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Sevilla dedicará varias calles a las mujeres de la Reforma española martirizadas por la Inquisición

Lunes, 9 de mayo de 2022
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BD0AAFA1-FF8C-467B-8CC5-E417820FA07FCalles y plazas de la ciudad llevarán los nombres de María de Virues, Isabel de Baena, María de Bohórquez y Francisca de Chaves. También se dedica una calle a Juan Gil.

El Pleno del Ayuntamiento de Sevilla ha aprobado la nomanclatura de nuevas calles y plazas de la ciudad, con especial atención a figuras femeninas relevantes de la historia de la ciudad.

Entre las nominaciones en el Distrito Este-Alcosa-Torreblanca, se han elegido figuras que tienen relación con la Reforma española del siglo XVI. Mujeres que fueron perseguidas y condenadas por la Inquisición.

Las nuevas nomenclaturas están situadas en una zona donde ya hay varias calles dedicadas a personas importantes de la Reforma española, aunque todavía no había ninguna con el nombre de las mujeres que tuvieron una relevancia importante en la pequeña comunidad reformada de Sevilla.

En la nota dada a conocer por el Ayuntamiento se concreta que “se denominará calle Isabel de Baena al tramo de vía entre Juan Pérez de Pineda hasta Casiodoro de Reina (vía 1) y calle María de Virues desde Juan Pérez de Pineda hasta Casiodoro de Reina (vía 2). También se amplía la calle Cipriano Valera, que incorpora a sus actuales límites el tramo que continúa desde Juan Pérez de Pineda hasta Avenida Las Ciencias (Vía 3)”.

“Asimismo, se denomina Plaza Francisca de Chaves al espacio entre Juan Pérez de Pineda y Casiodoro de Reina (Vía 4), mientras que se nominan calle Juan Gil (Vía 5) y calle María de Bohorquez (Vía 6) a otros tramos de este espacio”.

Según el consistorio sevillano, estas nominaciones se deben a que “durante la represión del luteranismo en Sevilla en el siglo XVl (de la que fueron víctimas los monjes Cipriano de Valera y Casiodoro de Reina) las mujeres representaron un porcentaje importante de los condenados”.

Las nominaciones propuestas están relacionadas con las ya existentes (Cipriano Valera y Casiodoro de Reina), corresponden a mujeres, monjas y beatas, que desempeñaron un papel destacado en la difusión de las nuevas doctrinas, por ello fueron supliciadas y murieron víctimas de la Inquisición.

Nombres rescatados del olvido

Juan Gil, también conocido como doctor Egidio, ostentó en la época la prestigiosa canonjía magistral de Sevilla y su predicamento reformista y la defensa de otros sospechosos lo llevó ante la Inquisición, ha explicado de la delegada de Presidencia y Hacienda, Sonia Gaya.

Isabel de Baena fue una de las mujeres jóvenes de la alta sociedad sevillana que se sumaron a los conventículos reformados de la ciudad, teniendo un papel muy activo en los mismos, hasta el punto de que su casa parece haber sido uno de sus principales lugares de reunión. De hecho, como parte de la condena de Isabel, la Inquisición mandó derribar su casa, sembrarla con sal, y colocar en su lugar un letrero de mármol en el que todos pudieran leer el delito que se había cometido allí.

María de Bohórquez, con solo 26 años, fue quemada en persona en el auto de fe celebrado el 24 de septiembre de 1559. Debía tener una educación sobresaliente para una mujer de su época (parece ser que sabía latín y algo de griego) y gran tenacidad, puesto que hasta el mismo día de su muerte estuvo disputando con los frailes que fueron a convencerla de volver a la ortodoxia de la Iglesia.

Parece ser que fueron las prédicas del doctor Egidio y de Casiodoro de Reina las que habrían convencido a María de abrazar la nueva fe. En una de las relaciones del auto se la describe como mujer honesta y beata, acusada de “dogmatizadora pertinaz”. En otra relación del mismo evento luctuoso se resalta que se mantuvo pertinaz en sus creencias hasta llegar al tablado, por lo que fue quemada.

Francisca de Chaves, explica el historiador Emilio Monjo en un artículo publicado en Protestante Digital “era monja del convento de Santa Isabel, en Sevilla, y formaba parte activa de la vida de la iglesia reformada sevillana. Confesó ante el tribunal inquisitorial la verdad de su “iglesia chiquita de Sevilla”, frente a la iglesia grande de fariseos que seguían las órdenes del papa. (…) Lectura, oración, testimonio, evangelización, integridad… firmeza en la cámara de tortura; ¡Cuánto que aprender de estas mujeres fidelísimas!”.

