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Jesús Martínez Gordo: ¿’Por todos’ o ‘Por muchos’? La ‘contrarreforma litúrgica de Benedicto XVI.

Jueves, 10 de septiembre de 2020

nuevo-misal-romano_2023907667_12114532_660x371“Un aviso importante para los partidarios, en este y en otros asuntos, de una lectura involutiva de la reforma que, aprobada en el aula conciliar, ratificada e impulsada por Pablo VI y “recibida” por la inmensa mayoría del pueblo de Dios, fue torpedeada -desde sus primeros momentos- por el teólogo J. Ratzinger”

Juan Pablo II: “El cuerpo y la sangre de Cristo se han entregado para la salvación del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres”

El pasado 28 de agosto una comisión de la Conferencia Episcopal Italiana le entregaba a Francisco una copia del nuevo misal. El Papa les agradeció el gesto subrayando la importancia del trabajo realizado y la continuidad en la aplicación del Vaticano II. Dicho misal, que será obligatorio en Italia a partir del 4 de abril de 2021, domingo de Pascua, presenta, entre otros, un detalle que no ha pasado desapercibido, al menos entre nosotros: conserva la expresión “derramada por vosotros y por todos” en la consagración del vino.

Es mucha la tinta corrida estos últimos años sobre el asunto. Quizá, por ello, no está de más, volver a recordar qué supone recuperar semejante traducción en los tiempos eclesiales que corren: en mi opinión, un aviso importante para los partidarios, en este y en otros asuntos, de una lectura involutiva de la reforma que, aprobada en el aula conciliar, ratificada e impulsada por Pablo VI y “recibida” por la inmensa mayoría del pueblo de Dios, fue torpedeada -desde sus primeros momentos- por el teólogo J. Ratzinger, posteriormente, prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe y Papa Benedicto XVI; emérito en la actualidad.

Es bien conocido el diagnostico que mereció al cardenal J. Ratzinger la reforma litúrgica de Pablo VI: “ha producido unos daños extremadamente graves” ya que, al romper radicalmente con la tradición, ha propiciado la impresión de que es posible una recreación de la misma “ex novo” (J. Ratzinger, “Mi vida. Autobiografía”, Madrid, 2006, 105. 177).

También son conocidas las posteriores autorizaciones del Papa Benedicto XVI para celebrar la misa en latín (Exhortación postsinodal “Sacramentum caritatis”, febrero 2007) y para recuperar la liturgia romana anterior a la reforma impulsada por Pablo VI en 1970 (Carta Apostólica “Summorum Pontificum”, julio 2007).

E igualmente es conocida la sorprendente “reforma” de la reforma litúrgica en la que se implicó -y, en este sentido, (contra)reforma- revisando la fórmula de consagración del vino, vigente hasta entonces y, por extensión, su apuesta por una traducción literal de la misa del rito romano a las lenguas vernáculas.

La expresión “pro multis” fue traducida después del Concilio Vaticano II por la gran mayoría de las Conferencias episcopales del mundo “por todos”: en alemán “für Alle”, en inglés “for all”, en español “por todos los hombres”, en francés “pour la multitude”, en italiano “per tutti” y en euskera “guztientzat”.

La expresión “pro multis” fue traducida después del Concilio Vaticano II por la gran mayoría de las Conferencias episcopales del mundo “por todos”: en alemán “für Alle”, en inglés “for all”, en español “por todos los hombres”, en francés “pour la multitude”, en italiano “per tutti” y en euskera “guztientzat”

Sin embargo, el 24 abril de 2012 el sitio web de la Conferencia Episcopal Alemana publicaba una carta de Benedicto XVI, fechada el 14 abril de 2012, en la que pedía a los obispos alemanes (tras su aprobación de una nueva edición del misal, del “Gotteslob”) que se atuvieran al texto latino y que adoptasen la expresión “für Viele” (por muchos) en vez de “für Alle” (por todos): “ésta es mi sangre derramada por vosotros y por muchos”.

Fue una decisión que no sorprendió a los conocedores de la trayectoria teológica del Papa Benedicto XVI, implicado desde hacía varios decenios (y sin mucho éxito durante el pontificado de Juan Pablo II) en traducir el “pro multis” como “por muchos”.

Las referencias normativas más cercanas a este texto papal eran la Instrucción “Liturgiam authenticam” (2001) de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, así como una carta de la misma Congregación (2006) en la que se abordaba específicamente la traducción de la expresión “pro multis”.

En la Instrucción “Liturgiam authenticam” se recordaba que el rito romano “tiene un estilo y una estructura propias que hay que respetar en lo posible también en las traducciones”. Por eso, recomendaba cuidar la exactitud de los textos latinos en las diferentes lenguas vernáculas y relegar todo lo que fuera creatividad.

El debate antecedente

Desde el primer momento, esta Instrucción fue descalificada e ignorada por la inmensa mayoría de las Conferencias episcopales del mundo e, incluso, por un importante sector de la misma curia vaticana tal y como se puede constatar en la encíclica “Ecclesia de Eucharistia” (2003) y en la carta de Juan Pablo II a los sacerdotes el Jueves Santo de 2005.

Concretamente, en el número 2 de la encíclica “Ecclesia de Eucharistia” de Juan Pablo II se podía leer, cuando se recordaban las palabras de Jesús para la consagración del vino: “Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados (cf. Mc 14, 24; Lc 22, 20; 1 Co 11, 25)”. Era un texto en el que se recuperaba –como se podía apreciar – el “por todos” reconociendo las traducciones presentes en los misales postconciliares.

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Esta es la versión italiana del Misal, en la que se sigue consagrando “Por todos”

Y en el número 4 de la carta que Juan Pablo II dirigía a los sacerdotes el Jueves Santo de 2005 (la última, antes de fallecer), se leía: “‘Hoc est enim corpus meum quod pro vobis tradetur’. El cuerpo y la sangre de Cristo se han entregado para la salvación del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres. Es una salvación integral y al mismo tiempo universal, porque nadie, a menos que lo rechace libremente, es excluido del poder salvador de la sangre de Cristo: ‘qui pro vobis et pro multis effundetur’. Se trata de un sacrificio ofrecido por ‘muchos’, como dice el texto bíblico (Mc 14, 24; Mt 26, 28; cf. Is. 53, 11-12), con una expresión típicamente semítica, que indica la multitud a la que llega la salvación lograda por el único Cristo y, al mismo tiempo, la totalidad de los seres humanos a los que ha sido ofrecida: es sangre ‘derramada por vosotros y por todos’, como explicitan acertadamente algunas traducciones. En efecto, la carne de Cristo se da ‘para la vida del mundo’ (Jn 6, 51; cf. 1 Jn 2, 2)”.

El hecho de que esta carta (en la que se daba un posicionamiento neto a favor del “por todos”) no fuera sometido previamente al dictamen de la Congregación para la Doctrina de la Fe provocó una protesta del cardenal J. Ratzinger en una borrascosa reunión de los jefes de algunos dicasterios de la curia vaticana.

Estando así las cosas y una vez elegido Papa, no extrañó que la traducción del “pro multis” se convirtiera en uno de los objetivos de la (contra)reforma litúrgica en la que siempre estuvo comprometido quien fuera prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe con Juan Pablo II.

El criterio de traducción

La primera señal durante el pontificado de Benedicto XVI fue la citada carta de la Congregación para el Culto Divino del año 2006. En este texto se recordaba, en primer lugar, que la fórmula consecratoria entonces vigente (“por todos”) se atenía a la ortodoxia y era válida, además de coherente, con los “principios que han presidido la traducción de los textos litúrgicos en las lenguas modernas”. Era evidente que con este reconocimiento se quería salir al paso de cualquier duda sobre la reforma litúrgica emprendida por Pablo VI en aplicación del Concilio Vaticano II.

Sin embargo, la Congregación para el Culto Divino defendía, en un segundo momento, la necesidad de cambiar la traducción apoyándose, para ello, en “la equivalencia formal” o literal, en vez de en “la equivalencia estructural” o dinámica (es decir, más atenta al sentido) hasta entonces imperante. Era una decisión que fundamentaba en un supuesto “empobrecimiento” litúrgico provocado por la aplicación de dicha “equivalencia estructural o dinámica”. Por eso, pedía que se evitaran las traducciones “interpretativas” y que se favorecieran las literales.

Se trataba de una decisión sustentada en un diagnóstico y en una argumentación no compartidos por muchísimos sacerdotes, teólogos, obispos y -sobre todo, y sorprendentemente- por una buena parte de las Conferencias episcopales del mundo. Por eso, fue contestada y ninguneada, a pesar de que algunas Conferencias episcopales la aplicaron sin mayores problemas: España, Hungría, Estados Unidos y unas pocas de América Latina.

La carta a los obispos alemanes

Con la carta dirigida al presidente de la Conferencia episcopal alemana en abril de 2012, Benedicto XVI pretendió salir al paso de estas reticencias. Y si era cierto que lo hacía en un tono que buscaba convencer, no lo era menos que se trataba de una decisión que iba a ser exigida por la curia vaticana a partir de su publicación.

Benedicto XVI recordaba, en primer lugar, cómo fue informado por el presidente de la Conferencia episcopal alemana en su visita del 15 de marzo de 2012 sobre el hecho de que entre los obispos de lengua alemana no había todavía consenso en lo concerniente a la traducción de las palabras “pro multis”. Existían obispos (la mayoría de los austriacos y una buena parte de los alemanes) que deseaban mantener el “por todos” en la nueva edición del “Gotteslob”, a pesar de que la Conferencia episcopal alemana estaba mayoritariamente de acuerdo en el “por muchos”, tal y como deseaba la Santa Sede.

Seguidamente, traía a colación su compromiso de pronunciarse por escrito sobre esta importante cuestión para “prevenir una división en el lugar más íntimo de nuestra oración”.

“En los años sesenta -recordaba Benedicto XVI- cuando el misal romano, bajo la responsabilidad de los obispos, tenía que ser traducido al alemán, existía un consenso exegético sobre el hecho de que el término ‘los muchos’, ‘muchos’, en Isaías 53, 11 s., era una forma expresiva hebrea para indicar el conjunto, ‘todos’. La palabra ‘muchos’ en los relatos de la institución de Mateo y de Marcos era, por lo tanto, considerada un semitismo y tenía que ser traducida por ‘todos’. Ello se extendió también a la traducción del texto latino, donde ‘pro multis’, por medio de los relatos de los Evangelios, se refería a Isaías 53 y, por lo tanto, debía ser traducido como ‘por todos’”.

Sin embargo, proseguía el Papa J. Ratzinger, ese consenso exegético se había desmoronado. Ya no existía.

Era cierto que en los tiempos inmediatamente posteriores al Concilio se entendía que la Biblia y los textos litúrgicos estaban tan distanciados del mundo y del pensamiento de la gente que, incluso, traducidos, continuarían siendo incomprensibles para cuantos participaban en las funciones litúrgicas. Por eso, se consideró necesario traducir interpretando con el fin de allanar las dificultades y acercar a la celebración. Se buscaba ir a lo sustancial, dejando en segundo término la preocupación por la literalidad. Éste ha seguido siendo un criterio de traducción justificado hasta la actualidad.

Sin embargo, continuó Benedicto XVI en primera persona, cuando pronuncio las oraciones litúrgicas en varios idiomas, constato “que a veces no hay casi similitudes entre las distintas traducciones, y que el texto común sobre el que se basan es, muchas veces, sólo lejanamente reconocible”. Este problema viene acompañado de “banalizaciones que constituyen verdaderas pérdidas”. Por eso, la experiencia me indica, cada día con mayor claridad, “que, como orientación para la traducción, el principio de correspondencia no literal, sino estructural, tiene sus límites”. Obviamente, esta situación no me lleva a prescribir un “verbalismo unilateral”, sino a poner en primer plano (en conformidad con la Instrucción “Liturgiam authenticam”) “el principio de la correspondencia literal”.

