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El Gobierno de España eleva a Lugar de Memoria a Tefía, símbolo de la represión homófoba

Miércoles, 24 de abril de 2024
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El Centro Canario de Interpretación de la Memoria Histórica LGTBIQ+ estará en las instalaciones de la antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura

El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática ha anunciado que se va destinar este año 100.000 euros a comenzar a dotar de contenido el que será su centro de interpretación

El Cabildo de Fuerteventura y el colectivo ALTIHAY han dado a conocer al Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática el proyecto del Centro Canario de Interpretación de la Memoria Histórica LGTBIQ+ en las instalaciones del Albergue Juvenil de Tefía.

El Gobierno va a reconocer formalmente como Lugar de Memoria a la colonia agrícola penitenciaria de Tefía, en Fuerteventura, “el símbolo” de la represión franquista contra las personas del colectivo LGTBI, el lugar donde se sometía a años de trabajos forzados a personas solo por su orientación sexual.

El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, se ha desplazado este viernes hasta esa localidad del municipio de Puerto del Rosario para anunciar que ya está en trámite la protección de Tefía bajo esa figura y también que el Gobierno de España va destinar este año 100.000 euros a comenzar a dotar de contenido el que será su centro de interpretación.

IMG_4228La presidenta del Cabildo, Lola García, y el vicepresidente, Blas Acosta, junto a otras personalidades públicas, recibieron al ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, en su visita a la antigua Colonia Agrícola Penitenciaria de Tefía que se ubicaba en dichas instalaciones.

Lola García agradeció la visita del ministro “para conocer uno de los proyectos importantes que va a convertir a Fuerteventura en referente de la Memoria Histórica LGTBIQ+ de la mano de ALTIHAY con la colaboración del Cabildo de Fuerteventura y otras instituciones”.

La presidenta de la Corporación insular afirmó que “estamos seguros de que, después de conocer el proyecto, se establecerán convenios para contribuir a que sea una realidad y ya hemos conseguido el apoyo económico del Ministerio para que este Centro de Interpretación esté cada vez más cerca y así recordar a las víctimas que durante mucho tiempo fueron perseguidas por la Ley de Vagos y Maleantes, y, especialmente, a las que fueron recluidas en estas instalaciones durante once años”.

Según ha explicado el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, “estamos en un espacio que fue de reclusión, de ignominia y de vergüenza que se va a convertir en un lugar de memoria conforme a la Ley de Memoria Democrática del año 2022, con todas las instituciones volcadas en que así sea.”

El ministro también anunció que “en el presupuesto del Gobierno de España del presente año 2024 se van a habilitar 100.000 euros para que se inicie el proyecto y de esta forma las próximas generaciones conozcan y valoren que lo que verdaderamente es delito es considerar delito la libertad sexual”.

IMG_4231Monumento inaugurado en 2008.

Torres ha agradecido a Altihay, el colectivo LGTBI de referencia en la isla de Fuerteventura, que haya impulsado este reconocimiento para Tefía, porque cree necesario que las nuevas generaciones sepan que allí la dictadura de Franco “marginó y sometió a trabajos forzados a personas solo por ese hecho”, por ser homosexuales.

Es importante que no se olvide para que nunca más se repita, para hacer ver al resto de España, cuando algunas regiones derogan su Ley de Memoria Democrática, que estoy en una comunidad con distintos colores políticos (en los cabildos insulares y gobierno autonómico), pero en la que no hay fisuras para estas cuestiones”, ha señalado.

El ministro ha recordado que el franquismo reformó la Ley de Vagos y Maleantes el 15 de julio de 1954 para perseguir como delincuentes a los homosexuales, que habían sido libres de amar a quien quisieran durante la República, y que la colonia de Tefía se creó “exclusivamente” para condenarlos a trabajos forzados, a picar piedra y roturar terrenos en una instalación agrícola que en realidad fue “un campo de concentración”.

Este es el centro emblemático de reclusión, de concentración, que un régimen totalitario imponía a quienes eran condenados por amar a personas de su mismo sexo. Aquí vinieron homosexuales de Canarias, pero también del resto de España”, ha añadido

El ministro ha subrayado que los jóvenes “tienen que entender, apreciar y defender lo que significa poder tener matrimonios del mismo sexo, legales, con los mismos derechos, y saber que eso es un logro de la democracia”, una conquista, ha continuado, que “está en riesgo por la amenaza del totalitarismo, de los mensajes de aquellos que intentan recuperar lo peor de nuestra historia”.

IMG_4226(Fotograma de la película Las Noches de Tefía)

“Sería un error olvidarlo, pero, sobre todo, lo que tenemos que hacer es reconocer a las personas que aquí sufrieron aquella ignominia”, ha concluido.

Con esta iniciativa, el Cabildo de Fuerteventura y ALTIHAY, a través de la Consejería de Acción Social, Diversidad, LGTBIQ+, en colaboración con el resto de las administraciones, instituciones, entidades y colectivos se vienen coordinando las acciones necesarias para materializar este Centro de Interpretación.

Tanto el consejero de Acción Social, Diversidad y LGTBIQ+, Víctor Alonso, como el consejero de Juventud, Adargoma Hernández, esperan que el espacio sirva de reclamo para todas aquellas personas que quieran conocer la historia, manteniendo vivo el movimiento LGTBIQ+ en Fuerteventura y Canarias. Esta colaboración es esencial para asegurar la preservación de la memoria histórica y los valores fundamentales de igualdad y respeto en nuestra sociedad, según informa un comunicado.

Fuente Agencias/RTVC

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El Arzobispado de Tarragona pide perdón por el papel de la Iglesia durante el franquismo

Viernes, 19 de abril de 2024
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Homenaje a las víctimas de la represión franquista en el cementerio de Tarragona RD/Agencias

El vicario general, presente en el homenaje a la represión de la dictadura

“Manifestamos nuestra proximidad hacia las víctimas, no sólo queremos decir que si nos hemos equivocado, pedir perdón, sino que podemos ayudar a esta recuperación de la memoria”

Año tras año, la fosa común mayor del cementerio de Tarragona acoge el homenaje a las 797 víctimas de la represión franquista al conjunto de la demarcación. El acto, organizado por la asociación de familiares de las víctimas, también ha contado con la presencia de diferentes autoridades

El Arzobispado de Tarragona ha pedido perdón por el papel de la Iglesia en el franquismo. Lo ha expresado el vicario Joan Àguila, en el homenaje anual a las víctimas de la represión franquista en el cementerio municipal.

Al mismo tiempo, la archidiócesis ha puesto a disposición de las familias el archivo de la institución. «Manifestamos nuestra proximidad hacia las víctimas, no sólo queremos decir que si nos hemos equivocado, pedir perdón, sino que podemos ayudar a esta recuperación de la memoria», ha afirmado.

Un gesto bien recibido por la asociación de familiares de las víctimas, que espera que otras instituciones eclesiásticas tomen ejemplo. Cerca de 200 personas han participado en el homenaje, que este año coincide con el 93.º aniversario de la proclamación de la II República.

Año tras año, la fosa común mayor del cementerio de Tarragona acoge el homenaje a las 797 víctimas de la represión franquista al conjunto de la demarcación. El acto, organizado por la asociación de familiares de las víctimas, también ha contado con la presencia de diferentes autoridades.

Este año, se ha sumado el vicario general del Arzobispado de Tarragona, Joan Àguila, quien ha aprovechado el turno de palabra para pedir disculpas en nombre de la institución eclesiástica por el papel de la Iglesia durante el franquismo. Según Àguila, la archidiócesis muestra así la voluntad «de transparencia, de abertura, de proximidad hacia la ciudadanía y de servicio a las personas que pasan por un momento doloroso» a raíz de las acciones del régimen franquista.

Aunque no es la primera vez que un representante del Arzobispado participa activamente en este homenaje, sí que es la primera vez que ha pedido disculpas públicamente a las familias por el papel de la institución durante este periodo histórico.

“Muy agradecidos

Un gesto que se ha recibido positivamente por parte de la Asociación de Familiares de Víctimas de la Represión Franquista en Tarragona. «La implicación de la Iglesia durante la dictadura ha estado muy presente, por lo tanto, como asociación estamos muy agradecidos que la Iglesia esté representada en un acto de homenaje a los represaliados por el franquismo; no creo que haya demasiados sitios donde pueda pasar eso», ha destacado a la presidenta de la entidad, Montserrat Giné.

En este contexto, Giné se ha mostrado esperanzada que otros arzobispados catalanes y españoles también se unan a esta tendencia y se pongan al lado de las víctimas.

Más allá de las palabras, Àguila ha puesto a disposición de los familiares el archivo de la institución, con la voluntad de permitir un ejercicio de recuperación de memoria democrática. Unos documentos que la entidad ha puesto en valor, tanto por su contenido como por la importancia de la archidiócesis donde se encuentran.

Aunque en esta ocasión, el arzobispo tarraconense no ha podido estar presente en el homenaje de este domingo por cuestiones de agenda, el vicario ha señalado que de cara el próximo año intentará tomar parte en el acto.

Fuente Religión Digital

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“A picar piedra, maricones“, por Andrea Momoitio

Martes, 29 de agosto de 2023
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IMG_0298Un artículo indispensable:

Una escena de ‘Las noches de Tefía’.

Las noches de Tefía no acaba bien, pero esto no es un spoiler. Lo sabe bien Samuel Luiz; las víctimas del incendio del Búnker, un espacio de cruising de Sevilla; las dos mujeres brutalmente agredidas al grito de “¡bolleras de mierda!”en el Parque Warner; las tres personas activistas golpeadas al salir de una fiesta LGTBQIA+ en Gerona; lo saben las víctimas de la la escalada del odio que estamos viviendo en el Estado español. Las noches de Tefía no acaba bien porque, para nosotras, así acaban muchas noches y, sobre todo, porque no nos han pedido perdón todavía.

La serie, dirigida por Miguel del Arco, puede verse sin respirar. Entre sollozos y risas. Puede verse con la alegría de quien se sabe a salvo de la crueldad más extrema y con el temor de quien sabe que las consecuencias de toda esa violencia siguen intactas en nosotras. Porque no nos han pedido perdón todavía. La ficción, de seis capítulos, es un juego de capas. De historias entrelazadas, superpuestas, que reconstruyen un  escenario tenebroso de la historia reciente de España: la Colonia Agrícola de Tefía.

En 1953, el periódico Falange: diario de la tarde informaba de la creación del Juzgado Especial de Vagos y Maleantes del Archipiélago Canario. Tendría su sede en Las Palmas de Gran Canaria. Ignacio Sáenz de Tejada y Gil era entonces presidente de la Audiencia Territorial de Las Palmas y declaraba que la “colonia agrícola o campo de concentración de Tefía” serviría de “saludable y enérgica sanción social” a  “los vagos habituales; rufianes y proxenetas; mendigos profesionales que exploten a enfermos, menores, lisiados; ebrios y toxicómanos habituales”. Todo, por supuesto, con arreglo a la de Vagos y Maleantes, una norma que estuvo en vigor entre 1933 y 1970. A partir de entonces entró en vigor la ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social, algo más ‘sofisticada’.

En el momento de las declaraciones de Sáenz de Tejada y Gil, la ley todavía no recogía la homosexualidad como una de las conductas constitutivas de algún tipo de condena. Esta figura se incluyó en una modificación de 1954. Por tanto, puede afirmarse que la Colonia Agrícola de Tefía no tuvo como único fin la reclusión de personas homosexuales. Víctor M. Ramírez, uno de los principales expertos en la represión franquista a la diversidad sexual y de género en Canarias, ha estudiado un gran número de expedientes con los que ha podido demostrar que en Tefía fueron encerrados presos sociales y presos políticos, siguiendo con la categorización habitual de la época.

A pesar de que las investigaciones de Ramírez apuntan a que fueron pocos los presos condenados en Tefía por ser homosexuales,  la Colonia Agrícola de Tefía no deja de ser “un lugar infame, de triste recuerdo para quienes lo padecieron y, para la comunidad LGBTI, un símbolo de la represión sufrida en la dictadura”: “De mis investigaciones deduzco que durante los años de funcionamiento pasaron por Tefía entre 300 y 350 presos”. “He encontrado que veinte de esos presos fueron expresamente considerados peligrosos sociales por su homosexualidad y condenados a Tefía, el resto, hasta llegar a 68 entre los años 1954 y 1970, cumplieron su reclusión en prisiones de Gran Canaria, Tenerife y La Palma”, asegura en una entrevista para canarias7.es.

Puede que Las noches de Tefía, la serie de Atresplayer que narra las condiciones de vida de algunos de los presos que pasaron por la colonia, no sea extremadamente rigurosa con la complejidad de la represión. Es ficción. Una ficción preciosa. Un relato a tres bandas en el que es fácil intuir hasta qué punto el régimen apostó por el trabajo como redención, hasta qué punto explotaron y humillaron a quienes, de una manera u otra, perdieron la guerra. Deja entrever también cómo la imaginación, la música y el baile han sido históricamente herramientas de resistencia; habla de la solidaridad, de celos, de homofobia interiorizada, de violencia, de brutalidad.

En Las noches de Tefía, sin embargo, no acaba de señalarse con nitidez la responsabilidad de quienes permitieron que se perpetraron tantos crímenes durante la dictadura. En algún momento, incluso, podría parecer que la responsabilidad recae sobre las espaldas de los pocos funcionarios que trabajaban en Tefía y el régimen franquista, a través de sus diferentes aparatos de represión, articularon una gran maquinaria de dolor y venganza. Eso sí, que la responsabilidad total no reste ni un ápice de culpabilidad a todos los médicos, funcionarios, empresarios, órdenes religiosas y ciudadanos de bien que se beneficiaron de alguna manera de que ‘las parias’ picaran piedra para ellas.

No acaba bien, no. Porque no acaba bien ninguna historia a la que no se le de un digno cierre y, a nosotras, no nos han pedido perdón todavía. Es cierto que, concretamente en Tefía y gracias al empuje del movimiento  LGTBQIA+, se han llevado a cabo homenajes y medidas de reparación. Quedan otros muchos rincones de la España más oscura sin ser iluminados todavía. Por eso, propuestas audiovisuales como Las noches de Tefía tienen tanta relevancia.

Bienvenidas y bienvenidas al Tindaya, el cabaret en el que las personas malas no están invitadas al baile. No os perdáis la serie, de verdad.

Fuente Público

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Curas “rojos” , por Antonio Aradillas

Sábado, 26 de agosto de 2023
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(Curas “rojos” y obreros)

“¿Cuántos curas ‘rojos’ están hoy censados en la CEE?”

“La tipificación  como parte del “rojerío”, resultaba entonces de extremado peligro, no solo para el cuerpo, sino también para el alma. Es decir, con amenazas de muerte, y con la condenación eterna”

“Muy pocos, prácticamente nulos, fueron los intentos  de los obispos en cuyas diócesis  estaban incardinados  los curas “rojos”, sin apenas mover  un milímetro sus báculos y mitras”

“Además de conmiseración, pena y tristeza, causa risa la calificación de cura “rojo” con que también a un servidor de ustedes, tuvieron a bien calificarme, por ejemplo, por haber yo escrito, publicado y defendido en aquellos tiempos  a favor de la coeducación  -niños y niñas- en los centros escolares”

Con palabras –“palabros”– semi dogmáticamente proclamadas , impresas y, a veces, hasta administrativamente selladas, a determinados sacerdotes  de tiempos pasados y aún presentes, se les clasificaba decomunistas”, “marxistas”, “heterodoxos” y, en definitiva, de “rojos”. El “Nihil   Obstat” jerárquico, al dictado de la justicia y de la caridad, brilló y brilla sistemáticamente por su ausencia, aventurándome a  estimar,  dejando constancia de ello, que sus “placet” los inspiraron y mantuvieron  y, en ocasiones  indulgenciaron, los propios obispos.

