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“Amarás los genes de tu prójimo como los tuyos mismos”, por Carlos Osma

Miércoles, 2 de octubre de 2019

DNA3De su blog Homoprotestantes:

Amigos y amigas, hace unas semanas nos enteramos que un novedoso estudio que intentaba determinar si la heterosexualidad tiene una base genética, ha concluido que no hay suficientes elementos para concluir nada. Vamos que, aunque parezca descabellado e incluso contra natura, los heterosexuales tienen los mismos genes que el resto de sus vecinos. Esto tira por tierra algunas teorías, como la de mi amiga Lola que decía que el gen heterosexual dotaba de una capacidad superior en las mujeres para coser y bailar, y a los hombres para creer que el tamaño de su pene era directamente proporcional a su inteligencia.

Muchos han salido a matizar lo que dicho estudio quería decir, y las consecuencias que algunas mentes privilegiadas creen que de él se desprenden, intentando contextualizar el estudio y dando miles de explicaciones que a nadie ya le importan. Y es que el titular ya está en la calle: “la heterosexualidad, ese mayoritario desorden, no es innato, sino aprendido”. ¿Serán las barbies, las pelotas de futbol, las cocinitas o los coches de carreras? ¿Cómo hemos hecho para que tan alto índice de la población tenga atracción por personas de distinto sexo? ¿Dónde están fallando sus familias? ¿Y los docentes? ¿Podemos hacer algo para revertirlo? ¿Puede un heterosexual dejar de serlo? ¿A qué se enfrenta nuestro mundo si les permitimos reproducirse sin control?

Algunos cristianos fundamentalistas se niegan a aceptar el estudio y pretenden que científicos cristianos fundamentalistas -una especie mitológica como el unicornio, según las malas lenguas- repitan el estudio no solo aumentando la muestra, sino obligando a que toda ella sea fundamentalista, ya que no descartan que el pecado haya transformado los genes de la población que no asiste a sus iglesias. Médicos y escritores de este entorno se aferran a la visión genética de la heterosexualidad, Pedro Tarquis por ejemplo afirma en su artículo Genética y homosexualidad que: “genéticamente el ser humano nace hombre o mujer, sin que exista una predeterminación diferente a la heterosexual” -Os prometo que esta cita no es inventada, y que el tal Pedro Tarquís afirma que es médico-. Sin embargo, parece evidente que tendrán que mejorar algo su estrategia si quieren convencer a alguien, porque hasta hoy ninguna doctora ha entregado el bebé recién nacido a su madre diciendo: “Ha tenido un hombre”. Socialmente está bastante aceptado que un bebé no es un hombre ni una mujer, que eso es algo que, en todo caso, vendrá más tarde. Además, ¿qué tiene que ver el género con la orientación sexual? Mi primo Paco es trans y, como dios manda, le encantan los hombres trans.

Mientras el fundamentalismo y el conservadurismo heterocentrado van puliendo sus estrategias, quizás nosotras deberíamos intentar dar respuesta a las preguntas que se hacen tantos padres y madres heterosexuales: ¿Qué hemos hecho mal para que nuestra hija o nuestro hijo sea como nosotros? ¿Qué podemos cambiar en la forma en que educamos para que esto no ocurra con el siguiente? Y echando mano de nuestra experiencia les podríamos decir que no se estresen, que estén tranquilos, que si por negligencia o incapacidad,han hecho que su hija sea heterosexual, no pasa nada, que la quieran como si fuera bisexual, o lesbiana, o queer…. Que ahora, que la cosa es irreversible, la ayuden a ser una buena persona y a respetar a los demás. Que, aunque tenga más probabilidad de ser una acosadora en su instituto hacia un compañero LGTBIQ, con una educación adecuada puede evitarse -la ayuda de un psicólogo puede venir bien-. Y en el caso de haber creado un hijo heterosexual, pues la cosa es algo más complicada, pero en todo caso no imposible. Hay que animarle a que se eche un amigo marica, el más marica posible, que le ayude a ver la riqueza de su parte femenina y a resistirse a convertirse en un machote. Probablemente esto hará que sus niveles de violencia sean menores y nos ayudará a tener una sociedad mejor. En resumidas cuentas, que intenten poner de su parte para que la heterosexualidad de sus hijos sea un mal menor para el resto de seres humanos con los que conviven. Y si tienen otro hijo, pues en vez de determinarlo, que lo acompañen, el gen gay se manifestara espontáneamente.

No existe el gen heterosexual, eso parece que dicen quienes dicen que han oído a alguien que dice que se ha leído el estudio. Y es que eso es algo que mi prima Loida ya intuía, pero no nos pongamos nerviosos ni seamos inflexibles. Aunque algunas teorías afirmen que quizás con la ayuda idónea y una terapia que aborde la ADS – atracción hacia personas de distinto sexo-, el desorden de la heterosexualidad puede revertirse, tengamos cuidado. No les produzcamos más dolor, mostremos algo de humanidad y fijémonos en que parece que incluso, a veces, pueden mantener relaciones que les hacen felices a ambos -no como a nosotras, claro, tampoco exageremos-. No es lo perfecto, pero mejor eso que hacerles sufrir, ellos no tienen la culpa, lo tiene el ambiente en el que nacieron. Tienen nuestros mismos genes, genes gais, así que potencialmente son tan perfectos como nosotras -Sé que suena raro y que contradice toda lógica, pero es lo que afirma el estudio en cuestión-.

Yo, como buenísima e intachable cristiana que soy, optaría por la tolerancia, el respeto, y una educación que paulatinamente haga descender el síndrome de la ADS -me refiero sobre todo al impostado, al obligado, al que es fruto de la presión ambiental-. Y antes de actuar ante un desorden como este, me haría aquella pregunta que lanzaba el pastor Charles Sheldon a su congregación a finales del siglo XIX: “What would Jesús do?”. Es decir: ¿Qué haría Jesús? ¿cómo actuaría aquel que fue en todo igual a nosotras, que tuvo nuestros mismos genes, genes gais, y que jamás se sintió atraído por una persona de diferente sexo? Pues siento ser repetitivo, pero me vienen a la cabeza siempre las mismas palabras, aunque esta vez me atreva a tunearlas: “Amarás los genes de tu prójimo como los tuyos mismos, digan los estudios que son iguales o completamente diferentes”. Y es que, en realidad, no hay gen que invalide este mandamiento: ¿o el gen fundamentalista sí? Dejo en el aire esta pregunta para animar a las investigadoras a realizar otro estudio que determine si, a diferencia del heterosexual, el gen homófobo-fundamentalista sí existe.

Carlos Osma

Puedes conseguir mi libro “Solo un Jesús marica puede salvarnos”, con más reflexiones cristianas en clave gay, en la Página de Amazon.

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Hijos adultos de lesbianas se identifican menos como “heterosexuales”

Martes, 9 de abril de 2019

320ADBC7-A206-493E-9D53-ED6E894ECB42Según un estudio realizado por un equipo especializado en género y orientación sexual del Instituto Williams en la Escuela de Derecho de la UCLA, en Estados Unidos 6 millones de niños y adultos tienen padres pertenecientes a nuestro colectivo, padres gays, madres lesbianas o bisexuales, o trans.

Los hijos de madres lesbianas tendrían, según esta investigación, más posibilidades de tener una sexualidad fluida, de experimentar con el mismo género y en comparación con hijos de heterosexuales, identificarse menos con a sí mismos como heteros.

“Quizás deberíamos celebrar que la cultura ha evolucionado lo suficiente como para que estos jóvenes se sientan libres de explorar quiénes son”, declaró la doctora Nannette Gartrell. “Estos hallazgos sugieren que los hijos adultos de familias lesbianas planificadas pueden ser más propensos que sus compañeros a demostrar diversidad en atracción sexual, identidad y expresión”, dice el informe.

Esta investigación se basa en una de los estudios más largos que se han hecho hasta ahora sobre maternidad lésbica, comenzó en 1986, con hijos de madres lesbianas, se trata del Estudio Nacional Longitudinal de la Familia lésbica, NLLFS.
Para esta última investigación que os contamos aquí, se preguntó a 76 adultos que han participado en este estudio sobre su atracción sexual, comportamiento y su identificación. Estos datos se compararon con participantes de otros estudios de crecimiento familiar.

De los 76 hijos de madres lesbianos, el 70 por ciento de las mujeres y el 90 por ciento de los hombres se identificaron como “heterosexuales”en comparación con el 88% de las mujeres y el 98% en el grupo de hijos de padres heterosexuales.

Además, el 54% de mujeres y el 33% de los hombres con madres lesbianas informaron haber tenido una experiencia sexual con personas del mismo sexo entre los 17 y los 25 años, en comparación con el 38% de las mujeres y el 9% de los hombres del otro grupo.

La Dra. Nanette Gartrell, autora principal del informe dijo en una entrevista a a NBC News que existen múltiples teorías para explicar la orientación sexual, incluidas las hormonas, la genética y el medio ambiente, pero hasta el momento, agregó, “la evidencia sugiere que que no hay un solo factor que sea determinante”.

Fuente Oveja Rosa

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Estadísticas LGBT: la proporción de personas heterosexuales en Gran Bretaña ha disminuido

Viernes, 8 de febrero de 2019

pareja-gay-y-heteroLa Oficina Nacional de Estadística de Reino Unido presentó los resultados de encuesta general de población de 2017. Según la encuesta, el porcentaje de ciudadanos del Reino Unido que se identifican como heterosexuales ha bajado un punto: del 94.4% de 2012 al 93.4% de 2017.

En cuanto a la población LGTB+, la encuesta estima que que el porcentaje se mantiene en cifras muy parecidas a las de la encuesta de 2016. Así, por ejemplo, el número de hombres que se identifican como LGB son un 2,3% de la población, mientras que en las mujeres hablamos de un 1,8%.

 Un 4,2% de los encuestados y encuestadas de entre 16 y 24 años se identifican como LGB; y dentro de ese grupo hay un 0,9% que define su sexualidad como “otro”. A eso le sumas que un 5.3% respondió con un “no sabe/no contesta”… con lo que menos del 90% de la juventud británica (de 16 a 24 años) se identifica como heterosexual.

Aunque en el resultado general hay más hombres que mujeres identificándose como LGB; en las edades entre los 16 y los 24 años hay más mujeres que hombres: un 4,7% frente a un 3.7%.

En Irlanda del Norte, el único territorio británico en el que el matrimonio igualitario no es legal, el porcentaje de personas LGB es del 1.2%

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Pero, según el director de investigación de Stonewall (una de las ONG LGTB+ más grandes de Reino Unido) esos datos son falsos, ya que el porcentaje sería más amplio. Paul Twocock  ha explicado a The Guardian que hay otra estadística que no se tiene en cuenta: “Sabemos que solo la mitad de las personas gay, lesbianas o bisexuales -sobre un 46%- se sienten libres para hablar de su sexualidad con cualquiera de su familia, y casi una de cada cinco personas LGB -un 18%- tienen que ocultar su identidad a sus compañeros de trabajo“.

Mucha gente tiene miedo de salir del armario“, añade Chris Ramsay, director ejecutivo del Sunderland Pride Group, “Tenemos a mucha gente que viene aquí y no quiere salir del armario. Mucha gente joven. Algunos no quieren que sus amigos sepan que son gais. Por aquí arriba aún está complicado. Muchos acaban yéndose a Leeds o a Manchester para alejarse.” Y es que los resultados también muestran cómo la población LGTB+ ha ido migrando de la parte noreste del país a zonas más abiertas a la diversidad como Londres (que tiene un 1.1% más de población LGTB+).

El Gobierno británico ha anunciado para 2021 un nuevo censo de población que incluirá por primera vez preguntas sobre la orientación sexual y la identidad de género. Ésa será, según Paul Twocock, la ocasión ideal “para tener indicadores más fiables sobre el tamaño y la localización de la población LGTB en el Reino Unido“.

FuentePink News, vía HazteQueer

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Cate Blanchett defiende que Los Heteros interpreten personajes no heterosexuales

Lunes, 29 de octubre de 2018

short4_cateMucho se ha debatido en los últimos meses (y más que se debatirá en los que vienen) sobre lo adecuado o no que resulta que un actor o actriz cisgénero y heterosexual interprete a un personaje trans o a un personaje no heterosexual. Para Cate Blanchett el debate está cerrado desde ya: no cree que haga falta que un actor comparta una experiencia vital con el personaje para poder interpretarlo.

