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IN MEMORIAM: 28 de Diciembre, Día de los Santos Inocentes

Viernes, 28 de diciembre de 2018
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Hoy recordamos, en el día de los Santos Inocentes, los nombres de los asesinados y asesinadas o que acosados y perseguidos llegaron a suicidarse en este año 2017 por ser personas LGTBI. Un auténtico Holocausto del que hemos rescatado estos nombres, estas vidas truncadas, que hemos podido conocer hasta hoy, a través de los medios de comunicación. Pero sabemos que hay más, que muchos otros y otras permanecen en el anonimato. Hoy queremos hacer memoria de todos ellos y ellas y dedicarles este hermoso poema del gran poeta vasco Gabriel Celaya recitándolo, propiciando un momento de reflexión y  pronunciando en alto sus nombres. Se lo debemos.

Con Cristo

SIN COMENTARIOS

He pensado: Un poema no debe de ser vago.

Si quiero que funcione debe de ser exacto.

Entonces no he cantado, he contado

de uno en uno los muertos que llevamos.

Me he sentado ante mi mesa, y he apuntado

sus nombres y apellidos. Sin comentarios.

Al llegar al noveno ya estaba llorando

pero hacia dentro. Sin comentarios.

Veintidós, veintitrés y veinticuatro.

La rabia me retorcía. Las lágrimas corrían.

Pero había que tragarlas. Sin comentarios.

Treinta y tres. Treinta y cuatro.

¿Se pueden llevar más lejos el dolor y el espanto?

He tirado mi boli. He suspirado pensando:

Cumplí lo que podía. Mi poema ha terminado.

Y entonces un amigo me ha anunciado

que acaban de matar al treinta y ¿cuántos?

*

Gabriel Celaya

***

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***

1, 2, 3, 4.- Shanta Myers y Brandi Mells, lesbianas de 36 y 22 años de edad, y sus dos hijos menores, Shanise Myers y Jeremiah Myers, de 5 y 11 años de edad, degollados y maniatados en lo que la policía describe como un crimen «salvaje».

5.- Kerris Lewis, lesbiana de 23 años. Tras dejarla herida de varios disparos fue quemada viva en su coche. 

6.- Un muerto tras el brutal asalto de un grupo de militares a un bar de ambiente en Camerún.

7, 8, 9, 10, 11, 12, 13.- Selim Esen, de 44 años de edad, Andrew Kinsman, de 49 años, Majeed Kayhan, de 58 años, Soroush Mahmudi, de 50 años de edad, Dean Lisowick, de 47 años y Skandaraj Navaratnam, de 40 años, Kirushna Kumar Kanagaratnam, de 37 años. Gays asesinados por un asesino en serie. La policía cree que podría haber más.  

14.-  Sophia Santos, de 17 años, se suicidó por el acoso recibido en su instituto por vivir abiertamente como bisexual.

15. – John Edward Donnelly, gay de 64 años. Apuñalado en el dormitorio del apartamento que había alquilado en vacaciones en la localidad de Bodrum (Turquía) por dos hermanos. 

16.- Tonya Harvey, transexual de 35 años, fallecía tras ser tiroteada en plena calle en la ciudad de Búfalo.

17.- Ekai, chico transexual vasco de 16 años. Suicidio. 

18.- Isaac Luna García, gay de 19 años. Asesinado.

19.- Orlando Boldewijn, gay de 17 años. Asesinado. Su cuerpo estaba sumergido en un lago tras acudir a una cita Grindr.

20.- Marielle Franco era afrodescendiente, abiertamente lesbiana, feminista y activista en favor de los derechos humanos, de 39 años. Asesinada a balazos.

21.- Andrew Leach, un niño bisexual de 12 años, se suicidó después de llevar un tiempo sufriendo acoso escolar por parte de sus compañeros de colegio.

22.- Roshan, gay de 15 años de Arabia Saudi, contaba que vivía amenazado de muerte por su padre después de que su familia descubriera su sexualidad. Se suicidó. 

23.- Charly, una mujer transgénero de 25 años. Torturada, mutilada y asesinada. Le asestaron 15 puñaladas. 

24.- María Guadalupe Hernández Flores, de 37 años, activista feminista y lesbiana. Asesinada.

25.- Yago Oliveira, adolescente gay, se suicidó tras denunciar en Facebook la terrible situación de acoso homofóbico de la que es víctima por parte de su propia familia que le rechaza desde que asume su orientación sexual.

26.-  Naomi Hersi, mujer trans, fue encontrada con heridas de cuchillo en un hotel cerca del aeropuerto de Heathrow y fue declarada sin vida poco más de 30 minutos después.

27.-  Sheena, una mujer trans de origen afgano, no pudo recuperarse tras ser víctima de cinco disparos en Pakistan, 

28.- Najuzaith Zahell Díaz, gay de 35 años, puertorriqueño afincado en Madrid, fue encontrado en su domicilio del barrio madrileño de Carabanchel cosido a puñaladas.

29.- Thalia, adolescente trans de 17 años. De Mostoles. Suicidio. 

30.- Matheus/Matheusa Passareli, persona de género no binario de 21 años. Activista. Tras asesinarla, a su cadáver le prendieron fuego.

31.- Mujer transgénero. Asesinada por una multitud iracunda después de que circularan falsos rumores a través de WhatsApp de que estas personas era traficantes de niños.

32 y 33.- Dos lesbianas. Las mujeres, de 30 y 28 años, que vivían en el estado occidental de Gujarat, saltaron juntas a un río local, dejando sendas notas explicando que “el mundo no aceptaría” su decisión. 

34, 34 y 35.- Rubén Estrada, Roberto Vega y Uriel López, activistas gais. Ejecutados, ya que presentaban tiros de gracia.

36 y 37.- Tuxtla Gutiérrez y otra mujer transgénero. Asesinadas.

38.- Anthony Said Darmaci, adolescente gay de 13 años. Fue encontrado ahorcado en su vivienda, había sido violado y presentaba signos de violencia.

39.- Alaska Contreras Ponce, mujer trans de 25 años. Fue torturada y asesinada. Apareció con un alambre de púas enredado en el cuello.

40.- José Manuel Ferrada Aguilera, gay de 53 años. Asesinado, presentaba trauma encefálico complicado y compatible con golpes con objetos contundentes.

41.- Vanesa Campos, mujer trans de 36 años. Asesinada por varios individuos que la golpearon y la dispararon en el pecho.

42.- Jamel Myles, un niño de nueve años, se quitó la vida en Denver cuatro días después de iniciado el curso escolar. Fue acosado por sus compañeros de clase después de salir del armario como gay.

43.- Felipe Olguín Gómez, gay de 19 años. Fue asesinado por un sujeto en un paradero cercano a su casa tras haber sido amenazado y ofendido en razón de su orientación sexual.

44.- Jairo Madera Contreras, gay de 40 años. Asesinado de un disparo.

45.- Mujer transgénero, cuatro individuos le prendieran fuego al haberse resistido a ser agredida sexualmente.

46.- Eli, transexual de 59 años. Murió tras recibir una paliza por parte de un menor de 15 años en Valladolid.

47.- Brendon Thomas Michaels, gay de 43 años y gay. Asesinado en su casa.

48.- Fernando Lumbreras, gay de 60 años, cofundador del colectivo Lambda, cuyo cadáver fue hallado en su vivienda de Valencia con signos de violencia por todo el cuerpo.

49.- Manuel Luna, gay de 31 años de edad asesinado y calcinado en Morelia, México

50, 51.- Morelia, México, dos mujeres transexuales asesinadas.

52.Dubái, joven trabajador filipino se suicida tras ser chantajeado por su orientación sexual.

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velas

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IN MEMORIAM: 28 de Diciembre, Día de los Santos Inocentes

Jueves, 28 de diciembre de 2017
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Hoy recordamos, en el día de los Santos Inocentes, los nombres de los asesinados y asesinadas o que acosados y perseguidos llegaron a suicidarse en este año 2017 por ser personas LGTBI. Un auténtico Holocausto del que hemos rescatado estos nombres, estas vidas truncadas, que hemos podido conocer hasta hoy, a través de los medios de comunicación. Pero sabemos que hay más, que muchos otros y otras permanecen en el anonimato. Hoy queremos hacer memoria de todos ellos y ellas y dedicarles este hermoso poema del gran poeta vasco Gabriel Celaya recitándolo, propiciando un momento de reflexión y  pronunciando en alto sus nombres. Se lo debemos.

Con Cristo

SIN COMENTARIOS

He pensado: Un poema no debe de ser vago.

Si quiero que funcione debe de ser exacto.

Entonces no he cantado, he contado

de uno en uno los muertos que llevamos.

Me he sentado ante mi mesa, y he apuntado

sus nombres y apellidos. Sin comentarios.

Al llegar al noveno ya estaba llorando

pero hacia dentro. Sin comentarios.

Veintidós, veintitrés y veinticuatro.

La rabia me retorcía. Las lágrimas corrían.

Pero había que tragarlas. Sin comentarios.

Treinta y tres. Treinta y cuatro.

¿Se pueden llevar más lejos el dolor y el espanto?

He tirado mi boli. He suspirado pensando:

Cumplí lo que podía. Mi poema ha terminado.

Y entonces un amigo me ha anunciado

que acaban de matar al treinta y ¿cuántos?

*

Gabriel Celaya

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1.- Will Walters, gay de 35 años. Suicidio

2.- Joth Wilson, gay de 25 años. Asesinado

3 y 4.-Isak Abshirow, gay de 20 años, y Abdirizak Sheikh Ali, gay de tan solo 15 años. Asesinados por el grupo terrorista somalí Al-Shabab (policía islámica).

5.- Itaberlly Lozano, gay de 17 años cuyo cuerpo fue encontrado sin vida, con heridas por arma punzante, quemado y arrojado en una zona rural, al lado de la autopista. Su madre encargo el asesinato.

6.- Dontae Lampkins, gay de 25 años. Asesinado de un disparo.

7.- William Leslie McGoff, gay de 53 años. Asesinado.

8.- William Denham, gay. Asesinado a golpes.

9.- Amna, de 35 años, y Meeno, de 26, mujeres trans. Introducidas en sacos y golpeadas brutalmente con palos hasta morir por la policía de la moral saudí.

10.- Iván José Chávez, gay de 60 años. Asesinado.

11.- Transexual sin identificar asesinado en el venezolano estado de Lara.

12.- Dandara dos Santos, transexual de 42 años, fue salvajemente golpeada hasta la muerte. Su agresión se subió a YouTube.

13.- Liam McAlpine, gay de 14 años. Suicidio.

14.- Heydeth González, transexual de 19 años. Suicidio.

15.- Paola, transexual de 23 años. Golpeada, arrastrada y violada antes de ser asesinada.

16.- Sherley Montoya Sánchez, transexual de 29 años. Con signos de haber sido torturada y estrangulada. La dejaron envuelta en sacos.

17.- Juan José Roldán, gay de 38 años. Asesinado y con signos de tortura.

18.- Aaron Hernández, bisexual de 27 años. Estrella del equipo de fútbol americano de los New England Patriots. Suicidio por miedo a que se revelara su condición.

19.-Muchacho, gay de 17 años. Arrojado al vacío desde un noveno piso en Chechenia por su propio tío, autor material del crimen, habría procedido de esta forma para “lavar la vergüenza” de la familia.

20.- Héctor Orlando Arce Serrano, gay de 44 años. Falleció tras 21 días de agonía. Fue agredido en razón de su orientación sexual.

21.- Jennifer López “Campanita”, transexual de 23 años. Asesinada: maniatada con una cuerda, bocabajo en su propia cama y desangrada como consecuencia de una herida producida con arma punzante en su cuello.

22.- Gay de 18 años. El agresor, de tan solo 16 años, perforó el hígado de la víctima a la que llevaba meses acosando.

23.- Carlos Augusto Paneso, joven activista gay. Murió una madrugada, después de que recibiera varios impactos de arma de fuego.

24.- Alex Aguiño. El cuerpo de este joven abiertamente gay fue encontrado con señales de haber sido empalado. Falleció después de que lo apuñalaran.

25.- Jessica Rubí, transexual de 32 años. Asesinada y descuartizada.

26.- Jay Griffin, un chico trans de 13 años. Suicidio.

27.- T. Nhaveen, gay de 18 años. Fallece después de cinco días en coma y sufrir una dura agresión de carácter homofóbica que le había dejado con varias heridas y quemaduras en la espalda, además de ser sodomizado con una barra. Al día siguiente comenzaba sus estudios universitarios de Composición musical.

28, 29 y 30.- Jesús Sergio Romero Chavelas de 31 años, Gerardo Ramos Navarete de 32 y Angel Oswaldo Solorio Pichardo de 21, gais. Asesinada a tiros.

31.- Charly Guerrero, trans de 21 años. Asesinado.

32.- Alireza Tajiki, gay de 21 años. Ejecutado en Irán tras pasar 6 en la cárcel.

33.- Fernely Carrión, gay de 16 años. Asesinado por el sacerdote católico romano con el que mantenía relaciones.

34.- Kiwi Herring, mujer transexual negra de 30 años. Murió por disparos de la policía en San Luis (Misuri).

35.- Dexter Pottinger, gay. Cara visible del Orgullo en Jamaica. Asesinado en su casa.

36.- Leo Etherington, chico trans de 15 años. Se suicidio tras no ser aceptado en su colegio.

37.- Joven homosexual tunecino. Asesinado con ensañamiento tras recibir 37 puñaladas.

38.- Ally Steinfeld, chica trans de 17 años. Asesinada. La sacaron los ojos, la mutilaron sus genitales, la desmembraron, arrojaron parte de su cuerpo a un gallinero y el resto lo quemaron. Las autoridades no lo vieron como crimen de odio.

39.- Álvaro Constanzo Hidalgo, gay de 38 años. Fue acuchillado por un sujeto que en reiteradas ocasiones lo habría acosado por su orientación sexual.

40.- Giovanni Melton, gay de 14 años, asesinado por su propio padre de un disparo porque “Odiaba el hecho de que su hijo fuese gay”

41.- Germán Aramburo-Guzmán, gay de 14 años, suicidio por acoso homofóbico en su colegio.

42.- Sasha Alister Patterson, activista trans de 28 años, ha sido asesinada a tiros y arrojada a un montón de basura en un parque.

43.- Francisco Javier Gutiérrez Moreno, gay de 37 años, estrangulado con el cable de una plancha.

  En el Campo de concentración de Chechenia: 30

44.- Abdulmezhidov Adam Isayevich (27 de mayo de 1987)

45.- Abumuslimov Apti Hasanovich (12 de junio de 1989)

46.- Abdulkerimov Said-Ramzan Ramzanovich (25 de marzo de 1990)

47.- Alimkhanov Islam Alievich (6 de julio de 1998)

48.- Abubakarov Adam Dzhabrailovich (5 de mayo de 1995)

49.- Bergaev Ismail Shadidovich (19 de agosto de 1998)

50.- Dasaev Adam Ilyasovich (16 de junio de 1988)

51.- Jabaev Zelimkhan Khizirovich (18 de diciembre de 1993)

52.- Ilyasov Adam Khuseinovich (22 de septiembre de 1997)

53.- Lugaev Rizvan Said-Khamzatovich (13 de septiembre de 1987)

54.- Malikov Rizvan Agdanovich (1 de junio de 1990)

55.- Muskiev Mohma Turpalovich (19 de julio de 1988)

56.- Mussanov Temirlan Ahmadovich (28 de abril de 1986)

57.- Ozdiev Usman Vakhaevich (24 de diciembre de 1989)

58.- Rashidov Doku Ibrahimović (30 de mayo de 1995)

59.- Syriev Magomed Musayevich (23 de febrero de 1993)

60.- Soltamanov Ismail Ezer-Aliyevich (30 de mayo de 1994)

61.-  Suleimanov Magomed Arbeevich (3 de enero de 1987)

62.- Tuchaev Ahmed Ramzanovich (23 de febrero de 1987)

63.- Khabuev Khamzat Slaudinovich (14 de febrero de 1993)

64.- Hakimov Alvi Aslambekovich (16 de noviembre de 1992)

65.- Khamidov Shamil Ahmedovich (14 de noviembre de 1986)

66.- Tsikmaev Ayub Sultanovich (4 de abril de 1984)

67.- Shapiev Muslim Isayevich (28 de noviembre de 1989)

68.- Eskarbiev Saikhan Vahamsoltovich (23 de mayo de 1992)

69.- Yusupov Sakhab Isayevich (19 de enero de 1990)

70.- Yusupov Shamkhan Shaykhovich (17 de junio de 1988)

71.-Zelimkhan Bakaev, gay de 26 años. Cantante asesinado tras ser detenido en un centro de detención para homosexuales. (Agosto de 2017)

Por el criminal ISIS:

72.- Gay ejecutado lanzándolo desde una azotea y lapidado en el suelo.

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velas

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#BoicotCLIE2017

Martes, 26 de diciembre de 2017
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20171210_161627De su blog Homoprotestantes:

Me había propuesto no decir ni una palabra sobre el boicot que la supuesta santa y evangélica inquisición está promoviendo contra la editorial CLIE, pero a sabiendas de que no conozco todo lo que hay tras las bambalinas, y de que corro el riesgo de ser tachado de extremista por quienes han salido en defensa de la mayor casa editorial en el mundo de libros cristianos en español; finalmente he decidido dar mi opinión, sorprendido por lo rápido que algunas personas están haciendo pasar a CLIE por una editorial progresista a la que los fundamentalistas pretenden coartar la libertad de expresión.

Si todavía hay alguien que no sabe lo que ha pasado, lo resumo en pocas palabras: Willy Graham, un colaborador de la revista fundamentalista Protestante Digital, ha comenzado la campaña #BoicotCLIE2017 porque considera que esta editorial está rompiendo el consenso que, al menos oficialmente, existe en el movimiento evangélico español sobre las personas homosexuales. Ese consenso se resume en que no hay personas homosexuales, sino personas con tendencias homosexuales, y que las prácticas homosexuales son un pecado claramente condenado en la Biblia. Y Willy (una persona supuestamente con tendencias heterosexuales que ya algunos han comenzado a poner en duda), considera todo eso porque CLIE hace unos años publicó el libro del teólogo Thomas Hanks “El evangelio subversivo” y porque en el “Gran diccionario Enciclopédico de la Biblia” de esta misma editorial, su Editor General, Alfonso Ropero, escribió un artículo sobre homosexualidad que le parece demasiado gayfriendly. La campaña ha tenido gran repercusión, pero algunos cristianos y cristianas con razón han calificado la actitud de Willy de inquisitorial, y para contrarrestarla han comenzado otra pidiendo a la gente que regale un libro de CLIE estas navidades, o que comparta en las redes fotografías de los que ya tienen y más les han aportado o ayudado.

No hay que ser muy inteligente para saber que, si en el mundo hispano las comunidades evangélicas son mayoritariamente conservadoras o fundamentalistas, algo tendrá que haber aportado la editorial CLIE que es una de las que más literatura les ha suministrado. Así que la identificación de CLIE con la teología que Willy llama liberal, es bastante poco convincente, por lo que el columnista debe tener otros motivos para atacarla. Algunas personas han propuesto que Willy presentó algún libro que la editorial no quiso publicar, pero no me parece creíble, sobre todo cuando uno sabe exactamente como funciona el “mundo fundamentalista”. Y es que, tras las buenas caras, las sonrisas y los “Dios te bendiga”, se esconden las envidias, los recelos y las desconfianzas. En realidad, el fundamentalismo está sometido a una gran presión externa e interna, y es difícil seguir manteniéndolo en pie sin ningún tipo de reforma. Sus dogmas se aguantan con alfileres, y creo entrever una psicosis interna que percibe a quienes son capaces de aportar algo, o simplemente destacar sobre la media, como un peligro para todos. La caza de brujas está al orden del día, y la única razón que la justifica es el miedo y la envidia, además de cierta arrogancia e imprudencia. No conozco a Willy, pero apuesto a que se le pueden aplicar alguna de estas actitudes. Como Caín, no ha podido soportar que personas como Alfonso Ropero le hagan sombra.