Urge destacar que la tipificación  como parte del “rojerío”, resultaba entonces de extremado peligro, no solo para el cuerpo, sino también para el alma. Es decir, con amenazas de muerte, y con la condenación eterna, previa expulsión  del ejercicio -ministerio canónico, al mínimo gesto a favor, que ejecutara la “autoridad competente”, sin ahorrarse el aval expreso y por ser esta “ la santa voluntad de Dios” y la de “Nuestra Santa Madre la Iglesia”.

jose-maria-llanos-kwZ-U160288925126LFC-624x385@RCPadre José maría LLanos y Dolores Ibarruri “Pasionaria

Recientemente el recuerdo  de los nombres de algunos  de estos sacerdotes  se nos ha hecho presente  en los obituarios, con discretas alusiones a sus “vidas y milagros”,  que hubieron de afrontar por vocación,  purgados y repurgados con “mónitums”  canónicos y estancias carcelarias clericales, como en la “concordataria” de Zamora, castigados con procedimientos “humanos y divinos”, por autoridades eclesiásticas y civiles, a las que la “Carta Colectiva del Episcopado Español”  les confería  plenos poderes por su forzada condición  pontificia. de “Cruzada”.

Muy pocos, prácticamente nulos, fueron los intentos  de los obispos en cuyas diócesis  estaban incardinados  los curas “rojos”, sin apenas mover  un milímetro sus báculos y mitras condenando la reclusión de los mismos, atareados episcopalmente  en el litúrgico menester de la preparación de  los varales del palio bajo el que habría de hacer su  devota y triunfal  entrada en las catedrales “Franco, Caudillo de España, por la gracia de Dios”.  A Mons. Añoveros, Antonio de nombre y obispo por vocación, se le puso a su servicio un avión con sus motores a punto en el aeropuerto de Sondica, para un exilio  de la nacional católica España, que se llegó a creer inminente,

Creo con honestidad que, quienes  sustituyeron  y sustituyen  ahora a los obispos firmantes de la “Carta Colectiva” -Cruzada-, debieran haber seguido  el “iter” – “Vía Crucis”– de los citados curas “rojos” incardinados en sus diócesis, haberles reparado algunos de los gravísimos perjuicios a los que fueron sometidos y, a su muerte, entonar retahílas penitenciales en sufragio de sus almas, haciendo públicos sus nombres al menos en los medios oficiales de comunicación propiedad de la CEE, como LA COPE  o LA TRECE. Es lo mínimo.

Fuente Religión Digital

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El colectivo LGTBIQ+ y su lucha interminable contra un armario llamado dictadura

Jueves, 13 de julio de 2023
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IMG_9880IMG_9878Primera edición (izda) y la segunda (dcha)

El escritor Fernando Olmeda reedita ‘El látigo y la pluma. Homosexuales en la España de Franco’, un ensayo sobre cómo se vivió la homosexualidad en la España franquista.

El colectivo LGTBIQ+ era con quien la Policía gozaba de hacer uso de su poder

“La igualdad legal ya la hemos conseguido, pero no la igualdad social”

María Mora

11/06/2023 06:45

Juan Soto era conocido como el “delincuente por necesidad”. No sufrió desengaños amorosos. Lo suyo era practicar sexo como método para robar a la gente. Lorena Capelli, nacida como Humberto Lacerda, falleció sometiéndose a una vaginoplastia y es una huella más en la larga lista de guerreras y guerreros que el franquismo no logró doblegar.

Alberto Alonso Blanco, también conocido como Rambal, fue asesinado en 1976 en Gijón por ser un homosexual libre. Anastasia Rampova fue una artista transgénero e icónica en València por ser un símbolo de la cultura underground y LGTBIQ+.

Estas son solo algunas de las múltiples historias que recoge la segunda edición de El látigo y la pluma. Homosexuales en la España de Franco, del periodista y escritor Fernando Olmeda, que fue publicado recientemente por la editorial Dos Bigotes.

La primera edición vio la luz en 2004 con la editorial Oberon y ahora vuelve a las librerías con el mismo objetivo: dar a conocer cómo se vivió la homosexualidad durante la dictadura de Francisco Franco, las interminables persecuciones sufridas y cómo el colectivo LGTBIQ+ consiguió no dejarse dominar.

Estas personas son conocidas por haber vivido un estrepitoso calvario durante el régimen. Época donde la homosexualidad no tenía nombre en la sociedad española.

“La igualdad legal ya la hemos conseguido, pero no la igualdad social. Efectivamente, se siguen produciendo muchísimos episodios de discriminación, homofobia, transfobia“, señala Fernando Olmeda a Público.

“No solamente son los discursos de odio los que han calado en buena parte de la sociedad, sino que llegan al extremo del asesinato, como el de Samuel Luiz en A Coruña o la paliza de hace unos días a dos mujeres lesbianas en el Parque Warner. Y así todos los días, en determinados discursos de determinados medios o partidos se está intentando que cale el mensaje discriminatorio que al final nos retrotrae a aquella España en blanco y negro”, agrega.

Juan Soto es el ejemplo de sobrevivir y cuidar de uno mismo, cueste lo que cueste. Se le conocía no solo por ser homosexual, sino también por ser un “delincuente por necesidad”, según describe Olmeda en el libro. Desde bien joven aprendió a delinquir para sobrevivir y en muchas ocasiones a utilizar el sexo como herramienta de trueque.

Pasó gran parte de su vida robando, manteniendo relaciones sexuales a cambio de favores, arrastrando detenciones por todos los antecedentes que reúne, fugas de cárceles y clínicas -una de ellas eludida gracias a una estratagema en la que simuló tener un problema mental-, una paliza que casi le cuesta la vida, etc.

Entre una de sus más recordadas andadas, Soto solía practicar ciertas técnicas fuera y dentro de las cárceles, como ‘el plante‘ o ‘timo de la pasma ful’. Esta última, por ejemplo, consistía en “enseñar el pene como cebo para atraer a la víctima”, según explica Olmeda, en el parque de la Ciudadela o en los urinarios de las plazas de la Universidad de Catalunya.

En sus últimas hazañas, en la Central de Observación de Carabanchel, le preguntaron por un tatuaje característico que decía ‘Katyman‘, a lo que Soto respondió que significaba los dos géneros, masculino y femenino.

La reeducación

La Policía armada en aquella época estaba acostumbrada a difundir el terror y el miedo entre quienes eran detenidos para sacarles información, especialmente a los homosexuales.

El colectivo LGTBIQ+ era con quien la Policía gozaba de hacer uso de su poder para realizar todo tipo de torturas y humillaciones con el objetivo de obtener información o simplemente para castigarles por su orientación sexual.

En El látigo y la pluma se nombra un término interesante: la reeducación. Según el autor, “en la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes del año 1954, la ejecución de actos de ayuntamiento carnal queda amparado en el delito de escándalo público, por lo que los homosexuales merecían la reinserción”.

Por ello, algunas normas estaban relacionadas con medidas de internamiento en un centro específico y el destierro, es decir, una vez que cumplías el periodo de encierro no podías volver al lugar de residencia, trabajo, etc.

No obstante, en lo que respecta a reeducación de la homosexualidad, Olmeda explica a este periódico que cuando una persona homosexual entraba en un centro penitenciario “había un grupo de psicólogos forenses, donde la legislación obliga a educarles de nuevo”.

“Sin embargo, no había reeducación posible porque, en primer lugar, no había personal especializado, psicólogos, psiquiatras forenses especializados; pero en el caso de las cárceles específicas”, -una en Huelva y la otra en Badajoz, ambas específicamente para homosexuales-, “obligaban a los presos a coser y fabricar balones, cajas de pescado, sogas, etc.”.

Memoria de Lorena Capelli

Además de la homosexualidad, las personas transexuales también fueron perseguidas bajo las órdenes de Franco. La medicina tuvo un amplio papel durante esta época donde los sanitarios se aprovecharon “de la ansiedad, y del bolsillo, de los angustiados pacientes que aspiraban a una reasignación de sexo”, señala el autor en el texto.

La sociedad actual no es consciente realmente de la vida que tuvieron todas aquellas personas del colectivo LGTBI+ durante el régimen

A lo que se sumaron también, por otro lado, los farmacéuticos para lucrarse del sufrimiento de estas personas. Incluso hubo momentos en los que el uso de hormonas provocó desequilibrios emocionales en los pacientes hasta producirles pensamientos suicidas.

En 1945 nació Humberto Lacerda en una familia que esperaba la llegada de una niña y no la de un niño, y cuyo padre le sometía a múltiples humillaciones, burlas y palizas porque notaba algo ‘raro‘ en su comportamiento.

Lacerda recordaba su pubertad como uno de los peores momentos de su vida, despreciaba la homosexualidad ligada al comercio del sexo, pero lo que más anhelaba era convertirse en mujer. Él se sentía mujer, era su deseo más fuerte, por lo que comenzó a hormonarse justo después de fugarse de casa, cansado por las inaguantables palizas que le daba su padre.

En 1971 cumplió su sueño de convertirse en mujer y pasó a llamarse Lorena Capelli. No obstante, la intervención no salió como debería y tuvo que volver a operarse porque la vagina era excesivamente estrecha y le producía fuertes dolores. Sin embargo, pierde la vida en esta segunda intervención debido a un shock posoperatorio, tratando su cuerpo, además, como un objeto más al enviarlo a Río de Janeiro.

Olmeda revela entre las páginas del libro que a Capelli “no le gustaba la sociedad en la que vivía, que juzgaba y condenaba a quien se atrevía a ser diferente, apartándole como si se tratara de un enfermo contagioso”. Lorena Capelli es recordada por quien fue y por lo que vivió.

La periodista Valeria Vegas, quien estuvo presente en la presentación de El látigo y la pluma, señala que la sociedad actual no es consciente realmente de la vida que tuvieron todas aquellas personas del colectivo LGTBI+ durante el régimen: “Si la gente hubiera nacido en 1930, su vida habría sido muy distinta”.

Como estas historias hay muchísimas más, como la de Alberto Alonso Blanco, más comúnmente conocido como Rambal, y quien fue asesinado en Gijón en 1976 por vivir su homosexualidad con libertad. La artista de cabaret Anastasia Rampova, un símbolo transgénero y considerada un personaje mítico en València, falleció en 2021 y su historia perdurará mientras estén los que la quieren recordar.

Por otro lado, Jordi Petit, escritor y activista del movimiento LGTBIQ+, estuvo presente como representante de los homosexuales damnificados en el homenaje de octubre de 2022 que celebró el Estado para reconocer a todas las víctimas del franquismo.

Fuente Público

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Nacional-Catolicismo: Represión homosexual durante el Franquismo

Jueves, 4 de mayo de 2023
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f.elconfidencial.com_original_9ff_47e_6fa_9ff47e6fa9dd642b14384cdcaf64afdbPor Zoraida Jaime González

octubre 20, 2021

La conceptualización del homosexual como estigma y sujeto peligroso se aborda en las primeras décadas del siglo XX de la mano de importantes criminólogos, médicos y psiquiatras, que investigaban con métodos científicos el origen de esa “inversión sexual” y sus causas, y con ellas trataban de hallar una solución, fundamentalmente médica, para extirpar al responsable. Existían estudios criminológicos, como el de Constantino Bernaldo de Quirós, que vinculaba de forma explícita la prostitución y la homosexualidad a la peligrosidad social.

La figura más importante fue el médico y científico Gregorio Marañón, quien en su obra La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales de la especie humana, publicada en 1929, escribió que no era cuestionable que los hombres y las mujeres homosexuales siguieran su instinto sexual de la misma manera que lo hacían los heterosexuales. Además, defendía que el aparato legal no debería de ocuparse de la homosexualidad, en primer lugar, porque se les eximía de culpabilidad a los homosexuales y, en segundo lugar, porque la desviación del instinto no debía de castigarse, sino ser tratada como asunto médico, ya que por esa desviación era diagnosticada como enfermedad (Mora Gaspar, 2019: 41).

Se constata que, en el marco de la República, sobre todo en los círculos intelectuales de la izquierda política, existió una progresiva tolerancia frente a la homosexualidad, que no llegó a garantizar la total normalización de las relaciones homoafectivas, pero sí colaboró a la visibilización del fenómeno coadyuvada particularmente por las vanguardias artísticas y la estética sexualmente ambigua del modernismo (Terradillos Basoco, 2020: 91).

Sin embargo, el ambiente de cierta tolerancia y libertad que se respiraba en los años de la Segunda República tuvo su fin tras la sublevación  o el “Alzamiento” del 18 de julio, que dio lugar a una sanguinaria contienda fratricida que duró desde 1936 hasta 1939 con la victoria del bando franquista en todo el territorio y abriendo paso a una de las etapas más oscuras de nuestra Historia reciente.

Franco-palio_2055704484_12003768_667x375La figura que, a partir de entonces, gobernó de manera autoritaria durante cuatro décadas fue Francisco Franco. La dictadura contó desde el primer momento con el máximo apoyo consensuado entre los tres pilares básicos que sustentaron el régimen durante toda su existencia. Una alianza articulada básicamente entre el Ejército, la Falange y la Iglesia Católica. Dicha tríada ofrece fidelidad a Franco y a sus políticas de antidemocracia y conservadurismo.

El estilo agresivo de la Falange y la moral tradicional de la Iglesia Católica se unieron para dar forma al esquema político-ideológico de la dictadura designado como “nacionalcatolicismo”. Así, los eclesiásticos, junto con las fuerzas armadas, obtienen el monopolio del poder, sobre todo en el ámbito educativo, utilizado como un instrumento crucial para “recatolizar” España. Así, toda la legislación laica sobre educación de la Segunda República fue revertida y sustituida por una legislación ultracatólica. La religión católica no sólo se hizo dueña de la enseñanza, sino que lo inundó absolutamente todo: las costumbres, la administración e incluso optaron a puestos políticos.

Entre los principales argumentos más extendidos por la moral religiosa se encontraba la idea de la familia tradicional como unidad esencial de la sociedad española. Una familia compuesta por un matrimonio patriarcal e indisoluble en la cual el hombre es el trabajador que sustenta a la familia, y la mujer se convierte en una herramienta de control del varón obligada a mantenerse en casa como una esclava al cuidado del marido y de los hijos. En este sentido, se desarrolla una política pronatalista orientada a la reproducción de familias y a la creación de súbditos para el régimen, que heredarán los principios ideológicos de la dictadura.

Debido a esta política pronatalista, determinadas medidas emprendidas por la II República tales como la aprobación del aborto y el divorcio fueron derogadas. En su lugar, se establecieron disposiciones legales para la defensa de la familia numerosa con la aprobación de un subsidio, cuya cuantía aumentaba en función del número de hijos nacidos dentro del matrimonio (Jurado Marín, 2014: 60-61). Por tanto, era inconcebible que los homosexuales tuviesen la oportunidad de formar una familia.

Como hemos comentado anteriormente, las mujeres españolas debían de asumir el papel de buenas amas de casa, esposas y madres. Para ello, no faltaron organizaciones y medios propagandísticos destinados al adoctrinamiento y a la educación de la mujer en los valores tradicionales, como lo fueron las Guías de la buena esposa, difundidas a partir de 1953. También tuvo un gran protagonismo la Sección Femenina.

Se creó también en 1941 el Patronato de Protección a la Mujer para regenerar a las mujeres descarriadas: delincuentes, mendigas, escapadas de casa, madres solteras, etc, quienes eran recluidas en centros dependientes del Patronato. Pero en el otro extremo, la dictadura castigaba brutalmente a estas mujeres “rojas”, que se convertían en objeto de escarnio público cuando eran paseadas en ropa interior con la cabeza rapada, y que eran encarceladas en la multitud de cárceles para mujeres donde fueron torturadas, obligadas a beber aceite de ricino lo cual causaba una gran molestia en el estómago, acosadas sexualmente, humilladas e incluso fusiladas.

7F1DC41D-EF00-438C-8EE3-CAC26328F45DFotograma de la película propagandística Rojo y negro (1942) en la que un soldado de uniforme porta la bandera falangista. Imagen: CEPICSA.

Esta cruda realidad se construyó sobre la base del machismo orgánico, una estructura ideológica y misógina que ensalzaba la virilidad y la masculinidad que no sólo se encontraba en los discursos políticos, sino que se difundió a través de la propaganda oficial en todas las esferas públicas. Por tanto, esta estructura que degradaba el status de las mujeres y de la feminidad puso en el punto de mira a aquellos varones que tenían un aspecto y una conducta afeminada, con especial atención al invertido, que se convertía en enemigo interno. Así, los hombres tenían que evitar amaneramientos y modular la voz haciendo predominar los tonos graves.