Fuente Protestante Digital

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Celebrar el mes de la Biblia reconociendo el papel de las mujeres en su traducción y divulgación

Lunes, 20 de septiembre de 2021
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1428E913-E599-4765-8796-2DA86C0BF6B4San Jerónimo con Santa Paula y Santa Eustoquia | Francisco de Zurbarán. Wikimedia Commons

Del blog de Consuelo Vélez Fe y Vida:

“Hacer de la Biblia el alimento sólido de nuestra espiritualidad”

“Más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de ‘alimento dulce'”

“Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral”

“Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres”

Consuelo Vélez

Septiembre se conoce como el mes de la Biblia. En el ámbito católico, por la figura de Jerónimo que murió el 30 de septiembre y fue quien tradujo la Biblia del griego y el hebreo al latín. Esa traducción se conoce como la “Vulgata”, habiendo sido este el texto bíblico oficial de la Iglesia católica hasta 1979. En el ámbito protestante, de habla hispana, se recuerda la aparición impresa que hizo Casiodoro de Reina en 1569, conocida como la Biblia del Oso, porque en la tapa aparecía un oso comiendo miel desde un panal. Esta versión fue revisada posteriormente por Cipriano de Valera, dando origen a la famosa versión Reina Valera, que ha sido la Biblia más usada por los evangélicos de lengua castellana.

Más allá de que la Biblia se celebre este mes, siempre es importante recordar que la Sagrada Escritura nos transmite la revelación divina, no a modo de una doctrina fija y literal, sino como bien lo explica la Constitución Dogmática Dei Verbum, mediante los géneros literarios y las condiciones particulares de los escritores sagrados, es decir, siendo ellos verdaderos autores, utilizando sus propios recursos, eso sí, contando con la inspiración divina que nos permite reconocer dichos escritos como Palabra de Dios.

El número 12 de la Dei Verbum se refiere a la necesidad de investigar qué quisieron expresar los autores sagrados y para esto es imprescindible conocer bien los géneros literarios y el contexto desde el que escribieron, para interpretar los textos en consonancia con el sentido general de toda la Sagrada Escritura de manera que se pueda entender lo que Dios nos sigue diciendo hoy a través de su palabra. Es muy importante tomarse en serio esta responsabilidad para no hacerle decir al texto bíblico lo que no dice y menos para justificar nuestras posturas, trayendo un texto bíblico como ‘prueba’ de lo que decimos, cuando muchas veces el texto significa todo lo contrario.

Tomarnos en serio esta responsabilidad todavía resulta difícil. Aunque Vaticano II afirmó que “la Sagrada Escritura debe ser el alma de la Teología (Decreto Optatam Totius, 16), en muchas de las publicaciones teológicas que abordan distintos temas, no es tan frecuente encontrar el aporte desde la Sagrada Escritura a dicho tema. Por supuesto, la mayoría de los artículos, tratando la temática desde la perspectiva sistemática, hacen referencia de alguna manera a la Sagrada Escritura, pero esto no es lo mismo que indagar con la profundidad suficiente y los métodos exegéticos adecuados, la temática que se va a presentar. Algunas veces he recomendado a los organizadores de las obras colectivas que pidan a más biblistas esa colaboración, pero no veo que sea algo que se incorpore suficientemente.

Pero más preocupante todavía es que la Biblia no llega a formar parte de la espiritualidad cristiana católica, como una medicación imprescindible y un texto que el pueblo de Dios reconozca como fuente de vida, o de “alimento dulce” -haciendo referencia al oso comiendo miel de la Biblia protestante-, como podría ser. Falta más formación bíblica para todo el pueblo de Dios, incluidos los presbíteros que en sus homilías a veces se percibe que le hacen decir al texto lo que no dice o que los usan como ‘excusa’ para pasar a otro tema -casi siempre del ámbito moral– en lo que los predicadores gastan mucho tiempo exhortando a los fieles para que no caigan en esos pecados de los que la Biblia generalmente no habla.

El papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium (n. 146-147) insiste en que la homilía debe “prestar toda la atención al texto bíblico, que debe ser el fundamento de la predicación (…) Quiero insistir en algo que parece evidente pero que no siempre es tenido en cuenta: el texto bíblico que estudiamos tiene dos mil o tres mil años, su lenguaje es muy distinto al que utilizamos ahora (…) Si el predicador no realiza este esfuerzo, es posible que su predicación tampoco tenga unidad ni orden: su discurso será sólo una suma de diversas ideas desarticuladas que no terminarán de movilizar a los demás”.

Finalmente, conviene recordar el papel de las mujeres en el trabajo de traducción de la Sagrada Escritura. Según testimonios escritos de San Jerónimo, fue un grupo de mujeres -Paula, Eustoquia, Blesila, Fabiola y, especialmente Marcela, entre otras, las que no solo lo sostuvieron económicamente para realizar su trabajo, sino que fueron las que, con su insistencia, interés y dedicación al estudio del texto bíblico, le ayudaron a mantener la constancia en su trabajo y llegar a los logros que la historia le reconoce.