Para despejar cualquier duda sobre si las acusaciones recibidas eran ciertas, Eliseo Vila, presidente de CLIE, ha confirmado que la editorial sigue siendo tan homófoba como siempre, que el libro de Thomas Hanks se descatalogó, y que el “Gran Diccionario Enciclopédico de la Biblia” fue modificado en las siguientes ediciones. Que todo se debió a una negligencia de Alfonso Ropero, pero que errores tiene cualquiera. A simple vista parece que Eliseo Vila tiene razón, porque al hacer una búsqueda en la página web de la editorial sobre libros que hablen de homosexualidad, rápidamente se concluye que la homofobia continúa siendo la seña de identidad de CLIE, y si no, aquí va una cita de uno de esos libros: “Defender la heterosexualidad y promover que la homosexualidad no es buena, tampoco debería ser considerado ilegal… toda persona que acuda a nosotros considerando que su atracción por el mismo sexo es algo con lo que no quiere convivir, encontrará comprensión y ayuda para afirmar o reconducir su orientación sexual”. Así que todo el mundo cristiano homófobo puede seguir comprando sin temor sus libros. Aunque quienes no lo sean, además de defender la libertad de CLIE para publicar lo que considere más pertinente, también podrían aportarle algo denunciando su homofobia.

Me cuesta creer que en la familia de Eliseo Vila, o en las del resto de su Junta Rectora, no haya personas homosexuales. Y me pregunto yo, como les pueden mirar a la cara después de lo que ha ocurrido. Sobre todo, porque no me creo a Eliseo Vila cuando dice que la homosexualidad es un pecado, sino que entiendo que está protegiendo los intereses de la editorial (intereses económicos me refiero). La “pela es la pela” y aquí no hay ni familia, ni principios (por muy cristianos que sean). Una vez dicho esto, me gustaría añadir que mucho se critica al negocio económico que se ha construido alrededor del colectivo lgtbi, pero se ignora que existía ya antes. Y me refiero al negocio que comienza un autor cristiano que escribe un libro de ayuda a homosexuales, que continúa en una editorial que lo distribuye a un módico precio a una librería evangélica, que a su vez lo vende a un pastor al que paga una iglesia, con el que predica en su comunidad para hacer sentir enfermo y culpable a un joven gay, que necesitará ayuda pastoral (vuelta a gastar horas de pastorado), que más tarde necesitará pagar un psicólogo evangélico para que le haga una terapia de reconversión (quizás sea ese mismo psicólogo el que escribió el libro, yo conozco a más de uno) y le convenza para que se case; para que después un abogado evangélico lleve el divorcio, o en el peor de los casos, un hospital evangélico tenga que atenderlo por un intento de suicidio. Quien crea que la homofobia evangélica no mueve dinero es que está ciego… Y por mucho que se critique, estoy absolutamente convencido de que para nosotros los homosexuales es mejor gastarse el dinero en una tienda de calzoncillos con relleno de un barrio gay, que pagar a tanto mamarracho que nos quiere amargar la vida. Los calzoncillos con relleno también son un engaño, pero por lo menos pueden ayudarnos a tener un final más feliz.

Solo tengo tres libros de CLIE en mi biblioteca: el “Nuevo diccionario bíblico ilustrado”, el “Comentario al Nuevo Testamento”, y el maravilloso y recomendable “Evangelio Subversivo”. Y aunque tengo preferencia por otras editoriales que considero más progresistas, no dudaría en comprar un libro de ésta si me pareciese interesante. Creo que la diversidad de opiniones y posicionamientos nos enriquece a todas y todos, y no voy a decirle a nadie qué tiene que leer y qué no, para eso ya están los inquisidores de Protestante Digital. Pero de la misma manera pienso que CLIE debería retirar de su catálogo todos los libros que promueven la homofobia, y debería hacerlo no por cobardía (como ha hecho con el libro de Thomas Hanks y el artículo de Alfonso Ropero), sino porque una editorial que se define así misma como cristiana, no puede ser un eslabón más de una cadena de homofobia. No se trata de impedir que la gente lea un libro con un posicionamiento que no compartimos, sino de denunciar que está colaborando con el sufrimiento de mucha gente. Seguro que hay personas que se sienten incómodas con lo que estoy pidiendo yo ahora, no vaya a ser que las confundan con Willy. Pero no se aporta nada si no se señala que la libertad de expresión, sobre todo cuando se supone que viene de personas cristianas, termina cuando con ella se está destrozando la vida de otra. Puede ser la vida profesional, como la de Alfonso Ropero o Thomas Hanks, pero también la vida de tantas y tantos evangélicos lgtbi que sufrirán en carne propia tanto odio disfrazado de cristianismo evangélico que todavía puede encontrase en el catálogo de libros de CLIE.

Carlos Osma

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad, General, Homofobia/ Transfobia. , , , , ,

“¿Puede adoptar un matrimonio homófobo?”, por Carlos Osma

Lunes, 18 de diciembre de 2017
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kids-2989103_960_720De su blog Homoprotestantes:

Los servicios sociales de Alberta (Canadá) han denegado la solicitud de adopción a una pareja evangélica aduciendo que no podrían ayudar a un niño que tuviera problemas de identidad sexual. Este suceso, del que al otro lado del charco no tenemos mucha más información, ha servido para que algunos medios fundamentalistas sigan esgrimiendo que existe una persecución de los cristianos por sus creencias religiosas. De hecho, esta ha sido también la razón que la familia ha esgrimido para demandar ante la justicia canadiense a los servicios sociales: ver violado su derecho a la libertad religiosa.

 Al leer los diferentes medios que han dado la noticia no queda muy claro que llevó, a quienes hacían el estudio de idoneidad, a pedir al matrimonio evangélico aclaraciones sobre su visión de la sexualidad. Mi marido y yo pasamos un proceso semejante en Cataluña y nunca nos pidieron que aclaráramos algo semejante, ni siquiera nos preguntaron si querríamos igual a un niño o niña heterosexual, supongo que al ser gays dieron por hecho que seríamos personas tolerantes. Podría ser que en el caso de este matrimonio, al ser cristianos, se tuviese el prejuicio de identificarlos con personas homófobas. Una asociación que tristemente para el testimonio evangélico, suele ser cierta en demasiadas ocasiones. Sin embargo, yo me decanto más por creer la versión de los medios que dicen que la trabajadora de los servicios sociales cristianos que redactó un primer informe positivo, aconsejó en dicho informe, que debido a las creencias religiosas de la pareja, se evitase asignarles un niño homosexual. Y lo creo, porque las razones esgrimidas para denegarles finalmente su petición no parecen dictadas por personas con una gran sensibilidad hacia la diversidad. De hecho, para los servicios sociales de Alberta, los niños y niñas lgtbi son niñas y niños con “problemas de identidad sexual”. Y como esta pareja no puede dar respuesta a estos “problemas”, pues es mejor denegarles la idoneidad.

Hay varias preguntas que se me ocurren al leer esta noticia, pero la que me tiene más intrigado es: ¿Cómo puede una asistenta social recomendar que no se asigne un niño homosexual a una familia? ¿Cómo detectan la orientación sexual de un niño? A mi se me ocurre que esta asistente social cristiana tiene un montón de prejuicios, y quizás por eso la pareja evangélica le pareció de lo más idónea para adoptar. ¿Tienen los niños gays o las niñas lesbianas alguna característica que permita que el resto del mundo los identifique? Y si es así, ¿Es una característica de las nuevas generaciones lgtbi? Porque a la mayoría de personas lgtbi de nuestra generación, cuando éramos niños nadie nos identificó como algo distinto a un heterosexual en potencia. Si es así, y ya se ha creado una máquina o simplemente un test que pueda determinar si una niña de 3 años, o un niño de 5, es bisexual o lesbiana, o gay; pues podrían empezar a quitar la custodia a todo padre o madre, por muy biológica que sea, con actitudes homófobas. No lo digo en broma, los servicios sociales de Alberta tienen razón cuando determinan que las familias homófobas no son lugares seguros para niños y niñas lgtbi. Aunque añado más, tampoco lo son para niños y niñas heterosexuales.

Otra de las preguntas que se me pasan por la cabeza es por qué una familia homófoba fundamentalista se siente discriminada por sus creencias cuando se le deniega una adopción, y es capaz de poner una denuncia; y una islamista que taparía a su hija adoptada de arriba abajo con un burka, no. O por qué los medios de comunicación fundamentalistas hablan de discriminación religiosa en este caso, y no lo hacen cuando a una familia se le prohíbe realizar la ablación. Más preguntas: ¿Qué tienen en la cabeza para pensar que pueden amar a su hijo aunque no acepten sus “prácticas sexuales”? ¿Dónde perdieron el norte y el contacto con la realidad para darse cuenta que la homofobia haría daño a ese menor y también a ellos? ¿Puede fundamentarse biblicamente una ideología que destruye la vida de tanta gente? Y si es así, ¿quien cree que una administración que tiene la tutela de un menor no debe protegerlo de dicha ideología? ¿Qué derecho prevalece? ¿El de una familia homófoba a adoptar o el de un menor a ser adoptado por una familia que respete quién es y cómo es?

Es tan patético escuchar a personas y leer en algunos medios la mentira de que hay una persecución sobre cristianos y cristianas por su fe. La homofobia no es fe, es miedo e ignorancia, pero no es fe, y mucho menos evangélica. Por eso el testimonio evangélico fundamentalista, más que un testimonio de fe en Jesús Salvador, es una muestra de intolerancia y una amenaza para la convivencia. Las familias homófobas no deberían poder adoptar, no son un lugar seguro para niños y niñas. Sin embargo hay tanta tolerancia hacía la homofobia en las instituciones que pocas veces ocurre un caso como éste. Y quizás por eso ha dado la vuelta al mundo, porque es atípico, y las instituciones que deberían velar por el bien de los menores, no lo suelen hacer de la misma forma cuando son lgtbi. Aunque me reitero, todos los niños y niñas independientemente de como se identifiquen y de la orientación sexual que desarrollen, deberían tener un entorno donde no haya homofobia. Y si no siempre se puede evitar, al menos instituciones como los servicios sociales o los centros educativos, deberían darles protección y velar por su bien.

Algo que también me ha hecho pensar es porqué esta pareja evangélica supuestamente homófoba está dispuesta a demandar a los servicios sociales para lograr tener un hijo o hija por muy lgtbi que sea. En realidad llama la atención, porque muchas de estas parejas que han tenido uno, han verbalizado que les producen vergüenza, sufrimiento, e insatisfacción; o más aún, algunas los han echado de casa, les han dicho que preferirían no haberlos tenido o que hubiesen muerto. Podría ser que se hubieran dado cuenta de lo cruel y poco evangélica que es la homofobia, aunque me decanto por pensar que creen que eso a ellos nunca les pasará. Eso les ocurre a otras familias, porque la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad tiene que ver con la educación, y ellos lo educarán para que sea heterosexual. Ya sé que sólo son especulaciones lo que estoy diciendo, pero hay tanta gente que podría dar fe de lo que estoy diciendo, que a uno le produce una tremenda tristeza saber que a día de hoy hay muchos niños y niñas atrapados en esos hogares que tanto dolor y sufrimiento van a generarles. Al menos los servicios sociales de Alberta han impedido que alguno pase por esta situación.

Carlos Osma

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“Yo vengo de un silencio”, por Carlos Osma

Lunes, 11 de diciembre de 2017
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callateDe su blog Homoprotestantes:

Me siento muy identificado con la letra de la canción “Jo vinc d’un silenci[1]del cantautor valenciano Raimon. Cada vez que la escucho, ya los primeros versos me retrotraen a experiencias que he vivido como homosexual, o que han tenido otras personas ltgtbi que he conocido: “Jo vinc d’un silenci antic i molt llarg de gent que va alçant-se desde el fons dels segles…” (Yo vengo de un silencio antiguo y muy largo de gente que va levantándose desde el fondo de los siglos…). Una experiencia que tiene como fundamento, el silencio, pero no un silencio escogido, sino impuesto por una red invisible, a veces, de normas y tabúes que nos dejaron bien claro en muchos momentos de nuestra vida, que lo mejor que podíamos hacer era mantenernos callados.

Mi primer silencio tenía su razón de ser en la imposibilidad de encontrar palabras con las que expresar lo que sentía. No existía un discurso que me permitiese verbalizar que me pasaba y porqué mi cuerpo se comportaba de una determinada manera, cuando se suponía que tenía que hacerlo de otra. Más que un descubrimiento de la propia sexualidad, mi adolescencia, como la de muchas otras personas, fue un mar de confusión y de falta de referencias. A este primer silencio le siguió un segundo, puesto que cuando ya fui capaz de decirme a mí mismo que me ocurría, no tenía ningún referente con el que poder sentirme identificado. Además, cualquier posibilidad de exponer en público mis sentimientos, para compartirlos con las personas que estaban viviendo lo mismo que yo, hubiese chocado con la homofobia de mi entorno, que evidentemente percibía con claridad. Si no quería ser tratado como un maricón, era mejor no decir quien era el compañero de clase por el que perdía la cabeza. Si no quería hacer sufrir a mi familia evangélica, era mejor no aclararles que yo era uno de esos hombres a los que les gustaría yacer con otros hombres. Un silencio al que hoy sé, me condenaba una sociedad homófoba, y por el que más tarde esa misma sociedad me llamó mentiroso.

Cuando, tras más de un acto heroico, decidí ir saliendo del armario; mi vida fue invadida por una profunda esquizofrenia, producida por la tensión constante de saber si estaba en un espacio en el que podía ser yo mismo, o en otro en el que debía mantenerme callado. Incluso la situación podía complicarse si esos dos espacios coincidían en algún momento. Por poner un ejemplo: comportarme como un heterosexual con mis amigos, mientras les presentaba a mi pareja, para quienes evidentemente solo “era un amigo”. Finalmente, los silencios más complicados de abandonar, fueron aquellos en los que me jugué ser rechazado por las personas que siempre habían formado parte de mi vida: amistades íntimas, personas con las que tantas cosas había compartido en la iglesia, y como no, mi familia. Y para ser sincero, pude verificar con bastante dolor que la homofobia no me engañaba cuando me advertía que mejor me mantuviese callado si no quería perder gente a la que quería. Aunque a día de hoy, y después de varios años de todo aquello, me alegro de haber decidido abandonar ese silencio que me acompañó desde la adolescencia, y que me hubiese impedido tener la vida que hoy disfruto. Llegar a tener una vida normalizada y satisfactoria, cuesta más si eres homosexual, pero es posible. Y lo que es más importante: por mucho que te acompañen personas a las que quieres, pero que te rechazarían si supiesen quién eres, aquello que hay tras el silencio, no es vida.

Después tuve que enfrentarme al silencio de las buenas personas, ese que casi me creí, y que me decía que lo que yo tenía con mi pareja, formaba parte de nuestra intimidad, que no hacía falta que todo el mundo lo supiese. El espacio público solo admitía un discurso, el de la heterosexualidad, ellos y ellas si que podían expresar constantemente que eran heterosexuales, mientras que yo, lo tenía que hacer solo en la intimidad. Las iglesias más progresistas eran inclusivas, pero en silencio, cualquier acto público era evidentemente heteronormativo. Recuerdo por ejemplo que el día de mi boda, hace ahora diez años, en la iglesia se nos quería impedir que hiciéramos fotos, e incluso se nos pidió que identificáramos a los invitados con algún elemento visible para dejarles entrar en el templo. Se trataba de ser discretos, porque si hay algo que tiene que ver con las personas homosexuales, es el silencio. Pero no solo en la iglesia, también en mi entorno laboral, una vez una compañera me comentó que al alumnado no le importaba si yo era gay o no, a lo que yo le contesté que todo ese alumnado sabía que ella era heterosexual y eso hasta ahora no había supuesto un problema para nadie.

Si hay algo que imposibilita cualquier silencio para una pareja homosexual, es tener hijas. Esa es la verdadera razón por la que las organizaciones homófobas luchan contra la posibilidad de que un niño o una niña pueda tener reconocidos dos padres o dos madres. No se trata del bien del menor, créanme que los menores viven sanos y felices, se trata de proteger su discurso de odio. Sin embargo, la sociedad defendiendo todavía sus principios heteropatriarcales, juega a ser inclusiva y progresista cuando por ejemplo dice que los hijos e hijas de las familias lgtbi son tratados de la misma manera que el resto en las escuelas, pero en realidad los discrimina al no incluir su modelo familiar o la diversidad afectivo sexual desde la educación infantil. Se podría hacer todo un estudio de la resistencia que los centros educativos, que tanto hablan de inclusión, ofrecen para cambiar simplemente sus formularios de inscripción. En la inmensa mayoría se pregunta: nombre del padre y nombre de la madre. Para el resto de familias, un inmenso silencio.

Esta mañana leía en el evangelio de Marcos que Juan el Bautista gritaba desde el desierto: “Preparad el camino del Señor. ¡Enderezad sus sendas![2]”, anunciando la irrupción inminente del enviado de Dios. Y pienso que la actitud del precursor del Mesías tiene mucho que enseñarnos a las personas lgtbi. Estamos acostumbrados al silencio, hemos vivido siempre con él, pero necesitamos gritar. Decir con claridad qué sentimos, quienes somos, que nos hace felices o infelices, cuáles son nuestros sueños y miedos, o que nuestros derechos y el de nuestras familias deben ser respetados. Preparar el camino del Señor es hacer que nuestros gritos consigan que otras personas ya no necesiten vivir entre silencios. Enderezar sus sendas es trabajar para que la salvación se haga presente. Y la salvación, no se entiende en el evangelio como una vida tras la muerte, o una elevación del espíritu al cielo, la salvación es vida en abundancia, vida plena. Con nuestras pequeñas victorias sobre el silencio que la heteronormatividad ha querido imponernos, preparamos el camino del Señor… En la medida en que nos vamos liberando de tanta opresión, que enderezamos la senda de nuestras vidas, reconocemos al Mesías de Dios actuando en ellas. El silencio puede parecer a corto plazo algo beneficioso, pero inevitablemente nos aleja de la vida. El Mesías irrumpe tras el grito, tras la llamada al arrepentimiento por tanta cobardía a veces, y tras purificarnos y empezar de nuevo, dejando el silencio en el fondo del Jordán.

Venimos del silencio, pero “d’un silenci que romprà la gent que ara vol ser lliure i que estima la vida, que exigeix les coses que li han negat” (de un silencio que romperá la gente que ahora quiere ser libre y que ama la vida, que exige las cosas que le han negado).

Carlos Osma

[1] https://www.youtube.com/watch?v=4skMnle8R1c

[2] Mc 1,3

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“Conquistar Canaán” por Carlos Osma

Martes, 5 de diciembre de 2017
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guerrabibliaDe su blog Homoprotestantes:

Cristianos y cristianas lgtbi corremos los mismos riesgos que el resto cuando, decididos a apropiarnos de las palabras del texto bíblico, lo alejamos de tal forma de su sentido original que más que actualizarlo para que nos interpele, lo convertimos simplemente en una justificación de nuestros planteamientos previos. Aconseja el libro de Josué aquello de: “Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien[1]”. Algunos y algunas, decididos a prosperar y liberarnos de la ideología heteronormativa que nos ha pretendido robar el acceso a la Biblia, nos acercamos a ella de manera acrítica, repitiendo los mismos errores que cometen quienes la utilizan para deshumanizarnos y hacernos daño. Y cegados por nuestra voluntad inquebrantable de demostrar que somos fieles a lo que “nos dice la Biblia”, nos apropiamos de las promesas que supuestamente ella nos otorga: “Mira que te mando que seas valiente; no temas ni desmayes, porque el Señor, tu Dios, estará contigo donde quiera que vayas[2]”.

