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Las órdenes religiosas que regentaron el Patronato franquista de Protección a la Mujer pedirán perdón a sus miles de víctimas

miércoles, 21 de mayo de 2025
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Reformatorio de las Oblatas de Alaquàs en 1966 (Archivo personal de María Palau)

«Por fin se enterará toda España«: Consuelo García del Cid Guerra

La Conferencia Española de Religiosos (Confer) de España celebrará el próximo 9 de junio un acto de «reconocimiento y petición de perdón a las supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer«. Será a las 18.30 en la Fundación Pablo VI de Madrid

Esta institución, entre 1941 y 1985, encerraba en centros regentados por congregaciones religiosas a jóvenes que no habían cometido ningún delito, «Excepto pensar por sí mismas o proceder de familias desfavorecidas, ser huérfanas o pobres«

Perseguía «la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para prevenir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica»

«Era un sistema penitenciario oculto para menores de edad«, resume Consuelo García del Cid Guerra(Barcelona, 1958), al hablar de un organismo que actuaba sobre niñas y adolescentes de entre 16 y 25 años que transgredían el modelo único de mujer impuesto por el franquismo

(elDiario.es).– Hace catorce años que Consuelo García del Cid Guerra (Barcelona, 1958) dedica las 24 horas de sus días a investigar y denunciar la existencia del Patronato de Protección a la Mujer. “Me robó media vida y la otra media la he dedicado a contar lo que allí nos hicieron, para que se sepa y sobre todo para que no se repita. Ha sido dificilísimo, hubo momentos en que estuve a punto de tirar la toalla”. Pero no lo hizo. Y aquella adolescente de 17 años, a la que privaron de libertad –sin juicio, sin sentencia, sin condena– en varios reformatorios, ha cumplido la promesa que le hizo a sus compañeras: “El día que yo me despedí les dije ‘Os juro que, aunque pasen 40 años, yo seré escritora y España entera se va a enterar de lo que nos han hecho’”.

En 2020 ya exigía “un perdón público” por lo que ocurrió en esta institución franquistaque entre 1941 y 1985 encerraba en centros regentados por congregaciones religiosas a jóvenes que no habían cometido ningún delito. “Excepto pensar por sí mismas o proceder de familias desfavorecidas, ser huérfanas o pobres”, decía Consuelo, que inmediatamente después añadía: En España esto es impensable. Yo creo que me moriré sin ver ese perdón”.

Consuelo se equivocaba. A sus 66 años, va a recibir la petición de perdónde las órdenes religiosas femeninas que regentaron los centros donde se internó a miles y miles de niñas y adolescentes como ella. Hasta ahora, nunca nadie se había disculpado.

La Conferencia Española de Religiosos (Confer), institución que agrupa a las congregaciones religiosas en España, celebrará el próximo 9 de junio un acto de “reconocimiento y petición de perdón a las supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer. Será a las 18.30 en la Fundación Pablo VI de Madrid, según se ha anunciado después de que las religiosas suspendieran la anterior fecha con motivo del fallecimiento del papa Francisco.

IMG_1270Por fin se enterará toda España. Es el triunfo y la victoria de tantos años de lucha, asegura Consuelo García del Cid Guerra. A ella la internaron en esta institución que, según su decreto fundacional de 1941, perseguía “la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para prevenir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica”. “Era un sistema penitenciario oculto para menores de edad, resume al hablar de un organismo que actuaba sobre niñas y adolescentes de entre 16 y 25 años que transgredían el modelo único de mujer impuesto por el franquismo.

Así era, al menos, sobre el papel. La realidad era distinta. A Consuelo la encerraron con 15 años. Había empezado a manifestarse contra el régimen y sospecha que su familia, de la burguesía barcelonesa, contrató a alguien para que la siguiera. “Un día, muy temprano, se abrió la puerta de mi habitación. Entraron mi madre y el médico de la familia, que era del Opus Dei. Me dijeron que me iban a poner una vacuna contra la gripe”. Despertó en una habitación desconocida. En el interior, una cama, un crucifijo y su maleta repleta de ropa para distintas estaciones. Tras los barrotes de la ventana, el exterior: “Me asomé y vi que la matrícula de todos los coches era M, M, M, M”. Estaba en el reformatorio de las Adoratrices de la calle Padre Damián, 52. Estaba en Madrid. Era 1975.