Lo hago porque quiero que la Palabra sagrada emerja “lo más posible por sí misma, también con su lejanía y con las preguntas que conlleva”. Y porque es preciso volver a recordar la competencia de la Iglesia en “la tarea de la interpretación para que -en los límites de nuestra respectiva comprensión- nos llegue el mensaje que el Señor nos ha destinado”.

Éste fue el personal diagnóstico del papa J. Ratzinger en el que enmarcar la decisión de la Santa Sede para que en la nueva traducción del misal la expresión “pro multis” fuera traducida como tal, sin ser interpretada. “La traducción interpretativa ‘por todos’ debía ser sustituida por la simple traducción ‘por muchos’”.

Me hago cargo –continuó el Papa- de que existen personas para quienes esta traducción cuestiona que Cristo ha muerto por todos o que se preguntan si la Iglesia no está destruyendo la herencia del Concilio y modificando su doctrina. De ahí la importancia de una catequesis que explique lo que está en juego con esta decisión y que enfatice, de manera particular, “la universalidad de la salvación que llega” en Jesús.

En el corazón de dicha catequesis se debería tener muy presente que “en la sociedad actual tenemos la sensación de no ser en absoluto ‘muchos’, sino muy pocos, una pequeña masa que sigue disminuyendo. Y, sin embargo, somos ‘muchos’: ‘Después de esto, vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas’ (Ap. 7, 9). Somos muchos y representamos a todos. Por lo tanto, las palabras ‘muchos y ‘todos’ van juntas y hacen referencia la una a la otra en la responsabilidad y en la promesa”.

La sombra de gnosticismo, calvinismo y jansenismo

Los debates (anteriores y posteriores) a estos pronunciamientos del Papa y de la Congregación para el Culto Divino fueron recogidos por Francesco Pieri (docente de griego bíblico y Patrología en la Facultad Teológica de Emilia-Romaña) en un articulo publicado en Il Regno – Attualità 10 (2012) 297-301 (“Per una moltitudine. Sulla traduzione delle parole eucaristiche”) y ampliado en un libro (Dehoniana Libri, 2012).

En el citado libro, Francesco Pieri recordaba -en mi opinión, acertadamente- que, tras el problema lingüístico, se encontraba otro, de enorme relevancia teológica y pastoral: en la traducción propuesta por el Papa y la Curia vaticana se corría el riesgo de propiciar una comprensión tendencialmente gnóstica, calvinista o jansenista de la voluntad salvífica de Dios ya que se podría dar a entender que había personas que quedaban excluidas al no quedar debidamente resaltadas la universalidad de la salvación.

Ésta era la razón por la que muchas Conferencias episcopales nacionales se resistían a recibir la decisión adoptada por Roma o de que hicieran oídos sordos a la misma. Concretamente, la Iglesia Italiana, a pesar de contar con un episcopado muy moderado y bastante alineado con la cúpula vaticana, tampoco había aceptado la orden. Así, por ejemplo, Bruno Forte (arzobispo de Chieti-Vasto), interviniendo en la Asamblea General de la Conferencia Episcopal Italiana (noviembre de 2010), sostuvo que la alternativa “por muchos-por todos” era teológicamente fundada, pero demasiado sutil para explicar a la gente. Por eso, se manifestó partidario de “mantener la traducción actualmente en uso”, es decir, “por todos”.

Sometida a votación la propuesta vaticana, sólo 11 de los 187 obispos presentes se decantaron a favor de la fórmula “por muchos”, siendo una anécdota menor que el arzobispo de Chieti-Vasto se manifestara dos años después (“Corriere della Sera”, 26 de agosto de 2012) a favor del “por muchos” porque le parecía que si bien era cierto que el “por todos” enfatiza el destino universal de la salvación ofrecida en Cristo, el “por muchos” era más sensible a la libre elección de cada uno y, por eso, más respetuoso de la dignidad de las personas.

Las dos cuestiones de fondo

En cualquier caso, la decisión tomada por J. Ratzinger reabrió diferentes debates referidos no sólo a la entidad de la cuestión dogmática en juego, sino también al procedimiento seguido y a la cuestionable idoneidad de la decisión papal.

El método empleado. El Concilio reconoció a las “autoridades eclesiásticas territoriales” la competencia sobre la traducción y la adaptación de los textos litúrgicos, correspondiendo a la Santa Sede su consentimiento, una vez hechas las observaciones y correcciones que estimara pertinentes (SC 40).

Sin embargo, Benedicto XVI eligió el camino inverso, como, por lo demás, había hecho en otras muchas otras ocasiones y para diferentes cuestiones (y K. Wojtyla antes de él): era el que iba del centro a la periferia, minando, de esta manera, la reciprocidad entre el primado de la sede romana y la colegialidad de los sucesores de los apóstoles puestos al frente de las Iglesias, una verdad proclamada por el Vaticano II.

Como se puede apreciar, se trataba de una decisión (y de un modo de proceder) que hacían peligrar la necesaria complementariedad entre el principio “petrino” y el “paulino” y que devaluaban la herencia apostólica de la Iglesia de Roma y la estructura profunda del catolicismo.

Una decisión de dudosa idoneidad. Pero, además, la apuesta del Papa J. Ratzinger por la traducción literal ignoraba o no tenía en cuenta que la expresión “por muchos” resonaba de manera diferente en nuestros oídos y en los de los destinatarios de los evangelios de Marcos y Mateo. Así, por ejemplo, había lenguas en las que “muchos” se oponía, en unos casos, a “pocos” y, en otras, a “todos”. Incluso, existían expresiones en las que podía equivaler a “no pocos” o “no todos”.

Pero había más. F. Pieri recordó, citando al biblista Albert Vanhoye, que “la palabra hebrea ‘rabbim’ sólo significa que, de hecho, hay ‘un gran número’, sin precisar si corresponde o no a la totalidad”.

La recepción (todavía pendiente) del Vaticano II

El sorprendente posicionamiento del Papa J. Ratzinger evidenció, una vez más, que el problema doméstico número uno de la Iglesia católica seguía siendo (también en su pontificado) el de la colegialidad de todos los obispos en el gobierno eclesial presididos, por supuesto, que, en un modelo de comunión, por el sucesor de Pedro. Y, con él, la improcedencia (siendo muy suave) de imponer una recepción personal y (contra)reformista al resto de la Iglesia católica o, cuando menos, a la inmensa mayoría del pueblo de Dios.

Afortunadamente, esto es lo que se ha empezado a corregir en el pontificado de Francisco, por más que algunos (montados en el carro de sus “verdades innegociables”) le nieguen el pan y la sal. Les guste o no, es mucho todavía el camino que queda por andar en la recepción del Vaticano II. También en lo referente a una primera recepción de la liturgia que, en lengua vernácula y “por todos”, hace tiempo que da señales -sobradamente evidentes- de agotamiento e insignificatividad y, por ello, de una urgente y nueva reforma, es decir, de una (contra) reforma como superación de la liderada por Pablo VI y en las antípodas, por supuesto, de la abanderada por J. Ratzinger.

Fuente Religión Digital

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“Memoria de una conversa”, por Dolores Aleixandre

Sábado, 22 de agosto de 2020

taize_poznanDe su blog Un grano de mostaza:

Aquellos desatinos litúrgicos  del post concilio  

Pertenezco a la generación que vivió los primeros cambios del Vaticano II y que comenzaron por  la liturgia: había que sacudirse  las sandalias tanto polvo de rituales arcanos y vestimentas extrañas; había que  desterrar también costumbres anquilosadas y nos pusimos a ello con entusiasmo: queríamos acercar la Eucaristía al Pueblo de Dios para que volviera a ser Pan roto y compartido que circulaba en la comunidad de hermanos y hermanas. No siempre supimos hacerlo con tino. Recuerdo celebraciones sin altar, sin mantel,  sin ornamentos, sin velas, sin flores: todos alrededor de una mesa con un plato y un vaso de la cocina, pan y vino normales y en alguna ocasión, hasta cenicero para que el celebrante pudiera fumar sin problemas. La “conversación homilética” devoraba casi todo el tiempo, no se usaba libro alguno y el ritual se iba improvisando. Con el paso del tiempo yo iba notando un malestar difuso, como si mi sentido estético se resintiera,  pero era impensable una vuelta atrás: cualquier propuesta en ese sentido sería tachada de conservadurismo.

Pero a final de los 70 fui en Pascua a Taizé y ese fue mi “camino de Damasco” porque allí “recuperé los sentidos”. Viví con asombro la importancia que daban a  los iconos, al orden, a la luz y las flores, al color,  la música y el incienso. Me sumergí en otro ámbito al que había dejado de dar importancia y tomé conciencia de cuánto me ayudaba todo aquello que yo daba por irrecuperable a la hora de celebrar y rezar.  Mis sentidos estaban hambrientos y se dieron un banquete, estaban atrofiados  y  despertaron.

Pero lo difícil me esperaba a la vuelta. Me puse a actuar con ese fervor no siempre acertado de los conversos, empeñada en introducir cambios en nuestro modo de celebrar,  pero en mi entorno pastoral (sacerdotes, catequistas, animadores de grupos) no estaban por la labor de incorporar nada nuevo. Les parecía que  dar importancia la estética y cuidar la vista, el oído o el olfato era puro esteticismo y que eso significaba un paso atrás, un intento de sacralizar lo que se había secularizado con tanto esfuerzo y tantas rupturas. Me dijeron que me había vuelto conservadora y espiritualista y que no entendían qué necesidad había de  poner en cuestión lo incuestionable.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces, las cosas han vuelto a su cauce. ¿A su verdadero cauce? Cuánto nos queda aún para que todo nuestro ser, sentidos incluidos, “entre en el gozo del Señor”

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Aradillas: “Señores obispos, revisen cuanto antes sus signos litúrgicos, sobre todo, sus paganísimas mitras”

Sábado, 25 de enero de 2020

Bernardito-Auza-presento-credenciales-Rey_2195790418_14253507_1419x1024Algunas reflexiones ante las recientes, las fastuosas, antinaturales y antievangélicas ceremonias de la presentación de las Cartas Credenciales del Nuncio de SS. en España

Con las debidas cautelas, vaya por delante mi conformidad con el aserto de muchos cristianos, de conocer a pocos –prácticamente a nadie-, cuya fe se haya confirmado y reafirmado con ocasión de las solemnidades litúrgicas que siguen celebrándose en la actualidad, y de las que con todo lujo de detalles y explicaciones se ofrecen referencias en los programas de televisión, sobre todo en la “Trece”, propiedad de la Conferencia Episcopal Española. Apuestan por ser mayor el número de quienes pierden esa fe o no la mantienen, que el de quienes contemplan tales “funciones”.

Recientes las fastuosas, antinaturales y antievangélicas ceremonias de la presentación de las Cartas Credenciales del Nuncio de SS. en España, no están de más reflexiones como las siguientes:

Y es que, tal y como están hoy los tiempos, los curas y los obispos, la reforma de la liturgia en sus gestos, ceremonias, ritos y planteamiento en general, es demandada inexorablemente, en profanidad y con santa urgencia. Son pocos los cristianos a los que les convence la sagrada liturgia, tal y como se sigue practicando y oficiando. Posiblemente que de la misma opinión participan también curas y algunos –pocos- obispos. Por ejemplo, las misas, y más las “solemnes”, y aún “pontificales”, apenas si son “misas”. Son eso: “funciones”. Calificar de sagrados a todos los ornamentos, no deja de ser un soberano atrevimiento.

Llamar “homilía” a las prédicas equivale a confesar en público la ignorancia semántica acerca del sentido y contenido del término que se emplea. Titular de “asamblea”, -reunión y convivencia- a los “asistentes” que a lo más que llegan es a decir “Amén”, es idéntico a haber “estado de cuerpo presente”, en un acto piadoso y así “cumplir” con el “precepto” que torna “santos” a determinados días del año.

