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“Retorno a Wittenberg”, por Manuel Fraijó

Martes, 9 de enero de 2018

monumento-lutero-wittenberg-alemania“Lutero, carro y auriga de Israel”

“El Reformador captó como nadie los apasionados anhelos religiosos de su tiempo” 

(Manuel Fraijó, en El País).- Con cierta impaciencia debe estar contando Lutero las horas que faltan para que termine el año de su V centenario. Hay que imaginárselo contento, pero también algo exhausto a causa de tanta conmemoración.

Con no poco asombro habrá tomado nota de la visita de los Papas Benedicto XVI y Francisco a lugares emblemáticos del protestantismo; especial satisfacción le habrá producido escuchar sus himnos, una de sus mejores herencias, cantados en tantas iglesias católicas; y, como su corazón nunca dejó de ser del todo agustino, le habrá encantado la carta, tan serena y justa, que el prior general de los agustinos ha dirigido a la orden; y él, que tan agrios debates mantuvo con el cardenal Cayetano, habrá leído con asombro y honda satisfacción la excelente monografía que otro cardenal, Walter Kasper, le ha dedicado: Martín Lutero. Una perspectiva ecuménica; especial alegría debe haber sentido al leer el Acuerdo sobre la justificación, un documento ratificado oficialmente por ambas iglesias en el año 1999 que pone de manifiesto que el polémico concepto de justificación no es ya motivo de división; y, cómo no, se habrá interesado por otro documento, este del año 2017, titulado Del conflicto a la comunión. Conmemoración conjunta luterano-católico-romana de la Reforma en 2017. Es la primera vez que luteranos y católicos conmemoran juntos lo que ocurrió hace 500 años.

Con no poco agrado habrá tomado nota de la paulatina desaparición de la leyenda de las 95 tesis clavadas por él en la puerta de la iglesia de Wittenberg. En realidad, las envió el 31 de octubre de 1517 a Alberto de Brandemburgo y a algunos obispos.

Al no recibir respuesta, las envió a “hombres eruditos”. Fueron ellos quienes las difundieron. Lutero lo lamentó, ya que “no van destinadas al gran público”. Pidió disculpas al Papa, asegurándole que no las retiraba porque ya no estaba en su mano.

Pero tal vez la mayor sorpresa se la habrá dado quien le haya informado de que hace ya más de 60 años los católicos celebramos un concilio, el Vaticano II, en el que se aprobaron algunos temas por los que él tan denodadamente luchó: el sacerdocio general de todos los fieles; el uso de la lengua vernácula en la liturgia; la comunión bajo las dos especies; el protagonismo de los laicos en la Iglesia; la importancia de las comunidades locales; la Biblia como alma del cristianismo y de la teología.

No sin cierta melancolía, Lutero habrá recordado su insistencia en la celebración de un concilio que Roma solo convocó en 1545, cuando ya no era posible la concordia. El concilio de Trento llegó demasiado tarde.

Y algo atónito se habrá quedado al leer los elogios que un dominico, Y. Congar, le ha dedicado: “Lutero es uno de los mayores genios religiosos de la historia”. Y sabiamente añade: “Lutero no es el Evangelio. Lo importante es ir hacia el Evangelio juntamente con él”.

Por suerte, los insultos de ayer han hecho sitio a los elogios de hoy. Y bien que lo necesita el Reformador. En sus últimos años sufrió notables desengaños y decepciones. Tuvo que ver, por ejemplo, cómo algunos protestantes abusaban de la justificación por la fe para entregarse a la pereza.

Con todo, su principal fuente de preocupación fue la Reforma misma. En sus horas de reflexión y soledad debió recordar cómo en 1483, año de su nacimiento, toda Europa era católica; en 1546, fecha de su muerte, casi la mitad del continente se había separado de Roma. Algo que, como sabemos, no ocurrió sin feroces enfrentamientos y abundante derramamiento de sangre.

A Lutero le preocupaba el futuro de Alemania y Europa. Él sabía que no era el único responsable de lo ocurrido: fue decisivo el apoyo de los príncipes alemanes, cansados de las injerencias de Roma y de sus exigencias financieras. Pero sin la fuerza religiosa y visionaria del Reformador nada de lo que ocurrió hace 500 años habría sido posible.

Captó como nadie los apasionados anhelos religiosos de su tiempo. Lo que no supo fue encontrar un sucesor apropiado. Lutero, que se definía a sí mismo como “un sajón, un rústico y duro sajón”, terminó enfrentándose con muchos de los que habrían podido sucederle. Th. Mann dirá que el Reformador fue “un bárbaro de Dios con bovina cerviz”. De acuerdo, pero aquel bárbaro de Dios, hombre de pensamiento y oración, contemplaba con honda preocupación el resultado de su propia obra.

Y, probablemente, nada le atormentó tanto como su actuación en la rebelión de los campesinos. K. Marx la califica como “el hecho más radical de la historia alemana”. Los campesinos se sublevaron contra la opresión a la que les sometían la Iglesia y los nobles. En un primer momento contaron con el decisivo apoyo de Lutero, pero cuando este constató que también los campesinos se lanzaban al pillaje, al asesinato y a la destrucción de conventos e iglesias, cambió de bando y animó a los señores a sofocar la rebelión a sangre y fuego; sus arengas son de tenor irreproducible.

Al frente de los campesinos iba Thomas Müntzer, llamado “místico con martillo” y “reformador sin iglesia“. A Müntzer no le bastaba la libertad interior que predicaba Lutero, quería libertades concretas, políticas y sociales. Fue ejecutado al fracasar la revuelta en la que perecieron unos 70.000 campesinos.

Algunos historiadores afirman que el fracaso de esta revolución adormeció por un par de siglos la actitud del pueblo alemán ante los desmanes del poder. Y analistas políticos bienintencionados sostienen que, si Lutero se hubiese aliado con los campesinos, habría corrido su misma suerte y nos habríamos quedado sin Lutero, sin Müntzer, y sin la Reforma. Parece una hipótesis plausible.

A partir de 1525, fecha de la derrota de los campesinos, Lutero entró en una crisis de la que ya nunca se repuso. Su prestigio declinó rápidamente. También su boda, celebrada en el mismo año 1525, sirvió de mofa para sus enemigos y de disgusto para sus amigos. Se había iniciado el declive del Reformador. El hombre que entre 1500 y 1530 publicó el 20% de los textos editados en Alemania se fue quedando sin inspiración. “Culpable” fue también el cuidado de sus seis hijos.

El final le llegó en la noche del 17 de febrero de 1546. Ocurrió en su pueblo, en Eisleben. Fue la muerte serena de un gran creyente cristiano. En realidad, Lutero deseaba ya el final: “He vivido mi vida, ya es hora de que me reencuentre con mis mayores”.

Durante sus últimos años no podía andar, lo trasladaban en un pequeño carro. Su cadáver fue trasladado de Eisleben a Wittenberg donde se le tributaron impresionantes honras fúnebres. Melanchthon, su discípulo más fiel e inteligente, pronunció una emocionada oración fúnebre. La concluyó con estas palabras: “Se ha ido el carro y el auriga de Israel”. Después de este agitado 2017, el “auriga” retornará a su silencio de Wittenberg en espera del próximo centenario.

Fuente Religión Digital

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500 Años de la Reforma. Si fuese posible una conclusión.

Martes, 14 de noviembre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaEn este quinto centenario de la Reforma, nos propusimos volver la mirada hacia la figura y el mensaje de Lutero, a partir de las perspectivas y los desafíos de nuestro tiempo. En cierto modo, todos los artículos ofrecidos en esta Minga/Mutirão profundizan esa perspectiva, cada uno a partir de un ángulo, trátese de las perspectivas del grupo eclesial de pertenencia, o bien los desafíos que, en América Latina y a partir de los pobres viven hoy nuestras Iglesias. Institucionalmente, en ese momento de la historia, las Iglesias, tanto la católica como las evangélicas, pueden oír el mensaje profético de Lutero como una nueva invitación a la reforma permanente para que las Iglesias se vuelvan a la raíz del evangelio y a la confianza en la gratuidad de la justificación por la fe.

Para ello, es necesario tener el coraje de darse cuenta que, en algunos puntos doctrinales e históricos, haciendo una lectura textual, Lutero debe ser comprendido como un profeta para el contexto histórico en el que vivió, mas no para hoy. Incluso para valorizar su figura y actualizar su mensaje, debemos reconocer que hay puntos en los cuales la Reforma Luterana ya no es actual. Claro que eso se puede decir de todos los profetas bíblicos y de la historia. Pero, precisamente por la radicalidad profética de Lutero, su mensaje o espanta por su actualidad, o desconcierta por su anacronismo.

Sin duda, si hoy revisamos la controversia que opuso a Lutero y a Thomas Münzer en su apoyo a las luchas de los campesinos, en América Latina nos ponemos del lado de Münzer y no de Lutero. A la vez, cuando los dos discuten y marcan sus diferencias en el camino del misticismo, nos sentimos más del lado de la sobriedad histórica de Lutero.

Tener el valor de ver claros los puntos en los que la Reforma estaría superada ayudaría a las Iglesias luteranas y otras a ir más allá de una cultura teológica y espiritual agustiniana, más basada en la conciencia del pecado, que en la alegría de la salvación, más centrada en la sangre redentora de Jesús que en la bondad fundamental de la creación, etc.

Principalmente la doctrina sobre la justicia divina y la predestinación eterna merecerían una profunda revisión a la luz de la revelación de un Dios que es amor y que, como insistía el hermano Roger Shutz, “sólo puede amar“.

Por lo demás, superar a Lutero sería ir más allá de él. Lamentablemente, al mirar hoy a algunas de nuestras Iglesias, descubrimos que no han incorporado la profecía de Lutero. Hay grupos eclesiales y movimientos católicos y evangélicos que, artificialmente, intentan reproducir la teología medieval. Están atrasados, no sólo 200 años, como antes de fallecer decía el cardenal Carlo Maria Martini. Algunos grupos eclesiales y sus teologías, así como ciertos documentos eclesiásticos de las últimas décadas, continúan sosteniendo una teología sacrificial que viene de los tiempos de las controversias eucarísticas del siglo XI. Para esos cristianos, redescubrir a Lutero y su teología de la gracia ya sería toda una revolución.

Incluso pensando en las comunidades eclesiales marcadas por la teología del Concilio Vaticano II y la teología reciente del Consejo Mundial de Iglesias, la actualización del mensaje de Lutero no puede sin más legitimar la institucionalidad actualmente existente, aunque sea abierta. Si, de alguna forma, esa interpelación no les ayuda a relativizar sus estructuras y su propia concepción de confesionalidad, el mensaje de Lutero quedará siempre en el pasado.

En la introducción a esta revista ya dijimos que podemos leer a Lutero a partir de la búsqueda de una espiritualidad humana más universal, anclada en la responsabilidad de corresponder a la salvación por la pura gracia divina que nos es comunicada por la fe. En su crítica a cualquier misticismo especulativo, Lutero se pone en diálogo con la antigua teología apofática que evita nombrar a Dios. La divinidad sólo puede ser conocida como “Dios escondido y disminuido en la humanidad de Jesucristo”.

En este debate es fundamental situar el lugar fundamental de Jesucristo. Lutero insistió en contraponer, a las imágenes imperiales de Cristo que la Edad Media había proyectado, la figura bíblica de Jesús desnudo y despojado en la cruz 2. Lutero reprochaba a la Iglesia Católica de antes de la Reforma el hecho de que su doctrina de la confesión sólo conseguía atormentar las conciencias con el sentimiento de culpa, en lugar de reforzar en las personas su fe y confianza en Cristo 3. Actualmente, en un mundo pluralista, la propuesta cristiana más abierta no consiste en relativizar la figura de Jesús, sino en situarla en el contexto histórico de la fe del Jesús profeta de Israel, y de comprenderla a partir de la actuación universal del Espíritu.

