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“Dios también es nuestra Madre”: La lucha de una teóloga por feminizar el lenguaje de la liturgia

Martes, 7 de marzo de 2023
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annetteAnnette Jantzen cree que “no basta con convertir al ‘Señor’ en ‘Señora'”

Annette Jantzen quiere feminizar el lenguaje de la liturgia. Considera que es demasiado patriarcal, por lo que esta teóloga alemana, casada y madre de tres hijos, que trabaja en el Obispado de Aquisgrán y acompaña a mujeres en situación de vulnerabilidad, ofrece textos y oraciones para que las mujeres entren en esa otra dimensión que ha sido opacada desde hace siglos

“En la misa noto una y otra vez cuán unilateralmente masculino y patriarcal es el lenguaje en la liturgia. Se habla de Dios como Señor, como Gobernante y Todopoderoso. A muchas mujeres les resulta difícil orar con imágenes de ese lenguaje y mi tarea es permitir que las mujeres celebren los servicios de tal manera que puedan encontrar su camino hacia la oración”, señala

Annette Jantzen quiere feminizar el lenguaje de la liturgia. Considera que es demasiado patriarcal, por lo que esta teóloga alemana, casada y madre de tres hijos, que trabaja en el Obispado de Aquisgrán y acompaña a mujeres en situación de vulnerabilidad, ofrece en su blog textos y oraciones para que las mujeres entren en esa otra dimensión que ha sido opacada desde hace siglos, como cuenta en entrevista con Katho.de.

“En la misa noto una y otra vez cuán unilateralmente masculino y patriarcal es el lenguaje en la liturgia. Se habla de Dios como Señor, como Gobernante y Todopoderoso. A muchas mujeres les resulta difícil orar con imágenes de ese lenguaje y mi tarea es permitir que las mujeres celebren los servicios de tal manera que puedan encontrar su camino hacia la oración”, señala.

Un lenguaje para gobernar

Considera Jantzen que “el lenguaje litúrgico o teológico se usa con demasiada frecuencia para gobernar a otros. Porque cuando hablo de Dios como soberano, rey y todopoderoso, esto transmite claramente una imagen de Dios que sabe todo y ya no cuestiona nada”. Y detrás de esas palabras e imágenes, añade, hay ideas patriarcales de poder y omnipotencia”.

Dichos textos, según la experta, “enfatizan no solo las concepciones autoritarias, sino también violentas de Dios”, por lo que se pregunta cómo imaginar desde ahí, “la obra y la intervención de Dios”. “¿No es también como un padre amoroso y protector o como una madre cariñosa?”, se pregunta.

“Se pierde la mayor parte de Dios”

“Todas las imágenes de Dios son siempre más diferentes a Dios que similares. Así que siempre muestran solo una pequeña parte de Dios. Se pierden la mayor parte de Dios”, añade Jantzen, quien afirma acto seguido que “cuanto más me limito a unas pocas, siempre las mismas imágenes de Dios, más extraño a Dios”.

Por lo tanto, se ha propuesto “ampliar las imágenes de Dios”, porque “las pocas imágenes de Dios que usamos actualmente en la Iglesia moldean nuestra fe, y una fe moldeada es buena y valiosa. Pero no lo son todo, no son Dios mismo, no basta con convertir al ‘Señor’ en ‘Señora’. Se pierde la oportunidad de descubrir otros lados de Dios”.

Aunque reconoce que recibe muchos comentarios positivos “de mujeres que han anhelado durante mucho tiempo un lenguaje de oración más femenino”, reconoce que también hay sacerdotes que “se ponen nerviosos”. Pero subraya que “mis textos son una oferta para reconsiderar y reformular tu propia oración y pensamiento. Porque estoy convencida de que el lenguaje de la liturgia también puede ser una clave importante para una mayor justicia de género en la Iglesia”

En este sentido, considera que “si los hombres que son líderes en la Iglesia dicen abiertamente que les duele personalmente que las mujeres sean excluidas de los oficios, quién sabe, quizás las cosas cambien”, y cree que un lenguaje más “femenino” en la liturgia puede ayudar a cambiar la percepción que hay en la Iglesia sobre este asunto. Porque “mientras Dios no sea para nosotros más que Señor y Padre, difícilmente encontraremos una hermandad genuina”.

Fuente Religión Digital

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“ Celebremos la Pascua en femenino”, por Consuelo Vélez.

