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Entradas Etiquetadas ‘Sigmund Freud’

“Lo más importante, ¿los ritos o las personas?”, por José Mª Castillo

Sábado, 11 de febrero de 2017

31942992934_f355c55ee8_zDe su blog Teología sin Censura:

No obstante la crisis religiosa, que estamos viviendo, son bastantes los cristianos que se ponen nerviosos si se les habla de innovaciones o cambios en la liturgia de la misa y demás sacramentos.

Esta postura es comprensible. Lo que seguramente no saben quienes defienden esta posición -y la defienden no sólo con energía sino incluso con indignació – es que, sin darse cuenta, quienes adoptan tal postura de forma intolerante, en el fondo, lo que hacen es aceptar y –sin saberlo- reafirmar una de las ideas típicas de Sigmund Freud.

Así lo explica un autor tan documentado como es Gerd Theissen, comentando un texto importante del volumen 7º de las “Gesammelte Werke” (p. 129-131) de Freud. El rito se constituye en un fin en sí, que se contrapone al caos, que es lo más opuesto al orden. Por eso los ritos sirven para defenderse del caos. O, en otras palabras, los ritos sirven para defenderse del miedo, que precipita al individuo en un caos psíquico. Estas ideas han sido desarrolladas por Víctor Turner y Rolf Gehelen.

De ahí que, para no pocas personas, cambiarles los ritos y, sobre todo, quitar el ritual o su lenguaje (por ejemplo, el latín) es quitarles un factor fundamental de su seguridad en la vida o en su relación con Dios.

Pero, es claro, las personas que se meten de lleno en este proceso y, por eso, se aferran a la exacta observancia de los ritos, aparte del miedo inconsciente que eso entraña, tiene una consecuencia religiosa y social que nos aleja del Evangelio más de lo que imaginamos. ¿Por qué Jesús tuvo tantos conflictos con los maestros de la Ley, con los fariseos y con los sacerdotes? Siempre la misma historia: porque no observaba el sábado, no ayunaba, no cumplía los rituales de pureza cultual, andaba con malas compañías (pecadores, publicanos), tenía amistades peligrosas…

Y todo esto, ¿por qué? La respuesta más clara y más directa la dio Jesús cuando explicó lo que será verdaderamente decisivo en el juicio final. No será la observancia de los “ritos” religiosos, sino la relación que cada cual tiene con la felicidad o el sufrimiento de las “personas” (Mt 25, 31-46).

Cuando el Señor de la Gloria venga a pedir cuentas a cada cual, a nadie le va a preguntar si dijo la misa en latín o en otra lengua, si cumplió con las normas litúrgicas al pie de la letra, si ayunó o dejó de ayunar, etc.

O el Evangelio es mentira o la liturgia le preocupa a Dios bastante menos que al clero y sus más fieles adeptos. Lo que al Dios de Jesús le interesa no es la fiel observancia de los ritos, sino que tengamos sensibilidad para dar de comer al que pasa hambre, para estar con el enfermo, para acoger al extranjero, para interesarse por los que están en la cárcel.

Muchas veces me pregunto por qué en el Vaticano hay una Sagrada Congregación que vigila la observancia de los ritos. Y por qué no hay otra Congregación Sagrada que se preocupe por los millones de criaturas que sufren más de lo que humanamente se puede soportar.

Comprendo que todo esto ponga nerviosos y hasta indigne a algunos cristianos. Pero quienes se ponen nerviosos, al leer esto, ¿no se preguntan por qué hay tantas personas en la Iglesia que no tolerarían ver las parroquias y los templos sucios, descuidados, desordenados, abandonados, misas que no las dice el cura, sino el sacristán; o misas que el cura dice en mangas de camisa…, pero resulta que esas mismas personas no pierden el sueño sabiendo que cada día se mueren de hambre más de 30.000 personas? ¿No será verdad que nuestra exactitud en la observancia y en el cumplimiento de los ritos sagrados nos sirve de “calmante espiritual” que tranquiliza nuestra conciencia?

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Leonardo Boff: “Tomás de Kempis entiende los secretos del alma humana mejor que cualquier psicoanalista”

Jueves, 5 de enero de 2017

beato-tomas-kempis-milima20150730-0429-11_270x250Su “Imitación de Cristo”, el libro más leído después de la Biblia

“Entiende el deseo y sus angustias, pero también indica caminos de cómo enfrentarlo”

(Leonardo Boff, en Koinonia).- Al completar más de 50 años de labor teológica, me puse un desafío: retraducir la “Imitación de Cristo” del latín medieval, retocando el estilo en el sentido de superar el tradicional dualismo de la visión clásica y añadiéndole al final una parte escrita dentro de la moderna cosmología que procura articular e incluir todas las dimensiones, más adecuada al espíritu contemporáneo.

Fue una tarea minuciosa que me costó dos años de trabajo. Sería mi canto de cisne de la teología más sistemática, mi “nunc dimittis, Domine” bíblico (“ahora, Señor, puedo partir”).

Su autor es el venerable Tomás de Kempis (1380-1471) nacido en Alemania. Fue durante toda la vida maestro espiritual de jóvenes religiosos de los Canónigos de San Agustín. Produjo una obra de profunda espiritualidad que ha alimentado a la cristiandad hasta el día de hoy, siempre leída, meditada y citada siempre por nombres notables como Freud, Jung y Heidegger.

Hay más de mil ediciones de la “Imitación de Cristo” repartidas por el mundo y en el British Museum se coleccionan más de mil ejemplares.

El libro se compone de cuatro partes a las cuales me atreví a añadir una quinta, usando el mismo estilo del autor. Le di como título El seguimiento de Jesús por los caminos de la vida”. El seguimiento completa la imitación, de forma que por la imitación se busca alcanzar el Monte Tabor del alma y por el seguimiento, la llanura y el valle donde luchan y laboran los seres humanos.

Tomás de Kempis tenía una mente libre. Incluso dentro del espíritu de la tendencia espiritual más difundida de la época, llamada Devotio Moderna, no se dejó influenciar por ninguna escuela teológica o tendencia mística. Por el contrario, muestra cierta distancia y también una sospecha velada sobre todo saber teológico y teórico y sobre revelaciones particulares.

Lo que cuenta para él es la experiencia del encuentro con Cristo, con su cruz, con su obediencia al Padre, con su humildad, con su misericordia, con el amor incondicional y con su pasión y cruz valerosamente soportadas. El tema del despojamiento de sí mismo y de todos los apegos del ego adquiere relevancia especial hasta el punto de haber despertado la atención de los más agudos analistas de la condición humana.