El mismo Jerónimo agradece la insistencia de estas mujeres y dice que muchos le critican por enseñarle a las mujeres -a las que se les considera el sexo débil- y no a los varones, pero él mismo cuenta, que los varones no le preguntaban nada y en cambioellas estaban ahí, haciéndole preguntas con gran rigor intelectual y pertinencia sobre los temas bíblicos. Más aún, alaba la inteligencia de estas mujeres y la rapidez con que alguna de ellas aprendió el hebreo -ya sabían griego y latín-, reconociendo que había aprendido mucho más rápido que él y con mucha más fluidez y excelente pronunciación.

En una de sus cartas llama a Marcela “supervisora de sus trabajos, es decir, ella no solo controlaba el rigor intelectual de Jerónimo sino también organizaba su trabajo. Fue tanta la ayuda que ellas le prestaron que muchas de sus obras las dedica a estas mujeres. Pero aún más. Cuando Jerónimo perdió buena parte de su visión, fueron estas mujeres las que le ayudaron en su tarea, con lo cual no sería de extrañar que algunos de los escritos de Jerónimo sean de autoría de estas mujeres o por lo menos le hayan dado muchos de los insumos que luego este redacta en sus obras. Ellas también se encargaron de la edición y divulgación de sus escritos, a pesar de las resistencias que encontraron en los inicios.

En definitiva, celebrar la Sagrada Escritura es comprometernos con el estudio serio sobre ella y el propósito de hacerla alimento sólido de nuestra espiritualidad pero también -para actuar en justicia-, reconocer el papel de las mujeres en tantas realidades en las que han sido protagonistas y se les ha invisibilizado y, en este caso, si se honra la memoria de San Jerónimo, con más razón deberíamos honrar la memoria de estas mujeres, sin las cuales no hubiera sido posible dicha traducción que fue tan importante para la Iglesia católica durante tanto tiempo.

(Imagen tomada de: https://www.mujeresenlahistoria.com/2017/03/la-primera-monja-santa-paula-de-roma.html)

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La Biblia del Oso y la España de la Reforma que pudo ser

Martes, 31 de octubre de 2017
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1509273297_139647_1509293983_sumario_normalRetrato de Casiodoro de Reina. Deutsche National Bibliothek

En la Sevilla del siglo XVI un monasterio católico practicó en secreto el protestantismo, de cuyo origen se cumplen 500 años

Por Eva Díaz Pérez

En octubre de 1517 Lutero colgó las 95 tesis contra el catolicismo en la iglesia de Wittenberg en Alemania, un hecho que cambió el curso de la Historia y del que ahora se cumplen quinientos años. A partir de ese momento la Iglesia cristiana se divide entre el mundo católico y el protestante que se enfrentarán en encarnizadas guerras de religión. España se convirtió en el símbolo de la reacción católica plasmada en la Contrarreforma por lo que la Reforma protestante parece un episodio ajeno. Sin embargo, ¿hubo herejes protestantes en España? ¿Cuántos españoles murieron en los autos de fe en los que la Inquisición reprimió el brote de herejía? ¿Hubo una clandestina Biblia protestante en castellano?

Valladolid y Sevilla fueron los dos grandes focos donde prendió el protestantismo, primero con la curiosidad por los libros de Erasmo de Róterdam, más tarde incluidos en el Índice de libros prohibidos, y luego con el seguimiento clandestino de las doctrinas de Lutero o Calvino. Ambas ciudades eran entonces las más importantes del imperio. Valladolid estaba considerada como capital política, ya que Madrid aún no había sido proclamada como sede permanente de la corte. Y Sevilla podía ser definida como la capital económica por controlar el monopolio comercial del Nuevo Mundo y ser la puerta de entrada de las riquezas de las Indias. Ambas ciudades de ambiente cosmopolita, abiertas a los nuevos horizontes y al replanteamiento del mundo conocido, quedan contagiadas por la fiebre reformista. Este pensamiento reformista español estuvo muy influido por el erasmismo, como señaló en su día Marcel Bataillon y más tarde José Luis Abellán. Sin embargo, fueron doctrinas rápidamente reprimidas en diversos autos de fe. Es esa España de la Reforma que pudo ser, pero que finalmente no fue, desapareciendo en los quemaderos del Santo Oficio como si nunca hubiera existido.

