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Las órdenes religiosas que regentaron el Patronato franquista de Protección a la Mujer pedirán perdón a sus miles de víctimas

miércoles, 21 de mayo de 2025
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Reformatorio de las Oblatas de Alaquàs en 1966 (Archivo personal de María Palau)

«Por fin se enterará toda España«: Consuelo García del Cid Guerra

La Conferencia Española de Religiosos (Confer) de España celebrará el próximo 9 de junio un acto de «reconocimiento y petición de perdón a las supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer«. Será a las 18.30 en la Fundación Pablo VI de Madrid

Esta institución, entre 1941 y 1985, encerraba en centros regentados por congregaciones religiosas a jóvenes que no habían cometido ningún delito, «Excepto pensar por sí mismas o proceder de familias desfavorecidas, ser huérfanas o pobres«

Perseguía «la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para prevenir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica»

«Era un sistema penitenciario oculto para menores de edad«, resume Consuelo García del Cid Guerra(Barcelona, 1958), al hablar de un organismo que actuaba sobre niñas y adolescentes de entre 16 y 25 años que transgredían el modelo único de mujer impuesto por el franquismo

(elDiario.es).– Hace catorce años que Consuelo García del Cid Guerra (Barcelona, 1958) dedica las 24 horas de sus días a investigar y denunciar la existencia del Patronato de Protección a la Mujer. “Me robó media vida y la otra media la he dedicado a contar lo que allí nos hicieron, para que se sepa y sobre todo para que no se repita. Ha sido dificilísimo, hubo momentos en que estuve a punto de tirar la toalla”. Pero no lo hizo. Y aquella adolescente de 17 años, a la que privaron de libertad –sin juicio, sin sentencia, sin condena– en varios reformatorios, ha cumplido la promesa que le hizo a sus compañeras: “El día que yo me despedí les dije ‘Os juro que, aunque pasen 40 años, yo seré escritora y España entera se va a enterar de lo que nos han hecho’”.

En 2020 ya exigía “un perdón público” por lo que ocurrió en esta institución franquistaque entre 1941 y 1985 encerraba en centros regentados por congregaciones religiosas a jóvenes que no habían cometido ningún delito. “Excepto pensar por sí mismas o proceder de familias desfavorecidas, ser huérfanas o pobres”, decía Consuelo, que inmediatamente después añadía: En España esto es impensable. Yo creo que me moriré sin ver ese perdón”.

Consuelo se equivocaba. A sus 66 años, va a recibir la petición de perdónde las órdenes religiosas femeninas que regentaron los centros donde se internó a miles y miles de niñas y adolescentes como ella. Hasta ahora, nunca nadie se había disculpado.

La Conferencia Española de Religiosos (Confer), institución que agrupa a las congregaciones religiosas en España, celebrará el próximo 9 de junio un acto de “reconocimiento y petición de perdón a las supervivientes del Patronato de Protección de la Mujer. Será a las 18.30 en la Fundación Pablo VI de Madrid, según se ha anunciado después de que las religiosas suspendieran la anterior fecha con motivo del fallecimiento del papa Francisco.

IMG_1270Por fin se enterará toda España. Es el triunfo y la victoria de tantos años de lucha, asegura Consuelo García del Cid Guerra. A ella la internaron en esta institución que, según su decreto fundacional de 1941, perseguía “la dignificación moral de la mujer, especialmente de las jóvenes, para prevenir su explotación, apartarlas del vicio y educarlas con arreglo a las enseñanzas de la religión católica”. “Era un sistema penitenciario oculto para menores de edad, resume al hablar de un organismo que actuaba sobre niñas y adolescentes de entre 16 y 25 años que transgredían el modelo único de mujer impuesto por el franquismo.

Así era, al menos, sobre el papel. La realidad era distinta. A Consuelo la encerraron con 15 años. Había empezado a manifestarse contra el régimen y sospecha que su familia, de la burguesía barcelonesa, contrató a alguien para que la siguiera. “Un día, muy temprano, se abrió la puerta de mi habitación. Entraron mi madre y el médico de la familia, que era del Opus Dei. Me dijeron que me iban a poner una vacuna contra la gripe”. Despertó en una habitación desconocida. En el interior, una cama, un crucifijo y su maleta repleta de ropa para distintas estaciones. Tras los barrotes de la ventana, el exterior: “Me asomé y vi que la matrícula de todos los coches era M, M, M, M”. Estaba en el reformatorio de las Adoratrices de la calle Padre Damián, 52. Estaba en Madrid. Era 1975.