Reconozco que, pese a todo, y aún cuando en las misas “episcopales” se han cercenado algunos ritos y algunas ceremonias, por obsoletas, caras y paganamente ostentosas, las colas de las “capas magnas” de los “eminentísimos y reverendísimos cardenales purpurados”, de 16 (sí, 16),metros de largo, reducidas después a tan solo (¡tan solo¡) cinco, están cayendo poco a poco en desuso, registrándose el malestar de algunos de sus usuarios. Pero se imponen muchos más recortes, pero sobre todo, se imponen la doctrina y los argumentos en los que basaban y basan su justificación “religiosa”.

Al margen de estas liturgias más o menos sagradas, incorregibles e intangibles, centro aquí y ahora mi atención en el atuendo episcopal fuera de los templos, en las “ceremonias” de las relaciones civiles y sociales y en las de cualquier otro ramo con inclusión de las políticas y militares. Al igual que estos depusieron signos y condecoraciones, extraña que a los únicos a quienes se les distingue por sus atuendos de “calle” sea precisamente a los obispos.

En este tipo de actos, cada participante habrá de vestir como quiera y lo manden o permitan los cánones de la buena educación y sanas costumbres. Pero que no sea precisamente a los obispos a quienes los distingan sus hábitos, lo que automáticamente lleva consigo la idea de la separación, del distanciamiento, de la reverencia, de la “dignidad y dignidades”. Trajeados siempre de negro, con el crucifijo bien plateado y visible en el “retablo” de vientres orondos por los años y falta de ejercicios físicos y la felicidad que proporciona la buena conciencia ministerial, resulta difícil –imposible- aprovechar la reunión para ser y comportarse como uno más y así evangelizar o ser evangelizado. El crucifijo no debiera ser un objeto más de distinción y de lujo. No es privilegio que reclame tratos de gracia y honor para quienes sean portadores del mismo…

No sé a quienes les pueda corresponder en las curias el sagrado deber de orientar a los obispos en cuestiones de vestimentas y comportamientos estrictamente sociales. Pero conste que en tales ceremonias y eventos, el bien pastoral puede y debe difundirse de modo similar a si se estuviera en el templo. La conversación de tú a tú, con naturalidad, cercanía, sencillez y sin signos externos, extemporáneos, conduce y lleva a la comunicación, antesala de la común-unión eucarística.

¡Señores obispos de las “amadas” diócesis respectivas!: revisen cuanto antes sus signos litúrgicos, sobre todo, sus paganísimas mitras, con lo que las ceremonias que presidan o en las que participen, serán “cristianas”, es decir, religiosas!.

NOTA: Aunque a algunos les pueda litúrgicamente parecer malsonante la palabra “aparejo”, esta no significa otra cosa que “materiales o elementos necesarios para hacer algo o para desempeñar un oficio”. Creo personalmente que esta palabra es más constructora de Iglesia y de educación en la fe, que puedan ser los “ornamentos” por sagrados que sean, así como los “atuendos”; término que, por cierto, procede del latín “attonitus” (“asombrado“), con iniciales y explícitas referencias a las “pompas que ostentaba la Majestad Real”. Gracias.

Fuente Religión Digital

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Celebrar como personas libres y maduras

Jueves, 14 de marzo de 2019

Del blog Amigos de Thomas Merton:

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“Si la liturgia no es la actividad de unas personas libres y maduras que participan inteligentemente reunidas en el culto corporativo que expresa y constituye su sociedad espiritual visible, no puede tener un verdadero significado espiritual. Esto equivale a decir, por supuesto, que desde el momento en que el culto corporativo deja de ser genuinamente comunitario y se convierte, en cambio, en meramente colectivo, tan pronto como deja de ser la colaboración de personas libres ofreciendo cada cual su contribución insustituible, y se convierte en el funcionamiento mecánico de unidades anónimas cuya identidad y contribución individual no tienen especial valor, entonces pierde su derecho a llamarse «liturgia» o «culto cristiano». Ya no es el testimonio público de unas personas libres y responsables, sino que se ha convertido en una demostración realizada por hombres-masa o esclavos.

Es cierto que en el Evangelio habla el Señor de sus fieles como «ovejas», pero ello no nos da derecho a suponer que la liturgia sea meramente el balar organizado de animales irracionales reunidos en manada mediante coerción y amaestrados mediante una ingeniosa disciplina hasta que sepan realizar acciones aparentemente humanas que no son capaces de comprender”.

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Thomas Merton
Tiempos de celebración

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“Metamorfosis”, por Dolores Aleixandre

Viernes, 24 de agosto de 2018

42285785575_2d5268df05_zLI-TUR-GIA. Hasta la palabra misma empieza a resultar incomprensible para mucha gente y no digamos los objetos asociados tradicionalmente a ella. Lo demuestra esta historia reciente en un convento de la que atestiguo la veracidad: a la hermana sacristana, ya anciana, ha empezado a ayudarle una empleada joven que trabaja en la casa.

Como es de esperar, no tiene ni idea de los aparejos litúrgicos, se hace un lío con los nombres que les da la monja y no sabe qué le está pidiendo que traiga, prepare, ponga o guarde. Menos mal que es muy espabilada y ha discurrido una solución: hace una foto con el móvil a cada utensilio o vestimenta de la sacristía y escribe, junto al nombre “oficial”, su propia descripción para aclararse.

Por ejemplo: Alba: bata. Roquete: camisón con puntillas. Casulla: abrigo. Cíngulo: cordón. Estola: corbata. Purificador: pañito alargado. Cáliz: copa. Patena: plato.Corporal: mantelito cuadrado… Animada por su inspiración, añado yo otros posibles: Palia: cuadrado de tela tiesa almidonada para tapar la copa y que no caigan moscas. Credencia: mesita. Portaviático: cajita redonda. Incensario: braserito con cadenas para echar el humo. Acetre: cubo pequeño con asa. Hisopo: varita con bola y agujeros.

Le queda mucho por aprender a esta chica, y eso que ha tenido la suerte de que estén ya en desuso (y bien que les pesa a algunos…), la dalmática, la capa pluvial, el amito, el manípulo, el conopeo y el paño humeral…, a más de otras vestimentas y capisayos con sus diferentes botonaduras, ribetes, tonos y texturas.

Pero no son estos los problemas más importantes que tiene la liturgia y para arreglarlos (aparte de Galilea 153…), puede venirnos bien recordar las palabras de Cristina Kaufmann, la carmelita descalza suiza convertida del protestantismo que vivió hasta su muerte en el Carmelo de Mataró.

Le preguntó Mercedes Milá en una entrevista que dejó paralizado a medio país ante el televisor (tuvieron que repetir el programa la semana siguiente…): “- ¿Y no se aburren ustedes ahí rezando, siempre las mismas y entre las mismas paredes, un día tras otro?”, y ella contestó “- Pero ¿cómo vamos a aburrirnos? Cada día la Palabra que escuchamos es distinta y cada tiempo litúrgico lo es también; cada hermana va viviendo un proceso personal que la va transformando en una persona diferente y cada estación del año hace que la huerta no sea nunca la misma…”

Apasionante la misión de esta revista: empeñarse en esa metamorfosis, trabajar para que la liturgia sea un instrumento del Resucitado en su tarea de hacerlo todo nuevo (Ap 21,5) . .

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Merton: Su crítico más severo.

Sábado, 17 de marzo de 2018

Del blog Amigos de Thomas Merton:

Merton

Leyendo hoy el Diario de Merton, noto que esta fecha coincide con la de un párrafo que leo: un aniversario de su toma de hábito en 1942. Más de 20 años después, el 22 de febrero de 1964, Merton se examina sin ninguna complacencia. No hay autojustificaciones en esta dura y sincera introspección:

“22 de febrero de 1964. Hoy es el vigésimo segundo aniversario de mi toma de hábito. Con toda sencillez y sinceridad debo admitir que estos veintidós años no han sido muy bien aprovechados, al menos por lo que a mi aportación personal se refiere, aunque de parte de Dios todo ha sido gracia y misericordia. Más bien han sido veintidós años de relativa confusión, a menudo sembrados de dudas e infidelidades, aspiraciones angustiosas de “algo mejor”, actitud crítica hacia lo que tengo, indecible sufrimiento interior del que en gran parte yo mismo soy responsable, insuficientes esfuerzos por sobreponerme a mí mismo, incapacidad de encontrar mi camino, distrayéndome tal vez culpablemente en cosas que no son de mi incumbencia. En realidad se refleja aquí mi actitud de permanente desconcierto ante la situación, la ambigüedad en la cual me encuentro yo mismo. En lo profundo de mi corazón acepto convencido la Cruz de Cristo, pero temo expresarme con palabras sobre el tema y me pregunto si semejante falla no responderá a una falta de fe.

¡No lo sé, Señor, ten piedad de mí!

En cualquier caso, sé esto: que después del primer medio año o algo así, (¡consuelos del principiante!) viví años enteros de falso fervor, ascetismo, intransigencia e intolerancia; esta situación se prolongó más o menos hasta el momento de mi ordenación sacerdotal. Ahora estoy tratando de recuperar algo de aquel ascetismo (¡realmente nada del otro mundo!) sin la intolerancia y la falta de caridad de entonces. Sin embargo, todavía carezco de aquel espíritu tolerante y cálido que cabría esperar de un monje que lleva tanto tiempo en un monasterio. Todo ésto, lo sé, es pura charlatanería. Es preferible buscar refugio en los salmos, en el oficio cantado. La liturgia es algo profundo y real y yo he aprendido a confiar en ella, aunque sigo desconfiando de las cosas absurdas y ‘proyectos’ que siempre la rodean. “

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Thomas Merton.
Diarios. (1939-1968).
Editorial Mensajero 2014

9788427136298

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Cardenal Sarah: “Comulgar en la mano es un ataque diabólico a la Eucaristía”

Miércoles, 28 de febrero de 2018

Le-cardinal-Robert-Sarah-nouveau-prefet-Congregation-pour-culte-divin_0_730_333A uno que se le ha ido la olla…

El polémico purpurado cree que es “una falta de respeto al Santísimo”

“El ataque malvado más insidioso (…) sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo”

“¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Recibirlo de rodillas y en la lengua es mucho más adecuado para el sacramento mismo”

Francisco desautoriza a Sarah y le pide “evitar malentendidos” sobre la reforma litúrgica

(Jesús Bastante).- Es uno de los líderes de la oposición al Papa Francisco. Seguramente, el que atesora un mayor poder en la Curia, como máximo responsable de Liturgia. Ahora, el cardenal Robert Sarah da un paso más, y arremete contra aquellos católicos que, legítimamente, solicitan recibir la comunión en la mano: “Es un ataque diabólico a la Eucaristía”, proclama.

Sarah, quien ya recibió dos amonestaciones públicas por parte de Francisco tras sugerir que los curas volvieran a celebrar la Eucaristía a espaldas del pueblo y por tildar la misa del Vaticano II, al menos en muchas de sus manifestaciones, de “profana y superficial”, ha escrito un prefacio al libro de un sacerdote italiano, Federico Bortoli, titulado ‘La distribución de la comunión en la mano. Perfiles históricos, jurídicos y pastorales‘, en el que asegura que la forma de dar la Comunión en la mano es una falta de respeto al Santísimo.

“El ataque malvado más insidioso consiste en tratar de extinguir la fe en la Eucaristía sembrando errores y favoreciendo una forma inadecuada de recibirlo, apunta Sarah, quien añade que “la guerra entre el arcángel Miguel y sus ángeles, por un lado, y Lucifer, por el otro, continúa hoy en los corazones de los fieles: el objetivo de Satanás es el sacrificio de la Misa y la presencia real de Jesús en la hostia consagrada”.

Para el cardenal, es necesario que los fieles vuelvan a arrodillarse para recibir, en la boca, la Eucaristía. “¿Por qué esta actitud de falta de sumisión a los signos de Dios? Recibirlo de rodillas y en la lengua es mucho más adecuado para el sacramento mismo”.

No es única ocasión en que Sarah ha criticado la forma de comulgar. Así, el pasado año, el Prefecto de Culto Divino advirtió contra la “devastación, destrucción y guerras” que ha provocado la misa vernácula en la Iglesia a nivel doctrinal, moral y disciplinario.