¿En qué reside la singularidad de la “Imitación de Cristo”? El camino de la “Imitación de Cristo” se centra en el Cristo de la fe y sus virtudes: su humildad, su amor a los pobres y pecadores, su compasión con los enfermos y discriminados, su actitud ante la condición humana que él compartió con nosotros. La Epístola a los Hebreos dice claramente que él “pasó por las mismas pruebas que nosotros” (4,15), estaba “rodeado de flaqueza” (5,2) y “aprendió la obediencia por medio del sufrimiento” (5,8).

San Pablo va más lejos al invitarnos a “tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús tuvo: no se aprovechó del hecho de ser Dios, sino que por solidaridad con nosotros asumió la condición de siervo, presentándose como un simple hombre y se humilló hasta aceptar la muerte de cruz” (cf. Flp 2, 5-8), castigo infame para la época. No se “avergonzó de llamarnos hermanos y hermanas” (Hbr 2,11) y en el juicio final se refiere a los pobres y marginados llamándolos “mis hermanos y hermanas más pequeños” (Mt 25,40).

Estas son las actitudes que propone el autor a sus oyentes para alcanzar un alto nivel de vida espiritual. Cristo habla a la subjetividad de la persona en busca de un camino espiritual y la lleva a descubrir todos los meandros de la malicia humana pero también toda la grandeza de la posibilidad de conquistar un alto nivel de vida interior.

Tomás de Kempis, mejor que cualquier psicoanalista entiende los meandros más secretos del alma humana, las solicitaciones del deseo, las angustias que produce, pero también indica caminos de cómo enfrentarlas confiados siempre en la gracia de Dios, en la misericordia de Jesús y en el completo despojamiento de sí mismo. Procura consolar al fiel imitador con el ejemplo de Cristo, le muestra la alegría inaudita de la intimidad con Él y, por fin, la grandeza de la recompensa eterna que le está preparada en la eternidad.

El libro ofrece una espiritualidad cristalina como el agua de la fuente detrás de casa. Orienta y alimenta todavía en nuestros días la búsqueda humana de un encuentro con el Misterio de todas las cosas: el Dios interior y exterior que llena todo.

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La respuesta de Sigmund Freud ante la “cura” de la homosexualidad en 1935

Martes, 22 de diciembre de 2015

sigmund_freud_homosexualidadSigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, es todo un referente en cuanto a psicología se trata. Aunque muchos lo conocen, es bueno traer una carta en la que explica muy claro y convincente que “no hay cura” para la homosexualidad. Lo interesante de leer esta carta es que hay que pensar que fue escrita en 1935, es decir, hace 80 años.

Ante una madre desesperada buscando la cura para la homosexualidad de su hijo, ésta es la respuesta de Sigmund Freud:

Estimada señora,

Deduzco de su carta que su hijo es homosexual. Estoy muy impresionado por el hecho de que usted no menciona este término a sí mismo en su información sobre él. ¿Puedo preguntar por qué evitarlo? La homosexualidad no es seguramente ninguna ventaja, pero no es nada de lo qué avergonzarse, sin vicios, sin degradación; no puede ser clasificado como una enfermedad; consideramos que es una variación de la función sexual, producida por cierta detención del desarrollo sexual. Muchas personas altamente respetables de los tiempos antiguos y modernos han sido homosexuales, varios de los más grandes hombres entre ellos. (Platón, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, etc). Es una gran injusticia para ellos perseguir la homosexualidad como un crimen – y la crueldad, también. Si no me cree, lea los libros de Havelock Ellis.

Por preguntarme si puedo ayudar, supongo que se refiere a si puedo suprimir la homosexualidad y hacer de la heterosexualidad lo normal. La respuesta es, de manera general, que no podemos prometer lograrlo. (…)

El análisis que puede hacer por su hijo se ejecuta en una línea diferente. Si él es infeliz, neurótico, desgarrado por los conflictos, inhibido en su vida social, el análisis puede traerle armonía, la paz de la mente, la eficiencia total, siga siendo homosexual o no. Si usted decide que debe tener una sesión conmigo – No espero que quiera – él tiene que venir a Viena. No tengo ninguna intención de irme de aquí. Sin embargo, no descuide a darme su respuesta.

Atentamente con los mejores deseos,

Freud

Fuente Cromosomax

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“Un enigma humano: la violencia por la violencia del Estado Islámico”, por Leonardo Boff

Viernes, 6 de noviembre de 2015

cristianos-crucificados-por-el-estado-islamicoLeído en la página web de Redes Cristianas

El Estado Islámico de Siria y de Irak es tal vez una de los acontecimientos políticos más misteriosos y siniestros de los tiempos históricos de los últimos siglos. En la historia de Brasil, como nos relata el investigador Evaristo E. de Miranda (Quando o Amazonas corria para o Pacífico, Vozes 2007) hemos tenido genocidios innombrables, «tal vez uno de los primeros y mayores genocidios de la historia de la Amazonia y de América del Sur» (p. 53): una tribu antropógafa advenediza devoró a todos los primeros habitantes del litoral, llamados sambaquieiros, que vivían en las costas atlánticas de Brasil.

Con el Estado Islámico está ocurriendo algo semejante. Es un movimiento fundamentalista, surgido de varias tendencias terroristas. El 29 de junio de 2014 proclamó un califato, intentando remontarse a los inicios de la aparición del islam con Mahoma. El Estado Islámico reivindica autoridad religiosa sobre los musulmanes del mundo entero para así crear un mundo islámico unificado que siga la charia (leyes islámicas) al pie de la letra

No es aquí el lugar de detallar la compleja formación del califato; vamos solo a restringirnos a lo que nos deja confusos, perplejos y escandalizados por usar la violencia por la violencia como marca identitaria. Entre los muchos estudios sobre este fenómeno cabe destacar el de dos italianos que vivieron de cerca esta violencia: Domenico Quirico (Il grande Califfato 2015) y Maurcio Molinari (Il Califfato del terrore, Rizzoli 2015).

Quirico narra que se trata de una organización exclusivamente masculina, compuesta por gente, en general, entre 15 y 30 años. Al adherirse al Califato borran todo el pasado y asumen una nueva identidad: la de llevar la causa islámica hasta la muerte, dada o recibida. La vida personal y la de los demás no tienen ningún valor. Trazan una línea rígida entre los puros (la tendencia radical islámica de ellos) y los impuros (todos los demás, también de otras religiones como los cristianos, especialmente los armenios). Torturan, mutilan y matan sin ningún escrúpulo. O se convierten o mueren, generalmente degollados. Los combatientes secuestran y se pasan entre sí a mujeres, usadas como esclavas sexuales. El asesinato es ensalzado como un «un acto dirigido a la purificación del mundo».

