-ado” por el pensamiento único. Vivimos con el 99% sumergido en las aguas gélidas del mercado y el desafecto.

Cuando nos preguntamos por esta sociedad tratando de decir qué puede aportar el evangelio, nuestra primera respuesta es que queremos mirarla con los ojos del mantero, desde los pies en la calle, ojo avizor al que nos persigue y expulsa de ella. La mirada de Jesús es de abajo arriba y tan abierta que no niega lo que parece imposible

Y esta mirada fue el detonante de una conversión iniciada en la Teología de la liberación. Allá por los años 60 y 70, cuando el Vaticano II, cuando los mártires de Latinoamérica y el Mayo del 68. También cuando se asomó la Teología de la secularización tras la muerte de Dios en Auschwitz y su posterior resurrección en la protesta colectiva contra las barbaries.

La segunda gran conmoción en nuestra lectura del evangelio la estamos experimentando desde hace cinco o diez años. Está en sus comienzos y va a provocar una convulsión de enormes repercusiones no solo en el cristianismo. Muchos llaman a esta revolución “cambio de paradigma” o de paradigmas, una mutación de los presupuestos de nuestra interpretación del mundo y consiguientemente de nuestro yo, de la fe y de Dios.

El primer y básico rasgo de este paradigma es la apertura a la ciencia. Su avance espectacular y sobre todo su divulgación han colocado las creencias como símbolos detrás de las explicaciones plausibles (o admisibles por los procedimientos de investigación). Ya no son la primera verdad. Asumimos la teoría de la evolución, la revolución genética, las teorías de la relatividad y cuántica, los avances de las neurociencias y la informática y sus prolongaciones cibernéticas. También las filosofías críticas de Marx, Nietzsche, Wittgenstein, etc. y otras sociologías de la contestación.

Pero sobre todo entendemos el conocimiento de otra manera.  No hay verdades absolutas ni procedimientos concluyentes. La incertidumbre, la subjetividad y el azar son constitutivos de todo conocimiento. Somos nosotros los que configuramos los dígitos que describen la realidad, nosotros ponemos las reglas para la ciencia, nosotros creamos al Dios que nos crea. La Biblia es otra creación de nuestra bella y buena razón y el “mensaje evangélico” la mejor explicitación de la bondad que emerge en nuestra conciencia personal y social.

El nuevo paradigma epistemológico sitúa a las religiones en el ámbito de la moralidad (léase libertad en acción); en el ámbito concreto de la esperanza, del postulado, del ojalá. No en el de la explicación o la verdad. Cuando no encontramos respuesta a una pregunta ésta permanece abierta como dinamismo. Por eso cuando no podemos razonar más se produce un cambio cualitativo. Al final de la razón, cuando ésta hace agua, entonces, en su desazón, rompe aguas de esperanza. Alumbra  un mundo de simbolismos, de anhelos profundos y buenas voluntades, de interiores compartidos, una ropa interior del amor que cura el mundo en un abrazo de solidaridad utópica.

No mezclemos la explicación de la naturaleza, con la comprensión de lo humano y la simbolización de la esperanza. Durante milenios se ha confundido la metáfora con la verdad y con el deber. Hasta ahora la fe tenía siempre razón, ahora es la ciencia la que va a misa. Si hay contradicción debe resolverse según los procedimientos críticos de la ciencia y la inagotable metamorfosis de las creencias que encantan pero no dicen. No puede haber riña entre ciencia y fe.

La convivencia con otras religiones ha puesto frente a nosotros como en un espejo muchos de nuestros símbolos y prácticas. Nos hemos contemplado desde fuera y eso nos ha dado una imagen extraña y nos ha conducido a la relatividad. En cierto sentido todas las religiones se parecen y hacen cosas raras. Su valoración ya no puede venir de la fuerza de su pretendida inspiración divina sino por la respuesta a las necesidades y derechos humanos. Con Kant podríamos decir: Cree y obra de tal manera que tu fe pueda ser tenida como válida por toda la humanidad.

La experiencia religiosa “tremenda y fascinante” de otro tiempo, construida sobre el desdoblamiento del mundo, cede hoy el relevo a una vivencia más secular del amor incondicional en un contexto de ciudadanía y construcción personal. El mundo de lo sobrenatural se abre no en el más allá sino en la actitud de gratuidad. Podemos ser ateos, agnósticos o teístas. Pero no podemos dejar de amar. El mundo sobrenatural es la inagotable capacidad de amar de la libertad. Solo en el amor merece la pena creer (1Cor, 13).

2. APORTACIÓN DEL MENSAJE EVANGÉLICO

Jesús no creó ninguna religión, ninguna política o moral específicas. Solo exageró el amor hasta lo insólito: perdonar y amar también al que te hace daño, poner la otra mejilla. Esto no es exclusivo del cristiano, felizmente es de todos, pero sí que en un momento de la historia fue ’inventado’, revelado o activado por una persona de la que luego muchos hemos hecho un Cristo. Lo hemos universalizado en un paradigma de buen amor, de buen vivir. De este hilo hemos bebido todos lo humanismos.

Los nuevos paradigmas recuperan esta memoria del Jesús “enteramente para los demás” (P.Tillich), “humano como solo un dios puede serlo” (L. Boff) que nos descubrían las teologías de la secularización y de la liberación allá por los años 1960. Ambas nos llaman no a la religión sino a esa supra ética de la desmesura y de la autonomía benevolente: “Aunque no hubiera cielo yo te amara”.

El “buen cristiano” es hoy el buen ciudadano que responde al consenso de la reciprocidad con la misma altura de miras con que le gustaría respondieran todos. Pero que además en algunos casos y según cada persona, y solo desde una auto-invitación libérrima, se anima a sobredimensionar su civilidad con la donación de su vida. Tres peldaños de una ética cívica abierta a una trascendencia desde abajo: ciudadanía, fraternidad, donación.

Los bellos relatos, el cine, el arte, la poesía, las utopías sociales y algunas prácticas políticas, religiosas y comunitarias son extremadamente valiosas para animar y construir esta nueva sociedad y persona que todos queremos. Pero ese rellano final desde el que levantamos el vuelo suena a Jesús de Nazaret. A ese modo de vida, a esa actitud de ponerse en el lugar del menos favorecido, de responder incondicionalmente a la compasión.

Evangelizar hoy es extender este movimiento universal por la justicia y la felicidad con todas las instituciones mundiales y movimientos alternativos. Esa es la nueva iglesia, la convergencia de todas las gentes por la dignidad humana. Eso hizo y quiso Jesús. Su “Reino” es hoy este “impulso de dignidad universal”, inexplicable, que gime dentro de cada persona, del planeta y de cada acción colectiva. Ya ha concluido el tiempo de hacer nuestra Iglesia, de definir nuestro Dios, de defender nuestra Salvación. Es hora de construir una convención mundial por la justicia, una internacional de la esperanza.