Cautelas similares se observaban respecto a los códigos de vestimenta, que obligaban a los hombres a llevar chaqueta y corbata, pudiendo ser multados si no vestían como un verdadero varón. Como hemos podido observar, el binarismo de género se convirtió en un elemento muy útil y explotable por la peroración franquista, que se construyó a partir de opuestos absolutos (Mora Gaspar, 2019: 40).

Estudios científicos y construcción ideológica acerca del homosexual

Debemos recordar la connivencia establecida entre la Iglesia Católica y la dictadura, a cuya comunión se unieron los psiquiatras y las instituciones jurídicas adheridas a la causa nacional. Cada una de estas instituciones colaboraron entre ellas en la fabricación de una ideología que sirvió al franquismo para justificar sus actos represivos y perpetuar su dominio. Los psiquiatras y psicólogos que se entregaron al sistema franquista realizaron una serie de estudios sobre la homosexualidad que contribuyó al argumento legitimante de la eliminación del enemigo político como personaje incompatible con el nuevo orden, por lo que no dudaron en etiquetar al homosexual de enfermo en unas ocasiones y de psicópata en otras (Terradillos Basoco, 2020: 71-74). Así, estos profesionales crearon conceptos y criterios sin un verdadero fundamento científico, los cuales se incrustaron en las normas de costumbre e inspiraron las leyes posteriores, las cuales calificaban y delimitaban las “anormalidades” de ciertas conductas.

7270CD35-2EC9-4C2F-AE08-8CDC8DB97059El psicópata Antonio Vallejo-Nájera

El principal psiquiatra del régimen que construyó este entramado ideológico fue Antonio Vallejo-Nájera, quien nada más estallar la Guerra civil se adhirió al bando franquista, y posteriormente se convirtió en el psiquiatra oficial del régimen. En la primera de sus obras más importantes, Higiene de la raza. La asexualización de los psicópatas (1934), ya desdeñaba de la siguiente manera: “aterra el estudio de estos casos monstruosos, infanticidas, violadores, homosexuales y pervertidos de todas las categorías, de manera que pierde poco la sociedad en privar del derecho a la paternidad a tales desechos de presidio” (Ramírez Pérez, 2018: 143).

Fue más allá en 1944 cuando publicó Psicología de los sexos, donde advirtió de los peligros patológicos de apartarse de los roles de género establecidos. Defendía que el destino biológico del género era uno e inmutable, que estaba ligado de manera esencial al sexo asignado al nacer, por lo que todo aquel que se salía de esa categoría de identidad, sería una desviación peligrosa que haría caer a los hombres y a las mujeres en el terreno de la perversión e inversión de los instintos. En tesis como estas, el psiquiatra dispuso claramente que los homosexuales quedaban definidos por su condición personal: la perversión, lo cual les convierte en sujetos peligrosos que deben ser castigados por la ley y no por la medicina (Terradillos Basoco: 69-70).

Su predecesor en dichas investigaciones fue el Catedrático de Medicina Legal y de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, Valentín Pérez Argilés, quien en 1959 publicó un Discurso sobre la homosexualidad, en un contexto de alarmante expansión homosexual. Argilés defendía también que la homosexualidad era una enfermedad, y además contagiosa, por lo que realizó innumerables estudios morfológicos, endocrinológicos y genéticos para poder aplicar la terapia más adecuada a una temprana edad.

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La noción de contagio renació de la mano de este famoso médico, por lo que su análisis convertía al homosexual en un sujeto muy peligroso que podía contaminar al resto de la sociedad, por lo que llegó a considerarse como un asunto de salud pública que debía ser resuelto por la jurisprudencia. Argilés defiende que hay que ayudar a los homosexuales a salir de su situación ignominiosa a través de la abstinencia, y para ello, se debe reprimir toda propaganda homosexual que pudiese llegar al país (Mora Gaspar: 43).

El Magistrado-Juez de los Tribunales de Vagos y Maleantes de Cataluña y Baleares, Antonio Sabater Tomás, dedicó buena parte de su carrera a explorar las causas de la peligrosidad homosexual y las posibilidades de mejora y refinamiento de sus condenas, lo cual expuso en su obra Gamberros, homosexuales, vagos y maleantes, publicado en 1962. Para él, el homosexual era aquella persona que no podía controlar sus instintos más profundos y ni siquiera quería domesticarlos, equiparándolo a un animal salvaje, ya que ese dominio de los impulsos era distintivo del ser humano.

Por tanto, Sabater Tomás propuso la idea de recrudecer la legislación preventiva contra la homosexualidad para que garantice la total separación de los homosexuales no sólo de la sociedad, sino del resto de presos, debido a la consideración del carácter contaminante de la homosexualidad, lo cual será aplicado en la ley de 1970. Luis Vivas Marzal, presidente de la Audiencia Provincial de Valencia, pronunció el discurso donde exponía que concordaba con Sabater Tomás en que la ley existente de Vagos y Maleantes quedó obsoleta, con lo que una nueva ley debía actuar con firmeza (2019: 43-44).

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Montaje fotográfico realizado en la Central de Observación de la Dirección de Prisiones, donde se estudiaba y calisificaba a los reclusos. Imagen: Tusquets.

El inicio de la represión de las disidencias sexuales

Desde 1939 hasta 1954, no existió aún una ley que persiguiese específicamente a los homosexuales, pero el régimen sí que se valió de otras leyes y otros medios para castigar a aquellos que fuesen sospechosos. En 1944, se llevó a cabo la reforma del Código Penal de 1932, en la cual su artículo 431 no hacía alusión a la homosexualidad, pero incurrían penas para aquellos que cometiesen delitos de escándalo público, por lo que los actos homosexuales se consideraron delitos cuando salían del ámbito privado y tenían repercusión social. Por tanto, bastaba una delación de un vecino o conocido para que un homosexual fuera procesado, aunque realmente se hubiera realizado en privado, pero hubiese sido conocido de manera directa o indirecta. Por tanto, la legislación no castigó conductas específicas, sino que defendió a la sociedad contra comportamientos individuales considerados peligrosos (Ramírez Pérez, 2018: 136).

Otro instrumento que aprovecharon las autoridades franquistas para castigar a los homosexuales fue la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, que, aunque la ley no establecía aún la homosexualidad como delito, fue a comienzos de los cuarenta cuando los jueces comenzaron a utilizarla para reprimir lo que se denominó en la época las “desviaciones sexuales”, ya que su texto, como hemos comentado con anterioridad, establecía medidas de control, seguridad y prevención contra aquellos sectores marginales que practicaban actividades moralmente reprobables (Jurado Marín, 2014: 64-66). Leer más…

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La dignidad recobrada de Florencio Pla, ‘la Pastora’, un monstruo creado por el franquismo para atemorizar

Sábado, 29 de abril de 2023
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Teresa Pla, en una imagen sin datar, y cuando adoptó el nombre de Florencio Pla, en una imagen cedida por la editorial Sembra. EDITORIAL SEMBRA

Por Ferran Bono

El libro de una familiar y una película rescatan la figura de un hombre humilde, víctima de la dictadura y los prejuicios, perseguido como un maqui asesino y humillado por intersexual

“¡Que vendrá la Pastora y te comerá!”. Esta amenaza y otras similares eran una forma de atemorizar a los niños que no querían irse a dormir. Aludían a un particular hombre del saco, un coco con nombre de mujer que infundía pánico durante el franquismo, sobre todo en las comarcas del norte de la Comunidad Valenciana y del sur de Cataluña. La dictadura lo convirtió en un mito tras unirse a los maquis. Fue una especie de monstruo, un asesino despiadado que nació con órganos sexuales femenino y masculino. La prensa de la época lo presentaba como “una mujer de entrañas de pedernal, con una siniestra historia de crímenes, cruel, monstruosa y con rasgos hombrunos”.

En realidad, la Pastora siempre se sintió hombre y así lo reveló cuando, acosado y humillado por la Guardia Civil, se pasó a la guerrilla, eligió el seudónimo de Durruti y se quitó las ropas de mujer. Tenía unos 30 años. Luego cambió su nombre original de Teresa por el de Florencio. Nacido en 1917 en Vallibona, pequeña población del interior montañoso de Castellón, fue bautizado como mujer “por las dudas sobre su sexo a causa de una malformación genital” y por evitarle el servicio militar y la posibilidad de ser llamado a filas tras las guerras de Cuba y de Marruecos, apunta el historiador Raül González Devís, en el prólogo de Florencio Pla, la Pastora. La dignitat robada (en catalán, en la editorial Sembra), de Elena Solanas.

Este es el último libro, y el primero de un familiar, destinado a rescatar a Florencio Pla Meseguer de las redes del mito creado por la dictadura. Fue una víctima de la represión franquista, de los prejuicios y de la ignorancia. Un hombre humilde que se quedó muy pronto huérfano y trabajó como pastor, principalmente, en las masías de la comarca de El Maestrat, algunas de las cuales proporcionaban suministros a los maquis. Allí actuaba la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón, a la que se sumó en 1949 y perteneció durante casi 20 meses. “Él no tomó una decisión política. Se hizo guerrillero para sobrevivir”, explica Elena Solana, sobrina nieta y autora de la obra, que plasma su esfuerzo por recuperar la dignidad de su familia, empezando por su tío abuelo. “Mi abuela, que vivía con nosotros, nunca nos quiso hablar de su hermano; luego lo entendí todo”, afirmó Solanas, en la presentación del libro el pasado mes en Valencia.

La autora ha tejido una red de complicidades con asociaciones y entidades diversas, ha reconstruido la vida de Florencio Pla y ha hecho justicia con su familia. “Nos lo ocultaron. Nos hicieron creer que había muerto a finales de los ochenta y principios de los noventa, pero no era así. Murió en 2004. Y yo no lo conocí. Me han robado mi historia, mi familia. Por eso he luchado por recuperarla, por contar la verdad, por saber todo lo que pasó, a él y a mi familia, perseguida y represaliada por el franquismo solo por ser su familia. Cuando empecé el sufrimiento, entendí los silencios de antes que decidí a romper”, explica.

E33BD3DA-F2FA-468D-896A-4E063902F291Elena Solanas (a la derecha), sobrina nieta de Florencio Pla, en el rodaje del documental ‘Valentes’, emitido por À punt.

Tras huir de su tierra y ocultarse en Andorra, siempre en las montañas, Florencio fue detenido y condenado a pena de muerte en 1961, acusado de hasta 29 asesinatos, y conmutada por 30 años de cárcel. Pasó 17 años en prisión hasta su indulto en 1977. Entonces se fue a vivir a la población valenciana de Olocau, con la familia de Mariano Vinuesa, un funcionario de prisiones con el que trabó amistad. Florencio intentó lleva una vida discreta sin perturbar a sus familiares. “Fue un hombre corriente, que tuvo que sobrevivir a condiciones muy adversas desde que nació y a una adscripción de género con la que no se identificaba”, que no cometió “los crímenes que se le imputaban”, señala el historiador, estudioso de la resistencia armada antifranquista.

El cineasta y guionista Marc Ortiz escuchaba la amenaza esa de que viene la Pastora siendo niño en la población tarraconense de La Sénia. Ahora dirigirá un largometraje de ficción sobre la historia de Florencio Pla, para el que se ha documentado con testimonios de personas que lo conocieron. La productora es Paloma Mora, la misma que produjo el documental sobre la Pastora de la serie Valentes que emitió la cadena autonómica valenciana À Punt hace cinco años, para el que se recabó el testimonio de su sobrina nieta.

112D208B-37E3-40A7-8B50-8CB9F9C2029E La población de Vallibona, donde nació Florencio Pla, en una imagen cedida por la editorial Sembra.

“Elena Solanas nos ayudó mucho y quedó contenta con el tratamiento. Estaba a la defensiva al principio por el amarillismo y sensacionalismo de antiguos trabajos”, apunta Mora. Así lo confirma en el libro la propia Solanas, que siempre se refiere a Florencio como hombre, tal y como él quería. La productora también resalta la ayuda de Montxo Armendáriz, que conoció a la Pastora durante la documentación para su película sobre los maquis El silencio roto, estrenada en 2001. El cineasta vasco ha sido script doctor o asesor de un guion del propio Ortiz, que ha sido seleccionado en el primer campus de verano organizado por la Academia del Cine con la colaboración de Netflix y el Ayuntamiento de Valencia. Los productores son Paloma Mora y Marc Muñoz.

Está previsto que el rodaje empiece el próximo mes de febrero. El equipo de la película, que ficciona partes de la vida de Florencio, se encuentra a la espera de que un conocido actor confirme su participación como protagonista. El proyecto, una coproducción con Colombia y Francia, ha sido bien recibido en festivales como Toronto y Berlín, y ha recibido la ayuda del Institut Valencià de Cultura. Los derechos de emisión han sido preadquiridos por TV-3 y À Punt. “La historia está interesando mucho, porque plantea una cuestión sobre la intersexualidad muy actual”, apunta Paloma Mora.

25713EFD-796C-4CB3-BB0D-4196BC46D46FCalle dedicada a Florencio Pla en Vallibona, en una imagen cedida por Sembra

La película y el reciente libro se suman a los diversos trabajos de investigación histórica, literarios y periodísticos que, ya en democracia, han recuperado la memoria de Florencio Pla, entre otras víctimas de la dictadura franquista. La dramaturga Núria Vizcarro destacó en 2019 con su obra Instrucciones para no tener miedo si viene la Pastora, nominada a dos categorías de los Premios Max. La escritora Alicia Giménez Bartlett se inspiró en la Pastora para escribir la novela Donde nadie te encuentre, que ganó el Premio Nadal en 2011. En una entrevista publicada en 1988 en la revista El Temps, Florencio Pla explicaba que siempre se sintió hombre y su accidentada vida. “¿Y ha vuelto a Vallibona? [su pueblo natal]”, le preguntaba el periodista Miquel Alberola. “Sí, y tan malo que me ponen y el pueblo se volcó nada más llegar. Bajaron de todas las masías y hubo quien me besó la mano y todo. Claro, no me habían visto nunca de hombre”. Hoy, en Vallibona, con 75 habitantes, un paseo lleva el nombre de Florencio Pla, la Pastora.

***

2A0E670D-B576-4939-803E-A0E2A7D30EADFerran Bono

Redactor de EL PAÍS en la Comunidad Valenciana. Con anterioridad, ha ejercido como jefe de sección de Cultura. Licenciado en Lengua Española y Filología Catalana por la Universitat de València y máster UAM-EL PAÍS, ha desarrollado la mayor parte de su trayectoria periodística en el campo de la cultura.

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“Un pecado contra el Espíritu Santo”: Estos son los nombres de los jueces y forenses que más reprimieron a homosexuales durante el franquismo

Sábado, 29 de abril de 2023
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C0DA652B-7A7B-48FE-983D-B822CDA05A5A El magistrado del Tribunal Supremo Luis Vivas Marzal consideró —en sentencia pública— la homosexualidad como “un pecado contra el Espíritu Santo”

José Garralda Valcárcel: “El expedientado es homosexual, […] inmundo pináculo de la suprema ignominia humana […]”

“Hay aún mucho miedo a desvelar la verdad, y es algo que no puedo entender”

El Ministerio de Justicia recibió recientemente el visto bueno de Protección de Datos para publicar un ensayo en la que aparecen datos personales de jueces y forenses que reprimieron a homosexuales con la ley de peligrosidad social franquista. El autor lo tiene claro: “Si hubiesen censurado los nombres no hubiese autorizado su publicación”

 Por Pablo Romero

Todos tenemos derecho a conocer la verdad a través de documentos y sentencias públicas, como también tenemos derecho a la intimidad en el ámbito privado. Pero ¿tienen derecho jueces y forenses a ese anonimato en el desempeño de sus funciones? Es decir, ¿es importante saber si un magistrado del Tribunal Supremo considera —en sentencia pública— la homosexualidad como “un pecado contra el Espíritu Santo”?

La última obra del catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén Guillermo Portilla Contreras, editada por el Ministerio de Justicia, expone una larga lista de magistrados, juristas y forenses que contribuyeron a desarrollar y aplicar la dura normativa franquista de represión contra las personas homosexuales. A ellos se les condenaba no ya por haber practicado sexo con alguien del mismo género, sino simplemente por el hecho de existir.