Blanchett, que en 2015 encandiló a todas las poseedoras de una tarjeta cliente de Leroy Merlin interpretando a la protagonista del drama lésbico Carol, explicó durante una charla en el Festival de Cine de Roma que durante la promoción de esa película muchos periodistas le preguntaban si era importante haber tenido una experiencia lésbica para interpretar a una lesbiana.

Para Blanchett esa idea va en contra del sentido mismo de la actuación: “Es algo que también dice mucho sobre un tema que me apasiona en la forma de contar historias en general, pero en el cine en particular, y es que el cine puede ser un medio bastante literal.” La actriz añadió que luchará hasta la muerte “por el derecho a la suspensión de la incredulidad e interpretar papeles más allá de mi experiencia y señaló a la televisión como causante del problema (pero no en un sentido negativo): “Creo que la telerrealidad y todo lo que conlleva han tenido un impacto extraordinario, un impacto profundo en la forma en que percibimos la creación de un personaje. Creo que eso nos brinda muchas oportunidades, pero el lado negativo es que ahora, sobre todo en Estados Unidos, creo que esperamos que las personas conecten profundamente con un personaje solo si se acerca a sus propias experiencias“.

El problema, como dijo Sir Ian McKellen en su momento, es que ningún actor abiertamente gay ha ganado nunca un Óscar… mientras que varios actores heteros sí han ganado alguno por haber interpretado a personajes gais. La propia Blanchett estuvo nominada por su papel en Carol, y es una de las 52 personas hetero (como señaló la revista The Advocate) que han sido nominadas por interpretar a un personaje homosexual. “Para mí ser actriz tiene parte de ejercicio antropológico. Tienes la ocasión de examinar una época, una serie de experiencias, un evento histórico sobre el que no sabías nada,” explicó la actriz. “Pero también voy a interpretar a un personaje cuyas ideas políticas son completamente diferentes a las mías, y parte del placer es tratar de descubrir qué le motiva“.

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Hay que dejar claro, eso sí, que las declaraciones de Blanchett hablan únicamente sobre diversidad respecto a las orientaciones sexuales y no hacen referencia específica a las personas trans. Y es que me da la sensación de que (para variar) los medios generalistas están mezclando churras con merinas a la hora de plantear este debate. El motivo por el que se pide que los personajes homosexuales los interpreten personas homosexuales no es exactamente el mismo por el que se pide que los personajes trans los interpreten personas trans. En el primer caso se trata de dar visibilidad al artista, de mostrar que una persona gay puede triunfar en su carrera. En el segundo caso, se trata más bien de dar visibilidad a un colectivo que siempre ha sido representado a base de estereotipos negativos.

Un actor heterosexual puede perfectamente interpretar a un personaje homosexual, igual que desde hace décadas ha habido actores y actrices homo o bi que han interpetado personajes heteros. Porque aunque la experiencia vital de un gay no es la misma que la de un hetero, a la hora de mostrar cómo la orientación afecta a un personaje todo se basa en interpretar sentimientos y sensaciones que compartimos. Una agresión homófoba provoca una serie de reacciones emocionales que una persona hetero conoce, aunque se las provoquen otras situaciones.

Pero cuando hablamos de personas y personajes trans hablamos de algo más: no es orientación, es identidad. Y, más importante: es EXPRESIÓN de género. Hablamos de poner a personas cis a interpretar personajes trans, que es igual de escandaloso que poner a personas blancas a interpretar negros. Porque eso perpetúa la idea de que la expresión de género de una persona trans (algo íntimamente ligado a su identidad) no es más que vestirse con ropa del género opuesto. Y eso es profundamente ofensivo, porque ser trans no es disfrazarse. Pero, además, las vivencias de una persona trans son radicalmente diferentes a las de una persona cis; y por si fuera poco las personas trans forman uno de los colectivos más invisibilizados y discriminados en todo el planeta.

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En cualquier caso, repito, Blanchett se refiere a actores hetero haciendo de no heteros. Durante la charla también tuvo un momento para hablar sobre Carol y sobre cómo ha cambiado Hollywood respecto a las historias LGTB+: “Para mí Carol fue un auténtico acto de amor. Leí la historia de Patricia Highsmith hace siglos, cuando iba al instituto. Y la película… Creo que hoy en día se haría en un periquete, pero hace ocho años fue una película muy difícil de poner en pie. Dos mujeres, ambas con sentimientos lésbicos en los años 50; que es un poco ‘¿Quién va a querer ver eso? Si al cine solo van niños de 12 años’. Por fortuna estamos cambiando la demografía de los críticos que escriben en Rotten Tomatoes“.

Fuente | The Hollywood Reporter, vía HazteQueer

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El gobierno argentino llamó a “visibilizar” la heterosexualidad como parte de la “diversidad sexual”

Jueves, 5 de abril de 2018

dzoqywex0ayip_fCambiemos pretende posar de “inclusivo”, cuando la misma Iglesia a la que banca y los grandes medios de comunicación, son los que se encargan de bombardear a la sociedad diariamente con la idea de que la única sexualidad normal es la heterosexual. 

La Secretaría de Derechos Humanos lanzó ayer una campaña en Twitter para promover la “diversidad sexual” y en cuestión de horas se convirtió en tendencia. Lo que captó la atención de los usuarios y dio lugar a múltiples respuestas e ironías fue el llamado que en ese marco se realizó a “visibilizar” la heterosexualidad.

La campaña fue lanzada desde la cuenta oficial de la secretaría que conduce Claudio Avruj. “Cualquiera sea tu orientación, todxs somos parte de la diversidad sexual”, dice el primer posteo la campaña.

En la red social rápidamente le salieron al cruce con comentarios y memes que advierten lo llamativo del planteo cuando se trata de una campaña destinada justamente a visibilizar a las minorías.

Con el hashtag #Visibilizar, desde la Secretaría, el gobierno impulsó una campaña con la frase “la heterosexualidad es parte de la diversidad sexual”. Una burla para el colectivo de lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex que al día de hoy continúa peleando contra la discriminación y todo tipo de injusticias que justamente no padecen las y los heterosexuales.

Mientras el gobierno financia con millones de pesos a la Iglesia católica que se opone a la implementación de la educación sexual, son los mismos jóvenes estudiantes los que se movilizaron el #8M contra el oscurantismo del Vaticano y los organizan talleres en sus colegios junto a los docentes, para abordar la temática en respuesta a la implementación deficiente que hay al día de hoy. Cambiemos pretende posar de “inclusivo”, cuando la misma Iglesia a la que banca y los grandes medios de comunicación, son los que se encargan de bombardear a la sociedad diariamente con la idea de que la única sexualidad normal es la heterosexual.

Homofobia y cinismo en un mismo paquete viniendo de la Secretaría de Derechos Humanos, cuando el gobierno nacional y los provinciales persiguen constantemente a las y los LGBTIs. Fue la propia policía de Larreta la que detuvo a Mariana Gómez el pasado octubre y le inició una causa por estar besándose con su esposa en la estación de Constitución. La acusación formal es que estaba fumando un cigarrillo en un lugar prohibido, la realidad es que eran muchas personas fumando pero la única detenida fue una lesbiana. El pasado lunes ocurrió una nueva audiencia del juicio donde se reclama justicia por el travesticidio de Diana Sacayán. Y también continúa la exigencia de absolución para Higui, que estuvo presa durante 9 meses por defenderse de una violación por ser lesbiana y pobre.

En la década de los 70, el movimiento LGBTI surgió en las calles para visibilizar la represión que atravesaban en manos de las fuerzas policiales. Una política que suena conocida. Ni más ni menos que Patricia Bullrich fue la que impulsó un protocolo para detención a personas LGBTIs. La posibilidad de acceder al matrimonio igualitario o a la autopercepción de la identidad de género no eliminaron la persecución y la estigmatización.

Fuente: Página 12, La Izquierda Diario

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“Biblia e ideología de género”, por Carlos Osma

Miércoles, 18 de octubre de 2017

holi-2460509_960_720De su blog Homoprotestantes:

En la inmensa mayoría de las lecturas que se hacen del texto bíblico encontramos lo que nosotras llamaríamos una ideología heterocentrada. Digo nosotras llamaríamos, porque por mucho que nuestras hermanas y hermanos en la fe estén cada vez más obligadas a definirse como heterosexuales, lo hacen por la presión que realizamos. Si no fuera por nuestra pesadez, no serían hetero nada, ni defenderían ideología alguna, porque lo suyo lo definen como naturaleza, biología, y no sé cuantas absurdeces más. Pero nosotras ponemos al descubierto que hay una ideología tras sus planteamientos que se puede resumir con las dos afirmaciones siguientes: Si una persona nace con un pene, es un hombre, y se siente atraído por las mujeres; y si por el contrario nace con una vulva, es una mujer, y se siente atraída por los hombres. Cierto es que esta ideología no niega que existan otras posibilidades, pero como cualquier otro sistema represivo, quienes no encajan son considerados enfermas, pecadores, pervertidas, peligrosos, y se toman medidas contra ellas.

Creo que el texto bíblico debería leerse desde otras ideologías más liberadoras que no creen víctimas, ya que no entiendo cómo se puede afirmar que la Biblia es un texto liberador, y al mismo tiempo utilizar una ideología opresora para interpretarlo. La ideología es un medio del que por una parte no podemos escapar, ya que siempre reflexionamos desde una de ellas, pero que no limita completamente, ya que podemos cambiar de ideología si esta se revela como opresora y tenemos otras a nuestro alcance que no lo son, o al menos, no lo son tanto.

Mucho se comenta en los entornos cristianos sobre la peligrosísima y diabólica ideología de género, sin embargo, a uno le da un poquito de vergüenza escuchar a sus representantes en entrevistas o artículos hacerse las víctimas y llamando al Armagedón con un discurso que deja claro que no saben de lo que están hablando. Por esa razón he pensado (imagino que lo de haber sido profesor de escuela dominical te marca para toda la vida) que podría hacer una pequeña introducción para que por lo menos cuando nos insulten (eso lo van ha hacer de todas formas), si leen este artículo, lo hagan con el vocabulario adecuado. Así que, para no hacer este artículo interminable, me voy a centrar en los conceptos más básicos que utilizan los estudios de género, y los voy a relacionar también de una manera sencilla con una lectura no heteronormativa del texto bíblico.

Distinguimos cuatro ejes, el primero de ellos sería el sexo biológico y se refiere a nuestras características físicas-biológicas, es decir que tiene que ver con nuestros órganos, hormonas, cromosomas… Así que en cuanto al sexo biológico si por ejemplo el apóstol Pablo nació con pene, y supiésemos con seguridad que sus cromosomas eran XY, podríamos decir que Pablo era macho. Pero si por una de esas casualidades a pesar de tener un pene, sus cromosomas eran XX, estaríamos ante una persona intersexual1 en el Nuevo Testamento. Así que para empezar la única herramienta hermenéutica que justificaría dar por hecho que Pablo era macho, sería un análisis cromosómico, lamentablemente (o afortunadamente) no tenemos sus restos mortales y en el siglo primero no se realizaban estudios cromosómicos. De todas formas, creo que en el caso de que Pablo fuera intersexual (algo que deberíamos dar por hecho quienes apostamos por hacer de la Biblia un lugar liberador para todas, sobre todo para las minorías que padecen discriminación), no creo que añadiese o quitase valor alguno a sus afirmaciones más controvertidas, o a su visión sobre la justificación por la fe, a menos que los análisis cromosómicos se conviertan ahora en legitimadores de teologías (tiempo al tiempo). Reconozco que puede parecer poco verosímil que Pablo naciera con vulva y cromosomas XX, es decir, que fuese una hembra. El entorno judío (y no judío) no era nada propicio en estas situaciones, aunque a quienes nos encanta Barbra Streisand su película Yentl nos haga creer que todo es posible. Quizás Pablo fue una Yentl desde que nació, y sus textos más misóginos tengan un origen en la autonegación. Sé que es una propuesta arriesgada, pero no me negarán que si hubiera sido así, sus palabras en la carta a los Gálatas: “No hay macho ni hembra porque todos sois uno en Cristo Jesús”, alcanzarían todo su sentido. Para quienes en este momento se estén rasgando las vestiduras, les diré que se pregunten si cuando ellas dan por sentado que Pablo era un macho, no introducen en el apóstol ideas y categorías actuales que nada tienen que ver con la autocomprensión del propio Pablo. Al menos en mi reflexión la teología ficción no pretende engañar a nadie, y su única voluntad es muy evangélica: la liberación.