Este protestantismo muy marcado por el humanismo cristiano contó con figuras como los hermanos Valdés, Francisco de Enzinas o el doctor Cazalla, que impulsa el foco protestante en Valladolid. En Sevilla Constantino Ponce de la Fuente, canónigo magistral de la Catedral y anteriormente capellán de Carlos V, apostolaba en una iglesia secreta creada en la ciudad y a la que acudían personajes de la nobleza. Pero la iglesia clandestina fue descubierta y Ponce de la Fuente fue apresado junto a otros. Murió en la cárcel del castillo de San Jorge en Triana, sede del Santo Oficio, aunque sus huesos fueron desenterrados y quemados en uno de los autos de fe celebrados en la ciudad para extirpar la herejía protestante.

En Sevilla el episodio reformista tuvo particularidades muy singulares, ya que estuvo implicado todo un monasterio católico, el de San Isidoro del Campo, que practicó en secreto la Reforma. Incluso hubo un comercio de libros prohibidos que entraban en Sevilla a través de un arriero, llamado Julianillo Hernández, que escondía los ejemplares en el fondo de odres con vino que traía de la Borgoña. Un episodio herético que cuajó años más tarde en una empresa mayúscula: la traducción completa por primera vez al castellano de los Libros Sagrados con la publicación de la Biblia del Oso, un texto que aún hoy siguen utilizando los protestantes de lengua castellana.

La Biblia del Oso, que se publicó en Basilea en el año 1569, se fragua en esa España convulsa pero profundamente influida por las nuevas lecturas, por la revolución que supuso el humanismo cristiano y por la conciencia de que debía entrar la luz del Renacimiento en las doctrinas católicas, muy desacreditadas por los casos de corrupción y el negocio de las indulgencias. Casiodoro de Reina es el gran protagonista de esta revolución española. Casiodoro es el monje jerónimo que desde el monasterio sevillano inicia la traducción de la Biblia, a pesar de que la Iglesia católica prohibía la traducción a las lenguas romances o vulgares tal y como promovía la Reforma protestante. Si Lutero tradujo la Biblia al alemán, los monjes sevillanos decidieron emprender el mismo proyecto en España.

No pudieron. La Inquisición descubrió la herejía que se practicaba en el monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce, en un monumental cenobio que aún hoy se levanta frente a las ruinas romanas de Itálica. Algunos monjes lograron huir, entre ellos Casiodoro de Reina, pero otros fueron recluidos en el castillo de San Jorge para ser quemados en diversos autos de fe que acabaron con la semilla de la herejía protestante en España.

Casiodoro de Reina y otros compañeros -como Cipriano de Valera o Antonio del Corro, uno de los primeros britanistas- se establecieron en la Europa reformada. En esa Europa protestante, Casiodoro de Reina y Cipriano de Valera más tarde, con la versión calvinista de la Biblia del Oso, protagonizan la gran aventura de la Reforma española. Una historia que no solo apela a la religión sino a un episodio de la Historia de la Cultura europea. La historia de unos españoles olvidados y perseguidos por su humanismo heterodoxo, por pensar y atreverse a leer lo prohibido y seguir el espíritu de su tiempo: el Renacimiento clásico en la época de las intolerancias religiosas.

Casiodoro de Reina, el hereje español

Una oportuna biografía ha rescatado la novelesca historia de Casiodoro de Reina, quien después de la huida de Sevilla viajó por toda Europa. Doris Moreno es la autora de Casiodoro de Reina. Libertad y tolerancia en la Europa del siglo XVI, publicada por el Centro de Estudios Andaluces. Moreno desvela el cambio que se vivió en Europa en el siglo XVI: “El optimismo de los humanistas se fue minando. Muchos defensores de la concordia entre las iglesias fueron cercenados del espacio público, cuando no directamente eliminados, a medida que las posiciones se enconaban. Las terceras vías fueron condenadas a permanecer en los márgenes”.

Fuente El País

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Para leer la Reforma protestante: Recomendaciones en su V centenario

Martes, 21 de marzo de 2017
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monumento-lutero-wittenberg-alemania“La historia no es la búsqueda de orígenes sino el estudio de las mediaciones”

(Manfred Svensson*).- En El dios que no nació, una lúcida guía para entender la relación entre religión y política en el Occidente moderno, Mark Lilla escribía que hoy hemos progresado de un modo que nos lleva de regreso al siglo XVI, con sus preguntas “sobre revelación y razón, pureza dogmática y tolerancia, inspiración y consentimiento, deber divino y simple decencia”.

No cabe mucha duda de que este retorno de la religión es al menos un factor en las patentes dificultades de la élite contemporánea para comprender el mundo que pretende dirigir: hemos vuelto a discusiones que apenas conocemos.