Nos agruparemos en comunidades humanas de base, grupos de significación plural del desinterés, del amor, de la libertad. Será labor de estos grupos de esperanza llamar al optimismo radical del ser, a trabajar por la igualdad en libertad, a fomentar significados, desenmascarar el sistema único, disolver el lenguaje monolítico de las religiones y de las ideologías y denunciar los reavivamientos ilusorios y fundamentalistas. Tan difícil es para la persona religiosa dejar de remitirse a un mundo sobrenatural como para el materialista elevarse a significados no inmediatos.

Los próximos retos de este nuevo cristianismo serán la formación y el vigor de la esperanza en la sociedad civil. Propiciar las funciones simbólicas y formativas que hoy por hoy la sociedad civil no acaba de darse para elevar su moralidad. Vigorizar la esperanza: no es lo mismo moverse por certezas cerradas que por metáforas; lo primero da pie a pautas de entrega fuertes pero con orejeras, lo segundo responde a la gratuidad de la libertad. Las parroquias, cafés, foros y tertulias u otros lugares comunitarios deben ser, para todos los credos y pensamientos, lugares de acción y crítica social, de cuidados mutuos, zonas verdes frente al mercantilismo y zonas azules para la serenidad.

Santiago Villamayor

Comunidad Almofuentes de Zaragoza.

Boletín Semanal Enrique Martínez Lozano

Fuente Fe Adulta

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“Convivencia”, por Miguel A. Munárriz Casajús

Jueves, 5 de enero de 2017

mafalda1-1La inteligencia, la simpatía, el tesón, la creatividad, la capacidad de esfuerzo o la vena artística, son cualidades humanas que nos permiten progresar como personas y como humanidad. Pero para que haya en el mundo inteligencia, simpatía o tesón es necesario que se encuentren encarnados en personas inteligentes, simpáticas, tesoneras… Se da la circunstancia de que estas cualidades están muy repartidas entre los hombres y mujeres que constituyen el género humano, como si la Naturaleza hubiese pretendido hacernos a todos partícipes del progreso general.

Si una persona es especialmente inteligente o simpática se lo debe a los genes que ha heredado o la educación que ha recibido, lo que significa que es una necedad presumir de ellas. A quien se ufana de “haberse hecho a sí mismo” a base de voluntad, hay que recordarle que esa voluntad también es fruto de los genes, y que su mérito es muy limitado. Esto podría llevarnos a consideraciones morales muy sugestivas, pero lo que aquí queremos resaltar es que todo cuanto tenemos lo hemos recibido, y que lo único por determinar es el uso que vamos a hacer de ello.

Podemos pensar que nuestras cualidades son nuestras; que las tenemos para nuestro disfrute. Y podemos pensar que las hemos recibido para ponerlas al servicio de todos y poder disfrutar de las que otros aportan. El problema es que unos han recibido mucho y otros poco, y este intercambio no puede plantearse en términos conmutativos, sino distributivos. Como dice Karl Marx: “Que cada uno aporte según su capacidad y reciba según su necesidad”… Y la verdad, no sabemos cómo se puede llevar esto a la práctica ─y él tampoco lo sabía─, pero es una excelente vía para caminar hacia la plenitud humana.

Las sociedades modernas basan la convivencia en las leyes. Quien se salta la ley es perseguido y en su caso juzgado y condenado. Y eso está muy bien, pero refleja una sociedad todavía inmadura a la que le falta mucho trecho por recorrer. Porque la ley deja a la persona a sus fuerzas, le pone preceptos que debe cumplir, le amenaza, le castiga, pero no le cambia el corazón. Una sociedad madura basa la convivencia en el arraigo de unos valores que cambian a la persona por dentro… y ya no necesita mandarle nada. Esto no significa que se pueda prescindir de las leyes, sino que el énfasis debe ponerse en el arraigo de valores y no en la promulgación leyes. Y es que la convivencia se puede imponer y se puede sembrar. Si se siembra tarda un tiempo en dar fruto, pero cuando lo da, da el ciento por uno.

Cualquier organización humana ─sea política o empresarial─ que se esfuerce en promover en su seno unos valores basados en el bien común, en la necesidad de compartir, la generosidad y el respeto a los demás, cumplirá su misión mucho mejor que otra que no lo haga así. El problema es que se trata de una tarea sorda y a largo plazo que no suele entusiasmar a los gestores. Tampoco es fácil. Es mucho más sencillo refugiarse en las cosas tangibles que se ven y nos dan una confortable sensación de eficacia, aunque a la larga todo el esfuerzo resulte baldío porque se pone el foco en lo secundario y se olvida lo esencial.

En contraste con esta forma de concebir la sociedad —como tarea colectiva basada en el compromiso de cada uno con el bien común—, vemos que la acción política en el mundo está cada vez más marcada por el odio, la descalificación, la revancha, y la garrulería. Vemos que la demagogia infame se impone al sentido común aupando al poder a profetas de la bronca y el enfrentamiento. Y esto es algo inquietante, porque estas actitudes que nacen en la cumbre acaban empapando todos los estratos de la sociedad, y la sociedad desgarrada y rota.

Miguel Ángel Munárriz Casajús

Fuente Fe Adulta

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“La preocupante teología intemporal de nuestros obispos”, por José Mª Castillo

Jueves, 21 de julio de 2016

relojes-blandosHace unos días, se ha hecho público un documento de la Comisión de la Doctrina de la Fe, de la Conferencia Episcopal Española, que presenta lo que piensan (y quieren enseñar) los obispos españoles sobre “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”. Según parece, no todos nuestros obispos están de acuerdo con el contenido de ese texto. Pero el hecho es que el documento se ha dado a conocer “oficialmente”. Lo que ha provocado las lógicas e inevitables reacciones que se suelen producir en estos casos. Desde quienes han elogiado el escrito de la Conferencia Episcopal, hasta los que han lamentado la falta (o debilidad) de una más clara y fuerte dimensión profética o la ausencia de la debida sensibilidad ante el sufrimiento de los pobres.

Por supuesto, en un documento que no es, ni puede ser, una “definición dogmática”, los cristianos podemos (y debemos) sentirnos libres para expresar nuestro punto de vista, e incluso nuestro desacuerdo, en aquellas cuestiones que no lesionen la fe de la Iglesia, sino que, por el contrario, veamos que se trata de cuestiones importantes que pueden fortalecer la fe y la vida cristiana.

Pues bien, supuesto lo dicho, es comprensible que haya quienes echan de menos, en este documento episcopal, el hecho de no destacar la misión profética de Jesús, que tan ampliamente explican y repiten los evangelios. Y quizá más chocante resulta, que, en un país y en una situación en la que el sufrimiento de los pobres se palpa escandalosamente, nuestros obispos no hayan aprovechado la oportunidad que les proporciona ahora mismo hablar y actualizar la misión de Jesús como “salvador” y como “esperanza” precisamente para los que más sufren entre nosotros.