Trabajos forzados, internamientos psiquiátricos y test ginecológicos

Unos años antes, Mariona Roca Tort (Barcelona, 1952) había sido encerrada en el mismo centro, denunciada por sus progenitores por “fuga del hogar paterno. Tenía 17 años y, durante su internamiento, fue obligada a confeccionar abrigos que, les decían, eran vendidos a El Corte Inglés. Nunca le pagaron por su trabajo. Su internamiento no acabó tras los muros del Patronato de Protección a la Mujer. Para rebelarse contra su destino, dejó de comer. Entonces, la ingresaron en la clínica psiquiátrica San Miguel.

Aquellas que osaban sublevarse contra la estricta disciplina del reformatorio o quienes eran pilladas manifestando “comportamientos homosexuales u otras anomalías de orden mental” eran trasladadas a un psiquiátrico. En la mayoría de los casos, a Ciempozuelos o al de Arévalo, en Ávila. Querían que lo que no había acabado de hacer el Patronato, lo consiguiera la psiquiatría, remarca Mariona. Para prevenir las pérdidas de memoria provocadas por los electroshocks y los shocks de insulina, comenzó a escribir en un diario. El 9 de julio anotó: Postal del tiet Antoni. Visita con el Doctor Vallejo Nájera.

«El cura del pueblo de María Forns empujó a sus padres a encerrarla en uno de estos centros, pero antes abuso sexualmente de ella y, más tarde, se dedicó a extender el rumor de que la habían internado por ser una enferma mental»

Mariona forma parte del Grup de Suport a les Represaliades pel Patronato, en el que comparte espacios y activismo con otra superviviente del organismo, Maria Forns Roca (les Franqueses, Barcelona, 1956). En 1972, con 16 años, fue confinada en un centro de las Adoratrices en Barcelona, que a día de hoy continúa en manos de la congregación. Con el tiempo ha descubierto que el cura de su pueblo empujó a sus padres a encerrarla, después de que Maria se alejara de su manto protector. Antes de que la trasladaran al reformatorio, ejerció abuso de poder y sexual sobre ella y, más tarde, se dedicó a extender el rumor de que la habían internado por ser una enferma mental. En 2024, el obispo de Terrassa le entregó un documentó en el que reconoce los abusos y le pide disculpas en nombre de la Iglesia, mientras que el Ayuntamiento de les Franqueses ha iniciado los trámites para retirar póstumamente la medalla de honor que concedió al párroco en 2017.

IMG_1272Pilar Dasí Crespo (València, 1951) también estuvo encerrada con 19 años en un convento de las Religiosas Adoratrices del Santísimo Sacramento y de la Caridad, que en la actualidad participan en diversos programas sociales de ayuda a mujeres vulnerables, actividades por las que desde 2021 han sido subvencionadas con fondos públicos que ascienden a 18 millones de euros, según comprobó elDiario.es. En su caso, el internamiento tuvo lugar entre 1970 y 1971 en dos reformatorios de la ciudad de València: Madre Sacramento, en la calle Hernán Cortés, y el Centro de Observación y Clasificación de la avenida del Puerto. Pilar nunca dejó de acudir a su puesto de trabajo como secretaria en una empresa de ascensores, aunque las monjas se quedaban con su salario.

Durante décadas, había borrado de su memoria una imagen que ahora se le presenta de forma recurrente: “Estoy tumbada sobre la mesa del despacho de mi jefe. Un hombre mirando mi coño ante la mirada de otro hombre. Me hicieron una prueba de virginidad. Eso sí eran malas costumbres, degradación y maldad hacia las mujeres”. A pesar de que era habitual que se practicaran exámenes ginecológicos a las internas para averiguar si estaban “completas” o “incompletas, en la escasa página que compone el expediente de Pilar –que ha conseguido encontrar hace apenas unas semanas– no consta este episodio, que ella describe comocruel, humillante y peligroso; obsceno. No consta casi nada, en realidad. Quien escribiera aquellas líneas consideró que aquella adolescente mostraba “una conducta irregular” al “desenvolverse en un ambiente quizá superior al que le corresponde socialmente”, llegaba “muy tarde a casa” y “trataba con chicos melenudos de la nueva ola”. Cuando Pilar lo cuenta hoy, afirma: “Me gustaba leer e ir al cine”.