Trabajos forzados, internamientos psiquiátricos y test ginecológicos

Unos años antes, Mariona Roca Tort (Barcelona, 1952) había sido encerrada en el mismo centro, denunciada por sus progenitores por “fuga del hogar paterno. Tenía 17 años y, durante su internamiento, fue obligada a confeccionar abrigos que, les decían, eran vendidos a El Corte Inglés. Nunca le pagaron por su trabajo. Su internamiento no acabó tras los muros del Patronato de Protección a la Mujer. Para rebelarse contra su destino, dejó de comer. Entonces, la ingresaron en la clínica psiquiátrica San Miguel.

Aquellas que osaban sublevarse contra la estricta disciplina del reformatorio o quienes eran pilladas manifestando “comportamientos homosexuales u otras anomalías de orden mental” eran trasladadas a un psiquiátrico. En la mayoría de los casos, a Ciempozuelos o al de Arévalo, en Ávila. Querían que lo que no había acabado de hacer el Patronato, lo consiguiera la psiquiatría, remarca Mariona. Para prevenir las pérdidas de memoria provocadas por los electroshocks y los shocks de insulina, comenzó a escribir en un diario. El 9 de julio anotó: Postal del tiet Antoni. Visita con el Doctor Vallejo Nájera.

«El cura del pueblo de María Forns empujó a sus padres a encerrarla en uno de estos centros, pero antes abuso sexualmente de ella y, más tarde, se dedicó a extender el rumor de que la habían internado por ser una enferma mental»

Mariona forma parte del Grup de Suport a les Represaliades pel Patronato, en el que comparte espacios y activismo con otra superviviente del organismo, Maria Forns Roca (les Franqueses, Barcelona, 1956). En 1972, con 16 años, fue confinada en un centro de las Adoratrices en Barcelona, que a día de hoy continúa en manos de la congregación. Con el tiempo ha descubierto que el cura de su pueblo empujó a sus padres a encerrarla, después de que Maria se alejara de su manto protector. Antes de que la trasladaran al reformatorio, ejerció abuso de poder y sexual sobre ella y, más tarde, se dedicó a extender el rumor de que la habían internado por ser una enferma mental. En 2024, el obispo de Terrassa le entregó un documentó en el que reconoce los abusos y le pide disculpas en nombre de la Iglesia, mientras que el Ayuntamiento de les Franqueses ha iniciado los trámites para retirar póstumamente la medalla de honor que concedió al párroco en 2017.

IMG_1272Pilar Dasí Crespo (València, 1951) también estuvo encerrada con 19 años en un convento de las Religiosas Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que en la actualidad participan en diversos programas sociales de ayuda a mujeres vulnerables, actividades por las que desde 2021 han sido subvencionadas con fondos públicos que ascienden a 18 millones de euros, según comprobó elDiario.es. En su caso, el internamiento tuvo lugar entre 1970 y 1971 en dos reformatorios de la ciudad de València: Madre Sacramento, en la calle Hernán Cortés, y el Centro de Observación y Clasificación de la avenida del Puerto. Pilar nunca dejó de acudir a su puesto de trabajo como secretaria en una empresa de ascensores, aunque las monjas se quedaban con su salario.

Durante décadas, había borrado de su memoria una imagen que ahora se le presenta de forma recurrente: “Estoy tumbada sobre la mesa del despacho de mi jefe. Un hombre mirando mi coño ante la mirada de otro hombre. Me hicieron una prueba de virginidad. Eso sí eran malas costumbres, degradación y maldad hacia las mujeres”. A pesar de que era habitual que se practicaran exámenes ginecológicos a las internas para averiguar si estaban “completas” o “incompletas, en la escasa página que compone el expediente de Pilar –que ha conseguido encontrar hace apenas unas semanas– no consta este episodio, que ella describe comocruel, humillante y peligroso; obsceno. No consta casi nada, en realidad. Quien escribiera aquellas líneas consideró que aquella adolescente mostraba “una conducta irregular” al “desenvolverse en un ambiente quizá superior al que le corresponde socialmente”, llegaba “muy tarde a casa” y “trataba con chicos melenudos de la nueva ola”. Cuando Pilar lo cuenta hoy, afirma: “Me gustaba leer e ir al cine”.

Cruces con la lengua en el suelo y múltiples fugas

Otra de las congregaciones religiosas con mayor presencia en el Patronato de Protección a la Mujer fueron las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. En el orfanato Virgen del Perpetuo Socorro de Carabanchel, regentado por estas monjas, pasó Mariaje López Laderas (Getxo, 1957) cuatro años y medio de su recién estrenada vida: desde los ocho hasta los trece. Recuerda cómo la obligaban a desatrancar váteres con las manos, las horas de limpieza y trabajo ensobrando cromos de futbolistas y ciudades de plástico, las extrañas maneras de caminar de una compañera a la que restregaron ortigas en la entrepierna como castigo por mearse en la cama o las hasta 150 cruces que aquellas que hablaban en una fila o decían una palabrota eran obligadas a hacer en el suelo con la lengua.