Pero siendo muy cierto lo que – a mi limitado y corto entender – acabo de indicar, me parece que, en este documento episcopal, se advierte algo que resulta mucho más preocupante, por más que, a primera vista, mucha gente quizá no lo advierta. Me refiero a lo siguiente: este escrito sobre Jesucristo, como Dios y como Salvador del mundo, se podría haber escrito hace más de cincuenta o sesenta años, y (menos las indicaciones a ciertos teólogos o papas de los últimos años) tendría la misma actualidad entonces que ahora. Concretamente, en cuanto se refiere a los temas centrales de la “Salvación” y de la “Esperanza”, que son los pilares del documento, en él se repite, una vez más, lo que ya oía yo en mis lejanos tiempos de estudiante de teología, allá por los años 40 y 50 del siglo pasado. Estamos, pues, donde estábamos. El tiempo corre, todo cambia. Todo, menos la teología. Y si la teología, en temas tan fundamentales, sigue estancada, eso nos viene a decir que es la Iglesia jerárquica y docente la que se quedó atascada en un tiempo, unos problemas y unas soluciones que ya no interesan a casi nadie. ¿Y nos extraña que haya gente que se aleja de la Iglesia?

El fondo del asunto, me parece a mí, está en que la cristología (el tratado de la teología que estudia a Cristo) no ha tenido debidamente en cuenta una cuestión capital y, por tanto, indispensable. El “saber cristológico no se constituye ni se transmite primariamente” en determinados conceptos, ideas o especulaciones, sino en los relatos de “seguimiento de Jesús” (J. B. Metz). Es decir, los primeros discípulos y apóstoles, de los que nos hablan los evangelios, no aprendieron cristología oyendo conferencias y estudiando libros, sino “viviendo con Jesús y como vivió Jesús”. Según el Evangelio, quienes no renunciaron a todo, cargaron con su cruz y se fueron con Jesús, pasando miedo y carencias, mucha escasez, y afrontando la conflictividad que afrontó Jesús, quienes no fueron capaces de eso, no se enteraron de quién era Jesús, ni tuvieron idea de lo que Jesús quería, ni – por tanto – pudieron ser cristianos, al menos de forma incipiente.

Y es que Jesús no fue primordialmente un “dogma”, sino un “ciudadano” galileo, un ser humano, que vivió entre las gentes de su pueblo, con los problemas que tenían aquellas gentes. Y así, en la cercanía y la convivencia, enseñó quién es Dios y cómo es Dios. Más aún, en su vida y en sus obras, pudimos descubrir a Dios, ver a Dios, palpar la presencia del Dios que puede dar sentido a nuestras vidas. Y así, nos aporta “salvación” y “esperanza”. Dicho de la forma más clara y sencilla posible: Dios no se nos dio a conocer primordialmente en un “dogma”, sino en su Hijo, despojado de toda dignidad, incluso la divina, y viviendo como un “esclavo” (Fil 2, 7). Jesús, despojándose de toda dignidad, nos pudo dar a conocer a Dios. O sea, desde lo humano, “lo ínfimamente humano”, nos dio a conocer lo que los humanos podemos conocer de Dios.

Cuando la teología resulta ser una “teología intemporal”, que puede ser igualmente válida parta cualquier tiempo y situación, semejante teología se incapacita para presentarse como la revelación de Jesús, el Hijo de Dios, que nos reveló y nos sigue enseñando dónde y cómo podemos y debemos encontrar al Dios y Padre de la misericordia, de la justicia y de la bondad. Es el Jesús que nos dice cómo ahora, en el momento que vivimos, podemos y debemos encontrar la Buena Noticia, el Evangelio que nos hace más humanos y más creyentes.

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Conferencia Episcopal Española: “Una ocasión perdida para exponer una Cristología que interpele a la sociedad”

Domingo, 10 de julio de 2016

cee-mesa-adolfo

Si es que la cara es el espejo del alma… ¿Alguien puede creerse que están anunciando la alegría del Evangelio?… Más bién parece que están anunciando el funeral de la Iglesia Católica… Mientras tanto, los cristianos y cristianas de a pie, al estilo de las primitivas comunidades cristianas, vamos peregrinando en pequeños grupos experimentando la alegre salvación del Resucitado… Con su pan se lo coman, ilustrísimas y llenen sus bocadillos de anatemas, advertencias y nihil obstat varios… Los demás, a lo nuestro, intentar seguir a Jesús, lo mejor que sabemos, al servicio de los más necesitados y marginados de la sociedad.

Documento episcopal: “Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo”

“Se mantienen menciones que no parecen ir en la línea de Francisco”

(Editorial de Vida Nueva).- La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal ha aprobado la instrucción pastoral Jesucristo, salvador del hombre y esperanza del mundo. Tras una primera lectura, su lenguaje técnico se revela complejo para responder a los fines apostólicos de una instrucción, pues no resulta accesible para sus destinatarios –“a los hombres y mujeres con quienes compartimos sociedad“-, pero tampoco para un cristiano iniciado.

Un análisis detenido del documento genera otras preocupaciones de fondo: los temas abordados y su perspectiva. Elaborado en el seno de la Comisión Episcopal de Doctrina de la Fe, se echa de menos una visión teológico-pastoral que responda al título y subtítulo de la instrucción que invitan a encontrar una semblanza de Jesucristo. Desde ahí, se echa en falta un retrato poliédrico del Redentor, por ejemplo, a la manera de Benedicto XVI en su trilogía, que expone argumentos en profundidad para un preciso conocimiento del Hijo de Dios desde una redacción accesible a todos.

Portada-VN-2996-GEn la instrucción publicada, se dibuja al Salvador por contraposición a las “desviaciones” del dogma de Cristo, a través de un repaso a las visiones erróneas ya condenadas aquí y en Roma, como el reduccionismo histórico, la cristología adopcionista y arriana…

La relevancia dada a estos puntos puede dar la sensación de que el común de los cristianos vive en una amenaza constante de concepciones subjetivistas y relativistas de la fe, algo que no parece percibirse en el día a día de parroquias, comunidades y movimientos. Como apunta el Papa, urge “guardarnos de una teología que se agota en la disputa académica o que contempla la humanidad desde un castillo de cristal”.

El texto aprobado ha evolucionado desde la intención inicial de algunos para incluir un ajuste de cuentas. Aun así, se mantienen menciones que no parecen ir en la línea de Francisco de promover “el diálogo constructivo, respetuoso y paciente con los autores” en aras de la comunión. Esta actitud defensiva dista también del tono de la actual hoja de ruta del Episcopado Iglesia, servidora de los pobres.

Nadie cuestiona la necesidad de alertar de los peligros y reivindicar la unidad y la integridad de la fe, como se hace al abordar la virginidad de María o la Resurrección. Es más, resulta indiscutible esta misión de los obispos y de Doctrina de la Fe, como un delicado, difícil y poco grato servicio al Pueblo de Dios.