Cruces con la lengua en el suelo y múltiples fugas

Otra de las congregaciones religiosas con mayor presencia en el Patronato de Protección a la Mujer fueron las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor. En el orfanato Virgen del Perpetuo Socorro de Carabanchel, regentado por estas monjas, pasó Mariaje López Laderas (Getxo, 1957) cuatro años y medio de su recién estrenada vida: desde los ocho hasta los trece. Recuerda cómo la obligaban a desatrancar váteres con las manos, las horas de limpieza y trabajo ensobrando cromos de futbolistas y ciudades de plástico, las extrañas maneras de caminar de una compañera a la que restregaron ortigas en la entrepierna como castigo por mearse en la cama o las hasta 150 cruces que aquellas que hablaban en una fila o decían una palabrota eran obligadas a hacer en el suelo con la lengua.

Yo me he escapado de todos los reformatorios, sentencia orgullosa Paca Blanco Díaz (Madrid, 1949). Razón no le falta. La intentaron retener en las Adoratrices de Zamora, en el Centro de Observación y Clasificación de las Trinitarias de la calle Marqués de Urquijo de Madrid o en el Colegio Virgen de la Almudena de Collado-Villalba. Siempre encontraba la manera de fugarse. De este último, que describe como el más duro, huyó en dos ocasiones. La primera vez aprovechó una visita de Pilar Arechavaleta, fundadora de las Religiosas Misioneras de María Ianua Coeli, orden que dirigía el centro: “Para que yo me volviera más buena y más católica, me organizaron una entrevista con ella, junto con otra compañera que estaba encerrada porque la había violado su padre. Según como estábamos hablando con la fundadora, que estaba arrugaíta, cogí una silla, rompí el cristal de la sala y nos fuimos”.

IMG_1273Las pillaron y a Paca la encerraron en una celda de castigo en la que “no podías tumbarte ni ponerte de pie”. Cambió de estrategia y organizó una fuga con unas treinta compañeras. Pero, conforme se aproximaba la fecha marcada, algunas internas “empezaron a ponerse los rulos, a teñirse los pelos y lavarse la ropa que más les gustaba”. “Les dije que nos íbamos en ese mismo momento. Yo salí corriendo la primera y las demás me siguieron. Nos soltaron a los perros y a alguna la engancharon”, reconstruye. Cuando en 1968 se quedó embarazada la llevaron “al infierno”: el reformatorio para madres solteras y embarazadas Nuestra Señora de la Almudena, conocido como Peñagrande. Allí, Paca asegura que fue testigo de múltiples “tejemanejes” para el robo de bebés. Decidió escaparse, una vez más, cuando escuchó como una monja le espetaba a una parturienta que se quejaba de los dolores del parto: “Pecadora, reza. Tú te has buscado este sufrimiento, tienes que parir con dolor y luego a ver qué le dices a tu hijo”.

Suicidios y robo de bebés

Aunque a Paca el Patronato de Protección a la Mujer continuó vigilándola tras regresar a su casa, nunca consiguieron quitarle a su hija. Otras supervivientes no corrieron la misma suerte. Desde que en el verano de sus 13 años su tía la encerrara en las Oblatas de Alicante, Chelo Alfonso Femenía (Dénia, Alicante, 1960) pasó por un total de seis reformatorios del Patronato de Protección a la Mujer. Entre ellos, el Santo Celo, popularmente conocido como la Casa del Pecado Mortal y en la actualidad propiedad de la Universidad Católica de València. Allí la trasladaron desde las Oblatas cuando estaba embarazada de tres meses. Dio a luz en la clínica La Cigüeña, donde la registraron con un nombre falso: Josefa Vives Mateu. Tras el parto, afirma que una monja le comunicó:Es un niño. Está bien”. Nunca lo vio. Lleva años buscándolo, remata.