El segundo eje es el género, y tiene que ver con la manera con la que nos sentimos, la forma en la que nuestro cerebro interpreta quienes somos dentro de las propuestas que nos son dadas. Así por ejemplo la reina Esther podía ser una mujer, pero no porque tuviera una vulva, dicho de otra forma, la reina Esther no tenía que pararse a pensar que tenía entre las piernas para saber que era una mujer (imagino que mis lectoras tampoco lo harán), sino que su cerebro se entendía de esa manera. De la misma manera quizás podríamos entender que Ruth era un hombre, pero por haber nacido hembra fue obligado a asumir las obligaciones sociales que le fueron impuestas. ¿Quién puede demostrar que no fue así? ¿Quién necesita que Ruth fuera una mujer para que su historia y su ejemplo puedan considerarse dignos de estar recogidos en el Canon? El texto bíblico, a diferencia de la mayoría de sus intérpretes, no se introduce en el cerebro de Ruth para aclararnos cuál era su género. Pero para nosotros Ruth por él mismo y por su ejemplo, era divino, y si se percibía a sí mismo como un hombre, pues estaría dando voz a tantos y tantos de ellos que a lo largo de la historia han tenido que luchar como él para sobrevivir. Para simplificar las cosas, acabaré este segundo eje explicando que nada nos impide pensar que José, el hijo de Jacob, era genderqueer, es decir, que no se sentía del todo cómodo con los conceptos hombre/mujer que había a su alrededor. Quizás fue esa la razón por la que era capaz de soñar e interpretar imposibles. Quizás por eso despertó la envidia de sus hermanos, que necesitaban que José fuera un hombre como ellos. La túnica de colores con la que se vestía era un reflejo de la diversidad que era capaz de albergar, así lo entendió su padre cuando se la regaló, o el Faraón cuando al nombrarlo gobernador de Egipto, le hizo vestir con ropas de lino fino y puso un collar en su cuello. Ninguno de los hombres que lo rodearon al nacer, era como José, ni tampoco las mujeres. Él fue sin embargo el escogido de Dios, porque Dios no necesita un género determinado para manifestarse.

El tercer eje es la expresión de género y tiene que ver con los roles tradicionales que expresan el género. Según estos roles, nosotras podríamos entender que el Dios de Jesús es femenino, ya que se comporta con los roles que en nuestra sociedad (hoy y a esta hora) se asocian con la feminidad: amor, cuidado, protección, perdón, debilidad, tolerancia, etc. De aquí podríamos inferir que los roles masculinos tan presentes hoy en el cristianismo, quizás no tiene mucho que ver con el Dios Padre de Jesús, y que lo que se demanda de cristianos y cristianas es que nos feminicemos para parecernos más a ese Dios que el Jesús crucificado nos revela. Por otro lado también podríamos decir que Débora, jueza de Israel, era masculina, una líder del pueblo que impartía justicia, que llamaba a la guerra en nombre de Dios, y que tomó a diez mil hombres bajo su mando para luchar y vencer a los cananeos. Personalmente creo que muchas personas, independientemente de si son hombres, mujeres o genderqueer, cuando llegan a lugares de responsabilidad dentro de las comunidades cristianas, lo hacen con una expresión de género masculina. El llamado a la guerra contra las personas lgtbi nace también de esta manera masculina de entender el cristianismo, cuando lo que urge para seguir al Dios de Jesús, es feminizarlo. No tenemos demasiados indicios en los evangelios sobre la expresión de género de María Magdalena, aunque todo el mundo da por hecho que era femenina (incluso los más literalistas), sin embargo nada nos impide pensar al leerlos que fuera una persona andrógina, es decir que se comportaba indistintamente, o según el contexto, de manera masculina o femenina. Y es que al final, cuando de la necesidad se hace virtud, muchas personas son capaces de sentirse cómodas en los roles que supuestamente no les corresponderían. Y el valor que tiene el testimonio de María Magdalena, no reside en si era fiel a la expresión de género que se le imponía, sino en su voluntad de seguimiento de Jesús hasta la cruz. Demostrando valor, empatía, fuerza, o cuidado.

En último lugar, el cuarto eje es la orientación sexual, en este caso todo gira alrededor de las personas por las que sentimos atracción sexual. Si suponemos que el rey David era bisexual (porque nos da la gana y porque lo único que nos diferencia de quienes utilizan las lecturas heteronormativas es que nosotras explicitamos que estamos proyectando nuestra ideología), significaría que se sentía atraído tanto por hombres como por mujeres, lo cual explicaría su amor por Jonathan y su relación con otras mujeres. Tampoco hay nada que nos impida creer que la hospitalaria Lidia que encontramos en el libro de los Hechos de los Apóstoles era heterosexual, es decir, que se sentía atraída exclusivamente por hombres. Aunque estaría bien recordar que, si suponemos era mujer, la atracción que ella podía sentir no le importaba a nadie. Como tampoco importaba quien le gustaba a María, la madre de Jesús, una joven obligada a casarse mediante un matrimonio concertado con un hombre mayor que ella. Aunque si hay un lugar en la Biblia donde la vemos reflejando amor y cariño por alguien, es cuando visita a su prima Elisabet. Por eso estamos convencidos que si Jesús saltó en su vientre cuando estas se encontraron, es porque fue capaz de conocer el amor sincero, aunque al parecer oculto, entre ambas. No hay ni una sola palabra en el evangelio que nos impida creer que María era lesbiana, es decir: que se sentía atraída por personas de su mismo sexo. Lo mismo podemos decir de su hijo Jesús, (a quienes entendemos) nos resulta más que evidente que era gay, que le atraían los hombres. De hecho, el Evangelio de Juan repite constantemente que Juan era el discípulo al que Jesús amaba (y de una manera diferente al resto). Por tanto afirmar que María y Jesús necesariamente eran heterosexuales, es dejarse llevar por una ideología heteronormativa que pretende borrar de la historia a mujeres y hombres que amaron y gozaron con personas de su mismo sexo. Me podría extender, pero para no aburrir a nadie, y porque mi única intención es animar a mis lectores y lectoras a abrirse a otras lecturas y a ser más libres a la hora de aproximarse a los textos bíblicos (no hay lecturas o aproximaciones opresivas que puedan liberar a nadie), acabaré diciendo que Abel era asexual, una persona que no sentía atracción sexual por nadie, no sabemos si era una fase, si estaba rodeado de tan poca gente que ninguna le“hacia tilín”, o si simplemente el joven no estaba por la labor. Sin embargo, y eso es lo importante, Dios sentía un aprecio especial por él (algo que no soportó Caín ¿cuál sería su orientación sexual?).

Sé que me he dejado muchas posibilidades, pero lo más relevante de la llamada “ideología de género” es que invita a todas aquellas personas que no encajan del todo en ninguno de sus modelos, a sumarse, a añadir experiencias, no hay nadie excluido, no hay nadie al que se le pueda decir que está enfermo, o perdida, o que es un depravado. Su voluntad es la liberación, y por eso creo que esta ideología es más útil para las personas que seguimos a Jesús, que la ideología heteronormativa. Esa que excluye y que convierte al cristianismo en algo que nada tiene que ver con el Jesús que nos llamó a todas y todos para construir el Reino, para sumar por la liberación, para amar a quienes son como nosotros, y a quienes son distintas. Así que, si no te has sentido reflejado o reflejada del todo en alguno de los cuatro ejes que he expuesto, o incluso si quieres añadir un eje más, no tienes más que compartir aquí mismo tu experiencia. Seguro que más de una te lo agradecerá.

Carlos Osma
Notas:
1El caso que describo es sólo una posibilidad de intersexualidad. El término en general se utiliza para indicar una variedad de situaciones en las que una persona nace con unas características físico-biológicas que no encajan en los conceptos macho/hembra.

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“No se nace gay: se llega a serlo”, por Ramón Martínez

Martes, 21 de marzo de 2017

2042946992_b975560315z-1_20150517074101_000_g2o4grj6r-3-0Leído en Cáscara amarga:

La semana del 8 de marzo debería servirnos a quienes no somos los sujetos fundamentales del Feminismo para intentar averiguar, en tanto que apoyamos la lucha de las mujeres desde una segunda fila, cómo el Feminismo puede cambiarnos la vida también a nosotros.

 Antes de ser gais, o lesbianas, o bisexuales, o transexuales, o lo que queramos afirmar que somos, no éramos nada. Así lo afirma Paco Vidarte en su Ética marica, y tiene toda la razón: antes de que se nos pudieran aplicar las categorías diferenciadoras de la orientación sexual o la identidad de género nadabamos indiferenciados en el vasto océano de la sexualidad libre. Pero entonces, mientras aprendíamos a ejercer el género y el deseo hegemónico, una interpelación con forma de injuria nos marcaba a fuego para siempre. Maricones o marimachos, nunca volveríamos a ser iguales.

Desde entonces aprenderíamos que somos diferentes y cómo debemos ejercer nuestra diferencia, cómo esconderla o visibilizarla, y, en este caso, cuál es la manera adecuada de hacernos visibles. Recientemente ha sido traducido al castellano el Cómo ser gay, de David Halperin: un gran estudio sobre los mecanismos socioculturales a través de los que se manifiesta la identidad gay. Es mediante esa enculturación -o no- en esos códigos supuestamente propios de la Diversidad Sexual y de Género, y desde los aprendizajes del niño marica y la niña marimacho, que iremos levantando una identidad a la que de un modo u otro nos destinaba aquella diferenciación primigenia que sonó como un insulto; una identidad que nos será útil para presentarnos frente al mundo como sujetos sujetados a un discurso que nos diferencia y que, quizá erróneamente, emplearemos también para levantar nuestra voz y reivindicar derechos.

La semana del 8 de marzo debería servirnos a quienes no somos los sujetos fundamentales del Feminismo para intentar averiguar, en tanto que apoyamos la lucha de las mujeres desde una segunda fila, cómo el Feminismo puede cambiarnos la vida también a nosotros.

Así, podemos recordar que hace ya casi setenta años Simone de Beauvoir escribía en El segundo sexo que «no se nace mujer: se llega a serlo». Analizaba la filósofa cómo la niña iba aprendiendo a convertirse en mujer, siendo esta una categoría construida socialmente a partir de lo que se presumen una serie de cuestiones biológicas, psíquicas, económicas, etc. con la suficiente relevancia como para diferenciar el destino de quien las porta. Me interesa, en ese pasaje de su obra, una frase que considero digna de nuestra atención como activistas por los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales: «solo la mediación ajena puede convertir un individuo en alteridad».

En este momento en que ya no solo reivindicamos derechos para las clásicas identidades LGTB, sino que ahondamos en nuestras diferencias y descubrimos nuevas categorías diferenciadoras, quizá sea necesario, si no urgente, no plantearnos únicamente los muchos y distintos parámetros que nos sirven para diferenciarnos, sino también quién controla esas diferenciaciones y a qué intereses sirven. Porque si bien el activismo identitario puede resultarnos una buena táctica de reivindicación -así nos lo han inculcado, al menos-, quizá falle estrepitosamente como estrategia, a largo plazo, porque no llega a cuestionar de una manera radical el sistema de la orientación sexual y la identidad de género que categoriza como diferentes a personas que, del mismo modo que el varón y la mujer en el pensamiento de Beauvoir, no tendrían por qué serlo.

Sabemos desde Hegel que el sujeto solo es sujeto en tanto que se erige en oposición a otro sujeto y, de este modo, para poder alzar nuestras voces nos ha sido necesario construir nuestra subjetividad oponiéndonos al sujeto heterosexual hegemónico. Pero en el camino quizá hayamos olvidado que el sujeto heterosexual también se ha construido oponiéndose a las categorías que, con un retoque de empoderamiento, ahora reivindicamos; y que, como consecuencia, quizá antes de definirnos como lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, o como bolleras, maricones, viciosos y travelos, o como quiera que queramos definirnos, nuestra primerísima identidad era precisamente la no identidad: no ser heterosexuales, ni cualquier otra cosa. Al principio éramos sirenas en el océano, y el poder acudió a ordenar nuestros cantos.