Actualmente, la crisis ecológica y las perspectivas de la ciencia humana traen a nuestras Iglesias la conciencia de que necesitamos una nueva Cosmología y una nueva Teología de la Creación que incorpore los nuevos paradigmas de las ciencias. Algunos teólogos como José Comblin, Víctor Codina y otros han mostrado cómo nuestras Iglesias necesitan actualizar una Teología del Espíritu Santo que fue más profundizada en las teologías orientales que en las Iglesias de Occidente. Es un punto más sobre el cual necesitamos todavía redescubrir y actualizar a Lutero…

En la primera mitad del siglo XX, Karl Barth se apoyó en Lutero para mostrar la diferencia radical entre religión y fe. Si en el siglo XVI, la propuesta de Lutero significó una profunda reforma del cristianismo, algunas de sus propuestas teológicas podrían ser trasplantadas hacia una espiritualidad laical y más universal (antropológica), y hasta pos-religional.

Los 500 años de la Reforma no sólo se refieren al cristianismo, mas a todo camino humano de acogida del amor divino y de energía de fe que salva y manifiesta el Espíritu que “está presente y actúa en todas las criaturas y abarca toda ciencia”(Sb 1,7).

Marcelo BARROS y José María VIGIL

1 Cf. JARED WICKS, Lutero e il suo patrimonio spirituale, Assisi, Cittadella, 1983, p. 104.

2 Cf. YVES CONGAR, Regards et reflexions sur la Christologie de Luther, in «Chrétiens en dialogue», Paris, 1964, Cerf, pp. 453-489.

3 Cf. JARED WICKS, Lutero e il suo patrimonio spirituale, Assisi, Cittadella, 1983, p. 114.

Fuente Fe Adulta

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Lutero: V centenario de la Reforma Protestante (y III)

Viernes, 3 de noviembre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaDesde el cisma hacia la unidad cristiana

“Tenaz en su carácter y obsesivo en sus ideas, Lutero las vivió apasionadamente”

(Saturnino Rodríguez).- Martín Lutero es una figura crucial de la Edad Moderna en Europa, la influencia del conjunto de sus teorías y doctrinas (que suele denominarse luteranismo) se extendió, más allá de la religión, a la política, la economía, la educación, la filosofía, el lenguaje, la música y otros espacios de la cultura. Martin Lutero obtuvo gran popularidad entre el pueblo, y también su considerable influencia en el clero. La contribución de Lutero a la civilización occidental se consideran más allá del ámbito religioso. Sus traducciones de la Biblia ayudaron a desarrollar una versión estándar de la lengua alemana y se convirtieron en un modelo en el arte de la traducción y el desarrollo de la lengua.

La obra escrita

Las obras escritas por Lutero desde 1517 a 1530 suman 50, siendo más abundantes de 1524 a 1528. Algunas de las cuales fueron al menos esbozadas por algunos de sus amigos, como Melanchthon. Lutero también escribió sobre la administración civil y eclesiástica y sobre el hogar cristiano. El estilo literario de Lutero era polémico, llegando incluso a insultar a sus oponentes cuando el tema le apasionaba. Al igual que otros reformadores era muy intolerante con otras creencias y con los puntos de vista opuestos al suyo, lo cual pudo contribuir a exacerbar la Reforma protestante en Alemania.

Las obras más destacadas

Por su traducción de la Biblia, Lutero es considerado además uno de los fundadores de la literatura en alemán. Hasta la publicación definitiva de la Biblia completa traducida en 1534 Lutero iba trabajando en ello, escribiendo y publicando partes dela misma desde el año 1521 que comenzó en su destierro del castillo de Warbuirg hasta 1530. Tanto la Reforma protestante como la consecuente reacción católica, la Contrarreforma, supusieron un importante desarrollo intelectual en Europa, por ejemplo: mediante el pensamiento escolástico de los jesuitas en el caso del catolicismo.

Martín Lutero articuló su doctrina básica en sus primeros escritos: “De la libertad cristiana “(1519), “A la nobleza cristiana de la nación alemana” (1520), “El cautiverio babilónico de la Iglesia” (1520), “De la esclavitud del arbitrio” (1525)- y sus publicaciones más conocidas y populares “Catecismo Mayor” “Pequeño catecismo” (1529) donde expone la teología de la Reforma evangélica comentando brevemente, en forma de preguntas y respuestas: los Diez andamientos, el Credo Apostólico, el Padrenuestro, el Bautismo y la Eucaristía.

Las secuelas de la doctrina de la Reforma protestante tendría sus secuelas inmediatas en Alemania y en los países europeos donde se extendió. En los territorios luteranos disminuyó grandemente el poder absoluto de los reyes. Católicos y protestantes sostuvieron entre sí terribles guerras religiosas. Un siglo después de las “protestas” de Lutero, una revuelta en Bohemia provocó la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), un conflicto entre católicos y protestantes que arrasó gran parte de Alemania e implicó a CASI TODA Europa hasta la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos.

Lutero fue la primera persona que imprimió un libro: la Biblia alemana, traduciendo de un manuscrito sagrado a la lengua materna de Alemania. Cuando la mayoría de la sociedad era analfabeta y adquiría sus conocimientos a través de la transmisión oral, la memorización y la repetición de los textos bíblicos, la Iglesia tenía el control del conocimiento y sus miembros eran estudiosos y educados. Lutero hizo posible el acceso al conocimiento, la información y la educación, desmitificando la Biblia con el fin de lograr la búsqueda de la verdad.

Cabe destacar que Lutero, personalmente, no fundó la iglesia luterana como institución, ni planeaba llegar a una nueva “denominación cristiana”. Por el contrario, expresó que eso no ocurriera: “Ruego por que dejen mi nombre en paz. No se llamen así mismos ‘luteranos’, sino Cristianos. ¿Quién es Lutero?, mi doctrina no es mía. Yo no he sido crucificado por nadie…Dejen, mis queridos amigos, de aferrarse a estos nombres de partidos y distinciones; fuera a todos ellos, y dejen que nos llamemos a nosotros mismos solamente cristianos, según aquel de quien nuestra doctrina viene”.

A pesar de ello, en la historicidad de la reforma protestante, se fue designando el apelativo “luterano” y “luteranismo” para referirse a la doctrina interpretativa y enseñanzas que Lutero hizo acerca del cristianismo.

Lutero es reconocido en el calendario litúrgico de la Iglesia Luterana que celebra la festividad de la Reforma el 31 de octubre (fecha en que clavó las 95 tesis). La iglesia Episcopal de Estados Unidos celebra la fiesta el 18 de febrero como su día litúrgico.

La “justificación” tema clave en la obra de Lutero

Dicho en cuatro palabras la doctrina de la “justificación” ( o” justicia de Dios”) supondría, conforme confesaba la Iglesia, que el hombre se hiciera justo. Pero ese supuesto – pensaba Lutero- era imposible porque al hombre le separa un abismo infinito de Dios que también con infinito amor le “justifica” a través de Jesucristo, con lo que el hombre no necesita para ello de las “mediaciones” de la Iglesia. Y es en este punto central en el que se ha dado un acercamiento casi total entre la iglesia católica y la reformada en el camino del ecumenismo, como veremos en la 4ª parte de esta serie al hablar sobre el camino del Ecumenismo. Buena parte de las otras “diferencias” derivan de ésta fundamental.

Desligado de la obediencia romana, Martín Lutero emprendió la reforma de los sectores eclesiásticos que le siguieron y que conformaron la primera Iglesia protestante, a la que dotó de una base teológica. El luteranismo se basa en la doctrina de la “justificación” (inspirada en escritos de San Pablo y de San Agustín de Hipona) de que el hombre puede salvarse sólo por su fe y por la gracia de Dios, sin que las buenas obras sean necesarias ni mucho menos suficientes para alcanzar la salvación del alma; en consecuencia, expedientes como las bulas de indulgencias que vendía la Iglesia no sólo eran inmorales, sino también inútiles e incluso la mediación y poder jerárquicos de la Iglesia.

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Cuadro de Lucas Cranach explicando la doctrina clave de Lutero de “la justificación por la fe”

Este retablo del pintor Lucas Carnach- el gran pintor de Lutero refleja el pensamiento de Lutero de que la salvación sólo se adquiere con la fe personal y la lectura directa de la Sagradas Escrituras.Las imágenes llevan un número que aclaramos aquí:

1. Lutero con una Biblia en la mano señalando un pasaje de la II epístola de San Juan “La sangre de su hijo Jesús nos purifica de todo pecado”

2. Un chorro de sangre de Jesús crucificado cae sobre la figura del pintor Lucas Cranach padre

3. Personificación de los verdaderos creyentes que reciben sin ningunas mediación por parte de la jerarquía católica

4. A su lado San Juan Bautista señalando a Cristo, y al pie de la Cruz vemos a Jesús como el “cordero de Dios” que quita el pecado del mundo

5. A la izda. de la Cruz aparece Cristo resucitado…

6. Clavando el asta de su bandera al demonio. Al fondo, a la izquierda muestra la escena de la expulsión del hombre del Paraíso…

7. Fuente del pecado original y a su derecha Moisés maldice a los que no cumplen los mandamientos

Como consecuencia de esta primera fundamentación Lutero negaría otras prácticas asumidas por la Iglesia católica a lo largo de la Edad Media, como la existencia del Purgatorio o la necesidad de que los clérigos permanecieran célibes y para dar ejemplo él mismo contrajo matrimonio con una antigua monja con la que tuve cuatro hijos. De los sacramentos católicos, Lutero sólo consideró válidos los dos que halló reflejados en los Evangelios: En su obra “Sobre el Cautiverio Babilonico de la Iglesia” (1520), rechaza el “sacramentalismo de la Iglesia”, diciendo que en las Sagradas Escrituras solo se distinguen dos sacramentos: ll Bautismo y la Eucaristia (la “cena del Señor”), rechazando los demás como tales “sacramentos”. Leer más…

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“Pedimos perdón por las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor”

Jueves, 2 de noviembre de 2017

encuentro-entre-luteranos-y-catolicos_560x280Luteranos y católicos firman una declaración conjunta a los 500 años de la Reforma

“Estamos muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma”

(Jesús Bastante).- Pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy“. Así reza la ‘Declaración conjunta’ que la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos han suscrito hoy “al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración común de la Reforma”.

Una conmemoración que, por primera vez, hemos compartido juntos y con nuestros asociados ecuménicos del mundo entero. En el documento, luteranos y católicos se muestran “muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma“.

“Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años”, prosigue el texto, que reconoce cómo, a lo largo de este tiempo, se ha profundizado en nuestra oración común, el culto y el diálogo ecuménico, que ha supuesto “la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos”.

El documento hace un balance positivo de este año de la reforma, que arrancó con la oración común luterano-católica en Lund, con la presencia del Papa Francisco y la firma de una declaración conjunta “que recoge el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo”.

Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico”, insiste el documento, con palabras de la citada declaración.

“Por primera vez -resalta la declaración-, luteranos y católicos han considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, lo que dio lugar a un nuevo enfoque de los acontecimientos del siglo XVI que llevaron a nuestra separación”, lo que puede redundar en “un estímulo al crecimiento de la comunión y un signo de esperanza a fin de que el mundo supere la división y la fragmentación. Una vez más, resultó claro que lo que tenemos en común es mucho más que aquello que nos divide”.

De cara al futuro, concluye el documento, “nos comprometemos a seguir nuestro camino común, guiados por el Espíritu de Dios, hacia la mayor unidad de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo” para “superar las restantes diferencias que existen entre nosotros”.