Lo confesaba hace poco un director ejecutivo del New York Times: “No captamos la religión, no entendemos su papel en la vida de la gente”. El año 2017, con su quinto centenario de la Reforma protestante, nos puede tal vez servir de ocasión para al menos intentar entender esta parte del cristianismo moderno. Para el que quiera embarcarse en esa tarea, vayan las siguientes recomendaciones.

Fuentes

Todo tipo de factores políticos, sociales y económicos confluyen en la Reforma, y hay interminable disputa sobre el peso de cada uno de éstos. Pero quien quiera tomar en serio el modo en que los actores del proceso se entendieron a sí mismos, tiene que dar a la controversia teológica un lugar preeminente.

Pero los reformadores protestantes nos hacen relativamente fácil dicha tarea: cualquiera que tenga un mínimo de alfabetismo teológico ­-o que pacientemente quiera armarse de él- puede leer sus obras. Su estilo suele ser llano, y desde el siglo XVI han sido traducidos a nuestra lengua: el mismo Cipriano de Valera que tradujera la Biblia al español, publicó a fines de dicho siglo una traducción de la Institución de Calvino.

El último esfuerzo titánico de traducción está constituido por las obras de Lutero en diez volúmenes, que durante recientes décadas publicaron las editoriales Paidós y Aurora. Pero también entre los textos breves hay algunos sumamente significativos.

La mejor versión condensada de las polémicas del siglo XVI es la Carta al cardenal Sadoleto, de Juan Calvino. De Lutero suelen gustar las frases escandalosas y el aparente rupturismo; quien, en cambio, quiere verlo escribir con sencillez y sabiduría, probablemente no puede hacer nada mejor que leer La libertad cristiana (que ya en 1542 podía encontrarse en español en la traducción de Francisco de Enzinas).

Historias generales de la Reforma

reformadoresEn castellano puede encontrarse de James Atkinson Lutero y el nacimiento del protestantismo o, más recientemente, La Reforma protestante, de Patrick Collinson. Algo superiores son Carter Lindberg, The European Reformations, y Diarmaid MacCulloch, The Reformation, la más reciente narración magistral sobre el periodo.

La cualidad que estas últimas dos obras notoriamente comparten es su habilidad para tejer una narración atenta a la multiplicidad de factores culturales y políticos que se cruzan en este tumultuoso periodo, sin por eso perder de vista la primacía de los conflictos teológicos. No se trata de introducciones al pensamiento de los reformadores, pero la dimensión doctrinal de los conflictos recibe la atención debida y es explicada de un modo que cualquier lector interesado logra seguir.

Como salta a la vista, la obra de Lindberg pone ya en el título su énfasis en la pluralidad de reformas del periodo. Dicho plural no obedece a que esté imponiendo una sensibilidad postmoderna sobre su objeto de estudio. Se trata, simplemente, de captar la multitud de fenómenos de reforma (tanto protestantes como católicas, magisteriales como radicales) que con cierta independencia se desarrollan en el siglo XVI.

Dicho énfasis se ha vuelto una de las notas características del estudio reciente de la Reforma, como puede verse también en la más reciente de las historias generales escritas por un católico, Reformations: Early Modern Europe, 1450-1660, de Carlos Eire. Se trata de un énfasis pertinente, aunque desde luego hay también un riesgo de sobrecorrección. Para equilibrarlo no es mala idea atender a Scott Hendrix, Recultivating the Vineyard. The Reformation Agendas of Christianization. Si bien Hendrix reconoce una multitud de “agendas”, pone un énfasis más fuerte en el común propósito de cristianización que atravesaría a todos estos movimientos. Para la temprana “globalización” del protestantismo, en tanto, cabe recomendar Protestants: A History from Wittenberg to Pennsylvania 1517-1740, de Scott Dixon.

Tradiciones específicas

De la multiplicidad de reformas se desprende que enfrentar cada una de ellas como un proyecto relativamente independiente, en lugar de reducirlas a versiones mejoradas o desmejoradas de otras, es una tarea elemental para entender el periodo. Philip Benedict ha escrito la mejor de esas introducciones en lo que a la tradición calvinista se refiere: Christ’s Churches Purely Reformed: A Social History of Calvinism. No hay, en mi opinión, una obra equivalente para estudiar la fortuna del luteranismo como movimiento global (una ausencia que contrasta con la obsesiva preocupación por Lutero entre los historiadores del temprano siglo XVI). Pero sí la hay para la reforma radical. La reforma radical, de George H. Williams, sigue siendo la mejor introducción al variado número de fenómenos que suele agruparse como ala izquierda de la Reforma.

La conexión evangélica

El lector bien puede preguntarse cuánto de esto le ayudará a comprender el mundo evangélico contemporáneo. No es ningún misterio que éste guarda relación con la Reforma, pero dicha relación no parece consistir en un continua línea de sucesión.