Necesitamos un activismo radical, que en otro tiempo se llamó revolucionario, que supere las categorías de orientación sexual e identidad de género, que cuestione la construcción de la homosexualidad, la bisexualidad, la transexualidad, y de manera fundamental la propia heterosexualidad, para conseguir denunciar que nuestras diferencias no son nuestras, sino que nos han sido impuestas de una u otra manera desde aquellos insultos de la infancia. Que aunque haya quien se empeñe en descubrir los orígenes biológicos, psíquicos, etc. de nuestras diferencias la gran pregunta no es si nacemos así como somos, sino cómo hemos llegado a ser quienes somos, y qué hacer a partir de aquí.

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“Diferente lo serás tú”, por Ramón Martínez

Viernes, 2 de diciembre de 2016

jovenes-emprendedoresDiferentes son las personas heterosexuales, precisamente porque tienden a ser todas iguales.

Uno de los debates más apasionantes -y por desgracia más olvidado- dentro del pensamiento en torno al movimiento en defensa de los derechos de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales es el que se refiere a si nuestras características particulares convierten a este grupo más o menos definido de personas en diferentes o no con respecto a las personas heterosexuales.

Si bien suele ser una reivindicación de consenso que merecemos ser considerados iguales en lo que respecta a los derechos que nos reconoce la ley, a partir de ahí se desarrollan dos posturas fundamentales: nuestra especificidad como personas no heterosexuales no supone una cuestión que nos diferencie de ellas o, por el contrario, las características de nuestra sexualidad tienen la relevancia suficiente para convertirnos en personas significativamente diferentes.

Nuestras etiquetas identitarias, construidas como herramientas reivindicativas a partir de categorizaciones heterónomas levantadas hace más de cien años en un intento de diferenciarnos para hacer más fácil la forma de discriminarnos, han servido en las últimas décadas no solo como estrategias de protesta y demanda de derechos sino que, en una paradoja de las que hacen época -literalmente-, han ido asociándose con hábitos culturales más allá de lo estrictamente referido al género y al deseo, hasta convertirse en identidades que sostienen un posible discurso sobre el derecho a la diferencia, que entiende a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales como desiguales mientras reclama la igualdad legal y real.

Además, con la crisis actual de las etiquetas más habituales, resumidas en el célebre LGTB, buena parte del discurso activista sigue aislando posibles distinciones en torno al sexo, al deseo, y al género, y sigue así desarrollándose la cuestión de la diferencia con la recopilación de un catálogo identitario con aire de taxonomía decimonónica.

Frente a la diferencia que reclama igualdad, es posible un discurso igualitarista, que elimina cualquier consideración diferenciadora con respecto a las cualidades no normativas referidas al sexo, género, y deseo.

Pero pretender que la diferencia entre una persona heterosexual y otra que no lo sea es equivalente a la distinción entre que alguien tenga los ojos azules o marrones resulta, aunque deseable, ciertamente fraudulento: el color de nuestros ojos no nos hace susceptibles de convertirnos en víctimas de la violencia física, verbal o simbólica.

Las diferenciaciones, de este modo, no resultan tan relevantes en sí mismas como atendiendo a sus consecuencias sociales. En una novela de David Levithan recientemente traducida a nuestra lengua, Dos chicos besándose, se recoge la inteligente frase “soñar, amar y hacer el amor. Eso no son identidades”, y puede ser cierto si bien, aunque valoremos que no son cuestiones sobre las que construir toda una identidad, sí tienen una considerable importancia cuando se apartan de lo normativo y convierten a quienes sueñan, aman y hacen el amor en sujetos suspecibles de padecer la discriminación.

Para no caer en el esencialismo identitario ni en la banalización de cualquier característica diferenciadora existe el discurso presuntamente intermedio de la Diversidad Sexual y de Género. Una óptica aparentemente más amplia hace posible dejar a un lado la cuestión de las etiquetas, y valorar cualquier rasgo referido al sexo, deseo, y género como equivalente, sea normativo o heterodoxo.

Pero en el pensamiento DSG, si bien mucho más útil, substiste un problema que no por ser extremadamente sutil debe dejar de preocuparnos; un problema de índole lingüístico que revela un problema mayor: el prefijo di-. Diverso, que se aparta del verso, del mismo modo que diferente se aparta del ferente o deforme se aparta de una determinada forma.

Mucho más claro con este último ejemplo, resulta evidente que la supuesta valoración equivalente no lo es tanto: siempre existe un verso de referencia, y esta no es otra que la heterosexualidad, como sistema normado y programado de comportamiento respecto al sexo, género, y deseo.

Creo que en esa norma y programa heterosexual puede encontrarse una clave para resolver la cuestión sobre la igualdad o diferencia de las personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales. Uno de los popes del liberalismo económico, Friedrich A. Hayek, calificó como camino de servidumbre tanto el sistema fascista como el socialista, por estar sujetos a una planificación definida.

«¿Cabe imaginar mayor tragedia -decía- que esa de nuestro esfuerzo por forjarnos el futuro según nuestra voluntad, de acuerdo con altos ideales, y en realidad provocar con ello involuntariamente todo lo opuesto a lo que nuestro afán pretende?».

Puede que Hayek siga unos planteamientos demasiado liberales para mi gusto en bastantes aspectos pero, en el tema que me ocupa, quizá desplazar de una vez por todas el instrumental de análisis hacia la norma heterosexual nos lleve a comprobar que es ahí donde reside la servidumbre, en un programa de comportamiento que no deja capacidad de agencia suficiente para desarrollar un modo de vida que, en lo referido a la sexualidad, pueda apartarse del matrimonio y la reproducción.

Frente a la capacidad de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales, diversos y diversas, más o menos indentitarios, para generar modelos propios de comportamiento -antes de la irrupción del igualador Matrimonio Igualitario- la diferencia hemos de encontrarla en la sospechosa igualdad a que se ven sometidas todas las vidas que se desarrollan de acuerdo a la norma heterosexual. Diferentes son las personas heterosexuales, precisamente porque tienden a ser todas iguales.

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“Marginar al Dios heterosexual”, por Carlos Osma

Sábado, 13 de agosto de 2016

el_decalogo_del_macho_alfa_9905_620xDe su blog Homoprotestantes:

Creo que fue Dietrich Bonhoeffer quien hace unos ochenta años dijo que nuestra sociedad había enviado a Dios a los márgenes. Si durante miles de años el Dios que explicaba lo inexplicable ocupaba el centro del mundo, a medida que los seres humanos fuimos encontrando respuestas racionales para comprendernos a nosotros mismos y nuestro entono, Dios dejó de ocupar ese lugar central y su existencia se reveló como un comodín al que apelar en caso de desconocimiento. Quizás es por eso que ignorancia y fe van tan de la mano en el imaginario colectivo de nuestra sociedad. No hace falta decir que en estos ochenta años se ha dado alguna vuelta de tuerca más a esto de la marginación de la divinidad, y en una sociedad que prima el aquí y el ahora, eso de las preguntas últimas en las que vive encarcelado el Dios comodín parecen una verdadera pérdida de tiempo. Así que el Dios omnipotente que todo lo abarcaba ha quedado más o menos reducido a la nada, o más bien a la casi nada, porque en muchas ocasiones el cristianismo sigue empecinado en vender un Dios tapa agujeros que resbala en el alma de quien no se deja agujerear por preguntas que ya no se hace, pero que cala en la de aquellas y aquellos que, por un poquito de amor y de interés, son capaces de preguntarse lo que haga falta.

Además del Dios “respuesta para todo”, hay otros dioses que han ocupado y ocupan el centro de nuestro mundo. Uno de ellos es el Dios heterosexual, aquel que bendice a sus adoradores, que les otorga dignidad, relevancia, normalidad, credibilidad, y sobre todo poder. Está tan arraigado en nuestro mundo como hace mil años lo estuvo el Dios “explicación de lo inexplicable”. Y al igual que aquel, nos envía a muchos y a muchas a los márgenes de la sociedad y de las iglesias. Su propuesta homofóbica de la realidad nos la encontramos antes de nacer, y vivimos imbuidos en ella incluso cuando todavía no tenemos uso de razón. Quizás sea por eso que nos parece tan normal, natural, divina incluso. Y nos cuesta imaginar un mundo alternativo donde ella no lo determine todo.

Es triste que muchos cristianos LGTBI acepten conscientemente la marginación a la que son sometidos y renuncien a la dignidad que Dios les ha dado como seres humanos. Que vivan en cuevas oscuras y alejadas, como los endemoniados que encontramos en los evangelios y a los que Jesús quería liberar. Pero estos endemoniados del siglo XXI no quieren a ningún Jesús que les salve, ningún evangelio que les libere, que les llame a enfrentarse a la injusticia. Ellas y ellos viven cómodamente sufrientes en la nada a la que el Dios heterosexual les ha relegado. Su dolor y sufrimiento, llevado con la dignidad de quien acepta un castigo, es su forma de pedir perdón por no ser verdaderos y fieles adoradores el Dios heterosexual. Incluso a veces, se lanzan a la endiablada misión de ser guardianes de la homofobia para que nadie sea capaz de hacerles ver que son unos cobardes.

Pero no deja de ser también verdad que cada vez más cristianos LGTBI se atreven a salir de los márgenes donde se les ha conducido con la intención de ocupar el centro. Sin embargo, a menudo se olvidan que ocupar un lugar espacial es muy diferente que ocupar uno simbólico, y que se puede estar en medio del mundo sin ser uno mismo. Abrazando al Dios heterosexual uno puede sentirse querido e incluso valorado, pero indudablemente no se es liberado. Mientras el dios heterosexual no sea cuestionado, y deje de ser la medida de todas las cosas, la respuesta a todas las preguntas, la verdad última, el modelo correcto… Hasta ese momento, por mucho que los cristianos y cristianas LGTBI crean estar en medio del mundo, siguen formando parte de sus márgenes. Viven en un espejismo, en un engaño. El evangelio no consiste en poder sentarse en los bancos de las iglesias que nos abren gustosamente sus puertas, el evangelio consiste en liberarnos de las opresiones a las que somos sometidos, y una de ellas es indudablemente la que ejerce el Dios heterosexual.

La única forma de ocupar de verdad el centro, junto a otras personas muy distintas a nosotras, es haciéndolo siendo nosotros mismos, no comportándonos como la ortodoxia heterocentrada obliga. Y desde allí, por una parte, empezar a responder las preguntas que antes otros nos respondían. ¿Cómo leo yo la biblia como persona gay? ¿Cómo me interpela el evangelio desde mi experiencia como intersexual? ¿De qué forma puedo entender la divinidad como mujer lesbiana? ¿Qué significa la cruz para mí que soy transexual? Y por otra, dejar de empecinarnos en responder las preguntas con las que la heteronormatividad pretende controlarnos. A nosotras no nos importa saber en cuantos versículos bíblicos se condena la homosexualidad para intentar darles la vuelta. Lo que nos puede interpelar en el caso de que creamos que verdaderamente existen textos bíblicos que condenan nuestro amor, nuestra manera de ser o sentir, es de qué manera debemos entender la inspiración divina de un texto que claramente contiene mandatos inhumanos. Y si creemos que la interpretación heterosexual ha malinterpretado esos textos, quizás deberíamos reflexionar sobre cuáles son los límites de cualquier interpretación: ¿No importa que generen sufrimiento o directamente la muerte de otras personas? ¿Queremos seguir un cristianismo legalista o liberador? Hace tiempo que descubrí que la mayoría de preguntas que se nos lanzan “fraternalmente”, son sólo otra forma más de opresión heterocentrada. Una barrera con la que quieren impedirnos salir de los márgenes para legar al centro. Nuestra experiencia de fe no debería estar basada en superar las barreras de la heteronormatividad, sino en seguir a Jesús de Nazaret.

Arrodillarnos ante las preguntas que la heteronormatividad impone es renunciar a compartir el centro del mundo, de la iglesia, y vivir de una manera infantil e irresponsable. Las respuestas a nuestras propias preguntas pueden venir también desde una experiencia heterosexual que pretenda ser inclusiva, pero estamos tan viciados por el poder opresivo que ésta ha ejercido y ejerce sobre nosotros, que podemos ponerlas por un tiempo en cuarentena y buscar también respuestas que partan de una experiencia LGTBI. Cristianas y cristianos que han reflexionado la fe desde su diversidad sexual o de género hay muchas y muchos desde hace décadas, y sus opiniones, o experiencias compartidas si los tenemos cerca, pueden sernos útiles para ayudarnos a reflexionar, para empezar a vivir el cristianismo no como lo hace un heterosexual, sino como un intersexual, un transexual, un transgénero, una lesbiana o un gay.