Yo me he escapado de todos los reformatorios, sentencia orgullosa Paca Blanco Díaz (Madrid, 1949). Razón no le falta. La intentaron retener en las Adoratrices de Zamora, en el Centro de Observación y Clasificación de las Trinitarias de la calle Marqués de Urquijo de Madrid o en el Colegio Virgen de la Almudena de Collado-Villalba. Siempre encontraba la manera de fugarse. De este último, que describe como el más duro, huyó en dos ocasiones. La primera vez aprovechó una visita de Pilar Arechavaleta, fundadora de las Religiosas Misioneras de María Ianua Coeli, orden que dirigía el centro: “Para que yo me volviera más buena y más católica, me organizaron una entrevista con ella, junto con otra compañera que estaba encerrada porque la había violado su padre. Según como estábamos hablando con la fundadora, que estaba arrugaíta, cogí una silla, rompí el cristal de la sala y nos fuimos”.

IMG_1273Las pillaron y a Paca la encerraron en una celda de castigo en la que “no podías tumbarte ni ponerte de pie”. Cambió de estrategia y organizó una fuga con unas treinta compañeras. Pero, conforme se aproximaba la fecha marcada, algunas internas “empezaron a ponerse los rulos, a teñirse los pelos y lavarse la ropa que más les gustaba”. “Les dije que nos íbamos en ese mismo momento. Yo salí corriendo la primera y las demás me siguieron. Nos soltaron a los perros y a alguna la engancharon”, reconstruye. Cuando en 1968 se quedó embarazada la llevaron “al infierno”: el reformatorio para madres solteras y embarazadas Nuestra Señora de la Almudena, conocido como Peñagrande. Allí, Paca asegura que fue testigo de múltiples “tejemanejes” para el robo de bebés. Decidió escaparse, una vez más, cuando escuchó como una monja le espetaba a una parturienta que se quejaba de los dolores del parto: “Pecadora, reza. Tú te has buscado este sufrimiento, tienes que parir con dolor y luego a ver qué le dices a tu hijo”.

Suicidios y robo de bebés

Aunque a Paca el Patronato de Protección a la Mujer continuó vigilándola tras regresar a su casa, nunca consiguieron quitarle a su hija. Otras supervivientes no corrieron la misma suerte. Desde que en el verano de sus 13 años su tía la encerrara en las Oblatas de Alicante, Chelo Alfonso Femenía (Dénia, Alicante, 1960) pasó por un total de seis reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer. Entre ellos, el Santo Celo, popularmente conocido como la Casa del Pecado Mortal y en la actualidad propiedad de la Universidad Católica de València. Allí la trasladaron desde las Oblatas cuando estaba embarazada de tres meses. Dio a luz en la clínica La Cigüeña, donde la registraron con un nombre falso: Josefa Vives Mateu. Tras el parto, afirma que una monja le comunicó:Es un niño. Está bien”. Nunca lo vio. Lleva años buscándolo, remata.

«Cuando estaba a punto de cumplir los 15 años, a Loli la trasladaron a Peñagrande, donde dio a luz a su hija fruto de las violaciones de su progenitor. A su llegada, se enteró de que el día anterior una interna se había suicidado«

IMG_1274Yo siempre digo que no fui una niña robada, pero a mí me robaron a mi madre, repite sin descanso Patricia Morini Gozalbo (Madrid, 1971), nacida en la maternidad de Peñagrande. “Yo no tengo muy claros los tres primeros años de mi vida. A mi madre no hay forma de sacarle nada. No habla del tema, bajo ningún concepto”, lamenta Patricia, que descubrió, ya adulta, su verdadero lugar de nacimiento. Con la llegada de Internet, creó una web y aprovechó las redes sociales para poner en contacto a hijos adoptivos que desconocían sus orígenes y madres que buscaban a sus criaturas. De hecho, fue ella, junto con María García, fundadora de Isadora Duncan –asociación de madres solteras creada en 1989– quien facilitó una gran cantidad de documentación a Consuelo García del Cid Guerra y la animó a escribir su primer libro, Las desterradas hijas de Eva.

