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Los teólogos progresistas lamentan “la tibia respuesta” de la CEE ante la pandemia

Sábado, 9 de mayo de 2020

Sala-Plenaria-Conferencia-Episcopal-Espanola_2060803987_9921766_660x371La ‘Juan XXIII‘ tilda de “irresponsable” a los prelados que incumplen el confinamiento

“No nos parece justificado el criterio de algunos obispos que consideran el confinamiento como un atentado del gobierno contra la libertad religiosa y recluye a la Iglesia en las catacumbas, cuando se trata de proteger la vida y la salud pública”

Reivindican el “liderazgo moral” del Papa Francisco ante el coronavirus

“El Ingreso Mínimo Vital es un derecho de ciudadanía y como tal resulta imprescindible su reconocimiento y su aplicación inmediata para mantener la cohesión social y aliviar las escandalosas desigualdades y las situaciones de pobreza extrema permanente que vive la sociedad española”

Los teólogos progresistas lamentan latibia respuesta de la Conferencia Episcopal Española” ante la tragedia del coronavirus. En un comunicado oficial, la Asociación de Teólogos y Teólogas ‘Juan XXIII’ denuncia “la falta de presencia pública, de relevancia social, de radicalidad y audacia evangélicas por parte de los obispos españoles, al tiempo que afean las declaraciones de su portavoz, Luis Argüello, en contra del ingreso mínimo vital permanente.

Del mismo modo, tildan de “irresponsable” la actitud de obispos y sacerdotes que, saltándose el confinamiento, ponen en riesgo la vida de las personas que asisten a las celebraciones religiosas, dan mal ejemplo a la ciudadanía y priorizan el mantenimiento del culto a toda costa sobre la práctica de la compasión con las víctimas, contraviniendo el imperativo ético de Jesús de Nazaret: ‘Misericordia [compasión] quiero, no sacrificios’”.

“Un escenario dramático”

La declaración arranca admitiendo que “estamos viviendo una de las más graves crisis sanitarias, económicas y ecológicas de nuestra historia, que afecta a toda la humanidad, y de manera especial a las personas y los grupos sociales más vulnerables”. En España, se observa un escenario dramático”, no sólo con las más de 26.000 personas muertas o 220.000 contagiadas, sino por “más de 10 millones de personas en estado de vulnerabilidad, un incremento espectacular de desempleo, cientos de miles de inmigrantes en situación de pobreza extrema, aumento de las denuncias de la violencia contra las mujeres”.

Tras alabar las distintas “iniciativas solidarias” y la “ejemplaridad del personal sanitario que expone su vida y la de sus familias a diario para salvar la vida de las personas contagiadas por la covid-19”, los teólogos y teólogas destacan la labor llevada a cabo por “numerosas instituciones, comunidades y colectivos cristianos”, destacando especialmente a Cáritas, así como al acompañamiento de seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas a las personas enfermas y fallecidas en soledad y a sus familiares que no pueden despedir a sus seres queridos”.

Sin embargo, añade la nota, “nos sorprende la tibia respuesta de la Conferencia Episcopal Española, la ausencia de una declaración colectiva ante la emergencia que estamos viviendo, así como la falta de presencia pública, de relevancia social, de radicalidad y audacia evangélicas”.

“Liderazgo moral” del Papa Francisco

“Echamos en falta su voz profética, compasiva, solidaria y esperanzada”, apuntan los teólogos progresistas, que denuncian el contraste con “el protagonismo social, la locuacidad, la visibilidad, e incluso la beligerancia que demuestran en sus pronunciamientos en cuestiones como la interrupción voluntaria del embarazo, la enseñanza de la religión confesional en la escuela, el mantenimiento de los privilegios concordatarios, el matrimonio igualitario, etc.”.

Un actitud, afirman, que “contrasta con el liderazgo moral que está ejerciendo el Papa Francisco, quien ha calificado de ‘genocidio virósico’ priorizar la economía sobre la vida de la gente, ha apoyado la Megacampaña Solidaria Seamos#Uno y ha creado una Comisión de expertos para reflexionar sobre las consecuencias socioeconómicas y culturales provocadas por la pandemia”.

“Nuestra crítica respetuosa y constructiva no es obstáculo -apunta el escrito- para reconocer que hay obispos y sacerdotes con un comportamiento solidario en sus respectivas demarcaciones diocesanas y parroquiales”.

Ingreso Mínimo Vital

Del mismo modo, la ‘Juan XXIII’ opina que “el Ingreso Mínimo Vital es un derecho de ciudadanía y como tal resulta imprescindible su reconocimiento y su aplicación inmediata para mantener la cohesión social y aliviar las escandalosas desigualdades y las situaciones de pobreza extrema permanente que vive la sociedad española”. Por ello, compartimos el malestar, e incluso la indignación, que han provocado las declaraciones de la Conferencia Episcopal Española a través de su secretario general en contra del salario mínimo permanente”.