Es evidente que la heterosexualidad no incapacita a nadie para ser un cristiano cuya experiencia de fe pueda servirnos para profundizar más en la nuestra, al igual que no deberíamos ser tan ingenuos de aceptar acríticamente todas las propuestas que se nos hagan desde una perspectiva LGTBI. Hay muchos cristianos y cristianas LGTBI con una fe profundamente marcada por la homofobia. Como he dicho antes, no es tan fácil deshacernos de ella, aunque algunos crean que por utilizar la palabra inclusivo quedan automáticamente inmunes a la homofobia que llevan en los genes. Pero no desperdiciemos tampoco el tesoro que tantas mujeres y hombres LGTBI que siguen a Jesús nos han dejado. No empecemos el camino siempre desde el principio, atrevámonos a continuarlo desde el que otros hicieron ya. El camino hasta ocupar el centro de nuestro mundo no se recorre en una sola vida, hacen falta siempre muchas más. No seamos tan arrogantes de creernos todopoderosos, esos son los primeros dioses que viven hoy en los márgenes de la sociedad. Ni seamos tan estúpidos de creer que viviendo imbuidos únicamente en reflexiones, experiencias, visiones y teologías hechas desde la experiencia heterosexual, por muy inclusiva que esta diga ser; podremos liberarnos de la homofobia que el Dios heterosexual ejerce contra nosotras y nosotros. Si no nos abrimos a la experiencia cristiana LGTBI, no hay posibilidad de salir de los márgenes, del mundo de los que en realidad no cuentan, de los que no se espera nada, de los que son tratados como si no tuvieran nada nuevo que aportar, ni que decir.

Es posible que cristianas y cristianos LGTBI de otras generaciones no tuvieran las posibilidades que hoy se nos brindan, aunque en ocasiones se atrevieran a mirar por un momento a Jesús desde quienes eran, sin máscaras. Pero nosotras y nosotros sí podemos empezar a erradicar de nuestra mente, de nuestra alma, y de nuestra fe, al Dios heterosexual. Podemos lanzarlo a los márgenes de nuestras prioridades, para una vez allí, reducirlo a la nada. Pero para eso es imprescindible el contacto, la relación, la comunidad, con otros creyentes LGTBI que estén también decididos a seguir a Jesús desde quienes son, sin renunciar a nada. No se trata de buscar personas que nos quieran, que nos acepten, personas que se sientan buenas cristianas haciendo su obra de caridad con nosotros. Se trata de seguir a Jesús, de eso va el cristianismo, y seguirlo sin anular una parte de nuestra vida. Nuestra orientación sexual o identidad de género es una oportunidad que no podemos perder para desenmascarar a ese Dios heterosexual que dice ser la respuesta a todo, a nosotros no nos responde nada. Las respuestas que buscamos serán más o menos significativas en la medida que puedan dar contestación a nuestros interrogantes, no a los de otras personas.

Carlos Osma

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Agreden físicamente a un joven heterosexual en Toronto porque les parece gay

Lunes, 7 de marzo de 2016

sheng-yan.jpg.size.xxlarge.promoUn joven que volvía a su casa, en Toronto, es agredido físicamente por dos individuos que le identificaron como gay.

Las víctimas del odio y la homofobia no tienen porqué ser necesariamente gays, lesbianas, bisexuales o transexuales, ahora sólo basta con parecerlo. Tras pasar por una tienda de ultramarinos, Yan Sheng , volvía a su casa, sobre las 11:30 de la noche, cuando fue atacado por 2 individuos que le tomaron por gay. Uno de ellos le increpa en primera instancia preguntándole si considera si él y su acompañante le parecen gays, para indicarle a continuación que él sí les parece homosexual a ellos. «Me di la vuelta y antes de que pudiera decir nada, me agarraron por el pelo, me tiraron al suelo y comenzaron a pegarme y darme patadas en la cara», declara la víctima.

Tras el ataque, que según Shang duró alrededor de 15 minutos, llamó a la policía y una ambulancia le trasladó al Hospital Monte Sinai, donde le indicaron que había sufrido una hemorragia interna alrededor de su ojo derecho, presentando heridas en los párpados y tendrá la visión reducida de manera temporal. Si bien eran dos individuos los que le increparon, sólo uno fue el que le agredió físicamente. El jefe de policía de Toronto, David Hopkinson, confirma que están investigando, aunque el agresor no ha sido localizado todavía.

Tras publicar una imagen mostrando su ojo hinchado, Sheng ha recibido numerosos mensajes de apoyo, algunos de gente que ni siquiera conoce, lo que le ha parecido «muy reconfortante», añadiendo que «cualquiera puede ser una víctima. Te pueden sencillamente asaltar si te escogen», queriendo indicar que no hace falta ninguna provocación, ningún motivo para que alguien te agreda.

Con 26 años de edad, heterosexual y diseñador gráfico, Yan Sheng se identifica en Facebook como «víctima de un crimen de odio», añadiendo que ha «aprendido una lección sobre los peligros del odio por el camino difícil (…). Las víctimas de homofobia no son exclusivamente personas gays/lesbianas/bisexuales/transexuales, sino todos los miembros de la sociedad; el odio no conoce el razonamiento y no responde a ninguna negociación». Concluye que no está derrotado en ningún sentido, sino que le han hecho más fuerte.

Fuente Agencias

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El amor entre dos hombres heterosexuales, en ‘Lo peor de todo es la luz’

Sábado, 31 de octubre de 2015

Lo_peor_de_todo_es_la_luzPor Ramón Martínez

Esto no es una novela aunque cuenta muchas historias. Sobre todo la historia de la amistad de dos hombres heterosexuales: Koldo y Edorta; la historia de una amistad que encierra muchas más cosas.

En un País Vasco por el que pasan varias décadas, Edorta escribe para intentar salvar del olvido, de la muerte, su relación con Koldo; la historia de un vínculo para el que la palabra “amistad” se queda muy corta y para el que da demasiado miedo emplear la palabra “amor”. Esta es la historia de dos hombres que, aun siendo heterosexuales, están enamorados y no lo saben, o no quieren saberlo.

Pero Lo peor de todo es la luz también cuenta otra historia: la de su mismo autor, José Luis Serrano (el escritor antes conocido como elputojacktwist), que ya nos sorprendió con la narración de un viaje a Birmania en Hermano, y con el descubrimiento de la sexualidad en Sebastián en la laguna –posiblemente la mejor novela gay de iniciación escrita en castellano–. Aquí encontramos también las conversaciones entre José Luis y su marido, que hablan y hablan sobre mil cuestiones, fundamentalmente acerca de cómo va a desarrollarse la narración de la vida de Koldo y Edorta mientras disfrutan de unas vacaciones y de una vida en común que sus compañeros de libro no se permitieron construir.

Con esa prosa que se adhiere a la piel hasta cortar la respiración tan característica de José Luis Serrano, crecen en estas páginas las semillas de lo que podrían haber sido dos novelas: la de Edorta y Koldo y la del propio autor como personaje de sí mismo. Pero, en lugar de a una novela, asistimos a otro acontecimiento: en este libro que no es una novela están escritas dos cartas de amor inagotable que trata de perpetuarse en la Historia; un amor que es el mismo aunque le pongamos diferentes etiquetas, y cuya mayor ambición es encontrar un sentido que le haga sobrevivir a nuestras propias cenizas.

Fuente Cáscara Amarga

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Diversidad de diversidades: personas gitanas no heterosexuales

Martes, 11 de agosto de 2015

bandera-gitana-lgtbBandera gitana integrada con la LGTB

Un interesante artículo que hemos leído en Cáscara Amarga:

A las Gitanas Feministas por la Diversidad

“Es preciso reivindicar la igualdad de la mujer blanca frente al hombre negro, del gay gitano frente al inmigrante pobre, y de todos y todas frente al hombre blanco, cisexual, heterosexual.

Nos quejamos una y otra vez de que se promueva como único perfil del sujeto de derecho, del ciudadano, el del hombre blanco, cisexual, heterosexual y con familia, de clase media-alta y propietario de bienes raíces, adulto, nacional, sin ningún tipo de diversidad.

En las investigaciones, los manuales, en todas partes, se lo toma como referencia inequívoca, y no nos cansamos de denunciar esa normatividad y reclamar la inclusión de otros perfiles: mujeres, personas de otras etnias, orígenes, sexualidades y capacidades.

Pero cuestionar el sujeto de referencia contradiciendo en bloque todos sus caracteres resultaría subversivo en exceso, y así cada una de nuestras otredades sólo se atreve, en el activismo más institucional, a visibilizar la oposición a uno de los rasgos que construyen el sujeto canónico.

De este modo al Feminismo más clásico se le acusa desde otros feminismos de olvidar las diferencias existentes entre las mujeres, como al activismo en defensa de personas lesbianas, gais, bisexuales y transexuales más institucionalizado se le recuerda la falta de compromiso con reivindicaciones que escapen a las propias del hombre blanco, cisexual, con familia, de clase media-alta y propietario de bienes raíces, adulto, nacional, sin ningún tipo de diversidad, y gay.

Además, desde nuestras propias otredades hemos venido generando, con la mayor reivindicación de nuestros derechos, perfiles estereotípicos que en la mayor parte de las ocasiones no son sino reinterpretaciones, re-creaciones y no creaciones propias, de tipos estigmatizantes nacidos del discurso de la discriminación.

De esta suerte el tipo resultante de la reivindicación, que no el tipo reivindicativo, y que no deja de ser una transposición del estereotipo de la discriminación, puede llegar a colaborar con el propio discurso discriminativo al incorporarse a él y actualizarlo.

En el caso de las personas no heterosexuales, si atendemos a esta actualización, apreciamos aún la vigencia del estereotipo estigmatizado: los rasgos del antiguo marica, que hacen hincapié en los cuidados de personas -la madre- y de los vestidos y maquillajes -“el mariquita se peina” lorquiano-, reaparecen entre los caracteres del estereotipo actual, actualizando lo relativo al cuidado al homosexualizar una profesión ya feminizada, como es la enfermería, y lo referido a la preocupación por lo estético haciendo lo mismo con los oficios relativos al cuidado personal -modistos, peluqueros, maquilladores-.

gitanas_diversidadColectivo de Gitanas Feministas por la Diversidad

Del mismo modo, el estereotipo estigmatizado de otra de las diversidades posibles, la étnica, nos ofrece por ejemplo una imagen de las personas gitanas asociada a la delincuencia y lo folclórico que, aunque actualizada a través de una “nueva” figura asociada al éxito a través del canto y la danza, mantiene en el diccionario de la Real Academia la acepción como sinónima de “gitano” de “trapacero”, sin incluir siquiera una explicación o una marca que denuncie que se trata de un uso despectivo, y obliga a gritar muy alto, en la magnífica campaña organizada en respuesta, Yo no soy trapacero.

Hemos venido reivindicando derechos desde y para la Diversidad, en el activismo más “tradicional”, atacando de uno en uno los caracteres del sujeto de referencia y así, en la construcción de los estereotipos reivindicativos, que generan a su vez perfiles supuestamente positivos y que no necesariamente han de coincidir con aquellos, hemos olvidado que en múltiples ocasiones los caracteres de la diversidad se dan cita en una misma persona, produciendo identidades cruzadas que no terminan de encajar en la reivindicación clásica.

¿Cómo nos enfrentamos a estas identidades que combinan diferentes rasgos de la Diversidad?

El próximo 15 de agosto se celebra el Orgullo en Praga y durante los dos días previos tendrá lugar allí el Primer Encuentro Internacional LGTBIQ Romaní, tras unas jornadas similares realizadas a nivel local en 2014.

Las diversas formas de la Diversidad llevan ya varios años encontrándose, pero es desde hace relativamente poco que se aprecia su interseccionalidad fuera del ámbito académico, quizá por el ya conocido agotamiento del discurso reivindicativo tradicional, que busca ahora nuevos objetivos.