Declaración conjunta de la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos al finalizar el 31 de octubre de 2017, el año de conmemoración común de la Reforma

El 31 de octubre de 2017, último día del año de conmemoración ecuménica común de la Reforma, estamos muy agradecidos por los dones espirituales y teológicos recibidos a través de la Reforma, conmemoración que compartimos juntos y con nuestros asociados ecuménicos del mundo entero. Asimismo, pedimos perdón por nuestros fracasos, las formas en que los cristianos han herido el Cuerpo del Señor y se han ofendido unos a otros durante los 500 años transcurridos desde el inicio de la Reforma hasta hoy.

Nosotros, luteranos y católicos, estamos profundamente agradecidos por el camino ecuménico que hemos recorrido juntos en los últimos 50 años. Esa peregrinación, sostenida por nuestra oración común, el culto y el diálogo ecuménico, redundó en la eliminación de prejuicios, una mayor comprensión mutua y la identificación de decisivos acuerdos teológicos. Frente a tantas bendiciones a lo largo del camino, elevamos nuestros corazones en alabanza al Dios Trino por la misericordia recibida.

En este día damos una mirada retrospectiva a un año de notables eventos ecuménicos que comenzó el 31 de octubre de 2016 con la oración común luterano-católico romana en Lund, Suecia, en presencia de nuestros asociados ecuménicos. Durante la presidencia de ese servicio, el papa Francisco y el obispo Munib A. Younan, entonces presidente de la Federación Luterana Mundial, firmaron una declaración conjunta que recoge el compromiso de seguir recorriendo juntos el camino ecuménico hacia la unidad por la que oraba Cristo (cf. Juan 17.21). Ese mismo día, nuestro servicio conjunto a quienes necesitan nuestra ayuda y solidaridad también se vio fortalecido por una declaración de intención entre Caritas Internationalis y la Federación Luterana Mundial – Servicio Mundial.

El papa Francisco y el presidente Younan declararon juntos: “Muchos miembros de nuestras comunidades anhelan recibir la Eucaristía en una mesa como expresión concreta de la unidad plena. Sentimos el dolor de quienes comparten su vida entera, pero no pueden compartir la presencia redentora de Dios en la mesa de la Eucaristía. Reconocemos nuestra conjunta responsabilidad pastoral para responder al hambre y la sed espirituales de nuestro pueblo de de ser uno en Cristo. Anhelamos que sea sanada esta herida en el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de nuestros esfuerzos ecuménicos, que deseamos que también progresen mediante la renovación de nuestro compromiso con el diálogo teológico.”

Las bendiciones de este año de conmemoración incluyen el hecho de que por primera vez, luteranos y católicos hayan considerado la Reforma desde una perspectiva ecuménica, lo que dio lugar a un nuevo enfoque de los acontecimientos del siglo XVI que llevaron a nuestra separación. Reconocemos que si bien el pasado no se puede cambiar, su influencia sobre nosotros hoy en día se puede transformar para que sea un estímulo al crecimiento de la comunión y un signo de esperanza a fin de que el mundo supere la división y la fragmentación. Una vez más, resultó claro que lo que tenemos en común es mucho más que aquello que nos divide.

Nos alegra que la Declaración conjunta sobre la doctrina de la justificación, firmada en un acto solemne por la Federación Luterana Mundial y la Iglesia Católica Romana en 1999, también fuera firmada en 2006 por el Consejo Metodista Mundial y por la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas en este año de conmemoración. Además, hoy mismo será acogida y recibida por la Comunión Anglicana en una ceremonia solemne en la abadía de Westminster.Sobre esta base nuestras comuniones cristianas pueden construir un vínculo más estrecho de consenso espiritual y testimonio común en el servicio del evangelio.

Reconocemos con gratitud, los numerosos eventos de oración y culto comunes que luteranos y católicos celebraron junto con sus asociados ecuménicos en distintas partes del mundo, los encuentros teológicos y las publicaciones significativas que dieron sustancia a este año de conmemoración.

De cara al futuro, nos comprometemos a seguir nuestro camino común, guiados por el Espíritu de Dios, hacia la mayor unidad de acuerdo a la voluntad de nuestro Señor Jesucristo. Con ayuda de Dios, pretendemos discernir a través de la oración nuestra comprensión de la Iglesia, la Eucaristía y el Ministerio, buscando un consenso sustancial que permita superar las restantes diferencias que existen entre nosotros. Con profunda alegría y gratitud, confiamos en “que el que comenzó en [nosotros] la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1.6).

Fuente Religión Digital

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“La sexta Sola”, por Carlos Osma

Martes, 31 de octubre de 2017

soloamorEn el Día de la Reforma, traemos este artículo de su blog Homoprotestantes:

Tradicionalmente son cinco las creencias teológicas básicas de las iglesias surgidas de la Reforma Protestante: Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus, Sola Scriptura y Soli Deo Gloria. Estas cinco Solas están estrechamente relacionadas entre sí, ya que: “El fundamento para formar parte de la comunidad cristiana es la Sola Fide en la Sola Gratia que se nos revela en Solus Christus a través de la Sola Scriptura con el objetivo de dar Soli Deo Gloria1”. También ha habido propuestas que pretendían añadir un sexto principio como Solus Spiritus, pero muchas voces han evidenciado que está contenido en los cinco anteriores.
 .

Como cristiano gay me preguntaba si desde mi experiencia echaba de menos alguna otra Sola que fundamentara la fe no sólo protestante, sino cristiana en general. Y en seguida me di cuenta de que hay una que sorprendentemente no está entre estas creencias teológicas básicas, siendo en mi opinión, la más básica de todas. Me refiero a Solo el Amor. El Dios que reveló Jesús de Nazaret, el Dios cristiano, si se caracteriza por algo es por el amor hacia su creación. El evangelista Juan lo dice muy claro en esa cita que seguro hemos escuchado en más de una ocasión: “De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna2”.

 
Es cierto que podría decirse que Solo el Amor no es necesaria como sexta Sola puesto que, como Solus Spiritus, está contenida en las cinco tradicionalmente aceptadas. O más que contenida, es el fundamento de todas ellas y quien les otorga coherencia y sentido. Nadie duda de que la Sola Fide tiene como origen a un Dios de amor que ha querido regalárnosla por su Sola Gratia. Bueno, rectifico, siempre ha habido desde el principio del cristianismo una tendencia a poner condiciones a esa Gratia divina diciendo que únicamente quienes cumplen una determinada moral son dignos de ella. Pero la fe que se fundamenta en Solus Christus afirma con rotundidad que Dios no nos ama porque seamos homosexuales, o a pesar de eso, sino que nos ama porque Ella es amor. Y ese amor se nos reveló en Jesús de Nazaret, que según el evangelio siempre entendió el amor como medida de todas las cosas, pero no un amor a la Ley, o un amor a las instituciones religiosas o políticas, sino un amor a los seres humanos, preferentemente a quienes son objeto de injusticia. Y concretamente sobre eso, dejó muy claro que toda la Ley se resume en: “amarás a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo3”. Desde esta premisa podemos afirmar que el punto de partida irrenunciable para la Sola Scriptura, es que ésta únicamente puede leerse desde el amor, y jamás como un arma para condenar a nadie. La Sola Scriptura leída desde la radicalidad de Solus Christus por la Sola Gratia que hemos recibido a partir de la Sola Fide en un Dios de amor, es fuente de liberación. La Sola Scriptura leída desde la Sola literalidad de la Sola Ley recibida a partir de la Sola Imposición en un Dios cruel y justiciero, es fuente de opresión y sufrimiento. Y si cristianas y cristianos lgtbi estamos cansados de ser insultados y menospreciados a golpe de versículo bíblico, no podemos caer en el mismo error, nuestra lectura no puede ser una búsqueda de justificación a nuestra manera de ser, sentir y de amar, sino que desde el convencimiento del amor que Dios tiene por nosotras y nosotros y que se nos reveló en Jesús, podemos escuchar la voz de Dios en su palabra que con amor nos empuja hacia la construcción del Reino para la Soli Deo Gloria.
 
En una reciente entrevista el teólogo peruano Eduardo Arens afirmaba: “Veo la genialidad de Jesús en dos cosas… La primera es haber puesto en el centro al hombre en nombre de Dios… y nosotros lo hemos desplazado, hemos puesto a Dios en el centro y el hombre tiene que agacharse ante un Dios aplastante… La segunda genialidad de Jesús es el nombre de ese Dios que pone al hombre en el centro, y en el centro del hombre pone: Amar4”. Las cristianas lgtbi sabemos algo de todo esto, de ese dios que ocupaba el centro de la fe cristiana en la que fuimos educados, y que nos empujaba junto a muchos otros creyentes fuera de esa fe afirmando que no éramos dignos de llamarnos cristianos. ¿Cristiana y lesbiana? Imposible. ¿Cristiano y transgénero? Abominación. ¿Cristiano y bisexual? Perversión…. Pero el principio más básico de la fe cristiana es ese que dice Solo el Amor. Ese que por la Sola Gratia nos sitúa a todas nosotras y a todos nosotros en el centro y nos dice que somos seres humanos amados por Dios sin condición ninguna. El que nos invita a ser testigos del amor divino en el mundo en el que vivimos. No tenemos que agacharnos para adorar al dios heteronormativo, debemos más bien denunciarlo y expulsarlo de nuestras comunidades para ser fieles al Dios de amor que nos predicó Jesús de Nazaret. Y tenemos que decir a todos esos creyentes que dicen “Dios es amor, pero…” que no hay pero que valga. Que Dios les ama, a pesar de que hayan predicado la homofobia y de que hayan hecho sufrir a tanta gente. Que todavía pueden comportarse como discípulos de Jesús si desplazan del centro de su fe a la iglesia, la palabra, la divinidad, o cualquier otro bien que ellos consideren supremo para colocar el amor al ser humano. También a ellos mismos, puesto que detrás de comportamientos fundamentalistas hay mucha represión, inseguridad y baja autoestima.
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Las Cinco Solas forman parte de nuestra tradición y aportan y seguirán aportando una base firme de nuestra fe. Sin embargo, creo que no solo habría que añadir Solo el Amor, sino que en realidad es ésta la única Sola en la que se fundamenta toda la teología, toda la fe, y toda la experiencia cristiana desde sus orígenes. Y nosotras, personas que por nuestra diversidad hemos visto como en las comunidades cristianas se nos faltaba al amor, por mucho que con palabras se afirmase lo contrario; sabemos muy bien lo desestabilizador que es el mandamiento más básico del cristianismo: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”. De ahí las construcciones teológicas absurdas que se realizan para poder insultarnos o pedir que se nos discrimine socialmente, y decir que todo eso se hace en nombre del amor. Normalmente porque se da preferencia a cualquiera de las Cinco Solas, generalmente la Sola Scriptura, para pasar como un rodillo por encima de nuestros sentimientos e incluso de nuestros cuerpos, y cuando estamos humillados se nos recuerda que Dios nos ama. Pero el camino que nos enseñó Jesús es claro: Solo el amor y Solo el amor. No hay más Solas que valgan, y si las hay, pueden ser Solas protestantes, evangélicas, católicas u ortodoxas, pero no son Solas cristianas si entendemos el cristianismo como seguimiento de Jesús, porque: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe5”.
 
Solo el amor no es una justificación para sentirnos seguros y tranquilos, por muy necesario y hasta urgente que pueda ser la llamada de Dios a amarnos y superar los traumas que la transfobia, la bifobia o la homofobia ha producido en nosotras. Solo el amor es un principio tan desestabilizador para nosotros como sabemos que es para quienes durante tanto tiempo han intentado humillarnos, porque no es fácil decir Solo el amor cuando no nos gusta la persona que tenemos delante, la forma que tiene de comportarse, o cuando recordamos el daño que ha querido hacernos. Pero Solo el amor es la única posiblidad si queremos seguir a ese Jesús que nos habló de un Padre que nos ama a todos y todas y que nos hace hermanas y hermanos. Puede parecer utópico, y lo es, puede parecer inalcanzable, y seguro que no lograremos estar siempre a la altura, pero Solo el amor, sin autoengañarnos con moralinas santurronas, es el principio y el fin del cristianismo, sencillamente porque si en algo coincidimos todas, es que Dios es amor.
Carlos Osma
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1 Resumo aquí la interesante aportación del Pastor de la Iglesia Luterana Unida de Argentina Lisandro Orlov, en el comentario que realizó a mi artículo “¿Ha muerto la Sola Scriptura?”.
2 Jn 3,16.
3 En referencia a Mt 22,36-40.
4 Entrevista realizada por Jesús Bastante en Periodista Digital.
5 1ª Cor 13,1.