El Vaticano II, admitió Sarah, ha sido responsable de algunas “buenas iniciativas” en cuanto a la participación activa de los fieles en la misa y a su progreso en la vida cristiana. Sin embargo, denunció, no podemos cerrar los ojos al desastre, la devastación y el cisma que los promotores modernos de una liturgia viviente causaron al remodelar la liturgia de la Iglesia de acuerdo con sus ideas”.

“Muchos creen y declaran alto y fuerte que el Concilio Vaticano II ocasionó una verdadera primavera en la Iglesia”, escribía Sarah. “Sin embargo, un número cada vez mayor de líderes eclesiales consideran esta “primavera” como un rechazo, un renuncio a su herencia milenaria, o incluso como un interrogatorio radical de su pasado y tradición”. Y todo esto como consecuencia de la “tendencia sacrílega” en la Iglesia posconciliar “de reducir la sagrada misa a una simple comida social”.

Fuente Religión Digital

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Bastan dos o tres…

Miércoles, 6 de septiembre de 2017

Del blog de la Communion Béthanie:

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El Cristo de gloria está presente bajo las especies de toda humanidad, más especialmente bajo las del pobre y del pequeño: todo hombre es un Cristo en gestación.

Pero la liturgia es el lugar privilegiado donde esta gestación se acoge, se mantiene, nace día tras día. El lugar también donde se realiza no sólo para quienes consienten en ello, sino también para la multitud que ignora que su grito es dolor de parto. La oración de los salmos que nos es confiada expresa esta realidad de Iglesia: bastan dos o tres para cantarlos en Su Nombre, y el Cristo Total está allí en todos sus miembros en los que estos salmos recapitulan los gritos yel rostro.

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Christian de Chergé,
prior de los monjes de Tibhirine
Prier 15 jours

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Cómo no pensar, durante estos días de vacaciones, en las personas que sufren en su alma, en su cuerpo, que sufren en soledad…

A todas y todos deseamos ofrecer la paz y el bien.

Deseamos estar cerca de ti, el reflejo humilde de esta palabra quel hermano Roger de Taizé pone en los labios de Dios:

“Cuando estés en lo más duro de la prueba, te sostengo en tu desesperación… Y estoy también en las profundidades de la esperanza “.

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¿Cristo murió por todos?

Sábado, 8 de julio de 2017

misal-romanoGabriel Mª Otalora
Bilbao (Vizcaya).

ECLESALIA, 19/06/17.- Con la que está cayendo, el nuevo misal litúrgico oficializa una nueva polémica que descentra el mensaje central del evangelio en general y de la celebración eucarística en particular. No es un brindis al sol mi expresión “con la que está cayendo”; Pablo VI ya alertó en su encíclica Evangelii Nuntiandi que “la ruptura entre el Evangelio y la cultura, es, sin duda alguna, el drama de nuestro tiempo.” Y uno de los soportes para evitarlo es utilizar un lenguaje que llegue al corazón del ser humano actual. Además del ejemplo, claro está.

En pleno acercamiento al mundo protestante en el aniversario de Lutero (Francisco, Kasper…), que refuerza la redención universal y el que Cristo murió por todos, el nuevo misal retrocede a Benedicto XVI con una peligrosa argumentación que es difícil de entender si no es desde la exclusión del amor de Dios a “algunos”. Y descentrando, de paso, los mensajes divinos de la compasión y misericordia universales. Se trata del cambio en las palabras de la consagración: donde actualmente se dice “será derramada por vosotros y por todos los hombres para el perdón de los pecados”, pasa a decirse “será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados”.

En Hechos 18, el Señor dio ánimos a Pablo en el sentido de que su labor no sería en vano porque “muchos” llegarían a conocer a Cristo en la ciudad de Corinto. Aunque él se dirigía a todos, al menos iban a ser muchos los que iban a convertirse.

Si el que Jesucristo murió por todos es algo que forma parte de las certezas básicas de nuestra fe, ¿a qué viene detenerse todo un Papa en este matiz, con lo que nos falta de ejemplo vivo en la sociedad de hoy que nos interpela desde una religión clericalista -a pesar de Francisco- capaz de espantar a tantos que buscan? Ya en el año 2006, Ratzinger entonces cardenal prefecto de la Congregación para la Liturgia dirigió una carta a los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para que introdujesen esa modificación en la consagración en los misales. Como no todas le hicieron caso, en abril de 2012, investido ya como Benedicto XVI se dirigió con severidad a algunos presidentes de los obispos, incluido el alemán, para urgir la aplicación de lo ya mandado. Y desde marzo de 2017, en pleno pontificado de Francisco, se modifica en nuestro misal.

Cristo vino por todos, porque es Amor y todos le necesitamos: hemos nacido para Él. Pero en Marcos y Lucas Jesús afirma que vino por los pecadores, no por los justos; su misión preferentemente se concentró en los enfermos, no en los sanos. Esto aleja que nadie puede quedar excluido del amor y la acción de Dios que llegó hasta las últimas consecuencias del asesinato en un madero.

Cuando preguntas por este dislate terminológico, te cuentan que el término “muchos” no se utilizaría aquí en contraste con “todos”, sino frente a “pocos”. Incluso afirman que el concepto “muchos” en algunos casos es un equivalente a “todos”. Entonces, ¿para qué marear el tema y no dejarlo en su sentido de la universalidad del amor de Dios sin fisuras frente a una interpretación sectaria, nada menos que en las palabras de la consagración? Dios invita a todos al Banquete. Lucas refuerza la universalidad de la oferta divina frente a esa idea de “muchos”: un gran señor invita a su gente cercana y como se disculpan y no van, ordena a sus criados que vayan a invitar a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos hasta que la casa se llene de invitados.

Una cosa son los llamados y otra los que responden a la llamada. Podemos elucubrar sobre si se salvan todos, casi todos o muchos o pocos (es de suponer que si el Padre pone en marcha la historia de la humanidad no es porque acabará siendo una empresa fracasada). Pero poner el acento en “muchos” en lugar de remachar el “todos” me indica muchas cosas, y ninguna es buena. Así no conseguiremos parar la sangría y solo atraer a bien pocos nuevos cristianos comprometidos de las nuevas generaciones cuya mayoría son totalmente indiferentes a nuestra institución eclesial

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“Lo más importante, ¿los ritos o las personas?”, por José Mª Castillo

Sábado, 11 de febrero de 2017

31942992934_f355c55ee8_zDe su blog Teología sin Censura:

No obstante la crisis religiosa, que estamos viviendo, son bastantes los cristianos que se ponen nerviosos si se les habla de innovaciones o cambios en la liturgia de la misa y demás sacramentos.

Esta postura es comprensible. Lo que seguramente no saben quienes defienden esta posición -y la defienden no sólo con energía sino incluso con indignació – es que, sin darse cuenta, quienes adoptan tal postura de forma intolerante, en el fondo, lo que hacen es aceptar y –sin saberlo- reafirmar una de las ideas típicas de Sigmund Freud.

Así lo explica un autor tan documentado como es Gerd Theissen, comentando un texto importante del volumen 7º de las “Gesammelte Werke” (p. 129-131) de Freud. El rito se constituye en un fin en sí, que se contrapone al caos, que es lo más opuesto al orden. Por eso los ritos sirven para defenderse del caos. O, en otras palabras, los ritos sirven para defenderse del miedo, que precipita al individuo en un caos psíquico. Estas ideas han sido desarrolladas por Víctor Turner y Rolf Gehelen.

De ahí que, para no pocas personas, cambiarles los ritos y, sobre todo, quitar el ritual o su lenguaje (por ejemplo, el latín) es quitarles un factor fundamental de su seguridad en la vida o en su relación con Dios.

Pero, es claro, las personas que se meten de lleno en este proceso y, por eso, se aferran a la exacta observancia de los ritos, aparte del miedo inconsciente que eso entraña, tiene una consecuencia religiosa y social que nos aleja del Evangelio más de lo que imaginamos. ¿Por qué Jesús tuvo tantos conflictos con los maestros de la Ley, con los fariseos y con los sacerdotes? Siempre la misma historia: porque no observaba el sábado, no ayunaba, no cumplía los rituales de pureza cultual, andaba con malas compañías (pecadores, publicanos), tenía amistades peligrosas…

Y todo esto, ¿por qué? La respuesta más clara y más directa la dio Jesús cuando explicó lo que será verdaderamente decisivo en el juicio final. No será la observancia de los “ritos” religiosos, sino la relación que cada cual tiene con la felicidad o el sufrimiento de las “personas” (Mt 25, 31-46).

Cuando el Señor de la Gloria venga a pedir cuentas a cada cual, a nadie le va a preguntar si dijo la misa en latín o en otra lengua, si cumplió con las normas litúrgicas al pie de la letra, si ayunó o dejó de ayunar, etc.

O el Evangelio es mentira o la liturgia le preocupa a Dios bastante menos que al clero y sus más fieles adeptos. Lo que al Dios de Jesús le interesa no es la fiel observancia de los ritos, sino que tengamos sensibilidad para dar de comer al que pasa hambre, para estar con el enfermo, para acoger al extranjero, para interesarse por los que están en la cárcel.

Muchas veces me pregunto por qué en el Vaticano hay una Sagrada Congregación que vigila la observancia de los ritos. Y por qué no hay otra Congregación Sagrada que se preocupe por los millones de criaturas que sufren más de lo que humanamente se puede soportar.

Comprendo que todo esto ponga nerviosos y hasta indigne a algunos cristianos. Pero quienes se ponen nerviosos, al leer esto, ¿no se preguntan por qué hay tantas personas en la Iglesia que no tolerarían ver las parroquias y los templos sucios, descuidados, desordenados, abandonados, misas que no las dice el cura, sino el sacristán; o misas que el cura dice en mangas de camisa…, pero resulta que esas mismas personas no pierden el sueño sabiendo que cada día se mueren de hambre más de 30.000 personas? ¿No será verdad que nuestra exactitud en la observancia y en el cumplimiento de los ritos sagrados nos sirve de “calmante espiritual” que tranquiliza nuestra conciencia?

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Parábolas y liturgias

Viernes, 10 de febrero de 2017

pag29_signostiempos_encabezadoMari Paz López Santos
Madrid

ECLESALIA, 30/01/16.- Hay que hilar fino y ver a quien se tiene delante a la compartir la Palabra, especialmente si te apasiona y quieres que cada oyente se impregne de la esencia del Mensaje; que pueda “llevárselo puesto”, recordarlo, rumiarlo, compartirlo con otros y hacerlo suyo, integrándolo en su propia vida.

Puede ser una palabra, una frase, una idea que anima a seguir indagando, el flash de un instante al que volver en momentos de cargar energía desde dentro.

Admiro profundamente la pedagogía y el amor que ponía Jesús cuando tenía que explicarle a la gente lo que era el Reino de Dios.

En Mc 4, 26-34 casi se pueden escuchar las pisadas del sembrador echando la semilla en los surcos que habría preparado con sudor y buen hacer; y la respiración sosegada en la noche del hombre que dejó que cayera la noche sobre su trabajo, confiando en que la tierra continuaría su trabajo hasta que le diera turno en el momento preciso; entonces agarraría la hoz y empezaría la siega.

Por si con esta historia no quedaba claro, continua con la de la pequeña semilla de mostaza que se convierte en una super-planta que sirve hasta de alojamiento a los pájaros.

Finalmente leemos en la misma cita de Marcos: “Con muchas parábolas parecidas exponía la palabra, acomodándose a su entender (el de quienes acudían a escucharle). Todo se lo exponía con parábolas”.

Hace unos cuantos domingos estuve en una misa con niños. Había niñas y niños de edades diversas, habituales en la catequesis de la parroquia en la que se celebraba la misa. Les acompañábamos: padres, madres, abuelos y abuelas; y, por supuesto, los hermanitos pequeños de los que ya van a la catequesis. Las familias es lo que tienen, que aportamos variedad en estos y otros temas.

La homilía, sin duda bienintencionada, resultó como para un colectivo de misa de siete y media, en día de diario, a la que asisten un 89% de mujeres incondicionales y el resto, hombres con el mismo adjetivo.