Con toda la información recopilada, Consuelo comenzó a escuchar los testimonios de otras supervivientes. Recuerda a la perfección la primera entrevista: “Era por la noche. Hablábamos en voz bajita, para que no nos escucharan en nuestras casas. Cuando terminamos, abrí la ventana. Fuera nevaba, porque yo entonces vivía en Salzburgo (Austria). Empecé a gritar y solté todo lo que llevaba tanto tiempo dentro”. Al otro lado de la línea, Loli Gómez Benito (Torrelavega, Cantabria, 1966) la había hecho partícipe de su historia. Cuando estaba a punto de cumplir los 15 años, la trasladaron a Peñagrande, donde dio a luz a su hija, fruto de las continuas violaciones de su progenitor. A su llegada, se enteró de que el día anterior una interna se había suicidado. Meses después del parto, las Cruzadas Evangélicas, orden secular a cargo de este y otros centros del Patronato que todavía no ha confirmado su presencia en el acto del 9 de junio, autorizaron la salida de Loli para pasar la Semana Santa con su padre. Volvió a violarla. Volvió a quedarse embarazada. Nadie preguntó. No hacía falta.

IMG_1271Presionada, firmó los papeles que autorizaban la adopción de sus bebés. Pero puso una condición: que no les separaran. Respetaron su voluntad. Loli permaneció en Peñagrande hasta el desmantelamiento del centro en 1983. Desde dos años antes, se venía produciendo un cambio en la gestión del organismo –pasó de depender del Ministerio de Justicia a los gobiernos autonómicos– que fue imperceptible para las muchachas tuteladas por la institución. Entonces ni siquiera fueron conscientes, pero hoy saben que el traspaso de funciones a la Xunta de Galicia fue firmado por José Elías Díaz García y Mariano Rajoy Brey, como secretarios de la Comisión Mixta.

En 1985, se anunció la disolución definitiva del Patronato de Protección a la Mujer. Franco llevaba muerto y enterrado –con honores– diez años. Una década en la que nada había cambiado para los miles de niñas y adolescentes que seguían encerradas en reformatorios por haber cometido un pecado. Consuelo García del Cid Guerra tiene muy claro que el Acto de Reconocimiento y petición de Perdón a las Supervivientes no es un punto y final, sino que “es el principio; una brecha en el muro de silencio con el que llevamos años chocándonos”. Ella, sostiene, no va a parar hasta conseguir la reparación por parte del Estado que merecen sus compañeras: “Por mis hermanas. Por las que aún no se han atrevido a contarlo. Por las que nos han dejado en mitad de la lucha”. Y por Consuelo, también por Consuelo.

Fuente Religión Digital

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Nacional-Catolicismo: Represión homosexual durante el Franquismo

jueves, 4 de mayo de 2023
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f.elconfidencial.com_original_9ff_47e_6fa_9ff47e6fa9dd642b14384cdcaf64afdbPor Zoraida Jaime González

octubre 20, 2021

La conceptualización del homosexual como estigma y sujeto peligroso se aborda en las primeras décadas del siglo XX de la mano de importantes criminólogos, médicos y psiquiatras, que investigaban con métodos científicos el origen de esa “inversión sexual” y sus causas, y con ellas trataban de hallar una solución, fundamentalmente médica, para extirpar al responsable. Existían estudios criminológicos, como el de Constantino Bernaldo de Quirós, que vinculaba de forma explícita la prostitución y la homosexualidad a la peligrosidad social.

La figura más importante fue el médico y científico Gregorio Marañón, quien en su obra La evolución de la sexualidad y los estados intersexuales de la especie humana, publicada en 1929, escribió que no era cuestionable que los hombres y las mujeres homosexuales siguieran su instinto sexual de la misma manera que lo hacían los heterosexuales. Además, defendía que el aparato legal no debería de ocuparse de la homosexualidad, en primer lugar, porque se les eximía de culpabilidad a los homosexuales y, en segundo lugar, porque la desviación del instinto no debía de castigarse, sino ser tratada como asunto médico, ya que por esa desviación era diagnosticada como enfermedad (Mora Gaspar, 2019: 41).

Se constata que, en el marco de la República, sobre todo en los círculos intelectuales de la izquierda política, existió una progresiva tolerancia frente a la homosexualidad, que no llegó a garantizar la total normalización de las relaciones homoafectivas, pero sí colaboró a la visibilización del fenómeno coadyuvada particularmente por las vanguardias artísticas y la estética sexualmente ambigua del modernismo (Terradillos Basoco, 2020: 91).