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La Biblia del Oso y la España de la Reforma que pudo ser

Martes, 31 de octubre de 2017

1509273297_139647_1509293983_sumario_normalRetrato de Casiodoro de Reina. Deutsche National Bibliothek

En la Sevilla del siglo XVI un monasterio católico practicó en secreto el protestantismo, de cuyo origen se cumplen 500 años

Por Eva Díaz Pérez

En octubre de 1517 Lutero colgó las 95 tesis contra el catolicismo en la iglesia de Wittenberg en Alemania, un hecho que cambió el curso de la Historia y del que ahora se cumplen quinientos años. A partir de ese momento la Iglesia cristiana se divide entre el mundo católico y el protestante que se enfrentarán en encarnizadas guerras de religión. España se convirtió en el símbolo de la reacción católica plasmada en la Contrarreforma por lo que la Reforma protestante parece un episodio ajeno. Sin embargo, ¿hubo herejes protestantes en España? ¿Cuántos españoles murieron en los autos de fe en los que la Inquisición reprimió el brote de herejía? ¿Hubo una clandestina Biblia protestante en castellano?

Valladolid y Sevilla fueron los dos grandes focos donde prendió el protestantismo, primero con la curiosidad por los libros de Erasmo de Róterdam, más tarde incluidos en el Índice de libros prohibidos, y luego con el seguimiento clandestino de las doctrinas de Lutero o Calvino. Ambas ciudades eran entonces las más importantes del imperio. Valladolid estaba considerada como capital política, ya que Madrid aún no había sido proclamada como sede permanente de la corte. Y Sevilla podía ser definida como la capital económica por controlar el monopolio comercial del Nuevo Mundo y ser la puerta de entrada de las riquezas de las Indias. Ambas ciudades de ambiente cosmopolita, abiertas a los nuevos horizontes y al replanteamiento del mundo conocido, quedan contagiadas por la fiebre reformista. Este pensamiento reformista español estuvo muy influido por el erasmismo, como señaló en su día Marcel Bataillon y más tarde José Luis Abellán. Sin embargo, fueron doctrinas rápidamente reprimidas en diversos autos de fe. Es esa España de la Reforma que pudo ser, pero que finalmente no fue, desapareciendo en los quemaderos del Santo Oficio como si nunca hubiera existido.

Este protestantismo muy marcado por el humanismo cristiano contó con figuras como los hermanos Valdés, Francisco de Enzinas o el doctor Cazalla, que impulsa el foco protestante en Valladolid. En Sevilla Constantino Ponce de la Fuente, canónigo magistral de la Catedral y anteriormente capellán de Carlos V, apostolaba en una iglesia secreta creada en la ciudad y a la que acudían personajes de la nobleza. Pero la iglesia clandestina fue descubierta y Ponce de la Fuente fue apresado junto a otros. Murió en la cárcel del castillo de San Jorge en Triana, sede del Santo Oficio, aunque sus huesos fueron desenterrados y quemados en uno de los autos de fe celebrados en la ciudad para extirpar la herejía protestante.

En Sevilla el episodio reformista tuvo particularidades muy singulares, ya que estuvo implicado todo un monasterio católico, el de San Isidoro del Campo, que practicó en secreto la Reforma. Incluso hubo un comercio de libros prohibidos que entraban en Sevilla a través de un arriero, llamado Julianillo Hernández, que escondía los ejemplares en el fondo de odres con vino que traía de la Borgoña. Un episodio herético que cuajó años más tarde en una empresa mayúscula: la traducción completa por primera vez al castellano de los Libros Sagrados con la publicación de la Biblia del Oso, un texto que aún hoy siguen utilizando los protestantes de lengua castellana.

La Biblia del Oso, que se publicó en Basilea en el año 1569, se fragua en esa España convulsa pero profundamente influida por las nuevas lecturas, por la revolución que supuso el humanismo cristiano y por la conciencia de que debía entrar la luz del Renacimiento en las doctrinas católicas, muy desacreditadas por los casos de corrupción y el negocio de las indulgencias. Casiodoro de Reina es el gran protagonista de esta revolución española. Casiodoro es el monje jerónimo que desde el monasterio sevillano inicia la traducción de la Biblia, a pesar de que la Iglesia católica prohibía la traducción a las lenguas romances o vulgares tal y como promovía la Reforma protestante. Si Lutero tradujo la Biblia al alemán, los monjes sevillanos decidieron emprender el mismo proyecto en España.

No pudieron. La Inquisición descubrió la herejía que se practicaba en el monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, en un monumental cenobio que aún hoy se levanta frente a las ruinas romanas de Itálica. Algunos monjes lograron huir, entre ellos Casiodoro de Reina, pero otros fueron recluidos en el castillo de San Jorge para ser quemados en diversos autos de fe que acabaron con la semilla de la herejía protestante en España.

Casiodoro de Reina y otros compañeros -como Cipriano de Valera o Antonio del Corro, uno de los primeros britanistas- se establecieron en la Europa reformada. En esa Europa protestante, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera más tarde, con la versión calvinista de la Biblia del Oso, protagonizan la gran aventura de la Reforma española. Una historia que no solo apela a la religión sino a un episodio de la Historia de la Cultura europea. La historia de unos españoles olvidados y perseguidos por su humanismo heterodoxo, por pensar y atreverse a leer lo prohibido y seguir el espíritu de su tiempo: el Renacimiento clásico en la época de las intolerancias religiosas.

Casiodoro de Reina, el hereje español

Una oportuna biografía ha rescatado la novelesca historia de Casiodoro de Reina, quien después de la huida de Sevilla viajó por toda Europa. Doris Moreno es la autora de Casiodoro de Reina. Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, publicada por el Centro de Estudios Andaluces. Moreno desvela el cambio que se vivió en Europa en el siglo XVI: “El optimismo de los humanistas se fue minando. Muchos defensores de la concordia entre las iglesias fueron cercenados del espacio público, cuando no directamente eliminados, a medida que las posiciones se enconaban. Las terceras vías fueron condenadas a permanecer en los márgenes”.

Fuente El País

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Lutero, profeta hereje

Martes, 31 de octubre de 2017

37981195196_f2affd7d7bDel blog de José Arregi:

El martes se cumplen 500 años desde aquel 31 de octubre de 1517 en que Martín Lutero, hombre de mente y de fe iluminada, genio de la palabra y de la escritura, publicó sus célebres 95 tesis. Un texto breve, comedido y agudo. Un texto profético, que marcó el comienzo de las Reformas protestantes y de una nueva Europa.

No hay derecho –denunciaba Lutero– a que el Papa venda indulgencias. No hay derecho a que a pobres y ricos –sobre todo a los pobres– les haga creer que después de la muerte podrán quedar libres del terrible fuego del purgatorio a cambio de dinero. No hay derecho a que amargue los gozos de la vida presente con la amenaza de castigos futuros. No hay derecho a que utilice las creencias y los miedos de la gente para llenar su bolsa y las arcas del Vaticano. Está en juego la fe, la vida, el Evangelio.

El Papa declaró hereje a Lutero, y le plantó ante la alternativa canónica: o retractación o excomunión. “No puedo ni debo retractarme contra mi conciencia. Que Dios me ayude. Amén”, dijo Lutero. Fue excomulgado. Y se convirtió en profeta hereje.

¿Un profeta hereje? No cabía semejante idea en la teología que me enseñaron a los 20 años, pero luego aprendí que todos los profetas, de un modo u otro, han sido herejes tanto en las religiones como en la política, e incluso a veces en las ciencias. Que solo quienes han cuestionado las verdades heredadas han empujado la historia hacia adelante. Que solo los innovadores han impulsado la humanidad a un futuro mejor, solo los que no se resignan a lo conocido, ni se detienen ni dicen: “Ya está. Esto es”.

El Evangelio me enseñó que también Jesús fue por excelencia un profeta hereje. Prefirió la compasión activa a todas las creencias, ritos y normas religiosas. No le importaron el pecado y la culpa, sino el sufrimiento y las heridas. Tampoco la absolución de la culpa, sino la curación de las enfermedades y la liberación de toda opresión. Nunca se ocupó de indulgencias para el más allá. Anunció la transformación de este mundo, no premios y castigos divinos después de la muerte. Puso primeros a los últimos, y últimos a los primeros. Revolucionó valores, criterios y certezas.

La historia de la Iglesia me enseñó que Santo Tomás de Aquino, que se convirtió luego y sigue siendo aún para muchos el canon de la ortodoxia, fue primero condenado por el obispo de París, y que al final de la vida quiso quemar su Suma Teológica, diciendo: “No es esto, nada de esto”.

Y que San Ignacio de Loyola, cuya Compañía se puso al servicio de la Contrarreforma, fue procesado siete veces por la Inquisición a causa de sus Ejercicios, porque en ellos ayuda al ejercitante a hacerse sujeto libre y dueño de sí.

Y que Santa Teresa de Ávila vivió siempre estrechamente vigilada por la misma Inquisición porque era mujer, mística y libre.

Y que San Juan de la Cruz estuvo encarcelado durante ocho meses en la cárcel del convento de Toledo por ser reformador y por no retractarse de sus ideas reformadoras, por fiarse de su propia fuente, por dejarse guiar por la llama que ardía en su interior, en lo más profundo de todo ser humano y de todas las criaturas. Y así un larguísimo etcétera. No basta con ser hereje para ser profeta, pero nadie puede ser profeta sin ser hereje de una forma u otra.

Lutero denunció y reformó el rígido sistema dogmático y moralista, clerical y jerárquico, aliado de la riqueza y del poder, en que se había convertido la iglesia itinerante de Jesús. Fue profeta.

Y si algo se le debe reprochar es que no lo fuera hasta el fin, que acabara haciendo de su propia profecía herética una nueva ortodoxia y condenando a sus propios disidentes y aliándose con los príncipes para sofocar la liberación de los campesinos.

A pesar de todo, fue y sigue siendo testigo del Evangelio. Testigo de que es la confianza, no el dogma ni el rito ni la moral, la que nos sana y transforma. Testigo de que es el Espíritu viviente, no la sumisa repetición de la letra, lo que hemos de buscar en cualquier texto del pasado. Testigo de que son la libertad y la compasión de Jesús, no las viejas estructuras jerárquicas, las que harán de la Iglesia hogar y sacramento de humanidad. Y, por sus propias sombras, también es testigo de lo mucho que le faltó y nos falta todavía para ser de verdad Iglesia evangélica, profética y reformadora.

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Lutero: V centario de la Reforma protestante (II)

Viernes, 27 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaSu biografía y las dietas de Carlos V

“Lutero no fundó la iglesia luterana como una institución, ni planeaba una nueva denominación cristiana”

(Saturnino Rodríguez).- Continuamos con la figura de Lutero y la Reforma protestante cuyo V Centenario (31 octubre 1517) celebran por primera vez unidas las iglesias cristianas Católica, Ortodoxa y Reformada (Evangélica o protestante), en esta 2ª parte continuando la 1ª parte de la Biografía las “Dietas” del emperador Carlos V y un breve Resúmen de la Teología y pensamiento de Lutero,que seguirá en la 3ª parte para acabar con una 4ª sobre “Ecumenismo camino de la Unión”.