La primera vez que escuché los dos versículos que he citado anteriormente tendría unos quince o dieciséis años, fue en un encuentro de jóvenes cristianos que todo el mundo identificaba como heterosexuales. Para quienes allí estábamos, acostumbrados a ser una minoría insignificante en nuestro entorno, y llamados a evangelizar a toda persona que tuviéramos cerca, escuchar que Dios estaba del lado de nuestra pequeña minoría y que no nos abandonaría nunca; aunque parezca estúpido, nos otorgaba una identidad, un proyecto, y la falsa seguridad de que finalmente siempre tendríamos éxito. Al acabar el encuentro y volver a casa, busqué de nuevo estos textos y leí íntegramente el libro donde se encuentran. Allí descubrí que estas palabras fueron puestas en boca de Dios para decirle a Josué que, después de la huida de Egipto y de vagar durante años por el desierto, los israelitas tenían frente a ellos la tierra prometida donde podrían vivir en libertad. Para conseguirla bastaba con someter o expulsar a las personas que la ocupaban. No se hablaba de los sueños, de los sufrimientos, de la vida de quienes vivían en aquella tierra, eran simplemente personas que no formaban parte del pueblo de Dios y que no seguían la Ley; por tanto, eran susceptibles de ser eliminadas. Y así lo hicieron, en Jericó por ejemplo, “destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas y los asnos[3]”. Algo que repitieron en el resto de ciudades hasta finalmente conquistar la tierra: “tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes y los hirió a filo de espada[4]”. Me escandalizó lo que leí, y me resultó imposible identificarme con el Dios de Josué, y la fe de quienes eran sus ciegos seguidores. Pero con el tiempo descubrí que todo lo que este libro explica forma parte del ADN de muchas comunidades cristianas: la fe en un Dios que divide el mundo en nosotros y ellos, y que anima a utilizar cualquier estrategia, por inhumana que sea, para imponer su voluntad. Todo ello apelando a una ley revelada e incuestionable.

Bastantes años después, estudiando más profundamente la Biblia, descubrí que el Dios con el que me topé en el libro de Josué, era realmente el Dios del rey Josías, que reinó en Judá entre el 639 y el 608 a.C. O más bien, al que apeló para llevar a cabo su proyecto político que consistía en expandir Judá hacia el norte para reconquistar el territorio de Israel, que casi cien años antes había caído en manos del Imperio Asirio, centralizar el culto en el Templo de Jerusalén y crear un gran Estado. Este proyecto necesitaba lo que hoy llamaríamos un relato que fuera consistente y le diera legitimidad. El libro de Josué lo consigue relacionando los anhelos de Josías con una historia heroica y triunfal sobre los orígenes del pueblo israelita, y haciendo del Libro de la Ley la norma divina básica que regía la vida del pueblo. Un Libro de la Ley que supuestamente el sumo sacerdote había descubierto en el Templo[5] durante el reinado de Josías, pero que los especialistas creen que fue compuesto en aquella época[6]. A Josías le importaba bien poco la vida de las personas que vivían en Israel, y por esa misma razón, su Dios quería acabar con ellas y robarles lo que era suyo. Pero de la misma manera, no daba valor alguno a la vida de sus súbditos, porque únicamente eran soldados al servició de sus aspiraciones. Que el Dios de Josías no podía cumplir sus promesas lo atestigua que finalmente este rey aspirante a mesías murió en la batalla de Meguido contra el rey de Egipto[7]. Veinte años después Nabucodonosor destruyó el reino de Israel, la ciudad de Jerusalén y el Templo, dando lugar a la deportación y el exilio a Babilonia de gran parte de la población israelita.

Muchos cristianos y cristianas de hoy, acostumbrados a reflexionar su fe a partir de una lectura literal de la Biblia que reconocen como Ley, siguen al Dios de Josías. Para ellos las personas lgtbi no tenemos vidas, ni esperanzas ni familias; solo somos una amenaza para sus deseos de conquistar el mundo a golpe de Biblia. Sus posiciones siempre son de lucha y confrontación, de posesión de la verdad frente a los que vivimos en el engaño, de depositarios de la salvación frente a quienes estamos perdidos en nuestro pecado. Y llaman a la guerra, una guerra que produce víctimas, que hace sufrir a gente a la que no quieren poner ni voz ni rostro, porque su teología se basa en la deshumanización de los diferentes. Se aferran a una Ley que llaman divina, pero que apesta a inhumanidad e intolerancia. Generan muerte sí, pero como Josías, no tienen futuro, porque quien predica y sigue a un Dios de muerte, finalmente logrará su objetivo de encontrarse cara a cara con él. Además, como en el caso de Josías, su discurso es sólo un falso relato disfrazado de religiosidad, con el que engañan a millones de personas que necesitan formar parte de un ejercito que les diga lo que tienen que hacer, y les prometa un mundo que no existe.

Ya hemos hablado de ellos, de quienes siguen al Dios de Josías, pero la pregunta más importante es sobre nosotros, sobre si las personas lgtbi debemos olvidar las promesas de Dios a Josué, y arrancar este libro de nuestras Biblias. En mi opinión, no creo que debamos hacer algo diferente a lo que hicieron los primeros cristianos cuando leían sus textos bíblicos: releerlos a partir del evangelio, de su experiencia con Jesús de Nazaret, y del Dios Padre que éste les había revelado. Un Dios de amor que llamaba a la salvación de todas y todos, que no hacía diferencia entre seres humanos, y que siempre se oponía a cualquier lectura legalista que produjese víctimas. Por eso más que idealizar la entrada de los israelitas en Canaán al gusto de los poderosos, quizás deberíamos tener en cuenta que en realidad sus tribus entraron de manera pacífica en el curso de las trashumancias[8]. Lo que buscaban no era expulsar o asesinar a otras personas, sino encontrar lugares donde poder vivir mejor junto a sus familias. Cuando cristianos y cristianas lgtbi llegamos frente a la tierra prometida, huyendo de aquel lugar donde no éramos humanos, sencillamente carne al servicio del Faraón heteronormativo; cuando por fin, tras dar vueltas por el desierto de la tentación, nos damos cuenta que ahora depende de nosotras y nosotros dar el paso definitivo que nos situará en una tierra más justa; deberíamos atrevernos a hacerlo teniendo en cuenta dos cosas importantes: Que las personas que allí viven deben ver respetada su voluntad de ser felices, y que nuestro bagaje, nuestra experiencia de liberación, no debe ser impuesta, pero sí compartida.

La sociedad en la que vivimos, la iglesia a la que pertenecemos, puede ser Egipto, y en ese caso solo nos queda la posibilidad de la huida si queremos ser felices. Pero también puede ser Canaán, una tierra con sus propias costumbres, que no nos lo pondrá fácil para construir lugares inclusivos pero donde es posible abrir espacios para la convivencia. En ese caso, podríamos dejar de escondernos, de permitir que otros y otras decidan por nosotros, de pasar desapercibidos. No es fácil, hemos sido educados para sobrevivir sin levantar sospechas, con una enorme capacidad para el mimetismo. Sin embargo, creo que ahora, para poder vivir en Canaán, ya no podemos conformarnos con eso, nuestro reto pasa por esforzarnos y ser valientes, no tener miedo ni desmayar, y confiar que el Dios de amor de Jesús esté a nuestro lado para poder vivir y compartir anhelos, sueños, temores, experiencias o deseos, de forma pública. Compartir no para hacer una sociedad a nuestra imagen y semejanza, sino una sociedad más inclusiva para todas y todos. Necesitamos una tierra como Canaán, pero Canaán también nos necesita a nosotras y nosotros. No lo lograremos con ejércitos ni con espadas, será el espíritu del Dios de amor de Jesús quien nos guie hasta la victoria definitiva. Una victoria donde la única víctima será la injusticia.

Carlos Osma

[1]    1,8

[2]    Jos 1,9

[3]    6,21

[4]    11,12

[5] 2 R 22,8.

[6] Finkelstein, I. “La Biblia desenterrada” (Editorial Siglo XXI. Madrid, 2003). Pág. 309.

[7] 2 R 23, 28-30.

[8] Von Rad, G. “Teología del Antiguo Testamento Vol I” (Ediciones Sígueme. Salamanca, 1969). Pág. 372.

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“La sexta Sola”, por Carlos Osma

Martes, 31 de octubre de 2017
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soloamorEn el Día de la Reforma, traemos este artículo de su blog Homoprotestantes:

Tradicionalmente son cinco las creencias teológicas básicas de las iglesias surgidas de la Reforma Protestante: Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus, Sola Scriptura y Soli Deo Gloria. Estas cinco Solas están estrechamente relacionadas entre sí, ya que: “El fundamento para formar parte de la comunidad cristiana es la Sola Fide en la Sola Gratia que se nos revela en Solus Christus a través de la Sola Scriptura con el objetivo de dar Soli Deo Gloria1”. También ha habido propuestas que pretendían añadir un sexto principio como Solus Spiritus, pero muchas voces han evidenciado que está contenido en los cinco anteriores.
 .

Como cristiano gay me preguntaba si desde mi experiencia echaba de menos alguna otra Sola que fundamentara la fe no sólo protestante, sino cristiana en general. Y en seguida me di cuenta de que hay una que sorprendentemente no está entre estas creencias teológicas básicas, siendo en mi opinión, la más básica de todas. Me refiero a Solo el Amor. El Dios que reveló Jesús de Nazaret, el Dios cristiano, si se caracteriza por algo es por el amor hacia su creación. El evangelista Juan lo dice muy claro en esa cita que seguro hemos escuchado en más de una ocasión: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna2”.

 
Es cierto que podría decirse que Solo el Amor no es necesaria como sexta Sola puesto que, como Solus Spiritus, está contenida en las cinco tradicionalmente aceptadas. O más que contenida, es el fundamento de todas ellas y quien les otorga coherencia y sentido. Nadie duda de que la Sola Fide tiene como origen a un Dios de amor que ha querido regalárnosla por su Sola Gratia. Bueno, rectifico, siempre ha habido desde el principio del cristianismo una tendencia a poner condiciones a esa Gratia divina diciendo que únicamente quienes cumplen una determinada moral son dignos de ella. Pero la fe que se fundamenta en Solus Christus afirma con rotundidad que Dios no nos ama porque seamos homosexuales, o a pesar de eso, sino que nos ama porque Ella es amor. Y ese amor se nos reveló en Jesús de Nazaret, que según el evangelio siempre entendió el amor como medida de todas las cosas, pero no un amor a la Ley, o un amor a las instituciones religiosas o políticas, sino un amor a los seres humanos, preferentemente a quienes son objeto de injusticia. Y concretamente sobre eso, dejó muy claro que toda la Ley se resume en: “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo3”. Desde esta premisa podemos afirmar que el punto de partida irrenunciable para la Sola Scriptura, es que ésta únicamente puede leerse desde el amor, y jamás como un arma para condenar a nadie. La Sola Scriptura leída desde la radicalidad de Solus Christus por la Sola Gratia que hemos recibido a partir de la Sola Fide en un Dios de amor, es fuente de liberación. La Sola Scriptura leída desde la Sola literalidad de la Sola Ley recibida a partir de la Sola Imposición en un Dios cruel y justiciero, es fuente de opresión y sufrimiento. Y si cristianas y cristianos lgtbi estamos cansados de ser insultados y menospreciados a golpe de versículo bíblico, no podemos caer en el mismo error, nuestra lectura no puede ser una búsqueda de justificación a nuestra manera de ser, sentir y de amar, sino que desde el convencimiento del amor que Dios tiene por nosotras y nosotros y que se nos reveló en Jesús, podemos escuchar la voz de Dios en su palabra que con amor nos empuja hacia la construcción del Reino para la Soli Deo Gloria.
 
En una reciente entrevista el teólogo peruano Eduardo Arens afirmaba: “Veo la genialidad de Jesús en dos cosas… La primera es haber puesto en el centro al hombre en nombre de Dios… y nosotros lo hemos desplazado, hemos puesto a Dios en el centro y el hombre tiene que agacharse ante un Dios aplastante… La segunda genialidad de Jesús es el nombre de ese Dios que pone al hombre en el centro, y en el centro del hombre pone: Amar4”. Las cristianas lgtbi sabemos algo de todo esto, de ese dios que ocupaba el centro de la fe cristiana en la que fuimos educados, y que nos empujaba junto a muchos otros creyentes fuera de esa fe afirmando que no éramos dignos de llamarnos cristianos. ¿Cristiana y lesbiana? Imposible. ¿Cristiano y transgénero? Abominación. ¿Cristiano y bisexual? Perversión…. Pero el principio más básico de la fe cristiana es ese que dice Solo el Amor. Ese que por la Sola Gratia nos sitúa a todas nosotras y a todos nosotros en el centro y nos dice que somos seres humanos amados por Dios sin condición ninguna. El que nos invita a ser testigos del amor divino en el mundo en el que vivimos. No tenemos que agacharnos para adorar al dios heteronormativo, debemos más bien denunciarlo y expulsarlo de nuestras comunidades para ser fieles al Dios de amor que nos predicó Jesús de Nazaret. Y tenemos que decir a todos esos creyentes que dicen “Dios es amor, pero…” que no hay pero que valga. Que Dios les ama, a pesar de que hayan predicado la homofobia y de que hayan hecho sufrir a tanta gente. Que todavía pueden comportarse como discípulos de Jesús si desplazan del centro de su fe a la iglesia, la palabra, la divinidad, o cualquier otro bien que ellos consideren supremo para colocar el amor al ser humano. También a ellos mismos, puesto que detrás de comportamientos fundamentalistas hay mucha represión, inseguridad y baja autoestima.
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Las Cinco Solas forman parte de nuestra tradición y aportan y seguirán aportando una base firme de nuestra fe. Sin embargo, creo que no solo habría que añadir Solo el Amor, sino que en realidad es ésta la única Sola en la que se fundamenta toda la teología, toda la fe, y toda la experiencia cristiana desde sus orígenes. Y nosotras, personas que por nuestra diversidad hemos visto como en las comunidades cristianas se nos faltaba al amor, por mucho que con palabras se afirmase lo contrario; sabemos muy bien lo desestabilizador que es el mandamiento más básico del cristianismo: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De ahí las construcciones teológicas absurdas que se realizan para poder insultarnos o pedir que se nos discrimine socialmente, y decir que todo eso se hace en nombre del amor. Normalmente porque se da preferencia a cualquiera de las Cinco Solas, generalmente la Sola Scriptura, para pasar como un rodillo por encima de nuestros sentimientos e incluso de nuestros cuerpos, y cuando estamos humillados se nos recuerda que Dios nos ama. Pero el camino que nos enseñó Jesús es claro: Solo el amor y Solo el amor. No hay más Solas que valgan, y si las hay, pueden ser Solas protestantes, evangélicas, católicas u ortodoxas, pero no son Solas cristianas si entendemos el cristianismo como seguimiento de Jesús, porque: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe5”.
 
Solo el amor no es una justificación para sentirnos seguros y tranquilos, por muy necesario y hasta urgente que pueda ser la llamada de Dios a amarnos y superar los traumas que la transfobia, la bifobia o la homofobia ha producido en nosotras. Solo el amor es un principio tan desestabilizador para nosotros como sabemos que es para quienes durante tanto tiempo han intentado humillarnos, porque no es fácil decir Solo el amor cuando no nos gusta la persona que tenemos delante, la forma que tiene de comportarse, o cuando recordamos el daño que ha querido hacernos. Pero Solo el amor es la única posiblidad si queremos seguir a ese Jesús que nos habló de un Padre que nos ama a todos y todas y que nos hace hermanas y hermanos. Puede parecer utópico, y lo es, puede parecer inalcanzable, y seguro que no lograremos estar siempre a la altura, pero Solo el amor, sin autoengañarnos con moralinas santurronas, es el principio y el fin del cristianismo, sencillamente porque si en algo coincidimos todas, es que Dios es amor.
Carlos Osma
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1 Resumo aquí la interesante aportación del Pastor de la Iglesia Luterana Unida de Argentina Lisandro Orlov, en el comentario que realizó a mi artículo “¿Ha muerto la Sola Scriptura?”.
2 Jn 3,16.
3 En referencia a Mt 22,36-40.
4 Entrevista realizada por Jesús Bastante en Periodista Digital.
5 1ª Cor 13,1.

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“Biblia e ideología de género”, por Carlos Osma

Miércoles, 18 de octubre de 2017
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holi-2460509_960_720De su blog Homoprotestantes:

En la inmensa mayoría de las lecturas que se hacen del texto bíblico encontramos lo que nosotras llamaríamos una ideología heterocentrada. Digo nosotras llamaríamos, porque por mucho que nuestras hermanas y hermanos en la fe estén cada vez más obligadas a definirse como heterosexuales, lo hacen por la presión que realizamos. Si no fuera por nuestra pesadez, no serían hetero nada, ni defenderían ideología alguna, porque lo suyo lo definen como naturaleza, biología, y no sé cuantas absurdeces más. Pero nosotras ponemos al descubierto que hay una ideología tras sus planteamientos que se puede resumir con las dos afirmaciones siguientes: Si una persona nace con un pene, es un hombre, y se siente atraído por las mujeres; y si por el contrario nace con una vulva, es una mujer, y se siente atraída por los hombres. Cierto es que esta ideología no niega que existan otras posibilidades, pero como cualquier otro sistema represivo, quienes no encajan son considerados enfermas, pecadores, pervertidas, peligrosos, y se toman medidas contra ellas.

Creo que el texto bíblico debería leerse desde otras ideologías más liberadoras que no creen víctimas, ya que no entiendo cómo se puede afirmar que la Biblia es un texto liberador, y al mismo tiempo utilizar una ideología opresora para interpretarlo. La ideología es un medio del que por una parte no podemos escapar, ya que siempre reflexionamos desde una de ellas, pero que no limita completamente, ya que podemos cambiar de ideología si esta se revela como opresora y tenemos otras a nuestro alcance que no lo son, o al menos, no lo son tanto.

Mucho se comenta en los entornos cristianos sobre la peligrosísima y diabólica ideología de género, sin embargo, a uno le da un poquito de vergüenza escuchar a sus representantes en entrevistas o artículos hacerse las víctimas y llamando al Armagedón con un discurso que deja claro que no saben de lo que están hablando. Por esa razón he pensado (imagino que lo de haber sido profesor de escuela dominical te marca para toda la vida) que podría hacer una pequeña introducción para que por lo menos cuando nos insulten (eso lo van ha hacer de todas formas), si leen este artículo, lo hagan con el vocabulario adecuado. Así que, para no hacer este artículo interminable, me voy a centrar en los conceptos más básicos que utilizan los estudios de género, y los voy a relacionar también de una manera sencilla con una lectura no heteronormativa del texto bíblico.

Distinguimos cuatro ejes, el primero de ellos sería el sexo biológico y se refiere a nuestras características físicas-biológicas, es decir que tiene que ver con nuestros órganos, hormonas, cromosomas… Así que en cuanto al sexo biológico si por ejemplo el apóstol Pablo nació con pene, y supiésemos con seguridad que sus cromosomas eran XY, podríamos decir que Pablo era macho. Pero si por una de esas casualidades a pesar de tener un pene, sus cromosomas eran XX, estaríamos ante una persona intersexual1 en el Nuevo Testamento. Así que para empezar la única herramienta hermenéutica que justificaría dar por hecho que Pablo era macho, sería un análisis cromosómico, lamentablemente (o afortunadamente) no tenemos sus restos mortales y en el siglo primero no se realizaban estudios cromosómicos. De todas formas, creo que en el caso de que Pablo fuera intersexual (algo que deberíamos dar por hecho quienes apostamos por hacer de la Biblia un lugar liberador para todas, sobre todo para las minorías que padecen discriminación), no creo que añadiese o quitase valor alguno a sus afirmaciones más controvertidas, o a su visión sobre la justificación por la fe, a menos que los análisis cromosómicos se conviertan ahora en legitimadores de teologías (tiempo al tiempo). Reconozco que puede parecer poco verosímil que Pablo naciera con vulva y cromosomas XX, es decir, que fuese una hembra. El entorno judío (y no judío) no era nada propicio en estas situaciones, aunque a quienes nos encanta Barbra Streisand su película Yentl nos haga creer que todo es posible. Quizás Pablo fue una Yentl desde que nació, y sus textos más misóginos tengan un origen en la autonegación. Sé que es una propuesta arriesgada, pero no me negarán que si hubiera sido así, sus palabras en la carta a los Gálatas: “No hay macho ni hembra porque todos sois uno en Cristo Jesús”, alcanzarían todo su sentido. Para quienes en este momento se estén rasgando las vestiduras, les diré que se pregunten si cuando ellas dan por sentado que Pablo era un macho, no introducen en el apóstol ideas y categorías actuales que nada tienen que ver con la autocomprensión del propio Pablo. Al menos en mi reflexión la teología ficción no pretende engañar a nadie, y su única voluntad es muy evangélica: la liberación.