Molinari cuenta que los jóvenes, iniciados mediante un video sobre las decapitaciones, enseguida piden ser decapitadores. Parte de los jóvenes son reclutados en las periferias de las ciudades europeas. No solo pobres, sino hasta un titulado de Londres con buena situación financiera y otros del propio mundo árabe. Parece que la sed de sangre reclama más sangre y la muerte fría y banal de niños, personas mayores y de todos los que dudan en adherirse al islamismo.

Se financian con el secuestro de todos los bienes de las ciudades conquistadas de Siria y de Iraq, muy especialmente con el petróleo y el gas de los pozos arrebatados, que les proporciona, según los analistas, una ganancia de casi tres millones de dólares al día, al ser vendido generalmente a precios mucho más bajos en los mercados de Turquía.

El Estado Islámico rechaza cualquier diálogo y negociación. El camino solo tiene una vía: la violencia de matar o de morir.

Este hecho es perturbador, pues plantea la cuestión de qué es el ser humano y de qué es capaz. Parece que todas nuestras utopías y sueños de bondad se anulan. Preguntamos en vano a los teóricos de la agresividad humana, como Freud, Lorenz, Girard. Las explicaciones nos suenan insuficientes.

Para Freud, la agresividad es expresión del dramatismo de la vida humana, cuyo motor es la lucha reñida entre el principio de vida (eros) y el principio de muerte (thánatos). La tensión se descarga con fines de autorrealización o de protección. Según Freud, es imposible para los humanos controlar totalmente el principio de muerte. Por eso, siempre habrá violencia en la sociedad. Pero mediante leyes, la educación, la religión y, de manera general, mediante la cultura, se puede disminuir su virulencia y controlar sus efectos perversos (cf. Para além do princípio do prazer, Obras Completas. Rio de Janeiro: Imago, 1976, v. 5).

Para Konrad Lorenz (1903-1989), la agresividad es un instinto como los otros y se destina a proteger la vida. Pero ha ganado autonomía, porque la razón construyó el arma mediante la cual la persona o grupo potencia su fuerza y así puede imponerse a los demás. Se ha creado una lógica propia de la violencia. La solución es encontrar sustitutivos: volver a la razón dialogante, a los sustitutivos, como el deporte, la democracia, el autodominio crítico del propio entusiasmo que lleva a la ceguera y, de ahí, a la eliminación de los otros. Pero tales expedientes no valen para los miembros del Califato.

Sin embargo, Lorenz reconoce que la violencia mortífera solamente desaparecerá cuando se dé a los hombres, por otro camino, lo que era conquistado mediante la fuerza bruta (cf. Das sogenannte Böse: Zur Naturgeschichte der Aggression. Viena 1964).

René Girard con su “deseo mimético negativo”, que lleva a la violencia y a la identificación permanente de “chivos expiatorios”, puede transformarse en “deseo mimético positivo” cuando, en vez de envidiar y apoderarse del objeto del otro, decidimos compartirlo y disfrutarlo juntos. Pero para él la violencia en la historia es tan predominante que le significa un misterio insondable que no sabe como descifrar. Y nosotros tampoco.

En la historia hay tragedias, como bien vieron los griegos en sus teatros. No todo es comprensible mediante la razón. Cuando el misterio es demasiado grande, es mejor callar y mirar hacia lo Alto, de donde tal vez nos venga alguna luz.

*Leonardo Boff, columnista del JB online


Traducción de MJ Gavito Milano

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El Mito de la Heterosexualidad desde una perspectiva queer.

Jueves, 29 de enero de 2015

novelarosaInteresante artículo que hemos leido en El Rincón de Haika, el blog de Coral Herrera Gómez:

La heterosexualidad es una construcción social y cultural que se ha instalado en el imaginario colectivo como un fenómeno natural, como si la unión macho-hembra fuese una ley divina o una ley física o matemática. Tanto es así quea las niñas desde pequeñas se las pregunta si tienen novio y a los niños si tienen novia sin apenas darnos cuenta de que preguntando estamos afirmando. Y al afirmar, imponemos una idea sobre lo que esnormal, es decir, que a los niños les gusten las niñas, y no los niños.
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931-el-mito-de-la-heterosexualidad-desde-una-perspectiva-queerEl concepto de normalidad varía de cultura en cultura, por épocas y zonas geográficas; además, todo lo biológico en nosotros es cultural y viceversa. Por ejemplo en la Antigüa Grecia la homosexualidad era normal, como eran normales las relaciones homoeróticas entre sabios y jóvenes discípulos. En cambio en nuestra cultura actual la pederastia es una desviación, una aberración, una anormalidad penada con años de cárcel.

Piensen de nuevo: ¿Tienes novio ya?. Una pregunta así, aunque parezca inocente, inevitablemente dirige el erotismo y los sentimientos de las personas hacia el sexo opuesto. Una pregunta de signo contrario abriría enormemente el abanico de posibilidades afectivas y sexuales de la niña o el niño, pero a la mayor parte de los adultos no se les ocurre porque en su conciencia la heterosexualidad es la norma, está invisibilizada como construcción, integrada en los supuestos de cómo es la vida (o más bien, cómo debería ser). Esos supuestos se aprecian claramente en todos los cuentos heterosexuales que nos han contado de pequeñas; en ellos todas las relaciones eróticas son hacia el sexo opuesto.

Mi posición en torno a la heterosexualidad y la homosexualidad coincide con la concepción de Oscar Guasch (2000) que las considera mitos, en el sentido de que son narraciones creadas artificialmente, y transmitidas mediante libros sagrados. Mitos que explican el mundo desde un punto de vista particular, desde una ideología que al imponerse se convierte en hegemónica, y que modela y construye nuestro deseo y afectos, a la vez que justifica el orden social establecido. En este sentido, la homosexualidad es un cuento dentro de otro cuento, “un mito que explica otro mito. La homosexualidad es un epifenómeno de la heterosexualidad; pero no es posible entender la una sin la otra” (Guasch, 2000).

0003-Bandera+gay+en+la+luna+GTambién nos parece acertada la definición de la heterosexualidad según Elisabeth Badinter (1993), que la considera una institución política, económica, social y simbólica que se impuso como norma obligatoria a finales del siglo XIX: “Se acusa a los sexólogos de haber creado dicha institución, al haber inventado la palabra “heterosexualidad” como el contrapunto positivo de “homosexualidad” y haber impuesto aquella como la única sexualidad normal”.