Los acercamientos intelectuales llegaron mucho antes: la ya agonizante “Teoría Queer”, que aunque siempre de moda provocó en el activismo una preocupante atomización de las reivindicaciones y una sobreelaboración del discurso que lo hacía –y hace- muy poco fructífero para la demanda de derechos a pie de calle, ha propiciado con su interseccionalidad definitoria el nacimiento de utilísimos estudios como los de David Berná Serna, pionero a la hora de analizar el encuentro del estigma de la homosexualidad y el de la gitanidad.

Y ahora es ya el momento de la puesta en práctica de la reivindicación, y aparecen no sólo figuras como Juan David Santiago, gitano gay que fue miembro de la junta de FELGTB, sino colectivos como Gitanas Feministas por la Diversidad, donde buenas amigas como Soraya Giménez, Noelia Heredia y Aurora Fernández trabajan con otras muchas grandes mujeres para que los derechos sean reconocidos para todas las personas en todas y cada una de sus diversidades.

Se trata de reivindicar un nuevo sujeto de referencia que sean todos al mismo tiempo, de cuestionar nuestra dominación señalando al unísono todas y cada una de las características que nos convierten en personas discriminadas, sin que sea preciso dejar de ser gay para reivindicarse como gitano sino precisamente empoderándonos en cada una de nuestras cualidades.

Y no sólo hay que oponer al hombre blanco, cisexual, heterosexual y con familia, de clase media-alta y propietario de bienes raíces, adulto, nacional, sin ningún tipo de diversidad, una mujer gitana de piel oscura, transexual y lesbiana, soltera, pobre y anciana, inmigrante y en silla de ruedas; es preciso reivindicar la igualdad de la mujer blanca frente al hombre negro, del gay gitano frente al inmigrante pobre, y de todos y todas frente al hombre blanco, cisexual, heterosexual, etc.

Se trata de acabar con la referencia, que conlleva acabar con los privilegios. Por eso, a esas mujeres gitanas que luchan, y a tantos hombres y mujeres que las acompañamos, hay que desearles en su trabajo salud y libertad.

¡Sastipen thaj mestipen!

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Hombres casados con mujeres que admiten ser gays

Martes, 7 de julio de 2015

150625195956_sp_gay_casado_624x351_thinkstockHace décadas, cuando los homosexuales enfrentaban el ostracismo y la amenaza de la acción penal en Reino Unido y otros países de Occidente, muchos optaron por casarse y ocultar su sexualidad. Pero incluso ahora que ha aumentado la tolerancia social hay quienes toman ese mismo camino.

Nick, que tiene unos 50 años, ha estado casado con su esposa durante 30 años. También es gay. Cree que su esposa tuvo sospechas sobre su sexualidad durante años, pero las cosas llegaron a un punto crítico cuando él tuvo un romance con un hombre. “Me preguntó si quería irme y no lo hice. Ella realmente es mi mejor amiga por encima de todo, así que decidimos que nos gustaba la idea de permanecer juntos como mejores amigos“, dice.

Nick no es su verdadero nombre. Muchos de los amigos y familiares de la pareja no saben que él es gay y prefiere permanecer en el anonimato para proteger a su esposa.

Doble vida

Desde el principio su matrimonio estuvo marcado por la infelicidad, con dudas sobre si habían tomado la decisión correcta. Siempre se había sentido inseguro sobre su orientación sexual, lo que le preocupaba cada vez más a medida que envejecía. Como muchos hombres en la misma situación, Nick, enfermero de profesión, terminó viviendo una doble vida.

A primera vista era un hombre felizmente casado pero también era consumidor asiduo de pornografía gay. Se emborrachaba con un amigo que también era homosexual y, como él mismo cuenta, “los eventos tomaban su rumbo”. Su esposa se enfureció cuando se enteró hace cerca de seis años y Nick supo que no tenía sentido seguir negando la verdad por más tiempo.

150625191121_sp_gays_casados_andy_624x351_bbcAndy estuvo casado 30 años con su esposa, con quien tiene cuatro hijos.

“Sentí que era el momento oportuno para ser honesto y decirle lo que ella ya sospechaba de mí. Pero había una especie de entendimiento en el que si yo no hacía nada, no hablaríamos de eso, y cuando lo hice tuvimos que hablar”.

Nick reconoce que hubiera sido mejor para ella si él hubiera admitido antes que era homosexual y hubiera actuado consecuentemente. Ella le dijo que estaba decepcionada porque no había sido capaz de confiar en ella lo suficiente como para ser honesto y que si hubiera sabido, lo habría aceptado. “Todavía me siento extraordinariamente agradecido con ella cada día por su tolerancia y comprensión“, dice Nick.

La pareja optó por permanecer juntos – no por el bien de sus hijos ya que no tienen, sino debido a sus sentimientos mutuos. “Las cosas no podían haber salido mejor con mi esposa, con quien todavía nos amamos y seguimos juntos. Pero las cosas podrían haber sido muy diferentes”, dice Nick. Durante el tiempo que han permanecido juntos duermen en camas separadas y no han vuelto a tener relaciones sexuales.

Nick le prometió que nunca volvería a tener sexo o una relación con un hombre, lo que según dice, se lo debe. Pero, ¿puede cumplir esa promesa? “Espero que sí. Es mi intención. Antes no sentía que tuvieras muchas opciones, sentía como si todo me lo hubieran impuesto. Ahora estoy tomando la decisión de que me gustaría permanecer célibe“, explica.

Hombres gay casados

150625200401_sp_gays_624x351_thinkstockLos miembros del grupo de apoyo se encuentran en diferentes etapas, desde no haber definido su sexualidad hasta haberse casado con hombres.

Nick es miembro de un grupo de apoyo llamado “Hombres gay casados”, con sede en Manchester, Reino Unido, fundado hace 10 años. Los hombres viajan desde todo el país para asistir a las reuniones.

El fundador del grupo, John, dice que la mayoría está integrada por hombres mayores, que se casaron con mujeres en los años 70 y 80, cuando la sociedad era más hostil con los gays. Ahora la sociedad es más tolerante, es más cómodo para ellos aceptarse y ser aceptados. Pero, ¿por qué se casan con una mujer, en primer lugar?

Nick señala que muchos hombres que entran en contacto con el sitio web dicen que lo hicieron para tratar de “resolverse a sí mismos”.

Andy, de 56 años, agrega: “A veces crees que estás pasando por una fase, porque la gente te dice ‘vas a encontrar a la mujer adecuada, ella te cambiará para que seas un hombre de verdad’“. “Lamentablemente en la sociedad, en el momento en que yo me casé hace casi 30 años, uno era heterosexual o era un tipo raro“.

¿Afeminado, yo?

John, un profesor en la Universidad Metropolitana de Manchester que estuvo casado por siete años, dice que le tomó mucho tiempo entender que era gay. Él sabía que su sexualidad era ambigua pero no tenía la claridad para poder definirlo. “Yo no sabía lo que era un hombre gay. A decir verdad, pensaba que los gays eran los hombres que vivían en Londres. Ahora la gente se ríe pero yo tenía ese nivel de ingenuidad“, dice. “Creía que los hombres homosexuales eran afeminados. Y bueno, yo no quería ser así que no podía ser gay, ¿cierto?, explica John.

Los miembros del grupo se encuentran en diferentes etapas. Algunos sólo sospechan que pueden ser gay, otros viven con esposas sin tener clara su sexualidad, algunos están separados o divorciados y otros se han casado con hombres.

150625190646_sp_gay_casados_john_624x351_bbcJohn está casado con el hombre que ha sido su pareja durante 23 años.

John finalmente contrajo matrimonio con el hombre que ha sido su pareja durante 23 años, pero dice que todavía algunos aspectos de su vida se le hacen extraños e incómodos.

Andy se está divorciando de su esposa, después de 30 años y cuatro hijos. Ella tiene una nueva pareja. “Yo todavía la amo, estoy muy cerca de ella, de hecho nos describimos como mejores amigos, lo cual puede sonar raro. Y tenemos hijos…

Algunos permanecen casados debido a las expectativas de amigos y familiares; o porque tienen hijos y no quieren romper la familia.

“No existimos”

John dice que muchas veces los hombres están bastante desesperados, luchando por manejar la situación sin ayuda, muchos de ellos sufren de depresión grave.

150625191000_sp_gays_casados_304x171_bbcLa BBC entrevistó a varios miembros del grupo de apoyo. Algunos prefieren mantener el anonimato.

“Hemos tenido estallidos de llanto cuando la gente viene porque están molestos pero también aliviados de saber que hay otras personas como ellos. Y ese es parte del problema, somos un mito, no existimos”. “No existimos en el mundo gay porque somos casados. Tampoco existimos en el mundo heterosexual, así que parecemos ser invisibles

Los miembros del grupo dicen que no juzgan a nadie y Nick, que ayuda a dirigir el lugar, señala que su principal mensaje es que la gente no tiene que luchar sola. “Hay personas que están manejando con éxito su sexualidad frente a su familia. Uno tiene relación con sus hijos y no tiene que quedarse solo“. “Definitivamente estoy más feliz, me quité un peso de encima y puedo ser honesto con mi esposa.”

Fuente BBC

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Día del Orgullo Hetero: 20 razones por las que sería absurdo

Martes, 23 de junio de 2015

noticias_file_foto_1012167_1434625469Este jueves, en Twitter se abrió un debate sobre si debería celebrarse o no un día del Orgullo Heterosexual (algo que, por cierto, ya se “inventó” en 2011 en Brasil), pues hay quien alega que es tan justo como que se celebre el ya existente Día del Orgullo LGBT.

Y desde RAGAP queremos argumentar de manera fácil y sencilla por qué sería absurdo celebrar este ‘Hetero Pride’.

1. Porque no hay países donde se encarcele a las personas acusadas de delito de heterosexualidad, ni son sentenciadas a muerte.  Nadie huye de su país y pide asilo político por miedo a las represalias por sentirte atraído por personas del sexo contrario.

2. Porque no hay países donde el matrimonio entre heterosexuales esté prohibido.

3. Porque cuando pasean por la calle no los insultan al grito de “heterosexual de mierda” ni se les agrede por ello.

4. Porque ningún padre ha echado de casa a su hijo por ser heterosexual, ni se ha convertido en un sin techo por esto mismo . Ni ningún adolescente se ha suicidado tras sufrir mucho acoso en casa y la escuela por ser heterosexual.

repositorio_obj_8558_14346254995. Porque nadie se queja de compartir vestuario en el gimnasio con un heterosexual.

6. Porque la heterosexualidad no encabeza la lista de delitos de odio; ni siquiera figura en la misma.

7. Porque nadie dice prefiero tener un hijo deforme o enfermo antes que heterosexual”.

8. Porque no hay grupos terroristas o radicales que se dediquen a “cazar” heterosexuales y agredirlos o asesinarlos.

9. Porque no hay campañas que piden la retirada de anuncios de televisión porque aparecen en él parejas heterosexuales.

10. Porque no hay libros que digan cómo dejar de ser heterosexual, ni terapias para que deje de gustarte el sexo contrario y empieces a sentirte atraído exclusivamente por tu mismo sexo.

11. Porque a nadie le han dicho que “disimule” su heterosexualidad cuando asiste a un evento deportivo, ya sea como deportista o como público.

repositorio_obj_8559_143462569712. Porque nadie oculta en su puesto de trabajo que es heterosexual, ni es despedido por ello.

13. Porque a ninguna pareja heterosexual la han expulsado de un bar por darse la mano o un beso.

14. Porque nadie ha muerto de una paliza propinada por el hecho de que sus padres sean heterosexuales.

15. Porque nadie ha llamado “masa fecal” a los heterosexuales.

16. Porque no hay comercios que se nieguen a celebrar bodas heterosexuales, o hacer tartas o fotografías a parejas de diferente sexo el día de sus nupcias

17. Porque nadie censura tramas heterosexuales en las series de televisión, ni advierten que puede herir sensibilidades el ver a un hombre y una mujer besándose.

repositorio_obj_8560_143462578418. Porque nadie prohíbe a los heterosexuales el ser profesores y asesores en los boy scouts.

19. Porque no hay videojuegos donde haya que matar a heterosexuales.

20. Porque ninguna religión indica en sus sagradas escrituras que haya que matar a los heterosexuales.

Y así, podríamos dar muchísimas más razones, pero creemos que el mensaje ya ha quedado más que claro.