El segundo eje es el género, y tiene que ver con la manera con la que nos sentimos, la forma en la que nuestro cerebro interpreta quienes somos dentro de las propuestas que nos son dadas. Así por ejemplo la reina Esther podía ser una mujer, pero no porque tuviera una vulva, dicho de otra forma, la reina Esther no tenía que pararse a pensar que tenía entre las piernas para saber que era una mujer (imagino que mis lectoras tampoco lo harán), sino que su cerebro se entendía de esa manera. De la misma manera quizás podríamos entender que Ruth era un hombre, pero por haber nacido hembra fue obligado a asumir las obligaciones sociales que le fueron impuestas. ¿Quién puede demostrar que no fue así? ¿Quién necesita que Ruth fuera una mujer para que su historia y su ejemplo puedan considerarse dignos de estar recogidos en el Canon? El texto bíblico, a diferencia de la mayoría de sus intérpretes, no se introduce en el cerebro de Ruth para aclararnos cuál era su género. Pero para nosotros Ruth por él mismo y por su ejemplo, era divino, y si se percibía a sí mismo como un hombre, pues estaría dando voz a tantos y tantos de ellos que a lo largo de la historia han tenido que luchar como él para sobrevivir. Para simplificar las cosas, acabaré este segundo eje explicando que nada nos impide pensar que José, el hijo de Jacob, era genderqueer, es decir, que no se sentía del todo cómodo con los conceptos hombre/mujer que había a su alrededor. Quizás fue esa la razón por la que era capaz de soñar e interpretar imposibles. Quizás por eso despertó la envidia de sus hermanos, que necesitaban que José fuera un hombre como ellos. La túnica de colores con la que se vestía era un reflejo de la diversidad que era capaz de albergar, así lo entendió su padre cuando se la regaló, o el Faraón cuando al nombrarlo gobernador de Egipto, le hizo vestir con ropas de lino fino y puso un collar en su cuello. Ninguno de los hombres que lo rodearon al nacer, era como José, ni tampoco las mujeres. Él fue sin embargo el escogido de Dios, porque Dios no necesita un género determinado para manifestarse.

El tercer eje es la expresión de género y tiene que ver con los roles tradicionales que expresan el género. Según estos roles, nosotras podríamos entender que el Dios de Jesús es femenino, ya que se comporta con los roles que en nuestra sociedad (hoy y a esta hora) se asocian con la feminidad: amor, cuidado, protección, perdón, debilidad, tolerancia, etc. De aquí podríamos inferir que los roles masculinos tan presentes hoy en el cristianismo, quizás no tiene mucho que ver con el Dios Padre de Jesús, y que lo que se demanda de cristianos y cristianas es que nos feminicemos para parecernos más a ese Dios que el Jesús crucificado nos revela. Por otro lado también podríamos decir que Débora, jueza de Israel, era masculina, una líder del pueblo que impartía justicia, que llamaba a la guerra en nombre de Dios, y que tomó a diez mil hombres bajo su mando para luchar y vencer a los cananeos. Personalmente creo que muchas personas, independientemente de si son hombres, mujeres o genderqueer, cuando llegan a lugares de responsabilidad dentro de las comunidades cristianas, lo hacen con una expresión de género masculina. El llamado a la guerra contra las personas lgtbi nace también de esta manera masculina de entender el cristianismo, cuando lo que urge para seguir al Dios de Jesús, es feminizarlo. No tenemos demasiados indicios en los evangelios sobre la expresión de género de María Magdalena, aunque todo el mundo da por hecho que era femenina (incluso los más literalistas), sin embargo nada nos impide pensar al leerlos que fuera una persona andrógina, es decir que se comportaba indistintamente, o según el contexto, de manera masculina o femenina. Y es que al final, cuando de la necesidad se hace virtud, muchas personas son capaces de sentirse cómodas en los roles que supuestamente no les corresponderían. Y el valor que tiene el testimonio de María Magdalena, no reside en si era fiel a la expresión de género que se le imponía, sino en su voluntad de seguimiento de Jesús hasta la cruz. Demostrando valor, empatía, fuerza, o cuidado.

En último lugar, el cuarto eje es la orientación sexual, en este caso todo gira alrededor de las personas por las que sentimos atracción sexual. Si suponemos que el rey David era bisexual (porque nos da la gana y porque lo único que nos diferencia de quienes utilizan las lecturas heteronormativas es que nosotras explicitamos que estamos proyectando nuestra ideología), significaría que se sentía atraído tanto por hombres como por mujeres, lo cual explicaría su amor por Jonathan y su relación con otras mujeres. Tampoco hay nada que nos impida creer que la hospitalaria Lidia que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles era heterosexual, es decir, que se sentía atraída exclusivamente por hombres. Aunque estaría bien recordar que, si suponemos era mujer, la atracción que ella podía sentir no le importaba a nadie. Como tampoco importaba quien le gustaba a María, la madre de Jesús, una joven obligada a casarse mediante un matrimonio concertado con un hombre mayor que ella. Aunque si hay un lugar en la Biblia donde la vemos reflejando amor y cariño por alguien, es cuando visita a su prima Elisabet. Por eso estamos convencidos que si Jesús saltó en su vientre cuando estas se encontraron, es porque fue capaz de conocer el amor sincero, aunque al parecer oculto, entre ambas. No hay ni una sola palabra en el evangelio que nos impida creer que María era lesbiana, es decir: que se sentía atraída por personas de su mismo sexo. Lo mismo podemos decir de su hijo Jesús, (a quienes entendemos) nos resulta más que evidente que era gay, que le atraían los hombres. De hecho, el Evangelio de Juan repite constantemente que Juan era el discípulo al que Jesús amaba (y de una manera diferente al resto). Por tanto afirmar que María y Jesús necesariamente eran heterosexuales, es dejarse llevar por una ideología heteronormativa que pretende borrar de la historia a mujeres y hombres que amaron y gozaron con personas de su mismo sexo. Me podría extender, pero para no aburrir a nadie, y porque mi única intención es animar a mis lectores y lectoras a abrirse a otras lecturas y a ser más libres a la hora de aproximarse a los textos bíblicos (no hay lecturas o aproximaciones opresivas que puedan liberar a nadie), acabaré diciendo que Abel era asexual, una persona que no sentía atracción sexual por nadie, no sabemos si era una fase, si estaba rodeado de tan poca gente que ninguna le“hacia tilín”, o si simplemente el joven no estaba por la labor. Sin embargo, y eso es lo importante, Dios sentía un aprecio especial por él (algo que no soportó Caín ¿cuál sería su orientación sexual?).

Sé que me he dejado muchas posibilidades, pero lo más relevante de la llamada “ideología de género” es que invita a todas aquellas personas que no encajan del todo en ninguno de sus modelos, a sumarse, a añadir experiencias, no hay nadie excluido, no hay nadie al que se le pueda decir que está enfermo, o perdida, o que es un depravado. Su voluntad es la liberación, y por eso creo que esta ideología es más útil para las personas que seguimos a Jesús, que la ideología heteronormativa. Esa que excluye y que convierte al cristianismo en algo que nada tiene que ver con el Jesús que nos llamó a todas y todos para construir el Reino, para sumar por la liberación, para amar a quienes son como nosotros, y a quienes son distintas. Así que, si no te has sentido reflejado o reflejada del todo en alguno de los cuatro ejes que he expuesto, o incluso si quieres añadir un eje más, no tienes más que compartir aquí mismo tu experiencia. Seguro que más de una te lo agradecerá.

Carlos Osma
Notas:
1El caso que describo es sólo una posibilidad de intersexualidad. El término en general se utiliza para indicar una variedad de situaciones en las que una persona nace con unas características físico-biológicas que no encajan en los conceptos macho/hembra.

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Entrevista a Andrés Gioeni: “Ya me bajé de los discursos de la infelicidad y el victimazgo de la Iglesia. Hoy camino muy firme en mi matrimonio y mirando hacia el futuro”.

Jueves, 5 de octubre de 2017
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andresgioeniDel blog Homoprotestantes:

Andrés Gioeni se ordenó como sacerdote en el año 2000, un año después dejó los hábitos. Desde entonces ha trabajado como modelo y actor, ha escrito varios libros, se ha casado con Luís, y ha abierto el canal de YouTube “Liberando Conciencias” … Reconoce que su camino no ha sido fácil, pero transmite felicidad, seguridad y sobre todo muchas ganas de hacer de la fe cristiana una herramienta de liberación. En esta entrevista nos habla de todo esto, con naturalidad y seguridad, aun reconociendo que sigue buscando, y que su camino continúa.

Naciste en el seno de una familia católica conservadora, así que asumirte como gay imagino que fue difícil… En algunos países se quieren implementar leyes que permitan trabajar la identidad afectivo sexual en las escuelas, algo a lo que los lobbies homófobos se oponen. Echando la vista atrás, ¿crees que te hubiese ayudado en tu niñez y adolescencia recibir este tipo de educación?

Nací en una familia católica, poco participativa en ritos, pero católica de rótulo. Fuimos de pequeños a un colegio confesional y ahí me nutrí de las cosas de la Fe. Creo que hubiese sido bueno tener esas miradas de la identidad afectivo sexual en la escuela. Pero no sé qué hubiera sido de mi vida. No la imagino. Porque hoy soy quien soy por esa historia concreta. Como esos temas no se hablaban no sabía que esas cosas podían pasar. Así que viví toda mi infancia ignorando que era gay.

Creo que es sumamente importante que desde la escuela se inculque y se enseñe que hay diversas formas de sexualidad y de identidad, eso ahorraría dolor y acortaría caminos de reconocimiento, que a lo largo de la vida significa libertad, felicidad, aceptación, sanación, apertura, diálogo, encuentro.

Has comentado en alguna ocasión que dudaste hasta el último momento entre dedicarte a la medicina o al sacerdocio, intuyo que para ti el cristianismo y la ayuda a los demás van íntimamente unidos. ¿O el sacerdocio fue para ti simplemente una huida para no aceptar tu orientación sexual?

Siempre dudo si inconscientemente la elección del sacerdocio fue una huida. Porque en aquella época no tenía clara mi orientación. Y estaba muy entusiasmado con poder entregarme de lleno al servicio de los demás. Pero supongo que en el fondo algo del tema sexual no resuelto estaba empujando. En aquella época estaba de novio, nos llevábamos muy bien con ella, compartíamos ideales y hasta habíamos proyectado algunas cosas juntos. Creo que si sexualmente hubiera habido algún tipo de deseo no se justifica por qué dejar todo y entrar al Seminario.

Pero lo que tengo claro es que la vocación de servicio estaba presente, en el estado de vida que fuera. Hoy no soy ni médico, ni ejerzo el ministerio, pero vivo ambas cosas desde el arte: sanando, ayudando a abrir los ojos, abriéndome a la Vida, entrando en empatía con las personas, etc.

Como sacerdote has reconocido que ayudaste a mucha gente, que compartió contigo sus dudas o miedos, a encontrar respuestas. Suena doloroso cuando uno piensa que la persona que buscaba respuestas y necesitaba abrirse eras tú… ¿cómo recuerdas esa experiencia?

Por mi forma de ser no soy de abrirme demasiado, soy de rumiar todo por dentro mucho tiempo. Y compartirlo con poca gente. Reconozco que las búsquedas de otras personas me ayudaron a canalizar y encontrar respuestas a las mías.

Tuve un proceso de reconocimiento sumamente doloroso y no se lo deseo a nadie. Aún hoy cuando lo recuerdo y miro hacia atrás, me apeno de aquel Andrés pasando por ese proceso, atravesándolo, sufriendo ese vía crucis. Pero esa travesía me fue forjando y estoy orgullosos de ser quien soy, con mi pasado que asumo, redimo y me hace ser quién soy.

Es como si no entendiera que son momentos claves para forjarnos. No se los deseo a nadie, pero los veo muy necesarios.

Mucho se habla del celibato obligatorio de los sacerdotes católicos. Tú sin embargo has reconocido que visitabas páginas de contactos gay. ¿Conociste muchos sacerdotes gais? ¿Vivian reprimidos o sencillamente llevaban una doble vida?

Sí, por curiosidad entraba a un chat gay, al principio sólo por fantasía. Era como una especie de deseo reprimido, necesitaba experimentar algún encuentro de tipo sexual. En algún momento como humanidad entenderemos que la sexualidad es fundamental en la persona humana.

Con respecto a la mayoría de los sacerdotes que intuía que eran gay después me enteré que llevaban doble vida. No lo sabía en aquella época y además era bastante intransigente. Será por eso que tampoco me permitía reconocerme y aceptarme a mí mismo.

Ahora estás felizmente casado. Mirando hacia atrás, ¿qué crees que hubiera aportado a tu labor como sacerdote el haberte podido casar con tu actual marido?

Mucho, muchísimo. Luis tiene una mirada de la vida complementaria a la mía. Es muy ácido y muy crítico, pero a la vez muy sensible y sabio, una fe despojada de prejuicios.

Creo que el poder estar con otra persona, convivir, conversar, disentir, pelear, pactar, resolver, proyectar, compartir, amar, es un don inconmensurable que aporta una sabiduría al ministerio pastoral.

Otra hubiera sido la mirada de las cosas. Y creo que hubiera iluminado varios aspectos de mi sacerdocio.

En 2001 dejaste el sacerdocio, y al poco tiempo fuiste portada de la revista gay Imperio. ¿Cómo llevó eso tu familia?

“Al poco tiempo” es relativo. Pasó mucha agua bajo el puente, fueron seis meses convulsionados. Fueron como diez años condensados en seis meses. Había retomado más a fondo mis estudios de actuación y también estaba trabajando en desfiles para una marca de trajes de baños. En ese contexto me ofrecieron posar para una revista y pensé que eso ayudaría a mi nueva carrera artística. Y fue así que hice las fotos. Pero con la ingenuidad de creer que eso quedaría entre los lectores de la revista. Como los de “Imperio” tampoco conocían aún mi pasado, no hicieron revuelo, era un modelo más en sus publicaciones. No tenía idea que la revista se repartía gratuitamente en todos los boliches gay del interior de Argentina. Y fue así que la revista llegó a mi tierra natal. Cuando la vieron en Mendoza, se desparramó la noticia. No lo sé… pasaron tantas cosas, aprendí tanto con esas fotos. Somos una sociedad hipócrita. La desnudez es un tema tabú, porque la sexualidad y la corporeidad lo es. Para mí fue una bisagra, ya todos sabían mi condición y eso me ayudó a liberarme y a salir del closet. Quizás de forma brusca.

En 2013 enviaste una carta al Papa Francisco que todavía no ha sido contestada en la que le pedías que incentivase una mayor profundización en la teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual”. Pero cuando uno lee el Catecismo de la Iglesia Católica encuentra por ejemplo que incluso la masturbación es un acto intrínsecamente y gravemente desordenado, puesto que no está al servicio del sentido de la sexualidad que no es otro que la procreación. ¿No crees que la teología moral católica está completamente alejada de la realidad humana, y que más que profundizar en ella habría que llamar a reformarla de arriba a abajo?

Claro que sí, la teología moral católica está alejadísima de la realidad humana. Y mientras más profundizo en algunos temas, más me doy cuenta de esa distancia atroz. Lo peor de todo es que todavía se sigue fomentando esa lejanía. No sólo no se incentiva un diálogo con las ciencias y con las diversas disciplinas humanas en búsqueda de la verdad, sino que se hace con soberbia y altanería. Se han olvidado de la humildad y de reconocer que falta mucho todavía por desentrañar de la humanidad. Si la Iglesia y la Teología dejan de dialogar con la realidad va a quedar confinada a un discurso hermético y errático.

Volviendo al tema de tu matrimonio, estoy convencido de que el día de vuestra boda fue un momento inolvidable para vosotros y la gente que os quiere, sin embargo, la Iglesia Católica no reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo. ¿Cómo te hace sentir eso?

No me hace mella alguna. Le perdí totalmente el respeto a lo que la Iglesia pueda decir en el campo de la moral y sobre todo en el campo de la sexualidad. Está tan egocéntricamente cerrada en su puritanismo, que pierde de vista cualquier intento de comprender que el hombre fue creado sexualmente. Es cada vez más parecida al monasterio de Port Royal: “castas como ángeles, soberbias como demonios”. El daño que le han hecho a las parejas, a los novios, al matrimonio, a nuevas formas de amor. La cantidad de gente que han frustrado.

Ya me bajé los discursos de la infelicidad y el victimazgo de la Iglesia. Hoy camino muy firme en mi matrimonio y mirando hacia el futuro. Con Luis llevamos ya casi 14 años juntos y la Iglesia no es quién para ponerle un rótulo diferente a mi relación con él.

Justo ahora has comenzado un canal en YouTube llamado “Liberando Conciencias” y ya en su presentación lanzas un reto interesante a tus oyentes: “¿Tenéis ganas de vivir una fe madura e inteligente?”. Puedes hablarnos de este proyecto, por qué surgió y qué pretende.

Es un proyecto al que le estoy dedicando mucha energía. Surgió de la cantidad de consultas de gente que cree, pero tiene disensos inteligentes con lo que la Iglesia Católica “manda creer” como “fórmulas cerradas”. Con un grupo de amigos comenzamos a pensar de qué manera mostrar otras miradas, no excluyentes ni absolutistas. Sino una nueva forma de mirar las cosas que nos inculcaron desde la cuna, en nuestras escuelas, familias, iglesias.

Está dirigido sobre todo a la gente de fe. Pero no queremos cerrarnos a nadie. Nos gusta cuando un tema se debate, se discute, se abre a nuevas aristas. Esa es nuestra intención: seguir buscando la Verdad. A la que todavía no conocemos profundamente. Y la idea es poder hablar de diversos temas, que la gente nos proponga temas que le interesa encarar desde otro lado. También nos obliga a investigar, escuchar, estudiar, conocer lo que otros han dicho de manera inteligente.

Matías, Leonel, Luis, Lauti, Julián, Agustina, Félix. Todos colaboramos desde diversos lugares para hacer realidad este proyecto.

Pero nos gustaría tener más llegada, que tenga más repercusión, que se propague. Creemos que pensar y hablar estas cosas nos hace crecer como humanidad, nos hace liberarnos y nos hace tomar decisiones más conscientes. Y es lo mejor que le puede pasar a cualquiera: tomar decisiones maduras, informadas, libres.

Pues espero que lleguéis a mucha gente con el canal, muchas gracias por la entrevista, pero no me gustaría terminar sin preguntarte: ¿qué es lo que crees que te ha ayudado a no perder la fe cuando es evidente que ha sido puesta a prueba por personas con las que compartes el seguimiento de Jesús?

He intentado diez mil veces darle la espalda a la Fe, darle la espalda a Dios. Hasta desde un lugar de pensamiento y aun metodológicamente como buscador, de querer desprenderme de ese dato y pensar la realidad despojado. Pero es en vano, descubro a Dios acompañándome en cada tramo de mi vida y en cada rasgo de la Historia, propia y de la Humanidad.

Cómo nos da la libertad para optar, decidir, realizar nuestra propia vida. Y a la vez permanentemente ofreciéndonos la posibilidad de aprender y crecer aún de cosas malas, de realidades dañinas, o decisiones erróneas, pero que después las podemos transformar y sacarle provecho. La naturaleza misma que nos rodea está llena de ejemplos y símbolos de los que podemos aprender.

Estoy convencido que Dios está, que nos acompaña, que es un Dios de Amor y de Paz. Y me apena que muchas veces sea tergiversado desde el discurso que se da desde los púlpitos, de las catequesis, desde los pizarrones.