Efectivamente, en el siglo XVIII irrumpe en escena algo distinto. Es el evangelicalismo con un núcleo algo más reducido de intereses doctrinales, con una concentración muy fuerte en la conversión personal y el activismo social, y es esta comprensión del cristianismo la que expandió el protestantismo por el mundo. Para comprender su surgimiento tal vez lo mejor sea The Rise of Evangelicalism, de Mark Noll (junto a George Marsden es también de los mejores historiadores para comprender la historia evangélica más reciente).

En cualquier caso, comprender los primeros doscientos años del protestantismo parece requerir de nosotros habilidades opuestas a las requeridas para asomarnos a su historia subsiguiente. Si en el comienzo reina la oposición entre reforma magisterial y radical, desde el siglo XVIII en adelante es casi norma su “contaminación” recíproca. No puede comprenderse este protestantismo actual mediante una simple búsqueda de “raíces” en el siglo XVI, pero tampoco puede prescindirse de éstas. Como en tantos otros campos, aquí hay que recordar que la historia no es la búsqueda de los orígenes sino el estudio de las mediaciones.

Biografías

No sin razón, muchos lectores preferirán aproximarse al periodo leyendo biografías de sus grandes actores. El quinto centenario de Calvino el año 2009 naturalmente trajo consigo una buena cantidad de obras sobre éste. En lo biográfico lo más destacado es el Calvin de Bruce Gordon. De figuras titánicas como Lutero hay biografías en buen número, y entre las traducidas al castellano cabe ante todo nombrar la clásica Lutero, de Ronald Bainton. Entre las más recientes que cuenten con traducción, hay que mencionar la de Heiko Oberman, Lutero: un hombre entre Dios y el diablo. Pero el lector interesado deberá estar atento a dos grandes historiadores de la Reforma que publicarán sus biografías de Lutero este año: Herman Selderhuis y Scott Hendrix.

Interpretación

En su cruce de controversias religiosas y políticas, el siglo XVI nos resulta tanto lejano como familiar; es un mundo atravesado por el conflicto, pero en el que aún hay un lenguaje en común para disputar. Por lo mismo, una buena parte de la discusión sobre la Reforma ha girado en torno a su lugar en la historia de la cultura: en qué medida se trata de un último capítulo del mundo medieval, en qué medida de una primera revolución moderna.

En El protestantismo y el mundo moderno, de Ernst Troeltsch, el lector interesado encontrará una de las más clásicas exposiciones de este problema. Entre las publicaciones más recientes, Protestantism After 500 Years, editado por Mark Noll y Thomas Howard, incluye contribuciones sobre su lugar en grandes tópicos desde la historia del derecho a la historia de la universidad. El lector interesado encontrará en estas obras no la añeja tesis sobre los orígenes protestantes de la modernidad, pero sí una infinidad de preguntas sobre los modos en que nuestro mundo se relaciona con este acontecimiento iniciado en 1517.

Finalmente, un reciente libro del mismo Howard, Remembering the Reformation, ofrece una lúcida presentación de los modos en que el evento ha sido conmemorado en cada centenario. Coincidente esta vez con el primer centenario de la revolución bolchevique, el quinto centenario de la Reforma nos invita a profunda reflexión sobre las tensiones entre reforma y revolución, sobre los usos y abusos del pasado, sobre los modos en que tanto el pasado cercano como el remoto siguen configurando nuestro mundo.

*Manfred Svensson es profesor del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes, Chile, y autor de Reforma protestante y tradición intelectual cristiana (Barcelona, 2016).

Fuente Religión Digital

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En el año de Lutero: C. Reina y la Biblia del Oso (con A. Ropero)

Miércoles, 8 de febrero de 2017
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16406844_732339873609874_3981573769779520844_nDel blog de Xabier Pikaza:

“Símbolo del protestantismo hispano”

La Biblia del Oso y su autor

La traducción de Reina, “todo un logro de la literatura religiosa”

La Biblia del Oso constituye la Vulgata de todos los protestantes de habla española, que se resisten a admitir cualquier otra versión

Quizá el mayor impacto de la “reforma” de  Lutero y de su obra en España (en el mundo de lengua castellana) se ha concretado a través de la “Biblia del Oso de Casiodoro de la Reina, que realizó la primera traducción completa de la Biblia al castellano.

Así lo ha puesto de relieve la tesis doctoral que Constantino Bada (imagen 1) ha defendido en la Universidad Pontificia de Salamanca, bajo la dirección del Prof. J. M Sánchez Caro, el pasado 25 de enero.
Cf. http://labibliadeloso.blogspot.com.es, en Facebook, y en la noticia de prensa http://salamancartvaldia.es/not/139169/constantino-bada-prendes-defiende-tesis-doctoral-biblia-oso/

maxresdefaultÉsta es buena noticia cultural, ecuménica, literaria, no sólo para los que hemos estudiado la obra de C. de la Reina, y para los “protestantes” de lengua castellana, sino para los cristianos y para los hombres de cultura, pues la Biblia del Oso forma parte del mejor patrimonio religioso, social e intelectual del mundo hispano.