Este volumen, titulado Derecho penal franquista y homosexualidad: del pecado y la aberración sexual al estado de peligrosidad (a la venta aquí), ha provocado que el propio ministerio pidiese un informe (PDF) a la Agencia de Protección de Datos (AEPD) por la cantidad de nombres que se proporcionan, pero en un informe bastante claro la agencia ha dictaminado que no hay ningún problema: la historia, en este caso, no se toca.

Llega así la primera monografía sobre derecho penal franquista y homosexualidad, una obra profundamente documentada que nombra a todos y cada uno de los cómplices de la dura represión dictatorial a los homosexuales.

Los principales nombres

La lista completa se puede encontrar en el libro. Pero de entre todos destacan nombres como el del juez Antonio Sabater Tomás, “gran artífice de la represión de homosexuales” desde los juzgados de Vagos y Maleantes de Cataluña y Baleares, “planteaba la experimentación para ‘curar’ homosexuales con hormonas o descargas, como en el campo nazi de Buchenwald“.

Junto al magistrado del Tribunal Supremo Luis Vivas Marzal —seguidor de la tesis de Himmler, que defiende la teoría del contagio—, ambos manifestaron abiertamente su cruzada contra la homosexualidad, no sólo en las sentencias sino en libros y entrevistas. De hecho, Vivas Marzal consideraba la homosexualidad como “un pecado contra el Espítitu Santo”.

También aparece el magistrado José Garralda Valcárcel, de los juzgados de Canarias, cuyas “sanciones y descalificaciones fueron humillantes“. Valga como ejemplo este extracto de una sentencia suya: “El expedientado es homosexual, […] inmundo pináculo de la suprema ignominia humana, el parasitarismo de la prostitución y de la liviandad, siendo siempre socialmente peligrosos, ya tengan o no tipicidad delictivas y ya se ejerciten respecto de mayores o menores de edad, descubierta o clandestinamente […] conceptuado psicópata sexual […] Pederasta activo y pasivo”. Etcétera.

Los informes de la Policía Nacional y de Guardia Civil del régimen franquista tampoco se quedaban cortos en cuanto al trato vejatorio a personas que, recordemos, sólo eran juzgados por ser acusados de homosexualidad. Por un simple rumor, en ocasiones: “Por ser propenso a la sodomía, por ser afeminado […]; de tendencias e inclinaciones a la sodomía, lo pone de manifiesto en sus acciones y gestos y en alguna ocasión, durante la noche, les fueron oídas conversaciones a él y a [omitido] que se referían a hombres guapos y hombres feos…”.

Mención aparte merecen los informes forenses que se aportaban en los procesos, cuajados de pseudociencia. Muchos de ellos estaban directamente inspirados por Valentín Pérez Argilés, catedrático de Medicina Legal y Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, quien “abogó por el carácter patológico de la inversión”.

En muchos de esos “informes periciales” pseudocientíficos se determinaba que un sujerto era “homosexual pasivo” por detectarse, por ejemplo, “dilatación esfiterina y casi desaparición de pliegues” en su ano, o bien un “marcado amaneramiento […] un psiquismo deformado […] una constitución feminoide […] y una deformación de la personalidad psíquica común a casi todas las formas de perversión sexual”.

El lesbianismo era prácticamente invisible en la época de la dictadura; tal y como reconoce el autor de esta obra de investigación, “sólo se ha encontrado un caso de ‘lesbianismo’ condenado por estado peligroso de homosexualidad”. Fue en Sevilla.

El origen de la obra

“Yo llevaba cinco años trabajando en una obra sobre la represión de la homosexualidad durante el franquismo en todos los archivos de Vagos y Maleantes que había en España, cuando el Secretario de Estado de Justicia se puso en contacto conmigo para ver si podía elaborar un libro sobre el Derecho Penal bajo la dictadura franquista, sus bases ideológicas, el falangismo, el nacional catolicismo y sus protagonistas”, comenta a Público en conversación telefónica el propio Guillermo Portilla Contreras. “Es decir, la idea era escribir sobre todos los catedráticos de filosofía del Derecho, de Derecho Penal, de Derecho Político, etc, que legitimaron al régimen y gestaron la legislación penal de entonces; además, algunos se involucraron como jueces en los tribunales de excepción franquistas”, añade.

El catedrático contestó que primero quería terminar su investigación. “Como no tenía editorial, desde el Ministerio de Justicia se ofrecieron a publicarme este libro, que entregué el pasado diciembre”, afirma, y añade: “El pasado día 30 he entregado el otro volumen, sobre Derecho Penal bajo la dictadura”.

Los archivos, ese agujero negro

“El problema que aún tenemos en España es que cuando uno va a un archivo no es posible ver todos los documentos deseables, sino que hay que pasar por una serie de requisitos y burocracia“, lamenta el autor. “Por ejemplo, que hayan transcurrido 50 años desde la firma de un determinado documento, tal y como recoge la Ley de Patrimonio Histórico, y eso es un inconveniente”.

“Muchos se preguntan sobre la ‘moda’ de investigar el pasado, y la respuesta inmediata es que es imposible investigar hechos más recientes”, apunta, y añade: “De hecho, para esta investigación sobre represión de la homosexualidad, yo no he podido ir más allá del año 1969″.

En las primeras páginas de la obra se puede comprobar que los criterios para el acceso a los documentos varían de uno a otro archivo. “En algunos tienes a un guardia de seguridad mirando por encima del hombre, en otros te dejan ver hasta un año determinado, y en otros directamente no hay ningún expediente sobre homosexuales y han desaparecido parte de los correspondientes a la Guerra Civil”, comenta.

Por ejemplo, no queda ni rastro de los expedientes de los Juzgados de Vagos y Maleantes de Valencia, en gran parte debido a las “juntas de expurgo” de gobiernos anteriores. “Las comisiones de expurgo en la Comunidad Valenciana, un gobierno controlado durante muchos años por la derecha, han hecho lo que han querido en los últimos años y han tomado decisiones muy cuestionables“, señala Portilla.

En Zaragoza, lo que queda de información se encuentra “en el Archivo Municipal de La Muela sin acceso público”. Presuntamente. En cambio, otros archivos, como el de Barcelona, permiten un acceso mucho más abierto y colaborador. No en vano, el ayuntamiento de la ciudad trató de querellarse hace un año contra contra los jueces que encarcelaron a personas LGTBI durante la dictadura franquista, aunque sin éxito.

Por otro lado, los archivos militares “están abiertos una o dos horas al día para los investigadores”, lamenta el investigador. Precisamente esta misma semana, la ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, aseguró que el departamento “está en la apertura al máximo de los archivos militares”. “Es muy importante que la gente pueda acceder a los archivos para no repetir los mismos errores e incluso para no hablar con tanta ligereza como con la que se habla de las cosas”, dijo esta misma semana la ministra. Todo ello, año y medio después de destaparse que los archivos militares habían colocado un cerrojo a gran parte de su documentación ‘clasificada‘ amparándose en la Ley de Secretos Oficiales, vigente desde 1968. “Ése es el contexto de esta investigación”, resume Portilla.

El porqué de los nombres

“Yo he citado a todos los jueces que firmaron las sentencias, que son públicas”, alega el investigador, que agrega: “Al trabajar con los textos de las sentencias y con los informes de las prisiones, aparecen por supuesto los nombres no sólo de los jueces y magistrados, sino también de los forenses, algo fundamental en estos casos porque eran necesarios para condenar”.

“Los forenses determinaban si uno hombre era homosexual activo o pasivo por la formas de su ano y esto, además, determinaba su condena dado que se penaba sobre todo a los pasivos”, recuerda.

Las penas, que oscilaban entre los tres y los cinco años de internamiento, iban acompañadas de otros dos años de destierro y, además, tras ello se les imponía una ‘libertad vigilada’ a cargo de dos delegados seguían al homosexual por la calle, en teoría para ayudarles a encontrar trabajo. “Pero claro, era en realidad todo lo contrario”, asegura el catedrático. Porque además se identificaba la homosexualidad con la pederastia.

“Miedo a desvelar la verdad

“Yo estaba muy contento con la publicación de este libro, porque además contiene una importante parte de anexos donde aparecen los informes, y lo único que se ha borrado son los nombres de los homosexuales, de los condenados que en realidad eran las víctimas”, subraya.

“No obstante, a los pocos días el servicio de publicaciones me dijo que había un problema, la aparición de los nombres de los jueces, de los forenses…”, comenta, y añade: “Yo les dije que mi obra no era una novela, sino un ensayo, y trata sobre la represión franquista que yo puedo demostrar, con información que está en los archivos, con sus sentencias y las cartas entre los jueces, los catedráticos…; es decir, se trata de un análisis de datos objetivos”.

 Para Portilla, “se han cumplido todos los trámites, han pasado 50 años desde la firma del documento, la normativa no impedía la publicación de los nombres, pero el delegado de protección de datos había emitido un informe negativo”. “Pero yo les dije que no pensaba publicar un libro con esos nombres de jueces y forenses censurados“, asevera, “no se puede ocultar el nombre de estas personas responsables de esta represión porque es parte de la historia”.

Este catedrático lamenta que exista tan poca investigación sobre memoria histórica en el ámbito del Derecho Penal, y cree que hay mucha labor por hacer.

Pero también reconoce que hay muchos “hijos de” que hoy día “siguen ocupando determinados puestos…”. Y prefiere callar. “No sé, hay aún mucho miedo a desvelar la verdad, sobre todo quiénes fueron los protagonistas, y es algo que no puedo entender”, concluye.

Fuente Público

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El PSOE pide en el Congreso homenajear a las personas LGTBI víctimas de represión en la dictadura franquista

Martes, 18 de abril de 2023
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Antoni-epoca-recoge-delito-homosexual_EDIIMA20160701_0719_5Ficha policial de Antoni Ruiz

El PSOE registró el pasado miércoles día 5 de abril una iniciativa en el Congreso pidiendo reconocer y rendir un homenaje público a las personas del colectivo LGTBI que fueron víctimas de la represión durante la Guerra Civil y la dictadura franquista, un tributo que presentan como “antídoto” para que hechos similares no se repitan.

En concreto, en la proposición no de ley (PNL), que se debatirá en la Comisión Constitucional, se resalta que el colectivo LGTBI sufrió asesinato, represión, persecución, exilio, soledad y estigma por motivo de su orientación e identidad sexual o expresión de género durante la Guerra Civil y la dictadura franquista.

En esta línea, el texto recuerda que más de 5.000 personas del colectivo acabaron en prisión durante la dictadura debido a su inclusión en la Ley de Vagos y Maleantes y posteriormente, con la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. Además, señala que el franquismo buscaba implementar toda una maquinaria burocrática y con base legal “científica” que le permitiese erradicar la homosexualidad dentro del territorio nacional.

Por último, el PSOE señala que en los últimos años se ha recuperado la memoria de las víctimas del franquismo y pone en valor la aprobación de la Ley de Memoria Democrática “donde se ha dado un paso más en el reconocimiento de las víctimas de la dictadura y de la Guerra Civil, entre ellas a las personas LGTBI que fueron perseguidas”.

“El deber de memoria debe ser el antídoto necesario para que no vuelvan a repetirse estos hechos contrarios a los Derechos Humanos”, valora el portavoz del PSOE en la Comisión Constitucional del congreso, Valentín García. “Llevar al currículum educativo los valores democráticos y el conocimiento de la memoria son vacunas para evitar los totalitarismos”, ha zanjado.

Fuene Agencias

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Por fin: Adiós al Valle de los Caídos: ahora se llamará Valle de Cuelgamuros

Sábado, 23 de julio de 2022
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85DB5A65-4B59-45F0-9DC1-5D656306768ELastima que  no se ha desacralice el templo, obra de una sangrientamente dictadura nacionalcatólica pero no cristiana…

El Congreso de los Diputados da luz verde a la nueva Ley de Memoria Democrática

La nueva Ley de Memoria Democrática la declara “incompatible con los valores democráticos”

Esta ley extinguirá también la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos “por resultar incompatibles sus fines con los principios y valores constitucionales”

Aunque se seguirá manteniendo el culto, “las criptas adyacentes a la Basílica y los enterramientos existentes en la misma tienen el carácter de cementerio civil”, según la norma que sustituye a la de Zapatero de 2007

Valle de Cuelgamuros. Así se llamará ­-en virtud de la Ley de Memoria Democrática que este 14 de julio pasó su trámite en el Congreso de los Diputados– el hasta ahora conocido como Valle de los Caídos, cuya resignificación -contemplada también en la norma que sustituye a la Ley de Memoria Histórica del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de 2007- aún está por concretar.

22744244-6ABB-47B4-91A6-FB7F57563DC4A la espera de su trámite en el Senado, que se espera ya para septiembre, a la vuelta de las vacaciones parlamentarias, tal y como informaba RD, esta ley extinguirá también la Fundación de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (cuyo patronato está bajo control de Patrimonio Nacional, en tanto que recibe fondos públicos, pero cuya gestión efectiva corre a cargo de los monjes benedictinos al cuidado de la basílica y el monasterio enclavados en la sierra madrileña) “por resultar incompatibles sus fines con los principios y valores constitucionales”.

A la espera del nuevo marco jurídico

Así pues, a la espera de su paso por la Cámara baja, el nuevo texto normativo contempla aprobar de forma inmediata “el nuevo marco jurídico aplicable al Valle de los Caídos que determine la organización, funcionamiento y régimen patrimonial”.

En este sentido, las especificaciones sobre el ahora renombrado Valle de Cuelgamuros, “además de mantener las normas ya recogidas en la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, que permitieron la salida de los restos del dictador Francisco Franco del mausoleo, se enfatiza su resignificación como lugar de memoria democrática con una finalidad pedagógica y se reconoce el derecho de los familiares a recuperar los restos de sus ascendientes”.

Cementerio civil

Asimismo, se declara que, aunque se mantendrá el culto religioso, “las criptas adyacentes a la Basílica y los enterramientos existentes en la misma tienen el carácter de cementerio civil y que en ella “solo podrán yacer los restos mortales de personas fallecidas a consecuencia de la Guerra, como lugar de reconocimiento, conmemoración, recuerdo y homenaje a las víctimas allí inhumadas”.

Sacar a José Antonio de la basílica

72DF5517-5CF3-4C0A-9EBE-63F58F34BCF5Al igual que sucedió con los restos de Franco, la nueva ley desalojará del lugar central de la basílica los restos de José Antonio Primo de Rivera, uno de los fundadores y Jefe Nacional de Falange Española de las JONS, fusilado en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936, por lo que es considerado víctima de la  Guerra Civil Española y será trasladado a otro espacio de la basílica (si sus herederos no deciden lo contrario y llevan sus restos a otro lugar)  puesto que contempla “la reubicación de cualquier resto mortal que ocupe un lugar preeminente en el recinto”.

 Fuente Religión Digital

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La persecución franquista contra las personas trans.

Martes, 21 de diciembre de 2021
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f.elconfidencial.com_original_9ff_47e_6fa_9ff47e6fa9dd642b14384cdcaf64afdbPor Danilo Albin

La noche ya había caído en Alacant (Alicante). Así, en plena oscuridad, empezó todo. Primero aparecieron muchos policías. Luego llegaron los gritos, las carreras… y la homofobia institucional de una dictadura franquista que creía que las personas homosexuales eran tan delincuentes como enfermas, y que las transexuales no eran más que la manifestación de una “homosexualidad extrema” a la que había que “convertir” con cárcel, marginación y “reeducación”.

El 30 de abril de 1968 en Alacant tuvo lugar una de las tantísimas redadas que el régimen lanzaba contra la “gente de conducta inmoral” y de “mal vivir”, tipología que valía tanto para “homosexuales, prostitutas y atracadores de menor cuantía”. Según contó la agencia Logos, propiedad de Editorial Católica, aquella noche hubo, en total, 39 detenidos.