Pero cabe preguntarse si no ha sido esta una ocasión perdida para exponer una Cristología que interpele a la sociedad como lo hace Francisco. Pero, sobre todo, para responder a la pregunta fundamental para cualquier católico, que no aparece en esta instrucción sobre Jesucristo: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”.

jesucristo

Fuente Religión Digital

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“Atentado en un club (gay) de Orlando”, por Carlos Osma

Domingo, 19 de junio de 2016

Orlando2De su blog Homoprotestantes:

Leo la noticia de la barbarie de Orlando en el periódico y ninguna pista sobre la razón por la que Omar Mateen eligió el Club Pulse para cometer el atentado y no el de la acera de enfrente. A primera vista la motivación parece ser xenófoba, porque se recalca varias veces que la discoteca celebraba una fiesta hispana. O en todo caso, por el fanatismo religioso del asesino, un atentado islamista, un nuevo ataque contra Occidente por parte de otro seguidor de ISIS. Bien es cierto que en un párrafo de la noticia se afirma que uno de los supervivientes, Dean, perdió a su novio en la tragedia. ¿Novio de Dean? ¿Es una errata o Dean era gay? ¿Había algún homosexual más en esa fiesta?

El Vaticano parece estar tan perdido como yo, según la nota que P. Federico Lombardi ha enviado a los medios de comunicación, las víctimas son… inocentes (no se si de aquí tenemos que suponer que en otras ocasiones hay víctimas que se lo merecen), además comenta Lombardi que el Papa Francisco espera que pronto se esclarezcan las “oscuras razones” por las que Omar Mateen eligió este peculiar club para realizar el atentado más mortífero en territorio estadounidense desde las Torres Gemelas. ¿Oscuras razones? ¿Insinúa el vaticano que el lugar del atentado no se eligió al azar? ¿Hay alguna turbia y oscura razón por la que este fanático perturbado eligió el Club Pulse?

En el plató de Sky News, el escritor inglés Owen Jones monta un numerito y se marcha indignado de una tertulia que analizaba las razones de lo ocurrido en Orlando. El presentador y la otra tertuliana no paraban de contradecir a Owen cuando este afirmaba que el Club Pulse es un club gay y que estamos ante un atentado LGTBIfóbico. ¿Y porqué tanta gente ocultaba este dato? ¿Porqué se puede decir que se celebraba una fiesta hispana y no que esa fiesta era para la comunidad LGTBI hispana de la ciudad? Owen Jones antes de levantarse y salir del plató lanzó una certera pregunta: ¿Si el atentado hubiese ocurrido en una sinagoga no estaríamos hablando de antisemitismo? Entonces, si ha ocurrido en un club gay: ¿Por qué no decimos claramente que es un atentado LGTBIfóbico?

El conocido Padre Ángel en Madrid ha organizado un funeral en una iglesia católica de Madrid en memoria de las víctimas del atentado de Orlando. Cuando Alejandro, pastor de ICM de aquella ciudad, le propuso al Padre Ángel que el acto fuese ecuménico, éste le respondió por terceros que por respeto a su obispo no podía hacerlo, y que tenía miedo a que le “regañasen” por volver a juntarse con personas LGTBI. ¿Un funeral cristiano por las víctimas de un atentado LGTBIfóbico pero alejados de las “oscuras” personas LGTBI cristianas? La cuadratura del círculo a la que nos han acostumbrado muchas instituciones, denunciar la LGTBIfobia en un acto LGTBIfóbico. Y todo eso en nombre de Dios y ante las cámaras de televisión para mostrar lo moderno e inclusivo que es uno.

En Barcelona el President de la Generalitat y el resto de su Gobierno acudieron al acto que organizaron las entidades LGTBI de la ciudad condal, y ante una bandera gigante con un crespón negro mantuvieron un minuto de silencio para mostrar su repulsa  por la violencia LGTBIfóbica que tuvo lugar en el Club Pulse. Aquí se dijeron las cosas por su nombre, sin silencios ni ambigüedades. Pero para poco sirven las palabras si no hay medidas concretas que luchen por acabar con ella. ¿Qué utilidad tiene que se diga que existe una lacra que se llama LGTBIfobia que asesina a miles de personas cada año si no se hace nada para erradicarla? ¿En qué nos ayuda tener una ley contra la LGTBIfobia si no se implementa? La LGTBIfobia se tiene que trabajar desde la educación, formando a niños y niñas en la riqueza que supone la diversidad. Sin pasos firmes y concretos que hagan de los centros educativos lugares donde construir una sociedad más tolerante, sucesos terribles como los de Orlando se volverán a repetir. En los últimos seis años se han contabilizado casi 1800 personas asesinadas en el mundo por su orientación sexual o identidad de género, pero probablemente estas cifras sólo son la punta del iceberg. Sin políticas decididas no se acabará con el peligro que supone para todas y todos la LGTBIfobia.

Desde muchos foros cristianos fundamentalistas también ha habido una condena del atentado. Repiten que aunque no están de acuerdo con las “practicas” homosexuales, toda persona tiene derecho a la vida. No son capaces de darse cuenta que la religión ha dado razones y cobertura a la mente de este enfermo, probablemente homosexual, para realizar la masacre. Y que, aunque en un grado mucho menor, todos los días hay personas que tienen que padecer la violencia LGTBIfóbica en nombre de la religión. O en realidad sí que se dan cuenta, pero no les importa. Sería difícil encontrar en un contexto cristiano fundamentalista una persona que no conozca algún caso de un homosexual cristiano que fue maltratado y rechazado por su comunidad debido a su orientación sexual. Los discursos LGTBIfóbicos de la mayoría de instituciones cristianas disparan todos los días veneno que asesina a muchas personas. Y no lo hacen por su fe, porque Dios, porque Alá, no es un asesino. Es un Dios que nos ha hecho diversos como reflejo de su poder y de su amor. ¿Cómo es posible que con todo el dinero que manejan algunas de estas instituciones no hayan hecho estudios reales sobre las consecuencias de su LGTBIfobia? Quizás si lo hicieran se quedarían sin argumentos para defender la discriminación. No es cristianismo lo que predican, no es evangelio, es muerte.

Finalmente me alegro de todas las instituciones, seculares y también cristianas que han sabido poner nombre a lo que aquí a ocurrido, pero que además trabajan todos los días por construir una sociedad y unas iglesias donde las personas LGTBI no son sólo recordadas por las tragedias, sino donde pueden vivir con naturalidad y con libertad su orientación sexual o identidad de género, llamando a las cosas por su nombre, sin esconderse, y aportando todas sus capacidades. El 11 de Junio, justo en el mes donde celebramos el día del Orgullo, formará parte para siempre de nuestra historia, de la historia de la comunidad LGTBI. Una comunidad que siempre ha sabido llorar a sus muertos, pero también dignificarlos evitando que sean manipulados, borrados o ignorados. El 11 de Junio tuvo lugar un atentado, quizás terrorista, pero seguro que LGTBIfóbico. Y las víctimas tienen derecho a que se sepa que fueron asesinadas por sentir, por amar, por entenderse, por percibirse, de una manera diferente a la mayoría.