Sin embargo, el ambiente de cierta tolerancia y libertad que se respiraba en los años de la Segunda República tuvo su fin tras la sublevación  o el “Alzamiento” del 18 de julio, que dio lugar a una sanguinaria contienda fratricida que duró desde 1936 hasta 1939 con la victoria del bando franquista en todo el territorio y abriendo paso a una de las etapas más oscuras de nuestra Historia reciente.

Franco-palio_2055704484_12003768_667x375La figura que, a partir de entonces, gobernó de manera autoritaria durante cuatro décadas fue Francisco Franco. La dictadura contó desde el primer momento con el máximo apoyo consensuado entre los tres pilares básicos que sustentaron el régimen durante toda su existencia. Una alianza articulada básicamente entre el Ejército, la Falange y la Iglesia Católica. Dicha tríada ofrece fidelidad a Franco y a sus políticas de antidemocracia y conservadurismo.

El estilo agresivo de la Falange y la moral tradicional de la Iglesia Católica se unieron para dar forma al esquema político-ideológico de la dictadura designado como “nacionalcatolicismo”. Así, los eclesiásticos, junto con las fuerzas armadas, obtienen el monopolio del poder, sobre todo en el ámbito educativo, utilizado como un instrumento crucial para “recatolizar” España. Así, toda la legislación laica sobre educación de la Segunda República fue revertida y sustituida por una legislación ultracatólica. La religión católica no sólo se hizo dueña de la enseñanza, sino que lo inundó absolutamente todo: las costumbres, la administración e incluso optaron a puestos políticos.

Entre los principales argumentos más extendidos por la moral religiosa se encontraba la idea de la familia tradicional como unidad esencial de la sociedad española. Una familia compuesta por un matrimonio patriarcal e indisoluble en la cual el hombre es el trabajador que sustenta a la familia, y la mujer se convierte en una herramienta de control del varón obligada a mantenerse en casa como una esclava al cuidado del marido y de los hijos. En este sentido, se desarrolla una política pronatalista orientada a la reproducción de familias y a la creación de súbditos para el régimen, que heredarán los principios ideológicos de la dictadura.

Debido a esta política pronatalista, determinadas medidas emprendidas por la II República tales como la aprobación del aborto y el divorcio fueron derogadas. En su lugar, se establecieron disposiciones legales para la defensa de la familia numerosa con la aprobación de un subsidio, cuya cuantía aumentaba en función del número de hijos nacidos dentro del matrimonio (Jurado Marín, 2014: 60-61). Por tanto, era inconcebible que los homosexuales tuviesen la oportunidad de formar una familia.

Como hemos comentado anteriormente, las mujeres españolas debían de asumir el papel de buenas amas de casa, esposas y madres. Para ello, no faltaron organizaciones y medios propagandísticos destinados al adoctrinamiento y a la educación de la mujer en los valores tradicionales, como lo fueron las Guías de la buena esposa, difundidas a partir de 1953. También tuvo un gran protagonismo la Sección Femenina.

Se creó también en 1941 el Patronato de Protección a la Mujer para regenerar a las mujeres descarriadas: delincuentes, mendigas, escapadas de casa, madres solteras, etc, quienes eran recluidas en centros dependientes del Patronato. Pero en el otro extremo, la dictadura castigaba brutalmente a estas mujeres “rojas”, que se convertían en objeto de escarnio público cuando eran paseadas en ropa interior con la cabeza rapada, y que eran encarceladas en la multitud de cárceles para mujeres donde fueron torturadas, obligadas a beber aceite de ricino lo cual causaba una gran molestia en el estómago, acosadas sexualmente, humilladas e incluso fusiladas.

7F1DC41D-EF00-438C-8EE3-CAC26328F45DFotograma de la película propagandística Rojo y negro (1942) en la que un soldado de uniforme porta la bandera falangista. Imagen: CEPICSA.

Esta cruda realidad se construyó sobre la base del machismo orgánico, una estructura ideológica y misógina que ensalzaba la virilidad y la masculinidad que no sólo se encontraba en los discursos políticos, sino que se difundió a través de la propaganda oficial en todas las esferas públicas. Por tanto, esta estructura que degradaba el status de las mujeres y de la feminidad puso en el punto de mira a aquellos varones que tenían un aspecto y una conducta afeminada, con especial atención al invertido, que se convertía en enemigo interno. Así, los hombres tenían que evitar amaneramientos y modular la voz haciendo predominar los tonos graves.

Cautelas similares se observaban respecto a los códigos de vestimenta, que obligaban a los hombres a llevar chaqueta y corbata, pudiendo ser multados si no vestían como un verdadero varón. Como hemos podido observar, el binarismo de género se convirtió en un elemento muy útil y explotable por la peroración franquista, que se construyó a partir de opuestos absolutos (Mora Gaspar, 2019: 40).