Se notaba en el ambiente la capacidad de desconexión que tienen los niños y lo mismo para conectar de nuevo si empezaba alguna oración cantada o tenían que colaborar en algo: ofrendas, leer las preces, etc.

Una vez bendecidos iniciamos el proceso de poner chaquetones, bufandas y gorros pues el frío era intenso, ya en la puerta, consulté mi reloj: ¡la misa había durado una hora y algo.

Antes de entrar en comentarios quiero compartir también una escueta conversación con un buen amigo sacerdote, entrado en años. Derivó la cosa en la utilización del latín en las liturgias. Él, en el seminario, había estudiado en latín. Recordó anécdotas de aquel tiempo; hizo hincapié en que la Palabra nos había sido transmitida en ese idioma.

Le recordé, con todo respeto, que antes del Latín se transmitió en griego, y si seguimos retrocediendo, Jesús, hablaba arameo, según nos han enseñado. Siempre ha habido traducciones según los tiempos.

Pero inmediatamente traje a colación que el Concilio Vaticano II acomodó al entender de todas las gentes la Palabra, abriendo la liturgia a los idiomas al uso de todos los pueblos, acercando al creyente a la Palabra dicha en su propio idioma. Es un logro de aquel Concilio y de las buenas traducciones hechas por los mejores entendidos.

Te estás preguntado qué tiene que ver una misa de niños con el uso del latín en diferentes actos litúrgicos. Es más de lo mismo.

Es necesaria una sincera transformación de la Liturgia. Para que eso suceda habrá que mantener todos los sentidos dirigidos al actuar de Jesús, que acomodaba al entender de la gente, la exposición de su palabra

La liturgia tiene que estar llena de Vida para transmitir esa Vida. Sin olvidar quienes forman el colectivo, mejor dicho, la comunidad que espera, receptiva; que quiere participar de forma creativa, que ha de prepararse, orando y meditando la Palabra para poder expresar y compartir esa Palabra.

Traigo aquí una experiencia de liturgia, idiomas, niños y adultos que he vivido varias veces en Taizé junto a mi familia o amigos. Orar con otros en los idiomas de todos; pequeñas oraciones a modo de mantra, en un ambiente de sencillez en el que todos pueden acomodarse para escuchar brevemente la Palabra y entonar la oración no importa en qué lengua.

Recuerdo también una oración de familias, con niños de todas las edades, en la que el silencio, la música de Migueli y la participación de todos, nos ensanchó el corazón. Mientras algunos de los más pequeños se durmieron acomodados en cojines dispuestos para la ocasión en aquella sencilla y bonita capilla en una casa de espiritualidad de las Religiosas del Sagrado Corazón.

Volviendo al texto de Mc 4, 36, se dirige de forma especial a un colectivo que tiene que ser especialmente instruido: “A sus discípulos se lo explicaba todo en privado”. Ellos tenían que ser preparados especialmente, serían los enviados a proclamar la Buena Noticia del Reino. Sabemos que llegada la última hora de Jesús no supieron ponerse a tono ante lo que sucedía, por mucha vida compartida que tuvieron con el Maestro. Faltaba que el Espíritu llegara en su día y la Palabra recibida ardiera por dentro y se transformara en una fuerza imparable que no podían ni querían contener.

La sencillez en la transmisión del Mensaje, previamente orado, meditado, rumiado… sin dejar de mirar a los que se congregan como iguales, con empatía, afecto, comprensión y mucho amor; más la actualización de gestos, textos, ceremonial, música, ornamentos, etc. serán el inicio de un nuevo camino en la Liturgia, en todos y cada uno de los momentos en que se reúne la comunidad eclesial: Eucaristía, Sacramentos, Oraciones, etc.

La Liturgia debe ser tierra donde crezcan parábolas de Vida siempre nueva.

Seguiremos…

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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La liturgia es del pueblo

Jueves, 3 de noviembre de 2016

8300184316_4a7b78a80b_zEsta reflexión trata sobre liturgia, y es posible que ya algunos de los que leen esto dejen de leerlo. El tema en ocasiones aburre, más por desconocimiento que por carencia de interés.

La palabra liturgia significa “obra, acción del pueblo“, lo cual nos permite a quienes vivimos el estado laical, es decir, a quienes no formamos parte de la jeraquía, respirar con desahogo.

Respiar con desahogo porque tenemos el regalo de la liturgia, porque es “nuestra”, del pueblo de Dios, porque su terminación “-urgia” nos recuerda que es acción, movimiento, vida, en definitiva.

La liturgia es el espacio y el tiempo en el que, sintiéndonos y sabiéndonos PUEBLO DE DIOS, celebramos nuestra fe, la expresamos, la compartimos y traemos a ese encuentro comunitario a tantas mujeres y hombres  que están ocupados de “pensamiento, obra y omisión” en otros múltiples quehaceres.

La verdad es que no hay nada dentro de la liturgia que no esté pensado, varonilmente pensado, eso sí. Lo que expresamos con nuestras palabras, gestos, tiempos, silencios, cantos, movimientos, símbolos,… es profundo y riquísimo. Sucede muchas veces que quienes participamos en las celebraciones somos “analfabetos litúrgicos”, desconocemos este idioma y, lamentablemente, no entendemos lo que percibimos con los cinco sentidos, nuestras cinco puertas de acceso a la interioridad.

Por un lado desconocemos el lenguaje litúrgico, y pasa como cuando viajas a un país del que ignoras su idioma, costumbres y expresiones. Te gustará o no, te parecerá más o menos exótico, interesante, emocionante incluso, pero… indudablemente, no llegarás a captar plenamente lo que ves, ni podrás ser profundamente consciente de lo que vives mientras desconozcas los códigos.

Por otro lado nos encontramos con un lenguaje litúrgico (y con esto no nos referimos solo al lenguaje hablado o escrito, sino a sus múltiples expresiones) que está algo obsoleto en determinados aspectos. Y tan atemporal y estrambótico sería que fuéramos por la vida hablando cual Quijotes y Sanchos como querer celebrar una fe hoy con expresiones y símblos de ayer. Y eso que están muy de moda las fiestas medievales, pero…

Hermanas y hermanos laicos, la liturgia también es cosa vuestra,  casi es, sobre todo, cosa vuestra. Impliquémonos, estudiemos, entendamos su contenido, solo así podermos cambiarla, actualizarla y renovarla, reconociendo su hondura y sacralidad, su ser camino hacia el Misterio.

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Fuente: Monasterio de Monjas Trinitarias de Suesa

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“Los obispos tienen mucha culpa de la relajación litúrgica de los fieles en la celebración de la Vigilia de Pascua”, por Jesús Mª Urío Ruiz de Vergara

Domingo, 24 de abril de 2016

2011-04-23_vigilia_pascual_4Leído en la página web de Redes Cristianas

Viene a cuento el explosivo titular a la vista de lo que está sucediendo en la celebración de la Pascua. En mi parroquia, de los más o menos 8.000 feligreses, han acudido a celebrar la Vigilia Pascual exactamente 18, de los que 8 ejercían alguna tarea litúrgica. Así que hemos juntado a los pocos que éramos, y hemos concelebrado todos en torno a la mesa. Después han sido unánimes en expresar su alegría por la cercanía, autenticidad de la celebración, y por la hondura que una pequeña comunidad de esas dimensiones han hecho posible. Y nos hemos preguntado, ¿por qué acude tan poca gente a la celebración centro, fuente y culmen del año litúrgico? La respuesta más sencilla y aparentemente lógica es la hora, a las 11 de la noche.

¿Seguro? En una ciudad bien iluminada, en un barrio en el que las ventanas están encendidas casi todas las noches hasta más de la una de la madrugada, y con una noche primaveral y olorosa, sin viento, ni amenaza de lluvia ni pizca de frío, el argumento de lo tardío de la hora no me convence. Mi opinión es que, simplemente, a nuestros católicos no les agrada, ni les emociona, ni les dice nada, celebrar la Vigilia Pascual

Se trata de una constatación triste, penosa, y que causa mucho desánimo entre los que nos dedicamos a dinamizar, coordinar y presidir las reuniones litúrgicas. Y las causas son varias, pero, la principal, el cansancio, tedio, aburrimiento y poca gracia y creatividad, espontaneidad, comunicación, y pasión, que, por lo general, faltan de manera flagrante en las celebraciones litúrgicas de nuestra Iglesia. Los maestros de Liturgia se contentan, generalmente, con el libro de normas y rúbricas, como si de su estricto cumplimiento se derivara, automáticamente, la dignidad y la añorada belleza de las funciones litúrgicas. Y no es así, lo que se produce con ese agarrotamiento no es otra cosa que una falsa frialdad hierática, que no tiene por qué representar la fuerza, la savia, el calor y hasta la pasión de una celebración comunitaria. Una de las razones más reconocidas de la increíble persistencia histórica del judaísmo es que el centro de su culto no se realiza en la hermosa, pero muchas veces gélida, armonía de un templo impecable, sino en calor acogedor del hogar. Ha sido fundamental para la supervivencia digna y creativa de los judíos que cada año celebren la Pascua en las entrañas de sus casas.

Hubo voces después del Concilio Vaticano II, que todavía perduran, de que se multiplicaban los abusos litúrgicos en muchas, y atrevidas, interpretaciones falsas, y falseadoras, de la reforma litúrgica conciliar. Y, ¿saben quiénes proferían esas voces? Pues los que más llevan abusando de la liturgia cristiana desde siglos: los monseñores, doctores y doctorcillos vaticanos de Liturgia, o de las diócesis más copetudas, serias y solemnes, -más lo primero que lo segundo-, satisfechos con la parafernalia de sus celebraciones, como las que nos llegan de los pontificales del Vaticano, o la Almudena, o del Pilar de Zaragoza, o de la catedral de San Patricio de Nueva York. ¿Abuso litúrgico, esas celebraciones?, se preguntará alguno. Pues sí, lo he escrito y lo reitero: comparen esos espectáculos, televisivamente muy conseguidos, con la celebración de la Cena del Señor, o las de los primeros cristianos, y me digan quién es el que abusa. Y, ¿qué tiene que ver la colección de ornamentos, mitras, tiaras, báculos, inciensos, venias, saludos, y ritos cortesanos, con la bella sobriedad de las asambleas litúrgicas de la Iglesia primitiva?

Ahora volveré al tema candente y, yo diría, sangrante, de la Vigilia Pascual. He preguntado, en la misa de 9,30 hs. del domingo siguiente a la Pascua, cuántos habían celebrado la Vigilia Pascual, y a qué horas, y de unos 35 sólo lo habían hecho tres mujeres, ¡qué casualidad!, una a las 22,00., y otras dos a la 2o,00 hs. Además me he enterado de que en Madrid se han celebrado Vigilias desde las 18,00 hs., seis de la tarde, todo ello con la ¿sana? intención de incomodar lo menos posible a los fieles con una hora intempestiva. Y así nos va. La Vigilia Pascual no se celebra todas las semanas, ni todos los meses, ni siquiera todos los trimestres, ni siquiera semestres. Se trata de una celebración anual, que podría, por su reiteración, complicar, interferir, o hasta dañar, el sano hábito de no cambiar ni un milímetro, ni un segundo, la dulce secuencia de los sueños plácidos, placenteros y tranquilizadores. No vayamos, pues, a exponer a nuestros fieles, más bien desgastados y decrépitos, a una ruina total.