Carlos Osma

Cristianismo (Iglesias), General, Homofobia/ Transfobia., Islam , , , ,

“Vía crucis en directo”, por Carlos Osma

Viernes, 25 de marzo de 2016

viacrucisDe su blog Homoprotestantes:

El asesinato de Jesús no tuvo nada de especial, ninguna de las personas que lo vieron pasar arrastrando una cruz pensaron que aquel era un momento único en la historia de la humanidad. Mientras Jesús se comportó como un predicador itinerante más o menos provocador en Galilea, su vida no corrió peligro, pero cuando se atrevió a enfrentarse en Jerusalén con los poderes de su tiempo, el religioso y el político, acabó muriendo como muchas otras personas incómodas han acabado a lo largo de la historia. Los discursos liberadores tienen el recorrido que tienen, y son eliminados cuando el poder los considera demasiado peligrosos para su supervivencia.

Podríamos hacer una lectura de corto recorrido, centrada en nuestras miserias, y diríamos que así somos todos los seres humanos cuando detentamos el poder; por pequeño y limitado que sea nunca estamos dispuestos a que nos lo arrebaten. Los egos son lo que tienen, incluso los cobardes intentan mantener a toda costa su espacio de influencia, y sonríen y te llaman hermano mientras te clavan por la espalda el puñal de su impotencia, de su mediocridad. No hay nada más peligroso en este mundo que una persona que vive con el ego herido, esperará el momento más oportuno para traicionar a quien cree puede hacer lo que él jamás se atrevió a ni a pensar.

Pero del asesinato de Jesús no quiero detenerme en las traiciones de los que estaban más cerca, en las personas que no supieron estar a la altura, en los miedos, los egos, las cobardías, en todos aquellos comportamientos que hicieron que al final Jesús se enfrentara sólo al verdadero poder que acabo con su vida. Porque es eso lo que nos ocurre normalmente, que nos quedamos en lo anecdótico y nos olvidamos de poner nombre a los verdaderos responsables de las injusticias.

Vivimos en un mundo donde el poder religioso y el político han perdido su hegemonía, ahora es el poder económico el que hace y deshace, el que se lanza a la yugular de quienes intentan denunciar su tiranía, y si hace falta los crucifica para que sirva de escarmiento. Y esto pasa todos los días, a nuestro lado, delante de nuestras narices, sin que parezca que podamos hacer nada para remediarlo. Y las crucificadas y los crucificados pueden ser cualquiera: una persona que no puede pagar una hipoteca, un partido político que hable de recuperar el estado del bienestar, o un país que prefiere destinar sus recursos a la gente que a pagar las deudas de los bancos.

Esta Semana Santa no es necesario que salgamos a las procesiones o vayamos a la Iglesia para recordar a Jesús cargando con su cruz hacia el martirio. Podemos hacerlo sentados en el sofá de casa, desde allí somos testigos del vía crucis de las millones de personas que huyen de la guerra de Siria. Vemos niños muertos en una orilla, personas que viven en campos de refugiados en condiciones inhumanas, jóvenes que intentan saltar las alambradas con las que una Europa inhumana se defiende. Y podemos creer que no hay otra solución, que es necesario mantener nuestra seguridad. O podemos pensar que es una injusticia y colaborar de alguna manera para arrastrar durante unos días la cruz de los desplazados. Un vía crucis en directo, televisado para todos los públicos, subiendo las audiencias de las televisiones, y creando debate, opiniones enfrentadas, ruido, mucho ruido, mientras comemos patatas fritas y bebemos coca cola en nuestro salón. Ser hoy en día la turba que grita a los crucificados es mucho más interesante y cómodo que en el siglo primero, y además tiene la ventaja de que no nos perdemos ni un solo plano de su agonía.

Si este éxodo sirio hubiese tenido lugar hace diez o quince años cuando Europa no vivía una crisis económica tan fuerte, los refugiados hubieran sido bienvenidos, se les hubiera puesto una alfombra roja para acompañarlos a sus puestos de trabajo. Hace diez o quince años la maquinaría europea necesitaba mano de obra, necesitaba combustible, seres humanos que le permitiesen seguir creciendo y aumentando los beneficios. Pero actualmente los refugiados sirios son una amenaza grave para la recuperación económica. En la zona euro la tasa de paro supera el diez por ciento de la población, pero en países como España es más del doble. Se habla de una tímida recuperación económica, pero hay analistas que vaticinan que estamos avocados a una recesión aún mayor, por eso el poder económico intenta defenderse de quienes lo amenazan. Y esa amenaza, por mucho que nos cueste aceptarlo viéndolos mojados y tiritando de frío por televisión, son los millones de refugiados sirios que vienen a nuestro continente huyendo de la muerte.

Hace unas décadas se nos vendió que la Unión Europea era la mejor manera de avanzar, de construir una Europa más justa, y creo que la mayoría nos lo creímos. Por una parte sabíamos que en el fondo se trataba sólo de una unión económica, pero pensábamos que si la economía iba bien eso se traduciría en una mayor redistribución de la riqueza. La crisis económica de los últimos años nos ha impedido seguir creyendo esa mentira, y nos ha mostrado que lo importante es sólo la economía, no la gente. Lo importante es que las grandes multinacionales, los bancos y los inversores sigan ganando dinero aunque eso signifique recortar derechos o hacer vivir en la indigencia a millones de personas. Actualmente hay una opinión generalizada de que el Estado de Bienestar es insostenible y que las europeas y los europeos tenemos que renunciar a derechos para que la Unión Europea pueda seguir siendo una maquina económica eficiente.

Hoy en día ya sabemos que tal y como esta concebida la Unión Europea es un peligro para quienes vivimos en cualquiera de los países que la conforman. Ha quedado clara su inhumanidad, mirando la bolsa y los balances bancarios antes que el bienestar de sus ciudadanos o de los desplazados que se acercan para pedir ayuda, y haciéndonos creer que es necesario que el poder económico siga teniendo beneficios astronómicos para que se pueda percibir una tímida recuperación en la economía de las familias. La Unión Europea es un arma en manos del poder económico que controla los gobiernos y sus políticas, y es ella misma la que cada día crea más euroescepticismo. ¿Es posible poner a los ciudadanos europeos por delante de los lobbys económicos? ¿Es posible enfrentar el éxodo sirio sin ver en él una amenaza? ¿Es posible una Unión Europea de las personas y no de los mercados? Si fuera posible volveríamos a tener la ilusión que creó en nosotros hace unas décadas su ingreso dentro de ella. Pero si su esencia netamente al servicio de la economía lo hace imposible, sería mejor abandonarla.