Sábado, 23 de abril de 2022
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0564D532-1E72-4463-82D2-7C8CD7E2656FDe su blog Fe y Vida:

Los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron

Hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús

Lo que sucede en el triduo pascual es bastante conocido para los que celebramos la fe. Entre la historia sagrada que nos contaron de niños/as, las muchas películas que relatan los acontecimientos de estos días y la liturgia anual con la que conmemoramos el triduo pascual, logramos conocer los personajes y los hechos acontecidos. Sin embargo, hasta ahora es que se hace el esfuerzo de visibilizar a las mujeres en estas celebraciones, no desde el papel asignado a ellas en la sociedad patriarcal sino desde lo que en realidad significaron en esos momentos cruciales de la vida de Jesús.

En el imaginario patriarcal es normal que las mujeres estén presentes en los acontecimientos, pero que no cuenten demasiado. Por ejemplo (aunque este texto no se refiere al misterio pascual, pero es muy conocido), en la multiplicación de los panes, el escritor sagrado dice que hubo comida para casi 5000 hombres sin contar mujeres y niños (Mt 14, 13-21). Ellas forman esa multitud que ronda la vida, pero no hace falta identificarlas con detenimiento; en ese caso sirven para mostrar que la multitud era inmensa y esto es suficiente. Es Jesús quien multiplica los panes y los discípulos los que los reparten.

En los momentos dolorosos, con más razón están presentes las mujeres porque el sufrimiento forma parte del papel que han de cumplir en la vida y que la sociedad patriarcal, refuerza. Las mujeres no le huyen al dolor, están ahí, de pie, más, si son sus seres queridos los que están sufriendo. Por eso no extraña que María, la madre de Jesús este allí, porque así son las madres, siempre acompañando a sus hijos en todas las situaciones. Y las otras mujeres, también aparecen solidarias y entre todas forman aquellos cuadros que las películas nos muestran de gritos, dolor, desgarro, haciendo muy trágicos y dolorosos esos relatos. No estoy diciendo que no hubo demasiado dolor en un hecho como la crucifixión, lo que quiero expresar es que las mujeres son las que lo encarnan ya que los discípulos, según el relato, habían huido muy asustados y preferían negar su pertenencia a ese grupo para no correr la misma suerte del maestro (curiosamente, aunque negaron a Jesús, parece que a los varones se les perdonan las cosas más fácilmente porque luego no se les recrimina demasiado…)

Ahora bien, los estudios sobre los orígenes cristianos y la presencia de las mujeres en ellos, nos están permitiendo descubrir otra manera de leer lo femenino y de remarcar el protagonismo que ellas tuvieron. Al acudir a las fuentes bíblicas, con los medios que hoy tenemos para interpretarlas, se rescatan sus nombres, liberándolas de ese anonimato plural de “las mujeres” que casi siempre se les aplica. Al pie de la cruz, según el evangelio de Marcos (15, 40-41) estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo el menor y de José, y Salomé, quienes, cuando él estaba en Galilea, le seguían y le servían; y otras muchas que habían subido con él a Jerusalén. Según los exégetas, para referirse a ellas se usan los dos verbos que tipifican el discipulado: “le seguían y le servían”. Es decir, estas mujeres son verdaderas discípulas y no solo ellas tres sino “otras muchas”, como dice el evangelista, quienes estaban con Jesús desde Galilea hasta Jerusalén. No es un grupo de mujeres que se conmueven ante el sufrimiento de Jesús y le acompañan por el sentimentalismo propio de las mujeres en la sociedad patriarcal, sino porque son discípulas y forman parte del movimiento de Jesús.

El evangelista Mateo (27, 55-56) nombra a María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Como podemos ver, a diferencia de Marcos que nombra a Salomé, Mateo nombra a la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo dice que le servían. Esto podría identificarse con el servicio propio de las mujeres, con lo cual se quita fuerza al discipulado, pero convendría recordar que si algo caracteriza a los discípulos es el servicio. Según Lucas, Jesús les dice que “El está en medio de ellos como el que sirve” (22,27). Si esto es así, ¿por qué cuando relacionamos esa palabra con las mujeres se refiere al servicio ordinario y cuando es a los varones al servicio propio del discipulado? Necesitamos cambiar la mentalidad para asociar las palabras a las mujeres y recuperar todo el protagonismo que tuvieron.