El Edicto de Worms -del que hablamos- no respetaba el acuerdo del salvoconducto entregado a Lutero para acudir a la Dieta de Worms garantizándole un regreso seguro sino que en contra de ello ordenaba que Lutero fuese “prestamente arrestado y condenado”. Por ello y con el fin de protegerle, el príncipe Federico de Sajonia III “el Sabio” – que era un “humanista” católico aunque fuese su protector – organizó un secuestro simulado cuando Lutero regresaba a Wittemberg en el camino a casa y le escondió en el castillo de Wartburg en Eisenach. En su «desierto» o «Patmos» del castillo de Wartburg (como le llamaba Lutero en sus cartas), perteneciente al príncipe Federico III de Sajonia, Martin Lutero estuvo recluído cerca de 10 meses. Fue el comienzo de un periodo constructivo de su carrera como reformador durante el cual comenzó con el Nuevo Testamento la traducción de la Biblia al alemán que sería publicada en 1522. La Biblia completa sería impresa en 1534.

La argumentación de Martín Lutero en su escrito “La libertad cristiana” (1520) encontrarían eco en Ulrico Zuinglio en Zúrich (Suiza) y Thomas Müntzer en Allstedt (Sajonia, Alemania) que difundieron las tesis de que todos los hombres podían encontrar, sin necesidad de intermediarios el camino hacia Dios y lograr la salvación de sus almas. Y con ello el movimiento luterano se iba extendiendo por Alemania y también en el exterior.

En 1522 aparecía en Zurich y se extendía por toda Suiza una nueva corriente reformadora liderada por el clérigo, doctor en teología y profesor alemán Ulrico Zuinglio (1484-1531) aque fundaría la Iglesia Reformada Suiza, de la cual se desprendía a su vez otra corriente más radical como lo era laanabaptista fundada por el también clérigo y teólogo alemán Thomas Müntzer. (Allsted, Sajonia, en Alemania).

El fundador del anabaptismo, escisión del luteranismo Tomás Munzer, (1489-1525) también clérigo y teólogo alemán, fue contemporáneo de Lutero e inicialmente su seguidor. Mantuvo con él una extremada polémica política y teológica, aunque basaba sus demandas en los escritos de Lutero que aunque apoyaba sus aspiraciones políticas consideraba falsos sus argumentos teológicos. Fue el líder revolucionario de la “Guerra de los campesinos alemanes” que se propuso lograr el advenimiento del “Reino de Dios” impulsando una vigorosa reforma social como veremos.

Erasmo de Roterdam no conoció personalmente a Martín Lutero, ni se adhirió a la Reforma protestante, sin embargo, Lutero dijo en muchas ocasiones que una de sus fuentes de inspiración era la traducción que Erasmo había hecho del Nuevo Testamento. Erasmo pasó los últimos años de su vida acosado por católicos y reformadores que querían hacerle militar de su parte, cosa que él nunca admitió. El protector de Lutero Federico III elector de Sajonia conocido como “El sabio”, era también católico y un destacado “humanista” que había fundado en 1502 la Universidad de Witemberg hoy Univ. Martin Lutero donde estudió y fue profesor y decano Martín Lutero.

Merece una atención especial por su tesón en la “causa ecuménica” Philipp Melanchthon (1497-1560) reformador religioso, humanista y erudito alemán. Cursó estudios en las universidades de Heidelberg y Tubinga y catedrático en Witemberg.

Filósofo, teólogo, astrónomo, gran humanista y hombre pacífico y piadosos es el primer teólogo que sistematizó las ideas de Lutero, las defendió en público y las convirtió en la base de la teología luterana de quien era su gran amigo.

Su discurso de ingreso en la cátedra de griego en Witemberg llamó la atención de Lutero que ya era catedrático de Teología Bíblica desde 1512 y le remplazó como líder de esta causa en Wittenberg cuando su mentor fue confinado en el castillo de Wartburg. Participó, con otros 27 delegados, en la unificación de las constituciones de las iglesias reformadas de Alemania.

Fue myu destacada su participación en la Liga de Espira en 1529 en que acompañó al príncipe Juan de Sajonia siendo uno de los principales firmantes de la “Protesta de Espira”.

Philipp Mellanchthon. En 1530 presentó las “Confesiones de Augsburgo”, 28 artículos de fe redactados en colaboración con Lutero. El tono de este credo era tan conciliador, que sorprendió incluso a los católicos. Debido a su intención de lograr un entendimiento entre protestantes y católicos o, al menos, entre las distintas facciones protestantes, los seguidores más estrictos del luteranismo consideraron heréticas sus opiniones. Murió orando por la unión de las Iglesias “en Cristo” y quejándose por “la rabia de los teólogos” de su propio campo. Su nombre figura entre las celebraciones del Calendario de Santos Luterano. Su carácter “humanista” fue muy criticado por los teólogos luteranos ortodoxos, veteranos de las primeras batallas. Así y todo, logró reunir gran cantidad de discípulos que mantuvieron, propagaron e incluso perfeccionaron sus propuestas.

Otro personaje importante y muy cercano a Lutero, aunque menos conocido popularmente, es Johannes Bugenhagen (1485-1558), a quien Lutero llamaba Dr. Pomeranus porque introdujo la reforma en Pomerania, Dinamarca.

Fue un sacerdote católico que tras conocer a Lutero se convirtió en su consejero. Fue un teólogo luterano alemán profesor de Teología de la Universidad de Witenberg, en 1539. Como magnífico organizador que era fue nombrado superintendente de la Iglesia de Sajonia. Después de la muerte de Lutero, se hizo cargo de la viuda y sus hijos. Su nombre figura en el Calendario de Santos Luterano.

Felipe I de Hesse, apodado “El Magnánimo”, que creó la Universidad de Marburg fue uno de los Príncipes más destacados del Renacimiento prestando su apoyo a la Reforma luterana. Convocó con fines políticos personales junto a en 1531 la Liga de Esmalcalda contra Carlos V que ordenó apresarle pasando cuatro años en la cárcel. Las consecuencias socio-políticas de la teología reformada irían conduciendo a las “Guerras de Religión”.

Así como el luteranismo era una escisión del catolicismo romano, a su vez se dividió en múltiples corrientes, al aparecer disidentes radicales en la propia Alemania (como Thomas Münzer) y al extenderse el protestantismo a otros países europeos aparecieron reformadores locales que crearon sus propias Iglesias con doctrinas teológicas diferenciadas como en Suiza Ulrico Zuinglio (1484-1531), en Francia Juan Calvino (1509-1564) o en Inglaterra Enrique VIII(1509-1547).

El 5 de mayo de 1525 muere Federico de Sajonia . El 13 de junio de ese mismo año 1525 Lutero se casa con Catalina von Bora, una exreligiosa proveniente de la nobleza alemana que se convierte en su colaboradora en la reforma. Lutero tuvo con ella tres hijas y tres hijos nacidos en Witemberg entre 1526 y 1534.

En Alemania, el enfrentamiento entre príncipes católicos y protestantes terminó en un conflicto militar abierto: la Guerra de Esmalcalda; mientras que previamente habían estallado movimientos sociales como la “Guerra de los campesinos alemanes” o los anabaptistas, perseguidos sangrientamente por ambos bandos, con la aceptación expresa tanto del Papa como de Lutero.

Aunque la nueva idea de Iglesia que proponía la Reforma opuesta a la Iglesia jerárquica y mundanizada de Roma era una iglesia espiritual compuesta por todos los integrantes de la verdadera fe, sin intermediarios ni vicarios, con una relación directa entre los hombres y Dios, las consecuencias también fueros otras eran otras.

Las proposiciones derivadas de la doctrina de Lutero resultaban atractivas tanto a los príncipes y nobles como a los burgueses, porque ponía en sus manos el destino y la administración del país, sin intervenciones foráneas de la Iglesia. Proposiciones por tanto encontradas con la idea de “cristiandad” perseguidas por el Emperador del Sacro Imperio Carlos V.

La extensión de la doctrina luterana y especialmente de sus derivaciones sectarias daría lugar a la «Guerra de los campesinos alemanes” o “Revolución del hombre común” (en alemán) que enfrentaron a católicos y protestantes entre los años 1524 y 1525. Guerras en las que si bien es cierto que las que diferencias eran religiosas también fueron el pretexto para canalizar luchas de poder entre los Príncipes y los intereses políticos, económicos y estratégicos que impedían la unidad del Sacro Imperio como deseaba y buscaba el Emperador Carlos V.

La “libertad cristiana” escrito por Lutero en 1522 , que es un hito en el paso de la Edad Media a la Moderna, plantea una revolución en la tradicional relación entre religión y libertad que tuvo repercusión en la “Guerra de los campesinos alemanes” porque lo que Lutero empleaba en lenguaje teológico era entendido por los campesinos como su liberación del vasallaje y rechazo de los privilegios que aducían los Príncipes como decían en postularon en la publicación “Los 12 artículos”. También es cierto que Lutero se distanciaría de las revueltas campesinas con su escrito de 1525 titulado “Contra las hordas ladronas y asesinas de los campesinos”.

El empeño de Lutero por reformar el cristianismo, desafiando al papado y al Imperio, no perseguía en absoluto lo mismo que sus seguidores más radicales alimentando la revolución social. Lutero no sólo no lo admitió sino que lo reprobó tajantemente en sus prédicas y en sus escritos. La “Guerra de los campesinos” recordaba la “Guerra de los Husitas” un siglo antes en Bohemia de las ” (1420-1434), movimiento creado por Juan Huss, sacerdote, teólogo y filósofo checo, rector de la Universidad Carolina de Praga.

Los desórdenes provocados en Wittenberg por los seguidores radicales de Lutero le obligaron a volver a la ciudad en marzo de 1521. Lutero sin pretenderlo se vio implicado en la “Guerra de los campesinos” desatadas en el Sacro Imperio Romano Germánico en los años 1524 y 1525 alentada por teólogos y predicadores luteranos radicales y anabaptistas.

Guerras que desencadenaron sangrientas revueltas tanto económicas como religiosas que se han considerado como la mayor revolución hasta la Revolución Francesa en 1789. Guerra que fue duramente reprimida con el resultado de decenas de miles de muertos.

No confundir las “Guerras de los campesinos alemanes” -que aunque también de alguna forma eran religiosas – eran distintas de las Guerras de religión de Francia que fueron una serie de enfrentamientos civiles que se desarrollaron entre los años 1652-1598 (hasta ocho guerras), si bien la violencia fue constante durante todo el período. El detonante de las Guerras de Religión fueron las disputas religiosas entre católicos protestantes calvinistas, conocidos como hugonotes. Juan Calvino (1509-1564) teólogo francés, hombre muy religioso, considerado como uno de los padres de la Reforma Protestante, la rama “calvinista”.

Las Dietas del Sacro Imperio Romano Germánico – El Emperador Carlos V ante el luteranismo

Inspirado en Hutten, caballero y humanista- imbuído de una especie de protonacionalismo alemán, Martín Lutero escribe el “Manifiesto a la nobleza cristiana de la nación alemana” (1520), donde se incita a la rebeldía de la nación contra el papado expoliador. Convierte de esta forma a los príncipes, el poder y la fuerza políticos, en defensores de la “libertad cristiana”. También afirmaba que todos los cristianos eran el estado eclesiástico, que las diferencias solo son de función, y que el bautismo hace a todos los cristianos sacerdotes.