Nuestras cruces, esas que arrastramos, o que vemos arrastrar a otras personas, están creadas por intereses económicos. Unos intereses a los que no les importa una familia desahuciada en Barcelona, o otra que se muere de frío en un campo de refugiados en Lesbos. La fe cristiana es de por sí una denuncia de cualquier poder que crucifica a quienes le amenazan. La fe cristiana habla de resucitar a las víctimas, de retornar la dignidad a los crucificados, de reencuentros de los marginados y desplazados con sus familias, sus amigos… La fe cristiana habla de liberación de las personas de cualquier poder opresor. Por eso estos días sólo cabe la denuncia de la Unión Europea que de manera diabólica se olvida de las víctimas y se niega a tratarlas como seres humanos. Si el bienestar de los ciudadanos y las ciudadanas, o de las personas que se acercan a nuestros países, no son el centro de todo, no es lo prioritario; si sólo podemos seguir construyendo más Europa para el beneficio económico de unos pocos, entonces nuestra fe en un Jesús crucificado nos empuja hacia una resurrección fuera de este poder opresor, fuera de la Unión Europea.

Carlos Osma

Biblia, Espiritualidad , , , , , ,

“Si dos hombres tienen relaciones sexuales…. deben morir.”, por Carlos Osma

Jueves, 10 de marzo de 2016

Felix-and-LeviticusDe su blog Homoprotestantes:

Hace unos días la Universidad de Sheffield expulsó a uno de sus alumnos por hacer un comentario en Facebook oponiéndose al matrimonio entre personas del mismo sexo. Felix Ngole, que así se llama el alumno, justificó su posicionamiento homófobo apelando a la Biblia, concretamente a un texto del libro del Levítico. A partir de ese momento muchas entidades cristianas han salido en tromba para defenderle y denunciar la supuesta persecución que sufren los cristianos por parte de los colectivos LGTBI que no respetan la libertad de expresión. Ngole ha ido un poco más allá y ha advertido que “los estudiantes en las universidades inglesas están siendo censurados en sus opiniones y creencias”.

Personalmente no estoy muy seguro de que una persona que apela a un libro como el Levítico, escrito hace miles de años, para oponerse al matrimonio entre personas del mismo sexo, tenga las cualidades reflexivas y críticas que se esperan de alguien que está realizando unos estudios universitarios. La propia universidad decía sentirse consternada por el nivel de intransigencia que Ngole había demostrado en sus comentarios de Facebook, y dudaba de que pudiese desarrollar su futura labor como trabajador social de la manera más adecuada.

Parece ser que Felix Ngole utilizó el texto: “Si alguien se acuesta con varón, como se hace con mujer, ambos han cometido abominación[1]. Un versículo que evidentemente no está hablando del matrimonio entre personas del mismo sexo, y que es utilizado por los fundamentalistas para oponerse a cualquier derecho de las personas LGTBI. Lo que parece que Ngole olvidó decir es que ese texto no sólo dice que dos hombres que se acuestan juntos cometen abominación, sino que además especifica cuál debe ser su castigo: “morirán sin remedio; su sangre caerá sobre ellos”. Así que si este versículo, como parece opinar Ngole, es válido para justificar que dos personas del mismo sexo no pueden casarse, también lo sería para argumentar que se las debería asesinar.

Es difícil entender que cristianismo profesan personas que creen en un Dios que al menos en un momento de la historia opinaba que los homosexuales debían morir sin remedio y que su sangre debía caer sobre ellos. Ngole, que vive exiliando en Inglaterra desde 2003, procede de Camerún, un país centroafricano donde la homosexualidad está penada con cinco años de cárcel. Hace dos años varios medios de comunicación occidentales se hicieron eco de la muerte en aquel país de Roger Mdebe, que había sido condenado a tres años de prisión por “tentativa a la homosexualidad”, delito que consistía en haber enviado un mensaje a un amigo declarándole su amor.

La bogada Alice Nkom conocida en Camerún por su lucha a favor de la despenalización de la homosexualidad explica que “la homofobia es una cuestión de ignorancia, el Estado y las iglesias se aprovechan de ello y difunden mensajes homófobos por todos sus medios. En Camerún, las iglesias son propietarias de numerosas radios que extienden sentimientos homófobos”. En el caso de Roger Mdebe su propia familia interpretó su muerte como una liberación divina.

Cuando las entidades fundamentalistas levantan su voz para denunciar que un joven camerunés no tiene derecho a la libertad de expresión en Europa, se olvidan de los jóvenes cameruneses LGTBI que no tienen derecho a expresar sus sentimientos y su identidad. Su amnesia les impide denunciar las políticas de incitación al odio de las iglesias cristianas en varios países africanos que conducen a la muerte de muchas personas. Pero no hace falta irse tan lejos, cuando las iglesias evangélicas en Europa o América dicen sentirse discriminadas por no poder expresar sus opiniones homófobas, se les olvida los miles de cristianos LGTBI que expulsan de sus iglesias cuando se atreven a decir quiénes son o a quien aman.

Parapetarse en la libertad de expresión para ejercer la homofobia, o en las convicciones religiosas para promover la discriminación y el odio, es una falacia. La tolerancia tiene un límite bien claro, el de la intolerancia. Nadie entendería que entidades cristianas defendiesen la libertad de expresión de un estudiante que apelase a una tradición ancestral para condenar por ejemplo el placer sexual en la mujer, y que omitiese que esa misma tradición propone mutilar genitalmente a las niñas. Entonces, ¿por qué lo hace cuando un estudiante apela a la Biblia, el texto central del cristianismo, para defender posiciones homófobas? Que la homofobia se defienda ella sola, y no manche los pilares en los que se fundamenta nuestra fe para ensuciarlos con su odio. Tal como ha hecho la Universidad de Sheffield, las iglesias cristianas deberían expulsar de sus comunidades toda muestra de odio e intolerancia que se justifiquen insultando el nombre del Dios de amor en el que creemos. El Dios cristiano jamás se ha opuesto al amor entre dos personas; y por descontado no es, y nunca ha sido, un asesino. Leer más…

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“La mujer en la sociedad y en la religión”, por José Mª Castillo

Jueves, 14 de enero de 2016

mujer-iglesiaDe su blog Teología sin Censura:

La violencia contra la mujer no tendrá solución, en las religiones, mientras la sociedad, en cada país y en cada cultura, no deje resuelto y zanjado para siempre el problema de la igualdad de derechos y garantías entre la mujer y el hombre. Dicho más claramente, mientras las mujeres no tengan los mismos derechos y las mismas garantías que los hombres, la violencia contra las mujeres seguirá haciendo los estragos que viene realizando desde hace miles de años. Como igualmente se puede afirmar que el día que la sociedad suprima las desigualdades (en dignidad y derechos) entre las mujeres y los hombres, ese día las religiones no tardarán en reconocer, aceptar y poner en práctica la igualdad de los que por, por su condición de género, son diferentes.