Lucas no nombra a las mujeres que están al pie de la cruz porque este evangelista tiende a invisibilizarlas. Se refiere al genérico las mujeres que le habían seguido desde Galilea y que estaban lejos mirando estas cosas (Lc 23, 49). Pero al inicio del evangelio si había dado nombres concretos (8, 1-3): Algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían con sus bienes. Por supuesto esta expresión de servirle con sus bienes, las vuelve a colocar en el papel que la sociedad patriarcal les asigna de ayudar de muchas maneras. Pero lo que interesa es el conjunto de los evangelios que testimonian esa presencia discipular de las mujeres en el movimiento de Jesús.

El evangelista Juan (19, 25) es quien nos presenta a María la madre de Jesús, a la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y a María Magdalena. Pero aquí no podemos olvidar que Juan presentó a María como discípula en las bodas de Caná, cuando ella dice: “hagan lo que Él les diga” (Jn 2, 5). Por tanto, María no es solamente la madre que acompaña a su hijo hasta el final de sus días, es ante todo la primera discípula que estará en el acontecimiento de pentecostés, testimoniando que esta comunidad es, en verdad, un grupo de varones y mujeres que excede el clericalismo que hoy se sigue esgrimiendo como círculo dominante en la Iglesia y que nuestras liturgias siguen reforzando con la presencia de tanto clérigo en los altares.

María Magdalena llevará el día de la resurrección un protagonismo único: Jesús se le aparece y la envía a anunciar la buena noticia a los hermanos (Jn 20, 17-18; Mt 28, 8-10; Mc 16, 9-11). De ahí que hoy se le reconozca como primera testiga de la resurrección y apóstola entre los apóstoles.

Por lo tanto, recuperar los nombres de estas mujeres de los orígenes nos ayuda a pensar la pascua en femenino y esto no por una moda actual sino por justicia con el proyecto de reino, proyecto por el que Jesús entregó su vida y que consiste en esta familia de hermanas y hermanos, donde todos están llamados a ejercer los distintos ministerios para el bien de la comunidad. Dejar a las mujeres en el anonimato sigue sumergiendo a la Iglesia en esa institución anacrónica para este presente porque las mujeres ya no admiten más un segundo lugar, así, las autoridades eclesiásticas se empeñen en justificarlo como voluntad divina.

(Foto tomada de: https://salamancartvaldia.es/noticia/2015-03-18-las-mujeres-junto-a-la-cruz-salome-228294)

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Amor incondicional desde “lo femenino”

Viernes, 13 de marzo de 2020
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dos-mujeres-virtuosas_560x280Magdalena Bennasar, SFCC,
Bilbao.

ECLESALIA, 24/02/20.- Cuando Rut (Rut 1,16…) le dice a Noemí “A donde tú vayas yo iré, donde quiera que vivas viviré, tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” no sabe en qué situación pone su vida. La confianza, lealtad y abandono de esta joven viuda en su suegra, es escalofriante.

¿Por qué será que la fuerza, casi magnética de estas palabras que emergen de las entrañas de Rut, nos enganchan e incluyen en este círculo potente -de pérdida y amor incondicional-?

La Noemí que sufre en silencio, cargada de pérdidas y nostalgias, resetea su “gps” interior y es guiada a Belén, su lugar de origen: Belén: “casa del pan”. Hace mucho había marchado de allí, joven, del brazo de su esposo. Ambos llenos de vitalidad y futuro, buscando un lugar para formar una familia con dignidad, sin pasar necesidad.

Como esa pareja del este de Europa, con dos hijos en su país, que ayer me encontré pidiendo ayuda en la calle. También ellos desean regresar a su tierra, dejar de dormir en cajeros, ducharse, calzar zapatos y no pantuflas en la lluvia y sentir el olor a hogar. Su pérdida de esperanza en una Europa saturada que los mira como a delincuentes hace que deseen regresar a su pobreza donde está su tesoro, sus hijos.

Sí, no exagero, mientras hablaba con ellos y me intentaba situar para ver cómo ayudarles, pasa el típico español cuya imagen no gusta: estirado, prepotente, con un perro que alimentarle un día cuesta más que alimentar a toda una familia en otros países y desde la distancia, el hombre del perro, me grita “señora, no se deje tocar”, indignada y confusa le pregunté ¿por qué? y sin detenerse me dice, “por si luego le falta algo”.

Cuando me volví vi la cara de dolor y humillación en mi joven y atractiva pareja: rubios, guapos, si hubieran ido duchados, descansados y alimentados, podrían parecer más pijos que el del galgo. Pero iban andrajosos, y esto da miedo.