«Cuando estaba a punto de cumplir los 15 años, a Loli la trasladaron a Peñagrande, donde dio a luz a su hija fruto de las violaciones de su progenitor. A su llegada, se enteró de que el día anterior una interna se había suicidado«

IMG_1274Yo siempre digo que no fui una niña robada, pero a mí me robaron a mi madre, repite sin descanso Patricia Morini Gozalbo (Madrid, 1971), nacida en la maternidad de Peñagrande. “Yo no tengo muy claros los tres primeros años de mi vida. A mi madre no hay forma de sacarle nada. No habla del tema, bajo ningún concepto”, lamenta Patricia, que descubrió, ya adulta, su verdadero lugar de nacimiento. Con la llegada de Internet, creó una web y aprovechó las redes sociales para poner en contacto a hijos adoptivos que desconocían sus orígenes y madres que buscaban a sus criaturas. De hecho, fue ella, junto con María García, fundadora de Isadora Duncan –asociación de madres solteras creada en 1989– quien facilitó una gran cantidad de documentación a Consuelo García del Cid Guerra y la animó a escribir su primer libro, Las desterradas hijas de Eva.

Con toda la información recopilada, Consuelo comenzó a escuchar los testimonios de otras supervivientes. Recuerda a la perfección la primera entrevista: “Era por la noche. Hablábamos en voz bajita, para que no nos escucharan en nuestras casas. Cuando terminamos, abrí la ventana. Fuera nevaba, porque yo entonces vivía en Salzburgo (Austria). Empecé a gritar y solté todo lo que llevaba tanto tiempo dentro”. Al otro lado de la línea, Loli Gómez Benito (Torrelavega, Cantabria, 1966) la había hecho partícipe de su historia. Cuando estaba a punto de cumplir los 15 años, la trasladaron a Peñagrande, donde dio a luz a su hija, fruto de las continuas violaciones de su progenitor. A su llegada, se enteró de que el día anterior una interna se había suicidado. Meses después del parto, las Cruzadas Evangélicas, orden secular a cargo de este y otros centros del Patronato que todavía no ha confirmado su presencia en el acto del 9 de junio, autorizaron la salida de Loli para pasar la Semana Santa con su padre. Volvió a violarla. Volvió a quedarse embarazada. Nadie preguntó. No hacía falta.

IMG_1271Presionada, firmó los papeles que autorizaban la adopción de sus bebés. Pero puso una condición: que no les separaran. Respetaron su voluntad. Loli permaneció en Peñagrande hasta el desmantelamiento del centro en 1983. Desde dos años antes, se venía produciendo un cambio en la gestión del organismo –pasó de depender del Ministerio de Justicia a los gobiernos autonómicos– que fue imperceptible para las muchachas tuteladas por la institución. Entonces ni siquiera fueron conscientes, pero hoy saben que el traspaso de funciones a la Xunta de Galicia fue firmado por José Elías Díaz García y Mariano Rajoy Brey, como secretarios de la Comisión Mixta.

En 1985, se anunció la disolución definitiva del Patronato de Protección a la Mujer. Franco llevaba muerto y enterrado –con honores– diez años. Una década en la que nada había cambiado para los miles de niñas y adolescentes que seguían encerradas en reformatorios por haber cometido un pecado. Consuelo García del Cid Guerra tiene muy claro que el Acto de Reconocimiento y petición de Perdón a las Supervivientes no es un punto y final, sino que “es el principio; una brecha en el muro de silencio con el que llevamos años chocándonos”. Ella, sostiene, no va a parar hasta conseguir la reparación por parte del Estado que merecen sus compañeras: “Por mis hermanas. Por las que aún no se han atrevido a contarlo. Por las que nos han dejado en mitad de la lucha”. Y por Consuelo, también por Consuelo.

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‘Iglesia por el Trabajo Decente’ reclama el ingreso mínimo vital y un pacto de Estado contra la precariedad laboral

viernes, 1 de mayo de 2020
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Iglesia-Trabajo-Decente-reclama-precariedad_2226387353_14549554_660x371Manifiesto de las entidades cristianas con motivo del 1º de Mayo

Piden el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los trabajadores “sin papeles”

«“No nos cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, ese ´virus´ que caracteriza el sistema de relaciones labores»

Reclama el reconocimiento de los «empleos más precarizados» (agricultura, trabajadoras del hogar, repartidores…) que se han descubierto como «esenciales para la sostenibilidad de la vida»

El panorama se presenta desolador: con cuatro millones de trabajadores que se verán afectados por un ERTE, más de 3,5 millones de parados, 1,4 millones de autónomos que han cesado su actividad, casi un millón de empleos destruidos, más de un millón de parados sin prestación… Este 1º de mayo del coronavirus tendrá muy presente la situación de millones de trabajadores y trabajadoras en nuestro país, y el mundo, abocados a un futuro incierto.