“Esta negativa entra en contradicción con la asignación tributaria que recibe la jerarquía católica de manera permanente desde hace décadas y que asciende cada año a una cantidad entre 250 y 280 millones de euros”, lamentan, volviendo a contraponer la actitud del Papa, que en la Carta dirigida a los Movimientos Populares ha defendido el “salario universal para las personas trabajadoras informales, independientes o de la economía popular”.

¿Iglesia en catacumbas?

“No nos parece justificado el criterio de algunos obispos que consideran el confinamiento como un atentado del gobierno contra la libertad religiosa y recluye a la Iglesia en las catacumbas, cuando se trata de proteger la vida y la salud pública”, denuncian los teólogos, que tildan de “irresponsable” el “incumplimiento de las normas de confinamiento que ponen en riesgo la vida de las personas que asisten a las celebraciones religiosas, dan mal ejemplo a la ciudadanía y priorizan el mantenimiento del culto a toda costa sobre la práctica de la compasión con las víctimas, contraviniendo el imperativo ético de Jesús de Nazaret: ‘Misericordia [compasión] quiero, no sacrificios’”.

DECLARACIÓN DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE TEÓLOGAS Y TEÓLOGOS JUAN XXIII ANTE LA PANDEMIA

1. Estamos viviendo una de las más graves crisis sanitarias, económicas y ecológicas de nuestra historia, que afecta a toda la humanidad, y de manera especial a las personas y los grupos sociales más vulnerables. Está afectando con especial dureza a nuestro país que presenta un escenario dramático con más de 26.000 personas muertas, 220.000 contagiadas, más de 10 millones de personas en estado de vulnerabilidad, un incremento espectacular de desempleo, cientos de miles de inmigrantes en situación de pobreza extrema, aumento de las denuncias de la violencia contra las mujeres.

2. Los diferentes colectivos sociales están expresando su solidaridad con quienes  sufren de manera más acusada las consecuencias de la covid19, ponen en marcha iniciativas solidarias, analizan sus efectos y ofrecen propuestas que corrijan las crecientes desigualdades para cuando termine la pandemia. Un ejemplo que resume esta corriente cálida de solidaridad es, entre muchos, Cruz Roja. Hay que reconocer la ejemplaridad del personal sanitario que expone su vida -y en muchos casos la pierde- y la de sus familias a diario para salvar la vida de las personas contagiadas por la covid-19. 

3. Nos alegran y dan esperanza las numerosas manifestaciones de solidaridad y acogida de la gente más desprotegida, así como la práctica de la ética del cuidado por parte de numerosas instituciones, comunidades y colectivos cristianos. Destacamos de manera especial el papel fundamental que está jugando Caritas a nivel nacional y local en esta crisis a través de la atención a las personas y grupos sociales más castigados. Agradecemos el acompañamiento de seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas a las personas enfermas y fallecidas en soledad y a sus familiares que no pueden despedir a sus seres queridos.

4. Nos sorprende la tibia respuesta de la Conferencia Episcopal Española, la ausencia de una declaración colectiva ante la emergencia que estamos viviendo, así como la falta de presencia pública, de relevancia social, de radicalidad y audacia evangélicas. Echamos en falta su voz profética, compasiva, solidaria y esperanzada. Tal actitud contrasta con el protagonismo social, la locuacidad, la visibilidad, e incluso la beligerancia que demuestran en sus pronunciamientos en cuestiones como la interrupción voluntaria del embarazo, la enseñanza de la religión confesional en la escuela, el mantenimiento de los privilegios concordatarios, el matrimonio igualitario, etc.

Esa actitud  contrasta con el liderazgo moral que está ejerciendo el Papa Francisco, quien ha calificado de “genocidio virósico” priorizar la economía sobre la vida de la gente, ha apoyado la Megacampaña Solidaria Seamos#Uno y ha creado una Comisión de expertos para reflexionar sobre las consecuencias socioeconómicas y culturales provocadas por la pandemia. Nuestra crítica respetuosa y constructiva no es obstáculo para reconocer que hay obispos y sacerdotes con un comportamiento solidario en sus respectivas demarcaciones diocesanas y parroquiales.

5. Creemos que el Ingreso Mínimo Vital es un derecho de ciudadanía y como tal resulta imprescindible su reconocimiento y su aplicación inmediata para mantener la cohesión social y aliviar las escandalosas desigualdades y las situaciones de pobreza extrema permanente que vive la sociedad española. Por ello compartimos el malestar, e incluso la indignación, que han provocado las declaraciones de la Conferencia Episcopal Española a través de su secretario general en contra del salario mínimo permanente, que ninguno de los miembros del episcopado ha desmentido o cuestionado.

Esta negativa entra en contradicción con la asignación tributaria que recibe la jerarquía católica de manera permanente desde hace décadas y que asciende cada año a una cantidad entre 250 y 280 millones de euros. Nos parece, asimismo, una falta de sensibilidad y de solidaridad hacia los millones de  personas y familias que viven y seguirán viviendo en situación de pobreza extrema y permanente.

Dichas declaraciones contrastan con la postura de Caritas, que defiende la renta básica, con la actitud del Papa, que en la Carta dirigida a los Movimientos Populares ha defendido el “salario universal para las personas trabajadoras informales, independientes o de la economía popular”, así como con la política del Gobierno, que  va a aprobar el Ingreso Mínimo Vital, cuya aplicación debe hacerse realidad lo antes posible.