“El régimen no tenía asumido el concepto de transexualidad, sino que considera a las mujeres trans como homosexuales extremos”, señala a Público Víctor M. Ramírez, investigador de temas relacionados con la memoria LGTBI. “De ser condenadas por escándalo público o posteriormente por peligrosidad social, iban a un centro penitenciario masculino. Si tenían el pelo largo se les cortaba y se les vestía como hombres”, añade este experto.

El olvido rima con el silencio. De eso sabe bastante Guillermo Portilla Contreras, catedrático de Derecho Penal de la Universidad de Jaén y autor de una detallada investigación sobre “derecho penal franquista y represión de la homosexualidad como estado peligroso” que publicó el Ministerio de Justicia en 2019.

Según destaca Portilla, la imposibilidad legal de acceder a archivos oficiales hasta después de pasados 50 años contribuye, precisamente, a ese silencio. “Son muchos los límites que tenemos para poder investigar lo que pasó. Por un lado, están los límites temporales; por otro, tenemos la Ley de Secretos Oficiales de la dictadura que aún sigue vigente”, explicó.

Homosexuais no carceréLa clave de lo que plantea Portilla está en la Ley de Peligrosidad Social que el franquismo instauró en enero de 1970 en sustitución de la Ley de Vagos y Maleantes. La nueva norma establecía concretamente la creación de centros de “reeducación” para “homosexuales, prostitutas y menores“.

Esa misma ley definía a las personas homosexuales como “peligrosos sociales”, revistiendo así la represión homófoba de un supuesto barniz “legal”. De hecho, la mecánica represiva tenía varios componentes dirigidos a castigar, aislar e incluso, “curar”, como si se tratase de una enfermedad. “La curación era a través de electrodos y supuestos tratamientos psiquiátricos”, detalla Portilla.

De hecho, este investigador logró demostrar que hubo jueces como Antonio Sabater Tomás que “sustituían las medidas de internamiento en una cárcel por el ingreso en institutos frenopáticos de Barcelona”. En cartas escritas por los responsables de dichos institutos, “se reconocía que estaban aplicando terapias aversivas, y además se vanagloriaban de que la mayoría de los homosexuales se convertían en heterosexuales gracias a esos métodos”.

El sistema de castigo tenía varias patas. Por un lado, la consideración de “peligrosos sociales” permitía que las personas homosexuales –y también las transexuales– recibiesen condenas “con una sanción privativa de libertad de uno a cinco años que se cumplía en campos de concentración como los de Miranda de Ebro y Nanclares de Oca, en colonias agrícolas como la que existía en Fuerteventura y en prisiones comunes”.

En estos casos, recuperar la libertad no significaba, ni de cerca, ser auténticamente libres. “Una vez que cumplían la privación de libertad se les desterraba durante unos dos años de la ciudad en la que vivían”, relata Portilla, quien destaca que el final del destierro tampoco implicaría el cese del castigo y la humillación.

Cuando volvían a sus respectivas localidades se les aplicaba la libertad vigilada, de tal forma que la persona era perseguida por dos delegados de la dictadura “allá donde iba”, sobre todo cuando trataba de conseguir un empleo. “Por ejemplo, si buscaba trabajo en un comercio, los delegados se encargaban de decirle al comerciante que se trataba de un pederasta, término que utilizaban para denominar a los homosexuales”, señala el investigador.

La condena se volvía entonces eterna y abarcaba todos los aspectos posibles. “Había una confluencia de la medicina, la psiquiatría, el derecho penal y la Iglesia franquista”, continúa Portilla, quien a continuación establece cada uno de esos nexos. “La medicina –subraya– les veía como enfermos, la psiquiatría como una perversión, el derecho penal como un estado peligroso y la Iglesia como un pecado”.

umandi_pintadasA nivel de los tribunales, la persecución recaía en unos jueces franquistas que luego, con Franco muerto y España en transición democrática, continuaron impartiendo justicia. “Hasta que no murieron, esos jueces siguieron dictando sentencias”, resume Portilla.

Uno de los magistrados del Tribunal Supremo que persiguió a personas homosexuales y transexuales fue Federico Castejón, quien mostraba en sus sentencias una rabia incontenida. Tal como pudo recopilar el profesor de la Universidad de Jaén durante su investigación, ese mismo juez escribió de puño y letra un anteproyecto falangista de Código Penal “donde se prohibía el matrimonio entre un español y una persona de raza inferior”.

El juez Luis Vivas Marzal fue otro de los jueces homófobos con los que contó el régimen, y también la incipiente democracia. Según determinó Portilla, “este señor decía que la homosexualidad era un delito y un pecado contra el espíritu santo. Siguió condenando a homosexuales hasta 1980, incluso cuando la Ley de Peligrosidad ya había desaparecido”. El odio, en cambio, continuaba.

Fuente Público

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Un documental rescata del olvido la persecución franquista a los protestantes

Viernes, 19 de noviembre de 2021
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FEAe8FgXoAYJKIZEstreno, el pasado martes, en la Muestra de Cine Espiritual de Cataluña

‘Protestantes, la historia silenciada‘ se enmarca dentro de la línea de trabajos vinculados a la memoria histórica

El documental, que se estrenó el pasado el martes, ahonda en cómo esta represión provocó que EE UU vetara el ingreso de España en el Plan Marshall

La idea del documental, en el que han invertido tres años de trabajo, surgió del periodista catalán David Casals tras la muerte de su abuela, Rosa Mora, protestante, que falleció a los 89 años en marzo de 2018

“La persecución contra todos los protestantes por el franquismo es algo que se conoce internamente entre las familias que la han padecido, pero que es un episodio muy desconocido para la población en genera”

El documental Protestantes, la historia silenciada, que se estrenaó el pasado martes, rescata del olvido la persecución del régimen franquista contra los protestantes y ahonda en cómo esta represión provocó que EE UU vetara el ingreso de España en el Plan Marshall.

La idea del documental, en el que han invertido tres años de trabajo, surgió del periodista catalán David Casals tras la muerte de su abuela, Rosa Mora, protestante, que falleció a los 89 años en marzo de 2018.

 En una entrevista, Casals ha recordado cómo su abuela le explicó muchas veces que tenía que participar en cultos clandestinos por ser protestante y consideró que testimonios como ese no podían dejarse escapar “sin darlos a conocer al gran público”.

“La persecución contra todos los protestantes por el franquismo es algo que se conoce internamente entre las familias que la han padecido, pero que es un episodio muy desconocido para la población en general y por eso hemos rodado el documental“, codirigido por el propio Casals, Julia Solé y Sergi Martí y rodado bajo un “prisma divulgativo-periodístico”.

Producido por la productora Clack, el filme arroja luz al poco conocido episodio de la exclusión de España, impulsada por el presidente norteamericano Eisenhower, de la reconstrucción europea de posguerra.

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Fotografía que forma parte del documental ‘Protestantes, la historia silenciada’. Archivo familiar Eliseo Vila

El filme, de 52 minutos, documenta cómo, después de que el senador estadounidense Alvin O’Konsky lograra que la Cámara de Representantes aprobara el 30 de marzo de 1948 la inclusión de España en el Plan Marshall, Eisenhower, de confesión baptista, vetó al régimen de Franco por la persecución que ejercía contra los protestantes.

Ataques contra los protestantes

El presidente norteamericano supeditó la entrada de España a que hubiera en el país libertad religiosa, recuerda Casals, que enumera cómo en aquella época numerosos templos protestantes eran atacados, saqueados e incendiados, excepto los que pertenecían a consulados extranjeros.

“Por eso, muchos cultos se celebraran clandestinamente en casas particulares, y si eran descubiertos o denunciados por algún vecino sus participantes eran multados”, según Casals.

El exdirector del Hospital Evangélico Armand Urrútia, miembro de la Asamblea de Hermanos de la calle Terol de Barcelona, explica en el documental como en su iglesia aún tiene “fotos de la puerta con un precinto que ponía Juzgado conforme no se podía entrar”.

“Nos reuníamos en las casas. Y con cuidado de que no hubiera un vecino que nos denunciara por reunión clandestina. Recuerdo, cuando era pequeño, que se presentó la policía en medio de la reunión y tomó datos de todos los asistentes, que después fueron multados”, relata Urrútia.

El historiador y crítico de arte Daniel Giralt-Miracle, miembro de la iglesia baptista de la calle Verdi de Barcelona, apuntala: “Entrábamos discretamente, separados, no cantábamos, había un espíritu de célula clandestina, de resistencia. Fue un periodo muy duro por la confusión que el nacionalcatolicismo hacía de todo lo protestante“.

Otro episodio de represión que documenta el filme es el caso del pastor de la Iglesia Metodista, Enric Capó, que en 1973 fue procesado por el Tribunal de Orden Público por repartir folletos evangélicos en el estreno en España de la película Los diez mandamientos.

“Los niños de padres protestantes eran estigmatizados en las escuelas y las parejas evangélicas que querían casarse tenían muchas dificultades para conseguirlo. Muchos buscaban juzgados que fueran más flexibles en otros barrios o ciudades y se empadronaban en casas de familiares o amigos de su jurisdicción para poder inscribir su matrimonio“, recuerda Casals.

Estreno del documental

El documental también relata cómo hasta hace relativamente pocos años los miembros de comunidades protestantes eran enterrados en zonas separadas de los católicos en los cementerios tradicionales, junto a suicidas o excomulgados.

“El régimen franquista confundía y metía en un mismo saco a comunistas, masones, judíos, sindicalistas y protestantes, remarca el codirector del documental, que quieren también proyectar en Madrid el próximo año.

La jerarquía de la iglesia católica, que apoyó el alzamiento del dictador Franco, “no decía nada, aunque muchos católicos lo veían mal”, porque era una manera de conservar el monopolio religioso, y eso duró hasta la apertura del Concilio Vaticano II”, dice el codirector del filme.

De hecho, en el documental, el monje capuchino Joan Botam, considera que la Iglesia Católica debería hacer algún tipo de reconocimiento de su papel en aquellos tiempos, en los que un encuentro ecuménico como el reciente en el templo de la Sagrada Familia era impensable.

El documental, que se estrenará en la Muestra de Cine Espiritual de Cataluña, recoge también testimonios de Noemí Cortés, miembro de la comunidad de la calle Terol de Barcelona, y del ex vicepresidente catalán Josep-Lluís Carod-Rovira, en su faceta de estudioso del protestantismo.

Protestantes, la historia silenciada se enmarca dentro de la línea de trabajos vinculados a la memoria histórica desarrollados por Clack como Peiró42, La última cinta desde Bosnia o Patrimoni7.

“Una de nuestras líneas de acción como productora es contar historias ocultas, que han quedado en los márgenes, en la periferia del discurso oficial, y la historia de los protestantes en Cataluña es uno de esos temas que nos ha parecido que valía mucho la pena de recuperar”, según Joan Salicrú, productor ejecutivo del documental.

El documental ha contado con ayudas de la Dirección General de Asuntos Religiosos, el Memorial Democrático de la Generalitat, el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación Pluralismo y Convivencia del Ministerio de la Presidencia.

Fuente Religión Digital

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Muere Carmen de Mairena

Miércoles, 25 de marzo de 2020
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carmen-de-Carmen de Mairena, murió el pasado domingo a los 87 años, debido a causas naturales y por causas naturales, en un hospital de Barcelona. Aunque el gran público la conoció, sobre todo, a raíz de sus habituales apariciones en el programa de televisión Crónicas Marcianas (1997-2005), hablar de Carmen de Mairena es hacerlo de una de las cupletistas más importantes de la Barcelona más canalla y de un ejemplo de visibilidad trans en tiempos difíciles.

 

Su cuenta oficial de Instagram lo hacía oficial, llevaba ingresada un tiempo en un hospital de su ciudad de Barcelona. “Hoy brilla una estrella más en el firmamento, la estrella de una mujer libre, fuerte, valiente y luchadora, que ha sido y será un icono LGTBIQ dando visibilidad y luchando por los derechos del colectivo en épocas muy duras y difíciles. Carmen ya es un mito e historia de España”, publicaba este domingo el responsable de su perfil oficial en la red social Instagram. “Sus familiares y amigos íntimos queremos agradecer todos los mensajes de apoyo y cariño que ha recibido por parte de todos los que la querías y recordabais durante estos últimos años”, decía su publicación en Instagram.

Carmen simbolizó la lucha por la visibilidad en una época muy difícil de nuestro país. La de Carmen de Mairena fue una vida difícil, como la de tantas y tantas personas que sentían diferente: la artista vivió la represión franquista en sus carnes por su condición, siendo detenida en numerosas ocasiones por la tristemente célebre ley de vagos y maleantes vigente durante la Dictadura.

Carmen de Mairena, que nació el 29 de octubre de 1933, creció como Miguel Grau en el barrio barcelonés de Gracia. “Mis padres tenían quince cabras, conejos, gallinas… y teníamos huerta. Yo ordeñaba la leche de las cabras y luego la vendíamos en el barrio. De pequeño, quería ser policía o sacerdote, ¡fíjate qué contraste!”, contaría en una entrevista la propia Carmen.

Comenzó su carrera artística como Miguel de Mairena, actuando durante los años cincuenta y sesenta en varias salas de fiesta y cabarets de la ciudad de Barcelona. “Cantaba muy bien la copla, al estilo de Antonio Amaya —recuerda Juan Jutglar, que la vio actuar en varias ocasiones en esa época en la Bodega Apolo—. Era una persona amable y generosa con sus amigos. Tenía éxito y ganaba dinero, pero ayudaba a los demás y se quedaba sin nada”.

“Hay que recordar que en cada esquina de lo que era el barrio chino barcelonés había un cabaret y un café-cantante en aquella época”, señala el activista cultural Joan Estrada sobre una artista que se tomó siempre muy en serio su carrera y que mantuvo una estrecha amistad con el cantante y bailarín Pedrito Rico —aunque nunca mantuvo un romance con él, como algunos aseguran—, con quien llegó a ser detenida en varias ocasiones durante la dura represión franquista. “En su juventud, Carmen luchó, en plena dictadura de Franco, por salir adelante. Recibió palizas y estuvo ocho veces en la cárcel por gay.  La metían en la cárcel quince días y luego la soltaban. Y, aun así, ella siguió saliendo a la calle maquillada con sus amigos. Era muy valiente y nunca se escondió de nada”, apunta uno de sus amigos, el artista Adrián Amaya.

Según las fuentes consultadas, la artista inició su proceso de reasignación a finales de los años setenta. “Primero empezó actuando como transformista y luego ya, en los años ochenta, como mujer transexual”, explica Amaya. En los ochenta, Carmen continuaría con su radical transformación física, llegando a recibir en la cara y el cuerpo varias inyecciones de silicona líquida de forma clandestina. “Los compañeros de la época le decían ‘¿Pero qué necesidad tienes tú de hacerte esto, siendo un gran artista como eres?’. Pero la gente no entendía entonces que ella veía aquello como una especie de vía de escape para lograr ser la persona que se sentía realmente”, añade el artista.

Después, Carmen siguió haciendo bolos en diversos locales del que en su día fue el Barrio Chino de Barcelona, pero también se vio obligada a ejercer la prostitución durante un tiempo, antes de dar el salto a los medios. Conocida en el ambiente nocturno barcelonés, alcanzó la popularidad para el gran público, convirtiéndose en un icono, por sus apariciones en ‘Crónicas Marcianas’ de Javier Cárdenas, ‘Al ataque’ o ‘Ratones coloraos’ de Jesús Quintero. Carmen de Mairena apareció por primera vez en televisión a principios de los noventa, en un programa presentado por el periodista Alfonso Arús y en el que uno de los colaboradores, un jovencísimo Javier Cárdenas, la entrevistaría por primera vez. “Luego la cogió Cárdenas y la convirtió en un monstruo, llevándola al programa ‘Crónica Marcianas’ para reírse de ella”, recordaba Estrada, que contrató a Carmen para que actuara en marzo de 2010 en una carpa que instaló en Las Ramblas para homenajear a la Barcelona canalla. “Esa fue la última vez que ella hizo ‘temporada’, en algo fijo. Se presentó maravillosa, con un vestido blanco de princesa y su canción estrella era ‘Romance de la Reina Mercedes’”.