Es decir, si no se puede celebrar la Vigilia de Pascua, no la celebremos, pero no convirtamos la Vigilia, ese momento único, mágico y arrebatador, en un rito más, que no vamos de dejar de celebrar, ¡faltaría más!, por los escrúpulos de unos puristas de la Liturgia. Pero, ¡de verdad!, no se trata de esto, sino de no engañar ni defraudar a los fieles en un momento litúrgico único, irrepetible, y que demanda, más que ninguna otra celebración, la total sintonía con el entorno físico de la Noche, y, -a ser posible, que lo es, normalmente-, que englobe, como supone el glorioso cántico del pregón pascual, por lo menos ¡parte de la noche de Pascua!. Yo no digo que los obispos impongan horarios litúrgicos, pero sí que marquen líneas. Y que dejen claro que no se trata de Vigilias de Pascua aquellas que de eso, de Vigilia, y de Pascua, tienen más bien poco. ¿No podrían emplear una de sus cartas pastorales, en los días previos a la Semana Santa, en animar, alentar y hasta provocar a los fieles a la celebración de la Vigilia Pascual, al mismo tiempo que en disuadir a los párrocos del empleo de horarios inadecuados, que solo consiguen maltratar, y rebajar hasta niveles ínfimos, lo que debería ser una vigilia honda, nocturna, tensa, pero festiva?

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Francisco cambia la Liturgia del Jueves Santo para que puedan participar mujeres

Domingo, 24 de enero de 2016

Lavatorio de los piesClaro guiño del Papa hacia la igualdad hombre-mujer en la Iglesia

El gesto de Jesús expresa “donarse hasta el final para salvar al mundo, su caridad sin fronteras

El papa Francisco ha ordenado cambiar la liturgia del tradicional lavatorio de los pies, que recuerda el de Jesús a los apóstoles durante la Última Cena y que se celebra el Jueves Santo, para que se pueda elegir también a mujeres para este rito. Un claro guiño que demuestra la apuesta del Pontífice por trabajar para alcanzar la plena igualdad entre hombres y mujeres en la Iglesia católica.

En una carta enviada al prefecto de la Congregación para el Culto Divino, Robert Sarah, y difundida hoy, Francisco explica que no deberán ser elegidos sólo hombres o chicos para que se laven los pies en este rito ypueda elegirse como participantes todos los miembros del Pueblo de Dios, es decir también mujeres o chicas. No obstante, es significativo que

Francisco añade en el texto con fecha del 20 de diciembre pero hecho público hoy que así se expresa “plenamente el significado del gesto realizado por Jesús en el Cenáculo, el donarse hasta el final para salvar al mundo, su caridad sin fronteras.

En este cambio al “misal romano” de este día, Francisco recomienda que sea dada a los fieles “una adecuada explicación sobre el significado de este rito”.

El Vaticano también publicó el documento de la Congregación para el Culto Divino del pasado 6 de enero con el que entran en vigor estos cambios requeridos por el pontífice para que en este rito esté representada “cada parte del pueblo de Dios” y puedan participar “hombres, mujeres, jóvenes, ancianos, sanos, enfermos, consagrados y laicos”.

El lavatorio de los pies para la misa de “in cena Domini” del Jueves Santo preveía que se lavaran a “duodecim viros selectos” (doce hombres seleccionados).

En sus celebraciones de la misa de Jueves Santo como pontífice, Jorge Bergoglio ya se había saltado esta norma como el año pasado cuando lavó los pies de doce detenidos, seis hombres y seis mujeres, que cumplían condena en la cárcel romana de Rebibbia.

En aquella ocasión, Francisco tras lavar los pies de una de las reclusas también lo hizo al bebé sentado en sus rodillas.

 

Religión Digital/Agencias

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“¿Bendecirán las iglesias a parejas LGTB casadas civilmente?”, por Juan Masiá Clavel

Viernes, 23 de octubre de 2015

GAY COUPLE EMBRACE DURING WEDDING CEREMONY IN TORONTO CHURCHLeído en su blog Vivir y pensar en la Frontera:

Esta semana estarán hablando los sinodales en Roma sobre la acogida evangélica de todas las personas en las comunidades cristianas; y, concretamente, sobre la acogida comunitaria y bendición eclesial de las parejas LGTB que han formalizado civilmente su enlace matrimonial.

Una persona participante en el Sínodo, que habla con condición de confidencialidad, hace la siguiente pregunta: “Respetando lo prescrito en el Derecho Canónico sobre el matrimonio, y reconociendo que no puedo presidir y testificar como celebrante el matrimonio de dos contrayentes LGTB (discúlpeseme el recurso a las abreviaturas), pregunto: ¿Podría celebrarse litúrgicamente -aunque no canónicamente- la acogida eclesial de esa pareja que se ha casado ya civilmente? ¿Podría hacerse según un ritual de bendición (hay decenas de ejemplos en el benediccional ritual romano, desde la bendición del agua hasta la de las semillas, pasando por la bendición de la mujer embarazada y del feto, o la bendición de los hogares, o de la primera piedra de un edificio o de los altares,etc…); podría celebrarse con esta bendición el enlace de la pareja, incluso con un ritual semejante al de la liturgia matrimonial, aunque no se trate de una “boda canónica”?

La respuesta a su pregunta, estimado pastor, es sencillamente que sí.

Pero reconozco que le estoy respondiendo desde la moral evangélica y la reflexión teológica. Si le hace usted esta pregunta a quien identifique la moral teológica con el derecho canónico, es posible que no se atreva a darle esta respuesta.

Permítame sugererirle que, en vez de gastar tiempo y energías en argumentar en contra o a favor de la “ideología de la indisolubilidad” , empleasen tiempo y estudio para plantear cómo liberar la vida sacramental del control por el derecho canónico, y cómo reconocer que lo que necesitamos no es una mano de pintura pastoral a la fachada del “castillo de la iglesia”, sino cómo “salir del castillo” una iglesia “en salida” que peregrina hacia la Vida pernoctando en tienda de campaña.

Han reptido muchos de ustedes estos días que solo pretenden adaptaciones pastorales, sin tocar doctrinas. ni magisterios inmutables. Pero el problema es reconocer humildemente la evolución de las doctrinas y la falibilidad histórica de los magisterios, sin miedo a que se desmorone la fe por salir del castillo de las doctrinas y magisterios que la oprimen.

Y no tengan miedo a que esto provoque divisiones en la comunidad. Lo que nos une es la fe y no las teologías, nos une el Evangelio y no las ideologías. La fe permanece, las doctrinas cambian y evolucionan, y hasta los dogmas se reinterpretan…

Desde esta postura, monseñor, le respondo a su pregunta: Sí, podemos bendecir en la iglesia a esas parejas, aunque hoy por hoy no se permita formalmente su boda canónica.

Además, creo que podemos justificarlo con la reflexión siguiente, basada en la definición conciliar de matrimonio.

“Comunidad íntima de vida y amor” es la definición que resume el ideal de la unión esponsal propuesta por el Concilio Vaticano II en la Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo de hoy (Gaudium et spes, 1965, n.48).

Las uniones civilmente reconocidas de personas gays, lesbianas, transexuales o bisexuales (LGTB), podrían reconocerse incluídas en el marco de esa definición conciliar; por tanto, sería justificable la bendición religiosa de estas uniones en la iglesia católica (aunque, por el momento, no se haya formalizado oficialmente su institucionalización como boda canónica). Debería ser posible acoger sacramentalmente a esas personas, e incluso celebrar pastoral y litúrgicamente una bendición de quienes ya están socialmente constituidos como familia con todos sus derechos civilmente reconocidos.

La definición conciliar del enlace como comunión de vida y amor es amplia y profunda, como para que tenga cabida en ella la relación conyugal de una pareja tanto heterosexual como no heterosexual.

Comunión de amor. No de amor como mero enamoramiento transitorio solamente. Se casaron no solo porque se querían, sino para quererse más y mejor.

Comunión de vida, porque se prometieron recorrer unidos el camino de su vida, no meramente “hasta que la muerte los separe”, sino “hasta que la vida entera recorrida al unísono los acabe de unir por completo”.

Comunión, que es un proceso que dura lo que dure la vida juntos, si la debilidad humana no separa la unión deseada por Dios para que la pareja la consume con el camino de su vida.

Por el momento, mientras la iglesia-institución no da el paso de cambiar o abolir determinaciones canónicas, las iglesias-comunidad de fe podrían y deberían dar pasos eficaces y positivos en la acogida de las personas.

Podría servir, como un ejemplo de referencia, la práctica, aprobada por Roma, de celebrar en la iglesia católica de Japón una ceremonia religiosa para el enlace de personas no bautizadas, que “se casan en la iglesia sin casarse por la iglesia”, si se permite la expresión popular para referirse a estas celebraciones religiosas sin “boda canónica”.

“El matrimonio entre personas no bautizadas y no creyentes, celebrado según el ritual católico, ha sido una de las actividades habituales de la Iglesia en Japón desde hace varias décadas, con la aprobación de la Santa Sede”. Así escribe (en la Respuesta al Secretariado del Sínodo extraordinario de los Obispos, n.2) el arzobispo Peter Takeo Okada, de la archidiócesis de Tokyo, Presidente de la Conferencia episcopal japonesa.

No es una “boda según el derecho canónico”, sino una celebración religiosa para bendecir el enlace que ya han contraido civilmente los cónyuges (mediante la inscripción en el registro civil según la ley del país). Por eso está justificada la expresión popular, que sería inapropiada si hablamos con precisión jurídico-doctrinal: se casan “en” la iglesia, pero no “por” la iglesia. Dicho sencillamente, se bendice en la iglesia el enlace de quienes han contraido matrimonio civilmente.

Esta práctica pastoral -que separa claramente el enlace civil y la celebración religiosa- proporcionaría un modelo para los dos casos siguientes que, según propuestas desde Japón al Sínodo, se deseaba que fuesen tratados por la asamblea episcopal:

1) Celebración religiosa (en este caso sacramental, aunque no sea boda canónica) de un nuevo matrimonio contraido civilmente por personas católicas divorciadas y vueltas a casar.

2) Celebración religiosa de la unión de parejas no heterosexuales, que han contraido enlace civilmente cuando, donde y según lo determinan las leyes del país respectivo.

Esta propuesta, que parecerá demasiado radical, es más bien insuficiente. La propuesta radical debería ser sacar los sacramentos por completo fuera del derecho canónico, separar canonicidad y sacramentalidad, no juridificar la vida de fe… Pero no es previsible, lamentablemente, que la Iglesia vaya a ser capaz de soltar ese lastre pesado de muchos siglos…

Cuando se anunció el resultdo del referendum irlandés, en el que prevaleció el apoyo al reconocimiento del enlace matrimonial igualitario, se suscitó preocupación y tristeza entre quienes creían identificar una derrota en la defensa de la institución matrimonial. Más bien habría que decir lo contrario: no es una derrota ni una amenaza para la institución matrimonial, sino un apoyo. Hay también quienes aceptan a regañadientes el reconocimiento civil de la unión homosexual, pero impondrían la condición de no llamarla matrimonio ni equipararla con la unión heterosexual. Hay también quienes fuerzan el argumento, jugando con las etimologías de “matrimonio”, “patrimonio” etc… No sé si les tranquilizaría, sin enredarse en pros y contras de género, hablar en ambos casos de “enlace esponsal”. En todo caso, a quienes insisten, con razón, en “hacer todo lo posible para defender, proteger y promover la institución matrimonial y la familia”, habría que tranquilizarles, porque el enlace igualitario no amenaza, sino apoya precisamente la institución matrimonial, al insistir en la formalización social del enlace, en vez de reducirlo al ámbito privado de la convivencia de hecho más o menos estable.

Se ha diagnosticado, en el contexto de la llamada cultura de la provisionalidad, que aumenta el divorcio, así como la falta de interés por formalizar civilmente las uniones, sin reducirlas a convivencia de hecho con dudosa estabilidad. Precisamente en ese contexto resulta significativo el interés, deseo y reclamación, por parte de parejas LGBT, del reconocimiento social, jurídico y cultural (que podría y debería ser también religioso) de su unión matrimonial.

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Los cristianos no tienen templos ni celebran sacrificios

Viernes, 21 de agosto de 2015

the-last-supper-sarah-jenkinsDe Reflexión y Liberación:

 El espíritu está en la asamblea, no en la cabeza aislada. En la Iglesia no hay poder sino misión….
(José Ruiz de Galarreta, SJ).

La Cena del Señor, la Fracción del Pan, no nace en el templo sino en la Sinagoga. La Sinagoga Cristiana toma la estructura de la Judía, pero la modifica y la completa.