Dejé que aquel ego bien vestido con su perro elegante marcharan y seguí con mí, ya más cercana, pareja. Zapatos, calcetines, dinero para el autobús a su tierra… poquito pero básico para su subsistencia un día más, con esperanza.

Y a mi querido señor del galgo, le cuento que no me faltó nada, me dejé tocar por dentro y me sentí hermana, tanto que me sentí culpable de todo lo que me sobra y feliz de saber que nada me pertenece.

Entiendo a Rut y a Noemí, ellas como ellos, mi pareja del este, necesitan encontrar de nuevo sus raíces, y tal vez labrar su pedazo de tierra y dejar de soñar en occidente porque aquí… ¡hay mucho galgo!

Estábamos orando en el retiro de fin de semana con este texto de Rut y Noemí, y  pude sentir en el grupo de unas 30 personas, mujeres y hombres, mayoría jóvenes, que había muchas Ruts y Noemís entre nosotras y nosotros.

Unas personas mostraban cansancio, sequedad interior, otras ilusión y miedo a la vez por sentir la energía de un amor que nos invade y toca y mueve nuestros cimientos.

Pienso que es más fácil dejarnos tocar por el pobre de recursos materiales que por los que están tan desertizados por dentro que casi no pueden llegar a la fuente, o prefieren creer que es un espejismo. A veces mirar nuestro vacío es más cómodo que hacer el camino a la fuente; al vacío lo controlamos más y es una opción, el camino a la fuente es una sorpresa, y no siempre nos gusta no saber qué viene después de la curva.

Estas dos mujeres nos hablan de empoderamiento mutuo. Nos hablan de lealtad y de sinergia. Hacen el proceso de despatriarcalizarse, y juntas, apoyadas en el Dios que nos sostiene, emprenden su camino sin más brújula que la del Dios de Noemí.

¿Cómo es el Dios de Noemí que tanto atrae a la joven Rut? ¿Cómo ha logrado Noemí esa seguridad en sí misma? Es una presencia que actúa en su interior, que se intuye en los sentidos. Es la sutil energía que realiza la transformación de nuestro adn interior.

¿Cómo se da ese cambio, esa transformación? Cuando nos despatriarcalizamos también nosotras, como ellas, y pasamos de un Dios mediado (por instituciones, personas más importantes que  nosotros…) a un Dios que habla directamente al corazón.

Es el Dios que me pone en contacto con mi tierra y me invita a ser parte activa en el proceso, co-creando con la Ruah un mundo nuevo, alternativo y ya sembrado y brotando.

Ese Dios es el tuyo y el mío. El que nos sostiene y habita. El que crea comunidad y comunión. Es el Dios que conduce a Belén, a la casa del pan, en forma de cariño, de comunidad, de sentido, de presencia, de desconcierto y riesgo, de saber que hay alguien con quien hacer el camino.

Cuando el sábado por la noche, en nuestro retiro, otras cuatro personas se comprometían en comunidad a hacer el camino, con otras seis en España, yo me sentí, con el resto, un poco Noemí: lo único que tenemos es ese Dios que nos habita y una fuerza interior imparable que nos mueve como a peonzas por la geografía, porque en cada lugar hay alguien ¡está Rut! y hay que acompañarla en su proceso de descubrir esa fuerza de Noemí dentro de ella.

Y, ya estamos preparando la Pascua, esta vez viene precedida, con el tiempo primaveral, de algún aleluya ya, sí, después de muchas pérdidas… aparecen brotes de vida, Belén está cerca.

Y al grupo, lo que les impactó, fue el espíritu de Rut en los que se comprometían, porque al final, no son las palabras, sino los hechos los que tocan.

Amor incondicional, porque no pone condiciones, porque no pone cánones, porque es abierto, creativo, inclusivo, profético, empoderador, liberador.

Amor porque es energía creadora que sigue evolucionando desde dentro de nosotros y desde el cosmos hacia nosotros. La belleza y el dolor que nos envuelve nos formatean e impulsan a ser Rut, que se fía incondicionalmente de la luz que descubre en Noemí, pedazo de Ruah en nosotras.

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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Orad en femenino singular

Miércoles, 19 de julio de 2017
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Praying woman hands Mari Paz López Santos
Madrid.