 Sus apariciones en Crónicas Marcianas, no mejoraron su imagen más bien consiguió diluirla. Poco después apareció en la polémica ‘FBI: Frikis buscan incordiar’ de Cárdenas. A partir de aquí, comenzó a realizar bolos por toda España con su espectáculo que combinaba el cuplé con su ácido y descarnado sentido del humor. En los últimos tiempos también aparecía en scketches de ‘El intermedio’.

Gracias a aquellas apariciones televisivas, presididas siempre por el humor y la soez verborrea, Carmen hizo reír a muchos españoles, ganó dinero, grabó varios temas musicales, apareció en un par de películas porno, realizó bolos por discotecas de todo el país, y llegó incluso a probar suerte en política. Sin embargo,  muchos aprovecharon aquella circunstancia para burlarse de ella y ponerle la etiqueta de “friki”. El ritmo de trabajo decayó y, después de que en 2013 Carmen sufriera una caída y se rompiera el fémur en su propia casa del Raval, la vida de la artista daría un importante vuelco.

Entre sus polémicas más sonadas está la de hace unos años, cuando fue acusada de estar implicada en una trama de proxenetas en el barrio del Raval de Barcelona. Pero la verdad es que ella siempre había mostrado una vida bastante humilde.

Carmen, que llevaba desde 2015 retirada de la vida pública debido (entre otras cosas) a sus problemas de movilidad, ingresó hace casi un lustro en una residencia geriátrica de la zona del paseo de Gracia, donde ha vivido hasta el final de sus días —y donde, en ocasiones, recibía visitas de amigos y de sus dos hermanas—. «Al principio le costó adaptarse a la situación, porque ella estaba acostumbrada a vivir en su casa, con sus vecinos del barrio de El Raval. Pero fue entendiendo la situación y que ya no podía vivir sola», explica Amaya.

Su vida se convirtió en 2017 en objeto de un controvertido libro titulado Carmen de Mairena. Una biografía, editado por Blackie Books. “Desde bien pequeña, sabía que le atraían los hombres y lo fue escondiendo ya que pensaba que era algo malo. Creer que tienes que esconderte porque si no no serás aceptado es muy doloroso y una manera muy cruel de tratarse. La ley de vagos y maleantes, nefasta, corroboró esta idea. En Carmen se sintetiza la contradicción del que hace suyo el discurso del agresor y del que lucha por ser quien es”comentaba a Dosmanzanas su autora, Carlota Juncosa.

Carmen, que sufrió dos ictus y padecía una enfermedad de Parkinson en fase avanzada, falleció a las tres de la madrugada del pasado domingo en el barcelonés Hospital de la Esperanza, por causas naturales. Sus restos serán incinerados este mismo miércoles, aunque la Misa no podrá celebrarse aún debido a la situación de cuarentena que se vive en España estos días.

Carmen siempre será recordada por ser una descarada, una revolucionaria y por sus diversas polémicas. Fue una cupletista y transformista pionera en la defensa de los derechos del colectivo LGTB durante la época represaliada del franquismo. Aun así consiguió dejar huella en la Barcelona de los años 70, donde tuvo lugar la primera manifestación en defensa de los derechos de los homosexuales.

Sus familiares y allegados han emitido un emotivo comunicado:

Sus familiares y amigos íntimos queremos agradecer todos los mensajes de apoyo y cariño que ha recibido por parte de todos los que la querías y recordabais durante estos últimos años. Carmen se ha ido llena de amor, mimada y cuidada por nosotros sus seres queridos mas cercanos. Hoy brilla una estrella mas en el firmamento, la estrella de una mujer libre, fuerte, valiente y luchadora, que ha sido y será un icono LGTBIQ, dando visibilidad y luchando por los derechos del colectivo en épocas muy duras y dificiles. Carmen ya es un mito e historia de España. ¡Hasta siempre, Carmen! Siempre te recordaremos. Toda España te quiere.

Sea como fuere, nadie debería olvidar cuando hable de Carmen de Mairena que la carismática artista ha sido, además de una gran cupletista, todo un ejemplo de lucha personal y de visibilidad de las personas trans en tiempos muy, muy difíciles. Descansa en paz, Carmen.

Fuente Agencias/AmbienteG/Dosmanzanas

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Mujer tenía que ser

Martes, 17 de diciembre de 2019
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Carla Antonelli explica cómo era ser mujer trans durante el franquismo: “Te podían someter a electroshock

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La activista por los derechos del colectivo LGTBI Carla Antonelli lleva más de 40 años en la lucha.

En esta entrevista de Sandra Sabatés repasa su historia y cuenta la represión que vivió, al igual que muchas otras personas trans, en los primeros años de democracia.

Aquí te dejo la entrevista integra:

https://www.lasexta.com/programas/el-intermedio/mujer-tenia-que-ser-sandra-sabates/carla-antonelli-explica-como-era-ser-mujer-trans-durante-el-franquismo-te-podian-someter-a-electroshock_201912115df16e6f0cf26119578946ac.html

***

Carla Antonelli es el nombre artístico de Carla Delgado Gómez (Güímar, Tenerife, España, 13 de julio de 1959), una actriz, política y reconocida activista transexual de los derechos LGBT. Desde el 2011, es diputada de la Asamblea de Madrid por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), convirtiéndose en la primera y única mujer transexual de España en acceder a dicho cargo. En la actualidad es Presidenta de la Comisión de Radio Televisión Madrid y Portavoz Adjunta de la Comisión de Políticas Sociales, Familias, Igualdad y Natalidad, responsable de familias, menores y temas LGTBI.

Fuente La Sexta, vía Comunidad Fronteras Abiertas (CAFA) de Zaragoza

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Personas mayores trans: detenidas durante el franquismo y sin trabajo ni pensión en la actualidad

Martes, 26 de noviembre de 2019
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dia-internacional-de-la-memoria-transDía Internacional de la Memoria Trans (20 de noviembre)

La Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Trans y Bisexuales (FELGTB) celebró el pasado miércoles, con la colaboración del Parlamento de Canarias, un acto, con motivo del Día Internacional de la Memoria Trans, para visibilizar la realidad que vivieron estas personas durante el franquismo y las repercusiones que estas discriminaciones tienen en el presente. Así, durante su intervención, la presidenta de FELGTB, Uge Sangil, ha denunciado que “las personas trans que están llegando a la tercera edad sufrieron durante su juventud constantes detenciones y una brutal discriminación social y laboral que les ha impedido cotizar y, por tanto, acceder en la actualidad a una pensión que les permita mantenerse”.

En este sentido, la coordinadora del grupo de Políticas Trans, Marcos Ventura, ha recordado que, durante la dictadura, ser LGTBI estaba penado por la ley de peligrosidad social del régimen franquista, lo que originó múltiples detenciones y humillaciones al colectivo. Ventura ha puesto de manifiesto que “las personas trans, sobre todo las mujeres, que eran más visibles, eran arrestadas con frecuencia y apartadas de cualquier espacio ya fuera lúdico o laboral”.

“Estas mujeres fueron víctimas de múltiples violencias y, en la mayoría de los casos, solo pudieron recurrir al mundo del espectáculo o al del trabajo sexual para subsistir”, ha denunciado. Pero, tal y como ha evidenciado, “no se trata solo de un tema del pasado, puesto que, en la actualidad, el 80% de las personas trans sigue en situación de desempleo”.

Por este motivo, la presidenta de FELGTB, Uge Sangil, ha reclamado la aprobación urgente de una Ley Estatal LGTBI que permita eliminar la transfobia a través de la educación, promueva medidas concretas para fomentar la inserción laboral de este colectivo y garantice el derecho de autodeterminación para todas las personas, entre otras medidas. Además, ha manifestado que “las personas trans deben ser consideradas un colectivo en riesgo de exclusión ya que sufren elevadas tasas de discriminación y violencia”.

Así, ha recordado que, según estudios de FELGTB, más del 40% de las personas trans ha sido víctima de algún tipo de violencia en el último año y casi el 60% de quienes tienen entre 16 y 24 años ha sufrido transfobia en el ámbito escolar.

Ser trans durante la dictadura y la transición

Durante el encuentro, tres mujeres trans han ofrecido su testimonio para compartir cómo vivieron su adolescencia y su juventud. Así, Montse, que actualmente tiene 61 años, ha contado que se visibilizó como mujer a los 15 y que su juventud fue muy dura ya que, “no podía ni siquiera salir con amigas porque por cualquier cosa nos llevaban a comisaría”. “Nos pegaban y maltrataban y a veces tenía que esconderme en un zaguán para que no me encontraran”, ha explicado.

Sin embargo, según relata, la peor discriminación que sufrió fue la laboral, ya que nadie la contrataba por su condición de persona trans. “Solo he podido cotizar 12 años y medio y ahora no tendré derecho a una pensión por no llegar a un mínimo de 15 años trabajados. No es que no quisiera trabajar, es que nadie me contrataba y al final me vi obligada a recurrir al trabajo sexual”, ha denunciado. “Ahora ya te dejan caminar por la calle, pero nos siguen poniendo etiquetas, siguen sin mirarnos como a personas y siguen sin querer contratarnos”, ha lamentado.

Miryam tiene 60 años y es natural de Zaragoza. Según ha relatado, siempre ha estado expuesta a una doble discriminación por su condición de persona trans y por ser de raza gitana. “Desde que era muy pequeñita era evidente que yo era una niña y siempre he recibido el apoyo de mi familia. Esto me hizo muy fuerte”, explica. Este empoderamiento hizo que, pese al bullying que sufrió durante sus estudios universitarios, a los 17 años, Miryam fuera una de las personas que encabezó la manifestación en favor de los derechos del colectivo en 1977 en Barcelona.

Sin embargo, perdió la cuenta del número de veces que ingresó en comisaría como consecuencia de las redadas en cines o clubs donde se reunía con sus amistades a escondidas porque, según cuenta, “no podíamos estar en ningún sitio”. Una vez llegó a estar 15 días en prisión soportando insultos y vejaciones fruto de la transfobia y la xenofobia. “No te da vergüenza ser gitano y maricón” le decían. Ha podido trabajar como cocinera, pero siempre, en puestos que no impliquen estar de cara al público.

Marcela tenía 20 años cuando murió el dictador y ha recordado con rabia todas las veces que la encarcelaron simplemente por juntarse con sus amigas en un bar. “Me pasaba unos 15 días al mes en prisión, tal vez más. Una vez, incluso me volvieron a detener el mismo día que salí de la cárcel solo por bajar a la plaza donde se reunía mi gente después de pasar por casa”, ha relatado.

Cada vez que la detenían, la norma dictaba que tenía que pasar 72 horas detenida, pero, según ha explicado, había veces que el tiempo se prolongaba porque se alegaba “sospecha” de haber cometido un delito y así, podían retenerla el tiempo que quisieran. Además, según cuenta, era frecuente que acusaran falsamente a las mujeres trans de cometer robos y varias de sus amigas tuvieron que enfrentarse a juicios sin haber cometido delito alguno.

Durante el acto, el experto en memoria histórica LGTBI, Víctor Ramírez, ha explicado que, las disidencias de género, además de ser duramente reprimidas durante la dictadura franquista a través de leyes penales, fueron obviadas en la agenda de la Transición. Además, según el experto, la memoria histórica de las personas trans se enfrenta a la dificultad de trasponer los conceptos identitarios actuales a épocas pasadas. “Las siglas LGTBI son difíciles de aplicar a épocas históricas como la dictadura franquista, para la cual toda disidencia sexual o de género estaba englobada dentro del término de “homosexualidad”, de ahí la importancia de recuperar la memoria a través de los testimonios orales”, ha declarado.

El acto también ha contado con la participación del director general de Igualdad de Trato y Diversidad del Gobierno de España, Ignacio Sola; el presidente del Parlamento de Canarias, Gustavo Matos y la viceconsejera de Igualdad y Diversidad de Canarias, Silvia Jaén.

Fuente FELGTB

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Dios los cría, y Franco los junta: ¿qué Iglesia es posible en España tras la exhumación?

Sábado, 26 de octubre de 2019
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Piedad del Valle de los Caídos eldiario.es

Son pocos, muy pocos, los obispos que quieren revertir la actual situación en nuestro país

“Las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal marcarán definitivamente si los obispos españoles se quieren quitar el sambenito con el que les bautizó en su día el dictador -el ‘España, Faro de Occidente, martillo de herejes, luz de Trento’- o, por el contrario, prosiguen en la deriva de división y enfrentamiento al Papa, en Roma, y a los valores democráticos, en nuestro país”

“Dios los cría, y Franco los junta”, lamenta, en privado, uno de los pocos obispos que admite que, a lo largo de estos meses, la Iglesia española debería haberse pronunciado claramente, enmendando la plana al prior falangista y colocándose del lado de las víctimas

Ramón Tejero: “Dichoso Ud. mi General que por defender la Fe Católica y el Santo Nombre de Jesucristo ha recibido insultos, calumnias y persecución, en la vida y en la muerte”

Un buen día para recordar al cardenal Tarancón

Lo que la salida de Franco deja pendiente en el Valle de los Caídos

Exhumación de Franco, ¿fin del nacionalcatolicismo?

15719149346062Cuando Franco murió, la Iglesia española había dejado ‘atados y bien atados’ sus privilegios en una sociedad que intentaba avanzar, lentamente, hacia la democracia. En Roma, diez años atrás, había concluido el Concilio Vaticano II, que trató de poner a la Iglesia católica en hora con el mundo, pero los obispos españoles seguían con el reloj parado en 1953, momento en que el Régimen consagró la alianza entre la Cruz y la Espada que hizo posible la ‘Sagrada Cruzada’ (así llamaron los obispos en 1937 a la Guerra Civil).

Hoy, 44 años después, con Franco reinhumado en Mingorrubio, los obispos españoles continúan mirando con dificultad al futuro. Igual que sucediera tras el Concilio, pocos prelados se animan a seguir el impulso del Papa Francisco y acabar con una Iglesia clericalizada, que oculta en un armario los estigmas de los abusos de poder y sexuales, se afana en conservar privilegios anacrónicos y sigue sin darse cuenta de que hoy, en pleno siglo XXI, España ha dejado de ser católica y su influencia en la sociedad resulta prácticamente insignificante.

Acabar con la herencia del dictador

Los obispos no se oponen a la exhumación de Franco, pero sí al fin de las prebendas que les dio el dictador. El nuevo Concordado (ahora llamado Acuerdos Iglesia-Estado), que se negoció a la par que la Constitución y fue aprobado ahora hace 40 años, continúa dotando a la Iglesia de múltiples beneficios fiscales, económicos, jurídicos y de presencia social.

En muy pocos países de nuestro entorno la Iglesia católica (y sólo la Iglesia católica) recibe, sin dar nada a cambio, un porcentaje de los Presupuestos Generales del Estado, cuya finalidad no detalla con precisión.

La enseñanza de la Religión católica es de oferta obligatoria y sus profesores son designados por el obispo del lugar (que puede despedirlos sin dar razón alguna), pero pagados por la Administración. Con el personal religioso en hospitales públicos, el Ejército o las prisiones sucede tres cuartos de lo mismo.

Polémicas inmatriculaciones

La Iglesia está exenta de multitud de impuestos y, por si fuera poco, las administraciones todavía no han dado el paso de exigir el pago de aquellos que sí debería pagar, como el IBI para aquellas actividades que no tengan fin estrictamente pastoral o de culto (garajes, pisos de alquiler, museos, etc…). Pero, además, los obispos han logrado registrar a su nombre, con el único aval de su firma, 35.000 bienes en el período 1998-2015.

prior-Cantera-Franco_2170892892_14030768_667x375El prior Cantera, con los Franco

Unas inmatriculaciones que (al menos la mitad) no tienen que ver con templos, sino con inmuebles o terrenos que, en su día, fueron enajenados por otros intereses oscuros, en buena medida gracias al dictador que, desde hoy, descansa en Mingorrubio.

Osoro y Omella, atrapados

¿Es esta la verdadera función de la Iglesia? Son pocos, muy pocos, los obispos que tratan de revertir esta situación de privilegio. No lo tienen fácil, y el ‘caso Franco’ lo ha demostrado. Los cardenales Osoro y Omella (Madrid y Barcelona), los hombres puestos por el Papa Francisco para cambiar el rostro de la Iglesia de nuestro país, no cuentan con la fuerza suficiente para acometer las reformas que les pide Bergoglio.