La gente tiene que animarse a escucharse más, a buscar a Dios en su interior y dejar de escuchar los discursos de “los predicadores de la infelicidad.”

Andrés Gioeni

Entrevista realizada por Carlos Osma

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“Job para la comunidad LGTBI+”, por Carlos Osma.

Miércoles, 20 de septiembre de 2017
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en-tierraDe su blog Homoprotestantes:

Si los cristianos LGTBI+ hiciésemos una selección de libros de la Biblia donde escuchamos con más claridad la Palabra de Dios dirigiéndose a nosotras, con toda seguridad Job no faltaría. El autor de esta obra elige como protagonista a un hombre que no solo no era judío, sino que formaba parte de un pueblo, el edomita, percibido como enemigo por los israelitas. De hecho “Edom ha seguido siendo en el judaísmo el nombre que describe crípticamente a los estados o poderes que persiguen a los judíos(1). Y no hay más que escuchar hoy los mensajes de la ortodoxia cristiana, que hace de nosotras y nuestra supuesta ideología de género” el poder demoníaco que la amenaza, para entender que la experiencia del edomita Job refleja en buena parte la nuestra.

Comienza la obra con un Dios que se muestra satisfecho por la actitud y el comportamiento de su siervo Job: “Ciertamente no hay otro como él en la tierra: hombre justo y honrado(2), a lo que Satán, una especie de fiscal de la corte celeste, responde: “¡lánzale tu mano, toca lo que es suyo!, ¡a ver si no te maldice a la cara!(3). Y tras el permiso de Dios para que Job fuese puesto a prueba por Satán, con la condición de que no tocara su cuerpo, el tentador acabó con sus siervos, su ganado y finalmente con sus hijos e hijas. Cuando Job recibió la noticia de que lo había perdido todo, mostró su dolor: “se rapó la cabeza y se arrojó por tierra, prosternándose(4)” y exclamó: “¡Desnudo salí del vientre de mi madre y allí volveré desnudo! Dios dió, Dios quitó; ¡bendito sea el nombre de Dios!(5). De esta manera se mostró respetuoso ante la voluntad divina.

Nuestro protagonista es presentado en un estado de perfección paradisíaco, desde donde se erige como ejemplo a imitar, él es sin duda el ideal al que aspira el patriarcalismo. Digamos que Job es un hombre “como Dios manda”, un hombre de éxito y un ejemplo para la sociedad en la que vivía, su vida es la confirmación de la teología del momento: “quien asume su lugar en el mundo patriarcal, tiene éxito y todo le va bien”. Como indica con acierto Satán, desde esta posición es fácil ser íntegro, por eso el enviado de Dios le hace caer de la cúspide y le desposee de todo aquello que lo convierte en un modelo positivo de masculinidad. No parece importarle demasiado al autor cómo se siente Job por la pérdida de sus hijos e hijas, si fuera así podría haber escrito una obra entera para explicarnos sus sentimientos, pero prefiere centrarse en la situación de un hombre que ha recibido la afrenta de perder sus riquezas, y lo que es más importante, de no tener ya una descendencia que recuerde su nombre. Job de un plumazo, es expulsado del centro de poder heternormativo de su tiempo y es empujado a los márgenes de la sociedad, esa en la que vivían los perdedores, los pecadores.

Eso es lo que somos las personas LGTBI+ a ojos de la religiosidad legalista, personas desposeídas de la dignidad suficiente para ser ejemplo de cualquier cosa. Seres humanos lanzados por la heteronormatividad desde lo alto de la cúspide de la sociedad a lo más bajo e indigno justo en el momento en el que nos atrevemos a mostrarnos íntegros y agradecidos con la diversidad con la que Dios nos ha bendecido. Y al recibir la noticia de que hemos perdido todo aquello que nos hace respetables para nuestras iglesias, nuestras familias o amistades, tenemos la opción de comenzar a gritar y a revolvernos sobre nosotros mismos añorando volver al Edén perdido. Muchos hemos pasado por ahí durante años, implorando el perdón con cada una de nuestras acciones. También podemos renegar del Dios al que hemos seguido, porque quizás simplemente lo hacíamos por inercia cuando todo nos iba de maravilla. O finalmente podemos entender que nuestro seguimiento no depende del lugar donde el Satán de la homofobia, la bifobia y la transfobia nos haya colocado. Que desde cualquiera de los escalones de la pirámide social, aunque sea el último, podemos trabajar por la justicia, podemos servir a Dios. Porque la denuncia del Satán que nos humilla, de la transfobia, homofobia, bifobia, del machismo… se puede hacer desde cualquier lugar; pero no hay grito más constante, o acción más decidida, que la de aquellos y aquellas que ya no pueden descender más, y que se abandonan a la voluntad divina para destruir pirámides y construir un mundo nuevo donde todos los seres humanos tengan el mismo valor.

Ante la muestra de fidelidad de Job, Dios se alegra ante Satán: “Aún se aferra a su integridad, pese a que me incitaste contra él para que lo destruyera de balde(6). A lo que el destructor responde: “ponle la mano encima y tócale huesos y carnes…, a ver si no te maldice a la cara(7). Y tras recibir el permiso divino con la condición de que no le quitara la vida, Satán “hirió a Job con escoriaciones malignas de la planta del pie a la coronilla(8). Pero Job se mantuvo firme incluso cuando su esposa le incitaba a que maldijera a Dios y se muriese. Su respuesta contundente: “hemos de aceptar de Elohim el bien, y ¿acaso no hemos de aceptar el mal?(9).

La heteronormatividad, no sólo tiene un impacto en nuestras relaciones o en la manera que la que la sociedad nos percibe, también lo tiene sobre nuestro cuerpo. Sabemos exactamente como son los cuerpos que la heteronormatividad construye, y como deben expresarse dependiendo del género que se impone. Y para conseguir la aceptación muchas personas torturan su cuerpo en un gimnasio, toman vitaminas, anabolizantes, o se ponen silicona en cualquier parte del cuerpo. Otras van un paso más allá y entienden que la castración es la única posibilidad para hacer concordar su género y su sexo. La lucha por la aceptación tiene un precio muy alto en los cuerpos de quienes creen que es posible satisfacer las exigencias heteronormativas, y finalmente acaban por sucumbir, porque si hay algo efímero en nosotras, es nuestro cuerpo. Sí, ese cuerpo que es reducido a la capacidad de gestar en las mujeres, o a los genitales en los hombres gays. A un error de la naturaleza en el caso de las personas trans, a un objeto erótico en el de las mujeres lesbianas, o si hablamos de personas interesexuales, a un lugar de experimentación donde los divinizados doctores eligen cuál es el sexo más conveniente.

Quien no se haya percatado ya de que la ideología heteronormativa ha llagado nuestros cuerpos para hacerlos parecer enfermos y repugnantes, es que prefiere estar mirando hacia otro lado. Y cuando el autodesprecio a una misma y el rechazo al propio cuerpo es tan grande, quizás la tentación de maldecir a Dios y tirarlo todo por la borda se hace presente. Supongo que es la falta de autoestima, de respeto al propio cuerpo, lo que lleva a muchas personas a mantener relaciones sexuales sin protección, a buscar placer a través del dolor corporal, o a encomendarse a doctores sin escrúpulos ni preparación que les rajarán de arriba abajo. Sin embargo Job nos invita a rechazar dichas tentaciones. Incluso cuando la heteronormatividad se ceba con nuestro cuerpo, nosotras podemos mantener la dignidad y no lanzarnos en manos de la muerte. La desesperación puede ser muy fuerte, pero es posible resistirnos, esa es la única forma de acabar con ella. El Satán del libro de Job desaparece para siempre cuando éste se niega a rendirse y maldecir a Dios, ya no aparecerá de nuevo, serán otros los tentadores, pero es posible enfrentarse a ellos cuando una ha sabido sortear la muerte. Cuando ha elegido no maldecir y vivir, cuando ha decidido mirar hacia delante a pesar de todo, proponiéndose respetar el propio cuerpo y construyéndolo en consonancia con la propia identidad, no con la que la ideología del binarismo impone.

Job tiene razones para sentirse decepcionado con el Dios en el que cree, por mucho que diga acepar el dolor que cree que éste le está produciendo, es evidente que se siente dolido, ¿quién no lo estaría? Pero si no reniega de Dios y de la vida, es porque aún le queda alguna esperanza de que ese Dios sea realmente quien le ayude a alcanzar la justicia que como ser humano merece. Y esa es la misma esperanza que tenemos los cristianos y cristianas LGTBI+, lograr que ese Dios que un día creímos que era nuestra enemiga, se ponga de nuestro lado y nos traiga  justicia. No se trata de venganza, el libro de Job no habla de eso, sino de dignidad. Y de descansar en la promesa de que Dios está siempre del lado del oprimido, y que es nuestra obligación denunciar a quienes utilizan su nombre para imponer una ideología de odio y exclusión.

Carlos Osma

Recuerda que puedes dejar tu opinión sobre este artículo aquí mismo.

Si deseas leer un artículo relacionado: Teología de la opresión en el libro de Job.

Notas:

  1.  J. Trebolle, S. Pottecher. Job(Madrid; Editorial Trotta, 2011), p.102
  2.  Job 1,8
  3.  1,11
  4.  1,20
  5.  1,21
  6.  2,3
  7.  2,58
  8.  2,7
  9.  2,11

Artículo publicado originalmente en la revista Locademia de Teología

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“Atentados, religiones y desculpabilizaciones”, por Carlos Osma

Viernes, 25 de agosto de 2017
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BARCELONA, SPAIN - NOVEMBER 16: Muslims from Barcelona gather to condemn Friday terror attacks in Paris by holding posters at Placa Sant Jaume in Barcelona, Spain on November 16, 2015. (Photo by Albert Llop/Anadolu Agency/Getty Images) De su blog Homoprotestantes:

No hay programa de televisión o de radio, no hay artículo periodístico o declaración de responsable polític(a)o que no intenten aclarar que los atentados cometidos en Barcelona y Cambrils por el ISIS nada tienen que ver con el Islam. Le faltó tiempo a la Comisión Islámica de España para condenar esta acción terrorista, sabiendo que las musulmana(e)s españolas serían víctimas colaterales de lo ocurrido. Gente que bastante tiene con intentar tirar hacia adelante con su familia lejos de su país, o personas que todos los días tienen que demostrar que son tan catalanas como los demás, que llevan años viviendo aquí, y que las catorce víctimas mortales y la interminable lista de heridos las sienten tan suyas como el resto.

Sin embargo, si tengo que ser sincero en todo este discurso de los medios de comunicación y responsables políticos hay algo que no me convence, que no me parece que responda a la realidad. Centro mi reflexión no sólo en el ámbito del Islam, sino también en el resto de religiones abrahámicas. Me parece que toda esa voluntad de desculpabilizar a las religiones de la violencia que se realiza todos los días en nombre de Dios, si por una parte es correcta, porque qué culpa tiene cualquiera de mis alumnas musulmanas, o de mis amigos judíos, o yo mismo como cristiano, de que alguien decida sembrar la muerte a su alrededor en nombre de Dios; por otra no lo es tanto, ya que este trato infantil a las religiones las puede hacer sentirse seguras a corto plazo, pero no resuelve el problema de fondo, que no es otro que la facilidad que tienen para albergar o incluso crear violencias.

Toda la razón para quienes ahora estarán pensando que la violencia más grande que sufre la mayoría de la población en el mundo se llama capitalismo, y que nada tiene que ver con la religión. Supongo que también es verdad que la violencia es innata al ser humano y que toda institución humana tiene que lidiar con ella. Si a algún(a) creyente esto le sirve para acallar su (mala) conciencia, pues bien, pero para mí no es una respuesta completamente satisfactoria. Nuestras religiones generan violencia, y además no son actos puntuales, la historia es ejemplo de lo continuada, macabra e indiscriminada que es la violencia que se realiza en nombre de Dios, y que todas las religiones han realizado en algún momento. Y no solo en el pasado sino también el presente, porque aunque es loable el trabajo que realizan para defender la vida donde nadie más se atreve a hacerlo, no lo es menos, que cristianos, judíos y musulmanes son lobbys poderosísimos contra los avances en los derechos de las minorías y contra la vida de algunas mayorías.

Se echa de casa a una hija lesbiana, se apedrea a un mujer “adultera” , se pone una bomba en una iglesia cristiana, se tira la casa de una familia palestina, se golpea hasta la muerte a un hombre transexual, se apoyan gobiernos corruptos, se miente, se engaña, se excluye, se predica el odio contra los diferentes, se disfruta de privilegios predemocráticos, se vende a una hija al mejor postor, se azota a un hijo, se niega a una mujer la posibilidad del sacerdocio, se culpabiliza a personas con vih+, se realiza una ablación, se empuja a abortos sin las condiciones mínimas de higiene, se justifica una guerra, se aplica la pena de muerte, se realizan terapias reparativas a homosexuales, se silencian las voces discordantes incluso a tiros… se bombardea, se atropella a turistas en las Ramblas de Barcelona…Y podríamos seguir y seguir explicando todo lo que se hace amparándose en la voluntad divina. Y podríamos seguir y seguir diciendo que las religiones no tienen la culpa de todo esto. Quizás es verdad por una parte, pero intuyo que es mentira por otra.

¿Qué hace de la religión un lugar propicio para lo mejor y lo peor del ser humano? Supongo que la respuesta es que cualquier creación del ser humano tiene esta dicotomía. Sin embargo yo intuyo un problema añadido, y es que al darle a la religión un halo divino, se aleja toda la responsabilidad del ser humano, y de la comunidad religiosa y se lanza al infinito, a Dios mismo. En esas condiciones todo está permitido, incluso cualquier acto que a simple vista nos parezca inhumano. ¿No puso Abraham a Isaac encima de un altar para sacrificárselo a Dios? ¿Pues por qué no voy a golpear a mi hija por decirme que se a enamorado de otra mujer? ¿No mandó Dios a Josué a conquistar la Tierra Prometida? ¿Pues por qué no voy a robar a los palestinos su casa? ¿No le dijo Dios a Débora que las tribus debían ir a la guerra? ¿Pues por qué no me va a decir Dios a mí que me ponga un chaleco explosivo y lo haga estallar en medio de un mercado de Irán?

Y no solo es que no hay responsabilidad para ser crítico con los propios actos, sino que se supone que se tiene acceso a la verdad absoluta, a lo correcto, a lo justo; frente al resto del mundo que está equivocado. Yo y los míos seguimos la voluntad divina, somos el remanente fiel, y el resto se han apartado más o menos de lo que Dios ha determinado. Nuestra responsabilidad es por tanto, traerlos de nuevo al redil, al lugar correcto, al pensamiento verdadero, a la ortodoxia. Los míos, los que piensan como yo, son mi comunidad y me otorgan mi identidad. Un pensamiento que tienen algunas personas que viven a nuestro alrededor, y que en mi opinión es el origen de toda violencia que se hace en nombre de Dios.

Aquí es donde deberíamos incidir los creyentes en nuestras propias tradiciones religiosas si no queremos que la violencia religiosa se perpetúe. Explicar que tener fe en Dios, tener una determinadas convicciones, no suponen tener la verdad, estar en el camino correcto, frente al resto que estaría perdido. Que el centro de toda religión debería ser la vida, la felicidad de todos los seres humanos, y que las convicciones o las tradiciones son un medio para lograrlo, pero que podemos modificarlas, reinterpretarlas o incluso cambiarlas, si vemos que generan violencia y sufrimiento. Los atentados en Barcelona, o los que tienen lugar en muchos lugares del mundo, no son religiosos, o quizás sí, porque se apropian de las brechas que la religión ha creado dentro de ella para albergar la violencia. Podemos desentendernos y decir como los medios de comunicación que religión y violencia no tienen nada que ver, o hacer una reflexión y cambiar todo aquello que es capaz de dar una mínima justificación a quienes siembran de muerte nuestras calles, pero también nuestras mezquitas, sinagogas o iglesias. No importa que seamos minorías, deberíamos denunciar y poner en evidencia todos aquellos mensajes de odio que nuestras tradiciones religiosas predican todos los días. El valor supremo de la religión no es la Ley de Dios, sino el ser humano independientemente de cualquier otro condicionante. Por esa razón todo lo que lo convierte en un esclavo de la Ley, o en un medio para alcanzar cualquier tierra prometida o Edén perdido, no tiene nada que ver con el Dios que se reveló a Abraham, ese del que nos habla la Biblia hebrea, la cristiana o el Corán.

Carlos Osma

Cristianismo (Iglesias), General, Iglesia Católica, Iglesias Evangélicas, Islam, Judaísmo , , , , ,

“De teologías y lugares santísimos”, por Carlos Osma

Viernes, 18 de agosto de 2017
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traserosDe su blog Homoprotestantes:

En la primera carta que Pablo escribió a la iglesia de Corinto les recordaba: “Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo1, además explicaba que unos eran mano, otros ojo, oreja, o píe. Es decir, que cada uno tenía una función en ese cuerpo que era la comunidad de Corinto, y gracias a todos ellos y ellas, la comunidad funcionaba correctamente. Posteriormente esta metáfora se ha utilizado para hablar de todos los cristianos y cristianas que forman la Iglesia independientemente de cualquier condición. Y como la reflexión cristiana se hace siempre desde el lugar simbólico que ocupamos, la Iglesia se ha visto influenciada por teologías que provienen de diferentes lugares corporales. Dicho de otro modo, la teología no sólo ha modelado cuerpos, sino que los cuerpos también han construido teologías.

Algunas se han elaborado desde el cerebro, situándolo a él como el elemento principal desde el que entender quien es Dios y qué quiere de nosotros. Otras, alejándose o no del cerebro, creen que el lugar privilegiado desde el que podemos hablar de Dios son las manos. Gracias a la labor que ellas realizan el Reino de Dios se puede hacer presente. También hay teologías que se centran en la boca, en repetir como cacatúas lo que antes han dicho otros, sin pasar en ningún momento esa información por el cerebro, y mucho menos utilizando las manos para verificar que se está diciendo algo con sentido. Por descontado también están las que se hacen desde el ombligo, desde la reflexión en uno mismo, en lo que necesito, lo que quiero, lo que es mío. Y podríamos seguir y seguir enumerando el resto de lugares del cuerpo y las teologías que de ellas se desprenden, pero para no aburrir a nadie acabaré recordando la teología indecente que hacía Marcella Althaus-Reid quitándose las bragas.

Antes de seguir avanzando con mi reflexión, animo a mis lectoras y lectores más conservadores en lo teológico a que aborten su lectura en ese momento y vayan en busca de otros u otras autoras que no les pongan de los nervios con sus experimentaciones teológicas. Y es que al leer el otro día un comentario que me envió una lectora y que decía: “Dios no creó el ano para que lo penetre un hombre”, caí en la cuenta de que siguiendo el símil corporal de Pablo había personas que en el cuerpo de Cristo debían ocupar el ano, y por tanto su reflexión teológica debía proceder de allí. Entonces me pregunté porqué después de tantos años de haber escuchado comentarios similares, nunca antes me había percatado de que las teologías homófobas que padecemos los cristianos y cristianas LGTBI, están elaboradas a partir de los traseros presuntamente impenetrables de muchos especialistas.

Dice el mismo Pablo que ese cuerpo que los creyentes formamos es el Templo del Espíritu Santo2, y si en la Biblia hay un Templo, así con mayúsculas, es el que construyó Salomón en Jerusalén en el siglo X a.C. Así que para un judío como Pablo es posible que el templo que forman todas las cristianas y cristianos fuera muy similar al de Salomón. Si alguien tiene interés en saber como era, solo tiene que buscar en su Biblia, o si no la tiene a mano, hacer una búsqueda en Google. Allí descubrirá que el Templo de Jersusalén estaba dividido en tres zonas: el vestíbulo, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. Supongo que el superlativo habrá ayudado a deducir que el Lugar Santísimo era el más importante. Tan importante que nadie podía entrar ya que allí dentro se creía que residía la presencia de Dios en toda su plenitud. Por todo lo dicho anteriormente uno ata cabos y deduce que la relevancia del ano en muchas teologías se debe a que éstas lo consideran su Lugar Santísimo, el espacio privilegiado donde pueden encontrar al Dios del que nos hablan. Un Dios que rechaza a quienes se atreven a entrar en sus aposentos, y que acepta a quienes sumisamente se niegan a traspasar el bello y fino velo que les permitiría estar en la gloria (la gloria de Dios me refiero).