Por ello, la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), que aglutina a entidades como Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC y Juventud Obrera Cristiana JOC, ha elaborado un manifiesto en el que reclaman con urgencia la aprobación de un ingreso mínimo garantizado, el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los trabajadores “sin papeles”, así como un pacto de Estado que apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente.

La pandemia de la precarización

“No nos cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, ese ´virus´ que caracteriza el sistema de relaciones labores, que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias; si la sanidad y el conjunto de políticas sociales hubieran contado con los recursos que necesitan y que fueron recortados como consecuencia de la anterior crisis financiera”, sostiene el manifiesto, que pone el foco en los “empleos más precarizados” (agricultura, trabajadoras del hogar, repartidores…) que “se han descubierto como esenciales para la sostenibilidad de la vida” durante la cuarentena, pero que siguen “ejerciendo sus funciones en condiciones precarias y en la mayoría de los casos sin la protección adecuada”.

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Entre las medidas concretas, ITD reclama que “se articulen e impulsen todas las medidas necesarias evitando que esto vuelva a pasar y para construir una red de protección social para quienes han perdido empleo, salario y derechos, para que nadie se quede atrás”.

Estas son algunas de las demandas:

• El reconocimiento de un ingreso mínimo garantizado en un programa articulado que integre las políticas sociales en España.

• El derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, así como el reconocimiento social del trabajo de hogar y de cuidados.

• La regularización extraordinaria y urgente de los trabajadores y las trabajadoras “sin papeles” y descartados de los derechos de ciudadanía.

• Un pacto de Estado que, entre otras cuestiones, apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente, piedra angular sobre lo que se sostiene todo lo demás.

• El fortalecimiento del pilar de los derechos sociales en Europa.

El Manifiesto finaliza con una invitación “a las comunidades cristianas a unirnos, desde la distancia física obligatoria, desde nuestras casas, en la celebración y la oración”, y a “participar con creatividad en aquellas acciones que puedan hacer visible la necesidad de un trabajo decente acorde con la dignidad humana”.

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Iglesia por el Trabajo Decente’ exige a los políticos acabar con la «lacra» de la precariedad laboral

miércoles, 1 de mayo de 2019
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Iglesia-sumando-fuerzas-trabajo-decente_2008009300_12183237_660x371«El trabajo es un elemento imprescindible para la justicia social», clama ante el 1 de mayo

La precariedad «está afectando duramente a la juventud hundida en una pobreza crónica que les imposibilita un proyecto de vida», alerta, además de a familias sin necesidades básicas y a mayores con pensiones indignas

«Se trata de situaciones provocadas por un sistema capitalista injusto que sitúa el trabajo, no como fuente de vida y dignidad, sino como recurso al servicio imperioso del capital», denuncia

Ante la celebración del 1º de Mayo, las entidades promotoras de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) –Cáritas, Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica (JEC) y Juventud Obrera Cristiana (JOC)— unen sus voces, por segundo año consecutivo, para “celebrar el sentido creador del trabajo” y reclamar la erradicación de “la lacra de la precariedad laboral que caracteriza el actual sistema de relaciones labores y que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias”.

En el manifiesto Priorizando a las personas, descartamos la indecente precariedad elaborado con motivo de esta fiesta de los trabajadores y de san José Obrero, recuerdan que “el trabajo decente, que forma parte de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, es un elemento imprescindible para la justicia social y la cohesión de toda la humanidad”.

Efectos en jóvenes, familias y mayores

Las entidades de la Iglesia denuncian los graves efectos que la precariedad laboral está teniendo en “la juventud hundida en una pobreza crónica que les imposibilita un proyecto de vida”, en las “familias cuyas necesidades básicas quedan sin asegurar o sin cubrir, como son el techo, luz, comida, ropa o medicamentos” y en las “personas mayores que sufren una vejez sin calidad a causa de unas pensiones indignas”.

Además de subrayar que “el trabajo es esencial para la vida de las personas porque ayuda a construir nuestra humanidad”, las organizaciones exigen “a políticos, gobernantes y poderes económicos unos derechos que son básicos para la construcción de una sociedad cuyo sentido y función sirvan al bien común”. Para ello proponen, recogiendo uno de los focos señalados por la Organización Internacional del Trabajo con motivo de la celebración del centenario, un programa centrado en las personas y basado en la inversión en las capacidades de los individuos, las instituciones laborales y en el trabajo decente y sostenible”.