Un Bergoglio que, por cierto, no visitará España mientras los obispos sigan “en guerra” entre ellos, como admitió durante un vuelo papal. Las elecciones a la presidencia de la Conferencia Episcopal marcarán definitivamente si los obispos españoles se quieren quitar el sambenito con el que les bautizó en su día el dictador -el ‘España, Faro de Occidente, martillo de herejes, luz de Trento‘- o, por el contrario, prosiguen en la deriva de división y enfrentamiento al Papa, en Roma, y a los valores democráticos, en nuestro país.

Ultracatólicos, sectarios y postfranquistas

La exhumación de Franco, además, ha puesto de manifiesto la existencia de un sector, minoritario pero muy potente, de ultracatólicos que siguen vinculando su fe a la extrema derecha, y consideran la salida del dictador del Valle “una profanación”, y la posición oficial de la Iglesia (cumplir con la legalidad vigente) una traición al hombre que les salvó de la persecución y la desaparición.

patrulla-Policia-Nacional-San-Nicolas_EDIIMA20191024_0403_4Y es que los mismos que pintarrajearon decenas de iglesias de Madrid acusando a Osoro de traidor -en una imagen que recuerda, muy poderosamente, a los gritos de ‘¡Tarancón, al paredón!’, tras la muerte de Carrero Blanco- e invitando a dejar de marcar la ‘X’ en la Renta son los que este jueves salieron a defender la actitud obstruccionista del prior Cantera y la homilía del cura hijo del golpista Tejero en la que faltó poco para ‘canonizar’ a Francisco Franco.

“Dios los cría, y Franco los junta”, lamenta, en privado, uno de los pocos obispos que admite que, a lo largo de estos meses, la Iglesia española debería haberse pronunciado claramente, enmendando la plana al prior falangista y colocándose del lado de las víctimas.

Los ‘católicos de toda la vida’

Grupúsculos como HazteOir o Máslibres, situados en la órbita de Vox y de sectores ultracatólicos como los kikos, el Opus Dei o los Legionarios de Cristo (e incluso más allá, a través de sectas como El Yunque), que lo mismo organizan una sentada para protestar contra la exhumación ante la sede del PSOE, que acosan a las mujeres que van a abortar a las puertas de la clínica Dator.

Vamos, los católicos ‘de toda la vida’, que añoran una España en la que Franco dio todo el poder a la Iglesia, y donde los únicos valores que podían defenderse eran los de la firme ortodoxia, la continencia sexual y las familias numerosas. Los mismos que, en otro tiempo, quemaban mujeres en la plaza pública acusadas de brujas u obligaban a judíos, musulmanes o protestantes a abjurar de su fe si no querían perder la vida.

Los mismos que, tal vez, hace unos años hubieran mandado a Jesucristo a picar piedra en la cantera de Cuelgamuros. A mayor gloria de Francisco Franco, que en Mingorrubio descanse.

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Amarga memoria

Sábado, 26 de octubre de 2019
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tmp-cam-8766268541042566766Uno de los objetivos de esta página, en la medida en que la vamos conociendo,  es la de guardar la memoria de quienes día a día caen a causa de la LGTBIfobia, o la de los pioneros en la lucha por conseguir los Derechos Civiles para las pertsonas LGTBI, o que fueron lo suficientemente valientes para vivir una vida en libertad a pesar de la LGTBIfobia reinante que, en España, nos recluía en el campo de concentración canario de Tefía, o en la cárcel de Huelva… Con este ánimo, publicamos este post que hemos leído en la página de la Comunidad Apostólica Fronteras Abiertas de Zaragoza.  José Luis falleció el pasado mes de agosto, pero ayer nos enterábamos, casualmente mientras los restos de Franco, que tanto daño nos hizo, era sacada del valle de los Caídos.

Descansa en paz, hermano:

***

Ayer supe, con profundo pesar, que había fallecido José Luis Berdusan Casamayor, conocido como “la Zaragozana“.

Vecino ilustre de este barrio zaragozano de El Gancho y tras su frágil imagen un héroe, con todas las letras, de las libertades en esta ingrata tierra mía.

Para mí era un orgullo verle pasar por las calles de nuestro barrio paseando a sus dos perrillos y ahora pienso que nunca le agradecí bastante que, sin duda, las libertades que hoy disfrutamos el colectivo LGTB los ganó él a base de sufrir los ultrajes de un régimen dictatorial que campaba a sus anchas.

Irónicamente he sabido de su muerte el mismo que día que sacaban, por fin, la momia del dictador de su “pirámide”. Un mausoleo mantenido, para mayor vergüenza, con nuestro dinero y por grupo de hombres que me cuesta creer que sean de Dios y que manifiestan como en España se puede ser católico romano sin ser cristiano.

Aquí te dejo un trabajo que se publico hace unos años, una serie de documentales sobre Aragón bajo el titulo de Amarga memoria. En el puedes ver a José Luis. Es un vídeo testimonio, solo lo he conseguido en partes. Si vas pinchando uno a uno puedes ver el trabajo completo. No te defraudará: https://vimeo.com/56973696

El barrio le ha hecho un sencillo homenaje. Entre las cosas que se dijeron me quedo con estas que la hago oración:

Zaragozana:
quédate en la memoria de nuestro barrio,
quédate allí,
donde cada vez que te busquemos podamos encontrarte.

Hasta siempre José Luis, gracias…

***

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Luis Francisco Marco Benlloch: El infierno de un cura al que la Iglesia del franquismo echó “por rojo”

Viernes, 4 de octubre de 2019
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3dicolebin“Denunciado por compañeros de sotana”  

“En su primer destino conoció a gentes sin nada y con mucha hambre que vivían apiñadas penosamente y abandonadas en cuevas junto a las tapias de un convento de frailes”

“Las cartillas de racionamiento, la comida, las escuelas… Impulsó con brío lo más elemental”

“A la hora de formalizar la salida, el Obispo quiso que firmara un papel –ha sido siempre la táctica de la jerarquía- en el que ‘yo reconocía que era un vicioso pecador contra el sexto y noveno mandamientos y pedía a mi madre la Santa Iglesia de Roma, que me perdonara'”

A Luis Francisco Marco Benlloch le mandaron con 24 años a Museros, su primer destino, a reemplazar provisionalmente al cura que se había muerto. El franquismo navegaba a toda máquina y lo controlaba todo, no daba puntada sin hilo. Allí conoció les Coves de Massamagrell, gentes sin nada y con mucha hambre que vivían apiñadas penosamente y abandonadas en cuevas junto a las tapias de un convento de frailes, principalmente gitanos. Aquella realidad le congeló el corazón y también el alma.

Escribió al arzobispo Olaechea dándole cuenta de lo que había visto y pidiendo cura de almas para aquella gente, el prelado, navarro de origen, erigió una parroquia, Nuestra Señora del Rosario, y le nombró párroco fundador a pelo, sin casa abadía ni nada, una simple y ruinosa ermita le serviría de templo parroquial. Se llevó su tienda de campaña de boy scout y durmió la primera noche en la puerta del ermitorio. De madrugada un gitanillo le despertó para que acudiera a atender a unos heridos resultantes de una pelea entre calós a navaja limpia. Poco pudo hacer, estaban en situación irreversible y uno a uno les dio la absolución “en peligro de muerte”.

No había nada en aquel núcleo poblacional y comenzó por lo más básico, lo existencial. Las cartillas de racionamiento, la comida, las escuelas, impulsó con brío lo más elemental para la dignidad humana. Al tiempo, comenzó a formar una comunidad cristiana que fue una iglesia vida, de los pobres, pero viva. Sus prédicas no eran las tópicas de común uso en las iglesias de su tiempo, que suelen seguir siendo las mismas de ahora en muchos lugares.

“Luis Marco se negó a firmar aquella mentira, tomó el papel y lo hizo trizas”

Pronto fue acusado de rojo, de comunista, denunciado por compañeros de sotana y por autoridades. A Olaechea le llegaban las quejas, pero le entendía. El arzobispo solía ir a Jefatura de Policía a sacar detenidos de la brigada política-social y solía enfrentarse a Franco, que le respetaba, incluso quiso congraciarse con él nombrándole Consejero del Reino.

Por el contrario, el obispo auxiliar, González Moralejo, lo atosigaba, perseguía, abroncaba, le hacía la vida imposible, le llamaba a cada queja, y al final logró expulsarle del clero y de la Diócesis. Fue un golpe duro para él. Terminaba con esa acción un periplo por diferentes pueblos en los que cuando llegaba era llamado al cuartelillo de la Guardia Civil donde ya había llegado su ficha policial urgida por su superior y advertido de lo que debía y no hacer entre sus parroquianos.

El obispo auxiliar al final consiguió lo que quería: “Vete a tu casa. No te quiero de cura en esta Diócesis, y no consentiré que vayas a ninguna otra, por bien de la Iglesia”. Fue muy duro aquel momento para él y su familia. El Concilio Vaticano II había concluido. “Espero que al espíritu del Concilio no le pase como a mí y lo tiren de su casa”, pensó. A la hora de formalizar la salida, el Obispo quiso que firmara un papel –ha sido siempre la táctica de la jerarquía- en el que “yo reconocía que era un vicioso pecador contra el sexto y noveno mandamientos y pedía a mi madre la Santa Iglesia de Roma, que me perdonara y fuera comprensiva conmigo y, en consecuencia, me liberara de la obligación del celibato y de la carga del sacerdocio, por bien de mi alma y de la Santa Madre Iglesia”.

Luis Marco se negó a firmar aquella mentira, tomó el papel y lo hizo trizas. Fue desterrado del territorio eclesiástico valenciano. Comenzó a rehacer su vida por lo civil, siempre perseguido por la sombra de Moralejo. Trabajo que encontraba, informe negativo contra él que llegaba y era despedido. Estudios que intentaba hacer, comenzados se le hacía desistir por presiones del Obispo. Se encontró, eso sí, con gente maravillosa que le apoyó, el profesor y sacerdote Agustín Andreu, le pasó trabajos de traducción en los que se necesitaba saber griego, hebrero, francés, inglés, alemán y latín, lenguas que dominaba desde su época de estudiante. Sigue siendo un gran latinista.

 Quiso hacer Magisterio y opositar, y de nuevo la garra de Moralejo cayó sobre él, sólo que le salió una mujer valiente y respondona, republicana y de izquierda, de gran fama internacional como pedagoga, que le plantó cara al Obispo y le dijo que no iba a consentir interfiriera en sus obligaciones y responsabilidades. Así Marco pudo ser Maestro Nacional y ganarse el pan dignamente como un civil, con el suplemento molestoso de que pueblo al que era mandado siempre le tocaba acudir a dar explicaciones al comandante de puesto de la Guardia Civil, que ya había sido alertada.

Casó con María Dulce, enfermera, que fue y es su bálsamo y ángel de la guardia, tuvo cuatro hijos y al final su fe y constancia –nunca ha abandonado la Iglesia- le llevó a un precioso paraíso aquí en la tierra, Marines Nuevo, donde ejerció el magisterio con sus grandes cualidades humanas e intelectuales.

“Nunca he abandonado la Iglesia, la Iglesia ha sido uno de mis grandes amores de toda la vida. Hoy me considero miembro de la Iglesia del silencio. La Iglesia, desgraciadamente instalada en el mundo de los privilegios y el poder no se adapta a ser la Iglesia libre y pobre, cuya única fuerza sea el Espíritu Santo. Necesita el poder económico y social y declara enemigo a quien no piensa así. Para mí, miembro vivo de la Iglesia del silencio todo esto son signos positivos, porque anuncian que todos los poderes de la Iglesia se vienen abajo. Así quedará la Iglesia de los pobres creyentes, que será solidaria con los más débiles del mundo, la que buscará servir a la humanidad y no servirse de ella para dominarla”, escribe en un libro titulado “Don Dico, cura de barrio: La Iglesia de los pobres”, en el que detalla lo más fuerte de lo que le ha ocurrido en su vida a causa del Evangelio, un libro digno de una película, de una obra de teatro o de un novelón. Aparte ha escrito otros cinco libros, variaciones sobre el mismo tema. Igual que su esposa, una delicadísima y brillante poetisa.

Dice Marco que la Iglesia “necesita el poder económico y social y declara enemigo a quien no piensa así

Le conocí en su época de profesor de latín, vigoroso, vitalista, hombre de profunda fe en Dios. Le he visto estos días en su casa de Marines, a la que he llegado sin avisar. Sigue igual, con su mismo nivel intensísimo de fe en Dios, y también en los hombres, y en la radicalidad del Evangelio. Con su gran sentido del humor, signo de su enorme inteligencia, todo ello a pesar de lo que ha sufrido, del infierno que su propia Iglesia le ha montado. Con sus 83 años y los tres ictus que también ha superado. De verdad, una vida digna de ser llevada al cine, que nunca podría reflejar la dureza de su sufridísima experiencia humana, de su amor por la gente pobre y necesitada, desnutrida y sin los mínimos vitales de subsistencia. Un hombre de Dios machacado como lo fueron todos los grandes profetas de la Biblia.

Fuente Religión Digital

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Las ambigüedades de la Iglesia con el Franquismo

Jueves, 24 de enero de 2019
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Del cardenal Segura a la exhumación de Franco y su posible entierro en la catedral de La Almudena

¿Está perdiendo la jerarquía una ocasión de oro para desmarcarse de su vinculación histórica?

“El Gobierno tiene la llave en sus manos, porque los intereses particulares siempre están sometidos a un bien mayor: el común y público, el respeto a las víctimas, la dignidad de la ciudadanía y de la democracia”

(Evaristo Villar).- La exhumación de los restos de Franco ha tocado a la Iglesia católica. La Conferencia Episcopal Española oficialmente sigue guardando silencio y la diócesis de Madrid se ha puesto de perfil.

La pregunta que se hace mucha gente es si la jerarquía católica no está perdiendo una ocasión de oro para desmarcarse de su vinculación histórica con el franquismo y romper con los nostálgicos que pretenden mantenerla “atada y bien atada” a un pasado nada edificante.

I. La Iglesia católica en el franquismo. Sometimiento y utilización mutua

cardenal-gomaUn juicio que da qué pensar. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, refiriéndose al comportamiento de la jerarquía católica con referencia a su pasado franquista, se expresaba, meses atrás, en estos términos: “ha facilitado la beatificación de sus mártires en la Guerra Civil y ha mantenido un terrible silencio acerca de su colaboración con el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Así como haber participado y formado parte de una terrible dictadura”. (La Vanguardia 18/03/2018). Esto da qué pensar.

Enfrentamiento con la República. La hostilidad de la jerarquía católica contra la II República es sobradamente conocida. Desde el 14 de abril de 1931, proclamación de la República y abandono del país del rey Alfonso XIII, hasta el 18 de julio de 1936, golpe militar, la jerarquía mantuvo un recio enfrentamiento con la nueva clase política integrada por socialistas y pequeño burgueses que sustituyeron al antiguo régimen.

Alineados al bloque opositor de derechas, -formado por Comunión Tradicionalista (Requetés), Renovación Española (nostálgicos de la monarquía) y Falange Española-, un grupo de obispos, liderados por el cardenal SEGURA, primado de España, e Isidro GOMÁ, -obispo de Tarazona y luego sustituto de Segura en la diócesis primada de Toledo-, mantuvo un duro enfrentamiento con el Gobierno de la República. Discrepando de la misma orientación de Roma, los jerarcas españoles vieron en el Gobierno republicano un decidido empeño por quebrar el vínculo, que ellos consideraban “natural”, entre el pueblo y la religión católica. Y, consiguientemente, se aliaron con el grupo opositor.

carta-colectiva-del-episcopado-espanolTestigo de esta alianza fue la Carta pastoral del 1 de mayo de 1931 del cardenal Segura llamando a la movilización masiva contra el Gobierno republicano. Motivo por el cual perdió la diócesis de Toledo y se ganó la expulsión del país.

Cabe señalar, por lo que supone para alimentación del conflicto, la aprobación por la Cortes Constituyentes, el 9 de diciembre de 1931, de la Constitución de la II República. En este importante documento se establece que “el Estado no tiene religión oficial” (art 3); que “no podrán ser fundamentos de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las religiosas” (art. 25); que “una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del clero” (art. 26); y que “la enseñanza será laica” (art.48).