ECLESALIA, 07/12/15.- Antes de que salten las alarmas quiero dejar claro, desde el principio, que la comprensión del idioma que hablo, derivado del latín, me integra como ser femenino dentro del genérico masculino cuando se habla en plural. Así son las cosas a nivel lingüístico por el momento.

Como de oración quiero tratar, pongo algunos ejemplos prácticos.

Adentrémonos en la que Jesús nos propuso para dirigirnos al Padre: “Padrenuestro, que estás en el cielo santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad…”

No me he sentido al margen de ese “nosotros”, aunque sea la primera persona del masculino plural. “Nosotros” somos todos y todas; ese “nosotros” es la comunidad que espera la llegada del Reino. Y, sin embargo, reconozco que me alegra que el sustantivo “comunidad” sea femenino. La comunidad es el círculo integrador donde no hay diferencia de sexo. Al menos así deberían de ser las cosas a nivel comunitario.

Pero hay que dar pequeños pasos que vayan haciéndonos comprender que la utilización del lenguaje en la liturgia es algo muy importante y a nivel espiritual ha de ser cuidado con mucha delicadeza pues estamos ante algo sagrado: la relación de la persona con Dios; y la persona humana es masculina y femenina.

Recordemos ahora el texto del evangelio (Mt 8,8) en que el centurión romano se dirige a Jesús solicitando la curación de un criado suyo: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; di sólo una palabra y mi siervo será curado”. La Iglesia lo ha tomado para el momento previo a la Comunión, en el que cada persona ha de predisponerse interiormente. Lo ha tomado adaptándolo: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. Así cada persona habla desde sí misma, aunque la expresión siga siendo en masculino singular.

Un día, sin mucho pensarlo, me salió de dentro en ese momento: “Señor, yo no soy digna de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”. En femenino singular.

También, y sigo proponiendo otro ejemplo, en la oración de Completas, en el salmo 4 se dice: “En paz me acuesto y enseguida me duermo,  porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquilo”. Ya hace tiempo hice una pequeña e inocente adaptación que me hace saborear mejor la paz y el sueño que evoca la última y suave oración del final del día en un monasterio: “En paz me acuesto y enseguida me duermo,  porque sólo tú, Señor, me haces vivir tranquila”. Pude comprobar el buen resultado de este pequeño cambio cuando el niño que tenía al lado (mi nieto de siete años) me preguntó: “Abuela, ¿por qué dices “tranquila”?, a lo que le contesté: “Porque soy una chica”. Comprendió perfectamente, no hubo más preguntas.

Oremos con naturalidad. Oremos en comunidad. Pero también, y sin complejos, orad en femenino singular 

(Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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No temas a lo femenino en ti

Viernes, 11 de diciembre de 2015
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masculino-femenino-e1422462567493Magdalena Benassar
Madrid

ECLESALIA, 25/11/15.- Quisiera entrar en esa entraña de misericordia del Crucificado, moribundo, asesinado injustamente por un sistema patriarcal misógeno, violento y manipulador. Entraña que expresa para todos los seres humanos el modo de ser y amar de Dios. Y precisamente es ese modo peculiar, diferente y único de amar lo que provoca un antes y un después en la historia de la humanidad.

Estos días estamos celebrando eventos para concienciarnos de la catástrofe que la violencia, sea contra la mujer o contra la población de países enteros, causa en la carne y sangre de la humanidad más vulnerable.

Ellos, esos jefecillos políticos, militares y religiosos, llenos de complejos y problemas serios de poder y control, matan, asesinan, controlan, desprecian, violan porque por sus venas corre la falta de amor, la falta de ternura que por mil situaciones la vida les ha deparado. Y reconozco que no sólo los varones pueden llegar a ser así, también las mujeres, hijas del mismo sistema y llenas de ambición y de necesidad de ser aceptadas en un sistema misógeno y patriarcal, podemos ser crueles. El problema no está en el sexo sino en el cerebro.

Ellos asesinan “lo femenino” en Jesús. Bloquean el hemisferio derecho del cerebro de la humanidad de un modo violento y aterrador.