Estudios científicos y construcción ideológica acerca del homosexual

Debemos recordar la connivencia establecida entre la Iglesia Católica y la dictadura, a cuya comunión se unieron los psiquiatras y las instituciones jurídicas adheridas a la causa nacional. Cada una de estas instituciones colaboraron entre ellas en la fabricación de una ideología que sirvió al franquismo para justificar sus actos represivos y perpetuar su dominio. Los psiquiatras y psicólogos que se entregaron al sistema franquista realizaron una serie de estudios sobre la homosexualidad que contribuyó al argumento legitimante de la eliminación del enemigo político como personaje incompatible con el nuevo orden, por lo que no dudaron en etiquetar al homosexual de enfermo en unas ocasiones y de psicópata en otras (Terradillos Basoco, 2020: 71-74). Así, estos profesionales crearon conceptos y criterios sin un verdadero fundamento científico, los cuales se incrustaron en las normas de costumbre e inspiraron las leyes posteriores, las cuales calificaban y delimitaban las “anormalidades” de ciertas conductas.

7270CD35-2EC9-4C2F-AE08-8CDC8DB97059El psicópata Antonio Vallejo-Nájera

El principal psiquiatra del régimen que construyó este entramado ideológico fue Antonio Vallejo-Nájera, quien nada más estallar la Guerra civil se adhirió al bando franquista, y posteriormente se convirtió en el psiquiatra oficial del régimen. En la primera de sus obras más importantes, Higiene de la raza. La asexualización de los psicópatas (1934), ya desdeñaba de la siguiente manera: “aterra el estudio de estos casos monstruosos, infanticidas, violadores, homosexuales y pervertidos de todas las categorías, de manera que pierde poco la sociedad en privar del derecho a la paternidad a tales desechos de presidio” (Ramírez Pérez, 2018: 143).

Fue más allá en 1944 cuando publicó Psicología de los sexos, donde advirtió de los peligros patológicos de apartarse de los roles de género establecidos. Defendía que el destino biológico del género era uno e inmutable, que estaba ligado de manera esencial al sexo asignado al nacer, por lo que todo aquel que se salía de esa categoría de identidad, sería una desviación peligrosa que haría caer a los hombres y a las mujeres en el terreno de la perversión e inversión de los instintos. En tesis como estas, el psiquiatra dispuso claramente que los homosexuales quedaban definidos por su condición personal: la perversión, lo cual les convierte en sujetos peligrosos que deben ser castigados por la ley y no por la medicina (Terradillos Basoco: 69-70).

Su predecesor en dichas investigaciones fue el Catedrático de Medicina Legal y de Psiquiatría de la Universidad de Zaragoza, Valentín Pérez Argilés, quien en 1959 publicó un Discurso sobre la homosexualidad, en un contexto de alarmante expansión homosexual. Argilés defendía también que la homosexualidad era una enfermedad, y además contagiosa, por lo que realizó innumerables estudios morfológicos, endocrinológicos y genéticos para poder aplicar la terapia más adecuada a una temprana edad.

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La noción de contagio renació de la mano de este famoso médico, por lo que su análisis convertía al homosexual en un sujeto muy peligroso que podía contaminar al resto de la sociedad, por lo que llegó a considerarse como un asunto de salud pública que debía ser resuelto por la jurisprudencia. Argilés defiende que hay que ayudar a los homosexuales a salir de su situación ignominiosa a través de la abstinencia, y para ello, se debe reprimir toda propaganda homosexual que pudiese llegar al país (Mora Gaspar: 43).

El Magistrado-Juez de los Tribunales de Vagos y Maleantes de Cataluña y Baleares, Antonio Sabater Tomás, dedicó buena parte de su carrera a explorar las causas de la peligrosidad homosexual y las posibilidades de mejora y refinamiento de sus condenas, lo cual expuso en su obra Gamberros, homosexuales, vagos y maleantes, publicado en 1962. Para él, el homosexual era aquella persona que no podía controlar sus instintos más profundos y ni siquiera quería domesticarlos, equiparándolo a un animal salvaje, ya que ese dominio de los impulsos era distintivo del ser humano.