Foto: Gayllegos

Fuente Ragap

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La foto que dos chicos heterosexuales hicieron para apoyar al colectivo LGBT indigna a familias conservadoras

Miércoles, 25 de marzo de 2015

310x500xcutes.jpg.pagespeed.ic.bY5zkRKSDaLance y Jair son dos jóvenes que decidieron participar en el concurso a la “pareja más bonita” del año en el McKinleyville Middle School de California en el que estudian. La foto que se hicieron pretendía ser una muestra de cariño de un chico a otro y no tenía por que ofender, es bonita y cuidada.

Y lo era tanto, que ganó el concurso. Ellos son la pareja más “cute” (lindo) del año en su instituto. Pero resulta que Lance y Jair son heterosexuales. Y primos. Decidieron presentar esa foto para apoyar al colectivo LGBT. Querían mostrar a todo el mundo que todas las relaciones son buenes y posibles: tanto heterosexuales como homosexuales.

Sin embargo, la foto no ha gustado a todo el mundo. Cuando algunos padres de alumnos del instituto vieron la foto, pusieron el grito en el cielo y han presentado su queja, hasta el punto de que han conseguido vetar la presencia de esta foto en el anuario del instituto.

La madre de uno de los chicos, Lance, está orgullosa de la valentía de su hijo, y cree que es una foto maravillosa, pero está preocupada por que alguien pueda dañarle dada la repercusión que ha tenido la foto.

En todo caso, la censura a la que se ha visto sometida la foto ha ocasionado que surja un movimiento de apoyo que, bajo el hashtag #ThisIsOK, ha llenado la red de fotos mostrando su apoyo a la “pareja” y a su acción.

Fuente| GayStarNEws ,

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El Mito de la Heterosexualidad desde una perspectiva queer.

Jueves, 29 de enero de 2015

novelarosaInteresante artículo que hemos leido en El Rincón de Haika, el blog de Coral Herrera Gómez:

La heterosexualidad es una construcción social y cultural que se ha instalado en el imaginario colectivo como un fenómeno natural, como si la unión macho-hembra fuese una ley divina o una ley física o matemática. Tanto es así quea las niñas desde pequeñas se las pregunta si tienen novio y a los niños si tienen novia sin apenas darnos cuenta de que preguntando estamos afirmando. Y al afirmar, imponemos una idea sobre lo que esnormal, es decir, que a los niños les gusten las niñas, y no los niños.
.

931-el-mito-de-la-heterosexualidad-desde-una-perspectiva-queerEl concepto de normalidad varía de cultura en cultura, por épocas y zonas geográficas; además, todo lo biológico en nosotros es cultural y viceversa. Por ejemplo en la Antigüa Grecia la homosexualidad era normal, como eran normales las relaciones homoeróticas entre sabios y jóvenes discípulos. En cambio en nuestra cultura actual la pederastia es una desviación, una aberración, una anormalidad penada con años de cárcel.

Piensen de nuevo: ¿Tienes novio ya?. Una pregunta así, aunque parezca inocente, inevitablemente dirige el erotismo y los sentimientos de las personas hacia el sexo opuesto. Una pregunta de signo contrario abriría enormemente el abanico de posibilidades afectivas y sexuales de la niña o el niño, pero a la mayor parte de los adultos no se les ocurre porque en su conciencia la heterosexualidad es la norma, está invisibilizada como construcción, integrada en los supuestos de cómo es la vida (o más bien, cómo debería ser). Esos supuestos se aprecian claramente en todos los cuentos heterosexuales que nos han contado de pequeñas; en ellos todas las relaciones eróticas son hacia el sexo opuesto.

Mi posición en torno a la heterosexualidad y la homosexualidad coincide con la concepción de Oscar Guasch (2000) que las considera mitos, en el sentido de que son narraciones creadas artificialmente, y transmitidas mediante libros sagrados. Mitos que explican el mundo desde un punto de vista particular, desde una ideología que al imponerse se convierte en hegemónica, y que modela y construye nuestro deseo y afectos, a la vez que justifica el orden social establecido. En este sentido, la homosexualidad es un cuento dentro de otro cuento, “un mito que explica otro mito. La homosexualidad es un epifenómeno de la heterosexualidad; pero no es posible entender la una sin la otra” (Guasch, 2000).

0003-Bandera+gay+en+la+luna+GTambién nos parece acertada la definición de la heterosexualidad según Elisabeth Badinter (1993), que la considera una institución política, económica, social y simbólica que se impuso como norma obligatoria a finales del siglo XIX: “Se acusa a los sexólogos de haber creado dicha institución, al haber inventado la palabra “heterosexualidad” como el contrapunto positivo de “homosexualidad” y haber impuesto aquella como la única sexualidad normal”.

Para Óscar Guasch (2000), la heterosexualidad, más que una forma de amar, es un estilo de vida que ha sido hegemónico en los últimos 150 años. La heterosexualidad nace asociada al trabajo asalariado y a la sociedad industrial: “Se trata de producir hijos que produzcan hijos. Para las fábricas, para el ejército, para las colonias durante más de un siglo, casarse y tener hijos, que a su vez se casen y los 
tengan, ha sido la opción considerada natural, normal y lógica”.

Es entonces cuando la pareja estable y reproductora se elige en modelo social a seguir; “por eso a lo largo de la historia solteros y solteras han sido una especie de minusválidos sociales. En ellos se hacían visibles las carencias, los peores temores: vivían (y sobre todo morían) solos, sin hijos”.

Guasch define la heterosexualidad como sexista, misógina, homófoba y adultista. Para él posee cuatro características fundamentales:

•         Defiende el matrimonio o la pareja estable;

•         Es coitocéntricagenitalista y reproductora;

•         Interpreta la sexualidad femenina en perspectiva masculina y la hace subalterna,

•         Persigue, condena o ignora a quienes se desvían del camino heterosexual.

AFICHE_MINORIASLos estudiosos que han analizado la homosexualidad desde un punto de vista transcultural constatan un determinado número de constantes. El sociólogo Frederick Whitam, tras haber trabajado durante varios años entre comunidades de países tan distintos como los Estados Unidos, Guatemala, Brasil y Filipinas, sugiere seis conclusiones:

•         Hay personas homosexuales en todas las sociedades.

•         El porcentaje de homosexuales parece ser el mismo en todas las sociedades y permanece estable con el paso del tiempo.

•         Las normas sociales no impiden ni facilitan la aparición de la orientación sexual.

•         En cualquier sociedad mínimamente numerosa aparecen subculturas homosexuales.

•         Los homosexuales de sociedades distintas tienden a parecerse en lo que respecta a su comportamiento y sus intereses.

•         Todas las sociedades producen un continuum similar entre homosexuales muy masculinos y homosexuales muy femeninos.

A partir de estos estudios, Badinter afirma que la homosexualidad es una forma fundamental de la sexualidad humana que se expresa en todas las culturas. La homosexualidad existe en otras especies animales (Foucault, 1976; Kirsch y Weinrich, 1991). Beach y Ford, (1951) constataron que, de hecho, se da en la mayoría de las especies de mamíferos y culturas humanas.

Helen Fisher (1992) señala que la homosexualidad es aún mayor en otras especies; es decir, cabría aventurar que lo natural sería que las relaciones homosexuales entre los humanos fueran incluso más frecuentes de lo que son, pero en muchas culturas humanas está reprimido socialmente. La presión evolutiva, según Fisher, no sólo favorece las conductas reproductoras: la homosexualidad podría tener funciones adaptativas como la de estrechar los lazos de la comunidad y/o la de reducirla densidad demográfica en condiciones de hacinamiento.

queer-as-folk-melanie-and-lindsey-queer-as-folk-9906775Tanto los hombres como las mujeres homosexuales, a lo largo de los siglos, han sido excluidos o marginadossocialmente, insultados y humillados, perseguidos, encarcelados, torturados, quemados en la hoguera, apedreados hasta la muerte o recluidos en campos de concentración. La homosexualidad ha sido tratada como enfermedad, delito, pecado, vicio, aberración, patología, desviación, y ha sido, a menudo, asociada a la obscenidad, la perversidad y la promiscuidad. Los estereotipos y los modelos negativos han recaído en ellos con una extrema crudeza, y aún hoy en día se sigue condenando y ejecutando o lapidando a gays y lesbianas en multitud de países.

En 1910, Sigmund Freud elabora su teoría de la bisexualidad originaria, en la que afirma que todos los seres “pueden tomar como objeto sexual a personas del mismo sexo o a personas del otro sexo… Reparten su libido ya sea de manera manifiesta, ya sea de forma latente sobre objetos de ambos sexos”.

A lo largo de su obra, Freud defiende el carácter natural y no patológico de la homosexualidaden contra de los sexólogos y sus propios colegas psicoanalistas, y afirma que la heterosexualidad es tan problemática como la homosexualidad. Además, según Freud, todos “en un momento dado la hemos practicado aunque después unos la hayan relegado al inconsciente y otros se defiendan manteniendo una enérgica actitud contraria a ella”). Leer más…

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¿Cómo sería el mundo si se discriminara a los heterosexuales?

Sábado, 22 de noviembre de 2014

La población LGBT tiene un 10% menos de probabilidad de estar bien económicamente

Sábado, 6 de septiembre de 2014

noticias_file_foto_846931_1409060503¿Cómo se mide la felicidad? ¿Cómo se ponen números al bienestar de las personas? Sin duda entran en juego muchas consideraciones, ninguna realmente fácil de cuantificar. Pero en Estados Unidos, país muy dado a las estadísticas, a las mediciones y a poner cifras al éxito de las personas, la empresa Gallup lanza periódicamente una encuesta para medir el bienestar de la población. Y en esta última edición se ha centrado en comparar los datos de la población LGBT con los de la población en general. Los resultados ponen cifra al impacto que la desigualdad tiene sobre el nivel de vida. Las personas LGBT tienen en general un menor índice de bienestar, cuatro puntos menos. Donde más claramente se manifiesta este problema es en el ámbito económico: tienen un 10% menos de probabilidad de tener un nivel financiero óptimo.

Lo más preocupante de los datos es que mantienen esa diferencia independientemente de otros factores, como el sexo, la edad, la raza, el nivel educativo o el lugar de residencia. También destaca el hecho de que en la mayoría de los ámbitos del estudio, las mujeres lesbianas obtienen puntuaciones menores que los varones gays. La encuesta de Gallup se basa en cinco factores para medir el bienestar: el ámbito financiero, el físico, el social, el comunitario y tener un sentido fuerte de propósito en la vida.

En el ámbito económico los hombres tienen un 8% menos de probabilidad de encontrarse en una situación económica buena; una cifra que para las mujeres asciende al 12%. Esto no quiere decir que la población heterosexual esté en buena situación económica: un 39% de americanos heterosexuales está en una buena situación económica, cifra que baja al 29% para la población LGBT. En el ámbito físico las diferencias son todavía más acentuadas para las mujeres, que están doce puntos porcentuales por debajo de las heterosexuales. En el caso de los hombres solo un 2% lo está. Un tercio de la población heterosexual está en buena forma frente a una cuarta parte de los LGBT.

En el ámbito social, la encuesta mide el bienestar con respecto a la familia y los amigos, el grado de apoyo desde estos grupos y el tiempo que queda para dedicarse a uno mismo. Aquí no se encuentra diferencia por orientación sexual: gays y lesbianas tienen seis puntos menos en este ámbito, aunque las mujeres en general (y esto es cierto también para las lesbianas) obtienen mejores puntuaciones que los hombres: tres puntos por encima en ambos casos. En el apartado comunitario, la encuesta mide el grado de participación en la vida de la comunidad social en la que viven. Aquí vuelve a apreciarse una diferencia y las mujeres lesbianas están en general menos conectadas con el lugar en el que viven. La puntuación general para los LGBT es seis puntos inferior, aunque en el caso de las mujeres se eleva a nueve puntos. Este dato es significativo, porque las mujeres heterosexuales están en general más conectadas a la comunidad que los hombres heterosexuales.

Por último, en cuanto al sentido general de la vida, los hombres gays obtienen la misma puntuación que los hombres heterosexuales, pero las mujeres lesbianas se encuentran ocho puntos por debajo respecto a las heterosexuales. En este ámbito la encuesta mide la existencia de un líder inspirador en sus vidas, su actividad diaria, sus objetivos y sus fortalezas personales.