Las sociedades mediterráneas del siglo primero eran, como es sabido, sociedades en las que la propiedad pertenecía al patriarcado. Solamente el “paterfamilas” tenía la propiedad, no sólo de los bienes, sino además de las personas en el grupo familiar. El padre era el propietario, el jefe, el amo, el que concentraba todos los derechos. La mujer, los hijos y los esclavos no tenían más remedio que vivir sometidos al patriarca. De ahí que las religiones, lo mismo en Israel que en Egipto, en Grecia o en Roma, eran religiones patriarcales, machistas y justificantes de todas las desigualdades que se derivaban del modelo de familia patriarcal.

Es verdad que, según los evangelios, Jesús tuvo un trato excepcional de respeto, delicadeza y aceptación de la mujer, fuera cual fuese su origen o su conducta. Pero bastantes años antes que los evangelios (según la redacción que la Iglesia ha aceptado como canónica o auténtica), se empezaron a conocer las cartas de Pablo y las llamadas deutero-paulinas (Ef y Col) hasta las pastorales. Y en estos documentos se acepta y se impone el sometimiento y el silencio de la mujer en la sociedad, en la familia y en la Iglesia. Como igualmente sabemos que Pablo aceptó la condición de los esclavos y el sometimiento al emperador (Rom 13, 1-7). Por eso, la Iglesia prohibió la esclavitud cuando eso ya estaba prohibido en la sociedad, aunque – por desgracia – las autoridades religiosas se callan, tantas veces, ante las nuevas formas de esclavitud vigentes en este momento. Por no hablar de los silencios jerárquicos ante las dictaduras políticas.

La lucha, en defensa de los derechos y de la dignidad de la mujer, tiene que ser ante todo una lucha política, jurídica, social y laboral. Mientras las mujeres no tengan la misma autonomía económica que los hombres, las mujeres seguirán aguantando amenazas, insultos, palizas y hasta la misma muerte. Si esta situación no se resuelve, la violencia contra la mujer no tiene solución. Los clérigos seguirán diciendo cosas acertadas (y quizá algunas desacertadas) sobre este asunto. Como es igualmente cierto que en las iglesias se oyen bellos sermones sobre los derechos humanos. Pero la pura verdad es que nos creeremos los discursos eclesiásticos (sobre toda clase de dignidades y derechos) el día que la Iglesia modifique su Derecho Canónico de forma que en él quepan los Derechos Humanos, todos los derechos, concretamente los de la mujer.

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“Huir del pueblo para ser un poco más uno. Migrantes sexuales en Uruguay”, por Lourdes Rodríguez .

Sábado, 9 de enero de 2016

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Foto: Rubén Figueroa

Un interesante artículo que pone en evidencia la realidad de tantas personas que tienen que salir de su entorno para poder ser y existir…

Tener que huir de sus localidades de origen para evitar ser aplastado por el estigma de “el puto” o “la torta” del pueblo, convertirse en mito o leyenda o sacarse de encima el dedo de la vecina. Escapar de la golpiza, del insulto sistemático o de sus familias. Buscar una ciudad donde poder hacer una consulta al médico sin sufrir hostigamiento, donde además acceder a viviendas y empleo dignos, cuando es posible. Jóvenes con orientaciones sexuales diversas llegan a Montevideo para empezar de cero.

Estas cuestiones emergen de los relatos de 32 jóvenes de entre 20 y 29 años que se autoidentifican como lesbianas, gays, bisexuales, “msms” (sigla que significa “mujeres que tienen sexo con mujeres”) y “hshs” (“hombres que tienen sexo con hombres”). Todos entrevistados por Romina Martinelli para su tesis de grado “Migrantes sexuales: Éxodo en suelo uruguayo” (disponible en http://ipidar.org/sexualidades).

La investigación fue realizada en el marco de la Licenciatura en Sociología de la Universidad de la República con el financiamiento de la Universidad Nacional de La Plata y el Instituto por la Igualdad y la Democracia. La migración sexual es una realidad de larga data, pero una novedad conceptual poco explorada. La búsqueda y el traslado a destinos menos hostiles con la diversidad sexual suele encubrirse tras motivaciones económicas, académicas, familiares o de salud. Martinelli indaga cómo el cambio de escenario interior-Montevideo posibilita una “mayor laxitud” para negociar identidades “no heteroconformes”.

Sin estar exenta de violencia o discriminación, la capital ofrece elementos materiales y simbólicos que funcionan como “válvula de escape” de las tensiones impuestas por el statu quo heteronormativo, y a tener una vida mejor en relación con las experiencias de sus comunidades de origen.

Martinelli recorre las trayectorias identitarias de jóvenes que portan una sexualidad “disidente”, buscando desentrañar el impacto que tiene el traslado dentro del territorio uruguayo. Coloca el foco en las transformaciones de los “guiones sexuales” impuestos de estos sujetos que migran en busca de localidades con menores grados de lesbo, homo y bifobia.

Parte de la idea de que las identidades se basan en “definiciones mutuas” e introduce el concepto de “carreras morales” como producto de la interacción, devuelta en imágenes que hacen a la identidad de los sujetos, así como al conjunto de imágenes con que el individuo describe para sí a los demás. Las prácticas (guiones sexuales) demandan información, que es tomada de esas imágenes construidas de sí mismos y de los demás (carreras morales). En el cambio de escenario interior-Montevideo las percepciones de sí, del entorno y de los otros se resignifican y reorientan en favor del desarrollo de las identidades sexuales.

El vacío simbólico (o referencial) en sus lugares de origen arrincona en sus armarios a los jóvenes con orientación sexual diversa. Su deseo no existe, no se visualiza, no se nombra. Lo que les ocurre “no se habla” ni en sus casas ni en las currículas educativas. La constatación de Martinelli es que una vez en Montevideo descubren que no están solos, que hay otros como ellos. Sólo esa comprobación disminuye considerablemente la “tensión, angustia y soledad” del sujeto. En el suelo montevideano conocen nuevas personas y suelen aparecer “nodrizas lgb” o hadas madrinas que los conectan con nuevos escenarios: lugares de encuentro e intercambio específicos (marchas, boliches, ciclos de cine, seminarios, talleres) amigables con ellos.

Martinelli habla de un nuevo proceso de socialización secundaria. Se producen cambios en la manera de autoconcebirse, de valorarse, de relacionarse, de redefinir y renegociar significados, y por ende de vincularse. Estos elementos reflejan la transformación de sus carreras morales y habilitan nuevos guiones sexuales.

Los matices

Las personas que cuentan con el apoyo de su núcleo primario radicado en el interior evidencian procesos “más favorables” que aquellas que no están respaldadas. Hay quienes han podido gestionar su orientación sexual entre amigos y familiares, pero no en sus trabajos, donde más bien la ocultan. En la capital éste es el ámbito donde se acumulan las nuevas dificultades y tensiones para los jóvenes lgb (lesbianas, gays y bisexuales), msms y hshs.