Su local no es el Templo, ni la preside un sacerdote (ni un doctor); en ella no se celebran sacrificios sino que se lee la palabra y se hace oración. La modifica, porque la palabra del AT se ve sustituida por los hechos y dichos de Jesús, no narrados y explicados por sabios doctores sino por los Testigos; y los participantes ponen en común lo que el Espíritu da a cada uno (profetas). La completa, porque termina con la Fracción del Pan, que no tiene precedente en el AT. En esa reunión no hay sacerdotes, ni aparece alguien que por oficio la presida, ni aparece por ninguna parte que se ofrezca un sacrificio, ni se nombre la palabra altar.

Nuestra pregunta tendrá que ser, necesariamente, ¿de dónde ha salido la interpretación sacrificial de la Eucaristía, llamada “el santo sacrificio de la Misa”, con todos sus ritos, su clericalización y la mera “asistencia y participación” de los “laicos”?

Esteban, hace un virulento ataque contra el Templo: “no se pueden hacer casas en el Altísimo”. Los primeros seguidores de Jesús no tienen Templos, lugares de presencia de Dios y de adoración. Pero más tarde fueron surgiendo. ¿Es un retorno al Antiguo Testamento, una traición a Jesús? La magnificencia de los templos cristianos ¿tiene que ver con Jesús o más bien con el Templo de Jerusalén?

Aquí llegamos a la conjunción de varias líneas que ya hemos tratado: el aumento del número, la progresiva crecimiento de la clase clerical, el cambio de teología, de banquete a sacrificio, la posesión de riquezas y la concepción de los templos como esplendorosos monumentos a la gloria de Dios, son un peligro mortal para la Cena del Señor.

Recordemos: Dios no necesita nada, solo que cuidemos de sus hijos. Todo el dinero que tenga la Iglesia es para los pobres. Sólo cuando nadie en el mundo padezca ninguna necesidad podremos dedicar dinero a la gloria de Dios.

El espíritu está en la asamblea, no en la cabeza aislada. En la Iglesia no hay poder sino misión. Hemos comprobado que, invariablemente, las decisiones importantes se toman en la asamblea, que aparece siempre como órgano supremo a la hora de decidir, aun cuando estén presentes los apóstoles y el mismo Pedro.

Esto sucede desde el principio, con la elección de Matías, hasta el final, con el que llamamos “Concilio de Jerusalén”, a cuyas autoridades se someten Pedro y Pablo, con reticencias de los de Santiago.

¿Cómo se tomarán las decisiones importantes en el futuro? El modo asambleario fue declinando, dejando paso al modo monárquico. ¿Cuándo comenzó esta sustitución? ¿Se parece algo este modo asambleario original al modo actual de ejercerse la autoridad del Papa, de los obispos y de los Concilios?

La función de los Doce, y muy especialmente de Pedro: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la Palabra”, dejando la administración a otras, elegidas por la comunidad. Los Doce, y más tarde los apóstoles, tienen la misión de la Palabra, para cumplir la cual les es necesaria la oración. Eso les da autoridad, pero nunca aparece esta autoridad como un poder ni lejanamente semejante a poderes civiles, ni menos aún militares o económicos. El caso de Pedro es llamativo:

– toma iniciativas aceptadas por todos (elección de Matías (1,12);
– propone a la comunidad y a ésta le parece bien (ibid.);
– es enviado por la comunidad, junto con Juan, a la evangelización de Samaria (8,14);
– toma por su cuenta y riesgo de decisión de entrar en casa de paganos y bautizarlos (10,34);
– tiene que dar explicaciones a la comunidad de Jerusalén, cosa que hace con toda naturalidad (11, 1);
– opina, con autoridad pero sin carácter de decisión definitiva, en el “Concilio de Jerusalén” (15,7);
– recibe la reprimenda de Pablo (Gal. 2,11) “porque era digno de reprensión”.

Las formas de gobierno. Hemos comprobado que existen varias formas. La comunidad de Jerusalén parece regirse por un consejo de ancianos presididos por Santiago, “el hermano del Señor”.En otras comunidades aparecen sin más “los presbíteros”, que parecen ser también consejos de ancianos, unas veces espontáneos y otras nombrados por Pablo o algún otro apóstol. Finalmente aparecerán los epíscopos, que una veces son presidentes del consejo de ancianos y otras se presentan con autoridad más personal. De todas estas formas solamente ha subsistido en la Iglesia el episcopado, monárquico.

Tendremos que preguntarnos por qué declinaron las otras formas y también si no podrían existir hoy en la Iglesia sistemas de gobierno diferentes. Aparecen los diáconos, como encargados de temas económicos, como encargados de los aspectos físicos de la Fracción del Pan y como auxiliares de los epíscopos.

Tanto los epíscopos como presbíteros, los diáconos, y profetas son casados; más aún los textos no aparecen tolerarlo sino exigirlo. 1Tim 3,2-5: Es, pues, necesario que el epíscopo sea irresprensible, casado una sola vez, sobrio, sensato, educado, hospitalario, apto para enseñar, ni bebedor ni violento, sino moderado, enemigo de pendencias, desprendido del dinero, que gobierne bien su propia casa y mantenga sumisos a sus hijos con toda dignidad; pues si alguno no es capaz de gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la Iglesia de Dios?

Incluso se habla de los apóstoles, y expresamente de Pedro, como “acompañados por una mujer cristiana” (1 Corintios 9,5). Solamente se habla de célibes refiriéndose a Pablo y Bernabé y no para ponerlos como modelos por su celibato sino precisamente para justificar su carácter excepcional… ¿De dónde ha salido el celibato sacerdotal obligatorio? Ha ido surgiendo más tarde en la Iglesia, puesto que no la encontramos en las primeras comunidades.

No hay más sacerdotes que los del Templo de Jerusalén. Las comunidades cristianas no tienen sacerdotes. ¿Cómo nacieron y qué significan? De todo esto se deduce algo muy claro. Todos estos modos de gobierno pueden ser convenientes o inconvenientes, eficaces o inútiles, pero nunca podrán decir que provienen de Jesús, y por tanto pueden modificarse. Pero lo sí es de Jesús, y resplandece en las primeras comunidades, es que se sienten responsables de sí mismas, que no hay división ninguna entre los que mandan y los demás, que no hay clase clerical, que nadie se siente con poderes divinos. Las formas pueden cambiar, pero si no cabían con el Espíritu de Jesús son traición y llevan al fracaso.

Las mujeres. Son muy importantes: lo fueron en la vida de Jesús y más aún en la Resurrección; son parte mayoritaria de la primera comunidad de Jerusalén y probablemente también de otras. Son citadas con mucha frecuencia en Hechos como magníficas colaboradoras, y aparecen ostentando los cargos de apóstoles, diaconisas y profetas. Incluso aparecen breves citas en que da la impresión de que es la pareja, el matrimonio, el que es sujeto de la misión.

Esto fue desapareciendo e la Iglesia. No desapareció su importancia real, pero sí toda la participación en cargos de las iglesias. ¿Cuál es la causa de su exclusión a lo largo del tiempo, y cuáles son sus reales y posibles funciones en la Iglesia hoy? Sería largo de explicarlo pero es fácil hacer una afirmación: su exclusión no viene de Jesús.

Al rechazar el sacerdocio para las mujeres se suelen aducir dos argumentos: que Jesús en la última cena ordenó sacerdote a solo varones; y que en la tradición de la Iglesia no ha habido nunca mujeres-sacerdotes. La respuesta a estos argumentos es muy sencilla: en los Hechos de Apóstoles aparece claramente que en las primeras comunidades no hubo sacerdotes, muestra evidente de que Jesús no ordenó de sacerdotes a nadie; pero en todos los servicios a la Iglesia que aparecen en esas comunidades, apóstoles, profetas, diaconisas… aparecen mujeres.

Convertíos: cambiar. El vino nuevo rompe los odres viejos. Si el Antiguo Testamento era fidelidad al pie de la letra a lo antiguo, lo formulado, inmutable, lo de Jesús va a ser muy diferente, y así se muestra en Hechos.

Las primeras comunidades no tuvieron inconveniente en cambiar: abandonaron el Templo, la circuncisión, las restricciones alimentarías, la prohibición de tratar con paganos, el modo de autoridad, la función de las mujeres…

Y se atrevieron a cambiar dos cosas que pasan desapercibidas y son radicalmente importantes: Cambiaron de idioma. Abandonaron el sagrado hebreo de las escrituras y el arameo en que se expresó a Jesús. Hablaron a la gente, tradujeron a Jesús al idioma de todo el mundo. Y es que no tenían un idioma sagrado, ni fórmulas sacras o mágicas.

En el mismo sentido, cambiaron de cultura. No hace falta ser judío, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura para seguir a Jesús. Ni hace falta ser occidental, ni romano, ni en idioma ni en costumbres ni en cultura. Leer más…

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“Una misa no es una cena”, por José Mª Castillo, teólogo

Lunes, 10 de agosto de 2015

cena-del-corderoDe su blog Teología sin censura:

Jesús instituyó la eucaristía en una cena, no en una misa. Es decir, Jesús instituyó la eucaristía en una comida compartida, no en un ritual religioso. Y sabemos que Jesús añadió: “Haced esto en memoria mía” (1 Cor 11, 24. 25; Lc 22, 19 b). O sea, el recuerdo de Jesús está inseparablemente unido al hecho de realizar lo que realizó Jesús. Y cualquiera que lea los evangelios sabe que, exactamente en los evangelios y en 1 Cor 11, 23-26, la eucaristía está asociada a la comida compartida. En los seis relatos de la multiplicación de los panes, especialmente en la del evangelio de Juan (c. 6), y en la última cena de Jesús con sus apóstoles, eucaristía y comensalía son realidades vinculadas la una a la otra. Es decir, la eucaristía está vinculada al hecho de compartir con otros lo que se tiene para comer. La eucaristía no está vinculada – ni solamente ni principalmente – a un ritual sagrado que se observa exactamente según lo establecido en las normas.

Pero ocurrió que, con el paso del tiempo, la eucaristía se convirtió en un ritual sagrado y dejó de ser una cena compartida. No es posible saber con exactitud cuando sucedió esto. Parece ser que ocurrió en el s. III. El hecho es que así, una vez más y en un asunto de tanta importancia como éste, la Religión se sobrepuso al Evangelio. Un desafortunado cambio, que ha ocurrido demasiadas veces en la Iglesia. Y que es la causa de un fenómeno muy frecuente y del que tantas veces ni nos damos cuenta. Porque seguramente somos más fieles a la Religión que al Evangelio. Y eso que – como estamos viendo – la religiosidad está en crisis. Lo cual es verdad. Tenemos arrumbada la Religión. Pero tenemos más arrumbado el Evangelio. A fin de cuentas, misas, bodas, bautizos, comuniones, cofradías, curas y obispos seguimos teniendo. Pero, ¿y las enseñanzas de Jesús sobre la honradez, la justicia, la sinceridad, sobre el dinero y la riqueza, sobre la sensibilidad ante el sufrimiento humano, sobre la libertad ante los poderes que oprimen y dominan a la gente más débil y desamparada?

Si digo aquí estas cosas, no es porque yo pretenda ingenuamente que sustituyamos las misas por cenas. Ni eso es posible. Ni eso arreglaría las cosas. El problema más serio, que tenemos ahora mismo, es que vemos que la economía mejora, pero no tenemos políticos que sepan gestionar las cosas de manera que esa mejoría sirva para todos, sobre todo para quienes más lo necesitan. Y las cosas se han encanallado hasta el extremo de preferir – o consentir – que nuestros mares sean un inmenso cementerio de desesperados, con tal que esos desesperados no vengan a molestarnos. Aquí no hablo sólo de España o de Europa. Hablo del mundo entero.