Fuente Ragap

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“Iglesias post-heterosexuales”, por Carlos Osma

Jueves, 4 de septiembre de 2014

gaymarriagemn.banner.apDel blog Homoprotestantes:

  Todavía hay miles de personas LGTB escondidas en un disfraz heterosexual dentro de las iglesias heterosexuales, todavía hay también personas LGTB que viven sin ese disfraz pero que no quieren salir de esas comunidades hechas para heterosexuales porque les da miedo cambiar, les da miedo tener que empezar de cero; les duele tener que dejar una iglesia que, aunque no los acepte, siempre ha sido como una familia para ellos y ellas. Por eso muchos se consuelan con la idea de que algún día las cosas cambiarán, que los pasos se van haciendo poco a poco, que es necesario dejarse discriminar, aunque sea un poco, a fin de que algún día podamos hacer de las iglesias que amamos tanto, unas comunidades más evangélicas. Pero en el fondo es sólo un autoengaño, y lo saben, las iglesias hechas sólo para heterosexuales que dicen ser inclusivas sólo lo hacen para mostrar que no son como las otras, las fundamentalistas. En el fondo siguen pensando que una persona LGTB tiene que aceptar ser discriminada en una iglesia que no la acepta por ser como es.

Pero también hay nuevos caminos, las iglesias post-heterosexuales o inclusivas, las iglesias formadas por personas que se han dado cuenta de que no hay nada que hacer en las iglesias heterosexuales. En nuestro país y también en muchas otros países van naciendo poco a poco comunidades inclusivas que intentan llevar el mensaje de salvación a todas las personas, con una especial dedicación a aquellas personas LGTB que no tienen comunidades que respeten e integren lo que son. Por una parte es una triste solución, una ruptura más dentro del cristianismo, lo mejor siempre hubiera sido la unidad… pero la realidad, como en ocasiones anteriores, es que algunas personas tienen que vivir el evangelio huyendo de los lugares que dicen estar predicándolo. Además, también podría verse como una solución positiva, las nuevas iglesias son comunidades que proponen otra forma de ser iglesia diferente a la iglesia tradicional: la iglesia heterosexual.

Sin embargo, a la hora de construir una nueva comunidad es importante recordar aquello de que “un día fuimos esclavos en Egipto” para poder construir unas iglesias donde la esclavitud, tenga ésta la forma que tenga, no exista. Haber tenido la experiencia de vivir en unas comunidades que hablan del amor de Dios a toda criatura y sentir el rechazo de ese Dios a las personas no heterosexuales, debe tener alguna consecuencia a la hora de construir una comunidad no heterosexual. Y es por eso que me atrevería a hacer unas cuantas observaciones.

Sobre la Interpretación de la Biblia. La Biblia ha sido el arma utilizada por la homofobia para hacernos daño. La Biblia leída fuera de contexto y utilizando unas técnicas de estudio y lectura ya desfasadas ha sido la piedra que nos lanzaba cada uno de los miembros de las iglesias heterosexuales. Las iglesias inclusivas no pueden seguir leyendo la Biblia de la misma forma, están obligadas a aproximarse a ella teniendo en cuenta los conocimientos teológicos actuales. Deben huir del fundamentalismo literalista. No se puede construir una iglesia inclusiva leyendo la Biblia al pie de la letra. Es necesaria la formación. Y es necesario entender que la Biblia no es un arma contra nadie, sino un lugar donde Dios nos habla para poder construir un mundo mejor donde todas y todos podamos ser felices. La Biblia puede convertirse en un lugar de encuentro y reconocimiento de la diversidad.

Sobre la diferencia. El cristianismo no es una máquina de hacer personas idénticas, las iglesias inclusivas no deberían tratar de construir una forma determinada de persona. Las personas somos distintas, y las comunidades inclusivas deben intentar mostrar esa diversidad y entender que eso es una riqueza de la que puede sacar un beneficio a favor del evangelio. Dios nos ha hecho diversos y diversas para que todas nuestras características puedan ser puestas a su servicio, para que podamos encontrar en la hermana y el hermano un lugar que me cuestiona sobre mi manera de ser y estar en el mundo. Y sobre todo, nos ha hecho diversos para reflejar mejor la diversidad divina y podamos conocer a Dios a través de la vida y experiencia de otras personas.

Sobre las estructuras religiosas. El ser humano está siempre por encima de la estructura religiosa. Nosotras y nosotros nos hemos encontrado muchas veces con alguien que nos decía que por el bien de la iglesia debíamos resignarnos a ser discriminados. Pero las iglesias inclusivas no deberían poner la comunidad por encima de las personas que la forman. La comunidad está al servicio de todos sus miembros, y son las personas con sus maneras de ser, amar, vivir, entender el mundo, los que van haciendo nueva la comunidad, las que van empujándola hacia donde el Espíritu las lleva. La comunidad no puede ser una camisa de fuerza, sino un lugar de vida que deja vivir a quienes forman parte de ella.

Sobre la humildad. No tenemos razón en todo, nuestras propuestas son siempre parciales y algún día serán superadas por otras que nos mostrarán cuales eran nuestros errores. No podemos ser defensores de una verdad atemporal y ahistórica, somos personas que nos movemos con la voluntad de ser fieles al evangelio y de ofrecer vida en abundancia a personas que, como nosotros y nosotras hace no tanto tiempo, viven atormentadas por la homofobia. Pero no debe faltar en nosotras y nosotros la humildad, real y no de pose, que entiende que somos personas falibles y contradictorias. No busquemos superhombres y supermujeres en nuestras comunidades, sino seres humanos de carne y hueso con todo lo que ello supone. La verdadera humildad nos debería impedir obligar a que otra persona tenga que aceptar un trato que nosotros no aceptariamos para nosotros mismos.

Sobre el mundo. Formamos parte del mundo, de la sociedad que nos rodea, y estamos a su servicio. Las personas que no forman parte de nuestra sociedad y no son cristianos y cristianas no son nuestros enemigos. Son personas que pueden enseñarnos muchas cosas, que pueden mostrarnos incluso la mejor manera de ser fieles al evangelio comprometiéndonos por los más necesitados. Son personas a las que también podemos acercarnos para, sin complejos, explicarles nuestra fe, nuestra manera de ver el mundo y de trabajar también por la justicia. Podemos y debemos entrar en diálogo con quienes tenemos más cerca, sin verlos como un trofeo a conseguir para Cristo, sino como personas que, como nosotros, intentan ser felices y hacer felices a quienes les rodean.

Sobre las otras iglesias. Denunciar la homofobia, el fundamentalismo, las actuaciones poco evangélicas que desgraciadamente tienen algunas iglesias, revistas, instituciones… del protestantismo que nos rodea hacia las personas LGTB, no significa que debamos negar que somos miembros del mismo cuerpo, de la misma Iglesia. Podemos sentirnos más cerca de algunas comunidades y afirmar que nos repelen algunos planteamientos y formas de actuar de otras, pero no se puede olvidar que si de verdad estamos por el evangelio, entonces estamos en el mismo barco. Aunque quieran lanzarnos por la borda… estamos en el mismo barco. Los cristianos y cristianas que forman parte de iglesias heterosexuales, son nuestros hermanos y hermanas, y eso no debemos perderlo nunca de vista, aunque en muchos momentos nos cueste aceptarlo. Dios nos hizo a todos miembros de la misma familia, hermanos y hermanas por Jesús.

Seguro que hay otros muchos puntos que debemos tener en cuenta a la hora de construir las nuevas comunidades cristianas inclusivas, pero pienso que al menos con estos podemos empezar a considerar que es lo que estamos construyendo, donde estamos, y hacia donde queremos ir. Volver a construir unas comunidades cristianas idénticas a aquellas de las que hemos salido, sería no haber aprendido nada de la experiencia vivida, y sobre todo, y más importante, sería crear una comunidad donde en algún momento otras personas pudieran sufrir la exclusión, la negación, y el daño psicólogico, físico y espiritual que algunos de nosotras y nosotros vivimos anteriormente.

Las iglesias inclusivas no deberían ser iglesias homosexuales, sino iglesias que intentan abrirse a la vida tal y como es, y a la posibilidad de que todas las maneras de ser, pensar y amar puedan hacerla más fuerte y más creíble a la hora de transmitir el evangelio.

Carlos Osma

Biblia, Cristianismo (Iglesias), Espiritualidad , , , , , , ,

“Diez consejos a los famosos para su discurso de salida del armario”

Martes, 2 de septiembre de 2014

2867875615_0567cf12a1Muy buen artículo qu hemos leído en el Huffington Post en relación a determinadas salidas de armario que no son tales aunque lo parezcan, incluso que lo sean… ¿Lo entendéis? Pues yo tampoco…

1. Si su discurso va a ser vergonzoso y lacrimógeno, indocumentado y lleno de miserias, culpabilidades y forzado por otros, no lo haga, quizá no sea el momento.

2. Yo en los ochenta también me enamoraba de personas, pero esas personas tenían polla.

3. Usted es un personaje público, puede que usted crea que su orientación sexual es cosa de su vida privada, pero no es así. La orientación sexual es pública y es política. Su vida sexual, lo que usted hace en la cama y cómo, eso no le importa a nadie. Mi madre es heterosexual: está casada con un hombre (bueno, viuda ya). Lo que a mis padres les gustaba hacer en la cama solo lo saben ellos. No confundamos.

4. Por otro lado, al ser un personaje público, usted tiene la obligación moral de hacer pública su orientación sexual (que como le he dicho, ya lo es): para ayudar a los adolescentes que se suicidan cada año, para agradecer a las personas que han luchado por conseguir los derechos de los que usted disfruta. Pero no se apresure. Asegúrese de encontrarse cómoda, de estar bien rodeada y apoyada, de tener una cierta seguridad profesional y personal. Y piense: si usted no la tiene, ¿entonces quién?

5. Si usted no tiene claras las diferencias entre orientación sexual e identidad de género, quizá debería esperar un poco. No vuelva loca a la gente, que bastante loca está ya. Si va a salir del armario como bisexual para volver a salir del armario como homosexual o lesbiana a la semana siguiente, dé el paso directamente. No sabe usted lo que perjudica a la enorme cantidad de verdaderos bisexuales que hay en el mundo. La bisexualidad es una orientación sexual también, no es un estado pasajero. La transexualidad tiene que ver con la identidad de género y se combina con la orientación sexual en toda una maravillosa y fecunda serie de posibilidades.

6. A ninguno nos gustan las etiquetas. Pero las etiquetas sirven para visibilizar. Los animales sin nombre no entraron en el arca de Noé. Los libros sin signar van al armario de los trastos en las bibliotecas. Salga usted del armario con una etiqueta. Piense en todas estas letras cuyo significado desconoce: LGBTQQIP2SAA. Incluso hay etiquetas para los no etiquetables. O para los que se lo están pensando. O para los que se lo preguntan cada mañana. Si no se siente cómodo diga “creo que no soy heterosexual”. Con eso basta. Piense que le van a perseguir por su etiqueta. Una vez etiquetada, demuestre con sus actos que los estereotipos ligados en el imaginario colectivo a esa etiqueta no se corresponden a la realidad. Solo usted es como usted.

7. La orientación sexual no se ostenta, la orientación sexual se tiene. ¿Ostentan los negros su raza, las mujeres, los inmigrantes? ¿Ostentan los heterosexuales su heterosexualidad?

8. La salida del armario, para los no famosos, es un proceso pesadísimo y eterno: se sale del armario constantemente con cada nuevo trabajo, nuevos vecinos, nuevos amigos, nueva familia: aproveche usted que es famosa y hágalo de una vez. ¡No sabe el trabajazo que cuesta!

9. Lea usted un poquito. No mucho tampoco, no vaya a ser que le entre una diarrea mental. Pero apunte: Didier Eribon, Judith Butler, Monique Wittig, Beatriz Gimeno, Javier Sáez, Gracia Trujillo, Raquel/Lucas Platero, Beatriz Preciado… Acérquese a algún colectivo LGTB. Hable con ellas. Déjese aconsejar.

10. Si va usted a salir del armario, hágalo cuando sea feliz, cuando se encuentre bien consigo mismo, cuando sepa quién es. O incluso, cuando no sabiendo qué o quién es, sepa perfectamente quién no es. Dé esperanza a los que no la tienen ya. Piense en Uganda, en Rusia. En Rebolledo Alto de los Montes. Le están esperando.

General, Homofobia/ Transfobia. , , , , , , , , , ,

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