Para Óscar Guasch (2000), la heterosexualidad, más que una forma de amar, es un estilo de vida que ha sido hegemónico en los últimos 150 años. La heterosexualidad nace asociada al trabajo asalariado y a la sociedad industrial: “Se trata de producir hijos que produzcan hijos. Para las fábricas, para el ejército, para las colonias durante más de un siglo, casarse y tener hijos, que a su vez se casen y los 
tengan, ha sido la opción considerada natural, normal y lógica”.

Es entonces cuando la pareja estable y reproductora se elige en modelo social a seguir; “por eso a lo largo de la historia solteros y solteras han sido una especie de minusválidos sociales. En ellos se hacían visibles las carencias, los peores temores: vivían (y sobre todo morían) solos, sin hijos”.

Guasch define la heterosexualidad como sexista, misógina, homófoba y adultista. Para él posee cuatro características fundamentales:

•         Defiende el matrimonio o la pareja estable;

•         Es coitocéntricagenitalista y reproductora;

•         Interpreta la sexualidad femenina en perspectiva masculina y la hace subalterna,

•         Persigue, condena o ignora a quienes se desvían del camino heterosexual.

AFICHE_MINORIASLos estudiosos que han analizado la homosexualidad desde un punto de vista transcultural constatan un determinado número de constantes. El sociólogo Frederick Whitam, tras haber trabajado durante varios años entre comunidades de países tan distintos como los Estados Unidos, Guatemala, Brasil y Filipinas, sugiere seis conclusiones:

•         Hay personas homosexuales en todas las sociedades.

•         El porcentaje de homosexuales parece ser el mismo en todas las sociedades y permanece estable con el paso del tiempo.

•         Las normas sociales no impiden ni facilitan la aparición de la orientación sexual.

•         En cualquier sociedad mínimamente numerosa aparecen subculturas homosexuales.

•         Los homosexuales de sociedades distintas tienden a parecerse en lo que respecta a su comportamiento y sus intereses.

•         Todas las sociedades producen un continuum similar entre homosexuales muy masculinos y homosexuales muy femeninos.

A partir de estos estudios, Badinter afirma que la homosexualidad es una forma fundamental de la sexualidad humana que se expresa en todas las culturas. La homosexualidad existe en otras especies animales (Foucault, 1976; Kirsch y Weinrich, 1991). Beach y Ford, (1951) constataron que, de hecho, se da en la mayoría de las especies de mamíferos y culturas humanas.

Helen Fisher (1992) señala que la homosexualidad es aún mayor en otras especies; es decir, cabría aventurar que lo natural sería que las relaciones homosexuales entre los humanos fueran incluso más frecuentes de lo que son, pero en muchas culturas humanas está reprimido socialmente. La presión evolutiva, según Fisher, no sólo favorece las conductas reproductoras: la homosexualidad podría tener funciones adaptativas como la de estrechar los lazos de la comunidad y/o la de reducirla densidad demográfica en condiciones de hacinamiento.

queer-as-folk-melanie-and-lindsey-queer-as-folk-9906775Tanto los hombres como las mujeres homosexuales, a lo largo de los siglos, han sido excluidos o marginadossocialmente, insultados y humillados, perseguidos, encarcelados, torturados, quemados en la hoguera, apedreados hasta la muerte o recluidos en campos de concentración. La homosexualidad ha sido tratada como enfermedad, delito, pecado, vicio, aberración, patología, desviación, y ha sido, a menudo, asociada a la obscenidad, la perversidad y la promiscuidad. Los estereotipos y los modelos negativos han recaído en ellos con una extrema crudeza, y aún hoy en día se sigue condenando y ejecutando o lapidando a gays y lesbianas en multitud de países.

En 1910, Sigmund Freud elabora su teoría de la bisexualidad originaria, en la que afirma que todos los seres “pueden tomar como objeto sexual a personas del mismo sexo o a personas del otro sexo… Reparten su libido ya sea de manera manifiesta, ya sea de forma latente sobre objetos de ambos sexos”.

A lo largo de su obra, Freud defiende el carácter natural y no patológico de la homosexualidaden contra de los sexólogos y sus propios colegas psicoanalistas, y afirma que la heterosexualidad es tan problemática como la homosexualidad. Además, según Freud, todos “en un momento dado la hemos practicado aunque después unos la hayan relegado al inconsciente y otros se defiendan manteniendo una enérgica actitud contraria a ella”). Leer más…

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El 23 de septiembre, la bisexualidad se reivindica como orientación sexual diferenciada

Martes, 23 de septiembre de 2014

dia-bisexualidad-23-septiembre1Nota del Prensa:

Las personas bisexuales reclaman el fin de la presunción de homosexualidad

Campaña fotográfica contra los mitos de la bisexualidad

El Área de Bisexualidad de la FELGTB, federación que agrupa a los principales colectivos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales del Estado español, celebra por séptimo año consecutivo el 23 de Septiembre, Día de la Visibilidad Bisexual. La fecha conmemora el fallecimiento de Sigmund Freud, el primer teórico que abordó la bisexualidad como una orientación más, un tema que sigue sin resolverse casi un siglo después de su muerte.

La bisexualidad es una orientación sexual más y se define como la capacidad de sentir atracción sexual, emocional y/o romántica hacia las personas, independientemente de su género.

Sin embargo aún hoy se invisibiliza públicamente como opción cuando, como prueban las últimas salidas del armario de personajes públicos, la presunción de heterosexualidad se ve sustituida inmediatamente por la etiqueta de la homosexualidad cuando se conoce una pareja del mismo sexo.

Estas formas de bifobia tienen graves consecuencias: el año pasado una adolescente bisexual se suicidó en Asturias por el fuerte acoso escolar que sufría. Ella, como tantas otras personas, merecen el respeto y el fin de los prejuicios en los que se ven envueltas.

Desde la FELGTB se apuesta por la necesaria creación de las herramientas, estudios sobre bifobia y referentes positivos de personas se visibilicen como bisexuales y muestren el orgullo como tales. De ahí que las entidades LGTB celebren durante los próximos días actividades de visibilización en Madrid, Valencia, Alicante, Asturias, Canarias, Toledo, y Castilla La Mancha entre otras comunidades.

Así mismo el Área Bisexual de la Federación promueve en sociales una serie de fotografías para desmontar los mitos relacionados con la bisexualidad.

La coordinadora del Área de Bisexualidad, Julita García, ha criticado que “la industria del cine utilice la orientación sexual para erotizar a sus personajes creando un imaginario colectivo que no nos beneficia. No somos personas más sexuales, somos personas bisexuales, sin más. Reclamamos la visibilidad bisexual como instrumento para desmontar prejuicios”.