El comentario que me envió mi lectora y que ha dado pié a esta reflexión, no tiene en cuenta que en el caso de los hombres es recomendable que a partir de cierta edad visitemos un urólogo para que éste, previamente enguantado, haga la revisión pertinente de nuestra próstata. Así que como todo en la vida, las normas tienen sus excepciones, y si es un doctor con tan buenas intenciones, y en nuestra cara solo se vislumbra el malestar por el difícil trago que hemos de pasar, pues tendremos que estar agradecidos de que Dios haya creado tan sensible orificio para que, con la única intención de salvarnos la vida, pueda ser penetrado por los dedos firmes y precisos de un urólogo. Llegados a este punto me percato de que también en el Lugar Santísimo había excepciones y que en el día de Yon Kipur el Sumo Sacerdote (¿un urólogo espiritual?) podía introducir sus deditos y el resto del cuerpo dentro de esta pequeña estancia para intentar salvar la vida de todo el pueblo de Israel, pidiendo a Dios perdón por los pecados realizados el año anterior. A día de hoy muchas personas sin ser judías siguen viviendo su particular Yon Kipur cuando se percatan de la intención de algún Sumo Sacerdote o Sacerdotisa (las cosas avanzan que es una barbaridad) de introducirse dentro de su trasero con la intención de pedir perdón por no se qué pecados y excesos cometidos.

Personalmente no soy mucho de dar prioridad a unas partes del cuerpo más que a otras, y por muy interesante que me puedan parecer algunos Lugares Santísimos, me niego a creer que las teologías que intentan hacer de ellos un lugar impenetrable sean cristianas. Para empezar porque creo que es bastante significativo que el evangelio nos aclare que tras la muerte de Jesús el velo del Templo se rasgó3. Una manera de decir que el Dios de Jesús no está encerrado en ningún lugar en particular, y que del Lugar Santísimo podemos ahora entrar y salir sin temor alguno a estar realizando una aberración castigada con la muerte. No sé si esto ayudará a quienes tan preocupados están por los anos de los demás, y supongo que por el suyo, aunque mucho me temo que no, porque lo que a estas personas les motiva es decir a la gente como tienen que vivir, pensar o incluso que pueden o que no pueden hacer con su culo. Lo que les hace tilín, y así entre nosotras, lo que les pone tontorrones y tontorronas, es crear un mundo donde la naturalidad, espontaneidad, felicidad, placer, o las ganas de experimentar, brillen por su ausencia. No hace falta mirarles el trasero, su cara deja bien claro lo infelices e insatisfechos que viven con su teología.

Volviendo a lo que la muerte de Jesús puede decirnos sobre lugares privilegiados para hacer teología, supongo que pensando un poco, y desdiciéndome de lo dicho en el párrafo anterior, sólo la teología hecha desde el corazón es netamente cristiana. Esa fue la máxima de Jesús, el amor, por mucho que no les guste a los teólogos y teólogas del ano. Por eso creo que más que la cabeza, las manos, la boca o el ano, Jesús es el corazón del cuerpo que formamos todos los creyentes. Y su sangre la que nos da vida y nos dignifica. Cualquier teología que privilegie un lugar del cuerpo que no sea el corazón, que no sea Jesús, lo hace para humillar o hacer sufrir a algún ser humano. Y las teologías que se centran únicamente en el corazón, y olvidan la importancia del resto de partes del cuerpo (el prójimo), son teologías muertas, incapaces de bombear la sangre necesaria al resto de órganos para seguir con vida. Así que a todas esas teólogas y teólogos del ano, yo le diría que se pasen al corazón, a un corazón que bombee vida constantemente, que por muy Santísimo que les parezca el trasero de algunas personas, no hay nada más Santo que el amor.

Carlos Osma

1  1 Cor 12,27
2  1 Cor 3,16

3  Mc 15,38)

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“Comentarios a la petición homófoba de FEREDE”, por Carlos Osma

Jueves, 27 de julio de 2017
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marianoblazquezDe su blog Homoprotestantes:

Mariano Blázquez, secretario ejecutivo de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), presentó hace unos días una solicitud a la Comisión Asesora de Libertad Religiosa para que se estudiase la Proposición de Ley contra la discriminación por orientación sexual, identidad o expresión de género y características sexuales y de igualdad social de lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, transgéneros e intersexuales (LGTBI), que con casi toda probabilidad será aprobada el próximo mes de septiembre en el Congreso de los Diputados. Antes de entrar a valorar los tres puntos que contiene esta solicitud me gustaría aclarar que entiendo como positiva toda aportación que pretenda hacer que esta ley sea lo más justa posible para todas y todos los ciudadanos de este país, y también que más allá de buenas palabras y comunicados, echo de menos solicitudes de este tipo realizadas por FEREDE en temas como los desahucios, la destrucción de la clase media en nuestro país o la reacción del Gobierno ante la población siria desplazada por la guerra, por poner sólo tres ejemplos. Dicho esto reproduzco y comento los tres puntos de la solicitud de FEREDE firmada por Mariano Blázquez.

Punto 1. Estamos de acuerdo en la defensa de los derechos de todas las personas y colectivos, y de la lucha en contra de toda forma de discriminación y violencia. Como cristianos, y como minoría evangélica, que hemos sufrido persecución y todavía sufrimos discriminación (directa e indirectamente), estamos del lado siempre del que las sufre, y apoyaremos todas las medidas que tiendan a evitarlas. Al mismo tiempo, queremos distanciarnos de los discursos y actitudes que buscan la confrontación, polémica y el ataque al que piensa o vive de manera diferente.

Podemos repetirlo hasta la saciedad, pero los hechos de FEREDE desmienten sus palabras, y no sólo no trabajan contra la discriminación que sufren las personas LGTBI sino que colaboran con ella. Para empezar volvemos a recordar en el año 2005 firmó un comunicado junto a la Iglesia Católica, la Federación de Comunidades Judías de España y el Arcipreste de la Catedral Ortodoxa Griega en Madrid, promoviendo la discriminación a las personas LGTBI al pedir que no se modificara la estructura del matrimonio y se reservara únicamente para personas heterosexuales. También en ese mismo año FEREDE aprobó un documento en el que se extralimitaba en sus competencias, y con el que pretendía convertirse en una especie de Conferencia Episcopal, amenazando con la expulsión a los pastores e iglesias que casaran a personas del mismo sexo. Finalmente, ha quedado meridianamente claro que tampoco ha querido intervenir en el acoso que la Iglesia Evangélica Española (IEE) sufre en diferentes Consejos Evangélicos, por su postura a favor de la inclusión de las personas LGTBI.

No es cierto que su posición esté del lado de las personas que sufren, está del lado de la homofobia y de la defensa de una ideología heteropatriarcal. La discriminación que realmente hemos sufrido y seguimos sufriendo los evangélicos en España, no les ha ayudado a conectar con la que sufrimos otros colectivos como las personas LGTBI. Y aquí sinceramente creo que deberían preguntarse porqué, cuál es la razón por la que se han radicalizado y posicionado tan en contra de los derechos humanos, haciendo que su testimonio se vea claramente perjudicado. Los evangélicos LGTBI no creemos que FEREDE esté de nuestro lado, jamás ha realizado ninguna iniciativa dirigida expresamente a conocer nuestra situación dentro de las comunidades a las que representa. Su comportamiento siempre ha sido el de la negación y la exclusión, y su discurso radicalizado no está muy alejado del que estos días ha realizado el líder checheno Ramzán Kadýrov en una entrevista para la cadena HBO, al afirmar que no hay homosexuales en Chechenia, y que si existe alguno “que se los lleven a Canadá para purificar nuestra sangre”. Para FEREDE no hay protestantes LGTBI, y si hay alguno, deberíamos irnos de sus iglesias para purificar su testimonio.

Punto 2. Que no obstante lo anterior, estamos seriamente preocupados por el contenido de estas leyes y, especialmente por la nueva proposición de Ley estatal, porque no solo protegen frente a la discriminación, sino que, en nuestra opinión, van mucho más allá y se posicionan claramente a favor de los respetables postulados ideológicos particulares del colectivo LGTBI, promoviéndolos y sancionando desde la Ley y el Poder Público cualquier discrepancia frente a los mismos, algo que rompe la neutralidad debida de las Administraciones Públicas en lo ideológico y también en lo religioso. Igualmente, manifestamos nuestra preocupación por el apoyo explícito que estas normas suponen al lobby gay, y por la sumisión que los partidos políticos parecen estar mostrando a la presión que dicho lobby ejerce, permitiendo que sea el propio colectivo LGTBI el que redacte este proyecto de ley que sea tramitado sin debate ni reflexión por parte de los partidos políticos y otros colectivos de la sociedad civil.

Pienso que este punto transmite la visión dicotómica del mundo que tienen los evangélicos fundamentalistas, para ellos el mundo está dividido siempre en dos partes: los buenos y los malos, los evangélicos y los no evangélicos, los nuestros y el resto. En todos los lugares, en cada familia, en cada iglesia, en todas las asociaciones, en cada rincón de nuestra sociedad hay personas LGTBI. Y esta ley lo que pretende es construir una sociedad más cohesionada y más justa facilitando la vida de todos sus ciudadanos. No hay un ataque a los hombres heterosexuales masculinos, o a las mujeres heterosexuales femeninas. ¿Por qué querríamos las personas LGTBI atacar a nuestros padres, hijas o amistades? Lo que pone de manifiesto esta ley es que las niñas lesbianas femeninas, los adolescentes transexuales masculinos o las ancianas heterosexuales masculinas (por poner tres ejemplos), deben tener reconocidos todos sus derechos. Y es necesario proteger, sobre todo a las personas más vulnerables, de quienes promueven el odio y la discriminación con sanciones reales y contundentes. ¿Es esto lo que le preocupa a FEREDE? En mi opinión ninguna entidad que de cobertura a algún tipo de discriminación debe recibir dinero público. Si no suman, si no están por todas y todos, que se paguen ellos solos sus mundos a parte.

Parece también un poco naíf la idea de que las Administraciones Públicas son neutrales ideológicamente. Es evidente que siempre hay una ideología detrás de cada ley, de cada norma, de cada actuación de los poderes públicos. Lo que ocurre es que hay ideologías, como la que defiende FEREDE, que quizás por cobardía se intentan esconder o invisibilizar tras conceptos como “natural”, “normal”, “voluntad de Dios” o “Palabra de Dios”. FEREDE se siente atacada porque esta ley intenta conquistar algo de espacio a la heteronormatividad en la que vivimos inmersos. ¿Cómo es posible que una entidad como FEREDE crea que la niña trans de cualquier familia, quizás también una familia evangélica, no tenga derecho a una educación que le permita ser feliz y abogue por el mantenimiento de una ideología que la discrimina? Al señor Blázquez le preguntaría: ¿Cómo se sentiría si su hijo fuese transgénero?… ¿Qué haría? ¿Lo llevaría a su iglesia? ¿Se sentiría tranquilo cada día al dejarlo en el colegio?¿Le educaría para que agachase la cabeza y asumiese que merece la discriminación? Personalmente yo quiero que mis hijas, al igual que el resto de sus compañeros y compañeras, vean respetada su realidad familiar en todos los entornos donde se socializan. No entiendo porqué debería aceptar que mi hija sea discriminada, o porqué debería callarme si alguien me insulta en la calle o a través de un medio de comunicación. Me cuesta realmente ver, qué es lo que le da tanto miedo al señor Blázquez, y cómo puede pretender vender que las cristianas y cristianos tienen derecho a discriminar apelando a la libertad de expresión. Promover el odio no es libertad de expresión, es simple y llanamente promover el odio, un pecado desde el punto de vista evangélico, y un delito cuando se apruebe la ley el próximo mes de septiembre.

Punto 3. Consideramos que algunos artículos de la proposición de ley vulneran el ejercicio de derechos fundamentales consagrados en la Constitución, tales como, entre otros, el derecho a la libertad de conciencia, a la libertad de expresión, la libertad de prensa, etc., y sobre todo, en lo que a esta Federación y a la propia Comisión concierte, el derecho a la libertad e identidad religiosa y el derecho a la educación de los hijos conforme a las propias creencias. Por ello, creemos que esta proposición de Ley tiene contenidos inconstitucionales.

Se le ha olvidado al señor Blázquez que la Constitución deja también muy claro cuales son los límites a la libertad de expresión: “Estas libertades tienen su límite… en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y la infancia”. Y evidentemente quienes promueven la discriminación de las personas LGTBI y sus familias, no están amparados por la libertad de expresión. En cuanto al derecho a la educación de los hijos conforme a las propias creencias, pues ciertamente que existe dicho derecho pero no es ilimitado, en nuestro país por ejemplo una familia no puede someter a su hija a una ablación esgrimiendo su derecho a educarla en los valores que consideran más adecuados. Tampoco, por mucho que una familia pretenda transmitir valores de discriminación por religión, género, o procedencia, no puede exigir que se eduque a sus hijos con esos valores. Aunque parece que para las iglesias que representa FEREDE el derecho a la discriminación a las personas LGTBI (no importa si son sus hermanas, hijos o abuelas) es un mandato divino; gracias a Dios para la mayoría de la población de este país no es así. Y esto les debería llevar a hacer una reflexión que no sea simplista y sectaria quedándose en que los valores “del mundo” no son iguales que los del evangelio. Si fuese así estarían transmitiendo a la sociedad que el evangelio es una fuente de injusticia y opresión. Todas las personas tienen algún familiar, algún amigo que es LGTBI, y por decencia y empatía, algo que parece no tener el señor Blázquez, la mayoría de personas piensa que es mejor una sociedad donde todo el mundo sea tratado con igualdad respetando su diversidad.

Justo este año se conmemora en todo el mundo el V Centenario de la Reforma Protestante y cuesta identificar a FEREDE con un movimiento que liberó a millones de personas de la tiranía religiosa. No sé si las corrientes evangélicas que tienen el control de FEREDE son realmente protestantes o necesitan una nueva Reforma para liberar a los creyentes evangélicos del adoctrinamiento sectario en el que están inmersos. No existe Reforma si se pretende eliminar la separación entre el poder político y el religioso, si hay más interés en conseguir influencia política que en escuchar la voz de quienes viven sometidos por ideologías alienantes como la heteronormatividad. Y se hace flaco favor al evangelio cuando se predica que sólo puede entenderse desde posturas homóbofas. Ojalá esta ley permita que se eduque a muchos niños y niñas evangélicos en el respeto a la diferencia, ya que en sus iglesias y familias no va a ser posible. Una pena que tenga que ser de esta forma, pero si queremos construir una sociedad más libre, justa e igualitaria, no deberíamos dejar que las leyes que ordenan nuestra convivencia estén condicionadas por entidades que promueven la discriminación.

Carlos Osma

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“Teología de la opresión en el libro de Job”, por Carlos Osma

Jueves, 20 de julio de 2017
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womensDel blog Homoprotestantes:

Dice el libro de los Proverbios que “Ir tras la justicia conduce a la vida, pero ir tras la maldad conduce a la muerte1”, una afirmación que si se lee en dirección contraria, “la vida es el premio a la justicia y la muerte a la maldad” nos permite aproximarnos a la teología de la retribución, que durante siglos gozó de aceptación incondicional en el judaísmo, y que todavía se mantiene en el imaginario de muchos cristianos, o incluso en personas que se reconocen ateas o agnósticas. Algo difícil de entender si uno es sensible a lo que ocurre a su alrededor, pero lamentablemente, la teología se hace a menudo intentando no entrar en contacto con realidades que puedan desmentirla. Por eso se las expulsa antes de que puedan expresarse, antes de que puedan desenmascarar que nuestras verdades teológicas son simplemente puntos de vista parciales y a menudo al servicio de poderes nada divinos.

Las cosas no suelen ser como parecen, y la imagen que nos muestra el libro de Job de éste revolcándose en el suelo entre cenizas para intentar aliviar el picor que las escoriaciones le producían en el cuerpo, mientras sus tres amigos se sentaban alrededor y se arrojaban sobre la cabeza polvo para mostrar el dolor que decían sentir2; puede ser una de las escenas más hipócritas que encontramos en la Biblia. Siempre he dicho que las personas LGTBI+ no somos tan especiales, y que muchos seres humanos antes que nosotras han tenido que enfrenarse con la hipocresía religiosa de quienes dicen amar al ser humano pero no su pecado. Un pecado que previamente ellos han construido artificialmente en laboratorios teológicos al servicio de alguna ideología de la exclusión que pretende divinizar a un colectivo por encima del resto. En nuestro caso el de las personas heterosexuales, o concretamente el de los hombres heterosexuales que son fieles a los roles de género que el patriarcalismo impone.

Muchos teólogos ya han indicado que en el libro de Job “la conjunción de poesía y prosa parece delatar la existencia previa de dos obras independientes3”. Quizás esto explique también la diferencia de actitud entre el Job de la prosa, sumiso completamente a la voluntad divina, y el de la poesía, que no sólo se niega a asumir algún tipo de culpa por lo que le ocurre: “Me aferro a mi inocencia, no cederé libre de reproche hasta el último de mis días4”, se revuelve contra las acusaciones de sus religiosos amigos: “¿Hasta cuando me haréis mal, me aplastaréis a palabras5?”, e incluso dirige duras acusaciones contra Dios: “Contra mí atiza su ira, me considera su enemigo6”. Una actitud, esta última, que suele resultar poco ortodoxa en el cristianismo, sobre todo en aquellas y aquellos que parecen seguir a un Dios de piedra, pero que como nos recuerda Johan Baptits Metz, no es así en el judaísmo: “Cuando se cree en Dios, se le puede decir todo. Se puede estar furioso con Él, se le puede alabar, se le pueden exigir cosas. Sobre todo, se le puede exigir que sea justo7”. Y parece ser que es éste el drama al que se enfrenta Job, al de un Dios injusto, y a la incomprensión de la teología y la cosmovisión de su tiempo que defienden a capa y espada quienes se suponen son sus amigos.

¿Cuántas cristianas y cristianos LGTBI+ no hemos gritado alguna vez a Dios para decirle porqué nos ha hecho así? ¿Porqué nos ha convertido en sus enemigos sin que hayamos hecho nada para merecerlo? Cuantas veces, aferrados a la cosmovisión heteropatriarcal de la divinidad, no hemos creído que Dios era un fiscal que nos declaraba culpables de una manera tan injusta. Por eso el libro de Job habla tan directamente a nuestra experiencia, porque también nosotras hemos chocado con el Dios cruel que la teología de la opresión heteronormativa ha construido, esa que nos desnudaba y hacía enfermar nuestro cuerpo, que lo marcaba y exhibía para provocar a nuestro alrededor desprecio y vergüenza. Esa que nos hacía sentir culpables por ser, sentir o amar de una forma no normativa. Pero hoy, podemos humillarnos, como nos piden desde los púlpitos más homófobos a los que dicen ser más gayfriendly, o podemos como Job negarnos a asumir la culpa y gritar hasta que nuestros gritos derrumben la teología de la opresión en la que hemos sido educadas. Aún desnudos, enfermas y arrojados en un charco de cenizas, podemos mantener nuestra dignidad y decir que son ellos quienes cooperan con el Satán que nos ha traído hasta aquí.