Por tanto, Sabater Tomás propuso la idea de recrudecer la legislación preventiva contra la homosexualidad para que garantice la total separación de los homosexuales no sólo de la sociedad, sino del resto de presos, debido a la consideración del carácter contaminante de la homosexualidad, lo cual será aplicado en la ley de 1970. Luis Vivas Marzal, presidente de la Audiencia Provincial de Valencia, pronunció el discurso donde exponía que concordaba con Sabater Tomás en que la ley existente de Vagos y Maleantes quedó obsoleta, con lo que una nueva ley debía actuar con firmeza (2019: 43-44).

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Montaje fotográfico realizado en la Central de Observación de la Dirección de Prisiones, donde se estudiaba y calisificaba a los reclusos. Imagen: Tusquets.

El inicio de la represión de las disidencias sexuales

Desde 1939 hasta 1954, no existió aún una ley que persiguiese específicamente a los homosexuales, pero el régimen sí que se valió de otras leyes y otros medios para castigar a aquellos que fuesen sospechosos. En 1944, se llevó a cabo la reforma del Código Penal de 1932, en la cual su artículo 431 no hacía alusión a la homosexualidad, pero incurrían penas para aquellos que cometiesen delitos de escándalo público, por lo que los actos homosexuales se consideraron delitos cuando salían del ámbito privado y tenían repercusión social. Por tanto, bastaba una delación de un vecino o conocido para que un homosexual fuera procesado, aunque realmente se hubiera realizado en privado, pero hubiese sido conocido de manera directa o indirecta. Por tanto, la legislación no castigó conductas específicas, sino que defendió a la sociedad contra comportamientos individuales considerados peligrosos (Ramírez Pérez, 2018: 136).

Otro instrumento que aprovecharon las autoridades franquistas para castigar a los homosexuales fue la Ley de Vagos y Maleantes de 1933, que, aunque la ley no establecía aún la homosexualidad como delito, fue a comienzos de los cuarenta cuando los jueces comenzaron a utilizarla para reprimir lo que se denominó en la época las “desviaciones sexuales”, ya que su texto, como hemos comentado con anterioridad, establecía medidas de control, seguridad y prevención contra aquellos sectores marginales que practicaban actividades moralmente reprobables (Jurado Marín, 2014: 64-66). Leer más…

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Disidentes sexuales en el franquismo: «duele que la iglesia vuelva al discurso de la enfermedad» .

martes, 4 de marzo de 2014
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Antonio-Gutierrez-Dorado-Sevilla-Serrano_EDIIMA20140228_0308_5Antonio Gutiérrez Dorado, frente a la antigua cárcel de Sevilla. / Foto: Luis Serrano.

Leemos en El Diario:

Arranca el proyecto de investigación La represión de la disidencia sexual en Andalucía durante el franquismo y la transición, coordinado desde la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla.

La homosexualidad sufrió persecución política y social durante décadas e, incluso, la aplicación de supuestos criterios médicos para facilitar su cura.

Testimonios traen un contexto marcado por la moral impuesta desde la iglesia católica, teorías nazis y condenas a prisión, torturas, violaciones, prostitución, electroshock, lobotomías… con nombres propios como Vallejo-Nájera, López Ibor y Carrero Blanco.

Detenciones, torturas, condenas a prisión, violaciones, trabajos forzados… La homosexualidad sumida en la discriminación política y social impulsada por el Estado. La memoria histórica de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) tiene cicatrices que van de la violencia física al intento de cura de una supuesta enfermedad. Para recuperar la lucha y el padecimiento de la comunidad homosexual, arranca el proyecto de investigación La represión de la disidencia sexual en Andalucía durante el franquismo y la transición.

«A la mariquita se la detenía, se la humillaba, era un pogromo franquista». Antonio Gutiérrez Dorado, vicepresidente de la asociación de Expresos Sociales, y José Antonio Campillo, presidente de la asociación Adriano Antinoo, aportan vivencias personales y el relato represivo. Historias de vida y entrevistas son la base de un estudio que coordinan los profesores de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla María Marco y Rafael Cáceres y analizará documentación registrada en informes policiales, carcelarios y de centros psiquiátricos.

Ahí surgen, de manera recurrente, nombres asociados a siniestros estudios fundamentados en teorías médicas de carácter nazi: Juan José López Ibor y Antonio Vallejo-Nájera. Fundadores de la Sociedad Española de Psiquiatría, pretendían demostrar la degeneración de la «raza española» a resultas de la República y la tara mental que suponía el marxismo. Al más puro estilo de Heinrich Himmler y el nacionalsocialismo alemán.