Boti G. Rodrigo, presidenta de la FELGTB, ha destacado que “es tremendamente injusto que se invisibilice la bisexualidad y se encasille como homosexual o heterosexual a quien tiene una identidad concreta que es la bisexualidad”.

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“¿Cuánta barbarie existe aún entre nosotros?”, por Leonardo Boff, teólogo y escritor

Domingo, 27 de julio de 2014

picassoguernica

No sólo es en Gaza, Irak, Sudán o Centro África donde se vive una violencia descarnada como demuestran las noticias precedentes. En nuestras sociedades, teóricamente desarrolladas permanece y se alimenta un odio cainita que destroza cuanto quiere apaleando, linchando, odiando… cuando no abusando del inocente … No hemos puesto las imágenes de las noticias que acompañan porque son muy duras. Quien lo desee puede pinchar en los enlaces que amplían las noticias.

Francia, conmovida ante las imágenes del adolescente gitano apaleado en París

El linchamiento de un joven gitano provoca reacciones de condena en Francia

La imagen del adolescente gitano apaleado conmociona a Francia

Leído en la página web de Redes Cristianas

Perversidades siempre han existido en la humanidad, pero hoy, con la proliferación de los medios de comunicación, algunas se hacen más patentes y suscitan especial indignación. El caso más clamoroso fue el linchamiento de la inocente Fabiane María de Jesús en Guarujá en el litoral paulista a principios de este mes de mayo de 2014. Confundida con una secuestradora de niños para prácticas de magia negra, fue literalmente despedazada y linchada por una turba de indignados.

Tal hecho constituye un desafío a la comprensión, pues vivimos en sociedades consideradas civilizadas y dentro de ellas ocurren prácticas que nos remiten a los tiempos de barbarie, cuando aún no había contrato social ni reglas colectivas para garantizar una convivencia mínimamente humana.

Hay una tradición teórica que ha intentado dilucidar tal hecho. En 1895 Gustave Le Bon escribió, quizá fue el primero, un libro sobre la “Psicología de las masas”. Su tesis es que una multitud, dominada por el inconsciente, puede formar un “alma colectiva” y llegar a practicar actos perversos que el “alma individual” normalmente jamás practicaría. El norteamericano H. L. Melcken escribió en 1918 “La Turba”, un estudio mesurado sobre el hecho. Muestra la identificación del grupo con un líder violento o con una ideología de exclusión, que adquiere entonces un cuerpo propio y, sin control, deja que irrumpa lo bárbaro que anida todavía en el ser humano. Freud en 1921 retomó la cuestión con su “Psicología de las masas y análisis del yo”. Los impulsos de muerte subsistentes en el ser humano, dadas ciertas situaciones colectivas, dice, escapan al control del superyó (conciencia, reglas sociales) y aprovechan el espacio liberado para manifestarse con toda su virulencia. El individuo se siente amparado y animado por la multitud para dar salida a la violencia escondida dentro de él.

El análisis más incitante fue hecho por la filósofa Hannah Arendt. En 1961 siguió en Jerusalén todo el proceso del juicio del criminal nazi Adolf Eichmann por crímenes contra la humanidad. En 1963 Arendt escribió un libro que irritó a muchos: “Eichmann en Jerusalén: un relato sobre la banalización del mal”. Y acuñó la expresión “la banalización del mal”. Mostró como la identificación con la figura del “Führer” y con las órdenes dadas desde arriba pueden llevar a las peores barbaridades con la conciencia más tranquila del mundo. Pero no solo en ellos se expresa la barbarie. También lo hace en aquellos judíos a los que desbordaba su odio a Eichmann, exigiendo los peores castigos para él, como expresión también de un mal interno.

¿Qué concluimos de todo esto? Que un concepto realista del ser humano debe incluir también su inhumanidad. Somos sapientes y dementes. En otras palabras: la barbarie, el crimen, el asesinato pertenecen al ámbito de lo humano. Hace miles de años dimos un día el salto desde la animalidad, del inconsciente al consciente, del impulso destructivo a la civilización. Pero ese salto todavía no se ha completado totalmente. Cargamos dentro de nosotros, latente pero siempre actuante, con el impulso de muerte. La religión, la moral, la educación, el trabajo civilizatorio han sido los medios que hemos desarrollado para poner bajo control esos demonios que nos habitan. Pero esas instancias no tienen la fuerza que pueda someter tales impulsos a las reglas de una civilización que procura resolver los problemas humanos con acuerdos y no recurriendo a la violencia.

Hay que reconocer que todavía prevalece en nosotros mucha barbarie. No diría animalidad, pues los animales se rigen por impulsos instintivos de conservación de la vida y de la especie. En nosotros esos impulsos perduran pero tenemos condiciones para volverlos conscientes, canalizarlos para tareas dignas a través de sublimaciones no destructivas, como Freud y, recientemente, el filósofo René Girard con su “deseo mimético” positivo tanto han insistido. Pero ambos se dan cuenta del carácter misterioso y desafiante de la persistencia de ese lado sombrío (pulsión de muerte en dialéctica con la pulsión de vida) que dramatiza la condición humana y pueden llevar a hechos irracionales y criminales como el linchamiento de una persona inocente. Todos pensamos en los linchadores, ¿pero cuáles serían los sentimientos de Fabiane María de Jesús, sabiéndose inocente y siendo víctima de la saña de la multitud que hace “justicia” por su propia mano?

La cuestión principal no es el Estado ausente y débil o el sentimiento de impunidad. Todo eso cuenta, pero no aclara el hecho de la barbarie. Ella está en nosotros. Y a todas horas resurge en el mundo con expresiones innombrables de violencia, algunas reveladas por la Comisión de la Verdad que analiza las torturas y las abominaciones practicadas por tranquilos agentes del Estado de terror implantado en Brasil.

El ser humano es una ecuación aún no resuelta: cloaca de perversidad, para usar una expresión de Pascal, y al mismo tiempo la irradiación de bondad de una Hermana Dulce en Bahía, que aliviaba los padecimientos de los más miserables. Ambas realidades caben dentro de ese ser misterioso ―el ser humano― que sin dejar de ser humano puede ser también inhumano. Tenemos que completar el salto de la barbarie a la plena humanidad. La situación violenta del mundo actual, también contra la Madre Tierra, nos deja aprensivos sobre la posibilidad de que ese salto pueda tener un final feliz. Sólo un Dios podrá humanizarnos. Él lo intentó pero acabó en la cruz. Uno de los significados de la resurrección es darnos esperanza de que aún es posible. Pero para eso necesitamos creer y esperar.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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¿Era el Greco homosexual?, por Mariano Serrano Pintado.