En los relatos aparecen situaciones diarias de discriminación y temor al rechazo y la exclusión. Lo que sucede en el ámbito laboral se vuelve clave porque la pérdida de un puesto de trabajo puede suponer tener que regresar al interior y allí se pone en juego no sólo un salario, sino todo un proceso personal. Por otra parte, quienes sí han salido del armario en sus trabajos comprueban que pueden construir relaciones más “auténticas y saludables” a la vez que conviven con un menor grado de tensión y tienen mayor autoconfianza para desempeñarse en diversas tareas.

Los jóvenes que vuelven con mayor frecuencia al interior son, una vez más, los que han transitado procesos positivos de salida del armario con sus familias. No obstante, incluso éstos realizan “modificaciones temporales” relacionadas a su identidad sexual. De alguna manera, vuelven al clóset en su territorio de origen: “omiten” su orientación sexual fuera de su familia -para no exponerlos o “faltarles el respeto”-, no viajan con sus parejas, no hablan de su vida afectiva o caminan y se visten diferente.

Martinelli también arroja luz acerca de cómo las construcciones sociales en torno al género posicionan diferente a varones y mujeres al momento de negociar sus identidades. Si bien ambos desafían la normatividad al generar vínculos sexuales y afectivos con personas de su mismo género, entiende que la peor parte la llevan las mujeres lesbianas, bisexuales y msms. Contrariamente, la mayoría de los entrevistados tiene la percepción de que es más difícil para los varones tramitar su “disidencia” sexual, porque quedan más expuestos y porque la invisibilidad les otorga a las mujeres “disidentes” una zona de confort y refugio. Para la investigadora, estas mujeres, que dejan de estar disponibles para el deseo heterosexual y para la reproducción, parten de un orden sociosexual de menor privilegio, mientras que los varones históricamente han tenido amplios permisos para disfrutar a sus anchas de su sexualidad.

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General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , ,

“La religión, asunto personal pero no intimista”, por Martín Gelabert Ballester, OP

Sábado, 14 de noviembre de 2015

998cruzmonteLeído en su blog Nihil Obstat:

La religión es un asunto personal, pero no intimista. Tiene repercusiones en todos los ámbitos de la vida. Y como la persona es un ser social y se realiza en comunión con los demás, la religión tiene incidencias sociales y, en consecuencia, repercusiones políticas, económicas, laborales, artísticas. Nada escapa a la religión, porque ella está indisolublemente ligada con la vida. El Papa Francisco lo ha dicho con estas palabras: “Nadie puede exigirnos que releguemos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin influencia alguna en la vida social y nacional, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil, sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos… Una auténtica fe, que nunca es cómoda ni individualista, siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por la tierra… Si bien el orden justo de la sociedad y del Estado es una tarea principal de la política, la Iglesia no debe quedarse al margen en la lucha por la justicia”.

Las religiones, y el cristianismo en particular, han sido creadoras de cultura, promotoras de belleza; han fomentado, creado y dirigido instituciones asistenciales y educativas, han sido también instancia crítica de aquellas políticas que atentaban contra la dignidad de la persona. Desgraciadamente, en ocasiones, las religiones, han pretendido ocupar todo el ámbito de lo público y no han respetado la legítima autonomía de la política, de la economía, de la ciencia y de la educación. En estos casos no han sabido situarse adecuadamente y han pagado las consecuencias, muchas veces en forma de oposición o ataque a lo religioso, cuando lo secular se ha desligado de lo religioso.

Ahora bien, las convicciones religiosas con incidencia social no se defienden religiosamente. Y si no se defienden religiosamente se arriesgan a ser discutidas y rechazadas. Se arriesgan a “perder” la partida en el campo legislativo, social y político. La cuestión entonces está en “no verme obligado a”, pero no en obligar a otros. Cuando las convicciones religiosas tienen consecuencias que van más allá de lo individual y afectan a otras personas (cuestiones matrimoniales y de ética sexual), no pueden defenderse, en nuestra sociedad, con argumentos religiosos ni apelando a motivos religiosos. Si la persona religiosa los defiende en campos ajenos a la religión es porque no son asuntos estricta y solamente religiosos.

Aunque la religión tenga repercusiones en todos los ámbitos de la vida, lo fundamental de la religión no son sus repercusiones públicas, sino la relación que permite establecer entre la persona y Dios. Sin esto la religión se queda sin alma y puede desaparecer con la misma facilidad con que apareció. Las religiones, y en concreto el cristianismo, son una invitación a vivir en comunión con Dios, una comunión que es fuente de esperanza y que estimula a vivir de otra manera.

Budismo, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Hinduísmo, Islam, Judaísmo , , ,

La verdadera soledad

Lunes, 26 de octubre de 2015

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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La gran tentación del hombre moderno no es la soledad física, sino la inmersión en la masa de otros hombres; no es la huída a las montañas o al desierto… sino la inmersión en ese océano informe de irresponsabilidad que es la masa. Actualmente no hay soledad más peligrosa que la del hombre perdido en una masa, que no sabe que está solo y que tampoco actúa como persona en una comunidad. No afronta los riesgos de la verdadera soledad ni las responsabilidades que ésta implica, al tiempo que la masa lo ha liberado de todo las demás responsabilidades. Con todo, en modo alguno está libre de preocupaciones, está cargado con la angustia difusa y anónima, los miedos indecibles, los apetitos mezquinos e insoportables y todas las hostilidades omnipresentes que llenan la sociedad de masas como el agua llena el océano.

El mero hecho de vivir en medio de otras personas no garantiza que vivamos en comunión con ellas. ¿Quién tiene menos que comunicar, que el hombre-masa? Muy a menudo, es el solitario quien tiene más que decir; no porque use muchas palabras, sino porque lo que dice es nuevo, sustancial, único: es propio de él. Aún cuando diga muy poco, tiene algo que comunicar, algo personal que puede compartir con otros.

El constante clamor de palabras vacías y ruidos de máquinas, el contínuo zumbido de altavoces, termina por hacer casi imposible la verdadera comunicación y la verdadera comunión. Cada individuo en la masa está aislado por espesas capas de insensibilidad. No se preocupa, no escucha, no piensa. No actúa, sino que es empujado. No habla, sino que produce sonidos convencionales cuando es estimulado por los ruidos apropiados. No piensa, sino que segrega tópicos.

Una persona no se aísla por el mero hecho de vivir sola y tampoco se produce la comunión entre los seres humanos por el mero hecho de que vivan juntos. No hay más soledad verdadera que la soledad interior y ésta no es posible para quien no acepta su justa situación en relación con los otros… La soledad no es separación.”

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Thomas Merton. Nuevas semillas de contemplación.

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Recordatorio

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