Fusión con el franquismo. Apenas iniciada la guerra, el 30 de septiembre de 1936, Enrique PLA I DENIEL, obispo de Salamanca, publicó su famosa carta pastoral Las dos ciudades, donde define la guerra como “una cruzada por la religión, por la patria y por la civilización”. Pocos días después “entregó su pectoral, su anillo y un donativo a la suscripción nacional y su palacio episcopal a Franco que lo utilizó de Cuartel General durante su estancia en Salamanca” (José María García de Tuñón Aza, Pla y Deniel el obispo de la cruzada, en el Catoblepas 115:9 (2011).

Por su parte, el cardenal Gomá, con el beneplácito de Franco, organizó en este mismo año 1936, una colecta entre los católicos españoles con el fin de reconstruir los templos y lugares de culto destruidos o saqueados en las zonas liberadas por el ejército nacional. Además de la aportación económica, la colecta suponía para el bando golpista una buena propaganda hacia los católicos europeos que, desde los estragos causados por la Legión Cóndor en Durango y Guernica, no estaban viendo con buenos ojos que se pretendiera cubrir “con una máscara de Guerra santa lo que, en realidad, estaba siendo una guerra de exterminio”.

franco-y-crucifijoPreocupado por esta mala imagen en el exterior, Franco se reunió en Burgos el 10 de mayo de 1937 con el cardenal Gomá para reclamar del episcopado español que pusiera “la verdad en su punto” y se la diera a conocer al episcopado mundial. A los pocos días, el cardenal, junto con el borrador de una carta, pedía a los obispos “leerlo con toda detención” y responder “cuanto antes” para “dar autorizadamente nuestro criterio sobre el movimiento nacional y, especialmente, reprimir y contrarrestar las opiniones y propagandas adversas que, hasta en un gran sector de prensa católica, han contribuido a formar en el extranjero una atmósfera totalmente adversa al mismo”. La carta, apoyada por todo el episcopado español, no fue, sin embargo, firmada por el cardenal de Tarragona, VIDAL I BARRAQUER, ni por el obispo de Vitoria, Mateo MÚGICA. Ambos tuvieron que emprender luego el camino del exilio.

La causa de la guerra, para esta Carta Colectiva, no fue el golpe de Estado. El motivo hay que buscarlo en los legisladores de 1931 y en el poder ejecutivo que “se empeñaron en torcer bruscamente la ruta de nuestra historia en un sentido totalmente contrario a la naturaleza y exigencias del espíritu nacional, y especialmente opuesto al sentido religioso predominante en el país”.

Alfonso ÁLVAREZ BOLADO, reconocido investigador del nacionalcatolicismo, destaca las tres limitaciones mayores que, a su juicio, afloran en este texto del episcopado: su trivialización del conflicto social latente, dada la tradicional vinculación de la jerarquía católica con las derechas políticas; su simplificación del problema vasco y su disimulo de la represión franquista, debido a su complicidad con el bando golpista (Jesús López Sáez, Memoria histórica. ¿Cruzada o locura, p 34).

Desde estos breves datos, resulta difícil no advertir complicidad entre la jerarquía católica y el bando militar franquista. Complicidad que se irá profundizando posteriormente en la gestión de la paz, impuesta con violencia, durante 40 años.
De la fusión a la utilización mutua. La tragedia no acabó con el final de la guerra. Decenas de miles de “rojos”, en virtud de la Causa General, fueron fusilados, presos, desaparecidos o exiliados. Durante casi 30 años -entre el Decreto del 26 de abril de 1940, que persigue “los hechos delictivos cometidos en todo el territorio nacional durante la dominación roja” y el Decreto-Ley 10/1969, que considera ya prescritos los delitos anteriores al 1 de abril de 1939- se sometió a la población vencida al silencio y a trabajos forzados, a la cárcel y la muerte.

franco-y-palioTampoco faltó la comedia, como en la introducción del general bajo palio en la Iglesia. El 20 de mayo de 1939, un día después del desfile de la victoria y en un acto cargado de simbolismo, Franco se acercó a la Iglesia de Santa Bárbara en Madrid para entregar su espada vencedora al Cristo de Lepanto. A la puerta lo recibe el obispo de la capital, Leopoldo EIJO Y GARAY, y le ofrece agua bendita en hisopo de plata. Luego, al son del himno nacional, es introducido en el templo y llevado bajo palio por miembros de su gobierno hasta el presbiterio, donde desenfunda su espada victoriosa y la ofrece al Santo Cristo. Inmediatamente después, cae de rodillas ante el cardenal Gomá, que lo bendice y ambos se funden en un abrazo. ¡Glorioso final para un sainete, si no fuera tan escandalosamente irreverente! La unión del trono y el altar en pocas ocasiones ha brillado con tanta magnificencia.

El abrazo final, con el que se cierra la estrecha colaboración durante la guerra civil, abre la puerta a la restauración típica de la confesionalidad del Estado durante el nacionalcatolicismo.

Así se declara oficialmente en dos documentos, de indudable valor, emanados durante la dictadura. El Foro de los Españoles del 17 de julio de 1945 donde se proclama que “La profesión y práctica de la Religión Católica, que es la del Estado Español, gozará de la protección oficial. Nadie será molestado por sus creencias ni el ejercicio privado de su culto. No se permitirán otras ceremonias ni manifestaciones externas que las de la Religión Católica” (art. 6º). Y esto mismo es ratificado posteriormente y de forma más solemne en el apartado II de la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento del 17 de mayo de 1958: “La Nación española considera timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación”. Esto por parte del Estado.

franco-tumbaPor parte de la Iglesia católica desde la clave meramente sociológica se puede concluir, siguiendo a Rafael DÍAZ-SALAZAR, que la fusión entre la cultura política del franquismo y la cultura religiosa del nacionalcatolicismo se apoyaron mutuamente y ambas salieron beneficiadas en sus propósitos. Las relaciones institucionales entre la iglesia y la dictadura, a pesar de los conflictos religiosos deslegitimadores en la década de los setenta, se legitimaron mutuamente; la percepción que un colectivo tenía del otro posibilitó que el régimen se sirviera políticamente de la religión como de “un factor básico” para construir y preservar su orden social, y la iglesia jerárquica para que religiosamente se sirviera de la política franquista como “soporte” de su proyecto de recatolización de España, roto por el proyecto laico de la II República; y estratégicamente, si el régimen franquista utilizó a la institución religiosa “para socializar y someter políticamente al pueblo”, la religión utilizó al poder político para la socialización religiosa del nacionalcatolicismo. (Rafael Díaz-Salazar, Nuevo socialismo y cristianos de izquierda, p.17 y ss.).

II. Desde los datos que iluminan el pasado al problema que oscurece el presente

El conflicto surgido en estos días a propósito de la exhumación de los restos de Franco de Cualgamuros y su inhumación en una sepultura privada en la cripta de la Almudena ha puesto en jaque al Gobierno y a la misma Iglesia. Se ha dicho que es una jugada maestra de la familia del dictador -a la que la sociedad española nada tiene que agradecer-. El Gobierno tiene la llave en sus manos, porque los intereses particulares siempre están sometidos a un bien mayor: el común y público, el respeto a las víctimas, la dignidad de la ciudadanía y de la democracia.

Y la Iglesia católica, ¿nada tiene que ver en este asunto? El cardenal arzobispo de Madrid -máximo responsable de la diócesis y de la catedral de la Almudena donde “hay una propiedad de Franco” y la familia quiere inhumar sus restos- se ha desentendido públicamente como si nada tuviera que ver en este asunto. Ante la reiterada pregunta de los medios, se ha limitado a repetir con pequeñas variantes los mismos argumentos: que “la Iglesia acoge a todas las personas”; que, “como cualquier cristiano (Franco) tiene derecho a enterrarse donde ellos (sus familiares) crean conveniente”; y que, en consecuencia, “no es un problema de la Iglesia, sino del Gobierno y de la familia”.

Con este tipo de evasiones, a mi juicio, se trivializa el problema, se absolutiza la propiedad privada, y se acaba normalizando cristianamente al dictador.

1ª Se trivializa el problema cuando se afirma que en la inhumación del dictador en la Almudena nada tiene que ver la Iglesia. Yo más bien creo que, como propietaria, la iglesia tiene mucho que decir. Y no solo contra la supuesta identidad cristiana de Franco, ni por la división que este asunto está causando ya entre los fieles católicos. De mayor peso es el “escándalo público” que dará al mundo la Iglesia católica al estar custodiando en su recinto los huesos de un sujeto que, además de los crímenes de lesa humanidad de los que es responsable, representa justamente valores contrarios a la democracia y a la reconciliación que ella misma predica. No se puede trivializar de este modo un tema tan grave que cae bajo la fortísima denuncia del escándalo que hacen todas las versiones del Evangelio (Mc 9). Desentenderse de él supone pérdida de memoria, sacrilegio y hasta el desprecio por las víctimas -muchas de ellas católicas: seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas-. La jerarquía católica haría bien en aprovechar este momento para hacer justicia y reconciliarse con la verdad de la historia.

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2ª En segundo lugar, se está absolutizando la propiedad privada contra la Doctrina Social que la Iglesia oficialmente profesa. Una línea bien importante de la argumentación del arzobispo Osoro se apoya tácitamente sobre el carácter absoluto de la propiedad privada. ¿Qué puede decir la Doctrina Social de la Iglesia al respecto?

La respuesta es contundente y clara. Desde los Santos Padres, pasando por Santo Tomás y la escolástica hasta llegar al siglo XX -con la Gaudium et Spes del Vaticano II-, mayoritariamente diría que se trata de una postura desafortunada y en nada acorde con la tradición mantenido durante siglos. Cuando hay litigio entre el interés común y el particular la suerte cae sobre el primero; cuando se trata de la alternativa entre el destino común de los bienes y la propiedad privada la opción es siempre en favor de la primera alternativa.

Una tumba en propiedad en la Almudena es evidente que tiene unos derechos. Pero, por estar enclavada en un espacio público (iglesia con culto público), estos derechos están supeditados a otros de mayor rango, los comunes y universales. Los clásicos, refiriéndose a los derechos que acompañan a la propiedad privada, afirman rotundamente que no son “exigidos por la naturaleza ni por la ley de Dios”, sino que nacen del derecho positivo o “ad gentes” (como los llama Santo Tomás). Y, en consecuencia, serán legítimos siempre que respeten y respondan al destino originario de los bienes “que es común a todos”.

Por si no fuera suficiente, la doctrina Social de la Iglesia, siguiendo a los clásicos, todavía pone en manos del cardenal Osoro otra herramienta importante. Se trata de la “epikeia” o la capacidad hermenéutica que el legislador deja al buen criterio del intérprete para liberarse del dominio de la letra -cuando la gravedad del caso o el interés público lo requieren- y ser más fiel al espíritu de la ley.

3ª Normalización cristiana del dictador. Visto objetivamente, “por sus frutos los conoceréis” (Mt 7,16), Franco no puede ser tratado “como cualquier cristiano”. No se puede normalizar cristianamente la conducta de un general golpista; que desencadenó un guerra fratricida contra la legalidad establecida en la que murieron violentamente cientos de miles de personas; que, finalizada la guerra, siguió con las ejecuciones de los vencidos, las desapariciones y expulsiones; que, fruto del odio, sembró el terror y el genocidio durante 40 años de dictadura. Quien así actuó no fue un cristiano normal, por más que estuviera bautizado, entrara bajo palio en las iglesias, y convirtieran su guerra en un “cruzada”.

La conducta de una figura así es justamente la contraria de la moral cristiana. Los primeros seguidores de Jesús de Nazaret entendieron perfectamente que el mandato que de él habían recibido no era la imposición por la práctica sistemática de la violencia. Muchos de ellos perdieron la vida por negarse a integrar las legiones del Emperador. Entendieron perfectamente que lo de Jesús era justamente lo contrario, el amor convivencial del que son testigos los evangelios: “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros; igual que yo os he amado, también vosotros amaos unos a otros” (Jn 13, 34). Un amor que llega hasta los mismos enemigos: “A vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian” (Lc 6,27).

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Hilari Raguer: “Hay un franquismo vergonzante enquistado en la sociedad y en la Iglesia españolas”

Miércoles, 24 de octubre de 2018
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30308834457_b1599f0dc1_zDesde luego que la caída del caballo del Franquismo al independentismo ha sido que ser durísima… Leído en su blog

“En España hemos tenido casi cuarenta años de escuela franquista, y han dejado huella”

“Menéndez-Reigada y Enrique Herrera exultarían desde sus sepulcros al ver el nuevo trono de Franco”

“Entrerrar a Franco en la Almudena sería cambiar un mausoleo por otro también solemne, oficial y más a domicilio de los fanáticos”

José Arregi ¿Franco en la catedral de La Almudena?

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(Hilari Raguer osb historiador).- Es un hecho, nos guste o no, que hay un franquismo vergonzante enquistado en la sociedad española, y de paso en la Iglesia española. Las condenas públicas en la constitución y la legislación no han podido exterminarlo del todo y poner de veras España en la línea de los estados plenamente democráticos que han proscrito el nazismo y el fascismo derrotados en 1945 y prohibido el enaltecimiento de sus caudillos.

Maurice Duverger, que fue mi profesor de ciencias políticas en un curso de doctorado en la Sorbona en 1960-1961 (y cuyas obras hizo editar y comentaba en Barcelona el profesor Manuel Jiménez de Parga, para que sus alumnos supieran cómo funciona una democracia, por si algún día la alcanzábamos), decía que las ideas políticas que difícilmente se cambiarán en el resto de la vida nos las inculcan en la escuela primaria hablando de la historia nacional, porque es entonces cuando se nos dice quiénes son los buenos y quiénes los malos. Esto, en Francia, donde hay una potente escuela republicana y apenas tentaciones fascistoides. En España hemos tenido casi cuarenta años de escuela franquista, y han dejado huella.

catecismo-patrioticoEjemplos contundentes del nacionalcatolicismo que imperaba en la escuela franquista son el Catecismo patriótico español de Menéndez-Reigada (1938, reeditado por Península, Barcelona 2003) y España es mi madre, de Enrique Herrera Oria S.J. (1938, reeditado también por Península, Barcelona 2008; ambos con prólogo mío).

La imposición de semejantes libros de texto iba acompañada de la campaña de depuración de maestros y profesores, iniciada por el ministro de Educación Pedro Sáinz Rodríguez, para borrar la obra educativa de la República. Menéndez-Reigada y Herrera Oria canonizan a Franco en vida e identifican el deber de amar a la patria, enseñanza tradicional de la Iglesia, con el amor a Franco y la obediencia a su régimen dictatorial.

Franco – dice Menéndez-Reigada – es “como la encarnación de la patria y ha recibido de Dios el poder de gobernarnos”. Ambos autores describen una historia de España delirante, que culmina en la cruzada. La obra de Herrera Oria es muy extensa; su libro quinto lleva el título de Mueran los traidores. ¡Arriba España!

espana-es-mi-madreEspaña – dice- es algo muy grande; si algunos extranjeros hablan mal de ella es por envidia. El castellano “habrá de ser la lengua de la civilización del futuro, porque el inglés y el francés, que podrían compartir esta función, son lenguas tan desgastadas que se encuentran al borde de su disolución completa”.

En esta cuestión ambas obras, tan patrioteras y pretendidamente españolísimas, imitan el catecismo de Napoleón, que inculcaba a los niños franceses el amor a Napoleón y la obligación en conciencia de obedecerle, pagar los impuestos y prestar el servicio militar, e imponía la celebración obligatoria de san Napoleón el 15 de agosto, suplantando nada menos que la solemnidad de la Asunción.

La Iglesia española se ha mostrado muy prudente al admitir que Franco sea exhumado del Valle, pero no lo sería tanto si lo deja enterrar en la Almudena, sobre todo si no es en un nicho corriente sino en un monumento. Sería cambiar un mausoleo por otro también solemne, oficial y más a domicilio de los fanáticos. Menéndez-Reigada y Enrique Herrera exultarían desde sus sepulcros al ver el nuevo trono de Franco.

Fuente Religión Digital

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