Así justifican la sumisión, la esclavitud, la explotación de la tierra, de la mujer y de todo lo que peligrosamente empieza en “la” porque es femenino: la bondad, la ternura, la verdad, la dignidad, la belleza, la solidaridad, la igualdad, la misericordia, la hospitalidad, la risa, la cordialidad…

¿Por qué digo que bloquean lo femenino en Jesús y en él en toda la humanidad? Porque desde una postura de poder civil y religioso crucifican, es decir maldicen para todos los tiempos, todo lo que la persona y misión de Jesús trajo a la historia de la humanidad: las entrañas de misericordia de nuestro Dios hechas humanidad, en cuerpo de varón con alma también de mujer. Él fue la persona integrada, completa y equilibrada.

Y, eso, ese equilibrio, de todo su ser, con unas actitudes fuertes y tiernas, justas y compasivas, claras y valientes…es lo que molesta, porque denuncia, sin palabras incluso, lo que es diferente.

Jesús activa en nosotras y nosotros el hemisferio derecho. Sabemos lo que le causó a él hablar de una manera diferente, actuar desvelando no sólo el amor incondicional del Abba, sino a la vez, desvelando las trampas de una Ley que dejaba de producir profetas porque se había ido quedando estéril.

Dice el Evangelio de Lucas que Dios viene al mundo por lo femenino, por la mujer. El bueno de Zacarías queda mudo porque en su oración le pide garantías a Dios de que lo que le dice se cumplirá…Isabel, la estéril, la anciana, la invisible para el Templo, acoge el misterio (que por cierto esa capacidad se aloja en el hemisferio derecho), y en sus entrañas toma forma el profeta que junto con su madre son la bisagra entre el caducado viejo testamento y la nueva ley, en forma de fetito en el cuerpo de otra joven invisibilizada por el sistema. María, que tenía activado su hemisferio derecho, dejó entrar a Dios porque estaba a la escucha.

Hablar de la no-violencia a las puertas de Adviento es para mí una oración, un lamento por el dolor que provoca el desequilibrio en los varones que buscan en la mujer lo que ellos no son capaces de encontrar en sí mismos, la paz y armonía fruto del equilibrio entre los dos hemisferios.

Propongo que además de más rapidez en la actuación policial ante las denuncias por violencia de género y de todo tipo, activemos en nosotros y en la sociedad el hemisferio derecho.

De ello hay experiencias en educación, y poco a poco se van introduciendo nuevos modos más de acuerdo con la integración de la persona. El problema es que, en estos momentos, la inmensísima mayoría de la humanidad está educada mayormente desde el lado izquierdo, programados para producir, consumir, explotar, competir, propio de la etapa, ya caducada, de la industrialización.

Para ello, este tiempo del año es precioso. Soltar nuestros lastres y dejarlos ir, como nos enseñan los sabios árboles de hoja caduca. Se renuevan todos los años. Dejan caer sus hojas secas para que la nueva savia de vida a hojas nuevas: Dejar ir formas viejas, secas y caducas, que produjeron en su momento pero que ahora ya no dan nada para acoger la nueva vida, sabia,porque proviene de las raíces hondas en la tierra.

 Tierra de siempre y siempre nueva que produce, a pesar de ser vieja, savia nueva porque es sabia y se deja nutrir por todos los nutrientes escondidos en las oscuras capas por donde sus raíces buscan alimento.

Dejémonos nutrir por el seno de Dios, inmensa placenta, llena de amor, que nos envuelve y protege y conforma a su imagen, si nos dejamos.

Todo sería distinto, habría unos cielos nuevos y una tierra nueva donde los hombres y las mujeres vivirían en armonía entre ellos y con la tierra que los sustenta. Esa entraña de misericordia del crucificado que se abre para dar a luz una humanidad nueva, un hombre y una mujer que se complementan, respetan y ayudan a que cada uno dé lo mejor de sí.

Mientras los sueldos sean desiguales, los gobiernos e iglesias estén dominados por uno en detrimento de la otra, las cuentas no saldrán, dice la lógica, ausente parece, en este caso, y tan presente cuando son ellos los que quieren dominar con la lógica patriarcal.

Os aviso, el ángel que le habló a Zacarías, a Isabely a María, ya quiere sacar los billetes pero desconoce destino. ¿Te interesa hospedarle o mejor que viaje a otro lado? Mira que si viene y me quedo sin mis viejas hojas…

 (Eclesalia Informativo autoriza y recomienda la difusión de sus artículos, indicando su procedencia).