El Águila Quaternio es una de las composiciones heráldicas del Sacro Imperio más conocidas creación de David de Negker en Augsburgo hacia 1510. Sobre las alas del águila bicéfala se muestran 56 blasones de Estados imperiales, rodeando la figura de Cristo crucificado. En la primera fila figuran los escudos de los siete príncipes electores. Los blasones de los principados eclesiásticos – Tréveris, Colonia y Maguncia – están situados en la derecha (la izquierda para el espectador y los seculares – Bohemia, Palatinado, Sajonia y Brandeburgo – en la izquierda

La Dieta y “La Protesta de Espira” (1529)

El Sacro Imperio Romano Germánico se veía amenazado por el Imperio Otomano, dirigido por Suleiman Kanuni, que había conquistado Hungría y se preparaba para atacar Austria (octubre 1529), le llevó al emperador Carlos V a abandonar temporalmente el conflicto religioso interno. Leer más…

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Lutero: V centenario de la Reforma protestante (I)

Jueves, 26 de octubre de 2017

monumento-lutero-wittenberg-alemaniaBIOGRAFÍA Y PENSAMIENTO TEOLÓGICO”

Su contribución a la civilización occidental se considera más allá del ámbito religioso

“No quiero ni puedo retractarme, porque es penoso y peligroso ir contra la conciencia. ¡Dios me ayude! Amén”

(Saturnino Rodríguez).-Este año por primera vez las iglesias católicas, ortodoxas y protestantes, como fruto de los esfuerzos ecuménicos por alcanzar la Unidad de las iglesias cristianas, celebran conjuntamente el V Centenario de la “Reforma” protestanteque nació tras el 31 de octubre de 1517 en que el sacerdote agustino Martín Luteroclavaba en la Iglesia de Todos los Santos del castillo de Witemberg las 95 tesis contra “las indulgencias” decretadas por el papa León X a favor de quienes contribuyesen con sus donativos a la construcción de la basílica de San Pedro en Roma.

El V centenario del nacimiento de Lutero se celebró ya el año 1983. En esta presentación comenzamos con la biografía y pensamiento teológico de Lutero para continuar en otras dos más con lo que fue la Reforma protestante y la llamada “contrareforma” de la Iglesia católica y Avances del Ecumenismo cara a la unidad con lo que fue la “reforma” así como en los avances del movimiento ecuménico de las iglesias católica, ortodoxa y protestante o “reformada”.

Biografía de Martín Lutero

Martín Lutero, o Martin Luder, después cambiado a Martin Luther, como es conocido en alemán, nació en Eisleben, (Turingia,,Alemania) el 10 de noviembre de 1483 y falleció en la misma localidad el 18 de febrero de 1546. Fue un teólogo y monje católico agustino que lideró una reforma religiosa en Alemania, y en cuyas enseñanzas se inspiró la Reforma Protestante en general y la doctrina teológica y cultural denominada luteranismo de la que derivarían otras denominaciones “protestantes”.

Sus padres Hans y Margarita preocupados por su formación intelectual le llevaron a las escuelas den Mansfeld en 1484, Magdeburgo en 1497 y Eisenach en 1498. En 1501, a los 18 años, Lutero ingresó en la Universidad de Erfurt licenciándose el 7 de enero 1501. Quiso estudiar Derecho, como su padre deseaba, pero en el verano de 1505 abandonó de pronto sus estudios e ingresó en el Monasterio de los Agustinos de Erfurt el 17 julio 1505 contrariando a sus padres.

En 1506 profesa sus votos y el 3 de abril de 1507 es ordenado sacerdote agustino conciliándose con su padre. En 1508 estudia Teología y Biblia y da clases de Biblia y en el curso siguiente en el convento de Erfurt.

La vida de Lutero era de un cumplimiento conventual estricto, de oración y de reflexión profunda, lo que le llevó al Vicario General de los agustinos von Stanpitz a destinarle a una vida más activa y también a un formación académica superior comenzando en 1510 a estudiar en la Universidad de Wittenberg (fundada en 1502 por Federico III der Sajonia en 1502, que sería su protector).

En 1511 regresa a Witemberg y en octubre de 1512 se doctora en Teología y asumiendo la cátedra de Teología Bíblica siendo recibido como miembro del Senado de la Facultad de Teología que conservaría hasta su muerte. En 1515 fue nombrado por un trienio Vicario de su orden agustiniana quedando a su cargo once monasterios y Decano de la Facultad de Teología, explicando las Cartas de san Pablo a los romanos y a los gálatas.

En noviembre de 1510 para resolver una disputa monástica surgida en la orden agustiniana entre uno corriente más “observante” y reformista y otra más “conventual” y conservadora liderada por Johannes von Staupitz el prior de Erfurt, el Vicario General de la Orden de los Agustinos le encargo la misión de viajar a Roma en representación de siete monasterios agustinos y como hombre piadoso y cumplidor como lo era de sus deberes religiosos, invitase al Prior General de la orden agustiniana, Egidio de Viterbo para que anulara las reformas.

En su viaje a Roma en 1510 Lutero quedó impactado por la “mundanidad” en la que vivía gran parte del clero (especialmente las altas como se sabe por sus escritos a su regreso de Roma) y aunque su fe católica se mantuvo inquebrantable, fue este aspecto el que en realidad le llevó a Lutero a sus críticas decisiones posteriores cuyo detonante sería especialmente que se concretarían en el conocido asunto de la bula de las Indulgencias que vamos a detallar.

De la mano de los escritos de san Agustín de Hipona y de san Pablo en la Epístola a los Romanos encontró respuesta a sus angustias sobre la salvación en esta doctrina de la “justificación por la fe” enseñando que la salvación es un regalo exclusivamente de Dios, dado por la gracia a través de Cristo y recibido solamente por la fe. Y ese salvación gratuita no necesita las mediaciones del poder eclesiástico, que pasó a constituir el eje fundamental de su teología y enseñanzas.

Las ansias de obtener la verdad le llevaron a Martín Lutero a estudiar las Sagradas Escrituras en profundidad. Por otro lado su vocación humanista de “ir a las fuentes”, le sumergieron en el estudio de la Biblia y de la Iglesia primitiva llegando a la convicción de que la Iglesia había perdido la visión de varias verdades centrales que el cristianismo enseñaba en las Escrituras, siendo una de las más importantes de ellas la doctrina de “la justificación por la fe” .

Siendo ya profesor comenzó a criticar la situación en la que se encontraba la Iglesia católica. En 1515 fue nombrado vicario de su orden, quedando a su cargo once monasterios. El año 1516, se convirtió en párroco de la Iglesia de Wittenberg, destacando como predicador popular, oponiéndose a la venta de las Indulgencias sobre lo que hablaremos a continuación.

La venta de “indulgencias” fue el detonante

El Papa había convertido al Príncipe Alberto de Brandeburgo, de 23 años de edad en arzobispo de Magdeburgo y administrador de la diócesis de Halberstadt y nombrándole después arzobispo de Maguncia y primado de Alemania, lo que llevaba anejos unos beneficios políticos y económicos extraordinarios. Para obtener las dispensas necesarias para tal acumulación de cargos, debió pagar al Papa la elevada suma de 24 000 ducados que le fue adelantada por la banca Fugger. Para facilitarle el pago de la deuda, el Papa le autorizó la venta de indulgencias en sus territorios, tarea que el Príncipe encomendó al fraile dominico Johann Tetzel.

Estas bulas eclesiásticas eran una concesión del Papa que teóricamente concedían indulgencias a los creyentes por los pecados cometidos y que se convirtieron en objeto de un tráfico puramente mercantil. Donativos que iban con destino a la construcción de la Basílica de S. Pedro en el Vaticano, obra de los papas Julio II y León X. Con esa venta de indulgencias el príncipe Alberto de Maguncia devolvía al Papa los 24.000 ducados adelantados por la banca Fugger por la concesión de los nombramientos que había recibido. Esto provocó la indignación de Martín Lutero, que publicó a raíz de estos sucesos las 95 tesis que iniciaron la llamada “reforma” protestante.

Johann Tetzel fue el fraile dominico a quien Alberto de Branderburg arzobispo de Maguncia subcomisario para la venta de indulgencias en la provincia eclesiástica de Magdeburgo. Su actuación se cuenta entre los factores que decidieron a Martín Lutero para iniciar su “Reforma”. Con el dinero obtenido por dicho medio, se esperaba financiar la edificación de la basílica de San Pedro en Roma, Italia, y comprar un obispado para Alberto de Hohenzollern.

Todo ello confirmaba al fraile agustino Martín Lutero en la idea de que la Iglesia había abandonado sus principios hasta el extremo de que el 31 oxtubre 1517, víspera de la fiesta de Todos los Santos, clavó 95 tesis contra las indulgencias en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos de Wittenberg como una invitación abierta a debatirlas. Tesis enviadas antes al arzobispo Albertio de Maguncia y que se divulgaron rápidamente por Alemania y Europa gracias a la imprenta recién descubierta y que pronto serían impresas bajo el título “Cuestionamiento al poder y eficacia de las indulgencias” convirtiéndose en el inicio de la llamada Reforma protestante.

Las críticas de Lutero reflejaban un clima bastante extendido de descontento por la degradación de la Iglesia, expresado desde la Baja Edad Media por otros reformadores que se pueden considerar predecesores del luteranismo, como el inglés John Wycliffe (siglo XIV) o el bohemio Jan Hus (siglo XV).

Las 95 tesis de Lutero causaron una gran conmoción y que traducidas al alemán lograron una amplísima difusión. La prédica de indulgencias fue denunciada ya anteriormente por el teólogo inglés John Wiclef (1320-1384) y también por el teólogo y filósofo checo Jan Hus (1369-1415) que cuestionaron los abusos que su práctica originaba.

El conocido humanista, filósofo, filólogo y (1466-1536) próximo a la “Devotio moderna” y ordenado sacerdote de los Canónigos Regulares de San Agustín en 1490 envió una carta a Lutero en la que le decía, entre otras cosas: “No puedo describir la emoción, la verdadera y dramática sensación que provocan”.

Y cuando, un poco más tarde el elector de Sajonia Federico le preguntó a Erasmo su opinión sobre Lutero, le respondió con una sonrisa: “Nada me extraña que haya causado tanto ruido, porque ha cometido dos faltas imperdonables: haber atacado la tiara del papa y el vientre de los frailes“.

Católicos y luteranos intentaron traer a su causa al humanista Erasmo de Rotterdam pero él no cayó nunca en la trampa. La Iglesia lo acusó con una frase célebre: “Usted puso el huevo y Lutero lo empolló”, a lo que el teólogo respondió con la no menos conocida ironía: “Sí, pero yo esperaba un pollo de otra clase”. Los seguidores de Erasmo pretendían renovar la vida espiritual ejercieron notable influencia en la primera mitad del siglo XVI. En España concretamente el avance del erasmismo se frenó cuando la Inquisición interrogó en 1533 a Juan de Vergara, amigo personal de Erasmo y experto en lenguas clásicas.

Aún en la misma Roma las tesis de Lutero no fueron recibidas tan mal como pudiera pensarse. Cuando el censor del Vaticano, Silvestre Prierias, aconsejó al papa León X (1513 a 1521) que le declarase un hereje, el Papa replicó: “Este hermano, Martín Lutero, tiene un grande ingenio, y todo lo que se dice contra él no es más que envidia de frailes”.

21 a 26 abril 1518. Así las cosas, el Papa León X envió una carta a Gabriel de la Volta, general de los Agustinos en Alemania, pidiéndole que pusiese fin a esta controversia y que reprendiese a Lutero. Se propuso entonces una reunión en la Universidad de Heildelberg (la más antigua de Alemania). Allí se le dio la oportunidad de presentar una defensa de sus tesis, para cuyo fin Lutero preparó 28 propuestas que llamó “Paradojas”, apoyándose en la Biblia y en las enseñanzas de Agustín de Hipona. En vez de condenar a Lutero, la impresión que causó en Heidelberg fue muy favorable.

Martin Bucer, representante de la Orden de los Dominicos (OP), escribió: “Lutero posee una gracia muy especial para responder a las preguntas que se le hacen, y también una inalterable paciencia para escuchar… y como ya dijo Erasmo, habla con libertad y sin pretenciones”. revoltoso. Bucer era un teólogo dominico que tras conocer a Martín Lutero en 1518 anuló sus votos monásticos y comenzó a trabajar en favor de la Reforma siendo excomulgado. Poco a poco Lutero fue ganando simpatizantes que vieron en él un estudioso de las Escrituras y no simplemente un rebelde.