«La normalización de la homosexualidad está lejos»

El proyecto, financiado por la dirección general de Memoria Democrática de la Consejería de Administración Local y Relaciones Institucionales de la Junta de Andalucía, cuenta con un equipo integrado por investigadores del ámbito de la psicología, la antropología, el trabajo social y la sociología de las universidades de Sevilla y Barcelona, además de la UPO. Colabora, además, el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA) de CGT.

Es, según María Marco, un estudio necesario que busca «voces para dignificar la memoria de quienes no están en muchos procesos de investigación ni de reparación». Habrá, para ello, «revisión de los textos de López Ibor y Vallejo-Nájera y de todo lo que encontremos, que no será todo lo que debe haber». Interesan, explica Rafael Cáceres de su parte, informes de «psiquiátricos o cuarteles, que eran lugares donde la virilidad se enfrentaba a comportamientos que se consideraban inmorales». También el archivo de la cárcel de Huelva que, como la prisión de Badajoz (Extremadura), «se especializó en la recuperación de homosexuales».

Presentacion-proyecto-Foto-Luis-Serrano_EDIIMA20140228_0309_6Presentación del proyecto. / Foto: Luis Serrano.

Un análisis, en suma, del contexto socio histórico de una represión –la ley de vagos y maleantes de 1933 fue modificada para incluir la homosexualidad en 1954 y se derogó en 1970– que continuó «tras la muerte de Franco». «La normalización de la homosexualidad está muy lejos de llegar», entiende Cáceres, que percibe una homofobia «fuertemente arraigada«. Aunque en 2014 se cumplen 35 años de la despenalización de la homosexualidad, como recuerda Gutiérrez Dorado, activista del movimiento LGTB desde los años 70 y que habla de la aplicación durante el franquismo de «una ideología justificadora del odio al homosexual» relacionada con el «control moral de la sociedad» impuesto por la iglesia.

«La iglesia católica tiene contraída una deuda con los colectivos homosexuales por su implicación directa en la represión», por eso, prosigue, «nos duele que la iglesia vuelva ahora al discurso de la enfermedad». La asociación de expresos no descarta, en este sentido, acudir «al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, como le estamos exponiendo al nuncio (representante del Vaticano en España)», el italiano Renzo Fratini.

«La maricona mayor del reino»

Su testimonio trae escenas en que, «en los años 40 y 50, a los homosexuales se les rapaba, les daban aceite de ricino y los paseaban por el pueblo en carro». No se detuvo ahí el castigo: «15 días de calabozo sólo por detenerte, condenas a trabajos forzados, torturas y violaciones en comisarías, terapias agresivas como electroshock, redes de prostitución, se hicieron lobotomías en Carabanchel…«. Relatos crudos y nombre propio de la ignominia a partir de los 60: Luis Carrero Blanco y la ley de Peligrosidad Social.

Usaban «conceptos seudocientíficos, nazis». Clasificaban al homosexual en activos, pasivos, congénitos y no congénitos. Un peligro que no ha pasado. «Vemos el caso de Rusia, con ataques e incluso muertes, y cómo en Ucrania esto está pasando ahora también«. La homofobia no conoce fronteras, aunque en 2011 la Organización de las Naciones Unidas instó a la comunidad internacional a la despenalización de la homosexualidad y la Organización Mundial de la Salud la desclasificó como enfermedad en 1990.

Dice Dorado que España vive «una contrarreforma contra la libertad sexual» que casa luchas conjuntas: «la de LGTB y la de la mujer». «Intentamos desmontar una sociedad patriarcal que quiere una mujer bajo el amparo del macho y que el homosexual vuelva al armario«. Es, en palabras de José Antonio Campillo, «la batalla por la igualdad y la no discriminación, por visualizar esta historia» y la «represión atroz» desde la infancia.

Narra Campillo cómo en su pueblo «había tres maricones oficiales, Manolito el del Carbón, un transexual que pintaba las fachadas con cal y una mujer que le decían Lola la Loca». La exclusión social los marcó de por vida, una estigmatización que al propio presidente de Antinoo le llevó en un momento dado a buscar una solución: «Fui a ver a un cura que decían curaba con telepatía y le conté mi problema, que era un enfermo. Se levantó, me puso las manos en la cabeza, sudó, jadeó y al rato me dijo que me fuera, que ya estaba curado». No fue así. Decidió proclamarse «la maricona mayor del reino» Juan Carlos de Borbón había sido coronado como rey de España. Poco después montó un bar de ambiente en la sevillana Alameda de Hércules que sufrió «denuncias y acoso de los fachas y de la policía«. Aún hoy sigue abierto.

Homofobia/ Transfobia., Iglesia Católica , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

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