El manifiesto incluye el testimonio de César, un joven de Zaragoza, quien sufre en carne propia los efectos de la precariedad laboral y que explica cómo “la mayoría de trabajos que me ofrecen las empresas son precarios, horas sueltas, sustituciones puntuales… No dan para vivir de forma digna, ni mucho menos. Este tipo de trabajo me genera mucho estrés y tengo miedo del día de mañana. Por eso, este 1º de Mayo acudiré a la calle para junto a otros intentar conseguir un trabajo digno”.

Indecente precariedad

Una situación de indecente precariedad reflejada en los índices de:

■ Desempleo. 3.304.300 personas paradas y sin posibilidad de trabajar (EPA 2018).
■ Calidad del empleo. La tasa de temporalidad es del 26,86% (EPA 2018). El trabajo a tiempo parcial involuntario es del 58%; 58,2% en hombres; 68,5% en mujeres (EPA 2017).
■ Pobreza laboral. Un total de 12.338.187 personas, el 26,6 % de la población está en riesgo de pobreza y/o exclusión social. El 14,1% de las personas ocupadas son personas trabajadoras pobres. (Informe AROPE, EAPN, 2018)
■ Horas extras. Se realizan 7 millones de horas extras a la semana, de las que 3 millones no se cobran. 364.400 trabajadores trabajan horas de más sin cobrarlas y otros 415.400 los que las hacen cobrando. (CCOO, EPA 2018)
■ Redes de protección. La tasa de cobertura de personas sin trabajo y con prestaciones es del 61%. 1,39 millones de personas carecen de trabajo y de prestación social carece de prestación (SPEE, 02/04/2019). 2.835.000 pensionistas (el 29,6%) tienen una pensión por debajo del umbral de pobreza (609€/mes). Más de 1,5 millones de pensionistas (15 %) tienen un importe mensual de entre 609 € y 650 €. (Informe AROPE, EAPN, 2018)
■ Salarios. El salario medio anual de las mujeres fue de 20.131,41 euros, mientras que el de los hombres fue de 25.924,43 euros en 2016. El sueldo más frecuente se situó en torno a 16.497,40 euros (INE 2018).
■ Seguridad y salud laboral. El número de accidentes de trabajo con baja en 2018 fue 47.435. De los accidentes en jornada con baja, se produjeron 297 accidentes graves y 37 accidentes mortales. El número total de accidentes de trabajo con baja in itinere fue 6.135, de los cuales el 44% (2.729) afectaron a varones, mientras que el 56% restante (3.406) afectaron a mujeres. Por gravedad, 73 fueron accidentes in itineregraves y 7 accidentes in itinere mortales. (MITRAMISS, avance 2019)
■ Participación de los trabajadores. El 51,3% de los asalariados no tiene representante sindical en la empresa (Encuesta de Condiciones de Trabajo. 6ª EWCS, 2015. Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo).
■ Descanso. El 22,4% de los ocupados trabaja más de 40 horas a la semana. El 33% trabaja en domingo, una o más veces al mes. El 24,6% tiene un horario que no se adapta a sus compromisos familiares y personales (Ibidem).

Situar a las personas en centro

Con objeto de transformar estas condiciones de quiebra de derechos y de dignidad, Cáritas, CONFER, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC plantean estas reclamaciones:

■ Que se sitúe a la persona en el centro de la vida política, de las relaciones laborales y del trabajo, a fin de abordar la indecente precariedad que descarta a millones de personas al acceso a un trabajo decente, y de facilitar el diálogo social entre los gobiernos y las organizaciones de trabajadores y trabajadoras, empresariado y agentes sociales.

■ Que los poderes públicos hagan efectivo el derecho a un trabajo digno para todas las personas, ya que el trabajo es expresión de la propia dignidad

■ Que se reconozca social y jurídicamente el trabajo de cuidados, basado en un planteamiento nuevo de políticas sociales, de género y educativas que facilite una prestación de los cuidados compartida por hombres y mujeres.

■ Que se promuevan unas condiciones laborales que garanticen la integridad física y psíquica de la persona, y su protección social, para que no haya ni una persona muerta más por accidente de trabajo.

En el marco del 1º de Mayo, las entidades que lideran la ITD han convocado en todo el país una apretada agenda de actividades de movilización pública para exigir, de la mano de las organizaciones sindicales, un trabajo decente acorde con la dignidad de todas las personas.

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