Sábado, 3 de mayo de 2014
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¿Y por qué ha de ser “peregrina” la pregunta sobre si era o no homosexual? ¿No es más peregrino afirmar que si se especula sobre ello es especular sobre su masculinidad? ¿quiere decir el autor que homosexualidad y masculinidad son términos incompatibles? ¿no es eso homofobia? De todas formas, en una sociedad como la de El Greco, podría haber manifestado algo si es que, de verdad, Francisco Preboste y él fueran una pareja que utilizó a la tal Jerónima para que le diese un hijo?
El Greco, por su abundante obra y peculiar naturaleza, es el pintor que mayor bibliografía ha producido, y del cual se han escrito más hipótesis y teorías, tanto sobre su pintura como de su vida y personalidad. Sin duda una de las más peregrinas y excepcionalmente recurrente es la que especula sobre su masculinidad. Es decir, se pregunta si el Greco era homosexual.

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Sabemos que nació en el año 1541 en Candía, capital de Creta, la mayor isla del archipiélago griego. En Creta aprendería a pintar y, cuando se le considera maestro, a los 25 años, se trasladada a Venecia donde, probablemente, trabajó en el taller de Tiziano. Luego, tras su hipotético paso por algunas ciudades italianas, se establece en Roma con 30 años, inscribiéndose en la Academia de San Lucas como «maestro del arte de la pintura de imaginería», para poder ejercer y contratar. En 1577 llega a España atraído por la decoración del Escorial de Felipe II, para quien trabajaban artistas italianos. Cuando viene a Toledo con el encargo de trazar y pintar el retablo de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo, tiene 36 años. Está soltero, pues no se conoce documento alguno que acredite el haberse casado, y le acompaña un joven llamado Francisco Preboste, apellido italiano, nacido según Camón Aznar en 1555, por tanto de 22 años. En el pleito del Greco con el Hospital de Illescas en 1606, sobre el cuadro de la Caridad, éste, nombra a un procurador y a Francisco Preboste «de nación italiano» como su representante. Por tanto, Preboste se uniría al Greco en Venecia o Roma, como aprendiz, criado o amigo, y se mantuvo a su lado hasta su muerte que debió producirse alrededor de año 1607, pues a partir de dicha fecha deja de figurar en los documentos del pintor. Preboste, a su muerte, tendría 52 años y El Greco 66. Este inseparable compañero habría estado junto al Greco más de 30 años compartiendo su vida y trabajos como criado, ayudante, representante, colaborador íntimo, hombre de confianza y, sobre todo, amigo. A lo largo de todo este tiempo, no deja de figurar en los distintos documentos de la época. Ente otros: como testigo en 1585 para el contrato de arrendamiento de las casas del Marqués de Villena; en 1597 otorgando un poder, junto con el Greco, para el cobro en Sevilla de «todas las imágenes de pintura y lienzos que ha dicha ciudad habían enviado»; en 1599, de nuevo como testigo, en el contrato del retablo de la Capilla de San José; en 1600, con poderes para cobrar el retablo Dª María de Aragón en Madrid.

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Jesús Sánchez Luengo en su libro «Los enigmas de Dominico Theotocopoulos El Greco», nos narra como el Greco, recién llegado a España, presencia en el Escorial la ejecución de la sentencia a un joven de 24 años, hijo de un panadero, acusado de sodomización a dos niños de diez años. Seguramente no habría tal sodomización, sino juegos homosexuales del muchacho con los niños. Sabiéndolo el Rey, mandó prenderlo y juzgarlo. Confeso y reo, a pesar de pedir clemencia, fue sentenciado a morir en la hoguera. Este veredicto y su ejecución pudieron condicionar al Greco a su llegada a España y hacerle adoptar el resto de su vida cierta discreción en sus exteriorizaciones, como exigía el puritanismo de Toledo, ciudad famosa por los autos de fe celebrados por el Santo Tribunal de la Inquisición a judíos, moros y sodomitas.

Cumpliendo un año de su estancia en Toledo, tiene un hijo con Dª Gerónima de las Cuevas, mujer misteriosa de la que se han escrito infinidad de teorías sobre su muerte y condición. En un estudio que publica Julio Porres, basado en el censo por Parroquias en el Toledo de 1561, descubre entre los habitantes de la calle de Azacanes a una «Jirónima cuebas», único vecino llamado así entre los once mil y pico que censaron. Aventurando este autor la siguiente e interesante relación: «El barrio de la Antequeruela no tenía muy buena fama entonces, pues muy cerca de la calle Empedrada, próxima esta a la de Azacanes, registra el censo a «Polonia cortesana» y a «dos vecinas cortesanas», y en el mismo barrio estableció la mancebía pública, junto a la muralla, el corregidor Gutiérrez Tello, antes de 1576, quienes sus razones tendría para ello». Cuando nace su hijo, el Greco tiene 37 años y permanece soltero, no conociéndosele otra relación amorosa que la mantenida con una mujer de origen incierto (ya hemos visto como el barrio donde residía no tenía muy buena reputación). Su familia, los Cuevas, eran de origen moriscos, afirma José Gómez Menor, o judíos conversos según otros autores y, en cualquier caso, con la cual, de no haber fallecido, posiblemente nunca se hubiera casado. Diversos estudiosos del personaje, justifican su muerte tras el parto o en fechas muy cercanas a él. Muy bien pudo este hijo conciliar al Greco con la estricta e intransigente sociedad católica de aquella época.

greco1_sebastian_maxSan Sebastián

Gregorio Marañón en su obra «El Greco y Toledo», resalta el aspecto intersexual de los desnudos pintados por el Greco. Desnudos oníricos en los que es difícil diferenciar si son de mujer o de hombre, casi siempre masculinos, de no caracterizarles el gesto más que la forma. «…y que subsisten a lo largo de su obra, con sospechosa obsesión». Se detiene a considerar, este autor, el «sentido intersexual» de los diferentes desnudos y continúa: «Hay que consignar que estos desnudos intersexuales, que aparecen en los sueños de muchos hombres jóvenes o maduros, corresponden a una persistencia de vivencias prepuberales en las que el sexo está aún indeterminado». Con una llamada fuera de texto, explica Marañón: «Me apresuro a aclarar que estos desnudos intersexuales nada presuponen respecto a la normalidad sexual de El Greco; y lo digo porque Somerset Maugham, un tanto ligeramente, sugiere que el gran pintor fuera lo que en su tiempo llamaba el mujeriego Lope de Vega «un traidor a la Naturaleza», es decir, un sodomita.» Efectivamente, los ángeles del Greco, según su definición, son bellos jóvenes a los que se les puede asignar ambos sexos.