6. No nos parece justificado el criterio de algunos obispos que consideran el confinamiento como un atentado del gobierno contra la libertad religiosa y recluye a la Iglesia en las catacumbas, cuando se trata de proteger la vida y la salud pública. Creemos irresponsable el incumplimiento de las normas de confinamiento que ponen en riesgo la vida de las personas que asisten a las celebraciones religiosas, dan mal ejemplo a la ciudadanía y priorizan el mantenimiento del culto a toda costa sobre la práctica de la compasión con las víctimas, contraviniendo el imperativo ético de Jesús de Nazaret: “Misericordia [compasión] quiero, no sacrificios”.

7. Es precisamente la compasión con las víctimas -como principio de humanidad, presente en todas las religiones, opción fundamental del Dios de la vida, actitud de Jesús de Nazaret y principio teológico- la virtud a practicar en cada momento histórico, y hoy en la pandemia por la covid19 con gestos, hechos y palabras para curar la grave enfermedad que padece la humanidad y revalorizar la vida, cambiar de rumbo y no volver la normalidad anterior. Es la principal lección a aprender de esta crisis.

Madrid, 8 de mayo de 2010

Fuente Religión Digital

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‘Iglesia por el Trabajo Decente’ reclama el ingreso mínimo vital y un pacto de Estado contra la precariedad laboral

Viernes, 1 de mayo de 2020

Iglesia-Trabajo-Decente-reclama-precariedad_2226387353_14549554_660x371Manifiesto de las entidades cristianas con motivo del 1º de Mayo

Piden el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los trabajadores “sin papeles”

““No nos cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, ese ´virus´ que caracteriza el sistema de relaciones labores”

Reclama el reconocimiento de los “empleos más precarizados” (agricultura, trabajadoras del hogar, repartidores…) que se han descubierto como “esenciales para la sostenibilidad de la vida”

El panorama se presenta desolador: con cuatro millones de trabajadores que se verán afectados por un ERTE, más de 3,5 millones de parados, 1,4 millones de autónomos que han cesado su actividad, casi un millón de empleos destruidos, más de un millón de parados sin prestación… Este 1º de mayo del coronavirus tendrá muy presente la situación de millones de trabajadores y trabajadoras en nuestro país, y el mundo, abocados a un futuro incierto.

Por ello, la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente (ITD), que aglutina a entidades como Cáritas, Conferencia Española de Religiosos CONFER, Hermandad Obrera de Acción Católica HOAC, Justicia y Paz, Juventud Estudiante Católica JEC y Juventud Obrera Cristiana JOC, ha elaborado un manifiesto en el que reclaman con urgencia la aprobación de un ingreso mínimo garantizado, el reconocimiento del derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, la regularización extraordinaria e inmediata de los trabajadores “sin papeles”, así como un pacto de Estado que apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente.

La pandemia de la precarización

“No nos cabe duda de que la crisis laboral y económica provocada por la pandemia del COVID-19 hubiera tenido un menor impacto sin la indecente precariedad laboral, ese ´virus´ que caracteriza el sistema de relaciones labores, que lesiona los derechos de las personas trabajadoras y de sus familias; si la sanidad y el conjunto de políticas sociales hubieran contado con los recursos que necesitan y que fueron recortados como consecuencia de la anterior crisis financiera”, sostiene el manifiesto, que pone el foco en los “empleos más precarizados” (agricultura, trabajadoras del hogar, repartidores…) que “se han descubierto como esenciales para la sostenibilidad de la vida” durante la cuarentena, pero que siguen “ejerciendo sus funciones en condiciones precarias y en la mayoría de los casos sin la protección adecuada”.

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Entre las medidas concretas, ITD reclama que “se articulen e impulsen todas las medidas necesarias evitando que esto vuelva a pasar y para construir una red de protección social para quienes han perdido empleo, salario y derechos, para que nadie se quede atrás”.

Estas son algunas de las demandas:

• El reconocimiento de un ingreso mínimo garantizado en un programa articulado que integre las políticas sociales en España.

• El derecho a la prestación por desempleo para las personas empleadas de hogar, así como el reconocimiento social del trabajo de hogar y de cuidados.

• La regularización extraordinaria y urgente de los trabajadores y las trabajadoras “sin papeles” y descartados de los derechos de ciudadanía.

• Un pacto de Estado que, entre otras cuestiones, apueste por la centralidad de la persona y el trabajo decente, piedra angular sobre lo que se sostiene todo lo demás.

• El fortalecimiento del pilar de los derechos sociales en Europa.

El Manifiesto finaliza con una invitación “a las comunidades cristianas a unirnos, desde la distancia física obligatoria, desde nuestras casas, en la celebración y la oración”, y a “participar con creatividad en aquellas acciones que puedan hacer visible la necesidad de un trabajo decente acorde con la dignidad humana”.

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Fuente Religión Digital

Espiritualidad, General , , , , , , , , , ,

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