Pero sería Silvester Mazzolini dominico italiano confesor del Papa, el primer teólogo “campeón” del Romano Pontífice que en sus escritos atacó públicamente las doctrinas de Martín Lutero, apoyando la condena de Joham Maier Eck contra el monje agustino. Lutero respondió a los argumentos de Mazzolini y ambos publicaron réplicas manteniendo una controversia regular entre ellos. Leer más…

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“Soli Deo gloria “, por Carlos Osma

Sábado, 20 de mayo de 2017

homeless_youth_insert_by_bigstockDe su blog Homoprotestantes:

En su último libro “Història del protestantisme als Països Catalans1”, el exvicepresidente de la Generalitat Josep-Lluís Carod-Rovira, afirma que desde mediados del siglo XIX hasta finales del siglo XX la identidad evangélica se forjó a menudo en contraposición al catolicismo. Durante más de un siglo el anticatolicismo se convirtió en un factor de cohesión dentro del mundo protestante. Algo bastante comprensible si se tiene en cuenta la discriminación, e incluso la violencia, a la que fueron sometidos los protestantes por parte de la Iglesia Católica en este periodo, tanto en Cataluña como en el resto del Estado Español. Desde mi punto de vista, este anticatolicismo, si bien no ha desaparecido del todo, sí que ha dejado de tener esa capacidad de unir a las diferentes familias y comunidades evangélicas.  Como consecuencia, el anticatolicismo ya no es un elemento que configura la identidad protestante.

Hace unas semanas, en una entrevista realizada a un conocido dirigente evangélico catalán, éste identificaba a la ideología de género y al colectivo LGTBI, como el problema más grave al que se tienen que enfrentar las iglesias evangélicas en la actualidad, pero también el más peligroso al que se han enfrentado en los últimos ciento cincuenta años. Es imposible que dicho comentarista apocalíptico, que forma parte de una familia de tradición evangélica, desconozca la historia protestante en este país. ¿Está proyectando algún problema personal? ¿No será la homofobia interiorizada el problema más grave al que él se ha tenido que enfrentar? Sea cual sea la respuesta, nuestro (¿armarizado?) conferenciante nos está dando una pista muy importante para entender el fenómeno que está teniendo lugar dentro del movimiento evangélico actual: la homofobia está ocupando el lugar que el anticatolicismo tenía hace unas décadas. Ella es la nueva masa con la que se pretende unir a un evangelicalismo profundamente dividido que anhela llegar a poseer la influencia que el catolicismo tiene en la sociedad.

Como cristianos y cristianas LGTBI al final no somos seres tan excepcionales, o al menos no más que el resto, me preguntaba si hay algún “cemento” con el que pretendemos reforzar también nuestras pequeñas y escasas comunidades, o simplemente con el que mantener en pie la casa, a menudo rudimentaria, de nuestra fe. Dice la tercera ley de Newton que “cuando un objeto ejerce una fuerza sobre un segundo objeto, éste ejerce una fuerza de igual magnitud y dirección pero en sentido opuesto sobre el primero”. Algo que en nuestro caso se podría traducir como: “Si la homofobia es la fuerza que da identidad a las iglesias, la resistencia contra la homofobia es la que se la otorga a los creyentes LGTBI”. Y si llegamos a la conclusión de que es así, y de que al final nuestra experiencia de fe está afectada tan profundamente por la homofobia que recibimos, podríamos preguntarnos si debería ser así, o si hay algún otro elemento que nos puede ayudar a liberarnos del juicio que el heterocentrismo ejerce sobre nosotras y nosotros. ¿Puede ser nuestro cristianismo algo más que una reacción contra la homofobia? ¿Puede nuestra experiencia de fe asentarse sobre una roca distinta? ¿Cuál debería ser el pegamento con el que unir y dar sentido a nuestras comunidades, nuestro seguimiento, nuestra vida cristiana?

Soli Deo gloria” es para las iglesias surgidas de la Reforma uno de los cinco principios sobre los que debe estar fundamentada la vida cristiana. Y lo que vendría a decir es que todo lo que hacemos cristianos y cristianas no debería buscar nuestra glorificación, ni hacer más grande nuestro orgullo, sino como dice el Apóstol Pablo: “Haced todo para la gloria de Dios2”. Dicho así, parece todo muy bonito y espiritual, y los creyentes LGTBI podríamos comprar el eslogan para convertirlo en el motor que nos ayude a conducir nuestra vida cristiana, dejando la reacción contra la homofobia en un segundo plano. Pero a la hora de la verdad los que hemos despertado del sueño de la ingenuidad sabemos que muchos egoísmos, ignorancias, cobardías, e incluso alguna que otra torpeza, se justifican poniendo cara de buen cristiano y diciendo que todo se hace para la gloria de Dios. ¿Qué nos van a decir a las personas LGTBI sobre ésto? Incluso quienes en el nombre de Dios nos han deseado lo peor, quienes nos han insultado, quienes han querido alejar a nuestra familia de nosotras, o incluso quienes nos han deseado la muerte, lo han hecho para la gloria de Dios. Pero no sólo ellos, si somos sinceros con nosotros mismos, es posible que tras nuestro trabajo por la justicia, se esconda una voluntad de recibir al menos un pedacito de esa gloria que deberíamos dar solo a Dios.

De todas formas, y a pesar de reconocer que nunca es fácil saber la motivación que nos lleva a actuar de una manera u otra, es posible que podamos buscar algún elemento que nos permita evaluar si de verdad lo que buscamos es dar la gloria a Dios o si seguimos mirándonos el ombligo. Si fuera posible, podríamos hacer de este principio de la Reforma, un factor que de verdad defina nuestra identidad cristiana y que nos ayude tanto a nivel personal como a la hora de relacionarnos con otras personas. Y quizás lo más fácil es preguntarnos de qué manera podemos dar la gloria a Dios, y si en nuestra tradición judeocristiana hay pistas que nos pueden ayudar a descubrirlo. La verdad es que no hay que rebuscar demasiado en la Biblia para llegar a textos que nos señalan el camino: “¿Para qué me sirve, dice el Señor, la multitud de vuestros sacrificios?… No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación… Dejad de hacer lo malo, aprended a hacer el bien, buscar el derecho, socorred al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda… Venid luego, dice el Señor, y estemos a cuenta3. Textos en los que se nos dice con claridad que dar la gloria a Dios tiene que ver con la actitud que tenemos hacia los demás, sobre todo con las personas más desfavorecidas y con las que sufren. Se resume en hacerles el bien y tratarles justamente, o en palabras de Jesús: “amarles como a nosotros mismos”. Ponerse a su nivel, o más bien en su piel, y actuar como nos gustaría que actuaran con nosotras. Así que a la hora de decidir cómo deberíamos actuar para hacerlo de manera “cristiana”, o mejor dicho “humana”, con la intención de “dar solo la gloria a Dios”, el criterio más importante que nos puede ayudar, no es tanto que dice un determinado texto de la Biblia, sino si hemos entendido el clamor de los oprimidos y hemos decidido colaborar con ellas y ellos para buscar la liberación.

La lucha por los derechos de las personas LGTBI también es una lucha por la liberación de millones de personas, así que evidentemente es una lucha que pretende dar solo la gloria a Dios, y eso lo sabemos muy bien quienes hemos padecido las consecuencias de la homofobia. Pero únicamente ella misma no puede dar consistencia a nuestra fe, o a nuestras comunidades inclusivas, ya que correríamos el peligro de ser simples activistas en un entorno cristiano. Una reacción comprensible a la presión que la homofobia ejerce sobre nosotros, pero no una razón que nace del evangelio. Y pienso que es sobre el evangelio, y no sobre lo que dice de nosotras y nosotros la homofobia cristiana, sobre lo que cristianos y cristianas LGTBI deberíamos fundamentar nuestra experiencia de fe. No buscamos acabar con la homofobia, que también, sino que nuestra voluntad es dar toda la gloria a Dios, en ella deberíamos concentrar nuestra labor. Y para no perdernos en simple palabrería, esa que siempre acaba diciendo lo que queremos escuchar, podemos hacer pasar todas nuestras obras por el fuego del prójimo, que nos permitirá quedarnos solo con aquellas con las que de verdad hemos dado la gloria a Dios, y no a nosotros mismos.

Carlos Osma

Notas:

1Carod-Rovira, J. “Història del protestantisme als Països Catalans” Ed. TRES I QUATRE, SL. Valencia, 2016.
21 Cor 10,31

Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , ,

“Performance en el CEM por el quinto centenario de la Reforma “, por Carlos Osma

Viernes, 31 de marzo de 2017

dietawormsDe su blog Homoprotestantes:

Para quien todavía no se ha enterado, este año se celebra el quinto centenario de la Reforma, y quizás sea por eso que el Consejo Evangélico de Madrid (CEM) nos dedicó hace unos días una performance expulsando como miembro activo de este organismo a las comunidades de la Iglesia Evangélica Española (IEE), una de las iglesias fundadoras del CEM y de las más antiguas del Estado. Aunque tampoco se puede descartar del todo que la causa de lo ocurrido sea el exceso de testosterona contenida en dicho Consejo. Las pruebas que apuntan a este segundo supuesto es que de los doce cargos escogidos o ratificados de la junta directiva del CEM, sólo dos fueron a parar a manos de mujeres: la consejería de la mujer y una vocalía (todo muy progre e innovador).

Pero quienes conocen el funcionamiento del CEM, y no salieron a dar una vuelta en el momento de la votación que llevaría a la IEE al purgatorio evangélico madrileño (la FEREDE ha impedido que la cosa acabara en el infierno), apuntan que lo sucedido se enmarca claramente en los actos de conmemoración del quinto centenario. Se trataría, con mayor o menor fortuna (eso lo deben valorar los espectadores), de recrear la asamblea que hace casi quinientos años tuvo lugar en Worms, y que pretendía que Lutero se retractase de algunas de sus 95 tesis que tanto revuelo habían creado dentro de la Iglesia. Sí, fue ese el momento en el que Lutero dijo aquella frase tan nuestra (y que me perdonen los evangelicales del CEM): “ A menos que no esté convencido mediante el testimonio de las Escrituras o por razones evidentes -Ya que no confío en el CEM- me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía. Mi conciencia es prisionera de la Palabra de Dios, y no puedo ni quiero revocar nada reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia”.
 

De todas formas, especialistas en performances creen que la cosa se les ha ido un poco de las manos, y que no se logró crear en el público el efecto deseado. Quizás sea porque al final solo el 54% del Sacro Imperio Evangelical madrileño votó por la expulsión de la IEE (por si no saben de cuentas, y aunque no esté literalmente en la Biblia, 38 votos de 70 son un 54%), así que lo de “marcar paquete” le salió bastante mejor al Papa León X, al que no se le escapó ni un voto. Esta victoria tan ajustada ha creado un verdadero desconcierto en el movimiento evangélico español. Por un lado están los que creen que hay que seguir con la performance hasta que la gente entienda lo que se quería decir. Sería el caso del lobby evangelical de Protestante Digital haciendo aparecer a la IEE y sus seguidores, como religiosos que se dejan llevar por los deseos e intereses de este mundo, mientras ellos siguen las verdaderas enseñanzas de Dios que estudian en sus reconocidísimos seminarios, que destacan en el mundo (evangelical) entero. Y por otro lado estarían quienes creen que lo de la performance ha llegado demasiado lejos y se debería volver a la cordura. Se trata en este caso de la propia IEE, pero también de la Iglesia Evangélica Reformada Episcopal (IERE), que ha sorprendido gratamente a más de uno (entre los que me incluyo) ofreciéndose a ir al purgatorio el tiempo que sea necesario para acompañar a su iglesia hermana. O de la Comunión Mundial de Iglesias Reformadas, que cito al final porque para los evangelicales del CEM suena muy vieja, lejana, y además, no pueden expulsarla de ningún lado. De lo que no tenemos ni idea es de lo que piensan las entidades públicas como la Comunidad de Madrid, que ponen el dinero de los madrileños y madrileñas (sean altos, ateos, lesbianas o bomberas) para subvencionar performances como éstas.