Somerset Maugham en su libro Don Fernando, dedica un extenso capítulo al Greco y su época, en el que dice: «No hace mucho tiempo leí la sugestión, hecha con espíritu mezquino, de que el Greco era homosexual. He considerado que valía la pena meditar este punto. Por lo que respecta a la obra de un artista, carece en absoluto de importancia enterarse de su vida sexual.» Para continuar más adelante: «Ahora bien, no puedo dejar de preguntarme si lo que veo de fantasía torturada y de siniestra extravagancia en la obra del Greco, no puede ser debido a una anormalidad sexual como ésta.»

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Hemingway, en una personal apreciación de que el Greco pintaba figuras con rasgos y formas andróginas, en su libro «Death in de aftenoon», con su acostumbrada insolencia le tacha, groseramente, de homosexual.

Jean Cocteau, desde su manifiesta condición de invertido, habla de las implicaciones homoeróticas de los retablos del Greco, resaltando lo que hoy entenderíamos de tipo homosexual.

Decía Freud: «Una posible dualidad de sexo enriquece a los artistas capacitándoles, en mayor medida, de sensibilidad para captar y expresar la belleza». Nadie como el Greco ha sabido utilizar las manos de sus figuras, haciéndolas protagonistas de la elocuencia, unas veces, o convirtiéndolas en motivos ornamentales, otras, como poéticas metáforas.

Y para terminar, lo que es incuestionable y todos los autores coinciden, es en el gran cariño que el Greco profesó a su hijo Jorge Manuel, de quien no se separó durante toda su vida, cuidándole y protegiéndole con la mayor ternura y cuidados, para suplir a la madre que nunca tuvo. Casado Jorge Manuel, siguió viviendo en la casa de su padre. Le dieron un nieto, Gabriel, que proporcionó al Greco una gran felicidad y consuelo en su vejez, y al final de su vida murió en los brazos de su hijo. Solamente un espíritu tan singular, único y sublime, pudo pintar esa obra maravillosa e imperecedera que Dominico Teotocópuli Greco, nos dejó.

Mariano Serrano Pintado, de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo

Fuente ABC

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LGBT y textos sagrados: la cuestión hermenéutica

Jueves, 10 de abril de 2014
lgbt-520x245Este texto se basa en un taller ofrecido en Madrid, en febrero de 2013, sobre el libro “Lo que la Biblia realmente dice sobre la homosexualidad”, de Daniel A. Helminiak, Ed. Egales, 2003. El taller estaba dividido en dos sesiones. En la primera sesión se reflexionaba acerca de las cuestiones hermenéuticas; en la segunda sesión se trabajaba sobre el texto bíblico.“Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para aprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre [y la mujer] de Dios sean perfectos, equipados para toda buena obra.” (2Tim. 3,16-17).Para abordar un tema tan sensible como  la homosexualidad y su relación con el texto sagrado (la Biblia), se hace necesario plantear ciertas cuestiones hermenéuticas que deberían constituirse en algo así como puntos de partida preliminares que  nos permitirán tratar dicha cuestión con la seriedad y la sensibilidad que se merece.Podemos comenzar con una pregunta: ¿Por qué la Biblia se ha mantenido como un libro de cabecera de generación en generación? Aventuremos un par de respuestas: 1) Por su capacidad de responder preguntas y de plantear nuevas, independientemente de los cambios sociales, políticos, culturales y religiosos a los que la Historia ha asistido hasta este momento; 2) Porque actúa como un sujeto con en el que se puede establecer un diálogo real, de acuerdo con el primer punto. Sin embargo, nos encontramos con un problema, lo que se ha dado en llamar “la doble autoría”.

La “doble autoría” tiene que ver con que, en el caso de la Biblia, nos encontramos con un autor divino y muchos autores humanos. ¿Cómo debemos abordar, entonces, nuestra lectura de la Biblia, como un libro sólo divino o como un libro sólo humano, o como ambas cosas a la vez? Si nos enfrentamos a la lectura del texto como algo divino y humano, no tenemos más remedio que decidir qué significan conceptos como “inspiración”, “inerrancia”, “palabra de Dios”, etc. ¿Estamos ante un texto cuyos autores humanos han sido anulados por una especie de daimon que secuestra su manera de entender e interpretar su mundo? ¿O más bien nos encontramos ante una obra que utiliza una determinada cosmovisión para ofrecer una forma alternativa de afrontar y confrontar cuestiones universales?

Otra cuestión a la que debemos atender se relaciona con el problema de la comprensión. ¿Qué significa comprender? De acuerdo con Hans Georg Gadamer, comprender significa “ponerse de acuerdo con la cosa”. Esto quiere decir que la comprensión no es algo que se dé de forma inmediata, sino que se necesita un ejercicio personal importante que, sin duda, implica una determinada actitud de apertura total que hará posible dicha comprensión.

Todo lo que se ha expresado hasta ahora está íntimamente relacionado con la acción lectora. En la mayoría de los casos, presuponemos que al leer estamos entendiendo exactamente lo que el autor o autores quisieron transmitir exactamente. Sin embargo, eso no es del todo cierto, porque todo ejercicio lector supone un cierto grado de interpretación, y esto sucede porque vamos a los textos con nuestras propias anticipaciones y expectativas, las cuales no podemos dejar de imponer a los mismos.

Por otro lado, es muy común pretender que en nuestra lectura de los textos, simplemente entendemos, como ya se ha expresado, de forma clara y distinta exactamente lo que dicen. Pero, esa creencia de accesibilidad a los textos como si fuéramos una tabula rasa es del todo equivocada, ya que debemos tener en cuenta el papel de los prejuicios o preconceptos en nuestra comprensión del texto. En este sentido, debemos aclarar que los prejuicios o preconceptos son absolutamente necesarios para comprender el mundo en el que nos movemos y somos, el cual incluye los textos que leemos. Por ejemplo, nuestra comprensión responde a una determinada lengua, a una cultura específica, a un simbólico que hemos ido elaborando de acuerdo con la educación que hemos recibido, etc. La cuestión es que debemos aprender a discriminar entre los prejuicios que nos ayudan a comprender y los que interfieren en dicha comprensión: “Una comprensión llevada a cabo desde una conciencia metódica intentará siempre no llevar a término directamente sus anticipaciones sino más bien hacerlas conscientes para poder controlarlas y ganar así una comprensión correcta desde las cosas mismas… <Prejuicio> no significa pues en modo alguno juicio falso, sino que está en su concepto el que pueda ser valorado positivamente o negativamente.” (Gadamer, H. G., Verdad y Método, pp. 336-337, Ed. Sígueme).