En la época en la que fue escrito el libro de Job, la doctrina tradicional de la retribución, esa que encontramos en otros lugares de la Biblia y que viene a decir que a quienes les van bien las cosas es porque son fieles a la voluntad de Dios, y a quienes les van mal es porque no lo han sido; había entrado en crisis. Los amigos de Job son los defensores de esa teología y por eso, a pesar de lamentarse por la situación de su amigo, están convencidos de que se merece lo que le ocurre. Su buena acción, consiste en hacer descubrir a Job su error, que acepte su pecado y que pida perdón. No se habla de amor por ningún lado, pero parece que es el amor lo que les mueve para ir a socorrer a su amigo. Sin embargo tras rascar un poco, lo que el libro de Job nos dice es que Elifaz, Bildad, Sofar y Elihú más que estar preocupados por su amigo, lo están por su teología, y que más que defender la acción de Dios, están intentando aferrarse a una teología que hacía aguas delante suyo. Y así los encontramos, intentando hablar desde la teoría, desde la abstracción, desde las palabras y reflexiones de los sabios, pero sin que en ningún momento su discurso tenga en cuenta la experiencia de Job. Están delante suyo, pero no lo ven. O mejor dicho, no lo quieren ver, no sea que ese pecador, ese desecho de la naturaleza, pueda poner en jaque todo aquello en lo que hasta ahora habían creído. Se aferran a su mundo, y para eso, necesitan que Job reconozca que es un pecador.

También la teología de quienes pretenden culpabilizar a las personas LGTBI+ está tocada de muerte. Esa teología que diviniza el literalismo, la bibliolatría, que se vanagloria de ignorar las aportaciones de las ciencias o que pretende borrar la experiencia del ser humano de cualquier reflexión. Y aunque es evidente que no está amenazada únicamente por la experiencia de las personas LGTBI+, son ellas las que actualmente visibilizan con más claridad las carencias que esta teología posee para responder a la realidad del mundo en el que vivimos. Los fundamentalistas, literalistas, tradicionalistas e integristas, son nuestros cuatro amigos que dirigen sus condenas hacia nosotras esperando que nos rindamos, que pensemos con las categorías de su ideología de la opresión y nos declaremos culpables para así mantener indemne su mundo heteronormativo. Decía Bertrand Russell que “el poder es desnudo cuando los que están sometidos a él lo respetan únicamente porque es poder y no por otra razón8, pero en el libro de Job se dice de manera certera que ese poder que ha puesto nuestro cuerpo a la intemperie, puede dejar de ser un poder desnudo para nosotras. Ya no lo necesitamos, debe haber algún error en esa teología, en ese Dios que nos han enseñado. Es necesario desprendernos de ella y hablar con Dios directamente, como Moisés, como Abraham, o como Job; para que desde la experiencia con Dios de las travestis, los transexuales, gays, bisexuales, de las lesbianas, de las personas queer, de las desheredadas; podamos construir una teología nueva que sea más humana.

Es cierto que el libro de Job parece no dar una respuesta clara a las preguntas que propone, probablemente su valor reside en saber cuestionar una teología que genera sufrimiento sin la seguridad de poder ofrecer una alternativa. Podemos entender el libro de Job como un primer paso para la huida de un mundo opresivo, ese que se da por dignidad, por supervivencia, por respeto a una misma, sin saber exactamente cuál será el siguiente paso a seguir. Serán otros libros escritos posteriormente quienes sí darán respuestas a las preguntas que esta obra había dejado en el aire. Sin embargo las palabras de Dios en la última parte del libro dejan muy clara la seguridad de que quienes defendían la teología dominante de su época estaban equivocados :”Después de haber hablado Dios con Job, se dirigió a Elifaz, el Temaní, para decirle: Encendido estoy de ira contra ti y tus dos amigos por no haber dicho verdad sobre mí, al contrario que Job, mi siervo9”. Y es que de lo que no podemos dudar es de que a Dios le ofende profundamente los discursos de odio que las comunidades cristianas dirigen a las personas LGTBI+ con el agravante de mentir diciendo que las aman, cuando simplemente tienen miedo a sentirse perdidas en un mundo donde su teología no ofrece una respuesta global satisfactoria. Millones de cristianos y cristianas LGTBI+ pueden no saber que responder a las condenas de la ortodoxia, pero no deberían mantenerse calladas ni conformarse con la queja continua, sino que pueden “salir de sí mismas y convertir su trono de estiércol en una cátedra de sabiduría” desde donde expresar que hay una profunda contradicción entre la enseñanza y la praxis de Jesús y la de sus seguidores homófobos.

La tortura de Job terminó cuando intercedió por sus amigos10, por aquellos que con su discurso le habían hecho sentirse abandonado y solo. Dejando claro que no había voluntad de venganza, sino de mantener los brazos fraternos. Resuena en esta acción el evangelio de Jesús, la teología del amor, esa que finalmente logrará responder a las preguntas que Job dejó en el aire. Y es quizás esa teología la que puede ayudarnos a entender mejor a Dios, y saber que no es nuestro enemigo, que nunca lo ha sido. Que está de nuestro lado, de la justicia, y no de quienes han tratado de hacernos daño. Pero una teología que no quiere vencedores ni vencidos, sin negar las responsabilidades que cada cuál haya tenido por situarse en el lado de la injusticia o en el lado del prójimo discriminado. Si hay una salida a la discriminación que infringe la teología de la opresión de nuestros hermanos y hermanas fundamentalistas, esta debe ser para todas y todos. Una salida que esté basada en una teología del amor, del perdón y la reconciliación. Una teología profundamente evangélica enraizada en la empatía, en el situarse siempre del lado del ser humano discriminado incluso antes que en el de Dios. No vaya a ser que como muchas veces ocurre, ese Dios sea simplemente el garante de los privilegios de quienes ostentan el poder. En nuestro caso, el poder heteronormativo.

Carlos Osma
NOTAS:
 
1Pr 11, 19
2Job 2, 7-12
3 J. Trebolle, S. Pottecher. Job (Madrid; Editorial Trotta, 2011), p.113.
4Job 27,6
519,2
619,11
7J.B. Metz, E. Wiesel. Esperar a pesar de todo. (Madrid; Editorial Trotta, 1996), p.97.
8B. Russell. El Poder. Un nuevo análisis social. (Barcelona; Editorial RBA, 2010), p.91.
9Job 42,7.
1042,9

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“Como un cristiano insensato”, por Carlos Osma

Lunes, 26 de junio de 2017
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holybibleDe su blog Homoprotestantes:

La carta a los Gálatas es conocida como la carta de la libertad cristiana, quizás porque eso es lo que está en juego en las comunidades a las que va dirigida. Carta completamente actual en un contexto como el nuestro, donde a veces se afirma la libertad cristiana para después ahogarla con innumerables condiciones. Los judeocristianos de las comunidades gálatas, mucho más cercanos a la teología tradicional de su tiempo que Pablo, defendían como él la libertad; sin embargo su libertad sólo podía ser vivida correctamente sometiéndose a la Ley.

Todo el mundo sabía que según lo acordado por los dirigentes de la Iglesia en Jerusalén, no se podía exigir a los nuevos cristianos que se circuncidasen, por eso los judeocristianos intentaban revalorizar la Ley para afirmar posteriormente que la circuncisión era la consumación de la fe cristiana. Revalorizar la ley es el primer paso para intentar defender una tradición, un punto de vista, o la cosmovisión que se supone incuestionable. Posteriormente habrá que hacer cábalas teológicas para explicar que la obligación de cumplir la ley no pone en entredicho la libertad cristiana, sino que la afirma. Todas estas disquisiciones se hacen siempre en un plano teórico, pero inevitablemente, tiene sus consecuencias negativas en la vida real de muchas personas.

La oración matutina del judaísmo decía: “Bendito Eres Tú, Oh D-os nuestro Señor, Rey del Universo, que no me hiciste pagano…que no me hiciste esclavo…que no me hiciste mujer… Sea Tu voluntad, Señor, D-os nuestro y D-os de nuestros padres, que nos habitúes a Tu Torá y nos ligues a Tus mandamientos (1)”. Oración que refleja la división a la que daba lugar el planteamiento que los judeocristianos estaban introduciendo en las comunidades gálatas. Distinción que no pretendía potenciar la diversidad que se da en el mundo, sino despreciarla, poniendo a unas personas por encima de otras dependiendo de algunas características personales, o incluso circunstanciales. Oración judía, pero oración que con unos pequeños cambios puede ser muy nuestra: “Bendito Eres Tú, Oh Dios nuestro Señor, Rey del Universo, que no me hiciste musulmán o ateo, esclavo o inmigrante, mujer, heterosexual, pobre, inculto, enfermo…Sea tu voluntad que pueda justificar con tu palabra mis intereses, y condenar los del resto”.

Pablo contraataca  duramente al afirmar: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús (2)”. Ante Cristo todos somos iguales, las diferencias se diluyen, nuestras características personales son irrelevantes, y nos encontramos los unos a los otros tal y como somos. Cuando esto no es así, es porque nos hemos alejado de Cristo. No se trata de anular lo que somos, de disolver nuestra personalidad en la nada, sino de supeditar a Cristo todo lo que somos. Unidad en Cristo frente a la división de la Ley. Encuentro del hermano y hermana en Cristo, frente a la autosuficiencia que se justifica en leyes humanas disfrazadas de divinidad.

Los cristianos gálatas habían llegado al cristianismo gracias a la predicación de Pablo, pero en este momento estaban a punto de aceptar el engaño judeocristiano. Muchos de ellos se disponían a ser circuncidados, y otros lo habían hecho ya. Habían aceptado que la cruz de Cristo no era suficiente, que debían añadir algo más a su fe. Habían empezado intentando agradar a Dios, pero ahora se disponían a seguir las condiciones que les imponía una falsa religiosidad. De ser personas liberadas por el mensaje de Jesús, habían pasado a ser verdaderos esclavos de la Ley. Mejor les hubiese ido no conocer a Cristo, piensa Pablo. Mejor le hubiese sido a más de uno de nosotros no conocer el mensaje de Cristo que se predica en algunas comunidades, así podríamos haber sido un poco más libres. Aunque lo preferible, es que cada uno tengamos la convicción que Pablo intenta transmitir a los gálatas, y que muchas comunidades actuales predican: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: «¡Abba, Padre!». Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo (3)”.

No hace falta nada más, reconocerse hijos, dejar de sentirse esclavo de absurdos planteamientos que no tienen nada que ver con uno mismo. Dejar de querer ser lo que no se es y ser agradecidos ante la herencia recibida gracias a Cristo. Él lo pone todo, nosotros sólo somos salvados por su sacrificio, no por los nuestros. La Ley es maldición de la que Cristo nos redimió (4). El Espíritu de Cristo nuestra guía hacía una libertad que produce frutos como “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza (5)”. Los que han decidido vivir “bajo la carne”, es decir, los que creen que es necesario completar el sacrificio de Cristo con los suyos propios, exigen a los demás el cumplimiento de la Ley. Pero la única ley que debemos cumplir es la que Cristo nos enseñó y que Pablo nos recuerda: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo (6)”.

El apóstol rechaza la circuncisión como prueba de estar en el camino correcto: “De nada vale estar o no circuncidados; lo que sí vale es el haber sido creados de nuevo”.  Es esto en lo que vale la pena reflexionar, en si realmente somos parte o hacemos presente la nueva creación que Dios quiere para nuestro mundo. Algunos se jactan en sus perfecciones porque cumplen las normas y condiciones que quieren imponer al resto, pero Pablo termina su carta explicando como se manifiesta la nueva creación en él: “las cicatrices que llevo en el cuerpo demuestran que soy un siervo de Jesús (7)”.

Carlos Osma

 NOTAS:

(1) http://www.madregot.com/plegaria/plegariaheb01.html#Asher%20Yatzar

(2) Gal 3,28

(3) 4,6-7.

(4) 3,13.

(5) 5,22

(6) 5,13.

(7) 6,17

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“Los padres con los que el obispo Xavier Novell sueña”, por Carlos Osma

Miércoles, 7 de junio de 2017
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xavier_novell_i_goma_2014Hoy escuchaba en televisión que en una homilía dominical el obispo católico Xavier Novell había relacionado la homosexualidad con la falta de una figura paterna. Como es habitual los medios de comunicación se han quedado sólo con el titular, y a mí no me ha interesado lo más mínimo profundizar en el sermón que contenía tamaña absurdez. De todas formas me ha parecido bastante revelador que para este señor el mundo sea una cosa exclusivamente de hombres. No hay mujeres lesbianas, ni madres, ni abuelas, ni tías… Lo único que echa en falta el obispo son hombres como Dios manda que ejerzan el papel de padres sin dejarse avasallar ni difuminar (¿por la feminidad?). Hombres que lo ocupen todo, de esos de ordeno y mando, de los que están convencidos que Dios les ha dado a las mujeres un papel distinto y complementario al suyo (el de la invisibilidad).

Como los medios de comunicación no paran de molestar al señor obispo que ha sido declarado persona “non grata” en la población de Cervera, y el peligroso lobby LGTBI se manifiesta a las puertas de la iglesia; me atrevo a recomendar a sus feligresas que hagan una colecta para pagarle un viaje a algún lugar remoto, donde al menos durante una o dos semanas pueda estar alejado de los focos. Podría ser un viaje a Chechenia, lo digo porque allí hay padres de esos con los que el señor Xavier sueña: padres que llevan la voz cantante, que saben como se comporta un hombre de verdad. Padres que no tienen hijos homosexuales, o que si tienen alguno que se deja engañar por el lobby LGTBI, lo envían a un campo de concentración para reorientarlo (torturarlo), le animan (obligan) a huir del país, o sencillamente lo asesinan. Sí, esos mismos hombres, que maltratan a sus mujeres sin que estas puedan siquiera denunciarlos, o que les roban a sus hijos cuando se divorcian, porque según la tradición los hijos deben ser criados junto al padre (no vaya a ser que se conviertan en gays).

De todas maneras, si el obispo Novell fuese medianamente inteligente y de verdad se creyera su absurdo comentario, sería mejor para su diócesis (que cada vez tienen menos vocaciones y hace años que no ordena sacerdotes) acabar con la paternidad que a él le gusta. Lo digo porque, aunque no hay datos fiables, algunos estudios apuntan a que al menos el 30% de los sacerdotes son gays, porcentaje que aumenta hasta el 50% en el Vaticano según Krzysztof Charamsa. Así que si lo piensa bien, la próxima vez que se encuentre frente a un escrache LGTBI, en vez de ser escoltado hasta un magnífico coche para huir lo antes posible, debería acercarse tranquilamente a evangelizarles (o a dejarse evangelizar). En la población LGTBI tiene una potencial cantera de sacerdotes. Además si están gritando y saltando frente a la iglesia un domingo por la mañana, en vez de estar durmiendo como el resto de mortales de su edad, es porque es gente comprometida que tiene ideales y lucha por un mundo mejor. Si algún día se atreve a hacerlo, le recomiendo que antes de nada, empiece por pedirles perdón, a nadie le gusta que insulten a su padre.

Me gustaría también recordarle al obispo (ya que se ha tomado la libertad de hablar de mi familia) que según el Nuevo Testamento1, entre las características que debe tener un obispo está la de ser una persona equilibrada y hospitalaria. Y creo que ha quedado muy claro que en esta ocasión no ha sido ni lo uno ni lo otro. Por un lado, porque se ha hecho portavoz de una ideología marginal que durante décadas culpabilizó a las personas LGTBI y que hace tiempo ha sido desmentida; y por otro, porque con esas palabras está invitando a muchas personas a abandonar la iglesia. Eso no es ser un buen obispo, ya que en vez de ofrecer el sacramento de la reconciliación entre todas las personas a las que sirve como pastor, promueve el enfrentamiento y la marginación.

No conozco al padre del obispo, y me niego a devolver el insulto, espero que haya sido un buen padre. Pero lo que tengo muy claro es que, además de ser hijo, a Xavier Novell le hubiera venido muy bien haber seguido el consejo que da el Nuevo Testamento a los obispos: estar casados y tener una familia. Si hubiese sido padre le hubiera sido más difícil juzgar a otros padres, e incluso podría entender mejor al suyo. Cuando uno se atreve a hablar de cosas que desconoce, es fácil meter la pata. Ser hijo no es fácil, pero tampoco ser padre, y lo que debería hacer el cristianismo es acompañar a todas las familias y no estigmatizar ninguna. Y si quiere tener un modelo de padre ausente, no hace falta que vaya muy lejos de su iglesia, o insulte a los padres que tienen un hijo gay, que mire al Cristo crucificado de su iglesia y recuerde sus palabras: “Dios mío, Dios mío, porqué me has abandonado”.

Carlos Osma

Nota:

11 Tim 3

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“Cristiano, protestante y liberal. Por decir algo”, por Carlos Osma

Lunes, 5 de junio de 2017
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adult-1869621_1920De su blog Homoprotestantes:

No soy el primero al que han educado dando preferencia a lo de ser cristiano antes que a lo de evangélico. Nadie negaba lo segundo, pero cuando se le preguntaba a alguno de mis familiares su confesión, decía: “Soy cristiano”. Sólo en el caso de que se pidiera una aclaración, se añadía: “Cristiano evangélico”. La razón era muy sencilla, se daba énfasis a la experiencia personal antes que a las estructuras religiosas. “Nosotros no seguimos una religión, seguimos a Cristo”, esta es una de las frases que desde niño más me han repetido.

A pesar de esta declaración de principios también es cierto que cuando conocíamos a una persona evangélica, quizás porque no había demasiadas en nuestro entorno, dábamos por hecho que era como de la familia. Que alguien confesara la fe evangélica indicaba sin lugar a dudas que iba en nuestro mismo barco y que seguía al mismo Cristo. Con los católicos era diferente, y aunque en otros planos las relaciones podían ser muy buenas, en lo tocante a la experiencia espiritual ellos eran únicamente religiosos que se habían perdido adorando a imágenes y olvidando la Palabra de Dios.

Fue sobre todo en mi etapa universitaria cuando conocí la diversidad evangélica. De pronto, como los caracoles después de la lluvia, surgieron a mi alrededor cientos de grupos y denominaciones evangélicas que hasta entonces no sabía que existían. Al principio pensé que más o menos todos éramos iguales, pero no, la realidad mostraba una gran diversidad que cada vez iba en aumento. Así que asumí lo que se daba por hecho en la comunidad a la que asistía: Que no todos los evangélicos éramos igual de fieles a la Palabra de Dios, que eso dependía de la denominación, y que, aunque seguíamos siendo hermanos, algunos evangélicos interpretaban erróneamente ciertos textos de la Biblia. De todas formas se me decía que esto no era tan grave, porque compartíamos la convicción de que la salvación era por la gracia de Dios y de que la Biblia era su Palabra infalible.

Hoy me queda muy lejos esa experiencia de unidad, ese significado que de por sí tenía la palabra evangélico. Para empezar ya nunca utilizo esa expresión, ahora sólo me trae a la mente rechazo, incomprensión y fundamentalismo. No consigo encontrar puntos de encuentro con gran parte de las personas que se autodenominan evangélicas. Esta palabra ya no dice nada de mi experiencia como cristiano. Y cuando coincido con alguien que se dice evangélico, me pongo primero a la defensiva y espero a ver si su nivel de intransigencia va a hacer posible algún tipo de diálogo. Hay veces que me equivoco, pero cuando no es así y me preguntan sobre mi fe, les respondo lo que me enseñaron de niño: “Yo soy cristiano”. Y por mucho que insistan, a lo sumo añado: “Cristiano protestante”. Si con eso no tienen suficiente termino con lo de: “Protestante liberal”. Hasta ahora nadie ha necesitado más apellidos.

Las coletillas pueden tener su función y su importancia, pero a mí cada día me dicen menos del contenido. Evangélicos, católicos, o incluso judíos o musulmanes, el nombre ni dice ni desdice nada. La actitud hacia Dios, la manera de ver el mundo, y la forma de entender al resto de seres humanos, eso es lo que me une o lo que me dificulta entender a otro creyente. Vivo la extraña experiencia de no ver al Dios al que yo sigo en personas que recibieron la misma educación que yo, y supongo que ellos deben sorprenderse también. Con algunos aún hay un canal para compartir nuestra vivencia de Dios, pero con la mayoría hace años que se rompió. El fundamentalismo es lo que tiene, o se acepta lo que ellos dicen, o no hay nada más que hablar. Hay que vivir, pensar y sentir como ellos quieren. Las normas las ponen ellos, y si no, la ruptura. Ya puede ser un conocido, tu hermano o tu madre, no importa.