Para intentar explotar el globo que se ha montado, la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (FEREDE), ha mostrado su preocupación y sus dudas sobre la legalidad de lo ocurrido en la asamblea del CEM. Pero como pasa a menudo, no parece que los evangelicales del CEM, se hayan dado por aludidos, ellos sólo se someten a su verdad verdadera, y no a lo que diga una entidad humana, por mucho que sea su representante ante el Estado. Lo que me pregunto yo, es porqué no hacen un Consejo Evangelical Bibliolátrico Divino, y así pueden expulsar a quienes deseen de donde quieran, y dejan en paz al común de los mortales. Pero como ésto parece que todo el mundo lo da por imposible, se comenta que las comunidades de la IEE en Madrid han decidido impulsar un nuevo Consejo Protestante de Madrid, junto a otras comunidades de otras iglesias protestantes/evangélicas que se identifiquen más con Lutero que con León X, y así dejar ver que lo del cisma madrileño va de veras. ¿Se quedará todo esto en la comunidad de Madrid o se exportará a otros lugares del Estado? ¿Corre también peligro FEREDE como único representante evangélico/protestante ante el Estado? Tiempo al tiempo… Eso lo dirá la bestia, que ha despertado en Madrid, pero amenaza con hacerlo en otros lugares.

Y pongo al final lo que quizás debería ir al principio, y es que todo este “sarao” se ha montado porque a los evangelicales, por mucho que sólo les guste compartir cargos con otros hombres tan machotes como ellos en el CEM, no les gustan las mariconerias. Y lo del documento de Mamré, que suscribieron las iglesias de la IEE, y en el que afirmaban que caminaban hacia la plena aceptación de las relaciones homosexuales estables en el seno de la iglesia, les parece un despropósito. Y en esto no quieren aceptar interpretaciones diversas, la Biblia se lee como ellos dicen, o está mal leída. La verdad es una, y es la suya, y es la que van a imponer en las entidades de las que formen parte. Quien no la acepte, mientras ellos tengan la sartén por el mango, ya sabe donde está la puerta. Y eso es lo que predican, fuera y dentro de sus iglesias, y esa es la sociedad por la que trabajan: una en la que no hay libertad de conciencia, y mucho menos libertad para decidir con quien quieres tener una relación afectiva o sexual. Pero mientras tratan de influir en nuestra sociedad para imponer su moral evangelical súper divina, se presentan como víctimas de la intolerancia de los progresistas, y van lloriqueando que no se respetan sus derechos. ¡Por favor, un poco de masculinidad, León X lo hizo mucho mejor! La IEE ha sido mucho más creíble en su papel, nos ha hecho creer que la Reforma continua, que la valentía de Lutero, todavía se da en algunas iglesias evangélicas. Así que quizás va a ser verdad, que en este país podremos celebrar este año y con razón, el quinto centenario de la Reforma.

Carlos Osma

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“Solo Cristo salva”, por Carlos Osma

Jueves, 9 de marzo de 2017

solocristoDe su blog Homoprotestantes:

Cuando cristianos y cristianas lgtbi hablamos de salvación, podemos evadirnos de la realidad y empezar a hacer teología ficción, como esa que llena libros infumables de teología, estanterías de seminarios decadentes, o bancos de iglesias respetables que sirven a la “verdadera doctrina”. Y lo podemos hacer porque tenemos tantas ganas de ser como el resto de creyentes, que nos lanzamos en brazos de la imitación. Y es que en realidad, reconozcámoslo, lo que a nosotras nos salva, lo que nos otorga el perdón por nuestra “disidencia” es que no se nos note demasiado el plumero. Y así, con una voz grave, intensa, respetable, (pero sobre todo que repita el mantra de la iglesia de la que queremos formar parte), podemos empezar a explicar que la salvación es universal o solo para unos cuantos escogidos, que es para siempre o puede perderse, que es por la fe o que necesita de alguna obra por parte nuestra…. y bla, bla, bla… Palabrería hueca sin alma, sin experiencia.

Que entremos al trapo de tener que explicar que podemos ser cristianas y lesbianas, evangélicas y transexuales, católicos y gays, bisexuales y protestantes, ya dice mucho de nuestras propias inseguridades y de lo asumida que tenemos la ideología heteronomativa que ha impuesto la idea de que si eres cristiano eres heterosexual. Una ideología que nos quema vivos desde los púlpitos de las iglesias, o que nos ofrece bulas a cambio de pagar el precio de la sumisión, del no cuestionamiento de su poder, un poder que a nosotros se nos revela como demoníaco. Nuestra salvación, pasa por su aceptación, por su respeto, y lo triste es que muchas de nosotras nos lo hemos creído, y ponemos toda nuestra energía en ir amontonando buenas obras a ojos de nuestros tribunales eclesiásticos particulares, sabiendo en el fondo, que más que liberadas, vivimos enjauladas.

En su comentario al libro de Romanos, Lutero dice unas palabras sobre las que todas las personas lgtbi deberíamos reflexionar: “Aquellos presumidos que… por la fe sola pretenden tener entrada, no por Cristo, sino pasando al lado de Cristo, como si después de haber recibido la gracia por la justificación, Cristo ya no fuese necesario para ellos. Y como éstos, hay muchos en nuestros días que hasta intentan convertir las obras de la fe en obras de la ley y de la letra en provecho propio: después de haber recibido la fe por medio del bautismo y el arrepentimiento, pretenden que ahora también ellos mismos han de resultar del agrado de Dios en cuanto a su propia persona, sin Cristo, cuando en verdad es necesario tanto lo uno como lo otro: tener fe, por supuesto, pero también tener al mismo tiempo y para siempre a Cristo como Mediador de esta fe. Y es que quizás, a veces, demasiadas veces, el Mediador de nuestra fe no es Cristo, sino las obras que intentamos realizar para aparecer como buenos cristianos dignos de ser aceptados por nuestra familia, nuestra comunidad, nuestra iglesia.

Para nosotras, personas lgtbi, no habrá liberación, salvación, que no pase por Cristo. Nuestras buenas obras que satisfacen las demandas heteronormativas, son solo obras de la ley, del legalismo. Para nuestra salvación es necesaria la fe, pero no fe en personas e instituciones al servicio de la heteronormatividad, sino en quien predicó el evangelio, fué crucificado y resucitó: Cristo. Cuando nos abandonamos en los brazos de los deseos heteronormativos, nos alejamos de Cristo, nos alejamos de la salvación. Y puede parecer lo contrario, porque es más fácil vivir en paz con un entorno religioso que nos incita a cumplir con lo que se espera de nosotras, que seguir al maestro, seguir a quien puso al ser humano y su felicidad por delante de cualquier institución. Es más fácil someterse, y actuar como si no lo estuviésemos haciendo, como si hubiésemos elegido nuestra humillación por amor a Cristo. Pero no lo hemos hecho por él, lo hemos hecho por cobardía, por falta de fe en Jesucristo, por eso no nos sentimos liberados, por eso no estamos salvadas.

Cuando la Biblia nos habla de tener fe en Cristo, no se refiere a aceptar a Jesús como salvador, como quien tiene un amuleto o simplemente una imagen a la que se aferra por miedo a la vida y a la muerte. Tener fe en Cristo significa seguimiento, solo Cristo salva, nada de lo que nosotros somos o dejamos de ser añade algo a esa salvación. Nuestra homosexualidad, nuestra identidad de género, nuestra bisexualidad… no posibilita o impide la salvación de la que Jesucristo es intermediario. Solo en el seguimiento de Cristo alcanzamos la salvación, en el seguimiento de quien se atrevió a ser diferente al resto, de quien se atrevió a mostrar una identidad diferente a la que se esperaba del Mesías, el que se posicionó del lado de quienes estaban excluidos por parte de los buenos religiosos de su tiempo. Solo cuando estamos dispuestos a caminar sobre las aguas, a perderlo todo por la llamada a la acción de Jesús, es cuando alcanzamos la salvación que Dios desea para nosotras y nosotros. Una salvación que no tiene nada que ver con la represión, sino con la felicidad y con la vida. Porque solo Cristo fue crucificado para que nosotras y nosotros tuviésemos vida. Solo él es nuestro intermediario, solo es a él a quien deberíamos querer agradar.

El seguimiento de Cristo, no es un seguimiento individualista, sino que se realiza junto a otras personas, algunas de las cuales es posible que ni siquiera se definan como cristianas. La tentación de crearse un Cristo a nuestra imagen y semejanza, se desvanece en la convivencia con otras personas que también pretenden seguirle. “Solo Cristo”, no excluye al resto de creyentes, ni al resto de la humanidad, porque Cristo es el lugar de encuentro de quienes trabajan por la justicia y por la vida. Y ésto lo debemos tener muy en cuenta las personas lgtbi, ya que la exclusión que hemos padecido, o que todavía padecemos, puede ser una justificación para el individualismo, para el “Solo Cristo y yo”. Y aunque debemos ponernos a salvo de las ideologías y comunidades cristianas que intentan separarnos de Jesús, que nos exigen obras para satisfacer las demandas heteronormativas, no por eso debemos creer que somos solo nosotros los que seguimos a Cristo correctamente. La comunidad cristina es un arcoíris diverso en el que nosotras no alcanzamos a reflejar todos los colores, pero que sin nuestra presencia tampoco llega a verse completo. Siempre hay personas al lado del Cristo al que seguimos, si no fuese así, estaríamos siguiendo una ilusión, no a Jesús de Nazaret. Solo Cristo nos salva, pero no solo nos salva a nosotros.

Que levantemos nuestra voz, como hace cinco siglos hiciera Lutero y otras y otros reformadores, es imprescindible para seguir reformando la Iglesia. Una Iglesia de la que podemos decir por experiencia que se ha alejado de Cristo y ha vuelto a situar la ley, en nuestro caso la ley que exige el cumplimiento de los preceptos heteronormativos, como mediadora entre los seres humanos y Dios. Pero en el cristianismo el único intermediario es Jesús, un Jesús en el que las personas lgtbi nos sentimos reflejadas, en el que nuestras experiencias son cuestionadas, en el que nuestro amor es bendecido, y en el que nuestra identidad de género es incluida. Un Jesús que se ha acercado para decirnos que le sigamos a él, no a una religiosidad presa por las obras de la ley, y que en su seguimiento, compartido con otros seres humanos, encontraremos la salvación. Pero no una salvación entendida como éxito o reconocimiento individual, si buscamos eso es mejor seguir aferrados a la ley, sino una salvación que busca la justicia, la liberación y la felicidad, tanto individual como colectiva.

Como bien expresó Agustín de Hipona “Quien está lejos de Dios, está lejos de sí, alienado de sí mismo y sólo puede encontrarse si se encuentra con Dios y así.. alcanzar su verdadera identidad”, pero nuestra aproximación a Dios no tiene lugar cuando actuamos como el resto del mundo espera, las buenas obras no nos acercan a Dios. El abismo que nos separa de Dios, que nos separa de nosotros mismos y del resto de seres humanos sólo puede ser salvado por Cristo. Sólo él es el mediador, todo lo demás nos hace perder la vida. Por eso los cristianos lgtbi deberíamos dejar de poner tantas veces los oídos en lo que la homofobia religiosa dice sobre nosotras, y fijar nuestra vista en Jesús, el verdadero dador de vida. Solo Cristo salva.

Carlos Osma

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Recordatorio

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