Pero la gran noticia no es la tesis de C. Bada (¡felicidades!), con ser muy buena, sino la traducción de la Biblia de C. Reina (y Valera) … que seguimos utilizando cientos de miles de cristianos y estudiosos (y que forma parte del mayor “portal” de estudio bíblico del mundo: Bible Works)

Así me lo ha hecho saber mi amigo Alfonso Ropero, quizá el más conocido de los pensadores protestantes de España (director de publicaciones de la Editorial Clie, autor del Diccionario Enciclopédico de la Biblia….) quien amablemente me ha enviado una nota sobre Casiodoro Reina. Para enmarcar su reflexión ofrezco al fin de esta postal una pequeña nota mía sobre la Biblia de Reino y Valera.

Gracias, Alfonso, buen domingo a todos.

Alfonso Ropero

LA BIBLIA Y DEL OSO Y SU AUTOR

alfonso_roperoEl pasado 25 de Enero tuvo lugar un acto muy importante para todos los amantes de la Biblia, y en especial, para los protestantes españoles, ya que el sacerdote asturiano Constantino Bada Prendes culminaba un largo proceso de investigación sobre la traducción de la Biblia de Casiodoro de Reina, conocida como Biblia del Oso, todavía en uso por todo el protestantismo español e iberoamericano. Revisada por Cipriano de Valera y con posteriores revisiones que culminan en 1960 —a la que siguen otras más—, constituye la Vulgata de todos los protestantes de habla española, que se resisten a admitir cualquier otra versión, por más que responda a un trabajo más profundo y académico, con recurso a un aparato científico más completo. Naturalmente, hay otras versiones que poco a poco van ganando terreno en muchas iglesias, pero sin lograr desbancar el prestigio de la Reina-Valera 1960.

Ese 25 de Enero, en el Aula de Grados de la Universidad Pontificia de Salamanca, Constantino Bada defendió públicamente su tesis doctoral titulada: “La Biblia del Oso de Casiodoro de Reina; Primera Traducción completa de la Biblia al castellano”, dirigida por el Dr. José Manuel Sánchez Caro.

constantino-bada-presenta-su-tesis-sobre-la-biblia-del-osoEsta es la primera monografía sobre esta magna obra de Reina, tesoro de nuestra cultura hispánica —dijo el doctorando en tan memorable ocasión—; era necesario un abordaje de esta traducción tan importante para el mundo cristiano”, y joya de la literatura española.

Como muchos sabrán, Casiodoro de Reina fue un monje de monasterio de San Isidro del Campo, que abrazó las ideas luteranas junto a un buen número de frailes. Descubierto este foco de luteranismo en España, Casiodoro y los suyos tuvieron que darse prisa para abandonar el país, perseguidos por la Inquisición. Los que no lograron hacerlo a tiempo terminaron en la hoguera, o bien disciplinados, según el grado de su implicación.

Huido a la Ginebra de Calvino, Casiodoro pronto advirtió que aquella tampoco era su tierra prometida. Espíritu libre y sensible tuvo pasar por innumerables trances para sobrevivir en aquel de mundo sospecha constante, de desconfianza generalizada del otro por cuestiones doctrinales. Aun así, Casiodoro fue capaz de, en solo diez años, y por su propia cuenta dar a luz una versión de Biblia que es todo un logro de la literatura religiosa.

Por si fueran poco las penurias económicas, cuando ya estaba casi a punto de imprimir y ver la luz su edición de la Biblia, cayó gravemente enfermo teniendo que permanecer en cama durante cinco semanas, debatiéndose entre la vida y la muerte. “Me producía no poca tristeza —escribió posteriormente— el pensamiento de mi mujer y de mis hijos pequeños, a quienes parecía haber traído conmigo a Basilea únicamente para que empezaran un nuevo exilio lejos de nuestros amigos y conocidos, y sobre todo, privados de mí. Pero incluso esta tristeza la alejaba fácil y rápidamente encomendándolos a la Providencia de Dios que, primero a mí y después a ellos conmigo, nos había hecho experimentar su cuidado paternal en medio de tantas dificultades y frecuentes trabajos”.

16386997_732343356942859_7325149241333219300_nCasiodoro es ejemplo de unos de esos espíritus nobles del reformismo español. De ningún modo estaba de acuerdo con el castigo capital del “hereje” o disidente religioso. Se dice que lloraba cada vez que pasaba cerca de la colina de Champel porque le traía a la memoria la terrible muerte en la hoguera sufrida por su compatriota Miguel Servet. Esta simpatía hizo que algunos calvinistas lo sometieran a vigilancia.