“Soy cristiano”, eso es lo que me han enseñado, ahí está lo más importante de todo, la esencia de mi fe. Y lo soy, no en la medida que sigo la fe de mi familia, o la de la comunidad en que me educaron, sino cuando intento seguir a Cristo. No necesito que nadie confirme mi experiencia de seguimiento, o que le ponga un sello de aceptación. Yo sé en quién he creído y cuándo soy o no, fiel a su llamada. No es una fe individual, no estoy diciendo eso, sino más bien abierta a las experiencias de Dios de cualquier creyente, no priorizo ningún nombre más allá del de Cristo. Esto es lo esencial de mi educación en una familia cristiana, y aunque hubo momentos en los que pensé que se habían equivocado, ahora me doy cuenta de que debo estarles eternamente agradecido.

Carlos Osma

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“Paradigmas homosexualidad y cristianismo”, por Carlos Osma

Miércoles, 24 de mayo de 2017
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rohrer-minichDe su blog Homoprotestantes:

En todas las iglesias existen personas lgtbi, nada hace pensar que el porcentaje sea diferente que en el resto de la población. Por esa razón el cristianismo, como la vida misma, también es lgtbi, o mejor dicho, también se vive desde una orientación sexual o de género no normativa. Además, no es algo nuevo, siempre ha habido personas lgtbi en las iglesias, desde su origen. No hay ninguna indicación en la Biblia que nos haga pensar que Jesús solo escogió a discípulos y discípulas heterosexuales, o que las multitudes que le seguían formaban parte de una especie de “apartheid heterosexual”. Tampoco al leer los evangelios podemos afirmar que Jesús tuviera una atracción sexual y afectiva hacia las mujeres. La probabilidad de que Jesús fuera gay, es la misma que la de cualquier otro ser humano, ya que según la tradición cristiana Jesús fue hecho en todo igual que nosotros.

Sin embargo la manera en la que el cristianismo asume su homosexualidad es bien diversa y esto genera fuertes tensiones internas, además de afectar a la forma en la que es percibido por el resto de la sociedad. La razón de que esto sea así es que, como en el resto de la población, la forma en la que los cristianos entienden el mundo y se entienden a ellos mismos no es siempre la misma. En el caso del protestantismo y el evangelicalismo todo esto se traduce en que la afirmación “la Biblia dice…” no puede hacerse sin poner sobre la mesa el paradigma al que pertenece quien habla. La aceptación, indiferencia o la condena de las personas lgtbi tienen más que ver con la manera de entender el mundo y al ser humano, que con unos cuantos versículos que se encuentran en la Biblia.

Las controversias bíblicas entre cristianos y cristianas o entre iglesias que parten de paradigmas distintos no tienen mucho sentido, puesto que el conflicto se esconde en el paso previo que da lugar al supuesto punto de partida de la discusión. Además jamás se resolverá demostrando bíblicamente al otro la validez de una interpretación determinada, sino haciendo que una de las dos partes abandone el paradigma al que pertenece. Lo cual, no es fácil, y personalmente creo que no se puede conseguir con una discusión que no te implica personalmente. Cambiar los valores, creencias, y formas de percibir la realidad necesita algo más que una discusión o un diálogo sereno y respetuoso.
Sintetizando mucho, y mostrando con claridad el lugar desde el que reflexiono, percibo tres diferentes paradigmas que se dan en el cristianismo y que a continuación explico brevemente.

Paradigma fundamentalista

Esta cosmovisión percibe el mundo como un peligro y entiende que los cristianos y cristianas poseen una verdad revelada en la Biblia, a la que tienen acceso independientemente de sus condicionantes personales, que debe ser predicada a toda persona para transformarla. Desconfían de todo avance, por eso se alinean con las tesis que pretenden conservar las tradiciones. Rechazan también los aportes de las ciencias que no sirvan para ratificar sus posiciones previas, y no los aplican en la interpretación de los textos bíblicos. Por eso su interpretación es literal. Según este paradigma los genitales determinan si somos hombres y mujeres, y a partir de ellos se asocia a cada persona unas características y funciones determinadas. Al ser esta división divina, quienes no encajan dentro de su paradigma, se revelan contra la voluntad de Dios y no pueden ser tratados como cristianos. Dentro de sus comunidades aplican una ética estricta, silencian las voces discordantes impidiendo la reflexión, ejercen presión y maltrato psicológico a las personas lgtbi, y expulsan a quienes no siguen la “verdad oficial”. Paradójicamente, al ser su posición cada vez más minoritaria en la sociedad, empiezan a presentarse como víctimas que se ven privadas de libertad de expresión, cuando en realidad son ellas mismos quienes no la respetan en sus comunidades.

Paradigma paternalista

Quizás la diferencia más clara con el paradigma fundamentalista es que, aunque siguen creyendo que existe una verdad revelada en la Biblia y accesible fácilmente a quien la busca desinteresadamente, el mundo es un lugar donde el Reino de Dios se puede revelar, y por tanto donde el amor cristiano debe hacerse presente. La primera función de cristianos y cristianas es acompañar sin condenar, y por tanto, aunque las personas lgtbi no formen parte de la voluntad divina original, la tarea del cristianismo es mostrar a un Dios que acoge tanto a buenos como a malos, a enfermos como a sanos. El énfasis bíblico recae sobre todo en los textos de los evangelios donde no se juzga a pecadores y pecadoras, sino que se les llama a seguir al maestro. La actitud de todo creyente, es en consecuencia una actitud maternal y de acompañamiento a aquellas personas lgtbi que quizás por causas biológicas o ambientales, no viven acordes con el diseño divino. Se trata por tanto, de un paradigma que pone el énfasis en el yo heterosexual más que en el prójimo lgtbi, porque de lo que se trata es de “comportarse como un buen cristiano”, “demostrar amor”, situando a la persona lgtbi como objeto que muestra hasta que punto la persona heterosexual se comporta de manera “cristiana”. En el fondo un paradigma que sigue discriminando y victimizando a las personas lgtbi, pero en este caso por respetables y amorosas personas cristianas que no tendrían nada que ver con los intransigentes fundamentalistas.

Paradigma evangélico

En este paradigma, el mundo, la realidad que envuelve a cada ser humano, no es sólo un lugar donde se puede revelar el Reino de Dios, sino el lugar privilegiado desde donde se interpreta la Biblia. La Biblia no es Palabra de Dios cuando es leída o predicada de forma abstracta, sino cuando es vivida e interpretada desde la realidad del prójimo. Solo el otro y la otra, sobre todo cuando sufre una situación de injusticia, puede hacer de la Biblia palabra divina que interpela. Por esta razón no hay verdades absolutas que permitan discriminar a nadie, no hay fórmulas eternas, ni lecturas o interpretaciones que nos autoricen a situarnos como sujetos ante los demás para objetivarlos. El amor sitúa al prójimo a nuestro nivel, y su experiencia nos puede ayudar a salir de los condicionantes que impiden a nuestro ego entender la voluntad divina. Por eso las lecturas legalistas de la Biblia no tienen ningún sentido, y en sí mismas no constituyen una lectura evangélica. Los conocimientos que aportan las ciencias son útiles tanto para entender al prójimo, como para entender el contexto en el que se enmarcan los textos bíblicos. El evangelio no trata tanto de verdades, sino de prójimos; cuando nuestras lecturas los liberan son evangélicas, cuando los discriminan no lo son. Y es aquí donde las personas lgtbi se entienden a sí mismas como lugares desde donde la Palabra de Dios puede leerse, y al mismo tiempo, como sujetos que son interpelados por la Palabra de Dios que se revela en otros seres humanos. Jesucristo era liberador, no porque defendiese la Ley de la Torá, tampoco por que la interpretase de una forma progresista y acorde con la sociedad en la que vivía, sino porque la leía siempre desde la realidad de la persona que vivía oprimida para liberarla. En eso consiste el evangelio.

Cada comunidad cristiana puede formar parte de uno de estos paradigmas, o reflejar varios de ellos a la vez, todo dependerá del grado de madurez que posean para albergar la diversidad. Sin embargo es importante destacar que el tipo de comunidad a la que pertenezca una persona lgtbi, puede hacer que ésta viva el cristianismo de una forma opresiva o liberadora. Quizás sea razonable que una determinada comunidad necesite de un tiempo más o menos largo para replantearse el lugar que ocupan dentro de ella las personas lgtbi, pero no lo es tanto, que las personas lgtbi se nieguen a buscar, transformar, o incluso construir comunidades donde puedan vivir el evangelio de una forma saludable. Ver el daño que la homofobia infringe a muchas personas lgtbi dentro de unas comunidades cristianas que se niegan a abandonar, es descorazonador, y nos hace preguntarnos si es el evangelio lo que pretenden seguir, o simplemente necesitan lugares que les den seguridad, aunque sea a un precio tan alto. Quizás serán las personas cristianas lgtbi más jóvenes, que gracias a los avances sociales se resisten más a vivir discriminadas dentro de sus iglesias, las que nos permitirán ver en pocos años más comunidades realmente evangélicas, y menos paternalistas y fundamentalistas.

Carlos Osma

Artículo publicado originalmente en Locademia de Teología.

Cristianismo (Iglesias), Iglesia Anglicana, Iglesia Católica, Iglesia Luterana, Iglesias Evangélicas , , , , , ,

Vigilia de oración por un mundo sin Homofobia 2017

Jueves, 11 de mayo de 2017
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vigiliaNos envían esta información que gustosamente publicamos.

Saludos en Cristo Resucitado,

De nuevo este año, cristianos y cristianas de diferentes comunidades creyentes de todo el mundo nos reuniremos en oración durante el mes de mayo, en el que se celebra el Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia, para recordar a todas las víctimas de esta violencia.

Las Vigilias de oración serán un momento de rezo y testimonio cristiano, porque como personas creyentes no podemos quedar calladas cuando millones sufren exclusión, viven amenazadas, torturadas e incluso a veces condenadas a muerte en varios países del mundo solo porque existen, o porque quieren vivir la afectividad que Dios les ha dado.

El lema que unirá las Vigilias en todo el mundo este año será: «Bendecid a los que os persiguen; bendecid y no maldigáis» (Romanos 12, 14).

En Sevilla la Vigilia será el día 12, organizada por Ichthys junto a la CVX de Sevilla y animada por Pueblo de Dios.

Os queremos invitar a compartir con nosotras y nosotros este momento de encuentro y oración, sintiéndonos unidos en la fe que compartimos.

Vigilia de Oración por un Mundo Sin Homofobia

Viernes 12 de mayo, a las 21:00 h.

Iglesia de San Pedro de Alcántara, C/ Cervantes 7, Sevilla (entre San Andrés y San Martín).

Adjuntamos el cartel esperando que le deis la máxima difusión posible.

Además de la Vigilia, celebraremos otras actividades encuadradas en las 3as. Jornadas de Sensibilización y Concienciación sobre la Homofobia en Clave Creyente, sobre las que podéis recabar mayor información a través de las Redes Sociales.

Muchas gracias por el interés prestado. Recibid un cordial saludo.

Afectuosamente

Ichthys, Cristian@s LGBTH de Sevilla / CVX Sevilla / Pueblo de Dios

Más información: 

Facebook: Ichthys Cristianxs Lgtbh de Sevilla

Organiza: Ichthys, Cristianxs LGBTH, Sevilla

Con la colaboración: CVX Sevilla, Ichthys+CVX Familia, Centro Arrupe Sevilla, Pueblo de Dios.

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Si te sientes llamado o conoces a alguien que pueda estar interesado, nuestro punto de contacto es ichthysfamilia@gmail.com

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“Unidos por el amor a un crucificado”, por Carlos Osma

Viernes, 14 de abril de 2017
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discipulo-amado

De su blog Homoprotestantes:

Una reflexión de Jn 19, 17-30.

“Jesús, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, en hebreo, Gólgota. Allí lo crucificaron con otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio”.

El Jesús del Evangelio de Juan es tan diferente al del resto de evangelios que a menudo nos desconcierta. Y lo hace porque el evangelista en su intento de presentar a Jesús en plena intimidad con Dios, parece deshumanizarlo y alejarlo de nosotros. Es evidente que hay una intencionalidad teológica, pero ver a Jesús cargando su cruz y marchando con ella hacia el Gólgota, como quien decide darse un paseo triunfal hasta el trono en el que ocupará el lugar central, no ayuda para que empaticemos con la experiencia histórica de una persona que fue torturada y asesinada de una forma tan cruel.

Sin embargo el evangelista no busca nuestra empatía, sino que, en un momento histórico en el que el cristianismo tenía que reafirmarse frente a un judaísmo de carácter fariseo, era necesario dar valor al elemento central de su conflicto: a Jesús. Y en la medida en el que aquel Mesías se convertía en un ser divino, la ruptura con el fariseísmo estaba servida. Así que la estrategia del autor (o autores), no fue en ningún momento la de buscar puntos de conexión o elementos de encuentro, sino la de reafirmar el elemento central de la fe cristina. Puede parecernos más o menos acertada su intención, pero deberíamos preguntarnos si los cristianos y cristianas del siglo XXI utilizamos la misma estrategia para lidiar con nuestras diferencias.

Que no pretendiese tender puentes de diálogo, no significa necesariamente que la voluntad de Juan fuese la de hacerlos saltar por los aires. La obra no va dirigida a los fariseos, sino a los seguidores de Jesús, para reforzar y profundizar su fe en un momento de confrontación. Y si hay algo que tiene muy claro el evangelista, es que sólo poniendo la mirada en Jesús y a él como centro, el cristianismo puede tener algo que decir en un mundo donde la diversidad va en aumento. Si eso se traduce en rupturas, pues bienvenidas sean.

“Escribió también Pilato un letrero, que puso sobre la cruz, el cual decía: Jesús Nazareno, Rey de los judíos. Muchos de los judíos leyeron aquel letrero, porque el lugar donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad, y el letrero estaba escrito en hebreo, en griego y en latín. Dijeron a Pilato los principales sacerdotes de los judíos: No escribas: Rey de los judíos, sino: Este dijo: Soy rey de los judíos. Respondió Pilato: Lo que he escrito, he escrito”.

De repente Jesús desaparece de la escena, y ésta se centra en una discusión sobre su identidad. Definir a un ser humano al que se ha crucificado antes, no puede tener como intención entender quién es. Lo que quieren los representantes religiosos, es simplemente reafirmar su teología y su posición social. Es una falsa discusión, no hay diálogo, algo muy común en el pensamiento religioso que dice buscar la verdad, pero que cuando está ante ella la ignora porque rompe sus esquemas arcaicos. La verdad para Juan era un ser humano, y ellos lo habían crucificado. Y frente al que había sido torturado y traspasado por clavos, los sacerdotes solo quieren poner un broche final, uno que dice que tienen la razón y el ajusticiado no. Según el evangelista, los fariseos no quieren que la mirada de quienes pasan frente a la cruz se dirija hacía Jesús, sino hacia la letra, hacia un cartel que etiqueta al crucificado con una identidad que no es la suya, pero que permite que la teología farisea quede indemne, y a sus dirigentes disfrutar de sus beneficios.

Podríamos creer que el poder político sí ha entendido quien es Jesús y es capaz de definirlo correctamente. Pilato ha acertado, ¿ha entendido lo que al poder religioso se le escapa? El evangelista parece decirnos que no, que se puede dar la identidad que corresponde a Jesús por error, o simplemente por intentar provocar al fariseísmo recordándole quien ostenta el poder realmente. El cartel que manda colocar Pilato sobre la cruz expresa la identidad que Jesús mostró, pero no está basada en una mirada sincera hacia Jesús, en una aceptación real de su identidad. El crucificado seguía en la cruz, aquella a la que le habían subido quienes decían reconocer quien era. Y es que se puede ser muy comprensivo, tener toda la razón, y seguir subiendo a la cruz a quienes nos son incómodos, porque con esa cruz nuestro poder se impone frente a otros poderes que nos incomodan.

“Cuando los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestidos e hicieron cuatro pares, una para cada soldado. Tomaron también su túnica, la cual era costura, de un solo tejida de arriba abajo. Entonces dijeron entre sí: No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, a ver de quién será. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura, que dice: Repartieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes. Y así lo hicieron los soldados”.

Quienes mueven los hilos a su conveniencia, no se ensucian las manos de sangre, para ello tienen a sus soldados que ejecutan a la perfección las órdenes recibidas. En estos versículos la mirada sigue alejada del Jesús crucificado, pero también se aleja de los centros de poder que lo han llevado hasta el Gólgota, ahora la acción se sitúa en la mano de obra de la ideología dominante. Los soldados no piensan, ni dudan, ni sienten… se limitan a hacer lo que han hecho toda la vida, lo que es natural: “que quienes molestan sean eliminados”. Frente a una humanidad crucificada que parecen ignorar se comportan como simples máquinas, ¿dónde agoniza realmente la vida, arriba en la cruz, o delante de ella?

Los soldados cumplen a raja tabla la Escritura, ellos son sus guardianes, y al hacerlo desnudan a un Jesús sufriente que ya agoniza. Allí ante ellos todo se muestra en su verdadera humanidad, sin que nada quede escondido. Pero su mirada no se dirige hacia el cuerpo vulnerable y herido, hacia el sufriente, sino hacia ellos mismos, por eso se disponen a obtener algún beneficio. Y reparten sus vestidos de forma ordenada, organizada, como si estuvieran acostumbrados a hacerlo todos los días. Y es que los ejecutores de las ideologías asesinas, no suelen ser víctimas inocentes, aunque algunos discursos los presenten de esta forma. Los ejecutores se lanzan como buitres sobre los despojos que otros han decidido dejar por el camino, y de esta manera cumplen la Escritura, pero no por ello dejan de ser unos asesinos.

“Estaba junto a la cruz de Jesús su madre y la hermana de su madre, María mujer de Cleofás, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre y al discípulo al que él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió como madre propia”.

Finalmente Juan nos devuelve a la cruz, al punto de partida. Y allí encontramos a la madre de Jesús, junto a otras mujeres, y al hombre al que Jesús amaba. Parece como si solo ellos tuvieran la vista puesta en el crucificado. A las tres Marías no les importa si en aquel momento se cumplían o no cumplían las profecías del Antiguo Testamento. Al amado de Jesús le traía sin cuidado si estaba o no frente al Rey de los Judíos. Lo que las Escrituras profetizaban podría ser relevante para quienes querían tener razón y poseer la verdad, pero lo que Juan destaca sobre cualquier otro elemento, es que las seguidoras y seguidores de Jesús están al lado del crucificado, mirándole a él, y sufriendo por/con él. Ese es el elemento central que quiere destacar, esa es la verdadera mirada cristiana, la que fundamenta cualquier reflexión, cualquier debate, cualquier acción. Se puede estar al lado de la cruz por muchas razones que no sean el amor a quién ha sido clavado en ella.

Y desde esta manera de estar frente a la cruz, se puede escuchar la voz de Jesús. El amor de María por su hijo, y el del discípulo por su amado, une irremediablemente a ambos, los convierte en una familia. Una madre que abre el corazón al hombre al que su hijo ama, y un hombre que abre su casa y su vida a la madre de quien le amó como ningún otro. Una familia contranatura para muchos, pero una familia cristiana para quienes son capaces de escuchar el mensaje de la cruz. Y así es como el evangelista Juan entiende la comunidad cristiana, como una familia que no sigue los dictámenes biologicistas, que no cumple la Ley sobre todas las cosas, que no se doblega frente a las costumbres y las exigencias de la religiosidad. Sino como un conjunto de hombres y mujeres unidos por el amor a un crucificado, y cuyas relaciones únicamente son juzgadas por el amor que contienen. Ese es el centro del cristianismo que propone, uno que tiene su mirada puesta únicamente en la cruz. Con esta mirada es posible que la comunidad Joánica esté abocada a una ruptura con el judaísmo fariseo, pero sin ella habrá perdido inevitablemente y para siempre su esencia cristiana, su motivo de ser. Sólo mirando a Jesús el cristianismo, sea del tipo que sea, sigue siendo cristianismo.

Carlos Osma

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