Si tenemos en cuenta todo lo que se ha expresado hasta este momento, debemos afirmar la importancia de cultivar el arte del diálogo o de la conversación. Dialogar o conversar significa, sobre todo y ante todo, entrar en la dinámica de preguntas y respuestas, lo cual supone y presupone la apertura total e incondicional a la argumentación del sujeto que nos interpela y que tenemos enfrente, en este caso la Biblia. En palabras de Gadamer: “La forma literaria del diálogo devuelve lenguaje y concepto al movimiento originario de la conversación. Con ello la palabra se protege de cualquier abuso dogmático.” y “Lo que caracteriza a la conversación frente a la forma endurecida de las proposiciones que buscan su fijación escrita es precisamente que el lenguaje realiza aquí en preguntas y respuestas, en el dar y tomar, en el argumentar en paralelo y en ponerse de acuerdo, aquella comunicación de sentido cuya elaboración como arte es la tarea de la hermenéutica frente a la tradición literaria. Por eso cuando la tarea hermenéutica se concibe como un entrar en diálogo con el texto, esto es algo más que una metáfora, es un verdadero recuerdo de lo originario.” (Gadamer, H. G., op. cit. P. 446).

No cabe duda de que en el tema que nos ocupa –como en tantos otros que se han presentado como conflictivos- nos encontramos con un problema de comprensión, o lo que es lo mismo con un problema hermenéutico. Los métodos de interpretación de los textos sagrados han ido cambiando a lo largo de la historia. Por ejemplo, la tradición judía y la iglesia cristiana hasta el siglo XIX mantenían diferentes formas de acceso a la comprensión de los textos. En el siglo XIX surge de la mano de Schleiermacher, entre otros, lo que se ha dado en llamar el sistema gramático-histórico-literal, en el cual se pretende ir más allá de “la literalidad de las palabras y su sentido objetivo” para atender también a “la individualidad del hablante o del autor.” (Gadamer, H. G., op.cit., p. 239). Sin embargo, dicho sistema presenta ciertas limitaciones en el quehacer hermenéutico y surgen los métodos histórico-críticos que, combinando diferentes disciplinas intentan llegar al “verdadero sentido” de los textos.

Tanto el sistema histórico-gramático-literal como los métodos histórico-críticos, aunque muy útiles y dignos de ser tenidos en cuenta, no han sido capaces de dar respuesta a la cuestión principal: la comprensión. Y, en este sentido una vuelta de tuerca a la hermenéutica podría proporcionarnos una posible solución. ¿Por qué no aplicar un modelo deconstructivista? En mi opinión, este modelo aporta la consideración y asunción de la diferencia como algo valioso. Su protesta contra lo tradicional y su preocupación por poner de manifiesto que las instituciones pretenden eternizarse a costa de la vida, tienen una clara aplicación: la diferencia no debe ser un principio de marginación o discriminación; las instituciones no están por encima de la vida (en palabras de Jesús, el sábado fue hecho por causa de las personas y no las personas por causa del sábado).

Por otro lado, otra de sus grandes aportaciones es la idea de que cada nuevo contexto necesita nuevas lecturas. Lecturas actualizadas que transformen las vidas actuales de los lectores. Es necesaria una cierta flexibilidad y creatividad en la interpretación que posibiliten la destrucción de viejas estructuras y la creación de otras que respondan a las necesidades actuales de individuos y colectividades.

¿Qué conexión podemos establecer entre las cuestiones hermenéuticas y las de identidad sexual en su relación con los textos bíblicos? Para empezar, la identidad sexual es algo que no se plantea en ningún momento en dichos textos, ya que que la sexualidad humana se consituye en objeto de reflexión sólo a partir del planteamiento de uno de los filósofos de la sospecha: Sigmund Freud (1856-1939). Por tanto, resulta del todo anacrónico imponer al texto una problemática ajena al mismo. Esto quiere decir que deberíamos ser capaces de entender que, en los pocos textos en los que tradicionalmente hemos entendido una condena de la homosexualidad, lo que nos encontramos más bien es con una regulación de la homogenitalidad, íntimamente relacionada con la penetración (masculina) como impureza (ver los Códigos de Santidad en Levítico).

Por otro lado, y en el tema que nos ocupa, como en otros de índole parecida (el papel de la mujer, el divorcio, las relaciones fuera del matrimonio, el aborto, etc.) hacemos de los textos bíblicos un uso deshonesto. Apelamos a ellos únicamente para dar valor a lo que sólo es una opinión personal poco contrastada, sin ningún tipo de argumentación –o con una muy débil y poco sostenible- y que tiene que ver con una supuesta literalidad mal aplicada y bastante parcial, todo sea dicho. Creo que las ciencias bíblicas, como cualquier otra disciplina, deben ser aplicadas con todo rigor, y no se trata de renunciar al libre examen de las Escrituras, sino simplemente de reconocer nuestros propios límites, ser algo más humildes y no pensar que somos teólogos o biblistas sin serlo en realidad. De  hecho, pretendemos hacer del mundo que nos rodea y de sus practicas algo sagrado de acuerdo con nuestra propia “interpretación” de eso “sagrado”, y sin embargo debemos reconocer que, a partir del cristianismo, de los textos del Nuevo Testamento y de la oferta de salvación que hace la iglesia, el mundo no es más que “este mundo” (H. G. Gadamer, op. cit., p. 200), así que ¿cómo vamos a hacernos cargo de él? ¿cómo vamos a pensarlo? ¿cómo vamos a entenderlo? ¿a través de la exclusión y la marginación de ciertos colectivos? ¿vulnerando los derechos humanos? ¿ignorando las enseñanzas y las prácticas del Maestro?

Puede que muchas personas crean que la homosexualidad es pecado, y que estén convencidas de que dicha creencia está basada estrictamente en las Escrituras, pero ello, si fuera verdad, no les legitima para privar a las personas de su derecho a vivir con dignidad y en libertad. Se cuenta que en una ocasión una mujer fue llevada ante Jesús acusada de adulterio; los que la acusaban (de forma injusta y de mala fe) estaban dispuestos a ejecutarla, e iban a hacerlo sin ninguna dilación ni misericordia, hasta que Jesús dijo: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra.”

Una pregunta final: ¿No será que nuestros prejuicios o anticipaciones negativas están privando al texto bíblico de aportar en nuestro tiempo y en nuestra cultura alternativas reales de soluciones reales en situaciones reales?

Por Joana Ortega Raya para Lupa Protestante

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