Por supuesto, que hay gente buena. Mucha más de la que imaginamos. Ante el fracaso de la economía, de la política, de las más avanzadas tecnologías, incluso también ante la incapacidad de las religiones para remediar tanto dolor, crece y crece el número de personas que a esto no le ven otra solución que la búsqueda de nuestra más profunda humanidad. Lo que nos va a salvar es la honradez, la honestidad, la trasparencia, la justicia, la bondad. La espiritualidad profunda, que respeta por supuesto la misa, pero que encuentra vida y futuro en la cena. Como dijo san Juan de la Cruz: “la cena que recrea y enamora”.

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“Un problema: nuestras liturgias”, por José Agustín Cabré

Domingo, 2 de agosto de 2015

topiceucaristia-720_270x250De su blog El catalejo del Pepe:

Una buena parte de los católicos que acuden a los templos el día domingo son adultos mayores. Pueden recordar, por lo tanto, la sorpresa y el alivio que les significó en su experiencia religiosa, hace 50 años, los cambios que el Concilio Vaticano realizó en la liturgia de los sacramentos y de la misa: se les invitó a pasar de “asistentes” a “participantes en los ritos y el culto. Se pasó de “oír misa” a “celebrar la misa”.

Con el paso del tiempo se ha podido comprobar que esas reformas no fueron tan completas como se esperaba: los católicos siguen asistiendo a misas como a un espectáculo en donde ellos son el público y los actores son otros: el cura, los acólitos, los ministros, los lectores, el coro…todo distribuido en un espacio acomodado como un teatro: un público que mira a cierta distancia la actuación de unos disfrazados que están en el escenario.

De la Eucaristía, la gran acción de gracias a Dios por el don de la vida, mediante la experiencia humana de Jesús de Nazaret, con su vida, pasión, muerte y resurrección…en realidad queda bien poco.

Un lenguaje desconocido.

Hubo algunos cambios, es cierto: se pasó del latín- que nadie entendía- al idioma de cada país. Pero no se cambió el nefasto sistema de la lectura continuada de la biblia. En el afán de que el pueblo escuche alguna vez toda la biblia, se han mantenido en la misa las lecturas (antiguo y nuevo testamento más evangelios) leyendo de corrido desde el Génesis al Apocalipsis en un período de tres años; la idea, si alguna vez fue buena, ha fracasado en la práctica. Con este sistema el pueblo católico tiene que escuchar lo que toque leer ese día, sea cual sea la experiencia vital que esté viviendo. Aún son pocos los pastores que abandonan ese sistema y se atreven a buscar las lecturas más apropiadas para cada ocasión; esto exige tiempo de preparación, buen criterio de discernimiento y capacidad de diálogo con los equipos laicales. También puede exigir entereza para ir a dar explicaciones al obispo que necesariamente defenderá el otro esquema impuesto desde Roma.

Pero no es el único cambio para que la misa sea realmente Eucaristía. Si como dice la catequesis, con más poesía que seguridad, se trata de una comunidad a modo de familia que celebra su fe, alimenta su esperanza y vive la caridad, la misa debiera contar con un ambiente atractivo y con signos entendibles y didácticos.

En uno de sus textos incisivos pero veraces, el periodista Raúl Gutiérrez, que se considera un cristiano de base y de mentalidad amplia y pluralista, escribió:

Las improvisaciones.

La sensación que a uno le queda con frecuencia al salir de alguna misa dominical es la improvisación, como si el sacerdote y los encargados de la ceremonia no estuvieran demasiado convencidos de la importancia y la solemnidad del acto.

En pocos templos los fieles son acogidos en la puerta por el sacerdote o laicos que los saluden y entreguen una hoja con los textos bíblicos que se leerán en la celebración. Como la mayoría llega atrasada, es frecuente que la misa se inicie en presencia de una exigua concurrencia, que terminará de engrosarse recién durante la homilía.

La improvisación del equipo encargado de la misa se advierte en los cuchicheos entre el guía y los lectores, e incluso entre el celebrante y sus acólitos, actitudes que sumadas a desplazamientos nerviosos y aparatosos de estos personeros en torno al altar y hacia la sacristía distraen a la comunidad.

Dejando de lado toda consideración o exigencia de carácter estético, cabe señalar que la mayoría de los coros maneja un estilístico repertorio de canciones litúrgicas, lo que explica que con frecuencia entone algunas que guardan escasa o ninguna relación con la fiesta que se trata o la enseñanza básica del Evangelio de ese domingo. Dejar los coros, por llamarlos de alguna manera piadosa, a la buena de Dios, demuestra una escasa comprensión del significado de la música como medio universal de comunicación, sobre todo en el caso de los jóvenes”.

Una liturgia que no convence.

Resultan interesantes las anotaciones del periodista. Pero, lamentablemente, deberá pasar todavía mucho agua bajo los puentes antes que la liturgia católica se haga comprensible, celebrativa, compartida, santificadora de la vida. Se está hablando de la gran tarea de evangelizar al siglo XXI, de comprometerse con la misión permanente, de hablar un lenguaje de palabras y signos entendibles al mundo de hoy. Pero no se nota ningún cambio hacia delante; mas bien se advierten muchos retornos al pasado: algunos llegan a la paranoia de querer volver al latín, de colocar aún más colgajos en las vestiduras de los clérigos, de incorporar de modo permanente el incienso en las liturgias…

El mundo del siglo XXI los mira, se ríe y sigue su camino buscando, casi a la desesperada, quién lo acompañe en su caminar por la vida. Los grandes valores del Reino de Dios, los que nos humanizan, siguen sin ser descubiertos porque se les quiere poner demasiados trapos encima.

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¡He aquí, yo estoy a la puerta!

Domingo, 30 de noviembre de 2014

Del blog Pays de Zabulon:

¡He aquí, yo estoy a la puerta!

  (Ap 3,20)

*

Él viene, él viene, viene!

¿ Quién está para acogerlo?

*

Para prepararte a la llegada del Salvador, puedes recibir cada día del 29 de noviembre al 25 de diciembre una pequeña meditación inscribiéndote aquí:
www.aventdanslaville.org

***

"Migajas" de espiritualidad, Espiritualidad , ,

La Eucaristía: Presencia real de Cristo en nuestras vidas.

Domingo, 14 de septiembre de 2014

jpegLeído en la web Evangelizadora de los Apóstoles

La Eucaristía un acto subversivo: Juan 6, 51-58

Celebrando: Una Eucaristía, un Bautismo y un Matrimonio en la dimensión de la Eclesiología

¡Cada Eucaristía una Pascua!

 Olga Lucia Álvarez Benjumea  ARCWP*

 ¿Cómo puede suceder esto? ¿Será posible, celebrar la Eucaristía, sin pan y sin vino?  ¿Cuál es el efecto del rito y los símbolos en una celebración? ¿Acaso no perderá la liturgia su sentido?  ¿Quién o quienes pueden dar sentido a la Liturgia Eucarística?

Un rito, con símbolos, estáticos, sin motivación, sin explicar, es una liturgia sin vida, y  lleva a que los fieles se duerman.

La Eucaristía, tiene el encanto de lo divino, del saber compartir, con todos los hermanos/as. Es través del rito y los símbolos, hacer presente lo invisible de la Esencia Divina, entre nosotros/as. Esto es posible, si hay una participación activa La Eucaristía además de ser agradecimiento, es un compromiso, en el que todas/os estamos invitados a realizar de manera concreta. La entrega y el compromiso no es solo de quien preside, nos atañe a todas/os.

Todo parte del conocer y vivenciar  nuestro Bautismo. Allí se inicia, el proceso de nuestro crecimiento en la fe y compromiso con la Iglesia Pueblo de Dios.

Es el momento del Ofertorio. ¿Qué vamos a ofrecer? Quien preside, presenta el cáliz y la patena, sin pan y sin vino. “Todos somos responsables de las injusticias, pobreza y violencia que se vive en el mundo. Si hemos venido a celebrar la Eucaristía, qué vamos a ofrecer, a la Esencia Divina, que le vamos a presentar?” El cáliz y la patena, se fue pasando de mano en mano, en silencio…hubo lágrimas.Cada uno de los participantes, fue sintiendo el desafío de su compromiso: “Ofrezco mis debilidades”, “mis temores”, “mis cobardías”, “mi silencio cómplice”, “mi falta de compromiso”, para que la Esencia Divina de la Vida; “me sane”, “me liberé”, “me de coraje”. “La ausencia de pan y vino, nos habla de pobreza, hambre, injusticias, corrupción, egoísmo,  marginación, falta de amor, paz y generosidad.”  Alguien dijo: “es hora a celebrar verdaderamente la Eucaristía y hacerla realidad, es hora de renovar nuestro compromiso bautismal y entregarnos en cuerpo y alma”. Somos cada uno de nosotros/as quienes nos debemos presentar al Cielo, sin intermediarios, que nos estropeen la relación con el Divino.No podemos  desconocer  la Iglesia Pueblo de Dios como comunidad cristiana adulta, como lo expresa  Vaticano II:

“En la Iglesia hay una admirable variedad, pero es uno solo el Pueblo de Dios, sin desigualdades de los fieles en Cristo y en la Iglesia…” L.G 32.

La parábola del Buen Samaritano así nos lo reafirma: no se necesitan sacerdotes, ni intermediarios, espacios sagrados ni instituciones; hombres y mujeres que encontremos en nuestro camino, ellas/os son el templo de Dios. (Lucas 10:30-37).  La Esencia Divina, esta presente en nosotros/as.”Hemos sido creados a su imagen y semejanza”.

A medida que se van escuchando estas intervenciones, sientes la presencia Divina y los pelos se nos ponen de punta. Es hora de hacer los cambios, y no esperar que los van a hacer por nosotros/as. Presentimos que al terminar la celebración, no vamos a salir iguales, en el fondo de nuestros interior, la Esencia Divina no ha estado sacudiendo.

La  Comunidad es invitada a participar en la Consagración extendiendo sus manos sobre el Pan y el Vino, diciendo las palabras de la consagración con la persona que preside la liturgia eucarística.

Cuando todas/os estamos participando, se activa la presencia de Dios, en cada uno de nosotras/os. Su Presencia fluye de manera extraordinaria en cada uno/a inundándonos de energía, coraje, amor y ternura, haciéndonos sentir que todos somos importantes, y todos/as nos necesitamos los unos/as de los otros/as, por eso delante de Dios y de la Comunidad, nos damos el abrazo de Reconciliación y de Paz. Somos hermanos/as, somos una sola familia! Sentimos que se eleva, la autoestima de los presentes. Sienten que ellos/as también tienen algo que decir, algo que compartir, algo que aportar, no son desconocidos/as, son familia reunida convocados/as por la Palabra de Dios, (Mateo 18:20):  “Allí donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, Yo estoy en medio de ellos”.

Cautivando la atención de los presentes, haciéndoles una motivación a participar activamente, rompiendo la timidez y mutismo, en que nos han sumergido, el clericalismo, nos atrevemos a celebrar la Eucaristía, ofreciendo el pan y el vino, símbolos de vida, de alegría, de abundancia, de salud, de energía. Cristo esta presente y nos invita: “hagan esto en memoria mía”: 1 Corintios 11:24.

Mujeres y hombres, con sentido religioso,en todos los tiempo, han buscado su relación con el Dios Creador, en todos los pueblos (indígenas y afros) los  hemos encontrado en sus ritos y símbolos, evocando su Presencia.

Es fascinante descubrir, el poder influyente del rito, sus símbolos y sus beneficios en la Comunidad. El símbolo es capaz de hacernos transcender, al Infinito. Es la unión entre el Cielo y la Tierra, es el acceso a la Esencia Divina. No pueden ser acartonados, o estáticos, exigen flexibilidad y movimiento. Son la presencia de Dios, hecha luz, a través de nuestra fe.

“Que la Iglesia sea el lugar de la misericordia y de la esperanza de Dios, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado, animado a vivir la vida buena del evangelio. Y para que el otro se sienta acogido, amado, perdonado, alentado, la Iglesia debe estar con las puertas abiertas, para que todos puedan entrar. Y nosotros tenemos que salir de aquellas puertas y anunciar el evangelio.”  

Papa Francisco

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