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“La porción femenina de Dios”, por Leonardo Boff, teólogo y escritor

Domingo, 8 de marzo de 2015
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mariaLeído en la página web de Redes Cristianas

Cierta madrugada, insomne, retomé mi trabajo habitual en el ordenador. De repente, me pareció haber oído, no sé si del mundo celestial o si de mi mente en estado alterado, una voz como un susurro, que me decía: “Hijo, voy a revelarte una verdad que ha estado siempre ahí, en mi evangelista Lucas, pero que los ojos de los hombres, cegados por siglos de patriarcalismo no podían ver. Se trata de la relación íntima e inefable entre María y el Espíritu Santo”. Y la voz seguía susurrando: “Aquel que es tercero en el orden de la Trinidad, el Espíritu Santo, es el primero en el orden de la creación. Él llegó antes al mundo; después vino el Hijo de Dios. Fue el Espíritu Santo, aquel que flotaba sobre el caos primitivo, y el que sacó de allí todos los órdenes de la creación. De ese Espíritu creador, se dice por mi evangelista Lucas: vendrá sobre ti, María, y armará su tienda sobre ti, por eso el Santo engendrado será llamado Hijo de Dios. Armar la tienda, como sabes, significa morar, habitar definitivamente. Si María, perpleja, no hubiese dicho su fiat, hágase según tu palabra, el Hijo no se habría encarnado y el Espíritu Santo no se habría feminizado.

Mira, hijo, lo que te estoy diciendo: El Espíritu vino a morar definitivamente en esta mujer, María. Se identificó con ella, se unió a ella de forma tan radical y misteriosa que en ella comenzó a plasmarse la santa humanidad de Jesús. El Espíritu de vida produjo la vida nueva, el hombre nuevo, Jesús. Para ti y para todos los fieles está claro que lo masculino a través del hombre Jesús de Nazaret fue divinizado. Ahora vete al evangelio de san Lucas y constatarás que también lo femenino a través de María de Nazaret fue divinizado por el Espíritu Santo. Él armó su tienda, es decir, vino a morar definitivamente en ella. Date cuenta que el evangelista Juan dice lo mismo del Hijo: Él armó su tienda en Jesús. No es el Espíritu, susurra la misma voz, que toma al profeta para una determinada misión y, cumplida esta, termina su presencia en él. Con María es diferente. Viene, se queda, y no se va jamás. Ella es elevada a la altura del Divino Espíritu Santo. De ahí que, lógicamente, el Santo engendrado será llamado Hijo de Dios. Es el caso de María. No sin razón es la bendita entre las mujeres.

Hijo, esta es la verdad que debes anunciar: por medio de María, Dios mostró que además de ser Dios-Padre es también Dios-Madre con las características de lo femenino: el amor, la ternura, el cuidado, la compasión y la misericordia. Estas virtudes están también en los hombres, pero encuentran una expresión más visible en las mujeres.

Hijo, al decir Dios-Madre descubrirás la porción femenina de Dios con todas las virtudes de lo femenino. Jamás olvides que las mujeres nunca traicionaron a Jesús. Le fueron fieles hasta el pie de la cruz. Mientras sus discípulos, los hombres, huyeron, Judas lo traicionó y Pedro lo negó, ellas mostraron un amor fiel hasta el extremo. Ellas, mucho antes que los apóstoles, fueron las primeras en dar testimonio de la resurrección de Jesús, el hecho mayor de la historia de la salvación.

Lo femenino de Dios no se agota en su maternidad, sino que se revela en lo que hay de intimidad, de amorosidad, de gentileza y de sensibilidad, perceptibles en lo femenino. No permitas que nadie, por ninguna razón, discrimine a una mujer por ser mujer, aduce todas las razones para que sea respetada y amada, pues ella revela algo de Dios que solamente ella, junto con el hombre, puede hacer a mi imagen y semejanza. Refuerza sus luchas, recoge las contribuciones que ella aporta a la sociedad, a las Iglesias, al equilibrio entre hombre y mujeres. Ellas son un sacramento de Dios-Madre para todos, un camino que nos lleva a la ternura de Dios. Ojala las mujeres asuman su porción divina, presente en una compañera suya, María de Nazaret. Llegará el día en que caigan las escamas que cubren vuestros ojos y entonces hombres y mujeres os sentiréis también divinizados por el Hijo y por el Espíritu Santo”.

Al volver en mí, sentí en la claridad de mi mente cuanto de verdad me había sido comunicado. Y, conmovido, me llené de alabanzas y de acción de gracias.

*

Leonardo Boff escribió El rostro materno de Dios, Sal Terrae 1999.

Traducción de Mª José Gavito Milano

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