También en doctrina Casiodoro parece que daba más importancia a los matices éticos y prácticos que a los especulativos y teológicos. Ocurre que muchos reformadores comenzaron proclamando la salvación por gracia, por fe sola, pero en la práctica bien pronto cayeron en la gnosis, la salvación por el conocimiento correcto de la doctrina sobre la gracia, la fe sola o la predestinación, el bautismo o la Santa Cena; todos ellos motivos para jugarse la vida en la contienda. El criterio de fe verdadera ya no venía asegurado por la fe y la vida piadosa, sino por la doctrina y la ortodoxia, o más bien, la fidelidad a la doctrina del grupo.

Casiodoro abandonó Ginebra por Londres (1558), donde esperaba encontrar un ambiente más propicio a la expresión libre de su fe. Durante un tiempo gozó de tranquilidad para dedicarse a sus labores pastorales y hasta formar una familia (1561). Pero su espíritu liberal y comprensivo levantaba sospechas. Pese a los años transcurridos desde su salida de España, la Inquisición le seguía los pasos mediante agentes que informaban de cada actividad que realizaba. Por otra parte, sus hermanos de fe no terminaban de fiarse de él. El grupo calvinista criticaba sus creencias y sus simpatías con Servet y Castellio; con el luteranismo y la corriente anabaptista.

El odium theologicum, que es un fuerte sentimiento que no repara ante nada, ideó la mejor manera de desacreditar a Casiodoro y meterlo en un serio aprieto. En 1563 fue acusado del delito de sodomía. Los acusadores hicieron correr la versión de que Reina antes de su matrimonio había mantenido relaciones homosexuales con un mozo llamado Jean de Bayonne. Fue acusado formalmente por los pastores calvinistas de las iglesias francesa y holandesa en Londres. Reina negó la acusación como totalmente falsa. De nada le valió, bien pronto se inició el juicio, primero por cuestiones doctrinales, después por el susodicho cargo de sodomía.

Sospechando que la decisión ya estaba tomada en su contra, Casiodoro huyó Inglaterra, iniciando así un peregrinaje que le llevaría a varios países, entre ellos, Holanda, Alemania, Francia y Suiza. Durante quince años tuvo que soportar el cargo de sodomita, que pendía sobre él como espada de Damocles.

Por fin, se sometió a un nuevo juicio en el mismo Londres para zanjar el asunto. Fue exonerado de todos los cargos y declarado inocente (1579). Una cuidadosa revisión del expediente y los antecedentes de sus acusadores evidenció que los testigos que señalaron a Reina de sodomía, los españoles Francisco de Ábrego y Gaspar Zapata, habían sido agentes encubiertos al servicio de la Inquisición española e incluso salieron a la luz los pagos recibidos por ser parte del complot contra Casiodoro. Pero sus correligionarios, llevados por el odio teológico prefirieron creer antes a los agentes de la Inquisición que al propio Casiodoro.

La injusta persecución de que fue objeto, la humillación de repetir una y otra vez su confesión de fe para contentar la ortodoxia de los guardianes de verdad, no lo detuvo para entregarse sacrificadamente a la traducción de la Biblia en castellano, que con mucho esfuerzo y dificultades fue publicada en 1569, destinada a convertirse en el símbolo del protestantismo hispano y memoria eterna de este singular personaje.

Puede consultarse la siguiente bibliografía, en espera de la pronta publicación de la obra de Constantino Bada Prendes por la Universidad Pontificia de Salamanca, y de la proyectada biografía de Casiodoro por la historiadora española Doris Moreno Martínez:
Raymond S. Rosales, Casiodoro de Reina, patriarca del protestantismo hispano, Editorial Concordia, Saint Louis, Missouri, 2002, Manuel Gutierrez Marín, Historia de la Reforma en España. Producciones Editoriales del Nordeste, Barcelona 1973; Enrique Fernández Fernández, Las Biblias castellanas del exilio. Editorial Caribe, Miami, Florida, 1976; José C. Nieto, El Renacimiento y la otra España. Visión sociespiritual. Librairie Droz, Ginebra, 1997; Ignacio Javier García Pinilla, “El foco reformador de San Isidoro del Campo”, en Actas Simposio San Isidoro del Campo, 1301-2002, 61-91. Consejería de Cultura, Sevilla 2004; y la clásica de A. Gordon Kinder, Casiodoro de Reina: Spanish Reformer of the Sixteenth Century. Tamesis Books ltd., Londres 1975.

X.Pikaza
Biblias protestantes del siglo XVI. Reina-Valera

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